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Temas centrales del diálogo ciencia-fe en la actualidad

Arana Cañedo-Argüelles, Juan

Abstract

El trabajo quiere presentar los retos actuales en el diálogo entre la fe y la ciencia. Los retos no se encuentran en el descubrir temas comunes donde establecer el diálogo, sino en la actitud que deben adoptar el científico y el teólogo ante las cuestiones que se les plantean desde la otra parte. El teólogo que escucha las conclusiones del conocimiento científico está en mejores condiciones de dar razón de su fe, hoy. El científico cristiano que conoce la articulación de la fe tiene los horizontes de conocimiento mucho más despejados. La cuestión se aplica a varios aspectos actuales en este diálogo: el cuerpo y el alma, la relación de Dios con el mundo, el conocimiento de Dios a partir de lo creado, etc.

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TEMAS CENTRALES DEL DIÁLOGO CIENCIA-FE EN LA ACTUALIDAD [THE CENTRAL THEMES IN SCIENCE-FAITH DIALOGUE TODAY] JUAN ARANA Resumen: El trabajo quiere presentar los retos actuales en el diálogo entre la fe y la ciencia. Los retos no se encuentran en el descubrir temas comunes donde establecer el diálogo, sino en la actitud que deben adoptar el científico y el teólogo ante las cuestiones que se les plantean desde la otra parte. El teólogo que escucha las conclusiones del conocimiento científico está en mejores condiciones de dar razón de su fe, hoy. El científico cristiano que conoce la articulación de la fe tiene los horizontes de conocimiento mucho más despejados. La cuestión se aplica a varios aspectos actuales en este diálogo: el cuerpo y el alma, la relación de Dios con el mundo, el conocimiento de Dios a partir de lo creado, etc. Palabras clave: Ciencia, Fe, Diálogo. Abstract: This article presents the current problems in the dialogue between faith and science. The problems do not lie in the search for common issues on which dialogue can be established, but, in the attitude that the scientists and the theologian must adopt when they come up against the questions set by their counterparts. The theologian who listens to the conclusions of scientific knowledge is better prepared to explain his faith today. The Christian scientist who knows how the faith is structured has a clearer notion of the horizons of knowledge. This applies to various aspects of this dialogue: the body and soul, the relationship of God with the world, the knowledge of God from creation, and so on. Keywords: Science, Faith, Dialogue. 479SCRIPTA THEOLOGICA 39 (2007/2) 479-494 ISSN 0036-9764 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 479 1. ELDIÁLOGO CIENCIA-FE Y SUS RIESGOS ¿Qué puede esperar hoy en día el creyente del diálogo ciencia-religión? A la vista de la experiencia de los tres últimos siglos, hay que tomar muchas precauciones para que dicho diálogo no degenere en un ejercicio estéril cuando no perjudicial. Conviene aplicar una especie de «profilaxis» previa para sortear los principales obstáculos. En primer lugar habría que evitar ejercer este diálogo de una forma demasiado solemne e institucionalizada. De lo contrario, tienden a producirse situaciones como la siguiente: un portavoz oficial de la religión, por regla general un teólogo o un dignatario eclesiástico, se sienta frente a un científico laureado o un responsable de política científica. El intercambio de ideas sigue un protocolo bastante rígido: cada parte se atrinchera en el campo de su competencia y procura salir lo menos posible de él. Por eso ambas procuran buscar una zona intermedia para intercambiar concesiones o dirimir puntos en disputa. Suele suceder que el clérigo no es ignorante y tiene conocimiento de los asuntos científicos. Lo mismo el científico: sabe algo sobre religión, por experiencia personal o porque tiene un loable deseo de instruirse. Planteadas así las cosas el parlamento se desarrolla en un clima que oscila entre la educada deferencia y la cortés discrepancia. Quizá varios de ustedes piensen que no se puede pedir mucho más, pero a mí me parece un modo muy frío y poco prometedor de hacer las cosas. Opino que el diálogo ciencia-fe debería ser tema de meditación íntima de todos los hombres, puesto que la fe y el saber a todos conciernen y de todos requieren una respuesta madura. La ignorancia y la ausencia de credo personal no son estados recomendables para nadie. Cada uno de nosotros tiene que hacer un pequeño balance personal de lo que