scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Mapa variacional del español quinientista: variantes lingüísticas de La Diana de Jorge de Montemayor

Portillo Cárdenas, Ana

Full text

ANA PORTILLO CÁRDENAS MAPA VARIACIONAL DEL ESPAÑOL QUINIENTISTA: VARIANTES LINGÜÍSTICAS DE LA DIANA DE JORGE DE MONTEMAYOR Tutora: Lola Pons Rodríguez Departamento de Lengua Española, Lingüística y Teoría de la Literatura Sevilla, 2023 Índice INTRODUCCIÓN……………………………………………………………………..…...…2 1. Objetivos…………………………………………………………………………..….2 2. Preliminares………………………………………………………………………..…2 3. Desarrollo……………………………………………………………………….…….3 4. Metodología…………………………………………………………………….….….4 5. Tradición textual………………………………………………………………….…..8 ESTUDIO DE LAS VARIANTES LINGÜÍSTICAS…………………………………...…...10 1. Forma de tratamiento don………………………………………………….…...….10 2. Terminación de adjetivos gran(de) yprimer(o)……………………..…………..…12 3. Leísmo, laísmo, loísmo…………………………………………………..………….16 4. Presentes irregulares: doy, estoy, hay, soy, voy……………………….....……..…..22 5. Variación en las formas verbales de 2ª persona del plural………………..….…..25 6. Metátesis dl>ld………………………………………………………………………28 CONCLUSIÓN………………………………………………………………………………29 BIBLIOGRAFÍA……………………………………………………………………………..30 ANEXO………………………………………………………………………………………33 1 INTRODUCCIÓN 1. Objetivos Este trabajo se centra en el estudio lingüístico de La Diana (¿1558?-¿1559?) de Jorge de Montemayor a partir del conjunto de variantes que se presentan en el aparato crítico de la edición de Montero Delgado (1996, editorial Crítica) Los objetivos que se persiguen en el proyecto son: 1. Estudiar la variación del español áureo a través de los aparatos críticos de una obra de ficción de la época, La Diana. 2. Profundizar en el conocimiento de los cambios lingüísticos gramaticales del español quinientista a través de materiales de la crítica textual. Establecemos también el siguiente objetivo secundario: 3. Revisar las propuestas de periodización interna de la lengua del siglo XVI. 2. Preliminares La obra que analizamos surge en un momento de renovación y creación dentro de la prosa de ficción, y el género en el que se enmarca, la novela pastoril, será tan bien recibido entre el público de la época que se convierte en la modalidad narrativa predominante durante la segunda mitad del siglo XVI. Con la publicación de La Diana se produce el momento de mayor esplendor dentro la tradición pastoril, por tanto, esta obra constituye un punto de inflexión dentro del género y fue una gran influencia sobre los autores que suceden a Montemayor. De hecho, se sostiene que a raíz del éxito de esta obra se comenzaron a escribir otras que tratan de imitarla y que fueron conformando este género narrativo de la segunda mitad del XVI y principios del XVII, e incluso se piensa que la creación literaria de Montemayor podría suponer el nacimiento de la novela pastoril española. Parece que los elementos pastoriles ya estaban muy presentes en diversos campos cuando nace La Diana, como el drama o la lírica, pero con obras como esta se van introduciendo en la narrativa. La Diana es una de las obras más leídas de la prosa de ficción de la época, su popularidad será inmediata y se prolongará durante décadas, como demuestra el gran número de ediciones y traducciones que de esta se han realizado. Sale a la luz entre los años 1558 y 1559, y se conoce que ya a finales de 1562 se habían transmitido ocho ediciones diferentes, las cuales aportan un número importante de cambios, especialmente modificaciones que no parten de la decisión del autor. Dentro de la obra de Montemayor, La Diana simboliza el culmen de su extensa carrera literaria ya que la escribe en el periodo final de su vida. A través de esta obra, Montemayor participa en la revitalización de lo pastoril a través de su 2 fórmula literaria, y uno de los motivos que explica el éxito inmediato de La Diana es precisamente esta fórmula narrativa que se convierte en modelo para los autores que la suceden, como es el caso de Miguel de Cervantes. Sobre esta obra se han realizado numerosos estudios que surgen desde diferentes perspectivas, como el análisis onomástico de sus personajes (Géal, 2005), su caracterización (Roig, 1978), la relación de la obra con la tradición pastoril o la prosa de ficción (Rallo, 1999) o la temática amorosa (Matzat, 2001), entre otros. Sin embargo, es escasa la información localizada referente al plano lingüístico. Estradé (2011) establece en su tesis doctoral un breve apartado sobre el léxico y otros fenómenos lingüísticos, aunque este formaría parte de un estudio más general; también podríamos incluir dentro del tratamiento lingüístico de La Diana las investigaciones realizadas sobre el bilingüismo en la figura de Montemayor, de Teixeira (2015). Interesa especialmente la edición que elabora Montero de La Diana, inspiradora de este proyecto, donde nos servimos del aparato crítico que construye y de los comentarios realizados acerca de las variantes que recoge. Por tanto, nos centraremos en el estudio del plano lingüístico de esta obra, concretamente en el morfosintáctico y discursivo, ya que la poca atención que a este se le ha prestado genera, por una parte, la necesidad de abordarlo, y por otra, la oportunidad de aportar una información valiosa para la labor de reconstrucción de la lengua. Además, nos serviremos de un método muy interesante, pero a la misma vez desatendido dentro de la historia de la lengua, que serán los mapas de variantes lingüísticas generados a partir del aparato crítico recogido en las ediciones de las obras quinientistas. 3. Desarrollo El proyecto que se llevará a cabo comenzará abordando aspectos teóricos sobre cuestiones que serán necesarias para introducir y enmarcar el estudio que estamos realizando. Por lo tanto, se da inicio al trabajo tratando, en primer lugar, las variantes lingüísticas y la metodología de los mapas variacionales, y en segundo, la tradición textual de la obra y la historia de los testimonios con los que trabajamos. Tras esto, damos paso a una parte práctica, la dedicada al tratamiento de las variantes. Para ello partimos del aparato crítico que establece Montero en su edición. En esta, el aparato crítico constituirá una correlación de variantes acompañada, en algunas ocasiones, de anotaciones que añade el editor para defender la selección que ha llevado a cabo. Asimismo, el aparato empleado será positivo, es decir, incluye las diferentes variantes, tanto la seleccionada como la no seleccionada, y los testimonios en los que estas se encuentran. Los fenómenos de los que nos ocuparemos en este 3 trabajo serán los morfosintácticos y los discursivos, por tanto, dejamos de lado en nuestro estudio los gráfico-fonéticos. Para abordarlos, establecemos un mapa variacional. Este método consiste en clasificar las variantes que encontramos en las distintas ediciones de la obra, dividiéndolas según la categoría gramatical a la que pertenezcan y según el fenómeno de variación que se esté dando. El mapa variacional nos permite obtener interpretaciones sobre los diferentes patrones que se repiten en los testimonios con los que se trabaja. Debemos tener en cuenta que el estudio de ediciones que se encuentran muy próximas en el tiempo será tan interesante como el que podamos realizar entre dos ediciones separadas por un espacio cronológico importante, ya que nos ofrecen una idea de la alternancia sincrónica de fenómenos que conviven en un mismo periodo. Una vez hayamos ordenado las variantes objeto de este proyecto, nos centramos en los siguientes fenómenos con el fin de formular una serie de reflexiones lingüísticas acerca de su estado de variación en la obra: formas de tratamiento, diferentes terminaciones del adjetivo, leísmo laísmo y loísmo, incorporación de -y como desinencia en la primera persona del singular de los presentes monosilábicos, alternancia formal entre verbos proparoxítonos que todavía no han sufrido pérdida de la -dintervocálica y metátesis dl>ld. 4. Metodología En este trabajo fin de grado nos dedicaremos a estudiar la alternancia de las variantes lingüísticas del nivel morfosintáctico y discursivo que se produce en la