scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Dos fábricas sevillanas de aplicación militar (siglos XVIII y XIX)

Vega Viguera, Enrique de la

Full text

DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR (SIGLOS XVIII Y XIX) por ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA El objeto de este trabajo, es dar a conocer una parte de la importancia que tuvo Sevilla, respecto a la industria de aplicación militar. Sevilla fue, a comienzos del siglo XVI, la urbe española con mas alto grado de esplendor y se convierte, de ser una de las metrópolis mas populosas de Europa, en el principal centro comercial de España. En el aspecto de industria militar, logra establecer una Fundición de Cañones y una vez constituido el Cuerpo de Artillería se instala en Sevilla la Maestranza para la recomposición y conservación del armamento y material. En este caminar industrial se llega a la implantación de una Fábrica de Salitre dado el transcendental elemento que constituye la pólvora. Años más tarde se llega al montaje de una Fábrica de Fusiles, y dado las diferentes transformaciones que se producen en los artificios se constituye la llamada Pirotecnica Mili - tar. Nos limitaremos al estudio de las fábricas de Salitre y Fusiles, dado que las otras industrias ya han sido abordadas, en otros trabajo s. LA FABRICA DEL SALITRE EN SEVILLA El salitre, era un producto que se encontraba en las eflorescencias que debido a la humedad se producían en ciertas tierras. Con el desarrollo de la Alquimia se le denominó Sal Niter. Su obtención, que 158 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA no se comercializa hasta el siglo XVI, consistía en rellenar de escombros los llamados criaderos de salitre y regarlos con asiduidad. Cuando salían las eflorescencias se ra spaban y se les disolvía en agua caliente, lográndose legias nitradas. Por calentamiento suave hasta la evaporación se obtenía el salitre cristalizado. La idea de crear en Sevilla una fábrica de Salitre se manifiesta en un Real Decreto fechado el año 1756. El rey Femando VI a instancias del Conde de Aranda, director general de la Artillería, ordenó establecer cuatro arsenales para que custodiasen los armamentos y depósitos de guerra en las ciudades de Barcelona, Zaragoza, La Coruña y Sevilla que abarcaría toda Andalucía, Extremadura y pre si dios de A frica. En dicho año 1756, se hallaba en la Corte gobernando las administraciones generales de la Real Aduana, Lanas, Rentas Provinciales, Pólvora, Plomo y Azogüe, el señor don Juan González de la Riva, caballero de la orden de Calatrava, del Consejo de S.M., en el Tribunal de la Contaduría Mayor de Cuentas, del que también formaban parte los Sres. don Luis Ibarra y Larrea y don Francisco de Cuellar. Estos tres señores acordaron el 8 de Junio del citado año, enviar a don José Martínez de Elizalde, Tercer Contador de la Real Aduana del Reino de Sevilla, un escrito, en el que le decían: «Debiendo fomentar por todos los medios posibles la labor del Salitre como principal material para la de la pólvora, de que tanto se necesita; y teniendo prevenido a este fin lo conveniente a don Bernardo de Albarrán, administrador de las Fábricas de Granada, nos avisa, que habiendo enviado a dos oficiales inteligentes de las mismas a reconocer los parajes en que hay si tios salitrosos que di sfrutar, estableciendo en ellos nuevas salitrerías, le han asegurado se.encuentran diferentes en ese Reino a propósito para el intento, pero con especialidad en las inmediaciones de esa ciudad, donde así, por lo extensivo de los sitios, como por la vecindad del río y otras proporciones parece convendrá muc ho su disfrute y exigir allí una o más salitrerías: en cuya consecuencia prevenimos a V. S. que procediendo de acuerdo con dicho Albarrán, disponga V.S. se pase a hacer nuevo reconocimiento y en su caso disponer lo necesar io para la nueva salitrería, especia lm ente nombrado V.S. algún dependiente de las Rentas que administra, de su satisfacción para que cuide de todo, llevando cuenta y razón de lo s gastos que ocasionasen en este motivo, mediante a que es te particular ni lo puede, ni debe tener el fabricante que enviase el mismo administrador, como ajeno de su facultad; y siendo este asunto de lo s que en que el Real Servicio se interesa más particularmente, DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 159 esperamos que el celo y eficacia de V.S. atenderá a su importancia co n la puntualidad que en todo acostumbra. Madrid 8 junio 1756». Lo firmaban Luis Ibarra y Larrea, Franciscoco de Cuellar y Juan González de Ja Ri va. Hizo saber don José es te escrito a su hermano don Faustino, en - cargado de el Filato principal de las Rentilla s, y acordaron poner en marcha el asunto, iniciando el reconocimiento de terrenos en espera de la llegada de algún técnico, como así ocurrió el 7 de Julio, fecha en que llegaron dos maestros polvoristas procedentes de Granada, que se presentaron a los hermanos Martínez Elizalde. Al día siguiente reconocieron las abundantes tierras se leccionad as para obtener sa litr e, desde la Pta. de la Carne a la del Osario. Tras prepar arlas para el destilado de las legias, se obtuvieron cinco cubos de concentrado de Salitre que fueron conservados en un barril de barro. Marcharon lo s polvoristas a Ecija para estudiar aquellas tierras y cuando regre saron continuaron viaje a Granada sin despedirse de nadie. A la vista de esta situación, decidieron los hermanos Elizalde seguir por su cuenta la empresa, realizando la s pruebas y experimentos que obtenían, a tr avés de la lectura de los libros de Quími ca y Física experimental. Así permanecieron todo el invierno, cuando don Faustino fue visitado por un hombre llamado Espe jo, que dijo ser Maestro cohetero y que sabía fabricar Salitre. Como respondiera con seguridad a las preguntas que le hizo, lo presentó a su hermano José, el cual determinó encargarle de qu e planificara el taller para obtener Salitre, que sería construido, en la casa perteneciente a la huerta llamada de el Molinillo que lindaba con el Prado del Quemadero. La primera operación que se realizó fue, barrer las tierras com - prendidas desde las casillas de Pedroza, detrás del convento de San Agustín, Caños de Carmona y Monte del Rey, llevando lo obtenido a la huerta del Molinillo, donde coc ieron el producto en un perol, resulta ndo de la infusión alguna parte de Salitre de buena calidad. Cuando parecía encarrilado el trabajo, el tal Espejo que solía emborracharse a diario, abandonando su misión, casi destruyó la labor realizada, ya que los cocimientos de legia los dejaba pasar de punto, convirtiéndose en meloja o quedaban crudas. La constante labor de los hermanos Martínez Elizalde, lograron a principios de 1757 obtener algunas importantes muestras de Salitre que fueron clasificadas en tres clases: la primera, Salitre blanco en aguas, muy limpio de sal; la segunda, con arenillas sueltas, y la tercera formada a modo de un que- 160 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA so ja speado. Recogidas cada una de las muestras en unos cajoncitos fu eron remitidas a Madrid el 6 de Marzo de 1757 con una carta dirigi da a don Juan González de la Riva, que decía: Muy Sres. mios: Con motivo de la grave escasez de pólvora experimentado en el reino, y de lo abundante que es de Salitre este te - rreno, se ha dedicado el cargado del almacén de pólvora acompañado de otro sujeto de toda garantía, a purificar tierras, sacar Salitre y fabricar las mu estras que envio a vuestras señorías por mano d el cosario Diego Becerril, y respeto de informarse s er el Salitre de la mejor calidad, espero que en vista de ello se sirvan vuestras señorías resolver lo que tuvieran por conveniente. A esta carta contestaron los Sres. directores, lo siguiente: Señor mío: Diego Becerril entregó el cajoncito con las mu es tras de Salitre para pólvora que nos envió, a quien se le pagó su porte. Y habiéndose reconocido el Salitre por los maestros polvoristas lo han hallado de perfecta calidad; en cu ya inteligencia escribimos hoy a don Bernardo de Albarrán, administrador de la fábrica de pólvoras de Granada, para que envie a esa ciudad un oficial hábil para que de acuerdo con usted reconozca los parajes donde lo hay y haga sus experimentos y vea si los sitios salitrosos s on abundantes y si puede tener cuenta establecer una fábrica correspondiendo lo que produzca a Jo s gastos, para que en su caso se den las oportunas providencias; lo que avisamos a usted para que le ayude en todo lo que necesitare para este fm, instruyéndole de cuantas noticias haya adquirido y tuviere por conveniente para el mayor conocimiento de este importante asunto. La carta fechada en Madrid el día 17 de Abril de 17 57, estaba fumada por los tres directores. Transcurrido un mes y a la vi sta de que en Granada no tenían persona idónea a quien mandar, los Sres. de Madrid volvieron a escribir a Sevilla lamentando lo ocurrido y aportando la siguiente solución: «Disponga Ud. que por los sujetos que hayan hecho el primer experimento de Salitre, se continuen estos con fom1alidad como también todos los reconocimientos y calas de los sitios, que se asegura haber en las cercanías de esa ciudad, encargando a Ud., comisiones para este asunto personas de juicio y madurez, a fin de que todo se ejecute con puntualidad y conocimiento, de suerte que no aventure la Real Hacienda los crecidos gastos que importarían, levantar en esa, una fábrica, sobre lo que resolvemos a la vista de lo que Ud. nos informe». DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 161 Por esta fecha se crearon en España, cuatro Arsenales de Artillería 1• Grave fue el aprieto que se le planteó a los hermanos Martínez Elizalde principalmente a don José, al hacerles responsables de la instalación de una fábrica de Salitre en Sevilla que fuese rentable. Pero estos celosos servidores del Rey en la comprometida carrera de Rentas, superando el prudente temor al fracaso, determinaron seguir las experiencias para lo cual decidieron comprar una caldera con ca - bida para cien cubos, que les fue proporcionada a buen precio por Pedro Ruiz, tintorero sevillano establecido en la Alameda de Hércules. Para poder utilizar dicha caldera, se mandó construir un horno y un cobertizo, que la cubriera en la parte de poniente, en la casa situada en la huerta del Molinillo. Las coladeras (cedazos con agujeros) se colocaron en la pared frente de una alberca allí existente, y las tierras que se iban acopiando, se depositaron en una habitación de la casa y bajo un hermoso árbol de morera. Preparados estos elementos, quedaba intentar convencer a Espejo de que abandonase su vicio de emborracharse. Para tal fin don Faustino comenzó a tratarlo con mayor confianza y cariño, aconsejándole dejase el vino e invitándole a comer en su propia mesa. Para que se encargase de las coladeras se colocó a un tal Ruiz, que hasta entonces había ejercido el oficio de sepulturero en Alcalá de Guadaira. Otros cinco hombres fueron incluidos en las tareas de salitreros, destacando