De Sevilla a Guadalupe : breves apuntes tomados a vuela pluma
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692 DE SEVILLA AGUADALUPE BREVES APUNTES TOMADOS AVUELA PLUMA POR José Gestoso yPérez En la oficina de EL CORREO DE ANDALUCÍA SEVILLA. -1913
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DE SEVILLA AGUADALUPE
DE SEVILLA AGUADALUPE breves apuntes tomados avuela pluma POR José Gestoso yPérez En la oficina de EL CORREO DE ANDALUCÍA SEVILLA.-1913
-lotos de ojiva túmida voltean sobre sencillo parteluz sogueado, el cual asienta en un trozo rectangular de granito, que contiene esculpidos í?n letra gótica, ofrancesa, como dicen algunos, los apellidos Figueroa yVillena. Debajo de éste, avanza un gran matacán y en el espacio que medía entre sus canes yla arista dei arco, se ven los escudos de los Suárez de Figueroa yde Manuel de Vílleoa, toscamentes esculpidos en piedra franca, con una inscripción en caracteres romanop, que nos dice fué comenzada su labra en 1437 por don Lorenzo Soárez de Figueroa, bijo do D. Go^ mez Soárez, cuyo sepulcro vemos en el artístico templo de nuestra Universidad. Adosados alos muros de la fachada del castillo, vénsedos cuerpos de edificio, de fábrica de la primera mitad del siglo XVI. Rematan con antepechos de balaustres de marmol ysus varias grandes ventaras están defendidas por lejas con balaustres Bencillosde esmerada forja, unidos entre 6Í por adornos, todavía de gusto ojival, yde la misma labor. Pasada la puerta hállase un hermoso patio con robustos pilares, que sostienen arcos de medio punto, adomtdos por sencillas cornisas de marmol, que figuran descansar sobre ménsulas de la misma materia. Ajústase esta parte del edificio al orden dórico, ysobre dichas arcadas se alzan otras análogas, que pertorecen si jónico. Bien se echa de ver que los magnates poseedores del castillo en el siglo XVI trataron con esta
—11 — yotras obras da labrare© cómoda vivienda, ®l-erando la disposición primitiva de la fortaleza. En el piaoalto consérvase unbellíaimo techo, Que debió haber formado parte delacapída. Sobre planta cuadrada hay una cúpula octogonal con pechinas en loa ángulos; todo ello cubierto con profusa labor de hojis ytallos enlazados. El friso, gótico, de muy fina labor, está dividido en numeroeoa espacios, limitados por pilaretes con filigranadas agujas, formando a modo de hornacinas, cuyos cuerpos avanzaban de la linea del paramento, yen el interior década una debió haber sendas estatuitas, do las que no queda ninguna .Tan hermosa obra de carpintería de lo blanco eatá dorada ysu tono general seduce por la hermosa pátina que 1® han dado los siglos. Déla misma época que el techo mencíonado osea de fines del siglo XV ode loa albores del XVI es otro que vimos en una sala de regulares dimensiones, adornado con una sencilla laceria formada por molduras doradas con flletsB rojos yen las estrellas centrales, bellas macollas góticas, esculpidas finamente yasi mismo doradas.El friso plano, dispuesto en foraatalusada, ostenta en recuerdos, alternando ou loa escudos cuartelados de loa Suárez de iffuai^f ^Manuel de Villena, otros en lea Vdispuestos, con unos perros de guveaími*^^*^ estrellas doradas. Es curioso el relento de una peq[ueña puerta compuesto
—12 - por escamas de cbapas do hierro, que sujetan ensua ceatros clavos pequeñcs esfóricoa. En los pavimentos de algunas de las habitaciones se ven ya muygastadas, olambrillas que estimamos sevillanas. En los líonzos de murallas de oriente yoccidente hay unas hermosas galerías, de arcos rebajados, columnas ybalaustres de marmol blanco, construidas en el siglo XVI, desde donde ss disfrutan bellos paEcramas. No debo omitir un detalle interesante para la historia de la pintura andaluza, cual es el de las ejecutadas ¿al fresco? que decoran loa zócalos de la gran torre circu*ar del castillo, las cuale.s me hicieron recordar las de los patios de S. Isidoro del Campo en Santiponce y las de la Sala del Consejo de nuestro Alcázar. La decoración general se coropone de grandes tableros cuadrados, con laborea de dibuj''8 geométricos; conteniendo alguroB en sus centros, escudos: dichos espacios alternan con otros reetaogulares, deetinades afiguras, de ellas consérraFe una de mujer, con el tocado característico, de los cuernos, según el gusto francés, muv en boga en loa tiempes de D. Juan It, la cual lleva en la^ manos una filacteria con letra góti< a, de la misma forma que otras que acompañan alos escudos referidos, cuyo significado, no mefué pos'blo interpretar por la premura del tiempo. Los colores empleados son, almagra, blanco, amsrillo claro, ygris, todo perfilado con negro. Estimo que entre la
—13 — ejfjcueión de estas pinturas ylas de S. Isidoro Campo no ha de mediar mucho tiempo y S-caso las unas ylas otras pueden aer del mi8mo artista yen tal concepto las recomiendo aloa inteligentes. Sobre el vano de entrada aesta torre hay una piedra, esculpida en caracteres góticos, bu que consta que el Alcázar fué terminado en 1434, fecha que parece contradecir ala que dejo citada existente sobre la puerta de ingre* so Í.1 castillo, en que so dice que fué comenzado en 1437. En la iglesia aneja aaquel, construida corao dije al principio, en loe comienzís del siglo XVII solo hay que observar la estatua orante de )n8rmol blanco yde regular mérito, colocada en un nicho del lado del evangelio, que sesu inscripción representa aD.^ Margarita Hajinton, hija de Jar.cbo, barón de Exton yde p. Luisa bija de Guillermo Sidney, vizconde de Eisle ybarón de Renhurfc mujer de D. B^^nkto de Cisnercs, fallecida en Madrid en 1601. p. Juana Dormer duquesa de Feria, su prima albaceay patrona, mandó hacer la capilla vserultur». Ea otro nicho opuesto yaca la dicha ^¡a. p. Juan», pero ein estatua, puis, ono lieSO ahacérsela oha desacarecído. lio tomar aliento bájanos desde el csstíClara. Los restos deantigua portada, escudos, arrarn ^elegante casco baúl con loa 4Uta do elegantes iambrequines, de mar-
