Naturaleza, ciencia, democracia. Bruno Latour y las políticas de la naturaleza
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NATURALEZA, CIENCIA, DEMO CRAC IA. BRUNO LATOUR Y LAS POLÍTICAS DE LA NATURALEZA G!US E PPE P ATELI.A Univers i dad de Ro ma III, Tor Ver gata CR1 1 7.AR 1.0 s l' .\113RAI.Es Al fondo del pensam i ento de La t our se pu ede ent r ev er la 11 .: ncativa const ant e de apl icarse a una labor de costura, de conexión, siempre difícil pero siempre necesaria. entre campos del sabe r que a menudo, i ncluso por ig noran cia, tendemos a se parar, esforz ándose, en síntesis. p or c onectar las que en un tiempo se: llamaban ··[as d os c ultur as". Es éste precisamente el mo tivo que lo llevó a i nte rvenir en el así llamado caso Soka l. d caso -co mo es sab idosuscitado por el fí si co ameri cano que la nza ba un duro a taque con tra l os h um anist as que se dejan tentar po r el "ci entí fi cismo" (cfr. Sokal y Bricmont 1997), y que ha o puesto a científicos. de una parte , y a humanistas. de la otra . Interviniendo en b polémica, Latour, en resumen. ha acusado a Sokal de que r er cr ea r nueva - me nte un clima de gu erra fría cultural, critiGtn do con a spereza la repro posición de la vieja separación entre las ciencias y defendiendo , por contra, la posibilidad ele un saber l ihn : para moverse: en cualquier dirección y, sobre todo. no aprisionado en jaulas disciplinar es dem a siado es tr echas (Latour 1997 ). También en este caso La t our ratificaba la exigencia de: pensar en términ os glo bales, de ha ce r cons pi rar nuestros sa b eres secto riales lejos de toda etiqueta fücil o de toda moda fil osófica. El camino que Latour ha recorrido paso a paso es se ñala da mente el de: una co mpenet ración cada vez más ex!e nsa de l os domi nios discipli nares, que el proyecto mode rno había separado cada vez co n mayor ri gidez, alim enta n do la ilusi ón de que la realidad sea domeñable media nte su parcelaci ón, med iante sus distinciones fundame ntales entre naturaleza y sociedad; ilusión que se disuelve empero frente a la imparab le proliferac ión de " hí bridos", <le objetos q ue ya no son só lo naturales. o de suje t os que ya no so n sólo humano s. ArgumL·ntos de Razcin TécrnG1. n" H. 200~
162 GJUSEPPE PA TEL LA La de La t our se pueck de n om i nar una filoso fía del pas aje y del cruce que. más allá ele las tesis específicas que a vanza, s obre las cua les obv iam ente se pued e discutir, propone la ex igencia de cruzar los umbral es <le lo que la tradición fil osófica mo dern a ha distinguido, <l e r ep ensar sus nociones clave, a menudo da das en oposición . Es el caso, por ejemplo, de la oposición clásica naturaleza/cultura. su j eto/o bj eto, o t ambién saber científico/ saber hum anístico. Y es entonces so bre d t ema que aq uí dis cu timos. es to es, el tema gene ral de la naturaleza. sobre lo que Latour en l os últim os años ha elaborado una rdlcxiún bastante original, desarrollada , sobr e todo, en un libro reci ente salido en Francia en 1999 intitulado Politiqu es de la nature, sob re el qu e vale la p en a par ar se y reflexionar. El discurso de Latour no se des arrolla aquí en el registro de la discu - sió n entr e exp ertos, no provee solu ciones a pro blem as ambi entales factuales. sino que -y aquí está su fuerzaestriba en l os probl emas mism os y su t 11-gt: ncia. oc upándos<: de una reflexión fund amental so bre dem ocraci a y pol ítica. La aprox imaci ón al problema es <le hecho en cl ave <l e fil osofía política. y no podí a s er <le otra