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Humanidades y ciencias sociales: rearticulaciones transdisciplinarias y conflictos en los bordes

Richard, Nelly

Abstract

La reflexión acerca de la identidad latinoamericana había sido encomendada tradicionalmente a la literatura y las humanidades, para, a partir de los años ’80, desplazarse hacia las ciencias sociales y de la comunicación. La transdisciplinariedad se ha convertido entonces en método irrenunciable, pero la autora propone que, frente a la convivencia acrítica, los estudios culturales deben usar los bordes de conflicto entre disciplinas humanísticas y tecnológicas para oponerse al sistema hegemónico que hace primar a las segundas sobre las primeras, y recuperar la capacidad del arte, la literatura y el pensamiento crítico para reintroducir los desórdenes de lo inclasificable en el mundo de lo clasificado y lo clasificador.

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Humanidades y ciencias sociales: rearticulaciones transdisciplinarias y conflictos en los bordes Nelly Richard (Universidad ARCIS, Chile) I/C - Revista Científica de Información y Comunicación 2009, 6, pp-69-83 Humanidades y ciencias sociales 69 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 ISSN: 1696 - 2508 HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES: REARTICULACIONES TRANSDISCIPLINARIAS Y CONFLICTOS EN LOS BORDES HUMANITIES AND SOCIAL SCIENCES: LIMITS ACROSS DISCIPLINES AND CONFLICTS ON THE BORDERS I/C - Revista Científica de Información y Comunicación 2009, 6, pp69-83 Resumen La reflexión acerca de la identidad latinoamericana había sido encomendada tradicionalmente a la literatura y las humanidades, para, a partir de los años ’80, desplazarse hacia las ciencias sociales y de la comunicación. La transdisciplinariedad se ha convertido entonces en método irrenunciable, pero la autora propone que, frente a la convivencia acrítica, los estudios culturales deben usar los bordes de conflicto entre disciplinas humanísticas y tecnológicas para oponerse al sistema hegemónico que hace primar a las segundas sobre las primeras, y recuperar la capacidad del arte, la literatura y el pensamiento crítico para reintroducir los desórdenes de lo inclasificable en el mundo de lo clasificado y lo clasificador. Abstract Reflections on Latinoamerican identity was traditionally linked to literature and humanities. From the 80’s, it slowly swerved to social sciences and communication. Approaches across disciplines have become mainstream, but this author suggests that, unlike non critical coexistence, cultural studies must accommodate to conceptual conflicts on the edge of disciplines building bridges between humanistic disciplines and technological ones in such a way that the latter are not meant superior in any way and the former are instrumental in turning upside down the straitjacket of the orderly world that technology renders. Palabras clave Estudios culturales / Transdisciplinariedad / Teoría Crítica Keywords Cultural studies / Knowledge across the disciplines / Critical Theory Nelly Richard (Universidad ARCIS, Chile) Nelly Richard 70 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 Sumario 1. Las redefiniciones de lo latinoamericano en la teoría cultural de los ‘80 en América Latina y el desplazamiento de la literatura 2. La suma transdisciplinaria y los choques entre las disciplinas 3. Lo popular versus lo estético 4. Mercado cultural, políticas culturales y crítica de la cultura Summary 1. Latinoamerican definitions in cultural theory of the 80’s in Latin America and literature displacement. 2. Disciplines addition and disciplines conflicts. 3. The popular versus the aesthetic. 4. Cultural market, cultural policies and cultural criticism. V istos por algunos como un producto estandarizado de la academia norteamericana de cuyas tecnologías de la reproducción hay que desconfiar sistemáticamente; vistos por otros como un real proyecto de transformación del saber académico que permite cuestionar y desplazar políticamente las fronteras de las disciplinas tradicionales, los estudios culturales han alimentado varios debates y polémicas durante los últimos años. Sería muy largo repasar el campo de definiciones heterogéneas – y, a menudo, divergentesque reagrupan las prácticas de los estudios culturales bajo distintas latitudes; analizar las líneas de corte entre la etapa formativa de la Escuela de Birmingham en los años ‘60 en Inglaterra y su posterior institucionalización académica en los Estados Unidos; dibujar el mapa de sus actuales tendencias y orientaciones. En todo caso, y más allá de cómo se reagrupan o bien se dispersan en proyectos que responden cada uno a muy distintas voluntades académicas y políticas, los estudios culturales nombran –sobre todo en América Latinaun particular giro de las relaciones entre las humanidades y las ciencias sociales. Desde esta perspectiva, el auge de los estudios culturales nos sirve hoy de pretexto para lanzar algunas