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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso The Eventual Legacy of Mariátegui in the Ideological Composition of Shining Path Mariano García de las Heras González1 Universidad Complutense de Madrid (España) Recibido: 11-06-19 Aprobado: 06-03-20 Resumen La figura de José Carlos Mariátegui es una referencia intelectual en el pensamiento revolucionario latinoamericano. Su producción intelectual está acompañada de un compromiso político con las ideas transformadoras aplicadas al conjunto de América Latina y, de manera especial, a Perú. Sus aportaciones teóricas y sus propuestas prácticas para organizar a la clase obrera del país andino son motivo de disputa ideológica en el seno del comunismo peruano durante las décadas centrales del siglo XX. En ese ambiente surge Sendero Luminoso, una organización dispuesta a impulsar el proceso revolucionario por la vía armada. Este texto busca los anclajes de su ideario a partir de los planteamientos iniciales sugeridos por el autor de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Palabras-clave: Mariátegui, Abimael Guzmán, Sendero Luminoso, Perú, comunismo peruano, procesos revolucionarios. 1 ([email protected]) Historiador y politólogo. Actualmente cursa el programa de doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid con una beca del Ministerio de Educación. Secretario de Redacción en Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder. Sus últimas publicaciones son: “La impunidad de la dictadura franquista”. Reflexión Política, 21(43), 2019, pp. 36-48. y “Experiencias sobre el terrorismo de estado en Perú (1980-2000). Revista Universitaria de Historia Militar, 8(17), 2019, pp. 71-96. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5978-2156.
394 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 Abstract José Carlos Mariátegui is an intellectual reference in Latin American revolutionary thought. His intellectual production is accompanied by a political commitment to revolutionary ideas applied to Latin America as a whole and, especially, to Peru. His theoretical contributions and his practical proposals to organize the working class of the Andean country are reason for ideological discussion within Peruvian Communism during the central decades of the 20th century. In this environment, Shining Path emerges, an organization willing to promote the revolutionary process by armed means. This text looks for the anchors of his ideology from the initial approaches suggested by the author of Seven essays of interpretation of the Peruvian reality. Key-words: Mariátegui, Abimael Guzmán, Shining Path, Perú, Peruvian Communism, Revolutionary Processes. 1. Introducción El pensamiento de José Carlos Mariátegui (1894-1930) es una referencia ineludible en el análisis marxista latinoamericano y su producción teórica constituye una radiografía minuciosa sobre el recorrido histórico de Perú hasta el primer tercio del siglo XX. Sin embargo, sus contribuciones no permanecen restringidas al ámbito intelectual y el encuadramiento de la clase obrera peruana es su máxima expresión, cuya finalidad radica en revertir la realidad del país andino. Su producción intelectual conjuga el pensamiento marxista con la escala geográfica estatal, que permite la elaboración de “una manera específica –peruana, indoamericana, andina– de pensar a Marx” (Flores, 1980: 12). El legado de su propuestas políticas es objeto de disputa en los decenios centrales de la pasada centuria. En ese ambiente, el Partido Comunista del Perú (PCP) experimenta una serie de fraccionamientos que expresan, al mismo tiempo, las discrepancias ideológicas del comunismo en plena Guerra Fría. El nacimiento de la organización Sendero Luminoso está ubicado en esta coyuntura y su despliegue ideológico reclama, inicialmente, la doctrina mariateguiana. La formación liderada por Abimael Guzmán (1934–) plantea la revolución como un fenómeno indiscutible para la transformación de la sociedad peruana y, de este modo, Sendero Luminoso adquiere un protagonismo relevante durante el último tercio del pasado siglo. Su apuesta por recurrir a la violencia con la pretensión de imponer un proceso revolucionario en Perú es el epítome de una creciente radicalización incubada durante una década. El propósito de este texto consiste en valorar las aportaciones del amauta en la mentalidad revolucionaria de Sendero Luminoso. Las siguientes líneas
395 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 exploran las formulaciones ideológicas comparadas entre Mariátegui y la organización senderista a partir de un triple eje: el diagnóstico de las condiciones socioeconómicas de Perú, la selección de los sujetos revolucionarios y, por último, el papel motivador de la violencia en la revolución. Los títulos firmados por el amauta de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana e Ideología y política son escrutados con algunas de las fuentes recopiladas por el Centro de Documentación de los Movimientos Armados para establecer, por un lado, las convergencias en sus formulaciones y, por otro, el distanciamiento en sus análisis marcados por la búsqueda de estimular un proceso revolucionario en Perú. 2. Breve genealogía senderista En el universo comunista, la cristalización de la polémica sino-soviética en Perú es apreciable a través de la ramificación del Partido Comunista. Las formaciones escindidas añaden el título nominal de sus respectivos aparatos de difusión propagandística: el PCP-Unidad, que mantiene una línea convergente con las propuestas de Moscú, y el PCP-Bandera Roja, que muestra su afinidad con Pekín (Ríos, 2019). La configuración de la dirección intelectual de Sendero Luminoso remite a la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), que comparte sede con el Comité Regional José Carlos Mariátegui del PCP y suministra “nuevos referentes políticos que tendían a cerrar la brecha generacional” (Degregori, 2011: 116). Guzmán accede a la UNSCH en calidad de catedrático en filosofía y participa, durante los primeros años de la década de 1960, en las fricciones intestinas que desembocan en la escisión registrada en enero de 1964 para integrar el Comité Central del recientemente constituido PCP-BR. Un año más tarde, Guzmán viaja a China para recibir instrucción como cuadro político y durante su estancia descubre la figura de Mariátegui mediante el estudio del pensamiento maoísta. En su regreso al país andino, el filósofo arequipeño busca rescatar los planteamientos de Mariátegui y reconstituir el Partido Comunista desde una perspectiva basada en los principios maoístas. Las fuentes ideológicas que nutren la formación política que lidera Guzmán son evidenciadas del siguiente modo: “Es la aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a la revolución peruana la que ha generado el pensamiento Gonzalo, en la lucha de clase de nuestro pueblo, del proletariado principalmente, de las incesantes luchas del campesinado […] Éste fue antes pensamiento guía, y si hoy el Congreso ha sancionado pensamiento Gonzalo es porque se ha producido un salto en ese pensamiento guía, precisamente en el desarrollo de la Guerra Popular” (PCP-SL, 1970).
