La izquierda crística de Claridad
Abstract
El presente artículo se centra en un aspecto poco estudiado de la revista Claridad (Buenos Aires, 1926-1941) y que hemos denominado “izquierda crística”. Nos referimos a la operación de cristianizar la izquierda al ensalzar la figura de Jesús, a quien se perfila como un revolucionario. A diferencia del anticlericalismo intransigente de otras revistas, Claridad tomó una actitud intermedia respecto a la religión al hacer del catolicismo un dispositivo para ampliar su horizonte de lectura. Las páginas que siguen son un intento por dilucidar esa operación mediante el análisis de sus estrategias discursivas, tanto en textos de creación (poemas y cuentos) como en sus ensayos.
Full text
ISSN: 2014-1130 Universitat Autònoma de Barcelona DOSSIER LA IZQUIERDA CRÍSTICA DE CLARIDAD1 Claridad’s Christic Left ANA DAVIS GONZÁLEZ ESCUELA DE ESTUDIOS HISPANO-AMERICANOS (INSTITUTO DE HISTORIA/CSIC) [email protected] ORCID: 0000-0002-9638-3987 DOI: https://doi.org/10.5565/rev/mitologias.1047 vol. 30 | 2024 | 88-102 Recibido: 16/02/2024 | Aceptado: 06/04/2024 | Publicado: 12/07/2024 Resumen El presente artículo se centra en un aspecto poco estudiado de la revista Claridad (Buenos Aires, 1926-1941) y que hemos denominado “izquierda crística”. Nos referimos a la operación de cristianizar la izquierda al ensalzar la figura de Jesús, a quien se perfila como un revolucionario. A diferencia del anticlericalismo intransigente de otras revistas, Claridad tomó una actitud intermedia respecto a la religión al hacer del catolicismo un dispositivo para ampliar su horizonte de lectura. Las páginas que siguen son un intento por dilucidar esa operación mediante el análisis de sus estrategias discursivas, tanto en textos de creación (poemas y cuentos) como en sus ensayos. Palabras clave Claridad, revistas culturales, izquierda argentina, Cristo, catolicismo Abstract The following paper focuses on a little-studied aspect of the magazine Claridad (Buenos Aires, 1926-1941) that we have called “Christian left.” It consists of the operation of 1 Esta investigación es resultado de una estancia financiada por el proyecto Archives in transition. Collective Memories And Subaltern Uses y por la Unión Europea–NextGenerationEU. Asimismo, forma parte del proyecto i+d+i Escritores Latinoamericanos en los Países Socialistas Europeos Durante la Guerra Fría (PID2020-113994GB-I00).
Mitologías hoy. Revista de pensamiento, crítica y estudios literarios latinoamericanos 89 Christianizing the left by praising the figure of Jesus, profiled as a revolutionary. Unlike the uncompromising anticlericalism of other magazines, Claridad took a middle-of-the-road attitude toward religion by making Catholicism a device to broaden its reading horizon. The following pages are an attempt to elucidate this operation through the analysis of its discursive strategies, both in creative texts (poems and stories) and in its essays. Keywords Claridad, Cultural Magazines, Argentine Left, Christ, Catholicism
La izquierda crística de Claridad – Ana Davis González 90 Introducción Durante 1926 y 1941 el espacio hemerográfico de la cultura de izquierdas argentina estaba colmado por los siguientes títulos: Claridad (1926-1941), Brújula (1930-1932), Metrópolis (1931-1932), Nervio (1931-1936), Contra (1933), Rumbo (1935), Clase (1933), Dialéctica (1936), Contra-fascismo (19361937), Unidad (1936-1938), Orientación (1936-1949), Argumentos (1938-1939), La hora (1940-1943), Nueva Gaceta de la AIAPE (1941-1943). De la lista, es fácil observar la centralidad que ocupa Claridad, no solo por su trascendencia posterior sino también por su larga duración. Continuación de Los pensadores (1924-1926), la revista de Antonio Zamora se mantuvo activa quince años, una pervivencia nada fácil, sobre todo, a partir de 1930, cuando las revistas de izquierda se hallan en un lugar periférico del espectro político dado el inicio de la Década Infame (1930-1943). Expresión acuñada por José Luis Torres, la Década Infame fue un período de intermitentes gobiernos conservadores que se inicia con la dictadura fascista de Uriburu (1930) y se cierra con la Revolución de 1943. En dichos años, la intelectualidad de izquierda ocupa un lugar periférico y subversivo, de ahí la fugacidad de muchas de las revistas mencionadas y la excepcionalidad de Claridad. Su ubicación, casi clandestina, se