La subjetividad en los diccionarios decimonónicos
Abstract
En este trabajo se hace un análisis de la subjetividad en los repertorios lexicográficos del siglo XIX. Para ello, se lleva a cabo una síntesis del contexto histórico-político de la centuria, haciendo hincapié en el cambio de perspectiva en la sociedad, que evoluciona hacia el individualismo. Nuestro centro de interés es la subjetividad en este tipo de obras.
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TRABAJO FIN DE MASTER La subjetividad en los diccionarios decimonónicos Autor: Christian López Ruiz Tutor: Juan Manuel Platero García Facultad de Filología 2023-2024
ÍNDICE I. RESUMEN ............................................................................................................................1 II. INTRODUCCIÓN...............................................................................................................2 II. 1. Presentación y justificación del tema............................................................................2 II. 2. Objetivos........................................................................................................................2 II. 3. Metodología...................................................................................................................3 III. CONTEXTO HISTÓRICO-POLÍTICO..........................................................................4 III. 1. El cambio de perspectiva en el siglo XIX: el paso hacia la individualidad.................7 III. 2. La definición de individualismo en los diccionarios decimonónicos...........................9 IV. LA LEXICOGRAFÍA ACADÉMICA DEL SIGLO XIX.............................................11 V. LA LEXICOGRAFÍA EXTRACADÉMICA DEL SIGLO XIX...................................12 V. 1. El Nuevo diccionario de la lengua castellana (1846) de Vicente Salvá.....................13 V. 2. El Diccionario nacional (1846-1847) de R. J. Domínguez.........................................16 V. 3. El Primer diccionario general etimológico (1880-1883) de R. Barcia.......................18 VI. LA OBJETIVIDAD, LA IDEOLOGÍA, LA SUBJETIVIDAD Y LA LEXICOGRAFÍA...................................................................................................................21 VI. 1. La objetividad del diccionario....................................................................................21 VI. 2. El carácter ideológico del repertorio lexicográfico....................................................22 VI. 3. La subjetividad en las obras lexicográficas................................................................26 VI. 3. 1. La subjetividad en la hiperestructura y en la macroestructura..........................28 VI. 3. 1. 1. Textos preliminares..................................................................................28 VI. 3. 1. 1. 1. El DRAE...........................................................................................29 VI. 3. 1. 1. 2. El Nuevo diccionario de la lengua castellana de V. Salvá..............30 VI. 3. 1. 1. 3. El Diccionario nacional de Ramón Joaquín Domínguez................32 VI. 3. 1. 1. 4. El Primer diccionario general etimológico de Roque Barcia.........33 VI. 3. 1. 2. Lematización.............................................................................................34 VI. 3. 1. 2. 1. Análisis del DRAE y de los diccionarios no académicos.................34 VI. 3. 2. La subjetividad en la microestructura...............................................................38 VI. 3. 2. 1. Voces de carácter político.........................................................................38 VI. 3. 2. 2. Voces de carácter religioso.......................................................................41 VII. CONCLUSIONES...........................................................................................................45 VIII. BIBLIOGRAFÍA...........................................................................................................46 VIII. 1. Fuentes lexicográficas estudiadas............................................................................46 VIII. 2. Fuentes bibliográficas..............................................................................................47
1 I. RESUMEN En este trabajo se hace un análisis de la subjetividad en los repertorios lexicográficos del siglo XIX. Para ello, se lleva a cabo una síntesis del contexto histórico-político de la centuria, haciendo hincapié en el cambio de perspectiva en la sociedad, que evoluciona hacia el individualismo. Nuestro centro de interés es la subjetividad en este tipo de obras. Palabras clave: lexicografía, diccionarios, decimonónicos, subjetividad. ABSTRACT This paper analyses subjectivity in the lexicographical repertoires of the 19th century. In order to do so, a synthesis of the historical-political context of the century is carried out, emphasising the change of perspective in society, which evolved towards individualism. Our focus is on subjectivity in this type of work. Keywords: Lexicography, dictionaries, nineteenth-century, subjetctivity.
2 1En adelante, Nuevo diccionario de la lengua castellana. 2En adelante, Diccionario nacional. 3En adelante, Primer diccionario general etimológico. II. INTRODUCCIÓN II. 1. Presentación y justificación del tema Es bien sabido que el siglo XIX es especialmente prolífico en el ámbito lexicográfico. En esta centuria vieron la luz diez ediciones académicas, dado que nacen repertorios individuales que intentan competir con el monopolio oficial. En no pocas ocasiones se realizan versiones mejoradas partir de una edición concreta del Diccionario académico. Destacan obras como el Nuevo diccionario de la lengua castellana que comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada, del publicado por la Academia Española1de Vicente Salvá (1846); el Nuevo diccionario Diccionario nacional o Gran diccionario clásico de la lengua española, el más copioso de los publicados hasta el día [...]2de Ramón Joaquín Domínguez (1846-1847) y el Primer diccionario general etimológico de la lengua española3(1880-1883) de Roque Barcia. Los tres tuvieron relevancia y han despertado un gran interés en el ámbito metalexicográfico, por lo que resulta interesante realizar un estudio comparativo junto con las catalogaciones académicas, partiendo del tratamiento definicional de una serie de piezas léxicas, con el fin de analizar la presencia de la ideología en una época compleja y apasionante. II. 2. Objetivos Pretendemos aportar un análisis de la subjetividad de los diccionarios generales decimonónicos. En concreto nos centraremos en los repertorios de Vicente Salvá, Ramón Joaquín Domínguez y Roque Barcia, junto con las catalogaciones académicas. Como es consabido, la época analizada es especialmente convulsa, pues se suceden cambios políticos y sociales, lo que se manifiesta en la elaboración de repertorios lexicográficos caracterizados por una intensa carga ideológica, en un contexto de exaltación individual promovida por el Romanticismo. Ambicionamos demostrar cómo se parte de posicionamientos críticos en los que se percibe una visión dicotómica de la realidad, reflejada en las paráfrasis definitorias, que evoluciona, con el tiempo a una visión escéptica de la realidad político y social, motivada por el desengaño de la alternancia política. Gracias al estudio macro y microestructural de los repertorios lexicográficos mencionados, queremos determinar si realmente son diccionarios con una fuerte carga ideológica y subjetiva, tal y como es esperable. En cierto modo, es probable que no todos muestren una intensa subjetividad e ideología, puesto que, al ser catalogaciones
3 diversas, es plausible que los diferentes lexicógrafos tengan diversos pensamientos u opiniones sobre la utilidad de los diccionarios. Por tanto, teniendo en cuenta todos estos elementos, debemos llevar a una conclusión sobre si francamente se manifiesta la subjetividad y la ideología en estos diccionarios decimonónicos. II. 3. Metodología El primer paso es realizar un estudio sobre el contexto histórico-político que rodean a los diccionarios de la centuria en cuestión, dado que para acercarnos a los repertorios lexicográficos que queremos estudiar, es necesario tener conocimientos sobre los diferentes cambios políticos y sociales de la época. Es importante analizar el cambio de perspectiva social que surge en el siglo XIX, dado que los ciudadanos comienzan a tomar conciencia de que la sociedad no es un conjunto, sino que cada persona tiene sus propios pensamientos, creencias, etc. Por tanto, se engendra el individualismo, propiciado por el Romanticismo y las ideas liberales. Posteriormente, nos centraremos en la práctica lexicográfica académica y extracadémica del siglo XIX, puesto que es esencial conocer tanto las ediciones del DRAE como los repertorios lexicográficos no académicos. Haremos especial hincapié en los diccionarios de Salvá, Domínguez y Barcia, que gozaron de una estimable repercusión en la época e influyeron en repertorios posteriores. Posteriormente, indagaremos sobre la objetividad, la subjetividad y la lexicografía. En teoría, el diccionario ha de ser una herramienta objetiva y didáctica, es decir, un instrumento de consulta sin ningún tipo de carga ideológica. Sin embargo, esto resulta difícil de conseguir, puesto que todo repertorio está creado por redactores que dejan impregnados sus ideales, a veces de manera inconsciente. Existen catalogaciones como el Primer diccionario general etimológico de Barcia o el Diccionario nacional de Domínguez que son totalmente subjetivas y que pretenden convertirse en una herramienta pedagógica. En contraposición, se ubica la profesionalidad de Salvá y su Nuevo diccionario de la lengua castellana, que pretende contribuir a mejorar el DRAE y proporcionar un diccionario didáctico, a través de la defensa de la objetividad del lexicógrafo; por tanto, su obra es la menos subjetiva de las analizadas. Por último, llevaremos a cabo un estudio cualitativo de las obras lexicográficas de Salvá, Domínguez y Barcia (comparándolas con los Diccionarios académicos). Por un lado, realizaremos un análisis hiperestructural y macroestructural, es decir, analizaremos los mecanismos generales del repertorio atendiendo a varios asuntos: las páginas introductorias, la finalidad de la obra, ideología del autor, voces elegidas u omitidas, recursos empleados, etc. Por otro lado, procederemos a realizar un estudio microestructural, esto es, analizar las
4 4Los franceses le daban este nombre a la estructura política, social y económica anterior a la Revolución (1789-1799). 5En el Antiguo Régimen las personas estaban caracterizadas socialmente desde su nacimiento (dependiendo de la familia de la que formaran parte). Es decir, cuando venían al mundo ya pertenecían a uno de los estamentos de manera permanente. Era una propiedad intrínseca e inexorable del ser humano. diferentes voces de carácter político y religioso (haciendo especial hincapié a los lemas que se encuentran en todos los diccionarios), elementos satíricos e ideológicos en las definiciones, referencias negativas hacia las ideas contrarias a las del autor u otras instituciones, etc. Gracias al estudio de todos estos elementos podremos determinar si realmente existe una subjetividad y una ideología detrás de los diccionarios analizados, así como un estudio de los cambios sociales (y su recepción por parte de los diversos lexicógrafos) llevados a cabo en la época. III. CONTEXTO HISTÓRICO-POLÍTICO Para entender el contexto histórico-político del siglo XIX de España, es necesario llevar a cabo un repaso desde el Antiguo Régimen hasta dicha centuria. El Antiguo Régimen4surge en el país entre los siglos XIV y XV y perdurará hasta el siglo XIX. Este sistema de gobierno tenía tres características esenciales: un sistema político basado en una monarquía absoluta, es decir, que el rey gobernaba con plenos poderes; un sistema económico transitorio entre el feudalismo y el capitalismo; y la sociedad se dividía en estamentos y existía una burguesía que no podía acceder a los estamentos privilegiados, esto es, que no se les permitía escalar socialmente5. Esto ocurría porque la sociedad española del Antiguo Régimen no se concebía a sí misma bajo la forma de una suma de individuos, sino como un conjunto complejo y plural de cuerpos sociales distintos (órdenes, señoríos, comunidades campesinas, corporaciones, familias...) que constituían otros tantos actores colectivos de la vida político-social. Cada uno de esos cuerpos gozaba de un reconocimiento jurídico y se organizaba alrededor de reglas definidas por las costumbres o por una pluralidad de reglamentos jurídicos. (Luis, 2009: 252-253) Por tanto, podemos observar cómo cada persona gozaba de ciertos derechos dependiendo del grupo social al que perteneciese, siendo esta una de las propiedades más características del Antiguo Régimen y del absolutismo. Como es bien sabido, en España pervivió el absolutismo hasta 1834, frente a lo que ocurría la mayoría de países europeos, que habían abolido el Antiguo Régimen y adoptado las ideas ilustradas y el liberalismo.
