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Abstract

La «distinción de contextos» ha sido tradicionalmente un eje vertebrador de la naturaleza y cometido de la Filosofía de la Ciencia frente a los de otras disciplinas (Psicología, Historia de la Ciencia, Sociología). Tal demarcación entra en quiebra aparentemente tras la obra del reputado Thomas S. Kuhn. Aquí trazo que ésta no implica un rechazo absoluto de la distinción, como algunos -y en algún pasaje el propio Kuhn- han afirmado, sino un rechazo de los presupuestos y consecuencias de la teoría de la que ésta emerge originalmente: el positivismo lógico. Más allá de esto, defiendo que Kuhn podría mantener una forma de la distinción, adecuadamente reformulada. Melero Monagas, Iliana; Mayoral de Lucas, Juan Vicente

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Trabajo Fin de Grado Análisis de la distinción de contextos desde el historicismo kuhniano Autora Iliana Melero Monagas Director Juan Vicente Mayoral de Lucas Facultad de Filosofía y Letras 2013 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es Índice 1. Introducción: La transformación de la imagen del conocimiento científico 2 2. Sinopsis del conocimiento científico según el Positivismo lógico 5 3. La distinción de Reichenbach 7 4. Sinopsis del conocimiento científico según Kuhn 11 5. Incompatibilidades entre la teoría kuhniana y los presupuestos positivistas de la distinción de Reichenbach 18 6. Reformulación de la distinción de contextos desde la teoría de Kuhn 21 Bibliografía 23 1 1. Introducción: La transformación de la imagen del conocimiento científico El lugar de los factores o valores subjetivos en la producción del conocimiento científico ha sido siempre un asunto conflictivo. Por factores subjetivos entendemos aquellos parámetros que son fundamento de decisiones en la empresa científica, y no forman parte de la metodología científica y los valores compartidos de la comunidad que constituyen parte de la base para el comportamiento racional de dicha comunidad1; parámetros tales como: experiencia pasada del sujeto en otros campos de investigación -que luego importa a aquel en el que se ocupa-, creencias religiosas o filosóficas, valoraciones estéticas, etc. Por comportamiento racional podemos entender la elección de los mejores medios para conseguir determinados fines. El fin de la ciencia, parafraseando a Hempel, consiste en formular una visión del mundo comprensiva y organizada sistemáticamente que sea explicativa y predictiva2. La consecuencia de incorporar los factores subjetivos a la filosofía de la ciencia, junto con una nueva3 forma de hacer historiografía de la ciencia, y tesis psicológicas que explican de un modo no ingenuo el proceso de percepción, conllevan una revolución en la imagen que se tenía de la ciencia antes de la década de los 60. El máximo representante responsable de esta revolución es Thomas S. Kuhn. Su nueva filosofía de la ciencia ha sido demasiado a menudo malinterpretada, leyendo en ella una explicación de la ciencia como una empresa irracional, algo de lo que Kuhn nunca se cansó de retractarse. En el Epílogo del 69 a su Estructura de las Revoluciones Científicas (ERC), denomina a tales tergiversaciones como «malentendidos gratuitos»4, y más tarde matiza: «A algunos de mis lectores les ha dado la impresión de que yo trataba de hacer que la ciencia se asentara sobre intuiciones individuales inanalizables más bien que sobre la ley y la lógica. Pero tal interpretación yerra en dos aspectos esenciales»5. El primer aspecto es que las intuiciones de las que habla no son individuales sino compartidas por la comunidad, y el segundo es que sí son analizables: por lo que su teoría no deriva en idealismo ontológico ni en irracionalidad. La crítica de idealismo ha sido una de las más recurrentes, debido a su desafortunada afirmación de que «los cambios de paradigma hacen que los científicos vean de un modo distinto el mundo al que 1 O según se ha visto tradicionalmente: constituyen toda la base del comportamiento racional. 2 HEMPEL, C. G., «Valuation and Objectivity in Science», en R.S. Cohen y L. Laudan (comps.), Physics, Philosophy and Psychoanalysis, Dosdrecht: D. Reidel, 1983, p. 91 3 Nueva respecto a la historiografía interna del empirismo lógico. 4 ERC, p. 301 5 Ibíd, p. 326 2 se aplica su investigación. En la medida en que su único acceso a dicho mundo es a través de lo que ven y hacen, podemos estar dispuestos a afirmar que tras una revolución los científicos responden a un mundo distinto»6. También en dicho Epílogo Kuhn da una explicación en clave psicologista de dicha metáfora, en la que afirma que distintos individuos, a pesar de recibir los mismos estímulos, poseen sensaciones diferentes -dada la diferencia de las experiencias pasadas que intervengan asociativamente en la percepción de la experiencia presente, así como su diferente constitución biológica, etc-. Pero esto no incurre en solipsismo, pues podemos defender que dos individuos pertenecen al mismo grupo -o ven el mismo mundosi comparten la misma educación, lenguaje, experiencias similares, y cultura, entonces «tenemos buenas razones para suponer que sus sensaciones sean las mismas»7. Así queda salvada la crítica del idealismo8. No es este trabajo el lugar para profundizar en la defensa de esta crítica, sino indirectamente en la de irracionalismo. Si el empirismo lógico daba una explicación de la ciencia, y en ella, del conocimiento científico y su racionalidad, al socavar sus