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Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. INFLUENCIA SOCIOCULTURAL EN EL DESARROLLO DE LOS TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA Revisión teórica Serrano Martínez, María Universidad de Zaragoza Campus de Teruel NIP: 612216 Curso 2012/2013
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 2 ÍNDICE 1. Introducción……..………………………………………….. Página 3 2. Desarrollo - Vulnerabilidad individual y colectiva..……………….…. Página 5 - Autoestima e Insatisfacción corporal................................ Página 7 - Entorno familiar y Grupo de pares….…………………... Página 8 - Estatus Socioeconómico…...………………………….…... Página 11 - Cultura Occidental vs. No Occidental…........................... Página 12 3. Conclusiones………………………………………………... Página 15 4. Referencias………………...………………………………... Página 17
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 3 INTRODUCCIÓN El presente estudio se centra en el análisis de los factores socioculturales como causas esenciales y determinantes en el origen, desarrollo y mantenimiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). A través de una aproximación teórica, mediante revisión bibliográfica de autores que han realizado investigaciones y reflexiones de los estudios en torno a la temática propuesta: “Influencia sociocultural en el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria”, se describe el panorama en relación a la influencia que ejerce el sistema social y cultural entre la población, en concreto sobre la población femenina occidental, en la conducta de ingesta de nutrientes. El que se haga mayor énfasis en una cultura, género y factores socioculturales concretos es debido a la amplitud que presenta el objeto de estudio señalado, siendo difícil pararse a describir con precisión todos los elementos que recogen las citadas variables en tan limitado espacio. No obstante, cabe señalar que se analizan críticamente diversos estudios en los que se contrastan culturas de distinta índole, pudiéndose constatar a través de los mismos que la incidencia de la patología alimentaria es mayor en las culturas occidentales u occidentalizadas. Mediante el estudio se pretenden cubrir dos objetivos: por un lado, evaluar críticamente las investigaciones científicas realizadas en torno a la influencia que la cultura occidental ejerce en el desarrollo de los TCA, de manera que se evidencie el papel mediador que, la descrita cultura, profesa para predisponer, precipitar y mantener mencionada patología. Por otro lado, se pretende situar a los factores sociales y culturales en el relevante lugar que les corresponde dentro del entramado etiopatogénico de los trastornos alimentarios. En la actualidad, los factores socioculturales forman indiscutiblemente una parte primordial de la génesis y mantenimiento de estos trastornos y gracias a la presente revisión se puede afirmar, sin ninguna duda, que sin ellos sería imposible entender su naturaleza, sus manifestaciones y sus cambios a lo largo de la geografía y de la historia. Asimismo, otros factores como los psicológicos y los biológicos, también son imprescindibles para entender estos trastornos (Suisman et al., 2012) pero, no se hará referencia a ellos por no ser objeto de estudio en la presente revisión bibliográfica. El interés surgido por este tema se debe al elevado número de población occidental, en especial muchachas adolescentes (Hermes & Keel, 2003), que se ve afectada por los TCA. Siendo conscientes de ello, es importante describir los
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 4 factores socioculturales implicados en su origen y evolución para hacer reflexionar al lector de su importancia. Así pues, la presente revisión reflejará el peso que la cultura y la sociedad tienen en el desarrollo de mencionados trastornos. Para realizar un análisis del objeto de estudio apropiado, se han extraído de bases de datos tales a Pubmed o Science Direct, diversas investigaciones científicas, las cuales se han seleccionado, o bien por la novedad e implicaciones que sus estudios suponen para poder establecer las conexiones teóricas necesarias que permitirán comprender las relaciones entre la aparición de los TCA y la cultura, o bien por la relevancia que los autores de las investigaciones se merecen en lo que concierne al tema de los trastornos alimenticios pues, pese a ser de menor actualidad, son figuras significativas dentro del ámbito de citados trastornos. La revisión teórica muestra, en primer lugar, la existencia de diversos factores de riesgo asociados con el género, la edad, distintos grupos de riesgo y aspectos de la autoestima y satisfacción corporal, como principales ingredientes determinantes del origen de las conductas compensatorias inadecuadas para reducir de peso. En segundo lugar, se ha escogido la influencia de los padres, puesto que el ambiente familiar va a condicionar el curso y evolución de las cogniciones y actitudes de la niña, pudiendo ésta desarrollar patología alimentaria si los padres muestran una preocupación excesiva hacia el cuerpo y sus formas o si se establece un vínculo de apego inseguro entre ellos. Junto a ello, se trata la influencia que el grupo de iguales ejerce sobre la conducta intrapersonal ya que, en presencia de una constante preocupación dentro del grupo de amigos hacia el peso, esta inquietud puede extenderse entre aquellos que en un principio no la mostrasen. En tercer lugar, se atiende a cómo el nivel socioecónomico es otro factor clave en el inicio de comportamientos alimentarios poco saludables. De manera que, se establezcan vínculos que permitan comprender si esta problemática se da primordialmente en personas con un elevado estatus social. Por último, como en un primer momento se formula que la cultura occidental fomenta las conductas para reducir el peso, provocando el origen y mantenimiento de los TCA, se pone en contraste la influencia que dicha cultura ejerce frente a la no occidental; de manera que sirva para una comprensión mayor acerca de la importancia que la cultura tiene en el desarrollo de los patrones de comportamiento y pensamiento individuales que cada persona desarrollará para formarse una imagen de sí misma y relacionarse con el mundo.