segunda mitad del siglo XVI sirviéndonos de una serie de testimonios de la obra La Diana de Montemayor que se enmarcan en ese periodo. A partir de la collatio de los testimonios realizada por Montero en su edición de La Diana, la cual empleamos con el fin de obtener datos lingüísticos de la obra, se elabora el mapa de variantes. Este mapa de variantes constituirá un análisis intertestimonial comparativo desde el punto de vista sincrónico, ya que solo se estudian las variantes que coexisten como resultado de los fenómenos lingüísticos que en ese periodo concreto se encuentran en un momento de variación. Debemos matizar que las variantes en las que nos centramos serán las lingüísticas, que son aquellas que provienen individualmente del habla de los copistas y reflejan así su idiolecto, y no las textuales o aquellas que surgen por un error en el momento de copia. Estas variantes como hemos mencionado previamente pueden ser estudiadas gracias al aparato crítico elaborado por el autor de la edición, Montero, y son de gran interés porque constituyen una herramienta fundamental a la hora de reconstruir la lengua del momento y profundizar en ella. 4 La clasificación de las variantes con las que trabajamos se realizará a través del mapa variacional. Nos ayudamos fundamentalmente de dos obras que nos ofrecen un modelo orientativo para construirlo, de Pons (2010) y Garrido (2016). Emplearemos como estudios complementarios los elaborados por Fernández-Ordóñez (2002) y Octavio de Toledo (2006). De esta manera, siguiendo la distribución que se establece en los dos primeros escritos, dividimos el esquema en dos apartados, uno que cubre elementos que tengan relevancia dentro del plano morfosintáctico y otro que trata elementos significativos dentro del plano discursivo. El primero se fragmenta, a su vez, en una parte que se corresponde con el análisis del sintagma nominal y otra que trata el análisis del verbo. En primer lugar, dentro del apartado del sintagma nominal, nos ocupamos de sus funciones, de los sustantivos, los actualizadores -grupo en el cual se enmarcan los artículos, los demostrativos, los posesivos y los cuantificadores-, los adjetivos y los pronombres personales. En segundo lugar, dentro del apartado dedicado al verbo, tratamos los aspectos formales y sus diferentes valores, como el tiempo, el empleo de auxiliares y la variación modal, entre otros. En el plano discursivo, trabajaremos el orden de los constituyentes dentro de la oración, las formas no personales, la sintaxis interoracional y sintaxis supraoracional, y por último la construcción textual. Para el estudio de fenómenos concretos, revisaremos la edición elaborada por Montero y nos centraremos en la manera que tienen de manifestarse las formas en esta. Debemos tener en cuenta que la edición de este autor se mantiene fiel a la prínceps en la mayor parte de la obra y ha evitado corregirla al ser, como dicta Montero, la que representa de manera más fiel la voluntad última de Montemayor. La modernización ortográfica que realiza Montero no influye o modifica las variantes que en esta investigación se trabajan. Para abordar el estudio del fenómeno lingüístico, seguimos el siguiente esquema: en primer lugar se describe en qué consiste este, después pasamos a establecer su margen de variación, es decir, la relación de la variante con los fenómenos morfosintácticos y discursivos que se están produciendo en el castellano quinientista, se habla del uso más empleado en la obra, posteriormente nos centramos en cómo se comportan las ediciones a partir de las variantes lingüísticas recogidas en el aparato crítico de Montero y por último, indicamos cuál es la causa que motiva esta variación lingüística en los testimonios estudiados, si es posible conocerla. Elaboramos por tanto un análisis lingüístico que cuenta con un enfoque variacional. Debemos tener en cuenta que nos encontramos en un momento clave para el método variacionista por el gran empleo que se está haciendo de este a la hora de estudiar la lengua históricamente, y por los gratos resultados que su aplicación está dando. La variación se ha 5 convertido en una herramienta fundamental para dos disciplinas: la lingüística histórica y la crítica textual. Garrido (2016) establece que de la variación nace el cambio lingüístico, reflejado en los hablantes, y el cambio textual, reflejado en los testimonios, y que a través de las variantes podemos conocer las tendencias e innovaciones de una época y prevenir el destino que le aguarde a las variantes actuales. La autora añade que estas nos permiten comprender cómo se produce el cambio de una lengua, y los factores que conllevan que ciertas variantes queden seleccionadas y otros caigan en el olvido. En Garrido (2016) se dedica un capítulo completo al tratamiento que el análisis variacional ha recibido dentro de la lingüística a lo largo de los años, partiendo de la negativa a tenerla en cuenta dentro de los estudios de la lengua a la importancia que le otorgan disciplinas como la sociolingüística. Lo fundamental será comprender que pasamos de una lingüística que trata de explicar el porqué de esos cambios en el siglo XIX y XX a unos estudiosos que asumen el cambio como algo inherente a la lengua, y se dedican por tanto a describir cómo cambian en el siglo XXI. A lo largo de su estudio se observa cómo la lingüística histórica y la crítica textual han ido desarrollando de manera paralela una concepción o unas ideas sobre las variantes muy similares en cada periodo. Son disciplinas que han mantenido una relación muy estrecha y que tendrán una presencia fundamental en este trabajo, ya que para elaborar un estudio lingüístico de una obra, y por tanto de un periodo concreto, es necesario que haya habido una labor anterior ejercida por Montero de estudio de los manuscritos en los que esta se ha ido manifestando, y contar con un método que nos lleve a tener en cuenta tanto lo inherente al cambio lingüístico como las causas que motivan este cambio y la selección de una variante u otra1. La figura de Menéndez Pidal será esencial, ya que este pasará de una visión del cambio como corrupción del estado primigenio a una perspectiva variacionista en la que asume que el individuo es parte de ese cambio2. Es reseñable que desde la época del autor ya 2Este se mostrará acorde a la idea de que las comunidades lingüísticas adoptan una lengua que conservarán, la cual simbolizaría la tradición, mientras que son los individuos los que introducen la innovación con sus actos de habla e impulsan el cambio lingüístico. 1En el XIX el objeto de análisis tanto en el ámbito lingüístico como en el textual no es la excepción o las variantes separativas sino la convergencia de variantes que nos permita hacernos una idea de cómo sería el modelo original a través de reunir todas las características que comparten las lenguas-hijas. Posteriormente comenzará a surgir un interés mayor en torno a la variación textual y la variación lingüística. A finales del siglo XIX y en el siglo XX surge la dialectología, que centra su estudio en la variación lingüística presente en un espacio. Ya no interesa la lengua original sino la variedad estudiada en el plano individual, es decir el dialecto de los hablantes, y Joseph Bédier aplica esta idea a la crítica textual ya que concibe los testimonios como manifestaciones concretas del individuo que reflejan su modalidad lingüística y una variación textual o lingüística condicionada por el momento en el que se recibe el texto y cómo este es interpretado por la sociedad de esa época. Con disciplinas como la sociolingüística y el estructuralismo coseriano, la variación cobrará más importancia en los estudios. 