-14 — eado sabor alemán oflamenco, pravienon ya al visitante. Sobre la pequeña puerta claustral de fines del XV, hay una larga incripeión flanqueada asus lados coa los escudos de Figu.eross y Mendozaa, en la que consta que dichos señorea fueron loa fundadores yen el ángulo de la derecha existe una hermosisima estatua romana de varón, del mejor tiempo, falta de cabeza, brazos ypies, pero cuyoí correctos yelegantes paños llaman poderosamente la atención. Una vez en el interior del templo atrajeron mi vísta, no dejándome tiempo para reparar en otros pormenores, las singulares estatuas yacentes d® D. Lorenzo Suárez de Figueroa y Córdoba yde Isabel de Mendoza, duques de Feria yde D. Iñigo da Mendoza yFigueroa. Faltan calificativos para elogiar el mérito de estas figuras, yno titubeo en decir que son de las más excelentes que existen en Eipaña, dentro del arte gótico. Indudablemente las tres estuvieron sobre urnas, elevadas al pi« de las gradas del presbiterio, ycomo en tantos otros casos análogos, andando loa tiempos, estorbaron, yen tal virtud, desbaratadas las urnas, pusieron de pie las deD. Lorenzo yD* Isabel yen un nicho, que fue abierto en el lado del evangelio, quedó tendida la de D. Iñigo: gracias que loa tallados tableros con escudos y filactorias que adornaban exteriormente las urnas también se salvaron ypueden ser admirados Ala vista de aquellos prodigios de cincel
-15 - DO Ee ociírre rcás que preguntar; ¿quién habría necho tales maravillas,? yclaro es, que como los años ucs enseña areconocer lo poco onada que se salre, vieno la callada por respuesta. Sin embargo, per lo que valga allá va mi opirién. Estimo las tres estatuas de mano de Anequin de Eaas, qwe eegún consta de les documentos publicadí spor loa PP. franciacanes Acemel yRubio labraba el notabllleimo sopulcro de D. Alfonso de VelaECO después de 1467, fecha en la que D. Lorenzo Suárez de Fifiueroa ocupábase en levantar la fortaleza y castillo de Zafra, que terminaba en 1513. Ignoro la fecha del fallecimiento de este magnate, pero no repugna aceptar que el maestro Egas al mismo tiempo que esculpía el sepulcro de !08 Velsscc, hiciese también el dedicado ales higneroBD, ni tampoco que hubiese ejecutado las tfPB estatuas de Zafra antes de morir los uques pues no era costumbre desusada entonces labrarse en vida los enterramientcs. Compárense pues las expresiones de los rostros, forma de los cabellos ylas elegantes propornones oe las esculturas de Sta. Clara con las de Guadalupe, la delicadeza del cincel pana les pormenores, la manera angulosa de disrafics, la colocación del correaje de finura ymovimiento de lascarlas cintas, en la eiee&^^H yhasta la forma ^inFcripciones góticas en ésta, yse ^erá que el gran ima-
16 — fjinero bruseleneo no se habría des leñado de firmar las esculturas de que trato. Al maestro D. Eiíaa Tormo yalo» diligentes PP.franeiacanos ultírnaraeate nombrados, rocomiendo el punto. Eitudiónlo ydigan. Volaba el tiempo, yno podía perderse un minuto; todavía sin embargo, nos asomamos a la portada del Sospítal de Santiago, del tipraoo de Jos Rayes Católicos; que la componen un arco carpanel inscrito en un regtángulo ccn bus correspondientes baquetoncillos; ana tracerías aua estriboa terminados en agujas, yencima de ia puerta, ancha hornacina con vano conopial yuna pintura en el fondo que habría seguramente sustituido aotra del siglo XV—XVI ysin detenernos ya en minuciosos pormenores de templos, casas ycalles, emprendimos el camino de Cáceres, dondellegamosal oscurecer, si bien cansados del cuerpo, con eepíritu animoso, al punto que dejado el coche, todavía quedaron bríos para dar una vuelta por las calles principales, pero lo que allí vimos quedará para otro articulo.
II Creo que la mayoría de loa artistas, críticos yarqueólogoaespafioles, apenas si conocen más que parte de loa teeoroa monumentales yartíaticoa de la patria, yhoy que contamos con exactos yeconómicos medios gráficos; hoy que el Estado viene invlrtiendo cuantiosas samas en la formación de la Estadística comprensiva de toda esa riqueza, para que amedida que va haciéndose duerma el sueño del olvido en los depósitos del Ministerio do Instrucción pública, sin fruto para nadie, estimo que debería pensarse porios Comités turistas en remediar esta ignorancia, publicando álbuoguías con muy eicaao texto, pero, con profusión de vistas, en que apareciesen losmoumentcs importantes otípicos de cada ciudad, laa oOeurríaseme ésto al vagar por de Cáceres, hallándome acada paso „,”®!P®radoa motivos de grata sorpresa o ae aamiración. El gran recinto de sus mura-
-18 — lias, romano-arábigas, con sus robustas torre?, sus empinadas yestrechas callejuelas, que ya suben obajan, acomodándose ala topografía del terreno, sus pasadizos que van de un muro aotro; las diferencias do alturas yformas de BUS casas, las torrea ymiradores, les vanos ajimezadoB, las suntuoaas portadas de sefiorialea viviendas; en los descarnados muros, enormes escudos, rejas góticas odel renacimiento, casi cubiertas por matas de parietarias y de geráneos de todoa colores, ventanillaa abiertas en loa muros, en cuyoaalfélzarea lucen tiestos de variadas formas ytamaños, henchidos de flores, carcomidas puertas con hermosas clavazones; ytorres ycúpulas sobresaliendo entre la masa rojiza de los tejados, yestrechas encrucijadas con sus retablos, todo ello en suma, ofrece un conjunto tan artístico, tanpiatoresco, que sólo puede compararse con el de la imperial Toledo. Dejando el centro de la población, internándonos en sus callejones, parécenos vivir en pleca Edad Media; apenas eí hallamos gentes en nuestro camino, en el cual crece la hierba asu sabor, ningún gran ruido distrae, sólo la vista se recrea descubriendo algunos de eses enriosos detalles constructivos de mudéjar albañileria ode los canteros del renacimiento. No olvidaré la impresión que me produjo, cuando al volver el recodo de estrecha callejuela me encontró de pronto en la plaza de la Iglesia Mayor. iQué aspecto tan castizamente español el de sus ediflciosl. iQué
