Pinceladas de la ciudad de Pittsburgh
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117 Revista académica liLETRAd, 1 (2015). p. 117-125. ISSN 2444-7439. Pinceladas de la ciudad de Pittsburgh Conferencia escrita por Carmen C. Castro Moreno con motivo de presentación del libro “En realidad las naranjas son manzanas” (Steel City) Carmen Cayetana Castro Moreno Universidad de Sevilla El primero de los libros que vengo a presentarles “En realidad las naranjas son manzanas” es el producto de querer fingir una fantasía. Y es precisamente la búsqueda de lo imaginario en esta novela narrada a modo de Diario el principal condicionante que me llevó a situarla en una tierra lejana que además no habría de haber pisado nunca. Efectivamente durante el siglo XX podemos afirmar que toda una época de viajes en las narraciones ha quedado liquidada. Los avances en las comunicaciones han posibilitado, sin duda el acercamiento entre países, pero el hecho de intentar crear una atmósfera cercana solamente basada en la invención artística me atraía sobremanera. En mi caso he visitado los Estados Unidos en dos ocasiones: una bordeando la costa neoyorkina y la otra para bañarme en las playas californianas de San Diego, por supuesto aprovechando unas estancias de investigación en dos universidades. Es el único motivo que me hace dudar de que este primer libro contenga todos los ingredientes necesarios para calificarlo como genuino, pues la toma de contacto con el país en el que se sitúa, Los Estados Unidos de América, hace peligrar la inmunidad pretendida por mí misma como autora en un principio, pero en cambio es garantía de ciertas realidades, y producto de la recopilación de noticias de la ciudad de Pittsburgh, en la cual se desarrolla el argumento principal de la acción. Naturalmente la aventura literaria está unida al viaje, ¿a quién no le siguen fascinando los vagabundeos de algunos autores? Sin embargo, en Steel City o Ciudad de Acero, como también es conocida Pittsburgh, por las fábricas de este material que tanto trabajo reportaron tras las épocas de crisis y guerras a partir de los años 80, no se emprende ningún viaje. La protagonista, Halley B. vive en la ciudad, y soy yo misma, la narradora en tercera persona, quien emprende un recorrido en la distancia que debería de acercar al lector o lectora al país estadounidense. Pero estaremos de acuerdo en que los viajes pueden ser de muchos tipos, hasta metafóricos, porque para meterme en el pellejo de la inquieta adolescente Halley B., cuyo apellido no se menciona, hube de retroceder en el tiempo, recreando una atmósfera juvenil que me remontaba tres décadas atrás. Como Ulises en La Odisea tuve que sembrar la base del exotismo y la aventura que en la novela se acentúa por la intriga que rodea a Halley B., una sociedad eminentemente machista y algo retrógrada, contraria a los ideales de la joven soñadora-protagonista, a su vez consciente y comprometida con las causas que considera justas. Observadora y muy humana, protagoniza el más excelente de los viajes: querer dar respuestas a la filosofía o la religión, y en definitiva, a
118 Carmen Cayetana Castro Moreno - Pinceladas de la ciudad de Pittsburgh creencias sobre el alma y el cuerpo, y en ello se debate de una manera simple pero contundente, dejando las ideas claras y revelándose cuando falta hace. En estos términos se expresa Halley B.: Después de este desencuentro entre Sor Theresia B. y yo, me fui a la biblioteca del colegio, un recinto ni amplio ni estrecho, lleno de enormes columnas de librejos. Necesitaba estar en silencio. Meditando. Al poco me interesé por las enciclopedias, quise buscar en ellas los secretos que la vida esconde. Encontré descripciones de la materia y un medio ensayo filosófico que pretendía dar a entender que los humanos nos hayamos en un paso transitorio entre dos dimensiones del éter. Y aunque esto me sirvió para comprender qué era materia y qué la filosofía, tardé un rato en percatarme de que aquel habitáculo semivacío en el que me hallaba era la mera representación de la escena de mi propia existencia y de que yo era un mero agente circunstancial y moldeable, cuya energía positiva se encaminaba a tratar lo imposible. De ahí el conflicto que nadie supiera descifrar en óptimas condiciones. Según las descripciones que encontraba, la materia habita en nosotros, dentro de nuestros cuerpos. Estamos formados por miles de sus partes y la filosofía las complementa tratando de dar respuestas al alma, expresándose en unos conceptos abstractos. Las concepciones derivadas de ella solo entendían mi pensamiento como una probabilidad estadística. (Steel City, págs. 67-68) Halley B. se revela contra los cánones establecidos y las normas impuestas que no conduzcan a la explicación de los hechos, y en especial le atormenta la desaparición por muerte del hermano pequeño de una de sus íntimas amigas, Brandon K. El alma inquieta de Halley B. la lleva a cuestionar a muchos de los personajes que aparecen el libro, aun estos tengan una presencia esporádica o no, y por supuesto a investigar ella misma la veracidad de circunstancias utilizando sus propios recursos –un autobús de línea le sirvey recelando de las informaciones dudosas. Impresionantes árboles triangulares nos saludaban, algunos de ellos eran secuoyas gigantes, de increíbles dimensiones. Rodeaban a un pequeño valle y pude verles una de sus enormes raíces, yacía en el suelo, al margen de la carretera. Entre ellos asomaban de vez en cuando las exóticas ceibas, especies raras de encontrar, reconocidas por su robustez y frondosidad. Un túnel de árboles de maple rojizos se abría antes nuestros ojos, repentinamente, y rodeaba al autobús como si de un gusano se tratara. Avanzábamos hacia mi objetivo. Voilá. (Steel City, pág. 99) Halley B. descubrirá el amor y el dolor, en un recorrido que la hará madurar como persona, para de ese modo descubrir la diferencia entre la realidad y la fantasía, y por supuesto decorar su mundo en los tiempos del mandato del presidente Ronald Reagan, en que algunas de las leyes que tenían que ver con los derechos fundamentales se recrudecían. La grandilocuencia enquistada en la que ha de sobrevivir a la sociedad industrial, la convulsión de la guerra y la lucha de la revolución de clases marcan en todo momento una clara disolución con la realidad, y la crisis interior de la protagonista la hará ser el máximo exponente de la mujer moderna. Incluso estos detalles se patentizan en sus discursos vanguardistas, que lejos de procurar desarrollar la acción a través del viaje, lo esquivan, prefiriendo la vía de escape más recurrente en ella: la onírica. Esta faceta se presenta como la solución a conflictos de difícil resolución y se entremezcla con la realidad inventada por mí, en este caso la autora:
119 Revista académica liLETRAd, 1 (2015). p. 117-125. ISSN 2444-7439. Algunas fábricas de acero despuntaban por sus largas y apagadas naves de techo igualado, unitarias, formando hileras entre calles paralelas. Olía a pintura de látex, a resina plástica hecha de acrílicos, a resina y a disolvente. La respiración era limitaba aun habiendo arbustos cercanos. (Steel City, pág. 59) Este es sin duda el motivo por el que les animo a leer Steel City. Su temática guarda más relación con el Bloom de Ulises, de Joyce, porque como él, Halley B. está finalmente más apegada a los suyos de lo que los demás suponen.