Maruja Mallo: viajes, amistades y exilios
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559 Mas igualdad. Redes para la igualdad MARUJA MALLO: VIAJES, AMISTADES Y EXILIOS Isabel Rubín Vázquez de Parga bajo la mirada de algunos contemporáneos Los contertulios de aquella piscina acuárium nos quedamos sorprendidos ante la revelación de aquella pintura que sin disputa significaba un grado, un rumbo, un signo. Cuando don José Ortega y Gasset la había consentido entrar en su Olimpo, es que se había dado cuenta de que era una aportación positiva de los tiempos nuevos... Allí estaba la autora, pequeñita, con ojos de lince, la cabeza como una veleta de giros rápidos, apretada la nariz a la barbilla como un pájaro orgulloso de su nido de colores... Yo la bauticé como la brujita joven. (Ramón Gómez de la Serna) Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad. (Federico García Lorca) Las creaciones extrañas de Maruja Mallo, entre las más considerables de la pintura actual, revelación poética y plástica, original, «Cloacas» y «Campanarios» son precursores de la visión plástica informalista. (Paul Eluard) La obra de Maruja Mallo ha merecido, pues, el espaldarazo de la Revista de Occidente. Y lo ha merecido, ante todo, por la alta calidad intrínseca de su talento, por rango psicológico, independientemente de las manifestaciones pictóricas en que sus facultades se exteriorizan, pues con ser esas manifestaciones valiosas y admirables, lo que de veras importa en ella, como en cualquier otro artista moderno, es la pura genialidad. El índice de pura genialidad. Lo que de nuevo tenga que decirnos, más que la manera de decirlo. Y Maruja Mallo primero tiene talento, y después pinta. (Antonio Espina) En Maruja Mallo hay siempre, a más de la emoción plástica, otras emociones de orden ultraplástico, unas sugeridas por la misma plasticidad, otras pertenecientes, casi casi, al orden del comentario intelectual, irónico casi siempre. (Manuel Abril) Pone en todas sus producciones un punto de ironía -que es como la espuma de la inteligencia-: Sabe siempre lo que hace. Y por qué lo hace. (Francisco Ayala) una vida de viajes, amistades y exilios De los años de la vanguardia y precedentes podemos poner en relieve una larga lista de grandes mujeres que contribuyeron significativamente al arte, a la literatura y a la filosofía en un mundo misógino que no consideraba a la mujer un individuo autosuficiente e inteligente. Hablamos de la escritora Rosa Chacel, la filósofa María Zambrano, la poetisa Ernestina de Champourcín o las escritoras María Teresa León y Concha Méndez. A la lista se pueden añadir todavía Remedios Varo, la pintora Delhy Tejero, Ángeles Santos, la escritora y política Margarita Nelken, el grupo femenino del Lyceum Club con las malagueñas Isabel Oyarzábal y Victoria Kent, o María Espinosa de los Monteros. A éstas se unen también las llamadas “damas rojas” como Carmen de Burgos, María Lejárraga, la propagandista federal Belén Sárraga o Clara Campoamor, diputada que defendió en las Cortes el derecho al sufragio femenino.
560 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) Dentro de este cuadro incluimos a nuestra protagonista Maruja Mallo, desde muy joven, asumió el mundo de hombres en el que le tocó vivir y sus reglas y sólo a golpes de inteligencia pudo jugar a saltárselas, rompiendo estereotipos y provocando. Una de las claves para comprender la personalidad de Maruja Mallo será conocerla a través del círculo de amistades en el que vivió y recorriendo el contexto en el que se desarrolló su vida como mujer y como artista. Su nombre fue Ana María Manuela Josefa Gómez y González, pero todo el mundo la conocerá como Maruja Mallo. Nace en Lugo el 5 de enero del año 19021 y pertenece a una familia numerosa, encabezada por el matrimonio de Justo Gómez Mallo y María del Pilar González siendo la cuarta de catorce hermanos. Vive en un ambiente de libertad familiar que propicia algunos rasgos de su carácter como la autosuficiencia, la sociabilidad y la ausencia de raíces. Su familia la instiga no sólo a estudiar una carrera, sino a estudiar aquella carrera que más le guste. Su primer viaje la lleva a Asturias, en especial a Gijón y Avilés, donde destinan a su padre por trabajo (es funcionario del Cuerpo de Aduanas). Es en Avilés donde cursa sus primeros estudios en la Escuela de Artes y Oficios y expone algunos de sus primeros cuadros. En 1922, con 20 años, viaja a Madrid con su hermano escultor, Cristino, para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando “en calidad de alumna oficial becada por la Excelentísima Diputación de Lugo” donde estudiará hasta 1926, asistirá a las clases de la Academia Libre de Julio Moisés. El ambiente que se respira en Madrid en el momento que Maruja se instala está caracterizado por continuas huelgas, salones literarios, manifestaciones, tertulias culturales y cines. Para Maruja será el ambiente perfecto, algo que