6 se señalaba la importancia del estudio de los rasgos lingüísticos a la hora de preparar una edición crítica, es decir, el análisis textual era acompañado del estudio lingüístico con el que se ha ido relacionando. Cuando este autor se entrega a la elaboración de una gramática y un vocabulario del Poema del mío Cid, considera necesario resolver los problemas lingüísticos que la obra ofrecía creando una edición fiable del texto en la que a través de una labor de reconstrucción lingüística trataría de acceder al estadio original de la obra. El trabajo realizado por este autor se consolida como un referente dentro del campo español de la ecdótica, y servirá de guía para los editores posteriores en la ejecución de una edición crítica, ya que siguiendo a Menéndez Pidal la acompañarían de un análisis o una reconstrucción lingüística (Rodríguez, 2018). Como señala Rodríguez (2018), el surgimiento de una nueva escuela de editores españoles influenciados por el neolachmannismo provoca que haya un cambio en el foco de interés de la relación entre crítica textual y lingüística histórica, lo que tendrá como resultado un estudio sistemático de cuestiones lingüísticas aisladas y propias de una tradición concreta. En esta renovación tienen un papel fundamental Pedro Sánchez-Prieto Borja, con su manual Cómo editar los textos medievales, en el que señala la relevancia de los problemas que pueden generar ciertas cuestiones lingüísticas a la hora de elaborar la edición de un texto,e Inés Fernández-Ordóñez, por todo el trabajo dedicado al estudio de las variantes lingüísticas y su labor como renovadora de la Dialectología histórica. Con la renovación se establece un método editorial que se basa en la Lingüística histórica, y aparecen nuevas herramientas procedentes de la Lingüística diacrónica que pueden ser aplicadas en el ámbito de la crítica textual, a la vez que la lingüística diacrónica ha renovado su método partiendo de la idea que introduce la ecdótica: la historia de la lengua permite diferenciar el error textual del error propiamente lingüístico, y la historia del texto permite acercarnos a un estado anterior de la lengua. Una de las aportaciones esenciales de Pedro Sánchez-Prieto es el repertorio de variantes lingüísticas que propone para los análisis del español antiguo y que supone un punto de inflexión para estos, labor que Inés Fernández-Ordóñez reconoce al establecer que, por primera vez, un estudioso de la crítica textual ha mostrado empeño en diferenciar las variantes textuales de las lingüísticas, aunque señala que estas últimas no permiten reconstruir la lección primigenia. La autora se ocupará de participar en el proceso de sistematizar la variación añadiendo a la clasificación los fenómenos discursivos. Es fundamental comprender que en el proceso de transmisión de un texto medieval no autógrafo encontramos la superposición de huellas lingüísticas que pertenecen a todos los copistas que participan en él. Fernández-Ordóñez (2002) establece que el escriba incluye 7 cambios en el texto que parten de su variedad dialectal, una variedad geográfica, cronológica, social y personal. En el proceso de la recensio se tiene como fin hallar errores comunes que permitan establecer diferentes filiaciones entre las ediciones de una obra, y tanto Rodríguez (2018) como Fernández-Ordóñez (2019) se plantean qué relevancia tendrán para la recensio estas variantes lingüísticas. La respuesta será que estas presentan, frente a las textuales, un carácter poligenético con mucha más frecuencia. Esto se debe a que dos copistas que se enmarquen en una misma época o estrato social pueden realizar los mismos cambios lingüísticos, por tanto, estos rasgos tendrán muy poca influencia a la hora de argumentar una relación entre testimonios. De esta manera, las variantes lingüísticas no deben ser consideradas errores textuales, y mucho menos errores significativos, ya que constituyen un material prescindible y poco rentable para la constitución stemmática, aunque desde el punto de vista genealógico podría ayudarnos a diferenciar la lengua del autor original de la de los copistas. Fernández-Ordóñez (2019) establece que al fijar el texto crítico si no se cuenta con el conocimiento necesario acerca de lengua del testimonio, sería preferible descartar las variantes lingüísticas y conservar lo que se expone en el texto base, y añade que estas no deben ser ignoradas pero, en el caso de que se tengan en cuenta a la hora de elaborar una edición, estas se situarían en el aparato crítico. Debemos tener presente que no todas las variaciones lingüísticas suscitan el mismo interés, y la historia de la lengua es la que permite establecer cuáles serán los fenómenos que sufran modificaciones en cada época, que a su vez serán los que protagonicen la evolución lingüística del español. Los fenómenos que se ven sometidos a los cambios lingüísticos en una comunidad y periodo concretos constituyen el material recogido en el mapa variacional, y este puede centrarse en la variación de una obra, de varias obras, de un periodo o del idiolecto de un autor. Serán estos aspectos lingüísticos que sufren una evolución de tipo diacrónico, geográfico y social los que permiten reconstruir la historia de la lengua. La investigación que llevamos a cabo está centrada en esta cuestión, contribuyendo de esta manera a la ampliación de estas investigaciones tan necesarias en el campo de la filología. 5. Tradición textual En el aparato crítico que establece Montero en su edición se tendrán en cuenta, principalmente, las variantes presentes en las siguientes ediciones: la edición V, considerada la edición prínceps,el subarquetipo α, la edición Ay la edición M. También tendrá presente otras ediciones antiguas como ZyBpor ser muy próximas a M, yVa por contar con correcciones acertadas. Se tendrán en cuenta de igual manera ediciones más modernas como 8 6) cortesía que a tan grande amor (49); negocios de grande importancia (100) Ciertos sustantivos irán acompañados única o reiteradamente de gran, mientras que la forma grande aparece junto a esta clase de sustantivo con mucha menos frecuencia10. Por último, concluimos que realmente no sabemos si el uso de gran y grande es arbitrario o si los factores mencionados podrían ser considerados tendencias que sigue el hablante al emplear ambas formas. Una vez analizada la forma gran(de), nos centramos en primer(o). Lo primero que debemos tener en cuenta es que, en comparación con la anterior, que es considerada una de las palabras que más se empleaba en las obras del siglo XVI, la forma que nos dedicamos a analizar no tiene tanta presencia en el texto y por tanto el análisis resultante será mucho más breve. Si en gran(de) la forma apocopada era la que predominaba en el texto, en este caso sólo encontramos la forma con apócope en la posición pronominal en una ocasión, como observamos en el ejemplo (7), mientras que los adjetivos primero y primera serán los que anteceden al sustantivo durante toda la obra. Esto contrasta con lo que establece Keniston (1937), quien señala que en el siglo XVI, cuando los adjetivos tienen como consonante final la -r, como es el caso de primer(o), predominan las formas apocopadas, aunque también añade que el uso de este adjetivo no está fijado en el siglo XVI. 7) que ayer fue el primer día que en ella entré (116) Esta vacilación era general en la época, y debido a que solo contamos con un caso de forma apocopada, realmente no tenemos mucho material para investigar cuál es la causa que puede motivar la preferencia por la forma plena en esta obra, aunque sabemos que la aparición de la forma primero antecediendo al sustantivo era típicamente aragonesa, como establecen Arnal y Enguita (1993). Por último, no encontramos ningún caso de forma apocopada antecediendo a un sustantivo femenino, lo cual se corresponde con la norma actual que solo permite que se dé la apócope delante de un sustantivo masculino singular, aunque Keniston (1937) argumenta que tanto la forma apocopada como la plena aparecen ocasionalmente antecediendo a los sustantivos femeninos. 10 La forma gran acompaña a 12 sustantivos que hacen referencia a sentimientos, mientras que grande acompaña a 5, gran iría seguido de 9 nombres propios de personas y lugares o a sustantivos que hacen referencia al papel que desempeña el personaje seguidos del nombre propio, mientras que grande solo de 1 y gran aparece junto a sustantivos que hagan referencia a lugares en 7 ocasiones y grande solo en 2, aunque realmente en este último caso la presencia de grande podría estar motivada por la conjunción que le sigue. 