Delfos en las aventuras coloniales espartanas del Arcaísmo, I. Falanto y las tradiciones sobre la ktisis de Tarento
Abstract
En la época arcaica los espartanos apenas toman parte activa en el fenómeno colonizador griego. Según la tradición dominante, su única fundación, Taras (Tarento), daba solución a los problemas internos causados en la metrópoli por los llamados partenias, hijos ilegítimos nacidos durante la primera guerra mesenia a los que se había privado de la ciudadanía plena y del acceso a la tierra que conlleva. En el presente trabajo analizamos cómo, en el marco de la privilegiada relación simbiótica que mantuvieron Delfos y Esparta, el santuario contribuyó decisivamente con oráculos ex eventu tanto a la legitimación de una ktisis debida a un grupo marginal como al proceso de heroización de su oikistes, Falanto.
Full text
Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 ISSN: 0213-2052 - eISSN: 2530-4100 DOI: https://doi.org/10.14201/shha2021392750 DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I. FALANTO Y LAS TRADICIONES SOBRE LA KTISIS DE TARENTO Delphi in the Spartan Colonial Adventures of the Archaic Period, I. Phalantos and the Traditions on the Taranto’s Ktisis César FORNIS Universidad de Sevilla [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9389-6592 Javier JARA Universidad de Salamanca javijar[email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9486-0930 Fecha de recepción: 29-9-2020 Fecha de aceptación: 30-11-2020 RESUMEN: En la época arcaica los espartanos apenas toman parte activa en el fenómeno colonizador griego. Según la tradición dominante, su única fundación, Taras (Tarento), daba solución a los problemas internos causados en la metrópoli por los llamados partenias, hijos ilegítimos nacidos durante la primera guerra mesenia a los que se había privado de la ciudadanía plena y del acceso a la tierra que conlleva. En el presente trabajo analizamos cómo, en el marco de la privilegiada relación simbiótica que mantuvieron Delfos y Esparta, el santuario contribuyó decisivamente
28 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 con oráculos ex eventu tanto a la legitimación de una ktisis debida a un grupo marginal como al proceso de heroización de su oikistes, Falanto. Palabras clave: Delfos; oráculos; Esparta; Falanto; Taras; Tarento; colonización griega; tradiciones orales; partenias. ABSTRACT: In the Archaic Period the Spartans hardly took an active part in the Greek colonizing phenomenon. According to the dominant tradition, its only foundation, Taras (Taranto), provided a solution to the internal problems caused in the metropolis by the so-called partheniai, illegitimate children born during the first Messenian war who had been deprived of full citizenship and access to the land that it implies. In this paper we analyze how, within the framework of the privileged symbiotic relationship maintained by Delphi and Sparta, the sanctuary contributed decisively with oracles ex eventu both to the legitimation of a ktisis due to a marginal group and to the process of heroization of the oikistes, Phalantos. Keywords: Delphi; oracles; Sparta; Phalantos; Taras; Taranto; Greek colonization; oral traditions; partheniai. En lo que se ha dado en llamar «la tradición constitucional» lacedemonia, los ciudadanos tenían prohibido viajar más allá de las fronteras del Estado sin permiso de las autoridades (Xen. Lac. 14.4; Arist. fr. 543 Rose; Pl. Prt. 342D, que la hace extensiva a los cretenses; Isoc. 11.18; Nic. Dam. FGrH 90F103z 5; Plut. Lyc. 27.6, Agis 11.2 y Mor. 238D). La medida, atribuida como tantas otras instituciones y costumbres a Licurgo, cuasidivino demiurgo creador del kosmos espartano, no tenía otro fundamento que el temor a la corrupción que puede producirse al entrar en contacto con extraños al mismo (Xen. Lac. 14.4; Plut. Lyc. 9.5 y 27.7-9, Mor. 238D-E; Suda s.v. Λυκοῦργος; Hdt. 1.65.2 implica que el aislacionismo espartano habría sido anterior al mítico nomothetes). Antes de su victoria sobre la arche ateniense a finales del siglo V, los espartanos eran muy reacios a salir del Peloponeso, su «casa», el corazón de su imperio (en Thuc. 1.70.4 los embajadores corintios definen a los lacedemonios como ἐνδημότατοι, «los que más se quedan en casa», frente a unos atenienses que son ἀποδημηταί, «aficionados a los viajes»). Hubo no obstante dos momentos en los que, debido a especiales circunstancias, los espartanos abandonaron su caparazón y emprendieron aventuras marítimas que se enmarcan en la expansión colonial que caracterizó la época arcaica griega; de la participación del oráculo de Delfos en la primera de ellas, concretada en la fundación de Tarento, nos vamos a ocupar aquí, mientras dejamos para otra ocasión
