El servicio Andalucía orienta desde la perspectiva de sus usuarios y personal técnico. Factores facilitadores e inhibidores de buenas prácticas en orientación profesional
Full text
TESIS DOCTORAL
E L S E R V I C IO A N D AL U CÍA O R IE N TA DE SD E LA
P E RS PE CT I V A D E S U S U SU AR I O S Y P E RS ON AL
T É C N I C O . F A C TO RE S F AC ILI T A D OR E S E
IN HI B ID OR E S D E B U EN A S P RÁ CT ICA S E N
O R IE N TA CIÓ N P RO F E S I O N A L
Luis Miguel Almagro Gavira
Universidad de Se villa , 2017
El trabajo de inve stigació n se inscribe en un proyecto más amp lio financiado por el
Ministerio de Ciencia e Innovación en la convocatoria de 2010 (referencia: ED U2010 - 21873 -
C03-01), titulado “La orientación del pro yecto vital y pro fesional en la edad adu lt a: análisis de
necesidades, valorac ión de servicios para el emp leo e identificación de buenas prácticas” y
dirigido por la Dr a. M . T e resa Padilla -C armona . Dicho pro yecto preten día apr oximarse de
forma sistemática y holística a las necesidades de orien tació n profesional más allá de l
sistema educativo re glado, con el fin de ofrecer información exhaustiva -has ta el mo mento
inexistente - para la interven ción en este campo. Asimismo, se analizan los servicios de
orientación en cinco comunidade s autóno mas ( Anda luc ía, Aragón, Canarias , C astilla y León
y G alicia) prestando aten ción a sus modalidades y formas de inte rvención, así com o a la
detección de bue nas prácticas. El e studio que aquí se pr esenta se inserta en e sta segunda
finalidad de evaluación de servicios y p r ogramas de empleo , enfocándose en la comu nidad
autónoma andaluza, con cretamente , en el Pr ograma Andalucía O rienta.
Los resultados y conclusi ones de esta tesis identifican condicion antes del uso de
buenas pr ácticas en o rientación profesio nal, sac an a la luz e l se ntido en el que el Programa
Andalucía Orienta se gestion a y dota de re cursos conforme a las rec omendacion es
internacion ales, e identifi ca e n qué me dida las a ccion es que en el mismo se implemen tan
respon den a las n ecesidade s de los usuarios que at ien den y apo rtan valo r, a ellos y al
conjunto de la sociedad.
Departamento de Métodos de Investigación y
Diagnóstico en Educación
Tesis doctora l
El servicio Andalucía Orienta desde la
perspectiva de sus usuarios y
personal técnico. Factores
facilitad ores e inhibidores de buenas
prácticas en orientación profesional
Doctorando
Luis Miguel Almagro- Gavira
Directora
María Teresa Padilla-Carmona
Sevilla, 2017
Este trabaj o ha sid o posible gracia s a la
ayuda y ap oyo de mu chas p ersonas, alg unas de
forma con sciente, otra s, quizás sin saberl o.
Quiero agr adecer a Mayte Padil la,
directora del mismo, creer e n mí para su
ejecución, sus ense ñanzas, y s obre todo su
muestra de confianza perm anente y paciencia .
A mi familia, especi almente a mi padre ,
por mostrarme siempre u na visi ón diferente y a
la vez su ilu sión y a poyo en todo proye cto en el
que me emb arco, que t an n ecesario me ha si do
en algunos m oment os con esta te sis.
A Carolina , por su a mor incon dicional,
compañía, ánimo y comprensió n con stante, a
quien más que agradecimi ento le debo una
disculpa, p or el tiemp o roba do estos años.
A Nuria, por darme o portuni dades de
experiment ar la interve nció n dire cta de la
orientación, que tan útiles me han sido, y sobre
todo por su compañeri smo y flexibil idad en el
trabajo par a permitirme alcanz ar mis o bjetivos.
No pued o olvidarme de los
colaboradore s y su ayuda d esinteres ada,
especialmente de María Jos é, por inv olucrar se
tanto como la he nece sitad o, y a todos l os
participante s.
Gracias por hacérmelo fácil .
Ín dice
INTRODUCCIÓN
1
Capítu lo 1. LAS PERSO NAS ADULTA S Y SU S
NECESIDADES EN L OS PROCESOS DE
TRANSICIÓ N EN EL D ESARROLLO DE LA
CARRERA P ROFESIONAL
9
Introducción cap ítulo 1.
11
1.1. TRANSICION ES Y ORIE NTACIÓN PROFESION AL
12
1.1.1. LAS PERSONAS A DULTAS Y SU DESARR OLLO
PROFESIONA L
12
1.1.2. TIPOS D E TRANSICIO NES Y CARAC TERÍSTICAS
16
1.2. LAS NECESIDA DES DE ORIEN TACIÓN PARA LA CA RRERA E N
LA EDAD ADU LTA
27
1.2.1. NECESIDA DES DE ORI ENTACIÓN DE LAS
PERSONAS A DULTAS
35
1.1.2.1. De mandas del mer cado de trabajo
36
1.1.2.2. Tip os de carrera s profesi onales
44
1.1.2.3. Perfiles laboral es de de mandantes d e
orientación pr ofesional y empleabilid ad
49
1.1.2.4. Síntesis
53
1.2.2. NECESIDA DES DE ORI ENTACIÓN DESDE EL PUN T O
DE VISTA DE LAS ORGAN IZAC IONES
55
1.2.3. EL PA PEL DE LA ORIEN TACIÓN PROFESI ONAL
ANTE LAS NEC ESIDA DES DE LAS P ERSONAS
ADULTAS
58
1.3. APORTACI ONES DE LA ORIEN TACIÓN PROFESIONAL AL
DESARROLLO DE LA CARRE RA PROFESI ONAL Y VITA L EN
LA ADULTEZ
61
1.3.1. ORIENTACI ÓN PROFE SIONAL Y ORIENTACIÓN
PARA LA CARR ERA
68
1.3.2. ENFOQUES Y TEORÍA S DE ORIEN TACIÓN
PROFESIONA L
70
1.3.2.1. Enf oque descrip tivo
72
5.3.1.3. Los S PE infor man a las pers onas
desempleadas de la existen cia de los
servicios de orientación
433
5.3.1.4. Los usuari o s conoc en la obligat oriedad
de acudir a las sesiones de orientaci ón para
cobrar las presta ciones
434
5.3.1.5. Difusi ón a tra vés del boca a boca entre
usuarios
435
5.3.1.6. Infor mación sobre el servici o de
orientación a través d e la formación
436
5.3.1.7. Inter és mercan til de la difu sión del
servicio
437
5.3.1.8. Obligat oriedad de la cita pre via
438
5.3.1.9. Modalid ades de s olicitu d para ob tener
las citas
438
5.3.2. PROTOC OLO DE ACT UACIÓN CON LOS USUARIO S
441
5.3.2.1. Factore s que de terminan la
conveniencia o no del uso del protoc olo y
el número d e sesione s a dedicar a cada fa se
del proceso
444
5.3.2.2. Recepci ón, acogid a de lo s usuario s.
Información s obre el s ervic io y adaptaci ón
del mismo a la s necesidad es de és tos
448
5.3.2.3. Recogida d e información y análisi s.
Entrevista en pr ofundidad : estructura,
duración y recurs os necesa rios
451
5.3.2.4. Det ección de existencia de objetiv os
profesionales, diagnóstic o para el e mpleo y
diseño del IPI
456
5.3.2.5. Plan ificaci ón del IPI
458
5.3.2.6. Segui mient o del IPI
459
5.3.2.7. Finaliz ación del IPI
462
5.3.2.8. I mportancia de la i mplicación de
técnicos y usuari os en todo el pro ceso
463
Capítu lo 6. Conclusiones
467
Introducción capítul o 6
469
6.1. DISCUSIÓN
472
6.1.1. GESTIÓN DE LOS S ERVICIOS DE
ORIENTACIÓN QUE IMP LEMENTAN E L
PROGRAMA AN DALUCÍA ORIEN TA
472
6.1.2. UNIDA DES DE ORIEN TACIÓN. RECURSOS
DEL PROGRA MA ANDA LUCÍA ORIEN TA
484
6.1.3. EL PR OCESO DE ORIE NTACI ÓN
PROFESIONA L BASADO EN LOS ITINERA RIOS
PERSONALIZA DOS DE IN SERCIÓN. MECANIS MO
PREFERENTE PARA EL AC CESO A LOS RECU RSOS
DEL SERVICIO AN DALUZ D E EM PLEO
492
6.2. LIMITACI ONES DEL EST UDIO
500
6.3. PROSPECTIVA D E LA IN VESTIGACIÓN
502
Bibliofrafía
505
➢ Índ ice de cuad ros
Cuadro 1.1: Comparaci ón de distin tos mod elos de fa ses en
las transici ones descrit os por Schl ossberg (19 84)
20
Cuadro 1.2: Transici ones profesi onales
26
Cuadro 1.3: Necesidades p ara la inserci ón, mant enimi ento
y mejora de la carrera pr o fesional, según lo s
perfiles de la o ferta de e mpleo en Españ a (20 16)
39
Cuadro 1.4: Actitudes fun damental es para bu scar,
encontrar, mantener y crear trab ajo
40
Cuadro 1.5: Factores soci odemográfic os que pued en
condicionar las ne cesidade s de orientación para l a
carrera
41
Cuadro 1.6: Clasificaci ón de la Población Ac tiva
45
Cuadro 1.7: Tipos de c arreras profe sionale s
46
Cuadro 1.8: Capacidades clave para e l éxit o de la carr era
proteana
48
Cuadro 1.9: Perfiles lab oral es de personas demandan tes de
orientación
50
Cuadro 1.10 : Principales n ecesidades para el de sarroll o de
la carreara de l o s adultos
54
Cuadro 1.11 : Aspect os a ten er en cuenta desd e la
orientación para atender a las necesidad es de las
organizacione s
56
Cuadro 1.12 : Propuestas d e intervenci ones ante la s
necesidades de orienta ción para la carrera
59
Cuadro 1.13 : Teoría del enfoque S ocio -feno menológi co de
Super (195 7, 1983…)
77
Cuadro 1.14 : Teoría del enfoque de aprendizaje social para
la toma de decisi ones de Kr umboltz (1 979,1996)
80
Cuadro 1.15 : Teoría del enfoque S ocio -cogniti vo de Lent y
Brown (199 4) y Lent, Bro wn y Hackett (1 996)
82
Cuadro 1.16. Finali dad del Bd C
94
Cuadro 2.1: Servicios ofreci dos por los SP E a nivel
internacional
105
Cuadro 2.2: Servicios Públicos de Empleo aut o nómicos y
año de traspas o de compe tencias en p o líticas
activas de empl eo
122
Cuadro 2.3. Ser vicios pres tad os en el Servici o Públi co d e
Empleo Estatal
123
Cuadro 2.4. Modificacione s de la ORDEN de 26 de
Septiembre de 2014, s obre la OR DEN de 26 de
diciembre de 2007 por la q ue se desarroll an los
Programas de Orientaci ón Profesional, Itin erari os
de Inserci ón, Acciones Experim entales, Estudi o s y
Difusión sobre el Mer cado de Trabaj o, Experiencias
Profesionales par a el E mpleo y Acompañ amiento a
la Inserción, es tablecid os por el DECRET O 85/2 003,
de 1 de abril
136
Cuadro 2.5: Perfiles míni mos de titulación y experienc ia de
los técnicos de orientaci ón d el Progra ma Andalucía
Orienta
149
Cuadro 2.6: Fases de un Iti nerario Personalizad o de
Inserción en el Program a An dalucía Orienta
156
Cuadro 3.1: Dimensi ones a evaluar según modelo CI PP de
Stuffebea m
179
Cuadro 3.2: Propuesta s para los á mbitos d e análisis d e los
servicios de orientación
180
Cuadro 3.3: Ventajas e inc onvenient es de la evaluaci ón
interna y ext erna
187
Cuadro 3.4: Indicadores de Garan tía de Calid ad en los
Servicios de Orientación
195
Cuadro 3.5: Criterios para i dentificar buenas prá cticas de
orientación pr ofesional r elacionada con la Gestión
de los Servi cios y Pr ogra mas de E mpleo
199
Cuadro 3.6: Cartera de s erv icios genéric os de un a unidad de
orientación pr ofesional
203
Cuadro 3.7: Algunas necesi dades de usua ri os de la
orientación pr ofesional y requ isitos de l os técnicos
para atenderlas
205
Cuadro 3.8: Conoci mientos específi cos sobre las p ersonas
que precisa un orientad or de pers onas adultas
208
Cuadro 3.9: Competencias de los ori entadores
profesionales d esde la perspectiva internaci onal
(IAOP, 200 3)
209
Cuadro 3.10 : 18 competen cias clave del orientador
profesional
212
Cuadro 3.11 : Compet encia s del orientad or profesi onal
217
Cuadro 3.12 : Criteri os para id entificar buenas prác ticas de
orientación pr ofesional r elacionada c on los
recursos de l os servi cios de orientación
221
Cuadro 3.13 : Criteri os para id entificar buenas prác ticas de
orientación pr ofesional r elacionada c on la difusi ón
y el acceso a los servici os
228
Cuadro 3.14 : Caracterís ticas de l os Itinera rios
Personalizad os de Inser ción
233
Cuadro 3.15 : Fases del Pr oyecto Per sonalizado de Ins erción
o Mejora Profesional
235
Cuadro 3.16 : Criteri os para id entificar buenas prác ticas de
orientación pr ofesional r elacionada c on el proc eso
o la intervención orientad ora
238
Cuadro 3.17 : Criteri os para id entificar buenas prácticas de
orientación pr ofesional r elacionadas c on el
seguimiento y la evalu ación de resultad o s
245
Cuadro 4.1: Objetiv os de la investigación
253
Cuadro 4.2: Preguntas de i nv estigaci ón
254
Cuadro 4.3: Element os de l a investigación cualitati va seg ún
Saldaña (2011 )
259
Cuadro 4.4: Número d e par ticipantes y perfil es
270
Cuadro 4.5: In struccio nes d e las entrev istas
278
Cuadro 4.6: Recomendaci ones clave antes, al inicio, d uran te
y a la finalizaci ón de la ent r evista
288
Cuadro 4.7: Datos obt enidos
289
Cuadro 4.8: Formaci ón académica de nuestros
colaboradore s
294
Cuadro 4.9: Ejemplos el et iquetado para un f ragm ento de
una misma trans cripción
299
Cuadro 4.10 : Propuesta in d ividual para la defin ición de la
(proto)categoría “INFO RMACIÓN ”
304
Cuadro 4.11 : Propue sta de definición de subcateg oría
“Informaci ón para usuari o un iversitario”
307
Cuadro 4.12 : Tema c ompetencias p rofesi onales de lo s
orientadores
310
Cuadro 4.13 : Tema esp eciali zación del orientad o r
312
Cuadro 4.14 : Tema f ormaci ón orientadores
312
Cuadro 4.15 : Sistema de ca tegorías final
313
Cuadro 5.1: Sistema d e categorías
319
Cuadro 5.2: Descomp osició n de la dimensión 1: GESTI ÓN DE
LOS SERVICIOS DE ORIEN TACIÓN QUE IM PLENTAN
EL PROGRAMA AN DALUCÍA ORIENTA
334
Cuadro 5.3: Descomp osición de la dim ensión 2. UNI D ADES
DE ORIENTACIÓN RECURS OS DEL SERVICI O
372
Cuadro 5.4: Perfiles míni mos de titulación y experienc ia de
los técnicos de orientaci ón d el Progra ma Andalucía
Orienta.
375
Cuadro 5.5: Competencias genéricas y específicas del
técnico de orien tación para la inserción
378
Cuadro 5.6: Descomp osició n de la dimensión 3. EL
PROCESO DE O RIENTACIÓ N BASADO EN LOS
ITINERARIOS PERSONALIZA DOS DE INSERCI ÓN.
MECANISMO P REFEREN TE PARA E L ACCESO A LOS
RECURSOS DE L SERVICIO A NDALUZ DE EMPLEO
429
Cuadro 5.7: Bloques en l os que se de sarrolla un IPI y fa ses
del IPI del progra m a Andal ucía Orienta
433
Cuadro 6.1: Objetiv os de la investigación
469
Cuadro 6.2: Preguntas de i nv estigaci ón
470
Cuadro 6.3: Dimensi ones de estudi o
471
Cuadro 6.4: Motivos para c onsiderar una visión
reduccionista de la búsqueda de empleo por parte
de los técnic os AO
474
Cuadro 6.5: Ideas de la orien tación profesi onal para l os
técnicos del Pr ogra ma AO
475
Cuadro 6.6: Premisas par a un servicio centrad o en los
beneficiarios
481
Cuadro 6.7: Condicionan tes (1) del us o de bu enas prá cticas
en orientaci ón profesional y propuestas para la
mejora de práctic as
482
Cuadro 6.8: Necesidad es detec tadas en los recurs os
humanos y mej oras propue stas
486
Cuadro 6.9: Condicionan tes (2) del us o de buenas prá cticas
en orientaci ón profesional y propuestas para la
mejora de práctic as
490
Cuadro 6.10 : Desarroll o de las fases del I PI en el Progr ama
AO desde las perspe ctivas de técnicos y usuari os
493
Cuadro 6.11 : Condicionant es (3) del uso d e buenas
prácticas en ori entaci ón profesi onal propu estas
para la mej ora de prácticas
498
➢ Índ ice de Figu ras
Figura 4.1. Fase s de la inv estig ación
262
Figura 4.2: Orden de fo rmu lación de preg untas en las
entrevistas en pr ofundidad utilizadas
279
Figura 4.3: Pr oceso de preg untas y respuestas entr evistas
en profundidad
281
Figura 4.4: Eje mpl os de me mos analític os surgid os duran te
el proces o
295
Figura 4.5: Siste ma de ca teg orización en el pr imer ciclo
analítico
297
➢ Índ ice de tablas
Tabla 1.1: Ev olución de la t asa de paro en España por
género. P orcentaje p or trimestre: 1º tri mestre 2 007
- 4º trimestr e 2016.
29
Tabla 4.1. Símb olos de tran scripción
291
Tabla 4.2: Frag mento d e pr opuesta de je rarquiz ación (de
investigad or-colaborad or 6) para entrevis ta a T9
301
➢ Índ ice de gráficos
Gráfico 3.1: R elación entr e el nivel de plan ificaci ón y la
evaluación de un pr o gra ma
187
➢ Índ ice de anexos
Anexo I: Experien cia
Anexo II: Gui on de entre vistas
Anexo III: Docu mento para la firma del c onsentimient o
informado
Anexo IV: Ficha para e l cuad erno de ca mpo
Luis Miguel Almagro-Gav ira / María Tere sa Padilla-Carmon a
EL SERVIC IO ANDALUC ÍA ORIENT A DESDE L A PERSPEC TIVA DE SUS USUAR IOS Y
PERSONAL TÉCNICO .FACTORES FACIL ITADORES E INHIBIDO RES DE BU ENAS
PRÁCTICAS EN ORIENT ACIÓN PROF ESIO NAL
INTRODUCCIÓN
2
3
Introducció n
El mundo del trabajo de ho y en día registra más transi ciones de las
que jamás ha ya habido (AMSPE, 2015). Los trabajadores experimentan
numerosos cambi os a lo largo de sus carreras: al ingresar por primera vez
en el mercad o laboral, cuando pasan d e una situación de em pleo a una de
desempleo, al volver al mismo después de un tiemp o en desemple o o
dedicado a otras cuesti ones (cuidado de hijos, estud ios, etc.), cuand o
cambian de emple o, al de splazarse de una regi ón o un país a otro por
cuestiones laboral es (OCDE, 2014; Pennel, 2013; Sánchez García, 2012),
etc.
En este en torno, desde las i nstituciones internacional e s, eur opeas
y nacionales se presentan los Servici os Públicos de Emple o en general, y
las Políticas Ac tivas de Empleo en parti cular, como una respuesta a los
problemas laboral es qu e afectan a las personas y a las empresas. Así,
dichas instituci ones se encarg an de explicar qu e los ser vicios de
orientación mejoran los r esultad os de las actividades d e aprendiz aje y son
uno de los sistemas más eficaces de l mercad o laboral para garantiz ar los
resultados profesi onales de los ciudadanos a medio y largo plazo
(CEDEFOP, 2006, 2013; Consejo UE, 2008; D ECRETO 85/2003, de 1 de abril,
por el que se establecen l os Programas para la Inserción Laboral de la Jun ta
de Andalucía; OIT, 2009 ; O RDEN de 26 de septie mbre de 2014, por la que
se desarr o llan lo s programas de o rientación profesional, itinerari os de
inserción y aco mpañamie nto a la inserción regulados por el D ECRETO
85/2003, de 1 de abril; L EY 5 6/2003, d e 16 de diciembr e, d e Emple o, entre
otros) .
Así, en todo el mund o está n proliferand o Servici os de Orien tación
y Empleo, siend o además l os mismos desafiad os constante mente por las
perspectivas de crecimient o económic o, las condicion es cambiantes en el
mercado lab oral, l os context os insti tucionales y las expectativas de los
gobiernos en los mismos. En el caso europeo la Estrategia Europa 2020
compromete a estos ser vicios a e mprender un r ol “condu ctor” en el
mercado laboral, actuan do a través de asocia ciones c on una amplia gama
de actores del sector público, privado y del tercer sector para ajustar la
demanda y la oferta de trab ajo y facilitar las tran siciones. En Andalu cía la
10
11
Capítulo 1 . PERSONA S ADULTAS Y SU S NECESIDADES EN
LOS PROCESOS DE TRANSICIÓN EN EL
DESARROLLO DE LA CARRE RA PROFESIO NAL
Introducción
Es ya co nocido que la adult ez no tiene por qué i mplica r un período
de estabi lidad y de certidumbre como hasta hace una s décadas se asumía ,
sino to do lo contrario. En la actualidad la edad adulta es considerada una
etapa de desarrollo individ ual y cambio en la que han de tomarse
decisiones y en la que la necesidad de reajuste, al mundo laboral entre
otros, es un es tado per manente para la mayoría de pe rsonas.
El á mbito de l o profesional es s olo un o d e l o s m últiples esc enario s
en los que la s personas adultas sufren cambios a l o largo de sus vidas . Estos
cambios nos parecen un tema a abordar, puesto que en una so ciedad (l a
española) dond e el e mpleo o cupa un lu gar central en l a vida adulta y en la
conformación de la id entidad personal, la mayoría de l as pers onas en edad
de trabajar tiene en la actualid ad serias dificultades para poder organizar
sus proyectos vitales y profesionales.
La poca estabilidad en el emple o, la incertidu mbre económica y
los apresurad o s ca mbios d el mer cado lab o ral ll evan a que los adultos, a la
hora de enfrentarse a inic iar sus carreras profesi onal es o en cualquier
momento de las mismas , necesiten plantea rse o replantearse otro s
objetivos no previst os y nuevas metas profesional es que suponen el paso
por sucesos disonantes con su modo (pensado) de vida natural. Estas
disonancias pueden ser los obstáculos a la cotidian eidad, los cambios
bruscos de las condiciones de trabajo, la constant e necesidad de reciclaje
y especialización, la dificultad para el cumpliment o de las expectativas y ,
en su caso, la necesidad de reorientación profesional. To do ello supone
tener que afrontar un mayor número de transicion es y sus consecuen cias
en la carrera vital y profesional, a la vez de intentar mantener la
empleabilidad ( González Alonso, 2012; Sánchez García, 2 013, Suárez-
12
Ortega, Padilla-Carmona y Sánchez-Garcí a, 201 3; Sub irtats i Hu m et, Gomà
Carmona y Bruq ué Torruell a, 2005).
Por lo general, en los tiempos actuales, el adulto se encuentra en
el centro de una transición permanente, fundamental mente laboral, con
repercusi ones personales que afectan entre otras cuestiones a s u
identidad .
En los siguient es tres apartados hablare mos sobre transiciones,
mostrarem os las diferentes necesidades de orientación profesional qu e se
presentan en el actual m ercad o d e trabajo y , post eriormente ,
conceptualizar emos la orien tación profesi onal desde los distintos
enfoques de la misma, para finalizar comentando algunas té cnicas y
estrategias que s e vienen r ecomendand o por parte de los expert os para el
trabajo con p ersonas adult as .
1.1. TRANS ICIONES Y ORIENT ACIÓN PROFES I ONAL
En este apartado nos aproximar emos a l os conceptos de p ersona
adulta y transición, clasifi caremos las transiciones, enumerar emos las
fases para llegar a su asi milaci ón, co mpararemos modelos de distin tos
autores e identificare mos vari ables que pueden influir en la asimilación /
curso de una tran sición.
1.1.1. LAS P ERSON AS ADULTAS Y SU DES AR ROLLO
La mayoría de las culturas consideran adultas a las perso nas de
entre 18 y 65 años aproxi madamente , y a partir de entonces pasan a ser
adultos mayores. Sabem os que la adultez no siempr e se inicia ni termina
en estos límites cronológicos (Padilla-Carmona, 1999). Además existen
investigaciones en el campo del desarrollo human o que determinan
etapas en la edad adulta (Super, 1957, 1992; Levinson et al., 1978; Erikson,
13
1982; Sheehy, 1 993; Riveri n-Simard, 1988, 1 990, etc.) y, au nque no existe
total acuerd o en su determ inación, las etapas más rec onocidas son :
• Adultez in icial (hasta los 25 años)
• Adultez media (entre l os 2 0/25 y 40/45 añ os)
• Adultez tardía (de los 4 0/45 a l os 60 años)
• Senectud (más d e 60)
Sobre la determinaci ón de la a dultez se ha escrito mucho en las
últimas décadas , aunq ue no todas las concepcion es de adultez son válidas
hoy día . Para la UN ESCO (199 9) la pers ona adulta es aquella qu e e s
considerada como tal en la sociedad a la que pertenec e. Rodríg uez
Moreno, Sandín Esteban y Buinsán Serradel (2000) consideran adulta a la
persona que posee cierto grado de autonomía e independ encia, co n
sentido de paternidad o maternidad y con la asunción de las funciones y
responsabilidad es de la ciudad anía. En este caso, el sign ificado de adultez
nos parece erróne o y restrictiv o en cuanto a l sentido de la paternidad o
maternidad , p ues conside ramos que no solo no tienen por qué estar
presente en t odos los adu ltos, sin o que inclus o podría aparecer en etapas
del desarrollo anteriores a la adultez.
Pérez Boullosa y Blasco Calvo (2001) sostienen que para ser adulto
deben darse cuatro condiciones que, d esde nuestra visión, en parte,
también son difícil es de co njugar en la práctic a en la actuali dad:
1. Indepen dencia económic a : se da cuando la persona dispone de
recursos económicos para su sustento. Esta autonomía en la
obtención de los recursos se logra normalment e gracias al
empleo.
2. Autoad ministración de rec ursos . La p ersona es capaz de llevar p o r
sí misma la administración de los recursos eco nó micos de los que
dispone. Es decir, se le supone voluntad y capacid ad autónoma
suficiente co mo para de cid ir al respect o.
3. Autonomía personal : supone la capacidad de decisi ón sobre sí
mismo, y sobr e las difere ntes acciones de su vida. Es decir, ser
capaz de tomar las de cisiones que se estiman co nven ientes en la
14
vida personal, social y profesional. Esa auton omía personal es
necesaria para c onseguir u n ad ecuado proces o de inserción
profesional, así como para el posteri or desarr ollo de l a carrera.
4. Constitución del hogar prop io : la independ encia del ho gar familiar,
con todo lo que ello supone, es un elemento esencial para
determinar el estado adulto del individuo. Esa ind ependencia
puede realizarse mediante el establecimiento de una nueva
familia o simple mente median te la co nvivencia indiv idual en un
hogar propi o.
En relación con la ind epen dencia económica, así como en cuanto
a la constitución de un ho gar propio, lo cual está ínti mamente relacionad o,
consideram os que hoy día so n muchos los adultos que no s on
independien tes econ ómica mente y/o no pueden crear un hogar propio.
Por o tro lado, con segurid ad también existen personas adultas que,
aunque puedan, deciden no crearl o y co ntinuar vivien do, por eje mplo, con
sus progenitor es, lo cual no les excluye , de sde nuestra visión, de la
categoría de adult o s.
Nos queda m os por tanto c on la defin ición de la UNESCO (1 999) , la
persona adulta es aqu ella que es considerada como t al en la sociedad a la
que per tenece , añadiend o características co mo los tres elementos
constitutivos de la adultez que aporta Serreri (200 4): la experiencia, la
motivación y la capacidad proyectual. También consi deramos la adultez
como la época de la vida en que se aprende a ser co nsciente de los
cambios, a desarrollar la c uriosidad intelectual, a defend er los idealis mos
“realistas” y a ver las cosas d esde una perspectiva temporal (Rodrígue z
Moreno, 201 6).
P ara la mayoría de la s personas adultas ejercer una profesión, o
en su caso trabajar, es un im p ortante camino hacia el desarroll o de su
identidad profesional, la cual, es sin duda un aspecto clave en la vida de
las personas adultas. Hay distintas interpretaciones sobre la emergencia
de la iden tidad prof esional. En este sentid o, re producimos algunas
palabras del proy ecto de cátedra de o rientaci ón profesional en la
Universidad de Barcelona d e la pr ofesora María Luisa Rodríg uez Mor eno:
15
En la sociedad a ltamente industrializada, un
compo nente de la conducta voc acional es la
contribuc ión al desarrollo del sentido de la pr opia
identidad : m uchas profesiones destacan no solo por
estilos distinto s al hablar, vestir o ac tuar, sino po r
diferenciar a sus trab ajadores en sus actitu des
políticas, sociales o cu lturales (estilos de vida ), ane jo
al tipo de traba jo o grupo ocupac ional al que se
pertenece . (Rod ríguez- Mo reno, 1992).
Siguiend o a Rodríguez Moreno (2016), la tarea de des arrollo surge
en cierto períod o de la vida del individuo, cuyo logro co nduc e a la
satisfacción y al éx ito en otras tareas p osteriores y cuyo fracaso conduc e
a la insatisfacción del individuo, a la desaprobación social y a la dificulta d
de conseguir reali zar otras tareas .
Padilla-Carmona (199 9) delimita etapas en el desa rrollo d e la
carrera y afirma que to das las personas necesitarán realizar una serie de
tareas de desarroll o propi as del estadio en el que se encuentran para
conseguir la independ enci a económica, la in depend encia afectiva y la
responsabilidad s ocial y profesional. Consecuent emente, con estas
independencias, sur girá la identidad profesi onal.
Las personas a lo largo de su v ida pasan por dis tintas etapas o
estados. Al traslado desde cada etapa a la siguien te o, según la RAE, al
“estado intermedio entre uno más antiguo y otro al que se llega en un
cambio” s e l e den omina transición . El t érmino transició n puede referirs e a
crisis, transformaci ón o cambio (P adilla-Car mona, 1999) y puede tener una
duración más o men os larga en el tiempo (Sánchez Ga rcía, 2012).
Desde la perspe ctiva de la crisis, las transicion es pueden darse en
periodos cortos de tiempo de desequ ilibrio en el que las person as se
esfuerzan por resolver el problema que la s causa. En este sentido ,
Rodríguez Moreno (2 016, p. 1813) afirma que “la transición es el
abandono de un co njunto de asuncion es pre vias y la adopci ón de otro
conjunto nuevo que le permita afrontar un espacio vital alterado” . En la
misma línea, para Sánchez García (2012) la transición supone cambios o
transformaci ones más o menos profundos y de diversa índ ole, l a
16
integración de nuevos rol es , en nuevas experiencias o tareas. Pudiendo
además esos cambios incidir en el comportamient o, en las relaciones con
los otros, en el autoconc epto, la personalid ad, el modo de ver la vida, etc.
Como veremos a continua ción, una transición puede contemplar
cambios naturales que tienen lugar en la vida, así como cambi os no tan
naturales o esperados. En cualquier caso, las mismas “generan
conocimiento y ex peri encia, y pueden afectar a la posici ón social,
económica, y a la vida fami liar” (Sánchez García : 2013, p. 82).
1.1.2. TIPOS DE TRA NSICIO NES Y CARA CTERÍS TICAS
En campos de la psicología social y de la educación a p artir de los
años o chenta aparecen teo rías que integran en el estudio de la ori entació n
profesional las int eracci ones y las tran sicione s.
Para Nanc y K. Schlossberg (1981, 1984, 1985, 1989, 2004, 2005),
interesada por las estrategias que despliegan las personas para
enfrentarse a los acont ecimient os importantes de sus vidas entendidos
como transiciones, la transición es un proceso de cambio que está
vinculado a la valoración que las perso na s hacen de sí mismas. Abrego y
B rammer (19 92) afirman que en la transición “la pers ona ex perimenta una
discontinuidad personal en su vida, y debe desarrollar nuevas asunci ones
o respu estas comp ortamentales porque la si tuación es nueva o l os ajus tes
comportamentales que se r equieren s on nu evos ” (p.235). Para Eche verría
(1997), durante la transició n la persona se dirig e hacia un nuevo rol en el
que n ecesita in tegrarse. Ello supone t omar decisi o nes que pueden afec tar
a otras facetas vitales y ap render el nue vo rol (Corominas e Isus, 1998).
Padilla-Carm ona (1999) argumenta que la transición va aco mpañada de
evaluación que puede generar una redefinición de las representaci ones y
valores personales. Por tanto, la transición represe nta un cambio que
marca la vida del individuo y que se traduce en transformacion es de sus
conductas, de sus r oles o de sus repr esenta ciones (Guichard , 2007).
17
Para nosotros, de sde la orientación, las transiciones serían
procesos comunes de transformación personal ocurrid os tras cambios
reconocidos por las person as adultas co mo importan tes en sus vidas y
cuyo efect o, una v ez superadas, es el increment o de capacidade s
personales para enfrentars e al mund o. Sánchez García (2012) consider a
que a pesar de to dos los aspectos difíciles y negativos que representan
algunos tipos de transición, desde la perspectiva de la orientación
profesional todos ellos d eberían considerar se c omo una ocasi ón para
replantear las propias metas profesional es, para avanzar en nue vas
posibilidades y seguir de sarrollán dose.
Uno de lo s estudios más citados sobre transiciones es el d e
Lowental y P ierce (1 975). Su trabajo pone de manifiest o que para d escribi r
el desarrollo en la adult ez es más útil conocer las transiciones o eventos
vitales po r el qu e l as pers onas están a travesand o, que saber la edad de las
mismas. De dicha idea podría deducirse que la vida adulta es un periodo
de cambio permanente en el que de alguna forma u otra siempre se estaría
atravesando, comenzand o o acaband o con algún tipo de transici ón.
Riverin-Simard (1993, cit . por Ro dríguez Moreno, 2005) concreta
en el proces o de transici ón las sig uientes carac te rística s:
• El proceso de transi ción es cícli co y continuo, recursivo, no
excepcional, sino na tural, que tien e lugar todo a lo largo de la vida
laboral.
• Para poder dominar adecuadam ente sus transiciones, las
personas deben renovar sus relaciones con el mundo. Esas
personas han de redefini r y r eedificar una nueva manera de
relacionarse c on su m edio.
• Esta nu eva r elación implica trabajar desde cuatr o di mensiones : 1 )
Hay que co nocer nuevos e lementos del “yo” y del m edi o y la
manera cómo relacionarl o s o emparejarlos; 2) La persona deberá
ser capaz de admitir y de comprend er las consecuenc ias de esas
nuevas m aneras de rel acionarse ; 3) La persona deberá
reposicionarse teniendo en cuenta la reorientación fu tura de su
vida profesional; y 4) Se debe aprender a afrontar lo descon ocido
y la globalid ad de los nue vos ac onteci mientos.
18
• Esas di mensi ones deben ser jerarquizad as, con la ayuda de l
orientador, p or orden de compl ejidad.
• La revisión de esas nuevas relaciones con el mundo del trabajo
debe hacerse mediant e proces os cíclic os de re visión.
Schlossberg (1984, 2004, 2005) hace una diferenci ación entre
distintos tipos de transicio nes:
1. Transiciones esperadas o anticipad as: entendidas co mo sucesos
que la persona prevé y se prepara para afrontar. Es decir, estas
transiciones su elen ser prov ocadas por suc esos previsibles y
habituales en las vidas de las pers onas, como por eje mplo el
acceso al pri mer e mpleo, la maternidad, la jub ilaci ón, etc.
2. Transiciones inesperad as o imprevis tas : a difer encia de las
anteriores están relaci onad as con sucesos no programados y , por
tanto, impre visibles y sin pl anificar. Por ejempl o, un ac cidente, un
premio, un despid o , etc.
3. Transiciones no sucedidas: en este caso, provocadas por sucesos
esperados que no ocurren, tales como no obtener un ascenso o
no poder ten er hijos, etc.
4. Los problema s crónic os o conflictos: cuya caract erística sería la
continuidad en el tiempo (como puede ser una enfermedad
crónica, un ma trimonio ma lavenido, etc.).
La transici ón e s ent onces el estado in term edio una vez ocur rido el
suceso y antes de saberse manejar la nueva situación. Durante este
periodo el comportamient o de las pers onas varía en parte dependien d o
del tipo d e transición . En las transiciones esperadas normal mente se actúa
proactiva mente, en ca m bio en las imprevistas , como p uede s er la pérdid a
del puesto de trabajo, se actúa reactivament e (Corominas e Isus, 1 998) .
En situaciones d e transicio nes no sucedi das, Schlossb erg (2004) afirma ,
que si las expectativas de las pers onas fallan, estas lo sufren. Es decir,
cuando las personas esperan razonable mente que algo acontezca y est o
no sucede, sus v idas se ven afectadas en muchos aspectos. En cuanto a los
problemas crónic os, la autora comenta que debilitan la autoconfianza de
19
las personas, pudiendo estas llegar a perder la capacid ad de actuación
para iniciar el cambio.
En todas las transiciones, co n independ encia del tipo que sea la
misma, la persona atravesa rá una serie de fa ses para llegar a su a similación
(cuadro 1.1) . Según Schlos sberg (1984) y Brid ges (2001), el proces o de
transición tiene tres fases, aunque Schlossberg también identifica en el
proceso cinco y siete fases. Las tres fases de Bridges son: 1º) un final o
desenganch e de la fase anterior, pues este autor considera que las
pérdidas o finales son el primer indicado r de que una transición ha
comenzado; 2º) una zona n eutral en tre l o v iejo y l o nu evo, momento en el
que la antigua situación ha terminado pero la persona no está preparada
para asumir los nuevos roles; y 3º) un nuevo comienz o . Po r su parte,
Schlossberg utiliza para describir las t res fases de la transición los
siguientes té rmin os: 1º) la introducción, duran te la cual la p ersona está
impresionada por l o acont ecido; 2º) un periodo medi o de interrupción , en
el que el individuo comprueba que las v iejas r elaciones están en pr oces o
de cambio por otras nuevas; y 3 º) un periodo final , en el que la persona
integra la transi ción.
La versión de cinco fases que Schlossb erg describe fue
desarrollada en un estudio que hizo con Leib owitz (1980) con hombres que
perdieron sus empleos. Y son las cinc o siguientes: 1º) incredu lidad; 2º)
sentimient o de traici ón; 3º) confusi ón; 4º) ira; y 5º) resolución .
