La identidad de Rosa Montero en la columna periodística
Full text
UNIVERSIDAD DE SEVILLA GRADO DE PERIODISMO Trabajo Fin de Grado Convocatoria: Diciembre de 2016 La identidad de Rosa Montero en la columna periodística ANA BERNAL MONGE Vº Bº Tutora del trabajo Pilar Bellido Navarro Sevilla, Diciembre de 2016
ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………..1 1.1. Objeto de estudio…………………………………………………………..1 1.2. Objetivos…………………………………………………………………....2 1.3. Fundamentación teórica…………………………………………………...4 1.4. Metodología……………………………………………………………….10 1.5. Bibliografía………………………………………………………………..13 2.- PRESENTACIÓN DE ROSA MONTERO……………………………………..13 2.1. Biografía profesional de Rosa Montero. Trayectoria periodística…….13 2.2. Producción literaria………………………………………………………19 3.- ANÁLISIS DEL CASO: EL COLUMNISMO EN ROSA MONTERO………23 3.1. Ethos nuclear y retórico en el columnismo monteriano………………..23 3.1.1. La transición democrática……………………………………...23 3.1.2. Los años noventa………………………………………………..34 3.1.3. El nuevo milenio: esperanza en el cambio…………………….43 4.- CONCLUSIONES…………………………………………………………………53 5.- BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………..55
1. INTRODUCCIÓN 1.1 Objeto de estudio El valor de la información y opinión periodísticas se ha mostrado, desde sus inicios, como uno de los pilares fundamentales sobre los que se ha sustentado la sociedad; más aún en la actualidad, en el marco de una sociedad democrática, como es el caso de España. Desde la Antigüedad, ha sido un hecho reseñable la difusión de informaciones y opiniones por distintos medios, que han ido evolucionando a lo largo de la historia. Desde la aparición de los llamados libelos desde comienzos del siglo XVI hasta la edición de la primera publicación consistente, La Gazette de Theophraste Renaudot podemos hablar de periodismo. Periodistas, escritores y literatos han tenido la oportunidad de plasmar sus letras en los periódicos, configurándose como creadores de opinión pública y representantes de la misma, sentando cátedra desde los distintos espacios constituyentes de los medios de comunicación a lo largo de la historia. De este modo, “sorprende en los diarios españoles, y desde hace mucho tiempo, la alta calidad literaria de sus colaboradores.” (De Miguel, 1982:15). Hemos de avanzar hacia la historia más reciente de España para situar los inicios de Rosa Montero en la profesión periodística. Para ello, hemos de considerar uno de los momentos más importantes para el periodismo español-sobre todo, teniendo en cuenta las décadas antecedentes, caracterizadas por la ausencia de libertad en los medios de comunicacióncomo es la transición a la democracia. Es en esta época cuando Rosa Montero, nuestra autora, se introduce en el mundo del periodismo, como profesional comprometida con la democracia y los derechos y libertades de los ciudadanos. La actuación de Montero se enmarca en un momento en el que “(…) la prensa actuó como verdadera abanderada del cambio.” (Castro, 2010:190). Actualmente, sus columnas son esperadas por miles de lectores cada domingo, en El País Semanal, habiéndose ganado, gracias a su estilo tan personal y a la defensa comprometida de ciertos temas que la caracterizan –especialmente, los socialesa gran parte del público lector de El País, medio en el que ha desempeñado la mayor parte de sus años de profesión.
El periodismo, frecuentemente, ha sido una actividad muy relacionada con la persuasión, con la adhesión de las masas, adscritas a una ideología u otra, y seguidoras de unas máximas determinadas. Por tanto, podemos hablar del ethos del emisor, definido como “el argumento que se apoya en el carácter del autor” (López Pan, 1996: 47); así como el ethos del medio -reflejado en su línea editorial y los principios editoriales que rigen la publicaciónen la historia del periodismo. El objeto de este trabajo es el estudio del ethos o talante de la periodista y escritora Rosa Montero reflejado en sus columnas periodísticas, uno de los géneros por excelencia y que más ha cultivado la autora. 1.2 Objetivos A lo largo de la historia, han sido muchos los profesionales que han utilizado el periódico como medio de agitación, formación y, en definitiva, canal de comunicación de la población; como medio de transmisión de una máxima que han considerado -por diversos motivos y circunstanciasnecesario difundir. Es posible que un alto porcentaje de la sociedad, cuando tiene en sus manos un periódico, cuando accede al sitio digital de un determinado medio de comunicación o se configura como oyente o televidente de ciertas emisoras, no sea consciente del poder de influencia que puede llegar a atesorar el emisor que, desde las páginas, platós o estudios de un medio de comunicación, se dirige a su público cada día, cada semana o cada mes. Y en muchos casos, según han determinado la mayoría de estudiosos de la materia y veremos más adelante, el ethos o carácter del periodista, se plasma en estos textos, creando una imagen -real o textualde este emisor en cuestión. En esta imagen incide, como aspecto esencial, el medio de comunicación, la trayectoria del periodista o la forma de sentir o de pensar del emisor, su ideología y/o visión del mundo, representada en sus textos, la personalidad con la que enfocan su trabajo y se enfrentan a cada tema de actualidad que se presenta ante sus ojos y las estrategias retóricas que despliegan en sus textos. La periodista Rosa Montero, de amplia trayectoria y reconocimiento en España, es popular por sus columnas de opinión-además de otros génerosque, cada domingo, son publicadas en El País Semanal; un género que conoció su momento de esplendor en los años sesenta en Estados Unidos, pero que en España tomó cuerpo en
los años ochenta, momento en que Rosa Montero se incorpora activamente a la profesión en el diario El País. La hipótesis en que nos basamos y deseamos comprobaren el caso de que así seaes el hecho de que los periodistas, en nuestro caso Rosa Montero, se valen de distintas técnicas de persuasión a partir de sus textos periodísticos, mediante las que obtendrán una determinada posición por parte de sus lectores. En el caso concreto que nos ocupa, nuestra hipótesis a demostrar es que Rosa Montero se vale de ciertos recursos retóricos para ello, que sus artículos de El País Semanal incluyen el ethos de la autora, que su visión de la vida y del mundo en que vivimos está oculta, como un entresijo entre las letras de sus manifiestos, y que estos textos son los creadores de su imagen, pudiendo encontrar la esencia de la autora atesorada en los mismos. Siguiendo con nuestra hipótesis, la periodista y escritora protagonista de este trabajo ha sido definida, frecuentemente, como una firme defensora de la mujer, opositora al machismo y la sociedad del patriarcado, así como a la desigualdad en cualquiera de sus vertientes. En otras palabras, Rosa Montero es considerada como una mujer activista, transgresora, defensora de la libertad en cualesquiera de sus manifestaciones, siguiendo la línea trazada (al menos, originalmente) del medio en el que ha desempeñado y desempeña su profesión. Rosa Montero “cree que debe estar atenta a las posibles injusticias y a la gente más débil (…)” (García, 2006: 177). Es por ello que nos preguntamos si, en efecto, esta imagen, este carácter que la define, este ethos que hemos definido de forma breve en líneas anteriores, se imprime en sus textos, si es reflejado en sus columnas semanales, si estas características se relacionan con los temas de sus trabajos. El objetivo del trabajo que nos ocupa es conocer si esta premisa que afirma que el ethos se manifiesta en los textos es cierta y si dicho ethos configura y define a esta profesional como una mujer defensora del progresismo en todas sus vertientes, comprometida con el feminismo y la preocupación y defensa por los sectores más débiles de la sociedad, como se presupone, o si, por el contrario, con el paso de los años, su fuerza libertaria y transgresora ha disminuido (en consonancia con el desarrollo de El País) y ha evolucionado a un progresismo débil, más cercano al centralismo y la moderación; incluso un ethos más centrado en sí misma que en los demás, un carácter más personalista que la haya alejado de su ethos originario.
1.3 Fundamentación teórica. El análisis e investigación del ethos se nos presenta como una disciplina que ha ocupado a los estudiosos de la lingüística, el análisis de contenido y los géneros periodísticos durante décadas, sobre todo, del pasado siglo XX y en el siglo XXI. La presencia del “yo” del autor en los textos, de una forma u otra, y la configuración del carácter del emisor a partir de sus trabajos, ha sido una constante en estos últimos siglos, sobre todo en relación a la persuasión que los periodistas ejercen a través de los medios de comunicación en los que colaboran. Desde la Grecia Clásica, en manos de Aristóteles y su retórica hasta nuestros días, los medios de información y opinión, garantes de la democracia, se han consolidado como lugares desde los que persuadir, controlar y ejercer influencia en la audiencia. El ethos se divide en dos aspectos complementarios: el ethos nuclear y el ethos retórico. En relación con este aspecto, en sus orígenes, la retórica se relacionaba fundamentalmente con el objetivo de “dar al texto un carácter persuasivo.” (Plett, 1999: 79). Y ya los antiguos griegos consideraban la persuasión “un arte de tratar la conciencia de los hombres (…) con el objetivo de conducirlos al bien y a la verdad.” (Santamaría y Casals, 2000: 38). Para Van Dijk, la retórica es “el arte de embellecer la expresión para hacerla más efectiva.” (1999:26). En la actualidad, por un lado, la retórica moderna, “difiere necesariamente de la tradicional en numerosos aspectos. (…) se centra en el lector/oyente, lo que significa un cambio radical en el planteamiento (…)” (Pett, 1999: 79-80). Sin embargo, este cambio no es sustancial, ya que Aristóteles ya consideraba al receptor como elemento fundamental en el proceso de comunicación y persuasión, “Aristóteles intuyó algo que hoy en día es punto de partida de toda comunicación: para persuadir de lo verdadero, la personalidad del oyente es fundamental, es el otro polo sin el cual no es posible comunicación alguna; sin él la palabra carecería de sentido.” (Casals y Santamaría, 2000: 41). Hablaríamos, así, de tres elementos necesarios para que la comunicación sea efectiva, “a) el carácter del orador, b) el oyente, c) los discursos (…)” (2000: 42).