mane ra, d esde el momento en que la na tural ez a no es simp lem ente algo q ue viene da d o, a lgo q ue se ofrece espo ntán eament e a nue stra mirada y viene supu esto a nuestras acciones. sino que es al go que viene pro ducido , con strnido , ela borad o y, por tanto, depend e de la po lítica en el sen tido mús amplio del términ o, convirtiéndose en al go suj eto a la discusión política. La id<:a mis ma de nat ura leza ha tenido así de sde siemp re una vak:ncia polí ti ca. No exis t en, e scribe .Latour, ·'de un lad o, la política y, de l otro , la naturaleza. D esde que el térmi no fue inve ntado , toda política se define en relaci ón con la na turaleza, y todo t razo de esta últi ma , toda su prerroga ti va y función d epe nd en de la volun t ad política de limitar, reforma r, fundar. simplificar, iluminar la vida pública" n.ato ur 2000, p. xi). Y esto v ale tanto más hoy fr ente a las graves crisis ecológicas que agit an nu estro t iemp o . .La d egradación ambiental, el efecto in ve rnadero, el agu - j ero de la ca p:.t <le ozon o, las vac as l oc as , por <lar algun os ejemplos só l o, demu es tran sin dud a al guna q ue la naturaleza no es extraña por principio a la s vicisitudes h umanas y qu e, así pu es, tiene ya en su s eno una valen cia po lít ica. De ahí tambi én la que pu ede se r la importancia h is tórica de l as cr isis eco lógicas, impo rtancia qu<: -co mo pone el e re li eve Lato ur- "no der iva de una nue va preocupació n por la naturaleza, sino <l e la i mpo sib ili dad <le conti nuar imag inan do, de una part e, una po lítica, y, de otra, una natura - l eza que le serviría c onjuntame nte de unidad de medida, de e sp antajo, de reserva, <le recurso y de desca rga p úb lica". Argume nto s de Hazt'ln Térntea. n" H, 2 005
NATl iRAI.Ei'.A, CIENCIA . DEi\l üCRAClA BRl ''-JO LATO UR Y LAS PO LITICAS... 163 NATL' RA l.EZA, POI.iTICA, CI Et'\l.IA La t our pretende, pues, propo n er un modo nuevo de considerar la ecología política, dL'sde el momL'nto L'n que desde el punto de vista conceptual, SL'gún él. ésta ni siquiera ha comenzado a existir. Hasta ahora nos hemos limitado tan so lo a conjugar l os dos térmi nos , ecología y po lítica, sin pensar radicalmente en sus componentes y, sobre todo, terminando por adoptar literalmente los viejos conceptos de naturaleza y de política, que tradicionalmente siempre han sido definidos de modo t al que hacía impo - sible todo acercamiento o asoc iaciún entre ellos. Ah ora bien, la ecología política no puede se r el simple ingreso de los temas de la natu raleza en la política. como demas i ado apresuradamente han dado a entender los así llamados movimientos ver des , ni se puede pensar con el simpli smo ck que la ecología política, escribe claramente Latour. "tenga por objeto la ·naturale7.a .. -amalgama de pol ítica griega, de cartesianismo francés y de parques americanos- " (p. xv). El primer paso para recon siderar la ecología política consiste, por el contrario, en superar el hiato apa rentemen te incol mab le entre la ciencia, encar gada de comp r ender el mu ndo na tural, y b po lítica, que tiene la tarea de regular "el infierno de lo social", como él lo ll ama, puesto que de una cie rt a co n cepción de la ciencia depende no sólo la i dea de naturale7.a. si no también la i dea de política. La pregunta por Ja naturaleza no es e ntonces una pregunta que pue - c.la ser planteada por sí sola, sino que se plantea junto a la política, de tm lado. y a la ciencia del otro. Desde este punto de vista, las cat{t strofes amb i en tales, lejos