América Latina: historia y pretexto. (El '92 una operación en marcha)
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AMERICA LATINA: HISTORIA Y PRETEXTO (El L92 una operación en marcha) Antonio ACOSTA Universidad de Sevilla Se aproxima la fecha de 1992 y se aceleran en España las actividades para conmemorar los 500 años de la llegada de los europeos a América. Se preparan Y se adelantan ya acontecimientos de la más variada índole a lo largo de toda la geografía española al amparo del V Centenario de lo que se sigue denominando el Descubrimiento de América, desde una perspectiva clara y exclusivamente europea. Parece como si en cada rincón de España surgiera alguien, casi siempre una institución política o económica, que quisiera aprovechar la más mínima excusa, para organizar algún acto que la enganchara a la especie de enorme tren en que parece haberse convertido el V Centenario. Instituciones privadas y públicas, locales, autonómicas o de carácter estatal se movilizan patrocinando eventos deportivos, culturales, políticos y económicos que, considerados en su conjunto, adquieren un cierto aire variopinto y hasta caótico. No se incurre en ninguna exageración si se afirma que, en la actualidad, resulta prácticamente imposible para cualquier hombre de la calle medianamente, o incluso bien informado estar al día de los innumerables acontecimientos de todos los tipos que se celebran desde Barcelona a Huelva y desde Oviedo a Granada. \En el plano nacional, hasta cuatro instituciones u órganos de dimensión estatal se han creado para la ocasión con diversas funciones y competencias: el Alto Patronato, la Sociedad Estata, la Comisión Nacional y el Comisariado Regio para la Exposición Universal. Aunque se trata de órganos que actúan en distintos terrenos y no es posible establecer una jerarquía entre ellos, quizás el más visible sea el último, el Comisariado que dirige la organización de la Expo '92, que tendrá como sede Sevilla, ciudad que fue el centro estratégico metropolitano durante la mayor parte de la época colonial de la América española. Estas características en la preparación de la efemérides ayudan a comprender el hecho de que la conmemoración del V Centenario se esté presentando al país desde las más altas instancias políticas, con la ayuda de los medios de comunicación, como una empresa de interés nacional o, en otras palabras, como una cuestión de Estado. España, después de la transición política está viviendo una fiebre .modernizadoran, de apertura a Occidente en todos los terrenos: económico, político, militar ... y en esta coyuntura el V Centenario está siendo utilizado para transmitir la [[nueva imagen de España al mundo., como reza uno de los ~~slogans~ publicitarios de la campaña de prensa y televisión que anuncia su conmemoración.
Pero no sólo el Centenario se está tomando como pretexto, sino que, con él, se utiliza la historia de América para lanzar mensajes económicos y políticos al mundo industrializado. Porque ese c~mundo~> del que se habla en el anuncio es obvia y necesariamente el de las naciones occidentales industrializadas, en las cuales interesa consolidar nuestra nueva fachada de país libre y democrático. Por el contrario, y ésta es una realidad contrastable, en cualquier república de América (Latina, salvo un sector muy reducido de políticos y hombres de empresa o de la cultura que viajan y tienen contactos con nuestro país, la inmensa mayoría de la población desconoce prácticamente por completo la historia que en España se quiere preparar para 1992. El cúmulo de problemas cotidianos es tal en aquel mundo, o simplemente se trata de un asunto tan unilateralmente preparado que, hoy por hoy, pertenece casi exclusivamente a la órbita española. Y esta no es más que una de las caras de cómo el gran montaje del '92 se está organizando de espaldas a la realidad latinoamericana. Ciertamente existe un nexo institucional para la organización del V Centenario entre España y América Latina que son las Comisiones Nacionales de cada país latinoamericano creadas para tal fin. Sin embargo, no es exagerado afirmar que, en su mayoría, dichas Comisiones tienen un carácter meramente decorativo y escasamente funcional, estando compuestas por diplomáticos o incluso, a veces, por familiares de personalidades