Aristóteles hablaba de varios grupos de “virtudes o excelencias” que posibilitan que la persuasión tenga lugar, “el entendimiento o intuición (…) la capacidad de comportarse racionalmente (…) capacidad de argumentar; ciencia (episteme) (…); sabiduría (sophia), conocimiento que aúna la ciencia y la intuición; prudencia (prhónesis), que se refiere a la forma de actuar (…)” (2000: 44). Por lo tanto, en la actualidad, “la finalidad del discurso retórico aparece clara e indudable: lograr la persuasión, la adhesión de la audiencia a la parte de la causa defendida por el orador” (López Pan, 1996, p.83). Todo lo anteriormente expuesto nos lleva a hablar del llamado “estilo de solicitación de opinión en periodismo”, y los textos que se incluyen dentro de dicho estilo tienen el fin de “establecer opiniones razonadas para lograr una adhesión a tesis difícilmente comprobables y, en general, perfectamente refutables.” (Casals y Santamaría, 2000:39). La búsqueda del ethos retórico y nuclear en las columnas de Rosa Montero es una forma de encontrar el canal y técnica por los que la autora logra esta persuasión. Y el ethos, recuerda López Pan, “no precede al discurso porque se da en él (…) nace del discurso y en el discurso; no es un prejuicio del público/audiencia en relación al orador” (1996: 56). Además, hemos de tomar en consideración a la audiencia del medio de comunicación donde escribe el autor, debido a la importancia que tiene el receptor en el proceso comunicativo y que hemos mencionado con anterioridad. En el caso de Rosa Montero y El País, la audiencia de este diario espera una actitud determinada por parte de la periodista. Por un lado, el público lector mantiene una sintonía ideológica que espera que sea expresada por parte de quienes hacen el diario cada mañana, “cada medio tiene necesariamente un autor implícito que se identifica con los principios editoriales (…)” (López Pan, 1996:29); y, por otra parte, la publicación y lectura asidua de los artículos de Rosa Montero crea una relación de empatía y amistad con la audiencia. Es decir, “(…) la credibilidad del que habla o del autor de un artículo-que sea digno de confianza, fiable-garantiza que la audiencia (o los lectores) admita como probado lo que afirma” (1996: 47). “El ethos es el conjunto de cualidades intratextuales del orador que le convierten en persona digna de confianza; entre ese conjunto, se incluyen también los valores y
principios morales.” (1996: 112). Por lo tanto, la reiteración de libertad y democracia por las que aboga Montero la sitúan como personaje de autoridad y referencia entre los lectores de El País, un periódico que se define como progresista. “El autor implícito del periódico se manifiesta en dos niveles. El primero consiste en la selección de los acontecimientos (…). A esta primera manifestación del sistema de valores hay que añadir (…) la organización del material informativo en la estructura textual y las elecciones léxicas” (1996:114). Como hemos comentado anteriormente, el periódico engloba una línea editorial que lo caracteriza y que expone en sus principios editoriales abiertamente. Y aunque al pensar en un periódico, recurrimos a los textos narrativos o noticias, hemos de fijarnos en las columnas y editoriales, especialmente en las primeras, debido al tema de nuestro trabajo, para encontrar la condensación de este contenido del periódico. “Los columnistas en general, con matices, sintonizan con la ideología del periódico y valoran los acontecimientos desde unos parámetros normativos similares (…) que configuran el ethos del periódico”. (1996: 114). Centrando nuestra exposición en el género que analizaremos, la llamada columna, ésta “se sitúa en un punto intermedio entre los géneros de opinión y la literatura propiamente dicha.” (De Miguel, 1982: 18). La columna podría definirse como “el texto de opinión de periodicidad y ubicación fijas, que enjuicia cualquier tema, más o menos actual, redactado con gran libertad expresiva (…)” (Armañanzas y Díaz Noci, 1996: 123). Según Martínez Albertos, “El columnista no es necesario que adopte siempre una posición ante los hechos; puede sin más, tratar de explicarlos. (…) Desde un punto de vista literario, el columnista tiene mayor margen para expresarse sin la ampulosidad y nobleza del editorial, utilizando giros y expresiones de tipo coloquial o incluso desgarradas (…)” (1982: 390). Destaca este autor, además, el llamado “estilo ameno o estilo folletinista”, que describe como “un estilo menor, entre la literatura y el periodismo (…)“una tónica de trabajo muy querida por los columnistas, en sus comentarios sobre cuestiones de gran enjundia(…)” (1982: 393). Ricardo Saavedra, por su parte, sitúa “el carácter persuasivo del género como su rasgo definitorio.” (1982: 35).
Añadimos, pues, que “sigue siendo muy difícil despreciar un artículo de opinión porque es literatura en vez de periodismo. El lenguaje es una herramienta para expresar la idea pero también es la idea misma, el pensamiento cuando llega al lector.” (Casals y Santamaría, 2000: 133). Antonio López Hidalgo afirma que “no existe género más vivo ni descarnado que la columna, ni más íntimo y más público a la vez.”. Destaca “Su brevedad compacta y rotunda, su estilo ágil y asequible, sus temas dispares y extraordinarios (…)” (2012:109). Los artículos y columnas suelen ir firmados por el periodista o colaborador, sin embargo “tienen más que ver con la opinión del diario de lo que parece. No es ningún azar la nómina de colaboradores de un rotativo.” (De Miguel, 1982: 25). En este sentido, cada texto es “una opinión individual que usa el periódico para expresarse, precisamente porque la considera valiosa y dentro del marco de objetivos espirituales e ideológicos que definen la llamada línea editorial.” (Martínez Albertos, 1982: 381). Para los articulistas o columnistas “lo importante es tener claras las ideas que quieren transmitirse (…) Deleitar con un estilo claro y agudo (…) Enseñar porque todo artículo ha de mostrar un pensamiento y no un lugar común. Conmover o inducir a la reflexión o a la adhesión, porque ese es su fin último (…)” (Casals y Santamaría, 2000: 128). De este modo, acercándose más o menos a la línea editorial del medio, Sánchez Bravo afirma que “El periodista, quiera o no, produce persuasión manejando argumentos y pruebas (…) Dirigiéndose a la opinión está haciendo opinión-cultura (…)” (1979: 212). El autor/a, desde su posición privilegiada, creará opinión, convencerá con sus máximas. Se convertirá – a medio o largo plazoen una autoridad para los lectores del medio, creando una suerte de seguidores que apoyarán aquello que el autor/a defienda, considerándolo como lo correcto y verdadero. Así, “(…) el articulista está para deslumbrar al lector, dándole una falsa seguridad que es en lo que consiste la tarea de crear opinión (…)” (De Miguel, 1982:24). López Hidalgo explica que “el lector busca en el periodista y en el columnista una voz que proteja sus derechos, un portavoz de sus propios convencimientos y sentimientos.” (2012: 100).
Casals, Armando De Miguel, Fernando López Pan o Antonio Sánchez y así comprobaremos si Rosa Montero ejerce esta persuasión como consideramos a priori por medio de sus textos o, por el contrario, no es así, llegando, por tanto, a una conclusión u otra. 2. PRESENTACIÓN DE ROSA MONTERO 2.1 Biografía profesional de Rosa Montero. Trayectoria periodística La periodista y escritora Rosa Montero guarda a sus espaldas más de treinta años ejerciendo la profesión de periodista. Además de ello, es conocida nacional e internacionalmente por su narrativa, con la publicación de trece novelas, además de otros trabajos entre los que se encuentran cuentos infantiles o recopilatorios de sus entrevistas más célebres. Rosa Montero nace el 3 de enero de 1951 en la ciudad de Madrid. Desde muy pequeña la madrileña está muy unida a la lectura y la escritura, y gran parte de esta tendencia se debe a su reclusión en casa desde los 5 hasta los 9 años, como consecuencia de la enfermedad de Tuberculosis. Desde este momento, en su infancia, Montero comienza a escribir (Ángulo, 2011: 299). Tras cursar sus estudios preuniversitarios en el Instituto Beatriz Galindo de Madrid se matricula en la licenciatura de Filosofía y Letras, carrera que pronto abandona para, posteriormente, matricularse en la licenciatura de Periodismo, carrera en la que se licenciaría en la Escuela Oficial de Periodismo. Esta carrera la complementaría con Psicología, que estudia en la Facultad del mismo nombre (2011: 301). En su juventud, especialmente en los inicios de la década de los años sesenta, participó activamente en los grupos de teatro independiente que se forjaban y desarrollaban en este momento, destacando, especialmente, los grupos de teatro Canon y Tábano (2011: 301). En palabras de la madrileña, “hubo una explosión de teatro independiente y yo que había empezado periodismo, que había empezado psicología y letras, que trabajaba como periodista desde el primer año, me metí a hacer teatro pura y simplemente porque eran los más modernos (…) estuve cinco años haciendo teatro con ellos porque me encantaba (…)” (Montero, 2010).
No es hasta el año 1969 cuando Rosa Montero comienza a desempeñar su profesión como periodista. La trayectoria de la autora se divide en varios medios de comunicación de prensa escrita, como son Pueblo, Arriba, Mundo Diario, Hermano Lobo, Posible o Fotogramas, (Biblioteca Nacional de España, 2016). De esta manera, la periodista osciló entre diarios de corte franquista y diarios de corte más liberal, consecuencia, probablemente, del giro político que sufriría el país desde finales de los años sesenta –momento en el que Rosa Montero comienza a ejercer como periodistahasta los años ochenta, con la transición democrática ya establecida en el país. (Biblioteca Nacional de España, 2016). El desarrollo de la prensa al servicio del régimen franquista tiene lugar con el fin del conflicto bélico. Aunque “Durante la Guerra se habían tomado ya diversas disposiciones sobre incautación de la prensa de izquierdas (…) En 1937, se creó la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, embrión de lo que pronto se conocería como Prensa del Movimiento (…)” (Fuentes y Fernández ,1998: 253). Es en este momento cuando comienzan a surgir numerosas publicaciones de ideología afín al régimen. Esto es debido a que “La política de incautaciones aplicada durante la Guerra Civil había permitido al Estado franquista acumular un formidable patrimonio en medios informativos” (1998: 254); en algunas de ellas colaboró Rosa Montero durante años. En el caso de Pueblo, es de destacar que nacía en el año 1940 como diario vespertino, afín a las ideas franquistas, un periódico “(…) cuya misión fundacional era servir de vehículo portador de la propaganda del régimen franquista y cantar las excelencias del sindicato vertical.” (Alférez, 1986: 115). Sin embargo, a partir de la entrada de Emilio Romero en la dirección del diario, éste “(…) supo abrir el periódico a la información en vez de dejarlo encerrado en un integrismo franquista.” (1986:116). Por su parte, Arriba se englobaba dentro del grupo de ideas cercanas al periódico anteriormente mencionado, de modo que incluso el propio Francisco Franco publicó en este periódico: “Fue el propio Franco quien se puso al frente de esta cruzada propagandística publicando en el diario Arriba una larga serie de colaboraciones periodísticas con el seudónimo de Jackin Boor, con la masonería como tema estelar” (Fuentes y Fernández, 1998: 260). Ambos se disolvían con la desaparición de la prensa del régimen.
