scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 1890 a 1891

Giles y Rubio, José, (1850-1912)

Full text

/ 'Universidad JiIteí^aria de K^viedo. LEÍDO EN LA SOLEMNE APERTURA DEL CUÍÍSO ACADÉMICO DE 1890 Á 1891 POR EL DOCTOR D. JOSÉ GILES Y RUBIO, CATEDRÁTICO NUMERARIO LITERATURA GENERAL Y ESPAÑOLA. 0\’IED(): ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE VICENTE BRID, Canóniga, i8.—Teléfono, iii. ^ 890 ofei O penséis que hay en ello alarde de modestia, si al dirigiros la palabra desde este sitio, comienzo por I confesaros cuán grande es mi temor y cuánta mi desconfianza al dar cumplimiento á la obligación ^ que el Reglamento me impone; pues, creyéndome in- ^ digno de merecer el puesto de honor que me designáis, comparo, con harto pesar mío, lo mucho que podéis exigirme al elevar mi voz en nombre de tan docto Cláustro, con lo poco que podrá ofreceros quien no cuenta ^ con otro apoyo que vuestra benevolencia, agotable al fin, ante la escasez de mis merecimientos . Ley dura la que me obliga en la ocasión presente á esta franca cuanto justa declaración; mas no tan dura que me impida tomar parte en vuestro regocijo, en este solemne día en que la Universidad se engala para honrar á sus hijos predilectos; en que aquí congregados podemos apreciar el fruto de nuestra labor pasada y tomar nuevo aliento con que emprender la veni¬ dera, y en que maestros y discípulos, estrechando cada vez - 4 — más el lazo que nos une, damos una prueba evidente de no haber echado en olvido aquel sano principio, preconizado por Platón en su admirable filosofía, y sin el cual fuera esté¬ ril todo esfuerzo en materia de enseñanzas . Pero en medio de este júbilo que me rodea, cuando veo la alegría reflejada en todos los semblantes, y en ella á un tiempo confundidos los dejos de la obligación satisfecha y el anhelo de nuevas conquistas, siento que un pi'ofundo díolor se apodera de mi espíritu, dolor que nace de reciente y aun no cicatrizada herida, y en momento tan solemne trae á la memoria el re¬ cuerdo de aquel ser que fué para mi todo ternura, á quien debo, al par que la existencia, la fe en Dios y en el trabajo, únicas virtudes de que puedo ufanarme, del ser cuya pér¬ dida ha dejado en mi alma el más inmenso de los vacíos... ! Y ¿qué hilo misterioso habrá de conducirme , sin tran¬ sición violenta, desde estas tristes regiones en que me ponen mis recuerdos, á aquellas más alegres y regocijadas, que en estilos llenos de donaires, acertaron á pintarnos los Queve¬ dos, los Lunas y Espineles? ¿Cómo hablaros de la novela picaresca , tema objeto del presente estudio, sin que el pen¬ samiento, purificado por el dolor, no rompa con picaros y truhanes y se rebele contra el arte , que allá en tiempos de gloria para España , halló motivos de inspiración en lo más ruin y bajo de la vida? Sin duda que la de tales héroes no es el camino más seguro para llegar á la perfección, pero hay tanto aprovechable en aquellas aventuras, son tan claras sus enseñanzas, tan profundas sus filosofías, y se hallan tan maravillosamente y con tanta verdad pintados el sufrimiento, la abnegación y el sacrificio, que si una vez recorrido el in¬ trincado laberinto de episodios, propios de un arte que esbo¬ zaba el género, tratamos de exprimirles el jugo, sentimos caer en el ánimo gotas de resignación que lo fortifican, tem¬ plándolo y disponiéndolo para los rudos golpes con que nos amaga la existencia. Y he aquí por qué, limo. Sr., cuando tenía la honra de ser designado para inaugurar las tareas de este curso aca¬ démico, no vacilaba en dar la preferencia á un género de literatura, tan popular en otro tiempo, cuanto poco leído en el presente , tan traído y llevado de propios y extraños, sin que todos hayan tenido la paciencia de analizarle, excepción hecha de algunas de sus más conocidas obras , y sobre el cual, como sobre otros muchos puntos de nuestra historia literaria , aún se deja sentir la necesidad de una labor más seria y detenida. Mas no creáis que pretendo ahora llenar 5 - ese vacío: pues ni el plazo de que dispongo me permite alle¬ gar los materiales necesarios, ni la índole de este trabajo lo consiente , ni acaso lo consiguiera mi deseo . Antes bien, veré cumplido mi propósito, si logro presentar en breve cuadro el camino recorrido por el ingenio español en este género de novela ; que fuera vano empeño obstinarme en mantener esta tribuna á la altura en que ha brillado en años anteriores , y no hallárais disculpa á mi osadía , si fiando el éxito de tan modesto trabajo á la elección del tema, creyera haber dado con uno capaz de llenar el más insignificante hueco en la sólida y bien labrada fábrica de vuestra obserción . Seguro , pues , de que no habréis de exigirme más de aquello á que me obligo , y alentado por la confianza que el auditorio me inspira, paso á ocuparme en el Origen y des¬ arrollo de la novela picaresca , no sin que antes vuelva á su¬ plicaros la benevolencia de que tanto necesito. \ I. g u ÁN propio es el nombre de historias con que los antiguos designaron aquellas especies de libros destinados á servir <^de mero entretenimiento , j á los que Otras edades más cultas , pero con menos propiedad , han dado el de romances y novelas ! Ellos , apesar de haber sido engendrados por la fantasía , lograron encerrar en sus páginas mayor cantidad de verdad que la historia misma , siendo cosa averiguada, que quien aspire á poseer la clave de pasados siglos y vivir la vida que vivieron nuestros mayores, habrá de preferir¬ los con ventaja á la más desnuda relación de la crónica. (1) Y es que no pudiendo la ciencia prescindir de su carácter reflexivo, ni apartarse de la lógica, ni separarse de la razón, tendrá que detenerse siempre allí donde penetran las intui¬ ciones del arte, impulsadas por divino aliento , j descubren y hacen visibles los impalpables átomos que informan la realidad . Por eso hasta en aquella literatura caballeresca, que hoy nos parece tan absurda y monstruosa, hallamos descifrado el enigma de su tiempo . También ella obedeció, en cierto modo , al principio de imitación de la naturaleza, proclamado por Aristóteles y más tarde por Batteux; porque el universo poético del Estagirita se extéridia mucho más allá del universo visible; tenía por límites lo infinito ; (2) y no hay causa que justifique la exclusión de tan vasto campo , de un género de ficciones , que por absurdo que ho 3 ¡^ parezca , na¬ ció al calor de una atmósfera saturada de hechos estupen- (1) «... Por esto la poesía es cosa más filosófica y más grave que la historia, pues la poesía habla con preferencia de lo general y la historia de lo particular. — Aristóteles . — Poética, IX, § I. (2) Memorias de la Academia Española .—Año 1, tomo 1, pág, 340. — 8 — dos. Pero cuando poco á poco fueron desapareciendo las costunibres feudales : cuando la lucha se hizo menos perso¬ nal , j dio espacio á la vida de paz y de familia, y la luz del Renacimiento comenzó á inundar los antros de la inteli¬ gencia , aquel modo de arte dejó ya de ajustarse al princi¬ pio aristotélico , abandonó el camino de la naturaleza , para entregarse á frias imitaciones de la espontaneidad anterior; y como la espontaneidad , ni se aprende , ni se falsifica , de aquí el sin número de libros de imposible lectura en nuestro tiempo, aún para los que tenemos la obligación de estudiar¬ los , y aptos solo en el suyo para sorber el seso á gentes tan inofensivas como el bueno de Quijada . Menester era que una de esas reacciones tan frecuentes en la vida del arte, llevara á cabo en este género la trasformación que los dernás experimentaban, dotándolo á su vez de más ricos y va¬ riados elementos . Pocos eran, en verdad , los que en este punto podían ofrecer al Renacimiento las literaturas clási¬ cas ; pues aparte , como es sabido , de los trabajos de Lu¬ ciano , Petronioy Apuleyo , de Jámblico y Pleliodoro, de Aquiles Tacio y Dión Crisóstomo , juntamente con los de Jenofonte de Efeso , Aristenetes , Alcifrone , Longo y Gari¬ tón de Afrodisia, apenas si griegos y latinos nos dejaron otros modelos que imitar, ya por falta de cultivo, ó bien por haber perecido en el estrago de los tiempos . No obstante, estas reminiscencias del mundo antiguo, con otras de las literaturas orientales y de la musa provenzal, bastaron para orientar al genio , y lanzado poinuevos derroteros el del íiiitov de 11 Decamerone, (1) y seguido éste, más ó menos de cerca, por Ohaucer, en sus Canforherij-Tales; por Franco Sachetti, en sus Trecente novelle; por Ser Giovane Florentino, en siy Pecorone^ y por tantos otros como so lo propusieron por modelo, quedaba establecida en Europa una forma de novela más breve, más legible y más huiníina (pie los libros de caballería, aunque no tan pura y transparente como la que nos había dado á conocer los espirituales amores de Ar¬ tuses y Oliveros. Difícil es hallar en el carácter complejo que el Renacimiento nos ofrece, el principio de unidad que preside siempre en las grandes épocas de la historia. Cierto que el espíritu helénico revivía en la humanidad, no para (1) « Ma la novella di ventó vera opera d’ arte, solamente nel secolo decimo-qmuHo, passando per le mani d’ un uomo di genio, del Certaldese GioBoccaccio » etc.