El museo efímero. Los maestros antiguos y el auge de las exposiciones artísticas de Francis Haskell; Barcelona: Crítica, 2002 [Reseña]
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Escribe Francis Haskell que a muchos kilómetros por encima de nosotros los aviones vuelan cargados de Tizianos y Poussins, Van Dycks y Goyas, que las exposiciones de maestros antiguos se hallan hoy tan bien asentadas en las instituciones occidentales del arte como lo están los museos públicos. Acontecimientos culturales siempre inigualables, las grandes muestras de la actualidad apuntan unos precedentes históricos que son trazados en El museo efímero por la pluma erudita de Haskell. Bien recopilados y jerarquizados, estrictamente documentados sin olvidar la valoración y el juicio, los antecedentes van descubriendo al lector la adaptación expositiva a nuevas finalidades, la confluencia de históricas motivaciones económicas y comerciales, pedagógicas, nacionalistas o religiosas, de fines contemplativos en esencia o de auras y consumismos para grandes multitudes. Desde las festividades ceremoniales celebradas en la Italia del siglo XVII a los salones parisinos del XIX, salvando triunfos y tributos y exposiciones en Pall Mall y la Burlington House, recordando exhibiciones memorables como la celebrada en el Old Trafford de Manchester en 1857, erudita y pedagógica Tesoros del Arte, espectacular y popular; la exposición sobre Holbein en Dresde en 1871, año de la fundación del imperio alemán; los fastuosos festejos en 1828 para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Durero; la muestra de 1840 sobre Rubens, en Amberes; las exposiciones de Velázquez, Goya y el Greco en el Madrid de 1899, 1900 y 1902; la selección de pintores holandeses en el Jeu de Paume parisiense de 1921, que inspirara a Marcel Proust sugerentes impresiones sobre la Vista de Delft de Vermeer... Haskell las podría relatar todas. Nadie como él –es contundente su amigo y prologuista Nicholas Penny–. Catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Oxford, comisario para el Ashmolean Museum y la Wallace Collection, conocedor profundo de las instituciones museísticas y las actitudes culturales de Europa en los últimos cuatro siglos, autor de previas monografías y ensayos sobre aspectos parciales de las grandes exposiciones, Haskell realiza una historia social –única en este sentido– de las exposiciones temporales y sus efectos colaterales, de sus derivaciones y consecuencias económicas y políticas, históricas, artísticas, culturales y sociales, estéticas y contemplativas, museográficas y museológicas. En una obra que reúne sabiduría, estudio y sensibilidad, el autor argumenta entre líneas los beneficios de estos acontecimientos populares del arte que han ido ajustando sus objetivos a los nuevos tiempos. Hoy, objetivos calculados de repercusión mediática y social, de conversión de discursos museológicos en eventos de masas que ofrezcan una oportunidad única de contemplación, durante un periodo de tiempo limitado. Y aquí se sustentan, en opinión de Francis Haskell, las muestras de la contemporaneidad: en la gran emoción y la intensidad de la observación, que nacen de la conciencia de que esta mágica experiencia que representa la magna exposición sólo puede ser en la existencia efímera. HASKELL, Francis El museo efímero. Los maestros antiguos y el auge de las exposiciones artísticas Ed. Crítica. Barcelona, 2002 Beatriz Sanjuán Ballano Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico Joseph Farington, diagrama del ala derecha del Gran Salón del Lyceum que muestra la disposición de las pinturas de la colección Orléans en julio de 1799. 102 mus-A / 1