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Abstract

Este trabajo fin de grado se enmarca dentro del campo de la filosofía de la mente y tiene como objetivo el conocimiento del panorama actual de los diversos puntos de vista sobre la relación entre las operaciones mentales y los procesos cerebrales, poniendo especial cuidado en el uso riguroso de la terminología y los principales conceptos utilizados por los especialistas en ciencias cognitivas. Tomando como punto de partida el planteamiento dualista de Descartes, se da un salto de más de doscientos años hasta finales del s. XIX, momento en el que se replantea el estatuto de las operaciones mentales desde múltiples frentes: filosofía, psicología y neurofisiología principalmente; cincuenta años después se sumarán la informática, la cibernética y la inteligencia artificial, suministrando una capacidad de análisis muy potente. El conjunto de propuestas actuales es complejo y las diferencias entre ellas son, frecuentemente, muy sutiles. No obstante, en el ánimo de aportar un mínimo de claridad y como fruto principal de este trabajo se presenta la siguiente clasificación, desde las posiciones más mentalistas a las más fiscalistas 1ª.- Dualismo.- Contempla la existencia de dos mundo distintos; aquí se sitúan, aparte del propio Descartes, filósofos como K. Popper,- que, de hecho, cree en la existencia de tres mundos-, o J. Eccles. 2ª.- Emergentismo.- Las actividades mentales necesitan el soporte material del cerebro, pero tienen sus leyes propias no reducibles a la neurofisiología. Aquí se situarían D. Davidson, P. Davies y R. W. Sperry. 3ª.- Reduccionismo.- Las actividades mentales no sólo necesitan el soporte material del cerebro, sino que sus leyes son reducibles a las de la neurofisiología, aunque no se haya encontrado su relación precisa. Esta opción presenta, al menos, las dos variantes siguientes 3.1.- Funcionalismo.- Las actividades mentales son funciones que distintos sistemas físicos pueden realizar, por lo que se puede denominar asimismo realizacionismo físico. Es la postura del Putnam de 1960. 3.2.-Reduccionismo estricto.- Considera la existencia de una especie de isomorfismo entre el cerebro y la mente. Partidarios de esta postura son el filósofo de la mente J. Kim y el filósofo de la ciencia E. Nagel, para quien la relación entre los niveles superiores e inferiores debe manifestarse a través de leyes matemáticas. 4ª.- Eliminativismo.- Los fenómenos mentales no existen o son epifenómenos de los procesos cerebrales. Aquí se sitúa P. Churchland. Marín Herrero, José María; Mayoral de Lucas, Juan Vicente

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  TrabajoFindeGrado    Títulodeltrabajo:Elproblemamente‐cerebro   Autor  JoséMªMarínHerrero    Director  JuanVicenteMayoraldeLucas    FacultaddeFilosofíayletras Juliode2013 1 Resumen Este trabajo fin de grado se enmarca dentro del campo de la filosofía de la mente, su objetivo general es establecer, a un nivel apropiado para un graduado de filosofía, el panorama actual de los diversos puntos de vista sobre la relación entre las operaciones mentales y los procesos cerebrales y se propone como objetivos particulares los dos siguientes i. Conocer la terminología y los principales conceptos utilizados por los especialistas en ciencias cognitivas, intentando precisar su significado. ii. Discriminar y relacionar las principales concepciones que se han dado a lo largo de la historia, y especialmente en la actualidad, del problema filosófico llamado problema mente – cerebro. Tomando como punto de partida el planteamiento dualista de Descartes, se da un salto de más de doscientos años hasta finales del s. XIX, momento en el que se replantea el estatuto de las operaciones mentales desde múltiples frentes: filosofía, psicología y neurofisiología principalmente; cincuenta años después se suman la informática, la cibernética y la inteligencia artificial, suministrando una capacidad de análisis muy potente. Una descripción lo más actualizada posible de este panorama es el objetivo que se persigue con este trabajo fin de grado. Introducción y objetivos A pesar de que el terreno cultural humano venía siendo abonado durante cientos e incluso miles de años de su historia para que se asentara con fuerza, en la vida social y especialmente en la religiosa, la creencia en entidades distintas a la materiales, un punto que los expertos coinciden en señalar como el origen de la instalación de esta escisión ontológica en el seno de la propia filosofía son las Meditaciones metafísicas de René Descartes [1]. Ese punto de vista se empieza a cuestionar seriamente a partir del siglo XIX y en la actualidad el panorama que se respira, en términos generales, es una reacción a su planteamiento, aunque todavía sigan existiendo posturas de tipo dualista. Descartes concibe la relación entre mente y cuerpo como la de un piloto que guía desde la glándula pineal la nave del cuerpo que queda reducido a un puro mecanismo. Como prueba clara de este planteamiento, lo más ilustrativo son unos breves fragmentos seleccionados de su Tratado del hombre [2] que explican mejor que ningún comentario su pensamiento respecto a la existencia en el hombre de dos principios distintos, uno material y otro espiritual: “Supongo que el cuerpo no es otra cosa que una estatua o máquina de tierra a la que Dios forma con el propósito de hacerla tan semejante a nosotros como sea posible” (pg. 22)…”no debemos concebir en esta máquina alma vegetativa o sensitiva alguna, ni otro principio de movimiento y de vida” (pg. 109). 