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Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 184 Instructions for authors, subscriptions and further details: http://brac.hipatiapress.com Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia en el Arte Belén León-Río1 1) Departamento de Escultura e Historia de las Artes Plásticas, Facultad de Bellas Artes, Universidad de Sevilla. Date of publication: June 3rd, 2021 Edition period: June 2021 - October 2021 To cite this article: León-Río, B. (2021). Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia en el Arte. Barcelona, Research, Art, Creation, 9(2), pp. 185213. doi: 10.17583/brac.2021.4332 To link this article: http://dx.doi.org/10.17583/brac.2021.4332 PLEASE SCROLL DOWN FOR ARTICLE The terms and conditions of use are related to the Open Journal System and to Creative Commons Attribution License (CC-BY).
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 185 The Qualia and the Experience of Consciousness in Art Belén León-Río Departamento de Escultura e Historia de las Artes Plásticas, Facultad de Bellas Artes. Universidad de Sevilla. (Received: 25 March 2019; Accepted: 13 April 2021; Published: 3 June 2021) Abstract Our life would be surrounded by a universal property called qualia that would constitute the everyday qualities of existence that would encompass among other things our sensations, perceptions, feelings and intuitions so that we would experience the world in the form of qualia such as light, sound, color, the shape or texture. These qualities would give cohesion to our senses and would have an important role in the art world to be closely linked to our subjective world. In this article we will see how our consciousness would create reality manifesting itself in art through various perceptual experiences related to a qualia network where introspection, intuition, imagination, and creativity would also enter into a more subtle plane. The qualia would help the artist to project himself into everything he would experience, not only in the act of observing but also in the same artistic processes where emotions would be translated into symbols that would enhance our evolution, as the next leap we would make would have to do with our consciousness. Keywords: Qualia, consciousness, reason, intuition, subjectivity, unconscious BRAC - Barcelona Research Art Creation. Vol. 9 No. 2, June 2021, pp. 185-213 2021 Hipatia Press ISSN: 2014-8992 DOI: 10.17583/brac.2021.4332
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 186 Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia en el Arte Belén León-Río Departamento de Escultura e Historia de las Artes Plásticas, Facultad de Bellas Artes. Universidad de Sevilla. (Recibido: 25 marzo 2019; Aceptado: 13 abril 2021; Publicado: 3 junio 2021) Resumen Nuestra vida estaría rodeada por una propiedad universal llamada qualia que constituiría las cualidades cotidianas de la existencia que abarcaría entre otras cosas nuestras sensaciones, percepciones, sentimientos e intuiciones de manera que experimentaríamos el mundo en forma de qualia como la luz, el sonido, el color, la forma o la textura. Estas cualidades darían cohesión a nuestros sentidos y tendrían un importante papel en el mundo del arte al estar estrechamente unidas a nuestro mundo subjetivo. En este artículo veremos cómo nuestra consciencia crearía la realidad manifestándose en el arte mediante diversas experiencias perceptivas relacionadas con una red de qualia donde también entrarían en un plano más sutil la introspección, la intuición, la imaginación, y la creatividad. Los qualia ayudarían al artista a proyectarse en todo lo que experimentaría, no sólo en el acto de observar sino también en los mismos procesos artísticos donde las emociones se traducirían en símbolos que potenciarían nuestra evolución pues el siguiente salto que demos tendría que ver con nuestra consciencia. Palabras clave: Qualia, consciencia, razón, intuición, subjetividad, inconsciente 2021 Hipatia Press ISSN: 2014-8992 DOI: 10.17583/brac.2021.4332 BRAC - Barcelona Research Art Creation. Vol. 9 No. 2, June 2021, pp. 185-213
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 187 D. Chopra y M. C. Kafatos afirman como viviríamos en un mundo cuántico multidimensional donde nos proyectaríamos en todo lo que experimentamos no sólo en el acto de observar, sino que también participaríamos en la realidad que surge, de manera que nuestra percepción sería “un acto de participación en la realidad” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 285). El ser humano experimentaría el mundo en forma de “qualia” que constituirían las cualidades cotidianas de la existencia, siendo “el aglutinante que da cohesión a los cinco sentidos” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 287), como la luz, el sonido, el color, la forma o la textura, considerando estos autores como la realidad constaría de “estados variables e intercambiables” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 299) que emanarían de una misma fuente: la consciencia” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 299). Para D. Chopra y M. C. Kafatos el universo se basaría en la consciencia obedeciendo al mismo tiempo tanto a las leyes naturales como a nuestros pensamientos, llamando la atención de como la física cuántica habría demostrado como “el universo no tendría una base sólida, fija ni tangible” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 328), por lo que estos autores