15 Respecto a los datos que aporta el aparato crítico de la edición de Montero, observamos que en el caso (8) los testimonios VAα optan por la variante apocopada, mientras que M, que muestra, según Montero, la misma lección que Z, corrige y en ella aparece la variante plena. Sin embargo, en el caso (9), son los testimonios VAα los que presentan la variante plena y Mla que muestra la apocopada. Por tanto, a través de estos datos no podemos deducir que ninguno de los testimonios muestre ningún tipo de predilección por el empleo de formas apocopadas o plenas. Podríamos asociar la corrección de Men el caso de grande con la teoría de Moreno (1999) que sostiene que en la General Estoria IV la forma grande va en la mayoría de casos antecediendo a palabras que comienzan por d-, sin embargo dado que Msolo corrige en este caso y en otros presenta la forma gran ante d-, no tenemos datos suficientes para señalar que esta sea la causa del empleo de la forma plena. 8) a) VAα b) M 9) a) VAα b) M que tan gran desventura como la mía no se puede contar con pocas palabras (163) que tan grande desventura como la mía no se puede contar con pocas palabras (163) a don Felis tan arrepentido y tan vuelto a su primero pensamiento (288) a don Felis tan arrepentido y tan vuelto a su primer pensamiento (288) 3. Leísmo, laísmo, loísmo En este apartado nos centramos en los fenómenos conocidos como leísmo, laísmo y loísmo, los cuales han captado la atención de los estudiosos debido a la variación que han experimentado a lo largo del tiempo, variación que se sigue documentando en la actualidad. Esta se debe a que se dan dos diferentes usos de estos clíticos: encontramos el empleo distinguidor, el cual se corresponde con la evolución etimológica del sistema latino y consistiría en usar la forma de dativo le como complemento indirecto y las formas de acusativo lo, la como complemento directo, y el uso confundidor, según el cual le aparece como complemento directo, es a lo que llamamos leísmo, y lo, la aparecen como complemento indirecto, fenómeno que será denominado loísmo y laísmo respectivamente11. Ya en los siglos XVI y XVII los gramáticos estaban interesados en explicar cuáles eran las normas que los hablantes seguían para hacer uso de estos clíticos, pero la incertidumbre que gira alrededor de este asunto se ha mantenido hasta la actualidad y ni siquiera a día de hoy encontramos un consenso entre los teóricos que lo estudian, por tanto 11 Esta nomenclatura “distinguidor” o “confundidor” es defendida por Fernández-Ordóñez (1999), quien evita así los términos “etimológico” o “no-etimológico”. 16 todavía no queda claro cuáles son las reglas que rigen su funcionamiento o cuál es el origen que motiva los usos innovadores. De esta manera han surgido diferentes líneas de investigación que tratan de ofrecer una explicación sobre este fenómeno y que han sido recogidas por Eberenz (2000). La primera línea, considerada como la hipótesis tradicional, adopta una posición diacrónica mediante la cual trata de abarcar el origen del fenómeno y su comportamiento en el transcurso del tiempo, es decir, trata de elaborar la reconstrucción histórica de este. La base que comparten todas las teorías que surgen dentro de esta línea es la influencia que ejerce el cruce de dos tendencias presentes en el sistema pronominal: la de sustituir la distinción de casos por la distinción de género, que será estudiada por Cuervo, y la de diferenciar seres animados e inanimados, señalada por Fernández Ramírez y Lapesa. La segunda línea, liderada por E. C. García, establece como causa del leísmo las diferencias semánticas asociadas al grado de actividad que el hablante expresa mediante el pronombre, y defiende que es un fenómeno que se da sólo en los verbos biactanciales. La tercera línea de investigación surge en el terreno de la dialectología y la sociolingüística. En esta se estudia el comportamiento de los pronombres átonos en diferentes áreas geográficas, como es el caso de Cantabria con el sistema de los pronombres correferenciales. Así, Klein-Andreu (1981) establece que en las hablas locales de los lugares que ha estudiado se emplea con mayor asiduidad el sistema de distinciones referenciales, sin embargo en la normativa del español se aboga, aunque parcialmente, por el sistema casual. Klein-Andreu (1981) y Fernández-Ordóñez (1993, 1999) adoptan una perspectiva sincrónica para definir el sistema pronominal actual teniendo en cuenta factores extralingüísticos como la procedencia geográfica o nivel sociocultural del hablante, ya que tienen en cuenta las diferencias dialectales que puedan existir en las distintas zonas confundidoras y también las valoraciones que elabora la comunidad lingüística de hablantes. Por tanto, concluyen que las zonas donde se emplea el castellano deben subdividirse en isoglosas dependiendo del tipo de sistema pronominal que se emplee. En la obra de La Diana vemos que hay un claro predominio de leísmo cuando el complemento directo hace referencia a un sustantivo de persona masculino y singular. Encontramos algunos casos de leísmo no personal y de laísmo, pero estos se dan con mucha menos frecuencia y de manera más esporádica que el leísmo personal. Para comparar las soluciones que ofrece esta obra con las formas que encontramos en otras del mismo siglo, acudimos a García (2000) y Vaamonde (2015). García (2000) estudia la presencia del leísmo no personal en el siglo XVI y sostiene que este será el siglo en el que este fenómeno estará asentado definitivamente. La presencia 17 del leísmo de persona es predominante en la época y esto propicia o favorece la aparición de un leísmo no personal. García analizará La Celestina, el Lazarillo de Tormes y La gitanilla de Cervantes y los resultados que obtiene serán los siguientes. En primer lugar, cabe destacar que el leísmo de persona tiene una gran presencia en las tres obras pero únicamente en singular, dado que hay muy pocos casos en plural. En segundo lugar, señala que si en La Celestina y el Lazarillo la presencia del leísmo no personal gira en torno al 30-40 % de casos, este porcentaje aumentará de manera considerable en la obra de Cervantes. Por tanto, parece que el leísmo está consolidado, pero solo en el singular12. Por su parte, Vaamonde (2015) estudia un conjunto de cartas privadas que ocupan desde el siglo XVI hasta el siglo XIX y señala, por una parte, la gran presencia que hay de casos laístas, y por otra que tanto el laísmo como el leísmo se presentan con mayor asiduidad que el loísmo, un fenómeno no tan frecuente. También sostiene que en el XVI hay un 81 % de leísmo de persona masculino y singular. El autor añade que el leísmo de entidades no animadas parece consolidarse entre los siglos XV y XVI, y que a raíz de esto el fenómeno se extendió por la Edad Moderna. A continuación, pasamos a analizar cómo se comportan las ediciones que se tienen en cuenta en el aparato crítico respecto al empleo de formas innovadoras. 1) a) VAα b) M pues qué hicieras, di, si en vez de dártele te le quitara [el medio] (34) pues qué hicieras, di, si en vez de dártele te lo quitara [el medio] (34) En el caso (1) vemos que hay un caso de leísmo en las ediciones VAα. Este leísmo no personal podría producirse por dos factores. El primero puede ser la influencia que ejerce la presencia del leísmo que hallamos en los versos anteriores, como vemos en las formas consolármele, dármele,dártele, quitármele, las cuales hacen referencia al mismo ente abstracto, el medio. Por tanto, es un le correferencial que se estará viendo especialmente influido por el le anterior de dártele, ya que el referente de ambos pronombres es el mismo. El segundo, que es señalado por García (2000), es el hecho de que es posible que 12 El autor relaciona este factor con la teoría de que el leísmo de persona surge para marcar el género de las unidades y que así cada género se exprese con una forma diferente, ya que esto conllevaría que se diferenciase el masculino le del neutro lo en este caso. Debemos tener en cuenta que el leísmo no se da cuando no hay necesidad de diferenciar el masculino del neutro, por eso en plural tiene tan poca presencia, porque no hay una forma neutra plural a la que se deba oponer una masculina. Este leísmo se da en un principio con los sustantivos que hacen referencia a personas porque la forma originaria le se emplea como complemento indirecto, y el complemento indirecto suele hacer alusión a personas. Por tanto, ya no solo se tiene en cuenta la oposición del masculino y del neutro sino también de los rasgos de persona y no persona. Sin embargo, parece que el leísmo no personal constituye una evolución propiciada por la consagración del leísmo de persona, es decir, este último fenómeno se contagia a los pronombres que hacen referencia a entidades que no son personas. 