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Isidoro o El page misterioso

Cohen, Jean

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p P pl ic Sy Cs Us E 20 Ls gue Úcrns PIPA lo? e Puy 10). Sd Ropa CO IA A A E TT A A A A z - ISIDORO o ESCRITO EN FRANCES POR M. J. Cohen, ex-Censor Regio; y puesto en castellano ; POR A) SI SO) : 0 DBnis Damatea, Tomo 11. CON LICENCIA: YALENCIA, OFICINA De LOPEZ. - 1850. A Y A y TI i MA : LS e » 8 Tavira, pues, que le observaba con una atencion continua, conocia que su rostro no tanto demostraba padecimientos como inquietud: con efec= to se hallaba agitado, sobre todo cuando sabia que su señor trataba de salir para visitar á los desgraciados, y al regresar el Marques despues de sus benéficas correrias, era muy frecuente notar en los ojos de Isidoro la huella de las lágrimas que durante su ausencia habia derramado: todos estos antecedentes le determinaron al fin á hablar á Isidoro sobre el particular. «Hijo mio , le dijo un dia, desde que estamos en 'lavira te he desconocido enteramente; pues de alegre é ingenioso que eras en Lisboa, te has vuelto triste y meditabundo : es imposible que te resientas aun de la fatiga del viage; me parece ademas que gozas de buena salud, y todo esto me mueve á rogarte me espliques la conducta estraña que te veo obseryar. «¿Y qué es lo que mi amado señor halla de estraordinario en mi con= A + 9! ducta?” dijo Isidoro con mal segura voz , dejando conocer que no habia hecho esta pregunta-sino con el 'objeto de ganar tiempo , y que él mismo temia la respuesta que iba á recibir. «Ya te he dicho, replicó el Marques que me parece que tu humor se ha cambiado: en Lisboa me manifestabas una adhesion tan firme, que seguias mis pasos á todas partes , y siempre te separabas de mi con sentimiento; aqui por el contrario, huyes de mi, buscas la soledad, y no manifiestas ningun deseo de tomar parte en las dulces Ocupaciones á que yo me dedico. —«Precisamente , señor, huyo de esas Ocupaciones, porque creo que como son bastante dulces en si mismas, lVenarán todo entero vuestro corazon, y mi presencia léjos de añadirles ningún interes, disminuivia acaso el placer que 0s proporcionan. —«Niño cruel ¿cómo puedes pensarlo? —«Temo que mi presencia comprima la efusion de la gratitud en los que son objeto de vuestros beneficios, 10 ue. es el efecto «ordinario que -pro> es en estas ocasiones la vista de una tercera persona. —«Te engañas porque Fabricio me acompaña muchas yeces. —«Fabricio , señor, es por sí mismo el agente de vuestra beneficencia; estas buenas gentes le conocen, están acostumbrados á verle, y en fin, es el que durante la larga enfermedad de la señora Marquesa hacia sus veces con ellos. «¡Ay querido Isidoro! esclamó el Marques, ¡qué cuerda tan sensible acabas de pulsar! Has puesto el dedo sobre la verdadera llaga de mi corazon. Desde la muerte de mi desgraciada esposa, no he omitido ningun cuidado para reparar la pérdida que mis vasallos habian sufrido; mas no me ha sido posible conseguirlo: me aman, sí, me hacen justicia; pero cuando los estrecho, leo á su pesar en el fondo de sus almas, y veo que sus manifestaciones de gratitud no tanto se dirigen á mi, como á algun habitante del cielo, á quien no se atreyen 11 a: nombrar. Estas demostraciones son menos espresivas cuando está Fabricio presente, y en fin, todo me demuestra que á despecho del respeto hereditario con que «me miran, ome llaman en voz baja el asesino de la Marquesa.” Al. pronunciar estas palabras se anegó el Marques en lágrimas: acercó- - se Isidoro para consolarle y le acom>- pañó tambien en el llanto. Serenóse Tavira un poco, y continuó en estos terminos: 5 «Lo que acabo de decirte me hizo tal impresion en el último paseo que dí, que no me: hallo con ánimo bastante para arrostrar de nuevo la cruel sensacion que esperimenté, pero me ocurre una idea: permaneceré en el castillo. pretestando una indisposicion, y tú irás en mi lugar en compañia de Fabricio. Ese candor «de la infancia, esa inocencia cclestial que brilla en tu semblante, todo concurrirá á que vean en tí el ser sobrenatural, á quien me consta se dirigen sus votos, y yo gozaré de su reconocimiento en la persona de Isidoro.” 12 No es fácil pintar la agitacion en que puso á Isidoro esta propuesta: sulicó ásu amo le exonerase de la delicada comision que queria encargarle, pero fue en vano. Llamó el Marques á Fabricio, y le significó, como á Isidoro, su voluntad , de la que quedó el anciano no menos admirado que el niño.” «No estés celoso , mi querido Fa-= bricio , dijo el: Marques, que no trato en manera alguna de disgustarte; mas como vás cargando de años, será muy pronto necesario que descanses, y para esto deseo que tú mismo te formes un sucesor. En cuanto á ti, Isidoro, acuérdate de lo que te he dicho, y reflexiona que me prometo de esta esperiencia los mas felices resul- - tados.” Verificóse la prueba al otro dia, y aunque en parte correspondió á la esperanza del Marques, tuyo bajo otro aspecto unos resultados que le quitaron absolutamente el deseo de repetirla. Por todas partes resonaban los elogios de Isidoro: su juventud , su 13 belléza y su gracia fuerón por muchos dias el oBieto de la admiracion de los habitantes del pais de Tavira. El Marques, á quien: no venian de nuevo estas demostraciones , se complacia en ver realizada st. esperanza; pero no había previsto el efecto que produciria aquel paseo en el niño. Cuando este volvió al castillo; corrió inmediatamente: el Marques á buscarle para saber de su boca los-pormenores «de todo lo que 'habia visto, pero entretanto Isidoro, que parecia no tener otro deseo que el de evitar las miradas de su amos; descubriéndoleal pie-de ,la:escalera , se acercó á él, y despues de inclinarse respetnosamente', lé tomó la: mano y se la besó. ; Gs «He obedecido, señor, dijo con - voz conmovida; permitidme que me retire por: unos momentos para recogermie. eso bo TENA Dichas estas palabras se separó del Marques, :y. corrió: precipitadamente á encerrarseen su'cuarto; de dónde no salió en todo el resto del dia. Hácia j 14 la tarde habiéndole llamado; eb Marques, le dijeron que estaba acostado, y se-sentia indispuesto;. con efecto, tevia una calentura muy fuerte que le duró tres dias, y .Ocasionó á un mismo tiempo á su amo remordimientos, “inquietud: y admiracion. Luego que se halló restablecido, le: dijo el Marques. ys «Aunque yo mismo no acierto á eonocer la causa y veo sin embargo, querido Isidoro, que'la estancia que hacemos aqui es' perjudicial á tu saInd y á tu felicidad ;> no'quiero: por lo mismo prolongarla mas, y dentro de dos dias mos pondremos:en caminó para Lisboa.” Jo: da y A esta noticia brilló” de: muevo la alegria en la fisonomía del page; pero se oscureció muy pronto, cuando oyó el resto del discurso de sw:amo. «Antes de partir, :continuó:el Mars ques, deseo visitar el monasterio: de los Benitos, y el panteon :«en' donde descansan las cenizas de mi ,malograda Margarita. Quiero queme acompañes; oraremos juntos sobre su: tum: ar Ñ Ñ ] 15 ba, y tú la rogarás por mi, pues los votos de la inocencia llegarán, mas fá= Cilmente al cielo. : 0 «¡Ah mi amado señor! respondió Isidoro, daos ya por satisfecho de mi obediencia, y no exijais de mí un nuevo sacrificio. SERgás —«¿Pues qué? ¿no quieres rogar por tu señor, por-tu amigo? —«No me atrevo ácreerme tan digno de hacerlo, como vos teneis la bondad de «pensarlo. | —«Noes esa la verdadera: causa de lu repugnancia: tú: acabas de cónfez. sarme queeste acto de condescendencia seria para tí un sacrificio; yo'observo en tu conducta un misterio:que me disgusta: me parece que estás incomodado y violento cada vez que habio dela Marquesa, y lloro su pérdida; si-persistes en: ello, me persua= diré que estás celoso: del afecto que y0 tributo á su memoria; y'no debo ocultarte. que «si asi fuese, se resentiria de ello mi amistad. —«¡ Yo celoso de'la:señor | a: Marquesal ¡Ah: señor! ¿Y podeis vos imagi- 16 narlo? Estoy pronto: -os:seguiré al monasterio , y adonde quiera que gusteis, y sabré reprimir los afectos de «mi corazon.” 7 y. Realizóse al dia siguiente la visita. Llegados á la.celda del prior, manifestó éste alguna sorpresa: al ver al Marques acompañado. de Isidoro, la que se aumentó cuando le dijeron que . querian bajar los dos á orar junto al sepulcro de la Marquesa. Sin:embargo; descendió con ellos al pánteon: Tavira .se postró luego de rodillas ante el ataud que encerraba Los: restos de su esposa. y se deshacia en lágri= mas. Isidoro se. arrodilló respetuosamente á la entrada delcpanteon: fre= cuentes suspiros agitaban su oprimido pecho, y su oracion, aunque-muda, fue estraordinariamente:fervorosa; de manera que cuando el Marques se levantó., aun estaba el page engolfado en la conteniplacion. Miróle Tavira silencioso por. algunos instantes; y le dijo despues: es la. bot «Mi querido Isidoro, no abusemos mas de la bondad del: reyeren= 2 17 do prior, volvámonos al castillo.” A estas palabras se conmovió lÍsidoro, y habiéndose levantado echó en derredor de sí algunas miradas vagas y confusas; pero se cobró prontamente, sonrióse, y se volvió con su amo al castillo. “Al dia siguiente se pusieron en camino para Lisboa. A CAPÍTULO XP. E, primer cuidado del Marques luego que llegó á la capital, fue dar 4 su page maestros de baile, música y demas instruccion de adorno, que exige una educacion esmerada. Lo que sobre todo deseaba era que Isidoro se perfeccionase en la música, para la cual manifestaba una disposicion estraordinaria, pues bien se acordará el lector de lo sorprendido que quedó Tavira cuando OyÓ por primera vez el sonido inculto, aunque armonioso, de la flauta campestre. Con efecto sus progresos fueron rápidos y maravillo508, y á muy pocas lecciones ya to= Tomo 1, 24 sentimiento que tenia de que su hijo no fuese testigo dela felicidad que él iba á disfrutar. Habiendo continuado el Marques en sus preguntas, se.enteró de la próxima entrada de Doña Aurora de Seixa en la casa de Almeida. Acordóse entonces del secreto que su amigo le habia confiado sobre los proyectos de sus padres con. respecto á dicha señorita, y por mas que el Conde se esmeró en dar un esplendor brillan= te al retrato de su pupila que acababa de hacer, no pudo. Tavira menos de compadecerse del hijo, cuya suerte habia sido fijada irrevocablemente por la voluntad: de sus padres: reflexionó sobre su propia historia, y los crueles dolores que habian acibarado su existencia por efecto de. un desti= no semejante; estremecióse al pensar que tal vez su amigo no amaria ála esposa que se le destinaba, ora fuese porque su corazon estuviese ya: preve= nido en