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Abstract
La formalización de las enseñanzas del Periodismo es un proceso que ha estado ligado a dos grandes factores determinantes. Por un lado, la gradual profesionalización de esas enseñanzas; y, por el otro, al hecho de que en cada etapa histórica los ritmos sociales, tecnológicos, económicos y políticos determinaron –y determinan– las instituciones, los planes de estudio y los debates en torno a ellas. En este trabajo se analiza la evolución de la formación del periodista en España desde principios del siglo XX hasta nuestros días y refleja la idea principal que se pretende abordar: que la cuestión de la formación del periodista trasciende la mera cuestión académica. Ortega Faura, Paula; Ledesma, José Luis; Cabrera Altieri, Daniel Horacio
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2 Índice - Introducción 3 - El proceso de formación 7 o Primer tercio de siglo. Inicios de la etapa profesional o Franquismo. De la etapa profesional a la universitaria o Desarrollo de la etapa universitaria en la nueva democracia - La figura del periodista en el marco de la sociedad actual, ¿hacia qué 22 tipo de enseñanza? - Conclusiones 27 - Bibliografía 31
3 1. Introducción Lo que se propone en este trabajo es aportar una visión amplia de la progresiva formalización de las enseñanzas del Periodismo y mostrar que ese proceso ha estado ligado a dos grandes factores determinantes. Por un lado, la gradual profesionalización de esas enseñanzas; y, por el otro, el hecho de que en cada etapa histórica los ritmos sociales, tecnológicos, económicos y políticos determinaron –y determinan– las instituciones, los planes de estudio y los debates en torno a ellas. Un análisis sobre el recorrido de la formación del Periodismo requiere, primero, detenerse en la evolución de la labor –considerada como una actividad más– a oficio y, finalmente, a profesión, así como un pequeño comentario sobre la práctica y características de quien lo ejecuta. La caracterización como profesión es el resultado de un proceso que comenzó con las primeras consideraciones del periodismo como mera práctica artística realizada por juristas, escritores o políticos. El siguiente paso fue su definición como un oficio que podía ser aprehendido en las redacciones y para el cual lo que se necesitaba era, imprescindiblemente, unas capacidades naturales. Y, por último, tras un largo debate, se llegó a la aprobación del concepto de profesión en el marco del nacimiento de la sociedad moderna y la prensa que la acompaña, la prensa de masas. La redefinición del papel del periodista caló por su importancia en la sociedad y en la política, así como por la aceptación de las responsabilidades que conlleva el buen desarrollo de su ocupación. La profesionalización de la actividad tiene lugar a lo largo del siglo XX, aunque no sin estar sujeta a un debate que durará desde principios del siglo hasta la época actual. La concepción del periodismo como una profesión, ya no como un oficio vocacional, ha sido construida superando posiciones polarizadas dentro y fuera de la propia profesión. Algunos autores señalan esta profesionalización como un proceso irreversible en el que se han tenido que sortear una serie de trabas dispuestas por los propios periodistas y los empresarios de los medios. Miguel Ángel Aguilar argumenta lo siguiente en su análisis redactado en los albores de la transición: “De la profesión periodística no va a haber definición, porque no dejamos a la Universidad que la haga. No va a haber definición porque los colegios profesionales o las asociaciones de la prensa no son capaces, ni les dejan hacerla, y porque las gentes que podrían haberlo hecho, nunca han querido asumir responsabilidades”1. Los argumentos que durante este largo debate se han aportado para defender la profesionalización de la actividad han versado, especialmente, en torno a las siguientes líneas discursivas, enumeradas y redactadas por Lambeth: el periodismo es una ocupación a tiempo completo; por otra parte, los periodistas se comprometen con unos objetivos profesionales; hay que tener en cuenta que entrar y formar parte de la 1 Aguilar, Miguel Ángel. La identidad de la profesión periodística, en Apuntes de la sociedad interactiva. Autopistas inteligentes y negocios multimedia. Ponencias y debates Fundesco. Madrid. 1994. p. 110.
