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REVISTA ANDALUZA DE ANTROPOLOGÍA NÚMERO 20: ETNOGRAFÍAS DE LO CONTRAHEGEMÓNICO EN ANDALUCÍA JULIO DE 2021 ISSN 2174-6796 [pp. 129-151] https://dx.doi.org/10.12795/RAA.2021.20.07 JUVENTUD ANDALUZA Y EMIGRACIÓN A EUROPA: LA INFLUENCIA DE LOS MEDIOS Y REDES DIGITALES EN LA EXPERIENCIA MIGRATORIA ANDALUSIAN YOUTH AND EMIGRATION TO EUROPE: THE INFLUENCE OF DIGITAL MEDIA AND SOCIAL MEDIAON THEIR MIGRATORY EXPERIENCE Juan Francisco Gutiérrez Lozano Universidad de Málaga RESUMEN La emigración española hacia Europa a partir de la crisis económica de 2008, protagonizada por miles de personas jóvenes, muchas de ellas procedentes de Andalucía, ha sido uno de los fenómenos demográficos recientes más relevantes y, a la vez, más difíciles de cuantificar. Como elemento singular, estas cohortes han contado con la comunicación digital como herramienta clave para mantenerse en contacto habitual con su país de origen. A partir de una investigación cualitativa y de la entrevista a personas emigradas andaluzas jóvenes, residentes en la actualidad en tres países europeos, en este artículo indagamos en una vertiente poco transitada hasta ahora sobre la reciente emigración española: la de cómo influyen la comunicación digital y las redes sociales en la experiencia migratoria. En los resultados y conclusiones se constata la prevalencia de usos digitales propios de su generación modificados por la migración, la persistencia de elementos conocidos de pesadumbre y desarraigo, por más que los hábitos diarios en el uso de estos medios digitales hayan modificado su experiencia en comparación con la de generaciones migradas en décadas anteriores. 129
Palabras clave: Emigración; Andalucía; Europa; Juventud; Medios digitales; Redes sociales. ABSTRACT Spanish emigration to Europe since the economic crisis of 2008, led by thousands of young people, many of them from Andalusia, has been one of the most relevant recent demographic phenomena and, at the same time, a difficult process to quantify. As a singular element, these cohorts have relied on digital communication as a key tool to keep in regular contact with their country of origin. Based on a qualitative research and an interview with young Andalusian emigrants currently residing in three European countries, in this article we focus on a no very much attended area so far about recent Spanish emigration: how digital communication and social networks influence in the migratory experience. The results and conclusions show the prevalence of digital uses of their age modified by migration, and the persistence of known elements of grief and uprooting, even though daily habits in the use of these digital media have changed their experience compared to that of migrated generations in previous decades. Keywords: Migration; Andalusia; Europe; Youth; Digital media; Social media. INTRODUCCIÓN1 Los flujos migratorios continúan siendo incesantes en la era de la globalización, poniendo de manifiesto en muchas ocasiones las contradicciones o tensiones añadidas de los supuestos efectos benéficos de una sociedad globalizada. Al mismo tiempo que se consolidan los mitos asociados al crecimiento de una sociedad transnacional (como el de la sociedad multicultural o el “melting pot”), las clásicas mitologías relativas a las migraciones no dejan de estar vigentes. Como algunos autores han apuntado acerca del caso español, “los viejos mitos migratorios suelen poner el énfasis en la expulsión del Paraíso y en la búsqueda de un nuevo asentamiento idealizado” (Andrés-Suárez, 2014: 54). Hay una repetida comparación de estos procesos migratorios con relatos bíblicos (como el mito de la “tierra prometida”), pero también con las aventuras de héroes épicos clásicos (como Ulises), por no hablar 1. Este artículo es fruto del proyecto de investigación de carácter individual realizado por el autor titulado “La juventud andaluza emigrada a Europa: hábitos mediáticos e identidad en el contexto de la comunicación digital global” (PRY005/17) financiado por el Centro de Estudios Andaluces de la Junta de Andalucía. 130
