13 Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 1 Martha Nussbaum2 Universidad de Chicago, Estados Unidos. Traducción de María Begoña Martínez Pagán3 Universidad de Murcia, España. Recibido 30 octubre 2023 ∙ Aceptado 22 diciembre 2023 1 Traducción del artículo «Equilibrium: Scepticism and Immersion in Political Deliberation» aparecido originalmente en Acta Philosophica Fennica, Fasc. LXIV (2000), Juha Sihvola (ed.), Ancient Scepticism and the Sceptical Tradition, pp. 171-198. Publicado en este monográfico por deseo expreso de la autora. 2
[email protected] 3
[email protected] Equilibrio: escepticismo e inmersión en la deliberación política. Equilibrium: Scepticism and Immersion in Political Deliberation. MONOGRÁFICO_ CONCEPTO Y PRAXIS: ESCEPTICISMO Y ARTE El concepto de equilibrio psicológico es un foco central del debate de los antiguos escépticos sobre sus objetivos y métodos. El escepticismo surgió, según dicen, cuando «personas de gran carácter», perturbadas por no saber qué versiones de las cosas debían aceptar, comenzaron a investigar sobre la verdad, para poder liberarse de esta perturbación (Pirrón 1.12, 26) 1 . Entonces descubrieron que no podían inclinarse hacia una de dos opciones contradictorias de igual peso. Estando las opciones tan equilibradas, suspendieron todo juicio al respecto. Tras esto descubrieron que de esa suspensión del juicio seguía «tal cual» la misma liberación de la perturbación que habían estado buscando. Su experiencia, según contaban, era justo igual que la del pintor Apeles cuando intentó pintar la baba espumante de un caballo sobre su pelaje. Frustrado por su falta de éxito, arrojó su esponja contra el cuadro: y la esponja dejó precisamente el efecto que quería conseguir. El equilibrio psicológico como elemento crucial del proceso de investigación filosófica se ha vuelto a convertir en un elemento central del pensamiento contemporáneo, con la idea de John Rawls de «equilibrio reflexivo», que desarrolla en Una teoría de la justicia (TJ), sus posteriores Dewey Lectures, Kantian Constructivism in Moral Theory, y su libro más reciente, El libera-
14 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 lismo político (LP). 1 Sin embargo, Rawls entiende la noción de equilibrio y su papel en la búsqueda la interpretación correcta de forma muy diferente a los antiguos escépticos. Explorar el contraste entre estos dos métodos, sus motivaciones, objetivos y distintas actitudes respecto a la contradicción iluminará, creo, algunas características del antiguo procedimiento escéptico que son muy cuestionables y que están conectadas con lo que considero la naturaleza moral y políticamente perniciosa de la iniciativa escéptica. Dado que estas características tienen análogos contemporáneos en las metodologías de algunos pensadores posmodernos, sacarlas a la luz también nos ayudará a explorar este debate contemporáneo. Los escépticos relacionaban su interés con el equilibrio con una historia respecto a su punto de partida, el de los hombres «de gran carácter» que veneran como fundadores. En su reciente nueva «Introducción» a la edición en rústica de El liberalismo político, John Rawls proporciona su propia interpretación del punto de partida de esta búsqueda del equilibrio a la hora de juzgar principios políticos. Este pasaje singularmente revelador me ayudará a establecer el contraste que deseo trazar más adelante; y puesto que es tan nuevo, necesito mostrar una cita extensa: La respuesta que damos a la cuestión de si es posible una sociedad democrática es y si puede ser estable por los motivos apropiados afecta nuestros pensamientos y actitudes de fondo sobre el mundo en su conjunto (…) Los debates sobre cuestiones filosóficas generales no pueden formar parte del día a día de la política, pero eso no hace que estas cuestiones no sean significativas, puesto que pensamos que sus respuestas darán forma a las actitudes subyacentes de la cultura pública y la conducta política. Si damos por supuesto como conocimiento común que es imposible tener una sociedad justa y bien ordenada, entonces la calidad y tono de estas actitudes reflejará ese conocimiento. Una de las causas de la caída del régimen constitucional de Weimar fue que nadie en las élites tradicionales de Alemania aprobaba su constitución o estaba dispuesto a cooperar para hacer que funcionase (…) 1Rawls 1971, 1980,1996.
15 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 Las guerras de este siglo, con su creciente destructividad, que culminan en la maníaca maldad del Holocausto, plantean de forma aguda la cuestión de si las relaciones políticas deben gobernarse únicamente a través del poder y la coerción. Si una sociedad razonablemente justa que subordina el poder a sus objetivos no es posible y las personas son en su mayor parte amorales…uno podría preguntarse junto con Kant si merece la pena que los seres humanos vivan en la Tierra. Debemos partir del supuesto de que una sociedad política razonablemente justa es posible, y para que sea posible, los seres humanos han de tener una naturaleza moral; por supuesto, no una naturaleza moral perfecta, sino una que sea capaz de comprender, actuar y sentirse lo suficientemente conmovida por una concepción política razonable del derecho y la justicia, para apoyar a una sociedad guiada por sus ideales y principios. TJ y LP. intentan esbozar cuáles son los conceptos de justicia más razonables para un régimen democrático y presentar una candidatura sobre cuál es el más razonable (…) El foco en estas cuestiones sin duda explica en parte lo que a gran cantidad del público lector el carácter abstracto y ajeno al mundo de estos textos. No me disculpo por eso. 2 Parecería que Rawls comparte un punto de partida con las «personas de buen carácter» de la historia escéptica, puesto que en ambos casos se sale de un estado de perturbación sobre el fracaso de los seres humanos a la hora de encontrar una respuesta a preguntas urgentes y sus en apariencia interminables desacuerdos sobre estas cuestiones. Como el escéptico, se embarca en búsqueda de una respuesta, con esa perturbación como motivo. Rawls y el escéptico, sin embargo, no acaban en el mismo lugar, ni entienden de la misma manera la relevante noción de equilibrio. Intentaré mostrar que para comprender estas diferencias en última instancia tendemos que conceder al escéptico un marcado grado de dogmatismo sobre cuáles son los fines de la vida humana y los métodos apropiados para alcanzarlos. Esto también se 2Rawls 1996, lxi-lxii.
