Memoria sobre la vida política y literaria de D. Francisco Martínez de la Rosa
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1uEu SIRL_ lit _AIIL SOBRE LA VIDA POLITICA Y LITERARIA DE D. FRANCISCO MARTINEZ DE LA ROSA POR LUIS AUGUSTO REBELLO DA SILVA SOCIO EFECTIVO DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS DE LISBOA, COMENDADOR DE LA ORDEN DE SANTIAGO DE LA ESPADA EN LA CORONA, DE PORTUGAL, PROFESOR DE HISTORIA MODERNA Y PATRIA EN EL CURSO SUPERIOR DE LETRAS Y DIRECTOR DEL MISMO, VOCAL DEL CONSEJO SUPERIOR DE INSTRUCCION PUBLICA, PAR DEL REINO, ETC . ETC. ETC . LISBOA EN LA IMPRENTA DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS 1865
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1 SA LA REINA DOISI ISABEL II SEÑORA: La buena memoria de los subditos, que por la elevacion del ingenio y la admiracion de sus virtudes, engrandecen á las naciones y realzan la gloria y esplendor del trono, por ningun soberano ha sido mas apreciada que por V. M., cuyo glorioso reynado será digno de citarse, cual lo es el de D. Carlos in, vuestro Augusto Predecesor, tanto por el estimulo que dió á las letras, como por el merecido premio con que las favoreció en su tiempo.
D. Francisco Martinez de la Rosa, es uno de los nombres que la historia ha de consignar con mas elojio en sus paginas, celebrando su nunca desmentida lealtad á la corona y á las instituciones, la elocuencia de su palabra, y el timbre de su reputacion literaria, aplaudida no solo por la España, sino tambien por toda la Europa. Mientras que el juicio de la posteridad no confirma el valor de su pérdida, me será permitido, apesar de haber nacido bajo otro cielo, y de conocerle unicamente por las relaciones intelectuales hijas de la provechosa leccion de sus obras, anticiparme con el tributo, no de lisonja, que no cabe á los muertos, pero si de espontaneo y justificado encómio, deponiendo sobre el sepulcro del grande estadista y escritor, una modesta corona entrelazada por las humildes manos de un consocio suyo, en las pacificas lídes academicas. Me atreví á esperar, que la digna heredera del cetro y de las admiradas prendas de Isabel la Catolica, aceptaria la dedicatoria de un ensayo, que, unicamente tan esclarecida proteccion y la sincéra voluntad que lo inspiró, pueden salvarle de completo olvido. Por tanto, no pretendo para esta memoria, consagrada á la admiracion de la prolongada y fecúnda carrera de D. Francisco Martinez de la Rosa, otro lugar, sino el que le compete en la benevolencia de Y. M.; sobre todo, siendo escrita por un estrangero, que apreciando, cual
corresponde, la fidelidad debida al amor de su Príncipe y al esplendor é independencia de su patria, siempre entendió, que estos patrioticos sentimientos, indelebles en el corazon de los portugueses, lejos de escluir la intimidad entre dos naciones hermanas, debian de dia para dia estrecharlas mas, penetradas cada una de ellas del glorioso papel que ya representaron en la historia, y de los futúros destinos para que la Providencia las reserva. Suplicando á V. M. que se digne acojer esta dedicatoria, y relevar la osadía de la oferta, y las faltas y humildad de la obra, ruego á Dios que dilate, guarde, y haga prosperos sus preciosos dias. Lisboa 20 de Setiembre de 1862. SEÑORA: A. L. R. P. D. V. M. LUIS AUGUSTO REBELLO DA SILVA
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El túmulo acaba de cerrarse sobre uno de los hom f - bres, que mas ennoblecieron en este siglo á la España como poeta, historiador y publicista, en el fecúndo campo de las ideas, como estadista en los consejos de la corona y de la nacion, y como orador en las bichas de la palabra, en que tantas veces triunfó. Vivos aun los recuerdos y no marchitas tambien del todo las flores esparcidas sobre sus cenizas, observaran algunos, que la voz de la generacion que lo vió y admiró, no puede levantarse serena é imparcial, pareciendoles temprano, para hablar de él, como se ha-
lo bla de los que dejan de si honrada memoria. Ante el sepúlcro cerrado ayer estrafiaran otros, que citemos ya como de la posteridad, el nombre de aquel, que conocemos tan de cerca, de aquel, que puede decirse que aun nos escucha al traves de la losa, y para el cual, equivale nuestra anticipacion, á un juicio sospechoso, porque el afecto, tomando el lugar de la razon, como que se arroja á usurpar el tribunal antes de que el futuro lo constituya. No alimentamos la audacia de suponer, que un testimonio oscuro pueda en cualquier tiempo grangear una leve alusion de la historia. Para nosotros, hijos de otra tierra, y estraños á la atmosfera, que respiran en el reyno vecino, las pasiones y las influencias, Martinez de la Rosa, significó siempre solamente un grande nombre. Nunca le conocimos sino por sus obras, y para inclinarnos reverentes, no esperamos á que sus restos enfrien del todo, ó que el silencio, que se hace en torno de los túmulos, comience para el. Si amigos y adversarios dando treguas á los combates politices y recojidos en su dolor, pronunciaron las ultimas palabras, con que los vivos se despiden de los muertos ilustres, nadie por cierto, nos llevará á mal, que hoy los imitemos, acompañando en su luto á la nacion, que por tantos vinculos , de parentesco intelectual debemos llamar hermana. Las fronteras alzadas entre nosotros -y ella y guardadas por el amor de la patria, por las tradiciones de • los antepasados y por la vigilancia de la independencia
11 propia, nunca han de separarnos, cuando tratemos de defender y engrandecer las mutuas conquistas (le la civilizacion, de festejar las glorias y los progresos reciprocos, ó de celebrar con piadoso respéto la memoria de nuestros hijos mas preciados. En las gloriosas guerras, que redimieron el suelo de la peninsula del yugo árabe y de la invasion estrangera, hermanos y soldados suounbimos y vencimos muchas veces, unos al lado de los otros. Las victorias que mas realzan el libro de las pasadas glorias de las Espailas, fueron en varios lances comunes para ambos, y los monumentos, que las simbolizan, donde quiera que ecsistan, no son unicamente de la tierra que los ostenta, son de todos nosotros, hijos de la misma raza. EspaIoles. y portugueses, ya constituidos en naciones distintas, ya independientes y como dos pueblos libres, seremos dignos de nuestro tiempo y de las elevadas ideas de nuestros Bias. En la esféra de los interesses economicos é intelectuales debemos caminar siempre unidos y acordes, llevando la esperanza, como luz, ante nosotros, y lanzando sin recelo los ojos hacia el porvenir. Para la con vivencia intima de las letras, para el desenvolvimiento filosofico, y para la asociacion inte l ectual, en fin, si levantaremos aun mas las fronteras morales que nos dividen, prohibiendo la entrada á todo tratado amigable, sancionariamos la negacion de este siglo y de sus progresos. Corazones y espiritus de hermanos, no deben envenenarse con aprensiones hostiles, .colocando la desconfianza como vijilante al limite del territorio, y provocando el odio, como obstaculo,
IB El hombre eminente que conmemoramos, blanco de las saetas del infortunio, hoy ídolo, ayer victima de popularidades caprichosas, sin lamentar el rigor de los castigos no merecidos, pasó mas de una vez á pesar suyo para los brazos de ovaciones impetuosas. En su vida sin mancilla, colmada de honrosos servicios, cuando la muerte podia punirlos ; en los actos dictados por el amor de la patria y por el celo del esplendor de la monarquia, nunca aspiró á otra recompensa, que no fuese el testimonio de la conciencia satisfecha. Lanzado por el furor de las revoluciones desde la cátedra de legislador para el silencio de los calabozos ; hoy proscripto, y cargado de cadenas ; mañana elevado al ministerio entre aclamaciones ; alzado sobre los broqueles populares ; sospechoso y calumniado acto continuo ; pasando casi á la misma hora desde las opulencias del poder para las soledades del destierro ; restituido á la patria y á la direccion de los negocios ; cuando la vida politica le ofrece treguas, le vemos obtener, el olvido de la injusticia de los partidos, de la indiferencia de los amigos, y del odio de los contrarios, en la cultúra de las letras y en la familiaridad de los grandes maestros. Seguro de si, no apartando la vista del fanal, con que la libertad lo esclarecia desde lejos ; piloto por veces incumbido de gobernar la nave del estado en medio de los nublados de tiempos calamitosos ; cuando los huracanes bramaban desatados, y el naufrajio y la muerte se le' retrataban á cada paso delante de los ojos, en la vela rota llevada en alas de la borrasca, ó en el pro-
19 fundo seno de las ondas abiertas en los abismos, empuñando la caña del timon firme y sereno, quien esperarla que el poeta, como en las horas de bonanza, leyendo en las estrellas del firmamento medio toldadas por las nuves, la derrota en el viage del futúro, habla de salvar el bagel de los escollos ó no pudiendo guiarlo, arribaria por lo menos á una costa, donde el desastre fuese menos doloroso? Si alguna vez naufragó con las tripulaciones confiadas á sus cuidados,' fiel al deber, no las abandonó. Besó con ellas la tierra hospitalaria del destierro ; descendio del valimiento sin congojar, y resignado con las tristezas de la emigracion, cambió la servidumbre cortesana, por la mediania de la vida solitaria, y para no perjudicarse, preferió largos años de espatriacion y de pobreza, prefirio el trabajo santificado por el patriotismo, preflrio la muerte lejos de los suyos y de todo lo que amaba, á las grandezas compradas, al vilipendio de una retractacion, que la infamia pregonarla de cierto como una de sus mayores victorias. Este fue D. Francisco Martinez de la Rosa, tan llorado por las virtudes que le ornaron, como por las prendas de su noble ingenio. No bien imprimio la planta en la escena politica, los mas graves sucesos de su tiempo le conocieron como actor y como victima. La libertad le contó entre sus decididos defensores. Parecido á Chateaubriand, se honrarla corno él, en haber sido el cortesano del infortunio, si el trono de la España vacilase. Esta generacion rareada por los años, que va desapareciendo de dia para dia, maestra y consegera en las luchas de 2*
20 la vida publica, utilizó para nosotros, mucho mas que para si propria, los elementos con que la civilizacion abre hoy caminos. El precio doloroso porque nos conquistó la libertad, fueron lagrimas, sangre y sacrificios. Inclinemonos delante de cada uno de esos muertos ilustres, que van pedir al sepulcro el reposo, y que mas tarde ecsigiran de la posteridad una memoria. Pertenecen á una noble y envidiada raza, acatada por los pueblos y celebrada por la historia, porque hombres asi, ó fundan la gloria de las naciones, ó restauran con sublime osadia las libertades esclavizadas, y los principios ofuscados.
O. Francisco Martinez de la Rosa sacio en Granada á 10 de marzo de 1787. La tierra, en que vió la luz, ilustre por las nobles memorias, que la ensobervecen, y envidiada con motivo por la lozana franja de vergeles, que la rodean, se refleja entre risueña y melancolica en la cristalina corriente de dos ríos, y destaca bajo las cumbres de la sierra frontera, siempre coronadas de nieve. Digna cuna de un poeta : reclinandose sobre las flores de la esmaltada vega, que se estiende á sus plantas, y que bañan las frescas aguas del Darro y . Genil, Grana-
22 da, embellecida por los dorados rayos del sol, y embriagada de perfumes, hace ya siglos, que señala con orgullo para los monumentos de su Alhambra, donde parece que cinceles majicos labraron los admirados primores, encanto de tantas generaciones, bella y sensual espresion de un arte, que espiró con los arabes sin dejar émulos ni herederos. Ornada con sus ruinas, antigua y mas preciosa corona, que la de opulentos edificios datados de ayer, la deliciosa ciudad de Andalucia, entre sus poéticas hermanas, Sevilla y Cordoba, no desmerece á la gloria de consignar mas este nombre esclarecido, en el libro de oro de sus hijos. El año de 1787, en que Martinez de la Rosa soltaba los primeros vaguidos de la infancia, fue tambien rejistrado en la historia da humanidad. La Asamblea constituyente de Francia instalaba la tribuna libre, y los pueblos suspensos de los labios de de los oradores, escuchaban la demostracion de sus derechos y la revelacion de los futtiros destinos h que serian llamados. Las maximas filosoficas, paciente esfuerzo de una escuela, poco escrupulosa en la eleccion de las armas, se hablan insinuado en el animo de todas las clases ; el odio 'a los abusos, la ironia fatidica de los preconceptos y el ardiente deseo de reformas eficaces, acallando en el espíritu y en el corazon, no solo de los que no deseen_ diam de la nobleza de la espada ó de la nobleza de la tóga, como tambien en el seno de la aristocracia y de las mas elevadas gerarquias, las alu-
23 cinó contra si mismas, y contra sus propios intereses, por una aberracion de que no parece facil citar muchos ejemplos. Al principio, privilejiados y quejosos, opresores y oprimidos, todos saludaban en aquellas instituciones, apenas perfiladas el dia anterior, la imagen auspiciosa de una suspirada regeneracion. El ruido, que anunciaba los progresos de la obra social, no era todavia otra cosa mas que un estrepito ocasionado por la caida de los escombros del antiguo regimen. Las aclamaciones, que se escuchaban, mas tarde sustituidas por feroces imprecaciones de venganza, se limitaban por el momento, á dar fuerza á los artífices incansables en medio de los despojos de la demolicion ; y la esperanza, midiendo con la vista la amplitud de los horizontes, que se le abrian, desplegaba inpaciente las alas, pretendiendo levantar para ellos su vuelo arrojado. Las raices de la vieja monarquía carcomidas por el tiempo, cuando un soplo mas fuerte sacudió el tronco, se desprendieron del suelo unas en pós de otras, y el arbol inclinandose casi seco, dió en tierra desamparado. Al cabo de tres reinados de silencio, la voz de la nacion volvió á sonar mas grave é imperiosa, dictando leyes y creando una nueva éra. El ario de 1789 adelantó los primeros pasos. La revolucion aun pacifica y guiada unicamente por principios, llamaba á las puertas de la Europa. Muy pocos de los que la acompañaban, precabieron á donde llegaria despees de estralimitarse, y los menos de los que
2-4 fueron sus complaces, no osaban imajinar entonces, que ella se atreviese un dia á levantar la mano sobre la cabeza del sucesor de San Luis, arrojando, em vez de guante, su corona vacua y ensangrentada al rostro de los viejas dinastias. El prologo del instructivo drama, cuyas catastrofes macularon la sombria epoca de 1793, transcurrió durante la tierna infancia de D. Francisco Martinez de la liosa. Cuando abrió sus ojos, los dias casi serenos de la primera edificacion constitucional, aun no se habian cargado de esa oscuridad, que es anuncio de tempestades ; pero la vista de los principes ya se fijaba inquieta sobre aquel teatro donde todo era para ellos nuevo, escena y actores, accion y lenguage. Sintiendo por veces temblar la tierra por la base del trono, un presentimiento vago del procsimo terremoto les avisaba del peligro de .esas orgullosas tesis, que transferidas de las regiones de la teoria para los dominios de la realidad, despues de confundidas con los hechos, haciendose hombres con las armas de la conquista empuñadas, amenazaron en pocos años el poder de los mas opulentos imperios. La aurora, rayaba en Paris, centro de grandes innovaciones y de grandes pensamientos, aunque tambien á veces foco de repentinos y contradictorios sucesos, y mal despuntaba en la mayor parte de Europa como crepusculo dudoso, cuando ya en la monarquia de Luis xvi todo era claridad, convencimiento, é idea triunfante. En la Peninsula, puesto que menos apartada de la convivencia intelectual de los otros reynos, no tanto co«,
25 mo muchos piensan, tan solo alguno que otro ingenio privilejiado, en medio (le la indiferencia general, divisaba la claridad distante de aquella antorcha, que atizada por la mano de la guerra, temprano incendiaria el mundo, desde el Sena hasta el Newa, desde - el Nilo hasta el Tajo. Contemporaneo de los personages eminentes de su epoca, Martinez de la Rosa, nació dos años despees de mr. Guizot y un año mas tarde_ que sir Robert Peel y que lord Byron. Gethe, Schiller y Chateaubriand, ya pisaban, mas ó menos aplaudidos, la senda que el ultimo, satisfecho de honras, de gloria y de desengaños, cerró al estruendo de la monarquia de julio que se desprendia desmoronada. Burke, el adversario irreconciliable de la revolucion francesa, la contemplaba ya con recelo, y poco á poco convertia en iras sus sospechas. Fox, en el vigor del talento, forjaba los rayos de la fogosa elocuencia, que lo hizo irresistible; y William Pitt, el enemigo implacable que la Francia habla de encontrar armado en el límite de todas las fronteras, Pitt, ministro en la flor de la juventud, desde algunos años se incumbia de la pesada responsabilidad, de continuar los vastos designios y la reputacion de lord Ch.atam, realzados con el nuevo explendor de su propio nombre. En España, D. Manuel José Quintana, el clásico y esmerado autor de las Vidas de los españoles celebres, el inspirado cantor de la España libre, precediendo á la generacion, que lo saludaria rival de los mejores ingenios, habia nacido en Madrid en el mes de abril de 1772, D. José Maria Queipo de Llanos, conde de Toro-
26 no, el historiador del Levantamiento, guerra y revolucion de la España, abría los ojos en Oviedo, antigua corte de los reyes de Asturias, en 1786, Ysturiz ya esclareciera con su cuna otra provincia de España, y el sr. D. Antonio Alcalá Galiano, en varios lances amigo y compañero de Martinez de la Rosa, tambien entraba en el mundo por la misma epoca. Finalmente otro poeta, el autor de D. Alvaro y del Moro Esposito, D. Angel Saavedra, después duque de Ribas, natural de Cordoba, los seguia de cerca naciendo en 1771. Ninguno de estos hombres, dejó de representar importante papel. Unos aun mal volviam la incierta vista de la infancia para la grande escena que los esperaba, cuando otros ya tomaban parte en ella ; y algunos de edad mas abanzada ó mas desfallecidos, ya se aprocsil'uñan á los bordes del sepulcro, reposando momentos antes de vencer los ultimos escalones detenidos por la Providencia, para divulgar por la accion y por la palabra las doctrinas, que inspiraron los acontecimientos de este siglo. Cada uno de ellos contribuyo en su patria para el pleno triunfo. Estos rompiendo las cadenas que esclavizaban la conciencia y el pensamiento; aquellos asistiendo en medio de las convulsiones y de la anarquia, y á pesar de los resentimientos generalizados por sus delirios, á la disputada y laboriosa fundacion del gobierno representativo. Algunos de los mas esclarecidos, empleaban al mismo tiempo todos los poderes de la voluntad y de la inteligencia, con el noble obgeto de reconciliar el orden con la libertad á despecho de los clamores y de la vio-
27 lencia de las pasiones ; y otros mas felices, haciendo feanda la paz, lanzaban los fundamentos de la riqueza y de la prosperidad de los estados, concediendo la sancion practica á las verdades economicas, y marcando á los progresos morales y politicos, caminos menos tortuosos. En fin, otros abandonados al principio por la fortuna, se abstubieron de conbatir incesantemente, confundiendo con los numeros clamores de la prensa, á los representantes del pasado, que, suponiendo sepultadas por una victoria momentanea las novedades de la revolucion francesa, postrandose ante el sombrio panteon del absolutismo, esperaban ansiosos á que un milagro operase para ellos la resurreccion de un segundo Lazaro A tan noble generacion de corazones esforzados y dignos, resignados de ante mano para sacrificios y padecimientos, pertenecieron en España, Martinez de la Rosa y muchos hombres distinguidos por el nombre y por los actos ; en Portugal, Manuel Fernandez Thomaz, D. Francisco de S. Luis, Manuel Borges Carneiro, Luis Antonio Rebello da Silva, Almeida Garrea, Manuel Passos y otros varones eminentes, que engrandecieron la tribuna, ilustraron las letras, y reasumieron la direccion de los negocios en ocasiones arriesgadas, venciendo sin flaquear crisis de suprema angustia. Ninguno de ellos, en los dos paises, desmintió la vocacion, traicionó las banderas, ó desertó de su puesto en las horas de peligro. Alistados unas veces, segun los partidos, en determinados bandos militantes; encontrandose hoy, separandose mañana, y estrechandose luego, nosotros que los precedimos, les debemos la admiracion
puertos, por donde llegaban de la India y de la America sus naves cargadas de oro y diamantes. Eran los unimos homenages de la conquista, rendidos á las generaciones, que, semejantes á un hacendado indolente, esperaban á que las riquezas llamasen á sus puertas, sin levantarse al menos para recibirlas. Dos reyes, que no quisieron pasar ignorados, y tres ministros dignos del nombre, que legaron, Carlos m, y D. José i, el marquez de Pombal, el conde de Florida Blanca, y el conde de Aranda, tomaron sobre si la empresa de sustituir, los rasgos, elvigor, y el impulso de amplias reformas, á las espectativas ociosas de algunos de sus predecesores. Advertidos por secreto instinto, conocieron tal vez, que se acercaba el dia, en que los pueblos, mas temprano ó mas tarde, habian de despertar del profundo sueño de dos siglos, para pedir estrechas cuentas al poder absoluto, de la decadencia irremediable de los hombres y de las cosas ; de los infortunios esperimentados, en los mismos mares y regiones, testigos de su antiguo esplendor ; de las tinieblas intelectuales cerradas en pós de los destellos de la Yivisima luz del renacimiento, y, finalmente, del abandono de la agricultura, de las artes fabriles, y del comercio, paralizados despues de tanta opulencia, y de monopolios tan envidiados. El pensamiento de intentar esta revolucion pacífica, en nombre de la. suprema autoridad de los principes, rejuveneciendo el principio monarquico, por la importancia de los actos publicos, ocurrió á ambos soberanos y á sus ministros, casi aun tiempo.