396 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 El Comité Regional de Ayacucho del PCP-BR experimenta un notable crecimiento bajo el liderazgo de Guzmán entre los años 1964-1969. El principal foco de su actividad radica en la UNSCH, pero las continuas discrepancias políticas provocan una serie de fragmentaciones en el seno de Bandera Roja que culminan en el surgimiento del PCP-Sendero Luminoso a comienzos de 1970 (Ríos y Sánchez, 2018). Algunos autores trazan una equiparación con el proceso revolucionario chino para señalar la configuración de un “Yenán andino” (Degregori, 2000, 2012; Rénique, 2003). Guzmán encabeza, en el año 1974, una nueva escisión que será célebremente conocida por el lema exhibido en su periódico: “Por el Sendero Luminoso de José Carlos Mariátegui” (Ríos y Sánchez, 2018). En términos estrictamente ideológicos, la idea de recuperar el pensamiento mariateguiano implica sintetizar las aportaciones del revolucionario chino con las formulaciones del escritor peruano, ya que representan “la expresión política culminante del proletariado peruano” (PCP-SL, 1975). El filósofo arequipeño reclama para la nueva formación comunista “el blasón de ser el auténtico partido marxista fundado en los años veinte, destinado a ser el instrumento decisivo en el proceso revolucionario en el Perú” (Manrique, 2007: 7). Por último, las variaciones en las nomenclaturas señalan la disputa por el fundamento científico con el propósito de certificar unas garantías en el triunfo final de la revolución. La apariencia rigurosa procedente de un método científicamente probado aporta las justificaciones de sus procedimientos y encauza las discrepancias ideológicas. Sendero Luminoso proclama, en este sentido, que “el camino de Mariátegui tiene un eje: el Partido Comunista” (PCP-SL, 1975). 3. Anclajes socioeconómicos: condición colonial y pervivencia feudal Mariátegui afronta la problemática de Perú tras su periplo europeo a través de una triple polémica con los ideólogos del orden oligárquico al servicio del imperialismo, el nacionalismo democrático aprista y la dirección oficial de la III Internacional en su sección latinoamericana (Quijano, 2014: 395). La sustancia de su producción literaria sobre las contrariedades del país andino está, aunque con implicaciones sobre América Latina en su conjunto, en su obra titulada Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana y su trabajo Ideología y política2 (Quijano, 2014: 394). El encaje de la trayectoria descrita por Perú en el orden mundial implantado en los albores del siglo XX significa, en virtud de la caracterización de ambas 2 El citado estudio es el libro más leído en la historia de Perú y su autor es la figura más relevante del pensamiento marxista en América Latina (Degregori, 2011: 133-134, n. 19)
397 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 realidades, el predomino decisivo de la escala global para determinar el rumbo durante las décadas siguientes a pesar de las tentativas por reconfigurar la estructura social peruana dañada tras los efectos provocados por la derrota ante Chile en la Guerra del Pacífico (Quijano, 2014). El resultado es la persistencia de dos focos históricos que proyectan la imagen de una explotación perenne: colonialismo y feudalismo. La entidad estatal permanece sometida a un proceso de reconfiguración bajo los designios del capital monopolista, como expresión del imperialismo, y su caracterización está precisada por dos cuestiones elementales: la indefinición nacional provocada por el carácter semicolonial que asume la burguesía dirigente y la indeterminación de clase motivada por la articulación de unos intereses oligárquicos (Quijano, 2014: 345). La convergencia entre el sujeto revolucionario y el pensamiento de Mariátegui representa un indicio para inscribir la fuerza motriz que representa la lucha de clases en un contexto definido “por la depuración y la profundización del carácter histórico de la sociedad peruana y de la madurez de clase de su proletariado” (Quijano, 2014: 333). Mariátegui dedica varios pasajes de su obra al análisis de la situación económica de Perú y subraya que, tras un amplio recorrido histórico, la Guerra del Pacífico es un hito en la caracterización de la economía del país andino. La derrota frente a Chile provoca un colapso de las fuerzas productoras evidenciado en la pérdida de sus principales fuentes –guano y salitre–, la depresión generalizada del comercio, el estancamiento de la producción, la depreciación monetaria y la quiebra del crédito exterior (Mariátegui, 2007). El caudillismo militar retoma las riendas del poder a pesar de su incapacidad para abanderar una adecuada reconstrucción económica, si bien la incipiente burguesía capitalista logra asumir determinadas funciones políticas que devienen en una reorganización de la economía peruana acomodada a unos intereses de clase muy específicos. En su explicación, Mariátegui añade: “La revolución americana, en vez del conflicto entre la nobleza terrateniente y la burguesía comerciante, produjo en muchos casos su colaboración, ya por la impregnación de ideas liberales que acusaba la aristocracia, ya porque ésta en muchos casos no veía en esa revolución sino un movimiento de emancipación de la corona de España” (2007: 54). Mariátegui (2007) recurre al ejemplo de la solución aportada al problema monetario, que responde a unos criterios exclusivamente beneficiosos para los sectores latifundistas, y expresa la instrumentalización estatal en la configuración de una sociedad burguesa siguiendo la idea de que “el gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (Marx y Engels, 1997: 13).
