El mundo funerario prerromano en el sur de Portugal (siglos V/IV – II a. n. e.): (pocos) datos y (algunos) problemas
Abstract
Los datos sobre las prácticas funerarias en la II Edad del Hierro del sur de Portugal son escasos y muy fragmentarios. Sin embargo, las evidencias de las pocas necrópolis conocidas se han utilizado en la construcción de modelos lineares de difusión cultural que hoy por hoy no pueden seguir sosteniéndose. Un repaso actualizado por la documentación disponible permite comprender que, a pesar de ser menos diverso que el de la I Edad del Hierro, el registro funerario prerromano evidencia una trama compleja de relaciones transregionales en las que la continuidad de las relaciones con el ámbito meridional y mediterráneo sigue teniendo un peso determinante.
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Copyright: © 2019 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC-by 4.0). Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 El mundo funerario prerromano en el sur de Portugal (siglosV/IV– II a. n. e.): (pocos) datos y (algunos) problemas The Pre-Roman funerary world in the South of Portugal (5th/4th - 2nd centuries B.C.E.): (few) data and (some) problems Francisco B. Gomes1 UNIARQ – Centro de Arqueologia da Universidade de Lisboa; Faculdade de Letras da Universidade de Lisboa; Fundação para a Ciência e Tecnologia RESUMEN Los datos sobre las prácticas funerarias en la II Edad del Hierro del sur de Portugal son escasos y muy fragmentarios. Sin embargo, las evidencias de las pocas necrópolis conocidas se han utilizado en la construcción de modelos lineares de difusión cultural que hoy por hoy no pueden seguir sosteniéndose. Un repaso actualizado por la documentación disponible permite comprender que, a pesar de ser menos diverso que el de la I Edad del Hierro, el registro funerario prerromano evidencia una trama compleja de relaciones transregionales en las que la continuidad de las relaciones con el ámbito meridional y mediterráneo sigue teniendo un peso determinante. SUMMARY The data regarding Late Iron Age funerary practices in Southern Portugal is scarce and fragmentary. This fact notwithstanding, the evidence from the few known necropoleis has been used in the construction of models of linear cultural diffusion which can no longer be upheld. An updated overview of the available documentation shows that, despite being less diverse than the Early Iron Age one, the Pre-Roman funerary record evidences the existence of a complex network of transregional connections in which the continued relationship with the Southern and Mediterranean areas maintains a key role. PALABRAS CLAVE: II Edad del Hierro; Alentejo; Algarve; cremación en urna; contactos interculturales. KEY WORDS: Late Iron Age; Alentejo; Algarve; urn burials; intercultural contacts. COMO CITAR ESTE ARTÍCULO / CITATION: Gomes, F. B. 2019: “El mundo funerario prerromano en el sur de 1 [email protected] / ORCID iD: https://orcid. org/0000-0003-0664-6374 Portugal (siglos V/IV – II a. n. e.): (pocos) datos y (algunos) problemas”, Archivo Español de Arqueología 92, 43-62. https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 1. EL MUNDO FUNERARIO PRERROMANO EN EL SUR DE PORTUGAL: UN BREVE REPASO HISTORIOGRÁFICO Al contrario de lo que ocurre con las necrópolis de la etapa precedente, muy abundantes y estudiadas muy a menudo, los escasos conjuntos y contextos funerarios de las fases tardías de la Edad del Hierro que se han documentado hasta la fecha en el sur de Portugal raras veces han sido analizados en su globalidad. Así, mientras las necrópolis de la I Edad del Hierro han conocido un interés considerable, materializado en importantes síntesis (Torres Ortiz 1999; Arruda 2000, 2004; Cardoso 2000; Gomes 2014-2015) y recientemente reactivado por el descubrimiento de un gran número de nuevos yacimientos en el interior de Alentejo (Jiménez Ávila 2017), sus congéneres más tardías han sido objeto de análisis en profundidad sólo muy puntualmente (Berrocal Rangel 1992: 240-242)2. Esta situación parece justificarse, al menos en parte, por la deficiente calidad de la documentación disponible. De hecho, los conjuntos funerarios más representativos en términos cuantitativos, como el de Olival do Senhor dos Mártires, Alcácer do Sal (Correia 1972 [1925], 1972 [1928]) o el de Monte da Chaminé, Elvas (Viana y Deus 1950a, 1950b, 1951, 1958; 2 Fabião, C. 1998: O Mundo Indígena e a sua Romanização na Área Céltica do actual território português. 3 volumenes. Tesis doctoral inédita. Universidad de Lisboa. Lisboa.
