La conquista de Valencia : romance histórico
Full text
J tI?o'2 Erase en ei mes de Agostoj ’principios del siglo trece, cuando de Aragón D. Jaime ^^'el Primero se resuelve áconquistar áValencia, bella sultana que mecen del Guadalaviar las aguas, retratando en su corriente las arabescas bellezas de tallados agimeces. Zaen valiente reinaba f en esta región ,do crecen las palmeras que hasta el cielo sus ramas gigantes tienden. De Monzon en el castillo el mes de Octubre siguiente ‘-se convocaron las córtes Iñ. la voz del rey, que siempre ¡J gustó escuchar de sus nobles 1los distintos pareceres, 1.yel esforzado consejo li de oficiales yde gefes. \Las córtes allí reunidas, ra al ver lo que el rey pretende, 0cual si fueran un solo hombre Kacuyo esfuerzo potente íse derrumban las murallas, llos obstáculos se vencen, lyde la espada la punta jalcanzando vá la mente ^áconquistar áValencia íosadas se comprometen . i,Al buen D. Guillen de Enteriza, 5el tio del rey, conceden ^ el mando de la frontera, ^ygeneral de las huestes laragonesas le nombran, I-cual ásu esfuerzo compete, ^Nque es D. Guillen un anciano ¡de ancha yarrugada frente, lque en cada arruga una hazaña ^el valor en ella envuelve. \Comienza por la frontera ládistribuir su gente, ¡yen Poyo Santa María ?con sus tropas se hizo fuerte. 'i Zaen, el rey de Valencia, $al,ver que audaces pretenden Idespojarle de su reino \los tercios aragoneses, labandona su palacio, ^levanta en armas sus gente€>
BIBLIOTECA DK LA 1LU8TBAC10N POPULAS. ydejando atrás Valencia, qne mnellemente adormecen mil aromas que saturan sus auras tibias yleves, con seiscientos de ácaballo^ bien armados yvalientes, ycuarenta mil peones, de sus tropas el dórete, , marcha áatacar el castillo que los cristianos guarnecen. ***** ••••0* Era del Señor el año mil doscientos treinta ysiete, yalguna nube lijera por,el espacio cerniéndose, fuerte calor presagiaba, pues el verano era fuerte. El Vigía del castillo del Poyo, ála luz naciente de la aurora que asomaba desvaneciendo los pliegues del manto con que la noche cielo ytierra en sombra envueldistinguió lejos, muy lejos, (ve. una masa que creciente iba ásus ojos mostrando cual una argentada sierpe que del camino álo lejos tal ádistancia parecen de los aceros las chispas ybrillo de los almetes» «El enemigo» se oye átravés délas paredes * elevadas del castillo, en tanto que el suelo hieren el choque de los aceros con su arrastrar estridente, ylas ferradas espuelas ' yel casco de ios corceles. ^ Ien confusa gritería agitados sa revuelven hombres ,armas ycaballos, hasta que al fin aparece el buen D. Guillen de Entenza, í'ugosa frente brillan dos ojos de fuego c^'spas-desprenden. Oruzá el de Eatenza los brazos, cpatemplando ásu ffente, •»n pausada voz les dijo ycon acento solemne: —Por Dios, que mas que suldadijérase sois mugeres, \do8 pues la voz de «el enemigo» oülla tal entre vos mete. No 08 conozco, ¡qué magüer! los bravos aragoneses ante el peligro la voz anudaban, porque siempre de sus aceros las lenguas agudas yrelucientes fueron para sus contrarios la fabla mas elocuente. Viene el enemigo, ¡y bienl... ¿por qué las armas tenedes? ¿qué, los cristianos guerreros miedo habrán de los infieles? Del de Entenza las palabras en bélico fuego encienden el pecho de sus soldados, ytodos luchar prometen cual siempre luchar supieron los bravos aragoneses. «No entre los muros se aguarda cuando el soldado es valiente,» siguió D. Guillen diciendo, «que si los muros son fuertes, ser mas fuertes que los muros los pechos cristianos suelen. Quien quiera vencer, afueraj quien tenga miedo, que quede.» El sol con sus rayos de oro sobre las cumbres se mece de los elevados montes, en tanto que las dos huestes al encontrarse se chocan con tal furia, que parece „ que los elementos todos > su imperio en el valle ejercen ^ Alos disparos de flechas cruzanse masas potentes, y^hoque de los aceros, ytJ*otar de los corceles, : y<<adelante» gritan yyos atrás retroceden, blasfema 6fnJ^.P^®&aria ardiente, oel lastimero quejido v’ del que herido al suelo viene.
