scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Epistemología de la documentación

García-Gutiérrez, Antonio

Full text

EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN _______ A ntonio G arcía G utiérrez Primera edición: Enero 2011 © Antonio García Gutiérrez e-mail: desclasifica[email protected] © de las características de esta edición: Stonberg Editorial Gran Via de les Corts Catalanes 636 - 08007 Barcelona Tel. 933 435 562 [email protected] www.stonbergeditorial.com Cubierta: Stonberg Editorial © Imagen de la cubierta: Ton Sant Producción: Stonberg Editorial DEPÓSITO LEGAL: M-902-2011 ISBN: 978-84-614-5384-9 Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de ningún modo ni por cualquier medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o fotocopia sin el permiso previo del autor o de la marca editorial. ÍNDICE 1. Epistemología de la documentación 1.1. De las denominaciones y de la posición epistemológica 1.2. La organización de los conocimientos en el positivismo otletiano: crítica atemperada 1.2.1. Resemantización contemporanista y neofilia 1.2.2. Fronteras y demarcaciones ontológicas 1.2.3. Giro lingüístico y retorno al modelo tecnicista 1.3. Cinco reducciones 1.3.1. Primera reducción: la razón clasificatoria 1.3.2. Segunda reducción: la razón analógica 1.3.3. Tercera reducción: la razón metonímica 1.3.4. Cuarta reducción: suplantación utópica del otro 1.3.5. Quinta reducción: la razón digital 1.4. Epistemología alternativa o alternativa a la Epistemología: hacia una concepción posepistemológica de la organización del conocimiento 1.5. Un nuevo lugar de enunciación 11 26 37 39 45 59 66 67 70 74 81 84 88 95 2. Una teoría de los conceptos 2.1. Frentes conceptuales 2.2. En el principio fue el límite 2.3. El mal de las categorías 2.4. Ordo y conocimiento 2.5. Medir, comparar, competir, excluir 2.6. Contextos precarios 2.7. Comunicación y autoengaño 2.8. El mundo nómico 2.9. Naturaleza de los conceptos abiertos 3. Posepistemología de la desclasificación 3.1. Razones (y emociones) de la desclasificación 3.1.1. Argumentos de la razón dialéctica 3.1.2. Argumentos de la razón ética y política 3.1.3. Argumentos de la razón imperfecta 3.1.4. Argumentos de la razón contrafáctica 3.1.5. Argumentos de la razón cuántica 3.1.6. Argumentos de la razón falibilista 3.1.7. Argumentos de la razón paraconsistente 3.2. Propiedades y fundamentos posepistemológicos de la desclasificación 3.3. Impugnaciones ontológicas 3.4. Vectores y escenarios teóricos de hibridación y transformación 4. Aplicación de la desclasificación a la organización de la exomemoria digital 4.1. Operadores complejos 104 124 135 145 153 156 165 167 173 182 199 199 206 217 222 226 236 255 261 272 278 280 288 305 4.2. Operadores transculturales 4.2.1. Principios de dialéctica transcultural 4.2.2. Propiedades de los operadores transculturales 4.2.3. Mediadores y mediaciones desclasificantes 4.2.4. Interacción paralógica y construcción de tópoi 4.3. Sugerencias para la organización posepistemológica de la exomemoria digital Bibliografía 322 329 337 340 351 358 361 Antonio García Gutiérrez 16 char las fuerzas y direcciones de la propia corriente cognitiva y mnemográfica, los vectores de una nueva concepción de lo que suele entenderse en España bajo la rúbrica de Documentación, y también en España y en muchos otros países, bajo distintas y heterogéneas etiquetas que vienen a significar lo mismo: una dependencia absoluta de sus estudios en función, entre otros factores que detallaremos, de las tendencias de la tecnología y, sobre todo, de las políticas científicas trazadas por intereses políticos y nacionales ya abiertamente indisociables de los intereses del mercado2. El principal movimiento de esta reflexiones irá dirigido, por tanto, hacia la búsqueda de otros principios, tanto en el sentido gnoseológico como también ético y político, que permitan la rehabilitación de una ignota actividad cultural — la conservación y transmisión de los saberes— que aunque apropiada y sistematizada desde la Academia occidental ha sido, mucho antes y de modos diversos, invocada y practicada fuera de sus floridos jardines: en la vida cotidiana de las ciudades y aldeas occidentales, desde Alaska a la Patagonia, del Cabo Norte a Punta Europa y desde Istambul a Vladivostok, y mucho antes de que tales lugares tuvieran nombre, pasando por el imaginario occidentalizado de millares de culturas y de otras culturas desaparecidas o que sobreviven al margen o marginadas por el mundo occidental en el corazón de occidente —e incluso de su oriente inventado, como escribiera Said—, y también de África, 2 Unos intereses de mercado que imponen lógicas y métodos a los gobiernos nacionales dejando escaso margen a las decisiones políticas que contravienen esos intereses. La reducción de la soberanía democrática de los Estados es tan evidente, como se desprende de las manifestaciones y presiones de los líderes del capitalismo en la última crisis económica internacional, que no sería descabellado concebir tales posiciones como neofascismo financiero. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 17 de ese inmenso contenedor de sufrimiento y saberes ancestrales que sólo cuando es invocado en la televisión, sacude efímeramente las conciencias. El sentido de África, y de un Sur metafórico en general, será crucial para el desplazamiento de nuestro lugar de enunciación, como veremos más adelante. ¿Qué aparato conceptual añejo deberíamos rehabilitar y reinstalar en el pensamiento contemporáneo?: La dignidad, la honestidad —viejos valores socráticos, estoicos, kantianos—, más modernamente, la solidaridad, la pasibilidad, el respeto, el reconocimiento de derechos, la emancipación, la contraglobalización hegemónica, en suma. Concebir el conocimiento y la memoria como una cuestión de derechos —justamente como la inteligente campaña lanzada por Amnistía Internacional contra la pobreza en febrero de 2010— y no meramente como un asunto de tecnología, economía o de los calculados requisitos de una Epistemología aplicada, reconducirá necesariamente los resultados de ese pensamiento hacia derroteros bien distintos de los que conocemos o intuimos que sobrevendrán de la mano del expansionismo unificante. No pretenderé, en consecuencia, construir o reconstruir una Epistemología de la Documentación sino más bien su absorción por un pensamiento y unas técnicas más acordes urdidas en el cosmopolitismo y, por tanto, en la proximidad afectiva a la independencia de los sujetos. Iré por partes: en primer lugar, porque considero que la Epistemología, me ahorraré en adelante el pleonasmo que se activa al adjetivarla como occidental, trata de ser una metaciencia que, al decir de Boaventura Santos (1989), no es capaz de aplicarse a sí misma las exigencias que no duda en aplicar a las demás. Este argumento de elemental fair-play, por sí solo aunque a lo largo del Antonio García Gutiérrez 18 texto irán surgiendo muchos otros, ya sería suficiente para deslegitimarla. Y, en efecto, como se desprende de la lucidez rortyana, en otras culturas y en otros tiempos del hemisferio occidental se produce y produjo conocimiento que ayudó a las personas a sobrevivir y a ser felices en su paso por el mundo. Muchas veces un conocimiento denigrado que intenta ser reaprovechado y rentabilizado por las ciencias y el mercado occidentales, una vez superado el filtro epistemológico y sustituida la ética por el cinismo. ¿Será todo ese ingente conocimiento y toda esa desperdiciada experiencia, de los otros, de menor rango al que nos proporcionan las ciencias y la Epistemología? Si cualquiera de nosotros tuviera que pasar una sola semana en la selva amazónica, acompañado exclusivamente de un chamán y de un guerrero yanomami o piaroa, buscando alimento y refugio, con la necesidad imperiosa de diferenciar los indicios de peligro y sosiego que surgen sin cesar en un verdor infinito, preparando pócimas para sanar las constantes filiasis y picaduras, construyendo artefactos para salvar ríos, ciénagas y cataratas, únicamente con materiales y herramientas no procesados ni procesables, seguramente la respuesta sería abrumadoramente negativa. Como en otras civilizaciones ya extinguidas, y desde luego en multitud de culturas contemporáneas en fase de extinción, la sabiduría construida y practicada por esas personas y colectivos nunca fue sometida ni autorizada por la Epistemología. Antes, por tanto, de preguntarnos por el sentido de la Epistemología tendríamos que preguntarnos por el sentido que le damos a la producción sistemática de conocimiento en nuestra cultura. Y, en efecto, las ciencias tienen sentido o mejor, y EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 19 puesto que la ciencia no es una institución exterior o extraña a los humanos, por más que todas nuestras instituciones nos inviten a ser pensadas como extrañas, tienen un sentido que la fragmentación ha obviado o inutilizado. Entendemos por ciencia un modo de producción de conocimiento sometido a unas condiciones de obtención elaboradas por la Epistemología. Tal método habría de cumplir muchas exigencias y reglas, a mi juicio, tres serían imprescindibles para cualquier alternativa a la Epistemología, que mantendremos en la propuesta y, de hecho, son satisfechas en infinidad de modos no epistemológicos, paraepistemológicos o posepistemológicos de producción de conocimiento: en primer lugar, que el lugar de enunciación sea explicitable para calibrar el grado de implicación del sujeto en el objeto, en segundo, que los procedimientos de obtención de conocimiento sean explicitables y, en tercero, que tales procedimientos y sus resultados puedan ser reproducidos, cuestionados, revisados por terceros. La Epistemología, tout court, no sería el único ni el mejor puesto de legitimación de obtención de conocimiento ya que la valoración, como hemos visto, siempre dependerá de la posición del sujeto, de sus objetivos, circunstancias de necesidad, aplicación y situación. La justificación lógica del modo epistemológico y de otros modos de producción de saberes dependerá en nuestra hipótesis, pues la Epistemología no logra superar tampoco ese estatuto, de creencias, intereses y objetivos culturales. Todo itinerario orientado al conocimiento, y la más reciente astronomía lo muestra con la pregunta última que se deriva de la hipótesis del big bang —si vivimos en un universo determinista o arbitrario—, coloca al observador más estricto Antonio García Gutiérrez 20 ante el impasse de la lógica, un lugar en el que la elección que podemos hacer ya no pertenecería al territorio de la propia lógica sino al de una fe y unas emociones racionalizadas. Tanto ese último lugar, como muchas herramientas y aparatos conceptuales de los que nos hemos servido para ocuparlo, no será ya impulsado por una agotada lógica de la racionalidad sino por esa otra lógica que es promovida por la irracionalidad y la emotividad. Sintiéndose dispensada, la Epistemología, de cumplir sus estrictas condiciones de posibilidad para un conocimiento objetivo, podemos declararla formalmente como metadiscurso retórico que se adscribe al orden de las creencias y de las voluntades humanas. Toda posición epistemológica partirá, siempre, de una retórica de las autoconvicción. Las culturas producen un cierto tipo de conocimiento en cuyos objetivos podemos también encontrar similitudes con la producción científica: sobrevivir, garantizar la alimentación, proteger al grupo, sanar, construir refugio, reconocer el mundo que nos rodea, conservar y transmitir los saberes y la memoria. Digamos que, conforme los humanos fueron superando las escalas más básicas de la supervivencia se fue sutilizando un modo de pensar y una necesidad de dirigir el pensamiento hacia objetos cada vez menos vitales, menos decisivos para sobrevivir. Sin embargo, y aunque la ciencia procede originariamente de la necesidad de dar respuesta a problemas y esperanzas de todos los pueblos, y en eso no habría diferencia alguna entre la ciencia occidental y los procedimientos de producción de conocimiento elaborados por cualquier cultura, es cierto que conforme los humanos fueron superando los miedos vitales, los EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 21 fueron sustituyendo por otros que, aun no siendo emergencias, siempre adoptan la justificación vital de los iniciales. Es curioso el hecho de que en los países de mayor reputación científica sea justamente donde se están consolidando las sociedades más indolentes e ignorantes, y más miedosas ante la perspectiva paranoica de perder lo superfluo. Hay cientos de millones de personas acomodadas que no sabrían resistir una noche en la selva amazónica, ni tampoco en su selva urbana, sin tarjetas de crédito, electricidad, transporte o televisión. Personas que no sabrían vivir sin móvil o internet, que no entienden la vida sin televisión o tren de cercanías, trágicamente anuladas por el conocimiento científico que supuestamente se produce para protegerlos, una protección que en lugar de fortalecer y emancipar, debilita y hace infodependientes. Una protección, convertida en ensoñación y arraigada creencia, que aleja progresivamente de lo real a los sobreprotegidos al tiempo que varios miles de millones de congéneres sobreviven a diario sin percibir la existencia de ese conocimiento, pero afectados decisivamente por ella, al igual que nuestros propios antepasados al ser resemantizadas sus vivencias y distorsionado su mundo por nuestra tecnología y nuestra clasificación. La sociedad de hormigón y confort es un producto de la ciencia. Y en muchas ocasiones, esas sociedades no parecen estar muy satisfechas con lo que disponen. Más que echar de menos una mayor cantidad de objetos, el imaginario occidental del ocio suele echar de menos lo contrario: espacios vacíos, medios naturales, gentes e historias sencillas. Habría que preguntarle entonces, a esa ciencia, si en verdad en su objetivo de conocer el mundo no hubo un momento en el que se distrajo y, como en un mar revuelto y sin sextante, tomó derivas hacia Antonio García Gutiérrez 22 espacios que se obceca en conocer sin ser ya necesario. Y sobre todo, y por esa razón, sin ser ya nuestros, sin haber sido nunca nuestros. Mi impresión es que la ciencia, una actividad que ha de ocuparse de la producción de conocimiento con un objetivo que más que útil, habría de ser utilitarista, esto es, centrado en la búsqueda de la felicidad y la alegría de los humanos, —no como la utopía de Bacon o Moro sino más bien en el sentido de la «eutopía» de Epicuro o Bentham—, desvió la atención de su inicial cometido al mirarse a sí misma, e insisto en tratarla ahora en tercera persona, al ser considerada por los mismos científicos como una institución más allá de la voluntad humana, una institución con vida propia y capaz de mover el mundo. Una ciencia que comienza observando el mundo y termina reinventándolo a su medida. Una ciencia para solucionar problemas que genera otros más graves e irresolubles, aunque bendecida por la Epistemología una vez ratificada su impecable estructura sobre una tabla de verdad. La mirada de la ciencia hacia sí misma se produce, justamente, con la modernidad europea y de esa reflexividad, de ese autocomplaciente mirarse mirando, surge la necesidad de la Epistemología, algo así como la esencia estratégica que se obtiene al destilar un conocimiento cada vez más ajeno a los humanos y extrañado de los humanos, un conocimiento distante y excluyente, competitivo y frustrante que logró desbancar, o al menos así lo sugiere su aparato propagandístico, al conocimiento ordinario y vulgar y secuestrar el imaginario secular de las culturas, a veces para bien, por lo que de emancipación les traslada, y a veces para mal, por ahogar otras formas de conocer y erigirse como el nuevo proyecto que sustituye la sumi- EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 23 sión al Pasado y a la Tradición por la sumisión al Futuro, la fe en Dios y en el Príncipe por la fe en la Nación, en la Sociedad y en el Método. Me centro ahora brevemente, pues habrá ocasión para hacerlo exhaustivamente, en la segunda parte del sintagma Epistemología de la Documentación. La documentación, lato senso, es una actividad humana practicada desde tiempos inmemoriales y de manera artesanal en algunas culturas. Vestigios de documentación tenemos en la necesidad de organizar inscripciones en cualquier soporte, sean tablillas de arcilla o papiros. Es, por tanto, una clara actividad cultural procedente de una necesidad, digamos de segundo nivel: para organizar es preciso tener objetos organizables y, por tanto, toda una tecnología elaborada por una cultura capaz de fabricarlos. Desde los utensilios e instrumentos para escribir, por ejemplo, hasta la escritura en sí misma. Y, además, es necesario tener conciencia y voluntad de organización. A lo largo de la peregrinación humana han aparecido culturas dotadas de unas características y no de otras, unas han necesitado organizar su memoria y conservarla mediante la transmisión oral y otras mediante registros que dispensan mnemotecnias y recordatorios de una riqueza y diversidad sorprendentes. Pienso que la riqueza y diversidad de la especie humana en estos ámbitos no sólo habría de ser mantenida en el mundo unificante que nos proporciona la digitalidad, a toda costa, sino que tendría que ser protegida y propiciada. Impulsar usos culturales diferentes de la misma tecnología no sería suficiente: para evitar la unificación cultural, la tecnología de intercambio habría de soportar la versatilidad lógica en sus subsistemas, para proteger la diferencia, y elaborar plataformas Antonio García Gutiérrez 24 recíprocas de traducción cultural, para facilitar las interacciones. He ahí dos objetivos básicos sobre los que basculará nuestra teoría. Pero la Documentación con mayúscula, esto es, la disciplina específica que vamos a diseccionar aquí, es una supuesta construcción no ya sólo occidental sino decimonónica, y no exclusivamente decimonónica sino perteneciente a un determinado modo de comprender y actuar sobre el mundo, como propone la Epistemología positivista sobre la que se sustenta. Una disciplina occidental, decimonónica y positivista, algo muy local y producto de un proceso histórico único e intransferible que, no obstante, no dudó en acometer acciones y expediciones universales y supraculturales, muy en consonancia con las políticas coloniales de la potencias europeas, desde su mismo amanecer. No es para sorprenderse: política y Epistemología pertenecen al mismo imaginario cultural y se hallan estrechamente vinculadas. Me gustaría aclarar que la elección, por mi parte, de la denominación Documentación como objeto inicial de la discusión se debe a que ha sido y continúa siendo la expresión más utilizada e influyente en España en los últimos cuarenta años a pesar, como veremos, de su progresivo desuso exterior, aunque los elogios y críticas que a la Documentación dirigiré serán válidas, salvo comentario particular en contra, para cualesquiera otras denominaciones generales utilizadas en el mundo anglosajón, eslavo, ya sean actualmente dominantes y más generales como Information Science, o más minoritarías y específicas como Organización del conocimiento, etiqueta con la que, una vez hechas las salvedades críticas al fondo de sus discusiones y objetivos, formalmente simpatizo más. No se tratará en este EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 25 trabajo, como veremos inmediatamente, de discutir nombres, de despejar polisemias y ni siquiera de tratar las diferencias de los campos semánticos que cada uno despliegue, muchos menos de intentar ordenarlos o jerarquizarlos, para esa tarea suficientes doctores tiene la Iglesia, sino de poner sobre la mesa los daños y beneficios que la organización positivista del conocimiento inscrito ha traído a los humanos y a sus marcos culturales, junto a una lectura prospectiva del futuro que nos depara su mantenimiento y herramientas con el fin de mitigarlo y revertirlo. No se tratará, por tanto, de hacer una Epistemología de la Documentación, de una Documentación ya epistemológicamente sobrada, sino más bien de abrir debates extremos: la provocación es la única alternativa que nos queda a los inconformistas para no desmoralizarnos —dirá Sloterdijk (2002)—, ensayar alternativas posepistemológicas junto a las preepistemológicas, si accedemos a otorgar a la Epistemología tal autoridad divisoria, remover, hurgar, sacudir, irritar. No es posible mantener la mirada indolente ante un mundo simbólico cuya diversidad y extensión se reducen cada día con más velocidad que los bosques del planeta: la homologación reductora de modos de pensar y organizar los conocimientos y memorias registradas. Pero esta crítica a la Epistemología de la Documentación, no puede quedar en el mero debate deconstructivo. En las secciones finales se propondrán nuevos emplazamientos de observación, de enunciación y de resolución emancipantes, autonarrativos, solidarios, colaborativos, en relación al mundo de los conocimientos y de las memorias inscritas. Una nueva ruptura epistemológica aunque en sentido opuesto y menos Antonio García Gutiérrez 32 tos científicos y técnicos. Sin embargo, las técnicas y herramientas documentales fueron desbordadas por una tecnología, un mercado y unas fuerzas globalizadoras e hibridantes que eliminaron las fronteras entre formatos, naturaleza y contenidos de los documentos, produciendo y abarcando nuevas apariencias, ubicaciones y procedencias, hasta tal punto, que comenzó, no hace más de tres décadas, una reinvención y expansión de lo documental que no sólo implicaba una poderosa y seductora novedad basada en la ruptura que promovía la digitalidad, sino también la drástica reducción y desprecio de los soportes analógicos, la reorientación de unos soportes en papel que se resisten más de lo deseable a sucumbir frente a lo digital pero, sobre todo, a la deglución callada de los «documentos» —usemos ese reductor modo de reconocimiento por analogía—, producidos por y en otras culturas. La pregunta pertinente, entonces, sería ¿se consideran y tratan como documentos y objetos de la Documentación las inscripciones realizadas bajo otra matriz cultural o bajo otros regímenes gnoseológicos? Y la respuesta inevitable es necesariamente afirmativa. Aunque no queramos considerar las inscripciones de «los otros» como documentos, la tecnología y, por decirlo así, la Documentación, sí lo hacen, del mismo modo que la museografía positivista —otra práctica meramente occidental mediante la que imaginamos, y se autoimaginan ya, otras culturas— organiza, clasifica y reclasifica un viejo arpón esquimal, una huella de dinosaurio, un bifaz paleolítico o unos EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 33 relatos yekuana o eñepá como objetos de exhibición resignificados para el consumo de los públicos occidentales6. Del mismo modo en que la oralidad fuera violentada por las culturas escritas, la Documentación, la Tecnología y la Ciencia violentan las inscripciones de la otredad, transformándolas en observables, en documentos, en intimidades culturales sometidas a la obscenidad de la exposición ante auditorios ávidos de banalizaciones públicas y, tal vez sin saberlo o sin preocuparse por saberlo, de humillar y someter al otro al convertirlo en nuestro observable clasificado. Porque, en la Epistemología, la visión viene precedida por la clasificación. Y esto es cierto para todo modo de cognición. Pero hay diversos grados, variantes y, sobre todo, intereses de clasificación. De ahí que, como insistente objetivo de este texto y de todo mi trabajo, persiga un «modo débil» y huidizo de clasificación, que llamaremos desclasificación. He ahí la razón inicial que me impulsó a hablar de exomemoria y no de documentos, a partir del «giro antropológico» que introduje en mis reflexiones sobre la Documentación en mi trabajo La memoria subrogada. Un giro antropológico determinado por la superación de múltiples reducciones ontológicas, epistemológicas, éticas, políticas y técnicas. La reducción que implica seguir hablando de documentos, en relación a un proceso que ya se le había ido de las manos a la Documentación a favor de una voraz tecnología unificante que, tras ser deseada y alabada por una Documentación 6 Vid, a este respecto, el análisis que hace Clifford (1999) sobre la disposición y clasificación de objetos “exóticos” en los museos occidentales y, especialmente, el caso de la exposición Radmussen. Vid también García Canclini (1990). Antonio García Gutiérrez 34 incondicional y ciega a sus efectos, y tal vez por eso, a continuación, terminó por ser convertida en acompañante innecesaria, en su convidada de piedra, tenía que ser superada por una concepción mucho más amplia del universo abarcado por tales operaciones. Un universo que no sólo desbordaba lo que la Documentación entendía y definía como documento científico sino que de manera inexorable trastocaba y abría los límites de los soportes autóctonos occidentales, para los que fue diseñada, hacia el nuevo soporte digital desde el que recomenzaría el más drástico proceso de unificación y exterminio de todo tipo de soporte autóctono o alóctono. Más, también, de las culturas que en ellos se expresan y hacen posibles. Simultáneamente, las pautas y exigencias del discurso científico, que fueran objetivo inicial de la Documentación, se extrapolaron y mezclaron con los discursos técnicos, y a través de los especializados y de la rampa divulgativa, dieron un salto mortal hacia los conocimientos ordinarios, cotidianos o vulgares, según la propia adjetivación positivista. Habremos de plantearnos, entonces, varias preguntas: ¿admitiría sin sobresalto, nuestro conocimiento cotidiano un tratamiento, sin cautelas, por parte de una disciplina surgida para otro destino y destinatario? Si el conocimiento cotidiano es una fuente de conocimiento vital y gigantesca, dentro y fuera de Occidente, ¿deberíamos dejarlo fuera de su organización? Si su desorganización o no organización implica la desaparición ¿deberíamos, y en que medida, contribuir a organizarlo? Y si sólo en la invisibilidad un conocimiento puede sobrevivir ¿contribuiremos a extinguirlo mediante su forzada visibilización? Todos estos dilemas, inquietudes y sensibilidades son recogidos por los Estudios de exomemoria. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 35 Exomemoria es la denominación más amplia que he podido encontrar para abarcar todo el universo simbólico registrado por culturas pasadas y presentes, universo que, en mi opinión, es el objeto actual de una Documentación global marcada por la digitalidad. Un término simultáneamente sensible con lo que entendemos por «conocimientos» y «recuerdos» inscritos, una acumulación de registros milenarios y multiculturales casi insignificante en comparación con el incremento exponencial de los depósitos digitales, una exponencialidad producida en cada vez menor lapso de tiempo. Estaremos llegando pronto a un punto de inflexión en el que en un instante, y a cada instante sucesivo, se doblará la exomemoria digital ¿será ese cúmulo y ese crecimiento todavía un objeto abordable y de interés plausible para la Documentación o lo que entendemos por Documentación quedara abocado a inútiles pero solemnizados debates académicos? ¿de qué modo se verán reconocidas y afectadas las ciudadanías, las comunidades, los colectivos, las singularidades, las sensibilidades contra— hegemónicas, en esos debates de salón? En ese punto crucial percibo el estancamiento de la Documentación positivista y la necesidad no sólo práctica sino, sobre todo ética —pero no de principios universales de exclusiva raíz occidental— de abrirla, a costa de difuminarse y desaparecer, a la propia identidad de los discursos que suele someter sin miramientos, a ser redefinida y reapropiada por las culturas que disciplinadamente ignoró, a estar dispuesta, como lo estuviera la célebre escalera de Wittgenstein, a recibir una patada una vez que se sirvieran de ella los conocimientos y las memorias desapercibidas y subalternas. Ése es, para mí, el nuevo y único reto honorable, liberador, decente, redignifica- Antonio García Gutiérrez 36 dor y rehabilitador del servicio realizado a la humanidad, que le restaría a la Documentación. La sensibilizacion antropológica, política y ética de la Documentación traerá de la mano éstas y otras muchas preguntas que trataremos, si no de resolver, al menos de explicitar, discutir y transformar en preocupaciones posepistemológicas orientadas a remover los principios, prejuicios y modos subyacentes que, casi siempre de forma inconsciente, determinan todas las acciones humanas. Inconscientes para una Documentación de buena fe, aunque personalmente creo que no podemos desdeñar la convicción trágica de Althusser (1985) respecto a la influencia que, también sobre la buena fe, tienen las estructuras. En definitiva, la cuestión de la denominación esconde una falsa polémica cuando pretende ser llevada al extremo, ocultando el verdadero debate, que es un debate sobre posiciones epistemológicas y sobre qué posiciones ideológicas no deben desvincularse de las primeras. De hecho, en un mundo que deseamos plural, son saludables las polisemias y dispersiones manejadas con conciencia. El rigor científico no ha de confundirse con el rigor mortis. Delimitar y definir en extremo propicia más el error y la ceguera que un acercamiento ambiguo e indirecto a los objetos. Tal debate no habría de tratar, por tanto, sobre posiciones esencialistas científicas o epistemológicas, como si lo científico y epistemológico operara fuera de lo social y de lo cultural, de lo político y de lo ideológico, de lo mercantil y de lo económico. Como si el pensamiento fuera desvinculable, y desde Habermas sabemos que no lo es, del interés. En un apartado posterior, luego de tratar asuntos previos, volveremos sobre la posición enunciativa como eje central EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 37 de un debate que suele ser eclipsado por la defensa irrelevante de etiquetados, la reclamación absurda de la propiedad sobre contenidos y otras fronteras epistemológicas, más habituales de lo deseable, que habremos de impugnar. 1.2 La organización de los conocimientos en el positivismo otletiano: crítica atemperada La Documentación, lo han dicho muchos y doctos eruditos, se convierte en disciplina científica a raíz de la obra de Paul Otlet y Henry La Fontaine, avalada por una metodología, unos objetivos y una práctica sistemáticos que se verían refrendados por el imponente trabajo teórico de Otlet, compendiado en su Tratado de Documentación (1934). A pesar de que la concepción y los objetivos de la disciplina aparecen en el texto publicado por Mundaneum, casi medio siglo después de haberse iniciado la descomunal actividad bibliográfica y de política científica emprendida por aquellos dos pioneros, esto no menoscaba en absoluto la validez de su obra. Mas una validez, como toda validez, forzada a ser entendida en la oportunidad de su tiempo, de su territorio y cultura, esto es, bajo parámetros falibles y situados. La Documentación, como proyecto científico, no surge ex nihil. Ya formaba parte embrionaria de una vieja ensoñación de liderazgo europeo que aparece particularmente materializada en el proyecto enciclopédico de Diderot, pero también inspirada en el espíritu de Kant y de Hegel y, especialmente, como derivado de la doctrina visionaria de una Epistemología auspiciada por Augusto Comte (2003), y convertida en una religión Antonio García Gutiérrez 38 con iglesias, tanto en la letra como en su espíritu: el positivismo. Lo que mejor podemos valorar en las aportaciones del positivismo será, paradójicamente, lo que estaría legándonos mayores secuelas y daños. Podríamos decir que, una vez sobrevenida la modernidad humanista y expansionista, y asumida la inexorable tradición acumulativa de la ciencia —tradición que será cuestionada por la teoría de los paradigmas de Kuhn (2000)—, la aparición de la Documentación positivista no habría sido más que cuestión de tiempo. La necesidad de una objetividad a la medida y de un universalismo multidimensional, reivindicada por una ciencia europea de la época que logró colocarse a la cabeza racional del expansionismo comercial y militar del viejo continente —hasta nuestra reclamación de la calificación de vieja para Europa, hoy, no deja de ser un argumento prepotente— encontró la horma de su zapato en la construcción del espíritu positivista. El éxito inicial de la Documentación consistió en la apuesta por una Epistemología audaz y en consonancia con el expansionismo colonial europeo hacia África y Asia, incluyendo una análoga ocupación norteamericana de su Oeste, de la elaboración de un aparato teórico conceptual propio, de unas técnicas genuinas y eficaces y, especialmente, de la puesta en marcha de un instrumento de organización universal de los conocimientos (la Clasificación del Melvil Dewey y la Clasificación Decimal Universal de los bibliógrafos belgas), aplicado en sus dos versiones convergentes a ambos lados del Atlántico. La Epistemología, como vemos, no es desvinculable de una época ni de la geografía. El agotamiento de la Documentación — situación que enjuiciamos desde una posición geopolítica y ética, y no mera- EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 39 mente técnica en este momento— estribaría en las extrapolaciones que se hicieron fuera de sus límites iniciales, límites que llevaban implícita una cláusula de caducidad y extraterritorialidad: la Epistemología documentológica se aplicaría a todas las ciencias a partir de un único modelo invocado por el idealismo positivista, el cientificismo, se expandiría por todos los modos y formas de conocimiento, a partir de una única matriz cognitiva, interpretaría mediante reductora analogía como objeto cartesiano «claro y distinto» a toda forma difusa, alóctona y hasta extraña respecto a lo que inicialmente se entendiera como documento, forzando su apariencia y alcance, intervendría en la diversidad de necesidades haciéndola converger en una misma urgencia, se ensañaría con las diferentes evoluciones técnicas y tecnológicas —representativas de sensibilidades culturales distintas respecto a sus conocimientos y memorias— abocándolas a los mismos medios, aún en diferentes espacios, de depósito e intercambio y preparando gradualmente, mediante proyectos e iniciativas internacionales de normalización procedimental y tecnológica, el caldo de cultivo para la entronización del más unificante medio y, simultáneamente, espacio de conservación, interacción y contemporanismo: la digitalidad. 