-19 - variedad de estilos, de formas, de proporciones yQe materiales constructivos! Do una parte 08 arquitectos mudéjares conservando anticuas tradiciones, de otra los canteros del últiuao período ojival, trabajando en amigable consorcio coa los que seguían las prácticas del renacimiento, mientras que algunos pormenores delatábanme alos artistas para quienes noeran desconocidos losgustos deFíandeso de Alemania, precisamente en da forma ycolocación de los grandes escudos orlados de caprichosos lambrequines. Ocupa uno de los frentes la Iglesia mayor ;toda de piedra franca; con sencillas portadas góticas muy sóbrias da adornos, pues hállanse compuestas solamente por ligeros baquetones, cuyas !«- neas se prolongan hasta formar las archtvoltas; los muros altos están perforados con de medio punto yanáloga disposición que 1» 8portadas, sm que falte «n su cuadrada y robusta torre, no terminada de construir hermoso escudo, tal vez del Dr. Sancho Carrasco que hubo de aumentarle el segundo cuerpo! Fl interior de este templo acomódase al estilo veni® yrobustos yasu excusa luz de lal ^''i^sresantes sepulcroi, en su mayoría retabu del renacimiento. Su época* buena traza de esta misma te eseulniV^^Í®*^®® ^adornos magistralmenmo FerraV*o'^ras de Guiller- ^yde Hoque Balduque, notables en-
-26 - í i de las veletas, flanqueado su balcón principal por enormes escudos, yla de los /SoZí» con su matacán de forma semicircular, cuyos muros perforan estrechas saeteras cruciformes, ostentando un elegante blasón con las armas de aquel apellido, de donde el vulgo la ha denominado del Sol yla esbeltayrobusta Torre de las cigüeñas, que forma parte del vetusto palacio de los marqueses del Reino, del cual se han enseñoreado el abandono yla ruina ypasamos sin detenernos delante de otros antiguos caserones, los de los Carvajales, el ocupado hoy por el Círcu’o de la Concordia yqué se yo cuántos más, ysin reparar en ábsides eimafroni te», en vetustos templos, todos ellos ricos de curiosos pormenores, ilegamosala plaza, pasando por debajo del arco de la Estrella, en cuya hornacina hállase una barroca eflgie de mármol déla Virgen, alumbrada ipor dos bombillas eléctricasIiQué rasgo éste tan significativo de nuestra exquisita cultural.... Salí de Cáceres con verdadera pena, consi- > dorando que si solamente por breves horas que j recorrí sus calles, llevaba tan gratos recuer- | dos de la ciudad, si en ella hubiese permanecido algunos dias, cuántos más motivos de goce habría encontrado mí espíritu escudriñando muros yrincones ydescubriendo en ellos mil detalles ignorados, que guardan los monumentos yque tan gratamente sorprenden la curiosidad délos investigadores, proporcionándoles su hallazgo las más intimas complacencias. i
—27 - Maa por fuerza había que partir, yhenos de nuevo en marcha. La carretera que recorrimos para llegar aTrujillo estaba tan tersa como la palma de la mano yno hay que decir que corríamos, sino más bien que volábamos, de tal modo, que al mediodía hacíamos alto en una modesta fonda, de aqueda ciudad el apetito que sentíamos, osi donde, no se si por real yefectivamente, nos dieron do al* morzar muy bien, ymuy ala española. Mientras que se hacia provisión de gasoli.. na recorrimos varías calles yplazas, cuya vista ofreciónos análogo aspecto que las de Cáeorea. En ningún pueblo de España he visto mayor número do escudos familiares que en estas ciudades. Llama la atención desde luego BU arruinado ygrandioso castillo dominando la villa; los arcos de sus murallas llamados del Triunfo yde Santiago. Junto al segundo hav una magnifica casa, no sé de quién, que me liamó mucho la atención, por las hermosas rojas de BUS ventanas forjadas en el siglo XVI y en cuya puerta con arquería ojival adornada en su ancha escocia exterior con pometadoB. ^vela que fuó construida afines del Bigl¿ oen los comienzos del XVI. plaTÍ^* grandes casas palacios, se alzan en la bastantes motivos para rabien ^villa, cuna de ilustres ymemoarouftAr^^®^®®’ *viajeros cultos, artistas y ConnniBf^^®* ®®fiérome alas del Marqués de la conquista yala del Duque de S. Carlos. For-
~28 — njan ambas ángulo arespectivas calles. La primera, más antigua, del siglo XVI, con ricos ornatos platerescos, tiene una colección de rejas tan numerosa, yde tanbuen guato que sorprende, ofreciendo un conjunto de mansión señorial tan majestuoso, tan armónico ysevero ytan español, que impresiona profundamente, pues revela amaravilla el espíritu de la época en que fué construida, cuando podían decir nuestros monarcas que en sus dominios no se ponfa el sol. El tipo de estas casas-palacios extremeños es el que conviene con aquella raza do grandes hombres, de hidalgos, caballeros yaventureros, que arrostrando peligros con heroico menosprecio de la vida, descubría yconquistaba mundos yque rodeada de la aureola de la gloria, poseedora de riquezas, soberbia yenvanecida, ponía de relieve, en sus obras todas, el sello de su varonil pujanza... El palacio del Duque de S. Carlos fué construido, ajuzgar por su traza yornatos, algo después que el del Marqués de la Conquista, ya en el reinado de Felipe II. Tiene rica portada, gran balcón angular, adornado con pilastras yfrontón, yhermosos escudos valientemente esculpidos. La falta de tiempo nos privó del gusto de haber echado una ojeada al interior de la iglesia de Sta. María, cuyo grandioso retablo mayor, sencillo yelegante, de estilo ojival florido, contiene una colección de tablas de la época, que he oído elogiar alos inteligentes. No fué
-29 - posible detenernos más, pues nos proponíamos ®gar aGuadalupe con luz, yteníamos que ’re87 kilómetros aal que dando nuestro lAítlosl Ala histórica villa patria de Pizarro ydel Hércules español García de Paredes, nos pusimos en marcha.