favor de otra, ora por.uno de aquellos caprichos del entendimiento humano, que nos hace á. veces insen= ' 26: | -Sibles á los encantos, mas poderosos; y á las mas eminentes cualidades; y la grande y verdadera amistad que profesaba á Almeida, le dió ánimo para comunicar al Conde las reflexiones que habia hecho. «Os equivocais, querido Marques, contestó el anciano caballero; esto y muy Jéjos de querer yiolentar las inclinaciones de mi hijo: si cuando:mi pupila y él llegan á verse permanecen indiferentes uno á otro, no traz taré en manera alguna de obligarles á realizar un himeneo queno podria hacer su: felicidad. Confieso que el proyecto de este enlace ha sido siempre uno de los primeros objetos: de mi corazon: la mas tierna amistad me unia al padre de Doña Aurora, el cual murió ea.mis brazos en la flor de sus años devorado por. una larga y profunda tristeza, cuya causa fue el único: secreto que tuyo para el mas sincero y afectuoso de sus amigos. Al tiempo de morir me manifestó que tenia gran deseo de que.su Aurora se Casase, con mi hijo, y yo le prometí ' nobleza de vuestros principios, y en 96 t realizarlo, si ellos se amaban. Ya veis que aun en aquel momento tan solemne, no me olvidé de los deberes de un padre: el cielo nosimanda dirigir y no tiranizar la eleccion de nuestros hijos. | mb | «¡Ah señor! esclamó el Marques. ¡Cuán nobles son vuestros sentimientos, y cuán estraordinaria vuestra pru- | dencia! | «Sin embargo, continuó el:Conde, no os negaré que sí mi querido | Almeida se opusiese al proyecto que tengo formado, no solo me afligiria, sino que me quedaria sobremanera sorp prendido; porque estan bella la jó+ ven Aurora, y tiene un carácter tan. ] amable, que me parece imposible que un jóven dela edad de mi hijo la vea sin conmoverse; y creed, que á no ser or la gran confianza que tengo en la la amistad que profesais á mi hijo', no me hubiera resuelto á sacarla del convento hasta su regreso: Y «Me es muy satisfactorio, señor. Conde, repuso Tavira, el saber la bue-. 27 na' opinion que 08 merezco; y aun cuando en adelante no se *hallase mi corazon 'á. cubierto de los tiros del amor,'puedo aseguraros que no haria traicior á' vuestra confianza. =«Asilo*creo. Por otra parte bas jo ciertos” respetos me alegro en este momento de que mu hijo se halle tau. sente, porque por muy'buena que sea la educacion que recibe una jóven en un convento, saca de:él por lo regular una timidez excesiva ; y cierta rusticidad:que: no: dejan distinguir bien lo que tiene de ventajoso: En cuanto á Doña Aurora, el tiempo que pasará antes de que la vea'su futuro es- “poso, será“ bastante para que pueda acostumbrarse á los usos de la socie- ¿dad' bajo “el? cariñoso “cuidado demi excelente y respetable esposa:” Asi terminó esta conversacion, y el Marques. se volvió A'su“casa' no sin harto deseo de' conocerá una'muger; de quien acababan de hacerle tan Jisougera pintura; pero aseguramos sin embargo que esta curiosidad se halla: ba absolutamente libre''de todo otro 28 sentimiento. Diciendo que su corazon estaba para en adelante pertrechado contra el amor, hablaba. Tavira con sinceridad , pues se hallaba interior-- meute convencido de lo que decia, y se creia mas seguro, porque. pensaba seriamente eu reemplazar esta pasion con otros proyectos mas ilustres: ha=- blábase de uua guerra, próxima, y se resolvió á entrar á servir en el egército de su Rey; con este objeto pasó á verse con el ministro de la guerra, el cual le ofreció un grado honorífico y correspondiente á. su clase en uno de los nuevos regimientos que era regular se.levantasen. by Al cabo de.poco tiempo: recibió un billete del Conde de Almeida, convidándole á comer.en su. compañia de alliá dos dias que. era el destinado pa- | ra la entrada de Doña Aurora de Seixa en el mundo. Acudió el Marques puntualmente á esta fiesta de familia, ála que por una honrosa distincion era el único convidado; y. para el dia si- * guiente dispuso el Conde. presentar á su pupila á una sociedad poco nume-- E : Y rn. 29 rosa , pero escogida, que debía reunirse en su casa, y de la que tam= bien habia de formar parte el Marques. Presentóse este en casa de Almeida el dia señalado, y cenando vió 4 Doña Aurora, quedó convencido de que no le habian exagerado sus gracias; porque le pareció en efecto, que nunca habia visto muger mas hermosa , y el aspecto de aquella amable jóven hizo en su alma” una impresion enteramente nueva para cl, mas esto no era amor: el afecto que _esperimentaba no tenia ninguna se= mejanza con la ardiente é im sensacion que sintió siempre en presencia de la bella y seductora de Chaves, ni con aquel sentimiento mas dulce pero profundo ps le habia unido 4 Doña Emerencia. Una voz interior le decia, que aun cuando su amigo le cediese todos los derechos sobre la sehorita de Seixa, jamas esta podria inspirarle uno ni otro. Turbábase empero cuando la veia, temblaba al divi girle la palabra, y lo mas estraordinario era que no le parecian absolupetuosa 30 tamente desconocidas sus .faceiones:.. creia hallar: en, ella cierta. semejanza cón algun objeto que habia llamado su atencion en otro tiempo: mas no podia acordarse del lugar ni la ocasion. Veiase á su lado otra jóven no tan hermosa como Doña Aurora, pero bas-, tante agraciada para que aun delante de aquella fuese agradable: su presencia. Era una huérfana que se habia educado en el mismo convento que la -señorita de Seixa, hija de buenos padres, pero enteramente desposeida de bienes de fortuna: habia entrado en aquel retiro con la idea de tomar el hábito y dedicarse á la educacion de las jóvenes nobles, que con este objeto se ponian en el convento; pero sus gracias, su amabilidad , y sobre todo la encantadora sencillez , que era el rasgo mas brillante de. su carácter, le habian ganado la amistad de Doña Anrora, la cual no pudiendo acostumbrarse 4 vivir separada de su querida Floreta, suplicó 4. su tutor, cuando trató de sacarla del convento, que la llevase tambien en su compa-, e A A A 31 | ña «para junirla ásu persona como una amiga, Óó mas bien como una her= mana; y no hallando el Conde motivo alguno para negar á su pupila una peticion tan razonable , se contentó con pedir á la abadesa algunos infor= mes muy sucintos acerca del origen y Circunstancias de aquella jóven: los que recibió le convencieron de que aun cuando hubiese él mismo elegido una amiga para Doña Aurora, no hubiera podido hacer mejor eleccion, y en su consecuencia la manifestó era dueña de ofrecer á su protegida un asilo para el momento , y un dote para lo venidero. Es inutil añadir que Floreta aceptó con reconocimiento unas ofertas tan satisfactorias y ventajosas. El Marques no apartó los ojos de Doña Aurora en toda la noche; «pero segun arriba queda dicho, no era su hermosura lo que cautivaba principalmente su atencion, sino la inesplicable semejanza de que hemos hablado. Dirigióle algunas. veces la palabra, y notó en ella un metal de voz encanla= que 32 dor: las respuestas que le daba eran cortas y tímidas, pero adecuadas y prudentes. Cuando volvió á su casa notó Isidoro que su semblante era medita-- bundo; pero no se atrevió á pregunLa Es tarle la causa, porque como sabia en qué sociedad habia pasado su señor aquel dia, no deseaba apresurar una confianza, que no gustaba de recibir. Permaneció, pues, silencioso hasta que - empezó el Marques la conversacion. «Isidoro, le dijo, ¿no me preguntas nada acerca de lo que pienso sobre la futura esposa de mi amigo? «Esperaba, señor, que vos me hablaseis de ella, contestó el page. —«En verdad que es graciosa, y puedo asegurarte que jamas muger alguna me ha causado tanta impresion.” Suspiró Isidoro sin responder palabra, y levantando el Marques la cabeza le miró con admiracion. —«¿Por qué suspiras, hijo mio? —«Na me atrevo á deciroslo señor. —«Pues qué ¿no merezco tu entera confianza? : A a DI ir - 33 —«Pues asi lo quereis, 08 confe saré, mi amado señor, que veo 'con pesar los sinsabores que os vais preparando para lo venidero. Y cierto que me admira una cosa. ¿En qué pudo consistir, que teniendo un corazon tan propenso al amor, un juicio. tan perfecto, y un alma tan llena de virtud, Uese vuestra, esposa la única que no pudo jamas inspiraros el menor sen= timiento de ternura? Porque yo sin embargo he oido decir que no le desmerecia del todo.” Habia principiado Isidoro esta fra. se con tono remiso, y aun bajó mas la voz cuando advirtió que el semblante del Marques habia adquirido ciera to aspecto sombrio; pero temiendo: haberle ofendido , se arrojó á sus pies, y Continuó: «Perdonadme, señor, si. os he renovado memorias dolorosas, pues mi intencion no ha sido el causaros nin= guna pena. ¡Quiera el cielo que con el tiempo halleis una muger que pueda asegurar vuestra felicidad , que es el voto mas ardiente de mi corazon! Tomo 1. 3 , 40 salon', .y solo tuvo tiempo para Jlegar “al tocador de: su señora, €n donde perdió: el conocimiento. Al verla salir se levantó Doña Aus rora para seguirla, y los convidados atribuyendo únicamente su emocion á la timidéz «natural de su edad:, compadecieron de sella por un moO pero la olvidaron muy pron- :i Eb “Marques estuvo pensativo duroitel todo el resto de la noche , no pudiendo ya dudar que el afecto que Florela sentia por Isidoro era un amor, que si bien inocente, no por esto dejaba: de ser violento; juzgaba que su deber le obligaba á á trabajar en la union de aquellos dos jóvenes, y al mismo tiempo la adhesion invencible que él mismo tenia á su page no le permitia mirar con indiferencia un «acontecimiento que le privaria de su servi-- cio, y era muy probable que le alejase para siempre de su compañia. Vuelto el Marques á su casa, se entró luego en su Cuarto adonde Isidoro le siguió; pero en esta ocasion no manifestó el menor deseo de entablar | . Ab conversacion séria ni alegre: nada hiz ' zo que pudiese estimular las discretas ocurrencias del page: acostóse' casi sin hablar una palabra, y cuando su fiel Isidoro le dió las buenas noches, le respondió con mucho mas laconismo que acostumbraba y con tono triste y pesaroso, Al dia siguiente volvió Tavira ¿la casa de Almeida, y pidió una audien= cia á la señorita de Seixa. Luego que estuyo en su presencia la recordó la ocurrencia de la jóven Floreta en la noche anterior, y la dijo que el enlace de esta interesante jóven con lsidoro , luego que hubiese este legado á una edad proporcionada, le parecia indispensable á la felicidad de uno y otro. Descendió despues á algunos pormenores sobre el nacimiento de su page, manifestando que este pertene=: cia á una familia de honrados labra-= dores de las riberas del Taio: prome= tió que si se