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Análisis del consumo de drogas en la adolescencia: evolución en las primeras décadas del siglo XXI, factores asociados y características de los chicos y chicas según su consumo

Leal López, Eva

Abstract

El consumo de drogas en la adolescencia es un tema que ha suscitado un elevado interés tanto en el campo de la investigación como a nivel social en las últimas décadas. En el marco del Estudio HBSC, estudio colaborador de la Organización Mundial de la Salud, esta Tesis Doctoral analiza el fenómeno del consumo de drogas en nuestro país con muestras representativas de adolescentes de 15 a 18 años desde 2002 a 2018. Los objetivos de esta investigación son: (1) examinar la evolución de diversas conductas relacionadas con el consumo de drogas en adolescentes de 15 a 18 años en España entre 2002 y 2018; (2) analizar factores individuales y contextuales asociados con las diferentes conductas de consumo de drogas en adolescentes en 2002 y en 2018; y (3) comparar indicadores de salud psicosocial en cuatro grupos de adolescentes con distintos patrones de consumo de drogas. Los resultados de esta Tesis Doctoral revelan: (1) En referencia a la evolución, se ha producido un descenso generalizado en los comportamientos relacionados con las drogas (prevalencias en la vida, consumos frecuentes, episodios de embriaguez e inicios precoces) en la población adolescente en España en lo que llevamos de siglo XXI. Estas tendencias se detectan en mayor o menor grado en todos los grupos concretos por sexo y edad, solo con algunas excepciones. Este fenómeno parece ser específico de la población adolescente en comparación con la población adulta española, pero no sucede únicamente en nuestro país, sino que posee un carácter transnacional, lo que indicaría que algunos de los factores asociados a este descenso han operado a través de las fronteras específicamente en este grupo de edad. A pesar de que se están investigando diversas hipótesis para intentar comprender las causas de dicho descenso, relativas a los propios chicos y chicas, a sus contextos de desarrollo y a la sociedad en general, la complejidad del fenómeno no permite una conclusión simple y clara, con algunas hipótesis teniendo algo más de apoyo empírico que otras en nuestro país. (2) En cuanto a los factores analizados en relación con el consumo de drogas en adolescentes en 2002 y en 2018, se observa una amplia variabilidad en los resultados en función de diferentes aspectos, como el momento temporal, la variable predictora considerada o la conducta de consumo analizada, con un mayor poder explicativo en 2002 en comparación con 2018. Entre los factores de riesgo más consistentes se encuentran haberse iniciado en las relaciones sexuales y tener amistades consumidoras. Los factores de protección más relevantes son el conocimiento de las madres sobre las vidas de sus hijos e hijas, los sentimientos positivos hacia el centro educativo y la práctica de actividad física. (3) Respecto a la comparación de los grupos de adolescentes con diferentes patrones de consumo de drogas, los resultados arrojan variabilidad dependiendo del indicador analizado. Así, se detectan: (a) variables en las que no se encuentran diferencias entre los grupos; (b) variables con diferencias solo entre dos grupos; (c) variables con diferencias entre un grupo y los otros tres; (d) variables en las que dos grupos muestran valores extremos y los otros dos grupos presentan valores intermedios y sin diferencias entre sí, aunque también con excepciones y cierta variabilidad. Toda esta diversidad de resultados trae como consecuencia que ninguno de los grupos obtenga resultados positivos o negativos en todos los indicadores, sino que se detectan aspectos necesitados de intervención en todos. En este sentido, por ejemplo, el grupo formado por adolescentes que nunca han consumido ningún tipo de drogas presenta resultados favorables en la mayoría de las áreas en las que existen diferencias, excepto en la relacionada con el grupo de iguales y las relaciones de amistad, en la que puntúa más bajo que el resto de grupos. En el lado opuesto se sitúa el grupo de policonsumo frecuente, quienes reportan buenos datos en lo referente a sus amistades, sin embargo, presentan resultados desfavorables en numerosos indicadores de las demás áreas de desarrollo. Los otros dos grupos, policonsumo ocasional y consumo de alcohol semanal, o bien forman parte del conjunto de tres grupos que se muestra diferente al cuarto grupo, o se sitúan en una posición intermedia con respecto a los otros dos grupos extremos (con resultados algo más positivos en el grupo de consumo de alcohol semanal). Para terminar, se exponen las implicaciones que para la investigación y para la intervención conlleva los resultados de esta Tesis Doctoral.

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UNIVERSI DAD DE SEVI LLA DEPARTAMEN TO DE PSIC OLOGÍA EVO LUTIVA Y DE LA EDUCACIÓN Análisis del consum o de dr ogas en l a adolescencia: Evoluci ón en las dos primer as décadas del si glo XXI, factores asoci ados y característic as de los chic os y chicas segú n su consumo TESIS DOCTOR AL Eva Rocío Leal Ló pez Sevilla, 2023 Análisis del consumo de dr ogas en la adoles cencia : Evolución e n las dos primera s décadas del s iglo XXI, factores as ociados y caracte rísticas de lo s chi cos y chicas según s u consumo Memoria presenta da para la ob tención del Grado de Doctora con Mención Internacional Doctoranda: Eva Rocío Leal Ló pez Directoras: Dra. María del Carmen Moreno Rod ríguez Dra. María Inmaculada Sánch ez Queija Departa mento de Psicología Evolutiva y de la Educación Fac ultad de Psicología Universidad de Sevilla 2023 AGRADECIMIE NTOS Parece que nunca iba a llegar este momento, pero aquí estoy. A los 43 años escri biendo estas líneas. Y es que aunque con 25 dejé el ámbito académ ico porque necesita ba exper imentar el campo de la interven ción (y da do el mercado laboral, también experimenté otros sectores), la chispa de la investigación nunca se a pagó en mí. Tanto es así que , en 2016, tomé una decis ión : « quiero hacer la Tesis». Por ello, en pri mer lugar, y de manera brev e y humilde, quiero dar me las gracias mí mis ma por, a p esar de que sabía que sería un camino largo y duro, habe r decidido embarcarme en esta apasionante aventura; por no m orir en el i nten to; por no t ener prisa por terminarla, sino disfrutarla; por, cuando ya tocaba cerrarla, no parar de pensar en la de cosas que se quedaba n fuera de ella o que se podrían pr ofundizar o matizar; y por q uerer seguir aprend iendo y crec iendo siempre. Aunque, sin ninguna duda, ni esta Tesis Doctor al ni yo estaríamos hoy aquí si no fuera por mis contextos. Y a ellos va n mis más sinc eros agradec imientos. En pr imer luga r, quiero da r las gracias a mi equipo HBSC . A tod as/ os y cada una /o de mis compañeras/os que hace 6 años me ac ogisteis como si fuera una más del equipo y qu e , día a día, con vues tro tremendo esfuerzo y cariño, hacéis posible que todo siga adelante. Gracia s Mari Carm en, Inma, P ilar, Fran, Mai, Iren e, Conchi, Car men, Ana, Esther, Sa ra, Vanesa, Sheila y Mich ele. No quiero ol vidarme de t odas la s personas que han trabajado en las distintas ediciones del estudio, sin quienes esta Tesis no sería lo que es. Particularm ente, quiero dar l as gr acias a E sther, por respond er sie mpre a todas mis dudas y con un a sonrisa. A Conchi , por t u disposi ción a ayu darme y acons ejarme siempre en t odo lo qu e nece sitaba ; por decirme que esta Tesis no era el final, sino el pr incip io; y por t u buen cor azón, tu enorme capacidad de t rabajo y tu magnífico sen tido del humo r. A Pilar, por tu gran ayuda con la Te sina (sin la cual, hoy no estaría aquí), por tu apoyo para poner en marcha e l proceso cuando te con té qu e quería comenzar la Te sis y por tu confianza en mí siempre . Una es p ecial mención se merece , por supuesto, Fran. Nada de lo que aquí escriba podrá reflejar lo que haces por el HBSC y por todo proyecto en el que trabajas; no solo t ien es una mente prodigiosa y er es un t raba jador incansable, sino además, resuelves cualquier problema que surja (véase, por ejemp lo, Monique jaja). Como parte del equipo y como directo ras de esta Te sis, se merecen mi m ayor agradecimient o tanto Inma como Mari Carmen. ¿Qué decir de ellas? Inma, gracias por acogerme tan bien desde el inicio y por hacer que este camino haya sido má s ll evade ro; p or tu confianza, po r tu apo yo y por ayudarme siempr e y en todo: en l as ideas, en l os análisis, en la redacción, en lo personal, en lo profes ional, …. Gracias por estar siempre. Mari Carmen, lo primero, gr acias por abr irme las puertas del estudio y del equip o , por hacerme sentir como un a más des de el primer día y por tu con fianza en mí. Gracias por tus consejo s y sugerencias que sin duda han enriqueci do enormeme nte esta Tesis (y mi vida) . Pero, por encima de todo, gra cias por tu calidad hu mana, por ser un faro maravi lloso, que no so lo alumbra mu cho, sino en la mejor dirección posib le, en aquella b asada en el esfuerzo, en la justicia, en la bondad y en el cariño. También quiero dar mi más sincero agradeci miento a t odos los chicos y chicas adolescentes y al personal docente que, edi ción tras edición, hacen posible que el estudio HBSC si ga adela nte, intentando cont ribuir a la com pren sión de sus capaci dades y sus nece sidades. Term ino este b loque dando las gracias a t odo el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educa ción por su interés y apoyo, a todos los m iembros de la red internac ional del Estudio HBSC por ayudarme en mi aprendizaje y crecimiento en estos años, a B art de C lercq y B enedicte De forch e por perm itirme la estancia en la Univers idad de Gante, así co mo a Ca rlos Ca macho y a Albert Espelt por su ayuda puntual en m omentos c laves de esta Tes is. En segundo lugar, quiero dar l as gracias a otro de l os contextos fundamenta les de mi vida : mi gente . Amiga s y amigos de muchos años qu e aunque los momentos vitales hacen que nos veamos con más o menos frecuen cia, siempre es tamos ahí; que hemos disfrutado junta s de esa extraordin aria etapa que es la adolesc encia, experimentando muchas de las cosas que apar ecen en esta Tesis; y que ahora, desde la mad urez, seguim os compart iendo y d isfrutando de los mo mentos b uenos de l a vida y apoyándonos en los no tan buenos. Gracias Lidia, Áng el, Juan, Noé, Carmen, Aracel i, Ana, Antoñin , María del Mar, Noelia, Patri, Lola y Azahara, por vuestra comprensión de mis ausencias, po r vuestro apoyo y ánimo en este la rgo proc eso y por esos buen os mo mentos de d esconexió n. Y por último, y más importante, un especial agradecimiento a mi familia . A todos en general por vuestro apoyo y comprensión, sin entender muy bien dónde me metía ni por qué. A mi s padre s por trabajar incansabl emente fuera y dentro del hogar para lograr que sus cuatro hijos pudie ran estudiar (aprovecho para reivindicar e l papel de las be cas que también ayu dan a que pers onas com o yo pueda estar donde estoy hoy). A mi padre, entre otras m uchas cosas, del que he aprendido el gusto por e l trabajo bien h echo, con organización, con esmero y atenció n al detalle. Qu é pena más grande no haber podido compa rtir contigo todo esto. A mi madre, entr e otras muchas cosas, por tu sacrific io y es fuerzo por cuidarnos y ayudarnos siempre en todo lo que necesitamos y hasta en l o que creemos que no necesitamos. A mi hermana y m is dos herman os, a mi cuñado y mis dos cuña das por vuestro cariño y apoyo incondicio nal en t odo. Y a m is peq ues, la may oría ya en la adolescen cia, que me hicieron sentir un amo r hasta entonces descono cido para mí . Grac ias por hacerme volver continuamente a mi infa ncia, l lenand o nuestros mom entos de juegos y aventura s; por la mara villosa relación que hemos construido; por llenarme día a día de t anto amor y por hace rme sentir l a tata m ás orgullosa de l mundo. A mi padre . i ÍNDICE DE CONTE NIDOS PRESENTAC IÓN ................................................................................................................................... 1 1 JUSTIFICAC IÓN TEÓRIC A: EL CONSUMO D E DRO GAS EN LA ADOLE SCENC IA ...... 5 1.1 APRO XIMACIÓN HISTÓRI CA AL FE NÓMENO DE LAS DROGA S _______________ 6 1.1.1 Las drogas en la Prehistoria y la Edad Antigua ________________________________ _ 6 1.1.2 Las drogas en la Edad Media y la E dad Moderna ______________________________ 15 1.1.3 Las drogas en los siglos XIX y XX ___________________________________________ 18 1.1.4 Las drogas en el siglo XXI _________________________________________________ 28 1.2 EPIDEM IOLOGÍA D EL CONS UMO DE DROG AS EN L A ADOLESCENC IA: PREVALENCI AS Y TENDE NCIAS ______________________________________ 46 1.2.1 Consumo d e alcohol _____________________________________________________ 46 1.2.2 Ep isodios de embriaguez _________________________________________________ 53 1.2.3 Cons umo de tabaco _____________________________________________________ 55 1.2.4 Cons umo de cannab is ___________________________________________________ 60 1.2.5 Cons umo de drogas ilegales distinta s al cannabis _____________________________ 64 1.2.6 Ed ad de inicio en el con sumo de alcoh ol y tab aco y en los episo dios de embriaguez _ 68 1.3 LA ADOLE SCENCI A COMO ETAPA EVO LUTIVA CL AVE EN EL CO NSUMO D E DROGAS ________________________________________________________ 77 1.3.1 Del reduccionis mo y sto rm and stress a modelos integrados y Po sitive Youth Development __________________________________________________________ 77 1.3.2 La a dolescencia como una etapa evolutiv a de cambios, retos, riesgos y oportu nidades _____________________________________________________________________ 87 1.4 ETIOLOG ÍA DEL CO N SUMO DE DROGAS E N LA ADOLE S CEN CIA _____________ 92 1.4.1 Revisión de las p rincipales teorías etio lógicas del cons umo de drogas en la adolescenci a _____________________________________________________________________ 92 1.4.2 Factores asociados con el consumo d e drogas _______________________________ 100 1.4.2.1 Factores individu ales .............................................................................................. 102 1.4.2.2 Factores del contexto fa miliar ................................................................ ................ 115 1.4.2.3 Factores del grupo d e iguales ................................ ................................................. 119 1.4.2.4 Factores del contexto escola r ................................................................................. 124 1.4.2.5 Factores del contexto d el vecindar io ...................................................................... 127 1.5 EFEC TOS DEL CO NSUMO D E DROGAS E N LA ADOLE SCENC IA _____________ 132 ii 1.5.1 Efectos del consumo d e alcohol __________________________________________ 132 1.5.2 Efectos del consumo d e tabaco ___________________________________________ 141 1.5.3 Efectos del consumo d e cannabis ________________________________ _________ 146 1.5.4 Efectos del consumo d e drogas ilegales d istintas a l cannabis ___________________ 152 1.6 OBJET IVOS DE LA INVESTI GACIÓN __________________________________ 158 2 METODOLOG ÍA DE LA IN VESTIGACIÓN ........................................................................ 161 2.1 DISEÑO DEL E STUDIO _____________________________________________ 162 2.2 PAR TICIPANTES ________________________________ _________________ 163 2.3 PROCE DIMIENTO ________________________________________________ 16 7 2.4 MEDID AS ______________________________________________________ 16 9 2.5 ANÁLI SIS DE DA TOS ______________________________________________ 1 84 2.6 ESTÁ NDARES É TICOS _____________________________________________ 192 2.7 FINAN CIACIÓN __________________________________________________ 192 2.8 RESUM EN DE LOS ASPECT OS METODOLÓ GICOS _______________________ 193 3 RESULTADO S DE LA INV ESTIGACIÓN ............................................................................ 195 3.1 EVOLUC IÓN DEL CON SUMO DE D ROGAS E N ADOLES CENTES EN ESPAÑA ENTRE 2002 Y 20 18 ____________________________________________________ 196 3.1.1 Cons umo al menos s emanal de alcohol ____________________________________ 198 3.1.2 Cons umo al menos s emanal de cerveza ____________________________________ 201 3.1.3 Cons umo al menos s emanal de vino _______________________________________ 204 3.1.4 Cons umo al menos s emanal de licores destila dos ____________________________ 207 3.1.5 Ep isodios de embriaguez en la vid a ________________________________________ 210 3.1.6 Ep isodios de embriaguez en l os ú ltimos 30 días ______________________________ 213 3.1.7 Cons umo diario d e tabaco _______________________________________________ 216 3.1.8 Cons umo frecuente de can nabis __________________________________________ 219 3.1.9 Cons umo de drogas ilegales distinta s al cannabis ____________________________ 222 3.1.10 Inicio t emprano en el consu mo de alcoh ol __________________________________ 225 3.1.11 Inicio t emprano en los epis odios d e embriaguez _____________________________ 228 3.1.12 Inicio t emprano en el consu mo de tab aco __________________________________ 231 3.1.13 Resumen d e los resultad os del objetiv o 1 ___________________________________ 234 3.2 FACTO RES ASO CIADOS CO N EL CONSUM O DE DRO GAS EN ADOLESCE NTES EN 2002 Y EN 2018 _________________________________________________ 237 3.2.1 Cons umo actual d e alcohol ______________________________________________ 240 iii 3.2.2 Ep isodios de embriaguez en la vid a ________________________________________ 243 3.2.3 Cons umo actual d e tabaco ______________________________________________ 246 3.2.4 Cons umo de cannab is en la v ida __________________________________________ 249 3.2.5 Cons umo de drogas ilegales distinta s al cannabis en la vida ____________________ 252 3.2.6 Ed ad de inicio en el con sumo de alcoh ol ___________________________________ 255 3.2.7 Ed ad de inicio en lo s episod ios de embriaguez _______________________________ 258 3.2.8 Ed ad de inicio en el con sumo de tab aco ____________________________________ 261 3.2.9 Resumen d e los resultad os del objetiv o 2 ___________________________________ 264 3.3 COMPAR ACIÓ N DE INDICADORE S DE SALUD PSICOSO CIAL EN GRUPOS DE ADOLESCEN TES CON DI STINTO S PATRONES DE CONS UMO DE DROG AS ____ 272 3.3.1 Ind icadores indiv iduales ________________________________________________ 274 3.3.2 Ind icadores del contexto familiar _________________________________________ 280 3.3.3 Ind icadores del grup o de iguales __________________________________________ 283 3.3.4 Ind icadores del contexto escolar __________________________________________ 287 3.3.5 Ind icadores del contexto del v ecindario ____________________________________ 290 3.3.6 Resumen d e los resultad os del objetiv o 3 ___________________________________ 296 4 DISCUSIÓN D E LA INVES TIGACIÓN ................................................................................ 301 4.1 DISCU SIÓN DE LO S RESULT ADOS ___________________________________ 30 2 4.1.1 Ev olución del con sumo de drogas en a dolescentes en E spaña entre 2002 y 201 8 ___ 302 Resumen del aparta do 4.1.1 .................................................................................................. 340 4.1.2 Factores asociados con el consumo d e drogas en a dolescentes en 2002 y en 2018 _ 347 Resumen del aparta do 4.1.2 .................................................................................................. 361 4.1.3 Comparación de indicado res de salud psicosocial en grup os de adolescentes con distinto s patrones de con sumo de drogas __________________________________ 363 Resumen del aparta do 4.1.3 .................................................................................................. 372 4.2 CON CLUSIONE S E IMPLICA CIONES P ARA LA INV ESTIGACIÓ N Y LA INTERVEN CIÓN ______________________________________________________________ 374 4.3 LIMITA CIONES Y FORTALEZAS ______________________________________ 38 7 5 SUMMARY OF TH E DOCTORAL TH ESIS .......................................................................... 391 5.1 THEOR ETICAL JU STIFICAT ION ______________________________________ 393 5.1.1 His torical approach to the d r ug phenomenon _______________________________ 394 5.1.2 Ep idemiology adolescent of s ubstan ce use ________________________________ _ 398 5.1.3 Adoles cence as a key s tage in sub stance use ________________________________ 400 5.1.4 Aetiology o f adolescent su bstance us e _____________________________________ 401 5.1.5 Effects of a dolescent sub stance use _______________________________________ 407 x ÍNDICE DE FI GURAS Figura 1 . Evolución del consumo al menos semanal d e alcohol en cada grupo específico por sex o y edad. ..... 199 Figura 2 . Evolución del consumo al menos semanal d e cerveza en cad a grupo específico por sexo y edad. .... 202 Figura 3 . Evolución del consumo al menos semanal de vino en cada grupo espec ífico por sexo y edad . .......... 205 Figura 4 . Evolución del consumo al menos semanal d e licores en ca da grupo específico por sexo y edad. ...... 208 Figura 5. Evolu ción de los episodios de embriag uez en la vida ( 4 o más) en cada gru po espec ífico p or sexo y edad. ................................................................................................................................................................... 211 Figura 6. Evolu ción de los episodios de embria guez en los último s 30 días (al menos uno) en cada grupo específico p or sexo y edad. ................................................................................................................................ . 214 Figura 7 . Evolución del consumo diario de tabaco en cada grup o específico por sex o y ed ad. ......................... 217 Figura 8. Evolución del consumo frecuente d e cannabis (20 o más veces/días en los últimos 30 días) en cada grupo esp ecífico por sexo y edad. ....................................................................................................................... 220 Figura 9. Evolución del consumo de drog as ilegales distintas a l ca nnabis en la vida (3 o más v eces/días) en cada g rupo especí fico por sexo y edad. .............................................................................................................. 223 Figura 10. Evolución d el inicio temprano en el consumo de alcoho l (13 años o antes) en cada grupo específico por sex o y edad. .................................................................................................................................................. 226 Figura 11. Evolución del inicio temprano en los episodios de embriaguez ( 13 añ os o an tes) en cada gr upo específico p or sexo y edad . ................................................................................................................................ . 229 Figura 1 2. Evolución del inicio temprano en el consumo de t abaco (13 años o antes) en cada grup o esp ecífico por sex o y edad. .................................................................................................................................................. 232 Presentación 1 PRESENTACIÓ N Este documento contiene la Tesis Do ctoral titulada Análisis del consumo de drogas en la a d olescencia: Evolución e n las dos primeras décadas del siglo XXI, fac tores asociados y caracter ísticas de los chicos y c hicas según su consumo . El consumo de drogas en la adolescenci a es un tema que ha suscitado un el evado int erés tanto en el campo de la investiga ción como a nivel soc ial en las últ imas décadas. Las altas prevalencias detectadas en algunas sustancias psicoactivas, junto con las posibles consecuenc ias negativas de su consumo en la salud y el desarrollo ad olescente y, por qué no decirlo, ciertas noticias en los medios de comunicación que no siempre se corresponden con la realidad del fenómeno en esta etapa evolutiva, hac en pertinente qu e se inve stigue este tema en p rofundidad en nuestro país. Por ello, s e hace muy necesa rio monitorizar las tendencias pa ra conocer cómo evolucionan estos comportamientos y cuáles so n los niveles reales de consumo , así como detectar f actores relacionados con estos comportamientos que faciliten, por un lado, una mayor compre nsión de su complejidad y, por otro lado, un mejor diseño de iniciativas ajustadas a la realidad d e los datos y de las c aracterísticas de los chicos y las chicas de estas edades. La Tesis Doc tora l que aquí se pr esenta busca contribuir a estos fines. Para obtener esta información, una buena herramienta es el estudio Health Behaviour in School-aged C hildren (estudio HBSC ) en el qu e se enmarca est e trabajo. El estudio HBSC es una investiga ción internacional e interdisciplinar colaboradora de l a Organización Mundial de la Salud cuyo fin es conocer los hábitos de vida relacionados con la sal ud de la población adolescente escolarizada. Este estudio se lleva a c abo cada cuatro años desde 1982 . España se adhirió en 1986, estando bajo la dir ección d el D r. Ramón Mendoza hasta el año 2000. Desde dicho año hasta la actualidad, la directora es la D ra. Carmen Moreno. Desde 2000 ha contado con el apoyo y la financ iación del Ministerio de Sanidad (con sus corresp ondientes nombres en cada legislatura). Los contenidos incluidos en el estudio son: (a) estilos de vidas, como los hábitos de alimentación, las horas de sueño, la frecuencia de actividad física o, el tema de esta Tesis Doctoral, el consum o de drogas; ( b) contextos de desa rrollo, como la familia, e l grupo de iguales, l a esc uela o el vecindario; y ( c) salud y bien estar, como la percepción de salud, los malestares psicosomáticos o la sati sfacción vit a l. Est a amplia variedad de indicadores permite analizar las conductas de co nsumo de drogas en un marco más extenso que fac ilite su conocimiento y comprensión. Presentación 2 La memoria d e esta Tesi s Doctoral se divide en siete capítulos que s eguidamente se detallarán. El primer capítulo se corresponde con la justificación teórica de la investigación . En este capítulo, se pretende contextualizar el consumo de drogas en la adolescencia desde una perspectiva amplia e interdisciplinar. Así, en primer lugar, se hace un recorrido histórico por el fe nómeno de l as drogas, comenzando des de las primeras sociedades hasta llegar a l a actualidad, donde s e podrá descubrir la constante presencia de est e tipo de sustancias en todo el desarrollo de la huma nidad. Partiendo de la reflexión sobre lo qu e estaría ocurriendo con los niveles de consumo de drogas en el siglo XXI , en segundo lug ar se ofrece una exhaustiva revisión epidemiológica del consumo de drogas en la adoles cenc ia des de una pe rspectiva nacional e internacional y en comparación con la población adulta. En terc er lugar, se pone el foco en la adolescencia y en algunas cuestiones del por qué esta es una etapa evolutiva clave en el inicio del consumo de drogas. Posteriormente, se presentan los modelos etiológi cos y un conjunto de factores individuales y contextuales relacionados con el consumo. A continuación, se ha ce una re visión de los potenciales efectos del consumo de droga s en la adolescencia. Para terminar este capítulo de justifica ción teór ica, se d escriben los objetivos planteados en e sta investigación. El segundo capítulo presenta la metodología . En él se detallan todos los aspectos metodológicos esenciales de este trabajo, desde el diseño del estudio, las cara cterísticas de las muestras empleadas, el p rocedimiento llevado a cabo, las medidas incluidas en los análisis y las técnicas de análisis de datos seleccionadas, hasta aspe ctos más formales referidos a los estándares éticos o a la fi nanciación. Por último, p ara facilitar una mejor comprensión de toda la información proporcionada, a l final del capítulo se incluye una tabla-re sumen de los aspectos metodológicos. En el tercer c apítulo se muestran los resultad os de esta Tesis Do ctoral. S iguiendo los objetivos descritos en el primer c apítulo, los resultados se divi dirán en tres apartados. En primer lugar, se presenta la evolución del consumo de drogas en adolescentes en España entre 2002 y 2018. En el segundo apartado se exponen las relaciones d e distinto s factores individuales y contextuales con el consumo al inicio y al final de la se rie temporal, es dec ir, en 2002 y en 2018. Para terminar, se describ en los resultados de la compara ción de una serie de indicadores de salud psicosocial en cuatro grupo de adolescentes con distintos patrones de consumo. Al final de cada apartado se incluye un resumen c on los resultados más destacados. Presentación 3 El cuarto capítulo contiene la discus ión . En él se discuten los hallazgos más relevantes que se h an obtenido en relación con la bibliografía existente sobre la temática. Para ello, se e mplea la misma organización de contenidos que en el capítulo de resulta dos, consistente en tres apartados. Además, se reflexiona sobre las principales conclusiones de esta Tesis Doctoral y l as implicaciones que p ara la investigación y pa ra la intervención pueden extraerse d e ella. Para terminar, se exponen las limitaciones y fortalezas de este trabajo. Con el objetivo de obtene r el Grado de Doctora c on Mención Internac iona l, el quinto capítulo contiene un resu men en inglés de la Tesis Doctoral, con info rmación procedente de la justificación teó rica, la metodología, los r esultados y las conclusiones e implicaciones par a la investigación y la intervención. Los capítulos seis y siete se corresponden con las refere ncias y los anexos respectivamente. 1 Justificación teórica 5 1 JUSTIFICACIÓN TEÓRICA : EL CONSUMO DE DROGAS EN LA ADOLES CENCIA Este primer capítulo incluye la revisión bibliográfica de los principales contenidos relacionados con el te ma de esta Tesis Doctoral. En primer lug ar, se pr esenta una a proximación histórica al fenómeno d e las drogas y su relación con el ser humano . A continuación, y con e l fin de conocer cuáles son los niveles de consumo en el siglo XXI y cómo han evolucionado en los últimos años, se muestran los da tos epidemiológicos de l consumo de drogas en la adolescencia tanto a nivel mundi al, como específicamente en España, y tomando de refere ncia los datos de la población adulta . El tercer apa rtado aborda la importancia de la etapa de la adolescencia en el consumo de drogas . Posteriormente, se presentan los modelos y teorías etiológicas d el c onsumo de drogas en la adolescencia más relevantes, así como los factores con los que ha most rado asociación. El quinto epígrafe recoge los potenciales efectos que el consumo puede ocasionar en el desarrollo presente y futuro de los chicos y chicas adolescentes. Por último, s e exponen los o bjetivos planteados en esta Te sis Doctoral. 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 6 1.1 APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL FENÓMENO DE LAS DROGAS Una de las p rimeras preguntas que podría su rgir al pensar en las drogas podría ser, ¿ es e l consumo de drogas un fenómeno reciente? La respuesta es bien clara, no. Como se detallará a lo largo de este prime r apartado de la justificación teórica , las evidencias históricas, provenientes tanto de restos arqueológicos, como de obras literarias y artísticas, indi can que las drog as han acompañado al ser hum ano desde hace miles de años. C omo es de supon er, el análisis de esta cuestión im plica una ingente ca ntidad de información, por lo que se proc ederá a de stacar solo a quellos hechos más relevantes, ya que una re visión más exh austiva de la bibliografía excedería a los objetivos de este trabajo. El recorr ido de la relación del ser humano con las drogas a lo largo de la historia se o rganizará en cuatro periodos. En primer lugar, se presentarán los hallazgos arqueobotánicos y hechos históricos m ás relevantes qu e tuvieron lugar en la Prehistoria y la Edad A ntigua; en segundo lugar, se mostrarán los proveniente s d e la Edad Media y la Edad Moderna; a continua ción, la perspectiva se centrará en los siglos XIX y XX; y, por último, se abordará la situación de las drogas en el siglo XXI. 1.1.1 Las drogas en la Prehisto ria y la Edad Antigu a La supervivencia de las sociedades preindustriales se basaba en la explotación de los recursos naturales, lo que favoreció un gran conocimiento de las cara cterísticas de la flora y la fauna de su hábitat. Entre las planta s, se e ncontrarían una serie de ellas con propiedades psicoactivas, cuyo consumo directo o tras un procesado sencillo (infusiones, fumitorios, emplastos, etc.), modifi carían la conciencia de quiene s las consumían. Por exp erimentación propia o por la observ ación de sus efectos en los animales, estas sociedades primitivas comenzarían a otorgarles propiedades a dichas plantas (Guerra-Doce, 2006). Así lo constatan, por ejemplo, el filósofo Antonio Escohotado, autor de Hi storia general de las drogas , una de las obras referentes en la materia, quien apunta a que el uso de l as s ustanci as psicoactivas podría remontarse a los paleohomínidos, durante los cientos de mi les de año s previos a la revoluci ón agrícola y 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 7 urbana del Neolítico (Escohotado, 2008), o como afirman Sullivan y Hagen e n su trabajo Psychotropic su bstance-seeking: evolutionar y pathology or adaptation? , los aborígenes qu e vivían e n Australia, al menos 4 0000 años antes de la llegada d e los colonos, podrían esta r empleando plantas con contenido en nicotina desde hace miles d e años (Sullivan & Hagen, 2002). Ciertamente, a lo l argo de la historia h an aparecido numerosas muestras de plantas psicoactivas en entornos relacionados con el ser humano. La investigadora Elisa Guerra Doce de la Universidad de V alladolid ha recop ilado numerosos estudios con pruebas arqueológicas y li teraria s de la pr esencia de este tipo de plantas en distintas etapas y sociedades prehist óricas. Entre ellos, uno de los descubrimientos más antiguos probablemente sea el de efedra ( Ephedra altissima ), un potente e stimulante natural, en un enterramiento Neandertal del 60000 a. C. e n Irán. Desde entonces, se han ido descubriendo restos de múl tiples especies vegetales con propiedades psicoactivas en yacimientos prehistórico s de dife rentes cronologías. Como comenta la autora, la mera presenc ia de restos arqueobotánicos de plantas psicoactivas o su aparición como motivos decorativos en objetos no necesariamente impli ca su utilización como drogas. Esta pre sencia podría d eberse a ca usas no intencionadas (malas hierbas, transportadas por animales o cont aminaciones modernas) o a otros usos, como , por ejemplo, su valor alimenticio o por ser fuente de fibra textil (Guerra-Doce, 2006). Sin embargo, la investigación lleva da a cabo en las últim as décadas sí pare ce encontrar muestras ineq uívocas del conocimiento de las propiedades psicoactivas de ciertas pl antas por parte de las sociedades a lo largo de la historia. D e este modo, tal y como plante a Guerra-Doce (2015) en su t rabajo d e revisión de las pruebas arqueológica s d el consumo de sustancias psicoa ctivas en la prehistoria, so n muc has las evidencias detectadas de que los primeros pueblos nativos integraron estas sustancias en sus vidas. Algunos de estos hallazgos son: dientes humanos con m anchas de color marrón rojizo que s erían consec uencia del mas cado de hojas de betel datadas del tercer milenio a. C. en la Cu eva de Duyong, al sur de Filipinas (aunque a lgunos datos arqueobotánic os sugie ren que en el sudeste asi ático este hábito podría remontarse al 13000 a. C.); polen y macrofósiles de Echinopsis pachanoi del noveno milenio a. C., así como restos del propio c actus del séptimo mile nio a. C. hallados en la cueva de l Guitarrero de P erú y aso ciados a contextos de curación; restos de Sophora secundiflora del noveno milenio a. C y de peyote del cuarto mileno a. C. en cuevas de Méxi co 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 8 asociados a ceremonias de búsqueda de visi ón; pruebas del mascado de ho jas de coca en dientes y pelos de restos humanos de diferentes culturas prehispánicas (aunque este hábito podría haber estado presente ya en el noveno mi lenio a. C.); además de otras sustancias alucinóge nas como algunas plantas sola náceas, e l yopo o las setas. En referencia a las drogas in cluidas en esta T esis Doctoral, como son el alcohol, el tabaco, el cann abis, así como otras d rogas, son numerosos los h allazgos y hechos sucedidos en este periodo histórico. A continuación, se describirán con más detalle algunos de los más relevantes. En lo que respec ta a las bebidas alcohólicas , sin duda, han tenido un papel desta cado en la historia de la humanidad. 