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III El camino que recorrimoa desde TrujUlo a Guadalupe ofrece loa más pintorescos paisajes, por su espléndida vegetación, sus amenos valles, ycañadas en cuyo fondo deslízanse, saltando^ entre la peñas las ondulantes yplateadas cintas de loa ríos Ruecas yGuadalupe1°PÍ6 de las abruptas moles de las Villuercap, gigantesca corona de la hermosa sierra de Guadalupe. Bien podríamos decir con el antiguo poeta al ^contemplar tan deli*^^ ciosoB paragea que son: “logar cobdiciadero para omne cansado“ frS® convidan ciertamente al descanso las de parboledas de valientes alcornoques, Vencinas, de verdes castaños varí o? ^plateados álamos, que con otras ndes, de robles, quejigos yhasta limone-
-32 rea ynaranjos deleitan la vieta, que no menos se recrea ai reparar en el suelo cubierto do espeeo monte, conlas blancas flores délasjaras» laa moradasde loo brezos, ylos pradillos cubiertos de margaritas de color de oro yde menudas campánulas de delicados tonos rosáceos. Todavía aeentúanse más las bellezas del paisaje, una vez pasada la villa de Logrosan, con sus casas de ladrillo rojo, en las cuales alcánzanee aver, no obstante la rapidez de la marcha, de* ralles decorativos de otras edades, ajuzgar por las formas de algunos vanos, ode los herrajes de balcones yventanas, yuna vez que se deja ' el pueblo yamedida ¡que el automóvil va ascendiendo por las numerosas curvas déla cuidada carretera bordeando profundos precipicios, vemos anuestros pies el espeso bosque formado por toda suerte de árboles, que cubre la falda de la empinada sierra. Al salvar uno de loa recodos del camino divisamos la gran mole del monasterio flanqueada de altas yrobustas torres cilindricas, cuyos pormenores iban haciéndosenos visibles • por momentos, llegando adistinguir ya claramente loa agudos chapiletes de aquéllas cuhier' toa de pequeñas tejas vidriadas, verdes, blancas yamarillas luego, loa ornatos de ladrillo, góticos omudéjarea de loa muros, los robustos torreoi es almenados que dan al edíflcio aspecto militar, yel mafronte del templo: minutos después, estábamos ala puerta de lahospederíí^ siendo afectuosamente recibidos por los Padres
-33 - CruardiaUjFí*. BsrnardiaoPaigjRubioy Acemel. Ti ^tarde poco mág omenos: luz ¿Q sobra, y, por tanto, ]a curioeilad Venció al eansancio: con la vísta anhelante, con profunda emoción yfebril interés mirábamos hacia todos lados, buscando hasta por los rincones de suelos ytechumbres, motivos de estudio, pormenores interesantes, característicos de las distintas épocas, que al pasar por el monumento, dejaron en él impresos los raspaos distintivos de su gusto artistico. Atravesando un oscuro pasadizo llamaron nuestra atención los elegantes ornatos platerescos de una escalera, obra de la primera mitad del siglo XVI y pasado aquel, ofrecióse anuestra vista el hérmoaopatio mudejar, de vastas proporciones, con doble arquería, de herradura la mayor pariL^runerilíL^® iníerioreg, y¿e ojivas túmMaa de la críhf potar que cerraron loa calaHrn in f°antepechos de material estrechas ojivas, práctica, constructores mudéjarea, recordando entre otros ejemplos, los de los patiosdeloa exmonasterks de La Rábida yde ^. Isidoro del Campo (Santiponee); por tanto hapft ®n el interior del patío hay que QUe /^cada uno de los arcos centrales OBtan librea en cada uno de los frentes. ción <ine desde luego atrae la atenplete '^^silante, es sin duda el hermoso temen «1 ondeado defrondosos árboles se eleva ®ntro;obra de ladrillo que no tiene rival 5
-34 - en BU género, yque dada su impcrtannfa, do dudo que ha de ser atendido por los PP fracciecacos, pues el tiempo ha hecho en él estra* gos que deben ser reparados. Es de planta cuadrada, con esbeltos estribos en sus ángulo?, adornados de srquitos ornamentales, yencada uno de los frentes del templete, arquerías ojivales concéntricas, que contienen inclusos dobles arcos, los cuales voltean en una columna central amodo de ajimeces, con sendos par* teluces, todo ello ejecutado con singularprimor. Es curiosa la labor de laceria que, formando complicadas estrellas, adorna las enjutas de los cuatro arcos principales, pues ajuzgar por algunos trozos que faltan, se ve el procedí" miento que emplearon aquellos ceramistas pa* ra hacerlas con gran facilidad, que no fué otro que el moldearlas, imprimiendo sobre placas delgadas de barro matrices de hierro omadera que contenían el dibujo; cocidas luego aqué" lias, eran aplicadas alos muros. Deesta misma manera creo que están hechas las fílacterias yescudetes con los monogramas de Jesús y de María que ocupan Its fondos de IcsajimeceS' Sobre este cuerpo principal álzanse otros tres en forma de pirámide, que contienen pequeña? arquerías ornaméntalos adornadas de azulejos, que ajuzgar por su técnica, me han parecido toledanos de loa comienzos del siglo XVI, d® cuya fecha estimo que data esta precios^ obra, la cual debió haber sido construida pos' teriormente alas arcadas. Todo «1 patio est^
-35 - P'antado de frondoEOs árboles, entre los que J'^saltau loa limoneros ynaranjos, acuyos PiQs crecen loa rosales, geráneos ydiversidad 6olorosas plantas... Líbreme Dios, diré ahora, yen descargo de conciencia, intentar siquiera la descripción o®, J laq demás partes monumentales ®l^cio, obra ya realizada por la docta en ^líK ^«apetable amigo D. Elias Tormo sólo me “El monasterio de Guadalupe'*, do ala jj en estos reglones ir apuntanai pago tal ycomo me fueron saliendo detalle* ^ua breve visita de dos días, aquellos curiogi^ despertaron mi atención ymi cieoj .guardar de ellos más exacta ticain^ pues, entre ellos me fijómuyparlejog d^®*^^® solería de polícromos azuvardar? seca, en su mayor parte, yde femni °uiosaico en otras, que adornan el ®^s yla pila del lavabo colocada en un vadn espacio cubre una bóveda con nerojlvflí^r ^de sólida yelegante traza ledo ^^^0 68ta azulejeria procede de Toen 1* todos sus dibujos se ven asimismo sevillanos de la misma época Ptoo^ ^®1 XV al XVI) yme inclino acraorloB top.®^®*^te8 de la imperial ciudad, por sus fiii Ss^erales diferentes de los trianeroi. En najj la azulejeria toda que he visto disemialféj varias partes del edificio, en zócalos, de *^0 ventanas, solerías etc. procelas fábricas de Talavera yde Toledo y
eepacíoB, por cinco estribos góticos que rematan en sendas agujas. En los dos primeros espacios compréndense las puertas del templo, de arquerías ojiv^aies concóatricas, sin más ornatos que loa de los capiteles de los baquetones, j de donde arrancan aquellas, atrayendo las mi- | radas del curioso el revestimiento de bronce j de las hojas, pues cada una de estas contiene | tres recuadros con otros tantos asuntos de las | vidas del Señor yla de Virgen en bajorrelieve, ! cuya labor aunque un tanto basta, es muy » apraciable ydata en mi concepto de las pos- ^ trimerias del siglo XV; así parece demostrarlo la forma conopial de los arquitos en que se ;; contiene cada asunto. Penetrando en el vestíbulo que da ingreso ^ al templo, vemos que este lo forma li capilla ^ de Sta. Ana, que está al final de dicha nave, cuyas nervadas bóvedas paréceme que fueron construidas también afines del XV. Esta ca- | pilla merece largo paréutesís, pues ai bien su j retablo no despierta gran interés, en cambio ai I lo ofrece subidísimo el hermoso yartístico se- * pulcro de sus patronos. D. Alonso de Velaaco yBU mujer D* Isabel de Cuadros, obra de Anei quin de Egas, según confirman los curiosos do^ i cumentos hallados en el archivo del monaste- ; rio por los PP. Rubio yAcemel. iQuésatisfacción tan profunda, qué alegría la de nuestros amigos al tropezar con los documentos originales en que constaban los diseños del mausoleo, el contrato del artista yhasta alguno de los