han concluido basándose en estas premisas que todo esto nos llevaría a la “ciencia cuálica” introduciendo un término nuevo al que llaman “los qualia”: Los qualia se refieren al modo en que experimentamos la vida, más qué a cómo la medimos. La palabra qualia, que en latín significa “cualidades”, designa un mundo tan extenso como el de la física cuántica, pero apunta en sentido opuesto: no a los objetos físicos, sino a la experiencia subjetiva. (Chopra y Kafatos, 2017, p. 286) D. Chopra y M. C. Kafatos afirman como la subjetividad tendría gran importancia en el mundo de los qualia, llamando la atención de cómo en su terreno de juego disfrutaríamos “de una libertad creativa infinita” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 289). Todo esto es aplicable igualmente al mundo del arte pues como decía C. G. Jung, cada creador tendría una imagen particular y distinta de reproducir la realidad debido a la influencia del factor subjetivo, como vemos en las obras de arte en las que se reproducirían objetos externos, de forma que si un mismo paisaje fuera pintado por diversos pintores que intentaran reproducirlo fielmente, comprobaríamos que las obras resultantes no serían iguales, no por la capacidad más o menos desarrollada de los distintos pintores, sino porque sus sensaciones se basarían C
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 188 preponderantemente en el componente subjetivo de la percepción, donde cada uno vería el paisaje distinto e incluso en alguna obra se puede manifestar “una pronunciada diversidad psíquica en la atmosfera y en el movimiento del color y de las figuras. Esas propiedades delatan una intervención más o menos fuerte del factor subjetivo” (Jung, 1994, p. 465). Miró decía sobre su forma de representar las cosas: Pronto me di cuenta, que era necesario ir más allá del espíritu de miniatura; mucho más allá. Que era necesario permitir que el detalle se expandiera, para que se confundiese con el todo; para que la gente tuviera la sensación de que estaba allí, aun cuando no lo hubiera podido ver antes. (como se citó en Erben, 1998, p. 175) E. R. Kandel señala como existiría “una gama universal de emociones que todas las personas pueden sentir, recordar y comunicar” (Kandel, 2014, p. 353), como ocurre con el arte moderno del siglo XX donde los artistas plásticos investigaron la manera de comunicar con el espectador a través de nuevas claves como exagerar sus realizaciones formales, distorsionar el color o el uso de nuevas iconografías, además de recurrir “al recuerdo de vivencias emocionales similares por parte del observador y a su capacidad de reconocer referentes históricos claros y de entender el significado de los símbolos” (Kandel, 2014, pp. 353-254). Los qualia estarían íntimamente relacionados con el arte al ser experiencias subjetivas donde entrarían no sólo nuestras percepciones, cogniciones, o efectos mentales, “como los sentimientos de amor, compasión, sufrimiento, hostilidad, placer sexual y éxtasis religioso” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 289), sino que también entrarían en un plano más sutil la “introspección, intuición, imaginación, creatividad” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 289). Según D. Chopra y M. C. Kafatos la materia estaría “abarcada por la misma matriz que contiene los pensamientos y los sueños” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 151), de manera que los qualia variarían en función del estado de nuestra consciencia, este hecho podemos constatarlo en las reflexiones de Paul klee sobre el color en su obra Teoría del arte moderno donde señala como el artista presentiría la creación, haciendo entrar las cosas en el movimiento de nuestra realidad haciéndolas visibles: “El iniciado presiente el punto original de vida. Posee algunos átomos vivientes, posee cinco pigmentos vivos: los elementos de la forma, y conoce un pequeño sitio gris de donde puede lograr el salto del caos al orden” (Klee, 2007, p. 54). Sri Aurobindo relaciona la consciencia con la intuición, a la que define como “una consciencia-de-sí” que sentiría, percibiría y captaría su propia
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 189 verdad, naturaleza, y poder directamente en su sustancia y en sus aspectos, en lugar de analizar sus mecanismos. Señalando como la sobremente o “mundo de los dioses” sería la cima de nuestra humanidad mental actual, siendo de allí, donde los artistas, poetas, místicos y grandes profetas sacan su inspiración o sus revelaciones, como vemos en el siguiente texto de Platón que Sri Aurobindo interpreta como una expresión mental del filósofo griego sobre la realización de la Sobremente: El mundo de los sentidos es la copia del mundo de las Ideas. En nuestro mundo visible hay una gradación de los seres… Lo mismo es válido para el reino o esquema inteligible del mundo; las Ideas son unidas conjuntamente por otras Ideas de un orden superior… Las Ideas crecen continuamente en generalidad y fuerza hasta que se alcanza la cúspide, la última, la más alta, la Idea más poderosa: el Bien, que comprende, contiene o resume el sistema entero. (como se citó en Kiran, 2004, pp. 29-30) Sri Aurobindo señala como a la sobremente le seguiría la supermente, el “mundo solar” de los Vedas, que sería el próximo paso de nuestra evolución. Esta ascensión a los primeros niveles no sería el final ya que nos quedarían planos todavía más elevados por descubrir en el mundo supramental como decían los antiguos poetas védicos: “Los sacerdotes de la palabra suben por ti como por una escalera, oh, tú, el de los cien poderes. A medida que se asciende de una a otra cima, se ve nítidamente lo mucho que queda por hacer” (como se citó en Aurobindo, 2002, p. 302). Para Sri Aurobindo el motivo principal de nuestra evolución sería la emergencia y crecimiento de la consciencia, esta evolución partiría desde el nivel más bajo en el inconsciente trabajando en el seno de la materia. La consciencia y no la vida y la forma constituiría el principio de nuestra evolución, aunque la vida y la mente serían peldaños e instrumentos de esta evolución donde el pensamiento puede ser utilizado “no como la mente, sino guiado por algo así como un instinto material inherente prácticamente infalible en todos sus pasos, todavía no cognitivo, pero milagrosamente creativo” (Aurobindo, 2004, p. 87). La poesía, el arte la filosofía y la organización perfecta de nuestra vida terrestre deben ser elevadas “y las posibilidades ya alcanzadas o cuales quiera perfección ya conseguida tienen que ser integradas en una perfección nueva y superior con una visión e inspiración más amplias de una consciencia espiritual y con nuevas formas y poderes” (Aurobindo, 2004, p. 19). M. Kaku cree que, a pesar de todos los milagrosos avances en escáneres cerebrales y alta tecnología, muchos investigadores piensan que nunca
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 190 entenderemos el secreto de nuestra consciencia, ya que estaría fuera del alcance de nuestros conocimientos científicos actuales a los que califica de deficientes. Para este autor la consciencia sería más fundamental que los átomos, las moléculas y las neuronas, siendo la entidad fundamental del universo, incluso por encima de los átomos: “El mundo material puede aparecer o desaparecer, pero la consciencia permanece como elemento definitorio. Eso significa que ésta última, en cierto sentido, crea la realidad.” (Kaku, 2014, p. 429) M. Kaku llama la atención al respecto de cómo Eugene Wigner que estableció los cimientos de la mecánica cuántica concluyó como no se podía “formular las leyes (de la teoría cuántica) de una manera completamente consistente sin hacer referencia a la consciencia” (como se citó en Kaku, 2014, p. 429). D. Chopra y M. C. Kafatos señalan como los qualia nos permitirían “conectar todo entre sí a través de una propiedad común. Todo es un aspecto de un campo único de la consciencia” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 331). Diciendo como el dominio cuántico sería un plano más de los qualia, teniendo características mentales ya que nuestra mente adoptaría la apariencia de cuantos” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 203). La física al entrar en el dominio de lo cuántico se habría introducido en el estado virtual y a pesar de que es invisible e intangible no por ello sería menos real, nombrando a autores como Von Neumann que afirma como la realidad tendría un componente psicológico, o el físico Max Planck que dice como: “Toda materia se origina y existe únicamente en virtud de una fuerza. Debemos suponer que tras esta fuerza existe una mente consciente e inteligente, esta mente es la matriz de toda la materia” (como se citó en Chopra y Kafatos, 2017, p. 151). También K. Korotkov relaciona nuestra consciencia con la electrodinámica cuántica, este autor partiría del concepto de la triple manifestación de la naturaleza humana que posibilitaría el paso de un modelo primitivo que concibe al individuo como una máquina biológica “a la noción del hombre como la quintaesencia del Espíritu Divino. De manera curiosa, estas ideas tienen paralelos directos con los conceptos científicos modernos, en particular, la teoría del campo cuántico” (Korotkov, 2015, p. 193). En la electrodinámica cuántica, la consciencia sería un efecto del sistema que no dependería de una parte particular del cuerpo, ni tan siquiera del cerebro, sino del sistema como un todo: Podemos atribuir cierto nivel de conciencia a cada célula del organismo o a un órgano en particular, pero para lograr un alto nivel de conciencia necesitamos una actividad coordinada de todas las células, de todos los
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 191 órganos. La electrodinámica cuántica opera con la noción de un sistema que consta de muchos elementos, por eso se puede aplicar a la construcción de la teoría de la consciencia. (Korotkov, 2015, p. 158) El Arte y los Qualia en los Procesos Perceptivos, Relacionados con la Creación y Recreación del Arte Nuestra experiencia del cuerpo y de nuestra actividad mental sería una experiencia qualica que los artistas investigan en sus creaciones. El artista Stahl Stensilie junto con Kirk Wofford recurrieron en 1994 a las nuevas tecnologías para experimentar con interfaces de realidad virtual para ello utilizaron el cuerpo humano como interfaz de dialogo a través del tacto, llegando Stahl a través de estas experiencias a concluir como el cuerpo sería: […] un objeto físico unitario e individual con una esperanza de vida de unos setenta años, y por otra ha dado un salto espectacular a un yo múltiple y trascendental de realidades mediatizadas. La cuestión ya no es qué o quién soy, sino lo que puedo llegar a ser. (como se citó en Warr y Jones, 2006, p. 188) Para D. Chopra y M. C. Kafatos la mente humana tendría una aspiración de conocer la realidad mediante los qualia que abarcarían no sólo los cinco sentidos, sino también “las sensaciones, las imágenes, los sentimientos y