— Angklo de Gubernatis.- Storia Unieersale delta Letteratum. — Vol. IX, V. - 9 - retrotraerla á los siglos de Augusto ó Feríeles , sino para impulsarla al logro de más altos ideales ; pero cierto tam¬ bién que aceptado aquél en todos sus accidentes, por una sociedad cuyos refinamientos podían, conforme á los mayo¬ res adelantos, tomar la delantera á los antiguos, se daba entrada á exagerados cultos de la forma, á inútiles disputas bizantinas, _y á toda clase de libertades, sutilezas y amane¬ ramientos. De aquí, por lo tocante al arte, la peregrina idea que asalté á los ingenios italianos, y después á los do todos los países , de disfrazar bajo el pellico del pastor la prosa de sus vulgares aventuras. Yo transigiera de buen grado con todas esas arcadias que imaginaron Sannázaros y Guarinis y quintaesenciaron españoles y franceses, si, como indica un escritor contemporáneo, (1) q\ hiicolismo^ é rusticismo ^ que él diría, representara siempre el anhelo de una vida sencilla y apacible y el sentimiento purísimo que suele despertar en el alma el sublime éspectáculo de la naturaleza; pero si tales rasgos encontramos en algunos, muy contados, poetas del Renacimiento, quizá más que en ninguno en nuestro Gai'- cilaso, nada tan distante de las siracusanas playas descritas por Teócrito, y hasta de los fingidos , pero bien ataviados pastores virgilianos, que aquellas insulsas pastorales donde el principal interés estribaba en la verdad que encubrían, donde el pensamiento se quebraba de puro sutil y la frase se pulía conforme al gusto refinado de sus lectores.- Reservado estaba á nuestra nación el dar con un género de ficciones, sino tan original en la forma como ordinaria¬ mente se ha supuesto, el más real y verosímil, y el más es¬ pañol , sin duda, de cuantos por entonces se cultivaron. Y digo el más español, porque al ponerlo en parangón con el arte que inmortalizaron Lópe y Tirso, Calderón y Moreto, todavía descubro en éste, con ser tan popular y propioyle su época, algo de convencional en la forma , de anacrónico en el fondo y de abultado en el conjunto, cualidades que, si lo elevan á las regiones de lo majestuoso, lo alejan , en parte, de la España verdadera de los siglos xvi y xvii; al paso que en la novela picaresca ^ escrita con cierto descuido y menos pretensiones , conforme todo á su más humilde abolengo y, á no haber cifrado en ella sus autores la propia gloria, pare¬ ce como que se sorprende el espíritii de aquellos siglos en que ya se iniciaba nuestra decadencia, al igual que el ro- (1) Mr. Martha. —Lapoésie rastique . - IG — mediante el cual se había dado vida á semejantes perso¬ najes. (1) Ni fue la corrupción de costumbres patrimonio exclu¬ sivo de los siglos XVI y xvn, ni puede señalarse lo bajo del nivel moral durante aquel periodo , como causa y principal origen de la novela picaresca . Práctica lia sido entre los es¬ critores extranjeros , en desquite quizá de los descalabros habidos allá por los años en que España dictaba lej^es á las demás naciones de Europa, presentar á nuestros grandes hombres del siglo xvi como especies monstruosas que atentas sólo á la consecución de sus fines , no retrocedieron ante las mayores perfidias. (2) Por fortuna, una crítica más cercana á nosotros , y , por tanto , más libre de sugestiones patrióticas y exagerados romanticiinos , y, lo que es^ más importante todavía, con seguros datos, nos va haciendo justicia en este , como en otros muchos puntos , en aquellos países en que hasta ahora había permanecido ignorado el nuestro. No pretendo en la ocasión presente vindicar la me¬ moria de aquella edad , de oro para nuestras armas y nues¬ tras letras, de cuantas acusaciones se le han dirigido. Basta á mi propósito consignar , que existiendo de siglos anterio¬ res el rebajamiento moral á que se-alude, y que habiendo sido tomado en cuenta en todo tiempo por la parte de nues¬ tra literatura que abandonó el campo de la ficción para ins¬ pirarse en la realidad, la 7ioveIa picaresca^ al reproducir más adelante los vicios propios de la sociedad en que aparecía, no hizo otra cosa que continuar la tradición ya comenzada, si bien con las variantes consiguientes al cambio en las cos¬ tumbres y á los adelantes del arte . Indicadas quedan , al hablar de la sátira , las corrientes de corrupción que soca¬ vando la sociedad española de los siglos xiv y xv , se abrie¬ ron paso hasta llegar al xvi ; pero si todavía creyéramos (1) Vease E. Chassks , en su obi’a La comedie en Fraiice au sehieme siécle j pág. IGl y siguientes. (2) «Les hommes les plus illustres de cette póriode sont souillés par des traits de períidie qu’on ne pourrait-comparer á ceux d’ aueune autre histoire. Le grand capitaine Gonzalve de Cordoue, Pierre Navarro, le duc de Toléde, Antonio de Leva, et les plus illustres Castillans qui servaient sous Ferdinar,d-le-Catliolique ou Charles-Quint, se firent un jeu de leur parole et des sermens les plus sacres; tantd’ accusations d’ assassinats etd’empoisonnemens pesent sur eux, qu’ en suspendan! notre croyance sur cliacune, leur ensemble n ’ en souille pas inoins la rnémoire de ces prétendus grands hommes.» —SiMONDE de Sismondi, De la littóraturc da niidi de V Encope.— Troisiéme edition, t. III, pág. 275. - 17 — exageradas aquellas pinturas , bastará fijar nuestra atención en los oradores y moralistas de aquel periodo, para conven¬ cernos de que no existe una línea divisoria que nos permita llevar las virtudes del lado allá de la España de Isabel y Fernando, y relegar á la de los Austrias los pecados y los vicios. No otra prueba se desprende de los esfuerzos con que insignes dominicanos, tales como Nicolás de Valladolid, Bernardo de Armengol, Domingo de Agramunt, Alfonso Hispano., Guillermo de Anglés y tantos otros, lucharon contra las tendencias de su siglo; llenas están de rasgos que confirman nuestra afirmación , las obras de un Jacobo de Venavente, de un Pedro Gómez de Albornoz, de un Fray Juan García y de un Pedro de Luna; sin que se echen de menos, al llegar la centuria siguiente, en las de un Alfonso de Cartagena, un Pedro Martín, un Lópe Ferrández , un Alfonso de,San Cristóbal y un Hernándo de Talavera. Igual resultado se obtiene con la lectura de las crónicas, no faltan¬ do escritores de otro género , en cuyos chistes y perogru¬ lladas se trasluce cierto fondo de indiferencia'y excepticismo , (1) ni españoles perseguidos por la Inquisición , quie¬ nes al hallar seguro asilo en el extranjero , y libres ya del temor que las hogueras les infundían, dejaban, como el pro¬ testante ITsoz en su Cancionero de hurlas provocantes á risa^ (2) la más acabada muestra del estado de corrupción á que habían llegado las costumbres. Hasta aquel espíritu aven¬ turero , tan frecuente en la España de Carlos V, contaba con legítimos precedentes en los reinados anteriores. Basta ho¬ jear las relaciones de viajes , las crónicas y cancioneros del siglo XV, para ver cómo la tendencia hacia lo desconocido y el afán de lo imprevisto, iban ganando cada vez más terreno en la mente de los españoles . Ya sean las extravagantes aventuras que nos refiere Gámez en El victorial de Caballe¬ ros^ 3 'a las curiosas descripciones con que nos entretiene Clavijo en su Vida del Tamorlán^ ó ya los mil episodios de que están llenas las de un Rodríguez de la Cámara , de un (1) Véase la Profecía de Eoangelista y el Privilegio de don Juan II en favor de un hidalgo, recientemente publicados por el Sr. Paz y Melia en sus Sales españolas. —Mayo , 1890. (2) Debo el conocimiento de esta obra, impresa en Londres hacia fines del siglo XV, y más adelante reproducida en España, á la amabilidad y exqui¬ sita galantería de nuestro sabio y elegantísimo escritor el Excmo. Sr. D. Juan Valera. —Reciba en estas lineas la más viva expresión de mi consideración y afecto. — 18 — Fernández de Gerena, de un Juan Poeta, apellidado el truhán entre sus contemporáneos, y de otros muchos, cuyos rasgos nos presentan idénticos caracteres, siempre hallare¬ mos confirmada aquella tendencia , que al llegar á su mayor apogeo durante el siglo xvi, vino á dar ocasión á la novela en que me ocupo . Pudo el oro de América, si no empeorar, contribuir al rebajamiento moral de las costumbres ; (1) pu¬ dieron las guerras de los Austrias empobrecernos hasta el punto de tener que mendigar el pan extranjero, y pudo tam¬ bién nuestro orgullo y falta de hábitos de trabajo conducir á nuestra nación desde la cumbre de su poder á su completa ruina; (2) pero al hacerse intérprete la novela picaresca de cuantas calamidades y lacerias nos afligían, al atacar la so¬ ciedad por su lado vulnerable, descubriendo en ella los vicios que debían corroerla y dar en tierra con su esplendor, lejos de representar, como se ha supuesto , un signo de decaden¬ cia, así en el orden moral como en el literario, viene, por el contrario, á revelarnos toda la energía y vitalidad propias del periodo en que aparece ; no siendo difícil hallar el paren¬ tesco que media entre aquella raza áQpicaros^ en los cuales siquiera sea para el mal, hay que reconocer fortaleza de ca¬ rácter , y aquella otra d “As no menos aventureros, quienes puestos al servicio de mejor causa, acudían ganosos de gloria á los campos de Italia y Flandes , ó iban allende los mares en demanda de nuevos mundos donde hacer impe¬ recedero el nombre de España. Ni fué tampoco desconocida la forma autobiográfica que adoptó esta novela, y que constituye, como queda indicado, uno de sus más esenciales caracteres . Empleada ya por Petronio y Apuleyo , recibía la sanción de Dante , al llegar la Edad Media, y de ella hacían uso en nuestra patria el Arcipresta de Hita, Imperial y sus discípulos. Mena, Santillana, Burgos , Gómez Manrique y el Cartujano, con cuantos culti¬ vadores del arte alegórico siguieron en España las huellas del cantor de Beatriz. No considero de fecha anterior á la aparición del Lazarillo del Tormes ninguno de los romances picarescos en que se describen episodios de la vida de este (1) Ticknor. — Historu of Spanish literatare .