55 Colocados á la vanguardia de las dos naciones, corno intérpretes y ejecutores de los progresos realizados en la Europa, progresos de que ambas estaban distantes, y que el mayor numero apenas conocia por confusa y vaga noticia, Aranda, Florida Blanca, y el marques de Pombal, no desconocieron que se lanzaban .á una peligrosa lucha. Sabian que adversario provocaban, que resistencias fundadas en la pertinacia de los abusos y en la avidez de los interesses, habían de il'encer, y que débil y mezquino ausílio les prometian las clases medias, tan laboriosas y activas anteriormente, tan inertes y llenas de credulidad pueril entonces. La obra apenas preNalecio á los obreros. Regada en Portugal con la sangre mas noble, minada desde los cimientos por algunos de los edificadores, basada en la absoluta é infalible voluntad del soberano no acudieron del pueblo á impulsarla, mas que aquellos, que la voz del ministro llamó con imperio. Tímido y desconfiado, afecto á obedecer y á abdicar la accion espontanea é individual, los definas vieron los progressos de la edificacion serenos é indiferentes, co p io si no se tratase alli de sus destinos. Para doblegar los animos opuestos á la reforma, fue necesario que el marques de Pombal, transformase los verdugos y carceleros en comentadores de la intolerancia de las leyes dictadas en nombre de la regeneracion, que él se habia propuesto introducir. La reaccion de este progreso oficial, decretado desde lo alto del trono sin el voto de los estados del reino, intimado con 3*
36 fórmulas despoticas á los subditos, cuya grande mayoria no lo comprendió, é impuesto con rigor al clero y á las clases privilejiadas, que lo detestaban, subsistía interin reinaba el soberano, y con él el ministro, que lo concibió. Tan luego como el primero cerró los ,ojos, y el segundo pasó de la corte para el retiro, los descontentos„ partidarios de los abusos proscritos, comenzaron inmediatamente á demoler por partes las construcciones, que la falta de tiempo no habia permitido al marques terminar, corno deseaba. Carlos iv, no imitó á D. Maria i en la forma porque inauguró su gobierno. Dotado de rectas intenciones y de benevola índole, realzadas por una instruccion nada vulgar, sus condiciones personales parcelan asegurar á sus vasallos un feliz reinado. El conde de Florida Blanca, confidente de los designios del rey fallecido, continuó á su lado y con él conservaron sus empleos todos los hombres eminentes, que hablan cooperado durante la administracion anterior, para el desenvolvimiento de este periodo importante, aunque de poco duradero esplendor. No menos receloso que Burke, por las novedades y osadías de la revolucion francesa, D. Francisco Moniño educado en la escuela de los defensores del derecho divino, y de la legitimidad del poder monarquico, no ocultaba, la antipatía que le causaban las teorías y maximas tomadas de la Gran Bretaña y de los libros de los enciclopedistas filosoficos, para la tribuna de la asamblea constituyente, y para los consejos de Luis XVI.
37 El conde de Aranda, encanecido en la direccion de los negocios, distinguido por su acreditada energia de caracter, y estimado de las cortes estrangeras, donde residio corno embajor, regresó de su mision de Paris mas afecto á las nuevas doctrinas, y cady-ez mas persuadido de la ventaja de estrechar, por medio y á pesar de ellas, la antigua alianza de la España con la Francia. Los sectarios de la faccion ultra-catolica y los apologistas de la Monarquia pura y de la integridad del pacto de familia, lo acusaban de innovador y poco adicto á los reyes. Ni unos, ni otros, le perdonaron nunca los golpes con que los habia herido, ‘7 la firmeza de sus resoluciones. Entre tanto, las circunstancias le favorecian, y su influjo prevalecia sobre el del conde de Florida Blanca, cada vez mas inflexible é incansable en difundir el peligro de las ideas divulgadas en la tribuna por Mirabeau, representandolas como un cartel de guerra sistematica, no tan solo contra la magestad en Francia, sino tambien contra ella en toda la Europa. Entre los dos estadistas, que esta irreconciliable disidencia separaba, comenzó ya á tornar proporciones el predominio de Manuel Godoy, despues duque de Alcudia y principe de la Paz, cuya elevacion politica, se cifraba en el valimiento grangeado por las prendas de cortesano, en la amenidad del trato, y en la ciega confianza que logró inspirar á la esposa de Carlos IV. Godoy, guiado por su intimidad con los dos soberanos, aspirando á derribar á Florida Blanca, en cuya autoridad miraba el mayor obstaculo, se acojió á la opinion del conde
S S de Aranda, y proponiendose el triunfo, contribuyó en 1792 para la caida del ministro de Carlos Pero los sucesos se sucedían tan rapidos y se repetian en Franip tan súbitas y frecuentes las peripecias de esta calamitosa epoca, que agravadas de dia para dia, la esaltacion y la temeridad del partido republicano, las treguas propuestas por el conde de Aranda y los esfuersos convocados para salvar la vida de Luis xvi, salieron completamente infructuosos. En valde D. Jose Oschriz, embajador de España, ofrecio á la convencion amenazada por una gran parte de la Europa, la paz y la Seguridad de la frontera de los Pirineos, toda vez, que se respetase la sangre y las virtudes del desdichado monarca. Su voz no fue escuchada. La prudente y natural mediacion de un rey, pariente proximo, y aliado de la casa real de Francia, no merecio la menor deferencia. Luis xvi subió al patibulo. La noticia del atentado, el horror que Causó en un. reino relijioso y monarquico, los clamores de los emigrados franceses, y las sugestiones de la diplomacia britanica, se unieron contra el ministerio del conde de Aranda, y lo precipitaron, imputandole la complicidad moral de este grande infortunio. Retirandose lleno de aprensiones por la suerte del pais, túbo el disgusto de verlas pronto realizadas. D. Manuel Godoy le sustituyó en el gobierno. El duque de Alcudia declaró la guerra á la Francia, sustentandola con fortuna incierta. A las ventajas obtenidas por el general Ricardos, siguieron las derro-
5'9 tas, que en el año immedialo, despues de una sangrienta batalla, llevaron las armas triunfantes de la republica, por un lado á San Sebastian y Fuenterrabia, por otro á Figueras y al Ampuydan. Estos contratiempos previstos por el conde de Aranda, daban tanta razon á su voto menospreciado, cuanta robaron á los imprudentes planes de su sucesor. Una escena violenta entre los dos, proporcionó á Godoy el pretesto plausible, que ansiaba, para verse libre de la presencia de un émulo. Aranda incurrió en el desagrado real y sufrió el destierro. La persuasion de los sabios consejos que esponja, sobrevivió á la ruina de su influencia. El duque de Alcudia poco despues firmó la paz en 179'3 ; y el tratado de alianza ofensiva y defensiva, celebrado en agosto de 1796 entre la España y la republica, tan fecundo en desa s tres para la monarquia de Carlos iv, puso termino á las evoluciones de una politica tan liviana y precipitada en la hostilidad, como facil en el imprudente sacrificio, á que se consagró, despues de restablecidas las relaciones amigables entre los dos reinos. Prefiriendo á la neutralidad inculcada por sus intereses y por la posicion topografica, un papel arriesgado y sin compensacion posible, se aventuró á participar de la buena ó mala suerte de una potencia, á quien la mayor parte de la Europa combatía corno enemiga. El consulado y el imperio, no interrumpieron, hasta 1806 la alianza convenida entre Carlos iv y el directorio. Napoleon, sin embargo, habla decidido espulsar los
40 Borbolles de todos los tronos; y su amistad, pesada y exigente, se hacia cada vez mas intolerante al gabinete español. Godoy, menos oscuro, de lo que sus detractores suponian, mas incapaz de soportar el peso de la nionarquia decadente, é inferior en fuerzas á la gravisima responsabilidad de aquella coyuntura ;. Godoy, aborrecido y acusado por nacionales y estrangeros, pasaba á los ojos de Bonaparte corno indócil y poco sumiso, habiendo repudiado con dignidad la tutela, que aquel le pretendia imponer ; y á los ojos del principe de Asturias, del clero, y de los españoles celosos de la independencia de la corona y de la nacion, justificaba el odio y las repugnancias de los que reprendian en él, al valido de un rey engañado y confidente de una reina, que anteponia el hombre al ministro, y lo miraban como autor de las desgracias y de la declinacion visible de la monarquía. Un acto de osadia, el armamento decretado por el principe de la Paz en 1806, estimuló la desconfianza de Napoleon, y le proporcionó el motivo, que deseaba, para lanzar del todo la mano» sobre las cosas de la peninsula. Vencedor en lena, recogiendose á la capital, interrogó al gabinete de Madrid con altivez, lanzole al rostro la premeditacion de una perfidia, y afectando aplacarse, dió treguas habilmente á las concesiones, que habia decidido arrancarle. En pos de la invasion de Portugal confiada al general Junot, poco se detubo la invasion disfrazada de toda la peninsula. Carlos ' y , habia firmado el tratado, que abrió las fronteras á cuarenta mil franceses, y en-
Al garlado, no acababa de conocer despues de este acto, que habla firmado su indispensable abdicacion. Los enredos de la pequeña corte, ó mas bien núcleo de descontentos y de conspiradores, que rodeaban al principe de Asturias, mas tarde Fernando vil ; la mala voluntad de todas las clases sin escepcion contra el privado , la pobreza del estado, la miseria de los subditos y el presentimiento de una grande catastrofe, predisponian los pueblos para aplaudir toda novedad, que los convocase con una esperanza. Las disensiones, que se declararon en palacio entre los reyes, Godoy, y el principe de Asturias ; las mutuas acusaciones de unos y otros, y la indiscreta revelacion de los recíprocos agravios hecha al emperador de los franceses, llamado por los miembros de la familia real como arbitro para sentenciar su causa, decidieron la caída del ministro en medio de tumultos y violencias, la forzada abdicacion de Carlos y la salida de Fernando vil . para Bayona, seguido de cerca por sus padres. Los funestos resultados de este conflicto son conocidos. Napoleon, viendo á sus piés la diadema Borbonica de la España, no se la devolvió á Fernando vii ni á Carlos iv ; la colocó sobre la frente de su hermano José Bonaparte, y le mandó reinar entre bayonetas, en el glorioso solio de Isabel la catolica. Carlos y Fernando se resignaron, obedeciendo al po-
42 deroso emperador ; pero la España inflamada de repentino entusiasmo, protestó contra la dominacion estrada, y Madrid rebelandose indignada, dió la señal á toda la monarchia. Murat sufocó con las armas la sublevacion, pero ni la victoria, ni el terror de las ejecuciones marciales consolida ron para el imperio la nueva conquista. La sangre vertida en la capital el dia dos de mayo se hizo prolifica. La nacion invocando la venganza de los martires de la patria, contestó á las descargas de los cañones y (le los fusiles, con aquel valor indomable que el triunfo exalta y que las adversidades no desalientan. La indignacion hizo soldados todos los habitantes de la peninsula. En un momento de orgullo, - inspirado por la sobervia del poder ilimitado, Luiz mv, viendo la España gobernada por su nieto Felipe v, esclamó : « acabaron los Pirineos. » Obcecado por la omnipotencia de la victoria y tocando á la inmensa altura á que su genio se remontaba, del mismo deslumbramiento, que hacia vacilar los Cesares en las despeñadas eminencias del trono, Napoleon, á semejanza del grande rey, dijo tambien : la revolucion soy yo : los Pirineos ya no ecsisten » Dios y el pueblo español decidieron lo contrario. El aguila, que posando sobre las naciones, nunca habia contenido el vuelo, sino para hacer garra sobre coronas y territorios, y repartir los despojos aniquilados (le las naciones entre los generales de que se compo-
43 nia la corte del vencedor, el aguila moderna, conteniendo el vuelo sobre las ásperas y nevadas cumbres de la Espacia y Portugal, blanco de certeras punterias, se recojió herida y ahuyentada á su nido ; pero cubriendo siempre con la sombra de sus grandes alas, la retirada de esos numerosos escuadrones, que el suelo de la península, absorvia como un vasto cementerio. La desesperacion , el odio al yugo estraño , y el amor por la libertad resucitaron el antigo espiritu de la Iberia. Volvieron de nuevo los dias de Viriato y Sertorio, y cada recodo; cada ivalsa, cada tronco de arbol, ocultó un enemigo. La tierra, desaparecía bajo las plantas de los veteranos de la Italia y del Egipto ; y la gloriosa espada de los mariscales del imperio saltaba como vidrio contra los peñascos de un territorio, que, cubierto de cadaveres y abrasado por el fuego de las armas y de los incendios, repelía de si los huesos de los estrangeros, negandoles la paz hasta despues de la muerte. Para combatir la opresion, los viejos renacian vigoros como jovenes, de los hielos de la edad ; los niños se figuraban hombres robustecidos por el patriotismo. Por uno que sucumbía se alzaban mas cien. Eran las terribles mieses de Cadino. Rozando por el suelo el acero levantaba lejiones de héroes. Cuando el aguila, retrocediendo de precipicio en precipicio se avecindó finalmente en las ultimas montañas ; cuando herida y desfallecida, pero reina hasta la caida desapareció por un instante para surgir de nuevo ; cuando cautiva despues de la ultima lucha, ella atravesó por medio del humo y de las siniestras lumbres
50 para ropón de muerte de la España, los muros derruidos, y las torres arrasadas de las plazas y ciudades, á la injuriosa clemencia, que les asegurase el perdón del vencedor, en cambio del orgulloso dominio de sus águilas. Esta admirable conformidad de las ideas con los actos, forma una de las facciones características de la Península en las ocasiones, en que sus habitantes, desnudando la espada, tiran la vaina lejos. Los hombres, de que hoy tanto se vanagloria y que mas la hicieron sobresalir en todas las ocasiones, unieron la actividad constante á la actividad fecunda de la inteligencia, celebrando repetidas veces, como poetas y prosadores lo que ayudaban á realizar como soldados y estadistas. Muchos escritores, y de los mas aplaudidos, tanto en la España, corno en Portugal, realzaron por el esplendor de las proezas y por la ilusiracion grangeada en la dificil carrera que recorrieron, los esplendores intelectuales que han iluminado los últimos siglos, y de que se precian haber sido gloriosos intérpretes. Ercilla, joven y caballero, atravesaba el océano, y desnudando el guante de malla para preludiar la lira, fundía al sol ardiente de los trópicos, bajo su tienda de campaña, los versos heróicos de su Araucana. Garcilaso de la Vega, el tierno y delicado émulo de Virgibo, en los cántos bucólicos, soldado incansable, siguió el astro brillante de Carlos desde Túnez hasta Vienna, por Italia, en toda parte, reposando de las fa-