4 profesión debe regirse por una organización formal que establezca normas profesionales; los aspirantes a esta profesión deben ser admitidos por poseer una formación preestablecida y por haber adquirido un cuerpo especializado de conocimientos; existe una gran responsabilidad ligada a la actividad que es la de servir a la sociedad; y por último, es necesario para el desarrollo de la misma un alto grado de autonomía. Lo que más se resalta en los espacios de debate es la cuestión de la responsabilidad social y/o moral del periodista. Lo que da sentido al trabajo del informador sería su papel como seleccionador de lo noticiable, como intermediario entre la información y los receptores, con la importancia y trascendencia que ello comporta. El periodista, como intermediario necesario, se convierte en un constructor de primer orden de la realidad social, asumiendo con ello un papel fundamental en la conformación de la opinión pública. Otra razón que se empieza a esgrimir cada vez más según avanza el debate – paralelamente al desarrollo tecnológico– es la necesidad de capacitar a los profesionales para poder utilizar las innovaciones tecnológicas y el interés de una progresiva especialización. Ambas demandan unos conocimientos que se deben adquirir en profundidad y para ello se solicita una formación reglada. Los argumentos en pro de la profesionalización están íntimamente ligados a la defensa de la formación, de ahí la necesidad de tratar esta polémica en la introducción. Mientras tanto, existen asimismo, y es necesario plantearlos también aquí, argumentos en contra tanto de la profesionalización de la actividad periodística como de la formación reglada para realizarla. Entre ellos, el más empleado es el de la libertad de expresión. La profesionalización de la actividad provocaría una restricción en la libertad de expresión del ciudadano en la medida en que, al no disponer del título –y de ahí la relación de esta cuestión con la formación–, no todo el mundo puede utilizar a su antojo los canales comunicativos. Pero junto a ellas, existen asimismo consideraciones morales, como las que expone por ejemplo James W. Carey, decano de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Illinois: “El efecto principal del profesionalismo es la erosión de las bases morales de la sociedad. Ello resulta de que cada profesión insiste en que posee un universo moral particular, peculiar en sí mismo, en el que los estándares y los juicios no son los mismos que los de la sociedad en general ni su punto de vista moral, sino el de un código distintivo”2. 2 Goodwin, Eugene. A la búsqueda de una ética del Periodismo. Ediciones Gernika. Tercera Edición. México, 1994, p.75 citado en Juan José Videla, La formación de los periodistas en España: perspectiva histórica y propuestas de futuro. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2002. p. 30.
5 En ese sentido, el periodismo no podría ser una profesión en la medida en que toda profesión tiene leyes comunes de ética universalmente aceptadas y un sistema de sanciones para reforzarlas. Y en tercer lugar, otra idea clave en contra de profesionalización giraría en torno a la creencia de que sería absurdo trasladar a la universidad un saber que, según ciertos autores, posee fines exclusivamente utilitarios. De modo que, siguiendo esta postura, lo importante en el periodista serían las aptitudes naturales; el instinto para olfatear noticias no sería algo que aprender y el talante moral representaría un rasgo característico imposible de enseñar en las aulas. Este tipo de aptitudes se tendrían más bien de modo natural y se desarrollarían con la práctica. En el marco del desarrollo de la sociedad moderna y la prensa de masas -algo lógicamente determinado por el momento histórico y el desarrollo tecnológico– el debate ha terminado inclinándose hacia el lado de la profesionalización, la figura del periodista se eleva al rango de profesional que precisa una formación académica específica, y su titulación llega a alcanzar el rango universitario. Este trabajo muestra, no obstante, que la figura del periodista ha ido, e incluso sigue, mutando al compás de los diferentes momentos sociopolíticos y económicos de cada Estado y sociedad. El periodista nunca dejó de ser utilizado como instrumento a lo largo del siglo pasado y su formación se gestionará atendiendo a este interés. De modo que el argumento que aquí se defiende es que la instrumentalización del periodista obedece a fines tanto políticos como económicos y que tiene lugar no solo en regímenes autoritarios sino también en sistemas políticos democráticos con economías de mercado, donde las necesidades de este último y la lógica del beneficio terminan determinando tanto la actividad como la formación del profesional. En ese sentido, las páginas siguientes tratan de reflejar el recorrido de consolidación de los estudios del Periodismo desde principios del siglo XX hasta nuestros días, intentando insertar y relacionar los puntos de inflexión con su contexto socio-político. Para finalizar, se desarrollarán en profundidad la figura del periodista en la época actual y los debates sobre la formación y la necesidad de atender las demandas de la sociedad, que se encuentran normalmente condicionadas por las exigencias de mercado. El trabajo utiliza como fuentes fundamentales y se asienta sobre dos tesis que investigan la formación de los periodistas en España y en Europa. Ambas se adscriben a la línea de la necesidad de formalizar los estudios y utilizan una serie de argumentos y autores destinados a reflejarlo. Una de ellas se nutre especialmente del fundamento ético de la profesión. Por otra parte se han utilizado los libros de autores de diferentes corrientes ideológicas, figuras citadas en ambas tesis y que han dedicado gran parte de su vida profesional a reflexionar y debatir sobre el tema de la formación. Algunos de estos
6 autores, citados repetidamente durante estas páginas, son Enrique de Aguinaga, Marisa Aguirre o Ramón Reig. Por último, se ha utilizado material de publicaciones y conferencias, tanto antiguas (consultadas en hemerotecas) como actuales, especializadas en comunicación. Esos textos han sido de sumo interés para reflejar el argumentario de los diferentes debates. Algunas páginas de internet oficiales, como la de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) o la de la Asociación de Prensa de Madrid (APM), también han aportado datos de gran ayuda.
