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Ecosofías urbanas: Marsella o la ciudad como un cuerpo sin órganos

Toscano, Beatriz V.

Abstract

Las ciudades no solo están habitadas por humanos. En ellas ha existido siempre una colaboración o pugna entre la naturaleza humana y la animal, manifiesta en la continua deriva entre dos tipos de espacio urbano: uno, el espacio planificado de la urbe, estriado por el axioma organicista de la funcionalidad y la mercantilización. El otro, es un espacio liso, espontáneo y desorganizado, producido por el desarrollo autónomo de la vida animal. Al hilo de la actual crisis ecológica se intuye a la ciudad funcional como agente del desplazamiento y obliteración de la vida animal. Más allá de lo que supone la expansión predatoria y apropiadora de la ciudad hacia el ámbito rural, la práctica del planeamiento parece carecer de claves, herramientas y tecnologías para dar cabida a formas de habitar cooperativas entre el ser humano y los animales. El siguiente artículo propone la reivindicación de una nueva Ecosofía Urbana, es decir, de un nuevo paradigma de integración biofílica de la vida urbana, que sea capaz de efectuar una desegregación física y ontológica entre la naturaleza humana y no humana en las ciudades. Se buscará la raíz de esta segregación en el proyecto de consolidación de las clases medias tras la guerra mundial y donde la obra brutalista de F. Pouillon (1912-1986) en Marsella (1949) es pionera. Partiéndose de la premisa de un necesario de-splinttering del urbanismo post-pandémico y postrero a la crisis de las clases medias en general (que contempla una crisis en la centralidad de la propiedad privada para la continuidad de clase) y a través del texto de Felix Guattari Las Tres Ecologías (1989), se abogará por un nuevo modelo de diseño urbano de reconciliación entre lo humano y lo animal.

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107 ASTRÁGALO. Cultura de la Arquitectura y de la Ciudad, 32 (2023). ISSNe: 2469-0503 Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Article https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 Received: 29-03-2023 | Approved: 04-06-2023 ECOSOFÍAS URBANAS. MARSELLA O LA CIUDAD COMO UN CUERPO SIN ÓRGANOS / URBAN ECOSOPHIES. MARSEILLE OR THE CITY AS A BODY WITHOUT ORGANS / ECOSOFIAS URBANAS. MARSELHA OU A CIDADE COMO UM CORPO SEM ÓRGÃOS Beatriz V. Toscano Universidad de Ciencias Aplicadas, Düsseldorf. Instituto para el Desarrollo Urbano Sostenible. Alemania. [email protected] 0000-0001-8827-5970 RESUMEN Las ciudades no solo están habitadas por humanos. En ellas ha existido siempre una colaboración o pugna entre la naturaleza humana y la animal, manifiesta en la continua deriva entre dos tipos de espacio urbano: uno, el espacio planificado de la urbe, estriado por el axioma organicista de la funcionalidad y la mercantilización. El otro, es un espacio liso, espontáneo y desorganizado, producido por el desarrollo autónomo de la vida animal. Al hilo de la actual crisis ecológica se intuye a la ciudad funcional como agente del desplazamiento y obliteración de la vida animal. Más allá de lo que supone la expansión predatoria y apropiadora de la ciudad hacia el ámbito rural, la práctica del planeamiento parece carecer de claves, herramientas y tecnologías para dar cabida a formas de habitar cooperativas entre el ser humano y los animales. El siguiente artículo propone la reivindicación de una nueva Ecosofía Urbana, es decir, de un nuevo paradigma de integración biofílica de la vida urbana, que sea capaz de efectuar una desegregación física y ontológica entre la naturaleza humana y no humana en las ciudades. Se buscará la raíz de esta segregación en el proyecto de consolidación de las clases medias tras la guerra mundial y donde la obra de F. Pouillon (1912-1986) en Marsella (1949) es pionera. Partiéndose de la premisa de un necesario de-splinttering del urbanismo post-pandémico y postrero a la crisis de las clases medias en general (que contempla una crisis en la centralidad de la propiedad privada para la continuidad de clase) y a través del texto de Felix Guattari Las Tres Ecologías (1989), se abogará por un nuevo modelo de diseño urbano de reconciliación entre lo humano y lo animal. Palabras clave: Felix Guattari, urbanismo, biofilia, brutalismo, Marsella, propiedad privada. ecosoFías urBanas. marsella o la ciudad como un cuerpo sin Órganos 108 ASTRAGALO Nº 32 | Julio, July, Julho 2023 | Article | ISSN 2469-0503 ABSTRACT Cities are not only inhabited by humans. In them there has always existed a collaboration or a struggle between human and animal nature, manifested in the continuous drift between two types of urban space: one, the planned space of the city, striated by the organicist axiom of functionality and commodification. The other, is a smooth, spontaneous and disorganized space, produced by the autonomous development of animal life. In the context of the current ecological crisis, the functional city is seen as an agent of displacement and obliteration of animal life. Beyond its predatory and appropriating expansion into the rural realm, urban planning is often haunted by a lack of keys, tools and technologies to accommodate cooperative forms of habitation between humans and animals. The following article proposes the vindication of a new Urban Ecosophy, that is, of a new paradigm of biophilic integration of urban life, capable of effecting a physical and ontological desegregation between human and non-human nature in cities. The root of this segregation will be sought in the project of consolidation of the middle classes after the world war and where the work of F. Pouillon (1912-1986) in Marseilles (1949) is a pioneer. Starting from the premise of a necessary de-splinttering of post-pandemic urbanism and after the crisis of the middle classes in general (which contemplates a crisis in the centrality of private property for class continuity) and through Felix Guattari’s text The Three Ecologies (1989), a new model of urban design of reconciliation between the human and the animal will be advocated. Keywords: Felix Guattari, urban design, biophilia, brutalism, Marseille, private property. RESUMO As cidades não são habitadas apenas por seres