—Traducción de Gayangos Y Vedia.— Tomo III, pág. 294.' r ‘‘Unepartie considérable déla populatiónlutte habituellement en Gastille centre le faim, et ne songe jamais á s’ y soustraire par le travaill. etc.» bisMONDi.— De la Uttérature du mtdi de V Etirope .—Tome IV, pág. 88. — 19 — personaje, (1) ni creo exista fuera de la realidad otra fuente á que poder referir el carácter del protag'onista de dicha obra. Pero hay una, escrita hacia 1460, en la que, como ya observaba el sabio y diligente Milá y Fontanals, (2) se per¬ cibe la traza y disposición de la novela picaresca. Me refiero al Libre de conqells ó de Les dones, (3) que escribió en su propio dialecto , y en una forma de versos que recibió el nombre de Gudolada, el valenciano Jaume Roig, médico de D.'" María, esposa de Alfonso V de Aragón , y cuyo ingenio, facilidad, copia de erudición y agudeza, según Jimeno, (4) le colocaron en la clase de los primeros y más celebrados poetas de su siglo. Propúsose precaver á los jóvenes incautos de los escollos de la mocedad y atraerlos dulcemente á la devoción de María. Echó mano para ello de la sátirá más despiadada que en autor se lia visto , é inspirándose en la Reprobación del amor mundano y en cuantas obras tenían por fuente Ll Corvado, descargó sus iras contra las mujeres livianas, tra¬ zando un cuadro de tan subidos colores, que deja muy atrás, en algunos de sus pasajes, á los que le sirvieron de modelo. (1) El erudito catedrático Sr. Sánchez Moguel, en el prólogo á la edición del Lazarillo , que publicó la Biblioteca de la Correspondencia, en Octubre de 1885 , reíirióndose á la semejanza que existe entre uno de los episódios de la novela, y el que describe Sebastián de Horozco en su Representación de la Historia ecangólica del capitulo nono de Sane Joan, donde también figuran El ciego á nátioitato y Lazarillo su criado, — dice : «Ya sea anterior la novela á la Representación, ó esta á aquella, ora se funde la primera en la segunda ó viceversaj ó ya , por último , una y otra en obras precedentes aun no conoci¬ das, de todos modos resulta evidente la popularidad del ciego y su criado bautizado ya con nombre que ha quedado como vulgar y propio de criados de todos los ciegos.» Según dejo indicado en el texto , me inclino á creer que la novela procediii á la Representación. (2) « El ejemplo do los cómicos latinos (al cual debió quizás tanto como á la observación de costumbres contemporáneas la tan admirable como repug¬ nante Celestina), el de la novela italiana, y, según creemos , alguna invención de nuestra propia casa, promovieron la nóvela picaresca, no por esto menos original, ... etc. » Oración inagural, leida ante el Claustro de la Universidad de Barcelona en la apertura del curso de 1865 á 1866. (8) El titulo de esta obra, en la edición más antigua que se conoce , que es la de 1531, es como sigue : Libre de Conqells, fet per lo Magiüfich Mestre Jaume Roig , los quals son molt profitosos g scdutables aixi pera l regimen y ordre de viure, cotn pera augmentar ^a devocio a la Puritat y Concepció de la Sacraiissima Ver ge María . — Jimeno da noticia de las ediciones siguientes: Valencia, 1531 y 1532, por Francisco Díaz Romano, en 4.°—Valencia, Juan Arcos, 15(}1 y Í5G2, en 8. * — Barcelona, 15()1, en 4. •— Valencia, por Joseph García, 1735, en 4 ."—Cítanse además dos traducciones castellanas. Me sirvo de la edición de 18()G, heclia en Barcelona por France.sch Relay Briz, y que en nada aven taja,á las antiguas. (4) Escritores del reino de Valencia. — 20 — Mas, al realizar el poeta el fin que se proponía, y aparte de la eficacia del medio empleado para conseguirlo, fué des¬ arrollando en la autobiografía de su héroe , sin siquiera sos¬ pecharlo , una historia de aventuras tan parecida á la de los Í iicaros, que bien pudo servir de molde a las que más adeante se fundieron. Hé aquí ahora, en prueba de esta afir¬ mación , el asunto de semejante libro , si bien expuesto con la brevedad que el tiempo exige, y sólo bajo el punto de vista que toca á mi propósito. Tras un largo 'prejaci^ donde Roig invoca á Deu Creador y aconseja á su hijo Baltasar, comienza su relación el héroe (1) dándonos cuenta de su infancia y del mal ejemplo que de sus padres recibiera, con igual desenfado que lo hicieron Pablos, Guzmán y Lazarillo. Viuda su madre , lo arroja de la casa paterna en términos en que no se hubiera expresado la misma Aldonza Saturno de Rebollo , con haber paseado plumas por Segovia^ (2) y, pobre y enfermo, entra en el hospital de Glapés^ donde las hospitaleras, al verle sin blan¬ ca , le tratan á cuerpo de perro . Pasada la terciana , y dis¬ puesto á correr mundos, se dirige á Catalunya. Allí un cavaller gran vandoler d’antich Ilinatge le pres per patge, y á SU servicio aprende los oficios de la nobleza ; hasta que, (1) El mismo Roig; pero no es el poeta, como algunos han creido. (2) «...Ata guisa ves hon te mulles , cerca hon te vulles, de huy mes ta sopa, esta nit gopa, demá camina á la broguina, é si no ’t plau , bergant al Grau te podras fer, ó lanterner de Cap de guaytes , ó si t’ afaytes ser bon barber, á ton placer cantant cangons, ballant als.fons de les tisores tots jorns dos hores prou guanyarás, ó si volrás Libre de Congells la autobiografía del esser obrer de tintorer, dos sous é nou haurás per sou , ó si troter, puix escuder esser volies, també viuries^ pensa esta nit ton bon partit, no ’t puch teñir, ves á seguir; taula, m Hit te tinch per dit, compte no 'n faces qu’ en mi trobases; peus é mans tens, guányat prou bens, cerca ventura. » Libre primer, part I . — 21 - enemistado con la esposa del cavallei\ parte en un laut de Viscains^ deseoso de volver al lado de su desnaturalizada madre , á quien encuentra casada de nuevo , si bien íeu matrimoni ó esponsalles, sens encartalles ni capellá, y le recibe de este modo: Mesquí, á ton despit jo tinch marit, cer pus honrat que no 1 ’ orat del pare teu, de major preu é pus valen t: vésten dolent. Con tan amargo desengaño, acógese á un antiguo amigo de su difunto j)adre , comerciante acaudalado y virtuoso , en cuya compañía se substrae por algún tiempo de los rigores dé la suerte. Más tarde se encamina per Tarragona á Barce¬ lona^ de aquí á Montserrat y á Beses , y, por último, á Sanct Denis y á París; no faltando en este largo viaje alguna esce¬ na propia de mesóny aunque de carácter menos regocijado que las que hallamos en las novelas picarescas. (1) Ardía en Francia la guerra contra ingleses, y en ella toma parte como uno de tantos aventureros , sin que el ejercicio de la milicia le impida probar fortuna en otro género de empresas : En lo Jaiier una polida, galant, ardida, gentil burguesa flor de bellesa de tot París, le íeu saber son bon voler, lo grat é alt ab prou desalt del séu burges. Acude el galán á la cita; mas no puede satisfacer sus deseos « Junt al hostal prop lo portal trobi la nosta prou ben composta » . .. etc. Libre I, pan II. ( 1 ) ^ 22 — porque , al administrar la hurgesa cierto brebaje al hurges^ con el propósito de hacerle dormir toda la noche , cargó tanto la mano , que se le quedó entre las suyas ; ocasionan¬ do esto el escándalo consiguiente, y dando lugar á la inter¬ vención del Parlamento . (!) En aquel mismo año obsequia con un banquete á sus camaradas, figurando en el menu^ que tan prolijamente describe el poeta, ciertos pasteles , seme¬ jantes por su confección , aunque con agravantes circunstan¬ cias, á la tortilla y asadura que los dueños de sendas ventas presentaron á Guzmán de Alfarache . (1) Con algunos bie¬ nes, producto de sus campañas , y al cumplir los treinta y dos años, vuelve á su ciudad natal, y contrae matrimonio con una doncella bona é bella, ben endregada y molt lieretada . Pero bien pronto descubre ésta la ruindad de su condición, al través de sus muchas hipocresías; pues, aparte de que nunca íllava, ni dins deis guans treya les mans, y de que porcell gruyen (, tota la nit era ' n lo Hit, ponía en uso otras prácticas mucho más peligrosas