El mejor Viana gracias a Mª Rosa Alonso
Abstract
Comentario a la reseña al libro de María Rosa Alonso: Antonio de Viana: Antigüedades de las Islas Afortunadas. Biblioteca Básica Canaria, nº 5, 2 vols., Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1991.
Full text
Publicado en el periódico La Provincia, Las Palmas de Gran Canaria, 6 de febrero de 1992. EL MEJOR VIANA GRACIAS A MARÍA ROSA ALONSO Maximiano Trapero Catedrático de Filología Española Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Por fin tenemos una edición crítica del Poema de Viana. Se la debemos a María Rosa Alonso y a la Biblioteca Básica Canaria (Antonio de Viana: Antigüedades de las Islas Afortunadas. Biblioteca Básica Canaria, nº 5, 2 vols., Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1991). Una aportación fundamental para la literatura canaria y, sin duda, la edición «estrella» de la Biblioteca Básica. A María Rosa Alonso se la conoce poco, menos que poco: salvo muy contados especialistas nadie sabe a quien corresponde ese nombre. ¡Para qué lamentarse! Esa es una desgracia generalizada que afecta a todos los que se han dedicado a las letras en estos tiempos actuales, tan ingratos con el saber. Una vida entera dedicada al estudio de la literatura canaria hacen a María Rosa Alonso una autoridad de primerísima línea. Pocos hay -si es que hay algunoque puedan afrontar una explicación coherente, sistemática y convincente de la literatura canaria con mayor rigor y capacidad que María Rosa Alonso. Y sobre Viana nadie como María Rosa. Viana fue el motivo de su tesis doctoral, allá en 1948 (publicada en 1952 con el título de El Poema de Viana), y a Viana ha vuelto una y otra vez desde entonces, como si una atracción irresistible la llevara siempre hacia el joven poeta lagunero. El tema principal de la obra crítica de María Rosa Alonso es, sin duda, Viana. Y sin embargo nunca hasta ahora había logrado hacer una edición del Poema. Los ligeros en documentación - los indocumentadoscitan siempre a Viana «según la edición de María Rosa Alonso», pero la verdad es que esa edición nunca existió. Lo que existió fue el estudio del Poema (su tesis doctoral), pero no la «edición» del texto. La tuvo preparada, sí, para el Instituto de Estudios Canarios en su época de profesora de la Universidad de La Laguna, pero asuntos turbios la obligaron a abandonar esta isla de acá para refugiarse durante muchos años en aquella «isla» de allá (Venezuela). Y Viana tuvo que esperar. Ahora esa edición ha sido posible gracias a la Biblioteca Básica Canaria. Para María Rosa Alonso esta es la conclusión de un capítulo abierto a la investigación desde hace 50 años. Si los poetas famosos pudieran desde su gloria reconocer la parte que de esa gloria les corresponde por la labor de sus exégetas, Antonio de Viana tendría que bajar del Olimpo para otorgar a María Rosa Alonso la corona de la constancia y para compartir con ella la palma de su fama. Desde siempre, y con razón, se ha tenido el Poema de Viana como la obra cumbre e inaugural (junto con el Templo Militante de Cairasco) de la literatura canaria. En nuestra particular Ilíada, nuestra gloriosa Eneida y nuestra insular Araucana. En el Poema están las fortunas que hicieron de las Islas «Las Afortunadas» y las glorias que elevaron a los guanches a la cumbre de la mitología. Claro que Viana es un poeta y no un historiador, y que lo que quiere es cantar más que contar. Y sin embargo el Poema de Viana se ha convertido en una de las fuentes más recurridas de la historiografía de Canarias. Ningún historiador posterior (ni Núñez de la Peña, ni Pedro Agustín del Castillo, ni el gran Viera) se ha librado de reconocer como «históricos» muchos datos y algunos episodios que Viana creó como motivos literarios. Hasta Viana (y Cairasco) los aborígenes de las Islas no fueron para la historia sino un pueblo primitivo, bárbaro y troglodita, rudo y escaso de recursos («bárbaros gentiles» los llamó Cairasco).
Pues Viana cambió aquella imagen haciendo a los guanches «nobles» y a sus jefes «reyes», los hizo habitar en palacios esplendorosos y les otorgó una cultura tan refinada como la de los caballeros renacentistas que vinieron de Europa a su conquista. Y esa imagen es la que ha pervivido en la tradición oral y en la literatura interior y exterior a las islas; no, naturalmente, en los museos ni en los yacimientos arqueológicos que suelen mostrar la verdad pura y desnuda. No hay que olvidar que el único texto del XVII referido a las Islas, pero escrito fuera de ellas, Los Guanches de Tenerife de Lope de Vega -una visión absolutamente idílica y fantaseada de la vida de los canarios aborígenesestá inspirada en Viana. Es una imagen idealizada, que interesó mucho a la literatura y que la poesía romántica y la novela costumbrista acabaron por consagrar. Pero el origen está en Viana. Pero Viana no lo inventa todo, claro está. Su principal fuente histórica fue Fr. Alonso de Espinosa, el de la Historia de la Candelaria, y las fuentes de éste fueron las Crónicas anónimas de la Conquista. Y como estas fuentes primeras se copian las unas a las otras, añadiendo o quitando a voluntad, resulta que los capítulos primeros de la historia de Canarias (los dedicados a los usos y costumbres de los aborígenes y a la conquista de cada una de las islas) han quedado como un enrevesado laberinto en el que inevitablemente se pierde quien quiera entrar en él. Y aquí es donde ha puesto orden María Rosa Alonso; sencillamente ha ordenado (hasta donde se puede) la historia. Cualquier referencia histórica que aparezca en el Poema, cualquier personaje con nombre propio, cualquier acontecimiento grande o anécdota pequeña tienen la aclaración precisa de María Rosa Alonso. Tal cosa -dice, por ejemplo, María Rosaprocede de Espinosa, pero antes estaba en la Lacunense, aunque con nombre distinto al de la Ovetense, y Viana lo adapta a su mentalidad de poeta, y, después, Núñez de la Peña y Viera, que siguen al poeta, lo dan por histórico. La aportación de María Rosa Alonso en este sentido es de tal importancia que no dudo en decir que su edición del Poema de Viana será también obra imprescindible para los historiadores, no sólo para los literatos y para el lector curioso. Claro que no todo lo que aclara y juzga María Rosa Alonso es el resultado de sus propias investigaciones, como es lógico. Otros investigadores canarios han resuelto sobre la verdad histórica de lo dicho por Viana: Serra Ráfols, Rodríguez Moure, Leopoldo de la Rosa, Peraza de Ayala, Rumeu de Armas, Cioranescu... Pero de María Rosa es el mérito de juntarlo todo y de traerlo a su lugar correspondiente. Así, su edición de las Antigüedades de las Islas Afortunadas rezuma erudición y sabiduría expuestas en una prosa ágil y llena de luz. La pulcritud de la edición de María Rosa Alonso, la numeración de los versos por cada Canto, las infinitas notas que aclaran las dispares versiones anteriores, los comentarios que ponen en contacto las alusiones de Viana con la cultura literaria del momento y con la épicas clásica y renacentista en las que bebe el autor, son aportaciones que los lectores del Poema agradeceremos a María Rosa Alonso siempre para una mejor comprensión del texto vianesco. Amar Canarias significa conocerla, reconocerla en sus obras. Y Viana, su Poema, es una de las aportaciones más singulares de la cultura canaria de todos los tiempos.