humanos. Nelas, sempre existiu uma colaboração ou uma luta entre a natureza humana e a animal, manifestada na deriva contínua entre dois tipos de espaço urbano: um, o espaço planejado da cidade, estriado pelo axioma organicista da funcionalidade e da mercantilização. O outro é um espaço suave, espontâneo e desorganizado, produzido pelo desenvolvimento autônomo da vida animal. No contexto da atual crise ecológica, a cidade funcional é vista como um agente de deslocamento e obliteração da vida animal. Além de sua expansão predatória e apropriadora no domínio rural, o planejamento urbano é frequentemente assombrado pela falta de chaves, ferramentas e tecnologias para acomodar formas cooperativas de habitação entre humanos e animais. O artigo a seguir propõe a reivindicação de uma nova Ecosofia Urbana, ou seja, de um novo paradigma de integração biofílica da vida urbana, capaz de efetuar uma dessegregação física e ontológica entre a natureza humana e não humana nas cidades. A raiz dessa segregação será buscada no projeto de consolidação das classes médias após a guerra mundial, no qual o trabalho de F. Pouillon (1912-1986) em Marselha (1949) é pioneiro. Partindo da premissa de uma necessária desplintagem do urbanismo pós-pandêmico e após a crise das classes médias em geral (que contempla uma crise na centralidade da propriedade privada para a continuidade da classe) e por meio do texto As Três Ecologias (1989), de Felix Guattari, será defendido um novo modelo de projeto urbano de reconciliação entre o humano e o animal. Palavras-chave: Felix Guattari, urbanismo, urbanismo, biofilia, brutalismo, Marselha, propriedade privada. Beatriz v. toscano https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 109 La Tierra se ha desequilibrado. La culpa la tiene nuestro amor a lo concreto. Proverbio chino 1. INTRODUCCIÓN Pocos lugares en Europa son tan mestizos como el Puerto Viejo de Marsella. Podría decirse como surgido del sueño de la razón; una suerte de fragmentos, de formas e historias dispares. Unas veces superpuestos, otras pugnando por imponerse en un espacio de geometrías discordantes. Sus bloques, avenidas y callejuelas componen un desconcierto que, poco a poco, y según se va transitando, nos va desvelando su secreto orden orgánico y del todo coherente. Vemos cómo al final de la llamada La Canebière, vía diáfana ordenada por Luís XIV en 1666 en un intento por dotar a esta anarquía de un trazo distinguible, y antaño un extenso campo de Cannabis para las célebres maromas de cáñamo, se abre la dársena. Más allá, el Mediterráneo. Si nos atenemos a lo que nos dice Walter Benjamin, bien es verdad, bajo los efectos del Haschisch, a las afueras del puerto, la ciudad se convierte en un puro estado de excepción. Aquí se desencadena la batalla entre el mundo natural y el construido, la batalla que decide entre la ciudad y el campo. (…) Es la lucha cuerpo a cuerpo de los postes de telégrafo contra las pitas, de los alambres contra las puntiagudas palmeras, de los vapores de fétidos pasillos contra la sombra húmeda de los plátanos que proliferan en las plazas, de las escalinatas que cortan el aliento contra colinas poderosas. (Benjamin 1972; 1990, 16-17). La batalla en definitiva con los límites claros que parecen necesarios para nuestro sentido del orden, allí donde la oposición entre civilización y barbarie, entre forma y potencia parece al fin disolverse. Antonin Artaud, a la sazón hijo predilecto, o quizá maldito de Marsella, define en términos similares lo que él denomina un cuerpo sin órganos (Artaud 1947; 2013): una ciudad liberada de sus automatismos, sin agenciamientos ni demarcaciones fijas entre lo intrínseco y lo extrínseco. Ciudad exuberante y líquida que renuncia, que libera el deseo de sus posibles capturas dentro de los aparatos del estado. Espacio-cuerpo delirante que fluye con todo el potencial no regulado de un organismo sin estructuras organizativas impuestas a sus partes constituyentes, operando libremente (Deleuze&Guattari 1969; 2005, 222-225; Deleuze&Guattari 1972, 2). Imaginemos al cuerpo sin órganos como el fracaso de la unión entre la función y la forma, como un organismo indiferenciado, sin las abruptas fracturas de la reificación territorial funcionalista. Éstas, por supuesto, son sólo unas pocas imágenes que quedan de lo que fue el Puerto Viejo de Marsella antes de 1949, fecha en la que el arquitecto Fernand Pouillon (Lot-et-Garonne, Francia, 1912-1986) inicia su reconstrucción a gran escala. Convertido en ruinas por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial en un bombardeo aéreo sin precedentes (en el que, por cierto, fue destruido el modernísimo Transbordeur de Marseille, un funicular con góndolas aéreas para transportar navíos sin perturbar el tráfico del estanque), su aspecto actual dejaría perplejo por su extraña y nítida ortogonalidad. Lejos queda aquella profusión indiferenciada de los reinos humano y animal, de la antigua co-habitación de naturalezas y sus respectivos detritus. La fórmula de Pouillon será tan certera como vigente: poner cada cosa en su sitio, separando y ordenando con una nueva gramática de formas cartesianas que parecen como calzadas a la fuerza en una retícula de callejuelas preexistentes. Tal y como la función hace al órgano, cada individuo, animal, cada organismo, cada actividad va a encontrar su lugar inequívoco, segregados e inventariados en sus correspondientes ecosoFías urBanas. marsella o la ciudad como un cuerpo sin Órganos 110 ASTRAGALO Nº 32 | Julio, July, Julho 2023 | Article | ISSN 2469-0503 estuches, según sus requisitos atributivos. Con la precisión del sastre que hace un traje a medida, el proyecto de Pouillon va a seguir aquella máxima según la cual la forma y la función se explican, se explicitan y se producen mutuamente; confirmando que, la arquitectura, tanto como lo hace la ciencia, también produce aquello que pretende describir. Como una nueva matriz de designación y distribución biológica, pero en la que aún vibrase una tensión inefable con la exuberancia salvaje que pretende suplantar. Así, sobre las pilas de cargamentos, animales, factorías, dársenas de entonces, hoy se alza un complejo de apartamentos de un estilo que hoy, a la ligera, llamaríamos ‘brutalista’ el cual, con