para la paz conyugal. Y menos sufrido nuestro héroe que Guzmán y Lazarillo, consigue al fin que, una vez probadas las per¬ fidias de su esposa , se declare la nulidad del matrimonio. En cumplimiento de cierto voto, se dirigió en peregrinación á 8ant Jauine; refiriendo, con motivo de esta jornada, escenas como la de Bequena ., la Calcada , Olit , Saragoqa , Terol y Segorl). Vuelto á su patria , y por consejos de un capellán, (1) «Enunpastis capolat irit d ’ hom cap de dit bi foncli trobat: fonch mólt torbat qui ’ 1 conegué regónegué que hi trobaria mes, hí liavía un cap d ’ orella carn de bedelía creyen mentjassen ans que hi trobassen d’ unglal pelit tros mig partit, tots lo miram, é arbitran carn d' hom cert era; .. etc. Libre I ,part III. - 23 — se casa con una dama viuda, quien pasa de esta vida, vícti¬ ma de su empeño por conseguir lo que la naturaleza le había negado. Y desposado nuevamente con una chiqueta que había sido criada en un monestir , halla ocasión para mal decir de monjes^ no perdonando en su saña contra las mujeres ni á las que se acogen en tan sagrado recinto . Al llegar á este punto y cuando, viudo de su tercera esposa, aún abriga el temor de la reincidencia , oye en sueños la voz de Salomón, que en una serie interminable de conqells, pasaje de donde la obra toma el titulo , le da ú conocer las maldades y enga¬ ños de que las hembras son capaces; confirma su doctrina con ejemplos sacados de la historia , la tradición y las cos¬ tumbres, y, haciendo resaltar las virtudes de las mujeres de la Biblia, presenta como único tipo de inmaculada pureza Aquella que, entre cent m^7, es la jpus Tiumil. Y pues les dones totes .son glotes mes que la mar, foch de cremar, i foch de ci’emar, térra del ros^ d^ infern chaos no son pus glots, jamás debe olvidar que • Eva ^ 1 reves en Ave gira , y que sólo en la oración consagrada á María puede hallar consuelo á sus muchas tribulaciones . Con tan autorizados consejos , el héroe cambia de rumbo , jurando no volver á tomar esposa, y ajustar sus actos á los preceptos de la moral más austera. rara ello se encamina á la Cartoixa^ dónde, examinada su conciencia por el Prior, cumple la penitencia que se le impone. Y después de visitar Sáneles Creus, Pohlet , Monserrat , Valhona y Valí de Crist , j fortificar su es¬ píritu con el espectáculo de la vida contemplativa que los monjes hacían, arregla la suya de tal modo, que, tomando á su servicio las personas indispensables , (1) y consagrado á las prácticas de la religión, logra, cuando á la sazón contaba (1) « Sois un cambrer, un escuder , é comprador coch, pastador, tres me serveixen é may me deixen, son sou los pague é ’ Is afalague.» Libre IV, part II. — 24 - noventa y cinco ó cien años (1) recuperar el tiempo mal f astado durante su juventud . Y arrepintiéndose, de hon cor el fals dit á que pudo arrastrarle la musa, nos advierte, no sin cierto gracejo , que ... no es tan brau, fer, ni felló cert lo Ileo com pintat par; á invocando á la Santísima. Trinidad , cierra por fin el cua¬ dro de tan extrañas aventuras. Tales, pues, el asunto de esta obra, en la que ya, como vemos , se bosquejaba el plan de la novela picaresca^ y tales son también los precedentes con que ésta contaba en el momento de su aparición ; debiendo resumir aquí, para terminar cuanto á sus orígenes se refiere , que las reminis¬ cencias de los escritores clásicos, principalmente de los có¬ micos latinos, el ejemplo de la novela italiana, el de nues¬ tros poetas y prosistas satíricos de los siglos xiv y xv, el de la Celestina y el libro de Conqells^ y, más que todo, el espí¬ ritu de observación que por primera vez penetraba en el campo no explorado de las sociedades modernas, dieron por resultado la existencia en nuestra literatura, de un género tan original y propio, que aiin cultivado con éxito por ex¬ tranjeros como Scarron y Le Sage , nunca llegó á perder el carácter que indicaba su procedencia. (1) Noranta cinch ó cent anys tincli, del cuals cinquanta ó los seixanta deis meus millors penes, dolors in’ han espletat.... etc. » Libre IV, parte //. II. Í AS no hay obra literaria, entre las que inician un géne¬ ro, que muestre ya en sí misma todo aquello de que el género es susceptible, y sólo puede ser resultado de un desarrollo posterior. Conforme con este principio. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus Jortunas y adversidades, im¬ presa en Amberes, en 1553, (1) no presenta sino un ligero esbozo del cuadro de mayor tamayo que más tarde debía ofrecer la novela picaresca . Todavía no ha puesto en claro la crítica la paternidad literaria del hijo de Tomé González y Antonia Pérez, pues si el común sentir lo viene atribuyendo al insigne autor de la Guerra de Granada , no faltan escri¬ tores que le señalen distinta procedencia. (2) Pero , ya per¬ tenezcan á Hurtado de Mendoza, ya á Fr. Juan de Ortega, ó á Sebastián de Horozco, ó bien se adjudique á otro perso¬ naje no conocido , lo que sí puede asegurarse es que seme¬ jante juguete no fué escrito, como ordinariamente se supone, durante la juventud de su autor, sea quienquiera el que lo (1) Don Eustaquio Fernández de Navarrete, en Bosquejo histórico sobre la novela española, cree posible existiese una edición anterior. Los que no damos por seguro que Hurtado de Mendoza sea el verdadero autor del Lazarillo, v que, de serlo, no juzgamos ló escribiera en la época en que se supone, 1520 á 1523, (que sería cuando estudiaba en Salamanca) no hallamos inconveniente en admitir como primera la edición de 1553. (2) « Dicen que siendo estudiante en Salamanca, (habla de Fr. Juan de Ortega) mancebo , como tenía un ingenio tan galán y fresco, hizo aquel libri¬ llo que anda por ahí, llamado Lazarillo de Tormes , mostrando en un sujeto tan humilde la propiedad de la lengua castellana, y el decoro de las personas que introduce con tan singular artificio y donaire, que merece ser leído de los que tienen buen gusto. El indicio desto lué, haberle hallado el borrador en la celda de su propia mano escrito. » Fr. José de Sigüenza, Historia de la orden de San Jerónimo. —Madrid 1605, parte III, pág. 184. - 32 - Tal es, en suma, lo que constituye la trama en la Vida de Guzmán de Alfarache^ sin que nos sea posible detenernos en mil episodios que la avaloran. Pero hay en esta novela un elemento extraño á la fábula, casi ageno al arte que , siendo un defecto, se convierte en motivo de belleza, y que arranca del pensamiento mismo del autor en el momento de concebir su obrar ; «Alguno , (afirma en el prólogo) querrá decir que llevando vueltas las espaldas y la vista contraria , enca¬ mino mi barquilla donde tengo el deseo de tomar puerto; pues doy te mi palabra, que se engaña, y sólo al bien común puse la proa, si de tal bien fuese digno que á ello sirviese.» A este propósito pone en boca de su héroe, á quien supone versado en letras latinas y griegas, una serie de arengas morales, de anécdotas, de cuentos y digresiones de todas especies , que si interrumpen la acción y á veces degeneran en vagas declamaciones , también á veces nos sorprenden con los rasgos de ingenio y con las elegancias de estilo. En cuanto á éste , confirma el dicho de Alonso de Barros cuando aseguraba que el autor de Guzmán de Alfarache no se entremetía^ al escribirlo^ en ajena profesión. (1) Menos ligero yjovialqueel de Lazarillo^ es más vigoroso y enérgico: está sembrado de frases y proverbios vulgares que le pres¬ tan suma viveza y colorido, y rara vez deja de ser la elocu¬ ción fácil, correcta, abundante y armoniosa. Véase, en prueba de ello, este pasaje, donde se aboga por la vida mendicante: « i A cuán derecha regla , recorrido nivel y medio compás , ha dé ajustar¬ se aquel desventurado pretendiente, que por el mundo ha de navegar , espe¬ rando fortuna de mano ajena ! Si ha ae ser buena , qué tarde llega ; si naala qué presto ejecuta ^ por más que sé ajuste , ha de pecar de falso y falto ; si no es bien quisto , todo se le nota ; si habhr, aunque bien , le llaman hablador ; si poco , que es corto; si de cosas altas y delicadas , temerario , que se mete en honduras que no entiende; si de no tales , abatido ; si se humilla , es infa¬ me ; si se levanta, soberbio ; si acomete , desbaratado y loco ; si se reporta, cobarde; si mira, embelesado ; si se compone , hipócrita; si se rie^ incons¬ tante ; si se mesura , saturnino ; si afable , tenido en poco ; si grave , aborre¬ cido ; si justo , cruel: si misericordioso , buey manso. De toda esta desventu¬ ra tienen los pobres carta de guia, siendo señores de si mismos , francos de pecho ni de rama, lejos de emuladores , gozan su vida sin albotacén que se la denuncie, sastre que se la corte ,ni pero que se la muerda.» (2) No puede decirse otro tanto de la Segunda parte del Picaro Guzmán de Alfarache , que bajo el seudónimo de Ma- (1 ) Elogio citado. (2) Parte I, lib. III, cap. V. - 33 - teo Liiján de Sayavedra, 'natural y vecino de Sevilla^ daba á . ¡r j la estampa, en su ciudad natal, y en los primeros años del ' siglo XVII , el valenciano Juan Marti , excelente grainático, ¡ ? buen