Full text
P ABLO J AVIER P OMAR R ODIL
Bajo la d irec ción del Dr. D. Vice nte Lleó Cañal
LITURGIA Y ARQUITECTURA EN
LA ARCHIDIÓCESIS DE SEVILLA
LA VICARÍA JEREZANA DURANTE LA
EDAD MODERNA
T ESIS DOCTORAL
I
Depar tame nto de His tor ia del Ar te
U NIVERSIDAD DE S EVILLA
2015
LITURGIA Y ARQUITECTURA EN LA
ARCHIDIÓCESIS DE SEVILLA
LA VICARÍA JEREZANA DURANTE LA EDA D MODERNA
P ABLO J AVIER P OMAR R ODIL
Bajo la d irec ción del Dr. D. Vice nte Lleó Cañal
LITURGIA Y ARQUITECTURA EN
LA ARCHIDIÓCESIS DE SEVILLA
LA VICARÍA JEREZANA DURANTE LA
EDAD MODERNA
T ESIS DOCTORAL
I
Depar tame nto de His tor ia del Ar te
U NIVERSIDAD DE S EVILLA
2015
A UNQUE , POR SU PROPIA NATU RA LEZA , LA PRESENTE TESIS DO CTORAL HA SIDO UN TR ABAJO EMINE N-
TEMENTE PERSONAL , POR LO QUE SUS POSIB LES ERRORES SON SÓLO ATRIBUIBLES A SU AUT OR , QUEREMOS
EXPRESAR NUESTRO MÁS SINCERO AGRADECIMIENTO A LAS PERSONAS E INSTITUCI ONES QUE SIEMPRE SE HAN
MOSTRADO DISPUESTAS A BRINDARNOS SU AYUDA CUANDO SE LA HEMOS REQUERIDO .
E N PRIMER LUGAR AL PERSONAL QUE CON TANTA AMABILIDAD NOS HA AT ENDIDO Y ORIENTADO E N
LOS DISTI NTOS ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS CONSULTADOS , PARTICULARMENTE EN L A B IBLIOTECA M UNICIPAL ,
EL A RCHIVO H ISTÓRICO MUNICIPAL Y EL A RCHIVO H ISTÓRICO D IOCESANO , EN J EREZ DE LA F RONTERA ; LA
B IBLIOTECA DI A RCHEOLOGIA E S TORIA DELL ’A RTE DE P ALAZZO V ENEZIA , LA B IBLIOTECA H ERT ZIANA DEL
I STITUTO M AX P LANCK , Y LA B IBLIOTECA DEL P ONTIFICIO I STITUTO L ITURGICO S ANT ’A NSELMO , EN R OMA ;
LA B IBLIOTECA DE LA F ONDAZI ONE Q UERINI S TAMPAIA EN V ENECIA ; LA B IBLIOTECA N ACIONAL , EL A RCHIVO
H ISTÓRICO N ACIONAL Y LA B IBLIOTECA DE LA R EAL A CADEMIA DE LA H ISTORIA , EN M ADRID ; LA B IBLIOTECA
DEL C ENTRO DE E STUDIOS T EOLÓGICOS , Y LAS DIFERENTES BIB LIOTECAS Y ARCHIVOS DE LA I NSTITUCIÓN
C OLOMBINA , EN S EVILLA , DONDE LOCALIZAMOS LA MAYOR PARTE DE FUENTES INÉDITAS QUE NOS H AN PERM I-
TIDO SOSTENER EL DIS CURSO HISTORIOGRÁFICO .
A DEMÁS , LA PRESENTE TESIS SE HA ENRIQUECIDO DE MA NERA NOTABLE CON LAS APORTACIONES ,
OPINIONES , CORRECCIONES O LECTURAS CRÍTICAS DE SU PRIMER BORRADOR QUE H AN ESTADO A CARGO DE
DISTINTOS ESPECIALIS TAS QUE NOS HONRAN C ON SU AMISTAD . A ÚN A RIESGO DE OLVIDAR ALGUNO , NO QU E-
REMOS DEJAR DE MENCI ONAR A DON E DUARDO C ARRERO S ANTAMARÍA , DON J OSÉ M ARÍA G UE RRERO V EGA ,
DOÑA F ÁTIMA H ALCÓN Á LVAREZ -O SSORIO , DON F RANCISCO J AVIER H ERRERA G ARCÍA , DON J AVIER J IMÉNEZ
L ÓPEZ DE E GUILETA , DON M IGUEL Á NGEL M ARISCAL R ODRÍ GUEZ , DON M ANUEL M ARTÍN R IEG O , DON F E R-
NANDO L ÓPEZ V ARGAS -M ACHUCA , DON A GUSTÍN P INA C ALLE ; DON F RANCISCO P INTO P UERTO ; DON
A LFONSO P LEGUEZUELO H ERNÁNDEZ , DON J UAN C LEMENTE R ODRÍGUEZ E STÉVEZ ; DON A LFONSO R ODR Í-
GUEZ G UTIÉRREZ DE C EBALLOS ; DON M ANUEL R OMER O B EJ ARANO , DON R AFAEL S ÁNCHEZ S AUS Y DON
A MADEO S ERRA D ESFILIS .
T AMBIÉN NOS VEMOS CON GUSTO OBLIGADOS A EX TENDER NUESTRO AGRAD ECIMIENTO A DON A NT O-
NIO L ÓPEZ F ERNÁNDEZ , DEÁN DE LA CATEDRAL DE J EREZ , BAJO CUYA RECTO RÍA S E ENCUENTRAN , ADEMÁS DE
AQUEL TEMPLO , CUATR O DE LAS HISTÓRICAS PARROQUIAS QUE TRATA MO S EN ESTA TESIS , LAS CUALES HEMOS
PODIDO ESTUDIAR IN SITU CON MÁS FACI LIDADES DE LAS QUE NADIE PUEDA IMAGIN AR . D E EFICACES CONSU L-
TORES LITÚRGICOS NOS HAN HECHO LOS SACERD OTES DON J OSÉ C ALVÍN T ORRALVO Y DON R AMÓN A N GLÉS
D OMÍNGUEZ , RAROS CONOCEDORES DE LAS RÚBRICAS Y CEREM ONIAS DE LA VENERABLE TRADICIÓN LI TÚRGICA
HISPANA .
P OR EL PRIMER IMPULSO , EL ESPERANZADO ESFUE RZO Y LAS CO NSTANTES RENOVACIONES DE LA
CONFIANZA OTORGADA D URANTE LOS AÑOS QUE HA DURADO LA COSECUC IÓN D E ESTE EMPEÑO , TENGO CO N-
TRAIDA CON MI FAMILI A – CON LA ASCENDENTE Y CON LA PRESENTE – UNA ENORME DEUDA DE GRATITUD . A
ELLA QUISIERA SIGNIF ICATIVAMENTE UNIR DE MANERA ESPECIALÍSIMA , POR EL CONTINUO ALIE NTO PRESTADO
EN LOS MOMENTOS MÁS CRÍTICOS DE ESTE TRA BAJO , A DON Á LVARO R ECIO M IR , PUES SIN SU CONSTANT E Y
DESINTERESADO APOYO ESTA TESIS QUIZÁ NUN CA HUBIESE SIDO UNA REALIDAD FINALI ZADA .
F INALMENTE , AL D EPARTAM ENTO DE H ISTORIA DEL A RTE DE LA U NIVERSIDAD DE S EVILLA , DONDE
LA PRESENTE TESIS DO CTORAL HA PERMANECIDO INSCRITA MÁS AÑOS DE LO QUE H UBIESE SIDO DESEABLE ; AL
PERSONAL D E SU BIBLI OTECA Y SECRETARÍA , POR ATENDER SIN QUEJ A NUESTRAS CONSTANTE S PETICIONES ,
REQUERIMIENTOS Y DUD AS ; A SU PROFESORADO , CON EL QUE NOS FORMA MOS DURANTE LOS AÑOS DE LICE N-
CIATURA . P OR ÚLTIMO , DESDE LUEGO CON ESPECIAL AFECTO , A NUESTRO DIRECTOR , DON V ICENTE L LEÓ
C AÑAL , POR SUS SABIOS CONSE JOS Y SU INCREIBLE P ACIENCIA Y DEDICACIÓ N .
A Caridad
Í NDICE DEL TOMO I
I NTRODUCCIÓN
13
F UENTES P ARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDI O
15
Precede ntes his tor iogr áfic os
17
His tor i a de la l i tur gi a y fo rma ci ón del in ves ti ga dor
23
Los l ibr os li túrg icos y la au tori dad romana
24
La r ecepc ión loc al
28
Arte , arq uit ect ura y liturgia
34
La a pli caci ón e fect iv a de l os p rinc ipi os teór icos
36
Á MBIT O GE OGRÁFI CO Y T EMPORAL
41
I. L A V ICARÍA JEREZANA
45
L A COLEGIAT A DE S AN S ALVADOR
47
La s anta emul aci ón. La c ate dral co mo model o
52
La pl ant a c ated ral ici a d e l a c oleg iat a jerezana
57
L AS PARROQUIAS
61
San Mat eo
62
San Marc os
64
San Luca s
65
San Ju an de los Caba lle ros
66
San Dio nisi o
68
Santi ago
69
San Mig uel
70
La c apil la de San Juan de Letrá n
74
C APILLAS , ERMITAS Y ORATORI OS
77
Las capi ll as y e rmita s
77
Los o rat orio s d omésti cos urb anos
83
Los o rat orio s r ural es
87
[ 18 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
bajos de Kees van der Ploeg, Eric Palazzo, Sible de Blaaw, Paolo Piva o
Justin Kroesen, de los que metodológicamente esta tesis doctoral es en
cierto modo deudora. 2 Y dentro del ámbito hispano los trabajos de los pro-
fesores Bango Torviso y, más recientemente, pero con producción
abundante, Carrero Santamaría. 3 Éste último, además, fue director del
congreso «La catedral medieval, espacio litúrgico, arte ceremonia y músi-
ca», celebrado en el marco del International Medieval Meeting de la
Universidad de Lérida en 2012 . 4
Sin embargo, las relaciones entre la arquitectura y la liturgia no han
ocupado el mismo lugar entre los historiadores dedicados al estudio de la
Edad Moderna, circunscribiéndose la especie a la recepción del concilio
ecuménico de Trento y, además, de una manera ciertamente atomizada y
dispersa, que hasta la fecha ha generado poquísimos estudios que podamos
versidad de Navarra, Pamplona, 1978 ; Í ÑIGUEZ H ERRERO , Jo sé Antonio: El altar cristi ano II.
De C arl omagn o a l sig lo XIII. Uni vers ida d de Nav arr a. Pamplona, 19 91 .
2 De todos éstos, autor es con ampli a bibl iog raf ía dedicad a a la relaci ón entr e arqui tec tur a
y liturgia en la Edad Media, n os limitaremos a señalar aquellos cuya lectura h a sido efect i-
vamente enriquecedo ra a nuestros fines en razón de su enfoque m etodológico , si bie n
otras de sus obras serán utili zadas a lo largo de la presente tesis doctoral. H EITZ , C arol:
Recher ches sur les rapports entre archite cture et lit urgie à l’époque caroli ngien ne . SEVPEN . París ,
1963 ; P LOEG , K ees v an de r: Art, Archite ctur e and Litur gy. Siena Cathedral in the Middle Ages .
Rijk suniv ersi teit Groningen. Gronin ga, 1993 ; B LAAUW , S ible de: Cult us et Decor. Lit urgia e
architet tura della Roma tardoantica e m e dievale . B ibliotec a A pos tólica Vatic ana. Ciud ad del
Vati cano, 1994 ; P IVA , P aolo: «Lo “Spazio liturgico”: architettura, arredo, iconografia (secoli
IV - XII)» , en Paol o Piva: L’arte medieval nel contes t 300 - 1300. Funzioni, iconografia, tecniche .
Jaca Book. M ilán, 2006 , pp. 141 - 180 ; K ROESEN , Justin E. A.: Staging the Li t urgy. The Medi e-
val Alta rpiece in the Iberian Peninsula . Peeters . Lova ina, 200 9 .
3 B ANGO T ORVISO , Isidr o: Edifici os e imágene s medieval es. H ist oria y signif icado de las formas .
Temas de hoy. Madri d , 19 95 ; B ANGO T ORVISO , Isid ro: Edific ios e imágene s mediev ales . Hist o-
ria y significado de las for mas . Tem as de hoy. Mad rid, 1995 ; B ANGO T ORVISO , Isidro: « La
vieja liturgia hispana y la interpretación funcional del templo prerrománico » , en VII Sem a-
na de estudi os medieval es . Instituto de E studio s Rio janos. Logro ño, 19 97 , p p. 61 - 120 ;
C ARRERO S ANTAMARÍA , E duard o: « La arquitect ura medieval al servicio de las necesida des
litúrgica s. Los c onjun tos de ig le sias» , en Anale s de Histori a del Arte , vol. extrao rdina rio
( 2009 ); C ARRERO S ANTAMARÍA , Eduard o: « Catedra l y litu rgia medi eval es. La def inición
funcion al del espacio y sus u sos » , en A nísio M iguel de Sousa Saraiva y M aria do R osário
Barbosa Morujão (coords.): O clero secu lar medie val e as suas catedr ais . Novas perspec tivas e
abordagens . Uni vers ida de C atól ica Por tug uesa. Lisboa, 2014 , pp. 59 - 100 .
4 Las acta s del mismo fu eron publ icada s en una secci ón «Lit urgi ca», en Medie val ia , 17 . Un i-
versidad Autónoma de Barcelona. Barcelona, 2014 , pp. 77 - 333 .
[ 19 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
considerar como de referencia por su amplitud y que en España pueden
limitarse principalmente a los del padre Alfonso Rodríguez Gutiérrez de
Ceballos. 5 A pesar de todo, justo es reconocer que algunos de los trabajos
particulares centrados principalmente en el estudio de esta relación que
nos ocupa en los ámbitos francés e italiano, son de gran provecho a la hora
de adaptar la metodología aplicada por los medievalistas al nuevo paradig-
ma que supone la modernidad, al tratar precisamente la mayor parte de los
mismos sobre las transformaciones a que se vieron sometidos los templos
en torno al Concilio de Trento. 6 Al respecto, conviene señalar la excepción
que a este discreto panorama supusieron las jornadas de estudio convoca-
das por el Kunsthistorisches Institut de Florencia en marzo de 2003 , donde
de manera pionera el uso de la arquitectura sagrada en la Italia del Rena-
cimiento sería debatido bajo el enfoque de la literatura eclesiástica de la
5 La obra del P. Ceballos sobre la recepción del Concilio en época de Felipe II y su i n-
fluencia en la arqu itectur a religios a, pione ra en s u géne ro en E spañ a, lo fue t ambié n al
señalar su dimensión am ericana. R ODRÍGUEZ G UTIÉRREZ DE C EBALLOS , A lfonso : «Litur gia
y configuración del espacio en la arquitectura española y p ortuguesa a raíz del Concilio de
Tre nto», en Anuario del Depart ament o de Histori a y Teorí a del Arte , 3 . Univ ersidad A utón o-
ma de Madri d. Madri d, 1991 , pp. 43 - 52 ; R ODRÍGUEZ G UTIÉRREZ DE C EBALLOS , Alfons o:
«Liturgia, culto y arqu itectura despué s del Concilio de Trento: la situación de México d u-
rante los siglos XVII y XV III», e n Boletí n del museo e inst itut o Camón Aznar , 48 - 49 . Z aragoza,
1992 , pp . 287 - 307
6 Sorprende la canti dad de trabajos ex iste ntes sob re la inf luenc ia de Trent o en la arqu ite c-
tura re ligiosa, p rincipalm ente italiana, e n los que la func ión lit úrgica apen as s i es
menci onada de sos layo, li mit ándose al estud io de los debate s arqui tectó nic os for male s
producto de la autoafir mación doctrinal del mom ento y de la magni fic enza como expresión
de la m isma. A pesar de ello, autores como Chris tian Iserm eyer, Ma rcia Hall, Auro ra Scot-
ti o Irving Laving , entre o tros, nos han d ejado u n elenc o de lib ros y artíc ulos do nde la
espacialidad y la topografía eclesial com o resultado de las necesidades cultuales sí ocupan
un lugar central en sus enfoques y de los que cabría destacar los siguientes: I SERMEYER ,
Chris tia n Adolf: «Le chies e del Palla dio in rappor to al culto », en Bollett ino del Centro Inte r-
nazionale di Architet tura Andrea Palladio , 10 . Vicen za, 1968 , pp. 42 - 58 ; I SERMEYER , Ch ristian
Adolf : «Le chi ese del V asari e i suoi interventi in edifici sacri medievali», en Bolletti no del
Centro Intern aziona le di Architet tura Andrea Palladi o , 19 . V icenza, 1997 , pp. 281 - 295 ; H ALL ,
Marc ia B.: Renovati on and Counter - Ref ormati on. Vasari and Duke Cosimo in Sta Mari a Novel la
and Sta Croce 1565 - 1577. Oxf ord Univer sit y Pres s . O xford , 1979 ; S COTTI , Auro ra: «A rch i-
tettura e Riform a C attolica n ella M ilano di Carlo Borrom eo», e n L’Arte, 18 - 20 , s./n. s./l.,
1972 , p p. 55 - 90 ; S COTTI , Auror a: «L ’archit ettura religios a d i Pe llegrin o T ibaldi», en Boll e t-
tino de l Cen tro Inte rnazion ale di Arch itettura Andre a Pa lladio , 19 . V icenza, 1997 , p p. 221 - 250 ;
L AVIN , Irving: «I pulp iti di D ona tello un San Lor enzo e il rev ival pale ocristia no», e n Pa s-
sato e presente nella storia de ll'arte . Ei naudi. Tur ín, 1994 , pp. 3 - 43 .
[ 20 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
época. 7 El volumen resultante de aquel encuentro, que vio la luz tres años
después bajo la dirección del profesor Jörg Stabenow ha supuesto sin duda
un hito referencial en la materia, al analizar momentos particulares de la
historia de la arquitectura sacra donde se han puesto de manifiesto la com-
pleja interrelación entre función y forma. 8
Elemento que ha venido siendo objeto de reiterado estudio desde el
punto de vista de su funcionalidad litúrgica es el coro canonical catedrali-
cio. Ciertamente sus sillerías habían venido despertando desde siempre el
interés de los iconógrafos, dada la profusión de historias representadas en
sus tableros, brazales, misericordias y demás piezas que conforman sus si-
tiales, pero hasta no hace mucho, a pesar su propia razón de ser
meramente litúrgica, aspectos como su uso y ubicación habían sido esca-
samente estudiados. 9 Sin embargo, diversos encuentros y congresos que
han tenido lugar a lo largo de los últimos años se han encargado de que
sean hoy los coros los espacios mejor estudiados desde el punto de vista
que nos ocupa, razón por la que nos permitimos detenernos sobre ello, no
en vano ocupará el coro uno de los capítulos centrales de esta nuestra tesis
doctoral. Hay que decir que en este sentido España, donde la ubicación del
coro en medio de la nave no ha dejado de ser tema de debate desde la Ilus-
7 Sobre el desarroll o de las jornadas vid. R OMAGNOLI , Mar gherita : «Art e e L iturgia in Ita lia
in e poca Rin ascim entale e Baro cca: un Co nvegn o», Arte Crist iana , 81 7 . S cuola Be ato An g e-
lico. Milá n , 2003 , p p . 307 - 313 .
8 Stabenow ya ha bía dado además muestras de su int erés en la materi a, algunos años antes
de la publicaci ón del mencionado volumen surgido bajo su coordinación e incluso antes
de las jornadas de Florencia con un interesante artícul o sobre San Alejandro de Milán.
S TABENO W , Jörg: «La Chies a d i Sant’Ale ssand ro a M ilano : riflessione litu rgica e ricerca
spaziale intorno a 1600 », en Annali di archi tettur a , 14 . cisa ap. V icenza , 2002 , pp. 215 - 229 ;
S TABENOW , J örg (co ord.): Lo spazio e il culto. Relazioni tra edificio eclesiales e uso liturgico dal
XV al XVI secol o . Marsilio. V ene cia, 2006 , pp. 25 - 51 .
9 Como ejempl o de aquel desmedido y hasta popular inter és iconográ fic o por los reli eves
que esconden las siller ías corales , que nos m alici amos sea fruto de la su gestión q ue prov o-
ca en el homb re contemporáneo la sórdida y descarnada exhibición de los vicios propios
de su naturaleza caída, cabe destacar, además de la amplia bibliografí a existente, la cole c-
ción de más de diez m il fotografías de sitiales de coro de to do el mundo, misericordi as en
su gran may oría, fruto del trabajo infatigable d e Elaine C. Block durante décadas, que son
consultables a través del Index of Christian Art de la Univer sidad de Prince ton.
[ 21 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
tración, no ha estado a la zaga de esta corriente historiográfica. 10 Así, en
1998 el profesor Pedro Navascués, apasionado defensor de las estructuras
corales hispanas de las que ya se había ocupado con anterioridad, les dedi-
có íntegramente su discurso de ingreso en la Real Academia de San
Fernando y, más recientemente, el profesor Carrero Santamaría se ha ocu-
pado de las mismas también en relación con el culto catedralicio. 11 Al
tiempo, conviene señalar que el tema ha sido objeto de encuentros y con-
gresos como el simposio dedicado al estudio del arte y la liturgia en los
coros catedralicios y monásticos, celebrado en 1999 , coincidiendo con la
reconstrucción del célebre coro del Maestro Mateo de la catedral de San-
tiago de Compostela, dirigido por don Ramón Yzquierdo Perrín; y más
recientemente el congreso internacional celebrado en León dedicado al
estudio de las sillerías de coro en el espacio arquitectónico. 12 En Francia,
donde a través de los traslados corales y la supresión de sus jubés transita la
topografía catedralicia de la Edad Media a la Moderna, el interés no ha sido
menor, dando lugar a trabajos como los de Bernard Chedozeau o las jorna-
das de estudio de 2007 en París que bajo la dirección de Sabine Frommel y
10 Abun dante bibli ogra fía recogi da al respect o en N AVAR RETE P RIETO , B enito: «L as s ill e-
rías de coro barrocas en la historiografía artística españ ola», en VIII jo rnada s d e ar te.
Hist oriogr afí a d el arte esp añol en l os siglo s X IX y XX . A lpue rto. M adrid, 19 95 , pp . 209 - 221 .
11 Aunq ue centra do en un caso muy concret o, no podemos dejar de mencionar como ant e-
cedente de este interés el trabajo de M artínez Burgos sobre el coro de la catedral de
Burgos. M ARTÍNEZ B URGOS , M atías, «En torno a la c atedral de Burgo s I. El coro y su s a n-
danzas», en Boletín de la Instit ución Fernán Gonzá lez , 1 22 - 127 . R eal A cadem ia B urgen se d e
Hist oria y Bel las Arte s. Burgos , 1953 - 1954 ; N AVASCUÉS P ALACIO , P edro : «E l co ro y la arq u i-
tectura d e la catedra l. El caso d e Leó n», en Las Catedra les de Cas til la y León I : medi eval ismo y
neomedievalis mo en la arquitectura española . Fu ndació n Cultu ral Sant a Teresa. Ávila, 1994 ,
pp. 53 - 94 ; N AVASCUÉS P ALACIO , Ped ro: Teorí a del coro en las catedral es españolas . Lunwer g.
Barcel ona, 1998 ; C ARRERO S ANTAMARÍA , Ed uardo : «Ce ntro y p eriferia en la o rdena ción de
espacios l itúrgicos: las estruc turas c orales», en Hortus arti um medieva liu m , 14 . Bre po ls.
Turnhout , 2008 , pp. 159 - 178 ; C ARRERO S ANTAMARÍA , E duar do: «Pre sbiterio y coro en la
catedral de T oledo. E n busca de unas circunstancias», en Hortus Artiu m Mediev ali um , 15 .
Brep ols. Tur nhout, 2009 , t. 2 , pp. 315 – 327 .
12 Y ZQU IERDO P ERRÍN , Ram ón (coord .): Los coros de catedr ales y monasteri os: arte y litu rgia .
Fundació n Pedro Barri é de la Maza . L a Coru ña, 200 1 . Mien tras se im prim ían los vo lúm e-
nes de esta presente tesis estaban en la imp renta las acta s del c itado c ongre so de León ,
que serán editadas por la Cambridge Schola rs Publishin g bajo el título Choir Stalls in A r-
chitecture and Architecture in Choirs Stalls .
[ 22 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
Laurent Lecomte abarcaron el lugar del coro en Occidente a la luz de la
relación entre liturgia y arquitectura. 13
Por último, queremos advertir que, si bien en muchas ocasiones no
se trate de textos donde la interacción entre el culto y el espacio arquitec-
tónico sea su principal motor argumentativo, la reciente puesta en valor de
las catedrales como cuerpos cuya vitalidad orgánica las proyecta en el tiem-
po más allá de su génesis medieval, ha proporcionado un mejor
conocimiento general de las mismas, lo que ha redundado en un nivel de
información sobre ellas muy aprovechable a nuestros fines, al ocuparse con
frecuencia de transformaciones que más allá de los cambios formales debi-
do a cuestiones de gusto o deterioro, que ciertamente también intervienen,
obedecen en su origen al propio aliento de su vida litúrgica. 14
13 C HEDOZEAU , Ber nard: Chœur clos, choeur ouvert. De l’égl ise médiév ale à l’église tridentine
(Franc e, X VII e - XVIII e siècle) . Cerf. París, 199 8 ; F ROMMEL , Sabine y L ECOMTE , Laurent
(coord s.): La Place du Choeur. Archite cture et liturgi e du Moyen Âge aux temps m odernes . P i-
card. París, 2012 .
14 De la ampli a produc ció n bibli ogr áfi c a existente destacamos en primer lugar los volúm e-
nes surgido s del seminar io y el cong reso sobre catedral es en la Edad Moderna que
tuvieron lu gar en la U niversida d de San tiago de C omp ostela en 2000 , y en la de M urcia en
2003 , así co mo las publicaciones de García Mel ero, Alfr edo Vig o, Pedr o Navas cués o, en el
ámbito francés, Mathieu Lours, por ceñirnos a una breve selección. C ASTILLO O REJA ,
Migu el Ángel (coord .): Las catedral es español as en la Edad Moderna . Aproximac ión a un nuevo
concepto d el espacio sagrad o . Antonio Machado Libros. Madrid, 2001 ; R AMALLO A SENSIO ,
Germán (coord .): Las cated rales españolas : del Barroc o a los Historici smos. Universi dad de
Murc ia. Murc ia , 2003 ; R AMALLO A SENSIO , G erm án: El comporta mient o de las cated rale s e s-
pañolas. Del barroco a lo s historicism os . Universidad de Mu rcia. M urcia , 200 3 ; G ARCÍA
M ELERO , José Enriqu e: «Ba ses m etodo lógicas para e l estud io de las transfo rma ciones a r-
quitect ónicas de las ca tedrale s góti cas», en El arte en tiempos de Carlo s III . Alpu erto .
Madr id, 1989 , pp. 125 - 135 ; G ARCÍA M ELERO , José En rique: «Re alizacion es ar quitec tónicas
de la segunda mitad del sigl o XVIII en los interiores de las catedr ales góticas españolas»,
en Espaci o, tiempo y forma . Serie V II, 2 . UNED. Madrid, 1989 , pp. 223 - 286 ; V IGO T RASAN-
COS , Alfredo : La catedral de Santiago y la Ilus traci ón. Proyec to clási co y memoria históri ca
(1757 - 1800) . Electa . Madrid, 1999 ; V IGO T RASANCOS , Alfred o: « Transformac ión, utopía y
redescubrim iento. La catedral desd e el Barro co a nu estros días » , e n Manuel N úñez Rodr í-
guez: Santiago, la catedral y la memoria del arte . Con sorcio d e Sant iago. San tiago de
Compost ela, 200 0 , pp. 187 - 242 ; N AVASCUÉS P ALACIO , P edro : «Las c atedra les de Espa ña y
Méxi co en el sigl o XVI », en Manuel Tous sai nt. Su pro yec ci ón en la hist oria del arte mexicano .
Ciudad de Méjico, UNAM, 1992 ; N AVASCUÉS P ALACIO , Pedro : Las catedral es del Nuevo Mu n-
do . El Viso . Ma drid, 2000 ; N AVASCUÉS P ALACIO , P edro : La Catedral e n España. Arquite ctura
y Liturgia . Lunw erg. Barce lona, 2004 ; L OURS , Math ieu: «E space et liturgie du concile à la
Révol utio n», en 20 siècles en cathédrales . Éd itions d u patr imoin e. París , 2001 , pp. 255 - 26 2 ;
[ 23 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
H ISTO RIA D E LA LITU RGIA Y FORMACIÓN DEL INVEST IGAD OR
Como ha reconocido recientemente el profesor Carrero Santamaría
«la historia de la liturgia no está entre los platos fuertes de la formación del
investigador contemporáneo», lo que en ocasiones ha llevado a quienes han
tratado de renovar su discurso historiográfico bajo esta clave interpretativa
a caer en errores crasos. 15 De ahí que cualquier investigación histórico ar-
tística que como esta tesis doctoral pretenda encontrar la razón litúrgica de
la topografía eclesial de unos templos concretos, deba partir de una sólida
formación en esta materia y un conocimiento exhaustivo de la disciplina y
de las fuentes que le son propias. Lamentablemente, en la actualidad con
dificultad se puede llegar a alcanzar dicha formación ni en las facultades
eclesiásticas, donde el estudio de la teología litúrgica y la pastoral litúrgica
sorprendentemente no cuentan con planes de estudios destinados específi-
camente al conocimiento de la historia de la liturgia de la que ambas
disciplinas proceden. 16
Nos hemos visto obligados por tanto a alcanzar, sobre la base de una
historia de la Iglesia para la que sí hay abundante material, unos conoci-
mientos específicos en materia litúrgica de una manera en cierto modo
autodidacta, aunque contando ciertamente con el auxilio de las facultades
propias adquiridas durante nuestra formación como historiador del arte y
la experiencia docente de más de quince años en la Escuela de Liturgia
San Isidoro del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Sevilla. 17 Ma-
nuales básicos de referencia en la presente tesis han sido los de los
alemanes Ludwig Heisenhofer y Josef Andreas Jungmann y el italiano Ma-
L OURS , M athieu : L’autre temps des cathédrales . Du conci le de Trente à la Révolut ion français e .
Picard . Par ís, 2010 .
15 C ARRERO S ANTAMARÍA , Ed uard o: «Com ulga r con rue das de m olin o. Arqu itectur a y litu r-
gia medievales o los itinerarios de un desencuentro», en Mediev ali a , 15 . U niver sidad
Autóno ma de Barcelona . B arce lona, 2012 , p. 61 .
16 Par a una apro ximació n a la si tuaci ón actu al, vid. G UNTER , Paul: « Formazione accademi ca
e S acra Liturgia » , en A lcuin Reid: La Sacra liturgi a. Fonte e culmine della vita e della missi one
della Chi esa . Cantag alli, 2014 , p p. 355 - 374 .
17 Q ueremos advertir , no sin cierto pud or, que nuestra primera toma de contac to con la
mate ri a de est udio de la p resent e tesis doc toral la tu vimos d uran te el ciclo de confere ncias
que bajo el título « Arquitec tura y Litur gia » organizamos para la Universidad de S evill a en
marz o de 1998 .
[ 24 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
rio Righetti. 18 Así como, ya apuntando la relación particular que nos movía
al estudio, el recurso a los compendios de autores clásicos como Guillermo
Durando o Jakob Miller, testigos de excepción de la liturgia medieval y del
XVI respectivamente. 19 Sin embargo, sólo mediante una selección, estudio
y uso adecuado de las fuentes propiamente litúrgicas hemos alcanzado a
trazar una metodología coherente que nos ha permitido concluir con éxito
los objetivos planteados en la presente tesis doctoral.
L OS L IBROS LI TÚRGICOS Y LA AU TORIDAD ROMAN A
De entre los libros litúrgicos, entendidos como tales aquellos que
contienen los ritos que deben observarse en las ceremonias litúrgicas, así
como los cantos y oraciones que la acompañan, podemos destacar espe-
cialmente los misales. Con la intención de conocer las ceremonias de la
misa cantada y rezada en la Archidiócesis de Sevilla antes de la recepción
del misal de San Pío V, hemos estudiado las sucintas rúbricas contenidas
en un misal hispalense de 1565 . 20 Sin embargo, será aquel misal romano
postridentino el que más información contenga en cuanto a reglas y fórmu-
las para la celebración de la Santa Misa y que serán determinantes en el
uso de los templos, especialmente para la forma de los altares y presbite-
rios. Las mismas se encuentran principalmente en el Ritus servandus in
celebratione misase que precede al misal desde primera edición de 1570 , así
como en las Rubricae generales misalis introducidas por Clemente VIII a par-
tir de 1604 . 21 Como complemento del misal se puede considerar el
18 E ISENHOFER , L udwig: Compendio de lit urgia católica . Herd er. Ba rcelon a, 1948 ; J UNGMANN ,
Josef And reas: El sacri fic io de la misa. Trat ado históri co li túrg ico . BAC . M adrid , 19 51 ;
R IGHETTI , M ario: Histor ia de la litur gia . M adr id, BA C, 1955 .
19 D URANDO DE M ENDE , G uillerm o: Prochiron , vulgo Rationale Div inorum Offic iorum [m s.
1286 ca.]. Blas Rom án. M adrid, 1775 ; M YLLERO , Iaco bo: Ornatus eccles iasti cus , hoc est, co m-
pendium praecipuarum rerum, quivus quaeris rite decenterque compositæ ecclesiæ exornari .
Adami Berg. Múnich, 1591 .
20 Miss ale divin oru m secund um consuetudinem alme Ecclesiae H ispalensis . Ioa nem Gotheriu m.
Sevilla, 1565 .
21 Miss ale Romanum ex de cre to sacro san cti Conci lii Trid ent ini rest itut um. Pii V Pont . Max. iuss u
editum [ 1570 ]. Chris topho rus Plantinu s. A mb eres, 1572 ; Mis sal e Romanu m ex decr eto sa cr o-
sancti Co ncilii Tridentin i restitutum. Pii V Pont. Max. iussu editum [ 16 04 ]. Ja n K eerb erg. A mb e-
Amb e res, 1605 .
[ 25 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
Memoriale Rituum , que establece el modo de celebrar en las iglesias meno-
res que no cuentan con suficiente clero algunas funciones especialmente
solemnes de entre año. 22
Para la liturgia del Oficio Divino ha sido el Breviarium la principal
fuente de conocimiento de sus rúbricas y del orden del rezado. Hemos
consultado y comparado el hispalense anterior a Trento, de 1563 y el pro-
mulgado por San Pío V cinco años más tarde. 23 Complementario del mismo
es el Martyrologium , que contiene el elenco de las principales fiestas y de
los principales santos, ordenados para cada día del año, con el elogio de los
mismos que había de leerse en Prima cuando el oficio se hacía en el coro. 24
En esta ocasión la diferencias entre las distintas ediciones locales y la ro-
mana de 1584 serán más significativas, si bien la trascendencia de estas
variaciones no conllevó importantes alteraciones que afectasen notable-
mente a nuestros intereses arquitectónicos o topográficos, toda vez que,
además, el cardenal don Rodrigo de Castro promulgó seis años más tarde el
propio de los santos de la archidiócesis aprobado por Roma, cuya redac-
ción había estado a cargo del poeta y humanista jerezano Francisco
Pacheco, y que conservaba las fiestas del calendario local. 25
El Pontificale había sido compilado en su formación definitiva por el
célebre liturgista Johannes Burckardt a finales del silo XV, y conoció nu-
merosas ediciones hasta que Clemente VIII promulgó la nueva versión
22 Trata principal mente de ceremonias como la bendición de candelas del dos de febrero,
la c eniza , el prim er miérco les despu és d e quincu agésim a , o la Seman a S anta. Es un libro
tardío, pub licado para R oma en 1725 y n o extend ido a todo e l o rbe hasta 18 21 , p or Pío VII .
Creemos , además que dada la abundancia de clero de las parr oquia s jerezan as, poca i n-
fluencia debió de te ner en la litur gia en ellas ce le brada. B RAUN , Jose ph: Dicc ion ari o man ual
de lit urgia . E ditori al Vol untad. Madri d, 1 927 , ad vocem .
23 Brevia rium Hispale nsis D ioce sis . A ndrea de P orton ariis. Sala man ca, 156 3 ; Bre v iarium R o-
manum, ex d ecr eto sac rosanct i Conci li i Tr ide nti ni res tit utum, Pi i 5. pont. max. iussu edit um [ 1568 ].
Chris topho ri Plant ini . Ambe res, 1575 .
24 De la red acc ión del marti rol ogio se ocu pó, por encarg o de Gregorio X III, un grupo d e
expertos liturgistas presididos p or el cardenal Guglie lmo Si rlet o. Con posteri oridad , fue
mejo rad o por el cardenal César Baronio en las distintas ediciones posteriores hasta la de
1598 y de nuevo refo rmad o e n p rofund idad por Ben edicto XIV en 174 8 . B RAUN , Jo seph :
Dicc ion ari o … op . cit . , ad vocem.
25 Offi cia propri a sanct orum Hisp ale nsi s Eccle si ae et Dioces is [ 1590 ]. J uan C abez as. Se villa,
1679 .
[ 26 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
revisada en 1596 , que dejó sin validez todas las anteriores. 26 Este libro con-
tiene las normas y fórmulas para la administración de los sacramentos
reservados al obispo, entre las que nos han interesado principalmente, la
bendición de la primera piedra de un templo, la consagración de aras, alta-
res e iglesias y el orden que se ha de seguir en las visitas pastorales. 27
Un libro completamente nuevo – aunque en su título aparezca inex-
plicablemente la expresión novissime reformatum– fue promulgado por
Clemente VIII en 1600 , el Cæremoniale Episcoporum , que había sido el fruto
de dieciocho años de trabajo de un competente grupo de peritos eclesiásti-
cos bajo la dirección inicial de los cardenales Gabriele Paleotti y Carlo
Borromeo, y que posteriormente fue reordenado y revisado por Benedicto
XIII en 1727 . 28 Su interés para nuestros objetivos ha sido superlativo, dado
que su contenido abarca las reglas –mas no las fórmulas– para el desarrollo
de las funciones ordinariamente celebradas en la catedral por el obispo o
con su asistencia, pero también otras prescripciones que hacen referencia a
ceremonias celebradas por simples presbíteros en cualquier tipo de iglesia,
siendo en este sentido un complemento del Misal, del Breviario y del Pon-
tifical, pero sin implicar la supresión de las costumbres contrarias al mismo
que existiesen al momento de su promulgación, siempre que fuesen loables
y gozasen antigüedad inmemorial. 29
El Rituale Romanum contiene las fórmulas y oraciones que han de
observar los sacerdotes para la administración de los sacramentos y sacra-
mentales. Fue promulgado por Paulo V en 1614 y enriquecido con algunos
26 Nuevament e fue reformad o por Urbano VIII en 1644 y ampliado por Benedict o XIV en
1752 . N ABUCO , Ioachim : Pontifica lis Romani. Expositi o iuridico - prac tica funciones pontificales
extraordinariae . De sclée & Socii . Tournai, 19 62 , pp. 2 - 6 .
27 Pontif ical e Romanum Clementis VIII. Pont. Max. Iussu restitu tum atque edit um [ 1596 ]. Typ o-
graphya Medicaea. Roma, 161 1 .
28 Cæremonial e Episcoporu m iussu Clementi s VIII pontif ici s m aximi noviss ime reformatum ómn i-
bus ecclesiis, præci pue autem M etropoli tanis, Cathedralibus et Collegiatis perutile ac necessarium .
Nicol ai Mis ser ini. Veneci a, 1600 ; G ROMIER , L éon: Commentaire du Cæremonial e episcoporu m .
La Col ombe . París. 1959 , pp. 7 - 9 .
29 Un número consi dera ble de decretos de la Sagr ada Congreg aci ón de Ritos así lo co n-
firma. Decret a authe nti ca Cong reg ati oni s Sacro rum Rit uum . Typ ograp hia po lyglotta . Rom a,
1898 , t. I, d d. 132 ; 140 ; 143 ; 154 ; 165 ; 184 ; 20 7 ; 218 ; 229 ; 233 ; 256 , 1 , 2 ; 299 ; 316 ; 541 ; 559 ; 937 , 4 ,
5 ; 991 ; 1666 .