verificaba el matrimonio, le aseguraria una suerte feliz é independiente, y preguntó tambien á su vez cual era el origen de Floreta;, y 42 si podia esperar algunas ventajas de la bondad de su bienhechora. ,,»Mi Floreta, contestó Doña Áurora, no tiene bienes algunos de fortuna, mas yo he ofrecido cuidar de su suerte, y podeis contar en que no la abandonaré. En cuanto á su nacimiento, no puedo ciertamente daros noticia alguna; pues aunque me he educado en el mismo convento, no he. visto jamas que ningun pariente suyo se interesase en su destino ni preguntase por ella. Supe por la abadesa que su pension se pagaba con puntualidad, pero que se limitaba á las instrucciones elementales, sin ninguna relativa al adorno: entregaba el dinero un banquero de Lisboa, y poco antes que yo dejase el convento, recibió la abadesa una carta, en la que le proponian admitiese á Floreta en clase de novicia. Parecióme que esta proposicion era muy sensible 4 mi jóven amiga, y habiendole hablado del particular me confesó su invencible repugnancia á la vida del claustro. Ofrecile por entonces el lugar que en el 43 dia ocupa á mi lado, pero con grande admiracion. mia supe que dependia de un padre, y que no podia aceptar mi oferta sin su consentimiento. Empéñela á que le solicitase, y me contestó que haria con el mayor gusto una tentativa, pero que tenia muchas razones para no prometerse buen éxito; porque su padre querria mas verla religiosa que en un estado de dependencia para el que no habia nacido. | «Escribió , pues, á su padre sin decirme su nombre ni el lugar de su residencia, y á lo que me pareció sin ninguna esperanza de lograr su objeto; nías con grande sorpresa suya recibió al cabo de ocho dias una contestacion que contenia sin reserva alguna el consentimiento pedido; advirtiendo únicamente su padre que el nombre de la persona, bajo cuya proteccion iba á vivir, no le dejaba eleccion, pues no podia negar á Doña Aurora de Seixa lo que á nadie en el mundo hubiera concedido. Supliqué á Floreta me dijese 4 qué debia yo 44 | la preferencia que su padre me daba; pero me aseguró, yo creo que con sinceridad, que ignoraba absolutamente de donde provenia, porque jamas habia pensado que su padre pudiese conocerme, en razon de que nunca le habia oido pronunciar el nombre de Seixa. Habeis oido, señor Marques, cuanto acerca de mi protegida puedo deciros. Ved ahora, si os parece digna del jóven: por quien os interesais. «Quedo, señora, muy reconocido, respondió el Marques, á la molestia que.os habeis tomado, y dejo enterámente á vuestro arbitrio la suerte de mi pobre Isidoro; pero si no lo llevais á mal, me parece seria acertado esplorar antes el corazon de Floreta; porque sin duda no podrá contraer ningun enlace sin consultar á su padre.” Llamó Doña Aurora á Floreta, y esta que no esperaba hallar al Marques con su señora, entró corriendo; pero se sobrecogió, luego que vió á dicho señor. Parecia que agitaba su corazon algun presentimiento, que se ETA A AS 45 , ye pintaba en su fisonomia. Enteróla Doña Aurora de la conversacion que acababan de tener, y le preguntó si sentia algun interes por el jóven Isidoro, y si en este caso queria escribir á su padre para obtener su consentimiento. «Aprecio sobremanera la bondad de mi señorita, contestó Floreta, y doy gracias al señor Marques por el juen afecto que me manifiesta; pero . no me ha ocurrido aun la idea de dejar á mi escelente y amada protectora. ¿Y por qué quiere esta separarme de su lado? ¿Por ventura se ha brá cansado ya de mi? «¿Y puedes tú pensarlo, querida Floreta? dijo Doña Aurora: muy al contrario , te aprecio mas de cada dia, y el deseo de verte feliz es lo único que nos ha inspirado la idea de este casamiento. Por otra parte Isidoro es muy jóven, y nuestra intencion nunca seria el uniros hasta que hubiesen asado algunos años, durante los cualos el señor Marques se esforzaria en asegurar la suerte de un jóven, por quien está lan vivamente interesado. 46 > ¿Crees tú que tu padre adherirá á nues. tro proyecto? A —«Si he de hablar francamiente] señora , no espero tal. —«Me sorprendes Floreta:: pero dia me, ¿no es llegado aun el tiempo de descorterel:velo que ha cubierto hasY ta ahora tu origen? ¿No será mi amis. tad acreedora á esta confianza? | —«Si lo mandais, señora, nada tendré ya reservado para vos; mas ¿por qué quereis hacerme avergonzar ? —«¡ Ávergonzarte! ¿Pues qué? ¿ses ria posible que debieses á un crimen-, tu existencia? | —G Ah señora! No, no, yo os lo aseguro; á menos que “los reveses de la fortuna sean crimenes á vnestros ojos, como lo son á los del mundo. —«Perdona, Floreta, no tenia intencion de alligirte , solo te preguntaré una cosa: ¿te ha prohibido acaso tu padre que me confies el secreto de tu nacimiento? kl —«Cuando me lo hubiera prohibi-= do para cualquier otra persona, no me cabe duda de que hubiera exceptua= AA a a e 47 do á Doña Aurora de Seixa. «Me parece, dijo el Marques á esla sazon, que mi presencia cierra los lábios á esta señorita, asi que me retiro. He esplicado á Doña Aurora mis ideas en favor de Isidoro ,:á quien estoy intimamente unido, y en cuya felicidad me intereso; y me lisongeo de que consultando Floreta con su nole protectora , hallará algun medio de realizar un proyecto , al que sentiria tener que renunciar.” Dicho esto , saludó el Marques á aquellas señoras , y se separó de ellas para pasar al cuarto del Conde. Vuelto despues á su casa miró 4 Isidoro con una sonrisa y un semblante mas apacible todavia de lo que tenia de costumbre, y le hizo una seña para que le siguiese al interior de la habitacion. Llegados á un gabinete particular, adonde nadie podia entrar sino era llamado, se sentó el Marques , é hizo tambien que Isidoro se sentase á su lado. En seguida le eontó la escena de que habia sido testigo la noche anterior, y le pintó con b 48 e | Í 1 | Í 1 y | | j 4 los mas vivos coloridos la tierna y sencilla pasion, que Floreta sentia por él. «Nada, señor, podeis decirme sobre este objeto, respondió Isidoro, que yo no lo sepa ya; y espero me ereais cuando os asegure que este amor causa mi desgracia. Cada leccion de arpa que doy á esa señorita, es un suplicio inesplicable para mi corazon. —«¿Pero cómo es posible que en la edad en que te hallas te inspire semejante sentimiento el amor de una jóven bella y virtuosa? -—«Es , señor, porque yo no la amo. —«¡¿Acaso está ya prevenido tu corazon? ¿Has dejado en tu aldea alguna zagala á quien hayas empeñado tu fe? Confíame tus secretos, y ya no te hablaré mas de Floreta. —«No he dejado en mi aldea muger alguna que tenga derechos sobre mi corazón , porque no amo ni amaré jamás sino á una sola persona. —« ¿Y €S.... —«ÁA mi señor. —«Conozco toda la fineza de tuamistad, mas no puedo acabar de per= E 3 SR A 4 LE, $ - A9 suadirme que te haga insensible al amor. —«Cuando la amistad es verdadera, es esclusiva. 1 —«£se sentimiento , mi querido Isidoro, nos honra igualmente á los dos; mas yo debo desear que se calme un poco para tu propia felicidad.” Entonces comunicó: el Marques á su page los pasos que sin consultarle habia dado con Doña Aurora y Florela. Gorrióse Isidoro, y no respon= dió palabra; pero sus miradas espre= saban un descontento, que por respelo:á su señor procuraba ocultar. En despues de vacilar un poco., esclamó con resolución: «Señor , este matrimonio es im= posible. ' —«¡ Imposible 1 2UOS —«S1 señor; porque se opone áél un voto solemne.” os Al oir estas palabras , echó el Marques tuna mirada de admiracion sobre su page; y parecia pedirle la espli= cación: de aquel misterio, por lo cual creyó Isidoro que debia continuar. «He jurado en los altares y á preOMO 11, | 56 | pedia á la señorita Floreta el recibirle; que no sabia cuando podria volver á continuar tomando-sus lecciones, pero qué en el momento en que estuviese restablecida, se apresuraria á participarselo: todo lo cual creyó Isidoro que era una escusa. Con efecto, Floreta obraba así por consejo de su señora, y esta precaucion era demasiado conforme con lo que le inspiraban sus propios sentimientos, para que le ocurriese la menor idea de. oponerse á ella. Regresó Isidoro muy contento á casa del Marques, y se pa= saron mas de quince dias sin que se volviese á hablar de Floreta. Al cabo de este tiempo, entró esta uva mañana en el cuarto de su señora, con el semblante muy alterado y las lígrimas á los ojos. Advirtiéndolo Doña Aurora, se dió prisa á vestirse; y luego que se retiraron sus doncellas, preguntó con mucho interes á su amiga cual era el motivo de*su afliccion. «¡Ah señora! contestó la pobre niña: ahora conozco que teniais razon en decirme que amaba á Isidoro; ya 57 no puedo dudarlo á vista del efecto que ha causado en mi la carta de mi padre, que acabo de recibir, en la que me prohibe, como! ya lo habia yo previsto, el pensar en el casamiento que habeis proyectado.” : Anegóse en llanto Floreta al acabar estas palabras, y Su señora co-. giéndola de la mano la hizo mil caricias para consolarla; pero sin embargo no pudo dejar de sorprender=. se interiormente de una negativa tan perentoria, y le pareció ademas que el padre desu protegida debiera haberse dirigido á ella mas bien que á su hija Cuando esta se tranquilizó un poco, le preguntó Doña Aurora sobre qué motivos fundaba su padre aquella negativa. » «Hé aqui su carta, señora , dijo Floreta: no tan solo me autoriza, para que os la comunique, sino que me manda espresamente que lo haga: tened la bondád de leerla.” Pomó Doña Aurora la carta, que estaba concebida en estos terminos: + «Mi querida hija: si he dejado pa- 58 . «sar tanto tiempo sin contestar á tu «carta, ha sido por el deseo natural «en un padre de tomar noticias exac- «tas sobre la persona y familia del «jóven que te ofrecen por esposo. «Los informes que se me han dado «han sido muy favorables á su carác-' «ter , y bajo este respeto solo tendria. «motivo para felicitarme de la elec- «cion que se ha dignado hacer tu «protectora; mas por desgracia me- «dia una circunstancia que mo' debo «comunicarte en este momento, y «que me obliga á mi pesar á negar=- «te el consentimiento que me pides. «Te repito que dicha circunstancia no «tiene la menor relacion con el ho- «nor del jóven Cardoso, 0 de su fa- | «milia: mas no por eso deja de ser «bastante poderosa para precisarme á «prohibirte con toda la autoridad que «me ha dado sobre tí la naturaleza, «el pensar que pueda ser nunca tu «marido. No me dices en la tuya si «le amas; pero en todo caso, me li- «songeo de que esta inclinacion no «será suficiente para hacerte penosa AZ 59 «la obediencia; esta idea llenaria de: «amargura mis últimos dias; porque «te declaro