sus límpidos muros parece interpelar a esa capacidad de organización y de apaciguar que le es propia al habitar. Tan dispar en relación al previo trazado y caterva del Puerto, diríase que lo que aquí se evidencia es la eterna lucha por la contención de esa especie de entropía que la vida misma lleva consigo. El porqué de este lenguaje de Pouillon, en el que parece cumplirse una vocación singular de la filosofía higienista por equiparar segregación funcional a bienestar, será sin duda objeto de este artículo. Pero las comparaciones formales con modelos como el del Plan Voisin de Le Corbusier para París (1925) (Fig. 2) o con otros coetáneos como el de la Unidad de Habitación en la misma Marsella (1946-1952) con similares enfoques de lo habitacional como maquinaria de contención de lo inmundo, aunque obligadas, sólo ilustran parte del dilema que nos va a ocupar aquí. El triunfo funcionalista de haber logrado transformar las ciudades en espacios donde cada cual reconoce su lugar, su asignación y, por tanto, su función, no es solo una cuestión estética, de formas, de estilos de construir. Se trata más bien de reconocer cómo, a través de una determinada disposición formal, Fig. 1. Marsella, vista del Puerto Viejo con el proyecto de F. Pouillon et al. (1949-1953) Beatriz v. toscano https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 111 en este caso la retícula y la construcción modular, se va a actualizar un dispositivo de perspectiva, un organigrama, al que en última instancia subyace una plataforma ontológica de división y designación de lo natural, pero que va a operar como instrumento socio-político de dar continuidad a una determinada clase social. Pero, ¿acaso no podría decirse de este dispositivo de distribución y representación territorial que proviene de una serie de convenciones culturales a partir de las cuales se elaboran las oposiciones naturaleza/civilización, mascotas/depredadores, animales/plagas? Si proyectos como los del Viejo Puerto y de su aledaño de la Tourette consiguen sacar a Marsella del desastre humano de la guerra, fue, no tanto gracias a esa misión socio-morfológica, más o menos benigna, por parte de la arquitectura y de sus comisionistas, de estabilizar a las clases medias dándoles cobijo. Más bien porque este ‘cobijo’ se convertirá en el vehículo de un régimen de propiedad del que surgirá un nuevo tipo de ciudadanía, marcado por su fácil acceso a la propiedad privada. En el presente artículo propongo analizar cómo este régimen de propiedad privada, ahora secularizada y de fácil acceso gracias a los bajos costes de la producción modular, va a constituirse en una suerte de geometría identitaria, espacial y territorial (para algunos llamada ‘el centro político’) y en la que va para siempre a coincidir de forma inercial el lugar de condensación de poder político con el lugar de condensación de poder territorial. Encontrando en la construcción en retícula y en damero su expresión formal y tecnológica más fiel, es necesario elucidar la suerte de premisa ontológica subyacente a este centro de condensación de poder como responsable de nuestra relación con la naturaleza no humana en las ciudades; con nuestra percepción de cuál es el lugar apropiado para los animales, para las zonas verdes, para el mundo salvaje o el domesticado. Por ello, el artículo no pretende una exposición más o menos exhaustiva y crítica del plan en damero, contra la cual siempre cabría argüir una falta de rigor canónico. Figuras de mención obligada, como la de Ildefons Cerdà i Sunyer (1815-1876), para sorpresa de lectoras y lectores, han sido omitidas precisamente por un deseo de centrar la argumentación, no ya en la cuadrícula como instrumento de planificación, sino en tanto que su traducción ontológica. A esta estructuración del texto subyace la tesis de una conexión entre la capacidad para describir y designar el espacio de la cuadrícula y una pulsión atributiva, que va a ser antesala de la postrera apropiación y resignificación mercantil del espacio sobre el cual se expande. La pugna entre la ciudad planificada, de órganos, capturas y funciones claras y la otra, espontánea, des-organizada, en la ‘tiene lugar’ la vida no humana debe ser examinada bajo las mismas reivindicaciones post-colonialistas de equiparación y de ‘espacialización’ de todas las formas de vida. Marsella presenta una imagen vívida de esta dicotomía, en la que lo orgánico, no vive a partir de las fronteras de lo inorgánico (como monstrarían por otra parte solventes estudios sobre la oposición entre lo urbano y lo rural). En Marsella, lo orgánico y lo inorgánico viven el uno entremetido en el tejido del otro, engulléndose y excluyéndose a la par. Se trata pues de ejemplificar a través de la villa marsellesa la lucha de lo liso contra lo estriado: contra la sistematización y los procesos de producción del espacio mercancía, como lo llama Clemens Wischermann, de homogeneidad y univocidad social. En última instancia, la práctica del diseño de las ciudades adolece de un ímpetu integrativo de la naturaleza no-humana en los términos de la Ecosofía; es decir, desde una concepción de lo natural no antropomórfica y de desmantelamiento de esa plataforma ontológica de privilegio nouménico. A menudo, la gestión de las ciudades ignora las responsabilidades de una planificación biofílica; o bien se atiene a reglamentos legales y a convenciones culturales en virtud de los cuales se atribuye un valor específico al animal según su proliferación, localización territorial y utilidad productiva ecosoFías urBanas. marsella o la ciudad como un cuerpo sin Órganos 112 ASTRAGALO Nº 32 | Julio, July, Julho 2023 | Article | ISSN 2469-0503 para el hombre. Esta omisión está presente en los excesos programáticos de la expansión urbana, con la retícula como su instrumento favorito; cuando en realidad es ‘des-planificación’ lo que las ciudades necesitan para acoger a la vida animal. La retícula de designaciones se va a imponer sobre un animal, al que se considerará salvaje y suelto, si no tiene dueño, plaga, por proliferar en competición con la vida humana, de interés agropecuario lúdico o científico, en rebaños, circos y zoológicos etc., coincidiendo con las mismas categorías de reconocimiento y reparto (Fraser 1995; 