bases9 no caemos en un horror vacui de la imposibilidad de conocer o razonar, sino que ganamos otra explicación del conocimiento y la racionalidad de la mano de la teoría kuhniana. Como Kuhn dice, «hay una línea continua (o una continua pendiente resbaladiza) desde las ineludibles observaciones iniciales que subyacen a los estudios microsociológicos10 hasta sus conclusiones todavía enteramente inaceptables»11. Esto puede ser observado al analizar la tesis kuhniana del cambio paradigmático asociado a una cierta inconmensurabilidad: si hay una diferencia de significado entre dos términos, y cada uno es utilizado por un hablante distinto, «la comunicación se pone en peligro, y este peligro es especialmente grave porque, como las diferencias de significado en general, la diferencia entre los dos no puede ser racionalmente 6 Ibíd, p. 212 7 Ibíd p. 319 8 Queda salvada la crítica a un idealismo ontológico radical como el que se le podría achacar a Berlekey antes de que acuda al teísmo para salvar el problema del subjetivismo, pero no esto no refuta el idealismo social. El cual puede ser entendido, según F. Suppe (1981, citado por Rouse, J. , «Kuhn, Heidegger, and scientific realism», Man and World, 14, 269-290., 1981), como la extensión del tratamiento antirrealista que los positivistas daban a los términos teóricos, a los términos observacionales, con la consecuente extensión de la incertidumbre sobre su naturaleza. No es sin embargo éste el lugar para abordar este problema. 9 Debido a problemas internos de la teoría, como los derivados de los intentos de desarrollar teorías de la confirmación (el proyecto frustrado de Carnap de crear una lógica inductiva) cuya crítica culmen llega de la mano de Goodman con su Nuevo problema de la inducción, o debido a sostener conceptos problemáticos como el de “oración protocolar” desde el que verificar teorías, o una distinción errónea denunciada por Quine en «Dos dogmas del Empirismo» entre jucios sintéticos y analíticos, y finalmente debido a la crítica que le llega desde el historicismo, que se expondrá brevemente en este trabajo. 10 Preocupados sólo por las causas del cambio de teorías, y no por las razones. 11 KUHN, T., «El problema con la Filosofía de la Ciencia Histórica», en El camino desde la Estructura, Paidós, Barcelona, 2000, p. 137 3 decidida»12. Debido a ello, ¿en virtud de qué base podemos decir que la elección de un paradigma frente a otros es racional? ¿Hay algo así como una base arquimediana fija desde la que evaluar las teorías y concluir su racionalidad? No la hay, pero ello no lleva a asumir que el cambio de teorías que se produce históricamente es irracional. Asumirlo, como hace el programa fuerte, es seguir manteniendo la misma noción del conocimiento que tenía el empirismo lógico, esto es: «lo primero deben ser los hechos, y las conclusiones inevitables, al menos sobre las probabilidades, deben basarse en ellos»13, y añadiendo a esta premisa la crítica historicista a la distinción “teoría-hechos”, concluyen: «Si la ciencia no produce conocimiento en este sentido (…) no puede producir conocimiento en absoluto»14. Así pues, reformular la noción de la ciencia y racionalidad que tiene el empirismo lógico, sin caer en la irracionalidad que anuncia el Programa Fuerte, lleva a aportar otra explicación del funcionamiento de la ciencia y su racionalidad, que reubique -entre otrosa los factores subjetivos que intervienen en la producción de conocimiento. Para ello me centraré en la distinción entre contexto de justificación y contexto de descubrimiento (a partir de ahora la llamaré “distinción DJ”). Distinción eminentemente fundamental en el periodo empirista lógico, puesto que estructuraba no sólo la definición del conocimiento científico, sino la tarea de la Filosofía de la Ciencia. Si como hemos dicho ambas cosas -concepción del conocimiento, y de la Filosofía de la Ciencia por su nueva relación con la Historia de la Ciencia, Psicología y Sociologíacambian tras la obra de Kuhn, ¿desaparece dicha distinción y lo que ella nos decía sobre el conocimiento científico? Kuhn lo niega en su ERC: No cabe duda de que algunos lectores se habrán preguntado ya si un estudio histórico tiene la posibilidad de llevar a cabo el tipo de transformación conceptual buscada aquí. Hay todo un arsenal de dicotomías disponibles que sugieren que propiamente hablando la historia no puede hacer tal cosa (…). Incluso puede haber dado la impresión de que en el párrafo precedente he violado la influyente distinción contemporánea entre “el contexto 12 KUHN, T., «Epílogo» en El Camino desde la Estructura, Paidós, Barcelona, 2000, p. 275. Es importante señalar que Kuhn supera el problema de la inconmensurabilidad, que algunos (QUINE, W. V. O., Word and Object, Cambridge, MA. Technology Press of the Massachusetts Institute of Technology, 1960, DAVIDSON, D. «The Very Idea of a Conceptual Scheme» en Proceedings and Addresses of the American Philosophical Asociation, 47, (1974), p. 19, KITCHER, P., «Theories, Teorists and Theoretical Change», en Philosophical Review, 87, (1978), pp. 519529, PUTNAM, H., Reason, Truth and History, Cambridge, Cambridge University Press, 1981, pp. 113-124) han visto como un obstáculo infranqueable analizando el problema de la traducción. Para superarlo Kuhn diferencia entre el proceso de traducción y el de interpretación (KUHN, T., «Conmensurabilidad, Comparabilidad y Comunicabilidad», en El Camino desde la Estructura, op. cit.). Profundizaré en esta diferenciación en el apartado 5. 