2 “Puede apreciarse en la zona de la figura señalada con M que los espíritus que salen de la glándula H, habiendo dilatado la parte del cerebro A y entreabierto todos sus poros, se dirigen desde tal punto hasta B, después hasta C y, finalmente, hacia D; alcanzando este punto, se propagan a través del interior de todos sus nervios. De este modo, los espíritus mantienen tan tensos todos los pequeños filamentos de los que se componen estos nervios y el cerebro que, por reducida que fuera la fuerza que para moverlos tengan las diversas acciones, ésta se comunica fácilmente” (pg. 84). Así pues para Descartes los seres humanos están hechos de dos componentes: su cuerpo, que es una máquina carente de cualquier principio de movimiento autónomo, y otro muy distinto, contenido en la glándula pineal (H en la figura), que genera todos los movimientos, internos y externos, del cuerpo, -razones, sentimientos, memoria, imaginación y los movimientos propiamente corporales-, y que es la res cogitans. Este planteamiento es totalmente inadmisible para la física actual porque viola uno de sus principios básicos: el cierre causal que significa que ningún ente externo al mundo físico es capaz de provocar ninguna modificación del mismo, es decir, puede tener capacidad causal. No obstante, la filosofía de Descartes tuvo consecuencias radicales y de largo alcance tanto en el campo de la ontología como en el de la epistemología y las preguntas fundamentales que se derivan de su planteamiento siguen presentes en el debate filosófico 1. ¿Los procesos mentales son distintos o idénticos a los procesos cerebrales? 2. Si son idénticos, ¿cómo se explican los procesos mentales a partir de los procesos cerebrales? 3. Si son distintos, ¿cómo interactúan entre sí? El objetivo del presente trabajo fin de grado es dar cuenta del estado del llamado problema mente-cuerpo o, si se prefiere, mente-cerebro y para ello el procedimiento seguido es, en primer lugar, situar los orígenes actuales de este campo filosófico que se conoce principalmente como filosofía de la mente o también ciencias cognitivas y señalar qué campos del conocimiento se han congregado en torno a él. Para este primer apartado ha sido especialmente útil la referencia [3], que ha permitido trazar un hilo conductor y ha sido la fuente de muchas de las referencias que se han consultado y que, cuando ha procedido, se han utilizado y han quedado recogidas en el apartado de la 3 bibliografía. Posteriormente se han analizado más en detalle las propuestas más influyentes dentro de esta disciplina en la actualidad, todas ellas monistas, algunas reduccionistas, como las que representa el filósofo Jaegwon Kim, y otras no reduccionistas representadas por el filósofo Hilary Putnam y el neurobiólogo y premio nobel de Medicina R. W. Sperry. El trabajo se concluye con el punto de vista, compartido por el autor de esta memoria, del neurofisiólogo Antonio Damasio acerca de cómo se puede entender la conciencia y el yo desde un punto de vista científico que sea aceptable para la filosofía y con un resumen de las distintas posturas que se encuentran en la filosofía de la mente actual. Inicios y bases de las ciencias cognitivas En el terreno de la filosofía de la mente, una de las reacciones más contundentes al método introspectivo de Descartes fue el conductismo. Se considera fundador de esta corriente al psicólogo estadounidense J. Watson (1878 – 1958) y sus representantes más conocidos son el fisiólogo y psicólogo ruso I. Pavlov (1848 – 1936) y el filósofo y psicólogo experimental norteamericano B. F. Skinner (muerto en 1990). Los conductistas consideraban anticientífico el uso de fenómenos no observables como las representaciones mentales (símbolos, imágenes o conceptos) y querían restringir la atención a los fenómenos observables, que comprendían la acción del entorno sobre el cuerpo humano y la reacción de éste sobre aquél, es decir, la conducta. Su modelo científico era el de la caja negra y pretendían buscar correlaciones entre estímulos y reacciones. Este planteamiento encajaba muy bien en las corrientes positivistas pero, en el fondo, significaba una renuncia a investigar la mente humana. En septiembre de 1948 un grupo de eminentes intelectuales, interesados y formados tanto en humanidades como en ciencias, se juntaron en el Instituto de Tecnología de California (Pasadena) auspiciados por la fundación Hixon [3] para estudiar la forma en que el sistema nervioso gobierna la conducta y se dieron cuenta de que el paradigma conductista era un obstáculo para el conocimiento de la relación mente-cerebro. Uno de los participantes más celebrados fue el psicólogo Karl Lashley quien advirtió que, para alcanzar nuevas conocimientos sobre el cerebro, se debía dar cuenta de conductas organizadas complejas, muy especialmente del uso del lenguaje, y que el marco teórico explicativo predominante en aquel momento -el conductistano era capaz de dar cuenta de ninguna conducta de este tipo. En aquella época empezaban a coger