51 Ligas marciales en brazos de las musas ; y cuando la muerte le sorprendió cogiendole en un asalto, sin embargo, habia tenido ya tiempo para crear la égloga española. Luis de Cam5es, mutilado como Cervantes por el alfange ó por los morteros del moro, describiendo los mares y las borrascas, y haciendo sonar por el mundo en la tuba épica la voz de la patria, en el transborde de una y otra espedicion, apenas recogido del naufragio y con el pecho cubierto de acero, y el arma al lado, en esas octavas inmortales que compuso, ligaba para siempre su nombre á Portugal. Lope de Vega sirvió - como soldado, en la armada del marqués de Santa Cruz. Hurtado de Mendoza fué mas engrandecido en su tiempo, como negociador y capitan, que admirado por las graciosas invenciones de su Lazarillo (le Tormes, ó por las elegantes páginas de su Historia (le las guerras de Granada. Este destino singular, segun observa con justo motivo un crítico contemporáneo, se verificó con análoga significacion, no solo en el duelo empeñado entre la Península y la Francia en 1808, sino tambien en las contiendas civiles que despues de 1820 ensangrentaron por tantas ocasiones el suelo de la España y Portugal. En España, citaremos un nombre distinguido entre otros muchos, el duque de Rivas, que fué recogido moribundo en el monton de cadáveres acinados en los campos de Ocaña, despues de una batalla funesta para ambos egércitos, porque en ella se hizo traicion á la in-
52 trepiden de la resistencia, tanto que no llegó á reanimar las pretensiones del vencedor. Dotados de una índole enérgica y ardiente, debida no tan solo al clima, como tambien al fervor de los brios nacionales, nosotros los peninsulares, igualmente aptos para la meditacion de los libros, y para la vida tumultuosa en la asonada guerrera, pasamos de esta para aquella, sin sobresalto, ni espanto, casi por una transicion natural é insensible. Mas sóbrios en la accion, mas prudentes y recogidos, incapaces de desempeñar en las mismas escenas papeles tan opuestos, la imaginacion el ingenio de los escritores estrangeros, raras veces pretende traspasar los pacíficos umbrales del gabinete, para ir á buscar en la realidad de los combates y de las aventuras marítimas, ó en las agitaciones apasionadas del movimiento y de la vida, el asunto, inspiracion y galas, para sus obras. En el siglo pasado y en el actual, entre la generacion, que precedió á la nuestra, haciendo frente á todo el po. .7 der de Bonaparte y con las proscripciones de la vieja monarquia espirante, los ejemplos de esta doble vocaclon, son frecuentes tanto en un pais como en el otro. El sr. duque de Rivas ha tenido muchos compañeros. Alcalá Galiano, el conde de Toreno, Ystúriz, y el mayor número de los hombres notables que figuraron y aun figuran hoy dia, no tan solo fueron los oradores y los publicistas, como tambien los soldados y los historiadores de las propias ideas. En Portugal, para indicar únicamente dos nombres, Garrett, el restaurador de nuestro teatro y de la poesia nacional, Herculano, el creador de la
53 novela histórica, y el severo fundador de la história pátria, pelearon ambos, bajo las banderas del emperador D. Pedro, señalando con el brazo y con la pluma al mismo tiempo, la lealtad de los principios y la firmeza de las creencias. Martinez de la -Rosa, por sus circunstancias y por su vocacion política y literaria, pertenecia á esta raza de hombres enérgicos, que por desgracia, van estinguiéndose de dia para dia á proporcion que la muerte opera en sus rareadas hileras. Nombrado comisario de la junta de Granada con el fin de obtener del comandante de la plaza de Gibraltar, los ausilios necesarios para la sustentacion de la guerra, se desprendió de los brazos de la familia, y uniendo á sus actos la imperiosa necesidad que aconsejaba al gobierno ingles á aceptarlos, tubo la satisfaccion de coronar con éxito sus buenos deseos. Casi al mismo tiempo, el conde de Toreno, egercia igual mision cerca del gabinete de Londres, en nombre de la junta de Asturias. Los sucesos caminaban rápidos. La invasion, que amenazaba la provincia de Granada, retrocedió despues de derrotadas por Castaños en Bailen las tropas del general Duponte. La victoria, poco despues, intimidó á los franceses obligandoles á desalojar Madrid, y á retirarse para las márgenes del Ebro ; y la junta central de Aranjuez, compuesta de diputados de todas las provincias sublevadas, se constituyó como representante de la autoridad de Fernando vii, detenido en Valencey. Pero este triunfo inaugural, fué poco duradero. Las legiones imperiales, reforzadas, á fines de 1808, toma-
54 ron de nuevo la ofensiva, y derrotando los españoles, en Burgos y en Somosierra, repelidos los ingleses hasta laCoruña, entraron por segunda vez en la capital, dando la guardia al rey José Bonaparte. La junta central se refugió en Sevilla, y allí se conservó por todo el año de 1809. Vencedor en Wagram, y despreocupado de la oposicion del Austria, Bonaparte, decidió poner término á la lucha de la Península por medio de un esfuerzo supremo ; y al frente de sus veteranos vino en persona á colocar sobre la cabeza de su hermano, la corona usurpada á la dinastía Borbónica. La fortuna no le negó en este acontecimiento las frecuentes sonrisas. Su presencia aseguró en todas partes el predominio de las armas francesas. La España fue toda ocupada, y la junta central al estruendo de las murallas que unas en pos de otras se desplomaban con los golpes del conquistador, solo en medio de las aguas, encontró abrigo en la isla de Leon. Poco antes, D. Francisco illartinez de la Rosa, y con él muchos ciudadanos inmutables en la aversion al poder imperial, abandonaron Granada, buscando en la risueña capital de Cadiz, bañada por el océano, el asilo, que su pátria y las otras ciudades sometidas, ya no podian ofrecerles. • Cediendo á los clamores de la España, y á las instancias de todas las provincias, la junta central decretó por ultimo la convocacion de las cortes ; pero como hablan de elegirse los diputados en medio del estrépito de la guerra, entre cañones, bayonetas, y las llamas de los incendios que iluminaban por todas partes los tristes episodios de una lucha heróica ?
55 El decreto de 17 de junio determinaba la capacidad requerida para ser elector ó elegible ; pero el, obstáculo principal consistia en la demostrada imposibilidad de su ejecucion. La mayor pare de la España, gemía opresa bajo la espada del enemigo colocada de punta sobre todos los pechos ; Cadiz únicamente y algunos pueblos de Galicia exentos del yugo, se hallaban en circunstancias de manifestar libremente su voto á la luz del sol. La suprema ley de salvacion derogó todas las otras. Las formalidades fueron suprimidas y los habitantes, que se preciaban de mas valor en la adhesion patriótica, reuniendose furtivamente en parages apartados, nombraron sus representantes, tan legítimos y tan honrados por esta eleccion, como si la confianza de los pueblos les hubiese sido delegada en los comicios ruidosos, en que la voluntad nacional, tantas veces puede ser engaitada. Por mas activa que fuese en algunas ciudades la vigilancia de los invasores, perinitia que todas ellas sin vacilar, ante el simulácro mismo de la eleccion, nombrasen procuradores en el congreso aquellos de sus hijos, que á esa hora se hallasen en Cadiz á cubierto do los furores de las autoridades francesas. La asamblea funcionaba con una sola cámara. Ni la estrechez y apuro de los tiempos, ni los ejemplos de la famosa época de 1789, permitian otra cosa. La primera sesion se celebró en Cadiz á Vi de setiembre de 1810. Los escaños, desiertos del mayor número de diputados, espresaban en su tristeza silenciosa mas de lo que podian decir las fogosas declamaciones de un patriotismo elocuente. Los enemigos, ocupaban todos los caminos que los representantes habian de atravesar hasta
56 el recinto de sus estados. Qué importa ? El arrojo sublime de este acto, pasmó á la Europa, exaltando el carácter del pueblo, que así se atrevia á encerrar entre débiles murallas y sobre un banco de arena batido por los mares, símbolos vivos de su libertad y autonomía, intentando superior al infortunio, la arriesgada empresa de restaurar y constituir la pátria en el momento, en que la esperanza misma, parecia despedirse de sus últimos defensores. Mas tarde, en aquel campo que solo los anos y la esperiencia hablan de hacer fecundo, brotaron con las primeras flores algunos frutos venenosos. La discordia separó temprano los corazones, que el peligro comum unía entonces. El ódio al dominio estraño enlazó las manos, que no tardaron en desviarse para ser enemigas. Pero en esos Bias memorables, las disidencias y las antipatias que despees se transformaron en hostilidades inmutables y en esfervescencias de luchas civiles, no sabias modular sino las frases, que les repetia la voz del mas vehemente entusiasmo. En la fisonomia del congreso, el característico predominante era únicamente el amor de la tierra natal, y del trono legítimo; la impaciencia contra la ocupacion estrangera, y el ardiente deseo de saludar con la libertad, la aurora de una apetecida regeneracion. La constitucion de Cadiz, planta exótica animada al calor de sentimientos, poco ó nada conformes con la índole, ideas, y costumbres de la inmensa mayoria del pais; la constitucion de 1812, que fué mas una bandera y una armadura en este periodo de exalta'cion, que no una obra prudente y blanda, de la sabiduria de la nacion, nació del ajitado seno de las
57 cortes, y surgiendo de una cuna ensangrentada, sí demostró los primeros preceptos constitucionales, derramó tambien con mano infeliz, sobre este suelo aun cubierto de sangre y oscurecido por el humo de las batallas, los gérmenes de los largos y dolorosos conflictos, que por tantos años agravaron la enfermedad crónica de que adolecia la España. Martinez de la Rosa no podía aun tomar asiento en el congreso. Se oponian la ley y sus pocos años, al mandato que sus conciudadanos tanto deseaban conferirle. Queriendo aprovechar el tiempo, se enbarcó para Inglaterra. Cambió de buen grado, la ociosidad de Cadiz, por el estudio de las instituciones, de la lengua, y de los primores literarios de un pais, que hacia mucho tiempo deseaba conocer y observar de cerca. En esa hora, ya los lazos de la íntima amistad le unian á muchos diputados importantes, animados tambien del mismo ardor liberal y juvenil, y no menos elevados en la ilusion disculpable de teorías arriesgadas, cuya exageracion, las meditaciones del destierro y la experiencia práctica de la accion gubernativa, hablan de corregir y modificar mas tarde. Data de esa . hora, siempre recordada por él con grata memoria, su familiaridad con Argüelles, apellidado El divino, por el arrojo y forma que daba como tribuno á sus declamaciones patrióticas, y con D. José Quintana, ya famoso por sus inspirados cántos líricos contra la usurpacion estrangera. El poeta granadino tambien era ya conocido de las musas en esa época. En 1809 hacia compuesto su canto épico sobre la heróica defensa de Zaragoza, asistiendo
58 al concurso propuesto por la junta central ; y si la corona de laurel ofrecida entonces -no le ornó la frente, la culpa fué de los acontecimientos y no de los jueces, porque la opinion de todos, era unánime á su respecto, y el premio no porfia dejar de corresponderle. El pequeño poema que tituló Zaragoza, fué publicado por él en Londres el año de 1811, y no se limitaron únicamente á tan leve esfuerzo sus trabajos intelectuales durante las cortas vacaciones en que respiró de las fatigas políticas lejos de la patria. Colaboró con aplauso en el periódico denominado El español, que dirijia á la sazon en la corte británica Blanco White, mereciendo sobre todo el mayor elogio de los críticos desapasionados, sus artículos dedicados á describir la sublevacion reciente de la Península. Algunas, poesías sueltas, y entre ellas la suave y melancólica elegía Recuerdos (le la patria, le fué inspirada por la llorada ausencia del abrigo paterno, y del hermoso cielo, que entre las nieblas de la Inglaterra, no cesaba de llamar con la voz del corazon y contemplar con los ojos del alma. Pero la suerte de la España aparecia de momento en momento mas dudosa. La espada de Napoleon, lanzada como la de Brenn, en la balanza, la inclinaba cada vez mas para el lado de los invasores. Las águilas se enseñoreaban altivas en las torres y almenas de las mas antiguas ciudades ; y la propia villa de Cadiz, último asilo de la independencia espirante, se agitaba casi sofocada en el estrecho sitio, en que, la cercaban las ármas francesas. Martinez de la Rosa, apelar de todo, no vaciló un momento, y partiendo de Londres, vino á reunirse con sus compatriotas en aquel último baluarte
59 de la libertad española, decidido á sepultarse con ellos, bajo sus ruinas, y á participar de la buena, ó mala fortuna que Dios quisiese repartir entre todos. Su tragedia La viuda de Padilla, asunto patriótico é inflamado, proprio de la ocasion, y escrito en el estilo correcto de Alfieri, subió á la escena en 1812, representandose sobre un tablado escénico que se improvisó en una barraca de madera, porque las bombas del ejército sitiador, cortando el aire, estallaban á cada instante sobre los techos del antiguo teatro. Fué, pues, en medio del estruendo de las baterias, y á la roja claridad producida por la esplosion de los proyectiles del enemigo, que la musa trágica, unió las lágrimas de un infortunio histórico y de la memoria de un grande sacrificio, á los gemidos y al dolor casi inconsolable de las desgracias de aquellos tiempos. El tipo heroico de la esposa varonil del jefe de los comuneros, apareciendo á los espectadores como', idos en toda la austeridad de sus lineamientos, como la imágen de la propia España, les recordó que tambien ella estaba cargada de luto por tantos hijos, y que á semejanza de la muger fuerte del siglo xvi, tambien sabia enjugar los ojos con la propia mano con que empuñaba la espada. La comedia, Lo que puede un empleo, puesta igualmente en escena durante el sitio, no fué menos festejada entonces como ensayo satírico y crítico de la política y de las costumbres. Al mismo tiempo, no levantaba mano de otros asuntos mas -raves, desempeñando con celo las funciones de secretario de la comision de libertad de imp ► enta. Las cortes constituyentes terminaron sus trabajos despees de
(36 pisar aquel peñasco, teatro de su lenta pasion, conoció que la venganza no habia omitido ninguna de las severidades que suele inventar para hacer mas doloroso el martirio del cautiverio. El gobernador del presidio recibió orden para prohibirle que escribiese á sus parientes y que aceptase las cartas de ellos, añadiendo la intimacion de que á la menor tentativa de evasion seria castigado con el ultimo suplicio. Pretendian inculcarle, que rotos los vínculos que lo prendian á la tierra natal por la sangre y por el nacimiento, debia reputarse como un confiscado sin nombre, sin memoria , , y sin ascendencia ! Confiaban tal vez que el clima y la angustia serian sus ejecutores, y aquella sombria piedra combatida por aguas y vientos, la ignorada timba del proscripto. El odio y la intolerancia, cuando el fanatismo los inspira, se muestran siempre implacables, asi es, que no nos admirarla observar tan cruel esperanza abrigada por los enemigos de Martinez de la Rosa. Todos los tormentos parecian pocos, al intento de enmudecerle la vóz elocuente é inutilizar la pluma, que por los ejemplos dados, y con las señales de los grilletes en los pies, conocian y pronosticaban que nunca habia de hacer traicion á la libertad. Este era el crimen que le lanzaban al rostro, y Dios dotándole de las elevadas facultades que hacen de los grandes ingenios los profetas y los guías de los pueblos, lo habia puesto de blanco á las iras de los defensores del pasado, como una de las fuerzas intelectuales del siglo, que debian quebrar ó suprimir, costase lo que costase.