El modelo de siete fases , Schlossberg lo atribuye a Hopson y
Adams (1976) e incluye las siguiente s: 1º) inm oviliz ación temporal; 2º)
negación o minimización, 3 º) duda en uno mismo, 4º) desenganche, 5º)
constatación o análisis; 6º) b uscar el significad o ; y 7º) i ntegración.
Todos est os modelos parec en relacionarse entre sí y sostenerse en
los dos mod elos trifásic os de Schlossb erg (1984) y Brig des (2001).
26
Cuadro 1. 2: Transi ciones p rofesiona les
Transición al prime r
empleo
Es la que más a tención ha acaparado pues
representa el p aso d e los ámbitos esc olares y
acadé micos al primer empleo, y a la vida ac tiva
y adulta. Pero en la actualidad no está claro lo
que se pueda c onsiderar c omo «p rimer
empleo» . Si en tendemos esta idea como un
«empleo suficientemente satisfactorio a
tiempo com pleto», entonces tendremos que
conven ir que esta transición s e dilata
considerablem ente en el tiempo y que pue de
durar años, pa ra mucho s individuos.
Transición de u n
empleo al
desempleo
Estas tr ansicion es son f recuentes en la vida
laboral de las personas, sobre todo en las
primeras eta pas, hasta del logro de una cierta
estabilidad. Normalme nte, son transicio nes
forzadas, ligadas a lo s fenó menos de paro,
temporalida d, reconversión, recoloc ación u
ou tplacem ent, etc. La situación d e desem pleo
puede aparecer a lo largo de l a vida laboral sin
previo aviso, y e l riesgo de h allarse en e sa
situación es un problem a ge ner alizado en tod a
Europa. La pérdida d el trabajo produce
desasosiego, enfado, est rés, ansie dad ,
inseguridad y distintos trastornos psicoló gicos,
con sus co nsecuencias econ ómicas, familiares
y sociales.
Transición del
desempleo a l
empleo
Éstas no siem pre suponen una progresión
satisfactoria e intenc ional, sino qu e a veces
son obliga das y repre sentan retrocesos en las
aspiraciones, en el nivel económ ico y en las
condic iones de trabajo .
Transición de una
etapa inactiva al
empleo
Es el c aso de muchas mu jeres que se
reincorporan al mercad o laboral tras una
etapa más o menos larga de dedicación a l
cuidad o de sus h ijos o bien de algú n fam iliar.
No obstante , las razones de u n p eríodo no
laboral pueden ser muy varia das: recuperarse
de un problema de salud; un período de
privación de libertad; etc .
Transición de u n
empleo a otro
Se trata normalment e de reorientac iones
laborales o profesionales, e n las que el
trabajado r busca un a aproximac ión a sus
objetivo s, un progreso en su itinerario
profesional. Pued e supone r también e l paso al
27
desempeñ o de otra oc upación o profesión. En
el momen to ac tual, dada la inestabilidad de l
mercado de trabajo y del p ropio tejido
empresarial, co n un a fuerte crisis econ ómica,
este tipo de transición está presente en las
carreras de much as personas.
Transición a una
etapa de formac ión
continua
Estas etapas tamb ién son obj eto de ate nción
en o rientación profesional, ya que pueden
consistir en peque ñas formaciones o tratarse
de procesos más largos y d eterminante s de
cambio s importantes en la c arr era profesional.
Más a ún si co nsideramos que la formació n
continu a es un elemento fundamental para
manten er e incrementar la emp leabilidad de
las personas.
Transición a la
etapa post -laboral
El paso a la jubilación , a veces a nticipada ,
representa una situac ión de c ambio muy
importante, q ue no siempre se resuelve de
forma satis factoria. Es u n pr oceso que ha de
planificarse reflexivamente, a fin de encauza r
la ac tividad de a cuerdo con los propios
intereses.
(Fuente: Sánch ez García, 20 12 , p. 85)
1.2. LAS NECESIDAD ES DE ORIENTACIÓ N PARA LA CARRERA EN LA EDAD
ADULTA
Sobre las necesidades de orientación en la adultez queda m ucho
por investigar. De hech o, n o existe un marco qu e cara cterice a los adu lto s
y sus necesidades de orientación profesional en su c onjunto en nuestr o
país, sino que los estud ios realizados (De la Fuente y Gonz ález Cas tro ,
2009; García del Dujo y Martín, 2004; Guerrero, 2005; Labour Asociados
Consultores, 2 005; Padilla-Carm ona, 2001; Sánchez e t al., 20 11; Suárez
Ortega, 200 8) se han fi jado en colec tivos espe cíficos (Rodríg uez-
Fernández, Suárez-Ortega y Padilla-Car mona, 2013). Desde la perspectiva
de Hernández Fernández y Ruiz del Cerro (2002) tendría lógica que las
investigaciones llevadas a cabo se hayan realizado disgregando a los
distintos colectivos. Tras realizar un estudio sobre las personas en
desempleo que acuden a los Servicios Públic os de Empleo (SPE) en España ,
estas autoras afi rman que l as n ecesidad es personales de orientación en l a
28
adultez pueden ser muy variadas. Del est udi o se desprende que sería un
error generalizar sobre las mismas, pu esto que existe una amplia g ama de
perfiles de dese mplead os que necesitan distin tas ayudas, además de
haber gran diver sidad de expectati vas e int ereses de cara al e mpleo.
En cualquier caso, sí nos parece pertinente identifi car aquellas
necesidades qu e pueden ser comunes al o bjeto de que las m ismas sean
atendidas desde los ser vicios de orientaci ón profesi onal generalista s.
Es evidente que la complejidad del mundo laboral y el desempleo
en la soci edad contemporánea convierte en auténtica necesidad la
orientación prof esional, para facilitar las transici ones en el empleo. Tal
necesidad ha sido puesta de m anifiesto po r diversos autores en
pu blicaciones de naturaleza dispar (Bisquerra, 200 2; Blasco Calvo y Pérez
Boullosa, Corominas, 2006; Echeverría, 2016; 2001; Padilla -Carmona ,
Suárez-Ortega, Sánchez-Ga rcía, 2014; Padilla-Carmon a, Sánchez-García y
Suárez-Ortega, en prensa; Renom y Álvarez, 2002; Rodríguez Moreno,
2016; Salvá, Pons y Morell, 2000, Sánchez-García, 2012; Santana Vega,
2006; etc.).
La sociedad española ti ene una elevada tasa de desempleo. Segú n
la Encuesta de Población A ctiva (EPA) del Institut o Nacional de Estadís tica
(INE) el porcentaje de parados en el cuarto trimestre de 201 6 asciend e al
18,63% (17,22% para hombres y 20,25 % para mujeres) (tabla 1 .1), así el
desempleo se co nfigura como la primera preocupaci ó n de los españole s
muy por delante de otros aspectos (Calvo Gallego y Rodríguez-Piñero,
2011).
Tener a la población activa de un país empleada es u n factor de
estabilidad para una socie dad por el elemento cohesionador que supone
la distribución equita tiv a de los recurs o s y riqueza, pe ro ade más sabemos
que en sociedades económicament e desarrolladas como la nuestra, el
empleo está relacionado con el bienestar y el desempleo con el malestar,
pues este, no solo perjudica a las persona s en el plano econ ómico, sin o
que también lo hace en aspectos relacionad os con la salud física,
psicológica y social (Pérez Escoda, 1996 ; Catala no et al ., 2011;
EUROFOUN D, 2012; Kentikelenis et al ., 2011; Stuckler et al ., 2009; 2010;
29
2011; Stuckler y Basu, 201 3; Suhrcke y Stuckler, 2012 ). Así, el trabajo, en
su dimensión social, cumple una función de integraci ón de las perso nas en
la sociedad (Sánchez García, 2012), pues trabajar ha venido significand o
en la sociedad contemp oránea la posibilidad para las personas de
planificar y tener un proyecto de futuro definido. Se entiende que e l
desarrollo de trayectorias profesionale s de forma progresi va y
homogénea, es decir, con u n hilo condu ctor d e continu idad y avan ce en la
profesión / ocupación ha sido la pauta m ayori taria perseguida por las
personas adultas en sus carreras profesionales, dado que dicha situaci ón
permite, por la co ntrap artida económica que supon e, hacer frente y
ordenar en parte el resto de aconteci mientos vit ales que de forma
cr onológica se esperan socialment e en el desarrollo de las personas en la
adultez.
Tabla 1.1: Evolu ción de la ta sa de pa ro en Españ a por géne ro .
Porcentaje por trimestre: 1º trimestre 20 07 - 4º trim estre 2016.
Mujeres
Hombres
Ambos sexos
(Fuente: INE, 2017)
30
Sin e mbargo, el mundo del trabaj o sufre en la actualid ad
profundas modificacione s, tant o para las personas, c omo para las
organizacione s (Padilla-Carmona , 1999; Dores, 2005; De Witte, 2005;
Sauerman, 2005; Vélaz de Medrano, 2008; Carrillo 20 10; Sáez L ara, 2010;
Melián Na varro, Campos Climent, y Sanchís Pala cio, 201 1; etc.).
Como veremos, las causas de las grandes transformac iones en el
mercado de trabajo han ido de la mano principal m ente de dos cuestiones :
los avances tecnológicos en los sis temas de fabricación que modifican las
estructuras empresarial es, y los cambios por los que ha atravesad o el
modelo de soci edad. Para llegar al modelo actual partim os de una
sociedad industrial, donde el sistema de producción fordista-keynesian o
organizó la vida de la s ociedad en torno al trabaj o:
El fordismo es un sistema de producción que
principalmen te implica la producción en masa y ta mbién el
consumo en masa, debido a la repercusión de los beneficios
de la econo mía de e scala. Basado en el taylorismo, a puesta
por sus p rescripcione s para minimizar las pérdida s, rebaj ar
los c ostes, maximizar los resultados y ejercer un c ontrol sobre
los trabajado res dentro y fuera de la fábrica. Esto se c onsigue
fragmentando y simp lificand o las tareas, con el trabajo en
la s ca denas de monta je y con los produc tos y
estandarizac iones, todo esto li gado a un tipo de trabajo p oco
cualificado (Ed gell, 2012, pp. 114-115).
De esta for ma, en el sistema fordista- keynesiano un emple o
estable, en una profesión estable, en una em pr esa estable, en un mundo
económico-lab oral establ e, per mitió carreras prede cibles y representó
para los trabajad ores un mundo cier to y segur o (Bauman, 2001; 2006;
2007; Beck, 1999 ; Sennett, 2006; Blanch y Cant era, 2009), donde la
estabilidad laboral facilitó el diseñ o y el desarrollo de trayectorias
profesionales contin uas, lineales y ascend entes, ciertas y segu ras ,
psicológicam ente previsibl es, fácil mente planificables y co ntrolables y, por
ello, funcionale s y satisfactorias (Pagés, 2015). En ese escenari o, se
entiende que las necesi dades de orientaci ón de los trabajadores
estuviesen relaci onadas principalment e c on la elección de la que sería su
profesión “para siempr e”, y en el caso de las empresas, su preocupaci ón
31
al respe cto fue se la selec ción de los trabajadores más adecuad os para
maximizar su pr o ductividad .
Jahoda (1982) afirma que la psicología del trabaj o puso de
manifiesto que trabajar en tales co ndici ones de estabilid ad estructuraba
el tiempo c otidiano, confería sentido al currícu lum formati vo y a la car rera
profesional, lab oral y vital de las personas, funci onando además co mo una
matriz de proyec tos, procesos y productos de autoconstrucción y
autorrealizaci ón personal y profesional, mediante los cuales la biografía
laboral adquirí a una tra ma continua, coher ente y signi ficativa.
A partir de l os años se tenta este sistema estable empezó su caída.
En respuesta a la crisis del fordismo , el posfordismo de finales del siglo XX
muestra ciertas características m uy diferente s al modelo anterior. Por un
lado, frente a la producci ón en masa , aparece la especi alizaci ón flexible
(Edgell, 2012), que permite elaborar product os bastante individuali zado s
gracias a la tecn ología y a un a fuerza de trabajo más cualificada . S e
comprende que en esos moment os las decisi ones sob re la especializaci ón
profesional daban forma a las necesidade s de los tra bajadores, pues elegir
la especialización, implicab a un sacrificio en la preparación-formación ,
pero como contrapartid a la misma seguía permiti en do estabilidad en la
carrera pr ofesional y vital. Tam bién parece lógic o que para las empresas
continuase siend o necesar io seleccionar a los trabajad ores adecuados,
sumando en est os moment os la determina ción sobre qué tipo de saberes
o destrezas especializ adas se requ erían para el desarrollo de estas nu evas
ocupaciones específicas de alta cualifica ció n.
El posfo rdismo abrió la pue rta a la Sociedad del Conoc imiento , en
la que para algun os nos en co ntram os.
Vivimos, hoy, en la denominada Sociedad de l
Conocimien to, expresión q ue se oye ya c on frecue ncia en
nuestro país y qu e es un hecho a ceptado y asumido, desde
hace varias décadas, por las p oblacio nes de los países más
avanzad os […] , el saber y el co nocimien to son los paráme tros
que g obiernan y co ndicionan l a estructu ra y co mposición de
la soc iedad ac tual y son, tamb ién, las mercan cías e
32
instrumentos determinan tes del bien e star y progreso de lo s
pueblos (Mateos, 2006, p. 14 5).
Gá lvez y Tirado (2012) la nombran Sociedad del Capitalismo
Cognitivo , y c onsideran qu e abarca entre otras cues tiones la expan sión de
las tecnologías digitales de la comunicaci ón, una nueva división del trabajo
y una sensib ilización especi al por la di mensión hu man a en la organiz ación
del trabaj o.
En cuanto a lo que nos ocupa, la relación con la o rientaci ó n
profesional, en esta So ci edad del Conocimiento, caracterizada por la
globalización, la internaci onaliz ación y la tecnología, e l cambio es la única
certeza (Enriques, 2007), y el empleo estable se resiente debido a las
necesidades empresarial es de adaptar sus produccion es a las demandas,
con lo que comienzan los grandes movimien tos de reestructuración
empresarial y el auge del trabajo flexible en to do s los sentid os: en
flexibilidad de producto (mayor variedad de modelos producidos),
flexibilidad funcional (mayor alcance de las tar eas re alizadas por los
trabajadores), flexibilidad numérica (variaci ones en la asignación de
trabajadores a tareas particulares) (Edgell, 20 12 ) y flexibil idad tempora l
(producción segú n la dema nda y la opor tunidad).
De ello deriva el surgimiento de nuevas realidades haciend o que
se vuelva clar o, frente a la concepción tradicional de la adultez como
periodo de estabilidad, que los adultos presenten necesidades propias y
específicas en esta etapa v ital (Padil la-Carmona, 199 9, 2000) que no se
conocían antes en la misma: “ la transici ón, el cambio, la incertidumbr e y
la in estabilidad han alterad o los siste mas d e vida, l os s aberes y l os val ores
que antes se caract erizaban por ser ciertos y segur os ” (Loiodice , 2012,
p. 5). Son por tanto personas de todas las edade s quienes tienen en
muchas circunstancia s, necesid ades y preocupaci ones sobre la carrera,
pues “ la median a edad no es ya, en lo que resp ecta a cuestione s
profesionales, un período de acomoda ción y de mantenimiento del
empleo ” (Enriques 2007, p. 81), sino todo lo c ontrario. En cuanto al mundo
del trabajo, “ la edad adulta se está reconfiguran do como discontinua y
reversible ” (Loi odice, 2012, p. 5), siendo en la actua lidad comúnmente
conocido que, a diferencia de hace unas décadas cuando era p osible y
33
habitual desempeñar la misma ocupaci ón durant e toda la vida, las
personas se ven obligadas a cambiar de empleo de forma frecuente
(Padilla-Car mona, 2001). En este sentido Mc Greevy ( 2010) tras realizar un
estudio sobre la adaptación de las personas en el trabajo, explica que la
flexibilidad de los individ uos, medida en cuanto a cómo transfiere n
conocimiento s y experienc ias adquiridos en profesion es anteri ores a los
nuevos puestos de trabajo de forma ágil, determina en parte la rapidez
con la qu e lo s mismos enco ntrarán un nu evo em pl eo. D e ello ent endemos
que la capacidad para la transferibilidad de co noci mientos es una
competencia clave en términos de em pl eabilidad a desarr ollar po r las
personas adultas necesit ad as o interesadas en reformular sus carreras
profesionales. Por tant o, la orientaci ón necesitada es , por un lado, una
orientación centrada en la adaptación y el reciclaje continuo para el
mantenimient o de la ca rrer a a largo plaz o.
La rapidez con las que l os cambios acont ecen es tan elevada que
algunos autores como Howkins (2005) consideran que y a estamos
pasando de una Sociedad de la Información y el Conocimiento ,
caracterizada por el boom de las tecnologías de la inf ormación,
telecomunicacion es, medios de comun icació n, servic ios financier os, etc.,
a una sociedad en la que la prioridad está en las ideas y la expresión
personal: la Sociedad de la Industria C reativa, que imp lica trabajo mental
y cuyo fru t o es la propi edad intelectual . “ Si en la pri mera la te cnología era
la reina, en la segunda lo es la imaginaci ón ” (Howkin s, 2005, p. 117); las
ideas, no la infor mación.
Esta nueva sociedad, y sus demandas profesional es, repercuten
como las anterior es en las necesidades a cubrir por la orientación
profesional. E n la actual idad, además del cambio económico hacia un
mod elo de capitalismo menos regulado, más v olátil, basad o en el
conocimiento y la fl exibilid ad, y que se mueve a una escala global, apar ec e
la creatividad co mo factor importante para el mantenimiento de la
carrera. Así los estándar es co nocido s so bre el funcio namiento del
mercado de trabajo s e transforman nuevamente en al go desconocido para
todos . Howkins (2 005) habl a del surgimi ent o de las carreas c reativas.
34
Lingo y Tepper (2013) afir man que los artistas, al desarrollarse
profesionalm ente en entorn os que les demandan el autoempleo como
forma de trabajo, la autopromoción, el trabajo bas ado en proyect os e
incluso la implicaci ón social o política, deb en mostrar unos rasgos d e
personalidad y disposición tales como el profesionalis mo, el marketing, la
negociació n, la sociabilid ad , e tc., para conseguir empl earse en el mercad o
laboral de su p rofesión.
Sabemos que una de las característi cas del trabajo por proyect os
es que, normalm ente, implica periodos de desempl eo a lo que asocia mos
la necesidad de aprend er a gestionarlos como parte de la carrera
profesional (En otro capítulo v eremos que dicha situación laboral, es la
dinámica de trab ajo mayoritaria en la pro fesión d el orientador).
No es de ex trañ ar que esta sea la te ndencia a la que vaya
encaminad o el empleo en general, pues la literatura reciente habla de la
desaparición de las carreras lineales y tradicionales (Alcalde, 2004) y del
surgimient o de las carreras proteanas (Hall, 2004), sin fronteras (Arthur,
1996), o carreras de port af olios (Cawsey, Deszca y Mazerolle, 1995), que
se distinguen de las tradicionales por la necesidad de gestionar la propi a
carrera y p or enc ontrar la segurid ad en la búsqueda d el t rabaj o constante
en lugar de la ocupación permanente (P agés, 201 5), tal y como vi enen
haciendo los ar tistas con s us carreras creativas.
En el caso de que esta fuese la nueva realidad que n os aconteciese ,
el re to d e la o rientación p rofesi onal s erá cons eguir ad aptarse a las n uevas
demandas. Para ello, al ig ual que la economía capi tali sta postindu strial
transita hacia un modelo de sociedad basada en la inform ación, el
conocimiento y la creatividad , dejando atrás la producción mercantil
(donde un buen currículu m formativ o y experiencial podía dar garantías
de una buena p osición laboral), debe mos redirigir la o rientaci ón
profesional hacia un modelo que provea a los usuari o s adultos de recur sos
útiles en la actualidad (foment o de la flexibilidad, creatividad y la
innovación) para facilitar la m ejora de las carreras profesionales de
acuerdo a las demandas actuales, y a las empresa s la posibilidad de
incorporar val or a sus equi po s.
35
Vista la procedencia de la situación actual, se comprende que
cuando hablamos de cambios en el mundo del trabajo debe mos tener
presente que ést os afectan tanto a los trabajad ores c omo a las empre sas,
y sobre todo a la interacci ón entre ambos. Es decir, a la relación entre la
demanda de recursos humanos por parte de las empresas y la o ferta
constitui da por las person as que trabajan o que intentan trabajar. Por
tanto, para entender las necesidades d e orientación profesional (y las del
desarrollo de la carrera profesional en la adultez, en particular) en la
actualidad, deberíam os ac ercarno s a la situación des de dos perspectiv as:
1) Desde el punto de vista d e las personas adultas, ya sean trabajad o ras o
estén en búsqueda de emple o y 2) Desde el punto de vista de las
organizacione s.
1.2.1. NECESIDADES DE ORIENTAC IÓN DE LAS PERSONAS
ADULTAS
Aunque expertos co mo Echeverría (20 16) afirmen que la
tradicional función de ajuste de la o rientación pierde su sentido a las
puertas d e la “cuarta re volución”, donde l os requerimien tos pro fesionale s
de los siste mas producti vos evolucionan a velocidades m ás rápidas que los
sistemas for mativos, y este mos de acuerd o con la sigu iente afirmaci ón:
Se precisa un modelo d e orientación proa ctivo,
capaz de anticipa rse a la aparición de posibles disfuncion es,
de co nsiderar a la pe rsona c omo un ser en continuo
crecimiento personal y profesional y, en con secuencia,
focalizar la intervenció n orienta dora en el desarrollo de su
compe tencia de acc ión profesional (Echeverría, 2016, p. 15).
Desde nuestra perspectiv a co nsider amos que a nivel general,
algunas necesidades de orientación de l os adultos, sí están rela cionadas
con el ajuste de sus p erfiles profesionales a las demand as del mercado d e
trabajo, y p or ello nos parece que co n ocer las características m ás
demandas a los trabajadores hoy día será útil para acerarnos a las
necesidades de los mismos al objeto de facili tar su incorporación al
mercado laboral , su mantenimient o o mejora profesio nal. El “desajuste de
42
Nivel de formac ión
(Ceniceros et al., 2010;
Padilla-Carmona et al,
2014; Rodríguez
Moreno, 2016)
• Las diferencias in structiva s prod ucen
fragmentación social. Lo s req uisitos
laborales en relación a la formación
son cada vez má s altos.
• Las personas con mayor nivel
formativo tienen mayore s
competencias para la planific ación de
me tas pro fesionales qu e las personas
con menos estud io s
• Los objetivos y las expectativa s que
las personas po nen en la orie ntación
profesional son muy diferente s
dependiendo d el nivel formativo.
Conforme aumenta el n ivel fo rmativo
se hacen más con scientes de l a
utilidad d e la orientación p rofesional
para sus carrera s profesionale s, y sus
demandas son má s específica s.
• Por otro lad o, el colectivo de
personas en dese mpleo con a lta
cualificación (titulad os univer sitarios)
se muestra aún más a nsioso a nte el
desempleo que otros, d ebido al
esfuerzo realizado p ara la alcanza r la
titulación y la imposibilidad p osterior
para el acceso al empleo
Género
(Molero López -Barajas
y Reina-Estévez, 20 14 ;
Suárez-Ortega, 2008 )
• Se impone la concil iación de l a vida
personal y lab oral. Emergen las
políticas de igualdad y n o
discriminación p or razón de género.
Colectivos en r iesgo de
exclusión
(Santana et al., 2016)
• Experimentan un a situación vi tal muy
compleja y viven la t ransición a la
vida activa como u na etapa
complicada, al t ener que enfrentarse
a una serie de barreras muy div ersas
que obstaculiza n su participació n en
la sociedad.
• Por diversos motivo s normalmente
relacionados con su s caracterí sticas
43
socio-económicas n o poseen
cualificaciones pro fesionales exigidas
y tienen mayores dif icultades y
necesidades espe ciales para acce der
al empleo.
Personas c on
discapacidades
(Barea Tejeiro y
Monzón Camp os, 2008)
• Se van imponiend o los derechos d e
todas las persona s al trabaj o.
• Los empresarios han de colabo rar
con políticas d e protección so cial.
Nivel económico
(Rubio Arribas, 2006 )
• El nivel económico p uede
condicionar el n ivel de acceso a
formación consid erada de val or en el
mercado laboral. La imposibili dad d e
costearla, así como la necesid ad de
aband onar los estudios a edad es
tempranas para intentar obten er
recursos econó micos, son
condicionan tes de las necesid ades de
orientación.
El entorno
(Sá Pinheiro, Penãloza ,
Monteiro y d o
Nascimento, 2014)
• Las característica s socio-fa miliares,
afectan al valor dad o a empleo en
general, a la forma ción, así co mo a la
preferencia por d eterminad as
profesiones. El ento rno (lugar de
origen de las person as) tambi én
puede condicion ar el acceso a
profesiones y recur sos, y por ta nto
condiciona las necesidades d e
orientación.
• Las oportun idades en el empl eo que
el entorno brin de serán
condicionan tes para las n ecesidad es,
pues la ausencia de op ortunidad es
laborales en la s ocupaciones
deseadas pro vocará que los
trabajad ores se empleen en o pciones
laborales no previstas y , a vec es, sin
relación con sus inter eses, lo cu al
puede dificultad el d esarrollo de una
especialización.
44
La situación en e l
empleo (Padilla-
Carmona et al., 2014 ;
Padilla-Carmona et al.,
en prensa)
• Las personas ocu padas tienen mayor
necesidad en la competencia d e
gestión de la carr era que los
desempleado s.
Elaboración propia
1.2.1.2. T ipos de carreras p rofesionales
Hemos coment ado que l os cambi o s en el mercad o lab oral af ectan
a los trabajad ores. El princi pal efecto que causan es hacer que la población
activa (población en edad de trabajar y en c ondiciones p ara hacerlo, donde
se suma la población ocupada y la que busca empl eo ) transite por l as
distintas situacion es en las que una persona adu lta puede encontrarse en
el mercado de trabajo : actividad y empleo, activ idad y desempleo,
inactividad por est udi os, actividad por cuenta ajena, activi dad por cuenta
propia, etc., (cuadro 1. 6). Lo cual genera a las pers onas diferentes tipos de
trayectorias o carreras profesi onales según la combinación de dicha s
situaciones.
Al inicio del capítulo vim os cómo, en la m ayoría de culturas o ccidentales ,
se consideran adultos a las personas de entr e 18 y 65 años, como ocurre
en España. Sin em bargo, en cuestiones de empleo, en nuestro país la edad
para poder iniciarse en el mundo laboral son los 16 años, dando así la
posibilidad de trab ajar a pe rsonas oficial m ente no adu ltas.
A la categoría de personas activas ocupad as, s egún INE (2016), el
Real Decret o que modificó en 2015 el Estatuto de los Trabajad ores (ET)
proporciona una distinción por tipo de contrato y duración de la jornada .
Existiendo a partir de entonces de for ma oficial (ET), den tro de la categoría
de personas activas ocup adas, dependien do del tipo de contrato, la s
subcategoría s: -Temporal o de duración determina da e -Indefinido; y
dependiendo de la jornad a: -Trabajad or a tiempo completo cuando la
jornada habitual semanal en contrato no es inferior a 30 horas, y -
Trabajador a tiempo parcial siempre que la jornada habitual semanal n o
sea superior a 35 horas. A mpliándose con ellas (oficialment e) el marco de
situaciones por las que una persona en edad d e trabajar puede transi tar.
45
Cuadro 1.6: Cla sificación de la Població n Activa
(Fuente: INE, 2016 )
Teniendo en cuenta las posib les situacione s en las que se pueden
encontrar las personas en edad de trabajar el mercado laboral, la variedad
de sectores de actividad por los que el trabajador transite, y su situación
de continuidad-discontin uidad en el empleo, consideram os que
podríamos diferenciar dist intos tipos de carreras pr ofesionales (cuadro
1.7):
• En la carrera de ocupación única , la persona accede a un trabajo
con gran seguridad de m an tenerlo, como pued e ser actualment e
el caso de los funcionari os, o el comúnment e conocid o trabajo
para toda la vid a .
46
Cuadro 1.7: T ipos de carreras profe sion ales
Sectores de acti vidad
SECTOR ÚNICO
SECTORES
AFINES
SECTORES
SIN
RELACIÓN
Situació
n en el
empleo
CONTINUIDAD
• Carrera de
ocupación
única
• Carrera
homogénea
-lineal o
carrera
progresiva
• Carrera
múltipl
e
• Carrera
dispers
a
DISCONTINUIDA
D
SUBEMPLEO
CARRERA
PROTEANA
(Elaboración propia)
• En la c arrera homogén ea-linea l (Alcalde, 200 4), o c arrera
progresiva, la persona elige en una fase temprana de su
incorporación al mercado de trabajo un sector de actividad en el
que se desarr olla d e f orma progresiva en la misma ocupación o en
ocupaciones afines, consiguien do m antener el empleo y
asumiend o gradualmente mayor responsab ilidad y recompensa.
• En la carrera múltiple la persona se desarrolla en un sector d e
actividad o profesión durante un tiempo, y tras este se mueven a
un nuevo sector. Suele ocurrir en la actualidad a personas que tras
elegir su sector d e ac tividad, y de sarrollar se en el mis mo de f orm a
lineal durante un periodo , se ven en la necesidad o deciden
cambiar de sector de actividad vo l viendo a construir una
trayectoria de d esarr ollo progresi vo en la nueva pr ofesión.
• En la c arrera dispersa la persona no permanece en ning ún sec tor
o tip o de trabaj o d e modo permanente, p or lo que no consigue u n
alto nivel de desarrollo en ninguna profesión, sino que va
desempeñand o distintas ocupaciones que pueden no tener
relación y/o encontrars e en distintos niveles de pr ofesionaliz ación
47
sin relación con la responsa bilid ad y/o cualificación de l os trabajos
desarrollad os con anteri oridad, “teniendo que ajustar sus metas
profesionales en funci ón de las posibilidades que brinda el
entorno” (Álvar ez, 20 12, p. 23).
Excepto la carrera de ocup ación única, el resto puede verse
afectadas p or la d iscontinu idad en el empleo , pudien do la situación p or s í
misma gene rar un tip o de carr era:
• En la carrera de desempleo la persona permanece durante
periodos p rolongad os de tiempo en desempl eo, qu e combina c on
periodos de actividad laboral. Ya sea en la misma ocupación o en
distintos sectores de actividad y diferentes puestos, la
característica d e esta carre ra es q ue la inacti vidad lab oral du rant e
periodos prolongados, desconecta al trabajador de la posibilidad
de progreso en su carrera l abo ral.
En todos lo s casos, el subempleo puede afec tar al des arrollo de las
carreras, de la misma for ma que en algu nos casos pod ría llegar a confir mar
un tipo de carrera :
• En la c arrera de subempleo los trabajadores, bien manteniénd os e
en la misma ocupación o concatenan do distintos emple os no
consiguen en su trayect oria mantenerse trabajando la jornada
completa a pesar de ser e st e su objeti vo.
• En l a c arrera proteana los trabajad ores (en lugar de la
organización) son quien es tienen las riendas y toman la s
decisiones respecto a la carrera basándose en sus valores
fundamentales , y donde los principales criterios de éxito so n
subjetivos (Hall, 2004). Lo s dos elementos centrales de la
carrera proteana son el comportami ento autodirigid o y las
motivaciones intrínsecas respecto a la carrera (Bridgstock,
2011).
48
Bridgstock (2006) afirma q ue las capacidades clave de la persona
que conduce la carrera proteana con éxito son l os recogidos en el cuadr o
1.8.
Cuadro 1.8: Capa cidad es cla ve para el éxi to de la carrera pro teana
• Toma la respon sabilidad pe rsonal de su desarrollo profesio nal.
• Tiene habilida des que so n transferibles de un t rabajo a o tro.
• Establec e y ma ntiene relaciones personales y profesionales e stratégicas.
• Es resistente y adapta ble.
• Está abierto a opo rtunidades profesionales.
• Tiene una im agen d e sí mismo y una confianza en sí mismo positivas.
(Fuente: Bridgstock 2 006, p. 10)
Desde nue stro punto de vista, est as capacidades so n h oy día clave
para el éxito en el empleo en la edad adulta, co n independ encia del tipo
de carrera profesional que la persona lleve a cabo, por ell o, el desarr ollo
de estas capacidades tam bién nos par ecen clave, como necesidades a
atender desde la orien tación profesi onal en la adu ltez en gen eral.
En cuanto a los tipos d e carrera, nos parece clar o que las p ersonas
afortunadas que aun som etidas a los continuo s cambios del entorno
consiguen hoy día manten erse emplead os, difícilmen te puedan acceder a
una carrera de ocupación única, pues el trab ajo para to da la vida ha
muerto (Agut, 2004). Así qu e los trabajadores que se mantienen ocupados,
se verán obligados a conform ar sus trayect orias pro fesionales de forma
progresiva en el mejor de los casos, en m últiples sectores o de forma
dispersa y p o sible mente en algún momento se vean afectados por la
discontinuidad en el e mpleo o el subempl eo.
Para los m enos afortunad os que en m ayor medida no co nsigu en
mantenerse empleado s, el panorama es más desolado r, pues l o cotidiano
para ellos será tener que enfrentarse a r epensar y decidir constantem ente
sobre su futur o profesional, a la vez que transitan por distintas situacione s
profesionales. Es decir, tienen que intentar definir y llevar a cabo sus
proyectos m ientras viven alternando el desempleo con el trabajo a tiemp o
49
completo o a tiempo parci al, el trabaj o por obra o servicio o de duración
indetermin ada, la realizac ión de prácticas o becas, el autoempleo o
emprendi miento a veces p or ausencia de alternativas laborales p or cuent a
ajena que cu mplen sus exp ectativas, etc., cuan do no caen en el d esánim o
y abandonan temporalmente el mercado de trabajo. En algunas
profesiones, en las que se trabaja por progra mas (como o curr e con l os
orientadores profesional es) llega a parecer la norma tener que alterna r
periodos de activid ad con periodos de desempleo en el que se cobra la
prestación, estando previs ta, que no aseguradas, la reinco rp oración al
puesto cuand o la presta ción finali za.
Ante estas múltiples situaciones, se convierte en una nece sidad,
tanto para los que consiguen mantenerse empleados, como para los qu e
tienen que alternar distintas situaciones en el empleo, elaborar un plan de
acción que atienda a las necesidades, intereses y expe ctativas pe rsonales
para intentar anticipar las futuribles necesaria s decisiones a tomar en sus
trayectorias profesional es dependiendo de los múltiples escenario s
posibles. Estas si tuaciones generan la nec esidad d e entender en el proceso
de o rientación para los adu ltos “un enfoque del desarrollo de la carrera a
lo largo de la vida en el qu e los aspectos de naturaleza personal asumen
una importancia c entral” (Enriques, 2007, p. 89) y primordial, pues se
comprende que en la adultez la ne cesidad de s olventar los incon venientes
de forma autón oma es mayor que en otras edades m ás tempranas, así
como que también son mayores las demand as sociales en este period o
vital.
1.2.1.3. Perfiles l abo rales de demandantes de orientación
profesiona l y empleabi lida d
Contempla mos, por tant o, que las personas nec esitadas de
orientación para la carr era no son únicamente desempleadas, sino
también trabajadores y trabajadoras con ex peri encia sin est abilidad en el
empleo, así c omo per sonas con e mpleos estables, que d esean cambiar de
ocupación o pr ofesión, y otros c olectivos. Muestra de ello es una de las
conclusiones de CEDEFOP (2016) en su encues ta sobre competencias y
50
empleo, en la que se afirma que más de uno de cada cuatro (27%)
empleados europeos se encuen tran en posici ones laborales a ext inguir, y
aunque en la actualidad posee c ompetencias más altas de lo necesario
para hacer su trabajo, por el trabajo que desarrollan tienen limitado su
potencial de crecimien to competencial. De hecho, el 2 2% de los
trabajadores encuestados afirma, según CEDEFOP (2016), que sus
competencias no se han d esarrollad o desde que comenzar on su trabaj o
actual.
Por lo que , atendiend o a la experiencia, dentro del c olectivo de
adultos necesitados de orientación profesional, a gran des rasgos, ta mbién
podríamos diferenciar varios perfiles lab orales, como los recogidos en el
cuadro 1.9.
Cuadro 1.9: Perf iles lab ora les de persona s de manda ntes de orienta ción
Perfil laboral
Caracter ísticas
Personas sin
experiencia
laboral
Se enfrentan por primera v ez a la b úsqueda d e
empleo o lle van tiempo b uscando empleo sin éxito.
Bien p or su juventud o po r no hab er n ecesitado
trabajar por pertenecer a un núcleo famil iar en el que
eran otro s lo s que tra bajaban (ejemplo: amas de ca sa
que al encontrars e sus marid os en d esempleo, en la
actualidad se plantean t rabajar fuera del hogar).
En este colect ivo exist en distintos tipos de sub -
perfiles en relacionad os con la cu alificación, la edad,
sexo, etc., q ue repercute en diferencias en las
necesidades de ori entación.
Profesionale s
con
experiencia
laboral
En situa ción de desemp leo , tras haber desempeñad o
durante años tareas que ya s on obsole tas p ara e l
mercado laboral o pueden llegar a serlo si tardan en
volver a incorporars e al trabajo (pudie ndo además,
estar o no cobran do prestación o ayud a no
contributiva).
51
En situación de emp leo inesta ble , pudiendo ten er
experiencia en varia s ocupaci ones.
Profesionale s
con empleo
estable
Son trabajad ores q ue desean d ar un giro a sus
carreras y cambiar de ocu pació n o pro fesión.
( Elaboración propia)
Para todos (trabajador es emplead os con empleos estables o si
estabilidad, desempleados con o sin experiencia, colec tivos en riesg o,
etc.), hacer frente al escenario de l as múltiples transiciones que se lle van
a cabo actualmente en la edad adulta, desde un tipo de trabajo a otro ,
desde el trabajo a la formación, desde el trabajo al no trabajo y
nuevamente de este a un trabajo distin to del anteri or, etc., supone un
esfuerzo de planificación para el desarrollo de la carrera. Teniendo que
incluir en la planifi cación la posibilidad de tener que posponer sus
proyectos pers onales debido a la necesidad de una m ayor est abilidad en
el emple o para poder satis facerlos. Das Dores y Abrantes (2005) afir man
que esta realidad llega a producir en algunos casos la re versibilidad de
situaciones sociales, como ejemplo, adultos que habían co nseguid o
independencia econ ómica a tra vés del trabajo se vean obligados a volver
a casa de los padres, a retomar los estudios, etc., debid o a las situacion es
transicionales de disconti nuidad es, saltos y retrocesos por las que
atraviesan en el emple o.
Así, un objetivo común para todas las personas usu arias de la
orientación será aumentar su em pl eabilidad (hacerse empleables o re-
empleables), bien por no tener las compet encias necesarias para acceder
al mercado de trabajo, bien por desear cam biar a una ocupación para la
que necesiten inc orporar a su “cartera” de competen cias otras nuevas, o
simplement e porque, en su actual o cupaci ón, las act uales demandas del
mercado de trabajo les obligan a actualizarse para m an teners e
empleables.