29 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 la influencia délfica en la segunda, aquella que dos siglos después y encabezada por Dorieo se vio abocada al fracaso. Como es sabido, normas no escritas prescribían que, antes siquiera de que los colonos embarcasen, los oikistai consultaran la idoneidad de sus iniciativas con un oráculo de Delfos que a lo largo del Arcaísmo se fue forjando como el principal santuario panhelénico merced a su implicación en los vaivenes sociopolíticos de los diferentes Estados griegos1. No obstante, cabe matizar que el proceso fue paulatino y que un procedimiento regulado y sistemático de consulta a la pitia es poco verosímil en una época temprana; aún hoy siguen siendo válidas las palabras de George Forrest hace más de seis décadas: «En los comienzos, la colonización fue de lejos más responsable del triunfo de Delfos que Delfos del triunfo de la colonización»2. Por otro lado, Esparta fue el Estado griego más estrechamente vinculado con Delfos, ya desde su mismo nacimiento y configuración como polis; al fin y al cabo, Apolo era el dios más presente, bajo distintas advocaciones —entre las que destaca poderosamente la de Piteo (Paus. 3.10.8 y 11.9)—, a lo largo y ancho de la Lakonike3. Las fuentes antiguas nos transmiten, en este sentido, cómo el ordenamiento constitucional lacedemonio atribuido al mítico Licurgo fue refrendado y sacralizado por el oráculo para convertirlo en ley inmutable (Tyrt. fr. 3D apud Diod. Sic. 7.12.6; Hdt. 1.65.2; Plut. Lyc. 6.1-2 y 10)4. Incluso el peculiar sistema diárquico de los espartanos, en el que dos reyes ejercían el poder en teórica igualdad de condiciones, habría quedado sancionado por la pitia délfica (Hdt. 6.52; Pl. Leg. 691D-E)5. Además, Esparta fue la única polis documentada que contó con personal especializado en las relaciones con Delfos, los pitios (πύθιοι), nombrados por los diarcas y, junto a estos, custodios de los libros con los oráculos y alimentados a expensas del erario público (Hdt. 6.57.2 y 4; Xen. Lac. 15.5); si bien los pitios no tenían la exclusividad en las consultas al santuario, dan fe ciertamente de una relación privilegiada 1. Con carácter general: Forrest, «Colonization»; Malkin, Religion, esp. 17-91; Londey, «Greek Colonists»; Morgan, Athletes, 172-178; Moscati Castelnuovo, «Ecisti». 2. Forrest, «Colonization», 174. Como posición extrema, Defradas, Thèmes, 233-257, afirma que «el mito de Apolo délfico arquegeta es posterior al gran período de la colonización» (p. 237), una invención tardía (a partir del siglo VI) del clero délfico, y en la misma línea se sitúa Fontenrose, Delphic Oracle, passim. 3. Véase Fornis, Esparta, 410-420, que recoge la literatura científica anterior. 4. Sobre la figura omnipresente de Licurgo como demiurgo creador del kosmos espartano, véase en último lugar Nafissi, «Lykourgos». El mito licurgueo impregna toda la tradición occidental: Fornis, Mito, passim. 5. Para la diarquía espartana, el mejor estudio sigue siendo Carlier, Royauté, 240-324. Las principales hipótesis sobre su origen en Fornis, Esparta, 64.
30 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 y fluida entre Delfos y los dinastas agíadas y euripóntidas6. De hecho, esta posesión, control e interpretación de los oráculos, como sucede con todo lo que se refiere al orden divino, coadyuvó de manera eficaz al sostenimiento y perpetuación de una politeia espartana de marcado perfil autoritario7. Los lacedemonios, de los que Heródoto dice que «consideraban las cosas de los dioses más elevadas que las de los hombres» (5.63.2), se sentían por tanto especialmente ligados a los designios del santuario délfico y acataban con particular diligencia y solemnidad las respuestas de la pitia, muchas de las cuales, debidamente instrumentalizadas, habrían de tener una decisiva influencia en el devenir histórico de su polis. Sin embargo, la implicación de Esparta en el