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San Pablo, misionero en España y particularmente en la Bética

Ausejo, Serafín de

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SAN PABLO, MISIONERO EN ESPAÑA Y PARTICULARMENTE EN LA BETICA (*) Por Fr. SERAFÍN DE AUSEJO, OFMCap. El Occidente ejerció en Pablo de Tarso fuerte atracción, una especie de magnetismo constante. Sus grandes viajes misionales, partiendo de Antioquía (Siria) o de Jerusalén, se proyectan siempre hacia el Oeste, especialmente hacia las costas occidentales de Asia Menor (la actual Turquía). Sólo en una ocasión intentó dirigirse hacia el Norte, hacia el Ponto (¿para saltar tal vez hacia el Cáucaso?). Pero «el Espíritu de Jesús -escribe san Lucasno se lo permitió» (Hechos 16, 7). Por la noche, Pablo tuvo una visión en sueños: un macedonio se le presentó diciéndole: «Pasa a Macedonia y socórrenos» (16, 9). Era la voz de Grecia, el grito de la e ntera Europa mediterránea, que le pedía caminar hacia Occidente para incorporar a la cultura grecorromana el nuevo fermento del cristianismo. Prim era ment e fue Grecia -por largos años y distintos viajesel campo de su apostolado. Pero aquella fuerza interior del Espíritu le impulsaba a mirar más y más hacia Occidente. Sin e mbar go, no era Roma, la capital de la Ecumene, la finalidad de sus ansias misionales. Allí esta ba ya Pe dro y existía una numerosa y floreciente cristiandad; y Pablo miraba «Co mo un punto de honor el anunciar el evange li o, pero no allí donde el nombre de Cr isto ya había sido invocado, para no edificar sobre cimiento ajeno» (Romanos 15, 20). Pablo miraba todavía más hacia Occidente, hacia España. Y así lo manifiesta desde Corinto en su carta a los Romanos (15, 28). Tales eran sus proyectos. Pero ¿los pudo realizar? Yo far- (*) La primera parte de este trabajo fue dada a conocer en una Ses ión de la Aca· dcmia Sevillana de Buenas Letras, con el título de •Enc uentro de san Pablo en Corinto con un co rd obés•, en el año 1976 . 70 FR. SERAFÍN DE AUSEJO mularía esta tesis: Los datos bíblicos indican que Pablo tuvo el decidido propósito de anunciar el evangelio en España; los documentos extrabíblicos de los siglos 1 y II y el testimonio de las diversas iglesias en los cinco primeros siglos del cristianismo demuestran que realizó efectivamente su proyectado viaje. El orden que seguiré en este trabajo será el siguiente: I. San Pablo en Corinto manifiesta, por primera vez, su propósito de viajar hasta España. - II. Certeza histórica de la realización de este viaje. - III. Hipóte sis sobre las re giones misionadas por san Pablo en España. l. SAN PABLO EN CORINTO , DONDE MANIFIESTA, POR PRIMERA VEZ, SU PROPÓSITO DF. VIAJJ).R HASTA ESPAÑA. l. El encuentro de Pablo con un cordobés en Corinto En los primeros meses del año 51 del siglo I de nuestra era , san Pablo llegó a Corinto. Venía un poco maltrecho espiritualmente. Pro ce día de Atenas. donde había sufrido el único fracaso de su vida. Había logrado predicar a Cristo en el Areópago con un discurso, un tanto retórico (por acomodarse a las circunstancias). Pablo les anun ció a Cristo muerto y resu - citado. Pero los atenienses, al oírle hablar de la resurrección, soltaron una solemne carcajada en medio del discurso. Hubo unos pocos, más educados, que con buenas palabras dijeron a Pablo: «Te oiremos hablar de esto en otra ocasión» (Hechos 17, 32). Naturalmente qu e esta ocasión nunca llegó. Sin embargo, aún logró el Apóstol ganar para Cristo a unas pocas personas . Solo, apesadumbrado y sin medios de vida , hasta pasar hambre, llegó a Corinto, ciudad tan corrompida moralmente, que no tenía, por así decirlo, más que dos dioses: el dios Dinero y la diosa Lujuria. Tr es cuartas partes de los habitantes de la ciudad eran esclavos. Pablo se acogió a la numerosa colonia judía, pero sin resultado positivo para él, a pesar de haber convertido al archisinagogo Crispo. SAN PABLO, MISIONERO EN ESPAÑA 71 Pero Dios le deparó un gran apoyo para resolver su situación espiritual y material. Fue éste un matrimonio judío, ya cristiano, que había sido expulsado de Roma por un decreto (fechado en el año 49) del emperador Claudia contra todos los judíos sin distinción. Este matrimonio se había refugiado en Corinto. Se llamaban Aquilas y Priscila. Y eran del mismo oficio manual que Pablo: tejedores de lona para tiendas de campaña. Pablo se unió a ellos. Ya tenía trabajo con que ganarse el sustento diario y también un apoyo espiritual. Gracias a esta situación, y por haber llegado también desde Macedonia sus compañeros de misión, Silas y Timoteo, el Apóstol pudo dedicarse más de