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La palabra lacerada. Celan desde Derrida

Núñez, Marco A.

Abstract

Para Jacques Derrida, la “literatura” es una cierta práctica de escritura que desestabiliza y suspende los límites del sentido. Nuestro propósito en este artículo no es ofrecer una mera paráfrasis de la lectura derridiana de ciertos poemas de Paul Celan, sino mostrar cómo desde el despliegue estratégico de la lectura deconstructiva se manifiestan los límites de la legibilidad en el texto poético del rumano desde el momento en que no hay un sentido originario, haciéndose refractario a toda lectura que pretenda dominarlo desde presupuestos extra textuales.

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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 54, julio-diciembre (2016) pp.: 111-124. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2016.i54.06 LA PALABRA LACERADA. CELAN DESDE DERRIDA LACERATED WORD.CELAN FROM DERRIDA Marco A. Núñez1 Investigador independiente Recibido: 31-8-2015 Aceptado: 24-1-2016 Resumen: Para Jacques Derrida, la “literatura” es una cierta práctica de escritura que desestabiliza y suspende los límites del sentido. Nuestro propósito en este artículo no es ofrecer una mera paráfrasis de la lectura derridiana de ciertos poemas de Paul Celan, sino mostrar cómo desde el despliegue estratégico de la lectura deconstructiva se manifiestan los límites de la legibilidad en el texto poético del rumano desde el momento en que no hay un sentido originario, haciéndose refractario a toda lectura que pretenda dominarlo desde presupuestos extra textuales. Palabras clave: Jacques Derrida; Paul Celan; deconstrucción; escritura; legibilidad. Abstract: For Jacques Derrida, “literature” is some practice writing that disrupts the bounds of sense and highlights the limitations of the critical languages. Our purpose in this paper is not to offer a mere paraphrase of Derrida’s reading certain poems of Paul Celan, but to show how from strategic deployment of the deconstructive reading, the limits of readability manifest in Celan’s poetic text from the moment there is no original meaning, becoming refractory to every reading that seeks to dominate from extra textual budgets. Key Words: Jacques Derrida; Paul Celan; deconstruction; writing; readability. 1. ([email protected]) Licenciado en Filosofía y Filología Hispánica, Profesor de Filosofía y Letras en Educación Secundaria. Marco A. Núñez Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. 112 La palabra lacerada Derrida y Celan, durante los escasos encuentros breves que dispuso Peter Szondi en París, allá por 19672, compartieron más el silencio que la conversación. Cruzaron palabras por escrito en forma de dedicatorias en libros que intercambiaron. Más tarde, Derrida dirá que en aquella escritura descubriría que Celan llegó a profesarle algún afecto. En cualquier caso, Celan se va a convertir en una presencia fácilmente rastreable en los textos del franco-argelino más allá de los pocos y breves escritos que le consagre. Y lo va a ser por una razón, Celan constituye el paradigma de lo que Derrida consideraba “Literatura” en oposición a “Las Bellas Letras”3, esto es, un tipo peculiar de textos que, al menos desde Mallarmé y por su tendencia a liberar al lenguaje del referente4 y señalar una otredad que no puede ser asimilada a la identidad, condenan al fracaso el discurso crítico en su intento por determinar con precisión la univocidad del sentido que atesoran. El texto no será más, en adelante, el lugar de la plenitud del sentido, sino una ausencia de significado investido de una potencial “significatividad”. Con el título de “La palabra lacerada” como imagen ilustrativa del “Celan” que Derrida nos ofrece en su lectura, pretendemos sugerir cierta relación del lenguaje con el cuerpo; un lenguaje encarnado en el cuerpo mismo del poema; un lenguaje que no es ya meramente vehículo, mediación o reflejo de una realidad extralingüística. “Palabra lacerada” nos remite a la palabra rota, quebrada, palabra herida en una última cesura ante el abismo de lo indecible. Palabra con la que, en última instancia, se alude también a uno de los estilemas dilectos de Paul Celan, la cesura que abre el poema al silencio. Y para concluir este inventario nada exhaustivo de las asociaciones posibles aparejadas al título, esa