Los Bias se deslizan lentos y melancólicos para los que gimen lejos de la patria las tristezas de la emigracion ; para los que sufren las amarguras de la ausencia dentro de las sombrias paredes de un calabozo ó de un presidio, los gratos recuerdos de la libertad, el peso de las cadénas, y la impaciencia del cautiverio, agravan y multiplican los padecimientos. En esta dolorosa posicion, para no sucumbir el espiritu, y no sofocarse el alma envuelta en las tinieblas de una desesperacion irremediable, es necesario tener grande serenidad de ánimo y mucha fuerza de resignacion. Martinez de la Rosa, bijo las modestas y risueñas esterioridades de su aspecto, guardaba 5*
68 voluntad y esfuerzo raro, que nunca la adversidad consigió debilitar. Oponiendo siempre una constancia inmutable á los infortunios, respondió con la placidez de la inocencia á las persecuciones, y convirtió aquella triste soledad en cotidiana leccion para sí, y en ejemplo de conformidad cristiana para los denlas. El gobernador y los oficiales se esmeraron en aliviar, en todo lo que de ellos dependia, la severidad del injusto castigo. Urbanos y afables, no concurrieron poco para minorar al poeta los sinsabores de la prision. Un criado de Martinez de la Rosa se halló por casualidad en el Peñon, cuando entraba el amo, y no fueron necesarias suplicas para que se le destinase á su servicio. Seguros de que el escritor era incapaz de faltar á sus promesas, intentando evadirse, le concedieron sin dificultad la distraccion de ensayar y representar con los militares de la guarnicion, algunas comedias que subieron entonces á la escena. Una de ellas, en que mas se esmeraron los actores aficionados, fué la pieza de Moratin titulada El café. Singular coincidencia, que provocaba la hilaridad picante de la Talia española, sobre la monotona y sombría existencia de reos sin culpa, de hombres que espiaban como delito indigno de perdón su fidelidad al trono, y su lealtad á los principios, que mas tarde, habian de fijar la corona en la augusta frente de la heredera de Fernando vit. Al mismo tiempo Martinez de la Rosa buscaba confortacion en el suave trato de las musas, sus compañeras inseparables desde los primeros años, tanto en los infortunios como en las prosperidades. En el silencio de
09 aquel destierro, lejos del comercio de los hombres, meditó y compuso, la imitacion de Horacio y de Boileau, y los seis cantos de su Arte Poet'ica, enriquecida con instructivas notas, prueba evidente de juicio critico profundo, de gusto literario esmerado, y de una erudicion, que mal se compadecia de sus años, y que por lo mismo revelaba los estensos y dificiles estudios á que dedicó su juventud. Pertenece igualmente á este periodo la bella traduccion de la Epístola de Horacio á los Pisones, en la que supo ostentar primorosamente todas las galas del idioma castellano, realzadas con trazos tan adecuados, que és lícito vacilar á cual de los dos cabe en esta lucha mayor elojio, si al romano, escribiendo solazado en sus tranquilos ócios, ó si al autor español, aprisionado, consiguiendo en su triste vida íntima el secreto de reproducir con toda la belleza y relieve, el esmalte de los metros latinos. La esposicion, y los apendices sobre la poesía española, épica y didáctica, y sobre la tragedia y la comedia, que acompañan á la version, prueban claramente, que la predileccion por los clasicos no le cegó nunca ; y que, apreciandolos como inimitables modelos, que los siglos, lejos de lanzar en el olvido los reproducen con nuevo brillo, no los anteponia á los grandes poetas y prosadores, de que su patria con fundada ufania se glorifica en tantas provincias del saber y de la invencion poetica. Los sucesos politicos, de los cuales apenas un eco impercectible podia llegar á los oídos de los desterrados en Velez de la Goméra, progresaban con felicidad, y sin tener noticia de ello los proscriptos, ni esperarla, estaba proxima la hora de que fuesen restituidos á la libertad.
70 En los seis años transcurridos desde 1814. á 1820, el gobierno absoluto con la intolerancia y los errores, que desconceptuaron su administracion, cambió en reprovacion y transformó en descontento general, el ardiente entusiasmo y los transportes de júvilo con que los pueblos habian aclamado al rey, cuando regresaba libre del yúgo estrangero para la tierra de sus mayores. Algunas tentativas de rebelion malogradas y castigadas con inexorable rigór, y que inculcaban las nuevas tendencias de los animos, habian servido unicamente para distinguir los nombres de Porlier, Láci, y Vidal, inmolados en el patíbulo, como -s. ictimas de anticipado esfuerzo. Todo declinaba. El comercio paralizado, la industrio sin estímulos, y el credito arruinado, acusaban la incapacidad de los ministros, y los defectos (le un sistema que en el terror y en la opresion, imajinaba encontrar armas para defenderse de las idéas que adelantaban á todas horas sus conquistas. La revolucion inevitable y eminente, parecia proxima. Muchos la deseaban, y de los que la temian ninguno contaba con un brazo fuerte para sostenerla, ni el ingenio bastante es- - clarecido para cortarle el paso saliendole al encuentro. Disgustoso el ejercito, se ofrecia á quien quisiese dirijirlo, proporcionando la fuerza deseada para la apetecida mudanza ; y el gobierno lleno de sospechas, y poco hábil, había imajinado que el mejor modo de combatir el peligro, era desterrando á los capitanes y soldados, y concibiendo contra la independencia de las colonias americanas, el proyecto de una segunda espedicion, apesar de los desastres esperimentados por Murillo. Las fuerzas militares empezaban á reunirse en la
71 provincia de Andalucia para embarcar en Cadiz á las ordenes del general D. Enrique O'donell, y la conjuracion tramada por algunos oficiales superiores progresaba á la sombra del secreto, cuando traicionada por una imprudencia estribo á punto de fracasar por si sola. La increible nulidad y falta de enerjía en el poder, combatido y receloso, fue la salvacion de los conspiradores, y el auxilio indirecto de sus designios. D. Rafael del Riego, como mas arrojado, se decidió á enarbolar el estandarte liberal, y el dia 1.° de enero de 1820 al frente del batallon de Asturias, proclamó en la isla de Leon la constitucion de 1812. Su vóz fué escuchada. Se le asociaron otros cuerpos ; respondieronle algunas ciudades y villas, tan exaltadas en el ardor por la libertad, cuanto habian permanecido indiferentes en otras épocas, y la corte, suspensa, incierta, y desamparada, no encontraba un general capaz de ponerse á la cabeza de las tropas llamadas en su auxilio. Finalmente, estalló la sublevacion en el seno de la capital y Madrid aplaudió los esfuerzos de Cadiz. El rey D. Fernando vi', retraido por la necesidad, inclinó la cabeza ante la voluntad nacional, y juró el código, que en 1814 habla repudiado como una ofensa á los derechos inmutalAs de la soberania. Las puertas de las cárceles y de los presidios se abrieron entonces á los que habian espiado corno delito las opiniones que el príncipe, tan áspero en condenar, mandaba otra vez que se las apellidase con la virtud y la lealtad. Al fin de cuatro años (desde principios de 1816 hasta marzo de 1820) Martínez de la Rosa, estenuado por el ardoroso clima del Africa, lejos de los
72 suyos y de todos, enfermo y casi ciego, vió un dia con admiracion aproximarse á la playa un buque español, y salir de él con la noticia de los acontecimientos recientes, el mensagero que le llevaba la buena nueva de hallarse en libertad, invitandole para volver al bello clima de Andalucia, y para el florído seno de su provincia natal, á fin de mitigar las penosas memorias de tantos sufrimientos, y cicatrizar las heridas aun recientes de tantas injusticias. Un real decreto rompia las cadenas y abria las prisiones á todos los diputados. Poco despues, alborozado con la instantánea mudanza, pisaba el suelo pátrio, volvia á la casa paterna, festejado con arcos de triunfo, coronas y flores, y saludado por las aclamaciones de los compatriotas que deseaban compensarle con los estremos de la amistad, el martirio de que habia sido rescatado. Carecia de reposo ; precisaba 'restablecer la salud quebrantada por las inquietudes y dolorosos efectos de su larga reclusion. Esperimentaba cierta repugnancia en cambiar tan temprano por la tumultuosa ansiedad de las luchas politicas, los dias venturosos que le proporcionaban la ternura de los parientes y el amor de sus correlijionarios. No vió por tanto á Madrid, sino cuando el sufrajio de la provincia de Granada, elijiendolo diputado, le impuso la obligacion de residir en la corte. Lo mucho que habia padecido, lejos de enardecerle el caracter modificó en él, mas temprano, la exaltacion de las ideas que aun la edad porfia favorecer. Su fé política no se habia debilitado ; sus creencias en la verdad de las opiniones eran vehementes pero la desgracia, antecipandole la
73 esperiencia, le marcaba con mayor certeza los principios, que en esta época de transicion amenazaban con la caída por segunda véz y mas funestamente, las instituciones constitucionales. Su admiracion por el código ultraliberal de 1812 se habia modificado bastante. Miraba entonces en él mas bien un resumen de preceptos vágos y teóricos, que no una ley fundamental, basada en las necesidades publicas, é inspirada por el profundo conocimiento de la índole y de las costumbres del pais. Esta madurez precóz, fruto de la reflexion avivada por los desengaños, no se comunicó infelizmente al mayor numero de sus compañeros en las cortes. Pisando otra vez la escena política, algunos de ellos por apasionados, ó por menos dispuestos á capitular con las circunstancias, dieron rienda suelta al resentimiento, y se fijaron mas en odiar á los perseguidores que en ser prudentes. La corona merecia al mayor numero, poca ó ninguna confianza. No ignoraban, que solo bajo la coaccion habia consentido en dotar á la España con las garantías secuestradas por Fernando vi' en su primer dia de reinado. Aceptaban, pues, el trono como necesidad, y la púrpura, corno enseña, pero querian que el gobierno no saliese nunca de manos seguras. Martínez de la Rosa se separó de los que así formaban tan mal juicio del estado de las cosas y de las tendencias de la Europa. Deseaba conciliar el sistema representativo con el orden y con las reglas de una energica y vigilante administracion. Pedia para las funciones de los poderes públicos, mayor fuerza de influencia y de autoridad ; y lejos de contemporisar con los clamores y
.74 tendencias de la plaza pública y de los corrillos, los rechazaba como atentadores contra la libertad, y fáciles de transformar en pretestos de segunda restauracion absolutista. Durante las sesiones de la lejislatura de 1820 á 1821, sustentó esta dificil posicion con el convencimiento de quien la reputaba como única tabla de salvacion para las tempestades que asomaban ya en el horizonte. Negando la atencion á las advertencias de los mas celosos, opuesto á la licencia revolucionaria, indiferente á las inprecaciones de los partidos, cuyo delirio condenaba en la tribuna, dejó pasar triunfantes en brazos de las túrbas á los geles, que ellas aclamaban hoy y arrastrarian mañana, respondiendo friamente á las intimaciones de los exaltados, que defendiendo el poder defendian al mismo tiempo la libertad. Las facciones no le perdonaron la temeridad de contrariar abiertamente sus designios. Olvidaron luego, segun acostumbran , las pruebas de fidelidad dadas en horas supremas, los servicios prestados, y los padecimientos, que lo ennoblecian. Desde el momento en que no las acompañaba, todas unanimemente denunciaban á Martinez de la Rosa como indeciso y contemporizador ; todas lo inculcaban como sospechoso en la fé politica, degradada por los abusos y violencias de tan ciegos apologistas ;y suspendiendo sobre la cabeza del poeta la espada de los dos filos de la calumnia y de la desconfianza, lo acusaron de meditar la reforma del código, que algunos mas exagerados aun juzgaban tímido en muchas prescripciones, y menos liberal, de lo que, á su vér, exigian las melindrosas circunstancias que la España atravesaba.
75 La intolerancia de las parcialidades nunca mide la agresion, ni gradúa los golpes.' Desde que Martinez de la Rosa, y el conde de Toreno, eran un obstaculo invencible contra sus planes, los hirieron sin dolor y no evitaron á ninguno de ellos hasta á los mismos diputados, que los seguian, todo genero de afrentas, insinuaciones, y vituperios.. Entre estas dos facciones irreconciliables, la opinion moderada fué obligada á defender las instituciones contra ambas.- Con una mano, comprimió la subterránea hostilidad de los cortesanos, secretamente protegidos por el rey, y con la otra contribo el golpe, y el ímpetu de las pasiones vehementes de aquellos que en Madrid se vanagloriaban de la signficativa denominador' de descamisados. La falsa popularidad, voluble y caprichosa como siempre, cada dia se separaba mas de los hombres, que adversarios implacables no vacilaban en denunciarle como enemigos declarados de la libertad. Las facciones, eninudecian la razon con el terror de sus voces e ...Los clubs, organizados publicamente en todo el reino, entre furores é imprecaciones, amenazaban infamar las calles de Madrid con saturnales semejantes á las del año de 1793 en Francia. El poder legal, debil y combatido, conoda que de un momento para otro le minaban cada vez mas el terreno que le servia de base vacilante ; y el desdichado Riego, entonces patriota aplaudido por la plebe, intentava vanamente levantar su dictadura efímera entre lo ejecutivo y las cortes, mientras que la corona rodaba vilipendiada casi como baldon á los pies de los facciosos. No se retardaron las venganzas y los crimenes, para recargar con tintas mas sombrias el cuadro. El pu-
82 sobrevive todavia? La libertad que todos ellosamaron, pero que sirvieron de diferente modo. El resto pasó como polvoreda ; y ahora apenas alguna que otra inscripcion, abierta apresuradamente por obreros impacientes, espera á que la historia revele mas tarde el sentido completo de los acontecimentos. La voluntaria dimision de Martinez de la Rosa no calmó el odio de sus enemigos. Abusando de las ventajas que le ofrecia la loca osadia del bando realista, quisieron señalar su triúnio con estrepitosa venganza, intentando una acusacion contra él y contra sus compaDeros, y proponiendo que fuesen juzgados y sentenciados en un consejo de guerra como desertores y asesinos. La iniquidad absurda de semejante proceso, era tan patente, que hasta los adversarios más circunspectos del ministerio caído, se escandalizaron. Martinez de la Rosa, apeló para el Congreso, é imprimió en un opúsculo su defensa. La justilicada lealtad del gabinete, que habia presidido, resplandeció limpio de las naves que la calumnia condensára para ofuscarla; y la honra y la energia de los consegeros de la corona durante la crisis, quedaron ilesos apenas la luz de la verdad alumbró los hechos. Retrocedieron los acusadores, nuevas complicaciones surgieron para distraer los ánimos. Que severas lecciones no ofrecen, sin embargo, estas repentinas mudanzas en la existencia de un hombre, tan distinguido en las letras como en el gabinete político ! Ayer, coronado de lauros, vuelve á vér la patria que le abre los brazos como á una de las victirnas del poder despótico ; hoy, esa corona de gloria, traes-
83 formada en corona de espinas, le hiere la frente y los que saludaron en él una de las columnas de la libertad, piden su muerte y desean transformar en patíbulo los arcos triunfáles ! Algunos años despues, hallandose representado en algunas estampas con los embiémas de apóstol de la libertad, y luego como traidor en la prision y en el patíbulo por la sátira política, escribia en todas ellas con desafectada modestia, que no merecia el castigo ni las obaciones. Padecia inocente por la causa constitucional : animoso halda sabido defenderla ; y tanibien sin motivo pretendieron derribar su estatua los mismos, que Bias antes la levantaron en la plaza publica. Los melancólicos presentimientos de Martinez de la Rosa, temprano se realizaron. El ejército frances invadió la España ; el ministerio y las cortes se retiraron á Sevilla ; y una enfermedad grave prendia en el lechó del dolor al ministro constitucional de Fernando vu, cuando la junta realista entró en Madrid, y premió los servicios prestados por él á la corona, inlimandole para reconocer esplicitamente su autoridad. Respodió que no. Irritada la junta con la evasiva, replicó, espidiendole una orden de destierro para Granada dentro de veinte y cuatro horas. Se opuso serenamente al mandato, manifestando, que no obedecia y que se emplease con él la violencia. Los defensores del poder absoluto resentidos de la altivez, decidieron dar un ejemplo, y ya se disponian á sofocar en una cárcel aquella generosa vóz, cuando interponiendose el duque del Infantado consiguió, que en véz de una espulsion imperiosa se conmutase la pena al poeta en un pasaporte, que le autorizase para viajar por 6*
84 d estrangero bajo pretesto de restablecer su salud quebrantada. Al siguiente dia dejó la capital. No queriendo residir en Francia, mientras que duraba la guerra entre las dos naciones, siguió el camino de la Italia ; t isitó Roma, y solo despues de rendida la ciudad de Cadiz, y evacuada la Península por las tropas de Luis xvm, fué cuando se dirijió 'á_ Paris en donde la hospitalidad de !os hombres eminentes de la oposicion liberal no concurrió poco para mitigarle las tristezas de la ausencia patria. Relaciones amigables, que de dia para dia se fueron estrechando, cada vez mas, lo familiarizaron no solo con Laffette y Terneaux, sino tambien con los duques de Broglie y Decazes, conde Molé, mr. Guizot, mr. Thiers, mr. Duvergier de Hauranne y otros personages que, en la prensa y en la tribuna ya desernperiaban entonces, y representaban despues en el reinado de Luis Felipe, los principales papeles. Separado en el destierro, como lo habia estado en la vida publica, tanto por las opiniones, como por otros motivos, de varios compatriotas suyos, tambien emigrados, se retiró al estudio y á una vida casi contemplativa, viendo correr los sucesos sin ilusiones, y acompailandolos apenas con la viva curiosidad, que debían merecer, á un espectador interesado. Enemigo de conspiraciones, y repugnandole favorecerlas, aun cuando contribuyesen para el triunfo de la libertad, no tomó parte directa ni indirecta en ninguna de las que se fraguaron contra Fernando vrl. Nunca las estimuló. Nunca las a provó
8t5 Su actividad se consagró esclusivamente á los trabajos del espiritu. Visitó diariamente las vastas y copiosas bibliotecas de la corte intelectual del mundo, que así porfia llamarse entonces, y aun hoy á Paris, repartiendo el tiempo entre la lectura y la instructiva conversacion de los hombres sabios y eruditos, cuya estimacion y benevolencia lograron conquistar sus afables maneras y su elevado ingenio. En 1829 publicó en la tipografía de Didot la coleccion de sus obras literarias en cinco tomos. Ademas, deseoso de estrenar su musa en una escena estrangera, concibió el proyecto de escribir en francés el drama en tres actos intitulado Aben-Humeya, que debla ser representado en el teatro de la puerta de Saint-Martin, cuya traduccion en prosa española incluyó en el y tomo de sus obras. Los ensayos no se retardaron ; y en julio de 1830, poco antes de estallar la revolucion que precipitó del trono á Carlos x, se aplaudían con entusiasmo los trechos apasionados de este episodio tragico derivado de la historia de los arabes en la España. El publico aceptó la pieza, y ornó con preciosas coronas la frente del poeta estrangero. Es provable, que al apresurar la vejez sus pasos hacia él, y sintiendo que los frios del invierno paralizaban su accion, el autor de Aben-Humeya, y de la Conjuracion de Venecia, se recordase algunas veces con placer de aquellas noches de triunfo, seguidas de cerca por los acontecimientos, que le abrieron despues las puertas de la patria. Los loores debidos al juicio imparcial del estrangero son balsamo consolador para las he-
86 ridas, que nos abren de ordinario en el alma la envidia y la ingratitud de los contemporáneos. Esos, á quienes la Providencia señaló para levantar la frente sobre el vulgo, á semejanza de las eminencias, casi siempre desafían el rayo. Felices ellos, aun cuando, llegada la ultima hora, silenciosas las rivalidades, y anticipada la sentencia de la posteridad, la voz de las generaciones, sus herederas, se alza afectuosa y traspasada de dolor para decirles el ultimo adios. En el túmulo no todos hallan el prometido descanso; ni tampoco la justicia comienza para los muertos en las primeras horas !
