Sentimiento y (sin)razón política: reflexiones sobre el caso vasco
Abstract
El trabajo presenta una reflexión sobre el papel que juega la emotividad tanto en la reproducción del terrorismo político de ETA como en los lugares que abre para la memoria a través de las artes, en cuanto que éstas perfilan parámetros posnacionales de identidad capaces de desestabilizar el enquistamiento terrorista.
Full text
Sentimiento y (sin)razón política: reflexiones sobre el caso vasco Annabel Martín (Dartmouth College, New Hampshire) I/C - Revista Científica de Información y Comunicación 2009, 6, pp383-405
Sentimiento y (sin)razón política 383 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 SENTIMIENTO Y (SIN)RAZÓN POLÍTICA: REFLEXIONES SOBRE EL CASO VASCO EMOTION AND POLITICAL (UN)REASON: REFLECTIONS ON THE BASQUE CASE I/C - Revista Científica de Información y Comunicación 2009, 6, pp383-405 Resumen El trabajo presenta una reflexión sobre el papel que juega la emotividad tanto en la reproducción del terrorismo político de ETA como en los lugares que abre para la memoria a través de las artes, en cuanto que éstas perfilan parámetros posnacionales de identidad capaces de desestabilizar el enquistamiento terrorista. Abstract The paper proposes a reflection on the role that emotion plays both in the reproduction of ETA political terrorism and in memory spaces carved out through Arts, as Arts outline new post-national parameters of identity capable of destabilizing terrorism's endurance. Palabras Claves Violencia política / ETA / Memoria / Víctimas / Identidad posnacional Keywords Political Violence / ETA / Memory / Victims / Post-national identity Sumario 1. Introducción 2. ¿De qué crimen se trata? 3. Violencia heredada 4. La nación de la memoria Summary 1. Introduction 2. Which Crime? 3. Inherited Violence 4. A Nation of Memory Annabel Martín (Dartmouth College, New Hampshire)
Annabel Martín 384 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 -So you've returned to the bosom of the tribe. -Yes, I have. Isn't that odd? -Not very. The one who has gone home. You've read the Odyssey. 1 Philip Roth, Deception L os personajes de las novelas de Philip Roth, preocupados por las diferentes arquitecturas sobre las que construyen sus señas de identidad, viven sus vidas enredados, en la mayoría de los casos, reflexionando obsesivamente sobre el grado de memoria generacional (judía) que les es necesario para constituirse en seres políticos de relativa tranquilidad moral. Son personajes conscientes de la deuda moral y política que heredan tanto por parte de familia (el desarraigo de la inmigración) como por parte colectiva (el holocausto); sin embargo, el marco de la sociedad norteamericana les concede, en la mayoría de los casos, un espacio para no quedar encallados en una memoria mítica, estranguladora de libertades personales e inspiración y pócima estéril de la violencia política. Philip Roth siente admiración por los padres de sus personajes, judíos emigrados a una democracia liberal que creyeron, como lo hace todo emigrante, que los esfuerzos y sacrificios personales abriría las puertas y facilitaría la vida de sus hijos. El contexto norteamericano opera en la narrativa de Roth a pleno rendimiento con su ideario dogmático y optimista de paraíso de oportunidades capitalistas y fe ciega en el progreso tecnológico moderno, ideología que permite al inmigrante convivir psicológicamente con su desarraigo y anclar un futuro mejor para su familia. El experimento no puede por menos que fracasar para los personajes que se enfrentan cara a cara con las contradicciones del modelo, personajes éstos de segunda generación, plenamente integrados en el Newark (New Jersey) de Roth pero menos protegidos frente a sus excesos. Para los que emigran, la distancia física y cultural con respecto al holocausto sí que los libera en mayor o menor grado de la impronta imborrable de una violencia entendida como herencia histórica de primer orden. Geografía y memoria histórica se enredan "positivamente" en el mundo de ficción de Roth a medida que esa segunda generación de Hijos en suelo norteamericano va perdiendo la piel de la extranjería del PadreEmigrante; sin embargo, nunca conseguirán desprenderse de la deuda filial innombrable con la que tendrán que aprender a lidiar, o resolver, "con el machete del remordimiento" (Roth 1993, 151) a lo largo de sus vidas 2 . Para esta segunda generación, no se trata tanto de un proceso de "asimilación" (que 1 "Así que has vuelto al seno de la tribu. / Sí, ¿no es extraño? / La verdad que no me sorprende. El que regresa a casa. Has leído La odisea." Nota: todas las traducciones son de la autora. La paginación corresponde al original. 2 Hablo en términos masculinos porque el autor los inserta en estructuras familiares tradicionales y autoritarias imbuidas en la patología identitaria Padre-Hijo.