de ser simp les h echos privados de consecuencias, son cons i deradas al mismo tiempo también como catástrofes de la democrac ia, qu e ob ligan a n:pensar no sólo nuestro modo <le estar juntos y e.le delibe - rar , si no también nuestro modo de ver las ciencias. Así. no tiene se ntido hablar de la naturaleza sin dirigir la mirada , a su ve7. , a Ja dem ocracia de las ciencias U..atour 1987). Lo que, sin embargo , es necesari o, es un gran cam bio co nceptual q ue nos pe rmita s up erar antes que nada la tradicional dicotomía natural eza/sociedad. El prejuicio principal que de inmediato hay q ue pone r en di scusió n es justo esta dualidad naturaleza/sociedad, profunda m ente radicada en el pensamiento occ idental, y especí fi ca de nuestra modernidad , qu e consigna una gran pa 1 1e de la eco logía política contemporánea. Históricamente emerge como un trazo distintivo de nuestra moderni d ad, antropológicamente está ausente en otras formas de cultura, y sociolúgicamente las crisis Ar~umentos de Ra7.Cin T0 rnica . n" 8, 2005
164 Gll'SEPPE l'ATELLA ecológicas recientes pres1:ntan una tal y ran compleja mezcla de lo natural y de lo social que la po n en tambit;;n en discus i ón. Esta co ntrap osición es. así pues. un acto cons tituti vo de nues tras soc i edades que redu ce la política a un papel muy lim it ado. y deja el campo libre a un proceso cient ífico y eco n óm i co más o menos imp lícito. Entre los argumentos usados por Latour contra este postu lado de separación. de co ntraposición, el nüs decisivo es aquí el hec ho de que reduce el pensamiento políti co a una actividad sec u ndaria de gestión y de entr eten imiento y. en consecuencia. legitima as uncionc.:s de riesgos, hechos consumados e interpretaciones, cuya aceptació n debería dep en der fun cl a1rn:ntalrnente del debate político. El objetivo de L atour es, así pu es , d de proponer u na conce ptualización distinta. para que nos demos cuenta en wdo mo1m: n10 dc q t11 : la distinción nat uraleza/ sociedad , como la de sujeto/objeto. ya no es practi cab l e, ya no rige. p or cuanto se basa en una división de la realidad definida a priori: el hom bre, el sujeto. en el centro, circu ndado por los objetos. Pero una t al distribución antropocéntrica de l os papcles, bien lejos de asignar una pr eemi n encia a lo político, restri nge su campo en la medida en que en nues tro mundo proliferan nuevos objetos y sus co rr espondientes hechos. En democracia los sujetos y l os ob je tos así entendidos ya no pueden asociarse, se precisa más bien proceder a una re cle finición del es tatuto ele los obje!Os para p ode r hacer ecología po lí tica. Pero. bien mirado. l os objetos ya son en rea lid ad act ores protagonistas de la vi da de nuestras sociedades , y Latour, así pues. no hace sino reconocerles un estatuto de ex istencia fuerte, una capac i dad de expresar una fuerte oposición a nuestra voluntad. de se r presencias determ i na ntes en di spos icic'>n ele cambiar el rostro del ambien te que nos circunda. ÜBJETOS "C Ai. VOS" Y OBJETOS ",\ JELE'.\:lDOS .. La que afrontamos de este modo ya no es. así pues, u na crisis general de.: la naturaleza. una simple crisis ecológ ica, sino una "crisis constitucional gern:ralizada" co n r espec to a l odos l os objetos, una crisis de la objetividad, sostiene Latour. Lo que signi fi ca que la realidad externa no se presenta ya co n el r ostro d e.: u na naturaleza indif en:nte, que ya no nos las \·emos 1nás co n simples oh j c.:tos naturales. bien definidos y cerrados en sí mismos, l os ob j etos "calvos" y sin riesgo, como l os ll ama Lalou r, a los qu1: estáhaxnos acos t umb r ados hasta a hora en el viejo orden constitucional m oderno , que se regía seg ún la separación ab so l uta entre naturaleza y sociedad. sujetos , de una pa rte, y obj etos , de la otra (cfr. Latour 1991). Hoy, en cambi o, nos Ar gu m enros <le= Ibzc>n Técnica. n" H. 200'i