lleno a la predicación. Y como no le era posible hablar en la sinagoga, alquiló una casa a un tal Ticio Justo, «temeroso de Dios», donde prosiguió sus charlas particulares y comunitarias sobre Cristo. Además del archisinagogo Crispo, «muchos de los oyentes corintios creían y se bautizaban» (Hechos 18, 8). Los judíos seguían oponiéndose a su labor apostólica. Pablo, en algunos momentos, se sentía débil ante la persecución y ante la triste situación moral de Corinto. Pero Dios lo confortó . Por la noche, en una visión, dijo el Señor a Pablo: « No tengas miedo. Sigue hablando y no te calles; que yo estoy contigo, y nadie osará hacerte daño, porque yo tengo en esta ciudad un pueblo numeroso». Y se asentó allí durante un afio y seis meses, enseñando entre ellos la palabra de Dios» (Hechos 18, 9-11). Quién era Galión Había nacido en Córdoba, hacia el año 3 a. C. Era, pues , unos años mayor que san Pablo. Su verdadero nombre fue Marco Anneo Novato, que luego, en Roma, cambiaría por el de Junio Anneo Galión, en honor de su protector romano, Junio Galión. Fueron hermanos suyos el gran filósofo Lucio Anneo Séneca, más tarde preceptor del emperador Nerón, y 72 FR. SERAF.ÍN DE AUSI:JO Marco Anneo Mela, gran geógrafo y padre del famoso poeta latino Lucano. Su s padres , cuando el futuro Galión era todavía un mozalbete, emigraron con sus hijos de Córdoba a Roma. Allí se establ ec ió su padre co mo prof esor de retórica. Esto indica que su posición económica era b astante de sa hogada y que la cultura, tanto del padre co mo de los hijos, era muy completa. Su hermano Séneca, unos años más joven que Galión, se dedicó a la Filosofía, en la qu e aún brilla como un astro de gran magnitud. Fue preceptor, como he dicho, del joven Nerón y su auxiliar en el gobierno del imperio después. Y por cierto, mie ntras Nerón se dejó influir por Séne ca , fue un buen emp era dor. Los tres hermanos brillaron en Roma por su cultura. Naturalmente que en Roma, ad e más del latín, que ya llevaban a prendido desde Córdoba como leng ua materna, aprenderían el griego, mu y común por entonces en la Urbe. Tal vez por recomendación de Sé neca , o por influencia de su padre, antes de que Nerón fu era proclamado emperador, el mayor de los tres hermanos, Novato ( = Galión), fue nombrado procónsul de Acaya (Grecia) por el emperador Claudia en el año 52, por el mes de junio , con residencia en Corinto. Era allí la suprema autoridad de la ciudad y de toda la región. Pablo y Galión frente a fr ente Año y medio llevaba ya Pablo en Corinto predicando a Cristo -y con extraordinario fruto, en conformidad con la promesa que Cristo le hicie ra y co mo se des pr e nde de sus dos importantísimas cartas a los Corintioscuando llegó allí Galión como procónsul. La ene mist ad de los judíos de la ciudad contra Pablo crecía má s y más. Y pen sa ron que, para deshacerse de él, lo mejor sería tenderl e una trampa al recién llegado procónsul, nacido en la tan lejana Bética y desconocedor del ambiente corintio, para que diera muerte a Pablo. Pero dejemos la palabra a san Lucas, quien nos cuenta el hecho así: SAN PABLO, MISIONERO EN ESPAÑA 73 «Era entonces procónsul de Acaya Galión. Y amotinados los judíos contra Pablo, lo condujeron al tribunal, diciendo: «Este tipo anda incitando a los hombres a dar culto a Dios en forma contraria a la ley» (Hechos 18, 12-13). Los judíos intentan sorprender al nuevo procónsul. Y con evidente picardía presentan las enseñanzas de Pablo como contrarias a la ley. ¿De qué ley? Naturalmente que para ellos se trata de la ley judía, que, según la entendían ellos, no podía admitir la divinidad y la mesianidad de Cristo. Pero no quieren hablar claro, por si el nuevo procónsul, a quien consideraban como desconocedor del judaísmo , cae en la trampa y condena a Pablo, incluso a la pena ca pital, como contrario a la ley romana. Pero Galión no cae en la trampa. Seg uramente , ta nto en España como en Roma, había conocido acerca del judaísmo bastante más de lo que los judíos de Corinto creían. Y rechazó abiertamente la demanda judicial. Pablo quiso defenderse personalmente ante Galión como en tantas otras ocasiones lo hiciera. Pero Galión no se lo permitió. De hecho lo defendió él mismo . San Lucas lo narra así: "Y cuando Pablo se disponía a hablar, dijo Galión a los judíos: «Si se tratara de algún crimen o mala fechoría, sería razonable, oh judíos, que me tomara la molestia de oíros. Pero, siendo cuestiones de palabras y de nombres, y de una ley que es la vuestra, allá vosotros veáis. Yo no quiem ser juez de estos asunto s». Y los despidió del tribunal» (Hechos 18, 14-16). Entonces sucedió lo