movimiento de expansión colonial griega del Arcaísmo parece más bien escasa, dado que la conquista de una parte significativa del fértil territorio de los mesenios tras la primera guerra contra ellos había paliado parcialmente la temible stenochoria o escasez de tierras productivas en Laconia, sin duda la primera causa de migración entre los griegos, aunque como veremos no había puesto fin a los conflictos internos por el acceso a la ciudadanía y a la tierra8. De hecho, la única apoikia espartana confirmada por la arqueología es Taras, actual Tarento, en el golfo al que da nombre —el conocido como Mar Piccolo— en el extremo meridional de la península itálica9. La principal fuente literaria sobre la leyenda fundacional tarentina es Estrabón (6.3.2-3), que aúna en su relato la tradición de Antíoco de Siracusa (FGrH 555 F13), de la segunda mitad del siglo V, y la de Éforo de Cime (FGrH 70 F216), de mediados del IV10. Ambas coinciden en enmarcar la ktisis en el contexto de la primera guerra mesenia, el conflicto que consolidó el dominio lacedemonio en la península peloponésica en la segunda mitad del siglo VIII (Tyrt. fr. 4D; Paus. 4.5.10); la conexión es reafirmada por Eusebio de Cesarea, quien aportaba el año 706 como fecha fundacional (Chron, p. 91 ll. 25-26 Helm), que el registro arqueológico ha 6. Parke y Wormell, Delphic Oracle, I, 84, 417; Fontenrose, Delphic Oracle, 164; Carlier, Royauté, 267-269, que piensa que desde el siglo V los pitios irían perdiendo progresivamente importancia; Richer, Religion, 264 n. 113, 284-285. 7. Morgan, Athletes, 171. 8. Morgan, Athletes, 170; Nafissi, Nascita, 38-39. Bérard, Colonisation, 169, y Cartledge, Sparta, 124, matizan que, con todo, no se puede aislar a Esparta de la oleada colonizadora agraria de los griegos. 9. Mucho más tarde, en plena guerra del Peloponeso y por motivos bien distintos, los espartanos fundaron Heraclea de Tráquide, que pese a gozar del apoyo délfico fue hostigada sin cesar por los pueblos vecinos (Thuc. 3.92-93; Diod. Sic. 12.59.3-5; cf. Moscati Castelnuovo, «Ecisti», 18-20 sobre la consulta oracular). 10. Los textos originales y la traducción italiana de todas las fuentes literarias y epigráficas sobre los orígenes de Taras en Lippolis, Garraffo y Nafissi, Culti, 263-289.
31 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 venido a confirmar11. Tampoco presenta dudas la impronta laconia en la cultura y las instituciones tarentinas12, por más que luego siguieran senderos diferentes. Pero más allá de estos datos, el historiador moderno corre el riesgo de perderse entre relatos de fundación que son el resultado de distintos intentos realizados a lo largo del tiempo por ordenar la realidad, a través de los cuales «la ciudad se pone, o es puesta, bajo precisas coordenadas de orden político, social y moral»13. Una de las versiones ofrecidas por el geógrafo de Amasia (6.3.2), la correspondiente al Peri Italias del siracusano, incluye al oráculo de Delfos como uno de los actores principales. Comenzada la guerra contra los mesenios, aquellos espartiatas que rehusaron participar en la contienda fueron reducidos al hilotismo14 y los hijos nacidos de sus uniones con las doncellas (parthenoi) mientras los homoioi combatían en Mesenia, llamados por esta razón partenias (παρθενίαι)15, fueron declarados ἄτιμοι 11. Lo Porto, «Satyrion»; Stibbe, «Sparta»; Boschung, «Archaischen»; Neeft, «Tarantine». No obstante, esta datación bien afianzada en la historiografía moderna ha sido puesta en duda por Meier, Aristokraten, 138-140, para quien, en primer lugar, la aparición de cerámica de origen corintio y argivo junto a la de estilo laconio mostraría que su presencia sería fruto del comercio de importación y no el resultado de un asentamiento griego; por otra parte, también han sido descubiertos restos de cerámica laconia en las localidades actuales de Scoglio del Tonno y Porto Cesáreo, que no fueron tomadas por los partenias, lo cual representa para Meier un elemento más para mantener el escepticismo; además, para el historiador alemán, en el siglo VIII Esparta constituía una sociedad pequeña que no podría permitirse el lujo de deshacerse de un considerable número de individuos, independientemente de su origen social. La fecha propuesta por Meier para el asentamiento de Taras es en torno a 630. Parker, «Dates», 29-31 et passim disocia la fundación de Taras, cuya datación a finales del siglo VIII acepta, de la primera guerra mesenia, que con distintos argumentos retrasa a la primera mitad del VII. 12. Véase sobre todo Nafissi, «Sparta». 