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 5 DESARROLLO Los TCA, como la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, se definen en parte por la presencia de miedo al sobrepeso, problemas relativos a la imagen corporal y la disposición al adelgazamiento (Keel & Forney, 2013). Tales fenómenos parecen contar con la máxima determinación social y cultural puesto que, la cultura establece la norma (un cuerpo delgado) y facilita el aprendizaje de procedimientos de modificación corporal (dieta estricta) para alcanzarla si el sujeto se percibe en discordancia con ella (Fallon, 1990). Como consecuencia de la exposición al ideal estético de delgadez y su interiorización, surgen las preocupaciones excesivas y constantes por la silueta, operando de este modo, la interiorización del ideal sociocultural como un componente central en el desarrollo de la insatisfacción corporal y, ésta a su vez es un factor clave para predisponer los TCA (Hermes & Keel, 2003; Suisman et al., 2012). Realizar una adecuada contextualización que se encuentre próxima a la realidad a estudiar debe atender al aumento producido en la idealización de la delgadez durante el actual siglo XX (Van Son et al., 2006). Por tanto, otra forma de usar los datos epidemiológicos para comprender la influencia cultural es examinar los cambios en la incidencia de los TCA durante este período de tiempo (Keel & Forney, 2013). Vulnerabilidad individual y colectiva Según Keel y Forney (2013), la investigación epidemiológica ha demostrado que las variables edad y género son factores individuales de riesgo para desarrollar un TCA (Hill et al., 1994; Muris et al., 2005). De tal manera, comprueban como las mujeres son mucho más propensas que los hombres a desarrollar este tipo de patología, especialmente durante el período de adolescencia, donde se muestra el pico de mayor riesgo (Eisenberg et al., 2005; Hermes & Keel, 2003). Factores como el sexo y los cambios corporales, típicos de esta edad, plantean cuestiones relativas a los factores culturales que pueden inducir y ser responsables de preocupaciones, y la respuesta psicológica puede derivar en un TCA (Hermes & Keel, 2003; Muris et al. 2005). En relación a ello, Hermes y Keel (2003), realizaron un estudio con el objetivo de determinar los efectos que la pubertad y la etnia tenían sobre el conocimiento e interiorización del ideal de delgadez. Se comprobó que el desarrollo puberal se asocia
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 6 con actitudes orientadas al desorden del comportamiento alimentario, no encontrándose diferencias significativas ni entre las muchachas que se encuentran en señalada etapa ni entre su origen étnico diverso. El aumento de la grasa que acompaña la pubertad provoca que las chicas perciban su cuerpo en discordancia con el ideal cultural, formulando evaluaciones negativas de su apariencia y tendiendo significativamente a creerse con sobrepeso (Wardle & Marsland, 1990). Rosenblum y Lewis (1999), iniciaron un estudio longitudinal en 1974, su muestra estaba compuesta de niños blancos de tres meses de edad y habitantes de Nueva Jersey. Los datos incluidos en el estudio se recogieron cuando los niños tenían 13, 15 y 18 años. El propósito era examinar la trayectoria y el desarrollo de la imagen corporal en una muestra de adolescentes normales, al mismo tiempo que atendían a la influencia que las variables edad y sexo ejercían sobre la percepción y la valoración que cada uno hacía de sí mismo. Pese a compartir la misma sociedad y cultura, se comprobó que durante el período de adolescencia, las chicas aumentaban su insatisfacción corporal, teniendo mayor predisposición que los chicos a realizar dieta para perder peso (Austin, 2001; Muris et al., 2005). Según Keel y Forney (2013), esto se explica porque este ideal se hace más relevante durante la adolescencia, cuando las niñas maduran y sufren cambios más significativos en su cuerpo que los que acontecen en los varones. Asimismo, existen factores que pueden afectar a las personas en su conjunto y ponerlas en peligro para desarrollar un TCA. Diversos autores plantean que ciertos deportes en los cuales la delgadez es la condición primordial para el óptimo rendimiento, como el atletismo