1 A lo largo de los años se han ido descubriendo pr uebas arqueológicas de la producción y el consu mo de bebidas alcohólicas procedentes de la fermentación de diferentes especies (vinos de frutas, cerveza s de cereales o h idromiel, entre ot ras) en numerosas loc alizaciones del mundo. Como afirma McGovern (2009), casi cada cultura fue produci endo su propia bebida alcohólica e int egrándola rápidamente en un b uen número d e ritos. E n un trabajo reciente se ha identificado la que -hasta la f echa- sería la evidencia m ás antigua de producción de bebidas alcohóli cas. Liu et al. (2018) han descubierto pruebas de la elaboración de cerveza en la cueva de Raqefet de Israe l de hace 1300 0 años. Como indica e ste equipo, lo s natufienses recolec ta ban plantas disponibl e s localmente, almacenaban semillas malteadas y elaboraban cerveza como parte d e sus rituales mortuorios para venerar a los muertos y/o mejorar la cohesión de grupo entre los vivos. Para su el aboración empl eaban morteros de piedra , lo que implicaría tr es etapas básicas: malteado, maceración y fermentación. El ti empo y el esfuerzo invertidos en la fabricación de morteros de piedr a profundos en contextos mortuor ios y en la adquisición de los conocimientos aparentemente necesarios para la elaboración de la cerveza, indican una importante func ión ritual de las bebidas alcohólicas en esta cultura. Hasta entonces, las pru ebas más antiguas relacionadas con el alcohol fueron las encontradas por M cGovern et al. (2004) , qui enes hallaron r estos de sustan cias orgánicas 1 E s más, la investigación en el campo de la astrofísica ha detectado nubes m asivas de alco hol etílico y de otros alcoho les en las r egiones de form ación de estrellas en el centro de la Vía Láctea ( para más inform ación, véase Bello che et al., 2009). Para Patrick McGovern, p rofesor de Antropología y Director científico del Proyec to d e Ar queología Biomo lecular para la Cocina, las Bebidas Ferm entadas y la Salud en el Museo de la Univ ersidad de Pensilvania e n Filadelfia, este d escubrimien to te ndría implicaciones signi fi cativas para el comien zo de la vid a en la Tierra. Según este autor, la disponibilidad de u na especie de "b ebida alcohó lica carbonatada" podr ía explicar por qué una am plia variedad de animales, desde las moscas de la fruta hasta los elef antes, co mparten con los h umanos u na gran parte de la fisiolog ía y la genética en cargada de p ercibir y m etabolizar el alco hol (alreded or del 1 0% de las enzim as de nuestros hígado s sirven para m etabolizar el alcohol en en ergía) (McGover n, 2009). 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 9 de una b ebida fermentada mi xta de arroz, miel y fruta (fruta de espino y/o uva) en jarras de cerámicas de la aldea neolítica temprana de Jiahu, en China, en torno al séptimo milenio a. C. Para este equipo, este hecho proporciona ba pruebas directas de la existencia de bebidas fermentadas en la antigua cultura china con un importante rol so cial, re li gioso y mé dico. Asimismo, encon traron pruebas arqueobotánicas de vinicultura en Oriente P róximo en torno al 600 0-5800 a. C. en dos yacimientos de Georgia, al sur del Cáuca so. El vino tendría diferentes funciones para esta civilización: medicinal, facilitador social, sust ancia que altera la mente y mercancía altamente valorada, lleg ándose a convertir en e l c entro de los cultos religiosos, las farmacopeas, las cocinas, las e conomías y la sociedad en el an tiguo Oriente Próximo ( McGovern et al., 2017). La producción de cerveza y vino d e diferentes tipos (incluso con la mezcla de hierbas para logr ar efectos medicinales) también fue muy común en Egipt o, llevándose a cabo esta práctica desde el cuarto milenio a. C. (McGovern et al., 2009). Indudablemente, es de dest aca r la importancia del vino en la Grecia antigua, a la que llegaría de las culturas mi noicas y mi cénica s, mediante el comercio fenicio reinante en aquella época en el Mar Egeo. La elaboración del vino, en la que incorporaron conocimientos y técnicas provenientes de Egipto, comenzaría en Grecia hacia el tercer milenio a. C . a unque su mayor esplendor tendrí a lugar en los siglos VI II a VI a. C., coincidiendo con la denominada Magna Grecia. Asimismo, el vino también tuvo un rol importante en Roma. Sus inicios se sit úan hacia el siglo V III a. C., constituyéndose la parte más sólida d e su tradición vitícola, el aboradora y comerc ial en la Roma hegemónica. En el año 92 d. C ., el emperador Domiciano publica ría el edicto De excidendis vineis , que supondría l a primera medida reguladora del mercado del vino en Europa (como medid a proteccionista de los vinos itálicos ), aunque pronto s ería olvidada y la expansión del vino seguiría su curso ( Puig, 2015). Al otro lado del Atlántico, por ejemplo, en Mesoamérica, se encontraron p ruebas químicas de la producción de pulque, bebida a lcohólica procedente de la savia ferme ntada de varias especies de plantas de maguey ( Aga vaceae ) en vasijas de cerámica Teotihuac án d el año 200-550 d.C. (Correa- Ascencio, 2014) . En nuestro país tambié n se han r ecopilado ev idencias de la produc ción y consumo de alcohol en sociedades pr ehistóricas. Así, se hallaron restos orgánicos indicativos de la existencia de cerveza (rastros de cerveza de cebada en una va sija y pruebas de malteado e n dos piedras de moli enda) en la cueva de Can Sadurní, 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 16 Etiopía, fechadas en los inicios del sigl o X I V. I g ualmente, en nuestro paí s s e halla ron restos de hojas y cogoll os de c áñamo en una cazoleta en contrada en Bar celona d atada entre los siglos XI y XIII (Juan-Tresserras, 2000). Respecto al tabaco , aparecen mencion es a esta sustancia en diferentes t extos literarios de la época co mo pueden ser, por ejemplo, el tratado médico de Ibn al-Baitar (1197-1248) o un poema persa de Shirazi fechado en 1535. Una de las primeras menciones del tabaco co mo planta medicinal se encuentra en una col ección de recetas titulada Majmua-e-Ziai , escrita por el médico de la corte de Muhannad -bin-Tughlaq del sultanato de Delhi del año 737 ( año 1329). Además, la tempr ana prohibición de fuma r tabaco en la religión sij s ería un indicativo de que el consumo ya era considerable en esa época (Chaouachi, 201 2). En los siglos X VI y X VII el tabaco s e extendería ampliamente por el mun do entero. En esta época, su consumo podría ser de tres formas: as pirado, fumado y masticado, siendo las dos primer as las más comunes. El tabaco en polvo pronto fue objeto de diferentes manufacturas según los ingredientes que se le añadían: almizcle, ámbar, bergamota, azahar. También aumentaba el éxito del tabaco de fumar, primero en pipa, luego mediante los puros y, finalmente, los cigarrillos. Antes de ser conscientes d e la g ran recaudación que pod ría obtenerse con el tabaco, los gobiernos establecieron prohibiciones sobre su consumo, co mo en Inglaterra (1604), Japón (1 607- 1609), Imperio Otomano (1611), Imperio Mongol (1617), Rusia (1634), China (1642), aunque con un escaso éxito. P oco tiempo después, aparecería la primera ley de reca udación de impue stos sobre el tabaco en Francia en 1674 (Braudel, 1994). En el siglo XVIII se construiría en Sevilla la prime ra f ábrica de tabacos e stablecida en Europa, ll egando a ser e l edific io de a rquitectura indus trial más importante de España durante ese sigl o. En la actualidad, este edificio es la sede d el R ectorado de la Universidad de Sevilla e n la que se defiende esta Tesis Doctoral (Junta de Andalucía, 2021). En cua nto al alcohol , en el primer milenio d. C. acontecier on dos fenómenos religiosos relevantes en relación con esta sustan cia. Por un lado, l a protección de la cultura del vino por parte de la iglesia, estableciendo viñas alrededor d e los monasterios, y por otro, la prohibición coránica de consumo de alcohol en los t erritorios conquistados por e l I slam. Con el avance de l cristianismo, la produ cción y el consumo de vino fue 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 17 extendiéndose. 3 Al final de la Edad Media, los conventos atesora ban gra n parte de la ciencia vitícola y del arte enológico, siendo los monj es quienes mejor el abora ban esta bebida. Posteriormente, burgueses y com erc iante s se fue ron h aciendo pro gresivamente con esa produ cción agrí cola. En el siglo XV III la produc ción d el vino se modernizó, naciendo los primeros vinos de alta calidad. Es en este sigl o también cuando c omienza la producción en otros territorios como América o Australia (Puig, 2015). Por su parte, la cerveza e ra más p redominante en el centro y norte de Europa, fa bricándose e n los dominios señoriales de Europa C entral, mientras que el vino lo e ra en el sur. En lo que respec ta a las ideologías asociadas a est as bebidas en estos siglos, se podría vincular al catolicismo con el vino y al protestantismo con l a cerveza ( Holt, 2006). El aguardiente también tiene su origen en esta época. Esta bebida se obtenía po r u n proceso de destilación mediante un alambique. Conocida también como aqua vitae , se le supondrían numerosos ef ectos medicinales, entre ellos, para la peste, la gota y la afonía. Aparecen los aguardientes de sidra, de pera, de ciruela, de cereza, de orujo y los de grano ( Kornbrand , whisky , vodka, ginebra). También se originan las ratafías, aguardiente mezclado c on diversos ingredientes (Braudel, 1994 ). Los licores habían entrado definitivamente en las costumbres de la época, como demuestra uno de los manuales burgueses de r eferenc ia, La Maison ré glée , escrito e n 1692 y que describía “…la verd adera man era de hacer toda c lase de agua y de licores a la mo da de I t alia” (Brunet, 1692, p.165). Con el desarrollo de las técnicas de navegación propias de la época, las rut as comerciales marítimas se incrementarían y, con ello, el co mercio de las distintas bebidas alcohólicas (Puig, 2015). Como se comentó en el apartado anterior, la presencia de este ti po de sustancias en las distintas manifestaciones artísticas ha sid o algo muy habitual a l o largo de la historia. En estos siglos, un ejemplo clar o lo conforma la pintura. Son incontables las obras que iconográficamente representan escenas relacionadas con estas sustancias, como, por ejemplo, en El triunfo de Baco de Diego Velázquez (1626) o en Hombre fumando una pipa de Gerrit Dou (1650). En es te sentido, a lo largo de las últim as 3 Como indica Puig en su lib ro La cultura del vino : “No era excep cional que confo rm e avanzab a el espacio ocupado p or los cristianos, los terrenos para establecer mo nasterios se escogiesen en función de su aptitud p ara p lantar viñ as. En aquellos momento s, la v id es un cultiv o d e fron tera p olítica e ideológica, y la dif erencia d e cu ltura y r eligión la m arca muy a m enudo un a h ilera de cepas. Sin embargo, también en territorio s conquistados p or los ár abes -que c ohab itaban co n judíos y cr istianos -, la vid y el v ino continu aron existiendo, co mo dem uestra la rica p oesía arábigo -andaluza d e la época y el h echo de que Maimónid es (siglo XII) reco mendara caluro samente un mo s cate l d e Córdo ba” (2015, p.37). 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 18 décadas no son pocas las publicaciones que s e han centrado en analizar es pecífica mente este tema, como los trabajos de Gaskell (1997) Tobacco, Social Deviance, and Dutch Art in the Seve nteenth C entury o el de Montes-Balado y su equipo, Study of the Engineering Evolution of the Wine Industry through the Class ical Painting (Montes- Balado et al., 2020). En la Europa Medieval y de principios de la Edad M oderna, la aplic ación medicinal de las drogas, es de cir, los ensayos c on diversas sustancias como posibles remedios a l as diferente s dole ncias y enfermedades, tuvo un papel fundamental en l a atención sanitaria de la época . De este modo, se plantearon cuestiones sobre las propiedades d e las sustancias y sus ef ectos . Las investigaciones sobre dichas propiedades se ampliaron e intensificaron c on los viajes a la Nueva España y las Indias Orientales, recurriendo con frecuencia a lo s pueblos autóctonos para obtener información sobre las d rogas y su uso en la pr áctica . El médico español Franc isco Hernández, por ejemplo, realizó un viaje botánic o po r Sudam érica entre 1567 y 1573, en el que r ecopiló un enorme c atálogo d e plantas medicinales. Ade más de utilizar métodos antiguos pa ra analizar nue vas sustancias, los médicos comenza ron a realizar análisis (al)químicos cada vez más sofisticados de las ya conocidas (Leong & R ankin , 2017). 1.1.3 Las drogas en los siglo s XIX y XX El uso medicinal de muchas de estas sustancias continuaría en los siglos posteriores h asta el sigl o XX, fecha en la que la mayor ía de los pa íses comenzaron a establecer prohibiciones . De hecho, existía una amplia vari edad y li bertad en la publicidad de medicinas, incluso dirigidas a niños y niñas, que contenían e ste tipo de sustancias. Probablemente el ejemplo más claro sea el de Estados Unidos, donde la Gran Época de los Medicamentos de P atente (1 865-1907) fue la edad de oro d e los remedios secretos, es de cir, medicamentos con sustancias desc onocidas que se vendían sin necesidad de rece ta médica. Uno de los productos más famosos fue el jarabe relajante de la señora Wi nslow, un popular medicamento destinado a c almar a los niños inquietos dura nte el proceso d e de ntición, cuyos ingredientes incluían altos niveles de alcohol y sulfato de morfina (Christen & Christen, 2000 ). La regulación fede ral de los medicamentos surgió ya en 1848, aunque esta ley sólo se r efería a los medicamentos 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 19 importados. S ería en 19 06, cuando el Presidente Roosevelt promulga ría la Ley Pure Food and Drug A ct de alimentos y medicamentos no a dulterados. Los medicamentos, definidos de acuerdo con las normas de potencia, calidad y pure za de la Farmacopea de los Estados Unidos y del Formulario Nacional, no podían venderse en otras condiciones, a menos que las variaciones e specífi cas de las normas aplic ables estuvieran claramente indicadas en la etiqueta. En 1938 aparecería la nu eva ley de alimentos, medicamentos y cosméticos ( Food, Drug, and Cosmetic Act ), con sucesi vas enmiendas a lo largo del sigl o XX (Food and Drug Admi nistraton, 2018). En este país, es de destacar también la prohibición de consumo d e alcohol que se inició e n 1920 tras la aprobac ión de la decimoctava enmienda de la Constitución y que se alarga ría h asta 1933, comúnmente conocida como «La Ley Seca» (Musto, 1996). Poniendo el foco en E spaña, antes de 1918, la mayoría de las sustancias consideradas actualment e drogas ilegales (opio, morfina, heroína, co caína, hachís, entre otras) e ran com erc ializadas como fármac os, pudiéndose adquirir sin receta no solo en las farmacias, sino también e n otros tipos de comerc ios (e j. droguerías, tienda s de especias y ult ramarinos, entre otros). En esta épo ca, la legisl ación en mat eria de s alud pública no considera ba la restricción del consumo, solo controlar posibles fraude s y negligencias, así como delimi tar las competenc ias entre los distintos c olectivos de profesionales a utorizados para su importación, producción, elaboración y venta . La aparición de diversas campañas de prensa en contra de su uso no terapéutico y la facilidad con la qu e se podían adquirir, junto con la firma del Convenio Internacional del Opio de 1912, influirían de manera decisiva para que el 1 de marzo de 1918 se estableciera la pr imera legisl ación en mater ia de drogas en España. Esta ley surgiría ante el incremento de l consumo de cocaína y opio y sus deriva dos, así como de otra s sustancias, y pretendía fr enar su avance no sólo en boticas y droguerías, si no en lugares de ocio. L a exigencia de re ceta médica obli gatoria para el acce so a estas drog as provocaría el surgimiento de un mercado n egro y de actividades delictivas , como la falsificac ión de recetas (Usó, 2014). Nuestro país se unía así a la cruzada contra el consumo de drogas que ya desde 1909, cuando tuvo lugar la Comi sión I nternacional del Opio de S hanghai, se h abía desatado a niv el internacional con el objetivo d e lograr la sup resión gr adual del uso indebido de ciertas sustancias. Esta sería la primera conferencia internacion al para debatir los problemas de las drogas en el mundo. Aunque la reunión iba a 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 20 circunscribirse en principio a la situación en Asia, finalmente se argumentó que el tema sólo podría abordarse si asistían todas las principales naciones productoras, fa bricant es y consumidoras. Fue tal la relevancia de esta i niciativa que los país es pusieron en marcha reformas incluso a ntes de dich a c omisión con e l fin de poder mostra r sus progresos en la reunión. La medida más destacad a fue el a cuerdo bilateral que obligaba a Reino Unido a eliminar gradualmente sus ventas de opio a China y a China a eliminar su propio cultivo de adormider a entre los años 1908-1917. En esta convenc ión se mostraría por primera vez una visión global det allada de l a situación mundial de las drogas, ofreciendo infor mación sobre la producción total de opio (estimada en 41.600 toneladas métricas en 1906/07) y los pa íses prod uctores (China producía el 85%, I ndia el 12% y Persia, el actu al Irán, el 1,5%). Adem ás, se identific ó los principales flujos comerciales de opio, tanto de países e xportadores (e l mayor exportador de opio era la India, seguida de Hong Kong y Singapur, que eran principalmente re -exportadores más que productores), como de países importadores (el mayor importador mundi al era China -a pesar de su alta producción- y el mayor i mportador europe o era Reino Unido). Conjuntamente a ese análisis, se formularon una serie de recomendaciones no vinculantes, como la de no importar drogas a un país donde su consumo fuese ilega l (United Nations Office on Drugs and Crime, 2009c). Aunque la Comi sión no tenía el mandato de establecer acuerdos v inculantes, esta primera comisión se ntaría las bases para que, en 1912, se firmara el p rimer tratado internacional de control de drogas, el C onvenio Internacional del Opio en la Haya sobre restricción e n el empleo y tráfico de opio, morfina y coc aína, así como de las drogas preparadas o derivadas de estas sustancias. Aunque no estuvo presente en dicha convención, Esp aña fir ma el Protocolo de la Potencias no r epresentadas en la Conferencia del Opio el 23 de octubre de 1912, la Ratificación de la Convención y adhesiones e l 25 de enero de 1919 y el Protocolo relativo a la e ntrada en vigor del Convenio el 11 de febrero de 1921 (United Nations, s.f.). La Convención Internacional del Opio obtuvo una adhesión ca si universal de spués de 1919, con la incorporación d e todos los países que firmaron los Tr atados de Paz de V ersalles, St. Germain - en -Laye, etc. A mediados d e la dé cada de 1920, cerca de 6 0 países y a habí an firmado y r atificado — de iure — el tratado de La Haya (United N ations Office on Drugs and C rime, 2009a ). En 1925, tendría lugar la segunda Conven ción Internac ional d el Opio, en la que se incluiría también el cannabis (United Nations Office on Drugs and Crime, 2008 ). A lo 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 21 largo del sigl o XX y principios del XX I surgieron sucesivas normativas a nivel internacional sobre l a t emática de las d rogas ( para más info rmación, véase Plan Nacional sobre Drogas, 2022c). Con e l fin de no extender demasiado la longitud del texto, el foco se pondrá a continuación especialmente en España . En los años posteriores s e daría un endurecimiento progresivo de la legisl ación en nuestro país, promulgándose en 1928 las Bases para la Restricción del Estado en la distribución y venta de estupefacientes (penalizando con dureza la posesión, el uso y el tráfico ilegal) y la reforma del Código Penal (pr estando especial atención a las «droga s tóxicas o estupefacientes» y diferenciándolas de otras sustancias nocivas). Estos cambios legislativos no solo no provocaron una reducción en el consumo, sino que su uso con fines no terapéuticos se extendió entre todos los estratos sociales. Con la II República se intensificó la p olítica c ontra l as drogas, surgiendo en 1932 l a prohibición incondicional de la heroína y en 1933 la Ley d e Vagos y Maleantes (Usó, 2019). Esta ley promulgaba la declaración de personas peligrosas y que debían someterse a medidas de seguridad a «ebrios y toxicómanos habituales», así como a «los qu e para su consumo inmediato suminist ren vino o bebidas espirit uosas a menor es de catorce años en lugares y establecimientos públicos o en instituciones de educación e instrucción y los que de cualquier manera promuevan o favorezcan la embriaguez habitual » (p. 874). Las medidas de seguridad consistían en colonias de trabajo, medidas de custodia y aislamiento cura tivo en casas de templanz a (P residencia del Consejo de Ministros, 1933). Es entonce s cuando comienza a considerarse el abuso de drog as no solo como un vicio, sino también c omo una pa tología, lo que lleva a que en 1935, e l Gobierno desarrollara una medid a de reducción de riesgo s y d años consistente e n suministrar dosis extras terapéuticas a las personas con este hábito con el fin de mantener b ajo control los problemas asociados a las drogas (Usó, 2019). Durante los años de la Guerra Civil, se expand ió el consumo de ca nnabis, muy presente en las tropas s ublevadas en el norte de África. En las décadas posteriores (1940-1965) ocurrió el llamado periodo de la «pa z farmac rática», en el que las drogas se empleaban con fines te rapé uticos. Esta época se caract erizaba también por otros aspectos : las drog as legales (café, tab aco y alcohol ) eran considerad as y promocionad as como cosa de hombres; e l empleo masivo y generalizado de anfetaminas y barbitúricos; un importante consumo de derivados cannábicos en ambiente s marginales; los carnet de dosis extras para las p ersonas adictas a la morfina; y el consumo de cocaína en la clase 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 22 social alta (Usó, 2019). El fin de este pe riodo de «paz farmacrática» s e produciría en la década de los 60 con el surgimi ento del movimi ento hippie o la contracultura de las drogas psicodélicas, originario de Estados Unidos , pero que se extende ría por muchos lugares, entre ellos España . Este movimi ento busc aba un estilo de vida diferente al de la cultura domi nante, restando importancia al consu mismo y al imperialismo militar. En él se mezclaba el mi sticismo oriental, los rituales de los pueblo s primitivos y el consumo de drogas psicodélicas. Las sustancias psicoactivas se utilizaban de diversas maneras, como la r ecrea ción, la autoexploración o como un método para logr ar experiencias trascendentales. Algunos incluso creían que las drogas psicodélicas propo rcionaba n un camino hacia l a iluminación espiritual. P or ello, este movimiento global se oponía a las leyes sobre drogas, especialmente l as que p rohibían la marihuana y l as sustancias psicodélica s (Wesson, 2011). En consecuencia, en nuestro país las autoridades reaccionaron con diferentes medidas. En primer lugar, en abril de 1967 se actualiza ro n las normas vigentes sobre estupefacientes adaptánd olas a lo establecido en el convenio de 1961 de las Naciones Unidas. En dicha ley se promovía, además, la creación del Servicio de Control de Estupefacientes y de la Brigada Especial de Inv estigación de Estupefacientes (Ley 17/ 1967). En ese mismo año, otras sustanc ias alucinógenas como el LSD-25 , la mescalina y la psil ocibina fueron también sometidas al régimen de control de estupefacientes (Orden de 31 de jul io de 1967 ). Unos a ños más tarde se ac tualizaría la antigua Ley d e Vagos y Maleantes mediante la promulga ción de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (Ley 16/1970). Esta reforma mantendría sust ancialmente sin modificación los principios de inspiración de la Ley de 1933, pero pretendía adecuarse a las nec esidades y realidades de la época «en beneficio de los propios sujetos a quienes la Ley haya d e aplicarse y de la sociedad q ue debe int egrarlos » (p. 12552) . Un o de lo s cambios sería que, además de «los eb rios ha bituales y los toxicómanos » que ya aparecieran e n la Ley de 1933, se incluirían como supuestos del estado peligroso a: Los que promuevan o realicen el ilícito tráfico o fomenten el consumo de drogas tóxicas, estupefacientes o fármacos que produzcan an álogos efec tos; y los dueños o encargados de locales o establecimientos en los que, con su conocimiento, se permita o favorezca dicho tráfico o consumo, así como lo s que ilegítimamente posean las sustancias indicadas. (p. 12553) 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 23 Las modi ficac iones de las medidas añadían, por ejemplo, el tratamiento ambulatorio o la privac ión del permiso de conducir para el primero de los grupos, y la incautación del dinero y efectos, multa o incluso el cierre de local, en el caso del segundo grupo. Un año después, en 1971, tendría lugar una nueva reforma del Código Penal (Ley 44/1971) en la que s e establecerían «penas de prisión mayor y multa de 5.000 a 250.000 pesetas» a quienes «ilegítimamente ejecuten actos de cultivo , fabricación, elaboración, transporte, tene ncia, venta, donación o tráfico en general, de drogas tóxicas o estupe facientes o de otro modo promuevan, f avorezc an o faciliten su uso» (p. 18417). Estas mismas penas serían aplicadas a los facultativos que prescribieran o suminist raran dichas sustancias. En 1978 aparecería la primera normativa que regulaba la publicidad del tabaco y las bebidas alcohólicas en los medios de difusión del Estado, estableciendo prohibiciones expresas en rel ación c on los y las menores de eda d, como la util ización de argumentos dirigidos a este colectivo, hacer alusión a la eficacia so cial del consumo o su intervención en la reali zac ión de los anuncios (Rea l Decreto 1 100/1978 ). Aparecen también en est a época otr as perspectivas en la prensa que defendían la legalizac ión de la marihuana, rec hazaban la criminalización de las personas que usaban drogas, consideraban la adicción a las drogas com o una enfermedad y prot estaban por la escasez y deficiencia de recursos asisten ciales, en tre otras cuestiones. Con la lle gada de la democracia, los niveles de consumo c recier on notablemente y la imagen asociada a las drogas giró ha cia un visión más positiva. A fi nales de los 70 la sust ancia ilícita más consumida era el c annabis, aunque ya comenzaba a extenderse la heroína po r vía intravenosa. A pa rtir de entonces, la adicción pasó de ser conc ebida como vicio y crimen, a ser vista com o una enfermedad. Así, en 1983 se reformó el Código Penal, despenalizá ndose expresamente el consumo, reduciendo las penas e imprimiendo carácter legal a la distinción entre las llamadas drogas dura s y blanda s (Usó, 2019 ). En esta refor ma se incluyó también la penalización de suministro a adolescentes de este tipo de susta ncias, en concreto, dice que «se im pondrán las pe nas superiores en gra do cuando las drogas tóxicas, estupefacientes y sust ancias psicotrópicas se d ifundan entre menores de di eciocho a ños, en centros docentes,… » (Ley 8/1983). La s décadas de los 80 y l os 90 se caracterizaron por diversos fenómenos sociales asociados a dif ere ntes d rogas. Así, se produjo un aumento considerable de personas adictas a la heroína po r vía intravenosa, lo que se asoció a una importante problemática 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 24 sanitaria y social (de la Fuente, 2006). En estos años irían adquiriendo mucho protagonismo los psicoestimulantes sintéticos, tipo éxtasis o anfetaminas , asociados a contextos no solamente lúdicos o festivos, sino a fenómenos sociales y cultura les c on toda una identidad de fondo, como es e l c aso del movimiento conocido como la Ruta del Bakalao (Oleaque, 2017). Poco a poco también alcanzaría una especial relevancia la cultura del botellón , en la que grupos de jóvenes se reunían en espacios abiertos de libre acceso para consumir al cohol (comprado previamente en comercios), escuchar músi ca y hablar (Baigorri et al. , 2004). Otro fenómeno importante que sucede en la década de los 90 es el despegue del acti vismo cannábico, un movimiento asoc iativo en torno a esta sustancia que dio como resultado la creación de m ultit ud de clubes sociales de cannabis repartidos por toda Espa ña (Moreno, 2019). A nivel políti co, se debatí an los problemas d erivados del tr áfico y consumo de drogas y se consideraba l a necesidad el desarrollar una acción c oordinada, contando con la participac ión de todas las administraciones públ icas, de las i nstituciones sociales y de la ciudadanía. Es por el lo por lo que el 27 de octubre de 1984 el Congreso de los Diputados aprobaría doce mociones entre las que se encontraba la Elaboración de un Plan de Prevención cont ra la droga en el que se contemple la r einserción social de los drogadictos . Se crea ro n grupos de trabajo para la instrumentalizac ión de d icho plan y el 20 de marzo de 1985 se aprobaron las líneas dire ctrices del primer Plan Nacional sobre Drogas . En él, además d e señalar la necesidad de trabajar d e manera coordinada con las fuerzas de seguridad en relación con el tráfico de drogas, se hac ía especial mención a la «acción preventiva a trav és de una política en con tra de la marginalidad, especialmente la juvenil, y a favor de una educación p ara la salud… » (p. 13), in cluyéndose a los y l as menores en centros de pr otección como colectivo específico con necesidad de atención (Ministerio de Sanidad y Consumo, 1985 ) . E n 1987, serían establecid a s diversas efemérides relacionadas con las drogas como el Día Mundial sin Tabaco celebr ado cada 31 de M ayo por iniciativa de la O rganización Mundi al de la Salud (World Health Organiza tion, 2022a) y el Día Internacional c ontra el Tráfi co Ilícito y Abuso de Drogas , propuesto por la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el C ri men y que tiene lugar el 26 de junio (United Nations Office on Drugs and Crime, 2022a ). Asimismo, la legislación int entaba regular div ersos aspectos relacionados con las drogas. Así, en 1988, la Ley General de Publicidad (Ley 34/1988) prohibiría la publicidad de bebidas con graduación alcohólica superior a 20 grados en la televisión y 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 25 en a quellos lugare s donde est aba prohibida su venta o consumo. En ese año también aparecería la primera normativa que limitaba la venta y uso de tabac o, con prohibiciones específicas a menore s de 16 años, como «vender o entre gar a los menores de dieciséis años labores de tabac o as í como productos que le imiten o induzcan a l hábito de fumar y se an nocivos para la salud » (p . 7500). Además se prohibía el uso de máquinas automáticas de venta de tabaco a los y las menores de dieciséis años ( Real Decreto 192/1988). Un año más tar de, se public aría una o rden por la que se p rohibía la venta y distribución de taba co y bebidas alcohólicas al alumnado de centro escolares públi cos que dependieran del Ministerio de Educación (Orden 7 de noviembre de 1989) y e n 1990, la introducción y venta de toda clase de bebidas alcohólicas en las instalaciones en las que tuvieran lugar competiciones de portivas (Ley 10/1990). En 1992 (Real D ecreto 510/1992 ) y 1994 (Real Decreto 1185/1994 ) se regularía el etiquetado de los productos del tabaco y de productos del t abaco dis tintos de los cigarrillos, respectivamente. En 1994 e s cuando se introduciría prohibiciones en la publicidad del tabaco y el alcohol en televisión (Ley 25/1994). En cuanto al tabaco, quedaría prohibida la publicidad directa e indirecta de cigarrillos y demás productos del tabaco. Respecto a las b ebidas alcohólicas, su pu blicidad se sometería a unos criterios estrictos: no podía ir dirigida a menores de ed ad, no podía contener mensajes relativos a tener propiedades beneficiosas, de éxito, de mejora del rendimiento o de las relaciones personales y no podían tener el objetivo de fomentar el consumo inm odera do u ofrecer una imagen positiva d el alcohol. En cuanto a las d rogas ileg ales, la Ley sobre Protección de la Seguridad Ciudadana vigente en esos años establecía como objeto de sanción administrativa el consumo en lugares públi cos y la tenencia ilícita de estas sustancias, aunque fuera n para consumo propio (Ley 1 /1992) y seguía considerando como delito el cultivo, la elaboración o el tráfico, así como cualquier otra actividad que pudiera promov er, favorecer o fa cilitar su consumo ilegal (Ley 10 /1995). En estos años también fueron apareciendo legislacion es en materia de drogas a nivel autonómico (Plan Nacional sobre Drogas, 2022d) y municipal (Plan Nac ional sobre Drogas, 2022c). En 1997, dentro del Pl an de M edidas para Luchar c ontra las Drog as , se constituyó el Obse rvatorio Esp añol sobre Drogas . Este órgano se creó c on la func ión de recoger información de diferentes fu entes nacionales e internacionales, analizarla para conocer la situació n de las drogas en nuestro país, difundir inform ación lo más objetiva y fiable a la ciudadanía y servir como instrumento para la toma de decisiones 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 32 2022d) y en 2007 la Encuesta Mundial s obre el T abaco en Adultos (World He alth Organiza tion, 2022b). En 2018 se publicaría el informe Global Progress Report on Implementation of the WHO Framewor k C onvention on Tobacco Control , el cua l serviría par a evaluar los progresos logrados en l a aplicación d el convenio, así como abordar los retos, necesidades y obstáculos par a impl ementar los acuerdos del convenio . Además, contribuiría a la difusión de experienc ias y buenas práctica s (World Health Organiza tion, 2018a). En cuanto al alcohol, au nque ya desde 1951 se discutía sobre los proble mas del alcohol y se publicaban informes del Comi té de Expertos (W orld Health Orga nization, 2022e), no es h asta 2010 cuando los 193 Estad os miembros alc anzaron un consenso histórico sobre la creación de una Estrategia Mundial para Reducir el Uso Nocivo del Alcohol . Este documento de política int erna cional sobre e l alcohol ofrece ría orientaciones p ara reducir e l uso nocivo del alcohol a todos los niveles. En esta estrategia se hacía una especial mención a los grupos con un mayor ries go por el uso nocivo del alcohol, entre quienes s e incluía l a población adol escente. Entre las intervenciones se contemplaría el aumento de los impuestos sobre las bebidas alcohólicas, la aplicación de restricciones a la exposición a la publicidad del alcohol y las restricciones a la di sponibilidad física del alcohol, además de la aplicac ión de medidas contra la condu cción bajo los efectos de l alcohol y la g arantía d e acceso a la detecc ión, las intervenciones breves y el tratamiento (World Health Organization, 2010). Estas acciones est án en el centro de la inici ativa SAFER que surgiría en 2018 con el objetivo de prestar apoyo a los Estados miembros para reducir el u so nocivo del alcohol mediante el fo rtalecimiento de la aplicaci ón en curso de la citada estrategia y de otros instrumentos, como el Plan de Acción Mundial para la Prevención y el Control de las Enfermedade s No Transmisibles de la Org anización Mundi al de la Sa lud y la meta 3.5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unida s (reforzar la prevenc ión y el tratamiento del uso indebido de sustancias, incluidos los estupefacientes y el uso no civo del alco hol) (World Health Organization, 2019b ). En la actualidad, se está poniendo en marcha un Plan de Acción 20 22-2030 para implementar de manera efec tiva la estrategia (World Health Organization, 2022f). Sin embargo, aunque hay muchas voces que ll evan tiempo pidiendo un convenio marco para el control del alcohol igual que el acordado para el tabaco hace dos décadas, este aún no se ha esta blecido (Au Yeung & Lam, 2019 ; Casswell & Thamarangsi, 2009). 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 33 Otras entidades a nivel mundial que trabajan en el tema de las drogas serían, por ejemplo, e l N ational Institute on Drug Abuse (Insti tuto Nacional s obre el Abuso de Drogas), principal agencia federal estadounidense que apoya la investigación científic a sobre las causas y consecuencias del consumo d e drogas y las adicciones, aplicando ese conocimiento para mejorar la salud individual y públi ca (National Institute on Drug Abuse, 2022) o e l International Drug Policy Consortium (Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas), una red mundial int egrada por 192 ONG s especializada en cuestiones r elacionadas c on el uso y la producción de drog as fiscalizadas q ue promuev e un debate objetivo y abierto sobre la política de drogas (I nternational Dr ug Policy Consortium, 2022). A nivel europeo, el Consejo de la Unión Eu ropea la nzó r ecientemente la Estrategia de la UE en Materia de Lucha contra la Droga 2021 -2025 , que sería la décima iniciativa propu esta desde e ste orga nismo desde 1990. Esta estrategia tiene como fin garantizar un alto nivel de promoción de la salud, de est abilidad social y de seguridad, así como contribuir a una mayor c oncienciación. Entre sus á mbitos d e actuac ión están la re ducción de la ofe rta y d e la de manda de drogas, así como de los daños relacionados con s u consumo (Consejo de la Unión Europea, 2020). S obre la base de esta estr ategia, el Con sejo elaboró el Plan de Acción contra la Droga de la UE 2021 - 2025 con medidas concretas para cumplir estas prioridades (Consejo de la Unión Europea, 2021). Una d e las agencias especializ adas descentralizadas de la UE es el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías comenta do anteriormente. Aunque esta ag encia n o formula políti cas ni recomendaciones, su experiencia h a contribuido durante todo s estos años a garantizar que las decisiones de responsables políticos, profesionale s y agentes de la UE y nacionales se basen en hechos objetivos y verifica dos, y no en ideol ogías o juicios de valor o morales. Es importante destacar aquí uno de los instrumentos clave del observatorio, el Portal de Buenas Prácti cas , diseñado para o frecer informa ción práctica y fi able sobre lo que funciona y lo que no en los ámbitos de la prevención, el tratamiento, la reducción de daños y la reinserc ión social. Entre las herramientas que contiene este portal están (Eur opean Monitori ng Centre for Drugs and Drug Addiction, 2022a):  Currículo Eur opeo d e Prev ención: fo rmación en materia d e p revención cuyo ob jetivo es impulsar la aplicació n y la adopción de enfoques de prev ención moder nos y eficaces en Europa.  Registro de p revención Xchang e : registro en línea de p rogramas de p revención basados en prueb as. 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 34  Caja de Her ramientas para una Vida Noctu rna Saludable: recopila y proporcion a infor mación sobre intervenciones d e buenas prác ticas d irigidas al consumo de drogas y alcohol y a lo s prob lemas relacionado s con ellos entre la juven tud en entornos noctu rnos.  