los pensamientos de la mente” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 300). Estos qualia serían subjetivos y tendrían que ver entre otras cosas con las sensaciones, sentimientos o pensamientos: “El aroma de una rosa es un quale (quale es el singular de qualia), como también son qualia la textura aterciopelada de sus pétalos, sus colores y matices, sus sombras y sus pliegues” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 287). El color sería una manifestación de la consciencia y al ser qualia puede ser alterado por el estado de consciencia en que nos encontremos. N. Farouki llama la atención de como los científicos se encontrarían con numerosos interrogantes que tendrían que ver con nuestra existencia, preguntándose si esta realidad sería absoluta, en sí, o una mezcla entre una realidad desconocida y nuestras capacidades sensoriales: El mundo, tal como lo vemos, no es una simple ilusión; evidentemente, depende mucho de nuestras percepciones (el color, por ejemplo, proviene de la luz; en sí misma, la naturaleza no está coloreada). Pero, globalmente, lo que dicen nuestros sentidos es un aspecto de la realidad de la que no se puede negar, en el marco de un método científico que
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 192 confía plenamente en la observación, ni la existencia ni el valor. (Farouki, 1994, pp. 94-95) F. Wilczek dice que habría mujeres que podrían “discriminar entre mezclas de colores espectrales que la mayoría de la gente percibe como indistinguibles” (Wilczek, 2016, p. 163). Este autor señala como la mayoría del espectro electromagnético se escaparía a nuestra visión como ocurre con casi toda la radiación electromagnética que viene del Sol, ésta al penetrar la atmósfera se concentraría “cerca de la parte más útil a la que se pueden sintonizar las criaturas terrícolas. Es decir, es donde la señal se enciende” (Wilczek, 2016, p. 163). Admirándose de como la “entidad que percibiríamos como espacio vacío es un conductor de muchas capas y multicolor” (Wilczek, 2018, pp. 84-85). Kandinsky decía que si paseamos los ojos por una paleta llena de colores podríamos obtener un efecto “puramente físico” y un efecto “psicológico” producido por la contemplación del color, aquí la impresión superficial del color se podría convertir en vivencia, la sensación física penetraría más adentro despertando sensaciones más profundas y provocando toda una serie de vivencias psicológicas: “Aquí aparece la fuerza psicológica del color, que provoca una vibración anímica. La fuerza física elemental es la vía por la que el color llega al alma” (Kandinsky, 2010, p. 52). E. H. Gombrich señala como el arte del siglo XX en su mayoría, se orientaría hacia la sinestesia ya que aspiraría a representar el mundo mental, mediante formas y colores que equivaldrían a emociones, diciendo como la mayoría de las personas experimentaría imágenes sinestesias con mayor o menor intensidad: ¿No son completamente subjetivas y privadas, inaccesibles e incomunicables? ¿Pueden darse auténticos descubrimientos objetivos de concordancias buenas y mejores en tan huidizos dominios, cómo se daban en el descubrimiento de analogías visuales para la experiencia visual? (Gombrich, 2002, p. 311) J. Itten en su obra El arte del color señala como cada color espectral se puede medir mediante el número de vibraciones o su longitud de onda, pero el color se generaría en el ojo y en el cerebro, ya que “las ondas luminosas en sí no tienen color” (Itten, 2020, p. 27). Este hecho sería un misterio, es decir como seriamos capaces de reconocer estas ondas: “Solo se sabe que cada color aislado nace de las diferentes cualidades de sensibilidad a la luz” (Itten, 2020, p. 27). Itten afirma como los efectos que produce el color deberíamos experimentarlos y comprenderlos no sólo ópticamente sino también de forma
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 199 Pasear puede ser una experiencia asombrosa, impulsados por nuestras piernas, encontramos ritmos y tempos. Nuestros cuerpos se mueven en ciclos repetitivos y mecánicos. Perdemos el hilo de nuestras divagaciones. El tiempo se nos escapa; se estira y se condensa. A veces la velocidad de nuestro entorno no está sincronizada con la percepción que tenemos de él. Cuando eso sucede, se crea una especie de zona gris, un estado de flujo que me fascina. (como se citó en Heartney, 2008, p. 158) Imagen 1. Aitken, D. (1999). Electric Earth [en línea, Instalación de video de ocho canales y entorno arquitectónico, medidas variables.] D. Chopra se pregunta si la realidad cuántica no estará situada en nuestros pensamientos, emociones y deseos, diciendo como “Necesitamos de la Naturaleza para liberar nuestra naturaleza. Estamos rodeados por la mejor de las sustancias, es decir, el aire, el sol y la belleza” (Chopra, 2014, p. 136). Pues como decía Mondrian: “Hoy no sólo la belleza pura nos es necesaria, sino que es el único medio que nos manifiesta puramente la fuerza universal que contienen todas las cosas.” (como se citó en Vicens, 1973, p. 87) Esta búsqueda de Mondrian estará presente en Andy Goldsworthy que afirma como la naturaleza adquiere una nueva dimensión mediante su interrelación con los fenómenos naturales como el hielo, nieve, tallos de hierba, arena, piedras, zarzas, cañas, hojas, flores, bayas, plumas o el viento, diciendo como en sus procesos creativos tuvo que olvidar su idea de la naturaleza y empezar a aprender “que la piedra es dura y al hacerlo descubrí que es también blanda.