13 Ibíd, pp. 137, 138 14 Ibíd, p. 138 4 de descubrimiento” y “el contexto de justificación”. (…) Habiéndome formado intelectualmente con estas y otras distinciones similares, difícilmente podría ser más consciente de su alcance y de su fuerza. Durante muchos años consideré que versaban acerca de la naturaleza del conocimiento y aún supongo que, apropiadamente reformuladas, tienen algo importante que decirnos.15 Aunque más tarde lo afirmará: «Ya argumenté que esa posición no encaja en las observaciones de la vida científica y supondré que esto se me ha concedido. El problema está ahora en un punto diferente: el de si esta invocación de la distinción entre contextos de descubrimiento y de justificación da o no da siquiera una idealización plausible y útil. Pienso que no»16. Procedamos a ver cómo podría solucionarse esta contradicción, y en qué podría consistir dicha reformulación. 2. Sinopsis del conocimiento científico según el Positivismo lógico17 Según Godfrey Smith, la teoría del conocimiento positivista está construida básicamente sobre el fenomenismo de Berkeley -a excepción de su teísmo-, y el empirismo de Hume -a excepción de su escepticismo sobre las cuestiones de hecho-. En Hume ven un antecesor de su principio de verificación, pues éste decía que las oraciones cuyo significado no pueda retrotraerse a impresiones sensibles, son asignificativas. De Berkeley toman la crítica a la idea de sustancia de Locke -que luego repetirá Hume-, según la cual las “ideas de sensaciones” -o atributos, dicho aristotélicamenteque pertenecen a una sóla cosa material «no quiere decir, como pensaba Locke, que estén relacionadas con un único “algo” subyacente e inobservable»18, sino que mantienen relaciones determinadas entre ellas. Consideran un error emplear el término “idea” para referirse a lo que es dado en forma sensible, es preferible llamarlo “contenido sensible”: éste se refiere tanto a los datos inmediatos de las sensaciones “externas” como a los de las “internas”. En definitiva extraen de Berkeley que las cosas materiales 15 ERC, pp. 67, 68 16 KUHN, T., Objetividad, juicios y elección de teoría, en La Tensión Esencial, Fondo de Cultura Económico, México, 1993, p. 350 17 Me centro en su primer periodo más radical, para el análisis. En los 60, cuando Carnap era el editor de Kuhn, podemos encontrar acercamientos entre sus perspectivas. Para más información REISCH, G. A., «Did Kuhn Kill Logical Empiricism?», Philosophy of science, 58, (1991), pp. 264-77 y IRZIK, G., GRÜNBERG, T., «Carnap and Kuhn: Arch Enemies or Close Allies?» The British Journal for the Philosophy of Science, 46, (1995), pp. 285-307. Se toma como sinónimo “Positivismo lógico” y “Empirismo lógico”. 18 AYER, A. J., Lenguaje, verdad y lógica, Ed. Universitaria de Buenos Aires, Argentina, 1965, p. 63 5 deben ser definibles en términos de contenidos sensibles, «pues solo porque se dan ciertos contenidos sensibles se puede verificar, así sea en mínimo grado, la existencia de cualquier cosa material»19. Basándose en esta teoría pueden rechazar a priori todas aquellas representacionalistas20 que tratan a las cosas materiales como si fueran entidades inobservables. Lo cual les permite, siguiendo el entusiasmo de Hume, arrojar al fuego todas las obras de metafísica como mero compendio de sofismas y quimeras, al hablar de entidades cuya existencia, por principio, no puede ser verificada. En definitiva la teoría positivista se construye en torno a la distinción analítico-sintético, y a la teoría verificacionalista de significado. Sólo las proposiciones analíticas, y las que conciernen a cuestiones de hecho o sintéticas pueden ser verificadas -lo que deja fuera a las proposiciones metafísicas o asignificativas-. Las proposiciones analíticas son las de la lógica y las matemáticas, las cuales son necesarias y ciertas a priori porque no pueden ser refutadas por la experiencia al no hacer afirmaciones sobre el mundo; sólo muestran nuestra decisión convencional de usar símbolos de cierta manera. Las proposiciones empíricas son hipótesis que pueden ser probables pero nunca ciertas. Puede averiguarse si una oración expresa una hipótesis empírica genuina empleando el principio de verificación, el cual determina si una oración es literalmente significativa o no. El principio de verificación ha sido tradicionalmente parafraseado como «el significado de una oración consiste en su método de verificación». Lo que significa que saber el significado de una oración, es saber cómo verificarla. Si no se puede verificar, no tiene significado. La verificación sólo puede realizarse por medio de la observación, siendo coherentes con su empirismo. No exigían disponer de una verificación conclusiva, sólo tenía que existir la posibilidad de encontrar evidencia observacional que contara como apoyo o rechazo de la proposición evaluada. En el momento más radical del positivismo, la idea era que se podían traducir todas las frases con contenido factual en las sensaciones y patrones que las conectaban, pero esto no tardó en ser abandonado. Esta teoría del conocimiento presupone una clara distinción entre lo observado, y lo que puede decirse sobre lo observado: esto es, sobre hechos y teoría. La ciencia procede a partir de hechos obtenidos a través de observación; han de ser descubiertos antes de que puedan convertirse en datos 19 Ibid, p. 64 20 Aquellas que se comprometen epistémicamente con (i) la representación de un objeto del mundo externo -a la cual sólo tiene acceso el sujeto que percibe-, así como con (ii) ese objeto del mundo externo el cual es causa de la representación. Plantean un problema: ¿en virtud de qué podemos estar seguros de que nuestra representación (lo único de lo que podemos estar seguros, pues sólo podemos tener acceso a ellas) está conectada con el mundo externo (que cae fuera de lo que percibimos). 