Las bóvedas altomedievales en la Península Ibérica
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Las bóvedas altomedievales en la Península Ibérica El estudio de ]a arquitectura de ]a Península Ibérica en el periodo comprendido entre los siglos VIII y XI, se ha realizado tradicionalmente desde e] punto de vista de grupos culturales cerrados y definidos: visigodos, mozárabes, asturianos y musulmanes. Los descubrimientos recientes de monumentos que amplían el panorama arquitectónico de este extenso periodo (ejemplos como los de Santa Lucía del Trampa] o Santa María de Mijangos) y la aplicación de nuevos métodos arqueológicos, como la llamada discip]ina de la «Arqueología de la Arquitectura» o el empleo de métodos científicos de datación (dendrocronología, Carbono-]4) han llevado a ciertos investigadores (Real, 1995; Caballero Zoreda, ]994/95), a plantearse la adscripción cronológico-cultural de algunos de estos monumentos, la cual ya había sido puesta en duda por algunos autores a mediados de siglo (Puig i Cadafalch, ]96]; Camón Aznar ,] 963). El trabajo que se presenta a continuación, pretende ofrecer una síntesis de las tipologías de cubriciones (bóvedas, cúpulas y madera) que encontramos en a]- gunos edificios eclesiásticos más significativos del altomedievo. Hacemos hincapié en aquellos monumentos que se encuentran actualmente en discusión entre dos modelos explicativos, el visigotista y el mozarabista. Para su exposición, se han mantenido los grupos cronológicos y culturales tradicionales, es decir, aquellos que han sido establecidos por el modelo visigotista, introduciéndose a la vez, las contradicciones que plantean otros mcxlelos explicativos, como el mozarabista. M~ de los Ángeles U trero Agudo IGLESIAS VISIGODAS La arquitectura visigoda se ha caracterizado, desde la historiografía más tradicional (Fontaine, ]978; Schlunk-Hauschi]d, ]978), por la disposición arquitectónica en plantas centralizadas, las fábricas de sillería, los espacios abovedados y ]a presencia de una escu]- tura decorativa, tomada como fósil crono]ógico director, mediante el establecimiento de precedentes y paralelos en los mundos tardorromano y bizantino. Los edificios más representativos se datan en un arco temporal que se inicia a finales del siglo VI y termina en el 7] ], con la invasión musulmana de la península. En el Noroeste peninsular, encontramos la iglesia cruciforme de San Fructuoso de Monte]ios (Braga, Monte]ios). Datada tradicionalmente a mediados del VII por las referencias documentales de] obispo San Fructuoso (Sch]unk-Hauschild, 1978: 209-21 ]), presenta en e] brazo oeste una bóveda de ladrillo cuadrado, a la cual se sobrepone otra capa de ladrillo a hi]adas transversales, originando una bóveda de cañón doble. El crucero, separado de los brazos mediante la inserción de arcos trip]es bajo uno mayor, se cubre con una cúpula de ]adrillo sobre pechinas. Los ábsides de los brazos, de los que solo se conservan las plantas originales de herradura, se cubrirían con cúpulas sobre columnas (Schlunk, 1947: 28]-281) o con segmentos de bóveda. La disposición del ]adrillo de la cúpula del cimborrio y las dos capas de la bóveda oeste, así como la tipo]ogía cruciforme de la p]anActas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla, 26-28 octubre 2000, eds. A. Graciani, S. Huerta, E. Rabasa, M. Tabales, Madrid: I. Juan de Herrera, SEdHC, U. Sevilla, Junta Andalucía, COAAT Granada, CEHOPU, 2000.
1096 ta y la decoración muraria exterior de arcos ciegos, son los argumentos empleados para afirmar la existencia de unos paralelos bizantinos de tradición romana, los cuales apuntalan su cronología visigoda. Considerada también bajo la influencia bizantina y datada en la segunda mitad del VII, tanto por referencias documentales como por su planta cruciforme, la iglesia de Santa Comba de Bande (Orense, Santa Comba) presenta bóvedas de cañón en los brazos y el ábside, realizadas en ladrillo dispuestos en hiladas horizontales. El cimborrio se cubre con una cúpula de aristas capialzada, según Gómez Moreno (1966), al modo bizantino. Para Camón Aznar (1963: 214), los elementos y motivos decorativos tienen sus paralelos en el mundo asturiano, proponiendo fechas de finales del siglo IX a principios del siglo X, frente a la teoría tradicional de Gómez Moreno (1966) Y de Schlunk-Hauschild (1978: 218-220), que suman a la argumentación de la fecha visigoda la fábrica de sillería y el total abovedamiento de los espacios, ambos elementos comparables con los del ejemplo anterior de Montelios . De San Pedro de Balsemao (Portugal, Douro Litoral) conocemos apenas los muros del ábside, por lo que no podemos ofrecer una tipología de abovedamiento. La datación en la segunda mitad del VII se ha basado en la técnica de sillería y en los motivos decorativos, considerados estos similares tipológicamente a los de Bande (Schlunk-Hauschild, 1978: 217-218). Goddard King (1924: 64-65), sin embargo, mantiene dudas sobre una fecha tan temprana, aceptando paralelos asturianos para los capiteles corintios. En la zona castellana, la iglesia de San Juan Bautista de Baños (Palencia, Baños de Cerrato), datada por un epígrafe del 661, es el edificio de referencia del arte visigodo (Schlunk-Hauschild, 1978: 204209). Presentaría bóvedas de medio cañón ligeramente sobrepasado en las tres capillas, como se desprende de los restos conservados de los arranques, y un aula con cubierta de madera, ambos hechos constatados por la lectura de paramentos del edificio realizada recientemente (Caballero y Feijoo, 1998). Este trabajo también plantea la posibilidad de que la inscripción, sea una pieza reutilizada, perteneciente a un edificio previo, lo que junto al argumento de paralelos omeyas de la escultura decorativa, establece una posible fecha posterior al 711 (Caballero y Feijoo, 1998: 237). M. Á. Utrero En la misma provincia, la Cripta de San Antolín (Catedral de Palencia), fechada por los capiteles y la decoración de los cimacios en la segunda mitad del VII (Schlunk-Hauschild, 1978: 220), presenta un enlosado plano como techo de la nave, lo que nos habla de un piso superior original no conservado, y un vestíbulo con cubierta de madera. En San Pedro de la Nave (Zamora, Campillo), datada a finales del VII y principios del VIII (Schlunk-Hauschild 1978: 223-227), el ábside se cubre con una bóveda de cañón en sillería de arenisca. Los brazos norte, sur yeste (figura 1) se restauraron cn ladrillo, aunque originalmente serían de sillería (Torres Balbás. 1933: 131). Cuatro arcos de herradura a inglete sustentan el crucero, lo que hace pensar en la existencia de una cúpula, hoy reconstruida en madera, como las naves y los pórticos N y S. Torres Balbás (1933: 131J32, s.VIII) y Caballero y Arce (1997: 260-263), por la presencia de arcadas longitudinales en las naves, aseguran el abovedamiento completo para La Nave y Quintanilla. Respecto a su interpretación cronológica, Camón Aznar (1963: 214-216) considera los caracteres estilísticos de finales del IX y principios del X, con una organización en planta similar a la de las iglesias asturianas. Para Schlunk-Hauschild (1978:223-227), La Nave constituye sin embargo un monumento significativo dc finales del VII, tomando como referentes cronológicos la fábrica de sillería, los paralelos decorativos yel horologio ubicado en la embocadura del ábside. En Santa María de Quintanilla de las Viñas (Burgos, Quintanilla de las Viñas), fechada por los motivos decorativos a finales del VI-principios del VII (SchlunkHauschild. 1978:230-234), las bóvedas se situarían en los brazos de~ transepto, donde se conservan los arranques en los n'uros, suponiendo aquí la existencia de bóvedas de crucería y bóvedas vaidas de arista en el Figura l. Bóveda anteábside de San Pedro de la Nave. Reconstrucción en ladrillo.
Las bóvedas altomcdievales en la Península Ibérica 1097 presbiterio. El ábside con cúpula de aristas en toba, es comparable con la cúpula de Ventas Blancas (Logroño), datad a en la segunda mitad del VII (SchlunkHauschild 1978: 22R), y con modelos bizantinos. Para el modelo mozarabista la posible existencia de una tribuna trasera en Quintanilla lleva a edificios asturianos como el de San Julián de los Prados y las bóvedas de pechinas conducen a ejemplos omeyas sirios de principios del siglo vrn (Caballero Zoreda 1994/95: 109). Esta fecha es anterior a la ya propuesta por Camón Aznar (1963: 216-217), que consideraba los relieves decorativos de principios de1 X. La ermita de las Santas Centola y Elena (Burgos, Siero), datada en el VIII por una inscripción, presenta una nave rectangular con techumbre de madera y un ábside rectangular con bóveda de cañón en herradura. Según Íñiguez (1934: 13513R), la nave primitiva habría vencido debido a los empujes de una posible bóveda, por 10 que la nave actual y su cubrición serían posteriores. De nuevo, Camón Aznar (1963: 212) propone una fecha posterior de mediados del IX basándose en la tipología de los arcos de herradura y el ábside p1ano. Completando este grupo, encontramos la ermita de Virgen del Val (Soria, Pedro), considerada visigoda por las decoraciones geométricas, tiene un ábside rectangular con bóveda de cañón y una nave rectangular con techumbre de madera; y San Vicente del Valle, de cronología también discutida (Aparicio Bastardo, 1995:56-59, visigoda; Caballero Zoreda et alii, 1994: 156). En este grupo, habría que incluir la recientemente descubierta Santa María de Mijangos (Burgos, Mijangos). Durante los trabajos de excavación, han aparecido fragmentos de toba en el espacio de un posi,ble contraábside. La talla que presentan estas piezas parece indicar su disposición en una bóveda en cuarto de esfera. El hallazgo en la localidad de Mijangos de un