p_LA CONQUISTA .De Zaeu las bravas tropas ^ni un palmo en terreno ceden, ^yante el número se estrella de los cristianos valientes - el empuje poderoso. Ya del de Entenza las huestes u: agobiadas ante el número el rojo terreno ceden, cuando airada ycavernosa oyen la voz de su gefe que «por S. Jorge,» les grita, (1) «adelante, aragoneses.» Yála cabeza cargando de un puñado de ginetes, abre la masa compacta de los infantes infieles, por la cual entra su ejército ;yálos moros acomete con tal ímpetu ,que ávaras ,ycon desaliento ceden el terreno álos cristianos, \cuyo valor en pos crece 1del terror que en la morisma la derrota en torno envuelve. Brillante fué la jornada, pero Dios quiso que fuese tras de brillante gloriosa, Ipues en cuanto al fuerte vuelven ’del de Entenza los soldados, 1ya ven qué fulgor desprende eaderedor la campana que la alta torr^ guarnece. Suben allá, yla rodilla ihincan aquellos valientes, [pues una imágen sagrada ^de la Virgen aparece íoculta en el ancho hueco de la campana del fuerte. \ Ti- *^ Supo ^1 rey en Zaragoza nueva tan fausta yalegre, yal punto la marcha ansioso ^ _^ácia el Poyo audaz emprende, resuelto átomar Valencia aunque la vida le cueste. Atiempo llegó D. Jaime v ti’ i (t) Después de esta batalla se publicó Que San Jorge habia peleado con los cnsl'^eoos. VALENCIA. 3 al Poyo, que ya la muerte sus negras alas tendia sobre el lecho en que doliente el buen D. Guillen de Entenza presa de violenta fiebre xnaLcaballero ycristiano le rindió' al Omnipotente la vida que disputara al furor de los infieles. Del Poyo la grari capilla manda D. Jaime que cuelguen, yante la Imágen sagrada yante el cuerpo del valiente, juramento ásus soldados les toma, en que le prometen, óconquistar áValencia, óperecer como héroes. ¿Visteis cual el huracán troncha yarrastra las mieses, yderrumba las encinas, jdespeña las inertes rocas gigantes, que solo el águila hollarlas puede?... Así D. Jaime ysu ejército llegan, arrancan yvencen, ylos moros, cual el ave que vé sobre ella cernerse el gavilán que en su vuelo cual la ñecha el viento hiende, sus hogares asustados abandonan con sus bienes, yBétera yAlmenara, Bulla, Burriana ylos fuertes desde Nules áMurviedro toman los aragoneses. Temeroso Zaen envia '^"^ de parlamento patentes al esforzado D. Jaime, el cual responde, que piense en defender áValencia Zaen, si acaso le teme, pues que tomarla ha jurado, yha de tomarla, yen breve. Con mil peones tan solo ycuatrocientos ginetes, álos muros de Valencia áponer el cerco viene el rey D. Jaime, que fia en Dios yen su buena suerte. Entre la puerta templar]^
4BIBLIOTECA DE LA yla jaurcana estiende el rey D. Jaime sus tropas, porque allí el muro le ofrece cierto ángulo ,que abrigo álos infantes promete ycomodidad holgada "— para trabucos yarietes. Zaen intentí) que al campo los de D. Jaime saliesen, mas en vanelo intentaba, que los cristianos, mas fuertes sojuzgaban ante el muro, fortificándose siempre, yaguardando que llegase un escuadrón de franceses, que el obispo de Narbona escogió como valientes. Ya desalentados iban áentregarse ,cuando tienen aviso de qiie en el Grao sobre las aguas so mecen turcas galeras ynaves hasta algunas diez ysiete. Airados, una salida ante el refuerzo pretenden, yáD. Jaime, que mandaba álos cristianos, le hieren con una aguda saeta que le penetra en la frente. El conquistador la arranca, ycon el mandoble emprende áaquella turba cobarde que ante su aspecto imponente hasta las puertas ansiosa en dispersión retrocede. Yal terror de la derrota . sigue el espanto, al saberse que las galeras el ancla han levado, porque temen ála armada que en Tortosa se ha formado yque en pos viene persiguiendo álas galeras que ni recursos ni gentes prestar pueden álos moros. También la nueva se estiende de que D. Pedro de Azagra ^ieneícon golpe de* gente' ILUSTRACION POPULAR. ?con D. Gimeno de ürréa, >yque rendido ya tienen Iel fuerte pueblo de Silla. ^Ya derrotado éimpotente \tuvo el soberbio Zaen ~V^qne-Xi^ndirse, yya previene 1áHalialbata su privado, 5que áparlamentar se apreste. ITambién Abulhamalet, 1sobrino del rey, conviene ien hablar al rey cristiano, yante un concurso de fieles ^acuerdo por ambas partes se tomó, yera el siguiente: ^«El rey Zaen áValencia 1al punto áD. Jaime entregue, ^con las villas ycastillos jque están del Júcar aquende; salgan los moros también, ¡ymarcharse libres pueden I^con toda su plata yoro jysus hijos ymugeres ¡hácia Cullera óáDenia, >ylos cristianos que dejen ^salir libré átodo el mundo, ^pues que clemencia le debe iel vencedor al vencido. IQue las treguas se respeten ' ¡por término de ocho años, ^yen cinco dias despejen ^los moros ála ciudad, ^para que los nuestros entren.» r >La víspera del Arcángel, >áúltimos de Setiembre, en Valencia aposentaron >las aragonesas huestes. >D. Ferrer de San Martin, 5con aparato solemne Ilas mezquitas consagraba ltemplos del Omnipotente, Iyen un solemne Te-Deum Iálas regiones celestes ^cantos de gozo llegaban, jque con acento ferviente / >la Conquista de Valencia \ála Virgen le agradecen. LisARDO. Impreutade José M. Ayoldi.