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Estética cotidiana: una aproximación fenomenológica a partir de momentos de inadvertida felicidad

Pérez-Henao, Horacio

Abstract

La estética cotidiana es una disciplina filosófica que estudia el carácter estético en la vida diaria, por fuera de los dominios del arte. Este artículo indaga, en detalle, por una fenomenología de la estética cotidiana experimentada en las cosas, eventos o situaciones que aparecen en las vivencias del día a día del del individuo, y que le proporciona sentimientos felicidad o bienestar. Para ello se hace un análisis del texto literario Momentos de inadvertida felicidad, de Francesco Piccolo y se examina la teoría de Thomas Leddy, una de las propuestas más influyentes en la concepción de la estética cotidiana, a fin de configurar un referente fenomenológico de esta. Los resultados indican la existencia de la relación estrecha entre la estética cotidiana y el bienestar, y muestran que el asombro, la imaginación, la mirada y la reflexión, son elementos decisivos en el surgimiento de la experiencia estética en la vida diaria. No obstante, se discute que los hallazgos no constituyen un modelo para seguir, sino que dan pistas de cómo llevar la teoría de la estética cotidiana a la práctica, y en tal sentido, se requieren nuevos estudios que amplíen el panorama pragmático de la experiencia de la estética cotidiana.

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Fedro, Revista de Estética y Teoría de las Artes. Número 24, septiembre de 2024. ISSN 1697-8072 [pp. 17-31] https://dx.doi.org/10.12795/Fedro/2024.i24.02 ESTÉTICA COTIDIANA: UNA APROXIMACIÓN FENOMENOLÓGICA A PARTIR DE MOMENTOS DE INADVERTIDA FELICIDAD EVERYDAY AESTHETICS: A PHENOMENOLOGICAL APPROACH BASED ON MOMENTS OF UNNOTICED HAPPINESS Horacio Pérez-Henao Universidad de Medellín (Colombia) Resumen La estética cotidiana es una disciplina filosófica que estudia el carácter estético en la vida diaria, por fuera de los dominios del arte. Este artículo indaga, en detalle, por una fenomenología de la estética cotidiana experimentada en las cosas, eventos o situaciones que aparecen en las vivencias del día a día del del individuo, y que le proporciona sentimientos felicidad o bienestar. Para ello se hace un análisis del texto literario Momentos de inadvertida felicidad, de Francesco Piccolo y se examina la teoría de Thomas Leddy, una de las propuestas más influyentes en la concepción de la estética cotidiana, a fin de configurar un referente fenomenológico de esta. Los resultados indican la existencia de la relación estrecha entre la estética cotidiana y el bienestar, y muestran que el asombro, la imaginación, la mirada y la reflexión, son elementos decisivos en el surgimiento de la experiencia estética en la vida diaria. No obstante, se discute que los hallazgos no constituyen un modelo para seguir, sino que dan pistas de cómo llevar la 17 teoría de la estética cotidiana a la práctica, y en tal sentido, se requieren nuevos estudios que amplíen el panorama pragmático de la experiencia de la estética cotidiana. Abstract Everyday aesthetics is a philosophical discipline that examines the aesthetic aspects of daily life beyond the realm of art. This article delves into a phenomenology of everyday aesthetics experienced through the things, events, or situations that arise in individuals’ daily lives, providing feelings of well-being and happiness. To achieve this, we conduct an analysis of Francesco Piccolo’s literary text, Moments of Unnoticed Happiness, and Thomas Leddy’s theory of everyday aesthetics is explored to shape a phenomenological reference. The results reveal a strong correlation between everyday aesthetics and wellbeing, and highlight amazement, imagination, gaze, and reflection as critical elements in the emergence of aesthetic experiences in daily life. However, the findings are not meant to be prescriptive; rather, they offer guidance on how to put the theory of everyday aesthetics into practice. Therefore, further research is needed to broaden our practical understanding of everyday aesthetics. Palabras clave: Estética cotidiana; vida cotidiana; aura; asombro; bienestar; felicidad. Key words: Everyday aesthetics; daily life; aura, amazement; well-being; happiness. 