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Juan de Navalla

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JUAN DE NAVALLA. PRIMERA PARTE. &>í. Dios con su poder inm^so, ygrandeza soberana, ysu Santísima Madre María llena de gracia le den acierto ámis~ versos, |y úmis voces consonaocia, para que acierte ádecir, al punto sin faítar nada, un suceso rr.inerioso, fina maravilla rara éigna de que se publique, yque notoria se haga por toda ia Cristiandad, para que impresa ygravada, ápesar de largo tiempo, quede en lílminas doradas; porque por Ley natural, por Ley Divina yhumana guardemos las tres virtudes, que de el'as son deribadas Fé ,Esperanza yCaridad, como Dios lo quiere ymanda, dtxando de usar rigores. yliranias ingratas, intereses yrencores, tliscordias ,iras ,venganzas, soberbias yvanidades, luxurbs ydestemplanzas, crueles rabias, éinviiias, que son álos hombres causa de su total perdición, para que sus pobres almas padezcan para en eterno, sin que sean perdonadas. No viváis tan descui.J.'dos, tEtrad ,que la horrible parca, sin un punto detenerse, Cort íido !.as ír.íeses anda, Mieses som las criaturaSj, que en el mundo son criadas, yen comp iéndose aquel tiempo lirTíltudo ,que les haya puesto su gran Criador, al punto serán cortadas las espigas de sus Vidas, ya sean cortas ,ólargas; muy largas no podrán ser, porqne si bien se repara, por mucho que haya vivido, les parL'cerá que es nada en llegándose la hora postrera de su jornada. Hombre mira ,que té advierto, que está tu alma empeñada en que ha de pagor las deudas, que tu mortal cuerpo íiága, sin poder faltar áe;lo,. quando de este mundo vaya, yjuntamfTte te advierto, para que en culpa ne caigas, que han de poner en un peso tus obras buenas ymalas, ysi por tu desventura las mala.s sen mas pesadas, has de nmrir condenado Áarder en eternas llamas. ^£Í per dicha pesaren las huecas oías que las malas, Irás triunfarte ála Glotia ágozar dichas sin tasa con los Bienaventurados, •f»ngfcíes ,Sa.rtos ySantas. Con esta prueba hago f)unto, yvoy ála circuofítancia del nuevo predigin ,ydigo, que en la Ciudad mas nombrada, que es Alicante la bella, f?moso pfierío de España, en e.sta Ciudad, vivía . nn hombre, que se ocupaba en adoMiristrai hocicnoas, yeo cobrar las alcabalas, éi quai era tan tirano, que tarde ónunca pegaba á¡os que estaban sirviendo* de criados en su casa. Entre ellos un despensero tenia ,que niuestra daba de ser hombre muy cabal de la Nación Galiciana, que era natural de Tui, llamado Juan de Navalla. Este le sirvió seis años, yviendo que no cobraba para poderse vestir, yque su ropa está ajada, un dia dixo :Señor, yo quiero irme ámi Patria, aju.steme usted la cuenta' * áver lo que nre restaba; > mas tirano le responde con voces muy destempladas: vayase quando quisiere, que su cuenta está ajustada, 'mas me debe ,que ie debo; ysi en eso mas me habla lo be de poner en la caicel, para que bueno tne haga todo le que me ha usurpado, ylo hs envisdo ásu casa. El m<¿ü que riquesto oyó, sin icspoticerle palabra ce aüi se salió afiigíio yal Goberfiíidiof buscaba para que le baga justicia, " yel di.nero le cobrara. Kespondió el Gíobernador, diciendeie, que le traiga testigos, que io declaren, yque la verdad juraran, ycemo no halló testigos, muy íflígido ^.andaba. Vestantío en el campo solo at rimado áuna muralla, Vió ,que ácía éi se vetiia un Caballero ,yle halda; preguntóle por su Amo, yél dixo ;que ya no estaba con él .porque de diez años el salario ie rtegaba. Dixole :Pues yo te traigo lina conveniencia hidalga, gue como tu cuatro meses me sirvas ,te doy palabra de cobrarte tu dinero sin que pierdas una blanca. En fin aceptó el partido, «n saber eon quien trataba. Era el dicho Caballero el Demonio en forma humana, el qual le dixo ;Por donde fuere yo, sígueme ymarchia, ásete