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ARS Pharmaceutica ISSN: 0004-2927 http://farmacia.ugr.es/ars/ Fecha de recepción (Date received): 15-04-2010 Fecha de aceptación (Date accepted): 10-06-2010 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. ARTÍCULO ORIGINAL La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico y comparativa a la realidad actual farmacéutica puertorriqueña. Spanish influence in the history of pharmacy in Puerto Rico: comparison to the puerto rican drug reality Romero Pérez MM 1 , Ramos Carrillo A 1 , Moreno Toral E 1 Dpto. Farmacia y Tecnología Farmacéutica. Facultad de Farmacia de Sevilla. C/ Profesor García González, 2. 41012 – Sevilla. antonioram[email protected] RESUMEN Cuando los españoles arribaron a las playas del Boriquén ya vieron que el “bohique” desempeñaba el papel de “médico-farmacéutico”, religioso y de hechicero. No obstante, el punto de partida de la farmacia en Puerto Rico fue el desarrollo adquirido por la profesión farmacéutica en España. En el siglo XIX la farmacia puertorriqueña tenía la connotación de una pequeña botica que atendía a los pacientes de su comunidad, pero una mirada al Puerto Rico del siglo XXI nos revela, salvo excepciones, grandes locales de cadenas farmacéuticas marcadas por rígidas exigencias comerciales. El objetivo del trabajo es demostrar que bajo la influencia española la farmacia puertorriqueña respondía a unos criterios de atención comunitaria, a veces con carencias económicas aunque con loables valores sanitarios y sociales. Sin embargo, tras ceder España la soberanía de la Isla a los Estados Unidos a finales de la centuria decimonónica cambió la farmacia, sus estudios y la función que los farmacéuticos puertorriqueños ejercían en la sociedad. PALABRAS CLAVE: Farmacia, Puerto Rico, Historia. ABSTRACT SUMARY. When the Spanish arrived in the Borinquen beaches, they saw that the "bohiques" played the role of a "doctor-pharmacist" religious and sorcerer. However, the starting point of the pharmacy in Puerto Rico was the development attained by the pharmacy profession in Spain. In the nineteenth century Puerto Rican pharmacy had the connotation of a small pharmacy that catered to patients of their community, but a look at the Puerto Rico of the XXI century reveals, albeit some exceptions, a complex network of pharmacy chains marked by strict commercial requirements. OBJECTIVE: To demonstrate that, with the Spanish influence, the Puerto Rican pharmacy responded to a community care criteria, sometimes with financial problems but maintaining health and social meritorious values. However, after Spain ceded the sovereignty over the island to the United States in the late nineteenth century the pharmacy system, their studies and the role of the pharmacists in Puerto Rican society changed. KEYWORDS: Pharmacy, Puerto Rico, History, Spain, Pharmacist.
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…552 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. INTRODUCCIÓN Desde el punto de vista de la terapéutica, cuando los primeros colonizadores españoles arribaron a las playas del Boriquén, nombre indígena de la Isla de Puerto Rico, quedaron absortos ante la beldad de la perspectiva que se abría ante sus ojos. Entre los indios borinqueños los dos miembros que más se distinguían en la tribu eran el “cacique” o jefe y el “bohique”, quien desempeñaba el papel del médico-farmacéutico, sacerdote y augur, y quien servía además de mediador entre el cacique y los dioses. La enfermedad era imputada a la acción de los diabólicos espíritus a los que daban el nombre de “maboyas”, y se valían de encantamientos, ruidos y exorcismos para alejarlos de los enfermos. Empleaban masajes, baños de agua fría, invocaciones al “cemí” que era una deidad indígena, fumigaciones de tabaco, ayunos y purgas. De todas formas, la raza indígena fue desapareciendo de la Isla tras la llegada de los conquistadores españoles, debido a lo cual y por lo rudimentario de los nociones que poseía, fue prácticamente nula la aportación del indio a la farmacia puertorriqueña 1 . La política colonizadora de España manifestó desde sus comienzos una transferencia hacia sus territorios de ultramar que aplicaba también a la sanidad pública, quedando fijadas así en Puerto Rico el requisito de graduación por la universidad con títulos como doctor, maestro o bachiller (1535), las visitas de inspección a las boticas (1539) y el examen ante protomédicos para obtener la licencia de médico, cirujano o boticario (1579). A modo de antecedentes, veamos las primeras noticias que se tienen de la farmacia puertorriqueña. En la Real Cédula de 23 de febrero de 1512, el Rey de España, a solicitud de Don Juan Cerón, accede al envío de un boticario y un físico a la Isla de San Juan. En la misma Cédula se ordena que de los cien indios asignados para estos dos profesionales, se destinen sesenta al boticario, el primero en ir a la Isla. Con respecto al cuadro de las actividades sanitarias y asistenciales en el Nuevo Mundo, en la época de la Conquista y de la Colonia no distó mayormente en los distintos países americanos, ya que España trasplantó a ellos las instituciones, usos y costumbres de la metrópoli. De aquí que las primeras medidas sanitarias implantadas en el país fueron adoptadas por el Cabildo, aunque sus atribuciones fueron restringiéndose poco a poco. En 1477 en Castilla surgió el Real Tribunal del Protomedicato, que desde sus inicios se presentó con vastas competencias en el ámbito de la salud 2,3 . Fue necesario ir adaptando el Tribunal del Protomedicato a los nuevos territorios mediante las leyes emanadas de la Corona española a tal efecto. Este hecho dio lugar a lo que podríamos denominar modelo americano, instituido en 1570 4 . La farmacia puertorriqueña en sus orígenes tuvo como punto de partida el desarrollo que ya había adquirido esta profesión en la nación colonizadora para la época en que se hizo el trasplante de la cultura hispánica a estas tierras americanas.
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…553 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. Interesa consignar que era práctica de los españoles dotar a cada nuevo pueblo que se fundara en América, de un hospital, médicos, cirujanos y boticarios, para lo cual había que importar a esos profesionales de España. No obstante, muy poco se sabe acerca de la farmacia en Puerto Rico durante el período comprendido entre los siglos XVI y XIX 5 . A finales del siglo XVIII, la práctica de la profesión en Puerto Rico estaba en manos de farmacéuticos procedentes de España y de la Habana y algunos de Francia. No existía ninguna escuela de farmacia en la Isla y aquellos jóvenes puertorriqueños que deseaban convertirse en verdaderos farmacéuticos tenían que ir a España o Francia a cursar estudios y escaseaban los farmacéuticos en la Isla, especialmente en los pueblos pequeños. Aún San Juan, la capital de Puerto Rico, se veía por épocas privada de boticas propiamente dichas. En el año 1765 se estableció una farmacia militar en San Juan, la única de esta naturaleza en la Isla. El privilegio de la primera botica en el Nuevo Mundo, de acuerdo con lo ya comentado, fue concedido por la citada Real Cédula de 23 de febrero de 1512 a petición de Juan Cerón, alcalde mayor de la Isla de San Juan, Puerto Rico. Sobre quién fue el titular de dicha botica existen algunas contradicciones. Podemos dar algunos nombres con objeto de situarnos en el debate 6 : 1512. Juan Rodríguez. 1513. Hernando de Jerez. 1519. Francisco de Lizana. 1530. Francisco Núñez. Salvador Arana-Soto concreta a Juan Rodríguez como el primer boticario procedente de España, pero a Hernando de Jerez como el primer boticario de Puerto Rico. Es algo complejo establecer una afirmación categórica. A este respecto, encontramos que Monseñor Murga tiene documentación que atestigua a Hernando de Jerez como el primer boticario, cuya llegada anuncia el rey en 1512 y a quien asigna sesenta indios desembarcando en San Germán. Con respecto a Francisco de Lizana hemos de añadir un curioso juicio que tuvo lugar entre 1519 y 1520 en el que se le acusaba de blasfemar. Por su parte, Francisco Núñez, que pasó a la Isla en 1525, era natural de Alcántara e hijo de Pedro Núñez y María Vedía 7 . Pero, según la doctora Sandra Fábregas, fue Fernando de Torres el primer boticario en llegar a la Isla de Puerto Rico y que arribó en la Nao Santa Cruz en 10 de octubre de 1512 trayendo consigo medicinas y artefactos que supuestamente surtirían al poblado de Caparra. En el pequeño museo con que cuenta lo que fuera este poblado de Caparra encontramos unos albarelos que se hallaron en el propio poblado, los cuales reproducimos a continuación y que, en principio, según algunas opiniones podría pertenecer a la farmacia de ese primer boticario que arribara a la Isla (Ilustración 1).