[ 27 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
nuevos formularios por Benedicto XIV en 1752 . 30 Paulo V y sus sucesores
recomendaron su adopción pero nunca llegaron a prescribirla, lo que per-
mitió que muchas iglesias particulares conservasen sus rituales propios. 31
En la Archidiócesis de Sevilla se venía utilizando hasta la fecha el llamado
Manuale Hispalense , cuyos textos litúrgicos tenían una procedencia clara-
mente romana, con ciertas influencias galicano-germánicas y algunas
reminiscencias hispánicas en ciertas oraciones y usos propios de la Iglesia
de Toledo. 32 Sin embargo, a partir de la aparición del Rituale en 1614 , se
añadió el Manuale Toletanum como apéndice de éste, que resultó ser de
gran utilidad para los párrocos a la hora de administrar los sacramentos del
bautismo o el matrimonio, celebrar misa de velaciones, entierros, exorcis-
mos o bendiciones, dado el contenido tan diverso que acogía, pues no sólo
contaba con material litúrgico, sino también catequético, disciplinar o ca-
nónico, además de usar conjuntamente, dependiendo de la materia, la
lengua latina y el castellano. Por razones de uniformidad, y para evitar cau-
sar perplejidad en los fieles, la regla que se siguió para regular la conviven-
convivencia entre Ritual Romano y Manual Toledano fue la de mantener
siempre el segundo, sustituyéndole el romano sólo en aquellas ceremonias
no contempladas, no obstante, la ya mencionada matriz romana de la litur-
gia toledana, coadyuvó en la convivencia del Ritual y su apéndice, que de
este modo se contradecían sino que se complementaban. 33
Desde que en 1588 fuese instituida por el papa Sixto V, la Sagrada
Congregación de Ritos venía siendo con frecuencia consultada por obispos,
cabildos y otras autoridades eclesiásticas acerca de la interpretación de las
30 B RAUN , Jo seph : Dicc ion ari o … op. cit . , ad vocem.
31 Rituale Romanum Pauli V. P. M.. iussu editum [ 1614 ]. Typ ograp hia Ca mera Apos tolica. R o-
ma, 1615 .
32 La primera edición impre sa del manual de sacra mentos de la Igles ia de Sev illa tu vo
lugar e n 149 4 . Manual e His pal ensis . M eina rdo U ngut y Estan islao P olono . Sevilla, 14 94 .
33 C ESTÁN , J osé: «Ritu al R oma no y M anu al T oledan o», en Revist a iberoameri cana de cienci as
ecclesiasticas. Im prenta de Ricardo R ojas. Ma drid, 1902 , t. III ( Supl emento), pp. 104 - 114 ;
M ARCO B ENEGAS , Ju an Jos é de: Manual de Pár roc os compue st o so bre el novís imo Ritu al R o-
mano, Manual Tole dano y Decre tos de las Sagrad as Congr egac ion es Romana s . S enén Martín .
Ávil a, 1942 ; G ARCÍA A LONSO , Ire neo: «E dición trid entin a d e l Man ual Tole dano y su in co r-
poración al Ritual Romano», en Salmantice nsis , 6 . Univ ersidad Pontif icia de Sa laman ca.
Salamanca , 1 959 , pp. 323 - 399 .
[ 34 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
A RTE , ARQUITECTURA Y LI TUR GIA
A mitad de camino entre las actas de un concilio provincial y un tra-
tado de arquitectura religiosa están las Instructiones Fabricae et Supellectilis
Ecclesiasticae , redactadas por san Carlos Borromeo a raíz del Concilio Pro-
vincial de Milán de 1576 , que pasaron por la imprenta al año siguiente y
cuya fortuna fue superlativa. 51 No sólo con posterioridad algunos de sus
cánones –en principio vinculantes sólo para la provincia eclesiástica mila-
nesa– fueron incorporados al derecho universal de la Iglesia a través de la
implicación ya señalada de Borromeo en la redacción de libros litúrgicos,
sino que su difusión fue tal que difícilmente se encuentra biblioteca capitu-
lar o episcopal o de orden o congregación donde no se conserve un
ejemplar de este verdadero manual. 52 En muchos casos puede encontrarse,
durante toda la Edad Moderna, alusiones a estas Instructiones con carácter
de autoridad en distintos impresos y manuscritos de naturaleza tanto arqui-
tectónica como litúrgica. 53 En España, quizá el caso más claro de
penetración de las ideas de Borromeo se encuentre en las Advertencias para
los edificios y fábricas de los templos incluidas en el sínodo del arzobispo de
Valencia Isidoro Aliaga de 1631 . 54
51 B ORROMEO , Carlo: Instructionum fabricae ecclesiasticae et supellectilis ecclesiasticae [ 157 7 ].
Franci sco Ar ís. Tarra gona, 1859 .
52 Sobre las inst rucci ones de Borromeo en el con texto que nos ocupa vid. C ASTIGLIONI ,
Carlo y M ARCO RA , Carlo (eds .): Carlo Borromeo: Arte Sacr a (De Fabricae Ecclesia) . s./n. M i-
lán, 1952 ; B AROCCHI , Pa ola: Tratt ati d’arte del Cinquec ento : fra manieris mo e contr oriforma .
Later za & Figli . Bari, 1962 , t . I II, p p. 385 - 417 ; S COTTI , Au rora: «Ar chi te t tu ra e Riform a …
op . cit . , pp. 5 5 - 90 .
53 También versiones de las mismas, como las escrit as en lengua ital iana por encarg o del
cardenal Orsini , enton ces o bispo de B enev ento y con poste rioridad pap a Ben edicto XIII .
C AVALIERI , F ray M arce llo: Il re ttore ecclesiastico instruito nelle regole della F abbrica, e d ella
Suppelle ttil e del le Chiese [ 1688 ]. Stamp eria A rcivesc ovile. Benevento, 1704 .
54 Esta o bra f ue dada a conocer en 1989 por don Antonio Benlloch, quien además se ocupó
posteri ormente de su edición ínte gra , existie ndo tam bién o tra parcia l a cargo de l profes or
Pingarr ón Seco. A LIAGA , Isid oro: Adverte ncia s para los edif ici os y fábric as de l os templos y
para diversas cosas de las que en ellos sirven al culto divino y a otros ministerios . Viud a de Jua n
Cr isóstomo Gárr iz. Valen cia, 163 1 ; B ENLLOCH P OVEDA , A nton io: «T ipolog ía de ar quitec t u-
ra re ligiosa: un tratad o v alenciano del Barroco ( 1631 )», E studis , 15 . U niversida d de Va lenc ia.
Valen cia, 1989 , pp. 93 - 108 ; B ENLLOCH P OVEDA , A ntonio (ed.): Manua l de const ructo re s. A d-
vertencias para edificación de templos y utensilios sagrados (1631). Univer sidad Polit écni ca de
Valen cia - Facul tad de Teología de San Vicente Ferrer. Valencia, 1995 ; P INGA RRÓN S ECO ,
[ 35 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
También los tratados de arquitectura propiamente dichos han sido
otra rica fuente que hemos debido tener en cuenta, y más aún los cuader-
nos o papeles manuscritos de los arquitectos, pues si bien su cota de
difusión en el ámbito que nos ocupa no es fácilmente evaluable, sí que nos
pueden aproximar al grado de presencia de las necesidades litúrgicas en el
ámbito de la teoría y la formación de los maestros de arquitectura. Convie-
ne recordar de hecho la cantidad de plantas de iglesias que contiene el
llamado Libro de arquitectura de Hernán Ruiz, en algunas de las cuales es
visible la representación de elementos de la topografía eclesial como el co-
ro, el presbiterio o altar. 55 Aunque en este sentido quien proporciona más
información es sin duda el tratado de Rodrigo Gil-Simón García que ubica,
en distintas plantas de iglesias, sacristías, presbiterios, coros, pila bautis-
mal, capillas o enterramientos. 56 Por otra parte, Fray Lorenzo de San
Nicolás también dedicará un capítulo de su Arte y uso de la arquitectura a la
correcta formación de las plantas de los templos, recomendando a los cons-
tructores de catedrales que las diseñen bajo la traza de Sevilla o Toledo, a
las que elogia por diversas razones y cuya influencia en la construcción de
la nueva colegiata de Jerez argumentaremos en el capítulo correspondien-
te. 57 Por último, para cifrar la decadencia del modelo tradicional
arquitectónico y eclesiástico nos han sido de utilidad, además de lo tratado
por el padre Ceballos en relación con las ideas jansenistas, obras como las
del abad francés Claude Fleury, Mœurs des israélites et des chrétiens , que des-
de su primera traducción al castellano en 1739 , no dejó de influir en la
configuración tanto espacial como ornamental de los templos y cuyos capí-
Fernando (ed.): Las A dvert encias para los edific ios y fábricas de los templos del sínodo del arz o-
bispo de Valencia Isi doro Aliaga en 1631 . As ociación Cultur al La Seu. Valencia, 1995 .
55 Es especialmente significativa la plan ta de un te mplo p arroqu ial existen te e n el folio 9 9
r. R UIZ , H ern án: Libro de arquite ctura (ms.). Fund ación Sevilla na d e Elec tricidad . S evilla,
1998 , t. I, f . 99 r.
56 Tenemos en preparación el estudio de las recomendaciones dadas en este tratado refe-
rentes al em plazamien to, amplitud , disposición, ilum inación y co lor de los templos, al
tiempo que de la u bicación en el mism o de las distinto s ám bitos litúrg icos m enciona dos.
G ARCÍA , Simón : Compendio de Archit ectura y simet ria de los templos confor me a la medida del
Cuerpo Humano con algunas demostraci ones de geometría [ms. 1681 ]. E scuela N acion al M anu el
del Cast illo Negrete. Churubusco, 1979 .
57 S AN N ICO LÁS , Fray Lo renzo de : Arte y U so de la Arqu itectura [ 16 39 ]. Man uel Rom án. M a-
drid, 1736 .
[ 36 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
tulos dedicados a las «Formas de las Iglesias», «Adornos de las Iglesias» y
«Distinción de las Iglesias y de los Templos» tuvieron su versión española
en las Reflexiones del Marqués de Ureña, que estructuró en forma de trata-
do las nuevas ideas que sobre la construcción y decoración de iglesias
habían surgido del ámbito de la Ilustración y donde ya pretendía que la
función litúrgica quedase supeditada a los nuevos arquetipos espaciales de
la arquitectura neoclásica. 58
L A APLI CACIÓN EFECTIVA DE L OS P RINCI PIOS TEÓRICOS
Hasta el momento hemos visto mayormente libros litúrgicos, cáno-
nes, decretos, manuales de ceremonias, en definitiva el marco teórico de
los principios litúrgicos que podía regir una iglesia desde su diseño y cons-
trucción, hasta que, consagrado su altar, acogiese las ceremonias que le
daban su propia razón de ser. Sin embargo, es fundamental comprobar que
en efecto todos estos generadores y condicionantes de la arquitectura sacra
se concretaban y materializaban de manera efectiva. No es otro el objetivo
último de esta tesis doctoral. Para ello, elegida la vicaría jerezana por razo-
nes que se justifican más adelante, debemos ya descender a fuentes de otra
naturaleza, algunas de ellas bien conocidas por los historiadores, pero que
a la luz de esta nueva metodología de estudio logra hablarnos de manera
distinta, de modo que los repertorios documentales al uso –escrituras pú-
blicas, testamentos, cuentas de fábrica o acuerdos capitulares, inventarios,
etc.– exigen una relectura. Así, han sido estudiados con particular interés
un volumen considerable de documentación de la catedral sevillana, mode-
lo y matriz para la colegiata jerezana y el resto de parroquias de la ciudad,
cuyos libros de cuentas de fábrica aportan información sobre intervencio-
nes en lugares clave como coros y presbiterios o sobre la creación de
altares, apertura y clausura de puertas, elevación de atrios, etc., así como de
58 R ODRÍGUEZ G UTIÉRREZ DE C EBALLOS , Alfon so: «La re form a de la arquitec tura r eligiosa
en el reinado de Carlos III. E l neo clasicismo españo l y las ideas jansenistas», en Fragme n-
tos, 12 , 13 y 14 . Ministe rio de C ultu ra. M adrid, 1988 , pp. 115 - 127 ; F LEURY , Cla udio: Las
costumbres de los israelitas y de los cristiano [ 16 81 - 1682 ] . A lejand ro Gó mez F uente nebro . M a-
drid, 1860 ; U REÑA , Ma rqués de (G aspar de Mo lina y Sa ldívar): Reflexi ones sobre l a
arquitect ura, ornato y música del templo: contra los procedimientos arbitrari os sin consulta de la
Escri tura Sant a, de la disci pli na rigorosa y de la crit ica facul tati va . Jo achîn Ibarra . Mad rid,
1785 .
[ 37 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
estructuras efímeras conmemorativas, túmulos funerarios, monumentos
eucarísticos de Semana Santa o la decoración particular con motivo de al-
guna festividad. 59 Todo además ha sido complementado con los registros
notariales donde muy a menudo permanecen protocolizados los contratos
de obra o mobiliario litúrgico que, constituye otra vía de información de
primer orden. Como lo ha sido igualmente en el Archivo Histórico Nacio-
nal la sección «Consejo de Castilla» en la que hemos localizado una rica
documentación sobre el proceso de construcción de la Colegiata de Jerez,
que quedó allí asentada por el hecho de ser ésta de fundación real. 60
Sin embargo, las fuentes documentales más genuinamente caracte-
rísticas de la metodología propuesta, que nos han permitido un
conocimiento de mayor calado a la hora de concretar cómo las rúbricas y
decretos penetraban hasta determinar la topografía espacial de los templos
y su funcionamiento, serán aquellas ligadas a la acción de gobierno, siendo
en este sentido fundamentales las actas capitulares de la institución colegial
jerezana y también el intercambio epistolar entre el vicario de la ciudad o
los beneficiados de las fábricas parroquiales con el provisorato hispalense. 61
Pero muy especialmente la información donde esta acción de gobierno se
hace patente es en la información que se desprende de la documentación
generada por las visitas pastorales llevadas a cabo por los propios obispos a
59 Sobre las posibilid ades que ofrece n este tipo de do cum entación vid. : I BÁÑEZ P ÉREZ ,
Alber to Cayetano: «Los lib ros parroqui ale s como fuente para la histor ia del art e», en M e-
mori a Eccle si ae, 9 . Asociación d e archiveros de la Iglesi a de España. O viedo , 1996 , p p. 167 -
183 .
60 En este mismo arch ivo, la sec ción ded icad a a « Clero » contiene libros parroquiales con
inform ación so bre las parr oquias d e la vicaría jereza na y, más esp ecíficam ente, sob re las
cofradías que en ella existían . D IE GO G ONZÁLEZ , Juana Nativi dad de: «Andalucí a en la
sección de Clero del Arch ivo His tórico Nac ional», e n Actas del I Congreso de histo ria de A n-
dalucía. Mo nte d e P ie dad y Caj a de Ahorros de C órd oba. Córdo ba, 1 978 , t. I, pp. 35 - 40 .
61 Tales documentos, además de en la sección «Fondo hispal ense» del Archiv o Históri co
Dioc esan o de Jerez de la Fronter a, se localiza n en la Sección «A suntos desp achados de
gobierno » del Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Por último, en las secciones
«J ustici a » de ambos archivos se localizan , con algo de mayo r dif icultad, pleito s de gran
riqueza sobre precedencia s , instru men to clave c on los q ue cifrar e l uso y distribu ción del
espa cio en el recinto jerarquizado destinado tanto a clérigos como a fieles. Vid . Apénd ice
documental I I.
[ 38 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
los templos que a él estaban sujetos, o por los visitadores generales por éste
delegados. 62
Ciertamente los libros de visita no son tampoco unos completos des-
conocidos para los historiadores del arte. 63 Pero quizá no hayan sido
analizados hasta la fecha, al menos de manera sistemática, como fuente de
estudio de las directrices de cada pontificado, que se perciben especial-
mente en los llamados «mandatos de visita» donde muy frecuentemente
encontramos cómo aquellas obras que pudimos constatar en las cuentas de
la fábrica a menudo responden a una necesidad litúrgica que había que
satisfacer o remediar. 64 La visita debía realizarse, en su parte sacramental
tal como especificaba el Pontificale Romanum , pero tanto en las Constitu-
ciones Sinodales de 1604 , como en la Instrucción dada por el cardenal Arias
un siglo más tarde se establecen reglas complementarias donde podemos
comprobar el celo que los visitadores habían de tener al comprobar el esta-
62 E l Con cilio de Trento había fo rtalecido la au toridad d e lo s p relado s, que eran exhort a-
dos a efectuar la visita pastoral a todas las iglesias a ellos sujetas . Esta visita c onstitu ía u n
acto sacramental, mag isterial y pastoral en el cual el ordinario – o en su defecto un visit a-
dor por delegaci ón de éste – realizaba el escrutini o de vita et moribus tanto del pueblo com o
del clero, controlaba la economía de las fábricas y atendía a las necesidades material es de
los templo s dependient es de su jurisdi cción. Canone s, et decreta sacrosant i oecumeni ci et g e-
neralis concil ii trident ini, sub P aulo I II, Iulio III, Pio IIII, po ntificibus max. Andreas de Angulo.
Alcal á de Henare s, 1564 , sesión XXIV, cap. 3 . De Refo rmat ion e ; M IG UEL G ARCÍA , Isid oro:
« El obispo y la práctica de la visi ta pastora l en el m arco de la Teología Reformi sta » , en
Memor i a Ecclesiæ , 14 . A socia ción de Arch iveros d e la Iglesia en Es paña. Oviedo, 1999 , pp.
347 – 404 ; P ÉREZ G ARCÍA , Rafa el M aur icio: « Visi ta Past oral y Contrar ref orma en la Archidi ó-
cesis de Sevill a, 1600 - 1650 » , en Histor ia. I nst ituci ones . Docu ment os , 27 . Univer sid ad de
Sevil la. Sevilla , 2000 , pp. 205 - 233
63 Con ciert a frecuenc ia podemos const atar , al detenerno s sobre el aparato crít ico de los
algunos estudios de historia del arte religioso, la con sulta de estos libros de visita, sin e m-
bargo es aún m ás frecu ente en obras de carácter m ás generalistas y sobre todo, de historia
de la Iglesia. C ÁRCEL O RTÍ , M aría d e los Mila gros: «Hac ia un inve ntario de visitas pasto r a-
les en Espa ña de los siglo s XV I - XX », en Memori a Eccl esiae , 15 . Aso ciación de a rchiver os de
la Igl esia d e España. Oviedo , 199 9 , p p. 9 - 135 ; C ALDERÓN B ERROCAL , María del C arme n:
«La p arroquia en los libro s de visita del siglo XV II del arzobispado de S evilla», en Memor ia
Eccl esia e, 8 . Asociación de archiveros de la Iglesi a de España. O viedo, 1996 , pp. 57 - 65 ;
A BELLÁN P ÉREZ , Ju an: La iglesia de Santa M aría de la Oliva (Lebrija) a través sus Libros de
Visi tas . I, (1476 - 1500) . Agrija Ediciones . Cádiz, 2006 .
64 Sobre las posibil id ades que los libros de visitas ofrecen a la historia d el arte, vid. S OLÍS
R ODRÍGUEZ , Carm elo: «Las visita s p astorale s y el Patrim onio ar quitec tónico y mob iliar de
la Ig lesia», Memor ia Ecc les iae, 14 . Asociación de Arc hiveros de la Igle sia de Esp aña. Oviedo ,
199 9 , pp . 411 - 450 .
[ 39 ]
F UENTES PARA UNA METO DOLOGÍA DE ESTUDIO
do de los sagrarios, pila de bautismo, retablos, capillas, campanas, para que
todo estuviese conforme a lo establecido por la autoridad, como queda de
manifiesto, por poner sólo un ejemplo, al incidir en que se tenga especial
atención a si en los altares se encuentran «los tres manteles, sacras y cruzes
que ordenan la Rúbricas del Missal y Constituciones Synodales». 65
Al final, tras este esfuerzo de adaptación metodológico e historiográ-
fico, creemos que en los siguientes capítulos, y en especial en los dedicados
a la topografía eclesial de los templos de la vicaría jerezana, quedará de-
mostrado que es posible la investigación y análisis de la funcionalidad de la
arquitectura religiosa en el marco de los estudios de la historia del arte de
la Edad Moderna. Y no sólo posible, sino necesario, si deseamos que la to-
pografía, distribución espacial y hasta la decoración de los templos nos
resulten más inteligibles y elocuentes en función del uso para el que fueron
generados. De modo que estos edificios, levantados para el encuentro del
hombre con Dios, pasen de ser percibidos sólo desde un enfoque mera-
mente epitelial y aparente, como si de gigantescas esculturas habitables se
tratasen, para descubrir su dimensión vivida, sagrada y social, que es sin
duda la que mejor explicará su morfología la mayor parte de las veces.
65 A RIAS Y P ORRES , M anue l: Instrucción para los v isitadores del arzobispado . s./i. Sevill a, 1705 ,
pp. 2 - 4 .
Á MBITO GEOGRÁFICO Y TEMPORAL
a Archidiócesis de Sevilla quedó repartida desde la Edad Media
en unos arcedianatos que no pasaron de ser distritos teóricos con
un arcediano honorífico al frente, además privado de cualquier
jurisdicción y sin poder gozar más que de la autoridad moral que le confe-
ría su alta posición eclesiástica como dignidad capitular. El arcedianato de
Jerez, creado en 1267 en sustitución del de Cádiz, comprendía, además de
esta ciudad, las de Lebrija y Arcos de la Frontera, y el castillo y villa de Ma-
trera en la llamada Banda Morisca. 1
Por el contrario, la división efectiva era la conformada por las vica-
rías, dotadas cada una de ellas de un número variable de parroquias,
urbanas y rurales, al frente de las cuales se encontraba un vicario delegado
por el arzobispo, por un tiempo y con unas competencias concretas. 2 La
vicaría jerezana comprendía buena parte de las tierras del extenso término
municipal de Jerez, lindando al Norte con la vicaría de Lebrija, al Oeste
con las de Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María, al Sur con la
diócesis de Cádiz y al Este con la vicaría de Arcos de la Frontera, y con la
diócesis de Málaga en lo que antes fue Reino Nazarí de Granada. 3 Sin em-
1 Dadas las limita das pret ensi ones del present e aparta do, que se ciñe n a lo mer ament e
introd uctorio y c ontextu alizado r , no s tom am os la liber tad d e alig erar el ap arato crítico del
mismo . Con cará cte r genera l remit imos a S ÁNCHEZ H ERRERO , José : « Sevilla medieva l » ,
« Sevil la del Renacimiento » y « Sevill a Barroca ( 1581 - 1700 ) » y M ARTÍN R IEGO , M anuel: « Sev i-
lla d e las luc es » , todo s en Carlos Ros Carball ar: Hist oria de la Igl esia de Sevil la . Ed itorial
Castillejo . Sevilla, 1992 , pp. 103 y ss., 303 y ss., 409 y ss. y 517 y ss ., respecti vament e.
2 Sobre los orígen es medieval es de la vicaría jerezana y las obligac iones y funcione s de su
vicario vid . J IMÉNEZ L ÓPEZ DE E GUILETA , J avier E. : « La doble nominaci ón notarial : un
ejemplo del siglo XIV en la vicaría de Jerez » , en D aniel P iñol Alabar t (coo rd..): La auctor i-
tas del notario en la sociedad medieval: nom inació n y p ráctica . Promoción de Pu blicaci ones
Unive rsi tar ias . Barce lona, 20 15 , en prens a. Agra dece mos a su au tor qu e nos haya p ermit ido
la cons ulta del m anu scrito .
3 El término municipal de Jerez , como to dos los demá s , no fu e cre ado h asta 18 77 , pe ro se
acogió entonces a los límites ju risdiccio nales pree xistente s, fijad os ya de hech o p or la co s-
tumb re, siendo la simple posesión el ún ico título en que se fu ndaba la autoridad del
muni cip io sobr e dicho terr itori o. Por ell o, a pesa r de su anacro nis mo, cree mos que se nos
puede tolerar refer irnos a sí a es ta unidad territorial. En cu alquier cas o, co nviene advertir
que no todo el m encionado término de Jerez pertenecía espiri tualmente a la A rchidiócesis
L
[ 42 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
bargo, pese a la eminente ruralidad de este extenso término municipal, la
vicaría jerezana sería de matriz eminentemente urbana, al quedar compues-
ta por su colegiata, las otras cinco parroquias alfonsíes del intramuros y las
dos fundadas con posterioridad en los nuevos arrabales, quedando como
testigos de su extenso capítulo agrario solamente las capillas rurales de los
donadíos de Monteagudo y Alíjar que, además, en 1750 pasaron a pertene-
cer a la vicaría de Sanlúcar de Barrameda [figura 1] .
En realidad, esta notable extensión agraria, habitada de manera dis-
persa mediante alquerías, ranchos, cortijos y casas de viña, y con un único
y desarrollado núcleo urbano, no hace sino poner de manifiesto que Jerez
de la Frontera es una de esas poblaciones a las que la moderna taxonomía
urbana denomina agrociudad, tan características de la Reconquista y repo-
blación de esta zona meridional de España. Por tanto, el presente trabajo
se ajusta a un ámbito eminentemente urbano, centrado en la colegiata y en
las otras siete iglesias parroquiales que ejercían de cabecera de las feligre-
sías de cada una de las seis collaciones intramuros y de los dos arrabales de
la ciudad, si bien dedicaremos también parte de uno de los capítulos a los
oratorios y ermitas rurales dispersos en el ager de la vicaría jerezana, que
servían para tupir la red de la jurisdicción eclesiástica hasta sus confines
territoriales [figura 2] .
Parece evidente que la amplitud de la Archidiócesis de Sevilla, que
abarcaba históricamente el vastísimo territorio que se extendía desde Aya-
monte hasta Badolatosa y desde Encinasola a El Puerto de Santa María,
excede, bajo cualquier planteamiento metodológico o enfoque temático, los
límites razonables de una tesis doctoral. Sin embargo, la porción que re-
presenta la vicaría jerezana, con una historia que arranca tan sólo dieciséis
años después de reconquistada la ciudad de Sevilla y cuyo devenir históri-
co ha trascurrido siempre íntimamente ligado a ella, presentaba una serie
de características que no sólo la convertían en porción representativa de la
realidad eclesial hispalense, sino que también le conferían ciertas singula-
ridades que aumentan el atractivo de la muestra, al ser la ciudad más
poblada, con mayor número de clérigos y parroquias de toda la Archidióce-
de Sevilla , ya qu e la par te q ue qued aba a la m argen izqu ierda del río Gu adalete co rre s-
pond e a la D ióce sis de C ádiz, a cu yo cab ildo die zmab a.
[ 43 ]
Á MBITO GEOGRÁFICO Y TEMPORA L
sis después, obviamente, de la propia Sevilla, a cuya sede catedralicia al
mismo tiempo emulaba la colegiata jerezana de San Salvador, la institución
diocesana de mayor importancia tras el cabildo catedral. Por tanto, la vica-
ría de Jerez al tiempo que nos ofrece la posibilidad de estudiar la
funcionalidad litúrgica de su arquitectura religiosa con la profundidad que
exige una tesis doctoral, mantiene su propia coherencia territorial y juris-
diccional, y lejos de presentarse como objeto de un estudio meramente
local, permite conocer el marco hispalense, y aún el hispano, en no pocos
aspectos concretos que serán tratados en los próximos capítulos, donde se
podrá igualmente advertir cómo algunos de los problemas planteados en-
contrarán paralelos en Italia o en la América hispana, al no dejar de ser
nuestro objeto de estudio un caso particular de un fenómeno general.
Hemos tratado de ceñir esta tesis doctoral dentro de un marco tem-
poral lógico, acorde con la realidad positiva del objeto de estudio. Así,
hemos tratado de encontrar hitos de origen anclados en la historia del ar-
zobispado hispalense, que si bien no podemos llegar a considerar como
netos puntos de inflexión, dada la continuidad y lenta evolución que carac-
teriza el tránsito de las instituciones eclesiásticas desde la Edad Media
hasta la modernidad, al menos sean suficientemente perceptibles y recono-
cibles, significativos de un momento donde la propia Iglesia vislumbraba
nuevas perspectivas con las que continuar el orgánico desarrollo de su tra-
dición litúrgica y artística. En este sentido, el fin de la Edad Media
eclesiástica, marcado en España por la Reforma Cisneriana y ratificado
años más tarde por el Concilio de Trento, ha sido en nuestro estudio toma-
do como elemento de partida, si bien las referencias a realidades previas
son constantes, pues se han mostrado del todo necesarias durante el proce-
so de redacción del trabajo al tratar de ofrecer un discurso comprensible, y
es que sólo de un modo intuitivo puede el historiador actual, heredero de
varios siglos de racionalismo y cuyo principal mecanismo de trabajo es un
lenguaje hondamente impregnado de esa carga, delimitar cesuras en una
materia como la historia de la liturgia y el culto cristiano, donde la autori-
dad residía precisamente en su tradición milenaria a cuya memoria se
apelaba con frecuencia. Por ello, quizá la postura más honrada por nuestra
parte sea la de reconocer que en la elección del inicio del arco temporal
descrito haya pesado también el enriquecimiento notable del caudal de
noticias que tiene lugar a partir del siglo XVI, que es lo que ciertamente
nos ha facilitado la construcción de un discurso historiográficamente cohe-
rente.
[ 44 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
La crisis del Antiguo Régimen, acelerada de manera dramática en España
con la invasión napoleónica, periclitó, en un siglo XIX convulso y anticleri-
cal, un verdadero corte después del cual ya nada sería igual, y donde la
relación con el pasado comenzó a ser más una nostálgica referencia extem-
poránea que aquella expresión de un lineal desarrollo orgánico del devenir
histórico al que antes nos referimos. La progresiva disminución de las ren-
tas eclesiásticas y la ley de dos de septiembre de 1841 por la cual el Estado
se incautaba las propiedades del clero secular y los bienes de las fábricas de
las iglesias y de las cofradías, terminó en Jerez de la Frontera por desfigu-
rar completamente el culto solemne que habían conocido su colegiata y sus
parroquias. El posterior concordato con Isabel II, si bien salvó la colegiata
y dignificó la situación del clero parroquial, lo disminuyó dramáticamente,
al tiempo que dejó al albur de la beneficencia el futuro de sus maltrechas
fábricas. Fue ese el fin de una época, y también lo será de la presente tesis.
[ 51 ]
L A COLEGIATA DE S A N S ALVADOR
En el siglo XVI, debido al progresivo descenso de rentas provocado
por la creciente despoblación de su collación, el templo colegial jerezano
presentaría el estado de conservación propio de un edificio mal mantenido
que además no era sino el producto de sucesivas intervenciones sobre una
vieja mezquita de ladrillo y tapial. 14 Esta situación provocaría en sus capitu-
lares preocupación por su seguridad, y también cierta desazón, al
comprobar que ante la renovación general de las fábricas parroquiales que
estaba teniendo lugar en aquella centuria, la decadente imagen de su tem-
plo colegial se tornaba incapaz de mostrar la primacía local de la institución
que albergaba. 15 En este contexto, hay que situar el curioso intento que tu-
vo principio en 1537 de trasladar la colegiata a la plaza del Arenal,
levantando a tal efecto un nuevo templo renacentista cuya planta habría
sido trazada por el maestro mayor de la archidiócesis, entonces el vizcaíno
Martín de Gaínza –autoría sobre la que no se había reparado hasta al fecha–
y que finalmente se comenzó a levantar en 1540 , pero en el patio de los na-
ranjos de la vieja colegiata, junto al templo medieval. 16 En 1557 cesó la obra
y parece que se desistió de la misma, pues aunque está documentada la
presencia de Hernán Ruiz II en 1562 , los problemas de financiación debie-
ron ser tales que impidieron su prosecución, limitándose la tentativa a la
conclusión de una portada y el levantamiento de algunas pareced y pilares,
que un siglo más tarde fueron desmontados para construir con ellos en
1622 los cuatro pilares principales que permitieron la subsistencia de la vie-
14 Vi d. nota 10 .
15 En la real cédul a de Carlos V de veinti séi s de febr ero de 1538 , se menciona cómo la Ci u-
dad había informado al emperador de que «la iglesia mayor de ella está en parte y lugar
muy remot o y apar ta do y al cab o de esa dicha cib dad ent re los corti dores y tener ía s y ca r-
necerías y cerca de un arroyo que della sale descubierto y muy ediondo y la subida a la
dicha iglesia es tan alta y barrancosa que si no son los que forçosamente les conviene yr a
ella todos los demás se excusan, y no van como será justo que fuesen para que una ciudad
tan in signe co mo e sa fuese onrada y tubiese iglesia com petente y los edificios de ella com o
es tan antigua se caen de a cada día y es tanto el reparo que no se puede tolerar y es la
menor y más pobr e de los edif icios que nin guna de las otra s igl esias parr oqu ial e s de esa
dicha cibdad». R EPETTO B ETES , J osé L uis: La obra del templo de la Colegial de Jerez de la
Fronte ra. Dipu tac ión de Cádi z. Cád iz, 1978 , p. 259 .
16 Las razones a favor y en contra de este trasl ado, que fueron objet o de un encendido
debate en el seno d e la institución capitular, son ampliamen te tratadas en R EPETTO B E-
TES , José L uis: La obra…, op . ci t. , pp. 4 9 - 56 .
[ 52 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
ja fábrica algunos decenios más. 17 Desde entonces, a pesar de haber queda-
do artística y arquitectónicamente a la zaga del resto de parroquias de la
ciudad, su función como referente litúrgico y cultual logró mantenerse por
la pujanza de su cabildo y el celo apostólico de su integrantes. 18
L A S ANTA EMULACIÓN . L A CATEDRAL COMO MODE LO
Es difícil de conocer con certeza la razón que movió al rey Alfonso X
a fundar una colegiata en Jerez. Bartolomé Gutiérrez consideró que el mo-
narca la erigió «en desagravio de no haberle restituido su obispo». 19 Esta
motivación, sin embargo, debemos asumirla con ciertas reservas dada la
apasionada implicación del historiador barroco en la restauración de la an-
tigua diócesis asidonense en Jerez. 20 No obstante, los reyes conquistadores,
en su deseo de crear diócesis amplias y bien dotadas económicamente, se
vieron en cierto modo obligados a erigir colegiatas en otras poblaciones
que, bien por haber sido sede de un obispado en época visigoda, bien por
tratarse de ciudades de importancia por su crecido número de pobladores,
pujante economía, o consideración histórica, podían ver frustradas con esta
17 M ESA G INETE , Fran cisco de : Histor ia Sagrada y Polí ti ca … op. cit . , t. I, p . 18 2 ; L ÓPEZ M A R-
TÍNEZ , Cele stino: Notas para la histor ia del art e. Des de Jeróni mo Hernán dez hasta Mart ínez
Mont añé s . Rod ríguez, Gim éne z y Co mpa ñía. Sevilla, 1929 , p. 150 ; R ÍOS M ARTÍNEZ , E spera n-
za de los: «Hernán Ruiz II y la reforma renac entista frustrada de la Iglesia Colegial de Jerez
de la Frontera (Cádiz)», en Atri o , 5 . A sociación cultural Juan d e Arfe. Sevilla, 1991 , pp. 15 -
23 ; AGAS. Sección I I, vis it as, le gajo 14 43 [Apén dice doc umental I, do c. I]
18 Par a una aproximació n prosoprográ fica a los m iembros del Cabildo Colegial , vid. R EPE-
TTO B ETES , José Luis : Hist ori a del C abildo Colegial de Jerez de la Frontera (1264 - 1984) . C aja
de Ahorros de Jer ez. Je rez de la Fr ontera, 1985 , pp. 158 - 414 passim .
19 G UTIÉRREZ , Ba rtolom é: Año Xeric iens e. Diari o eccle siás tico, y civil de la muy noble y muy leal
ciudad de Xerez de la Frontera . Joseph Padrino. Sevilla, 1 755 , p. 72 .
20 La asimilac ión de Jerez con Sidueña parece haber sido una reali dad desde los primeros
moment os de la Reconq ui sta y aún más tarde , pues sabemo s que seg uía dánd ose el doble
topónim o en 1288 , según se d esprend e de una c arta plomada de S ancho IV dirigida «a los
canónigos e a los otros clérigos de Xerez Syd onia» e inserta en el privilegio de los Reyes
Catól icos a la igle sia colegia l de San Salvador y a la Universi dad de Benefic iados de Jerez
por los aniversarios en la Real Capilla de Santa María del Alcáza r de 12 de ener o de 1495 .
J IMÉNEZ L ÓPEZ DE E GUILETA , Ja vier E. y P OMAR R ODIL , Pa blo J.: «L a cole giata m ediev al…
op. cit. , p. 459 , n. 2 .
[ 53 ]
L A COLEGIATA DE S A N S ALVADOR
restrictiva política real sus aspiraciones dentro de la organización territorial
de la Iglesia. 21
En ocasiones, estas poblaciones carentes de catedral y obispo goza-
ban de una organización municipal de primer orden, con crecido número
de veinticuatrías, jurados, corregiduría, etc. Tratando de salvar estas asime-
trías de rango, los capítulos de las colegiatas se encargaron de reproducir
en no pocas ocasiones, y a veces, tal como sus actas capitulares manifiestan,
«con una solemnidad que no igualan otras iglesias catedrales» el ceremonial
de aquellas. 22 Estas colegiatas, frecuentemente distantes días de camino de
la catedral, imitaban su culto y su función social como referente institucio-
nal de la Iglesia en sus poblaciones. De ellas salía la procesión del Corpus
Christi que, como se sabe, además de su carga teológica, constituía una
verdadera plasmación teatral casi fotográfica del orden social establecido. 23
En las colegiatas también se cantaban los solemnes Te Deum en las procla-
maciones de los monarcas y servían igualmente de escenario a las
aparatosas y graves honras fúnebres que en su honor se celebraban cuando
morían y a las que acudían no sólo los canónigos colegiales, el clero parro-
quial y el regular, sino también los veinticuatros, el corregidor, los jurados,
escribanos públicos, caballeros de las órdenes militares, etc. 24
21 Dentr o del ámbito anda luz , nos ref eri m os a ciuda des como Anteque ra (Col egiat a de
San ta Mar ía Ma yor – lu ego de S an S ebas tián – ), Jerez de la Fro ntera (Co legiata del Salv a-
dor), Motril (Colegiata de la E ncarnació n), Baza (Colegia ta de la Encarnaci ón – lueg o de
Santa María Mayor – ), Santa Fe (Coleg iata ho mó nima ), Úbe da (C olegiat a de Santa Mar ía d e
los A lcázares ), Ro nda (Colegia ta de la E ncar nación ), Hu éscar (Coleg iata d e Sa nta M aría
Mayo r) , Guadi x (Col egiat a de Sant a Marí a Mayor ) o Baeza (Col egi at a de Santa María del
Alcáz ar – luego de S an A ndré s – ). Un elen co de las c olegiata s esp añolas por dióce si s pued e
consultarse en: L INA GE C ONDE , A nton io: «E n torn o a la Igle sia M ayor», en Abadía. III Jo r-
nadas de His toria e n la Abadía de Alcalá la Real . Dip utació n de Ja én. Jaé n, 200 2 , pp. 244 - 245 .
22 P OMAR R ODIL , Pa blo J .: «La cate dral de Jerez de la F ronte ra. E m ulación cultual y conf i-
guración espacial», en Germ án Ram allo Asensio: El comport amient o de las ca tedra les
españolas. Del barroco a los historicismos . Universid ad de M urc ia. Mur cia, 200 3 , p. 75 .
23 Véanse al respe cto los dibujo s del Corpus Sevill ano de 1780 en L LEÓ C AÑAL , Vic ente:
«La Fiesta d el Corpus en Sevilla en el siglo XV III», en La Sevil la de las Luces. Con las re s-
puestas y estados generales del Catastro de Ensenada. Ayuntamie nto de Sevil la. Sevi ll a, 1992 ,
pp. 124 - 127 .
24 En Jerez quedan, como test imoni os gráficos de estas funciones , los diseños de los túm u-
los levanta dos para las exeq uias de la reina Isabel de Borb ón y las de su marid o el rey
[ 54 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
Estos capítulos de canónigos colegiales distaban canónicamente de
aquellos verdaderos senados eclesiásticos que eran los cabildos catedrales,
pero de facto , al menos en el imaginario social, estaban a la altura de mu-
chos de ellos en cuanto a la capacidad de constituir ese claro referente
institucional de la Iglesia en la ciudad al que hicimos referencia. Por todo
ello, emularon de manera clara y significativa los aspectos formales más
evidentes del clero catedralicio, no pocas veces con un ambicioso carácter
reivindicativo que les llevaba a entrar, como sucedió en las colegiatas de la
Encarnación de Ronda, de Santa María de Guadix o la que nos ocupa, en
seculares litigios emancipadores de las correspondientes catedrales, que
defendían su territorio espartanamente ante el peligro de perder parte de
sus diezmos. 25 En este contexto podemos entender más claramente como
no es anecdótico que desde el hábito coral canonical hasta las particulari-
dades del Oficio se imitase de las catedrales de que dependían; como
también se tomaban de ellas los estatutos capitulares y reglas de coro. Pero,
por sorprendente que parezca, no quedaría sólo en ello la imitación, sino
que llegará hasta la arquitectura y las artes plásticas, como veremos que
sucedió en la colegial nueva de San Salvador, actual catedral, de Jerez de la
Frontera. 26
Felipe IV, realiza dos por Antón Martín Calafate y Lorenz o de Vargas respecti vamente.