1.2.1 Resemantización contemporanista y neofilia La natural evolución de las lógicas y tecnologías locales fue trastocada por la sustitución sin miramientos del universalismo contemporanista occidental. Ni Otlet, ni su positivismo documentológico, lo inventaron. Mucho antes, el positi- Antonio García Gutiérrez 40 vismo, que es clave de la tardomodernidad, y la modernidad misma, ya miraban con aires de superioridad contemporanista al pasado y al resto del mundo. Paradójica etiqueta, la de Edad Moderna, que como toda neofilia no sólo se ocupó de catalogar al medievalismo como atraso e inmovilismo, sino que pronto se traicionaría a sí misma, llamando contemporáneos únicamente a sus últimos tiempos, sin reparar en que siempre hay posterioridades. Las razones que sustentan toda crítica habrán de ser fundamentadas, como en otras ocasiones y ámbitos, mediante un análisis que supere la visión reduccionista del contemporanismo y la resemantización radical que destila. De hecho, tienen fácil defensa los recursos médicos o arquitectónicos que se utilizan fuera de la cultura occidental y en otros territorios pero, sobre todo, dentro de esa misma cultura y territorio, inmisericordes y avergonzados del primitivismo de su pasado, en otras épocas y en otras eras. Una cultura neofílica del éxito y del contemporanismo que denigra cualquier recurso que no esté sujeto a progreso, beneficio, actualización7. Una cultura de orientación profundamente conservadora y que, sin embargo, propone el cambio incesante de tecnología. Mas, a mi modo de ver, un cambio tecnológico que consolida la trayectoria hacia el conservadurismo. Toda crítica epistemológica debe superar, en mi opinión, los prejuicios inherentes al espacio y, sobre todo, al paso del tiempo, en el sentido atenuante y, si se quiere, comprensivo —y hasta compasivo e indulgente, añadiría —si tales adjetivos 7 Indicadores en modo alguno neutrales, universales o absolutos.Vid el excelente ensayo de Boris Groy, Sobre lo nuevo (2005). EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 41 no implicaran cierta prepotencia por parte de quien los esgrime—, de que todo lo que los humanos de una época y un lugar determinados han dado de sí, es lo mayor —si no lo mejor— que han podido dar de sí. Las cataplasmas, sanguijuelas y mutilaciones, técnicas tan utilizadas durante siglos (incluso en la Edad Moderna europea) para sanar ciertas dolencias, salvaron muchas vidas. Tras el gran terremoto que asoló Haití, en febrero de 2010, los médicos locales y cooperantes, carentes de fármacos y tiempo, tuvieron que practicar terribles amputaciones a miles de víctimas para detener la necrosis generalizada y salvarles la vida. ¿Quién podría acusarles de ello? Seguramente las técnicas y pócimas rudimentarias no serían tan eficaces como la penicilina en el siglo XX, pero una penicilina llegada a tiempo. Por cierto que también ese fármaco tiene numerosos detractores, contraindicaciones, efectos secundarios y hace vulnerables a los pacientes frentes a alergias y nuevas patologías emergentes. Todas las invenciones, todos los conocimientos, como todas las verdades científicas, son siempre discutibles. No se trata, entonces, de rechazar la amputación, ni tampoco de darle carta blanca. Se trata de criticar situadamente. Valga la metáfora clínica para explicar y justificar inicialmente las intenciones de una mirada que centraré en las luces y sombras de la Documentación, sin dejar de lado su oportunidad, sus beneficios y sus efectos colaterales junto a la necesidad de armar una contestación y proponer alternativas. Porque todo es revisable y, muchas veces y en esta ocasión, como se verá, justificadamente revisable. Desde una concepción falibilista y pragmatista, en el sentido de Peirce, la verdad no sería un estado de certeza in- Antonio García Gutiérrez 48 ción trajo luces innegables a todos los campos del conocimiento pero, también, trágicas sombras. Las visiones holísticas y transversales del mundo se fueron relegando paulatinamente a modos de conocimiento marginal o esotérico en Europa o permanecieron ignorados o rechazados, por la mirada europea, en otros importantes focos de conocimiento milenario como China, Mesoamérica o la India. El camino hacia la obtención de la verdad, emprendido por Descartes9, se impuso en el resurgimiento de las ciencias modernas continentales y tuvo repercusiones decisivas en otros saberes y prácticas como la inspección forense, el encausamiento judicial, el periodismo, las evaluaciones educativas y otros muchos ámbitos imperceptible pero decididamente inspirados en su concepción10. El positivismo surge de una Epistemología fundada en la partición del conocimiento, siendo una de sus aportaciones esenciales, a esa misma Epistemología, la demarcación sistemática. Muy paradójico y sintomático es, sin embargo, que una Epistemología que repudia la contradicción no pueda librarse de algunas importantes contradicciones que son inherentes tanto a su lógica fundacional como a su actividad metacientífica. La obsesión en separar sujetos y objetos se sustenta en 9 En su Discurso del método, Descartes parece “elogiar críticamente” la buena intención de otros procedimientos que yerran lógicamente en su búsqueda de la verdad. Menciona, por ejemplo, la obra Ars Magna de Ramón Lull, en la que el monje mallorquín propone un peculiar método lógico– mecánico para destilar la verdad (Descartes, 2002:81s.). 10 Los mecanicistas, por ejemplo, comparaban los chillidos de agonía de los cerdos con los chirridos de las máquinas. Esta posición justificaría sobradamente cualquier espectáculo sangriento que utiliza animales –en Roma se utilizaban esclavospara la diversión masiva. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 49 el principio de obtención de verdades objetivas, esto es, en la convicción de que, independientemente del observador, existe una metodología científica que garantizaría resultados y conclusiones universales. Las perfeccionadas prácticas de demarcación positivista explicarían la calurosa acogida que darían al positivismo los Estados modernos, especialmente los fundados o refundados a lo largo del siglo XIX. Singular mención habría que hacer al caso de Brasil, país que mutiló su rica realidad multicultural en la medida que, al tiempo de proclamar su independencia colonial de Europa, se entregó a la colonización del positivismo europeo hasta el punto de colocar en su bandera uno de los más famosos lemas de la iglesia comteana: «orden y progreso». Mas ésta es una constante de los procesos de descolonización: los países emergentes adquieren independencia política pero no epistemológica lo que, a la postre, será un grillete mucho más pesado. Por otra parte no se explicaría, mas que como producto de la retórica política, por qué los países que abrazaron incondicionalmente la doctrina racionalista o empirista del objetivismo serían tan proclives a la defensa a ultranza de una «ciencia nacional» y, de hecho, apostaron por un conocimiento hecho en casa e indiferente, ya, a la existencia de una metodología universal independiente del enunciador. Una subjetividad colectiva creciente y alentada desde los poderes sublevados contra la monarquía, la burguesía o las metrópolis, propició la eclosión de la conciencia nacional, constructo cultural que iría filtrando los niveles más profundos de nuestra matriz cognitiva y, finalmente, adaptando y adaptándose a la incombustible y versátil —propiedades compartidas por el capitalismo—, Epistemología positivista. Una Epistemología universalista siempre Antonio García Gutiérrez 50 manipulada en beneficio de intereses nacionales y situados. Advierte Will Kymlicka (2006), sagaz politólogo canadiense, que no sabemos pensar sin el concepto de frontera. Y esto es particularmente evidente en las cosmovisiones y en las posiciones epistemológicas que parten de una matriz cognitiva y cultural aparentemente contrarias a la desfronterización del mundo, esto es, universalismo e internacionalismo. Mas la colocación de marcas y el tendido de cercas, la demarcación, surge por doquier y no sólo en los espacios físicos. Hemos visto fronteras en la concepción moderna del tiempo: un pasado vergonzante que ha de ser superado por un presente que apenas deja rastro en su desenfrenada carrera hacia el futuro. Divisiones aberrantes de los periodos en los que concebimos y clasificamos las eras históricas mediante fronteras temporales insostenibles. Divisiones sangrientas entre religiones monoteístas irreconciliables que insisten en ser las genuinas y únicas verdaderas, mientras no dejan de repetir rituales, liturgias o anécdotas que no pueden proceder más que de una mutua influencia e interacción de relatos. Hasta vestigios de conveniente complicidad represora se intuyen bajo el estratégico desencuentro religioso. Absurdas defensas de valores generacionales para un concepto demarcado, el de generación, que no resiste ni una sola pregunta acerca de sus límites o de sus esencias11. 11 ¿Qué comparten los miembros de una supuesta generación?, ¿sólo la misma edad?, ¿los mismos principios y sueños?, ¿la misma estética, la misma música, la misma indumentaria, los mismos temores, la misma miseria? A la vista de todas las variables y matices que intervienen en la concepción de generación, personalmente no me adscribo en exclusividad a ninguna y, en régimen compartido, a una multiplicidad de ellas lo que, en consecuencia, invalidaría operar, epistemológicamente, con ese concepto como con otros muchos de aparente rigor. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 51 También surgen fronteras del universalismo, toda vez que lo universal no sería más que la proyección unilateral de una sola cultura local hipertrofiada, distorsionada e irreconocible para sí misma en, cada vez, menores lapsos de tiempo, hacia millares de culturas y posiciones molestas y siempre desconsideradas y clasificadas desde un universalismo particular. La propia construcción de la palabra universal ya nos advierte de la tamaña contradicción que su morfología filtra a través de su prefijo uni-. Universal no sería más que lo que uno considera como válido para todos, usualmente sin conocer la opinión de los demás. Mas al ser lo universal un concepto imposible, el más fácil blanco del nominalismo, pues no existe un ser fuera del mismo que pudiera enunciarlo con solvencia y credibilidad, lo universal no será otra cosa que la más absurda excusa de la dominación para legitimarse fuera de su lugar de nacimiento. Aun no siendo nada convincente, es preferible el sigilo menos cínico de lo internacional. De hecho, los principales organismos internacionales no ocultan en su propia denominación lo que es una evidencia: «Sociedad de Naciones» en el periodo de entreguerras y, posteriormente, «Naciones Unidas». Lo internacional implicaría, para una visión ingenua, algún tipo de cesión nacional a favor de los intereses supranacionales del conjunto. Mas no sólo en la construcción del vocablo «internacional» sobrecoge la presencia abrumadora de lo nacional, sino que especialmente en lo internacional se evidencia la dejación de lo internacional mismo en favor de lo nacional. Es decir, que lo internacional no dejaría de ser la confluencia de los intereses nacionales en un foro en el que todas las fronteras se atribuyen y confirman recíproca y simultáneamen- Antonio García Gutiérrez 52 te, al menos, los espacios que cercan si es que no lo usan para reclamar nuevos espacios que anexionarse12. El internacionalismo no es más que el subterfugio de lo nacional para legitimarse fuera de sus fronteras, un falso espíritu de diálogo que acecha en silencio la debilidad del otro para colonizarlo, al menos epistemológicamente. Pues la voracidad que lo nacional ha de practicar hacia sus adentros es proporcional a la que debe desplegar hacia sus afueras. Un gigantesco depredador que, desprovisto de la compasión del Angelus Novus de Paul Klee y Walter Benjamin, se remonta sobre su presa agonizante listo para asestar un nuevo golpe al pensamiento libre. Así, el perverso ardid de lo internacional consistió en la hipocresía de hacer pasar un multinacionalismo inmutable por una instancia plural y transversal, una instancia que habría de ser cosmopolita y, por tanto, plenamente contranacional o posnacional. La concepción política de lo nacional y de lo internacional confunde y comparte el concepto de frontera también con la Epistemología. Aunque la frontera no la inventa la modernidad, pues el sentido del límite de zona ya existe en los homínidos y en muchos animales, con la modernidad se sistematiza y, lo que es peor, se racionaliza su justificación. Así, de una actitud hostil pero natural y espontánea a defender el territorio por parte de animales, homínidos y sapiens, el humano moderno crea conceptos como raza, diferencia, cultura y, en 12 Lo nacional sería, así, otra concepción utópica como la de generación pervirtiendo sus sentidos originarios (cuando nación, cultura, identidad y territorios coincidían) al haber sido absorbida por el orden estatal y pulverizada por el orden económico transnacional. Lo nacional (como lo identitario y lo cultural) se reduce, hoy, a una estrategia retórica de lo nacional. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 53 nombre de ellos, de conceptos y no de hechos, se apresta a crear divisiones, disyunciones y apartheid donde nunca los hubo. Lo internacional contemporáneo, no obstante, da un paso más al frente, tras tantos años de roces fronterizos en foros e instancias internacionales que, en el sentido estricto del término, no eran más que multi-nacionales (y, a veces, tan sólo multi-estatales), dejando brotar un genuino imaginario de lo internacional, un lenguaje y una cosmovisión que ya no son plenamente nacionales pero tampoco cosmopolitas. Se trataría, no obstante, de un embrión metarretórico necesitado pero no querido por lo nacional y que, ya vivo, no representaría a patria alguna, tampoco a colectivo alguno, más que a sí mismo. A pesar de estar en el mundo, sin embargo, su existencia no tiene sentido sin el cordón umbilical de lo nacional que lo alimenta y permite vivir. Es por ello, por lo que la invocación de lo supranacional suena posnacional o anacional y podría ser suspendida tan pronto como una sola instancia nacional se sienta incómoda con la apelación, y las demás instancias nacionales, aun las enemigas y desde posiciones discrepantes, compartan los argumentos de la irritación en el lugar común de lo nacional y en el discurso de la no injerencia. A cualquiera de ellas le podría ocurrir lo mismo. Pero la frontera territorial y política es algo más que un ejemplo. Se trata de una especie de metáfora invertida, muy usual en la vida cotidiana, pues trasciende su phoroi dando carta de naturaleza y validez plena a la imagen que fuera tomada como analogía. Por tanto, será difícil averiguar, aunque apostaría por la segunda posibilidad, qué ocurrió primero en el mundo antrópico: si apareció antes la frontera territorial o la fron- Antonio García Gutiérrez 54 tera ontológica. Tal vez, por llevarnos la contraria, el logos instala el automatismo de la partición adosado a la necesidad de totalización y viceversa, como movimiento de la dialéctica hegeliana. Así, apenas particularizamos, sobreviene la necesidad de generalizar para hacer tal particularidad creíble, estrategia generalista podríamos llamar a ese vector inevitable de nuestra matriz cognitiva, del mismo modo que nos vemos obligados a particularizar, apenas nos sentimos deambulando entre vaguedades. Tal dilema también fue recogido por la Epistemología, decantándose «territorialmente», en más ocasiones de las deseables, por posiciones analíticas o empiristas de acuerdo a la ubicación nacional o regional del pensador. Una especie de contagio o solidaridad automática ha inoculado también la historia de la Epistemología, de modo que el espíritu nacional tendrá mucho que decir sobre el espíritu absoluto. Vemos, así, como tiempo y espacio particulares forman parte constituyente de lo epistemológico. Un impulso centrípeto de la mente humana tiende a purificar ontológicamente sus dominios en tanto que otro centrífugo se apresta a parcelar los territorios contiguos. Y esto ocurre porque es condición de nuestro conocimiento el reconocimiento. Del mismo modo que el Marco Polo de Umberto Eco (1999) confundió al rinoceronte asiático real con las imágenes dibujadas de un unicornio mitológico, la gravitación sémica del estar en posesión de un cuerno dominó a cualquier otra analogía posible. Los nuevos espacios que «conquista» nuestra cognición son divididos y nombrados en función de nuestros depósitos cognitivos previos. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 55 El impulso de clasificar, y de nombrar inmediatamente lo invadido y cercado con denominaciones propias o ridículamente adaptadas, como Nueva Granada o Nueva Gales del Sur, no sólo se presta al juego geopolítico. Mucho antes ya formaría parte de nuestra concepción ontológica del mundo, una concepción particionista creciente, propulsada y legitimada tan increíble y torpemente, por la Ilustración, por las Luces, por la era de la Razón. Pero seré fiel a mi propósito: todo ello tuvo sentido situadamente. El sinsentido sólo sería producto de la mentalidad dominante que quiso y llevó a cabo su extrapolación a otros espacios y su perpetuación en el tiempo. De ese modo, la concepción positivista del mundo no surge de la nada, sino más bien de un estado de cosas, una progresiva construcción ontológica y epistemológica de las cosas, que favorecía un modo de pensar el mundo y repudiaba otros, avalada por una cosmovisión que encontraba en la conquista, en la imposición, en la sustitución o en la usurpación, los conceptos —aun con otras palabras más amables— que daban pábulo a las prácticas y modos de relacionarse metonímicamente con mundos contiguos que sólo podrían ser entendidos metafóricamente. Bajo el positivismo no sólo surgieron las ciencias sociales y humanas, o mejor, las «ciencias sociales» versus «humanidades», habida cuenta de la nefasta división practicada en la mayoría de los «catálogos» de «disciplinas» «científicas» «nacionales» e «internacionales» sino que ambas fueron objeto de la masacre ontológica, epistemológica y metodológica de las «ciencias naturales». El catálogo de las ciencias, fundado en la lógica dicotómica de Porfirio, descendería hasta las Ciencias de la Documentación, sean éstas subordinadas o supraordenadas Antonio García Gutiérrez 56 respecto a la Archivística y a la Bibliotecología, o cualesquiera que pudieran ser sus alternativas nominales. Sin pudor alguno, y a veces con un respetable sentido de la contradicción, la Documentación se adscribiría, según su ubicación nacional, al catálogo de ciencias sociales, en otros, al de ciencias humanas y en un último sincretismo, tendría una adscripcion múltiple13. Esta clasificación científica de la Documentación adquirió una importancia trascendental no sólo para una deseable evolución mestiza de la materia o su inexorable estancamiento en sí, sino especialmente para el desarrollo del grupo humano que en el ámbito científico o profesional, para bien o para mal, se ha venido haciendo cargo de ella. Decíamos que un impulso irrefrenable de purificación ontológica ha determinado, no sin cierto nivel de reciprocidad, las prácticas de partición del conocimiento junto a las particiones estatales/nacionales, de modo que podríamos hablar y, de hecho se habla hasta con orgullo, de una ciencia nacional, de fronteras de las ciencias, de ciencia española y hasta de Documentación nacional. Veamos a continuación, no sin indulgencia y comprensión del «espíritu de la época», algunos rasgos de la «Documentación española», una disciplina academizada en los años setenta y cuyos fundamentos patronizaron el arraigo de una sóla concepción documental en España estableciendo las condiciones para una acelerada evolución paradigmática sin resistencias: - La ausencia de un debate epistemológico suficiente y plural en el ámbito relacionado con la organización del cono13 Incluso con pretensiones de formar parte de una Ciencia de la Ciencia. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 57 cimiento, en un país sin tradición científica fuerte, general o especializada, ni capacidad dialógica, facilitó la importación sin trabas ni aranceles de paquetes epistemológicos cerrados. - La delimitación artificial de la disciplina Documentación respecto a otras afines, marcando unas fronteras y cometidos que el futuro, la profesión y las tecnologías han desmentido con el tiempo. - La insistencia en el término «Documentación» y todos sus derivados: documento, documentalista, centro de documentación, teledocumentación, lenguajes documentales, que la escuela filial española del pensamiento documentológico posotletiano instalado, en la época, en organizaciones como la Unesco y dominado por autores como Briet, Van Dijk y Van Slype, Chaumier o Maniez, unos autores que tampoco eran los representantes de la única Documentación posible, pues simultánea aunque más silenciosamente, surgían otras corrientes mucho más fecundas, y de escasa repercusión en España, como la encabezada por Jean Claude Gardin y sobre la que volveremos más adelante. - Mientras en España se insistía a lo largo de los años setenta y ochenta en una concepción de Documentación heredada de los precursores belgas, y del posterior funcionalismo economicista y tecnicista francés, en la propia Francia y la francofonía se comenzaba a privilegiar el concepto de Información, así como en el resto de Europa y, espe- Antonio García Gutiérrez 64 jan abiertamente con usos discursivos y prácticas culturales, como la K.O./Documentación y la identificación tecnicista, nada sutil, de los medios como fines, era de esperar que la Epistemología positivista se aferrara en nuestros estudios. Por otro lado, un sector tecnológico cada vez más interesado en uno de los objetos de investigación estrella para la organización del conocimiento, la recuperación de información, iría relegando las aportaciones del área a meras comunicaciones de congresos de escaso impacto en la industria de gestión del conocimiento. Ya pude constatar este hecho cuando, trabajando como evaluador de proyectos científicos en el V Programa Marco de la Unión Europea en los años 1999 y 2000, y concretamente en el sector de Sociedad de la Información y en líneas de acción como bibliotecas virtuales y depósitos digitales, los colegas con quienes cotejaba, en consensus meetings, la triple revisión ciega que se hacía sobre todos los proyectos de investigación presentados, adjudicaban una alta valoración a las innovaciones tecnológicas de los proyectos en tanto que desestimaban indicadores cuya ausencia era, a mi juicio, clamorosa. Me refiero, por ejemplo, al hecho de valorar la innovación puramente tecnológica muy por encima de la innovación organizativa, los aspectos y valores sociales, éticos, culturales16, educativos y emancipantes del proyecto. Un proyecto de nuestro campo de estudios, por lo tanto, tendría más posibilidades de obtener subvención europea si aportase una mínima innovación tecnológica que si propusiese toda una revolución organizacional de un campo del conocimiento o unos principios de 16 Un análisis de los indicadores neoliberales de la política científica europea sobre la memoria en García Gutiérrez (2003) y en la revista digital Grhehb (http://revista.cisc.org.br/ghrebh7/). EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 65 ética discursiva aplicados a la construcción de las memorias registradas de las culturas marginales europeas (García Gutiérrez, 2003). Y, por lo que se desprende de los sucesivos Programas Marco, parece que las cosas se han perfilado todavía más a favor de la tecnología y en detrimento del discurso ético y político que impera en toda operación con el conocimiento. Naturalmente, esta fuerte corriente global, junto a una última razón que veremos inmediatamente, coloca cargas de profundidad en la moral y el impulso de investigadores de la organización del conocimiento que, comprensiblemente, podrían hacer suya aquella amarga ironía de Unamuno: «que investiguen ellos». En gran medida abandonada o vista desde fuera como un inútil estertor, la investigación en recuperación documental es hoy abanderada por las gigantescas corporaciones telemáticas que controlan los buscadores globales, encabezadas por Google. La última y poderosa razón, de esta marginación creciente de la Documentación y de la Organización del conocimiento, vino de la mano del sector tecnológico. Las empresas de tecnología punta tomaron la iniciativa de la investigación IDI en el sector de los buscadores, que durante quince años habían progresado en velocidad pero no en precisión, en exhaustividad pero no en relevancia, reclutando investigadores de diferentes áreas que, supuestamente, pudieran realizar aportaciones aplicadas a la recuperación de información en lengua natural. Y, para ello, volvieron la mirada a la Ingeniería de Sistemas, a la Lingüística, a la Lógica e incluso a las Ciencias cognitivas, ignorando en gran medida las preocupaciones que sobre el tema siempre mantuvieron y mantienen los teóricos y los profesionales de la organización del conocimiento. Antonio García Gutiérrez 66 La investigación puntera en web semántica no procede del área de la organización del conocimiento. Tanto la Wolfram Alpha, por ejemplo, un buscador ideado por el físico británico Stephen Wolfram, como proyectos de la industria telemática española que no se le quedan a la zaga en innovación, como el buscador inteligente Ishmov —en homenaje a Isaac Asimov— desarrollada por la empresa El molino de Ideas, una herramienta que aprende e incorpora conforme es utilizada por los usuarios, o Ashmera, un analizador morfológico y semántico que rehabilita y actualiza en gran medida el eslabón perdido de los sistemas expertos de hace treinta años. Los resultados de tales investigaciones ni siquiera son enviados para su revisión y publicación a revistas científicas del área de la organización del conocimiento. Los medios de impacto solicitados para dar visibilidad a tales prototipos serían las revistas de Ingeniería de sistemas y de Lingüística computacional. He citado tan sólo algunos ejemplos indicativos. La tendencia tecnicista de la ocupación epistemológica y científica de la organización del conocimiento no dejará de agudizarse en la medida en que el mercado, de la mano de políticas científicas liberales, no vea en la digitalidad más que una «oportunidad de negocio». Ante tales expectativas ¿qué opciones epistemológicas, teóricas y prácticas le restarían a nuestros estudios? 1.3 Cinco reducciones. Veamos cinco reducciones derivadas del lugar de enunciación que nos proporciona y al que nos somete la Epistemología y que, en mi opinión, deberían ser superadas por el des- EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 67 plazamiento transformador y descolonizador que propondremos más adelante: 1.3.1 Primera reducción: la razón clasificatoria Una de las herramientas fundamentales de la cognición humana, catapultada por el positivismo, es la clasificación. Su Epistemología inaugura un metadiscurso en el que la taxonomía es una herramienta transversal e insoslayable para todos los discursos emanados de las ciencias que responden a su sistema gravitatorio. Y, finalmente, nos vemos ante unas disciplinas positivistas —Biblioteconomía, Documentación, Archivística— cuyas técnicas se ocupan de la gestión y organización del conocimiento científico y administrativo en una primera instancia para, en instancias posteriores, lanzarse sobre todo tipo de conocimiento. Usemos la argumentación lógica, aplicada sobre el asunto clasificatorio y ya situados en las disciplinas y prácticas positivistas que organizan el conocimiento, con el fin de disponer de un argumento definitivo para efectuar el salto posepistemológico a la desclasificación: – Todo sistema clasificatorio unificante maneja conceptos cerrados pues, de ser abiertos y difusos, la lógica profunda del sistema no sería sostenible (cfr 3.9). Mas los conceptos cerrados no pueden ser cabal ni definitivamente definidos por lo que su cerrazón es tan sólo aparente, voluntarista, inútil. Conceptos tan usuales como cultura, identidad, nación, comunicación, información, generación, sociedad, Antonio García Gutiérrez 68 justicia son atravesados por sentidos que los mantienen abiertos, flexibles, interpretables, actualizables. Otros conceptos más polémicos como terrorismo, violencia, aborto o libertad sólo podrían ser cerrados por una posición ideológica que, como medida para su cierre, se aplique a silenciar a sus detractores. Los conceptos son rígidos y engañosos cuando se refieren a nociones abstractas pero, en muchas ocasiones, también lo son cuando designan objetos. – Con estos conceptos cerrados construimos árboles cognitivos y jerarquías, estructuras y sistemas, y alimentamos las prácticas de una clasificación unívoca basada en una lógica binarista que obliga a demarcar y oponer los conceptos ¿cuánto mundo y sensibilidad se escapará entre los dedos de una clasificación organizada en torno a conceptos cerrados? – Si el mundo es formado por flujos de interacción constante y actualización dinámica, difícilmente podrá ser representado por definiciones y oposiciones estáticas y simples. – Tal condición invalida y, desde luego, resta credibilidad a las actuaciones y resultados esenciales de las disciplinas positivistas clasificatorias aludidas, salvo para satisfacer al discurso de poder científico o político, discurso a partir del cual se reproducen las taxonomías. Los sistemas de clasificación deslegitimables basarían su procedimiento en tres fases: EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 69 1) en la selección de conceptos unívocos y unisémicos, unos conceptos desarrollados mediante definiciones explícitas o implícitas tan cerradas como innecesariamente precisas (esto es, sesgadas), 2) en la agrupación de tales unidades conceptuales mediante una afinidad jerárquica o relacional fundamentada en la exclusión, esto es, en la oposición dicotómica a partir de una única lógica dominante y 3) la expansión del inventario conceptual hacia un sistema en función del régimen inductivo o deductivo elegido. Si el modo es inductivo, a partir de los conceptos cerrados se irá configurando una estructura inmanente de categorías cerradas. Si es deductivo, a partir de una plataforma de categorías trascendentes se irán desarrollando las cadenas descendentes. El problema no reside en la elección del método de organización sino en el hecho de que, sea cual fuere el procedimiento, estará alimentado por una sola cosmovisión negando, por tanto, todas las demás. Algunas ciencias positivistas que podríamos considerar molares, por emplear la calificación de Pierre Levy (2000), hace ya tiempo que dieron el salto epistemológico hacia el espacio molecular, el espacio de lo singular, de lo sensible, de lo individuado, espacio distinto del pretendido por el mercado capitalista y los medios digitales al promocionar el «customizing», la personalización, una suerte de cínico interés por un sujeto—cliente que no obedece más que a estrategias de marketing. No es lo mismo sujeto individualizado, una falsa exclusividad en lo masivo, que sujeto individuado, reconocimiento del valor de las singularida- Antonio García Gutiérrez 70 des. ¿Por qué la organización del conocimiento no habría de dar pasos moleculares en ese mismo sentido? 1.3.2 Segunda reducción: la razón analógica Según relata Umberto Eco, en el que en mi opinión es su mejor trabajo sobre teoría de la percepción y con repercusiones que no pueden pasar desapercibidas por los estudiosos de la clasificación, Kant y el ornitorrinco (1999), los zoólogos británicos se tomaron buena parte del siglo XIX para debatir acerca de cómo clasificar al ornitorrico, un simpático animalito descubierto por la biología occidental en Australia y Nueva Zelanda por los colonizadores. Los aborígenes ya conocían el descubrimiento desde hacía milenios y nunca tuvieron discusiones acerca de su ubicación zoológica. El ornitorrinco posee pico de pato y pone huevos (ave), tiene una peluda cola y extrañas glándulas mamarias (mamífero), repta y tiene garras (reptiles), además de pasar la mitad de su vida en el agua donde caza y consigue su sustento (anfibio). Tras arduas discusiones, los mastozoólogos arrimaron el ascua a su sardina y llegaron a la conclusión de que el animal, y de acuerdo a sus rasgos evolutivos dominantes, debía ser considerado mamífero. Repárese que ser mamífero ya impone una cierta posición privilegiada en la animalidad. Tuvieron que elegir y eligieron esa taxonomía aunque ¿cómo explicar, entonces, el espinoso asunto de los huevos y el pico? Algunos zoólogos —relata Eco— realizaron comentarios extravagantes respecto al ornitorrinco como, por ejemplo, respecto a su posición en el esquema zoológico: mamífero con EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 71 partes de otros animales o una mutación excepcional. Recientes hallazgos muestran que el ornitorrinco pertenece a una especie que camina hacia atrás, hacia su involución, desde hace millones de años por lo que, de existir dentro de otro puñado de millones de años, pudiera ser que abandonara su título de mamífero para devenir otra cosa ¿anterior? Eco, en el mismo lugar expone, confrontando las categorías formales kantianas con la terceridad peirceana, cómo a través de los mecanismos de reconocimiento se reproducen las taxonomías, tomando el célebre ejemplo de Marco Polo cuando al ver por primera vez un rinoceronte asiático en su camino hacia el Este, lo clasificó como unicornio por su parecido con un conocido animal que, por otra parte, no existió más que en narraciones y pinturas mitológicas que, seguramente, el propio Polo tuvo ocasión de conocer en Venecia. En el mismo tono, la antropología física positivista inspirada en la tipología kantiana de las razas se aplicó a definir y clasificar estas «subespecies» humanas sin reparar en el hecho de que ni los blancos, negros y amarillos responde a esos colores de la paleta, ni en que no hay un pigmento de piel en un sujeto que sea idéntico al de otro lo que, como mínimo, rompe un riguroso principio que habría de cumplir la más elemental taxonomía. Esa misma objeción podría interponérsele a cualquier clasificación cerrada de la cultura pues no hay sujeto que acumule el mismo bagaje simbólico que otro. Por tanto, manejar categorías culturales ordenadas por nacionalidad, cronología o pertenencias es un ejercicio que distorsiona la comprensión del mundo aunque no por ello impedimos la distorsión. Antonio García Gutiérrez 72 El inventario de casos, naturalmente, es indefinido. Tanto que el número de excepciones se convertiría en regla. Algunas civilizaciones y culturas, por ejemplo subculturas no necesariamente territoriales como la científica, se han especializado en clasificar, en elaborar listas de tópicos que han de cumplir los clasificados, a sabiendas de que la inclusión de todos los sujetos u objetos bajo una misma categoría suele ser forzada o la categoría termina estallando ante la presión interior o por la propia dinámica del mundo inquieto que pretende subordinar. Fuera del ámbito científico, los debates nacionales y culturales caen constantemente en el mismo error aunque, después de Hitler, pocos se han atrevido a publicar la lista de requisitos psicofísicos que deben satisfacer los sujetos que pertenecen a una nación, una cultura o una comunidad dadas. La política científica que conocemos se empeña en catalogar las disciplinas como si fueran fragmentos de un immutable puzzle, la política educativa clasifica y hace estanco el aprendizaje, hasta los Conservatorios son fieles a su nombre momificando una visión de la música, clasificando otras manifestaciones en función de inalterables patrones clásicos e impidiendo el libre flujo heurístico que alguna vez hizo posible esa misma música17. 17 Tanta perplejidad produce el término Conservatorio de Música como Facultad de Bellas Artes y muchos otros que, sin embargo, brotan sin sobresaltos en el lenguaje. Pero los significantes, como se sabe, nunca se conforman con significar: siempre reivindican y trasladan, al presente, imaginarios, objetivos y fijaciones de los contextos y situaciones para los que fueron creados. En el caso de la música es curioso que los discos y contenidos de unos pocos géneros occidentales sean llamados y clasificados por sus nombres: jazz, hip hop, flamenco, bosanova, en tanto que millares de piezas africanas, asiáticas o latinoamericanas sean reconocidas y exóticamente etiquetadas bajo la generalidad opacante de música étnica. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 73 En el mismo sentido, los medios clasifican unos acontecimientos que ellos mismos construyen (llamándolos realidad), los buscadores de internet nos servodirigen sutilmente mediante índices aparentemente asépticos y, como mímesis perversa, nuestra vida no profesional se organiza en torno a valores propios del trabajo. En lo que concierne a nuestro campo de estudios, las bibliotecas, archivos y museos nos muestran el mundo a través de clasificaciones y disposiciones que ¿ingenuamente? se declaran apolíticas y meramente técnicas. Como si alguna técnica no partiera de una decisión política subyacente, al menos, de la decisión de llevarla o no a cabo. Catalogar, clasificar, separar, incomunicar: he ahí algunas palabras claves de nuestra civilización clasificatoria. A la vista del panorama que nos trae la clasificación tendríamos, entonces, que preguntarnos ¿qué resortes nos impulsan a esa clasificación desenfrenada? ¿qué beneficios nos reporta clasificar el mundo de ese modo? y, sobre todo, ¿qué puede hacer al respecto nuestra teoría? A la primera pregunta contestaría, probablemente de manera satisfactoria, la teoría psicológica de la disonancia cognitiva. En el segundo capítulo, no obstante, ensayaremos un tipo de hipótesis precultural sobre la concepción de límite. La segunda correspondería a un debate político y ético que no sólo no eludiremos en modo alguno en este libro sino que será esgrimido como cimiento fundamental y, la tercera, precisa la respuesta posepistemológica y teórica que, recogiendo una posición ético-política, ofreceremos en los dos últimos capítulos. Antonio García Gutiérrez 80 no supo absorber ni socializar en sus totalidades dicotómicas múltiples elementos que quedaron vagando fuera de ellas, negados por ellas, y que, mediante su sociología de las ausencias, se han de recuperar y de dar voz propia: «¿qué existe en el sur que se escapa a la dicotomía Norte/Sur?, ¿qué existe en la medicina tradicional que escapa a la dicotomía medicina moderna/medicina tradicional?, ¿qué existe en la mujer que es independiente de su relación con el hombre? —y termina Santos con una pregunta que, a mi juicio, es afirmación tajante— ¿es posible ver lo que es subalterno sin tener en cuenta la relación de subordinación? (ibíd.) Seguramente el poder de nuestro lenguaje fue posible gracias a la dicotomización del mundo pero con esa herramienta el mundo sufrió pérdidas irreparables de modo que, aun queriendo ser notario privilegiado y guardián del mundo, el lenguaje dicotómico sería su principal verdugo. Tras las dicotomías, que brotan espontáneamente en las alusiones menos sospechosas de simpleza, nos llega un orden lógico aplastante basado en esta especie de gen dicotómico que, por discrepar con Santos, pienso que no es exclusivo, ni mucho menos de la cultura occidental, más bien es necesario en cualquier cultura o personalidad que alumbre la dominación y la expansión. Pero en nuestra cultura, la dicotomía es al lenguaje lo que el átomo a la materia. Y tal orden impregnó moral y ética occidentales: bueno/malo, el derecho: inocente/culpable, la política: a favor/en contra y hasta la tecnología digital: 1/0. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 81 Organizar la totalidad del mundo por pares, y por pares opuestos con un orden no neutral en la posición, no sería ya más que una operación sencilla y cotidiana. Estructura de apariencia compleja, desde un ministerio a una red neuronal, pasando por un juego infantil, se fundamenta en la misma composición atómica: la dicotomía. El placer facilón de la dicotomía propicia una adicción general a la dicotomía de modo que todo queda ordenado y opuesto y, los sujetos, siempre son forzados a elegir uno de los extremos del par: en una escena del excelente, duro y poético film XXY (un título cromosómico sin la altura poética de su contenido)18, de Lucía Puenzo, su protagonista Alex —una adolescente de quince años, clasificada como intersexual o hermafrodita por las taxonomías médicas—, es interpelada por su padre (un sobrio Ricardo Darín) a la luz de la violencia psíquica y física que sufre la niña para averiguar cuándo querrá someterse a la cirugía que elimine una de sus dos sexualidades y qué sexo elegirá, masculino o femenino: ¿y si no hubiera nada que elegir? le respondería, eligiendo, Alex. 1.3.4 Cuarta reducción: suplantación utópica del otro A la luz de las consideraciones hechas sobre la Documentación, en su sentido abierto y posepistemológico, como un genuino derecho humano a la gestión, promoción e intercambio de los propios conocimientos y de la propia memoria registrada, se evidencia que hablamos de la exomemoria en térmi18 XXY, Argentina, 2007 película realizada por la escritora y directora cinematográfica Lucía Puenzo. Antonio García Gutiérrez 82 nos de justicia social. John Rawls, en su controvertido trabajo sobre la justicia (1997) llevó a cabo un experimento teórico establecido a partir del concepto de posición original. Se trataba de que los seres humanos fueran despojados de sus posiciones sociales, económicas y culturales a la hora de dar su opinión sobre el sistema más justo y conveniente para la especie humana, opinión que, naturalmente, estaría desprovista de sentido y validez si todos hablamos desde nuestra particular e intransferible tribuna. En efecto, no ya la subjetividad sino nuestros roles sociales establecen aspiraciones, imaginarios, sensaciones y proyecciones que no sólo reorientan constantemente la visión de nuestro mundo sino, especialmente, la que tenemos de los mundos ajenos. Las recientes experiencias, tan de moda en el actual mundo televisivo, de vivir como mendigos, alcohólicos, prostitutas o drogadictos, cuando no como indígenas amazónicos o desheredados de favelas, no son más que exitosas parodias llevadas a cabo por acomodados y ambiciosos reporteros o personajes de la farándula para conseguir popularidad pero sin el menor atisbo de realidad. No es necesario hacerse pasar por uno de ellos para transmitir el dolor incanjeable de ciertos mundos. El intercambio de roles será, para Baudrillard (2000), un intercambio imposible, como imposible resulta todo canje discursivo que no cuenta con una medida aceptada por todas las posiciones en litigio. A ese fiel de balanza metadiscursivo, lo llamaría Jean François Lyotard (1999), diferendo. Meterse en la piel del otro es un inútil ejercicio de teatralización mediática, seguramente con incrementos de audiencia que están más en función del famoso que parodia que del miserable parodiado. EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 83 De hecho el parodiado, y el mundo que representa, será eclipsado por el sufrimiento y la alegría de un famoso que sólo sabrá interpretarse a sí mismo sin el menor esfuerzo de adaptación simbólica ni estructural, como prevé la más simple observación participante, o tener en cuenta la suspensión del yo que exigiría la experimentación real del ejercicio teórico que propusiera Rawls. La imposibilidad de opinar sobre qué es lo que más conviene a la especie humana, en términos de justicia social, se deriva de la imposibilidad de desprendernos de nuestra posición empírica pero en absoluto esta utopía menoscaba la lección que debe extraerse de tal teorización de la justicia: el reparto de bienes materiales y simbólicos es absolutamente aleatorio y arbitrario. Todos nacemos provistos de una herencia cultural y económica y, por lo tanto, nadie está capacitado para opinar lo que más conviene al otro, sino el otro mismo. Esta afirmación, a pesar de su apariencia, no es nada relativista. El problema es que, sin la menor inquietud teórica sobre qué elegiríamos antes de saber que nos tocará en suerte, nos pasamos la vida haciendo juicios sobre lo que conviene al otro subalterno, en el fondo, porque el otro somos nosotros cuando osamos inútilmente canjearnos por quien jamás osaría situarse simbólicamente en nuestro lugar. Como solía recordar Lévi-Strauss, ellos son nuestros salvajes pero no pueden decir lo mismo de nosotros, advertencia especialmente pertinente en el sensible territorio de los conocimientos y de las memorias, que nos ocupa. El otro es quien mejor sabrá el conocimiento que le conviene a sí mismo y a su cultura, aunque sólo sea por instinto de supervivencia simbólica. No se trataría, entonces, de que desde un lugar de Antonio García Gutiérrez 84 enunciación distinto se decida y apliquen las decisiones sin contar con el otro, extremo de un positivismo filofascista, y ni siquiera de formular preguntas para simular al otro mediante sus respuestas (salvo, con extrema sensibilidad y cautela, en la heteronarración de los ausentes), sino de hacer que el otro, hayan sido su visibilidad y aterrizaje en nuestro tecnomundo voluntarios o forzados, tenga herramientas suficientes para tomar sus propias decisiones. En consecuencia, dar o devolver su propia voz a quienes no la tienen o les es negada, una vez incorporados al escenario digital global, es la respuesta más justa y digna que podemos elaborar a partir del argumento de la distribución arbitraria del mundo. Una superación de la Epistemología mutilante pasaría por aceptar, promocionar e incluir al otro como legítimo y necesario enunciador en nuestra posición enunciadora. Un otro a través del cual no hablamos, ni necesitamos simular. Un otro que ocupe nuestro lugar y, como bienvenido y saludable ejercicio, provisionalmente nos desplace. 1.3.5 Quinta reducción: la razón digital No hay cultura disociada de una tecnología. Del mismo modo, todo cambio cultural va acompañado de un cambio tecnológico. Algunas veces es la innovación tecnológica la que impulsa el cambio pero, otras, sería la evolución cultural la que renueva su tecnología. El diálogo cultura—tecnología, por tanto, siempre fue sosegado, recíproco, cooperativo, natural y, aunque aquí lo disociemos, indisociable. ¿Por qué, entonces, la osadía o el inútil ejercicio de EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 85 descompactar lo compacto? Porque, desde hace relativamene poco tiempo, pero actualmente de modo extremo, una tecnología ha tomado las riendas de la evolución cultural, dirigiéndola al lugar sinsentido de su propia vorágine obsolescente. Porque no hay cultura sin sentido, la cultura es el sentido, y la tecnología ha dejado de tener sentido cultural para exclusivamente tener sentido en y de sí misma. Con lo digital, la razón instrumental culminaría la conversión industrial de la pluralidad conflictiva y dispersa de fines en la totalidad amable de un omnimedio. Muchas evoluciones culturales han tenido lugar mediante recursos tecnológicos propios pero, las mayores evoluciones, e incluso, revoluciones culturales —y excluyo aquí el sentido maoísta de la expresión— han sido posibles gracias a la penetración de tecnologías o elementos tecnológicos de otras culturas entre las que se entabla, casi siempre, un forzado diálogo. Los primeros vestigios de serio desequilibrio en el diálogo intercultural equilibrado se encuentran en la invasión calculada y sistemática de romanos o mongoles y se generaliza con la colonización europea. La colonización moderna no sólo instala los valores y cosmovisiones de los poderes dominantes metropolitanos en las culturas invadidas sino que, además, en primer lugar su tecnología de vanguardia y, a continuación, de retaguardia, produciría un cataclismo sin precedentes en la historía de la cultura y el punto de inflexión del diálogo cultural cuyo clímax, pero punto de partida de otro modo cultural —la transcultura— se produce con la tecnología analógica y actualmente con su sucesora, la tecnología digital, tecnología que no sólo abastece herramientas sino, sobre todo, un nuevo Antonio García Gutiérrez 86 espacio cultural y de interacción que sustituye la profunda geocentralidad de las culturas: la digitalidad. La razón instrumental, denunciada por Weber y los principales exponentes de la Escuela de Fránkfurt (Horkheimer y Adorno, 2006), lógica especializada en convertir los medios en fines, habría culminado su proyecto, una culminación que —insisto— es tan sólo el punto de partida, un «reset» cultural desconocido, con la creación de un nuevo espacio en el que, progresivamente, se resuelve —y controla y totaliza, también sin precedentes— el universo simbólico: la tecnocultura (Sodré, 2000 y 2002). No es de extrañar, por tanto, que todas las instancias del poder —y en este aspecto es independiente su estatuto democrático o autoritario—, a través de las instituciones intermedias que señalara Durkheim, y especialmente las instituciones formativas, escuelas, universidades, medios de comunicación, centros científicos, al fin y al cabo dependientes de las estructuras verticales de poder, y en nuestro tiempo, las propias instituciones que son exclusivo producto de la digitalidad, las redes sociales de estructura horizontal y voluntaria, colaboren en diseminar sus propias herramientas y las bondades de sus objetivos. Ahora de manera mucho más convincente a través del mouth to mouth, técnica de marketing digital infiltrada entre los consumidores que hacen de vendedores impagados del sistema. En el espacio digital es fácil generar la sensación de imprescindibilidad e incluso del establecimiento del mayor muro de la vergüenza que se levanta actualmente en algo más que el imaginario tecnófilo y nuevo indicador neorracial: los que están dentro y los que se quedan fuera de la digitalidad. Una vez trazada una frontera que es transnacional y transcul- EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 87 tural, los mensajes reiterados de la publicidad política y económica encontrarán el mejor caldo de cultivo para obtener un rápido rendimiento de sus dos principales eslóganes: analfabetismo y déficit digitales. Con ello, la razón instrumental consigue aplicaciones prácticas al marginar sujetos y comunidades y, mediante la sensación de marginalidad y amables subvenciones en tecnología por parte de todas las instituciones —Ministerios, Ayuntamientos, Asociaciones, Escuelas, Universidades, Organismos internacionales, empresas públicas o privadas, que trabajan al unísono— proponer la inevitable adhesión final. Ningún espacio del conocimiento, se concibe hoy en la cultura occidental fuera de la digitalidad. Y no se concibe tampoco una digitalidad exenta de marketing. Naturalmente la ciencia, como parte de esa cultura, no sólo no se libra sino que la fomenta al tiempo que es permeada, por esa matriz, su estructura de autovigilancia, la Epistemología. De ninguna manera son ya concebibles la Epistemología, los haceres científicos que promueve y, especialmente, sus instrumentos de organización y acumulación sin la digitalidad. Lo digital constituye la viga de carga del propio concepto de organización y también del de conocimiento. Sin negar, desde luego, los beneficios que la razón digital ha traído a nuestra cultura, suficientemente conocidos, me limitaré a señalar, entonces, algunos de sus perjuicios: - El llamado déficit digital produce un irreparable déficit de creatividad de tecnología predigital o no digital. De hecho, al colocarse como referencia y centralidad uni- Antonio García Gutiérrez 88 versal, ya determina incluso a nivel mental, la visión y las escalas de la tecnología. - Reducción implacable de todo modo de conocimiento alternativo ya que el único conocimiento válido —y por tanto también la cultura de referencia— ha de estar atravesado por lo digital, construido desde y en lo digital, orientado hacia y para lo digital, evaluado y validado digitalmente. - Concentración aritmética, y ya exponencial, de la diversidad de sentido en el único sentido del mundo que canaliza la digitalidad. - Producción de una reducción sin precedentes al identificarse el mundo con el mundo digital, sustituyendo la ancestral fe en Dios, en la Tradición y en los Ancianos por la confianza en la digitalidad, y trasladándose también del antropocentrismo radical moderno, a la tecnocentrismo incondicional de la digitalidad. 1.4 Epistemología alternativa o alternativa a la Epistemología: hacia una concepción posepistemológica de la organización de los conocimientos. Para el mundo que nos sobreviene, necesitamos ya pocos consensos o, en todo caso, un consenso que tenga como elemental objetivo su propia revisión, como el que se deriva de la última cláusula de la ética discursiva de Apel, según veremos EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 89 en el cuarto capítulo. En el trabajo titulado Desclasificados (2007), me atreví a indicar, y cada vez estoy más convencido de la indicación, que en nuestra época corre más peligro el disenso que el consenso. Por ello, las directrices propiciadas por una Epistemología alternativa o una alternativa a la Epistemología en nuestro ámbito, habrían de situar en lugar prioritario el objetivo de mantener y fomentar la diversidad y la discrepancia. Una democracia epistemológica que impregnara todo el tejido del conocimiento, pero ¿sería la diversidad que necesita la construcción del conocimiento compatible con la episteme moderna de la que se desprende? Complicado dilema en un mundo plural e indefenso ante poderosas fuerzas económicas y políticas de la globalización que lo mantienen cautivo, ante la homologación insensible que urge la digitalidad, ante el desmantelamiento final y la banalización constante de lo real por parte de las técnicas de mercado infiltradas en todos los resortes de nuestra existencia y sueños, ante el desprecio a un sujeto convertido en cliente parestésico por un sistema de mercado que se apropió, mediante una estratégica cosmética del lenguaje, de la sumisión acumulada por la aculturación religiosa y militar de varios milenios. Para Freud, toda cultura implica represión. Al participar un sujeto psíquicamente infantilizado, por ejemplo, en un delirio colectivo como la religión o el consumo de masas, muchos individuos logran evitar la neurosis personal pero, según Freud, no consiguen nada más. Ninguna religión o ideal cumple jamás sus promesas y el «creyente» sabe en el fondo que, a la postre, todo dependerá de unos indescifrables designios de Dios (o de la Idea, la Nación, la Ciencia) constructos que suelen Antonio García Gutiérrez 96 hecho de no saber desde qué lugar enunciamos el mundo no impide que el mundo sea enunciado desde un lugar específico y de que alguien, ciertamente, lo sepa y señale por nosotros. Habitualmente, alguien poco desinteresado y neutral. En este mundo jerarquizado, subenunciamos a la vez que nos supraenuncian. La ciencia positivista no consideraba el conocimiento como mercancía. De hecho sería fácil desvelar el altruismo ingenuo, aunque no por ello menos dañino, que se agazapaba tras las consignas del positivismo: objetivismo, organización, progreso y desarrollo. El espíritu hegeliano de Occidente, en su versión decimonónica, hablaba a través de Comte y de Darwin, de Durkheim y de Marx, y también de Otlet. La necesidad de organizar un sistema de conservación, difusión y propulsión de la ciencia no era ajena a los principios que inspiraban la propia Epistemología positivista en sus orígenes. Sin embargo, en el siglo XX, que además de ser el siglo de las más sangrientas reivindicaciones esencialistas, tal vez por esa misma razón haya sido el siglo de los grandes mestizajes, el altruismo del puro espíritu positivista fue contaminándose de la realpolitik exigida por el mercado. Los modos de producción científica que alguna vez pensaron en proporcionar una vida más feliz a los humanos, incluso a costa de la explotación ciega de la naturaleza, fueron sutilmente sustituidos por modos de producción que colocaban al mercado como origen y objetivo de la ciencia. Naturalmente, en la conocida retórica de la política y del marketing científicos, el objetivo de la ciencia siempre serían las personas, pero a la vista del impasible mundo que nos rodea, cualquiera podría afirmar que la finalidad del conocimiento en nuestro tiempo no es ya ni siquiera la especie EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 97 humana sino el lucro de unos cuantos privilegiados de esa especie quienes, controlando los resortes de poderes políticos y económicos cada vez más concentrados, determinan las prioridades, las orientaciones y los presupuestos de la ciencia. A través de indicadores falsamente neutrales y de ningún modo universales, como competitividad, rentabilidad, calidad, visibilidad, comercialización, innovación y muchos otros, quienes toman las decisiones sobre qué ciencia debe hacerse, cómo, para qué y para quiénes debe hacerse, establecen los objetivos de la ciencia y tienen muy claro cuál es su lugar de enunciación. Por ello, y ante la invocación de sensibilidad y diversidad de conocimientos y memorias que genera a cada instante el mundo, es necesario cambiar el lugar de enunciación o tomar conciencia del lugar desde el que, en todo momento, pensamos. Un lugar que, para George Bataille, nunca nos pertenece definitivamente pero que en nombre de la reflexividad y la dignidad epistemológica, siquiera de la positivista, debemos reivindicar y reubicar. Tal vez por ello, desde ese apacible y modesto rol que otorga la «secundaridad» que algunos atribuyen a la Documentación, respecto a la «primeridad» de las «ciencias básicas y naturales», en simple sentido jerárquico, pueda contribuirse decididamente también a la instauración de una rebelión epistemológica que ya ha sido promovida por sectores marginales, pero dotados de un espíritu democrático contundente, de las ciencias naturales y sociales. Una rebelión especialmente relevante y decisiva para los estudios y prácticas que se ocupan de la construcción cultural como, no sólo en la forma, es el caso de nuestros estudios. Antonio García Gutiérrez 98 Lo que propondré, en adelante, es el desplazamiento a un lugar de enunciación ético-político determinado pero, he de advertir antes, la reivindicación que lo preside es radicalmente hermenéutica (Capurro, 2000 y 2003). La hermenéutica es la democracia del pensamiento. Mi reclamación irreductible es, en consecuencia, la sustitución del espíritu, lenguaje y procedimientos de la Epistemología de la Documentación por una Hermenéutica de la Organización de los conocimientos. Una sustitución que supone abordar complejos procesos de traducción o suspensión de determinados presupuestos o la mera transformación formal de otros que se adapten a la deformatación de la nueva matriz cognitiva. A partir de ahí, y en honor a la propia hermenéutica, podrán venir las adjetivaciones, los matices y las opciones. En mi caso, y en virtud de los campos de aplicación en lo que trabajo (el discurso social, histórico, cultural, periodístico, la identidad o la memoria), me pronunciaré por una hermenéutica crítica e implicada con una producción e intercambio igualitarios que redignifiquen los conocimientos y memorias desapercibidos. En ese sentido, repensar nuestro campo de estudios implicaría abrirse a las posiciones poscoloniales de Walter Mignolo (2003) y Abdelkhabir Khatibi (sociólogo y escritor marroquí), el concepto de «new mestiza» y “lenguaje-otro” de Gloria Anzaldúa (académica y escritora chicana), el «tercer espacio» (third space) y la «entridad» (inbetween) de Homi Bhabha (2002), las reclamaciones feministas y deconstruccionistas, en nuestro propio campo de estudios, de Hope Olson (2003) o la hermenéutica diatópica y la cultura de frontera, del propio Boaventura Santos (1989 and 2005) en la misma línea, conjugándose sus propuestas en la metáfora de un pensamiento EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 99 del sur, un inmenso espacio de diversidad y humanidad, pero no entendido meramente como lugar geográfico sino como lugar de sufrimiento, de discriminación, de explotación masiva llevado a escala planetaria, incluyendo los territorios supuestamente «desarrollados» del hemisferio norte. Paradigma-otro y pensamiento-otro, le llaman a ese modo-otro de pensar el mundo. Identidad-otra y memoria-otra (García Gutierrez, 2004 y 2009) serían sus correlatos. Una posepistemología sin fronteras epistemológicas, sin afán de jerarquización, exclusión, fragmentación, disyunción. Hasta la complejidad de Edgar Morin se mostraría altamente compatible con ese pensamiento poscolonial. ¿Una crítica razonable? Toni Negri, en Imperio (Hardt y Negri, 2002), acusa al pensamiento poscolonial de olvidar en parte el proyecto emancipador y antiimperial, que él sostiene, al quedar anclado en la discusión de unas viejas categorías coloniales de las que no logra deshacerse definitivamente. Tomando nota del comentario, abogaremos por una posepistemología poscolonial que tenga como objetivo prioritario la descolonización permanente. Mas una descolonización que, a mi modo de ver, siempre será un proceso inacabado19. Se trata de pensar el mundo desde una posición desmantelada de sur y no ya de pensar el sur desde un privilegiado norte, desde la cultura del bienestar y del mercado, como habitualmente lo hace nuestra Epistemología. Cabría preguntarse si pensar el mundo desde el sur podría seguir siendo epistemológicamente correcto para un modo de pensamiento en19 Pues la tendencia a la dominación es intrínseca a la naturaleza humana y, con cada nuevo ser humano habría que reabrir el dossier descolonizador. Antonio García Gutiérrez 100 quistado en el eurocentrismo y en el pensamiento único, en su triunfante tecnología y en sus objetivos de desarrollo propio y ajeno. Si epistemológicamente es incorrecto este nuevo pensamiento, y puesto que la Epistemología sería un predicado menor de la posepistemología y no su condición de posibilidad, habría que superarla entonces. Hablamos de un lugar de enunciación poscolonial y descolonizador, pero lugar es aún un concepto insuficiente pues sugiere estaticidad y no dinamismo. Y el movimiento del mundo debe ser acompañado por ese lugar. Por tanto, se trata de un lugar de enunciación en desplazamiento o, mejor, ese lugar sería la propia conciencia de desplazamiento. La revisión de la posición será, entonces, una propiedad consustancial a la posición misma. La Documentación científica que se ocupó de la gestión y organización de las ciencias, en un principio, incluso mediante temerarias clasificaciones universales, también terminó organizando el conocimiento de lo social, de lo cultural, de lo mediático, de lo artístico y estético. A través de la gestión y organización de documentos arqueológicos, históricos o antropológicos, la Documentación científica terminó invadiendo y modificando la visión que tenemos y la imagen que de sí mismas tienen muchas culturas. Y terminó influyendo en ideas y objetos para los que no fue concebida. A través de otras disciplinas hiperclasificatorias, como la Archivística o la Museografía coloniales, se abordaron documentos no científicos y objetos de culturas de otro tiempo o contemporáneas pero ajenas a los intereses de sus clasificadores y conservadores. Este elemental detalle, clasificar la inmensidad de lo ajeno, debería bastar para incorporar en la Docu- EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 101 mentación la sacudida posepistemológica que necesita o deshacerse de algo más que de su denominación, deshacerse de su mordaza disciplinar para construir una nueva configuración transdiciplinar desde la que pensar los nuevos objetos que deben protegerse y clasificarse o, mejor, desclasificarse para permitirles protegerse de la clasificación. Habríamos, entonces, de invertir la tradicional pregunta sobre ¿qué podemos hacer por los conocimientos y las culturas subalternizadas? por la de ¿qué pueden hacer los conocimientos y las culturas subalternizadas por la Documentación o lo que nos reste, a estas alturas, de ella? Y la respuesta, a mi entender, debe darse en cuatro orientaciones diferentes: 1. Elaborando programas de concienciación hacia los propios mediadores y gestores del conocimiento para sensibilizarlos de los materiales que pueden abordar sin cautelas, con cautelas o que no deben abordar en absoluto. Una concienciación orientada a la visión transcultural y plurilógica del mundo de los registros. 2. Elaborando proyectos de intervención para colaborar con las culturas que necesiten incorporar técnicas y tecnologías documentales porque ya se encuentren en un estado irreversible de occidentalización y su abandono, en tal estado, sería más nocivo que una occidentalización consciente de sus conocimientos y exomemorias. 3. Elaborando proyectos de facilitación para que las culturas que quieran organizar y visibilizar sus registros puedan hacerlo con herramientas autoproducidas y, finalmente, Antonio García Gutiérrez 102 4. Manteniendo la alerta sobre aquellas culturas que sólo pueden sobrevivir ocultas pues cualquier contaminación técnica o tecnológica acabaría con ellas. Nuestros estudios no habrían de considerar técnicas de conservación sino, por el contrario, técnicas de preservación de su invisibilidad. Se trata, por tanto, de incorporar el pensamiento del sur, el pensamiento-otro, en nuestros estudios y prácticas documentales, de modo que su «desplazamiento enunciativo» parta del punto de vista de los desfavorecidos y de la marginación, paradójicamente mayoritaria a escala planetaria. Se trata, por tanto y ni más ni menos, que de un giro hermenéutico o de una fuga epistemológica de gran hondura que sitúe nuestra posición de observación y descripción en el eje de los derechos humanos fundamentales, pero de unos derechos humanos más amplios, plurales y democráticos que los insuficientes principios recogidos en la occidental Carta de los Derechos humanos proclamada por la occidental ONU, y en un contexto de movimiento y transformación espacio-temporal y simbólica permanentes. Un derecho humano fundamental y transversal, individual y colectivo, ha de ser la libre interacción así como su derecho contrario, el derecho a la invisibilidad y a la desaparición. Esos ejes tan esenciales habrían de determinar el nuevo modo de pensar posepistemológico en nuestro campo de estudios y derivar adecuadamente del mismo las nuevas herramientas de gestión y organización de los registros propios y ajenos, la elaboración de procedimientos sensibles para una interacción plural y no impositiva, para la obtención de consensos revisa- EPISTEMOLOGÍA DE LA DOCUMENTACIÓN 103 bles, para el mantenimiento y promoción urgente de disensos y para garantizar la opacidad de quienes no desean participar ni ser participados en el ágora digital. Los materiales empleados para tales herramientas, materiales dialécticos, serán presentados en las secciones finales de este trabajo. 104 UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS Según Sigmund Freud (2008), el sentimiento oceánico consiste en esa angustiante y gratificante experiencia de inmensidad que produce la contemplación del mar. Podríamos extender, el objeto del mismo estímulo, a otros espacios físicos o simbólicos análogos como, por ejemplo, el abismo instrospectivo que se abre a la meditación. En todos ellos se haría imprescindible una dejación, al menos fugaz, de cualquier anclaje corporal o cultural que aligere la entrega de la subjetividad a descomunales fuerzas presentidas o procuradas. Un ejercicio que, sin el suficiente abandono identitario y discursivo, no sería posible. Una vivencia simultáneamente espiritual y laica que, para Freud, sería la traducción más próxima del sentimiento religioso y místico. Mas la simple conciencia del océano devolvería la arrogancia humana, sin necesidad de sentir amenaza de divinidad alguna, al lugar que le corresponde. Sería similar mi concepción del conocimiento: una perdida gota de sentido en un universo inconsciente. Un universo remoto y sin nombre en la inmensidad de infinitos universos (cfr 3.1.5). Adoptaré, desde ese liberador estatuto que otorga la irrelevancia humana, la concepción más modesta a mi alcance respecto a la consideración de lo real. Desde esa perspectiva, la realidad estaría amparada por el séptimo aforismo de Wittgenstein (2002): la indecibilidad. Lo decible sería a lo indecible lo que un átomo al multiverso, un universo de universos. En ese caso, lo decible broII. UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 105 taría de lo indecible pues lo indecible, la negación —por hacerlo más comprensible en un ejemplo reductor, aunque ya el hecho de pensar sea de por sí reductor—, siempre es horma de la afirmación y, ésta, su condición de cognoscibilidad, de decibilidad. Por decirlo también recursiva y hologramáticamente, aun destacando su reciprocidad asimétrica: lo decible sería la parte de lo indecible que está en lo decible o que es decible. Nadie mejor que Maurits Escher, gráficamente, lo ha podido expresar20. A la vista de nuestras limitaciones, sólo podríamos hablar de los conocimientos como fragmentos inconexos de decibilidad, aunque el fragmento siempre formaría parte de un mosaico potencial de lo decible. Nuestro logos fue una producción de la evolución con capacidad para hacer racionalizables y compartibles algunos fragmentos y elaborar relaciones entre ellos (inferencias, terceridades) con aspiraciones de dominio, pero también pudo ser un ardid de lo real para distraernos con entretelas. No podré, entonces, sino partir de una posición plausible pero discrepante, hacia quienes guardo todas mis simpatías, respecto a la que adoptan muchos constructivistas radicales: en nuestra hipótesis, la realidad no sería una mera construcción subjetiva ¿Debería ser sin remedio, entonces, aquella cosa objetiva de la que nuestra mente —y su célebre espejo— obtiene 20 Especialmente en las obras, del genial holandés, Día y noche, de 1939, o Manos dibujando, de 1948. Obsérvese, en esta última, que el dibujante no está preso de la circularidad y que sugiere cierta espiralidad, pues la mano derecha que dibuja la mano que, a su vez, la dibuja, no es también una mano derecha sino una mano izquierda. Antonio García Gutiérrez 112 Por eso es inútil, por más que lo hagamos habitualmente como eficaz ejercicio erístico, apelar a la realidad. En verdad, apelar a la realidad es apelar al logos, juez y alguna vez parte que ya poco tiene que ver con lo real salvo para crear distorsiones, hiperrealidades diría Baudrillard (1978). Podríamos incluso pensar que la lógica es la herramienta más irreal de nuestro mundo pues la usamos para ordenar algo que no le compete y lo único que termina ordenando y reordenando, aunque así legitimándolo, es el propio mundo que tabula, en tanto la realidad permanece ajena e indiferente a pesar de los eventuales daños que nuestro logos suele infligirle (daños, por otro lado, sólo evaluables por el mismo logos). El problema de la lógica es que una verdad sin convenciones pertenece al mismo orden indecible que hemos atribuido a la realidad. La realidad está desprovista de sentido y nuestro mundo no es soportable sin sentido. El logos surge como fuente inagotable de sentido pues si deja de manar, tal vez volveríamos a la realidad y a la extinción de la inteligencia. Nuestra existencia va inexorablemente ligada a la elaboración de sentido y en tanto hay sentido no habría realidad. Resuena aquí el eco de aquella vieja teoría numerológica sobre la existencia de Dios según la cual Dios sólo existiría cuando no hay Universo. Ahora que tenemos Universo, por tanto, no habría Dios y esto ocurriría, aproximadamente, cada cuatrocientos mil millones de años. Curiosa hipótesis, divertida boutade según muchos, para la que existen diversas demostraciones esotérico— matemáticas. Pero no más curiosa que la que se aprestan férreos creyentes a mantener a partir de la prueba ontológica anselmina (desoyendo la refutación kantiana) o de meros argumentos fiduciarios. Y no más singular que las afirmaciones UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 113 categóricas que nuestro cerebro hace a cada instante: la única realidad que existe es la nuestra, incluso la exclusivamente mía. Por tanto, sólo yo y mi visión de las cosas serían las genuinas depositarias de la verdad universal. Con ello no solamente nos apropiamos e intentamos dominar el mundo de nuestros congéneres sino que nos arrogamos perversa o ingenuamente un sentido único de lo real a partir de una simple contradicción constituyente: somos seres simultáneamente diminutos y gigantescos, por tanto el principio de no contradicción se ve nuevamente conculcado por nuestra magnitud relativa empeñada en mediciones válidas y cada vez más homologadas y universales. Pero hasta un zapato es grande y pequeño simultáneamente, dependiendo