Siguien do a la OIT (20 04) , y de a cuerdo con Echev errí a (2016),
entendemos la empleab ilidad como:
58
1.2.3. EL PAPEL DE LA ORIENTACIÓ N PROFESIO NAL ANTE LAS
NECESIDADES DE LAS PERS ONAS A DULTAS
A modo de resum en, en cuanto a las necesidades de Orientación
para la Carrera en la edad adulta, con independencia del deseo habitual
de la m ayoría de las personas en la adultez de estabil izar su situación
laboral, la realid ad económico- so cial determinad a por un mercado de
trabajo con escasa o ferta de empleo estable, dificulta a las personas la
organización de sus carreras pr ofesionales y, como consecuen cia, impide
o retrasa el logro de proye ctos pers onales para l os que la independencia
económica es factor fundamental. Así que no les que da otra opción que
acostumbrars e a pasar periódicam ente por di stintas transiciones
profesionales y situaciones en el emple o que alteran el desarrollo de su s
trayectorias pr o fesionales y vitales, dado que en l a actual idad las car reras
de ocup ación única so n cad a vez más escasas, y las car reras múltiples o las
dispersas y discontinuas se convierten en las más com unes. L a sucesión de
periodos de inactividad laboral con emple os de casi cualq uier índole y
condición, con la que se v en o bligados a convivir de forma frecuente, les
exige tanto capacidad de m ovilidad y adaptación co mo flexibilidad en la
reelaboración de sus proyectos pr ofesionales. De esta for ma, las
necesidades en los procesos de transición en el empleo y desarr ollo de la
carrera de las personas adultas son cada vez mayores. Situación para la
que viene haciénd ose nec esaria el uso de la orientación pr ofesional, n o
para ayudar en la elecci ón de la profesión, sino co n la función de
acompañar de forma per manente hacia el cambio y en función de las
posibilidades y exigencias del entorno. Convirtiénd ose en ind ispensabl e
incorporar en las carreras profesionales estrategias tanto para integrar el
desarrollo pers onal desde los distint os papeles que están lla mados a
desempeñar (rol familiar, rol laboral, etc.) , y los conflictos que de ellos
pueden surgir, como est rategias en la prá ctica de la búsqu eda y
mantenimient o del empleo y la empleabilidad , para optar a co nsegu ir
avances signifi cativos en l os proyectos vitales y prof esionales.
Por otro lado, la orientaci ón profesional debe proporcionar a las
organizacione s posibilidad es de mejora en el desarr ollo de los recursos
humanos, para lo que habr á de estar atenta a las trans formacion es que las
empresas marcan en el mercado laboral . En el mundo empresarial, el uso
59
de la orientación para la carrera es tá relaci o nado con la gestión y
desarrollo de los recursos humanos. En este sentido, la orientación será
requerida por las empresas en mayor o menor medida dependiendo en
gr an parte del ta maño y la política de la empr esa.
Es ev id ente, por tanto, que la inserción profesi onal no es tan so lo
la incorporaci ón al mundo del trabajo en f orma de un “primer empleo”,
sino la conse cución de la est abilidad en la pr ofesión en una posición
satisfactoria. Ante esta s cuestiones plantea mos las siguientes
intervencione s (cuadro 1.12 ).
Cuadro 1.1 2: Propue stas de inter venciones ante l as n ecesidades de
orientación pa ra la car rera
Necesidades d e orientac ión para la
carrer a
Propue stas para la int ervenc ión
1. 1. Las organiza ciones pu eden
necesitar asesoramiento en lo s
procesos de re estructuración
empresarial en lo refer ente a la
recolocación y reci claje de rec ursos
humanos.
- Estar al día d e las nuevas for mas de
organización empre sarial y de las
implicaciones de e sta en la de manda
de trabajo, y preparad os para la
colaboración co n la empresa.
2. 2. Existen usuarios q ue no ent ienden
el objeto de la o rientación. Ac uden a
los servicios bus cando oferta s d e
empleo.
- Adaptarse a los ni veles de
comprensión d e los usuario s e
informar de for ma precisa so bre los
objetivos de los s ervicios de
orientación.
3. La s personas adultas necesitan ser
atendidas en las trans icion es,
procesos de cambios e
incertidumbre laboral.
3. - Enseñar a elaborar planes de acción
que at ienda a las necesidades,
intereses y expectati vas pe rsonales
para intentar anticipar las decisione s a
tomar ante los cambio s, así como a
comprender las transicione s como
periodos n ormales qu e h ay que
aprender a gestionar e incorporar en
los planes de carr era profe sional.
4.
5. – Enseñar a con struir el p royecto
profesional y vital.
6.
7. - Enseñar a gestionar la pro pia carrera
profesional.
8.
60
9. - Elab orar pro gramas de formació n en
la toma de decision es profesi onales.
4. Debido a la s necesidad es
económicas algunos dese mple ados
necesitan encontrar empl eo a ntes d e
pensar en carrera s profesiona les.
- In corporar orientación para el
empleo como parte del plan de acción
de orientación p ara la carrera de
aquellos usuarios con urgencia de
encontrar empleo.
5. Algun os u suarios d esm otivado s
por el poco éxito en la búsqu eda de
empleo se convierten en
desempleado s pasivos.
- Favor ecer act itudes persona les hacia
el trabajo y actitud positiva hacia la
búsqueda d e empleo y la acti vación.
10. 6. Desarrollar mecanismos p ara
conseguir la tran sferibilid ad de
conocimiento s de competencias
clave en término s de e mpleabilidad
de unas ocu paciones a otras.
11. - Fomentar la es pecializa ción de
orientadores y el uso del Ba lance de
Competencias en Orientación
Profesional.
12. 7. Atender a la d esventaja de
profesionales con conocimientos
desactualizados. R eciclaje.
13. 8. Atender a las de sigualdade s
14. - Colaborara con las políticas para la
igualdad de oportunidades.
Considerando todas la s variab les:
edad, sexo, raza , clase, impe dimentos
físicos y psíquicos, etc.
15. 9. Atender a las ca rencias
competenciale s de los usuario s.
16. - Fomentar la formación permanente y
asesorar sobre la for mación qu e pueda
sumar al objetivo y a la carrera de los
usuarios.
17. - In tegrar en todas las interv enciones
el aprendizaje y uso de la competenc ia
estratégica aprend er a apren der.
18. 10. La of erta de empleo r equiere
experiencia
19. – Facilitar p rácticas pro fesionales
desde la orientación p rofesion al.
(Elaboración propia).
61
1. 3. APOR TACIONES DE LA ORI ENTACIÓ N PROFES ION AL AL
DESARROLLO D E LA CAR RERA PR OFESIO NAL Y V ITAL EN LA
ADULTEZ
La orientación profesi onal trata de ayudar a las personas a
ubicarse en el m undo del trabajo y a preparar las eleccion es futuras al
respecto de este. Así, trabaja tanto probl emas educativos com o
vocacionales qu e al obj eto d e estas cuestion es pueda n originarse.
En este apartado intenta ndo segu ir u n ord en cron ológico con
algunas defin iciones de orientación profesiona l presentarem os un
resumen del origen y la evolución histórica de la misma m arcan do el
camino hacia la actual orie ntació n para la carrera .
Con un alto grado de a cuer do el inici o de la orientación profesional
como actividad f ormal se sitúa a comienz os del S.XX con la pub licación en
1909 del clásico Choossing a Vocation, de Frank Parson (Padilla-Carmona ,
1999).
Is us (2008) afirma que en sus orígenes la orientación profesional
intentaba dar r espuesta f undamental mente a tres cuesti o nes: 1) a la
dificultad de elegir una profesión en una s ociedad sometida a gran des
cambios económicos y sociales, tales como las nuevas p rofesiones
emergentes y la división del trabajo que crea ban un clima de
incertidumbre y desorie ntación a quienes querí an incorporarse a l
mercado laboral ; 2) a la creciente importancia de la Formaci ón Profesi onal
en una sociedad industrial que necesitaba té cnicos especialistas ; y 3) al
interés en c ompensar las desig ualdades sociales fruto de la inmigración y
la falta de cualificación para los nuevos puestos de trabajo. La auto ra
también sostien e que el avance de la psicometría y de los movimient os
psicológicos de atención a la salud m ental en el trabajo, ayudar on al
impulso de la orientación p rofesi onal como cien cia.
En sus comienzos la persp ectiva de la orientación pr ofesional era
la del enfoque de rasgos y factores , el cual basado en las premisas de qu e
ca da persona tiene un modelo único de rasg os (características y cualidades
62
personales), y cada puesto de trabajo unos requis itos para su buen
desempeño, considera que cada persona depend iendo de sus
características y cualidade s personales puede desempeñar mejo r una
ocupación única. Para ello, es necesari o que las características y
cualidades personales del trabajador, c oincidan en el mayor grado posible
con las compe tencias requ eridas po r el tr abajo a reali zar.
Así el enfoque de rasg os y factores, desde una perspectiva
direccionista, y con la creencia de que tanto el nivel de satisfacci ón de los
trabajadores como su produ ctividad crecen proporcionalm ente al ajust e
entre rasgos per sonales y ocup aciones, consid era a la orientación co mo el
medio para ubicar a cada persona en el puesto de trabajo cu yos requisitos
coinciden con las aptitudes personales, es decir, en la elaboración o
realización de tareas d onde pueden resul tar más competente s:
La orienta ción profesional tiene como fin dirigir a un
individuo [...] hac ia la profesión qu e le ofrezca más
probabilidade s de éxito porque responde mejor a sus
aptitude s psíquicas o física s (C laparède, 1922, p. 37).
La orienta ción profesional c omprende el conjunto de
procedimien tos científicos encamina dos a determinar la
pr ofesión co nveniente a un individuo joven que se incorpora
a la vida social, ayud ándole así a resolver uno de los
problemas má s esenciales d e su vida (Chleusebairgue, 193 4,
p. 15).
En la actualidad los supuestos del enf oque de rasgos y factor es se
consideran insostenibles, si se tiene en cuenta la nueva concepci ón del
desarrollo vocaci onal (Álvarez Gonz ález, 1995). Sin embargo, sus
supuestos básicos siguen siendo útiles hoy día. Así, Álvarez González y
Sánchez García (2 012) afi rman que en la nombrada obra de Pars ons ,
Choossing a Vocation , se presentan tres supuestos básicos en los que
basar la orientación pr o fesional: 1) el autocono cimient o de las cualidades
personales, habilidades e intereses, 2) el co noci miento del mundo
profesional y de las ocupaciones, y 3) la interacci ón y equilibrio entre
ambos.
63
Aportando connotaci ones para la definición actual en cuanto al
conocimiento del mundo profesi onal y de las ocupaciones, Claparède
(1922) contribuy e con una aclaración también valiosa hoy día, sobre tod o
para los técnicos de orientación, refirién dose a la imp ortancia de conoc er
las aptitudes que se requie ren en las diferentes profesiones, así como el
funcionamiento del mer cad o de trabajo:
La soluc ión de los problem as de la orientación
depende de tres factores princ ipales: 1) del con ocimiento de
la persona a la q ue se va a orientar; 2) del c onocimiento de
las aptitudes requeridas para las distintas profesiones; 3) d el
conoc imiento del merca do de traba jo (Clap arède, 1922, p.
38).
El enfoque de rasgos y factor es mantuvo su hege monía en la
aplicación de la o rientació n hasta los años cincuenta. Álvarez González y
Sá nchez García (2012) afirman que aunq ue pueden hallarse algunas
definiciones d e orientació n profesi onal c on el emen tos d e et apas m ás
actuales, es difícil q ue antes de los años cincuenta las definiciones de
orientación profesional no estén marcadas por la idea del ajuste del
individuo al puesto de trabajo en función de sus aptitudes y de los
requerimi entos del empleo, y que no reduzcan la intervención a un
mo m ento puntual. Apu ntamos que hoy día más que orientación
profesional serían c onsider adas acci ones de ori entaci ón en el emple o.
Mira y López (1947, cit. P or Rodríguez Moreno, 1998) afirman que
la o rientación profesiona l es una actuación científica compl eja y
persistente, destina da a conseguir que cada p ersona se dediqu e al tip o de
trabajo profesional en el que con menor esfuerzo pueda o btener mayor
rendimiento, pr ovech o y satisfacci ón para sí y para la s ociedad.
También comprobamos como desde los inicios de la orientación
profesional existen definici ones de o rientación referi das a la orientación
educativa, esto es debido a que la mi sma ha marcado la pauta para definir
la orientación profesional :
64
[La orientación profe siona l consiste en…] “Asistir al alumn o para
elegir una ocupación, prepararse para ello, ingresar y progresar en ella”
(National Vocation Guidance Association, NVGA, 1937, en Álvare z
González y Sán chez García, 2 012, p. 2 7).
Siguiend o a Sánchez García y Álvarez González (2012), es a partir
de lo s años cincuenta con las aportaciones de D . E. Super, y con la
introducci ón de los conceptos desarrollo vocacion al ( vocational
development ) y desarrollo de la carre ra ( career develop ment ), cuando se
comenzó a utilizar una nu eva concepci ó n de orientaci ón profesional y sus
métodos de interv ención que incorporaba elementos y principios
esenciales que perduran en la actualidad y no habían sido contemplad os
anteriormen te.
[La orientación es…] el proceso m ediante el cual se
ayuda a un a pe rsona a desarrollar y ac eptar u na im agen
complet a y adecuada d e sí misma y de su pap el en el mundo
laboral, a poner a prueba este concepto frente a la realidad
cotidian a y a convertirlo en un a realidad para su satisfacción
personal y para beneficio d e la soc iedad (Super, 1951 cit. por
Álvarez Gonzá lez y Sánchez G arcía, 2012, p. 28).
En las siguientes defin iciones observam os cómo esta nuev a
concepción de orientación profesi onal va incorporando el carácter
procesual y sistemático de la ayuda prestada, en consonancia con los
procesos madurativos y evolutivos que tienen lugar en el individuo; el
papel activo de la persona orien tada, en la autorreflexi ón, en la
comprensi ón del ent orn o laboral y social, y en la confrontaci ón frente a l a
realidad; más adelante, la autoconstrucción de la propia identidad
personal y profesional; la ampliación de l os fines de la ayuda orientadora
que abarcaría no s ólo la integración social a tr avés del trabajo, la eficacia
productiva y el beneficio social, sin o también el elemento de satisfacci ón
personal y, ulteriorm ente, desde una progresi va v isió n holística, la propia
autorrealizaci ón.
La orienta ción profesiona l se sue le definir como el
conju nto de conceptos d irectivos y d e métodos que ayudan
65
para ind icar a ca da uno el trabajo pa ra el que posee las
ap titudes y ca pacidades necesarias y en cuyo ejercicio, por
consiguien te, ti ene la posibilidad de salir c on éxito hasta
consegu ir los mejores resultados para utilidad prop ia y de la
misma socied ad (Gemelli, 1959, p. 8).
Hoyt (1962) define la orientación como aquella parte de los
servicios dirigid os a desar rollar al máximo las potencialidad es de las
personas, ofreciéndole s asistencia en sus problemas personales, en sus
elecciones y en sus decisiones, a medida que v an encaminándose hacia la
madurez, y por su parte, Tiedeman y Field ( 1962) consideran la orien tación
profesional como el us o profesionaliz ado de una cien cia intencional de la
acción insertada en la estru ctura educativa.
Una de las definiciones qu e mayor impacto tuvo fue la de J. O.
Crites et al. (1969) que describen la orientación profesional como el
proceso o programa de asistencia o ayuda planificad o para ayudar a una
persona a ajustars e a su proy ecto pr ofesional.
Castaño (1983) incorpora presupuestos evolutivos e insiste en el
papel activo de los o rienta dos en la toma de decisi ones. Para el autor la
orientación vocacional es un proceso de m adura ción y aprendiz aje
personal a través del cual se presta una ayuda para facilitar la toma de
decisiones vocacionales a las personas, c on el objeto de que logren u n
óptimo de realización personal y de integraci ón por medio del mundo del
trabajo.
Del estudio de las definicio nes se infiere que hay apro ximaciones
de muy distint o est ilo y fundamenta ción, pues las m ismas varían según los
enfoques, que en parte d ependen de las ide ologías, los ento rn os y las
sociedades. Así, s e observa cóm o a lo larg o del siglo X X y principios del XXI
se v a dand o más import ancia a la toma de decisiones personales, al valor
socioeconómic o de la auto-o rientaci ó n, así como al desarrollo de las
competencias.
Las definiciones actuales en Europa se han ido gestando y
adaptando a cada país de la Unión Europea a partir de los numeros os
66
trabajos de A. G. Watts, qu ien en 1988 publicó la síntesis integrada de las
tres dimensi ones de l a o ri entació n profesional : la orientación educativa,
la orientación personal y la orientación pr ofesional.
Otras definicione s insisten en su caráct er holístic o, sistemático y
comprensivo, así co mo en su necesid ad de pla nificaci ón.
La orientac ión vocacional se puede definir en alguno
o todo s estos términos:
a) Programa sis temático de información y
experiencias e ducativa s y labor ales coo rdinadas con la la bor
del orientado r, plan ificadas para auxiliar el de sarrollo
vocac ional de una persona.
b) Parte principa l d e l a educació n profesional que
integra familia, comun idad y escuela para auxiliar en el
aprendizaje de la auto dirección.
c) Conjunto de proc esos, técnicas y servicios
múltiples, p lanificados pa ra ayudar a u na persona a
conoc erse a sí misma, a actua r en con sec uencia, a conoc er
las opo rtunidades del mundo lab oral, educativo y de ocio, y
a desarrollar dest rezas para to mar decisiones c ara a
organizarse la propia vida profesional (R o dríguez Moreno,
1991, p. 226).
Álvarez González (1995) entiende por orientación pro fesional al
proceso sistemátic o de ayuda, dirigida a todas las personas en peri odo
formativo, de desempeñ o profesional y de tiempo libre, co n la finalidad d e
desarrollarse en aquellas conductas vocaciones que le preparen para la
vida adulta. Po r su parte Rodríguez Romero (2000) la considera como un
proceso socio-educati vo que atiende al desarroll o integral de todas las
personas con la finalidad d e a yudarles a c onstruir pro yectos profesional es
y vitales individuales y col ectivos que permitan la adaptabilid a d crítica y
transformado ra al context o sociolaboral así co mo el desarroll o socio -
comunitario.
Según el Consejo de la Unión Europea (2004) la o rientaci ón
profesional hace referenci a a una gama de actividades que capacita a la
ciudadanía de cualquier edad y en cualquier m omento de su vida a
67
determinar sus capacidad es e intereses, a adoptar de cisiones educativas ,
de formación y de em pleo , y a gesti onar su aprendiz aje y la trayectoria
individual de sus v idas en cuanto al aprendiz aje, el trabajo y otras
cuestiones en las qu e se ad quieren o se utilizan comp etencias.
Con estas medidas se intenta recuperar paulatin amente las
funciones o riginarias de la orientación, adaptándo las a los ti empos
actuales:
• Capacitar a los ciudadano s para gestionar y planificar sus
it inerarios d e aprendizaje y labo rales c on arreglo a sus
objetivo s vitales, relacionan do sus c apacida des e intereses
con la educación, la formación, las oportunidades de empleo
y el auto empleo, y contribuyen do así a su realiza ción
personal.
• Ayudar a las institucione s de educación y formación a contar
con a lumnos, estudiante s y aprend ices motivad os que
asuman la responsabilidad d e su propio ap rendizaje y fije n
sus propios obje tivos en sus re sultados.
• Ayudar a las empresa s y organizacion es a contar con
personal motivado y adaptable, capaz d e acceder y
beneficiarse de las oportun idades d e ap rendizaje ofrecidas
en el lug ar de trabajo y fuera d e él.
• Ofrecer a los responsables po líticos un medio im portante
para conseg uir u n amplio c onjunto de objetivos de interés
público.
• Apoyar las eco nomías loc ales, regiona les, nacio nales y
europeas a través del desar rollo y la ad aptació n de los
trabajado res a las dem andas eco nómicas y las circunstancias
sociales ca mbiante s.
• Ayudar a establece r sociedades en las que los ciudad anos
contribuyan activa mente a su desarrollo social, democ rático
y sostenible.
(CEDEFOP, 2006 cit. por E cheverría, 2016, p. 15)
74
➢ Enfoqu e tipológico de Hollan d (1973, 198 5)
Junto con E.D. Super, J. Hol land está considerado com o el te ór i co
más pr ominente en el ca mpo del desarr ollo p rofes ional y la elección
vocacional. El enfoque tipol ógico de H olland está basa do en el enfoque d e
rasgos y factores aunqu e más elaborado y estructurad o (Álvarez González ,
1995; y Sánchez García, 2 013). Este enfoqu e aporta u na explicaci ón sobre
la relación entre el individuo y su ajus te vocacional, de manera que la
conducta vocacional está explicada por la interacci ón entre el tipo de
personalidad del individuo y el ambiente (context o) donde se desarr olle.
La teoría de Holland ha sido lla mada tipológica porque sostiene que
pueden describirs e una ser ie de tip os de p ersonalidad , así como un a seri e
de tipos de ambiente profesional, en concret o seis qu e coinciden con las
tipologías, y defiende que la m ayor parte de las personas pueden ser
clasificadas en nues tra cu ltura en uno de los seis tipos bási cos de
personalidad : Realista, Intelectua l, Artístico, Social, Emprendedor ,
Convencion al . “ Las p ersonas tratan de enc ontrar los ambient es que l es
permiten ejercitar mejor sus destrezas y habilidades, expresar sus
actitudes y valores, y afrontar sus problemas y funci ones ” (Sánchez García ,
2013:33).
Las principales aportaci ones que realizó el enfoque tip ológico a la
orientación pr ofesional fue ron:
• Introduce un c oncepto nuevo: el autocon ocimient o.
• La creación de dos instru mentos para la elección vo cacio nal:
el inventario de p referencias vocacionales (VPI :
VocationalPrefer enceInventory) y el inventario de
investigación aut odirigid o ( SDS: SelfDire ctedSear ch).
• Desarroll o de un sistema de clasificación ocupacion al (15
campos ocupaci o nales).
• Asume el constructo de la madurez vocacional: la persona
vocacionalmen te madura es aquella qu e manifiesta un alto
grado de consist encia, diferenciación y congruencia en su
elección vocacional.
75
1.3.2 .3 . Enfo ques evolut ivo s
Los enfoques evolutiv os fueron los que comenzaron a introducir la
orientación profesi onal en la adultez. Asimism o, m ientras que l os
enfoques anteriores tienden a circunscribir la elección profesi onal a un
momento deter minad o, los enf oques evolutiv os consideran que las
decisiones implic adas en la selección d e una ocupación s e toman e n
diferentes m omento s de la vida de un individuo (Corominas, 2006)
constituyendo un proceso continuo que comienz a en la infancia y finaliz a
al alcanzar la madurez c omo adult o .
Los enfoques evolutivos son los que intr oducen el c oncepto de
desarrollo de la carrera.
Las te orías evo lutivas o teorías c entradas en el
desarrollo de la carrera, tie nen como ca racterística más
destacab le la c onsideración de la decisión vocacio nal, n o
como un suceso p untual, sino como u n proceso que se
desarrolla a lo la rgo de c iertas ep atas y que e s ind isoc iable
del de sarrollo general d e la persona. (Sánchez García, 2013 ,
p. 35)
Además, según P adilla-Car mona (1999), los enfoque s evolutivos
nos permi ten acercarnos al desarrollo vocacional desde una p erspectiv a
holística. Resulta difícil separar el rol de trabajad or de o tros roles
desempeñados por la persona; todos estos papele s co nfiguran el estil o
vital de la misma y e volucio nan de forma conjunta.
Los diferentes enfoques evolutivos tienen en común una serie de
características :
1. Consideran la elección vocacional como un proceso qu e se
extiende en el tiemp o.
2. Con el transcurso del tiempo el individuo adquiere no solo
la capacidad de dar una mayor variedad de respuestas,
sino también que éstas s ean más apr opiadas.
76
3. Consideran la elecci ón vocaci onal como aspecto del
desarrollo gen eral de la persona a lo largo de su v ida, y
como un aspec to independ iente.
4. Estas teoría s o torgan un papel crucial al autoconcep to,
como factor princip al en el desarrollo de la carrera , en
cuya c onformación influyen decisivamente los fact ores
ambientales, parti cularme nte, los modelos de roles que
son significati vos para cad a persona.
5. Aceptando el desarrollo de la carrera como proces o
continuo que se da a lo largo de la vida es posible la
determinación de di versos peri odos o etapas, con
características propias y ordenadas secuencialm ente. Así,
“el desarr ollo de la carre ra es po r tanto un proceso
evolutivo que dura to da la vida y que incluye ciertas
etapas, todas ellas funda mentales para el desarro llo,
caracterizadas por la realiz ación de cierta s tareas”
(Sánchez García, 2013, p. 35).
Destacan en este campo investigaciones relevan tes como las
realizadas por E. Ginzberg, J.O. Crites, W.D. Gribbons y P.R. Lohnes, L.S.
Gottferdson, S. Gysberg, D. A. Jepsen y J.S. Dilley o T.L. Hilton. Pero , sobre
todo, han sid o las aportaci o nes de D .E. Super las más completas y las que
más han influido en el desarrollo d e la orientación profesional (Sánche z
García, 20 13).
➢ Enfoqu e Socio-fen omeno lógi co de Supe r (195 7, 198 3…)
Este enfoque (cuadro 1.13) ha desarrollado instrumentos par a
identificar las pre ferencias vocacionale s, y ha tenido gran arraigo en la
fundamentaci ón de progra m as y en la investigaci ón.
Padilla-Carm ona (1999) afirma que el enfoque de Super integra
aportaciones de la psicol ogía evo lu tiva, diferencial , de la personalidad,
etc., pero sobre todo, es un enfoque capaz de contemplar a la persona
desde una perspectiva integral, en la cual confluyen unas habilidad es,
valores, roles, inte reses, etc., que interactúan entre sí , condici onando las
77
decisiones que toma y la sa tisfacción o insa tisfacci ón c on la que afr onta l a
vida y la profesión. P ara Patton y MacMal on ( 2006), el autoconcepto com o
determinante d e la elecció n vocacional y las et apas del desarrollo de la
carrera son la bas e de su t eoría.
Repetto (2 003) afirma que, aunque las teorías sobre el desarroll o
de la carrera han evolucionado y se han enriq uecido con nuevas
aportaciones, las etapas de l desarr ollo de la carr era propuestas por Supe r
y sus co lab oradores (1957, 19 77, 1884) siguen siendo válidas a la hora de
considerar la e volución pr ofesional d e los suje tos.
En cuanto al desarroll o de la carrera Super (1990) describe su
teoría com o segmen tada, f ormada por un conjunto d e ella s que tratan con
aspectos específicos del la m isma, tomados de la psicología evolutiva,
diferencial, social, de la personalidad y feno menol ógica, y unificadas por
el autoconcept o y la teoría del apr endizaje (Padilla-Carm ona, 1999;
Repetto, 2 003).
Cuadro 1.13: Teo ría de l enfo que Socio-fenomen ológico de Su per (1957,
1983…)
TEORÍA
Supuesto s
Básicos
1. El p roceso de desarrollo vo cacional se cen tra en el
desarrollo y realización del conc epto de sí mismo.
2. Cuando un individu o lleva a c abo una elecció n
vocac ional, éste a tribuye unas d eterminadas
características pe rsonales a la p rofesión elegida.
3. El individu o tom a su d ecisión no en un m omento
determinad o, sino a lo largo de su vida.
4. El c oncepto de la madurez vocacional viene
representado por la c ongruencia entre el
compo rtamiento voc acional del individuo y la
condu cta vocacional q ue se espera de é l.
5. Una carrera se comp one de u na constelac ión de
roles y, de ntro de ésta, el número d e roles varía con
la edad .
Aportaciones
• Es uno de los e nfoques más comprensivos y d e mayor
proyección de futuro.
• El autoconce pto o concepto de sí mismo com o
determinan te en la elecció n vocacio nal a través de
78
un proc eso de clarificación , implem entac ión y
traslación a términos voc acionales.
• La madurez voc acional. Concepto a cuñado por Sup er
y utilizado pa ra describir el grad o de mad urez que un
individuo posee en u n mo me nto d eterminado de su
vida.
• Las e tapas de desarrollo se estructuran de la
siguiente fo rma:
1. Etapa de c recimiento (0-14 años) que In cluye las
subetapa s de fan tasía, interese s y ca pacidades
y aptitud es;
2. Etapa de exploración (15 -24) con las subetapas:
tentativa , transición y e nsayo;
3. Etapa de estab lecimiento (25 -44) con las
subetapa s de ensayo y estabilización;
4. Etapa de manten imiento (45-64);
5. Etapa de decadenc ia (65 en adela n te).
• Las ta reas voc aciona les: Su per ide ntifica cinco
actividad es que tie nen lugar e n el proc eso de
desarrollo: 1. C ristalización d e una preferencia (14 -
18 años); 2. Especificac ión c lar a de esa preferencia
(18 -21 a ños); 3. Imp lementac ión de esa p referenci a
(21 -24 años); 4. Esta bilizaci ón en la preferencia
elegida (25-35 años); 5. Consolida ción del propio
status d entro de la ocu pación elegida (35 años en
adelante ).
• El mod elo de carrera profesio nal: Su per ha utilizado
dos formas d e desc ribirlo: a) El modelo «enrejado»
representa el mundo laboral en un enrejado con tres
dimensione s: niveles oc upacion ales, campo s de
ocupa ción y tipo de empresa d onde se desarrolla el
trabajo; b) el modelo de «a rco iris», resultado d e
ensamblar la teo ría de los ro les con las eta pas d e
desarrollo.
• Construcción y valida ción d e dos instrumentos: e l
CDI (CareerDevelopm entInvento ry), ACCI
(AdultCareerConc ernsInventor y) y el WVI
(WorkValuesInvento ry).
• Considera la tom a de de cisiones como u n proceso.
Limitaciones
• Hay aspectos de e ste enfoque que n ecesitan una
mayor claridad y desarrollo, como es el caso del
proceso de traslació n del concepto de sí mismo a
términos vocacionales; la operac ionalidad del
constructo de la madurez vocac ional; la validación
plena de los instrume ntos d e medi da antes cita dos y,
79
en estos m omento s, se cuestiona la lin ealidad de las
etapas de de sarrollo que propone, especialme nte las
edades.
(Fuente: adapta do de Álvarez González y Sánchez G arcía, 20 12, p. 38 -39 )
1.3.2 .4 . Mode los ba sados en la toma d e dec isiones
Consideran la elección vocacional como un proceso cognitiv o que
comporta la planificaci ón y el desarr ollo de una serie de procedimient os
que el individuo ha de poner en práctica en las diferentes etapas de su
desarrollo pers onal.
➢ Enfoqu e de apren dizaje social para la toma d e de cisio nes de
Krumboltz ( 1979,1 996)
John D. Krumboltz (1979, 1996), cuyo enfoque se muestra en
cuadro 1 .14 , plantea su propuesta desde la teoría del aprendizaje social ,
considerand o que las co ndu ctas, las actitudes, los intereses y los valores
se adquieren y mo difica n de fo rma continua, en función de las
experiencias de aprendiz aje (Padilla-Carm ona, 1999). Las personas
contrastan continu ament e las e xperiencias d e aprendi zaje. Así los é xitos y
fracasos influyen en la elección y en la conducta voca cional, tratando de
evitar las experiencias erróneas y de repr o ducir las exitosas (Sánchez
García, 2013) . Para Krumboltz cuatro tipos de aspectos influyen en el
proceso de decisi ón: lo s comp onentes g enético s, las c ondiciones
ambientales, las experienci as de aprendizaje del sujeto y las destrezas para
realizar la tarea. Así este enfo que reconoce que la persona está en
permanente cambio, dad o a que las condiciones sociales, ambientales y
culturales son diná micas (Repetto, 2003).Pero, sin duda, para Krumbo ltz
ocupa un papel importante el “ azar ”, de tal suerte que deban planificars e
intervencione s para la opor tunidad con el fin d e ayudar a l o s orientad os a
generar, reconocer e inc orporar el azar en el desarr o llo de sus carreras
(Mitchell, Levin y Krumoltz, 1999 en Repetto, 2003). Según estos autores,
la casualidad planificada inclu ye dos elementos: a) la exploraci ón genera
el azar de las opo rtunidad es y b) las compet encias cap acitan a las persona s
80
a no d ejar escapar las oportun idades. Las competencias para pr omover las
oportunidades son cinco: la curiosidad, la persistenci a, la flexibilidad , el
optimismo y el riesg o.
El m odelo de Krumboltz contempla la compleja co nstelación de
factores internos y situacionales que afectan a la toma de decisiones .
Podría considerarse, en este sentid o, como un enfoque bastant e
comprensivo. Sin embargo , una de sus principales debili dades, (Brown,
1990 en P adilla-Car mona, 1999) es su carácter no evolutivo y su falta de
atención a las situaciones de cambio profesional que se experimentan en
la adultez.
Cuadro 1.14: Teo ría del en foque de ap rendizaje social pa ra la to ma de
decisione s de Krumbolt z ( 1979,199 6)
TEORÍA
Aspectos
que
influyen
en el
proceso
de toma
de
decisio-
nes
1. Los co mponentes ge néticos y las habilida de s espe ciales:
El individu o nace con u na carga gené tica y la
intervención de lo gené tico con el amb iente desarrolla
una serie de h abilidade s:
• Más generales: ca pacida des, inteligencia,
aptitude s, memoria
• Más específicas: ha bilidad pa ra la música, p ara
la m ec ánica…
2. Existen u na serie de c ondiciones y aconte cimientos
ambienta les que tienen u na alta influencia e n el proceso
de la to ma de decisiones.
3. La exp eriencia de aprendizaje:
a) Aprendizaje instrume ntal (el individu o aprend e
actuan do sobre el med io);
b) aprendizaje vicario (aprendizaje p or imitació n
de mod elos reales o fictic ios)
4. Destrezas para af rontar la to ma de d ecisiones:
a) Reconoc er una situación im por tante de
decisión, t omando conc iencia del problema;
b) definir el problema d e dec isión de forma
adecu ada y realista;
c) examinar y evalua r de forma realista los
valores personales, int ereses y de strezas;
d) generar una gran va riedad de alternativa s;
e) buscar la informació n nece saria para cada
alternativa;
81
f) d eterminar qué fu entes de in for mación son
fiables y realista s;
g) organizar e iniciar la secuenc ia de conducta s
para la tom a de decisione s.
Aportacio
nes
• Enfoqueq ueaglutinalosingredien tesparacon vertirseenun
modeloint egrador, ya que tiene en cuenta lo s factores
personales, soc iales y econ ómicos.
• Concibe la toma de de cisiones co mo un proce so
comprensivo a lo largo d e la vida del in dividuo.
• Es capa z de explicar có mo la situación cultural y
ambienta l influyen en estas experiencias de aprendizaje
y cómo se desarrolla la tom a de decisione s.
• Se observa a l individuo com o un a persona q ue aprende
y al orientad or como un educador que coordina y
estructura el p roceso de a prendizaje para la toma de
decisiones.
• El proceso d e aprendizaje se puede iniciar m uy
temprano e n el ámbito e scolar a través de jue gos y
simulacione s
• Propone un modelo d e toma de dec ision es, denominad o
“DECIDES 1 ” .
(Álvarez Gonzá lez y Sánchez G arcía, 2012, p. 41 ).
➢ Enfoqu e Socio-cognit ivo de Le nt y Bro wn (1994 ) y Le nt, Brown y
Hackett (1 996)
Este enfoque (cuadro 14) se focali za en l a dimensión cognitiva del
proceso de elección. Las personas desarrollan intereses en aquellas
actividades en las que se perciben autoeficaces. Tanto la autoeficacia
como la probab ilidad de resultados influyen en los intereses profesi onales.
Es decir los ind ividu os d esarrollan intereses duraderos hacia una actividad
profesional cuand o creen qu e son buenos en eso. Por otro lado, los
intereses de los individuos se ven co ndici onados por las circunstancias y
por los factore s culturales, de modo que las decisiones están
1
El acrónim o DECIDES se basa en las siguien tes tareas: 1) De cidir el problem a; 2)
Establec er un plan de acción; 3) Clarificar los valo res; 4) Identifica r alternativas;
5) Describir posible s resultado s; 6) Eliminar alternativas ; y 7 ) Comenzar la a cción
(Álvarez González y Sá nchez Gar cía, 2012, p. 42).
82
determinadas por l as opciones disponibles en su entorno, por la
naturaleza de sus e xpectati vas de aut oeficacia y por l os tip os de mensajes
que recibe d e sus siste mas de apoyo (Sán chez Gar cía, 2013).
Cuadro 1.15: Teo ría del en foque Socio-cognitivo de Len t y Brown (1994)
y Lent, Brown y Ha ckett (199 6)
TEORÍA
Supuesto s
básicos
1. La auto eficacia y la p robabilidad de resultado s
constituyen los dete rminantes directos de la
formación d e los intereses profesiona les.
2. Las personas d esarrollan inte reses perdurables en
aquellas ac tividad es en las q ue se perciben e ficaces
y en las c uales antic ipan resultados.
3. Los intereses promu even las m etas que o rientan las
accion es de elecc ión, como resultado de
experiencias d e aprend izaje.
4. Las expe ctativas de autoeficacia con stituyen la
variable e xplicativa c entral. Las personas esperan
obtene r buenos resultad os en aquellas ac ciones en
que se c onsideran efica ces.
5. Es un p roceso cíc lico y continuado a lo largo de la
vida. Las e leccion es, cuya orientación p ueden y
deben se r modificadas en función de los resultados.
Aportaciones
• Explica la interacción de los factores personales y
sociales en el desarrollo de la s diferentes con ductas
de la c arrera y sus efectos.
• Se co nsidera a la persona c omo un proc esador de
información, d onde el am biente tiene u n gr an
impacto sobre el sujeto y cuya conducta p uede
tener un e fecto sustan cial sobre el ento rno.
• Explica c ómo la persona fo rmula sus metas, c ómo
las conc reta en accio nes específicas y cuá l es el
salto que se produce entre pensamiento, d eseo,
meta y a cción.
• Este mod elo incorpora tres com ponente s
interdepend ientes: Los inp uts personales; las
influencias d el ambien te social, físico y cultural; y
las experienc ias de aprend izaje.
(Fuente: Álvar ez González y Sán chez García, 2012, p. 43)
83
1.3.2.5 . MODELO SOCIOCONSTRU CTIVISTA . LA CONSTRUCCIÓ N
DE PROYECTO PROFESIO NAL Y VI TAL
Los enfoques vistos hasta el momento tienen en común una visión
de la carrera profesional como un logro individual, la persona es
responsable de “construirs e” .