También son testimonio de es tas ce remon ias los sermon es im presos , que en algun as oc a-
siones proporcionan rica información so bre las colgad uras de luto qu e tran sformaban la
colegiata y también sobre los propios catafalcos. B ARROSO V ÁZQUEZ , M ª. Dolo res: « Arqu i-
tectura efím era en el Jerez del Seiscientos : Antón Martín Calafate y Lorenzo de Vargas»,
en Triviu m, 5 . Ayuntamiento de Jerez. Jerez de la Frontera, 1993 , pp. 363 - 384 ; Sermón que
predicó el Doctor Apparicio Rendón, visitador General del Arçobispado de Sevilla y Canonigo de
la Colle gial de Xerez d e la F rontera, en las h onras q ue la d icha C iudad hizo por el Rey nuestro
Señor Phi lipo II . Impren ta de F rancisc o Pére z. Sev illa, 1599 .
25 Estas aspiraci ones cat edral ici as no se limitan en modo alguno al ámbito andal uz. Está
bien estudiado el caso de la Colegiat a de Játiva, con abundante bibliografí a al respecto,
que aparece citada en R AMÍREZ A LEDÓN , Germ án: «La cu estión de la “catedralidad ” de
Xàti va. Un confli cto en la Igle sia valen cia na del siglo XVIII», en Emilio Calla do Estela: La
catedral ilustrada. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XV III . Diputac ión de V a-
lencia. V alencia , 2013 , p p. 255 - 283 .
26 La colegiat a jerezana log ró sobrevivir a la casi genera l su presión de estas institucion es
tras el co ncorda to d e 1851 , y ya en el siglo XX, con cretame nte en 1984 , med iante la b ula
Qui Novam , S an Ju an Pab lo II diso lvía esta in stitució n con s iete siglo s de hist oria, al tie m-
po que fundaba un nuevo cabi ldo, catedralici o, culminando la vieja aspir ación jerezana
que había comenzado a plasmarse cuatro años antes con la elevación a sede catedrali cia
[ 55 ]
L A COLEGIATA DE S A N S ALVADOR
Jerez tuvo desde sus orígenes conciencia de su pasado episcopal, e
incluso trató de que se le restituyese ya en el siglo XVI. 27 Durante el siglo
XVII, la ciudad se incorporó de lleno a la ancestral identificación con la
Antigüedad martirial cristiana a través de la obra del padre Martín de Roa,
que basaba la mayor parte de su argumentación en ensoñados fundamentos
sobre un origen paleocristiano, que no eran sino el fruto de la mixtificación
y la fantasía ingenua o interesada. 28 A todo este ambiente de aspiraciones y
pretensiones no serían impermeables los capitulares colegiales, quienes
fueron emulando en todo el funcionamiento institucional y los usos litúrgi-
cos de la Catedral de Sevilla, algo que por otra parte venía recogido en sus
reglas de coro y estatutos desde 1525 y que en los de 1648 quedó especial-
mente explícito al señalarse en ellos que «las iglesias colegiales an de imitar
a las catedrales», dejando claro que así sucedía, pues «por la clemencia de
nuestro Señor la iglesia colegial de San Salvador de esta noble ciudad de
del templo de San Salvador. R EPETTO B ETES , J osé L uis: Histor ia del Cabild o… op. cit . , pp .
12 7 - 128 y 147 - 14 9 .
27 Ya hemos visto que la documenta ción m ediev al inmedi ata a la toma, y aún de algunos
años posterior, den omina a la ciudad como Jerez Sidonia, a pesar de lo cual, d ebido a su
situación geográfica en la Banda Mo risca, el topón imo que termin ó por consolidarse fue el
de Jerez de la Frontera, sin alusión alguna a Sidonia. No obstant e, ello no fue óbice para
mant ene r en la memori a loc al esa pert enen ci a asid onense. Así lo compr obamos cua ndo
tras la reconqu ista de Málag a por los Rey es Católicos , s e fundó su obispado, lo que generó
un pleito entre las diócesis de Cádiz y Sevilla en 1487 donde «se probó con gran número
de testigos ancianos, ser cosa notoria y recibida por tradició n de otros mayores, que Geréz
es la Asidonia donde estuvo la S illa Epis copal. E n octubre d e 1580 , el cabildo municipal
acordó com isionar al corregidor y a varios caballeros veinticuatro para qu e acudieran a la
Corte y solici tas en a Felipe II que erigi ese un obispa do en Jerez, lo cual no se alca nzó.
F LÓREZ DE S ETIÉN Y H UIDOBRO , E nrique : España sagrada. Theatro geográphi co - históric o de
la Iglesia de Espa ña. O rigen, div isiones y lim ites de tod as su pro vincias. A ntigüed ad, tras laciones y
estado antiguo y presente de sus sillas, con varias disertaciones críticas . An tonio M arín , Mad rid,
1753 , t. X, p . 22 ; R EPETTO B ETES , José L uis: Histo ria de l Cabi ldo … op . cit . , p. 84 .
28 R OA , Martín de: Santos Hono rio, Eutichio, Estevan, patronos de Xerez de la Frontera.
Nonbre , siti o, antigued ad de la ciudad, valor de sus ciuda danos . A lonso Rod rígue z G amarra.
Sevil la, 1617 , ff. 1 r. - 22 r.; T ambién, sobre los quiméricos y ensoñados argum entos que a r-
güían sob re la antigüedad de la ciudad de Jerez y su antigua diócesis vid. : P OMAR R ODIL ,
Pablo J.: «Entre el orgull o ciudadano y la fals ifi cació n erudita. La decoración geométrica
de las puertas de Jerez de la Frontera en la histor iografí a local del sigl o XVIII», en Cuade r-
nos de Art e , 34 . Un iversida d de G ranad a. Gra nada, 2 003 , p p. 81 - 95 .
[ 56 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
Xerez de la Frontera, siempre haya sido imitadora en todo justo y razona-
ble a la santa Iglesia de Sevilla». 29
Con esta intención, cuando a finales del siglo XVII se trazó un nue-
vo templo ante la ruina del primitivo, el Cabildo Colegial trató entonces de
copiar la apariencia del templo matriz sevillano [figuras 3 y 4] . De este mo-
do, puede ser explicada la insólita apariencia «gótica» de un edificio
barroco que, habiendo sido trazado en 1695 y cuya obra abarcó casi todo el
siglo XVIII, cuenta con bóvedas de crucería, pilares con baquetones, arbo-
tantes y pináculos. 30 Esta idea de tener preparado un templo catedral para
cuando se produjese la deseada segregación diocesana no pasó desaperci-
bido ni entre los munícipes, que alentaban los progresos de este proceso
en la Corte, ni entre los ciudadanos que testaban a favor de la Colegiata «o
de la Catedral si se erigiese en ella en algún tiempo». 31 E incluso los mismos
maestros de la obra se presentaban en ocasiones como maestros de la Ca-
tedral (sic) de Jerez, según se desprende del informe que, conjuntamente
con Vicente Acero dio Diego Antonio Díaz en 1723 al reconocer la fábrica
en construcción de la Catedral malagueña. 32 Pero evidentemente, donde
esto se percibe con mayor claridad es en la configuración espacial del edifi-
cio, aspecto donde la emulación se hace más patente: la disposición del
coro, del presbiterio, del recto deambulatorio, de sus cinco naves, del atrio
exterior perimetral, etc. seguían muy de cerca el modelo propuesto por los
capitulares sevillanos siglos antes [figuras 5 y 6] . No es de extrañar, pues así
sería el marco adecuado a la celebración de unos ritos litúrgicos que, como
29 Estat utos, y const itucion es de la santa Ig lesi a colegial de nuest ro Señor san Sal uador , s./n., s./l.,
1648 , prefa cio; R EPETTO B ETES , José L uis: Histo ria de l Cabi ldo … op . cit . , pp. 6 0 - 61 .
30 P OMAR R ODIL , P ablo J.: « La perviv encia de la técn ica m edie val e n la arquitectura anda-
luza: la Cate dral d e Jere z de la Fronter a (Cád iz), un a con strucc ión “g ótica” d el ple no
barroco», en Actas del Terce r co ngre so nac ion al de his tori a de la co nstr ucci ón . Institut o Ju an d e
Herr era . Madri d, 2000 , t. II, pp. 841 - 852 ; P OMAR R ODI L , P ablo J.: «A rquit ectura barro ca d e
progenie gótica en España e Hispanoaméric a. D e la Catedral de Jerez de la Frontera a la
Casa Profesa de la Compañía de Jesús de Méji co», en: Barroco Iberoame rica no. Terri tori o,
Arte , Es paci o y Soc ied ad . Edicion es Gira l da. S evilla, 2001 , t. II, pp. 1122 .
31 Así con sta en el test ament o del primer marqués de la Mont ana. F ERRADOR , M artín
(Franc isco J osé R agel): «El Marq ués de M on tana», en Tradic ione s y apuntes históri cos jere z a-
nos . ORL A. Jer ez de la F ront era, 1959 , p. 159 .
32 L LORDÉN , A ndré s: Histo ria de la Const rucció n de la Cate dral de Málag a . Co legio de apar e-
jadore s y arqu itectos té cnicos d e Má laga. M álaga, 1988 , p. 9 1 .
[ 57 ]
L A COLEGIATA DE S A N S ALVADOR
vimos anteriormente, habían sido tomados de los estatutos, ceremoniales y
reglas de coro hispalenses.
L A PLANTA CATEDRALICIA DE LA COLEGIAT A JEREZANA
Cuando en 1695 el Cabildo Colegial, en unión con la Ciudad, logró
poner en marcha la construcción del nuevo templo quedaban atrás los in-
tentos frustrados y las décadas de precariedades a que ya hicimos
referencia. Por fin, aquel año se consiguió aprobar una planta que satisfizo
a todas las partes implicadas –arzobispo de Sevilla, Cabildo Colegial y Ciu-
dad– y se alcanzó el apoyo económico de la Corona para acometer su
construcción. 33 Tanto el Cabildo Colegial, que en distintas sesiones capitu-
lares fue concretando el proyecto, como el municipal, que se mostró
especialmente sensible en el empeño de trazar un templo acorde a las ne-
cesidades y futuras aspiraciones de la ciudad «como lo es de cualesquiera
republicas el solicitar la mayor riqueza y esplendor de sus Iglesias prima-
das», acordaron finalmente aprobar la planta realizada por el maestro ma-
mayor de la ciudad Diego Moreno Meléndez. 34
No ha podido ser localizado hasta el momento ningún plano con-
temporáneo al inicio de las obras, ya que el único que se conserva es el
realizado en 1746 por Ignacio Díaz –director de los trabajos entre 1724 y
1749 –, que el Cabildo remitió al Consejo de Castilla con el estado de la obra
y cuanto faltaba por realizar. 35 Sin embargo, hay que señalar que éste pue-
de ser válido para analizar la traza original del edificio dada por Diego
Moreno Meléndez, ya que en el Extracto de noticias de la obra redactado el
33 Sobre el complejo proceso de aproba ción de la planta de la actual Catedral de Jerez
véase: P OMAR R ODIL , Pablo J.: «Diego Moreno Melén dez, aut or de la plan ta de la Coleg iata
de Jerez de la Frontera», en Laborato rio de Arte , 14 . U niver sidad de Sev illa. S evilla, 200 1 ,
pp. 252 - 254
34 La cita hace referenci a a las palabras que el veinticu atro don Juan Núñez de Vi llavice n-
cio trasmitió al canónigo don Luis Antonio de Neve durante el proceso de aprobación de
la plant a R EPETTO B ETES , José L uis: La obra… op. cit. , p. 375 .
35 El plano está dibuja do en tinta parda y tiene piti pié de vara s castel lana s y firma de Ign a-
cio Díaz. Mide 920 mm . por 720 mm. con bocado rectangular en esquina superior derech a
de 102 m m. por 277 mm . Lo publicamos por primera vez en: P OMAR R ODIL , P ablo J.: «La
catedral... op. cit. , p. 85 .
[ 58 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
mismo año, al referirse a Ignacio Díaz se señala «que es el mismo Maestro
que hoy existe y declara haberla hallado en dicho estado y seguido la mis-
ma planta e idea comenzada». 36
Visto el plano, que salvo en lo referente a las estancias auxiliares, sa-
grario y la torre-campanario, se identifica fielmente con la obra ejecutada,
podemos afirmar que Diego Moreno trazó la planta sin duda condicionado
por los cabildos jerezanos, que deseaban para el nuevo templo formas ca-
tedralicias [figura 7] . El modelo de la Catedral hispalense, seguido por
catedrales como las de Las Palmas de Gran Canaria y Méjico, continuó
siendo considerado durante los siglos XVII y XVIII, junto con la Catedral
de Toledo, como el prototipo hispano de templo catedral. 37 Buena prueba
de este reconocimiento como modelo, es el hecho de que Fray Lorenzo de
San Nicolás en su Arte y uso de la Arquitectura le recomendase al construc-
tor que tuviese que levantar una catedral que guardase sus medidas
«cuando se te ofreciere el trazar algún Templo semejante». 38 También en la
Architectvra civil recta y obliqva de Juan Caramuel de Lobkowitz se cita a la
Catedral sevillana entre las cuatro obras de mayor importancia dentro del
estilo gótico. Si bien la difusión de este tratado es incierta, no podemos
dejar de señalar, como en otra ocasión ya advertimos, de la posible reper-
cusión de las ideas de Caramuel en la ecléctica elección estilística de la
Colegiata jerezana. 39
La planta de cinco naves había quedado consagrada como la pro-
piamente catedralicia, así lo referiría Fray Lorenzo al señalar que «Demás
de estos Templos de una nave, y de tres, ay otros de cinco naves, que son
Iglesias Catedrales, como la de Toledo, Sevilla, y otras». 40 Esta configura-
36 R EPETTO B ETES , Jo sé Luis : La obra … op. c it. , p. 315 .
37 M ARÍAS , Ferna ndo: «Refle xiones sobre las ca tedrale s de Españ a y N ueva Espa ña», e n Ars
Longa . Univ ersidad de V alencia . Valen cia, 1994 , pp. 45 - 51 .
38 Teodoro Falcón identifi có los esquemas composit ivos de las porta das Norte y Sur como
derivados de este tratado, por lo que su trasc enden cia en el edificio pare ce proba da. S AN
N ICOLÁS , Fray L oren zo de: Art e y Uso de la Arquite ctur a [ 1639 ]. M anue l R om án. Madr id,
1736 , p. 48 ; F ALCÓN M ÁRQ UEZ , T eod oro: Arquit ect ura barroca en Jerez . C EHJ . J erez de la
Fronter a, 1 993 , p. 82 .
39 P OMAR R ODIL , Pablo J.: «Arq uitectu ra bar roca... op. cit. , t. II, pp. 1111 - 1118 .
40 S AN N ICOLÁS , Fray L oren zo de: Arte y uso…, p. 49 .
[ 59 ]
L A COLEGIATA DE S A N S ALVADOR
ción espacial fue hasta tal punto determinante en la formación del imagina-
rio arquitectónico catedralicio que incluso los canónigos jerezanos la
adujeron en su favor en el pleito que mantuvieron en la Corte a partir de
1785 para que la Colegiata fuese elevada a Catedral. Los canónigos señala-
ron que contaban con «un templo material el más apropósito para la
magnificencia del culto acostumbrado en las Catedrales, [...] porque ade-
más del coro consta de cinco naves». 41 También en este contexto se harían
referencias a su capacidad «catedralicia», aspecto sobre el que insistieron
«en que excede a muchas [catedrales] y en esta Corte no hay ningún templo
que se le iguale en capacidad y grandeza». 42
Incorporando incluso el testero plano como solución de cabecera,
esta planta de cinco naves seguía pues fielmente el modelo de la Catedral
de Sevilla, algo que los canónigos sevillanos, amparados en informes de su
maestro mayor Manuel Núñez, negaban, afirmando que «combinando a este
edificio con otros de los que pone el padre Fray Laurencio [sic] de San Ni-
colás, en su primer tomo, capitulo 18 , en el que da a los principiantes por
regla para su instrucción, el que se valgan de las medidas, y reglas del tem-
plo de la Catedral de Sevilla, y del de Toledo, por ser de los de mas arreglo
de nuestra España, resulta de esta combinación que siendo casi Duplo el
templo de Sevilla y el de Toledo; de este de Xerez, son sus machones con
muy corta diferencia Iguales; de lo que se sigue que además de aparecer
desproporcionados respecto del templo, sirven de grave Inconveniente a
los feligreses que concurren en él […], como así mismo el que esté ligado
en diferentes partes el orden Gótico con el corintio». 43 Este último aserto
hace ver cómo la emulación no quedó sólo en la planta, sino que aquella se
fue acentuando a la par que el nuevo templo crecía en altura. Así, sus naves
escalonadas, su red de contrafuertes y pináculos, las bóvedas de crucería
sobre pilares de baquetones y otros muchos detalles no hacían más que
sugerir una suerte de actualizado sosias de la catedral hispalense. 44 Estos
41 ACS. Secc ión VII, l ibro 121 , f. 410 .
42 Idem .
43 ACS. Secc ión VII, libro 12 0 , ff. 129 y 1 29 v.
44 Sobre este aspect o, que ya había sido apuntado por algunos historiadore s, nos hemos
ocupado in exten so en P OMAR R ODIL , Pa blo J.: «La per vivenc ia d e la téc nica… op. cit. , t. II,
[ 60 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
aspectos que han hecho del templo un híbrido estilístico bastante incom-
prendido, no nos deben extrañar si tenemos en cuenta todo ese mundo al
que hemos hecho referencia, de emulación, rivalidad y secesionismo ecle-
sial en que se encontraba inmersos los ánimos de los capitulares y el
Cabildo de la Ciudad, agentes generadores de la obra [figura 8] .
pp. 841 y ss.; así como en P OMAR R ODIL , Pab lo J.: «Arqu itectura barroca… op. cit. , t. II, pp.
1109 - 1122 .
[ 67 ]
L AS PARROQUIAS
venido siendo popularmente denominada como San Juan de los Caballe-
ros, a decir del padre Rallón porque «en ella se juntaron los [caballeros] de
Xerez cuando los tenía cercados Aben Juseph, rey de Marruecos, y con la
sangre de sus venas escribieron al rey don Sancho el Bravo el conflicto en
que se hallaban, con cinco meses de cerco sin tener socorro alguno». 24
Además, la vinculación caballeresca se mantendría en el tiempo y por ello
sería «frecuentada de toda la nobleza de esta ciudad que vive en su parro-
quia, y la ilustra cada año con una solemnísima octava que hace al
Santísimo Sacramento en la fiesta del Corpus, con música, sermón y fue-
gos, repartida por los caballeros parroquianos que, con emulación santa,
procuran convencer unos a otros». 25
Contaba con un curato, cuatro beneficios y una prestamera. 26 Como
la mayor parte de las parroquias intramuros, contaba con rentas muy po-
bres, llegando al extremo en este caso al contar su collación con sólo 81
casas y 661 vecinos de comunión, lo que redundaba en que para la renova-
ción de su mobiliario litúrgico, y los reparos que continuamente requieren
estas fábricas era necesario recurrir a la limosna o a disposiciones econó-
micas especiales del provisorato hispalense. 27
V ARGAS -M ACHUCA , F ernan do: « Entre la tradi ción castel lana … op. cit. , pp . 6 7 - 68 ; R OMERO
B EJARANO , Man uel: «D el mu déjar a l gótico … op. cit. , p. 449 .
24 R ALLÓN , Fray E steban : Hist ori a d e la ciu dad … o p. ci t. , t. IV , p. 133 .
25 Ibídem , p. 13 4 .
26 AGAS. Se cció n I I, visita s, leg ajo 1443 , s./f. [Apé ndice docu men tal I, doc . I].
27 En ocasiones , los proble mas deriva dos de la difíci l convi venci a cleri cal aumentaban las
penurias propias de una parroquia como ésta, pequeña y con pocos recursos, como así
comprobam os que ocurría en 1803 , cuand o monseñor Muñoz se vio ob ligado a advertir al
arzobispo de la triste realidad humana que afecta a la parroquia y de las consecuencias que
estaba acarreando en su fábrica: « Esta ygle sia de San Juan es de una a rqui tect ura a nti gua y
admirable digna de todo elogio y la mejor que hay en Xerez: la fabrica, la collacion y el
clero: todo es pobre y la primera la han dejado mas arruinada las discordias d e b astantes
años, y los pleytos entre el cura que murio en la epidemia y don Rafael de Matos que fue
mayo rdo mo: oy esta en po der de el cura ynter ino don Manuel Zepe ro que h a quedad o
tambie n con la fabrica en e sta vissita porqu e con su m ucha eco nom ía y c elo favoresc a a
aquella Yglesia. Es hombre rico y celosisimo; convendrá mucho que al cura prop io que
vaya nuevo a ella se le encargue la union co n el mayordom o pues es el u nic o medio de
salvar aquel tem plo de su ruina. Esta recalada por varias partes aq uella obra m aestra y solo
Zepero deja ndole que haga es capar de salvarla y conservarla asi qued a encargado con
mucho encar eci miento la fabr ic a, sin embar go de la pobre za la tien e aseada y decente en
[ 68 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
S AN D IONISIO
Enclavada frente a las casas capitulares de la ciudad, se trata de la
parroquia fundada por Alfonso X en memoria del santo areopagita que la
Iglesia conmemora el nueve de octubre, día de la toma definitiva de la ciu-
dad por parte del rey sabio. Este hecho ha propiciado que a lo largo de los
siglos el templo se viese especialmente vinculado y protegido por el Cabil-
do Municipal. 28 Además, fue testigo de un notable acontecimiento de la
historia de la ciudad en la baja Edad Media, al haber sido sede en 1483 de la
masiva junta donde más de trescientos caballeros jerezanos se juramenta-
ron para impedir que el marqués de Cádiz, don Rodrigo Ponce de León,
uniese el alguacilazgo mayor perpetuo a los otros cargos concejiles que ya
ostentaba. 29 No podemos olvidar tampoco que en San Dionisio se hacía
patente esa saludable relación entre las sociedades civil y eclesiástica tan
característica del Antiguo Régimen, escenificándose la misma de manera
elocuente cuando la Ciudad cada nueve de octubre ingresaba en el templo
portando el histórico pendón que durante el año se custodiaba en la Cole-
giata, y se cantaba un solemne Te Deum con fervorosa participación de la
nobleza en estas funciones, que con orgullo rememoraba los heroicos
tiempos de reconquista y frontera. 30
En el siglo XVII, cuando visitó la parroquia don Gonzalo de Mier,
contaba con tres beneficios, un curato y una prestamera y tenía como mi-
nistros para su servicio un mayordomo, sacristán mayor y menor,
lo que cave ». AGAS. Sección II. Serie visit as, legaj o 1524 [Apéndic e docum enta l I , d oc.
XIV] .
28 R ÍOS M ARTÍNEZ , Es peran za de los: «L a pa rroqu ia jere zana d e Sa n D ionisio dura nte el
siglo X VII: S us relaciones con el Cab ildo M unicipal», en Revista de Historia de Jerez , 4 .
CEHJ. J erez de la Front era, 1998 pp. 31 - 36 .
29 S ÁNCHEZ S AUS , Rafael: Linaje s medi evale s de Jere z de la Fro ntera. Edi ciones Guada lqui vir .
Sevilla, 1996 , t. I, p. 20 .
30 En 1562 , cuando los Herrera pleit ea ban su hidalguía ante la Chan cillería de Gr anada , un
testigo del proceso afirmaba « que muchos días del señor San Dionisio se había hallado en
la Iglesia de San D ionís por que ha bía gran f iesta y serm ón po r habers e ganad o [la ciuda d],
se hacía procesión y serm ón en el cual se ju ntaba toda la ciudad de gente principal y lo
más que se tra taba era de los hechos y haza ñas que habían hecho alg unos de los tres ci e n-
tos caballero s hijosdalg os que la h abían po blado y su s sucesor es ». M ORENO DE G UERRA Y
A LONSO , Juan: Bandos de Jerez. Los del puesto de abajo . T alleres Po ligráfico s. M adrid , 193 2 ,
t. II, p. 122 .
[ 69 ]
L AS PARROQUIAS
pertiguero, organista, tres monaguillos y lavandera. 31 Entonces, aún mante-
nía la estética gótico-mudéjar que la caracterizó hasta su gran reforma del
siglo XVIII y que en la segunda mitad del XX se ha pretendido recrear apa-
rentemente con opinable resultado [figuras 20 y 21] . 32 El visitador la
describe en estos términos: «Esta iglesia está en medio de la ciudad, en la
plaza que llaman de los escribanos, y es de tres naves. Y el techo lo que
toca al altar mayor es de bóveda y lo demás es de enmaderado. Y los poste-
les que la sustentan son de piedra. Tiene de ancho la nave de en medio 10
varas, y las naves de los lados a 7 , y de largo 34 ». 33
S ANTIAGO
Situada extramuros, en la parte Oeste de la ciudad, su origen estaría
en un castillete o rábida musulmana que defendía la llamada puerta del
Olivillo, donde el rey Alfonso X habría fundado una ermita en honor del
apóstol Santiago, quien combatió milagrosamente a favor de los cristianos
durante los días decisivos previos a la toma de la ciudad en 1264 . 34 Existe
cierta controversia historiográfica sobre el momento en que esta ermita
pasó a ser parroquia, pues si bien esto debió de tener lugar una vez que el
peligro islámico se fue alejando, lo que propició la habitabilidad fuera de la
muralla, se ha señalado recientemente un arco cronológico que estaría
comprendido entre 1362 y 1411 , posterior al anteriormente señalado. En
cualquier caso la fundación como parroquia tuvo lugar una vez que el cre-
cimiento poblacional del arrabal obligaría a ello. 35
31 AGAS. Secci ón I I, vi sit as, le gajo 14 43 , s./f. [Apénd ice do cum ental I, d oc. I].
32 Sobre la reforma del siglo XVIII y la restaurac ión del XX vid. A ROCA V ICENTI , F erna n-
do: Arquite ctura y Urbanis mo en el Jerez del sigl o XVIII . CU ES. J erez d e la Fro ntera, 2 002 ,
pp. 203 - 206 y Á LVAREZ L UNA , María de los Ángeles , G UERRERO V EGA , José María y R OM E-
RO B EJARANO , Manuel : La interve nción en el patrimonio. El caso de las iglesias jerez anas (1850 -
2000) . Ayunt amient o de Jerez. Jerez de la Frontera, 2003 , pp. 254 - 257 .
33 AGAS. Secci ón I I, vis it as, legajo 1443 , s./f. [Apé ndice docum en tal I, doc . I].
34 G RANDALLANA Y Z APATA , L uis de: Noti cia histó ric o - artíst ica de algunos de los principales
monume nto s d e Jerez ilustrada con noticias inédi tas . Gau tier. Jere z de la F ronte ra, 1885 , p. 29 .
35 En el testa mento de Mari M artí n de Fuentes, de 1362 , aún se menciona n Santi ago y San
Migu el como arra bal es y no como col lac iones, mient ras que en el Libro de las heredades o
«Libro Blanco», com pilado en 1411 , tanto una com o otra ya a parecen am bas iglesias señ al a-
[ 70 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
La iglesia actual, de estilo gótico, fue comenzada hacia 1489 , si bien
el grueso de la fábrica se realizó ya durante el XVI [figuras 22 y 23] . 36 De
porte verdaderamente catedralicio, parece emular a la catedral hispalense
en lo arquitectónico y no sólo en ello a decir del padre Rallón quien hacia
1660 da testimonio de su pujante vida litúrgica, al señalar que «el servicio
de esta iglesia es muy grave, aseado y curioso: celébranse en ella los divinos
oficios con mucha solemnidad y con la pausa y melodía que en las catedra-
les; su clerecía es muy cualificada, copiosa y modesta, como lo es toda la de
esta ciudad. Los ministros de ella muy bien tratados, sus fiestas muy so-
lemnes y frecuentes, a que asisten los feligreses con mucha devoción,
convidados del cuidado que los eclesiásticos ponen en tener sermón todas
las fiestas, que convidan de ordinario los mejores predicadores». 37 Contaba
en 1673 para el servicio litúrgico y la cura de almas con dos curas y dos be-
neficiados, además de sacristán mayor, sochantre, sacristán menor,
pertiguero, dos mozos de coro, cuatro monaguillos, organista, enterrador,
mayordomo y lavandera, «y toda es gente de buen proceder». 38 Lo que de-
nota una economía saneada, tal como parece que se mantuvo hasta finales
del Antiguo Régimen. 39
S AN M IGUEL
Su origen es en todo muy semejante al de Santiago, así parece re-
montarse a la época de la Reconquista, cuando el arcángel se apareció en
las inmediaciones de la puerta Real auxiliando a los cristianos en su lucha
contra los musulmanes. En el lugar de la aparición se reaprovechó un pe-
das con su número de clérigos, como las parroquias. R OMERO B EJARANO , Man uel: «De l
mudéj ar al góti co. Arqui tect ura reli giosa a fi nal es del XV en Jere z», en 750 an iver sario d e la
incorpo ración de J erez a la C orona d e C astilla: 126 4 - 2014 . Ay untam iento d e Jere z. J erez de la
Fronter a, 2 014 , p. 4 40 .
36 S ANCHO DE S OPRANIS , Hipólito : Introducción al estudio de la arquitectura en Xerez . F ed e-
ración de Estudian tes Católicos. Jere z de la Frontera, 1934 , p. 12 .
37 R ALLÓN , F ray Est eban: Hist oria de la ci udad … o p. c it. , t. I V, p. 141 .
38 AGAS. Secci ón I I, vis it as, legajo 1443 , s./f. [Apé ndice docum en tal I, doc . I] .
39 En una visi ta a la parroqui a del año 1810 se señal a que «e sta yglesia es magn ífica, mui
alaxada y surtida de basos sagrados y ornamentos. Su fábrica es rica y está sobrante, no
obstante sus grandes gastos ». AGAS. Sección II. Serie visi tas , legajo 152 3 [Apén dice d o-
cumental I, doc. XV].
[ 71 ]
L AS PARROQUIAS
queño castillete almohade para fundar una ermita en honor de san Miguel
que rememorase el milagroso acontecimiento. 40 Una vez que el peligro is-
lámico se fue alejando, el crecimiento del arrabal de San Miguel fue
imparable y en algún momento entre 1362 y 1411 se erigió la parroquia en la
mencionada ermita, siguiendo también en este arco cronológico lo ya seña-
lado para la parroquia de Santiago. 41
De esta primitiva ermita no queda rastro alguno. La fábrica gótica
que la sustituyó parece que comenzó a levantarse a partir de la segunda
mitad del siglo XV y quedó concluido hacia 1550 [figuras 24 y 25] . 42 Las ele-
vadas rentas que proporcionaba una collación cuyo aumento de población
era constante redundaron en una iglesia de porte verdaderamente catedra-
licio que en 1673 el visitador don Gonzalo de Mier y Barreda calificó sin
ambages como «el templo mejor que hay en esta ciudad». 43 De Mier dejó
además una rica descripción del mismo que hasta el presente había perma-
necido inédita, así, señala que San Miguel «es todo de piedra cantería que
llaman palomera. Tiene tres naves, y la sostienen cuatro posteles de cada
lado y sus muestras de medio pilar por remates de obra moderna. Las bó-
vedas del techo son en forma de capillas con muy buen orden, por ser,
según parece, toda la iglesia de una planta, con que tiene igual proporción.
Y según una tarjeta que está en la puerta de la nave de mano derecha dice
que se empezó dicha portada año de 1482 y se acabó año de 1484 , con que,
hasta el año de 1673 , después que se acabó dicha portada, han corrido 189
años. Y la sacristía de dicha iglesia se acabó según otra tarjeta que está en
dicha sacristía año de 1564 , con que han corrido, hasta el año de 1673 , 109
años. Y según la noticia que se puede alcanzar dicen que duró la obra de
toda la iglesia 63 años, con que habrá cerca de 300 años que se puso la
40 G RANDALLANA Y Z APATA , Luis d e: Notici a histórico - artí stica … op. cit. , p. 20 .
41 Vid. , en este m ism o capítu lo, la n. 35
42 Ibidem , p. 444 ; R OMERO B EJARANO , Manu el y R OMERO M EDINA , Raul: «P edro Fer nánd ez
de la Zarza: un maestro tardogótico de la Baja Andalucía ( 1494 - 1569 )», e n Begoñ a Alonso
Ruiz (ed.): La arquitect ura tardogót ica castel lana entre Europa y América . Síle x. Mad rid, 2011 ,
p. 197 .
43 Hacia 1660 , Rallón ele va el número de fel igr ese s a más de tres mil. R ALLÓN , F ray Est e-
ban: Histor ia de la ciud ad … op. cit . , t. IV, p. 138 ; AGAS. Secció n II, visitas, legajo 1443 , s./f.
[Apé ndice d ocum enta l I, doc. I ] .
[ 72 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
primera piedra. Tiene de longitud dicha iglesia 53 varas y de latitud 31 .
Tiene tres puertas principales, las dos correspondientes al lado del evange-
lio y epístola y la otra frente del altar mayor. Tiene crucero muy alto». 44 Esta
excepcional fábrica fue siempre puesta en relación con la de Santiago, con
la que compartía fundación, situación extramuros, cronología y semejanza
estilística hasta el punto de que el padre Rallón llegó a afirmar que «la
emulación comenzó y acabó la de San Miguel con mayor majestad y gran-
deza, aunque ésta [de Santiago] por menos tiene más hermosura y es más
alegre». 45
Esta visita nos resulta además especialmente rica para conocer la pu-
janza de su vida litúrgica, así, señala que «hay en esta iglesia capilla de
música cuyos ministriles acompañan al Santísimo cuando visita a los en-
fermos. Y se compone dicha música de un maestro de capilla, seis cantores
y tres ministriles. Y alrededor de esta santa iglesia pueden andar las proce-
siones por no haber casas contiguas». 46 Contaba entonces, además de los
tres beneficios, los tres curatos y los capellanes, con un «Sacristán mayor y
menor, sochantre, dos mozos de coro, ocho monacillos, un relojero, un
pertiguero, un sepulturero que barre, una lavandera, y mayordomo». 47
Consta que en 1512 la Ciudad solicitó sin éxito del Arzobispo que autorizase
la construcción de otra nueva iglesia en el arrabal de San Miguel dado que
su progresión no sólo demográfica sino también urbanística parecía acon-
sejarlo en pro de una mejor atención de su elevado y diseminado número
de almas. 48 Sin embargo, hasta 1740 no se adoptaría la primera medida al
respecto al señalar el visitador don José de Almoriñas que <<la collazión es
la mas dilatadas, por lo que sería conveniente y aun precisa para la más fá-
cil y prompta administración de Sacramentos la erección y
establecimientos de dos ayudas a esta parroquia al menos y dos thenientes
44 AGAS. Secc ión II, visit as, le gaj o 1 443 , s./f. [Apénd ice do cum ental I, d oc. I] .
45 R ALLÓN , Fra y Este ban: Histor ia de la ciudad … o p. c it. , t. I V, p. 140 .
46 Idem .
47 Idem .
48 P ESCADOR Y G UTIÉRREZ DE L V ALLE , Mariano: Las i gles ias parroq uiale s… op. cit . , p. 8 .
[ 73 ]
L AS PARROQUIAS
de cura a proporcionadas distancias en su extendida collación>>. 49 Desde
luego la situación debía de ser del todo insostenible al contar entonces con
más de 1 . 750 casas y casi 14 . 000 personas de comunión. 50 Una de estas ayu-
das de parroquia, con su sagrario se instalaría en la capilla del Santo Cristo
de la Yedra, ya existente, y la otra en la de San Pedro, fundada en 1757 de-
bido al celo pastoral del ilustre eclesiástico don Ramón Álvarez de Palma,
que comprobó que muchos feligreses morían sin recibir los sacramentos
por la gran distancia existente entre la parroquia de San Miguel y algunos
de los domicilios más retirados de su collación [figura 26] . 51 En 1778 señala-
rá el visitador don Antonio José Montalvo que el sagrario dispuesto para
remediar este fin se hallaba en un estrecho «cuarto baxo de una casa hu-
milde», añadiendo al tiempo que «hallase junto a este mismo sitio,
principiada y en adverca con largo de 27 varas y 17 de ancho, la yglesia que
había de servir de ayuda de Parroquia para la qual el celo y diligencia del
Don Ramón de Palma en su tiempo logró efectos capaces de haberla pues-
to en aquellos primeros años en estado que hoy se halla que es casi el
primer cuerpo hasta el arranque de las bóvedas obra toda de cantería la-
brada». 52
49 AGAS. Secc ión II. Serie visitas, legajo 1385 , s/f. [Apéndice do cumen tal I, doc. X].
50 M ARTÍN R IEGO , Ma nuel: «El cle ro parro quial de la vicar ía d e J erez en el siglo X VIII», en
Trivi um, 6 . Ayunt amiento d e J erez . J erez de la Fro nter a, 1994 , p . 178 .
51 P ESCADOR Y G UTIÉRREZ D EL V ALLE , Marian o: Las igles ias parroquiale s… op. cit . , pp . 123 -
124 .
52 Añade al mismo tiempo el visita dor que las obras estaban parada s, pues « habiendose
retirado el Don R am ón a servir su prevenda a Sevill a dexó encomendado este asunto y
aunque siguio algún tiempo la obra haze ya años se h alla parada bien q ue el encom endado
me a ofr eci do cont inu ar la pre sto y dich o tene r para ello alg un dine ro en su poder este es
el m ismo cura Don Pedro de Huelva que en este parti cula r sigu e su corres pondenci a con
don Ramón de Palma por cuia mano se ha costeado todo lo hecho no haviendose m escl a-
do en ello caudal alguno de la fabrica de San Miguel lo sierto es que la obra, digna de
mir ars e con z elo y con aplicación para q ue se con cluia el templo y coloque el Santíamo.
Yo espero pasar sobre ell o mis oficios e informes a el Don Ramón de Palma» . Se ve qu e
finalmen te la fá brica de San M iguel deb ió o cuparse d e te rminar el nu evo tem plo a su co s-
ta, así lo seña la el obis po titula r de Lic ópolis y a uxiliar d e Sevilla don M anue l Cayeta no
Muñoz , qui en af irmó en 1803 que «e n el día no está sobrada esta fabric a por lo m ucho que
ha sufrido con la obra de la nueva Yglesia de San Pedro esta va ya casi concluida pe ro es
desgraci a haverze hecho una obra e ygle sia sobrada par a auxilia r y mayor desgracia haverla
governado el capricho y no el arte, por lo que ha salido desproporcionada digna de derr i-
varse y aun hay recelos de que le falta la solidez para mantener su des propor cion». En
[ 74 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
L A CAPI LLA DE S AN J UAN DE L ETRÁN
Sin ser parroquia propiamente dicha, al carecer de collación, servía
en cierto modo de ayuda de parroquia de las iglesias de San Miguel y San-
tiago y también para el resto. El origen de esta iglesia se encuentra
íntimamente ligado al hospital de San Sebastián, que estaba situado extra-
muros frente al convento de Santo Domingo, ya que fueron los hermanos
de la cofradía hospitalaria quienes en 1488 donaron al cabildo catedral de
San Juan de Letrán de Roma un trozo de terreno colindante al hospital,
para levantar en él una iglesia adscrita a la mencionada basílica lateranen-
se. 53 La bendición del templo tuvo lugar en 1508 , fecha de la que ha de
datar la cabecera gótica del mismo. 54 En 1517 el cabildo romano facultó a los
hermanos para que erigiesen en la iglesia, exento del ordinario, un cabildo
colegial con deán, arcipreste, doce canónigos y seis prebendados, sin em-
bargo, las condiciones para su dotación y el hecho de que ésta tuviese que
ser renovada por quindenios impidieron su aplicación. 55 Finalmente, el ar-
zobispo de Sevilla decidió dotar de sagrario y pila de bautismo la iglesia
con cura y sacristán con la intención de «que cuide del sagrario y de reno-
var y confesar y baptizar a todos los párvulos quienes sean baptizados en
dicha iglesia, así por la mucha gente que hay en esta ciudad, como por que
los que fuesen pobres pudiesen ir a cualquiera hora. Y así se continúa y
1810 , otro v isitador de nuncia d e nuevo ambo s proble mas, la san gría econ ómica q ue sup one
para la fábrica de San Miguel el nuevo templo auxiliar y los defect os arquitectónicos que
ya presenta: « San Miguel, con dos auxiliar es, hermoso templo ricam ente aderezado, sus
funcion es mu chas y bien ech as su fá brica rica pero m ui em peñad a por la obra d e la au x i-
liar S an Pedro a que esta co ntribu iendo, y de cu ia d uracio n d udo much o p or no
corresponder los cimientos a la altura de la obra casi toda sentida por dicha causa, esto
mere cí a un rec onoc imient o mui escr upul oso a no expo ner al Pueb lo a una desg racia mui
sensible ». Poco más de siglo y med io m ás tarde, fue derribada y reedificada con un a n ueva
forma, d ado qu e los prob lemas ad vertidos y a entonc es no hi cieron sino acentuarse con el
paso de los años. AGAS. Sección II. Serie vis it as, legaj o s 13 99 , s ./f.; 1524 , s ./f. y 1523 , s./f.
[Apé ndice d ocum enta l I, docs . XIII, X IV y X V].