7 2. El proceso de formación La formación del periodista en este Estado es fruto de más de un siglo de iniciativas y debates, así como de un proceso insertado en el marco internacional pero con las peculiaridades de una historia marcada por: golpes militares, inestabilidad política, un régimen totalitario tardío y una transición con pinzas a una democracia que se integra en el modelo de mercado europeo. El proceso de formalización de los estudios de periodismo que nos disponemos a analizar admite una división por etapas, como la propuesta por Marisa Aguirre que divide la historia en los siguientes periodos3: - Etapa preprofesional. Abarca todo lo realizado desde los primeros años de trabajo hasta finales de la I Guerra Mundial (1914-1918). Los periódicos estaban sentando las bases de lo que será posteriormente la prensa de masas y no se prestaba apenas atención al debate sobre la profesionalización del periodismo. - Etapa profesional. Transcurre desde la Gran Guerra hasta la década de 1970 y ofrece una creciente concienciación de la necesidad de formación específica de los periodistas para utilizar todas las potencialidades de los nuevos medios y la importancia del ejercicio de su profesión. Las escuelas empiezan a sustituir a las redacciones como lugar de formación del periodista y comienza a tomar gran importancia la Escuela Oficial de Periodismo. - Etapa universitaria. A partir de esa década, se generaliza la idea de que hay que otorgar a esas enseñanzas un rango universitario. El periodismo es un conocimiento del mundo y los conocimientos se adquieren en las Universidades, el asunto se convierte en objeto de debate de muchos profesionales y profesores. Por las limitaciones intrínsecas a un trabajo de estas características, en este estudio nos centraremos principalmente en desarrollar las etapas profesional y universitaria. La etapa profesional está marcada especialmente por lo acontecido en el ámbito de los medios de comunicación: nacen la radio y la televisión, los periódicos alcanzan tiradas de miles de ejemplares diarios y el periodismo se convierte en una actividad nuclear de las sociedades modernas. Al adentrarnos en la etapa universitaria, podremos observar que nos encontrarnos en el tramo final de un camino que se consolida y establece la obligación de atender las demandas o necesidades que la sociedad y las empresas exigen hoy a los profesionales del Periodismo. Si en Europa Occidental las universidades tienden a hacer más hincapié en la vertiente teórica, veremos cómo en España, en el marco del origen de los estudios universitarios, su expansión y desarrollo, van evolucionando hacia un tipo de enseñanza más técnica y práctica. 3 Aguirre, Marisa. El deber de formación de el informador, Eunsa. Pamplona. 1988.
8 Así mismo subrayaremos especialmente los problemas con los que se van topando los pioneros en la enseñanza del periodismo: las carencias en los planes de estudios y modelos, así como el rechazo de las escuelas por parte de algunos profesionales y empresas. El argumento más importante que se sigue manteniendo contra la instauración de cualquier tipo de enseñanza es el miedo a la regulación del ejercicio profesional porque –especialmente a la salida del franquismo, dada la complejidad de aquel momento histórico– se entendía que la libertad de acceso a esa actividad era uno de los pilares de la libertad de expresión y su limitación se percibía como un ataque directo a la teoría liberal de la prensa.
9 2.1 Primer tercio de siglo. Principios de la etapa profesional Hasta el último tercio del siglo XIX, el adiestramiento de los periodistas se basaba en un período de aprendizaje en las redacciones. La oposición a los estudios, ligada al debate sobre la profesionalización del Periodismo, surgió dentro de la propia profesión y en las empresas (encontramos una contraposición de los valores de la escuela, basados en el conocimiento, y los de las redacciones, basados en las destrezas profesionales y las rutinas). Este debate se mantendrá paralelamente al desarrollo de los medios y se sostendrá incluso cuando se produzca la progresiva formalización de los estudios en las universidades en los años setenta del siglo XX. Los primeros trabajadores del Periodismo eran poetas y escritores de los distintos campos literarios, historiadores, juristas y políticos. Así mismo, la profesión no se entendía como tal, sino simplemente como una capacidad –tener soltura a la hora de escribir– y una forma de entrar en política. No en vano, hasta cuando menos finales del XIX, los periódicos lo eran “de partido”, partidos políticos se entiende, del mismo modo que estos solían serlo “de notables”. El proceso de profesionalización va inextricablemente unido a la aparición de la prensa de masas en la década de 1880, y no es casualidad que sea precisamente en 1887 cuando tomen cuerpo en España los primeros cursos de la mano de Fernando Araújo en la Universidad de Salamanca. Estos cursos son considerados como el antecedente de la primera escuela española. El Periodismo en ese momento era concebido como una ocupación secundaria, mal pagada y que se utilizaba a menudo como un mero trampolín para llegar a la política. Hasta 1900, los periódicos políticos, de personalidades o de partido, habían dominado el panorama comunicativo español. En ese comienzo de siglo comenzó a aparecer la prensa de negocio. El ABC, La Vanguardia, El Debate o El Sol ganaron la partida en las zonas urbanas a los antiguos periódicos, y se añade a ello que el régimen informativo de Cánovas sufrió una acusada crisis alrededor de la fecha de 1905, y que la guerra europea y la crisis de 1917 terminaron de desmoronar el sistema. La sociedad de masas en España se conformó a lo largo de este primer tercio junto a la prensa propia y específica de esta sociedad: la prensa de masas. La prensa española de este periodo era muy asimilable a la prensa anglosajona de élite de los años sesenta y setenta del siglo anterior: periodismo de opinión, con unos recursos gráficos muy limitados y una diversificación de géneros periodísticos poco desarrollada4. Cabe destacar que durante las dos primeras décadas del Novecientos van apareciendo las primeras obras que se ocupan del oficio del redactor y su formación. El primer texto fue El arte del Periodista, de Ángel Mainar (1906), que inicia la trayectoria de 4Real Rodríguez, Elena. Formación y ejercicio profesional del periodista en la España del siglo XXI dentro del marco de la Unión Europea. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid. 2004.