398 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 Perú experimenta un proceso acelerado de incorporación al sistemamundo capitalista tras la Primera Guerra Mundial y su principal resultado es “un reforzamiento de la hegemonía de la costa en la economía peruana” (Mariátegui 2007: 19). En consecuencia, Mariátegui verifica el desarrollo “de una clase capitalista, dentro de la cual cesa de prevalecer como antes la antigua aristocracia […] Se constata el robustecimiento de la burguesía” (ibídem). El imperialismo monopolista como fase capitalista recurre al poder emanado de las relaciones feudales porque manifiesta su consideración por la clase dominante en términos políticos, aunque sus intereses económicos muestran severas discrepancias. La emergencia de la titularidad individual de la tierra, la expropiación de los latifundios y la liquidación de los privilegios feudales no contradicen a corto plazo los intereses imperialistas (Mariátegui, 2010). El amauta divisa un componente de clase en la lucha contra el imperialismo, que entronca con sus reflexiones sobre la variable racial para concluir con un razonamiento ajustado al espacio exclusivamente latinoamericano. Una prueba de ello es el documento epistolar redactado por el Grupo de Lima en 1929 y que señala lo siguiente: “La colaboración con la burguesía, y aun de muchos elementos feudales, en la lucha antiimperialista china, se explica por razones de raza, de civilización nacional que entre nosotros no existen […] En Indoamérica las circunstancias no son las mismas. La aristocracia y la burguesía criollas no se sienten solidarizadas con el pueblo por el lazo de una historia y de una cultura comunes. En el Perú, el aristócrata y el burgués blancos, desprecian lo popular, lo nacional. Se sienten, ante todo, blancos […] El factor nacionalista, por estas razones objetivas que a ninguno de ustedes escapa seguramente, no es decisivo ni fundamental en la lucha antiimperialista en nuestro medio” (Mariátegui, 2010:119) Mariátegui subraya, frente a las explicaciones de Haya de la Torre3 y de las tendencias apristas, el contenido de clase implícito en el imperialismo y resta importancia a las cuestiones de orden nacional. El amauta manifiesta, en la I Conferencia Comunista Latinoamericana celebrada en la ciudad de Buenos Aires durante el mes de junio del año 1929, que: “El antiimperialismo, para nosotros, no constituye ni puede constituir, por sí solo, un programa político, un movimiento de masas apto para la conquista del poder. El antiimperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeña burguesía nacionalistas […] no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses” (Mariátegui, 2010: 120) 3 El dirigente del APRA sostiene que el imperialismo implica en América Latina la constitución de una dualidad histórica entre el capitalismo y el feudalismo. Por el contrario, Mariátegui no contempla esa tesis porque considera que el imperialismo representa, especialmente, un capitalismo monopolista en proceso de expansión a escala mundial.
399 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 Las contribuciones de Mariátegui a la reflexión sobre la articulación de la lucha revolucionaria añaden un matiz en la escala continental, que marca las diferencias ente los países meridionales y las entidades estatales mesoamericanas. El antiimperialismo no puede constituir, a diferencia de la concepción aprista, un programa político o un movimiento de masas apto para la conquista del poder porque su lucha no anula la dialéctica de clases. En gran medida, los esfuerzos del amauta radican en la explicación y la demostración de que la única solución para frenar la creciente fuerza imperialista es la revolución socialista, aunque sin prescindir de los elementos potencialmente movilizadores que concurren en esta disputa (Mariátegui, 2010). En su argumentación, Mariátegui esquematiza el desarrollo económico peruano para su progresiva incorporación a la lógica que domina la economíamundo, según el vocabulario braudeliano. Las primeras etapas reflejan el establecimiento de unas pautas que marcan el compás de la industrialización moderna y dotan a su funcionamiento de un dinamismo favorecido por la volatilidad del capital financiero. El ascenso de Estados Unidos como potencia imperial en franca competición con el poder británico simboliza una fase transitoria, que incluye a Perú en los circuitos de dependencia comercial con Washington. Los vestigios de la condición colonial no son eliminados, sino que son sustituidos como consecuencia de la permuta en la ubicación del enclave metropolitano: la Casa Blanca ocupa el sitio de la Corona hispánica. Uno de los principales efectos de esta dilatada etapa histórica consiste en la consolidación de una burguesía capitalista con aspiraciones a colonizar el poder político. Los aspectos destacados en el recorrido económico descrito por Mariátegui anticipan los dos pilares que sostienen su interpretación de la realidad peruana: el semifeudalismo y la semicolonialidad. El pensador natural de Moquegua detalla estas circunstancias en los siguientes términos: “Pesan sobre el propietario criollo la herencia y educación españolas, que lo impiden percibir y entender netamente todo lo que distingue al capitalismo de la feudalidad. Los elementos morales, políticos, psicológicos del capitalismo no parecen haber encontrado aquí su clima. El capitalista, o mejor el propietario, tiene el concepto de la renta antes que el de la producción” (Mariátegui, 2007: 24-25) La existencia de estas relaciones feudales obedece a la pervivencia de la gran propiedad. En Perú, según las observaciones del amauta, la formación de un modo de producción capitalista descansa sobre la negación de la concepción burguesa; es decir, el espíritu del feudo (Mariátegui, 2007). El autor de Siete ensayos concluye que una economía capitalista representa un fenómeno urbano alimentado por la libre actividad del campesinado y exige, por tanto, una profunda reestructuración del medio rural para desencadenar un proceso