por su aplicación al trabajo, Pedro Maceda y Cristóbal Pérez. J. REAL DECRETO de 19 de Octubre de 1756. COMUNICADO AL SECRETARIO del Despacho de Guerra, sobre haber establecido quatro Arsenales de Artillería. Por Ordenanza de 4 de Enero de 1741 se sirvió el R ey mi Padre, y Sefior (que Dios haya) nombrar quatro Tenient es Generales de Artíllería, para que residiendo en Barcelona, Puerto de Santa María, Badajoz, y Zaragoza, pudieran atender a las dependencias de este Cuerpo, y Ramo tan esencial de mi s Ex ércitos. Sobre esta consideración, habiéndome hecho presente el Conde de Aranda, Director General de mi Real Artillería, e Ingeníeros, quanto conviene a mi servicio establecer quatro Arsenales de Artillería, para que se custodien los Armamentos, y Depositas de Guerra a presencia, vi gilancia, y encargo de los expresados Tenientes Generales. con asistencia de otros quatro Tenientes Provinciales de Artillería de los mas antiguos, para que en cada uno pueda substituirle, si se a us enta. enferma, b fallece: he resuelto, que, sin pr eferencia de destinos. sean los quatro siguientes. Barcelona, que incorporará la Cataluña, Reynos de Valencia, y Murcia, Islas de Mallorca, e Ibiza. Zaragoza, los Reynos de Aragón, Navarra, Castilla la Nueva, Provincias de Vizcaya, Alava, Guipuzcoa, y Costas de Santander. Sevilla, todas las Andalucias, Estremadura, y Presidios de Africa. Coruña, la Galicía, Asturias, Reyno de Leon, y Castilla la Vieja, y en cada uno de ellos se forme un Arse nal de Artillería. Para poder tener noticia de los adelantamientos, y novedades que hubiere en los quatro referidos Arsenales, se establecerá otro pequeño en Madrid, al qua! se han de remitir, y quedar las Muestras, y Modelos de las ideas que se propongan, para que puedan determinarse con vuestro conocimiento, del Director General de mi Real Artillería, y otras inteligentes personas. Tendreis lo entendido para su cumplimiento. Señalado de la Real mano de S.M. en San Lorenzo el R ea l a 19 de Octubre de 1756. A Don Sebastian de Eslava. 162 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Gracias al interés personal de Don Fautisno se logró conseguir las le gias a «concentración de huevo », ll egando a cocerse hasta seis calderas diarias, sin la intervención de Espejo, que fue preciso despedirlo ya que no mejoró de sus borracheras diarias. La gran riada que provocó el río Guadalquivir en Enero de 1758, invadió el taller del Salitre donde las aguas alcanzaron hasta cerca de las ventanas de la casa, atrapando a dos operarios, los cuales tu vieron que ser rescatados por una barca que fletó la Aduana. Las aguas destruyeron el horno, haciendo pedazos las coladeras, recibidores, cuajadores y demás pertrechos que se hallaban dentro y fuera de la casa en el Molinillo. La caldera arrastrada por el torrente del río Tagarete, fue llevada en su postura natural hasta quedar parada en uno de los arcos de la alcantarilla llamada del ganado, situada en las inmediaciones de la Fábrica de Tabacos, de donde fue rescatada. El Salitre almacenado desapareció totalmente. De este desastre fueron informados los Sres. directores, con el ruego de que determinaran la solución a seguir y enviaran un hombre con experiencia en Salitre. Aquellos, acordaron que se restableciera todo lo necesario para continuar la labor de la Salitreria, y les comunicaran, los gastos ocasionados al reconstruir lo destruido. A la Fábrica de Pólvoras de Murcia, cuyo administrador era don Pedro Duro del Saz, se le ordenó enviara a Sevilla a un Maestro, para la preparación de la s tierras salitrosas y determinara los operarios sevillanos que sabían desempeñar el oficio de salitreros. Avanzada la primavera de 1758, llegó a Sevilla el 16 de Mayo, el maestro Ginés Ruiz, hombre de gran experiencia en la obtención del Salitre, acompañado de su esposa y un sobrino, también práctico en el asunto. Enseguida comenzó su labor de reconocer los terrenos, dictaminando, que eran muy buenas tierras, lo que determinaría la posibilidad de establecer en Sevilla una Fábrica de Salitre. Informado de ello el Sr. González de la Riva, ofició al Asistente de Sevilla, don Pedro de Samaniego, marqués de Monterreal y Superintendente, para que cediera a la corona un sitio donde establecer la nueva fábrica. Tras consultar al Cabildo y escuchar los dictámenes de los Sres. Veinte y Cuatro y Jurados, se acordó, a pesar de la oposición de algunos, que consideraban la fábrica nociva para la sa lud y peligrosa en caso de incendio, construirla frente al cuartel de caballería que se encontraba a la salida del Puente de Triana, es decir, en el promontorio que se extendía desde cerca del almacén de maderas de Segura hasta el almacén co nocido por el de los Gigantes. DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 163 Se comenzó la excavación de la colina, pero a lo s pocos días, el Cabildo municipal considerando que aquel lugar era más a propósito para paseo de los se villanos, determinó que la fábrica de Salitre se construyera cerca de la ermita de San Sebastián. Reconocido este lugar por el maestro Ginés y los hermanos Martínez Elizald e, convinieron en dictaminar que el lugar no era a propósito dadas las sa lida s del río_ y estar propenso a inundaciones. En espera de encontrar un nuevo emplazamiento, se dispuso provisionalmente, ocupar la barbacana de la Pta. de Jerez entre el arroyo Tagarete y la muralla que seguía hacia la fábrica de tabacos. Se construyó un cobertizo para la caldera y el cuajador, y entre las almenas de la barbacana se colocaron las coladeras, hasta un total de veinte, dando comienzo nuevamente la obtención de Salitre. A cau sa de haber enfermado el Marqués de Monterreal afectado de fuerte hipocondría, se aplazó el lugar definitivo del emplazamiento de la fábrica. Por orden médica se retiró para reponerse al pueblo de Dos Hermanas, lugar a donde fue a visitarlo don Faustino, al objeto de no demorar demasiado el nuevo emplazamiento y obtener del Marqués alguna solución. Este sugirió, como Asi stente de Sevilla, que se recorrieran las afueras de la ciudad y le indicasen si alguna huerta o solar inmediato a las murallas podría s er el lugar buscado. Así lo hizo don Faustino, eligiendo una huerta que ocupaba un amplio triángulo entre la Pta. del Sol y la del Osario, cuyo sitio quedaría independiente una vez que se construyera una tapia. Ademá s, tenía la ventaja de que con solo cubrir la barbacana2 inmediata a la muralla se podrían distribuir espacio para varias oficinas. Informado el marqués de Monterreal de la propuesta, en cuanto estuvo mejorado de la enfermedad y regresó a Sevilla, propuso a los capitulares la indicada solución, que fue votada favorablemente, lo que permitió ceder dichos terrenos a favor de la Real Hacienda. El escrito de la cesión, consta en el libro capitu lar de la Escribanía Mayor del Cabildo, recogido y certificado por el secretario Andrés Sánchez Montaña. A esta notificación, contestaron los Administradores generales de la Real Aduana en un amplio escrito fechado el 18 de Julio de 1758 en el que, ordenaban se dieran comienzo los trabajos y se remitiera a Madrid el presupuesto del coste de la tapia y otras construcciones. Terminaba el escrito diciendo: 2. En las muraUas de una ciudad, lugar dispuesto como fortificación militar para defender las puertas. 164 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA «En inteligencia de que después de haberse entregado la Real Hacienda de dicha posesión, se debe tasar judicialmente, para que siempre conste el valor que justamente tuviere en su día». Tras la cesión formal de di cho terreno, se comenzó a depositar en él, tierra salitrosa, con el doble objeto de desalojar el sitio ocupado en la Puerta de Jerez y acreditar la propiedad de los nuevos terrenos donde se pensaba construir la fábrica. Una vez delineado este terreno, se confeccionó el presupuesto de la tapia que lo encerraba, que iría coronada de almenas y tres puertas. La obra, fue valorada en 21.800 reales de vellón, por el Maestro Mayor de la ciudad don Francisco Sánchez de Aragón. Remitido a los Administradores en Madrid, se les solicitó permiso para construir otro horno correspondiente a una caldera con cabida para 700 cubos de legía. Se recibió autorización, que tenía fecha 25 de Julio, aprobando la construcción, y se nombraba a don Cristóbal de Cozar, Medidor Mayor de tierras públicas, para que una vez reconocido el terreno cedido para la fábrica de Salitre, procediera a señalar el valor que tendría en venta real. Dicho medidor, certificó el 13 de Agosto, que el lugar elegido tenía una superficie de dos aranzadas de tierra, siendo cada aranzada de 400 estadales y cada estada! de cuatro varas y una octava. La mayor parte del terreno estaba sembrado de hortalizas, y había plantadas dos hermosas moreras. Certificaba igualmente, que por estar dicho terreno más bajo que el camino real que le servía de linde en toda su longitud, era fácilmente anegable en caso de lluvias abundantes. A pesar de esta desventaja, por estar muy próximo a una de las puertas de la ciudad, se valoró el terreno en 6.600 reales de vellón. Se retrasarían· estas gestiones debido al fallecimiento de la Reina doña María Bárbara de Portugal, pero el Asistente de Sevilla, que lo seguía siendo el Marqués de Monterreal, escribió al Señor González de la Riva sugiriéndole la conveniencia de actiar las gestiones antes de que llegaran las lluvias de otoño. Asimismo le participaba la opinión de los maestros de obras, de la necesidad de abrir los cimientos para la tapia en tiempo seco ya que de no hacerlo y dada la poca profundidad del agua en dicha zona, habría que esperar al verano próximo. El Asistente sugiría además en su escrito: DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 165 «Me ha parecido, que pues no es de considerable coste el abrir los cimientos, pues basta que sean de simple hormigón, que para evitar tan próximas contingencias se dé principio a Ja obra desde mañana 22 de Agos to , pues de otro modo quedaríamos responsables al perjuicio». Como consecuencia de este asunto y sin esperar a que llegase la contestación, el 23 de Agosto de este años e dio comienzo a la construcción de los cimientos. Hasta el 17 de Septiembre no se recibió un escrito que tenía fecha del 12, en el que se comunicaba lo siguiente: «Señor mío: A su tiempo recibimos Ja carta de V.S. de 22 del pasado, Jo que habiendo puesto en noticia de S.M. nos previene al Excmo. Sr. don Sebastián de Eslava, con fecha 5 del corriente, haber aprobado el Rey se ejecute la obra de Ja tapia sacándola a pública subasta procurando el mayor ahorro por todos los medios posibles». Lo firmaban en Madrid Jos Señores !barra, Cuellar y González de la Riva. Cuando se recibió esta carta ya se habían construido los cimientos e incluso levantado ochenta y una vara de pared. Pero el nuevo y grave problema planteado, consistía en encontrar un sustituto al murciano Glnés Ruiz, que además fuese muy competente, como solicitaba don José Martínez Elizalde en el escrito e le vado a la Superioridad: «Este