o el ballet, son los más proclives a generar este tipo de problemas dentro del colectivo que los practican (Sundgot-Borgen & Torstveit, 2010). Sundgot-Borgen (1994), realizó en Noruega un estudio con atletas de élite femenino, con edades comprendidas entre 12 y 35 años. Se examinaron los factores de riesgo y los factores desencadenantes en una muestra de 603 mujeres atletas, obteniendo como resultado que 117 se encontraban en riesgo y 92 cumplían los criterios de la anorexia y bulimia nerviosa. En relación a ello, Garfinkel y Garner (1979), elaboraron un estudio para comprobar si ciertos grupos tienen mayor riesgo para desarrollar TCA. En la muestra se encontraban estudiantes canadienses de alta costura, de danza y de música. Las puntuaciones obtenidas en cada uno de estos grupos muestran cómo los dos primeros alcanzan puntuaciones por encima de la media normal, es decir, se sitúan en
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 7 un rango de patología alimentaria y en cambio, el último está dentro del rango de normalidad. De tal manera, se evidencia cómo aquellas dedicaciones en las cuales hay una especial focalización hacia el cuerpo y sus formas, (en particular con tendencia a sobrevalorar la delgadez), condicionan el desarrollo de TCA (Cash et al., 1986; Pilecki et al., 2012; Sundgot-Borgen & Torstveit, 2010). Autoestima e Insatisfacción corporal Los discursos públicos que vehiculan los medios unen con frecuencia la autoestima de las mujeres con su figura. En el estudio realizado por Muris et al. (2005) con una muestra de 307 adolescentes de edades comprendidas entre 12 y 16 años, se comprueba cómo la baja autoestima y la insatisfacción corporal son factores de riesgo para que se inicien estrategias encaminadas a reducir el tamaño corporal (Ricciardelli & McCabe, 2001). La indicada investigación demuestra que unos niveles de baja autoestima contribuyen a que las niñas sientan la necesidad de comparar su cuerpo con el de las demás, percibiéndose a sí mismas negativamente, por lo que se muestran insatisfechas con su figura y, a mayor insatisfacción corporal mayor deseo por adelgazar (Holt & Ricciardelli, 2002; Ricciardelli & McCabe, 2001). Las presiones que la sociedad ejerce para ser delgado se instauran en las dinámicas vitales de las culturas que se caracterizan por transmitir una preocupación generalizada por el control del peso y la obesidad, en definitiva, por la forma corporal (Markey, 2013). Un estudio realizado por Cash et al. (1986), con una muestra de 2.000 ciudadanos americanos, expone que de la citada población, el 55% de las mujeres que la conforman señalan el peso corporal como motivo básico de insatisfacción por su apariencia física; focalizándose hacia la parte media e inferior de su torso como zona que mayor ansiedad les genera. Esta excesiva orientación hacia su apariencia física provoca que se sientan aterrorizadas ante la idea de ganar peso, según expone el estudio realizado por Casper y Offer (1990). Los citados autores estudiaron a la población adolescente estadounidense y llegaron a la conclusión de que las preocupaciones de estas muchachas pos sus comidas se asocian con un humor depresivo y síntomas generales de malestar (Bardone-Cone, 2006; Manuel & Wade, 2013). En las adolescentes ese humor depresivo implicaba tristeza, llanto, susceptibilidad, e
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 8 irritabilidad, entre otros factores que tan relacionados se muestran con una baja autoestima e insatisfacción corporal (Ricciardelli & McCabe, 2001). Entorno familiar y Grupo de pares Por un lado, la familia, por ser el agente socializador con el que las muchachas se encuentran primariamente, mediatiza en gran parte las cogniciones, pensamientos y emociones que la joven desarrollará, transmitiéndole una serie de valores que pueden amplificar la importancia por el aspecto físico (Pilecki et al., 2012; O´Kearney, 1996). En consecuencia, la presión pro-adelgazante de los padres sobre sus hijos resulta una cuestión de gran relevancia para análisis en el presente estudio. Thelen y Cormier, (1995), estudiaron las características de las familias de 118 menores de edades comprendidas entre los 9 y los 10 años. Se constató que tres de cada cuatro