La periodista afirma en una entrevista: “Trabajé en el Pueblo de Emilio Romero. Y de Pueblo me fui al Arriba, con 19 años, a hacer las páginas centrales con Pedro Rodríguez. Éramos rojos todos menos Pedro Rodríguez. Como era el Arriba nadie se fijaba en lo que salía, se daba por entendido que era fiel al régimen.” (Montero, 2016). Por su parte, Mundo Diario, otro de los periódicos en los que colabora Rosa Montero, nace muy cerca de la época de transición, en 1972, años previos a que diarios como El País o Diario 16 vieran la luz. Este semanario se transformaría poco después en una publicación diaria; un periódico “(…) en línea marcadamente izquierdista.” (1986: 89). En Cuadernos para el diálogo, fundado en 1963 (Muñoz, 2006: 25) también colaboró Rosa Montero, así como Hermano Lobo, descrita como “cáustica e irreverente revista de humor (…)” (Ángulo, 2011:300) o Fotogramas, revistas que ofrecieron “un medio favorable a un periodismo literario renovador, heredero de la larga y rica tradición autóctona.” (Bernal y Chillón, 1999: 352-353). Con el final de la dictadura y el desarrollo de la transición democrática, autores como Sebastián Bernal y Albert Chillón hablan del “Nuevo Periodismo” español, que se caracteriza por ser “(…) un inventario de transformaciones experimentadas por la prensa escrita española (…) entre el tardofranquismo y la hora presente(…)” (1999: 351). Ambos definen un nuevo género que cuenta con autores destacados por la “(…) búsqueda de la excelencia y la innovación a través –entre otras cosasde la vindicación de una escritura de calidad, destilada del conocimiento de la rica tradición periodísticoliteraria autóctona y foránea.” (Bernal y Chillón, 1999: 352). Aunque trabajará en otros medios de comunicación como el periódico Posible, desde finales del año 1976, en plena transición democrática española, comienza a trabajar en exclusiva para el diario El País, fundado precisamente en el citado año. El País irrumpe con fuerza en la sociedad española, un diario que “(…) había cubierto de inmediato las ansias lectoras de un círculo importante (¿10.000 lectores) de incondicionales; después arraigó fuerte en las esferas de poder político y empresarial.”(Alférez, 1986:42).
El País contaba con “una plantilla de grandes profesionales y se nutrió de firmas que en las etapas difíciles del franquismo habían escrito sus artículos en medios tan emblemáticos como Cuadernos para el diálogo y Triunfo (…)” (Castro, 2010:216); profesionales entre los que se encuentra Rosa Montero. Montero “Trabaja como periodista desde que cumple 19 años. Esa es la profesión que le aporta una remuneración básica para subsistir. Trabaja en El País desde principios de 1977, y es columnista desde finales del 78” (González, 2016). Destaca su cargo como redactora jefa del suplemento dominical de este diario, en el tramo que va entre los años 1980 y 1981. A pesar de que lleva 40 años trabajando para El País, la periodista confiesa: “Nunca me he sentido del todo cómoda con la línea de El País. Ni ahora ni nunca. Siempre he sido un verso suelto. Recuerdo cuando empezó a aparecer todo el asunto del GAL. El País defendía muchísimo a Felipe González y yo era súper crítica; y a pesar de ello, siempre me han dejado publicar mi opinión. Eso es una grandeza para un periódico" (Montero, 2016). Rosa Montero se clasifica dentro del grupo de periodistas españoles pertenecientes a este Nuevo Periodismo español. Bernal y Chillón destacan “(…) un tipo de periodismo basado más en la indagación que en la sola opinión y, pues, más conectado con los nuevos periodismos extranjeros (…)” (Bernal y Chillón, 1999:357). Tom Wolfe define esta corriente como “el descubrimiento de que en un artículo, en periodismo, se podía recurrir a cualquier artificio literario (…) y emplear muchos géneros diferentes simultáneamente (…) para provocar al lector de forma a la vez intelectual y emotiva.” (1976: 26). Dentro del citado Nuevo Periodismo podemos incluir la columna que cultiva Rosa Montero, una de sus facetas más célebres. Wolfe habla de un periodismo que consiste en “captar el diálogo, los gestos, las expresiones faciales, los detalles del ambiente (…) esto es, la vida subjetiva o emocional de los personajes.” (1979:35). El artículo de opinión tiene que ver con la subjetividad de la persona, “(…) que siempre busca cauces de expresión (…)” (León, 1996:10). La evolución de los medios de comunicación a lo largo de la historia llevará a la creación de distintos canales, que en un origen fueron orales, luego evolucionaron hacia los medios escritos y posteriormente al género audiovisual y digital.
M. Felicidad García considera que “las columnas son en ocasiones un caldo de cultivo en el que la autora maneja ya conceptos que luego desarrollará en sus novelas de una manera más reflexiva (…) textos que son además un ejercicio de práctica para una literatura más profunda.” (2006:176). López Pan llega a la conclusión de que las columnas o artículos pertenecen al ámbito periodístico, pues “el periodismo no es un simple oficio práctico, sometido a una serie de convenciones estilísticas: a su juicio, no existe un estilo o un lenguaje periodístico uniforme” (2010: 111). Es decir, existe un espacio para la creatividad, la expresividad y la libertad en el periodismo que permite que este oficio no pueda encasillarse únicamente en la rigidez de la noticia. Otro de los campos en los que más ha despuntado la periodista ha sido el correspondiente a las entrevistas. Creadora de una forma más que original de realizar y presentar las entrevistas, en el desempeño de este género pueden apreciarse numerosos rasgos retóricos que no pasan desapercibidos al lector. Chillón subraya la entrevista realizada a Montserrat Caballé por Rosa Montero, describiéndola así: “Rosa Montero acierta a trazar una penetrante semblanza de la cantante mediante la recreación de la entera situación de entrevista; importan, como es notorio, no sólo lo que la entrevistada dice, sino cómo lo dice, con qué actitud y gestos, con qué escenario concreto (…)” (1999: 364). Es por esta singularidad que en el año 1978, Rosa Montero fue galardonada con el “Premio Mundo de Entrevistas”. Sin embargo, Montero destaca en otros géneros periodísticos, aparte de la entrevista. Como ejemplo, citamos la crónica de la visita del Papa Juan Pablo II a España que Chillón recoge: “(…) la captación del habla espontánea (…) la perspicacia y el detalle descriptivos, capaces de captar con sucintas pinceladas la entera atmósfera del evento (…) la visualidad y hasta la sensorialidad con que Montero recrea la escena, gracias a un uso preciso y elocuente de adjetivos, verbos y adverbios…” (1999: 362). La implicación de Rosa Montero con su profesión ha pasado a lo largo de su trayectoria profesional por todos los géneros, subrayando, igualmente, que la periodista recibió el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios en el año 1980.
Más recientemente, recayó en manos de Montero, igualmente, el “Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid”, dedicado a toda una vida profesional en el periodismo, en el año 2005 (Rosa Montero Página Oficial, 2016). 2.2 Producción literaria Como se ha expuesto con anterioridad, quizás la faceta más conocida de Rosa Montero es la periodística. Sin embargo, es autora de una condensada lista de novelas, cuentos y relatos, que la sitúan entre una de las escritoras de referencia en el panorama español, y una reconocida autora fuera de nuestras fronteras. Como veremos más adelante, conviene repasar brevemente algunas de sus obras, ya que el carácter de la literatura de Rosa Montero se puede relacionar con el ethos presente en sus artículos periodísticos. La relación entre literatura y periodismo ha sido estudiada en el último siglo de forma intensiva, y no son pocos los autores que destacan esta unión. Son definidas por Gaona y Torregrosa “como la rama y el tronco que no pueden vivir por separado” (2013: 790). Rosa Montero afirma que existe una frontera entre las disciplinas de literatura y periodismo, de modo que “El periodismo es un género literario como cualquier otro (…) Si las mezclas harás mal. Si escribes novela como si escribieras periodismo, harás mal la novela. Si escribes periodismo como quien escribe novela, harás mal periodismo.” (Montero, 2000). La periodista mantiene una separación entre ambas disciplinas, “En periodismo escribo lo que sé, lo que pregunto. Y en novela escribo lo que no sé, lo que me pregunto. Mi corazón es la ficción, que ha sido mi juego vital desde niña. Lo otro es oficio.” (Rosa Montero, 2011). En el plano literario propiamente dicho, Rosa Montero ha publicado varias novelas; “Como la mayoría de los novelistas, yo empecé a escribir de niña. Mis primeros cuentos los escribí con cinco años (...). Mi madre los guardó, los tengo. Desde que me recuerdo como persona, a los cuatro o cinco años, me recuerdo escribiendo. Es mi forma de ser frente al mundo.”, afirma la autora. (Montero, 2016).