16 La Escuela de Periodismo de Madrid se creó por orden del 17 de noviembre de 1941 como institución que habrá de monopolizar durante veinte años la formación de periodistas en España. Dependía de la Delegación Nacional de Prensa y Juan Aparicio fue su primer director. A los alumnos se les exigía una buena conducta, carecer de antecedentes penales y estar en línea con la ideología que se les reclamaba a los profesores y, en sus orígenes, militar en FET-JONS. Los treinta y cinco años de trabajo de la escuela se pueden dividir en tres etapas, según la periodización fijada por el profesor y periodista Enrique Aguinaga: - Primera etapa (de 1941-42 a 1950-51). Plan de estudios de dos años, las enseñanzas se complementan con conferencias semanales y prácticas en los periódicos. Muchas asignaturas de fuerte componente ideológica junto a algunas estrictamente técnicas. - Segunda etapa (de 1951-52 a 1966-67). El plan se alarga a los tres años y, tras crearse el Ministerio de Información y Turismo, se reanuda con un nuevo plan y cursos especiales para dibujantes, periodistas radiofónicos y reporteros gráficos. En los dos primeros cursos se alternan asignaturas culturales con técnicas y el último se basa en enseñanzas de especialización y cátedras de documentación. El reglamento del 62 sitúa a la Escuela en el ámbito de Enseñanza Superior y hace selectivo el primer curso. - Tercera etapa (de 1967-68 a 1974-75). El plan de estudios pasa a cuatro por recomendación de organismos nacionales e internacionales especializados y personalidades del Periodismo. A lo largo de estas etapas, el plan de estudios experimentó varios cambios. Encontramos una progresión del cuadro de asignaturas, desde uno marcado en los primeros años por los postulados ideológicos del régimen (por ejemplo Vida y doctrina del Nacional-sindicalismo, Política Nacional-sindicalista, Cultura Religiosa…) hasta cuadros cada vez más despolitizados que ampliaban la componente profesional. Hay que destacar además que se abren las aulas a la publicidad, la radio y la televisión. El Estado dotó a Barcelona de un centro para la formación de periodistas que se estableció en 1968 completamente independiente del de Madrid. Las escuelas de la Iglesia La Iglesia juega un papel importante en las enseñanzas de Periodismo en España porque, además de los precedentes de los años veinte, tras la posguerra surgen varias iniciativas que cuajan en el instituto de Periodismo de Navarra. En 1947 comienzan en la Universidad Internacional de Santander unos cursos de Periodismo, herederos de los de la Junta Central de Acción Católica que había en la década de 1920 dirigidos por Fernando Martín Sánchez, último director de la escuela de El Debate. El profesorado, en los primeros años, pertenecía principalmente a los periódicos de La Editorial Católica. En los años cincuenta, los cursos se fueron abriendo
17 progresivamente a cuestiones más generales y en 1956 se planteó la institucionalización de las empresas periodísticas con arreglo a la transformación del Estado y de la Sociedad. A partir de 1966, estos estudios fueron patrocinados por los ministerios de Asuntos Exteriores, Educación Nacional e Información y Turismo. El planteamiento didáctico de los estudios de periodismo sufriría algunas variaciones durante el régimen franquista, determinado sobre todo porque a partir de 1950 se desarrolló en el Estado un fuerte interés por la enseñanza de la profesión. A finales de esa década y comienzos de la siguiente se empezó a permitir iniciativas privadas -una de ellas el Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra– y en 1958 por primera vez se situó los estudios de Periodismo en la Universidad. Basándose en el anteproyecto de Ángel Herrera– entonces obispo de Málaga–, que redactó un artículo titulado Algunas ideas sobre la futura Escuela de Periodismo de la Iglesia-, en 1960 la Iglesia reclama y se le concede su derecho a tener Escuela de Periodismo propia. Ese hito jalonará el inicio de una segunda etapa de análisis del periodo franquista: “Una Escuela de Periodismo no puede contentarse con ser una simple escuela técnica que enseñe a componer periódicos. La escuela debe aspirar a ser una facultad universitaria. Sin perder de vista el conocimiento de las varias técnicas requeridas por la composición de un buen periódico, las literarias, las estrictamente periodísticas y las gráficas. La doctrina social y política de la Iglesia, especialmente la actualizada en los documentos de los Pontífices contemporáneos”10. El Instituto de Periodismo de Navarra La creación de este instituto fue el primer paso que se dio hacia el rango universitario y vino de la mano de la Iglesia. Comenzó su actividad en 1958 con Antonio Fontán como director, graduado en Periodismo en la Escuela Oficial. Echó a andar con treinta y nueve alumnos y un plan de estudios de tres años según la pauta oficial, pero con un estilo propio. En 1960 el Estudio General de Navarra fue elevado canónicamente al rango de universidad, lo que abrió la posibilidad de un nivel mayor de calidad intelectual y académica de la enseñanza del Periodismo. Segunda etapa, etapa universitaria Los sectores católicos ya venían presionando desde antes de los sesenta para disponer de una escuela de Periodismo y conseguir el título universitario. Paralelamente, la 10 Gordon Pérez, Mercedes. La enseñanza del Periodismo en el mundo occidental. Estudio comparado de tres escuelas. Editorial Universidad Complutense. Madrid. 1991. p. 93 Citado en Juan José Videla, La formación de los periodistas en España: perspectiva histórica y propuestas de futuro. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2002. P. 118.