1. Introducción: la estética cotidiana en contexto El surgimiento de la estética cotidiana como disciplina de estudio ha generado un creciente interés entre aquellos investigadores que, desde la filosofía, el diseño, la sociología o el arte, intentan definir la estética dentro del marco de la vida diaria. Aunque la discusión sobre la estética ha estado tradicionalmente centrada en el campo artístico, la naturaleza, el medio ambiente y las artes populares, la condición estética de la cotidianidad vivida por los sujetos en su relación con el mundo se ha abordado muy poco. En este sentido, la teoría sobre la estética cotidiana no pretende señalar necesariamente la relación arte y vida (asunto ampliamente trabajado desde diversas perspectivas), sino que busca explicar cuáles son las condiciones básicas de la experiencia estética en el día a día de un individuo. En esencia, esta nueva disciplina señala las posibilidades que ofrece lo denominado como banal, ordinario o rutinario de la cotidianidad, para experimentar el espacio doméstico, la comida, el clima, las relaciones interpersonales, la indumentaria o los recorridos urbanos, entre otros, como escenarios apropiados para la estética en la vida diaria. Sin embargo, llama la atención la falta de investigaciones y estudios que describan y analicen detalladamente la fenomenología relacionada con la esteticidad de 18 la cotidianidad. En lo que sigue, pretendemos formular un acercamiento en esa dirección, a fin de identificar las cosas que, a través de la percepción, la imaginación o la reflexión, se muestran a la experiencia de la estética cotidiana. Una de las perspectivas teóricas más destacadas sobre la estética cotidiana es la desarrollada por Leddy (La experiencia), la cual aborda el concepto del asombro (aura). Para este autor, cuando en un objeto, evento o relación emergen cualidades estéticas, por ejemplo, belleza, gracia o elegancia, es porque tal objeto, evento o relación ha sido experimentado desde el asombro como resultado de su condición de aura (400). De ahí que dichas cualidades no sean inherentes a la cosa, sino que, asegura el mismo Leddy, “son propiedades experimentadas [traducido por el autor]” (Everyday surface 7). A diferencia del enfoque de Benjamin sobre el concepto de aura (47), el término es usado por Leddy para referirse a las posibilidades de establecer una relación con la vida diaria desde la estética, en la que lo cotidiano se perciba de una manera impresionante, fascinante o interesante desde el asombro (La experiencia 400). Es decir, el aura se presenta en la medida en que la cosa se experimenta asombrosamente; y el asombro supera, en este caso, su mera relación con lo extraño, para profundizar en el componente de la admiración. Así, admirar implica una mirada de agrado especial hacia algo o alguien que llama la atención por sus cualidades extraordinarias. Sin embargo, la condición de extraordinario se da en la medida en que la cosa se experimenta estéticamente, y no porque pierda su carácter de habitualidad o de común. Esto es lo que sucede al prendarse en la contemplación de un jardín bien cultivado, en la observación de las sombras de los árboles sobre la calle o de la presencia de conejos en un jardín de una zona netamente urbana. Dichos fenómenos aparecen con elevada frecuencia (ordinarios) en el circuito cotidiano de Leddy (La experiencia 400, 407, 421) y despiertan su admiración al observarlos con asombro. Así es como lo que se agrega (lo extra) a la condición de ordinario, tiene que ver con la mirada del sujeto, no con la singularidad de la cosa por fuera de lo común. Ahora bien, en el marco del asombro, la experiencia estética podría darse en todas partes, en cualquier momento y frente al cualquier cosa o situación1. Ello dependerá de si el sujeto adopta una actitud adecuada (imaginación, conciencia, benevolencia…), en clave estética que, para el caso que nos ocupa, está inscrito en el ámbito de la felicidad y el bienestar. Es decir, cómo a partir del asombro, una mirada o reflexión estética sobre 1. En la actualidad aún se debate, desde la teoría, los alcances de la estética cotidiana. Así, han surgido perspectivas como la de Leddy que reclaman un carácter expansivo de esta disciplina filosófica; mientras otros alegan que la estética de la vida diaria debe suscribirse en un ámbito restrictivo que demarque sus alcances. Es el caso de Melchionne (2017), quien la sitúa, en exclusiva, en los ámbitos de lo ordinario, lo común y las prácticas literalmente repetidas diariamente. 