del usuario. Ante tal problema básico de percepción y comunicación intercultural e interpersonal no serían ya necesarios rígidos sistema de hiperregulación y homologación sino sensibilizados sistemas de traducción. Puesto que todas las instancias de nuestro mundo se rebelan ante el principio de no contradicción, esto es, todo puede ser y no ser al mismo tiempo, todo es susceptible de tener una propiedad y su contraria simultáneamente, parece absurdo atribuirnos la propiedad de la verdad, del mundo y, especialmente, el dominio sobre lo inalcanzable: la realidad. Cuando pensamos, creamos conceptos y el concepto actúa como aquel acertijo popular que se preguntaba: ¿qué es aquello que al pronunciarlo desaparece? Justamente, el silencio. Con la realidad pasa lo mismo: al igual que ocurre con la oscuridad, la realidad se esfuma al verse acosada por los conceptos. En lugar de vivir la realidad —y desearía prometer que aquí hay algo más que retórica aunque también mucha y pro- Antonio García Gutiérrez 114 ductiva retórica— los humanos viven los conceptos y de los conceptos. Un mundo de conceptos que se derivara de mutaciones de índole biocultural y acabará por arrasar toda alternativa. Del mismo modo que el tiburón se ensaña, en medio de un trágico regocijo, con los despojos sangrientos de algo que una vez tuvo vida, el humano reduce la realidad a su mundo mediante dentelladas conceptuales, tomándolo por ella. Mas ese festín produce calma y sensación de normalidad. En aras de la consonancia cognitiva, nuestro cerebro necesita y acepta concepciones de cualquier índole que instruyan todos los resquicios de nuestra normalidad cotidiana. El apego a la normalidad, en nuestra percepción, se producirá mediante la insistencia de conceptos cerrados que nos proporcionará idénticos niveles de rechazo por lo aparentemente extraño. Para mucha gente, del presente y del pasado, «lo normal» fue o es vivir incomprensibles guerras, hambruna perpetua, miseria urdida remotamente, resignado sufrimiento. Así las cosas, lo normal no será sino la más injusta de las arbitrariedades. Y las exigencias de normalidad, como las de la incuestionable coherencia, no podrían, por tanto, ser apeladas más que desde posiciones subjetivas y sistémicas21. En un momento de la evolución de la especie sapiens se produjo una mutación cerebral, del mismo modo que sucedieran cambios en el color de la piel o en la forma de los ojos, que 21 Todo sistema necesita centralidad y, en consecuencia, uno de sus principios constituyentes es la ley de la coherencia. La coherencia no es un indicador universal y sólo tiene sentido en el interior de un sistema dado o de una concepción sistémica del mundo. Pero, como vemos, hubo, hay y habrá concepciones a–sistémicas del mundo tan hipotéticamente válidas como las sistémicas. De ahí que podamos considerar el coherentismo como una enfermedad de la sistematización y de la normalización. UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 115 hizo prosperar una suerte de locura: la obsesión conceptual de la que carecían otros homínidos. Definitivamente, esa locura fue anterior a las transformaciones físicas y, por tanto, ocurriría en el seno del mismo tronco antrópico que habitaba los territorios del sur de Sudán, mucho antes de que se produjeran las dos grandes migraciones humanas hacia el noreste, al parecer, la primera de ellas, infructuosa, hace unos 150.000 años y, la segunda, exitosa, hace unos 70.000 años y con destino hacia los espacios euroasiáticos. Quienes lograron superar el viaje, e instalarse en las nuevas tierras, portaban ya un milenario logos. Esa herramienta psíquica, que no es algo separable del cuerpo humano pues sería el cuerpo humano mismo y que, a la vez, se constituye subjetiva y socialmente, fue la matriz de todas las herramientas materiales que necesitaría el humano como prótesis y extensiones que superaran la especialización de todos los animales y los obstáculos y agresiones de la naturaleza. No se explica de otro modo cómo, el sapiens, uno de los seres más débiles y dependientes del planeta se tornara, en poco tiempo, en el más poderoso. Contradicciones como ésa le acompañaran en todo su camino pero, en aquellos tiempos, el logos sólo tuvo una oportunidad de permanecer en la realidad o desprenderse de ella, optando la evolución por lo segundo. Ya fuera en su propio perjuicio o no, el logos tomó las riendas de su destino genético propiciando la patología aludida: como si se tratara de un proceso neural canceroso, un puñado de rebeldes conceptos tomaron el poder del cerebro y se multiplicaron aleatoria e incontroladamente hasta convertirse en un gigantesco e incontrolable «infonoma». Antonio García Gutiérrez 116 Como lo está demostrando la neurociencia, no sólo dependen de las sinapsis neurales los pensamientos sino que de los pensamientos surgen las sinapsis. Ahora sabemos que no basta un cerebro grande y ni siquiera es decisivo el número de neuronas que lo componen, neuronas que por cierto, al contrario de lo que se afirmaba hasta ahora, sí se regeneran, sino la cantidad de relaciones posibles entre ellas, propiedades que los neurobiólogos reconocen como elasticidad y plasticidad cerebrales. Simultáneamente, la fonación y la escritura surgen como cinta de transmisión y contagio infonómico hasta el punto que los miembros de clanes y tribus son forzosamente contaminados como condición sine qua non para vivir en sus comunidades y sociedades. Quienes no quisieran participar en la ruleta conceptual serían marginados, torturados, ejecutados o desterrados. Tal es el comienzo de las sociedades clánicas psicoanalíticamente desentrañadas por Freud (2002). Mediante un puñado de conceptos y palabras triviales se elaboraron los más tenebrosos y persistentes relatos. A veces, y para mayor convencimiento de los auditorios, los relatos sugerían o iban acompañados de amenazas veladas o explícitas, de sacrificios rituales, de engaños y demostraciones de fuerza. De unos cuantos conceptos banales, surgidos del desvío patológico cerebral de una especie y raza a las que ninguna divinidad jamás eligiera aunque estuvieran convencidas de ello, se elevaron esas mismas divinidades y todas las represiones, sanciones, regulaciones y, ya hoy, sociedades conceptualmente hiperreguladas y estratificadas que bien conocemos. Hace unos 45.000 años se produjo, en un breve lapso de tiempo, una hipotética evolución cultural que desbancó ab- UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 117 solutamente la pausada carrera de la evolución filogénica hacia la inteligencia, según muestran desde diferentes ópticas disciplinares Arsuaga (1999), Tomasello (1999) y León (2004). Muy probablemente, la biología neurológica inducida por nuevos modos y medios de alimentación nada ajenos a la configuración de la conciencia de sí mismo, y otros muchos factores climatológicos, geológicos, fisiológicos y hasta psíquicos, daría un imperceptible pero decisivo espaldarazo que posibilitó apretar el interruptor biocultural que trajo el gran cambio: tras centenares de milenios de industria lítica, los humanos modificaron inexplicablemente su capacidad conceptual en apenas 5000 años. La capacidad inferencial de aquellos antepasados era idéntica a la actual. Lo que hizo de la acupuntura una práctica normal en China, hace más de 4.000 años, no fue la invención de un sabio en ese momento: habría que buscar la genealogía de sus raíces en los 40.000 años anteriores. La herencia conceptual fue creciendo exponencialmente y superando y hasta invirtiendo la carrera y designios de la propia evolución natural. La conceptualización trajo consigo una renovación drástica de la milenaria caja de herramientas líticas y, en cada vez menores lapsos de tiempo, las nuevas herramientas no sólo eran superadas por sofisticaciones impensables pocos años antes, en construcción, en aleaciones, en armas, en agricultura o en confección de indumentarias sino que, sobre todo, tales tecnologías tenían una incidencia irreversible sobre la propia capacidad conceptual que las habría propiciado. Es decir, los instrumentos no sólo surgían como consecuencia de la capacidad de conceptualizar sino que, a partir de un momento dado, eran causa de la modificación de esa misma capacidad conceptualizadora. Esta característica de nuestra Antonio García Gutiérrez 118 especie, no obstante, no sólo la convirtió en única y liberada respecto a las duras condiciones naturales sino que la hizo esclava de su propio mundo conceptual—instrumental, alejándola definitivamente de la percepción directa de la realidad. La presencia de lo real en nosotros es tan abrumadora, y tan inasible, que el cuerpo que somos es real y también lo es el cerebro que contiene. Pero ese cerebro y ese cuerpo, que somos nosotros y nos hacen hablar o caminar, no toleran determinadas órdenes. Podemos doblegarlos como a un animal salvaje mediante instrucciones castrantes y un optimista programa de domesticación o cirugía, pero sus reacciones más allá del castigo y hasta la automutilación serán imprevisibles y seguramente contrarias al objetivo perseguido, por ejemplo, generando el rencor que Nietzsche (1997) atribuye al sujeto débil y reprimido. Cuando actuamos sobre una entidad con objetivos de dominación, habríamos de intentar controlar todos los aspectos y dimensiones de la misma. Esto no ocurre con nuestro propio cuerpo, esto es, con nosotros mismos porque lo que solemos despachar con dos simples e irrevocables sustantivos, cuerpo o cerebro, son instancias de una complejidad inimaginable: instancias que habitan una en la otra y ambas en un entorno de instancias interiores y exteriores; instancias colonizadas por una infinidad de microorganismos que interaccionan entre sí y con flujos de otra naturaleza como el discurso. Gramáticas bioculturales inexorables que escapan a cualquier pretendido cómputo. Magnitudes astrofísicas y cuánticas irrumpen simultáneamente en nuestro ser diminuto y gigante. Energías y materias ignotas sostienen la paleta que decide la intensidad y la UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 119 incidencia de un vulgar parpadeo junto a sutiles proxémicas del parpadeo que inciden en las moléculas del párpado o inducen respuestas sexuales y sociales. Y todo ello no es cuestión de predestinación, como podría sugerir el concepto de programa que hemos utilizado. Sencillamente se trata de impulso. De un desgarrador y arbitrario movimiento en ninguna dirección que trascienda nuestro mundo. Arbitrario y desgarrador son adjetivos y, por tanto, propiedades conceptuales irreales. Son atribuciones que adjudicamos con cierta eficacia semántica, a condición, como la de toda eficacia semántica, de no pensarlas demasiado. La realidad es producto de un impulso que no necesariamente busca la conciencia y ni siquiera la vida. La realidad, incluso, sobrevivirá a la conciencia y a la vida misma. Lo real no tiene intencionalidad ni interés en la vida y, por esa razón, no es responsable de su creación o de su pérdida. Aunque lo cierto es que la conocemos especialmente cuando sufrimos. Al menos, ésa es una manifestación de lo real que podríamos considerar accesible. Tal fenómeno, ¿trágico?, ¿feliz? fue posible tras la irrupción, en el vasto campo de la realidad, de nuestro mundo. Un mundo que surgió asido a una caja de herramientas y que asido a ella se extinguirá ante una realidad indiferente. Un mundo solitario que no será comprensible sino desde sí mismo. Un mundo, compuesto ahora mismo por más de seis mil millones de micromundos, creando la más trágica de las metonimias: cada micromundo pasaría por creerse la totalidad del mundo y su sumatoria, o su intersección, pretendería equipararse a la realidad. Durante centenares de miles de años los humanos crearon y se explicaron el mundo utilizando piedras como Antonio García Gutiérrez 120 rampa de un tímido despegue desde una pista real hacia un espacio cada vez más distante y extraño a ella. Como decíamos, hace apenas cuarenta milenios se produjo un punto de inflexión que dispararía, hacia una vertical cada vez más paralela al eje de abscisas, el vector de fuga hacia nuestro mundo. La edad del hierro, del cobre, la evolución de la cerámica y la estabilidad de la climatología que posibilitó el sedentarismo agrario y mutó los modos de alimentación y, por tanto, también produjo cambios fisiológicos y neurales, la curandería y el conocimiento de las solidaridades del entorno, alargando todo ello la vida y acendrando el miedo a perderla, hasta el arrebato paranoico de la hiperprotección que hoy vivimos en un mundo que seguirá completamente desprotegido de lo real que lo penetra inefablemente, fueron evoluciones considerables que, sin embargo, apenas podríamos situar en un crecimiento aritmético desde la primera gran fuga (por cierto, una fuga no solamente metafórica pues el éxodo migratorio fue corresponsable necesario). No obstante, hasta finales de la absurdamente llamada, y peor considerada, Edad Media europea no retorna la curva hacia su galopante huida inicial. Con el humanismo renacentista se produce la segunda gran fuga, con una particularidad: sólo en el primer siglo de los cuatrocientos años siguientes, los humanos duplicaron su caja de herramientas y su archivo de conocimientos, un acervo tecnológico y cognitivo que ya era impresionante, y ningún ingeniero o filósofo sería capaz de inventar y construir sin la existencia de los cuatrocientos siglos precedentes. Con todo ello, pusieron la razón al servicio de la conquista, de la ocupación, de la apropiación y de la dominación. La historia de la codicia local se tornó global. Pues el primer viaje colonizador calcula- UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 121 do no sólo impuso una cultura sobre otro territorio. La primera ocupación sistemática y masiva se impuso ya como cultura global, incluso con la normalidad cultural que sentimos hoy22. El crecimiento aludido, y que distancia definitivamente muestro mundo de la realidad, se produce con la modernidad de forma geométrica pero no es hasta la revolución industrial de los siglos XVIII y XIX, cuando se sientan las bases exponenciales de lo que será una constante en los siglos XX y XXI: primero en cada uno de esos siglos, a continuación en cada decenio, desde finales de la segunda gran guerra prácticamente en cada quinquenio y, desde los años noventa, con la implantación digital, el crecimiento exponencial de nuestra caja de herramienta es anual e incluso, según el sector, mensual. Consecuencia del aumento inusitado de herramientas, conocimiento y comunicación se produce una expedición irreversible hacia nuestro mundo a expensas de la realidad. Las herramientas son creadas por conceptos que crean herramientas que a su vez los modifican. La saturación de recursos humanos y técnicos, unidos a la codicia capitalista y a la estratégica manipulación de un perverso marketing que penetra lo más recóndito de la intimidad, entreverando la cultura, provocó la escisión definitiva y lacerante entre nuestro mundo y la 22 La ocupación simbólica colonizante es una estrategia generalizada operada desde la cultura, la religión, la política, los medios o, especialmente, el ejercicio irrefrenable y obsceno del mercadeo, por ejemplo, en lo que considero un delito impune de “pederastia comercial” que pasa por normalidad cada vez más aceptada: el adelantamiento forzoso de la edad de consumo mediante perversas estrategias y técnicas publicitarias y mercadotécnicas de exposición directa o insinuadas sutilmente en películas, televisión, revistas o por la mera violación del propio horario infantil, una irrupción que induce a la adicción a videojuegos, móviles, tecnologías y productos para adultos, incluidos especialmente los vinculados con la sexualidad. Antonio García Gutiérrez 128 neral/particular no es absoluto. Si decimos que algo es general o particular siempre es respecto a una referencia. Por tanto, si algo es general respecto a algo, también será particular respecto a otro algo (incluso a veces respecto al mismo primer algo). Esto es obvio: todo lo particular es también general pues no hay principio o fin de escala cuantitativa o comparativa alguna. Toda escala depende de otra escala. El principio de relatividad condena a los principios a la autodisolución. Un principio sólo lo es en un sentido y no en otro. Por ello, lo particular y lo general, esto es, la jerarquización del mundo que nos parece inmutable, siempre obedece a principios retóricos, arbitrarios y apenas entendibles situadamente. Y no se trata sólo de principios epistemológicos sino de todo principio: Williams James sugerirá impugnar los principios éticos cuando se vuelven obstáculos23. O cambiarlos por otros, si simplemente no nos gustan, como con trágico humor lo propusiera el gran pensador del escepticismo que fue Groucho Marx. Podríamos decir, por tanto, respecto a una instancia que es general o particular dentro de un contexto o situación y, entonces, con estricto valor en ese marco epistemológicamente elaborado para ella, pero ¿a quién más le serviría su extrapolación? Evidentemente al sujeto que la instiga. Si no hay extrapolación posible, mejor que muchas ciencias inductivas —casi todas, por tanto— vayan pensando en reinventarse y buscar otras excusas para hacer confiables sus retóricos procesos de validación de resultados. Pero volvamos más arriba, a la controversia sobre la realidad. Lo real se aleja cuando lo pensamos como la sombra 23 Apud Elster, 1989: 181 UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 129 cuando queremos pisarla. Es algo tan íntimo que nos excede ¿nos pertenecen las supercuerdas o los neutrinos que nos atraviesan constituyen e ignorarían como nosotros ignoramos todo lo cifrado en otros códigos hasta no presenciar su amenaza? Lo que sí nos pertenece, y a lo que inexorablemente pertenecemos, al menos subjetiva y socialmente, son los conceptos. Y son los conceptos las herramientas con las que intentamos y creemos pensar y asir la realidad. Mas pensamos y asimos conceptos derivados de los conceptos. Conceptos elaborados desde y hacia una intuición o ensoñación de lo real perdido. Incluso esto ya podría sonar demasiado optimista a algún lector desconfiado. Tal vez tan sólo pensemos palabras vacías que, por una estratagema de nuestra ingenua imaginación metonímica, imparten la creencia no ya de describir el mundo sino también de mostrar la realidad. E, incluso, de hacerse pasar por realidad cuando en realidad no forman más que un mundo temeroso de ella. Parece que procede hacer, obligadamente ahora, una aclaración sobre lo que entiendo por concepto. Las palabras y los conceptos que trasladan, los significantes y significados, los continentes y contenidos, las formas y el fondo, no son más que una parte de la perversa lógica dicotómica del estructuralismo. Para evitar una fácil caída en la tentación de las oposiciones, en la simplificación, banalización, delimitación, pureza y clausura de los mundos que invocan, usaremos de momento el antídoto de la sinonimia, esto es, usaremos todas esas expresiones supuestamente distintas, indistintamente. De toda ellas, la más recurrente será la de concepto. La teoría de los conceptos que estamos desarrollando bien pudiera llamarse, también, teoría de los significantes o teoría de las palabras porque, en cual- Antonio García Gutiérrez 130 quier caso, no son significantes y significados cerrados lo que queremos proponer y, mucho menos oponer, sino construcciones de naturaleza compleja y abierta. Las palabras, los conceptos pues, no significan lo que creemos que significan ni lo que queremos significar con ellos por mediación del lenguaje. De hecho, para muchos cognitivistas, el lenguaje confunde más que clarifica. Creemos entender las palabras y los enunciados pero, en realidad, la comprensión siempre es salvada por la pragmática contextual y por la situación específica de los interlocutores. La llamada comprensión mutua se obtendrá más por mediación de la generosidad que por entendimiento recíproco y racional a través del lenguaje. La comprensión no es nunca adquisición plena sino aproximación azarosa. En cualquier caso es un dilema que, como la justicia, siempre estará sujeto a la parcialidad del diferendo. Mas no oculta neopositivismo alguno esta crítica a la relatividad conceptual. El Círculo de Viena se empeñó en elaborar un lenguaje simbólico, al estilo matemático y logicista, para representar las proposiciones del discurso científico, precisamente, por no darle crédito a los rizomas y bucles de los conceptos expresados en lengua natural. La empresa no tuvo éxito más que para las ciencias, de lenguaje ya formalista, de sus propios promotores. Pero, en cualquier caso ¿sería posible expresar la complejidad de lo social en un formalismo que al intentar expresarla la negara? Pienso que la complejidad y el cambio constituyente, no ya de lo real, sino de los mundos que el logos construye a partir de ella, sólo pueden ser recogidos mediante conceptos complejos y cambiantes, y no en metasímbolos que contribuyen a su mayor reducción y simplificación. Y UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 131 en ese sentido irá la propuesta desclasificatoria que abordaremos en el tercer capítulo. Los conceptos que han de expresar con más fidelidad el mundo son instancias versátiles, elásticas, indomables. Un atravesamiento para Deleuze y Guattari (2001), como también lo es todo libro para Foucault, un atravesamiento historizado y transdiscursivo. En efecto, un libro, un edificio, o la historia, toda la historia, o la humanidad, toda ella, son conceptos. Las asimetrías y desequilibrios dimensionales que transmiten me producen vértigo. Y, perplejidad, la normalidad y discreción con la que brotan y conforman nuestro mundo cotidiano ¿Cómo es posible que aparezcan todos ellos suavemente alineados en una frase ocultando tamañas protuberancias, desigualdades, vacíos? Del discurso debe emanar alguna sustancia coagulante y productora de espejismos capaz de tapar las fisuras conceptuales, las grietas interconceptuales, capaz de ocultar y sellar los sumideros por los que se fuga el sentido. El sentido estará determinado por una multiplicidad de contextos presentes y ausentes y de trayectorias no lineales ni estables, por asociaciones inverosímiles y distorsiones arbitrarias que lo desfiguran. Pero el concepto que articula la Epistemología, en el fondo, es eso, una desfiguración. A mayor rigor, como suele hacer el maquillaje, mayor simulacro y desvirtuación. Y la comunicación, sobre esos conceptos articulada, será milagro, voluntarismo, quimera, incomunicación. Pensamos, entonces, y creemos, soñamos, percibimos y expresamos conceptos, meras apariencias, ilusiones de realidad que, no obstante, terminan —episomáticamente— por construir hechos, hechos constatables, sensibles y hasta dolorosos. El dolor psíquico no es un concepto sino una manifestación Antonio García Gutiérrez 132 intraducible de la realidad indecible que osamos conceptualizar sin que nadie consiga homologar sus semánticas al carecer de causa definible, circunstancia y experiencias similares y simultáneas. Pero el dolor, no se experimenta jamás del mismo modo y, por ello, es intraducible e incanjeable conceptualmente. Incluso en el caso extremo de una demencia o una ilusión que haga sufrir a un paciente, sin motivación registrable, el sufrimiento psíquico procede de una ignota disonancia con la realidad. El sufrimiento es nuestra expresión más espontánea y, en consecuencia, un guiño recordatorio de lo real. De ahí que los conceptos sean, más que en otros ámbitos, insuficientes para expresarlo y, sin necesidad ni posibilidad de expresarse conceptualmente, atraiga todas las comprensiones. «Donde hay dolor —decía Oscar Wilde24— es lugar sagrado». Lo que denominamos y comprendemos como realidad no es más que una trama de conceptos históricamente trabados en genealogías difícilmente descifrables pero de compactación automática. La confección de un concepto no se produce en un momento dado en una maquinaria llamada cerebro, sino que es consecuencia de una compleja filogenia y de una ontogenia sémica, si se me permite la criticada analogía biologista, cuyo resultado es una instancia tan consistente como de imposible consistencia. O que toda su consistencia resida en la inconsistencia. 24 (Apud Abril en prólogo a Miguel Alcíbar). En su obra De profundis, escrita desde la cárcel en la permaneció dos años, Wilde (2008) expone el alegato de un amargo dolor psíquico causado por su relación sentimental con el inmaduro y caprichoso Bossie: “Los dioses son extraños. No solo utilizan nuestros vicios para herirnos. Nos llevan a la ruina por lo que hay en nosotros de bueno, amable, humano, afectivo”. UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 133 Como el buen escéptico, diremos que los mil argumentos que pueden sostener la consistencia de un concepto podrían ser cuestionados por otros mil que prediquen su inconsistencia. Mas consistencia e inconsistencia no serían conceptos opuestos. Consistencia es una osada reducción afirmativa e inconsistencia no es su restricción contraria sino, más bien, todos los mundos ricos en negatividad con los que puede vincularse (y en los que, de hecho, se hace posible la misma consistencia). Los conceptos son porosos por más que neguemos su permeabilidad con una definición. Incluso, a veces, se da la conspicua contradicción de que los conceptos que valieron para un régimen político determinado siguieron en vigor en su antítesis. El poder desalojado deja en herencia los mismos conceptos que simplemente fueron readaptados y transvalorados por el nuevo poder ocupante. Viejo, nuevo. Siempre es el mismo poder. Y el poder siempre usa los mismos conceptos con distinto maquillaje. Los conceptos se combinan para elaborar sentido, un sentido dado y también su contrario, el sentido inverso. Porque el inventario de conceptos es muy limitado, necesitamos reciclarlos para controlar los flujos de sentido y modificarlos según el criterio que domine, independientemente de su posición y número de súbditos afectados, sean millones de nacionales o una sufrida pareja. El humano, dotado de un zurrón conceptual y de una gramática de pocas reglas que le permite hacer inacabables juegos malabares, emprendió el camino de la dominación de lo real que, al cabo, no consistió más que en el dominio de una herramienta. Y su avance, durante milenios, consistió en afirmarse y consolidarse sobre el planeta y el universo, incluso de sentirse elegido por algún ser extranatural diseñado Antonio García Gutiérrez 134 conceptualmente. Pero tras tanta necesidad de autoafirmación no puede haber más que la amenaza de la negación. Habremos de reconocer la vieja máxima hegeliana que late en el corazón deconstructor: toda instancia tiene la necesidad de afirmarse en la medida que se siente amenazada por el germen de negatividad que —sabe o intuye que— la socava y terminará extinguiendo. La afirmación se opuso a la negación, del mismo modo que la luz oculta la oscuridad, eclipsando la riqueza y destellos que la negatividad ofrece. Pero en nuestro mundo de oposiciones, los conceptos se conforman con la invocación constante de lo aparentemente contiguo sin percibir las distancias siderales y las galaxias de sentido que se insinúan más allá de la luz. El que busca la verdad o la autenticidad absolutas, sólo estará seguro de acercarse a ellas en la absoluta falsedad. De la falsedad, como del insulto, puede haber certeza respecto a su sinceridad. De la verdad, como del halago, siempre habremos de dudar pero tiene más posibilidad de sinceridad la vituperación y el desprecio. El esencialismo siempre dudará de la mancha genealógica. La mayor y única pureza sería la del mestizo. Al menos estaremos seguros de que necesariamente es cierto su mestizaje. Así las cosas, en lo falso tiene más condiciones de posibilidad lo verdadero. La mente necesita conceptos para auto—realizarse. Ahí estribaría uno de los mayores logros que la evolución colocó en el cerebro humano, junto a la más trágica de las limitaciones: la certeza de que lo que pensamos es real. Una terca obstinación cuadrúpeda que pervive en el encéfalo inteligente. Una torpeza que los adultos denunciamos en la inmediatez del adolescente, que alardea de saberlo todo, sin percibirla en nuestra opacidad UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 135 creciente. A veces, los impulsos irracionales, el alocado galope del potrillo, estarían más próximo a lo real que profundas digresiones metafísicas pero ¿a quién, a estas alturas, le interesa tener conciencia de la realidad? 2.2 En el principio fue el límite Junto a los conceptos, que no son más que recortes tematizantes del mundo, tubos luminosos de la confusión oscura preconsciente, la naturaleza introdujo una horma: la regla del límite. La sensación y presencia de límite es consustancial a la aparición del logos y necesaria, por tanto, para la comprensión lógica del mundo. Así pues, al principio no fue el Verbo, sino el Límite. Si seguimos la tipología peirceana (Peirce, 1975), el límite fluiría en la primeridad. Pero una vez estando el límite en manos de la secundaridad del verbo, no obstante, la naturaleza tuvo poco que decir y fue el verbo quien establecería restricciones y flexibilidades al límite, ya en la terceridad de la cultura. Por tanto, siendo el límite algo naturalmente impuesto, las finalidades y efectos de sus interpretaciones y aplicaciones serán de factura humana. El límite es la frustración del deseo pero también su motor de arranque. La ejecución de lo deseado es, aparentemente, la extinción del deseo pero, de hecho, nada tiene que ver la realización de un deseo con el deseo que la procura. Justo en el momento de realizarse, el deseo da marcha atrás y se desvincula de su realización como movimiento de supervivencia. La realización corresponde a un plano en el que el deseo no Antonio García Gutiérrez 136 existe. El deseo que diera pie a la realización de sí mismo, sin embargo, debe continuar con su llamada insatisfecha para no sucumbir ante lo real. El límite permitió trascender la realidad, esto es, pensarla en conceptos que nada tendrían ya que ver con ella, ponerle palabras para darle apariencia y escritura para poder registrarla y perpetuarla. Y, curiosamente, el límite a la vez que nos impidió ver más allá de nuestra mirada, nos proporcionó también la sensación de hondura, de profundización incontenible, de vuelo incontrolable. Gracias al límite, aprendimos a vivir en lo ilimitado y le pusimos nombres, palabras que paradójicamente lo limitan. Definiciones que acotan la infinitud y, al hacerla comprensible, la extinguen. Pero la realidad continuará una vez extinguido el mundo conceptual que alguna vez creyó poseerla. He ahí el trágico dilema de los conceptos: al pretender expresar lo ilimitado, limitan, al pretender traer la realidad, la alejan, al pretender descifrar, cifran, codifican, sujetan, destituyen, amordazan, con la mejor de las intenciones componen el pelotón de ejecución de lo real. Más su cadáver no fue sino un inacabado simulacro. No obstante, necesitamos categorías, conceptos, palabras no ya sólo para entender o expresar sino para la supervivencia misma. Sin conceptos no habría existencia consciente pues una condición de posibilidad de la vida inteligente fue la conceptualización, la más sutil especialización de los mamíferos avanzados. Conceptualizar el entorno supuso la capacidad de fragmentarlo y, entonces, de organizarlo, jerarquizarlo, someterlo a una planificación estratégica, en primer lugar, a cargo de la supervivencia, en segundo, a la apropiación del espacio y UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 137 del tiempo y, en tercero, a la expansión en todas direcciones y dimensiones. Fue la simbolización del mundo lo que permitió a la especie humana controlar la realidad. Pero fue esta misma simbolización la que nos desconectó inexorablemente de ella. De ahí que no percibamos, más que mediando un doloroso ejercicio de metacognición genealógica, la generalidad y apertura imposible de un concepto que sólo intenta expresar lo concreto y cerrado. De ahí que vivamos (y debamos obligatoriamente vivir) ajenos a la inmensidad, transversalidad y multidimensionalidad semántica, diacrónica, histórica, cultural, discursiva, moralizante, proyectiva y analéptica de los conceptos. De ahí que tengamos la osadía, o la modestia, de expresar lo inexpresable, de reducir a una palabra, y sin pudor, lo irreductible, de simplificar lo complejo, de acortar la infinitud, de introducir utópicamente la genialidad del mundo en la restricción de una maravillosa lámpara. ¿Cómo es posible el prodigio de la aprehensión del mundo en conceptos?, ¿cómo es posible gobernar en las aguas bravas del sentido, de la inefable semiosis, con rígidas balsas? Precisamente, gracias a la regla inicial del límite y a uno de sus más prestos garantes: la irrupción de la negatividad, la inevitabilidad del reverso en todo mundo posible. Contar con la insurgencia de la negatividad ya es algo, pero se trata de una negatividad que siempre seguirá formando parte del juego del lenguaje. Fuera de él aún no hay límite. La idea de reverso era ya crucial en la filosofía presocrática y consustancial no sólo al movimiento dialéctico, sino también al lógico, desde Aristóteles a las lógicas paraconsistentes, al escéptico, desde Pirrón a Schopenhauer o desde Hegel a Derrida y Morin. La negatividad anida en la positividad, Antonio García Gutiérrez 144 aniquilación y reciclado. Mas los conceptos que sólo operan y son urdidos en la conciencia, para mayor abundamiento en su paradoja, son constructos inconscientes, inconscientemente elaborados, combinados y transmitidos. Inconscientemente manipulados como única posibilidad para su existencia (pues su conciencia plena constituiría su camino al patíbulo, una vez desvelado su estatuto inviable). La relatividad, apertura y multiplicidad de orígenes, la hiperporosidad que hemos observado en la constitución de los conceptos parece contravenir la solidez, consistencia y avance del pensamiento sistemático u ordinario elaborado a partir de ellos. Pues, si en efecto, todo pensamiento (o verdad, o teoría, o convicción) no sería más que una exitosa y verosímil combinatoria de conceptos, no es menos cierto que el mismo pensamiento estaría amenazado por sus mismos elementos constituyentes ¿el reverso, la negatividad acechante, nuevamente? Pero hay más factores para la sospecha: la infinita aleatoriedad de las gramáticas, la imprevisible animosidad de sus usufructuariosfabricantes, las derivas caóticas de las respuestas a estímulos conceptuales. Siempre la invertebrada y resbaladiza semiosis. Si el sentido es indomable, inasible, autodiluible al ser cazado y la realidad es indiferente y ajena al sentido ¿Qué sentido tiene, entonces, buscarlo? En la mente dramática y dramatizada de los seres humanos, sólo encuentro un sentido irreductible a la absurda empresa de buscar sentido al mundo: precisamente, ése, buscarlo. En el principio, decíamos, no fue el Verbo sino el límite. El límite a lo continuo hizo posible el Verbo, la conciencia, y de la conciencia del límite surgió el placer y también el dolor. La posibilidad del bien y del mal, entonces, nació con el Verbo UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 145 pero, por motivos naturales indescifrables, tal vez por una errónea interpretación de la violencia animal, el mismo Verbo fascinado con el bien se especializaría, justamente, en la propagación de su contrario. 