18 normativa general, que establecía que el cursar estudios en la Escuela era obligatorio para ejercer la profesión, fue cada vez más vulnerada por la práctica de las empresas. Manuel Fraga llegó en 1962 al Ministerio de Información y Turismo y su llegada inauguró una nueva década marcada por las reformas exigidas por la apertura al exterior y que se interpreta como la aceptación de una cierta disidencia periodística por parte del régimen. En el año 1966 entra en vigor la Ley de Prensa conocida como de Manuel Fraga. Destaca también en este periodo la figura de Gabriel Arias-Salgado, teórico del papel de la prensa en un sistema totalitario que intentó crear un cuerpo doctrinal y por el cual se enfrentó a la prensa católica. Gracias a estos cambios, y en especial a esa Ley, se desarrollaría lo que durante los últimos años de Franco en el poder se denominó el 'parlamento de papel', término usado por la importancia política que adquirieron durante estos años las publicaciones periódicas. Los periódicos, pese a la discrecionalidad temible del artículo 2º de la Ley pudieron y pese a las sanciones, empezaron a crear un caldo de debate y crítica. No obstante, esta ley era propia de un régimen que restringía las libertades, principalmente a la prensa. Es cierto que permitía alguna disidencia, pero el texto legal preveía mecanismos arbitrarios a disposición del Estado para prohibir y cerrar publicaciones cuando éstas no se sometían a las líneas maestras del sistema informativo. Sea como fuere, a comienzos de la década de los setenta, el terreno estaba preparado para que los estudios de Periodismo alcanzaran el rango universitario. La experiencia de la Escuela Oficial y los cambios políticos produjeron la posibilidad de un cambio de estatus de esos estudios. De modo que cuando va terminando la década 1960, los estudios de Periodismo están a punto de alcanzar la Universidad Pública. En algunos espacios se defendía que con este paso se lograría evitar el control político del régimen en la formación de los periodistas, es decir, la creación de las facultades sobrepasa la explicación meramente académica y contiene una componente política: “La creación de la Facultad de Ciencias de la Información surgió de la necesidad de llevar los estudios de Periodismo al ámbito universitario, rescatándolos del control inevitablemente político de un ministerio como el de Información y Turismo. El nuevo rango universitario del centro iba a permitir, según soñaban los pícaros, que hombre sin el bachillerato llegaran a decanos”11. El instrumento legal que termina por permitir la incorporación del Periodismo en el ámbito universitario fue la Ley General de Educación, que entraría en vigor en 1970. A partir de esta ley, surgen en el curso académico 1971-1972 las Facultades de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y de la Autónoma de 11 Aguilar, Miguel Ángel. El vértigo de la prensa. Editorial Mequita. 1982 p. 111.
19 Barcelona. En el mismo año la Iglesia y su Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra se convertían en Facultad de Ciencias de la Información. Estas nuevas facultades se estructuraron en departamentos de Periodismo, Ciencias de la Imagen Visual y Auditiva y de Publicidad, con arreglo a los tres ciclos dispuestos en la Ley. La denominación de Ciencias de la Información estuvo sujeta al debate, así como el 'hacer' periodistas, ya que la intención de la universidad era crear profesionales, sin que se supiera aún a ciencia cierta qué es el Periodismo, más aun, sin siquiera haberse concluido el debate sobre la cuestión. La facultad de Madrid El 7 de febrero de 1972 nace la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense bajo la dirección desde el decanato del profesor Adolfo Muñoz Alonso. Se iniciaba así una etapa en la que las facultades tratarán de crear un espacio científico y profesional donde formar a los futuros periodistas. Algunos sectores de la profesión consideraban, y siguen defendiendo, que la obligación del título para ejercer es un producto del franquismo. El final del régimen abriría un debate en el que la interpretación del derecho a la libertad de expresión se utilizaría como arma contra la formación universitaria de los periodistas.