Sentimiento y (sin)razón política 385 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 también) al mundo norteamericano como de descolocar los centros de éste y obligarse a confrontar la enorme complejidad humana que la compone. A pesar de las discriminaciones étnicas o las luchas políticas de clase, el Hijo-delEmigrante de Roth encuentra en suelo norteamericano un camino personal con una dosis suficiente de perdón hacia el pasado. En otras palabras, supera lo que podríamos denominar el "nacionalismo generacional" que los hijos de judíos y palestinos en tierras más lejanas sí confrontan con mucha mayor crudeza, condenados por sus circunstancias históricas a no poder rendir homenaje al Padre por otras vías que no sean las de la lógica filial más tradicional: las del honor, lealtad y obediencia. Son éstas las líneas maestras que inspiran las siguientes reflexiones sobre la situación de violencia del País Vasco. 1. ¿De qué crimen se trata? E l 22 de abril de 2007, en el Palacio Euskalduna de Bilbao, el lehendakari Juan José Ibarretxe se dirigió a un auditorio de más de un millar de personas entre los que se encontraban familiares de víctimas del terrorismo de ETA, representantes de todas las fuerzas políticas (a excepción del Partido Popular y de EHAK), agrupaciones sindicales y varias asociaciones de víctimas del terrorismo 3 . Allí dijo: La paz y la convivencia sólo pueden construirse sobre los cimientos de la verdad y de la justicia. No estuvimos a la altura de las circunstancias como sociedad frente a las penurias y sufrimientos que un día y otro también padecían cientos de familias en este país. Sin embargo, creemos que aún estamos a tiempo para pedir perdón por ello. Aquellos momentos fueron especialmente complicados para toda la sociedad española, ansiosa por ver el final del terrorismo de ETA, pero fueron particularmente graves para la sociedad vasca: nuevamente se vieron frustradas las esperanzas de una Euskadi democrática normalizada, es decir, aligerada de ese nacionalismo generacional cargado de tintes identitarios amnésicos y tan poco compasivos. Quedaban aplazados nuevamente los imaginarios para construir una Euskadi progresista, preocupada por su calidad de vida en sus múltiples frentes (la sanidad, el medioambiente, la educación, el coste y acceso a la vivienda, los jóvenes, las artes, la atención a los mayores, la emigración, la investigación, la seguridad laboral, el desarrollo y crecimiento económico sostenibles, etc.). Se volvió una vez más al ciclo repetitivo y 3 Las dos asociaciones de víctimas del terrorismo que no asistieron al acto fueron el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE) y la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT).
Annabel Martín 386 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 disfuncional de los escoltas, de las formaciones políticas ilegalizadas, de la falta de libertad de pensamiento, de los excesos lingüísticos, de la situación de los presos de ETA y de sus familiares: leños de un fuego de lento y tóxico consumo. Habían trascurrido cuatro meses largos desde el atentado de ETA en la terminal T4 de Barajas, donde se sumaron dos muertos más a la larga lista de víctimas del terrorismo, esta vez dos ciudadanos ecuatorianos, emigrantes y residentes en Madrid con sus familias, muertos bajos los escombros del parking desplomado. Los más curtidos en la política de ETA, siempre dudaron de las verdaderas intenciones de la banda armada durante la tregua, e incluso se tenían dudas sobre si el Estado español, lo que ETA denomina "los límites estructurales de la Constitución española" (Gara 8 de abril 2007), permitirían hablar del futuro de la territorialidad de manera creativa bajo parámetros nuevos. Otros más ingenuos y creyentes en el poder de la voluntad política, entre los que me incluyo, pensamos que esta vez la tregua iniciada el 22 de marzo del 2006 era diferente: ETA había anunciado un alto al fuego permanente y el Presidente del Gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, parecía dispuesto a atajar este problema tratándolo no solo como un asunto de estado sino también como una problemática con raíces históricas, culturales y psicológicas. Muchos vimos con buenos ojos el que políticos y personas del ámbito universitario muy experimentados estuvieran a cargo de las conversaciones, como Jesús Eguiguren, o el que se siguieran pautas de negociación con ETA en foros internacionales para el diálogo. Frente a las actitudes de miedo a desmembrar el estado, necesitado de múltiples manifestaciones de bandera (la política que animaba el Partido Popular), Zapatero, con su actitud frente al terrorismo y el modelo estatal, demostró que poseía, por el contrario, una idea de "patria" más desmitificada, laica y plural. Una formulación que exigía menos banderas y más profundización en las posibilidades legales y en el ámbito de la vida cotidiana para encontrar una solución. Pero no había llegado la hora. El atentado de Madrid ya anunciaba la frustración del proceso a pesar de que Arnaldo Otegi, líder de la ilegalizada Batasuna e interlocutor en las conversaciones con ETA, seguía animando a no dar marcha atrás. En una entrevista en La Vanguardia publicada el 25 de febrero de 2007, a los dos meses del atentado, declaraba que "el proyecto independentista sólo se puede construir a través de las vías pacíficas y democráticas", vías que consistían en "seducir democráticamente a la ciudadanía" para recabar su apoyo a favor de un marco de autonomía para cuatro territorios: los tres del País Vasco más Navarra. ETA anuncia la ruptura de la tregua el 5 de junio de 2007, y con ello se vuelven a secuestrar y paralizar los procesos de diálogo y de normalización política. Las razones que ETA esgrime para el fracaso de este proceso no coinciden con las aducidas por partidos como el PSOE o el PNV. Patxo Unzueta resumía muy bien la postura "constitucionalista" cuando