epígrafe con signos gráficos del VI-VII, atribuido a la iglesia, donde se cita a Recaredo, ha establecido una posible fecha fundaciona1 en el 601 (Lecanda Esteban: 1999: 415-434). Dentro ya de la provincia de la Lusitania, tenemos, en primer lugar, dos edificios que plantean una serie de dudas respecto a la tipología de sus cubriciones, a1 haber sido hallados en excavación, como el ejemplo anterior. Tanto San Pedro de Mérida (Badajoz, Mérida), como Valdecebadar (Badajoz, Olivenza), datados en el siglo VII por su planta cruciforme, podrían presentar espacios abovedados en diferentes ámbitos, considerando el grosor desigual de sus muros. De San Giao de Nazaré (Portugal, Nazaré), descubierta en 1961 y datad a igualmente en el sig10 VII por su planta cruciforme, únicamente se conservan los arranques de la bóveda de cañón del ábside. Schlunk-Hauschild (1978: 213-214) suponen, por el ancho de los muros, que sólo el ábside estaría abovedado, realizándose el resto de las cubriciones en madera. Para Arbeiter (1995: 211-221), la singularidad de este edificio radica en que se trata de la única iglesia visigoda realizada en mampostería, aspecto que para otros autores (KingsJey, 1980: 127) justifica la posibilidad, junto a la existencia de una tribuna en el lado oeste, de su identificación como precedente asturiano. En Vera Cruz de Marmelar (Portugal, Alto Alentejo), cuyos motivos decorativos la han situado cronológicamente en el siglo VII (Schlunk-Hauschild, 1978: 212-2]3), encontramos el mismo problema que en Balsemao. Ambas se han datado por los motivos decorativos y por la técnica de sillería apreciable en sus escasos restos conservados, proponiéndose en este caso el abovedamiento únicamente de los ábsides. Considerada de las mismas fechas, en San Miguel de los Fresnos (Badajoz, Frenegal de la Sierra), e1 ábside se cubre con una bóveda de cañón que termina en cuarto de esfera, mediante una aproximación regular de sillares reutilizados de origen romano. El relleno exterior se produce con hormigón de mala calidad en bloques de pequeño tamaño. En las naves se conservan sólo los arcos ojivales fajones y los arranques de las bóvedas de cañón en las laterales (Berrocal, 1991: 299-317). La recientemente descubierta Santa Lucía de1 Trampal (Cáceres, Alcuescar de Cáceres), presentaría, según Caballero y Sáez (1999), bóvedas en las naves, una cúpula de tres tramos en el transepto y en el estrecho paso al aula y bovedi1las intermedias entre los cimborrios limitadas por arcos. Para estos autores, la iglesia está preparada para abovedarse, como demuestran las arcadas adosadas a 10s muros laterales y los gruesos pilares, siendo los arcos adosados de Santa María del Naranco y de Santa Cristina de Lena los ejemplos más cercanos. Para Arbeiter (1996: 11-52), sin embargo, la estructura del Trampal es similar a la de la iglesia de Portera (Cáceres, Garciaz), con un ábside cubierto con bóveda de cañón de herradura de sillares de granito reutilizados a modo de dovelas, unidos sin mortero. Sitúa cronológicamente ambas iglesias en la segunda mitad del
1098 VII, dentro de un conjunto uniforme de iglesias rurales de la Lusitania, donde se incluirían también las citadas de Vera Cruz de Marmelar y San Miguel de los Fresnos. De la misma época se considera Santa Olalla de Cáceres (Cáceres, Cáceres), con un ábside con dos tramos diferenciados de bóvedas: un primer tramo de bóveda de cañón y un segundo más bajo ultrapasado, con contrafuertes exteriores, y cubiertas de madera en la nave (Cerrillo, 1981: 233-243). En San Pedro de la Mata (Toledo, Sonseca-Casalgordo), enmarcada en el siglo VII por una indicación cronológica sobre sus orígenes en época de Wamba (672-681), transmitida en una descripción del siglo XVII (Schlunk, 1947: 285), y por su planta cruciforme (Schlunk-Hauschild, 1978: 221-223), las bóvedas de cañón se encuentran en el ábside y el brazo oeste. Para Fontaine (1978), los espacios del coro, ábside y nave estarían abovedados, tomando como argumento el grosor de los muros. Cronológicamente, Puig i Cadafalch (1961: 131-139) incluye a La Mata, Bande, La Nave y Quintanilla en una etapa «premozárabe» de finales del siglo IX y principios del X, caracterizándose todas ellas por plantas cruciformes y arcos ultrapasados producto de la influencia oriental. IGLESIAS ASTURIANAS El estudio de los edificios eclesiásticos del prerrománico asturiano se encuentra, en comparación al conjunto anterior, gracias a la abundante documentación existente en tomo a las obras de fundación real y a su magnífico estado de conservación, bastante bien delimitado dentro de un espacio cronológico que abarca desde finales del VIII hasta entrado el siglo X. Todas las iglesias responden a un tipo muy definido de plantas basilicales, fábricas de mampostería con sillería de refuerzo (esquinas, vanos) y cubiertas con bóvedas de medio cañón, reforzadas