Ba nco de In strumento s de Evalu ación: es u n arch ivo en línea d e instrumen tos dispo nibles gratuitam ente para evalu ar las intervencio nes relacionadas con las drogas. En Espa ña, la legislación en estas dos décadas ha ido incorporando nueva s sustancias en el anexo I del Real Decre to 2829/1977 por el que se regulan las sustancias y preparados medicinales psicotrópicos, así como la fiscalización e i nspección de su fabricación, distribución, prescripción y dispensación . Además, en 2004, se establec ió la lista de plantas cuya ven ta al público queda ba pr ohibida o restringida por razón de su toxicidad. Asimismo, tanto en 2009 como en 201 7 se estableci eron regulaciones para el control de pr ecursores de drogas (sustancias químicas que s e desvían de su curso legal y se utilizan para la elabora ción de distintos tipos de drogas) (para más información, véase Plan Nacional sobre Dro gas (2022e ). De especial mención son las leyes sobre el tab aco publi cada s en estos años. En 2005, l a Ley 28/2005 de medidas sanitarias fren te al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministr o, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco fue el primer paso firme para el establecimiento de los espacios sin humo. En c uanto a los y las menores de diecioc ho años, también se instauran una serie de prohibiciones especialmente dirigidas a este sector poblacional, como la venta o entrega de produ ctos del tabaco, así como cualquier otro producto que le im ite e induzc a a fumar (d ebiendo aparecer esta prohibición e n e l empaquetado del tabac o); la distribución gra tuita o promocional de product os, bienes o servicios con la finalidad o efecto directo o indirecto de promocionar un producto del tabaco ; el uso de máquinas expendedoras d e productos del tabaco o que ellos y ellas vendan tabaco. Además, en las zonas habilitadas para fumar de los establecimientos no se permitirá la presencia de menores de dieciséis años. Esta ley contemplaba también la creación de l Observatorio para la Pre vención del Tabaquismo . Sus funciones eran: proponer las iniciativas, programas y actividades a realizar pa ra log rar los objetivos de la ley; establece r los objetivos de re ducción de la prevalencia y de l tabaquismo; y elaborar un informe anual sobre la situación, aplicación, resultados y cumplimiento de esta l ey. En 2014, se suprimiría junto con otros observatorios d el á mbito de la sa lud, integrándose en e l nuevo Observatorio de Salud (Ley 15/2014). Con el propósito principal de aum entar los espacios sin hu mo recogidos en la ley d e 2005, en 20 10, se publicaba la Ley 4 2/2010. En 2017, el Real Decreto -Ley 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 35 17/2017 suponí a la transposición de la Directiva 2014/40/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, en la que se equiparaban las prohibiciones de v enta a dist ancia transfronter iza y se modificaba su régimen de publicidad, promoción y patrocinio para equiparar los dispositivos susceptibles de libera ción de nicotina y enva ses de recarga a las de los productos del tabaco ya decretadas en la Ley 28/2005. En lo referente al alcohol, han sido las co munidades autónomas y los ayuntamientos los principales enc arga dos de regular su consumo (prohibiendo el consumo en menores de edad y regulando el consumo en la calle) y venta (definiendo los horarios de venta y prohibiendo su venta a m enores de edad) (Plan Nacional sobre Drogas, 2022d, 2022f). A nivel estatal, en 2007 se ratifica la prohibición ya establecida en 1990 de introducción, venta y consumo de tod a clase d e bebidas alcohólicas en las instalaciones en las que se celebren competicione s deportivas (Ley 19/2007) y en 2015 surge la Ley Orgánica 4/2015 de prote cción de la seguridad ciudadana, co nsiderándose infracción leve «El consumo de bebidas alcohólicas en lugares, vías, esta blecimientos o transportes públicos cuando perturbe gravemente la tranquilidad ciudadana » (p. 27235). Respecto al consumo en menores de edad, aunque desde hace dos déca das se ha pretendido publicar una ley que aborde e sta cuestión (Rodrígue z-Martos, 2007), no es hasta 2017 cuando se presentó una proposición no de Ley para la creación de una ponencia de estudio en el seno de la Comisión Mixta para el estudio del problema de las drogas. Esta ponenc ia, denominada Menores si n Alc ohol , tendría como fin abordar « …de una maner a multisect orial el problema a ctualmente existente de consumo de alcohol por parte de los menores con el fin de obtener unas co nclusiones y recomendaciones que sirvan de o rientación par a la elaboración de la futura ley » (p.3). En el informe resultante de esta ponenci a destaca como principal recomendación que el objetivo primordial de dicha ley sea re trasar la edad de inicio en el consumo hasta los 18 años e incrementar la percepción social del riesgo de dicho consumo y que vaya dirigida a diferentes ámbitos de prevención: familiar; e ducativo; social/comunitario; cultural, deportivo, de ocio y ti empo libre; formativo e investig ador; laboral; publicitario/campaña s d e prevención; sanita rio y asistencial; seguridad vial y conducción; y urb anístico (Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drog as, 2018). Sigui endo el mandato de la ponencia, la Delegacion de Gobierno para el Plan Nacional sobr e Drogas propuso elaborar un Ante proyecto de Ley con el fi n de proteger a las personas menore s de edad de los efectos perjudiciale s del consumo de alcohol , 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 36 conforme a los manda tos constitucionales de prot ección de la infancia y de tutela de la salud pública. En 2018 se impulsó una consulta p ública sobre el citado Anteproyecto de Ley, que se a briría de nuevo en 2022 (Delega cion de Gobierno para e l Plan Nacional sobre Drogas, 2022). En cuanto a la publicidad de estas sustancias, e l Gobierno pr esentó reciente mente el Anteproyecto de Ley General de Comunicación Audiovisual (Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, 2022 , p. 79), en el que se amplían las prohibicion es actuales d e alcohol y tabaco a todos los prestadores de servicios de comunicación audiovisual (p. ej. , las plataformas de intercambio de vídeos). Quedando el ar tículo 121, sobre Comunicaciones comerciales audiovisuales que fomenten c omportam ientos nocivos para la salud , así:  Se p rohíbe la co municación comercial audiovisu al de cigarrillos y d emás produ ctos de tab aco, incluido s los cigar rillos electrón icos y sus env ases de r ecarga, así como de las empresa s qu e los producen .  Se p rohíbe la comun icación comercial au diovisual d e bebidas alco hólicas con u n nivel superior a veinte g rados.  Se p rohíbe la comunicac ión comercial audiov isual de b ebidas alco hólicas con un nivel inferior a veinte g rados que cump la alguno d e los siguientes requ isitos: • Se dirija específ icamente a m enores, o presenten a menores consumien do dichas b ebidas. • Asocie el con sumo a la mejora del rendimiento f ísico o a la condu cción de vehículos. • Dé la impr esión de que su cons umo contribuye al éxito social o sexual. • Sugieran qu e las beb idas alcohó licas tienen p ropiedades ter apéuticas o un efec to estimulante o sedante q ue constituye un m edio para resolver con flictos. • Fomente el consumo in moderado o se ofrez ca una imagen negativ a d e la abstinencia o la sobriedad . • Subraye como cualidad positiva d e las bebid as su contenido alcohólico .  Se p ermite la comun icación comercial audio visual de b ebidas alco hólicas con un nivel inferior a veinte grados entre las 2 0:30 horas y las 6 :00 horas y fuera de ese horar io cuando dichas comun icaciones comerciales audiovisuales form en parte in divisible d e la adquisición d e derech os y de la producción d e la señal a difundir. 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 37 Conjuntamente con la le gislación sobre las drogas, desde que comenzara el siglo XXI se han pu esto en ma rcha en nuestro país tres Estrategias Nacionales sobre Drogas , comprendiendo los perio dos 2000 -2008, 2009-2016 y 2017-2024, con diferentes Planes de Acción (2005-2008, 2009-2012, 2013-2016, 2018-2020 y 2021 -2024) y llev ando a cabo tanto E valuaciones Intermedias como Evaluaciones Finales para cada una d e ellas (Plan Nacional sobre Drogas, 2022g ). La últi ma, la Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024 , s e basa en las dos anteriores y en sus pl anes de acción, en el análisis de la situación de las drogas y las drogo dependencias en España en el período 2009-2015, así como en las estrategias y planes de actuaci ón a nivel autonóm ico y europeo. Este documento, participativo y de consenso, es el principal medio a través del cual se establecen y apoy an las diferentes r espuestas ofrecidas a nivel local y/o regional en materia de d rogas, creando un a he rra mienta de coo rdinación para t odos aquellos involucrados en im plementar un a política d e drogas. En ella se incluyen cuatro ejes fundamentales: drogas legales (tabaco, alcohol); fármacos de prescripción médica y otras sust ancias con potencial adictivo; drogas ilegales (incluidas las nuevas sustancias psicoactivas); y adicciones sin sustancia o compo rtamentales (especialmente juegos de apuesta presencial y virtual, así como los videojuegos y otras adicciones a través de las nuevas tecnologías). L a estrategia se articula e n torno a dos metas, cada una de las cuales tiene diferentes objetivos estratégicos. L a primer a de ellas es «Alcanzar un a sociedad más saludable e informada mediante la reducc ión de la demanda de drogas y de la prevalencia de las adicciones en general », cuyas áreas d e actuación son : prevenc ión y redu cción del riesgo , atención integral y multidisciplinar, reducción de daños e incorporación s ocial. La segunda d e la s metas es «Tener una sociedad más segura a tr avés de la reducción d e la oferta de drogas y del c ontro l de a quellas actividades que pue dan llevar a situaciones de a dicción». S us área s de actuación son : reducc ión y control de la oferta, r evisión normativa y cooperación judicial y policial a nivel nacional e internacional. Las áreas de actuac ión transve rsales comprenden: coordinación, gestión del conocimiento (sistemas de información, investigación y formación), legislación, cooperación intern acional, comunicación y difusi ón, así como evaluac ión y calidad (Mi nisterio de Sanidad Ser vicios S ociales e Igualdad, 20 17). Asimismo, e n 2014 se creó el Consejo Español de Drogodependencias y otras Adicciones . Este órgano colegiado de carácter técnico, consultivo, de coordinación y de participación, ads crito al Ministerio de Sanidad a través de la De legación del Gobierno 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 38 para el P lan N acional sobre Drogas, surge con el objetivo de mejorar la calidad técnica en la definición y ej ecución de las políticas y a ctuaciones estatales de control de la oferta y r educción d e la demanda de drogas (y ot ras adicciones como la ludopatía) y de sus efectos perjudiciales que se promuevan, coo rdinen o lleven a cabo por la Delegación del Gobierno para e l Plan Nacional sobre Drogas (Ley 15/2014). Por últ imo, en 2021, fue aprobado por la Comisión de Salud Pública el documento L íneas de actuac ión en el ámbito de la prevención del consumo de alcohol (Grupo de Trabajo de Prevención del Consum o de Alcohol, 2021 ). Con él se pretende contribuir a un abordaje más homogéneo y coordinado de las actuaciones en materia de prevenc ión del consumo de alcohol, incluyendo buenas p rácticas en preve nción, reducc ión d e daños, detección de consumo de riesgo e intervención breve y monitorización. Las acciones propuestas se enmarcan en 3 objetivos:  Potenciar la prevención del consumo de alcohol como una priorid ad de salud púb lica. Acciones: • Favorecer la implicación de las y los d ecisores p olíticos que participen en el d esarrollo de políticas relacion adas con la prev ención y reducción de los dañ os asociados con el consumo de alco hol a nivel nac i onal, autonómico y lo cal. • Promov er medidas de carácter reg ulat orio de dem ostrada evidencia para la prevención del consum o de alcohol, tan to a nivel nacional como internacional. • Avanzar hacia el trabajo in tersectorial en la pr evención de consumo de alcohol. • Abogar par a qu e la prevención del consumo de alco hol basada e n la e v idencia esté represen tada en las estrategias en salud en el Sistema Nacio nal de Salud (SNS). • Garantizar la prev ención y ab ordaje del co nsumo de alcoh ol, inclu so en situaciones excepcio nales ( p. ej., COVID-1 9). • Apoyar las accion es relacionadas con la prevención del consumo de alcoho l mediante reunio nes periódicas d el Grupo de Trabajo d e Prev ención de Con sumo d e Alcohol ( GTPA).  Establecer u n marco común p ara la p revención y abord aje del consumo de alcohol. Acciones: • Informar y sensibilizar a la pob laci ón general y grupos específ icos sobre lo s riesgos y consecu encias del consum o de alcoho l. • Garantizar que las campañ as e interven ciones tengan un a perspec tiva de equid ad y lleguen a todos lo s grupos sociales y, principalmente, a los más desaventajad os. • Establecer definiciones con se nsuadas de términos (ej. c o nsumo d e bajo riesgo ) y proponer acuerd os respecto a la no utilizació n de algun os términos (ej. consum o responsable). • Apoyar las ac ciones de prevención del consumo de alcoh ol en el marco d e la Estrategia de Promo ción de la Salud y Prevención en el SNS y de la Estrategia Nacion al sobre Ad icciones. • Valorar la necesidad de co ncreción del abordaje del consumo de alcohol. • Monitor izar el consumo de alcoh ol y las políticas de prevención ten iendo en cu enta los princip ales ejes de eq uidad. 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 39 • Identificar b uenas prácticas en lo ref erente a la prevención y abordaje del consu mo de alcoho l. • Fortalecer la capacidad de in vestigación en prevención y abordaje d el consumo de alcoho l. • Consensuar el papel d e la industria de las b ebidas alco hólicas y sus en tidades asociad as en las políticas de prevención y d e reducción de lo s daños.  Coordin ar la atención sanitaria para la prev ención y abordaje del consumo de alcoho l en el SNS con perspectiv a de equidad. Acciones: • Potenciar y apoyar que las comunid ades autónomas alineen sus programas de prevención del consum o de alcohol con las acciones de la Estrateg ia de Promoción y Pre vención en el SNS en coo rdinación con la Estrateg ia Nacional sob re Adicciones. • Fomentar la atención centr ada en la s necesidad es de las personas. • Fomentar la p uesta en marcha de iniciativ as com unitarias y lo cales, co ordinad as e intersectoriales y con p erspectiva de equidad . • Sensibilizar y capacitar a lo s y las profesionales san itarios. • Facilitar y f omentar que lo s y las profesion ales d e Atención Prim aria registren y mon itoricen la prev ención y abordaje del consumo de alc ohol de forma h omogénea med iante registros electrónico s. Todas estas acciones ir ían en línea con la evidencia científica actual; con estrategias int ernacionales c omo la Estrategia Mu ndial para Reducir e l Us o Nocivo del Alcohol (2010) y la inici ativa SAFER (2018) d e l a Organización Mundial de la Salud; con la Estr ategia p ara ayudar a los países de la Unión Europea a reducir los daños relacionados con el alcohol y con el objetivo 3.5 de la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas; c on estrategias nacionales como la Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024 y con la Estrategia de Promoción de la Salud y P re vención en el Sistema Na cional de S alud; y con estra tegias y planes r egionales y locales (Gr upo de Trabajo de Prevenc ión del Consumo de Alcohol, 2021 ). Para terminar este apartado, se presentará u na tabla de síntesis con la información más de stacada para cada período hist órico. 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 40 Tabla 1. Síntesis de los hechos más releva ntes relaciona dos con las drogas a contecidos en la Prehistoria y Edad Antigua. Prehistori a y Edad Antigua Alcohol o Pruebas d e elaboración de cerveza en la cu eva de Raqefet de Israel d e hace 13000 años. o Expan sión de la cultura del vino en Grecia y Roma. En el año 92 d. C., el emper ador Domician o publicar ía la pr imera med ida regulado ra del mer cado del vino en Europ a, el ed icto De ex ciden dis vineis. o En Esp aña, r estos orgán icos indicativos de la existencia de cer veza hallado s en la cuev a d e Can Sadurn í, Barcelona, cor respondientes al Neolítico T emprano (quin to mil enio a. C.). Tabaco o Su or igen se sitúa en Sud américa y su expansión habría tenido lug ar tras la llegad a de Cristóbal Colón. Sin emb argo, las ev idencias escritas (s imilitudes en las descripcio nes d el tab aco y de sus método s d e uso en escritos del Nuevo y Viejo M undo) y los an álisis an tropoló gicos (de faun a, flora, tejidos o b arcos), par ecen conf irmar la existencia de v iajes transo ceánicos precolombinos que h abrían diseminado el tabaco por distintos terr itorios del Viejo Mu ndo en la an tigüedad . Cannabis o Aunqu e se ha encontrad o cerámica con posibles fibras de cáñamo en China en torno al 1 0000 a. C. , es a p artir del qu into milenio a. C. cuando se asienta el cultiv o de cáñamo en las comun idades agr ícolas n eolíticas de China, dedicándo se esta planta a un a variedad de u sos como el textil, alimen ticio, med icinal y psicoactivo . Adormidera o Restos encontr ados en La Marmotta, Italia, fechadas en torno a 5620 -5480 a. C. o En nu estro país, restos d atados entre el 5200 y 50 00 a. C. Otras drogas o Restos de Efed ra ( Ep hedra altissima ) en un enterramiento Neandertal del 600 00 a. C. en Irán. o Restos de So phora secu ndiflora en cuevas de México del noveno m ilenio a. C . o Restos de h ojas d e co ca en dientes y pelo s d e d iferentes culturas p rehispán icas (au nque este hábito podría h aber estado presente ya en el noveno milen io a. C.) . o Polen y macrofósiles de Ech inopsis p achanoi del n oveno milenio a. C. y r estos del pro pio cactu s del séptimo milenio a. C. en la cueva del Guitarrer o de Perú asociados a contexto s de curación . o Restos de peyote del cu arto milen o a. C. en cu evas de México asociado s a cerem onias de búsqu eda de visión . o Dientes hum anos con man chas de co lor m arrón ro jizo por el mascado de hojas de betel datadas del tercer milenio a. C. en la Cueva de Duyong, al sur de Filipinas . Uso de sustancias psicoactivas asociado a ritos relig iosos, como facilitador soc ial y con propósitos cura tivos 1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica 41 Tabla 2. Síntesis de los h echos má s relevantes rela cionado s con las dro gas acontecid os en la E dad Media y Edad Moderna . Edad Med ia y Edad Modern a Alcohol o Protección de la cultur a del vino po r parte de la ig lesia y prohibició n coránica de consu mo de alcoho l en los territorio s conquistados por el Islam. o En el siglo XVI II la producción del vino se moder nizó, naciendo los primeros v inos de alta calidad. o Inicios d el aguardiente con todas sus variedad es. o Los licores f orman parte importante de las costum bres de la épo ca. Tabaco o Pipas encon tradas en Bo tsuana en torno al 750 d. C. y en Zambia sobre el 1200 d. C. o Aparición del tabaco en difer entes textos literarios de la época como el tratado médico d e Ibn al -Baitar ( 1197-1 248) , colección de rec etas titulada Majmua -e-Ziai del m édico de la corte de Muhan nad-bin-Tughlaq del sultan ato d e Delhi (1329 ) o un poem a persa de Sh irazi fechado en 1535 . o Prohibició n de fumar tab aco en la religión sij. o En los siglo s XVI y XVII el tabaco se exte n dería ampliamente po r el mundo entero. o Los gob iernos comien zan a establecer prohibicion es sobre su consu mo. o En el siglo XVIII se construir í a en Sev illa la primer a fábrica de tabaco s establecida en Europa. Cannabis o Presencia d e cannab i noid es en pipas de cu evas de Etiopía, fechadas en los inicios del siglo XIV. o En nuestro país, se h allaron r es tos de h ojas y co gollos de cáñamo en u na cazoleta en contrada en Barcelona datada en t re los siglo s XI y XIII. Otras drogas o Inicios d e la ap licación med icinal de las d rog as, realizándose ensayo s con d iversas sustan cias como posibles remedios a las diferentes d olencias y enf erme dades. 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 48 10,9-21,2 litros; Europa: 17,6-17,2 li tros; Sudeste Asiático: 7,0-12,1 litros; y Pacífico Oeste: 9,2-13,8 litros) (W orld Health Organization, 2018b). Para una mayor profundización en la evolución del consumo según los diferentes tipos de bebidas alcohólicas, ver el informe Global Status Report on Alcohol 2018 de la Organización Mundial de la Salud (World Health Or ganization, 2018b ). En referencia al consumo de alcohol en población adulta e n España, la E ncuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) , llevada a cabo por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones y dirigida a personas entre 1 5 y 64 años, muestra que, salvo el consumo diario, los demás patrones de consumo no han experimentado cambios llamativos en los últim os 20 años, aunque sí se detectan ciertas fluctuaciones. Así, la prevalenc ia de l c onsumo e n la vida fue del 91% en 1997 y de l 93% en 2019, observá ndose el menor nivel en 1999 (87%) y el mayor en 2009 (94%). El consumo en los últimos 12 meses pasó de l 79% de 1997 (mayor valor de toda la serie) a l 77% de 2019, encontrándose el menor nivel e n 2007 (73% ). P or su p arte, el porcentaje d e personas que a firmaron hab er cons umido alcohol e n los úl timos 30 días fue d el 64% en 1997 y d el 63% en 2019, mostrando su dato más bajo en 2 007 (60%) y más alto en 2005 (65%). Sin embar go, el consumo diario ha experimentado un declive en las últimas dos décadas. Si en 1997 el 13% consumía alcohol diariam ente, en 2019 este porcentaje se reducía al 9%, observándose la mayor reducción entre 2005 (15%) y 2007 (10%) (Observa torio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021a). El consumo de alcohol ( registrado) 5 per c ápita (lit ros de etanol puro) en España se redujo de manera global entre 1962 (14,7 litros) y 2016 (8, 6 litros) aunque con ciertas oscilaciones a lo largo de los años (18,6 en 1975, 11,1 en 1995, 12,4 e n 2001) y un cierto r epunte en el último año an alizado (de 8,3 e n 2015 a 8, 6 en 2016 ). R especto a los distintos tipos de bebidas alcohólica s, el consumo de cerv eza aumentó entre 1962 (1,1 litros) y 2016 (4,6 litros) aunque este crecimiento se pr odujo mayoritariamente hasta 1985 (4,0 litros), manteniéndose en valores en torno al 4,5 desde 2011. Por el contrario, el c onsumo de vino disminuyó ostensiblemente en estas décadas, pasando de los 10,5 litros al inicio de la serie a los 1,6 litros de 2016 (no ha variado entre 201 5 y 2016). El consumo de li core s descendió ligera mente en el pe riodo global 1962-2016 (3,1 -2,4 litros), aunque s e observ ó un cier to repunte entre 1995 (2,9 litros) y 200 1 (4,2 litros), 5 El alcoh ol registrado se refiere al co ntabilizado en las estadísticas oficiales sobre imp uestos o ventas de alcoho l (World Hea lth Organization , 2018b). 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 49 disminución hasta 2012 (2,2 li tros), que permaneció estable hasta 2016 (2,4 litros) (World Health Orga nizat ion, 2018b). Seguidamente se presentarán los datos de consumo de alcohol en población adolescente. Comen zando con los datos mundiales, el informe sobre alcohol de la Organización Mundial de la S alud mencionado anteriormente, Global status re port on alcohol 2018, indi ca que en 2016, el 38% de los chicos y chica s de 15 a 19 años había consumido alcohol alguna vez en su vida y el 2 7 % lo había consumido en los últimos 12 meses (este último dato supone 155 millones de a dolescentes). Estos datos son menores a los en contrados en 2010, que ascendí an al 46% y al 34%, respectivamente. Atendiendo a las regiones geográficas, la distribución del consumo y las tendencias s e asemejan bastante a las de la población general. Así, la prevalencia del consumo en la vida se redujo en las regiones de Europa (84% al 59 %), Pacífico Oeste (51% al 47 %), África (42% al 30%) y Mediterráneo Este (17% al 2%), permaneció en va lores similares en América (71% al 70%) y se duplicó en el Su deste Asiático (14% al 28%). En lo que respec ta al consumo en los últimos 12 meses, disminuyó en las regiones de Europa (70% al 44 %), América (53% al 28%), África (29% al 21 %) y Mediterráneo Este (10% al 1 %) , permaneció en valores sim ilares en el Pacífico Oeste (37% al 38 %) y se incrementó notabl emente en el Sudeste Asiá tico (8% al 21 %) (World Health Organiza tion, 2018b). Tomando los datos del estudio internacional He alth Behaviour in School-aged Children ( HBSC ), llevado a c abo por la Organizac ión Mundial de la Salud en un crec iente número de países de la Región Europea de la OMS y América del Norte , también se observan descensos en el consumo de alcohol, aunque más discretos . El consumo alguna vez en la vida en a dolescentes de 15 años ha pasado del 65% en 2014 (primer dato disponible de la serie) al 59% en 2018, observándose los mayores descensos (entre 10 y 20 puntos) en la República de Moldavia, Rusia, Estonia, Suec ia, Eslovenia y Eslovaquia. F rancia (solo los chicos) fue el único país donde se detectó un aumento. En esta últ ima edición del estudio (2018), los mayores porcentajes s e encontraron en países como Grecia, Dinamarca y Hungría (80 -85%) mientras que los menores v alores se obser varon en A zerbaiyán y Kazajistán (7 -8%). España se sit uó por encima de l a media en 2018 con un 67%, similar al 66% de 2014. M enor es el desce nso detectado en el consumo de alcohol en los últimos 30 días, pasando del 39% en 2014 al 37% en 2018. De nuevo se aprecian los mayores desc ensos en República de Moldavia, 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 50 Rusia, Estonia, Suecia y, especialmente, en Groenlandia (en torno a 20 puntos). Sin embargo, e n este caso son varios los países que muestran incrementos, como , por ejemplo, Alemania, Gales, Letonia o Portugal ( solo los chicos en estos dos último s países). En 9 países (Dinamarca, Grecia, Serbia, Alemania, Bélgica flamenca, Bulgaria, Gales, Hungría y Austria), más del 50% de sus adolescentes de 15 años habían consumido alcohol en los últim os 30 días en 2018. Los menores valores se observaron en Azerbaiyán y Kazajistán (3-4%). Nu estro país permanec ió alrededor de la media en ambos años (porcentaje s alrededor del 38% en ambos años) (Inchley et al., 2020). Los datos de consumo d e alcohol semanal de este mism o estudio permiten un análisis más amplio en el tiempo. De este modo, se observa una importante caída en el consumo de alcohol semanal en adolescentes de 15 años entre 2002 (26%) y 2014 - último dato disponible- (13% ), a unque con un periodo e stable entre l as dos primeras ediciones (2002 y 2006). Este desc enso global también fue detectado par a los distintos tipos de bebidas alcohóli cas. Así, tanto el c onsumo de cerveza (19% -8% ), como e l de vino (8%-4%) y el de licores destilados (12%-5%) disminuyeron entre 2002 y 2014 (Inchley et al., 2018) . Examinando en profundidad las tendencias por países, el consumo de alcohol semanal en adolescentes d e 15 años disminuyó entre 2002 y 2014 en todos los países excepto Israel, la Repúbl ica de Macedonia d el Norte y Rumanía. La mayoría de los países ini ciaron el d escenso en 20 02, pero solo nueve (Bélgica flamenca, Bélgica fr ancesa, Can adá, Dina marca, Inglaterra, Estoni a, P aíses Bajos, Escoc ia y Gales) mostraron una tendencia lineal. Las mayores reducciones (por encima del 70%) se observaron en los países que mostraban los porcentajes más altos en 2002, como Dinamarca, Inglaterra, Escocia, Ucrania y G ales, así como en otros países con porcentaje s más bajos en 2002 (Estonia, Groenlandia, Islandia, Irlanda, Letonia, Noruega, Federación Rusa, Suecia y S uiza). En 2014, los valore s más alto s (superiores al 20%) se observaron en Malta, Croacia, Italia, Hungría y Grecia, mientras que los más bajos (5% o menos) se encontraron en Islandia, Noruega, Su ecia Irlanda, Groenlandia, Finlandia, Letonia y Estoni a. En el caso de España, los valores descendier on del 21% en 2002 al 8% en 2014, con un importante descens o entre 2010 y 2014 (21% -8%). No se poseen datos de 2006 p or lo que se d esconoce l a natura leza d e la tende ncia completa (Leal-López et al., 2021) . Otro de los informes más im portantes sobre el consumo de d rogas en adolescentes es el European School Survey Project on Alcohol and Drugs ( ESPAD ) , 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 51 realiza do por el Observatorio Europeo d e las D rogodependencias. Los datos de este estudio, llevado a cabo en chicos y chicas de 1 5 -16 años, también informan de una tendencia de scendente en el consumo de alcohol en la vida entre 1995 (88%) y 2019 (80%). Gran pa rte de los países participantes most raron valores similares o ligeramente menores, ex ceptuando Irlanda , Islandia, Noruega y Suecia, donde se detectaron descensos más pronunciados. El único país que expe rimentó un ci erto in cremento fue Croacia, de bido a la tendencia creciente entre 1999 y 2007. P or otro lado, el consumo de alcohol en los últimos 30 días creció desde 1995 ( 55%) hasta 2003 (63%), momento en el que comenzó a d escender hasta 2015 (48%) y que permaneció estable en 2019. De nuevo, y en la misma línea del dato anterior, la tendencia global es descendente. La mayoría de los p aíses re dujeron sus niveles de consumo , con los mayor es descensos observados en I rlanda, Islandia, Noruega y Suecia, y especialmente en Lituania (50 puntos). Ocho países, como Francia, Hungría y, de nuevo, C roacia, rompen esta tendencia descendente y muestran un aumento en el global de la serie . Esp aña participó por primer a v ez en este estudio en 2019, detectándose un 78 % y un 47% de adolescentes de 15-16 a ños que han consumido alcohol en la vida y en los últimos 30 días, respec tivamente (E SPAD Group, 2020). También se ha observa d o una re ducción en e l consumo de alcohol adolescente en otros países que partían de altos niveles de consumo. Es el caso, por ejemplo, de Estados Unidos y Austr alia. En Estados Unidos, los datos de la últ ima edición del estudio Monitoring the Future indican que el cons umo de alcohol en adolescentes de 13 a 18 años se ha reducido en los últimos 30 años. Así, el consumo de alcohol en la vida disminuyó progresivame nte desde 1991 (80%) ha sta 2020 (44%), aunque con periodos de estabilidad e n ciertos años. Asimismo, el consumo e n los últimos 30 días (40% en 1991 y 21% en 2020) y el consumo diario (2% en 1991 y 1% en 2020) también s e redujeron en este periodo. No obstante, en los tres tipos de consumo se observa ro n ligeros aumentos entre las dos últimas ediciones d el estudio 2019 y 2020, encontrándose que estos aumentos estaba n presentes en los tres grupos de edad analizados (Miech et al., 2021). Otra de las encuestas más importantes en esta temática llevadas a cabo en Estados Unidos con población adolescente, en est e caso con chicos y chi cas de 14 a 18 años, es l a encuesta Youth Risk Be havior Survey . De sus resultados se desprenden descensos globales en la pre valencia de consum o de alcohol en la vida (82% fr ente a 60%) y en los últimos 30 días (51% frente a 2 9%) entre 1991 y 2019, aunque con 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 52 ciertos periodos de est abilidad , c omo, por ejemplo, entre 1991 y 1999 y entre 2017 y 2019 (Centers for Disease Control and P revention, 2022 ). En Australia, la encue sta Australian Sc hool Students Alcohol and Drug (ASSAD), realizada cada 3 años en adolescentes de 12 a 17 años revela descensos gl obales entr e 1996 y 2017 (último dato disponible), aunque el d eclive comenzó esp ecialmente desde el cambio d e siglo (2002) y no se produjeron c ambios notables en los años más recientes (2014-201 7) en todas las medidas. S i se toman los datos concretos de los y las adolesc entes de 16 y 17 años, se encuentra que el consum o de alcohol en la vida pasó del 96% de 1996 al 83% de 2017; el consumo en los últ imos 12 meses del 90% en 1 996 al 72% en 2017 ; en los últim os 30 días del 69% al 49%; y en los últimos 7 días, del 49% al 29% (Guerin & White, 2020 ). Por el contrario, hay otros países, que pa rtían de menores niveles, en los q ue el consumo de alcohol en adolescentes se ha incrementado, como es el caso de Sudáfrica . Así, l os datos de South Africa Demographic and Health Survey con adoles centes de 15 a 19 años muestran un aumento en el porcentaje de adolescentes que a firma ro n haber bebido alguna vez alcohol en su vida entre 1998 (20 %) y 2016 (35%) (N ational D epartment of Health et al., 2019). En España, al ser uno de los países que part ía de un consumo de alcohol elevado, es un buen ejemplo de l descenso en la prevalencia y frecuencia de cons umo . Así, los datos de la Encuesta so bre Uso de Drogas en Ense ñanzas Secundarias en España (ESTUDES) del Observatorio Español de las Drogas y las Adiccion es, que cada dos años recoge datos sobre el consumo de drogas e n adolescentes de 14-18 años, refle jó descensos totales en los dist intos tipos de consumo , aunque en todos s e percibieron momentos de crecimiento, estabilidad y desc enso. Así, la prevalencia del consumo de alcohol e n la vida disminuyó del 84% en 1994 al 74% en 2021, observánd ose el mayor porcentaje en 1998, con un 86% , y el menor, en 2021, con un 74%. Los datos de consumo e n los últ imos 12 meses se asemejan bastante a los anteriores, reduciéndose del 83% en 1994 al 71% en 2021 y de nuevo el mayor valor se alcanzó en 1998 (84%), y el menor valor en 2021 (7 1%). Por su pa rte, el consumo en los últim os 30 días es el tipo de consumo que experimentó el descenso más pronunciado (21 puntos), disminuyendo del 75% en 1994 al 5 4% en 2021, aunque también se produjeron fluctuaciones (56% en 2002 y 74% en 2012). Respec to al consumo diario, los datos reflejaron un aumento d el 2% en 2006 (primer dato dispo nible) al 6% en 2010 y luego decreció progresivamente hasta el 1 % d e 2018 , da to que se mantuvo estable en 2021 . 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 53 Hay que resaltar que e n todas las medidas se produjo un cierto repunte en el consumo en 2012 (Observatorio Español de las Drogas y la s Adicciones, 2021b). 1.2.2 Episod ios de embriagu ez En relac ión con los e pisodios de embriaguez (en la Tabla 6 se presenta un resumen de los datos más relevantes), son menos los datos disponibles tanto en población adulta como adolescente, debido a q ue muchos estudios se inclinan por analizar comportamientos que implican un consumo intensivo de al cohol en un a sola ocasión, como, por ejemplo, el binge drinking o heavy episodic drinking en lugar de los episodios de embriaguez propiamente dichos. Un ejemplo de ello es el informe Global Status Report on Alcohol 2018 de l a O rganización Mundial de l a Salud, el cual muestra que el porcentaje de personas de 15 o más años en el mundo que manifestaron heavy episodic drinking, definido en este informe como 60 o más gramos de alco hol puro en al menos una oc asión por mes, fue del 18% en 2016. La s regiones c on los valores más altos, por encima d el 20 %, fueron Eu ropa, el P acífico Oeste y las Américas, mientras que la re gión del Mediterráneo Este se situó por debajo del 1%. El p orcentaje de personas con este patrón de consumo se redujo en 5 puntos desde el año 2000 , cuando el porcentaje ascendía al 23%, con des censos observados tanto en nuestra reg ión, Europa, como en África y América. Las r egiones del M editerráneo Est e, Sudeste Asiático y Pacífico Oeste mostraron valores relativamente estables entre ambos años. Sigui endo con la población adulta, pero en este caso en n uestro país, l a encuesta EDADES sí ofrece información sobre los episodios de embriaguez en personas adult as (15 -64 años). Los datos reflejan que l a prevalencia de episodi os de embriaguez en lo s últimos 12 meses se ha mantenido relativamente estable de sde 1997 hast a 2019 (19% e n ambos años), aunqu e con pequeñas oscilac iones (valor más alto en 2009, 23%, y el más bajo, en 2015, 17%). Respecto a los e pisodio de embriaguez e n los últimos 30 días, el porcentaje fu e del 7% en 2019, dato similar a 2017 (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021a) . Atendiendo a la poblaci ón adolescente, el estudio HBSC internacional reporta que el porcentaje de adolescentes de 15 años que han experimentado al menos dos episodios de embriaguez en sus vidas ha ido disminuyendo paulatinamente desde 2002 (36%) hasta 2018 (20%), con el ma yor descenso detectado (9 puntos) entre las ediciones 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 54 de 2010 (32%) y 2014 (23%). La mayoría de los países dism inuyeron sus valores entr e el inicio y el fin d e la serie, siendo Gr oenlandia y Ucrania dos de los países c on los mayores d esce nsos. Otro s países , como Hungría o Grecia, se han manteni do en valores similares a lo largo de todo el periodo. En 2018, los países con mayores ni veles fueron Austria (único país que ha aumentado entre 2014 y 2018), Dinamarca, Gales, Lituania, Escocia y Hungría (por encima del 30%) y los de menores niveles , Azerbaiyán y Kaza jistán (2 -3%). España pasó del 25 % en 2002 , al 33% en 2010, descendió al 21% en 2014 y se ha mantenido en dicho valor en 2018. Sin embargo, el dato de episodios de embriaguez en los últimos 30 días no h a variado entre 2014 (no h ay datos disponibles de las ediciones anterior es) y 2018, situándose e n un 15% en ambas edic iones y con la mayoría de países p ermaneciendo en valores relativamente estables. En 20 18, los países con mayores porcentajes de adolescentes que se habían embriagado al menos una vez en los últim os 30 días fueron Dinamarca, Bulgaria y Gales (en torno a 25% o más), y el menor, Kazajistán (2% ). España se situó en torno al 13% en ambos años ( Inchley et al., 2020 ; I nchley et al., 2018 ; Leal-López et al., 2021). En la misma línea descendente se muestran los datos de la en cuesta ESPAD, aunque, en este caso, se observan descensos en la s dos medidas analizada s entre 1995 y 2019. Así, el porcentaje de chicos y chicas de 15-16 años que se han embriagado al menos una vez en sus vi das pasó del 55% al 36 % , y en los últimos 30 días, del 27% al 13%. En ambos casos, los países que mostraron los descensos más marcados fueron Finlandia, I slandia, Irlanda, Lituania, Noruega y Suecia. Nuestro p aís, que solo ha participado en la edición de 2019, presentó unos porcentaje s por encima d e la media en ambos casos (43% y 17%, respectivamente). En esta misma encuesta, los datos de heavy episodic drinking , entend ido como cinco o m ás bebidas alcohólicas en una sola ocasión al menos una v ez en el últim o mes, revelaron un aumento desde 1995 (36%) hasta 2007 (42%) y post erior c aída al nivel previo de 36% en 2015, valor que s e ha mantenido estable en 2019 ( 35%) (ES PAD Group, 2020). En Estados Unidos, y en la lí nea de lo comentado previamente p ara l as otras medidas de consumo de alcohol, el estudio Monitoring the Future re veló que tanto los episodios de embriaguez en la vida como en los últimos 30 días se redujeron de manera global entre el inicio d e l a serie en 1991 (46% y 1 9%, respectivamente) y 2020 (26% y 11%, respectivamente), aunque la tendencia descendente comenzó con el cambio de siglo. En ambos casos se detectó cierta estabilización en los años más r ecientes (Miech 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 55 et al., 2021). Por su parte, la encuesta Youth Risk Behavior Surve y muestr a que el binge drinking , definido como tomar 5 o más b ebidas (chicos) y 4 o más (chicas) en un periodo de dos horas en los últimos 30 días, decreció en el periodo global 1991 (31%) y 2017 (13% ) aunque con periodos de estabilidad (1991 -1999 y 2011-2013 ) (Centers for Disease Control and P revention, 2022 ). En Austr alia, el porcentaje d e adolescentes que habían consumido 4 beb idas o más de entre quienes ha bían c onsumid o alcohol en los últimos 7 días, cre ció de manera global entre 1984 (16%) y 1996 (27%) y se ha mantenido en valore s si milares desde entonces (29% en 2017) (Guerin & White, 2020). En referencia a los dat os de adolescentes en España, la encuesta EST UDES también indica un descenso en el porcentaje d e chicos y chicas que se han embria gado alguna vez en su vida desde el inicio de la serie en 2008 (56%) hasta 2021 (48%). No obstante, los datos de e pisodios de embriaguez en los últimos 30 días muestran un aumento en el global de la serie (del 16% en 199 4 al 23% en 2021) , debido a un fuerte crec imiento experimentado desde el inicio hasta 2010 (36%). P osteriormente, se produjeron d escensos en 2012 (31%) y 2014 (22%) y estabilización a p artir de enton ces hasta 2021 (2 3%). Los datos de binge drinking , definido como haber tomado c inco o más vasos de bebidas alcohóli cas en un intervalo aproximado de dos h oras, informan de una reducción global de este c omportamiento entre el primer dato disponible de 2008 (41%) y 2021 (2 8 %) (Observatorio Espa ñol de las Drogas y las Adicciones, 2021b). 