de la familia de metáforas que, desde el mundo de la literatura, han subrayado otros retratos que el imaginario asocia a los movimientos migratorios: “el desarraigo (y todo el simbolismo de la raíz), la nostalgia, el sentimiento de extrañamiento, la escisión o la doble identidad” (Andrés-Suárez, 2014: 55). Incluso, acudiendo a la mitología y desde la perspectiva psicológica, la migración ha sido caracterizada como un acontecimiento asociado al estrés o a la tensión del denominado “duelo migratorio”. Un duelo genérico, con diferentes niveles de afección en función de cómo se produce, y que se vincula con lo que Joseba Achotegui denomina los “siete duelos en la migración”, que tienen que ver con cómo interviene en lo relacionado con la familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y los riesgos físicos asociados a la emigración (Achotegui, 2012: 85). Por supuesto las diferencias, según los casos, otorgan una mayor prevalencia a según qué duelos frente a otros, pero incluso se ha acuñado el término de “síndrome de Ulises” para referirse a los efectos en la salud mental producidos por estas experiencias migratorias (Achotegui, 2020). Tras los años de crecimiento económico de principios de este siglo, en los que España se constituyó en destino de población emigrada principalmente de Latinoamérica, la mencionada crisis económica y la falta de perspectivas laborales hizo que la juventud española viera en su traslado a diferentes países europeos una salida para la búsqueda de oportunidades de trabajo. Como señalan la mayoría de los trabajos que han abordado la cuestión, desde 2008, y especialmente desde 2010, el impacto de las políticas de austeridad ahondó las consecuencias económicas y sociales de la crisis. De este modo, “la falta de oportunidades habría conducido a muchos españoles a la emigración como alternativa al paro o a empleos en condiciones de elevada precariedad e inestabilidad” (Ortega, Domingo y Sabater, 2016: 12). Al hecho migratorio derivado de la crisis le fueron coincidentes otros de distinto carácter (como el retorno de la población emigrante residente en España desde la década anterior, y que en buena parte se había nacionalizado); asimismo, otras migraciones internacionales Sur-Norte no estrictamente europeas también persistieron, o incluso se intensificaron en estos años. Pero lo singular del movimiento que aquí nos ocupa, el de la juventud española hacia Europa, estuvo en la inserción de dicho proceso, por primera vez, en el marco de relaciones de países de la Unión Europea, así como en el variado y complejo perfil sociodemográfico de sus protagonistas, para cuya cuantificación y precisa definición existen problemas metodológicos evidentes debido a lo limitado de las fuentes institucionales o al escaso registro oficial de las salidas de población (DíazHernández et al., 2015). 131
Esta emigración española reciente se asimila a la complejidad de otros movimientos que ocurren en el seno de la UE, con sus diferentes flujos de movilidad y dentro de un marco regulatorio cambiante. En la corriente de estudios de las migraciones es incipiente el análisis diverso de esta emigración “intraeuropea”, que se aborda ahora no exclusivamente desde el fenómeno asociado a la “fuga de cerebros” jóvenes (o “brain dain”) por motivos de trabajo, sino también desde el punto de vista estratégico: esto es, el que la asocia a la búsqueda de la mejora de la competencia lingüística o formativa que puede propiciar la experiencia en el exterior. De este modo, la movilidad intraeuropea juvenil es analizada ya no únicamente desde la perspectiva de la mera migración temporal de trabajadores, como así se pudo caracterizar en la ocurrida en los años sesenta o setenta del pasado siglo (Pérez-Camarés, 2017: 93-97). En todo caso, y aunque el debate político y periodístico haya ofrecido visiones interesadas para atemperar o agravar el fenómeno producido entre “la generación mejor formada” (Bermúdez & Brey, 2017), lo cierto es que en ningún caso esta “movilidad exterior” (como así a veces se redujo la denominación genérica a esta nueva tipología migratoria, donde participan también estudiantes o trabajadores no tan cualificados) no puede hacer soslayar las dificultades a las que se enfrentan dichas cohortes de desplazados, ni tampoco los graves obstáculos que les empujan a tomar la decisión de su traslado con independencia de su grado de formación. En comunidades españolas como Andalucía, asimismo, a los factores estructurales de atraso socioeconómico regional la crisis de 2008 vino a sumar otros que agravaron los habituales malos datos sobre el desempleo, la precariedad laboral o la ausencia de oportunidades