16 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 cumple en el caso de Rawls, como él mismo señala abiertamente; pero Rawls, a diferencia del escéptico, no se dedica a negar tener creencia alguna o estar comprometido con verdad alguna. Mi proyecto consistirá en desentrañar la naturaleza de los compromisos intelectuales y prácticos ocultos del escéptico, e indicar cuáles son sus consecuencias prácticas, que considero malas. 3 Aunque creo que el escepticismo antiguo nos pide suspender el juicio en general, no solo en el ámbito ético, 4 por mi parte me centraré en el tratamiento escéptico de las proposiciones éticas y políticas. Empecemos con tres historias sobre el siglo IV a.C. y Pirrón (365-270), fundador del escepticismo en la tradición filosófica occidental. Estos relatos son típicos de la manera en la que se cuentan historias cuasi-míticas sobre un fundador para iluminar aspectos del modo de vida escéptico, una vida libre de compromisos con creencias normativas definidas. Pirrón se encuentra en el mar, sobre la cubierta de un barco, cuando de repente se desata una tormenta. El resto de los pasajeros empieza a correr de acá para allá, llenos de ansiedad. Puesto que tienen creencias claras sobre qué es bueno y qué es malo, intentan protegerse a sí mismos, a sus seres queridos y sus posesiones. Se preguntan ansiosos qué hacer. Mientras, en la cubierta del barco, un cerdo sigue comiendo satisfecho en su artesa. Pirrón señala al cerdo y dice: «una persona sabia debería vivir así de libre de perturbación» (Dióg. Laer. 9.68). Una tarde, Anaxarco, compañero de Pirrón, cae a un pantano. Pirrón le ve luchar por mantenerse a flote, pero sigue caminando, sin ayudarle. Cuando otros culpan a Pirrón, el propio Anaxarco (al que para entonces, esperemos, alguien habría sacado del fango de alguna manera) alaba la falta de compromiso normativo de Pirrón y lo libre que está de emociones (9.63). Pirrón en un paseo se encuentra con un perro feroz. Se sobresalta y muestra, en su miedo, signos de apego residual a creencias claras sobre qué 3En Nussbaum 1994b, cap. 8, argumento que la terapia escéptica tiene un compromiso oculto con el valor del objetivo de estar libre de perturbación, objetivo que forma parte de sus procedimientos constantemente. En Nussbaum 1994a, 714-44, desarrollé el argumento más a fondo y propuse algunos paralelismos contemporáneos, que vuelvo a desarrollar aquí, en conexión con una elaboración más completa de la propuesta positiva. 4Véase Nussbaum 1994b, cap. 8.
17 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 es bueno y qué es malo. Comenta este hecho disculpándose: «Qué difícil es desprenderse del todo del ser humano» (9.66). Estas historias muestran que el razonamiento práctico (el razonamiento respecto a qué curso de acción es bueno o correcto) trae problemas. Tanto la dificultad del razonamiento en sí mismo como los compromisos normativos que resulten del mismo llevan a la ansiedad y la perturbación. La vida es más tranquila si uno se libra de esos compromisos claros y de la lucha para llegar a ellos. Por otra parte, estas ingeniosas anécdotas sugieren dos cosas respecto al esfuerzo de la retirada. En primer lugar, no las mueven buenos razonamientos, sino algo muy distinto. No hay buenos motivos que lleven al escéptico a la suspensión de los compromisos normativos; de hecho, la suspensión parece estar motivada por el estado de calma que resulta de la misma. En segundo lugar, cuando desaparecen los compromisos normativos, algo fundamental del ser humano se va con ellos, algo que es parte integral de nuestra capacidad de cuidar del otro y actuar en su nombre. Los escépticos están entre nosotros de nuevo. Vivimos en medio de un resurgimiento del ataque contra el razonamiento y el compromiso normativos que era el pan de cada día en la escuela de Pirrón. Este resurgimiento ejerce una considerable influencia en las partes del pensamiento político y legal en los que ha influido la teoría liberal posmodernista. Se está poniendo de moda afirmar algunas cosas que se asociaban con la tradición pirronista: que para cada argumento se puede presentar otro que proporcione una conclusión contradictoria; que los argumentos son solo herramientas para influir, y que no merecen nuestra lealtad más allá de eso; que cuando se hacen afirmaciones contradictorias, no hay manera racional de dirimir entre ellas; que los compromisos normativos son obstáculos para una vida social fructífera, una especie de encorsetamiento reaccionario; y por último, que todas estas afirmaciones escépticas no son normativas en absoluto, y por tanto, signos de una inconsistencia interna con esta postura, sino simplemente informes o declaraciones del propio estado mental actual, cuasi-afirmaciones que se inscriben a sí mismas dentro de su propia crítica. Todo esto es pirronismo. Las posturas modernas que se asemejan al pirronismo 5 pueden criticarse y se han criticado de muchas maneras. Pero el paralelismo histórico 5Muchos de ellos no aceptarán la etiqueta de «escépticos»: esto se debe en gran parte a que realmente existe una gran diferencia entre el escepticismo filosófico antiguo y el
18 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 ilumina la escena actual porque los antiguos argumentos a menudo están trabajados de forma más completa que sus análogos modernos, son más autoconscientes en lo metodológico, y sobre todo, son más explícitos respecto al tipo de cambio de estilo de vida que requieren por parte de quienes los siguen. 1 · Antiguos escépticos: método y procedimiento 6 Imaginemos, pues, a la estudiante L que tiene puntos de vista claros sobre qué es bueno y qué es malo, incluida una visión clara sobre la justicia política. L tiene unas perspectivas concretas sobre la justicia: digamos, que la esclavitud está mal, que la infancia no debe pasar hambre y también algunas perspectivas generales, como que todos los seres humanos tienen igual valor y que todos deben disfrutar de la misma libertad. Estas creencias la hacen vulnerable a la perturbación de tres formas distintas. En primer lugar, se siente perturbada cuando se da cuenta de no se hace justicia, tal y como ella la entiende; así que a diario leer el periódico le causa ansiedad. En segundo lugar, no se lo toma con mucha calma cuando alguien argumenta en contra de su punto de vista. Cuando oye a alguien defender la desigualdad de las mujeres, por ejemplo, es probable que lo discuta y se enfade. En algunos temas, por último, puede sentirse perturbada porque se da cuenta de que no puede defender su punto de vista frente a un desafío. Cuando su colega le dice que el movimiento por los derechos humanos es un artefacto del imperialismo occidental, se enfada porque realmente no sabe cómo contestar a eso. Entra en la escuela de Pirrón, con la esperanza de que pueda resolver sus problemas. El escepticismo, como defiende su definición oficial, es «la capacidad de establecer una oposición de impresiones y pensamientos, de cualquier manera, una habilidad a través de la cual llegamos, gracias a la fuerza igual de afirmaciones opuestas y estados de la cuestión opuestos, primero a una suspensión del compromiso, y después a esa libertad respecto a la perturbación» moderno. 6Para una excelente descripción general, véase Annas y Barnes, 1985. Sobre la relación entre el escepticismo antiguo y el moderno, véase Burnyeat 1983a.