con contrafuertes exteriores y arcos fajones interiores, no siempre correspondidos (San Miguel de Lillo, Santa Cristina de Lena), y combinadas con techumbres de madera (Arias Páramo, 1993). Frente al modelo visigotista, que afirmaba la continuidad de las formas visigodas en el mundo prerrománico asturiano, el nuevo modelo mozarabista, reconoce influencias orientales, introducidas por el mundo andalusí en la península, reflejadas en el arte asturiano desde sus inicios. La iglesia de Santianes M. Á. Utrero de Pravia, (Asturias, Pravia), atribuida al reinado de Silo (774-783), puede servir de ejemplo de ello. Presenta un ábside con bóveda de cañón y contrafuertes, y una nave con cubierta de madera. La división interna de los espacios hace referencia, según Dodds (1990), a la organización espacial visigoda, mientras que el argumento decorativo de Caballero Zoreda (1994/95), encuentra paralelos en el entorno omeya. De época de Alfonso Il el Casto (788-842) datan la Cámara Santa de Oviedo (Asturias, Oviedo), con una planta inferior y un ábside superior abovedados en medio cañón en ladrillo y una nave central con cubierta de madera, y San Julián de los Prados (Asturias, Oviedo), también con ábside con bóveda de cañón en ladrillo reforzado con contrafuertes exteriores. Bajo el reinado de Ramiro I (842-860) se construye Santa María del Naranco (Asturias, Oviedo), de planta rectangular con bóveda de cañón de toba en la cripta, reforzada con arcos fajones, arranca de un zócalo central corrido. El cuerpo central del piso superior presenta una bóveda de cañón también en piedra toba reforzada por siete arcos fajones de dovelas en piedra y contrafuertes exteriores. Las cubiertas de madera se ubican en las cámaras anexas de la cripta. De la misma época, San Miguel de Lillo (Asturias, Oviedo), presenta unas bóvedas de medio cañón reforzadas con arcos fajones sobre columnas, en la nave central y en las naves laterales, alternando bóvedas de cañón paralelas a la central con otras perpendiculares. La excavación de las bóvedas en 1991 (García de Castro, 1993) permitió constatar un sistema de bóvedas concebido con tramos individuales, de material ligero y escaso espesor, lo que explica la elevación de II m sobre muros de 65cm sin apenas cimentación. Por último, Santa Cristina de Lena (Asturias, Lena), presenta en el vestíbulo una bóveda de cañón y una nave transversal con bóveda de cañón reforzada con arcos fajones y contrafuertes. La parte inferior del tramo central y los laterales de la tribuna se cubren igualmente con bóveda de cañón. Un número total de treinta y dos contrafuertes se elevan en el exterior sobre un zócalo que recorre el perímetro del edificio, no siempre correspondido con los pilares interiores. En época de Alfonso III, se funda en el 891 la iglesia de San Adrián de Tuñón (Asturias, Santo Adriano), cuyos ábsides se cubren con bóvedas de cañón. Consagrada en 893 y con dos etapas diferen-
Las bóvedas altomedievales en la Península Ibérica 1099 ciadas, la segunda ya en el X, San Salvador de Valdediós (Asturias, Boides) cubre sus ábsides con bóvedas de cañón, la nave central y laterales con bóvedas de medio cañón en ladrillo sin arcos fajones, pero sí con contrafuertes exteriores, sobre macizos pilares separados por vanos. Ambas iglesias se relacionan según Caballero Zoreda (1994/95) con Santa Lucía del Trampal y con San Pedro de La Nave por el empleo de aulas abovedadas sobre arcadas con pilares, aunque en el caso de las asturianas, no aparecen naves transversales y, por lo tanto, tampoco cimborrios. Consagrada en el 921, San Salvador de Priesca (Asturias, Villaviciosa) posee ábsides con bóvedas de medio cañón que descansan sobre arquerías murales. Otros ejemplos del siglo X presentan cubriciones de madera en las naves y bóvedas de cañón en los ábsides, diferenciándose éstas por el material empleado: Santa María de Bendones (Asturias, Oviedo), en ladrillo, o Santiago de Gobiendes (Asturias, Col unga), en toba, entre otras. IGLESIAS MÜZÁRABES El arte mozárabe o de repoblación, si hacemos referencia a los edificios ubicados en las zonas conquistadas a los musulmanes (Camón Aznar, 1963: 211), se define por una tipología de planta predominantemente basilical y unos nuevos elementos tomados del mundo andalusí, principalmente motivos decorativos y estructuras abovedadas, como el empleo de bóvedas de varios husos, que delatan el conocimiento del arte islámico (ejemplos de la Mezquita de Córdoba). Geográficamente los edificios se sitúan en a la mitad norte peninsular, siendo el monumento más meridional el de Santa María de Melque (Toledo, Puebla de Montalbán), junto con el de la iglesia rupestre de Bobastro (Málaga), ya en territorio andalusí, pudiéndose aplicar en estos dos casos el calificativo de mozárabe (Camón Aznar, 1963: 209). Las bóvedas de Melque son todas, como los muros, de sillería