fuerza, impulsadas entre otros motivos por las circunstancias bélicas de la 2ª Guerra Mundial, la informática y las ciencias de la computación. Turing [4] propuso la idea de una máquina abstracta capaz de realizar, en principio, cualquier cálculo concebible. Esta máquina constaba de una cinta de longitud infinita que pasaba por la máquina, donde un dispositivo de lectura detectaría su contenido. La cinta se dividía en registros idénticos, cada uno de los cuales contenía un espacio en blanco o una marca. La máquina podía desarrollar cuatro 4 clases de movimiento con la cinta: desplazarla a la derecha, desplazarla a la izquierda, borrar la marca o imprimirla. Con estas operaciones sencillas solamente, era capaz de ejecutar cualquier clase de programa o de plan que se expresara en un código binario. Cualquier tarea que pudiera explicitar con claridad los pasos necesarios para llevarla a cabo podría programarse y ejecutarse en la máquina de Turing; los ordenadores actuales están concebidos según su esquema. Los científicos interesados en el pensamiento humano advirtieron las implicaciones de estas ideas, al darse cuenta de que si eran capaces de describir con precisión los procesos de pensamiento o de conducta de un organismo, podrían diseñar un ordenador que operara en forma idéntica a él. Este modelo computacional ha sido uno de los más fértiles en la investigación del cerebro humano y en aquel momento parecía despejado el camino para construir máquinas que se comportaran como seres humanos. En paralelo, otra investigación estaba avanzando poderosamente en aquel momento: la neurofisiología del cerebro humano y de los animales. El esquema que se estaba elaborando concebía al sistema nervioso como una vasta red de neuronas (se considera que en el cerebro humano existen del orden de 1010 neuronas), distribuidas en estructuras muy elaboradas con interconexiones extremadamente complejas. En 1943 McCulloch y Pitts elaboran el primer modelo matemático de neurona y de cerebro concebido como una red modular de neuronas [6], demostrando que era capaz de memorizar información y de realizar cálculos, es decir, que se comportaba como una Figura 1.- Modelo de neurona y de red neuronal (Tomado de [5]) máquina de Turing1; se tenía un modelo de cerebro que se comportaba como un ordenador. Sobra mencionar que se está considerando solamente una parcela del funcionamiento cerebral, importante pero no exclusiva, la de del almacenamiento y procesado de la información; otras actividades mentales mucho más difíciles de describir, como las emocionales o las intencionales, se quedaban fuera de esta modelización. Cinco años después, en 1948, N. Wiener escribió uno de los libros más influyentes sobre los aspectos comunes del comportamiento de animales y máquinas, Cybernetics. 1 La idea de su máquina la elaboró Turing en 1936, aunque su publicación definitiva fuera muy posterior 5 En él, el autor aborda no solo los aspectos concernientes al manejo de la información, sino que amplía sus elaboraciones teóricas a otros aspectos esenciales, para la vida en general y la vida humana en particular, como la autorregulación, la autoconservación, el lenguaje y la sociedad. Al igual que MacCulloch, Wiener pertenece al M. I. T. y desde esa época este instituto de investigación se convierte en referencia mundial en temas relacionados con la inteligencia artificial y la filosofía de la mente. De hecho, el nacimiento formal de lo que hoy se conoce como ciencias cognitivas tiene lugar en su sede, en un Symposio sobre Teoría de la Información realizado en 1956 en el que cabe destacar la presencia y las ponencias presentadas, entre otros, por los especialistas en ordenadores Newell y Simon, el lingüista N. Chomsky, el especialista en telecomunicaciones C. Shannon o el psicólogo G. Miller. En 1959 aparece un artículo en la revista Scientific American titulado La fisiología del imaginación [7] en el cual su autor, J. Eccles, sostiene que no solo el puro procesamiento de información sino también las actividades correspondientes a la imaginación creativa surgen “de alguna manera” de la actividad del cerebro y que el objetivo de su artículo era ver como se podía relacionar el trabajo del cerebro con las experiencias de la mente. Indica que las líneas que conectan los sentidos a ciertas zonas del cerebro están tendidas pero que, una vez que llega la información al cerebro, debido al umbral que necesita cada neurona para entrar en actividad, no se propagaba a lo largo de cadenas lineales de neuronas sino como un frente de onda que avanza por muchos carriles paralelos y que puede barrer hasta 105 neuronas por segundo. En la Figura 2 se muestra un gráfico que aparece en la pg. 140 del artículo [7] y donde se representan estas ondas cerebrales. Las señales procedentes de distintos frentes de onda integra la información que procede de los distintos sentidos de la percepción. Para Eccles el funcionamiento del cerebro es como el de un telar mágico en el que millones de lanzaderas tejen una estructura significativa pero temporal, y solo después de un largo periodo de educación el sujeto es capaz de interpretar los sucesos cerebrales como procedentes de un mundo exterior. La memoria depende de cambios producidos en la corteza cerebral por una activación