1.2.3 Con sumo de tabaco El siguiente indicador hace referencia al consumo de tabaco, específicamente se presentan los datos de ta baco fumado (en la Tabl a 7 se presenta un resumen de los datos más relevantes). Como se comentó al inici o de este apartado, en primer lugar se mostrarán los datos in ternacionales de población adulta, seguidos de los datos nacionales de este mismo grupo. A continuación se presentarán los datos internacionale s sobre adolescentes y , por últim o, los datos nacionales referidos a adolescentes. En pobl ación adulta, el último informe de la O rganización Mundial de la Salud, WHO Global Re port on Trends in Prevalence of Tobacco Use 2000-2025 , informa de que el porcentaje de p ersona s fumadoras de 15 o más años en el mundo se redujo del 26% en 2000 hasta el 19 % en 2018. Este de scenso se produjo en todas las regiones, siendo la regió n de América la que pr esentó el mayor descenso (27%-14%), 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 56 seguida de Eur opa (34%-26%), y a c ontinuación, el Pacifico Oeste (29%-24%), el Sudeste Asiático (21% -16%), el Medite rráneo Es te (21%-17 %) y la región de África (14%-10%) (World Health Organization, 2019c). En la misma línea, el Eurobaróme tro de la Comisión Europea llevado a cabo en los países miembros de l a Unión Europ ea p ara conocer las actitudes de su s ciudadanos de 15 o m ás años hacia e l ta baco, t ambién reveló un descenso en el consumo de tabaco en la vida, pasando d el 58% en 2003 al 45% en 2 020. Sin embargo, España se mantuvo en niveles similares en ambos años (en torno al 55%). Asimismo, el porce ntaje d e personas fumadoras también se re dujo en este periodo (39% en 2003 y 23% en 2020), aunque este descenso no fue c ontinuo, observándose pe riodos de estabilidad, como el sucedido entre 2014 y 2017 (26% en a mbos años) . En el caso de nuestro país, el porcentaje de personas que fuman ac tualmente se redujo del 40% en 20 03 al 24% en 2020. En 2020, la propor ción de personas fumadoras en la actualidad varió ampliamente entre los países, encontrándose niveles de sde el 42% de Grecia o el 38 % de Bulgaria hasta el 12% de Países Bajos y Reino Unido o el 7% de Suecia (European Comission, 2003, 2015, 2017, 2021a). En España, los datos de la encuesta EDADES (población de 15 a 64 años ), reflejan t endencias distintas según el tipo de consumo. Así, el porcentaje de pe rsonas que habían fumado tabac o alguna vez en sus vida s fue similar en 2019 (70%) respecto al ini cio de la serie en 1997 (70%), aunque con alt ibajos a lo largo de estos 20 años ( el menor valor de la se rie se registró en 1999, con un 65%, mientras qu e el ma yor, en 2009, con un 75%). En cambio, el consumo en los últimos 12 meses y en los últ imos 30 días se re dujeron e ntre 1997 (47% y 43%, respectivamente ) y 2019 (40% y 37%, respec tivamente), obteniéndose, en ambos c asos, el menor valor de toda la serie en 2019. Más discreto, sin embargo, es el des censo e n el consumo diario, pas ando del 35% en 1997 al 32% en 2019. Los mayores y menores porcentajes se detectaron en 2003 (37%) y 2007 (30%), respectivamente (Observatorio Espa ñol de las Droga s y las Adicciones, 2021a). Poniendo e l foco en el consumo de taba co en a dolescentes también se han detectado des censos en l a mayoría de los países, aunque no en todos. Comenza ndo por un estudio en el que emplearon datos d el Global Youth Tobacco Survey con adolescentes d e 13 a 15 años de más de 140 países (entre los que no se encuentra España) encontraron que, en 2019, la p revalencia global de c onsumo d e cigarrillos e n 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 57 los últimos 30 días fue de 11,3% en los chicos y 6,1 en las chicas. Por regiones, el Pacífico Oeste (17,6%) y el S udeste asiático (15,7%) son l as zonas que mayor prevalencia presentan para los chicos, mientras que África (8,6%) y las Américas (8,1%), las que menores porce ntajes muestran. N uestra región, Europa, s e mantiene en una posición intermedia, con 10,6%. En el caso de las chicas, es precisamente Europa l a que mayor prevalencia presenta (9,0%), seguida del Pacífico Oeste (7,1%). Los menores datos se observan en África (3,7%) y el Mediterráneo Este (3,4%). En cuanto a las tendencias entre el pri mer año del estudio (variable según cada país) y 2019, encontraron que el consumo de cigarrillos en los últimos 30 d ías se redujo en 80 países, no hubo cambios en 39 y aumentó en 21 (Ma et al., 2021). En otro trabajo con datos del Global Burden of Diseases, Injuries, and Risk Factors Study 2019 en el que estimaron la prevalencia del consumo de tabaco (fum ado) en jóvenes de 15 a 24 años de 204 países y territorios de todo e l mundo, los resultados mostraron que, en 2019, 155 millones de jóvenes eran fumadores, siendo la proporción del 20% en los chicos y del 5% en las chicas. La prevalencia global descendió en torno a un a tercera pa rte entr e 1990 y 2019. Los resultados detectaron un a alta variabilidad entre los país es, con 81 de ellos presentando descensos significativos (mayores caídas en Noruega , Australia y Brasil), 12 aumentos significativos (entre ellos, Albania, Arabia S audí o El Salvador) y los 111 restantes, niveles semejantes (Reitsma et al., 2021). En Europa , los datos del estudio HBSC internacional muestran que el consumo de tabaco en la vida por parte de los y las adolescentes de 15 años ha experimentado una reducc ión a m enos de la mitad entre 2002 (62%) y 2018 (28%), siendo especialmente pronunciada entre 2010 (49%) y 2014 (34%), cuando disminuyó en 15 puntos. La mayoría de los países prese ntaron importantes descensos, siendo los más marcados los de Ucrania, I nglaterra, Austria, Noruega y Alemania (superiores a 40 puntos). Los países con los m ayores nivele s en 2018 fuero n Lituania, Le tonia y Estoni a y , con menor, Azerbaiyán y K aza jistán. España pasó d el 54% en 2002 al 31% en 2018. El consumo en los últimos 30 días presenta v alores muy similares entre 2014 (primer dato disponible) y 2018 tant o a nivel global (18% f rente a 15%) , como en España (15 % frente a 16% ). Se det ectaron descensos en torno a la mitad de los países mientras que en Albania (solo las chicas ), Armeni a (solo los chicos) e Islandia (solo los chicos) se observaron aumentos. E n el consumo diario s e produjo una importante reducción, pasando del 18% en 2002 al 8% en 2014 (último dato disponible). En un terc io de los 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 64 1.2.5 Con sumo de drogas ilegales d istintas al cannabis En este punto se present a la información relacio nada con el consumo d e otras drogas ilegales distintas al canna bis, como pueden ser los opioides, las anfetaminas, el éxtasis, la cocaína y otras sust ancias (en la Tabla 9 se presenta un resumen de los datos más relevantes). De nue vo, el orden de pr esentación de los datos será, en primer lugar, los referentes a la pobl ación adulta internacional, seguidos de los de la población adulta de España. A continuació n, se describirán los datos de la población adolescente internacional y, para terminar, los de la pobl ación adoles cente nacional. A nivel mundial, e l World Drug Report 2021 estima que en 201 9, 62 mill ones de personas habrían consumido opioid es 6 en el último año (se incluyen también el mal uso de opioides farmacéuticos), lo que se corre spondería con un 1,2% de la población mundial de 15 a 64 años. Entr e 2 010 y 2019, el número estimado de consumidores de opioid es en todo el mundo se duplicó, pasando de 31 a 62 millones de personas consumidora s estimadas en el últim o año , aunque parte de dicho incremento se debe al aumento de la población global. Las regiones con más consumo fueron Norte Am érica (3,6%), Australia-Nueva Zelanda (3,3%), Oriente Próxim o y Medio-Sudoeste Asiático (2,6%) y el sur de Asia (2,0 %) . En nuestra región, Eu ropa, la p revalencia del consumo de opioides en el últim o año en 2019 se estima en el 0,7% de la pobl ación d e 15 a 64 años (3,6 millones de personas ). En Europ a Occidental y Central (principalmente los Estados miembros de la Unión Europea), la h eroína sigue siendo el principal opioide utilizado. Entre 2010 y 2019, el número estimado de personas que consumen opioides y la prevalencia del c onsum o de opioides en el últ imo año ( mayoritariamente heroína) aumentaron a proximadamente un 65%, manteniéndose estable desde 2016 (United Nations Office on Drugs and Crime, 2021). En relación c on las anfetaminas (se i ncluyen las a nfetaminas y metanfetaminas) , en 201 9 la estimación fue de 27 millones de personas, es decir, un 0,5% de la pobla ción de 15 a 64 años. D e nuevo, las regiones d e Norte América (2,3 %) y Australia-Nueva Zelanda (1,3%) most raron los mayores porcentajes de consumo. En Europa, se estimó que el 0,5% de la población (2,5 millones) había consumido 6 En este informe, lo s o pioides son un grupo d e dro gas que compr ende diversas sustancias co mo los opiáceo s y sus an álogos sint éticos. Los opiáce os so n lo s alcaloid es natu rales q ue se en cuentran en la adorm idera e in cluyen la morfina, la codeína y la tebaína. Entr e su s derivados semisintéticos se encu entra la hero ína, la h idrocodona, la ox icodona y la bupren orfina. Los opioid es sintéticos o f armacéutico s son la metado na, la petidina, el tram adol o el fentanilo (World Health Org anization , 2008a). 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 65 anfetaminas en el últ imo año. L os datos revelan que el número de personas consumidoras de anfetaminas en los últimos 12 meses se ha mantenido estable en los últimos años, pero el análisis de aguas residuales parece indi car un aumento de la cantidad consumida. En Europa Occidental y C entral, el consumo de anfetaminas es más común que el de metanfe taminas. E l consumo de metanfetaminas se ha notificado principalmente en Chequia, aunque también parece existir un consumo creciente en otros países, como España, Chipre, Alemania (la parte oriental), Eslovaquia y en zonas del norte de Eur opa (Unit ed Nations Of fice on Drugs and Crime, 2021). En cua nto a la cocaína , son casi 20 millones de personas las que se estima que consumieron esta droga en los últimos 12 meses en 2019 (0,4% de la p oblación). En este c aso, las re gion es con mayor p revalencia de consumo en el último año son Australia-Nueva Zelanda (2,7 %) y Norte América (2,1%). En Europa, se estima que, en 2019, 5 millones de personas o alrede dor de 0,9% de la población de entre 15 y 64 años, había consumido cocaína en el último año. El consumo de cocaína es mayor en Europa Occidenta l y Central (1,4%, o 4,4 mi llones de personas) que en Europa Oriental y Sudoriental (0,3%, o 580.000 personas). Mu chos países de Europa Occidental y C entral, especialmente aquellos con una alta prevalencia de consumo de cocaína, como Inglaterra, Gales, Alema nia e I talia, han info rmado de un aumento d el consumo de cocaína en sus encuestas reciente s. Entre 2010 y 2019, la prevalenc ia estimada del consumo de cocaína en el últ imo año se mantuv o bastante estable, en to rno al 0,4%, pero el crecimiento de la población provocó un aumento del 22% en el número de personas que habían consumido cocaína en el último año. R espec to al éxtasis , la estimación en 2019 ronda los 20 millones de personas (0,4% de la población) que han consumido esta sust ancia en el último año , con las regiones d e Australia -Nueva Zelanda (2 ,8 %) y Norte América (0,9%) con los mayores porcentajes. En nuestra región, Europa, se estimó que a proximadamente el 0,7% de la población (3,6 mi llones de personas) de entre 15 y 64 años habí a consumido éxtasis en el último año, siendo la prevalencia de consumo en Europa Occidenta l y Centra l (0,9% , o 2,8 millones de millones de consumidores en el último año) mayor que en Europa Orient al y Sudoriental (0,4%, o menos de 800.000 personas ) (United Nations O ffice on Drugs and Crime, 2021). A continuación, se muestran los datos de consumo de diversas drogas il egales en población adulta de España. Como muestra la encuesta EDADES , el consumo de 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 66 hipnosedantes con o sin receta h a crecido de man era notabl e entre 2005 y 2019, tanto el consumo en la vida (9% a 23%), en los últimos 12 meses (5% a 12%), en los últimos 30 días (4% a 9%) como a diario (3% a 6%). En cuanto a los analgésicos opioides , las tres medidas se han ma ntenido estables en los dos años en los que se han analizado, 2017 y 2019 (15% en la vida, 7% en los últimos 12 meses y 3% en los últimos 30 días). Por su parte, el consumo de anfetaminas en la vi da se ha mantenido en valores del 2 - 4% en todos los años, mi entras que el consumo en los últimos 12 meses se mantuvo en torno al 1% en todo el periodo y el consumo en los últim os 30 días entre 0 -1%. En referenc ia a la cocaína en polvo, el consumo e n la vida experimentó un importante aumento entre 1995 (3% ) y 2009 (10%) y se ha mantenido en valore s similares hasta 2019; el consumo en los últimos 12 meses perma neció en torno al 2 -3% e n toda la serie y el consumo en los últimos 30 días en el 1%. Sin embargo, la cocaína ba se presentó , en todos los tipos de consumo y en todos los años, porce ntajes muy residuales (0 -1%). En relación con el éxtasis , el consumo en la vida crec ió del 2% al inicio d e l a serie al 5 % en 2009 y desde entonces se ha mantenido en valores similares, situándose el consumo en los últ imos 12 meses y últimos 30 días entre el 0% y 1 % en toda la serie. El porcentaje de personas que han consumido alucinógenos o setas m ágicas alguna vez en su vida creció entre 1995 y 2019 (2% al 6% y 2% al 4 % , respectivamente), aunque quienes han consumido en los últimos 12 meses y últim os 30 d ías no alcanz a el 1% en ambos casos. Estos mínimos valores, casi nulos , también se han encontrado para la heroína , metanfetaminas , inhalantes volátiles y GHB en todas las medidas y todos los años analizados (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021a). Si se examina el consumo de este tipo de drogas en adolescentes a nivel internacional, l a en cuesta ESPAD informa de que el consumo de d rogas ilegales distintas al cannabis algu na vez en la vida most r ó su dato más bajo en 1995, con un 3%. Desde entonces ha experimentado mínim as fluctuaciones entre el 5-7 %, siendo en 2019 del 5%. Los datos muestran variabilidad en las tendencias de los países con algunos mostrando descensos (Rumanía o Irlanda), estabili zac ión, aunque con un pico de consumo en 2007 (Malta o Fra ncia) y aumentos globales (Chequia o P ortugal). En 2019, los países con may ores niveles d e consumo fueron Estonia y Letonia (en torno al 8-9 %) . España, en su única particip ación en este estudio en 2019 mostró un porcentaje del 4% (ESPAD Group, 2020). En Estados Unidos, los datos del estudio Monitoring de Future indican que el consumo en la vida de drogas ilegales dist intas a la marihuana se 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 67 redujo del 20% en 1991 al 14% en 2020, aun que si se incluyen los inhalantes, los valores se mantien en en el 37-38% durante toda la serie (Miech et al., 2021 ). Por su parte, la e ncuesta Youth Risk Behavior Surv ey r eportó que el consumo de drogas ilegales (coca ína, inhalantes, heroína, metanfetaminas, éx tasis, alucinógenos) en la vida pasó del 29% en 2001 al 15% de 2019 (Centers for Disease Control and P reve ntion, 2022 ). En Australia, la encuesta Au stralian School Students Alcohol and Drug Surv ey refleja que, entre 1996 y 2017, la evolución del consum o de drogas ilegales en la vida en adolescentes de 16 -17 añ os varió en función de la droga (cocaína: 3% -4%; éxtasis: 5%- 9%; inhalantes; 17%-15%; alucinógenos: 13%-6%); opiáceos: 4%-2% d ato de 2014 ; anfetaminas: 9%-5% dato de 2014 ) (Guerin & White, 2020). En nuestro país, los datos sobre consumo de drogas ilegales distintas al ca nnabis de adolescentes provenientes de la en cuesta ESTUDES muestran que el consumo de hipnosedantes con o sin receta ha crecido en estos años. Así, el c onsumo en la vida crec ió del 7% en 1994 al 17% en 2008 y se mantuvo re lativamente estable desde entonces hasta 2021 (20 %), mientras que el consumo e n los últimos 12 meses (del 7% al 14%) y en los últim os 30 días (del 4% al 8%) se ha duplicado desde 2006 a 2021. El consumo de analgésicos opioides , evaluado por primera vez en 2019, se ha mantenido estable en 2021, encontrándose que un 2% de los y las adolescentes consumió este ti po de droga alguna vez en s us vidas, mientras que este porcentaje se r edu jo por debajo del 1% si se refiere al consu mo en los últimos 12 me ses o en los últimos 30 d ías. Por otro lado, las tres medidas de consumo de cocaína mostraron niveles similares al inicio y a l final de la serie, aunqu e experimentaron un crecimiento entre 1994 y 2004 y un descenso a partir de entonces. Así, el consumo en la vida pasó del 3% en 1 994 al 9% en 2004 y de nuevo al 3% en 2021; el consumo en los últimos 12 meses, del 2% al 7 % y de nuevo al 2% y el consumo en los últimos 30 día s del 1% al 4% y al 1%. Otras dr ogas ilegales como las anfetaminas (del 4% al 2% en la vida, del 4% al 1% en los últi mos 12 meses y del 2 % a menos del 1% en los últim os 30 días), el éxtasis (d el 4% al 3% en l a vida, del 3% al 2% en los últimos 12 meses y del 2% al 1% en los últimos 30 días), los inhalantes volátiles (d el 3% al 2% en l a vida, de l 2% al 1% en los últimos 12 meses y del 1% a menos de 1% en los últim os 30 días) y alucinógenos (del 5% al 2% en la vida, del 4% al 1% en los últimos 12 meses y del 3% a valores inferiores al 1% en los últim os 30 días) mostraron descensos en los tre s tipos de c onsumo entre 1994 y 2021. Por su parte, ciertas drogas c omo la heroína , metanfetaminas , GHB y los esteroides 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 68 anabolizantes permane cieron en valores en torno al 1% o inferiores en todos los tipos de consumo durante todo el periodo contemplado. Para finalizar, nuevas sustancias psicoactivas (NPS) como la ketamina, spice , mefedrona, salvia o la ayahuasca también mostraron por centaje s en torno al 1% o inferiores desde 2010 (p rimer d ato disponibl e ) hasta 2021 en todos l os tipos de consumo (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021b). 1.2.6 Edad de in icio en el con sumo de alc ohol y tabaco y en los episodio s de embriaguez En relación con la eda d de inicio (en la Tabla 10 se presenta un r esumen de los datos más relevantes) , ha y que informar sobre va rias cuestiones importante s. En primer lugar, los estudios presentan cierta variabilidad en sus resultados en fun ción de si la población encuestada son personas adultas o adolescentes. En el c aso de e studios con población adolescente, las edades de inicio su elen estar sesgad as hacia un inicio más temprano por contar sólo con los y las estudiantes que ya consumen cu an do se pr egunta (parte de l a muestra sólo tiene 15 o 16 años, por lo que , quienes ya han co nsumido, han debido hacerlo necesariamente a esa edad o antes) . Sin embargo, cuando s e trabaja con un rango mayor de eda d, como o curre con los estudios de pobla ción a dult a, la edad de inicio informada es más tardía. Así, po r ejemplo, al examinar los d atos d e la e ncuesta EDADES , que analiza el consumo de drog as entre personas d e 15 a 64 años en España, se aprecia que la edad media de inicio en el consumo de alcohol y ta baco es de 16,7 y 16,6 años respectivamente (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021a), más elevadas que las reportadas por los y las adolescentes como se apreciará a lo largo de estas páginas. Dado qu e esta Tesis Doctoral emplea info rmación extraída de población adolescente, solo se expondrán los resultados de estudios co n este grupo etar io . Ha y que señalar también que solo se presentarán datos de ini cio en el consumo de alcohol y tabaco, así como de inicio en los episodios de embriaguez, que son las variables an alizadas en esta Tesis. P or último, este indicador se puede p resentar de dos formas diferentes: (a) co mo inicio temprano, que se re fiere a h aber consumi do alcohol o tabaco o h aberse embria gado con 13 años o antes y ( b) como edad media de ini cio en el consumo o en los episodios de embriaguez. En este apartado se mostrarán las medida s empleadas e n cada informe determinado. 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 69 Los datos del estudio HBSC internacional (adolescentes de 15 años) inf orman que entr e 2002 y 2014 (último dato disponibl e), el inicio tempr ano en el consumo de alcohol se redujo a casi la mitad (46%-28%). Este descenso estuvo presente en todos los países excepto Esloveni a, en el que aumentó, y Croacia, Estoni a, Grecia e Italia, con valores sim ilares al ini cio y fin d e la serie. L as mayores caídas se encontraron en la República C heca y Gales (más de 40 puntos). En 2014, los países con mayor porcentaje de adoles centes qu e h abían bebido alcohol a los 13 años o antes fueron Es tonia, Lituania, Grecia, Hungrí a y Croacia (40% o más) y con menor, I slandia, Israel, Suecia y Noruega (15% o menos). En España , el porcentaje decreció en el periodo global 2002 - 2014 unos 11 puntos (del 37% al 26% ), aunque s ufrió un aum ento entre 2 006 (34% ) y 2010 (42%). También ha decrecido el inicio temp rano en los episod ios de embriaguez , redu ci éndose este comportamiento del 17% en 2002 al 8% en 2014. De nuevo, todos los países disminuyeron en mayor o menor medida sus valores excepto Grecia, Hungría, Letonia, Malta y República de Ma cedonia del Norte, que most raron es tabilidad. Los mayores des censos fueron observados en Dinamarca, Inglaterra, Finlandia y Gales (m ás de 20 puntos). En 2014, Estonia y Lituania fueron los países con mayo res porc entajes de adolescentes que se habían embriagado con 13 o menos años (en torno al 20%), mientras que en Islandia, Italia y Noruega se observaron los menores po rcentajes (2 - 3%). Nuestro país volvi ó a mostrar una tendencia desce ndente entre 2002 (9%) y 2014 (6%), aunque con un pico en 2010 (16%) (Inchley et al., 2018 ; Leal-López et al., 2021). Respecto al inicio precoz en el consumo de tabaco , la reducción fue del 30% en 2006 al 17% en 2014 ( en 2002 el dato reporta do fue la edad media de inicio: 12,5 años). En la mayoría de los pa íses se produjeron descensos aunque con alta variabilidad en su magnitud. Así, países co mo Austria e I rland a redujeron sus porc entajes en 20 puntos o más, mi entras que otros como Israe l, Letonia o Rumanía permanecieron en valores similares. Los únicos dos países en los que se detectó un aumento fueron Groenlandia y Lituania. En España, el desce nso llegó a ser de 16 puntos, pasando del 2 5 % en 2006 al 9% en 2014 (Curr ie et al. , 2004 ; Currie et al., 2008 ; Inc hley et al., 2016). Los datos de la encue sta ESPAD (adolescentes de 15-16 años) reafirman las tendencias que muestra el estudio HBSC . Así, se observa que el inicio temprano en el consumo de alcohol se redujo del 57% en 2011 (primer dato comparable) al 33% de 2019. Todos los países disminuyeron sus niveles, siendo los más marcados (34 puntos o más) los de Estonia, B ulgaria, Grecia, Lituania y Eslovenia. En 2019, Georgia (60%) y 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 70 Letonia (48%) fu eron los países con mayores nive les de inicio precoz en el consumo de alcohol. Los menores niveles se observaron en Islandia, Kosovo, Noruega y Suecia (menos del 15%). En lo que respecta al inicio precoz en los episodios de em briaguez , el porcentaje decreció d el 17% en 1995 al 7% en 2019. Descensos de 20 puntos o superiores fue ron encontrados e n Dinamarca, Finlandia, Francia, I slandia y Suecia, mientras que en U crania, el porc entaje de adol escentes que s e habían em briagado con 13 años o menos creció 3 puntos entre 1995 y 201 9. La mayorí a d e los p aíses mostraron niveles e ntre el 2% y el 10% en 2019, excepto Georgia (25%). El inicio precoz en e l consumo de tabaco pasó del 43% en 1995 al 18% en 2019. Todos los pa íses mostraron descensos, con los más pronunciados en las Islas Feroes, Finlandia, Francia, Irlanda y Suecia (40 puntos o más). En 2019, los países con mayores niveles de inicio pre coz en el consumo de tabaco fueron Lituania, Letonia, C hequia, Estonia, Eslovaq uia y Ucrania (más del 25%) y los menores, Islandia, Malta y Noruega (menos de l 10 %). En España, participó unciamente en 2019, el 31% de los y las adolescentes informó de haber bebido alcohol a los 13 años o antes, el 7% reportó haberse embriagado a los 13 años o antes y el 16% indicó haber fumado tabaco a los 13 años o antes (ESPAD Group, 2020). En otros países, como Es tados Unidos, la enc uesta Y outh Risk Behav ior Surve y (adolescentes de 14 a 1 8 años) encontró que el inicio temprano en el consumo de alcohol disminuyó entre 1991 (33%) y 2019 (15%), aunque la tendencia descendente comenzó a partir de 1999 (Centers for Disease Control and Prevention, 2022 ). Respecto a la edad d e inicio en el consumo y en los episodios de embriaguez en España, la encuesta E STUDES (adolescentes de 14 a 18 años) señala que la edad media de inicio en el consumo de alcohol ha aumentado de 13,5 años de 1994 a 14,0 años en 2021. La edad de inicio en los episodios d e em briaguez se ha mantenido en valores similares entre 2016 (pr imer datos disponible) y 2021, siendo de 14,7 años e n ambos años. Por su part e, la edad de ini cio en el consu mo de taba co decreció desde los 13,9 años de 1994 hasta los 1 3,1 años d e 2000, para luego volver a aumentar ha sta los 14,1 años de 2021 (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021b). Como se ha podido obse rvar en este apartado, la adolescencia se distingue como una etapa del ciclo vital muy relevante en el inicio y desarrollo de los co mportamientos relacionados con el consumo de drogas. Pero ¿por qué? ¿qué ocurre en estos años para que se den las cir cunstancias propicias para est os comportamientos? E n el siguiente apartado se intentará dar respuesta a esta y otras cuestiones. 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 71 Tabla 5 . Tabla-resumen de los resultados d e los diferentes estu dios sobre los ca mbios en el co nsumo d e alcohol a lo largo de los últimos a ños. CONSUMO DE ALCO HO L POBLAC IÓN ADUL TA POBLAC IÓN ADOLESC ENTE Datos internac i ona les Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 o más años). • Consumo en la vida: estabilidad a nivel mundial entre 2000 (56%) y 2016 (55%). D escenso leve en Europa (80%-77% ). • Consumo en lo s ú ltimos 1 2 meses: descenso a nivel mundial entre 2000 (48%) y 2016 (43%). Descenso en Europa (70%-60%). • Consumo de alcohol per cápita (l itros d e etanol p uro): a umento a nivel mundial entre 2000 ( 5,7 litros) y 2 016 (6,4 l it ros). Desc enso en Europ a ( 1 2,1 litros-9,8 litros). • Dado el descenso en el número de personas consumidoras de alcohol en los últimos 12 meses, pero estabil ización o crecimiento del co nsumo per cápita en todas las regiones excepto en la europea → el n ivel de consumo de a lcohol creció entre 2000 y 2016 a nivel mundial y en casi todas las region es. Excepción → en Europa los valo res se mantuvieron similares . Datos internac i ona les Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 a 19 años). Descensos a nivel mundial y en Europa entre 2010 y 2016: • Consumo en la vida: a nivel mundial (46%-38%). En Europa (84%-59%). • Consumo en los últimos 12 meses: a ni vel mundial (34% -27%). En Europa (70%-44%). Health Beh aviour in Schoo l-aged Children ( HBSC ) (personas de 1 5 años). Descensos leves a nivel global y estabilidad en España en el con sumo en la vida y en los últimos 30 días entre 2014 y 2018: • Consumo en la vida: a nivel globa l (65% -59%). España (66%-67% ). • Consumo en los últimos 30 días: a nivel global (39% -37%). España (38%-38%). Descensos a nivel global y en España en el consumo semanal en tre 2002 y 2014: • Consumo semanal: a nivel global 26%-13%. España (21%-8%). Europea n School Su rvey Project on Alcoho l a nd Drugs ( ESPAD ) (person as de 15-16 años ). Descensos a nivel global entre 1995 y 2019 : • Consumo en la vida: a nivel globa l (88% -80%). España (78% en 2019). • Consumo en los últimos 30 días: a nivel global (55% -48%). España (47% en 2019). Descensos en el consumo de alcohol en otros pa íses como Estados Unid os y Australia. Datos naciona les Encuesta sobre Alcoho l y otras Drogas en España ( EDADES) (personas de 15 a 64 años). Estabilidad en todas las medidas de consumo entre 1997 y 2019 e xcepto en consumo diario que desciende: • Consumo en la vida: 91%-93%. • Consumo en los últimos 12 meses: 79%-77%. • Consumo en los últimos 30 días: 64% -63%. • Consumo diario: 13%-9%. Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 o más años). • Consumo d e alcohol registrado p er cápita (litros de etanol puro): descenso en España entre 1962 (14,7 litros) y 2016 (8,6 litros). Datos naciona les Encuesta sobre Uso de Drogas en En señanzas Secundarias en España (E STUDES) (person as de 14 a 18 años). Descenso en todas las medidas de consumo entre 1994 y 2021 : • Consumo en la vida: 84%-74%. • Consumo en los últimos 12 meses: 83%-71%. • Consumo en los últimos 30 días: 75% -54%. • Consumo diario: 2% (2006)-1%. 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 72 Tabla 6 . Tabla-resumen de los resultados de los diferentes estud ios sobre los camb ios en los episodios de embriaguez * a lo largo de los últimos años. EPISODIOS D E EMBRI AGUEZ POBLAC IÓN ADUL TA POBLAC IÓN ADOLESC ENTE Datos internac i ona les Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 o más años). • Desc enso a nivel mund ial en hea vy episodic drinking (definido en este informe como 60 o más gramos d e alcohol puro en al me nos un a o casión por mes): 23% en 2000 al 18% en 2016. • Desc enso en Europa pero se mantiene por encima del 20%. Datos internac i ona les Health Beh aviour in Schoo l-aged Children ( HBSC ) (personas de 1 5 años). Descensos a nivel global y en España en los episodios de emb riaguez en la vida entre 2 002 y 2018: • Episodios de embriaguez en la vida (al menos dos veces): a niv el glob al (36% -20% ). España (25%-21%). Estabilidad a nivel global y en Espa ña en los episodio s de emb riaguez en lo s últimos 30 días entre 2014 y 2018: • Ep isodios d e embriaguez en los últimos 30 días: a n ivel g lobal (15% en ambos años). España (13% en ambos años). Europea n School Su rvey Project on Alcohol a nd Drugs ( ESPAD ) (person as de 15-16 años ). Descensos a nivel global entre 1995 y 2019 : • Episodios de embriaguez en la vida: a nivel global (55% - 36%). España (43% en 2019). • Episodios de embriaguez en los ú ltimos 30 días: a nivel global (2 7% -13%). España (17% en 2019). Estabilidad a n ivel global en heavy episodic drinking (d efinido en este in forme como cinco o má s bebidas alcohóli cas en una sola ocasión al menos una vez e n el último mes) entre 1995 (36%) y 2019 (35%), aunque con un pico de co nsumo en 2007 (42%). Descensos ta nto en los ep isodio s de emb riaguez como en bing e drinkin g en adolescentes de Estados U nidos. Datos naciona les Encuesta sobre Alcoho l y otras Drogas en España ( EDADES) (personas de 15 a 64 años). Estabilidad en las dos medidas de episodios de embriag uez: • Episodios de embriaguez en los últimos 12 me ses: 19% en 1997 y en 2019. • Episodio de embriaguez en los últimos 30 días: 7% en 2017 y en 2019. Datos naciona les Encuesta sobre Uso de Drogas en En señanzas Secundarias en España (E STUDES) (person as de 14 a 18 años). Descenso en los episodios de embriaguez en la vida entre 2008 y 20 21 : • Episodios de embriaguez en la vida: 56%-48%. Aumento en los episod ios de embriaguez en los últimos 30 días e ntre 1994 y 2021 (d ebido a un pico en 2010). • Episodios de embriaguez en los últimos 30 días : 16% -23%. Descenso en binge drinking (definido en este informe como haber tomado cinco o más v asos de bebidas alcohólicas en un intervalo aproximado de dos horas) entre 2008 (41%) y 2021 (28%). * Se incluyen también datos de ot ros comportamientos que implican un consumo intensivo de alcohol en una sola ocasión, como, po r e jemplo, el binge dri nking o heavy e pisodic drinking . 1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología 73 Tabla 7 . Tabla-resumen de los resultados de los diferentes estud ios sobre los camb ios en el consu mo de tabaco * a lo largo de los últimos año s. CONSUMO DE TABA CO POBLACIÓN ADU LTA POBLACIÓN ADO LESCE NTE Datos internac i ona les WHO Glo bal Report on Trends in Prevalence of Tobacco Use 20 00-2 025 (person as de 15 o más año s). • Desc enso a niv el m undial en el consu mo actual de tab aco entre 2 000 (26%) y 2018 (19%). Descenso en Europa (34%-26%). Euroba rómetro de la Comisión Europea (per sonas de 15 o más años). • Desc enso a nivel europe o en el consumo de tabaco en la vida entre 2 003 (58% ) y 2020 (45%). Estabilidad en España (en torno al 55% en ambos años). • Desc enso a nivel europeo en el consu mo actual de tabaco entre 2 003 (39%) y 2020 (23%). Descenso en España (40% - 24%). Datos internac i ona les Ma et al., 2 021. Datos del Globa l Youth Tobacco Survey (personas de 1 3 a 15 años). • Consumo en los últimos 30 días: descenso en 80 países, estabilidad en 39 y aumento en 21. Reitsma et al. , 202 1. Dato s del Global Burden of Diseases, Injuries, a nd R isk Factors S tudy 2019 (personas de 15 a 2 4 años). • Consumo en la vida: descendió en torno a una tercera p arte entre 1990 y 2019 (d esce nso en 81 países, estabilidad en 111 y au mento en 12). Health Beh aviour in Schoo l-aged Children ( HBSC ) (personas de 1 5 años). Descensos a nivel global y en España (excepto en el c onsumo en los últimos 30 días) : • Consumo en la vida: a nivel globa l (62% en 2002 a 28% en 2018). España (54% -31%). • Consumo en los ú ltimos 30 d ías: a niv el global (18% en 2014 a 15% en 2018). España (15% - 16%). • Consumo diario: a nivel global (1 8% en 2002 a 8% en 2014). España 20% -5%. Europea n School Su rvey Project on Alcohol a nd Dr ugs ( ESPAD ) (perso nas de 15-16 años). Descensos a nivel global entre 1995 y 2019 : • Consumo en la vida: a nivel globa l (68% -42%). España (41% en 2019). • Consumo en los últimos 30 días: a nivel global (32% -20%). España (21% en 2019). • Consumo diario: a nivel global (20%-10%). España (9% en 2019). Descenso en el con sumo de tabaco en otros países como Estados Unid os y Australia. Datos naciona les Encuesta sobre Alcoho l y otras Drogas en España ( EDADES) (personas de 15 a 64 años). Estabilidad en el co nsumo en la vida y descenso en las demás medidas de consumo entre 1997 y 2019: • Consumo en la vida: 70%-70%. • Consumo en los últimos 12 meses: 47%-40%. • Consumo en los últimos 30 días: 43% -37%. • Consumo diario: 35%-32%. Datos naciona les Encuesta sobre Uso de Drogas en En señanzas Secundarias en España (E STUDES) (person as de 14 a 18 años). Descenso en todas las medidas de consumo entre 1994 y 2021 (aunque existe cierta estabilización d e los valores en los últimos año s): • Consumo en la vida: 61%-38%. • Consumo en los últimos 12 meses: 34% ( 2006) -31%. • Consumo en los últimos 30 días: 31% -24%. • Consumo diario: 22%-9%. * Se presentan los datos de consumo de tabaco fumado, es dec ir, el consumo de cigarrillos. 