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Museo Arqueológico Municipal de Jerez / Asociación de Amigos del Museo La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 VINO,ACEITE Y ¿OTROS PRODUCTOS?. ÁNFORAS TURDETANAS Dr. Antonio Manuel Saéz Romero. Arqueólogo. Universidad de Sevilla.
Página 2 La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 1. Introducción. Los envases cerámicos que denominamos en la Arqueología actual como ánforas fueron en cierta medida el equivalente a nuestras botellas de vidrio (para el vino), garrafas (para el aceite) y latas de conserva. Es decir, su función principal fue la de contener y transportar en las mejores condiciones, de forma estable y segura, alimentos de todo tipo, y con certeza también otros productos no perecederos pero importantes en determinadas regiones tanto en volumen como en capacidad para producir plusvalías. Su utilización fue frecuente en el mundo mediterráneo antiguo tanto en el comercio comarcal/regional como en las largas distancias, participando de rutas terrestres y también fluvio-marítimas. Las ánforas turdetanas que motivan estas páginas fueron un grupo de tipos de estos contenedores cerámicos fabricados en el suroeste peninsular entre los siglos VI y I a.C., con formas y medidas diversas, que fueron modelos derivados a partir de los prototipos fenicios del periodo arcaico inicial (siglos IX-VIII a.C.). La campiña de Jerez, y la gran urbe de Asta Regia debieron ser grandes productores de ánforas durante esta etapa histórica, si bien aún son muchos los aspectos sobre estas manufacturas (y sus contenidos, y su alcance económico concreto) que quedan por definir adecuadamente desde los estudios arqueológicos (García y Del Espino 2019). Es por ello que actualmente se están desarrollando nuevos proyectos científicos sobre la zona y sus repertorios cerámicos, de los cuales se pretende aquí aportar un breve avance de resultados. Las ánforas fueron contenedores de transporte diseñados para tener una gran durabilidad y capacidad de mantener estables condiciones como la humedad y la temperatura, variables importantes para garantizar la conservación de los alimentos y contenidos perecederos (así como su sabor y propiedades). Desde mucho antes de la llegada de los fenicios a Iberia, estos contenedores de fabricaban con capacidades estandarizadas (relativas tanto al peso como al volumen), y generalmente sus diseños respondían a formas reconocibles y fácilmente transportables (y que permitiesen optimizar la “cadena operativa” relativa a los procesos de cocción, almacenaje y estiba). Muchas regiones y talleres cerámicos se especializaron en su producción en la Antigüedad, dada la alta demanda de contenedores, aunque raramente ésta era exclusiva. Actualmente no se concibe estudiar un tipo de ánfora sin explorar sus talleres y aspectos tecnológicos, que van mucho más allá de la tipología y morfometría, y se refieren a no solo a los procesos de manufactura (torneado, procedimientos básicos, herramientas, marcas, temperaturas de cocción, etc.) sino también a los sistemas económicos complejos en los cuales se integraron estas producciones (por ejemplo, prestando atención también a la fabricación de resinas y ceras, usadas para recubrir el interior de los envases con una película aislante; también a la obtención de combustibles para los hornos, a la cadena alimentaria destinada a abastecer a los artesanos, etc.). Existieron diversas tradiciones artesanales en el Mediterráneo antiguo (fenicio-púnica, etrusca, griega, romana, etc.) que dieron lugar a múltiples formas de ánforas, aunque pueden agruparse en tres “bloques tipológicos” principales diferenciados que mantuvieron filosofías y criterios conceptuales distintos incluso tras la unificación política romana del mundo mediterráneo y sus periferias (Fig. 1). Sin embargo, como veremos posteriormente, todas las grandes familias anfóricas mediterráneas fueron confluyendo morfométricamente a lo largo del I milenio a.C. dando lugar a formas que a pesar de sus detalles diferenciales seguían criterios técnicos tendentes a lograr idénticos objetivos: resistencia, durabilidad y “apilabilidad” (es decir, un proceso como el seguido por el sector de Fig. 1. - Principales familias de diseños anfóricos del Mediterráneo arcaico: egipcias/fenicio-púnicas (rojo), etruscas (amarillo) y griegas (verde).