preguntas sobre el nuevo estatuto del saber y de las disciplinas, sobre los lenguajes de la crítica académica y no-académica, en un paisaje universitario marcado por la globalización neoliberal. Humanidades y ciencias sociales 71 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 ISSN: 1696 - 2508 1. Las redefiniciones de lo latinoamericano en la teoría cultural de los ‘80 en América Latina y el desplazamiento de la literatura N uevas definiciones socioculturales de las identidades en América Latina se han multiplicado desde el supuesto, ya ampliamente compartido, de que las categorías tradicionales de lo nacional y de lo continental se fragmentaron bajo los efectos disolventes de la mundialización económica y de la globalización comunicativa. Los flujos de circulación -económicos y simbólicosde la globalización disocian y combinan los signos de identidad y pertenencia hasta un punto de revolturas tal que ya no es posible hablar de un repertorio fijo de símbolos cohesionadores, así como lo planteaba antes el discurso sustancialista del “nosotros” latinoamericano: un “nosotros” que, en los tiempos de la crítica antiimperialista a la norteamericanización del consumo, debía preservar su pureza originaria de toda contaminación metropolitana. Las redes massmediáticas que consagran el advenimiento de la sociedad de la comunicación intersectan hoy cada paisaje nacional con signos que vienen de todas partes que son luego reconjugados por el consumo global que hibridiza las identidades culturales. Dos son los libros que, en los años ‘80, reorientaron decisivamente la teoría cultural latinoamericana, al destacar los nuevos procesos de translocalización de los flujos geoculturales, económicos, simbólicos y comunicativos: De los medios a las mediaciones de Jesús Martín Barbero y Culturas híbridas de Néstor García Canclini. Ambos libros torcieron el giro del discurso latinoamericanista de “lo propio” como núcleo ontológico de una verdad-esencia del “ser” latinoamericano: un “ser” latinoamericano que debía permanecer ajeno a los tráficos de signos en préstamo que circularon por vía de la internacionalización primero y, luego, de la globalización. Ambos libros -el de Martín Barbero y el de García Canclinimostraron eficazmente cómo el imaginario multilocalizado del capitalismo global cruza identidades culturales y redes mediáticas mezclando lo patrimonial, lo folklórico-tradicional, lo culto, lo popular y lo masivo, en tiempos donde parecen ser más decisivas la velocidad para recorrer el mundo y las estrategias para seducir a los públicos que la inercia de las tradiciones locales. No es casual que estos dos libros se escriban cruzando las fronteras de las ciencias de la comunicación, de la antropología y de la sociología de la cultura, es decir, fuera de la tradición emblemática de la literatura que había sido hasta ahora portadora de los máximos símbolos identitarios del “nosotros” latinoamericano. Ambos libros acusan recibo de que la dominante postmoderna de la globalización cultural debilitó el protagonismo de la literatura y las humanidades cuya función, en América Latina, había sido hasta ahora la de articular la relación entre modernidad, cultura, ideología y nación, tal como aparece ejemplarmente delineada en La ciudad letrada de Ángel Rama. Nelly Richard 72 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 Los textos de Martín Barbero y de García Canclini redefinen la problemática cultural de las identidades latinoamericanas cruzando la memoria antropológica de las culturas populares con la masificación social de los medios tecno-comunicativos. Y ambos lo hacen desacralizando lo literario como una reserva de simbolizaciones escriturarias que, en la tradición latinoamericana, auratizaba el texto y la palabra manteniéndolos fuera del contagio –impurode la cultura industrializada y sus productos en serie. Para explorar los cruces massmediáticos entre cultura y comunicación, entre globalización e interculturalidad, entre cotidianeidad y mercado, ambos autores –Martín Barbero y García Canclinidebieron primero abandonar la literatura como relato integrador de construcción nacional y luego recurrir a instrumentos disciplinarios más afines a las intersecciones dispersas que hoy segmentan lo popular y lo masivo entre los mundos de la cultura, la economía, el poder y la comunicación. Parto de esta inflexión en la teoría cultural latinoamericana de los ‘80 (el desplazamiento de la literatura y la apertura transdisciplinaria de los estudios sobre América Latina a teorías y métodos de la sociología y de la comunicación) porque de esta inflexión dependen los puentes creados entre los practicantes en estudios culturales que, desde Estados Unidos, se interesan por América Latina y las prácticas que, según estos mismos académicos de Estados Unidos, mejor representan el modo de realizar “estudios culturales latinoamericanos”. Visibilizar estos puentes de contacto nos sirve para subrayar el rol de la universidad norteamericana –como agente transnacionalizadoren la definición del campo llamado “estudios culturales latinoamericanos”. Sabemos bien que las relaciones entre localidades geoculturales (Estados Unidos, América Latina), localizaciones institucionales (la academia norteamericana, los campos político-sociales e intelectuales de América Latina) y coyunturas de enunciación (hablar “desde”, “sobre”, “como”) no son relaciones dadas, naturales y fijas, sino relaciones construidas y mediadas y, por lo mismo estas relaciones son siempre deconstruibles y rearticulables según los más variados flujos de intercambio. Sin embargo, pese a la horizontalidad creciente de estos flujos de intercambio que se benefician de la circularidad de los debates internacionales que cruzan las diversas fronteras locales, la academia norteamericana sigue siendo la principal intermediadora que vincula, traduce y homologa las producciones del Norte y del Sur, según la lengua obligada del mercado académico internacional. La conversión del libro Culturas híbridas en el modelo obligado de lo que se entiende en Estados Unidos por “estudios culturales latinoamericanos” aporta la evidencia de una certificación del valor establecida desde fuera de las coordenadas de lectura que volvieron el surgimiento de este libro originalmente productivo en América Latina en función de otra tradición de campos, e ilustra también el trayecto de cómo y porqué los estudios culturales latinoamericanos son vistos hoy en Estados Unidos como algo Humanidades y ciencias sociales 73 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 ISSN: 1696 - 2508 mucho más cercano a las ciencias sociales que a las humanidades. Dice Georges Yúdice (2002): “lo que acá (en Estados Unidos) entendimos como estudios culturales se identifica mucho más con el análisis antropológico y sociológico”. El mismo autor agrega que los proyectos de estudios culturales latinoamericanos reconocidos como tales en Estados Unidos, se caracterizan por “el lugar destacado del marco analítico de lo popular y sus relaciones con la industria cultural y de masas... Tanto en Estados Unidos como en América Latina se ha dejado atrás la versión elitista y se ha optado por una comprensión más cotidiana y antropológica de la cultura”. Por su lado, John Beverley (1996), otro practicante de los Estudios Culturales en Estados Unidos interesado en América Latina, insiste en que “la mutación de la esfera pública causada por los medios audiovisuales conduce a un aplazamiento nuevo y progresivo de la idea de la literatura como un modelo o práctica (antes) formadora de identidad nacional”, y que “el proyecto de Néstor García Canclini... es la articulación más importante y de más influencia en los estudios culturales en el ámbito latinoamericano” debido a su atención privilegiada al tema de las culturas populares y de la cotidianeidad mediática. Quedaría entonces claro, siguiendo las definiciones anteriores, que tanto la adhesión al proyecto de los estudios culturales de parte de sus exponentes del Norte y del Sur como el reconocimiento del campo mismo de los estudios culturales latinoamericanos en base a definiciones trazadas por la academia norteamericana, se centran en la ruptura que establecen los estudios culturales con el humanismo literario de la “ciudad letrada” (y con su jerarquía –artistocratizanteentre alta cultura y cultural popular) y en el deseo consiguiente de investigar las nuevas sensibilidades masivas que se traman en las redes -de complicidad y/o de resistenciade la mediatización capitalista. Así lo confirma Julio Ramos al declarar que, en este fin de siglo, marcado por la globalización distintiva de las sociedades mediáticas, acaso las formaciones sociales no requieren ya de la intervención legitimadora de esos relatos modeladores de la integración nacional (tales como la literatura), en la medida en que el Estado se retrae de los contratos republicados de la representación del bien estar común y en que los medios de comunicación masiva y el consumo entretejen otros parámetros para la identificación ciudadana y sus múltiples exclusiones. Los estudios culturales latinoamericanos llegarían a interpretar así el síntoma de una triple crisis de lo literario. Una crisis de lo literario en tanto canonicidad: se descentra el canon de selección y autoridad universales que normaba el valor, el juicio y la calidad, bajo la presión de los márgenes antes excluidos del dominio occidental (“diferencia”, “otredad”, “periferia”, “subalternidad”, “minoridad”). Crisis de lo literario en tanto representación cultural de lo social, ya la que la literatura dejó de ser el relato maestro que simbolizaba el nexo entre “cultura” y “nación”, ambas desintegradas por la circulación mediática de las identificaciones Nelly Richard 74 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 segmentadas que se diseminan hoy vía el consumo. Crisis de lo literario en tanto volumen y opacidad del texto, en un mundo de superficies donde las tecnologías de lo visual hablan un lenguaje plano de imágenes y pantallas translúcidas. Esta triple crisis de lo literario –y, por tanto, del legado humanista de la modernidad – le significa a los estudios culturales adaptar el saber a este nuevo paisaje tecno-comunicativo bajo la forma de lo transdisciplinario. 