5 6Periodo que abarca desde mediados del siglo XVIII hasta los inicios del XIX. 7‘Política de algunas monarquías absolutas del siglo XVIII, inspirada en las ideas de la Ilustración y el deseo de fomentar la cultura y prosperidad de los súbditos’ (Real Academia Española, s. f., acepción despotismo ~ ilustrado). 8Ideas que impulsan los intelectuales franceses, como Voltaire a través de su Diccionario filosófico (1764), que tuvo una gran repercusión en el continente europeo. 9La abdicación se produjo el 19 de marzo de 1808, pero Fernando VII renunció al trono y se lo cedió de nuevo a su padre, entre el 5 y 6 de mayo, y a su vez, cedió los derechos de la corona española a Napoleón (suceso conocido como las abdicaciones de Bayona), que nombró rey de España a su hermano José. 10 El gobierno absolutista del monarca llevó a la cárcel o al exilio a muchos liberales y afrancesados (González, 2015: 238). 11 En este periodo se restablece la Constitución de 1812 y Fernando VII la jura en las Cortes. 12 El régimen liberal quería separar la política de la religión, pues la Iglesia tenía un gran poder en la sociedad. Además, se eliminaron los privilegios de los nobles. 13 Según la Ley Sálica (1713) no podía optar al trono por ser mujer. Sin embargo, gracias a la Pragmática Sanción, aprobada por Carlos IV en 1789, y promulgada por Fernando VII en 1830, Isabel II pudo ser reina de España. Durante la Ilustración6y hasta mediados del siglo XIX España experimentó diferentes cambios políticos. El reinado de Carlos III (1759-1788), que adoptó el despotismo ilustrado7 como forma de gobierno, se apoyó en las ideas provenientes de Francia8, en un afán por mejorar el país, aunque esta forma de gobierno no dejaba de ser una monarquía absoluta. Tras la muerte del rey, la corona recayó en su hijo, Carlos IV, que accedió al trono poco antes del estallido de la Revolución Francesa. El reinado de Carlos IV (1788-1808) continuó con la introducción de las ideas ilustradas en España, aunque se vio truncada por la Revolución Francesa (1789) y la Guerra de la Independencia (1808-1814) contra Francia, provocada por el pacto con Napoleón para facilitarle la ocupación de Portugal, lo que propició la abdicación del monarca español en su hijo Fernando VII9. La Guerra de la Independencia tuvo diferentes efectos, dado que se expulsó a los franceses del territorio y se elaboró en las Cortes de Cádiz la Constitución liberal de 1812, conocida como «La Pepa» (González, 2015). En 1814, después del reinado de José I, Fernando VII regresó al país (tanto él como su padre estaban retenidos en Francia), y se negó a jurar la Constitución, por lo que su gobierno abrazó el absolutismo10 hasta enero de 1820, momento en el que se produce el pronunciamiento militar de Rafael de Riego, dando así inicio al Trienio liberal (1820-1823)11. Durante este periodo, las Cortes intentaron instaurar un régimen liberal basado en la Constitución de 1812. Esta etapa estuvo marcada por fuertes tensiones, pues no contentó a todos los ciudadanos por igual, ya que los que tenían más poder y derechos (la Iglesia y los nobles12) fueron los principales afectados. Cuando concluyó el Trienio Liberal en 1823 España vuelve a vivir de nuevo un periodo absolutista, con el retorno al trono Fernando VII, que reinará hasta su muerte, en 1833, periodo que se conoce como la Década Ominosa (1823-1833) por la fuerte represión llevada a cabo contra de los liberales. El monarca dejó como sucesora a su hija Isabel13 que tenía solo tres años
6 14 Asumieron las regencias María Cristina y el general Espartero (1840-1843) hasta que Isabel II fue declarada mayor de edad con tan solo 13 años (1843) y pudo reinar. 15 Es decir, la expropiación de las tierras eclesiásticas (que no tenían productividad alguna) para su posterior subasta pública, lo que ocasionó la privatización de los terrenos. 16 Un año después de la aprobación de la Constitución, estalló la segunda guerra carlista (1846-1849). Se produjo porque la reina Isabel II no aceptó casarse con Carlos Luis de Borbón (pretendiente carlista apoyado por los moderados). Finalmente, la reina contrajo matrimonio con Francisco de Asís de Borbón y la guerra finalizó con la detención de Carlos Luis a manos del bando liberal. 17 En un principio, este gobierno le dio estabilidad política y prosperidad económica al país. 18 Se va ajando porque nacen discrepancias internas dentro del partido, lo que ocasionó una inestabilidad política insostenible. 19 Motivado también por la crisis económica (1866-1868), debida a las pérdidas de las compañías ferroviarias, y la crisis de subsistencia (1867-1868), por las malas cosechas de esos años. de edad, algo que Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII) y sus partidarios no aceptaron, lo que inició la primera guerra carlista que se prolongó hasta 1840. Durante toda la guerra carlista, reinó María Cristina de Borbón-Dos Sicilias14, madre de Isabel II, periodo de conocemos como la Regencia de María Cristina (1833-1840). En esta etapa se realizaron diferentes reformas para comenzar a construir un estado liberal: el Estatuto Real (16 de abril de 1834), que estableció las Cortes en dos cámaras, el fin del régimen feudal de la tierra, las desamortización de Juan Álvarez Mendizábal15 y la nueva Constitución de 1837, que otorgó la soberanía nacional, la separación de poderes y los derechos individuales. Tras la dimisión de María Cristina y su abandono del país, asumió la regencia el general Espartero desde 1840 hasta 1843. Una vez que Isabel II obtuvo la mayoría de edad, en 1843, dio comienzo a un reinado dividido en tres etapas: la Década Moderada (1844-1854), el Bienio Progresista (1854-1856) y la Crisis del Moderantismo (1856-1868). Durante la Década Moderada se aprobó una nueva Constitución (184516), que expresó claramente el pensamiento del moderantismo dominante; además, se construyó el nuevo Palacio del Congreso de los Diputados, inaugurado en 1850. La Revolución de 1854 puso fin a la Década Moderada y se inició el Bienio Progresista, en el que se intentó dar un paso más hacia el liberalismo, pues se procuró conseguir (aunque no se alcanzó) el sufragio universal. Además, se pretendió introducir la libertad de cultos, entre otras reformas. En este periodo se creó la constitución de 1856, pero no llegó a promulgarse, por el golpe del general Leopoldo O’Donnell, lo que dio paso a la última etapa del reinado de Isabel II: la Crisis del Moderantismo. Esta etapa comenzó con el gobierno de la Unión Liberal de O’Donnell17. Sin embargo, este gobierno se fue deteriorando18 y, al final, la reina volvió a confiar en los moderados. Sin embargo, comenzaron a surgir reyertas internas y pactos como el de Ostende (186619), firmado por el Partido Progresista y el Demócrata (más tarde se contó también con la Unión Liberal), lo que supuso el fin de la monarquía de Isabel II. La reina se exilió debido a las diferentes revueltas, dando paso al Sexenio Democrático (1868-1874), que
7 20 No hay que olvidar que, por aquel entonces, España sufría la tercera guerra carlista (1872-1876), entre los partidarios al trono de Carlos de Borbón (duque de Madrid) y los gobiernos de Amadeo I (Primera República) y Alfonso XII. implicó un intento democratizar el país. Para ello, se creó una nueva Constitución en 1869, considerada como la primera democrática en España. La forma de Estado continuó siendo la monarquía, pero, esta vez, constitucional. Se constituyó la Regencia de Serrano, con Prim como jefe de gobierno, mientras se buscaba un nuevo rey. El elegido fue Amadeo de Saboya, pero Prim, su máximo apoyo, murió asesinado varios días antes de la llegada al país, El nuevo monarca se quedó prácticamente sin aval, lo que supuso que el 11 de febrero de 1873 renunciara al trono y se proclamara la Primera República, que nació bastante debilitada, puesto que los problemas heredados del corto reinado de Amadeo I fueron haciendo mella. Además, la inestabilidad política era una constante. De hecho, en once meses la República tuvo cuatro presidentes y hubo un golpe de Estado. Debido la inconsistencia política existente, se recurrió restauración monárquica, en este caso de Alfonso de Borbón, que estaba dispuesto a reinar. La Primera República finalizó el 31 de diciembre de 187420, puesto que se creó un MinisterioRegencia para que al regresar de Inglaterra, el príncipe se convirtiera en Alfonso XII. La Restauración Borbónica que perduró hasta 1931 (fecha de la proclamación de la Segunda República). Este periodo trajo prosperidad económica, aunque se convirtió en una oligarquía mezclada con caciquismo. El periodo estuvo marcado por la pérdida de las últimas colonias de España en la guerra hispano-norteamericana de 1898, conocido como el «desastre del 98». Este acontecimiento provocó una importante crisis en España, que pidió una regeneración para dejar atrás las políticas utilizadas anteriormente, que se llevaron a cabo en el siglo XX. En definitiva, podemos observar cómo los siglos XVIII y XIX fueron convulsos políticamente hablando. Acontecieron numerosos cambios en la estructura política del país, diferentes reinados (absolutistas y liberales), regencias, alternancias políticas (entre moderados, absolutistas y liberales), diversas constituciones, etc. Toda esta agitación fue mermando y crispando a la población. La inestabilidad del país impidió el normal desarrollo social, por lo que el desengaño de la ciudadanía se reflejó en un cambio de pensamiento, visible en no pocos textos, incluidos los lexicográficos. III. 1. El cambio de perspectiva en el siglo XIX: el paso hacia la individualidad Como se ha visto, a lo largo del siglo XIX se producen «nuevas pautas culturales e ideológicas que acompañan el paulatino desmantelamiento político, económico y social del Antiguo Régimen» (Novella Gaya, 2010: 455). El mayor paso hacia el liberalismo en España