políticas. Según declaraciones de don Luis Yáñez, Secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica, en muchos casos dichos órganos son estimulados y hasta ayudados económicamente desde España para su actividad. Por otra parte, muy recientemente en otro de los frentes de 1992, el de la Exposición Universal de Sevilla, su Comisario don Manuel Olivencia ha anunciado una serie de visitas a altos mandatarios de países latinoamericanos de las que difícilmente se puede esperar que llenen el vacío señalado más arriba, dadas las circunstancias que rodean a la Expo y los intereses que el señor Olivencia representa y de los que más adelante se tratará. El asunto del V Centenario, en todo caso, se ha convertido de tal modo en una cuestión de Estado que el propio Rey D. Juan Carlos preside muchos de los organismos creados para la ocasión y celebra reuniones con diversas instancias nacionales y con líderes políticos latinoamericanos (Cerezo, Alfonsín, Lusinchi), cuyas visitas a España son, de nuevo, aprovechadas para efectuar declaraciones conjuntas con un marcado carácter de apoyo a los preparativos y el sentido de la conmemoración; declaraciones que por cierto no tienen la menor trascendencia ni relevancia en sus respectivos países de origen. Parecería como si con operaciones de alta política se quisiera reducir la distancia que separa el sentir de los pueblos de América Latina de la orientación que en España se está dando a la efemérides. En cualquier caso, el hecho es que, con la figura del Rey al frente, la operación de la celebración del Descubrimiento de América ha adquirido en España rasgos de oficialidad 'que consagran todo lo que en ella se encierra. Ciertamente, algunos de los actos que tendrán lugar o que ya se celebran tienen un gran interés cultural, social o político desde el punto de vista de la colaboración con América Latina. Se podrían poner diversos ejemplos de este tipo de acontecimientos, pero baste como muestra el I Encuentro de Teatro Iberoamericano que ha tenido lugar en Cádiz, en octubre de 1986, con participación de grupos de distintas tendencias procedentes de varias repúblicas latinoamericanas y de la misma España. Con respecto a otros actos que están teniendo lugar o se anuncian, tal vez no pueda afirmarse con la misma rotundidad su interés. Entre estos últimos los casos pueden ser abundantes; valga referirse sólo a algunas de las publicaciones que se han lanzado al mercado en los últimos años, sobre todo en el área
de Andalucía occidental (Huelva, Sevilla, Cádiz y Córdoba), considerada la más colombina^ de la Península. De entre ellas, las hay periódicas, financiadas por instituciones públicas de ámbito provincial, que pretenden ser divulgativas de aspectos de las relaciones culturales entre Andalucía y América, pero cuyo contenido termina siendo enormemente superficial y hasta provinciano. Este es el caso de la titulada Sevilla 92, editada hasta noviembre de 1986 por la Diputación Provincial de Sevilla y que a partir de entonces pasará a ser publicada por la SOciedad Estatal para el V Centenario. No es este el lugar ni habría espacio suficiente en la extensión de este artículo para realizar otras consideraciones que podrían hacerse sobre publicaciones no divulgativas, sino de carácter académico; sin embargo, dado que la publicidad del V Centenario ha adquirido tal envergadura, sí merece un comentario especial la proyección que está teniendo en Televisión Española por la enorme repercusión que este medio de comunicación tiene sobre la sociedad. El primer canal de nuestra televisión que, para los lectores que no conozcan España, es estatal, ha creado un programa titulado Punto de Encuentro, que se difunde también a través de otras varias cadenas latinoamericanas. Dicho programa se inserta en la operación oficial sobre el V Centenario y, por tanto, es expresión fiel de la ideología que se quiere transmitir con ella. En su espacio, junto a actuaciones de cantantes de música moderna y folclórica de los países latinoamericanos y de documentales de orientación turística, el presentador insiste con asiduidad en la visión tradicional e hispanófila de la conquista y colonización americanas, exaltando la aportación cultural, lingüística y religiosa de los europeos que se fusionaron con los indígenas