que los judíos no se esperaban. El inmenso público allí reunido, al ver que Galión dejaba a Pablo en entera libertad, se volvió en masa contra los judíos, echaron mano al jefe de la sinagoga y le dieron una soberana paliza. San Lucas lo cuenta brevemente: «Y echando mano todos a Sóstenes, el jefe de la sina- 74 FR. SERAFÍN DE AUSEJO gaga, lo golpearon delante del tribunal, pero nada de esto le importaba a Galión» (Hechos 18, 17). Poca simpatía, según se ve, sentía Galión por los judíos. Pablo le pareció, seguramente, más culto, más honrado, más abierto, má s universal, y por eso re chazó la demanda judicial que le presentaban contra él. Consecuencias de este encuentro Galión se comportó según las norma s de la ju sticia romana , que permitían todas las religiones. Por eso dejó a Pablo en libertad. En virtud de la s costumbres de la época, Galión podía haber condenado a muerte a Pablo, que es lo que buscaban los judíos acu sa dóres. Pero no se dejó e ngañar y prefirió actuar según justi cia. A Galión le debió Pablo el poder seguir predicando a Cristo por todo lo ancho y largo del Imperio. Con qué mirada de agradecimiento se de spediría Pablo de aquel español que tan justamente lo había dejado en libertad para seguir su misión. ¿Sería demasiado aventurado pensar que entonces concibió Pablo la idea de sembrar el c ristianismo también en España , en la Bética, la patria de aquel justo y benévolo defensor suyo? De todas formas, la gratitud de Pablo hacia aquel cordobés que en Corinto lo había salvado de la muert e debió de ser perdurable. Pablo manifi esta su proyecto de viajar a España pasando por Roma Seis años más tarde de su encuentro con Galión escribe san Pablo, que nuevamente se encuentra en Corinto , su célebre carta a los Romanos. En ella (15, 22 -29) expone su proyecto de dirigirse hacia España pasando por Roma. Es el año 58 . Esos deseos los tiene el Apóstol «desde hace muchos años» (Romanos 15, 23). (.Cuántos? Imposible determinarlo. Pero España, por razón de sus estudios desde niño, no le era desconocida. SAN PABLO, MISIONERO EN ESPAÑA 75 Pablo no era, ni mucho menos, un analfabeto. Ya de niño había estudiado letras en su ciudad natal, Tarso de Cilicia (Turquía), donde había tambi én una bu ena uni versi dad . Junto con el griego , aprendió el h ebreo de l ab ios de sus propios padr es, fervientes judíos. Si endo tod avía un jo venzuelo, fue e nviado a estudiar la Ley a Jerusalén, d on de más tarde apare· cen tambi én una he rmana suya y un sobr ino (Hechos 23 , 16 ss.). En Je rusalén consiguió el título de Do cto r de la Ley. Si en Tarso pudo conocer ya algo del mundo que le ro· deaba , algo de geografía grecorromana (y Estrabón había escrito poco a ntes, en g ri ego, un volumen entero sobre las ti erras de E sp aña), Pablo se en cont r aría, desd e el comienzo de sus estudios bíblicos en J er usalén, con el nombre de Tarsis repetidas veces, mencionado ya en el Génesis y con má s frecu enci a en los L ibros Hist óricos y en los Pr ofetas. Y sabido es que est e nombre geográfico apuntaba a la le jana región de los «confines de Occid en te» y más c oncr e tamente hacia la Bé tica . Despu és, durant e s us and anz as misionales por toda el Asia Menor y por Grecia, se encontraría con no pocos es pañol es. Y seis años antes de escribir su car ta a los Romano s tuvo lugar su decisivo encuentro con Galión. Por todos estos motivos, bien podía decir en el año 58 que <<desde hace mu chos ai1.os» tenía concebi do el propósito de venir a España. Pe ro él considera este prop ós ito como un mand ato especial de J es ús . Y ya en Chipre (año 45) había considerado como dic has a él por el Se ñor la s pa l abras de I saías (49, 6): «Te he const ituido lu z de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra» (H ec hos 13, 47). En tres ocasiones narra P ab lo su c onv ersi ón en el ca min o de Damasco, y en las tres r epite la m isma idea: Jesús le encarga que lleve su Nomber, caminando si empre haci a Occid en te, has ta los extremos del mundo entonces conocido (Hechos, capítu l os 9; 22 ; 26). M ás tarde, por otr as circ un stan cias de su vida y por encuentros c on dive rsos p erso naj es (entre e llo s Gali ón) a lo largo de s us corr er ías apostólicas, su proy ecto de viaje hispano se 76 FR. SERAFÍN DE AUSEJO ma madurando, hasta poder escribir en el año 58 que ya hacía muchos años que había proyectado tal viaje. Roma será solamente un alto en el camino, porque Pablo tiene s us principios para organizar sus viajes misionales y a ellos se atiene . Dice que mira « ... como un punto de honor el anunciar el Evangelio, pero no allí donde el