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Abstract

Han pasado 30 años desde que tuvieran lugar en nuestro país los inicios de la llamada reforma psiquiátrica. Pese a la intencionalidad de cambio en el modelo asistencial y en el imaginario colectivo en lo que a la enfermedad mental respecta, seguimos encontrándonos ante un campo plagado de retos que abarcar. Se ha realizado una revisión bibliográfica en torno a diversos aspectos de la enfermedad mental, comenzando por una contextualización del asunto que nos ocupa y del proceso de reforma citado. En este trabajo hacemos especial incidencia en el estigma social al que está sometido este colectivo, además de recoger algunas aportaciones sobre la situación actual, una serie de recomendaciones para los profesionales que intervienen con personas con enfermedad mental, y algunas cuestiones en torno a la participación y la labor del incipiente movimiento asociativo en la lucha contra el estigma. Incluimos un estudio sobre las actitudes hacia la enfermedad mental en los alumnos del segundo ciclo de E.S.O. de la Comarca de la Ribagorza (Huesca). Castán Gistaín, Elena; García Canut, Marina; Galán Calvo, Francisco; Miranda Aranda, Miguel

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TRABAJO DE FIN DE GRADO “ESTIGMA ASOCIADO A LA ENFERMEDAD MENTAL: TODAVÍA QUEDA MUCHO POR HACER” Curso de Adaptación al Grado de Trabajo Social Elena Castán Gistaín y Marina García Canut Director: Francisco Galán Calvo Co-Director: Miguel Miranda Aranda Zaragoza, junio de 2014 2 3 ÍNDICE 1. Revisión sobre aspectos relacionados con la 4 enfermedad mental y su estigma Sobre la enfermedad mental 4 De la Reforma Psiquiátrica y la modificación 6 del imaginario colectivo Estigma y enfermedad mental 10 Identidad y autoestigma 15 ¿Qué podemos hacer los Trabajadores Sociales? 15 La lucha contra el estigma en la Estrategia de 17 Salud Mental del Sistema Nacional de Salud Participación y Movimiento Asociativo 19 2. Estudio para medir las actitudes hacia la enfermedad 23 mental en los alumnos del segundo ciclo de E.S.O. de los Institutos de Educación Secundaria de la Comarca de la Ribagorza (Huesca) Justificación 23 Metodología empleada 25 Resultados 30 3. Conclusiones 47 4. Bibliografía 50 5. Anexos 53 I. Cuestionario de Actitud hacia la Enfermedad Mental (A.E.M.) 54 II. Plantilla de corrección del Cuestionario A.E.M. 6 4 REVISIÓN SOBRE ASPECTOS RELACIONADOS CON LA ENFERMEDAD MENTAL Y SU ESTIGMA SOBRE LA ENFERMEDAD MENTAL Encontrar una definición bien delimitada para el concepto “enfermedad mental” se torna una ardua tarea, puesto que los límites entre este estado, y lo que concebimos como salud mental, no están claros ni bien diferenciados. Han sido muchos los criterios utilizados para designar a una persona como sana o enferma, mentalmente hablando, debido a la diversidad de ideologías, culturas, teorías, creencias… a las que el individuo se ha visto expuesto a lo largo de la Historia. Haremos una aproximación al concepto que nos ocupa refiriéndonos a la definición que propone la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Enfermos Mentales en su “Guía de Estilo” sobre Salud Mental, concibiendo el trastorno o enfermedad mental como “una alteración de tipo emocional, cognitivo y/o del comportamiento, en que quedan afectados procesos psicológicos básicos como son la emoción, la motivación, la cognición, la conciencia, la conducta, la percepción, la sensación, el aprendizaje, el lenguaje, etc., lo que dificulta a la persona su adaptación al entorno cultural y social en que vive, y crea alguna forma de malestar subjetivo”. Salud y enfermedad mental no son condiciones que permitan definir a la una como la ausencia de la otra, sino que son un continuo en el que se manifiestan diferentes grados o niveles de bienestar o deterioro psicológico. Podríamos reconocer como componentes principales de una buena salud mental el bienestar emocional, la competencia, la autonomía, la aspiración, la autoestima, el funcionamiento integrado, una adecuada percepción de la realidad, etc. Las manifestaciones clínicas de los trastornos mentales pueden ser muy diferentes en función de la afección de la que hablemos, viéndose alteradas patológicamente una o más áreas de las ya citadas como componentes principales de una buena salud mental. El “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (en inglés “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders”, DSM), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (American Psichiatric Association, APA) recoge una clasificación de los trastornos mentales, y proporciona descripciones claras de las categorías diagnósticas, conformando un instrumento para que clínicos e investigadores puedan diagnosticar, estudiar y tratar los distintos trastornos. Actualmente se encuentra en vigor la quinta 5 edición de dicho manual, que fue publicada el 18 de mayo de 2013 en Estados Unidos, con una serie de modificaciones y nuevas aportaciones a la revisión anterior. Además, contamos también con la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión décima (CIE-10), publicada por la OMS, y que determina la clasificación y codificación de las enfermedades y una amplia variedad de signos, síntomas, hallazgos anormales, denuncias, circunstancias sociales y causas externas de daños y/o enfermedad, incluyendo un capítulo para los Trastornos Mentales y del Comportamiento. Según la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud para los años 20092013, se estima que el 19,5% de los españoles presentaron alguna vez en la vida algún trastorno mental, el 15,7% de los hombres y el 22,9% de las mujeres. La prevalencia de mala salud mental en España sería del 21,5% entre los entrevistados en la Encuesta Nacional de Salud del año 2006, siendo más elevada entre las mujeres (27%) que entre los hombres (15,7%), aumentando con la edad, principalmente entre las personas mayores de 65 años, tanto en hombres como en mujeres. El estudio en cuestión refleja también diferencias significativas entre Comunidades Autónomas respecto a la prevalencia de mala salud mental, que podrían estar relacionadas con características como el nivel socioeconómico, el nivel de estudios, las tasas de desempleo e inmigración y con el desarrollo desigual de la reforma psiquiátrica en las diferentes CCAA, proceso del que más adelante hablaremos. La prevalencia de mala salud mental es mayor entre las mujeres de clases sociales más desfavorecidas y en hombres y mujeres con menores niveles de estudios. En lo referente a la situación laboral, también se observa mayor prevalencia en personas en situación de baja laboral, seguidas por personas desempleadas, sugiriéndose la relación de situaciones prolongadas de depresión económica con aumento de alcoholismo y drogadicción, depresión, suicidio y otros problemas de salud mental. También la clase social influye de forma importante en el riesgo de padecer trastornos mentales, así como se observa mayor prevalencia de mala salud mental en personas cuya realización de las actividades de la vida cotidiana está limitada, siendo resultado estas limitaciones de problemas de salud mental y/o físicos, lo que refuerza el impacto, en términos de discapacidad, de los problemas de salud mental en la vida cotidiana de las personas. 