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El salto a Europa: José María Jover Zamora y la historia de las relaciones internacionales Jorge Azorín Arroyo Trabajo Fin de Máster Director: Ignacio Peiró Martín Máster en Historia Contemporánea Universidad de Zaragoza 2013 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
ÍNDICE GENERAL Introducción...........................................................................................................................3 I. Estado de la Cuestión........................................................................................................5 II. Planteamientos teóricos y metodológicos..........................................................................9 III. Hipótesis de Trabajo ..................................................................................................12 IV. Fuentes........................................................................................................................14 1. De la Cartagena natal a la cátedra de Valencia (1920-1949) ............................................18 1.1 La oposición a cátedra de 1949........................................................................................23 2. Recepciones teóricas y mutación historiográfica en los años 1950 ..................................31 2.1 El X Congreso Internacional de Ciencias Históricas de Roma de 1955..........................35 2.2 Los marcos teóricos de Pierre Renouvin y Federico Chabod...........................................41 3. José María Jover y la historia de las relaciones internacionales (1956-1970) .................48 3.1 La Universidad de Friburgo de Brisgovia........................................................................55 3.2 La evolución de los años 1960.........................................................................................61 3.3 Epílogo.............................................................................................................................69 4. Conclusiones ..........................................................................................................................72 5. Fuentes y bibliografía ...........................................................................................................77 5.1 Fuentes documentales.......................................................................................................77 5.2 Bibliografía de José María Jover Zamora.........................................................................78 5.3 Bibliografía secundaria.....................................................................................................83 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
INTRODUCCIÓN “Una «relación internacional» es, ciertamente, una negociación diplomática, una contienda bélica o una convención plurinacional de carácter político. Pero también lo es un intercambio comercial, un empréstito o una inversión financiera; lo es un intercambio o un influjo cultural, intervenga o no en él la acción del Estado; lo son las corrientes migratorias, cualquiera que sea su carácter; lo son, incluso, tanto el hecho de masas constituido por la imagen que los miembros de una colectividad nacional se forman de los pertenecientes a otra, como la corriente de opinión pública que, en materia de política exterior, alimenta o es alimentada por una campaña de prensa. La posición internacional de un país en un momento dado vendría significada por el complejo de relaciones que queda aludido.”1 Estas palabras de José María Jover, por obvias que puedan parecer, condensan en pocas líneas el renacer de la historia de las relaciones internacionales en la historiografía española. El tradicional marco del Estado-nación como referencia histórica e historiográfica ha sido ampliamente superado, insertando el devenir histórico de los diferentes países en unas coordenadas más globales y de mayor calado para, de esta manera, lograr trazar dinámicas históricas tanto continentales como mundiales. En España, los estudios relativos a las relaciones entre Estados experimentaron una profunda renovación teórica durante las décadas de los años 1950 y 1960. Hasta ese momento, la historiografía se limitaba al análisis y relato de los hitos fundamentales propios de la vieja historia diplomática, en una concepción elitista -desde arribacentrada en la toma de decisiones de las élites dirigentes, políticas y militares. La revolución teórico-metodológica se produjo de la mano de historiadores como Pierre Renouvin y Federico Chabod gracias al moderno enfoque sociológico establecido a partir de la introducción de nuevos factores de estudio. En este escenario, las dinámicas internas de los países, las condiciones materiales y las mentalidades comúnmente compartidas de los pueblos y sociedades se valorarán como elementos pautadores y condicionantes de las relaciones internacionales. La penetración de esta corriente historiográfica en España pivotó en torno a José María Jover, historiador originalmente modernista responsable de la recepción y consolidación de este tipo de estudios aplicados al caso español desde los años cincuenta, y que evolucionará hacia el contemporaneismo, especialmente dedicado al siglo XIX. Por esta razón, se puede afirmar que Jover constituye uno de los pilares esenciales para la renovación y modernización de la disciplina histórica en España, no únicamente en cuanto al desarrollo de las relaciones internacionales, sino como uno de los ejes vectoriales del renacimiento de la historiografía profesional. 1 J. M. JOVER, “El siglo XIX en la historiografía española de la época de Franco (1939-1972)”, en J.M. JOVER, Historiadores españoles de nuestro siglo, Real Academia de la Historia, Madrid, 1999, p. 249. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Para comprender dicho proceso debemos remontarnos a la primera «hora cero» que significó la Guerra Civil iniciada en 1936, una ruptura de la tradición liberal de preguerra que paralizó el proceso de profesionalización protagonizado por la comunidad de historiadores españoles a lo largo del primer tercio del siglo XX. Tras esta primera «larga travesía por el desierto» de la universidad franquista, la ciencia histórica inició un lento proceso de disciplinarización en el que comenzaron a dibujarse sus límites externos y sus márgenes internos, definiendo los objetos de estudio, los medios científicos y las pautas metodológicas. Convenientemente depurada la universidad española según unos férreos patrones nacionalcatólicos y fascistas, el nuevo contemporaneismo apareció partiendo de las escuelas disciplinares del franquismo, es decir, del medievalismo y del modernismo, gracias a una nueva generación de historiadores que, como Jover, accedieron a las cátedras entre 1940 y 1949 y desarrollaron todo su potencial investigador en una segunda fase que se sitúa en la década de 1950 y más adelante. Del mismo modo, la historiografía española, tradicionalmente anclada en los márgenes de la periferia europea, con el núcleo franco-alemán como referente teórico-metodológico por excelencia, inició lentamente su inserción en patrones y modelos europeos, a la par que el contemporaneismo se emancipó de la matriz disciplinar medievalista y modernista, siendo Jover uno de sus máximos exponentes. La presente investigación pretende tomar la personalidad de José María Jover como punto de partida y referencia para un estudio más global en torno a las condiciones académicas e historiográficas en las que se produjo la renovación de la ciencia histórica española durante el franquismo, tanto en lo relativo a la introducción de la historia de las relaciones internacionales como al desarrollo disciplinar del contemporaneismo. Puede parecer, a priori, un trabajo de proporciones fáusticas, y somos consciente de ello. Por tanto, nuestra labor se centrará fundamentalmente en el estudio de las condiciones académicas e historiográficas en las que se produjo dicha transferencia cultural, tomando como margen cronológico las décadas de 1950 y 1960 por dos motivos. En primer lugar, porque es éste el periodo en el que se produce la recepción de la historia de las relaciones internacionales, implantándose lenta y tímidamente en la historiografía española. Y en segundo lugar, porque debe ser debidamente incardinado en el proceso de normalización de la historiografía española acontecido en esos mismos años, sobre todo en su vertiente exterior, y que le confiere unas características específicas por el hecho de lograr una cierta apertura teórico-metodológica. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Ι. Estado de la Cuestión La historia de las relaciones internacionales en España constituye una materia que ha sido ampliamente estudiada desde muy diversas ópticas pero, en lo que a nuestro proyecto de investigación concierne, es decir, los enfoques historiográficos de la misma, los trabajos han sido más bien escasos. A pesar de este punto de partida un tanto desolador, debido al reducido número de referencias, hay ciertos aspectos que han sido tratados de manera específica y que guardan relación con diferentes apartados que se desarrollan a lo largo del presente trabajo. En primer lugar, disponemos de diversas panorámicas en torno a la evolución teórica que han experimentado este tipo de estudios. En ellos se incide fundamentalmente en los grandes vectores de renovación en los que, irremediablemente, ha de enmarcarse a Jover, transitando por una nueva metodología y práctica histórica muy distinta de la vieja historia diplomática tradicional. En este grupo se incluyen las aportaciones de Celestino del Arenal, quien aborda el desarrollo de las relaciones internacionales como disciplina científica a partir de la politología, la sociología y el derecho internacional.2 Otros autores, entre los que destacan Francisco Quintana Navarro, Juan Carlos Pereira o José Luís Neila, han contribuido a trazar una visión global de la historia de las relaciones internacionales en España desde una óptica historiográfica.3 En estos trabajos se analizaba también la evolución de la propia disciplina a nivel internacional y se remarcaba el protagonismo que en la redirección de estas corrientes tuvieron autores como Pierre Renouvin, Jean-Baptiste Duroselle, Federico Chabod o Ludwig Dehio. En este sentido, la obra de Lutz Raphael, La ciencia histórica en la era de los extremos, ofrece una visión de conjunto de la historia de las relaciones internacionales a partir del lugar que ocupa en la propia disciplina histórica, resaltando los cambios historiográficos producidos en su seno.4 En segundo lugar, la trayectoria de José María Jover ha sido abordada desde múltiples planos. Un primer y obligado acercamiento debe realizarse a parir de la «voz» que le dedican 2 C. ARENAL MOYÚA, La teoría de las relaciones internacionales en España, International Law Association, Madrid, 1979 e Introducción a las relaciones internacionales, Tecnos, Madrid, 1984. 3 J.C. PEREIRA, Introducción al estudio de la política exterior de España: siglos XIX y XX, Akal, Madrid, 1982; Historia de las relaciones internacionales contemporáneas (J.C. PEREIRA, coord.), Ariel, Barcelona, 2001; “De la historia diplomática a la historia de las relaciones internacionales: algo más que el cambio de un término”, Historia Contemporánea, 7 (1992), pp. 155-182. De este mismo autor, mencionamos el artículo “España en la política exterior. La obra de José María Jover”, Política Exterior, 74 (marzo-abril de 2000), pp. 151-156, con motivo de la publicación de la recopilación de textos de Jover bajo el título, España en la Política Internacional. Siglos XVIIIXX, Marcial Pons, Madrid, 1999. F. QUINTANA NAVARRO, “La historia de las relaciones internacionales en España: apuntes para un balance historiográfico” en La historia de las relaciones internacionales: una visión desde España, Comisión Española de Historia de la Relaciones Internacionales, Madrid, 1994, pp. 9-65; J.L. NEILA, “La Historia de las Relaciones Internacionales: notas para una aproximación historiografica”, Ayer, 42 (2001), pp. 17-42 (el número 42 de la revista Ayer está enteramente dedicado a la historia de las relaciones internacionales). También puede incluirse el artículo de J.B. VILAR RAMÍREZ, “Aproximación a las relaciones internacionales de España (1834-1874)” Historia Contemporánea, 34 (2007), pp. 7-42. 4 L. RAPHAEL, La ciencia histórica en la era de los extremos. Teorías, métodos y tendencias desde 1900 hasta la actualidad, Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 2012, especialmente el capítulo VIII, pp. 155-172. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Ignacio Peiró y Gonzalo Pasamar en su Diccionario Akal de historiadores españoles contemporáneos, monumental obra que aporta valiosa información para el investigador puesto que ofrece una radiografía completa de la vida profesional del historiador objeto de estudio.5 En cuanto a su faceta como estudioso de la historia de la historiografía, un análisis pormenorizado de su evolución profesional e historiográfica queda recogido en el ya clásico artículo de Ignacio Peiró consagrado al estudio de su metamorfosis como historiador, partiendo del modernismo imperante en la historiografía de posguerra hacia un contemporaneismo que progresivamente empezaba a perfilarse en el seno de la universidad franquista.6 En cierto sentido, este trabajo ha constituido el punto de partida para nuestra investigación, puesto que en él se establecieron las líneas fundamentales relativas a la vertiente joveriana de las relaciones internacionales a partir de los contactos y transferencias culturales con las historiografías italiana, francesa y alemana. Incluimos también aquí el homenaje que en 1988, con motivo de su jubilación en la Universidad Complutense de Madrid, discípulos y compañeros le dedicaron, junto a Vicente Palacio Atard, como reconocimiento a toda su trayectoria académica y profesional. En estas paginas aparecían diversos artículos que trataban el paso del catedrático por la universidad madrileña desde diferentes perspectivas, como la impronta que dejó en sus alumnos a través de su docencia y magisterio, los caminos abiertos en torno a la historia social decimonónica, su condición prematura de historiador de la historiografía o sus aportaciones sobre las relaciones internacionales españolas contemporáneas.7 En esta misma línea se sitúa el homenaje póstumo, recientemente editado por Rosario Ruiz Franco, en el que participan muchos de sus discípulos madrileños.8 En tercer lugar, un nutrido grupo de trabajos relacionados con la historia de la historiografía, a pesar de no estar directamente vinculados con José María Jover, sirven como plataforma global en la que encuadrar al autor a lo largo de la dictadura franquista. En este sentido, los estudios de Ignacio Peiró y Gonzalo Pasamar abrieron nuevos caminos desde la década de 1980, bajo el magisterio de Juan José Carreras, en el análisis del proceso de profesionalización de los 5 I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores españoles contemporáneos (1840-1980), Akal, Madrid, 2002, pp. 337-338. 6 I. PEIRÓ MARTÍN, “La metamorfosis de un historiador: el tránsito hacia el contemporaneismo de José María Jover Zamora”, Revista Jerónimo Zurita, 82 (2007), pp. 175-234. Este ensayo ha sido reeditado, corregido y ampliado, en el capítulo tercero del libro de I. PEIRÓ MARTÍN, Historiadores en España. Historia de la Historia y memoria de la profesión, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2013, pp. 119-192. 7 Todas las aportaciones quedan recogidas en el monográfico dedicado a la obra y personalidad de los historiadores Vicente Palacio Atard y José María Jover Zamora, publicado en Cuadernos de Historia Contemporánea, 9 (1988). Destacan los artículos de J. CEPEDA ADÁN, “El estilo de dos historiadores”, pp. 11-16; V. CACHO VIU, “Los supuestos del contemporaneismo en la historiografía de posguerra”, pp. 17-28; M.V. LÓPEZ-CORDÓN, “La obra y la personalidad de Don José María Jover Zamora”, pp. 29-40; M.T. MENCHÉN BARRIOS, “El profesor José María Jover y la historia del siglo XIX”, pp. 47-52; R. TORRE DEL RÍO, “José María Jover y la historia de las Relaciones Internacionales en las últimas décadas del siglo XIX y de las primeras del XX”, pp. 53-58 y J.A. PIQUERAS ARENAS, “Treinta años de una llamada a la historia social. (Un hito historiográfico de Jover Zamora)”, pp. 229-241. 8 R. RUIZ FRANCO (ed.), Pensar el pasado. José María Jover y la historiografía española, prólogo de Guadalupe Gómez-Ferrer, Biblioteca Nueva, Madrid, 2013. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
historiadores españoles.9 Proceso que, como demostró Gonzalo Pasamar, quedó interrumpido a la altura de la Guerra Civil y la inmediata posguerra.10 Posteriormente, esta dirección fue continuada con las aportaciones de Miquel Marín Gelabert relativas a la normalización de la historiografía y la disciplinarización de la práctica histórica durante el franquismo, evoluciones entendidas como la estructuración de la actividad historiográfica, con unos márgenes cronológicos (1948-1975) coincidentes, grosso modo, con la trayectoria académica de Jover.11 Constituyen trabajos de gran utilidad para comprender las dinámicas que confluyen en la creación de una comunidad de historiadores con identidad propia, trazando el entramado institucional en el que se inserta la práctica histórica, así como los inicios de la posterior profesionalización acontecida a finales de los años 1970 e inicios de 1980, a partir de la segunda «hora cero» de la disciplina.12 Dentro de ese proceso de normalización, Miquel Marín se encargó igualmente de estudiar su plano exterior, es decir, los contactos de la historiografía española con sus homólogas europeas en las décadas centrales del siglo XX. Estos planteamientos han servido para medir el grado de internacionalización de la historiografía española,13 como también hizo Carlos Forcadell, al considerar a Jover, junto con Juan José Carreras, como uno de los nexos de unión con la 9 Según ambos autores, la profesionalización es una «categoría socioprofesional que designa el proceso por el cual la escritura de la historia o historiografía se ha convertido en la definición de un grupo. Esto comporta, por una parte, una enseñanza teórica fundamentada en unas categorías generales a todo el grupo; por otra, una metodología y una deontología comunes que permiten reconocer esas categorías; y finalmente un discurso común que, ejercido por las revistas profesionales y las asociaciones, refuerzan la homogeneidad de la profesión». La cita procede de I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, “La vía española hacia la profesionalización historiográfica”, Studium. Geografía. Historia. Arte. Filosofía, 3 (1991), p. 162. En este mismo sentido, ver I. PEIRÓ MARTÍN, “La aventura intelectual de los historiadores españoles”, en I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores..., op. cit., pp. 9-45. Sirva como ejemplo del desarrollo de este tipo de estudios, en lo que algunos autores han venido a considerar como la «escuela de Zaragoza», el reciente trabajo de A. COMPÉS CLEMENTE, El medievalismo profesional. Andrés Giménez Soler (1869-1938), tesina dirigida por Ignacio Peiró Martín, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2012. 10 G. PASAMAR ALZURIA, Historiografía e ideología en la posguerra española: la ruptura de la tradición liberal, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 1991. 11 La normalización implica «la creación de normas implícitas y explícitas que organizan la práctica profesional» y «la formulación paulatina de las condiciones necesarias para la estructuración de una comunidad historiográfica profesional en sus formas de sociabilidad, intercambio y reproducción, en el contexto de un entramado legal y de una geografía académica que determinaba el desarrollo de la actividad del historiador, el despliegue de sus expectativas y la proyección de sus carreras». La cita en M. MARÍN GELABERT, “El aleteo del lepidóptero. La reincorporación de la historiografía española al entorno de la profesión en Europa en los años cincuenta”, Gerónimo de Uztáriz, 19 (2003), p. 122. Un estudio en profundidad de este proceso en los trabajos de M. MARÍN GELABERT, Los historiadores españoles en el franquismo, 1948-1975. La historia local al servicio de la patria, Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 2005, pp. 44-90 y La historiografía española de los años cincuenta. La institucionalización de las escuelas disciplinares, 1948-1965, Zaragoza, 2008, tesis doctoral dirigida por Ignacio Peiró Martín. 12 Un estudio de la profesionalización a partir de la segunda «hora cero» en M. MARÍN GELABERT, Los historiadores españoles en el franquismo..., op. cit. y “Subtilitas Applicandi. El mito en la historiografía española del franquismo”, en Alcores, 1(2006), pp. 119-144. En esta misma línea se sitúa E. ACERETE DE LA CORTE, Normalización y evolución de la historiografía española (1965-1985): el distrito universitario de Zaragoza, tesina dirigida por Ignacio Peiró Martín, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2011. 13 M. MARÍN GELABERT, “Historiadores locales e historiadores universitarios. La historiografía española en su contexto internacional, 1948-1965”, en C. FORCADELL ÁLVAREZ e I. PEIRÓ MARTÍN, Lecturas de la historia. Nueve reflexiones sobre Historia de la Historiografía, Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 2001, pp. 97194 y M. MARÍN GELABERT, “El aleteo del lepidóptero...”, op. cit. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