sabe y de lo que necesitaría saber, de lo que cree y debería creer. Saberes y creencias no son instancias ajenas; son factores complementarios. Aunque exploremos los casos extremos del espectro comprobaremos que, desde el hombre más racionalista hasta el más fideísta, todos conjugan certezas e incertidumbres, evidencias y obscuridades. Por eso se ha llegado a decir con fundamento que: «Nunca hubo conflicto entre razón y fe, sino entre dos fes»1. Convendría, en consecuencia, que todos los hombres diéramos vueltas al asunto según la capacidad de cada uno. El modelo a seguir, pienso, no es el de personas que han profundizado mucho en la fe y poco en la ciencia o viceversa, porque entonces se corre el peligro de aumentar las diferencias entre y una y otra, en lugar de buscar lo que tienen en común. No se trata de buscar abogados litigiosos, sino jueces ecuánimes. Lo importante no es cuál de las dos insJUAN ARANA 480 ScrTh 39 (2007/2) 1. N. GÓMEZ DÁVILA,Escolios a un texto implícito II, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá 1977, 89b. 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 480 tancias «gana» y cuál «pierde», ni tampoco quién se lleva el trozo más grande del pastel. Éste no es un juego de suma cero, sino una coyuntura en la que a la larga todos salimos ganando o perdiendo. Entiéndase que lo que propugno va más allá de pedir algo así como una «doble titulación» científico-religiosa para los gestores del diálogo ciencia-fe. De hecho, a veces se produce un efecto perverso cuando los interlocutores disponen de cierta información sobre el campo que no es su especialidad, porque tienden a convertir en prejuicios sus conocimientos previos: todavía no son expertos, pero ya han perdido la inocencia. En este sentido podría convenir dar el principal protagonismo en este tipo de coloquios a creyentes y científicos de gran entrega y vocación, pero no demasiado recargados de títulos y responsabilidades, si pretendemos que hablen de ciencia y religión, y no tanto de las relaciones entre instituciones científicas e instituciones religiosas. 2. EL CIENTÍFICO,EL TEÓLOGO,EL CREYENTE Es importante, por otro lado, distinguir claramente el diálogo entre ciencia y fe del diálogo entre ciencia y teología. Me atrevería a aconsejar que el primero anteceda y prepare el segundo, porque la conjunción de científico y teólogo abunda mucho menos que la de científico y creyente. Más aún: si tomamos la palabra fe en el sentido amplio de «creer en lo que no vemos», no ha existido ni existirá científico alguno que carezca de ella. Si me perdonan una matización incómoda, no siempre está garantizado en cambio que el teólogo sea creyente, en cuyo caso, cuando toca el tema de la relación entre ciencia y fe, habla de dos cosas que desconoce. Admito que incluso en ese supuesto que tampoco es la regla, gracias a Dios, el teólogo tiene por metodología y talante bastante de científico. Con todo, cuando se pone a hablar con el hombre de ciencia apoyándose en ese bagaje común acaba por conformarse con aproximaciones tangenciales y tiende a dejar a un lado las cuestiones de fondo. En efecto: mientras el parentesco entre científico y teólogo es formal, la afinidad entre científico y creyente se refiere más bien a su actitud personal frente a los contenidos, frente a la verdad que ambos buscan. No creo necesario aclarar dónde están los asuntos que con mayor urgencia y profundidad conviene tratar. Por otro lado, los obstáculos semánticos se multiplican cuando científicos y teólogos se sientan frente a frente: con demasiada frecuencia las palabras pronunciadas se entienden en una clave inadecuada, porque cada cual se empeña en oír sólo lo que supone de antemano que va a decir su interlocutor. Al final cada cual se escucha a sí mismo y convence o refuta al símil de adversario que ha sacado del bolsillo. El fenómeno que estoy describiendo es muy antiguo. Ambos TEMAS CENTRALES DEL DIÁLOGO CIENCIA-FE EN LA ACTUALIDAD 481ScrTh 39 (2007/2) 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 481 colectivos acumulan una larga historia de desencuentros y cada grupo la ha historiado a su manera. Ésa es la razón de que resulte ímproba la tarea de explicar el curso, por poner un ejemplo, del caso Galileo, cuando se presupone que Galileo era única y exclusivamente científico, y sus jueces única y exclusivamente teólogos. Sobre esta base importa poco lo que digan los documentos: se toma partido por uno o por otros y se actúa en consecuencia. En