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Wenceslao E. Retana : Fiestas de toros en Filipinas (Madrid, 1896)

Martínez Shaw, Carlos

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Revista de Estudios Taurinos N.º 34, Sevilla, 2014, págs. 219-222 WENCESLAO E. RETANA: FIESTAS DE TOROS EN FILIPINAS (MADRID, 1896) Wenceslao Emilio Retana y Gamboa (1862-1924) fue un funcionario de Hacienda destinado en Filipinas, concretamente en Batangas, a fines del siglo XIX. Vivió en el archipiélago entre 1884 y 1890, fecha en que regresó a Madrid. No obstante, su interés por la presencia histórica española en el área del Pacífico (Filipinas, Marianas, Carolinas) no le abandonaría ya nunca, de modo que durante el resto de su vida recopiló gran cantidad de documentos y escribió numerosos libros y artículos sobre las más diversas materias relacionadas con aquellos archipiélagos, hasta el punto de convertirse en el principal filipinista español de finales del XIX y principios del XX. En su biografía se ha destacado además siempre su posición inicialmente contraria a la figura del héroe filipino José Rizal, que se trocó en admiración tras el ignominioso asesinato legal del gran escritor por parte de las autoridades españolas de las Islas, de lo que dejó constancia en su obra Vida y Escritos del Doctor José Rizal. Uno de sus muchos trabajos sobre cuestiones filipinas es el que aquí publicamos. Su origen está en una información que le fue solicitada por el conde de las Navas, a la sazón Bibliotecario Mayor de S. M., una petición que nuestro erudito escritor atendió en veinticuatro horas, el mismo exiguo tiempo que Lope de Vega nos dijo que invertía en muchas de sus comeCompleta 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 219 Carlos Martínez-Shaw 220 dias. Como siempre en su producción, la información se sustenta en documentos fiables y contrastados, complementados con su experiencia personal en aquellas Islas. Retana aporta a partir de sus lecturas y sus vivencias muchas noticias interesantes, que expone en orden cronológico. A modo de exordio nos habla del condicionante básico para la mera posibilidad de la fiesta de toros, la disponibilidad de caballos y de reses. Los toros no eran animales nativos de las Islas, sino importados, pero además presentaban características muy disminuidas respecto de los peninsulares, en corpulencia, cornamenta y bravura. Lo mismo ocurría con los caballos, ya que el primer animal de esta especie en las Islas fue un regalo hecho en 1575 por una embajada de sangleyes (el nombre que se daba a los chinos en Filipinas) al gobernador Francisco de Sande, que fue el primer hombre en montar a caballo en el archipiélago. La primera corrida (sin duda del tipo caballeresco) de la que se tiene noticia (una mera anotación) se celebró en Manila en 1619 en unas fiestas en honor del misterio de la Purísima Concepción, cuando se estaba produciendo en el mundo hispano la controversia inmaculista. La segunda registrada por la documentación se dio en 1630, con motivo de la declaración (poco generosa por otra parte) de los santos mártires del Japón como «patronos de segunda clase» de la ciudad de Manila. Ya en 1708, el nacimiento del príncipe Fernando José (que por lo demás murió en la niñez) fue la ocasión para la celebración de dos corridas (en 11 y 12 de diciembre respectivamente), de cincuenta toros cada una y combinadas, como era lo habitual en la época en el mundo hispánico, con cañas y con otros juegos ecuestres. En 1750 la visita de Alí Muddín, sultán de Joló, convertido al cristianismo, y su posterior bautizo (28 de abril), dieron lugar a la programación de tres días de toros, que en esta ocasión ya fueron lidiados tanto a pie como a caballo, contrariamente a Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 220 Wenceslao E. Retana: Fiestas de toros en Filipinas la práctica exclusivamente caballeresca de las corridas anteriores. En la narración de los festejos, el dominico Juan de Arrechederra, obispo de Nueva Segovia y gobernador interino de las Filipinas, escribió unas líneas que reflejan el sentimiento antitaurino de algunos eclesiásticos y de algunos ilustrados ya en este momento de mediados del siglo XVIII. Según el cronista, se dispuso que hubiera toros, «para que en lo cruel y espantoso espectáculo de su lucha admirase el Rey [el sultán de Joló] la agilidad y valentía de los Españoles…» (pág. 18). La siguiente relación se remonta ya a finales de siglo, a las solemnidades que tuvieron lugar con motivo de la jura de Carlos IV como rey de España y sus Indias. En este caso otro cronista, también dominico, nos ofrece la descripción de una fiesta en todo similar a las metropolitanas, con lidia a pie y a caballo de unos toros muy menguados, que eran los propios del archipiélago: «Los Toros, aunque es cierto fueron pequeños y no de mucha braveza, porque el País no produce otra cosa, (pero) con todo contribuyeron lo bastante a la mayor alegría y diversión del concurso. Los Toreros de a pie se dividían en dos cuadrillas, lucidamente vestidos con chupas de platillas, calzones de raso, medias de seda y cabos correspondientes, y no con menos lucimiento se hallaban los de a caballo. Estas fiestas se celebraron con las mismas formalidades y ceremonias que se acostumbran en Europa y duraron cuatro días con aplauso del público». Fue el canto del cisne. En las brillantes fiestas en honor de la recepción en Manila del retrato de Fernando VII ya no hubo toros. Ni tampoco en la proclamación de Isabel II como reina de España. El cuadro que pinta Retana a su llegada a las Islas en 1884 no puede más desolador, ya que no había una sola plaza de toros en todo el archipiélago. Ylas iniciativas que nos cuenta son sólo hechos aislados que no alteran sustancialmente el panorama en los años que median entre su estancia y la independencia de las Islas respecto de España: una campaña personal para buscar 221 Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 221 unos “toretes” de corta talla y de cuernos pequeños con los que celebrar cinco corridas en Batangas, el esfuerzo del gaditano Federico Calero para levantar un “Circo Taurino” con fines comerciales en 1885 y la aparición el mismo año de la revista La Puya, que pudo publicar sólo dos números dedicados a la fiesta. Sin embargo, concluye Retana, pese a tan menguado bagaje, en estos años finales del siglo XIX, los toros en Filipinas sirvieron de señas de españolidad en un territorio que se abocaba indefectiblemente a la independencia. Carlos Martínez Shaw Fundación de Estudios Taurinos. Carlos Martínez-Shaw 222 Completa 34 pag.QXD imprimir 12/06/2014 18:58 PÆgina 222