19 la vida cotidiana, como actitud, conduce a una relación impresionante, fascinante o interesante con el mundo que, además, le ofrece al individuo instantes de felicidad. Así las cosas, la estética cotidiana aparece con una especial significación: la vida de un ser humano tiene una dimensión estética en la medida en que sea, o no, feliz2 (Leddy, Everyday Aesthetics 30). Este asunto no resulta del todo nuevo, pues ya Baumgarten se refería al concepto de felix aestheticus en su tratado sobre la estética, relacionándolo con el sujeto que incrementa su felicidad a través del conocimiento y la práctica de la estética (cit. en Kuisma et al. 13). Y en este orden de ideas, precisamos que la noción de felicidad la entendemos aquí, como una búsqueda más amplia del bienestar humano. Ella (la felicidad) no es simplemente una sensación, como el placer, sino una actividad realizada bien, acompañada por el placer (Leddy, Everyday Aesthetics 39). 2. Análisis: una mirada estética a la cotidianidad en Momentos de inadvertida felicidad Teniendo en cuenta lo anterior, analizamos Momentos de inadvertida felicidad, del autor italiano Francesco Piccolo. Se trata de un texto que no encaja entre los géneros tradicionales de la literatura, debido a que su contenido se teje con una combinación aleatoria de frases, pensamientos y microrrelatos. Todo ello es enunciado por un personaje narrador-protagonista, cuya intención es expresar la felicidad inesperada que le produce el hallazgo de momentos gratos en el transcurrir de su vida diaria durante el verano en Roma. El texto de Piccolo, por otro lado, permite comprender adecuadamente las particularidades estéticas de la vida diaria, dado que existe una concordancia entre su diégesis y las teorías filosóficas que explican esta disciplina de estudio. Ello se da porque el hecho de que una novela, cuento, pintura o película, por ejemplo, adopte en su contenido el tema la vida diaria (poiesis) no lo hace un referente de la estética cotidiana. El punto central de esta última en el contenido de un texto estético no es la representación artística del mundo de la vida, sino el reflejo de cómo un alguien vive la cotidianidad estéticamente. Y esto, justamente, es lo que hace Piccolo: muestra un personaje narrador-protagonista cuya mirada frente a las circunstancias diarias es estética (asombrosa). El resultado de esa mirada es que, al prendarse estéticamente a las cosas, estas parecen más vivas, más reales, más presentes o conectadas con otros asuntos. En otras palabras, tienen una mayor significación; tienen aura (Leddy, La experiencia 400). De ahí que el énfasis de la estética cotidiana esté puesto en la experiencia del evento, objeto, relación, entorno o situación y no, exclusivamente, en las cualidades de estos. 2. Todas las paráfrasis hechas de citas en otros idiomas son interpretación y traducción propias del autor. 20 3. Asombro e imaginación en la experiencia de la estética cotidiana Al adentrarnos en el contenido diegético de Momentos de inadvertida felicidad (en adelante, Momentos), nos las habemos con un personaje narrador-protagonista cuya disposición asombrosa frente a ciertos eventos diarios, como se ha dicho, es estética; en la medida en que los mira o los siente de una manera especial (Leddy, The Extraordinary 131). Esa forma de acercarse asombrosamente a los fenómenos cotidianos está, en algunos casos, acompañada por la imaginación. Así se colige cuando, durante el verano, el personaje3 observa la ciudad desde la ventana de su apartamento y, en su imaginación, concibe el día, en lo que él denomina, “tres movimientos” (Momentos 91). El primero de ellos acontece en la mañana. A diario ve salir de una casa a dos mujeres ancianas que caminan muy lento, pero una de ellas, siempre, rebasa por diez metros a la otra. Ellas caminan, y cuando regresan, el protagonista se asombra al verlas guardando la misma distancia. El movimiento número dos sucede en la tarde. Este se da cuando ve salir a Ángela, una vecina por la que siempre ha sentido atracción. La mujer lleva habitualmente un bolso grande colgado en su hombro, y al personaje le intriga saber qué tanto es lo que guarda en él. El tercer movimiento ocurre en la noche, cuando las calles circundantes a su residencia se van quedando vacías y silenciosas. De un momento a otro, esas calles se colman de hombres en motocicletas y automóviles estacionados; y en cuestión de minutos, decenas de empleadas abandonan, todos los días, las enormes tiendas de los alrededores para abordar las motos y coches que las esperan. El protagonista asume que, gracias a su mirada cotidiana sobre esos eventos, todo funciona así de bien; milimétricamente. Y afirma: “Si de repente se ausenta mi mirada de ellos, podría recaer en mí la responsabilidad de que todo en esta calle cambie, se confunda, se pierda” (96). Aquí la imaginación es la que ajusta el transcurso