historiografía alemana.14 Sobre Pierre Renouvin y su faceta como renovador de la historia de las relaciones internacionales en Francia, la primera referencia, de obligada consulta, ha de ser el Dictionnaire Biographique de Christophe Charle, gracias al cual poseemos información estructurada y clarificadora sobre la trayectoria del historiador en cuestión.15 Tras un barrido bibliográfico, y a pesar de su indiscutible trascendencia en el ámbito académico galo, no abundan las referencias sobre su persona y su obra, a pesar de algunas excepciones como las de Maurice Le Lannou, René Girault, Annette y Jean-Jacques Becker o su discípulo, Jean-Baptiste Duroselle.16 Estos trabajos profundizan específicamente en los nuevos aportes teóricos del historiador francés, tomando como punto de referencia el concepto de forces profondes. Algo similar ocurre con Federico Chabod, autor escasamente estudiado, salvando la obra de Margherita Angelini que lo sitúa en el contexto historiográfico italiano.17 Otros autores, siguiendo con la tendencia apuntada líneas arriba, han abordado de manera específica la influencia de historiografías extranjeras en España durante las décadas de los cincuenta y sesenta. Concretamente la recepción e influencia de los postulados franceses en España desde una óptica comparada y transnacional, tomando como referencia los procesos de transferencias culturales y la circulación de ideas.18 Finalmente, tal y como veremos más adelante, algunos historiadores como Karl Dietrich Erdmann o Manuel Espadas Burgos han analizado los Congresos Internacionales de Ciencias Históricas como plataformas de mediación cultural y foros de intercambio de teorías y metodologías.19 14 C. FORCADELL ÁLVAREZ, “YA NO TAN DISTANTE: recepción y presencia de la historiografía alemana en la España democrática”, Jerónimo Zurita, 84 (2009), pp. 279-294. 15 C. CHARLE, Les Professeurs de la Faculté de Lettres de Paris. Dictionnaire Biographique, 1909-1939, Vol. II, Institut National de la Recherche Pédagogique, Editions du CNRS, 1986, pp. 181-183. Este diccionario, configurado a modo de ficha, nos ofrece información sobre su origen, estudios básicos, estado civil, carrera académica, actividades complementarias, honores y distinciones, principal producción histórica, posicionamiento político y confesión religiosa. 16 M. LE LANNOU, Notice sur la vie et les travaux de Pierre Renouvin: 1893-1974, Institut de France, Académie des Sciences Morales et Politiques París, 1977; R. GIRAULT, “Pierre Renouvin, la BDIC et l'historiographie française des relations internationales”, Matériaux pour l'histoire de notre temps, 49-50 (1998), pp. 7-9; A. BECKER y J. BECKER, “Pierre Renouvin” en V. SALES, (ed.) Les historiens, Armand Colin, Paris, 2003, pp. 104-118; J-B. DUROSELLE, “Pierre Renouvin et la science politique”, Revue française de science politique, 3 (1975), pp. 561574. 17 M. ANGELINI, Fare storia. Culture e pratiche della ricerca in Italia da Gioacchino Volpe a Federico Chabod, Carocci editore, Roma, 2012. 18 Es el caso de R. GIRAULT, “Reflexions sur la methodologie de l'histoire des relations internationales. L'exemple des relations franco-espagnoles”, en AA.VV., Españoles y franceses en la primera mitad del siglo XX, CSIC, Centro de Estudios Históricos, Departamento de Historia Contemporánea, Madrid, 1986, pp. 151-160; J. ARÓSTEGUI SÁNCHEZ, “La teoría de la historia en Francia y su influencia en la historiografía española” y J. CANAL i MORELL, “Admoniciones, mitos y crisis. Reflexiones sobre la influencia francesa en la historiografía contemporánea española a finales del siglo XX”, ambos en B. PELLISTRANDI, (ed.), La historiografía francesa del siglo XX y su acogida en España, Casa de Velázquez, Madrid, 2002, pp. 365-406 y 337-364. 19 K. DIETRICH ERDMANN, Toward a Global Community of Historians. The International Historical Congresses and the International Committee of Historical Sciences, 1898-2000, Berghahn Books, New York, Oxford, 2005; M. ESPADAS BURGOS, Un lugar de encuentro de historiadores. España y los Congresos Internacionales de Ciencias Históricas, Comité Español de Ciencias Históricas, Madrid, 2012. También incluimos los artículos Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
ΙΙ. Planteamientos teóricos y metodológicos Debido a la naturaleza de nuestra investigación, ha sido imprescindible un primer acercamiento a la materia a través de las transferencias culturales y la circulación de ideas. Ambos campos han proporcionado el marco teórico y conceptual de referencia, así como los recursos metodológicos y epistemológicos a partir de los cuales iniciar el estudio propiamente dicho. Puesto que el fundamento del presente trabajo ha girado en torno a la recepción de una serie de corrientes historiográficas por parte de José María Jover y su posterior desarrollo en España, la perspectiva comparada y la historia de tipo transnacional han sido una constante a lo largo de la realización de la investigación. Pero, para que ésta no se limitase únicamente a la relación de tipo intelectual entre los autores estudiados, las conclusiones extraídas han debido ser necesariamente extrapoladas a un marco más global, es decir, a las condiciones académicas e historiográficas de la universidad española durante el franquismo en relación con el contexto europeo. En este sentido, hemos observado la necesidad de combinar tanto el estudio de los elementos personales -microcomo otros de tipo ambiental, estructural e institucional. La intención de superar el tradicional marco nacional como referencia de estudio para la historiografía ha sido una constante a lo largo de todo el siglo XX. Desde que en 1928 Marc Bloch abogara por el desarrollo de estudios históricos desde una perspectiva comparada,20 en el seno de la historiografía europea se han suscitado diversos e interesantes debates en torno al hecho transfronterizo y las transferencias culturales. Cuando a finales de la década de 1980 Michael Espagne y Michael Werner conceptualizaron la noción de «transferencia», dieron lugar a toda una corriente teórica con un utillaje propio que, desde entonces, iba a devenir crucial no sólo para los estudios de historia intelectual, sino para el conjunto de las ciencias sociales: “La manière dont les cultures occidentales importent et s'assimilent des comportements, des textes, des formes, des valeurs, des modes de pensée étrangers n'est pas encore devenue un véritable objet de recherche scientifique. Certes les comparaisons terme à terme entre la France et l'Allemagne, les relevés d'influences, nous apparaissent comme un exercice familier. Mais tout laisse à penser que cette transparence des échanges entre individus, opérés en dehors de l'espace et avec comme principale conséquence de mettre en doute l'authenticité de l'emprunt, a fonctionné comme un véritable écran. C'est pourquoi des transferts culturels, rompant avec cette tradition, peut être perçue comme un nouveau terrain d'investigation. Le terme de transfert n'a pas, à l'exclusion de son emploi en psychanalyse, de valeur prédéterminée. Mais il implique le déplacement matériel d'un objet dans l'espace. Il met l'accent sur des mouvements humains, des voyages, des transports de livres, d'objets d'art ou de biens d'usage courant à des fins qui n'étaient pas nécessairement intellectuelles. Il sous-entend une transformation en profondeur liée à la conjoncture changeante de la culture d'accueil. (...). C'est donc la mise en relation de deux recogidos en AA.VV. La storiografia tra passato e futuro. Il X Congresso Internazionale di Scienze Storiche (Roma 1955) cinquant'anni dopo, Atti del convegno internazionale. Roma, 21-24 settembre 2005, Unione Internazionale degli Istituti di, Archeologia, Storia e Storia dell'Arte in Roma, 2005. Esta obra analiza las actas de la convención internacional que tuvo lugar en Roma en 2005 con objeto de conmemorar el cincuenta aniversario de la celebración del congreso romano de 1955 y recoge aportaciones de diversos historiadores europeos consagrados a diferentes temáticas y perspectivas historiográficas. 20 M. BLOCH, “Pour une histoire comparée des sociétés européennes”, Revue de Synthèse Historique, 46 (1928), pp. 16-50. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
de su traslado a la Universidad de Madrid.35 Sin ninguna duda, este es el documento que más y mejor ha contribuido a reconstruir su etapa académica en Valencia. La hoja de servicios es muy completa, tanto anterior como posteriormente a su nombramiento como catedrático. En ella figuran los cargos académicos e institucionales que ostentó, tanto en la Universidad -llegando a ser vicedecanocomo en la Institución «Alfonso el Magnánimo» de la Diputación Provincial de Valencia y en el CSIC. También aporta un listado completo de sus publicaciones durante ese período, algunas de las tesis por él dirigidas y las asignaturas y cursos monográficos impartidos en su actividad como docente. De la misma manera, recoge los permisos para sus desplazamientos internacionales (Portugal y Alemania), así como su evolución en los escalafones de catedráticos con la consiguiente dotación económica. En tercer lugar, la Biblioteca Española de Música y Teatros Contemporáneos del Archivo de la Fundación Juan March, situado en Madrid, conserva la Memoria justificativa de las motivaciones y actividades desarrolladas por Jover en la Universidad alemana de Friburgo de Brisgovia en 1961.36 El objetivo de aquella estancia era trazar las líneas maestras por las que discurría la historiografía contemporaneísta en Alemania y ello queda brillantemente expuesto en este documento. A diferencia de las anteriores, esta pieza ha aportado una información crucial en lo referente a la historia de las relaciones internacionales. Gracias a ello, hemos podido conocer la evolución de la concepción joveriana de la política exterior española respecto a lo expuesto en aquella Memoria valenciana de 1949. Los nuevos referentes teóricos en los que apoyó sus investigaciones a partir de entonces quedan plasmados en este texto de índole historiográfica. No obstante, esta descripción de las fuentes documentales quedaría inconclusa sin una aclaración final. Debido a la cercanía de la muerte de José María Jover, acaecida en 2006, los fondos existentes en la Universidad Complutense de Madrid -centro en el que desarrolló su actividad docente e investigadora hasta 1994no han podido ser consultados. Somos conscientes de las limitaciones que ello podría plantear a nuestra investigación. Sin embargo, puesto que cronológicamente el presente estudio pretende abarcar fundamentalmente el periodo en el que se produce la recepción de los nuevos planteamientos historiográficos, consideramos que el hecho de no haber podido consultar dicho archivo no comporta, en principio, mayores problemas para nuestro trabajo. El segundo tipo de fuentes manejadas para la consecución de este estudio han sido las bibliográficas derivadas de su práctica historiográfica. Mediante el análisis de las principales obras de José María Jover dedicadas a la historia de las relaciones internacionales hemos profundizado en 35 Expediente Personal de José María Jover Zamora, AHUV, caja 112, nº7. 36 Memoria de becario de José María Jover Zamora de la Fundación Juan March (23 de octubre de 1961). Biblioteca Española de Música y Teatros Contemporáneos de la Fundación Juan March de Madrid. Alberga el texto de J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana en el campo de la Historia Contemporánea”. Descubierto por María José Solanas Bagüés, hemos consultado este documento gracias a su amabilidad. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
su concepción sobre esta disciplina histórica, vislumbrando la evolución de su pensamiento. Las grandes etapas de producción bibliográfica y los momentos precisos de la recepción de los postulados internacionales han sido los criterios básicos con los que nos hemos enfrentado a su extensa obra. Debido a sus distintas facetas como historiador, Jover abordó muchos y muy diversos temas de estudio -y varias épocas-, desde la historia de las relaciones internacionales a la historia de la historiografía, pasando por la historia social, la historia política o la historia de la cultura y de las mentalidades. Por esta razón y ante la imposibilidad de abarcar todos sus escritos, hemos de advertir que generalmente nos hemos limitado al manejo de aquellos trabajos que tienen como columna vertebral la historia de las relaciones internacionales. No es nuestra intención ofrecer aquí un resumen de todas y cada una de las obras, pues éstas irán apareciendo a lo largo del trabajo. Por esta razón, remitimos al anexo bibliográfico que se ofrece al final de este trabajo, donde quedan recogidos todos los trabajos de José María Jover. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Capítulo I De la Cartagena natal a la cátedra de Valencia (1920-1949) El 15 de noviembre de 2006 aparecían en la prensa española dos necrológicas dedicadas a la vida y la trayectoria académica de José María Jover Zamora. Ambas noticias, firmadas por dos de sus discípulos, pretendían rendir homenaje al legado e influencia de un historiador fundamental para la historia de la historiografía española que creó escuela.37 José María Jover Zamora nació el 5 de junio de 1920 en el seno de una familia acomodada de la ciudad de Cartagena (Murcia). Cursó el bachillerato en los Hermanos maristas y en el Instituto de la misma ciudad38 y, a pesar de que por tradición familiar estaba destinado a la medicina, se decantó por estudiar Filosofía y Letras. En 1996, el mismo Jover recordó la importancia que tuvo la guerra civil para tomar esta decisión: “me hizo vivir la historia como algo infinitamente más complejo, dramático y real de lo que dejaban traslucir los relatos convencionales y memorísticos de los manuales. Los aspectos políticos, internacionales, éticos y humanos de la guerra me conmovieron profundamente; me dieron materia de reflexión para el resto de mi vida, y me empujaron decididamente, hacia el estudio de las Humanidades y de la Historia”.39 De ese modo, el 1 de septiembre de 1939 inició la carrera Filosofía y Letras en la Universidad de Murcia, cursando la especialidad en la sección de Historia en la Universidad Central de Madrid (obtuvo la licenciatura en julio de 1942). De aquellos años de temprana formación e inmerso en el ambiente agónico de la universidad franquista en la inmediata posguerra, cabe destacar las referencias académicas e intelectuales del primer Jover. Consideramos que, para 37 José María Jover Zamora falleció el 14 de noviembre de 2006. Un día más tarde aparecieron las necrológicas de M.V. LÓPEZ-CORDÓN, “En memoria de un maestro”, El País, (15-11-2006) y J.P. FUSI AIZPURÚA, “La pulcritud moral de un historiador”, ABC (15-11-2006). También pueden consultarse las reseñas de E. HERNÁNDEZ SANDOICA, “José María Jover Zamora. In memoriam”, Ayer, 68 (2007), pp. 9-24; O. RUÍZMANJÓN, “José María Jover Zamora. In memoriam”, Cuadernos de Historia Contemporánea, 29 (2007), pp. 7-9; A. EGIDO LEÓN, “José María Jover en la historiografía española”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, 19 (2007), pp. 429-433 y V. PALACIO ATARD, “Necrológica del Excmo. Sr. D. José María Jover Zamora”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, 204 (2007), pp. 23-28. 38 I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores..., op. cit., pp. 337-338. 39 J.M. JOVER, “La doble herencia del liberalismo español. Una visión actual”, Nueva Revista, 43 (1996), pp. 16-27 (publicado como “Entrevista del profesor Antonio Morales al autor”, en J.M. JOVER, Historiadores españoles..., op. cit., p. 10). En esta misma entrevista, Jover recuerda «a aquellos jóvenes profesores de la Universidad de Murcia -José María Sobejano, José Andreo, Antonio de Hoyos...- , que hicieron el milagro de convertir unos cursos intensivos de posguerra (1939-1940) en un auténtico curso de iniciación universitaria, del que conservo el mejor recuerdo». Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
entender el sentido y la trayectoria de toda la posterior producción historiográfica joveriana, estos años iniciales poseen una especial trascendencia, pues dotarán al historiador de buena parte del armazón teórico-metodológico y conceptual que desarrollará a lo largo de su amplia carrera académica, así como las líneas temáticas que adoptará, siendo éstas susceptibles de cambio, como veremos. Del mismo modo, las primeras etapas de su vida académica y, sobre todo, el entorno en el que se forma, serán cruciales para comprender su adscripción política e ideológica. Terminada la licenciatura, trabajó con Antonio de la Torre y del Cerro40 como becario en el Instituto Jerónimo Zurita del CSIC entre 1944 y 1948,41 del que fue colaborador con posterioridad.42 El paso de José María Jover por el Consejo se produjo en un momento de expansión y desarrollo del mismo mediante los Patronatos y los Institutos, a través de los cuales se promovía «una historia oficial de España esencialmente teleológica, autocomplaciente, de enfoque político, cronología moderna y metodología positivista»; de hecho, en la década de 1940, la investigación efectiva recaía sobre el CSIC, controlado institucionalmente.43 En 1945, obtuvo, por oposición, la cátedra de Geografía Económica en la Escuela de Comercio de Ciudad Real, puesto que mantuvo hasta 1950.44 En paralelo, durante dos cursos académicos (1947-1949), ejerció como ayudante de clases prácticas de la cátedra de Historia de España de la Edad Moderna de la Universidad Central de Madrid.45 Cayetano Alcázar Molina que era el titular de la misma,46 dirigió su tesis doctoral, Historia de una polémica y semblanza de una generación, defendida en noviembre de 1946.47 Tanto 40 Antonio de la Torre y del Cerro (1878-1966), medievalista, fue archivero del CFABA (Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos) y catedrático, por oposición, de Historia de España en la Universidad de Valencia en 1911, trasladado en 1918 a la Universidad de Barcelona. Separado de la cátedra por la Generalitat en 1937 y depurado sin sanción por el gobierno de Franco en 1939, se reincorporará, por concurso de traslado, a la cátedra de Historia Medieval de España en la Universidad Central en 1940. Ejercerá como vicedirector del Instituto Jerónimo Zurita del CSIC (1940-1949) e impulsará la creación de la revista Hispania. La información procede de I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores..., op. cit., pp. 622-623. 41 Expediente Personal de José María Jover Zamora, Archivo Histórico de la Universidad de Valencia (AHUV), caja 112, nº7. 42 Para el marco jurídico-institucional de la universidad de posguerra y la creación y desarrollo del CSIC, G. PASAMAR ALZURIA, Historiografía e ideología en la posguerra española..., op. cit., pp. 19-42 y 43-60 y M. MARÍN GELABERT,, La historiogafía española de los años cincuenta..., op. cit., pp. 502-507. 43 M. MARÍN GELABERT, “Historiadores locales e historiadores universitarios....”, op. cit., pp. 120-121. 44 En ese año, Jover pedirá la excedencia para ocuparse de su recién obtenida cátedra en la Universidad de Valencia: «Orden de 14 de enero de 1950 por la que se concede la excedencia voluntaria en su cargo de Catedrático numerario de la Escuela de Comercio de Ciudad Real a don José María Jover Zamora», BOE, 55 (24 de febrero de 1950), p. 868. 45 Expediente de Catedrático de José María Jover Zamora, Archivo General de la Administración (AGA), 31-04712. 46 Cayetano Alcázar Molina (1897-1958), modernista, fue catedrático por, oposición, de Historia de España en la Universidad de Murcia en 1926 y de Historia General de la Cultura, en régimen de acumulada, por la misma universidad, en 1935. Será rehabilitado tras la depuración y en 1943 ocupará la cátedra de Historia Moderna de España en la Universidad Central. Organizador del Instituto Jerónimo Zurita del CSIC y director de la Escuela Moderna de la misma institución, ocupará el cargo de Director General de Enseñanza Universitaria entre 1946 y 1951. Ver I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores..., op. cit., pp. 64-65. Una semblanza sobre su vida y su obra en F. J. DÍEZ DE REVENGA, “Cayetano Alcázar Molina, historiador riguroso y universitario constante”, Tonos Digital. Revista de Estudios Filológicos, 24 (enero de 2013), en Web: www.um.es/tonosdigital/znum24/secciones/perfiles-cayetano_alcazar_molina.htm (consultado el 06/08/2013). 47 Publicada como 1635. Historia de una polémica y semblanza de una generación, Instituto Jerónimo Zurita, CSIC, Madrid, 1949. La tesis obtuvo el Premio «Menéndez Pelayo» en 1947. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
de la Torre como Alcázar son dos nombre propios inseparables del primer Jover, una suerte de maestros de la historia con los que inició sus andaduras tanto en la práctica docente como investigadora. Su tesis doctoral, calificada de sobresaliente,48 reveló a un Jover atraído por la historia cultural y de las ideas, fuertemente influido por autores como Ángel Ferrari o José Antonio Maravall y perfectamente enmarcado en las dinámicas historiográficas propias de la comunidad de historiadores de la década de 1940, con una temática centrada en el pasado imperial español. El texto, renovador en tanto que adoptaba una perspectiva internacional, trataba de conectar el sustrato ideológico de la sociedad española del Seiscientos con la imagen y representación que esa misma sociedad creaba de su contexto exterior.49 En su conjunto, abordaba las líneas maestras del pensamiento político español del siglo XVII mediante el estudio de la polémica franco-española iniciada en 1635 a partir de la publicación de panfletos y libelos, tanto en España como en Francia, y evidenciaba su condición de historiador westfaliano, lamentando el sueño truncado de la «utopía española de catolicidad universal» y la pérdida de hegemonía imperial en el solar europeo a la que se refería de la siguiente manera: “Lo que hace estremecerse de repulsión las entrañas del español de 1635, no es la mera posibilidad de un triunfo francés. Es lo que ello representaría; es la renuncia definitiva a restaurar la unidad espiritual de Europa; es la quiebra de la Paz Austriaca, de la paz de la Cristiandad; es la galopada victoriosa de los herejes; es el triunfo del estado neutral y agnóstico sobre la comunidad política servidora de fines trascendentes; es la subversión de un providencialismo firmemente sustentado; es la permanente injusticia que supondría dejar sin reparación histórica las atrocidades de Tillemont; es el resquebrajamiento de la Monarquía española, el triunfo de los planes satánicos de un solo hombre, el triunfo del emperador de una guerra racionalmente estimada como injusta; la reversión, en suma de un haz de valores... Es también -¿por qué no decirlo?- el temor de un fracaso del orgullo de estirpe, de la soberbia española”.50 Metodológicamente, la obra se fundamenta en la aplicación del concepto de generación elaborado por Pedro Laín Entralgo,51 para designar y analizar al conjunto de personajes históricos conformadores de un mismo pensamiento político, donde Jover incluía a Guillén de la Carrera, Quevedo, Jansenio, Saavedra Fajardo, Céspedes y Meneses y Pellicer, entre otros.52 Muchos años después, en 1996, recordaría el magisterio de Laín Entralgo como una “nunca olvidada deuda con el maestro que desempeñó un papel decisivo, hace poco más de medio siglo, en los fundamentos de mi formación como historiador a través de sus conferencias y de sus libros; a través, también, del uso de un castellano claro, rico y expresivo, instrumento adecuado para hacer del trabajo historiográfico vehículo fiel de unas reflexiones, y no mero registro de unos hechos o pretexto 48 Memoria de la Secretaría General. Año 1946-47, CSIC, Madrid, 1948, p. 264 49 R. TORRE DEL RÍO, “España, el Mediterráneo, el Atlántico y el mundo. La aportación de José María Jover a la historia de la política internacional moderna y contemporánea”, en R. RUIZ FRANCO (ed.), Pensar el pasado... op. cit., p. 122. 50 J.M. JOVER, 1635. Historia de una polémica y semblanza de una generación, Instituto Jerónimo Zurita, CSIC, Madrid, 1949, pp. 45-46 51 P. LAÍN ENTRALGO, Las generaciones en la historia, Instituto de Estudios Políticos, 1945. La obra, publicada dos años antes, había influido decisivamente en el pensamiento de Jover para abordar a la generación de polemistas de 1635, debido a su «unidad interna de pensamiento» y a su «sincronismo biográfico». Pedro Laín le recomendará las primeras lecturas de Ortega, así como una fugaz aproximación a la Facultad de Derecho de la Universidad Central. 52 J.M. JOVER, 1635. Historia de una polémica..., op. cit., p. 13 Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