FRANCISCO B. GOMES Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 44 Heleno 1951), han sido explorados en una fase precoz de la investigación arqueológica, lo cual ha resultado en un registro incompleto y en ocasiones difícil de interpretar. Otro trabajo precoz pero en este caso de gran calidad metodológica se ha llevado a cabo en los años 1950 en la necrópolis de Casalão, Sesimbra (Serrão 1964), aunque en este caso la modestia de los contextos haya dificultado su lectura, en particular a nivel cronológico. La escasa entidad y la austeridad de este conjunto pueden además haber resultado en una relativa falta de interés por esta necrópolis, escasamente referenciada en trabajos posteriores (Gomes 2013). Por otra parte, estos trabajos, que pueden considerarse de alguna forma pioneros y que lograron en su día llamar la atención de la comunidad investigadora (sobre todo en los casos más ‘espectaculares’ de Alcácer do Sal y de Elvas), no han dado origen a unas líneas consistentes de investigación sobre la II Edad del Hierro del sur de Portugal. Aun así cabe citar el monumental trabajo de W. Schüle (1969) donde se recogen varios de los contextos antes mencionados, valorados como hitos de la expansión de la influencia continental a inicios de la Edad del Hierro peninsular. No obstante, las principales contribuciones para el conocimiento de las prácticas funerarias de la Edad del Hierro acaecidas en las décadas siguientes se centraron en las etapas iniciales de ese período. En todo caso, deben señalarse los trabajos desarrollados por C. de Mello Beirão y sus colaboradores, sobre todo en el Bajo Alentejo (Dias et alii 1970; Dias y Coelho 1972; Beirão 1986, 1990; Correia 1993), en el marco de los cuales se han documentado diversos contextos fundamentales para la caracterización del mundo funerario prerromano en esa región. Sin embargo, el enfoque primario de este equipo en los contextos de la I Edad del Hierro regional ha llevado a que se prestara una menor consideración a los datos de las fases más tardías, considerados en la mayoría de los casos intrusivos (Beirão 1986: 49). Debe aun así señalarse la inclusión de esos datos en la secuencia evolutiva de las arquitecturas tumulares regionales propuesta por V. Correia (1993): este investigador agrupa las deposiciones más tardías en su Fase IV, en la que conviven monumentos de planta en Π e incineraciones en urna, consideradas una vez más ajenas a la tradición sepulcral local. Este horizonte sepulcral ha sido además analizado en una síntesis sobre la II Edad del Hierro en el sur de Portugal firmada por este mismo investigador con C. de Mello Beirão (Correia y Beirão 1995). En el marco de la investigación de este grupo cabría también destacar la publicación de los materiales de la necrópolis de Galeado (Odemira), al parecer resultado de hallazgos ocasionales y que se habían incorporado a las colecciones del Museu Etnológico (hoy Museu Nacional de Arqueología) de la mano de su director, M. Heleno, en los años 1930 (Beirão y Gomes 1983). En un estudio sobre las prácticas funerarias prerromanas no pueden además obviarse las intervenciones que llevaron a efecto elementos de dicho grupo en las necrópolis de Atafona, Almodôvar (Silva y Gomes 1992: fig. 61A) y de Herdade das Casas, Redondo (Mataloto et alii 2014). Sin embargo, uno de los aspectos más destacados de la investigación desarrollada por C. de Mello Beirão y sus colaboradores es el modelo bipartito que propusieron para la Edad del Hierro regional, según el cual a una I Edad del Hierro Mediterránea le seguiría una II Edad del Hierro de rasgos continentales y celtizantes (Beirão et alii 1979: 7-8; Beirão y Gomes 1980: 6-7). Aunque este modelo un tanto lineal haya sido muy criticado (Arruda et alii 1995) y posteriormente abandonado –o al menos fuertemente matizado– por la investigación, parece imprescindible referirlo en este apartado historiográfico, ya que las prácticas funerarias han constituido uno de los argumentos invocados por sus proponentes para sostenerlo. De hecho, la sustitución de las tradiciones funerarias de la I Edad del Hierro por la práctica más o menos generalizada de la cremación con deposición secundaria de las cenizas en urna ha sido considerada en el marco de este modelo como el resultado de la llegada de poblaciones con una matriz cultural y funeraria diferenciada (Beirão 1986: 49), lectura ya justamente criticada en su día (Arruda et alii 1995: 247249; Arruda 1999-2000: 84)3 y que hoy por hoy no parece sostenible a la luz de los datos disponibles. Posteriormente, durante la década de 1990, han salido a la luz las dos únicas síntesis hasta el momento disponibles sobre las prácticas funerarias del período en análisis. La primera forma parte del fundamental estudio de L. Berrocal Rangel sobre los pueblos célticos del suroeste peninsular (Berrocal Rangel 1992: 240-242). Aparte de la producción de un primer inventario de yacimientos, en este trabajo se propuso una tipología general de las tumbas prerromanas, repartidas según su autor en dos tipos fundamentales: las tumbas de cremación con urna en hoyo (Tipo A) y las de cremación en urna bajo túmulo y estructura de planta en Π (Tipo B) (Berrocal-Rangel 1992: 240-242). 3 Véase n. 2, pp. 350-369.
Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 EL MUNDO FUNERARIO PRERROMANO EN EL SUR DE PORTUGAL… 45 Se trata sin duda de una división útil y eficiente, aunque algunos contextos concretos (p. ej., la necrópolis de Casalão, cf. infra) pusieran en entredicho su aplicación universal. Como veremos, la (poca) información adicional hoy disponible permite añadir algunos matices a este esquema tipológico. La segunda síntesis de fondo sobre el tema que nos ocupa se realizó en el marco de la tesis doctoral de C. Fabião4, quien analiza en detalle los conjuntos funerarios conocidos, aportando además nuevos datos sobre algunos de ellos, en particular sobre las necrópolis del Alentejo Central y del Alto Alentejo5. De entre las novedosas líneas interpretativas que se desprenden de sus análisis cabría destacar la crítica a la noción de un registro funerario marcado por influencias culturales unidireccionales, más específicamente continentales, y el planteamiento de unas influencias más complejas y difusas. Este cambio de enfoque resulta además en una lectura donde se valoran los nítidos rasgos de continuidad con el período precedente detectables en el registro arqueológico, en particular a nivel de las relaciones preferenciales con el ámbito meridional y mediterráneo6, como ha sido señalado además por otros autores (Arruda 1999-2000: 84). La escasa información que se ha colegido tras estas dos síntesis (Fig. 1) es sintomática de la falta de inversión en años recientes en el estudio de estas etapas más tardías de la Edad del Hierro regional. Sin embargo, la publicación de nuevos contextos (Faria 2002: 63-64; Calado y Gomes 2006; Gonçalves et alii 2007; Arruda y Lopes 2012; Barros et alii 2013) y el estudio detallado de otros que hasta hace poco se conocían de forma incompleta7 parecen justificar un nuevo intento de síntesis. 2. TUMBAS Y NECRÓPOLIS DE LA II EDAD DEL HIERRO EN EL TERRITORIO MERIDIONAL PORTUGUÉS 2.1. Algarve El extremo meridional del territorio portugués se ha mantenido en gran medida alejado de la discusión sobre las prácticas funerarias de la II Edad del Hierro 4 Véase n. 2. 5 Véase n. 2, pp. 350-402. 6 Véase n. 2, pp. 350-402. 7 Gomes, F. B. 2016: Contactos culturais e discursos identitários na I Idade do Ferro do Sul de Portugal (séculos VIII – V a.n.e.): leituras a partir do registo funerário. Tesis doctoral inédita. Universidad de Lisboa. Lisboa. Figura 1. Ubicación de los contextos funerarios citados en el texto: 1. Mestras (Alcoutim); 2. Quinta da Queimada (Lagos); 3. Santa Rita (Vila Real de Santo António); 4. Silves (Silves); 5. Olival do Senhor dos Mártires (Alcácer do Sal); 6. S. Francisco (Alcácer do Sal); 7. Galeado (Odemira); 8. Herdade do Sargaçal (Santiago do Cacém); 9. Pardieiro (Odemira); 10. Herdade do Pego (Ourique); 11. Carapetal I (Ourique); 12. Atafona (Almodôvar); 13. Cerro Furado (Beja); 14. Serro das Antas (Almodôvar); 15. Abóbada (Almodôvar); 16. Monte da Parreira (Almodôvar); 17. Nora Velha 2 (Ourique); 18. Mértola (Mértola); 19. Herdade da Chaminé (Elvas); 20. Monte da Cardeira (Alandroal); 21. Herdade das Casas (Redondo); 22. Casalão de Santana (Sesimbra). Base cartográfica del Profesor Doctor V. S. Gonçalves. Ubicaciones aproximadas (elaboración del autor). debido sobre todo a la ausencia casi total de documentación arqueológica relevante para el tema hasta fechas relativamente recientes. De hecho, hasta la primera década del siglo XXI el único dato disponible se relacionaba con la extensión en los territorios serranos del Algarve septentrional de los monumentos en Π, materializada sobre todo
FRANCISCO B. GOMES Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 46 en la tumba aislada de Mestras, Alcoutim (Correia y Beirão 1995: 921 y fig. 2, n.1), de la cual se conoce únicamente la planta (Fig. 2A). No obstante, en fechas más recientes se han podido sumar a este panorama los datos de las dos tumbas de Quinta da Queimada, Lagos (Calado y Gomes 2006). La primera de estas tumbas corresponde a una fosa subcilíndrica excavada en el terreno en la que se depositaron los restos de una cremación (Calado y Gomes 2006: 175 y figs. 3-4), probablemente de un individuo femenino joven (Calado y Gomes 2006: 184). Dichos restos se encontraban acompañados de un ajuar relativamente rico, en el que se incluían dos outturned rim bowls áticas de barniz negro, un pequeño contenedor (¿ungüentario?) de barniz rojo, un conjunto de cuentas de collar (líticas y, en un caso, de oro), un cuchillo afalcatado de hierro, además de un conjunto de once fusayolas (Calado y Gomes 2006: 175180 y figs. 5-10). Las piezas griegas permiten fechar esta tumba en el segundo cuarto del siglo IV a. n. e. (Calado y Gomes 2006: 182). La Tumba 2 de Quinta da Queimada, por su parte, corresponde a una inhumación en fosa, al parecer muy mal conservada; la tumba no contenía ningún ajuar (Calado y Gomes 2006: 180). Sin embargo, se han realizado dataciones de C14 sobre muestras osteológicas, la más útil de las cuales (Gr – s/nº) parece confirmar la adscripción de esta tumba a un momento centrado en los siglos IV-III a. n. e. (Calado y Gomes 2006: 180). Así, y a pesar de su modestia, cabría valorar esta segunda tumba por constituir uno de los pocos ejemplos conocidos regionalmente del uso de la inhumación como fórmula funeraria, atestando además una interesante situación de birritualidad en un mismo conjunto funerario. Figura 2. Monumentos de planta en Π: A. Mestras (Correia y Beirão 1995); B. Carapetal I (Silva y Gomes 