2.3 El mal de las categorías Ya fue argumentado por qué venimos empleando indistintamente concepto y palabra, significado y significante, desafiando a una de las más asentadas dicotomías. Ahora desvelaremos las causas y límites del uso también indistinto, aunque sólo inicialmente despreocupado, que hemos hecho de las expresiones concepto y categoría. En tanto los conceptos son nociones, instancias que nos permiten interaccionar mental y directamente con el mundo, las categorías son conceptos que organizan otros conceptos, esto es, metaconceptos, nociones que supraordenan, subordinan o asocian conceptos. No entenderemos exclusivamente por categorías, entonces, los formales y atemáticos vértices kantianos desde los que supuestamente organiza su conocimiento o pensamiento la mente transcendental. Bajo nuestra óptica, la categoría no sería meramente un concepto formal, sino un concepto implicado. Y por ello, los conceptos de cualquier naturaleza y orden, llevan en sus genes el mal de la categoría. En breve, veremos el motivo de tan grave acusación. Decimos que las categorías son «conceptos que organizan…», es decir, son conceptos. No existen conceptos nacidos para ser categorías y otros que nunca podrán serlo. Todos los conceptos, hasta el más simple de ellos, son susceptible de Antonio García Gutiérrez 146 ser categorizados y categorizadores. Las categorías se diferenciarían de los conceptos, desde una insuficiente primera vista, en que tienen la función e intención de organizar conceptos. No simplemente de organizar el mundo, como todo concepto hace, sino de organizar a los organizadores del mundo. Todos los conceptos pueden tener esta capacidad pero no la desarrollan más que cuando intencionalmente los sujetos o las instituciones queremos que lo hagan. Así que, aunque estemos clasificando el mundo cuando hablamos o pensamos, estaremos sólo empleando conceptos y emplearemos esos mismos conceptos como categorías cuando insertemos un ejercicio metacognitivo en la concepción del mundo que referimos, esto es, una mirada intencional sobre nuestra mirada, una palabra sobre nuestra palabra, un concepción sobre otra. Llamaremos metaconceptos a los conceptos, sólo si tenemos en cuenta esa salvedad menor, para la cotidianeidad, pero gigantesca para el desarrollo del sistema cognitivo (y para el alejamiento de la realidad): la intención organizativa aparejada a un concepto. No sabríamos establecer en el tiempo cuándo aparecieron los metaconceptos —una suerte de conciencia de la conciencia— pero, seguramente, comenzaron a proliferar ya desde los lentos preliminares que acompañaron el despegue del logos. Para ello, hizo probablemente falta que algunos humanos dejaran las urgentes ocupaciones que exigía la supervivencia: buscar alimentos, hacer herramientas y armas, defender el clan, abrigarse. El surgimiento de los primeros metaconceptos vino parejo, entonces, a la sensación de seguridad, a la suficiencia de protección. Los metaconceptos serían, cada vez más, hijos del bienestar y de lo superfluo, incluso urdidos por lo superfluo UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 147 para negar la vida buena, como hicieran Diógenes, Bhudda o Jesucristo. Decía antes que sujetos e instituciones impulsan el nivel metaconceptual. En efecto, es así, pero no siempre que enuncian lo hacen o tienen que hacerlo. Por el contrario, el metaconcepto es una estructura esencialmente obtenida por herencia. El enunciador organiza conceptos no mediante la intervención permanente de un raciocinio clasificador sino acudiendo a la herencia, a la institución del lenguaje, de la cultura, de la clase social, también a la institución de la expectativa, entre muchas otras. De ese modo, los subsistemas que apoyan la matriz cognitiva la refuerzan a través de la explicitación reiterada, billones de veces por día entre los pensantes, hablantes o escribanos, de las mismas estructuras conceptuales. Pienso que una vez que el mundo conocido y disponible fue inicial y suficientemente conceptualizado, pasamos a conceptualizar esa conceptualización. Surgieron, entonces y muy pronto, los metaconceptos, los metapuntos de vista, las evaluaciones de evaluaciones, las expectativas sobre expectativas, como apunta Elster, metaexpectativas exclusivamente humanas pues hasta los animales esperan siempre algo, pero sólo nosotros elaboramos expectativas a partir de las expectativas que intuimos en los demás. Las instancias metalógicas no solamente llevan consigo un alto nivel de evolución del logos sino, sobre todo, la apertura de horizontes infinitos. Infinitos, naturalmente, dentro de la bóveda del logos, contradicción que tal vez pueda ser desanudada si pensamos en un infinito universo cerrado. De hecho, cuando pensamos en el infinito universo sólo podemos concebirlo como algo cerrado, inmenso y cerrado o ¿podría haber algo fuera de lo infinito que pudiera Antonio García Gutiérrez 148 ser pensado? El apeiron griego —lo ilimitado— es indecible, siempre excedió la capacidad del logos. Con la aparición de los metaconceptos, los humanos definitivamente sentenciaron su lugar en el mundo y, sobre todo, se aplicaron a la espiral de nombrarlo todo, de clasificarlo todo. No solamente se afianzó el maligno infonoma en su mente sino que éste liberó la metástasis retórica que yacía oculta en el núcleo tumoral: el pensamiento metonímico. Con la liberación y difusión de los recursos meta, desde el metalogos, el humano se aplicó a la conquista de su universo simbólico, dando un gigantesco paso en la dirección opuesta a la realidad pero de prometedoras expediciones y logros en su propio mundo. En la cultura occidental, la Ciencia es la gran depositaria del metalogos, de la producción de categorías y, ya, de metacategorías, de recursos meta que cada vez distancia más la mente humana de la realidad que la hiciera posible, de la realidad en la que es imposible. Los recursos meta, que calculadamente pretenden conquistar la felicidad, son incompatibles con la espontaneidad que —en la realidad— forma parte de la pulsión que a toda costa, y en todos los seres, la procura. Incompatibles, no de naturaleza, sino como consecuencia de una decisión también calculada del raciocinio. De una razón que no deja de considerar salvaje el goce animal o de proscribir bebidas o enteógenos que muchos humanos consumen para procurarse «una realidad» que no les proporciona nuestro mundo. Curioso mundo —el bios lógico— que propicia la adicción a tantos estimulantes artificiales de la felicidad, como la televisión, los hipermercados o los parques temáticos, en tanto que concienzudamente declina los gratuitos y naturales. UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 149 El logos surge en la espiral de dos vectores contrapuestos: una primera fuerza imparable, propulsada por la tecnología que es su propia hija y simultáneamente madre, que le lleva hacia la conquista de todos los espacios que le está dado colonizar, y una segunda fuerza, no me atrevo a decir contraria pero, en todo caso, poco solidaria respecto a los objetivos de la primera, y que consiste en un algoritmo que sólo produce repetición. Ya habremos insinuado en algún lugar que la repetición es fuente de la creatividad, personajes tan dispares como Derrida y Azorín lo sugieren, pero no se nos escapa que la repetición podría ser considerada como un pequeño defecto de fabricación, de avance o, tal vez, de freno sensato a un avance enloquecido, a la aceleración de una búsqueda de la perfección que sólo le llevará a su rápida pérdida. Más rápida de lo que interesaría a los mecanismos evolutivos si estos no fueran completamente indiferentes a la evolución. Extraña rebelión de la razón: ningún ave irracional destruye el nido de sus crías. La repetición no consistiría más que en el perverso goce, perverso porque simultáneamente incluye cierto rechazo y crítica, de lo mismo. Volver a hacer simplemente porque ya lo hemos hecho. Buscar lo mismo, lo idéntico, sencillamente porque resulta familiar o conocido. También hacen eso los mamíferos desprovistos de neocórtex, y las aves y reptiles. Recorrer el mismo camino, regresar a la misma madriguera, charca, humedal, cada día, cada estación. No extralimitarse, no perderse aunque se extralimitan y pierden. A los que les ocurre mueren y, los que se salvan, transmiten su salvación como herencia a hijos que se perderán o salvarán. La repetición, entonces, sería un mecanismo pre-racional de supervivencia, gati- Antonio García Gutiérrez 150 llado por el miedo. El miedo surge con el límite y se precipita con el verbo. Pero la repetición, al cabo de los milenios y ya sin objetivos ni causas que tal vez nunca la motivaran, se convierte finalmente en rutina y, a veces, en rutina placentera. La propia naturaleza hace que la memoria recuerde lo justo para repetir con el menor sufrimiento lo mismo y, en ocasiones, borra hasta límites increíbles. Cuando hay necesidad incontrolada de repetición, aparece la adicción. Un acechante mecanismo, encerrado en el bucle del algoritmo aludido, que provoca una sensación de felicidad antes de alcanzarla y de infelicidad una vez alcanzada. Los humanos, y mucho más los animales, somos seres repetitivos, incorregibles adictos, porque sólo en la adicción encontramos la seguridad de lo conocido. De la adicción tampoco se libra nuestra dimensión simbólica pero, naturalmente, con consecuencias distintas. La repetición incontrolable forma parte constituyente de un logos que, inevitablemente, se vuelve adicto a sí mismo. Y es, de ese modo, como encuentra el placer en la metaconceptualización: en ubicar a los conceptos como objetivos de sí mismos y, merced al bucle algorítmico, proceder a su manipulación incontrolada. He ahí, justamente, donde brota el mal. En la realidad no existe el mal. El sufrimiento o la muerte forman parte de una realidad indiferente a sí misma. Los humanos atribuyeron la moral y, por tanto, la valoración de lo bueno o lo malo, a instancias sobrenaturales inteligentes, portadoras por lo visto de una inteligencia comprensible por la nuestra. Tales inteligencias, no sabemos si interiores o exteriores a nuestro mundo, supieron encontrar la forma de conectar y transmitir, un buen día, decálogos e inexplicablemente bellas UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 151 escrituras que muestran el camino a humanos clarividentes o a demiurgos y prohombres directamente enviados por ellas. Creo con el corazón que, ésta, ha sido una hermosa y, sobre todo, eficaz forma de explicar nuestro mundo. Pero apostaría a que hay otras explicaciones. De todas ellas, me quedaría con la que nos proporciona el, para muchos, irritante panteísmo del racionalista Spinoza cuando, en su Ética, afirmaba que los individuos no deseamos las cosas buenas sino que, justamente, son buenas porque las deseamos. Del mismo modo, el mal sería aquello que, simplemente, repudiamos cualquiera que sea su motivación, razonable o arbitraria. Repárese que el hombre hobbesiano y el rousseauniano no son tan antagónicos como puede parecer a primera vista. En la obra de Hobbes (2003), el hombre es un lobo para el hombre, esto es, parte de una naturaleza malvada y voraz a la que el Leviatán, el Estado o el Príncipe, deben poner límites, someter y sancionar. Una sumisión necesaria en beneficio de todos. Para Rousseau, mucho más benévolo con nuestra naturaleza, es la sociedad la que termina por pervertir la inocencia primigenia. No trataríamos aquí de tomar posición a favor de alguna de estas explicaciones racionales e ilustradas, basadas en puras especulaciones retrospectivas sino, contrariamente, de señalar sus puntos de encuentro. Y no es necesario explorar muy lejos para descubrir lo que tienen en común ambos relatos: el humano termina siendo necesariamente malvado, ya sea a priori o a posteriori. La maldad, según los teólogos o los teóricos, formaría parte inseparable de las prácticas humanas. Mas una maldad, me gustaría añadir, que no necesariamente habría de ser vincu- Antonio García Gutiérrez 152 lada a posiciones extremas, como la comisión de robos o asesinatos. Me refiero a una maldad empotrada en lo cotidiano, embutida en la conversación a través del cotilleo, de la envidia, de la maledicencia, de la indolencia o de la desconfianza. La maledicencia, por ejemplo, es el asesinato simbólico de la imagen personal, o tal vez el escarnio no busque más que la simple tortura. La desconfianza pone bajo sospecha la imagen del otro. La desconfianza es un mal de estructura concéntrica y de masa centrípeta: se comienza desconfiando de un otro difuso y es la propia desconfianza la que termina por inventar una imagen nítida de un otro sobre la que autolegitimarse. La desconfianza crece hacia los entornos más cercanos del sujeto desconfiado y acaba su agotador viaje en la inseguridad de sí mismo. Porque la desconfianza, en el fondo, sólo pudo partir de un estado acomplejado de inseguridad que se alimenta silenciosamente de los estados materiales de hiperseguridad. Lo irracional no desconfía, simplemente advierte un peligro. Exactamente ése es el camino que recorrería nuestro adicto logos generando un tipo benigno de maldad que podría tener fatales consecuencias: la desconfianza de sí mismo. Al no sentirse seguro en su propio territorio, el logos crearía una vigilancia de sí mismo. Del mismo modo que en el mundo exterior, y como reflejo de una actitud ancestral del logos, los humanos convierten en policías, loqueros y verdugos a otros humanos que catalogan, reprimen, sancionan o encierran a sus congéneres e inventan instituciones catalogadoras, represoras, sancionadoras y de clausura de los mismos humanos, con una frialdad indiferente que nos recuerda a la que atribuimos a la realidad. El logos, del que parten esas ideas, intenciones y acciones, ya lo venía practicando consigo mismo. UNA TEORÍA DE LOS CONCEPTOS 153 Para ello, puso en marcha los metaconceptos o categorías: conceptos que, siguiendo dictados de la desconfianza, vigilan a los conceptos. Los jerarquizan, relacionan, subordinan, manipulan, controlan en suma, como haría una eficiente policía lógica. Con el logos, en la adicción a sí mismo y en un afán de controlar toda instancia insurgente que escape a la repetición inexorable, surge la maldad. Las categorías serían sus más fieles portadoras. 2.4 Ordo y conocimiento Armado de la capacidad consciente de elaborar metaconceptos de la materia prima de los conceptos, el logos ya disponía de la herramienta más eficaz de orden, orden de ordenación, y también de instrucción y control. La realidad no tiene orden ni leyes, son construcciones discursivas, y es indiferente a ellos. El nomos pertenece al mundo. Es más, el mundo humano no sería posible sin el nomos, pues sólo organización y regulación lo han hecho posible en su fisonomía actual. Así pues, el mundo se hizo estable gracias a progresivas regulaciones impuestas por un logos cada vez más blindado y distante de lo real. En esa progresión adquiere una importancia esencial la formación de instancias más vastas con capacidad gravitatoria suficiente para aglutinar o repeler conceptos. Ése sería el modo en el que los modelos estructurales, por ejemplo, explicarían el significado, y no andaban descaminados. La concepción estructural, una manifestación estratégica del logos moderno, vendría en su auxilio y complicidad. La Antonio García Gutiérrez 256 mente cierto que existo si me engaño. Por lo tanto, puesto que yo, la persona que se engaña, habría forzosamente de existir incluso si me engañara, en verdad no me engaño en el conocimiento de que existo. Y, por consiguiente, tampoco me engaño en que sé que lo sé, pues, del mismo modo en que sé que existo, sé también esto otro: que lo sé» 43. La vida de Renée Descartes, por su parte, transcurrió entre diplomáticas fugas, velados auto-exilios interiores y sutiles desahogos, de los que da testimonio su correspondencia privada, para conseguir el clima reflexivo en el cual poder erradicar la duda y el engaño. Su duda metódica emerge como el bastión del pensamiento moderno empeñado en una verdad única desprendida de cualquier error o falsedad. Toda la tradición científica y tecnológica occidental, especialmente a partir de su Epistemología dualista y mecanicista, queda sometida al rigor de los principios cartesianos pero también igualmente sometidos, al ser relegados y negados por esos mismos principios, el pensamiento filosófico, el sentido común o el arte. Descartes, en su ingenioso universo de fantasías, contrario a toda realidad plural, llega a inventar —a fingir, dice— un «ser burlón y perverso» que en todo momento procura engañarle. Y afirma agustinianamente: «un genio maligno podría engañarme sobre lo que me parece evidente, por tanto, siempre sería válida, al menos, la evidencia del cogito porque «si me engañan, soy»»44. Y prosigue el sabio francés: «sólo Dios puede garantizar que mis evidencias no se vean engañadas». Con tal finalidad, Descartes configura un método que tiene por 43 San Agustín: Civitas Dei, XI, 26 apud Descartes (2002:224). 44 Vid los interesantes comentarios que vierte sobre el particular, el filósofo español Julián Marías, en la introducción a un texto de Leibniz (2002: 44). POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 257 objeto no aceptar nada que sea dudoso o probable, ir a los principios sustentantes para partir de una posición pura e iniciar el proceso de la verdad: «No será necesario que demuestre que todas mis opiniones son falsas (…). Bastará que rechace aquéllas en las que encuentre razones para ponerlas en duda (…). Puesto que la ruina de los cimientos arrastrará necesariamente consigo la del edificio todo, bastará que dirija primero mis ataques contra los principios sobre los que descansaban todas mis opiniones antiguas» (Descartes, 2002: 148)45. Pocos filósofos han desarrollado de una manera tan influyente —salvo Aristóteles «según» la Escolástica—, a la vez que entrañablemente ingenua, una concepción de la verdad como Descartes. Pues su purificación ontológica no lograba librarse del principal sesgo, o en términos más prácticos, no pudo zafarse del terror a una Inquisición ya cebada con Bruno y Galileo, hechos conocidos por Descartes, para expresarse libremente. De hecho, para demoler todas sus opiniones, Descartes argumenta que ha de mantener necesariamente una «moral provisional» a partir de la cual sea posible olvidar los prejuicios y construir una mente renovada. Tal moral iría presidida por una máxima: «seguir las leyes y las costumbres de mi país, conservando la religión (católica) en que la gracia de 45 Entre los detractores más agudos del cartesianismo podríamos citar a Gilbert Ryle (1967) quien, en su libro El concepto de lo mental (Buenos Aires: Paidós, 1967), llama a la separación ontológica cartesiana entre mente y cuerpo “la teoría oficial del fantasma en la máquina”: “espero probar que esa teoría es totalmente falsa, falsa no en detalles sino por principio. Es un gran error, un error categorial. Concibe los hechos de la vida mental como si perteneciesen a una categoría cuando en realidad pertenecen a otra”. (apéndice al texto de Descartes, 2002). Antonio García Gutiérrez 258 Dios hizo que me instruyeran desde niño» (Descartes, 2002: 86). Descartes procede a argumentar ésta y otras máximas, más laicas y sensatas para la búsqueda de la objetividad, con una serie de silogismos que dudo convencieran mucho a su privilegiada inteligencia aunque lograron no enemistarle lo suficiente, al menos en vida, con el amenazador Tribunal. ¿No deberíamos dudar, por tanto, sobre la sinceridad de su pensamiento, un pensamiento auto-reprimido y sumiso a los poderes? Necesariamente el miedo determina tanto el nivel de conciencia reflexiva como el de franqueza. Si traigo a colación nuevamente a Descartes, es porque no solamente se rehabilita con él toda una lógica laica de la verdad y, por tanto, del conocimiento científico cierto, sino especialmente porque parece que estamos viviendo un auténtico neocartesianismo en lo que se refiere a la construcción de una mecánica y una metafísica de los conocimientos. Y probablemente, entonces, desmontando los principios cartesianos, dualistas, universalistas, logremos abordar los problemas de la exomemoria de un modo más nítidamente democrático, transparente y plural. Posteriormente, incluso, retomaré los principios del método cartesiano procurando operar con sus antítesis como procedimiento que no se obceca con una verdad calculada y sobria, poco presente en las memorias vivas, sino con la dignidad, el pluralismo y la felicidad de las personas. Pues, en verdad, mi objeción a Descartes no se ensaña con su método sino con la seguridad que sobre su infabilidad tenía. En mi opinión, una proposición puede ser verdadera en el marco de una matriz cognitiva y cultural dada. Dentro de la matriz, aun así, habría de ser verificado, por parte de diversas POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 259 posiciones, si los enunciados se corresponden con hechos o con otros enunciados, lo que implica un riguroso proceso de verificación de pruebas ajustado a unos principios dados, esto es, a un conjunto dado de principios jurídicos, morales, culturales y epistemológicos, por tanto, a un sistema de construcciones y creencias. La justicia y la ciencia serían, probablemente, las privilegiadas instituciones de la verdad en nuestra cultura contemporánea. De esta visión se deduce que la verdad ya no podría tener valor universal ni objetivo y habría de conformarse con ser la demostración supuestamente infalible de una proposición en un conjunto de creencias. Quiere esto decir que en otro conjunto de creencias, la misma verdad podría ser falsa, contradictoria (dialetheia) o, lo que es peor a los ojos de una cultura, carecer de sentido o interés lo que la proposición afirme o niegue. Desde la perspectiva transcultural, en la que nos emplazamos, la verdad solemne sólo podría ser posible bajo las leyes de una matriz cognitiva compartida por unos interlocutores concretos en un tiempo y situación determinados. Las variaciones en el tiempo, en la situación y la sustitución de los interlocutores, aún bajo la misma matriz, provocará distorsiones y cancelaciones imprevisibles en la verdad alcanzada. Por ello, desde la posición transcultural, esto es, desde el libre, incesante, acelerado, masivo y precario flujo e intercambio entre marcos cognitivos y culturales, la verdad sólo podría ser la aceptación efímera de proposiciones que conllevan cierta validez para los interlocutores. De haber alguna, nuestra máxima falibilista y pragmatista sólo permitiría la existencia de una verdad siempre provi- Antonio García Gutiérrez 260 sional, con el mismo sentido de convicción provisional que de la verdad habrían de tener los interlocutores, y únicamente orientada a la obtención de acuerdos transculturales. O, en cualquier caso, aceptar como condición previa que la verdad es el acuerdo. Vincularemos, por tanto, la desclasificación no a una pseudoconcepción de verdad de confesionario o de academia narcicista, sino a la necesidad más terrenal y palpitante de la comunicación transcultural, la erradicación del dogmatismo y la descolonización de los lugares únicos de enunciación. Los procedimientos dialógicos han de encontrar su «fusión de horizontes», en términos de la hermenéutica de Gadamer, en la transcultura. La transcultura, antítesis de la estabilidad y de la pureza aun manteniendo un mínimo constitutivo de estabilidad y pureza suficiente, como para permitir que nuestro cerebro las capte y cerque, es un espacio de interacción volátil y espontánea entre culturas o, más precisamente, entre rasgos culturales, valores y creencias con una orientación, imprecisa y no deliberada habitualmente, hacia la mezcla y la mutación de instancias. Es la transcultura el factor esencial de la desestabilidad, la singularidad y la transformación cultural, un espacio que no es ni bueno ni malo, sino simplemente un nuevo imperativo evolutivo, acelerado por las tecnologías, con destino al mestizaje aleatorio, una mezcla y eclosión de nuevos culturemas previsibles o imprevisibles derivados de los choques culturales. Muchos ejemplos históricos de tales choques se encuentran en los trabajos de historia, sociología y antropología de la cultura de García Canclini (1990), Steiner (1991), Clifford (1999) o Gruzinski (2000), ilustradores de los primeros proce- POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 261 sos masivos de hibridación cultural que preconizan su espiral contemporánea46. 3.1.7 Argumentos de la razón paraconsistente El ensayo de comprensión de algunos postulados del cuantismo nos ha hecho incurrir en un cúmulo de contradicciones e inconsistencias inadmisibles para la Epistemología y la lógica de la clasificación. Por eso, la inquietante presencia de la razón cuántica, y de otros argumentos posepistemológicos a los que hemos recurrido, ampara el uso de la contradicción como un recurso perceptivo al servicio de un pensamiento estructuralmente débil. Apelar a la lógica de la contradicción, en consecuencia, será nuestro último argumento desclasificatorio. En la especie humana, la capacidad ilimitada de clasificación, y el uso que se haga de ella, vendrá determinado por la cultura y, dentro de ella, por los discursos. En algunas culturas, la clasificación ha sido en gran medida eclipsada por cosmovisiones holísticas o transversas que desdeñan el encapsulamiento del mundo propio de la occidentalización. En nuestra cultura, por ejemplo, la concepción inicial del bien y del mal fue derivando hacia clasificaciones y catálogos de apariencia compleja, pero de la complejidad de un sistema informático que, en 46 Vid, esencialmente en la obra conciliadora de Gruzinski, ejemplos sobre cómo de la iberización americana surgen estilos, visiones, discursos y correspondencias que adquieren sus propias derivas filogénicas mestizas en beneficio del mutuo intercambio y a pesar de los deseos del Imperio. Antonio García Gutiérrez 262 definitiva, se sustenta sobre la simplificación de una lógica binaria de 1/0, abierto/cerrado, sí/no. La lógica binaria es un sistema de clasificación primario pero en absoluto neutral ni justo con el mundo. El binarismo facilita el surgimiento de la mente cainita y maniquea, producciones bíblicas de la cosmovisión dicotómica, promueve la decisión radical, la adhesión incondicional a una posición sin posibilidad de retracto, de contestación, de terceras vías o de una multiplicidad de situaciones y fugas concebibles y factibles para un cerebro, reprimido por la cultura, que dispone de una descomunal elasticidad. El efecto inmediato de la instrucción binarista sería, a mi juicio, la proliferación de un íntimo malestar, de apagada represión y hasta de serias disfunciones psíquicas. Incluso, para consolidar aún más la tenaza clasificatoria, podemos situar la disfunción en el sentido que lo hace el catálogo positivista de patologías psiquiátricas. El logos, en consecuencia, es causa y efecto de la capacidad cerebral de clasificación pero no de la lógica que sustentará y desplegará nuestro sistema clasificatorio que puede bascular, desde una lógica binaria, reductora y opresiva, hasta una lógica polivalente y plural, abierta y elástica como la misma materia —el tejido neural— que la soporta. La lógica estará, por tanto, derivada de la cultura, una cultura que a su vez se desarrolla, acomoda y arraiga a partir de una determinada lógica. Mitos y creencias, amparados e impulsados por lógicas binarias que benefician a los poderes que habitualmente han tiranizado a la humanidad, incluso los derivados del propio cristianismo o del humanismo renacentista libertador, de cuya distorsión y posterior aplicación hemos heredado este mundo POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 263 de fronteras, divisiones y sufrimiento innecesario, contribuyen al reforzamiento del propio binarismo mediante la repetición constante de relatos que, en el caso occidental, se han resemantizado y actualizado completamente pero conservando intacta su estructura lógica binaria inicial, que es la que inocula siempre el mensaje. No es de extrañar, por tanto, que un Nietzsche desesperado por la lucidez, y por la sífilis, fuera acusado de reducir a los escombros del hiperbolismo lo que no es más que una trágica evidencia que no hemos parado de comprobar: el lenguaje es una herramienta inventada por los poderosos, y a su exclusivo servicio, que débiles y envidiosos lacayos adoptarían para hacer posible ciertas aspiraciones de poder. Al superhombre, figura denostada por una lectura simplista, descontextualizada o torticera del gran filósofo alemán, como hiciera el nazismo, le correspondería la tarea de reinventar el lenguaje. Lo que los poderosos impusieron en los albores de la humanidad, sirviéndose de las capacidades de un logos todavía carente de suficiente pigmentación cultural, y mediante grandes metarrelatos que poéticamente la ocultaban, a la par que tomaban cuenta del mundo humano y también del celestial, fue una lógica fácil de asimilar y practicar en la dura vida cotidiana, una respuesta sutilmente prefabricada a todas las preguntas, dilemas y situaciones en que nos coloca el mundo, un simple afirmar o negar, tan fácil y efímero como el parpadeo pero de consecuencias culturales tan pesadas como una losa sepulcral. Lo que queda fuera del sí y del no es, sencillamente, una infinidad de opciones intermedias. Opciones que van, desde el sí o el no autoelaborados, hasta posiciones graduales de afirmación o negación, incluyendo también posiciones que pro- Antonio García Gutiérrez 264 ponen otras preguntas y posiciones de indiferencia o desinterés absoluto hacia la pregunta, hacia esa pregunta o cualquiera otra realizada desde la misma posición pero, no obstante, forzando siempre una respuesta. Una de las repuestas posibles, y que más irrita a la mentalidad binaria, es la afirmación y negación simultáneas. La contradicción, la inconsistencia y la incoherencia son la bestia negra de la Epistemología de bien. Los errores que más alborozo producen en un adversario. La prueba de la debilidad argumental y vital aunque todos los humanos argumentemos y vivamos entre contradicciones que se nos escapan u olvidan. La viga maestra de la lógica que alimenta y es alimentada por nuestra cultura. Vulnerar el principio de no contradicción implica el descrédito de un argumento. Esto explicaría, tal vez, la mala prensa que la genialidad de Nietzsche ha solido tener entre muchos intelectuales. El propio filósofo solía contradecirse, sin pudor, en su gigantesco universo. Y, seguramente, por idénticas razones, ese mismo auditorio alabe la arquitectura cartesiana del conocimiento, una propuesta obsesionada en la persecución de contradicciones y paralogismos, en la claridad y pureza ontológica, en la separación y limitación de posiciones en un mundo agitado y convulso. La genialidad del propio Kant tampoco escaparía a la denuncia sistemática de las antinomias. El hecho es que nuestra existencia se basa ya en una contradicción física, vivir en tanto nos autoincineramos y, que todas las instancias, no ya de una realidad que no tengo capacidad de enunciar, sino del mundo que vivimos y creamos en cada momento, están sometidas a un despiadado régimen de contradicción que sólo, gracias a la tendencia homeostática de POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 265 nuestro cerebro al producir normalidad, equilibrio y estabilidad contra viento y marea, consonancia cognitiva, somos capaces de resistir. Claro que el precio es alto: a cambio del sentido de normalidad hemos perdido irremediablemente el sentido de lo real. He ahí el desigual canje al que se vio sometido el desesperado Fausto. Tanto la clasificación cotidiana del mundo, como las precisas taxonomías científicas y, desde luego, las más sofisticadas herramientas de organización del conocimiento, como thesaurus y ontologías, esto es, producciones culturales especializadas, encuentran en la erradicación de la contradicción su mayor campo de batalla. Sin embargo, tanto en nuestra existencia cotidiana como en esas producciones discursivas, que son las clasificaciones de los conocimientos, la contradicción irrumpe como los guerreros de Aquiles penetraron en el corazón de Troya. Mas, a diferencia de los guerreros griegos, la contradicción no tiene intencionalidad, simplemente es opacada o resaltada por el discurso y cuenta con disposición permanente a desvelarse cuando es requerida. No hay instancia física o psíquica que no sea aniquilable a partir de su propio régimen paradójico. La dimensión o, mejor, el entreverado contradictorio de los humanos como instrumento de intercambio cultural, está muy poco explorado. Y, sin embargo, ofrece posibilidades de comunicación insospechadas, universales y no colonizantes. Todos los sujetos, sin excepción, realizamos acciones inexplicables que resolvemos pragmáticamente y sin pestañear, a pesar de que muchas de ellas invocan la contradicción e impugnan principios lógicos que creemos tener plenamente asumidos. No obstante, denunciamos con rapidez la contradicción Antonio García Gutiérrez 272 distintiva es el tránsito permanente, no un nuevo emplazamiento fijo o definitivo sino un emplazamiento cuya condición será el desplazamiento incesante hacia la descolonización plena de la producción y distribución de los conocimientos (vid 1.4 y 1.5). Si para pensar desclasificadamente necesitamos un lugar fijo desde el que observar objetos fijos, estaremos clasificando de acuerdo al orden convencional de la clasificación, esclerotizando el mundo desde una visión esclerotizada. La desclasificación es una clasificación dinámica que debe atender, en primer lugar, a una lógica del cambio, superada la reducción de la tradicional parálisis cognitiva de la clasificación que solemos erigir y practicar. La lógica del cambio, posible desde la libertad de una concepción posepistemológica, ha de entenderse al menos en dos universos, unas veces contrapuestos, otras colaborativos: en primer lugar, concebiremos un cambio de naturaleza espontánea y arbitraria, pero un cambio que, de alguna manera, podría ser considerado determinista, no por dirigir inexorablemente al mundo hacia su destino sino por encontrar el destino inexorable del mundo en el cambio mismo. Tras este tipo de cambio no habría sentido sino tan sólo trayectoria ¿circular?, ¿elíptica?, ¿espiral?, ¿errática? Trayectoria y movimiento, como los del más ignoto cometa, como los de la más desapercibida partícula cuántica. Mas no nos referimos solamente al universo físico o a esa realidad indecible que nos atraviesa a menos que, como parte de ellos ¿por qué no?, incluyamos nuestro mundo, el mundo de la existencia, al fin. El movimiento espontáneo fluye e influye tanto en lo real indecible como en el sentido, de hecho su composición está POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 273 hecha únicamente de la pasta de lo real pero, merced al más universal de los desacatos, la irrupción de la inteligencia, sólo el sentido puede constatarlo. En segundo lugar, habremos de entender el cambio desde el universo de la voluntad, un universo transformativo y de sentido implicado, diferente por tanto a la voluntad del universo schopenhaueriano. El cambio, por tanto, estará regido por una doble trayectoria articulada sobre movimientos y transformaciones. Movimientos generadores de nuevos movimientos que interaccionan reemplazan y desplazan el sentido de unas transformaciones que, en escasa medida, pero con la única autoridad que conocemos, la autoridad que nos otorga el sentido, produce desvíos y derivas en los movimientos. De hecho, el sentido, que sobre todo es producto de repeticiones, rozamientos, resurgimientos y desgastes del movimiento sinsentido, surge como una inoportuna mutación cuya mirada insolente habría de tomarse en serio el movimiento. Mas el sentido, brotado de una espontaneidad sin causa explicable o comprensible, pronto reorientó su trayectoria hacia la instrumentalización de fines y, para ello, elaboró la herramienta de la clasificación, un instrumento organizativo y valorativo que no puso al servicio de la emancipación y de la felicidad en el universo del sentido, dando sentido y esperanza a ese universo, sino justamente al servicio de la opresión y del sufrimiento, perdiéndose de nuevo el sentido en la propia lógica clasificatoria. La clasificación surgiría como movimiento calculado dentro de la matriz cognitiva inicial, ya dotada desde el principio de una voluntad de poder, que orienta las percepciones y pretensiones de todo sentido posible en el único sentido de las Antonio García Gutiérrez 274 percepciones y pretensiones de la voluntad de poder. De hecho, a pesar de la atomización del poder posfoucaultiano, el poder mantiene su totalidad en la transversalidad de sus manifestaciones. Y uno de sus resortes y manifestaciones es la clasificación, una clasificación poderosa y milenaria amparada por la tradición, la sabiduría, el conocimiento, la memoria, la identidad, la estabilidad, la religión, la normalidad, la coherencia, la ciencia y nuestro modo de vida, como suele decirse, todo ello cooperando en pos de una misma e inmutable organización que no cesa de divulgar sus estructuras. Una clasificación concebida como origen y destino del mundo, siempre sumisa e impulsora del orden establecido hasta en los espacios en los que no es necesario orden alguno. La desclasificación surge como voluntad hermenéutica de contrapoder, sería por tanto una clasificación y un poder más, pero diferenciable por la constitución ética y política de sus herramientas orientadas (e inspiradas por ellos) hacia algunos fines primordiales: la dignidad, la emancipación, el pluralismo y la felicidad. Más también hacia (y desde) otros valores no menos relevantes: la solidaridad, el afecto o la pasibilidad. Esquematicemos y crucemos, ahora, todas esas trayectorias y voluntades: los movimientos se basarían fundamentalmente en dinámicas espontáneas, resultantes de la interacción de mundos, en tanto las transformaciones deben entenderse como dinámicas inducidas resultantes de intervenciones de la voluntad desclasificadora. Para la desclasificación, tales intervenciones incorporan valores de orden ético y político, derivados de unos fines que son simultáneamente causas, en la confección de sus instrumentos de actuación. En consecuencia, POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 275 los movimientos sencillamente son y, las transformaciones, deben ser. El espacio de encuentro entre movimientos y transformaciones no será el espacio de armonía que la clasificación nos invita a pensar, sino un lugar de transgresiones, de lucha y conflicto. Pero tránsito y conflicto no son espacios en los que los fines trazados, como la dignidad o el pluralismo, sean objetivos utópicos o permanentemente pospuestos, justamente como el horizonte, el paraíso o la tierra secularmente prometidos por los metarrelatos monoteístas, marxistas o de la modernidad, que denunciara Lyotard (1989). Los fines y las causas de la desclasificación constituyen la naturaleza de sus instrumentos y tránsitos y, por tanto, son percibidos y vividos en tanto se aplican. La única exigencia sería trasladar la postergación y subrogación de la toma de decisiones, que impone la clasificación, a la responsabilidad de tomarlas desde la subjetividad escuchante y la presentidad sensible, que sugiere la desclasificación. Seguramente el resultado será cuestión, como tantos otros asuntos en este mundo mercantilizado, de la compensación que resulte del reciclaje. Mas también una cuestión inevitable de creencias, más allá de las indicaciones de la racionalidad y, sobre todo, de la buena voluntad, para Kant, lo único intrínsecamente bueno: «no es posible pensar nada dentro del mundo, ni después de todo fuera del mismo, que pueda ser tenido por bueno sin restricción alguna, salvo una buena voluntad (…). Ésta no es tal por lo que produzca o logre, ni por su idoneidad para conseguir un fin propuesto, siendo su querer lo único que la hace buena de suyo» (Kant, 2002: 63s.). La buena voluntad sería lo único bueno con independencia de los efec- Antonio García Gutiérrez 276 tos negativos o de los fracasos que pudiera traer consigo. Una opción racional que siembra la razón emocional de la desclasificación. Más allá de las útiles digresiones de la filosofía clásica sobre la bondad y la voluntad, acudamos también a razones lógicas y políticas, sobre movimientos y transformaciones, que podrían promover el salto epistemológico hacia la desclasificación: 1] Razones sobre movimientos a. La clasificación es un esquema estático que elabora mundos estáticos. b. Los mundos de hecho no son estáticos sino instancias dinámicas interactivas y en constante movimiento. c. El mundo estático sólo existe como construcción de la clasificación. d. La clasificación estática no refleja el movimiento de los mundos de hecho. e. En consecuencia, el mundo de hecho sólo podría ser abordado desde una alternativa clasificatoria que refleje y propulse su movimiento interactivo, no a partir de otra clasificación situada en el mismo lugar de enunciación sino de una clasificación—otra: la desclasificación. f. La desclasificación aborda los movimientos elaborando herramientas simétricas orientadas a la interacción en igualdad de condiciones. 