In memoriam Carmen Gómez Pérez, profesora titular de Historia de América de la Universidad de Sevilla
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IN MEMORIAM CARMEN GÓMEZ PÉREZ, PROFESORA TITULAR DE HISTORIA DE AMÉRICA DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA María Salud Elvás Iniesta Recientemente fallecía Carmen Gómez Pérez, víctima de una cruel enfermedad que se ha empeñado en llevarse de nuestro lado a los seres más queridos. Resulta difícil tratar de escribir al pensar en la partida – demasiado temprana – de quien durante tantos años fue maestra y, sobre todo, amiga. En 1975 una joven cordobesa se licenciaba en la Carrera de Historia por la Universidad de Sevilla. Tenía 21 años, muchas ganas de vivir y, sobre todo, estaba profundamente enamorada de la Historia y, especialmente, de la Historia de América. Al terminar sus estudios y asesorada por su director, el Dr. Luis Navarro García, Carmen comenzó a trabajar sobre la conquista y fundación de Cartagena de Indias. En ese momento empezó su vinculación con esa ciudad americana y su gran aventura intelectual y científica, que culminó con su Tesis Doctoral sobre Pedro de Heredia y Cartagena de Indias, publicada años más tarde y que hasta ahora está considerada, por los propios cartageneros, como la mejor obra sobre la conquista y fundación de la ciudad de Cartagena de Indias. Desde entonces su carrera investigadora se centró en la época de la conquista, con numerosas alusiones a la ciudad que la cautivó: Cartagena de Indias, a la que dedicó sus mayores esfuerzos investigadores, teniendo como resultado una gran cantidad de publicaciones. En reconocimiento a su gran labor docente e investigadora recibió en los años 2005 y 2007 los siguientes nombramientos: Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cartagena (Colombia), Profesora Visitante Ilustre de la Universidad de Cartagena (Colombia), Miembro de Honor de la Casa de España de Cartagena 1
(Colombia), Huésped de Honor de la ciudad de Cartagena (Colombia) y Miembro de Honor de la Academia de Historia de Santa Cruz de Mompox (Colombia). Pero también su otra gran vocación, la docencia, acaparó gran parte de su vida. La inmensa cantidad de horas dedicadas a la preparación de sus clases y a la cuidada atención a sus alumnos la convirtieron en una gran profesora, un mérito que los alumnos que han pasado por sus aulas en los veinte años que ejerció en la Universidad de Sevilla, como Profesora Titular de Historia de América, le han reconocido con el paso de los años. Su espontaneidad, claridad de ideas y simpatía natural hacían que las clases se encontrasen siempre abarrotadas de alumnos de todas las edades deseosos de aprender más y más sobre la Historia de América, en general, o sobre la Historia de la América Prehispánica, el Descubrimiento, la Conquista y la Esclavitud, en particular. Su norma era la constancia en el trabajo, la solidaridad con los compañeros y los alumnos, la entrega total a su profesión, a su vocación de americanista. Siempre estuvo dispuesta a dar el máximo en todo: como Secretaria Académica del Departamento de Historia de América, su labor fue eficaz y ejemplo de entrega durante dieciséis años; como profesora, fue maestra de muchos que hoy tratamos de seguir sus pasos en la docencia y la investigación; y como amiga, era fiel e incondicional a aquellos que la necesitaban en los buenos y no tan buenos momentos que la vida nos depara. Junto a ella viví los peores momentos de mi vida. Me acompañó, animó y ayudó durante la enfermedad de mi padre, así como tras su fallecimiento, tratando de ver siempre el lado positivo de la vida. Así era Carmen, optimista, aun cuando su propia enfermedad le impedía manifestar plenamente su personalidad. Con ella también viví mis mejores momentos personales y celebré mis éxitos y logros académicos, recibiendo siempre su mejor sonrisa cuando erraba en mi trabajo. También me enseñó que la amistad es uno de los más bonitos dones que nos han sido concedidos. Y yo me enorgullezco de haber tenido la suya durante estos últimos años. Cierto es que su vida también tuvo malos momentos, tiempos desagradables que había conseguido, a base de constancia y alegría, dejar atrás. Y cuando todo parecía superado, tuvo que hacer frente de nuevo a su enfermedad, que llevó con resignación y 2
ganas de superación durante estos últimos años, hasta que ya no ha podido más. Y se ha ido, dejando un vacío enorme en todos los que la conocimos. Pero nos queda la evocación de su alegría, sus ganas de vivir, su ejemplo de superación, su fuerza vital. Nos ha dejado un gran legado, que no debemos desaprovechar. Yo, por mi parte, haré todo aquello que esté en mi mano para que siga estando orgullosa de mí, como siempre lo estuvo. 3