herida remite al ritual hebreo de la circuncisión, la inscripción de una “herida cifrada”5en el cuerpo, herida que significa la pertenencia a la comunidad y que puede 2 Derrida, J.: (2005), “Language Is Never Owned”, en Thomas Dutoit and OutiPasanen (eds.) Sovereignties in Question. Poetics of Paul Celan, Nueva York, Forham University Press, 2005, pp. 97 ss. 3 Derrida, J.: (1992), Acts of Literature, Attridge, D. (ed.) New York, Routledge, 1992, pp. 40 ss. 4 “Estos textos operan en su movimiento mismo la manifestación y la deconstrucción práctica de la representación que se hacía de la literatura, bien entendido que, mucho antes que estos textos “modernos”, cierta práctica “literaria” podía haber trabajado contra este modelo, contra esta representación. No obstante es precisamente a partir de esos últimos textos, a partir de la configuración general que se remarca en ellos, que se pueden releer mejor, sin teleología retrospectiva, la ley de las fisuras anteriores.” Jacques Derrida y Henri Ronse, (1972), Posiciones (trad. Manuel Arranz), Valencia, Pre-texto, 1986, p. 49. 5 Derrida, J.:(1986), Schibboleth. Para Paul Celan (trad. Jorge Pérez de Tudela), Madrid, Editorial Nacional, 2003, p. 81. Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. La palabra lacerada. Celan desde Derrida 113 ser la “marca”6que la poesía del rumano deja en el idioma alemán a modo de “contra-firma”. En cierto modo, Celan circuncida y judaíza la lengua de los verdugos inscribiendo en ella una cicatriz que el poema no sutura y permanece abierta como lugar de encuentro con el otro, con el extranjero, con los ausentes y los muertos. “La palabra lacerada” pretende convocar todos estos sentidos sin definir un horizonte semántico definitivo, en correspondencia con el particular ejercicio de una lectura más atenta, como veremos, a la lógica textual que domina los textos de Celan que a la explicación filológica o hermenéutica de su obra. La lectura, el poema (y sin embargo, habla) Celan desde Derrida, es decir, Celan leído por Derrida, no interpretado, no explicado; si podemos admitir semejante cosa, si nos es dable transigir y toleramos una operación de lectura que tiene por objeto develar la lógica peculiar que rige en el texto y no se conforma con ninguna psicología, ni se ofrece a ningún contexto iluminador, solo entonces, estaremos en condiciones de adentrarnos sin prejuicios en la labor que Derrida lleva a cabo. Los textos -poemas, en ocasiones versos aislados, fragmentosson leídos desplegando cierta estrategia que busca destacar aquellos elementos apelativos, aspectos que efectúan demandas sobre el lector y acerca de los que es difícil escribir instalados en el discurso convencional de la crítica, debido al modo en que se disloca una estructura implícita, organizada en torno a un presunto centro irradiador de sentido. Estos elementos que desplazan y problematizan, dislocan y violentan la conceptualidad del discurso logocéntrico, son los elementos que caracterizan precisamente la literatura como literatura. Por eso, una lectura no consiste necesariamente en reducir la riqueza del texto literario a otro texto presuntamente más claro, diáfano, que ofrezca su sentido oculto en el tejido del lenguaje7.Lo que no implica-¿hay que repetirlo?-que Derrida niegue la realidad extralingüística, como malévolamente afirman sus detractores más fanáticos o sus críticos menos avezados, tan solo cuestiona, tan solo se permite poner en duda que el discurso se rija por ella, esto es, que el referente domine el 6 Derrida, J.: “Language is Never Owned”, cit., pp. 99. 7 “(...) si la lectura no debe contentarse con duplicar el texto, tampoco puede legítimamente transgredir el texto hacia otra cosa que él, hacia un referente (...) o hacia un significado fuera del texto cuyo contenido podría tener lugar, habría podido tener lugar fuera de la lengua, es decir, en el sentido que damos aquí a esta palabra, fuera de la escritura en general (...). No hay fuera-del-texto.”Derrida, J.: (1967), La escritura y la diferencia (trad. Patricio Peñalver), Anthropos, Barcelona, 1989, p. 202. Marco A. Núñez Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. 