53 R OMERO B EJARANO , Manue l: «Del m ud éjar al gó tico… , op. cit. , p. 45 4 .
54 M ESA G INE TE , Franc isco de: Histor ia Sagr ada y Políti ca de la Muy Noble y Muy Leal Ciu dad
de Tarteso, T urdeto, Asta Regia, Asido Cesariana, Asidonia, Gera, Jerez Sidonia, hoy Jerez de la
Fronte ra [ 1754 ]. Melcho r García Ru iz . Jerez de la Fron tera, 1888 , t. II, p . 323 .
55 Ibidem , t. II, p . 324 .
[ 75 ]
L AS PARROQUIAS
frecuenta esto mucho, porque todas las personas pobres acuden a dicha
iglesia». 56
56 AGAS. Se cció n I I, visita s, leg ajo 1443 , s./f. [Apé ndice docu men tal I, doc . I] .
C APILLAS , E RMITAS Y ORATORIOS
demás de las parroquias, sujetas al ordinario se encontraban otra
iglesias diseminadas por la ciudad, con mayor incidencia en su
extramuros, y también en sus alrededores y sus campos. Se trataba
de capillas y ermitas erigidas por lo general por iniciativa de los fieles o de
algún gremio o cofradía, pero también las hubo de fundación real o muni-
cipal. En algunas de ellas incluso se fundaron capellanías y con frecuencia
servían al pueblo para cumplir con el precepto dominical y dar culto a al-
gunas imágenes de devoción. Además, son frecuentes las noticias
referentes a los rosarios de la aurora o nocturnos que salían de ellas de
manera diaria, así como a las novenas, sermones y otras funciones que en
ellas tenían lugar. 1 Por último, los oratorios privados supusieron la intro-
ducción en las propias casa y palacios de la nobleza local de delicadas
iglesias en miniatura en las que, con las debidas bulas y licencias, se tole-
raba incluso celebrar la santa misa. 2
L AS CAPI LLAS Y ERMITAS
Algunas de las capillas de la ciudad se remontaban a época de la Re-
conquista y entre ellas destaca la Real Capilla de Santa María del Alcázar,
que había sido fundada por el rey Alfonso X en la que fuera mezquita pala-
tina en época almohade y que el mismo monarca dejó dotada para que cada
primer sábado de mes, el día de San Ildefonso, el de San Nicolás y otros
1 En 1673 const a que se rezaba el rosario todas la s no ches en la capilla de Las Ang ustias.
En 1715 también de noche, a prima, en La Caridad y en Los Remedios, y en 1725 la proc e-
sión del rosario « sale p or las ca lles a dicha ora [de p rima] de la hermita de nuestra señ ora
de las Angustias, de la de los des am parados y la de San Telm o, a solicitud d e la devoción
de las hermandades citas en dichas hermitas » . AGAS. Sección II, visit as, legaj o s 1443 , s./f.;
1359 , f. 159 r . y 1367 , f. 70 r. [Apé ndice docu men tal I, doc s. I, VI y V II].
2 En el trata do de Giovann i Battist a G atti co , concre tame nte en el capítulo tercero De diff e-
rentia Inter. Oratorium Publicum , et Privatum pueden confrontarse las diferencias que entre
ambos tipos d e oratorios – públicos y privados – se refleja rán en el tex to. G ATTICO , Joan ne
Baptis ta: D e Oratoriis domesticis et de usu altaris portatilis juxtà veterem ac recentem Ecclesiæ
Disc ipl inam Eccl esiast icorum Secu lar iumq ue Viror um Singul a Jura & Privi leg ia compl ectent em .
Typogra phia Generos i Sal om oni. Roma, 1746 , pp. 9 - 19 .
A
[ 84 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
La motivación venía dada por la comodidad de cumplir el precepto domi-
nical sin salir de casa, principalmente en época de lluvias o por
enfermedad, sin desdeñar el prestigio social ligado al privilegio de oratorio
dada la necesidad de probar nobleza o hidalguía para que se les concedie-
se. No obstante la Iglesia siempre trató de ser restrictiva en su concesión,
que en modo alguno fomentaba, sino que solamente toleraba. 26 La bula se
dice: « Mucha s pers onas á favor de fal sos infor mes, dici endo que son nobles o que tie nen
necesidad, o por otros motivos, lograron tener confesionari os [confessi onaria , entiéndase
como bula o privilegio] y altares movibles, y oír misa en sus casas, o recibir en ellas los
santos sacramentos. Y como que si el Papa nuestro Señ or estuviera in formado de la cal i-
dad de muchas de las expresada s personas, de su baja condición y estirpe, y de otros
defectos que algunos tienen, no es creíble que les concediera sem ejantes facu ltades, esp e-
cialmente siendo tantas y tan co munes, que de ellas nacen grandes escándalos, y las cosas
sagradas caen e n m enosprecio; y co mo a N os corresp onde inspeccionar y examinar dichos
confesonarios y facultades [...] m andamos, que ningún sacerdote celebre misa en casa de
ningún particular en virtud de cualqui er confesionari o u otra facultad, aunque tenga la
firma de nu estros pro visores, sin que a nte Nos la haya mos visto y ex aminad o, exceptu ando
tan só lo la ca sa de algún se ñor de título ó de sus hijos» . G ONZÁLEZ M ORENO , Joaqu ín:
« Docume ntac ión sobre orat o rios de los siglos XV II y XV III» en A rchivo Hispalense. D ip u-
tación de Sevilla . Se villa, 1998 , nº. 248 , p. 150 ; T EJADA Y R AMIRO , J uan de : Colecc ión de
Cánones y de todos los Concil ios de La Iglesia de Españ a y de A mérica . Im prenta d e P edro
Mo n tero. Madr id, 1859 , t. V , p. 86 .
26 Gatt ico, en su tra tado , extens o y pormenori zado, sobre los orator ios y su natura lez a
donde se codifica perfectamente su naturalez a, uso, legislaci ón, historia, etc. señ ala: «O m-
nes autem obse rvant, qua de caussâ hujus cemodi dist inctio Locorum facienda f it; nam ide ò facilè R.
Pontif ex Privil egium Missar um in privatis Oratorii s Ruri existe ntibus concedit , quia diffi cil ior
evadit Ruri accessus ad publicas Ecclesias, quarum e tiam num erus fole t esse perm odicu s » . Esta
obra tuvo especi al repercus ión en la A rchidiócesi s de Sevill a, no si endo admitidos –
especialmente por Francisco de Paula Baqu ero – muchos de sus punt os, sob re todo lo s
referentes a la interpretación re strictiva qu e de la Bula de la Santa C ruzada se hacía en el
capítulo trigésimo de dicho texto y por la cual se consideraba mermados los privilegios
pontifi cios concedidos a España en materia de oratori os . Desde lueg o, el contr ol de lice n-
cias era realmente estricto, ya q ue las Con stituciones Sinodales se h abían manifestado d e
maner a clar a sobre ello des de época del pont if ica do del carde nal don Rodri go de Cast ro y
Osso ri o, siend o rat if ica do en los sínodo s post erior es, al afirma r que « ¿Qué e xcusa tendr e-
mos (dic e S. Cris óst omo), sabi end o ciert o que Dios por nuest ra caus a descen dió de los
Ciel os, si se nos hace pesada cosa desde nuestra s casas irle á ver á las iglesi as? Edifi có el
Rey Salomón casa para su mujer, hija del Rey Faraón, no permiti e ndo que viniese en la
casa del Rey David, porque estaba santificada por la entrada en ella del arca del Seño r,
sino al mism o Dios; los cuales, si con siderasen su b ajeza, y grandeza y m ajestad de D ios;
conociéndose por indignos, dirían co n el C enturión: Señ or, no soy digno de que vos e n-
tréis en mi casa; y con esta humilda d y conocim iento de sí mis mos, le irían á adora r á su
santo tem plo; y así con m ucha razón establecieron los S acros Cán ones, y nuevamen te el
Sacro Concilio Trident ino, que los Ordinarios no p ermitan que los S acerdotes seculares y
regulares celebren en casas particulares fuera de la iglesia, si no fuere en Oratorios ded i-
[ 85 ]
C APILLAS , E RMITAS Y ORATORIOS
presentaba junto al testimonio de varios testigos y un informe del vicario
de la ciudad ante el vicariato general o provisorato de Sevilla, que, si todo
estaba en regla, concedía el título requerido. 27 En este informe, las alusio-
nes al aseo y la decencia de los oratorios sería siempre constante, así
podemos señalar el emitido en 1721 para el oratorio de don Tomás Geral-
dino y doña Micaela Barreda, donde el vicario afirmó que todo se
encontraba «con mucha decencia, aseo y primor, tanto que no se hallara
otro con más decencia». 28 Finalmente, conviene señalar que la licencia se
expedía para una persona en concreto, su cónyuge y eventualmente los
cados para el culto divino; los cuales hayan visitado y señalado ellos m ismos, y con que los
que están presentes á oír Misa en ellos de tal manera estén com puestos, que muestren q ue
no sólo están presentes corporalment e, sino con el ánima y con devoto afecto del corazón.
Por ende mandamos que ningún Sacerdote, secular ni regular , diga Misa fuera de la igl e-
sia en casas, oratorios y capillas particulares, no le constando ser los dichos oratorios y
capillas dedicados solam ente para el culto divino, y señalados para el dicho efecto, y vis i-
tados po r N os ó con n uestra auto ridad, y habe r lice ncia nuestr a p ara celebrar se en ellos; y
cualq uiera S acerdote que lo contrari o hiciere , incurra ipso facto en suspensi ón à divinis ,
de dos meses por c ada vez que l o hicier e » G ATTICO , J oann e Ba ptista: De Or ator iis… op. cit. ,
p. 256 ; B AQUERO , F rancisc o de Paula : Diser tac ión apologé tica a fav or del privi le gio que por
costumbre introducida por la B ula de la Santa Cruza da g oza la Na ción E spañola en el uso de los
Orat ori os domést icos . Josef Padr ino. Sevilla, 1777 ; Constit uciones del Arzobis pado de Sevill a
hechas y ordenadas por el Ilustrísimo y R everendís imo Sr. D. Fernando Niño de Guevara, Card e-
nal y A rzobispo de la Santa Iglesia de Sevilla, en el Sínodo que celebró en su Catedral año de
1604; y mandadas imprimir por el Dean y Ca bildo, Canónigos in Sacris, Sede vacante, en Sevilla,
año de 1609 . Francisco Á lv arez y C.a Sevilla, 1864 , t. II, pp. 31 - 32 .
27 El procedi miento de obtenc ión de lic encia ha sid o tratado además de en el aludido a r-
tículo de Gon zález Mo reno, en los estu dios de María L uisa Cand au y R osalía Vinu esa en
referencia a las vicarías de Écija y E st epa respectivamente, pero d onde en contramos un a
exposición más porm enorizada es en el artículo de Carmen C alderón que, de m anera m o-
nográfi ca, analiza estos expedientes conservados en el palacio arzob ispal sev illano en su
conjunto C ANDAU C HACÓN , M aría Luis a: Iglesia y socied ad en la cam piña sevillana: la vicaría
de Écija (1697 - 1723) . Diput ación de Sevil la . Sev illa, 1986 , pp. 389 - 39 5 ; V INUESA H ERRERA ,
Rosal ía: « Orat ori os de la Vicarí a de Est epa: Expedie nte s y Descri pción », en II Jornada s
sobre Historia de Est epa . El Marqu esado de Estep a . A yuntam ient o de Estepa . Estep a, 1997 ,
pp. 520 - 531 ; C ALDERÓN B ERROCAL , C arme n: « Los expedient es de Oratori o en el Archi vo
Gener al del Arzo bis pado de Se villa . Si glo s XVI I a XIX », en Qal at Chábi r . A sociac ión Q alat
Chábir . Alcalá de Guadaira, 1995 , pp. 73 - 81 ; M ORGADO G ARCÍA , Artu ro: « Solicitu des de
fundació n d e o ratorios en la d iócesis de Cád iz ( 1650 - 1814 ) », en Trocade ro , 1 . U nivers idad de
Cádiz . Cá diz, 1989 , p . 75 .
28 AGAS. Se cc. II , seri e 9 , legaj o 1 4 (A), exp. 47 .
[ 86 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
miembros de su familia, y siempre que una causa razonable, como la vejez
o la enfermedad, así lo justificase. 29
En ocasiones, la bula se solicitaba antes de haberse construido el
oratorio, ya que su tramitación en Roma era generalmente lenta. Ésta en-
tendemos que debió de ser la causa que provocase en ocasiones situaciones
tan grotescas como la que se produjo cuando doña Petronila Pavón, mar-
quesa de Villapanés, solicitó licencias tanto para su oratorio urbano de su
palacio de la calle Empedrada como para el de sus «casas de campo» tal
como se le llama así en la petición como en la bula de Benedicto XIII [figu-
ra 36] . Doña Petronila incluso llegó a describir el supuesto oratorio
diciendo que se trataba de «un cuarto y en él oratorio adornado con gran
decencia para que en él se pueda zelebrar el Santo Sacrificio de la Misa y
los ornamentos igualmente decentes para dicho fin, y dicho quarto esta tan
bien murado separado e independiente de todo el usso y comercio de las
cassas» lo que contrasta notablemente con el parecer de los tres testigos
que afirmarán uno tras otro que «tiene noticia que por ahora dicha Doña
Petronila no tiene cassa de campo». 30 Y semejantes a este caso, también
hemos visto otros, si bien formulados con menor descaro. 31
Repasar a través de las licencias y de las visitas pastorales los nom-
bres de las familias beneficiadas con el privilegio de oratorio es repasar la
29 La mención de los posibles asistent es en las bulas viene deter minada por el carácter
estricto de las ya mencionadas Con stitu ci ones Sinodales que p rescribían que « Y porque
son muchos los que tienen licencia para decir u oír Misa en oratorios particulares, los cu a-
les u san della con po ca d evoció n y de cencia. S. S. A. Estat uimos y man dam os q ue ning ún
Cléri go, secul ar ni regular, diga Misa en orator io partic ular , en esta Ciudad ni en ningún
lugar de nu estro A rzobis pado, aunq ue está visitad o y ap robad o po r Nos ó por alguno de
nuestros Predecesores, si no fuese estando alguna de las personas a cuya instancia se
aprobó el dicho o ratorio, o su mujer o alguno de sus h ijos » . Consti tuci ones de l Arzob ispad o...
op. cit. , t. II, pp. 3 2 - 33 .
30 AGAS. Secc. I I, serie 9 , legaj o 14 (B), ex p. 89 .
31 También hemos localiz ado bulas donde se habla tanto del o ratorio urbano de la fam ilia
como el de su casa de campo, para luego formalizar tan sólo la petición del prim ero sin la
más mínima ref erenci a al rural . Así lo vemos en los casos de la petición elevada a Sevill a
por don Juan Pérez de Rivera y doña Margarita de M ora - Figuer oa en 1722 o los de don
Fernando Therán y Bravo y su mujer doña Ant onia Mar ía de Mendoza y Gatica en 174 0 y el
de don Jacinto Ventura Prieto y Bustamante y don Tom ás de Ayuso y León . AGAS. Secc.
II, serie 9 , legajo 14 (B), e xps. 93 , 123 y 144 .
[ 87 ]
C APILLAS , E RMITAS Y ORATORIOS
historia nobiliaria de la ciudad, Mirabal, Espínola, López de Carrizosa,
Fuentes, Pavón, Romano de Mendoza, Cabeza de Vaca, De la Cerda, Ponce
de León, Melgarejo, Villavicencio, Dávila, Suárez de Toledo… En el caso
de este último linaje, podemos comprobar cómo el oratorio privado de don
Dionisio tuvo un ulterior desarrollo público, como Capilla de Nuestra Se-
ñora de Belén. Así nos describe el visitador don Gonzalo de Mier en 1673
su oratorio: «en forma de Capilla que sale a la calle y se dice misa los días
de fiesta y el demás tiempo está cerrado». Se hizo con licencia del arzobis-
po Pimentel «por causa que estando en el mismo sitio esta imagen
embutida en la pared por devoción del dueño de la casa unos moros la
apedrearon y así se dio licencia y se hizo procesión por la ciudad y se hizo
la capilla donde está colocada en desagravio de tan grande desacato año de
1650 y tiene despachos y licencia en toda forma y un jubileo el primer do-
mingo de agosto con bulas de su santidad». 32 Muchas de las casas que
debieron acoger los oratorios mencionados se perdieron, transformaron y
poca memoria queda de la mayor parte de los mismos. Al respecto, el techo
de yeserías del oratorio de la casa del Marqués de Villapanés o la cúpula y
retablo de la casa del canónigo Menchaca, el altar del oratorio del desapa-
recido palacio del marqués de los Álamos del Guadalete, son algunos de
los pocos testimonios que perviven.
L OS ORA TORIOS RUR ALES
Muchas de las capillas rurales del extenso término jerezano se en-
contraban bajo la jurisdicción espiritual de la Diócesis de Cádiz, dado que
la de Sevilla llegaba sólo hasta la ribera norte del río Guadalete. Es por ello
que ermitas como las de El Mimbral o La Ina, tan íntimamente ligadas a la
historia de Jerez no formasen parte de su vicaría, al igual que las de Santia-
go y San Cristóbal, en tierras siempre en litigio entre Jerez y El Puerto.
Otras ermitas del alfoz jerezano fueron el origen de conventos, monasterios
y hasta parroquias, como fueron los casos de Nuestra Señora de Guía, El
Sotillo, San Miguel y Santiago. De alguna más queda vaga memoria como
la del Portal de Belén, que acaso pueda ser el origen de la barriada rural de
32 AGAS. Secci ón I I, vis it as, le gajo 14 43 [Apén dice doc umental I, do c. I]
[ 88 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
El Portal. 33 Sin embargo, sobre los oratorios rurales fundados en tierras de
particulares, bien con finalidad pública o privada, sí que contamos con
abundantes noticias que nos permiten conocer su origen y función.
Al igual que en vimos en los oratorios del caserío jerezano, la mayor
información sobre los de naturaleza rural la recogemos de los expedientes
para la obtención de su correspondiente licencia, dado que en estos casos
los datos aportados por los visitadores son escasos, ya que, achacando la
inseguridad o precariedad de los caminos o eventuales problemas de salud,
no suelen pasar de enumerarlos tras haber consultado a aquellas personas
que en la ciudad supone de confianza, encargando al vicario si fuera nece-
saria alguna particular instrucción para alguno de ellos. 34 La razón que
movía al noble propietario de una finca rústica a levantar en ella un orato-
rio y solicitar la bula y licencia necesaria para que se pudiese celebrar misa
en él podía ser de dos tipos. El primero una cierta conciencia pastoral
agregada a la razón nobiliaria, que moralmente le obligada a proporcionar a
los trabajadores que le labraban sus tierras los medios espirituales suficien-
tes para su salvación. Será el caso de los oratorios rurales públicos. Pero
también habría motivaciones semejantes a las que se daban en los oratorios
domésticos urbanos para que los señores disfrutasen de una de estas pe-
queñas capillas domésticas en el señorío de su hacienda o casa de campo,
motivaciones que en este caso además se verían más autorizadas dada en la
distancia existente entre las fincas y la ciudad, aunque sin desdeñar el pro-
pio prestigio social al que ya aludimos. El número de licencias de oratorios
localizadas de los siglos XVII y XVIII, trece y quince respectivamente, pa-
rece indicar una continuidad sin notables incrementos ni bajadas en el
marco cronológico de esos doscientos años. En estos documentos se cons-
33 Don José de Almor iña , visi tad or gener al del Arzobi spad o de Sevi lla, menci ona en 1740
la existenc ia d e varias ermitas y añade que se había levantado « ultimamente la que dizen
del Portal de Belem a media legua de distante desta ciudad ». AGAS. Sección II. Serie
visitas, l egajo 1385 , s./f. [Apén dice do cum ental I , doc. X ].
34 T ambién hubo visitadores excepcionales que, movidos d e un particular celo y d edic a-
ción, llegaron a desplazarse personalmente a algunos de estos oratorios rurales. El caso
más lla mati vo ser á el de don Gonza lo de Mier y Bar red a, que vis it ó e n 1673 el oratorio que
el presbítero don V icente de Guz mán tenía en sus « casas de viña » del pago de Macharnudo
al qu e, según se despren de de la docu mentación, concurría gran número de fieles d urante
la vend imia. A GAS . Secc. II , serie 4 , legajo 1443 .
[ 89 ]
C APILLAS , E RMITAS Y ORATORIOS
tata que casi la totalidad de las casas de campo con oratorio, frecuentemen-
te ligadas al cultivo de la vid no estaban lejanas de la ciudad. 35 Esto las
convertía en ocasionales casas de recreo, pues a pesar de su impronta edili-
cia mayormente condicionada por su finalidad como núcleo de una
explotación agraria, habían tomado un nuevo cariz más señorial, refinado y
aristocrático. 36
El oratorio rural privado será por lo general un cuarto del señorío
que se habilitaba a tal fin con exclusividad, y que como en el caso del de
naturaleza urbana contaba obviamente de altar, en la mayoría de los casos
con su retablo y, alguna vez, con pequeña sacristía. Una de las prerrogati-
vas que quedaba clara en las licencias concedidas a este tipo de oratorios es
la de determinar la naturaleza de los asistentes. En este sentido vemos có-
mo se especifica que la licencia facultaba para la asistencia a misa del soli-
solicitante y sus parientes residentes en el señorío así como a los eventuales
«huéspedes nobles» que en ella se encontrasen. 37 El primer caso donde lo
hemos podido constatar es el de don Francisco Ponce de León y doña Ana
de Fuentes, vecinos de Jerez que solicitan en 1666 licencia tanto para el
oratorio de su casa en Jerez como para «el que tenemos rural el de la villa o
lugar de Montana cuia jurisdicción y dominio temporal poseemos». En di-
35 AGAS. S ección II, visitas, legajo 1443 , s./f.; P OMAR R ODIL , P ablo J.: «L os o ratorios rur a-
les de la vicaría jerezana durante los sig los XVII y XVIII», en Pablo J. Pomar Rod il
(coord ..): Haciend as y Co rt ijo s. Hist ori a y Arquit ect ura en Anda luc ía y Améri ca . U niversid ad de
Sevil la . Sevilla, 2002 , p . 178 .
36 Hemos trata do de ubicar geográ ficamente y acomp añar m aterial gráfico de la realidad
física a la que h acían re ferencia e stas notic ias . Lam enta blem ente, es to no ha s ido po sible:
Unas veces la documentac ión no nos proporci ona el topón imo del pago o lugar en que se
encontraba el oratorio rural, sino sólo el nombre de sus p ropietarios; otras veces éste ap a-
rece, p ero es ilocalizable med iante los elementos de descripción, tanto civiles co mo
mil it are s, con los que conta mos en la act ual idad; por últ imo, cuando hem os podido hallar
los p agos don de se e ncon traban las finca s, los ora torios a q ue hace refer encia la docum e n-
tación están perd idos o, en el mejor de los casos, com pletam ente transformad os o
enmascarados por reconstrucciones del siglo XIX e incluso del XX , de estos dos siglos sí
que se conservan oratorios rurales, algunos ciertamente interesantes, co mo las del M arr u-
fo, G igonza, Mach arnudo , La Alca ría, o Picado , p ero que exce den los límites tem por ales
de nuestro trabajo. No obstant e lo infruct uoso de nuestro emp eño , no queremos dejar de
agradecer a nuest ros colegas Fernando Olmedo Granad os y Agustí n García Lázaro su
amable ayuda.
37 AGAS. Secc. I I, seri e 9 , leg ajos 14 (A), exp te. 3 ; y 14 (B), expte s. 89 , 91 , 95 y 105 .
[ 90 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
cha petición de licencia se especifican claramente los asistentes a la misa:
«a la qual puedan asistir Doña Mariana, Doña Joana Ponze de Leon, hijas
de mi el dicho Don Francisco Ponce y la demás nuestra familia y huéspe-
des que por tiempo asistiere en el dicho nuestro hospicio y oratorio
rural». 38 También en este sentido será significativa la petición que realizará
don Gaspar de Castro en nombre de don Antonio Bartolomé Riso y su es-
posa doña Manuela Velasco solicitando licencia en 1745 para que «en el
oratorio que tiene en sus casas de campo en termino de dicha ciudad de
Xerez de la Frontera pueda hazer celebrar el santo sacrificio de la misa en
su presencia y de sus hijos y parientes familiares y huéspedes nobles todos
los días a excepción de algunas principales festividades». 39
En estos casos, los requisitos serán los de encontrarse en lugar apar-
tado e independiente de los usos domésticos de la casa, lo que se traducía
por lo general en que dicho oratorio ocupase un cuarto habilitado ad hoc ,
generalmente en el piso principal del señorío; 40 que el altar cumpla los mí-
nimos requisitos de decoro y decencia exigidos y contar con el ajuar
eclesiástico y ornamentos necesarios para oficiar el Santo Sacrificio, tal
como sucedía en el caso de los oratorios privados urbanos. 41
Caso particular será el del oratorio de don Tomás Geraldino en el
señorío de su hacienda de olivar del pago de Alcántara. 42 Pese a su carácter
38 AGAS. Secc. I I, serie 9 , legajo 14 (B ), exp. 95 .
39 AGAS. Secc. I I, serie 9 , legajo 14 (B ), exp. 10 5 .
40 Señalaremos cómo eje mplo – aunque éstos pod rían ser casi tantos cómo oratorios – el
testimo nio de uno de los testigos que será inte rrogado en 1740 a raíz de la petició n de l i-
cencia de do n Miguel Pané s qu e afirmaba « que sabe que en una hazienda de campo que
tiene fuera desta ziud ad ay u nas cassas y en ellas un horato rio lab rado y edificado de m uro
libre y sepa rado de lo s uso s y s ervidu mbre s de dicha s casa s » AGAS. Secc. II, serie 9 , leg a-
jo 14 (B), ex p. 91 .
41 Es signi fic ati vo el caso de la visita del vicario de Jerez a la finca ya m encionada que don
Antoni o Bartolomé Riso poseía en el pago de Alcánta ra, donde « se recono ció y visitó e l
altar, ara, calis, patena, ornamen tos y demás condusente lo que halló t odo con decencia y
de modo que se puede selebrar el dicho sacrifici o de la m isa » . AGAS. Secc. II, serie 9 ,
legajo 14 (B ), exp. 10 5 ).
42 Aunque lo part icul ar de todo esto será sin duda la tipo logí a de la capil la, no p o-
co excepcional será su dueño, a quién ya vimos en la nota precedente y que sin d uda
constituye una de las personalidades m ás sugestivas del XVIII jerezano. Geraldino, d e s-
cendiente de una reputada familia irlandesa del condado de Kildar, nació en Jerez en 1682 .
[ 91 ]
C APILLAS , E RMITAS Y ORATORIOS
privado, que queda explícito en la petición de licencia, se encontraba en un
cuarto de la planta baja, donde el altar se encerraba como formando parte
de una alacena, tal como nos lo describe el vicario de Jerez en la visita que
giró a él en septiembre de 1731 : «y en el gueco del testero está enbebido el
altar con sus buenas puertas falleba y llabe para que este serrado siempre
que no se selebre, y a la espalda tiene una quadra que puede serbir de sa-
cristtia, con rexa al campo y en el mismo gueco donde esta el altar se
guardan para maior desencia todos los ornamentos que tiene y son necesa-
rios para celebrar el santo sacrificio de la misa, y todo con primor y
decencia». 43
Cuando en ocasiones se deseaba obtener licencia para que el orato-
rio rural tuviese carácter público, fueron decisivas las razones de índole
pastoral. Como ya señalamos, la preocupación de los propietarios de las
fincas por satisfacer las necesidades espirituales de sus trabajadores les lle-
vó a emprender la construcción de pequeñas capillas rurales donde éstos, y
también los señores en las temporadas de residencia en dichas fincas, po-
dían cumplir siempre, a excepción de los días de Navidad, Pascua y
Pentecostés, que estaban obligados a asistir a sus parroquias, con el pre-
cepto de la misa dominical y días festivos. 44
Ayudado por los sector es local es má s influyentes d e la so ciedad, entró a servir a la corona
con la que había iniciado relaciones a raíz de la estancia de F elipe V en Sevilla, llegando a
ser em bajador ante Inglaterra durante diez años, miemb ro d el C onsejo de Indias, e tc. P A-
RADA y B ARRETO , Di ego: Hombre s ilus tres de la ciu dad de Jere z de la Front era , prec edi do de un
resumen histórico de la m isma población . Impre nta d el Gu adalet e. Jere z de la Fro ntera, 1875 ,
ad vocem ; S EVILLA , F ray Ca simiro F ernan do de : Orac ión f úneb re que en las sole mnes exeq u ias
de el Sr. D. Thom as G eraldino, de el C onsejo de Su Magestad, en el Real, y Supremo de Indias, y
su M inistro P lenipotenciario à la Co rte de Inglaterra, que sus hijos celebraron en la capilla de N.
S. De las A ngusti as de la ciudad de Xerez de la Frontera , el d ia 15. D e Septie mbre del año de
1755 . Imp renta d e Fran cisco V icente Muñ oz. Pu er to de Santa M aría, 1755 , pp. 10 y ss.
43 AGAS. Secc. II, serie 9 , legajo 14 (A ), exp. 48 .
44 Así lo encontra mos repetida mente tanto en las licenc ias como en las Const ituc ione s
Sinodal es que señalaban “que no se diga en ellos [en los oratori os] más de una Misa cada
día. Que no se diga los primeros días de Pascua, porque no falten en días tan solem nes de
sus parro quias . R osalía Vin uesa por su parte ha señalado que tampoco se permitía la cel e-
bración en los días de la Asunción, Epifanía, Anunciación a la Virgen, santos Pedro y
Pablo, Todos los Santos y el patró n de la ciudad Constituc ione s del Arzobi s pado... op. cit , t.
II, pp. 32 - 33 ; V INUESA H ERRERA , Rosa lía: « Oratori os de la Vic arí a de Este pa. .. op. cit. , p.
528 ).
[ 92 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
El primer caso que hemos constatado de petición de licencia para
oratorio rural de uso público es el de don Lorenzo Fernández de Villavi-
cencio, señor de los cortijos de Vallehermoso y Pozuela, que solicitará se
habiliten sus oratorios para poder celebrar en ellos en beneficio de los la-
bradores habitantes de dichos cortijos y de los circunvecinos. 45 Uno de los
testimonios más ricos en este sentido será el que nos proporcione la peti-
ción de licencia formulada en 1675 por el capitán gaditano Simón de
Fonseca quien la solicitará para el oratorio de su heredad en el sitio de
Parpalana. En ella, uno de los testigos nos informa de que «la dicha here-
dad de Parpalana esta muy distante desta ciudad y que mediante el estarlo
si el tiempo es de llubias no pueden venir los labradores y demas personas
que asisten en el territorio los dias festivos de precepto no pueden ir a la
iglesia publica a oir misa porque se ponen los caminos de suerte con los
temporales que es imposible el poderlos caminar si no es con mucho traba-
jo». 46
Evidentemente, dado el incremento en número de labradores, sega-
dores y vendimiadores que se experimentaba en épocas de siembra, siega,
vendimia, etc., la necesidad de asistencia religiosa a dichos cortijos aumen-
taba en estas temporadas. Al menos así parece evidenciarlo la petición de
licencia en 1705 del presbítero don Pedro Alonso Blanco Bermúdez Ren-
dón, que puso de manifiesto ante el provisor «que en el pago de Ruiz Dias
termino de la dicha ciudad ay doze cortijos y mas de dosientas heredades
de viñas sin que en todo el dicho pago ni en tres quartos de legua en con-
torno haya Yglesia, capilla, hermita, ni oratorio donde se selebre el santo
Sacrificio de la missa, por lo qual se quedaban sin oirla en dias de precepto
toda la gente que asiste en dichos cortijos y heredades y mucha mas en los
tiempos de agosto y vendimias por el gran numero de jornaleros que baxan
de la cierra». 47
45 AGAS. Secc. II, serie 9 , legajo 14 (A ), exp. 40 .
46 AGAS. Secc. II, serie 9 , legajo 14 (B ), exp. 116 .
47 Casos semeja ntes al expuesto enco ntramos doquier. Signifi cativ o será el de don Diego
Linch que en 1760 solici tará licen cia – no concedida por razones que veremos m ás adelan-
te – para cel ebrar en el oratorio de s u Hacienda Gera ldino, al ser consci ente de que
asistían a trabajar a d icha hacien da más de cien personas diaria s, de las que diez o doce
[ 93 ]
C APILLAS , E RMITAS Y ORATORIOS
Pero, para el caso concreto de las fincas dedicadas a la producción
de uva, amén del incremento aludido en la época de vendimia, requieren
un laborioso trabajo de mantenimiento, lo que las situaba generalmente
cercana a las ciudades donde la mano de obra era abundante, fenómeno
que ya había sido puesto de manifiesto por Agustín de Horozco a finales
del XVI cuando al describir la ciudad de Jerez señalase que «habita en ella
grande número de gente que acude al trabajo y labor de las fertilísimas he-
redades, cortijos y crías de ganados de su extendida campiña y término». 48
Por ello encontramos alusiones a la necesidad de adelantar el horario de las
misas matutinas dentro de la ciudad, como es el caso formulado por el ora-
torio del Hospital de la Caridad de Jerez, 49 para posibilitar la asistencia a
ellas de estos trabajadores que salían al campo cada mañana, lo que, amén
de ser un exponente manifiesto de la estrecha e indisoluble relación cam-
po-ciudad que perduró durante toda la Edad Moderna, y aún
posteriormente, en una agrociudad como Jerez, nos da la medida de la uti-
lidad de estas capillas rurales de los cortijos y haciendas. 50
Se ha señalado cómo se produce en estas capillas privadas de uso
público una suerte de síntesis entre el patronazgo de la nobleza labradora
que promueve su construcción, las mantiene y dedica para el culto, y el
interés de la Iglesia, que no demora la autorización para celebrar en ellos el
Sacrificio de la Misa. 51 En este sentido podemos interpretar el caso del cor-
tijo de Romanina, para cuyo oratorio público pidió licencia su propietario y
señor con jurisdicción ordinaria don José Adorno en 1741 del modo si-
eran residentes que « en m uchas ocasiones no p ueden venir a oir m issa a la Yglesia publica
por la ynjuria de los tiempos y en otras por no poder dejar el tra bajo sin grave perj uicio de
su amo, o de los mismos trab aj ador es que pie rde n su jorna l por lo que se quedan sin oir
miss a, r epe ti dos di as de pr ecept o » AGAS. Secc. II, serie 9 , legajo 14 (A ), exps. 15 y 60 .
48 H OROZCO , Ag ustín d e: Hist ori a.. . op. cit. , p. 163 .
49 AGAS. Secc. II, serie 9 , legajo 14 (A ), exp. 26 .
50 Sobre la ocupaci ón mayor itari amente agrí cola de la población de Jerez véase M ARCOS
M ARTÍN , Albe rto, V ELA S ANTAMARÍA , Francisc o Jav ier: « Las grandes ciudade s campesinas
de Andalucía Occidental en el siglo XVI. El caso de Jerez de la fron tera» , e n Actas del I
Congres o de Histori a de Andalucía . Mon te de P iedad y C aja de A horro s de Có rdoba . C órd o-
ba, 19 78 , t. II, pp. 403 - 417 .
51 H ERRERA G ARCÍA , F rancis co Javier y Q UILES G ARCÍA , Fe rnand o: « La hacienda y su hi s-
toria », en AA.VV.: Sevilla . Hacie ndas de olivar . Franco M aria R icci. Milá n, 1991 , p. 144 .
[ 100 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
mos bastantes casos donde oratorios rurales contaron o incluso aún con-
serven un espacio de esta índole, en la vicaría de Jerez tan sólo hemos
podido localizar alusión al respecto en de este comerciante gaditano, aun-
que, como se colige de la lectura de la documentación, no se llegase
finalmente a abrir la ventana enrejada para la que le habilitaba la bula. 67
Por último, el hecho de que las misas fuesen de privilegio de ánimas,
como así lo facultaba la tercera de las bulas, denota ya un carácter más ela-
borado que va más allá del mero interés por el cumplimiento de los
preceptos, lo que nos parece que podamos poner en relación con esa cer-
canía a la ciudad que le aportaría un cierto carácter de capilla suburbana de
uso más constante y continuado que las puramente rurales y más alejadas
de la ciudad. Quizá en este contexto es donde debamos entender el hecho
de que se le obligase a colocársele en su exterior una lápida donde habría
de figurar la siguiente inscripción: «Las Casas immediatas no gozan de in-
munidad» que evitaría así que se alojasen en ella los prófugos de la justicia
ordinaria. 68
ejecución del Proprio motu del Papa Pío V, de felice recordación) Sancta Synod o A ppr o-
bante m andamos que ninguna persona, de ningún estado y cond ición que sea, tenga
abierta ventana ó mirador de su casa a la iglesia; y si algunas hubiere, las cierren y hagan
cerrar » También para e l cas o espe cífi co de los or ator ios s e pre ocupara n por e stos extr emos
las sin odales, al p rohib ir la c elebrac ión d e la misa « si los su sodichos y las demá s personas
que se hallaren presente s, no estuvie ren con habito decente: conviene a saber; las m ujeres
con m antos, y los hombres con capas y no con rop as de levantar» Consti t uciones del Arz o-
bispado ... op. cit . , t. II, pp. 14 - 15 y 32 - 33 .
67 Cómo hemos señal ado en el texto, existe n en los límite s del arzobi spado hispale nse ba s-
tantes casos en los qu e s e o btiene la bula para po der abrir venta na enrejada o tribu na que
comunicaba orat orio y señorío. Los orator ios del cor tijo del Algarbejo cerca de la localidad
de A lcalá de G uadaira, o el de la hacienda de Palma Gallarda en Carmona son ejemplos
subsistentes don de po demos ver aún dichos elementos. H ALCÓN Á LVAREZ - O SSORIO , F á-
tima: « Algunas notici as sobre la hacienda de Palma Gallarda », en Laboratori o de Arte , 12 .
Unive rsi dad de Sevil la. Sevil la, 1999 , p. 217 ; R ECIO M IR , Álv aro: « Notas sobre el cort ijo del
Algar bejo de Alcalá de Guadaira y el Retablo de su Capilla », en Laboratorio de Arte , 14 .
Unive rsi dad de Sevi ll a. Sevill a, 2001 , pp. 87 - 108 .
68 La cuestió n de la inmunidad de las igles ias venía codific ado en el tít ulo XIV De immun i-
tate ecclesiar um de las Constituci ones Sinodales . El único caso de capi lla rural que gozase
de este statu s será la de la h aciend a de Be nazuza , aun que sin dud a se trata de un elem ento
extraño y n o extrapolable ya que la capilla de dicha hacienda no pertenecía a la archidi ó-
cesis hispalense sino que depend ía de la vicaría foránea de Villanueva, d ependiente hasta
el sig lo XIX d e la O rden de S antiago Constitu cione s del Arzobispado ... op. cit , t. II, pp. 68 - 73 ;
[ 101 ]
C APILLAS , E RMITAS Y ORATORIOS
R AMOS S ÁNCHEZ -P ALENCIA , E nriqu e: His tor ia de Benaz uza. Diputac ión de Sevilla . Sevi lla ,
2001 , pp. 59 - 81 .
Topografía
eclesial
E L PRESBITERIO
a transformación más elocuente y significativa que para su conver-
sión en templos cristianos sufrieron la aljama y demás mezquitas
jerezanas tras la reconquista fue la de su reorientación. Ésta a su
vez venía motivada por la instalación del altar al centro de su lado Este,
como marcaba la tradición litúrgica debido a su alto simbolismo cristológi-
co. 1 Esto implicaba un cambio de noventa grados en la dirección de la
oración, lo que a su vez suponía una transformación radical en la aprecia-
ción visual del interior del edificio. Del presbiterio que abrigaba el altar de
estas mezquitas cristianizadas donde se instalaron la colegiata y resto de
parroquias no contamos con noticia alguna, si bien cabe pensar que no
fuese más que el producto de una compartimentación provisional, median-
te rejas o tabiques, del haram , y acaso también de la elevación del piso
mediante algunas gradas. 2
Sin embargo, a pesar de las tremendas dificultades que para todos
los aspectos de la vida tuvieron los esforzados primeros siglos del Jerez
cristiano, sabemos que la escasísima actividad constructiva religiosa de
aquel momento se concentró en dotar de dignas cabeceras de fábrica a
aquellas mezquitas reconvertidas. Hay que tener en cuenta que la cabecera
se correspondía con el presbiterio del templo, sin duda su lugar más im-
1 Con el tiempo, la pérdida de la orientac ión litú rgic a que habí a llegado en ciert o modo
provocada por la multiplicaci ón de los altares secundario s, alcanzó a la propia disposición
del templo. Cada vez con m ás frecuencia se levantaban iglesias donde el E ste litúrgic o y el
cardinal no coincidían bajo cu alquier excusa o justifi cación, de lo q ue dará testimonio en
1681 el arquite cto Simó n García, cu ando afirm a «que la cab eza del tem plo mire al orie nte,
y esto se ara no habiendo imped imento alguno y si se hiçiere n fuera del pue blo, la s frent es
mir ará n haç ia los rí os o camin os prin cip ale s, por cau sa de los pasaj ero s». B LAAUW , Sible
de: «Innovaz ioni nel lo spazi o di culto f ra basso Medioe vo e cinquecent o: La perdit a
dell’ orientament o li turgico e la liberaz ione della navata», en Jörg Stabenow (coord. ), Lo
spazio e il culto. Relazion i tra ed ificio eclesiales e uso liturgico d al XV al X VI sec olo . M arsilio.