19 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 (Pirrón, 1.8). El escepticismo es, primero de todo, una «capacidad». No se plantea como un conjunto de verdades o un tipo de conocimiento. Lo que hace es organizar «oposiciones de impresiones y pensamientos», como veremos en breve. Esta «capacidad» usa la «igual fuerza» (isostenia, ἰσοσθένεια ), o el aparentemente igual poder de convencer de las afirmaciones opuestas, para mostrar que «ninguno de los discursos en contienda adelanta al otro y es más convincente» (1.8). Esta igualdad de fuerzas lleva al escéptico a la epoché, la suspensión del juicio, definida como «una detención de la razón a través de la cual ni negamos ni afirmamos nada» (ibidem). Finalmente, el estudiante se queda en un estado de ataraxia, la liberación de la perturbación, definida como «el estado del alma descargada y tranquila» (ibidem). Según lo cuentan los propios escépticos, comienza y termina como un indagador: siempre intenta descubrir de qué se trata. Empieza recopilando las creencias y juicios que tiene la gente sobre el tema en cuestión. Se hace evidente que este material contiene contradicciones. Algunas personas creen p, pero otras personas creen no-p. Incluso cuando esto no se evidencia con una recopilación azarosa de opiniones, el escéptico continúa hasta que la contradicción se hace evidente, encauzando la creencia en cuestión a través de dispositivos procedimentales llamados Modos y Tropos. Estos ofrecen muchas maneras distintas de ubicar la contradicción, ya sea a través de los puntos de vista de diferentes nacionalidades, o entre personas con facultades educadas de maneras distintas, o entre miembros de especies diferentes. Al tratar con nuestra estudiante L, el docente escéptico probablemente destaque la variedad de opiniones que sostienen distintos grupos y nacionalidades, puesto que es especialmente probable que L sienta confusión si piensa en su propio compromiso con los principios de la justicia simplemente como un fruto de la estrechez de miras de su privilegio occidental. Incluso si no surge una contradicción sobre un tema concreto, esto no preocupa al escéptico, puesto que considera que en esa contradicción podría encontrarse en otro lugar del mundo. «Respecto a esos temas en los que no sabemos de discrepancia alguna —escribe Sexto— no deberíamos afirmar que no hay desacuerdo, puesto que es posible que en alguna nación que nos sea desconocida haya un punto de vista contradictorio». (Pirrón 3.234, véase 1.204-5). Podríamos pensar que todo el mundo condena el incesto, añade; pero un viaje a Egipto nos haría mostrado lo equivocado de nuestras ideas.