cambio, cuando asumimos el hecho de que tanto Galileo como Belarmino eran hombres de fe, el conflicto no pierde dramatismo y resulta mucho más aleccionador para comprender las relaciones entre ciencia y religión. Con las antedichas generalizaciones parece que estoy queriendo disminuir la importancia del papel que corresponde a la teología en el tema que tratamos. Muy al contrario, pienso que corresponde al teólogo dar razón del lugar de la ciencia en el horizonte del destino humano y la economía de la salvación. Precisamente el error de los teólogos que condenaron a Galileo fue no saber reconocer ese lugar o, por decirlo de otra manera, no querer dar al César lo que es del César. El error de Galileo en cambio fue intentar oficiar de teólogo sin serlo, esto es, pretender que el propio científico determine cuándo hay que consultar el libro de la naturaleza y cuándo uno debe remitirse a la Revelación. En definitiva, a la teología compete determinar dónde termina su fuero y empieza el de la razón científica; mientras que la ciencia nunca sabe con exactitud hasta dónde llega su jurisdicción. En lo que atañe a la perspectiva de conjunto nunca debe el científico tratar de arrebatar al teólogo la primacía; en cambio en lo que se refiere a la letra pequeña del cosmos el teólogo puede muy fácilmente saltarse un renglón o dos si no atiende a quien por oficio se dedica a cotejarla una y otra vez. Voy a tratar de ilustrar esto último con un ejemplo histórico más reciente. 3. IMPORTANCIA DE LAS CUESTIONES LIMÍTROFES El año 1948 se celebró un debate radiado sobre la existencia de Dios en el que intervinieron Bertrand Russell y Frederick Copleston. A decir verdad, ni el primero era propiamente un científico ni el segundo un teólogo. Ambos eran filósofos, pero Russell apostaba claramente por la ciencia y Copleston por la teología. En el curso de la controversia se utilizó un argumento científico y desde mi punto de vista los dos lo utilizaron mal. Copleston trataba de asentar la existencia de Dios por la vía de la contingencia. Venía a decir que el universo se compone de una serie de eventos no necesarios que por fuerza han de tener una causa ajena a la serie. En este punto Russell objetó: «hablando de cosas que JUAN ARANA 482 ScrTh 39 (2007/2) 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 482 no tienen causa, los físicos nos aseguran que la transición individual cuántica en los átomos no tiene causa»2. Copleston reaccionó diciendo que la teoría cuántica es algo provisional y que seguramente no tiene que ver con la realidad misma del mundo, sino sólo con nuestras observaciones, etc. Aunque el punto sea algo sutil, permítanme que lo explore brevemente, porque quiero defender la tesis de que tanto los científicos como los teólogos tienden a ser perezosos respecto a detalles que pueden ser cruciales cuando discuten asuntos que están a caballo entre sus respectivos campos, mientras que afinan todo lo que haga falta cuando dirimen cuestiones centrales de su propia especialidad. Poca duda cabe de que si todas las cosas del universo son causadas, tiene que haber una causa exterior al universo mismo para que éste exista. Ahora bien, si no matizamos la noción de causa —distinguiendo por ejemplo entre causa metafísica o primera y causa física o segunda— resulta que para que el argumento funcione todo tiene que tener por igual una causa determinante y entonces Dios ha tenido que crear un mundo determinista, férreamente prefijado y sin espacio para la libertad. Ése es precisamente el tipo de determinismo que ha preconizado el materialismo científico y resulta paradójico que en su afán por asentar la presencia del Creador Copleston comprometiera la presencia del espíritu en el mundo, que precisamente se manifiesta a través de procesos que escapan a las causas meramente físicas. Russell, por supuesto, tampoco deseaba realizar un alegato en pro del espiritualismo: lo único que pretendía en ese momento era cerrar una puerta de acceso al conocimiento de la existencia de Dios. A la hora de explicar el pensamiento humano se olvidaba de las contingencias cuánticas y recurría a los procesos cerebrales supuestamente reductibles a reacciones bioquímicas. Perdónenme la caricatura, pero en un caso así no puedo dejar de recordar la gráfica expresión kantiana: «mientras uno ordeña el macho cabrío, el otro sostiene el cedazo». Absurdo es intentar ordeñar un macho, e igualmente absurdo recoger el producto en un cedazo. ¿No hubiera sido más