para transmitir unos juicios de valor con pretensiones didácticas”.53 Junto al historiador de la medicina aragonés, Jover menciona en la «Introducción»54 la influencia directa de la Historia de la historiografía española de Benito Sánchez Alonso y Les sources de l'histoire de France escrita por los historiadores franceses Émile Bourgeois y Louis André.55 En un rápido bosquejo a la obra, con especial atención a la carga de citas que incluye, es revelador, tal y como observa López-Cordón, que las referencias que aporta el autor son mayoritariamente fuentes primarias frente a las de carácter bibliográfico, siendo estas últimas predominantemente francesas o de algún hispanista, lo cual no resulta llamativo dado la temática central de la obra.56 Nos hallamos ante la etapa inicial de Jover, una «etapa barroca» que comprende una temática centrada en la Edad Moderna desde una perspectiva puramente política e ideológica, en consonancia con las dinámicas propias de la universidad de aquellos años pero muy alejada de las corrientes historiográficas que circulaban por Europa. En 1961, Jover recordaba aquellos años afirmando que: “Cuando comencé mi actividad como historiador (1946-1948) la generación de historiadores a la que pertenezco se sintió muy atraída por la llamada «historia de las ideas»; quiere esto decir que, tanto al elegir sus temas de investigación como al seleccionar y ordenar, en razón de su relevancia relativa, los hechos constitutivos del relato histórico, las corrientes espirituales, los conflictos ideológicos, gozaban de una franca predilección. Una serie numerosa de artículos, un libro sobre la polémica ideológica hispanofrancesa en plena guerra de Treinta Años57 dan fe de mi incorporación a aquella fase en la evolución de la historiografía contemporánea española”.58 De aquel modernismo joveriano primigenio cabe destacar una serie de artículos consagrados a los siglos XVI y XVII, muchos de ellos publicados en la revista Arbor59 coincidiendo, grosso 53 La cita procede de J.M. JOVER, “A qué llamamos España”, Encuentro con Pedro Laín Entralgo, celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, junio de 1996, reproducido en J.M. JOVER, Historiadores españoles..., op. cit., p. 359. 54 J.M. JOVER, 1635. Historia de una polémica..., op. cit., p. 17-20. En el capítulo introductorio, además de exponer sus intenciones y metodología empleada, el autor reconsidera la utilidad del «opúsculo polémico» o pamphlet «como fuente histórica de primer orden, explotada como tal por los historiadores alemanes y franceses, que dedican parte de sus esfuerzos a estudiar este inigualable reflejo de la conciencia política y nacional de un pueblo». Ver M.V. LÓPEZ.CORDÓN, “La historia transversal: el Barroco como cultura política”, en R. RUIZ FRANCO (ed.), Pensar el pasado..., op. cit., pp. 95-118. 55 B. SÁNCHEZ ALONSO, Historia de la historiografía española, CSIC, Madrid, t. II, 1947; É. BOURGEOIS y L. ANDRÉ,, Les sources de l'histoire de France, XVIIe siècle (1610-1715), A. Picard, París, 1924, especialmente los volúmenes IV y VI. 56 M.V. LÓPEZ-CORDÓN, “La historia transversal...”, op. cit, p. 106. La influencia determinante de la histoiografía francesa sobre su persona la definiría Jover años después de la siguiente manera: «Los historiadores del futuro distinguirán tal vez, en la historiografía española del tramo central de nuestro siglo, tres fases o conjuntos generacionales presididos respectivamente por la hegemonía de los modelos germánicos, franceses y anglosajones. Yo pertenezco, por mi circunstancia histórica y por mi personal opción, a la promoción intermedia de las tres apuntadas». La cita en J.M. JOVER, “Entrevista del profesor Antonio Morales al autor”..., op. cit., p. 14. 57 Se refiere a J.M. JOVER, 1635. Historia de una polémica..., op. cit. 58 J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana en el campo de la Historia Contemporánea”, en Memoria de becario Fundación Juan March, 1961, p.1. Las páginas se indican conforme al documento original. 59 De marcada tendencia nacionalcatólica, Arbor se convertirá en el órgano de expresión del CSIC desde 1945. A partir de la segunda mitad de los años 1940, pasará a estar controlada por el Opus Dei con la presencia de intelectuales como el propio Calvo Serer, Rafael Balbín Lucas o Florentino Pérez Embid. Personificaba y encarnaba el ideal del elitismo cultural católico, con un proyecto que aunara a la par ciencia y catolicismo a partes iguales. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
modo, con el tercer centenario de la Paz de Westfalia.60 En ellos, y al calor de la fractura políticosocial y cultural de la Guerra Fría, el autor reflexionaba sobre el hundimiento de los valores católicos con el advenimiento de la reforma luterana y la consiguiente quiebra de la unidad espiritual europea y el ideal de cristiandad de Carlos V frente a la fragmentación nacionalista, la libertad religiosa y el sistema de equilibrio entre Estados. De este modo, y catapultado por su premiada tesis doctoral, Jover se convertía en un historiador westfaliano, penetrando en el selecto grupo de intelectuales pertenecientes al Opus Dei o próximos a éste y reunidos en torno a Arbor, cuyos máximos exponentes serían Rafael Calvo Serer y Florentino Pérez Embid. Así nacía la «generación del 39», en referencia a los hijos de la guerra que no habían combatido en ella, agrupando, además de a Jover, a José Luís Pinillos y a Vicente Palacio Atard, entre otros, con el propósito de conmemorar los trescientos años de la derrota imperial obviando el cincuentenario de la «generación del 98», por su excesivo pesimismo y decadentismo.61 El propio Jaume Vicens Vives los denominó «generación del 48, la del centenario de la paz de Westfalia y de la revolución democrática de 1848, los dos polos entre los que se mueve la ideología de la Edad Moderna»62, aludiendo a la continuación de la interpretación menendezpelayana de la historia de España, según la teoría de la Historia de Donoso Cortés en clave antiliberal y reaccionaria, en base a la cual, la Paz de Westfalia de 1648 había significado el inicio de tres siglos de ruina para España sentando las bases para la abolición de la Cristiandad y el Antiguo Régimen, allanando el camino para el Frente a los enemigos falangistas de Escorial, pretendía romper el aislamiento internacional en el que se hallaba inmerso el régimen franquista mediante la revitalización del mentado elitismo cultural fundamentado en la ciencia. A través de sus páginas se abordaba la cultura y la historia de España desde la tradición católica, enarbolando una fuerte defensa de la monarquía, a las que concebían como los auténticos elementos de consolidación y garantía de la unidad política y territorial de la patria. Una caracterización de la revista en G. PASAMAR ALZURIA, “La revista Arbor como objeto de análisis historiográfico: 1944-1975” y “Cultura católica y elitismo social: la función política de Arbor en la posguerra española”, ambos artículos en Arbor, 479-480 (1985), pp. 13-16 y 17-38 respectivamente. 60 Publicados en un período de tiempo muy concreto, destacaremos: J.M. JOVER, “Una página en la guerra de Sucesión. El delito de traición, visto por el fiscal del Consejo de Castilla”, Anuario de Historia del Derecho Español, 17 (1946), pp. 753-784; “La Alta Edad Moderna”, Arbor, 26 (1948), pp. 157-184 y “Sobre la conciencia histórica del Barroco español”, Arbor, 39 (1949), pp. 354-374. Por las semejanzas en cuanto a la temática y el sentido general, puede incluirse también: J.M. JOVER, “El sentimiento de Europa en la España del siglo XVII”, Hispania, 35 (1949), pp. 263-307; “El sentimiento de Europa en la España del siglo XVII (2). Valoración nacional y valoración política de la pluralidad europea”, Saitabi, 8 (1950), pp. 3-30; “Tres actitudes ante el Portugal Restaurado”, op. cit., pp. 104-170 y “Sobre los conceptos de Monarquía y Nación...”, op. cit., pp. 101-150. 61 José Luís Pinillos Díaz (1919-2013), psicólogo de formación humanista y combatiente en la División Azul, fue un activo colaborador de Arbor desde 1947. Vicente Palacio Atard, historiador modernista, obtuvo la cátedra por oposición, de Historia Moderna y Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona en 1948, trasladado en ese mismo año a la cátedra de igual denominación de Valladolid. En 1957 volverá a trasladarse a la de Historia de España en la Edad Contemporánea en la Universidad de Madrid. La información procede de I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores..., op. cit., pp. 463464. Al igual que los citados artículos de Jover, cabe destacar la publicación de V. PALACIO ATARD, “Westfalia ante los españoles de 1648 y 1948”, Arbor, 25, vol. I (1948), pp. 53-58, en el que se refería a ese período como «dos siglos de Historia de España llenos de fracasos, vacilaciones y desorientación». Para la faceta westfaliana de Jover y Atard, consultar O. DÍAZ HERNÁNDEZ, Rafael Calvo Serer y el grupo Arbor, Publicacions de la Universitat de València, Valencia, 2008, pp.135-136. Una necrológica de la muerte de Palacio Atard, acontecida muy recientemente, “Vicente Palacio Atard, un historiador tradicionalista”, El País, (17-10-2013). 62 J. VICENS VIVES, “La España del siglo XVII”, en Destino (28-5-1949), p. 15, reproducido en O. DÍAZ HERNÁNDEZ, Rafael Calvo Serer..., op. cit, p. 215. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
posterior advenimiento de la Revolución francesa y la Modernidad que, en el caso español, culminaría en la Guerra Civil.63 Todo ello evidencia, como ha señalado Ignacio Peiró, que en la autarquía cultural de la universidad franquista se produjo un «repliegue historiográfico», una «acomodación hacia temas clásicos hispanos» ideologizados y exaltadores de la grandeza patria, centrados en el medievalismo y el modernismo, como áreas consolidadas durante el primer tercio de siglo, en los años de la profesionalización. Unas temáticas en las que el método era considerado como único criterio de cientificidad en la práctica historiográfica.64 1.1 La oposición a cátedra de 1949 A finales de los años 1940 y, sobre todo, desde la entrada de Cayetano Alcázar a la Dirección General de Universidades en 1946, se consolidó el grupo de historiadores e intelectuales católicos del Opus Dei, con un cambio de influencia en la vida cultural del Nuevo Estado fascista. Tras la depuración universitaria de la «primera hora cero»65 y alterado el acceso normal a los puesto de influencia universitarios, la militancia política y la religión se convirtieron en credenciales y salvoconductos para la obtención de puestos clave universitarios y para el ascenso en los escalafones de catedráticos, con los tribunales de oposiciones bajo dominio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y el Opus Dei. En este sentido, se produjo lo que se ha denominado como «asalto a las cátedras» por parte del influyente grupo católico.66 La edad de ingreso se redujo enormemente, así como los méritos académicos exigidos respecto a la generación anterior de sus maestros.67 Los criterios de cientificidad no desaparecerán completamente, como así lo demuestra el hecho de que José María Jover obtuviera su cátedra en 1949 por oposición, pero su ingreso en el cuerpo de catedráticos, con tan sólo 29 años de edad y en una franja similar a la de otros nuevos jóvenes catedráticos, debe ser enmarcado en el camarillismo68 propio de las facultades de Filosofía 63 R. CALVO SERER, España, sin problema, Ediciones Rialp, Madrid, 1949, pp. 54-59. 64 I. PEIRÓ MARTÍN, Historiadores en España... op. cit., 2013, pp. 57-58. 65 La explicación de la primera «hora cero» de la historiografía española en I. PEIRÓ MARTÍN, “La aventura intelectual de los historiadores españoles”, op. cit., pp. 9-45. 66 Según Gatell y Soler, en este grupo podrían incluirse nombres como Jaume Vicens Vives, discípulo de Antonio de la Torre; Vicente Palacio Atard y José María Jover, discípulos de Cayetano Alcázar; Federico Suárez Verdaguer, Octavio Gil Munilla y Florentino Pérez Embid, discípulos de Vicente Rodríguez Casado, entre otros. Ver C. GATELL y G. SOLER,, Amb el corrent de proa. Les vides polítiques de Jaume Vicens Vives, Quaderns Crema, Barcelona 2012, p. 127. Las oposiciones y concursos a cátedras de Historia en el primer franquismo han sido tratadas por Y. BLASCO GIL y M. FERNANDA MANCEBO, Oposiciones y concursos a cátedras de Historia en la Universidad de Franco (1939-1950), Publicacions de la Universitat de València, Valencia, 2010 y R. PALLOL TRIGUEROS, “Las oposiciones a cátedras de Historia en la universidad nacional-católica, 1939-1951”, Historia del Presente, 20 (2012), pp. 37-50 (número monográfico dedicado a La universidad nacionalcatólica). 67 Entre los años 1940 y 1950 se incorporaron 40 nuevos catedráticos sobre un total de 68 cátedras de Historia en las 12 facultades de Filosofía y Letras repartidas a lo largo de la geografía española, lo que significó un verdadero relevo generacional en el seno de la disciplina. Ver I. PEIRÓ MARTÍN, Historiadores en España..., op. cit., p. 54. 68 G. PASAMAR ALZURIA, Historiografía e ideología en la posguerra española..., op. cit., pp. 130-131. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
y Letras de la universidad franquista, donde las presiones, las afinidades personales y los intereses condicionaron el acceso a las cátedras y puestos universitarios y del CSIC.69 El 13 de julio y 20 de octubre de 1948 se convocaban las oposiciones a las cátedras de «Historia Universal de las Edades Moderna y Contemporánea e Historia General de la Cultura (Moderna y Contemporánea)» de las Facultades de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, así como de la Universidad de Zaragoza, segregada por concurso de traslado.70 El 20 de diciembre de ese mismo año se admitía a los aspirantes, revelando unas oposiciones muy concurridas, con un total de 16 candidatos.71 El tribunal de oposiciones estuvo presidido por Antonio de la Torre y del Cerro, con los vocales Vicente Rodríguez Casado, Manuel Ballesteros Gaibrois, Rafael Calvo Serer y Vicente Palacio Atard como vocal secretario.72 Analizando el tribunal, podemos observar que existían condiciones óptimas previas para que Jover se erigiese nuevo catedrático dado los apoyos con los que contaba. Con Antonio de la Torre, como ya hemos señalado, había trabajado como becario del Instituto Jerónimo Zurita hasta ese mismo año; Rodríguez Casado,catedrático de Historia Universal Moderna y Contemporánea de la Universidad de Sevilla y fundador de la «escuela americanista de Sevilla», era un destacado miembro del Opus Dei y colaborador habitual de la revista Arbor,73 al igual que Calvo Serer, catedrático en la Universidad de Madrid y Palacio Atard, catedrático en la de Valladolid, con los que mantenía una estrecha colaboración y amistad. Una vez finalizado el conjunto de ejercicios, presentados los informes sobre los méritos de los candidatos y tras la deliberación y «votación pública y nominal» de los aspirantes para el primer destino, José María Jover recibía el apoyo de Antonio de la Torre, Rodríguez Casado y Calvo Serer, decantándose Palacio Atard por Carlos Corona Baratech y Ballesteros Gaibrois por Manuel Tejado 69 I. PEIRÓ MARTÍN, Historiadores en España..., op. cit., p. 51-52 70 «Orden de 13 de julio de 1948 por la que se convocan a oposición las cátedras de Historia Universal de las Edades Moderna y Contemporánea e Historia general de la Cultura (moderna y contemporánea) en la Facultad de Filosofía y Letras de las Universidades de Valencia y Zaragoza», BOE, 244 (31 de agosto de 1948), p. 4186; «Orden de 20 de octubre de 1948 por la que se reintegra a las oposiciones convocadas en 13 de julio último la cátedra de Historia Universal de las Edades Moderna y Contemporánea e Historia general de la Cultura (moderna y contemporánea) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza», BOE, 302 (28 de octubre de 1948), p. 4969. 71 «Se declaran admitidos provisionalmente, por reunir las condiciones exigidas en la convocatoria, los siguientes aspirantes a las oposiciones anunciadas por orden de 13 de julio y 20 de octubre de 1948», BOE, 363 (30 de diciembre de 1948), p. 5896. Los aspirantes a la cátedra, por orden de aparición son los siguientes: José María Jover Zamora, Rafael Olivar-Bertrand, Juan Mercader Riba, Manuel Fernández Álvarez, Felipe Ruíz Martín, Octavio Gil Munilla, Vicente Genovés Amorós, Alfonso Corral Castanedo, Manuel Tejado Fernández, Fernando Jiménez de Gregorio, Carlos Eduardo Corona Baratech, Eugenio Sarrablo Aguareles, Joan Reglà i Campistol, Francisco Ramón Rodríguez Roda, Odón de Apraiz Buesa y Antonio Domínguez Ortiz. Oposición de José María Jover Zamora (1949), AGA 31-04050. 72 «Orden de 21 de diciembre de 1948 por la que se nombra el Tribunal que juzgará las oposiciones a las cátedras que se citan de las Universidades que se mencionan», BOE, 3, (30 de enero de 1949), p. 40. En el tribunal suplente figuraban Juan de Contreras y López de Ayala en la presidencia y Pablo Álvarez Rubiano, Antonio Rumeu de Armas, Antonio Palomeque Torres y Federico Suárez Verdaguer como vocales. Oposición de José María Jover Zamora (1949), AGA 31-04050. 73 I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores..., op. cit., pp. 535-536. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Fernández. Como bien es sabido, Jover elegiría la plaza valenciana, quedando la vacante zaragozana para el aspirante más votado en el segundo destino, Octavio Gil Munilla.74 En una carta dirigida a Rafael Calvo Serer, Jaume Vicens Vives lamentaba que la influencia de los catedráticos nacionalcatólicos del grupo Arbor en el tribunal que juzgaba las oposiciones hubiera rechazado las candidaturas de dos de sus más próximos discípulos, los catalanes Joan Reglà y Joan Mercader: «Tanta precipitación en las eliminaciones ha dado pábulo a la idea que la decisión final estaba preconcebida, lo que siempre es una constatación amarga, tanto más cuanto la gente por acá se había preparado con tenacidad durante meses y meses y no han hallado tan siquiera atención a tal esfuerzo».75 De modo similar se expresaba Felipe Ruíz Martín en una epístola recibida, en este caso, por Vicens Vives: «fueron los dos muy maltratados; quizás por ver en ellos -en Reglá especialmentecierto peligro. Ambos están mejor orientados que otros, y saben y valen más», a lo que añadía: “para tu satisfacción te digo, con toda sinceridad, que Don Antonio, así como Ballesteros, aunque se lo hubieran propuesto decididamente, nada habrían podido evitar. La pasión era tan exacerbada que ningún dique sería capaz de contenerla. Yo fui desde el primer momento uno de los objetivos a triturar; se me atacó con furia y encono en todo instante, con el torcido propósito de que si en el Tribunal alguien pensaba ampararme se apercibiera de que sostener mi candidatura iba a costar una batalla”.76 De este modo, José María Jover llegaba a la cátedra valenciana77 con menos de 30 años78, en 74 Oposición de José María Jover Zamora (1949), AGA 31-04050. Octavio Gil Munilla (1922-1993) fue un historiador americanista, discípulo y colaborador principal de Rodríguez Casado y miembro del Opus Dei. Tras obtener la citada cátedra en Zaragoza, en 1953 pasó, por concurso de traslado, a la cátedra de Prehistoria e Historia Universal de las Edades Antigua y Media y de Historia General de la cultura (Antigua y Media) en la Universidad de Sevilla, donde finalmente ocupará la cátedra de Historia Universal Moderna y Contemporánea. La información procede de I. PEIRÓ MARTÍN y G. PASAMAR ALZURIA, Diccionario Akal de historiadores..., op. cit., pp. 298-299. En adelante, para el resto de catedráticos españoles que irán apareciendo en el trabajo, remitimos directamente a la consulta de esta obra. 75 Carta de Jaume Vicens Vives a Rafael Calvo Serer, 27 de noviembre de 1949, en J. CLARA, P. CORNELLÀ, F. MARINA y A. SIMON (eds.), Epistolari de Jaume Vicens Vives, vol. II, Cercle d'Estudis Històrics i Socials, Girona, 1998, p. 130, reproducido en DÍAZ HERNÁNDEZ, O., Rafael Calvo Serer..., op. cit, p. 186. 76 Carta de Felipe Ruíz Martín a Jaume Vicens Vives, 21 de diciembre de 1949, Arxiu Vicens Vives, reproducido en O. DÍAZ HERNÁNDEZ, Rafael Calvo Serer..., op. cit, p. 186. La animosidad entre Vicens y Jover será una constante en ambos historiadores a lo largo de los años cincuenta. Refiriéndose al método estadístico y la historia cuantitativa, en el prólogo de su Aproximación a la Historia de España, Universidad de Barcelona, 1952, p. 15, Vicens afirmaba que: «Desde las páginas de la revista “Arbor”, el profesor José Mª Jover ha creído oportuno arremeter contra este método acusándolo de “masificar el contenido histórico”. Esta apreciación es un mero juego de palabras, con escasa base científica». Y en una epístola dirigida a Florentino Pérez Embid, el mismo Vicens hacía mención a Jover: «Nuestra polémica -salvando todos los respetos sociales y una amistad personal innegableha de ser el principio, no lo dudes, de la verdadera renovación de la historiografía española». Carta de Jaume Vicens Vives a Florentino Pérez Embid, Barcelona, 20 de diciembre de 1952, Arxiu Vicens Vives, reproducido en C. GATELL y G. SOLER, Amb el corrent de proa..., op. cit., p. 319. Una mención a su tensa relación en M. MARÍN GELABERT, “La fatiga de una generación...”, op. cit., p. LXVI, nota 115. 77 El 9 de enero de 1950, el grupo de Arbor organizó un banquete-homenaje en el restaurante Sicilia-Molinero de Madrid para celebrar el recién obtenido Premio Nacional de Literatura por Calvo Serer con su obra España, sin problema, así como las 6 cátedras ganadas por asiduos colaboradores de la revista, entre los que se encontraba José María Jover. El 5 de enero de 1950 aparecía en la p. 22 del periódico ABC una nota de prensa anunciando el convite y el día 10 aparecía, en la p. 5 de la sección gráfica del mismo medio, una fotografía en la que se inmortalizaba a los 7 comensales (Enrique Moreno Báez, Mariano Baquero Goyanes, Antonio Fontán, Rafael Gilbert, Ismael Sánchez Bella, Rafael Calvo Serer y José María Jover). La noticia del banquete en O. DÍAZ HERNÁNDEZ, Rafael Calvo Serer..., op. cit, pp. 250-251. 78 «Orden de 6 de diciembre de 1949 por la que se nombra Catedrático de la Universidad de Valencia a don José María Jover Zamora», BOE, 364 (30 de diciembre de 1949), p. 5483. Jover ingresó en la 7ª categoría del escalafón de Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