20 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 Es importante observar bien lo que ocurre a continuación. En la historia original escéptica, los hombres de gran carácter intentaban con todas sus fuerzas resolver las cosas, del mismo modo que Apeles se esforzó todo lo que pudo para obtener el efecto de la baba espumante del caballo con su pincel. No pudieron obtener un resultado porque se sintieron lanzados a un estado de equilibrio por la «igual fuerza» (isostenia, ἰσοσθένεια ), de las creencias opuestas, en el cual, según nos dice Sexto «ninguno de los discursos en cuestión aventaja a otro en poder de convicción». Así que al final, se rinden, al igual que Apeles, rindiéndose, arroja su esponja contra el cuadro. Y es en esa rendición —la suspensión del juicio— en sí misma en la que descubren este efecto que habían estado buscando, la liberación de perturbaciones. Se dan cuesta de esto al final y lo abrazan. Sin embargo, ¿qué pasa con el practicante escéptico de la escuela? En la historia fundacional se insiste mucho en que el buen resultado apareció fortuitamente (tychikós, τυχικός ), pero, sin embargo, el escéptico practicante dispone en realidad de dispositivos elaborados y bien establecidos para equilibrar creencias opuestas: sobre todo los Modos y los Tropos. El docente elegirá la estrategia que parezca probable que funcione mejor con L. Si hubiera algún problema para llegar al equilibrio, porque una de las dos creencias es simplemente mucho más fuerte que la otra, el recurso del escéptico es debilitar la más fuerte. En la fascinante sección de los Esbozos Pirrónicos, o Hipotiposis Pirrónicas, titulada «Por qué a veces el escéptico plantea argumentos débiles, poco persuasivos» (Pirrón 3.280), Sexto compara sus procedimientos con los de un buen médico. Del mismo modo que un médico no dará a un paciente una sobredosis, sino que calibrará con cuidado la cantidad de medicina según la magnitud de la dolencia, del mismo modo el escéptico medirá con cuidado hasta qué punto está su estudiante infectada de creer en algo, y elegirá un argumento que esté calibrado con precisión para eliminar estos obstáculos. A veces, por tanto, los argumentos serán «de peso», pero otras veces «no vacila en proponer otros que son obviamente menos contundentes». Se ve a la estudiante pues como un balancín, inclinándose a un lado y a otro según el peso del argumento. El objetivo del profesor es equilibrar los pesos de tal manera que finalmente se quede, suspendida, justo en medio. El escéptico es consciente de que al proceder de una manera en lugar de otra, y en especial al enseñar a L a hacer las cosas de una manera en lugar
21 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 de otra, podría parecer que está recomendando algo. Así, podría parecer que está implicado en un discurso normativo (político) tanto como aquellos a quienes ataca. Los escépticos responden que sus declaraciones normativas no son en realidad afirmaciones: son solo informes del estado psicológico del docente en ese momento: «al hacer estas afirmaciones, está hablando de lo que tiene delante, al igual que alguien haría un informe (…) no con fe y convicción, sino repasando lo que está experimentando (Pirrón, 1.197). A menudo se ha objetado que no hay persona alguna que pueda vivir y actuar así. Porque parece que la acción requiere creencias, lo que incluye creencias sobre lo que está bien y mal, lo que es mejor y lo que es peor. Los escépticos lo niegan. La vida sin creencias sí que permite muchas motivaciones para la acción. Ya no habrá lo que podríamos llamar motivaciones para la acción, esto es, compromisos respecto a la virtud o corrección de una proposición que nos den algún tipo de motivo especial para llevarla a cabo. Pero habría muchas causas de la acción: nuestras capacidades de sentir y pensar; nuestras pasiones; nuestras convenciones y hábitos; y finalmente, el ejercicio de una profesión o habilidad que hayamos entrenado (Pirrón, 1.23-4). Estas cosas nos permitirán conducirnos por el mundo, e incluso tomar difíciles decisiones políticas. Cuando sus oponentes acusen al escéptico diciendo que no podrá elegir cuando un tirano le pida que haga algo «indescriptible», los escépticos responden que, por supuesto, podrá llegar a una decisión según las diversas fuerzas causales que ya ha mencionado. Cuando un tirano ordena el acto indescriptible, «elegirá acaso un camino y evitará el otro» (Mat. 11.165-6, véase Dióg. Laer. 9.108). 2 · Escépticos modernos: Derrida y Fish Ahora, para presentar mi debate contemporáneo, presentaré a dos pirronistas modernos. Hay una serie de visiones posmodernas sobre la verdad y la apariencia que cuentan una historia similar a la de los escépticos. Retratan a quien busca como empezando a perseguir la verdad y encontrándose frustración cuando no se materializan las respuestas y criterios del tipo que esperaba. Se encuentran en algo bastante parecido al equilibrio del escéptico, lo cual da como fruto, a su vez, una actitud juguetona o irónica respecto a las alter-
28 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 objetivo, en la cual el equilibrio es menos un acuerdo interno de cada persona y más un acuerdo entre personas. El vocabulario relacionado con el equilibrio se ha ido actualizando con el vocabulario relacionado con el consenso. En cualquier caso, si seguimos la sugerencia de TJ según la cual el método no es solo socrático sino también aristotélico, esto es, una búsqueda de un punto de vista sobre la vida humana constreñido por los requisitos de la política, podemos ver de qué forma tan estrecha se relacionan los proyectos anteriores y posteriores, y el objetivo del equilibrio como un factor común entre ambos grupos, siendo el equilibrio el estado en el que nos encontramos cada uno de nosotros (y en el que estamos de forma colectiva) cuando nos satisface que «hayamos hecho bastante demostración» (Aristóteles, Ét. Nic. 7.1,1145b7). 4 · En busca del equilibrio: Rawls y los escépticos Es obvio que el equilibrio de Rawls y el equilibrio del escéptico antiguo y el moderno son muy diferentes. Ambas empresas parten de lo que podría parecer un proyecto común: una perturbación debida a la pluralidad de puntos de vista sobre temas importantes, y por la ausencia de una orientación segura sobre qué es lo correcto, se proponen descubrir qué punto de vista es el mejor. Ambos acaban en cierto sentido liberados de la perturbación inicial: ambos han llegado a un estado de equilibrio psicológico, en el cual la mente ya no es un campo de batalla de opiniones encontradas. Sin embargo, el contenido del equilibrio, los procesos que a él llevan, la relación entre el equilibrio y su objetivo práctico, todo ello se entiende de manera distinta. Intentaré señalar esas diferencias con más precisión. Pero podemos notar desde el principio que Rawls, y Aristóteles que es a quien sigue, pueden afirmar con justicia que están siguiendo de manera muy estrecha el procedimiento real de la gente que intenta descubrir a qué quieren atenerse en la vida. Añaden más reflexión explícita y, en particular, más reflexión sobre las teorías que presenta la traestos principios son más o menos los mismos para las personas cuyos juicios están en equilibrio reflexivo, o si no, que sus juicios se dividen a lo largo de unas pocas líneas principales representadas por la familia de doctrinas tradicionales que debatiré». Los escépticos también parecen creer que la búsqueda del equilibrio continúa de forma indefinida.