para su población juvenil. Aunque, a diferencia de lo ocurrido en los años sesenta del siglo XX, donde hubo en el éxodo a Europa numerosos contingentes de población rural o procedente de grandes ciudades, a veces sin alfabetizar o con escasa formación, ahora buena parte de esta juventud cuenta en muchos casos con un alto nivel educativo o hasta con títulos universitarios o de posgrado, pero que no han visto cumplidas sus expectativas para acceder a puestos de trabajo acordes a su cualificación profesional en la comunidad andaluza o en España. Al tiempo, otras personas jóvenes emigradas, por supuesto, siguen manteniendo perfiles de baja cualificación. Pero a todas ellas es común el hecho de que, si bien de manera comparativa con respecto a España pudieron encontrar trabajo más fácilmente en los nuevos países de destino, suele suceder que también ocupen puestos laborales precarios, temporales o poco cualificados. Como apunta Macarena Vallejo-Martín en su estudio sobre las condiciones laborales de la emigración española actual en el Reino Unido y Alemania, “una vez pasada la ‘euforia’ de encontrar un empleo, las personas pueden sentirse poco eficaces, agotadas y distantes con su trabajo al no ser el puesto acorde a sus 132
expectativas, cuestión que tiende a mejorar con el asentamiento del proyecto migratorio” (Vallejo-Martín, 2017: 142). Sin embargo, en los discursos sobre la emigración española reciente, tanto los políticos como los públicos, parece haberse impuesto una idea positiva sobre esta “movilidad internacional”, sin reparar en la variada casuística de su origen, derivada tanto de factores coyunturales como estructurales. De este modo, los rasgos de esta juventud desplazada van desde quienes tienen interiorizada “la falta de expectativas en España, hasta la precarización de las condiciones de trabajo en el ámbito de la investigación, o la movilidad global asociada a determinadas profesiones y, por último, las salidas como válvula de escape ante la explosión de la burbuja inmobiliaria” (Pérez-Camarés, 2017: 110). Por tanto, la crisis económica de 2008 España experimentó un fenómeno de migración exterior, especialmente hacia Europa, análogo en ciertos aspectos al sucedido en la segunda mitad del siglo XX (Babiano, y Farré, 2002; Babiano, 2009) pero muy distinto en cuanto a su componente sociodemográfico y, en concreto, en lo relacionado a la vinculación de las personas jóvenes desplazadas con el uso de los medios de comunicación a su disposición. En este artículo, a partir de la contextualización del fenómeno migratorio reciente, de difícil cuantificación y determinación precisa como veremos, queremos indagar en qué medida las prácticas digitales y los usos de medios de comunicación o de las redes sociales, entre otros, han transformado las experiencias migratorias de la juventud andaluza trasladada a distintos países europeos tras la crisis de 2008. La aportación que realizamos proviene de una investigación que se inserta en una línea de trabajos crecientes tanto en España como en toda Europa y que se acerca asimismo a un aspecto comunicativo no demasiado abordado hasta el momento. 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN Aunque los datos referidos a la emigración juvenil española desde 2008 hasta la actualidad son difíciles de concretar (Navarrete, 2014; Díaz-Hernández et al., 2015), según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE) entre 2008 y 2015 la cifra de la población española residente en el exterior creció en 833.339 personas. De esta forma el número de personas españolas en el extranjero se incrementó en ese periodo en un 56%, hasta alcanzar en torno a los 2,3 millones; de ellas, casi un tercio eran de nacionalidad española y nacidas asimismo en España. Este crecimiento ha continuado en años posteriores, de manera que el último PERE publicado referido a 2019 cifraba ya en 2,6 millones las personas de nacionalidad española residentes en el exterior; y de nuevo con Europa como el continente con mayor aumento 133