estaba esperando desde hacía tiempo. Éste sin duda será el viaje más importante de su vida, ya que su estancia en Madrid le abrirá las puertas a un nuevo mundo, el del Madrid de los años 20 y 30, el de la Residencia, el de las tertulias. Su libertad empieza aquí, donde ella aprende a vivir lo extravagante, lo inusual, el escándalo, la belleza y la naturalidad. Empieza a vivir un amor profundo por la calle, la diversión, los ritos, las fiestas populares, la vida al aire libre, las tertulias en los bares, y aprovecha y disfruta de cada cosa que la rodea. Madrid no sólo le proporciona las amistades más importantes de su vida, sino también un ambiente propicio donde dar rienda suelta a su interior, a veces provocando, otras veces siendo la pionera de un estilo de vida, no compartido por todos. A través de otro de sus hermanos, Justo, conoce a algunos jóvenes de la Residencia de Estudiantes, como Salvador Dalí2. A Dalí le llaman la atención la vitalidad y el desparpajo que desprende Mallo, y le impresiona su modo de vestir: Maruja es capaz de vestirse un día de ciclista y otro de salir a la calle con unos pantalones de enormes lunares y ropas extravagantes. Por aquella época se hacen inseparables y Mallo pronto conoce al resto de los jóvenes de la Residencia, como García Lorca, que la introduce en el triunvirato Dalí-Lorca-Buñuel. Juntos experimentan y comparten inquietudes y, sobre todo, se divierten. Un ejemplo claro de esta aptitud es la ocasión en la que Mallo entra en el monasterio de Silos, disfrazada de hombre, porque a las mujeres les está prohibida la entrada: Margarita Manso y ella se recogen el pelo bajo la boina y como pantalones usan las chaquetas de sus acompañantes, Dalí y Lorca. Considerada su desaprensión, no sorprende que, en breve, Mallo sea admitida en la “cofradía de la Perdiz”, donde asiste a las nocturnas reuniones surrealistas que se celebran en la Residencia las noches de luna llena. Como dice Inmaculada de la Fuente “Maruja es el ángulo invisible del cuadrado surrealista formado por Dalí-LorcaBuñuel”, considerada más musa que cómplice, Lorca siempre la considerará una igual. En estos años Maruja crea su propio leguaje artístico, atenta a los ecos de las diferentes vanguardias que empiezan a llegar a España, como el futurismo y el surrealismo, y se interesa por el cine y el arte popular. Sus lienzos se nutren de estos nuevos movimientos artísticos y ella exalta las distintas formas de la modernidad de manera constante y usa la tradición para burlarse de ella. A este cuadrado de amistades hay que añadir a Rafael Alberti a quien de Mallo le llaman la atención su originalidad y personalidad. Además de su relación personal, existirá entre ellos una gran colaboración 1) En el año 1920 Maruja cambia su fecha de nacimiento por la de 1909. 2) Con quien trabajará en el año 1930 en las ilustraciones de algunos artículos para “El Robinson”.
561 Mas igualdad. Redes para la igualdad artística. Muchas de las ideas desarrolladas por Alberti serán inspiradas por Maruja -o al menos las pensarán y discutirán juntosy la creatividad de Mallo impulsará algunos de sus cuadros y poemas. Se conocen en 1925, poco después de que éste recibiese el Premio Nacional de Literatura por Marinero en tierra, y su relación durará hasta el 1931. De sus colaboraciones podemos destacar los decorados del drama Santa Casilda, los testimonios que deja en los libros Sermones y moradas y Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. También encontramos la huella de Mallo en Sobre los ángeles. En el año 1929 se publica el poema de Alberti La primera ascensión de Maruja Mallo al subsuelo y Carta de Maruja Mallo a Ben Turpin. De la mano de Maruja recorrí tantas veces aquella galería subterránea, aquellas realidades antes no vistas, que ella, de manera genial, comenzó a revelar en sus lienzos.3 El romance entre Maruja y Rafael termina cuando él se enamora de María Teresa León y se casa con ella. María Teresa nunca permitirá que se pronuncie el nombre de Mallo en su presencia y hace que Alberti, a partir de ese momento, corte cualquier tipo de relación con ella, no sólo personal sino también artística y profesional. Esto hace que se suspendan numerosos proyectos, como el decorado de La pájara pinta, o las estampas de Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. A pesar de los intentos de María Teresa por hacer que Alberti la olvide, Maruja está todavía muy presente en él y los lazos afectivos aún se mantienen4. Mallo sufre mucho la separación de Alberti y al final de su relación con él estrecha lazos con otros poetas como Miguel Hernández o Pablo Neruda. Mallo apuesta por el amor libre y, como artista que es, pretende vivir como tal. Pero los convencionalismos de la época la condenan por ser mujer y, por eso, es juzgada y criticada por sus compañeros de generación por el sentido liberal que ella defiende y practica. Es admirada como artista, pero el peso de su