29 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 dición filosófica; pero siguen lo ordinario al conceder mucha importancia a juicios seguros sobre cuestiones concretas, y al considerar dichos juicios según una serie de criterios generales que guían a las personas que intentan preguntarse cuáles de sus puntos de vista surgen en condiciones en las que se pueda confiar. El escéptico, como veremos, no tiene una conexión tan clara con la vida diaria. ¿Qué búsqueda del equilibrio deberíamos seguir? Ahora debemos aclarar el contraste entre ambas, centrándonos en el ámbito de la justificación política. 4 · 1 · Estándares para la justificación ética El antiguo escéptico exige nada más y nada menos que un acuerdo universal sobre el criterio de aceptabilidad de un principio normativo. Señala que si podemos encontrar a cualquier persona que crea en lo contrario de una proposición dada (o incluso si creemos que es posible encontrar a tal persona algún día) esto es bastante para empezar a transitar la carretera opuesta que nos lleva rápidamente al equilibrio y por tanto a la suspensión del compromiso. Pero ¿por qué debemos pensar esto? Hay muchas razones diferentes por los que la gente acaba teniendo las creencias que tiene, tanto en aspectos normativos como en otros. No todas esas razones son buenas razones; y todavía así pueden tener una potente influencia en el comportamiento. El hábito cultural, la educación individual, todo ello puede desempeñar un papel deformador. Solo porque ya ha renunciado a distinguir entre razones y causas, al escéptico le parecen iguales todas las creencias. Pero se supone que no debe asumir que esta distinción no está disponible, se supone que debe mostrarla. El hecho de que algún grupo en algún lugar defienda el canibalismo, por ejemplo, no debería tener peso alguno, independientemente de las razones y argumentos que den para ello. Los parientes modernos del antiguo escéptico plantean exigencias igualmente poco realistas. Normalmente su criterio de aceptabilidad para un principio evaluativo o bien es o bien incluye el acuerdo universal. 17 Fish va 17Véase Nussbaum 1994a, para ver cómo funciona esto en Fish, Derrida, Herrnstein Smith y otros.
30 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 más allá. Tomando la ausencia de acuerdo como signo de una ausencia mayor y más importante (la ausencia de normas externas trascendentes fijas en la naturaleza de las cosas, normas independientes de las prácticas humanas) exige que creemos esos estándares externos, algo del estilo de las formas platónicas, si vamos a justificar una norma ética. Es el hecho de que dichos estándares no estén cercanos lo que lleva al colapso del equilibrio: la vieja idea de que si Dios está muerto, todo está permitido. (Nótese que en realidad la existencia de dichos estándares ni es necesaria ni suficiente para el acuerdo universal; puede que lleguemos a un acuerdo de alguna otra manera, y la gente puede siempre negarse a sujetarse por una norma externa). Obsérvese que estas maniobras escépticas delatan un profundo apego a ese criterio supuestamente no disponible. Porque solo para una persona que esté apegada a la existencia de una base de evaluación trascendente, si esta base no está disponible, esa falta parece implicar que se derrumba todo argumento e investigación normativos. (Como argumentó Nietzsche, solo para alguien cuya fe en sus propias capacidades humanas se ha erosionado, a través de enseñanzas sobre otros mundos, la noticia de la muerte de Dios conlleva el nihilismo y el abandono de la evaluación y la selección). Comparemos ahora el caso de Rawls. Rawls hace explícito el hecho de que sus propios procedimientos de investigación no dependen de la disponibilidad de una base trascendente para los principios normativos. Ya en TJ contrastó su proyecto con otras ideas de justificación: la idea «cartesiana» de la justificación como deducción de verdades evidentes por sí mismas, y la idea «naturalista», en la cual los términos éticos se definen con términos no éticos y su justificación se sigue como en las ciencias (TJ, 578 y siguiente). Destacó que para él la justificación no requiere verdades evidentes en sí mismas ni deducción científica, cosas ambas que podrían ser exigencias que un procedimiento ético no puede satisfacer de forma realista; la justificación implica, en su lugar, solo el apoyo mutuo de muchas consideraciones diferentes. En las Dewey Lectures estas ideas se desarrollan aún más. Rawls ahora se enfrenta directamente con la cuestión que planteó Fish, y simplemente niega que haga falta un orden trascendente para que prosiga la búsqueda de una justificación ética:
31 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 Lo que justifica una concepción de la justicia no es que sea fiel a un orden anterior y que se nos haya dado, sino su congruencia con nuestra compresión más profunda de nosotros mismos y nuestras aspiraciones, y nuestra comprensión de que, dada nuestra historia y las tradiciones arraigadas en nuestra vida pública, es la doctrina más razonable para nosotros. (Rawls 1980,519) En El liberalismo político, Rawls expresó este argumento de una forma un poco más complicada, de acuerdo con su deseo de mostrar que su concepción política de la justicia permite un solapamiento de consensos entre personas que tienen muchos tipos de puntos de vista. Insistiendo en que en este sentido, su concepción «constructivista» no contradice el intuicionismo racional, concluye que una vez que se llega a al equilibrio reflexivo, un intuicionista diría que las conclusiones son el auténtico testimonio de «un orden independiente de valores morales» (PL 96). El constructivista dirá simplemente «que el procedimiento de construcción modela ahora de forma correcta los principios de la razón práctica en unión con las concepciones apropiadas de sociedad y persona. Al hacerlo, representa el orden de valores que más adecuado a un régimen democrático» (PL 96). Estas dos maneras distintas