en términos absolutos y relativos de personas de nacionalidad española, con un total de 44.000 personas más que fijaron su residencia en el exterior (PERE, 2020). En cuanto a Andalucía, y según el “Informe anual Andalucía e Inmigración 2013” del Observatorio Permanente Andaluz de las Migraciones de la Junta de Andalucía, el número de personas jóvenes nacidas en Andalucía que emigró a cualquier parte del mundo, especialmente a Europa, creció “desde 2009, siendo 2013 el año en el que se puede visualizar un aumento significativo” (Observatorio Permanente Andaluz de las Migraciones de la Junta de Andalucía, 2013: 71). Asimismo, este estudio indicaba que los países europeos con mayor presencia juvenil de Andalucía eran Alemania, Reino Unido, Francia, Suiza y Bélgica. Posteriormente el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía cifró que solo para 2015 fueron 9.527 las personas nacidas en la comunidad que fijaron ese mismo año su residencia en el exterior, la mayoría (5.805) en Europa. Otros datos posteriores de la Junta de Andalucía indicaron que entre 2016 y 2017 aumentó en un 4,3% el número de población andaluza viviendo en el extranjero. Entre la nueva emigración destacaba el perfil de una juventud altamente cualificada, estando además el 64% de personas residentes en el exterior compuesto por jóvenes en edad laboral. Europa de nuevo repitió como el continente donde mayor presencia andaluza se registraba, y los tres países con mayor número de emigración andaluza expatriada fueron Francia (en torno a 40.000); Alemania (c. 33.000) y Reino Unido. En el caso del destino británico cabe señalar de manera significativa que entre 2016 y 2017 la cifra de personas andaluzas residentes creció un 12%, a pesar de las incertidumbres creadas ante el abandono próximo de este país de la UE en el proceso conocido como “Brexit” (20 minutos, 2017). A inicios de 2019 el Instituto de Estadística y Cartografía de la Junta de Andalucía publicó que en 2018 había crecido de nuevo (en un 2,6%) el número de personas andaluzas residentes en el exterior, hasta llegar a un total de 292.201, un 70% más que en 2009. De ellas, las que además de estar inscritas en Andalucía era nacidas en la región llegaban a 99.185 (un 34%). La mayoría residente en el exterior se concentraba en Europa, un 48,1% del total (Instituto de Estadística y Cartografía de la Junta de Andalucía, 2019). Dada la constancia evidente de la importancia de este fenómeno migratorio, el mismo ha sido objeto creciente de estudios académicos exhaustivos en los últimos años, la mayoría de ellos de carácter sociodemográfico (véanse para estas cuestiones los trabajos de Alba, Fernández y Martínez, 2013; González Ferrer, 2013; Aparicio Gómez, 2014; Navarrete Moreno, 2014; Díaz Hernández, Domínguez Mujica, Parreño Castellano, 2015; Alba y Fernández, 2015; Ortega, Domingo y Sabater, 2016; Bermúdez y Brey, 2017 o Pérez-Camarés, 2017, entre otros). Pese a todo, y como señalan Beltrán Roca y Emma 134
Martín-Díaz, existen diferentes aspectos de estas migraciones intraeuropeas que siguen sin abordarse demasiado, como por ejemplo las estrategias colectivas o sindicalistas de trabajadores de estas comunidades desplazadas (Roca y Martín-Díaz, 2017) o sus condiciones laborales (Vallejo-Martín, 2017). Otro aspecto tampoco tratado demasiado hasta ahora ha sido, como decimos, el de las implicaciones comunicativas de este hecho. A pesar de las lógicas similitudes, como se ha explicitado existen diferencias notables entre la emigración en el siglo XXI y la acontecida en la segunda mitad del siglo XX. Precisamente sobre esta última, de carácter más histórico, sí se ha acrecentado el estudio comunicativo de manera reciente (véanse, entre otros, Björkin & Gutiérrez, 2008; Martín, 2012; Sanz Díaz, 2014; Calvo, Langa y Prieto, 2015 o Gutiérrez Lozano, 2018). La radical diferencia en cuanto a la posibilidad del acceso a los medios de comunicación y a la comunicación interpersonal gracias a la comunicación digital es, sin duda, el rasgo más definitorio y distinto entre ambos procesos. Junto a la globalización, la convergencia de medios y la disponibilidad de acceso a fuentes informativas y plataformas de entretenimiento audiovisual no solo internacionales (Chalaby, 2005; Lotz, 2016), sino también nacionales, regionales y hasta locales, determinan de una manera clara estas nuevas posibilidades. Ello convierte en muy distinta la experiencia migratoria del pasado y la reciente, relacionada además con la evidente existencia de una auténtica “audiencia transnacional” gestada por la comunicación digital (Atique, 2016), que lógicamente añade un valor diferencial a la vida diaria de las personas migrantes en el mundo (Greschke, 2012). Existen numerosos trabajos internacionales referidos