Liberación por ansia e ignorancia
Abstract
Una apología del autor sobre los principios antitéticos de la filosofía oriental frente a la occidental. La fenomenidad urbana en Japón trasciende del concepto filosófico de simbiosis o estado de coexistencia de todas las escalas frente al dualismo de dos escalas antitéticas en que se fundamenta el racionalismo occidental.
Full text
LIBERACION POR ANSIA E IGNORANCIA Kisho Kirokawa Una apología del autor sobre los principios antitéticos de la filosofía oriental frente a la occidental. Lafenomenidad urbana en Japón trasciende del concepto filosófico de simbiosis o estado de coexistencia de todas las escalas frente al dualismo de dos escalas antitéticas en que se fundamenta el racionalismo occidental. De la filosofía de la coexistencia al concepto de simbiosis Primero empecé a usar la frase «el concepto de la simbiosis» en 1979. Mi interés por la idea empezó cuando fui presidente de la Yokohama Design Conference, sobre el tema «Hacia la era de simbiosis», pero había estado discutiendo «el concepto de la coexistencia» desde los 60. En 53 un libro que publiqué a principios de los sesenta, Tosbi Dezain (Diseño urbano), la sección «La filosofía de la coexistencia», en parte, comentaba: ¿No es el dualismo una enfermedad que se ha enraizado en todas las áreas del pensamiento y metodología modernas? Para ponerlo de una forma impetuosa, no podemos concebir la civilización europea sin el cristianismo. La civilización europea es, en otras palabras, una civilización cristiana. El cristianismo presupone tales dualidades como las que hay entre una deidad buena y una malvada, el dios de la bondad y la luz y el malvado mundo material o el creador y su creación. Esto es cierto también en la filosofía occidental. El dualismo filosófico, en el que el principio fundamental del universo fue la separación de la existencia en mente y materia, fue ya establecido en la Grecia antigua. En tiempos modernos, Descartes postuló un dualismo entre la mente como una entidad limitada que depende de Dios su existencia por un lado y la materia por el otro. Kant, que dividió la existencia entre la cosa en sí y los fenómenos, la libertad y la necesidad, fue también un dualista típico. El racionalismo europeo ha sido la columna vertebral del espíritu que ha sostenido la industrialización y la modernización de la sociedad. Este racionalismo se fundamenta en el dualismo. Nuestro pensamiento ha sido articulado de la cabeza a los pies en formas duales: espíritu y cuerpo, arte y ciencia, hombre y máquina, sensibilidad y racionalidad. - LIIIASTRAGALO, 04 (1996) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1996.i04.07 Arquitecto, cofundador del grupo de los Metabolistas de la vanguardia japonesa de los 60, autor de varios libros y obras y proyectos de arquitectura.
54 La humanidad ha perseguido sin cesar estos dos extremos, aterrorizada por el profundo abismo que ha descubierto entre ellos. Sin duda alguna, la impresionante civilización moderna nacida del racionalismo europeo es el producto del reconocimiento de este profundo abismo y de la voluntad de superarlo de una forma u otra. Los descubrimientos del diseño contemporáneo, también, están fundamentados en el dualismo, dándonos tales pares de términos contrastados como belleza y utilidad, forma y función, arquitectura y la ciudad, escala humana y escala urbana (sobrehumana). Todos los debates sobre el diseño hasta ahora han sido pendulares, oscilando de uno a otro entre tales extremos. El padre del funcionalismo, como fue el arquitecto americano Louis Sullivan, proclamó que «la forma sigue la función». Desde la posición más discreta de que la persecución de la función producirá su propia belleza hasta el dictamen más extremo de que la belleza ha de encontrarse sólo en la función existe sólo una diferencia de grado. El peso de ese modo de pensar en el diseño moderno es realmente considerable. Pero el otro lado de ese dualismo es igual de extremo: que la humanidad, la sensibilidad, la belleza, son identidades independientes opuestas a la función, y que el funcionalismo compromete a la humanidad, representa la derrota de la humanidad. De esto ha nacido el dogma de que solamente lo bello es funcional. El debate entonces se reduce a una simple constatación del principio de cada uno de los extremos del tema, desde el cual no es fácil que resulte un pensamiento creativo. Cuando tratamos de resolver problemas con métodos dualista s, el concepto de armonía entra en juego. He aquí un ejemplo: en el espacio urbano existen dos escalas, la humana y la sobrehumana, que se contemplan como antitéticas. Al tender un puente sobre el vacío que hay entre ellas, se crea una jerarquía de varias escalas graduadas que llevan desde lo humano a lo sobrehumano, y así es como se armonizan esos dos extremos. Si estas dos escalas son realmente antitéticas, siempre permanecerá un vacío insalvable entre ellas sin importar cuantos pasos intermedios se construyan. A la inversa, si el vacío se puede salvar, esto significa que las dos escalas nunca fueron antitéticas en realidad. Mientras el dualismo haya de ser una lógica creativa siempre llegará o al compromiso o al escapismo. Nuestra tarea es movemos desde el dualismo al pluralismo y de allí avanzar a una filosofía de la coexistencia. Mi filosofía de la coexistencia empezó aquí; sus raíces están en la filosofía hindú del absoluto nodualismo que puede ser rastreado hasta el filósofo Vedanda Nagarjuna y el concepto budista Mahayana del vacío. Esta es la fuente de mi concepto actual de la simbiosis que empezó a tomar forma por primera vez en fecha tan temprana como en 1959, y desde siempre ha ido creciendo y evolucionando. - LIV-