Las novelas pertenecientes a la década de los ochenta y principios de los años noventa, especialmente, tienen un rasgo común: “En todos se produce un progresivo abandono del experimentalismo de los años anteriores que es sustituido por una narración desnuda.” (Bellido, 1992: 252). Estas novelas se sitúan en una época marcada por “El significativo interés por el reflejo de la vida cotidiana de las mujeres, abordando la experiencia de las múltiples marginaciones y problemas sufridos por ellas en la España de estos años (…)” (Nieva, 2004: 153). La primera de ellas, Crónica del desamor, es editada en el año 1979 y se sitúa dentro de una temática relacionada con la crisis triunfante en la sociedad española postfranquista, “La caída del régimen franquista no trajo el mundo feliz tan esperado y las crisis laborales, de la familia, del matrimonio, de la pareja (…) ocupan el centro de interés de nuestra última novelística. Una temática por lo general en función del presente (…)” (Bellido, 1992: 251). De esta novela destaca que “La visión desde la que se nos transmite el testimonio es puramente femenina, no sólo porque la autora es mujer, sino también porque todas sus protagonistas, sus actantes, son mujeres.” (1992: 254). Otra de sus novelas se titula La función Delta, publicada en el año 1981; una novela que la autora presentaba como una obra “escrita utilizando un gran distanciamiento con respecto a mis propias ideas, lo que permite que el personaje principal diga cosas con las que yo no estoy de acuerdo” (El País, 1981). Le siguen Te trataré como a una reina (1983) y Amado Amo (1988), “de Crónica del Desamor a Temblor hay una larga travesía de renovación y de cambio que la autora ha recorrido con un tesón admirable.” (Bellido, 1992: 253). Temblor (1990) destaca con respecto a sus novelas anteriores, pues “(…) dejando a un lado lo testimonial y metanarrativo que había caracterizado a sus novelas anteriores, Montero se acerca por primera vez a la literatura fantástica (…) ” (Pertusa, 1994: 64). En esta novela, “La atención del lector es dirigida no hacia lo que se acaba de concluir, sino a lo que puede llegar a alcanzarse en un lugar remoto, una posible utopía.”(Pertusa, 1994: 66). En esta novela, además, se aprecia: “(…) la implícita reflexión que contiene (…) sobre cómo el poder utiliza toda una serie de mecanismos para transmitir y
reproducir su ideología. Pero también hay una llamada a la rebeldía, a la insatisfacción y a los deseos de búsqueda de un mundo mejor (…)” (Valls, 1995: 97). Por su parte, Bella y Oscura, publicada en el año 1993, es “una novela urbana”, de modo que Rosa Montero “(…) utiliza aquí las técnicas y los géneros (el citado expresionismo, la intriga y fantasía), como herramientas para profundizar en un mundo paradójico y complejo (…)” (1995: 99). En su caso, la novela titulada La hija del caníbal, fue publicada en el año 1997, momento en el que la periodista comenzaba a recibir reconocimientos por su labor literaria. Así, recibía el “Premio Primavera de Novela” en este mismo año. No finaliza aquí la trayectoria literaria de Montero; sin embargo, la proximidad temporal que reviste a la publicación de los siguientes títulos implica la escasez de estudios acerca de los mismos. Destaca en esta trayectoria reciente la novela titulada El corazón del Tártaro, publicada en el año 2001, así como La Loca de la casa, del año 2003. En ésta última, se aprecian “(…) una independencia y libertad adquiridas con la madurez (…)” (Grohmann, 2011: 214). Esta novela, según Grohmann, “contiene considerables dosis de ficción, a menudo bajo el manto de la autobiografía, que así acaba siendo más bien pseudobiografía.” (2011: 217). Montero recibía, además, el “Premio Qué Leer” en el año 2004, otorgado al mejor libro del año, así como el “Premio Grinzane Cavour” al mejor libro extranjero publicado en Italia en el 2005 y el “Premio Roman Primeur” 2006, en Francia (Rosa Montero Página Oficial, 2016). Con Historia del rey transparente, publicada en 2005, la periodista obtenía de nuevo el “Premio Qué Leer” al mejor libro del año, así como el Premio Mandarache en el año 2007 (Rosa Montero Página Oficial, 2016). Llegando a la actualidad, Montero publicaba Instrucciones para salvar el mundo en el año 2008, título al que le era otorgado el “Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas”, de Cognac, Francia, en el año 2011. (Rosa Montero Página Oficial, 2016) Lágrimas en la lluvia se sitúa como una de sus últimas novelas, publicada en el mes de marzo 2011. Situándose en los años más recientes, la autora considera que “Lágrimas en la lluvia y El peso del corazón me parecen las novelas más realistas que he escrito. La ciencia ficción es una herramienta poderosísima para hablar de este
mundo y sus posibilidades.” (Montero, 2015). Este título destaca por su adaptación al género del cómic en octubre de este mismo año. De esta forma, Lágrimas en la lluvia. Cómic recibía el Premio al Mejor Cómic 2011 por votación popular en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona (Rosa Montero Página Oficial, 2016). Con la novela titulada La ridícula idea de no volver a verte, publicada en marzo del año 2013, Montero recibía el “Premio de la Crítica de Madrid” en el siguiente año. La periodista destaca de este título la importancia de las emociones en la literatura: “hacía dos años y medio que Pablo había muerto. Ya tenía mi duelo tan trabajado y distanciado que, en realidad, estaba hablando del duelo de todos. Hay que atravesar las emociones y llegar al sustrato, a lo que en ti es exactamente igual que en los otros. Eso es la literatura.” (Montero, 2015). Mención especial por su diferenciación con el género novelístico merece el libro de relatos Amantes y enemigos, libro que conseguía el “Premio Círculo de Críticos de Chile”, en 1999. Según la autora, este libro “recoge todo tipo de parejas y aunque está basado, sobre todo, en parejas sentimentales, no todas son así. (…) Siempre en la pareja se dan los mayores daños y los mayores beneficios también.” (Montero, 2000). En esta línea destacamos, igualmente, dos ensayos biográficos, titulados Historias de mujeres y Pasiones: Amores y desamores que han cambiado la historia, respectivamente (Rosa Montero Página Oficial, 2016). Su penúltimo libro publicado es El peso del corazón (2015), una novela definida por la autora en una rueda de prensa como “la más íntima (…) una crítica social futurista, tiene todos los elementos necesarios para romper la frontera de los géneros”, (Montero, 2015). En el año 2016 publica su último título novelístico, La carne. La madrileña asegura: "Siempre he huido del relato autobiográfico, pero desde hacía algunos años me sentía capacitada para hablar de un ambiente social y cultural muy próximo a mí. Eso sí, sin mezclarme en él, de la misma manera que un entomólogo estudia los escarabajos peloteros" (Montero, 2016). La autora destaca la “madurez literaria”, que alcanza con su última novela, de modo que "Se trata de mostrar sus sentimientos con cercanía y, a la vez, exponerlos a emociones universales. Si hablas de la pena, que no sea tu pena, sino la de todos” (Rosa Montero, 2016).
Su obra está traducida a más de veinte idiomas, es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico y Premio Internacional Columnistas del Mundo 2014 (Rosa Montero Página Oficial, 2016). 3. ANÁLISIS DEL CASO: EL COLUMNISMO EN ROSA MONTERO 3.1 Ethos nuclear y retórico en el columnismo monteriano Para establecer el ethos nuclear y retórico de Rosa Montero y su presencia en las columnas y artículos de la periodista, procederemos a estudiar la temática de las mismas, así como los recursos retóricos propios de cada etapa. La temática con la que el articulista construye sus textos es uno de los aspectos clave que hemos de tener en cuenta a la hora de detectar y analizar el ethos nuclear en sus textos. Es obvio que existe una gran variedad de temas de los que el autor puede valerse, pero también es cierto que la repetición de los mismos en sus creaciones literarias da lugar a una línea concreta que muestra las preocupaciones e intereses principales del emisor. Siguiendo a López Pan, “la libertad de temas, ideas, estructura, formas expresivas y estilo dibuja una imagen textual del articulista –en cuanto a valores, ideas, objetivos, aficiones, gustos, planteamientos vitales, etc.– que se convierte en un polo de atracción para los que sintonizan con él, en un referente, en alguien digno de confianza.” (2011: 53). Así, la columna periodística es uno de los géneros más proclives en los que podemos encontrar la huella del autor, su ethos nuclear, cuyas virtudes son “características de la persona digna de crédito” (1996: 153). 3.1.1 La transición democrática La trayectoria periodística de Rosa Montero, como hemos detallado, comienza prácticamente en el mismo momento en que la democracia se abre paso en el país, tras cuarenta años de dictadura en los que la libertad para ejercer el periodismo y, mucho más, el columnismo, se encontraba notablemente restringida. De este modo, el comienzo de la faceta articulista de Rosa Montero se sitúa en un contexto de agitación, incertidumbre, cambio a velocidad de vértigo. Una situación que, con el paso de los años, se irá normalizando y dando lugar a la democracia en que vivimos en la actualidad. Así, el contexto socioeconómico, cultural y político en el que
Son utilizadas las comparaciones en muchos casos en los que la periodista quiere expresar su indignación o enfado con respecto a algún tema. De este modo, “los actos de comunicación basados en procedimientos de habla que buscan la espontaneidad y el coloquialismo van dirigidos al lector que está presente (…) como un personaje más” (Bellido, 2015:128). Pilar Bellido se refería a las entrevistas, pero esta apreciación puede servir igualmente para analizar las columnas de Montero. “Es cierto que en la conferencia de Bagdad se ha manipulado el tema de la mujer para otros fines, pero esos usos son por aquí igualmente comunes. Cierto que allí llevan «abaias», pero nosotros vestimos quizá los velos por dentro del bikini, y en vez de adquirirnos con un rebaño de camellos insisten en comprarnos con un chalet serrano.” (“Occidente”, El País, 16 de mayo de 1979). La metáfora es otro de los recursos esenciales que plasma Rosa Montero en sus textos. Aparecerá en 7 ocasiones en esta primera etapa. El tema político volverá a ser, de nuevo, el que más metáforas englobe. En este caso, la periodista describe a Felipe González como “Júpiter”, aludiendo a su lejanía con respecto a los ciudadanos de a pie, situándolo como un ente que se cree con un poder “casi milagroso” para actuar y decidir; que establece una separación fruto de su superioridad. A pesar de la cierta simpatía que Montero manifiesta hacia el Partido Socialista –especialmente en los momentos anteriores al gobierno de Gonzálezla periodista criticará las actuaciones que considere injustas, de la misma forma que critica a los partidos de la oposición con los que guarda una menor sintonía. “Es como Júpiter tronante: sale momentáneamente de su Olimpo, asoma sus mayestáticas narices en la tierra y, plaf, ruedan cabezas de mortales. O sea, que estoy hablando de Felipe.” (“Júpiter Felipe”, El País, 23 de septiembre de 1983). “Occidente es el Todo, la Bella contra la Bestia, el Orden contra el Caos. Occidente es una unidad de destino atómico en lo universal. Los socialistas se llenan los bolsillos de Occidente y trompetean nuestra vocación occidental.” (“Occidente”, El País, 31 de marzo de 1983). En algunos artículos, ejemplificados en el fragmento que se incluye a continuación, la metáfora engloba el total de la exposición, sirviendo ésta como una explicación interesante y convincente de un tema espinoso, como es el caso del problema de la soberanía vasca. En este caso, comparará el fanatismo del nacionalismo
vasco con el de los espectadores de un partido de fútbol, desacreditando, por tanto, las actitudes violentas e ilógicas que nacen de este fanatismo. “Con sus aplausos, los miles de espectadores de San Mamés convirtieron un accidente lamentable en una gesta social aterradora. Con sus palabras, Goikoetxea atribuye a todo el pueblo vasco ese empecinamiento en ser mostrenco. (…) Deshuese de tobillos, reblandecimiento de meniscos, un crepitar de rótula astillada. Diga lo que diga Goikoetxea, yo sigo creyendo en un pueblo vasco que no grita, que no cocea y que no es raza. ” (“Metáfora”, El País, 3 de octubre de 1983). Las preguntas retóricas que lanza la periodista en muchas de sus columnas permiten al lector reflexionar sobre el tema que se trata; temas a los que, normalmente, el ciudadano medio ignora, como las guerras o las injusticias originadas por la actuación de las grandes instituciones supranacionales. Este recurso se repetirá en 5 ocasiones en las columnas de la primera etapa. “Seamos lógicos: si pertenecemos a Occidente, ¿no deberíamos vigilar más la canallada propia que la ajena?” (“Occidente”, El País, 31 de marzo de 2016). Pueden servir estas preguntas, igualmente, como expresión de la ironía con que la autora trata un tema que despierta en ella cierta crítica como es, en este caso, la religión y los dogmas que expone la Iglesia Católica, cuestionando a partir de dichas preguntas la validez de los mismos. “¿cuánto abarca esta infalibilidad papal, esta precisión hija de la ciencia angélica? ¿Es infalible el Sumo Pontífice desde que se levanta hasta el momento de dormirse (…)? ¿Es infalible el Papa en todos los juicios que formula, desde un banal pronóstico de lluvias, por ejemplo, hasta un delicado y finísimo anatema?” (“Infalible”, El País, 20 de marzo de 1983). La ironía, pues, un recurso muy utilizado en columnistas como Francisco Umbral, de modo que el profesor Carlos Peinado describe este recurso como “ironía umbraliana”. Así, “la ironía se lleva a sus últimas consecuencias, pues no se somete a ninguna consigna, sino que se extiende por doquier para corroer y desmontar cualquier estructura falsa y fosilizada (…)” (2015: 269). Rosa Montero, pues, utilizará la ironía, en 11 de las columnas analizadas en esta primera etapa; a partir de la cual explicará hechos acaecidos que despiertan su indignación.