mantiene así, e incluso se intensifica, en los años cuarenta. Si bien sufre algunos cambios insignificantes, su vinculación a una izquierda más socialista que comunista se sostiene hasta su último número. Y no sería arriesgado aventurar que su éxito de durabilidad se debiera en parte a esta cuestión, pues el PC era probablemente el partido más perseguido durante dicha etapa. El contraste entre Claridad y el resto de la prensa de izquierda mencionada se basa en tres cuestiones fundamentales: el socialismo de la primera, frente al comunismo acérrimo de las demás; la larga duración de Claridad; y, finalmente, lo que aquí hemos denominado “izquierda crística”, esto es, la operación de cristianizar la izquierda, desde una evidente oposición a la Iglesia como institución, para realzar la figura de Cristo, a quien se perfila como un revolucionario pero, al mismo tiempo, se desclericaliza. A diferencia del anticlericalismo intransigente de otras revistas, Claridad tomó una actitud intermedia respecto a la religión al hacer del catolicismo un dispositivo para ampliar su horizonte de lectura a una mayor variedad de público receptor. Así lo expresa Zamora en el primer número al distinguir su revista de su antecesor: “CLARIDAD es una expresión más popular que LOS PENSADORES” (1926: 1; énfasis del original). Las páginas que siguen son un intento por dilucidar esa operación de Claridad, mediante el análisis de sus estrategias discursivas, tanto en textos de creación (poemas y cuentos) como en sus ensayos. Nuestro propósito busca trascender las poéticas individuales a favor de profundizar en Claridad como proyecto de un colectivo intelectual que absorbe parte del discurso religioso (concretamente, el crístico) para legitimar una izquierda abierta a las necesidades y demandas del pueblo, algo que la hace única en el espacio hemerográfico de su país. Tras resumir el estado de la cuestión, en el segundo apartado nos ocuparemos de la evolución que se opera en la revista desde el número 4 (1926) —quizá el más anticlerical— hasta mediados de la década del treinta, respecto a su tratamiento de la figura de Cristo. A partir del análisis pertinente que requieren las portadas, nos centraremos luego en las estrategias retóricas de los textos ensayísticos, liricos y ficcionales, que consciente o inconscientemente dieron forma a la izquierda crística de Claridad. En la tercera sección, presentaremos algunos intentos de fusionar el comunismo con el cristianismo, aunque tal fusión ocupe un espacio cuantitativamente menor en la revista. Por último, en las notas finales, se brindan ejemplos que demuestran que la izquierda es únicamente crística porque, en algunos textos, el tratamiento de otros personajes bíblicos ofrece un mensaje ambiguo o incluso anticlerical. Hasta la fecha, la crítica no se ha ocupado del tratamiento de lo religioso en Claridad o únicamente se ha mencionado su anticlericalismo, que pone de manifiesto tanto en su defensa al México de Calles, como en su oposición a la educación pública religiosa y/o al Congreso Eucarístico celebrado en Buenos Aires en 1934, temas que han sido tratados, sobre todo, por Diego Gabriel Liffourrena (2017). El crítico hace especial hincapié en el afán de Claridad por propiciar una ampliación de su “radio de alcance”, propósito que requería necesariamente una complementación con otras corrientes ideológicas que
Mitologías hoy. Revista de pensamiento, crítica y estudios literarios latinoamericanos 91 pudieran reforzar su posicionamiento socialista desde un ángulo diferente (2017: 135). Como veremos, esto explica, en parte, la apertura a un discurso cristiano más primitivo que clerical. En 1959, Adolfo Prieto califica de “literatura piadosa” a los textos de creación de Boedo difundidos en las páginas de Claridad (1959: 20) y que, como veremos, configuran ese discurso crístico de la izquierda que impera entre sus páginas. Para él, este tipo de literatura le otorgaba cierta originalidad porque sus colaboradores no incurrían ni en la vanguardia propia de Maiakovski ni en el realismo socialista en sentido estricto (1959: 19). De ahí que la revista se distancie, por ejemplo, del proyecto de Contra, fundada por González Tuñón, con un perfil de mayor énfasis comunista y un interés por conciliar vanguardia artística y política (Saítta, 2005). Frente a Prieto, en el ya clásico estudio sobre