20 2.3 Desarrollo etapa universitaria en la nueva democracia Con la creación de las facultades, que veíamos en el anterior periodo, la carrera de Periodismo, junto con la de Imagen y Publicidad, pasaba a ser reconocida universitariamente como ciencia. En este sentido, no faltaron durante el desarrollo de este periodo de consolidación universitaria voces críticas acerca del peligro de que los estudios se concentraran mucho en su faceta teórica; “pero este mayor peso teórico no desnaturaliza ni arrincona la tan demandada práctica. Es más, la dota de sentido y utilidad al procurar un conocimiento cierto y verdadero de su objeto de estudio” 12. Estas facultades en sus inicios estaban en un estado de retraso con respecto a otros países europeos y americanos, lo que pudo propiciar que no siempre se avanzara en la dirección correcta y manteniendo la calidad necesaria13. En 1977 se intentó reconvertir el Periodismo en enseñanzas de un solo ciclo, iniciativa que fue rechazada por gran parte del profesorado y de algunos profesionales. Aguinaga mostró su opinión de forma irónica atajando el que él consideraba núcleo de la discusión: “Por encima de la mezquindades de siempre hay que admitir que los estudios de periodismo han seguido un positivo proceso de desarrollo, que culminó con su incorporación a la Universidad cuando el plan de la Escuela comprendía un ingreso selectivo, cuatro cursos y un examen de grado con tesina. Reducir el plan de estudios de periodismo, que es en definitiva la llamada Facultad de segundo ciclo, supone, aparte las circunstancias agravantes, una regresión al plan de los años cuarenta, que tuvo desde el principio un ingreso selectivo y con el que ya cursaron estudiantes y licenciados universitarios. Luz de situación: el progreso de la profesionalización del periodista y el progreso de la libertad del periodista, que no debe confundirse con la libertad de la empresa periodística, absorbedero de la libertad de prensa en el medio capitalista. Es lógico que el capitalismo de la prensa sea partidario de un periodismo abierto, por no llamarlo mostrenco, con una organización académica y profesional reducida a la mínima expresión. La agresiva pregunta: ¿Por qué una escuela, una facultad, un título? Tiene versiones antiguas y modernas, siempre con la misma intención defensiva. Desde el enfoque de la ‘titulitis’ y la homologación con la democracia capitalista se está discutiendo al periodista su personalidad profesional y, en suma, su libertad, que es cosa de personas, no de meros empleados. No sólo los periodistas, sino la sociedad entera, deben tener conciencia de que el tema es mucho más que la pura cuestión académica. La reducción de la Facultad de Ciencias de la Información a su segundo ciclo, así como la oposición a la convalidación legal de los estudios en su transición universitaria, son en definitiva, posturas reaccionarias frente a la instalación de un periodismo 1212 Cabello Arroyo, María. Aproximación al perfil del periodista en la postmodernidad, Razón y palabra, Revista Electrónica de América Latina Especializada en Comunicación. 13 Real Rodríguez, Elena. Formación y ejercicio profesional del periodista en la España del siglo XXI dentro del marco de la Unión Europea. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid. 2004.
21 verdaderamente moderno, el de los periodistas universitarios, dueños de su profesión al servicio del bien común”14. Llegan los años ochenta y se produce, junto a una estabilización política del régimen político, una expansión de las facultades que culminó en la década siguiente con la renovación de las enseñanzas bajo una designación común: Ciencias de la Información. En los veinte años anteriores, la realidad social había sufrido una serie de cambios importantes y, con la pretensión de atender a las nuevas demandas y necesidades socio-profesionales y de conferir al mismo tiempo una mayor autonomía a los diferentes estudios de la Información y la Comunicación Social, se aprobaron los títulos oficiales de licenciado y doctor en Periodismo, Comunicación Audiovisual, Publicidad y Relaciones Públicas. Simultáneamente, las facultades de Ciencias de la Información comenzaban a reconvertirse en Facultades de Ciencias de la Comunicación, fase en la que, como señala Aguinaga, se podría hablar de que la enseñanza de la Información quedó absorbida por algo más amplio: la enseñanza de la Comunicación Social. Las empresas informativas y cierto sector de la profesión han sido durante estos años el colectivo más crítico con la titulación universitaria. No obstante, en 1986 el diario El País comenzó a implicarse en la formación de los periodistas –algo que no había hecho ninguna publicación desde la Escuela de El Debate– y adoptó su particular sistema dirigido a capacitar a un profesional de la información periodística con un perfil muy definido que se llegó a denominar periodista-país. Nacen así los ya famosos máster que se irán consolidando a principios de nuestro siglo y extendiendo a más entes y empresas. El final del siglo se cierra con treinta años de presencia ininterrumpida de las enseñanzas de Periodismo en la Universidad. Estas enseñanzas han sufrido un proceso de maduración y consolidación de su estatus y corpus científico, además de que las funciones, los fines y los efectos de los mensajes ya no quedan al libre albedrío y discusión informal de la improvisación y la falta de reflexión15. Además, también se defiende la cantidad de material que se creó a partir de los estudiantes y el profesorado que repiensa el periodismo y lo concibe en términos estatales. El siglo XXI, cambio de planes La enseñanza superior en el estado se imparte actualmente desde cuatro instituciones diferentes: Universidad Pública, Universidad Privada, Universidad de la Iglesia y Centro Académico Adscrito a la Universidad. Los reales decretos que se redactaron a lo largo de los años noventa (1386/1991, 1427/1991 y 1428/1991) instituyeron las licenciaturas en Publicidad y Relaciones Públicas, Comunicación Audiovisual y Periodismo. Los planes de estudio fueron elaborados de acuerdo con las directrices generales comunes establecidas y los contenidos de las enseñanzas –distribuidas en dos ciclos– se ordenaron distinguiendo 14 De Aguinaga, Enrique. Otra agresión, en Hoja del Lunes de Madrid, 14 de marzo de 1977. 15 María Cabello Arroyo. Aproximación al perfil del periodista en la postmodernidad, Razón y palabra, Revista Electrónica de América Latina Especializada en Comunicación.