definiendo nuevos objetos de estudio. Es en este momento en el que el historiador inicia su viraje hacia el Ochocientos, abordando unos temas novedosos y muy poco tratados por la historiografía del momento. En este sentido, el primer hito en la «mutación de identidad» de Jover se produjo con Conciencia burguesa y conciencia obrera en la España Contemporánea, conferencia leída en el Ateneo de Madrid el 30 de abril de 1951.104 El autor pretendía «bosquejar el desarrollo de una conciencia obrera a lo largo de nuestro siglo XIX, sin llegar en mi tentativa más acá de 1898», limitándose a leer lo previamente escrito porque «el tema resultaba, en el Madrid de 1951, lo suficientemente resbaladizo e inusitado como para que las palabras y los conceptos debieran ser ponderados y medidos antes de sacarlo a colación en la tribuna del Ateneo».105 El joven catedrático abordaba el período decimonónico, un período «maldito» para la historiografía franquista, estigmatizado por su carácter liberal, razón por la cual, en la introducción al texto se justificaba del siguiente modo: “Con toda decisión, quiero dejar clara y expresa constancia de que, bien hecha o mal hecha, es Historia lo que he pretendido y pretendo escribir, convencido de que, vuelta la primera mitad del siglo XX, es preciso ganar para la Historia escrita una centuria que mi generación no conoció. Para la Historia escrita, no para la polémica que entenebreciera, desde la adolescencia, nuestra ignorancia del XIX; polémica de la cual me desentiendo expresamente, primero como hombre y, además -rigores del oficio, que en este caso me resultan penosos-, como historiador. Intento hacer -no ahora, claro estáuna biografía del pueblo español en la época contemporánea, manejando las fuentes con la misma ecuanimidad que todos suponemos en el que investiga la política exterior del siglo XVIII o los orígenes del reino asturleonés”.106 Según Santos Juliá, la lectura de esta conferencia significó la ruptura de las vinculaciones de Jover con la llamada «generación del 48» y el grupo de westfalianos establecido por Calvo Serer y Pérez Embid en torno a Arbor.107 Sea como fuere, esta primera incursión de Jover en la historia social del siglo XIX no debe ser entendida como un alejamiento de sus posiciones nacionalcatólicas y conservadoras. Así lo demuestra, por ejemplo, su nombramiento como profesor de Formación Política en la Universidad de Valencia un año más tarde, el 31 de octubre de 1952.108 Más bien, disciplinar a su obra. Su trabajo de investigación adquiere un lugar entre los demás trabajos de investigación, y sus ideas acceden al mercado general de ideas que las dotan de significado. El historiador hace público su trabajo, y lo hace de un modo determinado en un lugar determinado». 104J.M. JOVER, Conciencia burguesa y conciencia obrera en la España Contemporánea, Ateneo, Madrid, 1952 (una segunda edición en 1956). El texto también fue publicado en la colección opusdeísta, dirigida por Pérez Embid, «O crece o muere», Madrid, 1952 y posteriormente reproducido en J.M. JOVER, Política, diplomacia y humanismo popular. Estudios sobre la vida española en el siglo XIX, Madrid, Ediciones Turner, 1976, pp. 45-82 (esta es la edición que manejamos). Para una contextualización historiográfica del texto, en tanto que innovador, consultar J.A. PIQUERAS ARENAS, “Treinta años de una llamada a la historia social. (Un hito historiográfico de Jover Zamora)”, Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea, 4 (1983), pp. 229-241. 105“Presentación al lector”, en J.M. JOVER, Política, diplomacia..., op. cit., p. 11. 106J.M. JOVER, “Conciencia burguesa ...”, op. cit., p. 49. En este sentido, en las páginas introductorias de la “Presentación”, Jover recuerda que de junio a diciembre de 1950 colaboró en el proyecto de redacción de una Historia Moderna del Mundo Hispanoamericano, dependiente del CSIC, a cuyo cargo se asignó el tomo XIV del mismo, titulado “Revolución y Restauración. La caída de la Monarquía liberal”. No llegó a publicarse ningún volumen y, entre las razones que expone, se debió a la no integración de Jaume Vicens Vives en el proyecto, a la dedicación política, la acomodación a las cátedras y el trabajo cotidiano de muchos historiadores. 107S. JULIÁ DÍAZ, “Abrir la ventana en tiempo de autarquía”, en R. RUIZ FRANCO (ed.), Pensar el pasado..., op. cit., p. 50. 108Expediente Personal de José María Jover Zamora, AHUV, caja 112, nº7. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
podría incardinarse, con mayor precisión, en el conjunto de «espacios libres» que tuvieron lugar en la historiografía española durante las décadas de 1950 y 1960. Conectando con la idea, más arriba mencionada, que consideraba las cátedras a modo de «magistraturas», como propiedad personal del titular, la condición de catedrático a lo largo del franquismo implicaba, por una parte, una total, absoluta y sincera adhesión a los principios ideológicos fundamentales del régimen y, por otra, permitía el desarrollo de una cierta libertad disciplinar que afectaba a la producción historiográfica.109 Al lo largo de la década de los años cincuenta, José María Jover fue consolidándose como catedrático en la Universidad de Valencia. En 1950, el curso monográfico sobre «Historia de la Historiografía» pasó a su cargo, siendo anteriormente impartido por el catedrático de Historia de América Prehispánica, Manuel Ballesteros Gaibrois.110 En el verano de 1952, Jover realizó su primera salida académica al extranjero gracias a la obtención de una pensión del CSIC para disfrutar de una estancia de tres meses en Portugal con el propósito de visitar el Archivo Nacional de la Torre do Tombo (Archivo Nacional de Portugal) y la Sección de Reservados de la Biblioteca Nacional de Lisboa para la recogida de documentos y materiales sobre la separación lusa y la política exterior del Portugal restaurado.111 Durante los años 1953 y 1955 pasó a ocupar la cátedra de Geografía General y Especial de España en régimen de acumulada (junto con la extensión de Geografía de España y Pueblos Hispánicos) por cese del anterior titular, Pablo Álvarez Rubiano. Su posición institucional fue fortaleciéndose progresivamente, como así lo demuestra su nombramiento como Jefe de Sección de Historia Moderna y Contemporánea en la «Institución Alfonso el Magnánimo» dependiente de la Diputación Provincial de Valencia. De 1954 a 1958 ejerció como vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia,112 llegando incluso a 109La introducción del concepto «espacios libres» para el caso de José María Jover la apunta el profesor I. PEIRÓ MARTÍN, en Historiadores en España... op. cit., p. 143, nota 63. Como se señala en la referencia, el concepto free spaces, que procede de la politología norteamericana, ha sido aplicado en la historiografía española por M. MARÍN GELABERT, en al artículo “Subtilitas Applicandi...”, op. cit., p. 134, nota 61. Como ambos autores refieren, un clarísimo ejemplo de libertad disciplinar en plena dictadura lo constituye el recientemente descubierto trabajo de J. VICENS VIVES, España Contemporánea (1814-1953). Formaba parte de un proyecto más global ideado por el editor italiano Carlo Marzorati en 1950, L'Europe du XIXè et du Xxè siècle, en el que se pretendía ofrecer una visión de conjunto de la reciente historia europea, imbuido de un cierto europeísmo. En su aportación, el historiador catalán presentaba un tratamiento de la historia contemporánea española llegando a abordar la guerra civil y la formación del régimen franquista con rigor científico, autonomía y libertad. Para su publicación se creó un comité de dirección científica en el que, además del editor italiano, se hallaban Llewellyn Woodward de la Universidad de Princeton, Franz Schnabel de la Universidad de Múnich y Pierre Renouvin de la Sorbona. El capítulo de Vicens Vives relativo a España ha sido recientemente editado por M. MARÍN GELABERT, como España Contemporánea (1814-1953), Acantilado, Barcelona, 2012. 110. En este mismo año, participó en el Tribunal de oposición a la cátedra de «Historia de los Descubrimientos Geográficos y de Geografía de América» en la Universidad de Madrid. En 1951, de «Historia General de la Cultura» de la Universidad de Granada, y en 1953, sería designado vocal suplente de la oposición a cátedra de «Historia Universal de las Edades Moderna y Contemporánea» de la Universidad de Zaragoza, lograda por Carlos E. Corona Baratech. Toda la información reseñada proviene del Expediente Personal de José María Jover Zamora, AHUV, caja 112, nº7. 111Su inclinación por la historia portuguesa se remontaba a 1950, recuérdese el artículo J.M. JOVER, “Tres actitudes ante el Portugal Restaurado”, op. cit., pp. 104-170. 112«Orden de 7 de junio de 1954 por la que se nombra para el cargo que se cita al Ilmo. Sr. D. José María Jover Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
ser decano en funciones durante el curso académico 1955-1956.113 El 20 de junio de 1955 Jover firmaba la petición oficial para acogerse al régimen de «servicios universitarios especiales» y, para ello, exponía con sumo detalle su trayectoria académica resaltando, además del conjunto de obras publicadas, los cursos y conferencias impartidas durante la primera mitad de la década de los cincuenta. Durante el curso académico 1951-1952 impartió una serie de lecciones sobre «La cultura española de fines del siglo XIX» en el Instituto de Estudios Históricos de la Diputación Provincial de Valencia, así como un curso monográfico en el Ateneo de Madrid con el título «La sociedad española en la época moderna». En 1952-1953, el seminario de su cátedra albergaría los monográficos «La expansión de la cultura calvinista en Europa», «Historia de las Relaciones Internacionales en la época moderna» y, un año más tarde, «España y Europa en la guerra de Treinta Años». En 1954-1955, el Instituto Iberoamericano de Valencia le vio pronunciar una serie de conferencias sobre «España y Europa en los últimos Cien Años» y en 1955, la cátedra Feijóo de la Universidad de Oviedo acogió su disertación en torno a «Lo mediterráneo y lo atlántico en la España de Feijóo», lección que, como veremos, daría lugar a la publicación de un libro un año más tarde. En el mismo documento oficial, Jover nos hace saber que durante cinco años había estado llevando a cabo una labor de recopilación de materiales para la publicación de una Historia de las Relaciones Internacionales que «no estima poder tener conclusa antes de, a lo menos, un par de años», así como la impartición de un curso monográfico sobre «Teoría y Técnica de la Historia de las Relaciones Internacionales» a partir de la copia de textos de la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional y del Archivo de Simancas. Dentro de sus planes inmediatos, se hallaba la idea de fundar un archivo de microfilms con documentos portugueses y piezas de publicística político-internacional obtenidas en 1952 con motivo de su pensión del CSIC en Lisboa (también tenía previsto un viaje de tres meses a Nápoles y Palermo para la consulta de archivos históricos y la preparación de otro curso titulado «El Mediterráneo Occidental en el siglo XVIII»).114 La frenética actividad del historiador cartagenero lo catapultó hasta unas cotas de poder muy considerables, máxime teniendo en cuenta su temprana edad. Los puestos y funciones de responsabilidad que ocupó, muy probablemente, coadyuvaron en el inicio de su madurez Zamora», BOE, 171 (20 de junio de 1954), p. 4182 y «Orden de 7 de enero de 1958 por la que cesa en el cargo de Vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia el Ilustrísimo señor don José María Jover Zamora», BOE, 29 (3 de febrero de 1958), p. 1121. 113Expediente Personal de José María Jover Zamora, AHUV, caja 112, nº7. Toda la información queda recogida en la hoja de servicios prestado con posterioridad a su nombramiento como catedrático numerario. 114Expediente Personal de José María Jover Zamora, AHUV, caja 112, nº7. En la misma relación de méritos que ofrece para la petición de los «servicios universitarios especiales» se detallan las asignaturas impartidas por Jover en la Universidad de Valencia desde 1956 a 1960, entre las que figuran: «Historia Universal Moderna y Contemporánea», «Historia Universal Moderna», «Historia Universal de las Edades Moderna y Contemporánea», «Metodología de la Historia Contemporánea», «Teoría de la Historia», «Historia del Mediterráneo», «Historia Contemporánea de Italia», «Instituciones políticas europeas contemporáneas» e «Introducción al siglo XIX español». Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
académica. Podríamos situar el comienzo de esta etapa a mediados de la década, momento en el que se internacionalizará con la asistencia a congresos en el extranjero, impregnándose de una serie de corrientes teórico-metodológicas no conocidas en España hasta la fecha. 2.1 El X Congreso Internacional de Ciencias Históricas de Roma de 1955 “[Los Congresos Internacionales de Ciencias Históricas] se desarrollan discutiendo siempre sobre las cuestiones que la historiografía del momento plantea, insistiendo en el trabajo interdisciplinar y la historia comparada, ampliando más y más los espacios de diálogo. Tienen la virtud de congregar a muy variados especialistas, con muy diverso origen geográfico y temático, con metodologías y enfoques distintos y/o nuevos. Las relaciones internacionales -en esa pequeña ONU, que es el CISH (Comité Internacional des Sciences Historiques)- han sido esenciales para el saber histórico, la apertura a las corrientes historiográficas, el intercambio de opiniones y puntos de vista e incluso las disputas más o menos agrias”.115 Líneas arriba aludíamos a la importancia de los congresos internacionales como uno de los tres pilares fundamentales del proceso de normalización externa -con evidentes repercusiones para la internade la historiografía profesional. En este sentido, los Congresos Internacionales de Ciencias Históricas han contribuido, y lo siguen haciendo a día de hoy, a configurar, desde su nacimiento, unos espacios de debate para los profesionales de las diferentes disciplinas históricas en los que poder cruzar e intercambiar diferentes visiones y concepciones. Estos foros de discusión han posibilitado establecer conexiones entre historiadores de ámbitos culturales y geográficos muy diferentes, hecho que adquiere, si cabe, una mayor relevancia por haber tenido lugar en unos años en los que la tecnología y las comunicaciones no estaban desarrolladas en los niveles actuales. Desde el Congreso Internacional de Ciencias Históricas de La Haya en 1898, considerado como el primero de una larga serie, las sucesivas celebraciones, a modo de «ecúmene de historiadores», han tratado temas y cuestiones de novedosa relevancia, aspectos acordes con las corrientes y tradiciones historiográficas de cada momento histórico, lo que conllevaba fuertes dosis de reflexión y acomodación, según los planteamientos imperantes, por parte de los historiadores.116 Tras el paréntesis que supuso la Segunda Guerra Mundial, el IX Congreso Internacional de Ciencias Históricas celebrado en París, y el X en Roma, en 1950 y 1955 respectivamente, reactivarán la convocatoria de congresos internacionales con regularidad. Para el caso español, una vez finalizada la Guerra Civil, ambos acontecimientos iniciaron el verdadero contacto e incorporación de España con las corrientes historiográficas internacionales, así como el reencuentro con el exilio español y el americanismo renovador. Tras la creación del Comité Español de Ciencias Históricas en 1951, el Congreso de Roma, celebrado del 4 al 11 de septiembre de 1955, poseyó una 115J.L. PESET REIG, “Prólogo”, a M. ESPADAS BURGOS, Un lugar de encuentro de historiadores..., op. cit., p. 8. 116Confrontar J.J. CARRERAS ARES, “El entorno ecuménico de la historiografía”, en C. FORCADELL ÁLVAREZ y I. PEIRÓ MARTÍN (coords.), Lecturas de la historia. Nueve reflexiones sobre la historia de la historiografía, Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 2001, pp. 11-22. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
especial significación para José María Jover, por actuar como plataforma a través de la cual establecer conocimiento con historiadores renovadores de la historiografía europea, fundamentalmente en la vertiente de las relaciones internacionales, como es el caso del italiano Federico Chabod y el francés Pierre Renouvin. La trascendencia histórica -y simbólicade esta convención de historiadores viene determinada, en primer lugar, por el contexto político internacional en el que tuvo lugar. La muerte de Stalin en 1953 había abierto un clima de tímida coexistencia pacífica y de diálogo entre bloques, pero la cercanía de conflictos como la guerra de Corea (1950-1953) recordaba que el mundo seguía estando dividido y polarizado en función de la adscripción a una u otra superpotencia mundial. A pesar de todo, su celebración supuso el comienzo de la cooperación científica entre el Este y el Oeste europeos, como así lo demuestra la participación de historiadores de la Unión Soviética y de las democracias populares procedentes del otro lado del Telón de Acero, y de entornos geográficos extraeuropeos, como EE.UU., Brasil o Japón. El acontecimiento resultó ser una «Babel historiográfica», con la asistencia de 1600 congresistas de un total de 35 países, a pesar de lo cual, la delegación francesa resultó ser la más numerosa, superando incluso a la anfitriona italiana, con 463 participantes activos.117 En cuanto a la propia organización y vertebración interna, si el congreso de París de 1950 estuvo estructurado en secciones temáticas, influidas por la interdisciplinariedad propia de los Annales franceses, agrupando antropología y demografía, historia económica, historia social, historia cultural e historia de las ideas y mentalidades, un lustro más tarde, en Roma se decidirá un ordenamiento de tipo cronológico, optando por una periodización en función de las cuatro edades clásicas, lo que se corresponde con una concepción historiográfica claramente occidental, así como con la fuerte influencia del historicismo italiano.118 Se elaboraron cuatro relazioni agrupadas en siete volúmenes a disposición de los participantes: para la historia Antigua, el italiano Arnaldo Momigliano, para la Edad Media el belga Fernand Vercauteren y el francés Yves Renouard, para la historia Moderna el alemán Gerhard Ritter y para la contemporánea el francés Pierre Renouvin.119 Dichos documentos, a cargo de cuatro reconocidos historiadores de renombre internacional en cada una de sus disciplinas, pretendían trazar las líneas maestras por las que discurrían las corrientes 117M. MATHEUS, “Il X Congresso Internazionale di Scienze Storiche, Roma, settembre 1955. Un bilancio storiografico. Introduzione”, en La storiografia tra passato e futuro..., op. cit., pp. 4-5. Las cifras de los asistentes en K. DIETRICH ERDMANN, Toward a Global Community of Historians...., op. cit., p. 221. 118M. MATHEUS, “Il X Congresso Internazionale...”, op. cit., p. 6. 119A. MOMIGLIANO, Sullo stato presente degli studi di storia antica (1946-1954); F. VERCAUTEREN, Rapport general sur les travaux d'histoire du Moyen âge de 1945 à 1954; G. RITTER, Leistungen, Probleme und Aufgaben der internationalen Geschichtsschreibung zur neueren Geschichte (16-18 Jahrhundert); P. RENOUVIN, L'orientation actuelle des travaux d'histoire contemporaine. Las cuatro relaciones quedan recogidas en Comitato Internazionale di Scienze Storiche. X Congresso Internazionale di Scienze Storiche, Roma, 4-11 settembre 1955. Relazioni Generali e Supplementi, Florencia, 1955. Para la elaboración del presente trabajo no hemos podido acceder a esta obra para su consulta y manejo, pero las líneas generales quedan expuestas en las actas de la conmemoración de 2005, así como en la obra mencionada de Karl Erdmann. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