18 encontremos este tipo de leísmo cuando el pronombre hace referencia a sustantivos abstractos contables, como sería en este caso medio entendido como remedio. Podemos considerar que a través de la presencia de este leísmo se está personificando esta entidad abstracta y así se eliminaría el rasgo continuo, que está asociado según el autor a la designación del objeto directo mediante lo, lo cual conllevaría que el leísmo de no persona solo afectase a los sustantivos comunes contables, discontinuos. García sostiene que tanto la oposición masculino/neutro y persona/no persona como la contable/no contable constituyen los parámetros que miden el empleo de los clíticos al hacer referencia al complemento directo, y la alternancia se mantiene en el objeto directo no personal porque como previamente las entidades contables eran designadas con esta forma lo, los hablantes podrían haber seguido asociando las entidades no personales contables a este pronombre y eso propiciaría que eso uso se consolidara. 2) a) VAα b) M y todavía todas las veces que yo me descuidaba, la pastora no quitaba los ojos de mí, y tanto que mil veces estuve por hablalla [pastora] (45) y todavía todas las veces que yo me descuidaba, la pastora no quitaba los ojos de mí, y tanto que mil veces estuve por hablalle [pastora] (45) En el ejemplo (2) se produce un laísmo en las ediciones VAα. Esto lo podríamos relacionar con una de las causas que recoge Goñi (2020) para que se produzca el fenómeno de laísmo y es que el complemento indirecto refleje a un referente que se encuentre en tercera persona. A su vez también se puede relacionar con esa hipótesis mencionada en García (2000) que es la tendencia a crear un sistema flexional unicasual, es decir, que desapareciesen las distinciones casuales a favor de la distinción de género, basándose en el modelo de los demostrativos este, esto, esta, estos, estas. Esto daría como resultado que la, al ser el clítico femenino, se usara tanto para el complemento indirecto como para el directo cuando se hace mención a una entidad femenina. 3) a) VAα b) M y era tanto el amor que le tenía [Alanio] (49) y era tanto el amor que la tenía [Alanio] (49) En el ejemplo (3) ocurre lo mismo que en el (2), la única diferencia es que el laísmo se produce en My no solo hay laísmo, sino que a esto se añade que el pronombre realmente 19 no está haciendo referencia al complemento indirecto a Ismenia sino al complemento indirecto a Alanio, es decir, se confunde el referente porque Ismenia es el sujeto y no el objeto indirecto y por tanto cambia el género del clítico. 4) a) VA b) αM su condición y su bondad no menos le engrandece [Felicia] (130) su condición y su bondad no menos la engrandece [Felicia] (130) En el ejemplo (4) encontramos un caso de leísmo personal en VA. Este leísmo como hemos mencionado antes ya estaba muy extendido y consolidado en el siglo XVI. Se ha señalado en repetidas ocasiones que el complemento indirecto tenía asociado un significado de persona, por tanto, se comenzaría a emplear el pronombre le asociado a este cuando el complemento directo se correspondiese con una entidad personal. También se ha argumentado que un factor relevante podría ser la igualación que hay entre el sintagma nominal del complemento indirecto y el del complemento directo de persona, ya que ambos se encuentran encabezados por la preposición a. En los siglos XIII y XIV ese índice funcional ya no es solo propio de ese complemento indirecto que se sustituía por le, sino que se propaga a los complementos directos que tienen un referente determinado y actúa como marca de esto. Así, el pronombre átono le habría pasado de actuar como sustituto de los sintagmas preposicionales de complemento indirecto a referirse también a los sintagmas preposicionales que ejercen de complemento directo. Esto también explicaría por qué este leísmo no está tan presente cuando el referente no es animado (García, 2000). 5) a) VAα b) MZB estando en esto, las dos pastoras que conmigo estaban se levantaron a ordeñar sus vacas. Yo les rogué que me excusasen el trabajo con las mías, porque no me sentía buena, y no fue menester rogárselo más [que me excusasen el trabajo con las mías] (158) estando en esto, las dos pastoras que conmigo estaban se levantaron a ordeñar sus vacas. Yo les rogué que me excusasen el trabajo con las mías, porque no me sentía buena, y no fue menester rogárseles más [que me excusasen el trabajo con las mías] (158) En el ejemplo (5) hay leísmo en M. Lapesa (1993) habla de los verbos que en latín regían doble acusativo. Verbos castellanos como rogar mantienen ese doble régimen durante 20 un largo periodo, sin embargo el acusativo de persona comenzó de manera paulatina a ser entendido por los hablantes como un objeto indirecto. García (2000) defiende que para que se produzca el leísmo debe darse un contexto en el que no coincidan los pronombres lo/la asociados al objeto directo y el pronombre le asociado al objeto indirecto, ya que el hablante tendría a su disposición dos opciones para sustituir la entidad, el pronombre le y los pronombres lo/la, y eso es lo que le llevaría a confundirse. También puede influir la presencia de les rogué que se encuentra en la línea anterior y puede haber generado cierta confusión en el copista. 6) a) VAα b) M por cierto, señora, ninguna pena me darían, mas antes los ayudaría a reir de mis locuras pasadas [Diana y su esposo] (219) por cierto, señora, ninguna pena me darían, mas antes les ayudaría a reir de mis locuras pasadas [Diana y su esposo] (219) Finalmente analizamos el ejemplo (6), en el que hay leísmo en M. Otro de los motivos a los que se ha acudido para justificar el empleo de estos usos innovadores es el cambio que se produce en ciertos verbos intransitivos que en latín regían un dativo y cuando evolucionan sus correspondientes castellanos pasan a ser transitivos, y el verbo ayudar es un claro ejemplo de esto (Fernández-Ordóñez, 1993). Lapesa (1993) habla del verbo ayudar como un caso de verbo que en latín regía siempre o en algunas ocasiones dativo, y que en el romance primitivo, como vemos en El Mío Cid o en Berceo, lleva, al igual que su antecedente latino, los pronombres átonos le, les, li, lis. Por tanto para los hablantes del XIII ayudar parece que era intransitivo. Aunque actualmente este verbo se considere transitivo observamos que el dativo latino perdura en este caso, y esto ocurre cuando está haciendo referencia a una persona. Concluimos que las ediciones V,Ayαse muestran contrarias a Men ciertas ocasiones, y tan solo en un caso Myαmuestran la misma solución, siendo esta diferente a la de VyA, lo cual no nos resultaría extraño porque se piensa que Mno procede directamente de la prínceps sino de ese subarquetipo. Solo en una de las ocasiones habrá discrepancia respecto al leísmo de persona masculino singular, ya que el resto se dan por alternancia entre presencia y ausencia de leísmo de persona plural, leísmo de cosa y laísmo. Observamos que, en primer lugar, ninguna de las ediciones destaca por encima de las demás en el empleo de usos innovadores, ya que parece que todas muestran un comportamiento bastante similar en 21 el empleo de estos, y que, en segundo lugar, habrá especialmente un consenso en las ediciones respecto a la aparición o no del leísmo de persona masculino singular. 