6 DE LA REFORMA PSIQUIÁTRICA Y LA MODIFICACIÓN DEL IMAGINARIO COLECTIVO El nuevo año despuntaba en el hospital, pero para nosotros el tiempo se había parado, la ilusión y los motivos de vivir estaban encerrados en una planta de agudos. No me olvidaré del compañero que no podía parar de dar vueltas, sólo fumaba y no podía parar. Le pregunté: “¿por qué te mueves?”; “no lo sé”, me contestó. Pasé varios días sin parar de llorar. Al despuntar el día nos despertaba un celador gritando. En las duchas se usaban sábanas para secarse, y no había ninguna intimidad. Casal Álvarez, “Derechos y participación de las personas con diversidad mental”, Cuadernos de Trabajo Social, vol. 23, 2010, p. 303. Es pertinente que hagamos un breve recorrido por la evolución de la asistencia psiquiátrica, del modus operandi en lo referente al tratamiento de las personas con trastorno mental, para comprender el proceso al que dicha asistencia se ha visto y se está viendo sometida; de dónde venimos y a dónde pretendemos llegar, contextualizando el marco estratégico de la atención psiquiátrica, así como la situación en la que nos encontramos en la actualidad. Partiremos del momento en que, tras la Segunda Guerra Mundial, comienza a manifestarse un interés por modificar el modelo de asistencia a las personas que padecen una enfermedad mental, un rechazo por el encierro asilar y el manicomio, imperantes hasta el momento, abogando por nuevos recursos y diseños terapéuticos, que resulten más eficaces y solidarios. Se busca con ello dar solución al fracaso del modelo anterior, además de devolver la dignidad y el respeto por los derechos de las personas con trastornos mentales. Todo ello pasa por un proceso de desinstitucionalización que va a caracterizar el movimiento de la reforma psiquiátrica, involucrando como protagonistas y agentes activos a la comunidad y al sistema sanitario y de prestaciones sociales. Y es que es eso, precisamente, lo que se pretende: crear un nuevo modelo asistencial con la exigencia de una sensibilidad política, una implicación de la comunidad y un compromiso técnico-éticopolítico por parte de los profesionales, con los que, hasta el momento, no se contaba, incluyendo la reconstrucción de saberes y técnicas en un proceso que conllevará el surgimiento de nuevos sujetos de derecho, y nuevos derechos para los sujetos. Aquellos derechos de los que se había privado a los hasta entonces denominados “locos”. 7 Nos centraremos en hacer una revisión del desarrollo del proceso de desinstitucionalización en España, por ser nuestro ámbito más próximo, de interés y competencia inmediata. En nuestro país no fue hasta los años 80 cuando se dieron los primeros pasos en pro de un cambio en el modelo asistencial psiquiátrico, coincidiendo con una demanda social, la voluntad política y la presencia de un grupo de técnicos preparados para llevarla a cabo. Hace 30 años no había Unidades de Agudos, ni Hospitales de Día, la asistencia psiquiátrica no estaba integrada en la SS fuera de los neuropsiquiátricos de cupo y había que recurrir a las diputaciones para atender de modo benéficamente encubierto casi siempre, a los pacientes que precisaban internamiento. Había, eso sí, un cierto entusiasmo y una tarea por hacer, casi tan política y social, como asistencial, a la que dimos en llamar Reforma. Santiago Lamas, “Qué queréis que os diga…hace treinta años”. Siso nº 40; 2004; p. 79. Podemos considerar momento de partida de este punto de inflexión en la historia de la psiquiatría en nuestro país, la creación de la Comisión Ministerial para la Reforma Psiquiátrica, en julio de 1983, con la posterior redacción del “Informe de la Comisión Ministerial de Reforma Psiquiátrica”, con Ernest Lluch a la cabeza como Ministro de Sanidad y Consumo, en abril de 1985, mediante el cual se delimitaron los principios generales y la filosofía a seguir para el proceso de transformación de la atención psiquiátrica, y se propuso una serie de directrices y recomendaciones para la implantación de un nuevo modelo de atención a la salud mental. En éste se detallan las ideas motrices de la transformación que nos ocupa, y los principios y objetivos que han de informar la reforma psiquiátrica, entre otras consideraciones, de las cuales podríamos subrayar la inclusión de la asistencia psiquiátrica en la sanidad pública, la atención a los aspectos biopsico-sociales del enfermar, más allá de las acciones médico-sanitarias, o la promoción de la salud con la participación de los diversos agentes comunitarios. Fue un momento propicio para el cambio, que reunía una serie de condiciones favorables para comenzar el proceso de transformación que tan necesario se antojaba: - Surge en tiempos de transformación y de reconstrucción de la sociedad civil, después de 40 años de dictadura y de una Guerra Civil. 8 - Nos encontramos, además, en el contexto de la reforma sanitaria (Ley General de Sanidad, 1986) y de las prestaciones sociales. - Su inicio tardío con respecto al movimiento de reforma en otros países va a permitir conocer y subsanar los errores y problemas de estos últimos. - Existencia de profesionales preparados técnicamente para la reforma. Consecuencia de estas condiciones y de las acciones que se comenzaron a desarrollar para avanzar en el propósito que se perseguía, se fueron construyendo cambios y alcanzando logros en la modificación del modelo asistencial, , el número y la calidad de los servicios, y el imaginario social en la representación que de la enfermedad mental y de los servicios psiquiátricos tiene hoy la población, hecho que se pone más de manifiesto en las zonas en las que se ha dado el cierre del hospital psiquiátrico y la creación de una red comunitaria (Manuel Desviat, 2010). Quisiéramos hacer especial hincapié en este último aspecto, dado el leitmotiv del trabajo que tiene entre manos, y es que el verdadero cambio se consigue trabajando desde dentro, en profundidad, mediante la prevención y la promoción de la salud, algo que no puede darse sin el trabajo con la comunidad. Son muchas las consecuencias negativas que han tenido, y siguen teniendo a día de hoy, las percepciones, actitudes y creencias de la gente respecto de ciertos colectivos, las limitaciones generadas llevadas a términos insospechados, fruto del desconocimiento y la mala gestión de la información por los medios de comunicación, ayudados por el modelo asistencial de institucionalización previo a la reforma. Es el círculo interminable, la “pescadilla que se muerde la cola”, de un asunto que sigue preocupándonos a día de hoy y contra el cual seguimos luchando: el estigma asociado a la enfermedad mental. Por lo que, como vemos, el proceso de reforma psiquiátrica va a tener mucho que ver con los primeros pasos hacia la modificación del imaginario colectivo, empezando por la búsqueda de integrar un modelo asistencial comunitario, con esta comunidad no sólo como usuaria, sino como integradora y agente partícipe en el proceso de planificación-programación y como generadora de recursos, para lo cual hay que empezar a trabajar con las percepciones que del colectivo asistido se tiene, y las actitudes hacia éste. Sin embargo, señala Desviat (2010), que pese