historiográficas de cada uno de los períodos tratados, a fin de ofrecer a los participantes en el congreso el estado de las investigaciones en los últimos diez años. De manera global, los autores se hacían eco de la centralidad que desde la última década habían adoptado los estudios relativos a la historia económica y la historia social, sobre todo, tras la dimensión internacional que había logrado la historiografía francesa y en especial, los planteamientos braudelianos.120 Centrándonos de manera específica en el apartado consagrado a la historia contemporánea, Pierre Renouvin, reconociendo la importancia de las aproximaciones históricas socioeconómicas, advertía la necesidad de preservar el estudio y la singularidad de las acciones individuales y la esfera política. El historiador francés ofrecía una visión histórica de conjunto similar al informe de Ritter sobre la Edad Moderna. Tanto las diferencias teórico-metodológicas como las enemistades personales con Fernand Braudel le habían llevado a adoptar un punto de vista no compartido por la escuela francesa: “I for my part do not believe that historical research guided by an exclusive or dominant hypothesis can satisfy the mind. Surely economic and social explanations are often valid; but they are not always so. The historian is faced with an entire scale of possible hypotheses, and among them there are the economic and social. But he must forego them if he does not find any solid confirmation for them in the sources. However, many among us already know beforehand what results they wish to attain. In this case, one can no longer really speak of historical research lies. Giving one of them preference in advance means foregoing the best wich we are striving for: in such a case we are no longer dealing with historical research but merely with the search for arguments in support of a preconceived thesis. Every one-side explanation, however, leads to arbitrary simplification, for in reality the influence of economic and financial conditions, currents of collective psychology, and finally individual initiatives complement and interpenetrate one another in the life of human societies. Let us recall that, in the words of Werner Sombart, we should never “lose the sight of the endless diversity of motivations which manifest their effectiveness in history”.121 Otro de los protagonistas indiscutibles del congreso de Roma fue Federico Chabod, a quien correspondía la «patternità del progetto». Este historiador italiano, «riconosciuto unanimamente come il maggiore esponente della storiografia italiana», había sido elegido miembro italiano del Comité International des Sciences Historiques en 1952 y presidente del mismo organismo al término del congreso de 1955.122 A pesar de que Chabod no colaboró de manera específica con ninguna comunicación o aportación escrita «si può dire che tutti i lavori e i volumi delle relazioni, delle comunicazioni e degli atti sono impregnati della sua personalità. Si potrebbe forse fare la storia del Congresso parlando di Chabod». Fernand Braudel, a quien Chabod había conocido en el Archivo de Simancas de Valladolid en 1928, recordaría tras su prematura muerte en 1960 que «il était par destination le Président ideal des historiens du monde, prêt à rendre justice et, mieux, à ne faire tort à quiconque, à apaiser, à dominer les querelles, à choisir les bonnes voies».123 Debido a su 120K. DIETRICH ERDMANN, Toward a Global Community of Historians...., op. cit., p. 221. 121Comitato Internazionale di Scienze Storiche.... op. cit., p. 870, fragmento traducido al inglés y reproducido en Ibid., pp. 225-226. 122M. ANGELINI, Fare storia...., op. cit., pp. 225-226. 123Todas las citas están recogidas en P. PRODI, “Il X Congresso Internazionale di Scienze Storiche, Roma 1955. Cinquant'anni di distanza”, en La storiografia tra passato e futuro... op. cit., p. 12. La cita de Braudel, reproducida en el mismo artículo, es originaria del número 72 de la Rivista storica italiana, monográfico dedicado enteramente a Chabod, 1960, p. 623. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
admiración y reconocimiento internacional, a lo largo de su trayectoria como historiador, Federico Chabod (1901-1960) supo marcar una pauta profesional y moral a historiadores de toda Europa, máxime en un periodo políticamente convulso, dominado por las tensiones y enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra fría. Bajo el auspicio de Chabod, en el Congreso de Roma de 1955 cobró una fuerza inusitada la propia idea de Europa como ámbito profesional de historiadores y como objeto de la propia investigación histórica.124 Tanto la partición política del continente producto de la guerra como los primeros pasos realizados desde la Europa occidental para la unificación económica (recuérdese la reciente creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1951, origen de la futura Comunidad Económica Europea fundada en 1957) sirvieron como caldo de cultivo para el desarrollo de un cierto sentimiento europeísta, así como una perspectiva histórica marcadamente eurocéntrica. La preocupación por Europa como marco y propósito de investigación quedó reflejada por Vercauteren en tanto que «ce mot “Europe” a depuis dix ans un succès grandissant auprès de nombreux médiévistes et aussi pour beaucoup d'entre eux une résonance particulière. Très nombreuses sont les revues historiques qui veulent être européennes, et nombre d'ouvrages de caractère général incluent désormais le mot “Europe” dans leur titre».125 Será a partir de este momento en el que la «escala europea» penetre de lleno en la historiografía europea, definiendo las pautas de una historia transnacional que elevará a Europa como categoría conceptual para romper el estrecho molde del Estado-nación y adoptar una perspectiva mucho más global a partir de la cual desarrollar colaboraciones historiográficas internacionales y consolidar la disciplina a un nivel transfronterizo. Pero en el seno de estas concepciones transnacionales también hubo cabida para disputas y enfrentamientos histórico-ideológicos. No sólo por la presencia de historiadores soviéticos sino, especialmente, por la aportación de dos historiadores: el francés Jacques Godechot y el norteamericano Robert R. Palmer. Ambos presentaron una comunicación conjunta sobre historia de las relaciones transatlánticas titulada Le problème de l'Atlantique du XVIIIème ou XXème siècle126 en la que, tomando a Braudel como referente teórico-metodológico, aplicaron el concepto de larga duración y la relación con el espacio geográfico para defender la tesis de un espacio atlántico como nexo de unión cultural y no de separación geográfica entre Europa occidental y Estados Unidos. Con una clara intencionalidad política anticomunista, se había gestado al calor de la reciente 124En este punto, sería preciso recordar dos obras de F. CHABOD, exponentes de buena parte de su pensamiento histórico en torno a Europa: L'idea di nazione, Laterza, Bari, 1961 y Storia dell'Idea d'Europa, Laterza, Bari, 1961, ambos publicados inmediatamente después de su muerte en 1960. 125F. VERCAUTEREN, Rapport general sur les travaux d'histoire du Moyen âge..., op. cit., p. 45, reproducido en J. BOUTIER, “Conclusions”, en La storiografia tra passato e futuro... op. cit., pp. 348-349. 126J. GODECHOT y R. PALMER, “Le problème de l'Atlantique du XVIIIème ou XXème siècle”, en Comitato Internazionale di Scienze Storiche... op. cit., pp. 173-240. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
creación de la OTAN en 1949 y pretendía establecer unos lazos transatlánticos con el fin de defender una supuesta «comunidad cultural atlántica» entre ambas orillas del océano. El texto, muy politizado, se concibió como un apoyo teórico e histórico a los intereses capitalistas norteamericanos y occidentales y fue duramente criticado tanto por los historiadores del Este como por Eric Hobsbawm, quienes se oponían a aceptar la idea de una Europa atlántica y otra no atlántica, en clara referencia a los países europeos satélites de la URSS.127 Si nos hemos extendido más de lo normal tratando el Congreso Internacional de Ciencias Históricas de Roma de 1955 es precisamente por la importancia e impacto que tuvo para la comunidad de historiadores y la historiografía europea en general, pero también, y sobre todo, por la significación histórica que tuvo para la historiografía española. La trascendencia que otorgamos a este acontecimiento viene marcada por la asistencia de la delegación española, en representación de la Asociación Española de Ciencias Históricas. Aunque la participación española en los diversos congresos fue sucesiva y constante, el hermetismo intelectual hacia las corrientes historiográficas europeas de un país como España, consecuencia de las interferencias de la dictadura tanto sobre la práctica histórica como la historiográfica, implicaba un desconocimiento profundo de la comunidad profesional europea por parte de la práctica totalidad de los historiadores españoles. Además, el congreso de Roma significó una gran apertura por permitir, en un mismo foro intelectual, la intervención del mundo académico español oficial e historiadores exiliados. Según Manuel Espadas Burgos, «il congresso del 1955 fu una bella occasione d'incontro per gli storici delle “due Spagne”».128 La posibilidad que se les brindaba de asistir a este evento como un «lugar común de carga simbólica» les permitía establecer lazos de contacto y conocimiento mutuo con colegas extranjeros. Pero no fue ésta una historiografía alternativa, ajena o molesta para el régimen, sino representante de lo más granado de la universidad franquista del momento; para intervenir se precisaba de varios permisos oficiales especiales a modo de «misión cultural» en el extranjero.129 Sirva el ejemplo representativo del permiso oficial especial que José María Jover tuvo que tramitar en la embajada española en Roma para poder asistir a un recibimiento de historiadores convocado en la embajada soviética al que había sido invitado.130 La presencia española se aseguró gracias a la intermediación de Xavier de Silió, vicedirector de la Escuela de Historia y Arqueología española en Roma, siendo los historiadores 127La polémica suscitada por Godechot y Palmer en K. DIETRICH ERDMANN, Toward a Global Community of Historians..., op. cit., pp. 228-229 y W. SCHIEDER, “La presenza della storia contemporanea al Congresso Internazionale di Scienze Storiche del 1955”, en La storiografia tra passato e futuro... op. cit., pp. 142-143. 128M. ESPADAS BURGOS, “La Spagna ed i Congressi Internazionali di Scienze Storiche. Un bilanco storiografico”, en La storiografia tra passato e futuro... op. cit., p. 301. 129M. MARÍN GELABERT, “El aleteo del lepidóptero...”, op. cit., p. 124. El concepto de «lugar común de carga simbólica» aplicado a congresos internacionales y eventos de trascendencia similar en p. 131. 130Pasaje relatado en M. ESPADAS BURGOS, Un lugar de encuentro de historiadores..., op. cit., p. 296. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
participantes Mercedes Gaibrois, José María Lacarra, Elías Serra Rafols, Emili Giralt, Jordi Nadal, Eloy Benito Ruano, María Dolores Gómez Molleda, Jaume Vicens Vives, Román Gubern, Carmelo Viñas Mey, el exiliado José María Ots Capdequí y José María Jover. De todas las aportaciones, lo más significativo fue el debate suscitado en torno al americanismo por Ots, Vicens y Giralt y sus contactos con historiadores latinoamericanos como Carlos Rama o Silvio Zavala, así como con hispanistas de la talla de Richard Konetzke o Pierre Vilar.131 Al finalizar el congreso, en la última jornada se celebró la Asamblea General del Comité Internacional de Ciencias Históricas, a la que acudieron Gaibrois y Lacarra en calidad de delegados de la Asociación Española de Ciencias Históricas (ambos habían sido los encargados de iniciar los preparativos en la primavera de 1955 para asegurar la presencia española en el congreso, temiendo Gaibrois una negativa por parte de las autoridades franquistas debido a la asistencia de historiadores soviéticos). Los resultados de aquella reunión se condensaron en tres objetivos: promover trabajos de historia económica y metrológica, desarrollar estudios sobre las motivaciones comerciales que acompañaron a los grandes descubrimientos y realizar, con la mayor brevedad posible, un índice de los repertorios de archivos financieros y notariales para proseguir las investigaciones en curso.132 Puede afirmarse que la «larga travesía por el desierto» recorrida por la historiografía franquista se topó, eventualmente, con pequeños «oasis» como el congreso parisino de 1950 o el romano de 1955. El contacto, debate y diálogo con historiadores pertenecientes a escuelas historiográficas internacionales, siempre enriquecedor, sirvió como punto de partida y arranque para que unos pocos historiadores españoles pudiesen dar un salto cualitativo a sus estudios y así poder iniciar una serie de líneas de investigación histórica más acordes con los nuevos tiempos y vientos que soplaban por las universidades europeas. 131No hemos hallado el listado completo de las comunicaciones españolas presentadas y aceptadas en el congreso, pero una mención a las mismas puede encontrarse en Ibid., pp. 70-71 y en E. BENITO RUANO, “El Xº Congreso Internacional de Ciencias Históricas y la Asamblea General del Comité Internacional”, Hispania, 60 (1955), pp. 470-479. En ambas referencias, sin que al parecer Jover aportara ninguna comunicación, aparecen las siguientes: D. GÓMEZ MOLLEDA, La política de neutralidad del absolutismo español; E. SERRA RÁFOLS, Las Islas Canarias. Estado del conocimiento histórico de la primera Colonia española; E. GIRALT i RAVENTÓS y J. NADAL, Inmigración y problemas monetarios en la Cataluña de los siglos XVI y XVII; E. BENITO RUANO, Las órdenes Militares españolas y la idea de Cruzada; J. VICENS VIVES, La mentalidad de la burguesía catalana en la primera mitad del siglo XIX; C. VIÑAS MEY, La economía marítima de Castilla en el Atlántico durante la Baja Edad Media; R. GUBERN, La crisis financiera de 1381 en la Corona de Aragón; J.M. OTS CAPDEQUÍ, Sobre la Historia de la Colonización española. Los contactos con los hispanistas en M. ESPADAS BURGOS, Un lugar de encuentro de historiadores..., op. cit, p. 297. 132La noticia de la Asamblea General del Comité Internacional de Ciencias Históricas y la representación de la delegación española por Gaibrois y Lacarra en M. GAIBROIS DE BALLESTEROS, María de Molina, Urgoiti Editores, prólogo de Ana del Campo Gutiérrez, Pamplona, 2010, pp. LVII-LXI. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
2.2 Los marcos teóricos de Pierre Renouvin y Federico Chabod Acabada la Segunda Guerra Mundial y catapultados por ésta, los estudios relativos a la historia de las relaciones internacionales iniciaron su despegue con fuerza en el continente europeo, y configuraron un sistema de estudio propio, acorde con la revolución historiográfica acaecida desde el final de la década de 1940. Pero la trayectoria española estuvo condicionada por la historiografía resultante de la Guerra Civil; la «primera hora cero» marcó un insalvable punto de inflexión en la disciplina, iniciando una etapa de ostracismo internacional que la relegó al margen del proceso integrador multidisciplinar. Los vencedores de la guerra formularon un programa de acción política exterior fundamentado en el principio de «unidad de destino en lo universal» y a su vez propiciaron una serie de políticas culturales autárquicas que condicionaron enormemente el desarrollo de los estudios internacionales. Repleta de prejuicios nacionalistas a partir de la negación de Europa como proyecto democrático, España quedó al margen de la renovación teóricometodológica exterior y experimentó el apogeo de una historiografía ultranacionalista «ideologizada en su concepto, de acentuado corte positivista en su método y polarizada en torno a la unidad nacional y las gestas imperiales en su temática».133 Pero a pesar de la cerrazón y la autarquía mentadas, lentamente se desarrolló un proceso de institucionalización de los estudios internacionales puesto que el régimen consideraba la política exterior como pieza fundamental de su propia supervivencia para lograr el tan ansiado reconocimiento internacional por el hecho de verse privado de aliados exteriores una vez acabada la contienda europea. En este sentido, pudo gestarse cierta atracción por cuestiones internacionales en el Instituto de Estudios Políticos dependiente del CSIC, así como en el Instituto de Estudios Africanos y los Cuadernos de Política Internacional. Esta lenta renovación historiográfica, huérfana y ávida de referentes conceptuales, prefiguró una concepción «internacionalista» en el mundo académico y universitario que favoreció el redescubrimiento de los estudios de relaciones internacionales como campo de investigación autónomo sobre la base de unas condiciones científicas sólidas procedentes del exterior.134 De manera progresiva, el modernismo positivista de posguerra fue sobrepasando su dogmatismo nacionalista primigenio siendo capaz de adentrarse en un siglo XVIII en el que la dimensión internacional tomará una cierta centralidad. Dicha labor, iniciada ya en la década de 1940, encontraría en Vicente Palacio Atard desde Valladolid y Vicente Rodríguez Casado con su escuela americanista sevillana dos buenos exponentes, sobre todo en cuanto a la renovación 133F. QUINTANA NAVARRO, “La historia de las relaciones internacionales en España...”, op. cit., p. 14. Un estudio específico del modernismo historiográfico español de posguerra en G. PASAMAR ALZURIA, Historiografía e ideología en la postguerra española..., op. cit., pp. 316-342. 134F. QUINTANA NAVARRO, “La historia de las relaciones internacionales en España...”, op. cit., pp. 14-15. Según Francisco Quintana, fundamentales fueron los esfuerzos acometidos por Antonio Truyol Serra desde la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid a partir de la segunda mitad de la década de los cincuenta en la conformación de la teoría de las relaciones internacionales en España como disciplina autónoma y científica. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Capítulo III José María Jover y la historia de las relaciones internacionales (1956-1970) Un año después del Congreso de Roma, en 1956, todos los nuevos planteamientos historiográficos fueron asumidos por Jover y plasmados en Política mediterránea y política atlántica en la España de Feijóo,151 obra seminal en su producción bibliográfica por marcar un punto de inflexión hacia la nueva historia de las relaciones internacionales. El tema central era la ordenación del equilibrio europeo tras la Paz de Utrecht en 1713, vinculándolo con el pensamiento de Jerónimo Feijóo (Westfalia, Utrecht y Viena se revelaban como tres intentos de reordenación europea de carácter fatídico para España, significando un fracaso tanto continental como mediterráneo y atlántico). El autor se sentía «especialmente atraído por los problemas que plantea la política exterior de los estados» y su verdadera pretensión era integrar la historia de España en las «coordenadas europeas», en una acción de revalorización de su posición respecto al juego internacional de potencias europeas durante el siglo XVIII: «que lo español es una provincia de lo europeo, que la condición de español comporta necesariamente la de europeo, y que el contraponer ambos términos, cualquiera que sea la sutileza dialéctica a que con tales fines se recurra, no siempre puede ser diagnosticado como patriotismo castizo».152 Como venimos afirmando, Jover dice sentirse directamente influido por los trabajos ya citados de Renouvin y Chabod, así como El Mediterráneo de Fernand Braudel153 en lo que concierne a la historia de las relaciones internacionales respecto a los estudiosos de la diplomacia: 151J.M. JOVER, Política mediterránea y política atlántica en la España de Feijóo, Universidad de Oviedo, Oviedo, 1956. El texto parte de la conferencia leída el 6 de mayo de 1955 en la cátedra «Feijóo» de la Universidad de Oviedo bajo el título «Lo mediterráneo y lo atlántico en la España de Feijóo» y sería reproducido y ampliado posteriormente como “España y la paz de Utrecht”, en su libro España en la política internacional. Siglos XVIII-XX, Marcial Pons, Madrid, 1999, pp. 13-83. 152J.M. JOVER, Política mediterránea..., op. cit., pp. 6-7. 153F. BRAUDEL, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II, traducción de Wenceslao Roces, Fondo de Cultura Económica, México, 1953 (la primera edición francesa data de 1949). Podemos observar ciertas resonancias de esta obra en el título del libro de Jover al que acabamos de aludir. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
“en el fondo de aquélla [la historia de las relaciones internacionales] hay siempre -perdonad la perogrulladaun haz de problemas nacionales llamados, por definición, a relacionarse; es decir, a interconectarse (…). Son complejos decía, como lo son los elementos de una existencia nacional: desde el solar geográfico, desde el conjunto de paisajes entrañables que le sirve de asiento al través de los siglos, a los grupos sociales que la conducen tiempo adelante, y de éstos a la configuración de un ideal de vida llamado a traducirse en un Estado y en una actitud cultural”.154 Observamos la incidencia de la teoría de los tiempos de Braudel y su longue durée como herramienta con la que abordar el siglo XVIII español. Además, Jover arremete contra el planteamiento tradicional que desligaba las trayectorias históricas de España y Europa, según la cual, el escaso peso del solar hispano en el concierto de potencias continentales europeas sería subsanado con una vocación atlántica como medio para dar salida a los impulsos socio-económicos peninsulares. De este modo, a partir del concepto geopolítico de «barrera continental», las áreas geográficas, los continentes, no suponen unidades estancas ni coherentes sino que, muy a contrario, las experiencias vitales de los pueblos trascienden costas y montañas para desarrollarse en marcos geográficos más amplios. El mar Mediterráneo adquiere carácter propio como sujeto histórico (de ahí la ambivalencia del título de la obra), dejando de ser un espacio de separación y distanciamiento para pasar a serlo de integración y cercanía cultural: “Corresponde a Braudel el mérito de haber «descontinentalizado» nuestra habitual idea de las áreas geográficas que sirven de asiento al desarrollo de la historia universal.(...), que en nuestro viejo mundo la Costa fue antes que el Macizo; que lo que señala los contornos no es el color azul con que los mapas representan a los mares, sino los distintos marcos de vida humana separados entre sí por la Montaña o el Desierto; que tanta personalidad geográfica, histórica y humana como pueda tener este concepto: “Europa”, o este: “África”, tiene este otro: “el Mediterráneo”.155 El influjo braudeliano en Jover adquiere una importancia capital por contribuir al redescubrimiento histórico y geográfico del Mediterráneo, lo cual ayudó a identificar el área regional específica en la que se debía enmarcar la historia de España. Por esta razón, la historia de las relaciones internacionales de España ya no se circunscribía únicamente a la historia ultramarina y se reconsideraban los lazos de unión con Europa. Paralelamente, Federico Chabod dejó de ser únicamente un referente teórico-metodológico para mostrarse como ejemplo paradigmático de cómo revitalizar y poner en valor la política exterior y el encuadre internacional de una potencia 154J.M. JOVER, Política mediterránea...., op. cit., p. 5. Además del influjo historiográfico de Renouvin, Chabod y Braudel, Jover sugiere la lectura del ensayo de A.J.P. TAYLOR, “The rise and the fall of «pure» Diplomatic History”, The Times Literary Supplement (6 de enero de 1956), p. 20. En el mismo, este historiador británico, especializado en historia diplomática de los siglos XIX y XX, se refería a la propaganda sobre las causas de la Gran Guerra en los años de entreguerras observando que: «we were asking the wrong questions, using the wrong method, We must turn from the Foreign Offices to the more profound forces which shape the destinies of men», reproducido en C.J. WRIGLEY, A. J. P. Taylor: Radical Historian of Europe, Editorial I.B.Tauris, London, 2007, p. 208. 155J.M. JOVER, Política mediterránea..., op. cit., pp. 88-89. De modo similar se expresaba nuestro autor en otro lugar y momento comentando que: «Lo que comienza en los Pirineos no es África, sino un ámbito intermedio dotado de tanta sustantividad histórica como las grandes masas continentales que lo encuadran; comienza el mundo mediterráneo, cuyas tres penínsulas septentrionales -Iberia, Italia, Balcanesintegran una de las distintas áreas regionales que componen ese todo llamado Europa», la cita en J.M. JOVER, “El siglo XIX en la historiografía española de la época de Franco (1939-1972)”,op. cit., p. 245. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