la distribución actual, en el cual imperan por criterios de optimización operativa y económica los elementos “paletizables” o susceptibles de ser transportados en contenedores de formas y medidas estandarizadas). Entonces como hoy, la forma de las ánforas en cada región se relacionaba con los procesos de producción y transporte, y con los estándares de capacidad y peso, siendo parte de sistemas y cadenas operativas muy complejas. En el caso de las ánforas turdetanas, hay que resaltar su relación familiar con el grupo de las ánforas de origen fenicio occidental, a partir de cuyos primeros prototipos fueron evolucionando progresivamente desde el siglo VI a.C. (Fig. 2). Página 3 La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 Por tanto, al menos en origen, las ánforas turdetanas del suroeste peninsular debieron tener como referencia inicial para sus capacidades el kd ugarítico/fenicio, una medida estandarizada de carácter administrativo usada en el Levante mediterráneo desde el Bronce Final (parte central del II milenio a.C.). Las ánforas fenicias del pecio de Uluburun han permitido definir este estándar de referencia en torno a una escala de 6,7 litros, 13 litros y 26,7 litros (es decir, una proporción para los contenedores orientales originales 1:2:4). En los últimos años, las investigaciones que hemos llevado a cabo sobre las ánforas fenicias en Bajo Guadalquivir, Cádiz y Málaga han permitido determinar que los envases fabricados por sus comunidades hasta el siglo VI a.C. se adecuaron a este estándar de capacidad, pero Fig. 2. - Principales áreas de producción de ánforas fenicias (Gadir, amarillo), y turdetanas (Guadalete en verde, Guadalquivir/Genil en rojo), con localización de los alfares constatados arqueológicamente hasta el momento en el suroeste peninsular (mapa base F. J. García Fernández
Página 4 La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 ción y circuitos comerciales, normalmente posicionados cerca de los cauces fluviales y viario, no lejos de las áreas de captación de las arcillas y otras materias primas. En el ámbito regional destacan los datos proporcionados por Carmona, Cerro Macareno, Sevilla/Spal, e Itálica (Pajar de Artillo), únicos lugares donde se han documentado hornos alfareros (García y Sáez 2022), si bien existen indicios de producción en otros puntos tanto de la cuenca del Guadalete (Villamartín) como del territorio onubense (Onoba, Tejada, etc.). Por el momento, ni en la propia Asta Regia ni en su territorio se han identificado testares, desechos o estructuras inequívocamente relacionadas con talleres de producción cerámica. 1.2. ¿Para que servían las ánforas en época protohistórica? Mientras que algunas fuentes escritas de la Antigüedad nos informan de que desde la Turdetania se exportaban gran cantidad de productos, y entre ellos no pocos alimentos de gran alcance para la dieta de la época, la investigación arqueológica revela que las ánforas fueron el principal envase de transporte de dichos derivados alimentarios, entre los cuales sobresalen el aceite de oliva, el vino y las conservas de pescado. En el caso de la Turdetania interior, se presume gracias a los escasos hallazgos de instalaciones de producción, de residuos macroscópicos recuperados en el interior de los contenedores, y a los resultados de algunos análisis arqueométricos, tanto en el caso de Málaga como en el de la Turdetania interior parece que a partir de entonces siguieron caminos divergentes tanto en lo tipológico como en relación al establecimiento de estándares de referencia para sus contenedores de transporte. 