americanos. Esta lectura de la historia colonial al servicio de la celebración del V Centenario del Descubrimiento fue respaldada (~científicamente. en el programa correspondiente al 12 de octubre de 1986, Día de la Hispanidad, por el historiador español catedrático de Historia de la ,Iglesia en América de la Universidad Complutense de Madrid, Alberto de la Hera. Con tal ocasión, el señor De la Hera repitió el discurso añejo e imperialista que sobre la colonización de América fue acuñado en la España de Franco en la década de 1940. No ya el mencionado catedrático, sino los directores del programa y, en última instancia, los responsables de Televisión Española adolecieron aquel día, y lo hacen en general con el programa, de una falta más que notable de sensibilidad hacia la historia y la realidad social latinoamericanas. Sin embargo, a pesar de esta cobertura ideológica, que queda reforzada por el sentido de utarea de interés nacional. expuesto más arriba, lo que aparece cada vez más claro es que, en general, a muchos de los acontecimientos que se organizan, por no decir a la mayoría, lo que les mueve o encubren es un interés, más o menos explícito, de obtener algún beneficio económico directo o indirecto, sin excesiva preocupación concreta por la relación con América Latina. Se podría decir que América Latina viene a ser simplemente un pretexto, como cualquier otro, para emprender un negocio que se espera rentable. Si nos situamos en Andalucía, por ser posiblemente la región en que mayor número de actividades se están preparando. no cabe duda de que abundan las de tipo esencialmente cultural, pero es sintomática la serie de declaraciones de instituciones de carácter económico, que van desde las efectuadas por las Cámaras de Comercio de la mayoría de las provincias andaluzas hasta el Consejo de Denominación de Origen de vinos de la comarca Mantilla-Moriles, por ejemplo, en el sentido de desear participar en las actividades que se organicen en torno al V Centenario. El tono de estas declaraciones mueve a pensar que, sin una idea muy precisa del alcance que pueda tener la celebración de 1992, ni de en qué medida
puedan participar en lo que suceda, nadie, ni empresas ni instituciones, quiere salir de la fila de los posibles beneficiarios de lo que se presenta por los medios políticos y la prensa como un magno acontecimiento nacional e iberoamericano. En el caso del Consejo de Denominación de Origen Montilla-Moriles, a menos que desee recordar la importancia de los envíos de los caldos andaluces a America durante el siglo )(VI, no se entiende muy bien su relación con el V Ceritenario, al igual que sucede con otras empresas que han hecho declaraciones similares. Refiriéndonos a la esfera de la Expo '92, apoyada de forma muy importante por el Gobierno con fondos de los Presupuestos Generales del Estado con cantidades que ascienden a más de 2.500 millones de pesetas al año, desde luego no se puede decir que no comprenda amplios programas culturales que aún no están perfilados; sin embargo probablemente la clave de la Expo la constituya el denominado Club 92, una potente asociación empresarial creada para sacar provecho de la celebración del V Centenario en Sevilla. En ella se encuentran desde empresas financieras, como el Banco de Bilbao, el Banco Hispanoamericano o el Banco de Granada, a constructoras, como Dragados y Construcciones, Agromán, Entrecanales y Távora o Huarte y Cía., que están llamadas a jugar un importante papel en las obras de infraestructura que se realizarán en la ciudad, o incluso eléctricas y de telecomunicaciones, sin mencionar a otros sectores, como la Compañía Sevillana de Electricidad o Abengoa, probablemente una de las empresas privadas españolas con mayor volumen de negocio con América Latina. No por casualidad, don Javier Benjumea, directivo de dicha empresa, fue elegido en octubre de 1984 para presidir el Club 92. Esta asociación empresarial ya ejerció una decisiva influencia en la designación del Comisario de la Expo '92, cargo que finalmente recayó en don Manuel Olivencia, catedrático de Derecho en la Universidad de Sevilla vinculado profcsionalmente en el pasado a alguna de las empresas del Club 92. De hecho, como se recordará, el primer nombre que circuló como firme candidato para el cargo fue el del