de ver el resultado no se contradicen entre sí: el constructivista simplemente se centra en un objetivo práctico más modesto, pero una intuicionista puede aceptar la conclusión del constructivista y al mismo tiempo hacer algunas afirmaciones adicionales propias. Por tanto, al caracterizar su propio procedimiento constructivista, Rawls renuncia característicamente al vocabulario de la verdad a favor del vocabulario de lo razonable, en gran parte porque ve un fuerte contraste entre la ética y la ciencia, y piensa en la ciencia como algo que accede a un orden independiente de la mente. Si una persona viera la ciencia de modo algo más «internalista», podría pensar, con Hilary Putnam (1993), que ambas son en realidad bastante similares, y el vocabulario de la verdad es perfectamente apropiado para las conclusiones razonables de la indagación holística del constructivista. En cualquier caso, Rawls sostiene que los criterios éticos están disponibles para resolver los problemas que queremos resolver, y que
32 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 la ausencia de bases trascendentes de valor de ninguna manera impide la búsqueda de la justificación. Esta comprensión holística de la justificación supone un reto que el antiguo escéptico no afronta en ningún lado. Los antiguos argumentos escépticos muestran, una y otra vez, que no hay norma que no se pueda impugnar, y de forma similar, que no hay criterio de adjudicación que no se pueda cuestionar desde algún punto de vista. Pero esto se da por hecho en el método de Rawls, y señalarlo no daña su emprendimiento. El mero hecho de que alguien afirme algo, o cuestione algo, no es en sí mismo un gran problema. Para que esto resultara preocupante, nos tendrían que enseñar algo más: que el hecho del cuestionamiento hiciera imposible que personas razonables decidiesen qué punto de la justicia tiene el mayor apoyo desde un amplio abanico de consideraciones y es, teniéndolo todo en cuenta, lo más razonable para ellas. Esto es algo que el escéptico no intenta demostrar en ninguna parte, ya que ha supeditado todo su emprendimiento a un conjunto de estipulaciones mucho más mucho más exigente, que son, tal y como intenta mostrar, imposibles de cumplir. 4 · 2 · Clasificación y ponderación de alternativas El escéptico habla de equilibrio y de estar entre dos argumentos de igual peso. Pero en realidad, nótese, el escéptico ni presenta ni puede siempre presentar argumentos de igual peso sobre las facetas contradictorias de todas las cuestiones. En los textos, el movimiento de argumentar a contraargumentar, a una supuesta «igual fuerza» está amañado, puesto que se ignoran muchos argumentos con buenas y fuertes credenciales humanas que en la vida real sí ayudan a la gente a decidirse por un punto de vista en lugar de por otro. Puesto que en la vida jamás o rara vez encontramos acuerdo universal sobre temas normativos. Y sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos nos encontramos capaces de decidir que esto es mejor que aquello. Ello se debe a que el escéptico ha puesto una meta tan irrazonablemente alta, exigiendo acuerdo universal, que estos modestos argumentos humanos le parecen no tener interés alguno. Y podemos decir algo más: asumen, en el acto de construir sus argumentos, una postura de distanciamiento y creencia que se supone es el resultado de los argumentos, no su prerrequisito necesario. Sólo
33 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 porque se mantiene tan al margen y se niega a dejarse llevar por razones que incluso él mismo considera normales para las personas que deciden entre un camino y otro, que cada proposición le parece exactamente tan fuerte como su contradictoria. Cuando observamos que a veces se esgrimen deliberadamente argumentos débiles con el fin de lograr un equilibrio de fuerzas, sabemos que la competición está amañada: al equilibrio que alguna vez sucedió por casualidad se acerca ahora con una estratagema deliberada. Gran parte de lo mismo parece ocurrir con los escépticos modernos. La forma en la que Fish y sus colaboradores llegan a equilibrar el peso y la indecidibilidad es adoptando una postura de distanciamiento juguetón y negándose a sumergirse en el tema en cuestión, permitiendo que sus preocupaciones les lastren de la manera en que le suele pasar a la gente cuando buscan una guía sobre cómo actuar: despertando emociones evocando o notando el compromiso, etcétera. Desde una postura tan lúdica no es de extrañar que las distintas alternativas parezcan iguales. Cuando volvemos a Rawls estamos, por el contrario, volviendo al mundo normal de la elección, el compromiso y el esfuerzo moral. Rawls comienza con una observación muy normal: que confiamos más en algunos de los juicios que hacemos que en otros. Podemos identificar estos dos grupos con ejemplos y por las condiciones en las que suceden. No tenemos por qué estar de acuerdo con todos los elementos de la lista de condiciones de Rawls 18 para estar de acuerdo con la dirección general de su exposición y aceptar que se puede crear una lista tal. Aristóteles se comporta de forma similar, con una preocupación parecida sobre los sesgos y un interés parecido en los juicios que sostienen con gran confianza un gran número de personas. Por último, Rawls y Aristóteles están de acuerdo en que es útil «aclarar nuestras cabezas» 19 , recurrir a las opiniones y argumentos de la tradición filosófica; viéndola no como una fuente de autoridad, sino como el resumen de muchos esfuerzos y sabiduría que probablemente nos serán de ayuda en nuestra búsqueda. Como dice Aristóteles: «Algunas de estas cosas las han dicho muchas 18Discutí algunas de ellas en Nussbaum 1990,168-194. Ahora creo que tuve suficiente cuidado al separar los distintos ámbitos del razonamiento moral. Lo que es apropiado para razonar sobre la amistad y el amor puede no serlo para razonar sobre los fundamentos constitucionales básicos dentro de una comunidad política pluralista. 19Véase TJ, 50.