legista, y de muelia erudición j florido ingenio^ : ■ i segiin lo caliíica el mismo Mateo Alemán, sin que el ver A segada la propia heredad por ajena mano, le lleve á torcer A la rectitud de su juicio. Mas ya tomase Marti los materiales ^ para su obra de las carpetas de Alemán , como éste indica .i 1 en el prólogo á su segundagparte (1) ya fueran parto do su ; [ ingenio, ni su cualidad de gramático consigue acercar su - i : estilo al del Contador de Felipe II , ni su inventiva logra * ' i soldar’los caracteres de tal manera que no se conozca la • 1 juntura que separa al héroe del Turia del héroe del Gua- ' ■ dalquivir . Tomando aquel la narración desde el punto en ’• que éste la interrumpiera , nos refiere sus aventuras en NáA polos, (2) su regreso á Roma y su vuelta á España, (3) todo I en lenguaje fácil _y correcto , aunque no libre de provinciai lismos, é inferior en mucho al del escritor sevillano. Al lie- ¡ gar á esta parte, próximamente la mitad del segundo de los • ' tres libros que componen la obra , el autor se pierde en lar- ' i gas é inútiles digresiones sobre la nobleza de los vizcainos ‘ , (4) y la vanidad de los adivinos y astrólogos, (5) incurrien¬ do, con resortes de tal laya, en el mismo defecto en que ' cayó su modelo, sin que en cambio nos presente ninguna de sus bellezas. No obstanto, haciendo nuestras las palaó br.'is del autor del Bosquejo histórico , podemos afirmar: «que si se suprimen los tres enormes capítulos en (|ue, cortando ■ el hilo de la historia, escribe el impertinente alegato sobre ‘ i la nobleza de los oriundos de Vizcaya, y se hace alguna que y otra escarda, de que no deja de necesitar también Mateo Alemán , resultará de esta segunda parte un libro ingenioso y no del todo desagradable.» Mas ni filé duradera la existencia de este sendo picaro (1 ) « Me aconteció lo que á los perezosos, iiacer las cosas dos veces ; pues por haber sido pródigo comunicando mis papeles y pensamientos , me los co¬ gieron al vuelo : de'íjue viéndome, si decirse puede , robado y defraudado, me fué necesario volver de nuevo al trabajo , buscando caudal con que pagar la deuda , desempeñando mi palabra.» (¡2) Libro 1, cap. V. y sig. ■ ( {3) Lib. II, cap. 111. (4) Lib. cap. VIII . (5) Lil). III, cap. III y sig . en la mente de los españoles , ni pudo el novelista g’ozar por muclio tiempo las ventajas de la suplantación. Ya en 1605 sacaba á luz Mateo Alemán la Segunda parte genuina de la vida de Guzmán de Alfaraehe^ quedando aquella desde entonces relegada al olvido , hasta el punto de ser hoy rarí¬ simos los ejemplares de sus antiguas ediciones. (1) Lo pri¬ mero que sorprende, al considerar la extensión que dió Ale¬ mán á su obra, es cómo las aventuras de wn pica,ro^ sin otro aliciente que sus truhanerías , pueden dar materia suficiente para un libro , que , sumando sus dos partes, resulta el más largo entre todos los de su especie. (2) Y, sin embargo, ninguno más interesante ni ameno, ni que sea tan curioso y entretenido . Enlazando hábilmente esta parte de la fábula con la anterior, 3 ^ en estilo siempre lleno de vistosos reca¬ mos , presenta el autor á su héroe sirviendo al embajador francés, (3) le conduce después á Siena, (4) le hace reco¬ rrer en compañía de Sayavedra las principales ciudades de Italia; (5) una vez vuelto á Esj^aña , le casa en Ma¬ drid, ( 6 ) le pone á estudiar teología en Alcalá de Henares, donde , 3 ^ viudo , le obliga á dejar los manteos para con¬ traer nuevo matrimonio, hasta que, rematado á galeras, por sus delitos cometidos en Sevilla, (7) le lleva á expiar sus culpas , haciendo que él mismo nos refiera los episodios que forman el tejido de tan singular historia. ( 8 ) Sin duda que la vida de Mateo Alemán , desconocida casi en absoluto para sus biógrafos, debió hallarse sembrada de azares y sufri¬ mientos ; pues no es posible describir de aquella manera, sin haber sido actor, ó testigo al menos , de cuantos hechos (1) « Esto libro , :i pesar de las muchas impresiones que de él se hicie¬ ron , es sumamente raro , de modo que ni aun llegó á noticia de don Nicolás Antonio. Se reimprimió en Zanxgoza y en Castilla ; pero yo no he visto más •lue la de Barcelona '. » Fúster, Biblioteca valenciana , t. 1 , pág . 108 . (2) Excede la segunda á la primera en más de una quinta parte . (3) Lib.l , cap. II y sigs. (1) Id., cap. VIII. (5) Lib . II , cap . 1 y sigs . (6) Lib . III, cap . II y sigs . (7 ) Id ., cap . VI y sigs . pn eaesta parte se intercalan algunos cuentos . El que figura capitulo IV del libro I, aunque no de propia cosecha , está escrito con mucha intención y singular donaire . - 35 - se reñeren , ni poder en la fantasía que adivine de tal modo la realidad. Con qué exactitud se dan á conocer las astucias de los venteros , la codicia de los jugadores , la ve¬ nalidad de los jueces y los horrores y miserias de la vida carcelaria! Pintura, esta última, de cuya autenticidad respon¬ den otros escritores contemporáneos, ( 1 ) y donde, para que nada echemos de menos, ni siquiera falta una muestra de la correspondencia usada entre gentes de tal jaez. ( 2 ) ¡Cuánta verdad se respira en aquel periodo de la vida del héroe , en que, casado Guzmán j mercader en Madrid, se prestan él y su suegro mutuo auxilio, trata de obligar con dádivas á su despilfarrada esposa, y sólo piensa en aumentar su hacienda con el producto de la usura y la mohatra! (3) Qué satira tan amarga, y como penetra hasta el corazón mismo de la so¬ ciedad , cual si fuera cuchillo de dos filos , el capítulo en qu(í el protagonista, acompañado de su segunda mujer, sale de Alcalá para hallar en la corte más ancho campo donde explotar su deshonra! (4) Y qué hermosa, por último, la des¬ cripción de la vida de galera , (5) al través de cuyas líneas se percibe da voz del cómitre , el son acompasado del remo, y aquel más triste que parte de la flagelada espalda del ga¬ leote! Sí, existe oculto en el Guzmán de Alfarache^ detrás de sus agudezas, de sus galas de estilo, de sus cuentos, de sus chistes, de sus donaii;es, de su sátira, en fin, festiva, ligera y provocante á risa , una más grave y conmovedora , que, propia sólo de los grandes ingenios , penetra siempre en lo más hondo y pone ante los ojos de la sociedad el cuadro de sus necesidades 3 ^ lacerias, (ó) El mismo año en que apareció este libro, año glorioso para nuestras letras, pues también en él se imprimía la pri¬ mera pjirte del Quijote , dábase á conocer otra novela del yénero lyieareaco ^ compuesta, se dice , por el licenciado Fran¬ cisco López do íb)eda, natural de Iblcdo, nombre bajo el (1 ) El Licenciado Cristóbal de Chaves , Relación de la cárcel de Seoilla. ( 2 ) Veáse la obra del Sr. Salillas , La vida penal en España . Madrid , 1888. ( 3 ) Lib . III ^ cap . II y sigs . . ' (4 ) Id., cap. V . (5 ) Id., cap. Vlll ysíg. (6) Todavia , si hemos de dar crédito á las palabras del autor , añadió Alemán una tercerapatie á su obra; pero ésta, qne sepamos, nunca llego a ver la lu/. publica. — 36 - cual se ocultó , según el unánime parecer de la crítica, el dominico Fr. Andrés Pérez de León, autor de la Vida de San Raimundo de Peñajorte^ de los Sermones de Cuaresma j de otros trabajos de carácter ascético. Basta újar la atención en el título de esta obra, (1) para comprender la novedad que La Picara Justina venía á introducir en el género. Los novelistas anteriores sólo habían juzgado verosímiles den¬ tro del tipo varonil los episodios á que se prestaba el ejer¬ cicio de la picardía; pero el escritor leonés, olvidando que lo que en el hombre suele hallar fácil disculpa, hace dema¬ siado repugnante-el carácter femenino, inaugura, por decir¬ lo así, la era de las picaras^ si bien como manifíesta en el prólogo, nc pretende contar amores al tono del libro de Ce¬ lestina^ y, huyendo de cuanto pertenece á la materia de desJionestidad^ únicamente trata de los hurtos, ardidosos que lleva á cabo su protagonista . Nace de aquí la mayor de las inve¬ rosimilitudes, pues en vano intenta el autor hacer compa¬ tibles en el carácter de su heroina , esos hurtos ardidosos y cuantas malas artes pone en juego en las romerías de Are¬ nillas y Ijeón , con los puntos de Lucrecia con que después lo sazona, ahora haciendo que la hija de Mansilla de las Muías, una vez secuestrada por la Vigornia^ salga ilesa del poder de los estudiantes , (2) ahora salvándola de los inten¬ tos que acometen al barbero BertoL Araujo , en el mesón donde entrambos pernoctaron. (3) (hilcada esta novela-eii la de Mateo Alemán , (4) aunque también revela lecturas del Patraíiuelo, el Lazarillo^ la Tragi-coinedia de Rojas y la Eiifrosina , presenta una tabula tan pobre y desmañada y tan falta de interés, que, por más que el autor nos asegure ha¬ llarse tomada del natural, descubre á la simple vista los caracteres todos de una fría y vulgar imitación . Pero toda- (1 ) Lihro de entretenimiento de la Picara Justina, en el cual, debajo de fjractosos discursos, se encierran ¡trocee liosos avisos . Al fin de cada número verás un discurso que te muestra cómo te has de aprovechar de esta lectura para huir