2] Razones sobre transformaciones a. La clasificación es un esquema unificante que elabora mundos unificados. POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 277 b. Los mundos de hecho son instancias plurales e intencionales y en constante transformación y necesidad de transformación. c. El mundo neutral y unificado sólo existe como construcción de la clasificación. d. La clasificación neutral y unificante no refleja la pluralidad e intencionalidad de los mundos de hecho. e. En consecuencia, el mundo de hecho sólo podría ser abordado desde una alternativa que refleje su transformación plural e intencional, no a partir de otra clasificación situada en el mismo lugar de enunciación sino de una clasificación—otra: la desclasificación. f. La desclasificación aborda las transformaciones elaborando herramientas asimétricas orientadas a la emancipación y a la descolonización. Antonio García Gutiérrez 278 3.3 Impugnaciones ontológicas En las prácticas culturales, en las que el lenguaje y la lengua protagonizan una dimensión básica, la esencia, la “eseidad”, esto es, la purificación ontológica a partir del verbo ser, se convierte en referencia y recurso prioritario para la percepción y la transmisión del mundo simbólico. El concepto ser, en una diversidad de manifestaciones, existe en todas las lenguas y culturas conocidas, lo que permite a los pensantes hablar de las cualidades y pertenencias de un objeto, de sí mismos o de la comunidad, del mismo modo que negarlas. Las relaciones conceptuales partitivas o clasemáticas, distorsionadas por la metonimia, operan como recurso automático que clarifica una proposición al tiempo que opaca todas las demás. Las jerarquías de los todos sobre las partes, y de las especies sobre las clases, organizan el mundo. Esa misma lógica de la jerarquización, sea previa o posterior a las microestructuras de poder, determina las relaciones entre sujetos, lejos de la co-subjetividad, y entre sujetos y objetos en las producciones y acciones humanas. Cuando aludimos, con automatismo o inocencia, a las partes de una casa, de un coche, de una institución, de una ciudad, de un ordenador, cuando aludimos a las clases de cualesquiera objetos y sujetos, estamos clasificando el mundo esencialistamente. El verbo ser, explícita o tácitamente, conecta la parte con su todo, la clase con su especie: la rueda (es) del coche, la pantalla (es) del ordenador, la cocina (es) de la casa, la casa es una vivienda, las sardinas son peces, el ordenador es tecnología… Las operaciones esencialistas consisten en clasificar(se) el mundo a partir de una lógica unicista y reductora. La desclasificación no se opone a la clasificación, porque nunca dejamos de clasificar, pero consiste en la asunción POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 279 metacognitiva de una lógica abierta y no esencialista. Sencillas fórmulas como “todo es también siempre otra cosa” deshacen el unicismo lógico e introducen el falibilismo, el perpectivismo, el pluralismo en el pensamiento y en la argumentación clasificatoria. Es más, el rudo contra-dogmatismo del enunciado fáctico, incluyendo una predicación paraconsistente (siempre), quedaría aún más mitigado por el contrafáctico: “todo podría ser (siempre) otra cosa”. Lo que decide una superordenación o subordinación es la situación, una posición envolvente y absorbente que ciega otras alternativas e impide la alternativa de la insubordinación o de la no subordinación conceptual. Podemos inferir que, fuera de situación, las relaciones se someten a una infinidad de mundos posibles y arbitrarios como criterio de ordenación. Si tomamos, por ejemplo, la funcionalidad inmediata de las instancias aludidas en otros mundos posibles (de real posible worlds de Lewis (1986)), el cuchillo podría ser un arma homicida, un recuerdo o una pieza antigua, el perro podría ser un molesto ladrador o su leal compañero, la encina, una buena sombra o un árbol desconocido, el ordenador, deshecho contaminante, la sardina, saludable o indigesta. Una cosa sería siempre y simultáneamente otra. Infinidad de concepciones acechan a las instancias configurando y reconfigurando las proposiciones. Y afirmar varias proposiciones simultáneamente no es contradictorio, simplemente se trata de una declaración de incertidumbre. Por tanto, podemos realizar la siguiente impugnación ontológica, dejando implícito su carácter contrafáctico: una instancia no sólo es, es también. Veamos, mediante la matización “es también” como irrumpe pragmáticamente la desclasificación en las jerarquías conceptuales, anulando el privilegio de cualquier dogmatismo Antonio García Gutiérrez 280 clasificatorio: el cuchillo es también un cubierto, el perro es también un mamífero, la encina es también un árbol (y toda las fases de la genealogía arbórea), un ornitorrinco es también un anfibio y, la persona intersexual, simultáneamente es también mujer, hombre y mujer-hombre. Todas esas instancias, como cualesquiera otras, “son también”, es decir, el criterio supraordenador instaurado por la costumbre, el discurso o la cultura queda deshonrado, degradado, por una infinidad de mundos pragmáticos prestos a tomar su lugar. Afirmar que cualquier instancia “es también”, implica destituir la tradición o imposición bajo cuyas ópticas ha sido visto y considerado el concepto, y también sus supraordenadores y subordinados, y trasladar el pluralismo desclasificador al núcleo mismo de la refundación conceptual que el pensamiento mismo está necesitando. Las posibilidades de uso de esta modesta pero potente paraontología, en la organización del conocimiento, son evidentes. 3.4 Vectores y escenarios teóricos de hibridación y transformación Los argumentos que sostienen la negatividad afirmante y optimista de la desclasificación comienzan, ya, a esbozar una silueta difusa de lo que ha de ser el pensamiento desclasificado, un pensamiento abierto, flexible, débil, invertebrado y con la suficiente falta de densidad y nitidez como para inutilizar la radiografía de su esqueleto ausente. No obstante sí señala, desde la negación de lo establecido, algunas orientaciones, posiciones y herramientas que habría de adoptar la acción desclasificadora del conocimiento: POSEPISTEMOLOGÍA DE LA DESCLASIFICACIÓN 281 - La desclasificación aprovecha y acompaña los vectores de fuerza y dirección de la trayectoria evolutiva que procede del pasado y tiende al futuro, mas a un futuro que no deja de mantener el pasado en su constitución y de un pasado que no deja de producir futuro. Un pasado, un ya no, y un futuro, un todavía no, siempre mediados negativamente por adverbios y gramáticas determinadas desde la presentidad evanescente. Los operadores teóricos de organización del conocimiento y de los objetos de la memoria habrán de tener en cuenta la transtemporalidad y la irreversibilidad, en términos de mundo humano, en sus herramientas específicas de intervención. Los vectores evolutivos, merced a la impugnación posepistemológica del principio de contradicción, son en realidad dos versiones de la misma fuerza y orientación invertidas hacia sí mismas retrospectiva y proyectivamente. El vector retrospectivo nos muestra en su estela cómo la proyección no tiene sentido sin la retrospección, pues ambas son corrientes del mismo caudal, mas caudal de doble dirección y, por lo tanto, los operadores organizativos que abordaremos en el capítulo siguiente habrán de promover la comunicación con los conocimientos y objetos de la memoria de quienes nos precedieron, evitando la extinción de la subjetividad sincrónica a manos de una unilateral resemantización diacrónica. Para ese empeño, será esencial la elaboración de tablas hermenéuticas de conversión y traducción interespacial, intercultural e intertemporal entre las posiciones pretéritas, y entre las posiciones pretéri- 288 APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL. Nuestro mundo fija uno de los cimientos de su identidad cultural, de los discursos políticos, de las expectativas de futuro, de los conocimientos adquiridos y de prácticamente toda su memoria, en inscripciones. A la acumulación de tales inscripciones, sobre las que se incorporan exponencialmente — y a cada instante— nuevas inscripciones digitales, la hemos llamado exomemoria. El concepto de exomemoria recupera, como hemos justificado en páginas anteriores, un sentido antrópico, ético y político del que ha carecido el de Documentación desde sus inicios positivistas. Aunque, en la digitalidad, las inscripciones se generan dispersa y espontáneamente, la mayoría de las veces, y esto no tiene mayor relevancia que para la relevante intimidad de las personas, hay un numeroso grupo de inscripciones que sí podría tener trascendencia para la memoria colectiva o para la narración de la historia del mundo, que no sólo es una historia narrable desde una voz holística, sino también desde la pluralidad de las comunidades, desde los sujetos e incluso desde ricas intersubjetividades que trascienden la intimidad. A pesar del paisaje caótico que presentan los registros relevantes e irrelevantes, desde un punto de vista colectivo, en el archivo mundial de inscripciones, y especialmente de exomemoria digital, subyacen los viejos lastres que ya conocemos de los modos de dominación: selección de registros en función de los intereses de poder, expropiación o amputación de los IV. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 289 contextos y lugares de procedencia, organización jerarquista desde categorías extrañas al registro, manipulación, explotación y hasta comercialización económica o política de los productos, ya reinscripciones sistémicamente resemantizadas y amoldadas sus interpretaciones por el lenguaje dominante. Estamos, pues, ante un asunto de trascendencia mundial, que directamente afecta a la libertad, a la conciencia, a los conocimientos, a la memoria y a la intimidad de los habitantes del planeta, dominado por los resortes de los poderes nacionales y locales que deciden, con mayor o menor representatividad democrática —aunque, a mi modo de ver, si bien existe representatividad, el grado de democracia alcanzado es todavía muy pobre— las localizaciones y destinos de un patrimonio que sólo puede ser autogestionado por sus genuinos productores. Las herramientas para la gestión masiva de los registros son hijas de la Ilustración, del positivismo, del funcionalismo y, más recientemente, de un tecnocapitalismo que sólo puede ser desenmascarado por los sofisticados procedimientos de detección de una economía política de la información, prácticamente ausente en nuestro campo de estudios. Si a lo largo de esa historia de la organización masiva de registros, las tecnologías de conservación y localización de cada momento fueron acompañadas de técnicas de organización adhoc, incluso las innovaciones eran consecuencia de concienzudas teorizaciones, la irrupción de lo digital cambió las tornas, subordinando la teoría, y especialmente a la Epistemología, hasta su actual estado de estancamiento. Y, junto a tal devaluación, lógicamente sucumbió la diversidad tecnológica que la sucedía y la posibilidad consecuente de una diversidad de tecno-evoluciones. Antonio García Gutiérrez 290 Abordar la gestión de la exomemoria, de un modo satisfactorio y para un mundo complejo y plural, ha precisado de una radical insurgencia epistemológica que definitivimente resitúa a la matriz nómica de las ciencias junto y no frente a los discursos de las culturas. La pregunta, entonces, sería: ¿podemos hacer algo ante la inercia todavía arrolladora de esta Epistemología en declive, de la indolencia teórica generalizada, de la manipulación del marketing académico o de la fascinación hipnótica ante el rodillo tecnológico?, ¿podemos hacer algo que no esté amenazado todavía por la autocomplacencia? Cualquier respuesta afirmativa, desde la desclasificación, sólo puede instalarse en una negatividad insobornable. Negar el digerido mundo que nos proponen las tecnologías unificantes. Subvertir su acción unificante reorientándola hacia la diversidad. Negar es el único modo de concebir alternativas. Negar el mundo que nos proponen las tecnologías no implica negar las tecnologías sino subordinarlas a los dictámenes de una rehabilitación democrática y social como implica, por ejemplo, la descolonización. La teoría de la organización de la exomemoria, en este sentido, habría de comandar las funciones de las tecnologías y solicitar innovaciones tecnológicas para acometer funciones determinadas teóricamente, y no al contrario. Tal teoría, como ya se indicó, habría de incorporar y compartir entre sus objetivos y componentes conceptuales, elementos de ética, de ciencia política, de sociología y antropología críticas, de psicología cognitiva y, naturalmente, de tecnología crítica y de hermenéutica. A tal teoría práxica, que recibe el mismo nombre que sus herramientas, es a lo que hemos llamado epistemografía interactiva (García Gutiérrez, 2002). APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 291 La epistemografía es el conjunto de estudios, herramientas, prácticas y resultados relacionados con la organización descolonizada de los conocimientos en redes mundiales de intercambio. Una epistemografía es tanto la representación o mapa conceptual de un sólo documento, sea elaborado a partir de categorías autonarrativas o heteronarrativas (siempre que la heteronarración sea descolonizante), como la construcción de todo un sistema en el que las estructuras y contenidos de esos documentos estarían vinculados entre sí y articulados a otro sistema de representación que les daría visibilidad mundial a través de una lingua franca digital (otra herramienta epistemográfica). La epistemografía, finalmente, también sería el conjunto de observaciones, descripciones, reflexiones y conclusiones derivadas de tales prácticas, sistemas y herramientas que promueve no sólo autonarraciones sino, en función de los vectores de transformación, autonarraciones escuchantes, esto es, una enunciación descolonizada y abierta al intercambio y al mestizaje en igualdad de condiciones. Dentro de tan vasta invocación, debo comenzar acotando los objetivos de esta incursión que se pretende específica: los registros de conocimientos y memorias que se depositan, adaptan o generan en lo digital tienen derecho a la autonarración radical, esto es, a que cada individuo, comunidad o sociedad pueda decidir como organizarlos y accederlos. Para ello, es necesario introducir la racionalidad, junto a las emociones, idiosincrasias, creencias, esperanzas o ensoñaciones en la teoría de la organización de la exomemoria pero, naturalmente, no sólo en sus contenidos pues es algo de lo que ya se podría disponer sino, especialmente, mediante la instalación de sus particularismos y lógicas en el corazón mismo de Antonio García Gutiérrez 292 los modos de inscripción, organización, comunicación, búsqueda y recuperación de conocimientos. Naturalmente, aunque sea el formato y soporte dominante, no sólo se trata de organización digital sino de organización a partir de cualquier otro medio provisto por el pasado, o por distintas evoluciones tecnoculturales que, a partir de ellos, nos depare un futuro no plenamente forzado por la digitalidad. En el horizonte del derecho a la autonarración, e incluso respetando el derecho a la incomunicación y a la invisibilidad, que he invocado en otro lugar (García Gutiérrez, 2009a), desarrollaré esta sección que tiene como objetivo establecer un marco teórico para los operadores éticos y políticos que garanticen la presencia de todos los registros con la misma igualdad de oportunidades y de visibilidad a través de sistemas endo— y trans—organizativos que permitan la traducción consentida a una lengua franca de comunicación digital, sin que esta traducción cultural implique obligado consenso en las representaciones, productos y servicios del sistema. Las representaciones, justamente, habrían de basarse en los principios derivados de la teoría de los conceptos abiertos desarrollada en el capítulo segundo. A pesar de que una lengua franca de estas características necesitaría consenso, y por tanto cesión de algunas de las partes implicadas, su propio objetivo la justificaría pues no sería otro que la producción de disenso, de diferencia, una diversidad que sólo puede ser respetada, auspiciada y protegida, paradójicamente, a través de estas herramientas elaboradas sobre acuerdos. Pues no se trata de conservar las culturas, identidades, memorias o conocimientos a través de su registros digitales sino, a partir de su visibilización voluntaria en el ar- APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 293 chivo mundial, contribuir a su intercambio y mestizaje, propiciar sus imprescindibles mecanismos de autoevolución a través de una interacción inexorablemente mundial que, sin tales garantías, serían condenados a la extinción, y que con sus propios mecanismos impediría la sutil sustitución neocolonial de valores y cosmovisiones autóctonas en productos banalizados o folclorizados en el nuevo imperio digital. Pero a la vez que nuestra teoría necesita herramientas para mantener el disenso, en las metodologías y procedimientos de su elaboración, surgen inestimables by-products, momentos en los que se produce racional o imprevisiblemente el consenso. Esto sugiere que, posiblemente, y no hay por qué negarse a ello, existen lugares comunes que no implican imposición o jerarquización alguna y que permiten el encuentro de posiciones, en muchos otros lugares divergentes. Es más, la mundialización exige, en aras de fines mayores a la intimidad y autoevolución de las culturas, por ejemplo, para el mero hecho de que éstas sigan existiendo o puedan expresarse en el foro mundial si lo desean, la consecución de algunos consensos. Dicho de otro modo, por el bien del disenso es imprescindible alguna cesión al consenso. Lo diré en el viejo lenguaje de la rebelión: puesto que la ocupación cultural y digital es ya un hecho inevitable, establezcamos una barricada de consenso que permita, en su retaguardia, seguir elaborando y devolviendo disenso. Esta sección tratará sobre los objetivos y modos de las conversaciones ilimitadas que han de tener lugar tras esa barricada. La igualdad de oportunidades que los discursos y culturas introducen en sus registros digitalizables o digitales sería una de las cuestiones clave para comprender de qué tipo de Antonio García Gutiérrez 294 subversión estamos hablando. A todas las experiencias culturales, incluso ágrafas o ya ausentes, les debe ser proclamado este derecho. Las técnicas de cognición pre-epistemológicas compartirán lecho con el positivismo, el machismo con el feminismo, los dominantes con los dominados, los ocupantes con los rebeldes, pues más allá de ser posiciones contrarias, son posiciones reales y todas ellas existen o existirán en lo digital. A estas alturas, una red mundial no puede estar propiciando la verdad única, sino la copresencia de variados regímenes de certidumbre falibilista, desde la verdad que propone la antigua firasa árabe, la fisionómica o la cartomancia, al sentido común etnometodológico o a la precisión de la última tecnología atómica sobradamente falible, como sabemos. Las rigideces de la agónica Epistemología que sustenta la poderosa unificación tecnológica no puede ser minusvalorada. Esa Epistemología asesinada por su propio vástago fue, en otro momento, fuerte y aquella fuerza penetró el pensamiento de generaciones. El propio Marx, a pesar de su genio creador, no pudo dejar de rendir tributo al positivismo y de emplear su macrolenguaje epistemológico. Incluso empleó el argumento de detectar sus contradicciones para, teóricamente, derrotar al capitalismo. En su ingenuidad positivista y en su convicción determinista, Marx no pudo vislumbrar que desvelar las contradicciones del contrario nunca fue argumento suficiente para cuestionarlo y mucho menos para derribarlo. Tampoco lo es apelar a una conciencia, invalidada por la consonancia cognitiva que necesita el cerebro, para obtener el arrepentimiento de un asesino, de un pusilánime o de un alto ejecutivo acomodado e inconsciente que deteriora irreversiblemente el medio ambiente (y social) de sus propios nietos. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 295 Así, en el área de los estudios de la exomemoria, de la Museografía, la Archivística, la Documentación o la Biblioteconomía, por citar algunas disciplinas tradicionalmente positivistas que se ocupan de las inscripciones humanas, ni siquiera en sus acoplamientos estructurales —parafraseando a Maturana (1999)— a lo digital, solventan los nuevos problemas y desafíos de una red que permite narrar el pasado y organizar el conocimiento de otro modo. Ante la imposibilidad de articular un pensamiento hermenéutico, horizontal, democrático y descolonizador, a partir de disciplinas construidas sobre una Epistemología dogmatizante, surgen los «Estudios de exomemoria». Tales estudios, si atendiéramos a la célebre clasificación de Habermas, se identificarían con el conjunto de las «ciencias emancipatorias». Pero la perspectiva simultáneamente global y local, integral y parcial que invocan nuestros estudios, precisa, no obstante, de otra deserción más: el abandono radical de la teleología positivista. Y una última huida, habida cuenta de la existencia de frentes culturales diversos que ya no luchan desde periferia alguna, a pesar de que sean considerados subalternos, pues lo digital les permite autoubicarse como centros efímeros, pero centros al cabo: la escapada a la tentación universalista y a la concepción kantiana del mundo50. La llamada a la mundialización que hacemos aquí, para potenciar la autonarración, encierra un peligro que no se nos escapa: del mismo modo que Occidente es de las escasas macroculturas que considera que todos 50 Esta cultura de la “neoperiferia” sería esencialmente contraria al universalismo generalizante más que a la posibilidad de un trascendentalismo, y de ahí la frescura del proyecto dialógico trascendental de Otto Apel similar, sin embargo, al neouniversalista de, al menos, el primer Habermas. Antonio García Gutiérrez 296 sus localismos son de forzoso interés universal, miles de culturas locales, al sentir el poder de la visibilidad y del marketing que lleva aparejado, piensen y pretendan lo mismo. Esta distorsión habría de ser denunciada a través de las herramientas de organización mundial de registros, que anticipamos, por ejemplo, en las siguientes máximas hipotéticas que toman dos culturas extremas, la occidental y la indígena, como ejemplo51: - El discurso occidental tiene exactamente el mismo valor moral y cultural que un discurso indígena52. - Los discursos occidental e indígena deben preservarse y autoevolucionar sin sustituciones trágicas a través de una interacción mutua y no invasiva que requerirá intervenciones de discriminación positiva respecto al segundo. - El mayor o menor número de sujetos que defienden o propician una posición no es relevante a efectos de visibilizarla y mucho menos de potenciarla o anularla. 51 Empleo estas etiquetas convencionales a pesar de que lo indígena, corrección política de lo indio, expresa una generalidad difícilmente asimilable. A su vez, lo occidental también implica una tosca generalización a pesar de que pueden reconocerse ciertos rasgos homogéneos en las culturas que acoge. De ahí que sea tan imprescindible para esas culturas occidentales, ya en avanzado proceso de transculturización, del mismo modo que para las indígenas, deshomologarse simbólicamente entre ellas, desubicarse y descolonizarse en un espíritu de reencuentro equilibrado sobre la base del mantenimiento de las diferencias. 52 La misma máxima sería extrapolable a la contrajerarquización y dicotomización discursiva dentro de una misma cultura, cultura de elite/cultura popular, cultura tradicional/ cultura tecnocientífica superando, por tanto, el cisma de las dos culturas aún no cerrado desde la célebre y controvertida conferencia, The Two Cultures, pronunciada en 1959 por el científico y escritor C. P. Snow. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 297 Muy por el contrario, pocos sujetos con escaso registros habrán de obtener mayor protección autonarrativa por parte del resto de los participantes en la red mundial. Comenzaremos este recorrido53 con la propuesta teórica de una herramienta que garantice el derecho particular de todas las posiciones a expresar y mantener su diferencia en lo digital y seguiremos, a continuación, con el desarrollo de otra herramienta complementaria que garantice recursivamente el derecho de todos para llegar a consensos que garanticen el derecho anterior, a la vez que el derecho mundial a suspender, alertar o boicotear la visibilidad de ciertas posiciones o partes de posiciones cuando atenten contra derechos humanos y de expresión de otras posiciones absorbidas o integradas en ellas. En consecuencia, herramientas dialécticas usadas simultáneamente desde lo general-particular como modo de garantizar los derechos de las minorías y de las totalidades sin olvidar el espacio esencial de las transversalidades. Lo general no existe sin lo particular ni, por más que encontremos razonable resistencia nominalista, su viceversa tampoco. Como diría Morin, en un juego de espejos, lo general está en lo particular que está en lo general. * * * 53 En el texto Otra memoria es posible: estrategias descolonizadoras del archivo mundial, publicado en 2004 por la editorial La Crujía de la ciudad de Buenos Aires y, en 2008, en su versión portuguesa publicada por la editora Vozes de Río de Janeiro, se proponen las bases de los operadores complejo y transcultural, ahora revisadas y ampliadas en este trabajo, especialmente en lo que se refiere al segundo. Antonio García Gutiérrez 304 pos de la convergencia paradójicamente orientada a la discrepancia y a la emancipación en la producción de nuevas singularidades que acontece en la transcultura. Antes de pasar a la exposición de ambas propuestas por separado, se hace necesaria una especificación técnica: las construcciones epistemográficas serían de dos tipos (García Gutiérrez, 2002: cap. 5): por un lado, se configuran como lenguajes formales que articulan un conjunto de canales y códigos de representación y el trasvase de informaciones en las redes (en términos documentales, clasificaciones, tesauros u ontologías): epistemografías sistémicas. Por otro, las epistemografías también son representaciones de la singularidad de una instancia (correspondiente al producto de cualquier análisis y representación documental de contenidos, por emplear la denominación clásica, del texto individual): epistemografías textuales. Digamos, entonces, que los operadores complejos se vinculan a la primera acepción, es decir, la disponibilidad de todas las posiciones sólo está presente en el nivel de lenguaje colectivo, en la epistemografía como red o sistema abierto. La visibilidad al completo de la función democrática de este operador sólo aparece en el nivel de sistema y no en cada registro particular. Tradicionalmente, la organización del conocimiento ha centrado uno de sus principales focos de investigación y desarrollo en la construcción de lenguajes que representan, habitualmente desde perspectivas homogeneizantes o altamente sesgadas, los contenidos y modos discursivos independientemente de las variables culturales y de todo el conglomerado de sensibilidades y singularidades que opera, tanto en la conformación de esos complejos mundos simplistamente representados, como en el acceso, apropiación y continuidad de esas APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 305 representaciones54. Por tanto, el operador Λ vendría a trastornar la composición de los lenguajes convencionales readaptándolos a modos reticulares digitalizados. En cuanto al operador transcultural V, aun operando también en el nivel sistémico, su realización plena sólo ocurre al ser adscrito específicamente a un registro afectando la descripción analítica provista mediante otros recursos utilizados por la posición y el interés local. Sin embargo, su eficacia estriba en un activismo constante por parte de diálogos transculturales y el buen y constante uso (la buena voluntad kantiana, nuevamente) que hagan de ellos los mediadores transcultural y socialmente comprometidos. 