vida privada puede más: por ello muchos críticos empiezan a tratar con poca seriedad su obra. Mallo es una persona muy extrovertida, alegre, le gusta escandalizar y flirtear con los hombres, y, por encima de todo, ser independiente5. A Miguel Hernández lo conoce en casa de Pablo Neruda y juntos piensan el drama Los hijos de la piedra, obra para la que realizará los decorados. La influencia que Mallo ejerce sobre Miguel se puede apreciar en numerosas composiciones; 18 de los 30 poemas de Imagen de tu huella y sobre todo en El rayo que no cesa, donde la mayoría de los sonetos se deben a la turbulenta aventura que él vive con la pintora y a un amor platónico y distante que posteriormente mantendrá con la poeta María Cerraga. La relación dura poco tiempo, pero es muy intensa. Como cualquier cotilleo, la relación amorosa entre ambos está en boca de casi todos sus amigos y conocidos, incluso Camilo José Cela, quien así habla de dichos amores: “Miguel Hernández y Maruja Mallo tenían amores e iban a meterse mano y a hacer lo que podían debajo del puente, pero los poetas los breábamos con boñigas de vaca y entonces ellos tenían que irse a la otra orilla a terminar de amarse en la dehesa que allí había ya que, a lo que parece, los toros bravos eran más acogedores y menos agresivos que los poetas líricos” (Cela 1993:118). Durante los años de la Residencia, Maruja forma también parte del triángulo amistoso formado por María Zambrano y la poeta Concha Méndez con las que comparte afinidades intelectuales, inquietudes estéticas y vitales. Pero comparte especial complicidad con Concha: las dos vagabundean por el Madrid de los años 30 como mujeres modernas y emancipadas, montan en bicicleta y van a las verbenas populares. Concha cuenta en sus memorias: “Íbamos al Museo del Prado y a las conferencias de Eugenio d’Ors, a las verbenas y a los barrios bajos de Madrid. Nos paseábamos para ver aquellos personajes tan pintorescos que pasaban a nuestro lado iluminados por los faroles de la calle”(Méndez, Ulacia 1990:51). 3) De la entrevista que el poeta concede al crítico Robert Havard, reconocimiento que aparece más tarde en La arboleda perdida sólo después de 1978. 4) Mallo acababa de pasar por una experiencia traumática: había sufrido un accidente de coche y el amigo que la acompañaba, creyéndola muerta, se había suicidado. 5) En una ocasión gana el concurso de blasfemias organizado por sus amigos poetas en el café de San Millán, donde sorprende a todos con su espontaneidad.
562 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) Mallo es una de las primeras mujeres que se dejan acompañar por hombres en sus salidas, a las que pronto se le une Concha. Ambas comparten una especial atracción por la calle, por la diversión y el desparpajo. A Mallo le gusta mucho salir por Madrid con Concha, ambas cargadas de ganas de emancipación, descargan juntas sus protestas femeninas: Mallo nunca estará de acuerdo con los convencionalismos y se rebela contra la educación de las chicas de su clase. Nos cuenta Concha que Maruja: “proponía liberar las reacciones primarias, la espontaneidad, decía que todos esos buenos tratos y buenas costumbres no eran más que mala educación. Decía que el colegio nos condicionaba a ser unos hipócritas” (Méndez, Ulacia 1990:43). Las dos amigas son las primeras jóvenes en inaugurar el “sinsombrerismo”: eliminan de sus atuendos el uso del sombrero y recorren las calles de Madrid con la cabeza descubierta, llamando la atención y escandalizando a los transeúntes. Poco después, a esta iniciativa también se sumará Margarita Manso, protagonista de otra de sus anécdotas. En sus memorias Concha cuenta la discusión que tiene un día con su madre por defender tan noble posición cuando sale de casa sin cubrirse la cabeza y cómo ella y Maruja disfrutan siendo las protagonistas de dicho escándalo: “Pero, ¿por qué no llevas sombrero? Porque no me da la gana… Pues te tirarán piedras por la calle. Me mandaré construir un monumento con ellas” (Méndez, Ulacia 1990:43). Íbamos muy bien vestidas, pero sin sombrero, a caminar por el Paseo de la Castellana. De haber llevado sombrero, decía Maruja, hubiese sido en un globo de gas: el globo atadito a la muñeca con el sombrero puesto. En el momento de encontrarnos con alguien conocido, le quitaríamos al globo el sombrero para saludar. El caso es que el sinsombrerismo despertaba murmullos en la ciudad. (Méndez, Ulacia 1990:48) También con la idea de escandalizar frecuentan la tertulia de Arbiz, el director de la Filarmónica de Madrid. Se trata de “una reunión de viejos con mentalidad atrasada que no dejaban de sorprenderse porque dos chicas de familia saliéramos solas a la calle [...] de repente nos hacían cada pregunta picante que nos mataba de risa” (Méndez, Ulacia 1990:48). Otras veces merodean los domingos por la estación del Norte inventando disparatadas historias sobre los viajeros que se cruzan en su camino. Concha cuenta