2. La suma transdisciplinaria y los choques entre las disciplinas I nteresa saber qué se gana y qué se pierde con este desplazamiento de lo literario (antes cifrado en las humanidades, en la reflexión estética y el ensayismo crítico-literario) hacia la actual transdisciplinariedad de los estudios culturales. Pero advirtamos, primero, que existen muchas formas de interpretar la relación entre disciplinas y transdisciplinariedad, en el marco general de la condición postmoderna. En el mejor de los casos, la transdisciplinariedad plantea no reemplazar a las disciplinas establecidas sino emplazarlas: confrontarlas a sus límites de control de la especialización como un modo de politizar el conocimiento al llevar la Universidad a interrogarse sobre sus exclusiones de saber y sobre los límites de separación que, en nombre de la trascendencia especulativa modelizada por la filosofía, divorcian el conocimiento de la exterioridad batallante de lo social. Así vistos, los estudios culturales entrarían en un nuevo proceso crítico que trabaja entre los espacios de las disciplinas académicas, y sobre las relaciones entre la academia y otros lugares políticos, desde la zona de conflictos que surge entre conservación (lo sedimentado) e irrupción o dislocación (lo emergente). Pero en el peor de los casos (lamentablemente el más frecuente), la transdisciplinariedad se resume a una suma pragmática de saberes recortados que, en su misma parcialidad y diversificación, se adaptan sumisamente a la segmentariedad de los cruces funcionales entre globalización, multiculturalidad, fragmentación, postmodernismo y neoliberalismo. Recordemos que cuando Jean Francois Lyotard escribe en los años ‘80 su “Informe sobre el saber” recogido en La condición postmoderna, es decir, cuando le toca diagnosticar el nuevo estatuto del conocimiento en nuestras sociedades postmodernas, el autor nos habla de la deslegitimación del saber especulativo en tanto saber universal y trascendente dentro de la Universidad moderna, y nos dice que la interdisciplinariedad se ofrece como una salida práctica a esta deslegitimación: la interdisciplinariedad como “urgente empirismo” que fragmenta y tecnifica los marcos del conocimiento, y que busca la eficacia delimitando áreas de competencia cada vez más Humanidades y ciencias sociales 75 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 ISSN: 1696 - 2508 parciales, para cumplir con las demandas de multiplicidad del capital y sus reticulados productivistas. El informe de Lyotard sobre la crisis de los metarelatos y del fundamento especulativo de la universidad-universalidad moderna, describe las nuevas condiciones de practicidad del conocimiento que deberá ser cada vez más transmisible como mercancía informacional. Lyotard nos dice que “la jerarquía especulativa del conocimiento deja lugar a una red inmanente y por así decir plana de investigaciones”; que “las antiguas facultades estallan en instituciones de todo tipo... y que la enseñanza en las universidades se limita a asegurar la reproducción de competencias”; unas competencias técnicamente hechas para mejorar la performatividad del sistema, sin nunca poner en duda la validez de su lógica de eficiencia. Las condiciones de “inmanentización, compartimentalización y tecnificación” del saber universitario que describe Lyotard no serían ajenas, según Idelber Avelar (2000), al proyecto de los estudios culturales en un mundo que ha pasado de la “universidad humanista” a la “universidad tecnocrática”: “Si el pensar de la totalidad se encuentra hoy obstaculizado por una instrumentalización que reduce todas las disciplinas a su estatuto técnico, si todas las epistemologías han sido reducidas a un tratamiento técnico de su objeto... ¿habría algo accidental en el hecho de que la única politización reciente del conocimiento tenga lugar desde una apelación antiteórica a la especificidad –ese caballo de batalla más propia del experto técnico? El empirismo que subyace a los estudios culturales –su visible resistencia a la teorización sería comprensible en este contexto”. Podría sorprendernos que se hable aquí de “resistencia a la teorización”, siendo que el reproche que suelen dirigirles muchos antropólogos, sociólogos y economistas a los estudios culturales es más bien inverso. Al menos en Estados Unidos, se les reclama no haberse desligado lo suficiente de la teoría literaria a la que están, en su mayoría, asociados; abusar del textualismo de la metáfora filosófico-literaria, y por menospreciar el dato macro-social de lo económico y de lo político que requeriría, para ser analizado, de saberes más duros que blandos, más sólidos que tenues, es decir menos literarios. Incluso Stuart