nombre de Cristo ya había sido invocado, para no edificar sobre cimiento ajeno» (Romanos 15, 20). Y como en Roma había ya muchos cristianos convertidos por san Pedro, él iría a Roma solamente de paso, con el fin de dirigirse luego a regiones que, como España , todavía no conocían a Cristo. Inclu so espera que los romanos le ayuden· y algunos le acompañen hasta España . «Por eso precisamente me veía impedido tantas vecés de llegar hasta vosotros. Pero ahora, no teniendo ya campo de acción en estas regiones, y teniendo, además, desde hace muchos años, vivos deseos de llegar hasta vosotros, espero veros a mi paso, cuando emprenda mi viaje a España, y ser encaminado por vosotros allá, después de haber disfrutado un poco de vuestra compañía» (Romanos 15, 21-24). En Asia Menor y en Gr ecia no tiene ya el Apóstol campo de acción. En todas aquellas regiones ha misionado, él el primero y único , conforme a su propó sit o. El desbrozaba el terreno , fundaba comunidades cris tianas y dejaba encargados de ellas a algunos de sus subalternos. Y aunqu e tantas veces se ha visto impedido de lle gar hasta Roma -bien entendido que será siempre de paso-, ahora vislumbra la posibilidad de llegar allí con motivo de su an helado viaje a España , donde espera ser encaminado por los mismos romanos, que tanta comunicación tenían, especialmen te con la Bética. Sólo se impone un pequeño retraso . Como en Grecia ha recogido abundantes limosna s para la empobrecida iglesia de SAN PABLO, MISIONERO EN ESPAÑA 77 Jerusalén, quiere llevarlas él personalmente allá, para realizar después su viaje. Así lo escribe él: « De momento me encamino a Jerusalén, para realizar un servicio a aquellos hermanos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta en beneficio de los pobres que hay entre los hermanos de Jerusalén. Tuviéronlo a bien, y aun tenían esa misma deuda con ellos. Porque, si los gentiles participaron de sus bienes espirituales, deben a su vez servirles con sus bienes temporales. Así pues, en cuanto haya c umplido este encargo y haya consignado en sus manos esta colecta, me encaminaré a España pasando por vosotros. Y sé que, yendo a vosotros, iré con la plena bendición de Cristo» (Romanos 15, 25-29). El propósito de Pablo es firme, decidido. En su expres10n nada hay de dubitativo. Dice simplemente, con un futuro absoluto: «Me encaminaré», iré, marcharé por medio de vosotros. Todo lo tiene ya determinado. Pero lo que Pablo no sabía al escribir estas palabras era lo que le esperaba en Jerusalén. Allí los judíos promoverían contra él un violento motín, del que a duras penas salió con vida (Hechos 21, 30-40). Y ahora, inesperadamente para él, se intercalan casi cinco años de prisión entre la de Cesarea y la de Roma . Dos años pasó prisionero en Cesarea de Palestina , inactivo exteriormente. Su espíritu batallador seguramente se consumía en la inactividad de la prisión. El procurador romano Félix lo retenía, aunque lo admiraba, porque esperaba obtener de él una fuerte suma de dinero para concederle la libertad. A los dos años de prisión llegó a Cesarea el nuevo procurador Festo. Pablo, al ver que su cautiverio se prolonga, apela al tribunal del César, a lo que tenía derecho por ser ciudadano romano. Probablemente hubiera quedado absuelto ante el tri - bunal de Festo, pero está más seguro de su libertad apelando al César. Y por otra parte, yendo a Roma por cuenta de la administración imperial, tiene también realizado parcialmente su proyecto: pasar por Roma para venir a España. Así que, 84 FR. SERAFÍN DE AUSEJO S. El testimonio del mismo san Pablo Concretamente en el año 67 del siglo r, Pablo se encuentra de nuevo en Roma , prision ero por segunda vez. Ahora no tiene ya esperanzas de salir con vida de su prisión. En estas circunstancias, repasando en su mente el curso de su vida y la misión que Cristo le encomendara de ll eva r el evangelio a todos los gentiles, escribe a su fiel dis cíp ulo Timoteo una segunda carta que con razón suele ll amarse «el testam e nto de Pablo». En ella recuerda breveme nte el Apóstol la actuación de toda su vida y sus andanza s, siempre predicando a Cristo. Y a manera de r esumen de esa vida, escr ibe la siguiente frase lapidaria: « . .. he realizado hasta el final mi carrera», TON DROMON TETÉLEKA ( Segunda Carta a Tim oteo 4, 7) . No faltan autores que, valiéndose de la más o menos am - bigua traducción latina de la Vul ga ta , e ntiend en esas palabras co mo si Pablo dijera que le ha llegado ya el fin de su vida . Pero el original griego, con t oda la fuerza del perfecto TETÉ - LEKA, tiene, a mi modo de ver, mu cho más valor. Lo que el Apóstol