que “Estaba prohibido que las mujeres entraran en las tabernas; y nosotras, para protestar, nos pegábamos a los ventanales a mirar lo que pasaba dentro...” (Méndez, Ulacia 1990:51). Otra anécdota curiosa la cuenta, en sus memorias, Concha: A casa de mi familia no podían entrar mis amigos hombres. Una vez que paseaba con Alberti, Maruja y Gregorio Prieto enfrente del hotel de cuatro pisos que acababa de construir mi padre en Joaquín Costa, de repente tuvieron curiosidad de conocerlo. Maruja estaba de luto y para presentar a los chicos como sus hermanos se quitó las medias y se las puso como corbata. Se los presenté a mi abuela como una familia que acababa de perder a su padre… ¡cuánto nos divertimos! (Méndez, Ulacia 1990:51) Además de su amiga, Concha es también su modelo: “Cuando Maruja empezó a pintar, me tomaba a mí como modelo. Pintó una chica en bicicleta, que era yo; y mi raqueta de tenis, que era muy bonita, también la inmortalizó. Hizo una serie de cuadros de las verbenas madrileñas que eran maravillosos; en ellos plasmaba muchas de las imágenes que surgían de nuestras conversaciones” (Méndez, Ulacia 1990:51). Y Maruja también pinta un retrato de su amiga. Estaba envuelta en un mantón de Manila y reclinada en un sillón; a mis pies, libros con portadas de colores y a mis espaldas, una terraza con fondo de cipreses. Hacíamos las sesiones de pintura en mi casa; una de aquellas tardes en las que estábamos trabajando, entró mi madre al estudio y al verme
563 Mas igualdad. Redes para la igualdad en esa postura exclamó: “¿Qué horror! Pero si pareces la Maja desnuda de Goya”. Su comentario lo fue contando Maruja a todo el mundo: “¡Habrá que ver la sensibilidad de la madre de Concha! ¡Ha dicho que mi pintura tiene parecido con Goya!” (Méndez, Ulacia 1990:51). El cuadro queda como regalo en casa de Méndez, pero cuando Concha se va de casa con la idea de emanciparse y vivir con libertad, sus padres, como venganza, acuchillan el lienzo: “aquel retrato tan bonito que había pintado Maruja Mallo, aquel en el que estaba reclinada con un fondo de cipreses: lo que no me pudieron hacer a mí, se lo hicieron al cuadro” (Méndez, Ulacia 1990:60-61) Entre las dos mujeres no hay sólo una muy buena amistad y una gran complicidad; existe también una influencia recíproca notable. Aunque cultiven disciplinas diferentes, se manifiesta de igual modo la influencia ejercida mutuamente, cuando observamos las obras que producen las dos artistas al mismo tiempo y tenemos en cuenta el contexto en el que son realizadas. Cuando leemos el poema Verbena de Méndez y observamos el cuadro del mismo nombre de Mallo se puede apreciar que representan la misma realidad. Los colores, las luces y los movimientos que se escenifican en el lienzo son los mismos que evoca el poema. Además trabajan juntas en una obra especial: utilizan el espacio del Lyceum Club para presentar una obra de teatro infantil, escrita por Concha con decorados de Maruja, llamada El ángel cartero. Sobre esta mutua influencia creativa, escribe María del Mar Trallero Cordero: La ingenuidad de Méndez sirve a Mallo para reflexionar y evocar una particular escena, pero esa misma escena se ofrece como referencia para trasladar el ambiente de la verbena al poema. [...] Los elementos que aquí se nos presentan (luces, juegos, carruseles, tío-vivos, colores, etc.) son fácilmente reconocibles en el cuadro de Mallo, pero no sólo es la temática la que está presente, sino que también la forma en que todos estos elementos se recrean es común a una y otra obra. La viveza de los colores utilizados por Mallo encuentra su semejanza en la escritura telegráfica, estilo muy propio de las vanguardias, empleada por Méndez. Ambas formas expresan alegría, espontaneidad, sensaciones en suma que hallamos en una atmósfera festiva, como la que se experimenta en una verbena. El hecho de que la poeta incorpore en su composición un vocabulario pictórico, como lo sugieren palabras como “circunferencias” y “colores”, refuerza la idea de que Méndez no sólo percibe la realidad que traslada al papel de forma directa, sino que la somete al filtro que supone el cuadro de la amiga. (Trallero 2004:19-20) Además de la tertulia de la Residencia, Mallo frecuenta asiduamente la de los domingos en casa de María Zambrano, donde es la única mujer. Con Concha frecuenta la tertulia del café Pombo, coordinada por Gómez de la Serna. Las dos también van al Alkázar, donde se baila el charlestón, o se reúnen en el Ritz, en el Cristal Palace, en el Club del Rector, en el Florida o en las tabernas de Tetuán y Curtidores y en los cafés-cantantes de la calle Jardines. A Maruja le atrae lo popular, callejero y mundano. En esos años las tertulias son un hervidero de ideas y Mallo aprovecha hasta las últimas palabras asistiendo hasta el final, aunque éstas duren toda la noche. Es una mujer que, muchos años antes de que empezase la lucha femenina por la igualdad, ya la había