La revolucion de julio, cogiendole de sorpresa en Francia, interrumpió las representaciones de Aben "tumeya, y por la \ z de una nacion v ictoriosa, anunció entonces al proscripto español, la aurora de dias mas venturosos. En efecto; el casi instantaneo terremoto, que en tres dias derribó el trono de los Borbones, y estendió por la mayor parte de la Europa los sobresaltos y la desolacion, llegó á ser mas tarde el llamamiento hecho á los reinos, que gemian opresos. Levantando las frentes, vieron todos en este grande ejemplo, el futuro destino de
88 las dinastías que, rodeadas de soldados y de silencio, hablan imaginado sofocar, hasta entonces, la libertad moderna, coactando la conciencia, oprimiendo el pensamiento, castigando como crimen inesplicable, la legitima impaciencia de reformas, y enseñando como dogma, la voluntad absoluta del imperante colocada sobre los derechos, ó sobre los agravios de los pueblos. La España, tan vecina y tan dilacerada, no podía mas tarde, ó mas temprano, dejar de acudir á esta lucha abierta el dia anterior ; aunque sobradamente perturbada por las demostraciones tumultuosas de contendedores decididos. A la llama del incendio de la capital de Francia, se aleaban otras llamas no menos impetuosas, creciendo proporcionalmente, con las compresiones anteriores, y amenazando á las potencias mas orgullosas de una confragacion general. El gobierno de Fernando vil, íntimo con las maximas de la santa alianza ; aconsejado por el genio sombrío y los resentimientos del partido realista exaltado, y á cada momento sorprendido por la hostilidad permanente de las fracciones liberales, no era lo que menos debia recelarse de las consecuencias inmediatas de la situacion, que acababa de surgir, defendida por las barricadas de Paris. Si el ario de 1830, como observa un escritor discreto, abrió á la Francia una época memorable, no fué tampoco menos significativo para con la . España. La diferencia consistió en la forma y en el tiempo. En Paris, la corona levantada de las calles, donde habia rodado, despees de ultrajada, ornó la frente de un rey electo por la sublevacion triunfante. En Madrid, los primeros
89 rayos de luz, partieron de entre tinieblas ; y quien tomó la iniciativa fueron la corte y el monarca, los mayores enemigos de las innovaciones. Cumple esplicar concisamente esta radical modificacion. El heredero de Carlos rv, viudo tres veces, pasó á cuartas nupcias, con una princesa, que su nacimíento, hermosura, y ciernas prendas de caracter, hacian tan querida de los subditos, y tan amada del esposo. Los apologistas de la secta apostolica comenzaron desde luego á aborrecerla como el mayor obstaculo, que la fortuna podia oponer á sus designios. Dotada de animo varonil y del dón singular de ganar voluntades, la reina Dala Maria Cristina, sentandose en el solio entristecido por la muerte, ó por la esterilidad de las otras esposas de D. Fernando vil, inculcaba en la indole y en la edad, la peligrosa influencia, que habia de egercer al lado de un marido, cuya voluntad facilmente sabría atraer y dominar, acallando en su corazon cualquier otro afecto ó memoria. El infante D. Carlos, gefe de la faccion preponderante, viendo el lecho nupcial de su hermano cubierto de luto varias veces, y la corona tan proxima de la cabeza, comenzó á creer con sus parciales, que el cielo, negando la sucesion á Fernando vil, lo preferia para reinar. La donosura de la princesa, su sobrina, la vivacidad de su ingenio, y el aplauso casi unanime, que saludaba su consorcio auspicioso, convencieronle de que se liabia anticipado su ambícion, porque, si la reina
90 uniese la fecundidad á las gracias y encantos de la belleza, el nacimiento de un heredero podria cortar de raiz todas sus pretenciones. Triste y recogida la corte, habia llegado hasta alli un estado casi monacal, tanto, que de repente, toda la alegria, todas las galas y flores renacieran á la primera seña! de la nueva soberana. Despertando el rey del abandono á la voz de ella, cambió la monotonia de la vida retirada por la agitacion bullicíosa de los bailes y fiestas, á que lo arrastraba com magica violencia, la graciosa compañera, que habia escogido. Contemplando este espectaculo para ellos repugnante, y estrañandolo casi corno escandaloso, los consegeros mas prespicaces del partido apostolico, temieron mucho de él. El dominio, que Doña Maria Cristina, adquirió en poco tiempo sobre el animo de su consorte, se les representó con aparato irresistible. No era tan solamente una reina, era una revolucion, que trasponia con ella las gradas del trono. No se engañaron en sus aprensiones los amigos del infante. Casada en 11. de diciembre de 1829, Doña Maria Cristina, anunció en breve á su esposo y á la España, esperanzas de sucesion, saludadas como bien venidas por una grande mayoria. Graves dificultades turbaron no obstante el jilvilo del principe, y entretubieron á D. Carlos dandole algunos alientos. En lugar de un heredero, Doña Maria Christina podia dár á luz una hija y en tal caso, no estando promulgada todavía la ley aprovada en cortes por Carlos iv, podia venir á susci-
91 tarse una inflamada cuestion dinastica. Fernando Yll advinó el peligro y reparó la omision. En 29 de marzo de 1830, mandó publicar la pragmatica sancion de 1789, aboliendo la, ley sálica introducida en España durante el reynado de Felipe v, y restableciendo el derecho, que, desde remotos siglos siempre habia estado en vigor respecto de la sucesion. Esta declaracion, golpe mortal para la faccion apostotíca, le provocó immediatamen te los odios que eran de suponer. No atrevíendose á patentizarlos por medio de los periodicos españoles sugetos á la vigilancia de las autoridades, se valió de la prensa estrangera publicando al efecto articulos y protestos. La separacion entre el rey y este núcleo inquieto y fanatico se hizo notoria é incorregible ; y fué en medio de la discusion vehemente precursora de mayores alteraciones, que nació en 10 de octubre de 1830, la primera hija de Fernando vi! y Doña Maria Cristina de Borbon. Cuando la princesa, predestinada á ceñir poco mas tarde, la corona de Isabel la Catolica, abrió los ojos, las monarquias mas firmes, como ya indicamos, se resentian del incremento revolucionario. El duque de Orleans, aclamado por el pueblo, sucedia á Carlos x ; y el ultimo soberano de la línea primogénita de los Borbones, despues de una abdicacion inutil por tardia, dejaba como fugitivo la patria, que no volveria á ver, y se encaminaba para la tierra del destierro donde talvez podría hallar el sepulcro. La Bélgica siguió el rumbo de los sucesos sacudiendo el ytigo de la Holanda ; y la Polonia, confiada escesivamente en su valor, y en los auxiliós que le faltaron, se aprovechó Cambien de las circunstancias para librarse, de la forzosa union de la Rusia.
98 córte á buscar el apoyo de las ideas modernas, y á confiar la defensa de los derechos de la nueva soberana, en el brazo del partido liberal dos veces desarmado por su padre. Las inclinaciones de la regénte guardaban concordancia con esta necesidad política. Doña Maria Cristina reveló desde luego, sin vacilar, las tendencias de su administracion, dirijiendola en este sentido, y manifestando el firme propósito de oponer á la vieja y cadúca restauracion, imajinada por la faccion apostólica, el espirito y las fuerzas activas de la libertad constitucional, única garantia posible para la corona de su-hija, cuya inocencia y tierna infancia, por otra parte, no concurrieron póco para inflamar los brios caballerosos y el amor dedicado de aquellos de sus súbditos que, no ofuscaban las sombras de inveterados preconceptos, ó la incurable obstinacion de ofrecer batalla á las ideas del siglo en nombre de una causa, cubiérta con las deterioradas banderas del pasado ; desconociendo, que era un sueño y casi demencia esperár á que resucitase, ó reviviese para reinar. D. Francisco de Céa Bermudez, desechado de los consejos del rey por sospechoso despues de 182 , y estimado por la índole benévola, ingenio esclarecido, y verdad de sus conocimientos estadisticos, no podia prometer al lado (le la regénte, otra cosa, que no fuese la sinceridad de la conciencia. Apóstol de una religion, que ninguno de los dos cámpos enemigos quería admitír, y repelido por ambos, sucumbió en la inpraticable empresa de realizar el sistema del absolutismo ilustrado,
99 concebido en el gabinete, y sustentado en el gobierno con una tenacidad, que no exaltandose á su penetracion, hace mucha honra por lo menos á la lealtad de su conciencia. Era tarde ya para intentar el ensáyo de una teoría de transicion. Extralimitadas las frontéras de los partidos activos, y avivados los matices de sus divisas, el estandarte de Céa, que en años anteriores podría tremolar santificado, ofreciendo á las pasiones la trégua indispensable de un régimen bonancible, que fuése educando al pueblo, para con mas seguridad poner luego el pié en la senda liberal, ese estandarte, enarbolado en la víspera de la lucha mortal entre principios irreconciliables, y en los ultimos meses de 1833, no porfia encontrar en toda la España una sola adhesion sincera, ni la mas léve probabilidad de triúnfo. Por tanto, aconteció hallarse solo. El ejército poco numeroso aun obedecia pero en sus hiléras operaban ocultamente y prevalecian las opiniones de las clases medias. En presencia de las armas carlistas, era para recelar, que rompiéndose de pronto el lazo de la disciplina, diése largas riéndas á la impetuosa llama del ardor liberal. La mayoría de los funcionarios mas elevados hostilizaban tambien al ministerio, unos, acusandole de retrógrado y otros de traidor al trono y á la Iglesia. Finalmente, el pais, ansióso y advertido por el propio instinto, de que este no era el hombre, ni aquel el sistema, que pedian las circunstancias, cada véz se abste7*
100 nia mas para ámbos, haciendo por lo tanto menos urgente la completa transfiguracion política, que estaba en la esencia de las cosas y en la mérate de todos. El partido liberal fué llamado al po-dér para organizar la resistencia y fundar en reformas prudentes, pero eficáces, los cimientos del tróno constitucional de Don Isabel iI ; y Martinez de la Rosa, por su nómbre y relevantes circunstancias fué escogido inmediatamente para sér uno de los iniciadores de esta laboriosa y árdua edificacion, en que, los obreros han tenido siempre en una mano la pluma, y en la otra la espada. La Reina Gobernadora, confióle la formacion del primer gabinete, y la redaccion de las nuevas bases, que habian de sellar el pacto solemne entre la coróna y la nacion. Estaba lejos entonces de creer el poeta, que le obligasen tan repentinamente á cambiar la confidencia de los libros por las inquietúdes y responsabilidades administrativas. Cuando recibió la invitacion para incumbirse de la presidencia del consejo de ministros, se hallaba deleitado con la lectura de las cronicas de la edad media, y absorvida su atencion en las correcciones de las últimas pruebas de la vida de Hernan Pérez del Pulgar. Levantando la vista sobresaltado para las eminencias del podér, que le señalaban, las vió sombrías y cargadas de tempestades ; pero lo que exigian de él era un sacrificio y no la satisfaccion estéril del orgullo, ó de la ambicion. Resignóse, por lo tanto, y aceptó aquel grave cargo, despidiendose con un suspiro de la llorada tranquilad que dejaba, por luchas y esfuerzos que le habian hecho conocer la esperiencia y que unicamente serian recompensados con ingratitudes. Su presencia en el mi-
nisterio no le imposibilitó de publicar la vida de Hernan Pérez ; y és justo confesár, que no se engañó en la confianza, que le sugirió este bello rásgo. La obra mereció los elógios imparciales y unánimes, de amigos y adversarios ; y en ninguno de los juicios consignados acerca de ella se reveló el menor vislúmbre de resentimiento ó de emulacion partidaria. Estallaba entre tanto la guerra civil en Navárra, y la nacion, bajo la amenaza de grandes calamidades, volviendose para el trono, pedia la convocacion de las córtes, como remédio oportuno para sus males. La entrada de Martinez de la Rosa equivalía á una promesa en este sentido. Si los recuerdos de las escenas licenciosas de los tribunos en 1822, aun intimidaban á los mas circunspectos ; y si algunos emigrados, recogiendose del destierro continuaban suspirando por el restablecimiento de la constitucion de 18H, para ellos, el ideal de los códigos libres ; és cierto, que la parte mas ilustrada de la nacion, apartada de tales exageraciones, solo apetecía la paz, el orden y regulares progresos, protejidos por un gobierno fuerte, á la sombra de garantias políticas aseguradas por el sistéma representativo. Parece, pues, que la fortuna siempre escogió á Martinez de la Rosa, en los momentos mas peligrosos, para demostrar con su ejemplo como se deben encarár y arrostrar las sumas dificultades, para lo que siempre desmayan generalmente la mayor parte de los políticos, porque piden á los que las atraviesan grande elevacion de espíritu, y una voluntad constante é inmutable. El nue-
102 vo gabinete ensayó muchas ; y entre tantas necesidades no vaciló en oblar por las mas urgentes. En su pensamiento las planeó todas, tratando de satisfacer las principales de la manera mas pronta y razonable. Uno de los primeros actos, que propúso á la regénte, fué un rompimiento con el gobierno intrúso de D. Miguel, cuya usurpacion en Portugal, siempre habia favorecido D. Fernando vil. Mandó, pues, al ejército del general Rochi que pasase la frontera, ordenandole, que á costa de todo sacrificio, se apoderase de la persona del infante D. Carlos, el cual, refujiado en la córte militar de su sobrino, desde el seno de ella atizaba las llamas de la guerra civil dirijida por Zumalacarrégui, y demostraba esperar unicamente la ocasion propicia para colocarse al frente de los partidarios, que lo aclamaban, y reanimarlos con su presencia. El segundo, intimamente ligado con tan vigorosa resolucion ; tubo el pensamiento de confirmarla, estrechando por los lázos de mútilo acuerdo y de recíproco socorro, la amistad de las dos naciones de la Península, y los interesses de ambas dinaslias constitucionales, combatidas por idénticos enemigos. En el tratado, concluido en 22 de abril de 1831, y ajustado entre la España y Portugal de un lado, y la Inglaterra y la Francia del otro, por el cual se realizó esta prudente combinacion, estitipuláronse las condiciones indispensables para sustentar la corona sobre la cabeza de las dos soberanas, salvando por igual forma en los dos países las instituciones libres, del odio y de las agresiones de la faccion apostólica y absolutista.