pobre alucinado -se refiere a Ginesdio principio a cocer las legías que producían las tierras de la Puerta de Jerez el día 22 de Agosto de 1758 y siendo así, que todas salían a prueba de huevo, y en las del papel lumbre, y gusto, se veía claramente ser su actividad de salitre, y no de sal, ni de otra materia alguna; de tres o cuatro calderas que remató por sus manos, no se v ió siquiera una onza de salitre y para ocultar su simplicidad, arrojaba los caldos al arroyo, y fingía mil apariencias, ganando con oferta a los trabajadores para que guardasen secreto ». «Como mi hermano y yo descansábamos en la confianza de dicho Ginés, acudíamos frecuentemente a la pr esente fábrica donde se pagaban los jornales y amontonaba la tierra que diariamente se barría, y sólo de paso tocábamos en la Barbacana donde lo encontrábamos muy serio, fingiendo negocio para continuar su disimulo ». «Preguntábamosle, como no cuajaban aquellas cochas, y respondía magistralmente, lo embarazaba el calor; pero que ellas lo darían a 172 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA tes. Aunque este consejo les pareció bueno a los hermanos Martínez Elizalde, deseando confirmarlo con persona de la máxima autoridad en la materia, fueron a visitar al Comandante de Artillería director de la Fundición de Bronces, don Juan Manuel de Parres, el cual enterado del problema y la solución aportada por el Sr. Fuentes, le pareció realizable, dándola por buena. ~ En vista de ello, se le abrieron a los seis hornos los respiraderos dobles, cesando los anteriores inconvenientes y mejorando el empleo de los hornos, hasta el punto, de ahorrar un día de fuego, ya que antes, para poner a punto cada caldera, se tardaba ocho días y ahora solo siete. Además, se ahorraba un cahiz4 de borujo en cada cocimiento. Durante el cocimiento de las legias, era preciso añadir el líquido que se evaporaba, trabajo que realizaban los empiladores y que era conocido con el nombre de recebo. Cada dos hombres tomaban un barril o cubeta lo llenaban en el depósito y lo echaban en la caldera durante 10 ó 12 veces al día. Solían tardar un cuarto de hora en cada trasiego derramando mucho líquido. Se unía a este daño, el de cortar el hervor por la porción de legía fría, que se le agregaba. Para remediar estos inconvenientes, arbitró don J osé el siguiente remedio: Dado que los depósitos de legia se hallaban colocados próximos a las cuadras de calderas, se dispuso una bomba, que sacaba la legia, y por medio de unos tubos de cobre encajonados en las paredes, se le hacía llegar a la primera caldera. Por medio de su correspondiente canilla, se llenaba una bota de madera que tenía otra canilla más pequeña, que se abría cuando empezaba a hervir el cocimiento, vaciando la porción de legia equivalente a la merma que se iba produciendo, manteniendo de este modo el nivel de líquido hasta tanto que se le quería dar punto. Lo mismo se ha cía sobre las demás calderas. Por este procedimiento, aún permaneciendo encendido el fuego de día y de noche, bastaba solo un hombre que llenara las botas y dejara caer el líquido en las calderas, sin que perdieran el hervor, ahorrándose muchos jornales y legia. Concluida estas obras se procedió a construir lo que fue llamada Cuadras de infusión. Este edificio se repartió en dos naves, de 17 varas de largo por cinco de ancho, con tabiques dobles de los utilizados en la s caldei;as. Se construyeron en el centro unos arcos muy resistentes, con el fin de poder edificar encima, viviendas o almacenes. 4. Medida de capacidad equivalente a 12 fanegas, es decir 666 litros. DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR ] 73 Tratadas todas las tierras recogidas durante el año 1759, sólo se habían obtenido 1.045 arrobas de Salitre, cantidad muy inferior a la que producían otras fábricas. Al lamentarse don José de esta circunstancia, en la persona de don Juan Cruzado Ferrer, Contador General de esta Comisión de la Corte, este, le hizo saber que la grandeza de los más famosos ríos, solo consis te en los numerosos arroyuelos que se le agregan, así también no podría haber fábrica de Salitre que se precie de grande, sin el auxilio de otras colaboradoras. Y para confirmarle este acerto, le dió a conocer lo que ocurre en las fábricas más famosas de España. Murcia producía 10.400 arrobas y era enriquecida con otras 48.500 que Je aportaban 28 fábricas particulares; a la de Granada le entraban cada año 3.500 arrobas de particulares, además de las 4.500 que ella producía; Alcázar de San Juan recogía 7.500 arrobas y recibía de las particulares 7. 700; además de las producciones particulares de las fábricas de Manresa, Villafeliche, el Pedemoso y la Alcarria. En total, según don Juan Cruzado en 1760, el Sa litre que se había obtenido en España era de 10 3.480 arrobas, de las cuales, 79.600 eran de procedencia particular y 23 .880 de la s fábricas del Rey. Estas noticias tranquilizaron al administrador de la fábrica sevillana que comprendió que una vez estuvieran terminados todos los al ma - cenes, para tierras, calderos, cuajadores, etc ... y se dedicaran sólo a recoger las barriduras de tierra de todos Jos alrededores de la ciudad, se conseguiría en pocos años una alta cifra de producción, a pesar de la falta de las aguas de afino5 de la que todavía no disponía Sevilla. El salitre que se obtenía, eran cristales pequeños de color rojo que precisaba ser afinado. Para ello, se disolvía en grandes calderas de cobre en la proporción de una libra de salitre por una pinta6 de agua y empleando como combustible el carbón de piedra7• Se hacía hervir hasta evaporar lo suficiente para alcanzar un nivel determinado, que era medido con una regla de madera llamada areómetro. Una vez evaporada la cantidad calculada se extraía el líquido con una bomba y se pasaba por filtros de doble tela espolvoreados con arena, muy fina para disminuir sus poros. Filtrado el líquido se ponía a cristalizar en vasijas de madera sobre tablas inclinadas para que expulsase el agua por decantación. El 5. Operación de quitar las impurezas. 6. Medida equivalente a 0,568 litros. 7. En aquélla época a este tipo de carbón se le llamaba «hornaguera». 174 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA salitre obtenido se volvía a disolver, evaporar y cristalizar. Generalmente eran suficientes dos operaciones de este tipo para obtener salitre con la pureza necesaria para la fabricación de pólvora. Cuando se deseaba obtenerlo más afinado, se volvía a repetir la operación. Fundido el sa litre se echaban en moldes de cobre de forma de panes para seguidamente empacarlo en barriles. Cuando se precisaba utilizar dicho salitre se pulverizaba en molinos y se tamizaba para una mezcla más homogénea. Las mezclas para confeccionar las pólvoras variaban con arreglo a las proporciones de salitre, azufre y carbón. Para la llamada pólvora negra, se utilizaba el salitre tamizado mezclado con el azufre refinado y el carbón de madera en las proporciones deseadas, según la viveza que se le queria dar a la pólvora . Una vez unidos, se pasaba al molinillo de trituración teniendo cuidado que la velocidad de las piedra s, no debía pa sar de ocho vueltas por minuto para evitar la inflamación de la pasta. Obtenida ésta, se le pasaba a las prensas, para llevar a cabo la operación llamada graneo que era ejecutado en cribas con discos de madera. Una vez terminada esta operación, se había obtenido la pólvora negra. *** Don Faustino, al tener noticias de que en el pueblo de Marchena (Sevilla), se intentaba establecer una fábrica de salitre, le sugirió la conveniencia de investigar los terrenos de algunos pueblos de Sevilla a fin de comprobar si era posible establecer en ellos nuevos talleres que proporcionaran salitre. Esta idea se la hizo saber a su hermano José, el cual, la aceptó de inmediato dado su interés por Sevilla. Se solicitó permiso de la Superioridad para tal investigación, recibiéndose contestación afirmativa. Para llevar a cabo estas visitas con las debidas formalidades, se recabo del Asistente de Sevilla, escrito que copiamos íntegramente dado su peculiar estilo: «Don Pedro Samaniego Montemayor y Córdoba, Marqués de Monterreal del Consejo de S.M. en los Supremos de Castilla y Gen e ral Inquisición, Asistente de esta ciudad de Sevilla, Maestre de Campo General de las Milicias, Intendente del Ejército de los Cuatro Reinos de Andalucía y Superintendente General de Rentas de esta provincia. Por cuanto ante mí y el presente Escribano Mayor de Renta de esta ciudad se presentó el pedimento que a la letra dice así: DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 175 Don José Martínez de E li za ld e, Contador por S.M. de la Razón General de Almojarifazgos en la R ea l Aduana de esta ciudad, Admini strador General de las Rentas de Pólvora, Plomo, Azogue y Azufre y de las Fábrica~ de Salitre esta bl ecid o en dicha Ciudad y su Reino, ante V.S. como más haya lu gar digo, que por l os se ñores directores de Rentas Generales, Pólvora, Plomo, Azog ue y demás agregadas, se me ha comunicado diferentes órdenes del Excmo. Sr. Marqués de Esquilache, sobre disponer medios de aumentar las Fábricas de Salitre en es te Reino, para poder afrontar con él, las grandes porciones de pólvora que la Corona necesita, y siendo una de las disposicion es acordadas, que don Fautisno Martínez de Elizalde acompañado del segundo fabricante y otros oficiales de ella salgan a examinar los t errenos de los pueblo s, haciendo cuantas pru ebas les dicte su experiencia, a presencia de las Justicias de cada uno, y de aquellas persona s particulares que quisieren dedicarse a la plantificación de nuev as salitrerías, bajo las reglas, precio y privilegio que nos están comunicados y tienen capitulado los ac tual es fabricantes de Carmona y Alca lá de Guadaira, que deberá hacer notorios a dichas Ju sticias y particulares que quis ieren ded icarse a la plantificación de nuevas salitrerías, bajo las reglas, precio y privilegio que nos están comunicados y ti enen capitulado los actuales fabricantes de Carmona y Alcalá de Guadaira, que deberá hacer notorios a dichas Justicias y particulares para que todo pueda ejecutarlo dich o Sr. Marúnez de Elizalde conforme a estas disposiciones. Suplico a V.S. se sirva librar su Despacho General para todas las ciudades, villas y lugares de esta ju ri sdicción, por el cual, se instruyan s us justicias y particulares en los importantes fi nes del Real Servicio, en que van encargados los mencionados señores, y la notoria utilidad que resultará a toda clase de perso na s y pueblo s, dedicándose al decente ejercicio de fabricar salitre para el servicio de la Corona, nobles privilegios concedidos a los empleados en semejante elaboración y libre uso, que tien en en las tierras útiles aunque sean producidas, en sitios, calles, casas, corrales, cuevas y castillos pertenecientes a S.M. o cualesquiera otro vasallo, tribunal, Comunidad o hermandad, de que tiene repetidos ejemplares las an tiguas fábricas de Salitre de Granada, Murcia, Alcázar de San Juan, Aragón, Navarra y Cataluña, para que con esta satisfacción se consiga el fin de propagar tan preciadas fábricas, con beneficio co mún del vasallo». Fue autorizado este pedimento, ordenándosele a las Justicias de los pueblos prestaran todo el auxilio que necesitasen, bajo la pena de pago de cien ducados en caso de que se experimentase alguna omisión. El escrito firmado por el Asistente de Sevilla tiene fecha de 24 de Abril de 1760. 