de granito, de medio cañón peraltado en los brazos y de horno sobre planta de herradura en el remate del ábside. En el crucero encontramos una cúpula vaida también en granito, que salva el cuadrado sobre unas pequeñas pechinas curvas. Para Frischauer (1930: 39-43), la fecha de Melque, como la de La Nave, es indeterminada, proponiendo una fecha anterior al 71] o posterior a la victoria cristiana de mediados del IX. Goddard King (1924: 68-71) niega la adscripción cronológica mozárabe de esta iglesia afirmada por Gómez Moreno (1919) sobre la base de la ausencia de escultura decorativa visigoda, a] considerar, por un lado, elementos como el ábside o las habitaciones laterales de características visigodas, y por otro, los nichos y las molduras de rasgos anatólicos, proponiendo una fecha de finales del VII. Esta fecha fue de nuevo recuperada por Caballero y Latorre (1980), tras las excavaciones realizadas en la iglesia, que sacaron a la luz escultura decorativa. Recientemente (Garen, 1992: 288-305; Caballero, 1994/95), la interpretación de ciertos elementos de origen oriental, como los pilares cilíndricos de las esquinas interiores que delimitan el crucero o los motivos de los estucos, ha variado de nuevo la cronología del edificio, enmarcado ahora dentro del ámbito mozárabe. El arte de los territorios cristianos se ha dividido tradicionalmente en dos grupos diferenciados geográficamente, el de la zona castellano-Ieonesa, con iglesias datadas en su mayoría dentro de] siglo X, y el de la zona de la llamada Marca Hispánica, donde a su vez Puig 1 Cadafalch (1961: 152-157,175-177) diferencia los edificios construidos dentro del marco carolingio pertenecientes al siglo IX y los mozárabes del siglo X, división no mantenida por otros autores (Gómez Moreno, ]9]9; Camón Aznar, 1963). En el territorio castellano, en la iglesia de planta basilical de San Cebrián de Mazote (Valladolid), el ábside y el contraábside, ambos con planta de herradura, se cubren con cinco y nueve husos más un segmento de bovedilla que enlaza con la parte anterior del arco de entrada. Los brazos curvilíneos del transepto se cubren igualmente con ocho fragmentos (7 más 1) de bóveda. Para Gómez-Moreno (1919), representa un tipo latino, por las naves techadas en madera, y bizantino, por la bóveda en la cabecera, aunque los contrafuertes le otorgan un aspecto asturiano. En Santa María de Wamba (Valladolid), la cual ha sufrido numerosas transformaciones, todos los espacios estarían abovedados por cañones (Gómez Moreno, 1919). El ábside presenta una bóveda de cañón de herradura, igual que el transepto y los brazos, aquí a una altura menor, sobre pilares rectangulares y contrafuertes exteriores (Goddard King, 1924: 182-185, Camón Aznar, 1963: 212). Santa María de Lebeña (Santander), presenta también un sistema contrarres-
1100 tado. El ábside y el narthex se abovedan con cañones perpendiculares a los que cubren los dos tramos de las tres naves (Goddard King, 1924: 185-191). La variación en altura, longitud y orientación de las bóvedas de Lebeña y Wamba (Camón Aznar, 1963: 212-213) crea un sistema de contrarrestas con precedentes en Lillo y Valdediós. San Román de Moroso (Santander), presenta el tipo de bóveda de cañón solamente en el ábside. Bóvedas de husos como las de Mazote, encontramos también en la iglesia de planta basilical de San Miguel de Escalada (León), donde las bóvedas de los tres ábsides presentan cada una tres paños ligeramente cóncavos, el cuarto se remata sobre la entrada al ábside. Las naves se cubren, sin embargo, con techumbres de madera. La misma alternancia de ábside con bóvedas de husos y naves con techos de madera se encuentra en San Pedro de Lourosa (Portugal, Beira Alta), fechada por una inscripción de] 912. Santo Tomás de las Ollas (León, Colinas) presenta un ábside ovalado con abovedado de diez paños con nerviaciones en piedra sobre una arquería ciega de arcos sobre pilastras. Camón Aznar (1963: 212) la data en el siglo IX, observando la influencia carolingia asturiana en la bóveda del ábside. En Santiago de Peñalba (León), con un documento del 937, los brazos se cubren con bóveda de medio cañón y los contraábsides con bóvedas nervadas de siete husos. De la cúpula del crucero se conserva el arranque de ocho segmentos de bóvedas cóncavos que descansan sobre cuatro arcos formeros. Los contrafuertes de tipo asturiano recuerdan a Santa Cristina de Lena. Para Fontaine (1978), San Miguel de Celanova (Orense, Celanova), documentada en el 936, es una copia en miniatura de Peñalba. Posee un ábside en herradura con cúpula de husos peraltada, que le recuerda a los mihrab de las mezquitas, un cimborrio con una bóveda de aristas sobre cuatro arcos y una nave con bóveda de cañón. Los contrafuertes se sitúan únicamente en las fachadas N y S. Finalmente, en San Salvador de Palaz del Rey (León, León), construida por