La ciudad de la simbiosis, un camino de liberación A principios de los 60, junto con Noboru Kawazoe, Masato Otaka, Fumihiko Maki, Kiyofumi Kikutake, Kishoshi Awazu, Kenji Ekuan, Shomei Tomatsu y otros, puse los cimientos del Movimiento Metabolista. Tomamos prestado el término metabolismo de la biología: exactamente igual que los organismos vivos tienen metabolismo, creíamos que las ciudades y la arquitectura crecían y se metabolizaban. El Movimiento Metabolista tocó varios frentes diferentes y aunque es imposible resumirlo en una palabra, es justo decir que el tema de la simbiosis del pasado, el presente y el futuro, de los seres humanos y la tecnología -en otras palabras, los temas de diacronidad y sincronidaderan centrales. También en el núcleo del Metabolismo estaba la tradición del pensamiento oriental. En ese tiempo recuerdo haber leído con gran interés Las maneras de pensar de los pueblos de Oriente de Hajime Nakamura. El trabajo traza la evolución del budismo tal como fue transmitido desde la India, su tierra de origen, al Tibet, Tailandia, China, K orea y finalmente Japón. Investiga la manera en que las escrituras budistas fueron traducidas del sánscrito y el pali a otras lenguas asiáticas y explora los cambios que tuvieron lugar en el budismo a medida que se encontró con otros pueblos y culturas. Su libro tuvo una gran influencia sobre mí, y a través de él me dirigí a otras fuentes de estimulación: el período Edo del filósofo japonés Miura Baien, por ejemplo, y la corriente del pensamiento budista Sólo Consciencia, que es una de las bases de la filosofía budista del Mahayana. El libro me hizo ser consciente de la rica y única cultura de la India, el Tibet, Tailandia, China, Korea y Japón, sobre las cuales no había tenido pr eviamente una idea clara. Marcó también los principios de mi compromiso con la filosofía budista, con la que había tomado contacto en la escuela en mi adolescencia. Asistí al Tokai Gakuen en Nagoya, que está afiliado con el Jodo o Tierra Pura, secta del budismo japonés. Esta Escuela fue establecida en el período Edo e incluso hoy día la mayoría de los maestros son monjes. El Director de la escuela cuando asistí era Benkyo Shiio, que a su vez era la cabeza del gran complejo de templos Zojoji en Shiba, Tokio. Sus lecciones durante más de seis años tuvieron una profunda influencia sobre mi forma de pensar. Sólo recientemente supe que el término simbiosis había sido acuñado por Shiio en 1923. El inició una Fundación para la Simbiosis (Zaidan Hojin Kyosei Kai), que publicó versos religiosos y un manual acerca de la simbiosis. En aquellos trabajos encontramos: Tomamos la verdad de la coexistencia como nuestra guía y nos concentramos en la comprensión de la Tierra Pura, tanto por lo afilado como por lo embotado, lo fuerte y lo débil, mano a mano. Nadie existe al margen de los pensamientos de aquellos que tiene a su entorno. Todo llega a existir a través de una concurrencia de causas. Todas las cosas están interrelacionadas. De acuerdo con este principio, nuestro objetivo es construir un mundo ideal, paso a paso. - LV55 ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672
Esta es la verdadera enseñanza de la simbiosis. En el budismo de la simbiosis de Shiio, él lee los caracteres kyosei como «viviendo juntos», o coexistencia. En la base de su filosofía está la convicción de que toda existencia no solamente vive sino que al mismo tiempo se le está dando vida por el resto de las existencias. Las substancias inorgánicas tales como los minerales son cruciales para la vida humana; aunque sólo falte un mineral vital no podemos sobrevivir. Los seres humanos viven y se mantienen vivos a través de su coexistencia con los animales, las plantas y los minerales. Shiio llama a esta visión, esencialmente budista, de la vida, «vida verdadera». En el budismo se dice que el sufrimiento humano está causado por dos cosas: el ansia y la ignorancia. El ansia es el apego a las cosas y las decepciones que surgen de ese apego. La ignorancia significa el no saber lo que es nuestro universo, lo que somos nosotros mismos. Cuando piensas que estás viviendo enteramente por ti mismo, empiezas a agarrarte a tu propia vida y a temer la muerte, en otras palabras, aflora la ansiedad. La actitud arrogante de que uno conoce todo lo que hay que conocer se basa en la ignorancia. El escapar de esas dos clases de sufrimiento se llama liberación y ese escape consiste en agarrarse y vivir en el concepto de la simbiosis. Este budismo de la simbiosis ha ejercido una fuerte influencia sobre mí. Pero no he escrito este libro como una especie de manifestación religiosa. Lo escribí para sugerir un nuevo principio 56 de orden general, que abarca todos los campos: gobierno, ciencia, filosofía, arte y cultura. Menciono la arquitectura de vez en cuando porque resulta que soy arquitecto. Pero la era en la que debemos aprender a pensar de una manera que trascienda todas las divisiones entre campos diferentes de especialización está amaneciendo. Mi esperanza es que este libro lo leerán especialistas de una amplia variedad de campos y gente de una amplia variedad de creencias y valores.© - LVI -