los engaños que hoy dia se usan . Es juntamente arto poétiea, qm contiene cincuenta g una diferencias de vendos, hasta hog nunca recopilados, cuyos notnares g números están á la página siguiente. —Dirip:ida a don Rodrigo Caldcivui ► candela . — Medina del Campo , 1605, por Cristóbal Lasso Vaca. (ií) Parte I, lib . II, cap . II. (3) Parte III, lib. II, cap. III. ‘J®^®^y*inado á sacar á luz este juguete^ que hice, siendo ^ á ratos perdidos , auque algo aumentado des^pués que ■ tallo a hur el hbro del Picaro tan ricihido . » Prólogo al lector. — 37 - vía se inciii']-e en elia en más grave defecto: pues aspirando el novelista á qne el libro pareciera bien á los cuerdos j pru¬ dentes , como indica en el prólogo antes citado , ^ídí en un medio, (dice)^ y fue que después de hacer un largo alarde de las ordinarias vanidades en que una mujer libre se suele distraer desde sus principios, añadí, como por vía de presun¬ ción ó moralidad, al tono de las fábulas de Esopp y geroglíftcos de Agaton , consejos y advertencias útiles , sacadas y hechas á propósito de. lo que se dice y trata .» Unase, á esto un estilo enrevesado y conceptuoso, tan justamente califi¬ cado por Mayans de primer ejemplo de corrupción déla buena prosa castellana, y se verá cuán poco acertado andu¬ vo el buen dominico’al abandonar los oficios propios de su ministerio para entender en asuntos de novelas. Libre de estos defectos mostrábase el fecundo escritor Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo, en su Ingeniosa Elena^ hija de Celestina (1) la primera y más popular de sus obras picarescas^ y con la que inauguraba aquella larga serie de trabajos que sucesivamente fué dando á la estampa desde 1012 hasta 1035. Dotado de un ingenio más abundante que profundo , logra salvarse de los resabios de mal gusto, que ya por entonces invadían á los talentos mediocres, ofrecién¬ donos en esta novela una fábula entretenida, no escasa de interés, llena de sabor de época en alguno de sus•e])isodios y escrita en estilo fácil y correcto . iMas no era el solo autor que llevado del gusto dominante dejaba correr la pluma-por semejantes asuntos, siendo muchas las composiciones que aparecen durante este periodo, aunque no todas puedan ca¬ lificarse de novelas picarescas^ \í\ por no estar. escritas en fo)-ma autobiogi’áficíi, ó ya ])or presentai’ otros caracteres que las separan del gru|)o . A esta clase |)ertenece el Viaje entretenido^ (2) de Agustín de Rojas, autobiografía en que el autor toma el tono de los verdaderos picaros^ y también El Pasajero^ (3) de Cristóbal Snárez de Figueroa, donde, al recordar cierto ventero los tiempos en que anduvo á la briba siendo soldado en el Piamonte., se traza lina novela digna de figurar entre las mejores del género . Observando (1 ) Lérida ,1612. • ( 2 ) Madrid , 1602, Baeiia v don Nicolás Antonio hablan de una edición dp 1583; pero el conde de Scliaclé, en su Historia del arte dramático en España, (t. I, pág. 398) demuestra cumplidamente haber sido aquella la primera. ( 3 ) Madrid , por Luis Sánchez ,1617. -as¬ ios caracteres de éste y alentado por el aplíiuso con que fué recibida su Ingeaiosa Elena ^ reincidía más adelante el mismo Barbadillo, dando á luz El sutil cordohés Pedro de ürde^nalas, (1) y El caballero puntual^ (2) esta última de corte menos picaresco; debiendo mencionarse aquí, aún cuando no revis¬ ta forma autobiográfica, aquel cuadro de tan vivos colores en que el más grande de nuestros ingenios nos di ó á cono¬ cer la picana de Rincón y (lortado , los amores de la Cari¬ harta y Repelido , las guapezas de Cliiquiznaque y Maniferro y las ocultas artes del astuto Monipodio. (3) Consultaba por este tiempo un escritor, ya eptagenario, sobre el mérito de la labor á (^ue había consagrado Tos últi¬ mos años de su vida, y aunque eran favorables los parece¬ res de Luís Tribaldos , Fr. Hortensio Paravesin , el padre Luís de la Cerda, Domingo Ortiz , Lope de Vega y Pedro Mantuano, sólo el temor de verse despojado en absoluto de lo que ya lo había sido en parte, (4) le movía, venciendo su natural desconfianza, á dar á luz, en 1C18, (5) su Vida del escudero Marcos de Ohregón. Sin ser ésta la propia de su autor Vicente Espinel, como algunos han supuesto, está tan llena de verdad, se halla en ella tan bien fundido lo que es real con lo que es imaginado, se destaca tanto la personali¬ dad del novelista y de tal modo se confunde con la de su héroe, que, aún cuando no verdadera, hallamos justificada aquella creencia, con la cual, sin pretenderlo, so viene á hacer el elogio de la obra del escritor arondense. Siguiendo mu}’- de cerca los pasos de Mateo Alemán y advirtiéndonos que quien se contenta con sola la corteza )io saca fruto del fra- (1) Madrid , 1G2(). (2) Madrid, IGM y 1619. (3 ) Nocclas ejemplares , Madrid , por Juan do Cuesta , 1G13. (4 ) o En tanto que no tuve deterininaci()n ( asi por la persecución de la gota como por la desconlianza iTiia)para sacar al teatro público mi Escudero, un caballero amigo me pidió unos cuadernillos del, y llegando á la noticia (le cierto gentilhombre áquién yo no conozco, aquella noyela déla Tumba de San Cines , pareciéndole que no había de salir áluz, la contó por suya , diciendo y afirmando que á él le habia sucedido; que hay algunos espíritus taií fuera de la (Estimación suya, que se arrojan á entretener á (luien los oye con lo ([ue se ha d(í averiguar no ser suyo. » Vicentk Espinel, Prólogo á la Vida del es¬ cudero Marcos de Obregón. ( Según don Nicolás Antonio aparecieron dos ediciones en este misCuesta, V otra en Barcelona, por aTT'u • Espinel dedicó su obra á su protector el arzobisiio de 'l’oledo, don Bernardo Sandoval y Rojas. h(ij<) del autor, (1) presenta éste á su Escudero 'en los postre¬ ros tercios de la vida, y al servicio del doctor Sagredo, per¬ sonaje que nada tiene de común, á no ser la semejanza del nombre, con el que más adelante inmortalizó Le Sage. Sirve luego á un hidalgo , cuya casa abandona por no hallar en ella el trato que desea, y visitando cierto día el humilladero del Angel de la Guarda, á la otra parte de la puente de Segovia, (2) le sorprende una tempestad, y tiene que aceptar el albergue con que le brinda el ermitaño á quien , en otro tiempo , conoció en Sevilla y trató en Flandes y en Italia. Allí al amor de la lumbre y al son monótono de las canales, Marcos da comienzo á su relación, refiriendo al ermitaño los episodios de su vida, desde que salió de Ronda para ir á estudiar á Salamanca , (3) hasta que , libre de su cautiverio en Argel (4) y después de haber militado en Italia, vuelve á España y se acomoda de escudero. (5) Muy lejos de ser esta historia, como con harta ligereza asegura Sismondi, el cua¬ dro de la vida elegante de la buena sociedad, (b) no ofrece, sin embargo, aquel conjunto de actos punibles de que está llena la de Guzmán de Alfarache ; pues si también Obregón habla por experiencia propia de las cárceles de Madrid (7) y el Ginovesado (8), más vino á dar en ellas por el camino de su mala fortuna que por el de la perversión de su instinto. No obstante, el carácter del escudero despierta menos sim]')atías y es menos interesante que' el del picaro sevillano. Más atrevido éste, más revoltoso y ostensible¬ mente criminal, revela en el fondo mismo de sus picardías cierta nota de amargura y desinterés , con la que, abriéndo¬ nos de par en par las puertas de su alma, obtiene fácilmente nuestro perdón ante la sinceridad de su arrepentimiento. ( 1 ) Prólogo i\ l<n T'íV/o ¡(rl Escudero. (2) Relación I, (lescan.so VIII. (.‘I) Id., descanso VIV. (4) Relación II, descanso XIV. (5) Relación III, descanso XIII. (G) « Uu román dans le goiit moderne, de Vincent Espinel, intitule Vie de r ócuyer Marcos d’ Obrégon, offrit le premier á 1 ’ Espagne dos tableaux de la vie élégante dans la bonne société . » — De la lUtórnture du midl de V Europe, t. IV, chap. XXXII. (7) Relación III, descanso XII. (8) Id., descanso 1. — 40 — Más astuto, reservado y ,egoísta el del Escudero, aleja siem¬ pre de sí todo pensamiento, antes que por su maldad, por el temor á las consecuencias, aprovecliando la propia reflexión y lai’ga experiencia que le dan sus años , en cuanto puede serle útil así para el alma como para el cuerpo. De aquí que no haya dato con que no cuente, ni detalle, por insigniflcante que sea ,• en que Obregón no repare ; resultando su rela¬ ción, á fuerza de tantos pormenores, en extremo pesada y fatigosa. Más rápida la acción de esta obra que la del Guzmán, camina derechamente á su fin y desarrolla una fábula más regular y mejor urdida; pero distan mucho sus episodios del interés que promueven los de aquella novela, sin que, menos profunda la observación de Espinel, logre pasar de la superficie y penetrar en lo más hondo de la vida . Tampoco puede el estilo mantener la competencia con su modelo; pues lleno de amplificaciones que denotan la mucha edad en que el autor escribía, carece de aquella concisión, movi¬ miento, gracia y facilidad, que tan bien sientan en la pluma del escritor hispalense; por más que, natural, correcto 3 ^ sostenido, 