1992). Otro contexto que debe referirse en este apartado es la necrópolis exterior detectada en la cubierta tumular del monumento megalítico de Santa Rita, en Vila Real de Santo António (Inácio et alii 2010). Aunque no se conozcan todavía detalles sobre las tumbas pertenecientes a este conjunto, la referencia a fechas de C14 indicativas de una «...utilização ininterrupta deste lugar como necrópole até finais do I milénio a.n.e.» (Inácio et alii 2010: 86) parece indicar que este conjunto de larga diacronía incluye también tumbas prerromanas. Aunque no se conozcan detalles adicionales, este dato resulta muy interesante no sólo por tratarse de un caso de asociación intencional de una tumba tardía a un monumento prehistórico, sino también porque al parecer todas las tumbas de la necrópolis exterior –incluidas las eventuales tumbas de la II Edad del Hierro– parecen corresponder a inhumaciones en fosa (Inácio et alii 2010: 82-83), realidad que, como se ha visto, también se documenta en el período en estudio en la necrópolis de Quinta da Queimada. Por último, sin abandonar el Algarve, cabría mencionar de forma somera la problemática esfinge de Silves, pieza poco conocida pero que en alguna ocasión se ha relacionado con la escultura funeraria del área ibérica (Silva y Gomes 1992: 151-152 y fig. 53)8. Lamentablemente, la falta de documentación sobre esta pieza y su contexto de uso y/o de hallazgo impide su correcta valoración en este contexto. 2.2. Alentejo litoral Al contrario de Algarve, el área del Alentejo Litoral sí ha tenido una gran relevancia en la discusión sobre las realidades funerarias de la II Edad del Hierro debido sobre todo a la importancia de los datos aportados por la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires. De hecho, no debe olvidarse que buena parte de los materiales recogidos durante los trabajos agrícolas que resultaron en el descubrimiento de la necrópolis en el siglo XIX corresponden a un horizonte tardío de la Edad del Hierro (Silva 1875; Veiga 2005 [1891]: 266-273). Ese horizonte funerario fue además descrito en cierto detalle décadas más tarde por V. Correia, quien pudo excavar varias tumbas de la II Edad del Hierro, recogidas en el 1er Tipo de su tipología de tumbas (Correia 1972 [1928]). No se entrará aquí a detallar la rica documentación material que puede asociarse a este horizonte sepulcral, conocida desde hace mucho (Schüle 1969: taff. 8 Véase n. 2, p. 402.
Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 EL MUNDO FUNERARIO PRERROMANO EN EL SUR DE PORTUGAL… 47 88-110) y recientemente ampliada por el primer estudio global de los materiales de la necrópolis (Gomes 2018)9. Sin embargo, se pueden retener algunas características generales de las prácticas funerarias prerromanas en esta necrópolis y de su evolución. En primer lugar, hay que señalar que hoy por hoy la II Edad del Hierro (Fase II de la necrópolis) se puede subdividir en varias subfases caracterizadas de forma muy desigual. De hecho, los primeros momentos de la II Edad del Hierro (segunda mitad del siglo V a. n. e.) se encuentran bastante mal documentados. Parece aun así que es este el momento en el que la incineración in situ cede definitivamente paso a la incineración en ustrinum con deposición secundaria de las cenizas en urna como rito preferencial. Se ha propuesto, de hecho, que las urnas bitroncocónicas con decoración pintada (Fig. 3) de tradición meridional, “turdetana” (Ferrer Albelda y García Fernández 2008: 211 y fig. 3), se hayan introducido en este mo9 Véase n. 7. Figura 3. Urnas prerromanas de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires (Gomes 2018). mento, hasta convertirse en los recipientes cinerarios preferenciales durante buena parte de la II Edad del Hierro. Se pueden además buscar en esta etapa los orígenes de algunos de los rasgos más distintivos de las tumbas de momentos posteriores, como la incorporación a los ajuares de la cerámica griega o de las armas de tipología “ibérica”10. Sin embargo, el período más bien documentado corresponde ya a la primera mitad del siglo IV a. n. e., que parece haber correspondido a un momento de apogeo de la comunidad de Alcácer y de sus élites, plasmado en unos ajuares funerarios muy significativos. Para esta fase contamos además con las descripciones de algunas tumbas excavadas por V. Correia (1972 [1928]: 172-173) que permiten afirmar que las urnas y los ajuares correspondientes se depositaron en fosas excavadas en el terreno a poca profundidad, sin que aquel investigador haya podido documentar cualquier tipo de cubierta o estructura tumular. En esta etapa se han utilizado como urnas tanto las piezas del tipo bitroncocónico ya comentado, bastante frecuentes en el conjunto cerámico de la necrópolis, como los propios krateres griegos (Correia 1972 [1928]: 172-173). Las deposiciones se acompañaban de una gran cantidad de elementos de ajuar11, entre los cuales destaca la cerámica griega (Rouillard et alii 1988-1989; Gomes 2017a), el armamento (Schüle 1969; Quesada 1997), los elementos de indumentaria y adorno (sobre todo fíbulas anulares hispánicas y broches de cinturón de placa cuadrangular) (Schüle 1969) y los pequeños contenedores cerámicos de ofrendas (posibles ungüentarios y jarras) (Frankenstein 1997). En el marco de esta contribución no se ahondará en las características globales de estos ajuares, ya discutidas en detalle en otros trabajos (Gomes 2018)12, pero no pueden dejar de subrayarse algunos aspectos relativamente novedosos resultantes de su estudio integral. Desde luego, y más allá de la confirmación cabal de la continuidad de las afinidades meridionales y mediterráneas de la comunidad de Alcácer do Sal durante la II Edad del Hierro, cabría destacar además la constatación de la importancia de las conexiones con las comunidades ibéricas del sureste y del levante peninsular, ya intuidas por algunos investigadores13. Dichas conexiones se plasman no sólo en la tipología de algunos elementos materiales (cerámicas, armamento, elementos de indumentaria y adorno) sino 10 Véase n. 7, pp. 347-348. 11 Véase n. 7. 12 Véase n. 7. 13 Véase n. 2, p. 357. 1 3 5 7 2 4 6 8