que á pesar de cuanto «pueda suceder, será irrevocable mi «decision. Enseña esta carta á tu no- «ble protectora, y asegúrala con cuan- «ta eficacia te sea posible el vivo re- «conocimiento con que miro el inte- «res que se toma por ti. Por lo de- «mas deseo que sea ella sola la que «tenga conocimiento de lo que te es- «cribo, ocultándolo sobre todo al jÓ- «ven Cardoso y á su amo. La res- «puesta mas obvia que puedes darle «será que la edad del primero no es “aun propia para formar vínculos in- «disolubles, y que yo no quiero re- «solvermehasta que el tiempo haya «madurado su corazon y su enten- «dimiento.” El resto de la carta no contenia sino consejos paternales, y pormenores de familia, por lo que Doña Aurora se contentó con pasar la yista ligeramente por ella, y se la volvió á Floreta sin querer siquiera mirar la firma. Preguntósin embargo A 60 á su jóven protegida, si tenia algun antecedente, por donde pudiera venir en conocimiento del motivo que su padre la ocultaba, manifestando gran deseo de saberlo; y Floreta le aseguró con todas veras que la única causa á que podia atribuir la negativa de su padre era la. diferencia de condiciones; pues ella era hija de un ciudadano distinguido de una de las principales ciudades de Portugal, y el padre de Isidoro no pasaba de ser un labrador. Pero añadió, que aunque su padre era exacto observador de las convenciones sociales, no por eso habia conocido jamas el orgullo; y que ademas, hallándose entonces enteramente dedicado á los egercicios de piedad, no era presumible se dejase arrastrar por unos - sentimientos indignos de un cristiano. Manifestó que desde el recibo de la carta habia estado disenrriendo sobre su contenido; pero que ninguna de sus conjeturasle habia ofrecido - una solucion satisfactoria del misterio que aquellaencerraba. HE a ». NN 61 No pudiendo Doña Aurora adqui- .rir mas noticias, despidió á Floreta, diciéndola que á fin de evitar al Marques una sensacion desagradable , se encargaria ella de instruirle del mal éxito del negocio; y la advirtió que en su opinion era preciso dejar las. lecciones de arpa, por lo menos hasta tanto que la indiferencia hubiese ocupado el lugar del amor. Conoció Floreta la prudencia de este consejo se retiró con los ojos arrasados de ota despues de haber besado con respetuosa gratitud la mano de su señora. . Luego que se hubo retirado , to= mo Doña Aurora la pluma para escribir al Marques. Ninguna le parecia bastante buena; y estuvo tambien largo tiempo escogiendo entre el papel ingles estampado, de que ordinariamenle se seryia, el pliego que le pareció mas hermoso. Esta era la segunda carta que dirigia á Don Luis. de Tavira, y al escribirla reflexionó ella misma sobre'si-en hacerlo obra= ria de un modo conforme á los usos 62 admitidos, y al recato propio de su sexo; pero. no vaciló ya cuando recordó que su mano estaba destinada irrevocablemente al amigo mas intimo del Marques, y que el objeto de escribirle era un acto:de beneficencia hácia unos súbditos, cuya suerte dependia de ellos. Entretanto creemos no deber pasar en silencio que puso un cuidado particular en que la carta fuese digna de la persona á quien se difigia. Guando la leyó antes de cerrarla tuvo la desgracia de hallar una ligera falta de ortografia; ¿y se cre erá acaso que borrando la palabra mal escrita, puso encima la correccion? Nada de eso, semejante proceder hubiera sido poco delicado, pues en las cartas que se escriben á personas de distincion no debe haber enmienda; fuera de que habria pasado: por una ignorante á los ojos del Marques de. “Tavira, cuya instruccion era tan: vas- + como ingenioso y agudo su enlen- —dimiento. Prefirió pues volyer á empezar la carta, y el Marques pudo gloriarse , cuando la recibio, de que ' 63 poseía á la vez un modelo de estilo y Caligrafía. Los pasos que habia dado el Marques para el establecimiento de Isi. doro, no habian dejado de producir un gran combate en su interior; porque como de cada dia se hallaba mas y Mas unido á dicho jóven, conoz cia mejor lo muy difícil. que le seria el pasarse sin sus servicios. Pero entre todos los defectos, el egoismo era el que mas se oponia al carácter de Don Luis, y del que le hubiera sido mas sensible el verse acusado; y esta delicadeza le daba una condescendencia, acaso excesiva, para todo lo que tenia relacion con sus sa= Uisfacciones personales; de modo que era muy frecuente en el privarse de los goces mas preciosos por el temor ” arrogarse derechos que no: le perTencciesén. En esta ocasion no habia - dejado «de Complacerse secretamente al: ver la indiferencia-con que mira-= ba Isidoro el matrimonio que se le proponia; mas esto no le habia ¡m- - Pedido el levar adelante un proyec- 64 ] to que miraba como ventajoso para la fortuna de su page, y necesario para la felicidad de Floreta: consideraciones muy importantes que él no odia de ninguna manera sacrificar al deseo de conservar á su lado 4 un pee que le habia dado muestras de la mas pura y desinteresada adhesion. Mas habiéndose destruido el proyecto por una: voluntad estraña, sintió el Marques tanta mayor satiSfaccion cuanto que no tenia nada. que echarse en cara. as La alegria de Isidoro al saber la negativa del padre de Floreta, fue pura y completa. Este jóven tenia también sus secretos; y si el amor que profesaba á su amo era efectiva= mente la verdadera causa que no le permitia pensar en separarse de él, ocultaba ademas en el fondo de su corazon, otro motivo que le hacia insoportables las sencillas demostraciones de la inocente pasion de Floreta. Creyó su amo que al participarle la noticia que acababa de recibir, debia manifestarse ofendido de lo que 65 llamaba orgullo del padre de la jóven; “pero Isidoro Je contestó que á él le parecia su conducta tan natural, que tal vez en su lugar hubiera hecho lo mismo; y que en todo caso era para él una felicidad el haer dado con una persona de aquel temple, pues con esto se ahorraba el isgusto de efectuar un casamiento que no le convenia. Y «Con much: frescura lo. tomas, querido Isidoro, dijo el Marques; y Pues así es, yo tambien habré de entrar á la parte en tu alegria; mas no puedo dejar de compadecerme de la pobre Floreta. y -«Floreta hallará sin duda un homte que le convenga mas que yo, respondió el page: es amable y bonila; su señora toma mucho interes Por ella, y le formará un dote; y con todo esto, no la faltarán partidos. Por: lo que hace á la pasion que me ha manifestado, no será eterna; Porque no hay mas amor constante que el que se funda en la estimación Y £M la conformidad de los gustos y OMO 11, 5 72 entonces «romper el silencio,. pero “acordándose luego de la inmensa distancia. que le separaba de su amo, entraba en sí mismo, recogia las riendas del caballo, y se quedaba á cier= ta distancia respetuosa. - «La primera vez que habló el Marq , fue cuando al doblar un reco= o que formaba el camino, se ofre=: ció de golpe á sus ojos:el puerto de Lisboa; y el sinnúmero de bageles que en él se hallaban fondeados. - «Mira, «Isidoro; dijo:,: esas ricas: naves que traen al. Tajo. las riquezas de ambos: hemisferios : entre: las que ahora. estamos mirando se halla seguramente la. que cargada de un teso= To mas precioso que:el oro y los:aromas de la: Endia, ha vuelto: á los brazos de sus padres:á un hijo tierno, y á miel mas amado de mis amigos.” Isidoro: que jamas podia oir hablar á suzamo del afecto que profeseba 4 quien quiera que fuese, sin que se. despertasen al momento sus «celos, suspiró y permaneció silencioso. Advirtiólo el Marques, pero no: 73 se dió por entendido, antes bien continuó por el mismo tono; y habiendo dicho al page que se acercase:, le obligó á examinar con él los diferen tes navios que se descubrian, para conocer si era posible, fuese por la maguitud, por la forma;,-.ó por el lugar en donde hubiese anclado, el último: que habia legado: de ¡las -Indias Orientales, que era el que debia haber conducido al joven Conde de A. |meida. | | Cuando se hallaban contemplando aquella escena magestuosa; el eco lejano de un cañonazo llamó la atencion del Marques, que dirigió al momento. sus: miradas hácia el lado en : donde habia: creido oirle, que era á la: parte del rio que:está-bajo la ciudad. Al pronto: no distinguió otra cosa que una ligera humadera, que en contraposición de un cielo del mas subido “azul, parecia uba especie de velo transparente; mas .no tardó en advertir que salia de un soberbio navio de tres puentes que subia el Ta= . JO 4 toda vela, y que habiendo lle- 74 gado ya delante de los fuertes los saludaba antes de dar fondo. Repitiéronse los tiros por interválos iguales, y cuando el bagel acabó su saludo, respondieron los fuertes con igual número de cañonazos. «No necesitamos saber mas, dijo Tavira; mi corazon me anuncia que mi amado Almeida viene en ese navio: si, apretemos el paso, y aun llegaremos á Lisboa á tiempo-de gozar los momentos de su entrada en. la casa paterna, y recibir sus primeros abrazos. «Me es sensible, señor, replicó. Isidoro, pero: no puedo menos de: disipar una ilusion que Os: parece tan dulce. ¿No veis que el buque que va á fondear, ha enarbolado el pabellon ingles, cuaudo el señor Conde de Almeida viene en una fragata de guerra portuguesa? «Tienes razon, contestó tristemente el Marques, cuando en lugar de las siete torres portuguesas, reconoció la doble cruz de la Gran Bretaña.” | Aunque esta equivocación poco Ss 75 importante, no disminuia en nada la robabilidad de la: llegada de Almeida, derramó sin embargo en el espiritu del Marques una tristeza, á que no pudo resistir, y volvió á quedarse tan silencioso como al principio del camino; pero esto solo duró hasta que entraron en los arrabales de la capital, pues entonces el movimiento y tráfago que por todas partes le rodeaba, le reanimó un poco, recobró su alegría, y se dió prisa a llegar á su casa. - Mudóse de ropa apresuradamente, y voló al momento á casa de Almeida: pasó sin detenerse por delante del portero, y se dirigió en derechura á la habitacion del Conde. La primera persona que al entrar encontró, fue al viejo Manuel ayuda de cámara del Conde, que hacia ya Cuarenta años que gozaba' de toda la confianza y aun de la amistad de su amo. «Y bien, querido Manuel , esclamó . el Marques, ¿ha legado ya mi amigo?” La única respuesta que recibió TaVira, fue un torrente de. lágrimas. «¡Cielos! continuó, ¿qué ha suce- 76 : dido? ¿acaso habrá el cielo dispuesto súbitamente de la vida del respetable Conde antes del regreso de su hijo?” Aquí se redoblaron las lágrimas de Manuel. «Esplicaos por Dios, buen viejo, añadió vivamente el Marques, cuya impaciencia llegaba ya á