3 " tal como conviene al carácter del viejo escude¬ ro, nunca degenera en hinchado 3 ^ declamatorio , ni incurre en los defectos del mal gusto tan frecuentes en el periodo que examinamos. Sirva de muestra este pasaje donde Marcos da consejos á doña Margelina de Aybar: « El an-epentirfíc y volver sobre si es de ánimos valerosos ; el escarmiento nos. hace recatados , como la determinación arrojadizos . Cuando la voluntad nos arroja con atrevirnient'), el mal suceso lo remedia con temor: mejor es arrepentirse temprano (jue llorar tardo . l'n mal principio atajado mejora el medio Y asegura el fin : más vale, considerando este mal suceso , detenerse , que perseverando esperar que so mejore . ¡ Dichoso aquel á (luicn viene el es¬ carmiento antes que.el daño! Los malos intentos al principio errados engen¬ dran recato para los venideros : quien no yerra no. tiene de (jué enmendarse , mas (juien yerra tiene en qué mejorarse; que Dios juzgó por mejor <|uc hubiese males.porque les siguiesen los arrepentimientos , (jue tenor el inundo sin ellos; que iTu'is grandeza suya es sacar de los males bienes , que conservar el mundo sin males.; Cjalá cuantos males se cometen tuviesen tan ruines principios como este , que los males serian menores por el escarmiento ! » etc. (1) Lejatios 3 U 1 á nosotros aquellos tiempos en (]iie un extigerado patriotismo buscaba los fundamentos en que apoj^rse^para desplumar al francés corneja y restituir al español Gil Blas en su pelo ó si¿ pluma original ( 2 ) sólo debemos ha- (1 ) Relación I, descanso IV. — 41 - cer coiiístar en esto punto: que de todos los libros españoles puestos á contribución por Le Sage para la construcción de la más completa (1) de las novelas picarescas , figura en pri¬ mer término la Vida del escudero Marcos. Suyos son, entre los episodios de aquella obra, el del barberillo Diego de la Fuente , el de la posada de Peñaflor , el del arriero en Oacabelos , el de la isla Cabrera, el de Camila , y algunos otros; pero, como observa Puibusque: lieureusement^ tout Gil Blas n ’ estpas la. Hay én él algo original y propio , que sólo en buena crítica puede ser adjudicado á su autor. Le Sage, añade el escritor citado, ( 2 ) ((a done fait comme 1’ arcliitecte, qui prend des matériaux partout oíi il en trouve, et qui ne tire son plan et ses dessins que de sa tete.» Dos años después de publicado el libro de Espinel, y al tiempo que se imprimía en España una colección de seis novelas, (3) compuesta por Juan Cortés de Tolosa, tres de las cuales pertenecen al género picaresco; dábase á luz en la capital de Francia la Segunda garte de Lazarillo de Tormes (4) escrita por H. de Luna, intérprete de lengua española en Pa¬ rís, y destinada , sin duda, á la enseñanza de sus discípulos, á juzgar por el texto francés que da acampañaba. Autor Juan Cortés de menguados alcances, dejábanos en su Laza¬ rillo del Manzanares una infeliz imitación del juguete atri¬ buido á Mendoza, inferior en mucho á la .segunda parte de Luna, y aún á la del anónimo de Amberes, y en sus Aven¬ turas del licenciado Beriquin , é Historia de un hombre mise¬ rable llamado Gonzalo., que son las tres arriba indicadas, una prueba más del gusto dominante y del extraordinario des¬ arrollo que iba alcanzando el género. Olvidada durante mu¬ cho tiempo la obra de H. de Luna, tal vez por haber osado su autor poner mano en la primera parte de la Vida de La¬ zarillo , pretextando que su dicción era tosca y llana, y su frase más francesa que española ( ¡ ) , al ser nuevamente estu¬ diada ,.halló en ella la crítica una novela interesante, lleva de episodios entretenidos , expuesta en estilo pintoresco, si (1) Digo la más completa y no la mejor , porque prefiero en mucho, apesar de sus defectos, la lectura de Gwsmán Alfarache á la de Gil Blas de Santularia. (2) Histoire compar'ée des littét'atui'es espagnole et fran^aise .lome II ^ chap. VII. (3 ) Madrid , en casa de Alonso Martín, 1620. (4 ) París , 1620. 6 — 48 — Sevilla, el del ermitaño Crispín (1) aparece exagerado é in¬ verosímil, y el del escritor de comedias, (2) menos intencio¬ nado y jococo de lo que el autor se propuso. Aparte de esto, la corta extensión de la novela, la rapidez de su acción y la limpieza de su estilo , hacen recomendable su lectura, por más que diste mucho del aplauso con que la recibieron sus contemporáneos. También merece aquí señalado lugar el judaizante segoviano Antonio Enriquez Gómez, autor de El Siglo pitagó¬ rico (3) extraña obra de la cual forma parte la Vida de l)on Gregorio Guadaña^ autobiografía en que se desenvuelve una acción muy semejante á las del género picaresco. Nacido el héroe en Triana, y emparentado con Toribio Quijada, Am¬ brosio Jeringa, Quiterio Ventosilla, Crisóstomo Candil y otros personajes de este jaez, toda la historia se reduce á pintarnos los lances que le ocurren en su viaje desde Sevilla á Madrid, y sus aventuras en la corte. Ha}'’ en ella episo¬ dios chispeantes, como el de la dama de Carmona, (4) quien teniendo encerrados á sus dos amantes en sendas alacenas, todavía brindaba con una tercera á don Gregorio ; sucesos entretenidos, como el del juez (5) y el del alguacil Torote; (6) caracteres parecidos á los que trazó Cervantes en La üa fingida; y en su estilo picante, conceptuoso, y no exento de algiin rasgo de mal gusto, se acerca mucho al satiri¬ zante Quevedo, sin que, como en éste, se deje de faltar en ocasiones á las leyes que exige la prudencia . Por último : con la Vida y hechos de Estebanillo González , (7) obra es¬ crita, según unos, por este mismo personaje, según otros, por el astigitano Guevara, y , en rigor, de autor desco¬ nocido hasta ahora, cerrábase el brillante cuadro que la novela picaresca había ofrecido durante la primera mitad del ^iglo XVII. Más entenso este libro que los de Enriquez Gómez, Luna, Quevedo, Barbadillo y Solórzano, viene á ser una especie de recopilación de los anteriores, al par que (1) Cap. XI y XV. ' (2) Cap. XX. ^3) Rouen, 1644. (4) Cap. IV. (5) Cap. VII. (6) Cap. VIII. V) Amberes, 1646. — 49 - una ñel exposición de sucesos reales , tal vez acaecidos al bufón de Octavio Piccolomini ó al escritor que se ocultó bajo aquel nombre. (1) Pilluelo y vagabundo como Lázaro, tam¬ bién Estebaníllo es aprendiz de barbero como el Buscón, jugador como Trapaza, entremetido como Alonso, astuto como Marcos, y descarado y resuelto como Guzmán. Soldado en Flandes y en Italia, como en Alemania, marmitón en las galeras, vivandero en los campamentos, bufón en los Pala¬ cios , buhonero en las aldeas , y en todas partes 'picaro de jábega^ representa la flor y nata de la briba ^ resumiendo su carácter los más esenciales rasgos de cuantos en su oficio le precedieron. Pero esta misma cualidad , y el prurito en el autor por presentar á su héroe siendo el más picaro entre \oñ picaros ^ contribuyen al principal defecto de la obra; pues de tal modo lleva y trae el novelista á su personaje, y con tal jarofusión aglomera los episodios, que, excepción hecha de algunos, como el del valiente de los mostachos, (2) el de los fulleros , (3) la batalla de Nordlingen, (4) etc., resultan la mayor parte descoloridos y faltos de interés á causa de la ligereza con que se pintan y la rapidez con que se suceden. Escrito en formas descriptivas, que más lo acercan á la his¬ toria que á la novela, y en estilo pretencioso, recargado de erudición y equívocos de mal gusto, es, sin embargo, la Vida de Estebanillo González , un libro curioso y entretenido, de suma utilidad para el conocimiento de la vida militar y política, del estado de los países y costumbres de aquel pe¬ riodo, aún cuando mucho menos importante bajo el punto de vista del arte y del ingenio. Abatido el espíritu nacional, apagado el numen que mantuvo en incesante triunfo nuestras letras desde Boscán y Garcilaso hasta Calderón y Rioja, y aportillada el habla castellana á los rudos golpes de cidteranos y conceptistas^ la novela picaresca corrió la suerte de los demás géneros lite¬ rarios, no ofreciendo en adelante sino escasas y débiles imi- (1) « Y te advierto que no es la fíngida de Guzmán de Alfaraclie , ni la fabulosa del Lazarillo de Termes, ni la supuesta del Caballero de la Tenaza , sino una relación verdadera, con parte presente y testigos de vista y contestes, que los nombro á todos para averiguación y prueba de mis sucesos . » Prólogo al lector. ( 2 ) Cap. I. ( 3) Id. id. (4) Cap. VI. - 50 — taciones, en nada comparables á sus antiguos modelos. To¬ davía sin salir del siglo xvii, podemos citar entre las obras de Francisco Santos la que lleva por título Periquillo de ¡as gallmeras; pero ya el carácter de este personaje, humilde y encogido hasta convertirse en asceta, más parece imaginado para contrastar con el de los picaros^ que para seguirlos y emularlos en el camino de sus maldades. Durante el si¬ glo xviii se escribieron las Aventuras de Juan Luís^ por don Diego Eejón de Silva, que sólo pueden citarse en demostra¬ ción de que aún no se había extinguido el género, y la Mda de Perico del campo ^ compuesta por el abate Alcino, confor¬ me al