14 27 Muchas de ellas son de uso común, por lo que criticaba que la Academia mantuviera una postura purista de la lengua al no incorporarlos. 28 Igualmente, podemos encontrar entre corchetes marcas de uso, etimología, etc., lo que indica que son adiciones del propio Salvá. intención, puesto que lo que pretendía era crear un apéndice del Diccionario académico, aunque rápidamente se dio cuenta que era necesario crear otro repertorio. No creyó que su idea inicial fuera oportuna para los lectores: incorporó artículos nuevos, sumó nuevas acepciones a los que traía el texto académico, corrigió definiciones, añadió la correspondiente marca de sanción a las acepciones que lo requerían, reorganizó la disposición de los artículos y, finalmente, corrigió las erratas tipográficas, sumando a la fe de erratas que la Academia consignó en su edición, otras muchas que se le pasaron por alto a la docta corporación y que Salvá hacía detectado tras su minucioso examen del Diccionario académico. (Azorín Fernández y Baquero Mesa, 1994-1995: 16) Por tanto, su diccionario, se puede considerar una versión mejorada y más extensa del DRAE, pues enmendó las deficiencias que creía convenientes y añadió más de veinticinco mil voces27. Pretendía elaborar un repertorio lexicográfico global, es decir, funcional para el mayor número de usuarios posibles. Para ello, por un lado, añadió un número considerable de voces antiguas, para que cualquiera que quisiera comprender los textos clásicos pudiera hacerlo. De hecho, destaca como uno de los principales defectos del DRAE, la incapacidad para dar satisfacción a quienes lo consultan con el fin de auxiliarse en la lectura e interpretación de nuestros autores clásicos (Azorín Fernández y Baquero Mesa, 1994-1995: 18). Por otro lado, incrementó considerablemente el número de voces de español de América: «un total de 1543 americanismos, entre voces y acepciones, superando, con mucho, las aportaciones que, en este terreno, realizaron sus predecesores» (Azorín Fernández y Baquero Mesa, 1994-1995: 20). Teniendo en cuenta todas las características del repertorio de Salvá, podemos decir que es un diccionario que intenta ser un híbrido entre la perspectiva histórica y sincrónico-descriptiva (Azorín Fernández y Baquero Mesa, 1994-1995: 20). En cuanto a la estructura general de los artículos lexicográficos que conforman este inventario, primero se incluye un símbolo (puede ser una cruz, un asterisco o un calderón), le sigue el lema escrito en mayúscula; después se proporciona la información gramatical, seguida de la marca de especialidad y la de uso. En cuanto a la acepciones, algunas de ellas entre corchetes porque son definiciones propias28, se separan con una doble barra vertical. Finalmente, se incluye la información etimológica.
15 29 Salvá prefiere añadir la voz papelito por separado en lugar de agruparla con papelico, llo como hace el DRAE, por lo que solo la marca con el calderón ( ), dado que en la Academia hallamos papelito, aunque aparezca como un sufijo más en la voz papelico, llo. Son muy interesantes los símbolos que añade el lexicógrafo valenciano, puesto que nos proporcionan información sobre si el artículo es de creación propia o si se ha incluido algún tipo de alteración del original del DRAE: los artículos enteramente suyos van precedidos de una cruz (†), en los notados con asterisco (*), es suyo únicamente lo contenido entre paréntesis cuadrados y, finalmente, mediante la anteposición del calderón ( ), Salvá advierte que ha variado el orden del artículo en la nomenclatura o que ha rectificado en algo la redacción. (Azorín Fernández y Baquero Mesa, 1992: 964-965) Por ejemplo, Salvá incluye en su diccionario la voz borronear con la marca cruz (†), dado que no aparece en el DRAE de 1843, la añade con la siguiente definición: ‘bosquejar, comenzar ó disponer una obra intelectual’. La voz clítoris (que analizaremos en el Diccionario nacional de Domínguez), se incluye con una cruz, pues no aparece en el DRAE, y con la marca Anat., que significa que es un tecnicismo, como hará Domínguez: († CLÍTORIS. m. Anat. Especie de halano pequeño sin agujero que se halla en la región superior de la vulva. Clítoris). El vocablo botado, también incluye la cruz y la marca Amér, se define como ‘expósito, hijo de la piedra’. Con asterisco hallamos, por ejemplo, mortalmente, que define de la siguiente manera: ‘de muerte. || Con deseo de ella. || De modo que la cause [espiritual ó corporalmente]. Lethaliter, mortaliler, mortiferé’. Lo que encontramos entre corchetes es añadido por Salvá, mientras que lo demás pertenece a la definición del Diccionario académico. Finalmente, podemos localizar artículos con la marca calderón ( ), que indica que se ha modificado el orden o rectificado en algo el artículo. Por ejemplo, tenemos la voz papelico, llo que encontramos así en el diccionario de Salvá: ( PAPELICO, LLO. m. d. de PAPEL). La modificación que ha introducido el lexicógrafo valenciano es omitir el sufijo29 que incluye la Academia (1843) en su definición: (PAPELICO, LLO, TO. m. d. de PAPEL). Su manera de proceder queda reflejada en las primeras páginas, tanto en los prólogos como en la «Introducción del adicionador». El lexicógrafo valenciano entiende el diccionario como una herramienta útil para comprender diferentes mensajes, así como para conocer palabras nuevas. Debe ser una obra objetiva y didáctica, por lo que el usuario ha de obtener la información que necesite sin ningún tipo de condicionamiento ideológico. Pese a su admiración a la labor académica en el prólogo el lexicógrafo valenciano nos muestra su descontento con el Diccionario, pues que muchas voces usuales del castellano contemporáneo no están
16 30 Carencias del DRAE que detecta y señala la mayoría de los lexicógrafos pertenecientes a la corriente extracadémica del siglo XIX. 31 † FERROCARRIL. m. neol. Camino en que los carruajes van por un carril de hierro, movidos ordinariamente por el vapor. Algunos le dan el nombre de camino de hierro, traduciendo servilmente la denominación francesa. 32 De hecho, el repertorio de Salvá es el menos subjetivo de los tres analizados. La subjetividad que contiene este diccionario proviene, en su mayoría, del DRAE, dado que es una ampliación directa en el que el lexicógrafo valenciano no pudo modificar a su gusto todas las definiciones. 33 Era el diccionario bilingüe más extenso hasta el momento. 34 Para llevar a cabo su diccionario se inspiró en el Dictionnaire national ou Dictionnaire universel de la langue française de L. N. Bescherelle (1843). Incluso, el nombre del repertorio procede de esta obra. 35 De hecho, se puede considerar el primer diccionario enciclopédico español (Seco, 2003b: 295). 36 El Diccionario nacional es presentado por Domínguez como «el más completo de los publicados hasta el día», «pues contiene más de 90 000 voces (o 105 000, según la portada del tomo segundo) que no se encuentran en los demás diccionarios de la lengua»(Seco, 2003b: 293). incorporadas, así como las técnicas y científicas30. Un ejemplo es ferrocarril, marcada como neológica31. Salvá se pregunta si es lógico que no se incluya en el DRAE, dado que cualquier persona de otro país que consulte el diccionario creerá que en España no se conoce este medio de transporte. También critica, como es bien conocido, la escasez de americanismo. Además, entiende que el Diccionario académico no está exenta de subjetividad32. V. 2. El Diccionario nacional (1846-1847) de R. J. Domínguez Ramon Joaquín Domínguez (1811-1848), nacido en Verín (Orense), fue profesor de francés y autor de varias obras importantes como la Nueva gramática francesa (1844), Reglas de ortografía francesa (1844), el Diccionario universal francés-español33 (1845-1846) y el Diccionario nacional (1846-1847), entre otras. Especial interés tiene esta última obra, un repertorio subjetivo que bebe de la tradición francesa34 a la que tan ligado estaba el autor. Se trata de un catálogo de carácter enciclopédico35, de gran popularidad, pues alcanzó diecisiete ediciones desde su publicación hasta 1887. De nuevo nos encontramos con un anhelo por incrementar la información del repertorio académico36, si bien, en este caso, no perceptible la profesionalidad de Salvá, pues Domínguez compuso esta obra a un ritmo precipitado. Redacta con imprecisión, resulta, en ocasiones, redundante y no llegar a cerrar algunas definiciones (Seco, 2003b: 292-293). En cuanto a la subjetividad, está presente en definiciones burlescas, humorísticas y filológicas, por lo que no son escasas las críticas, generalmente en forma de burla, al léxico académico (Seco, 2003a: 273). En este tipo de artículos, por lo general, incorpora la definición del repertorio institucional y añade un «comentario ácido sobre ella mezclado con otros más genéricos sobre la Corporación que los elaboró, y seguido de la definición “verdadera” propuesta por Domínguez» (Seco, 2003a: 273). Podemos poner como ejemplo la voz ensuciarse:
17 37 ‘Cuerpecillo carnoso eréctil, que sobresale en la parte más elevada de la vulva’. v. pron. Hacer las necesidades en la cama, enaguas, calzones, etc. (Acad.). La fortuna es que no han tenido más cosas a mano los señores académicos para ensuciarlas igualmente con nada limpias especificaciones ¿no podían haberse contentado con decir: hacer de viente? Ya se supone que sobre algo se hará tan indispensable operación. Cada loco con su tema. También se encuentran definiciones subjetivas en las que no se nombra a la Academia, en las que el lexicógrafo gallego proporciona su opinión sobre cualquier tema. Por ejemplo, podemos analizar la voz comunismo: s. m. Doctrina ó sistema de los comunistas, basada en la comunidad de bienes y abolición del derecho de propiedad; es decir: relajación y destrucción de lo más sagrado é inviolable que existe en las naciones, y hace posibles las sociedades; nivelación monstruosa de fortunas. Claramente, Domínguez no estaba de acuerdo con el comunismo, puesto que piensa que se destruiría «lo más sagrado e inviolable que existe en las naciones», el derecho a la propiedad. Su oposición al DRAE le llevó a abrirse al léxico actual y a incluir un número considerable de tecnicismos, por lo tanto, «es uno de los mayores exponentes del afán acumulativo heredado de la tradición francesa» (Iglesia Martín, 2008: 122). Podemos hallar en su obra diferentes ejemplos, como clítoris opene (con la marca Anat. al considerar que son tecnicismos), que no incluye la Academia en su Diccionario hasta 1869 y 1884 respectivamente. Es interesante, sobre todo, observar la definición de clítoris: s. m. Anat. Cuerpo eréctil, situado entre la comisura superior de la vulva y la abertura de la uretra (tanto en las partes sexuales de la mujer, como de las hembras de los cuadrúpedos) y considerado por los anatómicos como el sitio ó asiento principal del deleite venéreo. Es un órgano carnoso, más o menos saliente, y en algunas apenas pronunciado etc. La Academia no tiene clítoris. Tras esta definición, que es más amplia que la que proporcionó la Academia en la edición de 186937, añade la correspondiente mofa a la institución. Su afán por hacer palpable sus preocupaciones y creencias, no exentas de humor, se debe, cabe subrayarlo, a la influencia gala, dado que en torno a la Revolución francesa surgió una serie de «dictionnaires engagés», obras en las que los autores mostraban deliberadamente su visión del mundo, donde no escaseaban las paráfrasis definicionales de carácter humorístico, no exentas de polémica, en consonancia con los nuevos aires iniciados por la Encyclopédie. Es
18 38 De hecho, dirigió el diario anticlerical El Demócrata andaluz. Esto le originó no pocos problemas, entre ellos la excomunión. 39 Esta obra está claramente influenciada por el Diccionario de autoridades (1726). Además, parece ser que Barcia utilizó como base la edición del DRAE de 1852, aunque, posiblemente, cuando se publicó la edición de 1869, la usó como referente principal (Henríquez Salido, 2015: 103). 40 Barcia incorpora información gramatical, niveles de uso, explicaciones sinonímicas y equivalencia del vocablo lematizado en otras lenguas románicas (García Platero, 1998: 193). 41 Cabe destacar que era un reconocido radical nacionalista. una corriente a la que debemos asociar los diccionarios burlescos nacidos en nuestro país en la primera mitad del siglo XIX (Álvarez de Miranda, 1984; García Platero, 2018). V. 3. El Primer diccionario general etimológico (1880-1883) de R. Barcia Roque Barcia (1823-1885), lexicógrafo, poeta, periodista, dramaturgo, filósofo y político, nació en Sevilla, aunque cursó sus estudios en Madrid y viajó muy pronto al extranjero, donde entró en contacto con las ideas liberales, que defendió con pasión (García Platero, 1998: 137), a veces desde posicionamientos radicales y anticlericales38. Participó en la sublevación del cantón de Cartagena, y se le acusó del asesinato de Prim (Alvar Ezquerra, 2019: 5). Murió en 1888 retirado de las actividades políticas, aunque continúo escribiendo (García Platero, 1998: 137). Escribió numerosas obras, pero, sin duda, las más relevantes son el Nuevo diccionario de la lengua castellana arreglado según la última edición aumentado con unas veinte mil voces usuales de ciencias, artes y oficios por D. R. B. (1853) y, sobre todo, el Primer diccionario general etimológico (1880-1883)39, una catalogación compuesta por cinco tomos, que no es un diccionario etimológico en sentido estricto, sino un repertorio general de la lengua40, con numerosas informaciones enciclopédicas (Alvar Ezquerra, 2019: 6), con que intenta saciar los intereses de los usuarios. Es decir, está enfocado hacia lectores especializados y para una mayoría de usuarios comunes que quieren cubrir sus necesidades. Para ello, Barcia lleva a cabo todo tipo de técnicas, como el empleo de recursos de carácter literario (García Platero, 2018: 205). Es consabido que la etimología no es la información primordial, puesto que se acoplan datos extralingüísticos con opiniones sociopolíticas. El enciclopedismo está presente en el repertorio por la gran cantidad de artículos que contiene, puesto que se incluyen hasta nombres propios, como España, donde además de proporcionar datos muy diversos, incluye una exaltación patriótica41 impropia de un diccionario etimológico (García Platero, 2018: 205): esto dice la fama en toda la tierra; esto decimos también nosotros y nada pedimos, nada envidiamos, teniendo bastante con nuestra alegría y con nuestro orgullo; puesto que, al fin y al cabo, somos hijos
19 de madres españolas. ¡Oh España! Levanta la frente y sonríe. Tú serás siempre reina en el mundo, porque serás reina en la historia, reina en el arte, reina en tus mujeres. Recoge alrededor de 130 000 entradas (teniendo en cuenta el Suplemento). La estructura de los artículos carece de sistematicidad, aunque la más usual es la siguiente: […] iniciar la descripción de las voces con la reproducción literal de las primeras acepciones del lema del diccionario académico, en las que puede introducir modificaciones o sustanciales enmiendas en los enunciados del texto definitorio o en el orden de las acepciones; incluso puede incorporar nuevas entradas o nuevos ‘sentidos’. (Henríquez Salido, 2015: 32) Las paráfrasis definicionales pueden dividirse en tres grupos. En el primero los enunciados de la definición y las indicaciones de uso son muy similares a las del Diccionario de autoridades (1726) e idénticos a los del DRAE de 1869 (Henríquez Salido, 2008: 103). Un ejemplo de este grupo sería ilusorio: ILUSORIO, RIA. adj. Lo que es capaz de engañar. Viene del Latino Illusorius. ILUSORIO. En lo forense significa nulo, revocado, y sin ningún valor ni efecto: como Causa ilusoria, juicio ilusorio (Diccionario de autoridades). ILUSORIO, RIA. adj. Lo que es capaz de engañar. || for. Lo que es de ningún valor o efecto, nulo (DRAE 1869). Ilusorio, ria. Adjetivo. Lo que es capaz de engañar. || Forense. Lo que es de ningún valor o efecto, nulo (Primer diccionario general etimológico de Barcia). En el segundo grupo se incluyen las que tienen modificado el enunciado (información) y las que alteran las acepciones o se añaden algunas (nuncupativo). Se puede observar que hay un cambio notorio de la definición del Diccionario de autoridades, dado que el lexicógrafo copia la del DRAE de 1869, aunque incluye algún dato (Henríquez Salido, 2008: 103-104): INFORMACIÓN. Se llaman en lo forense las diligencias jurídicas que se hacen de qualquier hecho u delito, para averiguarle, y certificarse de su verdad (Diccionario de autoridades). INFORMACIÓN. s. f. El acto de informarse o informar de algo (DRAE 1869). Información. Femenino. La acción y efecto de informar o informarse. II Forense. Averiguación jurídica y legal de algún hecho o delito. [...] II AD PERPETUAM, O AD PERPETUAM REI MEMORIAM. Forense. La que se hace judicialmente y a prevención para que conste en lo sucesivo
20 42 Por ejemplo, existe un gran número de voces pertenecientes al ámbito forense (Henríquez Salido, 2008). alguna cosa; como cuando los testigos son viejos o se han de ausentar (Primer diccionario general etimológico de Barcia). NUNCUPATIVO. Se llama en lo forense el testamento que no se reduce a escritura, sino solo en voz, nombrando heredero en presencia de cinco testigos (Diccionario de autoridades) NUNCUPATIVO, VA. adj. Lo que tiene el nombre de alguna cosa, sin la realidad de ella (DRAE 1869) Nuncupativo. Adjetivo. Forense. Se aplica al testamento que, sin reducirse a escritura, se otorga de viva voz, nombrando heredero en presencia de cinco testigos (Primer diccionario general etimológico de Barcia). El último grupo está compuesto por los enunciados en los que se eliminan las indicaciones de uso o se añade alguna marca. En ocasiones, Barcia incluye algunas nuevas formas complejas que no se encontraban en el Diccionario académico (incompetencia material,incompetencia personal,incompetencia administrativa) (Henríquez Salido, 2008: 104). Como podemos comprobar, no encontramos ninguna marca, dado que con dicho sentido esas palabras ya se usaban comúnmente: INCOMPETENCIA. s. f. Térm. forense. Falta de jurisdicción o autoridad en un Juez (Diccionario de autoridades). INCOMPETENCIA. f. Falta de competencia o jurisdicción (DRAE 1869). Incompetencia. Femenino. Falta de competencia o jurisdicción. II MATERIAL. La de un juez que conoce en una materia sometida a otro juez. II PERSONAL. La de un juez que falla entre personas que no son realmente las justiciables en aquel asunto. II ADMINISTRATIVA. La imposibilidad legal en que se halla el funcionario de ejecutar actos que no están dentro de sus atribuciones (Primer diccionario general etimológico de Barcia). El considerable número de lemas se consigue por la «labor de acarreo» y «la pretensión abarcadora de la totalidad del léxico que manifiesta, aunque se queda corta en no pocas ocasiones» (Alvar Ezquerra, 2019: 11). No faltan, como suele ser habitual, voces pertenecientes al ámbito científico y técnico42, así como neologismos, aunque su opinión parece cambiar en poco tiempo: […] aunque en el prólogo afirma que la lengua más sabia es aquella que más se parece al idioma de donde se deriva, Barcia admite la existencia de voces neológicas, ya que «todo se mueve en la vida», incluido las palabras. Estas nuevas voces tienen la función de renovar el espíritu humano, ya que