su colmo. —«¡Ay de mi! no es á mi viejo señor, á quien ha querido Dios lleyarse para sí: vive aun para arrastrar todavia algunos años de existencia dolorosa, y llorar la prematura muerte de un hijo, que era la única esperanza de su ancianidad, y la gloria de . su. casa.” hijo ....! Querido Manuel, ¿es qué el * dolor perturba vuestro entendimiento, Ó me engañan acaso mis oidos! | 77 » | porque ciertamente yo no he oido bien. —«Demasiado cierto es, señor Marques. ¡Pluguiera al cielo que yo hubiese perdido la razon la víspera del dia en que recibimos esta cruel noticial mas ¡ay! vivo para sentir y padecer por todo lo que veo y oigo. ¡Pobre amo mio! ¡sin duda morirá de penal —«¡Luego he perdido á mi mejor amigo! ¡Mi querido Almeida! ¡Cuánta felicidad, cuántas esperanzas destruye tu muerte! Pero decidme, Manuel: ¿cómo sucedió este fatal acontecimiento? —«Aun no ha recibido mi amo noti- - cias Ccircunstanciadas del hecho. Pare= ce ser que el viage fue muy feliz desde Goa al Brasil, pues las últimas cartas que anunciaban la próxima salida del buque para Europa, estaban escritas en Riojaneiro. El gobierno recibió despues aviso de que la fragata habia efeetivamente salido de aquel puerto; pero que acometida pocos dias despues por una tempestad espantosa, fue arroja-> da á las costas de la Guyana sin que ». a rodada | Ss pudiese salvarse ponona alguna de la tripulacion , ni de los pasageros. —«¡ Desgracia cruel! Yo quisiera, Manuel, poder aun dudarla, y nome atrevo á li se como ha sobres | llevado el señor Conde este golpe. > --»0s he dicho ya, señor, que mi pobre amo morirá indefectiblemente de sus resultas, y yo no le sobreviviré. —«Id, amigo mio, decid al señor Conde, que me hallo de vuelta en Lisboa, que me habeis instruido de es-. ta funesta novedad, que le pido permiso para entrar á unir mis lágrimas con las suyas, y quedo esperando su respuesta en este salon.” Retiróse Manuel despues de haber - saludado al Marques; el cual luego que se halló solo, se puso á discurrir y llegó casi á persuadirse que todo lo que acababa de oir era uno de aquellos sueños fatigosos, que nos agitan á las veces, y de los que despertamos despavoridos, y llenos de un terror invencible que en vano procuramos disipar. Dirigia sus miradas á cuanto le rodeaba, y no podia hacerse CcarA > AS PA A 79 > . go de que aquellos lugares ya:no vol. verian jamas á ser embellecidos con la presencia de su amigo, ni resonaria en ellos el eco dulce de su yoz. Esta idea le era tan insoportable, que hizo un esfuerzo para apartarla de su imaginacion, y acabó persuadiéndose que no era Manuel , sino el mismo Almeida el que esperaba, € iba 4 ver entrar; pero los pasos lentos del anciano que llegaron á sus oidos antes qe este se presentase, principiaron á desengañarle, y su semblante triste y desolado no tardó en disipar enteramente aquella agradable ilusion. Manuel dijo al Marques que su amo - no habia visto aun á madie despues de recibida la noticia de la muerte de su hijo; que hubiera deseado hacer una excepcion en favor del Marques de Tavira, pero que no se sentia aun con bastantes fuerzas para soportar la vista de quien habia conocido y sido amigo de aquel hijo tan amado; que por lo mismo le suplicaba no llevase á mal que no le recibiera por entonces, y estuviese persuadido de que seria la ES 80 a primera persona que admitiria luego que la religion hubiese tomado algun imperio sobre su: alma. | No podia Tavira ofenderse de esta contestacion; pero no dejó de aumentar su amargura, pues como aun no habia podido llorar, esperaba que la vista del padre de su desgraciado amigo , y de la desolacion en que se hallaba su familia, enterneceria bastanté su corazon para: promover el llanto, y juzgaba tambien que los lamentos con que mútuamente espresarian su dolor, servirian para consolar al Conde , impidiéndole que concentrase en su seno la pena que le afligia. Pidió, pues, una pluma, puso precipitadamente sobre el papel algunas palabras, y entregó el escrito á Manuel á fin de que lo llevase á su amo. Salió en seguida, montó en su carruage, corrió todos los cristales, y mandó al cochero que le llevase á casa. + Esperábale el page en el tocador, segun acostumbraba, muy ageno de pensar lo que habia sucedido. Sor= prendióse desde luego cuando vió vol. o a e PPP a — SA 81 ver.á su amo mucho mas pronto de lo que le esperaba, y seria dificil pintar la sensacion que le causó el semblante espantado del Marqués, cuando despues de haber abierto: con violencia la puerta del gabinete «se echó en un sofá sin hablar palabra. Cuando entró el Marques en su casa, estaba Isidoro leyendo, y al oir:sus pasos en el. salon, dejó el libro , se le= vantó de la silla, y permaneció in= movil en su lugar, con la mano izquierda apoyada sin fuerza sobre la mesa , el brazo derecho caido natu= ralmente, la cabeza un poco inclina da, y los hermosos ojos dirigiendo por entre sus largas pestañas una mi= rada tierna é investigadora sobre el Marques. Uno y otro guardaron esta posicion algunos minutos, hasta que al fin rompió Tavira el silencio esclamando: , «¡Ay querido Isidoro! ¡ya no tengo amigo!” Hizo el jóven un movimiento de sorpresa; porque como no tenia no=- ticia alguna de la desgracia ocurrida OMO 11, 6 Mm d is 88 y. sin murmurar. En cuanto á Doña Aurora, su tristeza era una melancolia dulce, en la que en cierto modo parecia complacerse; y hubiera podido decirse que estaba triste sin saber ella misma el motivo, en una palabra sus ojos se asemejaban á un espejo, en el que reflejaba la pena de los demas sin llegar á su alma. CAPÍTULO XIX. / 6 pe e de la muerte de su hijo se habia el Conde de Almeida separado enteramente de la sociedad; pero recibia de cuando en cuando con el mayor gusto á los amigos que no temian entristecerse con la compañia de un anciano desgraciado, y salia algunas veces á tomar el aire; mas al fin dejó igualmente de frecuentar la sociedad, y reunirla en su casa: de modo que la mayor parle de sus conocidos, no recibiendo ya mas invitaciones, no se atrevian á visitarle por no esponerse á ser importunos; y de ahi es A 89 que á pesar de su elevada clase poco á poco vino á quedar enteramente olvidado en la capital. Solo Tavira, co mo que estaba seguro de ser bien re= cibido á toda hora, frecuentaba constantemente la casa de Almeida, á la que concurría por lo ordinario cada dos noches. Su presencia disminuia el tédio de los desgraciados que la habitaban: estos eran los únicos momentos en que parecia que el Conde olvidaba la pérdida que habia sufrido; animábase la conversacion, y Tavira por su parte no dejaba jamas la casa del Conde sín reconocer que habia adelantado algo en instruccion y virtud. Cuando mas trataba al Conde y á su familia, mas se robustecian los afectos que cada uno de sus individuos le habia inspirado. Aumentábase progresivamente su compasion hácia el desventurado padre, á quien habia privado el cielo del último renuevo de su noble estirpe. Pareciale ver una palma, que entre todos los árboJes de un bosque frondoso en otro tiempo, era la única que habia podido resis- >» PA e - : 90 tir al soplo abrasador del viento del desierto. Cada dia hallaba nuevos motivos de admiracion en aquella madre piadosa y resignada; y tambien discurria con frecuencia sobre cuales eran los sentimientos de Doña Aurora en tan dolorosas circunstancias. La especie de indiferencia: que. esta mostraba, y que el Marques creyó en un principio que la afectaba por modestia para ocultar los verdaderos serítimientos de su corazon, le pareció al fin que era muy verdadera; por= que discurrió con fundamento que á ser fingida, era imposible que una vez ú Otra no se hubiese hecho Doña Aurora traicion á sí misma en presencia de un hombre que la veia casi todos los dias, y lo que sucedia era cier» tamente lo contrario; pues se observaba en.su conducta y en su humor una igualdad que no podia provenir sino de un profundo disimulo ó de una estrema indiferencia hácia el esposo que le habia sido destinado; y como nada en su carácter indicaba que pudiese ser disimulo , de aqui odolAl + 94 ' yó Tavira que ella no habia nunca amado á Almeida, y que en el fondo de su corazon se alegraba de haber quedado libre. 2h La primera vez que le ocurrió €esta idea se encolerizó fuertemente contra Doña Aurora. ¡Cuán necias y Su= perficiales son las mugeres! decia; y tú sobre todas, jóven imprudente, ¡ cuán poco «digna eras de poseer el tesoro ue unos padres tiernos te habian destinado! ¿Hubieras podido apreciar las virtudes de tu esposo, aquel corazon noble y generoso, aquella alma franca, aquel talento cultivado, y aquellos sólidos principios? Todo esto pierdes, y ¡contemplas tu pérdida con indiferencia! Acaso la celebras en secreto,-y suspiras por el momento de dár tu mano á algun necio, Cuyo €sterior brillante te habrá seducido, y que solo te conducirá al altar para hacerte infeliz. Mas. debe advertirse que el Marqnes solo en algunos ratos de mal humor, era cuando se entregaba á unas rellexiones tan poco favorables á la - que las motivaba; pues en los momen: tos de calma convenia él mismo en que era muy natural que una jóven como Doña Aurora, enriquecida con todos los dotes que la naturaleza y la fortuna pueden de desease elegir ella misma su esposo; que debia serle muy duro el verse á su pesar unida á un hombre, á quien jamas habia visto, que acaso en medio de sus bellas cualidades no interesaria su corazon; y que tambien era muy posible que en la numerosa y brillante sociedad que antes se reunia en casa de Almeida hubiese efectivamente encontrado algun hombre que hubiera llenado sus ideas, en cuyo caso nada tenia de estraordinaria su conducta. Desde la primera yez que se presentó este pensamiento á la imaginacion del Marques, se propuso este examinar mas de cerca á Doña Aurora, y quedó muy pronto convencido de ue sus sospechas no carecian de funEnt. Entonces sintió vivamente que el Conde se hubiese separado de la sociedad , porque se persuadió que: e Í 93 á no ser asi, le hubiera sido fácil des» cubrir el dichoso rival que-se habia enseñoreado de un corazon destinado en Otro liempo á-.su amigo. > Sin embargo aunque la, soledad que reinaba por entonces:en la casa de Almeida debió hacer. sus observaciones muy vagas é inciertas. en sus resultados, no dejó de continuarlas con la esperanza de que algun acontecimiento favorable le proporcionaria tarde ó temprano la. ocasion de descubrir los secretos de la señorita de Seixa. . Mas una circunstancia imprevista puso algunos obstáculos al exámen á que se habia dedicado; porque habiendo advertido Doña Aurora que el Marques fijaba en ella sus miradas con mucha