4. Presentes irregulares: doy, estoy, hay, soy, voy Durante el siglo XVI observamos que aquellos verbos caracterizados por contar con una primera persona singular del presente monosilábica cuya desinencia era -ó tónica, es decir, dar, estar, ir y ser se manifiestan de dos maneras diferentes: a través de las formas etimológicas do, esto, so, vo y a través de las formas modernas doy, estoy, soy, voy. Antes de centrarnos en la desinencia de la primera persona del presente, nos detenemos en la forma hay. En el español medieval la forma verbal ha se usaba en presente como una forma de expresar la existencia. Esta comenzaría a emplearse junto al adverbio y, proveniente de la forma IBI, pudiendo aparecer adherida gráficamente al verbo, como en hay o ay, o de manera independiente a este, ha y oa y, y será en el XIV cuando encontramos el predominio de (h)ay13. Company (2003) sostiene que esto constituiría un proceso de decategorización y es una muestra del grado elevado de deixis que caracteriza a las construcciones existenciales del español. Gago-Jover (1997) analiza en su artículo un extenso corpus de textos de los siglos XIII, XIV, XV y XVI para estudiar la presencia de las formas etimológicas y de las formas modernas a lo largo de los siglos. Señala que en el siglo XIII sólo aparecerá la forma moderna del verbo ser y encontramos un número muy reducido de casos, sin embargo, hay una presencia significativa de formas etimológicas que van seguidas del pronombre sujeto yo. Añade que en el siglo XIV siguen predominando las formas etimológicas y a lo largo del XV parece que va aumentando el uso de las formas modernas de manera significativa, llegando incluso a superar las formas modernas a las etimológicas. La conclusión principal que Gago-Jover (1997) obtiene a raíz de este estudio es que debido a la gran frecuencia con la que se empleaban las formas etimológicas seguidas del pronombre sujeto como resultado del fenómeno de inversión del orden sintáctico, sería lógico establecer que el factor de inversión del orden sintáctico estaría muy presente en la formación de soy, doy, estoy, voy. Así, apoya una de las teorías que más aceptación ha recibido y que fue enunciada previamente por otros autores como Ford (1911), la cual afirma que el origen de 13 Company (2003) señala que en un principio el adverbio yaparecería acompañando al verbo y, por tanto, se podría situar tanto delante como detrás de este. En este caso este funcionaría como una forma plena que tendría un significado propio equivalente a allí o ahí, sin embargo, cuando -y aparece como desinencia verbal en hay pierde su libertad distributiva y pasa actuar como un afijo integrado en el verbo, que ha perdido su carácter locativo y por tanto no señala ningún lugar concreto, sino que denota un matiz general de existencia. 22 este fenómeno se encuentra en ese reanálisis silábico que surge del contacto entre el verbo seguido por el pronombre yo [só-yó] > [sói-yó]14. A esta hipótesis añade que parece que la forma hay ya tiene gran presencia en los textos del siglo XIII y, por tanto, aunque la génesis de esta no se corresponda con la de los otros verbos monosilábicos, podríamos considerar que su presencia podría impulsar el empleo de formas que resultaran similares a esta15. Finalmente, el autor concibe al verbo ser como el líder de este cambio, ya que la forma soy será la primera documentada con la desinencia -y, y esa inversión de sujeto se dará especialmente en el verbo ser. El origen de esa -y como terminación verbal parece haber generado cierta disparidad entre los teóricos que la estudian. Gago-Jover recoge en su artículo diferentes hipótesis que se generan alrededor de esta cuestión y que han sido tachadas de incoherentes o inviables16. A continuación, nos centramos en nuestro objeto de estudio principal que sería cómo se manifiestan estos verbos en La Diana, a través de la forma etimológica o de la forma moderna. Para ello, vamos a analizar la presencia de estos verbos conjugados en primera persona del presente en la edición de Montero, ya que esto nos permitiría contrastar nuestros resultados con aquellos que ya han sido previamente obtenidos en los estudios de otros autores como el ya señalado Gago-Jover. En la obra de Montemayor, el autor empleará de manera esporádica las formas estó,ha,so,vo únicamente en el verso, y de esta manera irá alternando las formas etimológicas y las modernas según le convenga atendiendo a la métrica17. 1) y ansí vo a costa mía, en fin, pasándolo (34) 2) Mira el extremo en que estó, viendo mi bien tan dudoso, que vengo a ser envidioso de cosas menos que yo (144) 3) A Silvia, tu gran amiga, vo a buscar medio mortal (147) 17 Cano al abordar este fenómeno ya distinguió entre la poesía y la prosa de la época, ya que en la primera encontramos un predominio de las formas etimológicas, mientras que en la segunda era mucho más frecuente el uso de las modernas. 16 Se habla de una posible forma terminada en -e, como soe, cuyo hiato se pierde y pasa a convertirse en un diptongo, surgiendo así la forma moderna soy o de la analogía con la ey proveniente de la forma aio del latín tardío, cuyo origen se encontraría en HABEO. También se menciona que hablantes del leonés podrían haber generado a partir de las formas portuguesas dou,sou, los verbos doy,soy, por ser este un dialecto en el que se da la correspondencia entre /ou/ y /oi/ y por último hay autores que parten de la aglutinación del adverbio IBI que experimenta el verbo y sostienen que esto debía propagarse por analogía a otros verbos que presentan esa noción de existencia. 15 Esto ocurriría con soy, ya que ambas transmiten una noción o idea de existencia: hay hace referencia al propio existir de algo y soy hace referencia a una cualidad de ese algo existente. 14 No deberíamos confundir este proceso con una aglutinación, sino que debido a la tonicidad de la vocal final, esta atrae a la yod siguiente y se genera una falsa división silábica. Este fenómeno está ligado a esa fuerte tendencia fonética por la cual la yod, al encontrarse entre dos vocales, se propagaría a ambas sílabas. 23 4) y tema el mayor mal si vo a mirarte (151) 5) y en su cama só acostada (235) 6) si le pido de qué ha celos (235) 7) ni tú que estó abrasado en vivo fuego (264) El caso (1) presenta una enmienda de Montero que recoge en el aparato crítico al no considerarla una enmienda segura o imprescindible. Realmente esta forma se presenta como va en los testimonios VAaM, pero el autor sostiene que esa corrección estaría motivada por el hecho de que si se emplea la forma va en vez de la forma vo el verso carecería de sentido. En el caso (2) se coloca la forma estó para que rime con yo. En los casos (1), (3), (4), (5) y (7) vemos que la forma etimológica aparece siempre que el verbo va seguido de una palabra que comienza por vocal. Esa forma etimológica se emplea con el fin de que el número de sílabas se corresponda con el criterio del esquema métrico en el que el verso se encuentra insertado, ya que cuando es la desinencia -o de la forma etimológica la que establece contacto con la vocal que da comienzo a la siguiente palabra, la unión de ambas vocales fruto de la sinalefa se contaría como una sola sílaba, pero cuando es la forma moderna la que va acompañada de sílaba que comienza por vocal se contaría como dos sílabas, ya que o bien se pronunciarían las dos vocales de la forma verbal en un mismo golpe de voz y la vocal de la palabra siguiente en otro, o bien la /o/ del diptongo se pronunciaría de manera separada y la semivocal /i/ se emitiría unida a la vocal siguiente. Esto se debe a que cuando una semivocal o semiconsonante está entre dos vocales no se puede pronunciar todo el conjunto vocálico en un solo golpe de voz. Por tanto, Montemayor emplea la forma etimológica cuando en el verso debe aparecer una sílaba menos para que este presente el número de sílabas que corresponde al esquema métrico. En el caso (6) ocurre lo mismo que en los anteriores, pero se diferencia de ellos en que la forma verbal irá precedida de una palabra que termina en vocal. 