400 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 revolucionario porque “sobre una economía semifeudal no pueden prosperar ni funcionar instituciones democráticas y liberales” (Mariátegui, 2007: 42). La continuidad del feudalismo tiene su máxima expresión en la organización latifundista y las prácticas de servidumbre, que dominan las relaciones sociales de producción. En efecto, Mariátegui sostiene la siguiente tesis: la liquidación de las formas serviles que estrangulan a la población indígena requiere la eliminación del latifundio porque “no renegamos, propiamente, la herencia española; renegamos la herencia feudal” (Mariátegui, 2007: 42). La explotación del campesinado por el predominio terrateniente significa la vertebración de un conjunto sistémico que desborda el poder local e instala su influencia a escala regional. El principal resultado de esta dinámica es la provisión de gobernabilidad porque permite a las instituciones estatales controlar el poder político mediante la articulación del caciquismo y el gamonalismo (Quijano, 2014). El razonamiento de Mariátegui indica que el propósito esencial radica en la anulación del modelo productivo feudal apoyado en el gamonalismo, el latifundismo y la servidumbre. El amauta puntualiza esta idea del siguiente modo: “Verdaderamente, no creo que se pueda afirmar que el carácter del colectivismo primitivo ha sido el de evolucionar a la propiedad privada, cuando las comunidades, que han seguido siendo atacadas y fragmentadas por todas partes, por un siglo más de explotación burguesa republicana, subsisten en un número tan grande y asoman su cuerpo vigoroso y siempre joven a los albores de una nueva etapa colectivista” (Mariátegui, 2010: 98). La cuestión agraria equivale al problema de la liquidación del feudalismo en el país andino e informa de una tarea incompleta en el procedimiento político del sistema democrático-burgués. En esta dirección, las medidas desamortizadoras relativas a la propiedad agrícola no conducen al desarrollo del fraccionamiento de la tierra y su principal resultado suscribe la pervivencia del predominio de la clase terrateniente en Perú. En la etapa republicana, “la nueva clase gobernante, ávida y sedienta de riquezas, se dedica a agrandar sus latifundios a costa de las tierras pertenecientes a la comunidad indígena, hasta llegar a hacerlas desaparecer en algunos departamentos. Habiéndoseles arrebatado la tierra que poseían en común todas las familias integrantes del ayllu4, éstas han sido obligadas, a buscar trabajo, dedicándose al yanaconazgo (parceleros) y a peones de los latifundistas que violentamente los despojaron” (Mariátegui, 2010: 99-100) 4 El término ayllu designa la agrupación comunitaria y familiar que actúa como núcleo social en la cultura incaica.
401 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 Las variables introducidas por el pensamiento mariateguiano sobre el imperialismo permiten la comprensión de la naturaleza y el movimiento histórico concreto de las luchas de clases en el espacio latinoamericano (Quijano, 2007: LXXXIX). La vigencia de estos comportamientos proviene de la coyuntura definida por los procesos independentistas registrados en el primer tercio del siglo XIX y, en el caso concreto de Perú, en la rígida configuración de una clase burguesa que manifiesta “la convivencia de ‘comunidad’ y latifundio en el Perú está, pues, perfectamente explicada, no sólo por las características del régimen del Coloniaje, sino también por la experiencia de la Europa feudal” (Mariátegui, 2007: 52). Las formulaciones elaboradas por Mariátegui en la década de los años veinte mantienen su vigencia inalterable, según Guzmán, medio siglo después (Manrique, 2007). Las reiteradas referencias a la condición semifeudal de la sociedad peruana sustentan la aplicabilidad en Perú del modelo maoísta, “aunque la apreciación senderista sostiene que ‘las contradicciones son más agudas en el interior que en la capital’ ” (Rénique, 2003: 46; Degregori, 2011: 177). La politización de estas incompatibilidades condensa, según Mariátegui, las posibilidades revolucionarias en el país andino a través del potencial emancipador de la movilización campesina (PCP-SL, 1968). En estas circunstancias, la principal tarea consiste en trasladar la doctrina del proletariado enunciada por el marxismo-leninismo a los segmentos agrarios y la escisión de Sendero Luminoso de la rama afín a la línea china –es decir, Bandera Roja– significa un hito fundamental en la gestación senderista (Rénique, 2003; Ríos y Sánchez, 2018). En la cosmovisión senderista, el imperialismo simboliza el antagonismo de la emancipación de los pueblos y expresa el dique reaccionario frente a la revolución. En sintonía con el Partido Comunista de China, Sendero Luminoso considera que Moscú ha asumido una concepción social-imperialista y constituye, del mismo modo que Washington, un obstáculo en el rumbo revolucionario (Manrique, 2007). 4. Los sujetos del proceso revolucionario La intensa búsqueda de fórmulas revolucionarias está condicionada por las sucesivas derrotas de los movimientos revolucionarios tras la exitosa experiencia cubana registrada en 1959. Sin embargo, como apunta Quijano (2014), el ciclo movilizador está asistido por el despertar de las protestas ancladas en el motor de la lucha de clases en algunos países del espacio latinoamericano –Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú–, que pretenden reorientar las medidas introducidas por los gobiernos reformistas en favor de sus reivindicaciones.