Sentimiento y (sin)razón política 387 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 explicaba el fracaso político así: "A diferencia de Irlanda, no hay margen para concesiones políticas que no sean abiertamente incompatibles con la pluralidad de las sociedad vasca". Y pide prudencia: "Dar satisfacción a las pretensiones de ETA (sobre Navarra o la autodeterminación) provocaría una situación mucho más inestable y seguramente de más violencia (de diferentes signos) que la actual" (El País 21 de junio de 2007). En la misma línea se situaba el socialista Ramón Jáuregui cuando al enumerar las lecciones aprendidas y los errores cometidos durante el proceso afirmaba en el periódico El Correo el 14 de junio de 2007 que "el diálogo sigue anclado en unas pretensiones ilegítimas, por antidemocráticas y por ilegales". Para Jáuregui, de ahora en adelante no cabe más diálogo que el dirigido "a resolver las circunstancias humanas y operativas de la disolución de la banda", es decir, a ETA no le competen decisiones políticas que solamente podrán tomar los partidos y los ciudadanos en consulta popular. Quedan claras entonces las diferencias de fondo entre ETA y los demás partidos en cuanto al marco de referencia jurídica. Las afirmaciones de Unzueta o de Jáuregui parecían respuestas a las declaraciones de Otegi cuando éste concluía en la entrevista de La Vanguardia arriba mencionada que "El estado español tiene un problema estructural con un país que mayoritariamente se siente nación". Los límites jurídicos de la actual Constitución no iban a convertirse en moneda de cambio para los implicados en el diálogo con la banda armada y el intento fracasa, según el presidente del Partido Nacionalista Vasco, Josu Jon Imaz, porque "la crisis obedece a la resistencia de ETA a abandonar su viejo papel de garante o tutor de los acuerdos políticos entre partidos en Euskadi, y en el fondo, a un vértigo y miedo a hacer política por la izquierda radical sin el tutelaje de las armas" (El País 10 de junio de 2007). ¿Se quería inmiscuir ETA "en el otro carril," como sugiere el periodista Josu Juaristi del diario Gara en una entrevista con la banda (8 de abril de 2007)? La respuesta de ETA es contundente. Para ellos, el proceso político iniciado con el gobierno socialista a lo largo de aquellos meses nunca se llenó del verdadero contenido político (la territorialidad y el marco de decisión) por el que ETA dice estar en su lucha armada. Igualmente, el continuo acoso policial a sus miembros dentro y fuera de las cárceles y al entorno social y político de Batasuna por parte de la Policía Autónoma Vasca fueron vistos por ETA como una tregua unilateral, incumplida por parte de sus interlocutores. Se "justifica" el atentado de Barajas como un "ajuste de cuentas": Barajas fue una acción armada de respuesta a los ataques permanentes del Gobierno español. ETA manifestó en agosto que si seguían los ataques contra Euskal Herria respondería, y así lo hicimos el 30 de diciembre. […] Hasta aquel momento, y aún hoy, el Gobierno español no ha respetado sus compromisos de alto al fuego y tampoco ha mostrado una intención clara de cumplir esos compromisos. (Gara 8 de abril de 2007).
Annabel Martín 388 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 Con su vuelta a la violencia, ETA retorna a un espacio de poder político regulado por el terror, un espacio que el historiador camerunés, Achille Mbembe, califica como de "soberanía necropolítica" (2003), una soberanía surgida de la equiparación ontológica entre el poder del estado y el poder del grupo terrorista para determinar quién de los dos posee "el poder y la capacidad para dictar a quién se le perdona la vida y quién debe morir" (Mbembe 2003, 11) 4 . En el caso del terrorismo de ETA, podríamos decir que es la gestión de la vida-muerte la que hace que la organización modele políticas de exterminio similares a las estudiadas por Mbembe en los contextos coloniales. Para el autor, el estudio de la violencia colonial pone en entredicho la visión optimista de la modernidad (consenso, libertad, racionalidad) al destapar el fango de las "cloacas" del estado y manifestar las contradicciones estructurales de la democracia en sus políticas de convivencia, soberanía y libertad 5 . O para complicar las cosas un poco más: el mundo ideológico de ETA conjuga simultáneamente un discurso claramente moderno - "Hemos valorado y manifestado permanentemente que la solución del conflicto llegará por medio del diálogo y la negociación. […] Que nadie se engañe, nuestro compromiso es con un proceso que dé una salida democrática verdadera al conflicto" (Gara 8 de abril de 2007) - con afirmaciones del tipo: ETA seguirá luchando hasta conseguir sus objetivos fundacionales. No queremos abrir ningún debate. Hoy, y en las condiciones que vive nuestro pueblo, pensamos que siguen vigentes las razones para utilizar la lucha armada y mientras sea así seguiremos en ello. Una cosa es ofrecer un cese de las acciones, ya que entendemos esto también como un instrumento de nuestra lucha, porque entendemos que el enemigo o la otra parte también entra en una situación de "alto el fuego" o de distensión. Pero otra cosa bien distinta es reflexionar que practicar la lucha armada no es necesario. Esa situación la vemos lejana en las actuales condiciones. Eso podrá llegar cuando veamos que en Euskal Herria hay suficientes condiciones democráticas y suficientes garantías para mantener esa situación. (Gara 8 de abril de 2007). La voluntad de ETA se confirma en la reanudación de actividades armadas en agosto de 2007 al colocar un coche bomba en la casa cuartel de la Guardia Civil de Durango (Vizcaya), causando cuantiosos daños materiales a las instalaciones policiales y a las viviendas del barrio obrero 4 Original: "the power and the capacity to dictate who may live and who must die". 5 En este sentido, recomiendo a los lectores el texto de Paul Gilroy, The Black Atlantic: Modernity and Double Consciousness (1993).