176 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Los comisionados recorrieron varios pueblos y vo lvieron a los 20 días trayendo numeros as muestras y haciendo elogios de las canteras de los pueblos de Utrera, Marchena y Estepa. *** El tercer año de la Planificación de la Fábrica de Salitre de Sevilla, dió comienzo en 1761. Se continuaron las obras para conseguir alcanzar el estado que se había planificado, llevándose a buen ritmo la fabricación de salitre. Precisamente, por este motivo se pudo constatar el perjuicio que ocasionaba, que el Maestro, y algunos horneros, no pudieran acudir a la hora marcada para su trabajo, ya que las Puertas de la Ciudad próximas a la fábrica se cerraban al anochecer y no se abrían hasta la salida del sol. Para evitar esto, se solici tó autorización para construir dentro de la fábrica unas habitaciones donde pudieran alojar se. Concedida la autorización, se construyó una vivienda para el Maestro, sobre la puerta de los Carros; otra parte para el Capataz, pegada a la quinta torre de la muralla frente a la Puerta de la Fuente, y la de los horneros sobre una de las Cuadras de Calderas. Al mismo tiempo se edificó un local para almacenar las cenizas que producían los hornos y que fue situado a la entrada de una de las Cuadras de los hornos. Con fecha 24 de Marzo firmó don Ramón de Larumbe la orden, tanto tiempo solicitada por el Sr. Martínez de Elizalde, refer en te a la recogida de raíces apropiadas para abastecer el fuego de los hornos. La resolución estaba red ac tada en los siguientes términos: «Señor mío: El Excmo. Sr. Marqués de Esquilache en carta 14 del corriente me dice lo siguiente: Necesitándose para la fábrica del Rey en ese Reino los géneros que llaman Atochas, Romeros, Tomillos, Escobas, Sargatillos y otros de igual calidad que se crían en sus montes y sirven para cocer la s calderas de Salitre, me manda S.M. prevenir a V.S . expida sus órdenes y encargue a los Jueces y Justicias de los lugares de su Jurisdicción que siempre que acudan lo s dependient es de las mismas fábricas o de otros salitreros particulares a coger, y cargar los expresados géneros para el destino explicado. los permitiran llevar sin poner imp ed imento alguno, bien sea de sitios de la Jurisdicción Real o de particulares, y sin embargo de lo que prevengan en contrario las Ordenanzas de Montes, mediante a que· esta leñ a no les perjudica, y solo tiene su uso en las cocidas del salitre, cuya especie importa al Real Servicio promover y adelantar por todos los medios posibles, y a este fin hara V. S. saber a todos esta Real determinación que participo a V.S. para su observancia». DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 177 Por este mi smo tiempo, en Moguer (Huelva), don José Medina y sus hijos solicitaron autorización para experimentar con sus tierras, ya que, aseguraban ser apropiadas para la obtención de Salitre. Para mayor estímulo se le concedió además de Ja autorización y Jos 1.5 00 reales que habían pedido como préstamo, las vasijas, coladeras y tiestos que necesitaban. Al objeto de evitar gastos a la Real Hacienda, solicitó don José autorización para renovar una de las calderas de cobre que estaba en regular estado y al objeto de aprovechar el cobre de aquella, sugiría fundirla de nuevo y construir otra más pequeña que sirviese para los afinos. El coste ascendió a 4.125 reales que era menos de Ja mitad del importe de una nueva. A dicha caldera se le puso el nombre de San Joaquin, alias la Cristalina. Se construyeron gran cantidad de cobertizos que sirvieran para guardar las tierras. Era sabido, que a la s tierras salitrosas se Je busca su estado sazonado y perfecto para barrerlas, a partir de la una de la noche, hasta las ocho de la mañana, en cuyo tiempo, re fre scadas por el relente se manifiestan más jugosas y esponjadas, ya que en cuan to empezaba a calentar el sol, desaparecía las manchas y las tierras co - menzaban a perder el Nitro. Por ello la construcción de cobertizos fue muy útil y eficaz. *** Al producirse en 1762 las grandes r efo rmas del cuerpo de Artillería, siendo Inspector general del mismo el Conde de Gazzola, se dió aun mayor importancia al acopio de Salitre al objeto de aumentar la fabricación de pólvora que necesitaba en mayores cantidades el Ejército. Esta necesidad se vio incrementada en 1763 a causa de los acontecimientos bélicos con Inglaterra y Portugal, ordenando el Rey Carlos III, se prestaran las máximas ayudas a las fábricas de Salitre para la obtención de dicha primera materia, principal ingrediente de la pólvora. Algunos obreros de Sevilla, incluso los hermanos Martínez Elizalde habían solicitado ser incluidos en unidades combatientes, pero fue ta] el interés que adquirió la fabricación de Salitre que los Directores publicaron una orden que decía: «Recibiéndose quejas de los salitreros y demás dependientes de las fábricas de Pólvoras, de que las Justicias no les incluyen en los sorteo s para l as quintas, les recuerdo que son libres por Reales disposicio ne s y espero tome la correspondiente providencia que los asegure y no los distraiga de sus ob li gaciones». 178 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA A la vista de ello, don José propu so la conveniencia de permitir a empleados y trabajador es la utilización de algún distintivo, al igual que explica el Conde de Saint Remy en su obra « Memoria s de Artillería », impresa en París en el año 1745, donde trata ampliamente de la Sal itrería establecida en aquel paí s, así corno de la s Divisas que d is - tinguían a sa litreros y polvoris ta s. La co nte s tación fue afirmativa , en cuanto a lo s distintivos, que fue se n utilizado s so lam e nte por lo s Maestro s y Oficial es de la s fábricas de Salitre, pero no por los peones, que eran trabajadores accidentales. El escrito decía t ex tualmente: «En cuanto a que se les p enn ita llevar alguna d iv isa de las que usan los artillero s, encuentro muc ho s inconvenientes, así porque la prestarían lo s que la debían ten er legítimamente, y porque mu c ho s se las pondrían para burlarse de las Justicias; pero puede remediarse y que se guarden las exenciones a quien legítimamente correspondan co n que a los Maestros y Oficiales de Ja fábrica de Salitre, con plaza sen ta da y salario mensual, les finne el administrador o director de la fábrica un nombramiento o título poniendo su nombre, filiación, edad y otras señas, aprobado por el Super Intendente, Juez o Conservador, según el establecimiento de cada fábrica, y que el interesado lleve siempre, para acreditar con seguridad su destino, pues es el modo que parece más proporcionado a evitar inconvenientes y que se guarde la exención de lo s qu e legítimamente les corresponde». Este escrito lo finalizaba el s eñor Larrumbe con la opinión que le merecía la fábrica de Sevilla, expresada en los sig uie nte s términos: «Con esta ocasión no pu e do dejar de manifestar a V.S. qu e la fábrica de Salitre de esa ciudad puede ser la más famosa y de superior calidad que puede haber en España y aún en muchas partes de Europ a, porque en Jo principal, son todas las tierras muy a propósito y abundante de las partes de Salitre; las coladeras se fabrican al modo que conviene y capaz de poder extenderse; tiene tal abundancia de tierras inmediatas, el agua perenne, y en fm todas las proporciones para poner una fábrica famosa que puede produc ir el Salitre que sea menester en las fábricas de pólvoras y con la comodidad fácil de transporte por el óo Guadalquivir a las provincias que quiera remitirse». DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 179 Este escrito, actualizaba la R.D . de Carlos II de fecha 24 de febrero de J 720 8• A la vista del interés demostrado por la Superioridad por el en - grandecimiento de la fábrica, permitió a don José Martínez de Elizalde interesarlos en varios aspectos, como fueron , recolección de polvos de las tierras, construcción de nuevas calderas y otras obras. En cuanto al título de identificación del personal, redactó un modelo que envió a la aprobación de sus superiores. Por el hecho histórico que representa, lo transcribimos en su totalidad: «Don José Manínez de Elizalde, Administrador general de S.M. de las Rentas de Pólvoras, Plomo, Azoque, Azufre y de la s fábri cas de Salitre establecidas en esta ciudad y pueblos de su Reino. Por el presente y en consecuencia de las órdenes que me están comunicadas, nombro por Maestro de la fábrica de esta ciudad a Tomás de Sepúlveda, hijo de José, natural de Alguazar, Reino de Murcia, quien deja sentada su plaza conforme a las últimas disposiciones de se rvir a S.M. en dicho destino (que ha ejercido de tres años a esta parte) por término de cuatro años. Es de edad de 32 años, color trigueño, pelo negro, ojos lo s mismo, nariz afilada, su altura dos varas; por cuya razón goza y debe gozar del fuero y exenciones concedidas al Cuerpo de Artillería confirmadas ultimamente por orden de 21 de febrero de 1762. Y para que conste doy el presente, del que 8. REAL ORDEN de 24 de Febrero de 1720. COMUNICADA CIRCULARMENTE, sobre que los empleados en la Fábrica de Polvora, y Salitre, gocen de las preeminencias, y escocioncs que la gente de Artilleria. T en iendo declarado, y mandado S.M. por repetidas Reales Cedulas. que todos los Salitreros, Dueños de oficios, Trabajadores, Polvoristas, Ondcros, Carpinteros, y demás personas que se empicaren en la Fabrica de Salitre, y Polvora, y en las cosas de su ministerio, gocen de las preeminencias, y esenciones que están concedidas a la ge nte de Anilleria, de suerte que no entre en Quintas, ni en Sortéos de Soldados, ni vayan a servir a lo s Exércitos, Armadas, ni Presidios, ni se les haga repartimiento de alojamiento de Soldados, ni de plata, ni vellón en man era algu na , ni pidan emprestidos, ni toquen a sus carros, bagages, ni se les saque !ligo, ni cebada, y puedan IJ'aher annas ofensivas, y defensivas, como también, que solo conozca de sus Causas civiles, y Criminales el Juez Conservador privativo del Asiento, y Provisión general de Polvora, con absoluta inuibición a la Justicia Ordinaria, y a qualcsquicr Tribunales, excepto el de Guerra donde debe venir por apelación del Juez Conservador: ha resuelto S.M. que inviolablemente se observen, y guarden todas las referidas preeminencias, y cscncioncs, con calidad, de que para gozar de uno, y otro. ha de constar estar empleados en virtud de Relación jurada, y firmada de los Administradores, o Apoderados del Proveedor General de Polvora, y al pie de ella, Cenificación de Jos Veedores de las Fabricas, expresando el nombre, y ocupación de los empicados, cuya relación se debe presentar al Intendente. Co rr egidor. o Ministro 11 quien tocare de la Provi nc ia donde se fonnare, en la que se pondrá el cumplase, no habiendo fraude en ella; y que si alguno cesare en su ocupación se le borre, y ponga el que Je 'ucccdierc, con asistencia de los referidos Administradores. Apoderados, y Veedores: y que además tengan éstos un Libro donde se sienten los nomb res, y ocupaciones de las personas empleadas. Todo Jo qual me manda S.M. participe a V. para que prevenga lo conveniente il su cumplimiento, por Jo que toca a la jurisdicción de esa Provincia. Dios guarde, &c . Madrid 24 de Febrero de 1720. Don Miguel Femández Durán. 