13. Lippolis, Garraffo y Nafissi, Culti, 156. 14. Reducir al hilotismo a tan numeroso grupo constituiría algo inaceptable para la Esparta del siglo VIII (cf. Meier, Aristokraten, 126-131). En una Esparta que en el orden interno conoció un abigarrado conjunto de categorías y subcategorías sociales, la deshonra arrostrada por los espartiatas que se negaron a combatir se asemeja a la de los τρέσαντες o «cobardes» (Nafissi, Nascita, 40; Moscati Castelnuovo, «Iloti», 72-75, para la cual partenias evocaría el comportamiento propio de una doncella y no de un varón), convertidos en atimoi desclasados y rechazados por la comunidad, pero no en esclavos. 15. Una comparativa jerarquizada de las fuentes antiguas sobre los partenias, subrayando sus discrepancias e incoherencias, es realizada por Sakellariou, Memory, 67-76, 8690. Pugliese Carratelli, «Storia», 138-139 construyó la alambicada teoría de que los partenias eran población predoria privada de derechos políticos por vía paterna, pero que, al ser sus madres de condición libre, podían participar en las hiera de la ciudad, y específicamente en el culto a Jacinto, como descendientes, según él, de los originales cultores micénicos. No faltan estudiosos (Wuilleumier, Tarente, 39-41; Pembroke, «Femmes», 1265; Philippides, «Partheniai», passim; Malkin, Religion, 216 y Myth, 139; Parker, «Dates», 29) que sospechan
32 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 y privados de la ciudadanía16. En la Historia universal de Éforo (Strabo 6.3.3; cf. Arist. Pol. 1306b27-31; Polyb. 12.6b.5; Dion. Hal. 19.1.2-4; Just. Epit. 3.4.3-7; Isid. Etym. 9.2.81), que trata de dignificar el relato de la fundación de Tarento eliminando el elemento hilótico17, son en cambio espartiatas demasiado jóvenes como para haber prestado el juramento de no regresar a Esparta hasta haber vencido quienes, a partir del décimo año de la guerra y a fin de evitar la falta de nacimientos de futuros ciudadanos soldados, fueron enviados de regreso a Esparta para unirse indiscriminadamente con las doncellas18; es sintomático que Éforo no mencione a Falanto ni a ningún otro líder de los partenias. Heráclides Lembo (Exc. Pol. 57 Dilts), sin especificar la guerra mesenia, refiere que en ausencia de sus maridos las mujeres dieron a luz niños que los padres sospechaban que no eran suyos, razón por la cual los llamaron partenias, pero estos no lo soportaban. Una última tradición hace a los partenias hijos de dioses (Hesych. s.v. Παρθένιοι). Siguiendo con Antíoco, los partenias, que alcanzaron cierta importancia numérica (toda una generación)19, se organizaron para tomar parte en un golpe de Estado bajo el liderazgo de Falanto, aprovechando la celebración de las fiestas Jacintias en Amiclas20. una falsa etimología, un intento tardío de explicar una designación de los colonos cuyo significado real se nos escapa; algunos se arriesgan a aventurar una respuesta: Philippides (ibid.) propone, por ejemplo, que podría aludir a «bajo la protección de la parthenos (Ártemis)», recordando la hipótesis de Wuilleumier (ibid.) de que podría tratarse de Polibea, la hermana de Jacinto, asimilada a Ártemis (y también a Perséfone), pero ni los argumentos de uno ni los del otro son convincentes. En cualquier caso, es seguro que se trataba de un grupo segregado del cuerpo cívico lacedemonio. 16. Según ha hecho notar Moscati Castelnuovo, «Iloti», 69, no deja de ser una incongruencia que descendientes de hilotas puedan ser considerados atimoi y ser llamados partenias. 17. Moscati Castelnuovo, «Iloti», 75-77; Bogino, «Margine», 12-13. 18. Como recuerda Nafissi, Nascita, 40, este relato abunda en el estereotipo de la licenciosidad de la mujer espartana, bien asentado ya en época de Éforo. De nuevo hay una contradicción en que las uniones mixtas fueran contempladas como una solución al problema de escasez de ciudadanos, pero finalmente no generen ciudadanos (cf. Corsano, «Sparte», 121-122; Parker, «Dates», 29-30, quien enfatiza asimismo lo inverosímil de que los espartiatas no hubieran regresado a casa cada invierno durante esa década, período por lo demás evocador de la guerra de Troya; pero, en su interés por eliminar toda conexión con la primera guerra mesenia, Parker hace a los partenias hijos bastardos de homoioi con mujeres hilotas y periecas). 