Sentimiento y (sin)razón política 389 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 más próximo. "¿Hasta cuándo va a durar esto?" (El País 25 de agosto 2007), se preguntan muchos vecinos afectados por lo que pudo haber sido y no fue esta vez; ¿hasta cuándo "la instrumentalización de la existencia humana y de la destrucción material de cuerpos humanos y de poblaciones" (Mbembe 2003, 14)? 6 ¿Cuál es la lógica política que impulsa a ETA a definir la soberanía como el "derecho a matar" propio de todo estado moderno según Michel Foucault? ¿Qué impulsa a la complicidad más o menos explícita con la banda armada? Son preguntas difíciles de abordar. Intentemos trazar una vía de reflexión que comience por analizar el papel que juega la otredad, la víctima, en la sociedad vasca. Al mismo tiempo, téngase en cuenta que, además del silencio de las víctimas, se da cita otra clase de victimización más sutil y generalizada, implicando a la sociedad vasca en su conjunto: la transmisión generacional del conflicto y su "normalización" cotidiana a lo largo del tiempo, permeabilizando todos los aspectos políticos o culturales del País Vasco. A pesar de ello, siguen siendo necesarios los espacios de reflexión crítica y, como motivo de esperanza, recordar siempre que, como diría la poeta Julia Otxoa, "En medio de todo esto, / los niños siguen arrojando / sus caídos dientes a la luna, / suplicando nuevos alfabetos de hueso / para nombrar la vida" (La nieve en los manzanos, pg. 15). 2. Violencia heredada R esulta frecuente encontrar en los medios de comunicación españoles reseñas de libros, artículos de opinión, columnas de invitados, programas de radio, incluso debates televisivos donde se discute desde diferentes signos políticos sobre la cuestión "nacional". No se trata tanto ya del "me duele España" tan denostado -aunque ciertas campañas mediáticas del PP y de la COPE muestren lo contrariosino de un no querer entender desde posturas centralistas por qué la izquierda periférica siente atracción por una idea de lo local, ya sea nacionalista o no. Se tilda este tipo de "entendimiento" de anacronía histórica por las ya muy manidas razones geopolíticas: en un mundo global, la "nación" local tiene mucho menos peso específico y se concluye (con demasiada prisa) que esa disminución de relevancia política a escala supraestatal obliga a pensar que son las formaciones políticas más "grandes", es decir, las centralistas o en el mejor de los casos las alianzas supranacionales, las que mejor protegen los derechos políticos y sociales de todos. Es así que la adscripción a formas de organización territorial basadas en razones culturales, lingüísticas, históricas, 6 Original: "the instrumentalization of human existence and the material destruction of human bodies and populations".
Annabel Martín 390 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 o incluso emotivas, quedan marginalizadas como anacronías folclóricas o simplemente como concepciones de la identidad fantasiosas e impracticables en un mundo cada vez más cercano, más homogéneo, más funcional y americanizado, a pesar de las diferencias de desarrollo entre países. El error, si cabe llamarlo así, es pensar que nuestra relación política con el lugar en el mundo de hoy es más geográfica que social, más ligada a organizaciones administrativas territoriales que a relaciones sociales entre miembros que comparten algo más que un lugar, como explica el filósofo vasco Daniel Innerarity (2004, 100). En su reciente Postwar: A History of Europe Since 1945 (2005), el historiador británico Tony Judt explica la validez política del concepto estado-nación en el contexto europeo actual. Sitúa su legitimidad simbólica y humana en su capacidad (la del estado-nación) para legislar y administrar aquellos aspectos de la vida política y social de los ciudadanos a nivel individual y colectivo: la seguridad ciudadana y el estado del bienestar. Argumenta Judt: Mientras sea el estado —en lugar de un organismo supraestatal— el que pague las pensiones, asegure subsidios a los que están en paro y eduque a los niños, nunca se cuestionará el monopolio de la legitimidad política de ese estado 7 . (Judt 2005, 797). La Unión Europea se ocupa de asuntos económicos y sociales de gran envergadura, cuestiones que son de vital importancia para todo ciudadano, pero para Judt no todo se agota en los parámetros transnacionales: La quimera de que vivimos en un mundo posnacional o posestatal procede del prestar demasiada atención a los procesos económicos 'globalizados' […] y por asumir que ese mismo tipo de énfasis transnacional es el que opera en las demás esferas de la vida humana. Desde la óptica de la producción y el comercio, indudablemente, Europa se ha convertido en un fluido organigrama transnacional. Pero como espacio de poder o de legitimidad política o de afinidades culturales, Europa sigue siendo lo que ha sido siempre: un cúmulo conocido de estados-partículas. El nacionalismo tuvo su momento; pero las naciones y los estados perduran. (Judt 2005, 798-799)8. 7 Original: "So long as it is the state—rather than a trans-state entity—which pays pensions, insures the unemployed, and educates children, then that state's monopoly of a certain sort of political legitimacy will continue unchallenged". 8 Original: "The illusion that we live in a post-national or post-state World comes from paying altogether too much attention to the 'globalized' economic processes […] and assuming that