revistas argentinas, Lafleur, Provenzano y Alonso consideran, no sin cierto desdén, que la de Claridad es una literatura tendenciosa, tosca y populachera, dirigida a las masas analfabetas (1962: 106). Por su parte, Graciela Montaldo concibe que Claridad poseía, más bien, un público ideal doble: por un lado, se buscaba “educar a los sectores populares” y, por el otro, “sensibilizar a los intelectuales hacia los problemas sociales” (1990: 422), debido a su carácter didáctico, plural y ecléctico (1990: 426). Dicho eclecticismo es otro signo distintivo respecto a otras revistas de izquierda y un factor fundamental para explicar su síntesis entre anticlericalismo y cristianismo. De ahí también su alejamiento de todo dogmatismo, tanto ideológico, como político o religioso (Cattáneo, 1992: 14); un antidogmatismo que aleja a Claridad del PC, mientras que la acerca al socialismo por su “fuerza política con mayor capacidad para transformar la sociedad” (Ferreira de Cassone, 1999: 102). Aunque es importante destacar que ese socialismo no se asimila a ningún partido concreto con el fin de mantener una autonomía respecto de todo órgano institucional; así se aclara en una nota anónima de 1927: “CLARIDAD es la única que acoge la expresión de los hombres libres, cualquiera que sea su posición ideológica” (1927b: s/p). A pesar de este distanciamiento del PC, Ferreira de Cassone destaca la permanente admiración por la Unión Soviética como potencia mundial, lo cual demuestra que Claridad no se enfrentaba tanto al marxismo o al comunismo internacional como al sectarismo del PC argentino (1999: 121). En su opinión, antes que proyectarse al doble lector que sugiere Montaldo, la revista se dirigía más bien a una figura (inexistente), un “obrero culto, intelectual y progresista” capaz de aunar ambas categorías (1999: 126). En este sentido, su horizonte de lectura no miraba a su presente sino al futuro: si su proyecto se cumplía, sus lectores se transformarían, gracias a las ideas políticas y culturales difundidas por Claridad, en ese obrero ideal: trabajador con conciencia de clase y, a la vez, intelectual. Tal objetivo poseía su antecesor, Los pensadores, al querer hacer de su público, valga la redundancia, “pensadores” que imitaran las personalidades ejemplares o modelos a imitar que se divulgaban en sus páginas (1999: 97).
La izquierda crística de Claridad – Ana Davis González 92 Del anticlericalismo a la izquierda crística Figura 1. Portada de Claridad, 4 (1926). Tomada de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Figura 2. Portada de Claridad, 227 (1931). Tomada de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
Mitologías hoy. Revista de pensamiento, crítica y estudios literarios latinoamericanos 93 Figura 3. Portada de Claridad, 260 (1932). Tomada de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Iniciamos nuestro análisis del discurso crístico de Claridad a partir del primer elemento que salta a la vista, de manera inmediata, en cualquier medio hemerográfico: las portadas. Como explican González Aracelli y Arpes Gasel (2019), tanto Los pensadores como Claridad pusieron especial empeño en hacer de sus tapas una propuesta visual que tuviera algún tipo de impacto, más ideológico que estético. Las figuras 1, 2 y 3 vislumbran una aparente contradicción en el mensaje de Claridad: en la primera (1926), la denuncia anticlerical se pone en evidencia; mientras que las otras dos, ya publicadas en los años treinta, ofrecen dos imágenes de un Jesús perfilado como un revolucionario (bajo la figura 3 se lee “El más grande revolucionario de Occidente”) o como un rebelde (figura 4). Advertimos así la dialéctica constante que caracteriza a Claridad y que se mantiene hasta el último número: anticlericalismo y, a su vez, exaltación de Cristo, a quien se presenta como un líder anarquista y/o socialista, e incluso se llega a equiparar a pensadores como el propio Lenin. No obstante, esta operación no se lleva a cabo desde el primer número puesto que se observa cierto contraste entre los ejemplares de la década del veinte, donde el anticlericalismo no es compensado por ninguna imagen positiva del cristianismo, frente a los inicios del treinta, tal y como muestran las portadas mencionadas. ¿A qué se debe este cambio de actitud? A finales de los veinte, en primer lugar, el eco de las noticias que llegan de la guerra cristera mexicana impulsa a los intelectuales latinoamericanos de izquierda a apoyar la resistencia al culto católico y a posicionarse en una actitud anticlerical. En segundo lugar, a nivel local, por esos años empieza a vislumbrarse ciertas tensiones con la Iglesia y dentro del propio campo intelectual, tensiones que se ponen de manifiesto en los debates entre Claridad y Criterio o con Crítica (Oliveto, 2016). A partir de 1930, el Golpe de Estado de Uriburu inicia la “hora de la espada”, en términos de Lugones, un cambio de época que obliga a Zamora a clausurar unos meses la revista, como explica en “Buenas noches” (1931, n.