21 43 Esta sería la finalidad de un diccionario didáctico, frente a los repertorios elaborados con un propósito adoctrinador. son, en definitiva, natural y necesario desarrollo de crecimiento. Pero el carácter contradictorio de Roque Barcia se manifiesta en la introducción a la edición de 1890 de sus Sinónimos castellanos, en la que compara la lengua castellana con una especie de botica o laboratorio donde «todo hijo de vecino viene con su menjunje». (García Platero, 1998: 139) Parece bastante simple el motivo del cambio de criterio: «la necesidad de acumular voces con el fin de componer la obra más extensa que pudiera» (Alvar Ezquerra, 2019: 9). Al margen de esto, cabe destacar la información etimológica: Barcia deriva los vocablos a partir de su raíz de origen y registra la palabra en relación con su genealogía. Tras la explicación del método de trabajo, basado en una división de las lenguas en seis familias diferentes para después establecer la etimología, formando seis monografías en la comprobación y examen ulterior, así como la ordenación de las seis monografías embrionarias, el lexicógrafo afirma que su obra encuentra parangón con las mejores del romance y pretende ser digna de una lengua castellana gloriosa. (García Platero, 1998: 139) A lo largo del repertorio encontramos indicada subjetividad, con opiniones radicales, sobre todo de carácter político y religioso, encuadradas en la francmasonería (Alvar Ezquerra, 2019: 15). Destacan, en ese sentido, diferentes artículos dedicados a revolucionarios franceses como Roland de la Platière (Juan María) y su mujer Roland (Manuela Juana Philipon de). VI. LA OBJETIVIDAD, LA IDEOLOGÍA, LA SUBJETIVIDAD Y LA LEXICOGRAFÍA VI. 1. La objetividad del diccionario Sabemos que el diccionario es una obra que debe dar cuenta de los significados (a través de los significantes) que circulan en de una comunidad de habla. Por tanto, la práctica lexicográfica siempre va unida a la realidad social del momento o pretérita (Costa León, 2015). En ese sentido, las piezas léxicas catalogadas han de ser compartidas por los hablantes, en la medida en que, los repertorios tiene que «contribuir a que los receptores adquieran la destreza para interpretar un mensaje correctamente [...] o para producir nuevos textos» (Campos Souto y Pérez Pascual, 2003: 74)43. En relación con lo señalado, se puede decir que el diccionario es una herramienta muy útil para la enseñanza, dado que ayuda al alumno a consolidar las bases
22 44 La descripción debe exponerse a través del lenguaje científico. Por tanto, es necesario que esté exenta de elementos subjetivos que provengan de otras fuentes o de la propia interpretación del lexicógrafo. de una lengua. Se trata de una obra total y fundamental para la formación académica (Castillo Carballo y García Platero, 2003). Tradicionalmente, los textos se han clasificado en cuatro tipos: argumentativos, descriptivos, narrativos y explicativos. El repertorio lexicográfico pertenecería a una clase de textos mixta, puesto que llega a los significados a través de la descripción44 y la explicación. Por ello, podríamos decir que la finalidad de los diccionarios es didáctica, en la medida en que no tienen la intención de transformar convicciones, «y no deberían utilizar las estrategias retóricas propias del lenguaje persuasivo, puesto que la explicación es, por definición, neutra y objetiva» (Forgas Berdet y Herrera Rodrigo, 2002). Por esta razón, el lexicógrafo no ha de recurrir a mecanismos o elementos valorativos, dado que esto implica modificar la intención del texto y, además, en cierta medida, difuminar la realidad, puesto que se está alterando el carácter social mediante una idea subjetiva del significante que se está definiendo. No obstante, en el texto lexicográfico abundan los elementos subjetivos, dado que «el lenguaje nunca es ni inocente ni objetivo. Al contrario, la lengua es, por definición, una producción subjetiva puesto que emana del sujeto [...] que posee un mapa cognoscitivo específico, mapa que se traduce inevitablemente en lenguaje» (Forgas Berdet, 2015: 100). Los diccionarios son creados por personas, con sus propios ideales, cargas emocionales y experiencias vividas, por lo que prácticamente imposible que un repertorio lexicográfico no este exento de cierto grado se subjetividad. Es decir, pese a su carácter didáctico, deviene en un discurso ideológico. Pretendemos analizar los componentes subjetivadores de los repertorios decimonónicos. Se trata, como se ha visto más arriba, de un periodo en el que se vislumbra especialmente, por sus propias características socioculturales, políticas y literarias, la cosmovisión de los distintos autores, por más que existan lógicas excepciones, nacidas de una defensa de la profesionalidad del lexicógrafo. VI. 2. El carácter ideológico del repertorio lexicográfico Como ya hemos comentado anteriormente, la lexicografía debe tener en cuenta el espacio y el tiempo en los que se encuentra la lengua y la comunidad de individuos que la hablan, dado que el diccionario debe refleja el uso lingüístico, percepciones y representaciones sociales. Se puede afirmar que el repertorio lexicográfico tiene un carácter social, pero también ideológico.
23 45 Todo repertorio lexicográfico que transmita una ideología para que los usuarios sean adoctrinados puede considerarse en esta centuria pedagógico. En este apartado (y siguientes) podemos observar cómo el Diccionario nacional de Domínguez y, en menor media, el Nuevo diccionario de la lengua castellana de Salvá están más enfocados a este propósito que el Diccionario académico. 46 La misión principal del Diccionario académico no es adoctrinar, aunque implícitamente muestre una ideología concreta (a veces no es tan perceptible). Es algo inevitable, dado que a entran en juego las propias valoraciones personales, o, incluso, las ideas generales aceptadas socialmente. Como punto de partida, debemos exponer qué entendemos por ideología. Van Dijk (2006: 21) la define como: la base de las representaciones sociales compartidas por los miembros de un grupo. Esto significa que las ideologías les permiten a las personas, como miembros de un grupo, organizar la multitud de creencias sociales acerca de lo que sucede, bueno o malo, correcto o incorrecto, según ellos, y actuar en consecuencia. En cierto modo, podemos decir que la ideología permite «percibir y categorizar todas nuestras experiencias y saberes respecto al mundo» (Costa León, 2017: 22). Es decir, a través de la ideología se va estructurando todo el pensamiento, creencias y conocimiento de los individuos que conviven en una comunidad. Por tanto, se entiende como «un marco compartido de creencias sociales que organizan y coordinan las interpretaciones y prácticas sociales de grupos y sus miembros y, en particular, el poder y otras relaciones entre grupos» (van Dijk, 2006: 22). En todo caso, es un elemento mediante el que se ordena el entendimiento de cualquier sujeto, por lo que cada individuo tendrá diferentes puntos de vista y unas perspectivas iniciales (totalmente subjetivas). Teniendo en cuenta que toda manifestación lingüística lleva implícita una cosmovisión, que afianza y refuerza ciertos valores lingüísticos del individuo, cabe suponer que «todo diccionario encierra una ideología, en la medida en que refleja una situación lingüística» (Gutiérrez Cuadrado, 2011: 40). Es una obra que no suele ser neutral. De hecho, es una herramienta que puede propagar una visión del mundo (más o menos latente) a los sujetos de una sociedad45, dado que, las paráfrasis definitorias dan lugar un adoctrinamiento indirecto46. Si realizamos un rastreo de algunas voces políticas como absolutista,liberal,moderado y progresista (vocablos bastante frecuentes en la España decimonónica) en las ediciones académicas de esta centuria, así como en las catalogaciones antes señaladas obtenemos unos resultados bastante esclarecedores, puesto que en el DRAE no aparecen los significantes absolutista yliberal hasta la edición de 1852, moderado (con acepción referente a la política) hasta 1869 y progresista hasta 1884. En el Diccionario nacional de Domínguez encontramos todas estas voces; en el Nuevo diccionario de la lengua castellana de Salvá se incluyen los
29 51 Cabe recordar que es la edición en la que se basa Barcia para llevar a cabo su Primer diccionario general etimológico. la problemática de las terminologías y, por último, el cuidado que se ha llevado a cabo para las diferencias diatópicas, diastráticas y diafásicas (Ahumada Lara, 1992: 17). Por tanto, en el prólogo no deben aparecer «la valoración de la obra por encima de otras, comentarios acerca de las circunstancias en las que se publicó el diccionario y otra serie de matices que convierten al prólogo en una fuente de intromisiones ideológicas» (Rodríguez Barcia, 2012: 147). Sin embargo, cuando el diccionario se publica en una época controvertida o de numerosos cambios sociales importantes, puede ser interesante que se incluya alguna referencia de la situación del momento (Rodríguez Barcia, 2012: 147), como ocurre en las obras lexicográficas extracadémicas decimonónicas. VI. 3. 1. 1. 1. El DRAE Podríamos decir que los prólogos de los Diccionarios académicos son «convencionales», en la medida en que suelen proporcionar la información lexicográfica oportuna, sin entrar en ningún tipo de valoración. El contenido del prólogo se limita a proporcionar explicaciones sobre las distintas voces añadidas o suprimidas, la inclusión de americanismos, tecnicismos, etc., así como la introducción de nuevas marcas. Sin embargo, ya que en el siglo XIX proliferan obras lexicográficas extracadémicas que critican al DRAE, la institución se ve obligada, en cierto modo, a defenderse. Estos comentarios son, obviamente, muestra de subjetividad. Podemos elegir como ejemplo el texto de la edición de 186951, pues la misma Academia dice que ha estado «atenta a las observaciones que se le han dirigido», por lo que está al tanto de los comentarios negativos vertidos sobre su Diccionario en otras obras lexicográficas. Sin embargo, confirman que han ocupado su tiempo en prestar atención «a las bases fundamentales sobre que debe descansar el inventario razonado de una lengua». La Academia basa su defensa en la razón para elegir las voces que compondrán la obra, lanzando así un ataque contra sus detractores de manera sutil y haciendo referencia a que la lengua va cambiando progresivamente y se debe conservar la integridad cultural, algo que, bajo el punto de vista de la institución, no llevan a cabo los diccionarios de la corriente extracadémica. Igualmente, la RAE lanza un dardo a todos estos lexicógrafos que «miden la riqueza de una lengua por el número de vocablos, sean o no necesarios, estén o no estén analógicamente formadas, ofrezcan o no prendas de duración» y afirma que «se ha mantenido firme en su decisión de no sancionar más palabras nuevas que las indispensables, de recta formación, e incorporadas en el Castellano