2003; 2022) que se imponen a otros grupos poblacionales, divididos entre ciudadanos de pleno derecho o extranjeros1. Los animales que se mueven y comportan de forma autónoma, son de hecho capaces de aprender y adaptarse, sostienen Voigt, Hauck y Hannecke son difíciles de „disciplinar“. Dependen de las condiciones ecológicas del entorno (que además no siempre son fácilmente controlables) 1 Las categorías de reconocimiento y reparto están directamente tomadas de Nancy Fraser, de sus tropos Recognition and Distribution, tal y como ella desarrolla en varias de sus obras. En realidad, este artículo no es otra cosa que una readaptación de estas categorías para entender los derechos de la naturaleza no humana, para constituir a la naturaleza como ente político. La protección del medioambiente no es por tanto solo un asunto tecnológico, sino que debe ser analizado desde el punto de vista de sus implicaciones políticas e ideológicas. Fig. 2. Plan Voisin para París de 1925, expuesto en el Pavellón Nouveau Esprit del mismo año Beatriz v. toscano https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 113 y pueden trascender los sistemas de orden jurídico, espacial y sociocultural y, por tanto, parecer „incontrolados“ (Voigt; Hauck; Hennecke; Reinert 2020, 254). Ante la inminente crisis capitalozénica y partiendo de la obra de Félix Guattari Las Tes Ecologías (1989) (un texto tan desconcertante para su tiempo como anticipatorio del nuestro) se reivindica una revisión de nuestra concepción de lo Natural, que en su más profundo sentido ontológico está sustentada por una prerrogativa inalienable de apropiación y de reificación mercantil que el ser humano se asigna a sí mismo. La pregunta aquí es obligada: ¿No es la retícula urbana, especialmente desde el impulso constructor y reconstructor posterior a la guerra, la forma axiomática que adopta la organización del territorio en regímenes de designación y de propiedad?, ¿cómo exactamente está formateando la naturaleza humana, de la misma manera que, se intentará probar, está formateando a la naturaleza animal? Mucho se ha hablado de la ciudad durante la pandemia del Covid19 (2019 – 2023). De cómo la crisis sanitaria (tímido síntoma de otra aún más profunda, en el seno de las clases medias en su manifestación espacial-expansiva más virulenta y excesiva; cual es la globalización) afectaría nuestro modo de vida. El virus al instalarse en el cuerpo humano no hace sino lo que todo organismo: medrar por su propia supervivencia. ¿No estaríamos aquí, por primera vez ante un claro ejemplo de lo ilusorio de esa cuadrícula ontológica, protectora, higiénica y clara que llamamos ciudad? Quizá convenga retener otra imagen, más discreta, pero en la cual pudieran estar contenidas las claves de una nueva ontología, de una Ecosofía Urbana. Se trata de una ontología, sostengo, de des-funcionalización del espacio urbano en sus atribuciones de designación humana y animal, pero que sea capaz de ayudarnos a replantear los términos en los que se dirime la actual crisis ecológica. Se trata de los renos paseándose por las calles de las ciudades canadienses durante el confinamiento. De los carpinchos, las belugas, las cabras montesas, los osos y otros animales que, desplazados y tímidos ante la acción espacial-predatoria de la urbe, retoman las calles desiertas y las riberas tranquilas. En lo que sigue, se propone una reivindicación de esta nueva Ecosofía Urbana, promulgando una desegregación física y ontológica entre la naturaleza humana y no humana de las ciudades. Se buscará la raíz de esta segregación en el proyecto de consolidación de las clases medias tras la segunda guerra mundial y donde la obra de Pouillon en Marsella parece ser pionera. Partiendo de la premisa de un necesario de-splinttering del urbanismo post-pandémico y postrero a la crisis de las clases medias en general (que contempla una crisis en la centralidad de la propiedad privada para la continuidad de clase) y sirviéndose del texto de Felix Guattari, se abogará por un nuevo modelo de diseño urbano de reconciliación entre lo humano y lo animal. 2. CUADRÍCULAS, LATTICES Y RETÍCULAS Las ciudades portuarias son difícilmente gobernables. Con cada cambio de marea, con cada subida y bajada del gradiente de las aguas, el mar barre los cantiles grasientos del puerto. Nuevos huéspedes son escupidos del umbral salvaje al entorno humano. Pulpos desorientados en los cuales las gaviotas, en su feroz urbanofagia, van a encontrar alimento. Inseparable de ese extraño empequeñecimiento del globo que el avance en la navegación trae consigo, es también la llegada de la Gran Plaga. Tres grandes oleadas de Peste llega a conocer Marsella: la de 1347, de unos seis años, la de 1580 y la de 1720 (Beaune 1889). Esta última, así nos dicen las fuentes, se expande a causa de la ecosoFías urBanas. marsella o la ciudad como un cuerpo sin Órganos 114 ASTRAGALO Nº 32 | Julio, July, Julho 2023 | Article | ISSN 2469-0503 descontrolada proliferación habitacional, improvisada, hacinada e insalubre al Norte y al Este del puerto; en el casco antiguo (Barbieri y Drancourt 2018). En 1720 la peste alcanza su punto más álgido en una ciudad medieval de calles estrechas y sinuosas, lugar de artesanos y comerciantes entre las que se encuentran la rue de Rome, la rue Paradis y la rue Saint-Ferréol. Pero un recorrido por la historia epidemiológica de este incómodo huésped nos muestra cómo aquí, por vez primera la peste deja de ser una abstracción sobrenatural e intangible para definirse en términos materiales de organicidad y de diseño urbano. Fiel a una equiparación fundamental entre las funciones castrenses del orden, de la segregación espacial y de la limpieza, se dejará la gestión de la crisis en manos de un general de alto rango del ejército, quien se encargará de dirigir el Comité de Sanidad y el cual somete a Marsella a la ley marcial. Como parte de este programa de higienización está la construcción de un muro de 27 Km. de largo que bloquea las principales rutas de transporte. De hecho, ya entonces, el lazareto marsellés era conocido como uno de los más estrictos de Europa, con hasta sesenta días de retención obligada para los navíos procedentes del malsain Orient (Carnell 2022; Signoli & Tzortzis 2018). Ya