4.1 El operador complejo  Digamos que el operador complejo Λ trata de moderar la vociferante sintomatología de la ideología dominante en la exomemoria difuminándola en la polifonía. Es un operador teórico, incrustado transversalmente en los operadores prácticos de organización epistemográfica, que vela formalmente por la representación democrática, pues otorga el mismo estatuto a todas las posiciones, pero es precario en cuanto a su potencial 54 La epistemografía interactiva (García Gutiérrez, 1998, 2002, 2004, 2007 y 2008) configuración transdisciplinar y simultáneamente herramienta de análisis y organización del conocimiento y producto del análisis y la organización, ubica la representación de sentidos en la intersección igualitaria, o mejor, en la interacción de mundos independientemente de su “grado positivo” y aparente de relevancia o contingencia. El operador complejo se preocupa exclusivamente por la descolonización y la garantía democrática de todas las posiciones en la red. Antonio García Gutiérrez 306 integrador si bien, al estar las posiciones en un mismo plano de igualdad, el diálogo entre ellas se hace más factible. No obstante, sólo ha de presentar los itinerarios sin fusionarlos, aunque sugiere itinerarios de interacción e intercambio. No hay síntesis ni consenso en las entrañas de este operador, antes bien, debe ser considerado como multisémico y multicultural (pues no necesita un consenso que propiciaría su sincretismo), en el sentido de presencia simultánea y posible de lo múltiple, antagónico y diverso. Precisamente por ello, no es suficiente él mismo en todos los casos, o sería injusta su sola presencia en ciertos casos, especialmente en los más controvertidos e hirientes, si no es complementado por otras herramientas de equilibrio como el operador V. Obviamente, las orientaciones de estos operadores interaccionan en el mundo físico igual que en el digital, como ya lo hicieran los sentidos en el pasado para devenir actuales, y terminan por radicalizarse o hibridarse. El operador complejo, como instancia mundana, debe reflejar los cambios. Mediante la utilización del adjetivo complejo, hacemos homenaje a la propuesta de complejidad de Edgar Morin (Morin, 1996, Solana, 2002 y 2005, y Acosta, 2010): un modo de cognición que admite todas la posiciones, incluso las opuestas, considerándolas complementarias y necesarias para la percepción del todo, pero sin que éste todo implique la reducción habitual del holismo pues cada uno de sus componentes es también valorado en su singularidad. La teoría de la complejidad nos da, pues, sus primeros frutos en este ámbito de la organización del conocimiento que busca el respeto y la presencia de las ideas ajenas, no en un marco de relativismo, indiferencia o permisividad absolutos, sino con plena conciencia de que APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 307 todas las culturas, ideologías y posiciones tienen derecho a la visibilidad y a emitir juicios respecto a las demás. Sin embargo, como podrá observar cualquier estudioso de Morin, utilizo lo complejo con alguna restricción obligada por la oposición a lo transcultural (a pesar de que complejo y transcultural en modo alguno son conceptos opuestos: son porosos, se contienen y completan mutuamente). Quiero decir que, teóricamente, lo complejo integra los todos, las partes y las síntesis, por tanto, también lo transcultural. Desde la óptica moriniana, nuestro segundo operador —el transcultural— no sería sino una visión más, compositiva del primero. Sólo para dotar de eficacia a ambos operadores, y sus acciones técnicas y éticas derivadas, se aplica la equiparación de lo complejo a lo exhaustivo y sumatorio, esto es, incluyendo todas las perspectivas posibles, espontáneas —no negociadas—, existentes —registradas— sobre un asunto, frente al operador transcultural, ámbito reservado «explícitamente» a los resultados obtenidos mediante diálogo y consenso y, en consecuencia, con una potencialidad heurística y transformativa que brota de la misma constitución dialéctica del sistema. El mayor y más ingenuo error de la historia de los lenguajes formales al servicio de la exomemoria, derivado de la aplicación de una obligada reducción positivista, ha sido pensar que la dictadura de un concepto único, normalmente empirista y verificacionista, de verdad, podría dar satisfacción a unos usuarios pasivos y agradecidos. Así, los modelos y teorías científicas dominantes han prevalecido en la organización de sus respectivas memorias disciplinares e, incluso, en la gestión de discursos documentados de índole «acientífica» que han debido acomodarse y empobrecerse dentro del marco impuesto por Antonio García Gutiérrez 308 teorías y discursos ajenos. Esta realidad clama la necesidad de un operador de red que garantice la participación. Un segundo error, comprensible, ya que hubiera sido tomada como descabellada cualquier previsión sobre el hecho de que los avances del mismo maquinismo positivista crearían una crisis total en su propia concepción doctrinal del mundo, es que la infraestructura digital no solamente fortalece los puntos de legitimación del paradigma hegemónico y da más salidas a los objetivos del neoliberalismo si no que, sobre todo, abre líneas de fuga al propio sistema que pretende proteger, canalizando nuevas formas de insurgencia y descolonización. Para el organizador de la exomemoria que, aun tomando partido, debe atarse al mástil de la racionalidad imperfecta del Ulises de Elster, la conciencia y el respeto al otro han de prevalecer en todas sus actuaciones. Sin embargo, no podrá esquivar fácilmente cualquier acusación de impartir principios morales. Y no por el mero desvío de responsabilidades, en ese sentido, sino por el compromiso de orden social superior que los mediadores de la exomemoria deben contraer con los creadores y legítimos usufructuarios de conocimientos y recuerdos que no pueden ser usurpados ni impedida su posibilidad de ser. Así, un primer mediador «multiculturalmente» concienciado, respeta y transfiere todas las opciones pero no practica necesariamente el relativismo pues sitúa su punto de vista de mediador entre los demás y sólo el mero hecho de mediar le otorgará, sin duda, algún privilegio. Sin embargo, en una fase dirigida a los flujos de memoria generados ya bajo un operador más propiamente transcultural, el propio mediador sería capaz de reconocerse y enriquecerse en la potencial genética del mestizaje que tienen culturemas, epistemografías o mnemografías. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 309 La consecución de un acuerdo, por ejemplo en materia de categorías transculturales, no deja de negar la diversidad, la singularidad y múltiples matices menores arrasados por esa pesada máquina del consenso, de ahí que el operador complejo potencie ciegamente el pluralismo. Si partimos de varios puntos de vista e intentamos llegar a acuerdos, pueden producirse tres dramáticas reducciones: a) que uno de los puntos de vista prevalezca de modo que los restantes ceden y se someten, subordinándose al elegido con la consiguiente pérdida de la riqueza de lo plural; b) que se opte por una tercera vía no presente que resulta beneficiada del acuerdo en detrimento de las presentes. Realmente la solución de la tercera vía es refutable ya que debiera ser un punto de vista más y c) que se subsuman los puntos de vista en una generalización que satisfaga sólo a una mayoría de las posiciones con lo cual hay grandes posibilidades de anestesiar o aniquilar la diferencia, el rasgo sensible y menor55. Si bien el consenso es necesario para configurar estrategias y procesos macro en la construcción de la memoria y en la instalación de transcategorías como polos de arrastre de otros estratos, no deja de intervenir en una dimensión ausente al discurso en cuestión, esto es, el consenso opera como sustentación ética, teórica y retórica de la exomemoria sin involucrarse en el propio magma que constituye la exomemoria. Es necesario, en consecuencia, buscar soluciones complementarias, 55 A pesar de ello, cuando no es posible la obtención de un acuerdo imprescindible, a causa de la oposición de un representante, generalizar hacia el grado inmediatamente más amplio, es una estrategia provisional viable. Pero tal estrategia no debería quedar en la evanescencia del papel mojado que suele acaecer en muchos acuerdos políticos. Antonio García Gutiérrez 310 participativas y configurantes de todos los niveles implicados recursivamente en la construcción de la red: productores que son también usuarios, mediadores que son también productores, textos co—elaborados por todos ellos, contextos que los atraviesan, tecnologías que reflejan la subjetividad de los contextos humanos, procedimientos operativos basados en la reflexividad, metatextos y productos finales que sólo son otro comienzo de conectividad semiósica. Todo, en una red, es causa de un efecto que es su causa, como intuye Morin. A pesar de ello, inexplicables procesos de remotas histéresis (de causalidad oculta, de eslabones perdidos) siempre impedirán tener un conocimiento pleno de la totalidad. Y en este punto es donde debemos reclamar la presencia simultánea de los diversos sentidos que las culturas e ideologías atribuyen a conceptos y expresiones, constituidos estos como elementos de búsqueda y rescate que forman parte de un lenguaje formal, como sistema abierto y representativo de la exomemoria. Ese balón de oxígeno para la recuperación del matiz, del sentido y de la discrepancia es lo que llamaremos operador complejo . La hipótesis del operador , se basa en las siguientes conjeturas: - Un sistema abierto de representaciones abiertas debe y puede recoger todas las sensibilidades de facto y potenciales previsibles en la red. - La tecnología permite que la construcción de mapas conceptuales, de epistemografías sistémicas, albergue diferentes posiciones y ópticas sobre los mundos de hecho registrados. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 311 - La diversidad de ópticas, incluso de posiciones radicalmente opuestas, en un mismo sistema no se considera, como ya hemos dicho en relación al pensamiento complejo, un signo de contradicción sino de complementación de visiones sobre un asunto. - No obstante a estas precondiciones, es necesario insistir en que el operador  destila cierto sesgo relativista, propio del multiculturalismo, corregible por un operador transcultural cuyas funciones han de ser limitadas, a la vez, por la independencia del operador complejo. Pero he considerado más apropiado no denominarlo multicultural, sino complejo, para no confundir su vocación abierta y plural volcada al mestizaje con esa otra visión estancada y yuxtapuesta de las culturas que suele verse bajo la etiqueta multiculturalismo. En cualquier caso, lo transcultural tampoco aparece plenamente, como se verá, en el caso del operador V, pues la transculturalidad, en esta misma concepción, nunca se doblega a procesos racionales destinados a la integración y al mestizaje. Aunque contribuya decisivamente a ella, la transcultura sólo mana y se consolida efímeramente a partir de la espontaneidad de la interacción. La mera formalización que pretendemos, siendo necesaria, ya la esclerotiza y distorsiona. - Una concepción emancipadora de la exomemoria no debe plantearse aisladamente o en estrictos términos tecnológicos sino fundamentalmente a partir del estu- Antonio García Gutiérrez 312 dio de las relaciones mutuas y bajo la sintonía abierta de la desclasificación. - El operador  aparece como una alternativa, no sustitutiva sino complementaria al consenso ofreciendo una representación que traslada todas las modalidades, sin privilegiar ni subsumir ninguna de ellas, neutralizando el efecto de la imposición de una pirámide moral o social. Funciona como un operador de relación más56 que recoge llamadas habitualmente imprevistas o rechazadas por los gestores del sistema ubicados en otras coordenadas o en otros intereses. En una situación de observador-lector singular, los haces interpretativos son inconmensurables e inabordables. Una teoría de la organización de la exomemoria, con la vocación desclasificada y transcultural que postulamos aquí, debe tener en cuenta estas singularidades, compendiándolas. Los sentidos singulares que aparecen en búsquedas que fluyen en un sistema organizado no son ilimitados, contrariamente a lo que ocurre en la comunicación ordinaria. En realidad, los haces de sentido terminan aglutinándose tras superarse un determinado umbral de repetición. Esto ya se ha demostrado empíricamente en el 56 Este operador desarrolla, y no sustituye, las relaciones de asociación y coordinación que configuran los planos horizontales, no subordinados, de la epistemografía. Pero tampoco, como hemos expuesto más arriba, es un exclusor de los operadores jerárquicos cuando entendemos la jerarquía, no como la condición dominante en un lenguaje formal que presta toda su lógica particular a la arquitectura general, sino como una simple microasociación más (partitiva o clasemática) en la red de proposiciones (principios recogidos en García Gutiérrez, 1998 y 2002). APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 313 más tangible nivel terminológico. No obstante, los sentidos que puedan generarse a partir de términos y combinaciones de términos serán numéricamente muy superiores al propio inventario de términos incluidas las probabilidades de permutaciones y variaciones entre ellos. Pero el operador  no necesita averiguar cuántos sentidos operan en los trasvases de registros de exomemoria; necesita, simplemente detectarlos, incorporarlos, relacionarlos. El mediador debe centrar su atención en detalles que suelen pasar desapercibidos a los buscadores y productores de macroestructuras, macroproposiciones, resúmenes y generalizaciones mitigando las ansias y la necesidad de un consenso a toda costa que aplana y extingue la diversidad, completando y enriqueciendo, desde el plano estésico, el holismo reductor de algunos acuerdos. Así, 1) no se someterá el sentido que ofrece el texto sobre conceptos del lenguaje formal a la mutilación prevista para estos casos por el propio lenguaje formal. 2) no se someterán los sentidos nómadas de las demandas a las restricciones de sentidos previstas en los lenguajes formales convencionales. 3) se extraerán los conceptos de los textos junto a sus sentidos y trasladará su diversidad a las epistemografías; se respetarán los conceptos y sentidos de quienes buscan información, incorporando, cuando no previendo, esos conceptos y sentidos en unas epistemografías sistémicas que deben visibilizarlos y potenciar su interacción equilibrante. Antonio García Gutiérrez 320 ria que se construye, querámoslo o no, desde la diversidad? Las estrategias y acciones derivadas del interés por silenciar la opinión del adversario molesto60 no son de ahora, aunque atónitos asistimos diariamente a un espectáculo local y global de ocultación y descarada censura bajo el cínico motto de la libertad de prensa. Y esto tiene directas repercusiones en la exomemoria: 1) los mayores productores de documentos —editoriales, prensa, emisoras, productoras, cinematografía, portales— introducen el sesgo de sus propietarios, cada vez más concentrados en número y lugares de toma de decisión, pero con mayor espacio, número de escaparates mediáticos y libertad sin fronteras para la difusión de sus lemas. Por tanto, asistimos a una narración muy desequilibrada de la memoria registrada humana atendiendo a los contenidos y visiones mayoritarios de los libros, periódicos o audiovisuales que se conservan y saturan los sistemas concentrados en pocas manos. 2) Los distribuidores y gestores de la exomemoria coinciden cada vez más con los productores de los conocimientos exomemorizados, lo que significa que la propia exomemoria es ya un espacio en vías de colonización que comparte los mismos avatares que el mundo de la información periodística, comercial o científica. 60 Incluso adoptando partes de su discurso para digerirlo, neutralizarlo y sacar beneficios como hizo la industria norteamericana con la simbología hippy en los sesenta o punk en los setenta, vendiendo pegatinas con margaritas y ristras de imperdibles para la oreja en los hipermercados de las clases medias. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 321 3) El neoliberalismo no se contenta con cerrar las fronteras a los inmigrantes y abrirlas a las mercancías, sino que permea las prioridades de los gobiernos neoliberales en materia investigadora, tecnológica, cultural y educativa, esto quiere decir, más concretamente, que los planes de estudios de los centros de formación de mediadores y usuarios de sistemas de conocimientos y memorias, ya de por sí sesgados, preparan a estos gestores en técnicas asépticas de procesamiento de la información haciéndoles ver que tras ésta no hay discurso ni interés. Forman, asimismo, a los usuarios del sistema, como meros clientes agradecidos por permitírseles acceder a un hipermercado virtual en su propia casa. Se construye, tras esos planes, una lógica del servicio y del «clientelazgo» y no de la inclusión descolonizada y de la participación crítica. Las sociedades tendrán que construir adecuados programas de formación ciudadana en relación a las redes digitales de modo que la convivencia virtual y física con el pensamiento y la expresión heterodoxos no se considere anómala sino enriquecedora e, incluso, la presencia de expresiones antidemocráticas, que existe tanto en los sectores condenados por la legalidad como en los legitimados por las urnas occidentales, sea considerada como referencia necesaria y ejemplificadora para optar por otros derroteros. En este contexto, como decía, entiendo que el operador complejo «libera» al gestor de la exomemoria de la pesada carga, para su conciencia, de introducir deliberadamente su sesgo de la realidad, por eso, le permite incorporar todos los Antonio García Gutiérrez 322 posibles como vías de acceso a un concepto, un enunciado o un registro. De este modo, y sin caer tampoco en los relativismos que promueven la epokhé escéptica o la apatheia estoica, esto es, paz mental y serenidad imperturbable que no pueden legítimamente conseguirse mirando para otro lado, el mediador de la exomemoria debe apartar los prejuicios positivistas de la clasificación del mundo e incluir, aun a su pesar, todas las perspectivas incluyendo su propia valoración y la legitimada por el operador sintético transcultural, caso de ser necesaria su intervención valorativa. 4.2 El operador transcultural V Ocupémonos, ahora, del complicado asunto del consenso en la organización de la exomemoria. No todas las discrepancias entre culturas, ideologías o posiciones de cualquier rango, lo que para abreviar denominaremos como cultura o posición61 en general y en adelante, esto es, modos heterogéneos de entender o responder, relacionarse o actuar en el mundo, necesitan ser llevadas al consenso, o tan siquiera al diálogo. 61 Entendemos, por posición, en relación al operador transcultural, la actitud o perspectiva específica de una colectividad –derivada de las directrices de una matriz cognitivo-cultural (una episteme o paradigma si se quiere)- que defiende un representante en nombre de su comunidad de sentido (cultura, ideología, religión-creencias o, simplemente, afinidades: divorciados, exalcohólicos, deportistas y dopaje, genetistas pro-clonación, etc.). Una posición no puede ser explicitada retóricamente o en formato libre sino plegada a las condiciones de un cuestionario idéntico para todas las posiciones discrepantes. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 323 De hecho, el quid del asunto no residiría sólo en cómo obtener acuerdos sino, sobre todo, para qué asuntos son imprescindibles. Es más, a la vez que clamaremos por el consenso en determinados temas, proclamaremos los peligros de universalizar la mayor parte de los engranajes simbólicos de la vida humana, aunque tal objetivo forma parte de estrategias políticas y comerciales. De esta reflexión extraeré tres principios: 1) Si la inconmensurabilidad entre culturas existiera —y tal vez fuera posible su existencia asistemática al nivel de matriz cognitiva— no sería incompatible con la adopción de acuerdos en los niveles de inmanencia y posiciones concretas. Desde un punto de vista paraconsistente, pueden adoptarse acuerdos concretos aun contradiciendo principios generales o llegar a acuerdos sobre categorías trascedentes que no impliquen necesariamente a todas las posiciones y sujetos. Salvedades, excepciones, posiciones minoritarias y otros irreductibles, supuestamente devaluados o secundarios, serían tan visibles como las convicciones mayoritarias y más difundidas. 2) La posibilidad de adoptar acuerdos interculturalmente no implica, sin embargo y necesariamente, su adopción obligatoria salvo para quienes directamente los subscriben, los representantes de posiciones, pues no habría una población sometida ni se trata de una norma jurisdiccional. La fuerza del acuerdo reside en la comunicación y la pedagogía de lo acordado a través de canales privilegiados de mediación transcultural. Antonio García Gutiérrez 324 3) La adopción de un acuerdo lleva implícita una cláusula de revisión y obsolescencia. El acuerdo es necesario y posible en los asuntos en los que las posiciones débiles o marginales sucumben ante la propaganda hegemónica global o local, por ejemplo, o en cuestiones centrales o tangenciales relacionadas con los derechos humanos. Pero el universalismo a ultranza supondría llevar, a múltiples autonarraciones y sensibilidades sobre el conocimiento y las memorias inscritas o exentas, al borde de la extinción. Si el acuerdo es necesario sólo en ciertos casos, falla el universalismo como paradigma general y habremos de acudir a otras matrices heurísticas. En ese aspecto, es mejor llegar a un «universalismo sectorial» que respete los derechos, esto es, consensuar un asunto dentro de la universalidad interior propia de toda cultura, antes que forzar universalismos generales que normalmente se someten al ideal regulativo de la cultura más dominante. Este principio encuentra acomodo teórico en lo que León Olivé ha denominado constructivismo pluralista (Olivé: 1990). Antes de abordar algunos problemas y soluciones de la construcción de un diálogo orientado al consenso, terminemos de apuntalar algunas características del marco más amplio en el que se realizarán las actuaciones, un marco desclasificado: - Se prioriza la relación de hibridación sujeto-objeto por encima de la relación dominante objeto-objeto desprovista de las subjetividades. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 325 - Se rehabilitan los modos relacionales comunitarios de cada preteridad como fuentes de ordenación posible de la relaciones hacia objetos y entre objetos de la exomemoria. - Se protegen los modos de relación diacrónica entre sujetos (cómo se ven y juzgan en el marco de la temporalidad) y sujetos—objetos (qué percepción histórica tiene un mismo sujeto respecto a la evolución de un registro y qué percepción tienen distintos sujetos históricos respecto a un mismo objeto) como lógica de ordenación posible extrapolable a los sistemas relacionales de objetos tanto sincrónica (articulación entre objetos calibrados desde un mismo código societario o comunitario) como históricamente (articulación, por ejemplo, de objetos medievales con otros de funciones similares en el Neolítico). - Se potencia un modo de organización basado en un indicialismo62 trabado en la lógica de la exoinmanencia y de la simulación de redes vivas (en el sentido de redes de hecho, aunque sus protagonistas lleven muertos mil años) por encima de la macroestructura de categorías trascendentes y teóricas. - Se protegen todas las traducciones posibles (entre sujetos, entre comunidades, entre temporalidades, entre 62 En el sentido que Ginzburg toma de Peirce: la inferencia metonímicapero también metafóricaa partir de índices y rasgos desapercibidos y menores. Vid el ejemplo sobre la perspicacia de Giovanni Morelli, del que parte Ginzburg para proponer el paradigma indicial y trabajar con microhistorias (Ginzburg, 1994, García Gutiérrez, 2004). Antonio García Gutiérrez 326 textualidades y discursos) respecto a los objetos de la memoria, con el mismo nivel de privilegio. - Se elimina toda concepción paternalista respecto a las llamadas culturas subalternas en relación a las culturas elitistas. A partir de una concepción mestiza constituyente de todo proceso de interacción, una digitalidad al servicio de la transcultura promovería cruces e influencias entre estratos y grupos sin precedente verticalizando exponencialmente la tendencia de la mezcla hacia el infinito. Procede ahora, por lo tanto, efectuar una teorización orientada a la consecución a la construcción de acuerdos transculturales. En ese proceso identificamos varias fases que deben ser exploradas e interrelacionadas dialécticamente: 1. Establecimiento de las formas, alcance, traductibilidad y porosidad de las categorías en juego. 2. Establecimiento de las características, representatividad y legitimidad de los representantes en el diálogo. 3. Establecimiento de las propiedades y condiciones del diálogo mismo y, por último, 4. Estimación de los asuntos en relación a sus anclajes espacio-temporales y contextuales dominantes y las repercusiones sobre comunidades y sensibilidades inevitablemente ausentes en todo proceso representativo. Por ello, considero que las herramientas políticosemánticas propugnadas no niegan la globalización como tal, APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 327 en el ámbito que nos concierne en este trabajo necesitamos lo digital-mundial y el cosmopolitismo como horizontes de referencia, sino más bien los intentos de monopolización o neocolonización de los conocimientos de interés sociales a través de una memoria electrónica mercantilizada o subyugada por un poder opresor con independencia de su locus (estatal, regional, municipal, familiar…). Para evitar confusiones, y eliminar el sentido habitualmente peyorativo del concepto de globalización, utilizaremos el de mundialización en el sentido de Armand Mattelard (2005). Existe la divergencia porque siempre hay una visión del mundo que se sustenta sobre una lógica oponible. Y negar la divergencia o desacreditarla termina por apagarla en beneficio, por ejemplo, de una contundente política neoliberal. Pero no se trata de consensuar proposiciones lógicas a toda costa para demostrar, en el fondo, que la universalidad como ontología pura existe sino, más bien, construir dialógicamente proposiciones complejas que acojan todos los intereses, contradicciones y oposiciones entre las lógicas en liza a partir de algunas concesiones y cambios menores y asumibles por parte de las posiciones. Adoptaremos lo transcultural como escenario indefinido del diálogo ético y tecnopolítico propuesto. Sin embargo, los objetivos que establecemos para el diálogo transcultural persiguen unos resultados que nunca serían aceptables para la ética formal kantiana y ciertamente sí lo serían para los promotores del utilitarismo, de los que habría que extirpar los pronunciamientos individualistas, como Bentham o John Stuart Antonio García Gutiérrez 328 Mill63. Pues en la exomemoria, la democracia, la libertad, la emancipación, la diversidad y la dignidad de los conocimientos y memorias, y la participación directa y satisfactoria de los ciudadanos, justifican los medios dialógicos para obtenerlas. Y en ese sentido recuperaremos la dialéctica. La dialéctica transcultural sería una herramienta de la interacción racional en procura de un acuerdo satisfactorio para todas las partes concernidas en un asunto, bien para homologar una cuestión política y éticamente homologable y tomando conciencia de las repercusiones de la homologación, bien para introducir mayor presencia colectiva en la red mediante «acuerdos de coalición». Los mediadores de la exomemoria, políticamente comprometidos a través de un código ético transcultural, obtendrían recursos legitimados por la ciudadanía para proceder a una vigilancia que garantizase la presencia digital, no solamente de cualquier opinión digna o democrática, sino incluso de aquellos registros de contenido vejatorio o liberticida que pretenderían hacer daños irreparables a la propia «democracia epistemográfica y mnemográfica». Tal es el caso de las habituales políticas de la memoria de las dictaduras oficiales, de las asociaciones antidemocráticas, del neocapitalismo o de aquellos sutiles y diplomáticos modos de enmudecer, amenazar o eliminar, mediante mil estratagemas impunes, las posiciones minoritarias o divergentes. La plataforma sobre la que se desarrolla una metodología dirigida a la construcción de acuerdos parciales y abier63 “La acción moralmente buena es la que tiende a maximizar la felicidad” afirma, J.S. Mill, en El utilitarismo (2007). APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 329 tos, en todo caso, a la revisión en foros de mayor participación y a la implacable acción resemantizadora de los tiempos, es el diálogo planificado técnicamente, un diálogo libre de la tentación erística y dotado de un «generador de confianza» basado en la detección de estratagemas. 4.2.1 Principios de dialéctica transcultural En los intercambios ordinarios, la mala fe es una práctica más habitual de lo que cualquiera estaría dispuesto a reconocer. Decía Schopenhauer que necesitamos una disciplina como «la dialéctica científica que tiene como tarea establecer y analizar aquellas estratagemas de la mala fe en la discusión para reconocerlas y aniquilarlas en los debates» (Schopenhauer, 2002: 28). Así pues, necesitamos un procedimiento de arbitraje. Pero no un camino que nos asegure la verdad, con la que vive obsesionado el neocartesianismo, y ni siquiera ya el consenso a cualquier precio sino, esencialmente, un acercamiento mediante el diálogo que simultáneamente garantice la generación de más gramáticas de la singularidad y del pluralismo. Por tanto, elaborar una antítesis del método de la duda cartesiano puede ser un buen comienzo para establecer las bases de nuestro procedimiento dialógico. Expongo las bases inconformistas de una dialéctica transcultural sobre las cuatro reglas «incontestables» formuladas por Descartes en su célebre Antonio García Gutiérrez 336 de la «utilidad» del consenso y del propio diálogo en el sentido de aportar un cambio positivo para la comunidad humana o para el entorno, esto es, una «maximinización» en el sentido de que lo que se pierde siempre sería menor en relación a lo que se ganaría de llegarse a acuerdo aun cambiando antiguos e íntimos hábitos por otros extraños y nuevos; recuérdese, en este sentido, el célebre «dilema del prisionero». g) Principio de igualdad: Igualdad de oportunidad dialógica dentro de la diferencia de cada posición pero, además, sensación de igualdad. La sensación de igualdad es fundamental —y no sólo la experiencia visible des-desigualatoria— entre los interlocutores, especialmente, la sensación de una continuidad de la igualdad tras el acuerdo. Lo contrario es la impresión de haber perdido terreno en tanto que el oponente ha ganado, es decir, la sensación de fraude o sumisión tan humillante en el embate erístico. h) Principio de aplicación: las posiciones deben comprometerse a introducir y aplicar los acuerdos voluntariamente suscritos en todas las esferas de mediación e influencia en la exomemoria. i) Principio de obsolescencia: los acuerdos habrán de ser revisados en el momento en que alguna posición cuestione su vigencia o accedan al foro posiciones nuevas. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 337 4.2.2 Propiedades de los operadores transculturales Entendemos por operador transcultural un tipo de mecanismo lógico-semántico y ético-político utilizado en la organización colectiva de registros y en su recuperación de la exomemoria. Sus objetivos son: - Elaborar las condiciones dialógicas para el consenso sobre un asunto. - Ser introducidos en los operadores técnicos de organización del conocimiento y sus principios aplicados obligatoriamente a la gestión de registros por los mediadores comprometidos con las normas de un Consejo ético transcultural que habría de ser creado para velar por la construcción descolonizada de la memoria digital. - No sustituir, modificar o eliminar los metadatos cuestionados en un registro —esto es, respetar las posiciones originales explicitadas como metadatos en un registro— sino complementarlos, cuando es necesario, en tres posibles direcciones: 1) fusionando posiciones originariamente divergentes mediante acuerdo, 2) potenciando la difusión y uso del registro mediante el prestigio y la confianza en una etiqueta transcultural respaldada y certificada interculturalmente y, 3) criticando y alertando del interés o vulnerabilidad del registro en relación a otras otras posiciones hegemónicas nacionales, internacionales, globales o propiamente transculturales. Antonio García Gutiérrez 338 Los formatos de representación de estos operadores transculturales se asemejarán a la morfosintaxis propia de los descriptores, hiperenlaces y metadatos que representan contenidos y posiciones aunque, para satisfacer los principios de la teoría de los conceptos abiertos, incluirán categorías léxicas menos convencionales como adjetivos y formas verbales (García Gutiérrez, 1998) de acuerdo al tipo de documento u objeto descrito (texto, audiovisual, holograma, etc.) y adoptarán, cuando fuere necesario, nuevas configuraciones formales, como apostillas, microcampos y vinculaciones adecuados a las necesidades de la significación. Los operadores transculturales pueden ser considerados, de acuerdo al principio de mestizaje, como mezcla de instancias de partida cuyo resultado sería una entidad híbrida, diferente, novedosa y conveniente para todas las posiciones. En función de su grado de diferencia o alejamiento respecto a las posiciones de origen, estaríamos ante categorías netamente mestizas si su expresión apunta a una radicalmente nueva proposición respecto a las posiciones iniciales por lo que éstas deben hacer un esfuerzo de conversión y actualización, variante de los operadores sintéticas, si tanto en el concepto que cubren, como en su formalismo, mantienen vestigios morfológicos de las instancias matrices. Las derivas que adopten las categorías transculturales, por tanto, escapan, y escapan afortunadamente, al control de los negociadores transculturales. Estos sí deben tomar cartas en el asunto cuando algunas derivas terminen conculcando principios o derechos humanos básicos, o alberguen censura, tergiversación, represión, para cuya denuncia pública habrían de crearse nuevas categorías de intervención o insistir en la APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 339 aplicación de las vigentes si el tiempo, o la participación de más representantes, no las hubiera hecho ya obsoletas. Las categorías transculturales son necesariamente abiertas y están dispuestas a la modificación, al enriquecimiento y, sobre todo, a la vinculación multilateral en la epistemografías. Apenas son configuradas, diríamos que comienzan la andadura hacia la disolución. Mas una disolución que les otorgará un lugar privilegiado y visible en el historial de posiciones que facilita el operador complejo. El ansia de permanencia hace que la categoría abra sus poros pues, en efecto, las interacciones no sólo se dan en las superficies e «interficies» sino, fundamentalmente, en la porosidad, en ese tejido reticular del que están hechas las categorías. La categoría ilusoriamente pura es, en sí misma, pura mezcla, un entramado de hilos y huecos que la configuran como una red hologramática en la que la energía temporal constituye una propulsión ontogénica sin límites y determina, a cada instante, la apariencia de la categoría a partir de su experiencia y negociaciones con el entorno. La mayoría de las conclusiones que formulamos sobre otras posiciones se basan en la ignorancia absoluta del otro o en unos tópicos que, rencillas históricas que no deberíamos subscribir, más que por razones éticas o pluralistas aunque hayan sido protagonistas de ellas nuestros propios abuelos, han construido eficazmente en nuestro imaginario colectivo. El representante de una posición defiende una cultura, esto es, un imaginario colectivo, pero no los prejuicios que ese mismo imaginario ha elaborado respecto a otra cultura. Si lo hiciera, estaría invalidado para el diálogo intercultural. Antonio García Gutiérrez 340 4.2.3 Mediadores y mediaciones desclasificantes A lo largo de este texto hemos hecho referencia constante y dispersa a los representantes que intervienen en la organización desclasificada de la exomemoria, bien mediante intervenciones directas, bien mediante facilitaciones autodiluyentes para que las posiciones silenciadas o silenciosas, que deseen visibilidad, puedan ser visibles. Y hemos denominado a esos representantes interlocutores, desclasificadores, epistemógrafos, traductores culturales, mediadores, en suma. Veamos, ahora, algunas de las cualidades y principios que debería incorporar su perfil. En la comunicación es habitual utilizar estrategias que sólo busquen el refuerzo de la posición, los llamados sesgos de convicción, en tanto se camuflan las razones que pudieran debilitarla como, por ejemplo, al desviar la argumentación sobre el objeto en sí hacia una descalificación del interlocutor, una elemental triquiñuela erística. Es también muy usual la llamada contaminación mental: maximizar un sólo tópico o rasgo en algo o alguien para, a partir del mismo, defender o denigrar esa posición sin tener en cuenta su complejidad. Los mediadores han de ser personas de alta sensibilidad respecto a todo tipo de desvíos, propios y ajenos. La mayor parte de las decisiones y elecciones racionales —las llamadas decisiones deliberativas (Marcus: 2009, por ejemplo)—, en realidad son producto de elecciones reflejas, elecciones basadas en el estado de ánimo, las apetencias o desgana y las inclinaciones subjetivas. En el seno del mismo debate pueden producirse situaciones de empatía, euforia o disforia que tengan como consecuencia deslizamientos posicionales o APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 341 tomas de decisión de apariencia racional pero esencialmente dirigidas desde la emotividad. No se trata, por tanto, de dialogar con la cabeza fría, como suele decirse, sino de garantizar, en ese sentido, la intervención aséptica en relación a los principios dialógicos, y naturalmente una defensa implicada de cada posición particular, a lo