mas frecuencia y. atención de lo que acostumbraba, se sonrojó y entró en si misma, á la manera que se replega la sensitiva ante una mano indiscreta. ; Advirtió Tavira esta mudanza, y sintió sobremanera haberla ocasionado con su falta de precaucion , porque previó que una vez advertida Dóha Aurora, le seria mucho mas difi- - : 94 cil descubrir loque deseaba. Mudó, pues', de táctica , y por algunos dias afectó mirar con. grande indiferencia todo lo que tenia relacion con Doña Auróra, y aun habló dde un proyecto de viage que debia alejarle de Lisboa por algunos meses. lista noticia no podia en su opinion dejar de: ser muy agradable á la señorita de Sei= xa; pues su ausencia la libraria de un celador incómodo sin duda, yla permitiria entregarse a los movimientos de su corazon sin temor de des: cubrirse. Pero con grande admiracion de Don Luis, vió este por primera vez en los ojos de Doña Aurora todas las señales de un sentimiento verdadero, circunstancia que le sorpren= dió, y le hizo entrar: en profundas meditaciones. Siguió en el mismo estado, aun despues de haber salido de+la casa dé Almeida; y mientras se dirigió 4 la suya, se puso por primera vez d Teflexionar de donde nacia su curiosiz dad, y con qué derecho trataba de penetrar: los secretos de una persona, 95 que le era enteramente estraña. Simi amigo viviese aun', decia; pensaria yo que era el interes de su felicidad:el que me movia, y que me irritaba por verle víctima de una traicion ; mas ¡ay! Almeida no existe, aquella en cuyas manos hubiera puesto él toda su gloria, tiene libertad para obrar como le parezca, y sus acciones ninguna influencia tendrán ya en la suerte de mi querido amigo. La «preocupacion del Marques no le impidió el advertir cuando entró en su casa, que el semblante de Isidoro se hallaba alterado: parecia que se alegraba mas que otras veces de ver. á su amo,'á quien hizo algunas amigables reconvenciones. porque se habia retirado tarde, siendo así que la hora' era la misma á' que 'acostum= braba hacerlo, y trató de persuadirle que no: saliese ya por la noche sino en carruage. Admirado el Marques respondió á Isidoro que se habia retirado á la hora que tenia de costumbre, y que él sabia muy bien que cuando hacia buen tiempo gustaba mas 96 de salir 4 pie. Viendo el page que en este particular no podia adelantar nada, suplicó á su amo, que á lo menos permitiera que fuese él en su compañía siempre que saliese despues de pst el sol, á. lo que respondió el arques , que este punto se decidiria en la primera ocasion. : Aunque la inquietud de Isidoro no se ocultó, como hemos dicho ,.á la observacion del Marques, se hallaba este demasiado ocupado een sus propias reflexiones , para pensar en preguntarle la causa: pero á la mañana siguiente, viéndole entrar en su cuarto con todo el aire de.una persona que ha pasado la noche agitada, se acordó de lo que habia advertido la noche anterior, y le preguntó cuál era la causa de su inquietud. Al principio negó Isilloro hallarse alterado: dijo en seguida que no eran mas que unas aprensiones ridículas que se le habian ocurrido, pero al fin concluyó confesando que estaba efectivamente, sobresaltado á causa de un encuentro que habia tenido. 49 97 «¿A quién has encontrado? dijo el Marques. —«A Pedrillo. —«¡Pedrillo! ¿Y quién es Pedrillo? —«Aquel desconocido de quien os hablé en otra ocasion que habitaba en el pueblo de Chaves, y que tenia tan mala fama. Sospechando yo siempre que luvo parte en vuestro asesinato, le denuncié á la policia; y habiendome presentado despues muchas veces en la prefectura á saber si le habian ya prendido , siempre me han contestado que seguramente habrá salido de Portugal , pues que hasta ahora ha sido imposible bacer aprension de su persona. En fin ayer le encontré en una de las calles vecinas , y al verle sentí un estremecimiento involuntario; seguile á lo léjos, y le ví discurtir por estas inmediaciones por espacio de media hora: parecia que examinaba con cuidado todas las salidas de esta casa, y yo no estrañaria que quisiese hacer una segunda tentativa Contra vos. Asi que, mi amado señor, yo os lo suplico, cuidad de vuestra OMO Ll. 7 104 tado.... Pero, ¿qué mas? Aun no se ha terminado la disputa de los marineros; y su Curiosidad ha cedido á la precision de seguiros: vedle allá. —«¿En dónde? —«Aquel hombre alto, rojo, de facciones muy marcadas, que vá por la otra cera, nos sigue con la vista y se detiene cada vez que, nos paramos. Greedme, entrémonos por aquí, y procuremos llegar á la casa de Almeida por calles escusadas. —«aNo, Isidoro: he consentido en que me siguieras para que pudieses socorrerme en el caso en que me viese atacado; pero nunca Don Luis de Tavira se esconderá para evitar Ccobardemente las miradas de su enemigo, y aun haré mas; le esperaré aquí á pié firme.” En efecto dichas estas palabras, se detuvo el Marques, y se puso á mirar de hito en hito á Pedrillo , el cual pasó tranquilamente por delante de él, y tomó por la primera calle que se dirigia al, puerto. El Marques siguió su camino con Isidoro, y cuan- 105 do se hallaron frente «la calle que era muy ancha, no descubrieron ya al individuo que parecia seguirles los pasos. Esforzóse Don:Luis en persuadir á su page:que el partido que habia tomado era el «mas prudente, y el mismo Isidoro «convino en ello, despues de lo cual se encaminaron directamente á casa de Almeida, adonde llegaron sin otra aventura. Eran ya las diez de la noche, y la atmósfera estaba muy oscura, cuando el Marques advirtió á su page que iba á salir para volverse á su casa. Habia Isidoro dispuesto sin noticia de -su amo, que el cochero de este fuera á buscarle: disgustóse Don Luis al encontrar el coche á la puerta, y cuando estaba resistiéndose á subir en él, de repente dá Isidoro un gri= to y cae á sus pies, y al mismo tiem- “po se escapa á favor de la. oscuridad un hombre embozado en una gran Ca pa. 09 «¡Dios mio! esclamó el Marques, ¿qué tienes querido Isidoro? —«Nada, señor, ó al menos asi 106 | lo espero, respondió el page con voz alterada. ” Ayudóle el Marques á levantarse, llegaron al momento muchos criados del Conde, y á la luz de las hachas ue llevaban, se vió que los vestidos de Isidoro estaban teñidos de sangre. «q Estás herido, hijo mio?- dijo Don Luis. —«Ligeramente , señor,” . Cogióle. el Marques por el brazo, le hizo volverá entrar en. el patio, y habiéndole sentado en una silla se disponia á quitarle la ropa para reconocer la herida; pero Isidoro le | manifestó que casi no tenia dolor alguno, pues solo estaba herido del brazo , y que de manera alguna consentiria en que su señor le desnudase. | «Entremos en el coche, señor, di- | jo Isidoro, y volvámonos á casa. Vuestro cirujano verá mi herida, y vos le creereis cuando os asegure qué es muy leye.” Durante este debate se esparció por la casa de Almeida la noticia de la ocurrencia: el Conde y la Condesa 407 “bajaron al patio seguidos de Doña Aurora y de Floreta. La: señorita de Seixa estaba. pálida y azorada, porque las primeras voces que habian llegado á sus oidos eran que el Marques. acababa de ser asesinado. Cuando: vió que el herido era Isidoro, recobró la tranquilidad; pero “transmitió su inquietud ¿4 Floreta, que sin reparar en las personas que la rodeaban, se arrodilló delante del page y se deshacia en lágrimas. | «Tranquilizaos , señorita, dijo Ísidoro, que no ha muerto nadie, y si yo me hallo herido ,:0s aseguro que es muy levemente. «Yo quiero verlo, yo quiero curaros, esclamó Floreta, quitándose el pañuelo que llevaba puesto , y haciéndole tiras. «Dejadme por dede replicó :el page, no necesito nada. q «Pero señor Isidoro, dijo el Conde de Almeida; haceis mal en no admitir nuestros socorros , porque todo seria obra de un momento. - «No, no: no puede ser, repitió Isidoro. | A 108 5 «Pero hijo mio, dijo el Marques al menos enséñanos el brazo, que esto bastará para tranquilizarnos. . —«Por Dios, señor, volvámonos á casa, y tened á bien que solo vuestro cirujano sea el que reconozca mi herida. ] - «No le importunemos mas, dijo el Marques , porque los enfermos suelen tambien tener sus caprichos; pero siquiera ¿no podrás decirnos como te ha sucedido esta desgracia? porque yo con la oscuridad nada he distinguido. | —«Ya lo sabreis despues. «Me parece que ya no sacaremos: mas, dijo entonces el Marques, y solo me queda, señores , rogaros me disimuleis el trastorno y confusion queos habemos causado , y pediros permiso para relirarnos.” Saludóles el Conde de Almeida con la mayor afabilidad , sus criados ayudaron á Isidoro á subir al coche, y habiéndose Tavira colocado á su la-. do, partieron para su. casa. 109 CAPÍTULO XX. : que el Marques se quedó solo con su page, le preguntó sin detenerse los pormenores de lo que acababa de ocurrir. «Ese infame Pedrillo , dijo Isidoro, es el autor de todo; bien sabia yo que no nos espiaba sin objeto. Contra vos, señor, se dirigia; pero felizmente lo advertí yo á tiempo, y pude interponerme para recibir el golpe que iba dirigido á vuestra persona. «¡Generoso Isidoro! esclamó el Marques, ¿con qué podré yo recompensarte lo que haces por mi? —«Nada mas fácil, mi querido señor: un poco de amistad, y mucha confianza: ved aquí todo loque os pido. —«j¡ Y si la herida que has recibido llegase á ser peligrosa! Ni me atrevo á pensarlo: ¡ah cobarde Pedrillo! Yo fio que no quedarán impunes tus delitos. | —«Os repito , señor, que mi he- Ée 7 110 ' rida es muy leve: en cuanto á Pedrillo no será necesario que penseis mas en él, porque ya no teneis nada que temer de sus traiciones. —«¿ Cómo ? — «Desde que ese traidor me ha dado nuevos motivos de inquietud, nunca he salido de casa sin armas, y SO-. bre todo las veces que tenia el honor de acompañaros. Ási pues, cuando es- : ta noche le descubri cerca de la puer= ta de Almeida, no me contenté con defenderos, sino que al mismo tiem= po le dirigí con el estilete ¡una estocada, tan acertada á mi parecer, que ó yo me engaño mucho, ó6 no habrá podido volver á, casa por su pie. —«¡Niño maravilloso! ¿No solo eres valiente, sino. diestro ?” Lo primero que hizo el Marques luego que llegaron á casa, fue enviar á buscar á su cirujano; y asi que hubo llegado hizo aun una tentativa para que se le permitiese asistir á la curacion ; pero manifestó Isidoro tanta repuguancia á consentir en ello, y mostró tal inquietud por la: instancia DATA > as da . 