1.1. ¿Cómo y dónde se hacían las ánforas turdetanas? La fabricación de las ánforas de las ciudades de la Turdetania ha sido hasta ahora un tema secundario en la investigación de la Edad del Hierro del sur peninsular, especialmente desde una perspectiva paleotecnológica, y por ello son aún muchas las dudas a resolver en torno a sus tipologías, lugares de manufactura y circuitos económicos dependientes de esta actividad. Si consideramos el íntimo parentesco con las ánforas fenicio-púnicas regionales, los procesos de fabricación de los contenedores turdetanos debieron ser desde mediados del siglo VI a.C. siempre sobre el torno y estandarizados, con una “cadena de montaje” que tornearía y ensamblaría las ánforas por piezas (2-3 porciones principales, dependiendo de la época y el tamaño total del contenedor). Este proceso, análogo al definido para las ánforas de Gadir, Malaka y otras ciudades fenicias de occidente, debió ser parte del bagaje tecnológico dejado por la fase colonial, y se implementó en periodos sucesivos con el fin de conseguir tiradas de envases cerámicos de similar capacidad, resistencia y asequibles de producir en serie. Estos procedimientos aún no son del todo bien conocidos en el mundo turdetano, pero parece probable que fuesen similares a las ciudades púnicas costeras más pujantes, como Gadir. La manufactura de estos envases se llevó a cabo en talleres de dimensiones limitadas, con hornos de tipología oriental, con una capacidad de cocción de unas pocas decenas de unidades por hornada (Fig. 3). Lamentablemente, se han identificado y excavado hasta el momento escasos alfares turdetanos, por lo que es difícil establecer un modelo o patrón para la configuración de este tipo de instalaciones, así como su relación espacial con las áreas urbanas, residenciales, murallas, etc. Se presume que ocuparían los cinturones periurbanos de las ciudades, particularmente de las más importantes o con un papel más relevante en las principales rutas de comunicaFig. 3. - Recreación de un taller alfarero púnico gaditano del siglo V a.C.
Página 5 La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 el interés por su estudio, dado que, al tratarse de un material muy abundante y generalmente bien conservado, se ha convertido en una herramienta fundamental para el establecimiento de dataciones relativas por analogía. En el caso de las ánforas prerromanas de Iberia, y en concreto en las del suroeste peninsular, sus formas han sido objeto de diversos estudios, de alcance local o en el marco de propuestas más amplias, que han ido estableciendo seriaciones ordenadas (que posibilitan la determinación del origen y cronología de cada familia, serie y tipo). Lamentablemente, la identificación de una forma o tipología concreta no permite establecer una correlación incontrovertible con un lugar de origen o con un contenido, tal y como se consideraba unas décadas atrás. Los estudios recientes señalan que algunas series, como las Pellicer BC y D, muy populares en la Turdetania de los siglos V-II a.C., fueron producidas con diversas variantes en numerosas ciudades y centros arteque los principales productos fueron el aceite y derivados de la uva, tanto vino como vinagres y alimentos en salmuera. Para las campiñas costeras y las áreas de los grandes esteros de las desembocaduras de las principales arterias fluviales, el abanico de productos pudo ser más diverso, e incluir también conservas cárnicas y de pescado (fluvial o marino), entre otros. La falta de investigaciones específicas en Asta Regia y su territorio inmediato no ha permitido por el momento determinar con certeza si la zona participó de estos procesos técnicos y circuitos económicos, y si las tendencias evolutivas observadas a nivel general en la región son aplicables en su caso (es decir, de una primacía del vino y el aceita en época arcaica a una notable diversificación de productos transportadas en ánforas durante la II Edad del Hierro). Por el momento, cabe destacar la presencia de lagares y saladeros de pescado en Castillo de Doña Blanca y la campiña portuense, junto al Guadalete, al sur; y la existencia de instalaciones de producción interpretadas como almazaras, como el Cerro Naranja en Jerez (González 1987) (Fig. 4), que seguramente son solo una mínima parte de un poblamiento rural particularmente denso e “industrializado” durante la II Edad del Hierro (González et al. 1995; Carretero 2003). En el caso del repertorio anfórico asociado a Asta y este sector de la campiña al sur de la boca del Guadalquivir, solo se han realizado análisis específicos de laboratorio sobre el tipo Ramon T-8112 o “Tiñosa”, fechado entre los siglos IV y II a.C., los cuales sugieren una relación exclusiva o muy mayoritaria con el transporte de aceite de oliva de calidad (Carretero 2007), producido en instalaciones del entorno hastense quizá del tipo de Cerro Naranja (sin excluir otras urbanas o suburbanas). 