a las buenas intenciones y a las condiciones favorables para la reforma, no han hecho sino darse errores y falta de apoyo al proceso de cambio, de modo que como resultado podemos concluir el fracaso de la reforma psiquiátrica en España. Un desarrollo de dicha reforma muy desigual en las diferentes CCAA del estado, donde entran en juego las competencias, transferencias, voluntades 9 políticas regionales, el compromiso profesional…; la insuficiencia de recursos en la atención a la cronicidad y la precariedad de programas comunitarios; insuficiencias técnicas y dificultades en el propio mundo profesional “comunitario”; la incapacidad de los gobiernos en abordar una reforma en la Función Pública y en desarrollar normativas legales en pro del proceso de reforma, que se ha venido realizando al amparo del artículo 20 de la Ley General de Sanidad (“Se desarrollarán los servicios de rehabilitación y reinserción social necesarios para una adecuada atención integral de los problemas del enfermo mental, buscando la necesaria coordinación con los Servicios Sociales”), y gracias al buen hacer de parte de los profesionales, con apoyo de ciertos políticos y gestores sanitarios. No obstante, incide como dificultad primera para el desarrollo de la reforma psiquiátrica, en los problemas que el modelo propuesto ha sufrido para ser integrado en la conciencia colectiva, tanto en la consideración de la sociedad civil y de sus agentes (asociaciones, partidos, sindicatos), como de los colectivos profesionales. Todo este conjunto de factores, principalmente la falta de implicación social, han conseguido el derribo de la organización comunitaria de la salud mental en muchas regiones españolas, volviendo a centrar sus “esfuerzos” en la atención a los hospitales. Propone este autor que la defensa de un modelo comunitario supone un compromiso diario clínico, ético y político, ausentes hasta el momento, y añade: La sostenibilidad del modelo implica su aceptación por parte de la población, cuando entre a formar parte de su propia identidad, porque forme parte activa en la tarea. Hay pendiente un trabajo ciudadano, desde las herramientas de nuestros oficios, para cambiar un imaginario colectivo que deposita cada vez más las dificultades y malestares, a los que arroja al ciudadano la creciente alienación de la vida cotidiana, en manos de expertos y chamanes, convirtiendo muchas veces en síntomas la incapacidad para hacer frente a los reveses de la existencia, o las fallas de un sistema social que predispone, cuando no provoca y prolonga, las llamadas enfermedades mentales. Manuel Desviat, “Los avatares de una ilusión: la reforma psiquiátrica en España”. Cuadernos de Trabajo Social, Vol. 23; 2010; p.262. 16 en semejante realidad forma parte esencial de la piedra angular multidisciplinar que debe abarcar este tema. Algunas consideraciones que deberían tenerse en cuenta en esta tarea son las siguientes: - La importancia de realizar un enfoque psicosocial al proceso salud/enfermedad. A pesar de que es algo en lo que se lleva incidiendo mucho tiempo en el ámbito sanitario, lo cierto es que sigue primando el enfoque biologicista, y los Trabajadores Sociales se encuentran constantemente en lucha por integrarse en los equipos de salud y eliminar jerarquías. - La defensa del principio de autodeterminación del paciente y de las capacidades de la persona para tomar las decisiones más apropiadas respecto a su salud. La expresión “si yo creo en ti, tú creerás en ti” cobra un valor especial en estas intervenciones, aumentando la generalmente baja autoestima de los pacientes con enfermedad mental. - La defensa de los derechos de las personas que padecen una enfermedad mental como ciudadanos y ciudadanas, sobre todo en el ámbito social. - El fomento del trabajo en red, la promoción de las redes de apoyo, la coordinación y sinergia entre colectivos e instituciones para lograr objetivos comunes en el terreno de la enfermedad mental. - Trabajar el empoderamiento, para que las personas con enfermedad mental, y sus familias, adquieran más protagonismo en la escena pública y, en definitiva, en la toma de decisiones en el conjunto de su vida. Estimular y capacitar a las personas con enfermedad mental para que hagan una defensa activa de sus derechos, y que las asociaciones tengan cada vez más influencia en el diseño de políticas públicas. - El trabajo a favor de la inclusión social, tanto a nivel individual, buscando la incorporación normalizada del individuo en el contexto comunitario, como una inclusión comunitaria, fomentando relaciones de acogida y trabajando para minimizar y eliminar los prejuicios y estereotipos segregadores. - El impulso de proyectos de integración grupal y comunitaria que permitan la inclusión de la que hablamos, en condiciones de respeto y de igualdad. (Aretio Romero, A., 2010). 17 LA LUCHA CONTRA EL ESTIGMA EN LA ESTRATEGIA DE SALUD MENTAL DEL SISTEMA NACIONAL DE SALUD Como parte de uno de los objetivos estratégicos del Ministerio de Sanidad y Política Social, se elaboró y aprobó en el año 2006 la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, fruto de un trabajo participativo entre las asociaciones profesionales y ciudadanas interesadas en Salud Mental, y las Comunidades Autónomas. Tras una evaluación de los primeros resultados obtenidos, se presentó la Estrategia para el periodo 2009-2013, siendo ésta la última que ha visto la luz, y que incluye, entre otros aspectos, la definición de una serie de objetivos y recomendaciones en la materia. Establece cinco líneas estratégicas: la promoción de la salud mental de la población, prevención de la enfermedad mental y erradicación del estigma asociado a las personas con trastorno mental es la primera de ellas, seguida de la atención a los trastornos mentales, la coordinación intrainstitucional e inter-institucional, la formación del personal sanitario, y por último, la investigación en salud mental. Como vemos, la erradicación del estigma asociado a la enfermedad mental sigue siendo un aspecto prioritario, para el cual, esta Estrategia define una serie de objetivos específicos de cara a guiar la acción hacia su consecución, y que nos parece importante rescatar para hacernos una idea del contexto actual en el que nos encontramos a nivel de políticas públicas respecto a este asunto: - El Ministerio de Sanidad y Política Social y las CC.AA. incluirán en sus planes y programas intervenciones que fomenten la integración y reduzcan la estigmatización, incluyendo el estigma laboral que sufren las personas con trastorno mental. - El Ministerio de Sanidad y Política Social y las CC.AA. promoverán iniciativas para revisar y actuar sobre las barreras normativas que puedan afectar al pleno ejercicio de la ciudadanía de las personas con trastorno mental. - Los centros asistenciales dispondrán de normas específicas en sus protocolos y procedimientos encaminadas a fomentar la integración y evitar el estigma y la discriminación de las personas con trastorno mental. - El ingreso de las personas con trastornos mentales en fase aguda se realizará en unidades de psiquiatría integradas en los hospitales generales, convenientemente adaptadas a las necesidades de estos pacientes. Las CC.AA. adecuarán 18 progresivamente las infraestructuras necesarias para el cumplimiento de este objetivo. - El Ministerio de Sanidad y Política Social promoverá iniciativas de coordinación con la OMS, la Unión Europea y otros organismos internacionales en el ámbito del fomento de la integración y la lucha contra el estigma y la discriminación. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. “Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, 2009-2013”, 2011, p. 40. Aportan, además, varias recomendaciones orientadas al logro de los objetivos que acabamos de enumerar: 1. Implantar mecanismos para identificar en la legislación vigente barreras que impidan el ejercicio de la ciudadanía de las personas con trastornos mentales. 2. Intervenciones para la integración y la reducción del estigma de este colectivo, dirigidas preferentemente a profesionales de la salud, de la comunicación, de la educación y escolares, empresarios y agentes sociales, asociaciones de personas con trastornos mentales y sus familiares. 3. Adaptar, en las CC.AA., normas y procedimientos para fomentar la integración y reducción del estigma y la discriminación. 4. Adecuación de las unidades de psiquiatría: espacios, equipamiento, mobiliario, dotación de personal, organización interna… para atender las necesidades específicas de las personas con trastorno mental: de ocio, relación, ocupación y participación, con respeto a su intimidad, dignidad y libertad. 5. Disponer alternativas residenciales que fomenten la convivencia e integración de las personas con trastorno mental grave, para evitar estancias hospitalarias innecesarias y asegurar la continuidad de cuidados. 6. Impulsar líneas o proyectos de promoción y prevención dirigidas a la erradicación del estigma y favorecedoras de la inserción social y laboral. 19 PARTICIPACIÓN Y MOVIMIENTO ASOCIATIVO La atención a las personas con enfermedad mental se ha dejado, principalmente, en manos de sus familiares, sin haberles proporcionado los apoyos necesarios. Además, las asociaciones de familiares se identifican más con la prestación de servicios que como herramienta para la participación y acción ciudadana, debido al estigma, la falta de poder, las dificultades en la comunicación y la falta de representación en primera persona. Es conveniente hacer referencia a la Convención de Naciones Unidas de Derechos de las Personas con Discapacidad, la cual ha sido ratificada por el Estado Español, y que en su artículo primero incluye entre este colectivo a las personas con diversidad funcional mental. Mediante dicho documento, el Estado se compromete a asegurar y promover el pleno ejercicio de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las personas con discapacidad, sin discriminación alguna (art. 4) Así pues, las instituciones tienen que garantizar que las personas con problemas de salud mental puedan vivir en comunidad, proporcionar los apoyos necesarios, y respetar sus decisiones y preferencias, para lograr su participación efectiva y evitar situaciones de exclusión y marginación. Dicha Convención reconoce que las personas con diversidad funcional tienen los mismos derechos y obligaciones que todos los ciudadanos, aunque esto está todavía muy lejos de la realidad. El Artículo 12 de la misma recoge que “las personas con discapacidad tienen capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las demás en todos los aspectos de su vida” (citado en Casal Álvarez, 2010: 309), es decir, una persona no puede perder su capacidad de obrar a causa de su discapacidad, y la capacidad jurídica no puede ser objeto de limitaciones. Por último, destacar el Artículo 19 de dicha Convención, a través del cual se proporciona una serie de herramientas o propuestas con la finalidad de promover la independencia de la persona con discapacidad, y su inclusión en la comunidad: 1. Las personas institucionalizadas deben poder vivir en su localidad, y nadie puede ser retenido en una institución en contra de su voluntad. 2. Se debe asegurar el respeto a la autonomía personal, eliminando tratamientos forzosos farmacológicos en residencias y servicios ambulatorios. 3. Se debe garantizar la accesibilidad a los servicios comunitarios, proporcionando los medios humanos y económicos para que se cumplan los Derechos Humanos del colectivo. 4. Se debe ofrecer servicios públicos y de cuidado integral de la salud de la persona, elaborados con la consulta a los usuarios y supervivientes de la psiquiatría y a sus 20 organizaciones, incluyendo apoyo entre iguales, residencias para situaciones puntuales de crisis, y lugares para el respiro familiar. 5. Se deben crear oficinas para la promoción de la autonomía personal y vida independiente que incluyan a las personas con diversidad mental. 6. Trabajar con la figura del apoderado, o una persona cercana con consentimiento para decidir en momentos de crisis o situaciones en las que la persona no es capaz de tomar decisiones y no puede dar consentimiento informado. Con todo lo expuesto, concluimos que la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad es un instrumento legal de suma importancia, que deberíamos conocer, divulgar, y exigir su cumplimiento. Además de dicho documento, se recoge también en la Constitución Española que “corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” (art.9.2), y que “la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social” (art. 10.1). En las últimas décadas han surgido numerosas asociaciones de profesionales y familiares de personas con enfermedad mental cuyos fines son la promoción de dicho colectivo y la eliminación del estigma asociado a la enfermedad; sin embargo, sin querer menospreciar sus buenas intenciones, distan mucho de las de los verdaderos protagonistas, los usuarios de los servicios de atención a la salud mental. Ambos movimientos pretenden el logro de un objetivo común: mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedad mental y sus familias, pero no interpretan de la misma manera la metodología para alcanzarlo. Las asociaciones de familiares buscan apoyo con la concesión de certificados de discapacidad, pensiones, reconocimientos de la situación de dependencia, incluso la incapacitación. Pero, si los propios seres queridos no confían en las capacidades de sus allegados, ¿quién lo va a hacer? En contraposición a esto, las asociaciones de usuarios buscan un espacio real de participación, con el apoyo y acompañamiento de familiares y profesionales, para el pleno ejercicio de sus derechos. Es necesaria la unión en la lucha contra el estigma y la ignorancia, promoviendo una mejora de la imagen de la salud mental, hablando de capacidad en lugar de incapacidad, superando barreras, aprovechando oportunidades… El reto primero reside en esto mismo, en la confluencia de las fuerzas inmersas en este buque: administraciones, movimientos de familias, organizaciones de profesionales, y el incipiente movimiento de usuarios, dando cabida por primera vez a la voz en primera 21 persona del colectivo principalmente afectado. Según la OMS (2005), son los propios usuarios de salud mental quienes tienen la responsabilidad de: Denunciar las violaciones de los derechos humanos, con inclusión de las formas de trato desfasadas e inhumanas, la prestación deficiente de