La política y la religión suelen ser los temas que más veces suscitan este recurso en las columnas de Montero, acuciando, así, su desaprobación. “Quizá sea por eso, por el fantasma de algún morbo añejo, por lo que los consejeros conservadores consideran que es más digno que los niños lleguen a la pubertad creyendo en la prolífica cigüeña, embarazándose inadvertidamente al primer tiento y abortando -eso sí, ilegalmentesin que nadie les haya hablado de su cuerpo.” (“Condones”, El País, 11 de abril de 1984). La crítica a políticos –especialmente de formaciones de derechasla realizará Montero a través de la ironía, como es el caso de Manuel Fraga, el político de Alianza Popular, dejando clara su oposición a las medidas conservadoras y su escasa sintonía con dicho político. “¡Ay don Manuel, no se nos vaya usted, hombre, no se vaya! Es don Manuel pomo de esencias, virulencias e incluso impertinencias, que ya se sabe que tiene el genio bronco y vivo y que a veces se le desmanda la vertiente sanguínea e iracunda por encima del Fraga gentleman farfullador de inglés.” (“Fraga”, El País, 10 de marzo de 1979). La religión y el afán por prohibir el aborto alentada por la Iglesia Católica y por militantes conservadores es uno de los temas que enfadan especialmente a la periodista, por lo que utiliza de nuevo este recurso, desacreditando, de nuevo, las teorías que este sector de la sociedad utiliza para defender su oposición al aborto. “(…) tal parecería que los no abortistas están provistos de un microscopio espiritual milagroso e infalible que les hace saber con precisión cuándo el feto tiene alma y cuándo no” (“Aborto”, El País, 31 de marzo de 1979). La descripción detallada de personas y situaciones en un recurso de referencia en el trabajo de Montero. Podemos encontrarlo en sus entrevistas pero también está presente en las columnas de su primera etapa. Se repite en 8 ocasiones, sobre todo para referirse a políticos. La descripción servirá a Montero para humanizar a los políticos del PSOE y posicionarlos en una situación de igualdad con los ciudadanos, destacando su vulnerabilidad. “Peces-Barba arrastra sus cien kilos de humanidad, estupefacto, los ojos vidriosos, sin reponerse aún de la doble derrota del principio. Varios delegados dormitan por los suelos agitados con temblorosas pesadillas.” (“Congreso”, El País, 23 de mayo de 1979).
Rosa Montero usa en sus descripciones –sobre todo las que son fruto de su enfado-un vocabulario complicado, rebuscado, intensificando el estilo personal de la autora en sus manifestaciones y creando su ethos retórico, su identidad, de un modo claro. “Y corno la ignorancia potencia la docilidad del ignorante, estos chamanes del interés compuesto se amurallan en una palabrería indescifrable en términos sibilinos y esotéricos.” (“San dólar”, El País, 31 de mayo de 1983). La narratividad es otra de las características esenciales de las columnas de Montero, repitiéndose en 9 ocasiones. Contar historias, con las descripciones propias de un cuento o una novela es un recurso que enriquece el género periodístico y que atrae la atención del lector, a la espera del desenlace de la historia. “Bochornoso, dictamina el empresario sesentón rechupeteando el Montecristo que acaba de ofrecerle Dorita, como todos los martes y los jueves, en su coqueto piso en raso rosa que él le paga, Dorita, nena, el próximo día no vendré porque es el cumpleaños de mi esposa.” (“El sexo de los ministros”, El País, 27 de febrero de 1983). Rosa Montero utiliza este recurso para presentar ante el lector juicios, debates políticos en el Congreso, apariciones televisivas de políticos y personalidades importantes y similares, a modo de demostrar el rol “de espectáculo” que ha tomado la política española en estos años y su abierto desacuerdo de una forma sutil. “Réplicas, contrarréplicas, afirmaciones lapidarias, insistencias retadoras y vibrantes: Fernández Álvarez aplastaba con sus palabras al joyero, mientras la campanilla del presidente intentaba poner freno a tanta verborrea apabullante. Pero el procesado apretaba las tuercas, fajador veterano, y se le veía bascular el peso de su cuerpo y empinar los talones de puro énfasis.” (“Un olor a cerrado”, El País, 7 de mayo de 1988). En cuanto al ethos nuclear, observaremos que preocupaciones fundamentales de la autora en esta etapa se centrarán en la situación política, el machismo imperante y la sociedad patriarcal, en la que perviven las imposiciones del conservadurismo y la Iglesia Católica, que impiden el pleno desarrollo y avance de la sociedad española. La visión de Montero se caracterizará por la decepción con los partidos políticos de la Transición, así como el pesimismo hacia el futuro en política. Los tres temas que más se repiten tienen, no obstante, algo en común, que define el ethos de la periodista: la
preocupación de Montero por la libertad, en todos los ámbitos de la vida, y su esperanza en el cambio posible y en una actuación de la sociedad que consiga el desarrollo de la tolerancia y la igualdad. En cuanto al ethos retórico, la autora utilizará recursos retóricos que conformen un estilo de cotidianeidad y cercanía de la autora con el lector, intensificando, así, su confianza con el mismo y, por tanto, su autoridad. Encontramos que el tema de la política destaca notablemente entre el resto y serán los políticos el blanco esencial de su crítica a través de los recursos retóricos, que aparecerán, en definitiva, en los temas que enfaden e indignen a la periodista, como son la política, la actuación de la Iglesia Católica y la desigualdad en la que vive la mujer. 3.1.2 Los años noventa: estabilidad del sistema Si avanzamos en el tiempo, la bonanza económica y la cierta estabilidad política y social en la que se embarcaba España en estos momentos, así como el cambio generalizado que vive el mundo globalizado con la cercanía del nuevo milenio, se refleja en el tratamiento de cada columna. En este caso, no podemos establecer una línea temática que destaque sobre las demás, como ocurría en el periodo anterior, debido a la diversidad de temas que trata Rosa Montero. Comprobamos, de nuevo, cómo el contexto político, económico y social en el que vive la autora y desarrolla su profesión, incide en sus artículos. En un momento en el que la política no tenía tanta importancia como en los agitados años de la Transición democrática, este tema se va difuminando de los textos de Montero, en comparación con el periodo antecedente. En cuanto al ethos nuclear, encontramos la combinación del tema de las injusticias sociales y pobreza con una encendida defensa de los débiles, la preocupación el fanatismo –en cualquiera de sus variantes-, dejando, por tanto, a un lado la saturación política que colmó las letras de sus primeros años en El País. De este modo, ya en este momento, podemos determinar que la autora ha sufrido una evolución en el tratamiento temático de sus textos, pasando a la esfera social y situándola como preocupación constante y vital a lo largo de su trayectoria venidera.
La política no será un tema que la periodista deseche en esta etapa, siendo el mayoritario, pues de un total de 50 columnas, correspondientes a la década de los años noventa, 15 de éstas tendrán la política como temática. A pesar de ello, será expuesto con bastante menor frecuencia que en los años ochenta. La cierta estabilidad política y gubernamental de esta década, en comparación con la agitación de la transición, será una causa esencial. Montero se atreve con los partidos, siendo la crítica de los políticos el tema que más fomente la madrileña en sus columnas políticas en esta segunda etapa, repitiéndose en 6 ocasiones. La periodista reflejará su afinidad por los partidos de izquierdas y su preferencia por el PSOE, como reflejamos en la primera cala temporal; sin embargo, expresará su malestar y desencanto con los socialistas, debido a su actuación en el Gobierno, alejada de los valores puros de la izquierda. “(…) lo que una no se cree es que el PSOE pueda regenerarse y autolimpiarse cual horno modernísimo. (…) Y tampoco me creo que los del PP sean tan aperturistas y tan respetuosos como ellos juran y perjuran.” (“Credo”, El País, 29 de mayo de 1993). En tres de estas ocasiones la crítica irá dirigida al PSOE, como llamada de atención de la periodista, consecuencia de su afinidad. Así, lejos de caer en fanatismos, intenta ser justa, creyendo en una política honesta y en la regeneración de los partidos. Demuestra, por tanto, una posición abierta, justa y flexible. “(…) que triunfen tus oponentes no es una catástrofe, sino un simple fastidio. Lo que de verdad me asustaría es que volvieran á vencer los socialistas: sería la consagración de la impunidad y del abuso de poder. Que se vayan a la oposición, que se tranquilicen, que se regeneren.” (“Adiós”, El País, 23 de mayo de 1995). El segundo aspecto que Montero tratará con más frecuencia en sus columnas será el fanatismo político, expresando abiertamente su desencanto por los nacionalismos, en una nueva apuesta por el término medio y el rechazo de la violencia y la intolerancia procedente de los extremos. “Una está a favor de la Europa de los pueblos y de la diversidad, pero los nacionalismos me dan miedo: llevan dentro de sí demasiada sangre y demasiada irracionalidad, un agujero negro” (“Nacionalismos”, El País, 25 de septiembre de 1993).