1.3. El estudio histórico-arqueológico de las ánforas. Aportaciones y retos. Los contenedores cerámicos de transporte han tenido una importancia tardía dentro de los estudios histórico-arqueológicos, dado que se trata de objetos de escaso valor estético-artístico, voluminosos, y usualmente desprovistos de otra información histórica explícita que no sea la relativa a su tipología. Precisamente, este atributo, su morfometría y los detalles que diferencian unas series/familias de otras, han hecho que a lo largo de las últimas décadas crezca exponencialmente Fig. 4. - Planta del sector excavado del asentamiento rural de Cerro Naranja (según González 1987), y propuesta de reconstrucción de su alzado (elaborada por F. J. Luengo).
Página 6 La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 vase, o señalan medidas de capacidad, origen, capacidad, etc.; los elaborados post-cocción, pueden haber sido realizados en el propio taller cerámico, pero también en fases sucesivas de su utilización, y por ello, suelen aludir a cuestiones comerciales, de contenido, al poseedor en un momento dado, etc. La “tipología” de sellos, grafitos y dipinti es muy variada, con un solo grafema, varios (abreviaturas) o incluso textos más largos, a veces nada relacionados con el ánfora o su uso (también iconos no epigráficos de temática muy diversa). Este tipo de marcas es, desafortunadamente, de aparición poco frecuente entre las ánforas atribuidas a los centros productores de la Turdetania, y sólo las ánforas púnicas de Gadir han aportado ejemplos de inscripciones pintadas y sellos estampados en cantidades y estados de conservación relevantes. Actualmente, el potencial informativo de las ánforas se ha multiplicado gracias a la tecnificación de la Arqueología a lo largo de las últimas décadas, siendo hoy posible plantear numerosos tipos de muestreos y análisis de laboratorio sobre los contenedores cerámicos de transporte. Como ya avanzamos, son frecuentes los análisis arqueométricos sobre las pastas cerámicas, tanto petrográficos como químicos, con diferentes técnicas, cuyos resultados ayudan a responder preguntas esenciales como el origen de las piezas, su tecnología de producción, etc. Por otro lado, son cada vez más frecuentes los análisis químicos de los residuos de recubrimientos y contenidos, muestreando las “costras” conservadas en la parte interior de las piezas, con técnicas variadas que pueden combinarse con el ADN antiguo (para determinar incluso especies o variedades concretas, como se ha realizado para el vino en ánforas griegas). Todo ello, como antes señalamos, se puede y debe combinar con el estudio de los macrorrestos faunísticos o paleobotánicos encontrados en el interior (espinas y escamas de pescado, huesos de mamíferos, semillas y otros restos de plantas, etc.), que a veces pueden ser indicativos del contenido original, y en otras de los usos dados a los contenedores tras el final de su vida útil como envases de transporte. Todo este tipo de indicadores arqueológicos aportan una información histórica clave a partir del análisis de piezas o conjuntos de piezas concretos, procedentes normalmente de un mismo sonsanales, adaptando en cada caso los atributos secundarios (asas, pivotes, bordes) a la tradición local, pero manteniendo en general un “aire de familia” común. El mismo fenómeno se advierte en las ciudades costeras de origen fenicio de la región, especialmente en Gadir (Bahía de Cádiz), donde no solo se fabricaron envases muy parecidos a los de otras ciudades púnicas occidentales, sino también imitaciones de contenedores griegos populares en la época (corintios, jonios, etc.). Por tanto, aunque las tipologías son hoy en día una herramienta fundamental para identificar las formas, fecharlas y extraer datos básicos de los registros arqueológicos de las urbes del suroeste peninsular, se necesita de análisis paleotecnológicos y arqueométricos de las pastas cerámicas para determinar la proveniencia de cada pieza (es