Veneci a, 2006 , pp. 25 - 51 ; G ARCÍA , Sim ón: Compendio de Archit ectur a y simetri a de los templo s
conforme a la m edida de l Cu erpo H uma no con alguna s dem ostracion es de ge ometría [ms . 1681 ].
Escuel a Na ciona l Man uel del Casti llo Negr ete. Chur ubusco , 1 979 , f. 49 .
2 M UÑOZ T ORRADO , A ntonio : La Iglesi a de Sev ill a en el sigl o XIII. Estud io His tóric o . Izquierdo
y Compañía . Se villa, 1 914 , p. 52 .
L
[ 106 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
portante por acoger el altar donde en cada misa que se celebraba se reno-
vaba incruentamente el santo sacrificio del calvario. Además de cuestiones
de decoro y de funcionalidad, hay que tener en cuenta otros de orden hi-
giénico, dados los problemas que daban los techos de viejas maderas en
este sentido, de lo cual hay referencias incluso siglos más tarde. 3
L A DIVI SIÓN DEL ESP AC IO . G RADAS Y BARANDAS .
Cabría pensar que la catedral de Sevilla con su gran reja que afirma-
ba la propiedad capitular de su capilla mayor, pudiera haber sido imitada
en este pormenor por el resto de parroquias que tanto trataban de emular-
la, sin embargo, un rápido recorrido por las principales parroquias
hispalenses parece desmentirlo, toda vez que tan sólo San Miguel de Mo-
rón y San Juan Bautista de Marchena cuenten con rejas altas en su capilla
mayor, y esta última no muy elevada. 4 Por lo general el presbiterio venía
precedido sólo de un antepecho o baranda, que muchas veces no era sino
la continuación perpendicular de las barandillas de la crujía que unía el
coro con el altar, de las que tratamos ampliamente en el capítulo dedicado
al coro. Éstas suponían un bloqueo suficiente para ese acceso indebido de
seglares al altar del que advertían las Constituciones Sinodales , al tiempo que
contaban con cancelas practicables en sus laterales para el acceso controla-
do de clero, mozos o incluso fieles en casos particulares. La razón de esta
preferencia ha de entenderse dentro del deseo de la Iglesia de hacer espiri-
3 El maestro Gregorio Díaz de Palacio s emitió en 1690 un parecer sobre la parroquia de
San Juan Bautista de Albacete , actual catedral, en el que señalaba que en la «trabazón de
made ras se cr ían muchas aves , salama nqu esa s y otr as saban di jas , cuya inmund icia de éstas
cae en el cuerpo de dicha iglesia y mesa [de] altares, causando en ello g rande desadorno, y
cuidado a los sacerdotes q ue celebran las misas, por el riesgo d e que no caigan en la Co n-
sagración alguna de dichas inmundicias, como a el declar ante s e le ha notific ado ha
sucedido y lo tiene p or cierto [… ] y por no estar bo vedada se siguen los referido s daños».
G ARCÍA -S AUCO B ELÉND EZ , Luis Gu illermo : La catedral de San Juan Bauti sta de Albacete .
Instituto de Estud ios Albaceten ses. Albacete, 1979 , p. 94 .
4 No hemos hecho una revis ión del pormenor parroqu ia por parro quia y tampoco pod e-
mos descar tar que algun a que hubie se contad o con reja la per di ese en alg ún momen to,
pero a nosotros ahor a sólo nos constan es as dos, lo cual en cual quier caso ind ica su exc e p-
cionalidad.
[ 107 ]
E L PRESBITERIO
tualmente partícipes a los fieles de las sagradas ceremonias que acontecían
al interior del presbiterio, de modo que excitándolos visualmente se en-
cendiese su piedad y para lo cual las altas y tupidas rejas suponían un no-
notable inconveniente en las parroquias, inconveniente de menor gravedad
en las catedrales, donde para la asistencia sacramental y pastoral de los fie-
les se reservaba habitualmente la capilla del sagrario. 5 No hemos
encontrado testimonios locales con los que apuntalar esta hipótesis, pero
dada la generalización del fenómeno en muchas diócesis de España, donde
al tiempo que la catedral cuenta con la capilla mayor enrejada rara vez su-
cede así en sus parroquias, cabría hacer extensiva a la realidad hispalense la
explicación que encontramos entre las Advertencias que el arzobispo Isido-
ro Aliaga dejó adjuntas a las Constituciones del sínodo valenciano de 1630 :
«si no fuere forzoso para la seguridad que el rexado sea alto, no lo sea más
de quatro palmos, porque no impida al Pueblo la vista del Altar». 6
Inmediatamente a continuación se situaban una serie de gradas que
también contribuían a delimitar el espacio sagrado y a que su elevación
física evocase la trascendente. La posición del celebrante se enfatizaba y las
ceremonias de la misa solemne, donde diácono y subdiácono deben en
ocasiones alinearse tras el sacerdote resultaban más vistosas en orden al
decoro e incluso escenográficamente. Igualmente contribuía a dar una me-
jor visibilidad del altar mayor.
5 No obstant e el de la visi bili dad era una de las var iabl es que normal mente se est udiab an a
la ho ra d e en cargars e esta s reja s cate dralicias . Así se co nstata, por e jemp lo, en la catedral
de Toledo, cuando en 1540 se emprende el proy ecto de d otar de rejas al coro y cap illa m a-
yor. E ntonces, ad emás de los materiales y la traza, se valoró el «buen repartimiento» de
pilare s y balaustres de modo que se entorpecier a la visión lo menos posible . L Ó PEZ -A MO Y
M ARÍN , Án gel: «Estud io d e lo s co ntr atos de obra artística d e la Catedral de Toledo en el
siglo XVI», en Anuario de his tori a del dere cho español , 19 . Minis terio de J usticia - CSIC. M a-
drid, 1949 , p . 109 .
6 A LIAGA , I sidoro : Adverte nci as para los edific ios y fábrica s de los templo s y para diversa s cosas
de las que en ellos sirven al culto divino y a otros ministerios . Viu da d e Ju an Crisó stom o G árriz.
Valen cia, 16 31 , p. 35 .
[ 108 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
E L GRAN CRUCIFI JO Y L A VI GA DEL ARCO TRI U NFAL
Desde época paleocristiana, con la intención de que los seglares se
unieran espiritualmente al santo sacrificio cuya visión se les substraía me-
diante las pantallas visuales que ya señalamos al introducir el apartado pre-
precedente, éstas fueron recibiendo una iconografía profusa que les movía
a la piedad e inflamaba sus corazones de amor a Dios. Se trataba de repre-
sentaciones de la Déesis o del Calvario y de series de imágenes de santos y
escogidos relatos de la historia sagrada dispuestos ordenadamente a la ve-
neración de los fieles sobre estas estructuras divisorias y de las que serán
epítome notable los iconostasios de las iglesias de rito griego.
Durante la Edad Media, en la Europa de la iglesia latina estos cance-
les tuvieron un desarrollo caprichoso, conociendo ubicaciones y tipologías
variadas ‒ el jubé francés, el pontile, tramezzo, pensile o barco italianos, la rood
screen o choir screen inglesas, el lettner alemán, etc. ‒ pero manteniendo
siempre dos constantes: su ubicación como pantalla de separación visual
para los seglares y el quedar coronados por un crucificado de dimensiones
considerables, frecuentemente acompañado de San Juan y la Virgen María
formando la escena del Calvario que habría de presidir la llamada iglesia de
los fieles. 7 El aligeramiento progresivo de estas estructuras constituyó una
constante durante la Edad Media, hasta el punto de que las vigas que ahora
trataremos no son sino el apéndice o corolario epigónico de aquellos can-
celes paleocristianos con los que ya ni en forma ni en función parecían
mantener parentesco tipológico alguno aunque así fuese [figuras 37 y 38] .
No existe en España, y es de lamentar, un estudio más o menos es-
pecífico que aborde la historia artística y litúrgica –o al menos una de ellas–
de estas estructuras, más allá de algún artículo de enfoque iconográfico
7 Sobre las distint as pantalla s de separaci ón antes mencionadas, véase la bibliogr afía apo r-
tada por C ARRERO S ANTAMARÍA , Eduar d o: «Centro y periferia en la ordenación de
espacios litúrgi cos: las es tructuras corales» , en Ho rtu s artium mediev alium , 14 . Brep ols.
Turnhout , 2008 , pp . 175 - 176 , n n. 6 y 7 .
[ 109 ]
E L PRESBITERIO
sobre algunas de las vigas románicas catalanas conservadas. 8 De ahí la difi-
cultad añadida para poder contextualizar más ampliamente esta mirada par-
particular, circunscrita a los ejemplares jerezanos en el medio artístico y
cultual de la Archidiócesis de Sevilla, donde una viga de madera coronada
por un crucifijo de gran tamaño, asentada sobre las impostas del arco
triunfal de acceso al presbiterio, fue el elemento que desde la Edad Media
había señalado de manera más sensible la frontera existente entre el espa-
cio común de los fieles y el reservado al sacerdote y ministros sagrados para
la celebración de la Santa Misa. 9 De estas estructuras, cuya existencia gene-
ralizada hemos podido comprobar por la documentación conservada, ya no
queda ejemplar, memoria, ni relato, lo que nos apremia a contextualizar su
existencia mediante una digresión teórica preliminar algo más extensa de
cuanto venimos haciendo en este trabajo. 10
8 Especi alment e de la viga de la Pasión, conser vada en el Museo de Arte de Catalu ña y la
de San M iguel de Cruilles , del Museo de Arte de Gerona, de las cuales, además, no sab e-
mos con c ert eza s i fuer on verdad er ament e vig as o parte s de balda qui nes r ománi cos.
C ARRERO S ANTAMARÍA , E dua rdo: «Im ágene s litú rgicas. L a vig a d e Sant M iquel de C ruïlles
(Mus eu d 'Art de G erona ) y la ded icación de su iglesia», e n C arme n A lonso - Pimentel y
Edorta Kortadi O lano: Arte y cristi anismo. In memori am de Juan Plazaol a Artola , S.I. U nive r-
sidad de Deusto. San Sebastián, 2006 , pp. 329 - 340 .
9 De la gener alizac ión de las viga s dura nte la Edad Media dan prueba las cons erv adas y los
testimo nios pic tóricos e xistentes en P ortugal, I talia, Franc ia o A leman ia. Res pecto a este
último país, ejemp lar y mod élico el e studio realizad o por B EER , Ma nuela : Triumph kreuz e
des M ittel alters. Ein Beitrag zu Typus und Genese im 12. und 13. Jahrhundert; mit einem Katalog
der erhaltenen Denkm äler . Sch nell & Steiner. Ratis bona, 200 5 . Muy reci ent ement e nos h e-
mos o cupado de la finalidad devocional y litúrgica de estos crucifijos de la viga en P OMAR
R ODIL , Pablo Javie r: « Entre la lit urgi a m ediev al y la piedad contrarr efor mista . La imagen
de C risto crucifi cado en Jerez de la Frontera », en Javier E. Jim énez López d e Eg uileta y
Pablo J. Pomar Rodil (coords .): Limes Fidei. 750 años de Cristiani smo en Jerez . D iócesis de
Asido nia - Jerez. Jerez de la Frontera, 2014 , pp. 146 - 163 .
10 Como tantas piezas de mobili ari o del templo cristi ano, su origen puede ser rastre ado
hasta la ta rdoantigüedad , no sólo arqu eológicamen te, sino tam bién med iante las abu nda n-
tes refe rencias que existen en la patrolog ía latina conce rnientes a las vigas de altar. La
primera mención conocida de una viga de altar está en el poema XIX de San Paulino de
Nola († 431 ), q ue trat a sobre el rob o de u na cru z de u n altar. E n él s e argu men ta que el
ladrón no p udo d escon ocer la santidad del presb iterio «p orque hay u na esp ecie d e viga
continua, que hace el papel de u n um bral traverso». Posteriores, pero también de notab le
antigüedad, son las noticias romanas co ntenidas en el Liber Pontifi cali s . Éste dice «la trabe
junto a Sa n Pedr o A póst ol» que el pa pa san H ormisd as († 523 ), recub rió de plata y la ref e-
[ 110 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
En primer lugar hay que señalar que si bien son numerosas las fuen-
tes antiguas y altomedievales que mencionan estas estructuras –llamadas en
el arzobispado hispalense vigas ricas, vigas de imaginería o simplemente
vigas– y sus crucifijos, que también son conocidos por la arqueología cris-
tiana, aquí haremos sólo mención de dos liturgistas medievales que las
mencionan, Sicardo de Cremona y Guillermo Durando –contemporáneos
de la Reconquista y nacimiento de la archidiócesis sevillana– cuyos trata-
dos, por la superlativa difusión que alcanzaron en el ambiente eclesiástico
de la época, guardan una evidente relación teórica con las obras que vamos
a tratar. 11 Para Sicardo, la alta distancia del crucifijo se explica en que así
permitía a los fieles verlo «como un signo de victoria», al tiempo que con-
tribuiría a inflamar su piedad «para que amemos a nuestro Redentor desde
el fondo del corazón». 12 En el mismo sentido incidiría Guillermo Durando
un siglo más tarde, al mantener que tal ubicación estaba destinada a hacer
rencia al papa P ascual I († 824 ), q ue m andó colocar en Santa Cecilia « ante la entrada del
mismo alta r, una vi ga rev est ida de lá mina s de plat a» , pero , sobr e todo, las int er venc iones
algunos años antes de san León III († 816 ), en San Andrés, en Santa Cruz y en San Pablo,
donde «revist ió de plata purísima la trabe mayor que est á b ajo el arco principal». Í ÑIGUEZ
H ERRERO , Jos é A ntonio : El altar cri sti ano I. De los orígene s a Carlo - magno (S.I I - año 800) .
Unive rsi dad de Navarra . Pamplona , 1978 , p. 124 ; Í ÑIGUEZ H ERRERO , José Anton io: E l altar
cristiano II. De Carlomagno al siglo X III. Uni vers ida d de Navar ra. Pamplona, 1991 , pp. 19 -
20 y 60 - 61 .
11 La vi ga de San Marcos de Jerez viene ll amada en un inve ntari o del si glo XVI «vi ga rri ca»;
en otro de la iglesia de San F elipe de Carmona «viga rica de talla e imagineria», pero las
más de las ve ces s on denominadas simplemente como «la v iga». C abe suponer que estas
vigas pudiesen haber sido conocidas también como «cruceros», si tenemos en cuenta la
existencia de un par de crucifijos que, bajo la ad vocación de «Cristo del Crucero», y con
cronología y características formales compatibles, se conservan en las parroq uias de Santa
Marí a de las Nieve s de Benac azó n y de Santa María de Gra ci a de Almadé n de la Plat a.
S ANCHO DE S OPRANIS , H ipólit o: « El r etablo de la capilla m ayor de Sa n M arco s, d e J erez.
Nota s y referencias docum entales inéditas», e n Archivo Hispa lens e , 17 . D iputa ción de Sev i-
lla. Sevilla, 1952 , p. 142 ; Esteba n M IRA C ABALLOS y Fernando de la M IRA C ABALLOS ,
Esteba n y V ILLA N OGALES , Fern ando d e la : «E l cr ucificad o d e la he rman dad de la A ma r-
gura de Carm ona: obra de Jorge Fernández Alemán ( 1521 )», en Atrio , 5 . Asociación cultural
Juan de Arfe. Sevilla, 1993 , p. 9 .
12 No se cono ce con seguri dad la fecha del Mitral e seu de off ic ii s Eccl esiat icis Summa escr ito
por Sicardo, si bien ha de ser necesa riamen te anterior a 1215 , año de la m uerte d el obispo
de Cremona. Hem os consultado la edición incluida en M IGNE , J acque s Paul: Patrol ogiæ
cursus completus . Ed . del a. Pa rís, 1855 , t. 213 , p. 55 .
[ 11 7 ]
E L PRESBITERIO
de las parroquias de San Lucas, San Juan, San Marcos y San Miguel, que
habrían sido levantadas durante el último tercio del siglo XV y a lo largo
del XVI. 28
El inmediato modelo de estas vigas hay que buscarlo en la catedral
hispalense cuando aún ocupaba el edificio que fue mezquita, que debió de
contar con una viga o estructura similar que enfatizara el ingreso a su capi-
lla mayor en precario. La catedral, modelo cultual y litúrgico para el resto
de iglesias de la Archidiócesis, habría ejercido por ello una influencia no-
table en la propagación de esta tipología, que a fuer de emulación tanto
habría servido de acicate a la difusión y consolidación en las parroquias de
la viga y crucifijo, con las connotaciones devocionales y de delimitación
visual que le son propias. 29
Sin embargo, por el mismo mecanismo emulativo, la ubicación de la
viga realizada para el nuevo templo gótico contribuiría a la desaparición del
referente catedralicio precedente. Después del siglo XVI no se labrarían
más vigas en la Archidiócesis y pronto comenzaría también el desmontaje
de las existentes. Si bien se trata de un fenómeno que en modo alguno po-
demos entenderlo como meramente local, en nuestro ámbito de estudio se
vio afectado por el inusitado lugar que a la postre terminó ocupando la gi-
gantesca viga de imaginería de la nueva catedral de Sevilla [figura 41] . No
deja de ser paradójico que la colosal viga del nuevo templo gótico, indiscu-
tible alarde de talla y escultura, que había sido concebida inicialmente
28 Las referenc ias documental es y biblio gráf icas alusi vas a estas vig as jerezanas se señalan
al estudiar cada caso s ingular.
29 La conveni encia de esta jerár quica emulaci ón de la catedral por parte de la colegiata y
resto de parroquias viene co nfirmada incluso en los prop ios e statutos del Cabildo Coleg ial
de Jerez. A sí, en e l p refacio de los de 16 48 p odem os leer: «la s ig lesias coleg iales han de
imitar a las ca tedrale s, y preceden en todo a las parr oquia les, e inferior es », si bien el co n-
cepto ya es taba presente en los de 1484 , como tratamos en otra ocasión. Est atut os, y
consti tuciones d e la santa Iglesia cole gial de nu estro Señ or san S aluado r , s ./l., s./n., 1648 , s./p.;
J IMÉNEZ L ÓPEZ DE E GUILETA , Javier E. y P OMAR R ODIL , Pab lo J.: «L a cole giata m edie val
de S an Salvador de Jerez de la Frontera», en 750 a niversario de la incorpor ación de Jerez a la
Corona de Castill a: 1264 - 2014 . A yuntam ient o de Jerez. Jerez d e la Fronter a, 2014 , p. 470 , n.
67 .
[ 118 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
como una suerte de suspendido iconostasio bifronte, terminase por pericli-
tar la decadencia de estos aparatos. Y es que el definitivo asiento de la viga,
coronando el volado guardapolvo del retablo, propiciaba su mimetización
con éste, del que quedaría como mero apéndice, desdibujándose su pre-
sencia como pieza arquitectónica independiente y diferenciada. 30 Si el
inmenso retablo catedralicio supuso en Sevilla y su ámbito de influencia un
ejemplo seguido con persistencia, la suerte de las vigas de imaginería, tras
haber devorado el retablo la que debía haber sido su patrón prototípico,
también estaría echada. Indiscutiblemente, el nuevo y monumental modelo
de gran retablo presentaba superiores ventajas en cuanto a su capacidad
para desarrollar y exponer repertorios iconográficos, generando inevita-
blemente una nueva percepción de la viga como un mero atavismo
prescindible, un arcaísmo impropio de los templos que en los albores de la
modernidad comenzaban a ser renovados de ajuar litúrgico y aparato deco-
rativo, un estorbo visual que impediría la expedita visión de los flamantes
retablos. 31
30 El proyecto de la nueva viga catedral ici a, que fue inici almente trazada en 1504 por el
Maes tr o Marco con apos tol ado, pied ad y calva ri o, adqu ir ió un notab le des arr ollo cuand o
en 1508 recayó la responsabilidad de su continuación en Alejo F ernández, que ampl ió su
diseño extraordinari amente mediante una cara pictórica posterior con escenas de la vida
de la Virgen, a quien está dedicado el templo y que sólo habría estado visibl e desde el
interior de la capilla m ayor. Pero cu ando el proy ecto fue retom ado definitiva mente en
1525 , la ub icación del altar ha bía camb iado con la inte nción de de sdoblar el pr esbiterio en
dos espaci os en alt ura, y l os capi tulares sevil lanos pre firi eron renunci ar a la viga ent endida
como tal y u tilizarl a como rem ate de aquella extraordinar ia máq uina lignaria qu e ha bría d e
ser el retablo m ayor cated ralicio. P ALOMERO P ÁRAM O , Jesús Migue l: «La viga... op. cit. ,
1981 , pp . 92 - 120 ; G UERRA - L IBRERO F ERNÁNDEZ , Fernan do: « La e structu ra de l Reta blo M a-
yor de la Catedral de Sevilla», en La Catedral entre 1434 y 1517: historia y conservación. Taller
Dere çeo. Sevil la, 2013 , pp. 7 - 24 .
31 Gómez Piño l ha dej ado caer tími damen te la posibi lidad de que el gigan tes co cruci fi cado
atribuido a Jorge Fern ández que se conserva en la capilla de la Inmaculada d e la c atedral
sevillana hubiese ocupado originalmente una viga de im aginería que habría tenido la
menci onada capi ll a cuando , bajo la advoc aci ón de San Pabl o, era el pant eón de los cab a-
lleros que tomaro n S evilla en 12 48 . S in embarg o, la rem ode lación de la cap illa en 1530 ,
apenas cuatro años d espués de la transformación de la viga de imaginería p revista para el
altar mayor en remate de su volada polsera, nos lleva a especular con una solución análoga
en esta o casión, toda vez que el retablo labrado durante la refor ma conta ba con un « gua r-
dapolvo que viene en vuelta redonda » que muy prob ablemente em ularía la audaz solución
[ 119 ]
E L PRESBITERIO
Un aspecto que no podemos dejar pasar por alto, volviendo de nue-
vo sobre la gran viga de la catedral hispalense, es la elección del crucificado
que habría de coronarla [figura 42] . Por datación, autoría y, aún más por
dimensión se podría especular si el gran crucificado de la capilla de la
Concepción Grande hubiese sido realizado originalmente con esta finali-
dad, sin embargo quien terminó presidiendo la viga sería el llamado Señor
del Millón, que ha sido identificado con el «cruçifixo» que presidió la vieja
mezquita cristianizada en la nave mayor del Pilar. 32 Que en pleno siglo XVI,
en el contexto de la colosal empresa escultórica que supuso el nuevo altar
mayor catedralicio, para coronar su viga se eligiese una imagen del XIV no
puede entenderse en modo alguno como una decisión meramente econó-
mica o práctica ‒ más aún si se alcanzase a demostrar la hipótesis antes
apuntada ‒ más bien descubrimos la decidida voluntad capitular de ligar la
novedad a la permanencia, poniendo así de manifiesto la unión histórica
del nuevo templo con el precedente. 33 Entendemos además que esta con-
cepción de la continuidad encuentra reflejo e ilación en ciertos crucifijos
del siglo XVI que hoy sabemos que fueron concebidos para presidir las
viga triunfales de algunas parroquias del arzobispado hispalense. En ellos,
a pesar de evidenciar una clara evolución formal respecto de los crucifica-
dos de los dos siglos precedentes ‒ se prescinde de la violenta contorsión
del cuerpo en espasmos agónicos, que se ve substituida por la plasmación
plástica de un dolor más contenido y hondamente interiorizado ‒ aún se
percibe una marcada rigidez corpórea que se plasma en perfiles de acusada
tensión y otros rasgos estilísticos que reiteran formalismos claramente me-
dievales y por tanto retardatarios si tenemos en cuenta su fecha de
ejecución. Cabe preguntarse al respecto si no se habría pretendido de ma-
alcanzada en la cap illa mayor situada a escasos metros. G ÓMEZ P IÑOL , Em ilio: «Se ntim ie n-
to relig ioso e imá genes del Crucificado en el arte hisp anoam ericano del siglo XV I», en
Signos de evangelizaci ón. Sevilla y las hermandades en Hispanoaméri ca . F unda ción El Mon te.
Sevilla, 1999 , p . 73 .
32 L AGUNA P AÚL , T ERESA « La Aljama cristi anizad a. Memoria de la catedra l de Santa María
de Sevilla » , e n Metro pol is To tius Hisp aniae . Ayun tamie nto d e Se villa. Se villa, 1998 , pp. 50 y
63 .
33 Se desconoce dónde pudo estar colocado en la catedral este crucificado desd e 1506 ca.,
pero es probable que pres idiese un al tar mayor provis ional.
[ 120 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
nera deliberada que con sus formas atávicas evocasen la memoria de cruci-
fijos más antiguos perdidos o que nunca existieron cuya remembranza o
invención evocase el arrojado heroísmo de la Reconquista y el renacimien-
to cristiano de una tierra en la cual las generaciones de finales del siglo XV
y principios del XVI tanto se esforzaron en manifestarse herederas.
Durante la centuria siguiente, las vigas triunfales comenzaron a per-
derse para siempre en un proceso de progresivo desmontaje que se
prolongaría a lo largo de toda la Edad Moderna. Por el contrario, los cruci-
fijos y calvarios que las coronaban, que las más de las veces presentarían
un estado de conservación deplorable, dada su antigüedad y que su audaz
ubicación no facilitaba precisamente su mantenimiento, sí que subsistie-
ron. 34 Es probable que a ello contribuyese, paradójicamente, su ya
desfasada estética medieval –en comparación con la nueva imaginería de
inspiración clásica que proliferaba en los distintos altares y retablos– pues
lejos de constituir un inconveniente devocional para los fieles, las hacía ser
percibidas como iconos dotados de cierta atemporalidad piadosa, propi-
ciando, por el enorme impacto emocional de sus doloridos cuerpos
lacerados, el aumento de su devoción como imágenes singulares dentro del
ya amplio elenco de advocaciones de cada templo. 35 Así se desprende del
testimonio coetáneo del fraile portugués fray Gregorio Bautista, quien en
1633 reflexionaba que para un fiel, la «fixa remembrança» de Cristo en la
34 Conocemos a travé s del manusc rit o di eciochesco de M iguel Díaz Carbajo el testimonio
de don Gonzalo de Padilla, quien en 1630 señala que «como estaban tan altas, [de] las av e-
cicas y otr os animalejos se ensuciaban, y por la dificultad de estar tan alt as estaban
indece ntes» M ORENO A RANA , José A ntonio: «El manuscrit o … op. cit. , p. 237 .
35 Como certe rament e ha seña lado el prof esor Gómez Piñol re spect o de la devo ción a Cr i s-
to cruc ificado «E ra práctic amen te imp osible q ue, salvo en m inorías cultas y sensible s hacia
los valo res p uram ente fo rmale s de la s obras artísticas, pud iera imponerse de mod o gener a-
lizado u na con sidera ción red uctiva mente esteticist a de las im ágen es. La fuerza de é stas se
nutría del misterioso núcleo refer encial y simbólico a que apuntaban. S e insertaban en
una práctica ceremonial y litúrgica en la cual la im agen e xcitaba u na intransf erible vive n-
cia personal; una actitud espiritual de confiada entrega en la oración al icono sacro que
muy poco depend ía de la per fecci ón de la for ma sens ibl e. La índol e espi ri tua l de la com u-
nicació n emoti va generad a por las imágenes apen as reposaba en su índole estética; es ev i-
ev i dente que algunas de las que suscitaban mayores fervores muestran una pobreza formal
abrumadora». G ÓMEZ P IÑOL , Em ilio: « Sentimiento rel igio so.. . op. ci t. , p. 79 .
[ 121 ]
E L PRESBITERIO
cruz producida por la visión de «un crucifixo de palo o madera vieja y car-
comida, puesto sobre una viga de una Iglesia, que se está cayendo» es tan
poderosa, que lo inflama y hasta «lo crucifica, y le haze llagas». 36
La insólita advocación del crucifijo sevillano abundaría, si tomamos
por buena la explicación dada por el sacerdote Manuel Serrano y Ortega
según la cual ésta sería debida «al sinnúmero de gracias espirituales e in-
dulgencias que concedidas atesora para la piedad y sus devotos», en la
importancia devocional alcanzada por estas imágenes. 37 Hay que tener en
cuenta que en el interior de los viejos templos góticos y mudéjares del ar-
zobispado hispalense los repertorios iconográficos debían de ser aún
mayoritariamente pictóricos, quedando reducida inicialmente la escultura
de bulto a algunas imágenes de devoción, especialmente de la Virgen, y a
estos crucifijos, lo que sin duda los singularizaría más aún y haría pervivir
en el tiempo la devoción adquirida. De ahí que el abad Alonso Sánchez
Gordillo informase que el gran crucificado de la capilla de la Inmaculada
de la catedral de Sevilla, cuya ubicación original pudo haber emulado la del
Señor del Millón, « mueve a la devoción y reverencia particular; y así es frecuen-
tada su estación y se hace oración ante ella de pie », aunando así la imagen al
culto particular de los fieles el tributado corporativamente por parte del
clero sevillano. 38
36 B AUTISTA P ORTUGUÉS , Gregori o: Co mpleta s de la Vida de Crist o S. N. cantadas al harpa de
la Cruz por él mism o . Luis Roure . Perpiñán , 1633 , f. 1 49 v.
37 «E n cuanto a su apelativo “ del Millón” con que vulgarme nte y la tradición de luengo s
siglos le con oce, se ign ora his tóric amente la causa de tal no mbre , no hacien do referencia a
él los escritores antiguos de esta Catedral, creyendo el que estas líneas traza deb eríase
acaso, dados los antecedentes que referimos de su época y devoción, al sinnúmero de gra-
cias espirituales e indulgencias que concedidas atesora para la piedad y sus devotos (...) Y
quién sabe si a tan venerada efigie irían vinculadas la m ultitud de gracias concedidas de s-
de el siglo XV, época de la edificación de la fábrica catedralicia , por obispos y prelados a
cuantos co ntribuyesen con sus limosnas o trabajo personal a su levantamiento y construc-
ción, según la bula del pon tífice Sixto IV promulgada a este fin, y que el pueblo, po r la
conglomeración de tantas indu lgencias, rom piera llamándole con el sobrenom bre “del
Mil lón ”». S ERRANO Y O RTEGA , Manue l: « El S anto Cris to.. . op. cit. , pp. 422 - 423 .
38 G ÓMEZ P IÑOL , E milio : «Sen timien to religio so... op. cit. , p. 73 .
[ 122 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
Esta encendida devoción bien pudiera haber influido también en la
descensión de estos crucificados. Los fieles, con la intención de poderlos
admirar más de cerca, de tocarlos reverencialmente o iluminarlos con can-
deleros y lámparas votivas, en definitiva, para venerarlos como podían
hacer con la mayor parte de imágenes del templo, anhelarían su bajada y la
construcción de altares donde estos sacros simulacros quedasen expuestos
al culto y fuesen objeto de la íntima ternura de sus devotos, de su oración
arrebatada y hasta del abrazo lenitivo y consolador. 39 De hecho, como seña-
ló Gonzalo de Padilla, ante la imposibilidad de mantener con decencia
estos crucifijos, a su ubicación «determinaron los fieles vajar dichas Ymá-
genes, y colocarlas en capillas decentes como oy están». 40 Así debió de
suceder con el Cristo de la Viga de la Colegiata de San Salvador antes de
1614 , año en el que consta su ubicación no ya en un altar, sino en una capi-
lla propia situada junto a la pila del bautismo. 41 Qué duda cabe de que a
partir de entonces su devoción, propagada con la fundación de una cofra-
día, fue creciendo de manera exponencial, hasta el punto de que sus salidas
39 Se ha relac ionado la enorme devoción de estos « crucifixus dolorosus » co n las corrientes
espirituales ba jom edieva les qu e exa ltaban la h uman idad de Cristo, me diante la ex hibición
de las secuelas corporales del infamante tormento de la cruz, pero que no se agotan ahí,
pues, como afirma Gómez Piñol, « ofrecen infinitos matices de perdón, du lzura, amor s a-
crificad o, severida d desgarradora, agonía y muerte» . G ÓMEZ P IÑOL , Emili o: « Sentimient o
religioso... op. cit. , p. 67 .
40 M ORENO A RANA , José Anto nio: «E l man uscrito … op. cit. , p. 237 .
41 Conviene recordar que si bien siempre se creyó que el Cristo de la V iga que se co nserva
en la actual cat edral de Jerez había si do el que presidió el presbiterio de l a antigua colegi a-
ta de San Salvad or, hac e po co m ás d e una déca da el histo riador Manu el Ro mero Bejara no ,
defendió otra hipótesis. Según ésta, el hoy conocido como Cristo de la Vig a, habría fo r-
mado part e de la reja de la capil la de la famil ia Pére z de Gall ego de la de sap are ci da
colegiata medieval. Personalm ente consideramos que los indicios qu e aporta la docum e n-
tación en que se apoya no son lo suficien temen te sólidos como para demostrarlo,
pareciendo más lógica la interpretación tradici onal, que además ha vuelto a ser reivindic a-
da recientemen te por Salvador Hernández Gonzál ez . R OMERO B EJARANO , Manuel :
« Franci sco de Heredia, maestro entalla dor, y la autoría del Cristo de la Viga de la C atedral
de San Salvador de Jerez de la Frontera », en Laboratori o de Arte , 1 6 . Univ ersidad de Se v i-
lla. S evilla, 2003 , p. 390 ; R EPETTO B ETES , José Luis: Histo ria del Cabi ldo Cole gial de Jere z de
la Frontera . 1264 - 1984 . Caja de Aho rros de Jer ez. Jerez de la F rontera, 1986 , p. 515 . Salv a-
dor H ERNÁNDEZ G ONZÁLEZ , La escul tura en madera del Gótico final en Sevilla. La sil lerí a del
coro de la Catedral de Sevilla , Sevilla, U nive rsidad, 2 014 , pp . 274 - 276 .
[ 123 ]
E L PRESBITERIO
en procesión de rogativa en momentos de calamidad pública terminaron
por ser frecuentes, dado que, como afirmó fray Esteban Rallón a mediados
de aquella centuria, era en este crucificado «en quien la devoción de esta
ciudad tiene librado remedio de todas sus necesidades y aflicciones». 42
También a nivel capitular la devoción a la imagen alcanzaría cotas superla-
tivas, tanto corporativamente como a título individual. Lo primero se
constata en que el Cabildo le celebrase cada viernes, y durante siglos, una
solemne función con intervención de la propia capilla de música y en que
desde 1685 designase a uno de los canónigos como «capiller del Cristo de la
Viga»; de lo segundo da fe la decisión del magistral Alonso Caballero de los
Olivos, que en 1652 alcanzó un acuerdo con el resto de capitulares para ser
enterrado en la capilla donde el crucificado tenía su altar. 43
Si atendemos someramente al conjunto de retablos, imágenes y pin-
turas que atesora la actual catedral de San Salvador, comprobamos lo poco
que subsiste de aquel viejo templo medieval cuya maltrecha fábrica sucum-
bió a finales del siglo XVII. Esto rinde aún más significativa la pervivencia
del Cristo de la Viga, imagen que, como había sucedido siglos atrás en la
catedral de Sevilla, habría de marcar en cierto modo la línea de permanen-
cia diacrónica, no sólo entre uno y otro templo, sino también durante los
difíciles años de la obra. Y es que el crucifijo fue la imagen escogida para
presidir la capilla habilitada junto a la torre que mantuvo, en estado de
anómala provisionalidad, la actividad coral de la institución capitular. Para
este espacio la hermandad encargó a Agustín de Medina y Flores en 1742 un
retablo que mejorase las insuficientes condiciones de decoro de su precario
42 R ALLÓN , Fray Esteban: His toria de la ciuda d de Xerez de la Frontera y de los reyes que la
dominaron desde su primera fundación [ 166 5 ca.] . Un iversida d de C ádiz. C ádiz, 2 003 , t. IV , p.
131 .
43 Además, el Cristo de la Viga de la col egi ata de San Salva dor llegó a contar con una
hermandad erigida en 1670 , que le daba culto en unión con el cabildo colegia l. Además,
cuando la vieja iglesia fue derribada, el cabildo decidió qu e fuese esta imagen la que p r e-
sidiera la pequeña cap illa q ue quedó en pie de man era provisional, perviviendo h asta la
inaug uración de l nu evo te mplo c omo obje to c asi úni co de cu lt o y d evo ci ón de la fe li gre sí a.
R EPETTO B ETES , José Luis: Hist oria del Cab ild o.. . op. cit. , pp. 46 8 - 469 ; P OMAR R ODIL , Pab lo
Javier : « Entre la li turgia … op. cit. , p. 162 , n . 33 .
[ 124 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
presbiterio, toda vez que hasta la fecha el Cristo se encontraba en el mismo
simplemente colgado sobre el altar. 44 Cuando en 1757 , tras más de medio
siglo de obras, se habilitó al culto la mitad del nuevo templo, la imagen pa-
saría al mismo junto con su retablo, y nuevamente se mudaría hasta el lugar
que actualmente ocupa, presidiendo la nave del evangelio, cuando tuvo
lugar la inauguración definitiva de la flamante colegiata en 1778 . 45 Con esta
ocasión, el retablo, pequeño para las dimensiones del preferente testero
que habría de ocupar, fue objeto de una audaz intervención de ampliación
mediante la inclusión del pabellón que lo enmarca y que junto con la nue-
va mesa de altar y otros detalles de estética rococó incorporados en aquel
momento, lograrían acentuar aún más el bárbaro contraste estético que
hacía resaltar la venerable antigüedad de la imagen en el recién estrenado
entorno barroco del nuevo templo, donde la presencia de esta imagen ha-
bría de servir de prueba y marchamo de su antigüedad fundacional [figura
43] .
Un paralelo menor pero notable encontramos en el homónimo Cris-
to de la Viga de la parroquia de San Marcos [figura. 44] que fue apeado de
la viga por mandato del provisor, junto con las otras dos imágenes de la
Virgen María y el apóstol san Juan, el 31 de diciembre de 1616 . 46 Varios he-
chos nos ponen sobre aviso acerca de las razones de índole devocional que
debieron de encontrarse en el origen de esta bajada. En primer lugar, que
ésta no fue consecuencia del desmontaje de la viga, que por el contrario
continuó en su sitio y a la que se subió entonces una cruz desnuda para
44 A LONSO DE LA S IERR A F ERNÁNDEZ , Lorenzo : « El retablista Ag ustín de Medina y Flores.
Aproxi mación al est udio de su obra» , en Revista de Histo ria de Jerez , 8 . CE HJ. Jerez de la
Fronter a, 2002 , p. 143 .
45 R EPETTO B ETES , José Luis: La obra del te mplo … op . cit ., p. 157 .
46 El trabajo fue encomen dado a los carpi ntero s Antonio Terán , Crist óbal Camacho y
Franci sco López de Ca ntil lana. A NTÓN P ORTILLO , J ESÚS y J ÁCOME G ONZÁLEZ , Jo sé:
« Apunte s hist óri co - artíst icos de Jerez de la Frontera en el siglo XVII» , en Revis ta de Hist o-
ria d e Jerez , 6 . CEH J. Jere z de la F ronte ra, 2000 , pp. 188 - 189 .
[ 125 ]
E L PRESBITERIO
que la coronase en sustitución del crucificado. 47 También que inmediata-
mente la fábrica de la parroquia encargó un retablo donde disponer el
Cristo de la Viga flanqueado por la Virgen y san Juan al culto de los fieles,
al tiempo que se alcanzaba un acuerdo con la familia Pesaño, para que éste
se ubicase en su capilla funeraria del lado de la epístola. 48 Por último, el
hecho de que cuando el 26 de febrero del siguiente año el mencionado re-
tablo estuvo concluido, el traslado hasta el mismo del crucificado fue
realizado de manera solemne y celebrado «con una muy suntuosa fiesta». 49
En esta nueva ubicación, donde los fieles podían venerarlo con mayor cer-
canía, la devoción a la imagen continuó e incluso se acrecentó, de lo cual
da fe el testimonio del visitador don Gonzalo de Mier y Barreda, quien en
febrero de 1673 mandó al arzobispo la resulta de la visita girada a la parro-
quia, explicándole que el Cristo de la Viga, «que según tradición sudó
sangre», lucía «con toda la veneración posible». 50 En 1759 su retablo fue sus-
tituido por uno nuevo que realizó el entallador Matías José Navarro [figura
47 Respecto a la cruz que habrí a de sustit uir al crucif ijo los carpi nter os especif ican que «la
emos de poner y subir en la parte donde se baxo el cristo qu e es sob re la biga, con las
cadenas que para ello nos dieren». Idem .