Sentimiento y (sin)razón política 397 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 social. Sin embargo, desde la ciudadanía se exige rabiosamente valorar la motivación de la acción política que desencadena la barbarie y la lógica de la lucha armada dentro de un estado que busca ser democrático. Hoy no nos queda otra ficha que mover a nivel de ciudadanía que la de condenar la ética que justifica la acción terrorista y supedita la democracia vasca a un largo proceso de reconciliación civil. No podemos hacer más que tratar de entender mejor la persistencia de esta lucha y empezar a insertar en los diferentes ambientes sociales (educativos, vecinales, sanitarios, laborales, políticos, medioambientales) comportamientos y actitudes morales que apaguen con un grado de compasión ese fuego apocalíptico. Se trataría, en otras palabras, de "desactivar," de rechazar la herencia cultural del autoritarismo autocomplaciente, instigador de privilegios, debilitador de valores de justicia y tolerancia, herencia imperecedera del franquismo y que ningún milagro político, como se nos ha hecho pensar del proceso de transición política a la democracia, puede solventar fácilmente. El escudo de Arquíloco: Sobre mesías, mártires y terroristas (2001) del antropólogo Juan Aranzadi se inserta en esta línea de reflexión. Inspirándose en el trabajo de la socióloga norteamericana Laura Desfor Edles, Symbol and Ritual in the New Spain: The Transition to Democracy after Franco (1998), Aranzadi sigue la argumentación "sacralizada" que propone la socióloga para el caso español y trata de entender qué hay de diferente en el País Vasco. Para el autor la transición a la democracia tras la muerte de Franco genera, en términos antropológicos, tres nuevos símbolos sagrados transicionales para la sociedad española: "el nuevo comienzo", "la reconciliación nacional", y "la democracia" como símbolo que "al coagular como 'política del consenso' permitió el rodaje del proceso ritual de la transición" (Aranzadi 2001, 540). Para la socióloga norteamericana los límites temporales del proceso giran en torno a las elecciones de junio de 1977 (la separación ritualista con el franquismo) y la aprobación de la Constitución de 1978 (la agregación de la democracia). Entre ambos destaca un espacio liminal-comunitario (los Pactos de la Moncloa de 1977) y la elaboración consensuada de la Constitución (Desfor 1998, 540). Los problemas de fondo de este planteamiento sobre la transición residen por un lado, en la reducción del cambio a un proceso fundamentalmente institucional, y por el otro, a su limitado marco temporal que elimina lo que para Aranzadi es la heterogeneidad real del momento de incorporación a la democracia de los diferentes grupos políticos e individuos de la transición política. Para el antropólogo vasco, este modelo cobraría mayor validez explicativa si fuese capaz de contemplar los diferentes ritmos, momentos de incursión e irregularidades que todo proceso político de estas características conlleva. Así se explicaría, por ejemplo, que en los últimos años se hayan producido movimientos de aproximación hacia las instituciones de la izquierda abertzale o que últimamente se observe cierta incomodidad dentro de la derecha española (sectores del PP y de la
Annabel Martín 398 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 Iglesia) con las instituciones cuando desde ellas se trata de promover una identidad política, social, cultural y humana menos uniforme dentro del estado. Es esta heterogeneidad la que echa abajo para Aranzadi el mito del "nuevo comienzo" que extendieron los medios de comunicación e historiadores del momento al centrar el futuro democrático del país en la existencia de "inocentes" no manchados por Guerra Civil, capaces de construir el futuro sin el peso de ese bagaje histórico. Arremete Aranzadi contra esta torpeza ideológica así: Dudo mucho que eso haya podido escribirlo un hijo de los vencidos, porque las consecuencias sobre sus descendientes de la represión, las represalias y las discriminaciones ejercidas hasta muy tarde por los franquistas contra los que perdieron la guerra distaron mucho de ser nimias o irrelevantes, como puede atestiguar cualquier hijo de republicano, de rojo o de separatista. […] Esta tesis no la puede suscribir sinceramente un hijo de vencido que no haya manipulado su memoria y renegado de toda piedad filial. (Aranzadi 2001, 540). Para ser efectiva, la transición democrática exigió grandes dosis de amnesia y de reescritura de la historia: el Rey Juan Carlos y la Monarquía tuvieron que ser desligados de su cohabitación con el régimen anterior; se consintió que la Iglesia Católica consagrara sus privilegios políticos, económicos y culturales indefinidamente incluso posibilitando su ingerencia en múltiples foros políticos; se otorgó un papel desmedido al Ejército en cuanto salvaguarda de la "indisoluble unidad de la Nación española"; y se diluyó el protagonismo que corresponde a la "voluntad popular, relegándolo a sujeto político secundario frente al protagonismo de la "Nación" o del Rey. Pero ante todo, se olvidó de la memoria al ningunearla frente a la Historia. Pasaron a un segundo plano todos aquellos españoles directamente afectados por la violencia franquista y necesitados de un espacio de reparación, justicia y duelo. La tensión latente en el binomio Historia-memoria es la que parece instigar ideológicamente en algunos momentos el terrorismo de ETA, violencia que hace que estas operaciones de borradura sean constantemente recordadas y manipuladas como tales, dificultando el proceso de cierre temporal con la dictadura. Para Aranzadi, al final de la dictadura ETA logra que el "rechazo mayoritario a la violencia represiva del Estado franquista se convirtiera en apoyo, aprecio, justificación, o cuando menos, tolerancia y disculpa de su propia violencia" (2001, 568). En su misma mitología operativa la ETA de la transición promovió una continuidad histórico-simbólica entre sus militantes y los gudaris del Gobierno Vasco de la República y también consiguió hacer de la guerra del 36 "una guerra más patriótica que civil," (2001, 568) es decir, más una guerra de