a cómo las minorías nacionales o étnicas migradas consumen los medios de comunicación o utilizan las redes sociales en la diáspora, que sin duda pueden servir de guía al trabajo necesario que debe afrontarse en el ámbito de las comunidades españolas de emigrantes (ver, entre otros muchos ejemplos, Fortunati, Pertierra y Vincent, 2012; Madianou y Miller, 2012, Ogunyemi, 2015 o Karim & Al-Rawi, 2018). Algunas de ellas, de manera mucho más reciente, han subrayado cómo desde el punto de vista personal, el teléfono móvil se ha erigido como el elemento tecnológico central, con los servicios de mensajería en el “corazón” mismo de las relaciones afectivas como señalan Miller et al. (2021: 181), y en torno al que se articulan igualmente estas experiencias migratorias. Sobre la importancia de la telefonía móvil tanto a la hora de la toma de decisión de la emigración como en los primeros momentos de la residencia en el exterior, Gordano y Ros (2016) realizaron un estudio sobre la población española en Londres, en el que recalcan en todo caso los necesarios “ajustes tecnológicos” en la emigración en torno 135
al teléfono, al articularse como vía de información, comunicación y entretenimiento. A partir de la idea del uso adaptado de los actuales medios de comunicación en su relación con la emigración, en concreto del concepto de “polymedia” popularizado por Madianou y Miller (2012), estas autoras subrayan que detrás de los usos y disponibilidad de esta tecnología sigue habiendo diferencias asimismo derivadas de la mayor o menor dificultad con la que se desarrolla cada experiencia migratoria. Precisamente, y por seguir con el caso español, existen otras obras recientes que han abordado el fenómeno de la comunicación en su relación con la migración reciente, si bien desde un punto de vista ensayístico o parcial, como Transmigrantes, de María Alonso (2017) o Elas, as emigrantes, de Carmen V. Valiña (2019), centradas ambas en el caso de Galicia y en su juventud emigrada a Europa. Entretanto, María Angulo (2020) ha destacado sobre todo la influencia en los retratos periodísticos surgidos de estas experiencias migratorias españolas derivadas de la crisis económica. Con anterioridad, Pedro J. Oiarzábal (2012) había realizado un estudio de cómo las comunidades emigradas del País Vasco utilizaban Facebook como herramienta de encuentro y lugar de reconocimiento. De manera reciente, Pérez Caramés, Fernández y Suárez (2021) han incidido de nuevo en este papel singular de las comunidades virtuales forjadas en las redes sociales por parte de la emigración española a partir del estudio de estos grupos en Facebook. En su trabajo, realizado a partir de 84 entrevistas en seis ciudades de Francia y Alemania, se evidencia el papel relevante de estos espacios de sociabilidad (que toman los nombres habituales de “Españoles en…” más el nombre de diferentes ciudades), y que asimismo son espejo de prácticas de inclusión, exclusión o diferencia social, de clase o de género, entre otras, pues más allá de sus usos prácticos también evidencian o dejan patentes algunas actitudes discriminatorias o conflictivas. En el proyecto del que parte este artículo nos propusimos investigar, en este sentido, las prácticas mediáticas (consumo de medios periodísticos digitales, de contenidos audiovisuales mediante plataformas, así como prácticas relacionadas con las redes sociales) de andaluces y andaluzas menores de 40 años que habían trasladado su lugar habitual de residencia tras 2008 y que al menos llevasen un año de residencia en el extranjero. En el trabajo recogimos de manera directa los testimonios de una muestra de esta juventud para ejemplificar los hábitos mediáticos comunes o habituales en dichos contingentes migratorios que han fijado su nueva residencia en distintos países de la Unión Europea en la última década. A partir de una estrategia de metodología cualitativa y de entrevistas grupales realizadas de modo presencial en sus nuevas localidades de residencia, a través de los discursos y prácticas verbalizadas de estas personas puede constatarse, por ejemplo, que no 136