decir, su relación con una ciudad o territorio concretos), dadas las similitudes de las bases geológicas de múltiples áreas de la Turdetania. De las ánforas sobre todo interesó, en los primeros pasos de sus estudios, aquella información de carácter epigráfico estampada, incisa o pintada sobre ellas, que podía aportar datos explícitos y directos sobre consignatarios, productos, cantidades, sistemas de comercialización, procedencias, etc. El estudio sellos permite en algunos casos obtener datos precisos sobre los procedimientos de control y cuantificación de la producción, los propietarios de las explotaciones, etc., debido a que son marcas estampadas pre-cocción sobre partes concretas de los envases, normalmente con patrones recurrentes en cada taller, tipo o región. Por su parte, las inscripciones y marcas pintadas son elementos añadidos a los contenedores en momentos posteriores a la cocción, usualmente durante su almacenamiento inicial o en alguna fase del proceso de rellenado y comercialización, por lo que aportan otra serie de datos. Los rótulos pintados, conocidos como dipinti o tituli picti, suelen informar sobre el itinerario comercial, el sistema fiscal, los promotores de la empresa comercial, el producto y su calidad, el lugar de producción, etc., siendo especialmente complejos algunos formularios estandarizados de época romana imperial; por su parte, los graffiti incisos sobre las paredes, bordes y asas suelen corresponderse con marcas de alfarero, o reutilizaciones, etc.). Si se trata de grafitos pre-cocción, probablemente retratan algún aspecto vinculado a los artesanos o al proceso de producción del en-
Página 7 La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 envases de transporte fabricados en Iberia en la Antigüedad (como los fenicio-púnicos, los romano -imperiales, etc.), y hasta hace pocos años no ha incorporado de una forma amplia y efectiva enfoques metodológicos modernos para la caracterización de los talleres o focos de producción, los contenidos y los diversos grupos o familias (y tipos) que se pueden diferenciar regionalmente tanto a nivel morfométrico como de pastas cerámicas. Los trabajos de M. Pellicer Catalán (1978) elaborados a partir de las estratigrafías del Bajo Guadalquivir fueron pioneros en este sentido y sentaron las bases del conocimiento actual, definiendo por primera vez la evolución desde las ánforas de tipo fenicio a las diversas series de la época turdetana (o II Edad del Hierro) (Fig. 6). Este autor estableció la existencia de tres grandeo o área de excavación, edificio, etc. Estos datos, así como los tipológicos, se combinan usualmente con el estudio de la distribución (dispersión comercial) de las ánforas en un determinado marco geográfico, que puede ir desde lo regional a escenarios mucho más amplios, como el propio Mediterráneo antiguo y sus periferias (Fig. 5). El rastreo de la distribución de un determinado tipo de envase se hace a través de un cribado bibliográfico intensivo, y permite dar lugar a mapas más o menos precisos de localizaciones en las cuales ha sido encontrado un determinado número de ánforas, lo que permite analizar densidades de exportaciones hacia áreas concretas, rutas fluvio-marítimas y terrestres que pudieron conectar las áreas de expedición con los centros en los cuales se consumieron, y sistemas económicos complejos en los cuales ocasionalmente podemos ver interdependencias comerciales cuyas implicaciones trascienden la esfera puramente económica. Sumando todos estos ingredientes es cómo hoy en día se construye el discurso histórico sobre las ánforas, que son una herramienta fundamental para el análisis de las economías antiguas de las sociedades sin literatura conservada, como la turdetana. 2. Las ánforas turdetanas. Contenedores de tradición fenicia en el suroeste de Iberia. La investigación sobre las ánforas turdetanas es más reciente que la de otros grandes grupos de Fig. 5. - Distribución de las ánforas tipo T-8112/Tiñosa (puntos rojos), según Guillén 2022. Fig. 6. - Principales tipos de ánforas fenicias y turdetanas identificados por M. Pellicer (1978) a partir de la secuencia estratigráfica del Cerro Macareno.