—43 - recihoB de centldades tomadas por cuenta de su obra, autorizados con su firma! Para poder apreciar lo que es una emoción de este género, es menester sentir un gran cariño a los papelf 8viejos, llevarse días ydías revolviendo lega]? sypasando folios yfolios persiguiendo un documento que al parecer sucio y maltrec o, agujereado por la polilla ocalado ^más bien sutilisimo enea* wTiin aT mismo mal estado es mayor eaticea na» ^^^^msidad del investigador; yayglectura nsentido pasan días ysu ^ez eat ^el sueño: mas una comn ^^®^lizada ¿qué complacencia puede jcon la de descubrir algún dato rón ilustre, ya la \ida uobra de un va- .ya algún punto dudoso dala hia- °r a, que merced anuestra perseverancia ya hcutusfasmo veracs totalmente coniproado? Harto sé que muchas gentes se rieu de estas emociones, de igual modo que otros nos reírnos en nuestra ignorancia, de les primorea elos más estupendos fenómenos taurinos. Afortucadamente hay en el mundo para todos St^stos... De la lectura de los documentos aporaoi por los PP. Rubio yAcemel se despren- ®que en el sepulcro de los Velasco que hoy Vemos, no se ciñeron el magnate yel artista al bailado, quizá el primero que hizo Fg&s, considerar que en este muéstrase ®yícente la figura de D. Alorso, mientras “uol Sepulcro actual vemos de hinojos, en
-44 - actitud orante alos eaposoe. Todo el monumento, así como laa bellísimas imágenes de los ángeles, que scetenidos por columnas con sus capiteles ycobijados por unebeias, se ven en los ángulos de entrada, debieron haber estado policromadas, aumentándose con el oro, la plata yloa colores las bellezas del conjunto escultórico. El ángel que está en el ángulo del evangelio, mucho mejor conservado que el otro, 68 uno de los ejemplares de estatuaria cristiana más bellos que conozco. La expresión de su rostro subyuga, ylas elegantísimas lineas del gótico arnés que lo reviste ,asi como la actitud en que está, forman un conjunto tan armónico, que trabajosamente apartamos de él los ojos, absortos en bu contemplación, recordándolos ángeles que concibiera con sublime romanticismo, el más soñador de nuestros poetas, los que guardan las ruinas délos templos medioevales ocultos en las sombras de sus hornacinas festoneadas por la hiedra ypor las pasionarias... No será fácil que se me borre la impresión que me produjo aquel ángel, custodio del sepulcro de loa Velasco; no sé que mundo do ideas parecióme sorprender, que pasaban silenciosas através de su tersa frente, pensamientos de un pasado glorioso, contrastando con la pobreza actual: ¡Cuantas profanaciones hapresenciado! ¡Cómo la salvaje codicia destrozó el sepulcro de sus señores, cómo el abandono de generaciones ignorantes imprimió sus huellas en la singular
—45 — obra artística!.. Solo ysilencioso en aqoel rincón de la capilla, con sus párpados entoroados abstraído ymeditabundo,parece abrumado bajo el peso de sus tristes recuerdos! OuriosíBima es la nota omemoria detallada délos colores del oro yla plata que habían de emplearse para enriquecer más la obra de precioso documento coetáneo de aquélla, que tuvieron la suerte de encontrarlos yAcemel yel cual confirma la opinión de que también los españoles empleamos iaj)oucromía durante toda la Edad Medíalo misdiffa^f arquitectura que en la escultura: ni^ ®la catedral compostelana, los sePcrosdelos claustros de la salmanticense otros muchos mas ejemplares que podrían En esta capilla de Sta. Ana existe un objeto único en su género, de admirable labor ydel gusto artístico más delicado. Refiéreme ala Oiagnífica pila bautismal de bronce, obra firmada por BU autor Juan Francés en 1402, compañera de otra cuyoparadero se ignora, que pstuv^o dentro del templete del gran patio. Dos inscripciones gótica la más próxima al borde ymonacal la otra, sírvenle de adorno, yadeniáa una faja con elegantes róleos de estilo renacimiento, dato que seguramente me habría hecho Incurrir en error al clasificarla, pues a juzgar por este detallo la hubiera considerado ejecutada cincuenta años mas tarde por lo meuoa, de la fecha que ostenta. Cuanto se diga en
-46 - elogio de esta joya artística es poco: para apreciar su mérito hay que verla. El templo construido en la segunda mitad del siglo XIV todo do piedra llama la, atención por BUS grandiosas proporciones ypor su robusta fábrica. Consta de tres naves, más alta la central que las laterales. Es de sentir qu« la funesta huella dolos sr tistas del siglo XVIII se aprecie desde luego en este monumento. Los impertinentes adornos bai roeos que se ven paraleles auno yaotro lado de las nervaduras, yel pesado balconaje que corre por todo el templo, producen muy mal efecto, pues menoscaban la hermosura de sus líneas. iQué aspecto tan distinto ofrecería la grandiosa nave central desprovista de tan antiestético aditamento! Ocupa los tres lados centrales de su ábside el majestuoso retablo mayor, cuya traza yornato revelan ©1 estilo clásico, severo, de fines del siglo XVI, luciendo en sus compartimientos eintercolumnios notables obras do escultura yde pintura debidas aGiraldo de Merlo aGagés yaCarduci. Llama poderosamente la atención en el retablo el riquísimo mueble de bronce, con adornos damasquinados de plata yoro que sirve de Sagrario. Ea ni más ni menos que un contador oescritorio, que fué hecho en Roma el año do 1569 por Juan Glamin ydestinada aFelipe II. Por solo estos datos podrá el curioso imaginar el mérito de tan soberbia pieza, digna del entonces má3po'
—47 - deroso monarca de Europa. Pasando por alto otros interesantes pormenores, como son los sepulcros de Enrique IV yde María su madre ylos llamados oratorios reales, detuvimosnos ante las hermosas verjas que cierran la capilla mayor, seguramente alterad is en su primitiva disposición, pues tal como hoy las vemos nótase falta de unidad en el conjunto por la diferencia de alturas, ypor la brusca tranaciaión de loa adornos de la parte principal con los de las laterales. Fueron sus autores Fray Francisco de Salamanca yFr. Juan de Avila que las ejecutaron desde 1510 a1614, los misque pocos años después dejaron nuevas puestras de su buen gusto yde su pericia en las magníficas verjas que cierran la capilla mayor yel coro de nuestra Catedral. Al comparar con estas rejas las de Guadalupe, vemoa Que en las sevillanas acomodáronse sus autores al estilo plateresco, con muy débiles reminiscencias de arte gótico, mientras que en las de Guadalupe domina este |eobre aquel. En cuanto aloa primores de forja, fundición y repujado no desmerecen entre ai ambas obras. Como el objeto de estos apuntes no es el de hacer una detallada descripción de todo cuanto contienen interesante el monasterio yel templo, sino solo el de conservar el recuerdo de las obras más salientes yque más despertaron nuestra atención, no me fijaré ni en la talla churrigueresca de la sillería del coro, que en mal hora sustituyó ala antigua, la cual por
-48 — sencilla ypobre que hubiese sido, por fuerza tuvo que ser una obra de mayor valía artística (1) ysin detenernos tampoco ante las costosas hojarascas de las cajas de los órganos, ni ante los lienzos deS. Nicolás de Bari yde San Ildefonso, el primero de los cuales bien pudo ser de mano de Zurbarán, mencionaremos especialmente la inestimable colección de les monumentales libros corales, cuyas orlas yviñetas merecen muy particular estudio, del cual se obtendrían preciosos datos para ilustrar la historia de la miniatura yde la iluminación en primer lugar, yacaso también de la gran pintura, puesto que alas veces no se deEdefiaron de contribuir con sus talentos ala ilustración de les libros de canto yde devoción artista eximios. Los más ricos eimportantes datan de los siglos XV yXVI yes de suponer que desde fecha anterior debió contar el monasterio con escribanos de libros de obra, que (otras veces los llamaban simplemente escribanos de libros eiluminadores, como les tenían todas las comunidades religiosas ycabildos eclesiástico?. Es de sentir que la modestia de los escríbanos eiluminadores) antiguos nos haya priyado del conocimiento de sus nombres, pues rara es la obra que se halla firmada, lo mismo (l) Los PP. Bubio yAce'»'el en su Guia dsn uotici» de dos sillerías, una del siglo XIV yotra del XV esta última fuó de talla gótiea, ytart cea yles respaldos de lo* asientes eniiqueoidos con imágenes pintadas de Santos.