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 80 llevar a comportamientos regresivos), Erik Eriks on (el plan biológico heredado d aría como resultado la inevitable crisi s psicosocial entre el logro de la identidad y la confusión) o Anna Freud (la adolescencia, con una base biológica, s ería un p eriodo de perturbación universal e inmodificable hasta el punto de que su ausencia significa ría psicopatología) (Blos, 1962 ; Erikson, 1959 ; Freud, 1969 ). Aunque estos autores ya empezaban a considerar las fuerzas ambientales y las demandas sociales, aún se ponía el foco en los imperativos biológicos y las distintas fuentes de influ encias solo se c ombinaban débilmente (Lerner & Steinberg, 2009) . En contraposición a este determinismo biológico, otros autores se centraba n en el otro lado de la dicotomí a, el ambiente, como es el caso de McCandless, y su teoría del aprendizaje social en el desarrollo de la identidad o S kinner, para quien la conducta ad olescente sería el producto de reforzamientos y castigos a los que el individuo es expuesto (McCandless 1970 ; Skinner, 1977). Posterio rmente, P iaget (1970) presentaría su teoría del desarrollo cognitivo en la que la adolescencia sería el paso del pensamiento concreto al abstracto e implicaba una visión algo más integradora de lo innato y lo adquirido que las teoría s anteriores. A finales de los años 70, las evidenc ias empíricas comenzaban a señalar diferencias en el desarrollo adolescente debido a las relaciones complejas del individuo con sus contextos . Estos nuevos hallazgos dejaron atrás las gr andes teorías del desarrollo b asadas en concepciones dicotóm ic as (innato-adquirido, continuidad-discontinuidad, estabilidad- inestabilidad, constancia- cambio) y en modelos reduccionistas y centrados en el d éficit , p ara dar paso a mod elos del desarrollo adolescente má s complejos y dinámicos que contemplaban el desarrollo con múltiples niveles de organización interdependientes (L erner & Steinberg, 2009). Algunas de las teorías que se incluirían en esta nueva concepción del desarrollo serían la Teoría del Ciclo Vital de Baltes (1979), la Teor ía Ecológica de Bronfenbrenner (1979) o la Perspectiva Contextual del Desa rrollo de Lerner (1991). Cada una h a rea lizado sus propias contribuciones, pero, en general, todas pon en el foco en las r elaciones del individuo y sus contextos (en su sentido más amplio), en el ti empo (cuándo los eventos ocurren es tan importante como lo que ocurre), en la continuidad del desarr ollo humano (la adolescencia es una continuación del des arrollo en la infan cia), en que los individuos son a gentes activos de su propio desarrollo, e n la plasticidad y en la diversi dad (Goossens, 2006 ; Lerner & Steinberg, 2009 ; Steinberg, 2002). Uno de los autores más d estaca dos de estos años fue Bronfenbre nner y su teoría e cológica del desarrollo humano ( 1979). Esta teoría permite entender el sistema de relaciones entre las person as y sus contextos, el cu al es el centro del estudio del desarrollo h umano. Además, confir maba que las teorías con diferentes factores 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 81 que interaccionaban entre sí eran más útiles para explicar la variabil idad en la ontogenia que aquellas que focalizaban únicamente en lo innat o o lo ambiental. Así, el desarrollo de una persona comprende su relación tanto a nivel molecular (biológico) como a nivel mol ar (grupo social, cultura e historia). En ese marco relaci onal, ningún factor es primordial para el desarrollo. En estos años comenzaron a surgir trabajos que defendían que el f enómeno de tormenta y d rama no era universal ni ineludible y que la mayoría d e los y las a dolescentes pasaban por esta etapa sin graves dificultades (pa ra más información, véase Coleman, 1974 ; Eccles et al., 1993 ; Offer and Schonert -Reichl, 1992; Petersen, 1988). I ncluso Bandura (1964) había escrito sobre esta cuestión en su trabajo T he stormy decade: Fact or fiction? ). El modelo foc al de Coleman (1974), por ejemplo, defendía que a pes ar de la amplia gama de transiciones que tienen lugar en esta etapa, chico s y chicas log rarían afrontarlas sin ex cesivo estrés o dificultad porque distribuirían el proceso de adaptac ión a lo largo de varios años. Los diferentes problemas o preocupaciones se abordarían en diferentes momentos, de modo que las tensiones que van s urgiendo por l a necesidad de a daptación a l as nuevas formas de comportamiento no suelen coincidir en un único moment o temporal. Desde este modelo, se propone que el chico o la chica es un agente de su propio desarrollo que, en la medid a de lo posible, gestiona su transición por la adolescencia enfrentándose a los problemas de uno en uno. Sin embargo, esta teoría también reconoce qu e no todos los y las adole scentes tendrán l a misma libertad y capa cidad para c onfigurar y gesti onar su desarrollo, siendo más difícil de controlar e l proceso de tr ansición cuando se produ cen muchos acontec imientos a la vez. Otro de los autores que ha matizado esta concepción de la adolescenc ia es Jeffrey Arnett (1999). El mantie ne que la idea de tormenta y dra ma debí a ser reformulada y aunque no podía mantenerse la imagen de dificultades generalizadas, si había su ficiente evidencia d e una im portante incid encia de p roblemas asociados con las relaciones familiares (mayor conflictividad parento-fil ial en la adolescencia te mprana, aunque mayor mente sobre t emas poco importantes y que no producían problemas s erios en la relación), con el estado de ánimo (mayor inestabilidad em ocional en la adolescencia media) y con l as conductas de riesgo (mayor prevalencia de e ste tipo de comportamientos en la adolescencia t ardía). Las razones de estas dificultades estarían relacionadas con el carácter transicional de esta etapa, con los cambios físicos y psíquicos que conlleva y con los nuevos roles que se deben asumir. El estrés generado por estas circunstancias sería el o rigen de estos problemas . Sin embargo, el fenómeno de tormenta y drama no s ería inevitable y unive rsal, sino que habría diferencias 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 82 individuales y culturales en el grado en qu e los y las adolescentes exhi ben los diferentes aspectos de este fenómeno. En este sentido, Off er and Schonert-Reichl (1992) apuntaban a que, en contextos diferentes, la adolescencia ad quiriría formas variadas en función d e la combinación de procesos culturales, sociales y económicos. No obstante, estos autores también defendían que, negar la existenci a de las dificultades que podrían suceder en esta etapa, podría provocar que se patologizase a quienes las presentaban. Además, ser conscientes d e esta posibilidad podría facilitar la anticipac ión y pr eparación por parte de las familias y el profesorado a los pot enciale s proble mas si estos llegas en a ocurrir. En definitiva, concluyen qu e aceptar que dichas dificultades pu edan estar pr esentes en l a adolescencia no significaría que definiese n esta etapa, de hecho, para estos autores, la mayoría de las chicas y los chicos disfrutan de sus vidas y de muchos aspectos de ella y, además, tienen esperanzas en el futuro. El giro experimentado en la parte final del siglo XX, tanto en el paradigma, con la superac ión de los modelos dicotómicos y la asunción de modelos relacion ales más complejos y dinámicos, como en su concepción, con la reformulación del fenómeno t ormenta y dram a y el reconocimiento de que, a unque pueden darse ciertas dificulta des, para la mayoría de los chicos y las chic as es un a etapa sin una problemática grav e, daban paso a una nueva era en el abordaje de la a dolescencia. Estas perspectivas reconocían la conve rgencia de múltiples niveles de org anización en el d esarrollo, lo que supondría la base de la plasticidad y las diferencias individuales (Coleman, 2011 ; Lerner & Steinberg, 2009 ). La p lasticidad pasaría a convertirse en un elem ento clave, ya qu e conllevaría que las intervenciones podían mejorar el desarrollo y supond ría la base teó rica de la id ea de que todo adolescente tiene el pot encial d e desarrollo (Damon, 200 4). El creciente interés por las diferencias individuales permitió reconocer la diversidad en las trayectorias de desarrollo . Estos dos asp ectos, junto con la agencia individual, entendida como la c apacidad del adolescente de influi r en su desarrollo, pondrían de manifiesto que l a problemática adolescente es solo una de las áreas que caracter izan las relaciones relativamente plástic as del adolescente con sus contextos (Lerner & Steinberg, 2009). En este sentido, Coleman (2011) defendía que, aunque debía seguir prestándose atención a las posibles circunstancias desfavorables que pudieran comprometer el desarrollo saludable de los chicos y las chicas, la investigac ión sobre adolescenc ia no podía seguir ignorando que ellas y ellos dan forma a su propio mundo y debía re conocerse que tienen rec ursos y potenci al para ser resilientes. En palabras del propio autor: 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 83 Las teorías de los ad olescentes deben hacer justicia a las fortalezas y capacidades d emostradas por los jóvenes y d eben reflejar l as contribu ciones positivas que hacen a su propio desarrollo, así como a las comunidades en las que viven. (p. 17) Este vínculo entre la plasticidad y la diversidad presente en la teoría y el método de los modelos dinámicos del desarrollo proporcio naría la base p ara la formulación de una nueva aproximación a la investigación y la inter vención con adolescentes. A principios de siglo surgiría la perspectiva del Positive Y outh Development . Este nuevo enfoque s e caracter izaría por pone r el foco en las fortalezas de la juventud y en las cualidades posi tivas que se pretenden desarroll ar. Entre los autores más destacados de esta perspectiva estarían Richard Lerner (modelo de las Cinco Ces), Peter Benson y el Search Insti tute (activos del desarrollo), Martin Seligman (psicología positiva), Corey Keyes (salud mental ), William Damon y, m ás con cre tamente en nuestro país, Alfredo Oliva. Para D amon, el objetivo principal de es e enfoque sería «comprender, educar y ha cer que [los y las jóvenes] participen en actividades productivas, en lugar de corregirlos, curarles o trat arles por sus tendencias inadaptadas o las llamadas discapacidades» (2004, p.15). Las p ersonas jóvenes ya no s e considerarían problemas para la sociedad, sino recursos, incluidos los chicos y chicas que procede n de los entornos más desf avorecidos y ti enen una hist oria más problemática. Aunque reconoce la e xistencia de a dversidades y de safíos e n esta etapa, defiende que e l proceso d e desarrollo no puede concebirse, prin cipalmente, como un esfuerzo por sup erar el d éficit y el riesgo. Al contrario, parte de una visión del adolescente como plenamente capaz y con int eré s por mejorar sus competencias y a dquirir la capacidad de contribuir de forma importante al mundo (Damon, 2004). En nuestro país, cabe destacar los trabajos d e Alfredo Oliva y su equi po, quienes desde hac e años también han querido ir más all á de los modelos centrados en el déficit y apostaron por entender e l desarrollo adolesc ente desde una visión positiva, defe ndiendo que con las c ircunstancias adecuadas y con relaciones saludables con sus ento rnos, los chicos y chicas adolescentes florecen como ciudada nos y ciudadanas proso ciales y responsables que realiza n su contribución personal a la sociedad. Este equipo llevó a cabo un estudio con un grupo de profesionales con amplia experiencia e n lo relativo a la adolescencia p ara elaborar un modelo que recogiese las competencias que fue ran fundamentales para d efinir u n desarrollo adolescente saludable y posi tivo. Su modelo de flor ecimiento ( con semejanzas al modelo de las Cinco Ces de L erner, aunque con d iferencias) o rganiza ba l as 27 competencias 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 84 específicas obtenidas en dicho estudio en cinco áreas: desarrollo personal, cognitiva, emocional, moral y social (Oliva et al., 2010). Además, propusieron una serie de instrumentos psicométricos (algunos de elaboración propia y otros como adaptaciones baremadas con muestra a ndaluza de instrumentos ya creados) para poder evaluar dichas competencias y los activos que promueven el de sarrollo positivo adolescente (Oliva et al., 2011). En el marco de este enfoque, una cuestión muy importante era la aplicación práctica de las investigaciones a las políticas de juventud. 7 Bronfenbrenner, en su Teoría Ecológica del Desarrollo (1979), ya resaltaba qu e una aproximación ecológica al estudio del desarrollo humano necesitaba una reorientación de lo que s e consideraba como una relación adecuada entre ciencia y política pública, donde la sim ple relación complementaria entre estos d os ámbitos dieran paso a su int egrac ión funcional. Años más tarde, Hamburg and Takanishi (1996) concluyeron qu e la calidad d e vida de los y las adolescentes, así como sus futuras contribuciones a la sociedad, podían ser fomentadas mediante la colaboración entre profesionales de la ciencia y la legislación, l as instituciones sociales y los medios de comunicación. Como se describió en el apartado 1.1.4. sobre las dro gas e n el siglo XXI, esta colaboración entre los distint os agentes im p licados en el conocimiento y desarrollo de la adolescencia se ha int ensificado en las últimas décadas. Así, por ejemplo, la salud de los y las adolescentes se h a incorporado en el m arco d e los Objetivos d e Des arrollo Sost enible (Naciones Unidas, 2015 b), en la Estrategia Mundial para la Salud de la Mujer, el Niño y el Adolescente 2016-2030 (Naciones Unidas, 2015 a), en la guía A celeración mundial de las medidas para promover la salud de los adolescentes (Guía AA -HA!): Orientación para la aplicación en los países (World Health O rganization, 2017), así como en diferentes iniciativas a nivel mundial para evaluar l a salud adolescente (en su sentido más amplio), como la Global Action for the Measurement of Ad olescent Health (GAMA), el Global School - Based Student Health Survey (GSHS) y el Health Behaviour in Sch ool-aged Chil dren (HBSC) , siendo este último en el que se enmarca esta Tesis Doctoral. 7 Curiosam ente, ya en 190 4 Hall destacaba el hec ho de que no se estab a atendiendo ad ecuadam ente las necesidad es de los chico s y chicas de estas ed ade s (además de un a v isión positiva sob re esta etapa, po cas vec es mencio nada al hablar de su obra): La etap a ad olescente de la vida me h a parecido d urante mucho tiempo uno de los temas más fascinantes, m ás valioso , quizás, que cualq uier otr a cosa en el mu ndo de veneración , que invita a ser estud iado, y que necesita urgentemen te un servicio que aún n o entendemos cómo pres tar correctam ente.... Estos año s son la mejo r década de la vida. (Hall, 19 04, Vol. I, p. xviii) 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 85 En conclusión, como se ha vist o a lo largo de est e apartado, la con ceptualizac ión de la adolescencia ha evolucionado de considerarla c omo un periodo inevita ble de tormenta y drama, cargada d e neg atividad y cara cterizada por un a proble mátic a genera lizada, a perspec tivas más centrad as en el desarrollo positivo, en fac tores claves como la plasticidad (p. ej., las intervenciones pueden mejorar el desarrollo), la diversidad (p. ej. , existen diferentes trayectorias de desarrollo) y la agenc ia individual (p. ej. , el o la adolescentes puede influir en su propio desarrollo) y más realistas, q ue reconocen que por las caracter ísticas propias de esta etap a evolutiva pueden surgir ciertas dificultad es (p. e j., las asociadas al consumo de droga s, tema de esta investigación). Asimismo, se dejan atrás los modelos dicotómicos y reduccionistas para pas ar a modelo s del desarrollo adolescente más complejos y dinámicos que contemplan el desarrollo c on múltiples niveles de organiza ción interdependiente s. No obst ante, a pes ar de la evolución de la conceptualización y abordaje de la adolescencia a nivel cient ífico y de políticas públicas, parece que la im agen negativa d e la adolescencia ha seguido bastante arraigada en el mundo adulto a lo largo de estos años (Buchanan & Holmbeck, 1998 ; C asco, 2003 ; Hines & Paulson, 2006 ; Ridao & Moreno, 2008). Para C oleman (2 011), la visión de la ad olescenc ia como proble mática y conflictiva habría pe rmanecido como creencia popular debid o a cuatro razones . Por u n lado, la sociedad estaría necesitada de un grupo al que culpar y la juventud representaría un buen chivo expiatorio. En segundo lugar, los propios chicos y chicas adolescentes también contribuirían, ya que suelen desafiar a las personas adultas y m ostrar conductas inapropiadas. Relacionado con lo anterior se situaría la profecía autocumplida, en la que las y los a dolescentes acaban comportándose como las personas adultas espe ran que lo hagan. Finalmente estaría el papel de los medios de comunicación, que suelen centr arse en las conductas inapropiadas d e unos pocos, sugiriendo que esta situación se aplicaría a todos. En relación con esta última fuente de influencia, existe una amplia evidencia de que las noticias mostradas so bre la adolescencia y la juventud tanto en España (Casco, 2003 ; Pinto, 2009 ; Rodríguez & Megías, 2007 ), como en otros países (Levinsen & Wien, 2011 ; Strange, 2007 ; Wayne et al., 2008) suelen referirse a aspectos negativos. Ce ntrándonos en nuestro pa ís, Pinto (2009) observó que el botellón, la violencia o los delitos, eran los temas relacionados con la juventud más recurrentes en los medios de comunicación españoles. Sin embargo, la autora r esalta que pocas noti cias iban acompaña das de datos de estudios, como, por ejemplo, el descenso del co nsumo de alcohol en los años previos a la aparición de la noticia. Por el contrario, se mostraba una imagen 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 86 lúdica, no comprometida y basada únicamente en el placer, en la que sus capacidades y competencias raramente e ran d estaca das. Ade más, se presentaban imáge nes e xtremas, tanto negativas, basadas en los conflictos y los excesos, como positivas, ejemplos de chicos y chicas heroicos o con premios o bec as, por lo que la mayo ría no se sentían identificados. E n este sentido, como re vela el estudio de Rodríguez and Megías (2007), los propios chicos y chicas p erciben que, en muy poca s ocasiones, son protagonistas de las noticias y, cu ando lo son, en la mayoría de lo s casos es para mostr ar una imagen neg ativa. En palabras d e uno de sus protagonistas: Yo creo qu e los medios de comunicación dan un poc o la imag en qu e quie ren, ¿no? O s ea, así globalizada, un poco... mala; siempre destacan las cosas... Que si somos unos borrachos, que si no trabajamos, que si no sé qué... y lo genera lizan muchísimo. (Rodríguez & Megías, 2007, p. 15) Esta imagen n egativa d e la adolescencia y la j uventud mostrada en lo s medios de comunicación, sin duda , ofrece una visión parcial de la realidad, sin embargo, p ara la audiencia puede suponer la principal re ferencia para la construcción de sus repre senta cione s sobre los c hicos y chicas de e stas ed ades (Pint o, 2009), lo qu e h a podid o contribuir a crear actitudes de miedo y de rechazo hacia e ste grupo etar io y a aumentar la conflictividad intergenerac ional (Oliva, 2003). En cuanto a las inst ituciones, este retrato reforzaría su visión sobre esta etapa y constituiría un marco de r eferencia para la interpretación de determinados problemas. Además, just ificaría la interv ención de diversos ámbitos gubernamentales en la búsqueda de solucion es a dichos problemas y la to ma de algunas d ecisiones a nivel político y legislativo (Oliva, 2003 ; Pinto, 2009). Pero ¿qué sucede en la adolescencia pa ra qu e haya despertado, por un lad o, el interés en la reconceptualización y abordaje de esta etapa evolutiva en la comunidad científica y, por otro, prejuicios y re chazo en el público general? En el siguiente ap artado se int entará d ar respuesta a esta p regunta mediante un a revisión de los hechos más im portantes que tienen lugar en esta etapa del ci clo vital. 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 87 1.3.2 La adolescen cia c omo un a etapa ev olutiva de ca mbios, retos, riesgos y op ortunidades En primer lugar, se podría comenzar con l a p regunta ¿ a qué hace referencia la adolescencia? , es decir, ¿qué franja de edad com prendería la adolescencia ? La r evisión de la bibliografía existente sobre el tema deja pa tente que e s difícil estable cer un c onsenso sobre las edad es concretas de inicio y de fin y que, además, dichas franjas depend erían de la perspec tiva desd e la que se abordara: biológica, educacional, legal, c ultur al, entre otras. De este modo, si Hall definía la adolescencia a inicios del siglo XX como el periodo entre los 14 y 24 años ( Hall, 1904), hace 50 años la Organización Mundial de la Salud proponía la f ranja de los 10 a los 20 años (World Health Organization, 1965 ) y actualmente, las Naciones Unidas contempla d e los 10 a los 19 años. Para ot ros autores, el comienzo de la adolescen cia lo determinaría la biol ogía, mediante la pubertad, mientras que su fin vendría marcado por la cultura, lo qu e sería, el paso al mundo adulto ( Coleman, 2011 ; S metana et al., 2006 ). De acuerdo con esta últim a concepción y debido a una pubertad cada v ez más precoz y una incorporación al mund o laboral y la vida independiente más t ardía, la etap a de l a adolescencia se habría expandido (Coleman, 2011 ; Oliva, 2003). En esta línea , hay autores que afirman que, en la era actual de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Estrategia Mundial para la Salud de la Mujer, el Niño y el Adolescente 2016 -2030, sería más apropiado enmarcarla entre los 10 y los 24 años, lo que se correspondería mejor con el desarrollo adolescente y facilitaría una ampliación de la inver sión en un mayor ra ngo de ámbitos (Sawyer, 2018). Dada la extensión de este periodo, otros autores proponen que la adolescencia solo abarcaría h asta los 18 años, proponiendo un a nu eva con cepc ión del desarrollo para el p eríodo que va desde los 18 a los 25 años, deno minándose adultez emergente (Arnett, 2000 ; Sánche z-Queija et al., 2020). Esta Tesis Doctoral va en la línea d e esta última corriente , focalizando en adolescentes hast a los 18 años. En lo que no pa rece exis tir ninguna duda, y sí un consenso generalizado, e s en que la adolescencia es una etapa de cambios a dist intos niveles. Con la llegada de la pubertad, s e pondrían en marcha una serie coordinada de cambios biológicos (hormonales) , neurocognitivos (desarroll o cerebral) y en su morfología corporal co n un ritmo y una amplitud solo por detrás de la infancia (Susman & Dorn, 2009 ). Entre estos cambios, uno que adquiere especial relevancia y en el que se hará especial atención por su conexión con el tema de esta Tesis Do ctoral, e s en el desa rrollo cerebral que ti ene lugar en est os años. Durante l a 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 88 adolescencia, el cerebro comprende cambios a nivel estructural y funcional (Wetherill & Tapert, 2015), p ero no to das las transformaciones ocurren de manera sincrónica (Casey et al., 2011 ; Galvan et al., 2006 ; Spear, 2000 ; Wetherill & Tapert, 2015). En este sentido, una de las asincronías que más atención ha captado en el est udio del cere bro adol escente, estrec hamente relacionada con las cond uctas de riesgo, y entre e llas, con el consumo de drogas, es la que se produce entre el desarrollo del sistema límbico y el córtex prefrontal. Así, el sistema límbico, que sería la parte más re lacionada con la búsque da de sensaciones, con la asunción de riesgos, con el placer y con las recompensas, entre otros aspectos, maduraría antes que el córtex prefrontal, encargado de asp ectos como el control, la planificación, el análisis de los riesgos frente a los b eneficios y la previsión de consecuencias. Este desf ase podría ser un proceso suby acente relacionado con los comportami entos de riesgo en la a dolescenc ia, entre ellos, el consumo de dro gas (Bava & Tapert, 20 10 ; Case y & Jones, 2010 ; Chambers et al., 2003 ; Spear, 2000 ; Steinberg, 2010 ; Wetherill & Tapert, 2015). Entre los modelos que asumen esta perspectiva estarían el modelo de los sistemas duales ( dual systems model ) (Steinberg, 2010) y el mode lo del desequilibrio ( imbalance model ) (Casey et al., 2008). Por su parte, Ernst e t al. (2006) propusieron un modelo de sistemas triádico basado en tres componentes: corteza prefr ontal ( regulación/control), estriado ventr al ( conducta de aproximación) y amígdal a (conducta de evitación). Las diferentes trayectorias de maduración de estos sistemas, junto con un menor desarrollo de la conectividad entre las regiones cere brales, podría estar relacionado con la asunción de riesgos en la adolescencia. En este punto es interesante comentar que los avances que se h an ido suce diendo en el conocimiento del desarrollo cere bral adolescente también han tenido un efec to en la concepción de la adolescencia. Así, esta asincronía evolutiva ha sido a veces descrita como «a todo gas y sin fre nos ni volante» ( all gasoline, no brakes, and no steering wheel ) (Bell & McBride, 2010) o «a rrancar los motore s con un conductor inexperto» ( start ing the engines with an unskilled driver ) (Dahl, 2001 ), metáf oras que t ransmiten de n uevo una visión negativa y deficitaria de la adolescencia. 8 Algunos autores afirman que la excesiva confianza que se le ha dado a estos modelos para inte rpretaciones post hoc tiende a cosificar a los y las adolescentes, contribuyendo a reforzar la image n nega tiva de esta etapa evolut iva (Pfeifer & Allen, 2012). 8 Informac ión en español sobr e estos temas se puede encontr ar en trabajos como lo s de Alfredo Oliva (Oliva & Antolín, 2010) o Jesús Palacio s (Palacios, 2 011). 1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave 89 Por su parte, Pfeifer and Allen (2012) apuntan hacia una compresión más compleja de las interacciones entr e el procesamiento cognitivo, afectivo y soci al debido a que los tipos de respuestas y las func iones cerebrales obs ervadas en ( y entr e) l as r egiones son numeros as y complejas y, además, su s relac iones c on el comp ortamiento en el mundo re al no resultan en un patrón consistente de riesgos atribuidos a un solo sistema o región y un patrón de protección atribuido solo a otros. Por ello, conclu yen que la construcción de nuevos modelos que consideren esta complejidad es fundamental para avanzar e n este campo de estudio, avance que se verá facilitado por una investigación que haga hincapié en los e nfoques basados en la red, y que trace las rel aciones entre la estructura y la función, así como entre el cere bro y el comportamiento, todo ello, a lo largo del tiempo. En la mi sma línea, Crone and Dahl (2012) defienden q ue l os estudios de neuroimagen del desarrollo no apoyan un modelo simple de inmadurez co rtical frontal. Por el contrario, afirman que cada vez hay más pruebas que revelan la importancia de los c ambios en el procesamiento social y afectivo que se inician con la pub ertad, como algo crucial para entender l a mayo r asun ción de riesgos en la adolescencia. P ero estos cambios no solo estarían implicados en los comportamientos de riesgo, sino que también pueden suponer v entajas adaptativas, como, por ej emplo, una mayor aprendizaje y flexibili dad para ajustar las motivaciones int rínsecas y las prioridades de los objetivos en contextos so ciales c ambiantes. Otra d e las autoras que ha destacado el papel del procesa miento social e n la condu cta a dolescente, y , específicamente, en la toma de decisiones y asunción de ri esgos e s Sarah-Jayne Blakemore. Esta autora defiende que, debido a los cambios estructurales y l a reorganización funcional experimentada por las áreas del c erebro social durante la adolescencia, esta etapa se convertiría en un periodo sensible para la adaptac ión al cambiante entorno social, lo que po dría influir en su c omportamiento. Además, destaca la importancia de considerar las re compensas sociale s y el e ntorno social en la investigación sobre la c ognición y el comporta miento adolescente (Blakemore & Mil ls, 2014). Sin duda, los cambios cere brales que tienen lugar en la adolescencia, tanto en la composición del tejido como en la arquitectura d e los circuitos (Wetherill & Tapert, 2015 ) , junto con las experiencia s vividas (Murty et al., 2016 ), contribuirán al des arrollo cognitivo de estos años, caracterizado por el aumento de la velocidad de procesamiento, de la especialización diferenciada, d e las funcion es ejecutivas y de la autorregulación interna, entre otros aspectos (para más informac ión, véase Keating, 2004; Keating, 2011; Kuhn, 2009 ). E, indudablemente, estas nuevas capacidades influi rán en la forma en la que las chicas y los 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 96  Peer cluster theory de Oetting y Beauvais (1986) : esta teoría p ropone que la influencia más importante es el grupo de igu ales con el que el chico o la chica se involucra y el consumo siempre estará direc tamente asociado a las relaciones c on est e grupo. Las demás variables afectarían al consumo indirectamente mediante su contribución a la asociación con igual es que consum en . Estas v ariables pueden ser: ( a) variables de estructura social (estatus socioeconómico); (b) ca racterísticas psicológicas ( rasgos de personalidad como baja confianza en sí mismo o estados afec tivos como la alta ansiedad); (c) actitudes y creencias sobre igu ales desviados en gene ral y sobr e el consumo en particular; y (d) vin culo de socializa ción (conexión con otras personas que pueden inhibir o promover el consumo).  Family interaction theor y de Brook y su equipo (1990): defiende que el apego emo cional a los progenitores (especialmente a las m adres), el aprendizaje soci al y las características personales de los y las adolescentes afectarían directamente al consum o. A sí, aquellos chicos y chicas con pr ogenitores carentes de valores afectivos y con madres con problemas de ajuste psicológico o que ej ercen poco control sobre sus me nores, estarían en mayor riesgo durante la adolescencia, por ejempl o, pobres relaciones parentofiliales, personalidade s problem áticas, im plicación con iguales que consum en y el consumo de drogas. Esta teoría afirma que adem ás de la di námica parentofilial, las características personales de los chicos y las chicas también infl uirían en el consumo poster ior: escasa orientación al logro, po bre integración del yo o fuerza del super yó, depresión, baja autoestima, agre sividad, rebeldía, búsqueda de sensaciones y bajo control de impulsos.  Social ecology model de Kumpfer y Turner (1990-1991): esta perspectiva entiende que el estrés en general, y el escolar e n particular, se ría la causa subya c ente del c onsumo. El origen del estrés se situaría en una baja autoeficacia académica. Los chicos y chicas que perciban al centro edu cativo como un entorno estresa nte y desagradable abandonarían las actividades escolares, se asoc iarían con grupos d e iguale s d esviados como una forma de escapar del estrés y, en consecue ncia, recibirían reforzamiento por el consumo.  Model of vulnerability d e Sher (1991): se centra en las r aíces genéticas d el alcoholismo, pero también s e pued e aplicar a la experimentación con el consumo. Sher incluye diversos factores mediadores (expectativas sobre las drogas, consumo d e progenitores, fracaso escolar, distrés emocional o h abilidades de afrontamiento inadecuadas), pero afirma qu e todos estos factores ti enen un orige n biológico, lo que cont ribuiría a una historia familiar de consumo. Los hij os e hijas de progenitores alcohólicos heredarían de 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 97 alguna forma personalidades difícil es y temperamentales, funciones cognit ivas algo deteriora das (especialme nte en términos de déficits de atención y planificación), mayo r sensibilidad fa rmacológica al valor gratificante d el alcohol (reducción de estré s), mayo r tolerancia al alcohol y menor sensibilidad a los efectos de la int oxicación por alcohol. El modelo consiste en 44 trayec torias que describen cómo las variables int era ctúan y se interrelacionan para a fectar a la experimentación con el consumo y cóm o una variable modera la influencia de otra.  Teoría d e la influencia triádica de Flay y Pet raitis (1994): estos autores org aniza n diferentes factores, ya mencionados en otras teorí as previas, en tres tipos de influencia en combinación con tres ni veles de influencia. Entre los tipos de influenci as proponen: ( a ) las culturales, entendidas como los valores socioculturales que pueden influir en las actitudes personales h acia las drogas; (b) las inte rpersona les y sociales, r efe ridas a las caracter ísticas y comportamientos de las personas que forman el sistema de apoyo más íntimo de los y las adolescentes (influirán en el apego a dife rente s mod elos y en las motivaciones por cumplir c on las expectativas re lacionadas c on las drogas de e stos modelos); y (c) l as intrapersonales, que hacen re fere ncia a los rasgos de personalidad relativamente est ables, predisposiciones intrapersonales y estados afectivos más transitorios, habilidades conductuales generales y creencias sobre s u habilidades conductuales relacionad as con las drogas. Entre los niveles de influencias diferenc ian entre: (a) ú ltimo , que es taría compuesto por factores exógenos y amplios que pueden aumentar el ri esgo de consumir , como, po r ej emplo, variables rel acionadas c on la escuela, el barrio, la familia e incluso rasgos de personalidad como la agre sividad o la impulsividad; (b) distal, que serían c ausas indirectas y que probableme nte ejerzan sus efec tos a través de las variables proximales (cogniciones) o mediadas por ellas ; y, por último, (c) proximal , que serían los factore s más inm ediatos precursores de dicha conducta y que se dividirían en dos grupos. El p rimer grupo estaría compuesto por las decisiones presentes e intenciones futuras junto con las experiencias pasadas, el feedback recibido de otras personas y la experiencia con otras drogas y el segundo grupo lo formarían las percepciones normativas, actitudes y autoeficacia en relación con las drogas. Estas variables serían altamente predictivas de una conducta. Los construc tos de los demás niveles ejercerán poca influencia en e l consumo a no s er que a fec ten a estas cogniciones sobre las drogas. S e darían, además, relaciones aditivas e interactivas tanto dentro de cada e lemento como entre los distintos componentes de la teoría. 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 98 A continuación, se incluyen tres aproximaciones al estudio de la etiología del consumo de d rogas en la adolescencia que, si bien no son t eorías propiamente dichas, también han supuesto importantes ava nces en este tema.  Modelo de las motivaciones para el consumo : uno de los mayores representantes fu e Cooper (1994). Este autor, partiendo del mode lo mot ivacional de C ox and Klinger (1988), propuso una clasificación de los motiv os para e l consumo de a lcohol en la adolescencia según el tipo de reforzamiento (po sitivo o negativo) y según el tipo de reforzadores (internos o externos). Como r esultado se obtuvi eron cuatro ti pos de motivos: (a) bienestar (reforzamiento posi tivo y reforzadores internos, por ejemplo, beber p ara aum entar estado de ánimo y bienestar); ( b ) afrontamiento (reforzamiento negativo y re forzadores internos, por ejemplo, beber para r egular l as emocione s negativas); (c ) social (ref orza miento positivo y reforzadores externos, por ejemplo, beber para lograr recompensas sociales); y (d) conformidad (reforzamiento negativo y reforzadores externos, por ejemplo, be ber para evitar el rechazo del grup o de iguales). Los estudios transnacionales muestran un a ampli a consistencia entre países en los motivos reportados por adolescentes para consumir alcohol, apareciendo en primer lugar los relac ionados con los efectos positivos, como son los motivos sociale s y de bienestar, y por último, los de afr ontamiento y conformidad (Kuntsche et al., 2014 ; Mackinnon et al., 2017). En la mi sma línea apuntarían los resultados obtenidos en trab ajos realizados en nuestro país, donde el consumo problemático de alcohol también se as oció a motivos sociales y de mejora del bienestar (Prieto-Ursúa et al., 2020), así como e n la encuesta ESTUDES, encontrándose que la div ersión es la principal ra zón por l a que consumen alcohol, seguida de la ob tención de una sensación placentera y de que les ayuda cuando están “d eprimidos” (Observatorio Esp añol de las Drogas y las Adicciones, 2021b ) . Respecto a la relación de los motivos con las difere ntes medidas utilizadas para evaluar el consumo de alcohol, se observa qu e los motivos sociales mantienen una fu erte asociación positiva con la frecuencia de consumo, los motivos de mejora del bienestar se relacionan d e forma positiva con la fr ecuencia de embria guez, mientras q ue los mot ivos de conformidad se asocian ne gativamente con a mbas medidas de consumo (Kuntsche et al., 2014).  Hipótesis de la normalización: promovida por Parker y su equipo (Measham et al., 1994 ; Parker, 2005), esta perspectiva, cent rada especialmente en el análisis del consumo de drog as ilega les, defiende que cuando una c onducta poco prevalente y circunscrita a 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 99 subgrupos y subculturas determinadas se generaliza a una población más amplia, el conocimiento previo sobre sus correlatos ya no serviría, necesitando una nueva aproximación p ara comprender el fenómeno. Para este equipo, la normaliz ación no sería un paradigma teórico, sino más bien un marco conceptual para su pervisar cómo cambian con el tiempo las actitudes y los comportamientos re specto a las drog as y las personas consumidoras. Asimismo, este concepto t ambién podría aplicarse al seguim iento de cómo un comportamie nto social acomodado puede llegar a estigmatizarse, como ocurriría con el consumo de taba co, antes normalizado y ahora socialmente cuestionado en muchas sociedades. Según esta perspectiva, el marc o de normalización sería el más adecuado para los análisis que miden las t endenc ias de consumo y los cambios sociales y culturales. Incluyen 6 dimensiones en sus análisis: d isponibilidad y accesibilidad de las drogas, datos de preva lencias en l a vida, da tos de consumo regular y reciente, acomodac ión social del consum o "sensato" de drogas re creativas, acomodación cultural y legislación y estrategia s antidrogas.  