arquitecto catalán Ricardo Bofill, apoyado al parecer por sectores del partido en el Gobireno. Sin embargo, a lo largo de 1984 se fue gestando una oposición cada vez mayor a su candidatura no sólo en el ámbito de la ciudad de Sevilla, sino incluso a escala regional andaluza, llegándose a publicar en determinado periódico sevillano, que parecía encabezar el movimiento, un manifiesto contra el citado arquitecto. Esta campaña, que se basó en parte en el argumento del intrusismo catalán en un asunto nítidamente andaluz, tenía un motor claro en cierto sector del empresariado de la región que finalmente logró que se descartara la candidatura inicial y que el Gobierno terminara nombrando a un claro representante de sus intereses como don Manuel Olivencia. La presión del citado sector empresarial por disfrutar en condiciones ventajosas de la organización y explotación de la exposición, junto a la lentitud en definir el proyecto definitivo del certamen por parte de las autoridades políticas competentes, han producido determinados roces entre dirigentes políticos autonómicos o estatales -incluyendo al mismo Presidente del Gobiernoy la patronal que han llevado a la propia Confederación Española de Organizaciones Empresariales, la poderosa C.E.O.E., a pronunciarse sobre la cuestión en apoyo del empresariado andaluz. Ello no es sino una muestra más del gran interés económico que se encierra tras la celebración de la Expo '92, rasgo absolutamente normal y legítimo de este tipo de celebraciones en un mundo capitalii;ta, con la particularidad en este caso de que se monta sobre la utilización de una determinada sesgada visión de la historia de América y ajeno por completo al sentir de los pueblos a los que se alude en la efemérides. Si nos detenemos en otro aspecto de la conmemoración, es claro que Sevilla, 8
por su historia, es una ciudad con un interés especial hacia un acontecimiento de esta índole. Ya en 1929 tuvo lugar otra Exposición Iberoamericana, sin el carácter de universal, que significó, además de la urbanización de una amplia zona de la ciudad moderna, pingües negocios para determinados intereses inmobiliarios locales y una enorme deuda pública para el Ayuntamiento que ha ido siendo saldada durante decenios. El fracaso de aquella Exposición, en cuanto a asistencia de visitantes, posiblemente tuvo que ver con una mala organización y planificación, pero la memoria histórica local siempre lo ha relacionado exclusivamente con el hecho de que, simultáneamente, Barcelona organizase otro certamen cuya competencia habría hecho fracasar al sevillano lo cual, sin duda, también debió ser un factor que contribuyera a su ruina. Esta sombra histórica se ha proyectado inevitablemente de nuevo en esta ocasión, cuando a la ciudad Condal le ha sido concedida la organización de los Juegos Olímpicos de 1992. Algunos sectores locales de Sevilla han reavivado un cierto sentimiento tradicional anticalatán en Andalucía, al mismo que se apeló en el caso Bofill, evocando la supuesta rivalidad regional y el temor de que Barcelona, con sus obras para los Juegos en avanzado estado de construcción, pueda empalidecer a la celebración sevillana. Se ha creado el sílidrome 29-92 que ha intentado ser afrontado rápidamente por las autoridades políticas de ambas comunidades autónomas y municipales de las dos ciudades interesadas. En cualquier caso, se puede decir que en Sevilla e incluso en Andalucía se está generando la idea de que la Expo y, más generalmente, el año 1992 deben suponer el inicio de una especie de despegue histórico para la ciudad y para la región. Y, aunque en menor medida y con un alcance menos definido que el anteterior, no han faltado alusiones de altos dirigentes políticos del Estado que proponen algo similar a escala nacional. Tanto el alcaide de Sevilla, como el Presidente de la Junta de Andalucía (a fines de 1986 y comienzos de 1987) se han referido expresamente en discursos y conferencias al horizonte de 1992 como motor histórico del desarroilo sevillano y andaluz, en el que los mismos líderes políticos consideran un componente imprescindible, de nuevo, al capital privado. Al amparo de esta idea, empresas financieras o casas comerciales fabricantes de tabaco, licores, café o cualquier otro producto trabajan ya su publicidad, a veces