FRANCISCO B. GOMES Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 48 también en la articulación de los mismos en unos discursos ideológicos y de identidad muy expresivos, donde predomina el componente guerrero y ecuestre (Gomes 2018), expresado en este contexto mediante esquemas que pueden considerarse muy cercanos a los ibéricos (Almagro-Gorbea 1996). Igualmente novedosa es la constatación de un horizonte de utilización de esta necrópolis en las etapas finales de la II Edad del Hierro (mediados del siglo IV a mediados del II a. n. e.), que sin embargo se encuentra bastante mal documentado (Gomes 2018), quizás como resultado de una efectiva retracción de la necrópolis a raíz de la fundación de un nuevo espacio funerario en Alcácer do Sal. De hecho, al norte de la colina del Castillo de Alcácer do Sal, en el área del Convento de São Francisco, la realización de trabajos arqueológicos bajo la dirección de J. C. Faria parece haber resultado en la identificación de una segunda necrópolis (Faria 2002: 6364). La información disponible sobre ese conjunto funerario es todavía muy escueta, pero la referencia a la presencia de cerámicas áticas (Paixão 2001: 160; Faria 2002: 63-64) parece indicar que la utilización funeraria de esta zona se inició al menos en la primera mitad/mediados del siglo IV a. n. e. Poco más se puede añadir en este contexto sobre las prácticas funerarias documentadas en dicha necrópolis. Más allá de Alcácer do Sal la documentación relativa al mundo funerario prerromano en el litoral de Alentejo es sumamente escasa, resumiéndose en la práctica a los interesantes pero mal contextualizados hallazgos de la necrópolis de Galeado, Odemira (Beirão y Gomes 1983). Como hubo oportunidad de comentar arriba, esta necrópolis se encuentra documentada únicamente gracias a un conjunto de materiales resultantes de distintos hallazgos ocasionales ocurridos en la década de 1930 y que acabaron por incorporarse a las colecciones del actual Museu Nacional de Arqueología gracias a la intervención de su antiguo director, M. Heleno. Sin embargo, dichos materiales permanecieron inéditos hasta la década de 1980, cuando C. de Mello Beirão y M. Varela Gomes procedieron a su publicación. El conjunto de los materiales es heterogéneo, y al menos parte de ellos se puede retrotraer a la I Edad del Hierro, denunciando un ambiente cultural y funerario con evidentes relaciones con el del Bajo Sado (Beirão y Gomes 1983: 223). Sin embargo, en este contexto merecen comentario sobre todo los elementos que pueden con seguridad atribuirse a la II Edad del Hierro regional. Entre estos deben destacarse dos probables urnas cinerarias (Fig. 4). La primera corresponde al tipo bitroncocónico ya comentado (Beirão y Gomes 1983: 221-222), que como pude recordar arriba revela unas claras afinidades meridionales, en concreto con la Baja Andalucía (Ferrer Albelda y García Fernández 2008: 211 y fig. 3). El segundo ejemplar es, sin embargo, bastante más peculiar: esta pieza corresponde, de hecho, a una urna “de orejetas” clásica (Beirão y Gomes 1983: 219-221), tipo particularmente característico del Figura 4. Urnas prerromanas de la necrópolis de Galeado (Beirão y Gomes 1983).
Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 EL MUNDO FUNERARIO PRERROMANO EN EL SUR DE PORTUGAL… 49 mundo ibérico del sureste y del levante peninsular (Fletcher 1964; Jully y Nordström 1966; Pereira y Rodero 1983; Gómez Bellard 1983) pero muy poco común en el Extremo Occidente (Gomes 2018). Entre los elementos probablemente encuadrables en la II Edad del Hierro cabe además citar una fíbula anular hispánica (Beirão y Gomes 1983: 226). Otros elementos asociados a este conjunto, como los probables restos de lanzas, no ofrecen suficientes datos para una valoración cronológica segura. Aunque no conozcamos las características específicas de las tumbas de las que provienen estos elementos, hay algunos datos que importa retener en su discusión. Desde luego, debe valorarse el uso de la cremación en este contexto, atestiguado además de por los contenedores por la presencia efectiva de restos óseos cremados en el conjunto (Beirão y Gomes 1983: 226-228). Por otra parte, no pueden dejar de señalarse las similitudes de la cultura material de esta necrópolis con respecto a la de Olival do Senhor dos Mártires, lo cual puede llevar a pensar en unas prácticas funerarias comunes, quizás como resultado de la influencia cultural ejercida por el núcleo del Bajo Sado en toda la región envolvente. En último lugar, y todavía en el marco del Alentejo Litoral, debe señalarse, igual que para el caso de Algarve, la presencia poco conocida de otro fragmento escultórico –también al parecer una representación de una esfinge– recogido en la Herdade do Sargaçal, Santiago do Cacém (Vasconcelos 1913: 521-523). Esta pieza se ha asociado en ocasiones, como su congénere de Silves, a un posible monumento funerario de tipo ibérico o ‘iberizante’ (Silva y Gomes 1992: 151-152)14. Como en aquel caso, el total desconocimiento del contexto de uso y/o hallazgo de esta pieza recomienda la prudencia en su valoración. 