180 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA se tomará razón en la Contaduría de dichas Rentas y Fábricas ». Sevilla 18 de julio de 1762. Firmado: Jo sé Martín ez de Elizalde. Tomó la razón: Ramón Jalón. Las preeminencias que tenían concedidas el Cuerpo de Artillería, - y a las que se refería el escrito, eran principalmente: -Poder llevar armas, excepto en cotos vedados. Exentos de tener huéspedes forzosos en sus casas. Que por ninguna deuda puedan ser presos, o embargarles s us armas, caballos, vestidos, ni su paga. -Exentos de ser Receptores o Cobradores de Bulas, Mayordomo de Posito u otros oficios concegiles. -No entraran en quintas, ni sorteo de soldados ni se le podrán tocar s us carros y bagajes. Que todas las causas criminales contra la gente de la Artillería sean resueltas por el Capitán General o persona que sirviese su puesto, sin que en ningún caso pueda intervenir otro tipo de Justicia. *** Necesitando el Ejército situado en el Condado de Niebla disponer de mayor cantidad de ganado de carga, obligó al Intendente de Sevilla, que era a su vez el Asistente, la requisa de ciento cuarenta y cuatro mulos previo el pago de un alquiler. Enterado de ello Martínez de Elizalde solicitó que mientras no fuesen agregados a unidades del Ejército, se los prestasen para emplearlos en extender la tierra por los alrededores de la fábrica, desde el Convento de los Padres Trinitarios al Hospital de Sangre y desde los Caños de Carrnona en la calle San Roque hasta su extremo. También los utilizaría para transportar borujo y otras faenas. Alegaba tener comprados los cerones, espuertas y otros pertrechos y estar pagando los jornales a los peones que trabajaban la tierra. El precio que pensaba pagar por mulo a la Tesorería de Guerra era de nueve reales unidad. La contestación, aunque aprobatoria, tuvo el siguiente pero: «Pero no obstante, para que podamos tener el perfec to conocimiento que de esta disposición resulte a la Real Hacienda y aumento de Salitre en esa Fábrica, nos explicará su señoría más por extenso, el medio en que se funda y por el que han de resultar estas ventajas a la DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 181 Real Hacienda, haciendo V.S. para ello el cotejo de los gastos y práctica que hasta aquí ha tenido, con lo que ahora venía, o puede variar por la nueva di sposición de que V. S. no s dá cuenta». La respuesta de Martínez de Elizalde fue rápida y contundente: «Muy Sres. mío s: El tendido de tierras que se si gue c on lo s mulos y carros destinados por el Asistente, es un vivo ejemplar de la simiente que arroja el labrador para recoger el fruto a su debido tiempo; pues así como aquel no puede tener cosecha sin sacar de sus graneros el trigo y echarlo en la tierra, así tampoco podríamos tener nosotros prevenida esta para barrer el polvo en tiempo de verano, sin tender Ja que exi ste en el mineral de los promontorios. Con lo que no es dudable, que aunque el costo de jornales es grande, tampoco deja de serlo la utilidad que en ello recibe esta fábrica, y si otra co sa sintiese lo manifestaría a V.S. con la sinceridad que acostumbro ». Enterados los Directores de la utilidad de la fábrica en el tendido de tierras útiles como eran las de lo s promontorios que circundaban la ciudad, se sirvieron autorizar el empleo de mulos y carros en dicho menester mientras no fueran necesarios para el Ejército. *** Siendo satisfactorias las noticias que don José recibía de la fábrica de Salitre es tablecida en Ecija (Sevilla) , determinó visitarla. Aprovechando los tres días de Pascua de 1762, se tra sladó has ta la villa astigitana para in speccionar todo lo concerniente a dicha fábrica, comprobando la bondad de sus tierras. A la vista de ello ordenó se montase una nueva caldera y algunas colad e ra s, para poder obtener algunas arrobas de salitre a un co ste reducido. Encargó presupuesto para construir dos cobertizos de 12 varas de largo y 4 de ancho, el uno para cubrir dos calderas y el otro para los cuajadores y que fue sen abiertos dos pozos. El total de estas obras ascendieron a 1 O mil reale s. Obtenido del Corregidor la cesión de aquel terreno a la Real Ha - cienda; don José elevó escrito a sus superiores exponiéndole la situación y agregando que en caso de «perpetuarse aquella fábrica, sería como alhaja de la Corona, dándole el fruto apetecido y sin necesidad de pagar alquileres». En Madrid, pareció bien la propuesta, y le anunciaron que la presentarían al Marqués de Esquilache para su aprobación. 188 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Contestó el Sr. Candido Moreno, con fecha 3 de Octubre del mismo año, dirigiendo el escrito al Procurador Mayor, Conde de Mejorada, informándole de lo siguiente: «En cumplimiento al decreto de V.E. he visto la carta por la cual se recomienda el proyecto que ha ensayado don .· Gaspar Gil con l as tierras contenidas en los Montes del Rey y del Osario, a ello debo exponer que por lo que respecta al monte situado al frente a la Puerta del Osario, no se ofrece reparo alguno, pero al Monte del Rey ocurre, que en tiempos de A venidas se inunda todo el Prado y no queda otro sitio libre a que puedan acogerse el ganado de los vecinos del barrio de San Bernardo sino dicho monte; por cuya razón, aunque en otro Liempo se quiso cortar y labrar a petición de la Fundición de Artillería no se permitió por el espresado moLivo. Consiguientemente podrá V.E. autorizar que se saq ue Salitre del Monte del Osario y no del Monte del Rey; y en el caso de que sea preciso para el Real Servicio el disfrute de ambos montes, tornaré mayores conocimientos de los perjuicios que puedan experimentarse en el del Monte del Rey y se verificará lo que sea más conforme para beneficio de la fábrica de pólvoras». A continuación de este escrito circularon otros entre las personalidades que entendían en el asunto resolviéndose, seguir sacando tierras del Monte del Rey, y de acuerdo con el escrito de don Antonio Plácido Panigo de fecha 24 de Octubre de 1789 que decía entre otras cosas: «S ituados los batazos (sic.) para las empiladas a un extremo del Monte del Rey en su misma falda, el consumo de Ja tierra que se disfruta deja plaza para que avancen luego que los barros crezcan a la parte opuesta reduciéndose la operación a reedificar por un lado lo que se demuela por otro; así debe venir a concluirse con dejar formado el mismo monte al cabo de todo su disfrute. En esta reedificación, he tenido mi especial designio porque habiendo yo suscitado repetidas co nv ersaciones con diferentes gentes acerca de este disfrute, con el fin de oir especies de todos para rectificar mi s ideas, una de las cosas que se me opuso fu e, h abe r conservado esta ciudad el Monte del Rey a fin de proporcionar guarida para el ganado en las inundaciones, objeto que he debido atender, esté o no acordado formalmente por ser de buena policía y porque redunda en be neficio de la misma operación». En este supuesto, el inconveniente expuesto por el Conde de Me - jorada perdía importancia ya que, seguía diciendo Gil: DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 189 «haciendo uso de vasijas portátiles en el mismo monte, queda la Lierra en su misma situación y forma, sin verificarse cosa alguna en que el monte deje de existir y están expedito para la acogida en que acertadamente es tá destinado; porque cada día serán como 300 cargas de tierra las que se disfruten, cantidad que sobre permanecer allí siempre formando barrera con las mi smas basilas (sic.) que Ja deben contener es como cero su número respecto a la masa total del monte, aun dado el caso de sacar la tierra a otro paraje para disfrutarlas y volver enseguida a ponerla». *** Los primeros años del siglo XIX fueron de gran actividad para la fábrica, abasteciendo a los ejércitos españoles que luchaban contra Napoleón. Durante la ocupación de Sevilla por los franceses 1810-12, el invasor, al igual que con otras industrias sevillanas la hizo producir al máximo para sus ejércitos. Prueba inequívoca de la mucha producción que exigieron los franceses, da fé el escrito elevado al Cabildo Municipal con fecha 20 de Enero de 1814, en el que don Angel Menendes, explica, como los franceses abrieron en el Monte del Rey numerosos surcos y fosos en busca de tierras para pasto de ganado. En vista de ello solicitaba permiso para allanarlo y sin obstaculizar el pasto de ganado, poder sembrar papas, maíz y otros frutos en beneficio de la ciudad. En el Cabildo de 25 de febrero se acordó pasar esta solicitud a los comisionados de Predios y Rústicos, don Pedro Valentín de Ja Cuesta y don Bartolomé García Romero, para que informase n. Estos desestimaron tal autorización. En el Archivo Municipal de Sevilla, existe amplia documentación, que refleja muchas de las actividades desarrolladas por la fábrica y que a partir de la guerra contra los franceses, fue conocida como Fábrica de Salitre y Pólvoras de Sevilla. Algunos de estos documentos formulan por ejemplo, la petición de don Pedro Carrión, Jefe de los Voluntarios Realistas, de que Je fuesen concedidas cien arrobas de pólvora para foguear a sus soldados, que eran los encargados de realizar los servicios de patrullas y retenes en la ciudad. El 21 de Agosto de 1824 se le concede dicha autorización y se inicia una larga polémica, sobre, a que organismo se le debía cargar los 20.800 reales de vellón que importaba dicha pólvora. Un año más tarde, el 12 de Agosto de 1825, siendo director de la Fábrica del Salitre don Luis Negrón, solicitó le fuese concedida a la 190 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Fábrica los mismos privilegios que disfrutaba la Real Hacienda. Aceptada la propuesta por el Cabildo Municipal, lo traslada a don Juan Nepomuceno Guerrero, Diputado de Guerra del Ayuntamiento, el cua l informó el 22 de Agosto, que si bien la Real Fábrica del Salitre podría tener los mismos privilegios que la Real Hacienda, no así los pro - veedores en general. A partir de entonces son numerosos los escritos que se envían entre el diputado de guerra del Ayuntamiento y el director de El Salitre, sin que llegaran a un acuerdo. El Comandante del Batallón de Voluntarios Realistas, insiste en la necesidad de municionar a su tropa, si se quería que los servicios de plaza fuesen efectivos, aclarando, que no disponía de fondos para abonar el importe de la pólvora. A ello contestó el Capitán General dirigiendo un escrito el 11 de