al Este y al Sur comenzaba a desarrollarse la ciudad nueva con sus nuevas calles rectas y sus arterias aireadas. Será precisamente por una convicción de unir cultura, moral e higiene y en aras de la remodelación del distrito de la Ópera en 1786 por parte del arquitecto Charles Joachim Bénard (†1794) y más tarde por Henri Ebrard (†1941)2, que la cuadrícula se instala en Marsella. Marsella sorprende por su inexplicable textura uniforme e irregular al mismo tiempo. Diríase como surgida de un collage de intenciones e idiosincrasias irreconciliables. La una, ciudad espontánea y natural, como un archipiélago de singularidades a la deriva en ese océano de orden impositivo que es la cuadrícula. Una danza entre caos y complejidad (…) una multitud de síntesis productivas entre partes nómadas que existen independientes de estructura fija alguna o de un todo transcendental. Así plantea Guattari su apología por un paradigma ético-estético de producción de subjetividad frente a la uniformidad impuesta a las clases medias (Guattari 1995, 88). Queríamos hablar del trazado en cuadrícula: se adelantó cómo la implementación de este, podríamos decir, ‘axioma del habitar’ se sustentaba sobre una dislocación ontológica entre civilización y orbe natural. En el siglo XX, este desplazamiento o décalage es a la vez material e inmaterial y se localiza allí donde la intensificación de poder territorial (material) coincide con el lugar de intensificación de poder político (inmaterial o ideológico). En este sentido, la cuadrícula sería equiparable, casi un calco, de lo que en el siglo XX se define como propiedad privada, implantándose como centro inercial de estabilización de las clases medias, pero que, al mismo tiempo, ha de destituir hacia sus periferias, fuera de sí, aquello que no logra ni reducir ni racionalizar. Esta destitución es posible gracias a una cooperación entre los aspectos materiales con los simbólicos o ideológicos del hecho mismo del habitar, dando lugar a realidades espaciales en las que opera lo que Foucault llama colonialismo intra-territorial (Foucault 2001), es decir de dominación de una ‘especie’ sobre la otra, en pugna por la posesión, la nominalidad, el valor mercantil y hasta la estética del territorio en cuestión. Por ello, podría afirmarse que la constitución del ‘ser urbano’, como individuo en posesión de un territorio está en el origen de la relación de superioridad, de inconmensurabilidad y de falta de entendimiento que el ‘ser humano’ tiene con la naturaleza. Pero las premisas de esta tesis son tan simples como complejas de demonstrar: ¿cómo explicar el trazado en cuadrícula, la retícula, como equiparable a la propiedad privada? ¿En virtud de qué procesos quedan verificadas, la una tanto como la otra, como elementos garantes de continuidad 2 Este último, gran impulsor de la renovación del distrito de La Bolsa. Beatriz v. toscano https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 115 social y de realización histórica?, ¿cuáles son los significantes, cuáles las manifestaciones urbanas de este décalage? Comencemos por una arqueología de la retícula. La retícula es la ciudad con vocación de expandirse, pero de hacerlo de forma controlada (Lindemann 1991). El habitar espontáneo suele ser desordenado. La retícula marca el nacimiento de la política como consenso de grupo al separar lo propio de lo ajeno. Incluso en los núcleos urbanos pertenecientes a sistemas en los cuales la propiedad está subordinada al ‘bien del común’, la construcción en cuadrícula es el diseño por excelencia que adopta el cuerpo identitario de un ‘nosotros’3. La objeción de que la retícula no es más que un instrumento de comprensión y de diseño, es decir, la insistencia en devolverla a su materialidad más palmaria no es del todo errada: incluso como mera herramienta, la retícula sería esa bisagra por la cual la polis (material) se hace indistinguible de la política (inmaterial)4. Es por eso quizá que sea difícil encontrar una reseña que sea capaz de explicar la cuadrícula aislada de la historia de la ciudad misma. Aun así, sugiero se someta a la retícula a un sucinto examen discursivo, pues ésta, como veremos, es increíblemente polisémica. Entre sus más salientes acepciones semánticas está por supuesto la del impulso analítico de Hipódamo de Mileto (408 AC), de quien se dice padre del urbanismo, aparentemente, por haberla ‘inventado’. Hoy sabemos que previa a su implementación en el Puerto del Pireo, aledaño a Atenas, el trazado en cuadrícula ya había sido ampliamente utilizado en el Creciente Fértil. Sin embargo, la singularidad de Hipódamo y desde luego su pertinencia para este ensayo, se debe a la manera en cómo este va a asociar identidad y territorio: entendiendo la identidad, como lo que cada quién representa o significa con respecto a una ubicación (Hammarstrand: 1928). No es casualidad que al hablarse de Hipódamo, los textos se refieran a él tanto como técnico a la cabeza de las reformas urbanas tanto como por su calidad de político (Mazza 2009). Gobernar significa identificar y clasificar. El proyecto para el puerto de Atenas no solo contemplaba una parcelación organizada y axial, sino que fundamentalmente decidía sobre los mínimos y máximos de superficie que correspondían a cada ‘tipo’ de ciudadanía. Tras el establecimiento de esta conexión entre plan y constitución, es decir, entre el plan y las diversas formas de ciudadanía por parte de Hipódamo se intuye ya una acérrima correspondencia entre reconocimiento y distribución (Fraser 1995); entre ser y territorio, como un temprano ensayo de qué es la propiedad. La retícula no sólo es una organización territorial sino una interpretación de la vida humana (Grammenos et al. 2008), acorde con los valores de la ‘Isonomia’, a la uniformidad de la retícula se corresponde la utopía de una sociedad de grupos iguales y en donde todo conflicto queda disuelto en la paridad y la concreción de la perfección matemática. Pero, a todo proyecto homogeneizador o Utopía, precede una pulsión delirante por presentar a la sociedad en su versión perfeccionada (Foucault 1967; 1984): A salvo de la amenaza de lo heterogéneo y propio de un urbanismo castrense, donde todo es puro, igualitario, sin lacra ni ambición. Reclutas antes 3 En este