Ramiro II entre el 93 l Y el 95 I (Fontaine, 1978), el crucero se cubre con una cúpula de aristas, con doce husos. En San Baudelio de Berlanga (Soria, Casillas de Berlanga), el ábside se cubre con bóveda de cañón y la nave cuadrada con ocho nervios de herradura que descansan sobre un pilar central, sobre el que se sitúa una linterna con cuatro nervios que dejan el espacio M. Á. Utrero central libre, donde se vuelven a cruzar otros dos. La unión de las ocho nerviaciones alineadas por parejas se da en San Millán de la Cogolla. Gómez Moreno (1919) la fecha en los primeros decenios del siglo XI, considerándolo como último edificio mozárabe, mientras que Caballero Zoreda (1997) propone el tercer cuarto del siglo XI como fecha de construcción. En la región más septentrional riojano-burgalesa, hallamos un grupo muy definido de iglesias que comparten una serie de características: un aula rectangular y un ábside cuadrado cubierto con bóveda sobre pechinas en toba, grupo que estaría muy próximo a las iglesias de La Nave y Quintanilla, según Caballero Zoreda (1994/95), donde también deberían incJuirse San Vicente del Valle y Ventas Blancas. Cabe destacar San Felices de Oca (Burgos, Villafranca Montes de Oca), como la mayor de todas, con una cúpula sobre pechinas de toba que cubre la cabecera rectangular. En las cámaras laterales, se pueden apreciar los restos de los arranques de las bóvedas de cañón que estarían realizadas en el mismo material. San Pedro de Arlanza (Burgos, Hortigüela), posee un ábside con cúpula de casquete remetido sobre anillo esférico con pechinas y tímpanos ovoidales, todo ello igualmente en toba. Santa Coloma (La Rioja, Santa Coloma), presenta cúpulas sobre pechinas en el cuerpo central y cuerpos laterales cuadrados (figura 2) y una cúpula vaida en la cripta, realizadas todas en toba en disposición horizontal. En las proximidades, encontramos la iglesia de Santa María de Arcos de Tricio (La Rioja, Tricio), con una cúpula hoy desaparecida, que se apoyaría sobre un ábside cuadrado, posiblemente también sobre pechinas en toba, que descansaría sobre unos arquilIos, hoy ocultos por la decoración barroca (Caballero et alii, 1994: 156). San Millán de Suso (Logroño), con un documento del 959, presenta una bóveda esFigura 2. Cúpula en toba de Santa Coloma. Cuerpo oeste. Exterior.
Las bóvedas altomedicvalcs en la Península Ibérica ]101 quifada con nervios radiales, reforzada por seis arcos fajones de medio punto realzados que soportan ocho bovedillas curvas. El perfil esquifado de la bóveda tiene paralelos en Córdoba y en la Mezquita del Cristo de la Luz de Toledo. San Andrés de Torrecilla de Camerós (Logroño), pose un ábside con cascarón nervado cuyos entrepaños en forma de huso se apoyan sobre siete nerviaciones de sección rectangular, que anancan de los muros del ábside, uniéndose en forma de inglete en el centro de la cúpula. Las nerviaciones de la bóveda son añadidas en el siglo X bajo la influencia de San Millán de la Cogolla. Santa Cecilia de Barriosuso (Burgos) con casquete de toba sobre tímpanos rehundidos (Caballero et alli, 1994: 156), cerraría este grupo junto a San Román de Tobillas (Álava, Tobillas), que presenta en su primera etapa prenománica (Azkarate, 1995) una bóveda sobre pechinas en el ábside en sillares de toba, y Hérmedes de Cerrato (Palencia, Hérmedes de Cerrato), con una cabecera con bóveda sobre pechinas, fechada en el X por sus similitudes decorativas con Wamba. Por último, citar los ejemplos de San Miguel in Excelsis (Pamplona), con un ábside central con bóveda de horno y una cúpula de trompas en el cuadrado del transepto, y San Juan de la Peña (Huesca), con bóvedas de cañón en las naves, atribuible al siglo IX (Gómez Moreno, 1951: 392). En el territorio catalán, encontramos iglesias de una nave, en muchos casos abovedada, con cabecera plana también abovedada. La cronología de este grupo geográfico es variable, pero siempre dentro de los marcos del siglo IX y X, dado que no hay referencias documentales en la mayoría de los edificios, y el estado de conservación es desigual. Considerada del siglo IX por sus características carolingias (Puig i Cadafalch, 1961: 154-157J,la iglesia de San Pedro de Puellas (Barcelona), posee una cubierta de madera en la nave y una bóveda de aristas en la capilla norte, suponiéndose la existencia de una simétrica en el lado meridional. Frischauer (1930: 46) y Camón Aznar (1963: 217) la datan en el siglo X, tomando como referencia un documento del 935. Entre los edificios más representativos del siglo X, podemos citar Santa María de Marquet (Barcelona), originalmente de tres naves, hoy sólo conserva una, con un ábside con bóveda de medio cañón ligeramente sobrepasado en un tercio de radio y un transepto abovedado en tres tramos con medio cañón longitudinal, fechada por Camón Aznar (1963) en la primera mitad del X. San Miguel