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…554 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. Ilu. 1. Albarelos. Museo del poblado de Caparra. Ruinas de la casa de Ponce de León. Fotografía Antonio Ramos Carrillo. Continuando con la descripción de los boticarios, tenemos en 1767 a Francisco Marchillac y el practicante José Junqueras. Añadimos estos nombres a la lista en tanto la importancia de la fecha, pues se fundó, por cuenta de la Hacienda Real, en el Hospital Real de San Juan de Puerto Rico, una botica que proveía de los medicamentos necesarios a la guarnición, pueblo y marinería que llegaba al puerto. Tras la muerte de Francisco Marchillac ocupó su cargo el eminente botánico –también boticario de la armadaJuan Diego del Castillo 8 . En 1785 había 3 dependientes en la botica del Hospital Militar, un boticario y dos practicantes. En 1798 el boticario Ramón Hernaiz fue nombrado controlador del Hospital Militar. Desde 1799 hasta 1842 estuvo José Giusti desempeñando en el Hospital Militar diferentes cargos y hasta llegó a recibir la distinción de boticario de cámara 9 . 1796. Antonio Margarida. Dueño de una farmacia particular en el centro de la Isla que fuera denunciado por el por entonces titular de la Botica Real Ramón Hernáiz por razones económicas, de competencia desleal y de connivencia con el cirujano Francisco Oller en el negocio de la nueva farmacia que, finalmente, tuvo que cerrar 10 . Por Real Cédula de SM y del Consejo del 5 de febrero se aprobaron las Ordenanzas de 1804 que sustituyeron a las de 1800 y que implantaron las modificaciones de la Real Cédula de 1801, creándose los títulos de bachiller y doctor en farmacia junto al de licenciado gozando de las mismas prerrogativas, gracias, facultades y exenciones que sus homólogos de Medicina y Cirugía 11 . Las primeras cátedras de farmacia, medicina y cirugía en Puerto Rico, se debieron al empuje del Doctor Don José Espaillat, médico y cirujano y director del Hospital de la Concepción de San Juan, quien remitió a S.M. el Rey de España una solicitud para que se tomaran medidas para proveer a la Isla de profesionales instruidos, entre las que aludía el
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…555 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. establecimiento de una Sociedad Médica y cátedras de medicina, cirugía y farmacia. El Cabildo de San Juan se reunió el 16 de octubre de 1820 y se crearon prontamente cátedras de medicina, cirugía y farmacia en el Hospital de la Concepción, las cuales se pusieron bajo la dirección del Dr. Espaillat. El 6 de febrero de 1838, el Gobernador Don Miguel López de Baños, con el objeto de poner fin a los abusos que perpetraban contra los habitantes de lsla de Puerto Rico los curanderos y los intrusos en el ejercicio de la medicina y la farmacia, quienes usurpaban títulos que no les pertenecían, expidió una circular a los Alcaldes de todas las ciudades y pueblos, disponiendo que después que los Alcaldes recibieran dicha orden requerirían de todos los profesores de medicina, cirugía y farmacia, residentes en los pueblos y términos de su jurisdicción, los títulos originales que los autorizaran a ejercer sus respectivas facultades. El crédito por el importante progreso que en la regularización de la farmacia en Puerto Rico se realizó con el establecimiento en la Isla de la Real Subdelegación de Farmacia, pertenece al gobernador Don Miguel López de Baños, quien en el año 1839 envió una comunicación oficial a la Junta Superior de Farmacia de España informado a dicho cuerpo del estado de desorden que prevalecía en el ejercicio de la farmacia, las medidas por él adoptadas a este respecto para la acreditación de los títulos de los que ejercían la profesión y la necesidad que existía de poner término a los abusos. El 14 de marzo de 1839, el gobernador López de Baños recibió una Real Orden por conducto del Ministerio Español de Marina, Comercio y Gobernación, ordenando el establecimiento de la Real Subdelegación Principal Gubernativa de la Facultad de la Farmacia en la Isla de Puerto Rico, incluyendo el Reglamento para su dirección y gobierno. Las bases principales de este reglamento consistían en el establecimiento en la Isla de una Subdelegación de Farmacia compuesta de tres profesores, quienes no solamente habrían de visitar las boticas y droguerías de la Isla cada dos años, sino que también dirigirían los estudios de farmacia y examinarían los candidatos. Se expresaba asimismo el deseo de la Reina de que la Subdelegación se estableciera en la ciudad de San Juan. EL 8 de agosto de 1839, el gobernador López de Baños envió a Madrid los Reglamentos que se solicitaban en la Real Orden y procedió a establecer con carácter provisional la Real Subdelegación de Farmacia en “la muy noble y muy leal ciudad de San Juan Bautista de Puerto Rico”. La Subdelegación fue definitivamente instaurada por una circular del gobernador Méndez de Vigo fechada el 13 de enero de 1842, y los primeros miembros que integraron este cuerpo fueron Don José Justi, como presidente, Don Juan Pablo Roselló y Don Agustín Micard. La Real Subdelegación de Farmacia procedía a hacer a principios de cada año la matrícula de todos los practicantes de farmacia de la Isla, presentando éstos al efecto su fe de