Hemos c omentad o que ante la panorámica econó mico-laboral
actual, el desarrollo de la carrera profesional y v ital se complica. La
orientación profesional ha de modificar la perspecti va tradicional, dado
que el modelo cuyo objetivo principal era alcanzar el enca je entre el
trabajador y la profesi ón u ocupación al igual que el trabajo para toda la
vida ha muerto, pues solo puede ser válido en el supuesto de que la
ocupación y l os requisitos para ejecutarla con éxito fu esen estables a l o
largo del tiemp o (Co ro minas, 2006), lo cual no es real en la actualidad , y
que las habilidades e inter eses del individuo permaneciesen constantes
que tamp oco es lo habitu al. Por o tro lado, la distin ción clásica en dos
etapas de la vida, el p eríodo d e f ormaci ón y el períod o de activida d
profesional, en la nuev a sociedad po stindustrial no tiene sentido y cabe
entender la trayectoria vital como un progreso en el aprendizaje y en el
trabajo . La Orientación Profesional en lugar de centra rse en ayudar a los
individuos a elegir una profesión se debe centrar en ayudarles a co nstruir
la carrera profe sional (Wat ts y Kidd, 20 00 ).
Bright, P ry or, Wilkenfeld y Earl ( 2005) afirman que p ocos enfoques
de la orientación profesional han captado adecuada mente la natural eza
dinámica de la interacció n persona-entorno. En la misma línea par a
Martínez Clarés (2008) y Romer o Rodríguez (2004, 2009) la complejida d
del desarrollo de la carrera se basa en el carác ter sistémico -ecol ógico del
desarrollo vital. “El proces o de orientaci ón no es estático, no se pued e
aislar de su contex to, al contrario, el punto de mira de la intervenci ón
orientadora va a ser las relaciones dialécticas que se est ablecen entre la
persona, su c ontexto y su historia” (Romer o Rodríguez , 2 009, p.120).
Desde esta perspectiva constructivis ta la orientación profesional
concentra su estrategia e n la elaboración de pr oyectos profesi onales y
90
clasificaci ón de los mismos, identificánd olos y agru pándolos en los
siguientes:
• Inventarios de intereses. Se basan en la presenta ción de un
conjunto de pr ofesiones y / o actividades y tareas para que el
sujeto va lore cuantitativa mente el grado en qu e est as le
atraen o disgustan.
• Instrumento s pa ra la evalu ación del desarrollo voca cion al y
profesional . Centrados en la evaluaci ó n de los c on structos
madurez vocacional y adaptabilidad profesional y o tros
relacionad os c on el desarro llo pr ofesional a l o larg o de la vida .
• Pruebas pa ra la evaluación de la toma de decisiones . M iden
aspectos relacionad o s con l a capacidad y actitud para la to ma
de decisiones.
• Instrumento s para la evaluación de los valores personales y
laboral es .
• Pruebas para la evaluación de ambientes, situaciones y
problemas pe rsonales y p rofesion ales. Evalúan aspec tos co mo
la satisfacción profesi onal, el estrés, las caracterí sticas de los
ambientes lab orales, etc.
• Instrumento s para la evaluación de competencias
profesionales .
• Instrumento s comple mentarios al proce so de orientac ión
vocacion al . P ruebas de aptitudes, de personalida d y de
autoconcepto / autoesti ma .
1.4.2. ESTR ATEGIAS NO ESTA NDARIZAD AS
Desde las teorías construc tivistas del desarr oll o de la c arrera la
objetividad de lo s test es ree mplazada po r la subj etividad, buscando que
sea el sujeto quien se defina a sí mismo y a su entorno e identificando
fuentes subjetiva s de su c onocimient o (Corominas , 2006). El concepto de
carrera pr ofesional y vital e s un construct o que varí a de una persona a
otra, a sí com o la f orma de comprender la experi encia. P or ello, se apuesta
por el us o de estrategias n arrativas que ponen el énfa sis en el lenguaje, el
91
discurso y el desarrollo de temas, fortaleci endo a las person as para
afrontar las transicione s (Padilla-Carmona, 2009). Expone mos a
continuación las más rele van tes y utilizadas:
➢ La historia de vida : es un proceso en el que se establece una
relación entre el pasado, el presente y el futuro, asp ecto esencial
en la construcción de proye ctos profesi onales y vitales. Elaborar la
historia de vida implica am pliar la mirada, obs ervar los fen ómenos
y experi mentar lo s sentimient os, las emociones que genera
(Romero Rodríguez, 2009). La narración de la propia vida es un
elemento básico en la construcción de la identida d personal.
Narrarse uno mismo proporci ona instrumentos para construir el
mundo y para organizar el flu jo de los acontecimient os (Rodríguez
Moreno, 2 009).
Como técni ca de orientación, Padilla-Car mona (2009)
afirma que a través de la hist oria de vida no s olo es po sibl e
identificar caracterís ticas importantes de una persona, sino
también comprend er el lugar e importancia de estas
características en su historia personal y en su proyecto de vida.
Además, la hist oria de vida facilita el r econocimient o y validación
de las competencias adquiridas por la vía de la experien cia. Por
otra parte, la aut ora la consid era un re curso es encial para la
perspectiva construc tivista, puesto qu e es un p roces o en el que el
orientado construye y reco nstruye significados personales
durante el curso d e su vida, dando sentid o a sus exper iencias. Por
tanto, cuando la persona narra su hist oria present a las conexione s
entre las etapas de su ca rrera, c on un a mirada re al desde el
presente. Sin embargo, afir ma Padilla-Car mona (2009) que a pesar
de no cab er duda de la ut ilidad de este recurso en o rientación
profesional, para su aplicación ex isten numerosas dificultades,
tales como, el tiempo necesario para la reflexión, es critura y el
análisis; el compromiso de compartir la propia exp eriencia y el
autoanálisis con el técnico ; la especializaci ón para el análisis de la
información po r p arte del técnico, que debe ser capaz de detectar
aquellos asp ectos rele vantes que r equieren p rofund ización.
92
➢ El portafol io : puede definirse como una recop ilación de
evidencias (document os diversos, artículos, notas, diarios,
trabajos, ensayos,) consi deradas de interés, debid o a lo s
significados que la perso na ha construido con ellas (Martíne z
Clarés, 2009). Se trata de una técnica que requiere dedicación ,
habilidad y un elevado grad o de sinceridad, por parte del sujeto
orientado (Rodrígu ez Moreno, 2006). Para Padilla-Carm ona
(2009) con el portafolio la persona recopil a una gran cantidad de
información sobre sí misma, y esto lo convierte en una estrategia
dinámica y versátil que p roporciona la oportunidad de que la
persona descub ra si ha desarrollado o no las habilidad es y
competencias ne cesarias para te ner éxito en el mundo laboral,
exigiendo como condici ón previa la participaci ón activa del sujeto.
Si bien, la autora afirma que es necesari o establecer previament e
los objetivos qu e se persig uen co n el mis mo, así como clarificar el
tipo de document os/ inf ormaciones que lo van a conformar, o de
lo contrario se puede correr el riesgo de que se convierta en una
“recolección de papele s” sin sentid o. El suj eto es quie n selecci ona
qué v a a incluir o no en su dossier, aprendien do así a elaborar su
propio trabajo y a organiz ar una gran v ariedad d e pruebas
documentales que demu estran l as competencias y habilidades
adquirid as. Además, la organiz ación del conteni do requiere
valoracion es so br e los aprendizajes realizados y las difi cultades
encontradas . El p ortafoli o po r t anto revelar á inf orma ción s obre el
recorrido que ha seguido la perso na durante su proceso de
desarrollo pr ofesional y su progreso respect o a las metas fijadas.
“Lo important e es que, a tr avés de ellos, la persona s e comprend a
y co nozca mejor así misma, facilitand o así la ex ploraci ó n del
mundo labor al y la elaboración de un proyecto v ital, realista y
congruente” ( Padilla -Car mona, 2009, p.116).
➢ Los balan ces de competen ci as (BdC): s on un…
…método de autoanálisis asist ido de c ompetencias,
de actitude s, de i n tereses profesionales y del potenc ial de un
93
individuo en función d e l a pue sta a punto, por su parte, d e un
proyecto de desarrollo profesional o de inserción laboral o de
formación para el traba jo (Serreri, 2006, p. 4).
Es un recurso para la empleabilidad, que tiene com o
objetivo conoc er las prop ias compe tencias y, a par tir de este
conocimiento , definir un proyecto profesi onal y personal
especificand o las fases y los recursos de los que se dispone para
conseguirl o. (A m bere y Doming o, 2017) S e tra ta de una técnica de
autoanálisis dirigid a por profesionales extern os, orientadores
profesionales, que dirige a la persona para que identifique y
seleccione aquella s opci ones profesi onales que están más
alineadas con sus propias competencias y motivaciones, siempre
teniendo en cuenta el m arco del mercad o la boral y las
oportunidades que este ofrece. El BdC permit e a la persona ser
consciente de sus potenci alid ades y destrezas y de cómo estas
pueden ser aplicadas de forma transversal a diferentes co ntext os
profesionales (Gaudron, Bernaud y Lemoine, 2001; Lemoine ,
2005), con el mis mo la pers ona hace una auto valoraci ón de todos
los recursos adquiri dos y q ue ha desarrollad o a lo larg o de su vida
en todas las facetas (lab oral, educativa, fa miliar, etc.) y los utiliza
para su proyecto profes ional, de manera que le permitan
incorporarse en el mundo laboral siendo consciente de lo que
posee y hacia dónd e va.
La dinámi ca de la intervenci ón diagnós tica c onsiste ,
examinand o todos los contenidos del balance, en cuestionarse
qué es lo que s e ha hecho bien o mal, qué h ace falta c ambiar par a
mejorar la situaci ón, cómo o ptimizar los pr ocedimi entos, cómo
rellenar algun as lagunas, cómo pedi r ayuda, etc. (Rodríguez
Moreno, 2 009).
El BdC puede utilizarse con personas dese mpleadas que
inician la búsqueda de su primer empleo, así como con personas
que quieren dar un giro en su carrera profesional y reorientarse
laboralmente.
94
El proceso de BdC tiene dos dimension es: por un lado, el
autoconocimi ento (inte reses personal es, pr ofesionales,
motivacione s laborales y competencias clave de su perfil
profesional) y por otro, la valoración sobre el grado de ajuste que
se da entre el perfil de la persona y lo que demanda el m ercad o
laboral. Así el BdC permi te tanto a las personas que ya est án
trabajando y buscan un cambio de orientación, como a aquellas
que están buscando trabajo, analizar y obten er in for mación sobre
sus propias competencia s profesionales y, por tanto, a ctualizarl as;
conocerse mejor (se pote ncia el autoconocimient o mediante el
diagnóstic o personal que se va a hacer); y desarr ollar un proyecto
profesional definiendo los medios y los r ecursos que va a necesita r
para su implem entaci ón.
Cuadro 1. 16. Fin alidad de l BdC
1. Tanto p ara un emplea do como para u na persona en bú squeda de
empleo, el BdC constituye un instrume nto ú til para la elab oración de un
proyecto de desarrollo p erso nal y profesion al. El BdC debe permitir a la
persona an ticiparse a los cambios, de finir su propio plan de acción y
posiciona rse de forma clara, en el c aso en q ue el proce dimiento de l BdC
esté dentro de un proceso de gestión, con visión de futuro, de los puestos
de trabajo y de las comp etencias en el seno d e una emp resa.
2. El BdC debe ofrecer la posi bilidad a cad a persona de encontrar, definir ,
demostrare y hac er evaluar los elemento s de su cualificación y d e sus
compe tencias en el sen o de una empresa.
3. La participa ción en el BdC supone que la persona beneficiaria reflexione
sobre las con diciones d e su inserción o evo lución profesional.
4. El BdC de be permitir e xaminar los factores que puedan facilitar o no la
realización d e un p royecto p rofesiona l, de prever las p rincipales e tapas de
su puesta en práctica o de identificar los elem entos previos a la e laboración
de un proyecto sobre el cual el beneficiario deberá trab ajar co n la ayud a
eventua l de soporte externo .
95
5. Si la constatac ión d e un brecha entre las c ompetencias requeridas por el
proyecto y las del beneficiario hace necesaria un a formación, u n proyecto
de formación debe ser elaborado, considerándo se co mo una etapa del
proyecto p rofesional.
6. El beneficiario debe ser capaz de eleg ir sus estrategias de acc ión que
suponen la formalización en escenarios alternativos.
7. E l BdC tie nen en cue nta ta nto el ambien te socio económic o del
beneficiario c omo lo s datos referentes al mercad o laboral.
(Fuente: Obser val, 2015).
Para implementar el BdC es fundamental y debe
asegurarse l a formación de expertos o condu ctores de balance d e
competencias, y de que el proceso sea llevado a cab o po r p ersona s
con un c onocimiento impor tante del co ntext o acadé mi co y laboral
y de las estrategias de eva luación, de gestión de la carrera y d e
métodos de au toanálisis y autoconocimient o (Figuera y Forner,
2007),
➢ Existen ot ros p r ocedimie nto s no estan darizad os considerado s
técnicas para la Ori entaci ón Profesi onal, como l os sue ños, el f oto-
lenguaje, las técnicas de dinamización d e grupos, los registr os
narrativos (Romer o Ro dríg uez, 2009), las técnicas de rejilla de
constructos personal es (Padilla-Carm ona, 2009), la entrevista
diagnóstica (Rodríg uez Moreno, 2009), e tc.
Como hemos comentad o la comple mentariedad de técnicas
estandarizad as y estrat egia s abiertas y cualitativas se ha propuesto como
una práctica necesaria en la Orientaci ó n Profesiona l de sde el enfoqu e
constructivis ta.
96
Luis Miguel Almagro-Gav ira / María Tere sa Padilla-Ca rmona
EL SERV ICIO ANDALU CÍA ORIENT A DESDE L A PERSP ECTIVA DE SUS USUARIOS Y
PERSONAL TÉCNICO . FACTORES FACIL ITADORES E IN HIBIDORES DE BUEN AS
PRÁCTICAS EN ORIENT ACIÓN PROF ESIONAL
Capítulo 2. LOS SERVICIO S PÚBLICOS DE EMPLEO
98
99
Capítulo 2. L OS SERVICIOS PÚ BLICOS DE EMPL EO
Introducción
La economía mundial está creciendo a tasas más ba jas que las
pronosticadas ant es de la crisis financiera de 2008, lo cual ha generad o
condiciones difíciles para el mercado laboral en todo el m undo. La
Asociación Mundial de los Servicios P úblic os de Empleo (AMSPE) (2013)
afirma que la demand a d e nuevas cualificaciones está aum entando en
muchas industrias inn ovadoras, lo que requiere una gran flexibilidad en
la construcción y el desarrollo de habilidad es. Hemos visto que el actual
mundo del trabajo registra más transici ones de las que jamás haya
habido anteriormente (Enriq ues, 2007; Edgell, 2012; Loiodice, 2012;
Padilla-Carm ona, 2001 Rod ríguez Mo reno, 2016; Sánchez- Garc ía, 2013;
etc.), con lo que los trabajadores en la actuali dad experimentan
numerosos cambios a lo largo de sus carreras : cu ando acce d en por
primera vez al mercado laboral, cuando vuelve al mismo después de un
tiempo dedicad o al cuidado de la familia (Schlossb erg, 1984) cuando
pasan de una situación de empleo a una de desempl eo , de un empleo a
otro, de la educación hacia el empleo (Sánchez-Gar cía, 2012), o cuand o
se desplaza n de una región o un país a o tro por motivos lab orales
(Pennel, 2 013; OC DE, 2014).
El malestar social s e ha incrementad o, en particular en aquellos
países con ingresos estancad os o menguantes a partir de la crisis y con
un desempleo juvenil alto o en rápido creci miento (OIT, 2015). El
desempleo ha aumentad o co nsiderable mente en muchos países y, por l o
tanto, las políticas de mercado de trabajo ocupan un lugar destacado en
sus agendas (OCDE, 2016). El desempleo de larga duración es una de las
mayores preocupacion es, pues las personas que lo sufren, en muchos
casos además de las barreras para acceder al mundo del trabaj o,
adquieren o tros incon venientes generados por la au sencia de ingresos ,
tales como deudas, cuidado de niños, dificultades para la movilidad ,
106
mercado laboral so n las políticas más desarroll adas en término s
institucionale s. T ambién m uestra como otros pr ogramas o servi cios
ofertados p or l os SPE son las medidas para abor dar y controlar la
migración laboral, a las q ue co nsid era en tér minos generales como un
ámbito más bien nuevo de las políticas de empleo a escala mundial que,
según la encuesta, aún no forman parte de las actividad es principales de
los SPE. Esto tiene una explicación fácil, l as medidas de migración labora l
son una tarea típica en Europa, per o so n mucho menos frecuentes en
otras regiones del mundo. Solo la mitad de los servicios encuestados en
las Améri cas, alr ededor de una terc era parte de los d e África, y un a
quinta parte de los países de Asia-Pacífico tienen a la migración lab oral
como un aspec to de sus p olíticas (A MSPE, 2015).
Las prestaci ones por desemple o no están entre las principales
tareas de los SPE a escala m undial. De hech o, las prestaciones por
desempleo tan solo están garantiz adas de form a general en Europa, en
Asia-Pacífic o existen en cierta m edida, por ejemplo, en Mongolia y la
República de Corea, y sol o u nos cuantos servicios en África y América
Latina y Caribe proporcion an estos beneficios. Sin embargo, en alguno s
países estas prestacion es o “ benefici os” por dese mpleo se suplen por
otras instituci ones, como por eje mplo en Argentina, Ecua dor, Bahamas y
Barbados, donde se hace cargo la Seguridad Social, en Uruguay el “Banco
de Previsión Social” , en Guate mala es la Inspección del Trabajo quien se
responsabiliza de los be neficios de dese mpleo y en Surinam los
beneficios son gestionado s por el Ministerio de Asuntos Exteriores y
Vivienda Pública . En términos de las medidas de polít icas de empleo, hay
varios instrumentos predominant es en to d o el mundo, que son: la
intermediación, las medid as clásicas de apoy o a los emplead ores
(bonificaci ones o incenti vos fiscales y la posibilidad de ofertar el empleo
a través del SPE) y las entrevistas personales (información y orientaci ón)
a los solicitantes de emple o (AMSPE, 201 5).
Según el inform e (AMS PE, 2015), a nivel internaci ona l h ay o tro s
instrumentos menos gen eralizados, entre ellos se encuentran la
segmentaci ón de clientes empleadores o la elaboraci ón de perfiles de los
solicitantes de e mpleo. Del inform e se desprende qu e es probable que
107
las diferencias encontrada s en cuanto a estas acciones no co ntemplada s
en todos los SPE estén relacionad as con las diferentes tradiciones y
visiones políticas de los SPE y, en cierta medida, con las diferentes etapas
del desarrollo instituciona l de los mismos en los distintos países. En
términos de organización y capacidad, los SPE de to do el mundo tam bién
se caracteriz an por la diversid ad. Sin embargo, hay dos tipos dominant es
de estructura jurídica y prestación de servicios: el modelo de agencia
pública centralizad a co n sus propias estructuras de prestación de
servicios y el mo delo de “ departament o ministerial ” (en el caso Español
nos encontraríam os en es te segundo modelo al haberse transferido las
competencias a las comunidades autónomas y permitirse la prestación
por parte de instituciones ajenas a la Administración) co n estructuras de
prestación de ser vicios internas o externas. Lo s c onsejos de
administraci ón (que en la m ayoría de los casos se basan en estructura s
tripartitas) tienen una importancia considerab le en las decisiones de
política, así como tam bié n en otros asu ntos, en u n bu en nú mero de
países europeos y africano s, pero no son prepondera ntes en las América s
ni en la región Asia-P acífico. Otra gran diferencia de los SPE en el mundo
tiene que ver con el número y el tamaño de las oficina s y del personal. En
cuanto a la carga de trab ajo, el inf orme confirma la existencia de una
capacidad de recursos más bien buena en l os países de Asia-Pacífico y
Europa, pero menos fav orab le en otras region es.
A nive l europeo otro de los servicios que prestan algunos SPE es
la ayuda al endeud amient o. Minas (2014) afirma que e l
sobreendeud amiento tiene un impact o impor tante en la v ida de los
desempleados que busca n empleo , pues puede convertirse en una
barrera importante para el empleo que pr olongue la permanencia en el
desempleo .
Sol (2016) muestra que l a mayoría de l os SPE en Europ a
reconocen los problemas de la deuda co mo un obstáculo para el regreso
al trabajo, pero que el enfoque de cada país para resolver estos
problemas en el contexto de la prestaci ón de SPE aún está lejos de ser
generalizad o y estar bien estructurado. Asimis mo, asevera que en
algunos países de Europa co ntinental (B élgica, Alem ania, Luxemburgo, y
108
Holanda) y del norte (Dina m arca, Finlan dia, Noruega y Suecia) la ayuda a
la deuda como parte de los S PE se desarrolla más que en los país es de
Europa del Este ( Estonia, Croacia, Lituania y República Checa) y del Sur
(Chipre e Italia) d onde la misma e s limitada. Austria es el país que tiene la
estrategia política más av anzad a en términos de deuda y trabajo. Su
enfoque implica n o solo el alivi o de la deuda a los demandan tes d e
empleo con sobreendeud amient o, sino también la formación de técnicos
de empleo en id entificar, a te nder y educar a l os usuar ios de los SPE sobre
cuestiones de economía personal.
2.1.2. TENDENCIAS EN LOS SERVICIOS PÚBLICOS DE EMPLEO EN
EUROPA
Entre las actividades clave de la Red LGPN se encue ntra evalu ar
el rendimiento y el m odel o de SPE de los 29 M ie mb ros (ELGPN, 2015) ,
p ara lo que se utilizan tanto estudios propios, com o llevados a cabo por
otros organismos. Uno de los informes más reciente, de interés para lo
que venimos estudian do es el referente a la “Identificación de las últimas
tendencias y actuales desarrollos de métodos para el registro de perfiles
de usuarios en los Servicios Públic os de Empleo” ( Comisión Eur op ea ,
2015). El mismo, encargado al Instituto para la Investigación del Empleo
de la Universidad de Warwick se basa en el estudio de casos de seis SPE
de Estados M ie mbros de la UE (Alemania, Francia , Irlanda, Holanda,
Eslovaquia y Rein o Unido) y dos co mparaciones int ern acionales (Aus tralia
y Canadá) y no s da una visión general sobre cómo trabajan los SPE a nivel
internacional.
Según el Consejo Europeo (2015), la elaboración de perfiles de
usuarios de l os SPE y segmentación d e los m ismos en diferentes
categorías que indiqu en las acciones y recursos a las que es conveniente
que los usuarios accedan se considera un procedimien to reconocid o útil
para evaluar las n ecesidad es individu ales e id entifi car y asig nar a los
solicitantes de empleo acc io nes específicas, con el fin de ayudar a una
rápida transición al mercado de trabajo. Mestres Domènech (2015), en la
misma línea, afirma que g racias al perfilad o de usuarios l os SPE pueden
109
establecer claram ente cuánd o y cómo inter venir a lo largo del peri odo de
desempleo, con medidas distintas a corto, a medio y a largo plazo; y a sí,
no tratar a to dos los d emandan tes de empleo con l os m ismos recursos ,
dado a que según su opinión, puede ser aconsejable que ciertas
tipologías de parados busquen empleo direct amente sin más
intervención, por ejemplo, si tienen habilidades demandadas en el
mercado laboral que hagan prever que encontrarán em pleo de manera
rápida, y ser más útil, en otros casos, un acompañamient o exhaustivo o
incluso una pronta vuel ta a la formación, si es m uy poc o probable que el
desempleado pueda encontrar un nuevo empleo fácilmente, como
podría ser el ca so de l os desemple ados de larg a duraci ón.
Sin em bargo, algunas voces (Bimrose, Barnes, Brown y Hasluck ,
2007) argument an que la c ategorizaci ón de usuari os es un procedimiento
ineficiente que no permi te la personalización de servicios, debido a la
existencia de una amplia variación en las circunstanci as y necesidades de
los demandantes de em pleo difícilmente tenidas en cuenta en los
sistemas de perfilado, puesto que las necesidad es personales son únicas
para cada caso.
Los defens o res d e la cate gorización d e usuarios (Heid enreic y
Aurich-Beerh eide, 2014; Minas, 2014 ; Mestr es Domènech, 2015) afirman
que la mayoría de países a nivel Europeo e internacional h an
desarrollad o e implement ado una variedad de sistemas y herra mientas
de perfilado de usuarios dentro de sus sistemas de políticas públi cas de
empleo que han ayudado a hacerlos más eficient es.
Varios paíse s d e la O CDE, como Australia, Alema nia
o Dinamarca, u san sistem as de perfilado estad ístico al inicio
del periodo de de sempleo que clasifican a los individuo s en
un número predeterminad o de grupos en función de sus
necesida des e specíficas. Así, los SPE p ueden ofrecer
servicios má s ajustado s a cad a grupo y o ptimizar el uso d e
sus recursos (Mestres Do mènech, 2015, p .37)
Es importante identificar las necesidades específicas de cada
individuo para poder aprovechar de manera óptima los recursos
110
limitados del SPE. Para ello, el perfilad o estadístico de los desemplead os
(la clasificaci ó n de dese mpleados en funci ón d e su emple abilidad , en
probabilidad de salir del paro o de encontrar un em pleo adecuado)
puede ser una h erra mienta muy útil (Felg ueros o, 201 5).
Así, el citado infor me del Consejo Europeo (2015), en línea con
Berthet y Bourgeois (20 12), Felguer oso, (2015), Mestres Domènech,
(2015) Minas (2 014) y Rees, Whitworth y Carter (2014), considera que
través del p erfil es posible adecuar los recurs o s a las necesidades
individual es de los demand antes de em ple o. Para ell o presenta una serie
de razones y explicacione s para apo yar el sistema de perfilado de los
usuarios de los SPE, entre las que se citan: el ahorr o de costes en las
intervencione s, la mejor asignación de recursos (incluyend o la
localizaci ón de los mimos en zonas más necesitada s), la reducción del
gasto que suponen al Esta do las prestaciones por desemple o y la mej ora
de la coordinación de l os SPE (nacionales, autonómicos y locales).
Además, considera que al o bjeto de la coo rdinació n e integración de
servicios de emple o, la elaboración de perfiles tiene (y puede)
convertirse en un v alor en alza (Berthet y Bo urge ois, 20 14 ; Felguer oso,
2015) .
Sin embargo, para utiliz arlos se requiere de una important e
in versión previa, tanto en infraestructura, como en recursos human os.
Pues según Mestres Domènech, (2015), para el uso del perfilad o de
usuarios es im portan te que el personal de los SPE disponga de la
fo rmación y l os medios ad ecua dos.
Por otro lado , hay distinta s formas de r ealizar la categoriz ación
de usuarios. Algunas té cnicas son más cuantitati vas, como el uso de
formularios (actualment e informatizados) que el usuario debe
cumplimentar para acced er al servici o; otras son más cualitativas,
llevadas a cabo por el ori entador (entrevis tas); y en muchos casos son
técnicas mixtas. En algunos países que y a tienen elab orados los sistema s
de perfilado los orientadores tienen herramienta s tales como el Job
Seeker Classification Instrument (Australi a) (Comisi ón Europea, 2015).
111
Cada SPE, decide según su criterio, en caso de imple mentarlo, el sistema
a utilizar para ca tegorizar a los usuarios.
Chisvert (2009) en su tesis doctoral expone que para entender
las diferencia s entre las formas de articular los SPE entre distin tos países,
sus característica s y funcio nes, así co mo su alcanc e, e s necesario tener en
cuenta que los mismos depend en, en parte, de los modelos de Estado de
Bienestar que los fundamentan. La aut ora agrup a los SPE en cuatr o
grupos:
1. El sistema nórdico o social, basado en una alta
intervención públi ca que entienden la orientaci ón como
compensaci ón social, con grandes prestaciones y
fuertement e regulado por sistemas de control desd e la
administraci ón, como es el caso d el SPE Suec o .
2. El sist ema conservador co rp orativista, que ha
aumentado los recursos en políticas activas en las
últimas décadas, compatibiliz a políticas pasivas me nos
generosas que el sistema nórdico. Centra normalm en te
las acciones en distint os tipos de colectivos considerad os
preferentes, normalment e parados de larga duración,
jóvenes sin cualificación ni experiencia, y o tros colectivos
con mayores riesgos de exclusión social. Como eje mp lo,
Chisvert (2009) señala el sistema francés, el cual se
considera un referente en orientación profesional a lo
largo de la vida.
3. El modelo anglosajón o liberal, caracterizado po r un
mercado regulado por políticas de empleo neoliberal es,
el cual desarrolla ac ci ones para colecti vos m uy
específicos, y v uelca la responsabilidad de la inserción en
los usuari os, c on subsid ios considerable mente mu y
reducidos en comparaci ón con otros modelos, y desde el
que se ejerce un fuerte control hacia los beneficiarios, al
objeto de agili zar su reinc orporaci ón al mercad o.
4. El sistema medit erráneo, caract erizad o por
co mpatibilizar políticas act ivas y pasivas de em pl eo con
pocos controles, centrado en promover el desarrollo
112
individual a través de diversas estrategias de
intervención adaptadas a las necesidades y
potencialidade s de los individu os, con políticas de acción
centradas en c olectiv os específicos.
A continuación harem os un resumen en cuanto a la tendencia
del perfilado de usuarios en los distintos países est udiados por la
Comisión Europea (20 15):
Francia enti ende que el perfilado estadístico d e lo s
demandantes de empleo permit e identificar la dist an cia de
los mismos con el mercad o laboral, así como el riesg o de los
mismos con el dese mpleo de larga duración. Po r otro lado,
también considera ne cesarias las entrevistas de diagnóstico.
Así, utilizando un sistema mix to, el SPE francés categoriza a
los usuarios en tres grupos (apoyos simples, reforzamiento, y
apoyo social). En la práctica, segú n la Comisión Europea
(2015), es el orientador qu ien determina, basándose en el
diagnóstic o, los recursos que debe utilizar el usuario, así
como la frecuencia con la que d ebe acudir a las sesiones
presenciales y rara vez basan lo s orientad ores sus decisione s
en el perfilad o estadísti co.
Alemania tienen un poten te sistema de categorización y
perfilado estadístico, los usuarios de los SPE deben hacer una
prueba o nline en la que se determina su d istancia co n el
mercado de trabajo y el nivel de ayuda requeri do. Los
usuarios son categorizados en seis grup os que indica n tanto
el tiempo estimado para la inserción p rofesional tenien do
cu enta su mercad o de trabajo próximo, sus metas y
personalidad, así como sus posibilidades en té rminos de
competencias y cualificaciones requeridas, motivación y
barreras encontradas. Co n ello se elabora un plan de acción
personalizado. La Comisión Europea ( 2015) criti ca del
sistema de perfilado alemán que los orientadores no
comentan con l os usuarios los resultados, aunqu e los mismos
estén interesado s. Cuando se solicita prestación económica
113
por desempleo, es además necesaria una entrevista persona l
para cer tificar las debilidades y fortalezas de los usuarios y,
en su caso, si existe algun a barrera para la activación
requerida.
Irlanda, según la Comisión Europea (2015), se caracte riza por
la combinación de un nuevo y fuerte sistema de perfilad o
estadístico desarrollad o a partir de 20 12 y la valoración de
los orientadores. Los usuarios de los SPE actualmente al
registrarse en su oficina deben comple tar un cuestion ario de
perfil para que su demanda sea atendida. Sobre la base de
sus respuestas, cada usuario o btiene una puntuación que
determina si tiene un riesgo bajo , medio o alto de salir del
registro del desempl eo en un plazo de 12 meses. El tipo de
recursos a utilizar, así como la intensidad del apoyo se
determinan sobre la base de este cuesti onario. Las
entrevistas con los orien tadores se utili zan para
complementar los resultad o s.
En Holanda , desde 1 999 se utilizan sistemas estadíst icos de
perfilado de usuarios con distintos objetiv os. El primero de
ellos medía la distancia del usuario con el mercado de
trabajo y sus posibilidades de inserción en un año. Pero su
insatisfacci ón prov ocó que fuese reemplaz ado en 2 006 p or
un nuevo siste ma, también est adístico que analiza la
capacidad de independencia de los usuarios en la búsqu eda
de empleo. Más reci entemente en 2 009, se desarr olla ron dos
nuevos sistemas de perfilados, uno que busca determinar la
duración “normal” del usuario en desempleo y ev alúa sus
necesidades, y o tra her ramienta qu e prete nd e facilitar
oportunidades lab orales que encajen con el per fil del
usuario. Los usuarios son categorizados en H olanda en cinco
tipologías, en tres de las cuales no se espera que encuentren
trabajo sin inter vencione s y el desarrollo de accione s
(formación, etc.) a largo plazo. A los otros dos tipos de
114
usuarios se les facilita intermediación laboral y técnicas de
búsqueda de e mpleo (Co misión Eur opea, 20 15) .
En Reino Un ido hay dif erentes sistemas de categoriz ación
disponibles. Los usuarios s on categorizad os en cua tro tipos
que determinan el nivel de ayuda que necesi tan. El program a
de trabajo ( The Work Progr amme ) británico, lanzad o en 2011
atiende a desempleados de más de 52 seman as en
desempleo, a j ó venes entre 18 y 2 4 años, y a qui enes se
consideran en riesgo de convertirs e en desempleado de larga
duración, a quienes se les realizan Itinerarios P erson alizad os
de Inserción centrados en las entrevistas de trabajo
(Heidenreich y Aurich-Be erhied e, 2014).
Eslovaq uia , por su part e, venía utiliz ando un sistema
cualitativo de perfilad o desde 2 009, teni endo en cuenta
factores como la motivación del usuario. Sin em bargo,
siguiendo ejemplos de pa íses como Alemania y Australia,
modificó en 2013 el sistema volviéndolo más ríg ido y
cuantitativo categorizand o a sus usuari os en cuatro tipos. El
sistema fue bastant e criticad o puesto que la categor izació n
ignoraba barreras para el empleo de tipo ps icológicas, socio -
económicas, etc., de for ma que en 2 015 el sistema de
categorización eslovaco fue eliminado del SPE (Comisió n
Europea, 201 5).
Asimismo, el estudio de la Comisión Europea (2015 ) incluye el
análisis de dos ser vicios de emple o de países no europ eos:
E n Australia tienen el Job Seeker Classification Instrument,
instrumento total mente estadístico que desde 1998
categoriza a los usuari os de lo s SPE para hacerlos
beneficiarios de distintas acciones, dependiendo del riesgo
para su incorporación al m ercado de trabajo. Australi a está
considerad o el país líder en metodologías y sis t emas de
categorización d e usuarios , así su sistema de perfil amient o
115
tiene una alta trayectoria y sólida reputación (Comisió n
Europea, 201 5).
Canad á implementó el sistema de categ orización estadístico
en 1999, el cual fracasó debid o a la resistencia o difi cultad es
de los orientadores a utilizar las estadísticas co mo sistema
para decidir los recursos a disp osición d e los usuarios. Su
sistema estaba destinado a ser usado por los técnicos, y no
por los usuarios. En la actualidad los o rientad ores
determinan el perfil de lo s usuarios, pero existen distintas
herramientas y mét odos para h acerlo dependiendo de las
provincias. N ormal mente utilizan sistemas cualitati vos y las
categorías establecidas están en relación con el distinto
riesgo para permanecer en el desempleo de larga duración, y
grupos con especiales necesidad es ante el mercado d e
trabajo (Comisi ón Europea, 2015).
Más allá de estos seis ejemplos estud iados por la Comisión
Europea (2015), otros países se posicionan ant e la tendencia del
perfilado de usu arios:
Austria utiliza un sistema cualitativ o. El sistema de
categorización en este país es muy simple, ya q ue so lo
existen tres categorías posibles: personas que han
abandonado la educaci ón, mujeres con hijos, y personas
discapacitadas, y son los o rientad ores quienes valoran,
mediante el diagnóstico, las necesidades de los usua rios
(Kureková, 2 014).
En USA se considera que una rápida evaluaci ón de lo s
usuarios reduce los costes de los ser vicios y el p eriodo de los
usuarios en el desempleo. A sí , desde 1994, utilizan un
sistema de categorizaci ón basado en una herramienta
estadística: e l Worker Profil ing and Reemployment Service
(Wandner, 2012), que m id e el riesgo de permane cer en
desempleo de lar ga duraci ón (Loxha and Morgan di, 2014 ).
122
posibilidades de acceso al empleo de los desemplead os en el mercado de
trabajo.
Cuadro 2.2 : Servicios Públi cos de Empleo autonómico s y año de
traspaso de competencias e n políticas a ctivas de e m pleo
(Fuente: Suár ez Cano, 2011)
Así, el Sistema Nacional de Empleo a través del S PE Nacional se
encarga de ofrec er distintos ser vici os, l o s cuales en su web
4
cataloga
como ser vicios a “Pers onas”, servicios a “Empre sas” y servici os a
“Emprendedor es o Aut ónomos” los cuales se mues tran en cuadro 2. 3.
En comparación con lo an alizado por Asociaci ón Mundial de
Servicios Públicos de Empleo (2014 y 2015) podemos decir que en
España, el SPE Estatal, 1) o frec e intermediaci ón laboral (de forma
telemática a través del portal EMPLÉATE), 2) información sobre el
mercado de trabajo, 3) gestiona prestaci ones por desemple o, 4 ) gestion a
ayudas sociales (si consideram os como tales las prestaciones po r
desempleo no contributi vas).
4
https://www.sep e.es/conteni dos/personas/index.h tml
123
Sin embargo, no gestiona las políticas activas puesto que las
mismas están transferid as a los SPE Autonómicos (aunque si
consideram os el Servicio Nacional de Empleo, en general, la gestión de
políticas activas de emple o sí se llevan a cabo en los SPE españo les), ni
tampoco gestiona la m igr ación laboral, pues el órgano encargado de
desarrollar la política migratoria definida por el Gobierno en materia de
inmigración, integra ción de los inmigrantes y ciu dadanía española en el
exterior es la Secretaría General de Inmigración y Emigración, que
depende direc tamente del Ministeri o de E mpleo y Seg urid ad Social
5
.
Cuadro 2. 3. Serv icios prest ad os en el Servic io Público de Empleo Estatal
Personas
Empresas
Emprend edores o
Autónom os
Gestión e informa ción
sobre prestacion es
Acceso a la Red
“Empléate” para la
publicación d e ofertas.
Información sobr e
ayudas p ara la creación
de empresas
Recursos para encon trar
trabajo:
2. Portal de empleo
“Empléate”
3. Información sobr e
Agencias de
Colocación
4. Información y
tutoriales para la
autoorientación
(herramientas para la
búsqueda d e
empleo)
5. Enlace a la Red
EURES
6. Información par a
empleo a personas
con discapacid ad
Acceso a la solicitud d el
certificado d igital. Con el
certificado d igital se
puede acceder a varios
servicios, tales como:
8. Información de a ltas
y bajas d e los
trabajad ores
9. Solicitud d e
bonificacione s en las
cuotas de Seguridad
Social por diversos
motivos.
10. Consultas sobre
certificados de
empresas enviado s.
Información sobr e
trámites para dar el alta
como autón omo.
11. Enlaces a otros
organismos qu e lo
facilitan.
5
http://www.empleo.gob .es/e s/index.h tm
124
7. Información sobr e la
normativa
reguladora del
empleo
Formación:
12. Centros de ref erencia
a nivel nacional con
el catálogo de oferta
de cursos de
Formación para el
Empleo en cada
provincia y u n
buscador p ara
localizarlos.