103 Por ultimo, al fin de tres meses de repetidas conferencias y prolongados debates, el ministerio, publicó el Estatuto Real en 10 de abril de 183i, consignando en la parte espositíva, que le precedia, su pensamiento conciliador, y las esperanzas que la nacion podia abrigar á la sombra de él. El Estatuto estaba léjos, sin embargo, de ser un código, tan completo como la carta otorgada en 1826 por D. Pedro iv á los portugueses. Era en la realidad el bosquejo de una transacion propuesta en medio del desorden de la pasiones y bajo la influencia de la aprension melancólica, que entonces entristecía á todos. Determinaba apenas la reunion periodica de las córtes, compuestas de dos cámaras, una de eleccion popular, y la otra hereditaria y do nombramiento real. La formacion de las leyes decretada por el soberano con aprovacion del parlamento, y la prerogatiN a popular para que las contribuciones públicas no fuesen lanzadas y recaudadas sin el vóto de los representantes de la nacion, he aquí las disposiciones mas importantes. La falta de limitacion en el egercicio de la autoridad real ; la libertad individual desamparada de las garantias esenciales, y el mas profúndo silencio acerca de la organizador/ del poder judicial, revelaban por demas que en el ánimo del legislador hablan preponderado, el recelo de las exageraciones de 1822 y las repugnancias hijas de la infeliz esperiencia de la constitucion de Cadiz, preponderando mucho mas que la esplícita insinuacion de los sentimientos y deseos de la España liberal, y que el convencimiento de la impossibilidad de persuadir y llamar al seno de los defen-
104 sores de Doña Isabel u, á los que ya se habian apartado em nombre de su dedicacíon por la antigua monarquía. Dicem que Argüelles, leyendo el decreto del Estatuto Real, digéra : Que apostasía ! Cególe la ira, si por ventura profirió la injusta frase que se le atribuye. No fué una apostasía, fué el errór vulgarisimo de suponér, que estremando los campos políticos, pueden atraerse de cada uno de ellos los hombres menos exaltados por médio de concesiones en desarmonia con la verdad de los principios. Ni los carlistas cedieron, ó se ablandáron, ni los constitucionales aceptaron el Estatuto como descargo de la régia promesa en toda su plenitúd. En véz de aplacarse los resentimientos con su publicacion, tomaron mayor incremento ; y los sucesos no tardaron en probar, que arrojado el guánte y desnudo el acéro, las ármas, y solo las ármas, saben terminar desgraciadamente tan dolorosos conflictos. Durante la agitada gerencia del gabinete regido por el autor del Espíritu del Siglo, la fisonomia agresiva de los bándos políticos, que dividieron, y dilaceraron la España, caracterizóse vigorosamente con toda su espresion. Los realistas sublevados luchaban en los campos de batalla, y la sangre derramada, despertaba cada vez más los odios. Los liberales exaltados, no menos irreconciliables, atacaban el poder, que no conseguían intimidar, predisponiendo todo para la desastrosa agitacion, que, en médio de los tumultos, constituyó en las plazas públicas la dictadura de la plebe. Bajo el péso de estos infortunios, demasiado penosos de sopor-
105 tar, creció el terrible azóte de la cruél epedémia, cuyos estragos, lúchas y terrores, que la acompañaron, vinieron á entristecer la escena alumbrada por los siniestros incéndios de la guerra civil. Empeñadas las facciones en contienda mortal, rompieron sin remordimientos las funestas discordias que habiam de desolar al país por tantos años. Los abusos populares, y el horror, que producía el conlágio, fuéron los concitadores de los execrables asesinatos en que se desplegó la impetuosa sáfia del vúlgo, contra los fráiles, inocentes víctimas denunciadas á sus furores. Los motines del 17 de agosto de 183i, practicados con impunidad en presencia de una guarnicion de nuebe mil hombres, que los toleró impasible, parecerían hoy ínesplicables, si no supiesemos, corno se agitan é inflaman con violencia al menor pretesto las pasiones r ‘ uínes, sobre todo, cuando promovedores sin escrúpulo las embravecen. El presidente del consejo se hallaba ausente de la córte. A la noticia de las atrocidades, que desprestijiaban la heroica villa de Madrid, se desprendió de los brazos suplicantes de su familia, que intentaba contenerle en vano, y regresó á la capital, insensible á todo lo que no fuese el cumplimiento de los sagrados deberes, que habia aceptado. El castigo de los crímenes si n6 pesó tan riguróso, corno lo exijian las leyes y la humanidad ultrajadas, afirmó al ménos, que por párte del ministro existía contra ellos una sincera y virtuosa_ indignacion. Si no consiguió vencer los obstaculos, que entre los malvados y la justicia levantaba la mala yo-
106 Juntad de los partidos, probó con todo que su alma generosa era incapaz de capitular con los sicarios, dando la mano á sus complaces. No faltó quien despues le acusase de tímido y débil ; pero hagamos memoria de que los réos han sido plenamente absueltos, y que muchos periodicos se desataban entonces en imprecaciones contra el ministro, retratandole con los odiosos colores de la barbarie y de la ferocidad perseguidora. Para sentenciar en tan delicada causa, no basta atender uni- °mente á los impulsos del corazon ; combiene sobre todo formar exacto juicio de los acontecimientos. Íes preciso observar, hasta que punto su influencia puede servir de disculpa á los hombres públicos, condenados á responder por delitos que no estaba en sus manos precabér, y mucho menos vengar, con la merecida severidad. Pocos Bias despues de las atrocidades de 17 de agosto, se abrió el congreso, y patente la tribuna á la discusion se posesionaron de ella immediatamente los oradores mas audáces; unos para argüir, y otros para defender al gabinete. En esta liza, donde resbalaban facilmente los atletas mas prácticos en las luchas del espíritu, y justificaban con su caída las temeridades del orgullo, Martinez de la Rosa, nada podia recelar. Su elocuencia admirada, desplegando las gálas del estilo con la lógica concision de los argumentos, podia encontrar émulos y adversarios, pero núnca vencedores. Entre tanto, las raras cualidades, que adornaban su espíritu, no se compadecian con la fogosa y arrebatada agresion, que habia de emplear, si se propusiese enmudecer contendedores poco escrupulosos en la eleccion de las ármas. La fria intrepidéz, que oponia de ordinario
107 á los asaltos de los contrarios, no era por cierto el mejor broquél para contener los gólpes. Si el brillo de su frase elegante prendía y encantaba los auditorios ; si el vigor dialéctico de la refutacion destruhia el sofisma y las inicuas recriminaciones : el respeto de la propia dignidad ; el caracter caballeroso ; y las atenciones de una cortesania nada vulgar, le hacían aparecer siempre urbáno y comedido, sin permitirle acosár de cérca, ó castigar com rigor, á los tribunos incorrigibles que su generosidad no sabia desarmar. Por el contrario, todos ellos se congratulaban del estrépito de sus vanas declamaciones como podian ufanarse de verdaderos y justificados triunfos. Los resultados hablan de convencerle temprano de su errór. En 183'5, rebentó con toda su esplosion la mina revolucionaria abierta por manos sediciosas en los nuevos cimientos de la monarquía constitucional. Un subteniente, colocadoeal frente de algunos soldados, se apoderó del palacio, donde estaban situadas las dependencias de correos y de la gobernacion del reino, soltó la vóz de muera el ministerio, asesinó al capitan general Canterae y defendióse á todo trance durante muchas horas. Por ultimo, menosprecio de las trópas obedientes, que le cercaban, consentió en una capitulacion reputada de indecorosa, en virtud de la cual, debia entregarse la casa ocupada, saliendo de Madrid á tambor batiente, la tropa sublevada, que no tardó en incorporarse al ejército del nórte. Esta pública transaccion, estrafiada por cuantos apreciaban el orden y el principio de autoridad, se hizo
114 acallase las resistencias ; cuyo nombre, esclarecido por la glória ofuscase las emulaciones ; cuya espada, en fin, consagrada por la victoria, abriese anchos caminos á la fama. Los héroes son raros. La providencia, poco pródiga, no acudió en aquella hora á la España, con un hombre, que pudiese y supiese contener los delírios revolucionarios. Podia por ventura exigirse de un gabinete en la esfera de su actividad ordinaria, más de lo que realizó el ministerio presidido por el eminente escritor`? Correspondióle la honrosa mision de asistir á la transformacion del poder absoluto, en poder constitucional y franquear los caminos por donde la sociedad se adelantó mas tarde. Hallando á la antigua monarquía firme y restaurada, legó á sus sucesores la monarquía representativa, y consumó esta inmensa revolucion, derivandola únicamente de la espontánea adhesion de la última. Finalmente, sentó las bases de una prudente reforma, la cual, si no fué tan lejos como deseaban muchos y si no llegó á satisfacer á ninguna de las facciones exaltadas, lo que acontece de ordinario, por lo menos llevaba el gérmen de futúros progresos, y reconciliaba á los ojos de la Europa, el orden con la libertad, y los derechos de los pueblos con las prerogatívas esenciales á la consolidacion del trono constitucional. No bien soltó las riendas del gobierno y de proposito se eclipsó en la media oscuridad, grata á sus estudios, los que le sustituyeron palparon desde luégo los peligros é incertidumbres, con que se arrostraban.
115 La administracion del condé de Toreno sucumbió desfallecida ; y el ministerio formado por Mendizabal en setiembre de 1835, negandose á disolver las dórtes, y escuchando en los momentos graves el vóto esclarecido de Martinez de la Rosa, entraba demasiado tarde para remediar el mal, ó segun parece mas exacto, coactado por las circunstancias, no llegó á manifestar su pensamiento. La violencia de las agresiones en el congreso, y la inquietud de los ánimos fuéra de él, minaban y estremecian á cada momento la situacion política. La cámara de 1831 naufragó en médio de tantas rivalidades ; y la nueva eleccion, agitada y ciega, pocas ó ningunas promesas de mejoramiento, afianzó á la enfermedad, de que adolecian las cosas y las personas en aquella. epoca. Escluído del parlamento, volvió inmediatamente á ocupar su puesto de diputado favorecido por el sufrágio, popular. Aplaudiánlo entonces los que, apreciando el saber y la circunspeccion de sus opiniones, miraban en él al dedicado defensor del orden y de la paz, y al decidido campeon de las máximas generosas de un gobierno libre, que ternia las exageraciones y deseaba caminar apartado de ellas. Anticipáronse infelizmente los acontecimientos; y en lugar del Estatuto Real, que el congreso había resuelto confiar al examen de hombres competentes, surgió la insurreccion de la Granja, promovida por soldados libertínos, que ultrajó con aparato sedicioso y violento el código político, obra de Martinez de la Rosa, y el testamento de Fernando vn, primera página del pácto de reconciliacion entre la corona y el pais. 8*
146 Proscrito el partido conservador por los exaltados triunfantes, halló las úrnas electorales opuestas á las candidaturas, y las puertas del parlamento cerradas para casi todos sus oradores y hombres de estado. El ostracismo fué corto ; pero completo. Espúlso de la tribuna, apeló para la prensa, y los frutos de su apostolado pronto brotaron tan copiosos, que hasta en las hileras con-, trarias le grangearon algunos prosélitos. En pocos meses, merced al prestijio de las idéas, y al convencimiento de la preferencia debida á sus doctrinas, alcanzó la opinion moderada influencia indirecta, pero innegable, sobre la decision de los mas importantes asuntos. En la radaccion de la constitucion discutida en las córtes, los principios que adoptó la mayoría, estaban en completa armonía con los dógmas profesados por los publicistas de la escuela conservadora, mucho mas tal véz, de lo que imaginaban los mismos representantes de la revolucion, que Babia aceptado como divísa el ensayo ultra-democrático del año de 1812 en Cadiz. Las elecciones inmediatas, acabaron de convencer hasta á los mas incrédulos, que las simpatías páblicas, iluminadas por la esperiencia, habian vuelto otra véz para el gremio político, el cual, repudiando excesos, y detestando la anarquía, como inevitable fomento de la disolucion social, se ufanaba con razon de separarse de ambos. El ministerio del sr. Bardaji compuesto de progresistas, sustentóse muy poco tiempo, y túho al fin que ceder las carteras á otro gabinete constituido con elementos, que ya inculcaban positivamente la necesidad
117 de entregar sin tardanza la direccion esclusíva de los negocios á hombres, que el vóto de la nacion habia preferido en los comicios, como mas dignos de su confianza y mas adecuados á la responsabilidad del poder. Transiciones semejantes, verificadas sin luchas y sin sobresalto, segun el caracter de los sucesos, léjos de ser el escollo del régimen, encerraron en sí la mayor belleza y la superioridad de las instituciones representativas. Los autores de la constitucion de 1837, cediendo al peso de las responsabilidades, que habian aceptado en nombre de la revolucion de la Granja, apenas tomaron asiento en los escaños del congreso corno legisladores, no tardaron en reconocer que, sustentar la obra de las córtes en Cadiz, equivalia á retroceder muchos años en presencia de la Europa. Adoptando, pues, un término médio entre el Estatuto Real y la constitucion de 1812, por demás restrícto el primero, y el segundo, incompatible con la monarquía moderna, formaron el proyecto, desde luego convertído en código, por el cual admitieron las dos cámaras de Martinez de la Rosa, la profunda alteracion de suprimir, todavia, el Estamento de los próceres, y decretár para el segundo cuérpo del parlamento el mismo origen electivo, en que se fundaba la organizacion de la assemblea popular. Todo favorecía entónces y encaminaba á la plena ascension del partído moderado, cuando un errór indisculpable contra la índole de las cosas y de las idéas, no concurrió poco para labrarle mas fácil la ruina, que lo habia sido en la primera caída.
jis Organizóse la administracion de deciembre de 1837, y los hombres de gobierno, que por merecido concepto éran los escojidos para consolidar en la direccion de los negocios su triunfo legal, cediendo á la propia voluntad, y obedeciendo á contemplaciones poco justificadas, retrocedieron repentinamente ; se ocultaron en el seno de los bandos que habian de dirigir, y confiaron el mando á fuerzas y voluntades inferiores. Las consecuencias fuéron inmediatas. La direcion anónima, que reservaban para sí no era suficiente. La indisciplina y el descontento debilitaron al partido, que aun el dia anterior, militaba compácto y unido. Viendo la presidencia y los puestos del consejo que de derecho pertenecian á Martinez de la Rosa, al conde de Toreno y á los otros gefes, confiados á individuos no laureados con igual prestigio, muchos capitanes y soldados distinguidos, que ciertamente no osarian disputar el puesto principal prémio debido tan solo á los políticos eminentes que la opinion pública llamaba, comparandose com los hombres nuévos, que un capricho habia elevado sobre ellos, reputabánse ofendidos en su amor propio, y se quejaban con motivo, de no ser considerados tan aptos como ellos, para llenar en los consejos de la corona, la ausencia de los verdaderos ministros. De la emulacion nació la desconfianza ; y de ambas, germinaron en breve las irremediables disidencias, que sembraron la discordia en los campos victoriosos. La division quebró los bríos al grémio conservador, y abrió las brechas por donde le asaltaron sus contrarios. Martinez de la Rosa, á cuya penetracion no se ocul-
119 taban los funestos resultados de la forzosa ó voluntaria negativa, procuró en lo posible, atenuar las culpas de todos y las suyas, haciendose alma y consejo de las resoluciones más graves del congreso y del gabinete. En el proyecto de contestacion al discurso de la corona, labró las bases del sistema, saludado por numerosas adhesiones, como la única bandera, que en la España porfia asegurar duracion ó vigor á las instituciónes libres ; y guarda vigilante de los dogmas, que babia espuesto, fiel depositario de la lealtad de los compromisos jurados, combatió en todas ocasiones con la pluma y con la palabra para conservar intacta la verdad y la pureza de su aplicacion. Este período de la carrera del ex-ministro de Doña Isabel II, (segun opinion autorizada) puede ser calificado sin duda alguna, como el apogéo de sus eminentes facultades. Cual soldado infatigable, y consumado general al mismo tiempo, salía de una batalla para emprender sin descanso otra mas reñida. Su palabra ornada, incisiva y triunfante, rompiendo los lazos, que más ó ménos, comprimen frecuentemente las manifestaciones orales de los grandes poetas en los puestos ministeriales, su palabra, exenta de afectacion y de esfuerzos violentos, dominaba sin rival, subyugando auditorios, conquistando voluntades, y anulando resistencias. Cada sesion ocasionaba una lucha, y cada lucha terminaba por mayor gloria. La tribuna, honrada por el decoro de una discusion elevada, y siempre digna del senado de un reino ato, vió entónces los mas hermosos dias de su esplendor. Los lauros que la ornaban, las flores que llovian sobre ella, y las aclamaciones con que la admi-
120 racion aplaudía los vuelos sublimes de la imaginacion y las maduras reflexiones, cinceladas en un estilo, que debia á las gracias y á las musas, los primores ; á la filosofa y á la esperiencia, la profundidad y el predominio, todos estos testimonios gloriosos del entusiasmo inspirado por las creencias, raras veces volvieran á repetirse con igual fervor en análoga coyuntura. Los hombres pasan y las cosas quedan ; pero la memonja de estos dias únicos hasta hoy en la historia parlamentaria de la España, brillarán ciertamente más que la momentánea claridad de las pasiones, y más que la frágil obra, que alli se fundió, al fuego de aquella noble y entusiasta elocuencia. La esposicion elevada por el conde de Luchana en 1838, desde su cuartel general, en virtud de la que se abrogaba el ejército el derecho exorbitante de dictar leyes al estado con la mano en el paño de la espada, aquella esposicion, fué el prólogo de los episodios terminados por los acontecimientos, que más tarde, confiaron al general D. Baldomero Espartero la dictadura y la regéncia de la España. Martinez de la Rosa, escuchado por el gobierno á las altas horas de la noche, acerca del procedimiento más oportuno en tan melindroso conflicto, manifestó desde luego su franca opinion. Aconsejando, que devolviesen al conde de Luchana la representacion sin comunicarla al congreso, vóto seguido con buen proposito, atajó oportunamente los incidentes, que habian de inflamar el exámen del asunto, y reanimó por la demostracion esclarecida de sus deberes el corazon desfallecido de los ministros. Las faciones exaltadas no le per-
121 donaron este servicio , á la causa del orden. La esposicion les proporcionaba pretesto para inquietar los animos, y tal vez, para anticipar la ejecucion de sus designios; pero las vehementes censuras dirijídas contra el autor del Espiritu del Siglo y la prevencion de que era objeto, esplican claramente la naturaleza y los fines de aquel acto. La provocacion estaba hecha. El general Espartero no contaba unicamente con el apóyo de los soldados y con la influencia de su nombre. Las córtes, el puéblo, y hasta la reina madre, protejian la oposicion constituida bájo su tutela. El gabinete, minado por las disidencias públicas ó secretas de sus numerosos y antiguos parciales, que se apartaban descontentos ; acometido de frente por el inquieto ódio de sus antagonistas declarados ; perdido el equilíbrio, y dudoso de la propia existencia, ya no podía seguir acertadamente su camíno, ni salir de la dificultad en que se habia metido. Illartinez de la Rosa, llamado á palacio con otros consegeros, no ocultó su opinion sobre la gravedad de las circunstancias y el modo oportuno de mejorarlas. Entre la dimision exigida al ministerio por un capitan felíz y la inmediata exhoneracion del conde de Luchana, optó por el rasgo que mas se conformaba con la disciplina militar, con la dignidad del trono, y con las prescripciones de un gobierno firme. Prespicaz y advertido, discurriendo acerca de las eventualidades del futuro, como sucede á las inteligencias privilejiadas, hizo ver á todos, cuan robusta y crecida estaba ya la venenosa planta, cuya semilla lanzaban en aquel momento manos victoriosas sobre el suelo español.
