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Abstract

Esta investigación tiene como objetivo principal analizar, mediante el Maslach Burnout Inventory (MBI), el síndrome de burnout en 191 funcionarios de vigilancia del centro penitenciario de Zuera (Zaragoza), quienes realizan una actividad laboral que principalmente consiste en la seguridad interior de la prisión. Además, se desea examinar la relación entre el burnout y una serie de variables sociodemográficas (edad, sexo, estado civil, tener o no tener hijos, módulo donde se trabaja y años de experiencia). A través de los análisis realizados, se obtuvo que el 27,2% de los participantes se encontraba en situación de alto burnout, mientras que el 72,8% restante, presentaba bajo burnout. Se encontró además que existe relación entre el burnout y el sexo, el módulo donde se trabaja y los años de experiencia de los funcionarios. En la discusión se analizan los resultados obtenidos y se subraya la necesidad de implementar programas de prevención e intervención para los funcionarios de prisiones. Hernández Viejo, Alejandro; Castro Vázquez, Ángel

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TRABAJO FIN DE GRADO Universidad de Zaragoza Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Grado en Psicología Teruel, 2013 El síndrome de burnout en funcionarios del Centro Penitenciario de Zuera (Zaragoza) Alumno Alejandro Hernández Viejo Director Dr. Ángel Castro Vázquez El síndrome de burnout en funcionarios del Centro Penitenciario de Zuera (Zaragoza) Alejandro Hernández Viejo y Ángel Castro Universidad de Zaragoza Resumen Esta investigación tiene como objetivo principal analizar, mediante el Maslach Burnout Inventory (MBI), el síndrome de burnout en 191 funcionarios de vigilancia del centro penitenciario de Zuera (Zaragoza). Además, se desea examinar la relación entre el burnout y una serie de variables sociodemográficas (edad, sexo, estado civil, tener o no tener hijos, módulo donde se trabaja y años de experiencia). A través de los análisis realizados, se obtuvo que el 27,2% de los participantes se encontraba en situación de alto burnout, mientras que el 72,8% restante, presentaba bajo burnout. Se encontró además que existe relación entre el burnout y el sexo, el módulo donde se trabaja y los años de experiencia de los funcionarios. En la discusión se analizan los resultados obtenidos y se subraya la necesidad de implementar programas de prevención e intervención para los funcionarios de prisiones. Palabras clave: Síndrome de burnout; funcionarios de prisiones; cansancio emocional; despersonalización; realización personal. Burnout syndrome in correctional officers in the penitentiary institution of Zuera (Zaragoza) Abstract The main objective of this research is to analyze the burnout syndrome in 191 correctional officers from Zuera penitentiary center (Zaragoza). Also, we want to examine the relationship between burnout and several sociodemographic variables (age, sex, marital status, having or not having children, module which works and years of experience). The results showed that 27.2% of the participants were in high burnout situation, while the remaining 72.8%, had low burnout. It was also found that there was a relation between burnout and sex, the module where they work and the years of experience of staff. In the discussion we analyze this results and emphasize the need to implement prevention and intervention programs for prison officers. Keywords: Burnout syndrome; correctional officers; emotional exhaustion; despersonalization; personal accomplishment. La actual Ley de Prevención de Riesgos Laborales española recoge el derecho a la salud de los trabajadores y reconoce que las condiciones organizativas del trabajo pueden constituir una fuente de riesgo para el trabajador (Topa y Morales, 2005). En los últimos años, se ha ido otorgando una importancia creciente a la prevención y tratamiento de los riesgos laborales, en consonancia con la cada vez mayor trascendencia