114 libre juego de los significantes. El poema habla8 aun en ausencia de toda referencia, aun liberado de su función mimética. Y sin embargo, habla. La deconstrucción opera a través de actos de lecturas particulares que cristalizan en una escritura que, a su vez, engendra nuevas lecturas: “Una escritura tal que no remite más que a sí misma nos conduce a la vez, indefinida y sistemáticamente, a otra escritura”.9Sin que la apropiación del sentido ni la abstracción de un contenido significativo sea nunca plena. La lectura es una celebración delo único, lo peculiar de cada texto; la asunción del compromiso de leer el texto de nuevo en una repetición siempre diferente. La lectura, así entendida, es un modo de rescate del discurso del otro antes que un modo de apropiación. En consecuencia, será refractaria a la tradición hegemónica del comentario literario centrado en actividades típicamente filosóficas, tales como buscar orígenes, afirmar generalidades, abstraer sentidos, es decir, inscribir y subsumir el texto un contexto histórico, psicológico, literario, en apariencia, siempre recuperable y dispensador, por delegación, de un horizonte de sentido; sin embargo, “leer es experimentar una cierta ilegibilidad.”10Los acontecimientos vitales de Celan se han utilizado a menudo como clave para descifrar su obra, surgiendo ante el crítico como ese referente anhelado del que parecen carecer muchos poemas que tejen una realidad puramente lingüística: “La poesía deja de ser mímesis, representación: se vuelve realidad”11. Pero el crítico protesta y reclama un sentido, exige referente, impone abstraer un significado y tranquilizar el ánimo en la cercanía de certeza, por más que sean ilusorias. De todo lo anterior se desprende que la lectura y los escritos de Derrida -“escritura bífida”12, escritura y lectura son prácticas recíprocas, se reclaman e implican mutuamente (sobre textos de Celan, no son, no pueden ser comentarios en un sentido filológico o hermenéutico, esto es, no son interpretaciones13. Aclarado este punto -el más polémico, el que más 8 “¡Pero el poema habla, por cierto!” afirma Paul Celan en el Meridiano. 9 Derrida, J.: (1975), La diseminación (trad. José María Arancibia), Madrid, Editorial Fundamentos, 2007 (3ª ed.), p. 229. 10 Derrida, J.: Posiciones, cit., p. 62. 11 Szondi, P: Estudios sobre Celan. Prefacios y apéndices de Jean Bollack, (trad. Arnau Pons), Madrid, Editorial Trotta, 2005, p. 57. 12 Peretti, C de.: Jacques Derrida. Texto y deconstrucción, Barcelona, Anthropos, Barcelona, 1989, p. 130. 13 “La lectura siempre debe apuntar a una cierta relación, no percibida por el escritor, entre lo que él domina y lo que no domina de los esquemas de la lengua que utiliza. Esta relación no es un determinado reparto cuantitativo de sombra y de luz, de debilidad o de fuerza, sino una estructura significante que la lectura crítica debe producir (...) Producir esa estructura signi- Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. La palabra lacerada. Celan desde Derrida 115 aversión concita hacia los textos derridianos), que las lecturas deconstructivas se orienten a mostrar los prejuicios metafísicos que se articulan en los lenguajes críticos y la imposibilidad de alcanzar un sentido unívoco, siempre desplazado por la mecánica del texto, tiene como consecuencia aparentemente paradójica, la demanda, la exigencia de todas las lecturas posibles; solo así se podrá impedir que el texto sea dominado por una de ellas, solo así evitamos la arbitrariedad y el nihilismo. En última instancia, lo que se deconstruye en el texto son todas las lecturas que lo articulan. La crítica al logocentrismo, al pensamiento metafísico que busca certezas y que se encarna siempre en el discurso hegemónico, es por encima de todo, la búsqueda del otro preterido en ese discurso; el “otro del lenguaje”, es decir, la escritura, pero también el otro como ausencia, de los muertos que perdieron la palabra. Dejar hablar desde el poema a la alteridad será el destino literario de Celan, y escuchar el llamado de ese otro que comparece en sus poemas, el destino como lector de Celan que Derrida se encomienda. El schibboleth, la fecha y la ceniza La lectura más ambiciosa que Derrida lleva a cabo de Celan la ofrece en Schibboleth. Para Paul Celan. Esta palabra hebraica que intitula la monografía14,y que aparece en dos de sus poemas, interesa especialmente en su uso como contraseña una vez que ha suspendido su conexión con el significado y ha dejado de denotar -río, arroyo, espiga de trigo, etc. Palabra que deviene marca