º 235). Pero también, añadimos, se inicia “la hora de la cruz”, puesto que la emergencia del fascismo estaba apoyado por la Iglesia de manera explícita o tácita, al no manifestar oposición alguna. En el campo cultural, los Cursos de Cultura Católica, y las revistas Número y Sol y luna son algunos ejemplos de un “meridiano hispanocatólico” que se estaba fraguando entre la intelectualidad nacionalista (Davis González, 2020). Dicho
La izquierda crística de Claridad – Ana Davis González 94 cambio radical de época llevó a la mayoría de revistas de izquierda a un anticlericalismo acérrimo, mientras que la operación de Claridad fue más ecléctica y pragmática: sin dejar de atacar la cúpula eclesial, se sirvió de la figura de Cristo como modelo moral de una religión, independiente de cualquier institución, es decir, rebelde, anti-hegemónica, libre, revolucionaria, y atractiva para las masas. Dicho de otra manera: Zamora y sus colaboradores más cercanos —Barletta, César Tiempo, Barthelemy y Oscar Cerruto son los nombres principales de su comité editorial— tomarían consciencia de que un enfrentamiento total a la Iglesia conllevaría, no solo una posible censura, sino también un arriesgado rechazo por parte de una gran cantidad de lectores de clase obrera, educados en cultura católica. A continuación, veremos las estrategias retóricas empleadas en los textos ensayísticos, liricos y prosísticos, difundidos en la revista que participaron, más o menos deliberadamente, de este proyecto. Para ello, cabe mencionar, en primer lugar, la centralidad que el ejemplar número 4 (1926) —que corresponde a la figura 2— le otorgó a la cuestión anticlerical: la presentación del número se titula “Contra la Iglesia”, definida como “el peor instrumento de opresión que han tenido los pueblos para su libre desenvolvimiento” (Anónimo, 1926: 1). En él, María Concepción Alcalde arremete contra la hipocresía de los sacerdotes (en “Contra los curas”); y Herminia Brumana, activista de afinidad anarquista, ataca tajantemente la ortodoxia religiosa para desplazarla por la fe y la voluntad del hombre (en “Mi religión”). Asimismo, Bautista Hernández reflexiona acerca de la incompatibilidad entre religión y ciencia en “Reflexión sobre el catolicismo”, y Bonafoux censura a los sacerdotes que no ponen en práctica su celibato (en “Curitas fornicadores”). En relación con los textos de creación, hallamos dos poemas que critican la hipocresía eclesial y arremeten contra la ingenuidad religiosa del pueblo; esto último lo vemos en el final de “Padre nuestro” de Francisco Rodríguez: “¿Es que no hay pan hoy tampoco?”, preguntó el niño a su padre; sollozó la pobre madre, y el padre rugió: “¡Tampoco!” (…) Y la madre…, joven vieja, musitó como una queja: “Padre nuestro danos pan”. (1926, v. 1-14: s/p) Por su parte, César Tiempo describe la hipocresía que se vive en los templos en “Recogimiento”: [...] y una tristeza ficticia todos los rostros reflejan. ¿Tocará tan mal el hombre, que causa tamaña pena, o en el templo será norma aparentar tal tristeza? (1926, vv. 5-10, s/p) A pesar de la tónica anticlerical del número, se empiezan a asomar visos del discurso crístico que estará más presente en ejemplares posteriores; por ejemplo, al final de la presentación anónima, Barletta nos ofrece un poema, “Cristo”, que inicia con una alabanza al Jesús revolucionario, mitigado por la propia Iglesia: En un tosco madero murió crucificado. Veinte siglos la Iglesia explotó su figura. ¡Jesucristo rebelde sirvió, santificado, para que echara grasas su discípulo el cura! (1926, vv. 1-4, s/p) Con el fin de legitimar esta imagen del Cristo “desclericalizado”, la revista incluye algunas máximas de Tolstoi sobre la Iglesia y Jesucristo, como la siguiente: “Cristo, el verdadero Cristo,