previa que permanece; experimentos en la sinapsis neuronales habrían demostrado que su activación repetida provoca un aumento de su duración. En este contexto, ¿qué se puede decir de la imaginación creativa? La red neuronal está compuesta por un entramado altamente complejo de engramas2 cuya permanencia proviene del incremento de la eficacia sináptica derivada del uso repetido. La operación subconsciente de la mente involucra una interrelación de engramas que generan nuevos engramas que se presentan como nuevas imágenes o ideas. En cuanto a la conciencia, Eccles reconoce que esta actividad mental fundamental se escapa de sus posibilidades explicativas. Pocos años después empiezan a aparecer libros sobre psicología cognitiva, de los cuales el más influyente fue el de U. Neisser [9], psicólogo experimental versado en 2 Un engrama es una estructura neuronal estable [8] 6 computadoras quien, reconociendo la aportación de las ciencias de la computación, señalaba la enorme distancia que existía entre una máquina de cálculo, limitada al procesamiento y almacenamiento de la información, y un ser humano capaz de actividades fuera del alcance de las máquinas como la intencionalidad o la afectividad. Neisser rebajaba el tono triunfalista procedente del mundo de la informática, diferenciando entre los procesos perceptivos, como la visión o la audición, -en los que los modelos propuestos eran específicos, se podían hacer muchos experimentos pertinentes y las hipótesis comprobables eran fáciles de formular-, de lo que denominaba procesos mentales superiores, en los que interviene la intencionalidad del sujeto; de éstos se ocupó del pensamiento y de la memoria y dejó fuera la imaginación y la consciencia. Figura 2.- Trayectoria de las ondas cerebrales 7 Neisser fue preclaro al darse cuenta de las enormes limitaciones de la psicología experimental de su época, en la que se obligaba al sujeto a centrarse en un solo motivo y a un conjunto fijo de respuestas alternativas cuando la vida diaria era mucho más compleja, presentando simultáneamente una multiplicidad de motivaciones y de respuestas, ausentes de la mayoría de los experimentos sobre los procesos mentales superiores. Si la motivación y la cognición son inseparables, una teoría satisfactoria de los procesos mentales superiores sólo podría cristalizar cuando se tuvieran teorías de la motivación, de la personalidad y de la interacción social. De manera que el problema de la relación entre los procesos mentales y los procesos cerebrales volvía a quedar abierto a la reflexión filosófica. Funcionalismo Entre los filósofos de la época destacaba Hilary Putnam que trabajaba en Princeton y que en su libro Minds and machines de 1960 [10] propuso una aproximación al problema mente-cerebro denominada funcionalismo donde sostenía que, a semejanza de un ordenador, la mente corresponde a la actividad funcional del cerebro que es el soporte material para aquella. Las operaciones lógicas (o software) podían describirse en forma independiente del soporte material (hardware) en que fueran implementadas. En palabras posteriores de Putnam [10], la concepción computacional de la mente fue una reacción contra la idea de que la materia era más importante que la función que desempeñaba. Como los fenómenos mentales son estados funcionales del organismo, no es posible conocerlos estudiando exclusivamente los procesos en los que están implicados sus sustratos materiales como el cerebro; el funcionalismo presupone que una misma función puede ser desempeñada por sistemas muy distintos, ya que la naturaleza de sus componentes no es esencial para el correcto desarrollo de su función. Del mismo modo, las creencias y deseos son estados funcionales de sistemas físicos que pueden estar hechos de diferentes tipos de materiales. Por tanto, para comprender un proceso mental lo que debe analizarse es la función y no el sistema y, por ello, se puede atribuir estados mentales a seres extraterrestres con una estructura fisicoquímica muy diferente a la nuestra o a un soporte no orgánico, como un ordenador digital. Cualquier sistema puede tener mente a condición de que sea capaz de realizar la función adecuada. En su libro Representación y realidad Putnam hace una revisión a fondo de los planteamientos del funcionalismo y se retracta de ellos, generalizando su afirmación anterior de que es incorrecto identificar los estados mentales con estados físicoquímicos para pasar a decir que es asimismo incorrecto identificar directamente los estados mentales con los estados funcionales (caracterizados computacionalmente). Se apoya especialmente en los planteamientos sobre el holismo del significado de Quine [12] y afirma que no hay forma de identificar un estado computacional idéntico en todas las personas que tienen una creencia determinada y, de hecho, los espacios de los 8 estados computacionales de diferentes especies con una conducta verbal suficientemente próxima, -para poder ser traducidas entre ellas-, en una misma circunstancia y con una misma creencia, pueden ser incluso incomparables [10] (pg. 134). El requisito básico del funcionalismo es que existe alguna clase de ordenadores, como la máquina de Turing, que puede servir de modelo para los seres humanos. Esto significa que se puede encontrar una