mediterránea como es el caso de Italia, con muchas similitudes históricas con la Península Ibérica. Además, el impacto de la obra del líder de los Annales franceses fue crucial para José Mª Jover, al igual que para toda la historiografía española de los años cincuenta. El valenciano Álvaro Castillo, discípulo suyo, figuraba «entre los mejores alumnos de Braudel», asistiendo en calidad de becario a los seminarios del historiador francés con quien desarrollaba estudios sobre el comercio en el Mediterráneo Occidental durante la primera mitad del siglo XVII.156 La redirección de sus estudios hacia las problemáticas internacionales de una potencia de segundo orden como España, estuvo marcada por los acuerdos firmados con los Estados Unidos en 1953 «que evidentemente venían a marcar un hito histórico en la trayectoria político-internacional de España -y que confieso haber sido uno de los aspectos de la época histórica vivida por mí, desde la guerra civil acá, que más hondamente me han preocupado-».157 Pero, además, la nueva atención mostrada por el cartagenero hacia la política exterior vino acompañada de un creciente interés hacia períodos cronológicamente más cercanos, abandonando de manera temporal su modernismo original para adentrarse en el siglo XIX español, en una suerte de metamorfosis temática que lo convirtió progresivamente en un historiador contemporaneísta. Un paso decisivo en dicha «mutación de identidad» como historiador lo constituyó La guerra de la Independencia española en el marco de las guerras europeas de liberación (18081814), texto ampliado de la conferencia impartida en la Cátedra «General Palafox» de la Universidad de Zaragoza el 8 de febrero de 1958.158 Esta cátedra institucional y de clara vocación «militarista y caudillista» significó, desde su creación en 1955 -con el precedente directo de la del «Gran Capitán» en la Universidad de Madrid en 1954-, un foro de contacto entre militares y universitarios, fuertemente arraigado en la tradición y la conmemoración e imbuida de un cierto atlantismo proamericano y anticomunismo. Como ha demostrado Ignacio Peiró, salvo la aportación de José Mª Jover, el resto de conferenciantes compartían una misma visión reaccionaria y antieuropeísta del conflicto. La novedad vino de la mano de nuestro autor, puesto que elaboró un 156Las investigaciones de Álvaro del Castillo con Braudel dieron lugar a «Structure et conjoncture financière de l’Espagne sous Philippe II». La noticia del paso de su discípulo por la parisina IV Section des Sciences Historiques et Philologiques aparece en el Expediente de catedrático de Jover, AHUV, caja 112, nº7 y en J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana...”, op. cit., p.2. Una caracterización de la presencia de historiadores españoles en la escuela de los Annales franceses en M.J. SOLANAS BAGÜÉS, “Historiadores españoles en el París de Braudel: consideraciones sobre las diferentes experiencias historiográficas”, en Actas del VII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Memoria e Identidades, 21-24 de septiembre de 2004, Santiago de Compostela y Orense, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Santiago de Compostela, 2004 (CD-ROM con ISBN 84-9750-376-7). 157J.M. JOVER, “Presentación al lector”, en Política, diplomacia y humanismo popular... op. cit., pp. 16-17. 158J.M. JOVER, “La guerra de la Independencia española en el marco de las guerras europeas de liberación (18081814)”, en La Guerra de la Independencia española y los Sitios de Zaragoza, Universidad de Zaragoza Zaragoza, 1958, pp. 41-165. Un estudio pormenorizado de las conferencias de la Cátedra «General Palafox» pronunciadas con motivo del 150 aniversario del inicio de la Guerra de la Independencia en I. PEIRÓ MARTÍN, “Los Sitios de Zaragoza y la Guerra de la Independencia en 1958: las Conferencias de la Cátedra «General Palafox»”, La Guerra de la Independencia Española: una visión militar. Actas del VI Congreso de Historia Militar, Zaragoza, 31 de marzo a 4 de abril de 2008, vol. 1, pp. 53-70. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
análisis de la guerra desde un prisma europeo, vislumbrando el advenimiento de la modernidad, y a partir de la «trilogía revolucionaria» en la que se equiparaba y se asemejaba nuestra guerra contra el francés con las de Rusia y Prusia: «Una guerra cuya misma denominación, distinta de la de sus hermanas europeas, parece querer expresar, antes que “liberación” de un poder opresivo y extraño, esa idea de “separación”, de “nosotros somos otra cosa”, de orgullosa diferenciación nacional».159 De este modo, empleaba la categoría conceptual de «guerras de liberación», originaria de la historiografía germana, e introducía el concepto de Renouvin de las «fuerzas profundas» como factor explicativo, aludiendo al conjunto de dinámicas continentales y de relaciones interestatales: “la “historia externa” -batallas y coalicionesde estas contiendas nos interesa ciertamente, pero sólo en la medida que traduce la acción de unas fuerzas profundas que mueven simultáneamente toda la historia continental: elementos comunes que cada pueblo combinará en proporciones distintas de acuerdo con una fisionomía específica a cada una de estas guerras nacionales”.160 Ello traducía la incidencia de la revolución social y política en el continente, junto con el auge de la burguesía y la participación de las clases populares, dando lugar al binomio «guerra y revolución» para designar el carácter mixto de las tres contiendas. Jover no concebía la Guerra de la Independencia como un intento de alejamiento español respecto a Europa sino, muy al contrario, como el primer paso de un proceso de integración europea, global y continental, gracias al cual se va a liberar de la opresión napoleónica siguiendo unos patrones o estándares homogéneos, lo que hace que los tres pueblos -rusos, prusianos y españolesvivan una «experiencia europea común». Las tres experiencias bélicas se desarrollaron en un periodo de tiempo demasiado amplio «para ser encerrado en los moldes de una historia nacional cualquiera», hecho que trasluce un cambio respecto a la concepción tradicional de periodización galocéntrica, una ruptura entre la clásica identificación entre historia europea e historia francesa. La Revolución francesa y el Imperio napoleónico ya no serán considerados como un insalvable corte cronológico entre las edades moderna y contemporánea sino como culmen de todo un proceso desarrollado a lo largo del siglo XVII; para Jover, lo que verdaderamente permite identificar el nuevo siglo XIX es el nacimiento del Romanticismo y el pensamiento germano.161 La integración del conjunto de historias nacionales en un sistema continental de Estados y las similitudes causa-efecto que identifica entre la guerra de la Independencia y las guerras americanas de Emancipación conectan la historia hispanoamericana con los grandes vectores de la historia europea occidental. Por este motivo, inscribe necesariamente la guerra de liberación española en un proceso mucho más amplio y global protagonizado por «los españoles de ambos hemisferios». Al igual que en Política mediterránea y política atlántica en la España de Feijóo 159J.M. JOVER, “La guerra de la Independencia española...”, op. cit., p. 42. 160Ibid., p. 47. 161Ibid., pp. 45-46. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Jover distinguía la doble vocación mediterránea y ultramarina de una potencia como España durante el siglo XVIII, ahora recalcará las conexiones atlánticas previas a la Emancipación de las colonias. Es posible identificar aquí la influencia del concepto de las «revoluciones atlánticas» ideado por Robert R. Palmer y Jacques Godechot, con quienes Jover compartió asistencia al X Congreso Internacional de Ciencias Históricas de Roma en 1955 y donde presentaron su controvertida ponencia Le problème de l'Atlantique du XVIIIème ou XXème siècle. Sea como fuere, el catedrático de Valencia sostenía que, desde el Descubrimiento, la vocación atlántica de la península era un hecho indiscutible, pero paralelamente defendía que tras la Emancipación, la descolonización y el proceso de integración europeo acontecido en la segunda mitad del siglo XX se había intensificado la vocación europea de España, buscando un difícil equilibrio en el juego de potencias continentales como consecuencia del debilitamiento de los lazos históricos con Iberoamérica. La fecha de 1898, con el consiguiente impacto en las conciencias de los españoles, se tornaba símbolo y referente último del ocaso del sueño ultramarino español, momento tras el que España se reintegraba, no sin muchas dificultades dado su condición de potencia secundaria, en el «sistema europeo de Estados» y en un mundo mediterráneo al que durante largo tiempo había dado la espalda. En este sentido Jover cita la obra del catalán Rafael Gay de Montellà, Valoración hispánica en el Mediterráneo. Estudios de política internacional, publicada en 1952 bajo el influjo de El Mediterráneo de Braudel, quien incidía en la vertebración mediterránea de la política exterior de España hasta los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial pero sin tratar de manera específica el siglo XIX debido a los vacíos existentes en la historiografía española en torno a este periodo.162 El vacío historiográfico en torno a esa cuestión fue subsanado por otro de sus discípulos más sobresalientes. Nos referimos a Julio Salom Costa, quien a lo largo de los años cincuenta gestó su tesis doctoral, leída en 1960, sobre España en la Europa de Bismarck. 163 Este catedrático de Geografía e Historia del Instituto «Miguel Servet» de Zaragoza, anteriormente formado con Jover en el Seminario de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, abordaba en su estudio el estado de la cuestión en la historiografía europea sobre la política exterior de los Estados durante 162La obra mencionada es R. GAY DE MONTELLÀ, Valoración hispánica en el Mediterráneo. Estudios de política internacional, Espasa-Calpe, Madrid, 1952. El mismo autor había publicado previamente Catalunya, nació mediterrània. Assaig sobre la formació històrica de la nostra cultura, Rústica editorial, Barcelona, 1933. La noticia sobre ambas obras las ofrece JOVER, J.Mª., en “El siglo XIX en la historiografía española...”, op. cit., p. 247. 163La tesis de J. SALOM COSTA, leída en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, fue publicada bajo el título España en la Europa de Bismarck. La política exterior de Cánovas (1871-1881), Madrid, CSIC-Escuela de Historia Moderna, 1967, quedando pendiente de publicación los apartado relativos al conflicto colonial (1876-1885) y España en el sistema bismarckiano (1885-1888). La noticia de su condición de catedrático en el Instituto «Miguel Servet» de Zaragoza la ofrece I. PEIRÓ MARTÍN, en Historiadores en España..., op. cit., p. 183. En el expediente de catedrático de Valencia de Jover se citan otras dos tesis doctorales dirigidas por él, aunque de temática muy distinta: E. KUFMUELLER, El factor social en la pintura española de la época contemporánea, (sin fecha) y P. FAUS SEVILLA, La sociedad española en la obra de Pérez Galdós, (sin fecha), publicada como La sociedad española del siglo XIX en la obra de Pérez Galdós, Imprenta Nácher, Valencia, 1972. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
el Ochocientos, accediendo para ello a los Archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Según su maestro, la tesis de Salom suponía el apogeo de la historia diplomática, desde premisas científicas y «purgada de toda rutina événementielle». Con este ejemplo, Jover pretendía recalcar que, en el estudio de la relación entre Estados, la primacía de lo político debía primar sobre cualquier otro aspecto susceptible de análisis e interpretación, pero no entendido como una vuelta a la vieja y clásica historia diplomática stricto sensu, sino a un «análisis político de las situaciones», del proceso de adopción y toma de decisiones, debiendo recurrir frecuentemente a las herramientas de la sociología política. En cualquier caso, el tránsito de José Mª Jover por las sendas de la historia decimonónica no sería, al menos en este momento, definitivo. Así lo demuestra el hecho de que en 1958, el mismo año en que pronunciaba su conferencia sobre la Guerra de la Independencia en la cátedra «General Palafox» de Zaragoza, volviera a sumergirse de lleno en el siglo XVI con un tema «relacionado con aquel afán juvenil de los historiadores modernistas de mi promoción: escribir la historia de un Carlos V -de nuestro Carlos Ivisto desde la Península». Coincidiendo con el IV Centenario de la muerte del Emperador vio la luz un texto titulado «Sobre la política exterior de España en tiempos de Carlos V», publicado por la Universidad de Granada.164 Un año antes, con motivo del VI Congreso de Historia de la Corona de Aragón, celebrado en Cagliari, había enviado la comunicación «Reino, frontera y guerra en el horizonte político de la Emperatriz Isabel, gobernadora de España».165 Y en 1960, su estudio sobre «Carlos V y las formas diplomáticas del Renacimiento (1535-1538)» sirvió como lección inaugural de aquel curso en la Universidad de Valencia.166 De algún modo, aquellos trabajos iban a cerrar una etapa intelectual en la evolución historiográfica de su autor, marcando el ocaso de la Edad Moderna en Jover a finales de la década de 1950 e inicios de la siguiente. Los tres estudios mencionados se recopilaron en una obra titulada Carlos V y los españoles, ganadora del Premio Nacional de Literatura en 1963.167 A partir de la correspondencia entre el primero de los Austrias y la Emperatriz Isabel, el autor pretendía conectar con la política europea de Carlos V. El autor criticaba que debido al desfase historiográfico de la 164Según refiere Jover, el texto procedía de unas lecciones dictadas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia durante el año 1957-1958 como parte de un curso de Historia Moderna «especialmente dedicado a relaciones internacionales». Fue publicado en el conjunto de conferencias como J.M. JOVER, “Sobre la política exterior de España en tiempos de Carlos V”, en Carlos V (1500-1558). Homenaje de la Universidad de Granada. Granada, 1958, pp. 111-208. Aunque consagrado a la inmediata posguerra, el artículo de G. ALARÉS LÓPEZ, “La conmemoración del Milenario de Castilla en 1943. Historia y espectáculo en la España franquista”, Jerónimo Zurita, 86 (2011), pp. 149-180, ilustra a la perfección la política de conmemoraciones durante el franquismo. 165J.M. JOVER, “ Reino, frontera y guerra en el horizonte político de la Emperatriz Isabel, gobernadora de España”, en Actas del VI Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Madrid, pp. 803-829. 166J.M. JOVER, Carlos V y las formas diplomáticas del Renacimiento (1535-1538). Lección inaugural del curso 1960-1961, Universidad de Valencia, Valencia, 183 pp. 167J.M. JOVER, Carlos V y los españoles, Rialp, Madrid, 1963 (existe una segunda edición de 1987). Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
vieja historia diplomática se equiparaba la política exterior del emperador con las grandes gestas de tipo diplomático y militar, favoreciendo una confusión entre las relaciones exteriores de España y el conjunto de la actividad política del rey emperador. Por ello, instaba a integrar, de manera complementaria, el campo económico-social con el político y el ideológico:168 “Como es sabido, la historia de las relaciones internacionales ha ganado a través de los últimos años una profundidad en la búsqueda y sistematización de elementos, desconocidas por las viejas formas de «historia política» o de «historia diplomática». Se ha puesto de manifiesto la evidente continuidad existente entre las estructuras sociales, entre los hombres y las ideas, entre las fuerzas profundas de orden económico o intelectual de una parte, y la política exterior de los Estados de otra.”169 El estudio de la política exterior debía conjugar tanto «elementos reales» como «elementos ideales y afectivos». Los primeros, de fácil detección para el historiador, se traducían frecuentemente en aspectos de índole económica (v. gr., la aportación financiera de los reinos a la Corona), mientras que los segundos exigían bucear entre las profundidades del sentir de la población, identificando actitudes espontáneas («las ideas y las pasiones», en clara referencia a Chabod) conformadoras de una conciencia psicológica colectiva (como el apego castellano a las esencias autóctonas, una suerte de opinión pública, de fuerza profunda que exigía al monarca residir en el propio territorio). En esta ambivalencia, lo ideológico y mental debía insertarse obligatoriamente en el estudio de las relaciones internacionales, en una doble coordenada, tanto en el medio social en el que nacen las ideas como en las vivencias de los grupos sociales que protagonizan cada situación histórica.170 Pero a pesar de todo, puesto que cada época históricamente definida posee unas costumbres diplomáticas propias, vinculadas a unas formas culturales específicas, Jover advierte que los estudios de historia diplomática clásica, siempre y cuando se aborden con una metodología precisa y adecuada, no deben perderse de vista. Estas formas diplomáticas son cambiantes, «como los medios de producción», emanadas en cada momento y ambiente cultural, «cosas que cada época prefiere forjarse a su propio aire». Por lo tanto, se deberán complementar con el estudio de las fuerzas profundas para determinar con exactitud la «sociología de la política». Apoyándose en Pierre Renouvin para reforzar su argumento, sostenía lo siguiente: “¿Historia diplomática? Como es sabido, los cultivadores más avanzados, en cuanto al método se refiere, de la disciplina que cultivo, miran con desconfianza la vieja histoire diplomatique, historia de hechos de superficie, desentendida de las causas profundas; de la fuerzas profundas de orden social, espiritual, económico, que mueven las turbinas de la política exterior de los Estados. La desconfianza está justificada sólo a medias, y en todo caso sigue y seguirá viva la necesidad de estudiar, con métodos y técnicas adecuadas, la realidad de esos «contactos en la cumbre», por decirlo con lenguaje de hoy mismo, 168Como historiador cultural y de las ideas, sentía la necesidad de clarificar aspectos teóricos con afirmaciones como la siguiente: «Utilizo el adjetivo “ideológico” por lo que tiene de expresivo, aun con conciencia de su parcialidad. Me refiero con él, a lo largo de este trabajo, no sólo a las “ideas” propiamente dichas, sino a todo lo que traduce una mentalidad colectiva, un clima psicológico colectivo, un ambiente». La cita en J.M. JOVER, “ Sobre la política exterior de España en tiempos de Carlos V”, op. cit., p. 26, nota 2. 169Ibid., p. 24. 170Ibid., pp. 49-50 y 61-63. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
que han constituido siempre el noble objeto de la historia diplomática clásica. En todo caso, también ha de subsistir para el historiador la necesidad de determinar, siquiera sea para integrarlas en una sociología de la política, las formas diplomáticas concretas a que da lugar, en cada época y en cada área cultural, el contacto político entre dos comunidades distintas.”171 3.1 La Universidad de Friburgo de Brisgovia El 18 de enero de 1961, José Mª Jover obtenía el permiso del Ministerio de Educación Nacional para realizar una estancia durante cuatro meses (de marzo a julio) en la Universidad alemana de Friburgo de Brisgovia.172 El motivo del viaje era «intentar resolver algunos problemas concretos planteados a mi actividad como docente y como investigador. El primero y más acuciante de estos problemas era -y es-, sin duda, el de la selección y ordenación de los hechos constitutivos del relato historiográfico». Aquellos meses en la Universidad católica de Friburgo, famosa por su facultad de Teología, su especialización en temas españoles y su cercanía a Francia y Suiza, sirvieron para clarificar una serie de problemáticas de índole historiográfico, que el historiador ya había abordado con anterioridad, y dieron lugar a un interesante documento, la Memoria justificativa de sus actividades en dicho lugar.173 Ello fue posible gracias a la obtención de una pensión de la Fundación Juan March para realizar una serie de investigaciones en la citada universidad. Esta institución se caracterizó por el patrocinio y mecenazgo de investigadores españoles para acometer estudios de carácter internacional, sobre todo en centros universitarios europeos. Las estancias académicas se presentaron como otro de los elementos que propiciaron la normalización exterior de la historiografía española durante las décadas de los cincuenta y sesenta.174 Fueron fenómenos de mediación cultural, de transferencias culturales que impregnaron las prácticas historiográficas de los diversos países europeos, dando lugar a una red de intercambios intelectuales que situaban a los historiadores españoles en una «posición receptora» debido a la condición periférica de la historiografía española en relación a su entorno.175 171J.M. JOVER, “Sobre la situación actual del historiador”, introducción a “Carlos V y las formas diplomáticas del Renacimiento (1535-1538)” en Carlos V y los españoles, op. cit., pp. 228-229 (reproducido en Saitabi, 11 (1961), pp. 231-240). La referencia aludía no sólo a Renouvin, sino también a Braudel y Labrousse, unas «firmas particularmente autorizadas». Jover reconoce que en la época que le ha tocado vivir se están generalizando unas formas diplomáticas nuevas «que el hombre de la calle, portador de unos moldes mentales pertenecientes a una época que va siendo pretérita», le cuesta comprender por ser tenidas como «inmutables». 172Expediente Personal de José María Jover Zamora, AHUV, caja 112, nº7. 173Memoria que contiene el artículo J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana...”, op. cit. Las citas provienen de la p. 1. Este documento ha sido estudiado por I. PEIRÓ MARTÍN, en Historiadores en España..., op. cit., pp. 127-185. 174M. MARÍN GELABERT, “El aleteo del lepidóptero...”, op. cit., p. 124 175Una panorámica sobre las pensiones concedidas por la Fundación Juan March en M.J. SOLANAS BAGÜÉS, “Historiadores españoles en Europa: política de becas de la Fundación Juan March (1957-1975)”, VI Encuentro de Investigadores del Franquismo, Zaragoza, 15, 16 y 17 de noviembre de 2006, Fundación Sindicalismo y Cultura, CC.OO.-Aragón, 2006, Zaragoza, pp. 465-480. En este artículo aparece un primer análisis sobre la estancia de Jover en Friburgo a partir de la Memoria elaborada por él mismo. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
