Full text
UNIVERSI DAD DE SEVI LLA
DEPARTAMEN TO DE PSIC OLOGÍA EVO LUTIVA Y DE LA
EDUCACIÓN
Análisis del consum o de dr ogas en l a
adolescencia: Evoluci ón en las dos primer as
décadas del si glo XXI, factores asoci ados y
característic as de los chic os y chicas segú n su
consumo
TESIS DOCTOR AL
Eva Rocío Leal Ló pez
Sevilla, 2023
Análisis del consumo de dr ogas en la adoles cencia :
Evolución e n las dos primera s décadas del s iglo XXI,
factores as ociados y caracte rísticas de lo s chi cos y
chicas según s u consumo
Memoria presenta da para la ob tención del
Grado de Doctora con Mención Internacional
Doctoranda:
Eva Rocío Leal Ló pez
Directoras:
Dra. María del Carmen Moreno Rod ríguez
Dra. María Inmaculada Sánch ez Queija
Departa mento de Psicología Evolutiva y de la Educación
Fac ultad de Psicología
Universidad de Sevilla
2023
AGRADECIMIE NTOS
Parece que nunca iba a llegar este momento, pero aquí estoy. A los 43 años escri biendo estas
líneas. Y es que aunque con 25 dejé el ámbito académ ico porque necesita ba exper imentar el campo de
la interven ción (y da do el mercado laboral, también experimenté otros sectores), la chispa de la
investigación nunca se a pagó en mí. Tanto es así que , en 2016, tomé una decis ión : « quiero hacer la
Tesis». Por ello, en pri mer lugar, y de manera brev e y humilde, quiero dar me las gracias mí mis ma
por, a p esar de que sabía que sería un camino largo y duro, habe r decidido embarcarme en esta
apasionante aventura; por no m orir en el i nten to; por no t ener prisa por terminarla, sino disfrutarla;
por, cuando ya tocaba cerrarla, no parar de pensar en la de cosas que se quedaba n fuera de ella o que
se podrían pr ofundizar o matizar; y por q uerer seguir aprend iendo y crec iendo siempre.
Aunque, sin ninguna duda, ni esta Tesis Doctor al ni yo estaríamos hoy aquí si no fuera por
mis contextos. Y a ellos va n mis más sinc eros agradec imientos. En pr imer luga r, quiero da r las gracias
a mi equipo HBSC . A tod as/ os y cada una /o de mis compañeras/os que hace 6 años me ac ogisteis
como si fuera una más del equipo y qu e , día a día, con vues tro tremendo esfuerzo y cariño, hacéis
posible que todo siga adelante. Gracia s Mari Carm en, Inma, P ilar, Fran, Mai, Iren e, Conchi, Car men,
Ana, Esther, Sa ra, Vanesa, Sheila y Mich ele. No quiero ol vidarme de t odas la s personas que han
trabajado en las distintas ediciones del estudio, sin quienes esta Tesis no sería lo que es.
Particularm ente, quiero dar l as gr acias a E sther, por respond er sie mpre a todas mis dudas y con un a
sonrisa. A Conchi , por t u disposi ción a ayu darme y acons ejarme siempre en t odo lo qu e nece sitaba ;
por decirme que esta Tesis no era el final, sino el pr incip io; y por t u buen cor azón, tu enorme
capacidad de t rabajo y tu magnífico sen tido del humo r. A Pilar, por tu gran ayuda con la Te sina (sin la
cual, hoy no estaría aquí), por tu apoyo para poner en marcha e l proceso cuando te con té qu e quería
comenzar la Te sis y por tu confianza en mí siempre . Una es p ecial mención se merece , por supuesto,
Fran. Nada de lo que aquí escriba podrá reflejar lo que haces por el HBSC y por todo proyecto en el
que trabajas; no solo t ien es una mente prodigiosa y er es un t raba jador incansable, sino además,
resuelves cualquier problema que surja (véase, por ejemp lo, Monique jaja). Como parte del equipo y
como directo ras de esta Te sis, se merecen mi m ayor agradecimient o tanto Inma como Mari Carmen.
¿Qué decir de ellas? Inma, gracias por acogerme tan bien desde el inicio y por hacer que este camino
haya sido má s ll evade ro; p or tu confianza, po r tu apo yo y por ayudarme siempr e y en todo: en l as
ideas, en l os análisis, en la redacción, en lo personal, en lo profes ional, …. Gracias por estar siempre.
Mari Carmen, lo primero, gr acias por abr irme las puertas del estudio y del equip o , por hacerme sentir
como un a más des de el primer día y por tu con fianza en mí. Gracias por tus consejo s y sugerencias
que sin duda han enriqueci do enormeme nte esta Tesis (y mi vida) . Pero, por encima de todo, gra cias
por tu calidad hu mana, por ser un faro maravi lloso, que no so lo alumbra mu cho, sino en la mejor
dirección posib le, en aquella b asada en el esfuerzo, en la justicia, en la bondad y en el cariño.
También quiero dar mi más sincero agradeci miento a t odos los chicos y chicas adolescentes y al
personal docente que, edi ción tras edición, hacen posible que el estudio HBSC si ga adela nte,
intentando cont ribuir a la com pren sión de sus capaci dades y sus nece sidades. Term ino este b loque
dando las gracias a t odo el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educa ción por su interés y
apoyo, a todos los m iembros de la red internac ional del Estudio HBSC por ayudarme en mi
aprendizaje y crecimiento en estos años, a B art de C lercq y B enedicte De forch e por perm itirme la
estancia en la Univers idad de Gante, así co mo a Ca rlos Ca macho y a Albert Espelt por su ayuda
puntual en m omentos c laves de esta Tes is.
En segundo lugar, quiero dar l as gracias a otro de l os contextos fundamenta les de mi vida : mi
gente . Amiga s y amigos de muchos años qu e aunque los momentos vitales hacen que nos veamos con
más o menos frecuen cia, siempre es tamos ahí; que hemos disfrutado junta s de esa extraordin aria etapa
que es la adolesc encia, experimentando muchas de las cosas que apar ecen en esta Tesis; y que ahora,
desde la mad urez, seguim os compart iendo y d isfrutando de los mo mentos b uenos de l a vida y
apoyándonos en los no tan buenos. Gracias Lidia, Áng el, Juan, Noé, Carmen, Aracel i, Ana, Antoñin ,
María del Mar, Noelia, Patri, Lola y Azahara, por vuestra comprensión de mis ausencias, po r vuestro
apoyo y ánimo en este la rgo proc eso y por esos buen os mo mentos de d esconexió n.
Y por último, y más importante, un especial agradecimiento a mi familia . A todos en general
por vuestro apoyo y comprensión, sin entender muy bien dónde me metía ni por qué. A mi s padre s
por trabajar incansabl emente fuera y dentro del hogar para lograr que sus cuatro hijos pudie ran
estudiar (aprovecho para reivindicar e l papel de las be cas que también ayu dan a que pers onas com o
yo pueda estar donde estoy hoy). A mi padre, entre otras m uchas cosas, del que he aprendido el gusto
por e l trabajo bien h echo, con organización, con esmero y atenció n al detalle. Qu é pena más grande
no haber podido compa rtir contigo todo esto. A mi madre, entr e otras muchas cosas, por tu sacrific io
y es fuerzo por cuidarnos y ayudarnos siempre en todo lo que necesitamos y hasta en l o que creemos
que no necesitamos. A mi hermana y m is dos herman os, a mi cuñado y mis dos cuña das por vuestro
cariño y apoyo incondicio nal en t odo. Y a m is peq ues, la may oría ya en la adolescen cia, que me
hicieron sentir un amo r hasta entonces descono cido para mí . Grac ias por hacerme volver
continuamente a mi infa ncia, l lenand o nuestros mom entos de juegos y aventura s; por la mara villosa
relación que hemos construido; por llenarme día a día de t anto amor y por hace rme sentir l a tata m ás
orgullosa de l mundo.
A mi padre .
i
ÍNDICE DE CONTE NIDOS
PRESENTAC IÓN ................................................................................................................................... 1
1 JUSTIFICAC IÓN TEÓRIC A: EL CONSUMO D E DRO GAS EN LA ADOLE SCENC IA ...... 5
1.1 APRO XIMACIÓN HISTÓRI CA AL FE NÓMENO DE LAS DROGA S _______________ 6
1.1.1 Las drogas en la Prehistoria y la Edad Antigua ________________________________ _ 6
1.1.2 Las drogas en la Edad Media y la E dad Moderna ______________________________ 15
1.1.3 Las drogas en los siglos XIX y XX ___________________________________________ 18
1.1.4 Las drogas en el siglo XXI _________________________________________________ 28
1.2 EPIDEM IOLOGÍA D EL CONS UMO DE DROG AS EN L A ADOLESCENC IA:
PREVALENCI AS Y TENDE NCIAS ______________________________________ 46
1.2.1 Consumo d e alcohol _____________________________________________________ 46
1.2.2 Ep isodios de embriaguez _________________________________________________ 53
1.2.3 Cons umo de tabaco _____________________________________________________ 55
1.2.4 Cons umo de cannab is ___________________________________________________ 60
1.2.5 Cons umo de drogas ilegales distinta s al cannabis _____________________________ 64
1.2.6 Ed ad de inicio en el con sumo de alcoh ol y tab aco y en los episo dios de embriaguez _ 68
1.3 LA ADOLE SCENCI A COMO ETAPA EVO LUTIVA CL AVE EN EL CO NSUMO D E
DROGAS ________________________________________________________ 77
1.3.1 Del reduccionis mo y sto rm and stress a modelos integrados y Po sitive Youth
Development __________________________________________________________ 77
1.3.2 La a dolescencia como una etapa evolutiv a de cambios, retos, riesgos y oportu nidades
_____________________________________________________________________ 87
1.4 ETIOLOG ÍA DEL CO N SUMO DE DROGAS E N LA ADOLE S CEN CIA _____________ 92
1.4.1 Revisión de las p rincipales teorías etio lógicas del cons umo de drogas en la adolescenci a
_____________________________________________________________________ 92
1.4.2 Factores asociados con el consumo d e drogas _______________________________ 100
1.4.2.1 Factores individu ales .............................................................................................. 102
1.4.2.2 Factores del contexto fa miliar ................................................................ ................ 115
1.4.2.3 Factores del grupo d e iguales ................................ ................................................. 119
1.4.2.4 Factores del contexto escola r ................................................................................. 124
1.4.2.5 Factores del contexto d el vecindar io ...................................................................... 127
1.5 EFEC TOS DEL CO NSUMO D E DROGAS E N LA ADOLE SCENC IA _____________ 132
ii
1.5.1 Efectos del consumo d e alcohol __________________________________________ 132
1.5.2 Efectos del consumo d e tabaco ___________________________________________ 141
1.5.3 Efectos del consumo d e cannabis ________________________________ _________ 146
1.5.4 Efectos del consumo d e drogas ilegales d istintas a l cannabis ___________________ 152
1.6 OBJET IVOS DE LA INVESTI GACIÓN __________________________________ 158
2 METODOLOG ÍA DE LA IN VESTIGACIÓN ........................................................................ 161
2.1 DISEÑO DEL E STUDIO _____________________________________________ 162
2.2 PAR TICIPANTES ________________________________ _________________ 163
2.3 PROCE DIMIENTO ________________________________________________ 16 7
2.4 MEDID AS ______________________________________________________ 16 9
2.5 ANÁLI SIS DE DA TOS ______________________________________________ 1 84
2.6 ESTÁ NDARES É TICOS _____________________________________________ 192
2.7 FINAN CIACIÓN __________________________________________________ 192
2.8 RESUM EN DE LOS ASPECT OS METODOLÓ GICOS _______________________ 193
3 RESULTADO S DE LA INV ESTIGACIÓN ............................................................................ 195
3.1 EVOLUC IÓN DEL CON SUMO DE D ROGAS E N ADOLES CENTES EN ESPAÑA ENTRE
2002 Y 20 18 ____________________________________________________ 196
3.1.1 Cons umo al menos s emanal de alcohol ____________________________________ 198
3.1.2 Cons umo al menos s emanal de cerveza ____________________________________ 201
3.1.3 Cons umo al menos s emanal de vino _______________________________________ 204
3.1.4 Cons umo al menos s emanal de licores destila dos ____________________________ 207
3.1.5 Ep isodios de embriaguez en la vid a ________________________________________ 210
3.1.6 Ep isodios de embriaguez en l os ú ltimos 30 días ______________________________ 213
3.1.7 Cons umo diario d e tabaco _______________________________________________ 216
3.1.8 Cons umo frecuente de can nabis __________________________________________ 219
3.1.9 Cons umo de drogas ilegales distinta s al cannabis ____________________________ 222
3.1.10 Inicio t emprano en el consu mo de alcoh ol __________________________________ 225
3.1.11 Inicio t emprano en los epis odios d e embriaguez _____________________________ 228
3.1.12 Inicio t emprano en el consu mo de tab aco __________________________________ 231
3.1.13 Resumen d e los resultad os del objetiv o 1 ___________________________________ 234
3.2 FACTO RES ASO CIADOS CO N EL CONSUM O DE DRO GAS EN ADOLESCE NTES EN
2002 Y EN 2018 _________________________________________________ 237
3.2.1 Cons umo actual d e alcohol ______________________________________________ 240
iii
3.2.2 Ep isodios de embriaguez en la vid a ________________________________________ 243
3.2.3 Cons umo actual d e tabaco ______________________________________________ 246
3.2.4 Cons umo de cannab is en la v ida __________________________________________ 249
3.2.5 Cons umo de drogas ilegales distinta s al cannabis en la vida ____________________ 252
3.2.6 Ed ad de inicio en el con sumo de alcoh ol ___________________________________ 255
3.2.7 Ed ad de inicio en lo s episod ios de embriaguez _______________________________ 258
3.2.8 Ed ad de inicio en el con sumo de tab aco ____________________________________ 261
3.2.9 Resumen d e los resultad os del objetiv o 2 ___________________________________ 264
3.3 COMPAR ACIÓ N DE INDICADORE S DE SALUD PSICOSO CIAL EN GRUPOS DE
ADOLESCEN TES CON DI STINTO S PATRONES DE CONS UMO DE DROG AS ____ 272
3.3.1 Ind icadores indiv iduales ________________________________________________ 274
3.3.2 Ind icadores del contexto familiar _________________________________________ 280
3.3.3 Ind icadores del grup o de iguales __________________________________________ 283
3.3.4 Ind icadores del contexto escolar __________________________________________ 287
3.3.5 Ind icadores del contexto del v ecindario ____________________________________ 290
3.3.6 Resumen d e los resultad os del objetiv o 3 ___________________________________ 296
4 DISCUSIÓN D E LA INVES TIGACIÓN ................................................................................ 301
4.1 DISCU SIÓN DE LO S RESULT ADOS ___________________________________ 30 2
4.1.1 Ev olución del con sumo de drogas en a dolescentes en E spaña entre 2002 y 201 8 ___ 302
Resumen del aparta do 4.1.1 .................................................................................................. 340
4.1.2 Factores asociados con el consumo d e drogas en a dolescentes en 2002 y en 2018 _ 347
Resumen del aparta do 4.1.2 .................................................................................................. 361
4.1.3 Comparación de indicado res de salud psicosocial en grup os de adolescentes con
distinto s patrones de con sumo de drogas __________________________________ 363
Resumen del aparta do 4.1.3 .................................................................................................. 372
4.2 CON CLUSIONE S E IMPLICA CIONES P ARA LA INV ESTIGACIÓ N Y LA INTERVEN CIÓN
______________________________________________________________ 374
4.3 LIMITA CIONES Y FORTALEZAS ______________________________________ 38 7
5 SUMMARY OF TH E DOCTORAL TH ESIS .......................................................................... 391
5.1 THEOR ETICAL JU STIFICAT ION ______________________________________ 393
5.1.1 His torical approach to the d r ug phenomenon _______________________________ 394
5.1.2 Ep idemiology adolescent of s ubstan ce use ________________________________ _ 398
5.1.3 Adoles cence as a key s tage in sub stance use ________________________________ 400
5.1.4 Aetiology o f adolescent su bstance us e _____________________________________ 401
5.1.5 Effects of a dolescent sub stance use _______________________________________ 407
x
ÍNDICE DE FI GURAS
Figura 1 . Evolución del consumo al menos semanal d e alcohol en cada grupo específico por sex o y edad. ..... 199
Figura 2 . Evolución del consumo al menos semanal d e cerveza en cad a grupo específico por sexo y edad. .... 202
Figura 3 . Evolución del consumo al menos semanal de vino en cada grupo espec ífico por sexo y edad . .......... 205
Figura 4 . Evolución del consumo al menos semanal d e licores en ca da grupo específico por sexo y edad. ...... 208
Figura 5. Evolu ción de los episodios de embriag uez en la vida ( 4 o más) en cada gru po espec ífico p or sexo y
edad. ................................................................................................................................................................... 211
Figura 6. Evolu ción de los episodios de embria guez en los último s 30 días (al menos uno) en cada grupo
específico p or sexo y edad. ................................................................................................................................ . 214
Figura 7 . Evolución del consumo diario de tabaco en cada grup o específico por sex o y ed ad. ......................... 217
Figura 8. Evolución del consumo frecuente d e cannabis (20 o más veces/días en los últimos 30 días) en cada
grupo esp ecífico por sexo y edad. ....................................................................................................................... 220
Figura 9. Evolución del consumo de drog as ilegales distintas a l ca nnabis en la vida (3 o más v eces/días) en
cada g rupo especí fico por sexo y edad. .............................................................................................................. 223
Figura 10. Evolución d el inicio temprano en el consumo de alcoho l (13 años o antes) en cada grupo específico
por sex o y edad. .................................................................................................................................................. 226
Figura 11. Evolución del inicio temprano en los episodios de embriaguez ( 13 añ os o an tes) en cada gr upo
específico p or sexo y edad . ................................................................................................................................ . 229
Figura 1 2. Evolución del inicio temprano en el consumo de t abaco (13 años o antes) en cada grup o esp ecífico
por sex o y edad. .................................................................................................................................................. 232
Presentación
1
PRESENTACIÓ N
Este documento contiene la Tesis Do ctoral titulada Análisis del consumo de drogas
en la a d olescencia: Evolución e n las dos primeras décadas del siglo XXI, fac tores
asociados y caracter ísticas de los chicos y c hicas según su consumo . El consumo de
drogas en la adolescenci a es un tema que ha suscitado un el evado int erés tanto en el campo
de la investiga ción como a nivel soc ial en las últ imas décadas. Las altas prevalencias
detectadas en algunas sustancias psicoactivas, junto con las posibles consecuenc ias negativas
de su consumo en la salud y el desarrollo ad olescente y, por qué no decirlo, ciertas noticias en
los medios de comunicación que no siempre se corresponden con la realidad del fenómeno en
esta etapa evolutiva, hac en pertinente qu e se inve stigue este tema en p rofundidad en nuestro
país. Por ello, s e hace muy necesa rio monitorizar las tendencias pa ra conocer cómo
evolucionan estos comportamientos y cuáles so n los niveles reales de consumo , así como
detectar f actores relacionados con estos comportamientos que faciliten, por un lado, una
mayor compre nsión de su complejidad y, por otro lado, un mejor diseño de iniciativas
ajustadas a la realidad d e los datos y de las c aracterísticas de los chicos y las chicas de estas
edades. La Tesis Doc tora l que aquí se pr esenta busca contribuir a estos fines.
Para obtener esta información, una buena herramienta es el estudio Health Behaviour
in School-aged C hildren (estudio HBSC ) en el qu e se enmarca est e trabajo. El estudio HBSC
es una investiga ción internacional e interdisciplinar colaboradora de l a Organización Mundial
de la Salud cuyo fin es conocer los hábitos de vida relacionados con la sal ud de la población
adolescente escolarizada. Este estudio se lleva a c abo cada cuatro años desde 1982 . España se
adhirió en 1986, estando bajo la dir ección d el D r. Ramón Mendoza hasta el año 2000. Desde
dicho año hasta la actualidad, la directora es la D ra. Carmen Moreno. Desde 2000 ha contado
con el apoyo y la financ iación del Ministerio de Sanidad (con sus corresp ondientes nombres
en cada legislatura). Los contenidos incluidos en el estudio son: (a) estilos de vidas, como los
hábitos de alimentación, las horas de sueño, la frecuencia de actividad física o, el tema de
esta Tesis Doctoral, el consum o de drogas; ( b) contextos de desa rrollo, como la familia, e l
grupo de iguales, l a esc uela o el vecindario; y ( c) salud y bien estar, como la percepción de
salud, los malestares psicosomáticos o la sati sfacción vit a l. Est a amplia variedad de
indicadores permite analizar las conductas de co nsumo de drogas en un marco más extenso
que fac ilite su conocimiento y comprensión.
Presentación
2
La memoria d e esta Tesi s Doctoral se divide en siete capítulos que s eguidamente se
detallarán. El primer capítulo se corresponde con la justificación teórica de la investigación .
En este capítulo, se pretende contextualizar el consumo de drogas en la adolescencia desde
una perspectiva amplia e interdisciplinar. Así, en primer lugar, se hace un recorrido histórico
por el fe nómeno de l as drogas, comenzando des de las primeras sociedades hasta llegar a l a
actualidad, donde s e podrá descubrir la constante presencia de est e tipo de sustancias en todo
el desarrollo de la huma nidad. Partiendo de la reflexión sobre lo qu e estaría ocurriendo con
los niveles de consumo de drogas en el siglo XXI , en segundo lug ar se ofrece una exhaustiva
revisión epidemiológica del consumo de drogas en la adoles cenc ia des de una pe rspectiva
nacional e internacional y en comparación con la población adulta. En terc er lugar, se pone el
foco en la adolescencia y en algunas cuestiones del por qué esta es una etapa evolutiva clave
en el inicio del consumo de drogas. Posteriormente, se presentan los modelos etiológi cos y un
conjunto de factores individuales y contextuales relacionados con el consumo. A
continuación, se ha ce una re visión de los potenciales efectos del consumo de droga s en la
adolescencia. Para terminar este capítulo de justifica ción teór ica, se d escriben los objetivos
planteados en e sta investigación.
El segundo capítulo presenta la metodología . En él se detallan todos los aspectos
metodológicos esenciales de este trabajo, desde el diseño del estudio, las cara cterísticas de las
muestras empleadas, el p rocedimiento llevado a cabo, las medidas incluidas en los análisis y
las técnicas de análisis de datos seleccionadas, hasta aspe ctos más formales referidos a los
estándares éticos o a la fi nanciación. Por último, p ara facilitar una mejor comprensión de toda
la información proporcionada, a l final del capítulo se incluye una tabla-re sumen de los
aspectos metodológicos.
En el tercer c apítulo se muestran los resultad os de esta Tesis Do ctoral. S iguiendo los
objetivos descritos en el primer c apítulo, los resultados se divi dirán en tres apartados. En
primer lugar, se presenta la evolución del consumo de drogas en adolescentes en España entre
2002 y 2018. En el segundo apartado se exponen las relaciones d e distinto s factores
individuales y contextuales con el consumo al inicio y al final de la se rie temporal, es dec ir,
en 2002 y en 2018. Para terminar, se describ en los resultados de la compara ción de una serie
de indicadores de salud psicosocial en cuatro grupo de adolescentes con distintos patrones de
consumo. Al final de cada apartado se incluye un resumen c on los resultados más destacados.
Presentación
3
El cuarto capítulo contiene la discus ión . En él se discuten los hallazgos más
relevantes que se h an obtenido en relación con la bibliografía existente sobre la temática.
Para ello, se e mplea la misma organización de contenidos que en el capítulo de resulta dos,
consistente en tres apartados. Además, se reflexiona sobre las principales conclusiones de
esta Tesis Doctoral y l as implicaciones que p ara la investigación y pa ra la intervención
pueden extraerse d e ella. Para terminar, se exponen las limitaciones y fortalezas de este
trabajo.
Con el objetivo de obtene r el Grado de Doctora c on Mención Internac iona l, el quinto
capítulo contiene un resu men en inglés de la Tesis Doctoral, con info rmación procedente de
la justificación teó rica, la metodología, los r esultados y las conclusiones e implicaciones par a
la investigación y la intervención. Los capítulos seis y siete se corresponden con las
refere ncias y los anexos respectivamente.
1 Justificación teórica
5
1 JUSTIFICACIÓN TEÓRICA :
EL CONSUMO DE DROGAS
EN LA ADOLES CENCIA
Este primer capítulo incluye la revisión bibliográfica de los
principales contenidos relacionados con el te ma de esta Tesis
Doctoral. En primer lug ar, se pr esenta una a proximación histórica al
fenómeno d e las drogas y su relación con el ser humano . A
continuación, y con e l fin de conocer cuáles son los niveles de
consumo en el siglo XXI y cómo han evolucionado en los últimos
años, se muestran los da tos epidemiológicos de l consumo de drogas
en la adolescencia tanto a nivel mundi al, como específicamente en
España, y tomando de refere ncia los datos de la población adulta . El
tercer apa rtado aborda la importancia de la etapa de la adolescencia
en el consumo de drogas . Posteriormente, se presentan los modelos y
teorías etiológicas d el c onsumo de drogas en la adolescencia más
relevantes, así como los factores con los que ha most rado asociación.
El quinto epígrafe recoge los potenciales efectos que el consumo
puede ocasionar en el desarrollo presente y futuro de los chicos y
chicas adolescentes. Por último, s e exponen los o bjetivos planteados
en esta Te sis Doctoral.
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
6
1.1 APROXIMACIÓN HISTÓRICA AL FENÓMENO
DE LAS DROGAS
Una de las p rimeras preguntas que podría su rgir al pensar en las drogas podría
ser, ¿ es e l consumo de drogas un fenómeno reciente? La respuesta es bien clara, no.
Como se detallará a lo largo de este prime r apartado de la justificación teórica , las
evidencias históricas, provenientes tanto de restos arqueológicos, como de obras
literarias y artísticas, indi can que las drog as han acompañado al ser hum ano desde hace
miles de años. C omo es de supon er, el análisis de esta cuestión im plica una ingente
ca ntidad de información, por lo que se proc ederá a de stacar solo a quellos hechos más
relevantes, ya que una re visión más exh austiva de la bibliografía excedería a los
objetivos de este trabajo. El recorr ido de la relación del ser humano con las drogas a lo
largo de la historia se o rganizará en cuatro periodos. En primer lugar, se presentarán los
hallazgos arqueobotánicos y hechos históricos m ás relevantes qu e tuvieron lugar en la
Prehistoria y la Edad A ntigua; en segundo lugar, se mostrarán los proveniente s d e la
Edad Media y la Edad Moderna; a continua ción, la perspectiva se centrará en los siglos
XIX y XX; y, por último, se abordará la situación de las drogas en el siglo XXI.
1.1.1 Las drogas en la Prehisto ria y la Edad Antigu a
La supervivencia de las sociedades preindustriales se basaba en la explotación de
los recursos naturales, lo que favoreció un gran conocimiento de las cara cterísticas de la
flora y la fauna de su hábitat. Entre las planta s, se e ncontrarían una serie de ellas con
propiedades psicoactivas, cuyo consumo directo o tras un procesado sencillo
(infusiones, fumitorios, emplastos, etc.), modifi carían la conciencia de quiene s las
consumían. Por exp erimentación propia o por la observ ación de sus efectos en los
animales, estas sociedades primitivas comenzarían a otorgarles propiedades a dichas
plantas (Guerra-Doce, 2006). Así lo constatan, por ejemplo, el filósofo Antonio
Escohotado, autor de Hi storia general de las drogas , una de las obras referentes en la
materia, quien apunta a que el uso de l as s ustanci as psicoactivas podría remontarse a los
paleohomínidos, durante los cientos de mi les de año s previos a la revoluci ón agrícola y
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
7
urbana del Neolítico (Escohotado, 2008), o como afirman Sullivan y Hagen e n su
trabajo Psychotropic su bstance-seeking: evolutionar y pathology or adaptation? , los
aborígenes qu e vivían e n Australia, al menos 4 0000 años antes de la llegada d e los
colonos, podrían esta r empleando plantas con contenido en nicotina desde hace miles d e
años (Sullivan & Hagen, 2002).
Ciertamente, a lo l argo de la historia h an aparecido numerosas muestras de
plantas psicoactivas en entornos relacionados con el ser humano. La investigadora Elisa
Guerra Doce de la Universidad de V alladolid ha recop ilado numerosos estudios con
pruebas arqueológicas y li teraria s de la pr esencia de este tipo de plantas en distintas
etapas y sociedades prehist óricas. Entre ellos, uno de los descubrimientos más antiguos
probablemente sea el de efedra ( Ephedra altissima ), un potente e stimulante natural, en
un enterramiento Neandertal del 60000 a. C. e n Irán. Desde entonces, se han ido
descubriendo restos de múl tiples especies vegetales con propiedades psicoactivas en
yacimientos prehistórico s de dife rentes cronologías. Como comenta la autora, la mera
presenc ia de restos arqueobotánicos de plantas psicoactivas o su aparición como
motivos decorativos en objetos no necesariamente impli ca su utilización como drogas.
Esta pre sencia podría d eberse a ca usas no intencionadas (malas hierbas, transportadas
por animales o cont aminaciones modernas) o a otros usos, como , por ejemplo, su valor
alimenticio o por ser fuente de fibra textil (Guerra-Doce, 2006).
Sin embargo, la investigación lleva da a cabo en las últim as décadas sí pare ce
encontrar muestras ineq uívocas del conocimiento de las propiedades psicoactivas de
ciertas pl antas por parte de las sociedades a lo largo de la historia. D e este modo, tal y
como plante a Guerra-Doce (2015) en su t rabajo d e revisión de las pruebas
arqueológica s d el consumo de sustancias psicoa ctivas en la prehistoria, so n muc has las
evidencias detectadas de que los primeros pueblos nativos integraron estas sustancias en
sus vidas. Algunos de estos hallazgos son: dientes humanos con m anchas de color
marrón rojizo que s erían consec uencia del mas cado de hojas de betel datadas del tercer
milenio a. C. en la Cu eva de Duyong, al sur de Filipinas (aunque a lgunos datos
arqueobotánic os sugie ren que en el sudeste asi ático este hábito podría remontarse al
13000 a. C.); polen y macrofósiles de Echinopsis pachanoi del noveno milenio a. C., así
como restos del propio c actus del séptimo mile nio a. C. hallados en la cueva de l
Guitarrero de P erú y aso ciados a contextos de curación; restos de Sophora secundiflora
del noveno milenio a. C y de peyote del cuarto mileno a. C. en cuevas de Méxi co
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
8
asociados a ceremonias de búsqueda de visi ón; pruebas del mascado de ho jas de coca en
dientes y pelos de restos humanos de diferentes culturas prehispánicas (aunque este
hábito podría haber estado presente ya en el noveno mi lenio a. C.); además de otras
sustancias alucinóge nas como algunas plantas sola náceas, e l yopo o las setas.
En referencia a las drogas in cluidas en esta T esis Doctoral, como son el alcohol,
el tabaco, el cann abis, así como otras d rogas, son numerosos los h allazgos y hechos
sucedidos en este periodo histórico. A continuación, se describirán con más detalle
algunos de los más relevantes. En lo que respec ta a las bebidas alcohólicas , sin duda,
han tenido un papel desta cado en la historia de la humanidad.
1
A lo largo de los años se
han ido descubriendo pr uebas arqueológicas de la producción y el consu mo de bebidas
alcohólicas procedentes de la fermentación de diferentes especies (vinos de frutas,
cerveza s de cereales o h idromiel, entre ot ras) en numerosas loc alizaciones del mundo.
Como afirma McGovern (2009), casi cada cultura fue produci endo su propia bebida
alcohólica e int egrándola rápidamente en un b uen número d e ritos. E n un trabajo
reciente se ha identificado la que -hasta la f echa- sería la evidencia m ás antigua de
producción de bebidas alcohóli cas. Liu et al. (2018) han descubierto pruebas de la
elaboración de cerveza en la cueva de Raqefet de Israe l de hace 1300 0 años. Como
indica e ste equipo, lo s natufienses recolec ta ban plantas disponibl e s localmente,
almacenaban semillas malteadas y elaboraban cerveza como parte d e sus rituales
mortuorios para venerar a los muertos y/o mejorar la cohesión de grupo entre los vivos.
Para su el aboración empl eaban morteros de piedra , lo que implicaría tr es etapas básicas:
malteado, maceración y fermentación. El ti empo y el esfuerzo invertidos en la
fabricación de morteros de piedr a profundos en contextos mortuor ios y en la
adquisición de los conocimientos aparentemente necesarios para la elaboración de la
cerveza, indican una importante func ión ritual de las bebidas alcohólicas en esta cultura.
Hasta entonces, las pru ebas más antiguas relacionadas con el alcohol fueron las
encontradas por M cGovern et al. (2004) , qui enes hallaron r estos de sustan cias orgánicas
1
E s más, la investigación en el campo de la astrofísica ha detectado nubes m asivas de alco hol etílico y de
otros alcoho les en las r egiones de form ación de estrellas en el centro de la Vía Láctea ( para más
inform ación, véase Bello che et al., 2009). Para Patrick McGovern, p rofesor de Antropología y Director
científico del Proyec to d e Ar queología Biomo lecular para la Cocina, las Bebidas Ferm entadas y la Salud
en el Museo de la Univ ersidad de Pensilvania e n Filadelfia, este d escubrimien to te ndría implicaciones
signi fi cativas para el comien zo de la vid a en la Tierra. Según este autor, la disponibilidad de u na especie
de "b ebida alcohó lica carbonatada" podr ía explicar por qué una am plia variedad de animales, desde las
moscas de la fruta hasta los elef antes, co mparten con los h umanos u na gran parte de la fisiolog ía y la
genética en cargada de p ercibir y m etabolizar el alco hol (alreded or del 1 0% de las enzim as de nuestros
hígado s sirven para m etabolizar el alcohol en en ergía) (McGover n, 2009).
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
9
de una b ebida fermentada mi xta de arroz, miel y fruta (fruta de espino y/o uva) en jarras
de cerámicas de la aldea neolítica temprana de Jiahu, en China, en torno al séptimo
milenio a. C. Para este equipo, este hecho proporciona ba pruebas directas de la
existencia de bebidas fermentadas en la antigua cultura china con un importante rol
so cial, re li gioso y mé dico. Asimismo, encon traron pruebas arqueobotánicas de
vinicultura en Oriente P róximo en torno al 600 0-5800 a. C. en dos yacimientos de
Georgia, al sur del Cáuca so. El vino tendría diferentes funciones para esta civilización:
medicinal, facilitador social, sust ancia que altera la mente y mercancía altamente
valorada, lleg ándose a convertir en e l c entro de los cultos religiosos, las farmacopeas,
las cocinas, las e conomías y la sociedad en el an tiguo Oriente Próximo ( McGovern et
al., 2017). La producción de cerveza y vino d e diferentes tipos (incluso con la mezcla de
hierbas para logr ar efectos medicinales) también fue muy común en Egipt o, llevándose
a cabo esta práctica desde el cuarto milenio a. C. (McGovern et al., 2009).
Indudablemente, es de dest aca r la importancia del vino en la Grecia antigua, a la
que llegaría de las culturas mi noicas y mi cénica s, mediante el comercio fenicio reinante
en aquella época en el Mar Egeo. La elaboración del vino, en la que incorporaron
conocimientos y técnicas provenientes de Egipto, comenzaría en Grecia hacia el tercer
milenio a. C . a unque su mayor esplendor tendrí a lugar en los siglos VI II a VI a. C.,
coincidiendo con la denominada Magna Grecia. Asimismo, el vino también tuvo un rol
importante en Roma. Sus inicios se sit úan hacia el siglo V III a. C., constituyéndose la
parte más sólida d e su tradición vitícola, el aboradora y comerc ial en la Roma
hegemónica. En el año 92 d. C ., el emperador Domiciano publica ría el edicto De
excidendis vineis , que supondría l a primera medida reguladora del mercado del vino en
Europa (como medid a proteccionista de los vinos itálicos ), aunque pronto s ería olvidada
y la expansión del vino seguiría su curso ( Puig, 2015). Al otro lado del Atlántico, por
ejemplo, en Mesoamérica, se encontraron p ruebas químicas de la producción de pulque,
bebida a lcohólica procedente de la savia ferme ntada de varias especies de plantas de
maguey ( Aga vaceae ) en vasijas de cerámica Teotihuac án d el año 200-550 d.C. (Correa-
Ascencio, 2014) .
En nuestro país tambié n se han r ecopilado ev idencias de la produc ción y
consumo de alcohol en sociedades pr ehistóricas. Así, se hallaron restos orgánicos
indicativos de la existencia de cerveza (rastros de cerveza de cebada en una va sija y
pruebas de malteado e n dos piedras de moli enda) en la cueva de Can Sadurní,
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
16
Etiopía, fechadas en los inicios del sigl o X I V. I g ualmente, en nuestro paí s s e halla ron
restos de hojas y cogoll os de c áñamo en una cazoleta en contrada en Bar celona d atada
entre los siglos XI y XIII (Juan-Tresserras, 2000).