6 para la ciencia. Los hechos son objetivos -accesibles e indudables para todos los observadores humanos normalmente dotados-, y previos a las leyes y teorías científicas, a las cuales proporcionan fundamento. Por su parte, las leyes y teorías científicas constituyen la base de las explicaciones de los fenómenos naturales; esto es, del conocimiento científico. La racionalidad científica consiste en seguir ciertas reglas que conducen a proposiciones (mutatis mutandi, teorías) probabilísticamente verdaderas. Este conjunto de reglas puede ser llamado método científico21. La aplicación repetida de este método va sumando verdades a las teorías científicas. Si analizamos históricamente dichas teorías, veremos que en su origen estaban poco desarrolladas, pero a base de sumarle verdades, han ido perfeccionándose. Esta concepción acumulativa de la historia es teleológica: su estadio final22 es llegar a la teoría unificada perfecta que describa cavalmente la verdad sobre la naturaleza. 3. La distinción de Reichenbach La distinción de contextos era fundamental en la filosofía previa a la década de los 60. Fue formulada por primera vez en 1938, en la obra Experiencia y Predicción de Hans Reichenbach. Éste era el líder de la Sociedad de Filosofía Empírica de Berlín y por lo tanto miembro del positivismo lógico, a pesar de lo cual fue crítico con alguna de sus ideas principales, como el inductivismo de Carnap. Al principio de esta obra Reichenbach se enfrenta con el problema con el que se abría este trabajo: el lugar de los valores subjetivos en la producción del conocimiento científico. ¿Son un mero accidente producto de la debilidad humana, pero que luego pueden ser evitados creando una reconstrucción racional de dicha producción de conocimiento, o bien son esenciales para el conocimiento científico? Reichenbach defenderá lo primero. Veamos de qué modo. En sus primeras lineas Reichenbach afirma que el conocimiento nos viene dado como un hecho sociológico, como las costumbres sociales, hábitos religiosos, etc. Estudiarlo es estudiar las características de un fenómeno sociológico. Sin embargo hay al menos dos perspectivas desde las que estudiarlo, en función de si se atiende a las relaciones internas o externas de las proposiciones de un proceso de pensamiento, i.e.: las proposiciones que constituyen, por ejemplo, una teoría científica. Las relaciones internas pertenecen al contenido del conocimiento. Son lo que debe ser 21 Se asume que su naturaleza es cognoscible a priori, la investigación filosófica ha de determinar qué es. 22 Tómese este literalmente, o sólo como mero ideal regulativo. 7 tenido en cuenta si queremos comprenderlo. Las relaciones externas atienden a expresiones no están relacionadas con el contenido del conocimiento23. Un ejemplo de relaciones internas sería atender al argumento de una teoría científica. Mientras que del de relaciones externas, atender a la clase social de los productores de la teoría, cualidades que éstos suelen compartir, etc. Ciencias como la Historia de la Ciencia, la Psicología y la Sociología están interesados en las relaciones externas de las proposiciones de procesos de pensamiento (o de la suma de proposiciones que constituyen conocimiento). La Epistemología o Filosofía de la Ciencia -para Reichenbach sinónimasestá exclusivamente interesada en las relaciones internas. El cometido de esta ciencia es justificar teorías científicas, así como aconsejar a los científicos de todas las consecuencias que se derivan de las decisiones que pueden tomar. Con esto no pretende decirle a los científicos qué deberían hacer, sino qué ocurriría, si decidieran algo entre todas las opciones posibles. Esto permite reducir la arbitrariedad que a veces subyace a la toma de decisiones todo lo posible -esto es, que el fundamento de una decisión sea un valor subjetivo, en ausencia de un fundamento mejor-, y maximizar la racionalidad de éstas, si los científicos están plenamente informados de las consecuencias. A este ejercicio consejero, lo llama la tarea consejera del epistemólogo. La justificación de teorías se realiza en dos pasos. En primer lugar el epistemólogo ha de realizar reconstrucción racional24 del proceso de pensamiento real -el que se da de hecho, el cual recogería íntegramente el psicólogodel científico que está analizando. Dicha reconstrucción consiste en eliminar los pasos innecesarios para derivar de premisas las conclusiones deseadas -por el científico, no por el epistemólogo, éste ha de permanecer fiel al significado que el científico quiere transmitir-, así como explicitar los entimemas existentes en el argumento. A esto lo llama Reichenbach la tarea descriptiva del epistemólogo, a la cual opone la tarea descriptiva del psicólogo, consistente en, como hemos dicho, recoger íntegramente el proceso de pensamiento del científico, sin las modificaciones que el epistemólogo lleva a cabo en la reconstrucción racional. Es precisamente en este momento de diferenciación entre las dos tareas descriptivas cuando Reichenbach trae a colación la distinción de contextos, con ella explica que el psicólogo opera en el contexto de descubrimiento, y el epistemólogo en el de justificación. En el primer contexto el conjunto de factores subjetivos son relevantes para el desarrollo de la teoría o el proceso de pensamiento analizado; para el segundo sólo son relevantes o legítimos los medios intersubjetivos 23 REICHENBACH, H., Experience and Prediction, Chicago, University of Chicago, USA, 1966, p. 4 24 Concepto tomado del Aufbau carnapiano. Pero no lo emplean en el mismo sentido. Para Reichenbach simplemente es un sustituto lógico del proceso de pensamiento real, una idealización de cómo debería pensar. Tampoco ha de confundirse con la reconstrucción racional de Lakatos. A diferencia de esta y de la de Carnap, el producto de la de Reichenbach pueden ser cadenas argumentales injustificables. 