de los datos de accidentes laborales, que ha hecho que la salud de los trabajadores haya pasado a ser un tema vital a tratar por parte de organizaciones y empresas (Instituto Nacional de Estadística, 2011). Dentro de los riesgos laborales, cada vez poseen más relevancia los factores psicosociales, que se originan por diferentes aspectos de las condiciones y organizaciones del trabajo y que tienen incidencia en la salud de las personas, a través de mecanismos psicológicos y fisiológicos, que afectan, además de a la salud de los trabajadores, a su desempeño laboral (Gil-Monte, 2012; Moreno y Báez, 2010). Las condiciones laborales pueden tener un efecto positivo, como es el desarrollo de competencias personales, altos niveles de satisfacción laboral y de productividad, o mejora de la motivación, pero normalmente se presta más atención a las consecuencias negativas, como son las respuestas de tensión, inadaptación o estrés, que provocan un daño en la salud personal y laboral del trabajador (Moreno y Báez, 2010). En este marco de consecuencias negativas se encuentra el síndrome de burnout, o "estar quemado", que se puede definir como un estado de agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal que puede aparecer en personas que trabajan de cara a la gente (Maslach y Jackson, 1986). Según estos autores, el agotamiento emocional hace referencia al cansancio emocional que producen las tareas propias del trabajo, la despersonalización se refiere al tratamiento distanciado que se aplica a las personas que se tiene que atender y la baja realización personal recoge la baja autoestima profesional que acompaña al ejercicio de la propia profesión (Maslach y Jackson, 1986). Por tanto, en este síndrome, el desgaste profesional viene dado por un proceso de estrés crónico laboral y organizacional, que desemboca en un estado de agotamiento emocional y de fatiga hacia las tareas laborales (Moreno y Báez, 2010). El desgaste emocional surgiría, por tanto, de un desgaste progresivo de los recursos del trabajador, que suele venir determinado por el tipo de tarea que se ejerce, además de por la falta de condiciones organizacionales, la falta de apoyo y la progresiva desmotivación (Gil-Monte, 2012). Por ello, el desgaste que se produce no es consecuencia de la vulnerabilidad del trabajador, sino de las demandas interpersonales y emocionales propias de la tarea que tiene que llevar a cabo sin tener los recursos suficientes para ello (Moreno y Báez, 2010). El síndrome de burnout afecta sobremanera a profesionales que trabajan con otras personas. Se puede afirmar, siguiendo a Machuca (2010), que tiene más incidencia en personas que trabajan en servicios humanos, como la educación, la salud, o el resto de administraciones públicas, debido a que en estos ámbitos existen unas condiciones de trabajo con fuertes demandas sociales, que pueden llegar a conllevar consecuencias muy negativas que afecten a la salud física y/o mental del trabajador (e.g. alteraciones psicosomáticas, ansiedad, depresión, alcoholismo). Pese a registrarse una mayor incidencia en estos colectivos, también aparece en otros, desde directivos hasta amas de casa (Machuca, 2010). La aparición del burnout puede verse facilitada por una serie de variables, que algunos estudios, como los de Gil-Monte y Peiró (1997) o el de Ramos (1999), dividen en sociodemográficas (e.g. edad, sexo), de personalidad (e.g. neuroticismo, locus de control, falta de autoestima, estrategias de afrontamiento), organizacionales y falta de apoyo social. Además, la persona afectada sigue una evolución en distintas fases, tres según Cherniss (1980), que irían desde la comprensión del desequilibrio entre las demandas del trabajo y los recursos del trabajador (Fase 1), hasta los cambios en las actitudes y las conductas hacia los clientes o pacientes (Fase 3), pasando por una respuesta emocional intermedia, de preocupación, tensión, ansiedad o fatiga (Fase 2). Uno de los colectivos más afectados y estudiados en relación al