Respecto al tabaco , aparecen mencion es a esta sustancia en diferentes t extos
literarios de la época co mo pueden ser, por ejemplo, el tratado médico de Ibn al-Baitar
(1197-1248) o un poema persa de Shirazi fechado en 1535. Una de las primeras
menciones del tabaco co mo planta medicinal se encuentra en una col ección de recetas
titulada Majmua-e-Ziai , escrita por el médico de la corte de Muhannad -bin-Tughlaq del
sultanato de Delhi del año 737 ( año 1329). Además, la tempr ana prohibición de fuma r
tabaco en la religión sij s ería un indicativo de que el consumo ya era considerable en esa
época (Chaouachi, 201 2). En los siglos X VI y X VII el tabaco s e extendería
ampliamente por el mun do entero. En esta época, su consumo podría ser de tres formas:
as pirado, fumado y masticado, siendo las dos primer as las más comunes. El tabaco en
polvo pronto fue objeto de diferentes manufacturas según los ingredientes que se le
añadían: almizcle, ámbar, bergamota, azahar. También aumentaba el éxito del tabaco de
fumar, primero en pipa, luego mediante los puros y, finalmente, los cigarrillos. Antes de
ser conscientes d e la g ran recaudación que pod ría obtenerse con el tabaco, los gobiernos
establecieron prohibiciones sobre su consumo, co mo en Inglaterra (1604), Japón (1 607-
1609), Imperio Otomano (1611), Imperio Mongol (1617), Rusia (1634), China (1642),
aunque con un escaso éxito. P oco tiempo después, aparecería la primera ley de
reca udación de impue stos sobre el tabaco en Francia en 1674 (Braudel, 1994). En el
siglo XVIII se construiría en Sevilla la prime ra f ábrica de tabacos e stablecida en
Europa, ll egando a ser e l edific io de a rquitectura indus trial más importante de España
durante ese sigl o. En la actualidad, este edificio es la sede d el R ectorado de la
Universidad de Sevilla e n la que se defiende esta Tesis Doctoral (Junta de Andalucía,
2021).
En cua nto al alcohol , en el primer milenio d. C. acontecier on dos fenómenos
religiosos relevantes en relación con esta sustan cia. Por un lado, l a protección de la
cultura del vino por parte de la iglesia, estableciendo viñas alrededor d e los monasterios,
y por otro, la prohibición coránica de consumo de alcohol en los t erritorios conquistados
por e l I slam. Con el avance de l cristianismo, la produ cción y el consumo de vino fue
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
17
extendiéndose.
3
Al final de la Edad Media, los conventos atesora ban gra n parte de la
ciencia vitícola y del arte enológico, siendo los monj es quienes mejor el abora ban esta
bebida. Posteriormente, burgueses y com erc iante s se fue ron h aciendo pro gresivamente
con esa produ cción agrí cola. En el siglo XV III la produc ción d el vino se modernizó,
naciendo los primeros vinos de alta calidad. Es en este sigl o también cuando c omienza
la producción en otros territorios como América o Australia (Puig, 2015). Por su parte,
la cerveza e ra más p redominante en el centro y norte de Europa, fa bricándose e n los
dominios señoriales de Europa C entral, mientras que el vino lo e ra en el sur. En lo que
respec ta a las ideologías asociadas a est as bebidas en estos siglos, se podría vincular al
catolicismo con el vino y al protestantismo con l a cerveza ( Holt, 2006). El aguardiente
también tiene su origen en esta época. Esta bebida se obtenía po r u n proceso de
destilación mediante un alambique. Conocida también como aqua vitae , se le
supondrían numerosos ef ectos medicinales, entre ellos, para la peste, la gota y la afonía.
Aparecen los aguardientes de sidra, de pera, de ciruela, de cereza, de orujo y los de
grano ( Kornbrand , whisky , vodka, ginebra). También se originan las ratafías,
aguardiente mezclado c on diversos ingredientes (Braudel, 1994 ). Los licores habían
entrado definitivamente en las costumbres de la época, como demuestra uno de los
manuales burgueses de r eferenc ia, La Maison ré glée , escrito e n 1692 y que describía
“…la verd adera man era de hacer toda c lase de agua y de licores a la mo da de I t alia”
(Brunet, 1692, p.165). Con el desarrollo de las técnicas de navegación propias de la
época, las rut as comerciales marítimas se incrementarían y, con ello, el co mercio de las
distintas bebidas alcohólicas (Puig, 2015).
Como se comentó en el apartado anterior, la presencia de este ti po de sustancias
en las distintas manifestaciones artísticas ha sid o algo muy habitual a l o largo de la
historia. En estos siglos, un ejemplo clar o lo conforma la pintura. Son incontables las
obras que iconográficamente representan escenas relacionadas con estas sustancias,
como, por ejemplo, en El triunfo de Baco de Diego Velázquez (1626) o en Hombre
fumando una pipa de Gerrit Dou (1650). En es te sentido, a lo largo de las últim as
3
Como indica Puig en su lib ro La cultura del vino : “No era excep cional que confo rm e avanzab a el
espacio ocupado p or los cristianos, los terrenos para establecer mo nasterios se escogiesen en función de
su aptitud p ara p lantar viñ as. En aquellos momento s, la v id es un cultiv o d e fron tera p olítica e ideológica,
y la dif erencia d e cu ltura y r eligión la m arca muy a m enudo un a h ilera de cepas. Sin embargo, también en
territorio s conquistados p or los ár abes -que c ohab itaban co n judíos y cr istianos -, la vid y el v ino
continu aron existiendo, co mo dem uestra la rica p oesía arábigo -andaluza d e la época y el h echo de que
Maimónid es (siglo XII) reco mendara caluro samente un mo s cate l d e Córdo ba” (2015, p.37).
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
18
décadas no son pocas las publicaciones que s e han centrado en analizar es pecífica mente
este tema, como los trabajos de Gaskell (1997) Tobacco, Social Deviance, and Dutch
Art in the Seve nteenth C entury o el de Montes-Balado y su equipo, Study of the
Engineering Evolution of the Wine Industry through the Class ical Painting (Montes-
Balado et al., 2020).
En la Europa Medieval y de principios de la Edad M oderna, la aplic ación
medicinal de las drogas, es de cir, los ensayos c on diversas sustancias como posibles
remedios a l as diferente s dole ncias y enfermedades, tuvo un papel fundamental en l a
atención sanitaria de la época . De este modo, se plantearon cuestiones sobre las
propiedades d e las sustancias y sus ef ectos . Las investigaciones sobre dichas
propiedades se ampliaron e intensificaron c on los viajes a la Nueva España y las Indias
Orientales, recurriendo con frecuencia a lo s pueblos autóctonos para obtener
información sobre las d rogas y su uso en la pr áctica . El médico español Franc isco
Hernández, por ejemplo, realizó un viaje botánic o po r Sudam érica entre 1567 y 1573,
en el que r ecopiló un enorme c atálogo d e plantas medicinales. Ade más de utilizar
métodos antiguos pa ra analizar nue vas sustancias, los médicos comenza ron a realizar
análisis (al)químicos cada vez más sofisticados de las ya conocidas (Leong & R ankin ,
2017).
1.1.3 Las drogas en los siglo s XIX y XX
El uso medicinal de muchas de estas sustancias continuaría en los siglos
posteriores h asta el sigl o XX, fecha en la que la mayor ía de los pa íses comenzaron a
establecer prohibiciones . De hecho, existía una amplia vari edad y li bertad en la
publicidad de medicinas, incluso dirigidas a niños y niñas, que contenían e ste tipo de
sustancias. Probablemente el ejemplo más claro sea el de Estados Unidos, donde la
Gran Época de los Medicamentos de P atente (1 865-1907) fue la edad de oro d e los
remedios secretos, es de cir, medicamentos con sustancias desc onocidas que se vendían
sin necesidad de rece ta médica. Uno de los productos más famosos fue el jarabe
relajante de la señora Wi nslow, un popular medicamento destinado a c almar a los niños
inquietos dura nte el proceso d e de ntición, cuyos ingredientes incluían altos niveles de
alcohol y sulfato de morfina (Christen & Christen, 2000 ). La regulación fede ral de los
medicamentos surgió ya en 1848, aunque esta ley sólo se r efería a los medicamentos
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
19
importados. S ería en 19 06, cuando el Presidente Roosevelt promulga ría la Ley Pure
Food and Drug A ct de alimentos y medicamentos no a dulterados. Los medicamentos,
definidos de acuerdo con las normas de potencia, calidad y pure za de la Farmacopea de
los Estados Unidos y del Formulario Nacional, no podían venderse en otras
condiciones, a menos que las variaciones e specífi cas de las normas aplic ables estuvieran
claramente indicadas en la etiqueta. En 1938 aparecería la nu eva ley de alimentos,
medicamentos y cosméticos ( Food, Drug, and Cosmetic Act ), con sucesi vas enmiendas
a lo largo del sigl o XX (Food and Drug Admi nistraton, 2018). En este país, es de
destacar también la prohibición de consumo d e alcohol que se inició e n 1920 tras la
aprobac ión de la decimoctava enmienda de la Constitución y que se alarga ría h asta
1933, comúnmente conocida como «La Ley Seca» (Musto, 1996).
Poniendo el foco en E spaña, antes de 1918, la mayoría de las sustancias
consideradas actualment e drogas ilegales (opio, morfina, heroína, co caína, hachís, entre
otras) e ran com erc ializadas como fármac os, pudiéndose adquirir sin receta no solo en
las farmacias, sino también e n otros tipos de comerc ios (e j. droguerías, tienda s de
especias y ult ramarinos, entre otros). En esta épo ca, la legisl ación en mat eria de s alud
pública no considera ba la restricción del consumo, solo controlar posibles fraude s y
negligencias, así como delimi tar las competenc ias entre los distintos c olectivos de
profesionales a utorizados para su importación, producción, elaboración y venta . La
aparición de diversas campañas de prensa en contra de su uso no terapéutico y la
facilidad con la qu e se podían adquirir, junto con la firma del Convenio Internacional
del Opio de 1912, influirían de manera decisiva para que el 1 de marzo de 1918 se
estableciera la pr imera legisl ación en mater ia de drogas en España. Esta ley surgiría ante
el incremento de l consumo de cocaína y opio y sus deriva dos, así como de otra s
sustancias, y pretendía fr enar su avance no sólo en boticas y droguerías, si no en lugares
de ocio. L a exigencia de re ceta médica obli gatoria para el acce so a estas drog as
provocaría el surgimiento de un mercado n egro y de actividades delictivas , como la
falsificac ión de recetas (Usó, 2014).
Nuestro país se unía así a la cruzada contra el consumo de drogas que ya desde
1909, cuando tuvo lugar la Comi sión I nternacional del Opio de S hanghai, se h abía
desatado a niv el internacional con el objetivo d e lograr la sup resión gr adual del uso
indebido de ciertas sustancias. Esta sería la primera conferencia internacion al para
debatir los problemas de las drogas en el mundo. Aunque la reunión iba a
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
20
circunscribirse en principio a la situación en Asia, finalmente se argumentó que el tema
sólo podría abordarse si asistían todas las principales naciones productoras, fa bricant es
y consumidoras. Fue tal la relevancia de esta i niciativa que los país es pusieron en
marcha reformas incluso a ntes de dich a c omisión con e l fin de poder mostra r sus
progresos en la reunión. La medida más destacad a fue el a cuerdo bilateral que obligaba
a Reino Unido a eliminar gradualmente sus ventas de opio a China y a China a eliminar
su propio cultivo de adormider a entre los años 1908-1917. En esta convenc ión se
mostraría por primera vez una visión global det allada de l a situación mundial de las
drogas, ofreciendo infor mación sobre la producción total de opio (estimada en 41.600
toneladas métricas en 1906/07) y los pa íses prod uctores (China producía el 85%, I ndia
el 12% y Persia, el actu al Irán, el 1,5%). Adem ás, se identific ó los principales flujos
comerciales de opio, tanto de países e xportadores (e l mayor exportador de opio era la
India, seguida de Hong Kong y Singapur, que eran principalmente re -exportadores más
que productores), como de países importadores (el mayor importador mundi al era China
-a pesar de su alta producción- y el mayor i mportador europe o era Reino Unido).
Conjuntamente a ese análisis, se formularon una serie de recomendaciones no
vinculantes, como la de no importar drogas a un país donde su consumo fuese ilega l
(United Nations Office on Drugs and Crime, 2009c).
Aunque la Comi sión no tenía el mandato de establecer acuerdos v inculantes,
esta primera comisión se ntaría las bases para que, en 1912, se firmara el p rimer tratado
internacional de control de drogas, el C onvenio Internacional del Opio en la Haya sobre
restricción e n el empleo y tráfico de opio, morfina y coc aína, así como de las drogas
preparadas o derivadas de estas sustancias. Aunque no estuvo presente en dicha
convención, Esp aña fir ma el Protocolo de la Potencias no r epresentadas en la
Conferencia del Opio el 23 de octubre de 1912, la Ratificación de la Convención y
adhesiones e l 25 de enero de 1919 y el Protocolo relativo a la e ntrada en vigor del
Convenio el 11 de febrero de 1921 (United Nations, s.f.). La Convención Internacional
del Opio obtuvo una adhesión ca si universal de spués de 1919, con la incorporación d e
todos los países que firmaron los Tr atados de Paz de V ersalles, St. Germain - en -Laye,
etc. A mediados d e la dé cada de 1920, cerca de 6 0 países y a habí an firmado y r atificado
— de iure — el tratado de La Haya (United N ations Office on Drugs and C rime, 2009a ).
En 1925, tendría lugar la segunda Conven ción Internac ional d el Opio, en la que se
incluiría también el cannabis (United Nations Office on Drugs and Crime, 2008 ). A lo
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
21
largo del sigl o XX y principios del XX I surgieron sucesivas normativas a nivel
internacional sobre l a t emática de las d rogas ( para más info rmación, véase Plan
Nacional sobre Drogas, 2022c). Con e l fin de no extender demasiado la longitud del
texto, el foco se pondrá a continuación especialmente en España .
En los años posteriores s e daría un endurecimiento progresivo de la legisl ación
en nuestro país, promulgándose en 1928 las Bases para la Restricción del Estado en la
distribución y venta de estupefacientes (penalizando con dureza la posesión, el uso y el
tráfico ilegal) y la reforma del Código Penal (pr estando especial atención a las «droga s
tóxicas o estupefacientes» y diferenciándolas de otras sustancias nocivas). Estos
cambios legislativos no solo no provocaron una reducción en el consumo, sino que su
uso con fines no terapéuticos se extendió entre todos los estratos sociales. Con la II
República se intensificó la p olítica c ontra l as drogas, surgiendo en 1932 l a prohibición
incondicional de la heroína y en 1933 la Ley d e Vagos y Maleantes (Usó, 2019). Esta
ley promulgaba la declaración de personas peligrosas y que debían someterse a medidas
de seguridad a «ebrios y toxicómanos habituales», así como a «los qu e para su consumo
inmediato suminist ren vino o bebidas espirit uosas a menor es de catorce años en lugares
y establecimientos públicos o en instituciones de educación e instrucción y los que de
cualquier manera promuevan o favorezcan la embriaguez habitual » (p. 874). Las
medidas de seguridad consistían en colonias de trabajo, medidas de custodia y
aislamiento cura tivo en casas de templanz a (P residencia del Consejo de Ministros,
1933). Es entonce s cuando comienza a considerarse el abuso de drog as no solo como un
vicio, sino también c omo una pa tología, lo que lleva a que en 1935, e l Gobierno
desarrollara una medid a de reducción de riesgo s y d años consistente e n suministrar
dosis extras terapéuticas a las personas con este hábito con el fin de mantener b ajo
control los problemas asociados a las drogas (Usó, 2019).
Durante los años de la Guerra Civil, se expand ió el consumo de ca nnabis, muy
presente en las tropas s ublevadas en el norte de África. En las décadas posteriores
(1940-1965) ocurrió el llamado periodo de la «pa z farmac rática», en el que las drogas se
empleaban con fines te rapé uticos. Esta época se caract erizaba también por otros
aspectos : las drog as legales (café, tab aco y alcohol ) eran considerad as y promocionad as
como cosa de hombres; e l empleo masivo y generalizado de anfetaminas y barbitúricos;
un importante consumo de derivados cannábicos en ambiente s marginales; los carnet de
dosis extras para las p ersonas adictas a la morfina; y el consumo de cocaína en la clase
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
22
social alta (Usó, 2019). El fin de este pe riodo de «paz farmacrática» s e produciría en la
década de los 60 con el surgimi ento del movimi ento hippie o la contracultura de las
drogas psicodélicas, originario de Estados Unidos , pero que se extende ría por muchos
lugares, entre ellos España . Este movimi ento busc aba un estilo de vida diferente al de la
cultura domi nante, restando importancia al consu mismo y al imperialismo militar. En él
se mezclaba el mi sticismo oriental, los rituales de los pueblo s primitivos y el consumo
de drogas psicodélicas. Las sustancias psicoactivas se utilizaban de diversas maneras,
como la r ecrea ción, la autoexploración o como un método para logr ar experiencias
trascendentales. Algunos incluso creían que las drogas psicodélicas propo rcionaba n un
camino hacia l a iluminación espiritual. P or ello, este movimiento global se oponía a las
leyes sobre drogas, especialmente l as que p rohibían la marihuana y l as sustancias
psicodélica s (Wesson, 2011).
En consecuencia, en nuestro país las autoridades reaccionaron con diferentes
medidas. En primer lugar, en abril de 1967 se actualiza ro n las normas vigentes sobre
estupefacientes adaptánd olas a lo establecido en el convenio de 1961 de las Naciones
Unidas. En dicha ley se promovía, además, la creación del Servicio de Control de
Estupefacientes y de la Brigada Especial de Inv estigación de Estupefacientes (Ley 17/
1967). En ese mismo año, otras sustanc ias alucinógenas como el LSD-25 , la mescalina
y la psil ocibina fueron también sometidas al régimen de control de estupefacientes
(Orden de 31 de jul io de 1967 ). Unos a ños más tarde se ac tualizaría la antigua Ley d e
Vagos y Maleantes mediante la promulga ción de la Ley de Peligrosidad y
Rehabilitación Social (Ley 16/1970). Esta reforma mantendría sust ancialmente sin
modificación los principios de inspiración de la Ley de 1933, pero pretendía adecuarse a
las nec esidades y realidades de la época «en beneficio de los propios sujetos a quienes
la Ley haya d e aplicarse y de la sociedad q ue debe int egrarlos » (p. 12552) . Un o de lo s
cambios sería que, además de «los eb rios ha bituales y los toxicómanos » que ya
aparecieran e n la Ley de 1933, se incluirían como supuestos del estado peligroso a:
Los que promuevan o realicen el ilícito tráfico o fomenten el consumo de
drogas tóxicas, estupefacientes o fármacos que produzcan an álogos
efec tos; y los dueños o encargados de locales o establecimientos en los
que, con su conocimiento, se permita o favorezca dicho tráfico o
consumo, así como lo s que ilegítimamente posean las sustancias
indicadas. (p. 12553)
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
23
Las modi ficac iones de las medidas añadían, por ejemplo, el tratamiento
ambulatorio o la privac ión del permiso de conducir para el primero de los grupos, y la
incautación del dinero y efectos, multa o incluso el cierre de local, en el caso del
segundo grupo. Un año después, en 1971, tendría lugar una nueva reforma del Código
Penal (Ley 44/1971) en la que s e establecerían «penas de prisión mayor y multa de
5.000 a 250.000 pesetas» a quienes «ilegítimamente ejecuten actos de cultivo ,
fabricación, elaboración, transporte, tene ncia, venta, donación o tráfico en general, de
drogas tóxicas o estupe facientes o de otro modo promuevan, f avorezc an o faciliten su
uso» (p. 18417). Estas mismas penas serían aplicadas a los facultativos que
prescribieran o suminist raran dichas sustancias. En 1978 aparecería la primera
normativa que regulaba la publicidad del tabaco y las bebidas alcohólicas en los medios
de difusión del Estado, estableciendo prohibiciones expresas en rel ación c on los y las
menores de eda d, como la util ización de argumentos dirigidos a este colectivo, hacer
alusión a la eficacia so cial del consumo o su intervención en la reali zac ión de los
anuncios (Rea l Decreto 1 100/1978 ).
Aparecen también en est a época otr as perspectivas en la prensa que defendían la
legalizac ión de la marihuana, rec hazaban la criminalización de las personas que usaban
drogas, consideraban la adicción a las drogas com o una enfermedad y prot estaban por la
escasez y deficiencia de recursos asisten ciales, en tre otras cuestiones. Con la lle gada de
la democracia, los niveles de consumo c recier on notablemente y la imagen asociada a
las drogas giró ha cia un visión más positiva. A fi nales de los 70 la sust ancia ilícita más
consumida era el c annabis, aunque ya comenzaba a extenderse la heroína po r vía
intravenosa. A pa rtir de entonces, la adicción pasó de ser conc ebida como vicio y
crimen, a ser vista com o una enfermedad. Así, en 1983 se reformó el Código Penal,
despenalizá ndose expresamente el consumo, reduciendo las penas e imprimiendo
carácter legal a la distinción entre las llamadas drogas dura s y blanda s (Usó, 2019 ). En
esta refor ma se incluyó también la penalización de suministro a adolescentes de este
tipo de susta ncias, en concreto, dice que «se im pondrán las pe nas superiores en gra do
cuando las drogas tóxicas, estupefacientes y sust ancias psicotrópicas se d ifundan entre
menores de di eciocho a ños, en centros docentes,… » (Ley 8/1983).
La s décadas de los 80 y l os 90 se caracterizaron por diversos fenómenos sociales
asociados a dif ere ntes d rogas. Así, se produjo un aumento considerable de personas
adictas a la heroína po r vía intravenosa, lo que se asoció a una importante problemática
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
24
sanitaria y social (de la Fuente, 2006). En estos años irían adquiriendo mucho
protagonismo los psicoestimulantes sintéticos, tipo éxtasis o anfetaminas , asociados a
contextos no solamente lúdicos o festivos, sino a fenómenos sociales y cultura les c on
toda una identidad de fondo, como es e l c aso del movimiento conocido como la Ruta
del Bakalao (Oleaque, 2017). Poco a poco también alcanzaría una especial relevancia la
cultura del botellón , en la que grupos de jóvenes se reunían en espacios abiertos de libre
acceso para consumir al cohol (comprado previamente en comercios), escuchar músi ca y
hablar (Baigorri et al. , 2004). Otro fenómeno importante que sucede en la década de los
90 es el despegue del acti vismo cannábico, un movimiento asoc iativo en torno a esta
sustancia que dio como resultado la creación de m ultit ud de clubes sociales de cannabis
repartidos por toda Espa ña (Moreno, 2019).
A nivel políti co, se debatí an los problemas d erivados del tr áfico y consumo de
drogas y se consideraba l a necesidad el desarrollar una acción c oordinada, contando con
la participac ión de todas las administraciones públ icas, de las i nstituciones sociales y de
la ciudadanía. Es por el lo por lo que el 27 de octubre de 1984 el Congreso de los
Diputados aprobaría doce mociones entre las que se encontraba la Elaboración de un
Plan de Prevención cont ra la droga en el que se contemple la r einserción social de los
drogadictos . Se crea ro n grupos de trabajo para la instrumentalizac ión de d icho plan y el
20 de marzo de 1985 se aprobaron las líneas dire ctrices del primer Plan Nacional sobre
Drogas . En él, además d e señalar la necesidad de trabajar d e manera coordinada con las
fuerzas de seguridad en relación con el tráfico de drogas, se hac ía especial mención a la
«acción preventiva a trav és de una política en con tra de la marginalidad, especialmente
la juvenil, y a favor de una educación p ara la salud… » (p. 13), in cluyéndose a los y l as
menores en centros de pr otección como colectivo específico con necesidad de atención
(Ministerio de Sanidad y Consumo, 1985 ) . E n 1987, serían establecid a s diversas
efemérides relacionadas con las drogas como el Día Mundial sin Tabaco celebr ado cada
31 de M ayo por iniciativa de la O rganización Mundi al de la Salud (World Health
Organiza tion, 2022a) y el Día Internacional c ontra el Tráfi co Ilícito y Abuso de
Drogas , propuesto por la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el C ri men
y que tiene lugar el 26 de junio (United Nations Office on Drugs and Crime, 2022a ).
Asimismo, la legislación int entaba regular div ersos aspectos relacionados con
las drogas. Así, en 1988, la Ley General de Publicidad (Ley 34/1988) prohibiría la
publicidad de bebidas con graduación alcohólica superior a 20 grados en la televisión y
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
25
en a quellos lugare s donde est aba prohibida su venta o consumo. En ese año también
aparecería la primera normativa que limitaba la venta y uso de tabac o, con prohibiciones
específicas a menore s de 16 años, como «vender o entre gar a los menores de dieciséis
años labores de tabac o as í como productos que le imiten o induzcan a l hábito de fumar y
se an nocivos para la salud » (p . 7500). Además se prohibía el uso de máquinas
automáticas de venta de tabaco a los y las menores de dieciséis años ( Real Decreto
192/1988). Un año más tar de, se public aría una o rden por la que se p rohibía la venta y
distribución de taba co y bebidas alcohólicas al alumnado de centro escolares públi cos
que dependieran del Ministerio de Educación (Orden 7 de noviembre de 1989) y e n
1990, la introducción y venta de toda clase de bebidas alcohólicas en las instalaciones
en las que tuvieran lugar competiciones de portivas (Ley 10/1990).
En 1992 (Real D ecreto 510/1992 ) y 1994 (Real Decreto 1185/1994 ) se regularía
el etiquetado de los productos del tabaco y de productos del t abaco dis tintos de los
cigarrillos, respectivamente. En 1994 e s cuando se introduciría prohibiciones en la
publicidad del tabaco y el alcohol en televisión (Ley 25/1994). En cuanto al tabaco,
quedaría prohibida la publicidad directa e indirecta de cigarrillos y demás productos del
tabaco. Respecto a las b ebidas alcohólicas, su pu blicidad se sometería a unos criterios
estrictos: no podía ir dirigida a menores de ed ad, no podía contener mensajes relativos a
tener propiedades beneficiosas, de éxito, de mejora del rendimiento o de las relaciones
personales y no podían tener el objetivo de fomentar el consumo inm odera do u ofrecer
una imagen positiva d el alcohol. En cuanto a las d rogas ileg ales, la Ley sobre
Protección de la Seguridad Ciudadana vigente en esos años establecía como objeto de
sanción administrativa el consumo en lugares públi cos y la tenencia ilícita de estas
sustancias, aunque fuera n para consumo propio (Ley 1 /1992) y seguía considerando
como delito el cultivo, la elaboración o el tráfico, así como cualquier otra actividad que
pudiera promov er, favorecer o fa cilitar su consumo ilegal (Ley 10 /1995). En estos años
también fueron apareciendo legislacion es en materia de drogas a nivel autonómico (Plan
Nacional sobre Drogas, 2022d) y municipal (Plan Nac ional sobre Drogas, 2022c).
En 1997, dentro del Pl an de M edidas para Luchar c ontra las Drog as , se
constituyó el Obse rvatorio Esp añol sobre Drogas . Este órgano se creó c on la func ión
de recoger información de diferentes fu entes nacionales e internacionales, analizarla
para conocer la situació n de las drogas en nuestro país, difundir inform ación lo más
objetiva y fiable a la ciudadanía y servir como instrumento para la toma de decisiones
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
32
2022d) y en 2007 la Encuesta Mundial s obre el T abaco en Adultos (World He alth
Organiza tion, 2022b). En 2018 se publicaría el informe Global Progress Report on
Implementation of the WHO Framewor k C onvention on Tobacco Control , el cua l
serviría par a evaluar los progresos logrados en l a aplicación d el convenio, así como
abordar los retos, necesidades y obstáculos par a impl ementar los acuerdos del convenio .
Además, contribuiría a la difusión de experienc ias y buenas práctica s (World Health
Organiza tion, 2018a).
En cuanto al alcohol, au nque ya desde 1951 se discutía sobre los proble mas del
alcohol y se publicaban informes del Comi té de Expertos (W orld Health Orga nization,
2022e), no es h asta 2010 cuando los 193 Estad os miembros alc anzaron un consenso
histórico sobre la creación de una Estrategia Mundial para Reducir el Uso Nocivo del
Alcohol . Este documento de política int erna cional sobre e l alcohol ofrece ría
orientaciones p ara reducir e l uso nocivo del alcohol a todos los niveles. En esta
estrategia se hacía una especial mención a los grupos con un mayor ries go por el uso
nocivo del alcohol, entre quienes s e incluía l a población adol escente. Entre las
intervenciones se contemplaría el aumento de los impuestos sobre las bebidas
alcohólicas, la aplicación de restricciones a la exposición a la publicidad del alcohol y
las restricciones a la di sponibilidad física del alcohol, además de la aplicac ión de
medidas contra la condu cción bajo los efectos de l alcohol y la g arantía d e acceso a la
detecc ión, las intervenciones breves y el tratamiento (World Health Organization,
2010). Estas acciones est án en el centro de la inici ativa SAFER que surgiría en 2018 con
el objetivo de prestar apoyo a los Estados miembros para reducir el u so nocivo del
alcohol mediante el fo rtalecimiento de la aplicaci ón en curso de la citada estrategia y de
otros instrumentos, como el Plan de Acción Mundial para la Prevención y el Control de
las Enfermedade s No Transmisibles de la Org anización Mundi al de la Sa lud y la meta
3.5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unida s (reforzar la
prevenc ión y el tratamiento del uso indebido de sustancias, incluidos los estupefacientes
y el uso no civo del alco hol) (World Health Organization, 2019b ). En la actualidad, se
está poniendo en marcha un Plan de Acción 20 22-2030 para implementar de manera
efec tiva la estrategia (World Health Organization, 2022f). Sin embargo, aunque hay
muchas voces que ll evan tiempo pidiendo un convenio marco para el control del alcohol
igual que el acordado para el tabaco hace dos décadas, este aún no se ha esta blecido (Au
Yeung & Lam, 2019 ; Casswell & Thamarangsi, 2009).
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
33
Otras entidades a nivel mundial que trabajan en el tema de las drogas serían, por
ejemplo, e l N ational Institute on Drug Abuse (Insti tuto Nacional s obre el Abuso de
Drogas), principal agencia federal estadounidense que apoya la investigación científic a
sobre las causas y consecuencias del consumo d e drogas y las adicciones, aplicando ese
conocimiento para mejorar la salud individual y públi ca (National Institute on Drug
Abuse, 2022) o e l International Drug Policy Consortium (Consorcio Internacional sobre
Políticas de Drogas), una red mundial int egrada por 192 ONG s especializada en
cuestiones r elacionadas c on el uso y la producción de drog as fiscalizadas q ue promuev e
un debate objetivo y abierto sobre la política de drogas (I nternational Dr ug Policy
Consortium, 2022).
A nivel europeo, el Consejo de la Unión Eu ropea la nzó r ecientemente la
Estrategia de la UE en Materia de Lucha contra la Droga 2021 -2025 , que sería la
décima iniciativa propu esta desde e ste orga nismo desde 1990. Esta estrategia tiene
como fin garantizar un alto nivel de promoción de la salud, de est abilidad social y de
seguridad, así como contribuir a una mayor c oncienciación. Entre sus á mbitos d e
actuac ión están la re ducción de la ofe rta y d e la de manda de drogas, así como de los
daños relacionados con s u consumo (Consejo de la Unión Europea, 2020). S obre la base
de esta estr ategia, el Con sejo elaboró el Plan de Acción contra la Droga de la UE 2021
- 2025 con medidas concretas para cumplir estas prioridades (Consejo de la Unión
Europea, 2021). Una d e las agencias especializ adas descentralizadas de la UE es el
Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías comenta do anteriormente.
Aunque esta ag encia n o formula políti cas ni recomendaciones, su experiencia h a
contribuido durante todo s estos años a garantizar que las decisiones de responsables
políticos, profesionale s y agentes de la UE y nacionales se basen en hechos objetivos y
verifica dos, y no en ideol ogías o juicios de valor o morales. Es importante destacar aquí
uno de los instrumentos clave del observatorio, el Portal de Buenas Prácti cas , diseñado
para o frecer informa ción práctica y fi able sobre lo que funciona y lo que no en los
ámbitos de la prevención, el tratamiento, la reducción de daños y la reinserc ión social.
Entre las herramientas que contiene este portal están (Eur opean Monitori ng Centre for
Drugs and Drug Addiction, 2022a):
Currículo Eur opeo d e Prev ención: fo rmación en materia d e p revención cuyo ob jetivo es
impulsar la aplicació n y la adopción de enfoques de prev ención moder nos y eficaces en Europa.
Registro de p revención Xchang e : registro en línea de p rogramas de p revención basados en
prueb as.
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
34
Caja de Her ramientas para una Vida Noctu rna Saludable: recopila y proporcion a infor mación
sobre intervenciones d e buenas prác ticas d irigidas al consumo de drogas y alcohol y a lo s
prob lemas relacionado s con ellos entre la juven tud en entornos noctu rnos.
Ba nco de In strumento s de Evalu ación: es u n arch ivo en línea d e instrumen tos dispo nibles
gratuitam ente para evalu ar las intervencio nes relacionadas con las drogas.
En Espa ña, la legislación en estas dos décadas ha ido incorporando nueva s
sustancias en el anexo I del Real Decre to 2829/1977 por el que se regulan las sustancias
y preparados medicinales psicotrópicos, así como la fiscalización e i nspección de su
fabricación, distribución, prescripción y dispensación . Además, en 2004, se establec ió la
lista de plantas cuya ven ta al público queda ba pr ohibida o restringida por razón de su
toxicidad. Asimismo, tanto en 2009 como en 201 7 se estableci eron regulaciones para el
control de pr ecursores de drogas (sustancias químicas que s e desvían de su curso legal y
se utilizan para la elabora ción de distintos tipos de drogas) (para más información, véase
Plan Nacional sobre Dro gas (2022e ).
De especial mención son las leyes sobre el tab aco publi cada s en estos años. En
2005, l a Ley 28/2005 de medidas sanitarias fren te al tabaquismo y reguladora de la
venta, el suministr o, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco fue el
primer paso firme para el establecimiento de los espacios sin humo. En c uanto a los y
las menores de diecioc ho años, también se instauran una serie de prohibiciones
especialmente dirigidas a este sector poblacional, como la venta o entrega de produ ctos
del tabaco, así como cualquier otro producto que le im ite e induzc a a fumar (d ebiendo
aparecer esta prohibición e n e l empaquetado del tabac o); la distribución gra tuita o
promocional de product os, bienes o servicios con la finalidad o efecto directo o
indirecto de promocionar un producto del tabaco ; el uso de máquinas expendedoras d e
productos del tabaco o que ellos y ellas vendan tabaco. Además, en las zonas habilitadas
para fumar de los establecimientos no se permitirá la presencia de menores de dieciséis
años. Esta ley contemplaba también la creación de l Observatorio para la Pre vención
del Tabaquismo . Sus funciones eran: proponer las iniciativas, programas y actividades a
realizar pa ra log rar los objetivos de la ley; establece r los objetivos de re ducción de la
prevalencia y de l tabaquismo; y elaborar un informe anual sobre la situación, aplicación,
resultados y cumplimiento de esta l ey. En 2014, se suprimiría junto con otros
observatorios d el á mbito de la sa lud, integrándose en e l nuevo Observatorio de Salud
(Ley 15/2014). Con el propósito principal de aum entar los espacios sin hu mo recogidos
en la ley d e 2005, en 20 10, se publicaba la Ley 4 2/2010. En 2017, el Real Decreto -Ley
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
35
17/2017 suponí a la transposición de la Directiva 2014/40/UE del Parlamento Europeo y
del Consejo, en la que se equiparaban las prohibiciones de v enta a dist ancia
transfronter iza y se modificaba su régimen de publicidad, promoción y patrocinio para
equiparar los dispositivos susceptibles de libera ción de nicotina y enva ses de recarga a
las de los productos del tabaco ya decretadas en la Ley 28/2005.
En lo referente al alcohol, han sido las co munidades autónomas y los
ayuntamientos los principales enc arga dos de regular su consumo (prohibiendo el
consumo en menores de edad y regulando el consumo en la calle) y venta (definiendo
los horarios de venta y prohibiendo su venta a m enores de edad) (Plan Nacional sobre
Drogas, 2022d, 2022f). A nivel estatal, en 2007 se ratifica la prohibición ya establecida
en 1990 de introducción, venta y consumo de tod a clase d e bebidas alcohólicas en las
instalaciones en las que se celebren competicione s deportivas (Ley 19/2007) y en 2015
surge la Ley Orgánica 4/2015 de prote cción de la seguridad ciudadana, co nsiderándose
infracción leve «El consumo de bebidas alcohólicas en lugares, vías, esta blecimientos o
transportes públicos cuando perturbe gravemente la tranquilidad ciudadana » (p. 27235).
Respecto al consumo en menores de edad, aunque desde hace dos déca das se ha
pretendido publicar una ley que aborde e sta cuestión (Rodrígue z-Martos, 2007), no es
hasta 2017 cuando se presentó una proposición no de Ley para la creación de una
ponencia de estudio en el seno de la Comisión Mixta para el estudio del problema de las
drogas. Esta ponenc ia, denominada Menores si n Alc ohol , tendría como fin abordar
« …de una maner a multisect orial el problema a ctualmente existente de consumo de
alcohol por parte de los menores con el fin de obtener unas co nclusiones y
recomendaciones que sirvan de o rientación par a la elaboración de la futura ley » (p.3).
En el informe resultante de esta ponenci a destaca como principal recomendación que el
objetivo primordial de dicha ley sea re trasar la edad de inicio en el consumo hasta los 18
años e incrementar la percepción social del riesgo de dicho consumo y que vaya dirigida
a diferentes ámbitos de prevención: familiar; e ducativo; social/comunitario; cultural,
deportivo, de ocio y ti empo libre; formativo e investig ador; laboral;
publicitario/campaña s d e prevención; sanita rio y asistencial; seguridad vial y
conducción; y urb anístico (Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drog as,
2018). Sigui endo el mandato de la ponencia, la Delegacion de Gobierno para el Plan
Nacional sobr e Drogas propuso elaborar un Ante proyecto de Ley con el fi n de proteger
a las personas menore s de edad de los efectos perjudiciale s del consumo de alcohol ,
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
36
conforme a los manda tos constitucionales de prot ección de la infancia y de tutela de la
salud pública. En 2018 se impulsó una consulta p ública sobre el citado Anteproyecto de
Ley, que se a briría de nuevo en 2022 (Delega cion de Gobierno para e l Plan Nacional
sobre Drogas, 2022).