productivo para el teólogo advertir que la causalidad trascendente ejercida por Dios no está constreñida a enlazar las creaturas únicamente por medio de leyes y causas físicas, y que puede muy bien permitir y hasta propiciar que se produzcan en el mundo eventos que la física no puede ni podrá nunca prever? La vigencia del argumento de la contingencia se mantiene incólume sin necesidad de tener que sostenerlo sobre causas segundas de un tipo único. En cambio, el hecho de que la mecánica cuántica haya encontrado límites a la posibilidad de determinar el devenir del mundo en función de los conceptos físicos clásicos, ofrece un argumento muy plausible para sostener que el mundo es un todo uniTEMAS CENTRALES DEL DIÁLOGO CIENCIA-FE EN LA ACTUALIDAD 483ScrTh 39 (2007/2) 2. Véase B. RUSSELL y F.C. COPLESTON,Debate sobre la existencia de Dios, Teorema, Valencia 1978, 25. 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 483 tario pero no monolítico. Con ello da una nueva oportunidad para defender que coexisten en él sin contradicción la dimensión material y la espiritual, lo que de paso nos libra de tener que depender de un dualismo como el de Descartes. Me parece que llamar la atención de los teólogos sobre las posibles implicaciones teológicas de las grandes teorías científicas es un reto que podemos plantearles los creyentes, desde la razón o desde la ciencia. 4. ¿COLABORACIÓN O PUGNA? Antes de seguir entrando en materia me gustaría hacer otra acotación histórica. A primera vista parece que cuando científicos y teólogos se han enfrentado, han sido éstos últimos los que a la larga han llevado las de perder. ¿Cuál es motivo de esta desventaja? Durante bastante tiempo la ciencia ha contado con la novedad de su presencia y la pujanza de su crecimiento. En ella se depositaron en el pasado muchas esperanzas. Hoy las aguas van volviendo a su cauce y ya son muy pocos los que cifran en ella el remedio a todos los males de la humanidad. Incluso se le achacan a veces nuestras presentes dificultades. Se dan pues las condiciones para una evaluación más justa de sus posibilidades y para un diálogo más equilibrado y enriquecedor con la religión. Es una situación relativamente inédita que también exige un cambio de actitud en los interlocutores. No hay que olvidar, en efecto, que en el grupo de los que han defendido la religión frente a ataques provenientes de la ciencia existen diversas actitudes y estilos. El que menos me atrae es el estilo «triunfador», que adoptan a veces algunos campeones de la fe. No les basta con tener razón, sino que además quieren tenerla de un modo apabullante, con lo que de paso disminuyen el mérito de su alegato. Creo que no estaría de más recordar en este contexto el siguiente aforismo de Nicolás Gómez Dávila: «El honor del apologista cristiano está en ser probo con el diablo»3. Quizás estén ustedes de acuerdo conmigo en que la consigna es atinada, porque al fin y al cabo nadie como un cristiano ha de aceptar el principio de que el fin no justifica los medios. Pero hay además otro motivo para hacerlo así. En virtud de los desencuentros que he evocado las partes están insensibilizadas respecto a la bondad de la causa ajena, y encastilladas en sus propias verdades. Al que tenga la vocación de hacer trabajo apostólico entre mentes cientificistas, le pasará un poco lo que a Charles de Foucault cuando decidió consagrar su vida a predicar en tierra de musulmanes: muchos sinsabores y muy pocos resultados visibles. JUAN ARANA 484 ScrTh 39 (2007/2) 3. N. GÓMEZ DÁVILA,Escolios a un texto implícito I, cit., 171e. 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 484 5. LOS TEMAS DEL DEBATE: ¿QUÉ DISTANCIA HAY ENTRE CIENCIA YRELIGIÓN? Hechas todas las salvedades precedentes paso ya a esbozar un guión de los principales temas que centran el diálogo entre ciencia y fe en la actualidad. No voy a intentar contemplar la cuestión desde fuera. Trataré de adoptar el punto de vista del teólogo, o del interesado en teología, para averiguar cómo sacar el máximo provecho posible del diálogo con la ciencia. La enumeración dista de ser exhaustiva o sistemática. Sólo voy a espigar algunas de las cuestiones que presumiblemente nos mantendrán ocupados durante los próximos años y tal vez decenios. La primera cuestión no es sustantiva sino estratégica: ¿A qué distancia hay que situar la ciencia de la fe? La respuesta ha de oscilar por fuerza entre los extremos de que no tienen nada que ver entre sí o que tienen tanto en común