30 52 En cierto modo, la Academia está desprestigiando las voces utilizadas usualmente por el vulgo. 53 Esta es la tónica general de los lexicógrafos extracadémicos del siglo XIX, por ende, la Academia se dirige a todos ellos. por el uso de las personas doctas». La Academia no comprende el diccionario en términos cuantitativos, sino cualitativos (aunque quizá, es cierto que no incluyan todos los artículos que deberían), y afirma que no sancionarán de manera precipitada, sino cuando sean utilizados por intelectuales52. Es una refutación a los lexicógrafos que solo desean incluir un gran número de voces y que su diccionario sea el más extenso53. El último aspecto destacable del prólogo es el de las voces que la Academia califica de anticuadas, puesto que ha eliminado la marca de multitud de artículos con el fin de revitalizarlos. El etiquetaje «podía retraer de emplearlas a los que miran como un estigma afrentoso la mucha edad de un vocablo. La Academia desea rehabilitar el uso la mayor parte de tales voces, arrinconadas más bien por ignorar muchos su existencia, que por ser propiamente anticuadas». La crítica más generalizada entre los lexicógrafos extracadémicos es justamente esta, que no incluyen vocablos nuevos y mantienen en el Diccionario demasiadas voces antiguas. Como podemos observar, hay una insistencia de la Academia en «revivir» vocablos que ya no se usan y que ellos mismos marcaron como anticuados, mientras que se resisten a introducir voces nuevas generalizadas, e, incluso, unidades léxicas que pertenecen al ámbito científico-técnico. Esta es la mayor muestra del conservadurismo académico. Como podemos observar, el prólogo del DRAE no carece, en absoluto, de subjetividad, puesto que en diferentes líneas hace referencia a otros diccionarios y lexicógrafos (aunque sea de manera implícita), mostrando, además, su opinión acerca de esas críticas y lo que piensa la institución sobre las carencias a las que otros aluden. VI. 3. 1. 1. 2. El Nuevo diccionario de la lengua castellana de V. Salvá El texto introductorio de la obra de Salvá es muy distinto a los de los demás diccionarios que se analizarán en las siguientes páginas. El lexicógrafo valenciano no realiza una crítica feroz contra la Academia (como veremos en los demás repertorios), sino que, en cierto modo, comprende su labor y la defiende, es decir, ampara el trabajo realizado: seis años van corridos desde que la Academia publicó la octava edición de su Diccionario, y en este largo periodo no ha cesado de ocuparse en mejorarlo, dando a las definiciones de las voces, que lo requerían, mayor exactitud y claridad; admitiendo muchas nuevas que el tiempo y el uso común han legitimado paulatinamente, y procediendo en todo con la meditación y el pulso que acostumbra.
31 54 Como podemos observar, el criterio de Salvá encuentra parangón con el de otros lexicógrafos extracadémicos contemporáneos, dado que su propósito solo era aumentar el número de voces en el diccionario, sin llevar a cabo ningún tipo de estudio complementario de la pieza léxica añadida. Sin embargo, Salvá comenta que la obra de la Academia no está acabada, pues, el idioma va transformándose y moviéndose continuamente, es decir, aparecen voces nuevas, vocablos que acaban en desuso, etc. El lexicógrafo valenciano no es partidario de aumentar el caudal del habla castellana sin ningún tipo de estudio y análisis, sino que apoya el método de la Academia, es decir, realizar un trabajo de investigación para determinar qué voces merecen estar en el diccionario y cuáles no54 (siempre dependiendo de si su uso se ha generalizado en la lengua común o es un vocablo transitorio en la lengua). Salvá señala que el objeto del Diccionario es «dar a conocer las palabras propias y adoptivas de la lengua castellana, sancionadas por el uso de los buenos escritores», por lo que comparte la misma idea que la Academia. También comenta que otras personas no entienden el repertorio lexicográfico de esa forma, sino que «cuando no encuentran en el Diccionario una voz que les es conocida, en vez de inferir que no es legítima y de buena ley, lo que infieren es que el Diccionario está diminuto»; podemos colegir que el lexicógrafo valenciano no comparte el mismo pensamiento que los demás autores extracadémicos, pues, como ya sabemos, la mayoría de ellos critican al DRAE por su brevedad, dado que no incluyen todos los vocablos de la lengua. En cuanto a las voces del ámbito científico-artístico, Salvá señala que la Academia solo las incluye si se han utilizado asiduamente y han llegado a vulgarizarse. Es decir, se usan en diferentes escritos y conversaciones. Por tanto, no acepta que hayan errado en no introducir voces que lo merecían, sino que, quizá, existan términos que aparecen que no deberían estar, pues solo se conservan «por respeto a su posesión y a la memoria de nuestros predecesores». En cierto modo, Salvá está de acuerdo con la Academia, puesto que afirma que el «diccionario de un idioma destinado al uso del público debe abrazar todas las voces del lenguaje común de la sociedad, distinguiendo el más familiar del más culto y propio de las gentes instruidas, y del poético considerado en sí mismo, es decir, con exclusión de las materias o asuntos en que haya de emplearse».Igualmente, afirma que, si se introdujeran todas las voces científicas y técnicas en un diccionario de uso común, sería una obra enciclopédica, puesto que su macroestructura sería demasiado extensa. Posteriormente, introduce un comentario sobre las voces técnicas, puesto que piensa que no pueden aparecer todas, dado que, cada día se van creando vocablos nuevos en los diferentes trabajos, pero, estos no se incluyen en obras literarias; por tanto, no tendrían cabida en un diccionario general de la lengua.
32 En el prólogo del Nuevo diccionario de la lengua castellana, podemos observar que, con las salvedades más arriba indicadas, Salvá defiende a la Academia, pues reconoce que el trabajo que llevan a cabo los lexicógrafos no es fácil (y es muy criticado en ciertas ocasiones). Por tanto, en sus páginas vemos cómo su filosofía de trabajo es muy parecida a la de la institución, dejando claro, además, que no pretende superar al DRAE, dado que no lo critica. En cierto modo, el repertorio de Salvá está confeccionado con una objetividad que no reina en los diccionarios de los demás exponentes de la lexicografía extracadémica, pues la intención de estos es superar y criticar a la Academia, mientras que la subjetividad de la obra de Salvá procede, en cierta medida, de las definiciones que proporciona el DRAE. VI. 3. 1. 1. 3. El Diccionario nacional de Ramón Joaquín Domínguez Desde el principio del prólogo Domínguez ya muestra la idea en torno a la que girará todo el escrito: «nadie pone en duda la necesidad que hay en España de un Diccionario que esté al nivel de la altura a que en menos de un siglo han llegado todos los ramos del saber humano»., El lexicógrafo gallego deja bastante claro que el Diccionario académico no cumple con las expectativas, y que no está actualizándose acorde a los cambios que se están sucediendo. Más adelante, especifica que se refiere, sobre todo, a las voces técnicas y científicas: «las ciencias se han enriquecido con millares de descubrimientos, cada uno de los cuales ofrece al hombre otros tantos objetos nuevos que debe conocer y clasificar, necesitando para esto darles una nomenclatura que los distinga entre sí». Añade también que percibe una carencia de voces neológicas, haciendo alusión a que es necesario incluir estos nuevos artículos y eliminar los anticuados: los progresos del hombre hacen innecesarios unos objetos que son reemplazados por otros más útiles y más cómodos, y por consiguiente caducan en los idiomas las voces de los unos, se hacen necesarias las de los otros, y cada vez se hace sentir más y más la falta de un diccionario en que estén consignadas las voces nuevamente creadas, haciendo una breve descripción de los objetos que representan, si son nombres, de la acción que expresan, si son verbos, del modo de calificar, si son adjetivos, y así a las demás partes del discurso. A continuación, Domínguez incluye una alabanza a su obra, que, a la vez, encierra una dura crítica al DRAE: «el que tengo el honor de presentar al público, es sin disputa, si no perfecto, el más completo de cuantos se han publicado hasta el día». Finalmente, nos proporciona la información que encontramos en su repertorio. Nos dice que incluye artículos con el nombre
33 55 Por un lado, Domínguez señala que la Academia es una institución conservadora y anclada en el pasado (algo que ya hemos comentado en páginas anteriores) y, por otro, constata que su diccionario es una obra actual propia de los nuevos tiempos. de las principales ciudades del mundo, ríos, aldeas, etc. de España; además, introduce los «nombres de los hombres más notables del Universo» y que tienen gran importancia histórica; y, por último, «todo aquello que puede interesar al hombre estudioso»; por tanto, el mismo Domínguez nos está confirmando que estamos ante un diccionario enciclopédico. Como podemos observar, el texto introductorio de la obra del lexicógrafo gallego contempla los ingredientes de un «mal prólogo» si seguimos los parámetros de Ahumada Lara (1992) y Rodríguez Barcia (2012). Desde el inicio, Domínguez ya muestra la subjetividad que imperará en toda su obra, debido a que expone su descontento con el Diccionario académico, al no mostrar la realidad social del momento. Se centra, en ese sentido, en la escasez de voces neológicas, técnicas y científicas55, algo impropio de un repertorio lexicográfico. Por este motivo, Domínguez intenta enmendar todos los fallos que observa en el DRAE e intenta que su obra contenga muchas más voces. De hecho, califica su inventario como «el más completo de cuantos se han publicado hasta el día». Intenta realizar una obra totalizadora que contenga toda la información que no se incluye en el DRAE. En definitiva, el lexicógrafo gallego está valorando su obra por encima del Diccionario académico, del que hace una crítica feroz, puesto que, como ya hemos visto anteriormente, incluso se burla de la institución en no pocos artículos. VI. 3. 1. 1. 4. El Primer diccionario general etimológico de Roque Barcia El lexicógrafo sevillano dedica un gran número de páginas a sus textos introductorios, dado que habla de multitud de asuntos, aunque, sin duda, el más importante para Barcia es la etimología. La mayoría de las páginas introductorias están relacionadas con aspectos lexicográficos y la composición de su obra, aunque existe un subjetivismo latente, pues manifiesta su opinión personal sobre diversos temas. Una de las cuestiones que trata es el neologismo, aunque, como ya sabemos, es un asunto muy repetido a lo largo de la lexicografía extracadémica de esta centuria. El autor aporta varias ideas interesantes, por ejemplo, cree necesario añadir la etimología y los nuevos sentidos a las voces que lo necesiten, sobre todo, para poder entender obras de nuestra literatura, puesto que «se encontrarán centenares de voces cuyo sentido adivinamos, pero cuyo origen no conocemos, cuya historia no presentimos». Barcia, además, proporciona una solución: «marchar al par de los que marchan; seguir al par de los que siguen; crear al par de los que crean». Parece evidente la crítica a la Academia, puesto