padres y/o madres alentaban a sus hijos a controlar su peso. Pese a esta igualdad entre padres y madres, los niños percibían como más potente la presión para adelgazar ejercida por las madres. Se confirmó que en un 86% de los casos, las madres habían practicado dietas restrictivas en alguna ocasión y que habían fijado una serie de regímenes restrictivos para que sus hijos los llevaran a cabo; se comprende que la transmisión de costumbres y valores alimentarios y estéticos aumenta cuando las madres de los niños en cuestión han padecido o padecen TCA (Garner et al., 1983; Hill et al., 1994). Esta idea también ha sido apoyada en estudios más recientes por Pilecki et al. (2012), en los cuales evaluaban las actitudes hacia la comida entre las madres de las muchachas con diagnóstico de TCA, en comparación con las madres de las chicas con síntomas depresivos. Lo relevante de sus resultados es que plantean como el fondo social de las madres y las alteraciones de éstas hacia las actitudes orientadas al propio cuerpo son un factor de riesgo importante y específico en el desarrollo de los TCA en sus hijas (Streigel-Moore, 1986; Hill et al., 1990). Asimismo, en el estudio realizado por Muris et al. (2005), el cual estaba orientado a examinar las relaciones existentes entre las estrategias de cambio corporal y los problemas con la alimentación en los jóvenes, se encontró que las muchachas que exponían mayores estrategias para reducir de peso y que más intensamente trataban de alcanzar dicha reducción eran aquellas cuyos padres mostraban una mayor preocupación por el peso y la silueta (McCabe & Ricciardelli,
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 9 2003). Estos resultados se apoyan con el estudio realizado por Hill et al. (1994), quienes trabajando con una muestra de 279 niños de 9 años de edad hallaron que aquellos que más peso tenían, presentaban una autoestima baja, deseos de adelgazar y altos niveles de restricción alimentaria. Ese deseo por adelgazar y la motivación para seguir con la dieta restrictiva se daban entre los niños de todos niveles de peso. Sin embargo, las niñas que más rápido interiorizaban los modelos estéticos corporales vigentes y que manifestaban un evidente deseo por adelgazar eran aquellas que desde tempranas edades llevaban a cabo dietas en estrecha colaboración y correspondencia con las que seguían sus madres (Thelen & Cormier, 1995; Hill et al., 1990). Continuando con la investigación realizada por Kian y Harter (2006), para evaluar la apariencia y los diferentes apegos existentes entre las hijas y sus padres, así como con una futura pareja; cabe señalar lo referente a cómo el apego que se instaura entre la menor y su madre puede ser un factor clave que conduzca a la niña a desarrollar patología alimentaria (Ward et al., 2000a; Ward et al., 2000b). Atendiendo a la relación diádica instaurada entre ambos, se observó como el apego desordenado, inseguroevitativo, generaba ansiedad en la niña. La confusión que ejercía la madre sobre la infante aumentaba el riesgo de que ésta desencadenase comportamientos alimentarios poco saludables, en cambio las niñas con un apego seguro no exponían una tendencia significativa para desarrollar TCA. En la misma línea se encuentra la investigación realizada por O´Kearney (1996), quien mediante su estudio quería ratificar las proposiciones expuestas acerca de las conexiones establecidas entre el apego inseguro y los desórdenes en la conducta alimentaria. Para ello, revisó estudios empíricos en los que se atendía a las variadas posiciones adoptadas acerca del fundamental papel que los roles paternos inadecuados tienen en el desarrollo de TCA de sus hijas (Ward et al., 2000b). En sus resultados se confirma la existencia de una relación entre el apego inseguro y el desarrollo de conductas alimentarias desordenadas y, de la relación de éstas con el riesgo de desencadenar la patología alimentaria propiamente dicha (Kian & Harter, 2006). Por otro lado, hacer dieta es una práctica común entre las adolescentes y posiblemente un factor de riesgo para iniciar conductas compensatorias inadecuadas tales como el vómito autoinducido o el uso de laxantes y ayuno (Austin, 2001; Neumark-Sztainer et al., 2001). Eisenberg et al. (2005), realizaron una investigación en