diacrítica toda vez que los efraimitas no podían pronunciar correctamente el sonido “sch-”, y, en consecuencia, señala las diferencias en el idioma; se erige en la diferencia insignificante que se revela como condición del sentido, a despecho de no tener sentido, ser anterior a todo conocimiento, irreductible al concepto por estar desligada de su contenido semántico15. De otro lado, es la manifestación cifrada de la ficante no puede consistir, evidentemente, en reproducir, por medio de la repetición borrada y respetuosa del comentario, la relación consciente, voluntaria, intencional, que el escritor instaura en sus intercambios con la historia a la que pertenece gracias al elemento de la lengua. Sin duda este momento del comentario repetitivo debe tener su lugar en la lectura crítica. Si no se lo tuviera en cuenta ni se respetasen todas sus exigencias clásicas -lo cual no es sencillo y requiere todos los instrumentos de la crítica tradicional-, la producción crítica correría el riesgo de efectuarse en cualquier sentido y de permitirse decir más o menos cualquier cosa. Pero este parapeto indispensable nunca ha hecho más que proteger, jamás ha abierto una lectura”. Derrida, J.: (1967), De la Gramatología (trad. Oscar del Barco y Conrado Ceretti), México, Siglo XXI editores, 1986 (4ª ed.), p. 227 14 Revisión de una conferencia pronunciada por Derrida en Seattle, el 14 de octubre de 1984. 15 “En un sistema donde sólo las diferencias son constitutivas del valor lingüístico y al no ser nunca la diferencia en sí misma y por definición una plenitud sensible, su necesidad con- Marco A. Núñez Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. 116 cifra que señala la multiplicidad de la lengua, lo renuente y esquivo a la traducción, lo que, de hecho, la borra. Todo es traducible salvo la marca de esa diferencia entre las lenguas en el interior del poema. La traducción deberá borrar eso mismo que conserva. Encontramos un ejemplo de esto en el verso “No pasarán” de “Schibboleth”, cuando traducido al español, se haya borrado la diferencia para el hispanohablante, en la conservación misma del original alemán. Lo que se pone de manifiesto en esta palabra es el juego mismo de la escritura, el juego de la presencia-ausencia y de la indecibilidad última. Para habitar un idioma (porque un idioma se habita16) se hace preciso disponer del schibboleth, no basta con comprender el sentido de las palabras, sino decir cómo hay que decir la marca cifrada que delata la diferencia, haciéndose indiferente a la diferencia que ella misma establece. Es la marca cifrada que hay que poder compartir con el otro aunque no tenga sentido. “No hay sentido desde que hay fecha y schibboleth, ni un único sentido originario.”17El lenguaje es el gran instaurador de diferencias, un sistema de signos que nada define fuera del juego de la “différance”, esto es, el signo solo puede pensarse desde la presencia diferida. Derrida encuentra en la noción de fecha la estructura del signo a propósito de ciertos textos de Celan18, para mostrar que la fecha no es, para dejar en evidencia el principio de autoridad que rige a toda pregunta por la esencia, la verdad como presencia y guardiana del logos en su relación con el acontecimiento singular, único, que sucede solo una vez: “Pertenece a la esencia de la fecha el no llegar a ser legible.”19 Derrida lleva la noción de “fecha” más allá de su sentido literal y explicita así su función dependiente de dos propiedades contradictorias: la afirmación única de un aquí y un ahora, y la paradójica iterabilidad que le es propia. La inscripción de la fecha en el cuerpo del poema, como ocurre en “Todo en Uno” conlleva dos dimensiones. Una externa, la referencia espacio-temporal, convencional, codificada por el calendario; una fecha letradice el alegato de una esencia por naturaleza fónica de la lengua. Por lo mismo, impugna la pretendida dependencia natural del significante gráfico. Ésta es una consecuencia que el mismo Saussure saca en contra de las premisas que definen el sistema interno de la lengua”. Derrida, J.: De la gramatología, cit., p. 77. 16 Derrida, J.: (1996), El monolingüísmo del otro. O la prótesis del origen (trad. Horacio Pons), Buenos Aires, Ediciones Manantial, 1997, p. 91. 17 Derrida, J.: Schibboleth. Para Paul Celan, cit., p. 40. 