síndrome de burnout es el de los funcionarios de vigilancia de los centros penitenciarios, como ponen de manifiesto Hernández Martín, Fernández Calvo, Ramos y Contador (2006), debido a algunas características de su contexto laboral. En primer lugar, se puede hablar de una serie de características organizacionales, propias del puesto de trabajo que desempeñan, como son la coordinación entre funciones de vigilancia y seguridad con las de tratamiento y rehabilitación de los internos, la percepción de que las administraciones públicas se preocupan más por su imagen pública y por los internos que por ellos mismos, que son sus empleados, o el aumento en privilegios y derechos de los internos, que les hace estar en una continua exposición a sanciones (Gil-Monte, 2012). Además, en muchas ocasiones perciben que se les impide atender a los internos según las normas y valores de su rol profesional, por tener que estar sujetos a actividades burocráticas, con lo que se acaban frustrando por no poder llevar a cabo un trabajo de calidad (Hernández Martín et al., 2006). Otros aspectos organizacionales que influyen en la vulnerabilidad de este colectivo pueden ser, según Gil-Monte (2012), la baja participación en la toma de decisiones, la falta de retroinformación, la ausencia de comunicación, la baja autonomía y los horarios de trabajo. Además, los funcionarios de prisiones se ven implicados en continuos procesos de intercambio social, con los internos y con otros compañeros, que se caracterizan por la incertidumbre sobre los límites, la implicación y el contagio emocional, con lo que pueden derivar en conflictos interpersonales y con la organización, que influyen en la aparición del síndrome de burnout. A ello se debe añadir la visión negativa que una parte de la sociedad posee hacia estos profesionales, pues se les asocia con la privación de la libertad e incluso, en ocasiones, con falta de legalidad, maltratos y torturas, lo que da lugar a prejuicios, miedos y hostilidad hacia ellos (Gil-Monte, 2005). Por último, existe una serie de características asociadas al colectivo con el que se trabaja en los centros penitenciarios que pueden influir en el malestar de los funcionarios. Según Valverde (2009), en primer lugar influye la existencia de un régimen vigilado que rige la vida del interno, provocando una restricción continua, que se acrecienta con la arquitectura típica de las prisiones, que provoca una sensación de hacinamiento y falta de movilidad. Además, las cárceles suelen identificarse con espacios inhóspitos, reducidos y peligrosos, que provocan en el interno estados de ansiedad y pensamientos negativos, así como una falta de control sobre su propia vida, que influye en sus actuaciones y en su relación con los funcionarios. Por último, se señalan otros factores, como la jerarquización de las relaciones, o la pérdida de las vinculaciones sociales, que influyen en la inadaptación de los reclusos al medio penitenciario y, con ello, a la dificultad para que los funcionarios desempeñen su labor. Por todo esto, se puede concluir que este colectivo presenta una elevada predisposición a padecer el síndrome de burnout. Así lo ponen de manifiesto algunas investigaciones llevadas a cabo en distintos centros penitenciarios españoles (Cardenal y Alonso, 2005; de Diego Cuevas, Durán, Ríus Díaz y Enríquez Llagas, 1997; Hernández Martín et al., 2006) y ese es el objetivo principal de esta investigación, evaluar el síndrome de burnout en una muestra representativa de los funcionarios del centro penitenciario de Zuera, analizando las diferencias en función de una serie de variables sociodemográficas, como el sexo, la edad, el estado civil, la familia, los años de experiencia, el lugar en el que desempeñan su trabajo y si tienen hijos o no. Método Participantes La muestra estuvo compuesta por 191 funcionarios del centro penitenciario de Zuera (Zaragoza), de los que 146 (76,4%) eran funcionarios de vigilancia y 45 (23,6%) pertenecían al personal de oficinas. El número