Hall, “con un pie en cada campo”, afirma que una de las principales limitaciones de los estudios culturales deriva del fracaso de sus practicantes en el proyecto de ser suficientemente interdisciplinarios, y en su falta de capacidad para salirse de un foco de preocupaciones especialmente literarias e involucrarse con disciplinas como la economía y la sociología. Pero si bien, en Estados Unidos, algunas ramas de los estudios culturales muy ligadas al academicismo literario exhiben el tic de querer reducir el poder y la política a una cuestión exclusiva del lenguaje y la textualidad, lo que se identifica dominantemente como “estudios culturales latinoamericanos” (y en eso I. Avelar tiene razón) tiene mucho menos que ver con la filosofía deconstructiva, el análisis estético y la teoría que con una dimensión Nelly Richard 76 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 antropológico-social de la cultura que la considera, abarcadoramente, como campo de interacciones cotidianas y de formas de vida, cuya generalidad des-diferencia el lugar especializado del “arte” y de la “literatura”. A distancia del ensayismo crítico-literario cuyas vueltas y rodeos giran en torno a las estéticas del lenguaje, la mayor parte de los estudios culturales latinoamericanos ha optado –empíricamente– por la transdisciplinariedad como un recurso que mezcla lo científico-social y lo económico-cultural para comprender las nuevas dinámicas transnacionales de los mensajes y el consumo globalizados y, también, para satisfacer renovadamente las necesidades instrumentales de los pedidos que le vienen de fuera de la universidad (del Estado, de las ONG´s, de las consultorías internacionales, de la sociedad civil, de la empresa privada, etc.). Ya lo sabemos, ha sido desarticulada la Totalidad como el horizonte de sentido que el intelectual de antes vivía, desgarradamente, como una tensión crítica entre conocimiento y sociedad. Hoy la transdisciplinariedad es la consigna que adecua el saber a la fragmentación y la dispersión de sus objetos de estudio; a la segmentación de las teorías; a la ramificación de los circuitos de pertinencia y utilidad; etc., sin que el lenguaje que tramite académicamente este conocimiento fragmentado y diversificado manifieste alguna indisposición crítica (algún malestar de las palabras, alguna reticencia de lenguaje) frente a las exigencias adaptativas de multifuncionalidad del saber que plantea el mercado hipercapitalista. El modelo de transdisciplinariedad frecuente en varios tipos de estudios culturales lleva, en su dimensión más extrema, al uso –desinhibidode técnicas y métodos hechos para complementarse en la fluidez pragmática de la simple yuxtaposición, sin que las disciplinas involucradas en esta suma de traslados pareciesen nunca experimentar alguna tirantez o conflicto en sus bordes. La globalización y los estudios culturales tendrían en común esta “ilimitación” de los dispositivos –“la obscenidad de todos los caminos abiertos” (W. Thayer)- que presupone, además de la fragmentación, la disponibilidad total de cada fragmento abierto a la infinita extensividad de sus usos. ¿No habría, en esta celebración del libre intercambio de las disciplinas, de los estudios culturales como “zona franca” del conocimiento múltiple, una imagen demasiado afín al mercado flexible de la diversidad que promueve la máquina neocapitalista? Frente a lo devorador de una suma que persigue anexarlo todo, lo que podría echarse de menos en los estudios culturales es la resistencia del límite: el límite en tanto frontera que, además de juntar, separa y desune; el límite en tanto zona de tensionalidad crítica entre objetos y disciplinas, entre fragmentación y globalidad, entre delimitación e ilimitación. La falta de “marco” en los estudios culturales –el “marco” como trazado selectivo y articulador (W. Rowe) – lleva a la abolición de los trazados que son lo único capaz de imponerle límites de resistencia a la inabarcabilidad de la suma. Humanidades y ciencias sociales 83 IC - 2009 - 6 / pp69 - 83 ISSN: 1696 - 2508 Referencias bibliográficas  Avelar, Idelber (2000): Alegorías de la derrota: La ficción postdictatorial y el trabajo del duelo. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio.  Beverley, John (1996). Sobre la situación actual de los Estudios Culturales. En J.A. Mazzotti y J. Cevallos, eds. Asedios a la Heterogeneidad Cultural. Libro de Homenaje a Antonio Cornejo Polar (pp. 455-474). Pittsburg: Asociación Internacional de Peruanistas.  Lyotard, Jean-François (1991). La condición posmoderna. Buenos Aires: Red Editorial Iberoamericana.  Sarlo, Beatriz (1994). Escenas de la vida posmoderna. Buenos Aires: Ariel.  Yúdice, George (2002). Contrapunteo estadounidense/latinoamericano de los estudios culturales. En D. Mato, coord. Estudios y Otras Prácticas Intelectuales Latinoamericanas en Cultura y Poder (pp. 339-352). Caracas: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y CEAP, FACES, Universidad Central de Venezuela.