18 “El 20 de enero” es la fecha que Celan menciona en el “Meridiano”, discurso redactado con la ocasión de la recogida del premio Georg Buchner, en 1960; o ese “13 de febrero” del poema “Todo en Uno”, 19 Derrida, J.: Schibboleth. Para Paul Celan, cit., p. 53. Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. La palabra lacerada. Celan desde Derrida 117 gible en la medida en que cifra un día, un mes, un año, ciertos acontecimientos históricos. Pero también la posibilidad de un retorno, no el retorno absoluto de eso mismo que no puede retornar; el retorno de su espectro, la memoria, la promesa siempre diferida de un regreso imposible; la conmemoración de lo que no volverá, del instante singular no repetible. “La fecha habrá sellado lo singular, lo único e irrepetible”. 20La otra será esa fecha secreta que se confunde con la organización misma del texto poético, el lugar donde el poema se lacera y comienza a herirse. La fecha que se borra en su misma legibilidad y se auto-aniquila convertida en nada. En ceniza. “Nos aguarda la ceniza”, afirmación entre admonitoria y profética con la que cierra Derrida la segunda sección de Schibboleth. “Fecha” y “schibboleth” carecen de esencia, son unidades proteicas, indefinibles por estar investidas de una superabundancia de sentido; constituyen sendos ejemplos de lo que Derrida llama indecidibles, elementos fundados por el juego de la escritura que delinean la lógica del texto y anulan toda pertenencia al querer-decir como garantía de la unidad logocéntrica21, condenando al fracaso cualquier interpretación ontológica de la mímesis. De la trópica de la circuncisión a la experiencia enajenada del idioma Las narraciones deconstructivas centradas en figuras elocutivas, se configuran como narraciones tropológicas que cuentan la historia de la denominación y su perdición. En relación con ese rasgo diacrítico presente en el schibboleth y que permite el acceso a la comunidad, aparece el ritual hebreo de la circuncisión. La palabra surge en contadas ocasiones, sin embargo, su “trópica”22, la extensión figurativa del significado, más allá del sentido literal de un corte en la carne o la extirpación del prepucio; más allá de cifrar la pertenencia a la comunidad judía, se desplazará, según Derrida, hacia “todas las heridas cifradas”, todas las heridas que significan en el cuerpo mismo del texto. Cortes, cesuras, interrupciones y síncopas que hacen de la lectura misma una vivencia de la herida, un tránsito de esa herida cifrada a la lectura herida que cifra en cada rotura, en cada pliegue o intersticio que se abre al blanco de la página, la presencia diferida, desplazada, la huella del otro. Derrida sostiene que la circuncisión es un corte para ser leído, una herida que es legible, una herida infligida por 20 Ibíd., p. 32. 21 “Los predicados no están ahí para querer-decir algo, para enunciar o significar, sino para hacer que el sentido se desplace, para denunciarlo o desviarlo. Esta escritura no produce necesariamente nuevas unidades conceptuales”. Derrida, J.: (1967), La escritura y la diferencia (trad. Patricio Peñalver), Barcelona, Anthropos, 1989, p. 353. 22 Derrida, J.: Schibboleth. Para Paul Celan, cit., p. 82. Marco A. Núñez Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. 118 y en la lectura; corte o tajo abierto entre lo que se da a leer, a ser descifrado, como un código críptico cuyo desciframiento no sutura, dando paso a otras criptas en un regreso “ad infinitum”: toda lectura se encuentra ya siempre en el límite de la legibilidad desde que no hay sentido originario. ¿Qué es aquello que ha sido dejado en suspenso en el límite mismo de la palabra y el silencio? En el último verso de “A uno que estaba ante la puerta”, asistimos a esa interrupción brusca en mitad de un acto de nominación, una apelación al otro. Celan corta el nombre “Rabí”, pero también secciona el acto mismo de nombrar como acto de habla que forma parte del ritual de la circuncisión: Abre de golpe la puerta de la mañana, Ra- —23 Celan corta la palabra, corta el nombre, suspende la enunciación y deja en el aire la cuestión de la pertenencia del judío a la comunidad. La palabra se abre como una puerta, se abre a la posibilidad del encuentro con el otro y se queda perpleja en el umbral mismo, ni dentro ni fuera, sin ser ni dejar de ser. Palabra, por tanto, performativa; palabra, en consecuencia, poética. Ricardo Forster nos recuerda