de funcionarios de vigilancia que participaron supone el 44,4% de la plantilla total, formada por 329 trabajadores, mientras que el total de personal de oficina que participó supone el 60% de estos trabajadores (n = 60). Entre los participantes, el 77,5% (n = 148) eran varones y el 22,5% restante, mujeres (n = 43). La media de edad de todo el grupo fue de 42,4 años (DT = 6,91). En cuanto a su estado civil, el 58,6% estaba casado, el 36,6% soltero y el 4,7% restante, separado/divorciado. El 62,8% de los participantes manifestó tener hijo/s, frente al 37,2% que no lo/s tenía/n. También se les consultó sobre su lugar de trabajo en el centro penitenciario; el 69,9% trabajaba en módulos rotativos, es decir, no trabajan siempre con el mismo perfil de internos (en los resultados, este grupo aparece identificado como "módulos rotativos"); el 17% desempeñaba su labor en las oficinas del centro, sin tener contacto con los internos, mientras que el 8,9% trabajaba en módulos no rotativos con un perfil de interno inadaptado (en los resultados aparecen como "módulos inadaptados") y el 3,7% en módulos no rotativos (terapéuticos) con un perfil de interno adaptado. Por último, los años de experiencia como funcionarios de prisiones estaban en un rango entre tres y 35 años, con una media de 13 años (DT = 7,48). Instrumentos Cuestionario sociodemográfico: se preguntaba sobre cuestiones sociodemográficas de interés para el estudio, como el sexo, la edad, el estado civil, si tenían hijos, el lugar de trabajo dentro del centro y los años de experiencia como funcionarios de prisiones. Maslach Burnout Inventory (MBI; Maslach y Jackson, 1986). Consta de 22 ítems, que son contestados según una escala tipo Likert con siete opciones de respuesta, que van de Nunca hasta Todos los días. Se consulta sobre la frecuencia con la que los participantes experimentan los sentimientos o actitudes de los enunciados que se presentan, evaluando tres dimensiones: cansancio emocional, despersonalización y realización personal. Se obtuvieron valores adecuados de fiabilidad y consistencia interna, muy similares a los obtenidos en la versión original, siendo de 0,91 en la subescala de consistencia emocional, 0,73 en la de despersonalización y 0,83 en la de realización personal, además de 0,71 en la escala global. Para el análisis de los datos se utilizaron los criterios normativos elaborados por Gil-Monte y Peiró (2000), para determinar los niveles de burnout (alto, bajo) de la muestra. De esta forma, el patrón de puntuaciones iguales o superiores a 25 en cansancio emocional, a 9 en despersonalización, junto con puntuaciones iguales o inferiores a 35 en realización personal, son indicativas de burnout. El resto de combinaciones entre las puntuaciones son indicativas de que el sujeto no padece este síndrome. Procedimiento La administración de los cuestionarios se hizo de forma individualizada, explicando que el objetivo del estudio era averiguar las actitudes de los participantes hacia su trabajo, que la participación era voluntaria y que se mantendría la confidencialidad de todas las respuestas. Se entregaron 210 cuestionarios, de los que se rellenaron 191, ya que algunos trabajadores se negaron a realizarlo. Análisis estadísticos Se utilizó el paquete estadístico IBM SPSS versión 19.0 para analizar los datos recogidos. Se aplicó la prueba t de Student, análisis de correlaciones y pruebas no paramétricas para comparar las medias y diferencias en las subescalas del MBI en función de las características sociodemográficas (sexo, edad, estado civil, hijos, lugar de trabajo, años de experiencia). Resultados En primer lugar, se distribuyó a los participantes en dos grupos, de alto y bajo burnout, en función de los parámetros establecidos por Gil-Monte y Peiró (2000) expuestos en el apartado anterior. Así el 27,2% (n = 52) de los funcionarios que cumplimentaron el cuestionario cumplían los requisitos establecidos para conformar el grupo de alto burnout. El 72,8% restante (n = 139) se