ganado, viviendo como artista. Todo esto no debe hacer pensar que la vida de Maruja y Concha sólo esté hecha de diversión desenvuelta. Al contrario, sus elecciones contra corriente constituyen un esfuerzo diario de emancipación que corresponde a su primer exilio: un verdadero exilio interior, entendido como forma de aislamiento social. En realidad, ni Maruja ni Concha tienen alternativas: desarrollar un recorrido como artistas conlleva el abandono obligado de un mundo -el ambiente social tradicionalque no admite a las mujeres como intelectuales. Al contrario de lo que les pasa a los hombres, para una mujer vivir según las reglas sociales tradicionales y, al mismo tiempo, ser artista es imposible: o se elige la primera opción o la segunda. Maruja y Concha eligen la segunda. Así, la elección de dedicarse al arte representa, contemporáneamente, una forma de emancipación (porque el arte es el único espacio de libertad expresiva que las mujeres logran conquistar) y una forma
564 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) de exclusión de la sociedad o, mejor dicho, un exilio. No se trata de un exilio físico, no es un abandono de la patria, sino un traslado emocional: las dos se excluyen de la mentalidad común burguesa, pero permaneciendo en el mismo ambiente en el que ésta tiene lugar. Es una forma de exilio psicológico (por eso es llamado “interior”), contraseñado por una convivencia de inclusión y exclusión, una copresencia de acogida entre la sociedad y de rechazo de la misma. Y si cada exilio implica un viaje hacia lugares desconocidos, en el caso de Mallo y Méndez el viaje es a través del descubrimiento de sí mismas, como mujeres y como artistas. La adhesión, en ese periodo, de ambas al Futurismo (la primera de las vanguardias llegadas a España) es un elemento que nos ayuda a definir este cuadro de deseo y lucha para la emancipación a través del arte. Tanto Maruja como Concha, comparten el deseo del Futurismo de destruir un pasado obsoleto y de exaltar el cambio radical, a través de los elementos característicos del periodo histórico en el que las dos viven: el dinamismo, la expresión continua del movimiento, la simultaneidad de sonidos e imágenes. De todo esto (que constituye la característica estilística principal del Futurismo) encontramos huellas evidentes en la pintura de Mallo, en la poesía de Méndez y, como motivos de emancipación, porque representan intereses típicamente masculinos, en la vida de ambas. En los años 1927-28, Maruja forma parte de la denominada Primera Escuela de Vallecas, creada con el objetivo de promover la renovación artística desde dentro y con el deliberado propósito de “poner en pie el arte nacional” compitiendo con el de París. Aquí Mallo coincide con Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Luis Castellanos, entre otros. En 1927 viaja a las Islas Canarias y allí descubre los colores del nuevo paisaje que representa en una de sus obras más famosas Mujer de la Cabra. Melchor Fernández Almagro queda asombrado por su talento cuando ve sus Verbenas y Estampas y no duda en hablarle a José Ortega y Gasset de sus obras; éste le ofrece los salones de la “Revista de Occidente” para que presente su primera exposición, en la primavera de 1928 (primera y única exposición que realizó dicha revista). Exhibe diez óleos que representan poblados llenos de sol, toreros y manolas, estampas coloreadas de maquinarias, deportes con mujeres atléticas y cine. La exposición es todo un éxito y gracias a ella Ortega la introduce en su selecto círculo. Se convierte así en una de las protagonistas de la vida cultural de España. Por aquel entonces su obra empieza a seguir la línea de la nueva objetividad y se caracteriza por esa expresión de realismo mágico. Algunos críticos califican su pintura como perturbadora y colorista: es verdad, pero no ven la carga de ironía que Maruja también expresa con su arte. Éste sin duda es un dato importante: el arte de Maruja tiene, entre sus características, también la ironía. El carácter perturbador de su pintura es evidente y es una señal de su anhelo de libertad expresiva: un objetivo que, para ella, se carga de significado, porque representa un espacio de independencia también como mujer. Pero, este anhelo está lleno de ironía, no como forma de simple diversión, sino como forma de desasimiento intelectual hacia la sociedad y sus convenciones. A finales de 1928, Maruja pasa por una etapa de inflexión y acercamiento al surrealismo, fruto de su relación personal con Alberto Sánchez y Benjamín Palencia. Juntos recorrerán los paisajes desoladores y duros de las afueras de Madrid, las zonas donde termina el urbano y empieza el rural, e indaga en lo subterráneo, lo horrible, el fango. Este tipo de paisajes dará lugar a la serie Cloacas y Campanarios, inmersa en la estética surrealista de Buñuel y Dalí. La pintura de esta etapa es desgarradora y tremendista, actitud que suaviza con el paso del