del día en una especie de puesta en escena teatral de tres actos. Ello no responde a secuencialidad alguna en las acciones, pero el personaje resalta la precisión (primer movimiento), la intriga (segundo movimiento) y los movimientos coreográficos (tercer movimiento) del acontecer; estas son cualidades estéticas que resultan de su experiencia con el mundo. Se trata, pues, de un imaginar que, en términos de Sartre, consiste en desviar la mirada de los acontecimientos y dirigirla a la manera de estar dada de esos acontecimientos (13). No obstante, el protagonista juega dentro de su propia imaginación preguntándose si, quizá, esos sucesos, más que una manera dada del acontecer, son creados por él mismo: “¿[…] y si soy yo quien, con mi deseo de mirar y de mantener todo junto, toda la calle, y si soy yo quien con mi deseo de que las cosas ocurran de forma suave, hago que ocurran de forma suave?” (Momentos 96). Esta inquietud lo que hace, en últimas, es 3. En adelante, alternaremos el uso de las palabras personaje, narrador y protagonista para referirnos al mismo sujeto protagónico de la acción en el texto objeto de análisis. 21 justificar la sensación de bienestar del personaje por considerarse el artífice de algo que perdería todo sentido si dejara de mirarlo. 4. La práctica de la estética cotidiana en función del sentimiento de felicidad Según la teoría de la estética cotidiana, la felicidad -como se mencionóestá estrechamente ligada al bienestar que se deriva de realizar bien una actividad y acompañadas por el placer. En este sentido, el bienestar se refiere a la capacidad de los individuos para regular su estado hedónico, mediante la adopción de prácticas que promuevan su satisfacción en la vida diaria. Entre esas prácticas está la de una mirada estética apuntalada en la imaginación. Dicha mirada es una constante, un hábito consciente en el protagonista que le brinda instantes inadvertidos de felicidad. Ello hace parte de una rutina no automática que encaja en el ritmo de sus actividades habituales, sin alterarlas en su esencia. De este modo, la regulación del bienestar está determinada por el autocontrol y la auto concordancia que el individuo hace en relación con las circunstancias de su cotidianidad. Es el mismo sujeto quien decide si la lleva a cabo (la regulación) y de qué manera, en correspondencia con sus quehaceres diarios (Melchionne, The Point 17). Por eso el narrador de Momentos aprovecha cualquier evento para poner en juego su imaginación. Tal como lo hace cuando, durante el verano, observa a una chica de su barrio abandonar muy temprano la ciudad para irse a la playa. Esa circunstancia es el punto de partida para que el narrador comience a imaginar a la mujer cuando esta desdobla su manta playera y “se desnuda, dejándose solo un minúsculo tanga, se tumba y toma el sol. Se queda así todo el día. De vez en cuando, lee un libro; en otras ocasiones, lee revistas […]. A veces come un yogur; otras veces, fruta” (Momentos 76). Y a renglón seguido, para darle un matiz emocionante o quizá conflictivo, el protagonista concibe cómo algunos hombres se le acercan para cortejarla mediante diálogos que insinúan una maliciosa propuesta sexual, y a la que ella responde con un hum. “Luego se levanta, lo más tarde posible, lo mete todo en su sitio, se viste y regresa a la ciudad” (76). El personaje se regocija al imaginar que tal vez la mujer va a la playa para, entre otras cosas, escuchar las sandeces de unos hombres que considera lo suficiente ingenuos al hablarle. Como se infiere, las particularidades estéticas surgen como resultado de una labor de recepción (mirada, imaginación). Aunque existen aproximaciones explicativas a la estética cotidiana basadas en la influencia que ejercen los objetos y los ambientes (Fetell), en Momentos la estética cotidiana no se enuncia a través de la disposición intencional de las cosas. El entorno, los colores, las formas, el diseño, la armonía o la sorpresa, entre otros, no responden al propósito de comunicar lo estético. En consecuencia, la experiencia estética no está predeterminada por el marco que propone un sujeto enunciador, externo al receptor. Aquí el personaje, como se ha ido mostrando, es quien de manera creativa encuadra los bordes de sus vivencias estéticas con el mundo. Así se 22 desprende cuando el protagonista ajusta en clave de trama narrativa su plan de ir a cine. Al principio, este informa su intención de ver una película recién estrenada en la ciudad, pero luego decide esperar y planificar su visita de manera estratégica para aumentar la