En cuanto a la publicidad de estas sustancias, e l Gobierno pr esentó
reciente mente el Anteproyecto de Ley General de Comunicación Audiovisual
(Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, 2022 , p. 79), en el que se
amplían las prohibicion es actuales d e alcohol y tabaco a todos los prestadores de
servicios de comunicación audiovisual (p. ej. , las plataformas de intercambio de
vídeos). Quedando el ar tículo 121, sobre Comunicaciones comerciales audiovisuales
que fomenten c omportam ientos nocivos para la salud , así:
Se p rohíbe la co municación comercial audiovisu al de cigarrillos y d emás produ ctos de tab aco,
incluido s los cigar rillos electrón icos y sus env ases de r ecarga, así como de las empresa s qu e los
producen .
Se p rohíbe la comun icación comercial au diovisual d e bebidas alco hólicas con u n nivel superior a
veinte g rados.
Se p rohíbe la comunicac ión comercial audiov isual de b ebidas alco hólicas con un nivel inferior a
veinte g rados que cump la alguno d e los siguientes requ isitos:
• Se dirija específ icamente a m enores, o presenten a menores consumien do dichas b ebidas.
• Asocie el con sumo a la mejora del rendimiento f ísico o a la condu cción de vehículos.
• Dé la impr esión de que su cons umo contribuye al éxito social o sexual.
• Sugieran qu e las beb idas alcohó licas tienen p ropiedades ter apéuticas o un efec to
estimulante o sedante q ue constituye un m edio para resolver con flictos.
• Fomente el consumo in moderado o se ofrez ca una imagen negativ a d e la abstinencia o la
sobriedad .
• Subraye como cualidad positiva d e las bebid as su contenido alcohólico .
Se p ermite la comun icación comercial audio visual de b ebidas alco hólicas con un nivel inferior a
veinte grados entre las 2 0:30 horas y las 6 :00 horas y fuera de ese horar io cuando dichas
comun icaciones comerciales audiovisuales form en parte in divisible d e la adquisición d e
derech os y de la producción d e la señal a difundir.
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
37
Conjuntamente con la le gislación sobre las drogas, desde que comenzara el siglo
XXI se han pu esto en ma rcha en nuestro país tres Estrategias Nacionales sobre Drogas ,
comprendiendo los perio dos 2000 -2008, 2009-2016 y 2017-2024, con diferentes Planes
de Acción (2005-2008, 2009-2012, 2013-2016, 2018-2020 y 2021 -2024) y llev ando a
cabo tanto E valuaciones Intermedias como Evaluaciones Finales para cada una d e ellas
(Plan Nacional sobre Drogas, 2022g ). La últi ma, la Estrategia Nacional sobre
Adicciones 2017-2024 , s e basa en las dos anteriores y en sus pl anes de acción, en el
análisis de la situación de las drogas y las drogo dependencias en España en el período
2009-2015, así como en las estrategias y planes de actuaci ón a nivel autonóm ico y
europeo. Este documento, participativo y de consenso, es el principal medio a través del
cual se establecen y apoy an las diferentes r espuestas ofrecidas a nivel local y/o regional
en materia de d rogas, creando un a he rra mienta de coo rdinación para t odos aquellos
involucrados en im plementar un a política d e drogas. En ella se incluyen cuatro ejes
fundamentales: drogas legales (tabaco, alcohol); fármacos de prescripción médica y
otras sust ancias con potencial adictivo; drogas ilegales (incluidas las nuevas sustancias
psicoactivas); y adicciones sin sustancia o compo rtamentales (especialmente juegos de
apuesta presencial y virtual, así como los videojuegos y otras adicciones a través de las
nuevas tecnologías). L a estrategia se articula e n torno a dos metas, cada una de las
cuales tiene diferentes objetivos estratégicos. L a primer a de ellas es «Alcanzar un a
sociedad más saludable e informada mediante la reducc ión de la demanda de drogas y
de la prevalencia de las adicciones en general », cuyas áreas d e actuación son :
prevenc ión y redu cción del riesgo , atención integral y multidisciplinar, reducción de
daños e incorporación s ocial. La segunda d e la s metas es «Tener una sociedad más
segura a tr avés de la reducción d e la oferta de drogas y del c ontro l de a quellas
actividades que pue dan llevar a situaciones de a dicción». S us área s de actuación son :
reducc ión y control de la oferta, r evisión normativa y cooperación judicial y policial a
nivel nacional e internacional. Las áreas de actuac ión transve rsales comprenden:
coordinación, gestión del conocimiento (sistemas de información, investigación y
formación), legislación, cooperación intern acional, comunicación y difusi ón, así como
evaluac ión y calidad (Mi nisterio de Sanidad Ser vicios S ociales e Igualdad, 20 17).
Asimismo, e n 2014 se creó el Consejo Español de Drogodependencias y otras
Adicciones . Este órgano colegiado de carácter técnico, consultivo, de coordinación y de
participación, ads crito al Ministerio de Sanidad a través de la De legación del Gobierno
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
38
para el P lan N acional sobre Drogas, surge con el objetivo de mejorar la calidad técnica
en la definición y ej ecución de las políticas y a ctuaciones estatales de control de la
oferta y r educción d e la demanda de drogas (y ot ras adicciones como la ludopatía) y de
sus efectos perjudiciales que se promuevan, coo rdinen o lleven a cabo por la Delegación
del Gobierno para e l Plan Nacional sobre Drogas (Ley 15/2014).
Por últ imo, en 2021, fue aprobado por la Comisión de Salud Pública el
documento L íneas de actuac ión en el ámbito de la prevención del consumo de alcohol
(Grupo de Trabajo de Prevención del Consum o de Alcohol, 2021 ). Con él se pretende
contribuir a un abordaje más homogéneo y coordinado de las actuaciones en materia de
prevenc ión del consumo de alcohol, incluyendo buenas p rácticas en preve nción,
reducc ión d e daños, detección de consumo de riesgo e intervención breve y
monitorización. Las acciones propuestas se enmarcan en 3 objetivos:
Potenciar la prevención del consumo de alcohol como una priorid ad de salud púb lica. Acciones:
• Favorecer la implicación de las y los d ecisores p olíticos que participen en el d esarrollo de
políticas relacion adas con la prev ención y reducción de los dañ os asociados con el consumo
de alco hol a nivel nac i onal, autonómico y lo cal.
• Promov er medidas de carácter reg ulat orio de dem ostrada evidencia para la prevención del
consum o de alcohol, tan to a nivel nacional como internacional.
• Avanzar hacia el trabajo in tersectorial en la pr evención de consumo de alcohol.
• Abogar par a qu e la prevención del consumo de alco hol basada e n la e v idencia esté
represen tada en las estrategias en salud en el Sistema Nacio nal de Salud (SNS).
• Garantizar la prev ención y ab ordaje del co nsumo de alcoh ol, inclu so en situaciones
excepcio nales ( p. ej., COVID-1 9).
• Apoyar las accion es relacionadas con la prevención del consumo de alcoho l mediante
reunio nes periódicas d el Grupo de Trabajo d e Prev ención de Con sumo d e Alcohol ( GTPA).
Establecer u n marco común p ara la p revención y abord aje del consumo de alcohol. Acciones:
• Informar y sensibilizar a la pob laci ón general y grupos específ icos sobre lo s riesgos y
consecu encias del consum o de alcoho l.
• Garantizar que las campañ as e interven ciones tengan un a perspec tiva de equid ad y lleguen a
todos lo s grupos sociales y, principalmente, a los más desaventajad os.
• Establecer definiciones con se nsuadas de términos (ej. c o nsumo d e bajo riesgo ) y proponer
acuerd os respecto a la no utilizació n de algun os términos (ej. consum o responsable).
• Apoyar las ac ciones de prevención del consumo de alcoh ol en el marco d e la Estrategia de
Promo ción de la Salud y Prevención en el SNS y de la Estrategia Nacion al sobre Ad icciones.
• Valorar la necesidad de co ncreción del abordaje del consumo de alcohol.
• Monitor izar el consumo de alcoh ol y las políticas de prevención ten iendo en cu enta los
princip ales ejes de eq uidad.
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
39
• Identificar b uenas prácticas en lo ref erente a la prevención y abordaje del consu mo de
alcoho l.
• Fortalecer la capacidad de in vestigación en prevención y abordaje d el consumo de alcoho l.
• Consensuar el papel d e la industria de las b ebidas alco hólicas y sus en tidades asociad as en las
políticas de prevención y d e reducción de lo s daños.
Coordin ar la atención sanitaria para la prev ención y abordaje del consumo de alcoho l en el SNS con
perspectiv a de equidad. Acciones:
• Potenciar y apoyar que las comunid ades autónomas alineen sus programas de prevención del
consum o de alcohol con las acciones de la Estrateg ia de Promoción y Pre vención en el SNS
en coo rdinación con la Estrateg ia Nacional sob re Adicciones.
• Fomentar la atención centr ada en la s necesidad es de las personas.
• Fomentar la p uesta en marcha de iniciativ as com unitarias y lo cales, co ordinad as e
intersectoriales y con p erspectiva de equidad .
• Sensibilizar y capacitar a lo s y las profesionales san itarios.
• Facilitar y f omentar que lo s y las profesion ales d e Atención Prim aria registren y mon itoricen
la prev ención y abordaje del consumo de alc ohol de forma h omogénea med iante registros
electrónico s.
Todas estas acciones ir ían en línea con la evidencia científica actual; con
estrategias int ernacionales c omo la Estrategia Mu ndial para Reducir e l Us o Nocivo del
Alcohol (2010) y la inici ativa SAFER (2018) d e l a Organización Mundial de la Salud;
con la Estr ategia p ara ayudar a los países de la Unión Europea a reducir los daños
relacionados con el alcohol y con el objetivo 3.5 de la Agenda 2030 de la Organización
de Naciones Unidas; c on estrategias nacionales como la Estrategia Nacional sobre
Adicciones 2017-2024 y con la Estrategia de Promoción de la Salud y P re vención en el
Sistema Na cional de S alud; y con estra tegias y planes r egionales y locales (Gr upo de
Trabajo de Prevenc ión del Consumo de Alcohol, 2021 ).
Para terminar este apartado, se presentará u na tabla de síntesis con la
información más de stacada para cada período hist órico.
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
40
Tabla 1. Síntesis de los hechos más releva ntes relaciona dos con las drogas a contecidos en la Prehistoria
y Edad Antigua.
Prehistori a y Edad Antigua
Alcohol
o Pruebas d e elaboración de cerveza en la cu eva de Raqefet de Israel d e hace 13000 años.
o Expan sión de la cultura del vino en Grecia y Roma. En el año 92 d. C., el emper ador Domician o
publicar ía la pr imera med ida regulado ra del mer cado del vino en Europ a, el ed icto De ex ciden dis
vineis.
o En Esp aña, r estos orgán icos indicativos de la existencia de cer veza hallado s en la cuev a d e Can
Sadurn í, Barcelona, cor respondientes al Neolítico T emprano (quin to mil enio a. C.).
Tabaco
o Su or igen se sitúa en Sud américa y su expansión habría tenido lug ar tras la llegad a de Cristóbal
Colón. Sin emb argo, las ev idencias escritas (s imilitudes en las descripcio nes d el tab aco y de sus
método s d e uso en escritos del Nuevo y Viejo M undo) y los an álisis an tropoló gicos (de faun a,
flora, tejidos o b arcos), par ecen conf irmar la existencia de v iajes transo ceánicos precolombinos
que h abrían diseminado el tabaco por distintos terr itorios del Viejo Mu ndo en la an tigüedad .
Cannabis
o Aunqu e se ha encontrad o cerámica con posibles fibras de cáñamo en China en torno al 1 0000 a.
C. , es a p artir del qu into milenio a. C. cuando se asienta el cultiv o de cáñamo en las
comun idades agr ícolas n eolíticas de China, dedicándo se esta planta a un a variedad de u sos como
el textil, alimen ticio, med icinal y psicoactivo .
Adormidera
o Restos encontr ados en La Marmotta, Italia, fechadas en torno a 5620 -5480 a. C.
o En nu estro país, restos d atados entre el 5200 y 50 00 a. C.
Otras drogas
o Restos de Efed ra ( Ep hedra altissima ) en un enterramiento Neandertal del 600 00 a. C. en Irán.
o Restos de So phora secu ndiflora en cuevas de México del noveno m ilenio a. C .
o Restos de h ojas d e co ca en dientes y pelo s d e d iferentes culturas p rehispán icas (au nque este
hábito podría h aber estado presente ya en el noveno milen io a. C.) .
o Polen y macrofósiles de Ech inopsis p achanoi del n oveno milenio a. C. y r estos del pro pio cactu s
del séptimo milenio a. C. en la cueva del Guitarrer o de Perú asociados a contexto s de curación .
o Restos de peyote del cu arto milen o a. C. en cu evas de México asociado s a cerem onias de
búsqu eda de visión .
o Dientes hum anos con man chas de co lor m arrón ro jizo por el mascado de hojas de betel datadas
del tercer milenio a. C. en la Cueva de Duyong, al sur de Filipinas .
Uso de sustancias psicoactivas asociado a ritos relig iosos, como facilitador soc ial y con
propósitos cura tivos
1 Justificación teórica 1.1 Aproximación histórica
41
Tabla 2. Síntesis de los h echos má s relevantes rela cionado s con las dro gas acontecid os en la E dad
Media y Edad Moderna .
Edad Med ia y Edad Modern a
Alcohol
o Protección de la cultur a del vino po r parte de la ig lesia y prohibició n coránica de consu mo de
alcoho l en los territorio s conquistados por el Islam.
o En el siglo XVI II la producción del vino se moder nizó, naciendo los primeros v inos de alta
calidad.
o Inicios d el aguardiente con todas sus variedad es.
o Los licores f orman parte importante de las costum bres de la épo ca.
Tabaco
o Pipas encon tradas en Bo tsuana en torno al 750 d. C. y en Zambia sobre el 1200 d. C.
o Aparición del tabaco en difer entes textos literarios de la época como el tratado médico d e Ibn
al -Baitar ( 1197-1 248) , colección de rec etas titulada Majmua -e-Ziai del m édico de la corte de
Muhan nad-bin-Tughlaq del sultan ato d e Delhi (1329 ) o un poem a persa de Sh irazi fechado en
1535 .
o Prohibició n de fumar tab aco en la religión sij.
o En los siglo s XVI y XVII el tabaco se exte n dería ampliamente po r el mundo entero.
o Los gob iernos comien zan a establecer prohibicion es sobre su consu mo.
o En el siglo XVIII se construir í a en Sev illa la primer a fábrica de tabaco s establecida en Europa.
Cannabis
o Presencia d e cannab i noid es en pipas de cu evas de Etiopía, fechadas en los inicios del siglo XIV.
o En nuestro país, se h allaron r es tos de h ojas y co gollos de cáñamo en u na cazoleta en contrada en
Barcelona datada en t re los siglo s XI y XIII.
Otras drogas
o Inicios d e la ap licación med icinal de las d rog as, realizándose ensayo s con d iversas sustan cias
como posibles remedios a las diferentes d olencias y enf erme dades.
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
48
10,9-21,2 litros; Europa: 17,6-17,2 li tros; Sudeste Asiático: 7,0-12,1 litros; y Pacífico
Oeste: 9,2-13,8 litros) (W orld Health Organization, 2018b). Para una mayor
profundización en la evolución del consumo según los diferentes tipos de bebidas
alcohólicas, ver el informe Global Status Report on Alcohol 2018 de la Organización
Mundial de la Salud (World Health Or ganization, 2018b ).
En referencia al consumo de alcohol en población adulta e n España, la E ncuesta
sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) , llevada a cabo por el Observatorio
Español de las Drogas y las Adicciones y dirigida a personas entre 1 5 y 64 años,
muestra que, salvo el consumo diario, los demás patrones de consumo no han
experimentado cambios llamativos en los últim os 20 años, aunque sí se detectan ciertas
fluctuaciones. Así, la prevalenc ia de l c onsumo e n la vida fue del 91% en 1997 y de l
93% en 2019, observá ndose el menor nivel en 1999 (87%) y el mayor en 2009 (94%).
El consumo en los últimos 12 meses pasó de l 79% de 1997 (mayor valor de toda la
serie) a l 77% de 2019, encontrándose el menor nivel e n 2007 (73% ). P or su p arte, el
porcentaje d e personas que a firmaron hab er cons umido alcohol e n los úl timos 30 días
fue d el 64% en 1997 y d el 63% en 2019, mostrando su dato más bajo en 2 007 (60%) y
más alto en 2005 (65%). Sin embar go, el consumo diario ha experimentado un declive
en las últimas dos décadas. Si en 1997 el 13% consumía alcohol diariam ente, en 2019
este porcentaje se reducía al 9%, observándose la mayor reducción entre 2005 (15%) y
2007 (10%) (Observa torio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021a).
El consumo de alcohol ( registrado)
5
per c ápita (lit ros de etanol puro) en España
se redujo de manera global entre 1962 (14,7 litros) y 2016 (8, 6 litros) aunque con ciertas
oscilaciones a lo largo de los años (18,6 en 1975, 11,1 en 1995, 12,4 e n 2001) y un
cierto r epunte en el último año an alizado (de 8,3 e n 2015 a 8, 6 en 2016 ). R especto a los
distintos tipos de bebidas alcohólica s, el consumo de cerv eza aumentó entre 1962 (1,1
litros) y 2016 (4,6 litros) aunque este crecimiento se pr odujo mayoritariamente hasta
1985 (4,0 litros), manteniéndose en valores en torno al 4,5 desde 2011. Por el contrario,
el c onsumo de vino disminuyó ostensiblemente en estas décadas, pasando de los 10,5
litros al inicio de la serie a los 1,6 litros de 2016 (no ha variado entre 201 5 y 2016). El
consumo de li core s descendió ligera mente en el pe riodo global 1962-2016 (3,1 -2,4
litros), aunque s e observ ó un cier to repunte entre 1995 (2,9 litros) y 200 1 (4,2 litros),
5
El alcoh ol registrado se refiere al co ntabilizado en las estadísticas oficiales sobre imp uestos o ventas de
alcoho l (World Hea lth Organization , 2018b).
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
49
disminución hasta 2012 (2,2 li tros), que permaneció estable hasta 2016 (2,4 litros)
(World Health Orga nizat ion, 2018b).
Seguidamente se presentarán los datos de consumo de alcohol en población
adolescente. Comen zando con los datos mundiales, el informe sobre alcohol de la
Organización Mundial de la S alud mencionado anteriormente, Global status re port on
alcohol 2018, indi ca que en 2016, el 38% de los chicos y chica s de 15 a 19 años había
consumido alcohol alguna vez en su vida y el 2 7 % lo había consumido en los últimos
12 meses (este último dato supone 155 millones de a dolescentes). Estos datos son
menores a los en contrados en 2010, que ascendí an al 46% y al 34%, respectivamente.
Atendiendo a las regiones geográficas, la distribución del consumo y las tendencias s e
asemejan bastante a las de la población general. Así, la prevalencia del consumo en la
vida se redujo en las regiones de Europa (84% al 59 %), Pacífico Oeste (51% al 47 %),
África (42% al 30%) y Mediterráneo Este (17% al 2%), permaneció en va lores similares
en América (71% al 70%) y se duplicó en el Su deste Asiático (14% al 28%). En lo que
respec ta al consumo en los últimos 12 meses, disminuyó en las regiones de Europa
(70% al 44 %), América (53% al 28%), África (29% al 21 %) y Mediterráneo Este (10%
al 1 %) , permaneció en valores sim ilares en el Pacífico Oeste (37% al 38 %) y se
incrementó notabl emente en el Sudeste Asiá tico (8% al 21 %) (World Health
Organiza tion, 2018b).
Tomando los datos del estudio internacional He alth Behaviour in School-aged
Children ( HBSC ), llevado a c abo por la Organizac ión Mundial de la Salud en un
crec iente número de países de la Región Europea de la OMS y América del Norte ,
también se observan descensos en el consumo de alcohol, aunque más discretos . El
consumo alguna vez en la vida en a dolescentes de 15 años ha pasado del 65% en 2014
(primer dato disponible de la serie) al 59% en 2018, observándose los mayores
descensos (entre 10 y 20 puntos) en la República de Moldavia, Rusia, Estonia, Suec ia,
Eslovenia y Eslovaquia. F rancia (solo los chicos) fue el único país donde se detectó un
aumento. En esta últ ima edición del estudio (2018), los mayores porcentajes s e
encontraron en países como Grecia, Dinamarca y Hungría (80 -85%) mientras que los
menores v alores se obser varon en A zerbaiyán y Kazajistán (7 -8%). España se sit uó por
encima de l a media en 2018 con un 67%, similar al 66% de 2014. M enor es el desce nso
detectado en el consumo de alcohol en los últimos 30 días, pasando del 39% en 2014 al
37% en 2018. De nuevo se aprecian los mayores desc ensos en República de Moldavia,
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
50
Rusia, Estonia, Suecia y, especialmente, en Groenlandia (en torno a 20 puntos). Sin
embargo, e n este caso son varios los países que muestran incrementos, como , por
ejemplo, Alemania, Gales, Letonia o Portugal ( solo los chicos en estos dos último s
países). En 9 países (Dinamarca, Grecia, Serbia, Alemania, Bélgica flamenca, Bulgaria,
Gales, Hungría y Austria), más del 50% de sus adolescentes de 15 años habían
consumido alcohol en los últim os 30 días en 2018. Los menores valores se observaron
en Azerbaiyán y Kazajistán (3-4%). Nu estro país permanec ió alrededor de la media en
ambos años (porcentaje s alrededor del 38% en ambos años) (Inchley et al., 2020).
Los datos de consumo d e alcohol semanal de este mism o estudio permiten un
análisis más amplio en el tiempo. De este modo, se observa una importante caída en el
consumo de alcohol semanal en adolescentes de 15 años entre 2002 (26%) y 2014 -
último dato disponible- (13% ), a unque con un periodo e stable entre l as dos primeras
ediciones (2002 y 2006). Este desc enso global también fue detectado par a los distintos
tipos de bebidas alcohóli cas. Así, tanto el c onsumo de cerveza (19% -8% ), como e l de
vino (8%-4%) y el de licores destilados (12%-5%) disminuyeron entre 2002 y 2014
(Inchley et al., 2018) . Examinando en profundidad las tendencias por países, el
consumo de alcohol semanal en adolescentes d e 15 años disminuyó entre 2002 y 2014
en todos los países excepto Israel, la Repúbl ica de Macedonia d el Norte y Rumanía. La
mayoría de los países ini ciaron el d escenso en 20 02, pero solo nueve (Bélgica flamenca,
Bélgica fr ancesa, Can adá, Dina marca, Inglaterra, Estoni a, P aíses Bajos, Escoc ia y
Gales) mostraron una tendencia lineal. Las mayores reducciones (por encima del 70%)
se observaron en los países que mostraban los porcentajes más altos en 2002, como
Dinamarca, Inglaterra, Escocia, Ucrania y G ales, así como en otros países con
porcentaje s más bajos en 2002 (Estonia, Groenlandia, Islandia, Irlanda, Letonia,
Noruega, Federación Rusa, Suecia y S uiza). En 2014, los valore s más alto s (superiores
al 20%) se observaron en Malta, Croacia, Italia, Hungría y Grecia, mientras que los más
bajos (5% o menos) se encontraron en Islandia, Noruega, Su ecia Irlanda, Groenlandia,
Finlandia, Letonia y Estoni a. En el caso de España, los valores descendier on del 21% en
2002 al 8% en 2014, con un importante descens o entre 2010 y 2014 (21% -8%). No se
poseen datos de 2006 p or lo que se d esconoce l a natura leza d e la tende ncia completa
(Leal-López et al., 2021) .
Otro de los informes más im portantes sobre el consumo de d rogas en
adolescentes es el European School Survey Project on Alcohol and Drugs ( ESPAD ) ,
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
51
realiza do por el Observatorio Europeo d e las D rogodependencias. Los datos de este
estudio, llevado a cabo en chicos y chicas de 1 5 -16 años, también informan de una
tendencia de scendente en el consumo de alcohol en la vida entre 1995 (88%) y 2019
(80%). Gran pa rte de los países participantes most raron valores similares o ligeramente
menores, ex ceptuando Irlanda , Islandia, Noruega y Suecia, donde se detectaron
descensos más pronunciados. El único país que expe rimentó un ci erto in cremento fue
Croacia, de bido a la tendencia creciente entre 1999 y 2007. P or otro lado, el consumo de
alcohol en los últimos 30 días creció desde 1995 ( 55%) hasta 2003 (63%), momento en
el que comenzó a d escender hasta 2015 (48%) y que permaneció estable en 2019. De
nuevo, y en la misma línea del dato anterior, la tendencia global es descendente. La
mayoría de los p aíses re dujeron sus niveles de consumo , con los mayor es descensos
observados en I rlanda, Islandia, Noruega y Suecia, y especialmente en Lituania (50
puntos). Ocho países, como Francia, Hungría y, de nuevo, C roacia, rompen esta
tendencia descendente y muestran un aumento en el global de la serie . Esp aña participó
por primer a v ez en este estudio en 2019, detectándose un 78 % y un 47% de
adolescentes de 15-16 a ños que han consumido alcohol en la vida y en los últimos 30
días, respec tivamente (E SPAD Group, 2020).
También se ha observa d o una re ducción en e l consumo de alcohol adolescente
en otros países que partían de altos niveles de consumo. Es el caso, por ejemplo, de
Estados Unidos y Austr alia. En Estados Unidos, los datos de la últ ima edición del
estudio Monitoring the Future indican que el cons umo de alcohol en adolescentes de 13
a 18 años se ha reducido en los últimos 30 años. Así, el consumo de alcohol en la vida
disminuyó progresivame nte desde 1991 (80%) ha sta 2020 (44%), aunque con periodos
de estabilidad e n ciertos años. Asimismo, el consumo e n los últimos 30 días (40% en
1991 y 21% en 2020) y el consumo diario (2% en 1991 y 1% en 2020) también s e
redujeron en este periodo. No obstante, en los tres tipos de consumo se observa ro n
ligeros aumentos entre las dos últimas ediciones d el estudio 2019 y 2020, encontrándose
que estos aumentos estaba n presentes en los tres grupos de edad analizados (Miech et
al., 2021). Otra de las encuestas más importantes en esta temática llevadas a cabo en
Estados Unidos con población adolescente, en est e caso con chicos y chi cas de 14 a 18
años, es l a encuesta Youth Risk Be havior Survey . De sus resultados se desprenden
descensos globales en la pre valencia de consum o de alcohol en la vida (82% fr ente a
60%) y en los últimos 30 días (51% frente a 2 9%) entre 1991 y 2019, aunque con
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
52
ciertos periodos de est abilidad , c omo, por ejemplo, entre 1991 y 1999 y entre 2017 y
2019 (Centers for Disease Control and P revention, 2022 ). En Australia, la encue sta
Australian Sc hool Students Alcohol and Drug (ASSAD), realizada cada 3 años en
adolescentes de 12 a 17 años revela descensos gl obales entr e 1996 y 2017 (último dato
disponible), aunque el d eclive comenzó esp ecialmente desde el cambio d e siglo (2002)
y no se produjeron c ambios notables en los años más recientes (2014-201 7) en todas las
medidas. S i se toman los datos concretos de los y las adolesc entes de 16 y 17 años, se
encuentra que el consum o de alcohol en la vida pasó del 96% de 1996 al 83% de 2017;
el consumo en los últ imos 12 meses del 90% en 1 996 al 72% en 2017 ; en los últim os 30
días del 69% al 49%; y en los últimos 7 días, del 49% al 29% (Guerin & White, 2020 ).
Por el contrario, hay otros países, que pa rtían de menores niveles, en los q ue el consumo
de alcohol en adolescentes se ha incrementado, como es el caso de Sudáfrica . Así, l os
datos de South Africa Demographic and Health Survey con adoles centes de 15 a 19
años muestran un aumento en el porcentaje de adolescentes que a firma ro n haber bebido
alguna vez alcohol en su vida entre 1998 (20 %) y 2016 (35%) (N ational D epartment of
Health et al., 2019).
En España, al ser uno de los países que part ía de un consumo de alcohol elevado,
es un buen ejemplo de l descenso en la prevalencia y frecuencia de cons umo . Así, los
datos de la Encuesta so bre Uso de Drogas en Ense ñanzas Secundarias en España
(ESTUDES) del Observatorio Español de las Drogas y las Adiccion es, que cada dos
años recoge datos sobre el consumo de drogas e n adolescentes de 14-18 años, refle jó
descensos totales en los dist intos tipos de consumo , aunque en todos s e percibieron
momentos de crecimiento, estabilidad y desc enso. Así, la prevalencia del consumo de
alcohol e n la vida disminuyó del 84% en 1994 al 74% en 2021, observánd ose el mayor
porcentaje en 1998, con un 86% , y el menor, en 2021, con un 74%. Los datos de
consumo e n los últ imos 12 meses se asemejan bastante a los anteriores, reduciéndose
del 83% en 1994 al 71% en 2021 y de nuevo el mayor valor se alcanzó en 1998 (84%),
y el menor valor en 2021 (7 1%). Por su pa rte, el consumo en los últim os 30 días es el
tipo de consumo que experimentó el descenso más pronunciado (21 puntos),
disminuyendo del 75% en 1994 al 5 4% en 2021, aunque también se produjeron
fluctuaciones (56% en 2002 y 74% en 2012). Respec to al consumo diario, los datos
reflejaron un aumento d el 2% en 2006 (primer dato dispo nible) al 6% en 2010 y luego
decreció progresivamente hasta el 1 % d e 2018 , da to que se mantuvo estable en 2021 .
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
53
Hay que resaltar que e n todas las medidas se produjo un cierto repunte en el consumo en
2012 (Observatorio Español de las Drogas y la s Adicciones, 2021b).
1.2.2 Episod ios de embriagu ez
En relac ión con los e pisodios de embriaguez (en la Tabla 6 se presenta un
resumen de los datos más relevantes), son menos los datos disponibles tanto en
población adulta como adolescente, debido a q ue muchos estudios se inclinan por
analizar comportamientos que implican un consumo intensivo de al cohol en un a sola
ocasión, como, por ejemplo, el binge drinking o heavy episodic drinking en lugar de los
episodios de embriaguez propiamente dichos. Un ejemplo de ello es el informe Global
Status Report on Alcohol 2018 de l a O rganización Mundial de l a Salud, el cual muestra
que el porcentaje de personas de 15 o más años en el mundo que manifestaron heavy
episodic drinking, definido en este informe como 60 o más gramos de alco hol puro en al
menos una oc asión por mes, fue del 18% en 2016. La s regiones c on los valores más
altos, por encima d el 20 %, fueron Eu ropa, el P acífico Oeste y las Américas, mientras
que la re gión del Mediterráneo Este se situó por debajo del 1%. El p orcentaje de
personas con este patrón de consumo se redujo en 5 puntos desde el año 2000 , cuando el
porcentaje ascendía al 23%, con des censos observados tanto en nuestra reg ión, Europa,
como en África y América. Las r egiones del M editerráneo Est e, Sudeste Asiático y
Pacífico Oeste mostraron valores relativamente estables entre ambos años. Sigui endo
con la población adulta, pero en este caso en n uestro país, l a encuesta EDADES sí
ofrece información sobre los episodios de embriaguez en personas adult as (15 -64 años).
Los datos reflejan que l a prevalencia de episodi os de embriaguez en lo s últimos 12
meses se ha mantenido relativamente estable de sde 1997 hast a 2019 (19% e n ambos
años), aunqu e con pequeñas oscilac iones (valor más alto en 2009, 23%, y el más bajo,
en 2015, 17%). Respecto a los e pisodio de embriaguez e n los últimos 30 días, el
porcentaje fu e del 7% en 2019, dato similar a 2017 (Observatorio Español de las Drogas
y las Adicciones, 2021a) .
Atendiendo a la poblaci ón adolescente, el estudio HBSC internacional reporta
que el porcentaje de adolescentes de 15 años que han experimentado al menos dos
episodios de embriaguez en sus vidas ha ido disminuyendo paulatinamente desde 2002
(36%) hasta 2018 (20%), con el ma yor descenso detectado (9 puntos) entre las ediciones
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
54
de 2010 (32%) y 2014 (23%). La mayoría de los países dism inuyeron sus valores entr e
el inicio y el fin d e la serie, siendo Gr oenlandia y Ucrania dos de los países c on los
mayores d esce nsos. Otro s países , como Hungría o Grecia, se han manteni do en valores
similares a lo largo de todo el periodo. En 2018, los países con mayores ni veles fueron
Austria (único país que ha aumentado entre 2014 y 2018), Dinamarca, Gales, Lituania,
Escocia y Hungría (por encima del 30%) y los de menores niveles , Azerbaiyán y
Kaza jistán (2 -3%). España pasó del 25 % en 2002 , al 33% en 2010, descendió al 21% en
2014 y se ha mantenido en dicho valor en 2018. Sin embargo, el dato de episodios de
embriaguez en los últimos 30 días no h a variado entre 2014 (no h ay datos disponibles
de las ediciones anterior es) y 2018, situándose e n un 15% en ambas edic iones y con la
mayoría de países p ermaneciendo en valores relativamente estables. En 20 18, los países
con mayores porcentajes de adolescentes que se habían embriagado al menos una vez en
los últim os 30 días fueron Dinamarca, Bulgaria y Gales (en torno a 25% o más), y el
menor, Kazajistán (2% ). España se situó en torno al 13% en ambos años ( Inchley et al.,
2020 ; I nchley et al., 2018 ; Leal-López et al., 2021).
En la misma línea descendente se muestran los datos de la en cuesta ESPAD,
aunque, en este caso, se observan descensos en la s dos medidas analizada s entre 1995 y
2019. Así, el porcentaje de chicos y chicas de 15-16 años que se han embriagado al
menos una vez en sus vi das pasó del 55% al 36 % , y en los últimos 30 días, del 27% al
13%. En ambos casos, los países que mostraron los descensos más marcados fueron
Finlandia, I slandia, Irlanda, Lituania, Noruega y Suecia. Nuestro p aís, que solo ha
participado en la edición de 2019, presentó unos porcentaje s por encima d e la media en
ambos casos (43% y 17%, respectivamente). En esta misma encuesta, los datos de heavy
episodic drinking , entend ido como cinco o m ás bebidas alcohólicas en una sola ocasión
al menos una v ez en el últim o mes, revelaron un aumento desde 1995 (36%) hasta 2007
(42%) y post erior c aída al nivel previo de 36% en 2015, valor que s e ha mantenido
estable en 2019 ( 35%) (ES PAD Group, 2020).
En Estados Unidos, y en la lí nea de lo comentado previamente p ara l as otras
medidas de consumo de alcohol, el estudio Monitoring the Future re veló que tanto los
episodios de embriaguez en la vida como en los últimos 30 días se redujeron de manera
global entre el inicio d e l a serie en 1991 (46% y 1 9%, respectivamente) y 2020 (26% y
11%, respectivamente), aunque la tendencia descendente comenzó con el cambio de
siglo. En ambos casos se detectó cierta estabilización en los años más r ecientes (Miech
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
55
et al., 2021). Por su parte, la encuesta Youth Risk Behavior Surve y muestr a que el binge
drinking , definido como tomar 5 o más b ebidas (chicos) y 4 o más (chicas) en un
periodo de dos horas en los últimos 30 días, decreció en el periodo global 1991 (31%) y
2017 (13% ) aunque con periodos de estabilidad (1991 -1999 y 2011-2013 ) (Centers for
Disease Control and P revention, 2022 ). En Austr alia, el porcentaje d e adolescentes que
habían consumido 4 beb idas o más de entre quienes ha bían c onsumid o alcohol en los
últimos 7 días, cre ció de manera global entre 1984 (16%) y 1996 (27%) y se ha
mantenido en valore s si milares desde entonces (29% en 2017) (Guerin & White, 2020).
En referencia a los dat os de adolescentes en España, la encuesta EST UDES
también indica un descenso en el porcentaje d e chicos y chicas que se han embria gado
alguna vez en su vida desde el inicio de la serie en 2008 (56%) hasta 2021 (48%). No
obstante, los datos de e pisodios de embriaguez en los últimos 30 días muestran un
aumento en el global de la serie (del 16% en 199 4 al 23% en 2021) , debido a un fuerte
crec imiento experimentado desde el inicio hasta 2010 (36%). P osteriormente, se
produjeron d escensos en 2012 (31%) y 2014 (22%) y estabilización a p artir de enton ces
hasta 2021 (2 3%). Los datos de binge drinking , definido como haber tomado c inco o
más vasos de bebidas alcohóli cas en un intervalo aproximado de dos h oras, informan de
una reducción global de este c omportamiento entre el primer dato disponible de 2008
(41%) y 2021 (2 8 %) (Observatorio Espa ñol de las Drogas y las Adicciones, 2021b).
1.2.3 Con sumo de tabaco
El siguiente indicador hace referencia al consumo de tabaco, específicamente se
presentan los datos de ta baco fumado (en la Tabl a 7 se presenta un resumen de los datos
más relevantes). Como se comentó al inici o de este apartado, en primer lugar se
mostrarán los datos in ternacionales de población adulta, seguidos de los datos
nacionales de este mismo grupo. A continuación se presentarán los datos
internacionale s sobre adolescentes y , por últim o, los datos nacionales referidos a
adolescentes. En pobl ación adulta, el último informe de la O rganización Mundial de la
Salud, WHO Global Re port on Trends in Prevalence of Tobacco Use 2000-2025 ,
informa de que el porcentaje de p ersona s fumadoras de 15 o más años en el mundo se
redujo del 26% en 2000 hasta el 19 % en 2018. Este de scenso se produjo en todas las
regiones, siendo la regió n de América la que pr esentó el mayor descenso (27%-14%),
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
56
seguida de Eur opa (34%-26%), y a c ontinuación, el Pacifico Oeste (29%-24%), el
Sudeste Asiático (21% -16%), el Medite rráneo Es te (21%-17 %) y la región de África
(14%-10%) (World Health Organization, 2019c).
