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¿Cómo abordar las cuestiones de género en el contexto de África subsahariana? Algunas respuestas desde la teoría y la práctica

El-Rhomri, Imane; Domínguez-Serrano, Mónica

Abstract

A pesar de los avances teóricos y metodológicos en materia de género y desarrollo, seguimos asistiendo a proyectos y programas que no ahondan en los orígenes de la desigualdad y no ayudan a luchar contra los mecanismos de dominación que subordinan a las mujeres. El objetivo de esta comunicación es arrojar algo de luz sobre los problemas que explican esta carencia y plantear propuestas para corregirlas, centrándonos en el contexto de África subsahariana. Para ello, analizamos la experiencia de los proyectos “Femmes et Karité” en Burkina Faso y exponemosel potencialde un enfoque transformador de género. De esta forma,pretendemos recalcar la importancia de analizar la interacción entre varias dinámicas y mecanismos de opresión de manera contextualizada y respetuosa con el punto de vista africano.

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¿CÓMO ABORDAR LAS CUESTIONES DE GÉNERO EN EL CONTEXTO DE ÁFRICA SUBSAHARIANA? ALGUNAS RESPUESTAS DESDE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA El-Rhomri, Imane∗ Domínguez-Serrano, Mónica∗∗ RESUMEN A pesar de los avances teóricos y metodológicos en materia de género y desarrollo, seguimos asistiendo a proyectos y programas que no ahondan en los orígenes de la desigualdad y no ayudan a luchar contra los mecanismos de dominación que subordinan a las mujeres. El objetivo de esta comunicación es arrojar algo de luz sobre los problemas que explican esta carencia y plantear propuestas para corregirlas, centrándonos en el contexto de África subsahariana. Para ello, analizamos la experiencia de los proyectos “Femmes et Karité” en Burkina Faso y exponemosel potencialde un enfoque transformador de género. De esta forma,pretendemos recalcar la importancia de analizar la interacción entre varias dinámicas y mecanismos de opresión de manera contextualizada y respetuosa con el punto de vista africano. PALABRAS CLAVE Género, desarrollo, análisis crítico, África subsahariana, Burkina Faso. ABSTRACT Despite the theoretical and methodological progress on gender and development, we continue attending projects and programmesthat do not address the origins of inequality and do not help to tackle the mechanisms of domination that subordinate women. The aim of this paper is to highlight on the problems that explain this lack and make proposals to correct them, focusing on the context of subSaharan Africa. We analyse the experience of the project “Femmes et karité” in Burkina Faso and expose the potential of a gender transformative approach. In this way, we intend to emphasize the importance of analysing the interaction between various dynamics and mechanisms of oppression on a contextualized and respectful of African perspective manner. KEYWORDS Gender, development, critical analysis, Sub-Saharan Africa, Burkina Faso. INTRODUCCIÓN Durante las últimas décadas, la investigación agrícola, bajo la impulsión de los donantes de la ayuda al desarrollo, se ha orientado especialmente hacia el desarrollo tecnológico y su potencial para reducir la brecha entre mujeres y hombres en los países del Sur(Okali, 2012). Sin embargo, como se puede observar en las recomendaciones de la política de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO):« Men and women in agriculture : closing the gap », la reducción de esa brecha no ha sido un objetivo en sí mismo, sino un medio para luchar contra la pobreza y la inseguridad alimentaria. Lo que persigue esta política es “liberar a las mujeres”, proporcionándoles tecnologías que reducen el tiempo absorbido por su trabajo doméstico y de cuidado y, así, conseguir que inviertan más tiempo en la producción agropecuaria. ∗ Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, [email protected] ∗∗ Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, mdom[email protected] 175 Lejos de ser neutra, la tecnología es uno de los mejores instrumentos para introducir la ideología económica occidental en las sociedades africanas(Stamp, 1990). Históricamente, transferir tecnologías occidentales a mujeres africanas responde a una ideología colonial que pretende “modernizar una sociedad