servicios, la atención inaccesible y el uso abusivo del ingreso y tratamientos involuntarios. Abogar por su participación en la elaboración y aplicación de políticas y leyes para mejorar los derechos humanos y los servicios de salud mental. Familiarizarse con los derechos humanos en el marco de las leyes nacionales y la legislación internacional en esa esfera, unir fuerzas con otros usuarios de los servicios de salud mental, para prestarse apoyo mutuo y realizar actividades encaminadas a modificar las actitudes hacia las personas con trastornos mentales, y luchar contra la estigmatización y la discriminación. Citado en Casal Álvarez, “Derechos y participación de las personas con diversidad mental”, Cuadernos de Trabajo Social, vol. 23, 2010, p. 311. Este autor escribe en primera persona, como usuario de los servicios de salud mental, y a partir de sus reflexiones personales en torno a la participación, y producto de los encuentros a los que ha asistido, considera que el movimiento asociativo en primera persona debería basarse en unos principios fundamentales: en primer lugar, la normalización, convirtiendo en una realidad efectiva el postulado de que las personas con enfermedad mental tienen los mismos derechos y responsabilidades que quienes no la padecen; la autodeterminación, en pro del derecho a gobernar su propia vida; la representación en primera persona, como primeros afectados por la patología, tanto en su forma clínica como sus afecciones psicosociales, pues sus voces no pueden verse sustituidas por otros; la solidaridad y apoyo entre iguales, el altruismo, la fraternidad (Casal Álvarez, 2010). En nuestro país, las asociaciones de usuarios se han ocupado de tres grandes áreas de actividad: el apoyo mutuo y acompañamiento, actividades de perfil más creativo y artístico para difundir mensajes contra el estigma (p.ej. emisoras de radio), y la búsqueda de la representación del colectivo. Requiere una mención especial FEAFES, Confederación Española que agrupa, desde el año 1983, a las federaciones y asociaciones de personas con enfermedad mental y a sus familias, en todo el territorio nacional. Su misión es mejorar la calidad de vida de estas personas, la defensa de sus derechos y representar al movimiento 22 asociativo, y constituye la única entidad a nivel nacional cuyas actividades están abiertas a cualquier persona interesada en el tema que nos ocupa. La Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud para los años 2009-2013 (2011), tiene en cuenta la promoción de la participación y el asociacionismo de las personas con enfermedad mental y familiares, y así lo recoge en uno de sus objetivos generales, estipulando como logro a alcanzar “potenciar la participación de las personas que padecen trastornos mentales y de sus familiares y profesionales en el sistema público de su Comunidad Autónoma” (p. 61) Se recomienda en dicho documento la inclusión en los órganos consultivos y de asesoramiento relacionados con la salud mental, de representantes de asociaciones de profesionales de la salud mental y representantes de las asociaciones de usuarios y familias de personas con trastorno mental, reforzando su continuidad e independencia, y estableciendo mecanismos de apoyo y asesoramiento a las mismas para colaborar con el cumplimiento de sus objetivos. Algunos hablamos de autonomía y de vida independiente. Sostenemos que tenemos derecho a los apoyos necesarios. Reclamamos que se eliminen las barreras mentales y sociales. Algunos trabajamos el apoyo entre nosotros y disfrutamos del ocio y la cultura de forma normalizada. Tenemos un puesto de trabajo y queremos que nuestros compañeros tengan la posibilidad de encontrar un puesto de trabajo y que se formen adecuadamente en lo que cada cual decida. Queremos servicios públicos sanitarios y sociales para todos, cercanos a nuestros domicilios, evitando la institucionalización y los macro centros residenciales (los manicomios del siglo XXI). Casal Álvarez, J.C., “Derechos y participación de las personas con diversidad mental”, Cuadernos de Trabajo Social, vol. 23, 2010, p. 318. 23 ESTUDIO PARA MEDIR LAS ACTITUDES HACIA LA ENFERMEDAD MENTAL EN LOS ALUMNOS DEL SEGUNDO CICLO DE E.S.O. DE LOS INSTITUTOS DE EDUCACIÓN SECUNDARIA DE LA COMARCA DE LA RIBAGORZA (HUESCA) JUSTIFICACIÓN En este apartado pretendemos exponer el por qué en cuanto a nuestro interés por estudiar las opiniones de cierto colectivo sobre la enfermedad mental y las personas que la padecen, que conllevarán unas actitudes y comportamientos determinados. Es parte del deber de los Trabajadores Sociales cuestionarnos aspectos como el estigma, debido a sus implicaciones negativas y de rechazo, que derivan en consecuencias de dificultades y limitaciones en diferentes esferas de la vida de quien lo sufre. Es importante que desde nuestra disciplina nos adentremos en el campo de las actitudes sociales, ya que se trata de un factor medioambiental que muy frecuentemente ocasiona problemas, conflictos y necesidades, en caso de que éstas sean negativas; si por el contrario, las actitudes son positivas, pueden favorecer procesos de integración (Miranda y Nicolás, 1995, citado en Abad, Abad y Miranda, 2013). Así pues, muchas disciplinas sociales, entre ellas el Trabajo Social, se fundamentan en teorías científicas que tratan la relación entre el sujeto y su ambiente, como es el caso del interaccionismo simbólico, de G.H. Mead, que nos habla de la interacción entre los procesos psicológicos individuales y el medio social (Morales y Olza, 1999, citado en Abad et al., 2013) Este medio social al que nos referimos tiene mucha influencia sobre nosotros, motivo por el cual no debemos reducir nuestro interés, estudio e intervención al individuo, sino tratar de llegar a todo lo concerniente a su entorno, igual de importante y determinante en nuestras vidas. Separar al individuo de la sociedad sería un craso error, pues todas las consideraciones negativas que en ésta se dan de un colectivo determinado, en este caso, de las personas que padecen una enfermedad mental, implican repercusiones en numerosas esferas de su vida, llegando a generar un gran malestar psicosocial y una mala calidad de vida. Otro motivo por el cual nos proponemos estudiar las percepciones y actitudes negativas en torno a la enfermedad mental y el colectivo de personas que la padecen, es la relación existente entre el estigma y los procesos de exclusión social. Este término conlleva conceptos inherentes como el de desviación, marginación social, diferenciación o 24 segregación, que van de la mano de una manifestación pública de rechazo y repudio (Tezanos, 2001, citado en Abad et al., 2013). Existe una percepción generalizada en cuanto a tener o no un trabajo, constituyendo este hecho una importante barrera delimitadora de exclusión social. Por esto es primordial que, para que no se den procesos de exclusión, no impere la creencia de que una persona con enfermedad mental no puede trabajar. Este aspecto, junto a otros como los ingresos, la vivienda, las relaciones y apoyos sociales… constituyen el mapa de riesgos de exclusión social. Robert Castell estudia este proceso de exclusión social al que nos referimos, y lo representa mediante tres zonas bien delimitadas: la de