8 la elección más racional-, ni puede ser demostrada de una vez por todas, sino que es interna al paradigma, dependiente de sus bases y sujeta por tanto al cambio histórico. La elección no está determinada ni puede estarlo tan sólo merced a los procedimientos de evaluación característicos de la ciencia normal, pues éstos dependen en parte de un paradigma particular, y tal paradigma está en entredicho40. Utilizar el propio paradigma para defenderlo, es argumentar circularmente. Y sin embargo, históricamente podemos observar que se produce progreso en la ciencia41. ¿Cómo explicar este fenómeno sin echar mano de criterios obligatorios para la elección? Dado que el progreso no puede producirse por azar, consecuencia de la elección fortuita de los científicos sobre una teoría entre todas las disponibles, hay que encontrar una explicación de la racionalidad de esta elección. Kuhn otorga una desde la sociología, analizando el comportamiento de la comunidad científica. Como venimos diciendo desde el comienzo de este apartado, Kuhn establece que el desarrollo de la ciencia sólo puede entenderse en función de una comunidad. No existe una lógica del descubrimiento42 (o método científico) como podían defender algunos positivistas, popperianos, o miembros del grupo Friends of discovery. Esto es: no existe un conjunto de reglas que diga cómo actuar exactamente en cada situación y que todo individuo -por diferentes experiencias que tuviera respecto al resto que constituyeran su forma de percibir el mundopudiera aplicar del mismo modo. La ciencia deja de ser un juego-de-un-participante, el sujeto productor del conocimiento no es el individuo, sino la comunidad. El motivo es que no existe una base neutral sobre la que confirmar las hipótesis y formar teorías, o sobre la que comparar teorías y quedarse con la mejor, ni ningún método neutral -contexto de justificaciónque aplicar para eliminar los rasgos de arbitrariedad e idiosincrasia. No se puede construir pues una reconstrucción racional sobre la que tomar una decisión sobre su justificación, que absolutamente cualquiera aceptaría. Un ejemplo de reconstrucción racional de tal calibre sería un algoritmo bayesiano que pretendiera calcular la probabilidad p de una teoría conforme a unos testimonios dados, partiendo de la base de que sólo existe un valor para p, y que todos los miembros racionales deben llegar a él. 40 KUHN, T., ERC, p. 59. Léase la radicalidad de la expresión «completamente incompatibles» a la luz de el artículo más tardío KUHN, T., «Conmensurabilidad, comparabilidad, comunicabilidad», op. cit. 41 Como se ha dicho, aumenta el número de problemas resueltos y la precisión de las soluciones. 42 No existe una lógica del descubrimiento entendida como un conjunto de reglas que puedan predecir cómo realizar innovaciones que rompan con las bases del paradigma ((1), (2), (3)), pero sí existe entendida como estructura del descubrimiento: podemos diferenciar entre los descubrimientos que pueden ser predichos desde la teoría aceptada (como los elementos químicos que saturan los huecos que faltan por rellenar de la Tabla Periódica de los Elementos), y los que no pueden ser predichos desde la teoría aceptada (como el Oxígeno). Para más en: KUHN, T., «La estructura histórica del descubrimiento científico» y KUHN, T., «La lógica del descubrimiento o la psicología de la investigación», ambos en La Tensión Esencial, Fondo de Cultura Económico, México, 1993. 15 Por contra Kuhn opina que no existe un conjunto de criterios objetivos suficiente para determinar el algoritmo. A lo sumo podría decirse que cada individuo tiene un algoritmo y éstos tienen mucho en común, pero difieren «en virtud de las consideraciones subjetivas con que cada uno de ellos debe completar los criterios objetivos antes de emprender ningún cálculo»43. La presencia de estas consideraciones subjetivas es irremediable, puesto que ningún conjunto de criterios objetivos o reglas es suficiente. Pues por un lado aunque se esté de acuerdo en una lista de criterios ideales para juzgar a las teorías -en la que de hecho Kuhn está de acuerdo con el positivismo: (3) precisión, coherencia, amplitud, simplicidad y fecundidad-, se hacen aplicaciones distintas y legítimas al no estar exhaustivamente definidos. Y por otro, estos criterios pueden entrar en conflicto entre sí en la aplicación, dado que la interpretación de sus pesos relativos puede ser diferente. Para garantizar la posible aplicación de estos criterios -y no su eliminación, como algunos críticos han interpretado-, es necesario complementarlos con los criterios subjetivos con cuya mención abríamos este trabajo. Por ello la existencia de los criterios subjetivos además de irremediable es necesaria para el