408 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 lucha incesante contra las fuerzas reaccionarias. Sendero Luminoso acude a los diagnósticos de Mao para justificar su linaje ideológico, que entronca con las analogías establecidas por el Presidente de la República Popular de China en relación con las aspiraciones imperialistas de la Casa Blanca y el Kremlin en su disputa por la hegemonía (PCP-SL, 1977). Sendero considera que su línea revolucionaria está suficientemente elaborada en 1977 y la constitución de un núcleo de cuadros afianzado permite iniciar su particular “guerra popular” (Degregori, 2000: 497). El escenario político peruano está marcado por una coyuntura transicional que dificulta la adhesión a las iniciativas insurgentes defendidas por Guzmán, ya que el resto de las escuadras marxistas aceptan su incorporación al juego parlamentario mediante la competición electoral. Sendero Luminoso interpreta que el análisis leninista es aplicable a Perú porque reúne las condiciones objetivas descritas por Lenin. Sin embargo, el núcleo senderista señala que esta cuestión suscita un profundo desconcierto en el país andino, ya que el ciclo movilizador de las masas es contemplado como el germen de la coyuntura revolucionaria “para soslayar la revolución, la toma del poder y, en último término, soslayar la violencia revolucionaria para ir tras los procesos electorales y difundir el cretinismo parlamentario” (PCPSL, 1979). La lectura senderista admite similitudes entre el escenario peruano y el análisis de Lenin porque la situación revolucionaria contrasta con las condiciones subjetivas, que son evidenciadas por los indicadores de la clase social y la existencia de unos instrumentos capaces de convertir la coyuntura de crisis en revolución mediante el recurso de la violencia. En el caso particular de Perú, la lucha armada y la configuración de un frente único al ritmo impuesto por el Partido Comunista son las soluciones planteadas por Sendero para desarrollar la creciente protesta popular. Los estados de emergencia decretados para frenar la lucha popular y el encauzamiento de un proceso revolucionario transmiten, por un lado, la condición dictatorial de la institución estatal mediante el reforzamiento del poder ejecutivo y, por otro, la fragilidad estructural motivada por los síntomas derivados del estancamiento social y económico. Las contradicciones implícitas en el constante proceso de reordenación de la vida pública peruana completan la escena trazada por el PCP, que sitúa la convocatoria electoral en el centro de su diagnóstico sobre el contexto de la transición destinada a sustituir a las Fuerzas Armadas instaladas en el poder durante más de una década. Sendero conjuga las tesis leninistas y maoístas para su aplicación a la realidad peruana (PCP, 1979). En primer lugar, la existencia de las dos condiciones formuladas por Lenin sobre la coyuntura revolucionaria. En segundo lugar, la situación objetiva planteada por Mao sobre una base de antagonismos. En tercera
409 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 instancia, la necesidad de discernir la fase de la revolución entre las etapas estacionaria o en curso. Y, por último, la afirmación concluyente de involucrar a Perú en una situación revolucionaria objetiva en desarrollo. 5. El papel de la violencia como instrumento revolucionario Georges Sorel es una de las fuentes inspiradoras para el autor de Siete ensayos y, en concreto, el amauta adopta la idea del mito social como base de la acción revolucionaria de las multitudes frente al escepticismo detectado en los círculos intelectuales. En su obra Reflexiones sobre la violencia (1906), el filósofo francés propone la formación de un sindicalismo obrero preparado para destruir la sociedad burguesa y todas sus instituciones. Los diagnósticos de Mariátegui identifican la situación del campesinado indígena en los procesos de acumulación originaria del capital, ya que “las mejores tierras de producción han pasado a poder de los terratenientes, pues la lucha por aquéllas en los departamentos del sur ha llegado hasta el extremo de eliminar al poseedor indígena por la violencia o masacrándolo” (Mariátegui, 2007: 70). Al mismo tiempo, sus reflexiones identifican el carácter de sujeto revolucionario procedente de una coyuntura violenta porque “las sublevaciones de indios han tenido como origen una violencia que los ha forzado incidentalmente a la revuelta contra una autoridad” (Mariátegui, 2010: 77). Mariátegui defiende el indigenismo vanguardista y el nacionalismo revolucionario, mientras afirma su firme oposición al “reformismo mediocre, el del socialismo domesticado, el de la democracia farisea. Además, si la revolución exige violencia, autoridad, disciplina, estoy por la violencia, por la autoridad, por la disciplina. Las acepto, en bloque, con todos sus horrores, sin reservas cobardes” (Mariátegui, 2007: 329). La implantación de sistemas democráticos en América Latina no implica necesariamente la disminución de violencias, como bien demuestran los casos de México o Colombia. Sin embargo, la afirmación de una “democratización de la violencia” en estos países es una idea impertinente porque profundización de la desigualdad –desempleo, pobreza, analfabetismo– revela unas condiciones estructurales propicias para comprender el grado de conflictividad social y su posible traducción en formas de lucha armada en diferentes localizaciones latinoamericanas (Krujit y Koonings, 2002). La singularidad del caso peruano está señalada por la iniciativa de un grupo insurgente que recurre a la lucha armada en el contexto definido por la implantación de “un gobierno de civiles” (Krujit y Koonings, 2002: 42). La violencia de Sendero Luminoso es exacerbada porque considera contaminado todo aquello que no sea generado por el Partido y esta imagen incluye un