En la misma línea, el Eurobaróme tro de la Comisión Europea llevado a cabo en
los países miembros de l a Unión Europ ea p ara conocer las actitudes de su s ciudadanos
de 15 o m ás años hacia e l ta baco, t ambién reveló un descenso en el consumo de tabaco
en la vida, pasando d el 58% en 2003 al 45% en 2 020. Sin embargo, España se mantuvo
en niveles similares en ambos años (en torno al 55%). Asimismo, el porce ntaje d e
personas fumadoras también se re dujo en este periodo (39% en 2003 y 23% en 2020),
aunque este descenso no fue c ontinuo, observándose pe riodos de estabilidad, como el
sucedido entre 2014 y 2017 (26% en a mbos años) . En el caso de nuestro país, el
porcentaje de personas que fuman ac tualmente se redujo del 40% en 20 03 al 24% en
2020. En 2020, la propor ción de personas fumadoras en la actualidad varió ampliamente
entre los países, encontrándose niveles de sde el 42% de Grecia o el 38 % de Bulgaria
hasta el 12% de Países Bajos y Reino Unido o el 7% de Suecia (European Comission,
2003, 2015, 2017, 2021a).
En España, los datos de la encuesta EDADES (población de 15 a 64 años ),
reflejan t endencias distintas según el tipo de consumo. Así, el porcentaje de pe rsonas
que habían fumado tabac o alguna vez en sus vida s fue similar en 2019 (70%) respecto
al ini cio de la serie en 1997 (70%), aunque con alt ibajos a lo largo de estos 20 años ( el
menor valor de la se rie se registró en 1999, con un 65%, mientras qu e el ma yor, en
2009, con un 75%). En cambio, el consumo en los últimos 12 meses y en los últ imos 30
días se re dujeron e ntre 1997 (47% y 43%, respectivamente ) y 2019 (40% y 37%,
respec tivamente), obteniéndose, en ambos c asos, el menor valor de toda la serie en
2019. Más discreto, sin embargo, es el des censo e n el consumo diario, pas ando del 35%
en 1997 al 32% en 2019. Los mayores y menores porcentajes se detectaron en 2003
(37%) y 2007 (30%), respectivamente (Observatorio Espa ñol de las Droga s y las
Adicciones, 2021a).
Poniendo e l foco en el consumo de taba co en a dolescentes también se han
detectado des censos en l a mayoría de los países, aunque no en todos. Comenza ndo por
un estudio en el que emplearon datos d el Global Youth Tobacco Survey con
adolescentes d e 13 a 15 años de más de 140 países (entre los que no se encuentra
España) encontraron que, en 2019, la p revalencia global de c onsumo d e cigarrillos e n
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
57
los últimos 30 días fue de 11,3% en los chicos y 6,1 en las chicas. Por regiones, el
Pacífico Oeste (17,6%) y el S udeste asiático (15,7%) son l as zonas que mayor
prevalencia presentan para los chicos, mientras que África (8,6%) y las Américas
(8,1%), las que menores porce ntajes muestran. N uestra región, Europa, s e mantiene en
una posición intermedia, con 10,6%. En el caso de las chicas, es precisamente Europa l a
que mayor prevalencia presenta (9,0%), seguida del Pacífico Oeste (7,1%). Los menores
datos se observan en África (3,7%) y el Mediterráneo Este (3,4%). En cuanto a las
tendencias entre el pri mer año del estudio (variable según cada país) y 2019,
encontraron que el consumo de cigarrillos en los últimos 30 d ías se redujo en 80 países,
no hubo cambios en 39 y aumentó en 21 (Ma et al., 2021). En otro trabajo con datos del
Global Burden of Diseases, Injuries, and Risk Factors Study 2019 en el que estimaron
la prevalencia del consumo de tabaco (fum ado) en jóvenes de 15 a 24 años de 204
países y territorios de todo e l mundo, los resultados mostraron que, en 2019, 155
millones de jóvenes eran fumadores, siendo la proporción del 20% en los chicos y del
5% en las chicas. La prevalencia global descendió en torno a un a tercera pa rte entr e
1990 y 2019. Los resultados detectaron un a alta variabilidad entre los país es, con 81 de
ellos presentando descensos significativos (mayores caídas en Noruega , Australia y
Brasil), 12 aumentos significativos (entre ellos, Albania, Arabia S audí o El Salvador) y
los 111 restantes, niveles semejantes (Reitsma et al., 2021).
En Europa , los datos del estudio HBSC internacional muestran que el consumo
de tabaco en la vida por parte de los y las adolescentes de 15 años ha experimentado una
reducc ión a m enos de la mitad entre 2002 (62%) y 2018 (28%), siendo especialmente
pronunciada entre 2010 (49%) y 2014 (34%), cuando disminuyó en 15 puntos. La
mayoría de los países prese ntaron importantes descensos, siendo los más marcados los
de Ucrania, I nglaterra, Austria, Noruega y Alemania (superiores a 40 puntos). Los
países con los m ayores nivele s en 2018 fuero n Lituania, Le tonia y Estoni a y , con
menor, Azerbaiyán y K aza jistán. España pasó d el 54% en 2002 al 31% en 2018. El
consumo en los últimos 30 días presenta v alores muy similares entre 2014 (primer dato
disponible) y 2018 tant o a nivel global (18% f rente a 15%) , como en España (15 %
frente a 16% ). Se det ectaron descensos en torno a la mitad de los países mientras que en
Albania (solo las chicas ), Armeni a (solo los chicos) e Islandia (solo los chicos) se
observaron aumentos. E n el consumo diario s e produjo una importante reducción,
pasando del 18% en 2002 al 8% en 2014 (último dato disponible). En un terc io de los
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
64
1.2.5 Con sumo de drogas ilegales d istintas al cannabis
En este punto se present a la información relacio nada con el consumo d e otras
drogas ilegales distintas al canna bis, como pueden ser los opioides, las anfetaminas, el
éxtasis, la cocaína y otras sust ancias (en la Tabla 9 se presenta un resumen de los datos
más relevantes). De nue vo, el orden de pr esentación de los datos será, en primer lugar,
los referentes a la pobl ación adulta internacional, seguidos de los de la población adulta
de España. A continuació n, se describirán los datos de la población adolescente
internacional y, para terminar, los de la pobl ación adoles cente nacional. A nivel
mundial, e l World Drug Report 2021 estima que en 201 9, 62 mill ones de personas
habrían consumido opioid es
6
en el último año (se incluyen también el mal uso de
opioides farmacéuticos), lo que se corre spondería con un 1,2% de la población mundial
de 15 a 64 años. Entr e 2 010 y 2019, el número estimado de consumidores de opioid es
en todo el mundo se duplicó, pasando de 31 a 62 millones de personas consumidora s
estimadas en el últim o año , aunque parte de dicho incremento se debe al aumento de la
población global. Las regiones con más consumo fueron Norte Am érica (3,6%),
Australia-Nueva Zelanda (3,3%), Oriente Próxim o y Medio-Sudoeste Asiático (2,6%) y
el sur de Asia (2,0 %) . En nuestra región, Eu ropa, la p revalencia del consumo de
opioides en el últim o año en 2019 se estima en el 0,7% de la pobl ación d e 15 a 64 años
(3,6 millones de personas ). En Europ a Occidental y Central (principalmente los Estados
miembros de la Unión Europea), la h eroína sigue siendo el principal opioide utilizado.
Entre 2010 y 2019, el número estimado de personas que consumen opioides y la
prevalencia del c onsum o de opioides en el últ imo año ( mayoritariamente heroína)
aumentaron a proximadamente un 65%, manteniéndose estable desde 2016 (United
Nations Office on Drugs and Crime, 2021).
En relación c on las anfetaminas (se i ncluyen las a nfetaminas y
metanfetaminas) , en 201 9 la estimación fue de 27 millones de personas, es decir, un
0,5% de la pobla ción de 15 a 64 años. D e nuevo, las regiones d e Norte América (2,3 %)
y Australia-Nueva Zelanda (1,3%) most raron los mayores porcentajes de consumo. En
Europa, se estimó que el 0,5% de la población (2,5 millones) había consumido
6
En este informe, lo s o pioides son un grupo d e dro gas que compr ende diversas sustancias co mo los
opiáceo s y sus an álogos sint éticos. Los opiáce os so n lo s alcaloid es natu rales q ue se en cuentran en la
adorm idera e in cluyen la morfina, la codeína y la tebaína. Entr e su s derivados semisintéticos se encu entra
la hero ína, la h idrocodona, la ox icodona y la bupren orfina. Los opioid es sintéticos o f armacéutico s son la
metado na, la petidina, el tram adol o el fentanilo (World Health Org anization , 2008a).
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
65
anfetaminas en el últ imo año. L os datos revelan que el número de personas
consumidoras de anfetaminas en los últimos 12 meses se ha mantenido estable en los
últimos años, pero el análisis de aguas residuales parece indi car un aumento de la
cantidad consumida. En Europa Occidental y C entral, el consumo de anfetaminas es
más común que el de metanfe taminas. E l consumo de metanfetaminas se ha notificado
principalmente en Chequia, aunque también parece existir un consumo creciente en
otros países, como España, Chipre, Alemania (la parte oriental), Eslovaquia y en zonas
del norte de Eur opa (Unit ed Nations Of fice on Drugs and Crime, 2021).
En cua nto a la cocaína , son casi 20 millones de personas las que se estima que
consumieron esta droga en los últimos 12 meses en 2019 (0,4% de la p oblación). En
este c aso, las re gion es con mayor p revalencia de consumo en el último año son
Australia-Nueva Zelanda (2,7 %) y Norte América (2,1%). En Europa, se estima que, en
2019, 5 millones de personas o alrede dor de 0,9% de la población de entre 15 y 64 años,
había consumido cocaína en el último año. El consumo de cocaína es mayor en Europa
Occidenta l y Central (1,4%, o 4,4 mi llones de personas) que en Europa Oriental y
Sudoriental (0,3%, o 580.000 personas). Mu chos países de Europa Occidental y C entral,
especialmente aquellos con una alta prevalencia de consumo de cocaína, como
Inglaterra, Gales, Alema nia e I talia, han info rmado de un aumento d el consumo de
cocaína en sus encuestas reciente s. Entre 2010 y 2019, la prevalenc ia estimada del
consumo de cocaína en el últ imo año se mantuv o bastante estable, en to rno al 0,4%,
pero el crecimiento de la población provocó un aumento del 22% en el número de
personas que habían consumido cocaína en el último año. R espec to al éxtasis , la
estimación en 2019 ronda los 20 millones de personas (0,4% de la población) que han
consumido esta sust ancia en el último año , con las regiones d e Australia -Nueva Zelanda
(2 ,8 %) y Norte América (0,9%) con los mayores porcentajes. En nuestra región,
Europa, se estimó que a proximadamente el 0,7% de la población (3,6 mi llones de
personas) de entre 15 y 64 años habí a consumido éxtasis en el último año, siendo la
prevalencia de consumo en Europa Occidenta l y Centra l (0,9% , o 2,8 millones de
millones de consumidores en el último año) mayor que en Europa Orient al y
Sudoriental (0,4%, o menos de 800.000 personas ) (United Nations O ffice on Drugs and
Crime, 2021).
A continuación, se muestran los datos de consumo de diversas drogas il egales en
población adulta de España. Como muestra la encuesta EDADES , el consumo de
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
66
hipnosedantes con o sin receta h a crecido de man era notabl e entre 2005 y 2019, tanto
el consumo en la vida (9% a 23%), en los últimos 12 meses (5% a 12%), en los últimos
30 días (4% a 9%) como a diario (3% a 6%). En cuanto a los analgésicos opioides , las
tres medidas se han ma ntenido estables en los dos años en los que se han analizado,
2017 y 2019 (15% en la vida, 7% en los últimos 12 meses y 3% en los últimos 30 días).
Por su parte, el consumo de anfetaminas en la vi da se ha mantenido en valores del 2 -
4% en todos los años, mi entras que el consumo en los últimos 12 meses se mantuvo en
torno al 1% en todo el periodo y el consumo en los últim os 30 días entre 0 -1%. En
referenc ia a la cocaína en polvo, el consumo e n la vida experimentó un importante
aumento entre 1995 (3% ) y 2009 (10%) y se ha mantenido en valore s similares hasta
2019; el consumo en los últimos 12 meses perma neció en torno al 2 -3% e n toda la serie
y el consumo en los últimos 30 días en el 1%. Sin embargo, la cocaína ba se presentó , en
todos los tipos de consumo y en todos los años, porce ntajes muy residuales (0 -1%). En
relación con el éxtasis , el consumo en la vida crec ió del 2% al inicio d e l a serie al 5 %
en 2009 y desde entonces se ha mantenido en valores similares, situándose el consumo
en los últ imos 12 meses y últimos 30 días entre el 0% y 1 % en toda la serie. El
porcentaje de personas que han consumido alucinógenos o setas m ágicas alguna vez en
su vida creció entre 1995 y 2019 (2% al 6% y 2% al 4 % , respectivamente), aunque
quienes han consumido en los últimos 12 meses y últim os 30 d ías no alcanz a el 1% en
ambos casos. Estos mínimos valores, casi nulos , también se han encontrado para la
heroína , metanfetaminas , inhalantes volátiles y GHB en todas las medidas y todos
los años analizados (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021a).
Si se examina el consumo de este tipo de drogas en adolescentes a nivel
internacional, l a en cuesta ESPAD informa de que el consumo de d rogas ilegales
distintas al cannabis algu na vez en la vida most r ó su dato más bajo en 1995, con un 3%.
Desde entonces ha experimentado mínim as fluctuaciones entre el 5-7 %, siendo en 2019
del 5%. Los datos muestran variabilidad en las tendencias de los países con algunos
mostrando descensos (Rumanía o Irlanda), estabili zac ión, aunque con un pico de
consumo en 2007 (Malta o Fra ncia) y aumentos globales (Chequia o P ortugal). En
2019, los países con may ores niveles d e consumo fueron Estonia y Letonia (en torno al
8-9 %) . España, en su única particip ación en este estudio en 2019 mostró un porcentaje
del 4% (ESPAD Group, 2020). En Estados Unidos, los datos del estudio Monitoring de
Future indican que el consumo en la vida de drogas ilegales dist intas a la marihuana se
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
67
redujo del 20% en 1991 al 14% en 2020, aun que si se incluyen los inhalantes, los
valores se mantien en en el 37-38% durante toda la serie (Miech et al., 2021 ). Por su
parte, la e ncuesta Youth Risk Behavior Surv ey r eportó que el consumo de drogas ilegales
(coca ína, inhalantes, heroína, metanfetaminas, éx tasis, alucinógenos) en la vida pasó del
29% en 2001 al 15% de 2019 (Centers for Disease Control and P reve ntion, 2022 ). En
Australia, la encuesta Au stralian School Students Alcohol and Drug Surv ey refleja que,
entre 1996 y 2017, la evolución del consum o de drogas ilegales en la vida en
adolescentes de 16 -17 añ os varió en función de la droga (cocaína: 3% -4%; éxtasis: 5%-
9%; inhalantes; 17%-15%; alucinógenos: 13%-6%); opiáceos: 4%-2% d ato de 2014 ;
anfetaminas: 9%-5% dato de 2014 ) (Guerin & White, 2020).
En nuestro país, los datos sobre consumo de drogas ilegales distintas al ca nnabis
de adolescentes provenientes de la en cuesta ESTUDES muestran que el consumo de
hipnosedantes con o sin receta ha crecido en estos años. Así, el c onsumo en la vida
crec ió del 7% en 1994 al 17% en 2008 y se mantuvo re lativamente estable desde
entonces hasta 2021 (20 %), mientras que el consumo e n los últimos 12 meses (del 7%
al 14%) y en los últim os 30 días (del 4% al 8%) se ha duplicado desde 2006 a 2021. El
consumo de analgésicos opioides , evaluado por primera vez en 2019, se ha mantenido
estable en 2021, encontrándose que un 2% de los y las adolescentes consumió este ti po
de droga alguna vez en s us vidas, mientras que este porcentaje se r edu jo por debajo del
1% si se refiere al consu mo en los últimos 12 me ses o en los últimos 30 d ías. Por otro
lado, las tres medidas de consumo de cocaína mostraron niveles similares al inicio y a l
final de la serie, aunqu e experimentaron un crecimiento entre 1994 y 2004 y un
descenso a partir de entonces. Así, el consumo en la vida pasó del 3% en 1 994 al 9% en
2004 y de nuevo al 3% en 2021; el consumo en los últimos 12 meses, del 2% al 7 % y de
nuevo al 2% y el consumo en los últimos 30 día s del 1% al 4% y al 1%. Otras dr ogas
ilegales como las anfetaminas (del 4% al 2% en la vida, del 4% al 1% en los últi mos 12
meses y del 2 % a menos del 1% en los últim os 30 días), el éxtasis (d el 4% al 3% en l a
vida, del 3% al 2% en los últimos 12 meses y del 2% al 1% en los últimos 30 días), los
inhalantes volátiles (d el 3% al 2% en l a vida, de l 2% al 1% en los últimos 12 meses y
del 1% a menos de 1% en los últim os 30 días) y alucinógenos (del 5% al 2% en la vida,
del 4% al 1% en los últimos 12 meses y del 3% a valores inferiores al 1% en los últim os
30 días) mostraron descensos en los tre s tipos de c onsumo entre 1994 y 2021. Por su
parte, ciertas drogas c omo la heroína , metanfetaminas , GHB y los esteroides
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
68
anabolizantes permane cieron en valores en torno al 1% o inferiores en todos los tipos
de consumo durante todo el periodo contemplado. Para finalizar, nuevas sustancias
psicoactivas (NPS) como la ketamina, spice , mefedrona, salvia o la ayahuasca también
mostraron por centaje s en torno al 1% o inferiores desde 2010 (p rimer d ato disponibl e )
hasta 2021 en todos l os tipos de consumo (Observatorio Español de las Drogas y las
Adicciones, 2021b).
1.2.6 Edad de in icio en el con sumo de alc ohol y tabaco y en los
episodio s de embriaguez
En relación con la eda d de inicio (en la Tabla 10 se presenta un r esumen de los
datos más relevantes) , ha y que informar sobre va rias cuestiones importante s. En primer
lugar, los estudios presentan cierta variabilidad en sus resultados en fun ción de si la
población encuestada son personas adultas o adolescentes. En el c aso de e studios con
población adolescente, las edades de inicio su elen estar sesgad as hacia un inicio más
temprano por contar sólo con los y las estudiantes que ya consumen cu an do se pr egunta
(parte de l a muestra sólo tiene 15 o 16 años, por lo que , quienes ya han co nsumido, han
debido hacerlo necesariamente a esa edad o antes) . Sin embargo, cuando s e trabaja con
un rango mayor de eda d, como o curre con los estudios de pobla ción a dult a, la edad de
inicio informada es más tardía. Así, po r ejemplo, al examinar los d atos d e la e ncuesta
EDADES , que analiza el consumo de drog as entre personas d e 15 a 64 años en España,
se aprecia que la edad media de inicio en el consumo de alcohol y ta baco es de 16,7 y
16,6 años respectivamente (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones,
2021a), más elevadas que las reportadas por los y las adolescentes como se apreciará a
lo largo de estas páginas. Dado qu e esta Tesis Doctoral emplea info rmación extraída de
población adolescente, solo se expondrán los resultados de estudios co n este grupo
etar io . Ha y que señalar también que solo se presentarán datos de ini cio en el consumo
de alcohol y tabaco, así como de inicio en los episodios de embriaguez, que son las
variables an alizadas en esta Tesis. P or último, este indicador se puede p resentar de dos
formas diferentes: (a) co mo inicio temprano, que se re fiere a h aber consumi do alcohol o
tabaco o h aberse embria gado con 13 años o antes y ( b) como edad media de ini cio en el
consumo o en los episodios de embriaguez. En este apartado se mostrarán las medida s
empleadas e n cada informe determinado.
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
69
Los datos del estudio HBSC internacional (adolescentes de 15 años) inf orman
que entr e 2002 y 2014 (último dato disponibl e), el inicio tempr ano en el consumo de
alcohol se redujo a casi la mitad (46%-28%). Este descenso estuvo presente en todos los
países excepto Esloveni a, en el que aumentó, y Croacia, Estoni a, Grecia e Italia, con
valores sim ilares al ini cio y fin d e la serie. L as mayores caídas se encontraron en la
República C heca y Gales (más de 40 puntos). En 2014, los países con mayor porcentaje
de adoles centes qu e h abían bebido alcohol a los 13 años o antes fueron Es tonia,
Lituania, Grecia, Hungrí a y Croacia (40% o más) y con menor, I slandia, Israel, Suecia y
Noruega (15% o menos). En España , el porcentaje decreció en el periodo global 2002 -
2014 unos 11 puntos (del 37% al 26% ), aunque s ufrió un aum ento entre 2 006 (34% ) y
2010 (42%). También ha decrecido el inicio temp rano en los episod ios de embriaguez ,
redu ci éndose este comportamiento del 17% en 2002 al 8% en 2014. De nuevo, todos los
países disminuyeron en mayor o menor medida sus valores excepto Grecia, Hungría,
Letonia, Malta y República de Ma cedonia del Norte, que most raron es tabilidad. Los
mayores des censos fueron observados en Dinamarca, Inglaterra, Finlandia y Gales (m ás
de 20 puntos). En 2014, Estonia y Lituania fueron los países con mayo res porc entajes
de adolescentes que se habían embriagado con 13 o menos años (en torno al 20%),
mientras que en Islandia, Italia y Noruega se observaron los menores po rcentajes (2 -
3%). Nuestro país volvi ó a mostrar una tendencia desce ndente entre 2002 (9%) y 2014
(6%), aunque con un pico en 2010 (16%) (Inchley et al., 2018 ; Leal-López et al., 2021).
Respecto al inicio precoz en el consumo de tabaco , la reducción fue del 30% en 2006 al
17% en 2014 ( en 2002 el dato reporta do fue la edad media de inicio: 12,5 años). En la
mayoría de los pa íses se produjeron descensos aunque con alta variabilidad en su
magnitud. Así, países co mo Austria e I rland a redujeron sus porc entajes en 20 puntos o
más, mi entras que otros como Israe l, Letonia o Rumanía permanecieron en valores
similares. Los únicos dos países en los que se detectó un aumento fueron Groenlandia y
Lituania. En España, el desce nso llegó a ser de 16 puntos, pasando del 2 5 % en 2006 al
9% en 2014 (Curr ie et al. , 2004 ; Currie et al., 2008 ; Inc hley et al., 2016).
Los datos de la encue sta ESPAD (adolescentes de 15-16 años) reafirman las
tendencias que muestra el estudio HBSC . Así, se observa que el inicio temprano en el
consumo de alcohol se redujo del 57% en 2011 (primer dato comparable) al 33% de
2019. Todos los países disminuyeron sus niveles, siendo los más marcados (34 puntos o
más) los de Estonia, B ulgaria, Grecia, Lituania y Eslovenia. En 2019, Georgia (60%) y
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
70
Letonia (48%) fu eron los países con mayores nive les de inicio precoz en el consumo de
alcohol. Los menores niveles se observaron en Islandia, Kosovo, Noruega y Suecia
(menos del 15%). En lo que respecta al inicio precoz en los episodios de em briaguez ,
el porcentaje decreció d el 17% en 1995 al 7% en 2019. Descensos de 20 puntos o
superiores fue ron encontrados e n Dinamarca, Finlandia, Francia, I slandia y Suecia,
mientras que en U crania, el porc entaje de adol escentes que s e habían em briagado con
13 años o menos creció 3 puntos entre 1995 y 201 9. La mayorí a d e los p aíses mostraron
niveles e ntre el 2% y el 10% en 2019, excepto Georgia (25%). El inicio precoz en e l
consumo de tabaco pasó del 43% en 1995 al 18% en 2019. Todos los pa íses mostraron
descensos, con los más pronunciados en las Islas Feroes, Finlandia, Francia, Irlanda y
Suecia (40 puntos o más). En 2019, los países con mayores niveles de inicio pre coz en
el consumo de tabaco fueron Lituania, Letonia, C hequia, Estonia, Eslovaq uia y Ucrania
(más del 25%) y los menores, Islandia, Malta y Noruega (menos de l 10 %). En España,
participó unciamente en 2019, el 31% de los y las adolescentes informó de haber bebido
alcohol a los 13 años o antes, el 7% reportó haberse embriagado a los 13 años o antes y
el 16% indicó haber fumado tabaco a los 13 años o antes (ESPAD Group, 2020). En
otros países, como Es tados Unidos, la enc uesta Y outh Risk Behav ior Surve y
(adolescentes de 14 a 1 8 años) encontró que el inicio temprano en el consumo de
alcohol disminuyó entre 1991 (33%) y 2019 (15%), aunque la tendencia descendente
comenzó a partir de 1999 (Centers for Disease Control and Prevention, 2022 ).
Respecto a la edad d e inicio en el consumo y en los episodios de embriaguez en
España, la encuesta E STUDES (adolescentes de 14 a 18 años) señala que la edad media
de inicio en el consumo de alcohol ha aumentado de 13,5 años de 1994 a 14,0 años en
2021. La edad de inicio en los episodios d e em briaguez se ha mantenido en valores
similares entre 2016 (pr imer datos disponible) y 2021, siendo de 14,7 años e n ambos
años. Por su part e, la edad de ini cio en el consu mo de taba co decreció desde los 13,9
años de 1994 hasta los 1 3,1 años d e 2000, para luego volver a aumentar ha sta los 14,1
años de 2021 (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, 2021b).
Como se ha podido obse rvar en este apartado, la adolescencia se distingue como
una etapa del ciclo vital muy relevante en el inicio y desarrollo de los co mportamientos
relacionados con el consumo de drogas. Pero ¿por qué? ¿qué ocurre en estos años para
que se den las cir cunstancias propicias para est os comportamientos? E n el siguiente
apartado se intentará dar respuesta a esta y otras cuestiones.
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
71
Tabla 5 . Tabla-resumen de los resultados d e los diferentes estu dios sobre los ca mbios en el co nsumo d e alcohol a lo largo de los últimos a ños.
CONSUMO DE ALCO HO L
POBLAC IÓN ADUL TA
POBLAC IÓN ADOLESC ENTE
Datos internac i ona les
Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 o más años).
• Consumo en la vida: estabilidad a nivel mundial entre 2000 (56%) y 2016
(55%). D escenso leve en Europa (80%-77% ).
• Consumo en lo s ú ltimos 1 2 meses: descenso a nivel mundial entre 2000 (48%) y
2016 (43%). Descenso en Europa (70%-60%).
• Consumo de alcohol per cápita (l itros d e etanol p uro): a umento a nivel mundial
entre 2000 ( 5,7 litros) y 2 016 (6,4 l it ros). Desc enso en Europ a ( 1 2,1 litros-9,8
litros).
• Dado el descenso en el número de personas consumidoras de alcohol en los
últimos 12 meses, pero estabil ización o crecimiento del co nsumo per cápita en
todas las regiones excepto en la europea → el n ivel de consumo de a lcohol
creció entre 2000 y 2016 a nivel mundial y en casi todas las region es.
Excepción → en Europa los valo res se mantuvieron similares .
Datos internac i ona les
Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 a 19 años).
Descensos a nivel mundial y en Europa entre 2010 y 2016:
• Consumo en la vida: a nivel mundial (46%-38%). En Europa (84%-59%).
• Consumo en los últimos 12 meses: a ni vel mundial (34% -27%). En Europa (70%-44%).
Health Beh aviour in Schoo l-aged Children ( HBSC ) (personas de 1 5 años).
Descensos leves a nivel global y estabilidad en España en el con sumo en la vida y en los últimos 30
días entre 2014 y 2018:
• Consumo en la vida: a nivel globa l (65% -59%). España (66%-67% ).
• Consumo en los últimos 30 días: a nivel global (39% -37%). España (38%-38%).
Descensos a nivel global y en España en el consumo semanal en tre 2002 y 2014:
• Consumo semanal: a nivel global 26%-13%. España (21%-8%).
Europea n School Su rvey Project on Alcoho l a nd Drugs ( ESPAD ) (person as de 15-16 años ).
Descensos a nivel global entre 1995 y 2019 :
• Consumo en la vida: a nivel globa l (88% -80%). España (78% en 2019).
• Consumo en los últimos 30 días: a nivel global (55% -48%). España (47% en 2019).
Descensos en el consumo de alcohol en otros pa íses como Estados Unid os y Australia.
Datos naciona les
Encuesta sobre Alcoho l y otras Drogas en España ( EDADES) (personas de 15 a 64
años).
Estabilidad en todas las medidas de consumo entre 1997 y 2019 e xcepto en consumo
diario que desciende:
• Consumo en la vida: 91%-93%.
• Consumo en los últimos 12 meses: 79%-77%.
• Consumo en los últimos 30 días: 64% -63%.
• Consumo diario: 13%-9%.
Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 o más años).
• Consumo d e alcohol registrado p er cápita (litros de etanol puro): descenso en
España entre 1962 (14,7 litros) y 2016 (8,6 litros).
Datos naciona les
Encuesta sobre Uso de Drogas en En señanzas Secundarias en España (E STUDES)
(person as de 14 a 18 años).
Descenso en todas las medidas de consumo entre 1994 y 2021 :
• Consumo en la vida: 84%-74%.
• Consumo en los últimos 12 meses: 83%-71%.
• Consumo en los últimos 30 días: 75% -54%.
• Consumo diario: 2% (2006)-1%.
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
72
Tabla 6 . Tabla-resumen de los resultados de los diferentes estud ios sobre los camb ios en los episodios de embriaguez * a lo largo de los últimos años.
EPISODIOS D E EMBRI AGUEZ
POBLAC IÓN ADUL TA
POBLAC IÓN ADOLESC ENTE
Datos internac i ona les
Global S tatus Report on Alcohol 2018 (personas d e 15 o más años).
• Desc enso a nivel mund ial en hea vy episodic drinking (definido en este informe
como 60 o más gramos d e alcohol puro en al me nos un a o casión por mes): 23%
en 2000 al 18% en 2016.
• Desc enso en Europa pero se mantiene por encima del 20%.
Datos internac i ona les
Health Beh aviour in Schoo l-aged Children ( HBSC ) (personas de 1 5 años).
Descensos a nivel global y en España en los episodios de emb riaguez en la vida entre 2 002 y 2018:
• Episodios de embriaguez en la vida (al menos dos veces): a niv el glob al (36% -20% ). España
(25%-21%).
Estabilidad a nivel global y en Espa ña en los episodio s de emb riaguez en lo s últimos 30 días entre
2014 y 2018:
• Ep isodios d e embriaguez en los últimos 30 días: a n ivel g lobal (15% en ambos años). España
(13% en ambos años).
Europea n School Su rvey Project on Alcohol a nd Drugs ( ESPAD ) (person as de 15-16 años ).
Descensos a nivel global entre 1995 y 2019 :
• Episodios de embriaguez en la vida: a nivel global (55% - 36%). España (43% en 2019).
• Episodios de embriaguez en los ú ltimos 30 días: a nivel global (2 7% -13%). España (17% en
2019).
Estabilidad a n ivel global en heavy episodic drinking (d efinido en este in forme como cinco o má s
bebidas alcohóli cas en una sola ocasión al menos una vez e n el último mes) entre 1995 (36%) y 2019
(35%), aunque con un pico de co nsumo en 2007 (42%).
Descensos ta nto en los ep isodio s de emb riaguez como en bing e drinkin g en adolescentes de
Estados U nidos.
Datos naciona les
Encuesta sobre Alcoho l y otras Drogas en España ( EDADES) (personas de 15 a 64
años).
Estabilidad en las dos medidas de episodios de embriag uez:
• Episodios de embriaguez en los últimos 12 me ses: 19% en 1997 y en 2019.
• Episodio de embriaguez en los últimos 30 días: 7% en 2017 y en 2019.
Datos naciona les
Encuesta sobre Uso de Drogas en En señanzas Secundarias en España (E STUDES)
(person as de 14 a 18 años).
Descenso en los episodios de embriaguez en la vida entre 2008 y 20 21 :
• Episodios de embriaguez en la vida: 56%-48%.
Aumento en los episod ios de embriaguez en los últimos 30 días e ntre 1994 y 2021 (d ebido a un pico
en 2010).
• Episodios de embriaguez en los últimos 30 días : 16% -23%.
Descenso en binge drinking (definido en este informe como haber tomado cinco o más v asos de
bebidas alcohólicas en un intervalo aproximado de dos horas) entre 2008 (41%) y 2021 (28%).
* Se incluyen también datos de ot ros comportamientos que implican un consumo intensivo de alcohol en una sola ocasión, como, po r e jemplo, el binge dri nking o heavy e pisodic drinking .
1 Justificación teórica 1.2 Epidemiología
73
Tabla 7 . Tabla-resumen de los resultados de los diferentes estud ios sobre los camb ios en el consu mo de tabaco * a lo largo de los últimos año s.
CONSUMO DE TABA CO
POBLACIÓN ADU LTA
POBLACIÓN ADO LESCE NTE
Datos internac i ona les
WHO Glo bal Report on Trends in Prevalence of Tobacco Use 20 00-2 025
(person as de 15 o más año s).
• Desc enso a niv el m undial en el consu mo actual de tab aco entre 2 000 (26%) y
2018 (19%). Descenso en Europa (34%-26%).
Euroba rómetro de la Comisión Europea (per sonas de 15 o más años).
• Desc enso a nivel europe o en el consumo de tabaco en la vida entre 2 003 (58% ) y
2020 (45%). Estabilidad en España (en torno al 55% en ambos años).
• Desc enso a nivel europeo en el consu mo actual de tabaco entre 2 003 (39%) y
2020 (23%). Descenso en España (40% - 24%).
Datos internac i ona les
Ma et al., 2 021. Datos del Globa l Youth Tobacco Survey (personas de 1 3 a 15 años).
• Consumo en los últimos 30 días: descenso en 80 países, estabilidad en 39 y aumento en 21.
Reitsma et al. , 202 1. Dato s del Global Burden of Diseases, Injuries, a nd R isk Factors S tudy
2019 (personas de 15 a 2 4 años).
• Consumo en la vida: descendió en torno a una tercera p arte entre 1990 y 2019 (d esce nso en
81 países, estabilidad en 111 y au mento en 12).
Health Beh aviour in Schoo l-aged Children ( HBSC ) (personas de 1 5 años).
Descensos a nivel global y en España (excepto en el c onsumo en los últimos 30 días) :
• Consumo en la vida: a nivel globa l (62% en 2002 a 28% en 2018). España (54% -31%).
• Consumo en los ú ltimos 30 d ías: a niv el global (18% en 2014 a 15% en 2018). España (15% -
16%).
• Consumo diario: a nivel global (1 8% en 2002 a 8% en 2014). España 20% -5%.
Europea n School Su rvey Project on Alcohol a nd Dr ugs ( ESPAD ) (perso nas de 15-16 años).
Descensos a nivel global entre 1995 y 2019 :
• Consumo en la vida: a nivel globa l (68% -42%). España (41% en 2019).
• Consumo en los últimos 30 días: a nivel global (32% -20%). España (21% en 2019).
• Consumo diario: a nivel global (20%-10%). España (9% en 2019).
Descenso en el con sumo de tabaco en otros países como Estados Unid os y Australia.
Datos naciona les
Encuesta sobre Alcoho l y otras Drogas en España ( EDADES) (personas de 15 a 64
años).
Estabilidad en el co nsumo en la vida y descenso en las demás medidas de consumo
entre 1997 y 2019:
• Consumo en la vida: 70%-70%.
• Consumo en los últimos 12 meses: 47%-40%.
• Consumo en los últimos 30 días: 43% -37%.
• Consumo diario: 35%-32%.
Datos naciona les
Encuesta sobre Uso de Drogas en En señanzas Secundarias en España (E STUDES)
(person as de 14 a 18 años).
Descenso en todas las medidas de consumo entre 1994 y 2021 (aunque existe cierta estabilización d e
los valores en los últimos año s):
• Consumo en la vida: 61%-38%.
• Consumo en los últimos 12 meses: 34% ( 2006) -31%.
• Consumo en los últimos 30 días: 31% -24%.
• Consumo diario: 22%-9%.
* Se presentan los datos de consumo de tabaco fumado, es dec ir, el consumo de cigarrillos.
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
80
llevar a comportamientos regresivos), Erik Eriks on (el plan biológico heredado d aría como
resultado la inevitable crisi s psicosocial entre el logro de la identidad y la confusión) o Anna
Freud (la adolescencia, con una base biológica, s ería un p eriodo de perturbación universal e
inmodificable hasta el punto de que su ausencia significa ría psicopatología) (Blos, 1962 ;
Erikson, 1959 ; Freud, 1969 ). Aunque estos autores ya empezaban a considerar las fuerzas
ambientales y las demandas sociales, aún se ponía el foco en los imperativos biológicos y las
distintas fuentes de influ encias solo se c ombinaban débilmente (Lerner & Steinberg, 2009) .
En contraposición a este determinismo biológico, otros autores se centraba n en el otro lado de
la dicotomí a, el ambiente, como es el caso de McCandless, y su teoría del aprendizaje social
en el desarrollo de la identidad o S kinner, para quien la conducta ad olescente sería el
producto de reforzamientos y castigos a los que el individuo es expuesto (McCandless 1970 ;
Skinner, 1977). Posterio rmente, P iaget (1970) presentaría su teoría del desarrollo cognitivo
en la que la adolescencia sería el paso del pensamiento concreto al abstracto e implicaba una
visión algo más integradora de lo innato y lo adquirido que las teoría s anteriores.