114 con que su amo lo pedia , que temiendo este causarle una calentura que agravase su peligro, renunció, aun=- que á su pesar, á lo que tanto habia deseado. Pero.tuvo una gran satisfac= cion , cuando el cirujano le aseguró que el estado del herido era muy favorable , y que algunos dias de descanso y dieta bastarian para restituirle la salud. Con esta seguridad se contentó el Marques con estar un rato á su cabecera, y examinar por sí mismo si estaba dispuesto todo lo que pudiese necesitar durante la noche, y se retiró en seguida á su cuarto. Al otro dia se levantó Don Luis mucho antes de lo que acostumbraba , y corrió al momento al cuarto de su page, en donde se enteró de que habia logrado un sueño apacible, y que casí no sentia ya dolor alguno. El Marques pasó la mayor parte del dia junto la cama de lsidoro, y este le instaba en yano para que se retirase , y parecia que se hallaba confuso por la bondad y dignacion que con él usaba su amo, el cual se com- 442 placia en repetirle, que no podia ni queria considerarle ya como un do-. méstico , sino como el amigo mas amado y leal. Estas palabras hacian brillar de alegría el interesante y gracioso rostro del page. Era muy natural que Don Luis, ue estaba ya tan acostumbrado á confiar á su fiel Isidoro casi todos sus pensamientos, se hallase todavia mas dispuesto á participarle cuanto pasaba en su corazon, despues de la nueva prueba de afecto que acababa de recibir, y cuando sentado á veces durante muchas horas á su lado, no siempre podian girar sus conversaciones sobre objetos indiferentes. En uno, pues, de estos momentos de confianza, le participó la curiosidad que le habia inspirado la indiferencia con que recibió Doña Aurora la noticia de la muerte de su amigo, las observaciones que habia hecho, y la conclusion que de todo habia venido á sacar. Una nube sombria cubrió los ojos de Isidoro cuando acabó el Marques: 113 de pronunciar estas palabras. —«¿Luego creeis, señor, le dijo, que Doña Aurora 0s ama! —«Lo temo, amigo mio. —«¡Lo,temeis! ¿Y por qué? ¿— «Porque no.sé que partido tomar. No deseo á la verdad, casarme con ella, mas al mismo tiempo. sé que no ¿podria ser insensible al amor de una muger tan hechicera. $ ásinias —«(Y siempre habeis sido tan sensible, señor Marques? —« Cruel Isidoro! ¡qué memorias me renuevas! —«Perdonadme , mi amado: señor: esta esclamacion ha sido involuntaria, pues yo no tenia absolutamente ¿la menor intencion de afligiros.* —«Asi lo creo; y volviendo á Doña Aurora, la idea de que estaba prometida á mi amigo me presenta á la vez. razones para amarla, y para huic de ella. ¿Qué me aconsejas tú en este caso?” AO Hasta aquí habia. ¡pódido. Isidoro ocultar su turbacion , porque lo que por su parte tenia que hacer , estaba Tomo 5. 120. me favor de permanecer 'en mi cuarto todo el tiempo que os sea posible; no me dejeis jamas solo con ninguno de vuestros criados, y si llegase á perder el conocimiento, y delira= se, notad bien todo lo que diga, y —manifestádmelo cuando vuelva en mi acuerdo. Continó Herreira su relacion, refiriendo que durante los dos primeros dias se habia ocupado el herido, en tauto que se lo habia' permitido su debilidad, en examinar varios papeles que sacaba de un eofrecillo, y de los cuales hacia-paquetes que cerraba y sellaba; que al tercer dia le habia acometido un desmayo del que no habia vuelto sino para'caer en un espantoso delirio, en cuyo caso Herreira, (que parecia humano y caritativo), se mantuvo en su cuarto mientras duró el acceso con arreglo á los deseos manifestados por el paciente. Las palabras que este dijo fueron tan aisladas que era imposible aplicarlas ningun sentido, y el huesped solo habia distinguido bien dos. 121 nombres que el enfermo repetia mucho en sus discursos, cuales eran los de Isidoro y de Don Ambrosio, Terminado el acceso dijo Herreira á Don Antonio que estos dos nombres eran los únicos que habia podido retener en la memoria, y le preguntó si eran de dos personas á quienes deseaba hablar. A esta pregunta los ojos del moribundo se manifestaron por algunos momentos estraordinariamente encendidos, y contestó, ¡quién! ¡yo! ¡yo hablar á Don Ambrosio de Larena! Sí, mas pronto le hablaré de lo que él piensa; pero será sin vuestra intervencion: no necesito que venga á verme, porque yo voy á buscarle, y si tú en ningun tiempo dices á persona alguna que has oido salir de mi boca tal nombre, saldré aunque sea de lo mas profundo de los infiernos, y te haré volver las palabras al cuerpo, «Me parece, señor Herreira, dijo Isidoro sonriéndose, que os dan poco cuidado las amenazas de Don Antonio. «¡Cómo! ¿Qué hé dicho yo? es- 122 clamó el huesped perdido el color. “No tengais pena, repuso el page, continuad vuestra narracion que deseo vivamente saber el fin de la historia del señor Antonio. Discurro que es un hombre, cuya conciencia no está muy limpia, y vos no tendreis ningun motivo para arrepentiros de vuestra franqueza , porque Dios no permite que un criminal vuelva del otro mundo á atormentar á los hombres de bien. «Por entonces, continuó Herreira, no dijo mas; pero habiéndome llamado esta mañana, me preguntó de nuevo que nombres habia pronunciado durante su delirio: se los repeti, y me dijo: ese Isidoro de quien he hablado, es un jóven que está en casa del señor Marques de Tavira, al que sirve en clase de page. Importa mucho que yo le vea; pues ño podré morir en paz si no lo consigo: tengo que comunicarle cosas de la mayor importancia, cosas de las que dependen su felicidad y la de su amo.. 1d, pues á buscarle, rogadle que se 123 Ss venga en vuestra compañía y no per= doneis medio alguno para que acceda 4 mis deseos; mas cuidad de que nadie, niaun su amo, oiga lo que le digais. Cuando Isidoro sepa lo que tengo que comunicarle, hará el uso que quiera de las noticias que le daré; pero entretanto quiero que solo él las reciba. Que venga pronto sobre todo, porque ya me queda muy poco tiempo de vida. —«Y bien, señor Isidoro ¿os venis conmigo?” No bien habia acabado, cuando levantándose Isidoro corrió hácia la puerta, pero habiéndole faltado las fuerzas , cayó en tl suelo; ayudóle Herreira á volver 4 sentarse , despues de lo cual le dijo el page suspirando. «Ya veis, amigo mio, que no me hallo absolutamente en estado de seguiros: estoy mas debilitado por la dieta que por el mal; mas hablaré hoy mismo al médico á fin de que lo disponga de modo que pueda salir á la calle de aquí á dos dias. 1d, pues, - y decid á Don Antonio que estoy en 124 p fermo , herido..... ¿lo entendeis? herido, pero que iré luego que me halle en estado de poder andar. «Procurad, señor Isidoro, que sea lo mas antes posible, replicó el huesped; porque sino temo mucho que no encontrareis ya á aquel desventurado.” El Marques que estaba ya impaciente de tan larga conferencia y no dejaba: de tener alguna zozobra por la seguridad de su page, se tranquilizó viendo por fin salir al paisano, y y Cuando entrando en el cuarto de Ísidoro, le halló un poco preocupado, pero por lo demas en el mismo es= tado que le habia dejado. No le preguntó directamente por el objeto de su conversacion con el huesped de San Juan Bautista; mas procuró descubrirlo por medio de rodeos. El page que queria evitar á su amo una inquietud que no se hallaba en esta= do de poder desvanecer, habia resuelto guardar silencio hasta despues de su entrevista con Don Antonio; y en efecto cumplió su propósito y no habló una ¡ABE ) 125 Cuando «vino el. cirujano; le manifestó Isidoro que un negocio del mayor ¡interes le obligaba á salir, y que por lo mismo esperaba le pusiese en. estado de. verificarlo. ¡El doctor ponderó desde luego las ¡grandes precauciones que se necesitaban en una convalecencia ;'wmas. cuando vió que el paciente estaba decidido. á no perdonar medio alguno para recobrar prontamente sus fuerzas, «creyó que debia mirar por su, propio. hónor, y en consecuencia le permitió un ali- - mento mas sólido, y en lugar de las tisanas que hasta, entonces le habia dado le recetó. algunas pociónes entonantes; con lo cual de alli á dos dias ya se halló Isidoro..en estado .de: poder andar, y, sin perder 'un instante se ' presentó: en. la hosteria de San Juan Bautista. pá «Asi que el huesped le vió entrar, se separo,al momento de. un viagero que acababa de llegar , y habiendo encargado 4 un «mozo: que «le enseñase el cuarto que le habia destinado, pasó con Isidoro á una pieza pequeña 126 muy separada, adonde nadie podia oir lo cd hablaban. | «Habeis llegado demasiado tarde, señor, dijo Herreira, luego que se hallaron solos: Don Antonio murió ayer por la tarde. H «¡Cielos! esclamó el page; y los secretos que tenia que comunicarme ¿se habrán sepultado con él en el sepulcro? 108 JET TECEO «¡Ojala que lo hubiesen: sido! replicó el huesped; mas yo temo aun mayor: desgracia. —«¿ Cuál? —«Que se hallen en poder de un enemigo de vuestro amo. —«¡ Me haceis estremecer! ¿Y qué motivo teneis para pensarlo? -—«Escuchad, señor , todo lo que ha sucedido. Guando anteayer volví yo de veros, participé 4 Don Antonio loque me habiais dicho; y al saber. que vuestra salud no os permitis ria venir por la tarde , y que de con» siguiente no podria hablaros hasta pasados algunos dias, se entregó á la mas cruel desesperacion. ¡Desgracia- ; 437 do mí! esclamó; ¡no podré reparar los males que he causado! Procuré consolarle, y le propuse desde luego que se franquease directamente con el señor Marques: ¡Jamas! me respon» dió. Entonces le ofrecí ser su confidente, prometiéndole la mayor reserva y precaución, pero no habiendo admitido tampoco esta propuesta, le sugerí la idea de que confiase todos sus secretos á un honrado eclesiástico, autorizándole para que os los trasmitiese á vos. Enfurecióse al oirlo, y prorumpió en blasfemias tan horrorosas, que yo senti de todas veras haberle recibido en mi hosteria; y os confieso , señor, que aun temo que la presencia y la muerte de tal impio en mi casa, han de traer alguna desgracia á mi familia. Permaneció en este estado de incertidumbre durante toda la tarde y noche de anteayer, y ayer por la mañana me pidió que le hiciese llevar á su cuarto un brasero encendido , y le diese el cofrecillo que estaba sobre la mesa. Hicelo asi, y cuando le abrió yi que contenia múu- 128 chas. cartas y otros papeles: empezó luego á desenvolverlos, y 4 irlos quemando uno tras olro; mas en esto se, abre de repente la puerta del cuarto, y entran dos hombres desconocidos: uno de ellos:me dice, poniéndome una pistola al. pecho: si hablas, eres muerto. El otro corrió al lecho del moribundo: le arrancó los papeles que tenia en la mano,,. y en ¡seguida se puso á registrar todos los rincones del. cuarto para ver si,ha:laria algunos mas. Concluida esta: operacion preguntó á Don Antonio , ¿están aqui todos?; el herido con una voz que apenas podia entenderse , respondió. que no .tenia mas papeles que aquellos; y con esto :se retiraron los dos