progreso científico y la elección de la mejor teoría: sin ellos, al tomar todos la misma decisión al mismo tiempo, o nunca se abandonaría la teoría vieja, o se pasaría de una teoría a otra sin dar oportunidades a las dejadas atrás. A Kuhn le sorprende que durante tanto tiempo la tradición filosófica se haya negado a darles un lugar en la racionalidad y la objetividad a estos criterios: «¿Por qué estos elementos les parecen tan sólo un índice de la debilidad humana y no de la naturaleza del conocimiento científico»44 Kuhn señala que podría darse el caso de que un crítico bayesiano más tolerante pudiera conceder que los criterios subjetivos juegan un papel en las primeras etapas en competencia de teorías45, pero a medida que aumentaran los testimonios, los algoritmos de los individuos convergerían al algoritmo-de-la-elección-objetiva. Así, eliminándose los factores subjetivos, crecería la objetividad. Pero esto, declara Kuhn, es una falacia: si los factores subjetivos son necesarios para explicar las decisiones que inicialmente dividen al grupo, deben seguir presentes después, aun cuando exista el acuerdo. Prueba de ello son los futuros desacuerdos: si estos vuelven a emerger, es porque los factores subjetivos no han desaparecido. 43 KUHN, T., «Objetividad, juicios de valor y elección de teoría», en La Tensión Esencial, Fondo de Cultura Económico, México, p. 353 44 KUHN, T., Ibíd, p. 349 45 Durante el periodo de ciencia normal la explicación de Kuhn de la práctica científica se aparta poco de la positivista: los científicos obran de acuerdo a unos principios metodológicos no cuestionados, aunque a diferencia de en el caso positivista, como ya se ha dicho, dichos principios no son a priori. 16 Tradicionalmente46 se ha apelado a la distinción de contextos para dar a entender que los criterios subjetivos juegan un papel en la invención o el descubrimiento, pero no así en los procesos objetivos, los cuales se dan por procedimientos de prueba, demostración, justificación y juicio teóricos, sólo gobernados por criterios objetivos compartidos por la comunidad. Esta teoría no encaja, según Kuhn, con las observaciones de la vida científica. Retomando una de las citas con la que se abría este trabajo: la idealización del conocimiento que constituye la reconstrucción racional -seguida de su evaluaciónde Reichenbach, no es ni siquiera útil. Pues tiene su origen en la vieja historiografía interna de la ciencia: aquella que otorga la misma imagen de la ciencia que podría extraerse de un libro de texto, en el sentido que ya se ha comentado. Precisamente la intención de Reichenbach al formular la distinción de contextos, fue, como hemos dicho, poder separar los factores subjetivos de los interpersonales u “objetivos”, según su noción. Pero estas simplificaciones desvirtúan la situación, haciendo creer que la elección ocurre sin problemas. Esto es, eliminan un elemento esencial de las situaciones de decisión que los científicos deben resolver para que su campo avance. En esas situaciones hay siempre algunas buenas razones para cada posible elección. Las consideraciones pertinentes al contexto de descubrimiento son, pues, pertinentes también al contexto de justificación; los científicos que comparten los intereses y las sensibilidades que descubre una teoría es probable que aparezcan, con desproporcionada frecuencia, entre los primeros partidarios de la teoría. Por eso ha sido tan difícil construir algoritmos para la elección de teorías, y por eso también es que parece valer la pena tanto el resolver esas dificultades47 Esto es, aunque el científico estuviera plenamente informado de las consecuencias de las posibles elecciones -en virtud de la tarea consejera del epistemólogo-, la influencia de sus factores subjetivos no se eliminaría. En conclusión, y en inmejorables palabras de Hacking: «hecho de que los científicos sean gente, y de que las sociedades científicas sean sociedades, no tiene por qué arrojar dudas sobre la racionalidad científica»48. El que los científicos se apoyen en valores subjetivos no atenta contra la racionalidad científica, sino contra la distinción de contextos de Reichenbach. 46 Mientras el positivismo lógico ha estado en auge. 47 KUHN, T., «Objetividad, juicios de valor y elección de teoría», en La Tensión Esencial, Fondo de Cultura Económico, México, p. 352 48 HACKING, I., Representar e Intervenir, Paidós, Barcelona, 1996, p. 30 17 5. Incompatibilidades entre la teoría kuhniana y los presupuestos positivistas de la distinción de Reichenbach El grueso de las incompatibilidades entre ambas teorías ha podido verse ya expuesto al comparar la sección 4 con la 2, pero permítaseme presentar un compendio de las principales tesis de Reichenbach insostenibles desde la teoría kuhniana49. Demarcación de disciplinas El basar una teoría del conocimiento en los resultados de las ciencias empíricas es algo habitual hoy en día, se conoce como naturalismo. Pero en los 60 no era desde luego algo habitual. Precisamente porque, como dice el experto en Kuhn, Alexander Bird, la distinción entre contextos estaba muy asentada: explicar el conocimiento científico desde la psicología era visto como un ataque a la racionalidad científica. Lejos de pretender esto Kuhn, a quien atacaba era a la distinción DJ. La independencia de la Filosofía de la Ciencia respecto a las ciencias empíricas (Historia de la Ciencia, Psicología y Sociología de la Ciencia) ya no puede ser sostenida, puesto que éstas tienen consecuencias epistemológicas