relación de equivalencia, -en el sentido de la teoría de conjuntos-, entre los estados de esa clase de ordenadores y los humanos que sea computable, es decir, describible en un lenguaje reglamentado (como los de la informática o la física). Pero para interpretar un lenguaje es necesario tener alguna idea de las teorías y los métodos de inferencia que comparten los miembros de la comunidad que habla ese lenguaje. Nadie podría determinar a qué se refiere "spin" en la mecánica cuántica sin conocer la mecánica cuántica o a que se refiere "carga negativa" sin saber algo sobre la teoría de la electricidad. Esto plantea serias dificultades a la tesis de que se puede establecer una sinonimia (o correferencialidad) entre dos lenguajes diferentes. Putnam propone el siguiente ejemplo [11] (pg. 138): “Supongamos que estoy interpretando un término T1 de una teoría A sostenida por los marcianos y un término T2 de una teoría B sostenida por los venusinos. Supongamos que las teorías A y B son diferentes, pero que no es inconcebible que los términos Tl y T2 se refieran a la misma entidad. Supongamos, además, que la similitud entre las dos teorías es suficientemente grande, de modo que si los entornos son tales que los términos Tl y T2 son correferenciales, entonces ningún intérprete normal juzgaría la diferencia en la creencia entre marcianos y venusinos como una diferencia en el significado”. En este ejemplo, el problema de la correferencialidad se reduce a las dos preguntas siguientes: ¿A qué se refiere Tl en el entorno marciano? y ¿a qué se refiere T2 en el entorno venusino? Si las teorías A y B fueran cosmológicas, para determinar si son aproximadamente verdaderas, -tal como lo entienden y utilizan las respectivas comunidades-, se necesitaría información sobre el resto del universo, de manera que sería falsa la hipótesis de que es posible decir a que se refiere un término usado en un entorno dado a partir de una descripción completa del mismo en términos de algún lenguaje normado, a menos que el entorno incluya todo el universo. Por otro lado, cualquier teoría que pretenda establecer la correferencialidad de otras teorías tiene que examinar todas las teorías posibles porque un algoritmo, merced al cual una máquina de Turing puede resolver estas cuestiones a partir de una descripción de las situaciones en Marte y Venus, debe anticipar los procesos de fijación de creencias de que depende la comprensión de las teorías. Pero, ¿es posible examinar el razonamiento y las creencias de todos los seres y las sociedades humanas posibles? Para verter creencias de un lenguaje natural al cálculo de predicados primero hay que interpretarlas, incurriendo en una petición de principio. 15 particularmente las del nivel inferior? Lo que, desde su punto de vista, se dibuja es la siguiente propuesta “Si dos propiedades x e y pertenecientes al nivel N son indiscernibles en todos los niveles inferiores a N, lo son en N.” Para Kim todas estas consideraciones apuntan a una concepción de la reducción que encaja bien con el paradigma reduccionista general de la ciencia, aunque no en el sentido de Nagel para quien la reducción consiste en deducir las leyes matemáticas de un nivel a partir de las del nivel inferior (o teoría base) mediante leyes puente [23]. Para que se pudiera aplicar directamente este tipo de reducción cada propiedad mental debería tener una propiedad física coextensiva en todas las especies y sistemas; como las propiedades mentales tienen realizaciones múltiples, no satisfacen esta condición y Kim debe hacer una propuesta reduccionista distinta que formula en el capítulo 4º de su libro. Su propuesta básicamente consiste en proponer leyes puente específicas para cada especie y para darle cobertura teórica se vuelve hacia el funcionalismo de Putnam, afirmando que la posibilidad de la funcionalización es una condición necesaria para la reducción. Por ello, la cuestión central en el debate sobre las relaciones entre la mente y el cuerpo es si las propiedades mentales son funcionalizables6 o no. Para decidir sobre esta cuestión, Kim agrupa los fenómenos mentales en dos grandes categorías: a) los intencionales, que se manifiestan en las actitudes proposicionales, y que están referidos a objetos exteriores y b) los qualia que se refieren a impresiones internas (como el color, el sonido o el olor). Siempre según este filósofo, y frente a otros como Putnam o Searle, que la intencionalidad es funcionalizable se explica por el hecho de que es inconcebible una réplica exacta del mundo físico existente que careciera de intencionalidad. Sin embargo, se puede concebir un mundo físicamente idéntico en que los qualia tengan una relación diferente con los sistemas físicos. En otros términos  La intencionalidad es funcionalizable porque no se sabe cómo diseñar y construir sistemas intencionales; sólo se podría duplicar los seres vivos lo que significa que la intencionalidad es una función específica y exclusiva de ciertos sistemas vivos.  