expresa es que se siente satis f ec ho po r haber podido realizar todos sus prop ósitos. Y como en tre ellos estaba el de venir a España, paréc eme muy claro que con esas palabras está afirmando que también pudo realizar su anhelado proyecto de predicar a Cri sto en el ex tremo de Occidente. Ante esta abundancia de doc um entación histórica de primera mano, paréceme que hoy no es lícito dudar de la venida del gran Apóstol a nue s tr a Patr ia . El se mbró entre nosotros la fe de Cristo, y desde entonces España, gracias a él, empezó a ser cristiana. SAN PABLO, :\USIO NERO EN ESPAÑA lll. HIPÓT ESI S SOBRE EL POSIBLE ITI NERA RIO Y SOBRE LAS RE GIO NES MISIONADAS POR PABLO EN ESPAÑA l. Posibles itinerarios seguidos por Pablo 85 Tr es eran las principales vías de comunicación entre Roma y España . Del centro de la misma Roma partía la gran vía imperial llamada vía Aurelia. Es el nombre que todavía se conserva hoy . Junto a las murallas del Vaticano comienza una calle, algo e st r echa y tortuosa, llamada vía Aurelia, que enlaza en las afu eras de la Ciud ad con la carretera que sigue hacia el Norte y qu e conserva el mismo nombre. Esta gran calzada romana subía por la orilla del mar hacia Liguria, costeaba luego el sur de Francia, pasando por encima de Marsella y por Arlés, Nimes y Narbona, y terminaba en el Pirineo oriental. Aquí enlazaba con la gran vía Augusta, así llamad a porque fue reconstruida por Augusto, la cual llevaba antes el nombre de vía Hercúlea, pu es to que terminaba en las Columnas de Hércules. Entraba, pues, en España por La Junquera o sus aledaños, continuaba hacia T arragona, bajaba por todo el Levante y luego se internaba por la parte septentrional de Sierra Nevada, has ta llegar a Córdoba, Sevilla y terminar en Cádiz. También existían dos línea s marítimas regular~s en tiempo bonan cible. El mar estaba abi e rto de sde la primavera hasta fines de otoño . Una de esas líneas regulares partía de Ostia, se dirigía a Tarragona y hacía la travesía en cuatro días; otra, desde el mi s mo puerto apuntaba hacia Cádiz y empleaba siete días de navegación. Así lo atestigua Plinio, contem poráneo de san Pablo. ¿C uál de estas tres vías -la terrestre o una de las dos marítima sescogió Pablo para venir a España? No hay datos seguros. Todo son suposiciones. Desde luego, Pablo era - un buen andarín. Bien lo demostró, a pesar de su sa lud un tanto quebradiza , a lo largo de sus extensos viajes misionales, siempre a pie, por el Asia Menor y por Gr ecia. Se calcula que anduvo, por lo menos, unos 6.000 kilómetros , sin contar más qu e los viajes que nos relata san 86 FR. SERAFÍN DE AUSEJO Lu cas en su libro de los Hechos de los Apóstoles. No tenía, pue s, miedo a las grandes caminatas a pie. Pero tam poco le arredraba el surcar l os mares, a pesar de la inseguridad de las naves de su época. Lo demostró repetidas veces embarcándose para volver de sus viajes misionales a su punto de partida, generalmente Antioquía de Siria, bien des de Asia Menor o bien d es de Grecia. Y el viaje desd e Palestina a Roma , ya como pris ionero, también lo hizo por mar, con el bien conocido naufra gio en Malta, como cuenta el libro de los Hechos (capítulos 27 y 28). San Pablo queda libre de su primera pns10n romana en la primavera del año 63 de nu estro siglo r. La primavera era el ti emp o apropiado para qu e los armadores de O st ia comenzaran a desamarrar sus naves, a nclada s durante el invierno, y restablecieran sus trav esías por el Mediterráneo. Si e! Apó stol se decidió a venir a España por mar , se acercaría a Ostia para contratar su pasaje y re alizar la tra vesía. P ero ¿qué rumbo escogería: el dir ecto a Cádiz o el d irecto a Tarragona? 1) El viaje direct o por mar hacia Cádiz par ece el meno s probable. Y lo juzgo así, porqu e no hay de ello el menor indicio. De hab er desembarcado en Cádiz, habría comenzado inmediatament e su misión y al gún vestigio de su actividad misionera habría quedado en esta región. Si hubi era empezado a misionar por Cádiz, continuan do luego hacia Sevilla, Carmona, Ecija y Córdoba, habría ido jalonando con comunidades clave toda Ja región, según su cost umbr e, y habría puesto al frente de esas recién fundada s co munidades a algunos encargados de mantener la floración de la sem illa cristiana por él plantada. Pero en tod a esta región no hay indicios de qu e haya h ab ido algún discípulo inmed ia to del Apóstol, coloc ado por él al fr en te de alguna iglesia. Existe cierta tradición de que Pablo predicó en Ecija. P ero he pro c urado cerciorarme de su antigüedad y v eo que no va más allá del siglo XVI. Además, si estuvo en