artículo se ha optado por comentar el urbanismo del occidente postbélico. Se entiende que la Unión Soviética presenta un terreno igualmente necesario para explorar el tipo de régimen de propiedad privada asociado a los grandes proyectos de construcción de Vivienda social. Como los lazos entre los arquitectos de postguerra y el Partido Comunista no son pocos se admite que, aunque hubiera sido necesario incluir la influencia de las políticas socialistas en la reconstrucción de Europa, esto se saldría de los límites previstos para un texto de estas proporciones. En este sentido, véanse las alusiones de Le Corbusier a la arquitectura soviética en su Ciudad Radiante de 1935 o de Manfredo Tafuri en su Socialismo, Ciudad y Arquitectura URRS 19171937 de 1971. Otra antología reciente es The avoidance of extremes, de Nikolai Miliutin (2021). In: Sotsgorod: The Problem of Building Socialist Cities 2021. [Internet]. https://mitp-arch.mitpress.mit.edu/pub/ci2oe5gb 4 La renuncia a llamarla ‘trazado hipodámico’, tal y como sugiere la ortodoxia historiográfica, es voluntaria. ecosoFías urBanas. marsella o la ciudad como un cuerpo sin Órganos 122 ASTRAGALO Nº 32 | Julio, July, Julho 2023 | Article | ISSN 2469-0503 y que en nada toma en cuenta la animalidad. Tal y cómo se comenta en Cerdo y Tiempo (según el epónimo Sein und Zeit), elocuente tratado sobre la rebeldía animal y el urbanismo biofílico del filósofo Fahim Amir: La crítica a la destrucción del medio ambiente suele basarse en ideas conservadoras de una „naturaleza virgen“ o [bien] se transforma en la preocupación eco-capitalista por una gestión sostenible de los recursos. La biodiversidad que se pone en juego (…) es la de la resistencia, incluso en lugares inesperados: Animales y humanos son vistos como congéneres políticos. Sólo de aquí puede surgir una solidaridad no inocente en lugar de permanecer en las trampas paternalistas de la ética de la piedad y la retórica de la responsabilidad9. 4. QU’EST-CE QUE C’EST LA ECOSOFÍA ¿Acaso sugerimos que han de abrirse las jaulas del Zoo?, ¿estamos haciendo aquí un alegato en contra de la ciudad y por una vuelta a Broadacre, en su versión paleo-futurista? Nada más lejos. De hecho, hoy sabemos que, si todos los habitantes de una ciudad decidieran suministrarse a través de los huertos urbanos, las reservas de agua se acabarían en pocos meses. La intención aquí es más modesta, pero no por ello menos profunda. ¿Qué es entonces la Ecosofía y que se propugna aquí? La Ecosofía se alza, dice Guattari, contra el desastroso legado de un urbanismo moderno autocomplaciente y su efecto en la homogeneización (Guattari 1989, 33). Esta consiste en desarrollar prácticas específicas que modifiquen y reinventen las formas en que vivimos en el contexto urbano. El creciente deterioro de las relaciones humanas, no sólo se debe a la contaminación ambiental y objetiva, sino también a una cierta incomprensión y pasividad fatalista ante el conjunto de éstas. Esto se traduce en la necesidad de acomodar un término medio, compuesto por alianzas y conexiones colaborativas de agentes humanos y no humanos, como multiplicidades heterogéneas, que interactúan a través de redes de relaciones naturales, sociales, políticas y afectivas (Braidotti en Radman 2021, prefacio)10. La ecología debe dejar de asociarse con la imagen de una pequeña minoría amante de la naturaleza o con especialistas cualificados y debe cuestionar toda la subjetividad y las formas de poder capitalistas, las cuales se caracterizan por la equivalencia normativa, y por una generalización que aplana todas las demás formas de valor, alienándolas en su hegemonía. (Guattari 1989, 33-60). Para ilustrar esta tesis acerca del ímpetu de dominación colonial que existe tras la superioridad normalizada de lo cultural sobre lo animal, Guattari recurre a un ejemplo: lo que sucedió al pulpo al que Bompard sumerge en agua ‘normal’ de Marsella. Alain Bombard fabricó dos tanques de cristal, del tipo de los que se utilizan en la cocina, uno de ellos lleno de agua contaminada, como la que se extrae del puerto de Marsella. El otro contenía agua de mar pura y no contaminada en donde un pulpo sano se movía y casi bailaba. Bombard cogió el pulpo y lo 9 Traducido del alemán: Die Kritik an Umweltzerstörung oder industrieller Tierhaltung basiert meist auf konservativen Ideen einer „unberührten Natur“ oder auf der ökokapitalistischen Sorge um nachhaltiges Ressourcenmanagement. Gegen die Romantisierung der Natur setzt [Amir] Politik statt Ethik. (Amir, 2018:5). 10 Así lo define Rosi Braidotti en su prefacio a la obra de Andrej Radman Ecologies of Architecture: Essays on Territorialisation, Edinburgh: Edinburgh University Press, 2021. Beatriz v. toscano https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 123 sumergió en el agua „normal“. Al cabo de unos segundos, el animal se enroscó, se hundió en el fondo y murió (Guattari 1989, 43). Ahora más que nunca, la naturaleza no puede separarse de la cultura. Para comprender las interacciones entre los ecosistemas, la mecanosfera y los universos de referencia social e individual, debemos aprender a pensar ‘transversalmente’. Esta otra manera de comprender se niega a asignar a los humanos, la naturaleza o la cultura un papel o lugar fijo en la producción de subjetividad, y por ello, es la que se le escapa a las tecnologías (principalmente, y sobre todo, a las tecnocracias del capitalismo verde). De nuevo, lejos de abstracciones, estas tesis cuentan con materializaciones y proposiciones bien concretas; especialmente las que resultan de la cooperación disciplinar entre el planeamiento urbano, la biología y la política. Construir es ideología. La biología nos obliga a revisar la lectura antropomórfica del espacio como una continuidad lineal sobre la que se expande la continuidad social y e histórica de una determinada clase social (con su aparejada cuadrícula de designaciones y segregaciones funcionales). Hoy sabemos, en parte gracias a los hallazgos de la semiótica animal (por parte de Jakob von Uexküll †1944), que habitar es una cuestión de espacios físicamente coincidentes pero semiótica– y fenomenológicamente inconmensurables. De manera que todo territorio existencial, privado y encapsulado es desmontado, descompuesto