de este bastón, por ser cosa que me agrada, yen un insíaí‘íte se bc^í jaron' deiíinte de una portada de un suntuoso Palacio, que de verio se admiraba, ycon bastante recelo preguntó Juan de Navalla: Señor ,qué Palacio és este: L'ixo el Diablo :Esta es la casa donde pagan los que. deben, sin quedar ádeber nada, yen este qoarto de afuera bas de tener tu habitsnza, squi tendrás que comer, ytambién tu buena cama. Ten asi ,toma esta llave para que cierres yabras, yaboque veas, yque oigas cosas que asombran yespantan, fe ti no te dé cuidado, que ei Aitísínio te ampara. -Llegó el Demonio áia puerta yapenas un golpe daba, salieron árecibirlo de criados ycriadas gran multitud, que humillados íi sus pies se le postraban. Yel arrojando centellas, íes dixo con voz airada. Ahora me pagareis la demasía ytardanza, ycon el bastón átodos tantos palos descargaba, que los dexaba por muertos yluego se levantaban, yles volvia áembestir con mas encendida rabia. Asi se entraron aientro, ycon gran miedo Navalia, solo se quedó en su quarto, que apenas determina'ba si era noche, ósi era dia en tan lóbrega hibitanza, encomendándose áDios, yála Virgen Soberana. Vdentro de poco rato reparó ,que lo llamaban diciéndole: Mira, mozo, yacucio áver que le mandan álá puerta de Palacio, ydos mti'Os le entregaban aparejados ,ydiceri: Anda ,yde aquella montaña trae dos cargas de carbón, que aiii está don-de se labra, ymira que vengas presto, ’ que no te dilates nada: mira que en este Palacio el que liberal no ands se le castiga de muerte, yse le confunde e! abna: Tomó Navalia ios mulos, yllegando áia montaña, viuü que toda la tierra negro carbou hecho estaba, c^rgó las cargas apriesa, yvolvió con vigilancia, el que salió árecihirlos. pór(|ue él adeatro.no entraba, le d.xü ai muid primero: Vén acá perro ,no andas. cesfomulgado, maldito? Ycon una fuerle msKaí le descargó eii la cabeza, <|U5 en tierra lo derribaba, cora ei oiro hizo lo mismo, yluego con otra maza de hierro, que era ma$ grande, muy fuertemente les da^ hasta que dando alaridos hizo que se levantaran, y<íou estruendo ytropel adentro corriendo entraban, yen an instante volvieron, yantes que los descargaran volvieron ácastigarlos, dáruJolcs con las dos mazas tanto que echarles hicieron por la boca las entrañas, yluego le señalaron una vereda escusada, diciendole: por allí hallarás otra montaña, que es toda de piedra azufre, yde alli traerás tíos cargas, ymira de que te encargo, que aqtii vuelvas sin tardanza, mira que en este Palacio ei que un instante se para, ámazazos se le hace, que eniieudan io que le mandím. Asi N-ayalia lo hizo, ycon las acostumbradas circuí'i sta ncias rtferitías, sin '<]ue otra novedad haya, al iestuvo caa.Lro meses, Sin que oyera mas pala.bra, que eran paras maldiciones, Con licencia blasfemias ,votos éinfamias desesper¿>ciones ,-iras, tormentos ,fatigas yansias, aullides, gemidos, qaexas, alboroto ,grita yausia, como si llovieran rayos, yse hundieran muchas casas. Yal cabo de aqueste tiempo, que el trato ctjmplido estaba, ála puerta del Paiado quaíro Soldados de guardia pusieron ,yse asoui 6 arrojando vivas llainas un horroroso Demonio, yasi dixo estas palabras: Navalia ,aa me conoces ? Muye de mi furia ysaña, que soy quien puede abrasare# solo con una mirada. Desvíate^ yno te arrimes, que soy ,te digo en siimaria, el Amo áquien has servido con cuidado yvigilaocia, yes justo que te se pague, yque te se dé una carta para ei traidor de tu Amo, yagradece 4las Estampas, yesos papeles que tienes en tu defensa ycompaña, que si no, pidiera ser que acá dentro te quedaras ' úpadecer para siempre las penas que aqui se pasan.^ En donde ios dexarenios por acabar esta plana, yen otra segunda parte diré lo demás que falta. En Córdoba ,en la Imprenta de Don Rafael García Rodríguez ,Calle de la Librería.