Castilla, una metáfora de España
Abstract
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Reseña sobre el libro de Carlos Moreno Hernández En torno a Castilla (Ensayos de historia literaria), que fue III Premio Internacional de Investigación "Agustín Millares Carlo" 1999, convocado por el Gobierno de Canarias y la UNED de Las Palmas de Gran Canaria. Publicada en La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria) el 11 de abril de 2002. CASTILLA, UNA METÁFORA DE ESPAÑA MAXIMIANO TRAPERO Universidad de Las Palmas de Gran Canaria [email protected] "Érase una vez un reino de nombre y lengua equívocos desde el origen mismo de la lengua y el reino, de territorio confuso, pues nombre y tierra, como tierra, lengua y reino, no se corresponden ni en el tiempo ni en el espacio". Este comienzo, aunque lo parezca, no es el de un cuento de la tradición oral, sino el de un libro de ensayo, serio, fruto de una reflexión larga y honda sobre uno de los mitos (digamos creencia colectiva asentada en la tradición) más firmes de nuestra cultura, el de Castilla. Así empieza el libro En torno a Castilla (Las Palmas de Gran Canaria, 2001), que fue III Premio Internacional "Agustín Millares Carlo" de investigación en Humanidades 1999, y cuyo autor, Carlos Moreno Hernández, castellano él procedente de una de las tierras fundadoras del mito, Soria, es Profesor Titular de literatura española y teoría de la literatura en la Universidad de Valladolid, a la vez que Profesor Tutor de la UNED en el Centro Asociado de Soria, condición esta última que es digna de destacarse, pues otro Centro Asociado de la UNED, el de Las Palmas de Gran Canaria, a través de la Fundación de Enseñanza Superior a Distancia, y con el patrocinio de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, son los convocantes del Premio Millares Carlo. Y continúa el comienzo del libro de Carlos Moreno: "En rigor Castilla, pertenece al ámbito de la literatura fantástica en mayor o menor medida que otros dominios históricos, debido no sólo a su indefinición constitutiva sino a su desarrollo". Aquí acaba el primer párrafo del libro, y así queda planteada la cuestión central sobre la que girará la reflexión que lleva por subtítulo Ensayos de historia literaria. Es decir, la intención de someter a una revisión seria, crítica y sistemática, lo que Castilla ha devenido a ser en la historia y en la literatura españolas, y en el fondo, en la creencia colectiva de los españoles. Por supuesto que no es la primera vez que una creencia tan firmemente asentada ha sido puesta en duda. Por ejemplo, con motivo de la reciente muerte de nuestro Nóbel Cela (no hay mejor manera de homenajear a un escritor que leyendo sus textos), y volviendo yo sobre uno de sus libros de viajes que más me gustaron cuando en su día lo leí, y que, por cierto, no he visto ni oído citar a nadie en estos días, cuando se ha hecho el recuento de su obra, un libro titulado Cristianos, moros y judíos, y que no es sino un libro de viajes por la que entonces todavía se llamaba Castilla la Vieja, me encuentro con estas palabras iniciales del autor: "Los límites de su excursión es algo que ha dado mucho que pensar al vagabundo. La región castellana de los geógrafos no coincide exactamente con Castilla la Vieja, aunque sí sea un poco su alcaloide, su corazón, incluso su alma, y desde luego, su historia, casi toda su historia". Y revisaba a continuación Cela los incesantes vaivenes que la Administración española se había tenido en eso de meter y sacar provincias de la región que llamó Castilla (la Vieja, la verdadera "Castilla"), y que ha afectado a todas las provincias circunvecinas, digamos Santander, Logroño y las tres que pertenecieron al antiguo Reino de León. Para dibujar los límites de su excursión, Cela prefiere hablar mejor de "comarcas" que de provincias, pues "la división administrativa -dicees más mala que buena y más