19. Esto no significa, como quiere Qviller, «Reconstructing», que debamos leer la historia de la fundación de Taras única y exclusivamente a la luz de la agoge, como un rito de iniciación a la edad adulta de los jóvenes colonos. 20. Puesto que el culto a Apolo Jacintio fue exportado desde Esparta a Tarento, se ha considerado que los colonos pudieron proceder de la oba de Amiclas (Wuilleumier, Tarente, 42-45; Pugliese Carratelli, «Storia», 134-139; Cartledge, Sparta, 124; Moscati Castelnuovo,
33 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 Aristóteles, que cita la conspiración como ejemplo de aquellas urdidas por un número considerable de individuos que no se consideran inferiores en virtud, afirma que los partenias eran ἐκ τῶν ὁμοιων, esto es, hijos de los homoioi (Pol. 1306b28-29). Una fuente tardía como Justino (3.4.8) nos dice que los partenias, sin padre reconocido, carecían de herencia y de medios para la subsistencia al llegar a los treinta años21. El ataque debía comenzar en el momento en que el prostates se ciñera su κυνῆ (en Aen.Tact. 11.12 y Polyaen. Strat. 2.14.2 la señal consistía en levantarlo), el gorro de piel de perro que caracterizaba a los hilotas (cf. Mirón de Priene FGrH 106 F2 apud Ath. 657d), pese a que recordemos que los partenias no eran esclavos (en la versión eforea se trata de un πῖλος Λακωνικός, un gorro de fieltro como el que portaban los Dióscuros y los guerreros espartiatas)22, pero el complot es denunciado y abortado. Se decide entonces enviar a los partenias a fundar una colonia, ya que debe expiarse el acto execrable de fomentar la stasis y promover una insurrección, de haber llevado el temido miasma a la comunidad al igual que sucede con un asesinato (cf. Pl. Leg. 856b)23. Antes de partir, Falanto fue «Iloti», 64-68); esta conexión con Amiclas también ha sido planteada por Valdés Guía, «El culto de Afrodita», pero más sobre la base de rituales a Afrodita armada (compatibles con el papel de Apolo y Jacinto). Las Jacintias son una fiesta que integra de forma organizada, por grupos y no individualmente, a toda la sociedad lacedemonia, pero que sin duda adquiere su sentido más prístino en el marco de la transición a la edad adulta de los efebos y doncellas espartiatas, revestida de elementos agonísticos y que tiene a la pareja Apolo y Jacinto, dios y héroe, como veladora y garante de tan transcendental paso en la vida del ser humano (véase ahora Fornis, «Celebrando»). 21. Trogo, a través de Justino, es la única fuente que precisa el hecho de que los partenias se encontraban en el momento en que la polis define que el joven deja de serlo para pasar a la edad adulta, cuando, de no carecer de legitimidad, accedería a la ciudadanía plena; se pone así de manifiesto que «las fundaciones griegas obtienen a sus futuros ciudadanos de los descontentos de la metrópolis, de los marginados en el proceso de conformación del sistema de la polis» (Domínguez Monedero, «Phocaeensium», 67, enmarcando el caso de los partenias en el contexto de diversas tradiciones coloniales). 22. Diod. Sic. 8.21.1 presenta a un Falanto armado que da la señal quitándose el casco (como el Siciliota suele basarse en Éforo, se suele enmendar la frase). Esto indicaría, según Maddoli, «Falanto», 560, disposición al combate y que Falanto era un espartiata de pleno derecho (pero la tesis del estudioso italiano de que era protector o patrono de los partenias sin liderar al mismo tiempo la conspiración es poco convincente; cf. la refutación del análisis filológico y factual a cargo de Musti, «Ruolo», 862-865). Para la contraposición pilos-kyne como reflejo de la dualidad de tradiciones sobre los orígenes y condición de los partenias, véase asimismo Valdés, «El culto a Zeus», 309-311, dentro de su argumentación (305-314) de que los colonos tendrían un estatuto hilótico e instaurarían un culto a Zeus Eleutherios en el ágora tarentina desde la fundación misma de la ciudad. 23. Cf. Dougherty, «Murder», 182: «A efectos de representaciones de colonización, el modelo de un exilio político es estructuralmente similar al de un asesino que debe huir de su ciudad».