Septiembre de 1825 al Gobernador Militar, que a su vez lo hizo llegar al Alcalde, en el que decía textualmente: «Sírvase V.E. disponer lo conveniente para que a la persona que nombre el Comte. de Voluntarios Realistas de Infantería de esta plaza, se le entreguen doce mil cartuchos embalados para municionar a los individuos de dicho cuerpo». Transcurre el tiempo y a comienzo de la década de los años cuarenta del siglo XIX se produce el desestanco de la pólvora, permitiendo a los particulares dedicarse a su fabricación. Las nuevas técnicas, obligan a la Fábrica de Salitre a tener que competir en un producto que había tenido en exclusi vo monopolio. Lo costoso que resultaba para el Estado actualizar la maquinaria, provocó el cierre de la fábrica, que debió producirse en los comienzos de la indicada década. Quizás el año 1842 ó 43, dado que González de León en su obra «Noticia Artística de Sevilla» publicada en 1845 comenta en pág. 515: «La fábrica de salitre y construcción de pólvoras, era muy extensa; se dilataba desde el convento de la Trinidad y Puerta del Sol por uno y otro lado, hasta muy cerca de la Puerta del Osario 10 • A la izquierda formaba un cuadrilongo cercado de paredes de seis varas de altura, con muchas ventanas, con fuertes cuarteladas techadas de maderas y 1 O. Esta zona es la que en la actualidad ocu pa aproximadamente el Laboratorio Municipal y unos amplios almacenes hasta el cine Alcázar, que corresponde a una segunda ampliación que hizo El Salitre. DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 191 tejas sobre pilares de material, donde se acopi aba Ja ti erra, y en multitud de tinas se ponía en infusión de agua, y se hacían otras maniobras. En el lado de frente, contra Ja muralla de la ciudad, hay otro tanto terreno, que por delante tiene pared con ventanas y puerta co mo la referida, y por dentro hay talleres para l as manufacturas del ramo, grandes almacenes, oficinas de empleados, Ja pequeña capilla ya refe rida y unas cuantas ca sas de habitación para los directores, empleados y capataces de dicho establecimiento, todo muy amplio y diáfano; pero hoy no sirve para el uso que se labró». A partir de la desaparición de esta fábrica, varios capitalistas sevillanos decidieron construir una fábrica de pólvoras, de nueva planta, situada a corta distancia de la barriada de Torreblanca. Estas circunstancias permitieron a Sevilla tener la oportunidad de disponer de unos magníficos edificios que reunían todas las condiciones de se - guridad para lo que fueron diseñados con la instalación de maquinaria moderna capaz de competir con otras fábricas extranjeras. El establecimiento fue bautizado bajo la advocación de Sta. Bárbara. La dirección técnica se le encomendó a personal procedente del Cuerpo de Artillería. Todos conocían, que la fabricación de la pólvora de guerra era una ciencia complicada. Necesitaban poseer además de la calidad precisa, la potencia balística, que proporcionara los mayores alca nc es del proyectil, compatible con la seguridad y resistencia del arma y montajes, sin olvidar su larga conservación en almacenes. Transcurren los años y en Enero de 1854 se publica una Real Orden, por la que el ministro del Ramo de Guerra Sr. Doménech, se dirige al Direct or General de Rentas Estancadas comunicándole lo siguiente: «Ilmo. Sr .: He dado cuenta a la Reina del expediente promovido por la D.G. de Artillería con motivo de haber retirado la Administración militar los empleados que intervenían en las fábricas de salitre, azufre y pólvora, la elaboración de este último artículo encomendado a aquel cuerpo por R.O. de 17 de Mayo de 1849, en cuya virtud solicita el mismo que sean empleados de Hacienda los que ejerzan Ja intervención en dichos establecimientos. Enterada S.M. de las razones expuestas por V.!. acerca de la conveniencia de que continue el refe rido Cuerpo encargado de la fabricación de pólvoras civiles, ya se considere como medida política y de seguridad para el país, ya como económica y de ventajosos resultados para el Erario, en atención a que Ja Hacienda recibe hoy aquel artículo a un precio mucho más módi- 192 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA co que los estipulados en las diversas contratas celebradas anteriormente. Enterada asímismo S.M. de que no determinando la mencionada R.O. la manera de fiscalizar aq uellos es tablecimien to s, así esa Dirección General como la de Artillería consideran llegado el caso de declarar que corresponde a la Hacienda ejercer por medio de sus agentes la oportuna intervención en la fabricación de pólvoras civiles. Y enterada por último S.M. de cuanto ade más manifiesta V.I. en apoyo de esta reforma, con las miras de introducir mejoras importantes en el ramo, contando al efecto con la eficaz cooperación del Cuerpo de Artillería, se ha servido mandar: Jº) Que la Hacienda civil intervenga exclusivamente en lo sucesivo en todos los establecimientos de salitre, azufre y pólvora, a fin de asegurar el puntual cumplimiento de la citada R.O. de 17 de Mayo de 1 84 9, por Ja que el Cuerpo de A11illería tiene obligación de fa cilitar la pólvora a coste y costas. 2º) Que para llevar a efecto la expresada intervención, así como para plantear las mejoras de que es susceptible esta renta, se establezca en esa Dirección General con independencia de su planta actual y bajo las inmediatas órdenes de V.I., una sección especial del ramo de pólvoras de la que componga parte un Je fe de esta clase, o de la de Capitán del arma de Artillería, a elección de este Ministerio; y que tanto esta sección, como la de la Dirección de la expresada arma y las oficinas de intervención de salitre, azufre y pólvora, consten únicamente del número de empleados fijado en la planta adjunta, importante 248.000 reales. 3º) Que con arreglo a ella forme V.I. y remita a este Ministerio de acuerdo con Ja Dirección General de Artillería, la propuesta de los individuos de Real nombramiento, dando cabida en ella a los que reunan co nocimientos especiales en la fabricación y administración del Ramo ». En los artículos 42, 52, 6º, 72 y 82 se trataba de la forma de cubrir las vacantes de lo s pagadores y almaceneros, y de la manera de justificar los gasto s. Tenninaba la Real Orden con el artículo noveno que decía: «A rtí culo 9º.-Que esa Dirección General de acuerdo con la de contabilidad, redacte la instrucción y modelos a que han de s uj etarse las operaciones de cuenta y razón y fiscalización que corresponde en este ramo». La importancia que adquirió con los años la Fábrica de Pólvoras Santa Bárbara de Sevilla, quedó reflejada al ser declarada libre la venta de pólvora a partir de el 17 de Junio de 1864, aunque tardaría DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 193 un par de años en poder surtir con sus fabricados al Ejército, y a todos aquellos pirotécnicos o empresas que la s necesitaban. Para ello montó un de spacho en la calle Albóndiga, 7, de Sevilla, donde se vendía a minorista a los siguientes precios: Pólvora para mina a siete reales el kilo; pólvora de caza, grano de cañón a cinco reales libra castellana; pólvora de tercera a seis reales lib ra castellana y pólvora de segunda a nueve reales. Durante algún tiempo el periódico «El Porvenir» publicó un lla - mativo anuncio bajo el título de «Fábrica de Pólvoras de Santa Bárbara» ofreciendo dichos fabricados; y con fecha 6 de Octubre de 1866 insertó un amplio artículo sobre dicha fábrica en el que entre otras cosas afirmaba: «El desestanco de la pólvora ha hecho que en algunas provincias se hayan dedicado los particulares a la fabricación de tan importan te artículo. Sevilla, por su importancia natural y por sus circunstancias especiales no podía quedar rezagada, y así es que ha visto elevarse en breve tiempo una fábrica de pólvora s, bajo el nombre de Santa Bárbara que dentro de pocos días empezará a funcionar. En su construcción se han segu ido las bases que la ley, y los adelantos de la industria, actualmente exigen. Ningún gasto se ha omitido para llevar a cabo el pensamiento. En dicha fábrica, según nos aseguran infinitas personas que han tenido ocasión de visitarla, se han reunido la se ncillez, una bien entendida economía, la seguridad moral y material; el orden, base tan importante en toda fabricación, los aparatos más modernos y convenientes, la inteligencia te órico-práctica en la parte directiva. Todo aquello en fin, que desde luego parece debe asegurar un porvenir lisongero a una empresa de la índole de la que nos ocupa. Con los citados elementos, la fábrica de pólvoras de Santa Bárbara, puede mejor que otra alguna ofrecer al público, marcadas ventajas que aseguran también la bondad de las primeras materias que se emplean en su perfecta elaboración y la baratura de sus productos. Esto motivará sin duda, que los importantes distritos mineros de las provincias limítrofes, las empresas de obras públicas y particulares, los cazadores de oficio y los aficionados más exigentes, acudan con preferencia a dicha fábrica a surtirse del mencionado artículo. Sevilla cuenta, pues, una industria más, que hará sin duda, se creen otras nuevas a su sombra siguiendo la vía del progreso en el trabajo industrial, cuya importancia se hace sentir cada día más vivamente. A corta distancia de Torre-Blanca se ha edificado un magnífico establecimiento, el cual reune todas las condiciones de seguridad que 194 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA se ex ig en por parte del gobierno. La empresa se ha llevado a cabo por parte de varios capitalistas vecinos de esta ca pital, y sus producto s, según lo s perito s, pueden competir con los mejo re s del extranjero. Se trata de establecer en la capital varios depósit os para la venta pública. Sus precios serán sumamente económico s. Deseamos a la socie dad gran prosperidad ». *** Por nue stra parte, solo nos resta para dar por finalizado este estudio de el Salitre y la pólvora en Sevilla, reco~dar qµe en 1858 existió un proyecto elaborado por _el Coronel de Artillería don Francisco Sanchiz y Castillo, de establecer entre Constantina y Cazalla sobre la ribera del Hue zna una fábrica de pólvora para producir 500 mil kilos anuales. Lo ventajoso de la posición elegida en todo s los aspectos y el presupuesto de su instalación, presagiaban un feliz r es ultado, pero ... los imponderables andaluces dieron al traste con el mismo. El coste aproximado en material, edificios e in stalación, ascendía a un millón tre sc ientos tres mil reales de vellón. No fu é posible encontrar quienes arriesgaran dichos caudales. FABRICA DE FUSILES EN SEVILLA La industria militar tiene por objeto la fabricación de material de guerra, cuyos fabricados deben hallarse en relación, con la dotación de los ejércitos, remanente para consumo y deterioro y un depósito para los azares de una guerra. Por consecuencia, estos tres datos, marcaran la producción de las fábricas, tanto de material, como de municiones o pólvoras. Con motivo de la invasión francesa, se hizo cargo de los destinos de España, la Junta Suprema de Gobierno del