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 200 Arranqué hojas, partí piedras, rasgué plumas […] para transcender las apariencias y tocar parte de su esencia” (como se citó en Lailach, 2007, p. 48). Para D. Chopra y M. C. Kafatos el azar y el diseño colaborarían entre sí no sólo en la naturaleza, sino también en nuestros cuerpos y pensamientos, diciendo que si damos al azar su justo valor como ocurre en la teoría cuántica “el cosmos se aproxima a comportarse como una mente… y no sólo eso: como una mente humana” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 166). En este sentido W. Rambla señala como todo lo que nos rodea estaría compuesto por materiales que se encontrarían en la naturaleza poseyendo “unas dimensiones estructurales y/o genéticas que permiten el paso de la potencia al acto, de las posibilidades in nuce de lo real a su realidad efectiva” (Rambla, 2008, p. 301). Por lo que este autor deduce que todo se regiría por unas pautas parecidas, nombrando a Christopher Williams que decía en su obra Los orígenes de las formas, como las cosas que construimos “la forma de estas cosas, los materiales utilizados, las leyes que controlan sus dimensiones y las estructuras, no son muy diferentes de aquellas que operan en el mundo natural” (como se citó en Rambla, 2008, p. 301). La Organización de Nuestra Experiencia por Medio de los Símbolos y los Qualia C. G. Jung desde el punto de vista psicológico distingue dos funciones que formarían parte de la aprehensión real del objeto y del crear artístico que serían la “abstracción” y la “empatía”. En la primera el objeto estaría a priori dotado de vida y de una actividad autónoma que llevaría a la creación de formas artísticas y al conocimiento del objeto diciendo como el ser humano crearía una imagen abstracta con la que se identifica convirtiéndose “para él en cierto modo en una fórmula liberadora. De esa manera el hombre se enajena de sí mismo y transfiere su vida a su abstracción, en la que en cierto modo se cristaliza” (Jung, 1994, p. 353). Para C. G. Jung la abstracción se separaría del objeto para suprimir el encadenamiento a éste, llevando al sujeto a la creación de formas artísticas y por otro lado al conocimiento del objeto. Mientras que la empatía sería igualmente un órgano de creación artística y de conocimiento, pero esta última tendría lugar sobre una base completamente distinta de la abstracción. La abstracción sería para este autor, por ejemplo, una imagen de la naturaleza concreta mostrando una semejanza asombrosa con la estructura molecular de elementos orgánicos e inorgánicos de la materia. Aquí la intención del artista no participa en el proceso artístico, ya que, éste no es tan libre en su labor creadora como él puede creer, sino que su obra la realiza de
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 201 una forma más o menos inconsciente. La empatía en cambio se basaría en el significado y poder mágico del objeto, ya que, ésta se sustentaría en el significado mágico del sujeto, el cual se apodera del objeto por medio de la “identificación mística. Así como, de un lado, el primitivo está mágicamente influido por la fuerza del fetiche, así de otro, él mismo es también el mago y el acumulador de la fuerza mágica que confiere <carga> al fetiche” (Jung, 1994, pp. 351-352). Kandinsky sigue la misma línea de pensamiento cuando dice que un objeto sería “un ente con vida propia, de la que brotan inevitablemente efectos. El ser humano está constantemente expuesto a estas <irradiaciones psicológicas>, cuyos efectos permanecen en el <subconsciente> o pasan a la conciencia” (Kandinsky, 2010, p. 62). S. Langer dice como los símbolos que más se acercan al arte serían los del mito, el rito y la metáfora definiendo la obra de arte “como <símbolo de un sentimiento>” (Dorfles, 1967, p. 181). Para esta autora el pensamiento humano tendría la capacidad de crear el símbolo, es decir “sacar de todo dato sensorial una <forma> particular que lo impersonalice” (Dorfles, 1967, p. 181). Esta función simbólica derivaría “de un espontáneo proceso de abstracción que tiende a reconocer el concepto de toda configuración abastecida por nuestra experiencia, a racionalizar después de toda sensación” (Dorfles, 1967, p. 181). Al igual que S. Langer, D. Chopra y M. C. Kafatos señalan como nuestra experiencia del mundo se organizaría por medio de símbolos: Nosotros humanizamos la realidad, y los qualia que se registran en el cerebro (el dolor, la luz, el hambre, las emociones, etcétera) hacen, a su vez, que el cerebro y el cuerpo evolucionen como representaciones simbólicas. Este bucle retroalimentado no tiene su origen en la biología del cerebro; se origina en la consciencia. La consciencia humana es un canal concreto de salida expresiva para el campo de la consciencia no diferenciado: lo uno crea lo múltiple. (Chopra y Kafatos, 2017, p. 332) D. Chopra y M. C. Kafatos señalan como los genes, los epigenes y nuestras redes neuronales conservarían y nos recordarían todos los pasos de nuestra evolución, siendo sistemas de registro a las que definen como “firmas simbólicas de redes cuálicas dinámicas. Cada red es autoorganizada, pues no hay dos especies ni dos individuos que funcionen a partir de dos programas cuálicos idénticos. Cada escenario es único; cada uno funciona a través de sus propias posibilidades” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 338). En este sentido Dretske y Tye proponen respecto a los qualia la teoría representacional de la mente fenoménica que dice como nuestros estados mentales serían