Ecija , bien pudo ser haciendo su viaje al revés: desde las costas de Almería (como más adelante indicaré). SAN PABLO, MISIO NERO EN ESPAÑA 87 2) Mayores posibilidades, aunque no certeza, tiene el viaje d irec to p or mar desde Os tia a Tarra gona. Ya vimo s a nt es el testimonio del apócrifo titulado «Hechos de Pedro», del siglo n, aunque en él no se indica hacia qué pue rto españo l se diri gió Pabl o. M ás br eve, p ero sin viso alguno de l eyen da , es el t estimo nio de san J eró n imo , aunque tampoco determina el pu er to de arribada a nuestra Pa tria. Después de afirmar varias veces en diver sos lu gares de sus obras bíblica s que el Apó stol pred icó en Españ a, escri be esta frase terminant e: «A la s Españas lo lleva ron na ves de extranje ros». Y san J erónimo , cuando hacía es tas a fi rmaciones h istór icas, solía documentarse bien, sin fundarse en leye nda s de escr ito s apócrifos. No me parece admisible que a las naves romana s l as ll amara «naves de extranje ros». P refiero pensar qu e esas naves eran de armadores esp añoles -y consta qu e en C ád iz las constr uían para el co mercio de Esp aña con Roma-. Pero el h echo cierto es que san Jer ón imo afir ma qu e P ablo vino a Esp aña por mar. ¿A dónde arribó? Para mí, Ta rragona tiene más probabilidade s qu e Cádiz. Y me fundo en un hecho, hoy perfectamente d emost r ado . En Tarragona existió una com unidad c ristiana mu y fuerte y arraigada desd e los primeros tie mpos del cristiani smo. Así hay qu e suponer lo por el h ec ho de que en el siglo JH, concre tamente ya pa ra el año 259, tuviera un cement erio propio, una n ecróp olis cri stia na, lo cua l supone un cristian ismo muy antig uo, seguramente de or i ge n apostólico. Por co nsi gu i en te, uniend o los datos del viaje de Pablo por mar hacia España con los des cu b rimien to s arqueológicos y epigráficos de la pre sencia del cristian i smo en Ta rra gona, lo más lógi co parece ser que esta ciudad fue la p rimera tierra española qu e el Apóstol pisó al desembarcar de la na ve que a España lo t rajo . 3) El viaje por tierra, desde Rom a, a través de todo el Sur de Fr anc ia por la vía Aurelia ap en as parece comprensible (y rec uérdens e los datos apun ta do s a nt er iormente sobre el viaje por mar) , puesto que no ha y vestigios de comunida des fund ad as por Pablo a lo largo de l as importantes ciudades que 88 FR. SERAF1N DE AUSEJO la vía Aurelia atravesaba. Y siendo cierto que él siempre iba jalonando el te rreno con la fundación de com unid ades creyentes, no se ex plicaría cómo pa só por todo el Sur de Francia hasta Tarra gona, sin más. Sólo en Narbona existe un documento papal de que Pablo misionó allí. P ero es de é poca tan tardía (plena Edad Media), qu e no par ece pasar de simple leyen da . De todo lo expu esto deduzco que san Pablo se embarcó en O stia y que llegó a E spa ña por mar, par a desembarcar muy probablem en te en Ta rrag ona . 2. Acti vidad de Pablo en Tarragona y su viaje hacia la Bética De la a ctivida d de P abl o en la impe rial Tarr aco, nada concreto se pu ede asegurar. Desde luego, había en Tarragona no pocos comerci antes judíos que tendrían sus s ina gogas. Y sabido es qu e Pablo solía dirigirse, en cua lqui era ciudad donde empezaba a anunciar a Cristo, primeramente a las sinagogas de los judío s, y despu és a la s reuniones de los gentiles. Era su norma de apostolado. Su predi cac ión allí es la mej or explicación qu e puede darse al h ech o del floreci ente c ristian ism o qu e hubo en es ta ciudad desde los primeros siglos. Co mo recuerdo de su paso por Tarr ago na existe ho y, dentro del patio del Seminario , una capilla román ico-góti ca erigida en h onor de l Ap ósto l precisamente en el lugar desde donde, según se supone, pr edicó a los tarraconenses 6• Pe ro el término de su viaje por E spaña no se ría esta ciu - dad. El quería lle gar hasta «el ex tr emo de Oc ciden te», c omo Cristo se lo había encomendado, es decir, hasta la Bética. Pudo ha cer el viaje por tierra o por mar . Por tierra , si - guiendo la vía Augu sta ya antes indicada. Por mar , e mba rcan do en la misma Tarragona y continuando por el lito ra l le vantino ha s ta desembarcar en alg ún puerto de la costa de Almería, 6. En Tarra gona se ce l ebra la fie&ta de san Ser gio P au l o, que habría sido compañero de viaje de l Apóstol y a quien éste h abrfa dejado a ll í por obispo (Duno wY , ob. ci r .. pág. 78, nota 2). SAN PABLO, MI SIONE RO EN ESPAÑA 89 donde acababa la provincia T arraconense y comenza ba la Bética. ¿Cuál de las dos ru tas escogió? Si escogió la gran calzada de la vía Augusta , pasaría p or