tiempo. Con su viaje a París llega el reconocimiento internacional. En 1932 obtiene una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios y viaja a París, donde permanecerá un año, acompañada por su padre, quien la apoya incondicionalmente. Su primera exposición es del mismo año de su llegada en la Galería Pierre Loeb, donde expone Cloacas y Campanarios. Su obra anticipa las catástrofes bélicas y morales que pronto sacudirán Europa y se muestra más madura, profunda e introspectiva, menos condicionada por la genuina alegría de las obras anteriores. Sin duda su obra impresiona a los surrealistas franceses, pero éstos no acaban de entenderla. En esta ciudad, en la tertulia de Place Blanche, conoce a André Breton y Paul Éluard quien admira su trabajo
565 Mas igualdad. Redes para la igualdad y afirma: “Las creaciones extrañas de Maruja Mallo, entre las más considerables de la pintura actual, revelación poética y plástica, original, «Cloacas» y «Campanarios» son precursores de la visión plástica informalista”. En breve conoce a René Magritte, Max Ernst, Joan Miró, Giorgio de Chirico, Jean Cassou, Picasso y Louis Aragon. Breton se muestra muy interesado por su trabajo y le compra el cuadro conocido como Espantapájaros, de 1930, obra poblada de espectros que hoy es considerada una de las grandes obras del surrealismo. En cambio Paul Éluard está mucho más interesado en su cuadro Grajos y excrementos6. Su pintura toma un rumbo diferente y alcanza la maestría, dando comienzo su etapa surrealista. La experiencia parisina sin duda es positiva y su vuelta a España le supone un nuevo giro en su estilo. De esta época, entre otros, son también los cuadros Espantapeces, de 1929 y Antro de fósiles, de 1931. En su libro Lo popular en la plástica española a través de mi obra, la pintora explica su naturaleza escatológica: En estos momentos me impresionaba la naturaleza eliminando las basuras. La tierra incendiada y encharcada. Las cloacas empujadas por los vientos. Los campanarios atropellados por los temporales. El mundo de las cosas que transitan. Esta visión tangible de las cosas que se transforman, que con frecuencia tropezaba por las estaciones de circunvalación, es la base del contenido de la labor de aquel momento. (Mallo 1939:23). Bajo la influencia de cierto abstractismo geométrico (tendencia artística que tendrá en Piet Mondrian el principal representante y que incluirá también el segundo Kandinskij), Mallo estudia matemáticas y geometría para aplicarlas a sus lienzos y cerámicas y afirma su interés por la creación de un lenguaje universal basado en los principios de la geometría. No se trata de una virazón de gusto neoclásico: su nuevo lenguaje artístico tiene su correspondencia con los principios constructivos de Torres-García. De aquí sus nuevas series Arquitecturas minerales, inspiradas en piedras, y Arquitecturas vegetales, llenas de frutas extrañas. En esta época combina su trabajo artístico, realiza viñetas para la “Revista de Occidente” y otras revistas, con una intensa actividad de compromiso con la República. Ejerce como profesora de Dibujo en el Instituto de Arévalo y en la Escuela de Cerámica de Madrid, para la que diseña una serie de platos que se destruyen durante la guerra. A partir de 1936 empieza su etapa constructiva y en mayo de ese mismo año tiene lugar su tercera exposición individual organizada por ADLAN en el Centro de Estudios e Información de la Construcción en la Carrera de San Jerónimo de Madrid con la serie de dieciséis cuadros de Cloacas y Campanarios, la serie de doce obras de Arquitecturas minerales y vegetales y dieciséis dibujos de Construcciones rurales. La exposición la preside su obra Sorpresa del trigo obra con la que empieza su etapa muralista y revolucionaria que proseguirá en el exilio. Ésta es la última obra que Maruja pinta en España antes de su exilio, la pinta en 1936 y está inspirada en los trigales de la estepa castellana. “El trigo es el símbolo pánico del mundo”, escribe Maruja. Y añade: Descubro que el orden es la arquitectura íntima de la naturaleza. Observo en el microscopio los cristales de la nieve. Observo las construcciones campesinas, la íntima estructura de los frutos y de las espigas, la estructura de los animales [...] Descubro un orden numérico y geométrico que rige todas estas estructuras, [...] Busco la expresión de ese orden, de esa armonía, de ese equilibrio regido por el número... (Rivas 1993:22). Cuando empieza la guerra civil ella se encuentra en Galicia, nombrada delegada de las Misiones Pedagógicas, y allí permanece unos meses, antes de viajar a Portugal y posteriormente a Argentina. Durante la guerra colabora con el Frente Popular elaborando carteles de propaganda antifascista. Una invitación de la Asociación de Amigos del Arte para dar una serie de conferencias en Montevideo y en Buenos Aires hace 6) Al final no puede hacerse con este cuadro que tanto le gusta por motivos económicos.