122 Las córtes de 1839, fueron disueltas por una administracion, que el insigne poeta, no hostilizó, ni defendió tampoco. Esta neutralidad le valió la pérdida de la eleccion. Separado de los trabajos legislativos por pocos meses, y de los honrosos tornéos de la tribuna, no se retardó en volver de nuevo á ellos. Las cortes de 180 le abrieron las puertas, y su reputacion en rnédio de las notabilidades, que fuéron el ornamento del congreso, léjos de desmayar, ó de eclipsarse, sobresalía con mayor brillo.! Cuantas veces realzada su vóz por la poética y espresiva mirada, y el respeto que inspiraba aquella eabéza encanecida en las prisiones y en el destierro, elevandose pura, sonóra y conmovida, por cima de los clamores y tumultos, conseguia aplacár, á semejanza del angel de la paz, pero solo por momentos, los furores tremebundos y las inventivas descabelladas, que en puguilato afrentoso, arrastrada por el fángo la púrpura del legislador, rebajaban los talentos, estimulaban las pasiones ruines, y prolongaban la senda por donde la monarquía precipitaba ya sus pasos ! Inutiles propósitos ! En vano intentaba amparar el edificio que, ruinoso y oscilante, parecia próximo á venir por tierra. El poder declinaba sin alientos para el duélo en que se habia empeñado y necesitaba en aquellos dificiles momentos fuerzas gigantescas. Las córtes enfermas del mismo mal, debilitadas por el mas leve esfuerzo y en una especie de agonía de sobresalto, parcelan adivinar el golpe decisivo. Recibiéronlo en efecto del duque de la Victoria. El pronunciamiento de setiembre de 1840 consumó la prolongada é implacable resistencia, que la revolucion habla tomado por divisa años antes bájo los auspicios de aquel general, predestinado para ser el pacificador de
123 la pátria en los campos de batalla, y el campeon, tal vez engañado, de las ideas ultra-democráticas en el gobierno. La revolucion de Barcelona, y la renúncia obtenida de Doña Maria Cristina, que fué al mismo tiempo un desacato contra los mas sagrados dógmas de la religion constitucional, y contra la estrenada y caballerosa lealtad de su cúlto monárquico, entristecieron profundamente el alma generosa y sensíble de Martinez de la Rosa. El, que inaccesible al temor, se habla opuesto con serenidad de ánimo en 1822 y en 1835, á los escesos y violencias de las facciones ; él, que vió triunfar la revolucion de la Granja, orgullosa de la instantánea fuerza que le otorgaron el plebiscito de los cuarteles, y no habia retrocedido un paso ante ella, ni ocultado la fáz, no quiso por esta véz, asistir al espectáculo tan doloroso para su corazon de las ovaciones y aplausos, con que Madrid saludaba á los vencedores ; pero á su juicio, esta sublevacion, parecía despojar á la monarquía de su pedestal para colocar en su lugar un poder anárquico. La corona y la constitucion, esclamaba, han perecido á bayonetázos vilipendiadas bájo las plantas de la plebe. Tan severa apreciacion, conforme con la austeridad acreditada en su larga carrera habla sido tal véz demasiado escesíva y sombría ; pero la sinceridad de ella no puede ponerse en duda. Resignandose á una segúnda espatriacion, apartóse del agitado y sangriento teatro, donde comenzaban á desempeñar ya su corto papel los autores mas aplaudidos en las ruidosas aclamaciones de los clubs. En octubre de 1840 transponía nuevamente la frontera, solicitaba en la hospitalidad de la Francia el sosiego de espíritu y la tranqui-
130 por todas partes, lo atropellaba todo, y refluía de la circunferencia para el céntro. El regénte, perdió momentos preciosos en contemporizar con la propia inaccion. Indeciso, ó paralizado, no empuñó la espada, sino cuando ya era tarde para cojer algun fruto de su intervencion personal. Mientras que caminaba pausadamente, deteniéndose en Albacete, y los generales Seoane y Zurbano combatian las sublevaciones de Cataluña y Aragon, Narvaez, aliado con la fortuna, interponiendose con arrojo entre Seoane y Espartero, levantaba el sitio puesto á Teruel, punto céntrico de las comunicaciones de los dos ejércitos, y con prodijiosa velocidad, aparecía á las inmediaciones de Madrid, consumando póco después en Torrejon de Ardoz, la lucha trabada el 22 de julio que vino á ser el tritinfo irresistible de la coalicion y ruína del duque de la Victoria. Este, al páso que la capital recibia en sus muros al vencedor, se despedia de Sevilla, bombardeándola, y desengañado de que sería mas que temeridad prolongar la lúcha, embarcaba como fugitivo en las playas de Cadiz, acosado de cérca por algunos soldados del general Concha_ La caída de la regéncia y la emigracion del general depuesto, llamaron otra vez á su pátria á Martinez de la Rosa. Respetado por el gobierno, que había nacido de la conflagracion política victoriosa, aceptó al comenzar el año de 184 í , la honrosa mision de embajador en la corte de las Tullerias ; y transcurridos algunos meses, encargándose del ministerio de estado, entró en el gabinete, formado y presidido por el general Nar-
131 vaez, del cual salió en 1866, cuando el duque de Valencia resignó el podér con sus compañeros. Restituido á la embajada de París poco mas tárde, y trasladado para Roma, donde se halló en los agitaedos dias de 1818 y 1819, acompañó al Súmo Pontífice á Gaetta, desempeñando con acierto y dignidad en tan difíciles momentos, las funciones de representante de una nacion tan celosa por su fervoroso catolicismo, cuánto enérgica é imtrépida en la defensa de la libertad ó de su independencia. Los acontecimientos, que en 1851 llamaron otra vez para el teatro político al duque de la Victoria, interrumpiendo sus tranquilos ócios de Logroño, no cojieron de sobresalto la esperiencia encanecida del hombre, que tantas pruebas había dádo siempre de prudencia y lealtad. Mucho tiempo hacía que los auguraba. Cuándo la profecía se realizó, apartado del ruido y de los conflictos de los partidos, contempló sin salir de España ó de Madrid, el rápido desenvolvimiento de los sucesos, persuadido, de que prevalecerían el orden y el principio de autoridad, tan luégo como se comprimiesen las pasiones más violentas. Aconteció lo que suponía. Nombrado ministro de estado en el gabinete Armiño, gobierno efímero y de manifiesta transicion, retiróse en octubre de 1837 á la tranquilidad doméstica, cuándo se constituyó la administracion compuesta por el señor Istúriz. Poco despees de este último ensayo malogrado, volvió el general O'donell á encargarse de la direccion de los negocios, y con él, triunfó el partido de la union liberal. Martinez de la Rosa, aceptó sincero y decididamente 9*
132 elipensarniento del duque de Tetuan y de sus correlijio- . nulos, coabyuvandoles en la tribuna con el respetable auxilio de su palabra y de su voto, y fuera de ella, con su apoyo y consejos en todos los asuntos en que era consultado. Colmado de honores y distinciones, satisfecho de gloria y de triúnfos, una enfermedad poco lenta cerróle los párpados el dia 7 de febrero del corriente año, después de fortalecido con los auxilios espirituales, en médio de la inconsolable pena de los stiyos y del profundo sentimiento de toda la Espolia, que, lamentando su pérdida en el hito nacional, le erijió con lágrimas y sentidos homenages -el más envidiado monumento. El testimonio espontáneo de un reino entero, merecido premio de setenta y cinco anos de sacrificios y adversidades, de servicios y fatigas, dice mucho más sobre su túmulo, que todas las lisonjas, que le repitiese la adulacion entre pompas y grandezas. Describímos rápidamente la fisonornia del hombre político, y osámos hablar de él como se habla, de los que duermen hace siglos, porque este privilejio singular lo inspira la virtud ; puede, por tanto, sin recelo escuchar la verdad, aun teniendo abierto el sepulcro. Résta apreciar ahora, al poeta y al historiador en las manifestaciones de su elevado ingénio. La influencia de Martinez de la Rosa como escritor, no fué menos poderosa, ní menos respetada en la república de las letras, que su voz y accion de economista en el gobierno del pais.
La vida de Martinez de la Rosa, corno político y hombre de estado, segun acabamos de describir imperfectamente, no podía ser más inquieta y atribulada, ní más interrumpida por vicisitudes y reveses.. El inmenso drama, que tantas veces le llamó á la escena, terminó la lucha implacable, que señaló en la España y fuera de ella, la infancia y la edad adúlta de las instituciones modernas. Predestinado á guiar las nuevas generaciones, el autor del Espiritu del siglo, asistió, corno Chateaubriand,
134 á los sucesos mas notables de nuestra época y de la anterior, y sin retrogradár un paso, las acompañó todas por médio de las tempestades y terremotos, que, removiendo el terréno de la edificacion política, allanaron en mas de una ocasion los frágiles cimientos sobre que debla descansar la obra. Artífice incansable, como dejamos ya indicado, no levantó la mano del trabajo, sino cuando la muerte le advirtió, que la hora del descanso era por fin llegada. En la república de las letras, más pacífica en la apariencia, sobresalió, no tan solo por la elevacion de su espirito, sino tambien por la misma esencion y libertad de opiniones, que tanto realzaron su caráter en el gabinete y en la tribuna. Si en los conflictos políticos le admiramos superior á las adulaciones de la voluble popularidad, en la carrera que consagró al estudio, le vemos tambien del mismo modo inaccesible á las pasiones, que escitaron despees de la caída del imperio las rivalidades de las dos escuélas, que se decían únicas depositarias de la verdad, la una en nombre de la tradicion, y la otra del progreso. El mismo lo confiesa en el prólogo consignado en la edicion de sus poesias. Opuesto por índole á la violencia é intolerancia de los partidos extremos, no quiso jurar obediencia á ninguna de las sectas enemigas, que entónces disputaban entre sí los dominios del arte. Aquellas idéas no eran las suyas. Colocado entre los dos campos, para ninguno de ellos se inclinaba. Cuánto mas se embravecía la peléa, tanto mas se separaba él de las hiléras desordenadas, que se agrupaban y corrian unas contra
135 otras. Anticipándose con serenidad á la decision de los tiempos, ya el polvo levantado en la arena nublase la atmósfera de los combatientes ; ya los clamores repetídos acallasen los écos, su razon esclarece y senténcia en la ruidosa contienda ; sonríe de las proscripciones precipitadas ; contesta al ostracismo imprudente, y, contemplando como espectadora imparcial los esfuerzos de los atlétas, elojia en unos la erudicion y el ardor, y en otros el arrojo y la temeridad. lncapáz de turbarse ante momentáneos aplausos, oye proclamar la victoria por los dos ejércitos, y no dóbla la rodilla ante los ídolos que ambos adoran. ior La revolucion literaria, mas tardía, que la revolucion política, estaba preparada anticipadamente, pero la detenía el alborozo de las armas; asi es, que sólo despues que ellas descansaron revivió de las entrañas de la sociedad. La plebe de los imitadores, postrada en el umbral del antiguo témplo, no admitía otros ejemplos, que no fuésen los de los autores del siglo de Luis m y , y del reinado de Luis xv ; ni otros dógmas, sino las reglas prescritas por Horacio y Boileau, acatados como legisladores soberanos é infalibles. La musa clásica, ó mas exacto, la pálida sombra que la había sustituído, dominaba la poesía, oscureciendo y limitando cada dia más los horizontes del arte. Goethe, Schiller, Lessing y Byron, inculcados por unos y repelidos por otros, hablan emprendido ya la demolicion del pesado edificio de la antigua crítica ; pero sus voces no tenían áun la autoridad que confirmaron mas tarde. El nombre de Schakspeare, comenzaba á ser
136 pronunciado con menos horror, apesar de la escomunion fulminada por Voltaire. Las novelas de sir Walter Scott eran citadas con elojio por algunos innovadores. En fin, Chateaubriand, emigrado, viajante, estadista y poeta, habia revelado en las inspiradas páginas de sus libros, la nueva poesía del sentimiento cristiano, levantando la crúz como símbolo, y desterrando las ficciones del paganismo como imprópias del bello ideal de la filosofía melancólica de una época, á que la revolucion de 1789 habil) franqueado las puertas del futúro. ¿ Quién sería tan audáz en Francia, ó en Espairia y Portugal, antes y poco despues de 1809, que se atreviese á profetizár al culto decrépito de los dioses del Parnaso, la ruína de sus altares, la desercion de sus sacerdotes y el desprecio de su ley ? La generacion predestinada á escalar el Olympo y á destronar Apólo, nacida ayer, todavia valvuceaba entónces. Víctor Hugo, Lamartíne y Alfredo de Vigny, confundidos en la oscuridad esperaban su momento. Si como Hércules, al saltar de la cúna hubiesen tenido que trabar la lucha, unícamente con las fuérzas de la infancia, áun estaban léjos del primer albor. No sería, por tanto, para estrafiar, que Martinez de la Rosa, educado é instruido por maestros, que se preciaban de sinceros en la veneracion de los preceptos clásicos, reputase una irreverencia, la menor duda acerca de la verdad que los había dictado, y casi un sacriléjio el olvido de los primores de las letras griegas y latínas, primores, que los siglos unos en pos de otros saludaban como inimitables, y á los cuales, léjos de desvanecerle el
137 tiémpo su belleza, parece cada véz avivarsela mas. El poeta supo desviarse del precipicio. Su -razon, siempre clara, le salvó del peligro de adquirir absolutamente las formas muertas de una oil ilizacion estinguída por la hermosura viva, que debe animar la nuéstra. Inclinóse respetuoso ante el pasado ; admiró sus monumentos ; visitó sus ruinas; pero sin someterse á los vótos y á la clausúra, que exijía entónces el fanatismo exaltado de una secta, en la cual, tan sólo hallaba perfeccion y verdad, la imitacion servil de los maestros. En médio del humo y del estrépito de esta guerra que por tantos años se prolongó, su espíritu no se dejó alucinar, ó seducir. « No tiene duda, á mi entender, dice el poeta, que las obras de imaginacion, asi como las bellas artes, están sujetas á algunas reglas fijas, inuriables, fundadas en los principios de la sana razon, y hasta puede decirse, que en la misma naturaleza del hombre : asi , por ejemplo, conviene que en toda composicion, cualquiera que sea su clase, haya unidad en el conjunto, proporcion en las partes, variedad en el ornato, correspondencia entre el asunto y el estilo ; mas no por esto se infiere que no esten sujetas á mudanza, al sabor de los siglos y de las naciones, algunas reglas prescritas por los maestros del arte, los cuales á su vez las tomaron de la contemplacion y estudio de los modelos de su tiempo. Que ni se deben medir con escala mezquina las obras de la imaginacion, ni condenarlas livianamente, porque no quepan en los moldes de Aristóteles ó de Horacio, ni decir al génio del hombre, como Dios á las olas del mar : No traspasarás este limite. »
138 « Al contrario, nada mas acertado y conveniente que dejar á !a imaginacion un vastísimo espacio para que campee com desahogo, sin hostigarla á seguir paso á paso las huellas de los antiguos : mas qué acontecerá probablemente, si por el ansia de seguir una senda distinta, se corre á ciegas sin concierto ni gula, y se desprecian como inútiles trabas los consejos de la razon y del buen gusto ? Que á fuerza de mofarse de la supersticiosa observancia de las reglas, se sacudirá todo freno ; . y que siguiendo el curso natural de toda secta, ya sea religiosa, ya política, ó bien literaria, los primeros caudillos echarán por tierra los antiguos ídolos ; y sus discípulos y secuaces, llevados del anhelo de la novedad, sobrepujarán la licencia y estravíos de sus propios maestros. » Esta doctrina conciliadora, no podía grangearle numerosos adictos en un período ajilado con rivalidades y discusiones ; pero representaba con verdad, la situacion y las tendencias irresistibles de su ánimo. Las grandes osadías no le deslumbraban. Con la vista fija en las páginas inmortales de la antíguedad, y en los trechos mas admirados de la moderna literatura castellana, en la poesía, en el teatro, y en la novela, le vémos contener los vuelos sin impaciencia, cargarlos de reflexion, y, evitando desafiar al sol como el águila, le vémos Cambien eximirse del peligro de unír mas una caída á tantas otras ya famosas. « En buen hora, prosigue, que no se canse al público con églogas imitadas de Teócrito ó de Virgilio, despues de tantas cópias como se han hecho . de aquellos bellísimos