Mitologías hoy. Revista de pensamiento, crítica y estudios literarios latinoamericanos 95 predicaba las profundísimas verdades; pero lo que han agregado a él es máxima necedad” (1926: s/p). El escritor ruso, uno de los referentes constantes de Los pensadores, se mantiene como modelo ejemplar de Claridad, en materia moral, religiosa y espiritual. A él se dedican dos portadas (1928, n.º 167; 1929, n.º 197), y se publican su “Testamento espiritual” (1928, n.º 165) y su cuento “El viejo en la iglesia” (1935, n.º 285), e, incluso, se incluyen dos sentencias similares a la anterior en “Opiniones sobre Jesús de Nazareth” (1931, n.º 227): “Para vivir según la doctrina de Cristo se debe, ante todo, huir de la falsificación de la fe que se recibió al ser educado” y “Libre de las mentiras de la falsa religión, el hombre estaría apto para practicar la doctrina de Cristo” (VV. AA., 1931: s/p). Otra autoridad foránea de que se sirve Claridad para crear la imagen de un Cristo no clerical es Henri Barbusse, cuyo libro Vida de Jesús reseña Pedro Schwab (1927, n.º 137), quien destaca el perfil humano de Jesucristo, en detrimento de su imagen mística. El reseñista concluye que esta obra emerge como un nuevo Evangelio a seguir: “Si se obra en el futuro en conformidad con lo que se dice en Jesús, una era nueva se prepara y hoy es el alba” (Schwab, 1927: s/p). Ambos referentes, Tolstoi y Barbusse, sirven como basamento teórico de un vaciamiento semántico que se opera en torno a la figura de Cristo: despojado de toda vinculación eclesial, adquiere un carácter humano, rebelde, revolucionario, humilde y solidario, imagen que inaugura el poema citado de Barletta. Dicho tratamiento es exclusivo de la figura de Jesús y no de otros personajes bíblicos pues, como veremos, los textos que abordan otros temas morales o religiosos, donde Cristo está ausente, proyectan un mensaje ambiguo, o incluso anticlerical, y carecen del didactismo moral que caracteriza las obras “crísticas”. Entre estas últimas, durante los veinte, hay escasos ejemplos frente a la mayor cantidad de textos anticlericales, como el número 4 ya comentado. Algunas excepciones vemos en el ensayo “Porque Cristo no fundó la Iglesia Católica” de Lidio Mosca (1928, n.º 159), donde se insiste en la escisión entre la doctrina de Jesús y la deriva de la Iglesia hacia una institución que paradójicamente la contradice. Un mensaje similar lanza Gerardo Pisarello (1928, n.º 171) al aludir a un Cristo futuro que, “con su látigo de rebeldía y justicia” (s/p), volverá a sanar la sociedad corrupta y a echar del templo a los falsos mercaderes. Este conocido pasaje bíblico es una de las escenas del Evangelio más citadas en el corpus de Claridad porque representa la figura de Jesús más cercana a la izquierda anti-hegemónica, anti-capitalista y en contraposición a la hipocresía de la Iglesia con que se pretende educar a sus lectores. También Ernesto Sábato se pronuncia a este respecto, a pesar de que no colaboraba con frecuencia en Claridad; en 1931 aún mantenía su afinidad con el marxismo, aunque con ciertas reticencias, que lo llevan, posteriormente, a acercarse al pensamiento de Emmanuel Mounier (véase Sánchez, 2002). En “Ciencia e Iglesia” (1931, n.º 228), el escritor no solo critica cómo la Iglesia desbarató los progresos de la ciencia, sino que coloca al propio Jesucristo al mismo nivel que los perseguidos Galileo Galilei, Copérnico y Kepler: “…si Cristo hubiera cometido la torpeza de resucitar de incógnito en la época de la Inquisición, también habría sido quemado o desollado vivo” (Sábato, 1931: s/p). Aunque aquí no se opere una caracterización anarquista ni de izquierda de Jesús, vemos otro modo de ensalzar su figura. Entre los escasos poemas dedicados a Cristo, destacan: “Ofertorio del destierro” (1930, n.º 216) del chileno Gómez Reyes, una oración donde el yo poético ofrece versos por la Justicia en la Tierra; “Jesús me habla…” de Álvaro Yunque (1930, n.º 227), un posible monólogo en boca del mesías; y dos de la pluma de José Portogalo. Este último poeta, en sus inicios, intentaba conciliar vanguardia política y artística, pero su progresiva afinidad al PC dará a su escritura un viraje hacia una poesía de temática social y hacia formas más tradicionales que cultiva en periódicos como Orientación, durante los cuarenta, órgano de difusión del PC y radicalmente anticlerical. No obstante, en Claridad, Portogalo publica con frecuencia y, respecto a la temática que nos ocupa, hallamos dos poemas que apelan directamente a Cristo. “Canción sobre una piedad frustrada” (1929, n.