13. Información sobr e
los certificados de
profesionalidad
14. Información para los
formadores y cent ros
de formación sobre
como acreditar la s
formaciones y
centros.
15. Información sobr e el
proceso de
acreditación d e la
experiencia
profesional.
16. Información sobr e el
programa PREPARA
17. Información sobr e el
18. Enlaces a redes d e
información sobr e
programas de
formación y prá cticas
internacionales.
Información sobr e tipos
de contrato de trabajo
Formación:
19. Información sobr e
formación para
emprender
Acceso a una
herramienta que ay uda
a diseñar u n plan de
formación para
Acceso a información
sobre posibles
licitaciones
125
empleados
Acceso a información
sobre posibles
licitaciones
(Fuente: web SEPE https:/ /www.sepe.es / )
Por otro lado, en cuanto a la tendencia internacional de
categorización de usuarios analiz ada en el apartado anterior, para el caso
español, la Comisi ón Europea (2015) afir ma que el siste ma de perfilado
aún está en desarr o llo en n uestro país.
Teniendo en cuenta el informe AMSPE (2015), a priori,
podríamos decir que los SPE Españoles son muy completos si los
comparamos con los 95 SP E que dicho informe estudia. Sin embargo, en
relación con l os SPE de otros paíse s europe os, la perc epción varía.
Una de las conclu siones a las que ha llegado el Comité de
Derechos Sociales del Co n sejo de Eur opa (CDSCE) (2 017), tras el análisis
de los datos ofre cidos por el Gobierno espa ñol desde 2011 has ta 2014, es
que los SPE en España no funcionan como deberían, calificando por
segunda vez co nsecuti va (2015, 2017) de inefici ente a los SPE españoles .
El Comité reprocha no tener suficientes “ indicad o res de rendimiento ” d e
la gestión compartid a entre el Gobierno central y las comunidade s
autónomas, ya que España no ha i ncluido en sus in formes est adís ticas
acerca del númer o de empleos creados, el número de las ofertas
recibidas y del promedio del tiempo de espera para un desem plead o de
encontrar una ocupaci ón. En el informe (2017) el Comité pone en
evidencia al menos dos facto res que no garantizan que el serv icio
permita el acceso al em pleo como debería, en confor midad con el
artículo 1.3 de la carta
6
:
6
Spain ratified the European Social Charter on 06/05/ 1980, ac ceptin g all 72
paragraphs of the Charter.
It has ratified th e Addition al Protocol of 1988 and the Ame nding Protocol o f 1991
on 24/01/2000.
Spain h as signed the Revised Charter on 23/1 0/2000 but h as not yet ratified it.
It has no t yet signed or ratified the Ad ditional Protoco l of 1995 providing for a
system of collec tive co mplaints.
126
1. El CDSCE (2017) cifra la inversión por parte del Gobierno
central de 30 millones de euros en 2014 en la fina nciación de
agencias de empleo privadas y refiere, que la Comisi ón Europea
alerta frente a los riesgos que la ineficacia del sistema
administrati vo pueda impedir la colaboración entre sector
público y privado, y destaca que no le co nsta que haya sido
elaborado en España ningún sistem a de evaluación de eficiencia
para las empresa s privad as q ue op eran ju nto a l os SPE en el
mercado d el emple o.
Suarez Cano (2011) considera que en la actualidad los SPE actúan
en un entorno complejo y en ocasiones con importan tes de sequilibrios
entre los distintos lugares, debido a las m últiples casuísticas existen tes.
Además, según SEPE y Fund ación Tripartita (2012) c ada SPE autonómico
organiza el servici o de orientación principal mente baj o un doble criterio:
por un lado, unidades para desemplead os en general; y por otra,
servicios para colectivos específicos (jóvenes, m ujeres, personas con
discapacidad , colectiv os en riesgo de exclusi ón), fundamentalment e a
través de entidades colab oradoras. Asimismo, aseg ura que no ha y un
verdadero traspas o de información en los SPE Autonómic os y el SP E
Estatal, lo cua l dificulta la tran sparencia y la medici ón de la efic acia.
Por su parte, en cuant o a la eficacia del sistema admini strativo d e
los SPE, Mestre Domènech (2016) co nsider a que hace falta un buen
diseño de las política s de empleo llevadas a cabo por los SPE y de su
implementa ción para mejorar su eficacia, y asevera que es
imprescindible qu e exi sta una buena co ordin ación entre las
Administraci ones, haciendo especial referencia a la s competencias d e
gestión del sub sidio de des emple o y de las política s activas que reca en en
distintos organismos. En este sentido, la (OCDE, 2015) afirma que i ncluir
la búsqueda activa de emp leo co mo una condición necesaria para cobrar
el subsidio es una m edida que se dem uestra efecti va para aumentar la
probabilidad de vo lver a trabajar, y que usan la m ayoría de países
desarrollad os . En r elación co n esta cuestión es importante, en todo caso ,
que la v erificaci ón sea efectiva para que no se acabe convirtien do en un
formalismo ad ministrati vo y tambi én que se e vite que su diseño tenga
127
costes excesi vos para el desemplead o que le conduzcan a la inactividad
en lugar de a una vuelta a l a acti vidad laboral (Petr ongolo, 2009).
2. Po r otra parte el CDSCE (2017) afirma que los recortes de los
empleados de los SPE registrad os en los último s cinco años
puede tener com o consecuencia u n impacto nega tivo para el
funcionamiento de las pol íticas de empleo (El Real D ECRETO - LEY
20/2012, de 13 de julio, de medidas para gar antizar la estabilidad
presupuestaria y de fomento de la competi tividad, no renovó los
presupuestos para lo s programas de orientación y empleo de las
comunidades autónomas, lo cual impidió la renovación de 1.200
orientadores laboral es por las entidades que imple mentan los
programas).
Según Cueto y Suárez (2015), en la actualidad, los recursos del
SPE son insuficien tes para atender al volumen de parados de nuestro
país, pero la falta de información sobre el nú mero de orientador es
laborales en cada oficina, impide realizar un cálculo exact o. Sin em bargo,
los datos que muestra la OCDE (2014) sup onen que cada orientado r
atendería de media 26 9 parados. Esta cifra se sitúa muy por encima de
los 49 de Ale mania, 36 de Dinamarca o 22 de Rei no Unido . Delgad o
García (2016) considera qu e, en el ámbito de la activid ad de los SPE, nos
encontram os hoy día en España ante un model o mejorable y que deber á
evolucionar hacia un sistema de int egraci ón, por ejemplo, s us funciones
tradicionales de registr o de personas desemple adas, gestión de
prestaciones y búsqueda de empleo, necesitan un nuevo nivel de
efectividad que no se suele corresponder con la realidad, quizás debido a
la falta de medios y de recursos. Sánchez-García, Padilla-Carmona y
Suárez-Ortega (201 3) afirm an que los se rvici os de orientación en España
se han car acterizad o, en g eneral, po r la descoordinaci ón, l a
diversificación de recursos, la falta de un perfil especí fico en su personal
técnico, y por la escasa e in constante finan ciación.
El CD SCE (2017), en línea con otros o rganis mos europe os que
llevan tiempo reclamando a España una reforma de las polí ticas de
empleo, considera que nuestro país ha registrad o tan solo pequeñ os
avances en la modernización del sistema y en la resoluci ón de la s
128
disparidad es regionales, así como que no ha avanzad o con respec to a la
lucha contra la s egmentaci ón del mer cado lab oral.
La m oderniz ación de los SPE ha sido un tema que se ha venido
planteado con las últimas reformas legales acometidas en la materia en
nuestro país. Así, ya en el Real D ECRETO - LEY 5/2006 de 9 de junio, para la
mejora del crecimient o y del em pleo, convalidado por la R ESO LUCIÓN de
29 de junio de 2006 y en la L EY 43/2006 d e 29 de diciembre, para la
mejora del crecimi ento y del em pleo, se establecía el co mpromis o de
modernizar lo s SPE. Sin embargo, esta tendencia no se ha plasmado en
una regulación concreta, precisa y detallada. L a modernización pasa por
dos cauces. P or un lado, la ap licación de las nuev as tecnol ogías a la
prestación de las actividades propias de lo s SPE y, por o tro, la adaptación
de la normativa estatal a la internaci onal existent e en la mat eria.
Deben aprovecharse to das las mejoras que permiten
las nuevas te cnologías pa ra modernizar los servicios que
proveen lo s SPE. Por ejem plo, la creación e n España del
Portal Único de Empleo finalmente ha permitido que todas
las o fertas de trab ajo de las distinta s Adm inistracione s
regionales estén disponibles en todo el territorio español
(Mestres Dom ènech, 2016 , p. 37 ).
En cualquier caso , y teniendo en cuenta la mejora sustancial
mostrada en el últim o análi sis del mercado de trabajo, publicado por el
Ministerio de Emple o y Seguridad Social (2017), las personas en
desempleo en España en el cuarto trimestr e de 2016, han descendido en
83.000 personas, acumul ándose quince trimestres consecutiv os de
descenso, y que desde el cuarto trimestre de 20 13 se vienen acumuland o
descensos anuales consecu tivos, los cuales se han intensif icado en 2016,
cerrando el año con un descenso del -11,4 %, y siendo efecti vo el mismo
en todos los cole ctivos. Se gún el informe en 2016, el paro ha descendid o
con fuerza y de forma generalizada, tanto entre los hombres, con
292.500 parados menos, como entre las mujeres ( -249.20 0), y en todas
las edades, más entre los mayores de 30 años ( -379. 800), aunque entre
los jóvenes has ta 29 añ os desciende en 16 2.200 person as.
129
Contrastando con los último s dato s del INE para el primer
trimestre de 2017, a día de hoy en España los SPE deben seguir
atendiendo a más de 4.255.000 desempleados, lo cual apunta a un
necesario refu erzo y r evisión sobre las políticas ac tivas de e mpleo en est e
país.
El SEPE y la Fundación Tripartita (2012) resaltan las siguientes
necesidades :
Fortalecer los SPE en el marco del Sis tema Nacional de
Empleo
Establec er un catálogo de servicios a la ciudadanía y
desarrollo de un model o de aten ción personaliz ada
Lograr una m ay or co nexi ón entre políticas activas y pasivas
de empleo
Diseñar itinerarios de formación y trayectorias profesionales
para desemplead o s
Mejorar la oferta de formación y su calidad
López Moruelo y Malo (2015) afirman que las reformas de las
políticas de empleo deben ir en línea con el Estad o de Bienesta r (EB) que
se pretenda para la sociedad. Asimismo, aseveran que, a nivel europeo,
las políticas de emple o basad as en el asegu ramie nto del puesto de
trabajo parec en hab er dad o peores soluciones qu e las basadas en el
asegurami ento del empleo (aceptand o la movilidad entre puestos y
cubriendo los riesgos de esa movilidad ). Por lo que los cambi os deben
pensarse en términ os de cómo quere mos que sea el EB . Por ejemplo,
poner menores barreras a la creación y también a la m uerte de puestos
de trabajo (como sucede en los países nórdicos) debe tener como
contrapartida el aseguram iento social de los riesgos que eso comporta:
mejores servicios de intermediación laboral junto con una co b ertura
suficiente de ingresos y servicios sociales mínimos para esas
eventualidade s mientras se vuelve al mercad o de trabajo. Si en la
búsqueda de soluciones se crean nuevos problemas de largo plazo y se
daña el asegura miento social de los riesgos propi o del EB, será m uy difícil
construir coaliciones qu e apoyen los cam bios e inclu so será complicad o
130
que los agentes sociales utilicen las posibilidades positivas que les brind e
la nueva normati va, por temor a parecer ind iferentes ante la aparición d e
los nuevos proble mas ec on ómicos y so ciales.
Cueto y Suárez (2015) consideran necesario ampliar las políticas
activas de mercado de trabajo en España, pues afirman que las mismas
no constituyen tal y c omo están desarrollánd o se un element o
importante de la política de empleo a de las últimas reformas l aborales .
As í, aseveran que el SPE y las políticas activ as en particular deben
desempeñar un mayor pap el en el proceso de recuper ación económi ca, y
caracterizan a las medidas ex istent es por su debi lidad en términos de
recursos y de re sultados.
Los SPE deben asegurarse de que las políticas de activación que
se implementen tengan los r esultad os desead os. Para ell o, es
imprescindible evalu ar su impacto, ya sea mediante program as piloto de
las nuevas medidas u o tros análisis. Al fin y al cabo, so lo unos SPE
competentes que hagan uso de los recursos disponibles de una manera
óptima podrán mejorar de forma sustancial su objeti vo primordial, que
es el de ayudar a encont rar trabaj o a cualquier p ersona que lo est é
buscando (Mestr es Dom ènech, 2016).
La Comisión Europea (2015) resalta para la mejora del SPE
español la urgente necesi dad de cambiar la imagen de los m ismos que
tienen los ciudadanos en general y los desemplead os en particular. Otras
voces (Mestres Domènec h, 2016), c omentan también la necesidad de
crear buena imagen para los empresari os, pues consideran que las
oficinas podrían contrib uir a la selección de personal para las empresas a l
objeto de satisfacer sus de mandas sin coste, pero para ello es necesario
que gocen de la confianza de estos, quienes a menudo tienen una
percepción nega tiva de los candidatos ofre cidos.
2.3 . EL SERVICIO ANDALUZ DE EMPLEO
Sabemos que el desem pleo se configura como la primera
preocupaci ón de los españoles , muy por delante de otros aspectos (Cal vo
131
Gallego y Rodríguez-Piñer o, 2011). Concreta mente en el caso Andaluz,
según el Estudio General de Opinión Pública de Andalucía realizado por el
Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía
(C ADPEA, 2017), el desemp leo continúa siendo el primer proble ma de
Andalucía para el 83,3 % d e lo s andaluces, seguido de la educación y la
enseñanza (32,7%) y la sanid ad (31 ,7%), que desplazan la c orrupción al
cuarto lugar (28,7%) entre las principales preocupaciones ciudadanas. El
desempleo es así la mayor preocupación de los andaluces y por tanto la
prevención y la disminución del mismo debe ser uno de lo s principales
objetivos de l os gobiern os.
Se ha expuesto en el epíg rafe anterior que el orig en de las
Políticas Activas de Emple o es la L EY 56/200 3, de 16 de diciembre , de
Empleo. La misma fundamenta las Políticas de Emple o en cuatro pilare s:
los Servicios P úblicos de Empleo (interm ediación y orientaci ón
profesional), la formación para el empleo, lo s incentivos al empleo
(bonificaci ones empresaria les, etc.) y la creaci ón de emple o direc to.
En Andalucía las Po líticas Activas de E mpleo están transferidas al
Gobierno de la Comunid ad Autónoma por medio del R EAL D ECRET O
457/2003, de 25 de abril y D ECRETO 192/2003, y so n imple mentadas po r
el Servicio An daluz de E mpleo (SAE).
El SEPE y Fundación Trip artita (2012) consideran que para
algunas comunidades la L EY de Empleo de 2003 llegó tarde al aprobarse
con posterioridad a la exist encia de l os SPE Autonó micos. El caso andalu z
es un ejemplo de ello, pues el SAE fue creado por la L EY 4/20 02, de 16 de
diciembre, de creación del SAE , y asumió las funci ones en materia de
política de empleo traspas adas a la Junta de Andalucía (Sánchez Ro das,
2014).
La creac ión de los SPE como ó rganos enc argados de
la gestión y/o ejecuc ión de las po líticas activas de empleo a
nivel a utonóm ico se ha llevado a cabo de forma
desajustada en el tiempo, s iguiendo diferentes r itmos en
función de los ava tares polític os de ca da comu nidad
aut ónoma. En ocasiones, la creación d e estos órgano s se ha
233
presentaciones s e extrae la idea de que la puesta en marcha de los
Itinerarios Personalizados de Inserció n debe comprender cuestiones
específicas c omo las qu e se detallan en cua dro 3. 14.
Cuadro 3. 14: Caracterí stica s de los It inerar ios Persona lizados de
Inserción
1. El itin erario de in serción es un acuerdo: El con tenido d el itin erario ha
de ser con ocido y reconocido por el orientador y el orie ntado, que
deben apropiarse del propósito , objeto y condiciones que configuran el
itinerario. Ade más, en segu ndo lu gar, el itin erario es acuerdo en la
medida en que contiene un ajuste que es apro piado. Un ajuste de las
necesidades qu e tiene la p ersona, así como también d e las expectati vas
que alberga, y de la nece saria voluntad manifiesta de abandonar la
situación p resente para al canzar otra posición en el entra mado social y
profesional.
2. Integra de man era secu encial las d istintas etap as de la que con sta,
tanto si a nivel indi vidual se pasa por todas ella s com o si no. El
itinerario tiene uno s plazo s qu e sup onen una divis ión d el m i smo en
etapas qu e lo hacen viable, que también deben ser aco rdad os. E stos
estadios inter medios serán los que permitirán apreciar el avance y
reformular, si fuera nece sario, el itinerario, alcanzando de esta forma
un nu evo acuerdo.
3. Se operativiza en un p lan de trabajo para que la intervención sea de
carácter personaliz ado.
4. El itinerario d e in serción es un horizonte a medio y largo p lazo
personalizado. Es un a posibilidad d e futuro, de proyectar la propia vida
en lugar de limitarse a vivirla, de pod er tra z ar expectativas , voluntades
y d eseos , con lo cual es u na invitación a qu e las personas tomen
decisiones, y se con viertan en p rotagonistas de sus v idas en vez de
estar sujetos a las ci rcunstanc ias azarosas que l es rodean.
Por ello, la i mportan cia de sde la orientación de ser cap aces d e hacer
ver un horizonte valioso al orientad o, de lo contra rio, no será posible
elaborar un itinerario que recorrer sino simple mente po sibles empleo s
y ocupacio nes, que sin definir una carrera p rofesional planificad a.
5. Los itin erarios deben e star d irigidos a aqu ellas p ersonas, o grupo s de
23 4
personas, con voluntad para trab ajar, que se encuentren con alguna
dificultad añadida, además del desempleo. (E stos exp ertos entiend en
por dificultad añadida la care ncia de competencia s persona les y/o
profesionales, o bien la perte nencia a un grupo de exclus ión o en riesgo
de exclusión social).
6. Supone la combinación de dotación y distribución de recursos con el
conocimiento sobre el mercado de trabaj o, el tejid o empresarial y los
niveles de dese mpleo, todo el lo a nivel territorial.
7. Como con dición para su aplicación, se debe contar con equ ipos d e
trabajo multidisciplinares y especializados. El itinerario debe incorp orar,
por tanto, elem entos para la coordinación los recursos y servicios que
intervienen en el p roceso de i nserción sociolab oral.
8. El enfoqu e de u n itinerario de inserción sociolaboral, ente ndid o como
servicio, debe ser mixto. E s decir, debe at ender tanto a lo p sicosocial
como a los asp ectos económi cos.
9. Debe ser soportado por una orga n ización sólida, que gestione
adecuadamente lo s recursos.
10. Pa ra que sea integral, debe partir del d iagnóstico y evaluación de
necesidades d e los colectivos de beneficiario s/as, así co mo su posible
derivación a otros r ecursos.
11. E l itinerario d e inserción e s u na estructu ra de ap oyo a la em pleabilidad.
El itinerario debe tener u nos límites bien definidos y que no son fruto
del az ar, sino de la acción pr opositiva de las persona s i mplicadas en el
mismo. Es d ecir, “el itinerario es un cauce que se dirige a su me ta y q ue
da las vueltas qu e sean pr ecisas, abriénd ose camino p ara sup erar,
rodear o esqu ivar lo s obstácu los que se pr esentan para pod er alcanzar
dicha meta” (Gonzá lez y Maru enda, 2008: 118 ).
Fuente: adap tado d e González y Maruenda (2008) y SEPECAM (2012)
Suárez-Ortega et al. (2016) afirma n que no puede hablarse de
una orientación pr ofesiona l para el empleo de calidad si no se adopta un
enfoque integral que considere las distinta s transici ones por las que pasa
la persona en toda su complejidad, de forma que tal y como se conciben
los itinerario s de inserció n en la actualidad, según la s mencionadas
autoras, no alcanzan una visió n integral de la carrer a profesional, al no
profundizar en la construcción del proyect o v ital-profesional, un
235
elemento funda mental p ara dar sentido y coheren cia a la tarea de
inserción o mejora profe sion al.
Para nosotr os, el no mbre m ás apropiado para esta técnica de
orientación para la carrera (itinerario personalizad o) es el de Proyecto
Personalizado d e Inserció n o Mejora Profesion al ( PPI MP) , y el mismo lo
definimos c omo un proces o vivo (fl exible), coordin ado por un especialista
de la o rientaci ón y pactado entre el mismo y el usuario, que integra una
serie de servicios y recurs os de orientaci ón adaptados a las necesidades y
objetivos profesional es que el usuario tenga en cada momento, co n el fin
de incidir so bre las dife rentes dimensiones que puedan inhibir e l
desarrollo continuo de la carrera profesi onal hacia la meta o co ntinua s
metas qu e el protag onista del m ismo v aya definie ndo y se propong a
alcanzar.
De la misma fo rma que no hay consenso en cuanto a su
definición, en el IPI se id entifican claramente disti ntas fases para las
cuales tampoco lo hay. Nuestra propuesta (cuadr o 3.15) es cercana a la
estipulada por la Orden que regula los I PI en Andalucía, pero sin el cierr e
que la misma estipula en la últi ma fa se de “ Finaliz ación y E valuación” . En
nuestra opinión, el IPI debe ser una herra mienta viva, de m ejor a
continua y abierta al rediseño permanente, más ac orde con la propuesta
que hace Fundación Pere Tarrés (2007) que , mediante el proyecto
InserQual que lo concibe como un proceso circular, abierto y flexible,
más adecuado a las necesi dades y realidad de cada persona, que tienen
la posibilidad de pasar únicamente por aquellas fases que se consideren
necesarias del proces o y según el orden que le sea más favorable en el
momento.
Cuadro 3. 15: Fases de l Pro yecto Persona lizado de Inserción o Me jora
Profesional
➢ Recepción y acogida : fase destinada a conocer las expectativas d e la
persona usuaria, así como i nformar sobre e l objetivo del P PI MP , su
escaso efecto a corto plazo y sus beneficios al medio y largo, su
necesarios acuerd o y compro miso entre las parte s, etc.
236
Durante to do el proceso d e PPIMP se deberá explicar de manera clara
al usuario qué se p retende conseguir con cada acción a realizar,
también se de volverán los resulta dos de la acción / ses ión , por lo que
planteamos la expli cación des de la primera de la s fases.
➢ Recogida de infor mación y d iagnóstico de la empleabili dad : en esta
fase podríamos d iferenciar tr es sub -fase s:
o Una primera d edicada a la recopilación de la in forma ción
sobre variables qu e atañen al objetivo que p erseguimos, la
empleabilidad y el desarroll o de la carrera del individuo , al
objeto de profun dizar sobre las necesidades de la p ersona
usuaria y conocer la realidad sobre la que queremos
diagnosticar.
El d iagnóstico d ebe inc luir la valoración de aspe cto s
psicosociales, de las co mpetencias y cuali ficacion es, de la
voluntad de cambio y auton omía de las personas, su objet ivo
profesional (aproximado), así como información sobre el
entorno familiar, todo ello, debido a qu e las problemáticas q ue
puedan p resentar los usuario s no están a isladas del ento rno en
el cual é stos se encuentran. Por tanto, habrá que re copilar
información sobr e tales cuestio nes.
o Una segunda d estinada a la exp lotación y análisis de la
información obtenida . El resu ltado del análisis servirá de base
para elabo rar la p ropuesta de p lan de in ter vención par a la
inserción o mejora pro fesio nal del usuario, por ello d ebe
responder a los principios de fiabilidad, objetividad, integridad
(comprender a todo s los as pectos de la p ersona y tener en
cuenta el entorno), debe ser medible y actualizable cada v ez
que el u suario super e una fase del itinerario, y debe dar como
resultado una jerarquiza ción de las necesidade s a atender para
la consecución del ob jetivo qu e el usuario se plan tee.
o Una tercera sub-fas e sobr e el planteamiento d el diagnóstic o y
líneas de actuación q ue hay que desarrollar. El resultado del
diagnóstico será devuelto a l usuario, infor mándole de sus
fortalezas, de las n ecesidad es detectadas, de lo s posi bles
inconvenientes y ventajas para su objetivo, y haciendo una
propuesta d e intervención.
237
➢ Diseño del Proyecto Per sonalizado d e Inserción o Mejor a Profesional :
fase en la que en base a las necesidade s detectada s y objetivos
deseados de forma con sensuada, se d efine el ob jetivo / objetivos del
proyecto, y se dis eñan y cal endariza n una s erie de acciones para la
consecución de l mismo (plan de trabaj o) y se concr etan los resultados
esperados con ca da acción.
El o bjetivo del usuario p uede ser la inserción p rofesional mediante el
trabajo por cuenta ajena, el autoempleo, o la mejora profesional, etc., y
la situación de partid a tambi én pu ede ser muy variad a (desempleado s
con todas sus casuísticas, tr abajad ores, e tc.), todas ellas variables a
tener en cuenta p ara hacer la p ropuesta posible de IPIMP.
El plan d e tra bajo se debe elab orar ajustándolo a las expectativas del
usuario y sin ser impuesto, sino negociado. El técnico deberá pro poner
acciones desde el conocimiento de las mismas (objetivos, posible
resultados, tiempo y esfuerzo necesario, requ isitos p revios para
llevarlas a cabo, etc. ) y el aju ste a las n ecesidad es y expectativa s del
usuario detectadas en e l diagn óstico.
➢ Desarrollo y se guimiento d el proyecto : fase en la qu e la persona
usuaria realiza las accione s d efinidas en su proyecto , contand o con el
seguimiento y apo yo d el pers onal técnico re sponsable. El Pro yecto
Personalizado d e Inserc ión o Mejora Profesion al es su sceptible de
redefinirse en fun ción de la s posibilidad es efectivas de co nsecución d e
los objetivos pro puestos.
➢ Evaluación del proyec to: fa se en la que se evalúan los resultados
obtenidos en el marco del P PIMP y, en la qu e teniendo en cuenta la
consecución de ob jetivos, se procede a su finalización .
➢ Rediseño del pr oyecto
Elaboración propia
Con todo ello, planteamos los siguien tes criterios (cuadro 3. 16 ) a
comprobar para identificar buenas prácticas que en los procesos de
orientación basados en lo s Proyectos Pers onalizados para la Inserción o
Mejora Prof esional (PPI MP).
238
Cuadro 3. 16: Criter ios para identificar bu enas prá c tica s de orientac ión
profesiona l relacionad a con el proceso o la interven ció n orientad ora
Cuestiones
previas
➢ Durante todo el proc eso se d ebe garantizar la
confidencialidad y privacidad de los datos aporta dos
por el usuario. Así como una atención ind ividualizada
y personalizada, fundamenta da en u na relación de
compromiso y confianza entre el especialista y el
usuario.
➢ Debe adopta rse un enfoque integral de las
necesidades y exp ectativas del usuario, se deb e
reconocer que la orientación centrada en cuestione s
profesionales y d el mercado d e trab ajo debe poder
desvelar otras necesidades de orientación (carácter
social, psicológico, etc.) y atend erlas en con sonancia
con la p reparación , la experie ncia y el pap el del
orientador y en función de las necesidade s de lo s
proyectos del inter esado
➢ Las b ases sobre las que se trab ará con el usuario
deben establecer se claramente al co mienzo.
➢ Habrá q ue examinar el co ntexto don de se va a
desarrollar la inte rvención. El con texto incluye: etnia,
cultura, los otro s signi ficativos, la distribu ción de
oportun idades, la historia de sus ap rendizajes, los
antecedentes previos a la situación de evaluación,
etc.
Recepción y
acogida
➢ Garantizar la a daptación del proceso al usuario
Recogida de
información y
diagnóstico de
la
empleabilidad :
➢ Controlar qu e las n ecesidade s e intere ses d el u suario
son el elemento cent ral del pr oceso.
➢ Ser fl exibles en la variedad de método s u tilizados
para la recogida de dat os (entrevistas p ersonales,
trabajo en grupo, paquetes informáticos interactivo s,
etc.), y con trastar los result ados obteni dos con las
distintas pruebas y el usuario.
➢ Comprobar que la in formación recogida para el
diagnóstico y el mod o en el qu e se con serva (papel o
soporte ele ctrónico) sean los ap ropiado s y de fácil
acceso para el person al y los usuarios.
➢ Permitir al usuario evaluar / comprob ar la exactitu d
239
de la información recogida.
➢ Una vez realizad o el análisis, devolver y e xplicar al
usuario el re sultado p reciso de su diagn óstico, y
proporcion ar la oportu nidad de expresar su acu erdo
o desacuerdo con el mismo.
Diseño del
Proceso
Personalizado
de Inser ción o
Mejora
Profesional :
➢ Partir d e las nece sidades y expectativas del usuario
(qué q uiere, qué espera obtener de la intervención,
qué necesita, etc.), expl icadas en el r esultado de su
diagnóstico.
➢ El técnico d eberá ser flexib le (con el ti empo y los
métodos) p ara ad aptarse a las necesidades y
expectativas individuales de cad a usu ario. El proceso
no deberá se es tándar.
➢ Dividir el objetivo prin cipal del usuario en d istintos
sub-objetivos, a corto, medio y largo al objeto de la
co nsecución del objetivo final mediante la superación
de partes asu mibles a corto / medio plazo.
➢ Identificar los recurso s más aprop iados para la
intervención con creta.
➢ Elaborar un plan d e tra bajo por escrito,
calendarizarlo, y plasmar el acu erdo de ambos y las
responsabilidade s de cada parte en cada acción del
proyecto de forma explícita.
Desarrollo y
seguimiento
del pro ceso
➢ Comprobar si el u suario comp rende lo acordad o
previamente a iniciar cada fa se d el proceso.
➢ Asegurar q ue el usuario perci be que se da priorid ad a
sus necesidades e inte reses.
➢ Comprobar y a segurar antes d e iniciar sucesivo s
pasos que se h an explorad o posible opcione s.
➢ Asegurar que el usuar io se sie nte en cond iciones de
tomar cada d ecisión.
Evaluación del
proce so
➢ Garantizar q ue la evaluación sea permanente, y se
realice a la v ez qu e el d esarrollo y seguimiento de
proceso.
➢ Asegurar que el sistema de seguimiento permita al
usuario y al orientado r evaluar los p rogresos en
relación con los o bjetivos establecido s. Para ello, será
necesario que el orientador mantenga un registro
preciso y coherente a l que el usuario tenga acce so.
Rediseño del
➢ Cuando o curra, si se da el caso, sob re la base d el
240
proce so
proceso seguido y atendiendo a las nu evas
expectativas y n ecesidades del usuar io, comenza r a
elaborar un n uevo plan .
3.1.5. SEGU IMIEN TO Y EV ALUACIÓ N DE RES ULTADO S
En España y en Andalucía, tal y como hemos mencionado en el
capítulo anteri or, las ac ciones OPEAS son accion es de orientació n
profesional para el emple o y asistencia para el autoempleo, articul ada s
en itinerarios de inserc ión ocupaci onal dirigid os a mejorar las
posibilidades de ocupaci ón de las personas desemp leadas, y regulad as
por el Servici o Público de Empleo estatal, y en el caso andaluz por la
Consejería de Empleo y el Servici o Andaluz de Emple o.
El artículo 14 de la Orden de 26 de diciembre de 2007, por la que
se desarrollan los Programas d e Orientación Profesional, Itinerario s de
Inserción, Acciones Experimental es, Estudios de Difusión sobre el
Mercado de Trabajo, Exp eriencias Profesionales para el Empleo y
Acompañami ento a la Ins er ción, en And alucía, señala q ue:
1. El SAE realizará el seguimi ento y la ev aluaci ón di rigida a conocer
y mejorar el desarrollo d e las acciones ejecutadas al amparo de
dicha orden. Para ello, de acuerdo con lo establecid o en el Plan
de la corresp ondiente re solución d e concesi ón, valorará los
resultados de las accion e s en té rminos de inserci ó n laboral,
calidad de los servicios y satisfacción de las personas usuarias
obtenidos a través de encuestas de resultad o s, cruces de base s
de datos u otras accion es que se consider en de aplicación,
verificará la actividad desarrollada y aplicará programas de
evaluación del d esempeñ o profesi onal.
2. Para el desarroll o de las actividades de seguimiento y evaluación,
las entidades benefi ciarias vendrán o bligadas a colaborar con el
SAE ap ortando cuan ta documentación les s ea requerida,
permitiendo al personal designado por dicho org anismo el
acceso a sus inst alaciones, utilizando las metodologías y
241
procedimient os estableci dos facilitando la particip ación del
personal técnic o en las ac tu aciones que se lleven a cabo.
3. El SAE pondrá periódicament e a disposición de las e ntidade s
beneficiarios un informe, a fin de comunicar a las mismas el ni vel
de ejecución de las acciones que se desarrollan en cada Unidad.
El acceso a dicha inf ormación será facilitado a través de los
sistemas de inf ormaci ón de los que el SAE disp one.
4. El nivel de ejecuci ón finalment e alcanzado por cada Unidad será
tenido en cuenta en futuras solici tudes de participa ción de las
entidades.
Para ello, el siste ma de calidad de la Red Andalucía Orienta ,
implantado por la Junta de Andalucía está dotado de inst rumentos par a
la ev aluaci ón y el contr ol d e calidad interna y externa de las acciones que
desarrollan las entidades que integran la red. Alternan el uso de técnica s
cuantitativas y de una metodología cualitativa para la ev alua ción y el
control de calid ad.
o La herra mienta informát ica (Serv icio Telemáti co de
Orientación, STO) es el instrument o que hace posible la
evaluación d e los servici os con un elevado grado de
eficacia.
o El siste ma de calidad está basado en la alta cualificac ión
de los/as pr ofesionales de la orientación.
o Está dotado de mecanismos para que la calidad se
conciba como un proc eso de mejora continua que
asegure la adaptación de la Red a los cambio s y
demandas de la s ociedad.
El proceso de calidad de la Red Andalucía Orienta consta, por un
lado, de un pr ocedimient o basado en una metodologí a cualitati va para la
evaluación de la calidad interna de l os Servici os que forman parte de la
red, y por otra, por un protoc olo de actuaci ón para la evaluación externa
de los usuari os/as d e la red, que lleva a cab o una entidad extern a
242
mediante contact o telefónico a través de una meto dología d e tipo
cuantitativo.
Este proceso se desarrolla a través de los Centros de Referencia
de Orienta ción (CRO) que, co mo he mos v isto en el cap ítulo anterior,
dependen de las Direcciones Provinciales del SAE y entre sus funciones
tienen asignada la evaluación de las acti vidades de los Servici os de
Orientación: cada centr o de referencia realiza funciones de evaluación y
seguimiento cualita tivo de los Servici os y del per sonal de orientaci ón a
través de entrevistas personale s a los/as o rien tadores/as de la s
entidades que confor man la red.
El procedimi ento de evaluación y co ntrol de la calidad externa d e
los Servici os de la Red “An dalu cía Orienta” e s el siguien te:
1. El STO calcula las personas atendidas en el inter valo de
tiempo considerad o (15 día s, un m es, otros).
2. A través de una fórmula básica de muestreos de población se
obtiene una muestra r epresentativa de personas que van a
ser sondeadas, más un margen amplio de poblac ión para
cubrir a las pers onas qu e no puedan ser locali zadas.
3. Se envían los datos de las personas que componen la
muestra al “Centro de llamadas” donde se sigue un prot ocolo
de llamadas diferenciad o según se trate de po bla ción en
general, personas co n discapacidad intelectual o personas
con discapacidad auditi va. En el caso de las personas usu arias
de orientación se reali za una llamada de ev aluaci ón a los 15
días después de ser atendi da y otra llamada de segui m iento a
los 3 mes es de ser a tendid a.
4. Desde el “Centro de lla madas” se remiten lo s resultados
obtenidos en una bas e de datos.
5. Se vuelcan est os datos en el servicio telemática de
orientación, y el propio sistema elabora automátic amente
diferentes análisis de l os datos, inf ormes con las c onclusiones
sobre los resultados obte nidos, distinta s repr esentaciones
automáticas.
249
Capítulo 4. PROBLE MA, OBJETIVOS Y DISEÑO DE LA
INVESTIGACIÓN
Introducción
En este capítulo describirem os el d iseño me todológic o,
explicarem os su desarroll o (los pr ocesos y fases de l a investigaci ón), las
técnicas de investigación utiliz adas y e xpondre mos cómo ha transcurrido
el trabajo de campo.
Antes de comenzar, cabe mencionar que las obras que han servido
de referencia para constru ir el enfoque m etod ológico de esta tesis han
sido principalment e La Mirada Cualitativa en Sociolo gía (Alonso, 1998),
Metodología de la Investigaci ón (Hernandez Sampieri , Fernánd ez-Collad o
y Baptista, 2006) y M etod ología de la Investigación Cualitativa (Ruiz
Olabuénaga, 2012). En ellas se ha encontrado tanto contenidos para
abordar la metodol ogía cualitativa, como pa utas m uy esclarecedor as
sobre el p rocedi mien to de cara a la aplicación de la h erra mienta u tilizad a,
la entrevis ta, para lo que también n o s he mos nutrid o de ricas suger encia s
del text o Técnicas e Instr umentos para el Diagnóstic o y la Evaluación
Educativa (P adil la-Car mon a, 2002). En relación con el análisis de
contenidos, aunque las o b ras sobre metodología citadas lo abordan, lo
hemos basad o principalme nte en text os co mo Encontrando el Sentido a
los D atos Cualitativos (Cof eey y Atkinson, 2004) y The Coding Manual fo r
Qualitative Researcher s (Saldañ a, 2 009), las cuale s cabe citar por la
grandísima utilid ad que suponen para los que como,en este caso, se
enfrentan por prim era vez a la investig ación cuali tativ a.
Dicho esto, comenza mos co n los principios metodológ icos que
inspiran esta t esis.
Con este trabajo nos proponemos aportar luz sobre los atribut os
del fenómeno social de la o rientación pr ofesional llevad o a cabo en el
Servicio Andaluz de Empl eo (en adelante SAE), as í como sobre sus
dimensiones y características. En concret o, pretende mos c omprende r lo
250
que ocurre, cómo ocurre y por qué ocurre en la prá ctica profesional en
los servicios públicos de orientación profesion al para personas adu ltas
en Andalucía, para con ello, identificar y describir fa ctores que p uedan
facilitar o inhibir las bu enas práctica s en orienta ción profesional . Es decir ,
intentarem os comprender el proceso de la orientac ión profesi onal, las
actitudes y representaci on es de técnicos y usua rios del servicio y sus
relaciones, y mediante la interpretación de los signifi cados que tiene la
orientación profesional llevada a cabo en el SAE para ellos. Pretendem os
identificar posibl es inhibidores y facilitador es de buenas prácticas en
orientación pr ofesional.