48 En la obligac ión de estos carpi nteros se especi fica que conta ban con un m es para «ha s-
ser un retablo para la iglesia de sa n marcos de sta ciu dad para ado nde este un cristo y nra.
Sra. y san ju o . evange lista qu e se baxo oy dicho dí a de la biga que estaba en lo alto de la
dicha iglesia el qual dicho retablo a de ser de m adera de borne todo de orden dórico».
Idem.
49 En el conocido como Inventario viejo de la parroquia de San Marcos, qu e data de 1590 y
que dio parcialmente a conocer H ipólito Sancho se lee: «Ytem una viga rrica e ciertas c a-
xas con la Cruz, crucifixo e n uestra señora e san Juan». L leva apostillas que añaden que
seguía estando en 1613 y en 1615 . O tra e s m ás explícita y señala: «El C hristo e imágenes
desta uiga son de la fábrica y los puso en depósito en la capilla de los pesaños por m and a-
do del señor prouisor; paso la escritura de declaración de todo ante Juan Ximenes de rr o-
rr o jas scr iuano púb lico d esta c ibdad en 23 de febre ro d e m il seiscie ntos y diez y siete».
Otra nota post erior añade: «trasladose estas santas ym ágenes y christo a la dicha capilla
‒ primera del costado de la epistola antiguo entierro de los Pezzano ‒ domingo veinte y seys
de febrero de 1617 con una muy suntuosa fiesta» . S ANCHO DE S OPRANIS , Hipól it o: « El ret a-
bl o de l a capill a... op. cit. , p p. 14 2 - 143 .
50 «Asimism o, hay un crucifijo en una capilla al lado izquierdo, que según tradición sud ó
sangre. Llaman el Santo Cristo de la Viga, está con toda la veneración p osible. (Al ma r-
gen:) Llámase de la V iga porque estuvo antiguamente encima de una viga de la iglesia».
P OMAR R ODIL , Pablo Jav ier: « Entre la lit urgi a … op. cit. , p. 162 , n. 40 .
[ 126 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
45] , acorde con la nueva estética rococó que comenzaba a introducirse en
Jerez en aquellos años y que, como en el caso de la colegiata anteriormente
visto, resaltaría de manera elocuente la antigüedad del crucificado 51 . Fue tal
la devoción a esta imagen en aquel siglo, que la homonimia con el crucifijo
de la colegiata del Salvador terminó por derivar en sonoros pleitos, ecos de
piadosa emulación, dado que la demanda de limosnas para el culto de uno
u otro provocó confusión entre los fieles. 52
Algo semejante, aunque con ciertos matices en la motivación, ocu-
rrió pocos años más tarde con la viga en la parroquia de San Lucas [figura
46] , que ya en la visita de 1588 se había ordenado reparar. 53 En la de 1620 ,
que estuvo a cargo del visitador Fernando Marqués, se ordenó su completa
retirada y que el calvario que la presidía se pusiese en otra parte del tem-
plo, «atento a que la viga esta maltratada y estorba mucho por ser la iglesia
pequeña». 54 En efecto, la iglesia de San Lucas es el templo parroquial más
pequeño de Jerez, sin embargo, dada la ubicación que le suponemos a esta
viga, uniendo las impostas del arco de acceso al presbiterio, pensamos que
poco habría de embarazar el templo, al menos en cuanto a su capacidad y
que el visitador pretendería una renovación visual de su interior en la línea
de lo ya apuntado en relación con la catedral, su viga y su retablo. A pesar
de todo, el desenlace que conocemos es netamente semejante al de San
Marcos, pues si bien el calvario fue apeado y llevado a la sacristía, detalle
éste que quizá ponga de manifiesto una menor devoción, la viga se mantu-
vo, colocándole una nueva cruz desprovista de crucifijo, pero decorada con
51 A ROCA V ICENTI , Fernando: « Aportac iones al estudi o del retabl o del siglo XVIII en la
Baja Andalucí a : el mo delo jerezano » , en Laboratori o de Arte , 10 . U niver sidad d e Sev illa.
Sevil la, 1997 , p. 241 .
52 «se venera en d icha Iglesia un devo to Crucifijo con el título de la Viga , aunque para é l
no se puede pedir limosna, por auto del Sr. Provisor, para no perjudicar a la Hermandad
del S anto Cristo de la Viga, q ue se venera en la Colegial». M ESA G INETE , Francisco de:
Hist oria s agrada y polí tica. .. op . cit . , t. II, pp. 153 - 154 .
53 R ÍOS M ARTÍNEZ , Esp eranza de los : Antón Martí n Calafat e y Diego Moreno Melénd ez en la
arquitect ura jere zana del si glo XVII . U niver sidad d e Cád iz. Cád iz, 2003 , p. 306 , n. 115 .
54 P OMAR R ODIL , Pab lo Javie r: «Ent re la liturg ia… o p. cit., p. 1 62 , n. 44 .
[ 133 ]
E L PRESBITERIO
el siglo XVIII se optaría por una solución de forja [figura 49] , de la que se
encargaría el maestro Pedro Dorado en para la inauguración del templo en
1778 y que acaso pueda rastrearse entre cuanto apreciamos en el material
fotográfico que se conserva de la colegiata antes de su reforma de los años
sesenta del siglo XX. 70 Allí, los ocho balconcillos de baranda que se divisan
responden ya a las necesidades del modelo de altar cuadrifronte inaugura-
do en 1907 , si bien no podemos descartar que la intervención entonces se
hubiese limitado a la reproducción en los lados restantes del frente del si-
glo XVIII. 71
También de piedra fueron los de la opulenta parroquia de San Mi-
guel [figura 50] , cuyos restos se conservan parcialmente en el museo
arqueológico municipal de Jerez. 72 De éstos, realizados en piedra de las
canteras de Martelilla, se conservan seis piezas del pretil, dos fragmentos
de basa y seis hornacinas con esculturas de san Lucas, san Marcos, san Mi-
guel, san Pedro, san Pablo y la Virgen y el niño. 73 Dada la íntima relación
que entre iconografía y función solía darse en estas piezas, cabe pensar que
el púlpito del lado del evangelio albergase las dos primeras figuras y queda-
se completado con las de los otros dos evangelistas, san Juan y san Mateo.
Mientras que el púlpito del lado de la epístola albergase a san Pablo, san
Pedro y quizá el profeta Isaías y san Judas cuyas lecciones también sustitu-
yen en ciertas ocasiones del año a las cartas del apóstol de los gentiles. 74
70 R EPETTO B ETES , José Lu is: La obra del templo…, op. cit. , p. 137 .
71 M ARISCAL R ODRÍGUEZ , Mig uel Á . y P OMAR R ODIL , Pablo J.: «His toricism os en las igl e-
sias de Jerez de la F rontera. Los altares – tem plete», en Revista de Historia de Jerez , 7 . CE HJ.
Jerez de la Frontera, 20 01 , p . 100 .
72 La azar osa histor ia de a mbos púlpit os incl uye su unión para formar brocal de l pozo de la
parroquia. Su conser vación en el Museo, consta al m enos desde 1914 . P ESCADOR Y G UTI É-
RREZ DEL V ALLE , M arian o: Guía artíst ica de Xerez de la Frontera, o sea, sucinta descripción de
sus principales m onumen tos . Ardib io Pu let. San lúcar d e Barra med a, 1914 , p . 102 .
73 Ya el jerónim o fray Esteban Ralló n de Mercado , que lo s tildó d e « muy primo ros os, con
mucha tall a y escult ura » inf ormab a d e qu e la piedra de estos púlpitos era de esa cantera
jerezan a. R ALLÓN , Fray E steba n: Hist ori a d e l a ciud ad … op. cit . , 200 3 , t. IV, p p. 138 .
74 Se ha planteado recientement e una reconstrucción de ambos púlpitos diferente y, a
nuestro entender, sin fundamento, da do que además de desconocer la finalidad funcional
que genera y condiciona su iconografí a – hasta el punto de no hacer distingos entre el uso
[ 134 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
Presentaban estos púlpitos como interés adicional el haberse realizado en
el contexto de la obra general del templo, formando parte de las gradas ori-
ginales de su primitivo presbiterio y el haber estado a cargo de Pedro
Fernández de la Zarza, quien los habría ejecutado hacia 1550 , fecha en la
que tiene lugar la compra de piedra con esta finalidad. 75 No hay certeza de
cuándo estos púlpitos fueron retirados. 76 cabe pensar que la sustitución de
las gradas del presbiterio en 1789 pudiera haber arrastrado la de los púlpi-
tos, que se habían construido conjuntamente con éstas. 77 Es posible por
tanto que en el mismo proceso de renovación del presbiterio fuesen susti-
tuidos por los púlpitos de balconcillo de forja [figura 51] que actualmente
se conservan despojados de su parte inferior sustentante, y que suponemos
acordes estéticamente con los trabajos que en el coro y en la vía sacra co-
de estos púlpitos y el de la predicación – analiza esta última con pretensiones iconológicas
de matriz a pocalípt ica que a nue stro ent ender carec en de cualqui er vero simili tud. A GUAYO
C OBO , A nton io: « Los púlpi tos de San Miguel en Jerez de la Fronter a. Reconstrucci ón y
análisis den tro del programa apocalíptico del templo » , en Boletín de arte , 35 . Universidad
de Málaga. Mál aga, 2014 , pp. 63 - 82 .
75 R OMERO B EJARANO , M anu el y R OMERO M EDINA , Ra ul: «Pe dro F ernán dez d e la Za rza: un
maes tr o tar dogó ti co de la Baja Anda luc ía ( 149 4 - 1569 )», en Be goña A lonso Ruiz (ed.): La
arquitect ura tardogótica castellana entre Europa y Am érica . Sílex . Mad rid, 20 11 , pp. 19 7 - 209 ;
R OMERO B EJARANO , M anu el: Maest ros de obras de asce nde nci a port uguesa en el tar dog óti co de
la baja And alucía . Un iversida d de Sev illa. Se villa, 20 14 , tesis doc toral in édita (agrad ecem os
a su autor nos haya permitido su con sulta).
76 La prof esora Espera nza de los Ríos propone la fecha de 1788 . Si bien dic ho año ha de
ser cerca no o incluso prec isamente el de la remoción de los púlpitos que nos ocupan , el
asiento d ocumental en el q ue basa la afirmación, que hemos revisado a conciencia, no lo
confirma completamente. Se trata de un inventario de 1785 en el que se señala la existe n-
cia del púlpito de hierro en el cu erpo de la iglesia « y dos de p iedra en el altar m ayor » , al
cual, en algún mo mento p osterior se le ha añadido como nota margina l « extinguidos e s-
tos » , sin em bar go, no hem os encontra do señal algu na de que dic ha apostilla fu ese
introd ucida en 1788 . R ÍOS M ARTÍNEZ , Esp eranza de lo s: « Las intervenci ones de Alonso
Cano y Franc isco Gálv ez en los púlpi tos de l a par roqui a de Santi ago y San Miguel de Jerez
de la Frontera » , en Laboratori o de arte , 9 . Unive rsidad de Sevilla . Sevilla, 1996 , p. 149 ;
AHDJF. San Miguel , secc ión III , caja 35 , doc. 6 . 2 .
77 A ROCA V ICENTI , F ernan do: Arqu ite ctur a y Urbanis mo en el Jerez del sigl o XVIII . C UES .
J erez de la F rontera, 2002 , p. 224 . Nota: Advertirá el lector que confronte la cita qu e se
menci ona en ella el año 1799 y no 178 9 . Una atent a lec tur a del párra fo complet o, así como
de la nota 111 que lo acompaña, pone de manif iesto que no e s más que una err ata.
[ 135 ]
E L PRESBITERIO
rrieron en aquellos años a cargo del herrero Pedro Dorado, a quien quizá
quepa a atribuirle su eventual creación. 78
Púlpitos destacados fueron igualmente los de la parroquia de San-
tiago, que afortunadamente se conservan, a pesar de las muchas vicisitudes
e intervenciones que ha sufrido el templo [figura 52] . Se trata de dos bal-
cones gemelos de forja, con balaustres y cornisa decorada con motivos de
progenie clásica, dotados de escalerillas y sostenidos por un pilarete bulbo-
so. Fueron encargados por la fábrica parroquial a los herreros residentes
en Cádiz Roque y Francisco de Caos en 1628 y se encargó posteriormente
de su dorado un joven Alonso Cano, quedando el conjunto completado
hacia 1630 . 79 Sobre el alcance de esta última intervención no cabe duda de
que el resultado final es semejante al que aún conserva y que el trabajo de
Cano no se extendió a un dorado completo de ambas piezas sino que se
limitó a sus relieves decorativos y atriles, como lo acredita el testimonio de
don Gonzalo de Mier de 1673 , quien señaló al respecto: «En el altar mayor
hay dos epistolarios de hierro de negro y dorados»; o el mismo Fray Este-
ban Rallón que indica que «son de hierro con los botones y hojas dora-
dorados». 80
Del resto de púlpitos de las capillas mayores de las parroquias jere-
zanas, debido a las profundas transformaciones sufridas por los templos
jerezanos durante el último tercio del siglo XIX, sólo quedan testimonios
documentales, salvo de los de la parroquia de San Lucas [figura 53] de los
que se conserva testimonio gráfico anterior a su remoción en los años se-
senta del siglo XX. 81 De éstos, que debieron sustituir a los que en 1635 doró
78 A ROCA V ICENTI , Fern ando : «A rquite ctura civil jereza na del siglo XV III. Revisió n y n u e-
vos datos», en Labo rator io de Arte , 18 . Un iversid ad de S evilla, S evilla, 20 05 , pp . 336 y 338 .
79 R ÍOS M ARTÍNEZ , Espe ranza d e los: « Las inter vencio nes de Alonso Cano… op. cit., pp.
144 - 145 .
80 AGAS. Sección II, visita s, legaj o 1443 [Apéndi ce documental I, doc. I]; R ALLÓN , Fray
Esteba n: Hi stori a d e l a ciu dad…op . cit . , 200 3 , t. IV, p . 140 .
81 Á LVAREZ L UNA , María de los Ánge les , G UERRERO V E GA , José María y R OMERO B EJ A-
RANO , Manuel: La in tervenció n en el patrimonio. El caso de las iglesias jerezana s (1850 - 2000) .
Ayunta mient o de Jerez. Jerez de la Front era, 2003 , passim .
[ 136 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
el maestro Antonio de Benavente, apenas sabemos que eran de hierro for-
jado sobre zócalos de jaspe negro y que fueron realizados en 1729 durante
las obras de reforma barroca del templo medieval. 82 De la iglesia parroquial
de San Mateo decía don Gonzalo de Mier en 1673 que «Tiene dos púlpitos
para leer los evangelios y epístolas incorporados acerca del altar mayor», lo
cual quizá quisiese decir avanzados sobre la nave respecto del límite del
arco triunfal, y además añadía que «están dorados y es fábrica nueva», acaso
de forja entonces. 83 Así debían de ser también los de San Marcos, que en la
visita pastoral de 1691 se mandaron hacer, dado que el arzobispo Palafox
ordenó el diecinueve de diciembre de aquel año «que se saque un barcon
sobre el parapeto sobre el altar mayor y se aga pulpitos para cantar la epís-
tola y el evangelio». 84 Consta que en 1695 estaban ya terminados,
habiéndose ocupado de su ejecución el maestro herrero Francisco Mon-
ge. 85
E L TABERNÁCULO EUCARÍ STICO EN LOS ALTARES MAYORE S
La XIII sesión del Concilio de Trento, celebrada el once de octubre
de 1551 , confirmó la doctrina tradicional mantenida por la Iglesia sobre el
Sacramento de la Eucaristía, según la cual después de efectuada la consa-
gración, el cuerpo y la sangre de Cristo están presentes de manera
permanente en la forma consagrada, contrariamente a cuanto sostenía Mar-
tín Lutero, para quien la presencia real se limitaba al tiempo que durase la
82 Un inve ntar io de la par roqu ia reali zado por don José María Arci la Navarr o en 1886 los
describe del siguie nte modo: « dos balaustradas y atrile ras de hierro dulce; la escalinata y
zócalos so n de jaspe negro » A NTÓN P ORTILLO , J esús y J ÁCOME G ONZÁLEZ , José: «A p untes
históri co - artísti cos de Jerez de la Frontera en los siglos XVI - XVIII ( 2 ª seri e)», en Revist a de
Hist oria de Jerez , 7 . C EHJ. Jerez de la Frontera , 2001 , p . 117 ; A ROCA V ICENTI , F ernan do:
Arqui tec tura y Urbanismo … op. cit . , p. 196 ; AGAS. Secció n IV. Ser ie 13 , lega jo 691 [Apén d i-
ce documental III, doc. XXXVI].
83 AGAS. Se cci ón I I, visita s, legajo 144 3 [ Apéndice d ocument al I, doc. I].
84 AGAS. S ecci ón I I, visita s, legajo 133 9 , f. 52 r. [Apé ndice d ocue ntal I, do c. II].
85 S ANCHO DE S OPRANIS , H ipólito: «P apele tas para una serie de artistas regionales (segu n-
da seri e)». Guió n, 27 . Federación de estudiantes católi cos. Jerez de la Frontera, 1936 , p. 5 .
[ 137 ]
E L PRESBITERIO
celebración de «la cena». 86 Igualmente, en contra de los protestantes que
llamaban «adoradores de pan» a los católicos, el Concilio recordó que a
Cristo, presente en la Eucaristía, se le debe culto de latría o de verdadera
adoración. 87 Parece evidente, por tanto, que estas dos definiciones dogmá-
ticas estuviesen en el origen de una de las grandes transformaciones que
los presbiterios de la Archidiócesis presentaron durante la Eda Moderna, la
de la introducción del sagrario con la reserva del Santísimo Sacramento en
el centro de sus altares, modo sensiblemente perceptible y elocuente de
reafirmarse en la tradición de la fe católica que los herejes habían puesto
en duda. 88
Ya en los años previos al Concilio se habían dado algunas experien-
cias reformistas en el sentido anteriormente expuesto, como la surgida en
Italia con Juan Mateo Giberti, que alcanzó notable difusión tras el mismo a
partir de la obra de san Carlos Borromeo. 89 En España, también existieron
experiencias precedentes desde el último tercio del siglos XV y XVI, como
la del retablo mayor de la catedral primada en Toledo con su custodia de
talla que indica el lugar tras el cual se reserva la Eucaristía, los óculos de
los retablos aragoneses, o los poco estudiados mandatos del obispo de Ba-
dajoz Francisco de Navarra, que al respecto resultan del mayor interés. 90 La
86 « Si quis dixerit , peracta consecratio ne in admirabili Eucharisti ae sacramento non esse corpus et
sanguinem Dom ini n ostri Iesu Christi, sed tantum in usu, dum sum itur, non autem ante vel, post, et
in hostiis s eu particulis consecra tis, q uae post comm unione m reservan tur vel su persunt, non rem a-
nere verum corpus Domini, a.s. ». Canones, et decreta sacrosanti oecumenici et g eneralis con cilii
tridentini, sub Paulo III, Iulio III , Pio III I, p ontificibu s m ax. Andre as de Angulo. Alcalá de
Henar es, 1564 , secc. XIII , can. IV.
87 « Si quis dixerit , in sancto Eucharist iae sacrament o Christum unigeni tum Dei Filium non esse
culto latriae etiam externo adorandum, a.s. » . Ibidem , sec c. XIII , can. V I.
88 M ARTÍN G ONZÁLEZ , Juan J osé: « Sagrario y m anife stador en el retablo barroco español » ,
en Imafronte , 12 . U nivers idad d e Mu rcia. M urcia, 1998 , pp . 2 7 - 30 .
89 J OBST , C hristop h: «Litur gia e c ulto dell’Eucari stia nel programa spaziale della C hiesa. I
tabernac oli eucaristici n egli scritti eccle siastici dell’epo ca intorn o al Con cilio di Tre nto»,
en Jörg Stabenow (coord.), Lo spa zio e il c ulto. Relaz ioni tra e difi cio e cles iale s e us o li turgi co dal
XV a l XVI secolo . Marsilio . Ven ecia, 20 06 , pp . 91 - 126 .
90 Al tratarse d e una d iócesis su fragánea de Sev illa y por tan to en estre cha relac ión con
ella , n os resu lta de extrao rdinar io inter és la inte rvenc ión de l prelad o pa cense respec to a la
[ 138 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
primera reacción postridentina que encontramos será ya la del Concilio
Provincial toledano convocado por el cardenal Gaspar de Quiroga con el
apoyo de Felipe II. 91 En su tercera sesión, celebrada el doce de marzo de
ubicació n del Santísim o en el centro del altar m ayor . Ya en 1553 , a los seis m eses d e su
decisi va inter vención en e l Concil io de Trent o, hizo v isit a pastora l a su catedral , de lo cual,
en relación con el tem a q ue nos ocup a, qued a el siguiente testimonio: «Ytem porque su
señoría halló que en el altar maior no avia sacramento y era causa que m uchas personas
forastero s qu e vienen a haze r o raçion a la ig lesia la h azían al a ltar m aior pen sando qu est a-
va allí el San tíssimo Sacramento , m and ó su señ oría q ue lu ego el m aiord omo hag a en el
dicho altar m aior un tabernáculo donde esté el santíssimo sacramento e allí se ponga e la
lámp ara que stá en la capilla d onde aora est á el San tíssimo Sacra mento se pon ga de lante
del altar maior e del Santíssimo Sacramento». Al año siguiente y también en 155 5 celebró
sendos sínodos d iocesanos de los que por desgrac ia no se con servan actas ni constituci o-
nes, pero que quizá pudier on determinar que la prácti ca se hiciese extensibl e a toda la
diócesi s. Al menos es lo que nos permite sospechar el tenor de la resul ta de la visita de
1566 , ya bajo el po ntificado de san Ju an de Ribe ra, a la par roquia de N tra. S ra. d e Cons o-
lación de Azua ga: «en la visita que se a fecho de l Santís imo S acram ento se halló q ue
estaba en un sagrario al lado del altar maior, a la parte del e vangelio con mucha deçen çia y
limpie ça em pero po rque para las cer emon ias q ue se hac en los días solem nes en la misa y
en las vísperas al ençensar especialmente despu és que vinieron los misales nuevos está
mejo r en medio del altar maior y tambié n porq ue los que entran a hazer oraçion en la
iglesia, espec ialmen te los foras teros ordin ariam ente la ha cen al alta r m aior, lo s visita dores
manda ron que entro de un año el dich o cur a e maio rdo mo de la igle si a hag an hazer un
sagrario de talla muy bien d orado que tenga t res ymagenes de medio relieve u na en la
puerta que sea de la resurrecci ón y […] lo pongan en medio del altar maior adonde se
ponga el Santís simo Sacramento». Por lo temprano de am bos testi monios y por la impl i-
cación de prelados de importancia capital en la historia de la Iglesia en España, el estudio
de estos casos merecería el desarrollo de una pieza aparte. S OLÍS R ODRÍGUEZ , Carm elo:
«Las visitas pa storales y el Patrimonio arquitectónico y mobiliar d e la Iglesia», Memor ia
Eccl esia e, 14 . Asociación d e Archi veros de la Igles ia de España. Oviedo, 199 9 , pp. 419 - 420 .
91 Como es frecuen te, la Igle sia no inventó ex novo una solución práctica con la que dar
respuesta a los desafíos planteado s po r la herejía prote stante, sino qu e tan sólo d io p rior i-
dad o decretó la obligatori edad, introduciendo singulares variantes, de alguno de los usos
seculares qu e, según las distintas costum bres locales, formaban parte de su acerbo de e x-
perienci as materiale s en relación con la reserva del Sacramento. Conviene recordar al
respecto que un texto de origen galicano de fi nales del sigl o IX o pr incipio s del X, llamado
comúnm ente Admonit io synoda lis , ya r ecom enda ba q ue la píx ide c on e l Sa ntísim o Sa cr a-
ment o se conse rvase en una ar quet a o capsa situad a sobre el altar. G uillermo Du rando,
afi rmaba a finales d el siglo XIII qu e tal sistema se hab ía ado ptado sólo in qu ibusda m eccl e-
siis , si bien también existieron otras opciones tipológicas, com o la paloma eucarística, o los
transpare ntes aragone ses arriba citados, que sirvieron en las igle sias para ubicar el S ant í-
simo Sacramento tras el retab lo mayor y divisar la luz d e su lám para desde la n ave.
R IGHETTI , t. I , pp. 467 - 468 , 472 , 502 - 503 .
[ 139 ]
E L PRESBITERIO
1583 se aprobó un decreto que ordenaba custodiar el Santísimo Sacramen-
to sobre el altar mayor, así en las iglesias existentes como en las que en
adelante se tuvieran de construir, si bien permitía la continuidad de los
sagrarios existentes si estos estaban en el situados en la capilla mayor. 92 La
primacía toledana en la Iglesia española debió de ser determinante y propi-
ció la replica de disposiciones semejantes en otros concilios provinciales y
sínodos diocesanos, lo que en definitiva provocó que el sagrario ubicado
sobre el altar mayor se generalizase en toda España mucho antes de que el
nuevo Rituale Romanum de Paulo V impusiese la práctica en la diócesis de
Roma y la recomendase vivamente para el resto. 93
En la Archidiócesis de Sevilla el Sínodo Diocesano del cardenal don
Rodrigo de Castro, celebrado en 1586 , decretó, como Quiroga había hecho
en Toledo, que en todas las iglesias del Arzobispado se hiciese «una custo-
dia en medio de dicho altar mayor, a donde se pase el Santísimo
Sacramento». 94 Pero aún dio un paso más y excluyó la posibilidad de con-
92 El decreto XXXVII de la III sesión del Concilio , señala que « No estando en las facult a-
des hum anas dar culto a l Santísimo Sacramento de la E u caristía cual con viene ni ponerle
en el sitio que merece, se custodiara en el m as notable, principal, y noble, y e ste es sin
duda el altar m ayor de la iglesia ante el cual el pueblo acostumbra a p r osternarse con fr e-
cuencia y l 0 s cl é rigos a cantar preces de día y de noche. Y si en algun as iglesias
parroquial es, coleg iatas o cat edrales se g uard a fuera de este sitio, de berá se r inm ediat a-
ment e tra sladad o a aquí ; m as d onde se guarda dentro de la ca pill a mayor, aunque no en el
altar principal, no se innovara cosa alguna. Sin em bargo, en l 0 s templos que de nuevo se
construyan el sitio para la Eucaristía será el al tar m ayor, y en 10 s m onas terios de m onjas
solo se per miti rá custo dia rl e en este y no en ningu na otr a part e, ni en el claus tr o, coro o
pared de este ultimo. Lo mismo se mando claramente en el Concilio de Trento y, po rqu e
se eludía co n razones aje nas, se mando y declaro última me nte por autor idad apos tólic a
que así se hiciera». ! T EJADA Y R AMIRO , Juan de: Colecc ión de Cánones y de todos los Concili os
de La Iglesia de Esp aña y de Am érica . Imp renta d e Pedr o Mon tero. M adrid, 18 63 , t. V , pp .
472 - 73 .
93 R ODRÍGUEZ G UTIÉRREZ DE C EBALLOS , A lfonso : «L iturgia y co nfigura ción de l es pacio en
la arqu itectura españ ola y po rtugue sa a raíz del Co ncilio de Tren to», en Anuario del Depa r-
tamen to de H istoria y Teoría del A rte , 3 . U niversid ad Autó noma de M adrid. Madrid, 1991 , p .
45 ; R IGHETTI , M ario: Histor ia de la li tur gia . Madrid , BAC , 1955 , t. I, p. 472 .
94 Constit ucion es del Arzobis pado de Sev ill a hechas y ordenada s por el Ilust rís imo y Rever endís imo
Sr. D. F ernando Niño de Guevara, Cardenal y A rzobispo de la San ta Iglesia de Sevilla, en el
Sínodo que celebró en su Catedral año de 1604; y mandadas imprimir por el D ean y Cabildo, C a-
[ 140 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
servar la Eucaristía en los sagrarios murales ya existentes, aunque éstos se
encontrasen en el presbiterio, como en la archidiócesis era costumbre. En
el ámbito que nos ocupa no contamos con datos sobre el modo en que
aconteció esta importante transformación de los altares mayores de las pa-
rroquias jerezanas dado que los libros de visita de las mismas que se han
conservado son posteriores a aquellos años finales siglo del XVI y princi-
pios del XVII en que tuvo lugar la introducción de los sagrarios en los
retablos que presidían sus cabeceras. 95
Uno de estos sagrarios sujetos a transformación fue el del altar ma-
yor de la antigua colegiata, que en cierto modo habría de servir de
elemento de referencia para el resto de parroquias de la ciudad. 96 Sabemos
nónigos in Sacris, Sede vacante, en Sevil la, año de 1609 . Franc isco Álvar ez y C a . Sevilla, 1864 , t .
II, p. 59 .
95 L o que sí se constata es tanto la inexistencia de referencias a estas p iezas en los contr a-
tos de ob ra del siglo X VI, com o su pre sencia en las descripc iones de l XVII.
96 Hasta fec ha reci ent e, el ret abl o del alta r mayor de la anti gua colegi ata jerez ana habí a
p ermanecido inédito para la historiografía d el arte local, faltándonos al respecto las m ín i-
mas ref erenci as cronol ógicas y de auto ría. Rec ien teme nte hemos esp ecu lad o con la
posibil idad de que bien pudiera trat arse de una obra gótica de las últi mas décadas de l
siglo X V o prim eras del XVI, relacionab le con la visita que realizaron al tem plo los Reyes
Catól icos en octubre de 1478 . En dicha ocasión los monarcas fueron llev ados hasta el alta r
mayo r, donde se cantó un sol emne Te Deum , tras el cu al entrega ron al Cab ild o su propio
escudo, qu e fue colocado en la capilla mayor, y que acaso pueda identificarse con aquellos
que con las armas reales que las fuentes antiguas mencionan que tenía el retabl o fla n-
queando los de la tiar a con l as ll aves de san Pedro, y el orbe, s ecular emblema del Cabildo.
Esta dataci ón, un tanto tempran a para cuant o hasta el momento conocemos de la reta blí s-
tica de la ciu dad, po dría en cajar con la des cripción que tene mos del retablo en el siglo
XVII, donde es vi sto como una máquina lig nari a con « c ornisas y relieves dorados » y cua-
dros « de pintura antigua » , lo que nos e staría indican do su pr obab le p ertene ncia a la serie
de grandes retablos pictóri cos producidos en la Archidióc esis con anterio ridad al mayor
de la catedral de Sevilla. Sobre un banco co n la figura de los apóstoles, su programa ic o-
nográfi co estaba centrado, en registro doble, por la Transfigur ación, que siempre fue
considerada la « advocación d e la iglesia » , y en torno a la cual se desa rrollaba n el r esto de
escenas, con la E pifanía y la Na tividad superp uestas e n el lado del evan gelio, y la R es u-
rrección y la Pentecostés en el de la epístola. Por ú ltimo, e l tercer cuerpo con taría co n la
Ascens ión y la Asunción fla nquean do a la Entrada de Crist o en Jerus alén. R ALLÓN , Fra y
Esteba n: Hist ori a de la ciuda d… op. cit. , 1998 , t . II, pp . 420 - 421 ; R EPETTO B ETES , Jo sé L uis:
Hist oria del Cabi ldo … op. c it . , p p . 79 y 514 - 515 ; M ESA G INETE , Fran cisco de: Histo ria Sagra d a
y política… op. cit. , t. II , p. 91 ; H ERRERA G ARCÍA , Fran cisco Javier : «Lo s or íg enes de u na
[ 141 ]
E L PRESBITERIO
que fue dorado y estofado por Luis Ortiz de Paz y Antonio Gallardo en
1672 . 97 No obstante, desconocemos si dicha intervención hace referencia al
acabado decorativo de un nuevo sagrario o a la renovación y redorado de
una obra preexistente que hubiese sido probablemente la introducida con
posterioridad al decreto de don Rodrigo de Castro.
La carencia de libros de visitas de estas fechas nos impide conocer
más noticias sobre el modo en que tuvo lugar esta introducción de los nue-
vos sagrarios en los viejos altares mayores. A pesar de ello suponemos que
el sagrario de San Lucas que don Gonzalo de Mier describió en 1673 como
«muy costoso de diferentes columnas de madera doradas» debió de ser fru-
to de aquel momento. 98 Como también la reforma del altar pictórico de San
Marcos, iniciada en 1609 , año en el que consta que el retablo, probable-
mente de batea en su origen, se estaba ampliando con unas calles laterales,
afortunada creación artística. El retablo gó tico en Sevilla», en Fátima Halcón Álvare z -
Osso ri o, Franci sco Javi er Herrer a García , y Álva ro Recio Mir: El retabl o sevil lano, desde sus
orígenes a la actualidad . D iputa ción de S evilla. S evilla, 200 9 , pp. 39 - 43 ; J IMÉNEZ L ÓPEZ DE
E GUILETA , Ja vier E. y P OMAR R ODIL , Pab lo J.: «L a cole giata m edie val de San Sa lvador d e
Jerez de la Frontera», en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla:
1264 - 2014 . Ayun tamie nto d e Jerez . Jerez d e la Fro ntera, 2 014 , pp. 4 72 - 4 74 .
97 A NTÓN P ORTILLO , Jes ús y J ÁCOME G ONZÁLEZ , J osé: «A pun tes his tórico - artísticos … op.
cit. , 2001 , pp. 117 - 118 .
98 Cuando en 1673 el licenci ado don Gonzalo de Mier visitó San Lucas, ya había sido ret i-
rado su prim itivo retablo m edieval , del q ue no tene mos datos y con taba co n un o qu e hab ía
sido concertado en 1664 con Lorenzo de Vargas por e ncargo de A gustín José Ram írez de
Zuri ta, que estaría concluido dos años más tarde, incluido su dorado, que corrió a cargo
de Pedro Mateos de Ledesma. Del m ismo destacaban , a dem ás de su sagra rio, u na horn a-
cina con la imagen de N uestra S eñora de Guadalupe y diferentes pinturas con sus marcos
dorad os, entre las que destacaban la del titul ar del temp lo ubicada en el ático. De este
retablo, se conse rvan la Virgen de Gu adalupe, anterior al mismo , a sí co mo m uy proba bl e-
ment e las anóni mas pi ntura s de la vida de la Virge n y San Lucas dist ribui das por el
te mplo, las pri meras en marcos que bien pudi eran hab er formad o par te del ret abl o de
Lorenzo de Vargas y la segunda que, con marco neoclási co, est uvo hasta el siglo XX en un
altar en el lado d el evangelio, junto a la capilla de ánimas. B ARROSO V ÁZQUEZ , Mª. D o l o-
res: «Arquitectu ra efímera en el Je rez del S eiscientos: Antón Martín Calafate y L orenzo d e
Vargas », en Triv ium, 5 . Ayuntamiento de Jerez. Jerez de la Frontera, 1993 , p. 372 ; A NTÓN
P ORTILLO , Jesú s y J ÁCO ME G ONZÁLEZ , José : «Ap unte s histó rico - artísticos de Jerez de la
Fronter a en los siglos XVI - XVIII ( 3 ª serie)», en Revist a de Histori a de Jerez , 8 . CEHJ. Jerez
de la Frontera, 200 2 , p. 125 .
[ 142 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
dado que el sagrario mural situado hacia el lado de la epístola de la cabece-
ra había perdido su función y podía ser tapado. 99 No es de extrañar la fecha,
pues si el sínodo de 1604 –y que vio la imprenta precisamente en 1609 – del
cardenal don Fernando Niño de Guevara había vuelto a hacer hincapié en
el mandato de su predecesor relativo a la ubicación de los sagrarios en los
altares mayores, probablemente sería porque no todos los templos se ha-
brían adaptado de inmediato a la normativa de 1586 . 100
Conviene advertir que estos nuevos sagrarios de los altares mayores,
como fruto de la intervención en retablos preexistentes, al no responder a
un proyecto general donde mesa de altar, sagrario y retablo hubiesen sido
trazados conjuntamente de modo que su integración fuese perfecta, con
99 El reta blo d e San Marcos que en 1673 desc ribi ó el li cenci ado do n Gonzal o de Mier c omo
« antiguo y bien com puesto » habrí a d e con tar por aquel entonces con un siglo de antigü e-
dad dado que la figura del evangelis ta titul ar que el mismo visitador m enciona le fue
pagada al escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo en 1573 . En la m encio nada ampliac ión
de 1609 c onsta la partici pación entonces de Vasco Pereira, A ntonio Pérez, Francisco Cid,
Cris tóbal de Cárdenas, Juan de Salcedo y Diego de Acedo que se ocupar ían de las pint u-
ras así co mo del dorad o de la ensamblad ura. Sus tablas de pincel subsisten en el a ctual
retablo, lo qu e nos per mite conoce r su icono gra fí a: Los santo s Padre s de la Igle sia , ahor a
ubicados bajo el ático debieron de estar en el banco del retablo y los santos apóstoles P e-
dro y Pablo que probablemente flanquearían el nicho central con la escultura del titul ar,
darían p aso a un program a eminentemente cristológico. En él habría las escenas de la
infanc ia y vid a p ública de C risto: Enc arnació n, A dora ción de los pa stores, Ep ifanía y Ba u-
tismo en el río Jordán; escenas de su P asión: Santa Cena, Oración en el Hue rto,
Cruci fix ió n y D escendimient o y escenas de su vida glorio sa: Resurr ección, Ascensión y
Pentecos tés. H ERNÁNDEZ D ÍAZ , José (Coord .): Doc umen tos … , 1933 , t. VI, p. 79 ; L ÓPEZ
M ARTÍNEZ , Celes tino: Desde Jerónimo H ernández hasta Martínez Montañés . Rod rígue z, G i-
ménez y Compa ñía. Sevilla, 19 29 , p. 189 ; S ANCHO DE S OPRANIS , Hip ólito: « El re tablo de la
capilla mayor de San Marcos, de Jerez. Notas y referencias docu mentales inéditas», en
Archi vo Hispa lens e , 17 . D iputa ción d e Sevilla . Sevilla , 1 952 , pp . 141 - 153 ; M ARISCAL R ODR Í-
GUEZ , M igue l Á . y P OMAR R ODIL , Pab lo J.: Jerez. Guía artística y monumental . Síle x. Mad rid,
2004 , pp . 42 - 53 ; M ORENO A RANA , José Ma nuel: El retab lo en Jerez de la Fronter a durant e el
siglo XVIII . U niver sidad d e Sevilla . Sevilla , 2014 , pp . 220 - 234 .
100 Las constit uciones del sínodo del cardenal don Fernando N iño de Guevara, de 1604 ,
fueron editadas en 1609 por e l cabildo de la Cate dral du rante la sede vacante de más de
año y medio qu e existió entre la mu erte d e Niño y el nomb ramiento de don Ped ro de Ca s-
tro, debido a rechazo a la mitra por parte d e F ray A ndrés P acheco de Cárden as. En la
edición se introdujeron notas al calce q ue aclaraban si el origen de los decretos a cuyo
cumplimiento se exhortaba eran del p ropio Niño de G uevara o tenían su origen en alguno
de sus predecesor es. Cons tit ucio nes del Arzobi spado de Sevil la … o p. ci t. , pa ssi m.
[ 149 ]
E L PRESBITERIO
Para indicar que en el sagrario está reservado el Santísimo Sacra-
mento, se recurría a dos elementos de manera ostensible así podían
manifestarlo. El primero de ellos era una lámpara de aceite que ardía día y
noche. 121 En la mayor parte de las iglesias se constata que eran de plata ya
en 1673 , año en que don Gonzalo de Mier las cita una a una, si bien en al-
gún caso, por alguna contingencia particular, podía suceder que se hiciese
alumbrar con una lámpara más sencilla, como sucedía precisamente aquel
año con la de San Juan de los Caballeros. 122 Estas lámparas, de las que aquí
no nos podemos ocupar por exceder a la naturaleza de nuestro trabajo, lle-
garon en ocasiones a tomar tal dimensión que incluso impedían la visión
del altar mayor, como sucedía con la monumental lámpara de casi cincuen-
ta y cuatro quilos de peso que realizó en 1689 el platero Diego Antonio
Argüello y que alumbraba el sagrario de San Miguel «la qual quita la vista
desde el choro», razón por la que en 1740 el visitador don José de Almoriña
ordenó fundir, dada también su extrema antigüedad, con la intención hacer
hospital de San Juan de Dios que está inmediato, y se corresponde con puerta a dicha
capilla. E h ice q ue todo el suelo del altar y debajo de la cu stodia se en ladrillase, y por e n-
cima se p uso una tabla bien labrada con que quedó limp io y libre de que hubiese sem e-
sem e ja n tes saban dijas. E l cura se q uedó admira do p or q ue jam ás le había suced ido ta l
cosa y estaba tan compungido y cono ciendo que era culpa y que es do cto y virtuoso no fue
necesari o más reprehensión». Acaso relacionado con el temor de una infecc ión sem ejante
encontramos el m andato dejado a la fábrica de San M ateo por don P edro Fernández de
Zurita el 17 de noviembre de 1715 : «que al Sagrario del altar maior desde luego se sierren
las aber turas q ue tien e». AG AS. S ección II. Ser ie visitas, le gajos 144 3 , s./f. y 1359 , f. 205 v.