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 202 representacionales sean estados intencionales o cualitativos, así Dretske haría una distinción entre dos tipos de representaciones mentales entre las que se encuentran las conceptuales o intencionales y las no-conceptuales o fenoménicas que serían las que tendrían que ver con la experiencia sensible, esta tesis representacional identificaría a “los qualia con las propiedades de los objetos que se representan naturalmente, esto es, con aquellas propiedades que la mente está diseñada (biológicamente) para representar sin mediación conceptual” (Pérez, 2002, p. 74). E. R. Kandel señala como David Hubel y Torsten Wiesel basándose en los trabajos realizados por Kuffler sobre las primeras etapas de la visión, abarcaron otras regiones del cerebro, mejorando “de una manera espectacular nuestra comprensión del procesamiento de la información visual gracias a los diversos relés de esas regiones” (Kandel, 2014, p. 285). Según E. R. Kandel, este trabajo junto con el de Semir Zeki, del University College de Londres, nos ayudan a ver cómo el cerebro construiría las líneas y los contornos necesarios para reconocer los objetos. Según Zeki la línea habría tenido una gran importancia en artistas como Paul Cèzanne, Kazimir Malevich y los cubistas que habrían captado intuitivamente que “en el cerebro del observador, las líneas se someten a un procesamiento muy complejo para generar la impresión de un borde” (Kandel, 2014, p. 285). David Hubel y Torsten Wiesel descubrieron además que las neuronas de la corteza visual primaria reaccionarían de manera ordenada a líneas con una orientación vertical, horizontal u oblicua concreta: […] cuando una línea o un borde de color negro giran sobre un eje ante nuestros ojos cambiando lentamente el ángulo de los bordes, se activan neuronas diferentes como repuesta a los distintos ángulos. Algunas neuronas responden cuando el borde está vertical, otras cuando está horizontal y otros cuando está inclinado. Además, al igual que las neuronas de la retina (y del núcleo geniculado lateral), las células nerviosas de la corteza visual primaria responden mejor a las discontinuidades entre oscuridad y claridad. (Kandel, 2014, pp. 289290) E. R. Kandel afirma que nuestro sistema visual podría elegir y descartar información, algo que no podrían hacer ni las cámaras, ni los ordenadores, llegando a la conclusión de que nuestro ojo no se comportaría como una cámara porque no registraría la imagen de una escena o de un objeto píxel a píxel, ni captaría con exactitud los colores de la imagen:
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 203 […] cuando una línea o un borde de color negro giran sobre un eje ante nuestros ojos cambiando lentamente el ángulo de los bordes, se activan neuronas diferentes como respuesta a los distintos ángulos. Algunas neuronas responden cuando el borde está vertical, otras cuando está horizontal y otras cuando está inclinado. Además, al igual que las neuronas de la retina (y del núcleo geniculado lateral), las células nerviosas de la corteza visual primaria responden mejor a las discontinuidades entre oscuridad y claridad. (Kandel, 2014, pp. 289290) Vera Molnar fue la primera artista que en 1968 experimentó un nuevo lenguaje de imágenes a través de un ordenador, creando dibujos basados en el cuadrado y la línea mediante una estricta sistematización abstracta dominada por la probabilidad como vemos en su obra de 1969 titulada Disturbances through overlappings (Imagen. 2), explicando así su proceso de trabajo: Me imaginaba que tenía un ordenador. Inventaba un programa y entonces, paso a paso, realizaba series sencillas, finitas, pero que concluían en sí mismas, es decir, que no omitían ninguna combinación de formas. Cuando me fue posible, sustituí el ordenador imaginario por uno de verdad. (como se citó en Lieser, 2010, p. 49) Imagen 2. Molnar, V. (1969). Disturbances through overlappings [en línea, tinta sobre papel, impresión gráfica de computadora; edición 2 de 2; 29 x 77 cm.]. La línea recta sería el componente básico de formas más complejas como el cuadrado que Molnar representa de manera bidimensional en primer plano, los fisiólogos Hubel y Wiesel descubrieron en sus estudios del cerebro visual
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 204 que estas células serían los componentes fisiológicos básicos de la generación neuronal de las formas, descubriendo que las neuronas de la corteza visual primaria no reaccionarían a “cualquier” línea, sino a líneas con una orientación concreta, siendo estas, vertical, horizontal u oblicua. Las células del cerebro sabrían traducir de manera excelente las líneas y los contornos a bordes: El cerebro integra las líneas simples para formar los bordes que diferencian una figura de su fondo. Siempre que tenemos los ojos abiertos, las células de orientación de la corteza visual primaria construyen los elementos lineales de la escena que tenemos delante. Además, la corteza visual primaria utiliza las regiones inhibidoras de los campos receptoras de esas neuronas para intensificar las líneas de contorno de una imagen. (Kandel, 2014, p. 302) El Campo de Consciencia Pura y los Qualia D. Chopra y M. C. Kafatos afirman como crearíamos nuestra propia realidad perceptual mediante la interacción con la “consciencia pura” que sería el campo básico fundamental de la existencia que no puede ser concebida por nuestro cerebro ya que éste sólo puede conocer la realidad a través de los qualia: “El seno de la creación está más allá del espacio, del tiempo, de la materia y de la energía” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 333). Estos autores identifican el estado de pre-creación del universo material con el vacío cuántico, diciendo como la teoría cuántica y las teorías que derivan de ésta, considerarían el vacío como “lleno de ‘cosas cuánticas’” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 63), frente a la física clásica donde este vacío no contendría nada. El vacío cuántico estaría lleno de grandes cantidades de energía que no se manifestaría en el universo mediante la observación con nuestros medios actuales: […] el universo sale del vacío cuántico, al menos en cuanto a la disponibilidad de las energías potenciales suficientes. Y tampoco cabe dudar que, si nos remontamos en la historia del universo hasta su fase más temprana, debe intervenir en esta la física del vacío (cuántico). (Chopra y Kafatos, 2017, p. 63) Para Sri Aurobindo existiría una “consciencia cósmica” (Aurobindo, 1980b, p. 235) o supermental a la que sitúa en el yo de la consciencia universal, donde el “conocedor individual” viviría y estaría “más o menos íntimamente