Reino, ocupándose de cuanto se relacionaba con el material de guerra, ordenando a las Juntas Pro visionales, utilizaron todos los elementos disponibl es para la fabricación de fusiles y bayonetas, al objeto de armar al mayor número de españoles, para que pudieran defender la causa de la independencia. Por R.O. de 9 de Junio de 1809 se dispuso, establecer en Andalucía una fábrica de fusiles de chispa, dada la necesidad de situar una fábrica de armas en las provincias del Mediodía. En el primer sitio que se pensó fue El Pedroso (Sevilla), localidad que reunía además de DOS FABRICAS SEVlLLANAS DE APUCACION MILITAR 195 abundante mineral de hierro; motor de agua en el río Huezna; car bón vegetal en sus montes y excelente situación geográfica, enclavada entre dos importantes criaderos de carbón núneral, como eran, Villanueva del Río y Espiel. Por cuestiones demasiado prolijas y de escaso interés para nuestro relato, diremos que la fábrica de fusiles fue instalada en Sevilla capital, nombrándose como director de la misma al Coronel de Artillería don Francisco Dátoli. Con motivo de dar a esta fábrica el mayor impulso, solicito su director la colaboración de personal cualificado, proponiendo fuesen destinados a Sevilla armeros de otras regiones, advirtiendo que siendo el Plan de Labores construir trescientos fusiles diario s, eran necesarios seiscientos noventa maestros de las especialidades de cañoneros, llaveros, aparejeros, carreros, y bayonetero s; mil quinientos setenta hombres entre peones y oficiales, además de las herramientas necesarias para la construcción de fusiles. En un principio se organizó el trabajo de forma que, cada maestro armero lo realizaba en su domicilio utilizando las fraguas propia s. La entonces fábrica de fusiles, se limitó a se r lugar de recepción, reconocimientos y pruebas, de los fusiles entregados por los indicados maestro s. En apoyo de estas condiciones, decidió el Coronel Datolí arrendar casas que dispusieran de patio o corral donde establecer la fragua. Como lugar amplio y de céntrica situación, próximo a la actual plaza de la Encamación, se habilitó la casas del Conde de Montijo. Aunque Datolí prefería locales pequeños que tenían la ventaja de que cada maestro podía trabajar a la hora que le convenía, incluso de noche, sin molestar a los demás, no fue fácil encontrar los necesarios. Transcurridos dos meses de la Real Orden, el 14 de Agosto de 1809, comunicó Datolí a la Superioridad estar en marcha la fabricación de los fusiles, habiendo establecido el centro de recogida y reconocimientos de las armas, en la casa habitada por los hermanos Gutiérrez que eran armeros muy competentes. Informó también, estar finalizando unas instrucciones para el reconocimiento y pruebas de los fusiles, las cuales, tendría terminadas para finales de Agosto. El buen ritmo y organización de los trabajos, permitió poder construir 3. 000 fusiles al mes a partir de Noviembre. A pesar de ello, el Coronel Datolí hubo de superar algunas contrariedades como las ocurridas con los hermanos Gutiérrez, los cuales amenazaron con cerrar su taller, e implícitamente la fábrica, sino se les devolvían los obreros que por 196 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA orden superior habían sido destinados a la Maestranza de Artillería. El problema se resolvió devolviéndole algunos de ellos y trasladando el lugar de recepción de fusiles al Convento de San Lorenzo, ocupado entonces por el Colegio de Cadetes de Artillería, que se había trasladado de Segovia a nuestra capital con motivo de la invasión de Napoleón 11 • Por otra parte, los armeros procedentes de Asturias y Vizcaya exigían especiales condiciones para ultimar sus contratas, lo que obligó a muchas negociaciones para no verse privados de sus servicios, teniendo que abonarles por cada fusil, la entonces importante cantidad de 201 reales. La arroba de plancha de hierro para cañones, se pagaba a las fundiciones de Vizcaya, al precio de 50 reales y la arroba de planchuelas a 46 reales. Conforme se fue reuniendo personal cualificado y residentes en Sevilla, se pudieron formalizar unos talleres que fueron instalados en el Convento de la calle Sto. Tomás, antiguo colegio de los Padres Dominicos, situado en lo que fue la Pza. de Sto. Tomás y más tarde calle del mismo nombre, en los aledaños de la Catedral, la Lonja, el Alcázar, la Casa de la Moneda y la Aduana. Comenzaron a funcionar estos talleres, dependiendo del Cuerpo de Artillería, el año 1835, aunque la R.O. tenía fecha de 9 de Febrero de 1832. El cargo de primer director, lo ocupó el Coronel del Cuerpo don Manuel Minio Teruel. Tras ser superadas las dificultades naturales creadas por la reciente industria, a partir de 1839, y con el nombramiento de un nuevo director en la per sona del Coronel don Juan Senovilla, se propuso mejorar la fábrica bajo un reciente planteamiento: 1 º) Generalizar la industria de fabricación de armas en Sevilla, para emanciparla de los armeros de Oviedo y San Sebastián. 22) Para este fin, establecer la compañía de obreros y la instrucción de aprendices adoptando hasta cierto punto el método de enseñanza mutua, y 3º) Trabajar por cuenta del Gobierno aboliendo las contratas con los maestros y armeros particulares. El Coronel Senovilla, dividió la fábrica en dos secciones: Sto. Tomás y San Juan de los Teatinos. El primer edificio, situado dentro de la ciudad disponía de talleres para la construcción de IIa ves, cajas y otros elementos, así como las fraguas para cañonistas y bayoneteros. También albergaba la escuela de aprendices, sala de modelos y oficinas. 1 1. Se relata este suceso en las páginas 59 y siguientes de «Los leones del Congreso y otros rec uerdos s ev illanos» del mismo autor. DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 197 San Juan de los Teatinos estaba situado a casi cuatro kilómetros al Este de Sevilla, en la orilla derecha del río Guadaira, cu yas aguas se empleaban c om o fuerza motriz en el barrenado de los cañones de fu - sil. Pero por su proximidad al Guadalquivir, el Guadaira proporcio naba escaso trabajo útil a las ruedas hidrá ulica s, hasta el punto, que en 1847, siendo director de la fábrica el Coronel don Esteban Guillelmi, sugüió el traslado de las máquinas de barrenar al Molino de la Aljeida en Torreblanca (Sevilla), a pesar del inconveniente de diseminar los talleres y dividirlos en secciones. Se propu so como indispen sa ble, la necesidad de es tablecer una máquina de vapor o de sangre para la s labores de dichos talleres. Casualmente en este año 1847, tuvo lugar la inauguración de la Pirotecnia Militar12• Asiste como invitado Guillemi, que a la vista de la importancia de dicha fábrica para la industria militar, sugiere la de establecer tamb ié n en Sevilla, una modern a fábrica de armas qu e susti tu ya a la fábrica de fusiles de la ca lle Sto. Tomás. No cayó en saco roto esta idea, que llegó hasta conocimiento de los gobernantes españole s. La fábrica de fusiles de Sevilla continuaba su funcionamiento, fi - gurando en su plantilla 135 obreros, 2 examinadores, 6 maestros y 4 sa rgentos. La enseñanza de aprendices se iniciaba por los maestros de talleres que los instruían personalmente, hasta que entraban como obreros en la fábrica. El coronel Guillelmi, que observó el excesivo precio de cos to del fusil, mantuvo reunión con los maestros especialistas, llegando al acuerdo de abonar 160 reales por el fusil de percusión y 151 por el de chispa. Siendo a dem ás de cuenta de la fábrica, el hierro, acero, escalabornes1 3, maderas y otros artículos no co mprendidos en las contratas. Según datos oficiales, los costes reales de los fusiles construidos desde 1835 fecha en la que comenzó a funcionar la fábrica, hasta diciembre de 1848, fueron: 12. Ver «La Pirotecnia M ili1ar de Sevilla» del mismo autor, publicada en 1981. 1 3. Trozo de madera ya de bas1ado para labrar la caja del fusi l. 204 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Finalizado el barrenado volvía el cañón al cañonista, el cual asegurado de la exactitud del calibre, procedía a abrirle la rosca para colocar el tomillo de la recámara. Conseguido esto, se marcaba el cañón en seis partes, señalándolo con tiza y cortando desde la boca con una lima, lo que excediera de su exacta longitud. Con las dimensiones exactas se introducía un culatín en la recámara y se comenzaba el des ba ste, formando las ochavas en todas sus caras menos en Ja que lleva el refuerzo de la chimenea. Una vez debastado, se pasaba a guarnir/o, operación que consistía en ponerle el tomillo de recámara y el punto de mira. La rosca del tomillo se hacía con una terraja, recalcándola a martillo una vez que había entrado la parte cilindrica. Para el punto de mira, se cortaba una barrita de hierro y después de limarla se colocaba en una canal abierta en el cañón soldándolo en la fragua con latón. En este estado, se volvía a repasar el cañón en toda su extensión con la barrena de afino . Una vez reconocido se pasaba al taller en que se le hacia la chimenea, operación delicada que desaparecería a partir de 1848, en que, comenzó a fabricar la Pirotecnia las cápsulas para fusiles18• Como el objeto del estudio que queríamos dedicar a la Fábrica de Fusiles de Sevilla no es de orden técnico, creemos habemos extendido demasiado en explicar como se construía el cañón; por eso vamos a dejar sin explicar como funcionaban los talleres de llaves, aparejos, bayonetas y cajas, para continuar recordando lo que fue la fábrica en sí misma. *** Mientras la Comisión formada por el Comte. de Artillería don Juan María Maestre Lobo y el capitán don Juan Pareja y Pareja estudiaban y proyectaban el traslado de la fábrica de fusiles a otro lugar más idóneo que el de Sto. Tomás, como hubiera sido la antigua fábrica del Salitre a extramuros de Sevilla próxima a la Puerta del Sol, transcurrieron algunos años. En 1859 se produjo un importante acontecimiento, que de haber sido aprovechado, hubiera proporcionado a Sevilla un nuevo centro industrial de vital importancia. Nos referimos a la determinación del Gobierno, de dar carácter oficial a la instalación de una Fábrica de Armas basada en el proyecto que sobre infraestructura y capacidad habían estudiado algunos artilleros sevillanos. J 8. fate punto queda ex plicado en « La Pirotecnia Militar de Sevilla» obra del mismo autor. publicada en Sevilla en 1981. DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 205 Una Real Orden firmada por el mini stro de la guerra don Leopoldo O'Donnell y sancionada por Ja Reina Isabel JI , fechada en Madrid el 22 de Mayo de 1859, a los cincuenta años de establecerse la fábrica de fusiles de chisp a, decía: «Considerando de imprescidible necesidad, atendiendo al esta do actual de Europa, establecer prontame nte en Sevilla una nueva Fábrica de Armas de Fuego Portátil es y terminar lo s talleres de la que exis te en Oviedo; oída la Sección de Gu erra y Marina del Consejo del Es - tado, vengo en autorizar al Ministro de la Guerra de acuerdo con mi Consejo de Ministros, para contratar urgentemente y s in