22 entre materias troncales, obligatorias, optativas y de libre elección por el estudiante, en orden a proporcionar una flexible configuración de su currículum. Estas licenciaturas quedaban constituidas como enseñanzas de primer y segundo ciclo. Sin embargo, los mismos decretos abrieron para las Universidades la posibilidad de la organización únicamente de segundos ciclos de las enseñanzas, proporcionando así la posibilidad de que los alumnos que hubieran cursado el primer ciclo en cualquiera de las licenciaturas ‘pasarelas’ pudieran terminar siendo periodistas. Así pues, las Universidades y Centro adscrito ofertaban la Licenciatura de Periodismo como estudios de doble ciclo o bien como estudios de segundo ciclo. Dicho de otro modo, ofrecían la posibilidad de estudiar la totalidad de la carrera en periodismo o únicamente sus dos últimos cursos tras la realización de otra especialidad. Esto cambia con la transición al Plan Bolonia aprobado en el último periodo. La Unión Europea plantea, con una reforma educativa enmarcada dentro del Espacio Europeo de Enseñanza Superior, la declaración de Bolonia. Un documento que impone un modelo de enseñanza que pretende mejorar el aprendizaje de los alumnos y facilitar su incorporación temprana al mercado laboral. Muchos de los profesionales y docentes dedicados al aprendizaje y didáctica consideraban que la formación teórica era excesiva (un 47,1% de los encuestados), que las prácticas eran insuficientes (un 51.1%) y que la enseñanza estaba alejada de la práctica profesional real (8’1%)16. Esta adaptación al Plan Bolonia ha supuesto un reto para las Universidades por las dificultades que comporta adoptar los planes de estudio. 16 Consultado en Informe Anual de la profesión Periodística del año 2005.
23 3. La figura del periodista en el marco en la sociedad actual, ¿hacia qué tipo de enseñanza? Este apartado abarca una reflexión más profunda sobre el concepto de periodista actual, su remodelación basada en el contexto histórico y una aproximación a cómo determinados factores determinan no solo su práctica sino asimismo su formación. Además del cambio político que se produce en la década de los setenta, seguido de un cambio económico y una progresiva apertura social, a partir de los noventa la sociedad se va sumergiendo en un panorama de opulencia mediática (en términos tanto de canales como de mensajes y audiencias). Se ha creado un universo de comunicación donde apenas sí podemos enumerar los ámbitos posibles. El marco económico, social y cultural que denominamos ‘sociedad del conocimiento’ requiere que el periodista sepa entender y saber ser, es decir, estar preparado para satisfacer las demandas de una sociedad y un mercado determinados. Y esto, según las corrientes pro-estudios universitarios, se adquiere a través de un aprendizaje científico. En un libro que se ha convertido ya en referencia del mundo de la comunicación y el periodismo, Pedro Rive Oriva indicaba las desventajas que para el mundo periodístico suponen la presión del contexto económico capitalista y las coacciones políticas en el quehacer profesional: “En este contexto sobresalen los intereses de tipo económico. Cuando se trata de aumentar las ventas, es preciso agradar a todo trance a los posibles lectores y anunciantes, o, al menos, en cualquier caso, evitar cuidadosamente aquello que pudiera molestarles, por lo que será necesario silenciar cuanto les pueda irritar o crear mala conciencia. Pero es evidente que los intereses económicos nunca vienen solos, y además, la estrategia y operatividad suelen ser muy confusas. La consideración etiológica del problema apuntado sitúa la vinculación del problema existente entre la historia del capitalismo y la historia de la prensa. La libertad de prensa y la libertad de comercio tenían por objetivo común: limitar el poder del rey y de la jerarquía eclesiástica. Efectivamente, sobre los media pesan una serie de condicionamientos: económicos (tecnología, distribución, publicidad…), ideológicos y políticos, que hacen que la misma esté en manos del ‘gran capital’ (oligarquía, banca) o en los países contrarios en manos del Estado, que reúne a la vez el poder económico, político e ideológico”17. Este autor establece una correlación directa entre la figura del periodista y el sistema de sociedad capitalista instaurado. Esta mutación de la figura no solo determina su práctica profesional sino que encauza y orienta también la formación de los futuros profesionales. Nos encontramos ante un contexto marcado por un crecimiento espectacular de la producción de información, al mismo tiempo que asistimos a cambios profundos de orden tecnológico, institucional y económico. El ser humano disfruta ahora de unos 17 Pedro Orive Riva. Diagnóstico sobre información. Ed. Tecnos, Madrid, 1980. p. 100.