en colaboración con alguno de los órganos estatales creados para el evento, sobre la base de que 1992 [[será un gran ano para todos», o que será el «año de EspaRam. Una vez más es necesario admitir que, dadas las estructuras económicas y sociales de nuestro país, es dable utilizar cualquier efemérides en el sentido que se crea conveniente, pero lo que resulta lamentable una vez más es contemplar el uso que se hace de la historia de América como pretexto para la ccinsecución de objetivos puramente locales o nacionales, ajenos absolutamente a necesidades o intereses americanos. La historia de América se convierte así en el ropaje con que se están vistiendo otros intereses. Esta actitud de intentar obtener beneficio económico de la efemérides encaja perfectamente, por cierto, con la tendencia mostrada por la economía española en sus relaciones con América Latina en los últimos veinte años. Estas no han dejado de crecer, no sólo en su vertiente comercial. sino también en la financiera, de manera que la deuda global actual de América Latina con España oscila hoy entre 11.000 y 12.000 millones de dólares. España se ha alineado cada vez más económicamente con las naciones occidentales en sus relaciones con América Latina, lo que ha culminado con su entrada en el Mercado Común. Los políticos españoles revisten hoy la función de España para con aquel continente con una retórica ya vieja para América Latina, aunque para nosotros no lo sea tanto: la de las ayudas al desarrollo y la cooperación. Esta terminología, con sus acciones correspondien-
tes, ya fue utilizada profusameiite por Estados Unidos en aquella región a lo largo de los años sesenta y los latinoamericanos saben perfectamente qué se esconde detrás de ella. Pese a algunos tímidos esfuerzos canalizados a través del Instituto de Cooperación Iberoamericana en lo que se denomina cooperación con América Latina, entre los cuales se puede mencionar el denominado Plan de Cooperación Integral con Centroamérica, lo cierto es que la economía española, protegida por el Estado, 10 que busca en pura coherencia con su naturaleza capitalista es incrementar en lo posible la cuota de las exportadores de productos o capitales en el mercado latinoamericano, en competencia con el resto de las naciones. Y este esfuerzo se realiza de forma indiscriminada: no faltan ejemplos de negocios fáciles de capitales españoles en colaboración. a veces, con sus correspondientes latinoamericanos, a costa de las economías de aquellos países, siempre bajo la apariencia de [[cooperación al desarrollo)^, dando lugar a escándalos económicos sonados. Como ejemplo puede mencionarse el caso de la empresa mixta hispano-peruana Guvarte que, contando con el amparo del Estado español en un terreno bien delicado por cierto en la misma España, se creó para mejorar el sistema penitenciario peruano, construyendo y equipando cárceles en aquel país. Dicha operación permitió, a base de inflar los precios de los materiales y servicios vendidos desde España, unas importantes ganancias fáciles para los participante:; en la empresa y ha dado lugar a un contencioso pendiente entre los actuales gobiernos peruano y español, tras una inspección realizada en el país andino sobre la calidad de las obras. Como anécdota merece mencionarse que, de la cárcel de máxima seguridad construida por la citada empresa, se ha producido durante 1986 una de las fugas de presos más sonada en el Perú en los últimos años debida al mal funcionamiento de la infraestructura del establecimiento. En otro sentido, es bien conocido por la opinión pública española el debate suscitado en torno a la venta de armas por parte de España al régimen de Pinochet en Chile. En relación con este asunto, las últimas declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores español en su comparecencia ante las Cortes, en diciembre de '1986, restaba importancia a la preocupación por el destino de las armas vendidas al extranjero desde España, primando con ello el interés de las exportaciones sobre cualquier otra consideración y ciando una clara muestra de cuál es la actitud del Gobierno de cara a las relaciones económicas con América Latina. Según el citado ministro, la venta de armas a Chile quedó finalmente suspendida en agosto del mismo 1986, aunque, habría que