Consideramo s que para esta investigación quienes más saben del
tema en cuesti ón son la gente que lo v ive a diari o: los técnicos de
orientación y los usuarios del servicio. Es decir, con sus experiencias en el
fenómeno de la orientació n profesional en el SAE serán en este caso los
especialistas. De forma que, con un enfoque interpretativo, desde sus
experiencias intentarem os componer la realidad de los citados servicios
de orientaci ón para co mpr enderla.
No quer emos entrar en la vieja po lémica que co nsideram os
resuelta desde las explicaciones de, e ntre otros, Alonso (1998), Bordieu,
Chamboredon y Passeron (20 01), (Hernández Sam pie ri et al., 2006), Rui z
Olabuénaga (20 12) entre el positivis mo y la hermenéu tica, lo cuantitativ o
y lo cualita tivo. Nuestra visión al respecto, coincidiendo con la de los
au tores citad os, es que un i nvestigad or en ciencias soc iales debe d ominar
aproximaci ones metodológ icas tanto cuantitativa s como cualitativas,
conocer que tanto en las unas como en o tras existen luces y sombras, y
que el fin último e s la comple mentariedad de m ét odos y técnica s para
resolver del mejor modo posible la investigaci ón propuesta. De la misma
forma creemos que, en to do ca so, el tip o d e in vestigación a llevar a cabo
justifica su realiz ación p orque los fines y el diseño lo demandan.
Por ello, tras la definición del problema y la present ación de los
objetivos de la inv estigació n explicare mos nuestr o diseño metodológic o y
la forma con la que llega mos a concluir que era la metodología cua litativa
la que convenía utiliz ar par a llevar a cabo el trabaj o que nos pr oponíam os.
251
4.1. JUSTIF ICACIÓN Y DEFI NICIÓN DEL P ROBLEMA
Comenzamos el estudio en 2 012, momento en que con más de
1.442.000 pers onas parada s e n Andalucía, lo que sup one el 35,86% de la s
personas en edad de trabajar según la Encuesta de Población Ac tiva (EPA)
1
referida el cuarto trimestre de 2012, el contexto d e l os servicios de emple o
se han c onvertido en un lug ar más conocido y frecuentad o en la actualidad
que hasta hace unos añ os. Aun así, basánd o nos en el estudi o que
realizamos para el Trabajo Fin de Máster (T FM ) en Fo rmaci ón y
Orientación P rofe sional, de la U.S. “ Conocimientos y opinio nes en torno a
las agencias de colocació n” , pode mos decir que muchos andaluces y
andaluz as desconocen tanto la diferencia entre el Servicio Público de
Empleo Estatal y el Autonómi co, como que los mismos prestan servicio s
más allá de la recogida de documentación e información para acceder y
renovar las prestacion es, y que cuando son pregu ntados por las
expectativas de encontrar trab ajo a través d el SAE, en su mayoría afirman
que so n negativas, pue sto que “ no llaman para of recer trabajo” (Usuario
del SAE). Bien es cierto que históricam ente en Andalucía y en España no
ha ex istido cultura de acudir a los s ervicios de emple o de manera
proactiva, sino que “en gen eral l os u suarios mantiene n una ac titud pasi va
frente a la orientación esperan do que el servicio ofrezca soluci ones
plausibles y rápid as a cada situación pers onal ” (Ro dríguez Fernández,
Suárez Ortega y Padilla-Carmona, 2 013, p. 219) y que no ha habido hasta
el momento pr ogramas preventi vos para la mej ora o el manteni miento d e
la empleabilidad , sino que los ser vicios de empl eo han venido actuan do de
forma reactiva con las personas desemplead as que demandan el servici o.
Sánchez García, P adilla-Car mona y Suár ez Ortega (2013) afirman que los
Servicios Públicos de Empl eo (SPE) en España trabajan desde un enfoque
muy centrado en la inserción inmediata o en la atenc ión a situaci ones de
urgencia, excluyendo o limitando la posibilidad de atend er a o tro tipo de
necesidades relacionadas con el desarrollo profesi onal y vital que afectan
a los usuari o s. En cualquier caso, son muy po cos los usuarios que están
bien informados y son con scientes que la utilidad de los SPE no se agota
1
www.ine.es . E n la actualid ad, la ú ltima EPA del IN E sitúa la cifra de
desempleado s en Andalucía e n más de 1.072 .000 personas , lo qu e supone el
26,9% de la pob lación activa.
252
con la simple casación o aju ste entre ofertas y de mandas de empleo o
intermediación laboral (Monereo, 2011), sino que incluyen además la
prestación de o tros servicios dirigidos a hacer posible la inserción
profesional de los trabajadores; entre l os que se encuentran los servici os
de o rientación profesiona l y otros como los programas de inserción
laboral, el asesoramiento prestado a empre sas, los planes de fomento
para el autoe mpleo, etc.
La prohibición de la intermedi ación privada en Espa ña se prolong a
hasta el año 1994, fecha en que se pr oduce la legalización de las agencias
privadas de colocaci ón, pero única mente de las que actúan sin ánimo de
lucro. Las agencias pri vadas que operan co n fines económicos se van
mantener proscritas has ta la reforma lab oral llevada a cabo por la L EY
35/2010 , de 17 de septiembre, de m edidas urgentes para la reforma del
mercado de trabajo, en que se produce una apertura total de la
intermediación pri vada (Sobrino González, 2011). En el estudi o de TFM
mencionado, pu dimos obs ervar cóm o tras l a liberaliz ación d e l os s ervicios
de empleo en España per mitiéndose a las agencias de colocación con
ánimo de lucro prestar servicios de orientaci ón profe sional entre otros,
algunos usua rios del S PE manifiest an defender con la incorporación de
estas ag encias al mercado de trab ajo la po sibilidad de mejora, dado el mal
funcionamiento del siste ma públic o de empleo. Sin em barg o, otros
usuarios son detract ores de la idea y afirman que introducir el ámbit o
privado en la orientaci ón p rofesional g enerará desigu aldad es sociales con
respecto al acces o a los servicio s y a los empleos. D e lo cual deducimos
que la experienci a v ivida en el SPE es determinan te p ara posicionars e en
cuanto a la privatiza ción. Pr ofundiz ando en las experiencias, pudi mos
contrastar cómo distintas personas usuarias del SAE muestran ideas
diferentes a la ofi cial de l o que pueden esperar d el se rvicio. Si tuación que
nos hace reflexionar sobre cómo en una m isma organización como es el
SAE, donde los obj etivos generales de la insti tución son únicos
independien temente de d ond e se ubique la oficina de atención al usuario ,
donde lo s recursos, los pro gramas y la forma en que estos se desarr ollan
son iguales, donde el personal pasa por la misma selección y formación
continua, etc., pueden los usuarios tener tanto una o pinión como un a
253
percepción tan distinta sobre la utilidad de sus servicios y programas
basada en la experiencia.
Creemos que sería posible demostrar que sin du da existen
factores que influyen tant o de forma positiva co mo negativa en el uso
(generaci ón y estableci miento) de las buenas prácticas en orientación
profesional, los cual es pretendemos identificar y describir. De esta form a
proporcionare mos indicad o res de refer encia para medir y evaluar buena s
prácticas en los servicios de orientación co ntribuy end o así a la mejora de
su calidad y resultados. Pen samos que la investigación que plantea mos
puede ser de interés, al objeto de hacer futuras propu est as que ayuden a
optimizar el funciona miento de l os progra mas de orientación para el
empleo.
Sánchez García et al. (2013) consideran necesario recopilar
información sobre los servici os de o rientaci ón, so bre có mo están
funcionando en general y sobre cómo son valorados por sus usuarios en
particular. Las auto ras afirman que en especial, y dada la diversidad de
marcos regulad o res co n qu e se v ienen trabajando en el territorio nacional,
es preciso identifica r cuál es son los factores que pr omueven o inhiben el
desarrollo de buenas prácti cas en est os servi cios.
Para identificar y describir estos factores qu e cr eem os influyentes
en el uso de las buenas prácticas en orientación profesional, nos
planteamos l os objetiv os que ind icamos a c ontinuación .
4.2. OBJE TIVOS DE LA INVE STIGACIÓ N
A continuación, se muestr an tanto los o bjetiv os de investigaci ón
(cuadro 4 .1) como las pregun tas de las que l os m ism os surgen (cuadro 4.2).
Cuadro 4.1: Ob jetivo s de la investiga ción
Objetivo
General 1
Comprender lo qu e ocu rre, cómo o curre y por qu é en la
práctica profes iona l en los servicios de orienta ción
profesiona l para person as a dultas en Andalucía .
254
Objetivo
especifico
1.1
Comprender l os significad os que tiene la orienta ción
profesional que s e lle va a cab o en el SAE para los
distintos agentes que inte rvienen en ella (técnicos
de orientaci ón y usuari os del ser vicio) y las
relaciones ent re ellos.
Objetivo
General 2
Identificar po sibles inhibid ores y facili tadores de l uso de
buena s prácticas en or ient ación profe sional med iant e la
interpretación de los si gnificado s que t iene la orienta c ión
profesiona l llevada a cab o en el SAE para orienta dores y
orientado s.
Objetivo
específico
2.1
Comprobar si el proce so de orientación pr ofesional
en la adultez en los servici os de e mpleo andalu ces se
desarrolla conf orme a las recomendaci o nes de
buenas prácticas en orient ación pr ofesional e
intentar identifi car y c omprend er por qu é.
Cuadro 4.2: Pre guntas de i nvestigac ión
Preguntas de
Investiga ción
Pregunta
central 1
¿Qué ocurre en los ser vicios de
orientación profe sion al para pe rsonas
adultas en Andaluc ía? ¿Qu é prácticas
profesiona les se de sarrolla n y por qu é?
¿Qué factore s influyen en el uso de
buena s prácticas en di chos ser vicios?
Pregunta
específica
1.1
¿Qué significad os tiene la
orientación pr ofesional qu e se lleva a
cabo en el SAE para l os distintos
agentes que inter v ienen en ella
(técnicos de ori entaci ón y u suarios
del servicio) y qué rel ación se da
entre los mis mos?
Pregunta
central 2
¿Existe rela ción en tre los signif icados que
tiene la or ientación profe sion al para
técnicos y usua rios con fac tores que
pueda n facilitar o inhibi r e l uso de bue nas
prácticas en or ientac ión profe sional?
255
Pregunta
Específica
2.1
¿En qué sentido se desarr oll a el
proceso de ori entaci ón profesional
en la adultez en los servici os de
empleo andaluc es confor me a las
recomendaci ones de buen as
prácticas en ori entaci ón profesi onal?
¿Por qué?
4.3. DISE ÑO DE LA I NVESTI GACIÓN
Para alcanzar los o bjetiv os iniciales de investigación consideram os
que sería necesari o introd ucirnos tanto como pudiésemos en la situación
de la orientaci ón profesi onal en el SAE. P ara ello, valoramos la necesida d
de utilizar técnicas y proced imientos diversos para recoger y analizar los
datos, reflexionando sobre las aportaciones que cada técnica de análisis
podría aportarn os. Sigu iendo a Reid ( 1994, p.447),
la me todología cu antitativa pu ede suministrar
afirmaciones más exa ctas sobre e l grado de relació n
entre diversas variables, m edida s precisas de los
fenómeno s qu e se prestan ellos mismo s a la
cuantifica ción, y puede suministr ar bases de d atos más
amp lias para la gene ralización. La cualitativa, po r su
parte, e s más c apaz de describir el func ionamien to d e
los sistemas sociales de mane ra holística , de te ner en
cuenta los factores context uales, de detectar
fenómeno s elusivos y generar de scripciones más
co mpletas c omo base para la generalización.
Para Hernández Sampieri et al. (2006), los planteamientos
cualitativos son una especie de plan de exploración y resultan apropiados
cuando el investig ador se interesa por el significad o d e las ex perien cias y
valores humanos, el punto de vista intern o e indi vidual de las personas y
el ambiente natural en el que ocurre el fenómeno estud iado, así como
cuando bu scam os u na p erspectiv a cercana de los participantes. En l a
256
misma lín ea, Ruiz Ol abué naga (2012, p. 17) afir ma q ue “los métodos
cualitativos son los que enfatizan conocer la realidad desde una
perspectiva de insider , de captar el significa do particular que a cada hech o
atribuye su propio protagonista, y de contemplar estos elementos como
piezas de un conjunto siste mátic o”. Por su parte, Patton (2002) identific a
tres áreas y necesidades como adecuadas para planteamientos de
investigación cualitativa referente a proces os: 1.) El centro de la
investigación est á conformad o por las experiencias de los par ticipantes en
to rno al proceso, par ticularmente si se sub rayan resultados
individuali zados, 2.) Es nec esaria inf ormaci ón detalla da y profu nda acerca
del proceso, y 3.) Se busca conocer la di versidad de idiosincrasias y
cualidades únicas de lo s particip antes inmers os en el proceso.
Entendemos que ese es el caso del trabajo de invest igación que
presentamos p or varias raz o nes: en primer lugar, tal y como sostien e Reid
(1994), pretende mos describ ir el funcionamien to de un proceso, en
concreto del proces o de la o rientaci ón pro fesional en el SAE; p or otro lado,
como afi rman Hernández Sampieri el al. (2006) y Olabuénaga (2 012),
estamos interesad os por el significado d e las ex perie ncias y el punto de
vista interno e individual de las personas, pues prete ndemos conoc er las
actitudes y representacio nes particular es de técnicos de o rientación y
usuarios del servi cio y sus relacion es; y en tercer lugar, para interpretar l os
significados que tiene la orientación profesional para orientad ores y
usuarios, y con dichas interpretaciones in tentar identificar posibles
inhibid ores y facilitador es del u so d e buenas prá cticas en ori entaci ón
profesional, es n ecesari o tanto que el c entro d e la investigación esté
conformad o por las experi encias de los participantes en torno al proceso,
como o btener información detallada y pr ofunda acerca del m ism o, siend o
por tanto un planteamiento cualit ativo adecuado segú n Patton (2006). Por
todo ello, entendimos que este diseño demandaba tomar un enfoque
interpretati vo, decisión que una vez tomada, reforza mos con la idea que
sustenta Van Maan en (1983) al afirmar que la m ayor v isibilidad y
proximidad a las situaci ones real es que propug nan los métodos
cualitativos, les confiere un carácter de acercamient o a la verdad de la que
carecen las t écnicas cuan titativas.
257
Así, una vez decidid a la metodol ogía qu e aplicarí amos y siguiendo
a los autores mencionados, nos hicimos conscient es de que precisar
conceptual u operativamen te los términos d el proble ma para, sobre ell o s,
establecer proposici ones y relaciones hipotéticas (las hip ótesis), es
contraproducente y emp obrecedor en investigaci ón cualitati va. Motivo
por el que la definici ón del problema en esta m etodología siempre es
provisional. “Definir el p roblema, fin al mente es entra r en contacto c on él ,
no delimitar sus front era s” (Ruiz Olab uénaga, 2012, p. 53), o co mo apunta
Morse (1994) el tema seleccionado puede ser un área de interés más que
un problema d efinido con precisión y difí cilme nte puede quedar
formulado en una pregun ta precisa. De forma que en este sentido
adoptamos una posición flexible, aceptando que nuestras preguntas de
investigación podría n ir modificándos e y concretánd ose a medida que
evolucionara el diseñ o y avanzásemos con la co ncreción del marco
conceptual, el cual ta mbién dejaríamos abiert o a po sibles am pliaciones
y/o modificacion es a dema nda de las nec esidades que fuesen surg iend o.
Centrados ya en el estudio del diseño cualitati vo, Saldaña (2011)
afirma que la investigaci ón cualitati va tiene en su estructura definidos
algunos element o s fundamental es, que mostramos en el cuadro 4.3, los
cuales deben tenerse en cuenta a la h ora de empeza r el diseño de to da
investigación.
258
Cuadro 4.3: E lementos de l a investiga ción cualitati va se gún Salda ña
(2011)
A continuaci ón, explica mos los aspect os claves del diseño
seguido.
4.3.1. CO NSIDERA CIONES PREVIAS
Insistimos en la id ea de que en nuestro diseño m etodológic o
hemos tenido siempre presente que un a de las carac terísticas
fundamentales será su apertura y flexibilid ad, pues como dic e literalment e
Ruiz Olabuénaga, “el diseño supone una toma de decisiones que, se sabe
y se acepta de anteman o, deberán ser alteradas a lo largo de l a
265
detenerse en aspect os secun darios. Aspect os que a con tinuación pasam os
a detallar para el caso qu e nos ocupa.
4.3.3.1. El acceso al c amp o y la estrategia con l a que iniciar la
recogida de datos
Como ya hemos anticip ado en nuestra estrateg ia no n os
planteamos un muestreo proba bilístico , sin o que decid imos un muestre o
intencion al que “ no obede ce a una reglas fijas, ni especi fica de antemano
el número de unidades a selecciona r. Acepta, en principio , que est e número
deberá ser alterado a lo largo de la investigación” (Ruiz Olabuénaga, 2012,
p. 66), de manera que puedan seleccionarse unidad es de m uestro no
previstas inicial m ente para mejorar la calidad y riquez a de la inform ación,
y también pueda interrumpirse la selección de m ás unidades cuando se
entienda que s e ha ll egado a la saturaci ón en la in form ación recogida.
Entre los tipo s de muestreo intencional (Ruiz Olabuén aga, 2012),
pretendemos que la seleccionad a sea una muestra diversa o de máxim a
variación (Miles y Huber man, 1 994), puesto que estas m uestras son
utilizadas cuando se busca mostrar distintas perspec ti vas y represen tar la
complejidad del fenómeno estudiado, y ese es justo el caso en el que nos
encontram os.
Así, nuestra intención inici al es o btener alred edor de 30 personas
técnicos y usuario s del se rvicio y que entre ellos hubiese participantes
tanto de grande s ciudades y pequeñas poblaci ones, adem ás, prete nd emos
que entre los usuari os seleccionarlos los haya de distin tas edades, ambos
sexos, diferente nivel educativo / formati vo, etnia y clase social y que,
entre todos, estuviesen r ep resentadas las ocho pro vincias and aluzas.
Para conseguirl o, pensam os acudir personalmente a las oficinas
del SAE en busca de c andid atos, y así hicim os. De esta manera
conseguimos entrevistar a la primera persona usuaria (U1: Mujer, baja
cualificación (EGB), mediana edad, Sevilla) pero tras unas semanas de
espera sin éxito tra s anun ciar la búsqu eda de can didatos para un est udio
266
sobre o rientación en los ta blones de distintas o ficinas de empleo en Sevilla
(los cuales en su mayoría desaparecían el mismo día que se colgaban), nos
hicimos conscientes de la dificultad de encontrar a particip antes de este
modo y decidi mos int entarl o de otra for ma.
Pensamos que, si publi cábam os en distintos p ortales de empleo
online, una o ferta para particip ar como voluntarios en u n est udio de
investigación en orientación profesional podríamos atraer la atención de
personas que estuviesen en búsqueda activ a de empleo y pudieran ser
usuarios del SAE. De esta forma, a través de una empre sa de f ormaci ón en
Sevilla, a la que t eníamos acceso, y al objeto de hacernos visibles para
demandantes de empl eo usuari os del SAE que pudiésemos
posterior mente contactar para entrevistar, publicamos una o ferta
ofreciendo la posibilidad de participar en el estudio como voluntari os.
Nuestra sorpresa fue que en menos de un mes recib im os 78 currículum
solicitando la parti cipación.
La ex tensa información de los CV nos di o la opo rtunid ad tanto de
hacer una selección de candid atos según nuestros in tereses, como d e
elaborar una mejor estrategia de análisis, como explicaremos m ás
adelante. Observamos cómo en su gran m ayorí a eran “candidatos” con
alta cualificaci ón (estudios universi tarios en cie ncias social es) y
mayorment e jóvenes y des emplead os. De forma que tras hacer un estud io
y criba de lo s CV y cartas de presentación, en su caso, llamamos a quinc e
posibles usuari os que co nsideramos por sus distin tas peculiaridades
(edad, sexo, nivel formativo, provincia) podrían ser caso s interesante s
para el estudio, de los cuales aceptaron seis mujeres y ningún hombre
(U2: Mujer, alta cualificaci ón con discapacid ad, Sevilla; U3: Mujer, alta
cualificación recién titulad a con edad avanzada (+5 0) y sin experiencia
laboral, Sevilla; U4: Mujer, alta cualificaci ón y joven ( -30), Cádiz ; U5: Mujer,
media cualificación con edad avanzada (+50), Córd oba; U6: Mujer,
mediana edad, alta cualificación y empleada en busca de mejora de
empleo, Cádiz y U8: Mujer, cualificaci ón media (FP) y joven, Almería.). Una
de las candidatas a las que selec ciona mos pero no accedió, pero tras hacer
la propues ta te lefónica nos ofreció, sin embarg o, la posibilidad de
entrevistar a su pareja, un usuario del SAE, al cual aceptamos incorporar
267
dado que no teníam os recogid o su perfil en la muestra que había mos
concertado hasta el mom ento (U13: Hombre, baja cualificación (ESO) y
joven (-30)). Con lo cual nuestra muestra posible asce ndía a o ch o usuario s.
Además de estos usuarios , de entre los currículums obtuvimos
alguna grata sorpresa , n os encontra mos solicitando la participación de dos
técnicos de empleo, uno de ellos, técnico del SAE durante doce años, en
desempleo desde hacía unos meses (T7: Hombr e, Huelva), que se inscribi ó
para participar con la intención de buscar trabajo, y una técnica de
orientación que aunque no prestaba se rvici o en el SAE nos pareci ó que s u
experiencia aportaría una perspectiva enriqueced ora al estud io, al ser de
etnia gitana y querer colaborar como técnica especiali sta del c olectivo
gitano (al que pertenece y para el que trabajaba), además de afirmar que
conocía al detalle el servic io de orientación del SAE puesto que cuand o
está el Programa Andalucí a Orient a vigente una de sus compañeras de
trabajo pasa a ser orientadora del mismo en la institución en la que ella
trabaja ( T10: Mujer, cole ctivo en riesg o, Sevilla). De tal forma que, aunque
no est aba previs to en el pequeño plan inicial , co nsideram os que dada la
flexibilidad con la que nos adentrábamos a este diseñ o metodol ógico, y
que en los estud ios cualita tivos la muestra planteada inicialmente pued e
ser distinta a la muestra final, así “podemos agregar casos que n o
habíamos contemplad o o excluir a o tros que sí teníamos en mente”
(Hernández Sampieri et al., 2006, p. 564), decidi mos incorporar a esta
técnico de orientaci ó n esp ecialista en el cole ctivo gita no y conoc edora del
trabajo que se realiza en el SA E, pensando que d esde su experiencia
podríamos o btener una perspectiva crítica y exte rna al ser vicio d e
orientación que presta el SAE. Por tant o, siguiendo a Miles y Huber man
(1994) incorp oramos a nuestra estrategia de muestreo la llamada muestr a
por oportunidad que se da cuando se incorporan ca sos que de manera
fortuita se presentan ante el investigador y se conside ra que proporcion a
una oportunid ad extraordi naria para reclutarlo.
Desde la captura de datos d e la primera usuaria (U1) comenzamos
a trabajar con su análisis. P ara n osotros “ el proceso de análisis no debe
considerarse una etapa diferente de la investigaci ón, sino una actividad
reflexiva que influya en toda la reco lección de los datos, la redacción, la
268
recolecci ón adicional, et c. El análisis entonces, no es la última fase del
proceso de investigación, sin o q ue debe verse co mo p arte del d iseño de la
misma y de la recolecci ón de datos” (Coffey y Atkin son, 200 4, p.7), de
forma que con la s citas de los dos técnicos y siete usuarios previstas,
teníamos entrevistas y an álisis que realizar durante los pr óximos nueve
meses.
Mientras se a vanzaba en la realización de las nuevas e ntrevistas y
en el análisis de las mismas, íbamos c omproba ndo cóm o algun as
categorías s e saturaban y emergían otras sobre la s que poder segu ir
indagan do. Pero necesitábam os perfiles difer entes, en co ncreto se hacía
útil, obtener casos de orien tadores d el SAE en activo, de usuarios ho mbres
y con baja cualific ación, p ero la participaci ón por las vías que habíamo s
utilizado hasta el momento no nos lo aportaban : pues no prestaban
atención a la oferta en los portales de empleo y seguíamos r ecibiendo
candidaturas de usuarias con perfiles similares a los ya entrevistados; los
técnicos en activ o parecían no estar in teresados, los usuarios hombres se
mostraban más reacios a aceptar que era un estudio y que se requerían
voluntarios ; y las p ersonas con baja cualifi caci ón, quiz ás por no acceder a
portales de empleo mediante interne t, o bien por no considerar
interesante la particip ació n, no selecci onaban la oferta.. Por lo que nos
vimos obligados a reform ular la estrategia para consegu ir am pliar la
muestra. Pasamos a una estrategia de muestreo por c onveniencia (M iles
y Huber man, 1994), aceptando casos disponibles a los cuales podíamos
tener acceso a través de conocid os y familiar es, así conseguimos acc eder
a una técni co de orient ación en acti vo en Cádiz (T 9), a un usuario de eda d
y cualificación m edias (FP y más de +30) en Málaga (U11) y a una usuaria
de edad avanzad a ( +50) de alta cualific ación y dilatada ex periencia lab oral
en Sevilla (U12), ampliándose la muestra a trece ca sos. De los análisis
realizados identifica mos la necesidad d e inc orporar un cas o que no estaba
previsto, se hacía importa nte el discurso de una figu ra superior a la de l
técnico de orientación en l a estructura del servicio de orientación del SAE,
e intenta mos la posibilidad con un técnico del Centro de Referencia para
la Orientación (CRO) e xistente en cada una de las ocho capitales andaluzas,
de forma que m ediante la misma técnica de muestreo por conveniencia ,
tras decidir oportuno agregar otro tipo de unidad haciendo nuevament e
269
uso de la flexibilid ad que nos ofrece la m etod ología cualitativ a
incorporam os a un resp onsable del CR O (R14 ), pasand o a los 14 cas os.
Al o bjeto de asegurarno s identificar qué o tros casos eran
necesarios, paraliza mos du rante un periodo de tiempo la recogida de
datos para antes profundiz ar en el análisis de los casos que estába mos
analizan do.
Una vez anali zadas las 14 entrevistas, y al o bjeto de t ener usuarios
tanto ho mbres como m ujeres, de todas las edades (jóvenes menores de
30, usuari os de edad media, co mprendida entre 30 y 50 años, y mayores
de 50), con distint o ni vel formati vo (enseñan za obligatoria, estud ios pos t-
obligatorios y for mación universitaria), y si fuese posible de diversas
provincias. De forma que advertimos que con respecto a los usuari os
necesitábam os entrevis tar sobre todo a hombres, de todas las edades,
especialment e de mediana edad. También nos hac ía falta ampliar la
muestra de técnicos que se reducía a tres sujet os.
Para ello utilizamos el muestreo en cadena (Izcara Palacios, 2 00 7),
que es una técnica de muestreo no probabilísti ca en la que los individu os
seleccionado s para ser est udiad os reclutan a nue vos participantes entre
sus co nocidos, así a los 1 0 usuarios y a entrevis tados les pedimo s
ayudarnos a buscar preferiblemente a un usuario h ombre que quisi ese
participar y a los 3 técnicos, la opción de encontrar a algún comp añero
interesad o. De esta forma obtuvi mos otros 7 particip antes (5 usuarios y 2
técnicos).
Como se muestra e n el cua dro 4.4, entrevistam os a un total de 2 1
personas, de las cual es 15 han sido usuarias de lo s servicios de orientación
con distint os perfiles , 5 han sido orien tadores y 1 traba jador de un Centr o
de Referencia Provincial.
270
Cuadro 4.4: Nú mero de participan tes y perf iles
Orden de
entrevista
Perfil
Iden
ti fica
dor
Sexo
Edad
Cuali ficación
Otros
Provincia
1.
Usuario
U1
Mujer
+30
EGB
-
Se vil la
2.
Usuario
U2
Mujer
+30
Univer sitaria
Discap aci
dad
funci onal
Sevill a
3.
Usuario
U3
Mujer
+50
Univer sitaria
Sin
experi enci
a labor al
Sevill a
4.
Usuario
U4
Mujer
- 30
Univer sitaria
-
Cádiz
5.
Usuario
U5
Mujer
+50
Grado M edio .
Formación
Profesi onal
-
Córdoba
6.
Usuario
U6
Mujer
+30
Univer sitaria
Empleada,
en busc a
de mejora
de
empleo
Cádiz
7.
Técnico
T7
Hombre
-
-
12 años
de
experi enci
a en el
Programa
Andalucí a
Orie nta.
En
desemple
o.
Huelva
8.
Usuario
U8
Mujer
- 30
Grado M edio .
Formación
Profesi onal
-
Almería
9.
Técnico
T9
Mujer
-
-
10 años
de
experi enci
a. En
activ o
Cádiz
10.
Técnico
T10
Mujer
-
-
5 años de
experi enci
a.
En activ o.
Colect ivo
en ri esgo.
Sevill a
11.
Usuario
U11
Hombre
+50
EGB
-
Cádiz
12.
Usuario
U12
Mujer
+50
EGB
-
Granada
13.
Usuar io
U13
Hombre
- 30
ESO
-
Málaga
14.
Respo nsab
le CRO
R14
Hombre
-
-
En activ o
Sevill a
15.
Técnico
T15
Mujer
-
-
8 años de
experi enci
a en
disti ntos
Cádiz
271
programa
s. En
desemple
o.
16.
Usuario
U16
Hombre
- 30
Grado
Superio r.
Formación
Profesi onal
-
Málaga
1 7.
Usuario
U17
Hombre
+30
Univer sitario
-
Cádiz
18.
Usuario
U18
Hombre
+30
Grado M edio .
Formación
Profesi onal.
-
Huelva
19.
Técnico
T19
Mujer
-
-
4 años de
experi enci
a.
En activ o
Málaga
20.
Usuario
U20
Mujer
- 30
Grado
Superio r.
Formación
Profesi onal.
-
Córdoba
21.
Usuario
U21
Hombre
+50
EGB
-
Sevill a
Comentam os a continuación el proces o de elab oración del
instrumento utiliz ado para inicia r la recogida de datos.
4.3.4. RE COGIDA DE INFOR MACIÓN. LA ENTREVIS T A
Como ya hem os anunciad o en varias o casiones, este trabajo
pretende comprender lo qu e ocurr e, c ómo ocurre y por qué en la p ráctic a
profesional en los servicios públicos de orientaci ón profesional para
personas adultas en Andalucía, para c on ello, ide ntificar y describ ir
factores qu e puedan facil ita r o inhibir el uso d e buenas p rácticas en
orientación pr ofesional.
Para acceder a inf ormación que desconoc emos y queremos
obtener, uno de los m edios posibles consist e en preguntar a quienes
creemos tienen la informa ción buscada, sean ellos conscientes o n o d e
tenerla (Ruiz Olabuénaga, 2012). En opinión de Selltiz et al. (1976),
preguntar es la estrategia útil cuando se quiere o btener información sobr e
qué sabe, cree, espera, siente o quiere, intenta hacer o ha hecho una
persona, y acerca de sus explicaciones o razones para cualqu iera de lo s
puntos señalados. Este es nuestro caso, nos interesa explorar las
272
experiencias vitales y el signifi cado que le dan a esas e xperiencias técnicos
del orientación del SAE y usuarios, por lo que a pesar de su dificultad,
co nsideram os oportun o pregun tar para co mprender.
Padilla-Carmona (2002) afirma que cuando solicitamos
información desde el pun to de vista de otras personas a través de la
formulación de pregu ntas, estam os haciend o uso de los métodos de
encuesta, y que dentro d e las técnicas de encuesta se encuentran el
cuestionario y la entrevista en sus distintas modalidad es. Según dicha
autora, lo que carac teriza a la entrevista, frente a otros procedimientos de
encuesta e s la interacci ón personal que en ella tien e lug ar. Una entrevista
es una “ con versación con un propósito” (Bingham y More, 1924, cit. por
Padilla-Carm ona, 2002). Para Ruiz Olabuénag a (2012), la entrevis ta en
profund idad
2
no es otra cosa que una técnica para obtener información,
mediante una conver sació n profesional con una o varias personas, es
decir, un a técnic a para c onseguir que un individu o tran smita oralment e a l
entrevistad or su definici ón personal de la situa ción.
Por todo ello, considera mos que para el trabaj o que nos o cupa la
técnica de la entrevista cualitativa o en profundidad d ebía ser la utilizada
en nuestra estra tegia para la recogida de datos.
Peñate (1993) o rganiza las entrevistas en tres categorías:
entrevistas est ructuradas , semiestructu radas, y n o est ructuradas .
• En las entrevistas estructur adas , el entrevistador reali za
su labor con base a una guí a de preguntas específicas y
se sujeta exclusivamen te a ésta. El instrum ento
prescribe qué í tems se pregu ntarán y en qué ord en
(Hernández Sa mpieri et al. , 2006), en algu n os casos
también las respuestas a dar por el entrevistado y la
situación están pr efijado s ( Padilla-Carmona, 200 2).
2
Ruiz Olabuénaga (2012) se refier e a la entrevi sta en prof undidad sin entrar a descr ibir el grado de
apert ura y directividad de la misma, a difer encia de otros au tore s como Taylo r y Bogdan (1990) para
los qu e la e ntrevista e n profundi dad es abiert a y no estructura da.
273
• En las entrevistas semiestr ucturadas, Padilla-Carm ona
(2002) diferencia dos opciones: quienes c onsideran que
este tipo de entrevi sta son las que no tienen pr efijada s
las preguntas pero sí poseen una pauta o esquema de
entrevista; tal es el caso de Hernández Sa mpieri et al.
(2006, p. 597), que afirman qu e las entrevista s
semiestructurada s “se basan en una guía de asuntos o
preguntas y el entrevistador tiene la liberta d de
introducir pregu nta s a dicionales para precisa r
conceptos u o btener mayor información sobre los
temas deseado s, es decir, no todas las preguntas están
predeterminad as”. Por otro lado, Padilla -Carmona
(2002) argumenta que hay quienes consideran que las
entrevistas semies tructura das son aquellas que consta n
de preguntas abier tas con una secuencia pr efijada.
• En las entrevistas no estructurada s, según Peñate
(1993) y Bordieu (1993), no existen normas ni reglas que
condicionen o limit en la entrevis ta, parece por tanto
que “ni las preguntas están prefijadas ni ex iste n
esquemas o indicacion es que marquen el ru mbo de la
entrevista ” (Padilla -Car mona, 2002 , p. 127).
Como hemos comentado, no hay consenso al res pecto de la
estructuración de las entr evistas. Ruiz Olabuénag a (2012 ) la entiende
únicamente en dos ca tegorías : entrevistas estructu radas y no
estructuradas. Para el mismo, en las pri meras el acto r lleva la inicia tiv a d e
la conversación, afirmación acorde con el rest o de autores que opinan que
en dichas entrevi stas la gu ía.
Hernández Sampieri et al., (2006) afirman que las entrevistas
abiertas se fundamentan en una guía general de contenido y el
entrevistad or posee toda la flexibilidad para manejarla en tanto él o ella
es quien maneja el ritm o, la estruc tura y el cont enido de los ítems.
274
Creemos que la técnica de la entrevista para este tr abajo
cualitativo debe te ner un carácter flexibl e y mínimamente estructurado,
por lo que acordam os que la entrevista en profundida d y abierta sería la
apropiada, pues “la t écnica de la entrevis ta abierta se presenta útil, para
obtener in formaci ones de carácter pragmátic o, es d ecir, de cómo los
sujetos divers os actúan y reconstruyen el sistema de representa ciones
sociales en sus prá cticas in dividuales” (Al onso, 1998, p.72 ), q ue es just o lo
que pretendem os conseguir entrevistando a orientad o res y usuarios del
SAE, que nos cuenten, que reconstruyan lo que ocurr e y cómo ocurre en
el proceso de o rientaci ón, conocer sus actitudes, sus representacion es y
sus relaciones.
Sin im portar su grado de estructura ción, las entr evistas
cualitativas tienen unas características esenciales qu e, según Rogers y
Bouey (2 005, citado en Hernández Sampieri et al., 2006), también
debíamos tener en cuenta para su preparaci ón. Son las sigu ientes:
1. El principio y el final de la entrevista no se
predetermina ni se definen con claridad, incluso las
entrevistas pu eden efectua rse en varias etapas. Es flex ible.
2. L as preguntas y el orden en que se hacen se
adecuan a l os participant es.
3. L a entrevista cualitativa es en buena medida
anecdótica.
4. El entrevistad or compar te con el entrevi stado el
ritmo y direcci ón de la en tr evista.
5. El contexto social es consider ado y result a
fundamental para la interp retaci ón del significad o.
6. El entrevistador ajusta s u comunicación a las
normas y leng uaje del entr evistad o.
7. La entrevista cualita tiv a tiene un caráct er
amistoso.
281
Figura 4.3: Pro ceso de pre g untas y respu esta s entre vistas en
profund idad
(Adaptad o de Pad illa, 2002)
Antes de enfrentarn os a cada entrevista, siguien do a Ruiz
Olabuénaga, tuv im os en cuenta “ la trascendencia que co bran, para el
éxito de la entrevista, l os términos en los que tiene lugar la interacción
social entrevistador-entrevi stado por la definición que haga est e últi mo d e
la situaci ón” (2012, p. 173). Es decir, teniend o en cuenta que la
comunicación de infor mación por parte del entrevistado depende
fundamental mente de la definición que este haga de la situación, en el
sentido de que n o se cuentan las m ismas cosas, en una entrevista, a
cualquier persona, será diferente lo que se le diga a un padre, un juez, un
abogado, un espía, un amigo o un investigador cien tífico, etc., hicimos
todo lo posible por conocer lo m áxim o sobre la persona a entrevistar. Para
ello, y a que tenía mos en l a mayoría de los cas os su s CV y, en algun os,
cartas de pres entaci ón, est udiamos a f ondo estos document os tant o para
hacer la selección, como antes de cada entrevista. Para aquellos casos en
los que no disponía mos de esta información, nos hemos preocupad o en
preguntar quién era el futuro entrevistad o a la persona que nos ha
facilitado el contac to. También, nos hemos encargad o de hablar en varia s
ocasiones con el entrevistado antes de llevar a cabo la entrevista,
realizando llamadas de teléfon o para concertar el lu gar, presentarnos y
explicarle en qu é consistía el trabajo que es tábamos h aciendo, a la v ez d e
282
intentar con ocerles. Esta información personal previa a la cita es d e
relevante ayuda tanto para romper el hielo cua ndo nos enfrentamos cara
a cara al “desconocido”, como para “personaliz ar” los guione s de las
entrevistas según se cre a sea más fácil y cómodo hablar para los
entrevistad os. Con cada en trevista se han inc orporado nue vas preguntas
al guion, de forma que ningú n entrev istado ha tenido el mismo, sino que
este, ha ido creciendo c onforme avanz ábamos con la investig ación. A sí
que, aunque comenzam os la primera entrevista con un guion con varias
posibles preguntas o preg untas-guía (Wu, 1967) y algu nas preguntas de
apoyo que intentamos enfocar al caso concreto, duran te todo el trabajo
de campo, en cada una de las entrevistas, iban surgiend o nuevas
preguntas que se fueron anotando en el cuaderno del entrevistad or y
posterior mente am pliand o el gui on en los apartados “ pr eguntas de
apoyo” para las próximas citas. De la misma forma, tras el análisis de
algunas entrevistas aparecieron nuevas ideas de pregu ntas que también
se incluyeron co mo “pregu ntas de apoyo”. De f orma que nuestros guiones
fueron creciendo con cada entrevi sta y cada análisis. Todo ell o ha dado
lugar al g uion preguntas qu e present amos en anexo II , las cua les, como es
lógico no se han utili zad o al complet o con ning ún entr evistado.