En la Memoria, Jover aludía en primer lugar a la revolución historiográfica que había supuesto el triunfo de la historiografía annalista tras el IX Congreso de Ciencias Históricas celebrado en París en 1950. El nuevo interés por «lo preciso, por lo expresable numéricamente, por lo biológico» suscitado por la obra de Braudel había alertado a los historiadores españoles, profundamente anclados en la historia de las ideas, que, en adelante, el estudio de lo ideológico y espiritual debería ser insertado en las condiciones de vida material de cada época. En consecuencia, el estudio de los hechos políticos, la «espuma de superficie», había quedado relegado a un segundo plano, tildado, con cierto desdén, de estudios culturalistas. Ante esta situación, el catedrático expresaba su «personal insatisfacción ante este cisma en nuestra historiografía -historiadores “económicos-sociales-biologistas” frente a historiadores “políticos” o “ideologistas”», y apostaba por alcanzar un equilibrio entre ambas corrientes aludiendo a la vieja máxima de Lucien Febvre según la cual era «lícito tirar de cualquier parte del hombre, a condición de sacar al hombre entero»: “en tanto los métodos brodelianos[sic] se me presentaban utilísimos e insustituibles con miras a una reconstrucción del s. XIX español en que vengo trabajando desde hace 10 años, mi designio de dar en todo caso importancia esencial a los hechos histórico-culturales venía robustecido por 2 experiencias. Por una parte, por el hecho de que la historiografía alemana de postguerra, en vez de lanzarse unánimemente por las rutas de la historia económica-social, mantuviese viva y pujante la doble orientación tradicional en las escuelas germánicas: historia del Estado, historia de las ideas. Por otra, por el hecho de que algunas de las más significativas y extraordinarias muestras de la historiografía española actual (Sánchez Albornoz, Castro, por vía de ejemplo), se mantuvieran igualmente fieles a una vigorosa corriente historiográfica nacional que busca, entre nosotros, la determinación de la cultura española a través de los momentos decisivos en su gestación (Reconquista, Siglo de Oro).”176 La precisión de los métodos cuantitativos, junto con la «necesidad de salvaguardar la autonomía de la esfera histórico-cultural del relato historiográfico»177 había llevado a Jover a una concepción de la historia que ya era visible unos meses atrás.178 A partir de ésta, debido a su condición de historiador cristiano, debía buscar la «eficacia social» de su oficio indagando no sólo en las estructuras económicas, políticas o culturales sino también la «experiencia humana», la «circunstancia del hombre», gracias a la cual se alcanza el verdadero grado de autenticidad en la comprensión del pasado. En este sentido, puesto que la historiografía occidental, ávida de exactitud matemática, había rechazado toda pretensión humanista inhibiéndose de los juicios morales, se debía recuperar la estrecha y ancestral «relación entre conducta humana y destino colectivo».179 La obra de Herbert Butterfield vino a demostrar que «mi postura no estaba huérfana de altos 176Las citas y el párrafo en J.M. JOVER,, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana...”, op. cit., pp. 2-3. 177Ibid., p. 8. 178Nos referimos a J.M. JOVER, “Sobre la situación actual del historiador”, op. cit., pp. 227-245. 179Ibid., p. 233. Su condición católica queda perfectamente plasmada en afirmaciones como la que se ofrece: «Nuestro Evangelio bajo el brazo, hemos servido ciegamente al César y a la Razón -sucesiva o simultáneamente-, dejando al margen de la seriedad científica de nuestras fichas la carne que palpita o los huesos que crujen -carne y hueso de personas, de prójimosbajo las ruedas de la “gran historia”. Olvidando que el método está al servicio de la verdad y no inversamente; olvidando también el noble aforismo clásico, recogido y bautizado por el Cristianismo, sin servir al cual no hay historiador que cumpla con su trabajo: ne quid falsi audeat, ne quid veri non audeat historia». La cita en Ibid., p. 235. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
magisterios en los cuadros oficiales de la historiografía europea».180 Este historiador británico, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge, le influyó decisivamente por conceder una especial trascendencia al factor humano frente a las concepciones propias del materialismo histórico, a las que Jover equiparaba parcialmente con el estructuralismo de Annales.181 Junto a Butterfield, la relación entre ética e historia iba a encontrar otro referente historiográfico en Geoffrey Barraclough, medievalista y germanista británico, autor de La historia desde el mundo actual.182 Para Jover, un «historiador español habituado a los moldes metodológicos de procedencia francesa, el primer contacto intenso y reiterado con la historiografía germánica produce la impresión de una inversión total del punto de vista desde el cual se contempla el acontecer histórico». A diferencia de los usos franceses, en los que se partía del paisaje y las formas de vida material para, progresivamente, levantar el edificio político-ideológico emanado de lo anterior, la historiografía alemana tendía, de modo «descendente», a insertar las ideas y el aparato político del Estado en los medios económicos y sociales. Por este motivo, los antagonismos entre ambas interpretaciones iban a situarlo en una «posición de independencia, de disponibilidad, que ciertamente no estaba a nuestro alcance cuando veíamos en la historiografía alemana contemporánea no más que una prolongación actual de la vieja fidelidad germánica al Estado y a la Idea»183. La deuda contraída con Barraclough se debía al hecho de haberle puesto en contacto con la obra del alemán Ludwig Dehio en lo referente a la historia de las relaciones internacionales (parece probable que la reseña de Jacques Droz, “Les tendences actuelles de l'historiographie allemande”, publicada en la Revue Historique,184 también le pusiera tras la pista del historiador alemán, puesto que lo cita en repetidas ocasiones).185 Partiendo de los sólidos referentes historiográficos franceses e 180J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana...”, op. cit., p. 4. Hace referencia a dos obras de H. BUTTERFIELD: Christianity and History (traducida como El cristianismo y la historia, Lohlé, Buenos Aires, 1957) y History and Human Relations, Londres, 1951. Del mismo autor cabe destacar The Origins of Modern Science 1300-1800, 1949 (Los orígenes de la ciencia moderna, Taurus, Madrid, 1958). 181I. PEIRÓ MARTÍN, Historiadores en España..., op. cit., p. 135, nota 42. 182G. BARRACLOUGH, La historia desde el mundo actual, Editorial Revista de Occidente, Madrid, 1959. Barraclough fue uno de los redactores (junto con otros historiadores del civilizado «mundo atlántico» como Robert R. Palmer, Pierre Bertaux, Raymond Aron, Karl Dietrich Bracher, Alfred Weber, Hans Freyer, Hans Herzfeld o Carl Schmitt) de los tres tomos dedicados a la historia mundial de los siglos XIX y XX de la Historia Universal Propilea editados por Golo Mann, hijo del famoso escritor, en 1960. Su traducción española sería muy tardía, con más de 25 años de retraso, como Historia Universal dirigida por Golo Mann y Alfred Heuss a cargo de Espasa-Calpe. La información procede de I. PEIRÓ MARTÍN, Historiadores en España..., op. cit., pp. 138-139 y nota 52. 183Ambas citas en J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana...”, op. cit., pp. 6-7. 184J. DROZ, “Les tendences actuelles de l'historiographie allemande”, Revue Historique, 215 (Janvier-Mars 1956), pp. 1-24. En la reseña, Droz resaltaba la persistencia de los postulados de Ranke en la historiografía alemana a través del primado de la política exterior y la individualización del hecho histórico frente a los intentos totalizadores de explicación universal y el ideal cosmopolita. En lo referente a la historia de las relaciones internacionales, sostenía que, para el caso alemán, no podía hablarse de crisis de la historia diplomática debido a la persistencia de la teoría del «sistema de Estados». Este texto sirvió como referente teórico para la preparación de la Memoria de Jover. 185L. DEHIO, Gleichgewicht o der Hegemonie. Betrachtungen über ein Grundproblem der neueren Staatengeschichte, SchepeVerlag, Krefeldd, 1948 (traducida al inglés como The Precarious Balance. Four Centuries of European Power Struggle, Knopf, New York, 1962). Ludwig Dehio (1888-1963), doctor en Filosofía en 1933, combatió como oficial en la I Guerra Mundial y trabajó como archivero en Berlín y en los servicios secretos prusianos. Durante el Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
y la prosecución de una determinada política exterior -cuando ésta no viene ineludiblemente impuesta, en sus objetivos y en su modus operandi, por un rígido condicionamiento externoresulta ser, por otra parte, uno de los más atractivos y esclarecedores (esclarecedor de la ideología y de las mentalidades apuntadas) entre cuantos plantea la sociología de las relaciones internacionales.”205 Esta aportación de Jover al estudio de la política exterior de España condensaba, en un único trabajo, el conjunto de saberes adquiridos a lo largo de la década anterior. El contacto con las escuelas francesa e italiana había dotado al investigador de una serie de recursos teóricos con los que abordar la historia de las relaciones internacionales peninsulares desde un marco analítico que nada tenía que ver con las antiguas formas de historiar la relación entre Estados de la vieja historia diplomática. Si bien, aunque su paso por Friburgo había propiciado el contacto con una serie de historiadores -Dehio, Barraclough, entre otrosque contribuyeron a completar y estructurar el armazón con el que lanzarse a la tarea anunciada, no supuso el abandono de sus referentes iniciales, sino una redirección de los mismos, una renovación que sería visible, a partir de ahora, en todos y cada uno de los trabajos consagrados a la historia de las relaciones internacionales. En 1963,206 junto con su aportación a la obra colectiva en homenaje al hispanista Johannes Vincke, se publicó Introducción a la Historia de España, manual universitario que, en sus sucesivas reediciones, gozó de una gran popularidad y aceptación en los medios universitarios (en 1987 había llegado a su 17ª edición).207 Los encargados de la redacción de sus paginas fueron, además del propio Jover, Antonio Ubieto para la Antigüedad y el Medievo, Joan Reglà para la Edad Moderna y Carlos Seco para el Tiempo Presente (Seco se incorporaría a esta empresa editorial a partir de la segunda edición de 1965). De la Edad Contemporánea se ocupó nuestro catedrático, abarcando el periodo 1808-1931. Dos años antes, en la Memoria de Friburgo, había anunciado la futura publicación de la obra junto con los otros catedráticos: “un grupo de trabajo de la Universidad de Valencia en que figuran, además del autor, otros dos profesores numerarios de la misma, prepara actualmente la redacción de un “Manual de Historia de España” cada una de cuyas partes o periodos desarrolla sucesivamente 4 aspectos del mismo: “Paisaje-EconomíaSociedad”, “El Estado”, “Cultura-sensibilidad colectiva-Religión”, “Relaciones Internacionales”. De esta forma se pretende reconstruir una unidad del relato historiográfico que ni en la obra de Braudel ni en la de los culturalistas se encuentra lograda.”208 Como bien apunta, los capítulos albergaban una estructura con la que se pretendía abarcar la totalidad de esferas del pasado español para lograr un equilibrio entre las corrientes puramente 205Ibid., p. 18, nota 5. 206Este año, antes de su traslado definitivo a la Universidad de Madrid, Jover pidió una «Ayuda a la Investigación» en la Universidad de Valencia sin detallar explícitamente el objetivo de la misma. AHUV, caja 112, nº 7. 207A. UBIETO ARTETA, J. REGLÀ i CAMPISTOL, J.M. JOVER, y C. SECO SERRANO, Introducción a la Historia de España, Teide, Barcelona, 1963. Este mismo año, Jover participó en la elaboración de otro manual orientado a la enseñanza preuniversitaria junto con J. REGLÀ i CAMPISTOL, C. SECO SERRANO y E. GIRALT i RAVENTÓS, (este último encargado del apéndice documental), España Moderna y Contemporánea, Teide, Barcelona, 1963. Suyo es el capítulo “España Contemporánea”, pp. 157-412. 208J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana...”, op. cit., p. 9, nota 17. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
socioeconómicas y la historia de las ideas, tantas veces denostada. En lo referente a la política exterior, la pluma de Jover volvía sobre los planteamientos ya expuestos de manera recurrente en sus anteriores obras, si bien, esta vez centrados exclusivamente en el periodo contemporáneo, pues su compañero y amigo Reglà había tomado el testigo del modernismo, ya casi totalmente abandonado por el murciano. A pesar de la frenética actividad desarrollada en torno al año 1963 (recordemos la obtención en este año del premio «Escorial» por su obra Carlos V y los españoles), la producción histórica de Jover se verá interrumpida durante el lustro siguiente.209 El traslado a la Universidad de Madrid tras lograr su nueva cátedra de «Historia de España en la Edad Moderna» lo consolidó en diferentes puestos de responsabilidad académica y científica. Cabe señalar, a modo de ejemplo ilustrativo, su nombramiento como vocal del Consejo Técnico de la Escuela de Historia Moderna del CSIC en 1964, y vicedirector de la misma hasta 1968, así como jefe de la sección de Historia Social en el Instituto Balmes de Sociología de 1967 a 1975. Su pertenencia al consejo de redacción de la revista Hispania, revista que tiempo atrás viera publicados -junto con Arboralgunos de sus primeros trabajos como modernista westfaliano, dio lugar a un cambio de rumbo en el citado medio, abriendo las puertas para que alguno de sus discípulos, como Julio Salom Costa, incluyera trabajos relativos a las relaciones internacionales de la España decimonónica.210 Del mismo modo, Jover, «el único que sonreía» en el CSIC, permitió que algunos historiadores como Juan José Carreras, gran conocedor de la historiografía alemana después de una década en la Universidad de Heidelberg (1954-1965), incluyera varios de sus artículos en la revista, con unos temas muy poco frecuentes y no bien vistos en los medios editoriales de la España franquista.211 Paralelamente, su posición en la universidad madrileña se vería reforzada tras llegar a la dirección del Departamento de Historia 209Entre 1963 y 1968 no hemos encontrado publicación alguna salvando el artículo J.M. JOVER, “De la literatura a la historia: la Valencia de la Restauración en la retina de Blasco Ibáñez”, Hispana, 104 (1966), pp. 599-605. 210Su discípulo, a quien Jover dirigiera su tesis doctoral, publicó en aquellos años dos artículos: J. SALOM COSTA, “España y la cuestión de Marruecos en 1881”, Hispania, 93 (1964), pp. 66-107 y “La relación Hispano-Portuguesa al término de la época iberista”, Hispania, 98 (1965), pp. 219-259. Más tardíamente, su otro discípulo valenciano Á. CASTILLO PINTADO, antiguo becario de Braudel en París, publicó “Coyuntura y crecimiento de la economía española en el siglo XVIII”, Hispania, 117 (1971), pp. 31-54. 211La anécdota la recoge Carlos Forcadell en referencia a los recuerdos personales del profesor Carreras en la revista Hispania, dirigida entonces por Fray Justo Pérez de Urbel. Jover, sabiendo que Carreras era de los pocos historiadores españoles que poseían un buen conocimiento de la historiografía alemana contemporánea, le animó a que publicara diversos artículos como los que se indican a continuación: J.J. CARRERAS ARES, “Prusia como problema histórico. Sobre algunas publicaciones recientes”, Hispania, 107 (1967), pp. 643-666; “Marx y Engels (1843-1846): el problema de la Revolución”, Hispania, 108 (1968), pp. 56-154 y “La Gran Depresión como personaje histórico: 1875-1896”, Hispania, 109 (1968), pp. 425-443. La anécdota de Jover y Carreras en C. FORCADELL ÁLVAREZ, “Introducción: Razones para el recuerdo de Juan José Carreras”, en C. FORCADELL ÁLVAREZ (ed.), Razones de Historiador. Magisterio y presencia de Juan José Carreras, Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 2009, p. 19. Elena Hernández Sandoica, recuerda que Jover citaba estos artículos a sus alumnos del curso de doctorado de 1974-1975 en la Universidad Complutense, E. HERNÁNDEZ SANDOICA, “De Hans Rosenberg a Hans-Georg Gadamer. Mi memoria de Juan José Carreras”, en Razones de Historiador... op. cit., pp. 199-201. El paso de Carreras, a quien tanto deben los estudios de historia de la historiografía de la Universidad de Zaragoza, por la Universidad de Heidelberg lo recogen I. PEIRÓ MARTÍN y M. MARÍN GELABERT, “De arañas y visigodos. La década alemana de Juan José Carreras”, en Razones de Historiador... op. cit., pp. 71-98. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Moderna de la Facultad de Filosofía y Letras de 1967 a 1974.212 Tras este paréntesis, cinco años más tarde, en 1968, Jover fue el encargado de redactar la «Introducción» de En los umbrales de una nueva Edad, volumen suplementario y actualización española de la clásica Historia Universal de Walter Goetz,213 que dirigió y estructuró gracias a la participación de algunos de sus más estrechos colaboradores.214 El encargo de Espasa-Calpe suponía un reto para el catedrático madrileño por tratarse, por primera vez, de un proyecto consagrado exclusivamente a la historia reciente, un terreno «resbaladizo» por hallarse inmerso el historiador en una época «esencialmente transitiva»: “cuando entre los emplazamientos históricos respectivos se interpone una crisis como la presenciada por el segundo tercio del siglo XX, cuando la función suplementaria ha de consistir esencialmente en dar razón de una mudanza, de una cerrada inflexión en los derroteros de la historia, la dificultad y el riesgo suben de punto. Los adversarios de la historia contemporánea suelen oponerse al coraje y a la voluntad de servicio al presente con que sus cultivadores se lanzan sobre un pasado no muerto, la insinuación de una «falta de perspectiva» que sería necesaria para colocar el pasado recién vivido en su contexto general, para seleccionar y jerarquizar -en razón de su relevancia relativala muchedumbre indefinida de acontecimientos. Es innegable que el oficio de historiador no cuenta con parcela más resbaladiza que la historia contemporánea, colocado sobre la cual el trabajador de la historia ha de partir de una inteligente desconfianza hacia unos criterios de selección y jerarquización necesariamente desasistidos de la fuerza que confiere a estos últimos una tradición historiológica establecida. ¿Qué decir de la historia contemporánea cuando ésta une a sus riesgos intrínsecos el de versar sobre una época esencialmente transitiva, el de versar sobre un rápido cambio, en el cual nosotros mismos -historiadores de esa contemporaneidadnos encontramos inmersos?”215 La obra abarcaba el periodo 1935-1965, un tiempo presente que reclamaba un necesario cambio de perspectiva respecto al conferido por Goetz en su día a raíz de la la «velocidad vertiginosa» que caracterizaba el siglo XX y la «aceleración» del tiempo histórico, producida cuando una «serie de pequeñas transformaciones parciales cuya seriación constituye la dialéctica de la misma, se aprietan y densifican en unidades de tiempo cada vez más pequeñas».216 De nuevo, observamos el mantenimiento de los mismos referentes teóricos a los que venimos aludiendo a lo largo de la obra joveriana durante la década de 1960. Una vez más, Geoffrey Barraclough aparecía 212Los puestos y cargos académicos que se citan, tanto del CSIC como de la Universidad de Madrid, proceden de M. BALDÓ, “Biobibliografía del profesor José María Jover Zamora”, en J.M. JOVER, Historia y Civilización. Escritos seleccionados, op. cit., pp. 51-52. 213Walter Goetz (1867-1958) fue uno de los principales historiadores de la República de Weimar, especialista en el Renacimiento italiano. Profesor en las universidades de Tubingia, Estrasburgo y Leipzig y parlamentario del Partido Democrático Alemán, en 1933, tras la llegada de los nazis al poder, inició un “exilio interior”. La información procede de I. PEIRÓ MARTÍN, Historiadores en España..., op. cit., p. 137, nota 49. 214J.M. JOVER, “Introducción”, En los umbrales de una nueva Edad. Tomo XI. Historia Universal. Desarrollo de la Humanidad en la sociedad y el estado, en la economías y la vida espiritual, Espasa-Calpe, Madrid, 1968, pp. 1-58. J. REGLÀ i CAMPISTOL, redactó el capítulo “De la Gran Crisis a la Segunda Guerra Mundial (1933-1945)”, pp. 59-154 (recientemente había publicado Comprendre el mon. Reflexións d’un historiador, Ed. Ac, Barcelona 1967); L.M. LOJENDIO, “Guerra y neutralidad en España (1936-1945)”, pp. 155-269; sus discípulos J. SALOM COSTA, “La pugna por la hegemonía mundial (1945-1965)”, pp. 271-582, y Á. CASTILLO PINTADO, “La emancipación de los países afroasiáticos”, pp. 583-668; M. HERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, “Iberoamérica”, pp. 669-737; F. SOPEÑA IBÁÑEZ, “Panorama espiritual de nuestro tiempo”, pp. 739-820 y finalmente J. URBANO MARTÍNEZ CARRERAS, las “Tablas cronológicas”, pp. 821-850. 215J.M. JOVER, “Introducción”, En los umbrales de una nueva Edad…, op. cit., p. 5. 216Las citas en Ibid., pp. 5-6. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