-49 en la colección guaialupensa que en otras, peextraño que el afán investigador de os PP. Rubio yAcemel tropiece el día menos peneado con alguna^dwznao Registro de cuenas ode Gastos de Mayordomía en que aparezcan. Mr llamó mi con boveditas de crucería; por ser la coleccióil SXa?’rir^“'^® rt"° ?‘'*“almeate existe en el SCan/i <*« los alteares clón 1^ llamarme la ateo- “oa la escasez de azuUjerla que se nota en este monumento, conatruído yampliado preclBamente, en la época de mayoñoracimiento de tan bella industria artística. Ni en sus patios, capillas, estancias ytechumbres, en que tan i^atural era que los hubiesen empleado con profusión, se ven mas que en corto número. ¿Loa ocultarán las capas de cal, en algunos de aquellos lugares, ohabrán sido fruto de la codicia de los chamarileros? Llegados ala Antesacristía, atrajeron principalmente mi atención, produciéndome la más agradable sorpresa, el estupendo retrato pintado por Carreño, del Cardenal Savo Milíni, Nuncio de S. S. en España. Es de tamaño natural yde tal mérito, que el mismo príncipe de nuestros pintores no se habría desdeñado de poner al pie su firma. Al lado de esta obra, las demás 1
-50 -:¡ del mismo artífice que la acompañan en este^ lugar, que ecn también retratos yrepresentan) aCarlos IT, D"’ María Luisa de Borbón yDoña María deLancaBtor,Duque?a de Aveiro, siendo buenos lienzos, no pueden competir con el primero. Penosa impresión causan el estado en qu0, se bailan estas pinturas, resecas en demada, y en algunas partes desconchadas yagujereadas, consecuencia delabandonoy hasta desdén con que han sido miradas durante muchos años.) Al apreciar su lamentable estado asáltanmej algunas consideraciones, que lealmente expon-J dré al tratar en el artículo siguiente de Ies fa-J moros lienzos de Zurbarán. i
V Solamente la visita yexamen de la Sacriatja de la iglesia de Guadalupe merecerla la fa- “ga del largo viaje desde esta ciudad, pues su interés arquitectónico, la espléndida decoración de todaa sus parten yla subida importancia de los cuadros de Zarbarán, que se ostentan en BUS muros, con otras bellezas artísticas ehistóricos recuerdos, serían motivo suficiente para dar por bien empleadas las mayores molestias. Cuando lavista abarca su conjunto, cautivan la severidad ysencillez de sus lineas arquitectónicas del más puro clacisismo, la riqueza de BU decorado, que cubriendo bóvedas, entablamentos, pechinas ypilastras, forman por decirlo asi, el riquísimo marco en que resaltan las obras zurbaranescas. La armonía de todas las partes es admirable: por lo cual no es ex-
-58 — calcularse el efecto que produce ceta aicgular colección de bordados, en qve puede estudiarse la técnica de aquellos famosos hrosladores, cuyos nombres merecen por tantos titules pasar ala posteridad. Fatigada la mente por la sucesión continuada del examen de tantas mairavillas, cansados ya los ojos de ver magr íficenclas ypreciosidades, en tal número que con su estudio y descripción podrían escribirse muchos volúmenes, ycareciendo ya de luz, hubo que suspender la visita hasta la mañana siguiente. No pasó, sin embargo, la noche en estéril ocfoaidad, pues de sobremesa nos entretuví^ moa repasando viejos, tan de mi agrado. Loa PP. Rubio yAcemel n< amostraron una porción de documentes curiosos, Cartas yCédulas reales, pobres restoa del que fué riquísimo archivo, que ahora están descubriendo y ordenando, yentre los cuales, seguramente, han de ha-vlarse muchos motives de agradables sorpresas. No dejaré en olvido para les aficionados ala cinegética, la Carta deD. Juan II fecha en Segovia a24 de Julio de 1424 dirigida a loa concejos de Cáceres yde Truj>llo para que no molestasen alos hombres que enviaran los frailes de Guadalupe para buscarle gavilanes “los más emejores que pudiesen catar etomar so pena de 1000 maravedís alos que desobedecieran su mandato. “ Ala mañana siguiente al dirigirnos al Camarín, pasamos antes por la capilla de S. Gre-
-59 - goiio, on donde 80 enouentra la estatua yacenta, esculpida en alabastro, del Obispo de Sígüonza D. Juan Sorrano, fallecido en Sevilla en 1402, monumento que me llamó mucho la atención, por ser interesante ejemplar de la estatuaria gótica, yporque corre pareja con el de D. Gonzalo de Mena, en nuestra Catedral, pues en arabos se revela la misma manera en la ejecución de los paños yEceescríos. Asciéndese al Camarín por hermosa gradería de mármoleg, limitada alos lados por rica balaustrada de metal. Constituye de por esta pieza un verdadero monumento, de la segunda mitad del siglo XVII, ypor sus proporciones yriquezas sorprende al visitante. Adornan sus muros ocho hermosea lienzos de íiucas Jordán con asuntos de la Vida de la Virgen, pintados con la valentía ybrillantez de Color características del famoso yfecun disidió artista italiano. Es muy de sentir que algunos de estos lienzos reclamen por su mal estado bna. mirada compasiva, ysi no se acude prontamente asu restauracióu, tal vez, cuando se trate de realizarla, sea ya tards. Contribuyen también ala mayor riqueza de la suntuosa capilla varias estatuas de las mujeres bíblicas Débora, Abigail, Esther., etc, cuya ejecución, no obstante su barroquismo, es bastante aceptable. Una verjita de plata separa el Camarín de la capilla deSta. Ana ySan. Joaquín, modelo cel gusto churrigueresco, la cual da paso al