artificial que lógica". Y concluye: "Castilla la Vieja no es una región natural; Castilla la Vieja es una entidad histórica, un tópico. El vagabundo piensa que el tópico de Castilla es lo más interesante y característico que Castilla puede ofrecernos. El pueblo, que obra por intuiciones, suele acertar". Castilla es un tópico, concluye Camilo José Cela. Y como todos los tópicos, encierra algo de verdad y mucho de creencia repetida hasta llegar a hacerse "dogma" incuestionable. Pues sobre el tópico de Castilla es sobre lo que la reflexión de Carlos Moreno, ahora ya no de una manera intuitiva o como de simple advertencia, se detiene con argumentos, rigor intelectual y mucha sabiduría. Reflexión que se orienta no hacia la confirmación de la poca verdad que el tópico pueda encerrar, sino, en este caso, a lo mucho que las creencias colectivas han ido falsamente "dogmatizando". El libro de Carlos Moreno está en la línea de la más alta ensayística practicada en España, en la línea de un Menéndez Pidal (aunque se tenga una visión muy crítica con determinadas posiciones del maestro indiscutible de la filología española), seguida después, aunque en forma de controversia duradera, agria a veces pero siempre fertilísima, por dos de sus discípulos más descollantes, Sánchez Albornoz y Américo Castro, y justamente sobre este mismo tema de Castilla, aunque elevado a la categoría simbólica de España. Y aquí radica la importancia del tema y por tanto también del libro que hoy comentamos. El tópico de Castilla no tendría la trascendencia que ha tenido (y que tiene) si se hubiera limitado (y se limitara) a los límites geográficos, históricos y aun a la literatura referida a la región exclusiva llamada Castilla. Pero es que Castilla ha sido (y aún sigue siendo, aunque bien que de manera mucho más débil) una metáfora de España. De las cuatro facetas desde las que Castilla se ha identificado con España, a saber: a) la geografía (al constituir su centro, su corazón), b) la historia (por cuanto que fue el reino de Castilla quien unificó los varios reinos de España), c) la lengua y d) la literatura escrita en esa lengua, ninguna como ésta, la lengua, ha servido tanto para esa identificación. "Español" o "castellano" dice nuestra Constitución que se llama la lengua que hablamos. "Español" es, sin duda, desde una perspectiva filológica, lo que nosotros hablamos hoy aquí en Canarias, y hablan en Andalucía, y en Cataluña, y en México, y en Argentina, y en toda esa inmensa geografía que dice con las mismas palabras conceptos como agua, cielo, madre, amor. Porque la lengua que ha llegado a nosotros no es ya la que hablaban Rodrigo Díaz de Vivar o Berceo, sino el resultado de una larga historia de acumulaciones, de un largo y complejo proceso de influencias y asimilaciones. Decía un informante canario al maestro Manuel Alvar (otro que también se nos fue hace poco y al que Canarias debe tantísimo), cuando éste hacía sus encuestas en la isla de La Palma para su ALEICan, que él -el palmero de Barloventolo que hablaba era español "porque el castellano no lo sabía pronunciar". Sabia contestación que vale por todo un tratado de historia de la lengua. Pero es lo cierto que los términos español y castellano se usan en muchos sitios de manera indistinta para referirse a la lengua común que hablamos. Y no sólo en los territorios de España en que, además del español, existen otras lenguas (el vasco, el catalán, el gallego), territorios éstos en donde se prefiere de manera casi absoluta el término castellano, bien que por razones políticas y de una identificación nacionalista frente a "lo español". Pero también en otros muchos lugares de América sigue usándose el término castellano para referirse a una lengua que, allí con más razón que en ninguna otra parte, no es sino español. Al preguntar el mismo Manuel Alvar a una india mexicana, en Mitla, qué lengua es la que ella hablaba, ésta le contestó en un puro español: "Hablo pura Castilla, señor". De ahí que Castilla haya sido, más que ninguna otra región española, el símbolo de España, y que incluso figuren como elementos principales en su escudo actual el castillo y el león, que fueron en su tiempo símbolo sólo de los reinos respectivos de Castilla y de León. El libro de Carlos Moreno se estructura en dos partes, antecedidas por un Prólogo y concluidas por una Coda. En el Prólogo se expresa directamente el propósito que el autor tiene de demostrar -de