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 16 Se ha comprobado que los TCA son problemas originarios de las clases sociales más altas pero se están difundiendo entre el resto de la población (Garfinkel & Garner, 1982). Atendiendo a su origen social, resulta curioso cómo pertenecer a un estatus socieconómico más elevado tiene una relación positiva significativa con los comportamientos alimentarios poco saludables, según expone Rogers et al. (1997). Por tanto, las adolescentes cuyos padres tienen un poder adquisitivo más elevado son precisamente las que menos peso ostentan. Esto crea un interesante dilema ya que plantea por un lado, el hecho de que estas jóvenes, pudiendo comer todo lo que desean, reduzcan la ingestión de los alimentos mostrando un índice de masa corporal reducido y por otro lado, aquellas que tienen un estatus socioeconómico más bajo tengan un mayor peso puesto que no pueden comprar alimentos de calidad y consumen grasas saturadas en exceso. Esta condición, visible en nuestra sociedad actual, permite comprender como la alimentación no sólo representa una conducta biológica de supervivencia, sino que tiene unido un significado cultural, social, psicológico y hedónico. De ahí que puedan derivar problemas afectivos y sociales como es el caso de los TCA. Junto a ello, la globalización de los mercados y la homogenización en los contenidos que se muestran en los medios de comunicación contribuyen a que el alcance del mundo occidental sobre el no occidental haya sido mucho mayor en los últimos años. La identificación con las normas, valores y estilos de vida de Occidente explican la emergencia de TCA en las sociedades no occidentales (occidentalización). Una explicación de ello puede deberse al efecto de la transculturización que forma parte del conglomerado que constituye todo lo que implica una globalización económica e ideológica. De tal manera, el surgimiento de este modelo corporal compartido surge por la incorporación de los ideales del cuerpo femenino vigente en la cultura occidental a las zonas no occidentales próximas. REFERENCIAS Austin, S.B. (2001). Population-based prevention of eating disorders: an application of the rose prevention model. Preventive Medicine, 32, 268-283.
Revisión de factores socioculturales en trastornos de la conducta alimentaria. 17 Bardone-Cone, A.M. (2006). Self-oriented and socially prescribed perfectionism dimensions and their associations with disordered eating. Behavior Research and Therapy, 45(8), 1977-1986. Cash, T.F., Winstead, B.A., Janda, L.H. (1986). The great American shape-up: body image survey report. Psychology Today, 20 (4), 30-37. Casper, R.C., Offer, D. (1990). Weight and dieting concerns in adolescents, fashion or symptom? Pediatrics, 86, 384-390. Chen, J., Wang, Z., Guo, B., Arcelus, J., Zhang, H, et al. (2012). Negative affect mediates effects of psychological stress on disordered eating in Young Chinesse women. Plos one, 7 (10): e46878. Doi: 10.1371. Drenowski, A., Kurth, C.L., Krahn, D.D. (1994). Body weight and dieting in adolescence: impact of socioeconomic status. International Journal of Eating Disorders, 16 (1), 61-65. Eisenberg, M.E., Neumark-Sztainer, D., Story, M., Perry, C. (2005). The role of social norms and friend´influences on unhealthy weight-control behaviors among adolescents girls. Social Science & Medicine, 60, 1165-1173. Fallon, A. (1990), Culture in the mirror: sociocultural determinants of body image. Body images: development deviance and change, New York: Guilford, pp. 80109. Feinson, M., Meir, A. (2012). Disordered eating and complexities of cultural origin: A focus on Jews from Muslim contries. Eating Behaviors, 13, 135-138. Garfinkel, P.E. y Garner, D.M. (1979). The Eating Attitudes Test: an index of the symptoms of anorexia nervosa, Psychological Medicine, 9, 273-279. Garfinkel, P.E. y Garner, D.M. (1982). Anorexia nervosa: a multidimensional perspective. New York: Brummer/Mazel. Garner, D.M., Olmstead, M.P, Polivy, J. (1983). Development and validation of a multidimensional eating disorder inventory for anorexia and bulimia. International Journal of Eating Disorders, 2, 15-34.
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