añadir, ello sucedió después de que el negocio trascendiera a la opinión pública por revelaciones de la oposición. En términos generales, no deja de ser sintomático, de todos modos, comprobar que Chile ha llegado a convertirse en uno de los destinos más importantes de las inversiones de la economía española en el exterior, llegando a absorber el 8 O/O del total de las realizadas en 1985 (Fuente: Extebank, Chile, 7/86, p. 7). Desde la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea, por lo demás, y pese a las declaraciones de los gobernantes españoles en el sentido de que desde dentro de la C.E.E. España defendería mejor los intereses de los países latinoamericanos, la opinión de estos últimos, por el momento, parecer ser contraria a las buenas intenciones de los primeros; y, así, han dejado bien claro los perjuicios derivados para su comercio exterior con España desde su integración en la Comunidad, mientras que los beneficios no se vislumbran por ninguna parte, con ocasión de la última reunión del S.E.L.A. (Sistema Económico Latinoamericano) celebrada en Caracas a mediados del pasado mes de agosto de 1986. El actual Gobierno espafiol se propone, al parecer, incrementar el porcentaje de los fondos
destinados por la C.E.E. a América Latina para la llamada «cooperación al desarrollo~, que engloba desde donaciones y financiamiento de proyectos destinados a poblaciones marginadas hasta operaciones comerciales y de créditos a las importaciones latinoamericanas que sólo benefician a sectores de las oligarquías económicas de aquellas naciones. Entendido desde Occidente, el concepto de ((desarrollan viene a ser una eficaz cobertura para la penetración de la economía capitalista en el Tercer Mundo y, además, se ha revelado sobradamente como ineficaz para combatir las deficiencias estructurales de los países a que se dirige, de lo cual tiene ya amplia y triste experiencia América {Latina. De hecho, después de décadas de. estar «beneficiándose. de las ayudas al desarrollo, América Latina atraviesa hoy una de las peores crisis de su historia y, de ,los aproximadamente 400 millones de « lnea habitantes con que cuenta, más de 150 millones maiviven por debajo de la 1' de la pobreza», lo cual significa que sus rentas no alcanzan a cubrir un hipotético índice 40, sobre 100, con que se valora el mínimo alimenticio para la subsistencia. Ni que decir tiene que disponen de O para cubrir otro 40 destinado a la atención a la salud y otro 20 para la educación. Esta situación que se vive en nuestros días y que pasa por las circunstancias descritas parecería apuntar -salvando todos los cambios históricos producidos, que han sido muchos y decisivosa un cierto retorno a los papeles representados por España con respecto a América Latina en la época del colonialismo comercial. Así, de los siglos XVI al XVlll ,la relación española con América fue de una dominación múltiple, que produjo beneficios tanto en el terreno económico como ideológico para diversos sectores sociales metropolitanos, así como también indianos. Más tarde, cuando España en el siglo XIX perdió las colonias, pasó a las filas de las naciones dependientes y orientó su comercio esencialmente hacia Inglaterra y Estados Unidos, las posibilidades de utilización de América quedaron reducidas bien al ámbito sólo del sector interno de la economía o a la esfera política e ideológica interior. Al primero correspondería una aventura como la de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 que, a pesar de pretender relanzar nuestro comercio con América Latina, demostró que las posibilidades reales de España eran Por entonces nulas en ese terreno. En la segunda cabría situar el fomento de la Historia de América llevado a cabo por el franquismo para completar una determinada imagen de su régimen. ¿Qué está sucediendo en nuestros días? Pues que, «mutatis mutandisn, la multiplicidad del siglo XVI parece haber retornado. La actividad económica de España cuando se acerca el V Centenario se despliega, en primer lugar, tanto en los sectores interior como exterior de la economía. De un lado, tanto el Estado como el capital privado aspiran a incrementar las inversiones de capital y mercancías a aquel continente y, por otro, sectores como el inmobiliario, la construcción y las finanzas quieren