emoción. A medida que pasan los días, el personaje va retrasando su asistencia a la sala de cine y crea un nudo en la trama eligiendo ir a ver la película solo en la última semana de exhibición, cuando va a ser más difícil encontrar dónde la proyecten. Finalmente, el personaje opta por ir el último día, a riesgo de no poder llegar a un distante cinema, donde aún la muestran; pero frente al temor de no llegar a tiempo para ver el filme, decide no concurrir. Al final, la película deja de proyectarse en la ciudad y, como desenlace de esta trama, el protagonista afirma: “Y yo me siento, de modo incomprensible, aliviado” (Momentos 13). En la línea del asombro, el acto común de ir a cine se conecta con otros asuntos y, así, adquiere un interés especial. Esos otros asuntos están vinculados con la actitud frente a una vivencia en clave de trama narrativa, en la cual se propone un inicio, se genera una tensión y se finaliza con un desenlace que produce, en este caso, un alivio gozoso al personaje. Se comprende, entonces, que el interés no surge a raíz del filme por sí mismo, sino del intríngulis en el que se instala la práctica de ir a cine. Si bien una película pertenece al ámbito de lo estético-artístico, es importante destacar que la estética cotidiana, tal como hemos mencionado, no se encuentra delimitada por una enunciación estética preestablecida. De tal modo que los espacios, las cosas, situaciones y actividades cotidianos, por no tener un marco al estilo del arte, comprometen al individuo a convertirse en el creador del encaje estético de estos (Saito 89). Esta idea es la resonancia de la teoría de Hepburn, para quien “el precio estético que pagamos por el carácter sin marco de los objetos no artísticos, como la falta de un diseño unificado, puede compensarse ejercitando nuestra imaginación y creatividad al constituir el objeto estético como mejor nos parezca [traducidos por el autor]” (14). En este orden, en el mismo encuadre imaginado de una trama, el personaje establece una especie de secuencialidad en los actos que observa en la gente. Los domingos, por ejemplo, visita las calles solitarias de Roma, con el fin de ver a una chica (a veces a varias) en tacones que -después de una noche de sábadobusca dónde comprar y tomarse un café capuchino. Esa mujer, con el maquillaje regado, se ve agotada, pero “con esa felicidad sutil que se oculta debajo ese aspecto confuso, como debajo de una alfombra” (Momentos 13). Para el narrador, una vez la chica termina su bebida caliente y sale del cafetín, “ese es el momento justo en que de verdad ayer por la noche ha terminado” (14). De tal modo que la mujer aparece como la protagonista de un relato imaginado. El entorno de la escena se ubica en las primeras horas de un domingo, cuando el asombro por el silencio reinante proyecta (para nuestro protagonista) una hermosura especial de la ciudad (13). El personaje sale en busca de una chica, pero no cualquiera, sino de 23 aquella que calza tacones, ya que estos asociados a la elegancia se conectan con otro tiempo y espacio: el de la fiesta. A la mujer de ese relato le ha sucedido algo antes. Así lo muestra esa especie de elipsis visual enunciada por su maquillaje estropeado. Ello tiene que ver con algo feliz, vivido en el bar o en la casa de los amigos la noche anterior (amistad, romance, celebración). Entonces, la trama construida en clave de narración in extremis, ofrece a nuestro personaje un goce por escoger un instante de domingo como momento final del imaginado día anterior de alguien real (la mujer). En otras ocasiones, nuestro protagonista, no solo encuadra una actividad en términos narrativos, sino que también crea cierta tensión en ella. Esto pasa cuando asiste a una obra de teatro. Una vez se apagan las luces y la función está por iniciar, el personaje se concentra en esos “escasos segundos de espera antes de que se oigan las primeras palabras” (27) porque los siente como un momento de libertad fugaz que pronto lo llevará a quedar atrapado sin salida por “días, semanas y años” (27). Durante la representación, el protagonista de Momentos siente como si estuviera envejeciendo allí, aunque el tiempo parece detenerse con la primera frase de la obra. En un momento dado, piensa en todo lo que hay fuera del teatro, “toda la gente a la que quieres, todas las cosas que quieres hacer, pero tienes que considerarlas perdidas para siempre” (27). Sin embargo, al final del espectáculo, el narrador experimenta una sensación liberadora y hermosa, aplaudiendo con entusiasmo y asegurándose felizmente de que la función ha terminado (28). 