8) a) VAaM b) R voy (28) vo (28) Parece que las ediciones analizadas de La Diana se comportan de la misma manera en el tratamiento de los verbos monosílabos en primera persona de singular, ya que todas presentan las mismas soluciones y como observamos en el ejemplo (1) la única diferencia que 24 Bustos Gisbert, E. (2007). Las desinencias de segunda persona de plural: ¿un problema resuelto? estado crítico de la cuestión. Revista de Historia de la Lengua Española,2, 173-188. Company Company, C. (2003). La gramaticalización en La Historia Del español. Medievalia, 35 (abril), 3-61. Cuervo R. J. (1893). Las segundas personas de plural en la conjugaison castellana. Romania, 85, 71-86. Estradé Sánchez, A. (2011). La segunda Diana, Alonso Pérez: Estudio y edición [Tesis doctoral, Universidad Complutense]. Fernández-Ordóñez, I. (1993). Leísmo, laísmo y loísmo: estado de la cuestión. O. Fernández Soriano (coord.), Los pronombres átonos (pp. 63-96). Taurus. Fernández-Ordóñez, I. (1999). Leísmo, laísmo y loísmo. En V. Demonte Barreto y I. Bosque, (coord.), Gramática Descriptiva de la Lengua Española (pp. 1317-1398). Espasa Calpe. Fernández-Ordóñez, I. (2002). Tras la "collatio" o cómo establecer correctamente el error textual. La Corónica: A Journal of Medieval Hispanic Languages, Literatures & Cultures, 30(2), 105-180. Fernández-Ordóñez, I. (2012). Transmisión y metamorfosis. hacia una tipología de mecanismos evolutivos en los textos medievales. Seminario de Estudios Medievales y Renacentista. Fernández-Ordóñez, I. (2019). Las variantes de lengua: un concepto tan necesario como necesitado de formalización. En E. Malato & A. Mazzucchi (Eds.), La critica del testo. Problemi di metodo ed esperienze di lavoro. Trent’anni dopo in vista del settecentenario della morte di Dante (375-403). Salerno Editrice. Ferrer Rodríguez, J.M. (2015). El tratamiento de don/doña durante el Antiguo Régimen. Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, 18, 373-395. Folgar Fariña, C. (2012). Apócope, restitución vocálica, estructura de la sílaba: observaciones sobre los pronombres clíticos apocopados. En T.E. Jiménez Juliá, B. López Meirama, V. Vázquez Rozas & A. Veiga Rodríguez (Coords.), Cum corde et in nova grammatica estudios ofrecidos a Guillermo Rojo. Universidad de Santiago de Compostela, Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico. Ford, J. D. M. (1911). Old Spanish readings, selected on the basis of critically edited texts. Edited, with introduction, notes, and vocabulary. Ginn and Company. Freixas, M. (2001). La apócope en el “Libro de Buen Amor”. Moenia. Revista lucense de lingüística e literatura,7, 393-418. http://hdl.handle.net/10347/5841 Gago-Jover, F. (1997). Nuevos datos sobre el origen de soy, doy, voy, estoy. A Journal of Medieval Hispanic Languages, Literatures & Cultures, 25(2),75-90. Garrido Martín, B. (2016). La Atalaya de las corónicas (1443) de Alfonso Martínez de Toledo edición, crítica y estudio lingüístico [Tesis doctoral, Universidad de Sevilla]. Géal, F. (2005). Contribución a una semiología de los personajes: Algunas consideraciones onomásticas acerca de Los siete libros de la Diana de Montemayor. En B. Pellistrandi (Coord.), C. Couderc (Coord.) & J. Canavaggio (Hom.), “Por discreto y por amigo”: Mélanges offerts à Jean Canavaggio (pp. 411-429). Casa de Velázquez. 31 Goñi Alsúa, E. (2020). La presencia del laísmo, leísmo y loísmo en seis relatos breves de J. Arzadun, J. de Irigoyen, M. Aranaz y R. Sánchez. Huarte De San Juan. Filología Y Didáctica De La Lengua, 20, 77–106. Keniston, H. (1937). The syntax of Castilian prose. The sixteenth century. University of Chicago Press. Klein-Andreu, F. (1981). Distintos sistemas de empleo de "le", "la", "lo": perspectiva sincrónica, diacrónica y sociolingüística. Thesaurus: Boletín del instituto Caro y Cuervo,36(2), 284-304. Lapesa Melgar, R. (1968, 26-31 de agosto). Las formas verbales de segunda persona y los orígenes del "voseo". Actas del III Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, México D.F. https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcqn854 Lapesa, R. (1975). De nuevo sobre la apócope vocálica en castellano medieval. Nueva Revista de Filología Hispánica, 24(1), 13–23. http://www.jstor.org/stable/40298085 Lapesa Melgar, R. (1993). Sobre los orígenes y evolución del leísmo, laísmo y loísmo. En O. Fernández Soriano (coord.), Los pronombres átonos (pp. 313-336). Taurus. Malkiel, Y. (1949). The Contrast tomáis-tomávades,queréis-queríades in Classical Spanish. Hispanic Review,17(2), 159–165. Martínez, A. (2006). La frase adjetiva. El orden del sustantivo y el adjetivo. En C. Company Company (Dir.), Sintaxis histórica de la lengua española (pp. 1223-1320). Fondo de Cultura Económica. Matzat, W. (2001). Amor y subjetividad en La Diana de Montemayor. En Christoph Strosetzki (Coord.), Actas del V Congreso Internacional de la Asociación Internacional Siglo de Oro (AISO) (pp. 892-898). Münster. Medina Morales, F. (2002). Las formas nominales de tratamiento en el Siglo de Oro: aproximación sociolingüística [Sesión de conferencia]. Memoria de la palabra: actas del VI Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro,Burgos-La Rioja, España. Moreno Bernal, J. (1999). Contribución al estudio de la apócope de la vocal final en la General Estoria IV. Revista De Filología Española,79(3/4), 261–289. Octavio de Toledo y Huerta, A. S. (2006). Varia lectio y variación morfosintáctica: el caso del Crotalón. En L. Pons (Ed.), Historia de la lengua y crítica textual (pp.195-264). Lingüística Iberoamericana. Pons Rodríguez, L. (2010). La lengua de ayer: manual práctico de historia del español. Arco Libros. Rallo Gruss, A. (1999). Montemayor, entre romance y novela: hibridismo de géneros y experimentación narrativa en La Diana. En J. Canavaggio (Coord.), La invención de la novela: seminario hispano-francés organizado por la Casa de Velázquez (noviembre 1992-junio 1993) (pp.129-157). Casa de Velázquez. Rodríguez Molina, J. (2018). La estratigrafía de los manuscritos medievales castellanos: logros y perspectivas. Medioevo Romanzo,42(1), 93-127. Lapesa Melgar, R. (1993). Sobre los orígenes y evolución del leísmo, laísmo y loísmo. En O. Fernández Soriano (coord.), Los pronombres átonos (pp. 313-336). Taurus. Roig, A. (1978). ¿Quiénes fueron Salicio y Nemoroso. Criticón, (4), 1-36. 32 Teixeira Anacleto, M. (2015). Da expressão do bilinguismo em Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor: a simbólica dos Campos do Mondego. Hipogrifo, 3(2), 231-241. Vaamonde, G. (2015). Distribución de leísmo, laísmo y loísmo en un corpus diacrónico epistolar. Res Diachronicae,13, 58-79. ANEXO En el anexo recogemos un mapa variacional elaborado a partir de una selección de las variantes morfosintácticas y discursivas recogidas en el aparato crítico que Montero construye para su edición de La Diana. En primer lugar, encontramos un apartado en el que se sitúan las variantes lingüísticas, que serán aquellas que plasmen las coordenadas idiolectales del copista: la variedad que emplea, preferencias de estilo, las tendencias o cambios que se están produciendo en la época en la que se enmarca… En la clasificación que se propone en Fernández-Ordóñez (2012) estas variantes lingüísticas son denominadas factores externos, ya que, a diferencia de los factores internos, no se hallan latentes en el texto ni son previsibles. Cada manuscrito irá mostrando, como establece la autora, una superposición de estratos lingüísticos -respecto a la versión original del autorde aquellos que van transmitiendo la obra a través de diferentes testimonios. A este apartado de variantes lingüísticas que muestran las tendencias lingüísticas del emisor y de su época, añadimos uno de variantes no lingüísticas que surgen como consecuencia de un lapsus calami, y que no debemos confundir con las primeras, ya que no son reflejo de la huella del copista o de los receptores de la obra, sino que se trata de simples errores por un descuido en el proceso de copia o escritura. VARIANTES LINGÜÍSTICAS 1. Análisis del Sintagma Nominal 1.1. El sustantivo 1.1.1. Variación de número: 14.5 testigos/testigo; 59.16 aparencias/aparencia; 113.21 a tiempos/a tiempo; 113.24 muchas diversidades,mucha diversidad; 157.26 su hado/sus hados; 186.1 a medios brazos/a medio brazo; 230.26 obras/obra 1.1.2. Variación de género: 132.24 los pastores/las pastoras; 