largo de todo el proceso. En la actitud respetuosa y en la profesionalidad de los interlocutores, respecto a las reglas, residirá el éxito o el fracaso del diálogo intercultural. Los representantes en el diálogo habrán de estar homologados, habilitados y reconocidos por las demás partes. La homologación del nivel educativo, por ejemplo, es un aspecto muy relevante. Aunque no coincidamos con algunos objetivos de la dialéctica de Schopenhauer (el convencimiento o derrota del contrario y no, como queremos, la transparencia dialógica) hemos de tener en cuenta su premisa: «discutir es de provecho mutuo para la rectificación de los propios pensamientos. Pero los contendientes deben ser bastante similares en cuanto a erudición e inteligencia» (Schopenhauer, 2002: 68) dentro de los límites de los asuntos que vayan a tratar. A esto hay que añadir algo más, pues no vemos factible un debate entre representantes de las tradiciones más arcaicas, aislacionistas o esencialistas67, de una cultura con oponentes de la misma tozudez: los interlocutores idóneos han de proceder, al menos en primera instancia, de la cultura de frontera, una ubicación abierta y permeable en la que se forja la pasta del mestizaje y la trans67 Ni siquiera justificados por el esencialismo estratégico, que difunden muchas minorías culturales o nacionales, del que habla Spivak. Agradezco a Mar Llera la aportación. Antonio García Gutiérrez 342 cultura habitualmente negados por el atavismo y el esencialismo. Pero la «fronteridad» no implica permisividad o pusilanimidad en el debate sino, efectivamente, disposición al cambio cuando sea ventajoso para la dignidad y la descolonización. En efecto, si ya advertía Maalouf (2001) que un ciudadano de París tiene más en común con alguien de Tokio o San Francisco que con su propio abuelo, debo añadir que un académico andaluz se entenderá mejor con su alter-ego africano que con su propio vecino labrador o comerciante. Y en este punto no estoy propugnando un neodespotismo ilustrado o elitismo encubierto pues un debate en igualdad sólo se dará cuando los oponentes tengan la misma competencia argumentativa. El labrador nunca confiaría en un académico de finas manos. El académico nunca confiaría en un comerciante que sólo piensa en el lucro. Tal vez ése sea el malogrado trasfondo de la revolución cultural china de los años sesenta. Pero, si no es posible conseguir una homologación de la competencia dialógica entre labradores, comerciantes y universitarios, habrá que buscar para cada asunto representantes que sí dispongan de ella. Una especie de representantes de los intereses culturales del mismo modo que los abogados representan nuestros derechos legales, sin menoscabo alguno para la dignidad del representado. En el caso de la memoria registrada que aquí nos ocupa, por ejemplo, los propios mediadores de hecho de las colecciones digitales, esto es, bibliotecarios, archiveros, documentalistas, conservadores y cualquier otro profesional involucrado en la gestión de la exomemoria, desde una posición cultural concreta, podría superar este primer control de competencia y formar a participantes «no especializados» para que fueran APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 343 asumiendo la autogestión de sus memorias y los acuerdos que sobre ellas se alcancen. Repárese, también, que muchas veces no se trata de posiciones inconmensurables sino de incompatibilidad entre los representantes en el diálogo. Cambiar a los sujetos puede significar desbloquear una negociación. Los interlocutores o mediadores transculturales, que Boaventura Santos denomina traductores, son figuras sometidas a complejos, delicados y confiables procesos de selección. Para Santos, tales traductores culturales deben realizar «un trabajo argumentativo que exige una alta capacidad intelectual. Se trata de intelectuales fuertemente enraizados en las prácticas y saberes que representan, teniendo de ellos una comprensión profunda y crítica (…). Esta dimensión crítica funda la carencia, el sentimiento de incompletud y la motivación para buscar en otros saberes y en otras prácticas, las respuestas que no se encuentran dentro de los límites de un saber o de una práctica dadas. Los traductores de culturas deben ser intelectuales cosmopolitas. Pueden encontrarse tanto entre los dirigentes de movimientos sociales como entre los activistas de base». Y añade Santos, una afirmación que comparto plenamente: «en el futuro próximo, la decisión sobre quién traduce se convertirá en una de las deliberaciones democráticas más decisivas en la construcción de la globalización contrahegemónica» (Santos, 2005: 184). Los interlocutores-traductores, en la organización del conocimiento, una parte más de la producción cultural mundial, deberían tener a mano un generador de confianza, más allá de las apelaciones éticas, fundamentado en el siguiente cuadro sinóptico de reconocimientos y derechos que habrá de ser aceptado por todos los actores involucrados en el juego Antonio García Gutiérrez 344 dialógico tras un arduo entrenamiento en dialéctica transcultural (García Gutiérrez, 2005): - Reconocimiento de la posibilidad de otras visiones sobre un asunto. - Reconocimiento de la posibilidad de dialogar sobre cualquier asunto. - Reconocimiento de la posibilidad de poder estar equivocados. - Reconocimiento de la posibilidad de cambiar de posición (ante el mejor argumento) Estos principios, sin embargo, no impiden el ejercicio de las siguientes reclamaciones por lealtad debida a la propia posición o representación: - Derecho a que toda posición sea reconocida - Derecho a defender cualquier posición en el diálogo - Derecho a la posibilidad de que el otro cambie de posición Los interlocutores representan emotiva pero, sobre todo, racionalmente una posición colectiva y, en virtud de esa racionalidad que ha de prevalecer para que el diálogo y el consenso sean posibles, deben ser capaces de realizar los siguientes ejercicios de flexibilidad simbólica, expuestos en una gradación de dificultad creciente: - Actitud autocrítica y reflexiva de todas las posiciones culturales. APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 345 - Identificación de cada posición (respecto a un tema controvertido, por ejemplo) en un abanico hermenéutico cuyos polos los ocupan las posiciones inicialmente más opuestas68. Autoclasificación y alterclasificación en el mismo esquema analizando las «disonancias» entre las posibles variaciones de lugar. - Identificación de los lugares comunes argumentales y de las premisas de argumentación, que veremos más adelante. - Identificación de los límites de cesión de las partes en primera y sucesivas instancias. - Conocimiento profundo de la posición del contrario. Lo suficientemente sólido y extenso como para poder tener argumentos para convencerle del error. - Si tenemos conocimiento profundo de la posición discrepante (pues, en caso contrario, no podríamos honestamente pensar que está equivocada), entonces estar en condiciones de simular la defensa de la posición contraria frente a la propia. - Simular posiciones terceras, intermedias o eclécticas como puntos de posible encuentro o facilitación de apertura de brechas en las posturas inicialmente inconmensurables. Simular, en ausencia de interlocución, perspectivas hipernacionales, hiponacionales y anacionales, hipernómicas y anómicas, creyentes y agnósticas, opresoras y oprimidas, tradicionales e insurgentes, 68 A veces las posiciones más distantes no son las más opuestas. Con frecuencia, la mayor oposición se da entre posiciones cercanas, vecinas y hermanas. Roces constantes y raíces históricas comunes levantarían incompatibilidad simbólica donde sólo hay reivindicación material. Antonio García Gutiérrez 352 inconmensurables, se encuentre en la compartición de parcialidades y detalles. Detalles que, desde ese momento, son totalidades en tanto las totalidades se reducen a detalles. Los sujetos inmersos en el diálogo transcultural habrían de ser concienciados en la superación de ciertas premisas lógicas y tal superación formal contribuiría a desmantelar las más arcaicas intolerancias. Por tanto, los entendimientos y encuentros, más allá de la matrices cognitivas y culturales, son posibles cuando una multitud de causas transversales y desapercibidas nos inducen a ellos. La misma voluntad de comunicación, de una comunicación como fin, sería motor suficiente para alcanzarlos. No obstante, y en la mayoría de las ocasiones, la buena voluntad y la espontaneidad se ven sometidas a las interferencias y resistencias simbólicas que se desprenden del choque de matrices. En esos casos, es necesario buscar, racional y calculadamente, lugares comunes —tópoi y pretópoi— que hagan posible el diálogo. Si, en efecto, nuestra racionalidad se suele atener a los preceptos inflexibles de su lógica unilateral, es evidente que cualquier espacio demarcado por nuestro sistema de inferencia será un espacio impedido para una comunicación abierta y, por así decirlo, descolonizadora y poscolonial. Habremos, entonces, de remontar a veces el curso de la lógica hacia territorios prelógicos y paralógicos para rehabilitar la irracionalidad confinada en la inmensidad de nuestro lado oscuro. Habremos de salir, libres de formato, al encuentro amable de las pulsiones primarias para poder ensayar alguna forma de comunicación como fin en sí misma. La argumentación no será priorizada, entonces, sobre el encuentro intersubjetivo en olores, sabores, textu- APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 353 ras, miedos y desconfianzas. La percepción sensible y emocional, que tácitamente siempre ha formado parte de la comunicación, de la elección y de la decisión, formará ahora parte explícita de otras experiencias de intercambio. Si los interlocutores no fueran capaces de vivir la experiencia, habrían de simularla mediante arquetipos que exploren esos mundos previos. ¿Qué regla del juego puede colaborar en un efectivo proceso de comunicación, al límite, entre cosmovisiones inconmensurables?, ¿qué mundo mínimo podríamos compartir en el centro mismo de la inconmensurabilidad lógica para que haya intercambio y crecimiento mutuo?, ¿cuál sería el lugar común de realización de la comunicación humana? Creo que es posible encontrarse en lugares prelógicos y paralógicos para generar sencillos procesos orientados hacia la comunicación como fin. Es posible intercambiar no invasivamente en los espacios todavía no territorializados por la racionalidad. Espacios en los que aún lo irracional campa a sus anchas. Las preguntas necesarias, entonces, serían ¿existen lugares prelógicos y paralógicos compartibles? y ¿es posible articular algún modo de intercambio productivo a partir ellos? La visión desclasificada del mundo podría abordar diferentes propuestas. Elaborando estrategias sensibles —como las llama Muniz Sodré (2006)— que instalen y prioricen el afecto en nuestra dimensión prelógica y pretópica. El afecto es un espacio espontáneo con multitud de resortes «logófobos» y «logófugos». En él, tienen lugar emergencias emocionales e incontroladas que posibilitan intercambios prelógicos ricos e imprevisibles. Precisamente, una condición de su existencia es la Antonio García Gutiérrez 354 fugacidad: un impulso de fuga, de provisionalidad, de ingobernabilidad, de desaparición. El universo irracional no está desprovisto de cordura, lo que ocurre es que no se deja acceder ni explicar en su totalidad racionalmente. Un felino no hace inferencias pero se comporta de modo adecuado a nuestra lógica en muchas ocasiones de peligro o necesidad. Hay, entonces, algún tipo de espacio compartido prelógico entre los mamíferos irracionales y los humanos, un espacio cerebral en el que se localizan las mismas pulsiones paleocefálicas de los saurios y los más primitivos brotes del afecto, una especialización necesariamente humana que hizo posible la evolución del córtex primario en neocórtex. Mas también podemos elaborar intercambio urdiendo estrategias, de una razón hiperestésica, en dimensiones paralógicas. Localizar pasarelas paralógicas entre sujetos de diferentes culturas, tal vez ya no parezca ahora una tarea tan imposible como la que acabo de mencionar respecto al hecho de abandonar simuladamente la racionalidad, dando pasos prelógicos —«hacia atrás»— para lograr comunicarnos en otros espacios y con otros límites. Reconfigurar la otredad como utopía descifrable, puede ser un punto de partida distinto hacia la comunicación como fin. Superar la reducción comunicativa a la que nos somete la lógica no es plausible muchas veces invocando la misma lógica y, mucho menos, imponiendo en el proceso cognitivo las rigideces de la Epistemología. Es más, no podemos abandonar nuestra lógica —ni siquiera nuestra tecno-lógica— a pesar de la urgencia de establecer procesos de comunicación con otras lógicas. Urgencia porque esas otras lógicas y culturas están en procesos avanzado de neocolonización. La exomemoria propia APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 355 se ha vuelto ya carne de neomoviolas, delirios del montaje mediático y de canales temáticos y nostálgicos que resemantizan el pasado o repiten y reinventan un pasado ajeno que terminará perteneciéndonos, a pesar de que nunca lo vivimos en los sentidos hegemónicos. Ya no hay recuerdos exentos de tecnointimidad. Indicios de vulnerabilidad inequívoca que la brecha digital occidental abre en todos los conocimientos y memorias, incluyendo la propia. El alienador ya no necesitará generar más miedos o apocalipsis universales, a pesar de que los medios alimenten uno cada día. Le basta con la hecatombe local de nuestra autocomplacencia cotidiana. Situémonos, entonces, en un emplazamiento menos exigente. Sin duda, debemos regresar a la necesidad previa de establecer tópoi en los procesos interracionales como condición comunicativa. Tópoi prelógicos y paralógicos de calculada espontaneidad. Los tópoi vinculados, por ejemplo, a la supervivencia, al miedo o a la socialidad mantienen diversos rasgos ampliamente compartidos por más que surgirán múltiples excepciones y casos particulares: desde los suicidas del bienestar a los mártires palestinos. En la comunicación con ellos, los escenarios de topificación habrían de ser elaborados en lugares distintos y complejos como la fe, la depresión o el patriotismo. La teoría de los tópoi ya estaba en Aristóteles aunque, como campo de la Retórica, sufrió la campaña de desprestigio que la Epistemología lanzó sobre el lenguaje ordinario, las estrategias discursivas y los modos ordinarios de conocer. A mediados del siglo XX, no obstante, se produce una rehabilitación de la teoría de la argumentación, esencialmente a tenor de la obra del investigador belga Chaïm Perelman (1989). Antonio García Gutiérrez 356 La propia Retórica es redignificada por Boaventura Santos (1989), desde la perspectiva de las ciencias, al desvelar el componente argumental de todo discurso, y el epistemológico es un discurso más, de modo que reivindica la utilización explícita de un recurso que sutilmente es utilizado por todos los científicos. En el universo de la teoría de la argumentación propone Santos su hermenéutica diatópica, esto es, la interpretación mediante una técnica basada en la detección de tópoi que, el propio sociólogo del derecho portugués, ha aplicado en la descripción de la dignidad a partir de tres concepciones diferentes: el concepto occidental de Derechos Humanos, el concepto islámico de Umma y el concepto hindú de Dharma (Santos, 2005: 176 ss). Los tópoi, plural de la palabra griega tópos, son premisas argumentales anteriores a cualquier argumentación. De hecho, en una conversación es necesaria la tácita presencia de algún topos con el fin de que no se produzca un diálogo de sordos. Digamos que, para que el diálogo sea productivo, los interlocutores deben partir de algún lugar común por más lejos que pueda estar de la posición argumental específica. Los tópoi no garantizan el consenso pero, al menos, permiten la comunicación y organizan el disenso. Por ello, los tópoi son figuras preargumentales tan beneficiosas como nocivas si no son manejados con cautela. El primer impulso del conocimiento humano procede del reconocimiento, esto es, de la identificación de algún topos en el nuevo espacio o en el interlocutor. El afán de comunicación puede provocar la presencia de pseudotópoi que coadyuven a la construcción de un consenso erigido sobre cimientos falsos. Así los tópoi se presentan como armas de doble filo. Los dados—por—supuesto, este- APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 357 reotipos y clichés también son tópoi que colonizan el diálogo y apagan la creatividad del sujeto. Tres consideraciones deben tenerse en cuenta a la hora de trabajar con los tópoi como herramientas orientadas al establecimiento de diálogo y a la obtención de acuerdos: - Los tópoi son premisas argumentales y existen en todas las culturas y cosmovisiones. Su detección, en consecuencia, es muy relevante y necesaria para establecer marcos dialógicos orientados a obtener consensos en el ámbito de la exomemoria. La desclasificación adopta la detección y aplicación de tópoi como una de sus herramientas básicas de trabajo. - Los sistemas de organización del conocimiento que operan interideológica o interculturalmente necesitan elaborar y actualizar permanentemente inventarios de tópoi relativos a las ideologías, culturas y posiciones divergentes implicadas en el sistema. Para la elaboración de tal inventario es conveniente la presencia de todos los interlocutores que representen esas posiciones. - Al operar con conocimientos y memorias de otro tiempo, reciente o remoto, pero sin interlocutores vivos, como hace la historiografía — y también los estudios de exomemoria— la necesidad de elaborar inventarios de tópoi es aún Antonio García Gutiérrez 358 más urgente. Sin la presencia de tópoi explícitos de las posiciones del pasado implicadas en un estudio realizado desde el presente, no es posible un adecuado mecanismo de traducción intercultural e intertemporal que garantice una narración sensible y justa con los mundos ajenos que formen parte del relato. En el caso de relatos y clasificaciones retrospectivas, en las que no haya representante posible, se simularán informáticamente las posiciones ausentes con las que debe dialogarse para reconstruir los escenarios. Como queda evidenciado, los principios y materiales teóricos de trabajo para la construcción de una exomemoria alternativa y desclasificada no han sido más que esbozados en este libro. Restaría, nada menos, que diseñar las herramientas específicas para su desarrollo y, especialmente, la ejecución de un proyecto alternativo que ha de arrancar de un arraigado discurso que acumula cien años de ventaja del positivismo documental y de la tecnología que lo sostiene. Por más que, un pequeño avance en la conciencia desclasificante de los mediadores, sería ya un formidable logro. 4.3 Sugerencias para la organización posepistemológica de la exomemoria digital Las tecnologías digitales auspician, más que propiamente pensamientos, modos únicos de pensar y por ello, de- APLICACIÓN DE LA DESCLASIFICACIÓN A LA ORGANIZACIÓN DE LA EXOMEMORIA DIGITAL 359 cíamos, han de ser reinventadas y reapropiadas desde un pluralismo lógico y usos culturales que terminen formando parte de su propia naturaleza. Sería, ésta, una acción prioritaria de la desclasificación, aplicada ahora sobre la organización del conocimiento y de las memorias, desmontable en cinco líneas de actuación gradual, que resumo como sugerencias generales de investigación y acción: 1) Pensar la tecno-lógica global desde etno-lógicas y posiciones específicas, en relación a las necesidades de la organización del conocimiento y de la exomemoria, y no al contrario. 2) Incrementar la ocupación y difusión de contenidos autonarrativos en los formatos, soportes, lenguajes y lógica hegemónicos aunque no se consiga todavía, así, la plena igualdad de condiciones y posiciones enunciativas. La exclusión o autoexclusión de la digitalidad abocaría a la heteronarración pero la inclusión sin cautelas conduciría a la homologación unificante. La estrategia, a desarrollar, consistiría en participar en las tecnologías de clasificación unificante para devolver desclasificación emancipante. 3) Abordar la exomemoria y los relatos del propio pasado colectivo como etno-exomemoria, interviniendo en los proyectos de relación diacrónica mediante simulaciones diatópicas de los ausentes. Una simulación que impida la parodia del pseudodiálogo contemporanista que na- Antonio García Gutiérrez 360 rra y ahoga, exclusiva y unilateralmente desde el aquí y ahora, toda interpretación del pasado. 4) Facilitar a las etno-exomemorias y posiciones existentes, que lo soliciten, herramientas asimilables y autodegradables de autonarración emancipante. 5) Introducir el espíritu descolonizador y escuchante de la desclasificación en tales herramientas, esto es, la activación del pluralismo lógico, la crítica y autocrítica transformativas, tanto en los modos de autonarración como en los inevitables procesos de heteronarración que se sometan a derechos, políticas y éticas transculturales. Junto a estas prioridades restaría, aún, una gran labor pedagógica por realizar en las sociedades y culturas del saber: promover como valor esencial de los derechos humanos, y de la democracia misma, tanto el derecho a una autonarración no sujeta a pensamiento único global o local, como el derecho al silencio, a la invisibilidad, a la desaparición. La evolución nos ha legado —¿goce para unos?, ¿infortunio, para otros?— la capacidad de saber. Pero sea placentera o dolorosa, esa capacidad, lo cierto es que con ella nos han sido dados, también, la conciencia, la responsabilidad y el coraje de transmitirla en toda su diversidad y apertura. Ése sería el compromiso ineludible al que nos invita la desclasificación. 361 Bibliografía – Abbas, Ackbar (1997): Hong Kong: Culture and the politics of disappearance. Minneapolis: UMPress – Abril, Gonzalo (2003): Cortar y pegar. Madrid: Cátedra. – Abril, Gonzalo (2007): Análisis crítico de textos visuales. Mirar lo que nos mira. Madrid: Síntesis. – Acosta, Ángel (2010): La bisagra. Sevilla: Alfar. – Adorno, Theodor W. (2005): Dialéctica negativa. Madrid: Akal – Althusser, Louis (1985): Curso de filosofía para científicos. Barcelona: Planeta-De Agostini. – Apel, Otto (1985): La transformación de la filosofía. Madrid: Taurus. – Aristóteles (2000): Retórica. Madrid: Gredos. – Arsuaga, Juan Luis (1999): El collar del neandertal. En busca de los primeros pensadores. Madrid: Temas de Hoy. – Augé, Marc (1996): El sentido de los otros. Barcelona: Paidós. – Bachelard, Gaston (1989): Epistemología. Barcelona: Anagrama. – Baudrillard, Jean (1978): Cultura y Simulacro. Barcelona: Kairós. – Baudrillard, Jean (1988): El otro por sí mismo. Barcelona: Anagrama. – Baudrillard, Jean (2000): El intercambio imposible. Madrid: Cátedra. 368 – Gardin, Jean Claude (1991): Le calcul et la raison: Éssais sur la formalisation du discours savant. Paris: École de Hautes Études en Sciences sociales. – Ginzburg, Carlo (1994): Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia. Barcelona: Gedisa. – Gómez García, Pedro (coord.) (2000): Las ilusiones de la identidad. Madrid: Cátedra; Frónesis; Universitat de València. – González, Jorge (2002): Frentes culturales: para una comprensión dialógica de las culturas contemporáneas. In: Cultura popular y medios de comunicación/ Bernal Rodríguez, Manuel (coord.) Sevilla: Comunicación social ediciones, p.11-52 – González, Jorge (2007): Cibercultur@ como estrategia de comunicación compleja desde la periferia. In: Información y comunicación I/C, nº 4 – Granger, Gilles Gaston (2002): O Irracional. São Paulo: Editora Unesp. – Groy, Boris (2005): Sobre lo Nuevo.Ensayo de una economía cultural. Valencia: Pre-textos. – Gruzinski, Serge (2000): El pensamiento mestizo. Barcelona: Paidós – Guimaraes, J. Augusto C. y Fernández Molina, J. C. (2003): Los aspectos éticos de la organización y representación del conocimiento en la revista Knowledge Organization. In: Tendencias en Organización del Conocimiento/ Trends in Knowledge Organisation Research/ J.A Frías y C. Travieso (eds.). Salamanca: Universidad, p. 809-815 369 – Guimarães, José Augusto C. y Pinho, Fabio A. (2008): Reflexiones acerca de las teorías sobre ética en la representación del conocimiento. In: Biblios : Revista de Bibliotecología y Ciencias de la Información, n. 32 http://www.revistabiblios.com/ojs/index.php/biblios /article/view/171 – Habermas, Jürgen (1998): Facticidad y validez. Madrid, Trotta. – Hardt, Michael; Negri, Antonio (2002): Imperio. Barcelona: Paidós. – Hegel, G.W.F. (2000): Fenomenología del espíritu. 7ª reimp. Madrid: Fondo de Cultura Económica. – Hobbes, Thomas (2003): Del ciudadano. Leviatán. Madrid: Tecnos. – Hobsbawm, Eric (2004): Sobre la historia. Barcelona: Crítica. – Holloway, John (2002): Cambiar el mundo sin tomar el poder. Barcelona: Viejo Topo – Horkheimer, Max y Adorno, Theodor (2006): Dialéctica de la Ilustración. Madrid: Trotta. – Hume, David (2004): Investigación sobre el entendimiento humano. Madrid: Istmo. – Izquierdo, José Mª(1990): Esquemas de Lingüística documental. Barcelona: PPO, t.I. – James, William (1997): Lecciones de pragmatismo. Madrid: Santillana. – Jameson, Fredric; Zizek, Slavoj (1998): Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires: Paidós. 370 – Jodelet, Denise (1984): Réflexions sur le traitement de la notion de répresentation sociale en psychologie social. In: Communication. Information. v. VI, n. 2-3, p.1541 – Kamper, Dietmar (1998): O trabalho como vida. São Paulo: Annablume. – Kant, Immanuel (2002): Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Madrid: Alianza. – Kuhn, Thomas S. (2000): La estructura de las revoluciones científicas. 19ª reimp. México DF: Fondo de Cultura Económica. – Kymlicka, Will (2006): Fronteras territoriales. Madrid: Trotta. – Latour, Bruno y Woolgar, Steve (1995): La vida en el laboratorio: la construcción de los hechos científicos. Madrid: Alianza. – Leibniz, G.W. (2002): Discurso de metafísica. Madrid: Alianza. – Lenkersdorf, Carlos (2002): Aspectos de educación desde la perspectiva maya-tojolabal. In: Reencuentro. México: UNAM, nº 33, p. 66-74 – León, José Antonio (2004): Adquisición de conocimiento y comprensión. Madrid: Biblioteca Nueva. – Lévi-Strauss, Claude (2009): Antropología structural. Barcelona: Paidós. – Lévy, Pierre (2000): A inteligência coletiva. Por uma antropología do ciberespaço. São Paulo: Loyola. – Lewis, David (1986): On the Plurality of Worlds. Oxford: Blackwell. 371 – López Yepes, José (1978): Teoría de la Documentación. Pamplona: Eunsa. – Llera, Mar; Sanpedro, Victor (eds.) (2003): Interculturalidad: interpretar, gestionar, comunicar. Barcelona: Bellaterra. – Ludewig, Kart y Maturana, Humberto (1992): Conversaciones con Humberto Maturana. Preguntas del psicoterapeuta al biólogo. Temuco: Universidad de la Frontera. – Luhmann, Niklas (1998): Complejidad y modernidad. De la unidad a la diferencia. Madrid: Trotta. – Lyotard, Jean François (1989): La condición postmoderna. Madrid: Cátedra. – Lyotard, Jean François (1999): La diferencia. Barcelona: Gedisa. – Maalouf, Amin (2001): Identidades asesinas. Madrid: Alianza. – Maffesoli, Michel (1997): Elogio de la razón sensible. Una visión intuitiva del mundo contemporáneo. Barcelona: Paidós. – Maffesoli, Michel (1985, 2007): La connaissance ordinaire; précis de sociologie comprehensive. Paris: Klincksieck. – Marcus, Gary (2009): Kluge. The Haphazard of the Human Mind. London: Faber and Faber. – Marina, José Antonio (2005): La inteligencia fracasada. Barcelona: Anagrama. – Martín Barbero, Jesús (1988): Procesos de comunicación y matrices de cultura: itinerario para salir de la razón dualista. México: Gustavo Gili/Felafacs. 372 – Martín Barbero, Jesús (1999): Las transformaciones del mapa cultural. Una visión desde América Latina. In: Ámbitos. Revista andaluza de Comunicación, nº2, enero-junio, p.7-21 – Marx, Karl (1974): Tesis sobre Feuerbach y otros escritos filosóficos. Barcelona: Grijalbo. – Marx, Karl (1976): Contribución a la crítica de la economía política. México: Cultura popular. – Mattelart, Armand (2005): Diversidad cultural y mundialización. - Barcelona: Paidós. – Maturana, Humberto y Varela, Francisco (1999): El árbol del conocimiento. Las bases biológicas de conocimiento humano. Madrid: Debate. – Mautner, Thomas (2000): The Penguin Dictionary of Philosophy. London: Penguin books. – Mies, María y Shiva, Vandana (1997): Ecofeminismo: teoría, crítica y perspectivas. Barcelona: Icaria. – Mignolo, Walter (2003): Historias locales, diseños globales. Colonialidad, conocimiento subalterno y pensamiento fronterizo. Madrid: Akal. – Mignolo, Walter and Schiwy, Freya (2007): Transculturation and the Colonial Difference: Double Translation. In: Información y comunicación I/C, nº 4 – Mill, John Stuart (2007): El utilitarismo. Madrid: Alianza. – Montaigne, Michel de (1999): Ensayos escogidos. Madrid: Edaf. – Moraes, Marcia (1998): Por uma estética da cogniçâo: a propósito da cogniçâo em Latour e Stengers. In: Informare, v.4, n.1, p. 49-56 373 – Moraza, Juan Luis (1998): Anestética (algologos). Sevilla: Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. – Morin, Edgar (1996): Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa. – Nebreda, Jesús José (2000): El marco de la identidad, o las herencias de Parménides. In: Gómez García, Pedro (coord.): Las ilusiones de la identidad. Madrid: Cátedra; Frónesis; Universitat de València, p. 151-180 – Negri, Toni y Guattari, Felix (1996): Las verdades nómadas. San Sebastián: Garoa. – Nietzsche, Friedrich (1997): La genealogía de la moral. Madrid: Alianza Editorial. – Olivé, León (1999): Multiculturalismo y pluralismo. México: Paidós. – Olson, Hope, Nielsen, Juliet and Dippie, Shona R. (2002): Encyclopaedist Rivalry, Classificatory Commonality, Illusory Universality. In: Proceedings of the Seventh International Isko Conference. Advances in Knowledge Organization/ M. José López Huertas (ed.), v. 8. Würzburg (Germ.): Ergon Verlag, p. 457-464 – Olson, Hope (2003): Transgressive Deconstructions feminist/postcolonial methodology for research in Knowledge Organisation. In: Tendencias en Organización del Conocimiento/ Trends in Knowledge Organisation Research/ J.A Frías y C. Travieso (eds.). Salamanca: Universidad. p. 731-740 – Ortega y Gasset, José (1967): Misión del bibliotecario. Madrid: Revista de Occidente. – Otlet, Paul (1989): Traité de Documentation: le livre sur le livre. Théorie et pratique. Reimp. Liége: CLPCF. 374 – Peirce, Charles Sanders (1975): Semiótica e filosofia (textos escolhidos de Peirce). São Paulo: Cultrix. – Peña, Lorenzo (1992): Algunas aplicaciones filosóficas de lógicas multivalentes. Theoria, nº 16-18, p. 141-163 (http://www.sorites.org/lp/articles/logica/aplicaci.ht m 22 p.). – Perelman, Ch. y Olbrechts-Tyteca, L. (1989): Tratado de la argumentación. La nueva retórica. Madrid: Gredos. – Peretti, Cristina de (1989): Jacques Derrida. Texto y deconstrucción. Barcelona: Anthropos. – Pinheiro, Lena Vania Ribeiro (1999): Campo interdisciplinar da Ciência da Informaçâo: fronteiras remotas e recentes. In: Ciencia da Informaçâo, Ciencias sociais e interdisciplinaridade/ Pinheiro, Lena Vania Ribeiro (org.). Brasilia; Rio de Janeiro: Ibict/DDI/DEP, p. 155-182 – Platón (1997): Fedro. In: Diálogos III. Madrid: Gredos. – Platón (1999): Menón. Madrid: Biblioteca Nueva. – Priest, Graham (1987): In contradiction. Dordrecht: Kluwer. – Prigogine, Ilya (2000): Las leyes del caos. Barcelona: Crítica. – Ranganathan, S.R. (1967): Prolegomena to Library Classification. 3rd ed. Bombay: Asian Publishing House. – Rawls, John (1997): Teoría de la justicia. Madrid: Fondo de Cultura Económica-España. – Ricoeur, Paul (1996): Sí mismo como otro. Madrid: Siglo XXI, 1996. – Roldán, Ismael (1999): Caos y comunicación. La teoría del caos y la comunicación humana. Sevilla: Mergablum. 375 – Rorty, Richard (1983): La filosofía y el espejo de la naturaleza. Madrid: Cátedra. – Sacks, Oliver (1999): Un antropólogo en Marte. Siete relatos paradójicos. Barcelona: Anagrama. – Said, Edward (1990): Orientalismo. Madrid (San Lorenzo del Escorial): Libertarias-Prodhufi. – San Agustín (1974): Confesiones. In: Obras de San Agustín. Madrid: Bac. – San Segundo Manuel, Rosa (2001): La información electrónica como articulación del capitalismo de la información y de la posinformación. In: Binaria: Revista de comunicación, cultura y tecnología, nº 1, 2001 – San Segundo Manuel, Rosa (2003): Constitución de la realidad en la era tecnológica de la posinformación.In:Razónypalabra,nº31 (http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n31/r sansegundo.html) – San Segundo Manuel, Rosa (2003a): Nueva concepción de la representación de conocimiento. In: Tendencias en Organización del Conocimiento/ Trends in Knowledge Organisation Research/ J.A Frías y C. Travieso (eds.). Salamanca: Universidad. p. 395-402 – Santos, Boaventura de Sousa (1989): Introdução a uma ciencia pósmoderna. Rio de Janeiro: Graal. – Santos, Boaventura de Sousa (2000): Pela Mão de Alice: o social e o político na posmodernidade. São Paulo: Cortez. – Santos, Boaventura de Sousa (2001): Um discurso sobre as ciencias.12ª ed. Porto: Afrontamento. – Santos, Boaventura de Sousa (2005): El milenio huérfano. Madrid: Trotta. 376 – Saramago, José (1997): Todos os nomes. Lisboa: Caminho. – Schopenhauer, Arthur (2002): El arte de tener razón. Madrid: Alianza. – Silva, Víctor y Brown, Rodrigo (2004): Escrituras híbridas y rizomáticas. Sevilla: Arcibel. – Shiva, Vandana (2003) Cosecha robada. El secuestro del suministro mundial de alimentos. Barcelona, Paidós. – Sloterdijk, Peter (2000): Normas para el parque humano. Una respuesta a la Carta sobre el Humanismo de Heidegger. Madrid: Siruela. – Sloterdijk, Peter (2002): El desprecio de las masas.Valencia: Pre-textos. – Sodré, Muniz (1994): Jogos extremos do espírito. Rio de Janeiro: Rocco. – Sodré, Muniz (2000): Claros e escuros: Identidade, povo e midia no Brasil. Petrópolis (RJ): Vozes. – Sodré, Muniz (2001): Sociedad, cultura y violencia. Buenos Aires: Norma. – Sodré, Muniz (2002): Antropológica do espelho. Petrópolis (RJ): Vozes. – Sodré, Muniz (2006): As estratégias sensíveis. Afeto, politica e mídia. Petrópolis (RJ): Vozes. – Sodré, Muniz (2007): Diversidade e diferença. In: Información y Comunicación, I/C, nº 3, p. 5-15 – Solana Ruiz, José Luis (2000): Identidad cultural, racismo y antirracismo. In: Gómez García, Pedro (coord.): Las ilusiones de la identidad. Madrid: Cátedra; Universitat de València, p. 99-126 377 – Solana Ruiz, José Luis (2002): Antropología y complejidad humana. La antropología compleja de Edgar Morin. Granada: Comares. – Solana Ruiz, José Luis (coord.) (2005): Con Edgar Morin, por un pensamiento complejo. Madrid: Akal/Universidad Internacional de Andalucía. – Spinoza, Benedictus de (2009): Ética, demostrada según el orden geométrico. Madrid: Alianza. – Steiner, George (1991): En el castillo de Barba Azul: aproximación a un nuevo concepto de cultura. Barcelona: Gedisa. – Steiner, George (2001): Gramáticas de la creación. Madrid: Siruela. – Taylor, Charles (1994): La ética de la autenticidad. Barcelona: Paidós. – Thesaurus del Patrimonio histórico andaluz (1998)/ Antonio García Gutiérrez (comp.). Sevilla: Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. – Thoreau, Henry David (2001): A desobediência civil e outros escritos. São Paulo: Martin Claret. – Tomasello, M. (1999): The cultural origins of human cognition. Cambridge: Harvard University Press. – Valéry, Paul (1994): Poemas. Madrid: Visor. – Volpi, Franco (2002): Schopenhauer y la dialéctica. In: El arte de tener razón/ Schopenhauer, Arthur. Madrid: Alianza, p.75-116. – Watzlawick, Paul y Krieg, Peter (2000): El ojo del observador. Contribuciones al constructivismo. Barcelona: Gedisa.