desconocidos , previniéndome que no saliese del aposento hasta que hubiese pasado un Ausitor de «horas ebria Escuchaba Isidoro lo que. decia el huesped con el mayor interes. y atencion; y habiéndose. Herrera! detenido un poco, le rogó que siguiese. «La desesperacion 'del :enfermo, continuó el huesped, se redobló luepo Es is To e E 129 go - que partieron aquellos hombres: ¿Con qué todo se ha perdido? decia; ¡elinfierno me persigue y proteje al crimen! La conmocion que le causó aquella: aventura, le ocasionó un delirio muy largo. Sin embargo recobró su conocimiento poco despues de mediodia; pero su debilidad se hallaba en el mas alto grado, y todo anunciaba que le quedaban ya muy pocos instantes de vida. Entonces me hizo: sentar á su lado, me dijo que tomase: la pluma, y me dictó este papel que veis.” | Al decir esto entregó el huesped a Isidoro un escrito concebido en estos términos: «Me proponia reparar antes de mo- «rir algunos de los muchos perjui- «cios que he causado al Marques de «Tavira, manifestándole el nombre «del implacable enemigo que le per- «sigue, Cuyo instrumento he sido; y «deseaba tambien poner en manos del «señor Isidoro unos papeles que cier- «to acaso , queno quiero esplicar, hi- «zo venir: a mis manos, los cuales: Tomo mn. E 9 136 la Condesa, descubro el: dolor de una madre; y veo, en fin, que esa jóven é interesante Aurora, que me con= fió al morir el amigo de mi corazon, y que debia ser un dia mi hija, vaá ser para mi una persona estraña; porque ciértamente yo no puedo exijirle que permanezca siempre á nuestro la= do: su nombre, su belleza, su fortuna, todo me impone el deber debuscarle un esposo; mas yo no sé si podré sobrevivir al momento en que sea preciso que la conduzca yo mismo al altar para entregársela á otro que á mi hijo.” í l La conclusion de este discurso pareció al Marques venida del cielo para darle oportunidad de abrir su corazon al Conde. y - «Nadie en el mundo, señor, respon= dió, conoce mejor.que yo la verdad de cuanto:acabais de decir, ni participa mas vivamente de vuestras penas; me lisongeo de que estais persuadido de toda la sinceridad del respetuoso y aun filial afecto que Os profeso. -—«0s he dado de ello una gran prue= « 137 ba: vos sois el único de todos mis amigos, á quien admito en lo interior de mi familia, y no os oculto ni mis penas , ni mis debilidades. —«¿Me permitireis,. pues, que os ha: ble con entera franqueza? —««No solo os lo permito, sino que os. lo ruego. ADIOS a —«¿Cuáles son, señor, vuestros proyectos para lo venidero? ¿Es posible que tenga atractivo para vos la man= sion de la capital? La mudanza de aires y de vida ¿no contribuiria mejor que cualquier otra cosa 4 la conservacion de vuestra salud que tanto apre= cian vuestros amigos, y al alivio de vuestras justas penas.? 3 '-— «Asi lo creo. Pero ¿4 dónde podré yo ir? ¿Me volveré á la India donde todo me recordará la funesta muerte de mi hijo? ¿Iré á sepultarme en alguna ciudad de provincia? ¿ó bien querriais que á mi edad redujese á metálico mifortuna para comprar: tierras, y con ellas pleitos y disgustos? Me queda ya muy poca vida, y pienso morir en esta misma Casa. - 138 —«Ninguna preferencia me ha fijado en Lisboa, señor Conde: dejé el castillo de Tavira por consejo de vuestro amable hijo con el objeto de distraerme del sentimiento que me causaba la muerte de una esposa, á quien habia tratado con una injusta indiferencia, por lo que me ta un remordimiento que en manera alguna podia acallar. Jamas he tenido la _idea de abandonar para siempre los sitios que me vieron nacer, y estos se harian para mí mucho mas deliciosos , si vos Os dignaseis acompañarme, y fijándoos alli reemplazar para conmigo á un padre que me arrebató el cielo demasiado pronto.” Animáronse los ojos del Conde al oir esta proposicion, y por la primera vez despues. de la muerte de su hijo se dejó ver en su semblante un ligero aspecto de complacencia. Cogió luego la mano del Marques, y se la apretó con la mayor ternura. «Tambien podria suceder entonces, continuó Tavira, que Doña Aurora me prefiriese á la multitud de —— 139 amantes que su hermosura atraerá precisamente en su rededor. —« Mi pupila, señor Don Luis! ¿Pues qué? ¿la amariais vos? —«¡Ah señor Conde! No me atrevo á decir á nna muger que la amo; mas puedo aseguraros que no he encontrado aun otra con quien me tuviese por mas dichoso de pasar mi vida. —«Y yo os protesto por mi parte que sois el único hombre á quien podria ver sin sentimiento.ocupando el lugar: de mi hijo en el afecto. de mi pupila, como lo ocupais ya en mi ternura. Voy, pues, á participar vuestra propuesta á la misma Doña Aurora, y si por su parte no hay inconveniente, podeis mirar como hecho este matrimonio. Yo soy ya viejo, y mis desgracias me han aviejado mas aun que: los años; deseo con ansia yer cerca de mi algunos seres felices; la hablaré mañana mismo, y sabreis su respuesta al dia siguiente,” Interrumpióse la conversacion con la entrada de la Condesa y de Doña Aurora; y en todo el resto de la no- 140 che manifestó el Conde una serenidad y aun una alegria, que no pudo menos de sorprender á aquellas señoras. No estaba tan eta lo el Marques; pues no podia dejar de pensar en que acababa de fijar con una palabra el destino de toda su vida, porque era casi imposible que apoyando el Conde su pretension, la desechase Doña Auro= ra. Acordábase Tavira de las desgracias que habia ya sufrido por el amor, y pensaba tambien algunas veces en doo, cuyo carácter delicado. y celoso no era de esperar viese con indiferencia este matrimonio. ¿Y cómo afligir á aquel jóven amable, que no vivia sino para su amo? A fuerza de reflexiones casi legó el Marque á arrepentirse del paso decisivo que acababa de dar; y temiendo en fin que pudiesen leer en su fisonomia la turbacion que reinaba en su espíritu, abrevió la yisita, y se volvió á su casa mas temprano de lo que acostumbraba. Luego que llegó, le entregaron un billete del presidente del tribunal de la Relazaon , quien le rogaba se to=. 141 | imase la molestia de pasar á su casa al otro dia por la mañana para hablar de un negocio del mayor interes; escusándose con las obligaciones de su empleo de no ir él mismo á verse con el Marques. Apresuróse Tavira á acudir á la invitacion del presidente, el cual despues de un preámbulo dirigido á excitar la curiosidad de Don Luis, continuó en estos términos: | «Si, señor Marques, el objeto que me ha hecho desear el veros es muy sensible para mi, y yo me hubiera holgado de que ya que tal proceso habia de formarse , no se hubiese elegido precisamente para entablarle la época de mi presidencia. Sin duda conocereis al señor Conde de Villanova. —«Demasiado, señor presidente: es mi mayor enemigo; el único acaso que tengo en el mundo, mas ¿qué es lo que me quiere? —«Pretende que llevais indebidamente el título de Marques de Tavira, que dice le pertenece, y acaba de presentar una demanda á efecto de ser reconocido como tal, y puesto en po- 142 sesion de los bienes, que en el dia disfrutais. —«¡ Mis títulos! ¡mis bienes! ¿No le basta acaso mi vida? —«¿Qué decis, señor? —«Por dos veces ha atentado ya contra mis dias el Conde de Villanova.. —«Mouderaos, señor Marques: en este momento nos hallamos solos; pero si en presencia del tribunal” se os escapasen tales palabras, creed que per- - judicarian mucho á vuestra causa. —«Pero cuando un asesino.... —«0s lo repito: ¿podeis probar lo que decis? tengo presente una de las circunstancias de que quereis hablar, pero bien sabeis que el tribunal no ha omitido diligencia alguna para descubrir los asesinos, y que no ha podido conseguirlo; y cualesquiera que sean las sospechas que podais tener, no Os autorizan para proferir semejantes espresiones. Mas en el dia no se trata de esto: os he avisado de la demanda presentada por el Conde de Villanova , porque he creido que no estaba en el orden que un señor de vues- s 143 tro rango recibiese la primera noticia por conducto de un ugier. Se tra= ta pues de defenderos, y no de re» criminar. - —«Perdonad, señor presidente, mi vivacidad, y tened la bondad de decirme: ¿el Conde de. Villanova, que desciende de un hijo segundo de mi bisabuelo, sobre qué estraordinario pretexto funda la pretension de ser heredero de los titulos y bienes de la rama primogénita, con perjuicio del heredero legítimo? —«Ese es precisamente, señor Don Luis, el punto mas delicado de lo que os debo manifestar, y lo que me es mas doloroso tener que deciros. Sostiene, pues, Villanova.... perdonad que yo me hallo muy léjos de pronunciarme en su favor, que es el único heredero y el último vástago que existe de la familia de Tavira. Dice que vuestro nacimiento fue acompañado de ciertas cirennstancias que pueden hacer dudosa su bultinidad: y que tiene en su poder las pruebas de esta asercion, 144 Mi nacimiento ¡legitimo! ¿Quién es el insolente que se atreye á sostener tal impostura?” Al pronunciar estas palabras arrojaban fuego los ojos de Don Luis, quien puso mano á su espada lleno de furor. «Tranquilizaos, señor, le dijo el presidente, y volveos á vuestra casa; los documentos de que vuestro adversario trata de valerse, se os comuni-: carán como es. debido, y se os con- - cederá todo el tiempo necesario para probar'su falsedad material, ó destruir el efecto; pudiendo estar seguro de que el tribunal no pronunciará su juicio sino despues de haber pesado maduramente las razones de ambas partes. No me parece necesario añadir que existe una prevencion ¡favorable á vuestra causa; porque ciertamente no es agradable despojar á un hombre de honor que despues de largos años goza de un estado ilustre, y de grandes bienes, que espende con liberalidad, para. aumentar los de otro hombre que no los necesita. Si el Con* de de Villanova prueba claramente su: 145 derecho, nos. veremos precisados á sentenciar á su favor; pero-la mas pequeña irregularidad en los documentos, la menor oscuridad en las pruebas, bastará para que se desprecie su demanda.” El Marques agradeció de nuevo al presidente la atencion: que le habia manifestado, volvió á escusarse de la vivacidad de. su carácter, y se restituyó á su casa, trastornado por lo que acababa de saber. CAPÍTULO XXIT. feta Isidoro. vió bajar. á su amo del coche, quedó sorprendido de laalteracion que advirtió en Su semblante. Inquieto de lo que podria haberle sucedido le siguió en silencio, y así como estuvieron en su, cuario, se arrojó á sus pies, y le suplicó le manifestase cuál era el motivo de su sobresalto. Aguardaba la esplicacion con tanta mayor impaciencia, cuanto, el Marques: era por lo ordimario bastante dueño de lo que pasaba en su Tomo 11. 10