Retenemos para este trabajo la siguien te cita, po r cuanto se
considera representa fielmente lo ocurrido durant e el trabajo de campo
del mismo:
La c onversación iniciad a casi sin rumbo fijo va,
poco a poco, centrándo se, las p reguntas se van
encad enando temá ticamente, e, impercep tiblemente,
el entrevistador va imponiendo un a e structur a cada vez
más sólida co n la que orientar el resto de la
conversació n y sus preguntas. La estructura q ue, poco
a poco, se va imponiendo en la conversación como una
especie de ma rco de r eferencia, dentro de l cua l, cobran
sentido no sólo las respuestas sino las misma s
preguntas, es una guía de co nversación, flexible y
sometida a camb ios continu os, como resultado d e la
propia co nversación (Ruiz Olab uénaga, 2012, p. 172).
283
4.3.4.2. Desar rollo de las e ntrevistas
Para generar co nfianza, siempre comenzam os las e ntre vistas
“justificand o” nuestro trabajo y nuestro mo d o de actuar. Para ell o
elaboramos una carta explicativa en la que además de dar informa ción
sobre n osotros (incluido nuestro contacto) y lo que estábamos ha ciendo,
solicitábam os permis o para grabar y e xpresába mos por escrito el
reconocimient o del derec ho del entrevistado , no solo a ser inf ormado,
sino a poder decidir librem ente y en cualquier momen to no seguir con l a
entrevista o no contestar parte de ella sin ser penaliz ado o castigado,
incluso poder h acerlo a posteriori si cambia de opinión tras haberse
entrevistad o con nosotros. En este document o que entregábam os
físicamente y servía de “consentimi ento informado” (anexo III) p edíamo s
su aceptación, fir mándose por ambas par tes p or duplicado.
Siempre es necesari o dem ostrarle al entrevistado la legitimidad,
seriedad e importancia del estudio y la entre vista (Hernán dez Sampieri et
al., 2006) y “solo tras una a uténtica a ceptación p or pa rte del entr evistado
puede iniciarse un a entre vista fecund a” (Ruiz Olab uénaga, 201 2, p. 17 5).
Tras la firma del consentimiento informado, encendíamos la
grabadora y comenz ábamo s la charla. Dependiendo del sujeto, si tomaba
la palabra, se l e dejaba hablar sobre temas en o casio nes intrascendentes
para la investigación. Cuando no hablaba, el entre vistador utiliz aba un
tema recurrente:, comentaba el viaje hasta el lugar (ha sido siempre el
entrevistad or quien se ha desplazad o a la población donde el sujeto se
encontraba) y, si no había tenid o que viajar, comentab a la suerte de po der
hacer la entrevista en Sevilla, dado que otras v eces tenía que desplazarse
a cualquier punto de la geografía andaluz a. De esta forma, siempre al
objeto de ayudar a que el informante se relajase y adquiriera tant o
confianza c omo segurid ad en sí mismo, le hacía se r consciente de lo
importante que era conoc er su experiencia para el investigad or. Luego,
una vez hechas las presentacion es y roto el hielo comentand o el
entrevistad or sobre el viaje realizado ex presam ente para ir a verle,
planteábam os una pregunta abierta para que el entrevistad o hablase de
cuestiones generales de su propia experien cia, en concre to
284
preguntábam os: “Cuéntame sobre tu vida hasta llegar a ser usuario /
técnico del servici o de orien tación” ( Primera “posible pregunta” en amba s
guías anexas), cuesti ón que con su respuesta , como aco nsejaba Seidman
(2006) para el inici o d e las entrevistas fenomeno lógic as , nos posicionaba a
ambos en el c ontext o de la experiencia del particip ant e.
En opinión de Woods (1989), establec er un sentimiento de
co nfianza en la relación de entrevista es un pas o básic o qu e p ermitirá qu e
el entrevistado aporte informa ción relevante. Como comentam os
anteriormen te, la información por parte del entrevistado depende en
parte de la definici ón que este haga de la situación. Anteriormen te
comentábam os có mo, mediante llamadas de teléfono, y un estudio de la
persona que sería en trevistada con la documen tación de la que
disponíamos (CV y cartas de presentaci ó n, o pregun tas a los co ntact os),
intentamos adaptar la entrevis ta para la comodid ad de los sujetos.
Siguiend o con las recome ndaciones d e expert os en el desarr ollo de las
entrevistas, para genera r un clima de confianza y em pa tizar con los
entrevistad os, hablábam os algo de nosotros mismos (Esterberg, 2002), en
concreto sobre la perso na del entr evistador, y comenzábam os la s
entrevistas con una pregunta abierta de carácter general (Ruiz
Olabuénaga, 2 012), per mitiend o a los entrevistados comenzar la
conversación por el derroter o que dese aban, pues hacer que el
entrevistad o hable de tem as generales de su experie ncia cotidiana es la
estrategia más útil para los m omentos iniciales de la entrevis ta Padilla-
Carmona (20 02).
En la m ayorí a de los casos, debido entre otros aspectos a la
ausencia de la asimetrí a de posición comentada con an terioridad, con la
respuesta a esta primera pregunta ya vislumbrába mos una fructífera
entrevista en el sentido de reconocer a inform antes con fluide z
comunicativa y un manejo del lenguaje similar al nu estro. Intenta m os en
todos los cas os no in terrumpir los discurso s de l os en trevistados, sino que
los guiamos discretamente (Hernández Sampieri et al., 2006). Durante el
transcurso de la s entrevistas experimenta mos situaciones (procesos de
entrevistas) muy distintas: hemos entrevistad o a “ in formantes buenos
com unicador es”, te ni endo la suerte de comprobar que m uch os de lo s
285
temas sobre l os que se pretendían formular preg untas, aparecían de
forma natural durante sus discursos, y que fácilmente , con la invitación a
que siguieran pr onunciánd ose sobre el tem a, iban profundizando haci a
cuestiones más concre tas que nos interesaban , o en ocasiones dejaban la
conversación en una estado ideal y lógico para la f ormulación de estas
preguntas m ás específicas que pretendíamos hacer . Sin embargo, no
siempre fue así, ni todas las entrevistas se han desarrollado de forma
fructífera. En algún caso (con usuarios del SAE co n escaso nivel educa tivo),
nos hemos encontrado la dificultad de que el sujeto, bien porque no
comprendiese la utilidad de la entrevista, bien por o tros m otivos que
desconocem os, no conte staba a preguntas abiertas fácilmente, aun
estando estas adap tadas para su caso concreto. Teniéndonos que
enfrentar al “no sé qué dec ir, yo que sé” (Usuaria del SAE), por respuesta
en nu merosas ocasiones du rante la entrevis ta. En estos cas os, ad o ptam os
la táctica del pescador (Ruiz Olabuénag a, 2012), “dando cuerda” al
entrevistad o para, poco a poco, (cuando era posible) ir cerrando el tema,
acortar ese hil o temátic o y “arrojar de nuevo la caña ” en búsqueda de otro
tema más prometed or, lo que en ocasiones se tornaba agotador (para
ambas partes).
Otra de las entrevistas más complejas, en este caso por la
dificultad para registrar l a informaci ón, fue con un usuario de nivel
formativo m edio (Formaci ón P rofesi onal de Grado Medio), nos top amos
con una situación inesp erada, encontrándonos y a de v iaje llamó para
preguntar si podía estar ac ompañad o, a lo que le diji mos que sí, pero que
si la otra persona no era usua ria o técnica del SAE, p refería mos que no
participara (que no interru mpiese). Finalmente acudió solo a la cita per o
en el momento de la firma del consenti mient o informad o nos pidió que no
grabásemos la conversación, lo cual no s dejó bloqueados. Por un
momento pensamos no lle var a cab o la entrevis ta, p ero tras haber viajado
más de 2 00 km p ara el encuentro, consid era mos qu e la ausencia d e
grabación sería un mal menor si la alternativa era volvernos sin
información. El caso es que ya habíamos asumido la dinámica de trabajo
de entrevistar graband o, transcribir y analizar, y enfrentarn os a la nuev a
situación de entrevistar exclusivamente con el cuaderno de notas com o
medio para registrar el discurso, nos parecía es tresante. Hemos de
286
confesar que por un m ome nto pensamos en grabar sin su consen timiento,
pero nos propusim os que la ética en nuestra inve stigación fuese un
elemento presente durant e todo el proces o y este “pequeño engaño” en
caso de ser grabado sin su consentimient o rompería nuestro compromiso .
Por tanto, nos enfrentamos como pudimos a la menos provechosa de
todas las entrevistas realizadas para este trabajo. D uran te la entr evista
utilizamos para tomar notas, tant o el cuaderno de no tas co mo el gu ion de
la entrevista , pero nuest ro deseo de querer transcribir el discurso
“literalmen te” nos impedía co ncentrar nos de lleno en la co nvers ación, que
finalmente no fu e fluida ni natural. En un apartado posterio r explicaremo s
sobre el proces o de regist ro qu e lleva mos a cabo a lo larg o de todo el
trabajo de ca mpo.
En otras ocasiones en las que tampoco hemos podid o grabar el
discurso por haber realizado la entrevista a distancia (por Skype), la
ausencia de grabadora no ha supuesto mayor inconveniente. Quizás por
tener previs to el o rdenad or para transcribir en el acto, o por estar
mentalizad os d e qu e ese se ría el medi o p ara en trevistar, no g rabar n o n os
supuso mayor incon venien te y las entr evistas se llevaron a cabo con éxito.
4.3.4.3. Cie rre de la s entrevi stas
Para cerrar las entrevistas siempre terminábam os agrad eciendo
enormement e la participación y preguntando si tenían algo más que
quisieran decir o algun a sugerenci a o cuestión que considerase n
importante que no hubiésem os preguntad o para inclu ir en próximas
entrevistas. Pues considerábamos posibl e necesitar v olver a solicita r
alguna información, como ha sido el caso cuando solicitam os a lo s
participantes y a entrevista dos la posib ilidad de hace rnos ll egar a otros
conocidos que p udies en f ormar parte de la muestra. Lo cual conseguimos,
con lo que pensa mos en gran medida gracias que estaban dispuestos tras
la experiencia q ue habían t enido con la entre vista prop ia.
287
4.3.4.4. Reco menda ciones para la realizació n de entrevistas en
profund idad
Tras la experiencia vivida, co nsidera mos oportuno cerrar
el apartado de recogida de información co n una síntesis de
recomendaci ones clave antes, al inici o , durant e y a la finalización de la
entrevista (cuadro 4.6) para tener en cuenta por quienes se inicia en las
entrevistas cua litativas.
4.3.5. ANÁL ISIS DE CO NTE NIDO
Como hemos anticip ado, en est e e studio las fases d e preparación ,
recogida de datos, análisis, e informe no se han realizado de forma
separada, sino que han estado presentes durante todo el pr oceso de
investigación, así nuestro análisis de contenidos com enzó en cuant o
tuvimos los document os surgidos de la primera entrevis ta (discurso,
cuader no de ca mpo y notas del investigador). “El anális is de co ntenid os no
es otra cosa que una técnica para leer e interpre tar el contenido de tod a
clase de docum entos y , más concretamente (aunque no exclusiva mente)
de los document os escritos” (Ruiz Olabuénaga, 2012, p. 192). Nuestro
análisis de co ntenid o se basa en la lectura como instrument o de recogida
de informaci ón; lectura que realizamos de mo do científico, es decir, de
manera siste mática, objetiva, r eplicable y válida.
Explicaremos a continuación cómo pr ocedimos para analizar
nuestros datos cualitativ os, aclarando antes de la explicación un par de
cuestiones que considera mos necesarias. Una refer ente al tipo de dat os
(fuentes) que anali zamos, y otra con resp ecto a la estrategia segu ida par a
estructurar el análi sis de d atos de f orma indu ctiva.
288
Cuadro 4.6: Re comenda cion es clave antes, al ini cio, du rante y a la
finalización de la en trevist a
289
4.3.5.1. Fuentes de da tos utilizadas
En el apartado selección de participantes hemos com entado que
se desarrollaron 21 entrevistas (cuadro 4.7). De las mismas 18 fueron
grabadas y transcritas, en las tres restantes la inf ormaci ón se o btuvo
mediante notas del entr evistador, d e f orma q ue s e ob tuvieron un total d e
20 ho ras y 40 m inutos de grabación de las 23 horas con 34 minutos
entrevistadas. Así mis mo, s e elaboró un cuad erno de c ampo co n n otas d el
entrevistad or compue sto po r 19 fichas (e n las dos pri meras entrevistas no
se llevó a cab o la rec ogida d e notas duran te las entr evistas).
Cuadro 4.7: Dato s obten ido s
Orden
entrevistado
Perfil
Identificador
Tipo de d atos
Duración
de la
entrevista
1.
Usuario
U1
Audio y
transcripción
1 hora 6
minutos
2.
Usuario
U2
Audio y
transcripción
40 minutos
3.
Usuario
U3
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
1 hora 2
minutos
4.
Usuario
U4
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
52 minutos
5.
Usuario
U5
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
56 minutos
6.
Usuario
U6
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
1 hora 10
minutos
7.
Técnico
T7
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
1 hora 29
minutos
8.
Usuario
U8
Audio,
transcripción y
30 minutos
290
notas del
entrevistador
9.
Técnico
T9
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
2 horas 40
minutos
10.
Técnico
T10
Audio,
transcripción y
notas del
en trevistado r
1 hora 35
minutos
11.
Usuario
U11
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
43 minutos
12.
Usuario
U12
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
44 minutos
13.
Usuario
U13
Notas del
entrevistador
54 minutos
14.
Responsable
CRO
R14
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
1 hora 31
minutos
15.
Técnico
T15
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
48 minutos
16.
Usuario
U16
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
52 minutos
17.
Usuario
U17
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
1 hora 6
minutos
18.
Usuario
U18
Notas del
entrevistador
1 hora 15
minutos
19.
Técnico
T19
Audio,
transcripción y
notas del
entrevistador
58 minutos
20.
Usuario
U20
Notas del
entrevistador
46 minutos
29 7
Figura 4.5: s istema d e catego rización en el primer ciclo analítico
(Elaboración propia)
Los métodos elementale s aportan los enfoques p rincip ales p ara el
análisis de dat os cualitati vos. Tienen filtros básic os pero enfo cados a
examinar y recopilar el corp us y construyen la base para futuros ciclos de
codificación (Saldaña, 2009 ). Dentr o de l os mét odos elementales segú n e l
autor existen cin co tip os de etique tado:
➢ El etiquetado estructural (structrual coding ): se utiliz a
para analizar respuestas a p reguntas estandarizada s,
por tant o los s egment os seleccionados de t odos l os
participantes se refieren a re spuestas de una misma
pregunta de la entre vista. Estos fr agmento s son
etiquetad os/codificad os con la misma et ique ta y
posterior mente reunidos para un análisis conjunto
detallado.
298
➢ El etiquetado descrip tivo (descrip tive coding ), también
llamado etiqu etado temático (topic coding): resume en
pocas palabras o a menudo en una, el tema básico de
un pasaje de datos cualitativos. Tesch (1990 cit, por
Saldaña, 2009) clarifica que es importante que este
“código” descriptivo identifiq ue el tema , y no sea una
abreviatura de su contenido , pues el tema es de l o qu e
se habla y el co ntenido es l a sustancia del mensaje. Este
etiquetad o es muy útil especialmente para
investigad ores principiantes en investigaci ón
cualitativa, puesto que es una forma de aproximarse a
los temas en el pri mer ci clo analítico, desarrollando un
“vocabulari o básico” de la investigaci ón.
➢ El etiquetado in vivo (in vivo coding ), también llamad a
codifica ción literal (literal co ding) o verbatim : hac e
referencia a e tiquetar con una palabra o una frase co rt a
de la lengua real encontrada en el registro de datos
cualitativos, es decir, la etiqueta y el fragmento de texto
seleccionado coinciden, siendo estos los términos
utilizados por participante s.
➢ El etiquetado de procesos (process coding): utiliza en las
etiquetas el gerundio para connotar acción en los datos,
normalmente n o se utiliza so lo, sino como
complementari o de o tros etqu etados.
➢ El etiquetado inicial (initial coding): trata de dividir los
pasajes de datos en partes más pequeñas para
examinarlas separ adas del texto princip al.
En cuanto al m étod o de tem atizar datos , l os temas pueden
entenderse como el r esultad o de la codificación, categorización y reflexión
analítica, tal y com o hemos mostrado en la figura 5: sistema de
categorizaci ón en el primer cicl o analítico . Sin em bargo, para algunos
investigad ores cualitativos, los temas también so n declaraciones o ideas
299
presentadas por los participantes en las entrevistas, o concep tos
desarrollad os por los investigad ores durante la recole cción de datos o las
fases inicial es de análisis (Saldaña, 2009). Es necesario posicionarse en
esta segunda postura para entender la tematizaci ón de datos como parte
de la primera fase del análisis de datos cualitativo. Rub in y Rubin (1995,
cit. por Saldaña, 2009) recomiendan i niciar el análisis etiquetand o po r
temas y analizar datos (porciones de textos) referid os a un tema. Según
Saldaña (2 009) la búsqu ed a de te mas es una estrat egi a que pued e f ormar
parte del análisis de datos y tematizar datos es un trabajo tan int ensivo
como la codificaci ó n que ad emás requiere reflexión y co mparación.
Nuestra estrategia pasaba por pedir a los in vestigad ores -
colaboradore s, tras una s egunda lectura más detenid a, etiquetar l os textos
sin tener defin ida a pri ori la unid ad de aná lisis . Es dec ir, cada investigad o r
decidía si et iquetaba un fragment o de texto, un párr afo, una frase, una
palabra, etc., segmentand o el texto según su propia interpretación del
tema al que hacen referen cia. En la etique ta si mplement e debían hacer
una anotación para esa un idad de significa do que él/ ella m ismo decidía
relevante para etiquetar, utilizando para ello los métodos elementale s
para el primer ciclo analítico. Posterior mente como explicare mos más
adelante, d entro de este primer ciclo analític o, agrupamos es tas etiquet as
por temas para realizar la té cnica de tem atiza r datos. En cuadro 4.9 se
muestra como ejemplo el et iquetad o que hacen lo s in vestigadores 2 y 3
para un mism o fragment o del discu rso de la usuaria 3.
Cuadro 4.9: Ejemplos e l etiqu etado para un fragmento de una misma
transcrip ción
Transcripc ión U3
Etiquetas – Invest igador 2
U3: Claro. Cuan do tú t erminas la carrera, y o
pienso que tod o el mundo cu ando termina la
carrera se siente u n poco p erdido. Aunq ue tú
sepas perfectam ente para q ué sirve tu carrera
y a dónd e te puedes dirigir, much as veces no
sabes cómo te vas a dirigir p orq ue estás (.),
bueno, como u n poco perdio, yo creo que la
palabra es perdio.
Considera que en e l paso de
la universidad al m ercado
laboral es normal e star
perdido.
Necesidad d e orientación
para saber dir igirse a las
empresas o in stituciones
tras finalizar los estudios.
300
Enton ces yo llego a Andalu cía Orienta, la
primera vez que y o llegué a An dalucía Orienta
es en 2009 cuan do terminé mi carrera: (.) a
ver, yo ahora t engo to estos e studios…
¿AHORA QUE H AGO YO CON ELLOS?¿EH ?
Porque me he esforzad o much ísimo en hacerlo
(.), a ver cómo p odemos hace r que esto sea
viable para mí, o:::
=Y ahí fue la pri mera vez q ue y o fui. Además
fue ¡Andalucía Orienta , An dalucía Orienta!,
que estaba aq uí en mi barrio. Sí.
Y fue la primera v ez. Muy bie n por cierto. Muy
bien.
-Durante los estud ios no ha
planificado q ue hacer tras la
finalización de los m ismos.
-La primera vez, And alucía
Orienta, Muy b ien.
Transcripc ión U3
Etiquetas – Invest igador 3
U3: Claro. Cuan do tú t erminas la carrera, yo
pienso que tod o el mundo cu ando termina la
carrera se siente u n poco p erdido. Aunq ue tú
sepas perfectam ente para q ué sirve tu carrera
y a dó nde te puedes dirigir, m uchas veces no
sabes cómo te vas a dirigir po rque está s (.),
bueno, como u n poco perdio, yo creo que la
palabra es perdio.
Enton ces yo llego a Andalucía Orienta, la
primera vez que y o llegué a An dalucía Orienta
es en 2009 cuan do terminé m i carrera : (.) a
ver, yo ahora tengo to estos e studios…
¿AHORA QUE H AGO YO CON ELL OS?¿EH?
Porque me he esforzad o much ísimo en
hacerlo (.), a ver cómo podemos h acer que
esto sea viable p ara mí, o:::
=Y ahí fue la pri mera vez que yo fui. Además
fue ¡Andalucía Orienta , Andalu cía Orienta!,
que estaba aq uí en mi barrio. Sí.
Y fue la primera v ez. Muy bie n por cierto. Muy
bien.
-Necesidad de orienta ción a
universitarios
-Momento de a cceso =>
terminada la carrera.
(¿Tarde?)
-Su objetivo ahora e s
amortizar el esfuerzo
realizado para la formación
adquirid a.
-Buen recuerdo d el servicio
recibido
El etiquetado mayor mente utilizad o ha sido el etiquetad o
descriptivo y el etiquetado i n vivo (Saldañ a, 2009).
301
Una vez etiquetado el text o, se so licitaba a c ada inve stigador una
jerarquización de las etiquetas obtenidas, de for ma que casa uno debía
elaborar una p osible estructura del sistema de categorías de es a
entrevista, en la cual se contemplasen según su criterio: dimensiones,
categorías y subcategorí as . La forma de elabora r la propuesta de
jerarquización era media nte una tabla en la que se sugería el nivel
(dimensión, categoría o subcategoría ), el no mbre que se le asignaba a la
misma, la etiqueta (el nombre que se le había dado al fragment o
seleccionado en el texto y del cual proviene el nombre dad o al nivel), la
localiz ación (lugar de la cita en el texto : en la que se contemplaba el suj eto,
es decir usuario o técnico y su numeraci ón según orden de entrevis ta, la
página donde se encontra ba la cita y la numeraci ón de la cita en esa
página) y la cita en sí. Tal y como se muestra en el ejemplo de la tabla 4.2.
Tabla 4.2: F ragmento de p ropuesta de jerarquizac ión (de in vestigad or -
colaborad or 6) para en trevista a T9
NIVEL
NOMBRE
PROPUESTO
ETIQUETA
LOCALIZACIÓN
CITA
DIMENSIÓN
PROPÓSITOS
DE USUARIO S
CATEGORÍA
INSERCIÓN
LABORAL
Inserción
laboral como
propósito
inici al del
usuario
T9.24.7
“el ob jetivo que ca si siemp re
trae es l a in serción labo ral o
la f ormación p ara una
futu ra inserció n labo ral ¿eh?
Pero vamos el objet ivo a l
final es la inserció n labo ral”.
Subcategor ía
Insert arse
labor almente
de fo rma
rápida
Inserción
laboral
/Expectativas
altas y
distorsionada s
T9.17.2
"Con el p ropó sito que ell os
llevan , llegan es … Inserció n
labo ral direct ament e"
Subcategor ía
Encontr ar
experi enci a
profe sional
acorde a su
cuali ficación
Formación,
experiencia y
aptitudes
adecuadas en
usuarios
T9.18.3
“buscan experien cia
profesi onal co n… una
formaci ón má s o meno s
adecua da a su perfil va mos,
y por l o gen eral tien en
muchas aptitu des, apti tudes
con “p” p rofesi onales y co n
una actitud h acia la
búsq ueda de emp leo muy
buen a”
302
CATEGORÍA
OBTENER
INFORMACIÓN
Subcategor ía
Obtene r
infor mación
sobre ofertas
de tr abajo
Pretension es
de los
usuarios:
información
de ofertas de
trabajo
T9.16.5
“Buscar mu cha i nformació n
sobre o fertas de traba jo”
CATEGORÍA
TRABAJO DEL
ORIENTADOR
Subcategor ía
Delegar e n el
orie ntador
Perspectiva
de delegación
en el
orientador
T9.31.3
“espera q ue les guíes pero a
veces que se l o ha gas to do”
Subcategor ía
Ser ate ndido
por un
orie ntador
expert o
Buscan un
orientador
experto
T9.31.2
“En prim er l ugar p orque
ellos piensan que… bu eno…
vamos a ver… ., depen de,
ellos piensan en un
momento determi nado q ue
ellos vienen all í y que yo s oy
la exp erta en , en lo qu e
fuera a ver… vamo s a
llama rlo orien tación”
CATEGORÍA
ELEGIR EL
SERVICIO DE
ORIENTACIÓN
Subcategor ía
Comparació n
de ser vicios
Estrategia
para
comparación
T9.43.4
“una cosa que ú ltimament e
está o curriend o es que… t ú y
yo vamos a dif erente
servicio d e orien tación
¿vale? Pero yo voy cont igo a
tú servi cio de o rientaci ón y
tú vien es conmi go a m í
servicio d e orien tación […]
pero t ú te estás entera ndo
de to do lo q ue me están
conta ndo a mí y puedes
compara r, enton ces en mi
cara me d icen…”
DIMENSIÓN
EXPECTATIV AS
DE USUARIO S
CATEGORÍA
EXPECTATIV AS
DE USUARIO S
303
Subcategor ía
Encontr ar
abundante s
facil idades y
soluc iones
Expectati vas
de usuarios:
Facilidades
T9.31.1
“esperan que se l es fa ciliten
las cosa s mucho , esperan
una oferta d e empleo
encima d e la mes a, espera n
que t ú les hag as mu chas
cosas”
Subcategor ía
Continu ar en
el se rvicio
final izado el
proce so
Continui dad
del usuario
finali zado el
proceso
T9.16.2
“aun que tú l o des por
finali zado ya , ellos qu ieren
tener u na toma de conta cto
conti go aunqu e sea u na vez
al mes p orqu e a ellos l es
tranq uiliza el tener a a lguien
al q ue pueda n venir y po der
decir…”
Subcategor ía
Bajas
expect ativ as
labor ales
Bajas
expectativas
laborales e n
usuarios
T9.18.1
“un g ran tanto por ci ento un
60% saben que n o se van a
insert ar por la … como el los
hab lan por la puñetera
crisis. Porqu e cono cen a
gent e de su s ector
profe si onal…”
Subcategor ía
Rapide z en la
inser ción tr as
el paso por el
servi cio
Inserción
laboral
/Expectativas
altas y
distorsionada s
T9.17.2
"Con el p ropó sito que ell os
llevan , llegan es … Inserció n
labo ral direct ament e"
Estas propues tas indi viduales de jerarquizaci ones del etiquetad o
inicial de cada entrevista debían posteriormen te triangularse como
mínimo con la propuesta de o tro investigad or -col aborador y la del
investigad or principal, de forma qu e cada una de las entrevis tas generab a
una primera versión tentat iva del sistema de categorías co nsensu ada por
tres investigad o res.
Una v ez elaborado “el sistema de categ orías tentativo” de cada
entrevista, en una nueva fase del primer ciclo analítico pr ocedíam os a
tematizar datos al o bjeto de comenzar a de fin ir las categorías
consensuadas. Para hacerlo, se agrupa cada una de las cate g orías
consensuadas en las jerarquizaciones (o sistemas de categorías) de cada
entrevista y se analizaban las citas de las cuales proceden de forma
conjunta, para recoger l as id eas que se expresan de cada cita.
304
Elaborándose así una batería de sugerencias, por cada investigador, para
definir la categoría, como puede observarse en el ejemplo del cuadr o 4.10.
Cuadro 4.10: Propue sta ind ividual pa ra la defini ción de la
(proto)cate gor ía “INFORM AC IÓN”
Entrevista U.4
Colaborador 1
LOCALIZACIÓN
CITAS
Sugerencias para la c ategoría
“INFORMACIÓN”
U4.4.5
“ ¿cómo conoci ste que
los servicios de
orientación d el SAE
existían y qu e además
tú podí as hacer uso de
ellos?
Me lo dijo la chica del
SAE cuand o yo fui con el
título universitario.”
1. La información sobre la exi stencia
del servicio de orientación
profesional llega tarde a los u suarios
universitari os.
U4.9.9
“Al principio sí es muy
útil entre comillas, por
la información”
2. Para los usuarios universitari os la
información inicial que ap orta el
servicio es alg o más útil, pero luego
se vuel ve repetitiva, estos usuarios
sienten que no se tiene en cuenta
que cada pers ona demanda una
información diferente ni el nivel de
información que cada usuari o pu ede
tener antes de acudir al servicio.
U4.12.11
”me han dicho mucho
[…]se nece sitan muchos
auxili ares de ayuda a
domicilio, yo ya le he
dicho que si… que la ley
de dependencia ya me
la sé. […] me he
sentido… pues… inú til
¿sabes? Inútil p or que si
te dicen: se neces itan
para tal cosa y tú no te
adaptas al perfil […] y…
bueno… ¿te puedes
ajustar al currículum
que tienes mío?
U4.4.6
“ temas también de
convocatorias para
oposiciones y tal
3. Los usuarios univers itarios no están
interesados en determinadas
305
comentar, lo que pas a
es que en mi caso yo no
quiero l as oposiciones,
no voy a opositar”
informaciones que los orie ntadores
quieren dar. En muchos casos porque
es información que el usuario puede
conseguir por su cuenta sin ayuda del
orientador y en otros porque es muy
básica y de p oca utilidad.
U4.5.6
“tengo… e… y recursos
propios para buscarlos
los tengo también, s i
alguien no tuviese los
recursos o no tuviese la
información pues que lo
aproveche ”
U4.6.7
“ ya todo el mund o
tiene la información al
alcance de la mano ”
U4.8.8
“informarte de las tres
cosas, que son las cosas
que tú ya usas y te
metes en la página de la
junta o de alguna que
otra universidad o de
forja, que lo tiene”.
U4.11.10
“Una in formación
básica, muy básica, muy
básica (silencio).”
U4.1.2
“yo estaba muy
contenta con mi
orientadora, ell a fue […]
la que me comentó los
cursos de formación,
me habló del
voluntariado… me habló
de las prácticas en
empres as y tal que
habían salido, en
principio bien”
4. Información relevante para
usuari os universitarios pueden ser
voluntariados, prácticas en e mpresas,
becas, cursos de formación, etc.
U4.2.3
“y no sabían […] sobre
las becas Leonard o”
U4.2.4
en mi caso yo… siempre
he estado bus cando un
poco… interesándome,
entonces … una idea de
lo que… bastante clara
sí que lle vaba de lo que
5. El usuario universitario se informa
antes de acudir al se rvicio, al objeto
de obtener mejore s resultados co n
los orientadores, y sin embargo se
encuentran con orientadores que no
306
ella me contaba y era
más fácil.
están prep arados para atender sus
demandas, y cuyo nivel de
información es normalmen te menor
que el del usuario, sie ndo esta falta
de información del orien tador uno de
los motivos que de frauda al usuario.
U4.2.5
“fui al centro de
referencia a pre guntar
por un curs o que a mí
me venía muy bien
(silencio) y no sabían
que estaba, no sabían…
que vamos que les
terminé informando yo.
Sobre las becas
Leonardo les terminé
informado yo, sobre…
tema de… un montón
de cosas les informé yo
a e llos (haciendo
hincapié en el “yo a
ellos”) en lugar de
informarme ellos a mí.
Entonces pues… salí de
allí… neg ra, negra
evidentemente”
Resumen de “INFORMACIÓN” para U4:
1. La información sobre la exi stencia del servicio de orientación
profesional llega tarde a los usuarios universi tarios.
2. Para los usuarios universitari os la información inicial que
aporta el servi cio es algo más útil pero luego se vuelve repetitiva,
estos usuarios sien ten que no se tiene en cuenta que cada
persona demand a una inform ación diferente ni el nivel de
información que cada usuari o puede tener antes de acudir al
servicio.
3. Los usuarios univers itarios no están inte resados en
determinadas informaciones que los orientadores quieren dar.
En muchos casos porque es informació n que el usuario puede
conseguir por su cuenta sin ayuda del orientador y en otros
porque es muy b ásica y de poca utilidad.
4. Información relevante para usuarios universitarios pueden ser
voluntariados, prácticas en e mpresas, becas, cursos de
formación, etc.
5. El usuario universitario se informa antes de acudir al servicio al
objeto de obtener mejores resultados co n los orientad ores, y sin
embargo se encuentran con orientadores que no están
313
manteniendo u na formación desfasada y no actu alizada en
nuevas técnicas, cono cimiento s, instrumentos, etc.
T7.24.2
Algunos orientado res poseen formación en materia d e
evaluación de co mpetencia s profesion ales.
T7.29.1
Los orientadores creen que es n ecesario incentivar y fo menta r
la formación de lo s orientadores del servicio en d iferentes
áreas, ya qu e adolecen esa fo rmación en diferente s temáticas,
colectivos, etc.
T7.29.2
Los técnicos cre en necesario el reciclaje for mativo, volvien do a
aprender nu evos hábitos y ren ovando actitu des.
FORMACIÓN ORIEN TADOR ES:
Algunos orientado res poseen u na formación muy b ásica en materia de
orientación p rofesional, no siendo fomentado el reciclaje forma tivo por p arte
del servicio y de lo s orientadores del mismo. Los orienta dores tienen u na
formación desfa sada en nu evas técnicas, con ocimientos, in strumento s, etc.
Por otro lad o, los orientado res creen que adolecen d e formació n
especializada, siendo n ecesari o incentivar la for mación en d iferentes áreas,
colectivos, temática s, etc. También v en necesario el r eciclaje formati vo en
nuevos hábitos y reno vación d e actitudes profesionale s.
Cuadro 4.15: S i stema de categorías f inal
DIMENSIÓN
1. GESTIÓN DE LOS S ERVICI OS DE ORI ENTACIÓN QU E
IMPLEMENTA EL PROGRAM A ANDALUCÍ A ORIENTA
(AO)
CATEGORÍAS
1.1. OBJETIVO S
DEL SERVICIO AO
1.2. OBJETIVO S DE
LAS ENTIDADES Y
LOS TÉCNICOS
QUE
IMPLEMEN TAN
PROGRAMA AO
1.3.
ORGANIZACIÓN
DEL SERVICIO AO
Subcategorí
as
1.2.1. “Aumenta r
el número de
1.3.1. Los CRO y las
DP hacen un a
314
1.1.1. Promoción
integral de
personas
1.1.2. Autonomía
de los
usuarios
ante la
búsqueda d e
empleo
1.1.3 “Inserción
laboral” (In
vivo)
1.1.4.
Transmisión
de
conocimient
os (técnico –
orientador)
1.1.5. Adaptación
del servicio a
las
necesidades
específicas
del usuar io
usuarios” (In
vivo).
Objetivo
principal p ara
el
mantenimient
o del servicio
y por end e
del trabajo
del técnico
1.2.2. “Buscar una
firma” (In
vivo) y
técnicas de
los
orientadores
para
conseguirlo
1.2.3. El
inconvenient
e de derivar
usuarios a
servicios
especializado
s
coordinación
institucional
del Programa
AO
1.3.2. Tipología de
las entidades
que ofrecen el
Programa AO
1.3.3. Autonomía
de las
entidades
para la
ejecución del
Programa AO
y su
repercusión
en la
desconexión y
desinformació
n entre
entidades y en
el trabajo en
red entre las
mismas.
1.3.4. Barreras
para el trabaj o
colaborativo
de los
técnicos.
Autonomía e
implementaci
ón de técnicos
en la
prospección e
importancia
de los
contactos
profesionales.
CATEGORÍAS
1.4. LIDERAZGO
DEL
SERVICIO AO
1.5. ÉTICA DEL
SERVICIO AO
Subcategorí
as
1.4.1. Politización
de los
servicios de
orientación.
1.5.1. Igualdad de
oportun idade
s
1.5.2
Imparcialidad
de los
técnicos
1.5.3. Importancia
de la
transparencia
interna
DIMENSIÓN
2. UNIDADES D E ORIENTACIÓ N. RECURSOS DEL SERVICIO AO
315
CATEGORÍAS
2.1. RECURSOS H UMANOS.
RELACIONES LABOR ALES Y
CALIDAD DE VI DA LABORAL D E
LOS TÉCNICOS AO
2.2. ACCIONE S Y
HERRAMIENTAS
DISPONIBLES E N EL
PROGRAMA AO
Subcategorí
as
2.1.1. Capacitación y perfil
competencial d e los
técnicos de orienta ción AO
2.1.2. Proceso s de selección d e
los técnicos de orienta ción
AO y su repercusión en el
servicio
2.1.3. Evaluación d el
desempeño y formac ión
continua de los técnicos
del Programa AO
2.1.4.Necesidad es detectadas
en los RRHH: técn icos
especializados,
prospectores para la
conexión con las empresas
y actitud profesional
2.2.1. Escasez de r ecursos
para el trabaj o con
usuarios
2.2.2. Los recorte s en
orientación d ificultan
el uso de las
herramientas intern as
creadas para la mejora
del servicio
2.2.3. Repercusión d e la
existencia de recur sos
en el desempeño
profesional del t écnico
y la motivación d e
usuarios
2.2.4. Trabajo en red y
calidad d e recursos
materiales
2.2.5. Acciones obligat orias
en el Programa A O
DIMENSIÓN
3. EL PROCESO DE ORIENTACI ÓN BASADO EN LOS
ITINERARIOS PER SONALIZAD OS DE INSERCIÓN . MECANIS MO
PREFERENTE PARA EL ACCES O A LOS RECUR SOS DEL
SERVICIO ANDA LUZ DE EMPL EO.
CATEGORÍAS
3.1. DIFUSIÓN DE LOS
SERVICIOS AO Y A CCESO A LO S
MISMOS
3.2. PROTOCOL O DE
ACTUACIÓN CON
USUARIOS
Subcategorí
as
3.1.1. Autonomía d e las
entidades para determinar
la necesidad d e difusión
del dispositivo de
orientación
3.2.1. Factor es que
determinan la
conveniencia o n o del
uso del proto colo y el
316
3.1.2. El uso d e mediadores y
prospectores de e mpleo
para la cap tación d e
usuarios.
3.1.3. Los SPE infor man a la s
personas desemplead as
de la existencia de los
servicios de orientación
3.1.4. Los usuario s conocen la
obligatoriedad d e acudir a
las sesiones de ori entación
para cob rar las
prestaciones
3.1.5. Difusión a través del bo ca
a boca entre u suarios
3.1.6. Información sobre el
servicio de orienta ción a
través de la forma ción
3.1.7. Interés m ercantil de la
difusión del servicio
3.1.8. Obligatori edad de la cita
previa
3.1.9. Modalidad es de solicitu d
para ob tener las citas
número de sesion es a
dedicar a cad a fase del
proceso
3.2.2. Recepción, a cogida
de los usuarios.