º 197), escrito en verso libre, donde el yo poético se dirige al mesías en términos más estéticos que morales: “…y eres un poema / con letras de mañanas callejeras / sobre las colinas de tus sueños” (1929: vv. 4-6, s/p). Tras aludir a la farsa de las nuevas sinagogas del siglo XX, concluye con una estrofa en versos desarticulados que recuerdan levemente a Vallejo —y que en 1929 ya es una convención legada por la vanguardia— donde se realza su imagen revolucionaria:
La izquierda crística de Claridad – Ana Davis González 96 ¡Jesús [...] Hoy Tal vez Mañana para el domingo del pueblo, ¡tu Verbo sea estallido de granadas! (1929: vv. 28-35, s/p) El otro poema, “Palabras a Cristo después de la farsa” (1930, n.º 207), se estructura de manera más tradicional, en versos de arte mayor, y su contenido es más críptico que el anterior: se repite la apelación a Jesucristo, desde un yo que se presenta como poeta, y hace equivaler las dos figuras en un paralelismo entre Cristo/poeta, parábolas/versos: ¡Ah! Señor Jesucristo: Mi palabra es tan tuya… viste mi voz la cálida saya de tus parábolas; la intención del poeta en tu voz se columbra como barro de nidos en la cruz de una rama. Y en la cruz del insulto, la intención luminosa es hoy, como en tu tiempo, estrella abofeteada. (Portogalo, 1930: vv. 30-35, s/p) Ya hemos mencionado que el golpe de Uriburu lleva a Zamora a clausurar Claridad durante unos meses de 1931 por miedo a la censura. No obstante, ese mismo año sale a la luz el n.º 236, donde el director, en una suerte de manifiesto titulado “Buenos días”, justifica el retorno de la revista como una obligación moral de la izquierda en tiempos de “cerrazón y atropello a la soberanía del pensamiento”: VENIMOS a continuar nuestra labor interrumpida por propia voluntad y como un acto de dignidad periodística [...]. Hoy como ayer; deseamos que CLARIDAD sea la expresión ferviente del pensamiento de los hombres libres. Deseamos que en esta publicación se refleje cada vez más el temperamento social, político y económico, cada día más acentuado hacia la izquierda, en el más claro sentido de la expresión y por encima de las vanas preocupaciones literarias que no conducen hoy a la solución de ninguno de los grandes problemas que afligen y preocupan a la humanidad. (Zamora, 1931: 1; énfasis del original) Como ya ha señalado la crítica, es a partir de este número que Claridad inicia cierto alejamiento de los intereses literarios, como el propio Zamora señala, a favor de la difusión de ideas políticas de izquierda. Quizá por reparos a la censura, se percibe una ausencia significativa de ensayos anticlericales durante 1931 y 1933, pero en 1934 se ve necesario manifestar su aversión al Congreso Eucarístico de Buenos Aires ya mencionado. Aun así, esta nueva época abre camino a una mayor cantidad de textos crísticos, tanto ensayísticos como de creación. Entre los primeros, se mantienen aquellos que insisten en la dialéctica Iglesia/Cristo desde una perspectiva radicalmente maniquea, como leemos en “Reflexiones para los católicos” (1934, n.º 282): En la religión católica apostólica y romana se hallan mezclados dos elementos: la moral de Cristo y la teología católica. Examinados serenamente estos elementos, se llega a la conclusión de que la moral de Cristo es buena, pero en cambio la teología católica no es más que un cúmulo de absurdos inventados por charlatanes geniales para asegurar la existencia y el predominio del clero en todo el mundo. (Console, 1934: s/p) Años más tarde, Segundo Osorio se pregunta, en “Jesús… a 1938 años” (1938, n.º 322), cómo en 1938 la humanidad aún no ha asimilado “la simiente de amor, de fe y de esperanza que sembraron [sus] labios amorosos y puros” (1938: s/p). Más interesante resulta la carta abierta a Jesucristo de Arturo Verkause (1935, n.º 296) debido a su moderación de la retórica maniquea, pues reconoce la rebeldía del mesías por levantarse contra el “acaparamiento voraz de la riqueza” (1935: s/p) pero, al mismo tiempo, recrimina lo siguiente: “Nos enseñaste a despreciar la maldad de la vida; pero no a combatir el mal [...]. No solo de pan vive el hombre, es cierto, pero el hombre vive de pan [...]. Tus