que en realidad son lo mismo. Es importante acertar y no pasarse en un sentido u otro, porque aquí pasa un poco como en la fábula de los erizos que pernoctan en una cueva: si se acercan demasiado se lastiman unos a otros, si se alejan en exceso dejan de darse calor. Vale la pena recordar que a principios de la edad moderna muchos tendieron a confundir la fe con la razón, y luego con la ciencia cuando ésta se puso de moda. Bastantes autores ingleses tomaron esta postura, en busca de remedio a la fragmentación sufrida por la religión cristiana durante la turbulenta época de la Reforma. Libros de títulos tan sorprendentes como El cristianismo tan antiguo como la creación de Tindall, o Cristianismo no misterioso de Toland, revelan el sesgo racionalista de esta corriente. Sin llegar tan lejos, la asimilación del cristianismo y la nueva ciencia no fue un fenómeno insólito. John Craige, por ejemplo, publicó en 1699 unos Principios matemáticos de la teología cristiana, con los que remedaba la archifamosa obra de Newton Principios matemáticos de la filosofía natural. No siempre había tras estos trabajos la pretensión de suplantar la fe con la razón o la ciencia, sino que a menudo intentaban simplemente apuntalarla demostrando la armonía que había entre ellas. La mayor parte de los creadores de la ciencia moderna eran espíritus piadosos y pretendieron extraer de sus investigaciones argumentos de credibilidad para las verdades de la fe. Así surgieron géneros como la teología física o la astro-teología, que tuvieron extraordinario auge en el primer tercio del siglo XVIII. No en vano lo llamamos el Siglo de la razón, pues también lo fue para un sector significativo de devotos. La idea rectora de los teólogos físicos era que muchos contenidos de la religión pueden ser refrendados por las conquistas de la ciencia. Así, el newtoniano William Whiston publicó en 1696 una Nueva teoría de la tierra, donde trató de refrendar el relato bíblico del diluvio universal con la fantasía de un cometa enviado por Dios para cambiar la inclinación del eje terrestre de rotación e inundar todo el orbe con la humedad de TEMAS CENTRALES DEL DIÁLOGO CIENCIA-FE EN LA ACTUALIDAD 485ScrTh 39 (2007/2) 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 485 su cola. Podemos colegir el cúmulo de despropósitos que llegaron a ser alegados en pro de las más dudosas interpretaciones del Antiguo y Nuevo Testamento. El celo apologético puede muy bien perecer víctima de sus excesos y, por quererlo probar todo, acaba por no probar nada. Buffon, científico de esa misma época que no se distinguía por su fervor, sacó una conclusión que la mayoría de los creyentes avalaría hoy en día: «Siempre que se tenga la temeridad de querer explicar con razones físicas verdades teológicas, de permitir interpretar con puntos de vista puramente humanos la palabra divina de los libros sagrados, de querer razonar sobre los designios del Altísimo y la ejecución de sus decretos, se caerá necesariamente en la tiniebla y el caos»4. Bien es cierto que el mismo Buffon empleó el cometa que prohibía usar en la explicación del diluvio para dar cuenta del origen de los planetas. Pero cuando una teoría científica fracasa, se arroja a la papelera y ya está. En cambio, cuando una conjetura apologética resulta fallida parece que lo que se deprecia no es ella misma, sino la tesis religiosa que pretendía apoyar. Nunca he acabado de averiguar por qué. 6. LATESIS DE LA SEPARACIÓN RADICAL El caso es que tras unas cuantas experiencias desgraciadas, iglesias y creyentes empezaron a cuestionar la capacidad de la razón científica para otorgar auxilios fiables a la fe, y la tesis de la separación tajante entre lo científico y lo religioso ha sido moneda corriente en ambientes piadosos, de lo que constituye una muestra representativa la actitud del científico y epistemólogo católico Pierre Duhem: «¿Cómo podríamos haber pensado que la evolución experimentada por nuestras opiniones de físico podía tener importancia para nuestra fe católica? ¿No habíamos conocido cristianos, tan sinceros como ilustrados, que creían ciegamente en las explicaciones mecanicistas del Universo material? ¿No habíamos conocido cristianos ardientes partidarios del método inductivo de Newton? ¿No saltaba a los ojos, a los nuestros y a los de todo hombre de sentido común, que objeto y naturaleza de la teoría física eran cosas ajenas a las doctrinas religiosas y sin contacto alguno con ellas?»5 JUAN ARANA 486 ScrTh 39 (2007/2) 4. C. DE BUFFON,Histoire naturelle, générale et particulière, Imprimerie Royale, Paris 1749-1767, vol. I, 178-179. 