2.3. Bajo Alentejo A pesar de ser mal conocido –o quizás por esa misma razón–, el panorama de las prácticas funerarias prerromanas en el interior del Bajo Alentejo es bastante complejo y difícil de valorar en su globalidad. Aun así, hay un conjunto significativo de yacimientos y de contextos merecedores de atención en el marco de este estudio. En primer lugar, hay que hacer referencia una vez más a los monumentos en Π de la Fase IV de V. Correia (1993: 360). Estas estructuras, consideradas 14 Véase n. 2, p. 402. como la etapa final de la evolución de las arquitecturas tumulares propias de la región de Ourique y fechadas en los momentos de transición hacia la II Edad del Hierro regional, se han documentado tanto en la periferia de necrópolis tumulares complejas –caso de la Tumba 9 de Pardieiro, Odemira (Beirão 1990) y de la Tumba V de Herdade do Pego, Ourique (Dias et alii 1970: 207)– como de forma aislada –caso del monumento de Carapetal I, Ourique (Silva y Gomes 1992; fig. 61B; Correia y Beirão 1995), del de Atafona, Almodôvar (Silva y Gomes 1992: fig. 61A) o del ya citado monumento de Mestras, en Algarve (Correia y Beirão 1995)–. Al menos en los casos de Carapetal I (Fig. 2B) y Atafona (Fig. 5), estas pequeñas estructuras –que más que a monumentos tumulares parecen corresponder a edículos– contenían deposiciones secundarias de restos cremados en urnas. Sin embargo, sólo se conocen algunos detalles de las realidades materiales asociadas a la tumba de Atafona (Silva y Gomes 1992: fig. 61A). Así, las incineraciones depositadas en el monumento en Π de dicho yacimiento se encontraban al parecer contenidas en recipientes manuales de morfología ovoide, uno de los cuales decorado con un cordón plástico con incisiones (Fig. 5). Estas piezas corresponden a una tipología muy común en la II Edad del Hierro del interior del suroeste peninsular, recogida por L. Berrocal Rangel en sus Formas III y IV (Berrocal Rangel 1992: 105-106). Al exterior de esta tumba se depositó además un vaso crateriforme (Fig. 5), probable imitación local de la forma del krater griego, con decoración pintada (Silva y Gomes 1992: fig. 61A). Esta curiosa pieza, además de remitir al uso funerario de los krateres ya comentado arriba, podría dar una importante indicación sobre la cronología del conjunto. De hecho, las imitaciones de cerámica ática, muy frecuentes en el área ibérica (Page del Pozo 1984), suelen ser posteriores a la quiebra del comercio de aquellas vajillas, lo cual podría indicar una fecha de la segunda mitad/finales del siglo IV a. n. e. o ya del siguiente siglo para esta tumba. Por otra parte, la necrópolis de Atafona arroja cierta luz sobre el tema de las deposiciones en urna sin monumento tumular que, según C. de Mello Beirão, se documentan en la periferia de algunas necrópolis tumulares (Beirão 1986: 49), pero cuya naturaleza nunca se ha caracterizado en detalle. De hecho, junto al citado monumento en Π se documentó una segunda tumba de aspecto más sencillo donde la urna –una vasija de cuerpo globular con dos asas, muy incompleta– parece haberse depositado en una sencilla depresión en el terreno, rodeada por un círculo de piedras, quizás un pequeño anillo de con-
FRANCISCO B. GOMES Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 50 Figura 5. Planta y materiales de la necrópolis de Atafona (Silva y Gomes 1992).
Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 EL MUNDO FUNERARIO PRERROMANO EN EL SUR DE PORTUGAL… 51 tención (Silva y Gomes 1992: fig. 61A) (Fig. 5). El único elemento de ajuar reconocible asociado a esta tumba es una pesa de telar trapezoidal (Silva y Gomes 1992: fig. 61A). Se conocen además algunos elementos adicionales de los ajuares de estas tumbas, aunque no se haya explicitado todavía a cuál de ellas pertenecen. Entre estos se cuentan un cuchillo afalcatado, un cuenco en casquete esférico, un quemador con decoración calada y un vaso ovoide modelado (Silva y Gomes 1992: fig. 61A). Este tipo de deposición en urna sin estructura tumular –o al menos sin estructura tumular en Π– parece igualmente documentada en la importante pero desgraciadamente mal conocida necrópolis de Cerro Furado, Beja (Gonçalves et alii 2007; Arruda y Lopes 2012). Este extenso conjunto funerario nunca ha sido objeto de trabajos de excavación, pero sí ha sido –y sigue siendo– profundamente afectado por continuadas actividades de expoliación, en el marco de las cuales se han producido algunos hallazgos que han podido ser recuperados y estudiados. Así, y por un lado, se han podido recuperar dos urnas con sus respectivas cremaciones que se han estudiado desde el punto de vista antropológico pero no desde el arqueológico (Gonçalves et alii 2007), por lo que no aportan demasiados datos para el conocimiento de esta necrópolis más allá de la constatación de la práctica de depositar los restos cremados en urna. Por otra parte, en un estudio reciente se han dado a conocer dos vasos griegos de figuras rojas procedentes de esta necrópolis (Arruda y Lopes 2012). A pesar de estar descontextualizadas, estas piezas – una cratera de campana del Pintor del Tirso Negro y un skyphos, posiblemente del Grupo del Pintor del Fat Boy, ambos fechados del segundo cuarto del siglo IV a. n. e. (Fig. 6)– presentan