[Apé ndice docum ent al I, do cs. I y V I]; N IEVA S OTO , P ilar: La plater ía del sigl o XVIII en
Jerez de la Frontera . Un iversida d Com plu tense d e Ma drid. M adrid , 1992 , p . 1000 .
121 Los visi tador es tenían instr ucció n de comprobar al respect o «si arden las lámparas de
día y de noche o si ay en esto algún descuydo» A RIAS Y P ORRES , Manue l: Instr v cción … op.
cit. , p. 3 .
122 «E l sagrar io del altar m ayor hallé q ue se alum brab a con un v idrio p orque la antigua que
había estaba en casa de un platero m ucho tiempo ha, porque era muy antigua y pequeña.
Tuve noticia cómo una señora del apelli do Spínola Mirabal había dejado un legad o para
ayudar a componer y hacer mayor esta lám para y p use por ejecuci ón el que se ajustase el
que diesen los herederos lo que había mandado y con efecto queda la fábrica da muy c a-
paz y de famosa hechura. Y queda anotado el peso que tiene y lo que dejó m andado esta
señora, q ue n o m e acu erdo fijamente cuan do e sto escribo cuan to fue, en lo s libro s d e f á-
brica queda con toda cuenta y razón » . AGAS. Sección II, vi sit as, legaj o 1443 s./f. [A pén dice
documental I , doc. I] .
[ 150 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
dos de la misma plata «de hechura mas llana y lizas aunque sean algo mas
pequeñas, que se coloquen una en cada lado de dicho altar maior», acaso
suspendidas de ángeles lampareros como los que se ven en los grabados
decimonónicos del templo. 123
La presencia sacramental de Cristo bajo la especie del pan al interior
del sagrario se manifestaba externamente también con el llamado conopeo,
pieza textil ordinariamente bordada que podía ser siempre blanca o del co-
lor del oficio del día pero nunca negra y cuyo uso, si bien quedó prescrito a
partir del Rituale Romanum promulgado por Paulo III en 1614 , nunca llegó a
alcanzar una difusión extraordinaria fuera de Italia, donde parece que na-
ció el ornamento en el siglo XIV, acaso como evolución de las cortinas y
velos que en orden al decoro solían adornar los sagrarios y que no eran
desconocidas en nuestro ámbito de estudio, pues ya el arzobispo don Die-
go de Deza había mandado en el concilio hispalense de 1512 que los
sagrarios del arzobispado, y aún de toda su provincia eclesiástica, estuvie-
sen «adornados con buenas telas de seda». 124 El formato romano clásico era
en forma de mosquitero, de modo que envolviese el sagrario en toda su
redondez, evocando así la tienda que cubría el Arca de la Alianza donde se
encerraba el maná, prefigura de la Eucaristía. 125 Sin embargo, aunque no se
pueda afirmar que este tipo de conopeo fuese del todo desconocido en Es-
paña, su uso debió de ser limitadísimo, acaso circunscrito a círculos
123 Para imaginar la extraor dinari a dimensión de esta lámpara es sufici ente pensar que la
de Santiago [fi gura 54] , obra que se conserva y que fue realizada por el mismo autor y en
el mismo año, pero con un peso que poco excedía d e la m itad de la de San Miguel, mide
casi metro y medio de alto por sesenta centímetros de ancho. N IEVA S OTO , Pila r: La plat e-
ría … op. cit . , pp. 340 y 638 - 639 ; AGAS. Sección II. Serie visi tas, legaj o 1385 s./f. [A pén dice
documental I , doc. X ].
124 T EJADA Y R AMIRO , Jua n de : Colecci ón de Cánones y de todos los Concili os de La Iglesia de
España y de Améri ca . Im prenta de Pe dro Monte ro . Madr id, 1863 , t. V, pp. 103 - 104 ; B RAUN ,
Joseph : I param enti sacri. Loro uso, storia e simbo lismo . Marie tti, Turín, 1914 , pp. 182 - 18 4 ; E I-
SENHOFER , L udwig: Compen dio de l itur gia cató lica . Herder. B arcelo na, 1948 , p. 78 .
125 A ZCÁRATE , A ndrés : La flor de la Liturgi a . Ed itorial L itúrgic a arg entina . Bu enos Aires ,
1935 , p. 8 4 .
[ 151 ]
E L PRESBITERIO
conscientemente italianizantes como los de la Corte. 126 La forma de los sa-
grarios, frecuentemente empotrados en el retablo, impedía la colocación de
esta suerte de pabellones circundantes por lo que o bien se hizo caso omiso
de la normativa litúrgica y se sustituyó por una simple cortina exterior de
encaje o se dotó de lo que la documentación consultada denomina un «viso
de altar», que no es sino una particular versión hispana del conopeo ro-
mano y que el Diccionario de la Real Academia Española de 1739 describe
así: «En Andalucía se llama [a] un quadro pequeño de tela, con su bastidor,
con el qual cubren las puertas del Sagrario, donde está el Santísimo Sa-
cramento. Es de los mismos colores que usa la Iglesia en sus festividades:
suele ser bordado de seda, de hilo de oro, ù plata con algunas empresas del
Sacramento. Hailos también de plata de martillo, ò guarnecidos de ella en
el mismo obrage». 127 De los primeros encontramos mandatos para su ejecu-
ción en las parroquias de San Miguel y San Marcos en 1715 . 12 8 De los
metálicos –donde, al igual que en los frontales de altar de plata, advertimos
la sumisión de la naturaleza simbólica y pedagógica del color en los orna-
mentos litúrgicos a un criterio que podríamos considerar como meramente
«de aparato»– existieron ejemplares notables en Jerez, pudiendo poner co-
126 El dibuj o B 404 de la Bibliote ca Naci onal , atr ibui do a Sebas tiá n de Herrer a Barnu evo,
bastarí a para desmentir el absoluto desconocimie nto de la forma romana en España. S o-
bre el mismo, datado por Vir ginia Tovar entre 1664 y 1670 , vid. S ANTIAGO P ÁEZ , E lena
Marí a (Coord .) : Dibujo s de arquit ect ura y orname ntac ión de la Bibli ote ca Naciona l. Sigl os XVI y
XVII . Ministerio de C ultura. M adrid , 1991 , pp. 66 - 67 .
127 Dicc ion ari o de la len gua cast ellana en que se explica el verdadero sentido de las voces, su nat u-
raleza, y calidad , con las phrases y modos de hablar, los p roverbios, o refranes, y otras cosas
convenientes al uso de la lengua. Herede ros de Francis co de El Hierro. Madri d, 1739 , ad v o-
cem .
128 En San Migue l el visitad or don Pedr o Fernán dez de Zurita solicit ó u nas mejo ras en el
sagrario « y se le pon gan cortinas o visos de tela según los colores que cada día usare la
iglesia », expresión q ue repite vervatim en los man datos que dejó en San Marcos . AG AS.
Secció n II. Serie visitas, legajo 1 359 , f. 46 v . [Ap éndic e do cume ntal I, doc. VI]; N IEV A S OTO ,
Pilar : La plat ería … op. cit . , pp. 979 - 980 .
[ 152 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
mo muestra de estos visos de plata, los dos del siglo XVIII conservados
hasta el presente en la parroquia de San Lucas [figuras 55 y 56] . 129
Conviene advertir, no obstante, que estos visos consistentes en un
bastidor forrado de tela, y su secuela argéntea, parecen más bien el com-
promiso entre la rúbrica romana relativa a los conopeos, que ya
comentamos, y un uso hispano preexistente y sin conexión funcional algu-
na con estos pabellones. Y es que si bien la ubicación cubriendo la puerta
del sagrario y la alternancia de colores litúrgicos como modo de enfatizar la
presencia de la Eucaristía se explica como expresión de lo previsto en el
Rituale , la forma ya descrita no lo parece tanto. 130 Para comprender esta úl-
tima habría que hacer referencia a unos visos de terciopelo negro que la
documentación consultada menciona con frecuencia y cuyo uso debió de
estar notablemente arraigado dado que el empeño de los visitadores en
desterrarlo era sistemáticamente ignorado por parte del clero parroquial.
En 1691 , el propio arzobispo Jaime de Palafox y Cardona observó la exis-
tencia de visos negros en el interior de los sagrarios de la Colegiata y las
parroquias de San Mateo, Santiago y San Lucas y ordenó su inmediata reti-
129 Los dos visos de altar de plata conserva dos en San Lucas estaban destinados a cubrir la
puerta del sagrari o del altar mayor y la del com ulgatorio. El primero d e ellos fue realizado,
a instancias del célebre clérigo don R amón Álvarez de Palma, por el platero Francisco
Mont eneg ro en 1764 , el seg undo es pieza anóni ma reali zada pocos años antes . En la act u a-
lidad presen tan gozne s qu e les permiten batir como si se tratase de una suerte de sob re-
sobr e puertas que s e anteponen a las pue rtas pr opiamente di chas. Par a mayor confus ión, l a
doctora Nieva Soto ha constatado cómo en Jerez a algunos sagrari os se les dotó de puertas
de plata dur ante el siglo X VIII q ue la documen tación denomin a precisamente « visos » , lo
que pone de manifiest o, a nuestro entender, que la sustitución de las puertas de madera
dorada de los sagrarios por otras de plata , se e ntend ía com o exim ente de la n ecesid ad del
conopeo - vis o, hasta el punto de que se consideraba más un viso que hac ía las vece s de
puerta que una puerta con aquella otra función asociada. N IEVA S OTO , Pila r: La platería …
op. cit. , pp. 169 , 192 , 2 35 - 236 , 263 - 264 , 294 , 574 - 575 , 577 , 579 , 879 , 922 , 970 - 971 .
130 El sentido común parece dicta r que unas pequeñas cort inas exter nas con una suert e de
bandeau superior como se a costumbrab a a usar Francia hubiesen salvado la rú brica en
estos sagrarios encastrados. De hecho , serí a la forma que alcan zar ía a intr oducir se en E s-
paña, ya bien avanzado el siglo XIX, por el empeño de los rubricista s de entonces, tan
insens ibles a un a visió n de la unida d d el rito rom ano don de t uviesen cab ida la s pa rticul a-
ridades locales, como en tregados a una insulsa estan darización de la liturgia.
[ 153 ]
E L PRESBITERIO
rada. 131 Sin embargo, en esta última continuaba estando presente en 1705 ,
año en el que también se constata su existencia en la parroquia de San Mi-
guel –mas significativamente en el exterior del sagrario– y, por fin, en San
Juan de los Caballeros en 1715 , como tendremos ocasión de ver a continua-
ción. 132
De la finalidad funcional de estas telas deriva su propio nombre, dado que
la misma no era otra que la de «hacer viso», es decir, servir de fondo oscuro
sobre el cual la blanca Hostia resaltase y fuese más fácilmente visible a los
fieles para su adoración. De este modo, cuando el viso ocupaba el fondo
del sagrario, su función no era otra que la de servir de manifestador para la
exposición del Santísimo Sacramento, y así se deduce de las palabras con
que en San Juan de los Caballeros, en 1715 , Fernández de Zurita al tiempo
que ordenaba que se retirase el «vizo de tafetan negro que esta clavado en
el testero de dicho sagrario [del altar mayor] en la parte interior, maltratan-
do el dorado con los clavos y rompiendo bujeros», toleraba que se hiciese
otro «por el efecto de haser viso para que se vea el sol en que se colloca a
Nuestro Señor para las fiestas e ympedir los reflejos del dorado», dado que
la fábrica no disponía de caudal para realizar un sitial. 13 3 La nueva pieza
debía estar realizada de manera que no dañase el interior del sagrario, así el
visitador especificó que fuese «de tafetán doble negro con algunas flores de
hilo de plata sobre un bastidor de madera del ancho y largo, un poco me-
nos de dicho testero dividido en dos quarteles unido con goznes para do-
doblarlo y poderlo entrar y sacar fazilmente quando sea necesario». 13 4 La
misma utilidad práctica debieron de tener los visos que se colocaban por la
parte exterior de la puerta de los sagrarios, como el de terciopelo negro que
el visitador Juan Bejarano Muñoz describe que existía «por defuera» de las
131 R EPETTO B ETES , J osé L uis: Histo ria de l Cabi ldo … op. cit. , p . 519 . AGAS. Sec ció n II . Serie
visitas, l egajo 1339 , ff. 41 v. [Apé ndice docu men tal I, doc . II].
132 AGAS. Secci ón II. Serie vis ita s, leg ajo 13 59 , ff. 244 v. - 245 r. [Apéndice documental I, doc.
VI].
133 Idem.
134 Idem.
[ 154 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
puertas del sagrario del altar mayor de San Miguel en 1705 . 135 La función
del mismo no sería otra que la de servir de fondo sobre la cual la Forma
consagrada se recortase cuando era alzada, facilitando la adoración por par-
te de los fieles, uso que estuvo muy extendido y que en España pervivió
hasta entrado el siglo XX. 136
Por último, siguiendo dentro del ámbito del culto al Santísimo Sacramen-
te, comprobamos la versatilidad del retablo para servir de soberbio trono y
manifestador del mismo, durante las fiestas y octavas en que solemnemente
era expuesto. La Catedral de Sevilla había mandado realizar un altar de
aparato de plata con esta finalidad, que produjo interesantes secuelas en
muchas parroquias de la Archidiócesis, como el de la parroquia de Santa
María de la vecina Arcos de la Frontera, entre otros. 13 7 A pesar de que no
consta la existencia de estos monumentales aparatos expositivos en las pa-
rroquias de Jerez, muchos de sus retablos mayores fueron reformados
durante el siglo XVIII con la intención de dar cabida a un alto expositor
que, convenientemente adornado de velas, flores y colgaduras hiciesen sus
veces durante las octavas mencionadas así como durante el llamado jubileo
135 Ibidem , ff. 31 r - 40 v .
136 El dominico Jaime Villanu eva visit ó la catedr al de Vich en 1806 y entre otras partic ul a-
ridades litúrgicas que le llaman la aten ción, describe «la c ostumbre de elevar un a cortina
negra detrás de la mesa del altar , po co antes de alzar la Hostia, para qu e el pueblo la vea
con com odidad. E s esto casi gen eral en este país, y en algunas iglesias es muy reciente su
abolición». Por su parte, el prestigioso méd ico británico y experto liturgis ta John W i-
ckham Legg se hace eco d e una n oticia sum inistrada al arquitecto anglicano Jo hn Thom as
Mick le thwa it e según la cu al en 1901 , aún era frecuente su u so en Españ a y describe su u so
concreto en el altar mayor de la catedral de Málaga. V ILLANUEVA , F ray Jaim e: Viage liter a-
rio a las igle sias d e España . Imp renta de O liveres . Valen cia, 18 21 , t. VI , pp. 9 8 - 99 ; L EGG ,
John Wickham : Tract s o n th e Mass . H enry Brads haw S ociety . Lon dres, 19 04 , pp . 234 - 235
137 S ANZ S ERRANO , M aría Jesús : «E l alta r de p lata de la C ated ral d e S evilla », en Carme n
Álvar ez Má rqu ez y Manue l Romero Tall af igo (co ord s. ): Arch ivos de la Igles ia de Sevil la . C a-
j asur. Có rdoba, 2006 , pp. 623 - 640 ; S ANTOS M ÁRQ UEZ , A nton io Joaqu ín: « Los tronos de
octavas. Una monumental tipología eucarística del antiguo Reino de Sevilla », en Estud ios
de Plater ía. San El oy 2011 . Uni ver sida d d e Mur cia . Murci a, 2011 , pp. 519 - 533 .
[ 155 ]
E L PRESBITERIO
de las Cuarenta Horas, consistente en la exposición del Sacramento duran-
te ese número de horas repartidas en tres días. 138
El nuevo retablo mayor de la parroquia de San Lucas es un notable ejem-
plo del crecimiento del culto al Santísimo durante el siglo XVIII,
terminado hacia 1725 , estaba dotado de un pequeño manifestador en alto,
sobre el camarín de la Virgen de Guadalupe que acaso pueda haber sido el
primero de los existentes en las parroquias jerezanas. 139 En 1737 se agrandó,
«por estar muy estrecho», y en 1759 fue definitivamente sustituido por uno
nuevo [figura 57] donde ya se haría presente la estética rococó, con rocalla
y espejos multiplicadores de la luz de las velas a modo de cornucopias re-
verberantes, que, junto con el humo del incienso contribuirían a
proporcionar a la exposición del Sacramento una atmósfera especialmente
sacra y mistérica. 14 0 El escenográfico y monumental retablo levantado en
San Mateo a partir de 1766 y concluido con su dorado en 1778 también in-
corporaría, en este caso sobre el sagrario, un significativo espacio para
manifestar al Santísimo [figura 58] , con aperturas laterales que contribui-
rían a ampliar su iluminación. 141 Por último, en los años finales del siglo, el
arzobispo ilustrado Alonso Marcos de Llanes y Argüelles emitió un decreto
con 25 de noviembre de 1794 para que el hueco que se había desocupado
138 Sólo en la actual catedral y en San Miguel se conservan sendos dosel es de plata que,
debidamente complementado con frontales , credencias, colgaduras y otras piezas de ajuar
pud ieran hab er prese ntado u na aparie ncia mo num ental com o la del mo delo cate dralicio.
N IEVA S OTO , P ilar: Plata y platero s en la iglesia de San Miguel de Jerez . C EH J. Jere z de la
Fronter a, 1 988 , pp. 104 - 105 ; N IEVA S OTO , Pilar : La pla terí a … o p. ci t. , p p. 529 - 530 .
139 Convie ne advert ir la infl uenci a morfológ ica recí proc a que debió de exist ir entr e estos y
otros retablos mayores de los grandes conventos m asculinos y monasterios femeninos de
la c iudad , qu e tamb ién sufrier on reform as y trans forma ciones no tables pa ra albergar, a m-
pliar o tr asladar sus manifest adores. Vid. M ORENO A RANA , José Manu el: El retab lo en
Jerez… op. cit. , pass im .
14 0 Sobre el nuevo retabl o de San Lucas, obra de Francisco López que es el conservado
hasta el presente vid. A LONSO DE LA S IERRA F ERNÁNDEZ , Lore nzo y H ERRERA G ARCÍA ,
Franci sco Javier : «Francisco Lópe z y la difusión del barr oco estíp ite el retablo ba jo -
andaluz», en Arc hivo hispale nse , 230 . Dip utació n de Sev illa. Sevilla, pp . 121 - 155 ; M ORENO
A RANA , José M anu el: El re tabl o en Jer ez… op . cit. , p. 273 .
14 1 M ORENO A RANA , José M anuel: El retab lo e n Je rez… op. cit . , p p. 432 - 436
[ 156 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
en el retablo mayor de la parroquia de San Marcos, donde había estado
entronizada la Virgen de la Paz, se hiciese nuevo sagrario y manifestador,
empresa que se demoró unos años, concluyendo al ser dorado el nuevo
conjunto en 1800 . 14 2
E L FERVOR MARIANO Y L A VERSATILIDAD D EL R ETABLO .
Consecuencia manifiesta del apasionado clima de fervor inmaculista
y mariano vivido por la ciudad durante el siglo XVII, serán las reformas a
partir de entonces fueron sufriendo los altares de sus parroquias y que al-
canzaron a modificar la referencia visual ejercida por los retablos con la
inclusión de hornacinas y hasta camarines en su calle central, con la inten-
ción de dar culto a antiguas imágenes de la Virgen cuya devoción se había
revitalizado. Cabe pensar que los cambios se iniciasen en torno a 1645 , año
en que Felipe IV obtuvo del papa Inocencio X la bula In his per quae Beatis-
simae Virginis , que nombraba a la Inmaculada como patrona «in Regnis
Hispaniarum tantum» . 14 3
A mediados del siglo XVII, por el deseo de hacer ostensible la adhe-
sión del Cabildo Colegial a la «piadosa creencia» se alteró el programa
iconográfico primitivo de su retablo con la inclusión de una imagen de la
Inmaculada [figura 59] propiedad del canónigo magistral don Alonso Caba-
llero de los Olivos, fervoroso inmaculista, a la que se dotó de un marco
apropiado, incorporando al retablo un «tabernáculo de columnas todo do-
14 2 Ibidem , pp . 526 - 527 ,
143 Hemos especu lad o con 164 5 al encontr ars e dich o año dent ro de la horqui ll a cron ológ i-
ca segura con que contamos. Ésta va de 1634 , año de la visita canó nica transcrita por
Repett o y tant as vece s ya alu dida, donde no se ci ta dic ha Inmacu lada , hast a 1652 , año en el
que el magistr al Caballero de los Olivos la dona al Cabildo, mas quedando constanci a en
el d ocumento de donación d e que la imagen ya lleva ba tiempo en el altar m ayor. R EPETTO
B ETES , José L uis: Histo ria del Cabild o… op. cit. , pp. 514 - 515 . AH DJF, Fondo Hispalense,
Serie Jerez de la Frontera, Sección O rdinar io, caja 14 , doc. 13 . Sobre la Inmaculada, su
patronazgo hispano y su repercusión iconog ráfica en el arte español vid. S TRATTON , S u-
zanne: «La Inmaculada Concepción en el arte españ ol», en Cuadernos de arte e iconograf ía ,
2 . Fundación Universitaria Española. Madrid, 1988 , pp. 3 - 128 .
[ 157 ]
E L PRESBITERIO
rado», costeado igualmente por el propio magistral. 14 4 En el cabildo de 28
de marzo de 1662 se anota un pago a Diego Montero «por los velos que está
haciendo para la imagen de Nuestra Señora que está en el Altar Mayor»,
que . Dado que la imagen se conserva y es de talla, suponemos que se tra-
taba de alguna suerte de postizo o aditamento, acaso un manto. 145 Conviene
traer a colación, como prueba de la importancia del culto inmaculista, cuya
centralidad los capitulares quisieron mantener a toda costa pese a las ad-
versidades que debieron sufrir durante el siglo de la obra del nuevo
templo, cómo en el altar de la nave de la vieja iglesia donde precariamente
subsistía el culto, que no contaba con retablo y que apenas tenía por
adorno algunos de los cuadros del antiguo «en lo principal del altar está
colocada una imagen de nuestra señora de la concepzion de cuerpo entero
de talla bestida». 146
En San Dionisio, fray Esteban Rallón cuenta de una imagen de la
Virgen cuya devoción había languidecido y que el clero parroquial recupe-
ra y renueva, incluso llevándola al altar mayor del templo, sin que sea óbice
para, como vimos en el caso de la colegiata, que el programa narrativo ori-
ginal quedase alterado, pues más que percibirse esto como un menoscabo,
lo hace como una suerte de aggiornamiento iconográfico. 14 7 El fraile jeróni-
144 AHDJF, Fondo Hispalen se, Serie Jere z de la Fronter a, Secc ión Ordina rio , caja 14 , doc.
13 .
14 5 AHDJF, Fondo Coleg ial , sec. I , c aja 1 , Actas Cap itu lare s, Libro II ( 1660 - 1700 ), fol. 10 r.
14 6 AGAS. Se cció n I I. Seri e v isi tas , l egajo 1 348 , s/f [ Apéndice documen tal I, doc. III].
14 7 Del retabl o de San Dionisi o, que se conserv ó hast a finale s del XVIII y cuyas tabl as pi c-
tóricas perm anecie ron poste riormen te almace nas en la cám ara baja de la torre de la
Atal aya hasta su desapar ici ón en el sigl o XX, se conocen sus principa l es hitos relativos a
datación y autoría. Fue concertado con Juan de Oviedo y de la Bandera en 1593 , a quien
en el documento contractual suscrito se le exi gía que el retablo, que había de ejecutars e de
pino, borne y castaño, alcanzase los casi doce metros d e altura por po co m ás de siete de
anchura « acom odando los tableros y pieças de un retablo viejo que estaba h echo […] y que
la obra añ adida va ya enriqu esida de ta lla » . Estos tab leros qu e Ovie do hab ía de reap rov e-
char acaso puedan po nerse en relación con la f igura de D iego de T iedra, quie n en 1569
había dado poder para cobrar de la fábrica de San Dionisio unos trabajos hechos con an-
terioridad . Finalm ente, el reta blo fu e trasp asado por el m aestro a su herm ano Martín de
Ovie do, quien lo compl etó al año sigui ent e . E n su do rado y p olicro mía inte rvinier on en
1597 y 1598 Fran cisco Cid y al año sigu iente Dieg o de Cam pos qu e d esistió de la obra y la
[ 158 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
mo lo resume de este modo: «En esta iglesia se venera una imagen antigua
con advocación de Nuestra Señora del Olmo, cuya memoria estaba perdida
hasta que en estos tiempos se volvió a resucitar por el cuidado de sus bene-
ficiados: volvieronlá a renovar porque estaba muy deslucida. Pusieronlá en
el altar mayor, y se le hizo una solemnísima fiesta con octava». 148 De la des-
cripción podría deducirse bien que la imagen se había llevado al altar
mayor sólo para una octava o que ésta última se celebró con motivo de su
nueva y central y ubicación, como de hecho creemos. Es sintomático al
respecto que en 1705 , el licenciado Juan Bejarano Muñoz, quien acudió a la
parroquia en visita pastoral, señalase la existencia «en la principal parte del
[retablo] está dicha imagen de Nuestra Señora de Cuerpo entero de talla
con el título de Loreto». 149 Al margen del cambio de título mariano, que no
podemos saber si se debe a un error de Rallón, de Bejarano o a que efecti-
vamente la imagen hubiese cambiado de advocación o incluso fuese otra, el
caso es que podemos confirmar que el viejo retablo pictórico fue reforma-
do con la intención de entronizar en el lugar más destacado de la iglesia a
una imagen de la Virgen María.
traspasó a Dieg o d e A cedo, qu e la con cluiría en 1600 . So bre la ap ariencia del retab lo y los
temas que se re presen taban en el mismo, las fuentes son notablemente coincidentes. A sí,
en el esbozo iconográfico inserto en el contrato de Diego de Campos se especifica q ue el
altar estaba compuesto « de la vida y m artiri o del dicho santo [san Dionisio] con sus orn a-
tos e istorias » ; el historiador de la ciudad F ray Esteban Rallón señalar á en torno a 1660
que « el retablo del altar mayor es de pincel, de lo bueno que hoy se halla en España. En
sus cuad ros está historiado el m artirio de nu estro gran padre y patrono S an Dion ís, con
sus guar niciones doradas y estofadas » . Po r últim o, redu nda sobre lo mism o la su cinta de s-
cripción del visiador don Gonzalo de Mier de 1673 , que señala que « el altar mayor es de
pintura, historiada la vida de san D ionisi o, con molduras gruesas doradas bien compuesto
y ad ornado que suben h asta arriba » . L ÓPEZ M ARTÍNEZ , C elestino : Desd e Jerónimo Herná n-
dez… op. cit. , p p. 73 , 88 y 167 ; L ÓPEZ M ARTÍNEZ , Ce lestino: Desde Martín ez Montañé s …, op.
cit. , pp. 169 y 177 ; A NTÓN P ORTILLO , Jesú s y J ÁCOME G ONZÁLEZ , José : «Apu ntes histórico -
artísticos … op. cit. , 2002 , p. 123 ; L ÓPEZ M ARTÍNEZ , Cele stino: Retablos y escul tura s de traza
sevillana . Rodrí guez, G imén ez y Com pañía . S evilla, 192 8 , p. 6 ; R ALLÓN , Fray E steban : Hi s-
t oria de la ciudad… op. cit. , 2 003 , t. I V, p. 136 ; AGAS. Secció n II, visitas, lega jo 1443 , s./f.
[Apé ndice d ocum enta l I, doc. I ].
14 8 R ALLÓN , Fray E steba n: Hist ori a d e l a ciu dad… op. cit. , 2003 , t. IV , p. 137 .
14 9 AGAS. Secció n II. Serie visi tas, legaj o 1348 . ff. 24 r - 28 r [Apé ndice d ocum enta l I, doc.
III].
!
!
[ 263 ]
E L SAGRARIO
quedase reservado en exclusiva para la custodia del Sacramento, razón por
la cual al lado del evangelio de este retablo comulgatorio de San Miguel
hubiese una taca con una cortina morada destinada a la guarda del oleum
infirmorum . 52
Además, el retablo constituía también una suerte de gigantesco reli-
cario, al contar con numerosos restos óseos de aquellos santos que, por su
muerte martirial, estaban especialmente unidos a la pasión de Cristo, sobre
la que ya vimos que estaba articulado el programa iconográfico del retablo.
El padre Rallón, esa inagotable fuente de noticias por haber sido testigo
directo del Jerez del siglo XVII, nos lo describe así: «dentro del mismo sa-
grario están colocadas, con mucha decencia, dos cabezas de las once mil
vírgenes, y una de los santos mártires Thebeos, un hueso de san Antonio
Abad, otro de San Víctor, dos de Santa María Magdalena, y otro de Santa
Polonia, con sus testimonios, de los cuales consta que se las dieron al mar-
qués de Casares, don Pedro Sarmiento». 53 La expresión «dentro del mismo
sagrario», que utiliza Rallón, hay que entenderla en su sentido amplio, esto
es, al retablo del sagrario, pues en modo alguno cabe pensar que tal canti-
dad de reliquias, algunas inevitablemente voluminosas –se refieren tres
cabezas completas y el resto de huesos nos consta que no serían precisa-
mente fragmentos– estuviesen alojadas en el armario sacramental. De
hecho, saca de toda duda, e incluso nos ayuda a ubicar las reliquias en su
lugar concreto, el testimonio de don Gonzalo de Mier, a quien una vez más
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
52 AGAS. Sección II. Serie visit as, legajo 1348 , ff. 31 r - 40 v [Apén dice do cum ental I, do c.
III].
53 Abunda Rallón en el origen de las reli quias – siem pre tan necesario para contrastar su
autenticidad – y detalla que siendo el mencionado m arqués de C asares sargento m ayor de l
tercio del m aese d e camp o don C arlos C oloma e n los estad o de F landes, en tiempo s q ue
los gob ernab a el archiduque, de la villa de Bo chum, entonces en el obispado de M ünster,
fueron « sacadas de los m onasterios de la dicha villa, que se las dieron por las much as y
buenas obras que les hizo estando alojado con su terci o en la dicha villa. L leg aron a Xe rez
el año d e 1601 , y las entregaron a esta parroquia para que las pusiese en su capilla y en ti e-
rro, que es donde al pre sente están colocadas» . Y es que el sagrari o tambié n era su
enterramiento, desde q ue en 1544 hubiese sido vendido a don G asp ar de Pastrana su a nt e-
pasado . De he cho, ya vimos q ue e l ser en terrad o jun to a u n sagr ario fu e uno de lo s
grandes anhelos funerarios de los notables cristianos durante el Antiguo R égimen. R A-
LLÓN , F ray Esteban : Histor ia de la ciuda d… op. cit. , 2006 , t. IV, p . 138 - 139 ; S ANCHO DE
S OPRANIS , Hip ólito: Introducción al estudio… op. cit. , 19 34 , p. 68 ; M ERINO A RANDA , José
Migu el : «La capil la del Santo Cruci fijo en San Miguel », en Jerez en Semana Sa nta , 6 . He r-
manda d del Sa nto Cr uci fijo. Jer ez de la Front era, 2002 , p. 341 .
!
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[ 264 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
debemos acudir para precisar los datos con que contábamos. El visitador
referirá que «debajo del sagrario del comulgatorio, en un nicho, hay dos
cabezas de las once mil vírgenes, una cabeza de los santos mártires Tebeos,
un hueso grande de san Antonio Abad, una quijada de santa Polonia, dos
huesos de santa María Magdalena y un hueso de san Víctor». 54 Noticia que
también podemos complemetar con el testimonio de otro visitador, en este
caso don Juan Bejarano Muñoz, quien dejará asentado en la resulta de 1705
que «el altar colateral del evangelio, que es donde esta el sagrario comulga-
torio, tiene retablo de escultura dorado y en él dos cajas doradas con
diferentes reliquias y guesos de santos». 55
Queda por mencionar, por último, la transformación a que quedó
sometido el retablo cuando en 1691 el arzobispo don Jaime de Palafox or-
denó «que se aga altar donde esta el sagrario comulgatorio», expliando que
dicha medida era conveniente de cara a poder «selebrar en él quando se
renueba a Nuestro Señor». 56 Evidentemente se trata, como ya vimos en la
colegiata, de un primer paso un uso más autónomo de estos sagrarios, que
terminarán por formar una suerte de templo dentro del templo, como ter-
minó sucediendo precisamente en esta parroquia de manera superlativa,
como veremos más adelante cuando analicemos su extraordinaria capilla
del sagrario inaugurada en 1770 . 57
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !
54 AGAS. Se cci ón I I. Serie visi tas, legajo 1 443 , s/f [Apé ndice d ocum ent al I, doc . I].
55 AGAS. Sección II. Serie visit as, legajo 1348 , ff. 31 r - 40 v [Apén dice do cum ental I, do c.
III].
56 S ANCHO DE S OPRANIS , Hipó lito: Introducción al estudio… op. cit. , 1934 , p. 6 8 .
57 Palafo x ordenó que mientras que se levantaba ese altar en el sagrari o se pasase el Sant í-
simo «a l S agrar io que esta en la ca pilla del San to Chr isto a el q ual se le pon dran po r d e
dentro unas cortinas de seda para que este desente, y los curas cum plan con este m andato
en qu anto a pasar a su magestad al sagrario del santo Cripsto dentro de d os días y n o usen
del otro sagrario hasta que se haya hecho el altar ». Pronto debió de ejecuta rse la obra sol i-
citada por el arzobispo y vuelto a utilizar el reta bl o, ya co n su alta r, como sagr ario. Su, uso,
a pesar de qu e desde los primeros años del XV III ya se tiene puesta la vista en la co nstruc-
ción de la nueva capilla duró en el tiempo. A sí no s consta en 1705 , 1709 , 1728 y 1733 , años
en los que tenem os noticias de su uso, y es muy probable que todaví a se usase has ta el año
1750 en qu e se le cedió a la cofradía del Santo Cristo y é sta ec hó a bajo el gran sagr ario -
retablo ante el demoledor inform e que sobre el estado de conservación del mismo y la
viabilidad de su reparo, emitió el m aestro tallista A gustín de medina y Flores, quien afir-
mó en el mismo que «tod as las mader as del prime ro y segu ndo cuerp o está n apol il lad as a
causa de ser dicho retablo antiquísimo por lo cu al está am enazando ruina y estar todo
desplomado por cuyo motivo es sentir del declarante no puede subsistir de la forma que
!
!
!
[ 265 ]
E L SAGRARIO
Menos son los datos con que contamos sobre el primer sagrario de
Santiago, que, al igual que en San Miguel no se encontraba en la capilla
mayor sino en el testero de cabecera de la nave del evangelio [figura 135] ,
como nos refiere don Gonzalo de Mier en 1673 . 58 Sin embargo, a diferencia
de cuanto vimos que sucedió en otros sagrarios antiguos de idéntica ubica-
ción, como el de la colegiata o San Miguel, que no dispusieron de altar
para hasta después de la visita del arzobispo Palafox en 1691 , en este caso,
el mismo visitador nos ilustra de que ya contaba con «un altar, y se dice
misa en él». 59 Además de las posibles misas de aniversario que hubiesen
podido instituir los Villavicencio, patronos de la capilla, la utilidad del
mismo de cara a la renovación de las formas, parece evidente. También
sabemos que contaba con la «barandillas de hierro para los que comulgan»,
elemento del todo necesario sobre cuya utilidad funcional ya nos ocupamos
al tratar otros sagrarios, así como también la «taquilla con su puerta y llave
y dentro un baso de plata dorado por dedentro con el oleo ynfirmorum»
del que da detalles la documentación consultada. 60 Sin embargo, el descui-
do en que la tenía la familia Villavicencio llevó a los beneficiados a mudar
el sagrario a la capilla de la Paz, donde en 1705 permanecía en «su altar con
retablo pequeño sin dorar y en el una ymagen de Jesuxpto crusificado» pe-
ro el altar tampoco pareció muy adecuado al visitador don Juan Bejarano
Muñoz, cuando lo visitó en ese año, que lo consideró «poco cuidado y sin
lo necesario para selebrar en el». 61 En 1725 , en cambio, debía ya de estar en
otra ubicación, dado que el licenciado Juan Antonio de Varo y Guerrero,
visitador general del arzobispado, denunciará que su reja dejaba un paso
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! !!!!!!!!!!! !
está y para h aberlo de compon er se necesita de mucho s reales y nunca podrá qued ar co n
perfecci ón»; raz ón por la cual l a cofradía se decidió por levantamie nto de un nuevo retabl o
q ue albergase a su imagen titular. S ANCHO DE S OPRANIS , H ipólito : Introdu cción al estudio…
op. cit. , 193 4 , p . 68 ; M ERINO A RANDA , J osé Mig uel: «La cap illa… op. cit. , p. 3 40 ; AGAS. Se c-
ción II. Serie visitas, legajos 1348 , ff. 3 1 r - 40 v ; 13 50 , s/f; 136 9 , ff. 388 r - 388 v y 1368 , s./f.
[Apçe ndice docu men tal I, doc s. III, IV, V III y IX ].
58 AGAS. Se cció n I I. Serie visi tas, legajo 1 443 , s/f [Apé ndice docum en tal I, doc . I].
59 Idem .
60 AGAS. Secci ón II . Serie visitas, legajo s 1443 , s/f; y 134 8 , s/f [Apé ndice docu men tal I,
docs. I y II I].
61 Debía de se r un alt ar dist int o del que ocu paba la ima gen de Nuestra Señora de la Paz,
titular de la c apilla, pu es és te estab a do rado según descripción que del mismo se hace e n
la mism a result a de visita. AGAS. Secci ón II. Serie visit as , leg ajo 1348 , s/f. [Apén dice d o-
cumental I, doc. III] .
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[ 266 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
estrechísimo para las procesiones, lo que viene a revelar a nuestro parecer
que seguramente se encontrase en un altar adosado al muro con una pe-
queña peana enrejada. 62 El cambio quizá se debiese a que la capilla de la
Paz estuviese en mal estado, a que las carencias de decoro del altar del sa-
grario que habían sido denunciadas no fueron superadas u a otra
eventualidad que se nos escapa, pero en cualquier caso, su ubicación junto
a una de las puertas de acceso al templo seguía siendo problemática y el
arzobispo don Luis de Salcedo y Azcona solicitó que volviese a aquella an-
tigua medieval de Nuestra Señora de la Paz, cuando visitó la parroquia en
1728 . 63
Cabe pensar también que, a semejanza de estas dos parroquias, se
levantase un sagrario comulgatorio en la cabecera del evangelio de la de
San Dionisio [figura 136] , cuando se elevó y transformó la cabecera donde
se encontraba el sagrario mural del que ya nos ocupamos, lo que tendría
lugar entre los últimos años del siglo XV y los primeros del XVI. 64 De ahí
que su sagrario cuando lo visitó don Gonzalo de Mier en 1673 , pese a que
se acababa de levantar a expensas de la hermandad del Santísimo de la
propia parroquia, aún reprodujese el modelo antiguo donde el retablo ve-
nía generado por la propia alacena de la reserva eucarística, sin contar con
altar alguno, como vimos que sucedió, al menos en la colegiata y en San
Miguel. 65 Pocos años más tarde, en 1691 , el cardenal don Jaime de Palafox y
Cardona ordenó «que en el sagrario comulgatorio se aga Altar para que se
pueda selebrar en él quando se renueba a Nuestro Señor y en el ynterin no
se use de dicho sagrario». 66 El mandato debió de ejecutarse sin mucha dila-
ción, dado que en 1705 don Juan Bejarano, al describir durante su visita el
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62 « Que la reja o bara nda del sagr ari o de esta Ygle sia se ponga del mejor m odo, de forma
que se pueda transitar con algún desaogo a la capilla maior en las prosesiones que se ofr e-
sieren hazer en esta yglesia respecto de estar el tr á nsito estrechísimo ». AGAS. Secció n II.
Serie visitas, le gajo 1367 , f. 513 r. [Apénd ice do cum ental I, d oc. VI I].
63 AGAS. Secc ión II. Serie vis ita s, legajo 136 9 f. 422 v [Apénd ice docu menta l I, doc. VIII].
64 M ARISCAL R ODRÍGUEZ , M iguel Á. y P OMAR R ODIL , Pab lo J.: Jerez. Guía artísti ca y mon u-
ment al . Sílex. Mad rid, 20 04 , p. 10 2 .
65 « Y el altar del comul gator io se compone de un retablo nuevo muy bien la brado que
hicier on los hermanos del Santísimo, que costó 1 . 500 ducados y el dorad o está concertado
en 18 . 000 reales por cuenta de dichos herm anos » AGAS. Sección II. Serie visi tas, legaj o
1443 , s/f [A pénd ice do cume ntal I, d oc. I] .