gusto francés, y más inspirada en Le Sage que en los novelistas españoles. En nuestro siglo, en fin, ha visto la luz pública la Vida de Pedro Saptito, obra en que D. Braulio Foz, con más entusiasmo por las letras patrias que rasgos de novelista, nos ha dejado una muestra de su ingenio y la¬ boriosidad . Pero la novela picaresca concluyó para siempre con aquel siglo desventurado en 0113^8 postrimerías debían lamentar á un tiempo, la política sus errores, la fortuna sus prodigalidades, las artes sus innovaciones peligrosas, y la España entera cuantos desaciertos la pusieron al borde de su ruina . Perdidos los dominios de Italia 3 ^ Flandes, cons¬ tante refugio de españoles aventureros, inclinando el lastre francés la balanza de nuestras costumbres del lado allá del Pirineo , j agotado el aliento que condujera, así á nuestros grandes hombres como á nuestros grandes picaros , á las empresas más arriesgadas, poco á poco se fué perdiendo este carácter, estrechado 3 ^ perseguido por los mayores ademntos y mejor organización de las sociedades modernas. Despojado de su ropilla 3 ^ ferreruelo , merced á los progre¬ sos de la indumentaria , bien pronto hallóse el picaro sin ventas que le dieran albergue, sin corchetes á quienes cohe¬ char, sin estados donde ir á ocultar sus i-apiñas, sin piratas que lo hicieran cautivo, sin galeras donde expiar sus culpas, y hasta sin fé para borrar sus pecados con las lágrimas del arrepentimiento . Falto del medio ambiente necesario y ex¬ puesto á la inclemencia, sino desapareció, por desdicha, pues aun subsiste j subsistirá la raza, reformó su vida conforme al uso de las recientes costumbres , reclamando d^l arte que intentara reproducirlo, otras formas diferentes á aquellas en que nos le habían dado á conocer los escritores del siglo oro. rasaron éstas, al ser ya insuficientes para mantener despiera a a ención del lector, como pasaron las del gusto clásico, as e neo-clasicismo francés é italiano, las del viejo y — 51 — nuevo romanticismo; como, al cabo, pasarán también las del exagerado realismo y naturalismo imperantes, y cuantas duermen el sueño de lo venidero aguardándo la mano mis¬ teriosa que levante el velo que las cubre. Pero como hay algo en el arte que, salvando las tendencias de época, los caprichos de la moda y los exclusivismos de escuela, per¬ siste y persistirá siempre al través de los tiempos, todavía podemos acudir á nuestra antigua novela picaresca ^ seguros de obtener algún fruto, si lejos de pretender formales imi¬ taciones que profanaran tan venerandas reliquias, buscamos en ellas el sentido de lo verdadero y de lo bello , la expe¬ riencia profunda de la vida y los más ricos tesoros del cas¬ tellano estilo. He llegado, limo. Sr., al fin que me proponía; mas tocan¬ do esta clase de composiciones, de una parte á las de carác¬ ter histórico que adoptaron la forma autobiográfica, como las Memorias de don Alonso Enriquez y de Don Diego Duque de Estrada; de otra, á las satírico-alegóricas, como los Sue¬ ños^ de Quevedo, El Diablo cojuelo^ de Guevara, y el Colo¬ quio^ de Cervantes; y de otra, en fin, á la novela lupanaria como La lozana Andaluza^ de Francisco Delgado, La come¬ dia Tebaida y la Serafina^ debieran señalarse ahora las se¬ mejanzas y diferencias que las acercan ó separan de tan diversos géneros, haciendo así más visibles sus caracteres. Inspirada tal novela en las costumbres de su siglo, é imi¬ tada por propios y extraños , tampoco fuera ajéno de este lugar determinar hasta qué punto reflejó la realidad ó acu¬ dió á la fantasía, y hasta donde alcanzaron sus influencias, ya dando asuntos á nuestros escritores dramáticos , princi¬ palmente á los entremesistas , ya sirviendo de fuente inago¬ table á los ingenios extranjeros . Pero todo esto me llevaría más allá de mi propósito . Harto fatigada vuestra atención con tan desmesurada lectura, será bien que aquí la termine; i — 52 no hallando palabras más adecuadas para ello, que aquellas con que el Donado hablador^ dirigiéndose al cura de San Zoles, puso fin á s^ curioso relato: «Este es, en suma, mi discurso: vuesamerced me perdone, que quisiera haberle entretenido con mejor estilo, más elegantes razones y mejor lenguaje; pero, al fin, ninguno puede dar más de lo que tiene.» He dicho. . s”*- ERRATAS MÁS NOTABLES. PíIk. 1. lín. 15; se engalas^.se enpalaua. » 7, » 20; y niáa cat'de por Batteux=,v unís tarde cxageratlo ))or Batte.iix. 0 » 9, » 27: sino tan original =si no tan original. M » 10, » 6: contemplar la natnraleza^conteinplar la naturaleza humana. ^ Id., » 41: cuando la poeria=cuando nuestra jioesia. Pag. 11, » 28; cual es en la que se pintan^cual c.s la en que se pintan. » 12. » 7: con sus planta.s:?: con las plantas. c.;, » 16, » 1.9: con seguro.s (latos=con má.s seguros datos. < Td., nota I: E. Chakses=E. Chassles. . . Pág. 18, lín. 36: Lazarillo del Tormcs=Lazarillo de ToríiifK. Id., nota I; literataro=litoraturc. Pdg. 21, lín. 32: gen ,il burguesa =gentíl burgesa. )) 22. » 30: se clírigió=.''.o dirige. Id., nota, lín. 17; 6 arbitran=é arbitran). Pág. 23, lili. 20; suprímase. Id. » Si: ValiaeCrist=:ralldfi C)iri,-<l. Pág. 24, lín. 9: á invocanclo=é invocando. Id.. » 10: aventnras=aventuras. Pág. 26, » 7: tama.vo=tamaño. » 26, » 34: í1guren=;;guran. » 27, nota ni, lín. .9; de.sbediencia=dcsolx(diencia. » 28, línea 34: Lazarillo dcl Tonmít^Lazarülo de Tomu-.*. y> 29, » 11: de todo el ]unto=de todo el conjunto. Id., » 16: h.aceralu.sión=:hacér alusión alguna. Pág. .32, » 3: en mil cpi.sodio.s=:en los mil episodios. Id., » 7: su obrar=sn obra. » D 17: y con las elegancias=iy siempre con las elogancia<. » » 39: ailjotacén=almotacéii. Pág. 33, nota IV; Lib.=Id. » 34, lin. 16: sirviendo al enibajador^sirviendo en Roma al embajador. » 36, » 2: se dan á conocer las astucias de los veuteros=:se dan á conocer las artes de lo.s; astuci.as de los venteros, etc. Id., » 27: el cuadro de sus necesidades y laceria.s=el cuadro do su.s debilidades y laceria.*. » »i 32: compuesta, se dice, por el licencíado=:coinpuesta por el licenciado. Pág. 37, Un. 2: á que el Iibro=á que su libro. » 40, » 2: todo i)ensamiento=todo mal pen.samiento. Id., » 34; doi3a .VIargelina=doña Mergolina. » » 31: Los malos=Los malos. Pág. 41. » 34: lleva=llena. » 43, » 22: matrimonio de Toledo=niatrimonio en Toledo. » 46, » 23: sino el meJor=si no el mejor. » 48, nota III, lín. 3: pormes=porel mes. >' 47, lín. 21: al do Elena de B.arbailillo=al de la Elena de Barbadillo. » 48. » 3; Jococo=jocoso. *• 49, » 7: como en Alomania=correo en Alemanta. )> 50. » 37 : sino desapareció=(B no de.saiiareció. no con Zoí habperc .a^JaATOM 8ÁM;2ÁTAHHa .Kiicl^no OH—«liiiíito :il .ntl .X vúioUiri^Vít/.o olni;)’^iiíii y,=t:7.tt‘i3 'rH obm kiiitt'i :0S «c ,T « .Íjiíiijino MB.‘f«(T i«—iBUisiiio íijsí onií :T8 « .R « " .Mimitrjíl Bsolínrueiri:! •(£lqt!iB-!Hoo=:B.';‘)Ii:iíi)í!ii h 1'fílrjawKtoo :8 « ,üi n .ttfc'Kiii mj>‘jiiü yDiifirJ’)— n ií’Ooq «I ol.nr.fií « ,.I>1 . - .itíiJKÍR ort Bi/p iiq í:1 R'j l(!H'j~n«ítri<( 0 ^ í)Up «I n'j Juno :í!S «c .‘•íiínslíi Wil no->-« -^X <í wiii-n'í>i Hiim uo‘i=<;ii)ith tioiiivoi? no'j :dí «. .91.^ mío .H ;I «Joji ,.bí , nMi-<us»A=;R:>iU-t(A' V-.Sj oUrtwnA :8€ .nU ,ffl .b'é'J , i.g'V'- .rtüíK'ioJil^í'nBtB-iBiil :I Bíoíi .rbl ' wbviikí Ibxi'iSí-' iitajiííHjc) It iioá :SX: .iitl ,IS ' ‘i.:=oi>iir«b £» :0K « .‘.S . k /;L .láiciliíJ'ixj ■ )=nr.'itichB i) : VI .lili .níóa ..bl .'j*mnrif(/re ;(»& .itil ,f.S .\MmAO M>i\vi'T=rSi-.!<) V.nf ;1-S « .W,. • .(ibriBiKivHt ;i— obncDovitt A Mí .iiil .1-S .rinr/ím7i¡=KinífXnB7fi ;0l i ‘..bT .0friiifini=07.i;iiic4’.T « ,8? .((ii-nis!¡í=itáinjíft « ,0í k .«¡.•jfioilxxIoiíBb^ni'irwibaíXiiBl) ;< ■ ; .fiil ,lll isíóii .T8 « , .v'invA sb o'Ai'iwsnA /¿iHit ;8<; « í;i;‘ ^ . oJtiiiliio'i Ib oúo} «b—oimil lo oboi oí) :JI « .OS . « T , , .üuriT^I/! nóiiioli! •i‘joBiI=;n61^r;Imoo/:il :iil (t „M " Itin ¿di fío=:i*.o¡In)iii(jo lim II9 :8 « Üf: , ' . u.-Kfd iiK=r-i)í‘i'!() ijíi-.T « ..M ' ,.'(:i-iiii¡5j«)h ¿ni jido oii|fní»i>! y«=ííftioitAS9lo' kI 1100’í ¡TI « « / .!i'V)isIí)mln=iióoit)mMii :Cf. « « , .hí=.(lúl :7I «ion .«8 , . V • ■ ‘obclnrfiito Ji; «mofl iioüImoiv'itiisfidhBlndino Ifiol)iiO'viw :8I .iiil ,1'8 « ' r)>i OI» >;oJnj (lili 'iwiio-) n nuil os^iío-ioliiov i|Ol 9 l) »!nioij,1¿.i! uní 'isoonoo lí (in.'i o* :S « ,JS i r .oto,¿.o-io}iiov «il ob ¿«hiiJKfi .•Rnojtíl y. sobnbilbfob ?«>, ob o-tbniio Io=hia-ioo«I i ¿obnbiKO'joít «)i¿, ob o-ibciio lo ; VU o' .dlmioifooil Ioy*.(i nt-)ijqín«o--..>f,iitoiiootl lo loij .ooib oh .lUnoijrimo') . £5 « « .o-ldil üHOlJp á==diilil lo 914» ¿ :S .itU J8 "inoiinii-noii Iimi ofiol—oJiioitiiBHao'.i of)«J :S « /V .latiloviolí itáob^jiiiilogmK /iQdb ;XE a - bl .¿.olfifir KoJ^HcIf.m &o,.l : I<: « 5 .ml-)lI = í!70ÍI ’.tfi « 11-I ."boloT tto ii¡nouinj«ffi:*oboIoT 9l) OKioiiiiiificn :££ ■ <f 'i •ootoin lo na lo imfy :CS « * , .KOÍlt lo -rOff=:WUI M'Kl ;í: .llil ,111 Blotí •dllrbwhirff ob r.iiolM «I ob li;=rdiHíw(l-ijjjl ob nnob'X oí) U ;12 “ .OifOOOl=iODO')Ol « .HA « «nninolA no <mioO'=:ijmijHi9lA a» auiÓT :í « .•'íl' “ .dioo-ii:ciHH<il> on itp:ói-mij((«'ob naiíi :T8 «