Página 8 La pieza del mes. 23 de marzo de 2024 co”), que fueron producidas en masa y con mucho éxito a lo largo de buena parte del siglo VII y el primer tercio del VI a.C. tanto en las ciudades fenicias portuarias marítimas, como Cádiz o Málaga, como en múltiples localizaciones del Tarteso de las campiñas litorales, esteros y valles fluviales del interior. Las transformaciones acaecidas tanto en un escenario como el otro durante el tramo central del siglo VI a.C. tuvieron como resultado, en lo tocante a las ánforas, en una rotura absoluta de esa uniformidad tipológica y de patrones de capacidad, siendo el punto de inicio de numerosas familias de ánforas que caracterizaron las exportaciones de la Turdetania y las ciudades púnicas costeras hasta enlazar con los primeros pasos del dominio político romano de la región desde finales del siglo III a.C. El caso de Gadir es uno de los mejor estudiados hasta el momento (Fig. 8), y puede servir de referencia para comprender los patrones esenciales de la evolución de las ánforas regionales (Sáez 2008). La serie o familia anfórica principal, descendiente a partir de las T-10121, evolución en época clásica hacia tipos bicónicos (T-11210), mientras que a partir de finales del siglo V a.C. su forma fue tornándose más acilindrada, hasta dar lugar a modelos casi en forma de tubo (T12110), muy diferentes de sus precursoras. Otras series de ánforas gaditanas, sin aparente relación con esa rama principal, fueron creándose y evolucionando a partir del siglo V a.C., hasta configurar un repertorio muy diversificado durante los siglos IV-II a.C. (con T-12110, T8211, T-9110, y tardíamente, T-7430, además de versiones de ánforas griegas o itálicas). Las Ramon T-8211 y sus precursoras, mal conocidas hasta el momento, sugieren un proceso evolutivo similar, desde envases con bocas estrechas y cuerpos pseudo-bicónicos, a modelos tardíos más pequeños y muy acilindrados, con menor capacidad. En todas las series gaditanas, sin embargo, los cambios implicaron una optimización de los procesos de producción, almacenaje y transporte (“apilabilidad”) pero los diferentes modelos estuvieron sujetos a un mismo estándar métrico, similar al de las ánforas arcaicas, hasta el inicio del periodo romano. En el Bajo Guadalquivir y Los Alcores, en el Guadalete, en la tierra llana onubense, y segurades grupos derivados de las ánforas fenicias (o tipo A) que habían caracterizado la producción de toda la península Ibérica durante los siglos VIIIVII a.C.: inicialmente, los tipos B y C, cuya cronología situó entre los siglos VI-IV a.C.; y, por otra parte, el tipo D, de los siglos IV-II a.C. (Fig. 7). Asimismo, y en relación con la problemática de Asta Regia y su entorno, cabe destacar que definió también el tipo E-1, de cronología más incierta, aunque también turdetana, que se diferenciaba de las otras dos grandes series principales por sus bocas y cuerpos acilindrados (véase la actualización general de datos y perspectivas en Guillén 2022; y en general, García y Sáez 2022). 2.1. Turdetanas, púnicas… las ánforas occidentales del I milenio a.C. Es decir, que los repertorios turdetanos y púnicos del suroeste peninsular compartían un origen común, cuyo nexo de unión se encontraba en los envases tipo Ramon T-10121 (o “ánforas de saFig. 7. - Ánforas turdetanas de los tipos B-C (1-2), D (3) y Castro Marim 1 (4).