"sugerir", diceque "Castilla no se hace España sino sede o núcleo del imperio, y se deshace, o se disuelve, en él, pues España no fue hasta el siglo XVIII un país o una nación, sino una geografía, la peninsular, asociada a una ideología". Se trata, en definitiva, de demostrar una historia que está muy lejos de coincidir con la metáfora que de ella se ha formado, y que puede reflejarse en un proceso con tres formulaciones sucesivas: 1ª. "Castilla se hizo España" 2ª. "Castilla hizo a España y la deshizo", y 3ª. "Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla". La primera parte revisa la historia de lo ocurrido entre los siglos XIII y XVI, lo que el autor titula "Orto y ocaso de Castilla", y en el que se suceden cuatro capítulos, dedicado el primero de ellos a los héroes y clérigos creadores de la mitología castellana: El Cid, Fernán González, Berceo; el segundo, al nacimiento de un dialecto, el castellano, que absorbiendo para sí las otras modalidades lingüísticas circunvecinas, se convertiría en lengua, y aun en la lengua de todas las Españas; el tercero, dedicado al asunto de los judíos y conversos, desde el lado y punto de vista del que fuera todopoderoso arzobispo Alfonso Carrillo, quien fuera factor principal en el matrimonio de los Reyes Católicos, y, como consecuencia de ello -al decir de Carlos Moreno-, factor primero y principal de la desaparición de Castilla como Reino; y el capítulo cuarto dedicado a la consideración de Castilla como territorio "inexpugnable", tanto fuera por los castillos que se levantaron para avanzar en las campañas de la reconquista contra los infieles y que, a la postre, sirvieron para darle el nombre de Castilla, como por los otros castillos espirituales que en Castilla se levantaron para la defensa de una fe que se hizo monolítica y triunfante en manos de caballeros andantes, monjes y monjas andariegas y clérigos de todas las órdenes. Castillo inexpugnable de la fe quiso ser Castilla en los siglos XVI y XVII, y resultó castillo arruinado que se desmoronó en un lento y agónico y triste final, según los versos conocidos de Quevedo: Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados... La segunda parte revisa lo ocurrido en España en relación a Castilla entre los siglos XIX y XX y que constituye, en título del autor, el intento de refundición y de refundación de Castilla. Dividida también en cuatro capítulos, en el primero se trata sobre el nacimiento del "nacionalismo" español, que es lo mismo que decir el "nacionalismo castellano", dentro del espíritu surgido por el nacionalismo cultural alemán. Y será un alemán, Alejandro Humboldt, personaje bien conocido en Canarias (pues las visitó en el siglo XVIII y dejó escrito un precioso libro sobre su visita), quien se encargue de definir a Castilla a través de un nuevo concepto y un nuevo término geográfico, el de meseta. Y como el medio hace al hombre, y es la meseta tierra que exige de espíritus fuertes y de hombres austeros y enteros para vivirla, será ese el nuevo concepto que se propague de Castilla y que deberán ser de esta condición los hombres que España necesita para su regeneración, tarea ésta que se convertirá en programa ideológico, y literario, y poético, de la Generación del 98. De este asunto trata el segundo capítulo. Y lo continúa el tercero, dedicado por entero a las ideas de los hombres de esa Generación del 98 en torno a Castilla: son ellos -al decir de Carlos Morenolos que "inventan" Castilla como un lugar retórico, literario: Unamuno, Maeztu, Azorín, Ortega... y, por último, Antonio Machado. Otros autores habrá más tarde que continuarán con el propósito de desentrañar el enigma del espíritu y del ser verdadero de España y que acudirán para ello a las fuentes de Castilla, principalmente los ya mencionados Menéndez Pidal, Sánchez Albornoz y Américo Castro, y de ello trata el capítulo cuarto y último de la segunda parte.
Finalmente, la Coda se dedica a la visión que Machado tuvo de Castilla, en quien, más que en ningún otro, se fundieron poéticamente nostalgias, historias, hechos, ideas y deseos de una España grande y mejor: Castilla miserable, ayer dominadora... La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes... Una virtud más quiero destacar en el libro de Carlos Moreno: su prosa: clara, precisa, sobria, contundente. Una prosa que es fiel expresión de un pensamiento de iguales virtudes, y que tiene su fuente en una lengua que, por ser la nuestra, no cumple que yo la alabe, pues que todos saben cómo es... Lengua, literatura, geografía, historia..., cuatro puntos de vista complementarios puestos en relación y en actuación conjunta para reflexionar sobre un tema capital de nuestra identidad. Una manera de pensar y de actuar que agradaría mucho al sabio que tantos saberes supo juntar y que da nombre al Premio del que el libro de Carlos Moreno fue merecedor: Agustín Millares Carlo.