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…556 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. bautismo original, certificación de haber estudiado gramática latina, lógica y matemáticas y, si era posible, debían presentar otra del farmacéutico con el cual estaban realizando el aprendizaje, y la de buena moral y conducta. Con estos documentos que eran dirigidos a la Subdelegación por los visitadores de partido, se formaba el expediente de cada practicante y desde entonces se empezaba a contar el curso y, concluida su carrera teórico-práctica los graduados tenían que superar dos exámenes: uno teórico que duraba hora y media y otro práctico al tercer día. Luego de haber cumplido con todos estos requisitos y de ser aprobado, el candidato, poniendo las manos sobre los Santos Evangelios, tenía que prestar el siguiente juramento ante el Presidente: “¿Juráis a Dios por estos Santos Evangelios, ser fiel a la Reina Nuestra Señora Isabel Segunda, y durante su menor edad al Regente del Reino, guardar las leyes del Reino, obedecer al gobierno y defender el Misterio de la Purísima Concepción, usar y ejercer bien y fielmente la facultad de Farmacia, guardar sigilo en los casos convenientes y dar de limosna a los pobres las medicinas que pidiesen?” El candidato debía contestar: “Sí, lo juro” y el Presidente añadía: “Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no os lo demande.” Tras todo el protocolo, la Subdelegación le expedía el título correspondiente como Licenciado en Farmacia para que pudiese ejercer la profesión en la Isla, informando a la Dirección General de Estudios del Reino de todos los títulos expedidos. Casi todos los profesionales farmacéuticos de la Isla, desde el establecimiento de la Subdelegación de Farmacia hasta la ocupación militar por los Estados Unidos el 25 de julio de 1898, eran graduados de la Subdelegación, más de trescientos puertorriqueños obtuvieron sus títulos de dicha institución educativa. Ricardo Alegría, fundador del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe y creador y exdirector ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña nos recuerda, en el prólogo a la obra de la doctora Fábregas 12 afirma que, “a finales del siglo XIX, con motivo de la guerra hispano-americana, Puerto Rico fue invadido por las tropas estadounidenses y España se vio obligada a ceder la soberanía de la Isla a los Estados Unidos lo cual, inevitablemente, influyó en la farmacia, sus estudios y la función que los farmacéuticos puertorriqueños ejercen en la sociedad”. Durante e l siglo XIX, la farmacia en Puerto Rico tuvo analogías con la peninsular ubicándose en los entornos de la plaza principal, cerca de la alcaldía y de la iglesia, habitualmente de dos plantas para facilitar que el boticario viviera en los altos. En la parte superior externa de la puerta había un rótulo, rezaba: Farmacia. Se hallaban botes de cristal llenos de líquidos de vivos colores para dar vistosidad al escaparate; con anuncios de las especialidades de la botica. Igualmente, en la pared frontal se colocaban
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…557 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. carteles publicitarios con inscripciones en letra inglesa o en redondilla: “Agua de Vichy, Ceregumil, Pastillas del Dr. Andreu , Elixir Estomacal…” En la parte destinada para atender al público, el mobiliario estaba constituido principalmente por anaqueles donde estaban colocados colecciones de botes de porcelana y cristal, elegantes con bordes de oro e inscripciones latinas. En el centro de esta pieza estaba el mostrador, una mesa grande de madera labrada, con balanzas y pesas y, tiempo después, con una máquina registradora. Separada de la sala de atención al público, pero comunicada con ésta mediante una puerta, estaba la trasbotica o rebotica, donde se elaboraban los medicamentos con balanzas, matraces, pildoreros y morteros, entre otros, y la obligada tenencia de la Farmacopea Española. Si bien, además de elaborar medicamentos también se comercializaba con medicinas patentadas 13 . Las que a continuación se reproducen, pertenecen al Museo de Farmacia del Viejo San Juan y exponen objetos y otros útiles de la farmacia Planellas de Cayey del siglo XIX (Ilustraciones 2, 3). Ilu. 2. Mostrador. Museo de Farmacia del Viejo San Juan. Fotografía Antonio Ramos Carrillo.