:\Af'lll{ALEZA. CIF'\C I A. Df ,\ 10Cl{ACIA. BRl "NO l.AT OllR Y LAS POLÍTICAS... 165 las vemos cada vez m:.'ls con objetos "'melenudos", "enmarañad os'", co n "li - gazones arriesgadas". esto es, con objetos inciertos, quasi-obj<:tos, h ec hos de múltiples con exi ones t<:n taculares nunca cerradas de l t odo , en disposición <le poner en movimiento consecu en cias i nesper ad as incluso a largo plazo . y por ello ta nto m:ts imprevisibles e incontrolables: objetos tales que ya no se pueden dar simplemente en oposición al sujeto huma no, sino entre los cua les el hombre mismo est[l implicado e incluido. ¿Cómo clasificar ele hecho d agujero de ozono, los organismos genéticamente mo - dificados. el virus del SJDA. los priones <le la encefalopatía espongiforme bovina responsables de las así llamadas vacas locas? ¿Son productos de la naturaleza o de la sociedad? ¿Son prohl ...:mas científicos o morales? ¿Son cuestiones técnicas o sociales? Lejos de caber claramente dentro del or den pr ees tablecido de la Co nstitución moderna -por decirlo con L atour-, que en su ansia de sep aración prevé una división neta entre cosas y personas , entre hechos y valores. en definitiva. <.:ntre naturaleza y cultura. los objetos qw: nos circundan son en realidad híbridos reluctantes a toda clasificación, nodos de una r<.:d qu<.: liga en una cade na ininti.:rrumpida factores múlti ples y distantes, que amenazan c on hacer saltar t odos l os ordenamientos, todos los programas, todos l os efectos. H oy asistimos. así pues, al multipli carse de estos objet os enmaranados , inciertos. qu e ya no se puede relegar al mero mundo nat ur al y que. antes al co ntrario. t<.:rminan por poner en discusión la tradicional cl asificación de los s<.:r<.:s, así como la je rarquía de los actores y de los valores. He aquí, escr ibe Latour, que "u na causa infinit es imal comienza a producir gran des efectos: un actor insi gn ific ant<.: se hace central; un enorme cataclismo se de .wa nec<.: como por encanto: un producto -milagro tiene d<.: improviso consecuen cias espantosas; un ser monstru oso s <.: trasforma en doméstico sin es t i.1<.:rzo alguno . C on la <.:cología polí tica n os vemos pillados si em pre a con trapié. un as ,· eces sorprend idos por la robustez de los ecosistemas, otras por su fragilidad·· (2000. p. 20). Debemos . por tanto, estar en disposici ón de pensar en una eco logía política qu<.: tenga en cue nta estas extrañas presencias y que sepa interpretar <.:sas exigencias. por así decir. Porque desde el mome nto en que la r<.:alidad externa ya no est{i constitui da sólo por simples objetos naturales, calvos. in e11<.:s, controlables y manipulables, sino por híbridos de naturaleza y cultura que rd1uyen definici on <.:s pr ecisas, incontrolables <.: incic 11os , lo qu1..· debemos hacer ya no es sólo re<. : onoc er la ex istencia y la proliferación de esta <.:speci e de monstruo s, sino , so bre todo , representamos oficial y ad<.:cuadamente su existencia. Es pr<.:cisa, así pues, una "antropología siArgum e ntos Je R:min T .:<· n1c:t, n" H. 200~