566 Congreso Internacional De La Asociacion Universitaria De Estudios De Las Mujeres (Audem) que Mallo aproveche la ocasión para embarcarse en la aventura del exilio. Se trata de su segundo exilio: un inevitable exilio político, considerando su irrefrenable ímpetu revolucionario. Su amiga Gabriela Mistral, embajadora de Chile en Portugal, le facilita su pasar a Lisboa y desde allí viaja a Buenos Aires. Llega el 9 de febrero de 1937, en compañía sólo de su cuadro Sorpresa de trigo y permanecerá en el continente americano 25 años. En la conferencia del 31 de julio de 1937, Mallo defiende la íntima relación entre el arte y los hechos históricos y afirma: “El arte consciente o inconsciente es propaganda. El arte revolucionario es un arma que emplea una sociedad consciente en contra de una sociedad descompuesta” (Manghini 2001:133). “El arte es un presagio y un anticipo revolucionario. No se incorpora ni sigue los movimientos políticos. En cambio es la política la que se enrola en el arte” (Pérez de Ayala 2002:20). En Argentina recibe un rápido reconocimiento y colabora con la revista de vanguardia “Sur”, con la que también colaboraba Borges. Además no deja de cultivar una intensa vida social: entre sus amistades destacamos a Victoria Ocampo, Luis Seoane, Antonio Bonet, pero sobre todo estrecha lazos de amistad con Ramón Gómez de la Serna, también exiliado y casado con la argentina Luisa Sofovich, quien le dedica el libro Maruja Mallo, que sale a la luz en Buenos Aires en el 1942. En este mismo periodo, la pintora realiza la escenografía de una obra de Alfonso Reyes, Canto sobre García Lorca, para la compañía de Margaria Xirgú. Con 37 años Maruja publica su libro Lo popular en la plástica española a través de mi obra y se dedica a viajar y a crear obras siempre abiertas a nuevas influencias. Empieza a pintar especialmente retratos de mujeres y da vida a su cuadro Canto de espigas. Su estilo será precursor del “Pop Art”, el arte pop estadounidense. En 1939 da varias conferencias en la Universidad de Santiago de Chile. En la capital bonaerense decora el cine “Los Ángeles” y expone en Viña del Mar (Chile) en 1945. Los viajes a Chile, donde coincide con su amigo Pablo Neruda, y costa del Pacífico encadenan su etapa marina. La Serie Marina son armonías lunares, en colores plata y gris. La influencia del sol dará lugar a la Serie Terrestre, armonías solares, en ocres y dorados. En el año 1945 expone en Río de Janeiro, Nueva York y Bolivia y no deja de viajar. En Nueva York permanece desde el 47 al 48. Para Mallo esta ciudad es una revelación; se aloja en el hotel Plaza, bebe los excelentes Dry Martini del Oak Bar y conoce a Andy Warhol. Sin embargo, con este viaje, Maruja cierra una etapa de su vida. Todos estos viajes aportan algo a su siguiente serie, Cabezas y Máscaras, donde se puede rastrear la curiosidad de la artista por cultos afro-americanos como el Candomblé, la Macumba o el Vudú. Entre 1945 y 1957, Maruja Mallo tiene un periodo oscuro: sus apariciones públicas y sus exposiciones también se hacen más raras, pero de este periodo se puede destacar su viaje a la isla de Pascua en compañía de Neruda, donde se hace la famosa fotografía en traje de baño en la playa completamente cubierta de un manto de algas. Parece ser que esta estancia influye en el esoterismo que caracterizará su obra posterior. En una entrevista publicada en “El Imparcial”, Mallo le explica la génesis de esta etapa: Cuando entré en el conocimiento de Einstein, Marx y Freud, los tres santos laicos es cuando hago esta pintura que por todo reconocimiento levita. Y además tengo la necesidad de inventar seres míticos. De ahí salen los “Moradores del Vacío”, y de mis siete travesías por los Andes, donde tuve la sensación de levitación y en donde me plantee las interrogantes sobre las formas no conocidas que existen siete mil metros más arriba. (Rivas 1993:27) Viajará a España, por primera vez después de su exilio, en 1961, para su exposición en la Galería Mediterráneo, y, de forma definitiva, en 1965, cerrando así un capítulo de su vida. Una vez en Madrid, el ambiente exterior no es lo que ella recuerda, se aloja por una temporada en un hotel y después en un apartamento de la calle Claudio Coello. “Mis amigos estaban desterrados o enterrados y yo sola en el Hotel Palace y las galerías llenas de pintura informalista que es un estilo totalmente franquista...” (Pérez de Ayala 2002:27).