como pieza de engarce con la nueva historiografía europea. Para el germanista británico, la crítica a los planteamientos rankeanos y a la historiografía alemana “arrancaba de la convicción que la victoria rusa en Stalingrado (1943) obliga imperativamente a una revisión total de la historia europea. (…). (…). Si se necesitó el shock de Stalingrado para abrirnos los ojos y percibir las limitaciones de nuestra historiografía occidental, fue porque los prejuicios políticos en los que descansaba nuestra historiografía nos cegaron para percibir la efectiva distribución de poder en 1943.”217 La derrota alemana en Stalingrado vino a definir un «nuevo sistema de Estados mundiales», es decir, un nuevo orden internacional marcado por la «densificación progresiva de los núcleos de poder». Acabada la Segunda Guerra Mundial y durante la primera etapa de la Guerra Fría, los países europeos de ambos lados del Telón de Acero habían evolucionado hacia una situación de relativa autonomización, sobre todo aquellos Estados antaño considerados como «potencias secundarias», puesto que se había pasado del bipolarismo mundial entre superpotencias a un equilibrio más complejo en el que intervenían nuevos factores político-internacionales.218 Jover otorgaba a este nuevo clima de entendimiento y coexistencia pacífica entre los EE.UU. y la URSS una explicación sociológica recurriendo nuevamente a los postulados de Chabod y Renouvin. El miedo, como impulsor de la psicología colectiva, actuaba a modo de conector entre la sociedad y la política. El cambio acaecido en la mentalidad colectiva de posguerra había puesto fin a la euforia bélica propia del imperialismo y a los impulsos vitalistas e irracionales. En este sentido, la amenaza de una conflagración nuclear a nivel global y los sucesivos conflictos regionales localizados en zonas de fricción entre ambas superpotencias a través de sus países satélites, gestaron el desarrollo de una conciencia pacífica y neutral en las sociedades occidentales con evidentes repercusiones en la política exterior de los Estados.219 Como resultado de todo ello, Jover postulaba una diferenciación sustancial entre el sistema mundial de Estados de 1935 y el de 1965: el primero estaba dominado, de manera mecánica, por la «política en sí» -la razón de Estado-, mientras que el segundo incluía elementos éticos y actitudes psicológico-colectivas -pacifismo, neutralidad, a modo de fuerzas profundasprocedentes de la posibilidad de destrucción global en caso de guerra. Otro de los aspectos tratados en la «Introducción» y que ya había sido apuntado en la Memoria de Friburgo giraba en torno a la crisis del concepto de «Historia Contemporánea» y a la problemática de la periodización cronológica en la historia universal reciente. Es significativo que el título que acompañaba al volumen publicado fuese En los umbrales de una nueva Edad y que 217G. BARRACLOUGH, La historia desde el mundo actual, op. cit., p. 224. 218Avisa Jover del carácter anacrónico del concepto de «potencia secundaria» y de su difícil aplicación en el contexto internacional surgido tras la guerra: «Si fuera lícito traer vocablos expresivos de elementos de una situación histórica pasada a la descripción de una situación histórica nueva desde sus cimientos, diríamos que reaparece, a escala adecuada, el concepto de «potencia secundaria». La cita en J.M. JOVER, “Introducción”, En los umbrales de una nueva Edad…, op. cit.,10-11. 219El autor sostenía que el Concilio Vaticano II (1962-1965), «la más grande asamblea de la Cristiandad», con su actitud pacifista y de condena a la guerra, fue una de las más importantes consecuencias de este cambio de mentalidad colectiva durante la Guerra Fría. En Ibid., p. 29. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
siete años antes, tras su regreso de Alemania, afirmara que «nadie duda tampoco de que estamos accediendo a una nueva Edad, todavía sin nombre, y que esta fase de acceso no comienza hoy, sino que pudo comenzar en 1945, en 1917, en 1870, tal vez en 1789. ¿No ocurre lo mismo cuando se trata de rastrear los orígenes del Renacimiento? ¿No es cierto que también el historiador retrocede, de “precedente” en “precedente” precisamente porque la historia es proceso y no sucesión de virajes en redondo?».220 De esta forma, Jover criticaba la obsesión de muchos historiadores por establecer cortes temporales precisos y optaba por trazar una «muralla de tiempo» laxa y flexible. Desde que en el siglo XVII el erudito alemán Christoph Keller estableciera un esquema cronológico tripartito -Edad Antigua, Media y Moderna-, los tiempos modernos quedaron irremediablemente vinculados a una concepción eurocéntrica, fundamentalmente francesa, pues 1789 daba inicio a la «Edad Contemporánea». Pero el catedrático resaltaba que, tras el siglo XV y debido al trasvase cultural europeo al continente americano mediante la colonización de los pueblos ibéricos, seguidos por los europeos atlánticos posteriormente, la «Edad Moderna» adquirió un carácter verdaderamente universal, desligándose para siempre de la matriz europea. En consecuencia, la fecha de 1789 como nacimiento de una nueva era se ponía en tela de juicio y se optaba por agrupar al Ochocientos y al Novecientos bajo la rúbrica de «tiempos modernos». Sea como fuere, si algo tenía claro el catedrático de Cartagena era que la integración histórico-geográfica de la modernidad había constituido un elemento decisivo para la universalización de la Historia: “ya ha quedado indicada la característica más relevante de los tiempos nuevos: el acceso a una historia verdaderamente «universal», conscientemente vivida como tal por un conjunto de pueblos y de culturas que han tomado conciencia de su inserción en la misma; de su condición de «parte» en una historia universal vivida cada vez más comunitariamente.”221 Y en ese proceso de convergencia, el cristianismo y el marxismo habían destacado, por encima de cualquier otro postulado, en su ímpetu por dotar de una perspectiva universal a la relación entre los hombres y los pueblos, verdaderos protagonistas de la Historia. El primero, mediante el aggiornamento de la institución eclesiástica que supuso el Concilio Vaticano II para encarar los nuevos tiempos; el segundo, por haber marcado la senda dialéctica por la que, irremediablemente, todos los países debían transitar.222 En este sentido, no es de extrañar que el catedrático «humanista, cristiano y español» cerrara el texto apelando, como ya hiciera Butterfield, a la necesidad de incorporar categorías cristianas -«Dios, pecado, juicio»- a la historia universal. 220J.M. JOVER, “Las tendencias actuales de la historiografía alemana...”, op. cit., p. 17. 221J.M. JOVER, “Introducción”, En los umbrales de una nueva Edad…, op. cit., p. 40. 222Esta mención al marxismo no debe ser entendida, en modo alguno, como un guiño o acercamiento a dicho postulado. Jover estaba haciendo uso del «espacio libre» que le confería su cátedra, pudiendo expresarse, con una mayor o menor libertad, con afirmaciones como ésta: «No se puede negar al marxismo, desde 1848 hasta nuestros días, una sorprendente lucidez mental para analizar situaciones históricas contemporáneas; para detectar, en una circunstancia histórica determinada, los hechos significativos del futuro inmediato; y ello sin perjuicio de que sus profecías a largo plazo resulten tan fallidas como todas las que lanza el sociólogo o el político de cualquier escuela sobre el futuro lejano». La cita en Ibid., p. 24. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
3.3 Epílogo El final de la década estuvo marcado por un inicial y fugaz contacto de Jover con la Escuela Diplomática de Madrid durante el curso 1969-1970, donde impartió un curso sobre «Las relaciones internacionales entre 1870 y 1945».223 Posteriormente, en 1979 fue nombrado profesor de «Historia de las Relaciones Internacionales» en dicha Escuela y miembro de su Junta de Gobierno hasta 1988, después de su jubilación en 1986. No es objetivo del presente trabajo abarcar toda la trayectoria biobibliográfica de José María Jover. De manera consciente, hemos querido centrarnos específicamente en los años 1950 y 1960 por considerar que es la etapa en la que se produce la recepción de las nuevas corrientes teóricas sobre la historia de las relaciones internacionales, pero es preciso resaltar que más allá de los años sesenta, su producción historiográfica no cesará sino que, muy al contrario, se mostrará muy prolífica. En 1971 se incluyó «España en la transición del siglo XVIII al XIX» como introducción al volumen IX de la edición española de la Historia del Mundo Moderno de la Universidad de Cambridge.224 En este estudio, resaltaba la tradicional deuda contraída por el modernismo español con la historiografía francesa y anunciaba el nuevo interés de los historiadores ingleses, Raymon Carr y el «grupo de Oxford» a la cabeza, en este campo de estudio. Volvía, una vez más, a combatir el viejo tópico castizo de la «España diferente» y sostenía que, la transición entre ambas centurias fue el momento en que la «gran historia» continental y atlántica se hizo sentir con mayor fuerza en la Península. La crisis de 1898 fue otro de los grandes temas abordados por Jover a partir de «Gibraltar en la crisis internacional del 98» y «1898: teoría y práctica de la redistribución colonial».225 En sendos artículos se contextualizaba internacionalmente la crisis finisecular española en el marco del proceso de redistribución colonial. El conflicto diplomático abierto con Inglaterra por la cuestión gibraltareña servía como pretexto para conocer el encuadramiento diplomático del 98 y explicar la nueva coyuntura internacional consecuencia de las derrotas española y francesa en Cuba , Filipinas y Fashoda respectivamente. Del mismo modo, se detallaba la relación de fuerzas de las «moribundas» naciones latinas de la Europa meridional en un momento en que las relaciones 223La noticia del paso por la Escuela Diplomática la ofrece R. TORRE DEL RÍO, en “José María Jover y la historia de las relaciones internacionales...”, op. cit., p. 54. De aquel curso se conserva el documento de J.M. JOVER, Las relaciones internacionales entre 1870 y 1945, Escuela Diplomática, Madrid, 1970, que constaba de 107 folios reproducidos a ciclostilo para uso de los alumnos de la Escuela que no hemos podido localizar. 224J.M. JOVER, “España en la transición del siglo XVIII al XIX”, introducción al volumen IX de la edición española de la Historia del Mundo Moderno de la Universidad de Cambridge, Guerra y paz en tiempos de revolución, 17931830, Editorial Ramón Sopena, Barcelona, 1971, pp. V-LXXXII, reproducido en J.M. JOVER, Política, diplomacia y humanismo popular... op. cit., pp. 141-227. 225J.M. JOVER, “Gibraltar en la crisis internacional del 98”, en AA.VV., Estudios de Historia Moderna y Contemporánea. Homenaje a D. Jesús Pabón, Revista de la Universidad Complutense, 113 (1978), pp. 163-220 (reproducido en J.M. JOVER, Política, diplomacia y humanismo popular..., Op Cit., pp. 431-488) y “1898: teoría y práctica de la redistribución colonial”, Fundación Universitaria Española, Madrid, 1979. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
internacionales estaban fuertemente condicionadas por el darwinismo social procedente de las ciencias naturales. Unos diez años más tarde, Jover publicaría una de sus últimas aportaciones a la historia de las relaciones internacionales, salvando las excepciones ya citadas. Nos referimos a «La percepción española de los conflictos europeos: notas para su entendimiento», ensayo aparecido en la Revista de Occidente en 1986.226 En su páginas trataba un tema harto recurrente a lo largo de su amplia trayectoria como historiador. Y no era otro que la conciencia histórica de los españoles durante el siglo XIX, la autopercepción de un pueblo de su historia y la percepción propia de la posición de un país como España en el plano internacional, condicionada por la noción de grandeza pretérita, la marginalidad peninsular y la primacía del conflicto interior. En 1974, Jover accedió a la cima de su carrera académica por lograr el desempeño, en virtud de concurso de traslado, de la cátedra de «Historia Universal Contemporánea» de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, vacante por la jubilación de su antiguo titular, Jesús Pabón y Suárez de Urbina. Cuatro años más tarde pasó a formar parte de la Real Academia de la Historia como miembro numerario, tomando posesión en 1982 con la lectura del discurso de ingreso La imagen de la primera República en la España de la Restauración,227 y en 1989 ingresó en el Colegio Libre de Eméritos Universitarios.228 Como catedrático, ahora sí, plenamente contemporaneísta, Jover inició su colaboración con la editorial Espasa-Calpe en 1975 recibiendo el encargo de dirigir la colección Historia de España que antaño fundara Ramón Menéndez Pidal.229 Paralelamente se produjo su consagración como historiador de la historiografía, con dos trabajos iniciáticos que le conferirán el respeto y el reconocimiento dentro de la profesión: «El siglo XIX en la historiografía española de la época de Franco (1939-1972)» de 1974 y «Corrientes historiográficas en la España contemporánea» de 226J.M. JOVER, “La percepción española de los conflictos europeos: notas para su entendimiento”, Revista de Occidente, 57 (1986), pp. 5-42. 227J.M. JOVER, La imagen de la primera República en la España de la Restauración, Real Academia de la Historia. (discurso de recepción), Madrid, 1982, texto ampliado y publicado como Realidad y mito de la primera República. Del «Gran Miedo» meridional a la utopía de Galdós, Espasa-Calpe, Madrid, 1991. 228M. BALDÓ, “Biobibliografía del profesor José María Jover Zamora”, en J.M. JOVER, Historia y Civilización. Escritos seleccionados, op. cit., p. 52. 229En este sentido y como apunta Carlos Forcadell, es posible observar en el plan editorial, temático y metodológico que aplica Jover a la Historia de España de Espasa-Calpe la influencia de las clásicas colecciones de historia alemanas (el Handbuch der Europäischen Geschichte dirigido por Schieder o el Handbuch der Deutsche Geschichte de Gebhardt), donde primaba un relato de lo político y cultural más allá de los aspectos socioeconómicos. Ver C. FORCADELL ÁLVAREZ, “YA NO TAN DISTANTE...”, op. cit., pp. 281-282. Cabe destacar dos contribuciones de J.M. JOVER, a la citada colección, el “Prólogo” a La era isabelina y el sexenio democrático, 1834-1874, tomo XXXIV de la Historia de España de Ramón Menéndez Pidal, Espasa-Calpe, Madrid, 1981, pp. VII-CLXII, obra que obtuvo el Premio Nacional de Historia en 1981 (existe una segunda edición publicada como La civilización española a mediados del siglo XIX, Espasa-Calpe, Madrid, 1992) y “Después del 98. Horizonte internacional de la España de Alfonso XIII”, introducción a La España de Alfonso XIII. El Estado y la política (1902-1931), tomo XXXVIII de la Historia de España de Ramón Menéndez Pidal, Espasa-Calpe, Madrid, 1995, pp. IX-CLXIII. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
1976.230 En ambas aportaciones, el autor presentaba una reflexión crítica de los grandes ejes en torno a los cuales discurrían los estudios históricos en la España de momento, razón por la cual han sido considerados como puntos de obligado inicio para el posterior desarrollo de los trabajos historiográficos en España. Sirva para concluir este trabajo una pequeña reflexión de José María Jover sobre la historia de la historiografía: “Entre todos los sectores abiertos al trabajo del historiador, éste de la historia de la historiografía goza merecida fama de ser el más difícil, el menos brillante y frecuentemente el más rico en complicaciones para el autor.”231 230J.M. JOVER, “El siglo XIX en la historiografía española contemporánea (1939-1972)”, en El siglo XIX en España. Doce estudios, Barcelona, Planeta, 1974, pp. 9-151, reproducido como “El siglo XIX en la historiografía española de la época de Franco (1939-1972)”, en J.M. JOVER, Historiadores españoles..., op. cit., pp. 25-272 y “Corrientes historiográficas en la España contemporánea”, en J.J. CARRERAS ARES, (et al,), Once ensayos sobre la Historia, Fundación Juan March, Madrid, 1976, pp. 234-244 (originalmente en Boletín Informativo de la Fundación Juan March, 36 (mayo de 1975) y reproducido en J. M. JOVER, Historiadores españoles..., op. cit., pp. 273-310). 231J.M. JOVER, “Corrientes historiográficas en la España contemporánea”, op. cit., p. 215. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
4. Conclusiones Llegados a este punto, procedamos a recapitular y presentar las ideas fundamentales que han ido surgiendo a lo largo del trabajo, así como a apuntar una serie de consideraciones globales al respecto. También queremos ofrecer un conjunto de líneas de investigación futuras que juzgamos de utilidad para seguir indagando en la vertiente joveriana consagrada al estudio de las relaciones internacionales. En todo momento, nuestra intención ha sido abordar la trayectoria de José María Jover desde una óptica historiográfica, haciendo uso del utillaje teórico que nos brindan los estudios de historia de la historiografía. Las interferencias de la dictadura franquista en las prácticas de la comunidad de historiadores nos plantean la necesidad de trazar trayectorias individuales, puesto que los cambios operaron a niveles personales -micro-, y no de toda la disciplina. Sin embargo, a partir del ejemplo de un reducido número de historiadores con conciencia de oficio, entre los que indudablemente se encuentra Jover, podemos extrapolar los resultados obtenidos a un nivel más global para marcar las grandes etapas que jalonan el proceso de normalización de la historiografía española al que hemos ido aludiendo insistentemente a lo largo de estas páginas. En este sentido, su figura es representativa de los cambios y mutaciones acontecidos en la historiografía franquista. Su papel de mediador cultural propició la recepción de unas nuevas corrientes teóricas y metodológicas que contribuyeron a la puesta al día de los estudios de historia de las relaciones internacionales en España. Por lo tanto, podemos sostener que Jover fue un renovador. Pero debemos advertir que, debido a su anclaje en el mundo universitario franquista -recordemos su condición de catedrático nacionalcatólico, profesor de Formación Política, y su cercanía al opusdeísmo del grupo Arbory a pesar de la posterior imagen de historiador liberal que se ha construido sobre su persona, la renovación se produjo en términos académicos e historiográficos, pero no políticos. La «mutación de identidad» como historiador de José María Jover presenta diferentes etapas a partir de la cuales poder dotar de significado y coherencia global a su recorrido. La primera guarda estrecha relación con la «fatiga generacional» y la pesadumbre de muchos historiadores hastiados por la estrechez de miras del modernismo historiográfico de posguerra y el agotamiento de los temas de estudio. Esta situación explicaría su progresivo acercamiento a unos periodos cronológicamente más próximos, adentrándose por los caminos de la historia contemporánea. La segunda etapa vendría definida por un cambio metodológico y de objeto de estudio. De esta manera, si Jaume Vicens Vives sintió una gran atracción por el componente económico-social preconizado por Fernand Braudel y los Annales, Jover optó por las corrientes sociológicas de la historia de las relaciones internacionales de Pierre Renouvin y Federico Chabod, entre otros. Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
Por esta razón, hemos estructurado nuestro trabajo en tres grandes apartados para cubrir la totalidad de este proceso. En el primer capítulo hemos abordado su origen y sus primeros años, desde su Cartagena natal hasta la obtención de la cátedra en la Universidad de Valencia en 1949. Constituyó un periodo de formación y aprendizaje en el que recibió sus primeras enseñanzas y forjó su condición de historiador en la Universidad de Madrid junto a nombres como Cayetano Alcázar o Antonio de la Torre, sus maestros. Hemos pretendido enmarcar el paso de Jover por la Universidad franquista de posguerra en las traumáticas circunstancias originadas por la primera «hora cero» para la profesión. En este sentido, la reconstrucción de su oposición a la cátedra mediante la documentación del Archivo Histórico de la Universidad de Valencia nos ha permitido distinguir las luchas de poder y las rivalidades internas entre las diferentes familias del régimen, así como el peso del nacionalcatolicismo y el papel desempeñado por las camarillas y las afinidades políticas y personales. De manera similar, tras su temprano acceso al puesto, hemos incidido en su faceta de historiador westfaliano e integrante del grupo de la revista Arbor, dando lugar a lo que hemos denominado como «etapa barroca» debido a los clásicos temas del modernismo hispano que trataba. En el segundo capítulo hemos querido reflejar el progresivo ocaso de la Edad Moderna en José María Jover a lo largo de la década de los años cincuenta. Como ya hemos afirmado, este periodo albergó una suerte de evolución intelectual y modificación de sus prácticas históricas e historiográficas. Durante este decenio, dio sus primeros pasos como historiador contemporaneísta, aunque de modo intermitente, sin abandonar totalmente sus estudios modernistas. Paralelamente se produjo la consolidación de su posición como catedrático en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, llegando a ocupar el cargo de vicedecano entre 1954 y 1958 y pasando a formar parte de la delegación valenciana del CSIC. Pero sin duda alguna, creemos que el hecho que más profundamente marcó esta etapa de su carrera y que significó un hito fundamental para Jover fue su asistencia al X Congreso Internacional de Ciencias Históricas celebrado en Roma en 1955. Este foro de contacto y discusión con historiadores de otras historiografías europeas -y extraeuropeasactuó a modo de plataforma de intercambios y de transferencias culturales por haber ampliado el horizonte intelectual de nuestro catedrático. La participación de Jover -y de toda la delegación española, compuesta por lo más granado de la universidad del momentoen este evento le puso tras la pista de los grandes ejes y problemáticas por las que discurría la ciencia histórica a nivel internacional, además de posibilitar el contacto con la otra historiografía española, es decir, la historiografía del exilio. Este salto a Europa actuó de manera decisiva en la renovación de la historia de las relaciones internacionales en España. En Roma conoció de primera mano a Pierre Renouvin y Repositorio de la Universidad de Zaragoza – Zaguan http://zaguan.unizar.es
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