tradicional” y que, a menudo, no respeta las dinámicas locales ni la visión de la población destinataria(Mehra, 2012; Stamp, 1990; Touré, 2011). Pabegwendé Nestorine Compaoré (2000)destaca que su país, Burkina Faso, ha sido sometido a “un proceso de transferencia de la racionalidad económica en la organización del trabajo y en la gestión de los ingresos” en el cual “la tecnología, el dinero y la racionalidad científica son consideradas como fuerzas motrices del progreso económico y social de las mujeres” (p. 139) De hecho, el discurso de organizaciones como la FAO o el Banco Mundial está muy centrado en el déficit de producción alimentaria causado por la falta de acceso de las mujeres a recursos como la tierra, el crédito, los fertilizantes o las semillas mejoradas. Es decir, a causa del desigual acceso de las mujeres subsaharianas a los medios de producción, éstas últimas no producen todo lo que podrían y, por tanto, habría que quitar los obstáculos que estorban su mayor participación en la seguridad alimentaria y desarrollo de sus países. Sin embargo, vemos que el levantamiento de los obstáculos se limita a los recursos materiales, dejando a un lado problemas más profundos como las normas y los roles de género o el desigual uso del tiempo. Mientras que desde la agronomía y la economía, se lamenta que el trabajo doméstico y de cuidado asumido por las mujeres subsaharianas disminuye su productividad agrícola, desde la perspectiva nutricionista, se alerta que la intensificación de su trabajo en el sector agrícola les impide cuidar a los niños y prevenir su malnutrición(Dury & Bocoum, 2012; Hillenbrand, 2012). Sin embargo, nadie cuestiona la asignación de los roles de género, la división sexual del trabajo o la falta de corresponsabilidad por parte de los hombres y del estado en el trabajo de cuidado. Cabe preguntar, por tanto, cómo habría que abordar las desigualdades de género en un contexto como él de África subsahariana. Es la cuestión que queremos resolver en esta comunicación, estructurándola de la manera siguiente. En primer lugar, analizaremos con una mirada feminista crítica la experiencia de los llamados proyectos “Femmes et karité” en Burkina Faso. Para ello, nos apoyaremos en los resultados de tres estudios que se han interesado por examinar con detenimiento aquellos proyectos. En segundo lugar, exploraremos el potencial de un enfoque trasformador de género, como herramienta de análisis y de acción, para generar cambios en nuestras prácticas investigadoras y de intervención. Por último, plantearemos en nuestras conclusiones algunos sesgos que pueden explicar los resultados insuficientes de las iniciativas de empoderamiento de las mujeres subsaharianas y que han de estar superados. Tabla 1: estudios empíricos de referencia Autoras Zonas estudiadas Periodos Organizaciones estudiadas Tecnologías introducidas Pabegwendé Nestorine Compaoré (2000) Provincias: Koudougou (región Centro-oeste); Tanghin (región Centro); Gounghin (región Centro-este) y Ziniaré (región Plateau-central). 19971998 4 asociaciones rurales y urbanas: Zemstaaba; Kiswensida; Songataaba, les femmes de Ziniaré. Maquinaria: prensas manuales y motorizadas. Magalie Saussey Provincias: Gourma (región Este); Kadiogo 20032006 Agrupaciones: Songataaba Yalgre; Nuevas operaciones en el procedimiento de 176 (2006; 2011;2012) (región Centro) y la capital Ouag adougou. Rasabwende; Kiswensida y Afd/Buayaba. producción. Maquinaria: trituradora; tostador; molino; prensa. Marlène Elias (2010); Mariève Pouliot &Marlène Elias (2013) Provincias: Zoundwéogo (región Centre-sud); Comoré (región Sud-ouest) y Sissili (región centreouest). 2006 Union des Groupements des Productrices de Produits Karité de la Sissili et du Ziro (UGPPK). Maquinaria: trituradora;calentador manual; fogón mejorado, molino. Fuente: Elaboración propia 1. LOS PROYECTOS “FEMMES ET KARITÉ” EN BURKINA FASO 1.1 CUANDO LA MUNDIALIZACIÓN LLAMA A LA PUERTA EN NOMBRE DEL DESARROLLO Tradicionalmente, las mujeres rurales de Burkina Faso han recogido karité y producido de manera artesanal la manteca de este fruto, tanto para el consumo familiar como su intercambio por otros bienes o servicios(Compaoré, 2000; Elias, 2010; Saussey, 2006, 2011, 2012). A partir de los años 90 del pasado siglo, en un contexto donde las medidas de ajuste estructural fomentaban