formalidades de subastas públicas el acopio de todos los mat eriales que para ello se nece si ten, como comprendido es te servicio en el caso sé ptimo, artículo sexto del R.D. de 27 de febrero de 1852 y en la regla tercera del artículo diez y seis de la instrucción de subasta aprobada por R.O. de 3 de Junio del mismo año para prescindir de remates públicos)) 19 • Una de las mayores preocupaciones que pe saban sobre el Gobierno, en aquéllos momento s, era la organización militar del paí s. Los gravísimos problemas europeos no permitían a España permanec er indiferente y menos aún, cuando se preveía que la única manera de re solverlo s, sería a través del empleo de las arma s. Al problema de Italia, que venía a ser el nudo gordiano de. la po - lítica europea, se le unía el recelo de las demás naciones, que veía, como otras se anexionaban terrenos y marcaban a capricho sus fronteras naturale s. En previsión de que estos graves sucesos repercutieran en España, el Gobierno puso en marc ha un plan de mejoras en el Ejército, y muy especialmente en lo referente a la Marina de Guerra y a la Industria militar, buscando la manera de ponerlas al nivel de otras naciones más poderosas. Una ve z más, se pondría de manifiesto la indiferencia que ha tenido Sevilla por su engrandecimiento industrial, al no saber o querer, interesarse por ello. Como muestra de es te aserto, bastará señalar el incomprensible impedimento qu e dió al traste con la posible instalación de esta fábrica. La comisión, tras estudiar las soluciones idóneas sobre el posible lugar de emplazamiento, pensó establecerla en unos terrenos de el barrio de Los Remedios, situados en la ribera del río, al lado opuesto del Palacio de San Telmo y en un extremo del barrio de Tria na. La 19. Esta R.O. fue publicada en la Colección Legislativa, 2" lrimestre de 1859. Tomo LXXX. Pág. 195. Título 236. 206 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA propuesta fue muy bien acogida por el Gobierno, ya que satisfacía las exigencias técnicas del proyecto, al situar la fábrica a orillas del río Guadalquivir, facilitando en tiempo y dinero la s operaciones de embarque y desembarque de las primeras materias y de los productos terminados. Al llevarse a cabo las primeras gestiones, realizadas por el propio alcalde García de Vinuesa, Je produjo un gran disgusto al comprobar, que el propietario de una de las parcelas elegidas, se negaba a vender a ningún precio. El periódico «La Andalucía» de 30 de Septiembre de 1859, en la sección Crónica Laboral, comentaba ampliamente este asunto, terminando con las siguientes palabras: «Pero aunque el Ayuntamiento está conforme y aunque lo estaban los oficiales de artillería faltaba sitio para el desarrollo completo del plano; este sitio podía tomarse de unos terrenos inmediatos, si su dueño los quería vender; pero el dueño a quien ha llegado a ofrecerse hasta el duplo del valor de los terrenos, parece que se ha negado terminantemente a ello, viéndose en su consecuencia Sevilla privada de poseer en la otra orilla, un establecimiento que amenizaría lo que no es decible, las risueñas márgenes del Guadalquivir. ¡Vaya Patricio!». Inmediatamente se comenzó Ja búsqueda de un nu evo emplazamiento. Se pensó establecerla en los terrenos que frente a la Pirotecnia habían sido adquiridos para ampliación de la misma, que con el tiempo serían conocidos por las Carolinas20, solución que tampoco llegó a buen término, ya que ostaculizaba la s necesidades de la propia Pirotecnia. Habían transcurrido casi dos años del decreto que autorizaba el establecimiento de una fábrica de armas en Sevilla, cuan do el general Serrano como presidente del Gobierno, inquirió de las autoridades sevillanas el motivo de aq uella demora. A ello se contes tó, informando de la imposibilidad de encontrar un lugar idóneo o al menos, parecido al que fue elegido en los Remedios. Aquella demora, obligó al Gobierno a dar la orden de suspender los trabajos y estudios que se llevaban realizados, aun reconociendo Ja conveniencia de establecer en Sevilla una fábrica de armas. El eco de esta orden, fue recogido con gran disgusto por la prensa sevillana que publicó algunos artículos contra la decisión del Go20. Ver «La Pirotecnia Militar de Sevilla» del mismo autor. DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 207 bierno y el interés demo st rado por algunas capitales del Norte de instalar la nu eva fábrica en sus propias capitales. El periódico <~La Andalucía» del 7 de Junio de 1860, insistiendo en estas argumentaciones, comentaba: «Son varias las razones de la necesidad de la Fábrica de Annas en Sevilla, donde tantas circunstancias favorables se reunen. Basta advertir la ventajosa situación de esta capital, sus fáciles comunicaciones, el auxilio de las demás indus trias desarrolladas hoy que casi compiten con las extranjeras; el concurso de otros establecimientos militares la abundancia de excelen te hierro y de no menos inferior nogal, la elaboración de muy buen acero que hoy se obtiene en El Pedroso 21 , cuya calidad es a propósito para la industria armera; basta con esto para comprender la conveniencia de plantear la fábrica de armas en Sevilla con preferencia de otra capital». A pesar de todo, como los problemas del emplazamiento no se resolvieron, el proyecto quedó anulado definitivamente. No obstante, la modesta entidad fabril situada en Santo Tomás y San Juan de los Teatinos, siguió trabajando hasta su total desaparición, que debió producirse en el año 1861, ya que su titulación dejó de figurar en la Guía de Forastero de 1862. Su último director fue, el Coronel de Artillería don Manuel Femández de los Senderos. *** Como ampliación de este tema y con objeto de dar a conocer la instalación en Andalucía de otras Fábricas de Fusiles indicaremos con brevedad las más importantes establecidas a raíz de la R.O. de 9 de Junio de 1809. Cádi z. Se propuso por el Marqués de Villel al Secretario de Estado de la Junta Suprema gubernativa del Reino que lo era don Martín de Garay la instalación de una fábrica de fusiles en Cádiz. En el proyecto se hacía constar que dicha fábrica sería instalada en terrenos pertenecientes al Parque de Artillería y su producción sería de 144 fusiles diarios, teniendo en cuenta que se emplearían dos máquinas de barrenar, movidas por mulos y capaces de producir 12 cañones de fusil a la vez y realizar 6 operaciones al día. 21. Pueblo de la provincia de Sevilla donde desde 181 7 se creó la Sociedad Compañía de Minas de El Pedroso. cuyo estudio será publicado oporrunamentc. 208 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA El proyecto fue aprobado, confiándosele la dirección facultativa al Capitán de Fragata de la Armada don Wolfango de Mucha y la administración y cargo de las existencias, al Conde de Rio Molino. La Superioridad consignó a esta fábrica 20 mil pesetas seml!Jlales, de las que 5 mil procedían de la renta de Correos y 15 mil de la Tesorería General de Hacienda. Se ordenó que el precio de costo de cada fusil no sobrepasase los 11 O reales a lo que manifestó el Conde de Río Molino que no confiaba pudiera fabricarse a ese precio, dada la carestía de jornales y primeras materias, teniendo en cuenta que un maquinista de barreno cobraba 12 mil reales al año. La fábrica de Cádiz comenzó a funcionar el 24 de Enero de 1809 y al año siguiente, el 13 de Enero se elevó un informe a la Superioridad comunicándole estaban completamente equipadas y en funcionamiento 13 barrenas y se estaban armando otras seis; así mismo; que el taller de forja estaba casi terminado y se había empezado a trabajar en el horno de refino, como igualmente en las fraguas de batir planchas. Granada. Fue nombrado director de la Fábrica de Fusiles de Granada, don Juan Sempecen y Jefe de Talleres y oficinas el Capitán de Navío don Antonio Llerena. El maestro principal, era Juan Gómez. La fábrica se estableció en la Rambla del Banco, dando comienzo las obras el 1 de febrero de 1809. El proyecto inicial fue el de construir 1.000 fusiles al mes, para Jo cual se instalaron en un principio 22 fraguas aumentándolas hasta 40, que era el número que se consideraba necesario para conseguir el millar de fusiles mensuales que se habían proyectado. A propuesta de la Junta Provincial de Guerra de Granada, se nombró para la inspección y reconocimiento de los fusiles, al teniente del Real Cuerpo de Artillería don León Gil del Palacio. La consignación que le fue asignada fue de cien mil reales mensuales con cargo a la Renta de Correos, a parte de otros cien mil que se dieron para realizar las obras. A partir del 12 de Septiembre de 1809, la plantilla de operarios que trabajaban en la fábrica, era de 20 aprendices, 13 oficiales de macho para las fraguas; 1 O oficiales de fragua; 3 oficiales forjadores para cañones; 1 oficial forjador guarnicionero; y 3 oficiales de lima. Los sueldos oscilaban entre los 10 y 20 reales diarios. Jerez de la Frontera. La instalación de la fábrica en Jerez corrió a cargo del Coronel de Artillería don Francisco Dátoli, que era el director de la de Sevilla. En compañía del Capitán del mismo Cuerpo DOS FABRICAS SEVILLANAS DE APLICACION MILITAR 209 don Manuel Osorio, se trasladaron a in speccionar el lugar donde se podía instalar la fábrica, eligiendo el Mona sterio de la Cartuja y un molino próximo a éste, situado sobre el río Guadalete. Tras varias visitas a Jerez, hasta dejar en funcionamiento la fábrica, el Coronel Dátoli nombro director de la misma al maestro armero Pedro Aldazabal, auxiliado del artífice Juan Giro. La consignación la recibían de la Renta de Correos y la producción se estimó en 30 fusiles diarios. Málaga. No tuvo éxito la que se montó en Málaga ya que los maestros armeros Manuel de Salas y Antonio Senet, a los que se le confió la dirección de la misma, no fueron capaces de h ac erla funcionar. Se instaló en un edificio situado en La Caleta que de di cado con anterioridad a depósito de presidiario s. Se le asignó una consignación de 8.000 re al es y se estimó el precio de cada fusil en 200 reales. Aunque se comprometieron en un principio a entregar 50 fusiles a la semana, transcurridos unos meses sin que los maestros cumplieran se cancelaron los compromisos. BIBLIOGRAFIA -Archivo Municipal de Sevilla: Sección Especial, Siglo XVIII. Tomo l y 22. Sección 5 ª, Tomo 173. Sección 6 u, Tomo 86 y 280. -Servicio Hi stórico Militar. -Nueva Fábri ca de Pólvora s. Francisco Sanchiz y Castillo. -Memorial de Artillería, n9 3.330, Año 1859. -Historia de la Collación de San Roque. -Real Fábrica de Salitre. José Martínez de Elizalde. -Papeles Conde del Aguila. Siglo XVITI. Archivo Municipal. -Reales Ordenes y Decretos. · -Hemeroteca Municipal de Sevilla. -Memoriales de Artillería nº 3.290 de 18 49; 3.285 de 190 8. -El acero y fabricación de fusiles. Comandante de Artillería José Boado. 1899. - Memoria de Ja fabricación del fus il de nuevo modelo. 1848. -La fábrica de fu si le s. Francisco Luxan, Capitán de Art.ª -Colecciones legislativas. -Ordenanzas para el Ejército. 1882. -Memorias. Antonio Vallecillo.