66 AGAS. Secc ión II. Serie vis ita s, legajo 133 9 , f. 53 r [Apéndice d ocum ental I, doc . II].
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[ 267 ]
E L SAGRARIO
sagrario comulgatorio menciona ya la existencia de un altar, que contaba
con «retablo dorado y cuadros de pintura». 67 Hemos mencionado a la her-
mandad del Santísimo sufragando los gastos del nuevo retablo del siglo
XVII, cuando su vitalidad debió de ser importante hasta el punto de solici-
tar al Ayuntamiento la cesión de la cámara baja de la torre de la Atalaya
[figura 137] , inmediata al altar del Sacramento, como depósito donde
guardar el guión, los cajones con los cirios y las varas de los hermanos «y
ornamentos del Santísimo Sacramento». 68 En el siglo XVIII, tras las obras
que transformaron su interior medieval de impronta mudéjar en una suerte
de nuevo templo epitelialmente barroco, se haría del todo necesario dotar
al sagrario con un altar y retablo que estuviese a la altura de las novedades
estéticas implantadas. 69 Otra vez más será entonces la hermandad del San-
tísimo la encargada de llevar a cabo esta renovación, encomendando en
1767 el retablo barroco [figura 138] que aún se conserva al entallador An-
drés Benítez. 70 Éste empleará en él un lenguaje ya plenamente rococó y
desplegará una iconografía que a excepción de las figuras de Santo Tomás
y las virtudes teologales, parece responder más a particulares preferencias
devocionales propias de la época que a un plan iconográficamente definido
de exaltación de la Eucaristía. La delicada puerta del tabernáculo, preñada
de diminutas reliquias [figura 139] nos evoca una vez más la asociación de
las mismas con el Sacrificio de Cristo en el Calvario, tal como vimos que
había sucedido en el sagrario de San Miguel y, en última instancia, cuando
nos ocupamos de las mesas de altar.
En San Juan de los Caballeros nos encontramos un sagrario comul-
gatorio errante [figura 140] , pues refiere Mesa Ginete, en este caso sin
demasiada claridad, que en 1636 el visitador lo había mandado ubicar en la
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67 AGAS. Secc ión II. Serie visitas, legajo 134 8 , f f. 24 r - 28 r [Apén dice do cum ental I, d oc. III ]
68 R ALLÓN , F ray Esteb an: Hist ori a de la ci udad … op. cit. , p. 137 ; O RELLANA G ONZÁLEZ , Cri s-
tóbal: «No tas para u n proye cto de re cuperac ión y pro moció n cultura l de la torre mudé jar
l lamad a del reloj (Jer ez, 1447 )», en Revist a de Histor ia de Jerez , 6 . CEHJ. Jerez de la Front e-
ra, 2000 , pp. 117 - 120 .
69 Sobre la reforma de San Dionisi o vid. S ANCHO C ORBACHO , An tonio: Arqui tect ura barr o-
ca sevill ana del siglo XVIII . CS IC. Mad rid, 1952 , pp . 173 y 200 ; A ROCA V ICENTI , Fe rnand o:
Arqui tec tura y Urbanismo en el Jerez del siglo XVIII . C UES . Jerez d e la Fro ntera, 20 02 , pp.
204 - 206 .
70 M ORENO A RANA , José Man uel: El retabl o en Jerez de la Frontera durante el sigl o XVIII .
Unive rsidad de Sevilla. Sevilla, 2014 , pp. 43 6 - 438 .
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[ 268 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
capilla de los Carrizosa, entonces abierta a la cabecera por el lado de la
epístola. 71 Sin embargo, por nuestra parte hemos localizado que el arzobis-
po don Jaime de Palafox ordenó posteriormente, en noviembre de 1691 , su
traslado a un altar del Santo Cristo de incierta ubicación, pues hemos en-
contrado diversas advocaciones asimilables; entre otras el Santo Cristo del
Consuelo, que estaba precisamente en la capilla de los Carrizosa y el Santo
Cristo de la Viga, ubicado según parece en el muro del lado del evangelio. 72
Sin embargo, pocos años más tarde, en 1705 lo encontramos en la última
capilla del lado de la epístola, justo al lado del baptisterio, «cuyo altar no
tiene retablo pero está bien adornado de pintura», a pesar de lo cual el visi-
tador don Juan Bejarano Muñoz solicitó a la fábrica «que se adorne más de
lo que está», pues ya vimos que el Cæremoniale solicitaba que la capilla
donde estuviese el sagrario fuese «loco ornatissimo» , acorde a la alta función
de casa de Dios que había de desempeñar. 73
El altar comulgatorio en San Mateo estaba en 1673 , año de la visita
de don Gonzalo de Mier y Barreda, «al lado de la epístola en capilla aparte»,
que era patronato de la familia Villavicencio [figura 141] , primera del lado
de la epístola, junto a la cabecera del templo. 74 Sin duda se trata de la capi-
lla que habían edificado y dotado don Pedro Camacho de Villavicencio
Spínola, que ya en 1507 estaba concluida, con su altar, reja y ornamentos. 75
En 1705 , contaba, según la descripción del visitador don Juan Bejarano,
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71 M ESA G INETE , Francisc o de: Histor ia Sagr ada y Polí tica … op. cit ., t. I I, p. 139 .
72 « Q ue el comulgatorio se pase a el altar del Santo Christo y el sagrario que esta en el se
dore a lo menos por de dent ro ». AGAS. Sec ción II. Serie visi tas , leg ajo 1339 , f. 50 r.
[Apé ndice d ocum enta l I, doc. I I].
73 AGAS. Sec ción II . Serie vi sit as, leg ajo 1348 , s/f. [Apén dice docume ntal I, doc. III].
Cæremonia le Ep isco porum … op. ci t., p. 24 .
74 AGAS. Secci ón II. Serie visitas, le gajo 1443 , s/f [Ap éndic e d ocum ent al I , d oc. I]; P ESC A-
DOR Y G UTIÉRREZ DEL V ALLE , Ma riano: Las igles ias parroqui ales de Jerez de la Frontera.
Impren ta de El Mensa jero. Jerez de la Frontera , 1909 , p. 49 .
75 S ANCHO DE S OPRANIS , H ipólito : Introd ucción al estudio de la arquitect ura en Xerez . Fede r a-
ción de Estud iantes Católicos. Jerez de la Frontera, 1934 , p. 13 y 14 , n. 4 ; R UIZ P ILARES ,
Enriqu e José: «El mayora zgo del veintic uatr o Pedro Camacho de Villa vice ncio “el rico”
( 1507 ). E l p atrimo nio de l c aballer o jereza no m ás acaud alado d e su tiem po» , e n En la Esp a-
ña Medieval 35 . Univer sid ad Complute nse de M adri d. Madrid, 2012 , p. 326 ; R OMERO
B EJARANO , Manue l: « Del mudéjar al gótic o. Arquit ect ura reli gio sa a finale s del XV en J e-
rez » , en 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla: 1264 - 2014 .
Ayunta mient o de Je rez. Jerez de la F ront era, 20 14 , p . 452 ;
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[ 269 ]
E L SAGRARIO
con un altar «con retablo de escultura con una ymagen de un santo Xpto.,
de nuestra señora y de San Blas todos de cuerpo entero de talla». 76 Y solici-
ta a los herederos del patronazgo que «blanquee y aderese la bóveda que se
recala y haga en ella y ponga los ornamentos que tiene obligación», de
donde se deduce que la parroquia no hacía uso de la capilla por haber pa-
sado a la fábrica por abandono de sus propietarios sino tras haber
alcanzado un arreglo de uso entre las partes. 77 Desconocemos cuándo per-
dió la reja que, si atendemos al plano de sepulturas conservado, cubría
hasta las impostas de su arco de acceso [figura 142] , cabe pensar que la
misma desapareciese durante la restauración del templo en la segunda mi-
tad del siglo XVIII, fecha en la que también de decoraría su bóveda con las
pinturas alegóricas de temática eucarística, de la que aún se perciben ánge-
les, gavillas de trigo, racimos de uva y cartelas rocalla. 78
Ya vimos que los datos para conocer la ubicación del sagrario de San
Lucas eran escasos y que bien pudiera haber estado en la oquedad de
arranque de la escalera ubicada tras el retablo, como quedó dicho. En
cualquier caso, a partir de la fecha en la que a nosotros nos surtimos de
fuentes directas podemos afirmar que el sagrario comulgatorio se encon-
traba en la capilla de la familia Dávila [figura 143] donde se conserva hasta
el presente. 79 Así, en 1673 , el visitador don Gonzalo de Mier indica que se
encuentra «en capilla con su reja», que bien pudiera tratarse de la que nos
ocupa, dado que unos años más tarde, en 1705 , don Juan Bejarano Muñoz
la ubica en su resulta en la nave de la epístola, indicando que su altar con-
taba con un retablo «de quadros de pintura en lienzo con sus marcos de
madera sin dorar». 80 El lugar empieza a contar con una serie de elementos
que se irían consolidando hasta dar paso a la capilla sacramental propia-
mente dicha al disponer no sólo de la taca aparte [figura 144] para el óleo
de los enfermos para cuando el sacerdote debía prepararse para adminis-
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76 AGAS. Se cció n I I. Ser ie v isi tas, leg ajo 1 348 , s/f. [A pénd ice do cum ental I, d oc. III].
77 AGAS. Se cció n I I. Serie vi sitas, l egaj o 1 348 , s/f. [Apénd ice do cum ental I, d oc. III].
78 M ARISCAL R ODRÍGUEZ , M iguel Á. y P OMAR R ODIL , P ablo J.: Jerez. Guía artística …op . ci t. ,
p. 88 .
79 M ORENO A RANA , Jo sé M anuel: La policromí a en Jerez de la Fronter a durante el siglo XVIII .
Unive rsi dad de Sevi ll a. Sevill a, 201 0 , p. 37 .
80 AGAS. Sección II. Ser ie visitas, legajo s 14 43 , s/f, y 1348 , s/f [Ap éndice docum ental I,
docs. I y II I]
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[ 270 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
trar la extremaunción junto con el Santo Viático, sino también de un acce-
so desde la antesacristía [figura 145] que posibilitaba su funcionamiento
independiente del acceso a través del templo, lo que sumaba, a las ventajas
ya descritas de no interferencia con el culto, la innecesaridad de abrir la
iglesia de noche para administrar los sacramentos, así como de una baran-
dilla como comulgatorio. 81
En 1673 , el altar comulgatorio de San Marcos estaba en la capilla de
los González de Mendoza [figura 146] , donde se veneraba una imagen de
talla bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz. 82 Sin embargo, el
abandono de la capilla por parte de sus propietarios llevó a finales de siglo
a la venerada imagen al altar mayor, como ya vimos en el capítulo corres-
pondiente, y el sagrario a la capilla de los Cea [figura 147] , donde consta
ubicado el sagrario al menos desde 1705 . 83 Esta capilla estaba situada cerca
de los pies en el lado de la epístola y contaba entonces «con retablo nuevo
que no esta dorado pero el sagrario si por dedentro fuera y la capilla esta
toda estofada», esto es sus bóvedas y muros habrían sido pintados para el
aumento de decoro que la nueva función exigía. 84 Pese a que los visitadores
instaron una y otra vez a que de un modo u otro la capilla de la Paz se repa-
rase y adecentase para poder de nuevo cumplir su función de sagrario de la
parroquia, el caso es que la situación sobrepasó la medianía del siglo sin
alcanzar en este sentido solución alguna. 85
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81 En la visi ta de don Pedr o Ferná ndez de Zuri ta de 1 715 encont ramos el siguient e mandat o
para la fábrica de la parroquia de San Lucas: « y se hag a una barandilla de madera de lavor
curiosa para el altar del sagrario comulgatorio » AGAS. Sección II. Seri e visi t as, legajo
1359 , f. 238 v. [Apé ndice docu men tal I, doc . VI].
82 R ALLÓN , F ray Este ban: Histo ri a de la ciudad … op. cit. , 2003 , t. IV, p . 135 ; AGAS. Sección
II. Serie visitas, legajo 1443 , s/f [A pénd ice doc ume ntal I, do c. I] .
83 R ALLÓN , Fray Esteba n: His tor ia de la ciuda d … op. cit. , 2003 , t. IV , p . 1 35 ; M ARISCAL R O-
DRÍGUEZ , Migu el Á . y P OMAR R ODIL , Pa blo J .: Jerez. Guía artísti ca …op. cit . , p. 54 ; AGAS.
Secció n II. Serie visitas, legajo 1348 , s/f. [Apéndice do cumen tal I, doc. III].
84 AGAS. S ecci ón II. Serie visitas , legajo 13 48 , s/f. [A pénd ice doc ume ntal I, d oc. III].
85 En 1705 la capil la de la Paz, pese a que aún mantenía el poyo de alta r « y su retablo ant i-
guo a medio dorar » , se enc ontrab a en un lam enta ble estad o de aban dono p or parte d e s us
propieta rios, por lo que el visitador don Juan Bejarano Muñoz solicitó que su propiedad
revirtiese en la fáb rica y que ésta la adecentase con la ayuda de algún feligrés que estuviese
dispuesto a contribuir a su ornato. A partir de ese mom ento los visitado res d ejaron disti n-
tos man datos des tinados a la resta uración de la capilla para que retomas e su funció n
sacramental p ero hasta 1750 no tenem os constan cia de q ue se h iciesen obras en ella, a d e-
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[ 271 ]
E L SAGRARIO
L AS CAPI LLAS DEL S AGRARIO
Las catedrales llevaban casi siempre aneja la atención pastoral de la
collación donde se enclavaba, como si de una parroquia más se tratase, ya
lo vimos en el presente capítulo al traer como ejemplo el de la vieja sede
gaditana. Por ello, para no alterar el oficio coral ni la misa conventual, sus
capillas del sagrarios habían asumido el desempeño de las funciones pro-
piamente parroquiales. Así se lo recordaban los canónigos sevillanos al
arzobispo don Jaime de Palafox y Cardona cuando se oponían a sus preten-
siones de introducir el rezo diario del santo rosario en la catedral.
Entonces, los capitulares hispalenses utilizaron en su réplica argumentativa
de noviembre de 1690 aquellas rúbricas contenidas en los libros litúrgicos a
que ya hicimos referencia, al alegar en su propia descarga que «dispone el
Ceremonial y Ritual Romano, que en las Iglesias Catedrales aya un Sagra-
rio a parte, donde se pueda asistir a los Fieles en los Ministerios de
Confesiones, Comuniones y administración de Sacramentos, para que ni se
omitan estas funciones, ni se turben, o inquieten el orden de los Oficios
Divinos; que aun por Ministerios tan necesarios, y tan importantes al Pue-
blo Cristiano, no se deben interrumpir o embarazar. Y así vemos se
practica en todas las Iglesia Catedrales». 86 Hay que recordar una vez más,
pues, que la colegiata jerezana, al tiempo que el rezo solemne del oficio por
parte del clero colegial, tenía encomendada la cura de almas de la collación
de San Salvador, y poniendo en relación esta realidad con los anhelos
episcopales que movieron a su capitulares durante siglos y que condicionó,
como vimos, la planta del nuevo templo, todo lleva a pensar que una gran
capilla del sagrario debió de haber estado desde el inicio en la mente de los
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más pa rci alment e a car go de don Ju an Gonz ález de Mendoz a, como her edero, lo qu e par e-
ce poner de manifiesto q ue las décadas pasad as sin intervención tal vez lo fuesen de pleito
en torno a la titularidad de la capilla, dado que, como vemos, el m andato expr opi a torio de
Bejara no quedó f inal mente si n efec to, o al menos fue mati zado pa ra permi tir alguna sepu l-
tura familiar en la mism a, dado qu e la c antidad apo rtada por los Me ndoza e n el cómpu to
global de los trabajos apenas supera el cinco por ciento. S ANCHO DE S OPRANIS , Hip ólito:
«Papeletas para un a serie de artistas regionales (segund a serie)». Guió n, 25 . Fede ración de
estudiantes católicos. Jerez de la Frontera, 1936 , pp. 13 - 14 ; A ROCA V ICENTI , Fern ando: A r-
quitectur a y Urbanismo … op. cit ., p . 243 , n. 93 ; AGAS. Sección II. Serie visitas, leg ajo 1348 ,
s/f. [Apéndice docum ental I, doc. III].
86 AGAS. Sección II, serie rito s, leg. 2 ; P OMAR R ODIL , Pab lo J.: «La cated ral de Jere z de la
Fronter a. Emulaci ón cult ual y conf igurac ión espa cial », en Germán Ramallo Asensio: El
comportamiento de las catedrales espa ñolas. D el barroco a los historicismos . Unive rsidad d e
Murc ia. Murci a, 2 003 , p . 80 , n. 3 7 .
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[ 272 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
capitulares jerezanos como complemento parroquial del gran templo cate-
dralicio, sobre todo tras la exitosa renovación del sagrario de la iglesia ca-
catedral de Sevilla con su nuevo y ostentoso templo. 87
Hasta el presente no se ha localizado ningún plano que reproduzca
la traza aprobada en 1695 , ya que el único que se conserva es el realizado en
1746 por Ignacio Díaz, que fue director de las obras entre 1724 y 1749 . 88 Sin
embargo, pensamos que esta planta, que el Cabildo Colegial remitió al
Consejo de Castilla para ilustrar el estado de la obra en aquel momento y
cuanto faltaba por realizarse, puede ser perfectamente válida para analizar
la traza original del edificio dada por Diego Moreno Meléndez, ya que en el
Extracto de noticias de la obra redactado por el canónigo Francisco Mesa Gi-
nete aquel mismo año, al referirse a Ignacio Díaz se señala «que es el
mismo Maestro que hoy existe y declara haberla hallado en dicho estado y
seguido la misma planta e idea comenzada». 89
En esta traza de 1746 se comprueba que adosado al lado de la epísto-
la estaba previsto ubicar el sagrario [figura 148] , que sería de planta
cruciforme e iría rematada por una cúpula central y cuyo coste ascendería a
55 . 000 pesos. 90 Contaba de dos ingresos uno desde el templo a través de un
vestíbulo que a su vez lo comunicaba con el patio y la sacristía y otra direc-
tamente al exterior, que permitía su uso del todo independiente. Esta
característica, así como sus importantes dimensiones en relación con la
cada vez mas mermada población de la collación del Salvador, a la que el
cabildo debía asistir espiritualmente, bien podría facultarle para el desem-
peño todas aquellas funciones parroquiales propias de las catedrales, según
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87 Sobre la parroquia de San Clemente, capill a del Sagrario de la catedral hispalense , v id.
G ÓMEZ G ONZÁLEZ , M aría Isab el y G ÓMEZ P IÑOL , Em ilio: El Sagrario de la Santa Igl esi a
Catedr al d e Sev ill a . Iberd rola. M adrid, 2 004 .
88 De hecho, hast a hace unos años se descono cía a cienci a ciert a quién hubie se sido el
responsable de la traza original del nu evo templo. El plan o d e 1746 , que localizamos en el
Archi vo Históri co Nacional de Madrid, e stá dibujado en tinta pard a , tiene pitip ié de vara s
castellanas , y cuenta con firma d e Ignac io Díaz . Mide 920 mm . por 720 mm . con bocad o
rectangular en esqu ina superior derech a d e 102 mm . por 27 7 mm . P OMAR R ODIL , Pab lo J.:
«Diego M oreno Melén dez, autor de la planta de la Coleg iata d e Jerez de la Frontera», en
Laborat orio de Arte , 14 . Un iversida d de Se villa. S evilla, 2 001 , pp. 249 - 258 . P OMAR R ODIL ,
Pablo J.: «La c atedra l de Jerez … op. ci t. , p. 77 , n. 9 .
89 R EPETTO B ETES , Jo sé Lu is: La obra del templo … op. cit. , p. 315 .
90 P OMAR R ODIL , Pablo J .: «La ca tedral d e Jere z … op. c it. , p. 82 .
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[ 279 ]
E L SAGRARIO
independencia, recogimiento y demás requisitos ya repetidamente tratados.
Sin embargo, si bien no sabemos cuál sería la pieza donde el arzobispo de-
cidió que se hiciese la sacristía, que intuimos que pudiese ser la capilla de
los Ceballos, que ya lo fue en su origen, la ingente cantidad de ornamentos
y piezas de ajuar litúrgico que el templo atesoraba para entonces, así como
la necesaria amplitud de una pieza que debía servir para la preparación de
los más de cuarenta sacerdotes que debían celebrar diariamente, además de
los minoristas, tonsurados y acólitos, parecía desaconsejar el cambio de uso
de aquel espacio que tan bien se adaptaba a las necesidades planteadas. 112
De hecho, a los cinco años de aquel mandato, el visitador don José
Ruiz Moya, aún bajo el pontificado de Salcedo y Azcona, volverá una vez
más a relatar el tantas veces denunciado problema producido por la con-
fluencia litúrgica del viático y el oficio o el sermón dado que el sagrario
«está en parte que quando es necessario llevar el Sagrado Viático a los en-
fermos, en las funciones de Sermones y otras solemnidades detiene e
ympide estas funciones para la atención y reberencia devida a tan grande
Sacramento». 113 Por lo que de nuevo insiste en la necesidad de hacer «una
capilla buena y desente correspondiente a Su Magestad Sacramentado, y
en lugar y sitio que no ympida las referidas funciones y a proporcion de la
referida Yglesia». 114 Dejando para ello disposiciones técnicas y económicas
para poder afrontar su construcción. 115
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112 Vid . la tabla adju nta en el capítu lo ded icado a las parr oquia s de la vic aría jere zana .
113 N IE VA S OTO , Pilar: La platerí a del siglo XVI II … op. ci t , pp. 895 - 896 .
114 Idem .
115 Entre las disposi cione s técnicas se ordena « nombrar maestro o m aestros que le pareci e-
re i correr con la o bra dicha hasta su p erfecció n discurrien do los medios m as
proporciona dos para ello, y para benzer los embarazos que se ofrecieren por lo respectiv o
a las cap illas que caen hacia el testero haziendo se les ponga sus altares en sitio p ropo r-
cionado y cu idando y advirtiendo a los m aestros tengan presentes si algo de la pared del
testero es entibo o no d el resto o pa rte del templo pues de serlo y der r ib ándos e pu ede
padezer ruina el templo i mas estando ofendido, i haziendo los demás reparos que le p a-
rezca com benientes dejándolo tod o com o se deja a su discreción prud encia y maduro
acuerdo y buena con ciencia y ajustado procede r». Y en cuanto a las medidas e conómicas
se especifica que ha d e aplicarse « el alcanze qu e en las qu entas d e esta yglesia a rresultado
contra el maiordom o, y dem ás el producto d e los granos qu e a esta yglesia tocaren por lo
qual lo habrá de vender D on Juan de Silva provicario en el tiempo que le parezca mas
valor y su producto se a depositar en el erario sin entregarse al maio rdomo»; adem ás qu e
« por lo respecti vo a venta de granos no se entienda por ahora con dicho don Juan [G onz á-
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[ 280 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
Como hemos señalado con anterioridad, la capilla ha sido objeto de
distintos estudios que han analizado su historia constructiva, los maestros
que han intervenido en la misma, su programa iconográfico y, desde luego,
su grácil y delicado retablo, dotado de sagrario y manifestador, así como de
la imaginería que lo acompaña. Sólo queremos añadir aquí su extraordina-
ria capacidad funcional, pues, abierto por su gran puerta al crucero norte
del templo parroquial es capaz de proyectar sobre la nave de dicho crucero
una suerte de prolongación del propio sagrario, haciendo posible una am-
plia visibilidad de las funciones que en su interior pudiese celebrar la
hermandad sacramental de la parroquia. 116 El rico comulgatorio de jaspe
rojo, como pieza inexcusablemente presente en capillas de esta naturaleza,
permitía a los fieles recibir la comunión respetuosamente arrodillados. Pe-
ro, además, la capilla terminaba por solucionar los aspectos de
conflictividad cultual tantas veces aludidos, al posibilitar la salida autóno-
ma del Santo Viático sea solemnemente por su gran portada a la calle San
Miguel, como por la más discreta del callejón del Pópulo que daba acceso a
su sacristía, para las salidas secretas. La existencia de esta pieza incidía
también en su autonomía funcional, al contar con sus propios ornamentos
y piezas de ajuar litúrgico, además de hacer posible que los sacerdotes que
hubiesen de manifestar al Santísimo o celebrar el Santo Sacrificio revestir-
se allí mismo. Las puertas al templo, al tiempo que permitían comunicarlo
con el mismo en la forma anteriormente descrita, cerradas hacían posible a
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lez de Silv a] hasta que se fenesca la obra por lo respecti vo a las prevenciones que van h e-
chas, si bien lo habrá de vender en los tiempos que le parec iese teng a mas va lores y da r
razón p ara las quentas de visita ve nidera. Y fene cida la obra corra el m andato en la form a
que va prevenida en el m odo y circunsta ncias de venta y depósitos y dicha aplicación se
hace para la expresada obra, en atención a que c on el ingreso de la m encionada yglesia se
considera ser bastante para la m anutención de la yglesia, su culto y ministros, y caso de
que falte se podrá suplir de la porción de el trigo que se vendiere y fuese preciso anotá n-
dose las sacas en el libro de entr adas y depósitos de el erario de la referida yg lesia como
tambié n la entrada de el prod ucto de e l trigo vend ido ». Por último, tam bién la solemnidad
del culto se ve disminuida temporalmente, al suprimir la capil la musical de la parroquia
para mayor ahorro d e la fábrica que había d e revertir en la obra del sagrario, si b ien el
visitador lo justifica por la baja calidad artística de los músicos que « mas s ir ve de p ert urb a-
ción que de motivo para la devoción; pues p or su poca destreza y desentono no h ay quien
la oiga ni quien lo entienda ». AGAS. Secci ón II. Seri e visi tas , legaj o 1368 s/f [Apénd ice
documental I , doc. IX].
116 El profeso r Gómez Piño l ha puesto de m anif iest o cómo entre los artif ici os del barroco
está el de convertir un simple crucero en un a su erte de n ave virtual para un sagrario ub i-
cado en su testero del evangelio. G ÓMEZ P IÑOL , Em ilio: La Iglesi a Colegial del Salvador.
Arte y soci edad en Sevilla (s iglos XIII al XIX) . Fundación Ave nzoar. Sevi lla, 2000 , pp. 249 - 271
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[ 281 ]
E L SAGRARIO
los fieles la oración recogida en su interior, permitiendo al mismo tiempo
la adoración desde el templo a través de sus ventanas provistas de cristales.
Por fin, el amplio vestíbulo que separa la calle de la capilla permitía dispo-
ner a los hermanos del Santísimo de los armarios necesarios para sus guio-
guiones, varas, cirios y demás enseres.
A mediados del siglo XVIII, la estela del proyecto de sagrario de la
colegiata y la admirable obra del de San Miguel que para entonces alcanza-
ba una entidad arquitectónica más que notable, debió mover en la
parroquia de San Marcos a la ejecución, bajo la dirección del arquitecto
Pedro de Cos, de una importante obra que supondrá la creación de una
verdadera capilla sacramental a partir de la unión de tres espacios de natu-
raleza funeraria: la mencionada capilla de la Paz, patronato de los González
de Mendoza; la de la familia Argumedo, que había sido de los Natera y que
tuvo como titular al Niño perdido, que al igual que la anterior llevaba desde
principios del siglo XVIII desmantelada y sin uso, y la de los Villavicen-
cio. 117 Mientras que las dos primeras se abrieron por completo formando
una pequeña nave rectangular paralela a la del templo, la tercera quedó
convertida en una suerte de vestíbulo con portada a la calle [figura 153] , al
templo y a la propia capilla del Sagrario, haciendo de este modo posible la
salida del viático sin interferir en las funciones que se celebrasen en la igle-
sia al tiempo que la posibilidad de que su funcionamiento pudiese tener
lugar de manera independiente al resto del edificio, dado que tras el altar
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117 La capilla de los Argumedo apenas con servaba en 1705 el poyo del altar y la imagen del
Niño Jesús se había traslad ado a la que le estaba fronter a dedica da entonces a San Cay e-
tano, pro piedad d e la fam ilia G rajales. A pesar d e ello, algun os arreglo s mínim os de bieron
de acometerse en la misma de modo que en 1715 estaba de nuevo en uso, pero en unas
condiciones tan precarias que el propio visitador d on P edro Fernández de Zurita im pidió
que se dijese misa en su altar « hasta que se haga de mater ial, se sierre y masize y se adorne
y se asiente el ara como debe estar » . La capil la de los Villavi cenci o, es la que a mediados
del siglo XVII pertenecía, según el padre Rallón, a don Pedro Ig nacio de Villavi cencio y
que ya ident ifica mos con este espacio hace algunos años. A ROCA V ICENTI , Ferna ndo: A r-
quitectur a y Urbanismo … op. ci t. , p p . 219 - 222 ; R ALLÓN , Fr ay E steba n: Histor ia de la ciudad …
op. cit. , 2003 , t. IV, p. 135 ; M ARISCAL R ODRÍGUEZ , Migu el Á . y P OMAR R ODIL , P ablo J.: J e-
rez. Guía artística …op. cit . , p . 55 ; AGAS. Secció n II. Serie visit as, legaj os 1348 , s/f.; 135 9 , f.
180 v. [Apénd ice docum ental I, do cs. III y VI].
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[ 282 ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
incluso hay acceso al espacio de la desaparecida capilla de los caballeros
Adorno, que pudo haber hecho las veces de sacristía del sagrario. 118
Aunque la capilla parecía estar casi acabada en 1762 , los últimos trabajos
decorativos se concluyeron tres años más tarde [figura 154] . Éstos abarcan
el rico zócalo marmóreo de estilo rococó que circunda la capilla y que se
despliega igualmente por el comulgatorio, así como a la portada de la capi-
lla, donde se representa al Buen Pastor y a las virtudes teologales. 119
Desconocemos cómo se remató el testero de la capilla, dado que el retablo
conservado parece obra historicista y la puerta de su sagrario, de plata y
ejecutada por Sebastián Alcedo, ya de 1835 . 120 Desde luego en 1771 la solu-
ción no estaría dada, toda vez que el visitador se lamenta de la «la falta que
hace un sagrario desente para la comunión cotidiana de los fieles» lo que
supone a nuestro entender que aún no se había puesto en uso la capilla,
por permanecer quizá a la espera de los caudales suficientes para concluir
con un aparato acorde al resto de los trabajos acometidos. 121 Parece que la
munificencia del marqués de los Álamos del Guadalete, así como la de la
propia hermandad del Santísimo debieron de estar, de realizarse, lo que no
nos consta, tras la realización de esta pieza imprescindible para la que el
visitador encomendó al mayordomo de la fábrica que buscase un maestro
competente para el encargo. 122 Por último, señalar que las dos rejas de hie-
rro parcialmente doradas, que al tiempo que resguardan el sagrario lo
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118 Nos referimo s a la habitaci ón a la que se accede actua lment e tant o desde el sagrario
como desde el presbiterio y de la que tenemos constancia fue capilla p or Fray Esteban
Rall ón, quien al describi r e l t emplo ref iere que «en la part e del evangel io i nmediata al alta r
mayo r, está una capil la de los caba ll ero s Adornos que cae dentr o del cuerpo de la capilla
mayo r». R ALLÓN , Fray Esteb an: Histo ria de l a c iud ad … op. cit. , p. 135 .
119 A RO CA V ICENTI , Fernand o: Arquite ctura y Urba nis mo … o p. ci t. , pp. 220 - 221 .
120 N IE VA S OTO , Pilar: La platerí a del si glo XVIII … op . cit , pp. 263 y 294 .
121 Se sabe además que en aq uel mism o año la fábrica de la parroq uia entregó a la he r-
manda d de á nima s la pequ eña c ant ida d de 60 reale s para su ret abl o, a cond ici ón de que el
mismo cont ase con un sag rar io «que no te nía la Ygl esi a» . M ORENO A RANA , J osé M anue l: El
retablo en Jerez… op. cit. , p. 475 .
122 Ibidem , pp . 326 .
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[ 283 ]
E L SAGRARIO
comunican con la nave del templo [figura 155] , son obras ya de finales del
XVIII, concretamente de 1795 según se lee en la inscripción que lucen. 123
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123 ! Acuerdo s como é ste que acabamos de m encionar entre la H erman dad de Ánimas de
San Marcos y la fábric a de esta parr oquia se sucedi eron, como una suerte de epílog o d e-
cimonónico, en aquellas parroquias que alca nzaron el ocaso de la modernidad sin poder
levanta r a fundamentis , sa grarios d e la entid ad del de la colegia ta o San M igue l, n i de ada p-
tar s us viejas c apillas funerarias com o se hizo e n San Marcos y hasta cierto punto en San
Lucas. En Santiago, la fábrica alcanzó en 1826 un acuerdo con la Hermandad de San P e-
dro por la que ésta le cedía el uso de su capil la del siglo XVIII para que sirviese de
Sagrari o; en aquel año fue dotada de la reja que la cierra. 123 De fecha muy se mejan te a la
anterior, en este caso con ocemos el año p reciso de su inauguración, 1727 , será la capilla de
la H erm anda d d el Descon suelo, que al me nos desde 18 49 cump lía y a la s fu ncion es de s a-
grario parroquial. A ROCA V ICENTI , Fer nand o: Arquit ectura y Urbani smo… op. cit., pp. 211 -
212 ; AGAS. Sección IV. Serie 13 , leg ajo 1421 s/f [Apén dice docum ental III, doc. 34 ].
Conclusiones
C ONCLUSIONES
a presente tesis doctoral ha investigado y reconstruido la vida que
se desarrollaba en los distintos espacios arquitectónicos de las
iglesias jerezanas, especialmente en su colegiata y parroquias, que
hoy de su pasada vitalidad litúrgica apenas alcanzan a mantener un sutil y
decadente atisbo, tan sutil y tan decadente que resulta de todo punto impo-
sible que nos evoque o rememore cuanto aquella supuso. Sin embargo,
apenas nos detenemos sobre los legajos que conservan sus archivos, apare-
ce ante nuestros ojos una realidad del todo distinta, pujante, presidida por
un clero abundante que tributaba diariamente en el coro y el altar el culto
solemne debido a Dios. La pila y la sepultura, que señalaban el marco vital
de sus parroquianos quedaban atendidas por aquellos sacerdotes que lle-
vaban anejo a su beneficio la cura de almas, también facultados para oír
confesiones y administración del viático a enfermos y moribundos. El co-
lector se encargaba de la administración y distribuciones de los
estipendios. El mayordomo, con la ayuda de los sacristanes, cuidaba de
todo lo referente al culto y su ajuar sagrado, gobernando a este fin al orga-
nista, el sochantre, los músicos, pertigueros y mozos de coro y altar. Por
último, un número variable de asalariados bullían por el edifico cumplien-
do con su obligación: campanero, relojero, enterrador, lavanderas,
caniculario, halconero, además de los que eventualmente pudieran asistir
con motivo de los continuos reparos de carpintería o albañilería, limpiezas,
colgado del templo, montaje del monumento de Semana Santa, prepara-
ción de cohetes para las fiestas del titular, etc. Unas parroquias jerezanas
casi irreconocibles, enjalbegadas, sin bancos, esteradas, fragmentadas sus
naves por el coro y la crujía, colmadas de enterramientos y de altares. En
este marco arquitectónico que es el mismo de hoy al tiempo que es com-
pletamente otro, tanto el clero como los fieles, cuya naturaleza requerían
de lo sensible para que su alma accediese a la profunda experiencia de lo
trascendente, se bendecían con la atmósfera sagrada que se recreaba con el
reverberar de la luz de las velas en el brillo de la talla dorada, con el fulgor
de los cálices de plata y el centelleo de los ornamentos sagrados, con el
evocador sonido del órgano, y con los olores a incienso, a cera de abeja, a
lámparas de aceite, a bronces pulidos, a viejas maderas nobles y a la fra-
gancia de las flores ofrendadas a las imágenes de mayor devoción.
Esta vida se desarrollaba en un marco arquitectónico que hundía sus
raíces en la tradición artística milenaria de la Iglesia, cuyas ceremonias, en
L
[ IV ]
P ABLO J. P OMAR R ODIL
el albor de la modernidad, había quedado fijada tras el Concilio de Trento
y que en el ámbito que como muestra nos ha ocupado hemos podido cono-
cer en sus principales elementos: La capilla mayor, en cuyo altar se
celebraba el Santo Sacrificio de la Misa, de manera rezada al alba, para los
trabajadores que debían salir temprano a sus faenas diarias, y solemnemen-
te cantada a tercia, ya con el auxilio de ministros sagrados y la asistencia del
clero adscrito a la parroquia; el coro, donde tenía lugar esta asistencia y
donde se cantaban las vísperas y demás horas; la nave, que además de ser-
vir de ámbito procesional para el clero y eventual lugar de enterramiento,
era principalmente el espacio propio de los fieles para asistir a la santa Mi-
sa, oír los sermones, rezar el rosario y cumplir devotamente con otras
iniciativas piadosas; el baptisterio, siempre ubicado a los pies de la iglesia
por las razones ya argumentadas y donde los recién nacidos recibían las
aguas bautismales que les borraban el pecado original y los hacía miembros
de la Iglesia; la capilla del Sagrario, relicarios de Dios surgidos de una
combinación de necesidades litúrgicas y pastorales, o la sacristía, donde se
preparaban los sacerdotes antes de oficiar y donde se conservaban los or-
namentos y vasos sagrados tal como todavía se hace, pero donde también
tenían lugar las conferencias morales que recibía el clero entre otras activi-
dades menos conocidas que ya quedaron descritas.
En todos estos espacios celebrativos hemos podido comprobar cómo
se da una marcada continuidad entre la Edad Media y la Moderna, conse-
cuencia de un desarrollo orgánico donde las reformas revelan un proceso
en modo alguno rupturista que se concreta a través de los decretos de los
sínodos diocesanos y concilios provinciales que sucedieron al ecuménico
de Trento y también mediante las rúbricas de los libros litúrgicos revisados
por el Sumo Pontífice. 1 Al hilo de lo dicho creemos estar en grado de afir-
mar en estas conclusiones que la influencia de Trento en España,
1 Los cambios introduc idos por el nuevo m isal romano no fueron en modo alguno revol u-
cionarios. Hay que señalar al respecto que más que el resultado d e una reforma
propiamente dicha, el nuevo misal fue principalmente el fruto de someter los ya exist entes
en d istintas partes a una depuración y unificación, conform ando sus ceremonias con las
del rito romano que se celebraba en Roma. C omo fundamento del nuevo misal se había
escogido el Missa le sec undum consu et udi nem Romana e Curia e , e l d e m ayor difu sión ent onces .
J UNGMANN , J osef A ndrea s: El sacri ficio de la misa. Tratado his tóri co litúrgi co . BA C. Madrid,
1951 , p. 188 .
[ V ]
C ONCLUSIONES
comparada con la que se había ejercido en la dirección contraria durante
aquella magna asamblea episcopal, fue más limitada de cuanto hasta el
momento se ha venido sosteniendo. 2 Realmente el Concilio vino a ratificar
cuanto en España se venía experimentando desde las centurias preceden-
tes, confirmando la teología, la eclesiología y la disciplina que habían
defendido mayoritariamente los padres conciliares españoles, «il clero di
Spagna, che è il nervo di tutta christianitá» , como llegó a afirmar el santo ar-
zobispo de Milán Carlos Borromeo. 3
La presente tesis nos ha revelado también cómo las visitas pastorales
son una fuente documental de primer orden para llevar a cabo estudios
histórico artísticos de las parroquias y demás iglesias sujetas al ordinario
donde prime el enfoque de su funcionalidad litúrgica, al conocerse tantas
veces a través de sus resultas y mandatos no sólo el dato positivo de la data-
ción o la autoría de una obra de arte sacro, sino la razón última que movía a
su creación, tal como con frecuencia sucede en las propuestas y debates
asentados en las actas capitulares de las catedrales y colegiatas. Pero, al
mismo tiempo, estas visitas no dejan de ser útiles para investigaciones con
enfoques más formalistas y convencionales; ahí quedan para demostrarlo la
reconstrucción morfológica e iconográfica de los retablos mayores desapa-
recidos, que hemos podido llevar a cabo cruzando la información ya
conocida desde hacía un siglo por los repertorios de escrituras públicas con
la que aportan los visitadores del arzobispado de los siglos XVII y XVIII.
2 Valga n como ejemplo de esta hiper val orac ión de Trento los plantea mient os defendi dos
por el padre Ceballos , qu e afirma que en las catedrales españolas « el coro y el santuario,
estrechamente unidos, formaban una suerte de iglesia c lerical den tro d e la iglesia , de la
que la congregaci ón de fieles quedaba excluida » , mientr as que por el con trario, al tratar el
model o de coro a la roma na propu esto por Juan de Herre ra par a la cated ral de Val lad oli d,
entiende que el rey, a qu ien considera responsable de aquella inn ovadora propuesta esp a-
cial, « des earía poner en prácti ca en e sta ca tedral, que s e const ruía pr áctica mente de nuev o,
las directr ices rituale s y litú rgicas em anad as del recie nte Con cilio de Tr ento » . R ODRÍGUEZ
G UTIÉRREZ DE C EBALLOS , Alf onso: « Lit urgia y c onfig uraci ón del espacio e n la arqui tectura
española y portuguesa a raíz del Concilio de Trento » , en Anuario del Departamen to de Hist o-
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