5. P. Duhem, citado en S.L. JAKI,La ciencia y la fe. Pierre Duhem, Encuentro, Madrid 1996, 173. 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 486 Dejando a un lado los detalles de un debate que dura ya siglos, quisiera afirmar que la tesis de la separación radical responde a una estrategia defensiva. Quien corta el diálogo es la parte que lo ve como amenaza. En la misma época en que Duhem distinguía de un modo tan tajante ciencia y religión, la mayor parte de los cientificistas trataban de refutar positivamente la religión en nombre de la ciencia, precisamente porque hacían de la ciencia un sucedáneo de la religión. Hoy ya casi nadie lo cree, y lo que se intenta es simplemente que el hombre aprenda a vivir sin religión. Esto en cierto modo invierte la relación de fuerzas, y ahora es el científico «puro» el que se siente en una posición más frágil y empieza a sumarse con calor a la tesis de la separación radical. Valga como ejemplo representativo el libro de Stephen Gould Ciencia versus religión. Un falso conflicto. Gould es, mejor dicho, era un agnóstico radical y en la siguiente cita podremos apreciar su propuesta: «No veo de qué manera la ciencia y la religión podrían unificarse, o siquiera sintetizarse, bajo un plan común de explicación o análisis; pero tampoco entiendo por qué las dos empresas tendrían que experimentar ningún conflicto. La ciencia intenta documentar el carácter objetivo del mundo natural y desarrollar teorías que coordinen y expliquen tales hechos. La religión, en cambio, opera en el reino igualmente importante, pero absolutamente distinto, de los fines, los significados y los valores humanos, temas que el dominio objetivo de la ciencia podría iluminar, pero nunca resolver. [...]Propongo que encapsulemos este principio básico de la no interferencia respetuosa [...] enunciando el principio de los magisterios que no se superponen»6. Un apologista agresivo podría sentirse tentado a aprovechar este desfallecimiento del adversario para contraatacar. Pero eso sería hacer un flaco servicio tanto a la ciencia como a la religión. No es poniendo de rodillas a la razón como prosperará la fe en el siglo XXI, sino ayudándola a realizar bien su trabajo, a desarrollar todas sus posibilidades y a no abusar temerariamente de ellas. La crisis de la confianza depositada por la sociedad en la ciencia se debe a que en su nombre se hicieron varias promesas que luego no fue posible cumplir, y fundamentalmente dos. Primera, que la ciencia ayudaría al progreso ético de la humanidad, facultándola para hacer buen uso del poder que ponía en sus manos. Segunda, que la ciencia remediaría sin excepción nuestros males y satisfaría con holgura nuestros sueños. El diálogo cienciafe es hoy más necesario que nunca para reparar las secuelas de este doble fracaso. TEMAS CENTRALES DEL DIÁLOGO CIENCIA-FE EN LA ACTUALIDAD 487ScrTh 39 (2007/2) 6. S.J. GOULD,Ciencia versus religión. Un falso conflicto, Crítica, Barcelona 2000, 11-12. 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 487 materia en búsqueda de inmensas reservas de energía y exóticas propiedades matemáticas. En último término y siempre en nombre de un malentendido antiespiritualismo, se acaba convirtiendo la materia en una fuente de infinita variedad formal, como puede comprobar cualquiera que se asome por ejemplo a versiones especulativas de las teorías cosmológicas inflacionarias. El escepticismo de los hombres de fe frente a estas artificiosas tramoyas gnósticas o panteístas ha sido en los últimos tiempos el mejor aliado de la ciencia para desembarazarla de tan peligrosas asimilaciones. 12. CONCLUSIÓN Termino mi exposición. No he querido ofrecer una información completa, detallada y puesta al día de los puntos donde el diálogo ciencia-fe es más intenso y prometedor. Quise ayudar a atisbar cómo podemos unir en un solo haz tantas y tan importantes cuestiones. Por eso me entretuve en presentarles algunas consideraciones históricas sobre el ayer de los debates con ánimo de mejor comprender el hoy. También creo que merece la pena detenerse a reflexionar sobre las bases mismas de la confrontación para que sea menos hostil, más amistosa, y sobre todo más rica en enseñanzas para todos. Juan ARANA Departamento de Filosofía y Lógica Universidad de Sevilla SEVILLA JUAN ARANA 494 ScrTh 39 (2007/2) 07.144 - 10. Arana Cuad. 18/5/07 13:58 Página 494