que: ...lo judío en Celan no supone un gesto religioso, un retorno a la tradición de los ancestros, un cobijarse en las páginas del Talmud o en los meandros hermenéuticos de la Cábala, es, antes bien, un permanecer extranjero, un quedarse en el umbral, un poner en evidencia lo irreparable, lo no saldado.24 Vemos que en el poema -como en el ritual-, el tú surge a fuerza de ser nombrado, de forma similar a lo que sucede en la tradición golémica25. Pero además, la circuncisión, al ser una marca inscrita sobre el cuerpo, lleva a cabo la unión de éste con el lenguaje: el cuerpo del poema, encarnadura de la herida. Celan, ya lo dijimos, circuncida la lengua alemana, la judaíza en un intento de apropiación en el que se manifiesta, y se experimenta, esa “alineación constitutiva” de la que Derrida nos habla en El monolingüismo del otro. Con esta premisa, se aventura que la particular experiencia de lengua en Celan se convierte en una ofrenda del poeta al lector en la que comunica la experiencia de una alienación, un extraña23 Traducción de Reina Palazón. 24 Forster, R.: Paul Celan, “La barbarie de la lengua y el judaísmo como memoria”, Arquivo Maaravi: Revista Digital de Estudios Judaicos da UFMG. Belo Horizonte, v. 1, n. 1,out. 2007. ISSN: 1982-3053, p. 10. 25 Levine, G. M. [en línea] : “Spectral Gatherings: Derrida, Celan and the Covenant of the Word”. Diacritics, Volume 38, Numbers 1-2, Spring-Summer 2008, pp., 75 ss. http://muse. jhu.edu/journals/dia/summary/v038/38.1-2.levine.html Thémata. Revista de Filosofía Nº54 (2016) pp.: 111-124. La palabra lacerada. Celan desde Derrida 119 miento hacia su propia lengua; la lengua alemana en la que Celan inscribió sus fechas y dejó su firma para soportar una lucha con ella. Su escritura será el lugar de encuentro de culturas, referencias, memorias, pero también el lugar donde se levantan las fronteras, donde se manifiestan las diferencias, algo presente en la lectura de “Todo en Uno”. Derrida apunta que “Celan produjo un idioma, lo produjo a partir de una matriz, de una herencia -sin, por razones evidentesceder al menor nacionalismo.”26Para el poeta la lengua no podía ser una esencia, una abstracción inmóvil e inerte sino una experiencia. Y una experiencia no se define, una experiencia solo se vive. Celan, como legatario, vivirá la experiencia de la muerte también desde la lengua, “la experiencia del nazismo es un crimen contra la lengua alemana”27. En consecuencia, podemos deducir que el acto poético conlleva una suerte de “resurrección”, una nueva vida después de la muerte, muerte que seguirá ya siempre clavada en su cuerpo, como una cicatriz, una huella, cenizas. El complejo idiolecto de Celan violenta un cuerpo significante que nunca dice bastante lo inefable, lo obliga a hablar allí donde la palabra se abre en silencio como una herida, donde solo quedan cenizas. Pero el silencio también es huella, una ausencia que dice la palabra de los espectros, y revela la incapacidad misma del poeta de hablar en nombre de los muertos; la voz no puede ocupar la ausencia absoluta, la presencia de la voz no puede deshacer el “borrado” de los asesinados. La cesura, la ausencia, la memoria...”el Otro” La ausencia aquí y a diferencia de lo que ocurría con las fechas, es marcada en la cesura con la imposibilidad del retorno. La interrupción ya no se abre como la palabra lacerada, la palabra abierta como una puerta al encuentro con el otro. Todos los grafemas son legatarios de una ausencia, que, como huella originaria, lo es también de la ausencia de la cosa designada, del referente: las víctimas. Por tanto, solo puede darse testimonio de la herida misma a través de la sustitución, del suplemento, es decir, escritura. La escritura comparece por los difuntos y ofrece testimonio por ellos. La muerte deja de ser un silencio y deviene un camino para los que vendrán después. “La interrupción arroja sobre cada uno el manto de un futuro anterior implacable.”28Muerte y ausencia devienen también condición de posibilidad de la escritura, del discurso que dice algo del otro y al otro, que lo evoca, lo llama o lo nombra. Derrida nos recuerda en Carneros 26 Derrida, J.: “Languageis Never Owned”, cit., p. 97 (traducción propia). 27 Ibíd., p. 99. 28 Derrida,J.: (2003), Carneros. El diálogo interrumpido: entre dos infinitos, (trad. Irene Agoff), Buenos Aires, Amorrortu, 2009, p. 16.