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En memoria de José Romero Escassi

Narbona, Francisco

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EN MEMORIA DE JOSE ROMERO ESCASSI * por FRANCISCO NA RBO NA La convocatoria de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, para una sesión en honor del Excmo. S r. Don José Romero Escassi, recientemente desaparecido, levanta en mi memoria entrañables recuerdos de la Sevilla de nuestros años irreparables (como define nuestro Rafael Montesinos, los tiempos amables de la ni ñez y de la primera adolescencia), cuando este buen amigo, Pepe Escassi, para sus íntimos, alternaba sus estudios de Medicina con escapadas a su afición a la pintura, que entonces era para él un hobby tentador. Yo recuerdo que para el festejo taurino, que cada año organizaba la Federación de Estudiantes Católicos con el fin de allegar fondos a su prec ar ia financiación, no faltaba nunca el cartel de Escassi y de algún que otro afiliado, como Luis Arenas (que abandonaba por unos días el que podríamos llamar hoy «el diseño del mueble)> que por tener su familia un negocio de fabricación del mismo, requería su colaboración) y nos regalaba el anuncio sugestivo, para invitar a Ja gente a ir a la Real Maestranza a ver a los toreros o rejoneadores que participaban de sinteresadamente en la iniciativa. He de recordar que Pepe Escassi forma ba en el bando, que, en aquellos tiempos difíciles, amparado en las humildes siglas de la Federación, defendía, en el Departamento anatómico de La * En recuerdo de José Rom ero Escassi enviado p or el acad ém ico corrcspondie nl e Francisco Narbona. 102 FRANCISCO NARBONA Macarena, y en las aulas universitarias del Hospital Provincial o de las Cinco Llagas, la presencia de nuestra modesta pero activa Federación. Habían pasado ya los difíciles del comienzo de la década de los treinta, cuando la FUE, protegida de la República, imponía su prepotencia «Oficial», a veces con recursos terrorista s. No exag ero lo más mínimo. La asistencia a clase en nuestro primer curso de Derecho -1932-33-nos deparó la triste experiencia de contemplar como un grupo de violentos elementos de la Escuela Industrial, que tenía su sede en los sótanos de Ja Plaza de España, en la torre de la izquierda. disparó desde el zaguán de la Universidad, sobre el patio concurrid o; Manolo Gómez Amores, alumno del primer curso, hasta hace unos años Juez, en no recuerdo que distrito de la ciu dad , resultó herido en un pie, y a poco se queda cojo para toda la vida. La Sevilla de esos tiempos era la mi t ad de lo que es hoy. Bastará recordar que el eje de paseo - un poco la calle Mayor de la ciudad-era Tetuán-Velázquez; por s us aceras discurría la mucha - chada, bien clasificada con -los niños con los niño s; las niñas con las niñas-lo que no evitaba que se hicieran planes para coincidir en la sesión de tarde del Llorens o del Pathé, o en el Britz o en Ochoa, donde cada cual se despachaba a su gusto, seg ún su apetito o preferencias culinarias. Uno estaba en los apuros del Romano (o de la Anatomía), pero se hacía grandes ilusiones sobre el futuro. En los recuerdos triunfaba el isleño Pascual Márquez y la misa de una en el Salvador era como el colofón de la mañana dominguera. Después vi no el doloroso desgarrón de guerra, y cada cual se situó en su sitio. Pepe escassi acudió a la redacción de FE, periódico dirigido por un profesor universitario, Patricio Canales, al que aquel conocía bien. Se ofreció como ilustrador. Yo recuerdo que en las agitadas postrimerías de aquel verano inquieto, de 1936 -e n los oídos, las melodías de Broadway, de Col Poter, o las canci one s de Jan Kiepura-apareció por Sevilla el famoso boxeador Paulino Uzcudun, un vasco-navarro que nunca comulgó con los separatistas de su tierra. Llegaba, con un mosquetón al hombro, vestido de falangista, dispuesto a montar una exhibición, -prácti camente había dejado ya, desde hacía un año, de aspirar a convertirse en ca mp eó n mundial de los pesos m áximos-, con un tal Fabián del Valle, que ostentaba la presidencia de la Federación Española de Boxeo. Recuerdo que yo le hice una entrevista para FE, a pesar de que resultaba difícil entender al ex-leñador, que apenas balbuceaba su castellano, aprendido ya en los años maduros, cuando comenzó sus an- EN MEMORIA DE JOSE ROMERO ESCASSI 103 danzas como pugil profesional. Escassi hizo un dibujo que se publicó con mi trabajo. Días después en el cine de verano de la Universidad, donde luego se construyó el Teatro Alvarez Quintero, se ofreció la exhibición de Paulino, a beneficio de «Auxilio de Invierno», que había echado a caminar en aquel otoño, cuando todo el mundo pensaba que la guerra iba a terminar antes de Navidad tan pronto las tropas de Franco llegasen a Madrid. No fue así, y recuerdo que Pepe Escassi quedó acoplado al gabinete de artistas, integrado, además, por otro Pepe -Caballero-, Rodríguez Simó y varios pintores más. En sus manos quedó preparar el número extra dedicado a «la entrada en Madrid» (con una cuádriga romana planeando sobre la Cibeles) que nos tuvimos que comer, porque la cosa se puso fea y el Manzanares se convirtió por desgracia en valladar infranqueable. Tanto Pepe Escassi como Pepe Caballero es marcharon a Salamanca y quedaron encuadrados en el Departamento de «Plástica», de Prensa y Propaganda, dirigido por Cabanas. Ambos comparecían. de vez en cuando por Sevilla; en el otoño de 1938, vinieron para participar en una exposición sobre el esfuerzo de guerra, cuando se estaba librando la enconada batalla del Ebro, y no estaba claro si aquel percance iba a dar paso a «una nueva guerra de los Treinta Años». Conservé con ambos buenas relaciones, y cuando ya en Madrid, todos, volvimos a vernos, situados más o menos a la sombra de aquel gran sevillano que fue Luis Ortiz Muñoz, Pepe era ya un pintor consagrado, instalado en un informalismo, con Picasso y Dalí, como maestros, enraizados y participantes en las nuevas corrientes del Arte. Su dedicación a la cátedra no le privó, y ya hablo de memoria, de seguir cultivando su particular devoción a la pintura. Todavía -años setenta-al regresa r, él, a Sevilla. nos encontramos, de nuevo. Ignoro se se reintegró a la Facultad de Bellas Artes. Al guna vez escribía recordando episodios de su vida. Recuerdo un artículo suyo, en ABC, hablando de la vida de Nijinski, a la que ignoro por que inesperado azar tuvo ocasión de tratar en el viaje que la pobre Rómula hizo a España, después de la muerte <le su marido. Nijinski sobrevivió a la locura que le apartó de los escenarios y murió, en Londres, en 1950.