Sentimiento y (sin)razón política 399 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 españoles contra vascos que no una contienda donde vascos de diferentes tendencias políticas lucharon entre sí por causas y objetivos de calado político muy distintos. A finales de los años 70, la izquierda abertzale rompió con la ideología del "nuevo comienzo" y de la "reconciliación nacional". Había una deuda histórica con Euskadi que exigía un compromiso en la lucha armada 12 . Sin embargo, ETA presentaba una ceguera moral en cuanto a la piedad social a incorporar a su discurso si quería mover políticamente al país a un terreno distinto. No estaban libres de su propio enquistamiento y muerte política al seguir un modelo político y existencial que Aranzadi califica de "milenarista" por su grado de participación en los mitos de la marginalidad redentora y énfasis en la muerte y renacimiento (Aranzadi 2001, 573) 13 . Por otro lado, ese mundo complejo y heterogéneo de partidos políticos marginales, sindicatos, asociaciones civiles que cuajó en torno a Herri Batasuna fue institucionalizándose progresivamente y enfrentándose a una paradoja de muy difícil solución: "aquello mismo que la alimenta ideológicamente, la cohesiona emocionalmente y la financia (ETA) constituye el principal inconveniente para su consolidación institucional" (Aranzadi 2001, 573). Proceso que dura hasta nuestros días en el entorno de Batasuna, como se ha podido constatar tras la ruptura de la última tregua, o el que pueda estar sufriendo la coalición de ANV en curso de investigaciones judiciales sobre su relación o no con ETA. ¿Por dónde tejer, entonces, un espacio de reconciliación? Me parece imposible no centrar cualquier planteamiento de futuro digno y pleno para el País Vasco sin otorgar una presencia central a la memoria civil, una memoria centrada en la recuperación para la sociedad vasca de las víctimas del terrorismo, de los inocentes no por ideología o convicción política sino por haber pagado con sus vidas por un modelo heroico, justiciero, mitológico y redentor de sociedad. No basta con discursos de perdón - imprescindibles, sin lugar a dudas - como el mencionado más arriba por parte del lehendakari Ibarretxe o con tramitar legislación como la Ley de Reconocimiento y Protección de las Víctimas del Terrorismo. Indudablemente, son medidas sustanciales por ser los primeros retoques institucionales que harán posible incorporar al Otro al discurso público. Pero, si el objetivo es perfilar una sociedad verdaderamente compasiva, es decir, una sociedad que se resiste con pasión y convencimiento a cualquier intento de empequeñecimiento moral, no basta con pequeños retoques legislativos; nuestra meta se habrá alcanzado cuando la otredad política, cultural, 12 Esta insatisfacción histórica con la política del momento también pudo verse en los múltiples grupos y asociaciones políticas de izquierda, críticos con la programación desde el estado de la transición en marcha desde la Moncloa y especialmente sensibles a los procesos estatales de amnesia selectiva y pragmática. 13 Véase su Milenarismo vasco: Edad de Oro, etnia y nativismo (2000).
Annabel Martín 400 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 sexual, racial, lingüística, de edad, clase o condición física no sea "inimaginablemente extraña o incomprensible" (Nussbaum 2001, 171) 14 . La filósofa norteamericana Martha Nussbaum, teórica del sentimiento y de su engarce con la razón política, nos habla en Upheavals of Thought: The Intelligence of Emotions (2001) sobre tres condiciones cognitivas que deben producirse para que se produzca en nosotros el sentimiento de la compasión: (1) el valorar el sufrimiento ajeno como agravio serio, digno de atención; (2) el tener el convencimiento de que la víctima no merece ese sufrimiento; y (3) el sentirse vulnerable y susceptible de sufrir el mismo tipo de injusticia que la víctima (2001, 306-7), siendo ésta última la condición epistemológica imprescindible para que surja la compasión entre los seres humanos. Si repasamos la falta de solidaridad hacia las víctimas del terrorismo de ETA, ¿cuántos ejemplos no podrían citarse de justificación del atentado o muerte de personas en base a la negación de alguno de los tres puntos citados anteriormente? ¿Cómo se interpretan si no los comentarios de tipo, "Algo habrá hecho," o el sentirse protegido y desvinculado de las víctimas por militar en el partido político adecuado? ¿Qué hay en la sociedad vasca, o mejor dicho, qué falta o queda por desarrollar en nuestro entorno, para que unánimemente pensemos, como nos enseña la tragedia griega de los clásicos, de que el Mal que le acontece al Otro corre ajeno a su voluntad, de que toda vida humana guarda un grado de dignidad inviolable, de que traspasar esta frontera tabú es herir a escala mítica el tejido social de la sociedad? ¿Cómo podemos desarrollar políticas, actitudes vitales, conciencias, que desculpabilicen a las víctimas? ¿Por qué ha resultado legítima en algún momento esa falta de compasión? Nussbaum acierta al explicar cómo la sociedad que sabe incorporar esta visión "trágica" (literaria) de la compasión lo hace partiendo del convencimiento de que las víctimas son agentes sociales antes que víctimas. Es el paso del uno al otro lo que convierte en trágica la victimización de cualquier ser humano. Es la pérdida de esa condición en activo, el malgasto y desperdicio de creatividad y vida humana lo que convierte a la situación en trágica y despierta en los demás la escucha, la acogida, la identificación: la compasión. En el contexto vasco las fronteras entre agentes sociales y víctimas no siempre han estado claras ni han motivado el debido rechazo de la sociedad. En muchos casos, las muertes y acosos por parte de ETA no hicieron más que constatar que una parte de la sociedad los consideraba muertos "legítimos," ajenos al reconocimiento como agentes sociales de pleno derecho. Las razones de su otredad son múltiples: abarcan desde las convicciones políticas de los muertos y amenazados más recientes hasta la participación en las fuerzas represivas del franquismo de los primeros asesinados. Todos ellos tienen en común el haber sido borrados 14 Original: "unimaginably foreign or uninhabitable".