un enorme interés por remitir a un ámbito cultural meridional y mediterráneo pero sobre todo por su similitud con el repertorio de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires (Rouillard et alii 1988-1989; Arruda y Lopes 2012: 405). De hecho, y hasta la publicación de estas piezas, el uso funerario de krateres y skyphoi sólo se encontraba documentado, en el Extremo Occidente, en la necrópolis del Bajo Sado, lo que la convertía en un caso aislado de difícil valoración. Estos hallazgos del interior de Alentejo podrían al contrario indicar que la situación documentada en Alcácer do Sal es más representativa de lo que antes se suponía. Otro conjunto funerario caracterizado al parecer por la deposición de los restos cremados en urnas se Figura 6. Vasos griegos de la necrópolis de Cerro Furado (Arruda y Lopes 2012). ha documentado en Monte da Parreira, Almodôvar15, yacimiento que sin embargo permanece inédito. Por ende, de sus ajuares sólo se conoce un puñal de antenas16, al parecer integrable en el Tipo III de F. Quesada Sanz (1997), con paralelos regionales en el conjunto de Alcácer do Sal17. Siguiendo con el tema de las deposiciones en urna en sencillas fosas escasamente estructuradas, no puede dejar de señalarse la mal conocida situación de la tumba en la que se halló la famosa estela de Abóbada, Almodôvar (Dias y Coelho 1972). A pesar de las recientes intervenciones llevadas a efecto en esta necrópolis (Barros et alii 2013), la información sobre esta tumba sigue siendo escueta, aunque a juzgar por el croquis publicado (Fig. 7) se puede pensar que la estela se habría reutilizado como cubierta de una urna, probablemente del tipo globular con cordón plástico antes comentado a propósito de la necrópolis de Atafona (Dias y Coelho 1972: fig. 1). 15 Tristão, L. 2012: Armas e Ritos na II Idade do Ferro do Ocidente Peninsular. Tesis de máster inédita. Universidade Nova de Lisboa. Lisboa. 16 Véase n. 15, p. 66. 17 Véase n. 7.
FRANCISCO B. GOMES Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 58 No obstante, entre estas manifestaciones precoces (mediados del siglo VII – inicios del VI a. n. e.) y la generalización de las cremaciones en urna en la II Edad del Hierro (mediados/ finales del siglo V a. n. e.) hay un hiato temporal que impide conectarlas directamente. Sin embargo, el estudio integral de los materiales y la valoración de las pocas coordenadas contextuales disponibles han permitido detectar la existencia de algunas tumbas no previstas en la tipología preliminar de V. Correia (1972 [1928]) –o al menos en nuestro entendimiento de dicha tipología– donde las incineraciones se depositaron en urnas de tipologías distintas (Fig. 13), análogas por ejemplo a las que se usaron en la necrópolis de Medellín durante el siglo VI e inicios del V a. n. e. (Lorrio 2008). Así, no es imposible que la práctica de depositar los restos cremados en urnas se haya mantenido en la necrópolis como rito minoritario hasta generalizarse en la II Edad del Hierro, quizás como resultado de un ambiente propicio en que este tipo de solución funeraria se difunde en distintos ámbitos peninsulares, de una forma que puede considerarse culturalmente transversal (Blánquez Pérez 1990; Belén y Escacena 1992; Berrocal Rangel 1992: 240242; Lorrio 1997: 123-125; Alvárez Sanchís 1999: 169-172). De igual modo, la incineración (aunque al parecer in situ) está bien documentada en las necrópolis tumulares del área de Ourique a lo largo de toda su diacronía (Correia 1993; Soares y Martins 2013), mientras que las necrópolis de la I Edad del Hierro de la parte septentrional del Alentejo Central (en particular, Torre de Palma y Monte da Tera) se caracterizan justamente por la práctica de la cremación con deposición de Figura 13. Urnas de la Tumba 64 de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires (Gomes 2016). los restos en urna (Langley et alii 2008; Mataloto 2010-2011). Así, es muy posible –por no decir probable– que la generalización de las cremaciones en urna resulte, en la mayoría de los casos, de un desarrollo interno local/ regional, aunque estimulado por un ambiente transregional de adopción de este tipo de solución funeraria. Ese desarrollo no parece por ende resultar de unos influjos culturales unilineales, sino más bien de una trama difusa de relaciones sociales, políticas y culturales donde los contactos con el ámbito meridional mantienen un peso decisivo. Pero, como hemos visto, hay excepciones a este panorama. De hecho, la práctica puntual de la inhumación sigue bien documentada, aunque solo en el caso de la necrópolis de Casalão se pueda hablar de una comunidad donde este rito constituyó la norma. No estamos en condiciones de explicar esta perduración: de hecho, si en el caso de Casalão esta peculiaridad podría resultar de una relativa marginalidad en las redes sociopolíticas regionales, hipótesis avalada por la modestia de los ajuares, en el caso de Quinta da Queimada no se puede aplicar un razonamiento semejante dada la relativa riqueza de la vecina Tumba 1. De todos modos, y considerado el bien conocido coste añadido de la cremación, una explicación de índole social podría justificar esta disparidad de prácticas funerarias. Idénticas consideraciones se podrían hacer a propósito de las mal definidas deposiciones en loculi sin urna, aunque en este caso se planteen otros interrogantes, en particular sobre la posible existencia de contenedores en materiales perecederos desprovistos de visibilidad arqueológica.