que transforman la imagen de la ciencia, y sugieren nuevas preguntas que la Filosofía de la Ciencia ha de hacerse. Como por ejemplo, ¿por qué se produce el cambio de creencias? Si Reichenbach entendía a la Filosofía de la Ciencia como sinónima de la lógica, Kuhn la entiende como una disciplina preocupada de «lo científico en general, preguntándose, por ejemplo, cuál es la estructura de las teorías científicas, la posición de las entidades teóricas o las condiciones necesarias para que los científicos puedan asegurar que están produciendo conocimientos sólidos»50. Para ésta noción de la Filosofía de la Ciencia, la Historia tiene mucho que decir. Noción de validez La validez asociada a la evaluación de una teoría para los positivistas debía de ser universal, puesto que era el resultado de una operación a priori. En el caso de Reichenbach, la inducción sólo podía ser probada probabilísticamente, pero que la probabilidad no sea total no le resta un ápice a su rango de validez, o a que por derecho tenga que ser aceptada por todo ser racional. La teoría 49 Algunas presentadas de modo deliberadamente esquemático, dado que ya están argumentadas en secciones anteriores. 50 KUHN, T., «Las relaciones entre la historia y la filosofía de la ciencia», en La Tensión Esencial, Fondo de Cultura Económico, México, 1993 p. 36. 18 historicista, como se ha dicho, define la validez desde las normas inherentes a cada paradigma. Por lo tanto tanto las últimas como la primera se convierten en algo sujeto al tiempo. Racionalidad, método y teoría Hemos descrito también las bases desde las que se puede entender el nuevo concepto de racionalidad que propone Kuhn: ésta parte de la comunidad y además incluye como elemento necesario los valores subjetivos, los cuales no derivan en irracionalidad, sino que por contra salvaguardan la racionalidad del grupo al hacer que los criterios objetivos puedan ser aplicados y en suma, que la mejor elección entre todas las teorías disponibles pueda ser llevada a cabo, en un periodo de ciencia no normal o rivalidad teórica. Si para el positivismo lo racional era obrar aplicando el método científico en aras de hallar la teoría monista correcta, Kuhn sigue la noción de racionalismo instrumental aducido por Hempel -emplear los mejores medios para hallar el fin deseado: crear una visión del mundo explicativa, sistemática, etc-, el cual, al considerar como candidatos serios a varias teorías que se le presentan en un momento dado -o medios para obtener esa visión del mundopasa por no considerar que sólo una teoría puede ser la verdadera. Esto es, por asumir un pluralismo metodológico, que maneja teorías no son atemporales sino dinámicas. Traducción-interpretación Esta distinción sólo ha sido mencionada en este trabajo de pasada en la nota a pie de página número 12, sin embargo ocupa un lugar fundamental en la teoría de Thomas Kuhn. Poder elegir entre teorías supone poder compararlas; poder compararlas, supone que el individuo que las evalúa conoce ambas teorías, o bien que dos individuos pertenecientes a teorías distintas, pueden comunicarse sin problemas. El término «inconmensurabilidad» empleado por Kuhn, ha sido popularizado a menudo acompañado, una vez más, de malentendidos. Con él -en su versión original, modesta, o localKuhn no quería decir más que la inexistencia de un lenguaje común y neutral al que traducir sin pérdida dos teorías. Esta inconmensurabilidad puede ser superada comparando las teorías desde la base del resto de términos que preservan sus significados a través de un cambio de teoría. Pero los casos de inconmensurabilidad local son minoritarios, a menudo el problema ha de ser sorteado de otro modo. Algunos autores51 han propuesto: realizando una traducción extensional entre las dos teorías, esto es: sólo en base a los referentes de sus expresiones. 51 Explicitados en cita 12. 19 Aplicar esto a dos teorías rivales para establecer entre ellas comunicación y comparación, es, no obstante, un craso error: los términos de las teorías se estructuran de modo holista, no se aprenden por separado. Traducirlos por separado sería por tanto desvirtuar los significados originales52. El intérprete no parte del conocimiento de dos lenguajes que pone en correlación, sino que aprende una nueva lengua, y «Aprender una nueva lengua no es lo mismo que traducir de ella a la propia. Tener éxito en lo primero no implica conseguir también lo segundo»53, lo cual puede hacer del mismo modo como aprendió la suya: respetando las relaciones holistas entre términos. Cuando aprenda la nueva lengua el intérprete será bilingüe, y de ese modo podrá comparar las teorías -atendiendo a la eficacia de ambas, tratando de ajustar la propia teoría a la nueva para producir resultados equivalentes, o bien tratando de maximizar otro valor: simplicidad, precisión...