las exportaciones nacionales para pagar la deuda, los proyectos “Femmes et karité” se pusieron muy de moda. Dichos proyectos se auto-otorgaron el mandato de modernizar el proceso de transformación del karité para incrementar la productividad de las mujeres y promover su independencia económica mediante el trabajo remunerado y su inserción en el mercado(Saussey, 2012). Los estudios empíricos que hemos revisado para elaborar este trabajo son unánimes en concluir que la inserción, injusta y desprotegida, de las mujeres beneficiarias en la economía mundial ha reforzado las relaciones desiguales de género preexistentes. Los proyectos de modernización técnica “las someten más bien a nuevas estructuras de dominación, anónimas e impersonales, que desbordan el marco de las relaciones de género”(Compaoré, 2000: 107). Esto es, los proyectos “Femmes et karité” han incitado las mujeres a adoptar nuevas técnicas y formas de organización y les han sometido a normas exigentes de producción y de calidad, en un mercado de exportación acaparado por unas pocas multinacionales, cuyo único ánimo es maximizar sus beneficios, aprovechando de una mano de obra femenina barata, flexible y dócil(Compaoré, 2000; Elias, 2010; Igué, 2006; Saussey, 2006, 2011, 2012) Las oportunidades de lucro que empezó a mover el comercio internacional de los productos de karité no han pasado desapercibidas para los hombres y, rápidamente, han generado abusos en la gestión de los árboles y frutos de karité, considerados antes como recursos naturales comunitarios. Las mujeres rurales, que en antaño eran las únicas protagonistas de la actividad, se han visto obligadas desde entonces a renegociar sus derechos de acceso a la materia prima y a enfrentarse a la avaricia de nuevos actores: recolectores, intermediarios, mayoristas, exportadores e industriales(Elias, 2010; Saussey, 2006, 2011, 2012). “Con la exportación internacional, el karité ya no tiene solamente una utilidad doméstica o microeconómica, sino que se convierte en una fuente de ingresos a nivel macroeconómico”(Compaoré, 2000: 147). Es un ejemplo clarísimo de como una actividad ocupada por las mujeres y anteriormente desvalorada (por considerarla como extensión de su rol en la familia y en la agricultura), se les escapa de las manos en el momento que adquiere valor en el mercado global. Visiblemente, los promotores de los proyectos “Femmes et karité” no han contado con el riesgo de desvío de los beneficios por otros grupos sociales. En la ausencia de un trabajo previo con los 177 hombres, para cuestionar el modelo de masculinidad dominante, no hay que extrañarse que éstos terminan recuperando lo que les pertenece. Magalie Saussey (2011)lamenta que, en muchos casos, las mujeres beneficiarias de los proyectos se descartan al final del manejo de las maquinarias introducidas y se sustituyen por hombres de su entorno, para no perturbar el orden social que otorga a los hombres el control de los recursos y a las mujeres un acceso precario bajo custodia. Hoy en día, “los escalones más rentables de la cadena están dominados por los hombres, cuya amplia red de comercio y de acceso al capital les permite aprovechar las oportunidades emergentes”(Elias, 2010: 259). 1.2 EL EMPODERAMIENTO DE LAS MUJERES: ¿MITO O REALIDAD? Los proyectos “Femmes et karité” y la transferencia tecnológica que conllevan se han promocionado bajo el lema del “empoderamiento de las mujeres”, promovido tanto por el gobierno burkinabè como por la cooperación internacional. Cabe recordar aquí que el concepto de empoderamiento ha sido impulsado por primera vez en los años 80 por las militantes de la red Development Alternatives with Women for a New Era(Sen & Grown, 1987). Este concepto se refiere tanto al proceso como al resultado de la toma de control por las mujeres de su vida. Esta toma de control implica que sean capaces, de forma individual y colectiva, de: establecer su propio agenda, adquirir habilidades y/u obtener el reconocimiento de sus habilidades, resolver problemas, aumentar su autoestima y desarrollar su independencia. El empoderamiento implica una expansión de la capacidad de las mujeres para tomar decisiones estratégicas en un contexto donde esta capacidad se les negó previamente(Kabeer, 1999). Una de las ideas centrales detrás es que el poder no puede ser “dado”, sino más bien “autogenerado” por las mismas mujeres. En primer lugar, los proyectos “Femmes et karité” han condicionado la transferencia tecnológica por la organización de las mujeres en plataformas (asociaciones, agrupaciones y uniones profesionales) exógenas(Compaoré, 2000; Saussey, 2006, 2011, 2012), sin preocuparse por su pertinencia. Aunque ya estaban presentes en organizaciones endógenas como las “tontines”, por ejemplo, y que nunca habían expresado la necesidad de unirse en organizaciones profesionales “modernas”, acabaron mordiendo el anzuelo y dejándose seducir por “el regalo” que se les ofrecería(Compaoré, 2000; Saussey, 2012). En todo caso, esta experiencia tenía sus luces y sus sombras. Los resultados positivos más reconocidos por las beneficiarias tienen que ver con el fortalecimiento de su capital social y humano. Por un lado, los proyectos generaron espacios inéditos de interacción femenina(Elias, 2010; Saussey, 2006). Por otro, la experiencia contribuyó a aumentar la autoestima de las mujeres que se sintieron orgullosas de recibir una formación profesional, de aprender nuevas ideas o de beneficiar por primera vez de clases alfabetización(Elias, 2010). No obstante, Magalie Saussey (2006)destaca las relaciones de poder que se han instaurado entre las dirigentes y la base, entre las educadas y las analfabetas y entre las jóvenes y las mayores, así como la competitividad, en vez de la solidaridad. Del mismo modo, Mariève Pouliot &Marlène Elias (2013)observan una desigualdad entre las productoras urbanas y las productoras rurales, sobre todo con respecto a la asignación de cuotas de comercio justo dado que, como veremos a continuación, las primeras gozan de privilegios de los que las segundas carecen. En segundo lugar, si nos fijamos en el proceso de transferencia tecnológica en sí, los resultados de las investigaciones de Pabegwendé Nestorine Compaoré (2000)y de Magalie Saussey (2006, 2011, 2012)indican que está lejos de ser un proceso constructivo y nos deja muchas dudas acerca de la apropiación de las nuevas tecnologías por parte de las beneficiarias. Mientras que la primera autora denuncia una “transferencia aparente” que se resume a “una simple venta de equipamientos bajo la cobertura de proyectos de ayuda al desarrollo” (p. 293), la segunda apunta las carencias en materia de formación y la falta de reconocimiento de los saberes y habilidades ancestrales de las mujeres. En 178 todo caso, el hecho que la transferencia de estas tecnologías no haya surgido de la demanda explícita de las beneficiarias y no haya contado con su punto de vista situado, complica, por no decir imposibilita, su apropiación por las mismas. Por otra parte, si nos fijamos en los criterios de viabilidad y eficiencia, vemos que tanto Pabegwendé Nestorine Compaoré (2000)como Magalie Saussey (2011)señalan que los problemas ligados a las averías, a los costes de mantenimiento y al consumo energético acaban desvaneciendo los beneficios esperados de la introducción de estas nuevas tecnologías y contribuyen progresivamente a su abandono. Marlène Elias (2010)ha observado asimismo que “la producción de grandes cantidades de manteca de karité requiere […] importantes cantidades de leña y de agua” y plantea la necesidad de “tecnologías apropiadas” para “reducir los efectos negativos de los proyectos de karité sobre los recursos naturales locales y favorecer su sostenibilidad” (p. 418). Del mismo modo, con respecto al criterio de eficacia, nos preguntamos si la transferencia tecnológica ha contribuido a mejorar el estatus económico y social de las beneficiarias. En un sistema neoliberal, las grandes multinacionales agroalimentarias y cosméticas son las que controlan la exportación del karité y marcan los precios. Además, los intermediarios contribuyen a mantener los precios de compra a las productoras en unos niveles bajos(Elias, 2010; Saussey, 2006). La investigación de Marlène Elias (2010)sugiere que el único segmento capaz de asegurar ingresos dignos a las productoras es el comercio justo, muy de moda en el sector de los productos cosméticos a base de karité. Pero la industria cosmética tiene la desventaja de ser un segmento inestable y muy sensible a los cambios rápidos en los gustos y tendencias. Pabegwendé Nestorine Compaoré (2000)y Magalie Saussey (2006)denuncian igualmente el endeudamiento en el