por esa polifonía de modos de subjetivación, coincidentes, al menos en el tiempo (Tinnell 2012, 41, Opus. Cit. Guattari 1996, 199). La sala de estar que ve la mosca no es la misma que la que ve el humano, a cada una subyacen configuraciones, no ya físicas, sino también ontológicas que ni siquiera llegan a cruzarse, a no ser por esa interfaz que supone el alimento: la miga en el plato en la mesa de la sala, en la cual, por un azar imposible, por una vez, coinciden mosca y humano. Es este un espacio de multiplicidad, un espacio caosmótico, dice Guattari, capaz de expandir los confines representativos de una subjetividad universalista (Guattari 1995, 3). Adelantándose a las arquitectas y arquitectos, las biólogas y biólogos, ya tienen algunas soluciones y vienen, como decimos, de entender esta suerte de multiplicidades, de dar salida y fortalecer posibles cooperaciones entre las especies, humanas o no, de des-privilegiando las condiciones espaciales de unas especies sobre otras. También en Marsella, un estudio sobre las mariposas urbanas ha observado la enorme variabilidad en la reproducción de los lepidópteros dependiendo de la covariación en la gestión del territorio, dividiéndolas entre parcelas o solares, parques y paisajes. Como vemos, de nuevo, se trata de una cuestión política de resignificación del suelo urbano, como edificable o simplemente baldío (Lizee, Tatoni y Deschamps-Cottin 2015). De hecho, y por añadir una nota optimista, las ciudades representan oportunidades considerables para impulsar los objetivos mundiales de biodiversidad y sostenibilidad. Pensemos en algunos animales hasta ahora desdeñados por su falta de utilidad al hombre y como plagas, en sus inestimables capacidades de carroñeros, como verdaderos regeneradores del ciclo y del tejido vital de las ciudades (Nilon et al. 2017). Esto conlleva revisar las cualidades de habitabilidad para estas especies, impidiendo que retornen del espacio de marginalidad al que son recluidos en sus versiones más deformadas e indeseables. La consideración de la cooperación y cohabitación biofílica de las ciudades es relativamente reciente y aún muy incipiente. En Munic los arquitectos Thomas E. Hauck y Wolfgang W. Weisser han puesto en marcha el primer proyecto del mundo basado en el concepto de diseño asistido por animales que además ha recibido financiación por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Protección del Consumidor del Estado Federal de Baviera. El resultado final del edificio o complejo ecosoFías urBanas. marsella o la ciudad como un cuerpo sin Órganos 124 ASTRAGALO Nº 32 | Julio, July, Julho 2023 | Article | ISSN 2469-0503 urbano es producto de una consideración conjunta de sus usuarios y usuarias, sin hacer distinciones de si son humanos o animales. Tal y como se ve en la plataforma digital de esta iniciativa, el Studio Aided Design, combina las necesidades y requisitos de humanos y animales en la planificación urbana y fomenta su coexistencia en la ciudad. El equipo, integrado no solo por arquitectas y arquitectos sino también por biólogos y biólogas, explica cómo en la fase de análisis y anteproyecto se eligen las especies para el diseño según varios criterios. Algunas pueden ser especies que ya estén presentes en el lugar urbanizado y que puedan verse amenazadas por la urbanización. El objetivo del DAA es aumentar la biodiversidad de la ciudad. Puede ser que una especie como el mirlo resulte atractiva por su canto, otras veces se buscarán cooperaciones entre las especies por sus capacidades carroñeras o de regeneración el suelo. El estudio de la especie en concreto no sólo proporciona datos biológicos básicos, sino también información sobre la interfaz hombre-animal, es decir, la forma en que los humanos pueden interactuar con el animal. Cierto es que este nuevo método biofílico de diseño urbano en nada acomete la cuestión de la desmercantilización del espacio urbano así como de su des-planificación voluntaria como medida urgente contra la destrucción de la vida animal por parte de la expansión de la urbe y sus auto-agenciamientos: más allá de promover la proliferación de mirlos gracias a arquitecturas, simplemente porque sus cantos adornan las casa de los humanos, lo que los animales precisan son descampados, edificios abandonados y cornisas tranquilas11. 5. SPLINTTERING MARSELLA: CONCLUSIONES Y UN AVISO La presencia animal en Marsella es ineludible. Las calles están a menudo marcadas con excrementos, no sabemos si de animales con dueño o vagabundos. De esos que se aventuran a salir al anonimato que la obscuridad de la noche les regala. Tropas de gatos saltan a las terrazas cercadas e inician su nocturno coro, en busca de alimento. De alguna vecina que lo tiene por costumbre, o quizá rebuscando en algún montón de basura. Incordiando o no, son los gatos los que mantienen a raya a la población de roedores, también los que se encargan de devorar lo que queda del día. Pero, tanto gatos como perros han tenido la fortuna de haberse dejado moldear a imagen del hombre; instalados en el hábitat humano como mecanismo adaptativo, su participación en la vida cotidiana ya no sorprende a nadie. Pero, ¿qué hay de esa otra animalidad marcada por una forma de otredad que la hace incompatible al hombre? Son estas especies, dice Donna Haraway, bien capaces de construir relaciones con el hombre, pero que en su otredad demandan una restructuración territorial, de una ética y una política comprometidas con el florecimiento de esa alteridad (Haraway 2003). Es aquí en donde situamos la necesidad de diseñar ciudades capaces de ensanchar sus posibilidades para albergar y acoger vida, más allá de los constreñimientos de la subjetividad humana. La retícula se establecía aquí como la manifestación arquitectónica, como la representación, si se quiere, de una subjetividad cartesiana, basada en la organización de la actividad humana en designaciones espaciales funcionalizadas. Exactamente es así cómo se define a un órgano: todo tejido que no contribuye a su función, se vuelve tumoral y es descartado. No es este el primer artículo que se propone elucidar la ciudad como un cuerpo sin órganos. Louise Beltzung Horwath y Markus Maicher explican las posibilidades de la realidad virtual y de 11 