Modelo del desarrollo en cascada : uno de los trabajos más importantes que han aplicado este modelo al consumo de drogas en adolescen tes es el de Dodge et al. (2009). Este equipo propuso un modelo dinámico en cascada, en el que los factores ecológicos tempranos y los factores del niño pondrían en marcha una cadena de acontecimientos que se desarrollarían, c recerían y se magnificarían con el tiempo hasta r esultar en conduc tas problemáticas. Su modelo implica re laciones transaccionale s entre el niño o la niña, la familia y el grupo de ig uales a lo largo del des arrollo. De este modo, los factores d e riesgo ecológicos e infan tiles tempranos dificultar ían una crianza efi caz po r parte de los progenitores. A su vez, una crianza disfun cional i nflu iría en el comportamiento del niño o la niña llevándole a comportarse de forma inc ompetente y disruptiva al entrar en la escuela. Este p atrón de comportamiento tendría u n efecto negativo en los compañeros y compañeras, que le rechazarían y aumentarían los conflictos. Estos confli ctos causarían estrés a los progenitores, lo que paradójicamente les haría dism inuir la supervisión, el control y la comunicación con su hijo o hija en la adolescenc ia temprana, just o en el momento en el que más necesitan estas conductas parentale s. Este alejamiento de los progenitores ofrecería al chico o la chica adolescente la oportunidad d e relacionarse con iguales problemáticos, lo que incrementaría las probabilidades de iniciarse en el consumo de drogas. 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 100 Para conc luir este apartado, es importante destaca r la diversidad de teorías que han ido surgiendo a lo l argo d e los años en relación con la etiologí a del consum o de drog as en la adolescencia, lo qu e d emuestra la complejidad de este fenómeno. Algu nas de ellas se han centrado solo en una parte y aquellas que han incluido más elementos, no suelen explicar, o solo vagamente , cómo los constructos interactúan entre sí m ediando o moder ando el consumo. Además, tamp oco aclaran si las distint as drogas compartirí an eti ologías, o si por el contrario, tendrían diversas causas y distint os patrones de mediación y mo deración. Por ello, no es de extraña r que gran parte de la investigación se haya centrado en a nalizar los factores asociados al consumo de las distintas drogas d e manera más esp ecífica, como se verá en el siguiente aparta do. 1.4.2 Factores asociado s con el consu mo de drogas Una vez revisadas las principales teo rías clásicas relacionadas con el consumo de drogas en las a dolescencia, en adelante se har á una revisión de la bibliografía para conocer las variables específicas más relevantes en relación con este comportamiento. Durante décadas, la investigación ha intentado conocer los múltiples factores r elacionados con el consumo de drogas en ad olescentes, examinando elementos pertenecientes a todos los niveles del desarrollo. Entre los primeros trab ajos se encontrarían los de Denise Kandel y su equipo , quienes concluyeron que el inicio y la prog resión en el consumo se des arrollaba en cuatro etapas bien definidas: (1) cerveza o vino; (2) cigarrillos o licores fuer tes; (3) marihuana; y (4) otras drogas ilegales ( Kandel & Faust, 1975 ) y observaron antecedentes psicológicos y sociales con una importancia diferencial tanto e n el inicio (Kandel et al., 1978) como en la progresión (Y amaguchi & Kandel, 1984) de cada una de las etapas. Otro de los trabajos destacados de esos años fue el de Newcomb and Bentler (1989). Estos aut ores realizaron un a revisión del consumo d e drogas en l a a dolesc encia abarcando ad emás de su etiología, aspectos de epidemiología, prevención, tratamiento y consecue ncias, haciendo especial hincapié en la difere nciación entre el uso y el abuso de las drogas. Posteriormente, Hawkins e t al. (1992 ) lleva rían a c abo una completa revisión de los factores de riesgo y de protección indi viduales, interpersonales y contextuales implicados en el consumo abusivo de drogas en adolescentes y sus implicaciones para la prevención. Esta revisión, a ún referente en la bibliografía sobr e el tema hoy en día, identificó los sigui entes antece dentes: leyes y no rmas favorables al cons umo de drogas; dispo nibilidad de drogas; 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 101 privación económica e xtrema; desorganización del vecindario; ciertas característica s fisiológicas; problemas de conducta precoces y persistentes; hiperactividad en la infancia y l a adolescencia; ante cede ntes familiares d e alcoholismo y consumo de drogas ilegales; malas práctica s de funcionami ento familiar; conflictos familiare s; escaso vínculo con la familia; fracaso académico; falta de compromiso con la es cuela; rechazo temprano por parte del grupo de iguales; influencias sociales para consumir drogas; alienación y rebeldía; actitudes favora bles al consumo d e drogas; y el inicio tem prano en el consumo de drogas. En cambio, otros fac tores como ciertas características personales y el vínculo social con la sociedad convencional podr ían fun cionar c omo factores de protección. En la primera dé cada del siglo XXI se publicaron sendos capítulos sobre e l consumo de drogas en dos de los manuales más importantes sobre adolescencia, como so n el Blackwell Handbook of Adolescence (Windle & Windle, 2006) y Handbook of Adolescent Psychology (Chassin et al., 2009), en los cuales se hac ía una revisión de los predictores y correlatos del consumo, a demás de repasar otras áreas de estudio importantes como la epidemiología, los modelos teóricos, las consecuencias, las tipologías de consumidores y las trayectorias evolutivas del consumo. En referencia a est e último aspecto, S chulenberg y su equipo llevan más de dos déca das investigando la etiología del consumo de drogas en ad olescentes desde la perspec tiva evolutiva, en la que los cambios y tr ansiciones que tienen lugar en esta etapa se entrelazan con el consumo en proce sos de conti nuidad y disconti nuidad que dan como resultado, en cie rtas ocas iones, riesgos se rios para la salud y el bien estar de los chicos y las chicas, y en otras, exp eriencias funcionales para el desarrollo (Schulenberg et al., 2001 ; Schulenberg & Maslowsky, 2009 ; Schulenberg & Maggs, 2002 ; Schulenberg et al., 2019). Hecha esta breve introducción sobre la hist oria d e la investigación en el campo de la etiología del consumo d e drogas en la adolescencia , seguidamente se expondrán los f actores asociados con estos comportamientos, poniendo el foco principalmente en aquell os que han sido incluidas en esta Tesis Doctoral. Siguiendo la teoría ecológica de Bronfenbrenner (1979), el análisis y comprensión de los comportamientos nece sita tener en cuenta, no solo a la persona, sino también los diferentes sistemas d el entorno en los qu e están inm ersos los individuos. Por ello, en primer lugar se mostrarán los factore s individuales, incluyendo tanto aspectos sociodemográficos, de sus estilos de vi da, de otros compo rtamientos de riesgo, así como de su salud y bienestar, entre otros, para pasar a continuación a presentar los factores de los contextos más salientes en esta etap a, como son la familia, el grupo de iguales, el centro educativo y el vecindar io. 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 102 1.4.2.1 Factores individuales En este primer bloque d e factores se prese ntarán algunas de las va riables personales de las chica s y los chicos que ha n mostrado relac ión con el consumo de drogas e n la adolescencia. En primer lugar, se describirán los resultados encontrados en cuanto a factores sociodemográfic os, com o son la edad, el sexo y el nivel adquisitivo familia r. Respecto a la edad , existe un amplio consenso de un mayor consumo en los y las adolescentes m ayores, i ndependientemente de l a sustancia, en las encuestas tanto a nivel nacional (Observatorio Español de las D rogas y las Adicciones, 2021b) como internacional (Inchley et al., 2020 ; Miech e t al., 2021). En función del sexo , los datos muestran más variabilidad según la sustancia analizada. Así, en España, la en cuesta ESTUDES r evela v alores similares entre chicos y chicas en el consumo de alcohol en la vida, en los últ imos 12 meses y en los últimos 30 días desde el inicio de la serie tempor al (1994), situación que está cambiando en los últi mos años, en los que las chicas presentan un consumo de alcohol algo mayor que los chicos . La excepción es el consumo diario, superior en chicos desde el inic io (2006), pero que se está igualando en las encuestas más recientes. En relación con el tabaco, se aprecia un mayor consumo femenino en todas las medidas y todo el periodo (1994-2021), a unque, en el consumo diario, las diferencias h an ido dismi nuyendo con el tiempo h asta el punto de que han desaparecido en la actualidad. En c ambio, eran los chicos quienes presentaban un mayor consum o de cannabis en todas l as medidas y todos los años analizados, difer encias que y a no se aprecian en l a última encuesta de 2021 (Observatorio Español de las Drogas y las Adiccio nes, 2021b). Resultados a lgo difere nt es se observan a nivel europeo. Así, la encue sta ESPAD muestra valores sim ilares para chicos y chicas en el consumo de alcohol en la vida co n tendencias sim ilares p ara ambos sexos, mientras que e n los últimos 30 d ías era superior en ellos hasta 2011, cuando las diferenc ias se redujeron, desapareciendo por completo en 2019. No se encuentran di ferencias tampoco en 2019 en los episodios de embriaguez (todas las medidas). En referencia al tabaco, las diferencias, prin cipalmente presentes en el consumo diario (mayor consumo en los chicos), se han minimizado con los años. En cambio, los chicos sí presentan un mayo r co nsumo de cannabis (tant o en la vida como en los últim os 30 días) y niveles superiores de inicio precoz (13 años o men os) en el consumo de alcohol y de tabaco y en los episodios de embriaguez (ESPAD Group, 2020). 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 103 A nivel internac ional, el estudio HBSC , muestra valores simil are s pa ra los chicos y las chicas de 15 a ños en las dos medidas de consumo de alcohol y tabaco (en la vida y en los últimos 30 días) en su edición de 2018, con aproxim adamente una cuarta parte de los países (entre 10 y 13 países), pr esentando diferencias de sexo que, en algunos casos, es superior e n ellos, y en otros, en ellas. El consumo diario d e tabaco tampoco reveló diferencias entre chicos y chicas en 2014 (último dato disponible). Sin embargo, sí se ob servan dif erencias respec to a las dos medidas de episodios de embriaguez ( al menos dos episodios de embriaguez en la vida y un episodio en los últimos 30 días), con valores algo superiores en los chicos y con alrededor de un tercio de los países mostrando diferencias de sexo que, en todos los casos, excepto en Gales, indica n valores superior es en ellos. También se encuentra una mayor p roporción de chicos que de chicas que consumen cannabis t anto en la vida como en los últimos 30 días, con la mi tad de los países mostrando dif erencias, todas e n f avor d e ellos (Inchley e t al., 2020). Los datos de inicio temprano de 2014 (último dato disponible) indicaban que, aunque la s diferencias de sexo e staban presentes solo en l a mitad (alcohol y tabaco) o un tercio (episodios de embriaguez) de los países, cuando se daban, el porcentaje de chicos que se habían iniciado a los 13 años o a ntes e ra m ayor al de chicas (Inchley et al., 2018). En otros países, c omo Estados Unidos, la enc uesta Monitoring the Future rev ela que, en general, las diferencias de sexo se han reduc ido con el tiempo , observándose en 2019, valores bastant e sim ilares en chicos y en chicas e n el consumo de alcohol y cannabis y en los episodios de embriaguez, mientras que un mayor consumo de tabaco, tanto en los últimos 30 días como a diario, e n ellos (Miech e t al., 2021). En referencia a f actores de tipo socioeconóm ico, en general, los estudios que examinan la asociación de estas variables con el consumo de drogas en la adolescencia revelan ci erta variabilida d en los resultados. En una de las revisiones más relevantes sobr e la temática, Hanson y C hen (2007) concluyeron que no existía una relación tan contundente entr e el estatus socioeconómi co y las drogas en la etapa adolescente com o en la etapa adulta, sobre todo para ciertas drogas como el alcohol y el cannabis, afirm ando, además, que esta asociación p arecía depender d el indicador empleado par a medir el estatus. As í, señalaron que el bajo estatus socioeconómico se asocia ba al consumo de drogas cuando el indicador e ra más de tipo social, como la educac ión pa rental, mi entras que cuando eran r ecursos económicos, los chicos y chicas de nivel alto estaban más en rie sgo para consumir ciertas sustancias (p. ej., cannabis). Sí encontraro n una relación más concluyente con el consumo de tabaco, en el sentido de que un menor nivel socioeconómico se relacionaba con un mayor consumo de esta 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 104 sustancia. Además, la diversidad de resultados podría ser consecuencia no solo del indicador socioeconómico e mplead o, sino también del patrón de consumo (Kendler et al., 2014). Tomando los resultados específicos del indicador referente a l a capacidad adquisitiva familiar , que es el analizado en esta Tesis, también se encu entra cierta disparidad en los resultados. En referencia al alcohol , hay estudios que identifican el nivel adquisitivo alto como un factor de p rotección (Gomes de Matos et al., 201 7 ; Torsheim et al., 2004), otros estudios como un factor de riesgo (Kendler et al., 2014 ; Obradors-Rial et al., 2018) y otros no encue ntran asociación (M elotti et al., 2013) o solo un a asoci ación débil (Richter et al., 2013). U na asociación limitada también ha sido hallada para los episodios de embriaguez (Richter et al., 2006). Asimismo, se detecta cierta v ariabilidad en relación con el tabaco, con algunos trab ajos indicando un mayor riesgo de consumo de esta sustancia en adolescentes que pertenecen a familias con un nivel adquisitivo más bajo (Moor et al., 2015 ; Pförtner et al., 2015 ; Po onawalla et al., 2014 ), o tros enc ontrando solo una débil asociación (Richter & Leppin, 2007), mientras qu e otros revelan una ausencia de re lación (Moor et al., 2019). Respecto al cannabis, algunos equipos en contraron un a tendencia en la que quien es provenían de familias con nivel adquisitivo bajo estaban adoptando el patrón de mayor consumo antes pr esente en quienes p ertenecían a familias con m ás po der adquis it ivo (ter Bogt et al., 2014). Esta falta de consistenc ia e n los re sultados se observa también en el último informe del estudio HB SC , no solo en fun ción de la sust ancia psico activa y de la medida emple ada para evaluar el consum o, sino en este c aso, ta mbién en función del país. Así, los datos revela ro n un mayor consumo de alcohol y de episodios de embriaguez (tanto en la vida como en los últimos 30 días) en adolesce ntes de mayor nivel adquisitivo, aunque estas diferencias estaban pr esentes en algo más de la mi tad y en alrededor de un t ercio de los p aíses respec tivamente, no encontrándose diferencias en el resto. En cuanto al tabaco, no se hallaron diferencias asociadas al nivel adquisitivo para el consumo en la vida y solo en los chicos p ara el consumo en los últimos 30 días (mayor consumo en los de niv el bajo), encontrándose países con diferencias que va n en uno y en otro se ntido en ambas medidas. En el caso de l cannabis, el consumo en la vida fue mayor en los chicos de nivel ad quisitivo alto, con diferencias solo en 7 países, todos en esta dire cción excepto Malta, en e l que los chicos de nivel adquisitivo bajo fueron los que mostraron un consumo mayor. En el consumo en los últimos 30 días, los valores fueron similares, con única mente dos países mostrando diferencias significativas (mayor consumo en los chicos de nivel alto de República de 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 105 Macedonia d el Norte d el Norte y en las chicas de nivel bajo de Chequia) (Inchley et al., 2020). En otro informe elaborado por la red internacional d el estudio HBSC se en contró qu e el inicio temprano en el consumo de alcohol e ra más frecuente en adol escentes de nivel adquisitivo alto, a unque pocos países p resentaron difere ncias significativas, mientras que no se observó asociación entre el nivel adquisitivo familiar y el inicio temprano en los episodios de embriaguez, con pocos países mostrando dife rencias y en ambos sentidos (Inc hley et al., 2018). Otro de los factore s relacionados con el nivel socioeconómico de los y las adolescentes que ha mos trado releva ncia en el consumo de drogas en la adolesce ncia es la disponibilidad de dinero propio por parte de los chicos y chicas. En este caso, la bibliografía muestra resultados más consistente s, identificándose un a asociación positi va entre dispo ner de din ero propio y el consumo de drogas y , por lo tanto, suponiendo esta variable un factor de rie sgo en el consumo (Moor et al., 2019 ; Obradors-Rial et al., 2018 ; Perelman et al., 2017) . Respecto a factores relati vos a los estilos de vida, como pueden ser la alimentación, el sueño o la actividad fís ica, se encuentran los s iguientes resultados. Comenzando por los hábitos de alimentació n , la evidenc ia sugiere que el consumo de drogas en la adolescencia está asociado a un mayor consumo de productos poco saludables (p. ej., refrescos, comida rápida) y tanto a un menor consumo de alimentos saludables (p. ej., frutas, verduras) como a una menor frecuencia de desayuno (Giannakopoulos et al., 2009 ; Papadopoulou et al., 2017 ; Wa ng et al., 2017). En referencia a este último aspecto, un estudio específico que analizó las variables relacionadas con saltarse el desayuno reveló que el consumo de tabaco y alcohol s e hallaban e ntre dichas variables tanto en adolescentes como en población adulta (Keski- Rahkonen et al., 2003). En cuanto al su eño , existe un amplio consenso de la asociación del c onsumo de drogas en la adolescencia con dificultades en diversos dominios del sueño , como la regularidad, horario, eficiencia y dura ción (Kwon et al., 2019 ). Más allá d e esta asociación, hay quienes observan que di versos aspectos del sueño podrían ser un fac tor predictor del inicio en el consumo de drogas en a dolescente s. Así, Miller et al. (2017 ) encuentran en su estudio longitudinal que una menor duración de l sueño y una mayor somnolencia diurna al inicio del estudio, se asociaron a una mayor probabilidad de haber bebido alcohol, haber realiza do binge drinkin g y haber sufrido efectos asociados con el al cohol cuatro años después, además de una mayor proba bilidad de h aber consumido cannabi s; no ha llaron, sin 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 112 Otros trabajos que h an encontrado un mayor consumo de drogas en quiene s participan en episodios de bullying son los de Desousa et al. (2008), Lambe and Craig (2017), Sharp et al. (2019) y Woolley and Macinko (2018), incluido revisiones sistemáticas como las d e Arcadepani et al. (2021). En nuestro país, en una investigación longitudinal realiza da por Mendoza et al. (2017) d etectaron una clara asociación transversal en el momento inicial del estudio de la frecuencia de episodios de embriag uez y la participación en el f enómeno del botellón con la frecuencia de implicación en episodios de bullying . Longitudinalmente, tanto experimentar frecuentes episodios de embriaguez como la p articipación semanal en el botellón en el momento ini cial resultó ser un p redictor del aumento de la implicación e n episodios de bull ying en el momento posterior. En cambio, algo más de variabilidad se aprec ia en cuanto a la victimización, con trabajos que detectan un mayor consumo de drogas en quienes afirman hab er sufrido bullying (Luk et al., 2010 ; Pontes et al., 2021 ; Woolley & Macinko, 2018), mientras otros defienden que las diferencias entre l as víct imas de bull ying y el grupo control se limitó únicamente a quienes sufrían niveles más altos de acoso (Connell et al., 2017 ) o que dicha asociac ión se daba en un momento posterior (e l estatus de víctima de acoso a los 13 años se asoció con el consumo a los 15 años ) (Kelly, Newton et al., 2015). Por último, un traba jo que muestra resultados muy interesa ntes en la línea de revelar una relación bidireccion al entre estas dos va riables es el de Azevedo Da Silva y Martins (2020). Estas autoras no solo encuentran asociación entre participar en epi sodios d e bullying y el consumo de drogas en el momento inicial de su estudio, sino que los datos reflejaron que un mayor número de episodios de acoso en los tr es momentos temporales siguientes predijo una mayor probabilidad de consumo de alcohol, tabaco y marihua na po sterior. Asimi smo, tanto el consumo esporádico como f recuente de drogas pr edijeron un a ma yor probabilidad de acosar posteriormente a otros chicos y chicas. En cuanto a la autoeficacia social , es decir, las expectativas que las c hicas y los chicos adolescentes ti enen acerca d e su h abilidad personal para la realización de comportamientos específicos que subyac en r elac iones person ales (Connolly, 1989), la bibliografía suele centrarse más en su relació n con el ámbito de la salud mental y las relaciones so ciales, que con el consumo de drog as. En este sentido, una baja autoeficacia social ha most rado asociación con una menor autoestima (Hermann & Betz, 2006) y mayores niveles de depresión (He rmann & B etz, 2004 ), de ansiedad (Mallinckrodt & Wei, 2005 ) y d e soledad e insatisfacción social (Galanaki & Kalantzi-azizi, 1999). 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 113 Por último, se pre sentan los da tos refere ntes a la asoc iación del consumo de drogas con factores relacionados con la salud y el b ienestar adolescente. C omenza ndo por la percepc ión de su salud , aunque hay algunos trab ajos que encuentran una relac ión positiv a o una ausencia d e relación entre estas dos variables (Sim ões et al., 2012 ), se observa un amplio consenso de la existencia de una asociación n egativa entre la evaluación que los propios chicos y chicas realizan sobre su salud y su consu mo de drogas, de manera que quienes tienen una peor valoración de su estado de salud, informan de un mayo r consumo (Johnson & Richter, 2002 ; Latorre & Mont añes, 2004 ; Piko, 2007 ; Trembla y et al., 2003 ; Wang et al., 2021). No obst ante, hay estudios que matizan esta aparent e robusta aso ciación defendiendo l a presenc ia de variables moderadoras, como, por ejemplo, los factores cognitivos (Wang et al., 2021) o de diferencias e n funció n del sexo, como en el estudio Piko (2007), en el que la perce pción de salud co rrelacionó con todas las drogas en los chicos, m ientras que, en las chicas, solo se a soció co n el consumo de tabaco. En re ferencia a la satisfacción vital , aunque de nue vo hay quienes no observan relación con el consumo de droga s en la adolescencia (Pedroni et al., 2021), también pare c e existir consenso en la bibliografía de una asociación negativa entre la valorac ión que los chicos y chicas hacen de sus vidas y su consumo de drogas. Así, Lew et al. (2019) identificaron fuertes asociaciones ent re la satisfa cción vit al y el consumo tanto de una sola sustancia como de varias sustancias sim ultáneamente . Sus resultados muestran que tras controlar numerosas variables relacionadas con el consumo, los y las adolescentes que reportaban baja s atisfacción con sus vidas eran más dados a h aber consumido alguna vez tabaco, alcohol o marihuana, así como a haber co nsumido dos sustancias o tres sustancias a la vez. Del mismo modo, Zullig et al. (2001) observaron que el consumo de tabaco (fumado y masticado), marihuana, cocaína, drogas iny ectables y esteroides, así c omo el consumo frec uente de alcohol y los episodios de embriaguez, se asociaron con una menor satisfacción vital. Ade más, el inicio pre coz en el consumo de a lcohol, taba co, marihuana y cocaína también correlacionaron negativamente con la satisfacción vital. R esultados similares fueron obtenidos por Desousa et al. (2008) para el comportamiento de binge drinking . No obstante, hay otros trabajos que detectan est a relación solo para algunas sustancias . En esta lí nea, Bogart et al. (2007) infor maron de qu e el consumo de algunas drogas durante la adolescencia tardía, como el tabaco y las drogas il egales dis tintas al cannabis, pero no otras, como el alcohol o la marihuana, se asociaron signi ficativamente con una menor satisfacción vital en la edad adulta temprana. 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 114 Otra de las cuestiones que parece estar re lacionada con el consumo de d rogas e n la adolescencia es la presen cia de malestares psicosomáticos , observándose, en este caso, una asociación posi tiva. Por ejemplo, Simpson et al. (2006) encontraron fuertes asociaciones positivas del consumo de tabaco, cannabis y de otras drogas ilegales, así como de los episodios de embriaguez, con los malestares ps icosomáticos. Igualmente, Ghandou r et al. (2004), señalaron qu e el consumo frecuente de alcohol y el consumo diario de tabaco se asociaron con malestares psicosomáticos como el dolor de cabeza, el dol or de e stómago, el dolor de espalda y la fatiga mañanera. En la mi sma línea irían los r esultados de Botello- Harbaum et al. (2011) pa ra el consumo de tabaco, bien de manera experimental o diaria, y los de Strandheim et al. (2011) para el consumo fr ecuente de alcohol. Por su parte, los datos d e Simões et al. (2012) most raron una relación pos itiva de los malestares psicológicos con el consumo de alcohol en dos muestras (portuguesa y española) y con el consumo de cannabis en la muestra portuguesa, mientras que para el consumo de tabaco no arrojó resultados significativos en ninguno de los dos grupos. Respecto al bienestar, la revisión d e la bibliografía muestra resultados inte resantes en relación con e l consumo de drogas. Comenzando por un tra bajo llevado a cabo por S imón- Saiz et al. (2020 ) en nuestro país, en el que emplea ro n el instrumento Kidscreen como medida de bienestar físico, psicológico y social , los análisis bivariados mostraron que lo s chicos y chicas que consumían alcohol presentaron peo res datos en la mayoría de las dimensiones. Sin embargo, en cuanto a los resultados de la regresión logíst ica controlando por edad y sexo, un mejor estado de ánimo, es decir, menor nivel de sent imientos nega tivos se relacionó con un menor consumo, pero no así el bienestar psicológico (pre sencia de emociones posi tivas), q ue no mostró asociación con el consumo. En otros trabajos, en cambio, sí e ncuentran asociación con el bienestar psicológico. Así , Vilugrón-Ar avena et al. (2017) en contraron qu e el consumo de alcohol de alto riesgo se asoció con una menor puntuación en la dimensión de bienestar psicológico, mi entras que e l policonsumo (consumo de tres sustancias) s e asoció con una menor perce pción de bienestar físico y psicológico . En el estudio de Chen y Storr (2006), también se observa una relación entre el consumo de alcohol y un peor bien estar físi co, psicológico y s ocial, aunque dichas asociaciones no fueron constantes a lo largo de los ocho dominios de bienestar ge neral examinados . En cua nto a los síntomas internalizantes , la investi gación parece most rar una cierta variabilidad en función del síntoma y además de la sustanc ia o del ti po de medida de consumo que se emplee. Así, por ejemplo, en la revisión sistemática llevada a c abo por 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 115 Hussong et al. (2017) detectan que las asociaciones más consistentes se observaron para los síntomas depresivos, pa rticularmente com o p redictores de puntuaciones compuestas d e consumo de drogas. En cambio, no se evidenció ninguna asociación clara entre la ansiedad y el consumo, siendo estas asociaciones tanto negativas como positivas. En un tra bajo de revisión de estudios longitudinales sobre diferentes comportamientos r elacionados con el consumo de tabaco (inicio, estado, intensidad, dependencia y tr ayec toria), los autores hallaron que los resultados de cada categoría varia ban sustancialmente, observándose tanto asociaciones positivas en ambas direcciones (del consumo a la salud mental posterior y de l a salud mental al consumo posterior), como ausencia de relación entre las v ariables, mientras que encontraron pocos estudios que apoy aran directamente un modelo bidireccional de tabaquismo y ansiedad (Fluharty et al., 2017). Por el contrario, Parrish et al. (2016) defienden la existencia de relaciones recíprocas entre el consumo de alcohol y los síntomas internalizantes, a unque también advierten del peligro de tratar todos los síntomas como componentes intercambiables de un único dominio. Concluyen que los síntomas comunes a los trastornos de ansie dad y d epresión (por ejemplo, la angustia g eneral) son los que presentan la s relaciones recíprocas más sóli das con el consumo de alcohol. Además, hay estudios qu e han reflejado la existencia de relación entr e el consum o de drogas en la adolescencia y la regulación emocional , como es el caso del estudio de McKee et al. (2020), en el qu e se encuentra que un a mayor regulación em ocional se asoció significativamente con frec uencias más bajas de consumo de tabaco, alcohol y cannabis, mientras que el afecto negativo se asoc ió con frecuencias más altas. Los autores concluyen que, en relación con la s emociones y el consumo de drogas, se producirían ciclos de retroalimentac ión bidirec cionales entre el estado emocional y la decisión de consumir una sustancia. 1.4.2.2 Factores del contexto familiar En la adolescencia, la fa milia sigue siendo un contexto fundamental en e l desarroll o de los chicos y chicas, por lo que no es de extraña r que muchos de los factores pertenecientes a este á mbito estén asociados de a lguna u otra for ma c on el consumo de droga s en la adolescencia. De hecho, la bibliografía reciente que analiza las causas del descenso en el consumo de d rogas en ad olescentes, m ayoritariamente de alcohol, señalan al entorno familiar como uno de los f actores más relevantes, defendiendo que el cambio en las prácticas 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 116 parentale s, como un mayor conocimiento parental sobre las vidas de su s hijos e hijas, un mayor tiempo compartido e n familia o unas normas sobre e l consumo más restrictivas, habrían influido de manera importante en dicho desce nso (de Looze et al., 2017 ; Rossow et al., 2020 ; Torrone n et al., 2019 ; Vashishtha et al., 2019). A la hora d e examinar la relación d el entorno f amiliar con el co nsumo de d rogas en l a adolescencia, probablem ente uno de los estudios más completos sea el de Yap et al. (2017). Este equipo rea lizó una revisión sistemática y metaaná lisis de estudios longi tudinales cuyo objetivo era identificar q ué conductas parentales funcionaban como factor es de protección y de riesgo en relación con el inicio en el consumo de alcohol y con los niv eles posteriores de consumo en los hijos e hi jas adolescentes. Los r esultados, basados en 131 t rabajos, detectaron tres factores de riesgo, como son la provisión de alcohol por parte de los progenitores, las actitudes parentales favorables hacia el alcohol y e l consumo parental, a sí como c uatro factores de prote cción, e n concreto, la supervisión, el apoyo y la implicación parental, así como la calidad de la rel ación pa rento-filial, asoc iados tanto al inicio en el consumo como en los niveles post eriore s de consumo. Otro estudio int eresa nte es el de R yan y su equipo, quienes también llevaron a cabo una revisión sistemática de estudios longitudinales para conocer las est rategias parentales p redictoras del consumo de alcohol en adolescentes. Tras el análisis de 77 estudios identificaron 12 estrategias: el modelado de los progenitores, el suministro de alcohol, la comunicación específica sobre el alcohol, la desaprobación parental del consumo de alcohol adolescente, la discipli na general, las normas s obre el alcohol, la supervisión parental, la calidad de la relación entre progenitores y adolescentes, el conflicto familiar, el apoyo pare ntal , la implicación de los progenitores y la comunicación familiar. Los resultados revelaron que el modelado de los progenitores, la limitación de la disponibilida d de alcohol pa ra el o l a adolescente, la supervisi ón pare ntal, la calidad de la relación progenitor-adolescente , la comunicación familiar y la implicación de los progenitores predijeron un inicio más tardío en el consumo . Además, el modelado de l os progenitore s, la limitación de la disponibilidad de alcohol pa ra su hijo o hija, la desaprob ación parental del consumo de alcohol adolesce nte, la disciplina general, la supervisión parental, la calidad de la relación progenitor-a dolescente, el apoyo parental y la comunicación familiar predijeron menores niveles de cons umo de alcohol posterior (Ryan et al., 2010). A continuación, se presentarán ciertos factores del contexto familiar im plica dos en el consumo de drogas en la adolescencia, específicamente, aquellos analizados en esta Tesis Doctoral. En lo que respecta al consum o parental , los estudios detect an un mayor consumo 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 117 en adolescentes con pro genitores que consumen. Por ejemplo, como muestra la revisión sistemática y metaanálisis de Leonardi-Bee et al. (2011 ), se encuentra una mayor probabilidad de iniciarse en el consumo de tabaco en adolescentes con p rogenitore s en los que al menos uno fum ara. Otros trabajos con resultados similares son los de Mehanovic et al. (2021), en el que el consumo parental y su permisividad hacia el tabaco se asoci aron con una mayor experimentación con el tabaco en la adolescencia, o el de M ak et al. (2012), en el cual detectar on que el consumo de tabac o por parte de los progenitores se re lacionó con el consumo actual de tabaco, con haber fumado alguna vez en la vida y con la inten ción de comenzar a fumar en adolescentes. Del mismo modo ocurre con el consu mo de alcohol, con niveles superiores de consumo en adolescente s cuyos progenitores bebí an, tenían actitudes favora bles hacia el consumo o les sumi nistraban alcohol (Yap et al., 2017), así como con altos niveles de binge dr inking (Pedersen & von Soest, 2015 ). Es importante señalar que la relación entre el consumo parental y el consumo de sus menores permanece incluso cuando se incluye el consumo del grupo de iguale s y de las amistades íntimas (Smit et a l., 2021). En lo relativo a la dinámica fa mi liar, quizás uno de los aspe ctos más estudiados en relación con el consumo de drogas en adolescentes es el conocim iento parental . Esta variable, habitualmente empleada como una me dida de supervisión parental (Kerr et al., 2010), guarda un a rel ación negativa con el consumo, de manera qu e un m ayor con ocimiento por parte de los progenit ores sobr e quiénes son sus amistades, qué hacen en su tiempo libre o en qué gastan su dinero , entre otros aspectos, se asocia a un menor consumo adolescente (Donaldson et al., 2016 ; Gaete et al., 2017 ; Jiménez-Iglesias et al., 2012 ; Kliewer et al., 2018 ; Lippold et al., 2014 ; Luk et al., 2012 ; Prins et al., 2021 ; Wen, 2017 ; Yap et al., 2017 ). Por ejemplo, en un trab ajo en el que analizaron dif erentes contextos de desarrollo de los y las adolescentes (familia, escuela y vecindario, pero no incluía al grupo de ig uales) y su relación con el consumo de drogas, concluyeron que, aunque los procesos d e socialización en diferentes ámbitos de la vida estaban asociados en diversos grados al con sumo de drog as en adolescentes, era l a f amilia el entorno más influyente. Entre los diferentes aspectos familiares examinados, el conocimi ento parental mostró ser e l que más protegí a frente a l consumo de drogas en la adolesce ncia (Wen, 2017) . Otros trabajos han informado del efecto qu e pueden ejercer los c ambios en el conocimiento parental sobre el consumo. En este sentido, Prins et al. (2021) descubrie ron qu e las re ducciones en el conocimiento parental se asociaron c on aumentos en la frecuencia de consumo de marihuana, la frecue ncia de consu mo de alcohol y la cantidad de a lcohol , 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 118 mientras que Lippold et al. (2014) encontraron que el inicio en el consumo de alcohol y taba co se asociaron con mayores probabilidades de transiciones haci a los patrones de conocimiento parental más bajos. Es interesante también destacar que el s ecretismo por parte de los chicos y chicas adolescentes se ha relacionado con un mayor consumo de drogas posterior (Kliewer et al., 2018). En cuanto a las diferencias qu e pudie ran darse en función d e qué progenitor ejerza di cha supervisión, se encuentra variabilidad en los datos. Así, e n el estudio de Jiménez-Iglesias et al. (2012), con datos de nuestro país, observaron que, aunque el conocimiento de ambos progenitores se a soció negativamente con el c onsumo de tabaco, alcohol y canna bis de sus hijos e hijas, fue el maternal el que resultó ser el más influyente. En contraste, h ay otros es tudios, en este c aso, e n Estados Unidos, que afirman que el conocimiento p or p arte de los padres tiene un efecto p rotector mayor que el d e las madre s (Luk et al., 2012). Como se ha avanzado previamente, otros aspectos de l a dinámic a f amiliar , como pueden ser el afecto, la comunicación, el apoyo o la impli cac ión por parte de los progenitores también han most rado asociación con el consumo de drogas en los hijos e hijas adolescentes. En cuanto al afecto parental , los y las adolescentes que reportaron un mayor afecto por p arte de sus progenitores mostraron un menor consumo de drogas (Buelga et al., 2006 ; Donaldson et al., 2016 ; Mak & Iacovou, 2019 ; Parra & Oliva, 2006). Es más, resultados longitudinales revelan que el afecto parental no solo tendría un efecto directo sobre el consumo de drogas en la adolescencia, sino también un efe cto indirec to en el consumo de drogas en la e dad adulta vía un menor riesgo de inicio precoz (Mak & Iacovou, 2019). En nuestro país, un estudio longitudinal encontró que las chicas y los chicos que recordaban a madres afectuosas durante la infancia reportaron u n menor consumo d e d rogas durante la adolescencia temprana, y quienes informaban d e vivir en familias más cohesionadas, most raron un menor aumento del consumo durante la adolesce ncia y la adult ez emergente (Sánchez-Queija et al., 2016). También parece existir una asoci ación negativa entre la c omunicación fam iliar y el consumo adolescente (Desousa et al., 2008 ; Moor et al., 2015 ; Moore et al ., 2018 ; O'Donnell et al., 2021 ). Así, po r ejemplo, Moore et al. (2018) detectaron que un a m ayor comunicación familiar se asoció a un me nor consumo de tabaco, cannabis y otras drogas, aunque no de alcohol, mientras que Desousa e t a l. (2008) y Donaldson et al. (2016) enc ontraron una relación n egativa entre l a comunicación familiar y consumo de alcohol en atracón ( binge drinking) . Igualmente, Moor et al. (2015) obse rvaron que una pobre comunicación con los progenitores se asoció con el consumo semanal d e tabaco en los chicos y chicas adole sc entes. 