Por lo tanto, en esta segunda etapa, en el tema de la política, la periodista prestará una menor atención a la situación social; manifestaciones que se repetirán en dos ocasiones, mencionando el incremento del paro y la situación de desigualdad de la sociedad, como toque de atención al Gobierno. En segundo lugar, Rosa Montero recurre a la defensa de los débiles, línea temática en la que se incluye el apoyo a colectivos minoritarios o no aceptados. Este tema se repetirá en 10 ocasiones, teniendo en cuenta las cincuenta columnas analizadas. La pobreza será el tema más repetido, hasta en 6 ocasiones. Especialmente tomará interés para la periodista la situación de personas sin hogar, desamparadas por el Estado. Montero recurrirá a historias reales, personalizando el problema y ahondando en la necesidad de reflexión y replanteamiento de las actuaciones gubernamentales. En este caso, la periodista mostrará una visión poliédrica de situaciones complejas como ésta, cuestionará posibles actuaciones negligentes de instituciones públicas como los servicios sociales. “No creo que los niños de Enrique y Josefa tuvieran una vida fácil en la tienda (ni ellos tampoco), pero no sé si estarán mejor en el centro de acogida. ¿Qué es ser un buen padre, una buena madre? Sin duda, hay infiernos familiares mayores en domicilios más estables. Sería mejor ayudarles, en fin, y no castigarles.” (“Ladybird”, El País, 29 de noviembre de 1994). Montero prestará especial atención a la homosexualidad, tema que se repetirá en tres de sus columnas. Su actitud se caracterizará por la defensa de las personas homosexuales, repitiendo que la homosexualidad es una condición absolutamente normal e intentando demostrarlo con casos reales de personas que han sufrido las consecuencias del rechazo por el mero hecho de su condición sexual. Fomentará la empatía de los lectores con los protagonistas de sus columnas, intentando una apertura de la visión y consideración de las personas que integran este colectivo, para lograr un cambio de mentalidad hacia la aceptación. En este caso, la autora describe la situación real de Manoli y Ana, una pareja de lesbianas que se ha visto obligada a cerrar su bar por el mero hecho de ser homosexuales y encontrarse desamparadas por el rechazo de los vecinos.
“A partir de ese día, el bar empezó a vaciarse poco a poco. Se quedaron tan solas que a los tres meses tuvieron que cerrar. Luego se enteraron de que en el barrio las llamaban los machos(…) En fin, no es más que una pequeña historia. Un relato de oscuridad e intolerancia. En Madrid y a finales del siglo XX.” (“Manoli”, El País, 18 de abril de 1995). El tercer bloque temático que más se repite en las columnas de Montero estará dedicado a la defensa de la mujer y la crítica del machismo imperante en la sociedad, tema que se repetirá en 7 ocasiones. En concreto, la reflexión acerca de la sociedad patriarcal y el sexismo aparecerá en 5 de estas columnas, siendo el aspecto que más preocupa a Montero. La periodista mostrará su desaliento ante la desigualdad en el lugar de trabajo entre hombres y mujeres, el escaso avance del feminismo en el sector masculino, que ve el desarrollo del mismo como un ataque y el insuficiente apoyo de las Instituciones públicas en este tema, como es el caso concreto del sector judicial y su aversión a promulgar leyes que amparen a las mujeres víctimas de violencia de género y/o violaciones. “Es cierto, además, que el nivel de machismo ha descendido de manera notable; pero aún queda muchísima tela que cortar, un sexismo insidioso y sutil que nos esclaviza a todos, a mujeres y hombres, aunque muchos de los varones no lo adviertan.” (“Ellos y ellas”, El País, 20 de marzo de 1993). El segundo aspecto que abordará Rosa Montero será la violencia de género, que se repetirá en dos ocasiones. En esta etapa abogará por un trato más personalizado en cuanto a este problema, explicando casos reales en sus artículos, a partir de los cuales tendrá lugar la crítica y rechazo hacia la violencia machista. Rosa Montero pretenderá, así, utilizando nombres y apellidos, llegar de forma más directa y cercana a los lectores y despertar su interés y también sus conciencias, demostrando que este problema ocurre realmente en la sociedad en la que viven y pretendiendo una concienciación y actuación generalizada. “Recibo por correo un grueso informe que envían unos lectores. Trata de las sentencias que, en temas de violación, ha dictado últimamente la Audiencia Provincial de La Coruña (...). Desalienta verse obligada a tocar una vez más un asunto tan viejo: pasan los años, y la violencia sexual se perpetúa, enquistada de prejuicios y amparada por argumentaciones delirantes.” (“Violaciones”, El País, 23 de mayo de 1992).
Seguidamente, la periodista introducirá su preocupación por el mal que reina en la sociedad. Reflexionará acerca de la violencia, presente desde la infancia en niños que practican el acoso escolar, en las guerras y en la maldad del ser humano, que es capaz de cometer asesinatos y crímenes horribles. Este tema se repetirá en 7 ocasiones. Rosa Montero se mostrará decepcionada y aterrorizada con el desarrollo nada positivo de la sociedad en este sentido. Aunque critica esta espiral violenta, Montero en todo caso muestra una imagen de sensatez y calma, evitando y rechazando en todo momento las actitudes y medidas represivas y la respuesta basada en la violencia y el terror, pues considera la educación, el estudio de cada caso y el diálogo los cauces necesarios para la solución de problemas. El tema que más se repetirá será la condena de la violencia, en cuanto a asesinatos, crímenes, acoso escolar, odio, tratándolo en 3 ocasiones. Destaca el hecho de que, en todo momento, la periodista guarda la esperanza y cree que es posible lograr un mundo mejor, para lo que es necesario trabajar y educar desde la infancia. “Seguramente se puede y se debe mejorar el sistema de permisos carcelarios (…). Más importantes me parecen otros cambios profundos: rebajar, como pedía el otro día una comisión de la CE, los inauditos niveles de violencia gratuita que hay en televisión. Rescatar y reafirmar el valor de todas las vidas, Y no convertir el horror en un espectáculo indecente, no halagar los más bajos instintos de las personas, como se ha hecho en este caso.” (“Calma”, El País, 6 de febrero de 1993). En segundo lugar ocuparán un lugar destacado las guerras, que se repetirán en tres ocasiones igualmente. La periodista reflexionará el sufrimiento que ocasionan estos conflictos y acusa a los Gobiernos de los países y el poder de la Economía y los mercados, por considerarlos culpables de las guerras. Montero se mostrará contraria a la guerra y la violencia, defenderá el pacifismo y criticará la indiferencia e hipocresía de la sociedad frente a las situaciones de sufrimiento. Pretenderá con esta llamada de atención que la situación de las personas inocentes que sufren las consecuencias de estos conflictos no caiga en el olvido. “Hete aquí que los rusos llevan semanas bombardeando a los pobres chechenos (…) y hete aquí que los occidentales estamos asistiendo con plácida impavidez a toda esta mugre bélica, haciendo como que la cosa no nos atañe. ¿(…) por qué ahora no queremos ni ver ni oír ni recordar? Pues, primero, por interés propio: Rusia es un monstruo malherido al que puede ser peligroso molestar. Y, segundo, porque durante muchos años los rusos han sido "los buenos" para la progresía occidental (…)” (“Hipocresía”, El País, 12 de octubre de 1999).
La madrileña manifestará en sus columnas de esta etapa una visión negativa del mundo debido al tema que trata; sin embargo, contrastará la incidencia de estos hechos con la esperanza en el logro de un mundo mejor. Esta visión se repetirá en tres de sus columnas. “ Se diría que el Mal se enrosca en nosotros desde siempre y para siempre, pero aun así, hay que esforzarse en aplicar la razón y remediar las posibles causas: aliviar la miseria, rebajar los niveles sociales de violencia. Ante el horror, en fin, hay que seguir luchando. Toda la historia de la humanidad es el combate, siempre inacabado, contra esas tinieblas.” (“El mal”, El País, 27 de febrero de 1993). Por último, Rosa Montero persistirá en su crítica a la religión. Este tema se repetirá en 5 ocasiones. La periodista pondrá atención en la actuación de la jerarquía de la Iglesia Católica, especialmente en las imposiciones que tengan que ver con la prohibición del preservativo y métodos anticonceptivos, el rechazo al aborto y el conservadurismo extremo en temas sexuales, repitiéndose en cuatro ocasiones este tema. También rechazará la protección que la propia jerarquía de la Iglesia Católica aplica con miembros que han obrado mal. “O el Papa pide perdón porque la Iglesia quemó vivo a Giordano Bruno, hace 400 años, por decir que la Tierra giraba en torno al Sol, cuando lo que el Pontífice debería hacerse perdonar es, por ejemplo, su dañina condena del condón en el África devastada por el sida. Y así todo. Puro disparate y palabrería.” (“Perdón”, El País, 15 de septiembre de 1998). Que Rosa Montero trate el tema de la religión junto con el de la política en España no será casualidad. En tres ocasiones será así, de modo que la periodista se opondrá a la colaboración de los partidos y el Gobierno con la Iglesia –que en la mayoría de los casos tiene como objetivo lograr más votos o mantenerlosrechazando el hecho de que la Iglesia siga teniendo tal peso en la sociedad española y defendiendo el laicismo. “¿De verdad cree alguien que la beatificación de Balaguer va a ser un acto políticamente inocente? Seguir adelante con el proceso ante tanta polémica y tantos indicios de irregularidad me parece algo así como un golpe de Estado espiritual.” (“Santo”, El País, 16 de mayo de 1992).