Tortosa, Sagunto, Valencia, y seg ura mente se ll egar ía a Cartagena, para con tinu ar despu és hac ia Acci ( Guad ix), que probablemente fue el centro de su aposto l ado en est a r eg ión . Lu ego seguiría la misma ruta hacia Andújar , co n miras a p redicar en Córdob a y Sevilla, o sea, en toda la c uenca del Guadalquivir. Pero hay una dificultad no pequeña co ntra la idea de qu e hubiera seguido este camino . Y ello es q ue ni en Tor tosa, ni en Sagun to, ni en Valencia, ni en Carta ge na hay vestigios claros del posible paso del Ap ósto l por esta ciudades. Si por ellas hubi e ra pa sad o, no habría d eja do de predicar en ellas a Cr isto, seg ún su costumbre de ir jalonan do su c amino con fundacione s de nu evas iglesias, y de poner en ellas sustitutos que continuaran su obr a. Ve rd ad es que en T or t osa parece qu e hay una tradición de que allí d ejó san Pablo, c om o enc ar gado de aque lla iglesia, a Rufo, nombre qu e figura entre los sa ludados po r el Apóstol al final de su carta a los R omanos. P ero esta tra dici ón es muy in seg u ra. En cuanto a Sa gu nto, Val enc ia, Carta gena, nada existe q ue pu eda acreditar el p as o de P ablo por estas ciudades. Acerca de su estanci a en el pueb lo de Lezuza (Albacete), he le ído un opúscu lo del siglo xn r, qu e no aporta la menor seg uridad de la presencia de Pablo por allí. T odo par ece fruto de l eyendas medi evales sin fun dam ento. Por todo ello me inclino más bi en a pen sar que P ab lo se diri gió de sd e Tarra go na hacia lo que co nstituía el programa de su viaje a España , «el ext re mo de Occi dent e» (la Bética), por mar. Si l as céle bres nav es ga ditanas podían compet ir co n l as nav es romana s para cruzar el M ed iterráneo h asta Os tia ( Roma), nat ural men te qu e harí an también el servicio de cabo taj e. Por todo ello pienso qu e P ab lo se e mba rcó en T arragona con rumbo hacia algún pu erto de l a· Bética, au n cu ando no que dar ía inactivo si tocaba en algún puerto de la t ravesía , como pud o ser Tortosa, y así se explicaría qu e allí d ejara a 90 FR. SERAFÍN DE AUSEJO Rufo. Pero su de s tino era la Bética. El desembarco bien pudo ser el golfo de la antigua Urci, junto a la actual villa de Huércal (Almería). En este golfo comenzaba la provincia romana Bética. Y poco más tarde, en Urci quedó, como sucesor de Pablo, san Indalecio, hoy patrono de la cercana población de Pechina. Fue uno de los siete varones apostólicos, consagrados obispos y enviados por Pablo a la Bética durante su segunda prisión romana (años 66-67). Paréceme, pues, más probable que Pablo hiciera su viaje de Tarragona a la Bética por mar, costeando todo el litoral levantino. Sé que todo esto es meramente hipotético . Pero son no pocos los indicios que a ello obligan . En primer lugar, la Bética, en toda su extensión, era la provincia más romanizada de toda España. Llevaba casi doscientos años sometida plenamente, y pacíficamente, a Roma. La lengua, la cultura y las costumbres romanas se habían difundido totalmente por esta región. El comercio con Roma desde la Bética estaba a la orden del día. Sabido es que en el monte Testaccio de Roma, formado artificialmente por los montones de vasijas, ya inútiles, que traían a la capital del mundo los productos de todo el Imperio, se han encontrado muchas ánforas de barro con la marca de fábrica. Es ta ban fabricadas en Astigi (Ecija) para llevar aceite a Roma, o también en la re gión de Jer ez, sin duda para transportar vino hasta la Urbe. Reunía , pues, la Bética las mejor es condiciones para la labor apostólica de sembrar en ella el cristianismo , como las reunían las diversas regiones de Grecia misionadas por Pablo. Otro indicio es que Pablo nunca se dirigía a las provinci as entonces llamadas «imperiales», es decir, aquellas en las que todavía luchaban los ejércitos del C ésar o en las que éstos actuaban, por no estar toda vía plenamente dominadas. Siem - pre se dirigió a las provincias «s e natorial es», o sea, a las qu e, por es tar totalmente en pa z y sin necesidad de la presen cia de los ejércitos romanos, dependían, en cuanto a su gobierno, dire c tamente del Senado romano. Y en esta condición se encontraba la Bética desd e h acía casi doscientos años. Por otra part e, los judíos siempre fueron buenos com er- SA:-1 PABLO, MI SIO NERO EN ESPAÑA 91 ciantes . Y de su pr ese ncia en la Bética, incluso en lo s años precedente s a la vida del gran Apóstol, hay do cumentos e ins· cripcione s. Precisam e nte en Córdoba se encontró un po zo, en cu yo bro cal figurab a es ta senc illa in scri pción , c opiada por Hübner: «Pozo de Thaddai», nombre ev