Por el contrario, se sabe cómo diseñar y construir sistemas (distintos a los vivos) capaces de tener percepciones o de procesar esta información (los robots), luego, según Kim, no son funciones exclusivas de los seres vivos y, por tanto, no serían funcionalizables. Desde mi punto de vista, lo correcto sería decir que existen distintas realizaciones de dichos fenómenos (caso iii de los modelos de superveniencia), pero Kim lo 6 Recordando el símil computacional del apartado sobre el funcionalismo, que una propiedad o un estado, mental en este caso, sea funcionalizable significa que consiste en una función u operación que realiza un sistema físico determinado. 16 interpreta como un ámbito en el que el emergentismo podría ser aplicable (caso ii de los modelos de superveniencia). Kim reconoce pues que existe un problema con las propiedades supervinientes como los qualia que no son reducibles a sus propiedades de base y ve las siguientes salidas [18] (pp. 118120): 1ª.- Si se mantiene el funcionalismo, se llega a un punto en que debe elegirse una opción entre dos a) Mantener el fisicalismo, respetando al menos el cierre causal de la física. b) Abandonar el fisicalismo y optar por el dualismo y el interaccionismo. 2ª.- Si uno se mantiene en el fisicalismo, debe elegir entre a) Una superveniencia irreducible, es decir, no funcionalizable, pero aceptando su impotencia causal. b) Abrazar el materialismo eliminativo. Termina concluyendo que esto no debe sorprender porque el fisicalismo es una doctrina ontológica general acerca de toda la realidad y mantenerse en él exige pagar un alto precio. Sin embargo, es partidario de conservar lo mental como parte del mundo físico, pero dentro de lo que denomina un fisicalismo robusto. Para él, las posiciones intermedias como el monismo anómalo de Davidson o el fisicalismo no reduccionista7 no son aceptables dentro de este fisicalismo robusto8. Vuelta a Putnam En la segunda parte de su libro La trenza de tres cabos [24], compuesta por tres conferencias, Hilary Putnam revisa las posiciones reduccionistas, muy particularmente las de Kim9. En la primera de las conferencias retoma el viejo experimento mental de William James acerca de la existencia de una persona con todas las características físicas de una persona normal, pero carente de propiedades mentales. Acerca de este experimento, dice que existen dos posturas que resumirían las dos corrientes de opinión extremas sobre las relaciones mente-cuerpo i. AUTOMATA: Aunque ciertas personas no tuvieran propiedades mentales, si sus propiedades físicas y sus entornos físicos fueran iguales, ocurrirían los mismos sucesos físicos. ii. NO-AUTOMATA: Si las personas no tienen propiedades mentales, pero sus propiedades físicas y sus entornos físicos fueran iguales, podrían ocurrir sucesos físicos distintos. Esta postura era la de Descartes para quien la 7 No deja claro si se refiere a Putnam 8 No aclara qué significa fisicalismo robusto. 9 Hay que tener presente que cuando Putnam escribe este libro ya ha renunciado al funcionalismo 17 mente era la causa de que nuestros cuerpos actuasen de una determinada manera. El interaccionismo fuerte de la segunda postura es inadmisible para Putnam, pero rechaza también la primera y dentro del panorama de la filosofía de la mente encuentra tres posiciones intermedias entre los dos extremos, -el fisicalismo reduccionista (postura que identifica con Kim), el conductismo lógico, y el verificacionismo-, que rechaza para hacer su propuesta personal. Esta parte de un análisis lingüístico del antecedente del silogismo AUTOMATA, -es decir, ciertas personas no tienen propiedades mentales, pero todas sus propiedades físicas son iguales a cómo serían si las tuviesen y fueran iguales sus entornos físicos-, y considera que no es inteligible. Para que lo fuera deberíamos saber qué es lo que se está preguntando cuando se pregunta si una determinada propiedad mental es o no reducible a otra propiedad física. Como Putnam no cree que las propiedades tengan un sentido de identidad particular aislado, sino que lo tienen dentro de una teoría [12], la relación entre propiedades de ámbitos distintos solo se puede dar en el marco de teorías previamente definidas, la reducida y la reductora. Mientras estas teorías no existan, la pregunta sobre la reducibilidad, la dependencia o la independencia de lo mental con respecto a lo físico carece de sentido. Para explicar con más claridad esta opinión, comenta la existencia de dos concepciones distintas de la semántica del lenguaje natural: la clásica, de la que toma como representante destacado a P. Grice, y otra, menos familiar y atribuida a Austin y a Wittgenstein, sensible al habla y que defiende que lo fundamental para la comprensión e incluso para la misma posibilidad del lenguaje es el sentido compartido de lo que es y no es una proyección natural de los usos previos de una palabra dentro de un nuevo contexto y, en este sentido, concluye Putnam que, comprendiendo lo que significa que “los miembros de una tribu sean autómatas sin alma”, no comprende lo que significa en el contexto del argumento de J. Kim. En la tercera de sus conferencias, Putnam ataca directamente el problema clave de la posibilidad de existencia de leyes psicofísicas. Comienza definiendo con precisión la tesis reduccionista de J. Kim que denomina de superveniencia estricta y que considera la conjunción de dos tesis a) Tesis de la superveniencia.- Todo estado psicológico interno de un organismo sobreviene a su estado físico interno sincrónico b) Tesis de la dependencia.