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 205 unido” (Aurobindo, 1980b, p. 235) y sostendría ante él, el objeto de conocimiento: El conocedor es un testigo en su observación y esta relación parecería implicar una inigualdad y diferencia, pero la cuestión es que no se trata de una diferencia enteramente separativa y no procura una idea exclusiva de la cosa observada como completamente no-yo, como en la visión mental de un objeto externo. Siempre existe un sentimiento básico de unidad con la cosa conocida, pues si esa unidad no puede haber conocimiento supramental. El conocedor, al llevar el objeto en su universalizado yo de la consciencia como una cosa mantenida frente a su ubicación de visión testimonial, lo incluye en su propio ser más amplio. (Aurobindo, 1980b, pp. 235-236) Jorge Oteiza dedicará toda su vida a una búsqueda de perfeccionamiento espiritual a través de su obra, diciendo: “El arte está entrando en una zona de silencio (yo terminé en un espacio negativo, en un espacio solo y vacío). En esta Nada el hombre se afirma en su ser (como se citó en Vega, 2005, p. 65). Para Sri Aurobindo el silencio, la entrada en un vacío inmenso e infinito, sería una parte de la experiencia interior espiritual, a la que describe como el “silencio del Espíritu” que no sería el paso a la no-existencia, sino a una existencia más grande. El pensamiento de Jorge Oteiza en su concepción de la materia no difiere mucho de estas ideas, ya que el escultor decía como el vacío sería “la respuesta más difícil y última en el tratamiento y transformación del espacio. El vacío se obtiene, es el resultado de una desocupación espacial, ésta es su energía creada por el escultor, es la presencia de una ausencia formal (como se citó en Rowell, 2005, p. 25). Sri Aurobindo define el vacío como si el universo fuera sentido en uno mismo o como uno mismo, siendo “una extensión de una consciencia de sí esencial, libre y pura, o es una identificación con el Todo, la extensión o la identificación que constituye un ser cósmico, un individuo universal” (Aurobindo, 2008. p. 164). M. L. von Franz afirma como el “sí-mismo” sería el Hombre Cósmico considerado en Oriente y en algunos círculos gnósticos de Occidente, como una imagen psíquica interior. En la tradición hindú, sería el Purusha que viviría dentro del corazón de todo ser humano y al mismo tiempo llenaría todo el cosmos: “Este Gran Hombre interior redime al individuo conduciéndole, fuera de la creación y sus sufrimientos, otra vez a su esfera originaria. Pero sólo puede hacer esto si el hombre le reconoce y se despierta de su sueño para dejarse conducir” (Franz, 1997, p. 199).
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 206 Y. Michaud señala como el individuo moderno sería un ser frágil que poseería un malestar con su propia identidad, el individuo moderno encauzaría su subjetividad mediante la búsqueda de nuevas sensaciones ligadas al lujo, el placer y la ostentación encontrando a través de estas experiencias su propia identidad a la que define como “la identidad del que tiene esa experiencia” (Michaud, 2015, p. 187), en vez de reconocerse a sí mismo “en la experiencia <de verdad> descubriendo en ella como en un espejo su esencia o su naturaleza” (Michaud, 2015, p. 187), de esta manera la subjetividad se llenaría “de una experiencia buscada como excepción, originalidad y nostalgia. Y así cobra vida, se anima, existe” (Michaud, 2015, p. 187). Para Sri Aurobindo nuestra existencia sería un proceso de autocreación, crecimiento y desarrollo, siendo al principio subconsciente, después semiconsciente y, finalmente, cada vez más y más plenamente consciente de lo que potencialmente somos y llevamos en nuestro interior, definiendo al hobre como un ser mental en la Naturaleza que se distinguiría de las demás criaturas menos desarrolladas por un mayor poder de individualidad, y por haber liberado la consciencia mental. Según este autor la materia no habría podido llegar a ser una cosa animada, si el principio de vida no hubiese estado allí formando parte constitutiva de la materia y emergiendo bajo la forma de “vida-en-la-materia”. Ésta última tampoco hubiera podido comenzar a sentir, a percibir, a pensar y a razonar, si de alguna manera el principio mental no hubiera estado detrás de la vida y de la sustancia material. Este principio mental se serviría y se constituiría de la vida y de la sustancia material, usándolas como de base operativa, emergiendo posteriormente a través del fenómeno de una vida y un cuerpo dotados de pensamiento. A esto habría que añadir como también la espiritualidad que emergería en nuestra mente, “es el signo de un poder que es el fundamento y la base constitutiva de la mente, la vida y el cuerpo, y que surge ahora bajo la forma de un ser espiritual encarnado en un cuerpo material viviente y pensante” (Aurobindo, 2002, p. 16). El Espíritu sería algo distinto y más grande que la mente, habiendo emergido en la última fase del proceso evolutivo “porque es el elemento y el factor original de la involución” (Aurobindo, 1999, p. 82). Afirmando como la consciencia y la alegría de ser serían los primeros padres: Y también los últimos descendientes. La inconsciencia es solamente un intervalo de desvanecimiento de la consciencia o de su oscuro sueño; el dolor y la propia extinción no son más que la alegría de ser huyéndose a ella misma con el fin de encontrarse en otro sitio y de otro modo. (Aurobindo, 1976, p. 31)