34 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 a consultar al santuario de Delfos. La pitia, conforme a las palabras de Antíoco, vía Estrabón, declaró: Yo te concedo Satirio, habitar los parajes de la feraz Tarento y convertirte en el azote de los yápiges24. Finalmente, Falanto y sus partenias partieron hacia la península itálica, pero en lugar de tomar la «tierra prometida» por la fuerza y esclavizar a los bárbaros que la ocupaban, como hubieran hecho los espartiatas, se asentaron y convivieron pacíficamente con ellos, algo más propio de los descendientes de hilotas que eran (en Éforo, en cambio, donde no aparece el oráculo, los partenias «honran» su sangre espartiata luchando y venciendo a los indígenas)25. Aunque en el área de Satirio, la acrópolis tarentina situada en la costa, los restos materiales griegos se sobreponen a los de los yápiges autóctonos26, recientes y sistemáticos trabajos arqueológicos de la Universidad de Ámsterdam en el istmo salentino (entre Tarento y Bríndisi) parecen desmentir un ambiente, por lo menos continuado, de hostilidad y enfrentamiento entre colonos e indígenas, y nos hablan por el contrario de cohabitación. Por ejemplo, el bien estudiado hábitat de L’Amastuola, en el hinterland tarentino (a unos 15 km al noreste de la colonia griega), muestra a finales del siglo VIII y en el VII una identidad cultural híbrida y una cultura material mixta; la situación cambiaría en la primera mitad del siglo V, cuando L’Amastuola y otros enclaves salentinos experimentaron importantes alteraciones en la organización de los asentamientos y las necrópolis, así como en el uso de la tierra, consecuencia de la expansión de Tarento y de la integración en su chora27. En el relato que nos ofrece Diodoro de Sicilia (8.21.1) los partenias parecen compartir conspiración con los epeunactoi, literalmente 24. Trad. J. Vela Tejada. Parke y Wormell, Delphic Oracle, II, n.º 47. Satirio se encuentra a 12 km al sureste de Tarento (sobre todo lo que concierne al topónimo, véase Arena, «Σατύριόν») y ha proporcionado los restos más antiguos de cerámica laconia, del Geométrico Tardío (sobre las excavaciones: Lo Porto, «Satyrion»), por lo que pudo ser un lugar temporal de los colonos antes de ocupar de manera definitiva la más privilegiada Tarento (Lo Porto, «Topografia», 357). Nenci, «Βάρβαρος», 731, y Russo, «Donari», 79, creen que el oráculo representa a Tarento como baluarte de la helenicidad en un contexto de barbaros polemos en la zona del Salento, pero véase Lombardo, «Tombe», para un análisis más detallado de las dinámicas de interacción entre colonos y yápiges-mesapios en el marco de distintos procesos de construcción, representación y transformación de la identidad tarentina. 25. Nafissi, «Sparta», 254. 26. Cf. De Juliis, Taranto, 15-19. 27. Burgers, «Identità»; Burgers y Crielaard, «Greek Colonists», «Mobilità», «Migrant’s»; Crielaard y Burgers, «Communicating», «Greek Colonists».
35 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 «compañeros de lecho» (Hesych. s.v. ἐπευνακτοίˑ οἱ συγκοιμηταί), antiguos hilotas que, según Teopompo (FGrH 115 F171 apud Ath. 271C-D), habrían ganado la libertad y la ciudadanía debido a las necesidades generadas por las bajas en combate entre los homoioi28; que la integración en la comunidad cívica no fue completa lo testimonia su designación infamante y el recuerdo de su implicación en esta revuelta social, aunque es muy posible que el historiador siciliota esté confundiendo aquí a epeunactos y partenias (de hecho, en 15.66.3 solo menciona a los partenias en la ktisis de Tarento, mientras que otra entrada del léxico de Hesiquio equipara a partenias y eneunactos, una variante de epeunactos: Hesych. s.v. ἐνευνακτοίˑ οἱ παρθενίαι). Tenemos, por tanto, que en Diodoro se ha producido una inversión con respecto al relato de Antíoco, el más antiguo: en vez de espartiatas degradados, nos encontramos hilotas promocionados, liberados tras su servicio militar, aunque tampoco integrados en el cuerpo cívico29. Persiste, como sustrato común a estas tradiciones, la inferioridad de los futuros colonos respecto de los espartiatas originales30. Una vez que Falanto y sus seguidores desistieron de materializar su golpe, habrían sido los propios epeunactos —en realidad los partenias— quienes enviaron embajadores a Delfos para obtener su beneplácito a la idea de asentarse en el territorio de Sición, dando lugar a un oráculo cronológicamente anterior al ya citado, el cual fue necesario, según Diodoro, porque este no fue entendido: La tierra entre Corinto y Sición es en verdad hermosa; pero no la habitarás, aunque todo de bronce vistas. Tú mira a Satirio y a la brillante agua de Tarento, 28. De una etimología oscura, se ha propuesto que los epeunactos fueran hilotas admitidos por las mujeres espartanas para reemplazar en el tálamo a sus esposos caídos en el conflicto (Paradiso, «Epeunatti», que postula que se trata de un rito iniciático y que los manumisos desposarían también a las viudas de los espartiatas), o bien hilotas que han sustituido valerosamente a los espartiatas en los lechos de campaña (así Pembroke, «Femmes», 1246-1249, y Malkin, Myth, 141 n. 147, para quienes pudieron ser los padres de los partenias; Musti, «Ruolo», 870-871). Según Nafissi, Nascita, 41-51, son evidencia en cualquier caso de formas de integración social favorecidas por las necesidades bélicas y basadas en procedimientos jurídicos desconocidos. 29. Wuilleumier, Tarente, 39; Moscati Castelnuovo, «Iloti», 77-79; Nafissi, Nascita, 50 (dependientes, más que hilotas, en una sociedad que aún trazaba de manera difusa los límites entre libertad y esclavitud). 30. Como ya expresaran Bérard, Colonisation, 168-169; Cartledge, Sparta, 123, o Sakellariou, Memory, 80-81, 90-91, la impureza en el nacimiento, común a todas las fuentes, merece consideración. Una posición hipercrítica es la de Kennell, Spartans, 35-36, que despoja de toda credibilidad a las fuentes y concluye de sus relatos: «Can any sense be made of this?». Pero ya Dunbabin, Western, 90, tildaba de fabulosas las noticias sobre los partenias.