410 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 amplio abanico de sectores sociales, políticos y económicos: comunidades campesinas, representantes municipales, asociaciones no gubernamentales, organizaciones sindicales adscritas a otras formaciones de izquierdas. La apología de la violencia y su idealización como herramienta transformadora anudan las consideraciones morales con las formulaciones “científicas”, que provocan un llamamiento urgente –e incluso ineludible– para convertir la teoría en práctica (Portocarrero, 2015: 24). La apreciación de la base semifeudal y la explotación procedente del imperialismo conceden un matiz democrático a los procesos transformadores detectados en la periferia de la economía-mundo capitalista. El pensamiento maoísta propone una idea de revolución para los países que no han logrado completar la etapa revolucionaria burguesa, ya que “una sola chispa puede incendiar la pradera” (Tse-Tung, 1968a: 125). La existencia de una situación revolucionaria en desarrollo reclama la construcción de unas herramientas aptas para la edificación de unas circunstancias subjetivas: Partido, frente único y lucha armada (PCP-SL, 1979). El Comité Central insiste en que el principal desafío en Perú consiste en iniciar la lucha armada para cumplir con la revolución democrática-nacional y, por consiguiente, su tarea radica en desarrollar inmediatamente la “creciente protesta popular” (PCP-SL, 1979). La figura de Mao reverbera de manera constante en el hilo argumental senderista y, en esta ocasión, sus reflexiones cierran el comunicado de una Conferencia Nacional celebrada a finales del año 1979 en los siguientes términos: “La historia nos enseña que una línea política y una línea militar justas no surgen ni se desarrollan espontánea y apaciblemente, sino en la lucha. Estas líneas tienen que luchar contra el oportunismo […] Sin combatir estas nocivas desviaciones que minan la revolución y la guerra revolucionaria, y sin superarlas completamente, es imposible establecer una línea correcta y lograr la victoria en una guerra revolucionaria” (Tse-Tung, 1968b: 209). La transferencia del examen maoísta a Perú realizado por Sendero reside en la percepción de una situación objetiva en el país andino. Este argumento está expresado por una serie de contradicciones latentes que potencian el momento revolucionario (PCP-SL, 1979). En primer lugar, el desarrollo de unos antagonismos entre las fuerzas imperialistas localizados en la escena global. En segundo término, la antítesis declarada a través de unos gobernantes reaccionarios y una masa de contribuyentes en la escala estatal. En tercer lugar, la incompatibilidad registrada entre las fórmulas imperiales y las burguesías industriales de carácter nacional. Y, por último, la discrepancia revelada entre la clase burguesa y el proletariado. La lucha de clases es una constante ineludible en el discurso senderista, que proclama la reivindicación de organizar la insurgencia ante el “clamor”
411 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 de las masas y activar su movilización para iniciar la lucha armada (PCP-SL, 1980). En la II sesión plenaria del Comité Central, la agrupación senderista aprueba la militarización efectiva del Partido con la finalidad de “convertir el verbo en acción” (PCP-SL, 1980). El discurso de Sendero presenta el objetivo de comenzar la lucha armada como una tarea perentoria y urgente, ya que responde a metas establecidas en función de una triple naturaleza: clase, historia y pueblo. Sendero anuncia un dilema situado en la atmósfera política peruana definida por las iniciativas de implantar un sistema democrático que obedece a los parámetros liberales: la existencia o no de una coyuntura revolucionaria en Perú. Las prescripciones ancladas en el análisis marxista suscriben la objetividad de una revolución en curso y, por tanto, las líneas estratégicas del Partido consideran la tensión derivada de la dualidad entre revolución y contrarrevolución. La trilogía compuesta de marxismo-leninismo-maoísmo es visible en las apreciaciones de Sendero, que rescatan el examen de Mariátegui sobre la realidad peruana para ajustar la teoría revolucionaria de Mao a las condiciones coloniales y feudales vigentes en Perú. Al mismo tiempo, la revolución en el país andino está sometida a dos etapas –democrática y socialista– subrayadas por Mariátegui en la fundación del Partido Comunista. La primera fase exige la pugna con las fuerzas reaccionarias –imperialistas y feudalistas– para interponer una guerra popular a través de la lucha armada destinada a cercar los núcleos urbanos desde el medio rural. El sujeto revolucionario es el campesinado bajo la batuta del Partido Comunista y la violencia congénita de los procesos revolucionarios representa la médula del marxismo. En consecuencia, Sendero establece que su compromiso con este ideario impone la necesidad de embarcarse en la lucha armada (PCP-SL, 1979). El Partido Comunista no impide la colonización del poder político por parte de las oligarquías. La clase obrera muestra su incapacidad de doblegar la dominación imperialista y de eliminar la pervivencia del feudalismo porque, precisamente, la revolución democrática no ha sido impulsada mediante el recurso de la violencia armada (PCP-SL, 1979). Sendero Luminoso insiste en estimular la protesta popular a través de la lucha promovida desde las armas. En líneas generales, la organización senderista sostiene que su estrategia de recurrir a la lucha armada es respaldada por numerosas figuras revolucionarias y por algunos grupos populares, aunque las argumentaciones manifestadas en ambos casos desdeñan la viabilidad del conflicto e invocan a las condiciones subjetivas de Perú. Sin embargo, Sendero Luminoso considera el escenario favorable para estimular la movilización de las masas y recurre a los análisis elaborados por Lenin sobre las manifestaciones huelguísticas de la clase obrera en el contexto de la Revolución de 1917.