su simpatía. Considerará que la izquierda española no actúa conforme a sus valores e ideología. “En vez de un conflicto entre izquierdas y derechas, lo que hoy vivimos es la eterna lucha entre gente con poder y gente sin él. Y estamos obligados a intentar repartir ese poder lo más posible y a combatir los abusos, vengan de donde vengan. Después de todo, los que más parecen haber atinado son los anarquistas.” (“Izquierdas”, El País, 1 de mayo de 2001). La autora no utiliza el tema de la política de una forma proselitista: no defiende irracionalmente a un partido u otro; lo que, por otro lado, es la tendencia y seña de identidad en un alto porcentaje de columnistas de los principales diarios españoles, por lo que esta autora se distancia de esta forma de concebir el columnismo. La periodista criticará la manipulación política en España, especialmente, y en el resto del mundo. Se opondrá a la politización de la justicia y de los medios de comunicación, así como criticará el uso interesado de colectivos o situaciones como el terrorismo, víctimas de violencia de género o de cualquier tipo para beneficio del partido político de turno. “No acudí a la masiva manifestación de las víctimas del sábado porque detesto la manipulación y capitalización del tema que está llevando a cabo el PP. Flaco favor le está haciendo este partido a la causa de las víctimas, la cual, por otra parte, me parece justísima y conmovedora.”(“Víctimas”, El País, 28 de febrero de 2006). El tema de la defensa animal será un tema que aparecerá en esta tercera etapa, repitiéndose en 6 ocasiones. Montero criticará cualquier espectáculo, situación o forma de violencia contra los animales. El toro de la Vega Tordesillas será uno de los temas más tratados, así como el abandono de mascotas, las corridas de toros o la tortura de animales. “(…) el Toro de la Vega de Tordesillas. Es una de esas salvajadas repetitivas a las que los energúmenos llaman pomposamente "tradiciones", otorgando a la palabra un carácter sacrosanto.” (“Sangre”, El País, 12 de septiembre de 2000). La periodista defenderá incansablemente la vida animal. Intentará concienciar al lector de la importancia de mantener una ética que nos impida ejercer la violencia contra cualquier raza, relacionando actos como las corridas de toros con sociedades poco avanzadas y llamando a la cordura y la reflexión.
“Hoy nadie soportaría el atroz tormento de los caballos, porque hemos ganado en civilidad, porque somos mejores y más humanos. Y llegará el momento en que nadie soportará la crueldad de la lidia. Den un paso mental atrás, sálganse de esta época y contemplen la fiesta taurina: verán que es tremenda.” (“Los toros”, El País, 18 de mayo de 2004). La muerte y el paso del tiempo será un tema al que la autora preste atención en la tercera etapa, detectándose a partir de la segunda mitad de la década, con 5 artículos. Por un lado, destacan las columnas que se postulan como un canto a la vida, como una llamada a vivir, a disfrutar con optimismo, que se repiten en 2 ocasiones. La primera y segunda década del siglo corriente son el momento de auge de esta visión de la vida. “No sabemos vernos, de la misma manera que no sabemos apreciar el presente en toda su riqueza e intensidad. ¿Un cuerpo gordo? No, un cuerpo sano, una realidad apacible, un momento feliz. Déjate de pamemas y disfruta el regalo de esta vida dulce que te late en las venas. Porque luego se acaba”. (“La vida dulce”, El País, 29 de julio de 2008). En segundo lugar, destacan las reflexiones sobre la muerte y la fugacidad de la vida, las referencias a la muerte de seres queridos y el sentir de quienes lo padecen es otra de las líneas temáticas más descriptivas de su obra. Se repetirán en 3 ocasiones y aparecerán a finales de la primera década del 2000. “El fallecimiento de alguien cercano parece removernos las paredes del mundo, como si de repente comprendiéramos que vivimos en un teatro y que lo que creíamos perdurabilidad y certidumbre no es más que un endeble decorado. Sobre todo si se trata de una muerte a destiempo, más inadmisible y más estúpida de lo que la muerte siempre es.”. (“Pura y sagrada”, El País, 2008). Por último, el tema del amor se apreciará en los últimos años de su trayectoria. La visión que mantiene la periodista del amor destaca por la defensa de un amor sano, tolerante y respetuoso. Defiende las relaciones en las que no falte la libertad de los cónyuges. Destacará, además, la concepción enteramente sexual que el amor aporta a Montero, y que podemos encontrar en tres de estos artículos. La periodista considerará el sexo como parte esencial de este amor y de la relación de pareja, siempre concebido desde el respeto mutuo y considerándolo fuera de tabús, como algo natural:
“El sexo, ese mito inefable, es una aventura personal, un viaje de descubrimiento particular. Sólo tú podrás encontrar tu propio camino hacia las fuentes del Nilo. Que, por cierto, no están en los genitales, sino en el interior de nuestras cabezas.” (“Lo bueno y lo malo del sexo”, El País, 3 de mayo de 2009). Por último, destacamos el tema de la mujer, una constante durante toda la trayectoria de Montero, al que Montero dedica 6 columnas en sus últimos años. Destacan, en primer lugar, la crítica del machismo imperante en la sociedad, que se repetirá en tres ocasiones. La periodista expresará su desilusión ante la pervivencia de estructuras fosilizadas en la sociedad, especialmente el patriarcado. Las diferencias salariales, la desigualdad de la mujer en el ámbito laboral o la situación de vulnerabilidad de la mujer en países del Tercer Mundo serán los temas más recurrentes. “(…)los tres millones de niñas cuyo clítoris es rebanado cada año; las muertas de Ciudad Juárez; los millones de feminicidios, mujeres lapidadas, azotadas, torturadas, ultrajadas, abrasadas con ácido, quemadas vivas. O secuestradas, como las niñas de Nigeria. ¿Pero qué demonios nos pasa? ¿Cómo podemos asistir a estas brutalidades e ignorarlas?” (“Basta ya”, El País, 17 de junio de 2014). La periodista continuará dando voz a las mujeres víctimas de la violencia de género, tanto en España como en el resto del mundo, que se repetirá igualmente en tres ocasiones. La actitud de Montero se materializará en la crítica feroz hacia los maltratadores y las instituciones que los protegen, como es el caso del poder judicial en numerosas ocasiones. “La Federación de Mujeres Progresistas ha sacado un informe que recoge 95 sentencias de los últimos doce meses, todas ellas benévolas con los maltratadores de mujeres.” (“Normal”, El País, 29 de julio de 2003). Rosa Montero considerará que, para atajar este problema estructural y acabar con éste, será necesario el esfuerzo conjunto de todos los sectores e instituciones que la integran, comenzando desde la educación en la infancia. Esta defensa de la libertad e igualdad de la mujer no estará reñida con su afán por lograr la justicia social, ya que criticará a las mujeres que utilizan las leyes de violencia de género inadecuadamente, defendiendo la esencia misma del feminismo, como es lograr la igualdad de la mujer con el hombre y, en ningún caso, la discriminación del hombre para lograrlo.
“Sé bien que el horror constante de la violencia sexista, y el dolor atronador de tantísimas víctimas apaleadas, apuñaladas o quemadas vivas, nos obliga a exigir una respuesta social urgente. Pero no creo que discriminar a los hombres sea el camino.” (“Nosotras”, El País, 20 de marzo de 2007). De esta tercera etapa, en definitiva, se deduce un ethos impregnado de moralidad y humanidad. La periodista mostrará, de nuevo y de forma más intensa y clara su preocupación por la sociedad, especialmente por los colectivos más vulnerables que la integran. La preocupación por la pobreza del mundo, la discriminación del colectivo homosexual, la desigualdad de la mujer, el maltrato animal, las víctimas inocentes de las guerras, el racismo y, en definitiva, la situación de las personas que no tienen voz para reivindicar sus derechos y sufren la ignorancia por parte de las Administraciones públicas y las instituciones pertinentes será el tema que defina a Montero en esta tercera etapa; de modo que la mejora de las condiciones de vida de estas personas y la actuación por parte de la sociedad para que estos hechos dejen de existir será su objetivo. Veremos, pues, una crítica a la política del país –y también la política internacionaldesde una visión fundamentalmente social. Mostrará su indignación ante la ausencia de soluciones de mejora y desarrollo social que espera por parte del Gobierno y los partidos políticos, y una decepción clara con la política española, especialmente con los partidos de izquierda, ideología a la que mostrará afinidad. La búsqueda de la paz, el logro de una sociedad más justa y humana y la consecución de la igualdad en todos y cada uno de los ámbitos que integran el mundo será su objetivo. Sus columnas serán el canal mediante el que la periodista expresará, normalmente, su indignación ante temas que considera injustos, deleznables y tristes. A pesar de la variedad de temáticas y de la presencia continuada de la violencia y de hechos negativos que la autora reseñará, destacará un ethos en el que la esperanza de cambio y de mejora será una constante. Para ello, la autora aprovechará la confianza creada entre ésta y los lectores, confianza que la sitúa como portavoz de la audiencia, para llamar a la acción de sus lectores. La autora expresará su deseo y su creencia de que el mundo puede ser mejor.
En cuanto a los recursos retóricos, como configuradores del ethos retórico de Rosa Montero, la metáfora y el símil están presentes en gran parte de las columnas de Rosa Montero, repitiéndose en 6 ocasiones. Montero utiliza el símil para describir situaciones que le enfadan y presentar los temas que le preocupan de una forma coloquial. En este ejemplo, la periodista utiliza el símil para realizar una crítica de la situación de las ideologías políticas en el país, exponiendo el escaso respeto y profundidad de los que gozan estos valores en los políticos actuales. “Quiero decir que, para algunos, ser de izquierdas es como haber nacido en Salamanca. Un buen día se hicieron de izquierdas, y a partir de ahí ya lo son y lo serán, hagan lo que hagan y pase lo que pase. Salmantinos de por vida, vaya, aunque se muden a vivir a Tegucigalpa.” (“Izquierdas”, El País, 1 de mayo de 2001). La crítica, como decíamos, será el motivo más frecuente para la utilización de este recurso retórico. En este segundo ejemplo, la autora rechazará el fanatismo, en cualquier ámbito y compara la religión con la política, una vez más, para hacer una crítica, equiparando la creencia ciega en una causa política y en la religión, caracterizándose ambas por no seguir una actitud racional o lógica. “O sea, que los mandarines culturales siguen creyendo, contra toda evidencia, en el Edén de la revolución cubana, que es lo mismo que creer en el cielo cristiano, una cuestión de dogma y de fe.”(“Incorrección”, El País, 21 de septiembre de 2004). En cuanto a metáforas, aunque menos abundantes que en las etapas precedentes, la autora se valdrá de este recurso también en esta etapa. Se repiten en 4 ocasiones. En este ejemplo, la periodista compara a España con el desarrollo de una persona desde la adolescencia hasta la madurez, de modo que los sueños e ilusiones de un inicio en muchos casos terminan por fracasar. “(…) he visto a este país al principio de la Transición, cuando era como un adolescente zangolotino, lleno de ignorante pasión pero también de generosidad. Y luego vi cómo fue aprendiendo y se fue construyendo una madurez democrática. Pero los años siguieron pasando y... ¿a dónde nos han llevado ahora? Hale hop, de nuevo para atrás, a la adolescencia más cerril, a una especie de tumultuoso patio de colegio en donde la mitad de los niños se pega con la otra mitad y todos sacan pecho para ver quién es más chulo.” (“El patio”, El País, 13 de febrero de 2007).