42 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 religioso de Falanto en contrapartida a un ascenso de Taras, coincidente con el período democrático que se abre en el segundo cuarto del siglo V, de crecimiento demográfico de la ciudad y de reivindicación de las raíces indígenas —Taras encarna al conjunto de los tarentinos, no solo a un estrato social determinado—; se asistiría por último a una revigorización de la figura de Falanto en los años en que Tarento solicita y consigue la ayuda militar de varios condottieri provenientes de la metrópoli64. La leyenda en torno a Falanto y su vinculación con el santuario de Delfos se extiende hasta el momento mismo de su muerte. De acuerdo con el testimonio de Justino (3.4.12-18), el oikistes fue desterrado por sedición de la colonia que había fundado y se retiró a Brentesion (Bríndisi), donde, consciente de la proximidad de su fin, convenció a los yápiges para que incinerasen su cuerpo y esparcieran en secreto sus cenizas en el ágora de Taras desvelando un oráculo délfico que vaticinaría que de este modo los indígenas recuperarían la posesión de su territorio patrio. Sin embargo, el verdadero significado del oráculo, según el epitomista, radicaría en que mediante la dispersión de las cenizas de Falanto sobre su propia ciudad se garantizaría para siempre la posesión tarentina del territorio conquistado. Los habitantes de la colonia, agradecidos, otorgarían desde entonces honores divinos a Falanto. No conocemos con exactitud en qué momento surgió esta tradición, pero parece claramente una invención tardía, la culminación de la transformación heroica de un personaje cuyo viaje iniciático había comenzado en el ámbito de la marginación65; de paso, podría explicar la ausencia de tumba o cenotafio del ktistes en el ágora tarentina66. El relato sobre la muerte de Falanto se moldea sobre el de la muerte de Licurgo, fundador a su vez del cosmos espartano, quien, fiel a la proverbial astucia lacedemonia, se habría dejado morir de hambre —en Delfos nada menos— tras haber hecho jurar a sus conciudadanos antes de partir al exilio que no cambiarían sus leyes hasta su regreso (Just. Epit. 3.3.11; Plut. Lyc. 29.1-9) y cuyas cenizas también fueron esparcidas, en este caso por el mar (Just. 64. Wuilleumier, Tarente, 38; Malkin, Myth, 138-139; Lippolis, «Testimonianze», 93-97; Lippolis, Garraffo y Nafissi, Culti, 295-296; Nafissi, «Rapporti», 316-319; Esposito, «Identités», 227-228. Hay quien hace el viaje a la inversa, como Gasperini, «Cultos», 156, que ve en la toponomástica la confirmación de que Taras fue un héroe más antiguo que Falanto en la mitología tarentina. 65. Véase Corsano, «Sparte», esp. 132, seguida por Lombardo, «Tombe», 40, quien añade que tal tradición se nutre de la idea, presente en distintas fuentes, que hace de Falanto no tanto un fundador como un conquistador de Tarento. Cf. también Sakellariou, Memory, 83-84, que no parece conocer (o no cita) a los anteriores. 66. Así Malkin, Religion, 217-218, y Myth, 132-133; cf. Lombardo, «Tombe», 40.