abundan consideraciones mitológicas acerca de su experiencia migratoria. La mayoría prefiere inscribir su proceso dentro de la lógica de una suerte de nueva identidad global compartida por la juventud europea o mundial, que acaso incluso les puede diferenciar de la juventud que ha permanecido en España o Andalucía solo por su experiencia como personas migrantes. De sus testimonios sí se evidencian necesidades de conexión continua de distinto calado (familiar, social, o hasta informativo) con su país o comunidad de procedencia. 2. METODOLOGÍA La investigación de partida se basó en la aplicación de la técnica de la entrevista grupal cualitativa, herramienta válida para este tipo de acercamientos cualitativos y que ya había sido probada en trabajos anteriores sobre las comunidades de emigrantes españoles (Valles, 2002, Gutiérrez y Vera, 2016). En concreto el proyecto se articuló en torno a cinco entrevistas grupales realizadas en 2017 y 2018 en dos países (Reino Unido y Alemania) y tres ciudades (Londres, Edimburgo y Berlín), con la participación total de 22 personas (once hombres y once mujeres), de edades comprendidas entre los 24 y los 40 años, procedentes de seis de las ocho provincias andaluzas (todas a excepción de Córdoba y Huelva). La muestra final también recoge una gran variedad de perfiles en cuanto a niveles formativos conseguidos con anterioridad a su marcha al extranjero: desde estudios obligatorios secundarios pasando por formación profesional, grados o licenciaturas universitarias, máster o hasta doctorado. Para la toma de contacto con las posibles personas informantes nos servimos de la estrategia de “bola de nieve”, dado que por el carácter cualitativo de la investigación no se ponía en riesgo la representatividad. Sí es reseñable en todo caso que las redes o grupos existentes de sociabilidad digital de personas emigrantes en plataformas como Facebook no fueron muy provechosas para la localización de estas personas dispuestas a participar en la investigación. Este hecho, en principio no previsto, se corroboró luego al detectarse un cierto rechazo a la inclusión o participación activa en dichas comunidades virtuales. Gracias al envío de correos electrónicos a diferentes Institutos Cervantes de las ciudades de residencia elegidas para la definición de la muestra, o a través del conocimiento y localización previa de algunos de estas personas, se pudieron finalmente conformar los grupos de interés de quienes deseaban colaborar con la investigación. Los lugares de realización de las entrevistas fueron espacios adecuados para su desarrollo (como el Instituto Cervantes de Berlín; una universidad londinense; hogares particulares o bares), garantizando siempre las condiciones para la perfecta grabación del audio procedente de las entrevistas para su posterior transcripción. 137
aprendí. Aprendí mi alemán. No fue un alemán muy correcto, pero yo podía hablar un alemán más o menos fluido. Y me sentía un poco seguro. Y luego aquí ya tuve que estudiar más” (22-Jaén, H, 38, Berlín). En todo caso, la mayoría alude a los cambios claros en sus formas de vida y en sus hábitos como las razones para desconectar de manera activa de los contenidos informativos españoles. Algo que ocurre también con el ocio audiovisual, ya que anteponen ahora en sus consumos tanto las necesidades prácticas de su nueva situación (como el aprendizaje de idiomas) o el disfrute de series o películas internacionales en plataformas online (sobre todo Netflix). En cuanto a las predilecciones de entretenimiento televisivo, son las series internacionales, especialmente las norteamericanas y británicas, las que copan sus preferencias; aunque lo mismo ocurre a las personas residentes en Alemania con las ficciones alemanas. Aluden a diferentes géneros (thrillers, históricas, acción), pero son los grandes éxitos internacionales los que atraen su atención, además de algunas producciones españolas para Netflix, que descubren muchas veces por casualidad, no porque lo manifiesten como necesidad cultural. Más allá de sus experiencias cotidianas, tienen un gran peso simbólico en su consumo mediático estos productos globales, algo comprensible dada la generación a la que pertenecen: “Lo que vemos es Netflix. A tope. Todo en inglés. Subtitulado en inglés. Y ahora me doy cuenta de que ya no tengo que estar mirando, me fijo en palabras, cómo se pronuncia…” (5-Sevilla, H, 28, Londres). “Vemos muchas series en inglés, con plataformas como Netflix. Netflix la tenemos. Y una de Internet que se llama Plusdede, un portal, pirata, que vemos series y películas” (8-Cádiz, H, 24, Edimburgo). Estas personas se confiesan consumidoras de plataformas de contenidos emitidos de