A finales de los años 70, las evidenc ias empíricas comenzaban a señalar diferencias en
el desarrollo adolescente debido a las relaciones complejas del individuo con sus contextos .
Estos nuevos hallazgos dejaron atrás las gr andes teorías del desarrollo b asadas en
concepciones dicotóm ic as (innato-adquirido, continuidad-discontinuidad, estabilidad-
inestabilidad, constancia- cambio) y en modelos reduccionistas y centrados en el d éficit , p ara
dar paso a mod elos del desarrollo adolescente má s complejos y dinámicos que contemplaban
el desarrollo con múltiples niveles de organización interdependientes (L erner & Steinberg,
2009). Algunas de las teorías que se incluirían en esta nueva concepción del desarrollo serían
la Teoría del Ciclo Vital de Baltes (1979), la Teor ía Ecológica de Bronfenbrenner (1979) o la
Perspectiva Contextual del Desa rrollo de Lerner (1991). Cada una h a rea lizado sus propias
contribuciones, pero, en general, todas pon en el foco en las r elaciones del individuo y sus
contextos (en su sentido más amplio), en el ti empo (cuándo los eventos ocurren es tan
importante como lo que ocurre), en la continuidad del desarr ollo humano (la adolescencia es
una continuación del des arrollo en la infan cia), en que los individuos son a gentes activos de
su propio desarrollo, e n la plasticidad y en la diversi dad (Goossens, 2006 ; Lerner &
Steinberg, 2009 ; Steinberg, 2002). Uno de los autores más d estaca dos de estos años fue
Bronfenbre nner y su teoría e cológica del desarrollo humano ( 1979). Esta teoría permite
entender el sistema de relaciones entre las person as y sus contextos, el cu al es el centro del
estudio del desarrollo h umano. Además, confir maba que las teorías con diferentes factores
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
81
que interaccionaban entre sí eran más útiles para explicar la variabil idad en la ontogenia que
aquellas que focalizaban únicamente en lo innat o o lo ambiental. Así, el desarrollo de una
persona comprende su relación tanto a nivel molecular (biológico) como a nivel mol ar (grupo
social, cultura e historia). En ese marco relaci onal, ningún factor es primordial para el
desarrollo.
En estos años comenzaron a surgir trabajos que defendían que el f enómeno de
tormenta y d rama no era universal ni ineludible y que la mayoría d e los y las a dolescentes
pasaban por esta etapa sin graves dificultades (pa ra más información, véase Coleman, 1974 ;
Eccles et al., 1993 ; Offer and Schonert -Reichl, 1992; Petersen, 1988). I ncluso Bandura
(1964) había escrito sobre esta cuestión en su trabajo T he stormy decade: Fact or fiction? ). El
modelo foc al de Coleman (1974), por ejemplo, defendía que a pes ar de la amplia gama de
transiciones que tienen lugar en esta etapa, chico s y chicas log rarían afrontarlas sin ex cesivo
estrés o dificultad porque distribuirían el proceso de adaptac ión a lo largo de varios años. Los
diferentes problemas o preocupaciones se abordarían en diferentes momentos, de modo que
las tensiones que van s urgiendo por l a necesidad de a daptación a l as nuevas formas de
comportamiento no suelen coincidir en un único moment o temporal. Desde este modelo, se
propone que el chico o la chica es un agente de su propio desarrollo que, en la medid a de lo
posible, gestiona su transición por la adolescencia enfrentándose a los problemas de uno en
uno. Sin embargo, esta teoría también reconoce qu e no todos los y las adole scentes tendrán l a
misma libertad y capa cidad para c onfigurar y gesti onar su desarrollo, siendo más difícil de
controlar e l proceso de tr ansición cuando se produ cen muchos acontec imientos a la vez.
Otro de los autores que ha matizado esta concepción de la adolescenc ia es Jeffrey
Arnett (1999). El mantie ne que la idea de tormenta y dra ma debí a ser reformulada y aunque
no podía mantenerse la imagen de dificultades generalizadas, si había su ficiente evidencia d e
una im portante incid encia de p roblemas asociados con las relaciones familiares (mayor
conflictividad parento-fil ial en la adolescencia te mprana, aunque mayor mente sobre t emas
poco importantes y que no producían problemas s erios en la relación), con el estado de ánimo
(mayor inestabilidad em ocional en la adolescencia media) y con l as conductas de riesgo
(mayor prevalencia de e ste tipo de comportamientos en la adolescencia t ardía). Las razones
de estas dificultades estarían relacionadas con el carácter transicional de esta etapa, con los
cambios físicos y psíquicos que conlleva y con los nuevos roles que se deben asumir. El
estrés generado por estas circunstancias sería el o rigen de estos problemas . Sin embargo, el
fenómeno de tormenta y drama no s ería inevitable y unive rsal, sino que habría diferencias
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
82
individuales y culturales en el grado en qu e los y las adolescentes exhi ben los diferentes
aspectos de este fenómeno. En este sentido, Off er and Schonert-Reichl (1992) apuntaban a
que, en contextos diferentes, la adolescencia ad quiriría formas variadas en función d e la
combinación de procesos culturales, sociales y económicos. No obstante, estos autores
también defendían que, negar la existenci a de las dificultades que podrían suceder en esta
etapa, podría provocar que se patologizase a quienes las presentaban. Además, ser
conscientes d e esta posibilidad podría facilitar la anticipac ión y pr eparación por parte de las
familias y el profesorado a los pot enciale s proble mas si estos llegas en a ocurrir. En definitiva,
concluyen qu e aceptar que dichas dificultades pu edan estar pr esentes en l a adolescencia no
significaría que definiese n esta etapa, de hecho, para estos autores, la mayoría de las chicas y
los chicos disfrutan de sus vidas y de muchos aspectos de ella y, además, tienen esperanzas
en el futuro.
El giro experimentado en la parte final del siglo XX, tanto en el paradigma, con la
superac ión de los modelos dicotómicos y la asunción de modelos relacion ales más complejos
y dinámicos, como en su concepción, con la reformulación del fenómeno t ormenta y dram a y
el reconocimiento de que, a unque pueden darse ciertas dificulta des, para la mayoría de los
chicos y las chic as es un a etapa sin una problemática grav e, daban paso a una nueva era en el
abordaje de la a dolescencia. Estas perspectivas reconocían la conve rgencia de múltiples
niveles de org anización en el d esarrollo, lo que supondría la base de la plasticidad y las
diferencias individuales (Coleman, 2011 ; Lerner & Steinberg, 2009 ). La p lasticidad pasaría a
convertirse en un elem ento clave, ya qu e conllevaría que las intervenciones podían mejorar el
desarrollo y supond ría la base teó rica de la id ea de que todo adolescente tiene el pot encial d e
desarrollo (Damon, 200 4). El creciente interés por las diferencias individuales permitió
reconocer la diversidad en las trayectorias de desarrollo . Estos dos asp ectos, junto con la
agencia individual, entendida como la c apacidad del adolescente de influi r en su desarrollo,
pondrían de manifiesto que l a problemática adolescente es solo una de las áreas que
caracter izan las relaciones relativamente plástic as del adolescente con sus contextos (Lerner
& Steinberg, 2009). En este sentido, Coleman (2011) defendía que, aunque debía seguir
prestándose atención a las posibles circunstancias desfavorables que pudieran comprometer el
desarrollo saludable de los chicos y las chicas, la investigac ión sobre adolescenc ia no podía
seguir ignorando que ellas y ellos dan forma a su propio mundo y debía re conocerse que
tienen rec ursos y potenci al para ser resilientes. En palabras del propio autor:
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
83
Las teorías de los ad olescentes deben hacer justicia a las fortalezas y
capacidades d emostradas por los jóvenes y d eben reflejar l as contribu ciones
positivas que hacen a su propio desarrollo, así como a las comunidades en las
que viven. (p. 17)
Este vínculo entre la plasticidad y la diversidad presente en la teoría y el método de
los modelos dinámicos del desarrollo proporcio naría la base p ara la formulación de una
nueva aproximación a la investigación y la inter vención con adolescentes. A principios de
siglo surgiría la perspectiva del Positive Y outh Development . Este nuevo enfoque s e
caracter izaría por pone r el foco en las fortalezas de la juventud y en las cualidades posi tivas
que se pretenden desarroll ar. Entre los autores más destacados de esta perspectiva estarían
Richard Lerner (modelo de las Cinco Ces), Peter Benson y el Search Insti tute (activos del
desarrollo), Martin Seligman (psicología positiva), Corey Keyes (salud mental ), William
Damon y, m ás con cre tamente en nuestro país, Alfredo Oliva. Para D amon, el objetivo
principal de es e enfoque sería «comprender, educar y ha cer que [los y las jóvenes] participen
en actividades productivas, en lugar de corregirlos, curarles o trat arles por sus tendencias
inadaptadas o las llamadas discapacidades» (2004, p.15). Las p ersonas jóvenes ya no s e
considerarían problemas para la sociedad, sino recursos, incluidos los chicos y chicas que
procede n de los entornos más desf avorecidos y ti enen una hist oria más problemática. Aunque
reconoce la e xistencia de a dversidades y de safíos e n esta etapa, defiende que e l proceso d e
desarrollo no puede concebirse, prin cipalmente, como un esfuerzo por sup erar el d éficit y el
riesgo. Al contrario, parte de una visión del adolescente como plenamente capaz y con int eré s
por mejorar sus competencias y a dquirir la capacidad de contribuir de forma importante al
mundo (Damon, 2004).
En nuestro país, cabe destacar los trabajos d e Alfredo Oliva y su equi po, quienes
desde hac e años también han querido ir más all á de los modelos centrados en el déficit y
apostaron por entender e l desarrollo adolesc ente desde una visión positiva, defe ndiendo que
con las c ircunstancias adecuadas y con relaciones saludables con sus ento rnos, los chicos y
chicas adolescentes florecen como ciudada nos y ciudadanas proso ciales y responsables que
realiza n su contribución personal a la sociedad. Este equipo llevó a cabo un estudio con un
grupo de profesionales con amplia experiencia e n lo relativo a la adolescencia p ara elaborar
un modelo que recogiese las competencias que fue ran fundamentales para d efinir u n
desarrollo adolescente saludable y posi tivo. Su modelo de flor ecimiento ( con semejanzas al
modelo de las Cinco Ces de L erner, aunque con d iferencias) o rganiza ba l as 27 competencias
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
84
específicas obtenidas en dicho estudio en cinco áreas: desarrollo personal, cognitiva,
emocional, moral y social (Oliva et al., 2010). Además, propusieron una serie de
instrumentos psicométricos (algunos de elaboración propia y otros como adaptaciones
baremadas con muestra a ndaluza de instrumentos ya creados) para poder evaluar dichas
competencias y los activos que promueven el de sarrollo positivo adolescente (Oliva et al.,
2011).
En el marco de este enfoque, una cuestión muy importante era la aplicación práctica
de las investigaciones a las políticas de juventud.
7
Bronfenbrenner, en su Teoría Ecológica
del Desarrollo (1979), ya resaltaba qu e una aproximación ecológica al estudio del desarrollo
humano necesitaba una reorientación de lo que s e consideraba como una relación adecuada
entre ciencia y política pública, donde la sim ple relación complementaria entre estos d os
ámbitos dieran paso a su int egrac ión funcional. Años más tarde, Hamburg and Takanishi
(1996) concluyeron qu e la calidad d e vida de los y las adolescentes, así como sus futuras
contribuciones a la sociedad, podían ser fomentadas mediante la colaboración entre
profesionales de la ciencia y la legislación, l as instituciones sociales y los medios de
comunicación. Como se describió en el apartado 1.1.4. sobre las dro gas e n el siglo XXI, esta
colaboración entre los distint os agentes im p licados en el conocimiento y desarrollo de la
adolescencia se ha int ensificado en las últimas décadas. Así, por ejemplo, la salud de los y las
adolescentes se h a incorporado en el m arco d e los Objetivos d e Des arrollo Sost enible
(Naciones Unidas, 2015 b), en la Estrategia Mundial para la Salud de la Mujer, el Niño y el
Adolescente 2016-2030 (Naciones Unidas, 2015 a), en la guía A celeración mundial de las
medidas para promover la salud de los adolescentes (Guía AA -HA!): Orientación para la
aplicación en los países (World Health O rganization, 2017), así como en diferentes
iniciativas a nivel mundial para evaluar l a salud adolescente (en su sentido más amplio),
como la Global Action for the Measurement of Ad olescent Health (GAMA), el Global School -
Based Student Health Survey (GSHS) y el Health Behaviour in Sch ool-aged Chil dren
(HBSC) , siendo este último en el que se enmarca esta Tesis Doctoral.
7
Curiosam ente, ya en 190 4 Hall destacaba el hec ho de que no se estab a atendiendo ad ecuadam ente las
necesidad es de los chico s y chicas de estas ed ade s (además de un a v isión positiva sob re esta etapa, po cas vec es
mencio nada al hablar de su obra):
La etap a ad olescente de la vida me h a parecido d urante mucho tiempo uno de los temas más
fascinantes, m ás valioso , quizás, que cualq uier otr a cosa en el mu ndo de veneración , que invita
a ser estud iado, y que necesita urgentemen te un servicio que aún n o entendemos cómo pres tar
correctam ente.... Estos año s son la mejo r década de la vida. (Hall, 19 04, Vol. I, p. xviii)
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
85
En conclusión, como se ha vist o a lo largo de est e apartado, la con ceptualizac ión de la
adolescencia ha evolucionado de considerarla c omo un periodo inevita ble de tormenta y
drama, cargada d e neg atividad y cara cterizada por un a proble mátic a genera lizada, a
perspec tivas más centrad as en el desarrollo positivo, en fac tores claves como la plasticidad
(p. ej., las intervenciones pueden mejorar el desarrollo), la diversidad (p. ej. , existen
diferentes trayectorias de desarrollo) y la agenc ia individual (p. ej. , el o la adolescentes puede
influir en su propio desarrollo) y más realistas, q ue reconocen que por las caracter ísticas
propias de esta etap a evolutiva pueden surgir ciertas dificultad es (p. e j., las asociadas al
consumo de droga s, tema de esta investigación). Asimismo, se dejan atrás los modelos
dicotómicos y reduccionistas para pas ar a modelo s del desarrollo adolescente más complejos
y dinámicos que contemplan el desarrollo c on múltiples niveles de organiza ción
interdependiente s.
No obst ante, a pes ar de la evolución de la conceptualización y abordaje de la
adolescencia a nivel cient ífico y de políticas públicas, parece que la im agen negativa d e la
adolescencia ha seguido bastante arraigada en el mundo adulto a lo largo de estos años
(Buchanan & Holmbeck, 1998 ; C asco, 2003 ; Hines & Paulson, 2006 ; Ridao & Moreno,
2008). Para C oleman (2 011), la visión de la ad olescenc ia como proble mática y conflictiva
habría pe rmanecido como creencia popular debid o a cuatro razones . Por u n lado, la sociedad
estaría necesitada de un grupo al que culpar y la juventud representaría un buen chivo
expiatorio. En segundo lugar, los propios chicos y chicas adolescentes también contribuirían,
ya que suelen desafiar a las personas adultas y m ostrar conductas inapropiadas. Relacionado
con lo anterior se situaría la profecía autocumplida, en la que las y los a dolescentes acaban
comportándose como las personas adultas espe ran que lo hagan. Finalmente estaría el papel
de los medios de comunicación, que suelen centr arse en las conductas inapropiadas d e unos
pocos, sugiriendo que esta situación se aplicaría a todos. En relación con esta última fuente
de influencia, existe una amplia evidencia de que las noticias mostradas so bre la adolescencia
y la juventud tanto en España (Casco, 2003 ; Pinto, 2009 ; Rodríguez & Megías, 2007 ), como
en otros países (Levinsen & Wien, 2011 ; Strange, 2007 ; Wayne et al., 2008) suelen referirse
a aspectos negativos. Ce ntrándonos en nuestro pa ís, Pinto (2009) observó que el botellón, la
violencia o los delitos, eran los temas relacionados con la juventud más recurrentes en los
medios de comunicación españoles. Sin embargo, la autora r esalta que pocas noti cias iban
acompaña das de datos de estudios, como, por ejemplo, el descenso del co nsumo de alcohol
en los años previos a la aparición de la noticia. Por el contrario, se mostraba una imagen
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
86
lúdica, no comprometida y basada únicamente en el placer, en la que sus capacidades y
competencias raramente e ran d estaca das. Ade más, se presentaban imáge nes e xtremas, tanto
negativas, basadas en los conflictos y los excesos, como positivas, ejemplos de chicos y
chicas heroicos o con premios o bec as, por lo que la mayo ría no se sentían identificados. E n
este sentido, como re vela el estudio de Rodríguez and Megías (2007), los propios chicos y
chicas p erciben que, en muy poca s ocasiones, son protagonistas de las noticias y, cu ando lo
son, en la mayoría de lo s casos es para mostr ar una imagen neg ativa. En palabras d e uno de
sus protagonistas:
Yo creo qu e los medios de comunicación dan un poc o la imag en qu e quie ren,
¿no? O s ea, así globalizada, un poco... mala; siempre destacan las cosas... Que
si somos unos borrachos, que si no trabajamos, que si no sé qué... y lo
genera lizan muchísimo. (Rodríguez & Megías, 2007, p. 15)
Esta imagen n egativa d e la adolescencia y la j uventud mostrada en lo s medios de
comunicación, sin duda , ofrece una visión parcial de la realidad, sin embargo, p ara la
audiencia puede suponer la principal re ferencia para la construcción de sus repre senta cione s
sobre los c hicos y chicas de e stas ed ades (Pint o, 2009), lo qu e h a podid o contribuir a crear
actitudes de miedo y de rechazo hacia e ste grupo etar io y a aumentar la conflictividad
intergenerac ional (Oliva, 2003). En cuanto a las inst ituciones, este retrato reforzaría su visión
sobre esta etapa y constituiría un marco de r eferencia para la interpretación de determinados
problemas. Además, just ificaría la interv ención de diversos ámbitos gubernamentales en la
búsqueda de solucion es a dichos problemas y la to ma de algunas d ecisiones a nivel político y
legislativo (Oliva, 2003 ; Pinto, 2009).
Pero ¿qué sucede en la adolescencia pa ra qu e haya despertado, por un lad o, el interés
en la reconceptualización y abordaje de esta etapa evolutiva en la comunidad científica y, por
otro, prejuicios y re chazo en el público general? En el siguiente ap artado se int entará d ar
respuesta a esta p regunta mediante un a revisión de los hechos más im portantes que tienen
lugar en esta etapa del ci clo vital.
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
87
1.3.2 La adolescen cia c omo un a etapa ev olutiva de ca mbios, retos,
riesgos y op ortunidades
En primer lugar, se podría comenzar con l a p regunta ¿ a qué hace referencia la
adolescencia? , es decir, ¿qué franja de edad com prendería la adolescencia ? La r evisión de la
bibliografía existente sobre el tema deja pa tente que e s difícil estable cer un c onsenso sobre
las edad es concretas de inicio y de fin y que, además, dichas franjas depend erían de la
perspec tiva desd e la que se abordara: biológica, educacional, legal, c ultur al, entre otras. De
este modo, si Hall definía la adolescencia a inicios del siglo XX como el periodo entre los 14
y 24 años ( Hall, 1904), hace 50 años la Organización Mundial de la Salud proponía la f ranja
de los 10 a los 20 años (World Health Organization, 1965 ) y actualmente, las Naciones
Unidas contempla d e los 10 a los 19 años. Para ot ros autores, el comienzo de la adolescen cia
lo determinaría la biol ogía, mediante la pubertad, mientras que su fin vendría marcado por la
cultura, lo qu e sería, el paso al mundo adulto ( Coleman, 2011 ; S metana et al., 2006 ). De
acuerdo con esta últim a concepción y debido a una pubertad cada v ez más precoz y una
incorporación al mund o laboral y la vida independiente más t ardía, la etap a de l a
adolescencia se habría expandido (Coleman, 2011 ; Oliva, 2003). En esta línea , hay autores
que afirman que, en la era actual de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Estrategia
Mundial para la Salud de la Mujer, el Niño y el Adolescente 2016 -2030, sería más apropiado
enmarcarla entre los 10 y los 24 años, lo que se correspondería mejor con el desarrollo
adolescente y facilitaría una ampliación de la inver sión en un mayor ra ngo de ámbitos
(Sawyer, 2018). Dada la extensión de este periodo, otros autores proponen que la
adolescencia solo abarcaría h asta los 18 años, proponiendo un a nu eva con cepc ión del
desarrollo para el p eríodo que va desde los 18 a los 25 años, deno minándose adultez
emergente (Arnett, 2000 ; Sánche z-Queija et al., 2020). Esta Tesis Doctoral va en la línea d e
esta última corriente , focalizando en adolescentes hast a los 18 años.
En lo que no pa rece exis tir ninguna duda, y sí un consenso generalizado, e s en que la
adolescencia es una etapa de cambios a dist intos niveles. Con la llegada de la pubertad, s e
pondrían en marcha una serie coordinada de cambios biológicos (hormonales) ,
neurocognitivos (desarroll o cerebral) y en su morfología corporal co n un ritmo y una
amplitud solo por detrás de la infancia (Susman & Dorn, 2009 ). Entre estos cambios, uno que
adquiere especial relevancia y en el que se hará especial atención por su conexión con el tema
de esta Tesis Do ctoral, e s en el desa rrollo cerebral que ti ene lugar en est os años. Durante l a
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
88
adolescencia, el cerebro comprende cambios a nivel estructural y funcional (Wetherill &
Tapert, 2015), p ero no to das las transformaciones ocurren de manera sincrónica (Casey et al.,
2011 ; Galvan et al., 2006 ; Spear, 2000 ; Wetherill & Tapert, 2015). En este sentido, una de las
asincronías que más atención ha captado en el est udio del cere bro adol escente, estrec hamente
relacionada con las cond uctas de riesgo, y entre e llas, con el consumo de drogas, es la que se
produce entre el desarrollo del sistema límbico y el córtex prefrontal. Así, el sistema límbico,
que sería la parte más re lacionada con la búsque da de sensaciones, con la asunción de
riesgos, con el placer y con las recompensas, entre otros aspectos, maduraría antes que el
córtex prefrontal, encargado de asp ectos como el control, la planificación, el análisis de los
riesgos frente a los b eneficios y la previsión de consecuencias. Este desf ase podría ser un
proceso suby acente relacionado con los comportami entos de riesgo en la a dolescenc ia, entre
ellos, el consumo de dro gas (Bava & Tapert, 20 10 ; Case y & Jones, 2010 ; Chambers et al.,
2003 ; Spear, 2000 ; Steinberg, 2010 ; Wetherill & Tapert, 2015). Entre los modelos que
asumen esta perspectiva estarían el modelo de los sistemas duales ( dual systems model )
(Steinberg, 2010) y el mode lo del desequilibrio ( imbalance model ) (Casey et al., 2008). Por
su parte, Ernst e t al. (2006) propusieron un modelo de sistemas triádico basado en tres
componentes: corteza prefr ontal ( regulación/control), estriado ventr al ( conducta de
aproximación) y amígdal a (conducta de evitación). Las diferentes trayectorias de maduración
de estos sistemas, junto con un menor desarrollo de la conectividad entre las regiones
cere brales, podría estar relacionado con la asunción de riesgos en la adolescencia.
En este punto es interesante comentar que los avances que se h an ido suce diendo en el
conocimiento del desarrollo cere bral adolescente también han tenido un efec to en la
concepción de la adolescencia. Así, esta asincronía evolutiva ha sido a veces descrita como
«a todo gas y sin fre nos ni volante» ( all gasoline, no brakes, and no steering wheel ) (Bell &
McBride, 2010) o «a rrancar los motore s con un conductor inexperto» ( start ing the engines
with an unskilled driver ) (Dahl, 2001 ), metáf oras que t ransmiten de n uevo una visión
negativa y deficitaria de la adolescencia.
8
Algunos autores afirman que la excesiva confianza
que se le ha dado a estos modelos para inte rpretaciones post hoc tiende a cosificar a los y las
adolescentes, contribuyendo a reforzar la image n nega tiva de esta etapa evolut iva (Pfeifer &
Allen, 2012).
8
Informac ión en español sobr e estos temas se puede encontr ar en trabajos como lo s de Alfredo Oliva (Oliva &
Antolín, 2010) o Jesús Palacio s (Palacios, 2 011).
1 Justificación teórica 1.3. Adolescencia como etapa clave
89
Por su parte, Pfeifer and Allen (2012) apuntan hacia una compresión más compleja de
las interacciones entr e el procesamiento cognitivo, afectivo y soci al debido a que los tipos de
respuestas y las func iones cerebrales obs ervadas en ( y entr e) l as r egiones son numeros as y
complejas y, además, su s relac iones c on el comp ortamiento en el mundo re al no resultan en
un patrón consistente de riesgos atribuidos a un solo sistema o región y un patrón de
protección atribuido solo a otros. Por ello, conclu yen que la construcción de nuevos modelos
que consideren esta complejidad es fundamental para avanzar e n este campo de estudio,
avance que se verá facilitado por una investigación que haga hincapié en los e nfoques
basados en la red, y que trace las rel aciones entre la estructura y la función, así como entre el
cere bro y el comportamiento, todo ello, a lo largo del tiempo. En la mi sma línea, Crone and
Dahl (2012) defienden q ue l os estudios de neuroimagen del desarrollo no apoyan un modelo
simple de inmadurez co rtical frontal. Por el contrario, afirman que cada vez hay más pruebas
que revelan la importancia de los c ambios en el procesamiento social y afectivo que se
inician con la pub ertad, como algo crucial para entender l a mayo r asun ción de riesgos en la
adolescencia. P ero estos cambios no solo estarían implicados en los comportamientos de
riesgo, sino que también pueden suponer v entajas adaptativas, como, por ej emplo, una mayor
aprendizaje y flexibili dad para ajustar las motivaciones int rínsecas y las prioridades de los
objetivos en contextos so ciales c ambiantes. Otra d e las autoras que ha destacado el papel del
procesa miento social e n la condu cta a dolescente, y , específicamente, en la toma de decisiones
y asunción de ri esgos e s Sarah-Jayne Blakemore. Esta autora defiende que, debido a los
cambios estructurales y l a reorganización funcional experimentada por las áreas del c erebro
social durante la adolescencia, esta etapa se convertiría en un periodo sensible para la
adaptac ión al cambiante entorno social, lo que po dría influir en su c omportamiento. Además,
destaca la importancia de considerar las re compensas sociale s y el e ntorno social en la
investigación sobre la c ognición y el comporta miento adolescente (Blakemore & Mil ls,
2014).
Sin duda, los cambios cere brales que tienen lugar en la adolescencia, tanto en la
composición del tejido como en la arquitectura d e los circuitos (Wetherill & Tapert, 2015 ) ,
junto con las experiencia s vividas (Murty et al., 2016 ), contribuirán al des arrollo cognitivo de
estos años, caracterizado por el aumento de la velocidad de procesamiento, de la
especialización diferenciada, d e las funcion es ejecutivas y de la autorregulación interna, entre
otros aspectos (para más informac ión, véase Keating, 2004; Keating, 2011; Kuhn, 2009 ). E,
indudablemente, estas nuevas capacidades influi rán en la forma en la que las chicas y los
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
96
Peer cluster theory de Oetting y Beauvais (1986) : esta teoría p ropone que la influencia
más importante es el grupo de igu ales con el que el chico o la chica se involucra y el
consumo siempre estará direc tamente asociado a las relaciones c on est e grupo. Las
demás variables afectarían al consumo indirectamente mediante su contribución a la
asociación con igual es que consum en . Estas v ariables pueden ser: ( a) variables de
estructura social (estatus socioeconómico); (b) ca racterísticas psicológicas ( rasgos de
personalidad como baja confianza en sí mismo o estados afec tivos como la alta
ansiedad); (c) actitudes y creencias sobre igu ales desviados en gene ral y sobr e el
consumo en particular; y (d) vin culo de socializa ción (conexión con otras personas que
pueden inhibir o promover el consumo).
Family interaction theor y de Brook y su equipo (1990): defiende que el apego emo cional
a los progenitores (especialmente a las m adres), el aprendizaje soci al y las características
personales de los y las adolescentes afectarían directamente al consum o. A sí, aquellos
chicos y chicas con pr ogenitores carentes de valores afectivos y con madres con
problemas de ajuste psicológico o que ej ercen poco control sobre sus me nores, estarían
en mayor riesgo durante la adolescencia, por ejempl o, pobres relaciones parentofiliales,
personalidade s problem áticas, im plicación con iguales que consum en y el consumo de
drogas. Esta teoría afirma que adem ás de la di námica parentofilial, las características
personales de los chicos y las chicas también infl uirían en el consumo poster ior: escasa
orientación al logro, po bre integración del yo o fuerza del super yó, depresión, baja
autoestima, agre sividad, rebeldía, búsqueda de sensaciones y bajo control de impulsos.
Social ecology model de Kumpfer y Turner (1990-1991): esta perspectiva entiende que el
estrés en general, y el escolar e n particular, se ría la causa subya c ente del c onsumo. El
origen del estrés se situaría en una baja autoeficacia académica. Los chicos y chicas que
perciban al centro edu cativo como un entorno estresa nte y desagradable abandonarían las
actividades escolares, se asoc iarían con grupos d e iguale s d esviados como una forma de
escapar del estrés y, en consecue ncia, recibirían reforzamiento por el consumo.
Model of vulnerability d e Sher (1991): se centra en las r aíces genéticas d el alcoholismo,
pero también s e pued e aplicar a la experimentación con el consumo. Sher incluye
diversos factores mediadores (expectativas sobre las drogas, consumo d e progenitores,
fracaso escolar, distrés emocional o h abilidades de afrontamiento inadecuadas), pero
afirma qu e todos estos factores ti enen un orige n biológico, lo que cont ribuiría a una
historia familiar de consumo. Los hij os e hijas de progenitores alcohólicos heredarían de
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
97
alguna forma personalidades difícil es y temperamentales, funciones cognit ivas algo
deteriora das (especialme nte en términos de déficits de atención y planificación), mayo r
sensibilidad fa rmacológica al valor gratificante d el alcohol (reducción de estré s), mayo r
tolerancia al alcohol y menor sensibilidad a los efectos de la int oxicación por alcohol. El
modelo consiste en 44 trayec torias que describen cómo las variables int era ctúan y se
interrelacionan para a fectar a la experimentación con el consumo y cóm o una variable
modera la influencia de otra.
Teoría d e la influencia triádica de Flay y Pet raitis (1994): estos autores org aniza n
diferentes factores, ya mencionados en otras teorí as previas, en tres tipos de influencia en
combinación con tres ni veles de influencia. Entre los tipos de influenci as proponen: ( a )
las culturales, entendidas como los valores socioculturales que pueden influir en las
actitudes personales h acia las drogas; (b) las inte rpersona les y sociales, r efe ridas a las
caracter ísticas y comportamientos de las personas que forman el sistema de apoyo más
íntimo de los y las adolescentes (influirán en el apego a dife rente s mod elos y en las
motivaciones por cumplir c on las expectativas re lacionadas c on las drogas de e stos
modelos); y (c) l as intrapersonales, que hacen re fere ncia a los rasgos de personalidad
relativamente est ables, predisposiciones intrapersonales y estados afectivos más
transitorios, habilidades conductuales generales y creencias sobre s u habilidades
conductuales relacionad as con las drogas. Entre los niveles de influencias diferenc ian
entre: (a) ú ltimo , que es taría compuesto por factores exógenos y amplios que pueden
aumentar el ri esgo de consumir , como, po r ej emplo, variables rel acionadas c on la
escuela, el barrio, la familia e incluso rasgos de personalidad como la agre sividad o la
impulsividad; (b) distal, que serían c ausas indirectas y que probableme nte ejerzan sus
efec tos a través de las variables proximales (cogniciones) o mediadas por ellas ; y, por
último, (c) proximal , que serían los factore s más inm ediatos precursores de dicha
conducta y que se dividirían en dos grupos. El p rimer grupo estaría compuesto por las
decisiones presentes e intenciones futuras junto con las experiencias pasadas, el feedback
recibido de otras personas y la experiencia con otras drogas y el segundo grupo lo
formarían las percepciones normativas, actitudes y autoeficacia en relación con las
drogas. Estas variables serían altamente predictivas de una conducta. Los construc tos de
los demás niveles ejercerán poca influencia en e l consumo a no s er que a fec ten a estas
cogniciones sobre las drogas. S e darían, además, relaciones aditivas e interactivas tanto
dentro de cada e lemento como entre los distintos componentes de la teoría.
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
98
A continuación, se incluyen tres aproximaciones al estudio de la etiología del
consumo de d rogas en la adolescencia que, si bien no son t eorías propiamente dichas,
también han supuesto importantes ava nces en este tema.
Modelo de las motivaciones para el consumo : uno de los mayores representantes fu e
Cooper (1994). Este autor, partiendo del mode lo mot ivacional de C ox and Klinger
(1988), propuso una clasificación de los motiv os para e l consumo de a lcohol en la
adolescencia según el tipo de reforzamiento (po sitivo o negativo) y según el tipo de
reforzadores (internos o externos). Como r esultado se obtuvi eron cuatro ti pos de
motivos: (a) bienestar (reforzamiento posi tivo y reforzadores internos, por ejemplo,
beber p ara aum entar estado de ánimo y bienestar); ( b ) afrontamiento (reforzamiento
negativo y re forzadores internos, por ejemplo, beber para r egular l as emocione s
negativas); (c ) social (ref orza miento positivo y reforzadores externos, por ejemplo, beber
para lograr recompensas sociales); y (d) conformidad (reforzamiento negativo y
reforzadores externos, por ejemplo, be ber para evitar el rechazo del grup o de iguales).
Los estudios transnacionales muestran un a ampli a consistencia entre países en los
motivos reportados por adolescentes para consumir alcohol, apareciendo en primer lugar
los relac ionados con los efectos positivos, como son los motivos sociale s y de bienestar,
y por último, los de afr ontamiento y conformidad (Kuntsche et al., 2014 ; Mackinnon et
al., 2017). En la mi sma línea apuntarían los resultados obtenidos en trab ajos realizados
en nuestro país, donde el consumo problemático de alcohol también se as oció a motivos
sociales y de mejora del bienestar (Prieto-Ursúa et al., 2020), así como e n la encuesta
ESTUDES, encontrándose que la div ersión es la principal ra zón por l a que consumen
alcohol, seguida de la ob tención de una sensación placentera y de que les ayuda cuando
están “d eprimidos” (Observatorio Esp añol de las Drogas y las Adicciones, 2021b ) .
Respecto a la relación de los motivos con las difere ntes medidas utilizadas para evaluar
el consumo de alcohol, se observa qu e los motivos sociales mantienen una fu erte
asociación positiva con la frecuencia de consumo, los motivos de mejora del bienestar se
relacionan d e forma positiva con la fr ecuencia de embria guez, mientras q ue los mot ivos
de conformidad se asocian ne gativamente con a mbas medidas de consumo (Kuntsche et
al., 2014).
Hipótesis de la normalización: promovida por Parker y su equipo (Measham et al.,
1994 ; Parker, 2005), esta perspectiva, cent rada especialmente en el análisis del consumo
de drog as ilega les, defiende que cuando una c onducta poco prevalente y circunscrita a
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
99
subgrupos y subculturas determinadas se generaliza a una población más amplia, el
conocimiento previo sobre sus correlatos ya no serviría, necesitando una nueva
aproximación p ara comprender el fenómeno. Para este equipo, la normaliz ación no sería
un paradigma teórico, sino más bien un marco conceptual para su pervisar cómo cambian
con el tiempo las actitudes y los comportamientos re specto a las drog as y las personas
consumidoras. Asimismo, este concepto t ambién podría aplicarse al seguim iento de
cómo un comportamie nto social acomodado puede llegar a estigmatizarse, como
ocurriría con el consumo de taba co, antes normalizado y ahora socialmente cuestionado
en muchas sociedades. Según esta perspectiva, el marc o de normalización sería el más
adecuado para los análisis que miden las t endenc ias de consumo y los cambios sociales y
culturales. Incluyen 6 dimensiones en sus análisis: d isponibilidad y accesibilidad de las
drogas, datos de preva lencias en l a vida, da tos de consumo regular y reciente,
acomodac ión social del consum o "sensato" de drogas re creativas, acomodación cultural y
legislación y estrategia s antidrogas.
Modelo del desarrollo en cascada : uno de los trabajos más importantes que han aplicado
este modelo al consumo de drogas en adolescen tes es el de Dodge et al. (2009). Este
equipo propuso un modelo dinámico en cascada, en el que los factores ecológicos
tempranos y los factores del niño pondrían en marcha una cadena de acontecimientos que
se desarrollarían, c recerían y se magnificarían con el tiempo hasta r esultar en conduc tas
problemáticas. Su modelo implica re laciones transaccionale s entre el niño o la niña, la
familia y el grupo de ig uales a lo largo del des arrollo. De este modo, los factores d e
riesgo ecológicos e infan tiles tempranos dificultar ían una crianza efi caz po r parte de los
progenitores. A su vez, una crianza disfun cional i nflu iría en el comportamiento del niño
o la niña llevándole a comportarse de forma inc ompetente y disruptiva al entrar en la
escuela. Este p atrón de comportamiento tendría u n efecto negativo en los compañeros y
compañeras, que le rechazarían y aumentarían los conflictos. Estos confli ctos causarían
estrés a los progenitores, lo que paradójicamente les haría dism inuir la supervisión, el
control y la comunicación con su hijo o hija en la adolescenc ia temprana, just o en el
momento en el que más necesitan estas conductas parentale s. Este alejamiento de los
progenitores ofrecería al chico o la chica adolescente la oportunidad d e relacionarse con
iguales problemáticos, lo que incrementaría las probabilidades de iniciarse en el consumo
de drogas.