-60 - *‘Trono déla Virgen*' cuyos muros están forrados de terciopelo de seda carmesí con galonea de oro ycon pinturas al fresco de poco mérito yen mal estado de conservación. No es posible consignar, ni siquiera un aproximado juicio, acerca de la época en que fué ejecutada la veneranda imagen de Nra. Señora de Guadalupe, pues las riquíBimas telas de BU traje, todavía en forma de alcuza^ solodejan ver, Bucintamente, el pequeño óvalo de su rostro, falto de modelado, ycuya oscura encarnación no ha do ser por cierto la primitiva, pues; ¿cómo imaginar que en el transcurso de los siglos no ha sido objeto de restauraciones más omenos acertadas? La mayor parte de las más famosas imágenes de la Virgen veneradas en España, ofrecen inequivocas muestras de una piedad indiscreta, pues el mal gusto que imperó en el arte religioso del siglo XVIII hubo de alterar por completo las formas generales escultóricas de estos divinos simulacros, yolvidándose de lo que exigen las leyes de la harmonía, atentos soloa realizar verdadero derroche de riquezas, produjeron conjuntos de tales desproporciones, que eolo por lo acostumbrados que estamos desde niños aVerlos, es por lo que continuamos aceptándolos sin protestas. Las deformes coronas imperiales las tocas yrostrillos, las grandes ráfagas ylos recamados mantos en forma triangular, ocultan generalmente, las sencillas yprimitivas líneas escultóricas, que otras veces han lido destruí-
-61 - das para permitir la adaptacióa de las sobre-, puestas vestiduras. Con mucha razón estiman los PP. Rubio yAcemel que debió ser la de Guadalupe una imagen sedente, conservándose asVen mi pobre sentir, hasta floea del siglo XVII, en cuya época, se le daría la aotiestéticaforma con que hoy se ofrece anuestra devoción. Inmediato al ‘‘Camaría“ hállase el guarda joyas destinado, como lo indica su nombre, a custodiar las alhajas de la Virgen, de las cuales no quedan más que nlgunas, por haber sido en su mayor número objeto de la codicia. Sii embargo, todavía se conservan algunas dignas de mención, entre ollas el bellísimo crucifijo de marfil |que formó parte del escritorio de Febpe II auo sirve de sagrario en el altar mayor; un Lignum Crucis, que según tradición fuó rega'ado por Earique II, un libro de rezo con admirables viñetas, cuyas tapas adornan bellos esmaltas translúcidos; ©1 llamado ‘‘Trapo víejo“ que no es otra cosa que una manga deuna croz parroquial, admirablemente bordada en el siglo XVI, acuya misma época corresponden la numerosa colección de capillos que pertenecieron acapas ya desaparecidaa, varios riquísira stérro?, una hazaleja opaño de atril ylos imponderables vestidos de la Virgen, cuyas riquisímus telas recamadas de bordados, algunos baíta con pirzas de plata esmaltadas ydiamantes yperlas, dejan al visitante absorto al contemplar tantos artísticos
-62 - primorea ytanta riqueza. ¿Qué máa milagro de la Virgen, decíamos anuestros amabilísimos huéspedes, que ©l de la conservación de tan estupendos tesoros? No sin pena nos fijamos endo^ escaños o taburetes, cuyos asientos ba formad seod^a y grandes chapas de bronce, maravillosamente damasquinadas, que según nos manifestáronlos PP. son precisamente las puertas pertenecientes al riquísimo escritorio de Felipe II, arrancadas de su sitio por manos profanas, yque avoces están pidiendo volver asu primitivo lugar. La falta de tiempo yel interés que había despertado en mí la noticia que me habían dado nuestrosbondadososacompañantesde que se conservaban muchas pinturas murales en la “Sala Capitular** hízome preferir el examen de estas al de algunas otras dependencias que forman parte de la iglesia, yaella nos encaminamos, teniendo la satisfacción de que no quedaran defraudadas nuestras esperanzas. Trátase de un grandioso salón con bóvedas que asientan sobre arcos ojivos, con sencillas nervaduras, las cuales sostienen la plementeria dividida en cuadro grandes lunetos. Toda la techumbre está pintada al fresco, asi como su alto zócalo, con follages polícromos de dibujos góticos al clarooBcuro yperfilados de negro como se ven en loa patios de la Rábida de San Isidoro del Campo, en la Sala del Consejo del Alcázar sevillano yen el castillo de Cáceres,
63 - procedimiento usual ycojrfente en los decora" dores fresquistas del sí^lo XV, Según la precio" ea “Guía delMonasterio** notable obríta en su género, publicada por loa PP. Rubio yAcemel, en 1458 el P. Illescas, aJa sazón obispo de Córdoba hacia una m&nda para ayudara construir la Librería, Sala del Capítulo, etc., la cual no quedó terminada has^a 1469 a75 fechas, que poco más Ornenos, coinciden con las de las pinturas existentes en los monumentos citados. Había terminado nuestra visita por apremios del tiempo, no porque so hubiesen agotado otros muchos motives de interés yde curiosidad, como son el edificio mndójar llamado “Colegio de Infantes “Los Hospitales, Hospederías’* yotras dependencias, que acreditan las megnificencías del Monasterio, juntamente con loa restes de otras construcciones yedificios que se hallan en los alrededores, yque pueden ser objeto do amenas giras, en que la naturaleza con todas sub pnmr.as yel interés artístico despiertan poderosamente Ja atención de toda persona inteligente. ^.Como fuimos tratados por los PP. f/ancifcanoB? Pues no solo acuerpo de príncipes, en cuanto al hospedaje, sino como al do reyes, en lo tocantea boiidadotííí'imaa atencionps, porque no espoiáibie llevar am^yor grado la finura yla cortefcía. Conste, pues, nuestro profundo agradecimiento, que nunca corresponderá con las mercedes de que fuimos objeto. Próximamente ala una ymedia nos pusimos
-64 - ea marcha con dirección aMérída, adonde nos proponíamos llegar por la tarde. Acada momento volvíamos los ojos hacia la grandiosa mole del monasterio, cuyas líneas iban esfumándose por momentos en el fondo del agreste paisaje, hasta que lo perdimos per completo de vísta. Allí quedaba con sus magnificencias yprimorea constructivos, con sus ámplios yartísticos claustros inundados de luz, llenos de esa poética melancolía que se despierta al calor délos recuerdos, compañera inseparable de las grandezas caídas. ¿Cómo no establecer el contraste entre su pasado ysu presente? ¿Cómo no sentir profunda tristeza al considerar lo que fué en sus días de esplendor ylo que es hoy ¿Cómo no llorar los estragos causados por la barbarie ypor la codicia en nombre del progreso yde la cultura? Mercaderes de la política profanaron el santuario de la religión ydel arte, ymanos criminales yaleves, animadas por un espíritu de salvaje odiosidad aun glorioso pasado, dejaron impresa las huellas de su planta en los venerandos muros de los hermosos patios, en el grandioso templo, por todos loa ámbitos del monasterio, en que tantas generaciones acomularon los testímonioB de su fe yde su cultura. La Divina Providencia, en sus altos designios, no ha querido que se realice la obra de la barbarie, deteniéndola en su camino antes de que lograse su consumación, yde nuevo parecen lucir dias prósperos oalegres para el bis-