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…558 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. Ilu. 3. Botes. Museo de Farmacia del Viejo San Juan. Fotografía Antonio Ramos Carrillo. El citado Salvador Arana recoge asimismo una relación de boticarios en Puerto Rico en el siglo XIX: 1832. Juan Pablo Roselló. Puerto Rico. 1842. Andrés Avelino Seguir, catalán. 1847. Rafael Gabino Silva, natural de Santo Domingo. 1858. Manuel Maximino del Valle, Puerto Rico. 1864. Juan Euclides Acosta, natural de San Juan. 1871. Eduardo Ramos y Rendón, natural de Sevilla. Por su parte, Juan Pablo Roselló era de estatura regular, color trigueño, pelo y ojos castaños, nariz regular, boca proporcionada, de 25 años de edad, que practicó la facultad de farmacia con maestro examinado, con documentación de legitimidad, limpieza de sangre y buena vida y costumbres y que fue examinado durante dos horas respondiendo bien y cumplidamente habiendo prestado el juramento acostumbrado, añade Arana. Roselló llegó a ser en 1857 Presidente de la Subdelegación Principal Gubernativa de Farmacia y ordenador de la misma en la Isla. También, muchos fueron significativos y distinguidos integrantes de la sociedad puertorriqueña. Por ejemplo el músico Jesús Escobar, los literatos José de Jesús Domínguez y Luis A. Torregrosa, los políticos Pedro Monclava, Rafael Arrillaga, Alfonso Félix Simplicio y
Romero Pérez MM et al. La influencia española en la historia de la farmacia en Puerto Rico…559 Ars Pharm 2010; 51.Suplemento 3: 551-564. Lucas Luis Vélez, o los alcaldes Carlos Encarnación, Celestino López Pérez y Antonio Ruiz López 14 . A los pulperos se les permitía vender simples en el estado crudo, en cantidades no menores de cuatro onzas, si se proveían de una licencia de la Subdelegación. Sin embargo, en sitios donde no existían farmacias a una distancia de dos leguas a la redonda, podían vender cantidades más pequeñas de estos simples hasta que se estableciera una botica en la vecindad. Por otra parte, tenemos noticias documentales de intrusismo médico en el campo puramente farmacéutico. “Ha llegado una noticia que en Ponce, donde hay tres boticas bien acondicionadas, algunos profesores médicos y cirujanos tenían botiquín en que despachaban con tanta libertad como si fueran farmacéuticos, con perjuicio de los facultativos nacionales y lo que es más, quebrantado nuestras leyes, y atropellando las Reales Ordenanzas en Farmacia que prohíben el ejercer simultáneamente ambas profesiones. Como esto es un desorden muy trascendental no puedo menos elevarlo a V.E. a fin de que se digne poner remedio, y de encargar se guarde y observe la tarifa puesta por el gobierno, pues es sabido que por medio dracma de serpentaria virginiana, 12 ¿g? de quinina y 6 de extracto de opio en 12 píldoras se han pedido tres ps ¿pesos? Cuando con dos estaba muy bien pagada la receta. Se dirá tal vez que el sulfato de quinina es posterior a la tarifa del gobierno y por consiguiente no se encuentra en ella, pero todo el mundo sabe ya que con diez pesos se compra en el Norte una onza de este medicamento. Dios que a V.E. m s a s . Puerto Rico, 26 de noviembre de 1835. Excmo S ñor. Don José Espaillar. Excmo S ñor. Prócer Presidente Gobernador y Cap n . Gral. De Puerto Rico. 15 " Otro interesante documento hace especial referencia a la denuncia y posterior visita de inspección. “Presidencia de la Real Subdelegación Principal Gubernativa de la facultad de farmacia de la Isla de Puerto Rico. Excmo S ñor. Cumpliendo con la Orden Superior de V.E. de 23 de octubre próximo vencido, y por acuerdo de 23 de esta Real Junta de 31 del mismo, tengo el honor de acompañar en calidad de reservado el expediente de denuncia de infracciones farmacéuticas en el pueblo de Cidra, y al verificarlo, tengo también la honra de suplicar la superior atención de V.E. hacia el