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
100
Para conc luir este apartado, es importante destaca r la diversidad de teorías que han ido
surgiendo a lo l argo d e los años en relación con la etiologí a del consum o de drog as en la
adolescencia, lo qu e d emuestra la complejidad de este fenómeno. Algu nas de ellas se han
centrado solo en una parte y aquellas que han incluido más elementos, no suelen explicar, o
solo vagamente , cómo los constructos interactúan entre sí m ediando o moder ando el
consumo. Además, tamp oco aclaran si las distint as drogas compartirí an eti ologías, o si por el
contrario, tendrían diversas causas y distint os patrones de mediación y mo deración. Por ello,
no es de extraña r que gran parte de la investigación se haya centrado en a nalizar los factores
asociados al consumo de las distintas drogas d e manera más esp ecífica, como se verá en el
siguiente aparta do.
1.4.2 Factores asociado s con el consu mo de drogas
Una vez revisadas las principales teo rías clásicas relacionadas con el consumo de
drogas en las a dolescencia, en adelante se har á una revisión de la bibliografía para conocer
las variables específicas más relevantes en relación con este comportamiento. Durante
décadas, la investigación ha intentado conocer los múltiples factores r elacionados con el
consumo de drogas en ad olescentes, examinando elementos pertenecientes a todos los niveles
del desarrollo. Entre los primeros trab ajos se encontrarían los de Denise Kandel y su equipo ,
quienes concluyeron que el inicio y la prog resión en el consumo se des arrollaba en cuatro
etapas bien definidas: (1) cerveza o vino; (2) cigarrillos o licores fuer tes; (3) marihuana; y (4)
otras drogas ilegales ( Kandel & Faust, 1975 ) y observaron antecedentes psicológicos y
sociales con una importancia diferencial tanto e n el inicio (Kandel et al., 1978) como en la
progresión (Y amaguchi & Kandel, 1984) de cada una de las etapas. Otro de los trabajos
destacados de esos años fue el de Newcomb and Bentler (1989). Estos aut ores realizaron un a
revisión del consumo d e drogas en l a a dolesc encia abarcando ad emás de su etiología,
aspectos de epidemiología, prevención, tratamiento y consecue ncias, haciendo especial
hincapié en la difere nciación entre el uso y el abuso de las drogas.
Posteriormente, Hawkins e t al. (1992 ) lleva rían a c abo una completa revisión de los
factores de riesgo y de protección indi viduales, interpersonales y contextuales implicados en
el consumo abusivo de drogas en adolescentes y sus implicaciones para la prevención. Esta
revisión, a ún referente en la bibliografía sobr e el tema hoy en día, identificó los sigui entes
antece dentes: leyes y no rmas favorables al cons umo de drogas; dispo nibilidad de drogas;
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
101
privación económica e xtrema; desorganización del vecindario; ciertas característica s
fisiológicas; problemas de conducta precoces y persistentes; hiperactividad en la infancia y l a
adolescencia; ante cede ntes familiares d e alcoholismo y consumo de drogas ilegales; malas
práctica s de funcionami ento familiar; conflictos familiare s; escaso vínculo con la familia;
fracaso académico; falta de compromiso con la es cuela; rechazo temprano por parte del grupo
de iguales; influencias sociales para consumir drogas; alienación y rebeldía; actitudes
favora bles al consumo d e drogas; y el inicio tem prano en el consumo de drogas. En cambio,
otros fac tores como ciertas características personales y el vínculo social con la sociedad
convencional podr ían fun cionar c omo factores de protección.
En la primera dé cada del siglo XXI se publicaron sendos capítulos sobre e l consumo
de drogas en dos de los manuales más importantes sobre adolescencia, como so n el Blackwell
Handbook of Adolescence (Windle & Windle, 2006) y Handbook of Adolescent Psychology
(Chassin et al., 2009), en los cuales se hac ía una revisión de los predictores y correlatos del
consumo, a demás de repasar otras áreas de estudio importantes como la epidemiología, los
modelos teóricos, las consecuencias, las tipologías de consumidores y las trayectorias
evolutivas del consumo. En referencia a est e último aspecto, S chulenberg y su equipo llevan
más de dos déca das investigando la etiología del consumo de drogas en ad olescentes desde la
perspec tiva evolutiva, en la que los cambios y tr ansiciones que tienen lugar en esta etapa se
entrelazan con el consumo en proce sos de conti nuidad y disconti nuidad que dan como
resultado, en cie rtas ocas iones, riesgos se rios para la salud y el bien estar de los chicos y las
chicas, y en otras, exp eriencias funcionales para el desarrollo (Schulenberg et al., 2001 ;
Schulenberg & Maslowsky, 2009 ; Schulenberg & Maggs, 2002 ; Schulenberg et al., 2019).
Hecha esta breve introducción sobre la hist oria d e la investigación en el campo de la
etiología del consumo d e drogas en la adolescencia , seguidamente se expondrán los f actores
asociados con estos comportamientos, poniendo el foco principalmente en aquell os que han
sido incluidas en esta Tesis Doctoral. Siguiendo la teoría ecológica de Bronfenbrenner
(1979), el análisis y comprensión de los comportamientos nece sita tener en cuenta, no solo a
la persona, sino también los diferentes sistemas d el entorno en los qu e están inm ersos los
individuos. Por ello, en primer lugar se mostrarán los factore s individuales, incluyendo tanto
aspectos sociodemográficos, de sus estilos de vi da, de otros compo rtamientos de riesgo, así
como de su salud y bienestar, entre otros, para pasar a continuación a presentar los factores de
los contextos más salientes en esta etap a, como son la familia, el grupo de iguales, el centro
educativo y el vecindar io.
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
102
1.4.2.1 Factores individuales
En este primer bloque d e factores se prese ntarán algunas de las va riables personales
de las chica s y los chicos que ha n mostrado relac ión con el consumo de drogas e n la
adolescencia. En primer lugar, se describirán los resultados encontrados en cuanto a factores
sociodemográfic os, com o son la edad, el sexo y el nivel adquisitivo familia r.
Respecto a la edad , existe un amplio consenso de un mayor consumo en los y las
adolescentes m ayores, i ndependientemente de l a sustancia, en las encuestas tanto a nivel
nacional (Observatorio Español de las D rogas y las Adicciones, 2021b) como internacional
(Inchley et al., 2020 ; Miech e t al., 2021).
En función del sexo , los datos muestran más variabilidad según la sustancia analizada.
Así, en España, la en cuesta ESTUDES r evela v alores similares entre chicos y chicas en el
consumo de alcohol en la vida, en los últ imos 12 meses y en los últimos 30 días desde el
inicio de la serie tempor al (1994), situación que está cambiando en los últi mos años, en los
que las chicas presentan un consumo de alcohol algo mayor que los chicos . La excepción es
el consumo diario, superior en chicos desde el inic io (2006), pero que se está igualando en las
encuestas más recientes. En relación con el tabaco, se aprecia un mayor consumo femenino
en todas las medidas y todo el periodo (1994-2021), a unque, en el consumo diario, las
diferencias h an ido dismi nuyendo con el tiempo h asta el punto de que han desaparecido en la
actualidad. En c ambio, eran los chicos quienes presentaban un mayor consum o de cannabis
en todas l as medidas y todos los años analizados, difer encias que y a no se aprecian en l a
última encuesta de 2021 (Observatorio Español de las Drogas y las Adiccio nes, 2021b).
Resultados a lgo difere nt es se observan a nivel europeo. Así, la encue sta ESPAD
muestra valores sim ilares para chicos y chicas en el consumo de alcohol en la vida co n
tendencias sim ilares p ara ambos sexos, mientras que e n los últimos 30 d ías era superior en
ellos hasta 2011, cuando las diferenc ias se redujeron, desapareciendo por completo en 2019.
No se encuentran di ferencias tampoco en 2019 en los episodios de embriaguez (todas las
medidas). En referencia al tabaco, las diferencias, prin cipalmente presentes en el consumo
diario (mayor consumo en los chicos), se han minimizado con los años. En cambio, los chicos
sí presentan un mayo r co nsumo de cannabis (tant o en la vida como en los últim os 30 días) y
niveles superiores de inicio precoz (13 años o men os) en el consumo de alcohol y de tabaco y
en los episodios de embriaguez (ESPAD Group, 2020).
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
103
A nivel internac ional, el estudio HBSC , muestra valores simil are s pa ra los chicos y las
chicas de 15 a ños en las dos medidas de consumo de alcohol y tabaco (en la vida y en los
últimos 30 días) en su edición de 2018, con aproxim adamente una cuarta parte de los países
(entre 10 y 13 países), pr esentando diferencias de sexo que, en algunos casos, es superior e n
ellos, y en otros, en ellas. El consumo diario d e tabaco tampoco reveló diferencias entre
chicos y chicas en 2014 (último dato disponible). Sin embargo, sí se ob servan dif erencias
respec to a las dos medidas de episodios de embriaguez ( al menos dos episodios de
embriaguez en la vida y un episodio en los últimos 30 días), con valores algo superiores en
los chicos y con alrededor de un tercio de los países mostrando diferencias de sexo que, en
todos los casos, excepto en Gales, indica n valores superior es en ellos. También se encuentra
una mayor p roporción de chicos que de chicas que consumen cannabis t anto en la vida como
en los últimos 30 días, con la mi tad de los países mostrando dif erencias, todas e n f avor d e
ellos (Inchley e t al., 2020). Los datos de inicio temprano de 2014 (último dato disponible)
indicaban que, aunque la s diferencias de sexo e staban presentes solo en l a mitad (alcohol y
tabaco) o un tercio (episodios de embriaguez) de los países, cuando se daban, el porcentaje de
chicos que se habían iniciado a los 13 años o a ntes e ra m ayor al de chicas (Inchley et al.,
2018). En otros países, c omo Estados Unidos, la enc uesta Monitoring the Future rev ela que,
en general, las diferencias de sexo se han reduc ido con el tiempo , observándose en 2019,
valores bastant e sim ilares en chicos y en chicas e n el consumo de alcohol y cannabis y en los
episodios de embriaguez, mientras que un mayor consumo de tabaco, tanto en los últimos 30
días como a diario, e n ellos (Miech e t al., 2021).
En referencia a f actores de tipo socioeconóm ico, en general, los estudios que
examinan la asociación de estas variables con el consumo de drogas en la adolescencia
revelan ci erta variabilida d en los resultados. En una de las revisiones más relevantes sobr e la
temática, Hanson y C hen (2007) concluyeron que no existía una relación tan contundente
entr e el estatus socioeconómi co y las drogas en la etapa adolescente com o en la etapa adulta,
sobre todo para ciertas drogas como el alcohol y el cannabis, afirm ando, además, que esta
asociación p arecía depender d el indicador empleado par a medir el estatus. As í, señalaron que
el bajo estatus socioeconómico se asocia ba al consumo de drogas cuando el indicador e ra más
de tipo social, como la educac ión pa rental, mi entras que cuando eran r ecursos económicos,
los chicos y chicas de nivel alto estaban más en rie sgo para consumir ciertas sustancias (p. ej.,
cannabis). Sí encontraro n una relación más concluyente con el consumo de tabaco, en el
sentido de que un menor nivel socioeconómico se relacionaba con un mayor consumo de esta
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
104
sustancia. Además, la diversidad de resultados podría ser consecuencia no solo del indicador
socioeconómico e mplead o, sino también del patrón de consumo (Kendler et al., 2014).
Tomando los resultados específicos del indicador referente a l a capacidad
adquisitiva familiar , que es el analizado en esta Tesis, también se encu entra cierta
disparidad en los resultados. En referencia al alcohol , hay estudios que identifican el nivel
adquisitivo alto como un factor de p rotección (Gomes de Matos et al., 201 7 ; Torsheim et al.,
2004), otros estudios como un factor de riesgo (Kendler et al., 2014 ; Obradors-Rial et al.,
2018) y otros no encue ntran asociación (M elotti et al., 2013) o solo un a asoci ación débil
(Richter et al., 2013). U na asociación limitada también ha sido hallada para los episodios de
embriaguez (Richter et al., 2006). Asimismo, se detecta cierta v ariabilidad en relación con el
tabaco, con algunos trab ajos indicando un mayor riesgo de consumo de esta sustancia en
adolescentes que pertenecen a familias con un nivel adquisitivo más bajo (Moor et al., 2015 ;
Pförtner et al., 2015 ; Po onawalla et al., 2014 ), o tros enc ontrando solo una débil asociación
(Richter & Leppin, 2007), mientras qu e otros revelan una ausencia de re lación (Moor et al.,
2019). Respecto al cannabis, algunos equipos en contraron un a tendencia en la que quien es
provenían de familias con nivel adquisitivo bajo estaban adoptando el patrón de mayor
consumo antes pr esente en quienes p ertenecían a familias con m ás po der adquis it ivo (ter
Bogt et al., 2014).
Esta falta de consistenc ia e n los re sultados se observa también en el último informe
del estudio HB SC , no solo en fun ción de la sust ancia psico activa y de la medida emple ada
para evaluar el consum o, sino en este c aso, ta mbién en función del país. Así, los datos
revela ro n un mayor consumo de alcohol y de episodios de embriaguez (tanto en la vida como
en los últimos 30 días) en adolesce ntes de mayor nivel adquisitivo, aunque estas diferencias
estaban pr esentes en algo más de la mi tad y en alrededor de un t ercio de los p aíses
respec tivamente, no encontrándose diferencias en el resto. En cuanto al tabaco, no se hallaron
diferencias asociadas al nivel adquisitivo para el consumo en la vida y solo en los chicos p ara
el consumo en los últimos 30 días (mayor consumo en los de niv el bajo), encontrándose
países con diferencias que va n en uno y en otro se ntido en ambas medidas. En el caso de l
cannabis, el consumo en la vida fue mayor en los chicos de nivel ad quisitivo alto, con
diferencias solo en 7 países, todos en esta dire cción excepto Malta, en e l que los chicos de
nivel adquisitivo bajo fueron los que mostraron un consumo mayor. En el consumo en los
últimos 30 días, los valores fueron similares, con única mente dos países mostrando
diferencias significativas (mayor consumo en los chicos de nivel alto de República de
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
105
Macedonia d el Norte d el Norte y en las chicas de nivel bajo de Chequia) (Inchley et al.,
2020). En otro informe elaborado por la red internacional d el estudio HBSC se en contró qu e
el inicio temprano en el consumo de alcohol e ra más frecuente en adol escentes de nivel
adquisitivo alto, a unque pocos países p resentaron difere ncias significativas, mientras que no
se observó asociación entre el nivel adquisitivo familiar y el inicio temprano en los episodios
de embriaguez, con pocos países mostrando dife rencias y en ambos sentidos (Inc hley et al.,
2018).
Otro de los factore s relacionados con el nivel socioeconómico de los y las
adolescentes que ha mos trado releva ncia en el consumo de drogas en la adolesce ncia es la
disponibilidad de dinero propio por parte de los chicos y chicas. En este caso, la
bibliografía muestra resultados más consistente s, identificándose un a asociación positi va
entre dispo ner de din ero propio y el consumo de drogas y , por lo tanto, suponiendo esta
variable un factor de rie sgo en el consumo (Moor et al., 2019 ; Obradors-Rial et al., 2018 ;
Perelman et al., 2017) .
Respecto a factores relati vos a los estilos de vida, como pueden ser la alimentación, el
sueño o la actividad fís ica, se encuentran los s iguientes resultados. Comenzando por los
hábitos de alimentació n , la evidenc ia sugiere que el consumo de drogas en la adolescencia
está asociado a un mayor consumo de productos poco saludables (p. ej., refrescos, comida
rápida) y tanto a un menor consumo de alimentos saludables (p. ej., frutas, verduras) como a
una menor frecuencia de desayuno (Giannakopoulos et al., 2009 ; Papadopoulou et al., 2017 ;
Wa ng et al., 2017). En referencia a este último aspecto, un estudio específico que analizó las
variables relacionadas con saltarse el desayuno reveló que el consumo de tabaco y alcohol s e
hallaban e ntre dichas variables tanto en adolescentes como en población adulta (Keski-
Rahkonen et al., 2003).
En cuanto al su eño , existe un amplio consenso de la asociación del c onsumo de
drogas en la adolescencia con dificultades en diversos dominios del sueño , como la
regularidad, horario, eficiencia y dura ción (Kwon et al., 2019 ). Más allá d e esta asociación,
hay quienes observan que di versos aspectos del sueño podrían ser un fac tor predictor del
inicio en el consumo de drogas en a dolescente s. Así, Miller et al. (2017 ) encuentran en su
estudio longitudinal que una menor duración de l sueño y una mayor somnolencia diurna al
inicio del estudio, se asociaron a una mayor probabilidad de haber bebido alcohol, haber
realiza do binge drinkin g y haber sufrido efectos asociados con el al cohol cuatro años
después, además de una mayor proba bilidad de h aber consumido cannabi s; no ha llaron, sin
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
112
Otros trabajos que h an encontrado un mayor consumo de drogas en quiene s participan
en episodios de bullying son los de Desousa et al. (2008), Lambe and Craig (2017), Sharp et
al. (2019) y Woolley and Macinko (2018), incluido revisiones sistemáticas como las d e
Arcadepani et al. (2021). En nuestro país, en una investigación longitudinal realiza da por
Mendoza et al. (2017) d etectaron una clara asociación transversal en el momento inicial del
estudio de la frecuencia de episodios de embriag uez y la participación en el f enómeno del
botellón con la frecuencia de implicación en episodios de bullying . Longitudinalmente, tanto
experimentar frecuentes episodios de embriaguez como la p articipación semanal en el
botellón en el momento ini cial resultó ser un p redictor del aumento de la implicación e n
episodios de bull ying en el momento posterior. En cambio, algo más de variabilidad se
aprec ia en cuanto a la victimización, con trabajos que detectan un mayor consumo de drogas
en quienes afirman hab er sufrido bullying (Luk et al., 2010 ; Pontes et al., 2021 ; Woolley &
Macinko, 2018), mientras otros defienden que las diferencias entre l as víct imas de bull ying y
el grupo control se limitó únicamente a quienes sufrían niveles más altos de acoso (Connell et
al., 2017 ) o que dicha asociac ión se daba en un momento posterior (e l estatus de víctima de
acoso a los 13 años se asoció con el consumo a los 15 años ) (Kelly, Newton et al., 2015).
Por último, un traba jo que muestra resultados muy interesa ntes en la línea de revelar
una relación bidireccion al entre estas dos va riables es el de Azevedo Da Silva y Martins
(2020). Estas autoras no solo encuentran asociación entre participar en epi sodios d e bullying
y el consumo de drogas en el momento inicial de su estudio, sino que los datos reflejaron que
un mayor número de episodios de acoso en los tr es momentos temporales siguientes predijo
una mayor probabilidad de consumo de alcohol, tabaco y marihua na po sterior. Asimi smo,
tanto el consumo esporádico como f recuente de drogas pr edijeron un a ma yor probabilidad de
acosar posteriormente a otros chicos y chicas.
En cuanto a la autoeficacia social , es decir, las expectativas que las c hicas y los
chicos adolescentes ti enen acerca d e su h abilidad personal para la realización de
comportamientos específicos que subyac en r elac iones person ales (Connolly, 1989), la
bibliografía suele centrarse más en su relació n con el ámbito de la salud mental y las
relaciones so ciales, que con el consumo de drog as. En este sentido, una baja autoeficacia
social ha most rado asociación con una menor autoestima (Hermann & Betz, 2006) y mayores
niveles de depresión (He rmann & B etz, 2004 ), de ansiedad (Mallinckrodt & Wei, 2005 ) y d e
soledad e insatisfacción social (Galanaki & Kalantzi-azizi, 1999).
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
113
Por último, se pre sentan los da tos refere ntes a la asoc iación del consumo de drogas
con factores relacionados con la salud y el b ienestar adolescente. C omenza ndo por la
percepc ión de su salud , aunque hay algunos trab ajos que encuentran una relac ión positiv a o
una ausencia d e relación entre estas dos variables (Sim ões et al., 2012 ), se observa un amplio
consenso de la existencia de una asociación n egativa entre la evaluación que los propios
chicos y chicas realizan sobre su salud y su consu mo de drogas, de manera que quienes tienen
una peor valoración de su estado de salud, informan de un mayo r consumo (Johnson &
Richter, 2002 ; Latorre & Mont añes, 2004 ; Piko, 2007 ; Trembla y et al., 2003 ; Wang et al.,
2021). No obst ante, hay estudios que matizan esta aparent e robusta aso ciación defendiendo l a
presenc ia de variables moderadoras, como, por ejemplo, los factores cognitivos (Wang et al.,
2021) o de diferencias e n funció n del sexo, como en el estudio Piko (2007), en el que la
perce pción de salud co rrelacionó con todas las drogas en los chicos, m ientras que, en las
chicas, solo se a soció co n el consumo de tabaco.
En re ferencia a la satisfacción vital , aunque de nue vo hay quienes no observan
relación con el consumo de droga s en la adolescencia (Pedroni et al., 2021), también pare c e
existir consenso en la bibliografía de una asociación negativa entre la valorac ión que los
chicos y chicas hacen de sus vidas y su consumo de drogas. Así, Lew et al. (2019)
identificaron fuertes asociaciones ent re la satisfa cción vit al y el consumo tanto de una sola
sustancia como de varias sustancias sim ultáneamente . Sus resultados muestran que tras
controlar numerosas variables relacionadas con el consumo, los y las adolescentes que
reportaban baja s atisfacción con sus vidas eran más dados a h aber consumido alguna vez
tabaco, alcohol o marihuana, así como a haber co nsumido dos sustancias o tres sustancias a la
vez. Del mismo modo, Zullig et al. (2001) observaron que el consumo de tabaco (fumado y
masticado), marihuana, cocaína, drogas iny ectables y esteroides, así c omo el consumo
frec uente de alcohol y los episodios de embriaguez, se asociaron con una menor satisfacción
vital. Ade más, el inicio pre coz en el consumo de a lcohol, taba co, marihuana y cocaína
también correlacionaron negativamente con la satisfacción vital. R esultados similares fueron
obtenidos por Desousa et al. (2008) para el comportamiento de binge drinking . No obstante,
hay otros trabajos que detectan est a relación solo para algunas sustancias . En esta lí nea,
Bogart et al. (2007) infor maron de qu e el consumo de algunas drogas durante la adolescencia
tardía, como el tabaco y las drogas il egales dis tintas al cannabis, pero no otras, como el
alcohol o la marihuana, se asociaron signi ficativamente con una menor satisfacción vital en la
edad adulta temprana.
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
114
Otra de las cuestiones que parece estar re lacionada con el consumo de d rogas e n la
adolescencia es la presen cia de malestares psicosomáticos , observándose, en este caso, una
asociación posi tiva. Por ejemplo, Simpson et al. (2006) encontraron fuertes asociaciones
positivas del consumo de tabaco, cannabis y de otras drogas ilegales, así como de los
episodios de embriaguez, con los malestares ps icosomáticos. Igualmente, Ghandou r et al.
(2004), señalaron qu e el consumo frecuente de alcohol y el consumo diario de tabaco se
asociaron con malestares psicosomáticos como el dolor de cabeza, el dol or de e stómago, el
dolor de espalda y la fatiga mañanera. En la mi sma línea irían los r esultados de Botello-
Harbaum et al. (2011) pa ra el consumo de tabaco, bien de manera experimental o diaria, y los
de Strandheim et al. (2011) para el consumo fr ecuente de alcohol. Por su parte, los datos d e
Simões et al. (2012) most raron una relación pos itiva de los malestares psicológicos con el
consumo de alcohol en dos muestras (portuguesa y española) y con el consumo de cannabis
en la muestra portuguesa, mientras que para el consumo de tabaco no arrojó resultados
significativos en ninguno de los dos grupos.
Respecto al bienestar, la revisión d e la bibliografía muestra resultados inte resantes en
relación con e l consumo de drogas. Comenzando por un tra bajo llevado a cabo por S imón-
Saiz et al. (2020 ) en nuestro país, en el que emplea ro n el instrumento Kidscreen como
medida de bienestar físico, psicológico y social , los análisis bivariados mostraron que lo s
chicos y chicas que consumían alcohol presentaron peo res datos en la mayoría de las
dimensiones. Sin embargo, en cuanto a los resultados de la regresión logíst ica controlando
por edad y sexo, un mejor estado de ánimo, es decir, menor nivel de sent imientos nega tivos
se relacionó con un menor consumo, pero no así el bienestar psicológico (pre sencia de
emociones posi tivas), q ue no mostró asociación con el consumo. En otros trabajos, en
cambio, sí e ncuentran asociación con el bienestar psicológico. Así , Vilugrón-Ar avena et al.
(2017) en contraron qu e el consumo de alcohol de alto riesgo se asoció con una menor
puntuación en la dimensión de bienestar psicológico, mi entras que e l policonsumo (consumo
de tres sustancias) s e asoció con una menor perce pción de bienestar físico y psicológico . En
el estudio de Chen y Storr (2006), también se observa una relación entre el consumo de
alcohol y un peor bien estar físi co, psicológico y s ocial, aunque dichas asociaciones no fueron
constantes a lo largo de los ocho dominios de bienestar ge neral examinados .
En cua nto a los síntomas internalizantes , la investi gación parece most rar una cierta
variabilidad en función del síntoma y además de la sustanc ia o del ti po de medida de
consumo que se emplee. Así, por ejemplo, en la revisión sistemática llevada a c abo por
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
115
Hussong et al. (2017) detectan que las asociaciones más consistentes se observaron para los
síntomas depresivos, pa rticularmente com o p redictores de puntuaciones compuestas d e
consumo de drogas. En cambio, no se evidenció ninguna asociación clara entre la ansiedad y
el consumo, siendo estas asociaciones tanto negativas como positivas. En un tra bajo de
revisión de estudios longitudinales sobre diferentes comportamientos r elacionados con el
consumo de tabaco (inicio, estado, intensidad, dependencia y tr ayec toria), los autores
hallaron que los resultados de cada categoría varia ban sustancialmente, observándose tanto
asociaciones positivas en ambas direcciones (del consumo a la salud mental posterior y de l a
salud mental al consumo posterior), como ausencia de relación entre las v ariables, mientras
que encontraron pocos estudios que apoy aran directamente un modelo bidireccional de
tabaquismo y ansiedad (Fluharty et al., 2017). Por el contrario, Parrish et al. (2016) defienden
la existencia de relaciones recíprocas entre el consumo de alcohol y los síntomas
internalizantes, a unque también advierten del peligro de tratar todos los síntomas como
componentes intercambiables de un único dominio. Concluyen que los síntomas comunes a
los trastornos de ansie dad y d epresión (por ejemplo, la angustia g eneral) son los que
presentan la s relaciones recíprocas más sóli das con el consumo de alcohol.
Además, hay estudios qu e han reflejado la existencia de relación entr e el consum o de
drogas en la adolescencia y la regulación emocional , como es el caso del estudio de McKee
et al. (2020), en el qu e se encuentra que un a mayor regulación em ocional se asoció
significativamente con frec uencias más bajas de consumo de tabaco, alcohol y cannabis,
mientras que el afecto negativo se asoc ió con frecuencias más altas. Los autores concluyen
que, en relación con la s emociones y el consumo de drogas, se producirían ciclos de
retroalimentac ión bidirec cionales entre el estado emocional y la decisión de consumir una
sustancia.
1.4.2.2 Factores del contexto familiar
En la adolescencia, la fa milia sigue siendo un contexto fundamental en e l desarroll o
de los chicos y chicas, por lo que no es de extraña r que muchos de los factores pertenecientes
a este á mbito estén asociados de a lguna u otra for ma c on el consumo de droga s en la
adolescencia. De hecho, la bibliografía reciente que analiza las causas del descenso en el
consumo de d rogas en ad olescentes, m ayoritariamente de alcohol, señalan al entorno familiar
como uno de los f actores más relevantes, defendiendo que el cambio en las prácticas
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
116
parentale s, como un mayor conocimiento parental sobre las vidas de su s hijos e hijas, un
mayor tiempo compartido e n familia o unas normas sobre e l consumo más restrictivas,
habrían influido de manera importante en dicho desce nso (de Looze et al., 2017 ; Rossow et
al., 2020 ; Torrone n et al., 2019 ; Vashishtha et al., 2019).
A la hora d e examinar la relación d el entorno f amiliar con el co nsumo de d rogas en l a
adolescencia, probablem ente uno de los estudios más completos sea el de Yap et al. (2017).
Este equipo rea lizó una revisión sistemática y metaaná lisis de estudios longi tudinales cuyo
objetivo era identificar q ué conductas parentales funcionaban como factor es de protección y
de riesgo en relación con el inicio en el consumo de alcohol y con los niv eles posteriores de
consumo en los hijos e hi jas adolescentes. Los r esultados, basados en 131 t rabajos, detectaron
tres factores de riesgo, como son la provisión de alcohol por parte de los progenitores, las
actitudes parentales favorables hacia el alcohol y e l consumo parental, a sí como c uatro
factores de prote cción, e n concreto, la supervisión, el apoyo y la implicación parental, así
como la calidad de la rel ación pa rento-filial, asoc iados tanto al inicio en el consumo como en
los niveles post eriore s de consumo. Otro estudio int eresa nte es el de R yan y su equipo,
quienes también llevaron a cabo una revisión sistemática de estudios longitudinales para
conocer las est rategias parentales p redictoras del consumo de alcohol en adolescentes. Tras el
análisis de 77 estudios identificaron 12 estrategias: el modelado de los progenitores, el
suministro de alcohol, la comunicación específica sobre el alcohol, la desaprobación parental
del consumo de alcohol adolescente, la discipli na general, las normas s obre el alcohol, la
supervisión parental, la calidad de la relación entre progenitores y adolescentes, el conflicto
familiar, el apoyo pare ntal , la implicación de los progenitores y la comunicación familiar. Los
resultados revelaron que el modelado de los progenitores, la limitación de la disponibilida d
de alcohol pa ra el o l a adolescente, la supervisi ón pare ntal, la calidad de la relación
progenitor-adolescente , la comunicación familiar y la implicación de los progenitores
predijeron un inicio más tardío en el consumo . Además, el modelado de l os progenitore s, la
limitación de la disponibilidad de alcohol pa ra su hijo o hija, la desaprob ación parental del
consumo de alcohol adolesce nte, la disciplina general, la supervisión parental, la calidad de la
relación progenitor-a dolescente, el apoyo parental y la comunicación familiar predijeron
menores niveles de cons umo de alcohol posterior (Ryan et al., 2010).
A continuación, se presentarán ciertos factores del contexto familiar im plica dos en el
consumo de drogas en la adolescencia, específicamente, aquellos analizados en esta Tesis
Doctoral. En lo que respecta al consum o parental , los estudios detect an un mayor consumo
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
117
en adolescentes con pro genitores que consumen. Por ejemplo, como muestra la revisión
sistemática y metaanálisis de Leonardi-Bee et al. (2011 ), se encuentra una mayor
probabilidad de iniciarse en el consumo de tabaco en adolescentes con p rogenitore s en los
que al menos uno fum ara. Otros trabajos con resultados similares son los de Mehanovic et al.
(2021), en el que el consumo parental y su permisividad hacia el tabaco se asoci aron con una
mayor experimentación con el tabaco en la adolescencia, o el de M ak et al. (2012), en el cual
detectar on que el consumo de tabac o por parte de los progenitores se re lacionó con el
consumo actual de tabaco, con haber fumado alguna vez en la vida y con la inten ción de
comenzar a fumar en adolescentes. Del mismo modo ocurre con el consu mo de alcohol, con
niveles superiores de consumo en adolescente s cuyos progenitores bebí an, tenían actitudes
favora bles hacia el consumo o les sumi nistraban alcohol (Yap et al., 2017), así como con
altos niveles de binge dr inking (Pedersen & von Soest, 2015 ). Es importante señalar que la
relación entre el consumo parental y el consumo de sus menores permanece incluso cuando
se incluye el consumo del grupo de iguale s y de las amistades íntimas (Smit et a l., 2021).
En lo relativo a la dinámica fa mi liar, quizás uno de los aspe ctos más estudiados en
relación con el consumo de drogas en adolescentes es el conocim iento parental . Esta
variable, habitualmente empleada como una me dida de supervisión parental (Kerr et al.,
2010), guarda un a rel ación negativa con el consumo, de manera qu e un m ayor con ocimiento
por parte de los progenit ores sobr e quiénes son sus amistades, qué hacen en su tiempo libre o
en qué gastan su dinero , entre otros aspectos, se asocia a un menor consumo adolescente
(Donaldson et al., 2016 ; Gaete et al., 2017 ; Jiménez-Iglesias et al., 2012 ; Kliewer et al., 2018 ;
Lippold et al., 2014 ; Luk et al., 2012 ; Prins et al., 2021 ; Wen, 2017 ; Yap et al., 2017 ). Por
ejemplo, en un trab ajo en el que analizaron dif erentes contextos de desarrollo de los y las
adolescentes (familia, escuela y vecindario, pero no incluía al grupo de ig uales) y su relación
con el consumo de drogas, concluyeron que, aunque los procesos d e socialización en
diferentes ámbitos de la vida estaban asociados en diversos grados al con sumo de drog as en
adolescentes, era l a f amilia el entorno más influyente. Entre los diferentes aspectos familiares
examinados, el conocimi ento parental mostró ser e l que más protegí a frente a l consumo de
drogas en la adolesce ncia (Wen, 2017) .
Otros trabajos han informado del efecto qu e pueden ejercer los c ambios en el
conocimiento parental sobre el consumo. En este sentido, Prins et al. (2021) descubrie ron qu e
las re ducciones en el conocimiento parental se asociaron c on aumentos en la frecuencia de
consumo de marihuana, la frecue ncia de consu mo de alcohol y la cantidad de a lcohol ,
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
118
mientras que Lippold et al. (2014) encontraron que el inicio en el consumo de alcohol y
taba co se asociaron con mayores probabilidades de transiciones haci a los patrones de
conocimiento parental más bajos. Es interesante también destacar que el s ecretismo por parte
de los chicos y chicas adolescentes se ha relacionado con un mayor consumo de drogas
posterior (Kliewer et al., 2018). En cuanto a las diferencias qu e pudie ran darse en función d e
qué progenitor ejerza di cha supervisión, se encuentra variabilidad en los datos. Así, e n el
estudio de Jiménez-Iglesias et al. (2012), con datos de nuestro país, observaron que, aunque
el conocimiento de ambos progenitores se a soció negativamente con el c onsumo de tabaco,
alcohol y canna bis de sus hijos e hijas, fue el maternal el que resultó ser el más influyente. En
contraste, h ay otros es tudios, en este c aso, e n Estados Unidos, que afirman que el
conocimiento p or p arte de los padres tiene un efecto p rotector mayor que el d e las madre s
(Luk et al., 2012).
Como se ha avanzado previamente, otros aspectos de l a dinámic a f amiliar , como
pueden ser el afecto, la comunicación, el apoyo o la impli cac ión por parte de los progenitores
también han most rado asociación con el consumo de drogas en los hijos e hijas adolescentes.
En cuanto al afecto parental , los y las adolescentes que reportaron un mayor afecto por p arte
de sus progenitores mostraron un menor consumo de drogas (Buelga et al., 2006 ; Donaldson
et al., 2016 ; Mak & Iacovou, 2019 ; Parra & Oliva, 2006). Es más, resultados longitudinales
revelan que el afecto parental no solo tendría un efecto directo sobre el consumo de drogas en
la adolescencia, sino también un efe cto indirec to en el consumo de drogas en la e dad adulta
vía un menor riesgo de inicio precoz (Mak & Iacovou, 2019). En nuestro país, un estudio
longitudinal encontró que las chicas y los chicos que recordaban a madres afectuosas durante
la infancia reportaron u n menor consumo d e d rogas durante la adolescencia temprana, y
quienes informaban d e vivir en familias más cohesionadas, most raron un menor aumento del
consumo durante la adolesce ncia y la adult ez emergente (Sánchez-Queija et al., 2016).
También parece existir una asoci ación negativa entre la c omunicación fam iliar y el
consumo adolescente (Desousa et al., 2008 ; Moor et al., 2015 ; Moore et al ., 2018 ; O'Donnell
et al., 2021 ). Así, po r ejemplo, Moore et al. (2018) detectaron que un a m ayor comunicación
familiar se asoció a un me nor consumo de tabaco, cannabis y otras drogas, aunque no de
alcohol, mientras que Desousa e t a l. (2008) y Donaldson et al. (2016) enc ontraron una
relación n egativa entre l a comunicación familiar y consumo de alcohol en atracón ( binge
drinking) . Igualmente, Moor et al. (2015) obse rvaron que una pobre comunicación con los
progenitores se asoció con el consumo semanal d e tabaco en los chicos y chicas adole sc entes.
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
119
Aunque la asociación de una mayo r comunic ación familiar con un m enor consumo en las
hijas e hij os es clara, no lo es tanto la dirección de esta relación. En este sentido, en un
estudio longitudinal realizado con el objetivo de analizar el impacto del consumo de drogas
de los hijos e hijas adole scentes sobr e el func iona miento familiar, entre lo s que se incluía la
comunicación con los progenitores, los resultados reflejaron que el consumo de alcohol y
marihuana adolescente predijeron una menor co municación parento-filial posterior (aunque
solo en el caso de los chicos) (Russell et al., 2017), por lo que esta relación podría ser
bidireccional.