aprovechar igualmente, de puertas adentro, la oportunidad de beneficios que les brinda la celebración de los 500 años de ,la llegada española a América. En esta operación combinada no falta, por lo demás, quien actúa en los dos frentes como, por citar sólo un ejemplo, ocurre con la mencionada empresa Abengoa. Simultáneamente al interés económico no falta el trabajo que se lleva a cabo en el terreno ideológico, que arropa al anterior, y en el que la intervención citada más arriba del Dr. De la Hera no constituye más que una muestra. Uno de los objetivos más importantes en este plano es el de intentar reverdecer la versión historiográfica de que España jugó, finalmente, un generoso papel histórico gracias al cual existe hoy una comunidad «iberoamericana. de naciones [Nótese que en España sigue sin aceptarse el uso del término latinoamericano^ en esferas oficiales, manteniendo una tácita e inconfesada pugna, de índole colonialista, contra el
origen francés de la expresión), que se intenta revivificar en el mundo contemporáneo bajo un cierto fiderazgo español. Aunque a primera vista pudiera parecer contradictorio -que en el fondo no lo es en absolutocon las muestras de solidaridad que en nuestro país se producen con distintos pueblos y problemas de América Latina, la naturaleza de nuestras relaciones económicas y la actitud y el sentimiento de fondo de amplias capas de la población española frente a aquel continente se podría decir que tiene aún algo de colonialista. América Latina sigue siendo hoy algo a lo que es posible sacarle algún beneficio. Pero, ¿podría ser de otra manera?, ¿qué representa América Latina en la conciencia histórica española?, ¿qué sabe el español medio de hoy sobre América Latina? 'En función de las respuestas a estas preguntas se puede comprender mejor el éxito de la orientación y el uso que las altas instancias económicas y políticas están haciendo de la conmemoración del V Centenario. España no ha dejado prácticamente de tener relaciones de todo tipo con América desde la llegada de los europeos a aquel continente. Sin embargo, tras la Independencia de las colonias españolas, aquéllas sufrieron un período de .enfriamienton que concluyó con la de Cuba y Puerto Rico en 1898. La emigración peninsular en el tránsito del XIX al XX, junto a contactos culturales en las décadas de 1920 y 1930 mantuvieron vivos los vínculos, que se acentuaron con ocasión del exilio provocado por la Guerra Civil española. Pero, junto a estos acontecimientos contemporáneos que, sin duda, han influido especialmente en determinadas regiones y grupos sociales españoles, existe un hecho que ha marcado el significado de América Latina en la conciencia histórica de este país y es la imagen que han recibido generaciones enteras de españoles durante los últimos decenios y, especialmente, en los recientes 40 años de los países de colonización hispana y de nuestro papel en relación con ellos, lo cual se ha concretado en la historia enseñada a la población española en las escuelas y eri los institutos de enseñanza media. La historia de nuestras relaciones con América, principalmente las de la época colonial, ha sido manipulada y utilizada poiíticamente en la enseñanza, particularmente después de la Guerra Civil, hasta el extremo de que aún hoy se arrastra el peso de tal operación que ha tenido efectos indudables sobre nuestra conciencia histórica. En nuestros días, cuando alguien como Fidel Castro, por poner un ejemplo, realiza unas declaraciones en las que alude al problema demográfico de la población indígena americana durante la colonización española, se levanta una oleada de protestas procedentes de los más variados sectores sociales expresando una especie de responsabilidad histórica, lo cual es simplemente un reflejo del tipo de historia de América que se ha escrito y ensefíado en España en los últimos decenios. Si nos tomamos el trabajo de revisar una buena muestra de libros de texto de Historia de Bachillerato desde comienzos de siglo hasta nuestros días, podremos comprobar hasta qué punto es esto cierto. En principio, se puede trazar una línea bastante clara que separa los textos anteriores y posteriores a 1983. Por una parte, hasta fines de la Guerra Civil la extensión y el contenido sobre Historia de América en los libros de Bachillerato se caracterizaba esencialmente por una gran variedad manifestada desde los mismos planteamientos de los Planes de Estudio. Estos iban desde incluir a América en el conjunto de los temarios, dedicándole a veces una o dos lecciones, a lo sumo, sobre un total de hasta 76, como sucedía en la primera o segunda décadas del siglo, hasta llegar a establecer una materia específicamente