567 Mas igualdad. Redes para la igualdad A pesar de su indiscutible popularidad en España durante los años veinte y treinta, un gran silencio cae sobre ella en la época del franquismo. Manghini afirma que la causa no es sólo su exilio, sino el hecho de ser mujer y sobre todo una mujer “transgresora”, en su vida y en su obra. El régimen tiene la necesidad de “borrar las huellas de las modernas, sobre todo de las modernísimas”. Con su vuelta a Madrid podemos decir que la pintora vivió un exilio social. Además no olvidemos que, a pesar de sus excelentes obras y carrera artística, Maruja es siempre juzgada también por su “carrera” personal y su “mala fama”. En realidad, Mallo no puede ser olvidada ni siquiera poniendo el océano por medio. Al final, su modo de vivir la vida que quiere, nada convencional, y sus relaciones amorosas acaban, desgraciadamente, perjudicándola. Aún así sigue viviendo el nuevo Madrid que encuentra a la vuelta de su exilio con total libertad, sigue provocando como antaño, como el día que había aparecido con su abrigo de piel de lince, desvelando que debajo no llevaba nada. En estos últimos años, se la puede ver patinando por las calles madrileñas acompañada de la vanguardia del momento: grupos de música irreverentes como Los Pegamoides, o cineastas innovadores como Pedro Almodóvar, todos miembros de la llamada movida madrileña. En el año 1979 empieza su última etapa pictórica con Los Moradores del vacío, obras pintadas durante los años setenta, y una serie de ocho litografías, homenaje a la “Revista de Occidente”. Ya tiene 77 años, pero conserva su vitalidad de siempre. Su obra es cada vez más valorada por los críticos y galeristas, especialmente por la crítica española más joven, que ve en ella la encarnación de una vanguardia oculta por el franquismo. Con la muerte de Franco llega su reconocimiento y su culminación con la Medalla de Oro de Bellas Artes en 1982, una exposición antológica que le dedica en 1993 el Centro Gallego de Arte Contemporánea y el Premio de Artes Plásticas de Madrid. Muere en Madrid el 6 de febrero de 1995, con 93 años, en la residencia de ancianos Menéndez Pidal, después de una fractura de cadera que la tiene inmóvil en una cama durante mucho más tiempo de lo deseado. Sus cenizas se trasladan a Viveiro, para ser esparcidas por la bahía de la Mariña lucense. conclusiones Mallo es una de las primeras mujeres que intenta vivir como una artista, al margen de ser mujer. La importancia de los viajes que realiza a lo largo de su vida es crucial, la llenan de experiencias y sentimientos que representa en sus obras. Estos viajes además le proporcionan unas amistades que serán la clave de su personalidad, amistades con las que compartir inquietudes literarias, visiones de la vida y sobre todo apoyo, ya que Maruja siempre será una mujer que vive su vida como una rebelión permanente contra las convenciones artísticas y sociales del mundo. Es interesante, por ello, recorrer la biografía y obra de esta artista a través de sus viajes (sobre todo los exilios, físicos o interiores que sean) y amistades. Se puede apreciar que cada momento vivido tiene una directa conexión con su obra y sus experiencias (exilios, viajes) y amistades (Concha, Alberti) influencian su producción y personalidad. El viaje a Madrid le abre las puertas a un nuevo mundo, la amistad con Concha se refleja en gran parte de su obra y de su evolución como artista e intelectual, como la amistad con Alberti o Neruda. El viaje a París marca su reconocimiento internacional y los viajes realizados en Sudamérica dan lugar a un cambio en su pintura que corresponde también a una radicalización de sus ideas políticas en un sentido revolucionario. Es en el contexto de todos estos acontecimientos que se coloca el repaso de sus exilios, tanto el exilio interior con Concha como el exilio físico, que dura 25 años. Lo que está claro es que Maruja Mallo es una artista digna de admiración tanto por su producción artística como por su personalidad. Una mujer que se adelanta a su tiempo, sin importarle lo que se diga de ella, buscando un objetivo determinado: su libertad, artística, expresiva y personal. Y desde luego la encuentra y disfruta de ella, y es más, lucha por una paridad femenina, abre un camino importantísimo para muchas otras mujeres oscurecidas por la misoginia de nuestra sociedad patriarcal. Es un camino abierto que hoy las mujeres recorremos con menos dificultades que nuestra protagonista, pero en el que todavía hay que trabajar y mucho que luchar. Maruja Mallo, en este sentido, es una referencia extraordinaria para nuestra acción.