- Toda propiedad mental depende de su correspondiente propiedad física La segunda tesis es más fuerte que la primera porque no se da sólo entre estados sino propiedad a propiedad o, lo que es lo mismo, la segunda tesis presupone la primera, lo que significa en definitiva que existe un isomorfismo total entre lo mental y lo cerebral. De forma similar al debate sobre los silogismos “autómata” y “noautómata”, Putnam va defender la ininteligibilidad de la tesis de la superveniencia y, 18 en consecuencia, la de la dependencia. Según el planteamiento de Kim, aquella exige que si se pudiera replicar a una persona y estuviera en el mismo estado neural interno10 que el original, los estados psicológicos internos de ambos serían exactamente los mismos. Según Kim, todo estado psicológico que no sea interno se puede descomponer en un estado interno y un conjunto de relaciones externas y la conducta es una función, -en el sentido matemático-, cuyos argumentos son los estímulos exteriores y los estados internos de manera que, en consecuencia, dos sistemas físicamente idénticos tienen la misma psicología. Lo que cuestiona Putnam es la inteligibilidad de considerar a las creencias como estados psicológicos internos. Para ello se apoya en una postura que denomina externalismo semántico, que dice compartir con la mayoría de los filósofos del lenguaje y de la mente de la actualidad, y que consiste en esencia en defender que el contenido de las oraciones, de las creencias y de otras contenidos psicológicos dependientes del lenguaje dependen de la referencia (su extensión) de sus términos en el contexto particular del habla y que la referencia depende de factores externos al cerebro del hablante, de manera que las condiciones neurológicas del hablante no son suficientes para determinar el significado de lo que dice. Para Stanley Cavell lo que convierte en correcto el uso de las palabras es la razonabilidad de su proyección dentro del contexto y esta razonabilidad no está sostenida por ningún estado interno sino que va cambiando para adaptarse a aquel. De manera que es tan inútil buscar un objeto científico denominado contenido estricto en el caso del significado como un estado psicológico interno en el de las creencias. Para dejar bien sentada su afirmación previa, Putnam lleva a cabo una demostración contra la idea de las representaciones interiores. El argumento, en esencia, es el siguiente: “Si tengo la misma experiencia despierto y en sueños, deduzco que tienen algo en común que debe ser interno y lo llamo representación”. Apoyándose en Austin, sostiene que no se está autorizado a decir que exista algún objeto significante (un dato sensorial) presente en ambos casos porque no está claro si se ve algo o parece que se está viendo ese algo y hay una diferencia radical entre ambas situaciones, ya que en el primer caso se puede afirmar que se está en el mismo estado psicológico, lo cual es una relación transitiva, mientras que la indistinguibilidad de las apariencias no satisface la propiedad transitiva. Para demostrarlo presenta el experimento realizado por un experto en la lógica difusa, R. Parikh, que consiste en presentarle a un sujeto una colección de 100 tarjetas,   bañadas en un bote de pintura blanca a la que se le iba añadiendo una gota de pintura roja al bañar la siguiente tarjeta. Evidentemente, al sujeto dos tarjetas consecutivas le parecen idénticas mientras que un par de tarjetas suficientemente separadas en la serie la parecen distintas. Si a la cualidad del color que presentan dos tarjetas consecutivas 10 De la lectura del texto [24] (pg. 133) se deduce que un estado psicológico interno se corresponde con una creencia y un estado psicológico externo con un conocimiento. 19 se le denomina / se tiene que, según lo manifestado por el sujeto, /  / de manera que aplicando esta igualdad desde la primera hasta otra suficientemente alejada en la serie, la última si se quiere, resultaría que /  /  / y la ultima tarjeta sería indistinguible de la primera, cosa totalmente falsa, y de este razonamiento se concluye que es posible encontrarse en dos estados distintos sin que seamos capaces de notarlo, es decir, que al mismo estado mental (la apariencia) le corresponderían dos estados neurales (físicos) diferentes. Concluye Putnam que no se trata de que no existan las leyes psicofísicas, sino de que plantear su existencia no tiene sentido porque las características psicológicas resultan extremadamente sensibles al contexto y dependen de factores externos (objetos) y sociales y de las proyecciones que en cada contexto resulte natural hacer o no hacer. Conclusión Para concluir este trabajo me basaré en las opiniones del investigador y profesor de neurociencia Antonio Damasio, plasmadas en su libro El error de Descartes [25] y en el cual devuelve la mente al lugar del que nunca debió salir: el cuerpo. En él nos dice que la mente ha sido desplazada del lugar etéreo que ocupaba en el s. XVII hasta algún lugar situado en el cerebro y que surge de la actividad de circuitos neuronales modelados a lo largo de la evolución y que representan al organismo de forma global y continua y son perturbados por los estímulos del medioambiente (físico y sociocultural). Una mente normal solo tiene lugar si dichos circuitos tienen representaciones básicas de todo