identem e nte judío, escrita en latín con le tra s de la é po ca de Augu s to 7• P osteriorme nte a san Pab lo, ta mbi én en Adra (Almería) hubo una colonia de judíos. Así se dedu ce de una inscripción latina de principios del siglo m allí enco ntrada, referent e a una niña que s ólo vivió un año, c uatro me ses y un día. Su nombre era « Anna Salomonula », y en la lá pida sep ulcral se ha ce cons tar la raza y la religión de sus padres, pu esto qu e e xpresam e nte se di ce qu e la niña era «iudaea». Seguramente que en el año 49 de nuestro primer siglo, cua ndo el emperador Claudio ex pul só de Roma a todos los judíos (cr is tianos o no), mientras muchos de ellos tomaron el camino de Orient e (así el sa nto matrimonio de Aquil as y Priscila , a quien es el Apóstol e ncontró en Corinto), otros tomarían el camino ha c ia la provincia má s roma nizada y en tranquil a paz , c ual entonces era la Bética . 3. Llegada de Pablo a fo Bética y su a post olado en ella S eg ún mi s suposiciones, P ab lo desem barca en el extremo Su r de la Tarracon ense y al comienzo de los lím it es de la p rov incia ro m ana Bética (Norte de la actual provincia de Al - mería). Des de aquí, ya a pie, se dirige h aci a el Oes te , por l as actuales p rov inci as de Alm er ía, Gran ad a y Jaén, hasta alcanzar el valle del Guad a lqui vir. Es la hi s toria del p rimiti vo cristianismo bético la que nos traza este ca mino. Va mo s a exa minar los datos qu e se pueden rastrear de la historia de los Siete V aro nes Apostólicos. Existi ó en los primeros sigl os del c ristianismo un a tradición refl eja da en oc ho ca l en d arios m ozára bes que se conservan, copiados en el siglo \'TU, pero cu yo ori gen se re monta hasta el siglo v por lo menos 8. 7. Corpus i11scription11m lati11aru111, tomo II , n úm. 2232 . (8) Z. GARCIA V1LLADA, Histo r ia eclesil!stica de Espaiia, tomo J/ l. • parte , Madrid . 1 929. págs. 147-168 , ofrece un est ud io exhaustivo y seguro acerca del origen y de la \'C ra cidad 92 FR. SERAFÍN DE AUSEJO Según ellos, los apóstoles Pedro , y Pablo (durante la segunda cautividad romana de éste, año 66-67) consagraron obispos a siete discípulos de Pablo, que desde Roma fueron enviados a misionar en España. Pero nunca debemos olvidar el principio apostólico que Pablo seguía en sus misiones , según se desprende de los libros sagrados del Nuevo Testamento . Su principio era que él sería siempre el prim er o en predicar a Cristo donde aún no era conocido y fundar iglesias en las ciudades que él misionaba. Después, al dirigirse a otras ciudades, dejaba en las ya misionadas a algunos discípulos suyos que continuaran su obra, o enviaba pronto, desde luego, a otros discípulos para tal fin. En suma: él desbrozaba el terreno, sembraba la semilla, y luego dejaba en cada lugar a algunos discípulos, para que cultivaran la siembra y recogieran el fruto. Y siendo esto así, como lo es, la región en la que se establecieran esos discípulos, ésa sería la región que previamente había recorrido san Pablo. Así sucedió en Efeso, en Galacia, en Creta. Veamos, pues , en qué región se establecieron esos «Siete Varones Apostólicos» (como se les llama desde hace muchos siglos). Y en primer lugar, los nombres con los cuales son venerados por la Iglesia. Son éstos: Torcuato, que siempre figura como jefe de la expedición. Lo siguen Tesifont e, Indal ecio, Segundo, Eufrasia, Cedlio y Hesiquio. Todos ellos son nombres grecorromanos, m enos Indalecio, que es típicamente ibérico. Los lu ga res o ciudades en los qu e se esta bl ecen (y do y los nombres latinos y sus correspondient es en la geografía actual) so n éstos: san Torcuato se queda en Acci (Guadix); san Tesifonte, en Vergi {hoy segu ra me nt e Berja, Almería); san Indalecio, en Urci, en el golfo donde probablemente desembarcó san Pablo (junto a Huércal, Almería, nombr e derivado .del latino Urci; pred same nte allí comenzaba la provincia romana Bética); san S egu ndo, en Abula (que corresponde al pueblo de Abla, h istórica de la narración de los •Siet e Varones Apostólicos•. J. VIVES, La "Vi ta Torquati et comitum•. en •Analec la Sacra Tarraconensia>, 20 (19 47), págs. 223-230, y en otros escritos suyos pone en duda la a ut enticidad y la veracidad his tór ica de esos calen darios mozárabe s. En realidad, la postu ra de J. Vives la había ya ref ut ado, y firmemente, R. Tom'E:<OT , Essai sur la provi11ce romaine de Bétiqt<e, Parí s, 1940 , pág . 307. Lugar es o ciudades donde se establecieron lo s Siete Varones Apostólicos y donde prev , iamente habria misionado san Pa b lo . rn > z "d > °" _s = rn .... o z m :.;i o [rl z ¡}¡ ~ Z• ;¡;. ~