de Olerdola (Barcelona, Olcrdola), enmarcada dentro de las construcciones del Conde Sunyer en este territorio hacia el 930, presenta entre sus partes originales un ábside con bóveda de herradura. En Sant Peré de Rodes (Gerona, Alto Ampurdán) la nave se cubre con bóveda de medio cañón con arcos fajones y el ábside y las naves colaterales con cuarto de esfera. Los extremos del transepto se cubren con bóvedas de medio cañón transversales y la cripta, sobre cuatro columnas, se articula en dos fragmentos de bóveda anular: un primero de palmera central, un segundo con bóveda de cuarto de círculo. En la zona pirenaica, Sant Quirze de Pedret, fechada en el 983, posee una capilla absidial con bóveda de medio cañón sobrepasado, algo peraJtado, unas naves laterales con medio cañón en piedras de esquisto embebido en mortero y una nave central con cubiertas de madera. En Sa Bauloia (Figueras), la bóveda de medio cañón ligeramente sobrepasada de la nave está reforzada por arcos fajones apoyados en pilastras transversales. Sant Juliá de Boada (Gerona, Bajo Ampurdán) (Camón Aznar, 1963: 21 R. S-IX) tiene en la nave y ábside, bóvedas de medio cañón, en el segundo ligeramente sobrepasada. La misma tipología de bóveda, se encuentra en el ábside de San Cristobal de Cabrils (Barcelona). Ai'i'\uSIS yCOI'<CLlJSIONES Como podemos observar en el cuadro siguiente (figura 3J, las iglesias peninsulares altomedievales han sido fechadas en su mayoría a partir de documentos históricos o epígráficos, o desde el estudio de sus elementos decorativos. En ambas circunstancias, se han tomado como referencia los mismos ejemplos documentales o decorativos para argumentar teorías sin embargo opuestas, basadas en interpretaciones que aceptan precedentes y paralelos diferentes. El objeto de estudio ha sido el mismo, pero su interpretación y, consecuentemente, adscripción cronológica han variado de los paralelos empleados en la argumentación. La revisión que se está planteando en la investigación actual de este periodo en el marco peninsular, debe, en primer lugar, definir los elementos que caracterizan los edificios adscritos a los diferentes mar-
FECHA CRIT CRONOLOGÍA BIBLIOGRAFíA Premoz:fin.IX-ppio.X Decoración, planta Puig Cadafa1ch 1961 Fin.IX-ppios.X Decoración C. Aznar 1963 672 (aq 872) Documentación Schlunk-Hausc.1978 Post 71 l Decoración, fábrica Caballero 1994/95 Ant.711 ó IX Origen sillería Frischaucr 1930 VIII Decoración (¿) Torres Balbás 1933 Premoz:fin.IX-ppio.X Dec., inscripciones Puig Cadafalch 1961 Fin.IX-ppios.X Decoración C. Aznar 1963 Fin. VII-ppios.VIII Decoración, fábrica Schlunk-Hausc.1978 Post 71 I Decoración Caballero 1994/95 VIII Decoración (¿) Torres Balbás 1933 Premoz:fin.IX-ppio.X Dcc., doc.912-929 Puig Cadafalch 196 I Ppios.X Decoración C.Aznar 1963 Fin.VI-ppios.VII Decoración Schlunk-Hausc.1978 Post 7 I 1 Decoración, fábrica Caballero 1994/95 661 Epígrafe Schlunk-Hausc.1978 Post 71 I Decoración Caballero 1994/95 656-665 Documento Schlunk-Hausc.1978 Primera mitad IX Decoración Caballero 1994/95 Segunda mitad VII Epígrafe Schlunk-Hausc.1978 Fin.IX-ppios.X Tipología planta Puig Cadafalch 1961 Post 711 Tipología planta Caballero 1994 VII Tipología planta Schlunk-Hausc.1978 Pre-asturiano Fábrica Kingsley 1980 VII Fábrica Arbeitcr 1995 IX-X Fábrica Caballero 1994 Segunda mitad VII Planta, fábrica Schlunk-Hausc.1978 Post 71 I Cúpulas Caballero 1994/95 Fin.IX-ppios.X No decoración Gómez Moreno 1919 VII Espacios, nichos Goddard King 1924 Segunda mitad VII Decoración Fontaine 1978 VII Excav., escultura Caballe.Latorrc 1980 Segunda mitad VIII Arquitectura Garen 1992 Último cuarto VIII Decoración, fábrica Caballero 1994 Fin. VIl-ppios.VIII Decoración Arbeiter-Noack 1999 1102 M. Á. Utrero S. Comba de Bande NOMBRE TIP. BÓVEDAS B :Cañón/ladrillo C: Ari stas/ladrill o S. Pedro de la Nave B:Cañón/sillería C:¿cimborrio? Quintanilla las Viñas C:Pcchinas/toba Pechinas o vaida? San Juan de Baños B: Cañón/sillería San Fructuoso de Montelios B:Cañón/ladrillo C:Pechina/ladrillo S. Pedro de la Mata C:¿cimborrio? S. Giao de Nazaré B:Cañón Ventas Blancas C:Pechinas/toba S. María de Melquc B:Cañón/sillería C:Pechinas/sillería Figura 3 Síntesis de iglesias altomcdievales con las diferentes cronologías propuestas. B: bóvedas. C: cúpulas. cos cronológicos y culturales referenciales. Se debe evitar emplear elementos aislados como argumentos de datación, como ha sido el caso señalado de las piezas decorativas (ver los ejemplos citados de Vera Cruz de Marmelar o San Pedro de Balsemao, datadas en el sig10 VII, por sus simi1itudes estilísticas con Santa Comba de Bande). Por e1 contrario, debe tenderse a p1antear argumentaciones que incluyan el mayor número posib1e de aspectos (plantas, aparejos, bóvedas, decoraciones...) para crear sistemas coherentes. En segundo lugar, una vez definidos estos aspec-