-. La actividad de la traducción está supuesta en la construcción racional de Reichenbach, por lo que se topa con el problema de que en algún caso haya cosas del lenguaje objeto que no pueda decir desde su propio lenguaje formal, por exigencias del propio lenguaje formal empleado para la traducción54. Ante la inexistencia de un lenguaje neutral que preserve el significado de cualquier teoría, Kuhn aboga por una interpretación o hermenéutica de los textos en los que podemos rastrear las teorías antiguas, lo que incluye no dejar de lado la intensión, ni cierta incertidumbre asociada a la propuesta de comprensión del texto. Análisis lógico-aplicación de valores epistémicos El método de evaluación empleado en general por los positivistas lógicos y en concreto por Reichenbach, es el análisis lógico. Mediante él se pretendía, de un modo preciso, captar las relaciones en las que se hallaban los objetos asociados a los símbolos lingüísticos, derivando de sus combinaciones conclusiones en función de las reglas lógicas de inferencia, y aplicando a los argumentos reconstruidos criterios de evaluación de su validez. Con este procedimiento se pretendía, como se ha dicho, abstraer lo objetivo de un proceso de pensamiento que se da de hecho mezclado con factores subjetivos, y al tomar una decisión en función de dicho argumento, eliminar todo lo posible la arbitrariedad del conocimiento científico. Kuhn considera esto una representación falsa del conocimiento: considerando el modo correcto de evaluar la aplicación de valores objetivos y subjetivos, en función de lo que se quiera conseguir. 52 Por polémico que sea emplear el término “significado”. 53 KUHN, T., «Conmensurabilidad, Comparabilidad y Comunicabilidad» op. cit., p. 53 54 Por ejemplo: aplicar el esquema “Sujeto-Predicado” para traducir un lenguaje que no categorizara a los objetos así. 20 Objetividad-subjetividad En un corolario al artículo Objetividad, juicios de valor y elección de teoría, Kuhn diferencia dos sentidos que suelen ir asociados al término «subjetivo»: como opuesto a «objetivo», y asociado a «sentencioso»55. Añade que erróneamente suele entenderse por el segundo sentido, esto es, algo subjetivo es algo fundamentado en el gusto propio. Lo que en definitiva no es fundamento en absoluto. El uso que a Kuhn le interesa es más bien el que refiere a los rasgos propios de los individuos, que determinan la decisión. Alguien que tome una decisión influida por factores subjetivos puede exponer la base de sus juicios, lo cual no puede hacerse si dicha decisión está simplemente basada en el gusto. Este uso kuhniano de los valores subjetivos, no convierte a una decisión que los tome de fundamento en irracional, por contra de lo que ha considerado la tradición positivista. Lo «que la tradición ve como una imperfección eliminable en sus reglas de elección, yo lo tomo en parte como respuesta a la naturaleza esencial de la ciencia»56. Como se ha dicho, precisamente para eliminar estos factores Reichenbach piensa en la necesidad de las tareas de la epistemología. 6. Reformulación de la distinción de contextos desde la teoría de Kuhn El que tras Kuhn no se pueda seguir defendiendo la distinción de Reichenbach, no significa que éste renuncie a la distinción, al menos en el débil sentido de la lean-distintion. ¿Quién podría? Pero, aún puede decirse algo más sobre la posición desde la teoría Kuhniana en este tema. Hay todavía otro sentido débil de la distinción que sostengo que Kuhn podría aceptar. Tras lo alegado ha esperado mostrarse que el concepto de la distinción entre contextos está rodeado de oscuridades, al no ser cabalmente definido por Reichenbach, y haber sido usado de distintos modos. Sin embargo, la siguiente definición propuesta pretende hacer justicia al motivo expuesto por el que Reichenbach formula su distinción: · Contexto de descubrimiento: análisis de un fragmento del lenguaje atendiendo a sus relaciones externas. · Contexto de justificación: análisis de un fragmento del lenguaje atendiendo a sus relaciones internas. 55 En la traducicón original: «judgmental» 56 Ibíd, p. 354 21 Kuhn no tiene motivos para abnegar del interés de estos análisis, de hecho él mismo los lleva a cabo respetando la distinción a veces como historiador, a veces como filósofo. Cuando atiende a los factores sociales, históricos o políticos que rodean a una propuesta científica, está atendiendo a sus relaciones externas. Cuando define conceptos tales como «conocimiento», «racionalidad», «paradigma», o atiende a las relaciones de implicación de un argumento, está atendiendo a sus relaciones internas. Defiendo que sobre esta reformulación de la distinción, Kuhn la suscribiría. Ahora bien, lo que explícitamente rechaza son la serie de presupuestos que como hemos visto rodean la formulación de la distinción del 38, los cuales están imbricados con las motivaciones positivistas también narradas. Kuhn está interesado en otro tipo de reconstrucciones racionales: «quiero sugerir qué es lo que hace de la historia una posible fuente para una reconstrucción racional de la ciencia, diferente a la que se realiza hoy en día»57. Para dar con esta reconstrucción, hay que rechazar la distinción de Reichenbach, puesto que se obtiene a partir de disciplinas empíricas tales como Historia, Psicología y Sociología, se basa en una noción de validez de las teorías relativa a los paradigmas, así como en una visión de la racionalidad fundada en la comunidad y en un pluralismo metodológico que manipula teorías dinámicas, las cuales juzga aplicándoles valores epistémicos después de interpretar aquellas que no hayan sido forjadas en su propio esquema conceptual, y se incluyen los factores subjetivos en la elección racional que posibilita el avance de la ciencia. 57 KUHN, T., «Las relaciones entre la historia y la filosofía de la ciencia», en La Tensión Esencial, Fondo de Cultura Económico, México, 1993, p. 39 22 Bibliografía AUFRECHT M., «On Reichenbach's Context Distinction» [en línea], disponible en Web: <http://www.seattlecentral.edu/faculty/maufrecht/files/Reichenbach_ContextDistinction_Aufrecht.p df>, [ref. 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