34 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 personas durante un largo período de tiempo; otras las han dicho personas distinguidas; es razonable suponer que ninguna de ellas ha errado el blanco del todo, sino que cada una ha acertado en algo o incluso en muchas cosas». (Ét. a Nic. 1.7,1098a28-30). Partiendo de esta clasificación sensata de nuestros juicios, que nos proporciona puntos fijos provisionales para la posterior indagación, Rawls pasa a un muy complejo proceso de ponderación. Cuando finalmente se encuentra en un punto en el que puede comparar la utilidad media con sus dos principios de justicia propios, tiene a mano un elaborado dispositivo para ayudarle a decidir entre ellos. En el trasfondo están los juicios ponderados, que incluyen algunas ideas intuitivas sobre la igualdad e inviolabilidad humanas, que a veces desempeñan un papel directo y decisivo en el argumento contra los utilitaristas. En medio está la elaborada construcción de la «postura original», con su combinación de circunstancias de elección, restricciones sobre la información, e imagen de la racionalidad de las partes implicadas; todo ello se supone que debe darnos un modelo de razón práctica desde un punto de vista moral. Y como resultado tenemos los dos principios en sí mismos. Comparamos los principios con la utilidad media, no solo con el trasfondo de la postura original, con su representación de benevolencia y fraternidad, sino también con el trasfondo de nuestros propios juicios ponderados, que pueden llevarnos a revisar el constructo, los principios o ambas cosas. Mientras tanto, también mantenemos una cierta flexibilidad respecto a los juicios ponderados, preparándonos para revisar algunos de ellos a la luz de lo que aprendamos durante el ejercicio. No podemos entrar aquí en los detalles del argumento de Rawls, y por supuesto una persona podría encontrar una crítica que hacer aquí o allí. Pero hay una cosa que no parece plausible decir es que una contienda entre su punto de vista y el utilitarista está destinada a acabar con el mismo peso. Se nos ha prestado demasiada ayuda para llegar a una decisión como para que eso parezca un resultado inevitable, o incluso un resultado muy probable. Y la ayuda es del tipo de la que nos servimos todo el rato en nuestra vida; la que nos hace notar de manera vívida lo raro que es el hecho de que el escéptico no nos permita acceder a ella. En El liberalismo político entra en escena una restricción más de los principios. Se trata de que los principios sean aceptables para quienes sostienen todas las concepciones razonables integrales éticas, religiosas o am-
35 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 bas, como principios para una concepción pública de la justicia. 20 Puede que los interpreten de formas distintas, y puede que los integren en sus propias concepciones respectivas de manera distinta: pero el hecho de que puedan hacerlo, y aprobarlos como directrices para la vida pública, es crucial para que los elijamos. De nuevo, esto es un fenómeno realista que se ve a diario, y uno cuya ausencia podemos notar vivamente en el procedimiento escéptico. Para el escéptico, el pluralismo solamente da razones para suspender el compromiso. 4 · 3 · Naturaleza del objetivo práctico Tras estos desacuerdos está el más fundamental de todos: la diferencia entre Rawls, como Aristóteles, considera que la teoría moral tiene una tarea práctica: ayudarnos a elegir una concepción política según la cual podamos vivir. En la nueva edición de El liberalismo político, deja claro lo urgente que le parece esa tarea. Si las personas de gran carácter concluyen que no se puede completar la tarea, si se distancian y se vuelven cínicas sobre la posibilidad de alcanzar un consenso que todas puedan suscribir, es posible que tengamos una vuelta a los desastrosos acontecimientos de los años treinta y cuarenta. Rawls escribe que las «élites tradicionales de Alemania ya no creían que un régimen parlamentario liberal fuera posible». Esta reacción de desconexión y pérdida de compromiso no es ajena a la respuesta que corteja el escéptico. Es exactamente lo que Rawls espera evitar, creando con cuidado un método que extraiga de nuestros procesos normales de toma de decisiones todo lo que puedan ofrecer como solución, mostrando que la elección de un régimen puede basarse en la razón en lugar de simplemente en el juego de fuerzas. Examinemos bajo esta luz el objetivo rawlsiano del equilibrio. El equilibrio es, al igual de lo que sucede con los escépticos, una condición de equilibrio en la que la razón es consciente de haber hecho su trabajo. Para Rawls, sin embargo, a este estado solo pueden llegar aquellas personas que hayan hecho el laborioso y comprometido esfuerzo de resolver el urgente problema de la elección política, y que lo hayan resuelto a su satisfacción. Esto quiere decir que una condición de equilibrio, en la cual la mente esté 20Sobre el «pluralismo razonable», véase PL , 36 y siguientes.
36 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 equilibrada entre dos alternativas igualmente poderosas, no se interpretaría desde el agente rawlsiano como una condición de equilibrio; se sentiría como un problema que hay que resolver buscando más información o criterios. Lo mismo pasa con Aristóteles: cuando hay un enfrentamiento entre dos puntos de vista opuestos, señala, el intelecto se siente como encadenado, incapaz de moverse (Met. 3.1). Para Aristóteles, el estado comparable al equilibrio de Rawls es aquel en el que sentimos la seguridad de haber preservado el «mayor número y lo más básico» de las creencias de buena reputación, al tiempo que resuelto los enigmas y contradicciones (Ét. Nic. 7.3, 1147b6-7). Entonces, y no antes, habremos «hecho suficiente demostración». El escéptico, nos tienta decir, quiere demostrar precisamente lo contrario: que la elección de un régimen (o de cualquier otra cosa) solo puede basarse en el juego de fuerzas. Y es con ese fin en mente que limita los medios que podemos utilizar para llegar a tomar una decisión. Pero tenemos que ir poco a poco, puesto que es controvertido decir que el escéptico «quiere demostrar» cosa alguna o que tiene «ese fin en mente». El escéptico insiste en que ni él ni su estudiante deben comprometerse con nada: por tanto, ni con fin ético alguno, ni tampoco con la creencia de que los procedimientos argumentativos