5. Atender y escuchar: formas de prendarse estéticamente a las cosas de la vida diaria Resulta paradójico que en el título del texto objeto de análisis se indique que de lo que se trata es de momentos de inadvertida felicidad, cuando en realidad a lo que asistimos es a esos instantes en los que el protagonista repara en ciertas circunstancias que le producen bienestar. Hemos señalado, además, que es el mismo personaje el que adopta una mirada con la cual delimita el carácter estético de las cosas, a fin de encontrar en ellas satisfacción y goce. En este sentido, interpretamos que el propósito del narrador es invitar al lector a reflexionar si, al igual que él, ha vivido circunstancias similares que nunca fueron percibidas como posibilidades de felicidad. El narrador enfatiza esta intención al elaborar listas de situaciones con el objetivo de que quien lea las recuerde y piense sobre si en su momento le produjeron bienestar o si podrían ser un motivo para sentirse feliz: “El olor a pan de buena mañana, las cafeteras en los momentos que son apagadas. Los paseos. Los aperitivos con las manos pringosas de cacahuetes. El primer tique impreso en una tienda […]. El bis tan esperado en un concierto […]” (145). En consecuencia, si al lector la memoria le trae el recuerdo feliz de esas circunstancias, estaríamos hablando efectivamente de momentos inadvertidos de felicidad, es decir, una felicidad pretérita 24 inconsciente que se hace consciente gracias al recuerdo. Esto justificaría el título del texto. No obstante, la reiteración que el personaje hace de situaciones en las que los momentos de felicidad son advertidos o creados conscientemente, nos permite concluir que lo que lo anima es la búsqueda consciente de esos instantes de bienestar. Así las cosas, Momentos reflejaría, incluso, la tensión existente entre los teóricos de la estética cotidiana. Pues mientras algunos apelan al concepto de unnoticed -lo inadvertido- (Pérez-Carreño) y familiarity -lo familiar- (Haapala), otros recurren al de la atención como fundamento de la emergencia de la experiencia estética cotidiana (Mandoki, Leddy, The Extraordinary). Justamente, desde esta última perspectiva es que hemos venido construyendo el análisis, dado que nuestro personaje no vive la cotidianidad como una familiaridad pura y cerrada que conduce a la inercia de la rutina (Bégout 19). En cambio, aplica una atención consciente a su relación con el mundo y, por lo tanto, lo conocido previamente, como ir a cine, adopta un cariz fascinante o interesante. En otras palabras, el personaje de Momentos no solo observa regularmente a una mujer en tacones, a otra que va a la playa o a dos ancianas que caminan, sino que las convierte en objeto de su experiencia estética, al que se prenda conscientemente. Este es un prendamiento basado en la atención focalizada (Dickie 58), y explicado por Mandoki en el sentido de que cuando un alguien está prendado sensiblemente de algo (objeto, relación, entorno…), es porque está viviendo una experiencia estética, en la medida en que se vuelve sujeto de la fascinación, el asombro o la turbación ante asuntos cotidianos, artísticos o de la naturaleza que, en otro momento, habrían pasado desapercibidos (17). En este orden de ideas, la atención consciente y focalizada, en tanto parte de la mirada estética, potencia la vivencia del asombro derivada de aguzar los sentidos en las cosas del mundo. Eso es lo que sucede cuando el narrador advierte el extraordinario cambio de su ciudad una vez todos se han ido de vacaciones, y él se queda solo, en lo que denomina “unas vacaciones sin vacaciones” (Momentos 19-20). Durante ese tiempo, se adentra en el deleite cotidiano de observar a personas foráneas que todo lo fotografían; en el goce de hacer recorridos en motocicleta para reconocer el ambiente festivo de la ciudad; en la satisfacción de ir en coche al supermercado porque adora encontrar dónde estacionarse. Para él, el tiempo parece no avanzar; se aburre, pero se complace en su aburrimiento. Algunas noches sale a caminar acompañado y se hace consciente de que sus pasos intercambian el ritmo con aquellos que andan a su alrededor. Igual ocurre cuando aguza el oído: “Me gusta oír las bocinas sonando cabreadas, primero una, luego otra, luego todas a la vez, mientras permanecemos en un atasco de tráfico y el tiempo va pasando sin que haya remedio […]” (31). Y para que el placer aumente, el personaje decide escuchar la radio, fumarse un cigarrillo, pensar en algunas estupideces y unirse al barullo sonoro tocando su bocina (31). 25