Estos son extractos de las descripciones del proyecto de cohabitación humana y animal que aparecen en el sitio de internet del proyecto ‚Studio Aided Design’ de Hauck y Weisser. https://animal-aided-design.de/en/ (consultado en Mayo 2023) Beatriz v. toscano https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 125 la inteligencia artifial (IA) en la desarticulación de la malla urbana. Juegos como Ingress (y hoy diríase, Pokémon) permiten alterar los ejes tectónicos y fijos del espacio experiencial, al menos como proyección fantasmagórica. La IA (algoritmos, sistemas de cartografiado semántico, realidad virtual) viene cargada de infinitas conexiones, satisfacción inmediata y ausencia de toda fricción; falsas promesas de singularización y de superación de la homogeneidad trivial que es nuestra aislada existencia. Desde no hace no mucho se ha empezado a hablar de una nueva forma de retícula, generada por ordenador, en la cual, gracias a la especial forma en polígono de trece lados (el milagroso sombrero o la forma de Einstein, se la llama) se logra una expansión ad infinitum del constructo sin que se repita ni una sola de sus combinaciones. La irregularidad y la ilusión de singularidad está garantizada con esta nueva forma de retícula12. Contándose, no sin cierta precaución, con estas aportaciones, la intención aquí es otra, dedicada a exponer lo que queda de nuestras ciudades cuando se apaga la luz del proyector. La tesis de que la función hace al órgano, formulada por Jean Baptiste Lamarck (†1829) no dista tanto de aquel precepto arquitectónico según el cual, la función y la forma se explicitan 12 Véase en The Guardian, el artículo de Matthew Cantor ‘The miracle that disrupts order’: mathematicians invent new ‘einstein’ shape’ 4 Abril 2023. El ‘inventor’ de esta nueva retícula de total heterogeneidad es Craig Kaplan, de la Universidad de Waterloo en Ontario. Fig. 3 Gatos sueltos en una terraza de Marsella Fig. 4. Retícula de Kaplan. Cortesía de Craig S. Kaplan. https://cs.uwaterloo.ca/~csk/hat/ ecosoFías urBanas. marsella o la ciudad como un cuerpo sin Órganos 126 ASTRAGALO Nº 32 | Julio, July, Julho 2023 | Article | ISSN 2469-0503 mutuamente. Como principio rector del paradigma funcionalista en arquitectura, supone afirmar que la ‘razón de ser’ de un elemento arquitectónico (es decir, su finalidad y su función) está fundamentada de manera inequívoca en una ‘razón de su aparecer’ (su forma). Re-imaginar la ciudad como un cuerpo sin órganos supone por tanto des-funcionalizar la ciudad, desmantelar esa cuadrícula de designaciones ontológicas que solo un grupo concreto de moradores, de cuerpos definidos, pueden habitar. Los animales son sujetos políticos porque su existencia depende de la negociación ideológica de un espacio que ha sido saturado y agotado por las necesidades de la especie humana. Abogar por la preservación de los hábitats urbano-naturales con alianzas de cooperación entre las especies supone por tanto un asalto a la centralidad que la propiedad privada ha adquirido como eje no-alienable entre lo económico y lo jurídico. Diseñar la ciudad como un cuerpo sin órganos implica desapropiar y desprogramar, para dar cabida a otras formas de vida. Haciéndola equiparable a esa des-patriación del lenguaje cargada de incertidumbres a la que se refería Artaud cuando hablaba de su imposibilidad de poseer su mente en su totalidad, de lograr asirse, de poder echar mano y atrapar su propia conciencia (Deleuze&Guattari 1972; 1985, 2). Esta carece de fronteras, de posición fija (…) decía, como esa multiplicidad de universos atravesándose los unos por los otros, está llena de discontinuidades (Sontag 1988). La ciudad, como el hombre está enferma porque está mal construid[a]. Debéis decidiros a desnudarlo para rascar ese animálculo que le pica mortalmente, dios, y con dios sus órganos, porque atadme si queréis, pero no hay nada más inútil que un órgano. Cuando le hayas hecho un cuerpo sin órganos le habrás liberado de todos sus automatismos y le habrás dado su verdadera libertad13. Con agradecimientos a Boxty y a Flora. REFERENCIAS Amir, Fahim. 2018. Schwein und Zeit. Tiere, Politik, Revolte. Hamburgo: Nautilus. Attia, Kadar. 2009. Ghardaia-Le Corbusier. (Internet) http://kaderattia.de/ghardaia-le-corbusier/ (Abril 2023) Artaud, Antonin. 1947, 2013. Para terminar con el juicio de dios. El teatro de la crueldad. Buenos Aires: Editorial El cuenco de plata. Barbieri, R. and M. 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Lorsque vous lui aurez fait un corps sans organes vous l’aurez délivré de tous ses automatismes et rendu à sa véritable liberté. Beatriz v. toscano https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2023.i32.07 127 De Botton, Alain. Louis Kahn. Series on Art and Architecture. The School of Life. https://www.youtube. com/watch?v=b99oGua6V20 (Abril 2023) Byers, Kaylee A. et al. 2019. “Rats about town: A systematic review of rat movement in urban ecosystems.” Frontiers in Ecology and Evolution 7: 13. Cantor, Matthew. 2023. “The miracle that disrupts order’: mathematicians invent new ‘einstein’ shape”. The Guardian, 4 Abril 2023. Carnell, Hugo. 2022. “Historical and Modern Responses to Plague Epidemics: What Lessons Can Be Drawn from Case Studies in France, the United States and Madagascar?”. Journal of Humanitarian Affairs 4.2: 3-11. Chapman, Brian. 1953. “Baron Haussmann and the Planning of Paris.” The Town Planning Review. Vol. 24, No. 3, Octubre, 177-192. Cupers, Kenny. 2014. The Social Project. 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Toscano es investigadora asociada en las áreas de Teoría Urbana y Arquitectónica en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Düsseldorf y en el Instituto de Desarrollo Urbano Sostenible, adscrito a esta institución. Su investigación se sitúa en la encrucijada entre urbanismo y biopolítica, con títulos recientes sobre la crisis de la democracia en sus fundamentos urbanos. Actualmente edita un volumen sobre los retos de la aplicación de modelos de desarrollo sostenible que incluyan la dimensión medioambiental como subsidiaria de una dimensión social prevalente en sociedades que deben ser tan verdes como igualitarias y justas. ARQUI-CRIATURAS #7. Mohamad Rasoul Moosapour.