34 56 Barcia refleja su preocupación por este tema, por lo que otorga una gran importancia a las nuevas acepciones y vocablos creados durante una época tan convulsa como el siglo XIX. que, como vimos anteriormente en el prólogo del DRAE de 1869, no se incluyen voces nuevas hasta que observen que están asentadas en la lengua. Más adelante afirma que «en la máquina de la vida todo se mueve: pueblos, instituciones, pensamientos, creencias, costumbres, tierra, atmósfera, polos, astros, volcanes, abismos; la palabra también»; por tanto, Barcia opina que es necesario ir incluyendo nuevos artículos y acepciones, pues todo evoluciona y es importante hacerlo conforme se van sucediendo los cambios56. Posteriormente, lleva a cabo una defensa de la etimología. Piensa que es una información básica para poder aprender y utilizar correctamente una lengua. En cierta medida, está criticando, una vez más, a la Academia, puesto que, hasta la fecha, no había publicado ningún diccionario etimológico y, además, la información etimológica no aparecía, en ese momento, en el DRAE, sino que se incluían las correspondencias latinas (aunque en la edición de 1869 se eliminaron). En ese sentido, afirma: «un idioma sin origen averiguado es un hombre sin padres conocidos». Ya en el prólogo de la edición de 1884, la Academia informa que se introduce información etimológica de los vocablos españoles y en los que no se tenga certeza alguna se incluirá una interrogación. VI. 3. 1. 2. Lematización Dentro de la macroestructura es importante la lematización, puesto que refleja tanto las voces presentes como las ausentes. Es decir, son iguales de importantes los elementos in praesentia que in absentia, dado que todos nos aportan una valiosa información (Rodríguez Barcia, 2012: 146). Es decir, la nomenclatura que compone el diccionario puede proporcionarnos datos acerca de la ideología y subjetividad presente en la catalogación, puesto que podemos determinar si se trata de un diccionario conservador o no, así como los prejuicios sobre determinadas piezas léxicas (Rodríguez Barcia, 2012: 146). VI. 3. 1. 2. 1. Análisis del DRAE y de los diccionarios no académicos La lematización del Diccionario académico y de los repertorios lexicográficos extracadémicos no varía demasiado, pues, como ya sabemos, las obras que no pertenecen a la Academia toman como base alguna edición del DRAE, generalmente la vigente. Sin embargo, es importante acercarse a las voces que no aparecen en el Diccionario académico, pero que sí se incluyen en los demás repertorios.
35 57 Domínguez distingue entre afrancesado yafrancesados. La definición política e histórica la introduce en afrancesados, mientras que en afrancesado alude a la persona que tiene gustos franceses e imita sus costumbres o modas. 58 No mencionamos el Primer diccionario general etimológico de Barcia porque usó como base el DRAE de 1869, en el que ya aparecía dicho término, que como ya hemos comentado, se incluyó en el Diccionario académico en la edición de 1852. 59 Es cierto que sí aparece alzamiento oalzarse desde 1803 en el DRAE, que podrían tomarse como sinónimos, pero la Academia no los marca así. 60 El lexicógrafo sevillano incluye en su obra golpe de Estado porque ya aparece en el DRAE de 1869, aunque es interesante que incluya anticonstitucional que, como se vio, no se introduce en el Diccionario académico hasta 1925. Hemos afirmado que los Diccionarios académicos son conservadores. Ahora lo corroboraremos con de las ausencias de voces políticas. Una palabra que llama la atención es afrancesado, dado que, por un lado, en el DRAE no aparece una entrada del artículo referente a la política hasta 1852 y, por otro lado, el vocablo se incluye con dicha acepción tanto en el Diccionario nacional57 como en la Nuevo diccionario de la lengua castellana58 (entre corchetes, lo que quiere decir que la acepción ha sido añadida por Salvá). Es muy llamativo que el Diccionario académico introdujera la acepción política en su edición de 1852, puesto que el término hace referencia a los españoles que apoyaban a los franceses en la Guerra de la Independencia, que, como sabemos, tuvo lugar entre 1802 y 1814. Es lícito que nos preguntemos por qué la Academia se demoró casi cuarenta años en incluir esta entrada. Quizá no tenía interés en que se extendiera el significado, dado que preferirían mantener la unidad nacional y no mostrar a la sociedad que había personas que en ese conflicto apoyaban a Francia y no a España. Mientras se elaboraba la edición de 1852, tal vez, al observar que otros diccionarios no académicos incluían ese significado, la Academia se vio obligada a añadirlo. Es destacable que el DRAE no introduzca el término anticonstitucional hasta 1925, mientras que en los repertorios de Salvá, Domínguez y Barcia ya estaba incluido. Es curioso que un término que ya aparece en un diccionario de 1846, no se sanciona académicamente hasta casi ochenta años después, aunque es consabido que se dieron actos anticonstitucionales durante el siglo XIX, incluso, en las primeras décadas, como, el golpe de Estado de mayo de 1814, que acabó con el régimen constitucional de las Cortes de Cádiz. En relación con esto, la Academia no incluye en su Diccionario la entrada golpe de Estado59 hasta el año 1869. Salvá tampoco la contempla, pero sí Domínguez y Barcia60. Es una incongruencia que en el DRAE aparezca golpe de Estado en 1869, pero que no añada anticonstitucional hasta 1925, puesto que un golpe de Estado es un acto anticonstitucional. En cuanto a las voces religiosas, podemos comentar el caso de laicismo,laico ylaicista. Si analizamos estas palabras en el DRAE, observaremos que laicismo ylaico entran a formar parte
36 61 Es importante destacar que los diccionarios extracadémicos también incluyen dichas voces, por más que tenga mayor relevancia su sanción académica. 62 Al igual que en los demás repertorios lexicográficos extracadémicos. Sin embargo, conviene recordar que la Academia tarda más tiempo en sancionar vocablos que designan elementos o personas opuestos al catolicismo. del Diccionario académico en la edición de 1914, mientras que laicista se añade en la edición de 1927. Salvá no sanciona ninguno de los tres términos en su obra, en Domínguez aparecen laicismo ylaicista y en Barcia los encontramos todos. Resulta llamativo el caso de Salvá, puesto que no añade ninguno de estos términos, algo extraño, dado que el laicismo era conocido desde la Edad Media para designar a los detractores del clero. Tal vez el intento de realizar un repertorio objetivo justificara que no añadiera términos comprometedores o que generaran polémica. Como ya sabemos, Domínguez incluye muchos vocablos de política y de corte religioso, por ello, encontramos al menos dos de estos términos. En este caso, es importante el Primer diccionario general etimológico, pues Barcia introduce todos los vocablos en su obra antes que el DRAE, lo que demuestra que el lexicógrafo sevillano intentaba mostrar la realidad del momento. Como hemos visto, no encontramos los términos laicismo,laicista ylaico hasta el siglo XX en el Diccionario académico. Sin embargo, si rastreamos las voces excomulgar, excomulgación,excomunión,excomulgador oexcomulgamiento61, comprobamos se recogen en el DRAE desde 1803. Podríamos preguntarnos por qué se sancionan estos vocablos. La respuesta parece sencilla, ya que, en una sociedad como la española, que por aquel entonces estaba muy anclada a la religión, la excomunión o la excomulgación se daban porque un individuo había cometido un pecado muy grave, por lo que no merecía tener ningún derecho e incluso, a veces, era motivo de destierro. Por ello, era importante que la sociedad estuviera al tanto de que existía un castigo de tales magnitudes. Podemos encontrar numeroso términos relacionados con la religión en el DRAE62, como Jesuscristo,Jesús,jesusear,deísmo,ateismo,Judas, etc., desde la edición de 1803. Estas voces también se pueden hallar en los demás diccionarios analizados, por lo que carece de importancia comentarlos dentro de la macroestructura. De ahí que analicemos varias de ellas en el nivel microestructural, donde sí podemos hablar de subjetividad. Como hemos comentado en varias ocasiones, los repertorios lexicográficos no académicos criticaban a la institución porque en sus diccionarios no incluía suficientes voces científicotécnicas. La Academia argumentaba que esos vocablos no estaban lo suficientemente extendidos en la sociedad, por lo que no era necesario que se incluyeran en un diccionario general de la lengua. Sin embargo, si atendemos a dos voces que comentamos en el epígrafe de la lexicografía extracadémica, es bastante extraño que, como se vio más arriba, el DRAE no