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 119 Aunque la asociación de una mayo r comunic ación familiar con un m enor consumo en las hijas e hij os es clara, no lo es tanto la dirección de esta relación. En este sentido, en un estudio longitudinal realizado con el objetivo de analizar el impacto del consumo de drogas de los hijos e hijas adole scentes sobr e el func iona miento familiar, entre lo s que se incluía la comunicación con los progenitores, los resultados reflejaron que el consumo de alcohol y marihuana adolescente predijeron una menor co municación parento-filial posterior (aunque solo en el caso de los chicos) (Russell et al., 2017), por lo que esta relación podría ser bidireccional. En la misma línea que las varia bles anteriores se situarían los resultados sobre apoyo y satisfacción fa miliar, de manera que aquellos chicos y chica s que informan de un mayor apoyo fam iliar (Jose et al., 2021 ; Maslowsky et al., 2015 ; Moore et al., 2018 ; Yap et al., 2017) o una mayor satisfac ción con su s relaciones familiares (Kao et al., 2020 ; Yen et al., 2007) manifiestan, a su vez, un menor consumo de drogas. Para terminar, el últim o asp ecto del funcionamiento familiar examinados en esta Tesis es la implicación de las familias en temas escolares . En est e sentido, también se h an hallado pruebas de una a sociación negativa entre esta vari able y el consumo de drogas en la adolescencia (Handren et al., 2016 ; Yap et al., 2017). Por e jemplo, se ha observado que la i mplicación de los prog enitores en las ta reas escolares de los chicos y chicas (p. ej. , comprobar si las han hecho o ayudarles a realizarlas ) se asoció negativamente con el consumo de alc ohol por parte de los y las adolescentes en todos los grupo s de edad, sexo y etnia, lo que según los autores, apoy aría la generalización del efecto de la implicación de los progenitores en el consumo de drogas en sus hij os e hijas adolescentes (Handren et al., 2016). Estos mismos resultados, pero para todos los tipos de drogas, habían sido reportados previamente (Pilgrim et al., 2006). 1.4.2.3 Factores del grupo de iguales A pesar del papel funda mental de la familia en la adolescencia, a m edida que lo s chicos y chicas van creciendo, el grupo de los iguales adquiere más re l evanc ia, el vínculo emocional con las amistades crece y las experiencias en el grupo pueden tener un efecto significativo en el a juste y funcionamiento social, emocional y c onductual de los y las adolescentes (para más información, véase Brown and Larson, 2009 y Rubin et al., 2015) . Además, las relaciones se vuelven más complejas y bidireccionales, y la integrac ión social s e convierte en un im portante reto evolutivo ( Schulenberg et al., 2019). Por ello, no es d e 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 120 extrañar que este c ontexto de desarrollo tambi én ejerza su influe ncia en l a c onducta d e consumir o no drogas en la adol esce ncia. D e hecho, en un metaan álisis llevado a cabo p ara analizar la influencia d el grupo de iguales y d e la familia en el consumo de drogas en adolescentes, los datos señalaron una mayor influencia por parte de los y las iguales (Allen et al., 2003). Y es que el consumo de drogas en estas edades es una actividad socialmente interactiva, en la que la conducta de consumir se produce en compañí a de sus iguales y sin la presenc ia de figuras de autoridad (de Jong et al., 2020), por lo que la relevanc ia que adquiere este contexto en estos comportamientos es considera ble, como se verá a continuación. Son numerosos los estudios que han mostrad o la relac ión existente entre tener amistades que realizan c omportamientos problemáticos o desviados en general y el consumo de drogas en adolescente s (Kliewer et al., 2018 ; Lutz et al., 2017; Mak et al., 2020), relación que podría manten erse n o solo durante toda l a ad olescenc ia sino, además, al inicio de la etap a adulta (Van Ryzin et al., 2012). Poniendo el foco específicamente en las am istades consumidoras , también parece existir un amplio consenso de una aso ciac ión positiva con el consumo en adolescentes, de manera que quienes tienen amistades que consumen muestran a su vez un mayor consum o (Allen et al., 2012 ; Chen et al., 2014 ; Glaser et al., 2010 ; Hiemstra et al., 2014 ; Hoffman et al., 2006 ; Mak et al., 201 2 ; P atrick & Schulenberg, 2010 ; Prins et al., 2021 ; Schwinn et al., 20 16 ; Simons-Morton & Farhat, 2010). De h echo, el consumo de las amistades íntimas sería la variable perteneciente a este contexto que m ejor predeciría el consumo de drogas en adolescentes (Branstetter et al., 2011). Varios traba jos de revisión de teorías sobre la influencia de l grupo de iguales en el consumo de tabaco adolescente han mostrado l a relevancia de esta variable (Hoffman et al., 2006 ; Kobus, 2003 ; Simons -Morton & Farhat, 2010 ). Como ejemplo, en el trabajo de Hoffman et al. (2006 ) destacan el consumo del g rupo de iguales como parte fundamental d e su modelo longitudi nal del inicio y mantenimiento de la condu cta de fumar. En el estudio de Hiemstra et al. (2014), los datos revelaron que el consumo de tabaco de las amistades al inicio de la investigac ión se asoció positivamente con el consumo posterior de los chicos y chicas adolescentes. Por su parte, Mak et al. (2012) hallaron que tener un mejor amigo fumador o una mejor amiga fumadora se rela cionó con el consumo actual de tabaco, con haber fumado alguna vez, con la intención de comenzar a fumar, así como, con el reinicio en el consumo. En la misma línea, pero referido al alcohol, Patrick and Schulenberg (2010) observaron que tener a mistades que se embo rrachaban era el predictor más fuerte de los episodios de consumo de alcohol excesivo ( h eavy episodic drin king ). Además, diversas 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 121 investigaciones han mos trado el efecto de las v ariaciones en el consum o del grupo en el consumo propio. Así, por ejemplo, utili zando un diseño longitudinal, multi-método y multi- informante, Allen et al. (2012) encontraron que el consumo de las amistades íntimas fue un predictor significativo d el cambio en el consu mo propio durant e el periodo analizado, mientras que Prins et al. (2021) observaron que el aumento d el consumo de drogas del g rupo de iguales se aso ció con aumentos en la frecuenci a y cantidad de consumo propio de alcohol y en la fr ecuencia de co nsumo de marihuana. Por otro lado, ha y quienes destac an su pode r mediador, concluyendo que el consumo del grupo no solo se asociaría con un mayor consumo, sino que, además, moderaría la relación entre los problemas de conducta y el consumo de alcohol, de forma que los primeros sólo se relac ionaron con un mayor riesgo de problemas de consumo de alcohol en presencia de iguales consumidores (Glaser et al., 2010) . También en nuestro p aís se han realizado trabajo s con diferentes muestras regionales que ha n detectado una relación posit iva entre el consumo por part e del grupo de ig uales y el consumo de tabaco (Caballero-Hidalgo et al., 2005), alcohol (Chacón et al., 2016), canna bis (Alfonso et al., 2009) o el inicio precoz en el consumo de alcohol (Rial et al., 2020). Íntimame nte relacionado con el consumo del grupo de iguales se situarían las actitudes hacia el consumo y las normas que aprueban la conducta de consumir dentro del grupo (Chassin et al., 2009). La investiga ción también ofrece datos que indic an que l a desaprobación del consumo de drogas por parte de las amistades tiene un efecto protector, relacionándose con una mayor abstinencia y menores tas as de consumo (Coyle et al., 2016 ; Mrug & McCay, 2013), mientras que las norma s grupales a favor supondrían un factor de riesgo ante e l consumo ( Handren et al., 2016). Otro de los aspe ctos i mportantes de este contexto de desarrollo es la calidad d e las relaciones de amistad . La investigación también parece most rar datos consistentes en la línea de indi car una asoc iación positiva entre los aspectos relacionados co n la calidad de este tipo de r elaciones y el consum o de drogas en la adolescencia. P or ejemplo, los resultados de un estudio internacional en el que participaron 35 países revelaron que unas relaciones de amistad más pobres y de peor calidad se aso ciaron con un menor consumo semanal de tabaco (Moor et al., 2015). Es más, el consumo, en este caso de alcohol, no solo se asoció a una mayor calidad de las relaciones de amistad, sino también a una mayor cantidad de amistades (Hoel et al., 2004), ll egando a con cluir algunos autores que el consumo de alcohol se relacionaría con una mayor aceptación e integración social, mientras que con unos menores niveles de soledad (Ped ersen & von S oest, 201 5 ). Además, hay qui enes proponen que la 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 128 et al. (2009) hallaron no solo que quienes viv ía n en vecindarios económicamente desfavorecidos presentaban menores tasas de consumo, sino además que vivir en zonas con mayor desventaja r educ ía el efecto n egativo de tener amistades con conductas problemáticas. Sí parece haber algo m ás de consistencia en los resultados en relación con el tab aco, d e manera que la mayoría muestran tasas más altas de consumo de tabaco en los vecindarios de nivel socioec onómico más bajos, aunque tambié n hay estudios que infor man de la relación opuesta o la fa lta de asociación (Gardner et al., 2010 ; Hanson & Chen, 2007). Esta variabilidad en los resultados también se observa al explor ar la relación del consumo de drogas con otros elementos del vecindario, como muestr an algunas revisiones sistemáticas que se han llevado a cabo sobre el tema (Bryden et al., 2013 ; Jackson et al., 2014) y los trabajos espe cíficos que a continuación se presentarán, haciendo especial hincapié en aquellas variables a nali zada s en esta Tesis Doctoral. En cuanto al consumo de drogas en el vecindario , la bibliografía sí muestra resultados consistentes, en el sentido de un mayor consumo en adolesce ntes que viven en vecindarios con mayores niveles de consumo de drogas. Tr abajos como l os de Ennett et al. (2008), quienes observaron que la media de consumo de alcohol en adolescentes del vecindario resultó predecir positivamente el consumo propio o los de Le ifheit et al. (2015 ), quienes demostraron qu e la preva lencia del consumo de drogas e n el vecindar io estaba asociada con el consumo de marihuana a nivel in dividual . Respecto a este último estudio, sus resultados most raron que tanto los análisis bivariados co mo los multivar iantes, controlando las normas sobr e las drog as y el consumo de alcohol por part e del g rupo de iguales, indicaron una asociación significativa entre la alta prevalencia de drogas en el v ecindario y el consumo de marihuana (aunque solo entre las c hicas). En lo referente a la facilid ad para comprar drogas siendo menor , son muchos los estudios que han encontrado que la densidad de puntos de venta y locales de consumo de alcohol se r elaciona posi tivamente con el consum o en los y las adolesc entes (Chen et al., 2010 ; Chen et al., 2016 ; Huckle et al., 2008 ; Mo rrison, 2015 ; Paschall et al ., 2012 ; Shih et al., 2015). Por ejemplo, en un estudio longi tudinal con más de mil adolescentes se observaron mayores niveles d e inicio en el consumo y de consumo exce sivo entr e los chicos y chicas que residían en zonas con mayor densidad de locale s de venta de alcohol ( Chen et al., 2010) . Además, la densid ad de puntos de venta d e alcohol no solo estaría relacionada con el consumo, sino con ciertos problemas relacionados con el consumo como lesiones, agresiones y accidentes de tráfico (Gruenewald et al., 2010 ), con conducir bajo los efectos del alcohol 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 129 (Treno et al., 2003) y con aspectos del contexto fa miliar, c omo una menor supe rvisión parental, que como se ha most rado anteriormente, estaría relacionada con un mayor consumo en los hijos e hijas ( Freisthler et al., 2009 ). También en nuestro país se han replicado estos mismos resultados, como muestra el trabajo de Mori-Gamarra et al. (2020) , detectando un mayor consumo de riesgo y un mayor consumo i ntensivo de alcohol en l os municipios con mayor densidad de locales de venta y locales de venta y consumo. Sin embargo, otras investigaciones han reportado evidencias no tan claras sobre esta relación. Por ejemplo, Kuntsche et al. (2008) hallaron que la densidad de locales de venta y consumo, pero no la de los establecimientos de solo venta, se relacion aron con un mayor volumen de consumo de alcohol, aunque no con los episodios de binge drinking . En la misma línea, Fairman et al. (2019) no encue ntran asociación entre re sidir en z onas con mayor densidad de establecimientos de locales de solo venta de licores y una post erior trayectoria d e episodios de binge drinking. Más contundentes son los resultados de Zimmerman and Farrell (2017), quienes no detectaron efectos directos ni indirectos de las oportunidades del vecindario para el consumo (incluye tanto el consumo en público como la venta de drogas ) sobre la conducta de con sumo de los y las adoles centes. Sus análisis sí qu e revelaron efectos moderadores, de man era que los niveles más altos de oportunidades de consumo de drogas en el vecindario amplificaron los efectos pe rjudiciales del consumo parental y del grupo de iguales y atenuaron el efecto protector de la pe rce pción d e riesgo por parte de los y las adolescentes. Para estos autores, sus resultados sugerirían que las caracter ísticas del vecindario no influi rían directamente a nivel individual, sino que condicionarían los efectos de los principal es factores de riesgo y de p rotección a nivel individual del consumo d e drogas. Teniendo en cuenta los aspectos más rel acionados con la seguridad de la zona en la que viven, Burdzovic and Watson (2010) ha llaron que quienes rep ortaron vivir en vecindarios inseguros empeza ron, d e media, a fumar, beber y consumir marihuana a una edad más temprana, detectando que la seguridad d el vecindario siguió si endo un predictor significativo del ini cio en el consumo incluso controlando todos los demás predictores individuales y familiares. Igua lmente, L ambe and Craig (2017) encontraron que ciertos factores del v ecindario como la criminalidad, el d esorden físico, la inestabilidad r esidencial o el nivel socioeconómico se asociar on al consumo de drogas en adolescentes. Otros autores han informado de una asociación positiva del c onsumo de cannabis en adolescentes y la delincuencia en el vecindario (de Looze et al., 2015) o con elementos del entorno físico, 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 130 como, por ej emplo, los edificios abandon ados (Furr-Holden et al., 2015 ). Inc luso hay estudios que han mostrado que la percepción del riesgo del v ecindario ( Andrea s & Watson, 2016) o el miedo al entorno del vecindario (Theall et al., 2009) guardan una relación positiva con el consumo de drogas en adolescentes. Respecto a ra sgos más relacionados c on la convivencia en el vecindario, hay quiene s encuentran que la percepción de desorganizac ión social en el barr io aumentan el riesgo de c onsumo de cualquier droga (Gaete et al., 2017) , mientras que otros indican que la cohesión del vecindario mediaba la influencia de la pobreza del vecindario y l a disp onibilidad de drogas so bre el consumo d e drog as por p arte de los chicos y las chicas adolesce ntes (Duncan et a l., 2002). En nue stro país, Oliva et al. (2012) examinaron la relación de ciertos activos del vecindario con diversos aspectos del ajuste adolescente, entre los que se incluía el consumo de drogas. Sus resultados mostraron que el control social, el apoyo y el empoderamiento de la j uventud por p arte del vecindario se relacionaron negativamente con el consumo de drogas, mi entras que el ap ego al vecindar io se asoció posi tivamente (au nque con tamaño de efecto bajo), de for ma que quiene s se sentían más vinculación y per ten encia a su barrio, pr esentaban un mayor consumo. Sin embargo, también hay traba jos que apunt an en dire cciones diferentes , como los que indican que la re lación entr e factores del vecindar io y el consumo de d rogas en l a adolescencia tiene lugar a través de otra s variables , c omo el consumo del grupo de iguales (Pei et al., 2020) o las conductas delictivas del grupo de iguales (Sigal et al., 2021) o los que señalan la falta de relac ión entre las dos variables. En este sentido, hay q uienes concluyeron que ni los factores estructurales (p. ej., la desventaja económica, la concentración de inmigrantes o la estabi lidad residencial) ni sociales (p. ej., la eficac ia colectiva, las interacc iones de la red social o la intolerancia al consumo de drogas) del vecindario tuvieron efec tos directos estadísticamente significativos sobre el consumo de tabaco, alcohol o marihuana de los y las adolescentes (Fagan et al., 2015). Esta falta de asociación del consumo con el contexto del vecindario también ha sido reportada por revisiones sistemáticas sobre el tema (Bryden et al., 2013 ; Jackson et al., 2014 ; Karriker-Jaffe, 2011) y por estudios específic os (Byrnes et al., 2013 ; M. Wen, 2017) . En resumen, desde hace década s, la investigación ha intentado arrojar algo de luz sobre los fac tores r elacionados con el consumo de drogas en la adol escencia y cómo encajan dichos factores. C omo se aprecia en esta revi sión de la bibliografía, son muchos los elementos que ha n mostrado relacionarse de una u otra forma con este comportamiento adolescente, desde aspec tos individuales, como los estilos de vidas o los c omportamientos de 1 Justificación teórica 1.4 Etiología 131 riesgo, hasta factores pertenecientes a los dife rentes contextos de d esarrollo más im portantes en esta etapa evolutiva, como son la familia, el grupo de iguales, el centro educativo o el vecindario. Algunas va riables presentan unos resultados más consistentes entre los estudios, como el consumo parental o el consumo del gr upo de iguales, mi entras que en otras se observa más v ariabilidad y menos consistencia, como pue den ser el nivel adquisitivo familiar o el apoyo del grupo de iguales o d e los comp añeros y compañeras de clase. Además, la investigación deja patente que, en muchos casos, la relación de una variable con el consumo de drogas en la a dolescencia se produce de una f orma bidi recc ional o me diada o modera da por otra/s variable/s. Una vez expuestas las principales teorías etiológicas y factores asociados con el consumo de drogas en la adolescencia, en el siguiente ap artado se presentará una revisión sobre los pot enciale s efectos que estos comportamientos pueden ac arrear sobre los distintos aspectos de las vidas de los chicos y chicas a dolescentes. 1 Justificación teórica 1.5 Efectos 132 1.5 EFECTOS DEL CONSUMO DE DROGAS EN LA ADOLESCENCIA Indudablemente, uno de los aspectos esenciales a contemplar en relaci ón con el consumo de drogas en la a dolescencia ha ce referencia a las posibles consecuencias que este comportamiento pueda p roducir tanto en el desarrol lo actual d e los chicos y chic as como en su funcionamiento posterior. Como se describió en el apartado 1.2. sobre la epidemiología del consumo , este comportamiento es r ealiza do por un sector de la pobla ción adolescente d e muchas partes d el mundo, detectándose en algun os chicos y chicas un consum o frecuente. Por otro lado, el epígrafe 1.3. sobre la adolescencia como etapa evolut iva clave en el consumo de drogas , en el que se presentaron las características y los cambios propios de este periodo del desarrollo, puso de manifi esto la i mportancia de esta etapa en el inicio y progresión en esta condu cta. Estas cuestiones resaltan la importan cia d e analizar los posi bles efec tos que el consumo de este tipo de sustancias pueda g enerar en los chicos y chicas adolescentes. S on numerosos los estudios que de forma epidemiológic a o experimental aportan d atos relativos a las consecuencias del consumo de drog as tanto e n la vida particul ar de las personas como en la sociedad en la que vi ven. En este apartado se hará una r evis ión genera l de las principales investigaciones sobr e la temática, dividiéndolas según el tipo de droga. Cada subapartado comenz ará ofreciendo una breve información sobre el impacto que el consumo de dicha sustancia psicoactiva tiene sobre la población gene ral y luego se centrará específicamente e n los result ados con adolesc entes. 1.5.1 Efectos del con sumo de alcoho l En primer lug ar, se pres entan los resultados d e un o de los estudios de referencia en el mundo en el ámbito de la salud, como es el e studio Global Burden of Diseases sobre la Carga Global de Enferme dades, Lesiones y Factores de Riesgo . 9 El estudio tiene por objetivo cuantificar la pérdida de salud debida a nume rosas enfermedades, lesi ones y factor es d e riesgo, estimando t anto la mortalidad atribuible a dichas causas, como los años de vid a perdidos, los años de vida vividos con disc apacidad y los años de vida ajustados po r 9 Visitar http://www.h ealthdata.o rg/gbd/2019 para conocer más en profund idad esta iniciativa. 1 Justificación teórica 1.5 Efectos 133 discapacidad ( DALYs ) . 10 Las investigaciones derivadas de este estudio señalan, año tras año, al alcohol como uno de los factores de riesgo más determinantes para la pérdida de s alud (Forouzanfar et al., 2015 ; GBD 2016 Alcohol Collaborators, 2018 ; GBD 2019 Risk Factors Collaborators, 2020 ; Mokdad et al., 2016). En un trabajo reciente en el que analizaron la evolución entre 1990 y 2019 de 87 factore s de riesgo en 204 países y territorios por grupos de edad encontraron que, en el total de la población, el alcohol pasó del decimoquinto lugar en el listado de factores de riesgo en 1990 al noveno en 2019, aunque el porcentaje de DALYs atribuibles al alcohol decre ció del 4,6 al 3,7 entre ambos años. Los datos referidos a la población juvenil, que contempla de los 10 a los 24 años, inform a ro n de que el consumo d e alcohol pasó de ser el cuarto factor de riesgo m ás impo rtante en 1990 a convertirse en el segundo en 2019, m anteniéndose en un 2,6 el po rcentaje de DALYs atribuibles al alcohol. Es importante aquí destacar que en el grupo etario inmediatamente superior, es decir, el que abarca de los 25 a los 49 a ños, el alcohol ha pe rmanecido c omo el mayor f actor d e riesgo tanto en 1990 como en 2019, pasando el po rcentaje de DALYs atribuibles a l alcohol del 6,7 al 6,3 (GBD 2019 Risk Factors Collaborators, 2020). Según el último informe sobre alcohol de l a Orga nización Mundial de la Salud Global Status Report on Alcohol and Health 2018 , el co nsumo nocivo 11 de alcohol c ausó alrededor de 3 millones de muertes en todo el mundo en 2 016, lo que se correspondió con el 5,3% de todas las muertes. Esta mortalidad fue mayor que la causada por enfermedades como la tuberculosis (2,3%), el VIH/SIDA (1,8%), la diabetes (2,8%), la hipertensión (1,6 %), las enfermedade s digestivas (4,5%), las lesiones en carretera (2,5%) y la violencia (0,8%). Entr e las razones de la mort alidad se e stima que 0,4 millones de muer tes fueron consecuencia de afecciones transmisibles, maternas, perinatales y nutric ionales, mientras que entre las no transmisibles, 0,6 mi llone s de muertes fueron por enfermedades digestivas, 0,6 millones por enfermedade s cardiovas culare s y 0,4 millones por cáncer. Asimismo, se estima que 0,9 millones de muertes po r lesiones fueron atribuibl es al alcohol, incluidas unas 370.000 muertes por lesiones en carr etera, 150 .000 por autolesiones y unas 90.000 debido a la 10 Los años d e vida ajustados po r discap acidad, conocido por las siglas en ing lés DALY ( disability- adjusted life year ), es u na medida que indica los años d e vida perdidos m ás los años vivid os con una discapac idad. 11 E n este in forme, «el uso nociv o del alcohol se define en tér m inos generales en la estra tegia com o "el consumo de alcohol q ue p rovoca consecuencias sanitar ias y sociales p erjudiciales para el bebedo r, las persona s qu e le rodean y la s ociedad en general, así como las pautas de co nsumo que se asocian a un mayor riesgo de consecu encias san itarias ad versas". Por lo tanto, el con cepto de "uso no civo d el alco hol" en la estrateg ia ab arca todas las catego rías de consumo d e alcohol dentro de las entidad es d e diagnóstico d e la última r evisión d e la clasificación in ternacion al de en fermedades, como el consumo p eligroso, el episod io único de uso n ocivo del alcoho l, el patrón de co nsumo nocivo y la d ependencia del alcohol» (World Health Organization , 2018 b, p. 5). 1 Justificación teórica 1.5 Efectos 134 violencia interpersonal. Además, el alcohol también fue la causa de u n gran número d e enfermedade s y lesiones, causando 132,6 millone s de DALYs , es decir, el 5,1% del total de 2016. Alrededor de l 49% de dichos DALYs se debieron a enfermedades no transmisibles y trastornos mentales, mi entras que alrededor del 40% a lesiones (World Health Organization, 2018b). En cua nto a España, tom ando los datos del estudio Global Burden of Diseases sobre la Carga Global de Enfermedades, Lesiones y Fa ctores de Riesgo para el total de la población, el alcohol fue el sexto factor de ries go que más contribuyó al número total d e DALYs en 2019, posición que también ocupó en 2009, mostrando una reducción de en torno al 10% entre ambos años (Institute for Health Metrics and Evaluation, 2018). En relación con la mortalidad atribuible al alcohol, se produjeron más de 30.000 muertes en la población de 15 o más años entre los años 2001 y 2017, encontrándose una reducción del 16,9% en la tasa de mortalidad atribuible al alcohol estandarizad a en el periodo 2010 -2017 en comparación con el periodo 2001-2009, mi entras que la contribución del alcohol al riesgo general de mortalidad se mantuvo práctic amente estable (4,1% y 4,0%) (Donat et al., 2020 ). Otros datos muy llamativos sobre el alcohol re velan qu e e stuvo presente, junto c on otra s sustancias psicoactivas, en el 34% de las personas conductoras fallecidas en accidentes de tráfico sometidas a autopsia (Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, 2021b ), así como en el 40,3% de las urgen cias relacionadas c on el consumo de drogas y en el 39,7 % de las muertes por reac ción aguda tras el consumo de sustancias psicoactivas (Observatorio Español de las Drogas y las Adicc iones, 2021c). Poniendo el foco esp ecíficamente en los efect os del consumo de al cohol en la adolescencia, el informe de la Organiza ción Mun dial de la Salud men cionado anteriormente revela que, en e l grupo de 15 a 19 años, el po rcentaje de muertes atribu ibles al alcohol a nivel mundial supone alrededor del 8%, asc endiendo a más del 15% en Europa (World Health Organization, 20 18b). Gran p arte de estas muertes est arían relacionadas con los acc identes. Como muestra la investigación, el alcohol en la adolescencia estaría relacionado con un mayor rie sgo de una amplia variedad de accidentes , c omo pueden ser los ac cidentes de tráfico, caídas, ahogamientos, quemaduras o los envenena mientos accidental es, entre otros (Boden & Fergusson, 2011 ; Hingson et al., 2009 ; Newbury-Birch et al., 2009 ). S in duda, los accidentes de tráfico son los que reciben el mayor int erés de estudio. Como recogen Boden and Fergusson (2011) en su revisión, los conductores adolesce ntes correrían un mayor riesgo de sufrir accidentes de vehículos de motor que l os conductores de cualquier otro grupo d e 1 Justificación teórica 1.5 Efectos 135 edad por razones como u na mayor asunción de riesgos asociada al periodo de desarrollo de la adolescencia, niveles insuficientes de experiencia y habilidades al volante y un menor desarrollo de las habilidades cognitivas específicas de la conducción , agr avándose todo ello cuando están b ajo la influencia del alcohol. Analizando los datos de España, el último informe del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses sobre los hallazgos toxicológicos en víctima s mortales de acc idente de trafico revela que, en 2021, el 1,3% d el total de personas conductoras fallecidas en accidentes de tr áfico (812 p ersonas) eran menores de edad, lo qu e supond ría en torno a 10 adolescentes; tomando los datos específicos de personas conduc toras fallecidas que dieron positivo a alcohol en autopsia (280 personas), el porcentaje fue de 0,7% , es decir, alrededor de dos adolescentes (Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forense s, 2021b). Como se mencionó en el apartado 1.4.2.1. sobre los factores individuales r elacionados con el consumo de d rogas en la adolescencia, otros comportamientos como las conductas sexuales de riesgo o la v iolencia también s e asocian al consumo de al cohol. En re lación con la conducta sexual , ha y disparidad de pe rspectivas. Si bien ha y investi gaciones longitudinales como la de MacArthur et al. (2012 ) en la que un m ayor consumo de alcohol a los 15 años predecía una mayor participación en comportamiento s sexuales de riesgo a los 16 años, otros autore s argumentan que la mayoría de las investigaciones sobre este tema se h a centrado en análisis correlac ionales, haciendo d ifícil el estable cimiento de causalidad, y concluyéndose en muchas de ellas que existen potenciale s factores, tanto de la persona como de sus contextos, que pueden ser el origen de ambas conductas de riesgo (Boden & Fergusson, 2011 ; Newbury-Birch et al., 2009 ; Rashad & Ka estner, 2004 ; Ree et al., 2001) . Por el contrario, otros trabajos defienden la existencia de una relación bidireccional en la que ambos comportamientos serían factor de riesgo para el otro (Norman et al., 2019 ). Algo similar ocurre con la conducta violent a. Aun que la investigación m uestra una fuerte asociación entre el consumo de alcohol y los comportamientos viol entos en la adolescencia, es difícil determinar tanto la naturaleza, como la dirección de dicha asoci ación. Un ejemplo de ello es el trabajo de Felson et al. (2008), q uienes defendían que la relación entre el consumo de alcohol y la violencia era en part e espuria y en parte causal. Este equipo en contró que quienes consumían alcohol participaban en más episodios de violencia c uando e staban sobrios y quienes consumían de manera frecuen te tenían más probabilidades de ejercer la violencia que quienes lo hacían con meno r regularidad. Por ello, concluye ro n que casi la mitad de la re lación entr e la frecuencia d el consumo y la violencia se debería a los efectos 1 Justificación teórica 1.5 Efectos 136 causales d e la intoxicación y sugieren que el alcohol ti ene un efecto más fuerte en los y las adolescentes con más pr opensión a la violencia. Otros autores como Boden and Fergusson (2011) añaden que, a pe sar de l vínculo entre el c onsumo de alcohol adolescente y el mayor riesgo de violencia , determi nar la magnitud de esta relación es una cuestión compleja. En cuanto a la salu d física , es poco frecuente que aparezcan a estas edades enfermedade s crónicas p or el consumo de alcoho l. No obstante, la investigación sí muestra que el abuso de alcohol en la adolescencia pare ce estar asoci ado a un mayor número de marcadores enzimáticos séricos del daño hepático, así como con síntomas médicos entre los que se hallarían los c ambios en el apetito, pérdida de peso, eczema, dolores de cabeza y alterac iones del sueño (Zeigler et al., 2005). Respecto a este último aspecto, en una reciente revisión de trabajos observaron asociaciones positivas entre el consumo de alcohol y los trastornos del sueño en los dominios de regularidad, tiempo, eficiencia, duración y alerta (Kwon et al., 2019 ). En otro estudio, no solo hallaron que el consumo excesivo de alco hol s e relacionaba con varios problemas de sueño, sino que además, sus efectos perjudicial es aumentaban en magnitud con la frecuencia de episodios de embriaguez (lo que sugeriría un a relación dosis-respuesta) indepe ndientemente d e l o s problemas psiqu iátrico s (Popovici & French, 2013). A corto plazo, las intoxicaciones agudas podrían provocar síntomas físicos como bradicardia , hipotensión , letargo y depresión respiratoria, qu e a vece s podrían complicarse con vómitos y aspiración pulmonar. A medida que la tasa de alcoholemia aumenta, la intoxica ción se manifiesta con el desarrollo de estupor, pudien do ll egar, en casos muy extremos, al estado de coma y la muerte . Además, tras el episodio de int oxicación por alcohol, surgen los síntomas de abstinencia, conocido popularmente con el término «resaca», que suele incluir dolor de cabeza, mareos, náuseas y vómitos, debilidad o dolor muscula r, temblores, taquicardia, h iperventilación, sudoración, depresión e irritabilidad (Zeigler et al., 2005). En re ferencia a la salud mental , y como ocur re con otras va riables que se han mencionado anteriormente, son muchos los estudios que analizan la coexistencia del consumo de alcohol con problemas de salud mental de manera transversal sin profundizar en la causalidad de la asoci ación (Brown et al., 2008 ; Holtes et al., 2015 ; S kogen et al., 2014 ), incluidos los realiz ados en España (Bousoño et al., 2017). Wilkinson et al. (2016) intentaron aclarar el conflicto en la naturaleza y dirección de la relación entre el consumo de drogas y los síntomas depresivos y aunque sí obtuv ieron resultados signi ficativos respecto al tab aco y al cannabis, en el caso d el alcohol, contemplado en este estudio como binge drinking , no fue 1 Justificación teórica 1.5 Efectos 137 indicativo ni de se r un factor predictor ni un efecto de tale s síntomas. Por el contrario, otros estudios encontraron que el consumo (Hallfors et al., 2005) y el abuso o dependencia d el alcohol (Fergusson et al., 2009) sí predijeron una mayor probabilidad de sufrir dep resión en el futuro. Asimismo, Trim et al. (2007) observar on que el ini cio precoz en el consumo y el incremento del consumo durante la adolescencia predijeron niveles más altos de síntomas internalizantes en la adultez temprana, incluso después de incluir el consumo de drogas en la edad adulta, así como factores de riesgo compartidos por la condu cta de consumo y por los problemas de salud mental en la adolescencia. En nuestro país, un estudio realiza do por Oliva et al. (2008) con adolescentes de 13 a 18 años reveló que, de las tres trayectorias de consumo de drogas detectadas (c onsumo bajo, consumo ascendente y experimentación pre co z ), el grupo de experimentación precoz fue el que mostró un mejor ajuste psicológico, autoestima más alta y menos problemas emocionales al final de la adolescencia, mientras que los otros dos grupos obtuvieron puntuaciones más bajas en autoestima y más altas en problemas emocionales. Sin duda, uno d e los te mas más analizados respecto a los efectos del consumo d e alcohol en la adolescencia es su influencia en el desarrollo cere bral , como demuestran los numerosos trabajos específicos sobre el tema (Feldstein-Ewing et al., 2014 ; Lees et al., 2020 ; Nguyen-Louie et al., 2015 ; Nguyen-Louie et al., 2018 ; Pfefferbaum et al., 2018 ; Spear, 2018 ; Squeglia et al., 2015 ; Thayer et al., 2017 ; Ze igler et a l., 2005 ), los númer os especiales publicados recientemente en revistas como Neuroscienc e and Biobehavioral Reviews o Deve lopmental C ognitive Neuroscience o su inclusi ón en estudios tan relevantes como el Adolescent Brain Cognit ive Development (ABCD Study). Los episodios de consumo excesivo de alcohol en la adolescencia pued en producir efectos inmediatos en el cerebro, como, por ejemplo, la pérdida de memoria de los hechos ocurridos durante el propio episodio de consumo o blackout ( Ze igler et al., 2005) o efecto más estables y duraderos. Respecto a estos últim os, son muchas las investi gaciones que han encontrado que este comportamiento puede afectar tanto al funcionamiento cognitivo como a la estructu ra y fisiología del propio cere bro. Así, por ejem plo, la revisión de estu dios longitudinal es de Lees et al. (2020) concluye que el consumo excesivo de alcohol e n la adolescencia se asocia con un peor funcionamiento cognitivo en una amplia gama de evaluaciones neuropsicológicas, incluyendo el aprendizaje, la memoria, el funcionamiento visoespa cial, la veloci dad psicomotora, la atención, el funcionami ento ejecutivo y la impulsividad, así como a una disminución acelerada de la materia gris , a un aumento atenuado del volumen de la materia bl anca y a una 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 240 3.2.1 Con sumo actual de alcoh ol Este apartado an aliza cómo se relac ionan los factores individuales y contextuales con el consumo de alcohol en la actualidad, evaluado a trav és de la máxima frecuencia . Para ello, se muestran, en prime r l ugar, los coeficientes de correlación de Spearman en 2002 y en 2018 (Tabla 34 ). Todas las c orrelaciones fueron sign ificativas, excepto la va riable conviven cia, seguridad y oferta de ocio del vecindario (ambos años) y la capacidad adquisitiva familiar (no corre lacionó en 2002 , pero sí en 2018) . El consu mo actual de alcohol se a soció positivamente en ambos años con haber tenido r elaciones sexuales, participación en bull ying , mostrar malestares psicosomátic os y tene r amistades que fuman tabaco, se emborrachan o consumen drogas, así como a la c apac idad adquisitiva familiar en 2018 . Sin embargo, correlacionó negativamente c on actividad física, conocimiento materno y paterno sobre las vidas de sus hijos e hijas, tener amistades como modelos saludables y gusto por el instituto. Todas l as correlaciones mostraron asociaciones bajas (menores a 0,30), excepto la variable re laciones sexuales en 2018 ( r = 0,31) y las variables referentes a ten er amistades que fuman tab aco ( r = 0, 36 en 2002 y r = 0,39 en 2018), se emborrachan ( r = 0,48 y r = 0,41 , respec tivamente) y que consumen drog as (solo en 2002, r = 0,37), todas moderadas. Las comparaciones entre 2002 y 2018 de tectaron aumentos significativos en la fuerza de la asociación en la capacidad adquisitiva familiar, haber tenido relaciones sexuales, mostrar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman, mientras que l a participación en bullying , conocimiento materno y paterno, ten er amistades que se emborrachan o consumen drogas, así como el gusto por el instituto, mostraron valores inferiores en 2018. Tabla 34 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para el consumo actual d e alcohol . VARIABLES PR EDICTOR AS AÑO DEL ES TUDIO 2002 2018 Capacidad a dquisitiva fa miliar 0,02 0, 08*** Actividad f ísica - 0,03* - 0, 04*** Relaciones sexua les 0, 23*** 0, 31*** Participació n en bullying 0, 14*** 0, 10*** Malestares ps icosomá ticos 0, 04** 0, 10*** Conocim iento materno - 0, 28*** - 0, 17*** Conocim iento paterno - 0, 21*** - 0, 12*** Amistades co mo modelo s saludables - 0,03* - 0, 02** Amistades que fuman ta baco 0, 36*** 0, 39*** Amistades que se emborra chan 0, 48*** 0, 41*** Amistades que consumen drogas 0, 37*** 0, 27*** Gusto por el instituto - 0, 16*** - 0, 11*** Convivencia , seguridad y o ferta de ocio 0,002 0,02 * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001 Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticamente significativas entre los valores de 2002 y 2018 (ver anexo II) . 