que las productoras se han visto arrastradas. Los proyectos “Femmes et karité” no hacían regalos a las mujeres, sino que les imponían créditos para el co-pago de las maquinarias cuyo precio “puede alcanzar ocho millones de francos CFA, es decir, 12.300 euros aproximadamente”(Saussey, 2006: 19). Las productoras, paternalizadas por las ONGs y las agencias de desarrollo, y “dependientes en gran medida de los pedidos de fuera para vender su producción” (Saussey, 2006: 17)están así atrapadas en una relación de dependencia institucional, económica y social. Por último, los ingresos generados por la actividad en el seno de las nuevas organizaciones, impulsadas por los donantes y las ONGs, son en general inestables e irrisorios(Compaoré, 2000; Elias, 2010; Saussey, 2012). Aunque contribuyen a mejorar las condiciones de vida de las productoras afiliadas, están lejos de posibilitar su pretendida independencia económica. Además, las investigaciones realizadas por Marlène Elias y Mariève Pouliot desvelan una distribución desigualitaria de esos ingresos entre las mujeres. Lamentablemente, no son las mujeres más empobrecidas, como es el caso de las mujeres rurales o las migrantes, quienes se benefician más de la profesionalización y modernización de la producción del karité, sino que son las mujeres urbanas, mejor informadas, con un mejor acceso a las infraestructuras, más cercanas a las sedes de sus organizaciones y más implicadas en el segmento del comercio justo(Elias, 2010; Pouliot & Elias, 2013). 1.3 LA CARGA DE TRABAJO DE LAS MUJERES: ¿MÁS O MENOS? La reorganización del tiempo de las mujeres, impuesta por su adhesión a esa forma moderna de producción, es un elemento clave para evaluar la relación coste/beneficio de los proyectos “Femmes et karité”. Antes de su llegada, el trabajo de las mujeres burkinabè se desarrollaba dentro de una visión que no excluye la dimensión reproductiva de la dimensión productiva y dentro de un espacio-tiempo 179 donde es imposible separarlas. Al mismo tiempo que tienen a sus bebés en la espalda, las mujeres rurales podían transformar el karité y seguir con otras tareas dentro de sus casas. Del mismo modo, las productoras podrían fácilmente contar con la ayuda de otras mujeres (por lo general sus hijas y nueras) para llevar a cabo un proceso de fabricación muy costoso en esfuerzos y tiempo(Pouliot & Elias, 2013). Los proyectos “Femmes et karité” anunciaron en voz alta que iban a emancipar a las mujeres burkinabè, liberándolas de su “cortapisa doméstica”(Saussey, 2012). Pero, en realidad, lo que han hecho es difundir una organización productivista, poco flexible, en la cual las mujeres trabajan a destajo y son sometidas a los imperativos de los pedidos y los plazos de entrega. Es cierto que, gracias a la mecanización de algunas etapas del proceso, la productoras ganan tiempo, sin embargo, a causa de la introducción de los hombres en el sector, tienen que gastar mucho más tiempo para conseguir la materia prima y mantenerse ante su competencia y oportunismo(Elias, 2010; Pouliot & Elias, 2013). Además, “la introducción de una tecnología poco consumidora en mano de obra no significa que las mujeres ejercen un control sobre el tiempo ahorrado en el trabajo”(Lubwama-Kiyimba, 2009). Las mujeres están sistemáticamente solicitadas por sus maridos o padres para trabajar en las parcelas familiares, no obstante, no se ve a hombres que ayuden a sus mujeres o hijas en sus parcelas individuales o en el trabajo de cuidado. La afiliación de las mujeres a las nuevas organizaciones profesionales les absorbe un tiempo considerableque reduce de hecho el tiempo disponible para dedicarse a la agricultura de subsistencia, al cuidado o a otras actividades de su interés. Si la carga de trabajo de las mujeres aumenta es también por la ausencia de una corresponsabilidad por parte de los hombres y del Estado. Los maridos aprueban la participación de sus mujeres en las nuevas organizaciones de karité y se muestran contentos de los ingresos que aportan a la familia, eso sí, a condición de que sigan asumiendo sus responsabilidades tradicionales como madres y esposas. Las pocas que se atreven a rebelarse se encuentran rápidamente estigmatizadas y llamadas al orden(Elias, 2010). Cabe recordar aquí que la presunta emancipación de las mujeres del Norte con su inserción al mercado laboral y participación en el trabajo asalariado ha resultados en una falacia(Fraser, 2010; Torns, 2008). ¿Por qué se está entonces insistiendo en aplicar en el Sur recetas que han fracasado en el Norte? Es sin duda porque los intereses económicos capitalistas se siguen poniendo por encima de la vida y de su sostenibilidad. 