229.18 paga/pago 33 1.2. Determinantes y actualizadores 1.2.1. Artículo 1.2.1.1. Artículo seguido de vocal: 265.14 una/un 1.2.1.2. Refuerzo de actualizador: 218.13 una/la una 1.2.1.3. Ausencia de artículo: 11.5 del olvido/de olvido; 129.8 la principal/principal; 155.20 de un/de; 249.30 lo más/más; 253.18 la larga/larga 1.2.2. Demostrativos 1.2.2.1. Lusismo: 282.19 aquele/aquel 1.2.2.2. Variación entre demostrativo y otros actualizadores: 51.12 está/está esta; 154.23 el niño/aquel niño 1.2.3. Posesivos 1.2.3.1. Lusismo: 276.29 suas/sus; 282.12 suas/sus 1.2.3.2. Artículo con posesivo: 56.32 mi Alanio/el mi Alanio 1.3. El adjetivo 1.3.1. Diferentes terminaciones: 163.11 gran/grande; 288.22 primero/primer 1.3.2. Variación expresiva grado: 135.25 el menos/el menor; 174.7 más contentos/contentos; 240.22 lo más de las veces/las más de las veces 1.3.3. Alternancia entre adjetivo y adverbio: 80.31 claro/clara (en el testimonio Mse entiende claro como un adjetivo, y por tanto se establece concordancia con causa, mientras que en VAa se toma como adverbio y por eso no lo concuerda) 1.3.4. Colocación respecto al sustantivo: 194.21 hermana hermosa/hermosa hermana; 272.15 ciudad insigne/insigne ciudad 1.4. El pronombre personal 1.4.1. Pronombres personales tónicos de sujeto y objeto 1.4.1.1. Deixis anafórica: 52.14 lo tengan/la tengan; 169.22 ella/ello/ellos 1.4.1.2. Duplicación pronominal: 264.23 la/lo 1.4.1.3. Forma de tratamiento: 118.21 Felis/don Felis 1.4.1.4. Ausencia: 35.11 vía/vi yo/vi; 45.10 yo deseaba/deseaba; 47.12 yo soy/soy; 49.30 que/que él; 61.6 que yo/que; 108.19 yo determiné/determiné; 158.4 alzaba/él alzaba; 163.5 decir yo/decir; 226.9 si yo/si; 238.26 que yo/que 34 1.4.2. Pronombres personales átonos 1.4.2.1. Apócope de la vocal final del pronombre: 249.27 aventurábase/aventurabas/aventuraba 1.4.2.2. Variación de número: 18.25 poniéndolos/poniéndolo 1.4.2.3. Leísmo, laísmo, loísmo 34.26 le/lo; 45.14 hablalla/hablale; 49.8 le tenía/la tenía; 52.14 lo tengan/la tengan; 130.3 le/la; 158.18 rogárselo/rogárseles; 219.4 los/les 1.4.2.4. Lo neutro: 211.12 lo que/la que 1.4.2.5. Ausencia de pronombre: 50.14 me había/había; 116.5 os diré/diré; 120.25 había/la había; 126.19 quererme/querérmele (la lección de Mrefleja el usus scribendi de Montemayor que emplea frecuentemente la construcción querer bien y de vez en cuando juega con la dilogía entre bien entendido como adverbio y como sustantivo); 130.2 le pueda/pueda; 137.9 del/de; 138.22 quesistete asegurar/quesiste asegurarte/quesiste asegurar; 162.14 quejándome/quejando; 220.29 que te/que; 285.9 me/omitido; 286.19 le/omitido 1.4.2.6. Alternancia de pronombres átonos: 249.2 pidiéndose una a otra/pidiéndole la una a la otra (se sustituye el se recíproco que actúa como complemento indirecto por pronombre átono le que también funciona como complemento indirecto) 1.4.2.7. Cambio de orden: 51.20 poder habello/podelle haber; 138.22 quesistete asegurar/quesiste asegurarte/quesiste asegurar; 212.14 entender la persona que se ama/entenderse la persona que ama (hay error de dictado interior que comete el componedor de la prínceps, y el revisador de Mofrece esta propuesta para enmendar la anomalía) 1.4.2.8. Valores del se 1.4.2.8.1. Ausencia o presencia de se pronominal: 7.14.reírse/reír; 249.27 aventurábase/aventurabas/aventuraba 1.4.2.8.2. Ausencia o presencia de se pasiva refleja: 95.8 acabó/se acabó (Montero establece que no descarta que pasiones pueda ser sujeto de un verbo pasivo reflejo conjugado en singular por su anticipación en la frase) 35 1.5. Funciones del SN 1.5.1. Sujeto 1.5.1.1. Cambio de sujeto reflejado en terminación verbal: 20.13 m, l y f optan por el imperativo de segunda persona singular: pinta, da, busca. La presencia de llegaos dos versos más abajo permite, sin embargo, entender que el sujeto de tales verbos es un vos de valor impersonal; 22.24 causó/causaron; 34.30 vo/va; 118.19 era/eran; 120.23 quisiese/quisieses; 130.16 puesta/puesto 1.5.1.2. Variación impersonalidad: 123.26 se me entienden/se me entiende de 1.5.2. Complemento directo 1.5.2.1. Cambio de CD reflejado en pronombre átono: 119.26 os/te (puede ser un rasgo coloquial) 1.5.2.2. Anteposición del objeto: 124.8 ha muchos días/muchos días ha 1.5.2.3. Alternancia entre complemento directo y complemento de lugar por presencia de preposición: 30.6 por los trigos/los trigos 1.5.3. Complemento indirecto 1.5.3.1. Alternancia entre complemento indirecto y sujeto: 161.3 llevando a él/llevando él (Montero adopta la solución de complemento indirecto porque la enmienda cuadra mejor con la situación de semisecreto que en ese momento vivían los dos enamorados) 2. El verbo 2.1. Forma o morfología verbal 2.1.1. Variación en el radical verbal: 168.16 quiriendo/queriendo 2.1.2. Asimilación: 51.20 poder habello/podelle haber; 79.6 dicía, decía; 94.12 ocupar a los salvajes/ocupar allos (probablemente el corrector quiso escribir ocupallos y el cajista no entendió su propósito, dando esto como resultado es ocupar allos) 2.1.3. Metátesis: 117.10 veldo, vedlo 2.1.4. Incorporación de -y como desinencia en la primera persona del singular de los presentes: 28.24 voy/vo 36 2.1.5. Alternancia formal entre verbos proparoxítonos que todavía no han sufrido pérdida de la -d-intervocálica: 243.11 recibiríades/recibríades; 262.20 quejáredes/quejardes 2.1.6. Formas etimológicas corrientes en la época: 29.7 cayo/caigo; 90.1 traiga/traya 2.1.7. Formas que coexistían en la época: 98.14 atorgásemos/otorgásemos; 176.23 riyeron/rieron (forma analógica con un presente riyo); 195.3 riyendo/riendo; 220.29 aflixgas/aflijas (forma anómala y ocasional de presente de subjuntivo motivada probablemente por el carácter de cultismo de introducción reciente de afligir, aunque también puede verse influida por subjuntivos en -ga como caiga); 262.33 dejiste/dijiste 2.1.8. Lusismo morfológico: 63.2 llorardes/llorades; 81.13 pareza/parezca 2.1.9. Concordancia entre participio verbal y el complemento directo: 123.3 olvidada/olvidado 2.2. Construcción verbal 2.2.1. Alternancia entre ausencia y presencia de pasividad/conservación y no conservación de ser como verbo auxiliar seguido de participio: 99.13 nacida/fui nacida 2.3. Valores verbales 2.3.1. Alternancias temporales y modales: 17.17 hacía/hace; 28.7 pacía/pasta; 35.11 vía/vi yo/vi; 94.19 ocuparon/ocuparan; 96.28 procurará/procura (error de la prínceps por haplografía); 104.11 mostrase/mostrarse; 106.21 puedo/pude; 110.4 podrá/podría; 110.13 y aunque no os duela/y si no os duele; 117.19 pareció/parecía; 131.7 imaginaba/imaginando; 152.2 entiende/entendió; 152.4 canse de/cansase en; 152.18 mostróse/mostrarse; 152.22 llega/llegó; 161.24 da/dio; 162.21 prosiguiendo/prosiguió; 211.27 pasaban/pasan; 212.25 entendieras/entenderá; 221.24 sea/será; 229.18 paga/pago; 250.19 imaginó/imaginara; 272.14 podía/podría 2.3.2. Intercambio temporal entre los dos verbos de las oraciones coordinadas: 260.5 no hay pasión ni habrá turbarme/no habrá pasión ni hay turbarme 37 2.4. Ámbito de formas no personales 2.4.1. Intercambio de formas: 273.18 llegando/llegado; 288.8 estando/estado 3. Variación intertestimonial en el discurso 3.1. Sintaxis oracional y supraoracional 3.1.1. Conjunción copulativa se ha convertido en una coma: 48.24 lágrimas y/lágrimas; 118.3 juegos y amores/juegos,amores/negros amores; 129.9 de tan/y de tan (Montero piensa que si la lección de Mes la correcta, la prínceps presentaría aquí un error idéntico al que ha podido producirse en 118.3); 141.2 y la más/la más 3.1.2. Ausencia de conjunción copulativa: 30.1 y/omisión; 111.12 y ese/ese; 129.2 de tan/y de tan; 141.2 y la más/la más; 189.15 y lustre/ilustre; 227.14 y por/por 3.1.3. Ausencia de conjunción disyuntiva: 133.19 la fortuna/o la fortuna 3.1.4. Ausencia de conjunción adversativa: 48.27 mas yo/yo 3.1.5. Intercambio entre conjunción adversativa y conjunción condicional: 110.13 y aunque no os duela; y si no os duele 3.1.6. Intercambio entre conjunción disyuntiva y conjunción copulativa: 30.16 o/y; 77.26 o/y 3.2. Construcción textual 3.2.1. Variaciones de nominalización: 98.4 visitar/visita 3.2.2. Información nominal: 131.5 quejas/quejar 38