Archivo Español de Arqueología 2019, 92, págs. 43-62 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.092.019.002 EL MUNDO FUNERARIO PRERROMANO EN EL SUR DE PORTUGAL… 59 Otra cuestión que importa valorar se refiere a la diversidad de las propias estructuras sepulcrales, que ya no parece limitada a la tipología bipartita propuesta por L. Berrocal-Rangel (1992: 240-242). La adición a esa tipología de las inhumaciones en cista (Casalão) y en fosa (Quinta da Queimada y Santa Rita) o de las probables incineraciones en loculi viene a complicar un poco el panorama. Sin embargo, existen algunas indicaciones de que el sustrato funerario local puede haber desempeñado, al menos en algunos casos, un papel relevante en la selección de las fórmulas sepulcrales prerromanas. De hecho, no parece casual que la dispersión de los monumentos en Π coincida grosso modo con la de los monumentos tumulares de la I Edad del Hierro, con los cuales en ocasiones se asocian de forma muy estrecha (Beirão 1986; Correia 1993; Arruda 2001). Tampoco parece irrelevante que la necrópolis de Casalão se ubique en una zona donde el uso de las cistas como contenedores funerarios se encuentra igualmente documentada para la I Edad del Hierro, como se desprende de la reciente revisión de la necrópolis de Vale da Palha, Sesimbra (Arruda y Cardoso 2015). Así, estas tradiciones funerarias se podrían valorar hipotéticamente como nexos de continuidad en el marco de unos procesos de transformación social, política y territorial acelerada. Esta hipótesis ayuda además a comprender la asociación de algunas tumbas a antiguos monumentos megalíticos, que no tienen por qué leerse como un fenómeno de apropiación de un territorio por elementos ajenos al mismo, puesto que pueden igualmente ser una señal de arraigamiento continuado a un territorio y a una historia comunitaria motivado por unos rápidos procesos de cambio. En todo caso, la escasa documentación con la que actualmente contamos no permite superar las muchas incógnitas y ambigüedades del registro funerario prerromano del sur del territorio portugués. No por nada se han evitado en las páginas precedentes otras muchas cuestiones que estos contextos funerarios deberían permitir aclarar, tal y como la estructura social de estas comunidades: los datos sencillamente no permiten hoy por hoy realizar ese tipo de lectura con un mínimo de seguridad. No obstante, el panorama presentado en las páginas precedentes sí permite comprender el enorme potencial de dicho registro para valorar una serie de cuestiones sobre la estructuración de las comunidades prerromanas de esta amplia región, en particular desde el punto de vista de sus relaciones y afinidades con otras áreas peninsulares. Queda pues esperar que en los próximos años la realización de nuevas revisiones y, sobre todo, de nuevos trabajos de campo permita superar la imagen fragmentaria con la que contamos hoy día, arrojando luz sobre uno de los horizontes de la Protohistoria del suroeste peninsular más olvidado en las últimas décadas. BIBLIOGRAFÍA Almagro-Gorbea, M. 1982: “Tumbas de cámara y cajas funerarias ibéricas. Su interpretación sociocultural y la delimitación del área cultural ibérica de los bastetanos”, Homenaje a Conchita Fernández Chicarro, Madrid, 249–257. Almagro-Gorbea, M. 1996: Ideología y Poder en Tartessos y el mundo Ibérico, Madrid. Álvarez Sanchís, J. 1999: Los Vettones, Madrid. Argente Oliver, J. L., Díaz Díaz, A. y Bescós Corral, A. 2001: Tiermes V: Carratiermes, necrópolis celtibérica, Valladolid. Arruda, A. M. 1999-2000: Los Fenicios en Portugal. Fenicios y mundo indígena en el centro y sur de Portugal (siglos VIII-VI a.C.), Cuadernos de Arqueología Mediterránea 5-6, Barcelona. Arruda, A. M. 2000: “Práticas e rituais funerários no Sul de Portugal durante a proto-história”, Actas do III Congresso de Arqueologia Peninsular, 5, Porto, 101-108. Arruda, A. M. 2001: “A Idade do Ferro pós-orientalizante no Baixo Alentejo”, Revista Portuguesa de Arqueologia 4 (2), 207-291. Arruda, A. M. 2004: “Necrópoles proto-históricas do sul de Portugal: o mundo oriental e orientalizante”, A. González Prats (ed.), El mundo funerario. Actas del III Seminario Internacional sobre Temas Fenicios, Alicante, 457-494. Arruda, A. M. y Cardoso, J. L. 2015: “A necrópole da Idade do Ferro do Vale da Palha (Calhariz, Sesimbra)”, Estudos Arqueológicos de Oeiras 22, 301-314. Arruda, A. M., Guerra, A. y Fabião, C. 1995: “O que é a IIª Idade do Ferro no Sul de Portugal?”, Trabalhos de Antropologia e Etnologia 35 (2), 237-257. Arruda, A. M. y Lopes, M.ª C. 2012: “Dois vasos gregos da necrópole do Cerro Furado (Baleizão, Beja – Portugal)”, O Arqueólogo Português V (2), 401-415. Barros, P., Melro, S. y Gonçalves, D. 2013: “A necrópole da Idade do Ferro da Abóbada (Almodôvar)”, J. Jiménez Ávila, M. Bustamante, M. y M. García Cabezas (eds.), Actas del VI Encuentro de Arqueología del Suroeste, Villafranca de los Barrios: 1158-1177.
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