BRAC - Barcelona Research Art Creation, 9(2) 207 R. Lawlow señala como artistas abstractos como Kandinsky estuvieron influidos por la cosmología geométrica que formaría parte de una doctrina mística de la creación conocida como antropocósmica, una doctrina fundamental en la tradición esotérica de la filosofía desde la antigüedad y que fue actualizada en el siglo XX por Rudolf Steiner, R. A. Schwaller de Lubiez y otros: “El principio primero de esta teoría es que el hombre no es un simple componente de este universo, sino que es más bien a la vez el producto final recapitulador de la evolución y la potencial semilla original a partir de la cual germinó el universo” (Lawlor, 1993, p. 90). La filosofía antropocósmica representaría la evolución como un intercambio, una inversión continúa entre el eterno hombre cósmico y la humanidad que se encontraría en vías de evolución. Para Rudolf Steiner el ser humano no estaría en realidad separado del mundo, sino que formaría parte de éste, y su conexión con la totalidad del cosmos se encontraría interrumpida no en la realidad, sino para nuestra percepción: El monismo tal como nosotros lo entendemos, muestra que podemos creer en esa independencia sólo en tanto que el pensamiento se abstiene de ajustar lo percibido a la red del mundo conceptual. Tan pronto como esto tiene lugar, la existencia parcial se revela como mera apariencia debida a la percepción. Su existencia total, contenida en sí dentro del universo, puede hallarla el hombre sólo por medio de la experiencia del pensamiento intuitivo. El pensamiento destruye la apariencia debida a la percepción, e incorpora nuestra existencia individual a la vida del cosmos. La unidad del mundo conceptual, que contiene las percepciones objetivas, comprende también el contenido de nuestra personalidad subjetiva. (Steiner, 1990, pp. 195-196) Resonancia Mórfica y los Qualia Compartidos Para D. Chopra y M. C. Kafatos es importante empezar a concebir una realidad nueva que tendría que ver con un universo nuevo, para ello tendríamos que abordar la realidad como un todo, aunque nuestra “mente limitada no es capaz de hacerlo” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 300). La solución de un nuevo renacer del ser humano estaría en el “monismo” que significa “uno, solo o único” que sería la alternativa al dualismo, diciendo que el “rasgo básico de la realidad es la unicidad, no la separación” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 301). Nuestras oposiciones estarían construidas por nuestra mente, construiríamos nuestro mundo a base de opuestos que no serían reales, llamando la atención de como nuestra experiencia subjetiva o la empatía que
Belén León-Río– Los Qualia y la Experiencia de la Consciencia. 208 sentimos con los demás se produciría por “la resonancia de los qualia compartidos” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 333). Para D. Chopra y M. C. Kafatos el universo sería cíclico, un Bing Bang conduciría a otro en un ciclo que no tendría fin, por lo que el estado de precreación, sería en realidad el final del universo que habría existido con anterioridad donde la “sucesión de creaciones conserva una cierta memoria de un ciclo a otro” (Chopra y Kafatos, 2017, p. 68). Estos autores basan estas teorías en nuestra pervivencia de la información: Si un universo anterior engendró el nuestro, es posible que las constantes y las leyes de la naturaleza se pudieran transmitir de uno a otro en forma de información, sobre todo matemática, pues deben intervenir ciertos aspectos de matemáticas fundamentales, sin que esta manera de pensar llegue a afirmar que las matemáticas son una propiedad física. (Chopra y Kafatos, 2017, p. 72) R. Sheldrake concibe el universo en evolución, explicando cómo los principios organizativos de “todos los sistemas a todos los niveles de complejidad” habrían evolucionado, originándose con el paso del tiempo, de forma que ninguno de ellos habría existido al principio, es decir cuando se produjo el Bing Bang. De esta forma los cambios sociales y culturales, tendrían que ver con los “campos mórficos”, donde se produciría en general un efecto estabilizante y conservador, es decir, no podrían explicar por sí mismos la iniciación del cambio, aunque dichos cambios pueden depender de diversos factores: El origen de los campos nuevos depende de las circunstancias y de los procesos creativos que no pueden explicarse en términos de repetición. Pero una vez aparecidos los nuevos patrones de actividad, la difusión y la adopción de estas innovaciones pueden facilitarse perfectamente por resonancia mórfica. (Sheldrake, 2006, pp. 380-381) K. Korotkov llama la atención de como en el siglo XXI se habría introducido la teoría que considera como los cambios epigenéticos de un organismo tendrían que ver con el medio ambiente, demostrándose como el ADN cambiaría por la influencia de las condiciones externar del entorno y como estos cambios se pueden heredar, esta teoría demostraría que “la base molecular del lamarckismo es imposible de negar, particularmente porque estos datos se obtuvieron en el marco del paradigma genético actual” (Korotkov, 2019, p. 177) Para este autor lo más importante de esta cuestión