412 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 La sociedad peruana atestigua la crisis e ingresa en un período trascendental, según la percepción senderista, mientras las formaciones políticas buscan asentar sus posiciones para marcar el rumbo de sus futuras acciones. El análisis de la organización encabezada por Guzmán considera oportuno, en estas circunstancias, la actualización de los análisis relativos a la situación socioeconómica del país andino para motivar la trayectoria establecida por Mariátegui y que culmina en la meta revolucionaria (PCP-SL, 1978). La agencia estatal, la violencia y el procedimiento electoral captan la atención de PCP, que interpreta el Estado como una dictadura de terratenientes feudales y grandes burgueses al servicio del imperialismo estadounidense bajo el disfraz de un modelo representativo. Las razones de su pervivencia radican en el ejercicio de los sistemas coercitivos –iniciativas militares antiguerrilleras, estados de excepción, encarcelamientos, persecuciones, suspensión de garantías, etc.– para sostener en el poder a las clases explotadoras. La violencia jalona la historia de Perú y desprende una dimensión dialéctica mediante la contraposición del colonialismo español y los insurgentes dirigidos por Tupac Amaru. Sin embargo, Sendero Luminoso sostiene que el surgimiento del proletariado ofrece un salto cualitativo en la idea de la violencia revolucionaria y su especificidad es visible en la conflictividad campesina abanderada por el Partido Comunista en su afán de cercar las ciudades (PCP-SL, 1978). La derrota sufrida por la “heroica guerrilla” en 1965 no niega, sin embargo, la efectividad de la guerra popular prolongada enunciada por Mao y tampoco borra las huellas del camino trazado por Mariátegui, sino que demandan el compromiso de imponer el mando de la línea política del Partido (PCP-SL, 1978). La sustancia retórica de Sendero Luminoso reside en “la glorificación de la violencia” (Portocarrero, 2015: 24). La eficacia de la narrativa senderista está provocada por el perfil intelectual de las figuras que integran la cúpula de la organización, que logran enmascarar el componente irracional de sus discursos a través de las constantes referencias teóricas y que inspiran una construcción ideológica específica (Portocarrero, 2015). El carácter maoísta de Sendero añade una nueva línea a los inconvenientes planteados por la insurgencia armada, ya que la Reforma Agraria desarrollada por la dictadura militar logra difuminar la condición semifeudal diagnosticada por Mariátegui. En la escala global, el fallecimiento de Mao y la derrota de su línea continuista frena la Revolución Cultural que alimenta el imaginario senderista (Degregori, 2000). Sin embargo, el PCP-SL niega las nuevas realidades y declina el protagonismo de las potenciales movilizaciones de masas, puesto que la acción colectiva permanece restringida a las decisiones adoptadas por la jerarquía partidista y el predominio de la política adquiere un papel secundario en el proceso revolucionario porque “la violencia es la esencia de la revolución” (Degregori, 2000: 498).
413 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 Portocarrero (2015) argumenta que la violencia política es una expresión desmarcada de comportamientos instintivos y sostiene que su manifestación proviene de los impulsos agresivos individuales potenciados por las frustraciones derivadas de condiciones estructurales, tales como la pobreza o la injusticia. El conjunto de agravios es encauzado mediante determinadas ideologías y organizaciones que suscriben la posibilidad de cambio efectivo a través del recurso a la violencia. El examen hermenéutico muestra la intersección de tres ideas que engloban la imagen violenta de la revolución senderista manifestada en la década de 1980: culto a la muerte, abolición del ego y exaltación de la figura del líder (Degregori, 200). En el discurso senderista, la idea legitimadora de la fertilidad violencia en el proceso revolucionario es exhibida como categoría científica y su riqueza no procede exclusivamente de “su utilidad para destruir el viejo orden, sino también por su importancia para establecer la sociedad del futuro” (Portocarrero, 2015: 26). De este modo, el papel violento entronca con la concepción marxista que destaca su relevancia entre los factores fundamentales que propician la acumulación originaria, explícita en el Libro I de El Capital, para concluir que “la violencia es la partera de toda vieja sociedad en cuya entraña palpita la vida de otra nueva. Ella misma, la violencia, es una potencia económica” (Marx, 2014: 1297). El culto a la muerte es exacerbado a medida que progresa la guerra popular e introduce un sustento para las pretensiones maximalistas de Sendero mediante la imagen evocadora anclada en la tanatofilia (Ríos, 2018). Guzmán señala, en el IV Pleno del Comité Central del PCP-SL celebrado en mayo de 1981, la exigencia de tributar una “cuota de sangre” necesaria para el triunfo revolucionario (Degregori, 2000). La militancia senderista adquiere un compromiso de lucha que implica el sacrificio vital al servicio de la revolución (Gorriti, 1990; Degregori, 2000). La lógica del culto a la muerte inspira el planteamiento de un “equilibrio estratégico” que conduce a la afirmación de la “conveniencia de un genocidio” (Degregori, 2012: 87; Guzmán, 1988). Sendero afirma que el coste del triunfo revolucionario exige “un millón de muertos” (Degregori, 2012: 25). Guzmán sostiene que la militancia senderista exige liquidar la individualidad para su incorporación a una maquinaria de guerra y, en consecuencia, la disposición de admitir el tributo de una “cuota” de sangre como condición fundamental para el ensanchamiento de la organización (PCP-SL, 1979). El concepto de “cuota” transforma a los militantes en guerreros (Gorriti, 1990: 157-169; Rénique, 2003: 70). En definitiva, la revolución consiste en “un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra” (Tse-Tung, 1968c: 25). El culto a la muerte comporta la negación de la individualidad y es interpretado como un mecanismo ineludible en la revolución triunfante. El