1 66 GJllSEPPE PATILLA métrica". como sostenía L:l!our en un ens a yo de ha ce al gún tiempo (1991), que t enga en cuenta tanto a l as per sonas como a las cosas, que estud ie junt amente la prod u cción de human os y no humanos. Con la consecuencia de q ue de este modo se hace necesario pensar t ambién en otra democra - cia, ya no limitada a los h um anos. sino ampli ada a la mu ltiplicid ad de l os no hu manos a l os que a partir de ahora hay que hacerh:s lugar para vivir en comú n. Pero esto, más en gene ral, pn :\" é el pensami ento de n uevas institucion es en l as que esta democracia amp li ada pueda ser ejercida, prevé , así pues, el na cimiento de una nueva Constitución, ese ncialmente dis tinta de la m oderna, bas a da en la división y en el con flicto de seres, de saberes y de culturas. HACIA l ''\A :"Jl 'E VA Cü'\STITl "CIÓ>! Es así como Latour constrnye la metMora de una nueva Constitución, fundada en Ja conv ivencia de humano s y no human os en un gran colecti\"O único, que t iene d encargo de reu ni r la crecience multiplicidad de asociaciones de act ores humanos y no human os . Un co lec ti vo abierto y en cont i nua expansión , es co es, democrático y siempr e dispuesto a acoge r nuevas pe ti ciones de ingreso de otros seres. Se pasa así de la guerra civ il y de la oposic ión entrt' suj eto s y objetos. donde el uno vencía siem pre donde el otro perdía , a una nueva colaboración de las parejas de humanos y no h um anos , que , en camb io, puede n asociarse en la medida en que los no humano s no resultan intercambiados po r objetos, mudo s y pasivos, sino ent endidos como en tidades n uev as de bor d es in ciertos, que dudan. sor pr en d en y se convierten en actores sociales a t odos J os efectos. En este sent i do , Ja realidad externa deja de se r una naturaleza inerte , algo dado obje tivamente de u na vez por todas, que la ciencia se enc argaba e.l e interpretar y de dete rmi na r, para cob rn r la apar iencía de u na gran asamblea de "no human os" qu e presio nan por entrar en el co lectivo de la deliberaci ón polí tica. que reivindi ca n su derecho a hacer se oír y a expresar su voto mediante nue vos intérpret es y nu evos portavoces. Ya no son sólo, por tanto, científicos, sino t amb i én econ omistas, juristas, polític os , morali stas, qu ienes de b en hacerse cargo de lo s dere chos de las enti dades no hu mana s que pi de n se r políticamente rep re sen tadas. Ahora bien. esta visión, por así decir, "asamblearia"' de la ecología, avanzada por La tour, está en ab ierta pol ém ica no sólo con la ecología po - lítica tradicional. com o h emos visto. si no también con la ecología t eó ri ca , co n l os teóricos de la eco logía que , con trar ia me nte a l os activistas ecológiArgumentos e.le Haz<in Técnica. n" 8, 2005
NA111RALEZA. CIENCIA. DE'\.10CRACIA BRL º '<O LA TO!JR Y LAS l'O!.f11CAS.. 167 cos, e mpeñado s cn prccisas campañas am bientales, no ha cen otra cosa que volver a proponer d viejo mito de un a naturaleza incontam in ada, o de una n.:alidad intangible. perpetuando de este modo no sólo la eterna escis ión naturaleza/cultura. si no también la fa lsa mitología del bucn salvaje, el cual en r ealidad -co mo ensefia la antropología comparada -no está en abso lut o i nteresado en la distinción típica men te occide ntal de naturalcza y cu ltur a. Lo que hoy. por d contrari o, nos es requerido es repensar el modo de juntar en un nuevo colectivo ya no a sujetos y objetos, sino a la multiplicidad de ent id ades humanas y no humanas que conjuntamente piden sentarse t:n la nueva asam blea co mo protagonistas po rt ado res de derechos de ciudadanía. Lo que ent onces podemos