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 241 En segundo lugar, se presentan los resultados de los análisis de regresión para el consumo actual de alcohol en 2002 y en 2018 po r separado (Tabla 35). En ambos ca sos, se muestran los coeficientes de regr esión estand arizados ( β ) y los incrementos en R 2 ( ΔR² ) e n cada paso de los análisis. Este mismo modelo de tabla se emplea rá para las demás variables dependientes. Como se puede observar, el modelo explica un 28% de la v arianza asociada al consumo de alcohol en 2 002 y un 22% en 2018. La variable relacionada con tener amistades que se emborrachan del paso 3 fue la que provoc ó un mayor incremento en R 2 ( ΔR² = 0,171) en 2002, pero no así en 2018, año en el que el ma yor incremento se produj o en el paso 1 ( Δ R² = 0,113), referentes a la s variables individuales. Al añ adir en el paso 2 las v ariables relacionadas con la familia, la única que arrojó r esultados significativos fu e el conoc imiento materno (en ambos años) y no así el paterno. En el paso 3, l a variable tener amistades que se emborrachan fue la que mostró el mayor valor tanto en 2002 ( β = 0,43) como en 2018 ( β = 0,31). Asimismo, tener a mistades como modelos saludables también fue signific ativa en 2018. Al incluir en el pa so 4 el gusto por el instituto y en el paso 5 la variable convivencia, seguridad y oferta de ocio del vec indario, el resultado fue significativo para amba s variables tanto en 2002 como en 2018. A modo de resumen y considerando todas las variables incluidas en el pa so 5 de los análisis, las variables asociadas a un mayor consumo actual de alcohol en 2002 fueron: haber tenido relaciones sexuales, haber participado en e pisodios de bullying , tener amistades que se emborrachan y la convivencia, segurid ad y oferta de o cio del vecindario, y en 2018: capacidad adquisitiva f amiliar, haber tenido relaciones sexu ales, presentar malestares psicosomáticos, tener amistades como mod elos saludables, t ener amistades que se emborrachan y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario. En cuanto a l a s variables que pr edijeron un menor consumo de alcohol (actividad fí sica, cono cimiento materno y gusto por el instituto ) fue ron las mismas en 2002 y en 2018. 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 242 Tabla 35 . Coeficientes d e regresión estan darizados d e los a nálisis d e regresión múltiple entre el con sumo actual de alcohol y las variables predictora s en 2 002 y en 2018. Variables predictoras 2002 2018 β ΔR² β ΔR² Paso 1 0,06 1 0,11 3 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,00 3 0,08 ** * Actividad física -0,05 *** -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,20 ** * 0,31 ** * Participación en bullyin g 0,11 ** * 0,05 ** Malestares psicoso máticos 0,05 ** 0,07 ** * Paso 2 0,04 7 0,01 2 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 0,08 ** * Actividad física -0,04 * -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,17 ** * 0,30 ** * Participación en bullyin g 0,07 ** * 0,04 * Malestares psicoso máticos 0,03 * 0,06 ** Conocimien to materno -0,20 *** -0,10 *** Conocimien to paterno -0,03 -0,02 Paso 3 0,17 1 0,09 0 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,005 0,06 ** Actividad física -0,03 -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,12 ** * 0,23 ** * Participación en bullyin g 0,05 ** 0,02 Malestares psicoso máticos 0,02 0,04 * Conocimien to materno -0,14 *** -0,07 ** Conocimien to paterno -0,01 0,00 4 Amistades com o modelo s saludables -0,01 0,05 * Amistades qu e se embor rachan 0,43 ** * 0,31 ** * Paso 4 0,00 3 0,00 4 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,002 0,06 ** Actividad física -0,03 -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,11 ** * 0,22 ** * Participación en bullyin g 0,04 ** 0,02 Malestares psicoso máticos 0,02 0,03 Conocimien to materno -0,13 *** -0,06 * Conocimien to paterno -0,004 0,00 3 Amistades com o modelo s saludables -0,002 0,05 ** Amistades qu e se embor rachan 0,43 ** * 0,31 ** * Gusto po r el instituto -0,05 *** -0,06 ** Paso 5 0,00 2 0,00 2 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,003 0,05 ** Actividad física -0,03 * -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,11 ** * 0,22 ** * Participación en bullyin g 0,04 ** 0,03 Malestares psicoso máticos 0,02 0,04 * Conocimien to materno -0,13 *** -0,07 ** Conocimien to paterno -0,01 0,00 3 Amistades com o modelo s saludables -0,004 0,05 * Amistades qu e se embor rachan 0,43 ** * 0,31 ** * Gusto po r el instituto -0,06 *** -0,07 *** Conviven cia, seguridad y oferta de ocio 0,04 ** 0,05 * TOTAL R 2 0,28 4 0,22 1 * p < 0, 0 5; ** p < 0, 0 1; *** p < 0, 001 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 243 3.2.2 Episod ios de embriagu ez en la vida En cuanto a los episodios de embriaguez en la vi da, todas las correlaciones resultaron significativas en 2018, mientras que en 2002, no se asoció con la capacidad adquisitiva familiar y la convivencia, segurida d y oferta de ocio de l vec indario (ver Tabla 36) . Se encuentra una asociación positiva entre los episodios de embriaguez en la vida y la capacidad adquisitiva de la familia (solo en 2018), haber tenido relaciones sexu ales, haber pa rticipado en episodios de bullying , most rar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman tabaco, se embor rachan o consumen drogas. Por el contrario, los episodios de embriaguez se relaciona n neg ativamente con la actividad física, con el conocimiento materno y paterno, con tener amistades como modelos saludables, con el gusto por el instituto y con la conviv encia, seguridad y oferta de oci o del vecindar io (esta última solo en 2018). Los datos muestran aso ciaciones moderadas (entr e 0,30 y 0,50) con l a variable haber tenido relaciones sexuales ( r = 0,31 en 2002 y r = 0,37 en 2018), tener amistades que fuman tabaco ( r = 0,37 en 2002 y r = 0,45 en 2018) o consumen drogas ( r = 0,44 en 2002 y r = 0,35 en 2018) y alta con tener amistades que se emborrac han ( r = 0,54 en 2002 y r = 0,51 en 2018). La fuerz a de la asociación creció entre 2002 y 2018 en las variables capac idad adquisitiva familiar, re la ciones sexuales, malestares psicosomáticos y am istades que fuman tabaco. Sin embargo, decreció para particip ación en bullying , conocimi ento materno y paterno, amistades como modelos saludables, amistades que se emborrachan o c onsumen drogas, así como para e l gust o por el instituto. Tabla 36 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para los episodio s de embriag uez en la vida. VARIABLES PR EDICTOR AS AÑO DEL ES TUDIO 2002 2018 Capacidad a dquisitiva fa miliar 0,02 0, 05*** Actividad f ísica - 0, 04** - 0, 06*** Relaciones sexua les 0, 31*** 0, 37*** Participació n en bullying 0, 14*** 0, 09*** Malestares ps icosomá ticos 0, 08*** 0, 11*** Conocim iento materno - 0, 29*** - 0, 21*** Conocim iento paterno - 0, 23*** - 0, 19*** Amistades co mo modelo s saludables - 0, 09*** - 0, 06*** Amistades que fum an taba co 0, 37*** 0, 45*** Amistades que se em borracha n 0, 54*** 0, 51*** Amistades que co nsumen dro gas 0, 44*** 0, 35*** Gusto por el instituto - 0, 18*** - 0, 13*** Convivencia , seguridad y o ferta de ocio - 0,02 - 0, 03*** * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001 Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo II) . 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 244 Los datos de los análisis de re gresión para los ep isodios de embriaguez en la vida se muestran en la Tabla 37. Los resultados indican que el modelo explic ó un 35% de la varianza en 2002 y un 32 % en 2018. En el paso 1 se anali zaron l a s variables indi viduales, obteniendo los mayores coeficientes la variable r eferente a las relaciones sexuales ( β = 0,28 en 2002 y β = 0,34 en 2018). En el pa so 2, se añadieron las variables del contexto fam iliar. En este paso , se e ncontró qu e el conocimiento materno fue si gnificativo en los dos añ os , pe ro e l paterno solo en 2002. Aunque la s variables individuales i ncluidas en el paso 1 alcanzaron un notable incremento d e R 2 ( ΔR ² = 0,107 en 2002 y ΔR² = 0,134 en 2018), fue en el p aso 3, relacionado con las v ariables del gru po de igu ales cuando s e obtuvieron los mayores v alores ( ΔR² = 0,189 en 2002 y ΔR² = 0,145 en 2018). De nuevo, fue la variable de tener amistades que se emborrachan la que obtuvo el coeficiente más elevado tanto en 2002 ( β = 0,45) como en 2018 ( β = 0,40). L a v ariable referente a tener amista des como mod elos salu dables también fue significativa en ambos a ños. En el paso 4, se incorporó la variable del contexto escolar, gusto por el instituto. Esta variable arrojó resultados significativos en los dos años. Al introducir la variable del vecindario e n el paso 5 (convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario) , el resultado fue significat ivo en 2002, pero no en 2018. Teniendo en cuenta toda s l a s variable s incluidas en el paso 5, tanto en 2002 como en 2018, haber tenido relaciones se xuales y tene r ami stades que se emborrachan predijeron u n mayor número de episod ios de embriaguez, mi entras que la actividad física, el conocimiento materno y el gusto por el i nstituto predijeron un menor número de estos episodios. Además de los anterior, en 2002, la participación en episo dios de bullying , la presencia de malestare s psicosomáticos y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario se relacionaron con una mayor fre cuencia de esta conducta y tener amistades como modelos saludables con una menor frec uencia. 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 245 Tabla 37 . Coeficien tes de regresión estanda rizados de los análisis d e regre sión múltiple entre los epi sodios d e embriag uez en la vid a y las variables predicto ras en 2002 y en 2 018. Variables predictoras 2002 2018 β ΔR² β ΔR² Paso 1 0,10 7 0,13 4 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 0,03 Actividad física -0,06 *** -0,09 *** Relaciones sexu ales 0,28 ** * 0,34 ** * Participación en bullyin g 0,12 ** * 0,05 ** Malestares psicoso máticos 0,07 ** * 0,07 ** * Paso 2 0,05 3 0,04 0 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,02 0,04 * Actividad física -0,04 ** -0,08 *** Relaciones sexu ales 0,25 ** * 0,33 ** * Participación en bullyin g 0,08 ** * 0,04 Malestares psicoso máticos 0,05 ** 0,06 ** Conocimien to materno -0,20 *** -0,19 *** Conocimien to paterno -0,06 ** -0,02 Paso 3 0,18 9 0,14 5 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 0,02 Actividad física -0,02 -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,18 ** * 0,23 ** * Participación en bullyin g 0,06 ** * 0,01 Malestares psicoso máticos 0,03 * 0,03 Conocimien to materno -0,13 *** -0,15 *** Conocimien to paterno -0,03 0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,05 *** -0,04 * Amistades qu e se embor rachan 0,45 ** * 0,40 ** * Paso 4 0,00 3 0,01 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 0,02 Actividad física -0,02 -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,18 ** * 0,23 ** * Participación en bullyin g 0,05 ** * 0,01 Malestares psicoso máticos 0,03 * 0,03 Conocimien to materno -0,12 *** -0,14 *** Conocimien to paterno -0,03 0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,04 ** -0,03 Amistades qu e se embor rachan 0,45 ** * 0,40 ** * Gusto po r el instituto -0,06 *** -0,04 * Paso 5 0,00 1 0,00 0 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 0,02 Actividad física -0,03 * -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,18 ** * 0,23 ** * Participación en bullyin g 0,05 ** * 0,01 Malestares psicoso máticos 0,03 * 0,03 Conocimien to materno -0,12 *** -0,14 *** Conocimien to paterno -0,03 0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,05 ** -0,03 Amistades qu e se embor rachan 0,45 ** * 0,40 ** * Gusto po r el instituto -0,06 *** -0,04 * Conviven cia, seguridad y oferta de ocio 0,04 ** 0,01 TOTAL R 2 0,35 4 0,32 0 * p < 0, 0 5; ** p < 0, 0 1; *** p < 0, 001 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 246 3.2.3 Con sumo actual de tabaco En este aparta do se pres entan los resultados del consumo de tabaco en la actualidad. Todas las correlaciones fueron signi ficativas ex cepto la capacidad adquisit iva familiar (en ninguno de los dos años estudiados) y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario (no correlacionó en 2002, aunque sí en 2018 ) (Tabla 38). Los resultados mostraron una asociación positiva entre el consumo actual de tabaco y haber tenid o relaciones sexu ales, haber participado en episodios de bullying , mostrar malestar es psicosomáticos y tener a mistades que fum an tabaco, se emborrachan o consum en drogas. Por el contrario, el consumo actual de tabaco se relacionó negativamente con la ac tividad física, con el cono cimiento materno y paterno, con tener amistades como modelos saludables, con el gusto por el instituto y con la convivencia, segu ridad y oferta de ocio del vecindario (est a última solo en 2018). Todos los coeficientes mostraron aso ciaciones bajas (menores a 0,30), salvo la s variables referentes a tener amistades que fuman tabaco ( r = 0,47 en 2002 y r = 0,50 en 2018) o consumen drogas ( r = 0,37 en 2002 y r = 0,32 en 2018), que mostraron cor relac iones moderadas. En las com paraciones entre las correlaciones de 2002 y 2018 que result aron significativas, todos los valore s fu eron más b ajos en 2018 en comparación con 2002, incrementándose únicamente en e l caso de tener amistades que fuman tabaco. Tabla 38 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para el consumo a ctual d e tabaco . VARIABLES PR EDICTOR AS AÑO DEL ES TUDIO 2002 2018 Capacidad a dquisitiva fa miliar -0,02 -0,01 Actividad f ísica -0,09 *** -0,07 *** Relaciones sexua les 0,28 ** * 0,27 ** * Participació n en bullying 0,09 ** * 0,09 ** * Malestares ps icosomá ticos 0,16 ** * 0,10 ** * Conocim iento materno -0,25 *** -0,23 *** Conocim iento paterno -0,22 *** -0,20 *** Amistades co mo modelo s saludables -0,14 *** -0,10 *** Amistades que fum an taba co 0,47 ** * 0,50 ** * Amistades que se em borracha n 0,29 ** * 0,24 ** * Amistades que co nsumen dro gas 0,37 ** * 0,32 ** * Gusto por el instituto -0,19 *** -0,13 *** Convivencia , seguridad y o ferta de ocio -0,01 -0,03 ** * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001 Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticamente sig nificativas en tre los v alores d e 2002 y 2018 (ver anexo II) . 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 247 Seguidamente, se describen los resultados de los análisis de regresión para el consumo actual de tabaco en 2002 y en 2018 ( Tabla 39). Los datos muestran que el modelo explicó un 30% de la varianza asociada al consumo de tabac o en 2002 y un 28% en 2018. En el p aso 1 se analizaron las variables individuales, obteniendo los mayores coeficientes la variable referente a las relacione s sexuales ( β = 0,27 en 2002 y β = 0,24 en 2018). En el paso 2 (variables d el contexto familiar), el conocimiento materno fue significativo en los dos años, pero el paterno solo en 2002. En ambos años, el m ayor incremento en R 2 ( ΔR² = 0,147 y ΔR² = 0,165) s e produjo en el paso 3 (variables del grupo de iguales ). En concreto, fue la variabl e de tener amistades que fuman la que most ró el coeficiente de regresión más elevado ( β = 0,39 y β = 0,44). En el paso 4 se incluyó la variable relacionada con el contexto escolar, es d ecir, el gusto por el instituto, resultando significativa en ambos años. Sin embargo, la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario , v ariable incluida en el paso 5, solo fue signif ic ativa en 2002. Considerando todas las variables incluidas en el paso 5 , las que s e asociaron a un mayor consumo de tab aco en 2002 fueron: haber tenido rel aciones sex uales, presencia d e malestares psicosomáticos, tener amistades que fuman y la convivencia, se guridad y ofe rta de ocio del vecindario, mi entras que a un menor consumo: actividad física , conocimiento materno y paterno, amist ades como modelos saludables y gusto hacia el inst ituto. En 2018, las variables que predije ron un mayor consumo de tabaco fueron: haber tenido relaciones sexuales y ten er amistades que fuman, mientr as que p ara un menor consumo fueron : actividad física , conocimiento materno y gusto hacia el instituto. 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 248 Tabla 39 . Coeficientes d e regresión estan darizados d e los a nálisis d e regresión múltiple entre el con sumo actual d e tabaco y las variables predictoras en 2002 y en 2018. Variables predictoras 2002 2018 β ΔR² β ΔR² Paso 1 0,11 1 0,07 0 Capacidad adqu isitiva familiar -0,01 -0,02 Actividad física -0,10 *** -0,08 *** Relaciones sexu ales 0,27 ** * 0,24 ** * Participación en bullyin g 0,06 ** * 0,05 * Malestares psicosom áticos 0,13 ** * 0,05 ** Paso 2 0,03 8 0,03 8 Capacidad adqu isitiva familiar 0,00 4 -0,01 Actividad física -0,08 *** -0,07 *** Relaciones sexu ales 0,24 ** * 0,23 ** * Participación en bullyin g 0,02 0,03 Malestares psicosom áticos 0,11 ** * 0,04 * Conocimien to materno -0,16 *** -0,19 *** Conocimien to paterno -0,06 ** -0,01 Paso 3 0,14 7 0,16 5 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,004 -0,03 Actividad física -0,05 ** -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,17 ** * 0,12 ** * Participación en bullyin g 0,02 -0,001 Malestares psicoso máticos 0,09 ** * 0,02 Conocimien to materno -0,10 *** -0,09 *** Conocimien to paterno -0,03 -0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,06 *** -0,02 Amistades qu e fuman 0,39 ** * 0,44 ** * Paso 4 0, 007 0,00 4 Capacidad adqu isitiva familiar 0,00 1 -0,03 Actividad física -0,05 *** -0,05 ** Relaciones sexu ales 0,16 ** * 0,12 ** * Participación en bullyin g 0,01 -0,002 Malestares psicosom áticos 0,09 ** * 0,01 Conocimien to materno -0,09 *** -0,07 ** Conocimien to paterno -0,03 -0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,05 *** -0,01 Amistades qu e fuman 0,39 ** * 0,43 ** * Gusto po r el instituto -0,09 *** -0,06 *** Paso 5 0,00 1 0,00 0 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,00 1 -0,03 Actividad física -0,05 *** -0,06 ** Relaciones sexu ales 0,16 ** * 0,12 ** * Participación en bullyin g 0,01 -0,001 Malestares psicosom áticos 0,09 ** * 0,01 Conocimien to materno -0,09 *** -0,08 ** Conocimien to paterno -0,04 * -0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,05 *** -0,02 Amistades qu e fuman tabaco 0,38 ** * 0,43 ** * Gusto po r el instituto -0,09 *** -0,06 *** Conviven cia, seguridad y oferta de ocio 0,03 * 0,02 TOTAL R 2 0,30 4 0,27 6 * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0, 001 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 249 3.2.4 Con sumo de cannabis en la vida En el caso del consumo de cannabis en la vida, todas las corre laciones fueron significativas en los dos años analizados (Tabla 40). Las correlaciones positivas se encontraron para las var iables capacidad adquisitiva de la familia, haber tenido relaciones sexuales, haber participado en episodios de bullying , mostrar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman tabaco, se emborrachan o consumen drog as. En c ambio, las corre laciones negativas se produjeron con l a ac tividad física, el conoci miento materno y paterno, tener amistades como modelos saludables, el gusto por el instituto y la convivencia, seguridad y oferta de oci o del vecindar io. En referencia al grado de corre lación, las asociaciones moderadas (entre 0,3 0 y 0,50 ) se observa ro n con la v ariable relaciones sexu ales ( r = 0,31 en 2002 y r = 0,35 en 2018), conocimiento materno en 2002 ( r = 0,31) y las variables referentes a t ener amistades que fuman tabaco ( r = 0,42 en 2002 y r = 0,47 en 2018), se emborrachan ( r = 0,38 en 2002 y r = 0,31 en 2018) o consum en drogas ( r = 0,47 en 2018), mostrando esta últ ima una correlación alta en 2002 ( r = 0,57 ). Se detectó un incremen to entre 2002 y 2018 en los valores de la asociación del consumo de canna bis con h aber tenido relaciones sexuales y tener amistades que fuman tabaco. El resto de las comparaciones signi ficativas (participación en bullying , conocimiento materno y paterno, tene r amistades que se embor rachan o consumen drogas, así como el gusto por el instituto) mostraron un descenso en la fue rza de la asociación. Tabla 40 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para el consumo de cannab is en la vida. VARIABLES PR EDICTOR AS AÑO DEL ES TUDIO 2002 2018 Capacidad a dquisitiva fa miliar 0, 05*** 0, 03** Actividad f ísica - 0, 05** - 0, 03** Relaciones sexua les 0, 31*** 0, 35*** Participació n en bullying 0, 14*** 0, 11*** Malestares ps icosomá ticos 0, 07*** 0, 09*** Conocim iento materno - 0, 31*** - 0, 28*** Conocim iento paterno - 0, 26*** - 0, 23*** Amistades co mo modelo s saludables - 0, 09*** - 0, 07*** Amistades que fum an taba co 0, 42*** 0, 47*** Amistades que se em borracha n 0, 38*** 0, 31*** Amistades que co nsumen dro gas 0, 57*** 0, 47*** Gusto por el instituto - 0, 21*** - 0, 14*** Convivencia , seguridad y o ferta de ocio - 0, 04** - 0, 04*** * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001 Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo II) . 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 256 En la Tabla 45 se presentan los resultados de los análisis de regresión pa ra la edad de inicio en el consumo d e alcohol. A dife rencia de las variables dependientes analizadas anteriormente, en este caso el modelo explicó u n porcentaje de la varianza asociada a est a variable muy inferior. Así, los datos indican que, en ambos años, el mode lo solo explicó un 6% de la varianza. En el paso 1 se incluyeron las variables individuales . En este c aso, solo fueron signific ativas las variables referentes a las relac iones sexuales y a la participación en episodios de bullying . Esta última mostró un coeficiente algo mayor en 20 02 ( β = -0,13), lo que provocó que, en este año, el mayor in cremento en R 2 tuviera lugar en el pas o 1 ( ΔR² = 0,023). De las variables del contexto familiar añadidas en el paso 2, el co nocimiento paterno solo fue significativo en 2018, mi entras que el mater no resultó significativo en ambos años , mostrando los coeficientes de regresión con valor es más altos ( β = 0,14 en 2002 y β = 0,24 en 2018). Es en este paso cu ando se identificó el mayor incremento en R 2 en 2018 ( ΔR² = 0,040). En el paso 3 se introdujeron las variables referentes al grupo de iguale s. Mientras que tener amistades que se emborr acha n fue signi ficativa en los dos años, aunque con un coeficiente menor que el conocimiento materno, tene r amistades como modelos salu dables no lo fue. En el paso 4 se incluyó la variable d el contexto escolar, gusto por el instituto. Esta variable resultó significativa solo en 2002. La v ariable convivencia, segu ridad y oferta de o cio del vecindario, a ñadida en el paso 5 no fue significativa ni en 2002 ni en 2018. Al considerar todas las variables de manera conjunta (paso 5), se apre cia que, en 2002, las variables que predijeron un ini cio más temprano en el consumo de alcohol fueron: haber participado e n epis odio de bullying y tener amistades que se emborrachan, mientras que un ini cio más tardío, el conocimiento materno y el gusto por el inst ituto. En 2018, el inicio precoz se r elacionó con la conducta de haber tenido relaciones sexuales, con el conocimiento paterno y con tener a mistades que se embo rrachan, mi entras que el tardío con el conocimiento materno. 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 257 Tabla 45 . Coeficientes d e regresión esta ndarizado s de los an álisis de regre sión múltip le entre la edad de inicio en el consumo d e alcohol y las variables p redictoras en 2002 y en 2018. Variables predictoras 2002 2018 β ΔR² β ΔR² Paso 1 0,02 3 0,00 9 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,02 -0,02 Actividad física 0,01 0,04 Relaciones sexu ales -0,06 ** -0,06 ** Participación en bullyin g -0,13 *** -0,05 * Malestares psicoso máticos -0,03 0,02 Paso 2 0,01 9 0,04 0 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,03 -0,02 Actividad física -0,001 0,04 Relaciones sexu ales -0,04 ** -0,06 ** Participación en bullyin g -0,11 *** -0,03 Malestares psicoso máticos -0,02 0,02 Conocimien to materno 0,14 ** * 0,24 ** * Conocimien to paterno -0,003 -0,08 ** Paso 3 0,00 4 0,00 6 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,02 -0,01 Actividad física 0,00 0 0,04 Relaciones sexu ales -0,04 * -0,05 * Participación en bullyin g -0,10 *** -0,03 Malestares psicoso máticos -0,02 0,02 Conocimien to materno 0,14 ** * 0,23 ** * Conocimien to paterno -0,01 -0,08 ** Amistades com o modelo s saludables -0,01 -0,04 Amistades qu e se embor rachan -0,06 *** -0,08 ** Paso 4 0,01 5 0,00 1 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,03 -0,01 Actividad física 0,00 2 0,04 Relaciones sexu ales -0,03 -0,05 * Participación en bullyin g -0,09 *** -0,03 Malestares psicoso máticos -0,01 0,02 Conocimien to materno 0,12 ** * 0,23 ** * Conocimien to paterno -0,01 -0,08 ** Amistades com o modelo s saludables -0,03 -0,04 Amistades qu e se embor rachan -0,06 *** -0,07 ** Gusto po r el instituto 0,13 ** * 0,04 Paso 5 0,00 1 0,00 0 Capacidad adquisitiva f amiliar -0,03 -0,01 Actividad física 0,01 0,04 Relaciones sexu ales -0,03 -0,05 * Participación en bullyin g -0,09 *** -0,03 Malestares psicoso máticos -0,01 0,02 Conocimien to materno 0,12 ** * 0,23 ** * Conocimien to paterno -0,01 -0,08 ** Amistades com o modelo s saludables -0,03 -0,04 Amistades qu e se embor rachan -0,06 *** -0,07 ** Gusto po r el instituto 0,13 ** * 0,04 Conviven cia, seguridad y oferta de ocio -0,03 -0,003 TOTAL R 2 0,06 2 0,05 6 * p < 0, 0 5; ** p < 0, 0 1; *** p < 0, 001 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 258 3.2.7 Edad de inicio en lo s episodio s de embriaguez En relación con la ed ad de inicio en los episodios de embriaguez, lo s resultados reflejan un a correlación significativa en todos los casos excepto con las variables c apac idad adquisitiva familiar, actividad física (en 2002), amistades como modelos saludables (en 2002) y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario (ver Tabla 46). El inicio precoz se relacionó con actividad física (en 2018), h aber tenido relaciones sexuales, haber participado en episodios de bullying , most rar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman tabaco, se emborracha n o consumen drogas. El ini cio más tardío en los episodios de embriaguez se asoció con el conocimiento materno y paterno, con las amistades como modelos saludables (en 2018) y con el gusto por el instituto. Todos los coe ficientes in dicaron asociaciones ba jas (menores a 0,30) en a mbos años. Lo s análisis de las comparac iones mostraron un a umento significativo e ntre 2002 y 2018 para las variables tener amista des que fuman tabaco y se emborra chan, mientras que reflejaron una disminución para participación en episodios de bullying , conocimiento materno, amistades que consumen drogas y gusto por el inst ituto . La variable actividad física correlacionó negativamente e n 2018, mientras que no mostró resultados significativos en 2002. Tabla 46 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para la ed ad de inicio en los episodios de em briaguez . VARIABLES PR EDICTOR AS AÑO DEL ES TUDIO 2002 2018 Capacidad a dquisitiva fa miliar - 0, 001 - 0,02 Actividad f ísica 0,02 - 0, 04** Relaciones sexua les - 0, 09*** - 0, 07*** Participació n en bullying - 0, 15*** - 0, 10*** Malestares ps icosomá ticos - 0, 07*** - 0, 07*** Conocim iento materno 0, 19*** 0, 16*** Conocim iento paterno 0, 14*** 0, 13*** Amistades co mo modelo s saludables 0,02 0, 04** Amistades que fum an taba co - 0, 13*** - 0, 18*** Amistades que se em borracha n - 0, 10*** - 0, 17*** Amistades que co nsumen dro gas - 0, 21*** - 0, 17*** Gusto por el instituto 0, 17*** 0, 10*** Convivencia , seguridad y o ferta de ocio 0,004 0,02 * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001 Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo II) . 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 259 Los resultados de los análisis de regresión para la edad de inicio en los episodios de embriaguez se muestran en la Tabl a 47. El modelo explicó un 8% de la v arianza asociada a esta conducta en 2002 y un 6% en 2018. En esta vari able, los mayores incrementos en R 2 (aunque con v alores b ajos) se dieron en los pasos 1 y 2, tanto en 2002 ( ΔR² = 0,028 y Δ R² = 0,034), como en 2018 ( ΔR² = 0,023 y ΔR² = 0,025). De las variables individuales incluidas en el paso 1, la participación en episodios de bull ying obtuvo el mayor coeficiente de regresión en 2002 ( β = -0,12) y haber tenido relac iones sexuales en 2018 ( β = -0,12). Sin embargo, al añadir las dos variables del contexto familiar, el conocimiento materno fue la vari able que presentó el coeficiente de regresión más alto en ambos años ( β = 0,2 1 y β = 0,16). El conocimiento paterno, sin embargo, no resultó significativo ni en 2002 ni en 2018. En el paso 3 se incluyeron las dos variables del grupo de ig uales. Los datos mostraron que únicamente tener amistades que se e mborrachan fue signi ficativa, pe ro no así tener amistades com o modelos saludables. El g usto por el inst ituto, variable del contexto escolar añadida en el paso 4, resultó significativa so lo en 2002, mient ras que la convivencia, seguridad y of erta d e ocio del vecindar io, incorporada en el paso 5, obtuvo r esultados significativos tanto en 2002 como en 2018, pero con la partic ularidad de que los valores mostraron signos opue stos ( β = -0,05 en 2002 y β = 0,07 en 2018). Recopilando los resultados obtenidos en el paso 5 se obtuvo que, las variables asociadas a un inicio más precoz en los episodios de embriaguez en 2002 fueron: haber tenido re laciones sexua les, haber participado en episodio s d e bullying , presentar malestares psicosomáticos, tene r a mist ades que se emborra chan y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario, y a un inicio más tardío, el conocimiento materno y el gust o por el instituto. En 2018, haber tenido relaciones sexuales, haber participado en episodios de bullying y tener amista des que se emborrachan predijeron una m ayor precocidad en est a conducta, mientras que el conocimiento materno y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindar io predijeron una menor precocidad. 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 260 Tabla 47 . Coeficientes d e regresión esta ndarizado s de los an álisis de regre sión múltip le entre la edad de inicio en los episod ios de emb riaguez y las va riables predictora s en 2 002 y en 2 018. Variables predictoras 2002 2018 β ΔR² β ΔR² Paso 1 0,02 8 0,02 3 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,02 -0,03 Actividad física 0,02 0,01 Relaciones sexu ales -0,08 *** -0,12 *** Participación en bullyin g -0,12 *** -0,09 ** Malestares psicoso máticos -0,06 ** 0,02 Paso 2 0,03 4 0,02 5 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 -0,04 Actividad física 0,01 0,01 Relaciones sexu ales -0,07 *** -0,12 *** Participación en bullyin g -0,10 *** -0,07 * Malestares psicoso máticos -0,05 ** 0,03 Conocimien to materno 0,21 ** * 0,16 ** * Conocimien to paterno -0,04 0,00 0 Paso 3 0,00 4 0,01 1 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 -0,03 Actividad física 0,00 3 0,01 Relaciones sexu ales -0,07 ** -0,11 *** Participación en bullyin g -0,09 *** -0,06 * Malestares psicoso máticos -0,05 ** 0,04 Conocimien to materno 0,21 ** * 0,15 ** * Conocimien to paterno -0,05 -0,01 Amistades com o modelo s saludables 0,01 -0,01 Amistades qu e se embor rachan -0,06 ** -0,11 *** Paso 4 0,01 3 0,00 2 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,00 3 -0,03 Actividad física 0,01 0,01 Relaciones sexu ales -0,07 ** -0,11 *** Participación en bullyin g -0,09 *** -0,06 * Malestares psicoso máticos -0,05 * 0,04 Conocimien to materno 0,19 ** * 0,14 ** * Conocimien to paterno -0,05 -0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,002 -0,02 Amistades qu e se embo rrachan -0,06 ** -0,10 *** Gusto po r el instituto 0,12 ** * 0,05 Paso 5 0,00 2 0,00 4 Capacidad adquisitiva f amiliar 0,01 -0,04 Actividad física 0,01 0,01 Relaciones sexu ales -0,06 ** -0,11 *** Participación en bullyin g -0,09 *** -0,06 * Malestares psicoso máticos -0,05 * 0,04 Conocimien to materno 0,19 ** * 0,14 ** * Conocimien to paterno -0,04 -0,01 Amistades com o modelo s saludables -0,002 -0,02 Amistades qu e se embor rachan -0,06 ** -0,10 *** Gusto po r el instituto 0,12 ** * 0,04 Conviven cia, seguridad y oferta de ocio -0,05 * 0,07 * TOTAL R 2 0,08 0 0,06 4 * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001 3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018 261 3.2.8 Edad de inicio en el consu mo de tabaco A continuación s e presentan los datos de las correlaciones entre l a edad de inicio en el consumo de tabaco y l as distintas variables independientes (ver Tabla 48 ). Todas las corre laciones fueron sig nificativas, excepto la capacidad adquisitiva fami liar (en 2002) y la actividad física (los dos años estudiados). El inic io más precoz en el consumo de tabaco se relacionó con haber tenido relaciones s exuales, haber participad o en episodios de bullying , mostrar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman tabaco, se emborrachan o consumen drogas. Por el contrario, un inicio más tar dío en e l consumo de tabaco se asoció con el conocimiento materno y paterno, con las a mistades como modelos saludables, con el gusto por el inst ituto, la convivencia, seguridad y oferta d e ocio del vecin dario, así como con la capacidad a dquisitiva familiar, pero en este último caso, solo en 2018. Todos los coeficientes mostraron asociaciones bajas (menores a 0,30) en ambos años. Al igual que en las dos a nteriores variables sobre la edad de inicio en estos comportamientos, la compara ción de los valores de las correlaciones entre 2002 y 2018 reve laron menos discrepancias que para la s va riables de consumo . Así, la fuerza de la asociación creció en el caso d e las a mistades como modelos saludables y tener iguales que f uman taba co o se emborrachan, mientras q ue en la única en la que se redujo fue en el gust o por el instituto. La corre lación con capacidad adquisit iva familiar r esultó significativa en 2018, pero no en 2002. Tabla 48 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para la ed ad de inicio en el consumo de tabaco . VARIABLES PR EDICTOR AS AÑO DEL ES TUDIO 2002 2018 Capacidad a dquisitiva fa miliar 0,01 0,05 ** * Actividad f ísica -0,01 0,00 4 Relaciones sexua les -0,07 *** -0,06 *** Participació n en bullying -0,10 *** -0,09 *** Malestares psico somát icos -0,06 ** -0,05 *** Conocim iento materno 0,14 ** * 0,15 ** * Conocim iento paterno 0,14 ** * 0,13 ** * Amistades co mo modelo s saludables 0,05 ** 0,09 ** * Amistades que fum an taba co -0,09 *** -0,12 *** Amistades que se em borracha n -0,04 ** -0,07 *** Amistades que co nsumen dro gas -0,14 *** -0,12 *** Gusto por el instituto 0,15 ** * 0,09 ** * Convivencia , seguridad y o ferta de ocio 0,04 * 0,03 * * p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001 Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo II) . [Document text truncated for crawler view.]