43 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 Epit. 3.3.12; Plut. Lyc. 31.10)67. Ambos fueron reconocidos como personajes que trascienden su condición mortal para asumir la heroica y crear, a su manera, un nuevo orden sociopolítico en sus respectivas comunidades. Más importante aún, el oráculo de Delfos aprobó y sancionó sendas iniciativas68. Al margen de su más que cuestionable veracidad, el relato de la fundación de Taras se ajusta al patrón narrativo del movimiento colonizador griego del Arcaísmo. En primer lugar, debe producirse una crisis cívica en la ciudad de origen. En nuestro caso, Esparta se ve sumida en una larga guerra que acarrea problemas sociopolíticos directamente relacionados con la configuración del mismo Estado como polis. La inestabilidad provocaría posteriormente la consulta, por parte de una de las facciones, al oráculo de Delfos para seguir un destino separado al de su patria y Apolo, en consecuencia, otorgaría una profecía autorizando la fundación de una nueva ciudad en ultramar. El éxito en la empresa colonial proporcionaría finalmente la resolución de la crisis originaria, convirtiéndose el fundador de la ciudad y otrora peligro social en objeto de veneración o culto69. A la hora de establecer conclusiones, no estará de más recordar la sabia advertencia de Massimo Nafissi en cuanto a que «las historias de fundación no son reflexiones «históricas» de los hechos reales en torno al asentamiento, sino una ficción basada en acciones, personajes y tiempos de la histoire événementielle»70. Es inútil, por tanto, intentar una reconstrucción histórica de lo acontecido71. Pero sí podemos, como recomendaba Marinella Corsano, escudriñar ese entramado mítico a la luz de la sociedad que lo ha producido72. En nuestro caso, más allá de lo que las brumas de la leyenda, los retazos de tradiciones orales y las artificiosas e interesadas construcciones historiográficas nos permiten atisbar, el 67. Aunque la práctica de dispersar cenizas y restos óseos en el ágora es ajena al horizonte cultural heleno, Lombardo, «Tombe», 38-39, subraya que se inscribe bien en prácticas cultuales e ideológicas arcaicas del área mesápica. También una tradición que se remonta al menos al siglo V aseguraba que las cenizas de Solón, otro famoso legislador que sufrió el exilio, fueron esparcidas por su querida isla de Salamina (Plut. Sol. 32.2; Val. Max. 5.3 ext. 3; Aristid. Or. 46.172). 68. Malkin, Myth, 129-131. 69. Sobre esta distinción en fases del modelo narrativo de la colonización arcaica, cf. Dougherty, Poetics, 15-30. 70. Nafissi, «Sparte», 252. 71. Es encomiable el intento de Sakellariou, Memory, 66-93, esp. 90-91, que trata de deducir de una forma razonada qué hay de histórico y qué de imaginario en cada una de las fuentes con la finalidad de construir un relato coherente e inteligible (pero que no deja de ser altamente especulativo). 72. Corsano, «Sparte», 113-114.
44 CÉSAR FORNIS Y JAVIER JARA DELFOS EN LAS AVENTURAS COLONIALES ESPARTANAS DEL ARCAÍSMO, I… Ediciones Universidad de Salamanca / CC BY-NC-ND Stud. hist., H.ª antig., 39, 2021, pp. 27-50 episodio de los partenias revela las graves tensiones generadas por las reivindicaciones de acceso a la politike chora —y al disfrute de los derechos políticos y socioeconómicos que conlleva— por parte de determinados grupos en un momento en que aún se estaba configurando el politeuma lacedemonio, quiénes lo integraban y qué derechos poseían73. Es altamente probable que, como coinciden las fuentes principales, la legitimidad en el nacimiento fuera un argumento determinante habida cuenta de las duras consecuencias creadas por el conflicto continuado contra los mesenios74; no es casualidad que, según recuerda Justino (3.4.8-9), fuera al alcanzar la edad de treinta años, justamente la que marca el paso a la edad adulta y el acceso a la ciudadanía plena, cuando los partenias, ante el temor de la indigencia, se encomiendan a Falanto75. La stasis generada en el seno de la comunidad solo podía resolverse con la salida forzada del grupo perdedor (Pl. Leg. 708b y 740e lo recomienda como medida no cruenta), que no solo restaura el orden natural y cívico, sino que también purifica la contaminación religiosa en la que se ha incurrido76. En el siglo III a. C. el poeta Calímaco cantaba que Tarento fue fundada por aquellos que, más que ninguno, descendían de Heracles (fr. 617 Pfeiffer). En este sentido, Delfos actuó, con sus oráculos, como un efectivo elemento legitimador de este proceso. BiBliografía Alessandrì, Salvatore. «I Phalantiadi di Taranto». En Studi in onore di Dinu Adamasteanu, 165-174. Galatina: Congedo, 1983. Amandry, Pierre. «Notes de topographie et d’architecture delphiques II. Le monument commémoratif de la victoire des Tarentins sur les Peucétiens». Bulletin de correspondance hellénique 73 (1949): 447-463. 73. Cartledge, Sparte, 123-124; Morgan, Athletes, 169-171, y más extensamente Nafissi, Nascita, 35-81, que establece una conexión con la Gran Retra atribuida a Licurgo; Malkin, Myth, 142, hace una interesante analogía con los neodamodeis (hilotas liberados por su prestación militar) que Esparta asentó en Lépreo, en territorio disputado a los eleos; cf. Meier, Aristokraten, 126-131, solo que él sitúa el contexto en la segunda mitad del siglo VII. 74. Supra n. 30. 75. Domínguez Monedero, «Phocaeensium», 66-67. 76. Dougherty, «Murder», 182, 184. De la otra parte, de la de la colonia, según McGlew, Tyranny, 168-169, la «expiación» del fundador «articulated the colony’s own distinct history of autonomy».
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