hacer es intentar encont rar el jurado m:.'ts competcnte para evaluar las nuevas relaciones que hay que incl uir en d colectivo. de modo que se obtenga una articulación más madura ele los elementos incluidos. de s us cuali dade s y de sus relaciones mutuas. Es así como l os científicos. políticos. administradores . economistas o filósofos morales pu ede n hacer su aportación , tanto c uanto los ac ti vistas ecológicos y l os manifestantes de las plazas, para que todos juntos contribuyan a afrontar los problemas com un es del colectivo ecológico. que es político en su dime n sión mCis propia. Y así. entonces. la Ciencia, en singular y co n mayúscula, qu e ha terminado cons truye ndo el mito de una ve rd ad objetiva, cede el puesto a las ciencias. en plural y con minúscula, y a su gestión democr-.ítica. como ya quería reye rab end. empeñadas en el prob l ema del co lt:ctivo y en hacer hablar al conjunto de las entidades articuladas. Entonces, para conclui r, cuando Latour se pregunta si nos podemos entender sobre la hase de la natural eza, nosotros comprendemos e nseguida que la respuesta a la pregunta es con toda seguridad prob l emát ica, porque incluso poniendo a la naturaleza en el ce ntro de nuestros discursos, a menu do el acuerdo igualmente no se encuentra. Sin embargo, ésta es propiamente la actitud de l os eco logistas militantes, qu e dicen: po n gamos a la naturaleza en el centro de nuestras preocupaciones y t odos los prob l emas se resolverún. Tomemos el ejemplo de la caza: ya sean los cazado res ya se:.t n los amb ientalist as contrarios a la caza todos afirman hablar en nombre de la naturaleza. Los primeros definiénd ose co mo l os ve rd aderos co no cedores de la naturaleza y los segu ndo s otro tanto. En este caso es en tonces evidente que la nat u ra l eza no ba sta para ponerlos de ac uerdo. ¿Quié n puede habla r de hecho "po r "' la naturaleza , en el nombr e de la narur:.tleza? ¿Q ui én pued e decir qué es ella. objeti va e independientemente de nues tra existencia huma na, que es .. política "' en el sentido aristotélico? Ar gumen t os <le Raz(in Técnic1, n" H. 200S
168 GIUSEPPE PATF.L LA Lo que ac aba para Lat ou r es justo ahora la na turaleza, la vieja i dea de natural eza que hemos he r edado; lo que com ie nza es, en cambio, la política, o mejor. la ecol og ía política, definida por la composición progresiva del "buen mundo c omún '', como él lo denom ina, que no es ot ra cosa que lo que los griegos llamahan con el nombre de cosmos. RffERE:--;CJAS BIBLIO<;RÁF!CAS Bruno Latour < 1979) l.a/Joratory Lij'e: the Social Co11stmcti<m <if Sciel//ific Facts, L os Angeles , Londres, Sagc. con S1 eve Woolgar; nuova edizione fran cese rivisia. La Vie de l almmtoir e - La pniducticm des faits scie11tijiques. Paris, La Découvene, 1988. ( 198·+) Les Mia o bes: g11erre et pai.<. París, Métaillt:-. < 1987 ¡ Sci ence in Actio 11 , Hml' to Fol/01 1' Scientists and Engi11eers thro1t Rb Sacie~ )'. Cambridge, Harvard Un i ve::: rsity Pr ess, 1998. /Vous 11'auons1a111aís ét é modernes -essai d 'anth rnpol oµ,fe sym étrique, Paris, La Découverte. Petít es lec:ons ele sociologü! d es scie11ces. Paris. Se uil. ()997) Y a-1-il une science a prb la Guerre Froide?, en " Le Monde", 18/ 01/1997. ( 1999) Politiques de la nat11re. Comme11t /aire cmtrer les scicmces en dc.'mocratíe. Pmis , La Décom·e11e. Al an Sokal. J ea n Bricmoni ( 1997) impostures i11te/lect11elles. París, Seui l. T1 ~1 ducci ón dd original italiano p or .fosé A. M ar ín-Casanova. Argumentos <l e R nú n TérnKa. n" H. 2005