—65 - tórico eantizario. Loa estragos de la ruina repáracse, yde nuevo vemos alzarse derruidos muros ygalerías, fortalécense Jos que amenazan derrumbarse, atiéndese con el más loable celo, con Ja más amorosa solicitud ala reS' tauración de todas las inapreciables joyas artísticas, yloa retablos ylos libros corales ylas tela^ yornamentos, todo en suma, es objeto de Verdaderoadeavelos, debiéndose tan merícisima obra aunos humildes ypobres religiosos franciscanos, que con el incontrastable estímulo de la fe, librando sus ga&tcs, como decía el venerable Mañara, del inmenso tesoro de la Providencia, no vacilan en acometer la magna empresa que se les ha confiado, la cual, Dios mediante, veremos realizada, no sólo devolviendo al monumento en muchas de sus partes sus perdidos esplendores, sino conteniendo eficazmente la destrucción que aotras amenazaba, ysalvando de la codicia inestimables tesoros. Si pues ala Orden jerónima debieron la religión yel arte el monumento insigne con todas BUS preseas, ala de S. Francisco ha correspondido salvar al uno yalas otras de total pérdida, animada por el mismo nobilísimo espíritu que alentó alos fundadores. 9
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VI Al&B cinco de la tarde, poco más omenos llegamos aMérida con el propósito de visitar las ruinas de BU “Teatro romano” que surge ahora anuestra vista con todos sus esplendores artísticos, después de yacer quince siglos, cubierto por espega capa de tierra. No acierto adescribir la impresión que me produjo el despedazado monumento, Só’o diré que ha sido una de Jas más profundas que he tenido en mi vida, pues no obstante que he seguido con mucho interés loa trabajos que desdo el comienzo délas excavacionesha realizado mi antiguo amigo el docto arqueólogo D. José Ramón Mélida, yapesar de que en sus cartas se revelan las íntimas satisfacciones que ha experimentado durante el curso de sus felfees descubrimientos, la verdad es, que yo crei algo exagerados sus dichos; mas cuando he tenido
-74 - terés ymerecen ser expuestos dignamente. ¡Cuanto ganarían las de Agripa yla de Cores colocadas aúna altura conveniente, aisladas yresaltando sobre un fondo apropiado! Dejamos el Museo, ycomo visión cinematográfica pasamos por delante del santuario denominado Horno de Sta. Eulalia, que está precedido de un pórtico, sumamente desproporcio nado, construido con restos arquitectónicos de un templo dedicado aMarte; yechando una ligera ojeada ala basílica de Sta. Eulalia con sus recuerdos latino-bizantinos, fuimos aver los monumentales restos del templo llamado de Diana, cuyas hermosas columnas ee ven empotradas en la casa de los Condes de los Corbos, el llamado Arco de Trajano, cuyas grandirsas proporciones yatrevimiento constructivo sorprenden yadmiran; ysin detenernos apenas delante de la Columna de Sta. Eulalia, que está compuesta por tres magnificas aras romanas del mejor tiempo de sus artes, ypor un enorme capitel, que me pareció visigodo, fuimos ala iglesia de Sta. María construida en los albores del siglo XVI, en donde únicamente llamaron mi atención las estatuas yacentes, harto abandonadas, de un caballero yde una dama, esculpidas en mármol blanco; él con trajo talar y espada reposa en un nicho del presbiterio, en el lado del evangelio, yella en la capilla de San Lorenzo, al lado do la epístola. Ambos simulacros datan de fines del siglo XV ode los comienzos del XVI, sin que pasase inadvertido a
-75 mi vísta el crucifijo llamado Cristo de la O, que se venera en el altar del lado del evangelio en la capilla mayor, obra, que, tibíen recuerda el estilo romáDico, no creo que sea anterior al siglo XV. No fué posible detenernos más; teníamos ©1 propósito de regresar aSevilla al oscurecer de aquella tarde; yera ya muy mediado el día, asi pues que terminado el almuerzo nos pusimos en marcha, dejando atrás kilómetros ykilómetros hasta que llegamos a cruzar el puente de Triana alas 7de la tarde, sin haber tenido, a Dios gracias, el más mínimo tropiezo, llena la mente de gratísimos recuerdos, de los que jamas se olvidan. POST SCRIPTUM Al tratar de los ornamentos sagrados de Guadalupe, pasó por alto la siguiente noticia que copio del tomo 3.° do mi Diccionario de ArtificeSf pág. 66: «En 26 de Marzo de 1662 en presencia de Francisco Ramírez escribano, pareció Antón Sánchez de Guadalupe (pintor) y dijo que Luis Sigura había hecho una cenefa bordada de capa yotra de casulla, de imagi~r nería, con su capilla rica, que Fray Sebastián de Ciudad Real, fraile de Guadalupe, le escri-
—76 - bió que lo mandase hacer. Antón Sánchez pidió que estas Óbras fuesen apreciadas por Cosme de Carvajal yAndrés Carda; los cuales examinaron la capa (que tenia la historia de la Salutación) ycenefas de oro matizado, apreciándola en 38.500 maravedises ¿Se podria constar sí existe dicha capa? Tienen la palabra mis buenos amigos los P. P. Rubio yAcemel.
Acabóse de diprimir este folleto intitulado DE «Sevilla aGuadalupe» en la OFICINA TIPOGRÁFICA DE «El CORREO ' DE Andalucía», sita en la calle Albareda, antes de Catalanes, el día 7de Agosto del AÑO DE Ntro. Señor Jesucristo de mil novecientos y TRECE AÑOS. (Tuada de 50 ejemplares.)
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