manera pirata o ilegal, algo relacionado además de por su generación por las dificultades económicas derivadas de la emigración, aunque Netflix es la excepción en este caso. Aunque sus prácticas concretas difieran en función de su nivel de formación o inquietudes personales (y no tanto en cuanto al género, por ejemplo), se constata que la conexión con la producción audiovisual española tiene, en general, una escasa repercusión entre esta comunidad salvo excepciones. Su consumo predominante de ficción se identifica, también, con lo que pudiéramos identificar como una “generación joven global”: “Por Netflix sí hay series españolas. Está ahora La casa de papel, una serie que se ha hecho muy famosa. Me la recomendó alguien del trabajo que es español (‘Ah, está muy bien, mírala’). Igual, la de las telefonistas, la de Las Chicas del Cable, pero curiosamente esa la vi porque a una amiga brasileña le habían hablado muy bien 144
en Brasil de esa serie, y me dijo que la viéramos juntas, y entonces empecé a verla, pero antes no me sonaba” (18-Málaga, M, 30, Berlín). Sólo en algunos pocos testimonios se manifiesta la predilección por series españolas, sobre todo en los inicios de la experiencia residente en el exterior, lo que puede traslucir una nostalgia no asumida asociada al consumo cultural: “Yo en TVE, a través de la web veo El Ministerio del Tiempo o Cuéntame por medio de Internet” (13-Málaga, M, 37, Edimburgo). “Yo veo Cuéntame a toro pasado, una vez emitida. La veo por la web y la llevo viendo desde pequeño. Cuando llegué aquí me puse al día, porque llevaba varias temporadas sin verla” (12-Granada, H, 30, Edimburgo). En todo caso tanto en el uso de las redes sociales como en las prácticas mediáticas se esfuerzan por recalcar una aclimatación no conflictiva en los países de destino gracias a estas herramientas tecnológicas. En resumen, a través de sus discursos, la joven comunidad andaluza emigrada en Europa se reconoce -y le gusta reconocerseen los rasgos de los usos mediáticos y de los modos de consumo de los medios digitales y las redes sociales similares a quienes comparten su extracción generacional. Esta identidad se ve reforzada, eso sí, al equipararse a otros grupos internacionales con análoga experiencia migratoria: es más, se diría que el mito del “desplazamiento” es relegado en favor del subrayado que realizan de formar parte de un fenómeno migratorio en el que participa al mismo tiempo la juventud de otras muchas nacionalidades. Las personas entrevistadas consideran que estas prácticas comunicativas son en cierta medida, en algunos aspectos concretos (contenidos, horas dedicadas, usos de las redes sociales o aplicaciones de mensajería) diferentes a las de la juventud residente en Andalucía, pero también a la de la juventud de su misma edad en los países de destino. Pero en principio no lo ven como un rasgo negativo, sino como una adaptación derivada del momento que viven dentro de su proceso migratorio. Quizá el rasgo más interesante de todos sus testimonios provenga de que esta juventud emigrada es consciente en buena medida de que sus usos mediáticos pueden generarles un posible aislamiento, o forjar una especie de “burbuja mediática”, debido a una mezcla de fuerte carga simbólica: la de los contenidos con fuertes tintes globales (en el consumo de contenidos audiovisuales), sumada a la de los procedentes de su país, comunidad o localidad de origen (en cuanto a la información que reciben; o al contacto directo, continuo, con sus familiares o amistades): “Mi madre estuvo en Francia 15 años y tuvo su gueto de españoles allí en los años 60 y 70. Ella sí adquirió cultura francesa y la lengua. Pero a pesar de estar 15 años, no se integró del todo de la cultura francesa. Yo creo que hoy en día, sin 145