titulada nociones de Geografía e Historia de América», como en el Plan de 1926, siendo ministro de Educación Eduardo Callejo de la Cuesta, para la que se escribieron textos dedicados por completo a la Historia de América. La orientación de los libros era, igualmente, bastante diversa. En algunos de los que vinieron siendo utilizados hasta en la II República, que eran reediciones de textos escritos en la década de 1880, era obvio el peso decirnonónico de la Leyenda Negra que se contrapesaba con frases que aludían al espíritu generoso y cristiano de España frente a la fiebre de explotación de Inglaterra. (Alfredo Moreno Espinosa, Compendio de Historia Universal, Madrid, 1931 [?), 21 reed., ed. 1888). En algunos de los textos escritos durante la década de 1920 para la asignatura con contenido específico sobre Historia de América aún pesaba la misma carga y no dejaba de exaltarse la tarea de los ~~héroes~~ en frases como .la conquista [de México] fue un hecho y un acto genial, obra exclusiva de Cortés. (Antonio Jaén, Nociones de Historia de América, Sevilla, 1929, p. 120), aunque en este caso concreto, no se llegase a mostrar un triunfalismo excesivo en el conjunto de la obra. Más adelante incluso, durante la República, llegan a encontrarse textos más ecuánimes, con interesantes valoraciones de las culturas indígenas americanas y con una aproximación más objetiva a la historia colonial española, como es el caso del volumen Clio. Iniciación al estudio de la Historia (Tarragona, 1933), del Dr. Rafael Ballester. Hablando sobre el descubrimiento de América, el Dr. Ballester escribía: .El descubrimiento había sido una empresa comercial, encubriendo la idea de conquistar un dominio y un monopolio^ (p. 33). Pero este panorama cambió radicalmente en 1938. Quienes hoy tienen entre 48 y 65 años aproximadamente, que debieron estudiar el primer Plan de Estudios del franquismo, elaborado siendo ministro de Educación Pedro Cainz Rodríguez, hubieron de cursar dos materias tituladas .Historia del Imperio Español. e historia y sentido del Imperio Español. Valor de la Hispanidad.. Aproximadamente la mitad del contenido de los textos de estas materias se dedicaba a la colonización española que se trataba desde un punto de vista exclusivamente hispanista y exaltando el papel heróico, religioso y cultural de la conquista y la colonización. En el Preámbulo a la publicación de la Ley de Reforma de Segunda Enseñanza, de 20 de septiempre de 1938, se resaltaba como objetivo: «La revalorización de lo español, la definitiva extirpación del pesimismo anti-hispánico y extranjerizante, hijo de la odiosa y mendaz leyenda negra, se ha de conseguir mediante la enseñanza de la Historia Universal ... Se trata así de poner de manifiesto la pureza moral de la nacionalidad española; la categoría superior universalista, de nuestro espíritu imperial, de la Hispanidad, según concepto felicísimo de Ramiro de Maeztu, defensora y misionera de la verdadera civilización, que es la Cristiandad.» Aún algún libro escrito en los mismos fines de la guerra no encajaba claramente en las directrices del nuevo plan de estudios, aunque ya se podía apreciar el aire de triunfalismo que comenzaba a adquirir la colonización indiana. Así, José R. Castro, en su Geografgía e Historia [Zaragoza, 1939, año de la Victoria., 2.a ed.), calificaba al descubrimiento, conquista y colonización de América como el .mayor ~ timbre de gloria del pueblo español. (p. 295). Según el mismo autor, había sido la Providencia la que señaló a España [[una misión no igualada por ningún pueblo»: la propagación de la fe, .móvil principal de los monarcas esparioles~ que, para ello, <<tomaron a los indios bajo su protección ... tratando de equipararlos a los españoles., idea ésta que sería constante en futuros textos, aunque refinada por otros l autores. Lo mismo sucedería con la tesis, ya presente en algún texto de comienzos