en los que participan lleven a algún buen fin. Afirman que están siguiendo la corriente sin más, y que este es el fin que les llega por casualidad. Pero examinemos esta afirmación. Está claro, para empezar, que el escéptico anuncia su terapia al señalar su eficacia al llegar a un cierto objetivo, esto es, liberarse de las perturbaciones. Su explicación oficial es como sigue. La libertad ante las perturbaciones aparece por casualidad, como el resultado de un proceso que los escépticos resulta que están siguiendo de todas formas: porque son hombres de gran carácter que buscan la verdad, o más tarde, porque son filósofos escépticos y este es su oficio. El escéptico no busca este distanciamiento. Le sigue, como una sombra tras un cuerpo (Dióg. Laer. 9.107, Pirrón 1.29). (Apeles no estaba intentando nada la primera vez que le tiró la esponja al cuadro: simplemente la tiró por frustración, y el efecto surgió como una afortunada coincidencia). Si estos argumentos causan en su estudiante libertad de la perturbación, pues muy bien. Pero no puede enseñarlas ni elegiría hacerlas, de una manera de otra, por librarse de las perturbaciones, ya sean propias o ajenas. Porque para
37 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 hacer esto tendría que estar comprometido con un valor. Y estar comprometido es ser susceptible de perturbación. Nótese, en cualquier caso, cómo el énfasis en el valor de la libertad ante la perturbación vuelve una y otra vez. ¿Por qué el escéptico tiene una actitud escéptica ante todos los fines éticos? Según él, porque debe tener esta actitud, si quiere evitar la perturbación. Como dice Sexto: Quienes siguen la vía escéptica, que no afirman ni niegan nada de un arrebato, sino que todo lo llevan a un examen escéptico, enseñan que una vida infeliz les espera a quienes creen que hay algo genuinamente bueno y malo, mientras que a quienes se niegan a definir y a suspender «les corresponde la vida más despreocupada entre los humanos». (Mat. 11.111; véase también 112, 118, 140,161) El escéptico prefiere su camino al camino comprometido; lo recomienda. Si matiza su interés en liberarse de la perturbación, o no deja claro que este objetivo es mejor que la perturbación, entonces todo su emprendimiento parecerá bastante inútil y poco atractivo. Su estudiante solo aprenderá que parece ser que a alguien en algunos casos un procedimiento no comprometido ha resultado en libertad ante la perturbación, lo cual a algunas personas les parece algo bueno. Y es poco probable que esto consiga muchos conversos procedentes del dogmatismo. Consideremos también el papel que desempeña la ausencia de perturbaciones en el ordenamiento de todo su emprendimiento. Supongamos que la conexión entre la igualdad de fuerzas y el resultado, como dice Sexto, se descubriese por casualidad en primer lugar. ¿Qué pasó después? ¿Acaso el escéptico argumentó de cualquier manera a partir de ese momento, y esperó a que el resultado llegara, si llega, cuando resultase llegar? ¿Volvió Apeles a intentar pintar con pincel hasta que el siguiente episodio de frustración le hiciera arrojar otra esponja al cuadro? Por supuesto que no. Podemos imaginar que Apeles usó su esponja de ese momento en adelante cada vez que quiso lograr ese efecto. El escéptico, como hemos visto, elabora con cuidado e inventiva patrones de argumentación diseñados para llevar a su estudiante a un estado de equilibrio entre cualesquiera dos cosas. El procedimiento
44 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 6 · Notas Las traducciones de las obras de Sexto Empírico [al inglés] son mías. [Nota de la traductora: lo mismo sucede con respecto a mi traducción al español; y, donde ha sido posible, se ha consultado el original en griego antiguo]. Todos los textos están disponibles [en inglés] en la Loeb Classical Library con una traducción muy deficiente. Hace poco se ha publicado una excelente traducción [al inglés] de Pirrón de Julia Annas y Jonathan Barnes, y su libro (Annas & Barnes, 1985) que contiene buenas versiones de muchos otros pasajes de Sexto, así como de otros autores pertinentes para la tradición escéptica. Otros extractos pueden consultarse, en magníficas traducciones [al inglés], en Long y Sedley (1987), vol. II. 1. Para la obra de Diógenes Laercio Vidas de los filósofos utilizo de nuevo mis propias traducciones [al inglés]. En todo momento hablaré del escepticismo pirrónico ejemplificado en los escritos de Sexto Empírico; el escepticismo académico es otra cuestión, y tiene consecuencias muy diferentes para los temas que me ocupan. 7 · Referencias Annas, J. y J. Barnes (1985), The Modes of Skepticism, Cambridge, Cambridge University Press. Burnyeat, M. (1983a), «Can the Skeptic Live His Skepticism?», en Burnyeat (1983b), 117-148. Burnyeat, M. (ed.) (1983b), The Skeptical Tradition, Berkeley, University of California Press. Derrida, J. (1976), Of Grammatology, traducido [al inglés] por G. C. Spivak, Baltimore, Johns Hopkins University Press. Fish, S. (1989), Doing What Comes Naturally: Change, Rhetoric, and the Practice of Theory in Literary and Legal Studies, Durham and London, Duke University Press. Fish, S. (1994), There is No Such Thing as Free Speech, and It’s a Good Thing, Too, Nueva York, Oxford University Press. Long, A. A. y D.N. Sedley (1987), The Hellenistic Philosophers, Cambridge, Cambridge University Press.
45 MARTHA NUSSBAUM EQUILIBRIO: ESCEPTICISMO E INMERSIÓN EN LA DELIBERACIÓN POLÍTICA (TRADUCCIÓN DE MARÍA BEGOÑA MARTÍNEZ PAGÁN) Thémata. Revista de Filosofía • nº 68 • julio-diciembre (2023) pp. 13-45 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2023.i68.02 Nussbaum, M. (1990), Love’s Knowledge. Essays on Philosophy and Literature, Nueva York, Oxford University Press. Nussbaum, M. (1994a), «Skepticism About Practical Reason in Literature and the Law», Harvard Law Review 107, 714-744. Nussbaum, M. (1994b), The Therapy of Desire: Theory and Practice in Hellenistic Ethics, Princeton, Princeton University Press. Nussbaum, M. y A. Sen (eds.) (1993), The Quality of Life, Oxford, Clarendon Press. Putnam, H. (1993), «Objectivity and the Science-Ethics Distinction», en Nussbaum y Sen (1993), 143-157. Rawls, J. (1971), A Theory of Justice, Cambridge MA, Harvard University Press (TJ). Rawls, J. (1980), “Kantian Constructivism in Moral Theory, The Dewey Lectures 1980”, The Journal of Philosophy 77,515-572.