necesidad de ese gueto, también hay muchos españoles que vienen y se van tal y como vinieron. El gueto es más global, por todas las facilidades que tenemos de comunicación” (Almería, H, 40, Londres). Al mismo tiempo, esta juventud andaluza emigrada se reconoce como conectada a su comunidad de origen a través de las redes sociales, pero desconectada de su comunidad de destino, por la que no se suelen interesar demasiado informativamente. Ello puede generar una especie de espacio “no lugar” (en la línea de lo apuntado por Daniel Miller et al., 2021) donde sobre todo consumen ficción global internacional y mantienen sus contactos diarios en aplicaciones de mensajería como si nada hubiera cambiado. Una minoría de las personas entrevistadas, sin embargo, considera que este ecosistema digital en la emigración no permite extraer todas las posibilidades de manera completa a su experiencia en el exterior, por más que sofoque parte del duelo migratorio: “Hoy en día es más fácil no deshacerte, no romper esas raíces, no romper esos lazos, que antes. Antes tenías que romperlos, te veías en esa necesidad porque la comunicación era mucho más difícil y tenías que romper esos lazos. A lo mejor, no lo sé, eso podía obligar un poco más a la gente a enfrentarse a la realidad y salir adelante. Ahora el cordón umbilical no se rompe del todo, o casi nada, porque realmente vives con tu familia; por el Facebook, por las redes sociales, por el WhatsApp, por la facilidad que tienes para llamar, por comer con ellos. Yo no estoy defendiendo que se vuelva atrás y no tengamos Internet ni nada de eso: prefiero que la gente esté comunicada porque afectivamente es mejor. Pero creo que antes el que se iba fuera tenía una necesidad de construcción personal mucho mayor. Ahora puede seguir manteniendo el mismo cordón umbilical” (Almería, H, 40, Londres). Lo expuesto en líneas anteriores viene a reforzar, como apuntan Giulia Sinatti y Cindy Horst, la necesidad de profundizar en análisis de las experiencias migratorias que contemplen toda multiplicidad de aspectos involucrados, incluidos los comunicativos: “Alongside defending the view that place does still matter, transnational scholarship has also recognized that migrants develop multiple affiliations and loyalties. This suggests a path that lies somewhere in between the mutually exclusive interpretations of migrants belonging to deterritorialized social formations and to locally bound home communities” (Sinatti y Horst, 2015: 148). CONCLUSIONES La juventud andaluza emigrada en Europa, a la luz de esta investigación, mantiene unos usos y prácticas en los medios digitales y en las redes sociales que van en consonancia con los momentos iniciales de reafirmación de sus procesos migratorios. En sus discursos 146
verbalizados, sus integrantes subrayan sobre todo las oportunidades que les abre la experiencia en el exterior y no barajan aún con claridad la idea del retorno. Aunque también se trasluce, de sus palabras, la existencia de cierto duelo migratorio ya sea por la soledad de la distancia familiar, ya sea por la soledad de las grandes ciudades donde residen, sobre todo al inicio de sus experiencias. Este sentimiento, no explicitado en todos los casos, pero evidente en distintos pasajes de sus declaraciones, es mitigado en buena medida por la tecnología digital. Las manifestaciones de las personas jóvenes andaluzas con residencia en el exterior definen unas prácticas tecnológicas en buena medida acompasadas a las de su generación (uso de plataformas de vídeos bajo demanda, o de las redes sociales como medios informativos; utilización intensiva la mensajería instantánea para su sociabilidad diaria). Pero en la coyuntura marcada por su residencia en el extranjero esta tecnología comunicativa adquiere una relevancia más sustancial, al ser el elemento que propicia, con diferentes adaptaciones y usos, una conexión cotidiana y natural entre su nueva experiencia migratoria y sus anteriores modos de vida en su comunidad de origen. Además de seguir analizando estas trayectorias, y como líneas posibles de profundización de futuras investigaciones, será pertinente abordar asimismo en qué medida esta comunicación global y digital interviene o no, y de qué manera, en los procesos de decisión de retorno, especialmente tras lo acontecido por la pandemia de 2020. En la fecha de realización de este estudio las personas entrevistadas no incluían todavía ese retorno como una perspectiva cercana, algo lógico en los estados iniciales de sus experiencias: “Mi idea es quedarme y si acaso cuando me jubile igual volver a España o a la Conchinchina, pero en principio no tengo intención de moverme” (Jaén, M, 38, Berlín); “Una vez que estas en este punto que ya estás cómodo que ya estas a gusto, dices… ya no te llama tanto volver a España. Ya te llama tu futuro, tu carrera profesional…” (Málaga, M, 37, Edimburgo); “Yo confío en que voy a volver, pero no confío en mí mismo” (Granada, M, 38, Edimburgo). 147
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