Sentimiento y (sin)razón política 401 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 de la memoria política colectiva y el no haber encontrado su recuerdo ningún acomodo en la sociedad donde perdieron sus vidas por estar ésta todavía imbuida en una lógica política de agravio y no de reparación compasiva, e incluso de perdón. La sociedad mejora su talante moral cuando es capaz de verse a sí misma como una colectividad compuesta por ciudadanos-víctimas y no por individuos incapaces de reconocerse en el Otro, patológicamente narcisistas. El camino para alcanzar el objetivo del reconocimiento de la otredad solo se logra mediante estructuras sociales y legales que así lo garanticen porque como Nussbaum nos recuerda, "la compasión no es espontánea" (2001, 422). Desde este punto de vista, leyes como la de La Memoria Histórica, o Víctimas del Terrorismo, comienzan a perfilar parámetros de reparación y de memoria para las víctimas y sus familias. Sin embargo, el proceso no puede terminar ahí, porque también a nivel personal, en las psicologías particulares, queda una labor ético-política a desarrollar. Y aquí es donde obra otra fuerza: la de las artes. Se concede poca importancia al papel fundamental que juegan las humanidades (la literatura, el cine, las artes plásticas) en la formación ciudadana. Los griegos lo tenían más claro que nosotros. Sabían que los protagonistas de sus tragedias ofrecían una pedagogía ciudadana de vital importancia: permitían a los espectadores convertirse en el Otro en pensamiento y sentimiento. Y al igual que la buena fotografía, aquella que nos revela lo que Barthes teorizó en su día como el "punctum", o grado de choque emotivo (1981, 26-27) para traspasar las capas de olvido y de realidad, las artes ofrecen tanto un paisaje espacial (un lugar para la memoria) como una distorsión temporal para recrear el engarce entre pasado-presente-futuro. En el proceso de creación se atisban registros lógicos ajenos a meras convenciones temporales. El espacio creativo que nos interesa para este proyecto traspasa nuestro sentido cartesiano de la realidad, ya que la veracidad que se busca para esta nueva pedagogía cívica es veracidad a nivel de significación, no de mimesis. La veracidad de las artes es moral, "punctual" (Barthes), ontológica por saber recuperar y transformar lo cotidiano, lo invisible, lo rutinario, en conjuro. Estamos ante un "afinamiento" de la visión, no tanto para crear una nueva realidad-suma más compleja y heterogénea (que también), sino para concebir la realidad más como un paradigma cuyo acercamiento más fidedigno signifique hacerlo desde la temporalidad simultánea, desde lo no fáctico, desde la memoria, en suma, por ser ésta la huella de nuestra humanidad recuperable. Los escritores lo entienden muy bien. Philip Roth, el autor con el que comencé estas reflexiones, escribe en Operation Shylock: A Confesión (1994) sobre la veracidad de los testimonios de los campos de concentración judíos así:
Annabel Martín 402 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ¿Son las historias fieles y verdaderas? Yo nunca pregunto por su veracidad. Las considero obras de ficción, que como tantas otras, proveen al narrador con la mentira con la que podrá exponer su verdad inimaginable. (Roth 1994, 64)15. En el contexto vasco, Bernardo Atxaga hace que uno de los protagonistas de su novela El hijo del acordeonista (2004), Joseba, escritor y ex militante de ETA, explique a un preso común por qué escribe historias en la cárcel: "De alguna manera hay que decir la verdad" (2001, 401). Joseba sabe que es solamente a través de la escritura, de la magia literaria, cómo en su caso "la verdad adquiere en la ficción una naturaleza más suave, es decir, más aceptable" (2004, 407). Sin esta "transfiguración" (2004, 473) estaríamos ante una realidad fáctica limitada epistemológicamente en su linealidad temporal. Como también lo afirma la crítica Annette Wieviorka en su trabajo sobre los testimonios del holocausto: Los historiadores pueden leer, escuchar, y contemplar los testimonios sin pretender buscar lo que saben que será imposible encontrar—la clarificación exacta de los hechos, lugares, fechas, y números, incorrectos siempre con la regularidad de metrónomo—pero sabiendo además que el testimonio encierra otra clase de riqueza extraordinaria: el encuentro con la voz humana que atravesó la historia y de manera indirecta no con la verdad fáctica de los hechos sino con la verdad más sutil e indispensable de una época y experiencia. (Wierviorka 2006, 149) 16. En conclusión, la nación de la memoria será aquella que sepa construir su futuro desde el conocimiento y sensibilidad de que el pasado no es un monumento ni es un posicionamiento terapéutico, un olvido que hay que recuperar para sanar un "mal" colectivo. La moralidad que pretendimos desarrollar en estas reflexiones es política. El pasado, la memoria de las víctimas, no es un peso sobre nuestras espaldas, una deuda pendiente. O no 15 Original: "Are histories accurate and true? I myself never inquire about their veracity. I think of them instead as fiction that, like so much of fiction, provides the storyteller with the lie through which to expose his unspeakable truth". 16 Original: "Historians can read, listen to, and watch testimonies without looking for what they know is not to be found—clarification of precise events, places, dates, and numbers, which are incorrect with the regularity of a metronome—but knowing also that testimony contains extraordinary riches: the encounter with the human voice that traversed history and, in oblique fashion, not factual truth but more subtle and also indispensable truth of an epoch and of experience”.