2 EL POTENCIAL DE UN ENFOQUE TRANSFORMADOR DE GÉNERO PARA EL ANÁLISIS Y LA ACCIÓN 2.1¿PORQUÉ UN ENFOQUE TRANSFORMADOR? A la hora de interesarse por las desigualdades entre mujeres y hombres en los países subsaharianos, existe una tendencia, entre los diferentes actores del desarrollo, de utilizar la perspectiva de género de forma superficial. Muy a menudo, el análisis de género se vacía de su dimensión política,reduciéndolo a la toma en cuenta de la vulnerabilidad de las mujeres y de la brecha material que les separa de los hombres. Es cierto que la integración del enfoque de género, tanto en la investigación como en la acción, se puede llevar a cabo en varios grados de profundidad, en función del nivel de compromiso que uno/a tiene con la igualdad (Figura 1). Figura 1: Los diferentes enfoquespara la integración del género 180 Fuente: Elaboración propia adaptada de Josie Christodoulou &Anna Zobninba (2009). El enfoque transformador de género representa el nivel más ambicioso y el único capaz de abordar las raíces de la subordinación de las mujeres. Este enfoque ha sido impulsado por el movimiento feminista crítico como respuesta a la banalización y tecnocratización del concepto de género, así como su aplicación “cosmética” en la práctica política. En términos estratégicos, el objetivo es recuperar la dimensión política del género mientras que, en términos operativos, se trata de ofrecer una herramienta para el análisis y la acción que “implica dirigir la mirada a cómo generar cambios en varios niveles: cambio formal, cambio informal, cambio social y cambio individual”(Domínguez-Serrano et al., 2015). El cambio formal implica reformar las leyes y las políticas para garantizar los derechos universales de las mujeres, ahora bien, el cambio informal es más complicado dado que requiere un cambio en las mentalidades y prácticas culturales. A nivel individual, se trata de incidir en los conocimientos, habilidades y conciencia política de mujeres y hombres, mientras que a escala de la sociedad, el reto es de transformar las condiciones y oportunidades objetivas abiertas a las mujeres para disfrutar de sus derechos(Rao & Kelleher, 2005). Figura 2: ¿Qué estamos tratando de cambiar? Fuente:Traducción propia de Aruna Rao &David Kelleher (2005: 60). Cambio individual Cambio sistémico Informal Formal La conciencia de mujeres y hombres Acceso de las mujeres a los recursos Normas culturales informales y prácticas excluyentes Las instituciones formales: leyes, políticas, etc. 181 Evidentemente, la puesta en práctica del enfoque transformador de género no es algo fácil, pues requiere “enfrentar las barreras visibles e invisibles a la agencia y al progreso de las mujeres” (Hillenbrand, 2012: 15)y abordar todas las dimensiones del análisis de género, sobre todo las que se ignoran con frecuencia como es el caso del desigual reparto del trabajo y de los usos del tiempo o del control de las mujeres sobre su cuerpo y su sexualidad. 2.2 EL POSICIONAMIENTO DECOLONIAL Y SUS RETOS METODOLÓGICOS La perspectiva transformadora que proponemos no puede ignorar la complejidad del concepto de género en África subsahariana, en relación con los procesos sociales, económicos y políticos que caracterizan a esta región. En otras palabras, es una perspectiva que tiene que inscribirse en el pensamiento feminista anti-hegemónico y decolonial, poniendo en valor las aportaciones del feminismo africano y negro y, por tanto, su denuncia al racismo, clasismo y heterosexismo presentes en las corrientes dominantes del feminismo occidental. Muchas feministas africanas señalan que no existe una construcción única y universal de las categorías “género” y “sexo”, incluso dentro de un mismo país y que, para ellas, la erradicación del patriarcado no representa necesariamente una prioridad(Hill-Collins, 2002; Oyewumi, 2010; Touré, 2011). Las investigadoras y los investigadores estamos, por tanto, llamados a conocer las epistemologías africanas y a adoptarlas a la hora de trabajar en ese contexto. Como