Información sobr e el
servicio y adap tación
del mismo a las
necesidades de éstos
3.2.3. Recogida de
información y a nálisis.
Entrevista en
profundid ad:
estructura, du ración y
recursos necesario s.
3.2.4. Detección de
existencia de objetivo s
profesionales,
diagnóstico par a el
empleo y diseño d el
IPI.
3.2.5. Planifica ción del IPI
3.2.6. Seguimiento del IPI
3.2.7. Finalización d el IPI
3.2.8. Importancia de la
implicación de
técnicos y usuario s en
todo el pro ceso
A continuación, dedicare mos el capítul o 5 a presentar los
principales resultad os del estudio una v ez aplicados los procedi mientos
aquí descrit os.
Luis Miguel Almagro-Gav ira / María Tere sa Padilla-Carmon a
EL SERVIC IO ANDALUC ÍA ORIENT A DESDE L A PERSPEC TIVA DE SUS USUAR IOS Y
PERSONAL TÉCNICO . FACTORES FACIL ITADORES E INHIBIDORES DE BUEN AS
PRÁCTICAS EN ORIENT ACIÓN PROF ESIO NAL
Capítulo 5. RESULT ADOS
318
319
Capítulo 5 . RESUL TADOS
Introducción
En este capí tulo presenta mos l os resultad os del es tudio mediant e
la exposición por temas (Cr eswell, 2005). Antes de comenzar con la m ism a
recordam os en el cuadro 5. 1 el sistema de categorías: los temas /
dimensiones, categ o rías y subcategorías que posteriorment e se
describirán en el reporte.
Cuadro 5. 1: S istema de cat egorías
DIMENSIÓ
N
1. GESTIÓN DE LOS S ERVICIOS DE ORI ENTACIÓN QU E
IMPLEMENTA EL PROGRAM A ANDA LUCÍA ORI ENTA
(AO)
CATEGO-
RÍAS
1.1. OBJETIVO S
DEL SERVICIO AO
1.2. OBJETIVO S DE
LAS ENTIDADES Y
LOS TÉCNICOS Q UE
IMPLEMEN TAN
PROGRAMA AO
1.3. ORGANIZACIÓN
DEL SERVICIO AO
Subc atego-
rías
1.1.1. Promoción
integral de
personas
1.1.2. Autonomía
de los
usuarios ante
la búsqueda
de empleo
1.1.3 “ Inserci ón
laboral ” (In
vivo)
1.1.4. Transmisión
de
conocimiento
s (técnico –
orientador)
1.2.1. “Aumen tar el
número de
usuarios ” (In
vivo). Objeti vo
principal p ara
el
mantenimient
o del servicio y
por ende del
trabajo d el
técnico
1.2.2. “Buscar una
firma ” (In
vivo) y
técnicas de los
orientadores
1.3.1. Los CRO y las
DP hacen un a
coordinación
institucional
del Programa
AO
1.3.2. Tipología de
las entidades
que ofrecen el
Programa AO
1.3.3. Autonomía d e
las entidades
para la
ejecución del
Programa AO y
su repercusión
320
1.1.5. Adaptación
del servicio a
las
necesidades
específicas
del usuario
para
conseguirlo
1.2.3. El
inconveniente
de derivar
usuarios a
servicios
especializados
en la
desconexión y
desinformación
entre
entidades y en
el trabajo en
red entre las
mismas.
1.3.4. Barreras par a
el trabajo
colaborativo de
los técnicos.
Autonomía e
implementació
n de técnicos
en la
prospección e
importancia de
los contactos
profesionales.
CATEGO-
RÍAS
1.4. LIDERAZGO
DEL SERVICIO
AO
1.5. ÉTICA DEL
SERVICIO AO
Subc atego-
rías
1.4.1. Politización
de los
servicios de
orientación.
1.5.1. Igualdad de
oportun idades
1.5.2 Imparcialid ad
de los técnicos
1.5.3. Importancia
de la
transparencia
interna
DIMENSIÓ
N
2. UNIDADES D E ORIENTACIÓ N. RECURSOS DEL SERVICIO AO
CATEGO-
RÍAS
2.1. RECURSOS H UMANOS. RE LACIONES
LABORALES Y CALIDAD DE VID A
LABORAL DE LOS TÉCNICO S AO
2.2. ACCIONE S Y
HERRAMIENTAS
DISPONIBLES E N EL
PROGRAMA AO
Subc atego-
rías
2.1.1. Capacitación y perfil comp etencial
de los técnicos de o rientación AO
2.1.2. Proceso s de selección d e los
técnicos de orienta ción AO y s u
repercusión en el s ervicio
2.1.3. Evaluación d el desemp eño y
formación continu a de los técn icos
del Programa AO
2.1.4.Necesidad es detectadas en los
RRHH: técnico s especializado s,
prospectores para la con exión con
las empresas y a ctitud pro fesional
2.2.1. Escasez de
recursos para el
trabajo co n
usuarios
2.2.2. Los recorte s en
orientación
dificultan el uso
de las
herramientas
internas creadas
para la mejora
del servicio
321
2.2.3. Repercusión
de la existencia
de recursos en
el desempeño
profesional del
técnico y la
motivación de
usuarios
2.2.4. Trabajo en red
y calidad de
recursos
materiales
2.2.5. Acciones
obligatorias en
el Programa AO
DIMEN-
SIÓN
3. EL PROCESO DE ORIENTACI ÓN BASADO EN LOS ITINERA R IOS
PERSONALIZADOS DE INSERC IÓN. MECANISMO PREFEREN TE
PARA EL ACCE SO A LOS R ECURSOS DEL SERV ICIO ANDALU Z DE
EMPLEO.
CATEGO-
RÍAS
3.1. DIFUSIÓN DE LOS SERVI CIOS AO Y
ACCESO A LOS MI SMOS
3.2. PROTOCOL O DE
ACTUACIÓN CON
USUARIOS
Subc atego-
rías
3.1.1. Autonomía d e las entidad es para
determinar la nec esidad d e
difusión del dispos itivo de
orientación
3.1.2. El uso d e mediadores y
prospectores de e mpleo para la
captación d e usuarios.
3.1.3. Los SPE infor man a la s personas
desempleadas d e la existenci a de
los servicios de ori entación
3.1.4. Los usuario s conocen la
obligatoriedad d e acudir a la s
sesiones de orientación para
cobrar las prestacion es
3.1.5. Difusión a través del bo ca a bo ca
entre usuarios
3.1.6. Información sobre el s ervicio de
orientación a t ravés de la
formación
3 .2 .1. Factores qu e
determinan la
conveniencia o
no del uso d el
protocolo y el
número de
sesiones a
dedicar a cad a
fase del proce so
3.2.2. Recepción,
acogida de los
usuarios.
Información
sobre el servicio
y adap tación d el
mismo a las
necesidades de
éstos
322
3.1.7. Interés m ercantil de la difusión
del servicio
3.1.8. Obligatori edad de la cita previa
3.1.9. Modalidad es de solicitu d para
obtener las cita s
3.2.3. Recogida de
información y
análisis.
Entrevista en
profundid ad:
estructura,
du ración y
recursos
necesarios.
3.2.4. Detección de
existencia de
objetivos
profesionales,
diagnóstico par a
el empleo y
diseño del IPI.
3.2.5. Planificación
del IPI
3.2.6. Seguimiento
del IPI
3.2.7. Finalización d el
IPI
3.2.8. Importancia de
la implicación
de técnicos y
usuarios en
todo el pro ceso.
Pasamos a dar respu esta a la pregunta de investigaci ón mediante la
descripción d e los tema s .
5. 1. GESTIÓN DE LOS SER VICIO S DE ORIENTACIÓN QUE
IMPLEMENTAN EL PROGRAMA ANDALUCÍA ORIENTA
Hoy día e mpres as e in stitu ciones están sometidas a cambi os que
obligan a adaptar sus modelos de gestión a las nuevas realid ades.
Fernández Rodríguez y Martín Martín ( 2014) consideran que, en las
últimas d écadas, la moder nización de los Ser vicios Públicos de Emple o
representa a la denominad a Nueva Gestión P ública (Martín Martín, 2009),
cuyos p rincipi os modifican esencial mente tres aspectos de la intervención
administrati va tradici onal: 1) la fin anciaci ón, en el sen tido de ad optar una
329
E: ¿Con qu é apoyo has contado p ara elabora r tu
proyecto p rofesional?
U: “ A ver, ahí n o hay apoyo posible, va mos a ver. A m í
Andalucía Or ienta me da un tuto r en el c ual yo si te ngo
alguna d uda llamo, pregunto y el pues me co ntesta. Pero
apoyo p ara hacer… , n o. Es decir, simplemente tú acudes y te
dicen c omo b uscar, pero tú vas libre (U 3 ).
E: ¿Te ha ay udado a planificar tu pro yecto
profesional?
U : “ No (silencio), (más leve) no. […] Pues e so mi
proyecto p rofesional no, yo sola… , vamo s yo con a lguna
compa ñera de universidad o algo ” (U4).
E: ¿T e han ayudad o en el servicio de orientación a
elaborar tu p royecto pro fesional?
U: “ No. No , n o. Andalucía Orienta a mí me ha indicado
cuales son los ca minos a segu ir pa ra yo acced er a lo que yo
quiero, pero a mí n o me han…, no. […] . A lo mejo r sí me ha n
ayudado [… ] un poco a abrirm e las expectativas de lo que yo
pueda h acer.
[…]. Planificac ión ning una. Conmigo ¿eh?, no sé con
otras personas, pero a m í no me h a planificado na die nada ”
(U3).
5.1.1.3 . “ Inserci ón labora l ” (In vivo
1
)
Hemos comentado que el objetivo princip al de los servicios de
orientación según lo s técnicos es conseguir que los orientados s ean
1
Como hemos visto en el apartad o dedicado a la metodología del Capítulo 4 : Pr oblemas,
objetivos y diseño d e la investigación , cuando se inv estiga cualitativamente y se lleva a cabo
una co dificación a bierta o ind uctiva , las c ategorías se van c onstruyendo de fo rma
emergente a la par q ue se realiza el análisis. Así, en alg unos casos, las frases que los propio s
informantes usan en sus discursos (códigos "in vivo") pueden ser buenas guías que apunte n
a temas importantes y acabar literalmente formando parte del sistema de categorías. En
el si stema de catego rías e laborado en este estudio se señala cuando los có digos que lo
componen son códigos “in vivo”.
330
autónomos en su proceso de búsqueda de em pleo. Si somos m ás
específicos, los té cnic os consideran que la autonomía en la búsqueda d e
empleo es primordial para conseguir la inserción lab oral, lo cual sí sería,
según el SAE (2016) y tal y como int erpretam os de los discur sos de los
técnicos, uno de los obje tivos de los servici os de ori entación.
"El objetivo básico es la inserción laboral, pero sobre
todo que esa persona sea autó noma en su proceso de
búsqueda de empleo” (T7).
Los usuarios, en sus disc ursos so bre el objetivo del servicio,
expresan que debería ser que ellos consiguiesen encontrar un puesto de
trabajo, lo cual como vere mos más adelante coincide con algunos de sus
objetivos. En este sentido, parecen estar de acuerd o con los técnicos en
que el objetivo principal de los servicios d e o rient a ción debería ser la
inserción pr ofesional ya s ea por cu enta aj ena o bien p or cuenta p ropia.
"Ese debe ría de ser e l fin último ¿no?, que las
personas consigu ieran…, mmm…, encontrar un puesto de
trabajo o …, hace r un proyecto en los que pudieran se r
autoem pleados” (U5)
Sin embarg o , tras su e xperiencia en el se rvici o, n o cre en que
realmente con la o rientaci ón recibid a se trabaje para conseguir el objetivo
de inserci ón.
“ ¿Me entiendes? Ahí no se ve un propó sito como
de… ¡P ara que esta s persona s encuen tren u n trabajo! […]
Que a lo mejo r no e s a sí, que a lo mejo r es la impresión q ue
a mí me dio ¿eh? Eso n o quiere dec ir que se a…” (U3).
Cuando los técnicos expre san que el objetivo d el servicio es la
inserción laboral de las personas, interpr etam os que se hace referencia a
que con a yuda de la intervenci ón orientadora prestada se pretende la
incorporación de los orien tados activa mente al mercado de trabajo . E s
decir, que el s ervicio de o rientación persig ue ayudar a una transfor mación
del individuo desde una posición de desempleo o “riesgo de exclusión” , a
331
posiciones de emple o o “in serció n” d o nde el suje to pueda d esarrollar un a
profesión.
Sin embargo, cuando se alude al objetivo principal haciendo
hincapié a la autono mía del usuario en su proceso de búsqueda de
em pleo, ( “ Pero sob r e todo que esa persona sea au tónoma en la búsqu eda
de empleo” (T7)), en tendemos que desde el servicio se pretende que el
orientado se acti ve, para por su cuent a ser capaz de e ntrar en el mer cad o
de trabajo en una p o sición de ocupaci ón.
En parte, ambas connotaciones pueden ser contradictorias. L a
primera tiene un matiz más asistencialista en el sentido que desde el
servicio se procura la ins erción de las p ersonas “en riesgo de exclu sión”
debido al d esemple o. De la segu nda se interpreta que es el usuario con su
implicación quien debe co nseguir empl earse en el mercado de trabaj o, y
el servicio de orientación ac tuará en este caso para que el usuario aprenda
a hacerlo por su cuenta.
Desde los Centr os de Recursos de Orientaci ón Provin ciales (CRO)
nos dan una definición más global y a la vez clarificadora del o bjetiv o de
lo s ser vicios de o ri entación AO. Co nsideran que los usuarios deben
adquirir recursos sufici en tes para cada vez que se encuen tren en
desempleo, poner en marcha los mecanis mos necesarios al o bjet o de
conseguir la ins erción o , en su caso, r einserci ón lab o ral. Así int erpretam os
que para el CRO la labor d e los servi cios de orientació n sería la de facilitar
a los usuarios los aprendizajes necesarios para conseguir hacerlos
personas indep endientes en el mun do laboral.
“El ob jetivo de AO es enseñar a la pers ona a pone r en
marcha los mecanismos adecuad os a su c aso c oncreto
¿vale?, para c ada vez que se encue ntre en situació n de
desempleo . […] Que las personas sepa qu é me canismos
poner e n march a cada vez que se encuentre en de sempleo ”
(C14).
332
5. 1.1.4. Transmisión de conocim ientos (técnico –
orientado r)
Los técnicos m anifiestan que para conseguir la auto nomía en la
búsqueda de empleo para la inserci ón de los usuari os un cauce important e
se da a través de la transmisión de los conocimient os q ue el técnic o posee
sobre el mercado laboral, en concreto sobre la búsqueda de ofertas de
empleo. En este sentid o afirman que se trabaja facilitá ndose a los usuarios
practicar online en las sesio nes de orienta ción.
"Uno de los p rincipa les o bjetivos nu estros es
enseñar al usuario, al menos mi objetivo es e nseñarle a l
usuario todo o más de lo que yo sé , a ver, si yo sé buscar una
oferta tú también vas a saber ¿cómo ? Pues por aquí, p or
aquí… , se le explica, pero no se le explic a de palabra, se le
explica sen tándome c ontigo en mi ordena dor ” (T9).
"Mi respon sabilidad no es informarte de ofertas de
empleo; informarte no es la palab ra más adecuad a, pero
bueno…, vam os a poner como que: enseña rte d onde tú
puedes buscarlas, yo t e he enseñad o a ti cómo pescar" (T9).
Tal y como veremos en las siguientes citas y en el apar tado 5 .2.2.5.
“Acciones obligatorias en el Programa A ndalucía Orienta ”, a los usuarios,
generalmente y a autónom os en cuanto a la localiz ación de o fertas de
empleo, n o les resul ta rele vante el aprendiz aje que los técni cos ofrecen al
objeto de facilitar su autonomía en ese sentid o, pues ya conocen t écnica s
para la búsqueda de empleo e insistir en las mismas de forma repetitiv a
les parece una pérdida de tiempo. De forma que in terpreta mos que la
transmisión de conocimi entos té cnico-usuario para la búsqueda d e
empleo que los especial istas pretenden, en muchos casos no es valorada
de forma p ositiva ni consid erada útil p or lo s usuarios.
“[…] Yo ya veng o d e vuelta. A mí que tú me digas
donde teng o que acud ir. Yo ten go po r lo m enos ve inte
páginas d e empleo , y escribo…, si no son a cinc uenta o fertas
de trabajo no es a ning una…. Entiénde me” (U2).
333
“ Un poco de pérdida d e tiemp o, y yo se lo hacía llegar
a ella, le decía: estam os p erdiendo el tie mpo tú y yo porque ,
en ese sen tido, lo que tú sabes yo tamb ién lo sé ” (U4).
Los técnicos, en algunos caso s, son conscientes de que la
transferencia de conocimi entos técnico-usuari o en estas cuesti ones no
tiene sentido, dado que determinad os perfiles ya son conocedores de las
mismas. Aun así, por los motivos que se explicarán en la categorías 5.1.2.
“Objetivos de las entidades y lo s técnic os que im plementan el Programa
Andalucía Orienta” , c reen necesari o que estos usuari os acudan al servicio
de orientaci ón aunque la inutili dad para estos usuari os pueda generar en
determinados casos quejas al respe cto del servi cio.
T: “Vente, inscríbete, aunque yo sé que tú eres un
titulado universitario, que ya manejas todo este tip o de
hi storia, que ya a ti n o te v oy a contar na da nuevo, que ya…
Pero tienes que estar inscrito porque va a salir tal o cual c osa
que un requisito básico o fun damenta l va a ser te ner tu IPI
abierto, y ee…, d igamos abierto…., permanen te, estable ”
(T7).
E: Activo ¿no ?
T: “ Activo.
A esa persona ya te nías poco qu e contarle. A parte
que también ló gicamente podía haber quejas ¿no? , d el
servicio …., vamo s de tod o supong o ¿no?...:
- Que ya para mí no tie ne ningu na utilidad porque…,
yo creía… que aquí me iban a dar traba jo, yo creía que….”
(T7).
5. 1.1. 5. Adaptación del servicio a las necesida des específicas del
usuario
Además, es objetiv o del servicio de orientación adaptar el mism o
a las necesidad es específi cas de cada usuario frente a l empleo.
"Andalucía Orienta es un programa q ue se centra en
el usuario, po r y para el usuario" (T9)
334
Como he mos visto en la categoría “5.1.1.4. Tran smisión de
conocimiento s (técnic o – orientador) ”, los usuarios no consideran que el
servicio se adapte a las necesidad es específicas de cada o rientad o, sino
que piensan t odo lo contra rio.
Tienen la percepción de que el servicio utiliza el m ismo protocolo
con tod os los usuari os . En la dimensión 3. “El proceso de orientación
basado en los itinerari os personalizados de inserción. M ecanism o
pre ferente para el acces o a los recursos del servicio andaluz de empleo”
se profundizará en esta cu est ión.
E: ¿Crees que el pro ceso d e orientación que has
vivido se ha centrado en ti?
U: “ No. Yo creo que ellos orienta n de una forma m uy
general. E s decir, lo primero q ue h acemos el currículum … E s
como u nas pau tas que e llos tienen y ellos la s iguen c on todo
el mu ndo, no hay nadie espec ial ¿eh? Entonce s ellos te dic en:
-A ver, e l curríc ulum ¿está bi en hech o?, bien. ¿Has
escrito a toda s las e mpresas (de tu campo profesional) que
tú co noces? […]
-Pues sí.
-Vale, ¿has hecho algún curso que te pueda venir para
no sé qu é, para no sé c uánto?
-Pues sí, mira, ahora mismo he a cabado de hacer uno
para […]
-Ah muy bien .
A ese ya no te mand an, porque como has hec ho uno,
ya n o te m andan. El otro punto es a lo me jor… , no sé. Eso,
tres o cua tro pun tos y si lo h as hecho to do pues:
-Esperamos que tenga s sue rte y te cito para el mes
que viene. In téntalo con esas empresas o tra vez. Tú vuélveles
a escribir y vienes el mes q ue vien e o cua ndo pasen dos
meses.
[…] E s la percepción que yo tuve, q u e ellos tienen que
seguir sus pautas con todo el mundo , igual que cualqu ier
persona en c ualqu ier ám bito” (U3).
Del mismo modo, l os usua rios pi ensan que el servicio o frece lo s
recursos existentes en el momento, sin discriminar se gún las necesidades
335
o perfiles que puedan tene r los usuarios. Así, algunos usuarios, tras pasar
por el servici o en varias o casiones, dejar constancia de su currículum, su
perfil y sus propósi tos, son llamados para o ptar a recursos que no tienen
relación alguna con sus necesidad es para el empleo ni con sus o bjetiv os
profesionales.
“Ya te d igo que me llamaron p ara u na oferta d e
montad or de mue bles, entonces (risas) yo creo qu e a to do el
mundo lo tratan igual. Bueno, te ll amamos a…, si quiere s
hacer este curso. Pero yo, (risas) bueno, me llamaron y les
dije que no, que a mí e se curso, pues, no me in teresaba.
Enton ces, yo creo qu e sí tratan a todo el mundo igu al porque,
yo creo q ue no miran ni e l perfil profesional” (U11) .
De hecho, una crítica permanente en la mayoría de usuarios
entrevistad os es la necesid ad de analizar al o rientad o antes de iniciar la
intervención orientadora y, en su caso, pro veer le de los recursos
disponibles que puedan ser útiles para el caso concreto. Los usuarios
consideran que habitual mente los técnicos no se molestan en conocer en
profundidad las necesidad es que los usuarios tienen, y por ello se les da
un trato genéric o y en l a m ayoría de l os casos de p o ca utilid ad.
¿Cómo crees que el servicio de o rientación podría ser
útil para ti?
“ Pues de momento , estudian do a la persona co mo tú
me estás pregunta ndo ahora mismo. Tú como profesional
tienes que sabe r en qu é nivel me encuentro en cuanto a
necesida des, en c uanto a carencias, o en cuanto a, a
inquie tudes ¿vale?, y yo creo que tú en la medida de l o
posible m e tienes que dar, pues eso, la c aña. No quiero q ue
tú me digas: te voy a da r un t rabajo. No. Dam e la c aña. A lo
mejor hay a lgo qu e a mí no se me ha ocurrido.
[…] Desde el e quipo d e orienta ción, por ejemplo,
también tendrían que estudiar a la p ersona en sí y decir:
bueno pues esta persona nec esita esto, esta persona
necesita lo otro….” (U2).
336
Por todo ello , considera mos que , a pesar de que uno de los
objetivos que los técnicos expresen sea el de adap tar el servicio a las
necesidades específicas del usuario, se aprecia que el serv icio atiende sin
discriminaci ón a usuari os que y a son totalment e autónomos en la
exploración del mercado de trabajo y en la búsqueda de empleo cuando
acuden al servi cio de ori entación, so lo que en el momento de acudir no
están teniendo éxito en la misma por distint os motivos, que esperan el
servicio les a yude a r esolver.
Además, creemos que la si tuación de acud ir al servicio con unas
expectativas pues tas en el mismo que no se cumplen, provo ca que estos
usuarios más av anzados consideren que el paso por el servicio no ha
significado para ellos nad a y se sientan frus trados por el tie mpo perdido.
E: ¿Qué ha significado para ti el paso por el servicio
de orientación?
U: “No ha si gn ificado nad a […]
Y m e he sen tido…, pue s…, inútil ¿sabes? Inútil” (U4) .
A esto se su m a, como se extraerá de la categoría 5 .1.2 . “O bjetiv os
de las entidades y los técnicos que i mplementa el Programa Andalucía
Orienta ”, que los usuario s en muchos ca sos , aun consid erando que las
sesiones no les son de uti lidad, se v en en la “obliga ción” de continuar
acudiendo a la s mismas.
5. 1.2. OBJ ETIVOS DE L AS ENTIDADES Y LOS TÉ CNICOS QUE
IMPLEMEN TA EL PROG RAMA ANDA LUCÍA ORI ENTA
Al inicio d e esta p rimera di mensión (5. 1) he mos come ntado cóm o
en la Nue va Gestión Pública habitualmente se enfatiz an criterios propios
de la gestión empresarial. Entre esta s reglas empresaria les se encuentran
los principios de eficiencia, evaluaci ón y c onsecución d e objetiv os.
En esta segunda categoría expondremos hallazg o s encontrado s en
las entidad es s obre dichos criterios, al obj eto de en un apartado p osteri or
337
discutir sobre cómo dichos criterios pudieran, en su caso, repercutir en la
calidad de la pre stación del se rvicio con los usu arios.
5. 1.2. 1. “Aument ar el número de usuarios” (In vivo ). Objeti vo
principal para el mantenimien to del servicio y por ende del trabajo del
técnico.
Conservar o aumentar el número de usuarios atend idos se
convierte en fu nda mental para cumplir con los obj etivos de eficiencia q ue
desde el Servicio Andalu z de Empleo se exig en a las distintas entidades a
las que se les concede fina nciación para implemen tar el Progra ma AO.
“Uno d e los objetivos que tenemo s anuales e s
aumenta r e l número de usuarios, o sea…, to dos los meses
nosotros tenemo s que ir cumpliendo objetivos de nuevos
usuarios por dec irlo de algun a forma” (T10).
Como hemos visto, los técnicos además de conocer que la
normativa es clara en cuan to a que el o bj etivo princip al del Programa AO
no es o tro que apoyar a la población activa andaluza para su inserci ó n en
el mercado lab oral ases orándola en la búsqueda de empleo, consid eran
que también son objetivos principales de los servicio s de orientación la
promoción int egral de personas, la trans misión de c o n ocimiento s
(técnico-usuario ) y la adapt ación del s ervi cio a la s nec esidades específicas
de cada usuario. Aun así, no tienen proble ma en reconocer que el SAE
impone a las entidades, y esta a su v ez a los técnicos, cumplir con o tros
objetivos más empresarial es relacionados con la productividad, la cual se
mide cuanti tativamente por el número de usuarios registrados como
orientados. Así nos explican que para poder contabili zar a un usuario, el
mismo debe haber sido atendido con al menos cuatro horas de
orientación, o de lo c ontrario no suma en l os objetiv os.
E: ¿qu é es lo qu e realmente pretende el s ervicio d e
orientación con respecto a los usuarios?
T: “El objetivo fina l e ra la inserción laboral, la
inserción laboral. Tienes que pretender o t enía que preten der
338
de entre los o bjetivos de a tención al cliente…., un n úmero
determinad o de usuarios, con un número determinado de
horas ¿vale?” ( T7)
E: De horas te refier es ¿a qué ?
T: “De hora s d e a tención a c ada usuario, y c ada
usuario supuesta mente tenía que e star at endido cuatro
horas para que con tara co mo o bjetivo: uno, otro usuario
otras cuatro h oras, otro obje tivo, dos, y así suc esivamente”
(T 7).
También interpreta mos que para los técnicos hacer sesiones de
orientación grupales es un a actividad donde se rentabiliza el tiemp o
invertido, dado a que las horas de l os usuari os que acuden a la se sión
suman como horas de usua rios individuales al cómputo de objetivos de las
entidades y del técnico.
“ Pero no solam ente contaban las ate nciones
individuales, sino qu e tambié n las atenciones g rupales. Por
eso tamb ién es conveniente cada cierto tiempo hacer grupos,
sesiones grupales a u n determinado colec tivo más o menos
homogéneo e impartir le alguna sesión grupal ref erente al
empleo, de entrevistas d e selección de técn icas, de
currículums, de herramienta s, e n fin, yo que sé, de todo…”
(T7).
Cumplir con l o s objetivos d e usuarios atend idos es t an im portant e
que algunos técnicos se ven en la obligaci ón de ejercer de co merciales en
el sentido de mantener o captar nuevos usuarios de forma constant e, para
justificar así la permanencia del progra ma en la entidad y a la vez
conservar sus puestos de trabajo. Esta situación se da en m ayor m edid a
en temp oradas de poc o desempleo dado que hay menos usuarios en lo s
servicios.
“ A ver, sin ma nipular ni mentir ni nad a, pe ro
intentar siempre e nganc har a esa persona, porque en
definitiva como ya te conté som os u n poco comerciales,
sobre todo en épocas de escas ez antes de la crisis, en épocas
de abu ndancia con la c risis no hace fa lta, te vienen” (T7).
345
E: ¿Y entonces para qué seguí as yendo?
U: “Yo que sé…, para h acer un mon tón de cosas:
cursos, prácticas… Que no entiendo la necesidad de estar a hí,
supongo que será porque si lo tien es abierto el itine rario y
sigues…, como que estás más interesado ¿no? C omo que has
puesto m ás interés en h acerlo…” (U4).
5. 1.2. 3. El inconvenient e de derivar usua rios a servicios
especializado s
En algunas ocasiones se presentan en los servicios usuarios que
demandan orientaci ón o asesora miento para cuestiones en el empleo que
el propio servicio no tiene la posibilidad de atend er , por aus encia de
especialistas en la Unid ad. En estos casos, l os orientadores son
conscientes que tras haber recib ido a los usuari os en una primera cita,
estos n o a cudirá n n uevame nte a sus u nidades si s on d erivad os a ser vici os
especializados , y c onsecue ntemente no podrán com pletar c on ellos la s
cuatro horas necesarias para ser compu tados en sus objetivos como
técnicos de los servici os donde trabajan .
Para que esto no ocurra, determinados orientador es no derivan
usuarios a los servici os especiali zados que ellos mismos demandan hasta
haber cumplid o o firmad o prev iament e las cuatro horas necesarias para
cubrir los objetivos del orientador. Es de cir, ha y técnicos que antepone n
sus propios objetivos a las necesidades del usuario, siendo además los
técnicos conscientes de la poca utilidad que, en estos casos, tienen las
sesiones de orientación que prestan para determin ados usuarios con
ob jeti vos o necesidade s esp ecíficas dif erent es a lo que el servicio co ncret o
puede ofrecer.
Un ejemplo de esta mala práctica sería ret ener a usuarios en el
servicio de orientaci ón para mejorar herramienta s de búsqueda de
empleo como el CV, sabiendo que acuden a solicitar información y
asesoramiento para la crea ción de e mpresas (e mpren dimiento).
346
“Yo llevaba un po co la ide a que a mí me hu biera
gustado…, […] la posibilidad de… , hac er mi propia empresa
dijéramos…, mmm …, de…, de guía turístico (silencio) de guía
acomp añante, […]. Yo tengo un con tacto q ue e s mi
consueg ra q ue es china y entonces ella vive en Italia y ella
eh…, t rae chino s a Italia y los lleva, los recoge en el
aeropuerto, los lleva al hotel…, los lleva a la…, la ruta
turística, a las comp ras y ta l y cual, y en tonces ha blamos
nosotras d e la posibilidad de poder hacer esto aquí. Entonces
se lo comento a ella (a la orientadora) y e ntonces cu ando le
comen to… […], me dice:
-Bueno pues mientras se realiza ese sueño que tú
tienes o ese proyecto q ue tú tie nes eh …, vam os a hacer los
currículum para que vayas trabajando en algo , y si te sale
algo qu e ganes dinero” (U5).
5. 1.3. O RGANIZ ACIÓN DEL S ERVICIO
Se ha anticipado que los principios de la Nueva Gestión P úblic a
también interfieren en los actores que participan en l a implementación de
servicios. A continuaci ón comprobarem os si la gestión de los ser vicios de
orientación AO tienen o no preferencia por estructuras o rganizacionale s
horizontales y autónomas, y cuyas relacione s se rig en por co ntrat os o
convenios co n la Administr ación, tal y como indican Fernán dez y M artín
(2014) que ocurre en la nueva gestión con la modernización de los
Servicios Púb licos de E mpleo
Así, en esta tercera categoría, desde el discurso de los
entrevistad os, nos intentarem os aproximar a una descripción de la
organización del servici o, y si la misma tiene alguna repercusi ón en el
servicio de orientación pre stado. Con los dat os obtenid os posterior ment e
podremos debatir sobre la estructura idónea para organizar servicios de
orientación.
347
5. 1.3. 1. Lo s Centros de Referencia para l a Orienta ción y las
Direccione s Provinciale s ha cen una c oordinació n institucion al del
Programa And alucía Or ienta
Integrados dentro de la r ed Andalucía Ori enta (AO) existen l os
Centros de Referencia para la Orientación (CRO), estos son centros d e
servicios para el empleo, dirigid os tant o a demandan tes de empleo y a
profesionales, como a lo s servici os de orientación de las distintas
entidades de la Red AO a la s que se les conced e la ejecución del programa.
Existe un CRO en cada pr ovin cia andaluz a.
“ En Andalucía hay…., h ay o cho provinc ias p ues ha y
ocho dispositivos ” (T10).
“ En de finitiva, cada provinc ia tiene un Cen tro de
Referencia qu e ayuda p ues a…, que fomenta …, la
coordinac ión o la formació n de los técn icos ” (T 15) .
Cada uno de estos centros está dotad o con las mejores
instalaciones y recursos para la o rientación profesio nal. Un CRO cuenta
con una z ona de r ecepción, ate nción personalizada, sala de usos m últiples,
zona de auto-orientación (con entre 8 y 12 o rdenadores de libre acces o),
zonas de administr ació n, ár ea de acogida y rec epción, almacén, desp acho
de dirección y servicios, etc. ( SAE , 2016). En cuanto a personal, los CRO
están dotados con un equipo de profesi onales expertos que actúan bajo
las directric es de las Delegaciones Provincial es (DP) para ofrecer el ser v icio
de empleo, y a tender y formar a los técnicos de las dis tintas entidades que
implementan el programa en toda l a red. De esta f orma, los CRO cu mplen
una do ble función. Por un lado, asumen la co ordinación de l os servicios de
orientación de la red y , por otro, sirven de referenc ia y modelo para la
orientación de los demandan tes de empleo, puesto que en las
instalaciones de cad a CRO también se ejecuta el Progr am a AO at endiendo
a usuarios.
Así, en el Progra ma AO ex iste una coordinación institu cional desd e
los CRO y unas directrices desde las DP y el SAE a las dis tintas entidades
públicas o pri vadas que da n el servici o a los usuari os.
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"Hay una coo rdinación por su puesto hecha a nivel
instituciona l" (T7).
"Hay unas d irectrices por pa rte d el Servicio An daluz
de Em pleo […]” (T9).
En co ncret o, los CRO co ordinan aspectos generales del P rograma
AO y de apoyo a la gestión del mismo tanto en cuesti ones de contenido
del progra ma, como en r elación al uso de los distintos so ftwar es y
aplicaciones que se pon en a disposición de las entidade s que l o
implementan.
“ El Centro d e Referencia de Orientación, que (en
este ca so) es el Centro de Referencia de Cádiz, ése es el que
realmente h ace una c oordinación, vamos a llamarlo así, un a
coordinac ión técnica” (T9).
5. 1.3. 2. T ipolo gía de entidade s que ofrecen el Progra ma
Andalucía Orien ta
Existen distint os tip os de entidades q ue ofre cen el P rograma AO y
cada cual lo i mplementa con la financiaci ón conce dida y los recursos
humanos y materiales que la propia entidad posee y /o adquiere con la
financiación, si empre resp e tando los mín imos que el prog rama exig e.
La casuística en este sentido es m uy variada dad o que el progra ma
puede ser concedido a entidades públicas o privadas de ám bito local,
provincial, autonómic o o incluso nacional o de otras comunidades
autónomas si e stas tienen sede o centro s de trabajo en Andalu cía.
“El dispositivo p ertenece a la Administración Pública
local ” (T7).
“La FOREM, que es la Fundación de Formac ión y
Empleo de Comisiones Obreras […], un a e ntidad q ue tiene el
Programa de Andalucía Orienta a nivel e h, re gional, es decir,
a nivel au tonómico” (T9).
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“La Fun dación S .G está a nivel nacio nal eh…, tiene el
programa d e emp leo q ue digamos que es el más antig uo”
(T10)
Por o tro lado, las entidade s pueden trabajar exclusivament e con
el Pro gra ma AO o estar i mplementado en la s mismas sedes diferente s
programas de e mple o desti nados al mism o tipo d e usua rios o a o tros, c on
los mismos o distint os fines.
“Nosotros teníam os integrados dos programas de
empleo…., por un lado el programa ACCEDER y a su vez el
Programa And alucía Orienta” (T10).
“Mi e ntidad tiene dos áreas, vamos a llamarlo así,
dos dep artamentos, dos áreas, llám alo c ómo q uieras: el
servicio d e An dalucía Orienta y el servicio de Formació n
Ocupacio nal, b ueno… FPE, for mación ocupa cional, bueno y
para desempl e ado s y formación p ara ocupado s” (T15).
“ Mi en tidad ta mbién tiene u n programa que
también trab aja … , que es de educac ión, que trabaja c on las
familias y con lo s menores en los centros e ducativo s” (T10).
De forma que cad a pr ograma tiene una c oordin ación institucional
(en el caso del Programa AO, la coordin ación desd e los CRO) , y cada
entidad una coordinación interna propia para la ejecución de los mismos .
Esta situaci ón puede generar diferencias en la aplicación del Pr ogra ma A O
entre entidades, lo cual podría ser enriqu ecedor si se realizase una puesta
en común en cuanto a la gestión de est os.
5. 1.3. 3. Autonomía de las entidades para la ejecuci ón del
Programa A ndaluc ía Orien ta y su repercusión en la des conexión y
desinformac ión entre enti dade s y en el trabajo en re d entre las mismas .
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En cuanto a la ejecuci ón del Programa AO hemos comentado que
las entidades que lo i mplementan tien en marg en de autonomía y liberta d
para la práctica diaria una vez que el mismo les ha sido concedid o.
“ La ejec ución del prog rama, eso lo lleva cada
entidad” (T9).
Esta autonomía de las entidades repercute tanto en las
responsabilidad es asignadas a lo s técnicos que imple mentan el P rogra ma
AO en cada entidad, co mo en el trabajo en red entre l as mismas. Es decir ,
por un lad o, depend iend o d e la entid ad donde tr abajen, los té cnic os
tienen mayor o menor autono mía en sus funciones. Ll egando a particip ar,
en algunos casos, en la to ma de decisiones para la pu esta en marcha de l
Programa A O.
"Depende de q ue al principio de cada resoluc ión
nosotros nos sen tamos los té cnicos y d ecimos…:
- ¿Cómo vamos a funcionar esta…, en esta
resolución?
-Pues tú te vas a encargar de l eer los BO JA y los BOE,
tú te vas a encargar… B ueno c ada u no dice de lo que
se va a e ncargar ¿no?" (T 9).
En otros casos , los técnic os tienen directrices claras so bre cómo
proceder en su trabajo. Algunos orientad ores parecen valora r
positivamente que las entid ades delimit en bien las fun ciones del personal,
dejándoles margen para organiz ar su trabajo pero n o para decidir so bre la
implementa ción de lo s programas.
“Los té cnico s somos los q ue realmente estamo s
gestionan do el programa con, por supuesto , la supervisión
de la c oordinadora” (T15).
“Lo bueno que tiene e sta entidad es que te da un
cierto margen de libertad a la ho ra d e organizar tu trabajo .
Aunque sí que es verdad q ue cada uno tiene muy
determinad as sus funcione s” (T10).
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