Sentimiento y (sin)razón política 403 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 sólo es eso. Es ante todo, un nudo de saber-sentir que nos ayuda a abrir nuevos canales para luchar no sólo contra la violencia política en su sentido más literal, sino la piedra fundacional con la que buscar nuevas pedagogías cívicas para combatir la discriminación en sus múltiples facetas (lingüísticas, raciales, culturales, sexuales), para mostrarnos reticentes ante los intentos de seducción de la identidad cultural simplista, para saberse posicionar claramente contra el racismo y la xenofobia, para entender las profundas desigualdades económicas que articulan nuestro mundo. Pero ante todo para no eliminar la disidencia. Así es como se vive con el pasado: haciendo del presente un lugar más habitable y mejor amueblado. Porque como nos recuerda Julia Otxoa, "No será desde luego / hundiendo el tenedor / en el corazón de las golondrinas, / como nos alimentaremos de libertad" (2000, 35).
Annabel Martín 404 ISSN: 1696 - 2508 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 Bibliografía Aizpeolea, L (2007, 10 de junio). Así fue el diálogo con ETA. El País Domingo, pp. 1-5. Aranzadi, J (2001). El escudo de Arquíloco: Sobre mesías, mártires y terroristas. Madrid: Antonio Machado Libros. Aranzadi, J (2000). Milenarismo vasco: Edad de Oro, etnia y nativismo. Madrid: Taurus. Atxaga, B (2004). El hijo del acordeonista. Madrid: Alfaguara. Atxaga, B (1999). Echo de menos la definición de nuevo horizonte utópico. Elkarri 50, 18-29. Atxaga, B (1996). Globalización y fragmentación. En Francisco Jarauta (Ed.), Egungo Mundaren Globalizazio eta Framentazio. Globalización y Fragmentación del Mundo (1526). Donosita: Arteleku Cuadernos. Barbeta, J y Orovio, I (2007, 25 de febrero). Entrevista Arnaldo Otegi, líder de la izquierda abertzale: "El Estado español no tiene que pagar un precio político a ETA ni a nosotros." La Vanguardia, pg 18-19. Disponible desde Internet en: <http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/2007/02/25/pagina18/55758964/pdf.html?search=Barbeta> Barthes, R (1981). Camara Lucida: Reflections on Photography. Trad. Richard Howard. New York: Hill and Wang. Baudrillard, J (2005). The Intelligence of Evil or The Lucidity of the Pact. Trad. Chris Turner. New York: Berg. Baudrillard, J (1991). La transparencia del mal: Ensayo sobre los fenómenos extremos. Trad. Joaquín Jordá. Barcelona: Anagrama. Desfor Edles, L (1998). Symbol and Ritual in the New Spain: The Transition to Democracy after Franco. New York: Cambridge University Press. Gilroy, P (1993). The Black Atlantic: Modernity and Double Consciousness. Cambridge, Massachussets: Harvard University Press. Hernández, J y Guerrido, C (2007, 25 de agosto). Sientes el horror de despertar pegado al techo. El País. Disponible desde Internet en: http://www.elpais.com/articulo/portada/Sientes/horror/despertar/pegado/techo/elpe pipri/20070825elpepipor_3/Tes "Ibarretxe pide perdón a las víctimas del terrorismo etarra." El País 22 de abril de 2007 (vídeo). Innerarity Grau, D (2004). La sociedad invisible. Madrid: Espasa Calpe. Jáuregui Atondo, R (2007, 14 de junio). Lecciones para todos. El Correo. Disponible desde Internet en: <http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20070614/articulos_opi_viz/lecciones -para-todos_20070614.html> Juaristi, J (2007, 8 de abril). Entrevista a ETA: '"Si desaparecen los ataques, estamos dispuestos a asumir compromisos firmes con un escenario sin violencia." Gara. Disponible desde Internet en:
Sentimiento y (sin)razón política 405 IC - 2009 - 6 / pp383 - 405 ISSN: 1696 - 2508 <http://www.gara.net/paperezkoa/20070408/12123/es/Si/desaparecen/ataques/es tamos/dispuestos/asumir/compromisos/firmes/escenario/sin/violencia>. Judt, T (2005). Postwar: A History of Europe since 1945. New York: Penguin. Ley 24/2006. Declaración del año 2006 como Año de la Memoria Histórica. BOE 162 (8/7/2006), 25573-25573. Martín, A (2003). A Corpse in the Garden: Bilbao's Postmodern Wrappings of High Culture Consumer Architecture. Arizona Journal of Hispanic Cultural Studies, 7, 213-230. Mbembe, A (2003). Necropolitics. Public Culture 15.1, 11-40. Nussbaum, M (2001). Upheavals of Thought: The Intelligence of Emotions. New York: Cambridge University Press. Otxoa, J (2000). La nieve en los manzanos. Málaga: Miguel Gómez Ediciones. Roth, P (1993). Operation Shylock: A Confession. Random House/Vintage Internacional. Roth, P (1990). Deception. New York: Random House/Vintage International. Unzueta, Patxo (2007, 21 de junio). El economista inglés. El País. Disponible desde Internet en: http://www.elpais.com/articulo/espana/economista/ingles/elpepiopi/20070621elpepin ac_5/Tes Wieviorka, Annette (2006). The Witness in History. Poetics Today 27.2, 385-397.