lo subrayaMaría Soledad Vieitez-Cerdeño (2012), hemos de incorporar “un punto de vista más propiamente “africano”, centrado en los procesos, las experiencias, las conceptualizaciones y/o las teorías desde el propio continente, y no tanto a partir de visiones típicamente eurocéntricas, más visibles y presentes en todos los casos” (p.27). Es decir, es imprescindible incorporar las perspectivas feministas africanas sobre “la naturaleza de la opresión, su historicidad y las modalidades de su solución”(Touré, 2011: 111). El género, en tanto que categoría analítica, no pierde valor debido a “la conciencia crítica de su especificidad histórica y sus límites culturales” (Haraway, 1995: 221, citada porMedina-Martín, 2013: 55), sino todo lo contrario. El posicionamiento feminista decolonial permite establecer “el vínculo entre la dimensión simbólica, construida y cultural de las relaciones de género, y su dimensión económica y política, del nivel doméstico al local y global” (Verschuur & Destremau, 2012: 10). En este sentido, plantea par la investigación un reto metodológico que es posible solventar con los progresos epistemológicos y teóricos feministas. Por un lado, el enfoque decolonial nos invita, como investigadoras e investigadores, a “situar” nuestros conocimientos, es decir, a asumir nuestra subjetividad y a explicitar los sesgos introducidos por nuestras identidades e intereses en los conocimientos que producimos. Además, nos invita a posicionarnos, políticamente hablando, en esta producción científica, siendo conscientes que las categorías: género, clase, raza, etc., son ejes de diferenciación construidos por la epistemología moderna, que continúan de mantener la “colonialidad contemporánea” (Curiel-Pichardo, 2014). Por otro lado, la perspectiva decolonial nos incita a tomar conciencia de la interacción entre el racismo, el heterosexismo, el colonialismo y el clasismo en las relaciones de dominación, así como reflejar esta interacción en nuestros análisis. En otras palabras, se trata de reflexionar de manera “interseccionada”, no limitándonos a cruzar viarias categorías de análisis para mostrar el carácter multidimensional de la discriminación o polifacética de la opresión, sino tratando además de entender la relación entre esas categorías, porqué se dan y cómo están “incarnadas” por las y los sujetos para darles un sentido único y temporal de opresión o privilegio(Curiel-Pichardo, 2014; Platero, 2014). 182 2.3 ALGUNAS ORIENTACIONES PRÁCTICAS Las orientaciones prácticas que presentamos aquí provienen de experiencias recientes expuestas en el workshop organizado por el Consultative Group on International Agricultural Research (CGIAR), en octubre de 2102 en Malasia, bajo el tema: Building Coalitions, Creating Change. An agenda for Gender Transformative Research in Development. Entre estas experiencias, hemos seleccionado tres contribuciones que nos han parecido especialmente útiles para mostrar cómo integrar un enfoque transformador de género en nuestro trabajo de investigación y/o intervención en el contexto subsahariano. En primer lugar, cabe destacar la crítica de Christine Okali &Lars Otto Naess (2013)a la concepción monolítica e inerte de las mujeres y hombres en las políticas de género, cambio climático y agricultura. Estos autores hacen hincapié en el carácter dinámico de las identidades y roles de género y proponen de mover el foco, puesto en las mujeres de manera aislada, hacia la sociedad y las estructuras que crean y perpetúan las relaciones de discriminación. Para ellos, es la única manera de superar las políticas que conciben a las mujeres como víctimas pasivas, impotentes e indefensas. De allí proponen algunos principios operativos que exponemos a continuación y que nos pueden ayudar a tomar en cuenta la complejidad de las relaciones de género, sin caer en los estereotipos. Figura 3: Algunos principios para la integración contextualizada del enfoque de género Fuente: Elaboración propia en base a las propuestas de Christine Okali &Lars Otto Naess (2013) Por otro lado, Emily Hillenbrand (2012)nos ofrece un abanico de buenas prácticas, promovidas en el marco de proyectos y programas de la ONG Helen Keller International, en particular en el sector nutricional, que habrían demostrado su eficacia y logrado activar un cambio favorable en las relaciones 183