En la misma línea que las varia bles anteriores se situarían los resultados sobre apoyo
y satisfacción fa miliar, de manera que aquellos chicos y chica s que informan de un mayor
apoyo fam iliar (Jose et al., 2021 ; Maslowsky et al., 2015 ; Moore et al., 2018 ; Yap et al.,
2017) o una mayor satisfac ción con su s relaciones familiares (Kao et al., 2020 ; Yen et al.,
2007) manifiestan, a su vez, un menor consumo de drogas. Para terminar, el últim o asp ecto
del funcionamiento familiar examinados en esta Tesis es la implicación de las familias en
temas escolares . En est e sentido, también se h an hallado pruebas de una a sociación negativa
entre esta vari able y el consumo de drogas en la adolescencia (Handren et al., 2016 ; Yap et
al., 2017). Por e jemplo, se ha observado que la i mplicación de los prog enitores en las ta reas
escolares de los chicos y chicas (p. ej. , comprobar si las han hecho o ayudarles a realizarlas )
se asoció negativamente con el consumo de alc ohol por parte de los y las adolescentes en
todos los grupo s de edad, sexo y etnia, lo que según los autores, apoy aría la generalización
del efecto de la implicación de los progenitores en el consumo de drogas en sus hij os e hijas
adolescentes (Handren et al., 2016). Estos mismos resultados, pero para todos los tipos de
drogas, habían sido reportados previamente (Pilgrim et al., 2006).
1.4.2.3 Factores del grupo de iguales
A pesar del papel funda mental de la familia en la adolescencia, a m edida que lo s
chicos y chicas van creciendo, el grupo de los iguales adquiere más re l evanc ia, el vínculo
emocional con las amistades crece y las experiencias en el grupo pueden tener un efecto
significativo en el a juste y funcionamiento social, emocional y c onductual de los y las
adolescentes (para más información, véase Brown and Larson, 2009 y Rubin et al., 2015) .
Además, las relaciones se vuelven más complejas y bidireccionales, y la integrac ión social s e
convierte en un im portante reto evolutivo ( Schulenberg et al., 2019). Por ello, no es d e
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
120
extrañar que este c ontexto de desarrollo tambi én ejerza su influe ncia en l a c onducta d e
consumir o no drogas en la adol esce ncia. D e hecho, en un metaan álisis llevado a cabo p ara
analizar la influencia d el grupo de iguales y d e la familia en el consumo de drogas en
adolescentes, los datos señalaron una mayor influencia por parte de los y las iguales (Allen et
al., 2003). Y es que el consumo de drogas en estas edades es una actividad socialmente
interactiva, en la que la conducta de consumir se produce en compañí a de sus iguales y sin la
presenc ia de figuras de autoridad (de Jong et al., 2020), por lo que la relevanc ia que adquiere
este contexto en estos comportamientos es considera ble, como se verá a continuación.
Son numerosos los estudios que han mostrad o la relac ión existente entre tener
amistades que realizan c omportamientos problemáticos o desviados en general y el consumo
de drogas en adolescente s (Kliewer et al., 2018 ; Lutz et al., 2017; Mak et al., 2020), relación
que podría manten erse n o solo durante toda l a ad olescenc ia sino, además, al inicio de la etap a
adulta (Van Ryzin et al., 2012). Poniendo el foco específicamente en las am istades
consumidoras , también parece existir un amplio consenso de una aso ciac ión positiva con el
consumo en adolescentes, de manera que quienes tienen amistades que consumen muestran a
su vez un mayor consum o (Allen et al., 2012 ; Chen et al., 2014 ; Glaser et al., 2010 ; Hiemstra
et al., 2014 ; Hoffman et al., 2006 ; Mak et al., 201 2 ; P atrick & Schulenberg, 2010 ; Prins et al.,
2021 ; Schwinn et al., 20 16 ; Simons-Morton & Farhat, 2010). De h echo, el consumo de las
amistades íntimas sería la variable perteneciente a este contexto que m ejor predeciría el
consumo de drogas en adolescentes (Branstetter et al., 2011).
Varios traba jos de revisión de teorías sobre la influencia de l grupo de iguales en el
consumo de tabaco adolescente han mostrado l a relevancia de esta variable (Hoffman et al.,
2006 ; Kobus, 2003 ; Simons -Morton & Farhat, 2010 ). Como ejemplo, en el trabajo de
Hoffman et al. (2006 ) destacan el consumo del g rupo de iguales como parte fundamental d e
su modelo longitudi nal del inicio y mantenimiento de la condu cta de fumar. En el estudio de
Hiemstra et al. (2014), los datos revelaron que el consumo de tabaco de las amistades al
inicio de la investigac ión se asoció positivamente con el consumo posterior de los chicos y
chicas adolescentes. Por su parte, Mak et al. (2012) hallaron que tener un mejor amigo
fumador o una mejor amiga fumadora se rela cionó con el consumo actual de tabaco, con
haber fumado alguna vez, con la intención de comenzar a fumar, así como, con el reinicio en
el consumo. En la misma línea, pero referido al alcohol, Patrick and Schulenberg (2010)
observaron que tener a mistades que se embo rrachaban era el predictor más fuerte de los
episodios de consumo de alcohol excesivo ( h eavy episodic drin king ). Además, diversas
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
121
investigaciones han mos trado el efecto de las v ariaciones en el consum o del grupo en el
consumo propio. Así, por ejemplo, utili zando un diseño longitudinal, multi-método y multi-
informante, Allen et al. (2012) encontraron que el consumo de las amistades íntimas fue un
predictor significativo d el cambio en el consu mo propio durant e el periodo analizado,
mientras que Prins et al. (2021) observaron que el aumento d el consumo de drogas del g rupo
de iguales se aso ció con aumentos en la frecuenci a y cantidad de consumo propio de alcohol
y en la fr ecuencia de co nsumo de marihuana. Por otro lado, ha y quienes destac an su pode r
mediador, concluyendo que el consumo del grupo no solo se asociaría con un mayor
consumo, sino que, además, moderaría la relación entre los problemas de conducta y el
consumo de alcohol, de forma que los primeros sólo se relac ionaron con un mayor riesgo de
problemas de consumo de alcohol en presencia de iguales consumidores (Glaser et al., 2010) .
También en nuestro p aís se han realizado trabajo s con diferentes muestras regionales que ha n
detectado una relación posit iva entre el consumo por part e del grupo de ig uales y el consumo
de tabaco (Caballero-Hidalgo et al., 2005), alcohol (Chacón et al., 2016), canna bis (Alfonso
et al., 2009) o el inicio precoz en el consumo de alcohol (Rial et al., 2020).
Íntimame nte relacionado con el consumo del grupo de iguales se situarían las
actitudes hacia el consumo y las normas que aprueban la conducta de consumir dentro del
grupo (Chassin et al., 2009). La investiga ción también ofrece datos que indic an que l a
desaprobación del consumo de drogas por parte de las amistades tiene un efecto protector,
relacionándose con una mayor abstinencia y menores tas as de consumo (Coyle et al., 2016 ;
Mrug & McCay, 2013), mientras que las norma s grupales a favor supondrían un factor de
riesgo ante e l consumo ( Handren et al., 2016).
Otro de los aspe ctos i mportantes de este contexto de desarrollo es la calidad d e las
relaciones de amistad . La investigación también parece most rar datos consistentes en la
línea de indi car una asoc iación positiva entre los aspectos relacionados co n la calidad de este
tipo de r elaciones y el consum o de drogas en la adolescencia. P or ejemplo, los resultados de
un estudio internacional en el que participaron 35 países revelaron que unas relaciones de
amistad más pobres y de peor calidad se aso ciaron con un menor consumo semanal de tabaco
(Moor et al., 2015). Es más, el consumo, en este caso de alcohol, no solo se asoció a una
mayor calidad de las relaciones de amistad, sino también a una mayor cantidad de amistades
(Hoel et al., 2004), ll egando a con cluir algunos autores que el consumo de alcohol se
relacionaría con una mayor aceptación e integración social, mientras que con unos menores
niveles de soledad (Ped ersen & von S oest, 201 5 ). Además, hay qui enes proponen que la
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
128
et al. (2009) hallaron no solo que quienes viv ía n en vecindarios económicamente
desfavorecidos presentaban menores tasas de consumo, sino además que vivir en zonas con
mayor desventaja r educ ía el efecto n egativo de tener amistades con conductas problemáticas.
Sí parece haber algo m ás de consistencia en los resultados en relación con el tab aco, d e
manera que la mayoría muestran tasas más altas de consumo de tabaco en los vecindarios de
nivel socioec onómico más bajos, aunque tambié n hay estudios que infor man de la relación
opuesta o la fa lta de asociación (Gardner et al., 2010 ; Hanson & Chen, 2007).
Esta variabilidad en los resultados también se observa al explor ar la relación del
consumo de drogas con otros elementos del vecindario, como muestr an algunas revisiones
sistemáticas que se han llevado a cabo sobre el tema (Bryden et al., 2013 ; Jackson et al.,
2014) y los trabajos espe cíficos que a continuación se presentarán, haciendo especial hincapié
en aquellas variables a nali zada s en esta Tesis Doctoral.
En cuanto al consumo de drogas en el vecindario , la bibliografía sí muestra
resultados consistentes, en el sentido de un mayor consumo en adolesce ntes que viven en
vecindarios con mayores niveles de consumo de drogas. Tr abajos como l os de Ennett et al.
(2008), quienes observaron que la media de consumo de alcohol en adolescentes del
vecindario resultó predecir positivamente el consumo propio o los de Le ifheit et al. (2015 ),
quienes demostraron qu e la preva lencia del consumo de drogas e n el vecindar io estaba
asociada con el consumo de marihuana a nivel in dividual . Respecto a este último estudio, sus
resultados most raron que tanto los análisis bivariados co mo los multivar iantes, controlando
las normas sobr e las drog as y el consumo de alcohol por part e del g rupo de iguales, indicaron
una asociación significativa entre la alta prevalencia de drogas en el v ecindario y el consumo
de marihuana (aunque solo entre las c hicas).
En lo referente a la facilid ad para comprar drogas siendo menor , son muchos los
estudios que han encontrado que la densidad de puntos de venta y locales de consumo de
alcohol se r elaciona posi tivamente con el consum o en los y las adolesc entes (Chen et al.,
2010 ; Chen et al., 2016 ; Huckle et al., 2008 ; Mo rrison, 2015 ; Paschall et al ., 2012 ; Shih et al.,
2015). Por ejemplo, en un estudio longi tudinal con más de mil adolescentes se observaron
mayores niveles d e inicio en el consumo y de consumo exce sivo entr e los chicos y chicas que
residían en zonas con mayor densidad de locale s de venta de alcohol ( Chen et al., 2010) .
Además, la densid ad de puntos de venta d e alcohol no solo estaría relacionada con el
consumo, sino con ciertos problemas relacionados con el consumo como lesiones, agresiones
y accidentes de tráfico (Gruenewald et al., 2010 ), con conducir bajo los efectos del alcohol
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
129
(Treno et al., 2003) y con aspectos del contexto fa miliar, c omo una menor supe rvisión
parental, que como se ha most rado anteriormente, estaría relacionada con un mayor consumo
en los hijos e hijas ( Freisthler et al., 2009 ). También en nuestro país se han replicado estos
mismos resultados, como muestra el trabajo de Mori-Gamarra et al. (2020) , detectando un
mayor consumo de riesgo y un mayor consumo i ntensivo de alcohol en l os municipios con
mayor densidad de locales de venta y locales de venta y consumo.
Sin embargo, otras investigaciones han reportado evidencias no tan claras sobre esta
relación. Por ejemplo, Kuntsche et al. (2008) hallaron que la densidad de locales de venta y
consumo, pero no la de los establecimientos de solo venta, se relacion aron con un mayor
volumen de consumo de alcohol, aunque no con los episodios de binge drinking . En la misma
línea, Fairman et al. (2019) no encue ntran asociación entre re sidir en z onas con mayor
densidad de establecimientos de locales de solo venta de licores y una post erior trayectoria d e
episodios de binge drinking. Más contundentes son los resultados de Zimmerman and Farrell
(2017), quienes no detectaron efectos directos ni indirectos de las oportunidades del
vecindario para el consumo (incluye tanto el consumo en público como la venta de drogas )
sobre la conducta de con sumo de los y las adoles centes. Sus análisis sí qu e revelaron efectos
moderadores, de man era que los niveles más altos de oportunidades de consumo de drogas en
el vecindario amplificaron los efectos pe rjudiciales del consumo parental y del grupo de
iguales y atenuaron el efecto protector de la pe rce pción d e riesgo por parte de los y las
adolescentes. Para estos autores, sus resultados sugerirían que las caracter ísticas del
vecindario no influi rían directamente a nivel individual, sino que condicionarían los efectos
de los principal es factores de riesgo y de p rotección a nivel individual del consumo d e
drogas.
Teniendo en cuenta los aspectos más rel acionados con la seguridad de la zona en la
que viven, Burdzovic and Watson (2010) ha llaron que quienes rep ortaron vivir en
vecindarios inseguros empeza ron, d e media, a fumar, beber y consumir marihuana a una edad
más temprana, detectando que la seguridad d el vecindario siguió si endo un predictor
significativo del ini cio en el consumo incluso controlando todos los demás predictores
individuales y familiares. Igua lmente, L ambe and Craig (2017) encontraron que ciertos
factores del v ecindario como la criminalidad, el d esorden físico, la inestabilidad r esidencial o
el nivel socioeconómico se asociar on al consumo de drogas en adolescentes. Otros autores
han informado de una asociación positiva del c onsumo de cannabis en adolescentes y la
delincuencia en el vecindario (de Looze et al., 2015) o con elementos del entorno físico,
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
130
como, por ej emplo, los edificios abandon ados (Furr-Holden et al., 2015 ). Inc luso hay
estudios que han mostrado que la percepción del riesgo del v ecindario ( Andrea s & Watson,
2016) o el miedo al entorno del vecindario (Theall et al., 2009) guardan una relación positiva
con el consumo de drogas en adolescentes. Respecto a ra sgos más relacionados c on la
convivencia en el vecindario, hay quiene s encuentran que la percepción de desorganizac ión
social en el barr io aumentan el riesgo de c onsumo de cualquier droga (Gaete et al., 2017) ,
mientras que otros indican que la cohesión del vecindario mediaba la influencia de la pobreza
del vecindario y l a disp onibilidad de drogas so bre el consumo d e drog as por p arte de los
chicos y las chicas adolesce ntes (Duncan et a l., 2002). En nue stro país, Oliva et al. (2012)
examinaron la relación de ciertos activos del vecindario con diversos aspectos del ajuste
adolescente, entre los que se incluía el consumo de drogas. Sus resultados mostraron que el
control social, el apoyo y el empoderamiento de la j uventud por p arte del vecindario se
relacionaron negativamente con el consumo de drogas, mi entras que el ap ego al vecindar io se
asoció posi tivamente (au nque con tamaño de efecto bajo), de for ma que quiene s se sentían
más vinculación y per ten encia a su barrio, pr esentaban un mayor consumo.
Sin embargo, también hay traba jos que apunt an en dire cciones diferentes , como los
que indican que la re lación entr e factores del vecindar io y el consumo de d rogas en l a
adolescencia tiene lugar a través de otra s variables , c omo el consumo del grupo de iguales
(Pei et al., 2020) o las conductas delictivas del grupo de iguales (Sigal et al., 2021) o los que
señalan la falta de relac ión entre las dos variables. En este sentido, hay q uienes concluyeron
que ni los factores estructurales (p. ej., la desventaja económica, la concentración de
inmigrantes o la estabi lidad residencial) ni sociales (p. ej., la eficac ia colectiva, las
interacc iones de la red social o la intolerancia al consumo de drogas) del vecindario tuvieron
efec tos directos estadísticamente significativos sobre el consumo de tabaco, alcohol o
marihuana de los y las adolescentes (Fagan et al., 2015). Esta falta de asociación del consumo
con el contexto del vecindario también ha sido reportada por revisiones sistemáticas sobre el
tema (Bryden et al., 2013 ; Jackson et al., 2014 ; Karriker-Jaffe, 2011) y por estudios
específic os (Byrnes et al., 2013 ; M. Wen, 2017) .
En resumen, desde hace década s, la investigación ha intentado arrojar algo de luz
sobre los fac tores r elacionados con el consumo de drogas en la adol escencia y cómo encajan
dichos factores. C omo se aprecia en esta revi sión de la bibliografía, son muchos los
elementos que ha n mostrado relacionarse de una u otra forma con este comportamiento
adolescente, desde aspec tos individuales, como los estilos de vidas o los c omportamientos de
1 Justificación teórica 1.4 Etiología
131
riesgo, hasta factores pertenecientes a los dife rentes contextos de d esarrollo más im portantes
en esta etapa evolutiva, como son la familia, el grupo de iguales, el centro educativo o el
vecindario. Algunas va riables presentan unos resultados más consistentes entre los estudios,
como el consumo parental o el consumo del gr upo de iguales, mi entras que en otras se
observa más v ariabilidad y menos consistencia, como pue den ser el nivel adquisitivo familiar
o el apoyo del grupo de iguales o d e los comp añeros y compañeras de clase. Además, la
investigación deja patente que, en muchos casos, la relación de una variable con el consumo
de drogas en la a dolescencia se produce de una f orma bidi recc ional o me diada o modera da
por otra/s variable/s. Una vez expuestas las principales teorías etiológicas y factores
asociados con el consumo de drogas en la adolescencia, en el siguiente ap artado se presentará
una revisión sobre los pot enciale s efectos que estos comportamientos pueden ac arrear sobre
los distintos aspectos de las vidas de los chicos y chicas a dolescentes.
1 Justificación teórica 1.5 Efectos
132
1.5 EFECTOS DEL CONSUMO DE DROGAS EN LA
ADOLESCENCIA
Indudablemente, uno de los aspectos esenciales a contemplar en relaci ón con el
consumo de drogas en la a dolescencia ha ce referencia a las posibles consecuencias que este
comportamiento pueda p roducir tanto en el desarrol lo actual d e los chicos y chic as como en
su funcionamiento posterior. Como se describió en el apartado 1.2. sobre la epidemiología del
consumo , este comportamiento es r ealiza do por un sector de la pobla ción adolescente d e
muchas partes d el mundo, detectándose en algun os chicos y chicas un consum o frecuente.
Por otro lado, el epígrafe 1.3. sobre la adolescencia como etapa evolut iva clave en el
consumo de drogas , en el que se presentaron las características y los cambios propios de este
periodo del desarrollo, puso de manifi esto la i mportancia de esta etapa en el inicio y
progresión en esta condu cta. Estas cuestiones resaltan la importan cia d e analizar los posi bles
efec tos que el consumo de este tipo de sustancias pueda g enerar en los chicos y chicas
adolescentes. S on numerosos los estudios que de forma epidemiológic a o experimental
aportan d atos relativos a las consecuencias del consumo de drog as tanto e n la vida particul ar
de las personas como en la sociedad en la que vi ven. En este apartado se hará una r evis ión
genera l de las principales investigaciones sobr e la temática, dividiéndolas según el tipo de
droga. Cada subapartado comenz ará ofreciendo una breve información sobre el impacto que
el consumo de dicha sustancia psicoactiva tiene sobre la población gene ral y luego se centrará
específicamente e n los result ados con adolesc entes.
1.5.1 Efectos del con sumo de alcoho l
En primer lug ar, se pres entan los resultados d e un o de los estudios de referencia en el
mundo en el ámbito de la salud, como es el e studio Global Burden of Diseases sobre la Carga
Global de Enferme dades, Lesiones y Factores de Riesgo .
9
El estudio tiene por objetivo
cuantificar la pérdida de salud debida a nume rosas enfermedades, lesi ones y factor es d e
riesgo, estimando t anto la mortalidad atribuible a dichas causas, como los años de vid a
perdidos, los años de vida vividos con disc apacidad y los años de vida ajustados po r
9
Visitar http://www.h ealthdata.o rg/gbd/2019 para conocer más en profund idad esta iniciativa.
1 Justificación teórica 1.5 Efectos
133
discapacidad ( DALYs ) .
10
Las investigaciones derivadas de este estudio señalan, año tras año,
al alcohol como uno de los factores de riesgo más determinantes para la pérdida de s alud
(Forouzanfar et al., 2015 ; GBD 2016 Alcohol Collaborators, 2018 ; GBD 2019 Risk Factors
Collaborators, 2020 ; Mokdad et al., 2016). En un trabajo reciente en el que analizaron la
evolución entre 1990 y 2019 de 87 factore s de riesgo en 204 países y territorios por grupos de
edad encontraron que, en el total de la población, el alcohol pasó del decimoquinto lugar en el
listado de factores de riesgo en 1990 al noveno en 2019, aunque el porcentaje de DALYs
atribuibles al alcohol decre ció del 4,6 al 3,7 entre ambos años. Los datos referidos a la
población juvenil, que contempla de los 10 a los 24 años, inform a ro n de que el consumo d e
alcohol pasó de ser el cuarto factor de riesgo m ás impo rtante en 1990 a convertirse en el
segundo en 2019, m anteniéndose en un 2,6 el po rcentaje de DALYs atribuibles al alcohol. Es
importante aquí destacar que en el grupo etario inmediatamente superior, es decir, el que
abarca de los 25 a los 49 a ños, el alcohol ha pe rmanecido c omo el mayor f actor d e riesgo
tanto en 1990 como en 2019, pasando el po rcentaje de DALYs atribuibles a l alcohol del 6,7 al
6,3 (GBD 2019 Risk Factors Collaborators, 2020).
Según el último informe sobre alcohol de l a Orga nización Mundial de la Salud Global
Status Report on Alcohol and Health 2018 , el co nsumo nocivo
11
de alcohol c ausó alrededor
de 3 millones de muertes en todo el mundo en 2 016, lo que se correspondió con el 5,3% de
todas las muertes. Esta mortalidad fue mayor que la causada por enfermedades como la
tuberculosis (2,3%), el VIH/SIDA (1,8%), la diabetes (2,8%), la hipertensión (1,6 %), las
enfermedade s digestivas (4,5%), las lesiones en carretera (2,5%) y la violencia (0,8%). Entr e
las razones de la mort alidad se e stima que 0,4 millones de muer tes fueron consecuencia de
afecciones transmisibles, maternas, perinatales y nutric ionales, mientras que entre las no
transmisibles, 0,6 mi llone s de muertes fueron por enfermedades digestivas, 0,6 millones por
enfermedade s cardiovas culare s y 0,4 millones por cáncer. Asimismo, se estima que 0,9
millones de muertes po r lesiones fueron atribuibl es al alcohol, incluidas unas 370.000
muertes por lesiones en carr etera, 150 .000 por autolesiones y unas 90.000 debido a la
10
Los años d e vida ajustados po r discap acidad, conocido por las siglas en ing lés DALY ( disability- adjusted life
year ), es u na medida que indica los años d e vida perdidos m ás los años vivid os con una discapac idad.
11
E n este in forme, «el uso nociv o del alcohol se define en tér m inos generales en la estra tegia com o "el consumo
de alcohol q ue p rovoca consecuencias sanitar ias y sociales p erjudiciales para el bebedo r, las persona s qu e le
rodean y la s ociedad en general, así como las pautas de co nsumo que se asocian a un mayor riesgo de
consecu encias san itarias ad versas". Por lo tanto, el con cepto de "uso no civo d el alco hol" en la estrateg ia ab arca
todas las catego rías de consumo d e alcohol dentro de las entidad es d e diagnóstico d e la última r evisión d e la
clasificación in ternacion al de en fermedades, como el consumo p eligroso, el episod io único de uso n ocivo del
alcoho l, el patrón de co nsumo nocivo y la d ependencia del alcohol» (World Health Organization , 2018 b, p. 5).
1 Justificación teórica 1.5 Efectos
134
violencia interpersonal. Además, el alcohol también fue la causa de u n gran número d e
enfermedade s y lesiones, causando 132,6 millone s de DALYs , es decir, el 5,1% del total de
2016. Alrededor de l 49% de dichos DALYs se debieron a enfermedades no transmisibles y
trastornos mentales, mi entras que alrededor del 40% a lesiones (World Health Organization,
2018b).
En cua nto a España, tom ando los datos del estudio Global Burden of Diseases sobre
la Carga Global de Enfermedades, Lesiones y Fa ctores de Riesgo para el total de la
población, el alcohol fue el sexto factor de ries go que más contribuyó al número total d e
DALYs en 2019, posición que también ocupó en 2009, mostrando una reducción de en torno
al 10% entre ambos años (Institute for Health Metrics and Evaluation, 2018). En relación con
la mortalidad atribuible al alcohol, se produjeron más de 30.000 muertes en la población de
15 o más años entre los años 2001 y 2017, encontrándose una reducción del 16,9% en la tasa
de mortalidad atribuible al alcohol estandarizad a en el periodo 2010 -2017 en comparación
con el periodo 2001-2009, mi entras que la contribución del alcohol al riesgo general de
mortalidad se mantuvo práctic amente estable (4,1% y 4,0%) (Donat et al., 2020 ). Otros datos
muy llamativos sobre el alcohol re velan qu e e stuvo presente, junto c on otra s sustancias
psicoactivas, en el 34% de las personas conductoras fallecidas en accidentes de tráfico
sometidas a autopsia (Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, 2021b ), así
como en el 40,3% de las urgen cias relacionadas c on el consumo de drogas y en el 39,7 % de
las muertes por reac ción aguda tras el consumo de sustancias psicoactivas (Observatorio
Español de las Drogas y las Adicc iones, 2021c).
Poniendo el foco esp ecíficamente en los efect os del consumo de al cohol en la
adolescencia, el informe de la Organiza ción Mun dial de la Salud men cionado anteriormente
revela que, en e l grupo de 15 a 19 años, el po rcentaje de muertes atribu ibles al alcohol a
nivel mundial supone alrededor del 8%, asc endiendo a más del 15% en Europa (World
Health Organization, 20 18b). Gran p arte de estas muertes est arían relacionadas con los
acc identes. Como muestra la investigación, el alcohol en la adolescencia estaría relacionado
con un mayor rie sgo de una amplia variedad de accidentes , c omo pueden ser los ac cidentes
de tráfico, caídas, ahogamientos, quemaduras o los envenena mientos accidental es, entre otros
(Boden & Fergusson, 2011 ; Hingson et al., 2009 ; Newbury-Birch et al., 2009 ). S in duda, los
accidentes de tráfico son los que reciben el mayor int erés de estudio. Como recogen Boden
and Fergusson (2011) en su revisión, los conductores adolesce ntes correrían un mayor riesgo
de sufrir accidentes de vehículos de motor que l os conductores de cualquier otro grupo d e
1 Justificación teórica 1.5 Efectos
135
edad por razones como u na mayor asunción de riesgos asociada al periodo de desarrollo de la
adolescencia, niveles insuficientes de experiencia y habilidades al volante y un menor
desarrollo de las habilidades cognitivas específicas de la conducción , agr avándose todo ello
cuando están b ajo la influencia del alcohol. Analizando los datos de España, el último
informe del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses sobre los hallazgos
toxicológicos en víctima s mortales de acc idente de trafico revela que, en 2021, el 1,3% d el
total de personas conductoras fallecidas en accidentes de tr áfico (812 p ersonas) eran menores
de edad, lo qu e supond ría en torno a 10 adolescentes; tomando los datos específicos de
personas conduc toras fallecidas que dieron positivo a alcohol en autopsia (280 personas), el
porcentaje fue de 0,7% , es decir, alrededor de dos adolescentes (Instituto Nacional de
Toxicología y Ciencias Forense s, 2021b).
Como se mencionó en el apartado 1.4.2.1. sobre los factores individuales r elacionados
con el consumo de d rogas en la adolescencia, otros comportamientos como las conductas
sexuales de riesgo o la v iolencia también s e asocian al consumo de al cohol. En re lación con
la conducta sexual , ha y disparidad de pe rspectivas. Si bien ha y investi gaciones
longitudinales como la de MacArthur et al. (2012 ) en la que un m ayor consumo de alcohol a
los 15 años predecía una mayor participación en comportamiento s sexuales de riesgo a los 16
años, otros autore s argumentan que la mayoría de las investigaciones sobre este tema se h a
centrado en análisis correlac ionales, haciendo d ifícil el estable cimiento de causalidad, y
concluyéndose en muchas de ellas que existen potenciale s factores, tanto de la persona como
de sus contextos, que pueden ser el origen de ambas conductas de riesgo (Boden &
Fergusson, 2011 ; Newbury-Birch et al., 2009 ; Rashad & Ka estner, 2004 ; Ree et al., 2001) .
Por el contrario, otros trabajos defienden la existencia de una relación bidireccional en la que
ambos comportamientos serían factor de riesgo para el otro (Norman et al., 2019 ). Algo
similar ocurre con la conducta violent a. Aun que la investigación m uestra una fuerte
asociación entre el consumo de alcohol y los comportamientos viol entos en la adolescencia,
es difícil determinar tanto la naturaleza, como la dirección de dicha asoci ación. Un ejemplo
de ello es el trabajo de Felson et al. (2008), q uienes defendían que la relación entre el
consumo de alcohol y la violencia era en part e espuria y en parte causal. Este equipo en contró
que quienes consumían alcohol participaban en más episodios de violencia c uando e staban
sobrios y quienes consumían de manera frecuen te tenían más probabilidades de ejercer la
violencia que quienes lo hacían con meno r regularidad. Por ello, concluye ro n que casi la
mitad de la re lación entr e la frecuencia d el consumo y la violencia se debería a los efectos
1 Justificación teórica 1.5 Efectos
136
causales d e la intoxicación y sugieren que el alcohol ti ene un efecto más fuerte en los y las
adolescentes con más pr opensión a la violencia. Otros autores como Boden and Fergusson
(2011) añaden que, a pe sar de l vínculo entre el c onsumo de alcohol adolescente y el mayor
riesgo de violencia , determi nar la magnitud de esta relación es una cuestión compleja.
En cuanto a la salu d física , es poco frecuente que aparezcan a estas edades
enfermedade s crónicas p or el consumo de alcoho l. No obstante, la investigación sí muestra
que el abuso de alcohol en la adolescencia pare ce estar asoci ado a un mayor número de
marcadores enzimáticos séricos del daño hepático, así como con síntomas médicos entre los
que se hallarían los c ambios en el apetito, pérdida de peso, eczema, dolores de cabeza y
alterac iones del sueño (Zeigler et al., 2005). Respecto a este último aspecto, en una reciente
revisión de trabajos observaron asociaciones positivas entre el consumo de alcohol y los
trastornos del sueño en los dominios de regularidad, tiempo, eficiencia, duración y alerta
(Kwon et al., 2019 ). En otro estudio, no solo hallaron que el consumo excesivo de alco hol s e
relacionaba con varios problemas de sueño, sino que además, sus efectos perjudicial es
aumentaban en magnitud con la frecuencia de episodios de embriaguez (lo que sugeriría un a
relación dosis-respuesta) indepe ndientemente d e l o s problemas psiqu iátrico s (Popovici &
French, 2013). A corto plazo, las intoxicaciones agudas podrían provocar síntomas físicos
como bradicardia , hipotensión , letargo y depresión respiratoria, qu e a vece s podrían
complicarse con vómitos y aspiración pulmonar. A medida que la tasa de alcoholemia
aumenta, la intoxica ción se manifiesta con el desarrollo de estupor, pudien do ll egar, en casos
muy extremos, al estado de coma y la muerte . Además, tras el episodio de int oxicación por
alcohol, surgen los síntomas de abstinencia, conocido popularmente con el término «resaca»,
que suele incluir dolor de cabeza, mareos, náuseas y vómitos, debilidad o dolor muscula r,
temblores, taquicardia, h iperventilación, sudoración, depresión e irritabilidad (Zeigler et al.,
2005).
En re ferencia a la salud mental , y como ocur re con otras va riables que se han
mencionado anteriormente, son muchos los estudios que analizan la coexistencia del
consumo de alcohol con problemas de salud mental de manera transversal sin profundizar en
la causalidad de la asoci ación (Brown et al., 2008 ; Holtes et al., 2015 ; S kogen et al., 2014 ),
incluidos los realiz ados en España (Bousoño et al., 2017). Wilkinson et al. (2016) intentaron
aclarar el conflicto en la naturaleza y dirección de la relación entre el consumo de drogas y
los síntomas depresivos y aunque sí obtuv ieron resultados signi ficativos respecto al tab aco y
al cannabis, en el caso d el alcohol, contemplado en este estudio como binge drinking , no fue
1 Justificación teórica 1.5 Efectos
137
indicativo ni de se r un factor predictor ni un efecto de tale s síntomas. Por el contrario, otros
estudios encontraron que el consumo (Hallfors et al., 2005) y el abuso o dependencia d el
alcohol (Fergusson et al., 2009) sí predijeron una mayor probabilidad de sufrir dep resión en
el futuro. Asimismo, Trim et al. (2007) observar on que el ini cio precoz en el consumo y el
incremento del consumo durante la adolescencia predijeron niveles más altos de síntomas
internalizantes en la adultez temprana, incluso después de incluir el consumo de drogas en la
edad adulta, así como factores de riesgo compartidos por la condu cta de consumo y por los
problemas de salud mental en la adolescencia. En nuestro país, un estudio realiza do por Oliva
et al. (2008) con adolescentes de 13 a 18 años reveló que, de las tres trayectorias de consumo
de drogas detectadas (c onsumo bajo, consumo ascendente y experimentación pre co z ), el
grupo de experimentación precoz fue el que mostró un mejor ajuste psicológico, autoestima
más alta y menos problemas emocionales al final de la adolescencia, mientras que los otros
dos grupos obtuvieron puntuaciones más bajas en autoestima y más altas en problemas
emocionales.
Sin duda, uno d e los te mas más analizados respecto a los efectos del consumo d e
alcohol en la adolescencia es su influencia en el desarrollo cere bral , como demuestran los
numerosos trabajos específicos sobre el tema (Feldstein-Ewing et al., 2014 ; Lees et al., 2020 ;
Nguyen-Louie et al., 2015 ; Nguyen-Louie et al., 2018 ; Pfefferbaum et al., 2018 ; Spear, 2018 ;
Squeglia et al., 2015 ; Thayer et al., 2017 ; Ze igler et a l., 2005 ), los númer os especiales
publicados recientemente en revistas como Neuroscienc e and Biobehavioral Reviews o
Deve lopmental C ognitive Neuroscience o su inclusi ón en estudios tan relevantes como el
Adolescent Brain Cognit ive Development (ABCD Study). Los episodios de consumo
excesivo de alcohol en la adolescencia pued en producir efectos inmediatos en el cerebro,
como, por ejemplo, la pérdida de memoria de los hechos ocurridos durante el propio episodio
de consumo o blackout ( Ze igler et al., 2005) o efecto más estables y duraderos. Respecto a
estos últim os, son muchas las investi gaciones que han encontrado que este comportamiento
puede afectar tanto al funcionamiento cognitivo como a la estructu ra y fisiología del propio
cere bro. Así, por ejem plo, la revisión de estu dios longitudinal es de Lees et al. (2020)
concluye que el consumo excesivo de alcohol e n la adolescencia se asocia con un peor
funcionamiento cognitivo en una amplia gama de evaluaciones neuropsicológicas, incluyendo
el aprendizaje, la memoria, el funcionamiento visoespa cial, la veloci dad psicomotora, la
atención, el funcionami ento ejecutivo y la impulsividad, así como a una disminución
acelerada de la materia gris , a un aumento atenuado del volumen de la materia bl anca y a una
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
240
3.2.1 Con sumo actual de alcoh ol
Este apartado an aliza cómo se relac ionan los factores individuales y contextuales con
el consumo de alcohol en la actualidad, evaluado a trav és de la máxima frecuencia . Para ello,
se muestran, en prime r l ugar, los coeficientes de correlación de Spearman en 2002 y en 2018
(Tabla 34 ). Todas las c orrelaciones fueron sign ificativas, excepto la va riable conviven cia,
seguridad y oferta de ocio del vecindario (ambos años) y la capacidad adquisitiva familiar (no
corre lacionó en 2002 , pero sí en 2018) . El consu mo actual de alcohol se a soció positivamente
en ambos años con haber tenido r elaciones sexuales, participación en bull ying , mostrar
malestares psicosomátic os y tene r amistades que fuman tabaco, se emborrachan o consumen
drogas, así como a la c apac idad adquisitiva familiar en 2018 . Sin embargo, correlacionó
negativamente c on actividad física, conocimiento materno y paterno sobre las vidas de sus
hijos e hijas, tener amistades como modelos saludables y gusto por el instituto.
Todas l as correlaciones mostraron asociaciones bajas (menores a 0,30), excepto la
variable re laciones sexuales en 2018 ( r = 0,31) y las variables referentes a ten er amistades
que fuman tab aco ( r = 0, 36 en 2002 y r = 0,39 en 2018), se emborrachan ( r = 0,48 y r = 0,41 ,
respec tivamente) y que consumen drog as (solo en 2002, r = 0,37), todas moderadas. Las
comparaciones entre 2002 y 2018 de tectaron aumentos significativos en la fuerza de la
asociación en la capacidad adquisitiva familiar, haber tenido relaciones sexuales, mostrar
malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman, mientras que l a participación en
bullying , conocimiento materno y paterno, ten er amistades que se emborrachan o consumen
drogas, así como el gusto por el instituto, mostraron valores inferiores en 2018.
Tabla 34 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para el consumo actual d e alcohol .
VARIABLES PR EDICTOR AS
AÑO DEL ES TUDIO
2002
2018
Capacidad a dquisitiva fa miliar
0,02
0, 08***
Actividad f ísica
- 0,03*
- 0, 04***
Relaciones sexua les
0, 23***
0, 31***
Participació n en bullying
0, 14***
0, 10***
Malestares ps icosomá ticos
0, 04**
0, 10***
Conocim iento materno
- 0, 28***
- 0, 17***
Conocim iento paterno
- 0, 21***
- 0, 12***
Amistades co mo modelo s saludables
- 0,03*
- 0, 02**
Amistades que fuman ta baco
0, 36***
0, 39***
Amistades que se emborra chan
0, 48***
0, 41***
Amistades que consumen drogas
0, 37***
0, 27***
Gusto por el instituto
- 0, 16***
- 0, 11***
Convivencia , seguridad y o ferta de ocio
0,002
0,02
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001
Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticamente significativas entre los valores de 2002 y 2018 (ver anexo
II) .