37 sancionara clítoris ypene hasta las ediciones de 1869 y 1884 respectivamente, puesto que ambas aparecen en los demás diccionarios. El Diccionario nacional de Domínguez incluye miles de voces técnicas en su repertorio (debido a su afán acumulativo). Incluso se ha analizado la importante presencia de términos referentes a la química (Iglesia Martín 2008). En ese sentido, podemos encontrar varios vocablos pertenecientes a esta disciplina, que no están incluidos en el Diccionario académico, como acemafor,alcalígeno,cerulina,deflogisticar,etérimo,oxácido, etc. Antes comentábamos que el repertorio de Barcia contenía numerosas voces técnicas, sobre todo de carácter forense. Algunos de estos vocablos están incluidos en el DRAE, pero no encontramos indagatoriamente,infirmación,injusticiable,licitatorio ojurisprusdencia, incluidos en el Primer diccionario general etimológico. Sin embargo, hallamos entradas como testigo idóneo,impetrable,delito impune,incoar un proceso oprocedimientos legales en la catalogación del lexicógrafo sevillano y no en el Diccionario académico. El DRAE no es un repertorio enciclopédico; por tanto, no incluye voces e información de esta naturaleza, algo que sí ocurre en otros repertorios decimonónicas, como, en el Diccionario nacional y en el Primer diccionario general etimológico. Ambos catálogos derivan en un repertorio de carácter enciclopédico por su afán acumulativo, por más que, en principio, el Diccionario nacional iba a ser un diccionario general de la lengua y el de Barcia, como su propio nombre indica, un inventario etimológico. Sin embargo, la acumulación de lemas e información enciclopédica es evidente, pues ambos repertorios introducen la voz España. La obra de Domínguez incorpora voces relativas a los ríos Duero,Ebro,Guadalquivir, etc. Ambos introducen nombres de pueblos, ciudades, gentilicios, etc.: Cazorla,Córdoba,cordobés, ecijano,Sevilla, etc. En el Primer diccionario general etimológico podemos encontrar, incluso, artículos dedicados a Juana de Arco,Jesús, María, entre otros. La inclusión de estas piezas léxicas en un diccionario general de la lengua o en un diccionario etimológico actual es impensable, pero no en el contexto de la lexicografía decimonónica. Una vez hemos analizado la lematización, parece bastante obvio que existe subjetividad en la macroestructura, sobre todo en el DRAE, por la exclusión de ciertas voces. Los repertorios pertenecientes a la lexicografía extracadémica están más centrados en ofrecer un gran número de vocablos pertenecientes a todos los ámbitos de la vida cotidiana, sin obviar los ubicables en el dominio científico-técnico. Sin embargo, esto no impide que exista subjetividad en estas catalogaciones, pues, como ya sabemos, las ideas políticas liberales de los lexicógrafos se muestran porque introducen términos que el Diccionario académico excluye, como
38 63 En páginas anteriores ya analizamos algunas voces políticas, por lo que no volveremos a comentarlas en este apartado. anticonstitucional,golpe de Estado,liberal, etc. En definitiva, como ya comentamos en páginas anteriores, ninguna obra lexicográfica está exenta de subjetividad. VI. 3. 2. La subjetividad en la microestructura Si nos apoyamos en lo comentado en páginas anteriores, el diccionario sería una herramienta científica, por ello, en la microestructura esperamos que responda «al propósito comunicativo común que comparte el texto lexicográfico con un número importante de textos» (Forgas Berdet y Herrera Rodrigo, 2002). Por tanto, el lenguaje del diccionario debería corresponder con el de la ciencia, es decir, utilizar oraciones impersonales, descripción detallada, exposición lógica, exenta de humor y opiniones personales (Forgas Berdet y Herrera Rodrigo, 2002). Sin embargo, los repertorios lexicográficos no están exentos de elementos y expresiones subjetivas, es decir, de subjetivemas. En la microestructura podemos encontrar: términos que se refieren a las situaciones y a los actantes de la enunciación, [que] representan distintos ‘lugares de anclaje’ de la subjetividad del emisor del texto. Pertenecen a esta categoría tanto los elementos referenciales a la enunciación –los posesivos de primera persona del plural y las terminaciones verbales de la misma persona, los adverbios y adjetivos referenciales espaciales y temporalescomo cualificadores y cuantificadores, términos subjetivos que implican juicios de valor y presuponen la asunción de un conocimiento del mundo compartido por emisor y receptor, presuposición no siempre fácilmente justificable. (Forgas Berdet y Herrera Rodrigo, 2002) En las siguientes páginas, procedemos a analizar diferentes voces de carácter político y religioso que incluyen cualquier tipo de subjetivema o juicio de valor por parte del lexicógrafo o la institución correspondiente. VI. 3. 2. 1. Voces de carácter político A lo largo de este trabajo hemos comentado algunas voces políticas, dado que son de especial interés en los repertorios lexicográficos estudiados. Como ya sabemos, esta centuria supone grandes mutaciones sociales, que podemos ver (o no) reflejadas en los diccionarios. Por esta razón, resulta necesario realizar un análisis de los artículos dedicados a vocablos políticos63 .
45 69 El Nuevo diccionario de la lengua castellana de Salvá queda excluido, puesto que las definiciones son las mismas que las del DRAE. cristianismo incluyen elementos subjetivos que expresan una opinión contraria a dicho vocablo. Esto, sin duda, es un modo de marcar ideológicamente el diccionario, puesto que, como hemos visto en los demás repertorios, no se incluyen elementos negativos en las definiciones69.En cierta medida, podemos afirmar que, en cuanto a las definiciones de voces religiosas, el DRAE es el repertorio lexicográfico que muestra más elementos subjetivos. VII. CONCLUSIONES Como ya sabemos, la centuria en la que se publican estas catalogaciones es especialmente convulsa por los cambios políticos y sociales, lo que debería trasladarse a los diccionarios, aunque, a veces, no es así. Aunque los repertorios lexicográficos tendrían que reflejar la sociedad, los lexicógrafos o académicos valoran si realmente ciertos vocablos tienen cabida en una catalogación. Por tanto, la subjetividad de las catalogaciones comienza desde este punto. Además, una vez hecho el análisis de los repertorios lexicográficos, podemos destacar que en todos y cada uno de ellos existen elementos subjetivos e ideológicos, aunque cada repertorio muestra la subjetividad de diversa manera. En cuanto a las diferentes ediciones del DRAE, cabe destacar que gran parte de la subjetividad se encuentra en la macroestructura, puesto que existe cierta tendencia al conservadurismo en la selección de voces. La Academia no introduce ciertas unidades (sobre todo las relativas a la política) hasta que se considera que se ha asentado en la lengua común, algo que tampoco está exento de subjetividad. Igualmente, en la microestructura podemos hallar no pocos sesgos, dado que, por ejemplo, en los artículos de voces religiosas encontramos ciertas valoraciones personales sobre otras doctrinas o formas de pensamiento no afines al cristianismo. En el Nuevo diccionario de la lengua castellana encontramos muy poca subjetividad, puesto que, como ya comentamos en páginas anteriores, en el prólogo se lleva a cabo una defensa de la profesionalidad del lexicógrafo. Es más, la mayor parte de subjetividad que encontramos en el repertorio proviene del DRAE, dado que Salvá toma las definiciones del Diccionario académico, que en muchas ocasiones no modifica. Además, por lo general, el lexicógrafo valenciano no incluye voces políticas nuevas o acepciones políticas si no están sancionadas académicamente.
46 El Diccionario nacional de Domínguez es uno de los más extensos, debido a su intención de crear un repertorio global y totalizador. Además, están presentes muchos subjetivos. Este es el caso de las burlas a la labor académica. Puesto que Domínguez era liberal, vemos cómo existe una cierta tolerancia respecto a los demás sistemas políticos, pues no introduce demasiados elementos subjetivos u opiniones al respecto. En todo caso es importante que añada todas las voces pertenecientes a otras doctrinas políticas. El Primer diccionario general etimológico, más allá de radical yradicalismo, no muestra demasiada inclinación a definir términos políticos, pese a que son innegables las valoraciones subjetivas, al igual que en todos los diccionarios analizados en este trabajo. VIII. BIBLIOGRAFÍA VIII. 1. Fuentes lexicográficas estudiadas BARCIA, R. J. (1880-1883). Primer diccionario general etimológico de la lengua española. Madrid: Establecimiento Tipográfico de Álvarez Hermanos. DOMÍNGUEZ, R. J. (18461847). Diccionario nacional, o gran diccionario clásico de la lengua española, el más copioso de los publicados hasta el día [...]. Madrid: Establecimiento tipográfico de R.J. Domínguez. DOMÍNGUEZ, R. J. (1846-1847). Diccionario nacional o gran diccionario clásico de la lengua española. Madrid: Bernat PEÑALVER, J. (1842). Panléxico, diccionario universal de la lengua castellana. Madrid: Imprenta de Ignacio Arboix. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (1803). Diccionario de la lengua castellana. Madrid: Viuda de don Joaquín Ibarra. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (1817). Diccionario de la lengua castellana. Madrid: Imprenta Real. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (1822). Diccionario de la lengua castellana. Madrid: Imprenta Nacional. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (1832). Diccionario de la lengua castellana. Madrid: Imprenta Real. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (1837). Diccionario de la lengua castellana. Madrid: Imprenta Nacional. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (1843). Diccionario de la lengua castellana. Madrid: Imprenta de D. Francisco María Fernández.
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