414 Mariano García de las Heras González Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 lenguaje senderista introduce numerosos recursos literarios para dotar de épica a su narrativa insurgente y transformar la meta revolucionaria en un dogmatismo teleológico. En esta dirección, el pensamiento-guía sufre una transformación que desemboca en el llamado “pensamiento-Gonzalo” y, en esta metamorfosis, las referencias a Mariátegui son desplazadas y desaparecen progresivamente para entronizar la figura del líder en la categoría de “cuarta espada del marxismo” (Degregori, 2000). El denominado “pensamiento Gonzalo” agrega interpretaciones específicas al maoísmo y una de ellas consiste en declarar la necesidad de militarizar el Partido. Esta idea define la organización del proceso revolucionario en términos bélicos y fundamenta, al mismo tiempo, un “plan estratégico de militarización del partido” (Manrique, 2007: 14-15) La interpretación radical del maoísmo naturaliza la violencia y el conflicto entraña una dinámica dominado por la disputa antagónica, que es superada a través de la muerte o de la sumisión de una de las partes involucradas en el conflicto. La guerra es, por tanto, el epicentro de la política y simboliza el motor histórico. Por este motivo, el juego parlamentario canalizado mediante la competición electoral constituye una demora en el proceso revolucionario que integra el imaginario senderista (Portocarrero, 2015:). La exigencia de liquidar la individualidad está resumida en el lema senderista: “El Partido tiene mil ojos y mil oídos” (Degregori, 2012: 94). El rechazo al individualismo manifestado en el compromiso de una firme militancia senderista está fundado en dos motivos: por un lado, el mandato moral que conecta con la exaltación de la solidaridad inoculada por la doctrina católica y, por otro, la limitación impuesta por la actitud individualista en un entorno dominado por la desigualdad y la pobreza (Portocarrero, 2015). La violencia política desarrollada por Sendero mantiene su continuidad con las sucesivas ofensivas detectadas entre los años 1982-1983. El encadenamiento de sus acciones enlaza con la propuesta teórica de desplegar una guerra popular prolongada. Esta etapa representa la fase más sangrienta del conflicto porque incluye la contraofensiva de las Fuerzas Armadas y las réplicas senderistas (Manrique, 2007). 6. Consideraciones finales Sendero Luminoso recurre a Mariátegui como fuente legitimadora para sus propósitos insurgentes. La reactivación de la retórica reivindicadora de la lucha armada aprovecha las derivas ideológicas propiciadas por las discusiones teóricas y los debates intelectuales registrados entre las décadas de 1940-1960. El senderismo busca extrapolar la situación socioeconómica del país andino según los diagnósticos mariateguianos y, de inmediato, sus elites acomodan
415 El eventual legado de Mariátegui en la composición ideológica de Sendero Luminoso Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 22, nº 43. Primer semestre de 2020. Pp. 393-417. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2020.i43.20 el discurso a la particular lectura del maoísmo para vertebrar sus ideas revolucionarias en Perú. La herencia del pensamiento de Mariátegui es fugaz en la configuración ideológica de Sendero Luminoso. Las alusiones al pensamiento del amauta en el dogmatismo de Sendero son, sin embargo, reducidas a una serie de reiteraciones superficiales. El predominio maoísta desplaza el protagonismo de Mariátegui para nutrir las ideas de la organización senderista, que culmina en un cuerpo doctrinal denominado pensamiento-guía y que será conocido como “pensamiento Gonzalo” para destacar dos cuestiones: el peso específico del liderazgo intelectual de Abimael Guzmán en la estrategia insurreccional de Sendero y la originalidad de sus aportaciones con respecto al resto de las fuentes ideológicas. La rúbrica de la lucha de clases describe, en el imaginario senderista, una trayectoria creciente y debe estar auxiliada por la lucha armada. El reconocimiento de una situación revolucionaria en curso exige abrazar la perspectiva de la lucha de clases y el análisis imbricado en la tensión producida por el binomio revolución-contrarrevolución. El dilema precisa de la valoración de desgranar los dos caminos existentes dentro de una situación objetiva: la senda reaccionaria-burocrática capitaneada por las oligarquías o la apuesta democrática abanderada por las clases populares bajo la dirección de la vanguardia proletaria. En definitiva, la organización encabezada por Abimael Guzmán comparte los diagnósticos elaborados por Mariátegui relativos a la realidad peruana. En cambio, la radicalización de Sendero Luminoso procede del acomodo de las tesis maoístas a la particular lectura senderista de la coyuntura histórica del país andino. Su culminación es la apuesta inflexible por la lucha armada en el contexto definido por la transición hacia la democracia a comienzos de la década de 1980. Referencias bibliográficas: Degregori, Carlos Iván, “Discurso y violencia política en Sendero Luminoso”, Bulletin de l’Institut français d’études andines, 29 (3), pp. 493-513, 2000. Degregori, Carlos Iván, El surgimiento de Sendero Luminoso. Ayacucho, 19691979: del movimiento por la gratuidad de la enseñanza al inicio de la lucha armada. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2011. Degregori, Carlos Iván, How difficult it is to be God. Shining Path’s Politics of War in Peru, 1980-1999. Madison: The University of Wisconsin Press, 2012.
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