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
241
En segundo lugar, se presentan los resultados de los análisis de regresión para el
consumo actual de alcohol en 2002 y en 2018 po r separado (Tabla 35). En ambos ca sos, se
muestran los coeficientes de regr esión estand arizados ( β ) y los incrementos en R 2 ( ΔR² ) e n
cada paso de los análisis. Este mismo modelo de tabla se emplea rá para las demás variables
dependientes.
Como se puede observar, el modelo explica un 28% de la v arianza asociada al
consumo de alcohol en 2 002 y un 22% en 2018. La variable relacionada con tener amistades
que se emborrachan del paso 3 fue la que provoc ó un mayor incremento en R 2 ( ΔR² = 0,171)
en 2002, pero no así en 2018, año en el que el ma yor incremento se produj o en el paso 1 ( Δ R²
= 0,113), referentes a la s variables individuales. Al añ adir en el paso 2 las v ariables
relacionadas con la familia, la única que arrojó r esultados significativos fu e el conoc imiento
materno (en ambos años) y no así el paterno. En el paso 3, l a variable tener amistades que se
emborrachan fue la que mostró el mayor valor tanto en 2002 ( β = 0,43) como en 2018 ( β =
0,31). Asimismo, tener a mistades como modelos saludables también fue signific ativa en
2018. Al incluir en el pa so 4 el gusto por el instituto y en el paso 5 la variable convivencia,
seguridad y oferta de ocio del vec indario, el resultado fue significativo para amba s variables
tanto en 2002 como en 2018.
A modo de resumen y considerando todas las variables incluidas en el pa so 5 de los
análisis, las variables asociadas a un mayor consumo actual de alcohol en 2002 fueron: haber
tenido relaciones sexuales, haber participado en e pisodios de bullying , tener amistades que se
emborrachan y la convivencia, segurid ad y oferta de o cio del vecindario, y en 2018:
capacidad adquisitiva f amiliar, haber tenido relaciones sexu ales, presentar malestares
psicosomáticos, tener amistades como mod elos saludables, t ener amistades que se
emborrachan y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario. En cuanto a l a s
variables que pr edijeron un menor consumo de alcohol (actividad fí sica, cono cimiento
materno y gusto por el instituto ) fue ron las mismas en 2002 y en 2018.
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
242
Tabla 35 . Coeficientes d e regresión estan darizados d e los a nálisis d e regresión múltiple entre el con sumo
actual de alcohol y las variables predictora s en 2 002 y en 2018.
Variables predictoras
2002
2018
β
ΔR²
β
ΔR²
Paso 1
0,06 1
0,11 3
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,00 3
0,08 ** *
Actividad física
-0,05 ***
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,20 ** *
0,31 ** *
Participación en bullyin g
0,11 ** *
0,05 **
Malestares psicoso máticos
0,05 **
0,07 ** *
Paso 2
0,04 7
0,01 2
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
0,08 ** *
Actividad física
-0,04 *
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,17 ** *
0,30 ** *
Participación en bullyin g
0,07 ** *
0,04 *
Malestares psicoso máticos
0,03 *
0,06 **
Conocimien to materno
-0,20 ***
-0,10 ***
Conocimien to paterno
-0,03
-0,02
Paso 3
0,17 1
0,09 0
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,005
0,06 **
Actividad física
-0,03
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,12 ** *
0,23 ** *
Participación en bullyin g
0,05 **
0,02
Malestares psicoso máticos
0,02
0,04 *
Conocimien to materno
-0,14 ***
-0,07 **
Conocimien to paterno
-0,01
0,00 4
Amistades com o modelo s saludables
-0,01
0,05 *
Amistades qu e se embor rachan
0,43 ** *
0,31 ** *
Paso 4
0,00 3
0,00 4
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,002
0,06 **
Actividad física
-0,03
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,11 ** *
0,22 ** *
Participación en bullyin g
0,04 **
0,02
Malestares psicoso máticos
0,02
0,03
Conocimien to materno
-0,13 ***
-0,06 *
Conocimien to paterno
-0,004
0,00 3
Amistades com o modelo s saludables
-0,002
0,05 **
Amistades qu e se embor rachan
0,43 ** *
0,31 ** *
Gusto po r el instituto
-0,05 ***
-0,06 **
Paso 5
0,00 2
0,00 2
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,003
0,05 **
Actividad física
-0,03 *
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,11 ** *
0,22 ** *
Participación en bullyin g
0,04 **
0,03
Malestares psicoso máticos
0,02
0,04 *
Conocimien to materno
-0,13 ***
-0,07 **
Conocimien to paterno
-0,01
0,00 3
Amistades com o modelo s saludables
-0,004
0,05 *
Amistades qu e se embor rachan
0,43 ** *
0,31 ** *
Gusto po r el instituto
-0,06 ***
-0,07 ***
Conviven cia, seguridad y oferta de ocio
0,04 **
0,05 *
TOTAL R 2
0,28 4
0,22 1
* p < 0, 0 5; ** p < 0, 0 1; *** p < 0, 001
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
243
3.2.2 Episod ios de embriagu ez en la vida
En cuanto a los episodios de embriaguez en la vi da, todas las correlaciones resultaron
significativas en 2018, mientras que en 2002, no se asoció con la capacidad adquisitiva
familiar y la convivencia, segurida d y oferta de ocio de l vec indario (ver Tabla 36) . Se
encuentra una asociación positiva entre los episodios de embriaguez en la vida y la capacidad
adquisitiva de la familia (solo en 2018), haber tenido relaciones sexu ales, haber pa rticipado
en episodios de bullying , most rar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman
tabaco, se embor rachan o consumen drogas. Por el contrario, los episodios de embriaguez se
relaciona n neg ativamente con la actividad física, con el conocimiento materno y paterno, con
tener amistades como modelos saludables, con el gusto por el instituto y con la conviv encia,
seguridad y oferta de oci o del vecindar io (esta última solo en 2018).
Los datos muestran aso ciaciones moderadas (entr e 0,30 y 0,50) con l a variable haber
tenido relaciones sexuales ( r = 0,31 en 2002 y r = 0,37 en 2018), tener amistades que fuman
tabaco ( r = 0,37 en 2002 y r = 0,45 en 2018) o consumen drogas ( r = 0,44 en 2002 y r = 0,35
en 2018) y alta con tener amistades que se emborrac han ( r = 0,54 en 2002 y r = 0,51 en
2018). La fuerz a de la asociación creció entre 2002 y 2018 en las variables capac idad
adquisitiva familiar, re la ciones sexuales, malestares psicosomáticos y am istades que fuman
tabaco. Sin embargo, decreció para particip ación en bullying , conocimi ento materno y
paterno, amistades como modelos saludables, amistades que se emborrachan o c onsumen
drogas, así como para e l gust o por el instituto.
Tabla 36 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para los episodio s de embriag uez en la vida.
VARIABLES PR EDICTOR AS
AÑO DEL ES TUDIO
2002
2018
Capacidad a dquisitiva fa miliar
0,02
0, 05***
Actividad f ísica
- 0, 04**
- 0, 06***
Relaciones sexua les
0, 31***
0, 37***
Participació n en bullying
0, 14***
0, 09***
Malestares ps icosomá ticos
0, 08***
0, 11***
Conocim iento materno
- 0, 29***
- 0, 21***
Conocim iento paterno
- 0, 23***
- 0, 19***
Amistades co mo modelo s saludables
- 0, 09***
- 0, 06***
Amistades que fum an taba co
0, 37***
0, 45***
Amistades que se em borracha n
0, 54***
0, 51***
Amistades que co nsumen dro gas
0, 44***
0, 35***
Gusto por el instituto
- 0, 18***
- 0, 13***
Convivencia , seguridad y o ferta de ocio
- 0,02
- 0, 03***
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001
Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo
II) .
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
244
Los datos de los análisis de re gresión para los ep isodios de embriaguez en la vida se
muestran en la Tabla 37. Los resultados indican que el modelo explic ó un 35% de la varianza
en 2002 y un 32 % en 2018. En el paso 1 se anali zaron l a s variables indi viduales, obteniendo
los mayores coeficientes la variable r eferente a las relaciones sexuales ( β = 0,28 en 2002 y β
= 0,34 en 2018). En el pa so 2, se añadieron las variables del contexto fam iliar. En este paso ,
se e ncontró qu e el conocimiento materno fue si gnificativo en los dos añ os , pe ro e l paterno
solo en 2002. Aunque la s variables individuales i ncluidas en el paso 1 alcanzaron un notable
incremento d e R 2 ( ΔR ² = 0,107 en 2002 y ΔR² = 0,134 en 2018), fue en el p aso 3, relacionado
con las v ariables del gru po de igu ales cuando s e obtuvieron los mayores v alores ( ΔR² = 0,189
en 2002 y ΔR² = 0,145 en 2018). De nuevo, fue la variable de tener amistades que se
emborrachan la que obtuvo el coeficiente más elevado tanto en 2002 ( β = 0,45) como en 2018
( β = 0,40). L a v ariable referente a tener amista des como mod elos salu dables también fue
significativa en ambos a ños. En el paso 4, se incorporó la variable del contexto escolar, gusto
por el instituto. Esta variable arrojó resultados significativos en los dos años. Al introducir la
variable del vecindario e n el paso 5 (convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario) ,
el resultado fue significat ivo en 2002, pero no en 2018.
Teniendo en cuenta toda s l a s variable s incluidas en el paso 5, tanto en 2002 como en
2018, haber tenido relaciones se xuales y tene r ami stades que se emborrachan predijeron u n
mayor número de episod ios de embriaguez, mi entras que la actividad física, el conocimiento
materno y el gusto por el i nstituto predijeron un menor número de estos episodios. Además
de los anterior, en 2002, la participación en episo dios de bullying , la presencia de malestare s
psicosomáticos y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario se relacionaron
con una mayor fre cuencia de esta conducta y tener amistades como modelos saludables con
una menor frec uencia.
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
245
Tabla 37 . Coeficien tes de regresión estanda rizados de los análisis d e regre sión múltiple entre los epi sodios d e
embriag uez en la vid a y las variables predicto ras en 2002 y en 2 018.
Variables predictoras
2002
2018
β
ΔR²
β
ΔR²
Paso 1
0,10 7
0,13 4
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
0,03
Actividad física
-0,06 ***
-0,09 ***
Relaciones sexu ales
0,28 ** *
0,34 ** *
Participación en bullyin g
0,12 ** *
0,05 **
Malestares psicoso máticos
0,07 ** *
0,07 ** *
Paso 2
0,05 3
0,04 0
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,02
0,04 *
Actividad física
-0,04 **
-0,08 ***
Relaciones sexu ales
0,25 ** *
0,33 ** *
Participación en bullyin g
0,08 ** *
0,04
Malestares psicoso máticos
0,05 **
0,06 **
Conocimien to materno
-0,20 ***
-0,19 ***
Conocimien to paterno
-0,06 **
-0,02
Paso 3
0,18 9
0,14 5
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
0,02
Actividad física
-0,02
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,18 ** *
0,23 ** *
Participación en bullyin g
0,06 ** *
0,01
Malestares psicoso máticos
0,03 *
0,03
Conocimien to materno
-0,13 ***
-0,15 ***
Conocimien to paterno
-0,03
0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,05 ***
-0,04 *
Amistades qu e se embor rachan
0,45 ** *
0,40 ** *
Paso 4
0,00 3
0,01
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
0,02
Actividad física
-0,02
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,18 ** *
0,23 ** *
Participación en bullyin g
0,05 ** *
0,01
Malestares psicoso máticos
0,03 *
0,03
Conocimien to materno
-0,12 ***
-0,14 ***
Conocimien to paterno
-0,03
0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,04 **
-0,03
Amistades qu e se embor rachan
0,45 ** *
0,40 ** *
Gusto po r el instituto
-0,06 ***
-0,04 *
Paso 5
0,00 1
0,00 0
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
0,02
Actividad física
-0,03 *
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,18 ** *
0,23 ** *
Participación en bullyin g
0,05 ** *
0,01
Malestares psicoso máticos
0,03 *
0,03
Conocimien to materno
-0,12 ***
-0,14 ***
Conocimien to paterno
-0,03
0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,05 **
-0,03
Amistades qu e se embor rachan
0,45 ** *
0,40 ** *
Gusto po r el instituto
-0,06 ***
-0,04 *
Conviven cia, seguridad y oferta de ocio
0,04 **
0,01
TOTAL R 2
0,35 4
0,32 0
* p < 0, 0 5; ** p < 0, 0 1; *** p < 0, 001
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
246
3.2.3 Con sumo actual de tabaco
En este aparta do se pres entan los resultados del consumo de tabaco en la actualidad.
Todas las correlaciones fueron signi ficativas ex cepto la capacidad adquisit iva familiar (en
ninguno de los dos años estudiados) y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del
vecindario (no correlacionó en 2002, aunque sí en 2018 ) (Tabla 38). Los resultados
mostraron una asociación positiva entre el consumo actual de tabaco y haber tenid o
relaciones sexu ales, haber participado en episodios de bullying , mostrar malestar es
psicosomáticos y tener a mistades que fum an tabaco, se emborrachan o consum en drogas. Por
el contrario, el consumo actual de tabaco se relacionó negativamente con la ac tividad física,
con el cono cimiento materno y paterno, con tener amistades como modelos saludables, con el
gusto por el instituto y con la convivencia, segu ridad y oferta de ocio del vecindario (est a
última solo en 2018).
Todos los coeficientes mostraron aso ciaciones bajas (menores a 0,30), salvo la s
variables referentes a tener amistades que fuman tabaco ( r = 0,47 en 2002 y r = 0,50 en 2018)
o consumen drogas ( r = 0,37 en 2002 y r = 0,32 en 2018), que mostraron cor relac iones
moderadas. En las com paraciones entre las correlaciones de 2002 y 2018 que result aron
significativas, todos los valore s fu eron más b ajos en 2018 en comparación con 2002,
incrementándose únicamente en e l caso de tener amistades que fuman tabaco.
Tabla 38 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para el consumo a ctual d e tabaco .
VARIABLES PR EDICTOR AS
AÑO DEL ES TUDIO
2002
2018
Capacidad a dquisitiva fa miliar
-0,02
-0,01
Actividad f ísica
-0,09 ***
-0,07 ***
Relaciones sexua les
0,28 ** *
0,27 ** *
Participació n en bullying
0,09 ** *
0,09 ** *
Malestares ps icosomá ticos
0,16 ** *
0,10 ** *
Conocim iento materno
-0,25 ***
-0,23 ***
Conocim iento paterno
-0,22 ***
-0,20 ***
Amistades co mo modelo s saludables
-0,14 ***
-0,10 ***
Amistades que fum an taba co
0,47 ** *
0,50 ** *
Amistades que se em borracha n
0,29 ** *
0,24 ** *
Amistades que co nsumen dro gas
0,37 ** *
0,32 ** *
Gusto por el instituto
-0,19 ***
-0,13 ***
Convivencia , seguridad y o ferta de ocio
-0,01
-0,03 **
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001
Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticamente sig nificativas en tre los v alores d e 2002 y 2018 (ver anexo
II) .
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
247
Seguidamente, se describen los resultados de los análisis de regresión para el consumo
actual de tabaco en 2002 y en 2018 ( Tabla 39). Los datos muestran que el modelo explicó un
30% de la varianza asociada al consumo de tabac o en 2002 y un 28% en 2018. En el p aso 1
se analizaron las variables individuales, obteniendo los mayores coeficientes la variable
referente a las relacione s sexuales ( β = 0,27 en 2002 y β = 0,24 en 2018). En el paso 2
(variables d el contexto familiar), el conocimiento materno fue significativo en los dos años,
pero el paterno solo en 2002. En ambos años, el m ayor incremento en R 2 ( ΔR² = 0,147 y ΔR²
= 0,165) s e produjo en el paso 3 (variables del grupo de iguales ). En concreto, fue la variabl e
de tener amistades que fuman la que most ró el coeficiente de regresión más elevado ( β = 0,39
y β = 0,44). En el paso 4 se incluyó la variable relacionada con el contexto escolar, es d ecir,
el gusto por el instituto, resultando significativa en ambos años. Sin embargo, la convivencia,
seguridad y oferta de ocio del vecindario , v ariable incluida en el paso 5, solo fue signif ic ativa
en 2002.
Considerando todas las variables incluidas en el paso 5 , las que s e asociaron a un
mayor consumo de tab aco en 2002 fueron: haber tenido rel aciones sex uales, presencia d e
malestares psicosomáticos, tener amistades que fuman y la convivencia, se guridad y ofe rta de
ocio del vecindario, mi entras que a un menor consumo: actividad física , conocimiento
materno y paterno, amist ades como modelos saludables y gusto hacia el inst ituto. En 2018,
las variables que predije ron un mayor consumo de tabaco fueron: haber tenido relaciones
sexuales y ten er amistades que fuman, mientr as que p ara un menor consumo fueron :
actividad física , conocimiento materno y gusto hacia el instituto.
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
248
Tabla 39 . Coeficientes d e regresión estan darizados d e los a nálisis d e regresión múltiple entre el con sumo
actual d e tabaco y las variables predictoras en 2002 y en 2018.
Variables predictoras
2002
2018
β
ΔR²
β
ΔR²
Paso 1
0,11 1
0,07 0
Capacidad adqu isitiva familiar
-0,01
-0,02
Actividad física
-0,10 ***
-0,08 ***
Relaciones sexu ales
0,27 ** *
0,24 ** *
Participación en bullyin g
0,06 ** *
0,05 *
Malestares psicosom áticos
0,13 ** *
0,05 **
Paso 2
0,03 8
0,03 8
Capacidad adqu isitiva familiar
0,00 4
-0,01
Actividad física
-0,08 ***
-0,07 ***
Relaciones sexu ales
0,24 ** *
0,23 ** *
Participación en bullyin g
0,02
0,03
Malestares psicosom áticos
0,11 ** *
0,04 *
Conocimien to materno
-0,16 ***
-0,19 ***
Conocimien to paterno
-0,06 **
-0,01
Paso 3
0,14 7
0,16 5
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,004
-0,03
Actividad física
-0,05 **
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,17 ** *
0,12 ** *
Participación en bullyin g
0,02
-0,001
Malestares psicoso máticos
0,09 ** *
0,02
Conocimien to materno
-0,10 ***
-0,09 ***
Conocimien to paterno
-0,03
-0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,06 ***
-0,02
Amistades qu e fuman
0,39 ** *
0,44 ** *
Paso 4
0, 007
0,00 4
Capacidad adqu isitiva familiar
0,00 1
-0,03
Actividad física
-0,05 ***
-0,05 **
Relaciones sexu ales
0,16 ** *
0,12 ** *
Participación en bullyin g
0,01
-0,002
Malestares psicosom áticos
0,09 ** *
0,01
Conocimien to materno
-0,09 ***
-0,07 **
Conocimien to paterno
-0,03
-0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,05 ***
-0,01
Amistades qu e fuman
0,39 ** *
0,43 ** *
Gusto po r el instituto
-0,09 ***
-0,06 ***
Paso 5
0,00 1
0,00 0
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,00 1
-0,03
Actividad física
-0,05 ***
-0,06 **
Relaciones sexu ales
0,16 ** *
0,12 ** *
Participación en bullyin g
0,01
-0,001
Malestares psicosom áticos
0,09 ** *
0,01
Conocimien to materno
-0,09 ***
-0,08 **
Conocimien to paterno
-0,04 *
-0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,05 ***
-0,02
Amistades qu e fuman tabaco
0,38 ** *
0,43 ** *
Gusto po r el instituto
-0,09 ***
-0,06 ***
Conviven cia, seguridad y oferta de ocio
0,03 *
0,02
TOTAL R 2
0,30 4
0,27 6
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0, 001
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
249
3.2.4 Con sumo de cannabis en la vida
En el caso del consumo de cannabis en la vida, todas las corre laciones fueron
significativas en los dos años analizados (Tabla 40). Las correlaciones positivas se
encontraron para las var iables capacidad adquisitiva de la familia, haber tenido relaciones
sexuales, haber participado en episodios de bullying , mostrar malestares psicosomáticos y
tener amistades que fuman tabaco, se emborrachan o consumen drog as. En c ambio, las
corre laciones negativas se produjeron con l a ac tividad física, el conoci miento materno y
paterno, tener amistades como modelos saludables, el gusto por el instituto y la convivencia,
seguridad y oferta de oci o del vecindar io.
En referencia al grado de corre lación, las asociaciones moderadas (entre 0,3 0 y 0,50 )
se observa ro n con la v ariable relaciones sexu ales ( r = 0,31 en 2002 y r = 0,35 en 2018),
conocimiento materno en 2002 ( r = 0,31) y las variables referentes a t ener amistades que
fuman tabaco ( r = 0,42 en 2002 y r = 0,47 en 2018), se emborrachan ( r = 0,38 en 2002 y r =
0,31 en 2018) o consum en drogas ( r = 0,47 en 2018), mostrando esta últ ima una correlación
alta en 2002 ( r = 0,57 ). Se detectó un incremen to entre 2002 y 2018 en los valores de la
asociación del consumo de canna bis con h aber tenido relaciones sexuales y tener amistades
que fuman tabaco. El resto de las comparaciones signi ficativas (participación en bullying ,
conocimiento materno y paterno, tene r amistades que se embor rachan o consumen drogas, así
como el gusto por el instituto) mostraron un descenso en la fue rza de la asociación.
Tabla 40 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para el consumo de cannab is en la vida.
VARIABLES PR EDICTOR AS
AÑO DEL ES TUDIO
2002
2018
Capacidad a dquisitiva fa miliar
0, 05***
0, 03**
Actividad f ísica
- 0, 05**
- 0, 03**
Relaciones sexua les
0, 31***
0, 35***
Participació n en bullying
0, 14***
0, 11***
Malestares ps icosomá ticos
0, 07***
0, 09***
Conocim iento materno
- 0, 31***
- 0, 28***
Conocim iento paterno
- 0, 26***
- 0, 23***
Amistades co mo modelo s saludables
- 0, 09***
- 0, 07***
Amistades que fum an taba co
0, 42***
0, 47***
Amistades que se em borracha n
0, 38***
0, 31***
Amistades que co nsumen dro gas
0, 57***
0, 47***
Gusto por el instituto
- 0, 21***
- 0, 14***
Convivencia , seguridad y o ferta de ocio
- 0, 04**
- 0, 04***
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001
Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo
II) .
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
256
En la Tabla 45 se presentan los resultados de los análisis de regresión pa ra la edad de
inicio en el consumo d e alcohol. A dife rencia de las variables dependientes analizadas
anteriormente, en este caso el modelo explicó u n porcentaje de la varianza asociada a est a
variable muy inferior. Así, los datos indican que, en ambos años, el mode lo solo explicó un
6% de la varianza. En el paso 1 se incluyeron las variables individuales . En este c aso, solo
fueron signific ativas las variables referentes a las relac iones sexuales y a la participación en
episodios de bullying . Esta última mostró un coeficiente algo mayor en 20 02 ( β = -0,13), lo
que provocó que, en este año, el mayor in cremento en R 2 tuviera lugar en el pas o 1 ( ΔR² =
0,023). De las variables del contexto familiar añadidas en el paso 2, el co nocimiento paterno
solo fue significativo en 2018, mi entras que el mater no resultó significativo en ambos años ,
mostrando los coeficientes de regresión con valor es más altos ( β = 0,14 en 2002 y β = 0,24 en
2018). Es en este paso cu ando se identificó el mayor incremento en R 2 en 2018 ( ΔR² = 0,040).
En el paso 3 se introdujeron las variables referentes al grupo de iguale s. Mientras que tener
amistades que se emborr acha n fue signi ficativa en los dos años, aunque con un coeficiente
menor que el conocimiento materno, tene r amistades como modelos salu dables no lo fue. En
el paso 4 se incluyó la variable d el contexto escolar, gusto por el instituto. Esta variable
resultó significativa solo en 2002. La v ariable convivencia, segu ridad y oferta de o cio del
vecindario, a ñadida en el paso 5 no fue significativa ni en 2002 ni en 2018.
Al considerar todas las variables de manera conjunta (paso 5), se apre cia que, en
2002, las variables que predijeron un ini cio más temprano en el consumo de alcohol fueron:
haber participado e n epis odio de bullying y tener amistades que se emborrachan, mientras que
un ini cio más tardío, el conocimiento materno y el gusto por el inst ituto. En 2018, el inicio
precoz se r elacionó con la conducta de haber tenido relaciones sexuales, con el conocimiento
paterno y con tener a mistades que se embo rrachan, mi entras que el tardío con el
conocimiento materno.
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
257
Tabla 45 . Coeficientes d e regresión esta ndarizado s de los an álisis de regre sión múltip le entre la edad de inicio
en el consumo d e alcohol y las variables p redictoras en 2002 y en 2018.
Variables predictoras
2002
2018
β
ΔR²
β
ΔR²
Paso 1
0,02 3
0,00 9
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,02
-0,02
Actividad física
0,01
0,04
Relaciones sexu ales
-0,06 **
-0,06 **
Participación en bullyin g
-0,13 ***
-0,05 *
Malestares psicoso máticos
-0,03
0,02
Paso 2
0,01 9
0,04 0
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,03
-0,02
Actividad física
-0,001
0,04
Relaciones sexu ales
-0,04 **
-0,06 **
Participación en bullyin g
-0,11 ***
-0,03
Malestares psicoso máticos
-0,02
0,02
Conocimien to materno
0,14 ** *
0,24 ** *
Conocimien to paterno
-0,003
-0,08 **
Paso 3
0,00 4
0,00 6
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,02
-0,01
Actividad física
0,00 0
0,04
Relaciones sexu ales
-0,04 *
-0,05 *
Participación en bullyin g
-0,10 ***
-0,03
Malestares psicoso máticos
-0,02
0,02
Conocimien to materno
0,14 ** *
0,23 ** *
Conocimien to paterno
-0,01
-0,08 **
Amistades com o modelo s saludables
-0,01
-0,04
Amistades qu e se embor rachan
-0,06 ***
-0,08 **
Paso 4
0,01 5
0,00 1
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,03
-0,01
Actividad física
0,00 2
0,04
Relaciones sexu ales
-0,03
-0,05 *
Participación en bullyin g
-0,09 ***
-0,03
Malestares psicoso máticos
-0,01
0,02
Conocimien to materno
0,12 ** *
0,23 ** *
Conocimien to paterno
-0,01
-0,08 **
Amistades com o modelo s saludables
-0,03
-0,04
Amistades qu e se embor rachan
-0,06 ***
-0,07 **
Gusto po r el instituto
0,13 ** *
0,04
Paso 5
0,00 1
0,00 0
Capacidad adquisitiva f amiliar
-0,03
-0,01
Actividad física
0,01
0,04
Relaciones sexu ales
-0,03
-0,05 *
Participación en bullyin g
-0,09 ***
-0,03
Malestares psicoso máticos
-0,01
0,02
Conocimien to materno
0,12 ** *
0,23 ** *
Conocimien to paterno
-0,01
-0,08 **
Amistades com o modelo s saludables
-0,03
-0,04
Amistades qu e se embor rachan
-0,06 ***
-0,07 **
Gusto po r el instituto
0,13 ** *
0,04
Conviven cia, seguridad y oferta de ocio
-0,03
-0,003
TOTAL R 2
0,06 2
0,05 6
* p < 0, 0 5; ** p < 0, 0 1; *** p < 0, 001
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
258
3.2.7 Edad de inicio en lo s episodio s de embriaguez
En relación con la ed ad de inicio en los episodios de embriaguez, lo s resultados
reflejan un a correlación significativa en todos los casos excepto con las variables c apac idad
adquisitiva familiar, actividad física (en 2002), amistades como modelos saludables (en 2002)
y la convivencia, seguridad y oferta de ocio del vecindario (ver Tabla 46). El inicio precoz se
relacionó con actividad física (en 2018), h aber tenido relaciones sexuales, haber participado
en episodios de bullying , most rar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman
tabaco, se emborracha n o consumen drogas. El ini cio más tardío en los episodios de
embriaguez se asoció con el conocimiento materno y paterno, con las amistades como
modelos saludables (en 2018) y con el gusto por el instituto.
Todos los coe ficientes in dicaron asociaciones ba jas (menores a 0,30) en a mbos años.
Lo s análisis de las comparac iones mostraron un a umento significativo e ntre 2002 y 2018 para
las variables tener amista des que fuman tabaco y se emborra chan, mientras que reflejaron una
disminución para participación en episodios de bullying , conocimiento materno, amistades
que consumen drogas y gusto por el inst ituto . La variable actividad física correlacionó
negativamente e n 2018, mientras que no mostró resultados significativos en 2002.
Tabla 46 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para la ed ad de inicio en los episodios de em briaguez .
VARIABLES PR EDICTOR AS
AÑO DEL ES TUDIO
2002
2018
Capacidad a dquisitiva fa miliar
- 0, 001
- 0,02
Actividad f ísica
0,02
- 0, 04**
Relaciones sexua les
- 0, 09***
- 0, 07***
Participació n en bullying
- 0, 15***
- 0, 10***
Malestares ps icosomá ticos
- 0, 07***
- 0, 07***
Conocim iento materno
0, 19***
0, 16***
Conocim iento paterno
0, 14***
0, 13***
Amistades co mo modelo s saludables
0,02
0, 04**
Amistades que fum an taba co
- 0, 13***
- 0, 18***
Amistades que se em borracha n
- 0, 10***
- 0, 17***
Amistades que co nsumen dro gas
- 0, 21***
- 0, 17***
Gusto por el instituto
0, 17***
0, 10***
Convivencia , seguridad y o ferta de ocio
0,004
0,02
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001
Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo
II) .
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
259
Los resultados de los análisis de regresión para la edad de inicio en los episodios de
embriaguez se muestran en la Tabl a 47. El modelo explicó un 8% de la v arianza asociada a
esta conducta en 2002 y un 6% en 2018. En esta vari able, los mayores incrementos en R 2
(aunque con v alores b ajos) se dieron en los pasos 1 y 2, tanto en 2002 ( ΔR² = 0,028 y Δ R² =
0,034), como en 2018 ( ΔR² = 0,023 y ΔR² = 0,025). De las variables individuales incluidas en
el paso 1, la participación en episodios de bull ying obtuvo el mayor coeficiente de regresión
en 2002 ( β = -0,12) y haber tenido relac iones sexuales en 2018 ( β = -0,12). Sin embargo, al
añadir las dos variables del contexto familiar, el conocimiento materno fue la vari able que
presentó el coeficiente de regresión más alto en ambos años ( β = 0,2 1 y β = 0,16). El
conocimiento paterno, sin embargo, no resultó significativo ni en 2002 ni en 2018. En el paso
3 se incluyeron las dos variables del grupo de ig uales. Los datos mostraron que únicamente
tener amistades que se e mborrachan fue signi ficativa, pe ro no así tener amistades com o
modelos saludables. El g usto por el inst ituto, variable del contexto escolar añadida en el paso
4, resultó significativa so lo en 2002, mient ras que la convivencia, seguridad y of erta d e ocio
del vecindar io, incorporada en el paso 5, obtuvo r esultados significativos tanto en 2002 como
en 2018, pero con la partic ularidad de que los valores mostraron signos opue stos ( β = -0,05
en 2002 y β = 0,07 en 2018).
Recopilando los resultados obtenidos en el paso 5 se obtuvo que, las variables
asociadas a un inicio más precoz en los episodios de embriaguez en 2002 fueron: haber
tenido re laciones sexua les, haber participado en episodio s d e bullying , presentar malestares
psicosomáticos, tene r a mist ades que se emborra chan y la convivencia, seguridad y oferta de
ocio del vecindario, y a un inicio más tardío, el conocimiento materno y el gust o por el
instituto. En 2018, haber tenido relaciones sexuales, haber participado en episodios de
bullying y tener amista des que se emborrachan predijeron una m ayor precocidad en est a
conducta, mientras que el conocimiento materno y la convivencia, seguridad y oferta de ocio
del vecindar io predijeron una menor precocidad.
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
260
Tabla 47 . Coeficientes d e regresión esta ndarizado s de los an álisis de regre sión múltip le entre la edad de inicio
en los episod ios de emb riaguez y las va riables predictora s en 2 002 y en 2 018.
Variables predictoras
2002
2018
β
ΔR²
β
ΔR²
Paso 1
0,02 8
0,02 3
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,02
-0,03
Actividad física
0,02
0,01
Relaciones sexu ales
-0,08 ***
-0,12 ***
Participación en bullyin g
-0,12 ***
-0,09 **
Malestares psicoso máticos
-0,06 **
0,02
Paso 2
0,03 4
0,02 5
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
-0,04
Actividad física
0,01
0,01
Relaciones sexu ales
-0,07 ***
-0,12 ***
Participación en bullyin g
-0,10 ***
-0,07 *
Malestares psicoso máticos
-0,05 **
0,03
Conocimien to materno
0,21 ** *
0,16 ** *
Conocimien to paterno
-0,04
0,00 0
Paso 3
0,00 4
0,01 1
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
-0,03
Actividad física
0,00 3
0,01
Relaciones sexu ales
-0,07 **
-0,11 ***
Participación en bullyin g
-0,09 ***
-0,06 *
Malestares psicoso máticos
-0,05 **
0,04
Conocimien to materno
0,21 ** *
0,15 ** *
Conocimien to paterno
-0,05
-0,01
Amistades com o modelo s saludables
0,01
-0,01
Amistades qu e se embor rachan
-0,06 **
-0,11 ***
Paso 4
0,01 3
0,00 2
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,00 3
-0,03
Actividad física
0,01
0,01
Relaciones sexu ales
-0,07 **
-0,11 ***
Participación en bullyin g
-0,09 ***
-0,06 *
Malestares psicoso máticos
-0,05 *
0,04
Conocimien to materno
0,19 ** *
0,14 ** *
Conocimien to paterno
-0,05
-0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,002
-0,02
Amistades qu e se embo rrachan
-0,06 **
-0,10 ***
Gusto po r el instituto
0,12 ** *
0,05
Paso 5
0,00 2
0,00 4
Capacidad adquisitiva f amiliar
0,01
-0,04
Actividad física
0,01
0,01
Relaciones sexu ales
-0,06 **
-0,11 ***
Participación en bullyin g
-0,09 ***
-0,06 *
Malestares psicoso máticos
-0,05 *
0,04
Conocimien to materno
0,19 ** *
0,14 ** *
Conocimien to paterno
-0,04
-0,01
Amistades com o modelo s saludables
-0,002
-0,02
Amistades qu e se embor rachan
-0,06 **
-0,10 ***
Gusto po r el instituto
0,12 ** *
0,04
Conviven cia, seguridad y oferta de ocio
-0,05 *
0,07 *
TOTAL R 2
0,08 0
0,06 4
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001
3 Resultados de la investigación 3.2 Factores asociados en 2002 y en 2018
261
3.2.8 Edad de inicio en el consu mo de tabaco
A continuación s e presentan los datos de las correlaciones entre l a edad de inicio en el
consumo de tabaco y l as distintas variables independientes (ver Tabla 48 ). Todas las
corre laciones fueron sig nificativas, excepto la capacidad adquisitiva fami liar (en 2002) y la
actividad física (los dos años estudiados). El inic io más precoz en el consumo de tabaco se
relacionó con haber tenido relaciones s exuales, haber participad o en episodios de bullying ,
mostrar malestares psicosomáticos y tener amistades que fuman tabaco, se emborrachan o
consumen drogas. Por el contrario, un inicio más tar dío en e l consumo de tabaco se asoció
con el conocimiento materno y paterno, con las a mistades como modelos saludables, con el
gusto por el inst ituto, la convivencia, seguridad y oferta d e ocio del vecin dario, así como con
la capacidad a dquisitiva familiar, pero en este último caso, solo en 2018.
Todos los coeficientes mostraron asociaciones bajas (menores a 0,30) en ambos años.
Al igual que en las dos a nteriores variables sobre la edad de inicio en estos comportamientos,
la compara ción de los valores de las correlaciones entre 2002 y 2018 reve laron menos
discrepancias que para la s va riables de consumo . Así, la fuerza de la asociación creció en el
caso d e las a mistades como modelos saludables y tener iguales que f uman taba co o se
emborrachan, mientras q ue en la única en la que se redujo fue en el gust o por el instituto. La
corre lación con capacidad adquisit iva familiar r esultó significativa en 2018, pero no en 2002.
Tabla 48 . Coeficientes de correlació n de Spea rman para la ed ad de inicio en el consumo de tabaco .
VARIABLES PR EDICTOR AS
AÑO DEL ES TUDIO
2002
2018
Capacidad a dquisitiva fa miliar
0,01
0,05 ** *
Actividad f ísica
-0,01
0,00 4
Relaciones sexua les
-0,07 ***
-0,06 ***
Participació n en bullying
-0,10 ***
-0,09 ***
Malestares psico somát icos
-0,06 **
-0,05 ***
Conocim iento materno
0,14 ** *
0,15 ** *
Conocim iento paterno
0,14 ** *
0,13 ** *
Amistades co mo modelo s saludables
0,05 **
0,09 ** *
Amistades que fum an taba co
-0,09 ***
-0,12 ***
Amistades que se em borracha n
-0,04 **
-0,07 ***
Amistades que co nsumen dro gas
-0,14 ***
-0,12 ***
Gusto por el instituto
0,15 ** *
0,09 ** *
Convivencia , seguridad y o ferta de ocio
0,04 *
0,03 *
* p < 0,05; ** p < 0,01; *** p < 0,001
Nota: las casillas sombreadas indican diferencias estadísticame nte significativas entre los valores de 2 002 y 2018 (ver anexo
II) .
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