139 originales : convengo de buen grado en que puede componerse una epopéya de gran mérito, perfecta si se quiere, sin haber menester que se asemeje á la Iliada ni á la Eneida ; mas cuenta con llevar tan al cabo este sistema que se concluya por mirar con cierta esquivéz y desdeño las obras maestras de la antigüedad, que serán bellas, admirables, mientras exista el mundo. ¿ Cuándo envejeceran, á pesar del trascurso del tiempo y de los antojos de la moda, las lindas composiciones de Anacreonte, las Geórgicas de Virgilio, las elegías de Tibulo?.. Yo de mí sé decir que me encanto con las obras de tales maestros y con las composiciones clásicas de nuestros antiguos poetas ; y que no temeré aconsejar respecto de ellas á los jóvenes aplicados lo mismo que aconsejaba Horacio á los Pisones, respecto de los modelos griegos : de noche, de dia, núnca los solteis de las manos. » Recorriendo todos los límites del arte sin naturalizarse en ninguno, penetrando en todas las escuelas sin ligarse á los rítos, viajante despreocupado, halla en todas que admirar y aprender. — Dice en otro periodo. « Ni tampoco se opone la estimacion y apego á las obras de la antigüedad á que se atienda cual conviene al espíritu del siglo en que vivímos, que quizá exige en las composiciones mas caudál de doctrina, mas senil_ miento, mas vida ; en vez que nuestros antíguos poetas, encaminándose de mejor grado á la imaginacion que al corazon y al entendimiento, abusaban con sobrada frecuencia de su facilidad portentosa para versifícar, y hasta de la música apacible y sonora del habla castellana. »
146 miento, los primores de la escena francesa, y no se avergonzaban de lapidar á Racíne, Corneille, Moliere, y á muchos de los pálidos imitadores, que desfiguraban los buenos modelos ! De una y otra parte, exagerabánse las proporciones de la lucha, pretendiendo ofuscar la verdad con sus rencores y vengando las ofensas de la vanidad y de la ambicion de los sacerdotes, en nombre de los templos invadidos y profanados. El espectáculo de este pugilato, para desviar de la contienda al poeta granadino, no concurrió ménos ciertamente que la natural moderacion y serenidad de su ánimo. La causa porque pleiteaban enfurecidos los partidos, no porfia ser aceptada por él. Entendió y con motivo, que no hallaría vacante en ninguno de los campos, y recogiéndose en si mismo, ajeno al estruendo y á las aclamaciones, continuó los estudios que mas lisonjeaban en él la atencion, el gústo y la inclinacion literaria. Contentóse, en este terreno, con el testimonio de su conciencia, optando por el retiro y por el silencio, tantas veces, como lo practicó en las disidencias políticas. Aun era temprano para aplacár con palabras de paz las túrbas amotinadas ; ademas, la delicadeza de sus instintos no le permitía ofrecerse para jefe sin la fé y el entusiasmo, que subyugaban los prosélitos y obtenian las victorias. Por tanto, Martinez de la Rosa, tan correcto en la forma y en el estilo, y tan reflexivo en el plan y en el desenvolvimiento de sus obras, no puede ser clasi-
147 cado como ingenio creador, ni contado entre los poetas que abrieron nuevos camínos y fueron á fijar los límites del árte, léjos de las antíguas fronteras, dilatando su imperio por inmensas regiones. Colocado entre el pasado, que amaba, y el presente, cuyas impaciencias le inquietaban, escuchaba mas el proximo llamamiento del futuro y no se precipitaba para él, sino cuando las horas extremas deslizadas en la ampolleta le avisaban de que el tiempo había consumado sil mislon. Qué le importa, el rápido trascurso de la noche y que las dulces imágenes de su cúlto se desvanezean, cada vez más, de un momento para otro ? Representante de la alianza, ó mejor dicho, de la transicion poética que, solo mas tarde produciría la transformacion final, que se realiza ante sus ojos, consagra un momento de atencion á Homero y á Virgilio, y otro, (pero con ménos confianza) á Milton, á Schakspeare y á Calderon. No exijian mas de él. Ninguna influencia, ningun podér, le hará cambiar la posicion intermedia, que escojió ! Allí estas sus dioses, sus afectos y sus penates. Tal vez admire el ardor de los descubridores, que vé zorpar del puerto, buscando con incierto rumbo nuevos mundos y nuevos horizontes ; pero no será su compañero en los pelígros ni los envidiará al regreso. Consignando más un nombre ó una fecha, en mármoles y bronces, esperará á que los arios y la esperiencia dicidan si débe conmemorar un progreso, ó contener una tentativa inutil. Sus páginas, recuerdan el bello cuadro de un pallo
148 sage, que vá desvaneciendose á la postura del sól, médio envuelto ya en las sombras del crepúsculo, que le oscurecen los valles, áurx dorados por los últimos rayos del ástro de luz, tenuemente débiles en la cumbre de las montañas. Por el límpido azúl del cielo, huyen nubes diáfanas ; unas bañadas en púrpura y fuego, otras palidamente dasmayadas y blancas como el ámpo de la nieve. Los términos lejanos, bien tocados, respiran saudade 1 y melancolía. La brisa, blanda y perfumada, atraviesa agitando el fresco ramaje, como la inquieta manó del amor agita la suelta trénza de una doncella. Fuentes y arroyuelos se deslizan imperceptibles ; amenidad y frescura, convidando y arrebatando el espíritu por todas partes. Aquí una bella eslátua que se levanta entre la espesura, allí un puente rústico asomando ó una cascada agreste desprendiéndose sonora y espumante por entre matas florídas, mil incidentes variados, mil sobresaltos agradables ; pero todos, artificiosos y calculados, este es el secreto y el prodíjio de la casta y encantadora musa que idolátra ! Las pasiones suspiran y gimen en esta escena, cuyo defecto, consiste en hacer traicion á cada paso á la nivelacion, que dilató las calles, hermoseó las alamedas y paseos, y colocó con premeditada armonía, todos los ornaEsta bonita palabra del vocabulario portugués, no tiene equivalente en castellano. Sirve para significar tristeza, ansias y recuerdos de algun objeto querido. En los dialectos asturiano y gallego, se emplea con las mismas acepciones ; y como la hallasemos en los poemas del Cid y de Alejandro, nos inclinamos á creer que trae su origen del romance vulgar.
149 mentos prodigalizados. ¿ Qué diferencia sin embargo entre esta voz suave, entre este gesto sobrio, entre estos llantos comedidos y los gritos de dolor, las quejas, los sublimes ráptos de desesperacion, que hacen tan bella y terrible la Melpomene moderna en los dramas de Zorrilla, Harcembuch, Gil y Zárate, y García Gutierrez. ? Qué diferencia, entre la dulce melancolia, casi romana, de los versos líricos de Martinez de la Rosa, y el sentimiento sincero, la pena espontánea y el colorido verdadero, que tanto nos conmueven y sensibilizan en las poesías del duque de Rivas ! ¡ Qué hermosura y correccion, pero fria y casi muerta, en los trechos de los autores antiguos imitados por Martinez de la Rosa ! Como contrasta con los arrojos de Zorrilla, ó con las valientes estrófas de Espronceda, que parecen pasar por cima de nuestras cabezas, despidiendo relámpagos, en alas de un volean ! No es necesario insistir más : basta leer y comparar. Los contornos de la fisonomía de Martinez de la Rosa, no se confunden con los de ninguna otra. Su tipo siempre se caracteriza vigorosamente. Si no intentó la revolucion literaria, que Espronceda, el duque de Rivas y Zorrilla, realizaron con sus publicaciones, no fué porque le faltasen los bríos ó fuerzas intelectuales. El Diablo Mundo, El Moro Esposíto, D. Alvaro y tantas más, han sido para la España, lo que fueron para la literatura portuguesa, los poémas Doña Blanca, Adozinda y Camoés, del vizconde de Almeida Garrea. La direccion dada á su talento, y el respeto consagrado á los grandes modelos, que instruyeron é iniciaron su juventud, no le aconsejaban á luchar con dificultades, que no cono-
150 cía bien, ni á tomar sobre si empresas, cuyo exito, no juzgaba le hiciesen olvidar las buenas tradiciones. Para demostrar que podia tambien poner el pie en los campos, no del todo cultivados, por donde corrian sus émulos, aventuró por médio de ellos, alguna véz que otra, cortas eseursiones pero se retiraba inmediatamente á los primeros pasos, mas fatigado, que si penetrase dias enteros en los jardines de Horacio y Anacreonte. Ni el espíritu ni la vocacion, le predestinaban para innovador. Repasemos al acaso los volúmenes de sus poesías. Qué nos ofrecen en cada página ? Cuadros que honrarian á un pintor clásico autorizándolos. Bocetos, que parecen iluminados por un rayo de aquél sol de Aténas de Roma, que tantos prodíjios vió nacer. Son, La Espigadera, La Niña Descolorida, La Aparicion de Venus y Las Guerras de Amor. El pincél habil y fecundo, los colóres finos y transparentes, y el perfil gracioso, se fijan en el lienzo sin embarazo y casi que roban á los antiguos maestros el secreto de la forma y de la espresion. El Himno á Baco, Las Anacreónticas, La Hurte de Adóois, La Boda de Pórtici, La Soledad, Los Discursos Morales y otras varias, tocadas con admirable delicadeza, pertenecen á la misma escuela y emanan de la misma vena, mas imitativa, que espontánea é hija de la invencion. El idioma le obedece como esclavo y traslada fiélmente, no tan solo las facciones y colóres, sino tambien los trazos más lijeros y los cambiantes ménos aparentes del pensamiento. Entre tanto, la verdad humana y la verdad filosófica de la vida y del sentimiento, póco
151 nada hablan al corazon ; ya una sombra contemplativo vaya á toldar el rostro de las bellas figuras, cuyos senos véanos palpitar, exalando un lánguido suspiro, ya una loca sonrisa y la ruidosa alegría de la cancion báquica, celébre, entre libaciones, la taza coronada de pámpanos, en donde hiérve y espúma el zumo de la vid. Los mirtos y rosales en médio de los amores que revolotean en torno de la diosa de Paphos ; las campiñas cubiertas con doradas cosechas y circundadas de arboledas frondosas, que bajan las corrientes tranquilas de un lágo ó de un rio adormecido, ó que pisa el delicado pié de las pastoras de Gessner, de Delile y de Lobo. huyen del mundo positivo para los dominios ideales de la musa de Teocrito y de Virgilio. En otra esfera, mas próxima á nosotros por la interpretacion melancólica, nótase áun la misma tendencia. El Recuerdo de la Pátria, compuesto en Londres en el año de 1811; La Alhambra, memoria instantánea de su florida cuna llamada Granada ; La Cancion del cautivo, La Madre Desventurada, La Fantasia Nocturna, La Tormenta y La Vuelta á la Pátria, escrita en la capital del Darro, en octubre de 1831, todas estas poesías, asuntos en que la sensibilidad de la escuela moderna sabría infundir á la conmocion mil afectos encontrados, ¿corresponden acaso á lo que su título y la maestría del poeta debian insinuar ? Ostentarán ciertamente las cualidades que lo recomiendan hasta en los mas abandonados ensayos ; pero esta° bien léjos, de la pompa, de la magnificencia ó de la apasionada espansion á que nos acostumbraron los versos de Byron, las estrofas de Hugo, y la inspiracion luminosa (le Zorrilla.
152 Queréis conocer la inmensa distancia que separa las dos escuelas, áun cuando esté representado el género clásico por un escritor de transicion ? Confrontad Los Recuerdos de la Pátria y El canto del Cautivo, publicados por Martinez de la Rosa, con .El Desterrado, El sueno del Proscripto y las Odas al Faro de Malta, á Las Estrellas, y á su hijo Gonzalo, del duque de Rivas. inspiráronlas iguales tristezas y memorias y la misma impaciencia en el destierro. ¿ Por qué nos parecen tan dramáticos y llenos de amargura los lamentos del autor de D. Alvaro, y apesar de tanta perfeccion, achaMOS de ménos alguna vida en las composiciones del autor de la Poética E'spanola? No culpeis por eso á él ; culpad á la tradicion que le subyugaba. Para que suspíren la ternura y el amór en los dulces transportes, que nos producen los rasgos líricos de D. Angel de Saavedra, és necesario que la inspiracion brote del corazon bañada en lágrimas y el dolor sea una verdad y no un simulacro. La imitacion, buscaria inutilmente un chispazo en las cenizas del pasado, para causar aquél incendio. El luto del alma, que se vé al través de las quejas del proscrípto, no se traduce, ni se copia : se siénte. Uno y otro vate, perdieron la pátria casi aun mismo tiempo, lloraron ausentes el hogar desierto, y retrataron la lívida tristeza, que devora, como el buytre de la fábula, las entrañas de los desterrados. Su dolor fué igual. ¿ Porqué no gimen, maldicen y suspiran del mismo modo. ? Responde á eso lo que ya espusímos. Mientras que el
153 uno no sepára la vista de su camino, y pide á Roma, y á Grecia, á Herrera y á Melendez, una nota para afinar la molodía de sus cántos, el otro, se precipita sobre el torrente, le vénce con arrójo y llega á estampar su ósculo casi siempre sin esfuerzo, en las playas á donde la esperanza le llamaba. Pero lo que mas hace destacar con incontestable superioridad las relevantes prendas de Martinez de la Rosa, son los cántos de su Poética, compuesta en la soledad del cautiverio durante las lentas vigilias, que pasó en el presídio africano del Pefion de la Gomera. Se vé por ellos, que el poéta, fijaba la planta con resignacion en el terreno, cuyo itinerario inculca á la juventud. Los lugares, que cita, son todos conocídos por él ; los ejemplos, que ofrece, corresponden á las reglas aconsejadas por la minuciosa eleccion y obtenidas en el profundo estudio y comparacion de los mejores modelos. La claridad, que apreciaba sobre todo, y la concision elegante, en que era admirable, le realzan la frase, avivando la fórma esencial de los preceptos. La leccion emana de sus lábios, afluente, agradable, opulenta, é instrutíva. Reasumiendo en un breve cuadro un tratado completo, metrefica con tal artificio y exactitud, que nada se le escapa ; ni lo perfecto, ni lo armonioso, ni lo propio. De cuatrocientas ochenta páginas, que comprende el primer volúmen de sus obras literarias, publicadas en Paris por Fermino Didot y reimpresas mas tarde, ochen-
154 ta, son consagradas á los versos de la Poética, y las cuatrocientas restantes á las minuciosas nótas, que enriquecen el testo, preciosas, sobre todo para los estrangeros, por que abarcan y esclarecen completamente el espacioso campo histórico de la poesía española. La erudicion desafectada, que ostenta ; la seguridad con que procede ; la felicidad y abundancia de las citaciones ; la opinion juiciosa y segura, que consigna sobre los escritores mas dignos de imitacion y la pureza y correccion de los toques con que los caracteriza, elojiando ó censurando, justifican por su parte, no tan solo, la infatigable lectura, que debió costarle tan laborioso empeño, sino tambien las elevadas apreciaciones críticas de su espiritu, lucido, imparcial, y dotado eminentemente de aquél dón singular del buen gusto, sin el cual, todo aparece casi mutilado y que, por lo tanto, un ingénio aleman, proclama ?domo el primero y mas indispensable de todos ellos. El segundo tomo de la edicion de Paris, comprende .la traducion de la Epístola de Horacio á los Pisones y las fecundas disertaciones que la acompañan, denominadas modestamente por el autor con el titulo de Apéndices sobre la poesía didáctica, épica, trágica y cómica, de la España. Laversion y los bellos resúmenes literarios que la ilustran, eran por si solos mas que suficientes para crear una reputacion. No atribuyendo ciegamente á la famosa epístola del amigo de Mecenas mayor significacion, que la que le dió el poeta romano, Martinez de la Rosa, entabla la lucha con Horacio, como quien le conece intimarente y sabe todos los secretos de que suele
155 valerse el romano, para no ser cogido en los brazos del atléta, que pretende medirse con él y saldrá vencido infaliblemente, corno antes no le hubiere esperimentado mucho. Familiar con las voces latinas, y usando discretamente de los poderes del idioma pátrio, sigue todos los movimientos de la inquieta musa, cuyas facciones se propone trasladar ; y, en buen hora se lamente de la pobreza relativa de las lenguas vivas en un duelo como éste, forzoso es confesar, que triunfa casi siempre y que ninguna de las variadas é instantáneas transiciones, en que lo satírico, pasa repentinamente del estilo grave para el estilo festivo, del tono austero para la alusion trivial, de la nobleza de las imágenes y de las espresiones, para el desaliño calculado de la frase epistolar, ninguna, se le escapa desapercibida, ó deja de recibir el sello ó el color adecuado. Todas las travesuras de Horacio, unas hijas de la rápida concison, con que maneja la frase y el metro, otras debidas á la fórnia conceptuosa, con que funda en la misma frase la leccion filosófica, el precepto crítico y la alusion mordaz, travesuras, cuyo sentido es preciso adivinar em muchos casos, porque, perdida la actualidad casi que perdieron con ella el sabor ; ninguna de las mismas, repetimos, asi como ninguno de los pensamientos sutiles ó ninguna de las agudezas joviales en que el poeta romano se deleitaba, escapó al traductor, ó por desmayada y contrahecha, acusó su version de ménos acertada ó ménos feliz. Lo mismo que brillaron en liorna aquellos versos inmortales, variada la vóz y el ropage, así los reproduce, en partes, si és posible, con más riqueza de galas y primores.