Las bóvedas altomedievales en la Península Ibérica 1103 tos, se deben buscar precedentes, paralelos y consecuentes en ámbitos cronológicos igualmente coherentes, que huyan del establecimiento de analogías inconexas y de las relaciones basadas en caracteres independientes Dentro del estudio de las estructuras abovedadas, los argumentos contrarios sobre el origen y uso de las diversas tipologías se remontan a las investigaciones de principios de siglo. Así por ejemplo, la cúpula sobre pechina bizantina se entendió dentro de la evolución de las cúpulas romanas (Angelis D'Ossat, 1936: 3-12) y, por otro lado, como desarrollo de las cúpulas de Siria central y Armenia (Strzygowski, 1914), proponiendo precedentes que se remontan al siglo I d.C., donde se emplean placas que convierten los espacios cuadrados en octógonos que se suceden hasta alcanzar el perfil de la cúpula, y diferenciándolas frente a la Roma Occidental, donde supuestamente la cúpula y la pechina se funden al inscribirse el cuadrado en el círculo, siendo la primera cúpula de pechina conocida la de Santa Sofía de Constantinopla(Rosintal, 1912). En el estudio de las estructuras abovedadas peninsulares, será relevante la información que puedan aportar los métodos de lectura arqueológica de los edificios, con el objetivo de establecer una secuencia relativa de las etapas constructivas que han dejado su impronta en el monumento. Estos trabajos, permitirían una identificación de las partes originales medievales y de las posteriores refracciones que han modificado el aspecto de los edificios. Entre los aspectos a tener en cuenta en este estudio, junto al aquí presentado de la tipología, se debe considerar el material que constituye la bóveda. El tipo (ladrillo, piedra), origen (cantera o reutilización) y dimensiones del material empleado, su disposición, las huellas de los instrumentos utilizados para su talla y los elementos de unión (argamasa, a seco). La tecnología constructiva aplicada en la bóveda, la ubicación en la planta del edificio y su funcionamiento estructural, deben completar el estudio de cada ejemplo. Respecto a su origen y desarrollo, tanto desde el enfoque visigotista, que defiende una vía hispanorromana y bizantina de transmisión de formas, como desde el enfoque mozarabista, que se inclina por una vía omeya-andalusí, los paralelos anteriores, coetáneos y posteriores, deben también incluirse en ese marco coherente al que nos hemos referido, junto a los otros elementos característicos. Por motivos de espacio, se han escogido aquellos ejemplos que se consideran más relevantes, tanto arquitectónicamente como desde el punto de vista de la discusión histórica, dentro de la cual, la síntesis aquí presentada debe entenderse como un inicio de investigación que pueda abrir nuevas vías de estudio que ayuden a entender mejor nuestro arte altomedieval. BIBLIOGRAFÍA Angelis D'ossat, G. de: «Le Origini romane della cupola bizantina», RivistaRoma XIV, 1936, pp. 3-12. Aparicio Bastardo, J.A.: «La Iglesia de Santa María. San Vicente del Valle. Una construcción de época visigoda», Revista de Arqueología núm. 174, 1995, pp. 56-59. Arbeiter, A.: «Construcciones eon sillares. El paulatino resurgimiento de una técnica edilicia en la Lusitania visigoda», IV Reunió d' Arqueología Cristiana Hispánica, 1995, pp. 211-221. Id.: «Die Anfange der Quaderarchitektur im westgotenzeitlichen Hispanien», en Brenk, B. (ed.): Innomtion in der Spatantike, 1996, pp. 11-52. Arbeiter, A.; Noack-Haley, S. : Christliche Denkmaler des ji"ühen Mittelalters. Mainz am Rheim, 1999. Arias Páramo, L.: Prerrománico asturiano. El arte de la Monarquía Asturiana. Gijón, 1993. Azkarate Garai-Oluan, A.: «Aportaciones al debate sobre la arquitectura prerrománica peninsular: la iglesia de San Román de Tobillas (Álava)>>, Archivo Español de Arqueología núm. 68, 1995, pp. 188-214. Berrocal, L.: «San Miguel de los Fresnos», Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid núm. 18, 1991, pp. 229-317. Caballero Zoreda, L.; Cámara, L.; Latorre, P.; Matcsanz, P.: «La iglesia prerrománica de San Pedro el Viejo de Arlanza (Hortigüela, Burgos)>>, Numantia núm. 5, 1994, pp. 139-165. Caballero Zoreda, L.: «Un canal de transmisión de lo clásico en la Alta Edad Media española. Arquitectura y escultura de influjo omeya en la Península Ibérica entre mediados del siglo VIII e inicios del siglo X», AI-Qantara núm. XV, 1994, pp. 321-348 Y núm. XVI, 1995, pp. 107124. Id; Sanz, J.; Rodríguez Trobajo, E.; Alonso Matthias, F. (1999): «San Pedro de la Nave (Zamora). Excavación arqueológica en el solar primitivo de la iglesia y análisis por dendrocronología y Carbono-14 de su viga». Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos "F/orián de Ocampo", pp. 43-57. Id.; Arce, F.: «La iglesia de San Pedro de la Nave (Zamorajo Arqueología y Arquitectura», Archivo Espatlol de Arqueología, núm. 70,1997, pp. 221-274.