el organismo, de manera que el cuerpo no solo proporciona sustento vital al cerbero sino que suministra también contenidos a la mente. La aparición de las imágenes mentales se puede justificar en términos evolutivos como un aumento de las posibilidades de supervivencia del organismo, mediante una mejor apreciación de las condiciones ambientales y una mejor predicción de los escenarios futuros y de las acciones a emprender en ellos gracias a la posibilidad de imaginarlos. Una sugerencia muy atractiva de Damasio es que una forma de aumentar la supervivencia del cuerpo, en su momento, fue la representación del mundo en términos de los cambios ocasionados en el cuerpo, aunque en la actualidad predominen las imágenes no corporales. Elementos fundamentales en la filosofía de la mente han sido los conceptos de conciencia y de yo; Damasio ofrece explicaciones de los mismos que considero bastante convincentes. El yo refleja la idea de algo estable en el organismo y lo polémico ha sido establecer la identidad de ese “algo estable”. Él lo explica a partir de una base neuronal consistente en la reactivación de dos tipos de representaciones: las relacionadas con acontecimientos clave en la vida del individuo y las relacionadas con elementos primordiales del cuerpo del individuo que comprenden estados corporales de fondo y estados emocionales. Afirma que el dispositivo neuronal mínimo para producir la 20 subjetividad no exige la existencia del lenguaje y, por tanto, es accesible a los animales de orden superior; el lenguaje sería una capacidad narrativa de segundo orden. En definitiva, el yo no es un homúnculo situado dentro del cerebro que contempla nuestras representaciones mentales, sino que es un estado biológico continuamente reconstruido, de manera que poseer un yo es perfectamente compatible con la idea de no poseer un teatro cartesiano dentro de un nuestro cerebro. Existe un yo para cada organismo, excepto en aquellas situaciones en que la enfermedad ha creado más de uno (personalidad múltiple) o ha reducido o abolido el yo normal (anosognosia). Cita el famoso experimento del cerebro en la tina de Putnam y opina que si a los nervios cerebrales desconectados del cuerpo se les introdujeran señales idénticas a las que proviene del cuerpo, podría existir actividad mental en el cerebro pero que es altamente improbable que estas entradas pudieran imitar el comportamiento del cuerpo activado por el propio cerebro. Síntesis personal Para finalizar, deseo presentar un resumen que muestre las distintas posturas dentro del campo de la filosofía de la mente que considero suficientemente nítidas tras la revisión bibliográfica efectuada. En una gradación que se mueva de las posiciones más mentalistas a las más fiscalistas, las propuestas que se ofrecen hoy se pueden agrupar, desde mi punto de vista y aunque sea un tanto groseramente, de la siguiente manera 1ª.- Dualismo.- Contempla la existencia de dos mundo distintos; aquí se sitúan, aparte del propio Descartes, filósofos como K. Popper,- que, de hecho, cree en la existencia de tres mundos [26]-, o J. Eccles. 2ª.- Emergentismo.- Las actividades mentales necesitan el soporte material del cerebro, pero tienen sus leyes propias no reducibles a la neurofisiología. Aquí se situarían Davidson, Davies y Sperry. 3ª.- Reduccionismo.- Las actividades mentales no sólo necesitan el soporte material del cerebro, sino que sus leyes son reducibles a las de la neurofisiología, aunque no se haya encontrado su relación precisa. Esta opción presenta, por lo menos, las tres variantes siguientes 3.1.- Funcionalismo.- Las actividades mentales son las funciones que distintos sistemas físicos pueden realizar, por lo que se puede denominar asimismo realizacionismo físico. Es la postura del Putnam de 1960. 3.2.-Fisicalismo robusto.- Es la postura de J. Kim que, honradamente, la considera confusa y me siento incapaz de definir con precisión. 3.3.-Reduccionismo matemático.- Es la postura de Nagel, para quien la relación entre los niveles superiores e inferiores debe manifestarse a través de leyes matemáticas 21 4ª.- Eliminativismo.- Los fenómenos mentales no existen o son epifenómenos de los procesos cerebrales. Aquí se situaría Churchland. 22 BIBLIOGRAFIA 1. R. Descartes. Meditaciones metafísicas. Alianza, Madrid, 2005; Meditaciones 2ª, 5ª y 6ª. 2. R. Descartes. El tratado del hombre. Alianza, Madrid, 1990. 3. H. Gardner. La nueva ciencia de la mente Paidós, Barcelona, 2000 (orig.: 1985); caps. 2 y 3. 4. A. M. Turing. Computing machinery and intelligence. Mind, vol. 59, 1950, pp. 433-460. 5. M. A. Arbib. Cerebros, máquinas y matemáticas. Alianza, Madrid, 1976 (orig.:1964); cap. 1. 6. W. S. McCulloch and W. Pitts. A logical calculus of the ideas immanent in neurons activity. Bull. Math. Biophys., vol. 5, 1943, pp. 115–133. 7. J. E. Eccles. The Physiology of Imagination. Scientific American, 1959, pp. 135146. 8. K. Lashley. In search of the engram. Symposia of the Society for Experimental Biology, vol. 4, 1950, pp. 454-482. 9. U. Neisser. Psicología cognitiva. Trillas, Mexico, 1979 (orig.: 1967); caps. 1 y 11. 10. H. Putnam. Mentes y máquinas en “Mentes y máquinas”, M. Garrido (ed.). Tecnos, Madrid, 1985; pp. 61-101 (orig.: 1960). 11. H. 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