encontraba en situación de bajo burnout. En la Tabla 1, que se presenta a continuación, se puede observar la distribución de los miembros de ambos grupos en función de las variables sociodemográficas analizadas. Se puede constatar cómo la media de edad es similar en ambos grupos, mientras que la distribución en función del sexo varía, con mayor proporción de varones en el grupo de alto burnout que en el de bajo. También se observan diferencias en cuanto al estado civil, al módulo en que trabajan, a si tienen hijos y a los años de experiencia. Tabla 1. Distribución de los grupos de alto y bajo burnout en variables sociodemográficas. Variables Alto burnout Bajo burnout N 52 139 Media edad (DT) 42,04 (5,56) 42,67 (7,33) Sexo Varones (%) 90,4 73,4 Mujeres (%) 9,6 26,6 Estado civil Soltero/a (%) 30,8 38,8 Casado/a (%) 61,5 57,6 Separado/a (%) 7,7 3,6 Viudo/a (%) 0 0 Módulo en que trabajan Oficinas (%) 11,5 20,1 Módulos terapéuticos (%) 5,8 2,9 Módulos rotativos (%) 61,5 71,9 Módulos inadaptados (%) 21,5 5,0 Hijos Sí (%) 73,1 26,9 No (%) 26,9 40,3 Media años experiencia (DT) 14,31 (7,21) 12,57 (7,55) Posteriormente, se analizaron las diferencias entre los participantes con alto y bajo burnout en las tres subescalas del cuestionario utilizado, a través de una comparación de medias con la prueba t de Student. Como se puede observar en la Tabla 2, se encontraron diferencias estadísticamente significativas en las tres variables evaluadas; los sujetos con alto burnout presentaban más cansancio emocional, más despersonalización y menor realización personal que los sujetos con bajo burnout. Tabla 2. Diferencias en las variables analizadas en función del alto o bajo burnout. Variables Burnout n M DT t p Cansancio emocional Alto 52 37,96 9,04 -17,53 <0,001 Bajo 139 13,22 8,45 Despersonalización Alto 52 18,94 5,13 -11,57 <0,001 Bajo 139 8,94 5,32 Realización personal Alto 52 19,76 9,80 6,79 <0,001 Bajo 139 29,38 8,18 A continuación, se volvió a contar con el grupo total de participantes y se analizaron las diferencias existentes en el burnout en función de las variables sociodemográficas analizadas: edad, sexo, estado civil, módulo en que trabajan, si tienen hijos y años de experiencia. Las diferencias en función del sexo y de si tienen hijos o no, se analizaron a través de la prueba t de Student, tras la que se encontraron diferencias estadísticamente significativas en las tres variables en función del sexo, como se puede observar en la Tabla 3. Los varones mostraban más cansancio emocional, más despersonalización y menos realización personal que las mujeres. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en función de si los participantes tenían hijos o no, en ninguna de las tres subescalas evaluadas. Tabla 3. Diferencias en las variables analizadas en función del sexo y de si tienen hijos. Variables Sexo n M DT t p Cansancio emocional Varones 148 21,57 14,42 3,15 0,002 Mujeres 43 14,14 10,26 Despersonalización Varones 148 12,26 7,03 2,42 0,02 Mujeres 43 9,38 5,91 Realización personal Varones 148 25,96 9,74 -2,33 0,02 Mujeres 43 29,79 8,57 Variables Hijos n M DT t p Cansancio emocional Sí hijos 121 18,45 9,98 -8,17 0,35 No hijos 70 17,09 8,99 Despersonalización Sí hijos 121 11,93 6,85 -3,12 0,65 No hijos 70 11,01 6,11 Realización personal Sí hijos 121 26,87 9,08 1,28 0,39 No hijos 70 28,74 9,56 La relación del burnout con la edad y con los años de experiencia se analizó a través de un análisis de correlación de Pearson. Como se observa en la Tabla 4, que se encuentra a continuación, se hallaron relaciones estadísticamente significativas únicamente entre el cansancio emocional y los años de experiencia, siendo esta relación directa, es decir, más años de experiencia se relacionan con más cansancio emocional. Tabla 4. Coeficientes de correlación de Pearson entre las subescalas del burnout, la edad y los años de experiencia. CE DP RP Edad Experiencia CE 1 DP 0,66 1 RP -0,49 -0,55 1 Edad -0,05 -0,14 0,09 1 Experiencia 0,19* 0,04 -0,06 0,67 1 *p = 0,008.