Las descripciones y abundante adjetivación son otros de los recursos que se repetirá de nuevo en sus columnas. En este caso, será una crítica feroz la que realice la periodista, relacionando el Toro de la Vega con un espectáculo bárbaro, describiendo exhaustiva y claramente el proceso de tortura, para despertar la conciencia y consideración del lector. “(…)una fiesta consistente en que más de cien lanceros acosan al animal por el campo dándole lanzazos, hasta que el pobre bicho, chorreando sangre, acribillado, con la carne hecha piltrafas por las puñaladas presurosas, se derrumba sin fuerzas, momento en que se supone que le dan la puntilla y le cortan los testículos. Es una tortura lenta, vociferante y tumultuosa, una sádica diversión de matarifes.” (“Sangre”, El País, 12 de septiembre de 2000). La ironía volverá a aparecer en esta tercera etapa. El profesor Carlos Peinado (refiriéndose a la forma de representar el ethos del periodista Francisco Umbral), afirma que la estrategia irónica se utiliza “para sortear humorísticamente algunos asuntos que podrían resultar conflictivos (…)” (2015: 235). Podemos encontrarla en numerosas columnas, sobre todo en las que reinan, de nuevo, los problemas sociales, como la pobreza. La autora intensifica la crudeza de este problema con el tono irónico, llamando la atención sobre la actitud hipócrita de la sociedad occidental. “Ahora que estamos empezando a recuperar la confianza y a ponernos contentos, seguir emperrado en mencionar a los pobres es cosa incómoda y que apesta”(Los pobres apestan, El País, 31 de mayo de 2015). La ironía es un recurso fuerte, que destaca por el impacto que causa en las mentes de los lectores, una técnica útil para la persuasión. Volverá a ser la política un tema al que aplique frecuentemente la ironía, desacreditando a políticos (en este caso el ex presidente Zapatero). "Entrar en conceptos como crisis pertenece al ámbito académico. No sé cuál es el interés en eso", decía Zapatero en la magnífica entrevista que le hizo EL PAÍS el pasado domingo. Guau, a qué altura tan olímpica vuela el presidente sobre la vida.”. (“Grasa”, El País, 1 de julio de 2008). . Por otra parte, destacamos la denuncia directa, que se repite en 6 ocasiones. Podemos considerar esta técnica como un paso más allá de la ironía, una técnica más
severa y dura. El autor se dirige y acusa directamente a una persona, institución o similar por un hecho concreto que considera injusto y creador de sufrimiento. Sobresale, especialmente, la situación de pobreza y vulnerabilidad de la población a causa de la pobreza, que se repite en 4 ocasiones. “De 20.000 personas que solicitaron la renta básica en Extremadura en 2013 sólo la recibieron 200. Yo ya no sé cómo contar, cómo denunciar, cómo describir casos así, este clamoroso fracaso de nuestro sistema, esta vergüenza pública” (“Rosario”, El País, 3 de febrero de 2015). Destacamos, por último, el recurso de la agitación, la llamada a la acción, que aparecerá en 4 ocasiones. Rosa Montero se comunica con su audiencia, creando una relación de amistad y confianza. La periodista se sitúa, de esta forma, como portavoz de los protagonistas de sus textos, llamando a la acción a sus lectores, para que estos se unan a su causa. La relación de confianza con sus lectores le otorga la libertad de hacerlo, conformándola como una especie de “líder social” que persuade a su audiencia a tomar decisiones y actuar: “Hace dos semanas, junto a la ONG Avaaz, presentamos en el registro del Ministerio de Agricultura 120.000 firmas, recogidas en apenas doce días, en apoyo de una ley nacional de protección de los animales domésticos que actualmente se está tramitando. (…)Escribe en Google Avaaz SOS mascotas y añade tu firma a la petición.”. (“300.000 energúmenos”, El País, 14 de agosto de 2014).
4. CONCLUSIONES Las conclusiones que obtenemos tras analizar las columnas de Rosa Montero en estas tres etapas son las siguientes: En primer lugar, el contexto socioeconómico y político del país influye en el ethos de Rosa Montero. Podemos apreciar, pues, que en la primera etapa, la política será el tema que más preocupe a Montero, fruto de la situación de incertidumbre, tomando una importancia esencial para Montero. El ethos que Rosa Montero expone en sus columnas se caracteriza por una ideología cercana a las izquierdas, que apuesta por la libertad, la igualdad social, el fomento de la cultura, la defensa de los animales, la tolerancia y el respeto por lo diferente, defensa del feminismo y la normalización de temas como el aborto, la homosexualidad o la integración de las distintas culturas. La autora presentará una situación política española que considerará decepcionante, heredera del tardofranquismo, carente de ideas y, sobre todo, de acciones beneficiosas para el progreso social, económico y cultural del país, consecuencia de la incompetencia de los políticos. Esta crítica persistirá en las tres etapas progresivamente, evaporándose la confianza mostrada en los primeros años y dando lugar a la decepción generalizada con los partidos políticos. De una identidad caracterizada, fundamentalmente, por la preocupación por la situación política del país, el ethos de la autora evolucionará hacia una concepción esencialmente social, siendo los colectivos más vulnerables y desfavorecidos de la sociedad los que tomen progresivamente más interés para la autora. Este cambio se constatará, especialmente, en la tercera etapa. Encontraremos, pues, una progresiva humanización del ethos de Rosa Montero y un incremento de su identidad moralista. Relacionada con este aspecto se encuentra la personalización de los temas que observaremos en la segunda y la tercera etapa, de modo que la autora mostrará su lado más humano y cercano, con historias reales, individuales, que llegarán más directamente al lector, otorgando a cada una más importancia y consideración y zambulléndose de lleno en el problema, conociéndolo, estudiándolo, mostrado su preocupación.
En segundo lugar, podemos determinar que el ethos de Montero se caracterizará por la defensa de la libertad en todos los ámbitos de la vida. Todos los temas que trate en sus columnas, desde la situación de la mujer hasta el terrorismo, pasando por la influencia de la Iglesia Católica y la defensa de las injusticias del mundo, estarán relacionados con la preocupación de Montero por la consecución de la igualdad y el rechazo de las imposiciones y restricciones en todos los sentidos. Para la madrileña ésta será su premisa fundamental e identitaria en todos los temas: apostará por la igualdad en las relaciones de pareja, fomentando un amor sano; apostará por la igualdad de la mujer en la sociedad y en el mundo laboral; apostará por la igualdad de los ciudadanos, sean de la nacionalidad que sean; apostará por la igualdad entre el primer y el tercer mundo; apostará por la igualdad en cuanto a la sexualidad. El ethos de la periodista se caracterizará, además, por el rechazo absoluto de la violencia y la intolerancia, así como por los extremismos y fanatismos, y creerá en soluciones pacíficas, consensuadas, democráticas y justas. La racionalidad con la que la autora se enfrenta a la vida será otra de las características fundamentales de su ethos nuclear; racionalidad que la alejará de los fanatismos políticos y religiosos que tanto se alejan de la razón, apostando por el término medio. La utilización de recursos retóricos y, consecuentemente, la conformación del ethos retórico de la autora a partir de estos será el canal por el que la periodista mantendrá la confianza creada con su audiencia a través de la temática, su ethos nuclear. Los recursos utilizados en sus columnas crearán un estilo coloquial y cercano con el que Rosa Montero llegará de un modo más directo y efectivo a los lectores. Gracias a esta confianza, Montero conseguirá lograr una persuasión de su audiencia para, a partir de la reflexión, el planteamiento sin tabúes de temas espinosos y olvidados, la acusación de los culpables y la claridad, llevar a los lectores a la acción y conseguir el cambio y desarrollo social que la autora pretende en cada una de sus columnas.
5. BIBLIOGRAFÍA -ALFÉREZ, Antonio (1986): Cuarto Poder en España. La prensa desde la Ley Fraga de 1966. Barcelona: Plaza&Janes Editores; -ARJONA, Daniel (2015): “Entrevista a Rosa Montero: Mis novelas de ciencia ficción son las más realistas que he escrito”. El cultural, 13 de febrero de 2015. Recuperado de: http://www.elcultural.com/revista/letras/Rosa-Montero/35940 -ARMAÑANZAS, E; DÍAZ, J (1996): Periodismo y argumentación. Géneros de opinión. Zarautz: Servicio Editorial Universidad del País Vasco; -BELLIDO, P. (1992): “Rosa Montero: de la realidad a la ficción”. Mosaico de varia lección literaria en homenaje a José Mª Capote Benot. Ediciones Universidad de Sevilla; -BELLIDO, P. (2015): “Ethos y estilo en las entrevistas de Francisco Umbral: análisis de Mis queridos monstruos.” DE BURON, B: Francisco Umbral. Verdades y contraverdades del Cuarto Poder. Sevilla: Editorial Renacimiento; -BERNAL, S; CHILLÓN, A (1985): Periodismo informativo de creación. Barcelona: Editorial Mitre; -“Biografía de Rosa Montero”. Escritores complutenses. Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. Recuperado de: http://pendientedemigracion.ucm.es/BUCM/escritores/rosa_montero/index.php?c=5&id pagina=36837&nombreblog=rosa_montero -BONATTO, A. (2014): Género, literatura y memoria en la España del último entresiglos. Eduardo Mendicutti, Rosa Regás y Rosa Montero. Río de la Plata: Universidad La Plata. Recuperado de: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.1074/te.1074.pdf -BRAVO, P (2006): Columnismo y sociedad. Los españoles según Umbral. Editorial Biblioteca Nueva S.L: Madrid. -CASTRO, C (2010): La Prensa en la Transición española: 1996-1978. Alianza Editorial: Madrid. -CASALS, M J. y SANTAMARÍA, L (2000): La opinión periodística. Argumentos y géneros para la persuasión. Editorial Fragua: Madrid.