integración, la de vulnerabilidad y la de marginalidad y exclusión. En la primera de ellas se sitúan las personas que cuentan con un trabajo estable y una red social familiar y vecinal sólida. En la segunda zona citada, encontramos a aquellos cuyos trabajos son precarios, intermitentes, o se encuentran en desempleo, los lazos familiares y sociales son frágiles… es decir, sufren situaciones de inestabilidad. En la tercera y última zona están las personas que no tienen trabajo y sufren situaciones de aislamiento social (Tezanos, 2001, citado en Abad et al., 2013). En torno a la enfermedad mental podemos reconocer creencias, hechos y actitudes que bien tienen que ver con el proceso de exclusión social que propone Castell, pues muy a menudo nos encontramos con que el colectivo que nos ocupa se halla rodeado de factores y actitudes negativas que, lejos de favorecer su integración, les empujan hacia zonas donde prima la exclusión. Por todo lo expuesto consideramos necesario medir y analizar las actitudes y creencias negativas en la población respecto a colectivos determinados, de modo que podamos, a partir de los resultados obtenidos, intervenir sobre ellas y modificarlas, con objeto de favorecer la integración de los individuos afectados (Abad et al., 2013). La idea de centrar nuestra investigación en el ámbito escolar parte de varios motivos. Por un lado, es consecuencia del interés que suscita en las realizadoras de este trabajo el entorno educativo, y la creencia de que es de suma importancia promover creencias y actitudes saludables e integradoras en la población joven, edad de inicio de la madurez y época en la que se comienza a conformar una opinión crítica y a integrarse ciertas conductas respecto a cuestiones determinadas. Nos centramos en este ámbito, además, porque consideramos importante que el estudio no se quede únicamente en eso, un estudio, sino que, al constituir un espacio y una población bien delimitada, y en cierto modo pequeña, sea posible, a posteriori, el diseño de un proyecto de intervención con 25 objeto de actuar sobre las concepciones erróneas que en la investigación se hayan detectado, para modificarlas y favorecer procesos integradores del colectivo de personas con enfermedad mental. Por otro lado, las intervenciones de promoción en el ámbito escolar están contempladas en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Esta organización refiere que las escuelas son uno de los entornos más importantes para la promoción de la salud y las intervenciones preventivas, además de que experiencias llevadas a cabo demuestran que los programas realizados en escuelas pueden influir en una visión más positiva de la salud mental, y en reducir factores de riesgo, y problemas emocionales y de conducta, mediante el aprendizaje socioemocional. Además, los resultados conllevan otras consecuencias positivas como un mejor rendimiento académico, un aumento de las habilidades sociales y de resolución de problemas, así como una disminución de alteraciones de la conducta como síntomas depresivos, ansiedad, consumos de sustancias, conducta agresiva y delictiva (Guía de Salud Mental Positiva de la Comunidad Autónoma de Extremadura, 2011). METODOLOGÍA EMPLEADA La realización del estudio que nos ocupa se decidió dirigirla a los alumnos de 3º y 4º de E.S.O. de los Institutos de Educación Secundaria de la Comarca de la Ribagorza (Huesca) El ámbito geográfico ha sido determinado por el vínculo laboral y personal que las realizadoras del trabajo han tenido con el mismo, por haber sido trabajadoras del Centro Comarcal de Servicios Sociales correspondiente, y por encontrarse próximo a la residencia habitual de ambas, hecho que facilitaba tanto la obtención de los datos requeridos para la elaboración del estudio, como una posible intervención futura en caso de que el análisis de los resultados revelara una necesidad de abordaje comunitario. 32 ocurre con la afirmación anterior, observamos que la mayor parte de las respuestas obtenidas a esta pregunta corresponden a las alternativas más adecuadas (“totalmente de acuerdo” y “de acuerdo”) según la plantilla de corrección. Pregunta 3. Las personas que tienen o han tenido una enfermedad mental son más peligrosas que las personas que no las han padecido: Pregunta 3 Totalmente de acuerdo 7 De acuerdo 20 No lo tengo claro 36 En desacuerdo 48 Totalmente en desacuerdo 16 Nula 1 De las 128 respuestas obtenidas, un 13% está “totalmente en desacuerdo” y un 37% “en desacuerdo” con la afirmación de que las personas que tienen o han tenido una enfermedad mental son más peligrosas que las personas que no las han padecido. Un porcentaje significativo manifiesta no tener clara la respuesta (28%), mientras que un 16% está “de acuerdo” con la afirmación y un 5% “totalmente de acuerdo”. Una de las 5% 16% 28% 37% 13% 1% Pregunta 3: Las personas que tienen o han tenido una enfermedad mental son más peligrosas que las personas que no las han padecido. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo Nula 33 respuestas a esta pregunta se ha considerado nula por haber señalado más de una opción. Si comparamos los resultados con la plantilla de corrección del cuestionario, encontramos que el porcentaje más alto de respuestas corresponde a una de las opciones más acertadas, “en desacuerdo”; resaltamos también el elevado porcentaje de encuestados que no tienen clara su opinión respecto a esta afirmación. Pregunta 4. Las personas con enfermedad mental son fáciles de identificar ya que presentan conductas peculiares: Pregunta 4 Totalmente de acuerdo 14 De acuerdo 37 No lo tengo claro 39 En desacuerdo 25 Totalmente en desacuerdo 11 Nula 2 De las 128 respuestas obtenidas, un 11% está “totalmente de acuerdo” y un 29% “de acuerdo” con la afirmación de que las personas con enfermedad mental son fáciles de identificar ya que presentan conductas peculiares. Un porcentaje importante de alumnos, 11% 29% 30% 19% 9% 2% Pregunta 4: Las personas con enfermedad mental son fáciles de identificar ya que presentan conductas peculiares. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo Nula 34 un 30%, no tiene clara la respuesta, mientras que un 19% está “en desacuerdo” y un 9% está “totalmente en desacuerdo”. Dos de las respuestas manifestadas por los alumnos en esta pregunta se han considerado nulas por haber señalado más de una opción. Destacamos que los resultamos obtenidos distan mucho de la opción de respuesta más adecuada (“totalmente en desacuerdo”), pues los porcentajes más altos los encontramos en aquellos que están “de acuerdo” con esta afirmación, y en quienes no tienen claro qué respuesta dar. Pregunta 5. A pesar de que las personas con enfermedad mental puedan tener comportamientos raros, no deberíamos reírnos de ellas: Pregunta 5 Totalmente de acuerdo 97 De acuerdo 25 No lo tengo claro 2 En desacuerdo 3 Totalmente en desacuerdo 1 De las 128 respuestas obtenidas, un 76% está “totalmente de acuerdo” y un 19% “de acuerdo”, con la afirmación de que a pesar de que las personas con enfermedad mental puedan tener comportamientos raros, no debemos reírnos de ellas (ambas constituyen el 76% 19% 2% 2% 1% Pregunta 5: A pesar de que las personas con enfermedad mental puedan tener comportamientos raros, no debemos reírnos de ellas. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo 35 95% de las respuestas) El 5% restante corresponde a quienes manifiestan no tener clara la respuesta (2%), aquellos que dicen no estar de acuerdo con la afirmación (2%), y el 1% que dice estar “totalmente en desacuerdo”. En el caso de esta afirmación, la práctica totalidad de los encuestados tienen clara las alternativas más correctas, “totalmente de acuerdo” y “de acuerdo”. Pregunta 6. La mayoría de personas con enfermedad mental está deseando trabajar: Pregunta 6 Totalmente de acuerdo 19 De acuerdo 45 No lo tengo claro 57 En desacuerdo 4 Totalmente en desacuerdo 2 Nula 1 De las 128 respuestas obtenidas, un 15% está “totalmente de acuerdo” y un 35% “de acuerdo”, con la afirmación de que la mayoría de las personas con enfermedad mental está deseando trabajar (ambas suponen el 50% de las respuestas) El mayor porcentaje está entre aquellos que no tienen clara la respuesta (44%), mientras que las respuestas “en 15% 35% 44% 3% 2% 1% Pregunta 6: La mayoría de personas con enfermedad mental está deseando trabajar. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo Nula 36 desacuerdo” y “totalmente en desacuerdo” obtienen pequeños porcentajes (3% y 2% respectivamente) Como en preguntas anteriores, encontramos un porcentaje del 1% de los encuestados cuyas respuestas que se han considerado nulas. Comparando los resultados obtenidos a esta afirmación con la plantilla de corrección del cuestionario, extraemos que hay mucho desconocimiento en torno al deseo de trabajar de las personas con enfermedad mental, pues poco menos del 50% de los encuestados no tienen clara su opinión al respecto. Seguido a este, encontramos al grupo que está “de acuerdo” con la afirmación, acercándose a la respuesta que más se aproxima a la realidad. Pregunta 7. Una persona con enfermedad mental puede casarse y formar una familia: Pregunta 7 Totalmente de acuerdo 69 De acuerdo 33 No lo tengo claro 21 En desacuerdo 5 Totalmente en desacuerdo 0 De las 128 respuestas obtenidas, un 54% está “totalmente de acuerdo”, y un 26% “de acuerdo”, con la afirmación de que una persona con enfermedad mental puede casarse y 54% 26% 16% 4% 0% Pregunta 7: Una persona con enfermedad mental puede casarse y formar una familia. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo 37 formar una familia (ambas obtienen el 80% de las respuestas) Un porcentaje del 16% está entre aquellos que no tienen clara la respuesta. La opción “en desacuerdo” obtiene un pequeño porcentaje del 4%, mientras que la opción “totalmente en desacuerdo” no es señalada por ninguno de los alumnos. El 80% correspondiente a los alumnos que han afirmado estar “totalmente de acuerdo” y “de acuerdo” con esta afirmación, es el que coincide con las respuestas consideradas más adecuadas. Pregunta 8. Enfermedad mental implica retraso mental: Pregunta 8 Totalmente de acuerdo 6 De acuerdo 11 No lo tengo claro 21 En desacuerdo 38 Totalmente en desacuerdo 50 Nula 1 En blanco 1 De las 128 respuestas obtenidas, sólo un 5% corresponde a aquellos que están “totalmente de acuerdo”, y un 8% a quienes se muestran “de acuerdo”, con la afirmación de que 5% 8% 16% 30% 39% 1% 1% Pregunta 8: Enfermedad mental implica retraso mental. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo Nula En blanco 38 enfermedad mental implica retraso mental. El 16% de los preguntados no lo tienen claro. La mayor parte de los mimos se manifiesta “en desacuerdo” con la afirmación (30%) o “totalmente en desacuerdo” (39%), suponiendo ambas alternativas de respuesta el 69% del total de alumnos encuestados. Un 1% de los preguntados ha dejado la pregunta en blanco, y otro 1% corresponde a preguntas consideradas nulas por haber sido seleccionadas más de una opción. Las respuestas que mayor número de alumnos ha seleccionado (“en desacuerdo” y “totalmente en desacuerdo”) equivalen las alternativas más correctas. Pregunta 9. Una persona que ha necesitado de los servicios de salud mental nunca volverá a ser la misma: Pregunta 9 Totalmente de acuerdo 3 De acuerdo 19 No lo tengo claro 40 En desacuerdo 40 Totalmente en desacuerdo 24 En blanco 1 2% 15% 32% 31% 19% 1% Pregunta 9: Una persona que ha necesitado de los servicios de salud mental nunca volverá a ser la misma. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo En blanco 39 De las 128 respuestas obtenidas, es muy bajo el porcentaje de las correspondientes a aquellos que están “totalmente de acuerdo” con la afirmación de que las personas que han necesitado de los servicios de salud mental nunca volverán a ser las mismas (2%), ascendiendo a un 15% los que se muestran “de acuerdo”. El porcentaje aumenta considerablemente entre aquellos que no tienen clara la respuesta (32%), seguido por los encuestados que están “en desacuerdo” con tal afirmación (31%), y los que se manifiestan “totalmente en desacuerdo” (19%) Un porcentaje del 1% ha dejado esta pregunta sin contestar. Si observamos la tabla de corrección del cuestionario, vemos que, a pesar de que un porcentaje del 31% de los encuestados se aproxima a la respuesta más correcta (“en desacuerdo”), es superado por aquellos que no saben qué contestar, suponiendo la alternativa más seleccionada para esta afirmación. Pregunta 10. Las personas con alguna enfermedad mental pueden desempeñar tareas cualificadas, aunque en determinados aspectos presenten alguna limitación: Pregunta 10 Totalmente de acuerdo 42 De acuerdo 54 No lo tengo claro 24 En desacuerdo 3 Totalmente en desacuerdo 3 En blanco 1 40 De las 128 respuestas obtenidas, el 33% de los encuestados opina estar “totalmente de acuerdo”, y un 43% “de acuerdo”, con la afirmación de que las personas con alguna enfermedad mental pueden desempeñar tareas cualificadas, aunque en determinados aspectos presenten alguna limitación (ambas respuestas suponen el 76% del total) Un 19% de los encuestados no tiene clara su opinión ante tal afirmación, y únicamente el 4% se muestran en desacuerdo (2%) o “totalmente en desacuerdo” (2%) con la misma. Hay un porcentaje del 1% que no ha respondido a esta pregunta. Una vez más, la mayoría de respuestas obtenidas (“totalmente de acuerdo” y “de acuerdo”) coinciden con las creencias que se consideran más adecuadas. Pregunta 11. No se debería autorizar el voto a las personas que tienen una enfermedad mental: Pregunta 11 Totalmente de acuerdo 8 De acuerdo 6 No lo tengo claro 32 En desacuerdo 30 Totalmente en desacuerdo 51 En blanco 1 33% 43% 19% 2% 2% 1% Pregunta 10: Las personas con alguna enfermedad mental pueden desempeñar tareas cualificadas, aunque en determinados aspectos presenten alguna limitación. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo En blanco 41 De las 128 respuestas obtenidas, es muy bajo el porcentaje de encuestados que revela estar “totalmente de acuerdo” o “de acuerdo” la afirmación de que no se debería autorizar el voto a las personas que tienen una enfermedad mental, suponiendo el 6% y el 5%, respectivamente, del total. El porcentaje asciende cuando se trata de alumnos que no tienen clara su opinión al respecto (25%) Un 23% se manifiesta “en desacuerdo”, y la mayoría de los preguntados dicen estar “totalmente en desacuerdo” (40%) Existe un 1% que no ha contestado. Aunque la mayoría de personas que han contestado a la encuesta han optado por las opciones más acertadas (“totalmente en desacuerdo” y “en desacuerdo”), cabe resaltar el elevado porcentaje que duda en cuanto a esta afirmación. Pregunta 12. La manera más adecuada de tratar a las personas con enfermedad mental es encerrarlas: Pregunta 12 Totalmente de acuerdo 3 De acuerdo 4 No lo tengo claro 9 En desacuerdo 50 Totalmente en desacuerdo 61 En blanco 1 6% 5% 25% 23% 40% 1% Pregunta 11: No se debería autorizar el voto a las personas que tienen una enfermedad mental. Totalmente de acuerdo De acuerdo No lo tengo claro En desacuerdo Totalmente en desacuerdo En blanco 48 6. Las asociaciones de profesionales y familiares de personas con enfermedad mental constituyen un motor de lucha y de cambio hacia una mayor comprensión y aceptación de la enfermedad y del colectivo afectado. Sin embargo, se han dado únicamente los primeros pasos de la mano de agrupaciones integradas por los propios usuarios de los servicios de salud mental, que abogan por la promoción de sus derechos, el aumento de su participación en la sociedad, y la lucha contra el estigma al que están sometidos. Ellos son, sin duda, los protagonistas de esta historia, y deberían serlo también de sus propias vidas. 7. Existe entre la población en general, en los alumnos del segundo ciclo de E.S.O. de la Comarca de la Ribagorza en particular, un gran desconocimiento en torno a la enfermedad mental y a las implicaciones que ésta lleva consigo. Como podemos extraer a partir de la investigación realizada, son muchos los aspectos respecto a los cuales los encuestados no tienen una opinión clara, relacionados con si puede o no ser considerada la enfermedad mental como cualquier otra, si influye en su aparición la manera de vivir de las personas, si quienes la padecen son peligrosos, y otras cuestiones de índole laboral, comportamental… En cuanto al aspecto laboral, por detenernos en uno de ellos y por ser éste un asunto de preocupación principal para quienes sufren problemas de integración en este ámbito por padecer una enfermedad mental, hemos visto cómo la mitad de los encuestados no tienen claro que las personas que padecen una enfermedad mental estén deseando trabajar. En realidad, este es un deseo por el que muchos pacientes psiquiátricos mantienen una lucha diaria e incansable, pues en la sociedad en la que vivimos, la entrada en el mundo laboral supone el punto de partida de una vida normalizada respecto a los estándares establecidos y las expectativas socialmente impuestas. 8. Podemos concluir, según los resultados de la investigación, la existencia de aspectos que tienen todavía arraigados fuertes sentimientos de estigmatización. Esto se hace patente principalmente en cuestiones como la supuesta peligrosidad de las personas que padecen una enfermedad mental, o la intranquilidad manifiesta por quienes se encuentran en presencia de los que conforman este colectivo, aspectos que consideramos están muy relacionados entre sí. De hecho, un alto porcentaje de los alumnos encuestados ha reconocido sentirse incómodo en compañía de una persona que padezca una enfermedad mental, sentimiento vinculado a una serie de creencias negativas en torno a la enfermedad mental y quienes la padecen. 49 9. Por último, queremos hacer referencia a nuestras impresiones personales respecto a las expectativas previas a realizar esta investigación y el análisis posterior de los datos obtenidos. Han supuesto para nosotras una relativa sorpresa los resultados que hemos podido observar, ya que esperábamos contestaciones que revelaran actitudes mucho más estereotipadas y la existencia de más prejuicios; en cambio, los alumnos de 3º y 4º de E.S.O. de los centros educativos de la Comarca de la Ribagorza han demostrado sensibilidad y empatía en relación a algunos aspectos que se habían considerado susceptibles de mayor estigmatización. Pese a esto, volvemos a insistir en el alto grado de desconocimiento que existe sobre la enfermedad mental y lo que ésta conlleva (también manifestado en el estudio realizado en la Comarca de la Ribagorza), así como que el estigma asociado a esta enfermedad sigue presente (a lo que nos hemos referido al hablar de la peligrosidad y la intranquilidad que suscitan quienes la padecen) Es por esto que, como Trabajadoras Sociales, creemos en la necesidad de seguir interviniendo en la comunidad en pro de un mayor conocimiento de la enfermedad mental y la modificación de creencias erróneas, con las consecuencias negativas que éstas generan. Tras la investigación realizada, sería necesario diseñar y desarrollar en el ámbito educativo al que se ha dirigido el estudio, un conjunto de actuaciones para trabajar, con los alumnos que han participado, aquellas creencias y actitudes negativas detectadas hacia la enfermedad mental y quienes la padecen, con el objetivo de promover una mayor aproximación y conocimiento de esta enfermedad, concepciones más favorables, y procesos integradores del colectivo que nos ocupa. En definitiva, continuar luchando por la eliminación del estigma asociado a la enfermedad mental, asunto en el que todavía queda mucho por hacer. 50 BIBLIOGRAFÍA ABAD RUÍZ, A. (2013) Estigma en la epilepsia: 30 años después. Parte I: Antecedentes. Trabajo Social y Salud; 76: 5-23. ABAD RUÍZ, A., ABAD ALEGRÍA, F. y MIRANDA ARANDA, M. (2013) Estigma en la epilepsia: 30 años después. Parte II: Resultados de una encuesta. Trabajo Social y Salud; 76: 25-41. 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Las enfermedades mentales son enfermedades que deben ser consideradas como cualquier otra. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 2. La manera de vivir de cada persona determina en gran medida la aparición de enfermedades mentales. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 55 3. Las personas que tienen o han tenido una enfermedad mental son más peligrosas que las personas que no las han padecido. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 4. Las personas con enfermedad mental son fáciles de identificar ya que presentan conductas peculiares. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 5. A pesar de que las personas con enfermedad mental puedan tener comportamientos raros, no debemos reírnos de ellas. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 56 6. La mayoría de personas con una enfermedad mental está deseando trabajar. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 7. Una persona con una enfermedad mental puede casarse y formar una familia. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 8. Enfermedad mental implica retraso mental. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 57 9. Una persona que ha necesitado de los servicios de salud mental nunca volverá a ser la misma. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 10. Las personas con alguna enfermedad mental pueden desempeñar tareas cualificadas, aunque en determinados aspectos presenten alguna limitación. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo 11. No se debería autorizar el voto a las personas que tienen una enfermedad mental. □ Totalmente de acuerdo □ De acuerdo □ No lo tengo claro □ En desacuerdo □ Totalmente en desacuerdo