24 medios de transmisión de la información que modifican la forma de organizar el tiempo y el espacio informativo. De modo que, aparte de la influencia del orden económico, la informatización de las redacciones y la incorporación de la tecnología digital suponen el inicio de una nueva etapa en el trabajo de los periodistas. El profesional necesita conocer las nuevas tecnologías y las posibilidades que éstas ofrecen, lo que se reflejará en sus planes de estudio. La convergencia tecnológica está modificando las rutinas productivas en los distintos medios, algo que plantea la necesidad de adaptar los estudios universitarios: “Esta sociedad hiperinformada necesita personas capacitadas para aprovechar al máximo las herramientas digitales disponibles” (…) “El comunicador necesario ahora y en el futuro tiene que orientar al receptor dentro del ingente flujo de información disponible, especialmente a través de internet”18. Este autor, José Videla, hace una mención especial a que los flujos de información se sustentan sobre mensajes entremezclados y cambiantes sobre una estructura de comunicación global. “La saturación de mensajes dificulta la percepción de la realidad. La cultura de masas se aprovecha de la superficialidad y uniformidad que se ajusta a los valores de la ideología dominante”19. En estos términos, la importancia del profesional capacitado se torna cada vez mayor. Los profesionales deben dotarse de una formación no únicamente basada en materias técnicas y prácticas –evolución que destaca la tesis de Videla tras el estudio y análisis de los planes de estudios impartidos en las facultades desde los años 70– sino que la importancia de asignaturas de humanidades en la formación integral del periodista es elemental para ir en el sentido contrario a una concepción superflua y sesgada de la realidad. A su vez, muchos profesionales fijan su objetivo no únicamente en la responsabilidad social, sino en que el periodista salga de la Universidad cumpliendo los requisitos exigidos por las empresas informativas. Por lo que la figura de este actor a la hora de construir los planes de estudios se torna fundamental. Los estudios específicos de periodismo se cumplimentan actualmente en períodos de cuatro años, que eran de cinco hasta la reforma de los planes de estudio de principios de los años noventa. Romero Rubio, en un artículo de las Revistas de Ciencias de la 18 Videla Rodríguez, José Juan. La formación de los periodistas en España: perspectiva histórica y propuestas de futuro. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2002. p. 311. 19 Videla Rodríguez, José Juan. La formación de los periodistas en España: perspectiva histórica y propuestas de futuro. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2002. p. 296.
25 Información establece cómo las humanidades deben insertarse en estos planes donde convivan con la formación periodística y la cultural: “Son precisos conocimientos que sirvan para equipar al periodista de la principal e insoslayable capacidad crítica. Conocimientos y respeto de las técnicas, los métodos y los recursos imprescindibles para dotar de forma y de sentido a aquello que es objeto de la información y de la opinión”20. El frenesí tecnológico parece haber postergado la importancia de este tipo de materias, según defiende este autor y la tesis de Videla. Cuando los periodistas sufren un vertiginoso ritmo de trabajo, sujetos a la feroz competencia del mercado, los conocimientos humanísticos les permiten comprender numerosas cuestiones a las que tienen que enfrentarse. En ese sentido, estas enseñanzas deberían proporcionar los instrumentos para realizar una interpretación crítica de la realidad actual. El análisis de esta sociedad necesita de conocimientos de filosofía, teoría de la ciencia, historia, sociología… a la vez que un control sobre las nuevas tecnologías. Así que se plantean dos ejes fundamentales : - De humanidades, como espacio de reflexión sobre la situación, la realidad, el contexto y el papel del periodista. - De tecnología, como soporte básico profesional. Su desarrollo incide directamente sobre el trabajo de los periodistas y tiene que reflejarse en su formación. El peligro es que se conviertan en un valor absoluto. El objetivo que las facultades persiguen, o deberían perseguir, es que los futuros profesionales adquieran unos mínimos humanísticos y culturales, a la vez que un dominio de los instrumentos tecnológicos para ponerlos al servicio del proceso informativo y de su supuesto fin último: que la sociedad reciba la noticia de lo que acontece y se forme una opinión. ¿Hacia un periodismo especializado? La especialización informativa en las facultades reproducirá, a grandes rasgos, las secciones en las que se estructuran las redacciones: política, sociedad, cultura, deportes etc. Esta especialización es una parte imprescindible de los planes de estudio actuales pero no pretende, según sus defensores, convertir al estudiante en un redactor unidimensional. “Es una parte complementaria de todo un proceso educativo. Los nuevos perfiles que se reclaman desde las redacciones justifican la presencia de cursos que complementen las asignaturas trocales de las Ciencias de la Información”21. 20 Romero Rubio, Andrés. El Periodismo. Ciencia, formación académica y titulación profesional, en Revista de Ciencias de la Información, nº 1.1997 p.22. 21 Videla Rodríguez, José Juan. La formación de los periodistas en España: perspectiva histórica y propuestas de futuro. Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2002. p. 324.
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